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I

AG'fl:N'rm

ITE Al03ES
MEx:rc o
'EL CUERVO

PoR Esos MUNDOS
AÑO VIII

DICIEMBRE, 1907

NUM. 155

EL SIGLO DE LA AEROSTACION
¿Se reñirá en los aires la futura contienda entre dos ó más grandes potencias del mundo? ¿Serán los aerostatos dirigibles los
que decidan el éxito de la batalla?
As anteriores preguntas van formuladas
L
con toda seriedad. Sólo podrían tomarlas
en broma quienes ignoren en absoluto los últimos pasos dados por el hombre en su lucha
para conquistar el dominio del aire. Para semejantes personas resultará una sorpresa saber que el Gobierno de Francia posee ya
dos naves aéreas dirigibles, capaces de destruir, en unión de otras similares, la poderosa escuadra inglesa del Canal apenas esta
se apartase veinte millas de la costa.
La aerostación se halla próxima á ganar
su gran victoria, después de haberla disputado palmo á palmo á los elementos naturales.
Verdaderamente, en la historia de las conquistas científicas hay pocos capítulos tan
interesantes como el relativo á la navegación
aérea propiamente tal, ó sea la efectuada
con auxilio de motor y en aparato más pesado que el aire: es un capitulo de fracasos
trágicos, de paciente labor, de fanática perseverancia ante, al parecer, abrumadores obstáculos; es una gloriosa lista de combatientes que acometieron la espinosa labor alli
donde otros quedaron vencidos, y que vencidos á su vez dejaron sus éxitos parciales
á nuevos luchadores, como herencia preciada.
Las presentes lineas consagradas están á
reseñar las principales etapas de esa empresa magna, inaugurada hace más de un siglo,
y cuyo definitivo acabamiento quizás notenga nunca término. Y dentro de la reseña aludida, me detendré especialmente en lo qµe
se refiere á la aerostación militar, al dirigible como arma de guerra, á la máquina de

destrucción más terrible de cuantas haya
podido concebir la meute humana.
La primera nación ocupada seriamente en
estudiar los globos militares fué Francia. Ya
en 1784 elevaron sus ingenieros militares
un montgol.fier sobre el campamento de Fleurus. Era, naturalmente, un simple globo cautivo, en cuya barquilla iba acomodado el general Mourrain, designado para efectuar un
reconocimiento.
Desde aquella fecha quedó consagrado el
globo como instrumento de guerra, dedicándose los ingenieros militares y civiles á la
resolución del problema que planteara por
primera vez en 1783 el ilustre general Meussnier trazando los planos de un aerostato dirigible.
LOS GLOBOS EN TIEMPO DE GUERRA

Durante el sitio de París, se elevaron desde la ciudad, nada menos que sesenta y cinco globos, tripulados por ciento sesenta y
cuatro personas; mas aquellas tentativas no
sirvieron para gran cosa, debido á tratarse de
aerostatos libres. Comenzaba á patentizarse
la necesidad del dirigible, y de ahí que el
GobiPrno francés tratase de estimulará los
inventores concediendo un premio de cuarenta mil francos al mejor modelo de un
globo de dicha clase. Un poco después, y
por instigación deGambelta, olorgábanse doscientos mil francos al capitán de ejército
Charles Renard , estudiosísimo ingeniero ,
que daba á su pátria en 1884 el primer dirigible, denominado La France.

�484

POR ESOS )IUXDOS

EL SIGLO DE LA AEROSTACIÓN

J,a Patrie, uno de los aerostatos militares del Ejército francés

Había llegado el momenlo de que los organismos directores de la guerra empezaran
á fijar su atención en las facultades destructoras de un aerostato militar. Como es lógico, conlemporáneamente se manifestaba en
todos los países una voz de protesta contra
el nuevo aparato mortífero; protesta exteriorizada de un modo especial en la primera
Conferencia de La Haya, en 1899, al discutir
y acordar la prohibición del lanzamiento de
proyectiles ó substancias explosivas desde
cualquier nave aérea por un período de
nueve años. Hoy ha transcurrido ese plazo;
el barco de guerra aéreo no se halla proscrito, por consecuencia. Francia posee en la
actualidad dos armas de esa naturaleza: el
Lebaudy, de 1905, y el Patrie de 1906.
El 9 de Julio ultimo, el Patrie efectuaba
brillan tísimas pruebas sobre París. Evolucionando el aerostato con gran facilidad, logró alcanzar una velocidad de veintiocho
k\l~~etros contra el aire. Estos dos globos
dmg1bles fueron construidos por los hermanos Lebaudy, opulentos fabricantes de azúcar, bajo la dirección del ingeniero M. Julliot.
No contenta Francia ccn tan valiosas adquisiciones, constituye actualmente el núcleo
de una flotilla aérea encargando á los Lebaudy los dirigibles République y Démocratie, el primero de los cuales debe hallarse
entregado este mismo año. Por si no fuera
bastante, el parque aerostático de Meudon
prepara otras tres unidades de esa clase, y

tan pronto corno el Gobierno francés haya
descubierto el tipo de globo dirigible más
práctico, ordenará el armamento de un -centenar de ellos. Y be ahí cómo habiendo sido
Francia la introductora de la industria automovilista, ahora va á colocarse á la cabeza
del mundo en esto de adoptar nuevos métodos de guerra. Esa nación será la primera en
tener á su arbitrio una flota de combate meciéndose en las nubes.

el conde Zcppelin y el comandante Von Parseval. Propónese aquél efectuar con el globo de su invención un viaje desde el Lago
de Conslanza á \Vilhelmshaven, en las orillas del Mar del Norte, regresando al mismo
punto de partida. En los ensayos verificados
durante el último otoño, avanzó el dirigible
Zeppelin, con viento contrario, á la velocidad
de cuarenta y ocho kilómetros por hora.
Es, pues, probable, que las autoridades
militares alemanas acabarán por adoptar á
su debido tiempo el dirigible rígido Zeppelin
y el globo flexible del comandante Von Parseval. (Con posterioridad á la redacción de
este articulo ha efectuado sobre Berlín pruebas satisfactorias de tres horas y media, un
globo dirigible, pilotado por el capiCán Sperling). Y es, no ya probable, sino seguro,
que el ministro de la Guerra alemán hará un
esfuerzo para sobrepujar á Francia, la cual
lleva una delantera considerable en esto de
la construcción de aerostatos.
Dada una breve idea de los trabajos efectuados á este respecto por los dos países,
examinaró ahora algunas cuestiones estratégicas de la guerra naval aérea, si llegase el
caso de un conflicto armado entre Francia y
Alemania. Antes de hacerlo, paréceme oportnno llamar la atención sobre el hecho significativo de que el lllinisterio de la Guerra
francés acaba de ordenar el emplazamiento
del Patrie en Verdun, disponiendo al mismo tiempo el reparto de los futuros dirigibles_ militares á lo largo de la frontera fran-

co-alemana, en los parques de Tou 1, Epinal
y Belfort.
Sin duda, es de trascendental importancia
en tiempo de guerra el que los pilotos de una
nave aérea conozcan al dedillo el país comarcano. Así, pues, si los aeronautas militares franceses llegan á farni liarizarse con las
regiones limítrofes, tanto alemana como nacional, claro es que los problemas de reconocimiento y ataque habrán de quedar extraordinariamente simplificados. Eso conocimiento exacto del país es necesario, sobre
todo tratándose de exploraciones nocturnas,
ó cuando por causa de mal tiempo tiene que
situarse el aeronauta sobre las nubes, ó por
último en las ascensiones superiores á dos
mil metros.
OBRA DESTRUCTORA DE LOS AEROSTATOS

Bastarían cuatro globos dirigibles par a
cau~ar enormísimos daños en un ejército.
Y si en ve1. de cuatro, fueran ciento ó mil
los manejados por una de las partes combatientes, seríale á esta facilísimo tanto observar extensamente el avance de las fuerzas
enemigas como hostilizarlas en gran escala.
La verdad es de qu1i la nave aérea pertenece por sus condiciones á esa clase de enemigos tenaces é incansables á quienes es
imposible burlar. Lo mismo de día que de
noche, en la marcha que en el descanso, en
la vigilia que en el sueño, todo ejército en
campa1'ía habrá de sufrir necesariamente la

ALE)IANIA SE PREPARA

No se suponga que Alemania permanece
indiferente á la actividad de su vecina; sin
duda, esta nación no consentiría quedarse rezagada. Desde fines de 1906,el batallón aerostero prusiano, al mando del comandante Gross, viene dedicándose á la construcción de una flota aérea.En Marzo y Abril
de 1907 hacíanse en el campo de maniobras
de Tegel satisfactorias experiencias con un
pequeño modelo de dirigible, obra del citado
batallón de aerosteros, y con arreo-lo al cual
se está construyendo el de 4.500 á
metros cúbicos que ha de destinarse al servicio
de campaña. Este primer dirigible alemán
tendrá algún parecido con el tipo de o-lobo
i:;emi-flexible ideado por los hermano: Lebaudy. La envoltura es completa y de tejido
de algodón, yendo sujeta á recia armadura
metálic,.
Cuenta además Alemania con la valiosa
cooperación de dos aeronautas eminentes:

485

6.000

El Ville de Paris, otro aerostato militar &lt;lel Ejército francés

�4.86

POR ESOS MUNDOS

observación y el fuego de los aerostatos adversarios. La obscuridad no servirá de manto
protector á los perseguidos, porque los dirigibles, dotados de poderosísimos proyectores eléctricos, podrán continuar su obra de
destrucción durante la noche.
En cambio, el aerostato es casi invulnerable ante el fuego enemigo; bástale para burlarse de las balas desarrollar su fuerza ascensional. Suponiendo que la artillería obligue
al globo á elevarse dos mil ó tres mil metros
sobre la superficie del suelo, no bien desciendan las sombras de la noche bajará en
ellas el terrible enemigo para renovar sus
ataques. ¡Y qué ataques! Permitascme trazar
un bosquejo de lo que podría ocurrir en un
caso semejante.
Una división de un ejército ha acampado
con objeto de pasar la noche. Las avanzadas
ocupan sus puestos; las trincheras aparecen
erizadas de bayonetas. El sentiruiento de
seguridad reina, soberano, entre las tropas:
desde el general hasta e l último soldado
creen imposible un ataque fructuoso por
parte del enemigo. Pero, de improviso, una
flotilla de dirigibles avanza sobre el dormido
campamento, y después de distribuirse los
sectores d:e carnicería comienza á arrojar
una lluvia de torpedos. Admitiendo que la
flotilla estuviese constituida por cien globos,
con capacidad para conducir individualmente treinta torpedos de diez kilogramos,
¿cuántos hombres sobrevivirían, de los doce
mil que compusieran la división, á los tres
mil proyectiles vomitados por los dirigibles?
¿Cuántos podrían hacer luego el espantable
relato de esta hecatombe? Seguramente, ninguno.
No se crea que hablamos de memoria ó
en sentido irónico. Julliot, el constructor del
Patrie, afirma que cada globo dirigible de
dicho tipo es capaz de llevar á bordo treinta
torpedos de diez kilogramos en jornada larga, y cincuenta en jornada corta. Por otra
parte, el comandante Moedebeck, de la artillería alemana, quizás la mayor autoridad
contemporánea en aerostación militar, garantiza los efectos de torpedos menores de
diez kilogramos. De modo, que el aerostato
puede aumentar casi una tercera parte la
cifra de proyectiles antes mencionado, acreciendo, por consiguiente, los medios de destrucción.
En rigor de verdad, el dirigible mil.tar no
tiene por qué preocuparse de su provisión
de torpedos, pues, una vez agolada, le es hacedero marchar rápidamente á aprovisionarse. En el supuesto del campamento atacado,
los cien dirigibles, después de aniquilar la
división enemiga establecida, por ejemplo,en

Alsacia,cruzarían la mismanoche los Vosgos,
se repostarían de municiones, y tornarían en
las primeras horas de la madrugada para destruir otra división.
EPISODIOS DE GUERRA

Tracemos otro cuadro de carácter belicoso.
La línea aérea de la frontera franco-alemana mide solamente 250 kilómetros. Declaradas la3 hostilidades, atravesarían en poco
más de una semana esa estrecha puerta, varios cuerpos de ejército que sumarian de
tres á cuatro millones de soldados.
Imaginémonos ahora que en las ciudades
de Alsacia-Lorena hormiguean las tropas de
caballería, infantería y artillería. Mil torpederos aéreos llevando en sus barquillas treinta
mil proyectiles, bastarían para destrozar, en
el breve espacio de una noche, ó de un día
nublado, gran parle del ejército alemán de
ocupación.
Tan pronto como los mil torpederos hubiesen agotado sus municione~, se volverían
á territorio francés para cargar sus pañoles.
Si la velocidad de dichos aerostatos era de
cuarenta kilómetros por hora, calculando en
veinte la distancia media al punto de aprovisionamiento, cada uno de los globos podría
repostarse de cincuenta torpedos y tornar al
sitio del ataque á la hora y pocos minutos
de haberlo abandonado. En resúmen: una sola división de torpederos aéreos lograría atacar diez ó doce veces en veinticuatro horas
la gran masa de tropas aglomeradas en la
frontera franco-alemana, á condición de tener cerca la base de aprovisionamientos.
lle demostrado en otros trabajos de este
género cómo podría ocurrir, declarada una
guerra entre Rusia y Alemania, que la flota
aérea de la primera bombardease en la madrugada del primer día de hostilidades los
cuarteles y estacionesde Berlín. Porque, téngase bien presente: la nación que posea
un millar de dirigibles militares se apresurará á dificultar la movilización del enemigo
desde los mismos comienzos de la campaña;
los aerosteros romperán el fuego, arrojando
torpedcs y granadas sobre el cuartel general
de los adversarios, sobre sus parques de municiones, sus puestos telegráficos, sus principales estaciones ferroviarias y sus trenes militares.
Volviendo á la campaña franco-alemana
que íbamos fantaseando, digamos que si inmediatamente á raiz de la declaración de
guerra penetraran en Alemania mil torpederos aéreos, no conseguiría otra flotilla alemana análoga impedir al enemigo la destrucción parcial de las diversas lineas férreas

�488

POR ESOS )IU;',DOS

que conducen á Francia. Esto solo se difi- neutral entre las sombras nocturnas ó en uo
cultaría realizando un contra-ataque aéreo. día nublado, no podría probarse la violaPor tal razón, nos parece aconsejable confiar ción; y, aún cuando fuera esta vista, ni los
la custodia de los grandes centros de pobla- suizos, ni los belgas, ni los ingleses se atreción á los globos militares.
verian á declarar la guerra á Francia desEn la eventualidad de una guerra con ~ués de leer en los periódicos que la noche
Francia, el Estado .Mayor alemán debería anterior una flotilla aérea francesa había
adoptar especiales precauciones par a la crur.ado sus res peeti vos territorios á una alseguridad de Metz y
tura de cinco mil mede Strnsburgo, p I a .,
tros.
zas fuer tes fronteConforme vay~prorizas, con objeto do
gresando
la nwegaimpedir que una floción aérea, habrán detilla aérea francesa
reducir los países condestruyese las obras
li nen lal es sus efectidefensivas y fra n vos
de caballeria,susqucase l a s puertas
tituyenclo estas fuerdel país á los invazas de combate por
sores. Téngase muy
globos dirigibles. Aun
presente esta verdad:
hoy mi-;mo, la poseel barco aéreo disposión
de doscientos ó
ne de medios sobratresci en los aerostatos~
dos para llevar la ruimodelo Patrie, es
na y la desolación á
más importante que
las fortalezas más estoda la caballería decondidas y poderosas.
Aerostato mililar del Ejército ruso
un ejército: como el
Los importantes
1
cance v i s u al deestablecimientos industriales que proveen á esta arma de combate es muy limitado, en
Alemania de fusiles, cañones, pertrechos de las futuras campañas se confiarán los serviguerra, dirigibles y buques de combate, cocios de exploración y reconocimiento al barrrerían todos ellos gravísimo riesgo ante una co aéreo, desde cuya barquilla podrá com11incursión de los globos enemigos. Porque nicarse el resultado al cuartel general por
existen diez probabilidades contra una de
medio de la telegrafía sin hilos. Un globo
que el éxito coronase el ataque. Suponiendo pequeño, como e I del conde de La Vaulx
que la ílotilla aérea no acertase á destruir los (762 metros cúbicos) tendría facilidades pavastos talleres de Krupp, en Essen, ó la ra situarse á la misma retaguardia del eneMaestranza oficial de Spandau, en cambio migo, avanzando al abrigo de una selva ó de
inutilizaría en varios puntos la línea férrea una montaña, ó protegido por la obscuridaL1,
Berlin-Strasburgo, arrasando de paso unos de la noche.
cuantos cuarteles.
Hasta ahora se ha considerado completaLO QUE COSTARíA UNA FLOTILLA
mente imposible un ataque por parte del
DE AEROSTATOS
enemigo cuando éste ha sido derrotado y
acorralado. Durante la guerra de 1870 huTratemos ahora de la capital cuestión ecobiera sido irrealizable para e I maltrecho nómica. Sobre este punto, como en otrosejército francés-presentarse á las puertas de varios, el dirigible introducirá una revoluBerlín ó de Essen. Y al llegar aquí enconción en las condiciones de la guerra modertramos una de las características más so1·- na. Hasta el presente, la paz armada (estad0prenden tes de la guerra aérea, y es el inutili- normal de las grandes potencias), así como
zar, el hacer ineficaces las fortificaciones la guerra, han sido lujos muy caros. En camfronterizas , constmídas para coPtener e 1 bio, el barco aéreo, instrumento espantable·
avance del invasor. La región del aire es tan de destrucción, quizás el más espantable de
vasta que no hay medio de poderla vigilar cuantos inventó el hombre, resulta compatotalmente.
rativamente barato.
Para el barco aéreo francés no habría neEl dirigible Pcitrie de los hermanos Lecesidad de abrirse paso á través de la fronbaud y ha costado trescientos mil f r a n tera alemana. Nada ni nadie podría evitar su cos. De modo que un millar de dichos glo~os
aproximación á Alemania por Suiza ó Bél- representaría un gasto para el Estado frangica, por mar, ó desde Inglaterra: navegan- cés de trescientos millones de francos, suma.
do los dirigibles franceses sobre territorio con la que apenas tendría para adquirir me-

EL SIGLO DE LA AEROSTACJÓN

489

Aerostato m11ttar del Ejército inglés

dia docena de acorazados. Un globo rígido de
aluminio vale quinientos mil marcos y un
globo flexible doscientos mil. Si Alemania
invirtiera mil millones de marcos dunrnte un
período de diez años en adquirir dirigibles,
no sería por ello más pobre. La insurrección
de los hereros en el Africa occidental del Sur
ha consumido ochocientos millones de marcos. Ahora bien, si el Gobierno alemán hubiese invertido dicha suma en construir una flota
aérea de dos mil dirigibles, de diferentes tamaños, poseería á estas horas una fu.irzd no
igualada por ningún otro país. La misma Inglaterra, tan orgullosa en supremacía naval,
vería esta reducida á la nada. A la nación
que fuera dueña de semejante flota le podría
tener sin cuidado la coalición de todas las
potencias reunidas.
EL AEROSTATO, INVULNERABLE

Sin embargo, la mayoría de los militares
alemanes no concede gran importancia al
globo automotor como elemento de guerra.
Básase este excepticismo, prob&lt;!blemente, en
los magníficos resultados conseguidos por la
artillería y la infantería durante las recientes maniobras, haciendo blanco en globos
cautivos á alturas de ochocientos á mil doscientos metros. No fallan peritos navales y
militares que tienen al globo por enemigo
fácil de destruir. Pero esto no deja de ser
una opinión errónea. Un dirigible es prácticamente invulnerable marchando á la altura
de dos mil metros; y es invulnerable lo mis-

roo para el fuego de la infantería que para
el de los cañones de mayor alcance, pues la
altura máxima á que puede hacer blanco
una pieza es la de ochocientos metros. Ahora bien: hallándose un globo á escasa altura
podría caer dentro del alcance ordinario de
las piezas de sitio, en cuyo caso sería cañoneado por los obuses aún á la distancia de
ochocientos metros. Dícese, no obstan te lo
asegurado anteriormente, que el cañón hon;itzer de campaña hace blanco en un globo
situado á mil quinientos metros.
Concediendo que esto sea así, afirmamos
la absoluta inmunidad del globo más allá de
esos mil quinientos metro.,, á menos que lo:;
parques construyan globos-baterías contra
los aerostatos. Ya en 1870 hizo algo en tal
sentido la casa Krupp, fabricando un globo
de ese género; y en la Exposición Automovilista de Berlín, durante el otoño ele 1906,
el ingeniero Erhard, de Düsseldorf, exhibió
otro aerostato por el estilo. Ko e;;, pues,
aventurado vaticinar la aparición no muy
lejana de los globos-ca,1oneros con capacidad ascensional superior á mil quinientos ó
dos mil metros, altura á la que aún pueden
los globos militares hacer sus observaciones sin temor á ser interrumpidos por un
obús.
Según opina el ya citado comandanteMoedebeck, un dirigible podría desde dichas alturas, no sólo hacer fuego sobre una fortificación ó una batería, sino llevar treinta probabilidades entre ciento de destruirla completamente. En Ja guerra terrestre tendrá

�-490

POR ESOS il!UNDOS

,siempre el aeronauta esta ventaja sobre la
.artillería: poder hacer fuego á mucha menor
,distancia, quizás á la de quinientos á seis,cientos metros. Por otra parte, la obscuridad
nocturna, la niebla y las nubes, le permitirán, frecuentemente, pasar incólume sobre
la misma cabeza de su adversario. En reali,dad, el tiempo despejado es raro en los países del Norte. Pero esas circunstancias meteorológicas habrán de preocupar poco al
artillero aéreo toda vez que podrá dar en el
,blanco desde una elevación de dos mil metros.
Con cielo nublado será factible el a, anee
.á escasa distancia del suelo á fin de practi&lt;:ar descensos rápidos y ocasionales para
efectuar reconocimientos á mansalva. Estas
operaciones estarían confiadas á pequeños
dirigibles destacados de la escuadrilla principal, cuya misión secundaria consistiría
,en comL1.nicar por la telegrafia sin hilos la
aproximación del enemigo. Informados ya de
,ello, los dirigibles de gran volúmen elegirían sus posiciones sobre la densa cortina de
n ubes.
ATAQUES AÉREOS AL AMANECER

Ya hemos visto que los globos militares,
auxiliados por los reflectores eléctricos, ten&lt;lrán á su merced durante la noche las balerías y fortificaciones. La mis.roa facultad poseerán en las primeras horas de la mañana,
pues entonces suelen viajar las nubes á alturas máximas de setecientos á mil metros.
,Como quiera que el lanzamiento es cuestión
&lt;le segundos, los dirigibles solo tendrían una
maniobra que efectuar: salir de la nube prvtectora du rante un minuto, llevará cabo el
disparo y volverse á ocultar. Esas apariciones y desapariciones las llevó á cabo varias

veces el Patrie durante las pruebas que
practicó en el otoño de 1906 .
Pero, aún en pleno día y con cielo despe jado, encuéntrase el aeronauta más :protegido del fuego qu e el sirviente de una pie-:a
de artillería. Sin necesidad de exponerse en
poco ni en mucho, haría blanco desde una
altura de dos mil metros, mientras que el
artillero se ve obligado frecuentemente á
iniciar y sostener el fuego á distancias que
oscilan entre cuatro mil y seis mil metros. La
principal ventaja de un aeronauta consiste,
pties, en poder situarse verticalmente sobre
el blanco, mientras el ar tillero, con visual
horizontal, tiene que explorar ópticamente
la atmósfera á distancias de cuatro á ,:eis
kilómetros.
Examinemos ahora la posibilidad de que
una granada alcance al globo. Indudablemente, el proyectil atravesaría la masa flexible ó semi-flexible del aerostato ocasionándple desgarramientos. Mas si el dirigible
era de unos tres mil metros cúbicos de capacidad, los pilotos tendrían tiempo sobrado
para efectuar su retirada antes de caer en
manos del enemigo. El gas se escapa, en
efecto, sumamente despacio á través de los
agujeros hechos por un proyectil. Admitiendo que el modelo empleado por los ejércitos
fuese el dirigible rígido del conde Zeppelin
provisto de dieciseis receptáculos de gas,
interiores é independientes, aumentarían de
un modo considerable las probabliidades de
salvación de los aeronautas, aún cuando la
metralla perforase las cubiertas de algunos
de dichos globos.
Existe, por tanto, un peligro muy remoto
para el artillero aéreo. El comandante Moedebeck lo ha escrito: «Pocas cosas hay tan
dificiles- dice-como hacer blanco en un
globo.»

l

.En las futuras guerras, un aerostato dirigible llevando á su bordo
seis personas podrá destruir acorazados ochenta veces más
costosos y tripulados por un millar de hombres.
Empleando las palabras del difunto pre-sidente Krüger, digamos que una gran bata'11a naval entre dos escuadras enemigas dotadas de torpederos aéreos haría á la humanidad bambolearse de espanto.
Considerado ese combate como espectácufo, no causaría efecto alguno. La guerra ha
ido perdiendo en pintoresco á cada metro
-añadido al alcance de la artillería. En lo re1ativo á circunstancias emocionantes, nada
podrá sobrepujar en el mundo á la famosa
atalla del Nilo, reñida á pocas varas de

distancia entre sí las dos parles contrarias.
El horror que habrán de engendrar los
combates aéreos futuros no surgirá, por
tanto, del mismo espectáculo de la lucha,
sino del destrozo causado. Lo único visible
para el espectador será una fila de pequeños
objetos fusiformes siluetándose contra el cielo. Cada uno de esos husillos grisáceos será
un dirigible capaz de conducir en su vientr e
de diez á cincuenta torpedos cuyo peso puede variar entre cincuenta y setenta kilogramos.

U no de los globos milita res del Ejército español

�49'.l

ron ESOS ~lUNDOS
EL AEROSTATO CONTRA EL ACORAZADO

El estrago ocasionado por una pequeña
flot&amp; do dirigibles Zoppelin seria horrendo.
En primer lugar, podría dar caza al crucero
más rápido, y, ya entablado el duelo, ocioso
os decir de parle de quién estaría la inferioridad. El buque ele guerra, poderosamente
defendido en sus flancos, es, en cambio, vulnerabilisimo en su cubierta, lugar á donde
irian á parar los proyectiles del aerostato.
Por si esa deficiencia no bastase, el crucero
no tiene sino una velocidad máxima de veinticinco nudos, mientras que un buen dirigible marcha á treinta nudos largos.
Continuemos comparando ambos elementos de combate, fijándonos ahora en lo relativo á coste ele uno y otro.
El Patrie ha costado unos sesenta mil duros, y poco más del doble el globo dirigible
del conde Zeppolin. Tripulado aquel por solo
tres hombres, y por sois el segundo, se bastan para aniquilar un barco de guerra cuya
construcción ha absorbido corca do diez millones de duros y cuya tripulación excede
do mil individuos.
Acaso objetará el lector que los torpederos aéreos no pueden temar parte muy activa en las balnllas navales debido á la estrecha dependencia en que se halla el dirigible
respecto á su provisión de bencina; razón
por la cual no podrá nunca alejarse mucho,
mar adentro, do su base de aprovisionamiento en la costa.
A primera vista, esa objeción parece eliminar al dirigible como factor apreciable en
los combates navales. Pero,si bien se considera, el argumento carece de toda fuerza
destructora. Los torpederos aéreos no tendrán nunca necesidad de depender de una
base do aprovisionamiento fija; les suministrarán cuantos proyectiles y litros de combustible sean requeridos por las exigencias
de la lucha, los mismos barcos de su escuadra.
Dado que lodo buque puede llevará bordo cómodamente un par de aerostatos pequcrios, mas los receptáculos de gas necesarios para la inflación, no es mucho supoMr
que en brere plazo todo acorazado conduzca
en sus entra,ias, no solo cañones y torpedos,
sino sus correspondientes dirigibles. Estos
poseen, además, la ventaja de poder ser lanzados al mismo tiempo contra la flota aérea
y contra las fuerzas naYalos enemigas. .
Por otra parte, es digno de notarse que
las grandes batallas navales son reñidas generalmente á poca distancia de tierra, ó sea
donde tendrían facil aplicación los dirigibles.
Entre los muchos ejemplos que pudiéramos

aducir para probar nuostrn anterior aserto,
recordaremos la batalla de Tushima ganada
por los japoneses en su reciente lucha contra Rusia. Además, toda potencia insular
mantiene cerca ele sus costas lo más florido
de su flota. Véase, si no, lo que hace Inglaterra, cuyas mejores escuadras navegan constan temen le en el .Mar del Nort.e ó en el Canal
ele la Mancha.
¿,Y qué signiricarán para un dirigible el Canal de la :\lancha, el l\lar del Norte, el Meditel'l'úneo•~ Un juego de nüios: poco más
que atravesar un estanque. En el 78.° Congreso de Natmalistas alemanes, verificado en
Septiembre de 1906, calculó el conde Zcppelin el radio &lt;le acción de su aerostato ultraligero en unos ochocientos cincuenta kilómetros, aún viajando con viento contrario.
De modo que dicho globo podría ir desde el
LagoConslanza al :\lar del Norte y regresar al
punto de partida, sin repostarse de combustible. En cuanto al Patt·ie ó al Parsevcil,
ambos de capacidad inferior al de Zeppelin,
su radio de acción no baja de doscientos
veinticinco á doscientos cincuenta kilómetros.
Ahora [bien: el Canal de la ~[ancha tiene en su menor anchura treinta v un kilómetros, v la distancia entre NÓrcldeich é
Inglalena es de cuatrocientos•kilómetros. De
suerte,que con varios dirigibles del tipo Zeppelin serían prontamente barridas del :\lar
del Norte aquellas escuadras que no estuvieran protegidas por aerostatos.
!.A LUCHA EN LOS AIRES

Los combates esencialmente aéreos se librarán en circunstancias del todo distintas
de las que imperan en las luchas terrestres.
La victoria corresponderá, no al país más
poderoso, sino al que, aún cuando pobre,
reuna mayor flota aérea. En loporvenir, desaparecerán las barreras creadas por la Naturaleza y por la Ciencia: cuando se guerree
en las nubes, ni el Canai de la Mancha ni la
frontera franco-alemana servirán para nada.
Del mismo modo, el advenimiento del dirigible anulará la distinción entre guerra terrestre y guer:·a marítima, ya que el aerostato actuará al mismo tiempo en una y otra:
una flotilla aérea rápida estará en condiciones de decidir por la mañana una batalla
reñida en Sedán, aniquilando por la tarde
una escuadra en el Canal de la .Mancha, separado ele dicha ciudad francesa por una
distancia de doscientos kilómetros.
Trabado el combate aéreo, la flota aerostatica derrotada en tierra podría ser empujada
hácia el mar por los dirigibles vencedores.

�494

POR ESOS i\lUNDOS

Bastará para inutilizarla cortarle las _co?'lunicaciones con sus puntos de abastec1m1ento. Una flota así perseguida seria fogueada
con igual éxito por las baterías de la costa y
por la de los buque~.
.
Paréceme oportuno, al hacer afirmaciones
tan serias COILO las anteriores, citar las opiniones de otras autoridades en la materia.
Advertiré ante todo que las por mí expuestas acerca de las mortíferas propiedades del
dirigible son compartidas por el ilustre
Moedebeck, quien las acaba de exponer en
su interesante obra Die Luftschiffalwt. Del
mismo modo de pensar son los aeronautas
ingleses. Uno de ellos, Mr. Edge, aseguraba
no ha mucho que los actuales dirigibles franceses podrían destruir co~plet~mente la_ escuadra británica á una d1stanc1a de vemte
millas de la costa.
Estudiemos ahora un punto no menos
trascendental: ¿cómo se reñirán las batallas
aéreas?
El principio estratégico y táctico más importante consistirá en situar la flotilla ofensiva sobre su adversaria atendiendo á que
el ataque habrá de reducirse á dejar caer
torpedos. Según Moedebeck, no debe pensarse nunca en la posibilidad de emplazar cañones en las barquillas: un globo dotado de
piezas de artillería llevará consigo el gravísimo riesgo de las explosiones. Nosotros argüiremos, sin embargo, que el globo rígido
de aluminio pudiera hallarse libre de ese
peligro. En efecto, en dicho tip,o de dirigi~le
los receptáculos del gas, en numero de dieciseis á veinte, van encerrados, separadamente, dentro de la total envoltura de aluminio. No es dificil, en esas condiciones, encontrar algún medio mecánico de aislar la
envuelta metálica hasta el punto de hacer posible el disparo de un cañón desde una ba~quilla especialmente dispuesta. Esto constituría una ventaja enorme sobre las demás
clases de globos.
Dicho lo que antecede acerca de las propiedades ofensivas de los dirigibles, investiguemos hasta qué límite llega su inmunidad
ante el ataque.
Supongamos el caso verdaderamente trágico de un duelo entre dos aerostatos de esa
clase; duelo el más horrib~e de cuantos pueda concertar el hombre, Sm duda, los adversarios se esforzarían en rasgarse las respe..:tivas envolluras. Este golpe, causa de destrucción instantánea para el aerostato y sus
ocupantes, se realizaría, naturalmente, con
ayuda de armas arrojadizas corta"?tes, ó bien
disparando contra el globo enemigo bombas
cargadas de cualquier solución incendiaria
susceptible de inflamarse al contacto de la

envoltura, comunicándole el fuego y haciendo explotar el gas.
Corno los modelos de globo flexible y semi-flexible sólo disponen de un depósito de·
gas, corren mayor peligro de ser destruidos.
En cambio, con el sistema de receptáculos
separados (modelo Zeppelin) existen muchas
probabilidades de limitar los efectos de la
explosión á uno ó varios compartimentos.
Dicho está que los caüones empleados en el
lanzamiento ele proyectiles incendiarios habrán de ser necesariamente neumáticos.
Trabado un combate aéreo, el globo Zeppelin resultará formidabilisimo adversario para.
todo dirigible ele otro sistema. Su envuelta
metálica resistirá mejor las explosiones y
los ataques con arma cortante, y en caso decolisión la ventaja estará siempre de su parte. Lo que no obsta para que desaparezca _su
invulnerabilidad ante los torpedos de diez
kilogramos.
COLOCACIÓN DE MINAS POR LOS DIRIGIBLES
Misión importante de los dirigibles serát
sin duda, la colocación de minas flotantesen los puertos enemigos, aprovechando la
obscuridad de la noche, en las costas, ó en
mitad de una flota. El modelo Zeppelin, dedocilidad maravillosa, puede descender basta desflorar con ambas barquillas la superficie de las aguas. Con una docena de esos
globos sería empresa facilísima cerrar en
unas cuantas horas las desembocaduras del
Támesis ó del Elba, sembrándolas de minas.
El bloqueo marítimo podría ser perfecta~
mente mantenido con auxilio de los dirigí-'
bles. Mientras todo el poder naval de Alemania resultaría ineficaz para bloquear los
puertos de la Gran Bretaña, sóbranle á esta
navíos para bloquear las bahías germánicas.
Siendo las islas británicas inhábiles para
bastarse á sus necesidades de productos
agrícolas, dependen absolutamente por esteconcepto de lo que importan sus naves. De
ello resulta que una poderosa flota aérea alemana podría, en caso de guerra, dificultar
esa importación y aún impedirla por completo. Los barcos mercantes, indefensos como se encuentran contra los proyectiles, serían deshechos bajo una lluvia de granadas.
Además, los dirigibles alemanes sembrarían
de minas en una sola noche, cerrándolos á
la navegación, los puertos más importantes
del Reino Unido.
Los países insulares de población densa,
cual le ocurre á Japón, peligrarían más que
los continentales: llegado el conflicto belicoso, es posible que viesen cortadas sus co-

EL SIGLO DE LA AEROSTACIÓN
municaciones marítimas por las flotillas aéreas de China ó de Rusia. Sin embargo, tratándose d e Japón, y dadas sus aptitudes
industriales y su superior organización, no
es fácil que se deje ganar esa supremacía
marítima por el Celeste Imperio ó por el Imperio de los czares,
Háse visto que una flotilla aérea alemana
podría destruir la superioridad naval de Inglaterra en el Mar del Norte. Atenta la Gran
Bretaña á cuanto se refiere al mejoramiento
de las fuerzas marítimas de Alemania, solo
podrá esta realizar su esperanza de hacer
frente con ventaja á las escuadras de su rival construyendo una flota aérea poderosa.

495,

el director general de Correos Herr Nagler
declaraba por aquel en tonces que solo podía,
ver en el ferrocarril •un medio de comunicación muy limitado y dependiente.»
Pero no pararon ahí las cosas en Prusia.
Hasta el año de 1840 el propio Gobierno se·
opuso resueltamente á la ampliación de la
primera línea férrea inaugurada en el reino
el 30 de Octubre de 1838. Al ser solicitadas•
las concesiones de las tres líneas BerlínLeipzig, Berlín-Anhalt y Berlín-Magdeburgo,
denegáronse de plano porque, al decir de los
técnicos, el tráfico entre dichas ciudades '{
la capital no era bastante á justificar ni una
sola línea. La oposición del Ministerio tuvo
que ser vencida nada menos que por el enLOS ERRORES DEL PASADO
tonces príncipe imperial, más tarde Federico,
Antes de terminar, trataré una cuestión re- Guillermo IV. Evidentemente, aquellos conlegada por mí voluntariamente á estas pos- . sejeros y sus asesores no eran capaces de
trimerías, Es ella la actitud de las autorida- adivinar la edad del vapor, del vehículo au~es militares y científicas de las grandes po- tomotor sobre rieles.
tencias ante el problema de la guerra aérea
Esta carencia de facultades adivinatoriasfutura. Creo, sincer'a mente, que en opinión ha brillado también en otras naciones. El
de esas autoridades todo cuanto digo serán famoso Thiers dijo en Francia á la aparición
imaginaciones de un visionario. Sin duda del primer ferrocarril: «Los parisienses dealguna, los técnicos,militares y administra- bían, en realidad, poseer esa monería. Con
tivos de Alemania y Francia se echarán á todo, creo que el tal juguete no llevará nunreir cuando lean que sus respectivos países ca un solo viajero ni trasportará jamás una.
poseerán dentro de diez años mil barcos de maleta.»
combate aéreos, y dentro de veinte el doble
Y ese es hoy el modo de pensar general
ó el triple de tlicha cifra, Ríanse si así les respecto al dirigible: ¡un juguete que no lleplace. Entre esos técnicos y yo es el tiempo vará nunca viajeros ni equipajes!
quien ha de decidir. Por ahora, me consuelo
El tiempo se encargará, no obstante, de-·
pensando que los técnicos no están dotados convertí:·, lenta, pero seguramente, esa mode doble vista, Cuando se inventó el ferroca- nada en un terrible aparato de destrucción.
rril fueron precisamente los técnicos quie- Y ¡ay del país que se entere demasiado tardenes se opusieron á su adopción en Prusia: de la metamórfosisl
DOCTOR RUDOLF MARTÍN,
Consejero militar del Gobierno alemán,

�LA OPERACIÓN

LA OPERACION
(CUENTO DE NOCHEBUENA)

M UY temprano, apenas apu:aron ~l desayuno , Don Pedro

I · \ Téllez y Mómca, su muJer, salieron á la c1,lle. La mañana, como de Diciembre, era fría y húmeda; los chaparrones de la vispera habían enlodado las calles, y una capa
sulil de barro cubría las aceras; llenaba el vanú del cielo
niebla gris, espesa, compuesta de incontables golitas silenciosas, que mojaban como un aguacero.
Mónica exclamó:
-¡Qué t:empo .. ! ¿Llevas bien abrigada la mano?
--Si.
-Procura resguardarla mucho del aire. Ya sabes lo que el
médico ha dicho.
Caminaban con paso ágil en derechura al hospital, á través del ambiente brumoso. Ella era una mujer gruesa y
bajita, que ya había pasado de la segunda juventud; sus
cabellos grises, casi blancos, peinados simétricamenle se hallaban sobre la amplitud tranquila ele la frente; leve expresión de dolor amargaba las comisuras de una boca que allá,
en años ya lejanos de mocedad, debió de ser bermeja y
!raciosa; sus ojuelos pardos tenían esa expresión humildt
que el matrimonio impone á las mujeres dóci les.
El, Don Pedro Téllez, era nervioso y menudo: la dureza
,;ocrática de sus facciones, el llamear metálico de sus pupilas verdes, la curvatura de la aguileña nariz, el voluntarioso
,Jesarrollo del mento, acusaban el temple ariscado de su
espíritu; bajo el gabancillo azul, con cuello de terciopelo,
todos los ademanes de su cuerpo tenían aquel ritmo suelto y
firme, peculiar á los hombres que no han sentido miedo
nunca. El brazo derecho, que sin duda hallábase aquejado
de al,,aún grave da11o, llevábalo en cabestrillo, y la manga del
Los dus es¡&gt;osos caminaban con paso
ag,l hácia el hospital
gabán que quedó vacía balanceábase tristemente á impulsos
del aire, dando la sensación de algo muerto.
Cuando llegaron al hospital, uno de esos viejos edificios, negruzcos y altivos, que primero
fueron conventos y luego casas de salud, y cuyos muros parecen tras~dar ~lgo de los innúmeros dolores que han encerrado, aún no eran las nueve. El matnmomo atravesaba el
zaguán, de amplitud y sonoridades palatinas.
Un portero les saludó:
-¡_Cómo anda eso, Don Pedro?
-Muy mal: peor que nunca... Esta noche no he podido dormir.
-¡Caramba, hombre!... Pues, ¡si que lo siento!
Metido en su holgachón y sobrado levitón azul, con botones de plata, el portero inspec&lt;)ionaba á su interlocutor con esa expresión, á la vez de desdén y bondad, con que solemos
mirar á las personas que por algún concepto consideramos inferiores y que, sin embargo,
nos son simpáticas.
Don Pedro Téllez agregó jovialmente:
-Esta pícara mano ha resuelto declararse independiente y hay que complacerla... Un
órgano que se enferma es como pueblo vasallo que se rebela: tardeó temprano se proclama
libre.
-,i,Cuándo es la operación?
-Dentro de un rato.
- ¡Ah!

Mónica lanzó un largo suspiro entrecortado, y bajó los ojos. Sus manos blancas, que
los sufrimientos de la vida habían acobardado, cruzáronse en un gesto inconsciente
de súplica.
Téllez continuó:
-¡_Ha venido Don Higinio?
-Todavía no.
-Bien ... Pues hasta luego.
-Hasta luego... ¡Diantre! ¡Y buenos
ánimos! ...
Sus facciones, un instante conmovidas, se
serenaron, y dió media vuelta, indiferente
bajo su traje azul de empleado, con ese estoicismo .filosófico de los hombres familiarizados con el dolor.
Téllez y Móni-ca penetraron en un ámplio
claustro abierto sobre un vasto jardín cuadrangular donde varios árboles elevaban al
cielo ceniciento la desesperación de sus ramas retorcidas y mondas. En el silencio de
la oquedad claustral el aire parecía más frío,
la humedad más intensa. El matrimonio se
detuvo ante una alta puerta que custodiaba
un Yiejecillo de patillas blancas.
-Buenos días, Ramírez.
-Buenos días, Don Pedro.
Continuó paseándose, las manos en los
bolsillos del pantalón y azotando ruidosamente el suelo con sus botas de pafio, para
amortiguar el frío en sus piés ateridos.
-Mala Nochebuena se prepara,-dijo.
Téllez replicó, pensatiyo:
-Muy mala.
Hubo un silencio. El empleado, reparando en el brazo inútil de Don Pedro, interrogó:
-~.Le operan á usted, pur fin?
-Sí.
-;.Cuándo?
-Hoy mismo.
Mónica tornó á suspirar y miró también
aquel brazo inexpresivo, vestido de negro,
trágico en su inmovilidad como un cadáver.
· Acercóse á su marido mimosamente, cubriéndole bajo una mirada amparadora, de
infinita piedad maternal.
-¡Pobre mío,-murmuró- pobre mío!. ..
Eso ... va á dolerte mucho ...
Sus dulces ojos humildes se arrasaron ert
lágrimas, y sus manos piadosas oprimieron
elusivamente la mano izquierda de Don Pedro.
Sacando bríos de flaqueza, Téllez repuso:
-No llores, mujer. La operación, según el
médico, durará poco. Además, ello es cuestión de vida ó muerte: ó yo mato á la mano,
ó la mano me mata á mí.
Calló sombrío y luegó suspiró, interrogándose á sí mismo si tendría alientos para sos-

4.97

tener hasta el fin la comedia de su valor.
Un drama terrible le amenazaba. El era
pin tor paisajista. Pocos meses antes, trabajando en el campo, se clavó una espina entre la yema y la ul'ia de su pulgar derecho.
y el dedo, que casi siempre estaba manchado de pintura, comenzó á hincharse. Aquel la tumefacción iba acompat1ada de latidos.
ténues al principio, fuertes y dolorosos después, que delataban la formación disolvente
del pús. Necesitado como se hallaba de dinero, Don Pedro continuó laborando, sobreponiéndose bravamente al dolor. La ponzol'ia
de los ingredientes químicos de que los colores son compuestos fué_agravando el cariz
de la herida; la sangre regaba mal el pulgar
tumefacto, y bajo la uña formó un coágulo
violáceo y venenoso. De pronto, la enfermedad se desbordó y la hinchazón, contenida
hasta allí en la segunda falanje del dedo, invadió la mano, amenazando extenderse al
antebrazo. En el espacio de pocas horas el
mal dilató bajo la epidermis una sombra negru-zéa, y los dedos se inmovilizaron, tumefacto¡¡, informes, en la descomposición de
toda at¡uella carne que se podría.
Cuando Téllez acudió á la clínica de Don
Higinio, el sabio profesor torció el gesto.
Ante el grupo atento de sus ayudantes, Don
Higinio dió, á propósito de aquella mano
monstruosa, una larga explicación técnica
que el paciente no pudo comprender, pero
que hizo resbalar por su cuerpo el frío• de
las adivinaciones terribles.
Con esa brusquedad que caracteriza la
conversación de los médicos viejos, Don Iliginio preguntó:
-¿Qué profesión tiene usted?
Téller. repuso:
-Soy pintor.
-Pues tendrá usted que cambiar de oficio, porque la mano está gangrenada y hay
que cortarla.
A_la vez, cual comparsas de un coro siniestro, los ayudantes repitieron implacables:
-No hay otro remedio: hay que cortarla.
Como las grandes desgracias llevan, en su
enormidad misma, la virtud sedante &lt;le no
irritarnos, Don Pedro Téllez permaneció impasible y bajó la cabeza, aceptando su destino. Don 1-Iiginio le pulsó, le invitó á que se
desnudase de medio cuerpo arriba y le auscultó el corazón atentamente.
-,i_Es usted cardíaco, verdad?
-Si, señor.
-En tal caso, no podemos cloroformizarle: el cloroformo es fatal para el corazón.
-¿Entónces?...
Brevemente, Don lliginio expuso su opinión. La situación era mur peligrosa y el pa-

�498

POR ESOS ~1U.\'DOS

cienle tenía que optar por una ele
,r- - · - - - - - : ¡ff .....:,~
estas tres resoluciones: ó no se ,
f.
amputaba la mano, lo cual equivalía á girar contra la muerte una
letra á t res ó cualro meses focha;
'·
ó tornaba el cloroformo, con lo c¡ue,
si bien se ahorraba el sufrimiento
de la operación, se exponía á morir
en ella; ó, finalmente, arrostraba e 1
dolor en el pleno uso de sus sentidos, á fuerza de sangre fría y de
heroísmo.
-Ahora,- concluyó Don
IIiginio-usled resolverá.
Lentamente , con aquella
voz fría y profunda con que
los mártires se negaban á retractarse de sus ideas ante
la hoguera, Don Pedro Téllez repuso:
-Está bien: me dejaré cortar la mano y no lomaré cloroformo. Lo primero, es vivir.
Yagi·egó:
-,;Cuándo será la operación?'
Don Higinio miró el almanaque, reflexionó un momento ...
-Pasado, mañana mártes,
El médico auscultó alcntamenre. á Don Peúru
-dijo-día deNocbebuena...
-Perfectamente.
otros enfermos, ,que conocían de vista al
Aque1los dos días pasaron pronto, mucho matrimonio y que también iban á la consulta.
más pronto de lo que el enfermo-, en su miedo Todos compadecían su . desgracia, y todos
natural al tormeDlo, hubiese querirlo; al eran á prodigarla esas frases vulgares de
al cabo, la hora siniestra llegó, y Don Pedro, consuelo con que los hombres aumentan,
á pesar de su temeraria entereza, meditaba estúpidamente, el dolor de los que sufren.
con pavura oculta en los bisturíes agudos y en
Cerca del grupo compasivo, pasó un ayulas sierras tajantes que lo es¡reraban á cortos dante, que saludó á Don Pedro; luego, pasapasos de allí, en la sala de operaciones. Pero ron otros dos, que también 13aludaron. Todos
la idea «Es necesario vivir» volvía á su áni- iban penetrando en la sala do operaciones.
mo, caliente, confortadora, prestándole va- Después, con aire apresurado, llegó Don Hilor.
ginio. Al verle, l\fónica sintió que sus pierNotándole preocupado, Mónica le intenas temblonas se doblaban, y hubo de aporrogó:
yarse contra la pared. Fiero, magnifico en su
-1.En qué piensas? ¿Qué tienes?
estoicismo, Don Pedro Téllez no se inmutó.
-Nada.
Al pasar, Don Higinio le hizo una seña:
Viéndola llorar, tan débil, tan buena, Don
-Hoy es usted el primero,-dijo.~¿VaP~dro sintió renacer sus energías todas. El mo-$?
dolor de su santa compañera y el deseo de
Sin responder palabra, Téllez le siguió.
abrazar pronto á sus hijos le inspiraron tran- . Sostenida por varias mujeres , Mónica,
quilidad· sobrehumana: por evitar que si,; muy pálida, los ojos desmesuradamente
pobre Mónica derramase una lágrima, el ad- abiertos, se acElrcó á la puer ta de la sala de
mirable Don Pedro hubiese sido cap~z de operaciones. Aproximó13e á la cerradura, y
morirse riendo.
sobre el fondo blanco de las paredes revesti-No llores,--dijo.-Lo que ter1go no es das de mármol vió las negras siluetas de los
miedo; sí impaciencia de regresar á casa: no alumnos, que iban . y venían_. El portero la
quiero que los niños estén alumados.
apartó de allí.
La angustia de Mónica habíl\ atraído á
-Retírese usted, señora ... ¿Cómo quiere

"

499

LA OPEilACiÓ;,.¡

asted ver e3o? Sería un disparate... se pond ría usted mala...
Todos los circunstantes opinaban lo mismo.
-Debía usted haberse quedado en casa,decían.-Pero, ya que ha cometido usted la
locura de venir, sea usted prudente.
Mónica tuvo que ceder y retrocedió algu-"
nos pasos; pero quedóse rígida, el oiclo alerta, procurando
sorprender los , ,,..,
rumores más
leves del drama . Transcurrieron d o s ,
t re s , cuatro
minutos . . . A
cada instante,
la infeliz mll ·
jer preguntaba:
-¿Qué es·r ...
¿Qué sucede?
El portero,
de cuando en
cuando, entreabría los batientes d e la
puer ta un poquito y miraba. Luego, se
volvía hácia el
grupo, a nhelante.
-No -decía-todavía no han empezado.
De p;onto, allá en la sala? vibró un ronquido angustioso, una especie de estertor ele
horrible rabia y sufrimiento. El portero entreabrió la puerta, pero desde_ dentro una
voz furiosa, de inapelable autondad-la voz
de Don Higinio-le obliaó á cerrarla. En los
ojos de todos los del gr;po había la m!~ma
interrogación: «¿Ya?... • El porl~ro mov_10 la
cabeza afirmativamente, y Mómca perdió los
sentidos.
Cerca de una hora estuvo desmayada. Unas
sales y unas compresas de agua fría la ?evolvieron el conocimiento. Cuando abrió los
ojos, vió delante de ella á Don Pedro: esta_ba
lívido, con la lividez de los muertos, los OJOS
hundidos los labios sin color; pero firme, entero y ha~ta un poco enva_necido de su_~i7:a•
rría. Su valor pasmó al mismo ~on lhgmi?·
No fué preciso atarle: la operación la hab1a
resistido en pié, con un patiuelo entre los
dientes.
Al rearesar
á su casa, Don Pedro Téllez
0
almorzó ligeramente y se acostó. Durmió toda
la tarde, sumido en ese sopor profundo que
producen los grandes agotamientos. Despertó
al anochecer. Su vigoroso temperamento y,
más que nada, su decidida voluntad demos-

trarse contento, habían reaccionado, y ni si~
quiera lenía fiebre. Junto al lecho, Mónica
vigilaba.
-;_Qué hora es?-preguntó él.
--Poco más de la siete. ¿Cómo te encuentras?
-Muy bien; no me duele nada. ¿Y los niiios?
-En la cocina.
-;.Por qué están tan callados?... ¿Por qué no tocan
las zambombas y los tambores que les compramosayer'!
- ¡Qué ocurrencia! Dormías tan bien ... Los pobrecitos no han querido molestarle ...
-Pues díles
que á papá no
le duele nada,
que papá ya
está bL eno, y
que, de consiguiente , pue-den armar todo el ruido
que gusten ...
Y agregó,
reprimiendo
-Papá, ¿qué tienes? - preguntaron los ni110s
unamueca que
arrancó á su
rostro los dolores de que sentía en mano amputada:
-Además, estoy resuelto á cenar con vosotros. No quiero que conservéis de esta Nochebuena un recuerdo amargo.
Tantos donaires &lt;lijo que la sencilla l\lónica llegó á creer que lodo aquel buen humor era real.
-¡Es imposible,-repctia - es imposible
que haya otro hombre como tú!
Los chiquillos, apenas infol·mados do que
su padre estaba mejor, arremeti~ron á los
almireces v á las zambombas, haciendo corneta del einbudo y de una maleta vieja bullicioso atabal. Con el estrépit0 vibraban los
cristales. 1\íónica traginaba en la cocina; la
sirviente había salido á comprar un poco de
turrón, tarros de frutas en almíbar y otras
chucherías de poco coste y sabroso comer.
Entre tanto , Don Pedro, sentado en un sillón, cerca de la chime~ea, rememoraba la
escena dantesca del hospital: el aspecto blanco de la sala de operaciones, el frío de los
bisturíes que hendieron su carne, la sensación
inexplicable, enloquecedora, que en los huesos le produjeron los dientes voraces de la
sierra; y luego, la impresión que le causó ver
su mano amputada, aque11a mano que fué
su ya y que ·ya no Je· pertenecía, y s u extra0

�500

POi1 ESOS MUNDOS

ñeza al comprender que, antes de la operación, su personalidad era mayor, que terminaba más lejos. Después, al reparar en los
cuadros á medio concluir que yacían diseminados, aquí y allá, por la habitación, y su
paleta y sus pinceles que ya de nada le servirían, sufrió unos enormes, irrefrenables deseos de lloi-ar: que para congojas tan extremas nos dió la Naturaleza las lágrimas. Sin
embargo, era prudente contenerse, no interrumpir con un acto de debilidad el regocijG
de la buena fiesta familiar.
La cena, aunque improvisada, porque Mónica nu~ca previó que aquella trágica jornada tuviese tan amable desenlace fué aaradable. Los niños se despicaban charlando y
riendo; el mayorcito derramó una botella de
vino, y todos acudieron á mojarse los dedos
en él asegurando que esto significaba dinero
y alegría; una granizada estruendosa de
aplausos saludó la llegada del primer postre.
Don Pedro Téllez, entre tanto, iba abismándose en sus meditaciones. Paulatinamente, su
probado valor flaqueaba. A cada rato, viendo
la loca ufanía de sus hijos, se preguntaba:
«¿Qu~ será de vosotros?» Y luego, cuando
sus OJOS se detenían, llenos de piedad, en la
cabeza, casi blanca, de Mónica, redoblábase
la angustia que la pérdida de su mano le
producía. Era un sentimiento algo fetiquista.
&lt; Cabellos mios, cabe! los amados,-pensaba-

Ilustraciones de A. Galia,·to.

la mano que os acarició tanto ya no volverá
a jugar con vosotros...»
•
Y sus deseos de llorar crecían.
De pronto, uno de los niños gritó:
-¡Dáme agua, papá!
Inconscientemente, cumpliendo la costumbre de hacerlo todo con la mano derecha
Don Pedro sacó del cabestrillo su brazo, s~
pobre brazo torpe y ridículo; y la inutilidad
de aquel movimiento fué como el símbolo de
la futura vacuidad de su vida. Vióse miserable, desarmado ante la adversidad, separado
para siempre de aquella mano que durante
tantos años había ganado el pan de todos. Y
su coraje, como humano, finito, se desplomó,
y sus lágrimas corrieron á raudales copiosos.
Al rededor de la mesa prodújose instantánea_mente un grave silencio; sus hijos y su
muJer rodearon á Don Pedro.
-Papa... ¿qué tienes?... ¡Papá, papá! ...
Y Mónica:
-Pedro ... ¿qué es eso? ¿Qué te sucede?
El, claudicante bajo su dolor, ya no trataba de fingir.
-Lloro por mi mano muerta,-decía.Era la mano que os acariciaba, la mano que
os vestía, que ganaba el pan que ahora estáis
llevándoos á la boca. Ella nos custodió este
año ... Pero en el año que pronto empieza,
¿,quién nos defenderá?... ¡Oh!... ¡Y que lla men Nochebuena a una noche así! ...
EDUARDO

!liños y niñas de la Escuela pública de Sompting, pintando pájaros, flores y frutas copiados del natural

LA NATURALEZA Y LA ESCUELA

EL ARTE DE EDUCAR Á LA INFANCIA

ZAMACOIS

M E será permitido tratar de la educación

1

l · \ de la infancia no usando los tópicos
vulgares? Mejor dicho: ¿me consen Li rás, 1ector
querido, exponer la forma como educo yo á
los niños y niñas que asisten a mi escuela,
la Escuela pública de Sompting, en el Condado de Sussex?
Para ello te invito a que visiles conmigv
la referida Escuela: no cabe duda que experimentarás una agradable impresión. Los
muros de sus limpias aulas aparecerán á tus
ojos decorados generosamente con cuadritos
al pastel represPntando flores y frutas. Aquellas modestas obras de arte producto son, no
del pincel de un profesional, sino de los pequeños escolares, en su mayoría hijos de
rudos hortelanos y de no menos rudos campesinos.
¿Por qué los instruyo de esta manera?
Porque creo firmemente que el ún ico modo
de educar es cultivar la inteligencia por medio de las artes y la literatura. Así es como
han ido civilizandose los pueblos salvajes, y
así hay que educar al niño.
Ningún libro prepara mejor el intelecto,

cuando este ha de explorar los campos de la
literatura, que el gran libro abierto de la
Naturaleza. Por eso mismo be convertido en
libro de texto á la Naturaleza siempre que
entre ella y lo que debían estudiar mis discípulos existía la debida correlación. Entonces, observé muchas cosas provechosísimc1s;
por ejemplo, la siguiente: todo jardín de
recreo escolar y todo lugar campestre proporcionan elementos aprovechables para la
enseñanza de la escritura, la lectura, la aritmética, el dibujo, la pintura, el recitado, la
composición, el canto y la gramatica.
En una de esas ocasiones fué cuando surgió en mi la idea de instaurar el juego histórico. Yo tenía adquirida la convicción de lo
difícil que resulta asociar en la mente infantil los hechos históricos empleando los
métodos mnemotécnicos ordinarios, en cuanto esos métodos carecen del interes prestado á otras materias por la Naturaleza. Y recordaba asimismo que un niño aprende y
retiene mucho mejor viendo las cosas y
practicándolas, que teorizando sobre ellas.
De ahí el valor educativo de los juegos dejar-

�502

POR ESOS MUXDOS

din. Ciertamente, el lenguaje es Yebículo del
pensamiento, como lo es también la expresión fisionómica. Pero todo aquel que haya
visto una escuela elemental no podrá menos de convenir en la ineficacia psicológica
del diálogo entablado generalmente entre el
maestro y las filas de pequefios autómatas
bajo su férula. Durante horas y más horas.
el escolar permanece clavado en su banco,
limitándose á contestar las preguntas formuladas por el profesor; preguntas que, necesariaipente: limitan el campo de la respuesta. Sm duda, Carlyle debió evocar ese cuadro én su imaginación cuando escribía: «No
puede servir de contentamiento á ningún
niño actuar durante muchas horas de cubeta
donde se arroja el agua á fuerza de bÓmba,
por muy elocuentes que sean los raudales
oratorios que sobre él desciendan,.
Ni dejaba de sorprender:ne el hecho, bien
significativo, de que para apreciar plenamente hasta dónde habían sido comprendidas y
apreciadas por mis discípulos las bellezas
naturales, literarias y artísticas, tenía que
obligarles á departir libremente conmigo
abandonando todo interrogatorio escolástico.
Claro es que cuando procedía de esa suerte
chocaba de un modo abierto con las rutinas
tradicionales, con ese envejecido precepto
docente según el cual es gravísima falta
conversar en la escuela.
Decidíme, pues, á ser revolucionario, ya
que era cosa indispensable de todo punto.
Para ello, comenzaba por enseñar á los niños á ver lo que les rodeaba en el mundo de

¡,¡¡ña, 7 nlil~l do la Escuela de Somptin~

1.

Parterre de Dores construido por colegiales de Sompling

la Naturaleza, y luego les invitaba á explicarme lo por ellos visto . Tnmediatamente, mi misión estribaba en hacerles buscar,
mediante buenos ejemplos de literatura y
nuevo vocabulario, confirmaciones, ó mejor
dicho, c,·istalizaciones de las ideas concebidas acerca de Jos objetos. Lo último de mi
plan consistía en plantearles el «por qué, razonador, abandonando á sus ti ernas inteligencias el vislumbrar «esa divina luz que
jamás brilló sobre la tierra ó sobre las mesas,, porque está oculta en los cerebros.
Claro es que semejante clase de educación
absorbería todo e1 tiempo hábil disponible en
las escuelas primarias, y se
opondríaen parte á la instrucción té en i ca
]Jreconizada ardientemente por
los mantenedores de la llamad a «educación
práctica».
No una vez,
sino varias, he
oído decir á los
maestros: « Su
sistema es poético y bello, pero no es práctico: ¿sabrían, por
acaso, sus discíp u I os ajustar
cuentas con
exactitud ó hacercalcetines de
duran le ta hora de rccreJ
punto?,

�•

EL ARTB DE EDUCARÁ LA INFANCIA

505

E&gt;icumtro del Delfín y de Enrique V en la b11talla de Agincourt-Cuadro histórico desempeñado por

los discípulos de Mis, Johnson

Ejecució&gt;i de traidores.-Cuadro historico de los tiempos de Enrique v
d r
.
los niños que asisten á la Escuela de Somptf!J e ng1aterra, e¡ecutado por

Carlos 1 de Inglaterra /ietpidié11dose de sus 1i9os.-:Cuadro histórico interpretado por 10,¡ colegiale

de ::;omptrng

s

sus facultades, proporcionándoles simultáneamente lo que Dios y la Naturaleza quieren que tengan: una niñez feliz y sin trabas.
Sin duda, algunos de nosotros habremos
disfrutado esa niñez. ¿Por qué, pues, hemos
de negársela á otros·~ Nuestras escuelas no
deben ser viveros eléctricos destinados á
producir monstruosidades. En verdad sea dicho, nosotros los adultos trabajamos y aprendemos mucho mejor cuando estamos contentos, cuando estamos satisfechos. Y es que
la humanidad suspira por ser feliz.
He ahí la razón en que me fundo para decir: déjese á los niños durante las horas de
recreo ejercitarse, interesarse y divertirse en
beneficio de la ipstrucción; no se haga demasiado hincapié sobre el aspecto utilitario
y material del asunto, por más que d hecho
de preparar al hombre para ganar dinero
sea uno de los fines de la educación.
Ya sé que los paseos escolares y los pasatiempos históricos no echarán las semillas de
un Rockefeller; pero un escolar no dejará de
ser hombre de negocios porque haya sido
antes una persona instruída.
Conocidísima es la figura del maestro de
escuela que prepara sus explicaciones la noche antes, proporcionándose quebraderos de
cabeza y llenando cuartillas de notas y cifras, siempre sobre esta base: «Mañana les
diré esto, lo otro y lo de más allá, y ellos me
contestarán tal y tal cosa.,
Luego, al llegar el momento de la clase, el
maestro y las notas van pór buen camino,
en tanto que los discípulos dan, como sueie
d~irse, una en el clavo y ciento en la herrad ra: la proporción de las respuestas en barro nía con las ideas preconcebidas por el
profesor es, en verdad, insignificante.
Revolucionemos, pues, sistemas tan absurdos, y digamos: el niño es quien debe

preparar las lecciones; actuando de oyente
el maestro, que debe r corrigiendo y explicando lo que estime inexacto.

Y ahora, voy á revelar al lector cómo y
de qué modo convertíme en revolucionaria.
Siendo yo aún niña hallábame sometida á
dos sistemas educativos: el ortodoxo, y el
que ahora me atrevo á calificar de revolucionario y que llevo practicando con mis
alumnos desde hace diez años.
Ya he expuesto al comienzo de estas líneas la forma en que se relacionan en mi
escuela todas las enseñanzas con el estudio
de la Naturaleza. Una vez demostrada la eficacia del método, iutenté completarlo con el
factor dramático, poderoso auxiliar para la
mejor comprensión de la buena Literatura,
de la Historia y de la Geografía. Al proceder
así, me fundaba en que mientras babia olvidado completamente toda la Historia aprendida en la escuela, conservaba precisos y vividos los recuerdos históricos relacionados
con mis juegos de la niñez, de aquella época feliz en que los alumnos hacíamos comedias en el jardín de la escuela, representando á la buena de Dios tragedias de Shakespeare.
Teniendo esto presente, elegí un día lluvioso para llevar á cabo mi experiencia. Estábamos leyendo á la razón Ivcinhoe, considerándolo como una introducción al estudio,
del reinado de Ricardo I.
Al llegar la hora del recreo, dije á los discípulos de mi clase:
-No hay que pensar en paseos, mientras
continúe la lluvia. Os propongo representar

lvanhoe.
El entusiasmo con que fué acogida mi pro-

�-006

POR ESOS MUNDOS

posición fué ya una garantía de éxito. Uno
de los clijcuelos se comprometió á actuar
de Pray T-uck, escondiéndose incontinenti
bajo el pupitre, que quedó así convertido en
celda de ermitaño. Otro niño se atribuyó el
papel de Caballero Negro, encaperuzándose
con la camiseta de punto á guisa de yelmo y
cota de malla. Un tercero, más modesto de
aspiraciones, se dió por satisfecho actuando
,de corcel de batalla.
Acometimos, pues, la representación del
Ivanhoe, sin ensayo prévio, sin transcribir
los papeles y aún sin sujetarnos extrictamente á la obra. Pero no nos importaba: el
,e,,piritu del libro estaba allí en toda su integridad. Cada uno de nosotros se sentía vivir
,en la edad de Ricardo Corazón de León
y ante cada unode nosotros surgía, absorbente, aquel drama medioeval y tétrico.
. Fué lo que me decidió á revolucionar el
sistema. Des~e entonces, vengo practicando
el mío. Estas recreaciones histórico-dramáticas constituyen el encanto de mis educandos. En ellas, cada uno debe inventar y preparar su papel, con lo que aprenden insensiblemente sus lecciones de Historia al mismo
tiempo que satisfacen su interés.
Nuestra primera representación dramática
histórica fué el Ricardo Il, no íntegro, naturalmente, sino limitado á sus escenas más
culminantes, entre ellas las relativas á la sedición de Wat Tyler. Los pequeños actores
preparaban sus papeles durante los ratos de
ocio, y como no disponían de la obra original tenían forzosamente que estudiar el reinado de Ricardo II en los libros de Historia·
un estudio hecho con todo detenimiento á fi~
&lt;le no incurrir en anacronismos de palabra ó
&lt;le indumentaria, cuando llegase el momento
de aparecer en escena.
Los niños y niñas á quienes no se había
rep~rtido papel actuaban como figurantes, ó
meJor dicho, como el coro griego, comentan-

do las palabras de los per.sonajes ó supliendo
hecho~ de los que no se prestan á la representación escénica.
~°: esta forma hemos representado numeros1S1mas escenas típicas relacionadas con
los principales reinados que re"istra
de la
0
historia inglesa.
¡Y con qué ~dm~rable resultado! Después
de la~ dramaltzac1_ones de los tiempos de
Enrique V, por eJemplo, todos mis discípulos se hallaban perfectamente enterados
de que dicho monarca habia reclamado la
corona de Francia, como sucesor de Eduardo
III, y en virtud de la ley- sálica. Por el mismo a_meno procedimiento aprendieron otra
multitud de pormenores históricos.
Y_ q~i~n dice Historia, dice Geografía; que
no h~Jtabamos nuestros recreos escénicos á
la primera de. dichas ciencias. Al llegar la
hor~ del pasatiempo geográfico, quedaba convertido un banco en confortable vaoón ó en
rápid_o steamer, y los parterres del jardín en
estac10neil ó en puertos de término. Inmediat~?1ente daba comienzo la escena, reproduc1endose con la posible fidelidad las costumbres y los usos de Jo., diversos países del
mundo.
No hace todavía muchas semanas estudia~ioTs de este modo la visita del capitán Cook
a N~~va Zelanda. La mise en scene fué complel!~1ma: no faltó ni aún la erupción de un
volean
en una montafia
sa"rada
de los mao,
. .
o
ries; cosa que 1mitamos con varios cohetes
enterrados bajo un montón de arena. Mere~? á este_ juego geográfico, se enteraron los
mnos, meJor que leyendo una biblioteca de
toda la historia de Nueva Zelanda, desd¡ la
muerte d~l explora~or Cook hasta la época
actual? desde los t1empos del canibalismo
maon hasta los del teléfono del tel(wrafo v
de los tranvías eléctricos. '
"
'
. ¿Hab;á todavía quien niegue eficacia á mi
sistema?
E~RJQUETA

JOI-INSON

SIGRÜNA LA HERMOSA
LOS AMORES DE UN VIKING

en los remotos días del reir.ado
de Haroldo Gormsson, en Dinamarca.
O
La agreste y bárbara Gotlandia ocultaba una
CURRIÓ

perla: era Sigrüna la Hermosci, hija de un
poderoso bondi, mezcla de prócer y pirata.
Sigrüna tenía dos hermanos, Starkad y
Uelgi, y ambos la reverenciaban hasta el
punto de no consentir que profanase la alba
pureza de sus manos con los rudos quehaceres del hogar, un hogar triste desde la
muerte de Alétha, madre de la espléndida
doncella, y donde imperaba despóticamente Sigrüna, en virtud de su doble cetro de
hembra y de beldad .
!Icimdal, jefe de la familia, yacía postrado,
convaleciendo eternamente de honda herida,
abierta por la flecha de un anglo, en sangrienta correría de los vikings. Habíase clavado el dardo en la cintura del soberbio bondi, dejándole encorvado para siempre, en
actitud de suprema humillación. Todo lo
que podía hacer IJeimdal era arrastrarse penosamente unos cuantos pasos, con la ayuda
de nudoso garrote de encina.
Cuando cumplió Sigrüna los dieciocho
años, asoló aquellas inhospitalarias costas
horrible tormenta. Muchos fueron los barcos
deshechos contra los arrecifes, y muchos los
cadáveres arrojados á la arena por las olas.
Una de las naves alli naufragadas, el FylgjaKonct (Espíritu protector), ~e estrelló á pocas brazas de la casa de Heimdal, llevándose al fondo del océano casi todos sus tripulantes. Entre los contados supervivientes se
halló Halfdan el lvegro1 arroganlísimo islandés, altivo de porte y hermoso d~ rostro.
Los daneses más aventajados de estatura no
le llegaban al robusto cuello, digno de un titán ó de un atlante.
·
En aquellos lejanos días, todo objeto arro-

jado por el niar á las p!ay-as, hombres ó cosas, era propiedad del señor de la tierra. Por
tal razón jurídica, los simples marineros del
Fylgja-Kona. fueron ay untados para labrar
el suelo del cautiverio, dispensándose á
Ilalfclan,quizás á causa de su arrogancia corporal, la alta merced de servir de criado á
los hijos del doliente viking.
Tramcurrió el liempo. Un día, ya cercana
la primavera, habló el islandés de pingüe
rescate cuando floreciesen las violetas. El
viejo guerrero se humanizó y quiso que se
suavizase la dura servidumbre de Halfdan,
admitiéndole en su hogar como liberto, tratándole como un individuo más de la familia.
Era la costumbre del país de Go\landia, cuando el cautivo podía ser redimido.
Sigrüna, virgen de corazón y de cuerpo,
se prendó de Halfdan; mas guardó aquel
amor en el santuario dn su alma, suspiiando
por ser la esposa del gallardo islandés.
Pero el amor, como la luz, no pueden estar mucho tiempo ocultos. Los azules ojos de
Sigrüna fulguraban relámpagos de pasión no
bien se posaban en el cautivo. 1-leimdal lo
advirtió, como lo advirtieron también llelgi
y Starkad. Y los tres hombres celebraron
conciliábulo.
-,;.Quién es este islandés, maestro en seducciones?-dijo Starkad, arrugando el ceño.
-Todo cuanto de él sabemos redúcese á
bien poco. Acaso sea un proscrito, un pária, un ...
Ileimdal extendió la rugosa diestra.
-De cualquiera suerte, Halfdan es bueno
y nos ama. Su noble porte denuncia al caballero ... Mas si fuera un proscrito, un hombre sin fortuna ...
-Pronto hemos de saberlo. Ya apuntan
en los abetos los primeros brotes y Halidan

�508

POR ESOS )!U~ DOS

ha o fr ec ido redimirse
cuando se funda el hielo,
Entre tanto, venerado padre, separa de Sigrüna á
ese extranjero. Vendrá el
tiempo de averiguar si es
ó no digno de nuestra hermana.
Prevaleció I a opinión
del moi:o. Halfdan fu é
enviado lejos,á una alquería tierra adentro, propiedad del anciano bondi.
Era un a sabia precaución. Pero el islandés siguió celebrando entrevistas con su amada. El era
libre y podía encaminar
sus pasos donde le pluguiese; ella era dueiia de
su tiempo y estaba enamorada. De ahí que soliesen coincidir en un rinconcillo de la costa, á orillas de un fjord azul y
profundo, cuyas aguas,
heridas de soslayo por un
sol desfalleciente, reflejaron más de una vez la silueta de los dos amantPs
mirándose al fondo de los
ojos.

*

**
Difundieron las violetas su perfume suavísimo
por los valles de Gotlandia.
llalfda n, ante el conse¡u
Con el alborear d e u n ,·c•unido, retó á Belgi v
dia tibio y fragante, llegó Starkad á mortal com:
bate
Halfdan á l a c a s a de
Heimdal y pidió al viking la mano de Si- me es posible darte mi hija hasta saber
grüna la Hermosa.
quién eres.
El anciano llamó á sus dos hijos para oir
Halfdan se mordió los lábios hasta sansu parecer. Dada la importancia del asunto, grarlos, y, sin darse por vencido, envió un
no era cosa de resolv&lt;Jrlo de plano. Discutié- m_ensaje á los ancianos y guerreros de la
ronlo, pues, despaciosamente. Al separarse
tnbu,_ convocán?olos á consejo en el templo.
tornó el viking donde esperaba Halfdan
Reumdas la sabiduría y la fuerza, oyeron de
le habló así:
'
boca de IJalfdan, con la historia de sus amo-De buen grado te llamara mi hijo si mi res, s~ afirmación de ser hijo de Kraki , jefe
conciencia no me impidiese hacerlo. Hasta de Re1kvald y hombre famoso entre los faahora no tengo prueba alguna de que seas mosos por la fu erza de su brar.o y el temverdaderamente el hijo de Kraki de Islandia
ple acerino de su alma. Muchos de los conni nadie te conoce en este país. Por tu as~ gregados le habían conocido en sus naveaapecto pa_reces de buena estirpe, y en ver- ciones al extremo septentrión ó sabían" de
d~d te digo c¡.ue tus _maneras son dignas del oídas sus hazañas . •
'
b1Jo de Kraki de Re1kvald. Hablas como un
_Pero, ¿diría verdad el cautivo islandés?
libro, puedes escribir lo que piensas y can- Ninguno de los presentes se sentía capaz de
tar nuestras sagas (canciones heróicas de asegurarlo . Era necesario suspender toda
10s pueblos escandinavos). Sin embargo, no resolución hasta que Halfdan aportase la

y

SJGRÜ.NA LA IIER:\lOSA

prueba de sus decires. Entre tanto, la tribu
le tendría por impostor y le relegaría á la
soledad del pária.
Halfdan, la respiración agitada y el rostro
de color de púrpura, avanzó al centro de la
sala donde se celebraba el consejo, y levantando la diestra retó á los hermanos Helgi y
Starkad ít mortal holmganga (juicio de
Dios). (;orno era costumbre del país no demorar tales combates, allí mismo quedaron
convenidos el día y la hora donde habría de
verificarse el encuentro.
A la salida del valle fronterizo entre los
dominios de Heimdal y los del viking Torkettel, abríase en dos anchos brazos el río
Rut, separado violentamente por una isleta
cari desnuda de árboles, estrechísima y lúgubre. Allí se verificaban siempre los holmganga cuando transcurría la época de las
inundaciones y tornaba á surgir de las aguas
aquel pedaio de roca empapada en sangre
de cien valientes. Cuando iba á celebrarse el
combate, extendían los maestros de liza la
capa de un guerrero sobre el verde césped.
Era el espacio asignado á •los duelistas. A
· cada extremo de la capa clavaban una larga
pértiga señalando los límites del palenque.
Nada más severo que las r e g I as del
holmganga. Poner un pié fuera de la linea
del hoslttr, ó pértiga ]imitadora, significaba
el vencimiento de quien lo hacía. Si en vez
de ún pié eran los dos, timíase por fugitivo
al combatiente, proclamándose á los cuatro
vientos con la humillación de la derrota la
afrenta de la cobardía. El adversario herido
é inútil para continuar la lucha quedaba á
merced de su antagonista, pudiendo, no obstante, comprarse la vida mediante la suma
de seis marcos de oro, cantidad nada exigua
en aquellos tiempos. Este rescate del vivir
no sianificaba vilipendio alguno para el que
lo utilizaba. Antes por el contrario, diputábasele como caballero sin tacha, espejo de
paladines valerosos.

509

sus próximos deudos, de sus amigos y de
sus esclavos predilectos.
Cerraba la comitiva el retador Halfdan,
soberbio de actitud y de gesto. Llevaba al
viento los ensortijados cabellos é iba descalzo, como sus adversarios, ceñida al atlético busto la túnica blanca y corta del hombre
de armas. Cubría la túnica espesa brynja
(cota de malla), no más larga que la rodilla,
prestada á Halfdan caballerescamente por
uno de los hermanos retados. Análoga vestimenta ostentaban Helgi y Starkad, cuyas
cabezas cubrían los férreos yelmos de batalla.
Las armas para el duelo eran la espada
ancha y corta de dos filos, y la adarga de
cuero bárbaramente incrustada de bronce.
En su calidad de retador, correspondióle
á Halfdan pisar antes que nadie el suelo
de la isla. Las fornidas piernas del guerrero
hacían saltar en el aire millares de cristalinas gotas cuando vadeaban la fría corriente
del Rut, sobre la que flotal-ian aún finas agujas de hielo arrancadas de las nevadas montañas por las impetuosas torrenteras. Al hollar la tierra firme, Halfdan 1:-~só con místico
arrobamiento la empuñadura de su espada.
Luego reposó la mirada en Sigrüna la Her-

mosa.

IIelgi atravesó el río á seguidas de su antagonista, y fué á arrodillarse ante la apesarada doncella por quien iba á pelear y quizás
á morir. Las mejillas rosadas de Sigrüna
habían perdido sus arreboles ante el temor
de la posible tragedia ensangrentadora de
sus primeros amores.
Cuando vió la mirada de Halfdan, muda
salutación y acaso postrera rlespedida, se
sintió desfallecer. Seguramente, hubiese caído á tierra de no encontrarse reclinada sobre un montoncillo de rocas cubie;to por
ancha piel de antílope.
Hubo un silencio profundo: el silencio de
las grandes espectaeiones dramáticas. Luego, una señal y un ondear agitado de la multitud. Los combatientes ocuparon sus puestos en el centro de la isleta. Halfdan, situaLa m&lt;tñana en que debía celebrarse el do frente á Helgi, parecía gigantesco, con
holmgcmga de Halfdan ago lpábase á ambas superar el hermano de Sigrüna la estatura
orillas del río la entera población de aquellos media de sus compatriotas. Inmóvil é impaluaares. No había pecho mujeril que no pal- sible, esperaba el gallardo islandés la mortal
pitase aceleradamente, ni corazón masculino acometida, sin apartar un punto la vista del
formidable adversario.
que no latiese, impetuoso, ante las conseTras de brevísima pausa, dió Halfdan un
cuencias posibles del duelo:uno ó quizás dos
hombres muertos por el amor de Sigrüna la salto y blandiendo el acPro lo dejó caer pesadamente sobre el cráneo cie Helgi. Pero ésHermosa.
De la compacta multitud se elevó un ru- te, poniéndose con rapidez á la defensiva,
mor prolongado. Heimdal avanzaba con len- protegióse la caber.a . con el escudo, uno de
titud apoyándose en su· grueso garrote de cu yos extremos, arrancado por el feroz manenci~a. Detrás, Helgi y Starkad, seguidos de doble, fué á parar al agua.

�SIGRÜNA LA IIEmlOSA

Halídan levantó briosamente su espada sobre Helgi, dándole un golpe d~cisivo

Helgi vaciló sobre sus plantas. Reponiéndose pronto, contestó al ataque. Entónces
vióse al islandés poner en juego todos los
recursos de su maestría admirable. La centelleante espada multiplicábase en aquellas
manos robuslísimas, descargando golpe tras
golpe, que en vano procuraba esquivar el
otro duelista. Una de las estocadas, más ce1·tera, penetró entre las mallas resguardadoras
del hombro de Jielgi. La sangre comenzó á
correr en·ab11ndancia,embadurnando la diestra del herido y haciendo resbaladizo el pomo de la b:en templada so:&gt;x.
_ Aún con aquella desventaja, siguió luchando el danés, bravamente. Sigrüna con~emplaba el combate, retratándose en sus
azules ojos intenso terror.
La pelea no llevaba trazas de acabar. Ya
habían dado los dos hombres varias vueltas
completas al holme, sin inferirse un golpe
decisivo. De improviso,comenzó á cejar llalfdan ant~ las furiosas acometidas. Un paso
más y hubiese caído al río.
Por fortuna para él, lo advirtió á tiempo,
y recogiéndose sobre sí mismo procuró
ofrecer el menor blanco posible á la espada
del contrario. Pero un descuido ó un desfallecimiento le hizo descubrirse, y Helgi, rápido como el rayo, se tendió á fondo, dándole un tajo en el muslo.
La muchedumbre, encandilada por la vista de la sangte, aullaba y aplauclía el triunfo del danés, ya indiscutible á todas luces.
Luego, al advertir que Ilalfdan ni siquiera
parecía haberse enterado de su herida, no
obstante ir dejando largo reguero rojo, fueron apagándose las exclamaciones de entu siasmo. Entónces,súrgió un prolongado murmullo de asombro: llalfdan, no solo no se
daba por vencido, sino que, tomand'J nuevus
energías de aquella sangre que se le escapaba á borbotones, tornó á su briosa acometida primera.
Dos minutos más tarde atrave~aba la espada del islandés la adarga enemiga, ca~i
cortando á cercén el brazo ir.quierdo de Helgi. Oyóse un alarido ele dolor. El danés retrocedió, y perdiendo pié cayó de cabeza
sobre las turbulentas y frígidas aguas del
Rul. Fué un clamor inmenso, un grito múltiple de sorpresa y de decepción. 1El islandés
había vencido!
Sin perder un segundo, in~rorl.újose Halfdan en el río·y levantó su acero triunfador
y sangriento sobre el cuello del caído, al
mismo tiempo que le exigía la tradicional
holmlansH (rescate de la vida en metálico)
Helgi debía pagarla, según las leyes de la
holmganga. Habiendo franqueado los límites del campo y perdido el arma en su caí-

511

da, hallábase á toda merced del adversario.
-¡Holmlansu!. .. ¡IIolmlansu!--gritó, ciego
de ira, Halfdan al observar que el danés rehuía la confesión de su derrota.
Fueron unos momentos trágicos, interrumpidos por un gesto del viejo lleimdal: el
altivo viking alzó la mano. Era su aquiescencia á la holmlansu.
Sigrüna, pálida y temblorosa, se arrancó
de los blondos cabellos sus ornamentos de
plata y quiso arrojarlos á las plantas del
vencedor, como precio del rescate . Pero
lleimdal la tranquilizó con un gesto: él era
rico y podría satisfacer la codicia del i!'!andés, aun cuando excediere de los seis marcos de oro_exigibles por las leyes de la holmganga.

J\[ientras tanto, ,un grupo de guerreros curaba l!i ancha herida de llalfdan, y le &lt;laba á
beber la hidromiel reconfortadora. Habían
despojado al luchador del férreo casco, de la
pesada cota y de la blanca túnica, sumergiéndole luego en las medio helada corriente, donde dos forzudos ganapanes, empuñando sendas almohadillas de cerda, le propinaban vigorosas fricciones en las piernas.
Ilalfdan lardó poco en reponerse de su fatiga y en notificará los jueces de campo su
decisión de entrar de nuevo en el palenque.
El maltrecho Helgi había sido tran!'\porla~
do al hogar de su padre, mientras Starkad,
espumajean te de rabia, cruzaba el Rut y penetraba en la isla.

Tenia el viejo Heimclal la prerrogativa dedar la señal para el segundo combate. En
tanto que esta llegaba, los dos campeones,
cada uno en su campo respectivo, vociferaban y mordían el borde de sus adargas, si•
guiendo la práctica cluelistica entre los vikings. Gritos y mordiscos alternaban con
amenazador blandir de aceros cual si luchasen contra enemigos invisibles. La bélica.
pantomima, tradicional en el pueblo berserk, se prolongó hasta el mismo instante
de sonar la bocina anunciadora de una nueva li&lt;l.
Situáronse los duelistas frente á frente.
Aquel encuentro iba á ser, sin duda, más
dramático. Starkad, que superaba en estatura
y en vigor á su hermano, había deseado ser
el primero en batirse con 1-Ialfdan; pero tuvo
que desistir de su empeño ante la obstinación mostrada por Helgi en medir ántes sus
armas con el retador.
Brillaba el sol con toda su fuer;:a, haciendo surgir torrentes de chispas diamantinas
de las colas y yelmos. Ambos contendientes-

�512

POR ESOS ~IUNDOS

se buscaban, se perseguían como tigres en
celo, dándose espantosos tajos, á cuyo impulso gigante se les hundían en las carnes
las anillas de sus férreas vestiduras.
Hubo una pausa brevísima. Los dos hombres descansaron anhelantes, apoyándose en
el ancho pomo de las espadas.
-¿No te rindes?-'- preguntó Halfdan al
danés, fieramente.
-;-¿Rendirme?... iNuncal-contestó el hermano de Sigrüna.-Quizás esa rregunta la
uséis vosotros en Islandia. Aquí no conocemos el significado de semejante palabra ...
jVen en mi auxilio, Odin, (una de las divinidades de la mitología escandinava) y aliéntame!. .. En cuanto á ti, Halfdan, cuida de
defenderte!
Starkad lanzó un grito salvaje, arremetiendo con furia insana á su contrario. Crugió el hierro, hundióse un yelmo á la pesadumbre de otro hierro, y el coloso de Islandia cayó sobre sus rodillas, al mismo tiempo
que volaba hácia al río, recta como un dardo,
la rota hoja de la espada esgrimida por Starkad.
Las atónitas miradas del danés se posaron
en el roto acero, ya inútil para el combate.
Era el vencimiento, era el deshonor, impuestos por la fatalidad. Pero aún le restaba al
danés su daga, mil veces puesta á prueba.
Rápido como el pensamiento, cmpuñóla

El anciano Heimdal se in:crpuso cnlre los

febrilmente y se dispuso á repeler los ataques del contrario.
Fué el momento culminante del duelo.
Sigrüna acababa de caer desmayada en lo~
brazos de sus esclavas. Su débil corazón de
mujer habíase rendido á las crueles emocione;; de la jornada. Heimdal, demudado y
tembloroso, llegaba arrastrándose hasta la
orilla del río, y extendiendo los brazos gritaba hasta enronquecer:
-¡Basta, Halfdan!. .. ¡Ténte, noble mancebo! Yo te daré doble holnilansu,, con tal de
que no mates á Starkad, mi primogénito.
El islandés, ciego por el orgullo de la victoria, se aproximó, amenazador y terrible, á
su casi desarmado adversario, sin oir las palabras de Heimdal. Starkad podía darse por
muerto.
-¡Piedad para mi hijo!-repitió el acongojado viking.-¡Respeta mis canas! ¡Acuérdate, sobre todo, de Sigrüna, cu ya mano apeteces!
Y Heimdal se postró de hinojos y se cubrió el rostro con ambas manos, lanzando
un gemido de horror, al ver que la espada
de IIalfdan giraba, relampagueando, en torno de la cabeza del vencido.
Hendió loa aires uu grito inmenso, lanzado
por millares de pechos: Starkad inclinaba la
cabeza sobre el pecho, resignándose al golpe
fatal. Pero, Mmdra, la victoriosa espada de
Halfdan, lejos de segar
el cuello que se le ofrecía, fué á unirse en las
aguas del Rut con el destrozado acero de Starkad. La muchedumbre,
suspensa ante una generosidad desconocida,
'. prorrumpió luego
en clamorosos vítores á Halfdan e 1
noble, á Halfdan el
caballeroso, quien
desdeñando la ventaja ofrecida por el
azar había arrojado
' lejos el arma vencedora.
Starkad ere yó
) que su antagonista
aceptaba la lucha á
daga. Afirmando la
su ya entre sus dedos crispados, preparóse á vender
cara su vida.
Los dos guerreros, jadeantes ysuco111Laticn!cs
dorosos,se contero-

513

POR ESO TE AMO...

,piaban de hilo en hito. De !lus múltiples heridas manaba la sangre á raudales Era el mi~uto decisivo, que aprovechó Heimdal para
rnvocar la paz por última vez.
-¡Ttinte, Halfdan!... ¡Ténle, Starkad!. .. ¡Yo
os lo mando!
Y el anciano vadeó el cenagoso río, seguido por deudos y esclavos, yendo á interponerse entre los combatientes.
-:-Os prohibo continuar,-les dijo autoritar10. -¡Nada de lucha, hijos míos!... Tú,Starkad, te batiste bravamente; tú, !Ialfdan, de-

mostrasle de un modo cumplido la nobleza
de tu sangre: nadie, sino un hombre de alta
estirpe, se habría comportado como acabas
de hacerlo. ¡Abrazáos!
Después, dirigiéndose á los gue rreros y sacerdo tes, añadió:
- Y vosotros, sabed, que doy la mano de
Sigrüna al único digno de ese honor: entrego á Halfdan mi tesoro más precioso. Y al
valiente Starkad m is tierras de Boosiid...
¡Que la paz y la felicidad sean para quiene3
supieron conquistarlas!

E. R. SUFFLING

llustraciones de nr. R. Wonen

POR ESO TE AMO...

•.

r

Yo beso las flores
de pétalos rojos.
Codicio las bocas
que saben á flores.
Tus labios son flores
de pétalos vi'(los
que saben á boca...
.Por eso yo quiero
tus labios
-claveles de sangre-;
por eso yo adoro
tu boca
-camelia de vida-;
por ~so t.e busco:
porque amo con fiebre
los flores intactas
de labios que tieml)lan
y saben á flores.
S EVERO

ESCOR\R

.,

3

�UNOS DÍAS EN ILUESCA

lancólica y que sonríe á la vez denota por
lo menos, un alma en acción. En Huesc~ son
pocos los que sonríen; el gesto, por lo aeneral, es inexpresivo; si algo revela, es iierta
frialdad morbosa del
espíritu; da lacarecteristica de lo que, si
cristalizase en una esculturn, podría llevar
al pié este letrero: Lct

\'isla panorámica de Iluesca

UNOS DIAS EN HUESCA
(IMPRESIONES DE UN EX-GOBERNAD OR)

no tengo condiciones para gobernador. Dio;
como Schopenhauer, diciendo de ella no permitirá que vuelva á sedo. Tal vez yo
que «oscila, á manera de péndulo, entre el sirva para victima; tal vez lo sea ahora que
dolor y el fastidio», tenemc&lt;s la ventaja de disfruto de libertad ab5oluta; pero avenirse
que aquello que no; emociona agradable- á ello cuando se tiene en la diestra un basmente se nos hace inolvidable: 1tan raras so:1 tón de los llamados «de mando,, es avenire11 nuestro espíritu las sacudidas gratas! Por se con la más irónica de las ironías. Y aunlo mismo, deseo fijar en unas cuantas cuar- que admiro á los reincidentes en la abnegatillas el recuerdo de los días que he pasado ción, no me siento-¡la verdad!-con arresen Huesca, á mediados de Septiembre de tos para mirarme con el espejo de esos h(•este año, durante los cuales me he desquita- roes del soporte.
En lluesca, d3cía, sufri mucho: ,;,qué mudo de los diez meses de tedio que pasé en
dicha ciudad mientras fui gobernarlor. Per- cho que ame á lluesca cc-11 tod3. mi alma'I Y
tenezco á ese órden de sadistas espirituales miro á los oscense3 con cariño fraternal,
que aman lo que les produce sufrimiento: ¡y mayormente á los que, sin darse cuenta, se
yo he sufrido mucho en el duro regazo de la embriagan con el zumo de una vida exenta
vieja Osca, ya contrastando lo prosáico del de emociones. Nada tan interesante para el
oficio de gobernador con el ansia de ideali- psicólogo como la observación de la sonrisa:
7,ar la realidad, ya pensando en lo imposi- la sonrisa tiene algo de enigmática, de misble de lo posible y en lo posible de lo im po- teriosa; suele ir asociada á cierta germinasible ... Me dolían á veces lo3 pensamientos, ción sentimental, cuando no á una labor
v me dolían más cuando consideraba que no imaginativa en que se acarician ideas conp:idía decirlos. Declaro ingenuamente que trapuestas. Una fisonomía con expresión me-

os que juzgamos la viua próximamente

L

515

fluye en el gesto de los primos: la política
en 1[u esca no es verdadera pasión; es práctica consuetudinaria: el cultivo del voto e:1
la ciudad viene á ser lo que el cultivo de
la lechuga en el huer\t?; y _la Indiferencia
sunbóhca vota á Juan
ó vota á Pedro sin modificar el gesto.
Yo había dejado en
huliferencia, resigHuesca _algunos aminaélct.
gos con quienes me
-¿Tiene usted nounen vínculos de muvia? - - le pregunté á
tua simpath. Y yo decierto jóven.
seaba, á la vuelta de
- ¿Para qué? ¡No
Panticosa, recalar en
he de casarme!
lluesca, para experi- Todo seria que
mentar el placer- ¡y
se enamorase usted ...
qué placer!-de reco-¡Bien!... Hoy sólo
rrer sus calles de simlos tontos se enamople particular. A la esran ... y se casan.
tación acudieron á re-;,Conoce usted las
cibirme muchos más
poesías de Espronde los que yo podía
Don Agcstin \'iriuales
ceda?
tmaginarme . E I pri-No.
mero que me tendió
-;, Y la ley electoral?
los bra;i;os fué el popularísimo diputado pro-¡Naturalmente!
vin&lt;'ial Don Agustín Viñuales, aragonés por
Interrogué luego á una señora caduca:
la cuna, por la sangre, por el carácter y por
-Allá en los tiempos de su juventud, corazón. Sólo son verdaderamente popula¿eran los hombres como son ahora?
res los hombres bondadoso8, los que carecen
-¡Buena diferencia va!. ..
de hiel, los que se resisten á causar daño á
sabiendas. Cierto que ha habido caudillos
*
de la milicia, muy hepáticos, que han goza*
*
Yo había dejado en Huesca algunos ami- do de gran popularidad; pero efimera, y,
gos, á manera de padesde luego, hija de
rientes espirituales, no
una exaltación meraami;ios según se enmente cerebral : más
tiende allí esta palase les admiraba que se
bra: en Huesca decir
1es quería. A D o n
«amigo» es decir soliAgustín Viñuales poclm·(o del voto . Son
:1 r á haber quien no
amigos los que comulle quiera, pero no hay
gan con iguales papeq u i e n le odie. S1t
letas ante la urna elecfranqueza, siempre
t o r a 1, así e l u n o
ingem:a; su jovialidad,
milite en las filas del
personalísima; su mocarlismo y el otro en
do de ser, esencialel campo republicano;
mente democrático; su
en cambio, no lo son
misma desahogada po1 o s primos carnales
sición, son partes que
que han sido convicon tribu yen á. hacerle
vientes durante la niun hombre de todos
ñez y la juventud si L
J y para todos, que le
en día de elecciones
definen diciendo: «Es
Don Leandro P érez
no votan por el mismo
un gran corazón», acacandidato: esos primos
. .
so porque no hay nocarnales no se hablan, n_i siquiera se salu- ticia de que deteste á nadie y la hay á cada
d~n. Pero este rasgo de aspereza sui géne- paso de que prodiga el afecto con desinteris en las costumbres político-sociales no inrés plausible.-En las últim~s elecciones ve-

�516

UNOS DÍAS EN HUESCA

POR ESOS l\lUNDOS

rificadas en Huesca obtuvo el primer lugar, premio de honor. Si esta distinguida senor1ta quisiera algún día hacer de sus conocimerecidisimo ciertamente.
Faltóme tiempo para ir á aquellas conta- mientos un modus vi,vendi, á fé que ganaría
das casas por mi frecuentadas cuando fuí dinero. Estas jóvenes que por puro deleite
gobernador. Y como si las personas visita- espiritual adquieren títulos artislicos, litedas hubieran obedecido á una consigna, to- rarios ó cienlíficos, son acreedores á toda
das ellas me decían exactamente lo mismo: suerte de alabanzas. Maria de ~fola no ceja
- Tieue usted otro semblante. ¿Qué ha !le- en su deseo de perfeccionarse en el piano,
cho usted con aquel tedio que nunca le aban- del que ha hecho una devoción, v cvnlinúa
estudiándolo, en la actualidad coñ el notable
donaba?
¡irofeso~ D9n Vicente Costa y Nogueras, que
A lo que yo respondía:
perfeccionó su maestría en Alemania con el
-Lo enterré con el bastón de mando.
La misma noche del dia de mi llegada fui porte~toso Lislz. La visión de e3ta aventajaobsequiado con una velada musical en la da arhsta es de las qu1, perduran no sólo
distinsuntuosa casa de Don Leandro Pérez, im- por su singular belleza, sino por
ción de sus actitudes
presor, librero, edilor,
cuando baila, y más
teniente alcalde y,
que nada por la idealiantes que lodo esto,
dad que irradian sus
ar lis la delicadísimo;
ojos idílicos y su son-podrá no asistir á una
risa poética.
sesión del AyuntaY cantó Carmen Cosmiento, pasarse un día
culluela, acompañada
sin recorrer s u s taal piano por el dueño
lleres y oficinas ; l o
de la casa. He aquí
que no puede hacer es
otra seiiorita encantaacostarse sin haber todora. Su voz, de timbre
cado al piano una de
dulcísimo, diríase que
1 as muchas grandes
emociona más aún al
obras que sabe de meser emitida por quien
moria y estudiar algo
semeja una escultura
de las recién llegadas
animad a. Su figura
de Milán. Siente verprincipesca y grácil
dadera pasión por la
parece que ha servido
música, y este sentide modelo para ilustrar
miento ha logrado
esas publicaciones de
inculcarlo en su famimodas donde los tipos
lia. Y su casa no es lo
son á manera de enque tantas otras,más ó
,ueños del que los ha
menos bien puestas;
dibujado. Alta, delgatienealgv de santuario
da, de líneas de sordonde se rinde homeprendente harmonía y
naje al genio, y los
facciones de porcelana
retratos de Gutenberg,
rosada, si alguna muMozart, Echegaray y
Srla. l\laría de l\101a
jer merece que se la
otros, pintados al fresco en las paredes del salón principal, sou llame ,divina•, ninguna con más méritos
uno de los varios testimonios que lo acredi- que é3ta, cuyo semblante es el de una virgen
de Murillo: es una evocación de algo ~elestan.
Lá noche fué grata, muy grata; porqi..e, te. Yo he querido leer al través de su frente
amén del señor Pérez; tocó magistralmente nacarada, que orla un cabello nudoso mu y
María de Mola, gentil catalana, de tránsito en obscuro, el significado de cierta expresión
Huesca con su señor padre, hijo del Alto vaga de melancolía... ¡Qué diecinueve años
Arag6u,·que suele visitar de tiempo en cuan- tan interesantes!... ¡Ah! Pero sobre todo,
do. María de Mola es dos veces artista, por la cuando Carmen canta, y mejor aún que en
educación y por el sentimiento; cuenta ahora . cualquier pieza italiana, en los momentos en
de Ansó. ¡Quién
diecisiete años, y desde los dieciseis posee que canta la dulce Jota _
los títulos de profesora de francés y de pia- sabe si la copla del poeta popular anónimo
no, _ga,nado:s en buena lid 'en los principales que dice, es, en ocasiones, el único medio de
cen-tros de la c.ilta. Barcelona; ha obtenido que. puede valerse para expresar á toda ,¡oz
siempre honrosas calificadones y más de nn lo que piensa y lo que sienw!...

la

517

modelo más digno de imitación que puede
ofrecerse en una ciudad donde añejas preocupaciones diríase que tienen á la juventud
como aletargada en la nieve de la Indiferencia. Jacoba se ha educado en \Iadrid, bajo la
dirección inmediata de las hermanas Magdalena y Carmen Fuentes, ambas escr:toras de
gran meollo y amplísima lectura, pero mas
conocida la primera por sus trabajos pedagógicos y sobre todo por su novela Emprendamos nueva vida, tan celebrada de los
pensadores. Carmen y Magdalena Fuente;:,
años há, pasaron algunos en
la vieja Osca,
donde trataron
con intimidad
familiar á los
señores de Pérez. Magdalena aspiró á
más 11mplios
horizontes , y
en los comie1~zos de su juventud triunfó
de sus anheA la noche
los: ganó en la
siguiente , 1a
oposición una
casa de los seplaza de proñores dePérer.
fesora superior
ofrecía un asnormal, y á
pecto deslumMadridse vino
brante. No bacon su hermabia yo visto en
na. Y Jacobn,
Huesca nada
niña aún, a
parecido. E 11
vivir con ellas,
la salita, doné inspirada por
de está el piaellas á es tuno, además de
:liar-por pu1a señora de
ro deporte-la
la casa, las de
e ar r era del
Mairal, SorriSrta. Carmen Cosculluela
Magisterio, que
bas , Coarasa,
ha hecho efecCosculluela,
Tusó, y algún que otro caballero; en la an- tivamente con brillantes notas. Pero ha estu- '
tesala, un buen golpe de hombres, y en la diado además mucho ajeno á las disciplinr.s
sala la juventud luminosa, un precioso ra- escolares; ha tratado á no pocos literatos,
millete d e lindísimas muchachas: las ya artistas y hombres científicos, y con sn
citadas Carmen Cosculluela y Maria de Mola, cuerpo de niña tiene alma de mujer, pero
y con éstas y las señoritas de la casa (Jaco- de mujer educada é instruida á la europea.
ba y Ascensión Pérez Barón), Patrocinio De su semblante sugestivo irradia una inteLlanas, Manolita é Isabel Quera], Candelaria ligencia superior, iluminada por los resplanNogués, Vicenta García, Clotilde y María Tu- dores de un espíritu esencialmente poético.
só, Pilar Pueyo, Mercedes Palá, y no sé si No suele traer pendientes, ni sabe apenas
alguna otra. A este precioso ramillete servia bailar, signos del feminismo intelectual concomo de centro la hija mayor del editor-ar- temporáneo; pero la luz intensa de sus ojos
tista, Jacoba, interesantísima criatura de hermosísimos proclama que allá dentro hav
dieciocho at'ios, en la que yo veo un sím- un raudal inagotable de bondad exquisit;.
bolo, porque constituye 'por su carácter ex- Tal es la señorita oscense en quien yo veo
pansivo y por su inteligencia poderosa el un símbolo; la que podría infundir bríos

Aunque esa noche-como fiesta improvi.:iada que fué - estuvimos en familia, no
faltó el agasajo: la dueña de la casa, Doiia
Feliciana Barón de Pérez, señora de raro talento (por cierto muy cultivado) y bondad
exquisita, nos obsequió con un te servirlo
con todas las de la ley. Al despedirme, su
marido me Jijo con sencillez netamente aragonesa: ,¿Lo ha pasado usted bien? ¡Pues
mañana lo pasará mejor! Acabo de telegrafiará Pepito Porta, que está en Sariliena, rogándole que en obsequio á usted venga con
el violín • ... Y
yo, camino de
mi casa, del
brazo de Don
Agustín Viñ u al es, iba
pensando:
•Hu e sea se
transforma:
¡ha y reuniones!»

�518

POR ESOS MUNDOS

sociales queden al traste con esas antiguallas ludiar con CÍ&lt;'rta formalidad. A poco, fué á
do f~lso recogimiento que hacen de I-Iuesca, Zaragoza, con su violin, y allí le oyó Don
en CJerlas cosas, una población velusla.
Teodoro Bailo, prestigioso profesor en la caEn esta velada se me ofreció ocasión de pital aragonesa. El violinista grande quedó
conocer y de oir á José Porta, el virtuoso á prend~do del violinista chico. Este tenia enquien están reservados, para fecha muy tonces seis años. El mae,tro Bailo declaró
próxima, triunfos resonantes. Es un niño que poseía excepcionales facultades, y, atenpor la edad y un hombre por el raráctPr. to it Psta declaración, el padre decidió, de
pero sobre lodo por la maesacuerdo con el profesor, que
tría suprema con que toca.
Pepito fuera á Zaragoza, una
Tiene muy escasa. aunque
vez por semana,á tomar lecinteresante, biografía, y una
ción de Bailo. Y así transmuy extensa y compleja p~icurrió una temporada. El nicologia: no ha y en su espí1io Porta, desde el · primer
ritu un solo rasgo vulgar.
momento, llamó poderosaHijo de hijos de la provinmente la atención en la Escia de IIuesca: el padre, mécuela de Música de Zaragodico; la madre, mae;;tra de
za. La prensa local le dedicó
niñas. El padre dió se1'íales
varios artículos. Porta' era,
de artisla desde muy pequesencillamente, un fenómeno.
ño: á los ocho años tocó una
La crítica lo proclamó con
mi,a en el órgano de la iglerara unanimidad. Alentado
sia de San Esteban de Litepor el éxito, el médico señor
ra, y el párroco, entusiasmaPorta, que no podía desatendo, le recompensó con una
der la titular de Saririena,
onza de oro. Toca bien el
decidió que su mujer se traspiano y es c l único que
ladase de asiento á Zaragoza
acompaña á su hijo cuando
con el niño, á fin de qúe éste
éste se halla en Sariñena.
::irla. Jacoba l'éreL liaroi.
estudiara con toda asiduidad,
donde nació el dia 3 de DiLa se1iora de Porta reriunció
ciembre de 1890. También el abuelo paterno la escuela, y, con su hijo, fuese á vivir á
fué músico distinguido; cuéntase de él que Zaragoza. A partir de entonces tuvo Bailo
llegó á tocar treinta y dos instrumentos, si en Porta el mejor de su&lt;i discípulos. Pepe
bien solo en uno descolló, el figle. A José estudió además los cursos de la segunda en:
Po-rta le viene, pues, de raza el sentimiento señanza; en todos ellos ganó la matrícula de
musical, y como si en él se hubieran alam- honor. Durante esta época, ósea de los nuebicado las aptitudes de sus predecesores, ve á los doce años, dió Porta en Zaragoza
el niño violinista ha llegado á rayar á una y otros puntos unos veinte conciertos y
altura extraordinaria: en el Conservatorio de fué premiado siempre con entusiastas &amp;pl~uBruselas (l\1eca de los que estudian el violín) sos.
ha obtenido la más alta calificación; allí se
Seguía en Zaragoza, estudianrJo con ahinle ha consagrado con un premio extraordi- co, dando tal cual concierto, cuando acaeció
nario; ha sido la envidia de todos sus con- la muerte de la madre. Y Pepe se trasladó á
discípulos.
casa de unos parientes. Pero á partir de enContaba Pepito (como familiarmente le tonces el que, en todo, había sido estudiante
llaman los que le tratan desde pequeño) ejemplarísimo, dos veces virtuoso, se echó
cinco años, cuando á su madre se le ocurrió á la banda, como se suele decir, en tales
regalarle un violín de juguete que le costó
términos que el padre se lo llevó á Sariñetres pesetas. Pepe tenía ya nociones de sol- na. ¿Por qué este cambio tan radical? No lo
feo, y como al padre no le era completahe podido saber. He interrogae,;o á Porta inmente desconocido el violín, no tardó el hijo úlilmenle. Pero ciertas insinuaciones mías
en aprender la escala, y después el No me creo que me dieron la clave del misterio:
mates y alguna otra cosilla tan fácil como Porta se enamoró, no sé de quién. No había
vulgar.
cumpli_do los trece años. Y en Sariñena perJ\l cabode unos meses, y con ocasión maneció algunos meses, tocando, sí, pero sin
del día de Reyes, los Magos le trajeron to- maestro, cuando más fa] ta le hacía.
do un violín de cinco duros, regalo del paEra grande lástima segar en flor una vida
dre, que barruntaba que su hijo tenía con- artística que se había desarrollado tan lozadiciones para tocar bien este instrumento; y namente, que había sido bendecida por el
en ese violín de cinco · duros comenzó á es- dios Exito. Y el padre le instó á que solici-

UNOS DÍAS EN llUESCA

t.irn, como en efecto lo hizo, de la Diputación provincial, ser pensionado en el extranjero. La Diputación oscense reconoció lo
justo de la demanda; pero para obrar más
en conciencia exigió del solicitante que una
celebridad mundial del violín certificase en
regla que merecía tan señalada distinción. Y
Porta padre y Porta hijo emprendieron el
eamino de Biarritz, donde á la sazón se ha1laba Sarasale. Llegaron á Biarritz. El pequeño iba llena de miedo; tenia la preocupación de que Sarasate, sobre ser hombre
huraño, no gustaba de oir artistas precoces.
El médico señor Porta habló á solas con el
dios del violín, y éste se prestó gustoso á
-0ir al que ya era un ángel del violin. Y Pepe, una tras otra, ejecutó ante Sarasa te hasta
cuatro obras del propio Sarasate. Y el maestro supremo extendió en el acto una certifieación en la cual declaraba que José Porta
poseía excepcionales aptitudes, que prometía ser un violinista consumado, y era por lo
tanto acreedor á la protección de la Diputaeión de Huesca. Y por añadidura Sarasate
se brindó á Porta en los términos más cari1'iosos y expresivos. A partir de aquel momento, el dios del violín siente una singular
predilección por José Porta.
La Diputación de Huesca incluyó en su
presupuesto una partida de tres mil pesetas
.anuales para pensionar al niño prodigioso.
Y entonces éste se trasladó á Bruselas. En
,el bolsillo llevaba, con toda la religiosidad
que se lleva un amuleto, una carta de Sarasate para Thomson, el mayor maestro del
mundo, que acogió á Porta con afectuosidad
verdaderamente paternal. Porta ha sido, durante tres años, el miimdo del gran Thomson. Y Porta ganó en el Conservatorio de
Bruselas el premio extraordinario
¿No es verdad que es esta una biografía
muy interesante, á pe;;ar de sus escasas
proporciones?...
Aquella noche, le oí tocar, aoJmpañado al
piano por Don Leandro Pérez, que es un
acompañante irreprochable. ¡Me extasié!
Quise entonces ver en mis propias manos el
violín de Porta, el instrumento milagroso que
yo me imaginaba de oro esmaltado y recarnado de pedrería ... Y vi un violín sin lustre, con mellas en las aristas, un violín por
el que un profano no ofrecería, de seguro,
veinte pesetas. Ha costado cerca de mil
francos. Porta sueña con poseer un Stradivarius que le cueste cien mil. Le oí tocar,
decía, y me extasié. Creí que oía á Sarasate, al inolvidable Sarasate, pero señaladamente en el Rondó cctprichoso que SaintSaens dedicó al dios del violin. Porta, cuando toca, se pone febril yse transfigura. Tiene

519

tipo del extremo oriente de Rusia; hay algo
de mogólico en sus facciones; pero tocando
no se sabe lo que es: un nimbo misterioso
diríase que ilumina su melena, la cual sacude nerviosamente con frecuencia, y su cara
experimen la continuas transformaciones. La
expresión de los ojos va íntimamente unida
á los sonidos; no parece sino que Portn, tocando, tiene la devoción de sí mismo. Porta
domina en absoluto el violín; ha sabido vencer todas las dificultades. J\hora aspira á
á alambicar su propio espíritu, á crearse su
«yo•, su personalidad artística. Espera locar
pronto en París, en la orquesta Colonne, donde quedará consagrado de una manera definitiva.
Es bajo y delgado; tiene fisonomía de bom•
bre, llena de expresión; y ojos azules vivísisimos; acentuadamente prognato y algo braquicéfalo; de cutis fino y blanquísimo; su
rostro interesante va encuadrado en opulenta melena rubia, de la que dijo un baturro:
«~ Pero es que pa tocar el viulín hace falta
ta'nto pelo?, Brazos largos y manos diminutas; parece un hombre de goma, por su elasticidad, y de azogue porque ni un instante
permanece quielo. Es todo espíritu, y su espíritu profundamente erótico. Para Porta,
.\mores, no sólo fuente de inspiración, sino
fuerza creadora. Es tan sensitivo, que se enamora á cada paso. &lt;'!Qué fatalidadl-me ha
dicho confidencialmente.-¿Pero qué artista
no ama lo que es cifra y compendio de todas las artes?»
Tiene á Sarasate por el primer ejecutante
del mundo; aunque no ha podido oirá Paganini, cree que aquél es superior á éste; y
siente una devoción inmensa por la gran
trinidad de Ysaye, Thibaud y Kreissler; pero
singularmente por Thibaud . No en vano
prefiere la música francesa á la alemana;
recono::e que la alemana es más de fondo;
pero la francesa es ¡más amorosa! Y, por
este órden de respeto, véase la lista de sus
compositores favoritos: Bach, Saint-Saens,
E. Lalo, Mendelssobn, Wienawsky, Tsbchaikowsky, Vieuxtemps, Paganini, Sarasate.
Todos salimos encantados de la reunión,
no sólo por la dicha singular de haber oído á
Porta, sino por la exquisita amabilidad de
los señores de Pérez, que, huelga decirlo, obsequiaron delicadamente á los contertulios,
entre los cualt&gt;s figuraban, además de las señoras y señoritas mencionadas, los señores
Sopena,Mairal, Sorribas, Porta (padre),Mola,
Mayor, Viñuales, Colmenares, Coarasa, Potoc, Arbizu, Castillón, Llanas, Pagés, Querol,
Arrerui, Pardo, Nogués y Pellicer. Y yo, camino de mi casa, iba pensando: «Decididamente, Huesca se transforma: ¡hay reuniones! »

�520

POR ESOS MUNDOS

El espíritu de asociación puede decirse que mayoría de los que lo frecuenta,1 pt:rtenecen
no existe en Huesca. No hay allí ningún cen- al mismo regimiento electoral: allí se camtro li !erario, científico, ni artístico. Debemos bian impresiones: allí se verifican las entredescartar el Instituto, por su carácter oficial, vista con lo~ «amigos• de los pueblos; ~lli,
así como el Orfeón Oscense que, si vive, no de cada mil palabras que se pronunciar,,
da señales de vida. Aun los mismos casinos, novecientas encajan en el tema, más bien
eentros de refugio contra la ociosidad, á la comidilla, del se dice político del día. Y los
vez que de extensión de la práctica de la po- que gustan de cambiar de asunto, tienen en
lítica, viven lánguidamente. El Círculo Os- el arrastrno,en el gu,füote, en el billar ó en
cense, el principal, tiene edificio propio, pero cualquier otro pasatiempo, un medio entreno está contenido de vecluído por falrificarlo.
ta de recursos;
E I Círculo
y si es lo quo
Oscense conses, lo debe á
tituye un pala bizarría do
lacete de sóliunos pocos sed a c o nstrucñoresaccionisción, con estas (entre los
paciosa terraque no fallan
za y una muy
forasteros),
extensa h uerque sabe Dios
t&lt;i, donde se
cuándo se veha terraplenarán reintegrado lo necesario
dosen sus despura jugar a l
embolsos.Está
la1vn tennis
bien decorado
Y bu b o un
v ofrece cierto
tiempo, a 11ú
éonfort en su
por la primaplanta baja;en
vers de 190ú,
1a de arriba
que por la maqueda todavía
ñanita jugamucho por haban al tennis
cer. Como el
algunas mu y
importe de ia:;
di stinguida~
cuotas no baspersona&gt;&lt;, fo1.
ta para cubrir
mando parlitodos los gasda, por lo cotos, el Oscense
mún la bella
apela á lo quo
señora Doña
suelen apela,
Josefina Sopelos casinos sina y el jóven
milar es de
banquero Don
provincia: á
Antonio Pi e,
los recreos
c o n la linda
Don José Porta
extraordinaseñorita Crisrios; pero no siempre la autoridad se presta tina Lasierra v e I comerciante alemán
á la tolerancia. Actualmente lo preside Don Don Carlos Deiss'!er. !'ero aquello duró poco:
Anselmo Sopena, de abolenao conservador
faltaba ambiente para aclimatar un deporte
si bien retirado de la política"militante desd~ tan elegante é higiénico como el ten.nis; &lt;le
hace muchos años; hombre de mundo sim- las entrañas de Osca emergía ei run-1·un
p_ático, y que dis~ruta de holgada po;ición, de añejas preocupaciones, y los distinguidos
siente poco la rutma, y gozaría seguramente jóvenes tuvieron que dejarlo. Doña Josefina
poniendo en planta cierto género de ameni- Sopena es una de las personalidades más
da~es, como conciertos, bailes, etcétera, si- interesantes de Huesca. Se casó á los diecioq_mera una v~z cada dos meses; pero el espí- cho años y enviudó á los cinco ó seis meses
r!tu _predommant~ de los socios no es par- de casada. Ilá_llase ahora en plena juventud;
tidario de tales mnovaciones. El Oscense
es bella, de linda figura, muy elegante y
aunque oficialmente no es político, lo es e~ muy artista: dibuja, pinta y se perece por
rigor por la circunstancia de que la inmensa la buena música. Acompañada de l'll seño1·

IJXOS DIAS EN ~UESCA

521'

padre, el citado Don Anselmo, con quien vi- rios y comerciantes de posicióu. Alli se charve, hace todos los años varios viajes; y vie- la, se juega al tresillo y al tu le, y, de higos á
ne á Madrid, va á Zaragoza, á Sevilla, á brevas, se baila (pero se baila). Los gastos de
ilarcelona; veranea en San Sebastián y en este rincón de pasatiempo son escasos; deaquí que su vida no sea tan
Biarritz: gusta, en una palaprecaria como la que llevan
bra. de salir frecuentemente
los demás casinos. Ha preside los estrechos limites de su
dido mucho tiempo esla so-ciudad natal. Su casa es un
ciedad, é infucdidole no popequeño museo, en que desca de la vida que disfruta, el
cuellan pinturas y dibujos
ilustrado ingeniero jefe de
suyos, que en la última Excaminos Don Bias Sorribas ..
po,ición provincial valiéronhombre jóven, caballeroso .
le 11na medalla de plata. Fimuy urbano y muy sociablr ..
nísima y distinguida, con
Si de él dependiese, la aniuna gran variedad de ricas
mación de Hu esca otra fuera
toüettes, que sabe lucil· con
de la que es. El señor Sorrisu figura preciosa, allá aguarbas tiene iniciativas, y le·
da, en 1)1 fondo de su casa,
agrada que las gentes no se
rodeada de bibelots y de
sustraigan á ese cambio de
m u e b Ies coquetones, que
relaciones quo es peculiar
[I uesca sea la que debe ser
de las costumbres mpderna,:;_
para abrir las puertas de su
Si no se aburre del lodo,
salón suntuoso y amenizar
débelo principalmente áque,
la existencia; no sólo la su ya
Doña Josefina Sopena
por deberes de su profesión,.
propia,sino la de sus amiga~,
entre las cuales se baila la precitada seüo- va y viene muy á menudo, á fin de inspecrita de Lasierra, de fisonomía genial, aire cionar las muchas obras que en la provincia
aristocrático (pertenece á una de las familia~ se efectúan. Tiene La Pe11a su poquitin de
más linajudas del Alto .Aragón) é ingenio biblioteca, compuesta casi toda de revistas
muy celebrado. En cuanto al jóven banque- periódicas. A las once de la noche no suele
ro Don Antonio Pie, prototipo de la cortesía haber va nadie en el diminuto club. El últidiríase, pero sobre todo por la digna serie- mo en 'retirarse, que á veces aguanta hasta
dad del con tinentc, que es un aristócrata las doce, suele ser el funcionario de Hainglés. Viaja mucho. Se viste en Madrid y en cienda Don l\lanuel Labora, uno de los esel extranjero, y es de los que saben llevar con casos jóvenes que en Huesca practican la vü-tud de la lectura; se solaza
elegancia las prendas. Célide vez en cuando con los
b e impenitente , gusta de
filósofos y sociólogos, y !¡e
varios deportes, que cultivaecha al coleto diariamente
ria más si tuviera compañela gran prensa de Madrid
ros. Dejó de ser jinete para
y Barcelona. Otro jóven queser ciclista; después se delee con asiduidad es el abodicó al tennis; ahora... megado y oficial de Correos,
nos mal que sus complejos
mu y calificado en lre los denegocios y frecuentes viajes
este cuerpo, Don Tomás Sele sustraen no poco á lo;;
rrate; único que en Huesca
efectos del medio social de
sabe inglés. Los intelectu~Huesca. Es de los contadiles propiamente dichos son
simos allí nacirlos que no
pocos. Entre ellos merece esmilita en política; ni siquiepecial mención Don Manuel
ra la hace, como otros, por
Sánchez Montestmc (el aperecodo.
llido .Montestruc es una gaVolviendo á la vida lán rantía de inteligencia prestiguida de los casino,:. Al Osgiosa), secretario del Ayuncense sigue en concurrencia
tamiento. Hace una vida suLa Peñci, club diminuto,
Srta. Cristina Lasierra
mamente recogida: de casa á
«mono» , al que suelen ir
personas de calidad y no de las más recalci- la oficina y de la oficina á casa; los forasteros
trantes colectoras de listas electorales: in- apenas le conocen. JJontestruc es un ironista
genieros, catedráticos, empleados, algún que sutil, veteado de satírico rabelesco. Allá en,
otro militar y hasta una docena de propiela- sus mocedades, escribió; ahora... el expe-

�POR ESOS MUNDOS

UNOS DÍAS EN HUESCA

\

Don Antonio Pié

Dlln Bias Sorribas

dientl!o, y gracias. Ha cuido, como López
Allué, en el nirvana del escepticismo, y á lo
que parece no lleva trazas de cambiar. Hombre de ingenio fecundo, en el que abunda la
sal, el blanco de sus ironías suele ser la mujer: la novísima escJela feminista tiene en
Monteslruc un muy donoso apaleador. Vota
siempre contra ellas; pero no sé por qué se
me figura que si le condenasen á vivir en un
convento, más á gusto viviría en un convento
de monjas que en un convento de frailes.
El· Sertoriano es un antiguo casino al que
van algunos conservadores y tal cual señor
independiente. Vive casi de milagro. Y cMi
también de m~lagro el Centro Republicmw
que ocupa precisamente el mismo local que
tuvo el Oscense durante mucho tiempo.
Pero donde más se percibe la falta de espíritu colectivo es en el mundo oficial: por
verdadera casualidad reúnese allí una junta
(Agricultura, Instrucción pública, Reformas
-sociales, Beneficencia, Pósitos, etc.), en primera convocatoria; de ordinario falta número, y, por consiguiente, las reuniones se celebran al segundo toque de llamada, comenzando por el propio Ayuntamiento, á cuyas
sesiones suelen concurrir de cinco á seis concejales, no obstante que el alcalde-presidente, sobre ser popularísimo, cumple con gran
celo sus deberes. Llámase Don Gaspar Mairal, y no falta quien le designe con el sobrenombre de el Castelar oscense; yo digo de
él que es el orador de Huesca, porque en
Huesca no hay ningún otro orador, en ia
genuina acepción de esta palabra. Mairal
tiene buena figura, voz robusta y bien timbrada, inspiración, cultura intectual y una
gramática correctísima. Basta oirle conversando familiarmente para obtener la impre-

Don Tomás Serrate

sión de que posee las artes oratorias: ademanes distinguidos, dicción limpia, vocabulario
copioso, claridad diáfana en el modo de exponer. En el foro, cada discurso su yo es un
triunfo. Jóven, exquisitamente educado, modesto y bondadoso, cuenta con los cariños de
toda la ciudad y aún puede decirse que de
la provincia entera, porque su legítima gran
fama de abogado ha esparcido sus prestigios
personales por los ámbitos de todo el Alto
Aragón. Por lo mismo que siente mucho el
Derecho siente poco la Política, en la que,
sin embargo, ha tenido que acoplarse... sin
africanización, dicho sea en honra suya.
Mairal, por su talento, nada común, por su
palabra, verdaderamente subyugadora, y por
su popularidad envidiable, es en Huesca una
peraonalidad sobrepujan te, que baria un gran
papel en las Cortes. Pero Mairal no es ambicio~o, relíusa subir, y vive muy conforme
con su suerte. Tanta modestia, ¿no dañará
algún día su civismo?
A las juntas de In ,trucción pública llegaron á ir, en mis tiempos de gobernador, hasta cinco y seis vocales. No falló nunca el director de la Normal, Don Rosendo Rull, uno
de los espíritus má,i positivamente progresistas que en Huesca existen. Esa Junta, aun sin
vocales, marchará á maravilla mientras tenga de secretario al venerable Don José Fatás,
funcionario el más perfecto que he conocido
en mi vida: gran inteligencia, mucha laboriosidad, honradez acrisolada y vocación épica. Todos los Fatás pertenecen al Magisterio,
excepto Don Luis, médico rle la Beneficencia
municipal de Madrid y teniente alcalde del
distrito del Hospicio. Don José, el venerable,
en los muchos años que lleva desempeñando
la Secretaria de Instrucción pública, no ha

i

523

El :Museo Provincial ábrese asimismo
incurrido en el más mínimo lapsus, y de ahí
que la Junta tenga en él la más ciega con- muy de tarde !Jn ta1·de, y casi siempre en
fianza. Sus cuentas son las pocas de España obsequio de algún forastero. No abunda lo
que jamás en Madrid sufrieron el menor re- notable en ese centro, sin otro análogo en
IT uesca; pero e o n los
paro. A los que duden
dibujos de Carderera ya
de la absoluta perfectiene lo bastante para
ción humana , y o les
atraerá los inteligentes.
presentaría á este veDon Valenlín Carderera
nerable Don José , de
es una de las glorias
quien puede decirse
más legítima~ d e la
que en sus sesenta y
Huesca
moderna; fué un
ocho años de existenartista de renombre y
cia n o ha debido de
un escritor cullísimo, de
tener un día, uno tan
e,pecial competencia en
solo, en que no ~aya
lodo lo concerniente á
cumplido como bueno.
Pintura, Arquiteclura
Sin duda, Huesca tieY Arqueología. A él se
ne suerte con sus sedebe ! a fundación d e
cretarios: si mucho vaese Museo, al cual legó
len el del Ayuntamiencuanto poseía, entre lo
to y el de la Junta de
que descuella la colecInstrucción p ú b l i e a,
ción de dibujos que hizo
mucho vale también e!
en Roma; dibujos estuDon Vale11ün Carderera
de I a Diputación propendos muchos de ellos.
vincial, Don Rafael Acebillo, cuya competencia en asuntos de Admi- El nombre de tan insiane patricio permanistración es sencillamente insuperable. Los necía sin embargo punto ~eno, que olvidado,
tres son hijos del país, como lo es el presi- basta que el catedrático y distinguido ardente de dicha corporación, el distinguido queólogo Don Gabriel Llahrés tomó á pechos
abogado Don Manuel Batalla, y el vicepresi- restaurarlo; y gracias á Llabrés, desde hace
dente de la Comi-;ión, Don Domingo del cosa de un año se ve en el salón de actos del
Cacho, uno de los hombres allí más popula- Instituto, frente al retrato del gran Conde de
res por su bondadoso trato, y más que nada Aranda (el mayor de los oscens~s), el retrato
po;que no cabe en lo posible que ha ya qui~n del insigne Carderera, benemérito del Arte,
le aventaje en buena voluntad para servir. ornamento de la erudición española, hijo
amantísimo de su patria
Quiendice:Don Dominchica, la cual, honrángo, dice: ¡ Concedido! A
dole, se honra en vero menos por parte de
dad á sí misma.
IDJn Domingo.
P a s a en Huesca lo
que en algunas otras
capitales dor.de los elementos más influyentes
En Huesca sólo existe
consagran preferenteun teatro, llamadoPrinmente sus energías al
cipal;suspuertas ábrenestudio de las oscilaciose ocho ó diez veces al
nes del censo olectoral:
año, y rara es aquella
no exislen esos estímuen que el lleno es absolos que tanto contribuluto, no obstante que
yen al desarrollo de la
tiene menos capacidad
lógica del senlimiento.
que el minúsculo Lara,
Ilay en Huesca intelide Madrid. Preciso es
gencias firmes; hay tamreconocer q u e e n l a
bién almas que vuelan;
vieja Osca las manifespero falta e 1 reflector
taciones de la vida arlís!Jon Luis López Allué
que
difunda la luz intetea dejan sentir poco
,
.
sus latidos. Por eso la casa ael menc10nado lectual, como falta espacio libre para que el
Don Leandro Pérez, donde, aunque en fami- espíritu se remonte sin trabas de ningún gélia, se hace música con relativa frecuencia, nero. Algo lluta en la atmósfera de Huesca
que entumece la sensibrlidad y hace caer,
constituye una excepción.

�524

UNOS DÍAS EN HUESCA

POR ESOS ~I UNDOS

aun á muchos que de veras valen, en ese indiferentismo que exterioriza un gesto de di~plicen,:,ia... Ahí está el caso de Don Luis López All11é, que vaga solitario por el Coso, con
el cerebro en ebullición ... consumiéndose al
fuego de la indiferencia-ambiente. Para la
rna yo ría de los transe un tes, Allué es el juez
municipal; para muy pocos es ,\llué el escritor admirable, el prosista castizo, elogiado
por Pereda y otras celebridades de la Literatura española. All ué ha producido poco:
tres volúmenes; pero esos tres volúmenes,
perlas de oriente purísimo, valen mucho más
que treinta de los que suelen producir los literatos al uso. En la novela regionalista tiene
una significación de gran realce; es además
un cuentista delicioso; pero ante todo y sobre todo-á parte la exc¡uisitez de su prosa,
-Allué es un humorista digno de ir emparejado con el célebre E&lt;;a de Queiroz: publicó un cuento acerca de los milicianos nacionales de lluesca, que es de lo más acabado,
como obra de humorismo, que se puede pedir.-1A saber lo que irá pensando cuando
vaga solitario por el Coso! ....
La prensa es esencialmente política. El
Diat·io de Huesca es el más antiguo de los
periódicos de la provincia y el de mayor circulación. Actualmente lo dirige Salvador
11. Martón, oscense, que aprendió el oficio en
el Heraldo de Aragón, de Zaragoza. Martón
vale; tiene sangre de periodista á la moderna; pero el estrecho círculo en que se mueve
y el criterio cerrado que deberes políticos le
imponen, le reducen el vuelo, sin duda á pesar suyo, que como hombre jóven y de temperamento ágil no es de los que se avienen
de buen grado á ciertas rutinas allí en boga,
por lo que tienen de características. Con todo,

ha logrado transformar El Dim·io hasta eí
punto de ser hoy este periódico uno de lo,mejor hechos de cuantos VP.n la luz en la&lt;provincias de tercera 1·. aún rle seounda
cla"
se. ~fartón ha dado á la escena algunas obritás que le han aplaudido, y sueña con seouir
trabajando para el teatro; pero me temo quo·
sus sueños no lleguen á realizarse: sus ocupaciones en el periódico le amarran á todas.
horas, sin contar con que no es el oficio de
periodista en Huesca el más adecuado pam
exaltar la inspiración. El Diario merece tod:L
suerte de alabanzas: hácese en el establecimiento del antes citado Don Leandro Pére7.,
y se halla al frente de Jos cajis;tas de eslR
sección el hijo mayor de Don Leandro, Car•
melo, de diecisiete aiios, tipóorafo excelente, buen ajustador y, á ratos, ~edactor de
noticias que él mismo trae de la calle ó rle
los centros oficiales. Este aventajado jóven
tiene cursada la segunda enseñanza, y, comohijo de músico que es, no quiere dejar de ser
músico también , y estudia el violín, al parecer con provecho. Pero Carmelo es preferenmente tipógrafo-impresor; tiene un gran
sentido de la vida moderna, y no ignora quela misión del hombre consiste en sobresalir
en algo: porque ¿quién duda que vale má:;
un buen impresor que un mal abogado? Salvador M. Martón tiene su principal auxiliat·
en Amando Pellicer, corresponsal de casi
todos los rotativos de Madrid. Pellicer no ha
salido apenas de su pueblo: lo que sabe del
oficio, en Huesca lo ha aprendido. En cualquier parte haríaun excelenterepporte1·. Poeta en el fonr.lo, sus Horas az-ules descubren,
al través de ciertas inexperiencias literaria~
y mundanas, un corazón tierno y una imaginación sentimental. Pellicer es un buen

¡ l
Don Salvador M. Marlón

Don Carmelo Pérez Barón

Don Amando Pellicer

&lt;iscen~e con espíritu poco localizado: en sus
Horas azules bullen ideales. Con estos «azulinos• y su literatura «glauca• la emprende
de ve?. en cuando, mu y donosamente por
•cierto, Un glciuoo jáven, pseudónimo tras el
·cual se oculta Don Juan Placer, presbítero
mu y leído, escritor de enjundia y orador sagrado de poco comunes facultades. Monsén
Placer es un cura á la
moderna, de criterio
flexible, que acredita
·con su trato afable ,.
·su la I ento profund~
cómo se puede ser un
sacerdote· modelo sin
necesidad de sentirse
·intransigente al estilo
•de los llamados integristas.

Voz de la Provin•cia es el segundo de

525

do Aragonés, reaccionario, y El, Rebelcle,
«republicano anticaciquista». Este último es
el único que imprimiéndose fuera de Iluesca
(se imprime en Lérida), se pregona en las
calles de la capital. Está escrito con destemplanza y gran apasionamiento.
.
En lluesca no hav borrachos, matones, 111
gente maleante. fü¿isten allí sobrados elementos para obtener
11n bienestar socia!
mucho mayor del que
real ,. verdaderamente se -disfruta.
f-l uesca sería más feliz de lo que &lt;'S si allí
1a poli ti ca no fue;e tan
intensiva; pero lo es
tanto, que infiltrándo~e hasta lo rnás recóndito del hogar determina una sensación de
tedio que enerva los
ideales. En Iluesca no
hay buen humor; diríase que los oscenses
no tienen verdaderas
alegrías. A pesar de
que á nadie, por locomún, le duele nada.

,!os dos diarios que se
publican en Iluesca.
'Lo dirije el abogado y
diputado provin cial
consen·ador Don Vicente Carderera, e 1
cual cuenta con muy
-escasos auxiliares. El
Diario y la Voz se
-odian invenciblemente; no cambian; rarisiNo quise salir de
,ma vez se nombran;
lluesca sin ir á connunca coinciden en el
tero piar, desde S a n
juicio: si El Diario
Jorge, la puesta del sol.
llama «digno• á Don
Jmagináos una llanura
Fulano, ya es lo basDoctor Don !ldcfonso G. Colmenares
circular, limitada por
iante para que no se lo
llame jamás la Voz, y viceversa. De otras una serie de no mu v altas montañas; llanupublic.iciones periódicas de Huesca merece ra espaciosa, de diéz ó doce leguas de diáespecial mención el Boletín del Colegio Mé- metro, formada por pintorescas sementeras,
•dico, á cuyo frente se halla Don Ildefonso G. y en el centro una colina, sobre la cual se
•Comenares, médico que fué del marqués de alza solitaria ermita, llamada de San Jorge.
Novaliches hasta la muerte de este calificado En ese gran círculo, fuera de dicha colina,
general. Entónces pasó á Huesca, de profesor apenas existe otra eminencia del terreno que
·del Hospital provincial-cargo que ganó en aquella en que reposa la ciud~d d~ Huesc~,
lla oposición,-y allí continúa, estimadísimo hacia el Norte, montón de ed1ficac10nes gride todo el mundo, á lo que contribuye su ses que corona una Catedral tan vieja como
bien ganada fama de operador afortunado. la ciudad ... Muchas yeces había yo visto la
En este respecto. nadie le disputa allí la puesta del sol desde San Jorge; pero esta
primacía. Fuera de la capital ven la luz no yez tuve á mi lado lo que, siendo gobernapocos periodiquines, ninguno de ellos diario: dor no había tenido nunca, una criatura an•
•en Jaca, El Pirineo Aragonés, independien- gedcaL dos veces artista, por la educación
te anodino , y La Unión, órgano de la frac- y por el sentimiento.
Aquella tarde, á la hora del crepúsct;lo, el
·ción que acaudilla el duque de Bivona; en
Graus, El Ribagorzano, defensor de intere- horizonte ardía al rojo blanco. Puse los ojos
ses agrícolas principalmente, y en el cual en el horitontc, y púselos luego eu la Ca-colabora de tarde en tarde el eminente pen- lcdral. Y en seguida miré á la jóven, que se
sador Don Joaquín Costa, que tiene en dicho me antojaba musa caída del cielo, y respiré
pueblo su retiro; y en Barbastro, El Cruza- fuerte. No parecía sino que aquella gigantes-

�526

TUS OJOS

ca llama, que abrasaba la cresteria remola
queria iluminar po1· vez postrera lo viejo
por vez primera lo nuevo. De una parte, leJOS de mí, el edificio-símbolo, consumiéndose en su propia tradición; de otra, junto a
mí, la juventud triunfante, sana, robusta,

y

llena d~ idealidad, cual otro símbolo ... Y yo
me forJaba una nueva Huesca resurgiendo
de la vetusta Osca; algo de qne era cifra e~a
encantadora criatu1:a que, al tiempo que yo,
contemplaba extas1ada cómo ardía el cielo
en el ocaso ...

\\". E. RETANA

....

,. .,-'":~'7":':.,

,_.
.. .

:r.r..

~

Cbl\leau de Riond-Uosson, en Uincbrn, donde habilunlmenle reside Paderewski

TUS OJOS
Brillan tus grandes ojos como soles
de extraña, irresistible refulgencia.
Cual lagos de impoluta transparencia
copian cielos de vivos arreboles.
'
Al herirlos la luz, sus tornasoles
fingen cuentas de rara iridesceñcia,
y se asoma por ellos tu inocencia
de la virtud templada en los crisoles.
_En tus pestañas que a la trapa ensayas,
mienlt-a,:, astuta, tu mirar soslavas
ensueños mil los que ven enredan:
Y si cierras los párpados, parece
que muere el sol, que el cielo se obscurece
y que las almas en tinieblas quedan.

M. ~1'\RTINEZ DOMINGUEZ

PAOEREWSKI, INTIMO
CÓMO SE APRENDE Á TOCAR EL PIANO

GNACIO Juan Paderewski es, como todo el

I mundo sabe, un gran músico, quizá

el
más grande de los músicos que han existido.
De Perpandro se decía hace dos mil se tecientos años: «Añadió una nueva cuerda á la
lira». De Paderewski puede afirmarse categóricamente que ha dotado al piano de una
nueva voz. Esa voz es la del mismo Paderewski.
Desde hace algún tiempo, viene modificándose el arte de tocar el piano. Las mismas mejoras mecánicas del instrumento han
permitido cada ve7. mayor libertad de técnica; una libertad que, empezando con Czerny
y aumentando con Liszt y Rubinstein, ha alcanzado su apogeo en Paderewski.
Al oirle pulsar el piano se comprende por
la primera vez la inconmensurnble belleza
de tono de que es capaz ese instrumento.
Siéntese uno capaz de decir con Isaac Walton: «¡Señor! ¡Qué harmonías habrás reservado en los cielos á tus elegidos cuando permites a los hombres semejante música terrena!»

Seguro, fa'&gt;cinador, irresislible, es Paderewski la demostración palpable del máximum de potencialidad á que puede llega1·
una inteligencia. No es de admirar, por tanto, que los talentos de Paderewski le produzcan una renta anual de quinientas mil pesetas; que una sesión pianística &lt;le veinte minutos le valga trece mil pesetas, y que, e11
una ocasión, cierta tournée de cinco mese,
por América le proporcionase el bonito ingreso de setecientas cincuenta mil pesetas.
Pocos, muy pocos virtuosos, antiguos y
modernos,podrían smnar de ese modo.
Considerado como ejecutante, posee Paderewski en grado eminentísimo esa artificiosa
circunstancia vagamente denominada • personalidad» ó ~magnetismo personal». Si es
licito decir de un hombre que tiene inspiración divina, ese hombre es Paderewski. ¡A tan
alto nivel de excelsitud se encuentra su comprensión del arte que practica!
Doquiera aparece no reconoce limites el
entusiasmo de los públicos. Que llegue á una
ciudad para él desconocida, y se le verá co-

�POR ESOS .MUNDOS

locarse a I m o mento, en la prim e r a audición,
entre los más preeminentes,en virtud de los der~-chos inconlestablesdel genio.
La verdad es
que ningún pianista mantiene tan
grand e predominio sobre los públicos; su figura
colosal se destaca
,·igo ros a en &lt;'I
mundo músico de
&lt;'slos tiempos. Pa&lt;lerewski es el artista de todas las
clases sociales y
de todas las mas as contemporá::eas. Aunque sus
1·ecitals sean hov
rela tivam en te fre·c-uen tes, y aunque
se eleve el precio
de las audiciones
á las mismas nubes, acuden en legión los aficionados. Si alguno llega tarde , considérase satisfecho
.a ,í n cuando no
le hayan dejado
sino un rincón de
la sala: ese rinc ó n basta para
oir al insuperable
intérprete, para
gozar del encanlo
que esclaviza al
auditorio entero.
Ignacio Juan Paderewski nació en Polonia
en 1861. Cuando contaba doce años de edad
empezó á cursar en Varsovia sus primeros
estudios musicales. A los tres años de su
iniciación en los secretos del divino arte era
nombrado profesor de aquel Conservatorio,
y dos lustros _más tarde se encargaba de la
cátedra de composición en la Escuela d,1 Música de Strasburgo. En 1899 daba principio,
después de someterse en Viena á riuurosa
preparación de tres afios, á su mara~illosa
-carrera de virtuoso.
Desde esa fecha ha efectuado cinco laraas
fournées P?r América, Australia y Nu:va
.Zelanda, siempre con el mismo éxilo extra-

1gnac10 Juan l'adcrewski

ordinario; se ha dejado oir en todas las capitales de Europa, y ha recibido de numerosos monarcas profusión de condecoraciones.
Jur.gado bajo cualquier aspecto es Paderewski una personalidad excepcional. Poseedor de enorme cullura, hace pensar, si
con él se conversa, que lo mismo hubiera
sido hombre eminente en cualquiera rama del
saber humano, de no dedicarse á la música.
Habla el ilustre polaco seis idiomas, y los
habla á maravilla; en el juego de ajedrez,
juego que exije gran desarrollo de las facultades mentales, hay pocos que le aventajen;
es un excelente matemático, demostrando
e llo notable flexibilidad de ~spíritu; es un

l'ADEREWSKI, L,",TlMO

intelectual, en el más exacto sentido de la
palabra, ya que su intelectualidad es accesible para los demás; es un hombre de ciencia, por lo mismo que es un gran músico, no
debiendo sorprender semejante afirmación
en cuanto la ciencia es mia, aun cuando
J)'Or razones de utilidad la hayamos subdividido en diver.sas ramas bautizadas con diferentes nombres.
El espíritu de Paderewski es suma de una
veintena de grandes sentimientos, en cada
uno de los cuales pone toda su alma cuando
son llamados á entrar en acción. Así•, al oirle
hablar de política se creería estar en presencia de un conspícuo estadista; si se le escucha discurrir acerca de Polonia adviértese que ama á su patria más que á si mismo:
su pasión por la patria es igual á su pasión
por el arte. &lt;Ignacio Padercwski es el mejor
de los compañeros, y el más espiritual, amable v sobrio de cuantos hombres he tenido
ocagión de hablar.• Tal dice Mr. Adlington,
amigo íntimo y agente artístico del maestro,
desde hace catorce aiios.
Padcrewski es dueño en la actualidad de
dos hermosos palacios: uno es el chateau
de Riond-Bosson, en .Morgcs, junto al Lago
de Ginebra; el otro forma parte de la vasta
propiedad de Kosna inmediata á Tarnow, en
Polonia.
El palacio de Riond-Bo,;son e» una imponente estructura de ladrillo, mitad villa, mitad castillo. Emparrados y enrcdadei;as cubren ventanas v terrazas hasta una tercera
parte de la altu~a total del edificio. Quien no
hava visitarlo ese encantador retiro no puede ·rormar~e idea de las mil y una bellezas
acumuladas allí por el insigne polaco en su
deseo de recrear la vista aislándose de las
feas realidades de este mundo. El Lago de Gimibra alcanza en aquellos lugares su mayor
anchura, extendiendo sus azules aguas en un
árna de ocho kilómetros á partir del viejo
castillo de ~Iorgcs.
Buena parte del primer piso del palacio
e:;tá dedicada á sala de recepciones, divisándose desde su:; ventana,; las ateroiopeladas
praderas que rollean el edificio. Abundan en
el salón los retratos, las fotografías, las esculturas y otros mil objetos artísticos regalados á Paderewski por emperadores y reyes,
tras de cuidadosa selección en sus colecciones. Cuando se penetra en aquel santuario
do la música invade el á"nimo temor respetuoso. A través -de los abiertos ventanales
inunda la estancia un ambiente de par. al
que se mezclan sutilmente los cantos de las
aves, la fragancia de las flores y el sordo rumor de las fuentes. También llegan al oído,
aunque apagados por la distancia, otro~ ruí-

529

dos menos poéticos, denunciadores de miras prácticas, y entre ellas el coclear de gallinas, el estridente graznar de los patos, el
mujido de las vacas ó el relinchar de los caballos.
·
·
Altos árboles y floridos setos ocultan la
vista de los gallineros á los ruoradores del
palacio. Esto no impide que Paderewski y
su esposa sean unos avicultores entusiastas.
La granja avícola de Riond-Bosson puede
ser citada como un modelo en su género.
Comprende casi todas . las variedades gallináceas conocidas, desde las majestuosas
bralunas, á las ventrudas holandesas, desde las cochinchinas á las legítimas indostánicas. La señora Paderewski se enorgullece de que sus gallinas tienen ya conquistados numerosos premios en diversos certámenes agrícolas internacionales. Los alojamientos de las aves son verdaderas maravillas de limpieza y de órden. Disponen todos
ellos, sin excepción, de perchas pintadas de
blanco y finamente barnizadas, de bebederos de límpido cristal, y de abundante arena,
renovada con frecuencia por un capataz,
cuva exclusiva misión consiste en cuidar del
gallinero de Madama Paderewski. Análogo
refinamiento de lujo se observa hasta en los
mismos establos y cuadras. Débese ello á empeño especial de Paderewski, quien, según
el guarda de la finca, considera á sus animales casi, casi, como á seres humanos. «Mi
amo-dice el tal guarda-piensa mucho en
sus bichos é invierte en ellos más dinero que
en sí mismo: sencillísimo en sus gustos personales, no repara en gastos cuando se trata
de sus aves y cuadrúpedos.»El comedor de gala en Riond-Bosson ocupa la parte trasera del chateau. Sus muros
se encuentran decorados con rica tapicería
de tonos obscuros y magníficos espejos. Los
Paderewski celebran pocas recepciones,
pero, en cambio, suelen invitar á selectísimas comidas á sus amistades parb.culares.
En estos banquetes íntimos es cuando mejor
pueden apreciarse las grandes cualidades de
hombre de mundo atesoradas por el sin par
virtuoso: es el huésped ideal, exquisitamente cortés, narrador ameno y wuseiw ingeniosísimo. Un diplomático sentado á la mesa
de Paderewski tendría á éste por uno de los
suyos; tan admirable es el tacto, tan perfecta
es la caballerosidad del artista.
Huelga decir que Paderewski es el ídolo
&lt;le Morges. No bien desembarca el visitante
en el sombr.eado muelle, echa de ver la alta
estimación de que disfruta el castellano de
Riond-Bosson. El pueblo de :Morges sabe,
aunque de una manera vaga, que entre aquellas umb!"ías aletea el espíritu de un artista

4

�530

POR ESOS MUNDOS

sublime. Los dueños de hoteles y fondas ex-

teriorizan ese sentimiento, multiplicando los
retratos del maesfro por todas las salas y

dormilorios. Pregúntese á cualquiera de esos
hosteleros por Paderewski, y os dirá, orgulloso, que «1\fonsieur» es su amigo, que honra el establecimiento de vez en cuando yondo

á tomar une petite verre, y que á veces va
acompañado de «Madame».Alguno hará alar-

de de sus aficiones artística!==, añadiendo que
le ha oído tocar en Ginebra y que Padcrewski es el rey del piano.
A esa clase de fondistas amateurs perlenecia el que me tocó en suerte. Un tanto
blagueu,r, exagera su admiración por el
maestro hasta el punto de saturaros de Padereswki no bien trasponéis el umbral de la
fonda. Las representaciones gráficas del _pianista polaco clan prinr.ipio frente á la m1sma
puerta de entrada. Empujad sus hojas, y
allá en el fondo del vestíbulo, tropezará
vue~tra mirada con la pálida fisonomía del
concertista coronada por la blanda y encrespada melena familiar á todos los públicos.
El saloncillo del hotel es un pequeño Museo
Paderewski, y cada una de las habitacio_nes
presentaal viajero retratos de Padercwsk1 en
todos los tamaños imaginables. Es la obsesión padernwskiana, en suma.
Las puertas de Riond-Bosson encuéntranse guardadas por gigantesco perro de San
Bernardo, un animalote insociable, que ha
tomado en serio su papel y que no permite
a nadie la intrusión en el tranquilo retiro:
sólo se muestra tolerante con el cartero¡ sin
duda, le han enseñado el respecto á la correspondencia. Esta suele consistir principalmente en peticiones de autógrafos, y proceden de todos los lugares del mundo: de Lóndres de Buenos-fures, de Nueva-York ó de
'
.
Sidney. Paderewski contesta en persona a
cuantas cartas se le dirigen. Fundador de
una suscripción para erigir en Varsovia una
estátua á Chopin, ha fijado precio á sus autógrafos: una firma sencilla cuesta cinco francos; varios compases de música inédita, diez
francos; un retrato con dedicatoria, veinte
francos. Las cantidades así recaudadas, y
que ya ascienden á respetable suma, van á
costear el monumento chopiniano, cuya elevación ha autorizado el Gobierno ruso.
El segundo home de Paderewski (bogar
amadisimo por el artista) se encuentra emplazado en sus extensas propiedades de Polonia. No todo el mundo lo sabe, y es Justo
decirlo: Padercwski es un filántropo convencido, sin otro norte que bacel' el bien al prójimo en general y a los polacos en particu~
lar. Los campesinos de Kosna le adoran. Saben que la suprema ambición de Paderewski,

una ambición muy superior a la de emula1
las glorias de Chopin y de Liszt, descansa en
legar á los desheredados de Paloma algo que
perdure, algo que con tribu ya á mejorar su
condición, algo que libre á la patria adorada
v opresa de la esterilidad y de la pobreza.
, Todo polaco menesteroso, hállese donde
se halle, tiene en Paderewski un protector
seguro. En los Estados Unidos de Norte ,\mérica los po'acos pobres son legión. Hace un
par de all.os, abandonó Savannah, en el Estalado de Georgia, mísera pareja de polacos.
Iba el matrimonio á Nueva-York, y proyectaba recorrer á pié los varios ccntena1:es de
kilómetros que separan á ambas poblacwnes:.
Mientras el marido pordioseaba, la mujer era
la encargada de conducirá cu_eslas la impe_dimenta, que no era mucha m muy voluminosa, por cierto: un colchoncillo ti~íco, i:estode todo el ajuar de boda. Al llegar á Ballunore estos peregrinos de la mis~ria vié=onse
obligados á vender el colchonc11lo. Fuese la
mujer á casa de un pren&lt;leroi en tanto c¡u~ el
marido se encaminaba al punto de reumón
acordado. Era este un paso a nivel de la vía
férrea. Los dos esposos no volvieron á encontrarse. Aquella tarde fué descubierto el deshecho cadáver del polaco: un tren le había
sorprendido en plena vía, destrozándole. La
infortunada viuda dió á luz un nilio, al día
siguiente, en un hospital de Baltimo:·c. Como
alli nadie hablaba polaco, la situación de la
parturienta era en extremo triste. En~~nces,
y sin prévio aviso, fué cuando apa~emo Paderewski, quien haciéndose condu?1r .ª1 lado
de la eníerma, no sólo actuó de mterprete,
sino de generoso filántropo. Pocas horas des,
pués eran llevados á Nueva-York la ma'.lro
y el hijo, siendo instalados en el llosp1tal
Católico Polaco de dicha ciudad, donde con-·
tinuaron visitándoles á diario el gran pianista y su esposa.
.
El caso relatado no es srno llllO de los
muchos que pudiéramos referir acerca de la
bondad do Paderewski. Sin embargo, sus
planes respecto al bi,mest~r de los polacos
pobres no pueden ser aprecmdos con arreglo
al patrón de la caridad oportunista. Paderewski tiene en ese punto miras roncho más
ámplias: como que su pensamiento estri_ha
en mejorar la situación de Jas clases agrarias
de Polonia. Por de pronto, Jª han empezado
á participar de esos beneficios los campesinos de Kosna 1 en cu yo provecho ha ordenado Paderewski la repoblación de bosques, el
encauzado C.el río Biala durante una extensión de cerca de ochenta kilómetros, el cultivo de viñedos y otras muchas disposiciones
que tienden á favorecer á la clase obrera.
El palacio de Kosna está rodeado de ex-

PADERE\\'SKI, i.\TDIO

tensos jardines traiados , por el mismo propietario. Es, mñs que una morada lujosa, una
morada cómot1a construida a guisa de g1·an
casa de labor y provista de l1umorosas dependencias donde habitan los empleados y
obreros ele la granja. Allí suele reunir el
maestro buen número de amigos. Estos son
tratado.:s por Paderewski á cuerpo de rey. Lo
único en que no los complace el ilustre
huésped es en participar de sus sesiones de
sport. Esto se explica bien: puesto que Paderewski tiene la fortuna en Rus manos, hace
perfectamente en no arriesgarla exponiéndolas á riesgos inútiles. Mientras los amigos
corren, saltan ó juegan al foof-ball, Paderewski toca el piano. Es su deporte predilecto. El sin par virtuoso «hace dedos, á todas
las horas del dia y de la noche. Ese intenso
amor al arte es quizá el rasgo más característico de Paderewski, y al mismo tiempo el
más admirable.
•No he dejado de estudiar ni un solo dia,declaraba en cierta ocasión - por pesado
y desagradable que resulte. Cuido mucho de
tener los dedos y las muiiecas en perfecto
estado de funcionamiento. Pi-eparo unos y
otras con larga sesión de masaje. Esto, sobre
todo, es importantísimo. Jamás omito antes
do dar un concierto algo más beneficioso
aún, y es sumergir las manos en a.~ua muy
caliente varios minutos. Acaso me atrae de masiado el piano. A veces, me ha ocurrido
pasarme una noche entera tocando esla ó la
otra sonata ele Beetboven . No se halla lejano
el dia en que, abandonando por completo el
virtuosisino, me dedique enteramente á la
composición.»
Y eremos que Pauerewski hablaba con entera sinceridad al decir lo anterior. Ama,
sobre todas las cosas, la paz y la soledad;
pero no por misantropía, sino porque ambas
le proporcionan oportunidad de satisfacer su
pasión principal: componer música. Paderewski, aunque parez-ca extraño,gusta mas de
crear que de interpretar.

He aquí ahora una conferencia del propio
maestro Paderewski, en que se prescribe el
mejor sistema para aprender á tocar el
piano.
Dice el gran mll',ico citado que el primer
requisilo para llegar a ser un verdadero pianista es el talento. Sin embargo, cualquiera 1
poseyendo buena inluición, puede, si á la
vez cuenta con alglln..a habilidad para ese
trabajo.1 aprender á tocar¡ pero no será artísticamente. Casi todo el mundo tiene talento
para algo; y la gran cuestión está en descu-

531

brír e-.e talento, en darle medios &lt;le que se
culti\"e, y en procurar su desarro11o. cSi
vuestro talen to no es para la música,-dice
Paderewski--buscad otra cualquiera cosa en
que ocuparlo».
La primera cualidad para dedicarse al piano es poseer don natural para la música.
Después, para estudiarla,se necesitan energía
para el trabajo y un buen profesor, cosa esta
muy importante en el asunto y en la cual la
responsabilidad corresponde por entero á los
padres cu ya indiferencia ó falta de previsión
pueden inutilizar los mejores propósitos.
Uno de los métodos mejores de estudiar
el piano es aplicar el propio pensamiento directamente al trabajo que metódicamente
imponga el profesor por cie1'10 tiempo determinado de cada día. Si el discípulo pretende
ser un profesional en la música, debe dedicarse al estudio de ella cuatro horas diarias;
si se contenta solamente con el titulo de
aficionado. le bastarán dos horas al día. En
ambos casos, las divisiones del tiempo dedicado á la práctica no deberán ser menores de
una hora.
La falta más general, no sólo do los alumnos, sobre todo si son del sexo femenino,
sino de los profesionales, es que se sientan
al piano toruil.ndolo como pasatiempo, en ve7,
de estudiar seriamente. Y es que no existe
instrumento que ofrezca tanta tentación á la
holganza como el piano. En vez de tomar el
estudio con toda seriedad, hay quien lo considera como una diversión, como una manera de pasar agradablemente las horas. Estas
horas malgastadas terminan en producir conocimientos superficiales y cierta cantidad
de facilidades defedtuosas que, como tales,
no sirven para nada cuando llega el caso de
la aplicación práctica. Por su puesto, para el
arte de tocar el piano el factor fundamental
es la técnica. Esta palabra técnica lo abraza
todo: no solamente la destreza, como piensan
equivocadamente muchos, sino también la
pulsación, la previsión rítmica y el pedal.
«Considero deber mío,-añade Paderewski-explicar lo que quiero significar al decll' que la verdadera técnica lo comprende
todo: hay buenos artistas que solo poseen
uno ó dos factores de los que he citado; podrán tener buena facilidad y fuerza, pero no
ritmo, ni conocimiento de cómo han de usar
los pedales. De esta clase sería fácil encontrar muchos grandes artistas cuyo dominio incompleto de todo lo que constituye la
técmoa confirmaría lo que he dicho. Por eso,
la verdadera técrica no consiste en uno ó
mits de sus faclores necesarios, sino que
debe comprenderlos todos; y cada uno exige
su enseñania especial y su estudio: la des-

�PADEREWSKJ, ÍNTDIO

ó32

ras, firmes y eficaces. Seria preciso un tomo

I'OR E50S ~tUXDOS

treza, el ritmo) el pedal correcto y el tono.
Al hablar, pues, _del arte de tocar el piano
lo que debe considerarse en primer término
son estos factores de técnica y el modo de

adquirirlos.»
El espacio de tiempo que diariamente ha
de dedicarse á la destreza de los dedos depende de la etapa en que se encuentre el
discípulo respecto á desarrollo técnico. Para
aquellos que tienen los dedos ya preparados,
se reqmere naturalmente menos tiempo, y en
este caso el alumno debe dedicarse más al

estudio de piezas; pero, no obstante la etapa
de adelanto que baya alcanzado, es indispensable una hora diaria de estudio en esta
parte de la técnica.
Prjmeroi cmpiécese el estudio cada día
con los ejercicios de cinco dedos y las escalas. Ejecútense_lentamente muy legato y con
segura pulsac16n 1 prestando atención particular en la&amp; escalas al paso del pulgar bajo
la mano y al de la mano sobre el pulgar. El
verdadero secreto de la ejecución rápida y
de las escalas brillantes es este rápido y
tranquilo paso del pulgar y de la mano,
con lo que además se evitan muchas dificultades.
De gran importancia. es la posición de la
mano en estos ejercicios: al hacer la escala
hacia arriba con la mano derecha, y al hacerla hacia abajo con la izquierda, la parte
de la mane hacia el pulgar deberá mantenerse considerablemente más alta que la parte
hacia el dedo peqneño. A,;í, levantando la
parte interior de la mano próxima al dedo
pulgar y bajándola en la parte exterior próxima al meñique, hay más espacio para que
el pulgar pase bajo los dedos sin obstrucción
v cómodamente.
· Al bajar en la escala con la mano derecha,
y al subir con la izquierda, deberá invertirse
la posición de la mano; es decir, mantenerse la mano más baja hacia el pulgar y más
alta lncia el dedo pequeño. Observando esta
posir,ún, el discípulo se hallará parcialmente preparado para el paso de los dedos sobre
el pulgar, y tendrá también, corno en el caso
de la primera posición mencionada, distan•
cia más corta para pisar las teclas.
Estas posiciones de la mano son de la
mayor importancia, no sólo en las escala.:;, sino también para adquirir facilidad
en lo.:; arpegios y en la ejecución de todo
género de ejercicios. En muchas versonas
cS innata la cualidad del tono relaciona&lt;lo con un sentido natural de la belleza música. De-pcnrle esto tambün en gr.an patle de
la configuración de la mano y de los dedo~.
Los que tienen los dedos gruesos poseen un
tono natural, y por consiguiente encuentran

poca dificultad para desarrollar una bella
pulsación . Las demás personas tendrán que
trabajar mucho bajo una buena dirección
antes de adquirir el mismo tono bello. En
este último caso es muy importante la práctica de pasajes lentos con pulsación profunda y sin levantar los dedos mu y en alto. Al
mismo tiempo, debe separarse cada tono separ.do y notarse su cualidad. Para la educación del pianista en la posición de la
mano hay que tener en cuenta la natural
conf:guración de esta, lo cual e,xige también un tratamiento individual. Por ejemplo:
al practicar ejercicios de educación, la mano
fuerte con dedos gruesos debe mantenerse
igual con las coyunturas bajas, mientras
que la mano débil eón dedos largos deberá
mantenerse con el reverso abultado en forma de bola, ó arqueada con las conyuntura.~
elevadas.
En la educación de la mano es muy común cometel' una gran faH-a, no sólo entre
los aficionados, sino entre los profesionales:
y es encorvar hacia afuera las primeras coyunturas de los dedos cuando las yemas tocan la tecla. Esta posición de los dedos hace
que no pueda obtenerse un buen tono, por
cuya razón tanto el discipulo como el maestro deben prestar gran atención á la situ1:1.ción
de las última&lt;, articulaciones de los dedos.
Esta es una dificultad que debe vencerse desde el principio . .Yo llego hasta decir que
aquellos cuyas articulaciones de los dedos se
aflojan,-añade Paderewski-no deben tocar
el piano, ámenos que tengan energía. baslante para corregir la falta, si esta puede ser corregida.,
La habilidad de producir un legato puede
adquirirse por dos medios: en primer término, cuidando esmeradamente los dedos; y
después,mediante el uso del pedal. En el primer caso, el rápido y cuidadoso pase del pulgar bajo los dedos es el factor práctico estudjando siempre lentamente, con pulsación
profunda, y escuchando atentamente la unión
ele las notas. En el segundo caso, el fin principal debe ser el juicioso empleo del pedal.
Padercwski advierte á los aficionados que
es un error no emplear el pedal cuando se
hacen escalas. En las escalas rápidas el pedal debe ser lo más eficazmente empleado
para darlas brillantez y color, pero sólo bajo
cierta regla. Debe ser empleado en las notas
sin importancia 1 es decir 1 en la parte central
de la escala; nunca e11
notas últlmas é
importantes. Siguiendo este plan, se dará
brillantez y color al rápido pase de las
no tas que conducen al apogeo; después, ce~
rrando el pedal, las notas importantes y fina- .
les tienen mayor valor, y 1·e.sullan más cla-

l•

para decir todo lo pertinente acerca del pedal¡ pero estas dos cosas son las fundamentales, los principios sobre que ha de empezarse el trabajo del estudio, y necesitan aplicación muy cuidadosa.
La manera de conservar I a m u ñ e c a
es individual, conforme a las aptitudes del
discípulo, pero debe decidirse por el profesor. Algunos ejecutan las octavas rápidas y
los pasaJes es/acato manteniendo la muñeca
muy alta; mientras que otros emplean un
método exactamente opuesto.
La facilidad en las escalas no es cuestión
de fueria, pues los que ejecutan con frecuencia y tienen rilpidos movimientos en las octavas no cuentan con mucha fuerza. Por supuesto, ha y exce~ciones, como Rubinstein,
que tiene flexibilidad de muñeca, ligereza y
resistencia.
Una de las cosas más importantes en el
ejercicio del piano es la comodidad natural en_ la actitud del pianista y la absoluta
ausencia de dureza ó rigidez al sentarse
frente al instrumento.
Antes de comenzar el estudio de la técnica debe fijarse por el profesor la actitud del
que toca. No ha y nunca exageración en precaverse contra las posturas y movimientos
n_erviosos. l\Iucbos profesionales podrían prac~
llcar (y harían muy bien) ante un espejo, y
o?servarse. El efecto, aun en un buen piamsta, de los gestos y los frecuentes movimientos del cuerpo, es desastroso. «Hay muchos_-dice Paderewski-que despliegan gran
sen hmien to haciendo frecuentes ritardandos y largas pausas en notas sencillas; y á
este exceso de sentimentalismo le titularía
yo simplemente ab1&lt;SO de rit-mo. La única
manera de evitarlo es mantenerse tan estrictamente como sea posible en el ritmo y en
el tiempo; pues nada se gana con tales exa~
geraciones sino tergiversar la idea del compositor. Bajo este mismo concepto debe considerarse la exageración del rubalo, tan frecuente por desgracia al ejecutar obras de
Chopin; y esto es debido á la misma noción
equivocada de que con ello se aumentan el
sentimiento y el carácter. El único remedio
de la falta es atenerse estrechamente al ritmo y al tiempo.»
Y ahora, como nota final á este artículo,
trasladaremos íntegramente unos párrafos de
la conferencia de Paderewski:
«Como estudios de esta clase recomiendo:

¡;33

Opus 740 de Czerny, y G·rncl,.,, at Pa,·nas•
su-m, de Clementi, edición Tausig. El Czerny
es técnica pura, y el Clementi es extenso y
brillante. Estos, juntamente con algunos ejercicios especiales para dedos por el profesor,
adecuados á la necesidad individual de cada
discípulo, serán por bastante tiempo complesamente suficientes al objeto de estudios puramente técnicos. Después, debera estudiarse
el Wohltemperirte Clcivier, de Bach, indispensable para la educación en lo que respecta á la independencia de los dedos y al
tono; y á su debido tiempo los estudios de
Chopin.
»No creo en el clavier como ayuda para el
discípulo, porque utilizándolo pierde éste
la posibilidad de dominar su ejecución, y la
ayuda no será para él sino para sus vecinos
porque así no los molestará.
»La precisión é independencia de los dedos se adquiere ejecutando escalas con acento fuerte, y cuanto más lento mejor: primero, debe ejecutarse toda la escala acentuando
las notas conforme al ritmo natural; después,
como el que pronuncia un discurso, se marcará el acento sobre la nota débil, en vez de
marcarlo en la fuerte, y se ejecutará la escala acentuando cada segunda nota; luego, se
colocará el acento sobre cada tercera nota, y
por último sobre la cuarta. Esto da absoluto
dominio sobre los dedos.
)Es tan rico el piano en literatura para el
discípulo en todas las etapas de su progreso,
que se necesitaría un libro para dar una lista
de todos los trabajos que pueden elegirse;
por esta razón, me limitaré á. citar algunos
compositores que en el curso general del
aprendizaje serian de gran ventaja para el
estudiante, y que, sin embargo, estan olvidados. Aconsejaria en primer lérmino á Mozart,
porque con nuestra excitación y nervios roo~
dernos es difícil ejecutar con calma y sencillez; cualidades que se exigen por Mozart. De
los antiguos compositores olvidados, uno de
los más grande.s de todos ellos es :Mendelssohn, cuyos Cantos sin lefra son tan admirables para adquirir cualidad cantante de
tono, y cuyo estilo de escribir para el piano
es de los mejores. Después, en cuanto á la
brillantez técníca aconsejaría Weber. Para
pianistas adelantados recomendaría los ejercicios de :Moszko,vski, entre los compositores
modernos. Las composiciones de este autor
son perfectas desde el punto de vista pianístico y pedagógico.,

��536

LA FIESTA DE NAVIDAD

POH ESOS "lUNDOS

P11lcher et fortissit1111S,
Sarcinis aptissimus.
Refrán.-Hez, Sire Ames ca,· chantez,
belle bow:he rechigu,ez:
vous a11re., de foin assez
et de l'at•oine á plant€a.
«Hez val he., val hez va h€z!•
Bialx sire asnu, car allez,
bel/e bouche car chantezl
Seguían otras cinco estrofas separadas por
el refrán. Pierre de Corbeil agregó dos mas,
las que llevan los números dos y cuatro de la
prosa completa, que hizo cantar fuera del
templo. Así terminaba esta prosa:

Amen, dicas Asinia.
Jcmi Satur ex gramine

porteadores. Canónigos ysacerdoles cantaban

himnos alternativamente, y entre tanto varios monaguillos, arreglados ele manera que
figuraban ser los ángeles, entonaban desde
las galerías el Gloria in excelsis Deo. Du-

La música con que se cantaba era reposada y grave, sujeta á un ritmo isócrono, en
unas provincias, y en otras adaptada al
ritmo prosódico, y se acompa11aba con órgano y flautines.
La fiesta del asno se verificó, entre otras
poblaciones, en Laon, Roueny Noyon. SeO'ún

los V se vió una causa criminal originada
por esta farsa.

rante los maitines, los emperadores romanos
leian solemnemente la séptima lección Exict
edictu»i, y si se hallaban en la capital del

mundo cristiano era riguroso ceremonial llev~r sobre las insignias del imperio, sobrepelliz, capa de coro y espada ceñida. Asi, por
lo menos, lo refiere Puiggari, al cual dejo la

responsabilidad de tan exlrañaindumentaria
interpretando su frase «emperadores roma~
nos» en el sentido de emperadores de naciones católicas.

•••

.An-um, amenitere

.Aspernare velera
Hei Sire asM, hez,

abusos, pues debido á esta causa las prohibió, por cédula particular, el rey Enrique IV,
y hasta parece ser que en tiempo de Car-

En la Cated1·al de Vich (Cataluña) se can-

taba una misa llamada Griega, acaso por
ser una reminispencia de la Iglesia oriental,
que se hallaba sometida á un rito muv extraño. Después de cantado el Te DeÚtn á
media noche y cantadas laudes, el obispo,
con doce sacerdotes y diáconos, formaban

El misterio de Navidad &lt;lió origen á múl-

tiples representaciones. Revela gran ingenio
en su autor el siguientefragmento,de una de
las primitivas, con que un personaje comenzaba su relación:

Latín hablaban anla,io

los br11tos mejor q11e ogaño.
El gallo, q!I€ el caso vió,
Christus natus est!-cantó;
el buey de faz cejijunta
Ubi-ubi-ubi,-preg1mta;

la cabra en un sant,améil
le responde: En Beethle-em;
queriendo verá Jes,ls,
dice el pollino: Eamus;
y po,· no q!l€darse solo,
el becerro ,ni,,ge: Volo ...

ó37

tiespiritt,1alizada, que festeja el acontecimiento religioso comiendo y bebiendo descomedidamente y proporcionando regodeos
inusitados á los sentidos, acaso con la in•
tención de poner de relieve la posibilidad de

aliar lo eRpiritual y lo terreno, son de una
vulgaridad y de una chabacanería completa.
Tal !:;UCede en la estrofa que tantas genera•
ciones han repetido, tal vez inconscientemente:

Esta twche es Nocheb1tena
mañana Nal"idad.
Dame la bota, Mai·ia
que me VOIJ á emborracha,·.

1f

Los villancicos se cantaban, no solo en
las calles, sino aún en el interior de los templos. Aún recuerdo yo que en mi infancia
uno ele los goces mayores era asistir á la mi•
sa mayor durante los días de Pascua en una
capital provinciana, para ver el nacimiento
que un diligente sacristán colocaba en el al-

tar mayor, sin olvidar el más pequefi.o dela•
lle, y para oir las canciones que varios muchachos, dirigidos y acompañados por el or-

ganista, cantaban jocundos mientras sonaban

citado primeramente por Canse, cele-

general, que se llamaba Ad pllllormn cant1&lt;
(misa del gallo) en un Indice del año 1413.

brábanse estos oficios el dia 14 de Enero
aniversario de la huida de la Virgen á Egip~
to. En esta última población asistía al oficio

A la aurora se cantaba otra solemne con ser•
món. Este rito aún se ha conservado casi
exactamente lo mismo hasta la conclusión

ll.Da doncel!a montada en el borrico, vestida
con gran riqueza y lle, ando en sus brazos
un niño de pecho. Al introito, kyries, credo
y otras partes de la misa, el pueblo responili~ al oficiante con sordos rebuznos, y el
nusmo oficiante, según ritual, rebuznaba tres
veces al lte misa est, y el pueblo respondía

del siglo XVII.

Afirma Basón que hasta fines del siglo rítmicamente zambombas y panderetas que
XVII represen tábanse en Valladolid las fiestas · se unían. á silbatos imitadores del canto·de
de Navidad con grande animación, bailando los pájaros. Era aquel un espectáculo comdisfrazados los concurrentes al son del órga- pletamente profano que se celebraba en un
no y proclamando viclor al que cantaba los lugar sagrado con gran regocijo de todos los
villancicos más briosamente. En otras pü- muchachos de ambos sexos y de muchos seblaciones también se cantaban vistiéndose ñores respetables, y al que han dado fin las
los cantores con trajes de pastores y villa- últimas disposiciones eclesiásticas de Pío X,

En general, los españoles, aunque sometidos á la influencia de las costumbres extran•
jeras, no celebraron, sin embargo, con tantas
licencias y profanaciones la solemnidad re-

populares en que ha cristalizado la alegría
que invade á la humanidad al llegar la Nochebuena es el villancico. Villancicos, no-

un ritual manuscrito de Beauvais, del sfglo
XII,

al Deo gracias con otros tres rebuznos (hoc

modulation ¡hin, homl)
En Autum, el asno iba enjaezado y vestido de paños_ de oro, y cuatro de los princi-

pales canómgos sostenían las puntas de la
gualdrapa hasta llegar al pié del altar, donde
unos clérigos, estrafalariamente vestidos, saludaban al asno con el estribillo acostumbrado:

Hez, sire, asne hez.
Siguiendo un antiguo ritual manucristo de
la iglesia de Rouen, terminado el nocturno de
Nochebuena y antes de que comenzara el

oficio, se colocaba en el trasaltar un naci~iento. Ci~co canónigos, revestidos con túmeas y aill.lto, representaban á los pastores
que según la tradición bíblica fueron á ado-

rar _al Hjjo de la Vírgen, y eran recibidos por
vanos sacerdotes con dalmática, á guisa de

u!la procesión sujeta á un ceremonial previo, y luego celebraba la misa de comunión

ligiosa de Navidad. Entre nosotros, tales ex•

cesos parecian estar inspirados, más que en
la malicia, en la simpleza, y más que en la
irreverencia, en la broma. Pero hay broma.-;
que salen caras, y de este género era, para el
que pagaba la novatada, la costumbre establecida en Castilla. Los sacristanes y mona-

guillos revestian de sacerdote, con casulla,
al más moderno de ellos; le sumergían la cabeza en la pila bautismal y le untaban con
miel, asegurándole que antes del año llega•
ría á ser obispo. A continuación le paseaban
al rededor de la iglesia, caballero en el bu-

rro concejil, al que habían paramentado convenientemente con vistosos cintajos y flores,

y cantando coplas ridículas y grotescas le
llevaban á la puerta de la casa del cura
quien, si era hombre serio, limitábase é,
abrazar al neófito; pero si tenía buen humor,
le mandaba azotar, para que fuese ptirifica•
do y saliese obispo cuanto antes. Tales escenas debieron dar nacimiento á multitud de ·

nos. Y es que una de la'3 manifestaciones más

cles, caroles, vivolai-s, vodevires y aún otras
diversas denominaciones recibieron estas coplas, en las que la musa del pueblo expresa-

ba ingenuamente sus sentimientos, cantándolas acompañándose de instrumentos diversos, todos ellos ruidosos y desacordes, predominando la zambomba de sonoridad imprecisa y zumbona. Las coplas de esta índole

respondían á las más opuestas inspiraciones
de una fuente común. Las había tiernas, ingenuas, sencillas, indudablemente fruto de

una imaginación cristiana que por temperamento y creencias celebraba la parte mística del Nacimiento, poetizándo1a. Así se ve
por ejemplo en la tan conocida copla:

Atabales tocan
en Belén, pastor;
trompeticas suenan:
;alégrame el son!
Otras, más materiales y lindando con las
aspiraciones groseras de una humanidad an-

el actual pontífice, sobre música religiosa.
En todos los idiomas existe una cantidad
grandísima de villancicos, algunos de ellos
de una remota antigüedad. España, que no
va á la zaga de niuguna otra bajo este as-

pecto, posee, por otra parte, una colección
abundante de églogas, autos y loas del Naci-

miento.

En los dias de Navidad se abría el apetito
de todos, y este hecho constituye conjunta-

mente con la petición de aguinaldos una nota característica de tal solemnidad. Según
una curiosa nota del año 1267, tomada en los
registros del Archivo de la Corona de Aragón,
el día de Navidad se consumieron en pala-

cio treinta y un carneros, trescientos cincuenta huevos, treinta pares de conejos, doce pares de perdices, treinta y seis pares de capones, cinco pares de ocas, cinco cuarteras
de pan, doscientos veintiocho cuartanes de
vino, e.t ~. En la víspera se comieron coles
con pasas, pescado, garbanzos, castañas, nueces, barquillos, etc.

�53d

YO TE PIDO ...

En lnglatel'L'a también se despertaba el buen
humor británico. Así, Enrique II sirYc, en
1170, la mesa á su hijo, soberano del lmnquetc, llevándole el plato de honor, jabalí ó
pavo real, con gran cortejo de heraldos y al
son de chirimías. Un artesano en la mesa de
Eduardo lII es proclamado «Rey de Pascua»
por haberle correspondido el haba que al
azar se repartía en una gran torta ó mazapan entre los comensales de todas clase;; y
categorias. En otra ocasión, ciento veinte
principales ciudadanos de Lón~lres,ministroi
y chambelanes de la locura, acuden á reci-

bir al nieto de Eduarllo I, á Kensington, jinetes en caballos de cartón, agitando sus antorchas y cantando loores de Navidad al son de
clarines, inválidos todos del común al1JOrozo
Ahora las fiestas de Navidad han perdido
mucho de su primitivo carilcter. Sin embargo, perduran como notas salientes en Espa-

ña l o s villancicos al son de zambombas
rústicas y de panderetas, y la afición á los
banquetes swltuosos. Aún las clases menus
acomodadas invierten parle de sn escaso

COSAS DE ANTAÑO

jornal en turrm;es y mazapanes que satisfacen su estómago
JOSÉ

LA ANTESALA DEL SALADERO

St.:BIRÁ
mejor café de Madrid-como localE
estaba situado en la que puede llamarse planta baja del Hotel de París; tenia una
L

,mtrada por la Puerta del Sol, otl'a por la
calle de Alcalá y otra por la Carrera de San
Jerónimo. Denominábase Café Imperial.
Era un establecimiento soberbio, el mejor
de su clase que había en Madrid. Alto de techo, árnplio, cómodo y ventilado, no era, sin
embargo, el más concurrido, ni su explotación ofrecía un negocio tentador. Prueba

elocuente de •Jo que digo era la frecuencia
con que cambiaba de dueüo .

- A raíz de la Revolución, allá por el año de
1869, formaron piña en dicho Café unos
-cuantos jóvenes que acababan ele llegar á
Madrid de varias de nuestras provincias,
los unos á emprender carreras universitarias,
y los otros á la aventura con el propósito

YO TE PIDO...

-de abl'irse camino en la política ó en la lite-

El avecilla pide mujidora
con dulce pío enternecida y grave,
un eco dulce, primoroso y suave
al pico de su amante seductora.

ratura. Formaron una especie de cantón en

las mesas que babia en el rincón que daba á
la Puerta del Sol y á la Cal'rera de San Jerónimo.
Marcos Zapata, que aún no había estrena-

La casta mariposa ávida implora
el néctar de la flor que libar sabe,
y así también la rosa, como el ave,
clama por su perfume .embriagadora.

-do La capilla de Lanuzct, pero que ya tenía fama de gran poeta en los circulas lite-

De aves y flores son talea antojos
en esta vida que el placer provocaj
y yo tan sólo pido en ansia loca

el tipo perfecto, el modelo acabado del bohemio de la literatura, gremio que estaba

para calmar ¡oh, niña! mis enojos
una sonrisa de tu linda boca

'

y una mirada de lus lindos ojos.

Jos,t M.\URY

rarios, era uno de los mas asíduos concurrenles al rincón mencionado y era á la vez

bohemios ostentaban una reputación completamente usurpada, y úmcamente se les
veía el talento, por falso espejismo, en las

botas rotas, en el sombrero viejo y tpabullado y en el resto de toda su averiada vestimenta.
Allí, al rinconcito entre la Carrera y la

Puel'ta del Sol, concurrían también: Ceferino
Tresserra, un periodista catalán que hacia
versos revolucionarios; Pepe Sierra, gaceti-

llero de La Igualdad, algo bohemio también, aunque no tanto como Zapata, poeta
suelto y prosista intencionado; Mariano Va-

llejo, más atildado y mejor vestido que el
resto de la reunión; Ernesto Fernández y Gutiérrez, un muchachote santanderino, alto,
recio, atlético, rubio, simpé.tico por extremo,

que estudiaba Derecho en la Universidad y
que hacia prosa nerviosa y fluida para algu-

nos periódicos; Senén Canido (hoy magistrado del Tribunal Supremo), un adolescente
que acababa de llegar de la tiarra gallega y
que estudiaba primer año de Del'ecbo, el que
esto escribe 1 y algunos más.

Senén Canido merece capitulo á parte
Era el más jóveu de la reunión y el único

reaccionario (así llamábamos en tónces á los
conservadores), que allí concurría.

entonces en su apogeo y al cual daban tono

El dicho de Lamartine de que «no hay jo-

y realce Pelayo del Castillo, Pedro Marquina
y otros menos conocidos y aún más des-

ven de veinte afias que no sea republicano,•
se desmentia en Canido.
Allí, en aquel rinconcito entre la Puerta

.aseados.
Entonces eran signo de valía y ejecutoria

del Sol y la Carl'era de San Jerónimo, todos

de talento el cabello largo y enmarañado, la
barba descuidada y crecida, el .horror al agua
y la indumentaria lo mils astrosa posible.

éramos republicanos, menos él. Algunos iban

Entonces no se decía, «¡Qué puerco es Fulano!», sino «¡Qué talento tiene!», si Fulano era

esforzaban en aparecer como furibundos demagogos y revolucionarios sanguinarios.
Todos, menos él: defendia sus ideas con un
tesón impropio de sus años.

pnerco.

En honor á la verdad, muchos de aquellos

más allá de la República y audazmente se
proclamaban internacionalistas. Todos se

�610

POR f~'30S )lU,~DOS

Frecuentemente, sosteníamos con Cani&lt;lo
discusiones políticas que degeneraban en
acaloradas disputas, y, siendo, como era,
nuestro eneniigo, todos le queríamos entrañablemente y á todos les era agradable y
simpático.
El y Ernesto Fernández, los dos estudian-

tes de la reunión, contaban con lo necesario
para vivir; pertenecían á familias acomoda-

das, que les remilian mensualmente una
cantidad que les bastaba-ó debía bastarles
--para cubrir sus nece:;idades.

Senén Canido era ordenado y vivía bien;
Ernesto Fernandez frecuentemente se gastaba su mensualidad en cuanto la recibía y
luego andaba todo el mes contrayendo áeudas y á salto de mata.
De los que componían el resto de la reunión ninguno contaba con nada seguro, á no

i'

ser Pepe Sierra que solía percibir con alguna

regu larichid un modesto sueldo de gacetillero
de La lgualdad; pero casi todos éramos redactores de periódicos revolucionarios que
sonaban mucho y producían poco: teníamos
sueldos nominales de los cuales sólo de ve?.

en cuando µodiamos sacar algún pellizco ...
También de vez en cuando, no con la frecuencia que hubiéramos deseado, lográbamos meter un articulo en alguna revista lite-

raria; pero eso era muy dificil y se pagaba
muy poco.

Uno de los recursos de algunos literatos
de aquella reunión del Café Imperial era el
Teatro de la Infantil (hoy Romea) donde actuaba una modcslísima compa,iía de verso.
Allí se representaban cuatrb piezas todas las

noches, y al final de cada una se bailaba un
r:an.-can,, muy moderado el primero 1 algo
fuerte el segundo, fortísimo el tercero". y el
cuarto para hombres solos, como algunas
novelitas q a e ahora venden en la Puerta

.1

del Pol.
El empresario de la Infantil era un exsargento del ejército, que parecía bruto y
era listísimo, que pagaba á los cómicos sueldos inverosímiles (por lo cortos), y que no
abonaba derechos de representación; sen•
cillamente porque solo representaba en su
teatro las obras que compraba de antemano.
El precio de una pieza en un acto oscilaba entre cinco y diez duros; á diez llegaba
mu y rara vez, y de diez no pasaba por nada
ni por nad10. Tenia siempre el teatro lleno, y

algunas de aquellas obrillas - entre ellas
Garbó» y cisco y La rapaciña de Leniu.salcanzaban centenares de representaciones.
Al ex-sargento de la Infantil le vendimos

LA ANTESALA DEL. SALADERO

algunas pieza~, ünponiéndolc desde luego la
condición de no firmarlas: teníamos cierto
pudor en ese sentido; pero eso á él, al empresario, le importaba poco, y aún se alegra-

ba de ello, porque en los estrenos de aquellas obras, si el público pedía que saliera el

desgañitaba relatando los crímenes horribles
de un sanguinario bandolero andaluz, crea-

ción de mi acalorada fantasía.
Lle•ué basta el grupo y casi me confundí
c0n éf Con aquella incongruente é insólita

autor, se presentaba mi hombre en escena
haciendo cortesías grotescas que serYían para deleitará aquel público singularísimo. Algunas veces salían voces del público, que
decían:

relación desfilaba por mi memoria todo
mi pasado inquieto y turbulento, de privaciones y de penalidades 1 sembrado, no
obstante de los más agradables y bellos recuerdos de mi vida, y pensé, melancólica-

-¡Usted no es el autor! ¡Fuera de ahi!
¡¡Fuera'!
El se adelantaba majestuoso hasta la bate1-ia y exclamaba:

mente, que no hay nada tan hermoso como
contar veinte años y tener fé y esperanza en
el porvenir.
A poco de estar escuchando mi romance,

-La obra es mía, porque la he comprado;

mi dinero me cuesta el salir aqui á darme

pisto.
Se tomaba el caso á chacota y se le aplaudía rabiosamente.

*
**
Yo di con un rico filón en forma de impresor y edHor de romances de ciego, un señor
muy campechano y muy simpático, que vi-

vía en la calle de Postas, número 3. Aquella
especie de Providencia con terno de pana,

zapatos de dos suelas y somlirero de copa
del siglo XVIII, se llamaba el señor Rufino y
pagaba los romances á diecinueve reales-un
napoleón-y alguna vez, si la composición le
entusiasmaba, se corría con una pesetilla
más.

que deleitaba al buen pueblo alli congregado,
llegó al grupo un señor panzudo, apopléllco!
de frente deprimida y ojos saltones; se paro
un momento, y encarándose conmigo soltó
estas palabras:
-¡Cuánto disparate! Parece mentira que
se escriban estas cosas!..

1le sobresalté.
-¿Sabrá este tio (pensé) que soy yo el
autor?
Pero, no, no podia saberlo. 1.Por dónde lo
iba á saber? Ya más tranquilo 1 me sonrei
por toda contestación. Lo huhiera abofeteado de buena gana.
El señor panzudo se fué; compré mi romance por un perro chico (cuando yo los
escribía se vendían á dos cuartos) y también
abandoné, nostálgico y pensativo, aquel lugar de mi gloria retrospectiva ...

Es de advertir que el señor Rufino solamente se entusiasmaba con lo muy dispara-

tado en la esfera del bandidaje ó de los milagros.
Todas las semanas le llevaba un romance
al señor Rufino; algunas veces dos á la par,
y en no pocas ocasiones me adelantó dinero

á cuentci de obm.
Con los romances, que imprimía y editaba
por su cuenta, hacia aquel hombre un negocio mu y bonito.

No hace mucho pasaba yo una tarde por
la Plaza de l~ Cebada; en medio de un grupo
numeroso de gente del pueblo un ciego cantaba un romance, ilustrado con un gran cartelón, sembrado de viñetas emocionantes 1

que tremolaba á modo de estandarte.
A las primeras palabras que percibieron
mis oídos me sen ti vivamente emocionado:
aquel ciego estaba cantando uno de mis ro-

mances más disparatados, de los que habían
merecido el entusia8mo del señor Rufino. Mi
primer pensamiento fué apretar á correr;
pero una fuerza superior á mi voluntad, no
sólo me retenía en aquel sitio, sino que enderezaba mis pasos hacia donde el ciego se

Volvamos al rinconcito del Café Imperial.
Servía en aquella::; mesas un camarero jó-

ven alto 1 bien parecido y bueno y simpático

basta la exageración. Se llamaba Juanito, y
era otra Providencia para nosotros.

Excepción hecha de Ernesto Fernández,
Senén Canido (éstos eran ricos por sus casas) y Mariano Vallejo, que estaba en fondos
y que tenía un periódico, los demás éramos
allí plantas parásitas y sólo de tarde en tarde
hacíamos algún pequeño gasto.
.
Juanito nos trataba á todos con la misma
deferencia, y esto~· por decir que extremaba su amabilidad con los que teniamos menos dinero. En las primeras horas de la tarde, que era cuando empezábamos á reunirnos, Juanito ponía en una de nuestras mesas

(generalmente ocupábamos dos) una botella
grande, llena de agua, y v11rias copas, y ja-

mé.~ le preguntaba a uno si iba á tomar algo:
conocía de sobra el persona1. Fiaba hasta
donde podía, y en más de una ocasión, cuando á última hora de la noche recalaba allí

uno de nosotros, de mal humor, pálido y

541

desencajado, Juanito, expontáneamente y
sin hablar una palabra, tranquilo y sonrien-

te le servia un bisftek con muchas patatas, un panecillo, una chica de vino y un
café.
-Agrégalo á la cuenta,-se le decia des-

pués.
.
Y él sonreía una vez mfo,, tranquilo y
satisfecho ... ¡Qué gran persona era J uanito!
Para que el lector acabe de comprender
basta dónde llegaba la generosidad de aquel
mirlo blanco de los camareros de café, es
preciso que conor.ca el hecho siguiente.
Una tarde. á cosa de las tres, me encontré
en plena Puerta del Sol á una mamá y dos
niñas, paisanas y amigas mias, que acaba-

ban de llegar á Madrid. A los tres minutos
de estar hablando con ellas, la mamá tendió
su mirada de águila hácia el Imperial y exclamó:
-¡Qué hermoso Café! Todavía no hemos
visto por dentro ningún café de ~ladrid.
-Pues ahora van ustedes á ver f:'Sle,me apresuré á contestar.
Después de una ligera resü,tencia aceptaron mi invitación y penetramos triunfalmen-

te en el Imperial.
Yo lleYaba ocho cuartos en el bolsillo ...
Tom~ron cada una un gran vaso de lecho

merengada y yo tomé café, ¡café, sin haber
comido!

Apurada la leche y agotada la conversación, di dos sendas palmadas y acudió Juanito. Con todo el énfasis propio del caso,
aunque temblando interiormente, deslicé una
moneda de dos cuartos en la mano de J uanito; éste se inclinó ligeramente, se fué hacia
el mostrador, volvió en seguida y me puso

sobre la mesa la vuelta de una moneda de
cinco duros.

¡Qué efecto para la mamá y las niñasl
-Siempre creí que en 1fadrid baria usted
canera,-dijo la niña mayor, de.spuésde una
pausa conveniente, mientras yo me guardaba

el dinero.
-¡Pschl Se hace lo que se puede,-contesté, con el aire aplomado de un hombre satisfecho de su suerte y confiado en su porvenir.
Me apresuro á. hacer constar que ninguno

de aquella piña dejó nada á deber á Juanito
y que al final de aquella etapa las propinas
correspondieron á su generosidad.

Alg1tnas tardes á última hora, cuando que-

dábamos solos los desheredados de la fortuna1 después que se iban á comer :i sus casas
respectivas los quo hacían una vida ordenada, juntUbamos el dinero de todos, cuatro ó

�542

cinco pesetas entre seis 6 siete (algunos no
aportaban nada al fondo común), ,, nos íbamos á comer al entresuelo de unÜ taberna
que había en el rnímero 4 de la calle de Al-

calá. no' sin acordar antes el 1nenú, en lar(J'a
o
y j aboriosa discusión, con arreglo á lo recaudado.
Había quien en aquellas condiciones quería comer perdices...
La verdad es que con arreglo á nuestros
medios-y al voraz apetito que por sarca5-

mo de la suerte no nos abandonaba un punto-no~ hacíamos la ilusión deque comíama:s
muy bien en la mencionada taberna.
Otras veces nos íbamos al callejón de Gitanos (ya desaparecido por el ensanche de la
calle de Sevilla) y caíamos sobre las famosas
judías y las no menos famosas chuletas del

celebérrimo Tío Lúcas.
También, aunque no tan frecuentemente,
porque era algo más caro que los otros csta-

hlecimientoi::, íbamos al histórico Café de la

1i

'1

Rueda, el predilecto de los bohemios de cierto tono, y que estaba situado en el mismo
callejón de Gitanos, casi lindando con la carrera de San Jerónimo.
Al Café de la Rueda ibámos solamente
cuando alguno de nosotros loaraba mete&gt;· un
articulo en la Revista ele Esp°a,1a, de AU,areda, en La Iluslr!tción Espa,1ola y Ame1·-icana, ó en alguna otra publicación importante, ó colocarle una pieza al empresario de
la Infantil.
Aquello
era como un extraordinario , como
'
una Juerga a la altura de las circunstancia,;;,

***

' 1

1

LA ANTESALA DEL SALADERO

POR ESOS )IU~DOS

•

T~mbién íbamos individualmente, ó por
pareJas cuando más, á una casa de comidas
que había (y creo que aún existe) en la calle
de J~rdrnes1 donde por una peseta se comfa
admirablemente, según nuestro apetito de
eTJtónces.
Una tarde, acababa yo de entrar en el Imperial, cuando Ceferino Tresserra, peaando
0
su boca á mí oído, me preguntó:
-(.Has comido?
-Sí,-le contesté.
-,:,Tienes ahí una pesela y tres ó cuatro
cuartos, para que cama yo'?
Yo tenía nueve reales y di á Tres:5erra lo
c¡uc me pedía. Salió disparado hácia la calle
de Jardines y yo pedí café, con intención de
pagarlo, porque entónces le debía á Juanito
un pico bastante regular.
Fueron llegando los compañeros y se animó la tertulia. Unos hablaban de literatura
otros de política; Pepe Sierra y Ernesto Fe/
nánder. se cmpefiaban) aunque en vano, en

convertirá Canido á la;; ideas republicana,:¡;
~lgunos. pedían papel y tintero y se ponían
a escribir sus artículos y sus poesías.
Marcos Zapata trabajaba entónces en La
captll!t de Lamtza, que tanta gloria habia
de d~rle unos cuantos meses después; pero
trabaJaba lentamente. Siempre ha sido según su propio dicho, una fiera para el
canso. Suva es también esta fra~e:
«Hay af1os en que no se le ocurre á uno
nada.,
Al cabo de una hora próximamente llegó
un hombre preguntando por mí, y me llamó
á parte. Era tm mozo del figón de la calle
Ja~drnes y venía á decirme que un parroqtuano_ de su establecimiento al irá pagar
la com_,da había dado una peseta falsa, que
no tema otra y que me llamaba para que yo
le sacase de aquel apuro. ¡Pobre Cererino!
Estaba prisionero por una peseta: la que yo
le había dado.
Llamé a Juanito, le dije que agregara el
café que acababa de tomará mi cuenta corriente, y me marché con aquel hombre.
Ya en la calle me asaltó una idea horrible. ¿Seria falsa también la única peseta que
me quedaba, la compañera de la que babia
d~do á ~res_erra? Para evitar un papel desairado s1 m1 sospecha se convertía en realidad, pregunté á mi acompañante:
-¿Entiende usted de moneda?
-Es mi especialidad: he estado mucho
tiempo en una casa de cambio -me contesló.
,
-~,Es buena esta pescta?-lo interrouuó
0
mostrándosela.
,
-Buenísima: ¡así lu\·iéramos muchas!
-Yo no lengo más que esta, y- dentro de
algunos minutos solo tendré cuatro cuartos.
--Los que tenemos todos ... y además el
franco.
Llegamos al figón, rescaté á Ceferino Treserra, y ambos volvimos alegres y triunfantes á nuestra tertulia del Café Imperial, donde aún seguían discutiendo de política hablando de literatura y haciéndola...
'

des-

¡,Por qué titulo esta narración La antesala, del Salade1·0.'- preguntará, seguramente, el lector.
Por ~na ra_zón muy sencilla: porque en
aquel nnconmto nuestro la policía echó el
guante á. varios periodistas republicanos para
llevarlos á la anti_¡rna cárcel así denominada.
Tanto se repitió el caso, que la gente &lt;lió
en demr que aquel rincón era la antesala
del Saladero y así se llamó durante mucho
tiempo.

Como era muy dificil dar con el domicilio de algunos periodistas y literatos de
aquella época, y nuestra tertulia tenia cierta notoriedad, cuando había que prender a
algún escritor revolucionario la policía iba
allí á tiro hecho.
Y rara vez erraba el tiro.
Allí, en aquellas mesa.s 1 se escribieron muchos artículos que fueron denunciados, y por
algunos de aquellos escritos pecaminosos pidió el fiscal diez, dore y hasta catorce aüos
de presidio. ¡Una friolera/
Era muy frecuente en aquella época oir
decir:
-Vov á tomar café á la antesala del Saladero. ·
Entónces no había momento seguro, y á lo
ro.ejor, es decir, á lo peor,nos encontrábamos
con que nos denunciaban el artiCulo que
creíamos más inocente é inofensivo.
Yo también tuve el honor de sufrir persecución por la justicia. Una noche me echaron mano, encontrándose muy tranquilo en
la antesala, y me llevaron al Saladero, teniéndome tres días incomunicado, por el doble delito de cons~iración y de publicación
de un escrito subversivo.
Lo del escrito era verdad; en cuanto a la
conspiración, el juez fué quien medió la primera noticia, y por aquel apreciable funcionario supe que yo era un conspirador lemible.
A los tres días me levantaron la incomunicación, y tuve el gusto de allernar con los
más distinguidos asesinos y ladrones que se
alberg!tban en el Saladero.
A los seis días, es decir, a los nueve de
encontrarme en aquella agradable y confortable mansión, un banquero, Don Felipe Tutau, hermano tlel Don Juan del mismo ape-

543

llido c¡ue el año 1873 fné ministro de Hacienda, prestó una fianza metálica por mi libertad provisional.
En aquel tiempo vestía mucho y daba gran
importancia estar unos cuantos días en el
Saladem por delito de imprenta ó de conspin\ción.
Yo había estado por Ias dos cosas; casi ascendí á personaje y muchos de mis compañeros me tuvieron envidia por el novenario
qt e pasé en chirona. El periodista revolucionario que no pasab!t por el Saladero estaba en ridiculo.
Por mi parte, debo decir que no saU del
Saladero con ganas de repetir la suerte, y
que desde entónces puse sumo cuidado en
no dar que hacer con mis escritos á jueces y
escribano!-;.

Aquellos tiempos fueron para mi duros y
difíciles. Pero, daría ahora un dedo de la
mano por desandar la senda recorrida y volver á aquella época de luchas y de privaciones, de ilusiones y de locura~, de esperanzas
y de entusia~rno:=:., de sana alegría, de fraternidad literaria y, en suma, de todo lo que se
fué hace muchos años para no volver...
Como decía aquel gran satírico que en
vida se llamó Roberto Robert, «la generali~
dad de los escritores españoles, cuando tienen apetito no tienen qué comer, y cuando
llegan á tener que comer ... ya no tienen apetito.»
Y consto que tomo ese dicho como una figura retór:ca y en otro muy diverso sentido
del que materialmente expresa, porque no
soy de los que viven para comer, sino de los.
que comen para vivir.

Fn,xc1sco FLORES GARCÍA

�EL OBSERVATORIO ASTRONÓMICO DE MADRID

Vista del edilicio principal del O1scrvatorio Astronómico de Madrid, qun se levanta en el cerrillo de :San Bias,
de esta corte

MADRID CIENTÍFICO

EL OBSÉRVATORIO ASTRONÓMICO
todas las ciencias puestas al servicio
D
del hombre por él sometidas dominadas, es la Astronomia la más abstracta.
E

y

y

Sus páginas están escritas con esos signos
rutilantes en la inmensidad de los abismos
del infinito.
A la observación v al cálculo hán~e revelado los caminos siderale~, la substancia
química, las órbitas recorridas, las magnitudes y las leyes por que se rigen esos innumerables astros que pueblan los espacios,
que giran, que lu::en centelleantes con estelas
luminosas y que desaparecen en las negruras
de la distancia.
Ese tesoro inmenso se ha entregado á la
perseverancia del hombre que con empeño
tenaz logra que le vaya mostrando la verdad
oculta en la distancia y que le rinda sus bellezas como premio á su labor.
La civilización, ufana de su conquista, ha
elevado sus templos en las cumbres &lt;le las
montañas, y sus ritos extraños están sometidos al más fiel y preciso de los culto-;.

España no es la última entre todas las naciones que prestan gran interés á los estudios astronómicos, bien penetrada de su
utilidad y provecho; y en las visicitudes por
que ha atravesado preocúpose siempre del
mayor explendor y auge de una riencia que
nos pone en contínua comunicación con los
demás países.
En Madrid, durante el glorioso reinado de
Carlos III, el ilustre Don Jorge Juan Oquendo
sugirió al monarca el pensamiento de instalar en esta corte un Observatorio Astronómico.
El inolvidable soberano, tan decidido protector de las ciencias, acogió la idea con
gran entusiasmo y ordenó al arquitecto Don
Juan de Villanueva que hiciera los planos del
edificio, á la vez que enviaba pensionado al
extranjero para perfeccionar sus conocimientos de Astronomía al sabio matemático Don
Salvador Jimónez Coronado, individuo perteneciente á las Escuelas Pías.
Corouado recorrió todos los Observatorios

545

Don Juan de Villanueva, arquitecto que planeó el
edificio del Observatorio de Madrid

Don Jorge Juan, iniciador rlel eslablecimiento en Madrid de un Observatorio Astronómico

&lt;le Europa y se estableció después en París.
Villanueva no ejecutó obra alguna; y así fué
transcurriendo el tiempo sin que Madrid tuviera Observatorio, hasta que subió al trono
€1 rey Carlos IV y á fines del siglo xvm, en
€1 año 1789 y siendo aún ministro el conde
-de Floridablanca, se trató de llevar á cabo
el proyecto, señalándose para edificar la casa
principal un sitio escogido en el Buen Reti-

ro, en el cerrillo de San Pablo, donde se alzaba la ermita del mismo nombre. Esta derribóse siendo trasladada su venerada imágencélebre en Madrid como abogada de los dolores de garganta de los niño,., hasta el punto de que hay una cofradia de esle nombre
y se ce lebran sus fiestas con gran pompa--á
la del Angel, en el camino de Atocha, y después á San Jerónimo el Real.

Pabellón nuevo del edificio del Observatorio Astronómico de Madrid

�POR ESOS MUNCOS

540

llcuatorial visual de ürubb

En 1WO empezóse la obra del Obserrato1io por el arquitecto Villanueva, y se inauguró un curso de Astronomía á cargo de Ji ·
ménez Coronado, para el que se utilizaron
ya algunos instrumentos que habían sido
traídos ele Lóndres en el reinado de Carlos IlI.
Este monarca babia traído á Espaiia al
instrumentista del Observatorio de Parí,,
M. ~Iegoie, el c·1al supo gastar mucho dinero
sin hacer nada útil ni conseguil' para España
un discípulo de provecho en su arte, por
cuyo motivo fueron enviados á Lóndres por
cuenta de Su .Majestad dos acreditados artistas, Don Amaro Fernández y Don Carlos
Rodríguez, que en la capital de Inglaterra
perfeccionaron sus conocimientos de tal manera que á su regreso se encargaron del taller de máquina y constro ycron mu y buenos
instrumentos de observación astronómica,
algunos de los cuales aún se conservan.
Tanscurría el año de 1799 sin que todavía
se columbrase el fin de la construcción del
Observatorio actual. cuando Jiménez Coronado propuso, en vista de CíUe no babia medios de llevar á cabo el principal objeto de
la Astronomía, que era la indagación y estudio de los movimientos celestes, la construcción de un Observatorio provisional, la cual
se llevó á cabo en el altillo llamado de San
Bias, en el Retiro, cuyos terrenos fueron
cedidos de su real patrimonio por Carlos IV.

Ecuatorial foto~ráfica de Grubb

E-ste edificio, aunque dúbil f'U su constl'llcción, 1Jirvió para que se i 1stalaran en él numerosos instrumentos at1,,uiriuos en el extranjero y otros construítlu,1 en el taller del
establecimiento.
En 1802, el inolvidable Go,loy, el príncipe de la Paz, tuvo la gloria de dotar al Observatorio de,un magnifico telescopio de fTer;;chell, de veinticinco piés de longitud, que no
estuvo en disposición de servir hasta 1804.
Fué colocado este gran aparato, con su
torre giratoria, en el sitio donde antes estuvieron el antiguo polvorín y el cementerio
ele la parroquia clC'I Retiro.
No existe noticia alguna de lo que costó el
gran instrumento de que dotara al Observatorio el príncipe de la Paz. Si se ha podido
averiguar que su traslación á Madrid alcanzó el precio de 85.000 reales y que la torre
giratoria costó la suma de 210.000 reales.
En 1796 no se había aún levantado la gran
carta geométrica de España encomendada al
Observatorio, y la poca enset'ianza que se
daba en este reduciase á Astronomía r J[eteorologia.El establecimieAtO pasaba pÓr una
vida tan azarosa, que Villanueva no pudo
obtener ni 300.000 reales que solicitó para
terminar el gran edificio, lo que no fué óbice
para que las obras siguieran, aunque lentas,
hasta que la mano tlemoledora de los franceses vino á destruir todo lo construido á
costa de tantos desvelos.

Circulo meridiano de Repsold Y péndulo de Strasser, que sirven para fijar la hora en España

�648

POR ESOS MUNDOS

Durante la guerra de la Independencia los
france;es entraron en el Retiro, estableciendo una fortaleza en el edificio principal del
Observatorio.
El espíritu infernal de la guerra y de la
soldadesca desbarató lodo. Tiraron libros v
papeles y destruyeron el gran telescopio de
llerschell, quemando la armadura y habilitando el gran tubo para pesebreras de los
caballos. Gracias á Coronado pudieron conservarse algunos instrumentos.
Dicho se1ior, después de libertada la capital de füpaña, en 1812 fué elegido diputado
á Corles muriendo en Jerez de la Frontera al
siguiente año, apenado por las vicic;itudes
que atravesó el Observatorio que constituyó
durante tanto tiempo el principal ideal de su
vida. Recientemente, por si hubiera duda de
que los franceses se habían fortalecido en el
cerro de San Bias durante la guerra de la Independencia, al limpiarse el gran por.o del
Observatorio hao sido encontrados sables y
objetos de aquella época, arrojados allí sin
duda por el ejército invasor.
Existen en el Observatorio dos magníficos

c3pejos metálicos, de una abertura útil de
62 centímetros de diámetro, y con los que
se podría hacer mediante poco coste un
magnífico telescopio visual y lolográflco, que
dado el buen cielo de Madrid pudiera rivalizar en los resultados que prestara con
otros muchos aparatos de su clase.
Creyóse en una época que fueran estos espejos los que pertenecieron al gran telescopio destruido por los franceses; mas el tiempo, que es gran descubridor, ha probado
que pertenecían á un gran telescopio que
encargó para sí el prí~cipe de la Paz, y acabada su pri,,anza quedaron en el real palacio, siendo despué,; regalados al Colegio Imperial ó Estudios de San Isidro, donde hoy
se halla el Imtiluto que lleva el título del
patrono de Madrid.
Cuando la exclaustración de los frailes, los
referidos espejos y otros instrumentos de
Astronomía fueron dúnados por el Gobierno
al Observatorio Astronómico de Madrid. Estos últimos sirve:1 ltoy únicamente para el
estudio de la historia de la cie11cia aslronómic1.

EL OBSERVATOHIO ASTHO:-IÓ)IICO DE MADRlll

Cuénlase como anécdota que el tubo de Facultad, donde aún se conservan. Dióse el
caoba del magnifico telescopio d e Godoy caso curioso de que el mism'o prendero que
sirvió de caja de escaiera en el real palacio, vendió la colección de instrumentos astronópara que la reina Crismicos del infante Don
tina se comunicara con
Sebaslián ofreciera
el caballero que había
también á la venta un
contraído nupcias seejemplar en vitela de
cretas con ella, el dula Biblia Complutense
que de Riánsares. Por
·uya signatura apareeste dato, se pueden
cía raspada, no ·así un
calcular las dimensioverso latino en que
nes del instrumento.
el bibliotecario de la
El infante Don SebasUniversidad de Alcalá
tián, hermano de Ferde llenares consignanando VII, mostró en
ba que un canónigo de
su juventud decididas
la imperial Toledo haaficiones á la ciencia
bía regalado el libro,
astronómica y llegó á
apareciendo además
hacerse de una magníhasta el número del
fica colección de insestante en que había
trumentos, entre ellos,
sido depositado. E,;te
un anteojo de Merz,
libro fué á parará una
un anteojo de pasos,
biblioteca de Bélgica,
un telescopio y un
&lt;;Íendo a 11 i vendido
microscopio solar, que
por catorce mil pesetenía instalados en el
tas.
palacio de la-Piar.a de
Seguramente, la BiOriente.
blia Complutense fué
Salió Su Alter.a de
uno de I os muchos
palacio, y c o m o la
ejemplares que los cagrander.a puede ser efí1-reteros arrojaban á los
mera aún en las perpajares para aminorar
Teodolito de Salmoiraghi
sonas de regia estirpe,
la carga de sus carrela colección de instrumentos del infante Don tas al hacer noche en Torrejón de Ardoz, en
Sebastián fué á parar á manos de un pren- la época en que fué lra!'&lt;]adada de Alcalá á
dero, el cual la ofreció al actual director del .\fadrid la Bibliotera de la Univer;;idad.
Observatorio
Restablecido
Don Francisco
el Gobierno leIñiguez cuangítimo, con tido éste era canuaron es tatedrático de la
cionadas I as
clase de Astroobras del Obnomía en laFaservatorio , y
cultad de Cienen 184ó l:i recias. El señor
forma general
Iñiguez, q II e
que se hiw en
tanto se afanó
Instrncci ó n
siempre por
P 'lblica vino á
todo Lo que
favorrce rlo,
contribuyera
por cuanto el
á engrandecer
ministro de 1
en España las
ramo, Don Peciencias astrodro José Pida!,
nómicas, pro¡:,rimer mar puso al G o qués de PiJal,
bierno la at1mandó que se
Espectroscopio de Pellin
quisici ó n de
procediera á
l o s referidos
reparar y conaparatos, y el Estado, QOmprendiendo la ,el'uir el edificio, obras que ejecutó el arquiutilidad de ellos, los adquirió para aquella t~cto Don Narci.so Pa5cual Colomer.

�550

POR ESOS MUNDOS

un anteojo de pasos, ambos construido, por
Re¡isold.
También como auxiliar del anteojo meridiano construyóse una mira, qun aún se conserva en el Cerro de los Angeles, si bien ya
es inútil por las casas y chimen('as que imposibilitan que pueda servir para el fin que
Daba entrada al Observatorio una escale- dP.bia llenar. Posteriormente, el año 1856 se
construyó bara de dos rajo la dirección
mas, cuya
del arquitecto
puerta asomaDon José Aguiba al Paseo de
lar la casa-haAloch a, perú
bitación. para
en la actualiI os as trónodad la entrada
mos y auxiliaprincipal está
res,que consta
en la calle de
de dos alas,
Alfonso XII.
separadas por
En el edificio
un a rotonda
principal pre~obre cuva bódomina el esveda se apoya
tilo griego, y
la cúpula donsu precioso
de se instaló
pórtico es de
la gran ecuaestilo corintio.
torial de Merz,
El suntuoso
aparato que
templete moncostó 160.000
tado sobre esreales y es el
beltas columm á s potente
n as jónicas ,
de todo el Obhermosea muservatorio.
cho el edificio;
En la misma
mas aquel deépoca, siendo
par lamen to,
comisario r eque par a el
gio del Obserpúblico figura
vatorio el secomo lo prinñor Gil y Zácipal del Obrate, los señoservatorio, no
res Novella y
ofrece co~diAguilar (Don
cioues algunal:i
Círculo meridiano de Salmoiraghi
Antonio), herpara el objeto
mano este úlh que se 1e
destinara, toda vez que su cubierta hace inú- timo del referido arquitecto, fueron pensiotil la colocación de cualquier instrumento nados para estudiar la Astronomía en Italia
astronómico, puesto que cubre toda la bó- con Santini, y después desempeñaron la dirección uel establecimiento.
veda celeste.
La ecuatorial citada tiene 27 centímetros
Dicho departamento sólo se ha utilizado
para la colocación de instrumentos meteoro- de abertura y 4'83 milímetros de distancia
lógicos, y á veces sirve para trabajo, de gen- focal, y la cúpula ó torre que la protegía,
que era de madera y estaba ya destrozada
desia.
Ya terminado el principal edificio, instaló- por el tiempo, ha sido sustituida por otra
se el magnífico anteojo meridiano de Repsold hemisférica de armadura de hierro y cubierque el mismo autor y construclorvinoá mon- ta de papel prensado, que se mueve eléctritarlo, y el péndulu sidéreo del famoso relo- camente.
Su J\lajeslad la reina Doña Isabel II hizo
jero inglés Mr. Dent, ei cual sirvió como recesión de 26.200 metros cuadrados de terreloj magistral para ajustar la hora.
Como instrumentos auxiliares, dotóse al no al rededor del Observatorio, lo que perObservatorio de un teodolito para las deler- mitió que este tomara gran auge.
Dado el desarrollo que adquirió la ciencia
winaciones fundamentales de latitud, y de

Meses después, y cuando habían transcurrido ya cincuenta y ocho atios de haberse
colocado la ~rimera piedra, vióse al fin concluida la obra.

LL UU::iElt\'ATOHIO ASTl:O.'ifo11co DE ~lAOHID

.astronómica y los derroteros por donde se hora y aprl\ciar las variaciones del anteojo,
lanzaba, fué preciso ampliar el material mo- que tiene que estar perfectamente orientado
&lt;lerno y reformar el antiguo, para lo cual se de Norte á Sur y con su eje perpendicular
doló al anteojo meridiano de una pareja de al eje de rotación, para lo que se requiere
que el instrumento en sí no varie y que
-colimadores.
Llámase así á dos anteojos encontrados, tampoco cambien de posición los pilare3 que
q11e entre ambos determinan la posición fija lo sustentan.
Como ni una co,c;a ni otra de estas úllimas
&lt;le una recta, muy aproximadamente apantada en la dirección Norte á Sur para que acontece, de aquí la necesidad de las ob~er-eníllado el anteojo meridiano alternativa- vaciones diarias para conocer la posición
mente á una y á otra se pueda determinar exacta del circulo ó anteojo meridiano.
Los astrónomos encargados de este servi-con facilidad y exactitud el error de colina&lt;:ión del círculo meridiano sin nece.sidad do cio turnan por sPmanas.
Ademá~, diariamente se observan con el
ievantarlo ni invertirlo, como se hacía anlianteojo meridiano las posiciones de Yal'ias
:guamente valiéndose de una mira única.
También el reloj ma~istral ó péndulo de e~trellas elegirlas de antemano, para formar
,m catálago.
Dent, rn gastaEl Obserrn,do por cincuentorio de .M a•
ta años de serdri d tiene I a
" i e i o y que
misión de dar
.además resulla hora oficial á
taba antiguo .
la población y
-dado lo que
á toda la penínhoy se ha adesula.
lantado en esta
Para fijar la
clase de aparahora á la capitos; fué reemtal de España
p I a zado por
existe un hilo
-otro de Straseléclrico que
ser ~on regulaenlaza al Ob-dorde Ruffler,
sen,atorio con
establecié n doel Ministerio de
se á la vez el
la Gobernación.
sistéma cronoytodos los días,
gráfico para las
á las doce en
obserYac iones
puntodel liemnrnt:idianas, lo
p o medio del
que &lt;lió motivo
meridiano de
á oóe ,;e dotara
Grecnwicb, se
.al db~ervatorio
1
cierra un cirde 'Y.1 magnifico
cuito eléctrico
péndulo elécdesde el Obsertrico y un crovatorio referin ó Grafo de
do, lo que haHipp.
ce que se desPara el estuen gan cb e I a
dio de los torcuerda que sosnillos micrométiene la b o I a
tricos y para la
dorada en 1a
-&lt;iiYisión de escúpula de I a
calas y círcuMacromicrómclro para medir las placas folo~ráficas
torre de Goberlos adquirióse
nación y que
también una
máquina de di vid ir, provista de un compa- esta caiga con estruendo, espectáculo que
rador que permite apreciar hasta una milé- es contemplado por casi todos los forasteros
.sima de milímetro.
que vienen á la corte y por no pocos madrileños.
Para dar la hora al público existe también
El trabajo del servicio de Mel'idiano del en nuestro Observatorio en la antesala del
Observatorio tiene por objeto determinar la Meridiano un reloj que se1'iala la hora oficial,

�EL OBSERVATORIO ASTRONÓ.MICO DE :MADRJD

Fotografías de la corona solar en el eclipse total de sol del año 1905, tomadas desde Burgos

y al lado del cual hay un cuadro en el que papa Clemente cuando el asalto de Roma porse indica el estado de tal aparalo, ó sea los el condestable de Borbón que fué muerto por
Benvenuto Cetlini. Desde los muros de estesegundos de atraso ó adelanto que tenga.
Diariamente acuden al Observalorio los castillo, el célebre arq uiteclo, pintor y esrelojeros de las eslaciones ferroviarias pi1ra cultor Miguel Angel disparó un cañón, parrectificar las horas de los instrumentos que tiendo en dos á un oficial de los tercios
tienen á su cargo y por hs que se rigen los españoles . Victoriano Sardou localiza las
principales y más trágicas escenas de su
horarios de los trenes de toda España.
co nocidísiTambién
m a obra
concurren
Toscci en
al Observaesta histótorio para
rica fortareclificar la
leza, cuyos
hora rn u •
cimientos
chosrelojebañan las
ros de la
aguas del
capital.
Tiber.
Yya que
tratamos
*
este asun**
to, mencioUna de
na1·emos el
las obras
caslillo del
más recienSanto Antes del Obgelo,de Roservatorioma, desde
de Madrid
donde se
es la consda la hotrucción
Espectro de la corona solar, obtenido con cámara prismática en Burgos
ra á la ciudurante el eclipse total de 1905
de I pabedad dispallón
nuevo,
dedicado
especialmente
al esturándose un cañonazo á las doce del día
desde dicha célebre fortaleza, sobre la cual dio de espectros solares.
En. una de sus torres se ha instalado una
existen muy ~uriosas leyendas. Sii;vió de
ecuatorial
de Grubb, de Dublin, de veinte
prisión de Estado y en ella estuvo recluido el

�55t

EL OilSERYATORJO ASTlW:Sfo1íco DE ~IADRID

PJR ESOS MUNOUS

~!

centimetros
f
. de dabertura v. tres mel I·os d e que &lt;le todos lo; demá~ cuerpos reunidós.
oca.'1 p~ov1sta e un ap_arato. de relojería Su d1ame_lro es c1?nto doce veces mayor que
mui exacto. Este magnifico rnstrumento. el _de la Tierra y dista de esta treinta Y cuatro
P?See, pa_ra los €s'udios esprclrales de sol. millone~ de le~ua~; es decir, que un buque
crnc~ pn"mas doblemcn le recorridos por q~ie _na\egara a razón de trescientas millas
1~ _lur., con los Cf~C se observan diariamente
diarias inYcrliria en llegar desde nuestro
l,h pr~tubcranc1as del expléndido planeta
plane_la al Sol nueve siglos y medio. En
&lt;~et~rmina11do 1~ posición, anchura y ele: ca_mb,o, la lu,:, cu ya velocidad es de seten'ta
,_ación de, las mismas y su naturale,:a par- 1:1" leguas frances_as por segundo, empl~a
l!cular. E~ta ecuatorial hállase también do- solamente ocho mnmtos V clieciocho seguii'tada para los trabajos generales que se prac- dos en l!egar ele! Sol á la Tierra. La L~na v
tican con_ ella, de un micrómetro unifilar y los demas a~lros &lt;le los que es rey el Soí,
de o_tro b1fi!ar, con iluminación eléctrica.
pueden admuarse notablemente con los ins. S!, por eJemplo, l'e va á obserrnr un astro trumentos_ del Observatorio en un tamaño
deb1l se us~ el campo obscuro é hilos bri- que perm_1te realizar intere;santes esludi~s
llantes; y s1, _por el contrario, se trata de un astronómicos.
as~ro de Ju,: rn_tensa, como una estrella de
En el eclip~e de sol último en el año 1905
1mmer~ r~agrnlud, se emplea el campo bri• el Observ_atono de Madrid obtuvo en Burgos,
liante e hilos obscuros.
por el obJet1vo .Mailhat, las dos fotografías de
. El apa_rato. que es un prodigio rle mecá- la coron~ solar que fignran entre los graban!ca, esta d()tado, además, de oculares espe- do~ que ilustran este articulo.
ciales para el sol de reflexión Y de polarización e11
la observación directa de
las manchas solares y demás detalles del astro, pues
de otra manera estallarían
lo, cristales por la fuerna
del calor solar. Entre sus
diafr~~mas los hay hasta
del ,diametr~ de \Jna aguja.
En los dias más claros
puede llegarse c o n est~
ecuatorial visual á distinguir el sol de un tamaño
cuatrocientas veces mal'Or
Cf ue á simple ,·i,:ta. Nueslra
atmósfera tolera pot· •·e"'ª
general los trescientos :umen los, y hay muchos dia~
que se llega hasta los cuatrocientos r los cuatrocientos cincuenta, mac; es
muy raro poder llegar á
ver el hermoso astro sei~cientas ~eces mayor que
su tamano observado sin
aparato. Relativamente en
estas proporciones se ~en
los demás astros con e J
referido instrumento, y aún
de mayor tama,10 con la
ecuatorial de .Merz.
De todos es sabido que
el Sol, constitu ve el centro
de _los movimiéntos planetal'IOS y es el único oríaen
de la lur. y calor del :islema, así como que su voFotogra(ía de la Luna obtenida en el Observatorio de Madrid con el objeti..-o
lúmen es mucho mayor
del sideroslalo Mailha t

También en Burgos la comisión del Observatorio madrileño obtuvo por medio de la cámarc:1 prismática una folo¡trafía de un espectro de la corona solar durante el referido
eclipse.

•• 1

1

Para los trabajos fotográficos se halla montada en la otra torre del pabi llón nuevo una
ecuatorial, también de Grubb, cu yo aparato
de relojería está provisto de regulador eléctrico. Tiene dos cámaras fotográficas, una
de las cuales posee un objetivo de veinte
centímetros de abertura y de una dista11cia
focal de dos metros. Sirve para trabajos de
precisión. En las placas deja impresa una
cuadricula, y eslas son medidas después de
impresionadas en un aparato, asimismo de
Grubb. denominado macromicrómetro. También consta la referida ecuatorial de otra
cámara cuyo objetivo es un doublé de quince
centimetros de abertura y un metro de distancia focal equivalente. También ha y un anteojo-guía de dieciseis centímetros de abertura, cuya ocular se mueve en el plano focal
por medio de tornillos rectangulares, para

fijarlo en posición conveniente con la estrella que se baya elegido. La folografia de una
nebulosa que figura en esta información hfl.
sido obtenida por la ecuatorial fotográfica.
En este admirable aparato se ve demostrado lo que la Ciencia ha progresado en
nuestros días. No s)ñaría seguramente en
esta perfección Galileo cuando, auxiliado por
el anleojo,descubrió en 1610 los satélites de
.lúpiler, llamados astros de Médicis; ni Jiuyiens y Casini e;uando vieron los cinco satélites de Saturno; ni el gran Jierschell cuando
en 1781 de,scubrió á Urano que tomó su nombre, y en un período de trece ai'tos se1\aló á
la ciencia astronómica seis slléliles, desconocidos para ella, de su planeta y dos de
Saturno; ni Piazzi cuando descubrió en Palermo á Ceres en 1801; ni Olbers, ni llarding, al descubrirá Palas, Juno y Vesta; ni
llencke cuando inauguró la nucYa era de
los clescübrimientos con el planeta Astrea;
ni Gallé, en fin, cuando en Berlín el año
1816 hizo el descubrimiento analitico de
Neptuno.
Las dos ecuatori tles de Grubb están cubiertas con cúpulas hemisféricas. cuyo movimiento se hacecon muy
poco esfuerzo por medio
de una cuerda sin fin que
hace girar la polea sobre
cuyo eje está centrado un
pi1ión que engrana en los
dientes de una cremallera
fijada encima de cada torre.
En la planta baja del
pabellón que separa á estas dos torres ha y instalado un pequeño anteojo
ó círculo meridiano de
Salmoiraghi, en unión del
reloj de Dent que antes
estuvo montado en el edificio principal del Observatorio, asi como el laboratorio fotográfico y sala
de ampliaciones.
Ocasionalmente ta mbién se reemplaza el citado círculo meridiano por
11n au teojo de pasos, del
mismo &lt;:onstructor.
En la misma planta se
halla instalado el pirheliómetro de compensación sistema Angstro'in,
para el estudio de la radiación solar.
Figura en el Observatorio de Madrid desde

La gran nebulosa en Orión, oblenida por la ecuatorial fotográfica de Grubb

�566

POR ESOS i\lUNDOS

hace muchos aiios una ecuatorial de Stein- &lt;le Mailhat, montado también en el jardín, y
heill, que se halla instalada en el jardín por el cual se ha obtenido la fotoorafía de
0
bajo una cúpula hemisférica giratoria. E! la Luna que publicamos.
instrumento es de catorce centímetro:; de
Para completar los trabajos de física solar,
abertura y 2'8i metros de distancia focal, y que se hacen ya de manera sistemática, falta
está destinado para la observación directa solo adquirir un espectroheliógrafo, instrude las manchas solares.
me~to no muy costoso y de apremiante neActualmente oe construve en Jena (Ale- cesidad para un Observatorio como el nuesmania) por la
·
tro, digno de
casa Zeiss una
compelir, así
cámara fotopor el instru gráfica ad a pmental como
table al aparapor el persoto últimamennal, con los
te ci tado y que
mejores de 1
permitirá fomundo.
tografiar e 1
El ministro
disco solar en
de Instrucción
t a m afio de
Pública, señor
quince centíRodríguez San
metros Je diáPedro hará,
metro, lo que
seguramente,
ba de facilitar
que el Obserex traordinavatorio cuente
riamente la i,
con el instruobservaciones
mento que le
de las manchas
falla, rlado lo
del Sol y la
decidido prodeterminació11
tector que es
de s u s poside las cienciones y magcias.
nitudes, cómo
análogamente
*
las de las fácu**
las que con
Muchas etatanta· frecuen pas desgraciac i a anarncen
das ha tenido
cerca del borel importante
de solar.
establecimienPara el e~to científico á
tudio fotográque me estov
fico del especrefiriendo·;
tro solar, y
Don Francisco Iñiguez, director del Observatorio Astronómico de Madrid
mas puede aseprincipalmengurarse que
te de las particularidades oue ofrecen las de&lt;;cle el momento de tomar posesión de
manchas de este planeta, cuenta el Obser- la dirección del mismo el ,-abio matemático
vatorio con un espectrógrafo de seis pris- Don Francisco Iñiguez, en 1899, una nueva
mas, construido por Pellin, de París. sobre era de civilización y progreso ha entrado
cu ya rendija se. proyecta una imáoen
del Sol
triunfalmente en el ObserYatorio de .Made setenta y cinco centímetros de~ diametro,' drid.
.
producida por uu objetivo de Mailhat. Sobre
El n~evo pabellón, con !\US _ magníficas
este objetivo se proyectan los rayos rola,o, ecuatoriales de Grubb y demás aparatos
en dirección constan te, al hacer la observa- modernos, así como los gabinetes de foto•Ción, por un celostato de Grubb.
grafía, las reformas del gran auteojo de Merz
El aparato hállase también instalado en el )' la cúpula que lo cubre, el péndulo de
jardín, estando protegido por una barraca de Strassercon 1eguladorRuffles,el sistema cromadera que por medio de ruedas se mueve nográfico; e~ una palabra, todo lo nuevo y
sobre carrile~ circulares cuando se desea co- todo lo antiguo adaptado á las exigencias
locarla en los diversos acimutP,s del Sol. Con modernas que existe en el Observatorio del
objeto parce-ido pudiera usarse el siderostato cerro de San Bias, obras son del sabio cate-

EL OB'iERVATORIO ASTROXÓ)IICO DE MADRID

drático de la Facultad de Ciencias se1'ior lñiguez, implantador incansable de todos los
elementos que puedan contribuir al desentrañamiento de los difíciles problemas que
presenta la bóveda celeste.
El doctor Don Francisco Jt'iiguez, actual
director del Ob5ervatorio Astronómico, ingresó como auxiliar de la Facultad de Ciencias en 1884, y el año 1888, mediante oposición brillante, obtuvo la cátedra de Astronomía teórico-práctica, que aún desempeña
con indiscutible autoridad.
Ha sido secretario, y después vicepresi&lt;lente, de la Sección ele Ciencias Físicas y
Matemáticas del Ateneo de J[adrid, ~• en 1889
dió interesantes conferencias sobre Astronomía on el citado centro de cultura, en el qu~
pronto volverá á ocupar la tribuna para hablar de los progresos de la citada ciencia.
El personal del Observatorio se compone
de seis astrónomos y tres auxiliares, todo5
personas competentísimas, que bajo la dirección acertadísirna del señor Iñiguez se
ocupan en realizar las misiones encomendadas al referido centro científico, corno sou
1as observaciones meteorológicas de Madrid,
ta fijación de la hora para España bajo la
base de la hora media del meridiano de
Greenwicb, que sirve para hacer el calenda-

557

rio de la •Guia oficial», obra que se lleva á
cabo por el citado centro, como asimismo
el anuario que publica en el quP. se fijan todos 103 estudios practicados bajo el campo
inmenso de la bóveda cele,te 'í los astro.; y
planetas que la pueblan.
El calendario náutico de España rslá encomendado al Observatorio de San Fernando, y en todo el mundo, además de este, no
Re conocen más que los confeccionados por
los Observatorios de Greenwich, París, Berlín
r Washington.

Antes de terminar el presente arlículo
daré cuenta de las observaciones hechas en
el establecimiento científico de que tratan
estas páginas, referentes al paso de Mercurio
al proyectarse sobre el disco del Sol el día
14. de Noviembre último.
En el Observatorio Astronómico de Madrid pudo verse el fenómeno (con una diferencia de menos de seis segundos en las
horas marcadas de antemano para los contuctos), por medio de la gr.m ecuatorial de
Merz, con la de Grubb en observaciones espectroscópicas, con la de Steinheill dolada
de micrómetro y con un anteojo pequeño de

Personal del Observatorio de i\Iadrid.-Astrónomos Sres. Ascarza, Jiménez, Aguilar, Vela, C_os, Puenlei· -~yudantes
Sres. Ga,tardi, Carrasco, Reig; instrumentista Sr. Cobo, y un portero. En el centro, el director Sr. mguez

�558

POR ESOS MUNDOS

LEYENDA DE LA BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
AÑOS 410 y 446 DE LA ERA DE CRISTO,

por C. BRYSON T /\YLOR
SUMARIO DE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES

Castillo de Santo Angelo, en Ruma, desde donde se lija la hora para dicha ciudad
.Mern. ~1crcurio apareció de forma redonda,
coincidiendo con la mayoría de las opiniones de los astrónomos, no obstante haberlo
observado Gallet en 1667, Lalanne en 1679.
:Flaugergi.:es en 1779, úl ti mamen te el Padre
Lacy, y mantenido lodos que el astro era de
forma oval.
Visto con el anteojo pequeño de l\Ien se
presentaba el astro rodeado de un anillo brillante estrecho, y á continuació n de este,
otro obscuro como una débil peuumbra y
m ucho más ancho que el brillante.
1El diámetro de 1[ercurio ha resultado de
un valor aparente de 9'J siendo su distancia
mínima en relación con la Tierra de setenta
y n ueve millones de kilónielros.
Por medio del espectroscopio fué visto antes de llegar al Sol y después de salir de este,
proyectándose sob1 e la cromosfera, destacándose como un punto obscuro entre las
llamas del Sol en el punto conocido por «la
pradera de fuego, .
Se observó también el espectro del anillo

•

brillante que rodea al planeta, vi&lt;;ndose que
algunas raps del espectro solar resu ltaban
modificadas reforzándose, lo que indica una
ab;;orción de lur. producida quizá po r una
envoltura gaseo;,a del olancta.
En lo que re,;la del siglo X,X podrá de nuevo ser observado Mercurio desde la Tierra
con el auxilio de un anteojo. Volverá á presentarse dicho planeta ante nosolro~, en las
fechas siguienles:
6 de Noviembre de 1914; 7 de Mayo de
1924; 8 de Noviembre de 1927; 10 de Mayo
de 1937; 12 de Noviembre de 19-iO; 13 deNoviembre de 1953;6 de Noviembre de196O;
9 de 1Iayo de 1970; 9 de Noviembre de 1973;
12 de Noviem bre de 1986, y 24 de Noviembre de 1999.
Pero Mercurio no se presta á ser observado desde nuestro planeta más que en
Jlayo y Noviembre, porque sólo en %os
meses pasa por el plano de la elíptica y
puede, por tanto, colocarse en línea recta
en tre el Sol y la Tierra.

Lurs l\IARTlNEZ DE ESCACRL\Zr\

(t)

La fama lograda en todo el país por Melchor, narrador de
cuentos v cantor de baladas, despierta en el jóven Nicanor deseos de igualarla. yaún de superarla, y á aquel
oficio se dedica nuestro heroe. Hijo de esclavos, abandona la casa de sus padres, y por sendas y veredas
recorre montes y prados reuniéndose á los pastores, ante los cuales hace derroche de las facultades
que le adornan. Asombrados los oyentes de Nicanor
al principio, muy pronto se enciende entre ellos la tea
de la discordia y se producen ~ran escándalo y pelea.
que (erminan porque empieza á disper,;arse el ganadv
que cuidan los pastores y éstos tienen que ir tras las
reses. Nicanor, salis~ccho con que sus palabras hubieran prcducido tanto efecto,. adquiere mayores deseos
aún de que su fama sea umversal, y par!e de su pobre
terruño para dirigirse á grandes y populosas ciudades
en busca de esa gloria que persigue. Thorney, más conocida por la Isla de Bramble, es la población elegida
por J\icanor, y Tobías, un rico comerciante, la pérsona á quien rn recomendado por sus padres. Tobías
concede á i'iicanor una plaza en su taller, donde le
enseña á trabajar en marfil. Bien pronto logra el jóven ser un discípulo aventajado. de su maestro, pero
no deja de tener con éste fuerles altercados porque,
posesionado de la ilusión que acariciara al alejarse de
sus padres, Nicanor abandona el taller de Tobías y falta con frecuencia al trabajo, y cuando acude á él lo
hace de mala ~ana. En estas correrías de vago y ocioso que hace Nicanor, es confundido con un esclavo
de la servidumbre de su amo, y hecho prisionero por
unos soldados que lo conducen á presencia del noble
señor Eudemius, á cuyo servicio queda conscrilo. Nicanor encuentra un día á Varia, hija de su señor, la
cual, enterada por su doncella de la habilidad y arte
del esclavo para relatar cuentos y narraciones, le pide
que distraiga con ellos el tedio que la domina. Al hacerlo Nicanor despierta en los dos jóvenes mútuo amor
que no tardan en confesarse, haciéndolo ambos.una noche e!l que Varia pedía al ~sclavo_ que la recordara un cuento qu~
ya en otra ocasión la babia dicno y que so referi¡,. á las ilusiones que. los dos nab,an for¡ado en su mente. Pero hé aqu,
que llega á ca~a de Eudemius un anttguo amigo suyo, con su hijo Mario, capitán de las legiones romanas, y este jóven,
que al principio aborrece de Varia, acaba por sentir hacia ella cier.ta inclinación, au1!1entada al ?0nocer que .la hija de
su huésped está enamorada de Nicanor el cual es duramente castigado por este motivo. Eudem1us pone !ln Juego toda
su voluntad para hacer que Mario ena~ore á su hija, y lo consigue, concediéndole al c~bo la mano do Varm, .aún contr~
los deseos de ésta que solo piensa en Nicanor. Cuando se celebra la boda con grandes hestas, llegan al palac,o de Eudemius nobles fu¡¡itivos de Andérida, en cuya ciudad arde la insurrección de los sajone~ y de los _romanos_descontent_?s,
rebelión que pronto se extiende hasta las posesiones de aquel poderoso el cual se ve obligado á hmr de su villa acampanado de toda su familia, abandonando la casa eu poder de la canalla sublevada.

IX

e

UATRO días des;pués de aquella noche en
que Wardo fué á las minas, los obreros
q ue subían de los pozos á la hora de ponerse el sol, señalada para terminar la tarea
diaria, fueron formados en gr upos por sus
capataces y guardas. El superin tendente les
(1¡

Véanse nuestros números HG á 151.

dijo, mientras pasaba la vista por las tabli llas en que constaban los nombres de los
mineros:
-Se ha llevado á cabo un ataque contra
la casa de nuestro amo por los bárbaros y
los i nsurrectos. El ataque ha sido rechazado;
pero los bárbaros serán reforzados por otros,
y procurarán nuevamente el asalto. Por esto
me ha enviado á mí, para que os diga en su
nombre: Aquellos cuyos crímenes no sean

�-560

POll ESOS MU~DOS

:.,~es~natos ó contra la religión, deberán vol- rias por hallarle c11 mi lugar! Porque vo
"'er a la casa para tomar parte en su defensa quedaré en libertad, pues no pesa sob·rn
)' salir mañana al amanecer. Por los servicio~ mí nada contra la religión ni contra los
ijeales y la obediencia á lo mandado recibi- hombres.
iréis la libertad y vuestra sentencia de trabaBalbus murmuró un juramento. Desde el
jos en minas será cancelada.
día del combate de las ratas, los encuentros
~incuenta voce~ lan7,aron virns, muy en- entre él y Nicanor habían sido frecuentes
tus1astas, pero que no iban diri 0 idos á su se- y sangrientos, á pe.sar de Io-1 látigos de los
iior, sino á la pers"
guardas. Ahora se
íf)eclivade liberlad.
unía á esto Ja enLa m a Y orí a se
vidia, y ante tart
:agrupó discutienm a¡ a pasión e 1
do en .rededor de
diablo que en el
las hogueras, siemcuerpo I e bu llia
pre teniendo muy
rompió sus eadecerca á los centina s. Pero como
J1el as encargados
Balbus era de na•de conser}·ar el ortu raleza traidora,
.den. Durante toda
nada contestó á
1a noche, r e in ó
Nicanor, ni aún siallí gran espect11.quiera hizo ver lo
ción.
profundo desucóEn las primeras
I e r a . Fingiendo
horas de la mañadejar paso á s u
na, el metálico soenemigo, µara que
nido de bronceada
se adelantara, 1,0
-corneta hizo que
bien Nicanor hubo
se reunieran quivuelto las espaluientos hombres
das , Balbus hiio
-en el espacio libre
brillar la hoja de
.ante la boca de la
un arma y promina,, ansiosos de
~Jlll!!lll,j•
nunció un jura,conocer su suerte.
?i.~:f:J(;!~~
mento.
El superintendente y sus
No tuvo tiempo
ayudan tes aparecieron
N ica~or de esquivar el gol pe
con listas de nombres que
de su contrario, y aunque
habían estado confecciobatalló por responder á su
nando durante la noche.
alevosía cayó rodando por
La gente se apretaba, deun suave desnivel, quedando
seosa de no perder palaasí oculto de la vista de los
bra. Los capataces, látidemás por la elevación del
go en mano, se mezclaterreno. Entonces•Balbus suban entre la multitud para
mergió en tierra la boja del
evitar ó dominar toda perarma, para limpiarla, y oculturbación. Algunos guartándola después en su seno
das montados formaron
!'.I suporintendente leía en alta voz los
ecbó a· correr l13S ta don de
cerca d e aUí, esperando
nombres de los esclavos que deblan
los mineros estaban reuniescoltar la expedición .
acudirá la defensa de su amo
dos.
Las linternas brillaban á través de la lioera
. Cuando ei' superint~ndentl) pronunció el
neblilla gris que gravitaba sobre el ter~eno nombre de Nicanor para ponerlo en libertad
accidentado. ,
á condición de pelear en la villa de EudeNicanor despertó al primer toque de trom- mius, nadie respondió. Fué repelido el llapeta, Y en su rostro se dibujaba la concien- ma111iento, y entónces el propio Balbus se
cia_que tenía de ,:er elegido para la marcha. adelantó y dijo estas palabras.
Salió fuera. del. tugurio en, que dormía, y ·
-Señor, ese escl.avo ha estado peleando,
apenas estaba a tre~ metros de distancia fué según parece, con otro hombre. Y.o lo, he. vjsto
tropezado violenta·mente p')r un hombre., · caer cerca de las ch0zas, no sé si , malherido
-¡Tén cuidad9, Balbus!-le dijo Nicanor ó muerto.
.
secamenle.-¿Por qué tanta .prisa? ¿Esperas·
Tomó nota de lo acaecido el superinten.acaso que te pongan en libertad? ¡Cr1~rito da- . denle, y sin hacer comentario ninguno pro-

561

AMOR DE DA~IA Y AMOR DE ESCLAVA

barquero. Tocó la proa del bote en la orilla
opuesta, y el marinero exigió su propina;
pero Nicanor le miró con ojos en que brillaba la fiebre, y movió la cabeza sin pronunciar palabra, como si tratara con uno que hablara distinta lengua. Salió el esclavo del
bote y siguió su camino: y el barquero, haX
ciendo la cruz, lleno de terror supersticioso,
Cuando Nicanor volvió en sí, quiso incor- mu.muró una oración á los dioses de los ríos
porarse, pero se lo impidió un viYfaimo do- contra su mala fortuna y dejó marchar á Nilor en el costado izquierdo, precisamente canor, el cual no cesó de andar hasta que
debajo del hombro. Entónces, empeiló á dar- llegó á Corinium donde sintiéndose falto
completamente de fuerse cuenta de lo que
zas
a c o s t ó en el
1 e había ocurrido
campo y durmió basta
y recordó el atahoras antes del alba del
que brusco é. inessiguiente día.
perado de que haDespertó n u es t ro
bía sido objeto por
hombre
asaltado por el
Balbus.
demonio de la intranLas estrellas apaquilidad que le perserecían a n t e s u s
guía; pidió de comer y
ojos en vertiginoso
una copa de leche en
movimiento, y aununa casa
que la pé1·dida de
que al borde
;;angre le había dede I camino
bilitado mucho, hahabía, y nueciendo un
vamente
esfuerzo I oechó á angró ponerse
dar, llegando
en pié. Con
al cabo de
la idea siemseis horas á
pre fija en
una 'taberna
Varia v en
á cuya puers u Iihértad,
ta vió rabaobsesión que
Ilos ensil laen todasocados v embrisiones le dió
dado·s.
ánimos y vaNi c anor
lor, partió á
eligió el anitravés del ásmal que más
pero y escarle agradó, y
pado paisnje.
montando en
sigui,rndo
él siguió su
r eclamer.te
camino, sin
hácia el Este
q u e se le
por el cami1,:1 esclavo levantó los brnzos al cielo
ocurriera ni
no que eonducía á donde su corazón le llevaba. Gna,; por casualidad roi rer la cabeza por si le
veces andaba, otras caía y permanecía tendi- perseguían. En estas condiciones, el viaje le
do mirando al firmamento v á las cente- fué más cómodo. Encontraba gente que le
lleantes estrellas, esperando ;in quejarse ni miraba y á la que él hacia preguntas, como
moverse basta que reunía fuerzas para vol- resultado de las cuales llegó á conocer que
los habitantes de aquello, contornos estaban
ver á levantar~e.
Hallándose el sol en su plena altura, llegó muv excitados. Galopando por campo abierNicanor al ,•amino que conducía á las pobla- to el animal que montaba Nicanor, pronto
subieron la última pendiente que ocultaba la
ciones de los pa;itanos.
Se acomodó en la barca de un hom- villa d'e'Eudcmius, y ransado el caballo y exbre que se disponía á abandonar la orilla, y hausto el hombre llegaron á la parte superior.
--¡Santos dioses!-murmuró Nicanor. se puso á mirar fijarneüte hácia adelante,
sin responder ni una palabra á la charla del ¿Estoy loco, ó esto\' soñando?

!'iguió la lectura de la lista que había formado. Poco después, marchaban de las minas,
para ser libertados, trescientos cincuenta esdavos, que iban á prestar auxilio á las pose;.iones del noble y poderoso Eudemius.

se

(i

�562

POR ESOS MUNDOS

La vista de la villa se le apareció en toda cosas se bailaba Nicanor, cuando cerca de él
su horrible desnudez: una ruina humeante, resonaron pasos. Nuestro hombre desenvainó
en el sitio donde antes se elevaba la majes- su cuchillo al verá un soldado que ava11zatuosa mansión de su ~eüor; ventanas huecas ba rápidamente.
y sin marcos ni maderas; el jardín de sus
-¡Hola, esclavo, te sorp1endo infra¡mnti!
sueños profanarlo v su muralla derruida. Al -exclamó, poniendo una mano sobre el
olor del humo que' rodeaba como aliento de hombro de Nicanor, que no hizo esfuerzo almuerte todo aquel Jugar, el caballo alargó el guno parn huir 11i separarse del soldado.
-No hay nececuello v dió un retioplido.
sidad de alarmarEl esciavo levantó I os
se,-dijo tranquilabrazos al alto cielo para
mente Nicanor. bajarlos luego lentamente
Yo soy esclavo del
hasta cubrirse el rostro.
El choque y la impresión
noble y poderoso
Eudemius. Os ruepor é I recibidos fueron
tan grandes como si hugo ~ue me dig_ái-.
biera visto muerta á la
q u e h a ocurndv
mujer que buscaba.
aquí y lo que haya
sido de mi rniior y
Por primera vel. desfade su familia ...
lleció, no sabiendo á dónde ir ni qué ha e e r, ni
-Eso es otra cosa,-dijo el soldaatreviéndose á buscar lo
do.-Creí que perque temía encontrar. Su
le11ecias á esa cuacaballo, cou las patas extendidas y la caber.a caídrilla de ladrones
que nos han dado
da, exhalaba un gran sotrabajo noche y
llozo de extenuación en
sus palpitantes flancos .
día; pero han pngaNicanor recogió las abando caras sus felodonadas riendas y precinías, pues los hemos
pitó al animal en la penhecho revolcarse en
diente .de la montaña. En
los estragos q u e
la abierta y desolada puercausaron ... Los señor0es se han pue~ta se tiró de la silla y entró en el gran patio cento en salvo, y cuantral, donde vió la yerba
d o llegamos nosarrancada d e raiz
otros, y poco desfuente deslroiada, ·
pués I os esclavos
paseos con el piso
de vuestro amo que
estaban en las mide mármol cubiernas, huyeron I os
to de sangre y en
ella marcadas las
bárbaros con todo
huellas de los que
el botín que pudiepelearon ó murieron reunir.
ron.
-¿Y á dónde ha
Nicanor recorrió
ido mi señor?
Nicudemus abrió á Nicanor las puertas de su casa
habitacione s va -Se dice que á
cías, la de Varia la primera, y en sus umbra- Londinium; y de allí á á Rutupire, para emles tropezó con el cadáver de Nerissa, la an- barcarse en dirección á la Galia.
tigua y fiel criada, y tras de ella el de My-Entonces no tengo tiempo que perder,con, jefe de los eunucos. En las demás habi- dijo Nieanor.
taciones y en todas parles encontró los misY volviendo á montar inmediatamente.
mos signos de insana furia y de inútil des- cabalgó hácia Thorney, sin cesar durante
trucción, y aún encontró más cadáveres, toda la noche y alumbrado por la brillante
entre ellos el de Hito, el capataz de los escla- luna, que con su claridad le hizo más fácil
vos, que yacía confundido con varios cuer- el camino.
Tanto obliaó á ga!opar al animal para llepos inermes de éstos.
gar cuanto :ntes al término de su jornada,
XI
que Cúando fué necesario vadear un río, el
Haciéndose consideraciones sobre- estas caballo, sudoroso y jadeante, sufrió un pas-

AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA

mo y no purlo dar un paso más. Nicanor
abandonó al noble bruto y partió corriendo
por la calle que crur.aba la isla de vado á
vado.
Pronto se encontró frente á una cabatia
próxima á la casa de Chloris, y allí se detuvo y llamó á la puePta.
-¿Quién llama á esta puPrta?-gritó desde dentro una voz.
-¡Soy yo, Nicanod Abre en seguida, Nicodemus,-dijo el esclavo ásperamenle.
Nicodernus se extremeció de aRombro al
ver tan inesperadamente á ;\!icanor, el cual,
con el pensamiento fijo
e n Varia, preguntó á
su antiguo camarada si
sabía algo de Eudemius.
-A ver tarde divisamos uÓa nube de po'vo que cubría la colina
por el lado de los pantanos,-respondió Nicodemus.-Después vimos
claramente carrozas tiradas por hermosos e aba1 1os , señores
jinetes en bríos os corceles, ~.
esclavos dán do les escolla.
Llegaron aqui,
y en esta casa
pararon: e r a
el noble seiior
por quien preguntas, con toda sn familia.
Compraron víveres y vinos, descansaron un
un poco y luego continuaron el camino hacia Londinium.
Nicanor calló. Poco después pidió ali men to para reparar sus fuerzas, y descansó. Al
amanecer tomó un caballo de Nicodemus )'
partió para Londiniun, llevado por su incesante deseo. Pero hacia la tarde volvió á
casa de Nicodemus, dibujándose en su rostro señales de fracaso.
--Mi setior y los suyos-dijo á Nicodemus y á M yleia, su esposa-salieron ayer
para Galia: un buque estaba á punto de partir, y en él embarcaron ... Esto me ha dicho
un marinero en los muelles, que ayudó á
cargar los bultos que llevaban; y como ya
no tengo duda dé que han marchado, y sé
que no volverán por aquí, deseo que me
proporcionéis alimento y ~ena para descansar.
Nicodemus le acogió cariñosamente y pre-

563

paró un confortable lecho para el desgraciado jóven.

Xll
.Nicanor vagaba con frecuencia á través
del vado del pantano, dislrnyénclose de su
terrible soleuad, y solía dirigirse hacia las
grises montañas que se prolougaban basta el
Este y el Oeste, á donde el ruido del tráfico
mundano jamás llegó. Se arrojaba en tierra
y quedaba mirando fijamente al nebuloso
firmamento,
donde ningún
rastro azulado
se veía. Este
era el país de
sus suefios juveniles. que él
recordaba con
amargura;
sueli0s que
habían terminado siempre
bajo e i et os
gri~ es , sobre
1a s glaciales
mesetas de las
al turas: aquí ,
donde su huraño corazón
había conocido el secreto
de su poder en
aquellos ya leEldris quedó absorta de amor
janos dias de
y de ternura ante Nicanor
la niñez , fué
donde volvía
ah o r a; solo
que, enlónces, Nicanor se habia visto remontar como la alondra, cantando su vida en
puros goces y triunfos, en un mundo bello
de dorados sueños, y al presente veía que
la alondra estaba enjaulada, sentenciada á
batir por siempre sus alas contra barras
más fuertes que el hierro. Por esta razón
parecíale que su vida no tenía ya objeto,
solo y abandonado en el mundo como se
veía.
Una tarde, cuando las sombras grises se
deslizaban hacia poniente sobre las tranquilas montar1as, aparel)ió. Eldris, la esclava de
Varia, por el camino de Thomey, con un
cesto desocupado al brazu. Parecía más jóven, con sus ojos de azul obscuro y llenos
de lu;:;, y la Eiel tan blancQ. como la leche.
Cuando Eldrii:tsubía una pequeña elevación
del terreno, vió la larga figura de Nicanor,
que yacía en la vertie.nte de la colina. Lo reconoció en seguidá, y llevándose una man"

��ACTUAL]l)ADES

&lt;le! siglo XVJI. El suelo se hallaba cubierto mos los soberano, r.spa1iole5, cuya presencia
tambirn con una alfombra de Aubusson. Era aquí es una nuern prueba de su precioso
maravilloso el adorno de las tres mesas, afecto: bebo á la salud de los soberanos esuna de ellas la mesa de honor, que se ha- pa1'ioles y á la prosperidad de Espai'ía, país
bían preparado. En el centro de esta últi- con el que me unen lazos de familia y de
ma sentáronse la duque.,a de Orléans y la amor. l:lebo también en honor del jefe de
Teina de España, que tenían en frente á la la casa de los Borboncs de Sicilia, de mi
condesa de París y al conde de Caserla. A la hermana bien amada la reina de Portugal,
izquierda d~ la duquesa estaban el rey Don de la princesa Beatriz y del gran duque
:\:fonso y la reina de Portugal, el duque de Calabria, la
gran duquesa Wladimiro, el
príncipe Jurge d e Sajoni~
la duquesa de Ao,ta, el duque de Guisa, la princesa
Luisa, el infante Don Carlos,
la duquesa de Vendome y el
príncipe Felipe de Borbón. A
la derecha de la reina de
España se sentaban el duque
&lt;le Orléans, la condesa de
Caserta, el gran duque \Yla dimiro, la infanta Isabel, el
duque de Montpensier, 1a
duquesa de Cbartres, el duque de Alen~on, la princesa
Estefanía de Bélgica, el infante Reniero de Borbón, la
duquesa de Guisa y el duque
&lt;le Vend0me. A la derecha
de la condesa de París, el
el duque d e Cbar tres , la
princesade Sajonia, el conde
tle Konvay, Josefina de Borhón y Alfonso de Orléans.
A la izquierda del conde de
Caserta, la infanta Eulalia,
Don Jenaro de Borbón, el
príncipe Czaitowsky, Pía de
Borbón y el duque de Pentierre. Las otras dos me:;as
estaban instaladas en sentido perpendicular, para veintiocho cubiertos cada una, y
en ellas se sentaron las personas de los séquitos de los
reyes y príncipes.
A los postres del banquete, levantóse e 1 duque d e
Orléans y pronunció el siguiente brindis: •El matrimonio que acaba de celebrarse
me causa inmensa alegria,
porque estrecha los lazos que
unían en el pa1·entesco y en
la historia las tres ramas de
la Casa ele Borbón. Saludo
&lt;'n nombre de mi esposa, en
el mío propio r en el de
;;:; infante DJ n Carlos de Bor!•ón y la princesa Luisa de Orléans saliendo
Francia, á mis queridos pride la capilla donde se verificó su boda

-----=

Palacio de Wood-Norton, en I nglaterra, donde se verificó el 16 de Noviembre pasado la boda de la princesa
Luisa de Urléans y el infante Don Carlos de Borbón

ACTUALIDADES
BODA DE PRÍNCIPES

El 16 de Noviembre pasado se verificó en
el histórico castillo de Wood-Norlon, en
Evesham, Inglaterra, la boda de la gentilísima
princesa Luisa de Orléans con el príncipe
viudo de Asturias infante de España Don
Carlos de Borbón.
A la ceremonia, que revistió gran pompa
y solemnidad, asistieron gran número de
personajes reales, entre ellos los reyes de
España. Don Alfonso XIII fué el padrino
de la boda. Esta tuvo lugar en la capilla de
aquel palacio, que se hallaba engalanada con
profusion de flores. Al entrar en ella, el duque de Orléans llevaba del brazo á la desposada, que Yestía magnifico traje de plata; el
infante Don Carlos, á su madre la condesa
de Caserta; el conde de Caserta, á la reina
de España; el rey de España, á la condesa
de París; y el duque de Montpensier, á la
soberana de Portugal. La orquesta tocó una
m:1rcha nupcial mientras la comilirn pene-

traba solemnemente en el templo. Después
de la ceremonia religiosa, se organizó la comitiva de este modo: primero, los esposos, y
luego el duque de Orléans con la reina de
España, el conde de Caserta con la condesa
de París, el duque de Montpensier con la
conde3a de Caserta, el duque de Cbartres
con la infanta Isabel, el gran du'Tue Wladimiro con la cluque,a de Sajonia-C..&gt;burgo, el
duque de Sajouia-Coburgo con la duquesa
de Aosta, y el duque de Guisa con la gran
duquesa Wladimiro. Ademá~, lomaron parte
en la comitiva como acompañantes de honor, aristócratas de la rancia nobleza francesa.
Para solemnizar la firma del contrato matrimonial se dió una comida en el castillo
de Wood-Norton, cuyo salón comedor estaba alumbrado por seis arañas con veinticuatro luces eléctricas cada una y adornadas
con rosas de Francia. Sobre la mesa de honor había una soberbia aral'ía de cristal, y
cubrían la~ paredes bajo-relieves y tapices

-

�ACTUALIDADES

1

•

Wladimiro. Bebo, finalmente, á la salud de obra literaria, consagrada hace tíempo por
los reyes de Inglaterra, soberanos venerados la crítica y hoy por los póstumos.elogios de
de este gran país hospitalario, y á la dicha de la prensa y por el poético homeuaje que
los nuevos esposos á quienes deseo toda la Valladolid ha rendido á la memoria de un
hijo tan ilustre que mereció engarzar iudifelicidad que merecen.•
El rey Don Alfonso XIII brindó á su vez, solublemente su nombre con los de Zorrilla
dando las gracias al duque de Orléans por y Núiiez de Arce.
»Pocas veces la producción de un poeta,
sus frases. ,Esta unión-dijo-e:; para noseminentemente
otros causa de
subjetivo
ha
satisfacción v ilogrado tan brivísima, pues por
llante exterioriella u !'la prinzación objeti,·a
cesa bella, buecomo la que
na y adornada
Ferrari supo forde todas las virjar en sus estrotudes, como la
fas, cuya clásica
princesa Luisa,
perfección no
es conducida,
oculta la metipor nu¡¡stro bien
culosa labor de
amado Carlos, á
la lima, smo el
participar en
pujante, ciclónuestra corte, y
peo esfuerzo del
como fiel comtrabajo del yunp a Ii era, del
que. Como foramor y respeto
jadas por un arque él supo contista legen&lt;lario,
q uis tars e en
surgen enlre su;,
nuestro Ejército
rimas las figuras
y en el pueblo
d e IIi patia, de
enlero•.
Abelardo, de la
Después de esReina Católica y
Los brindis, Don
de Don Juan de
Carlos y su esAustria, e u y a
posa dieron la
pujanza con vuelta á las melrasta e o n I a
sas, recibiendo
delicadeza de
la!- felicitaciones
Elo'isa, rlc Pl'ide los convidallfonseiior Antonio Vico, nuevo nuncio de Su Santidad Pio X
mcwerci ó de la
dos.
en Madrid
cortesana mori Los reciencabunda, que poseen toda la suavidad de li;,ados pasarán la luna de miel haciendo un
neas, todo el primor de modelado de las
viaje por Europa, y en Ene r o próximo
figulinas de ~I irina y de Tanagra. Y es que
regresarán á España, de CllYO ejército ya
saben nuestros lectores que es general el el estro poético que las dió vida poseía tan
rica gama de tonalidades, fan irisadas faceinfante don Carlos.
tas, que jamás la literatura logró imitar las
artes plásticas con tanto realismo como en
LA PSIQIJIS DE UN POETA
la producción de Ferrari, verdadero escultor
El día 1.0 de Noviembre pasado falleció en la descripción de Hipatia que, dirigiénen esta corte el ilustre poeta y académico dose en su cuadriga al Cesáreo, evoca irrede la Lengua Don Emilio Fenari. Nuestra sistiblemente el recuerdo de la victoria de
Samotracia erguida sobre la nave vencedora
colaboradora l\lagdalena S. Fuentes nos remite unos párrafos interesantes, que titula de la flota de los Ptolomeos, de igual modo
La psiquis ele wi poeta, acerca de la labor que su procesión de las panateneas parece
la tra,nsmutación estética del friso inmortal
de Ferrari. Dice asi:
de Fidias. Poeta-arquitecto al par, reconstru«La prensa diaria, al dar cuenta del falleye con filigranas arqueológicas la ciudad de
cimiento de Don Emilio Fcrrari, ha tra;1,ado
Alejandría y los propíleos de Atenas ; y
rápidas é idénticas biografias de este insigpintor ad!nlráble, arradca de su poética pane poeta. Por eso, en vez de repetir los mismos datos, evocaremos el recuerdo de su
leta la variedad de matices que reflejan las

�570

POR ESOS MUNDOS

ACTUALIDADES

vibrantes qui ntillas de Dos cetros y dos almas, en que describe el cortejo nupcial

en los éxtasi-; de la poesía y en el culto hacia el deber, en las luchas en pro de noble!:'
de lo s Reves
ideales y en las
Católicos. Y es
efusiones de la
que el espíritu
amistad. P o r
de Ferrari, en
eso, pocos poevez de hallar
tas han exterioen torno un
rizado como él
niundo de 1·itís u espíritu, re•
nas, - como
flejando sus diafirma Sergio ,
Yersos estados
refiriéndose á
psicológicos
Leopardi -vió
e o n luminosa
por doquiera
claridad su pro·
reflejada su
ducción, transsu propia enerparente e u a 1
gía, su propia
manantial crisbelleza; 1·,lejos
lal ino, consisde replegarse
tente y diáfana
en si mismo cocomo el di amo el poeta de
mante. Paso á
.Recanati, dibupaso pueden
jó su alma en
seguirse en sus
1 a naturaleza
obras las mocon amplitud
dalidades anípanteista, hasmicas del auta el punto de
tor, cuya hidalque su hermoguía castellana
sa frase, dirivibra con rio-j.
g ida á Grecia
dez concisa ;n
« Tú diste á tola carla de IsaEl rey Don Alfonso XIII visitando la Universidad de Cambridge,
do un alma», á
en I nglaterra
bel la Católica,
nada mejor po•
como Yibra el
&lt;Ida aplicar~e que al trabajo. á la vida mi~- palrioli;;mq. herido y exaltado al par, en las
ma de Fcrrari, quien puso el alma en lodo, Imprcsioncs del desastre. la il'Oniaamable y

Don Emilio Ferrari, insigne poeta y académico
,le la Lengua, fallecido en Madrid el 1. 0 de l\"oviembre pasado

Mr. Martín Hume, ilustre hispanista in~lés que
el 2i de Octubre pasado dió una conferencia en e!
Ateneo de Madrid acerca de la historia española

cuila en S upremacia, la noble,:a caballeresca en el reto dirigido A un enemigo y, enfm,
la religiosidad y los espasmqs del deber físico que minó su vida en la expontánea profesión de fé, poéticamente enunciada en Creo:

o

571

cuenta del ilustre l\lenéndez Pelayo, que dice estas palabras:
«El señor Rodríguez :Marín nació poeta, y
no ha dejado de mostrarse tal desde su mocedad hasta ahora, versificando cada vez con
más primor y aliño. llizo bien, muy bien, en
Como Pnlra el hierro por la abierta herida
no renunciará esla primitiva vocación sutu nombre entró en mi carne dolorida
hl\sla tocar el corazón sangriento¡
ya, que le ha consolado de muchas amargu·
vi en el mal una oculta Providencia,
ras, que ha l lcnado honestamente los raros
ven el dol r sintiendo tu presencia
tué mi revelación el sufrimien,o.
ocios de su vida, que le ha ser vido para dar
,El equilibrio de sus condicione3 poéticas temple y color á su prosa, y que le ha ense•
ñado práctica•
lo revela el
rnenle los misvivo sen ti terios del estimiento de la
lo y de la meNaturaleza
trificación, sin
que hizo de él
cuyo previo y
un pai~aj isla
hondo conociadmirable .
miento es im• La Naturaleposible juzgar
za es sentida,
á los grande~
no descrita» ,
poetas de las
- afirma De
edades pretéSanctis en la
ri las ni de la
controversia
presente. Toda
sostenida con
1 a filología y
Sergi y e o n
!oda la ciencia
Graf; - quizá
del mundo no
por eso, por
pueden dar essentirla inten•
ta pericia técsament e , lienica, que para
ne11 tal realisaplicarse con
mo las desfruto á los ver•
criociones del
sos ajenos tiepoeta vallisone que haber
l elano, coloristrabajado muta de suave,
cho en los promoderna tonapios. Por esos
1idad en los
el señor Ropaisajes o to•
dríguez Marin,
ñales de
que ha hecho
Consnnia los más clásitwn, cantor á
cos sonetos y
á u n tiempo
madrigales de
mismo y con
nuestros días,
igual pujama
Don Francisco Rodríguez Marín, gloria de las letras españolas, recibido
es el j uez más
y poesía de las
académico de la Lengua el 27 de Octubre pasado
aulori zado y
planicies en
la,; Tierras llanas y de las montañas en la cornpele:lle de los líricos espa ioles del siglo
¡rrandiosa de3cripción de los Alpes con que xv,, de los cuales, más que imitador y discícomienza Peclro Abelarclo, el más popular pulo, es compañero póstumo.
»Lo más selecto, lo más puro del caudal
de sus poemas.,
poético de Rodríguez ~Iarín se encierra en
sus colecciones de sonetos y madrigales
RODRÍGUEZ l\IATIÍN
que pertenecen á su última y definitiva ma!Iónrase esta revista publicando el retrato nera, cada vez más emancipada de toda inde Don Francisco Rodríguez l\larin, recibido fluencia que no sea la de nuestra tratlición
académico de la Lengua Española el 27 de peninsular y la de los modelos en que ella
Octubre último. Quisiéramos hacer un elo- misma bebía sus inspiraciones. E&lt;,tos verso~
gio de esle escritor, honra y pre1. de las le- acompañaron la obra erudita del poeta: son
tras patrias ; pero preferimos hablar por como flores que brotaron en su camino para
0

�.POR ESOS MUNDOS

H

ALLÁBAME yo en la capital de una pro-

vincia del Norte de Espatfa para reponer mi salud, algo quebrantada por la vida
turbulenta seguida durante vario,, años en la
corte; y para distraer mis ocios y allegarme
de paso algún recurso con que subvenir á
las necesidades más perentorias, trabajaba
de periodista en uno de los dos diarios de la
localidad.
En aquella jornada de periodismo, mi misión se reducía á bien poca cosa: á la una dQ
la madrugada recibía la conferencia telefónica de .Madrid, y á las tres ó las cuatro ya la
había inflado y aderezado de modo que ocupase tres columnas del periódico, con noticias frescas de todas clases; después de leer
las pruebas y corregirlas, daba un orden de
ajuste al regente, y me marchaba á. mi casita
hasta el día siguiente,que volvía á hacer tres
cuartos de lo mismo, y creo que no valía ni
los tres cuartos.
Todo lo demás del día, y las primeras horas de la noche, podía invertirlas en lo que
yo quisiera, y por lo tanto las invertía en
dormir, pasear y jugar al tresillo en el Casino, al cual era asiduo concurrente.
Pero estos casinos ele provincias donde
no se juega á nada de lo que está prohibido,
á las oncede la noche,cuandomás, se quedan
totalmente desiertos; así es que si yo hubiera sido capaz de aburrirme alguna vez, me
hubiera aburrido, durante aquel periodo, todas las noches de once á una.
¡Qué dos horitas! Generalmente, las disipaba tumbado á la bartola y fumando cigarrillos; otras veces me colaba en la biblioteca
y me enfrascaba en la lectura de tal ó cual
librejo vago y ameno, que á la hora de irme
me era doloroso abandonar, pero del cual ya
no volvía á acordarme al dia siguiente ... ni
nunca. Una noche, q ue no tenía gana de leer,
ni de estar echado1 me lancé á pasear por el
-complicado laberinto de salones, salitas, pa.sillos y depcndenr.ias d~l Casino.

En una de estas salitas, de mu y reducidas
proporciones, se hallaba un señor cómodamente repantigado en una mecedora, cerca
de la cual había una mesita que le permitía
tener al alcance de la mano y sin incorporarse una copa finísima de cristal, cuyo opalino contenido burbujeaba inquieto hasta coronar su superficie de blanquísima y bullente espuma.
-Buenas noches,-dije con cierta timidez,
al ver que había turbado la pacífica libación
de aquel se1ior.
-Jiu y buenas,-me respondió muy complacido y en un tono m uy agradable. ¿Quiere usted beber una copita de champagne conmigo'!"
-~lit gracias,-le repuse.
-¡Ah! Creí que me iba usted á decir mil
copas: ya sé que me las entiendo con un
buen bebedor.
Y diciendo esto, llamó á un criado y le
ordenó que me trajese una copa para beber

champagne.
Ante esta actitud tan decidida ya no me
cupo á mí otra que la de aceptar, y él mismo
fué quien sacó la botella de la heladora donde estaba puesta á enfriar y quien cogiendo
la copa de las manos del criado me la dió
con las suyas propias después de llenarla
hasta los bordes.
-Con buenas marcas se couvida usted,dije al ver la etiqueta y antes de aproximarme la copa á los labios, para corresponder
COI\ alguna chanza á tanta y tan exquisita
franqueza con que me hacía el agasajo.
- ¡Phschl En esto, como en todo, cada cual
tiene sus gustos. Para mí este Pommery es lo
mejor.
-A la salud de usled,-ledije, disponiéndome á beber.
-A la de usted,-me repuso él, alargándome su copa para chocarla con la mía.
Chocamos las copas, y bebimos. Después,
siguió diciendo:

�574

l'OR ESOS MUNDOS

se presentó con otra que deliberadamente
descorchó y puso entrn el hielo, ocupando el
lugar ele la vacía.
En visla de la nueva provisión, y para
que aquel setior comprendiera que me interesaba en lo que iba diciendo, mandé al
criado que me aproximara un sillón: en el
cual me arrellané cómodamente.
-No me he atreYido á invitarle á usted á
que se sentara... por si no le era grata mi
-Yo sé quién es usted, y cómo es usted, con versaeión.
-Sí, señor: me es gralisima.
y cuáles son sus costumbres; en cambio, us-Bien. Yo me llamo Rodrigo Salvatieted no sabe quién soy yo, ni cómo soy, y si
supiera usted cómo soy no sabría explicarse rra...
--¡Ah!-le interrumpí.-Entónces, sí sé
por qué soy así.
-Ciertamente, no sé quién es usted, ni quién es usted. Los mismos que le han hacómo,-le repuse bastante confuso.-Pero blado á usted de mi, me han hablado á mi
deja usted adivinar pronto que se lrala de de usted: son amigos miltuos.
-Just2.mente ... ¿Y qué le han dicho á usun gran señor, de un hombre de nrnndo,
muy culto, de gustos muy refinados y exqui- ted de mir ;,Que soy muy raro, no es eso?
--No, señor, no me han dicho semejante
sitos, de.. .
-¡Eh ... amigo mío, basta, basta! Yo soy cosa.
-Pue~, sí, aparentemente soy raro. Hay
únicamente un hombre medianamente rico,
que ha viajado mucho. lle leído bastante, sí; un hecho en mi vicia que me ha obligado á
tengo en mi palacio una despensa bien que yo me imponga este confinamiento. No
grande y repleta de manjares intelectuales, se sonría usted: ya está usted imaginándose
me refiero á la biblioteca: ninguno de estos una historia de amor, ó bien que me retiene
manjares ha tomado lugar en los estantes aquí la presencia de una mujer, ó bien ...
-Nada, no, señor; yo no me imagino
sin nutrir mi inteligencia previamente. Mi
fortuna, sin ser grande, me permitiría vivir n;,ida.
-Eso es mejor ... Bebamos otra copita.
con comodidad, y hasta con lujo, en Madrid,
-Bebamos.
en París, en Lóndres, en donde yo quisiera;
-Usted sabrá que yo, á pesar de estar
pero nunca saldré de esta capital de provincia, ni haré jamás otra vicia que esta que emparentado con las principales familias de
la ciudad y de conservar con ellas buenas
hago ...
Mi interlocutor hizo una pausa, que apro- relaciones, ni visito á nadie ni recibo visitas
vechó para llenar las copas, y como ya la en mi casa.
-Sí, señor: lo sé.
botella tocase á su fin con aquel despojo, el
-Y usted sabrá que yo vivo solo, asisticriado, obedeciendo sin duda á un conjuro,

EL HUESO DE ACEITUNA

do por unos criados viejos; que como solo,
paseo solo, y, por último, que vengo á pasarme solo tres ó cuatro horas bebiendo
champagne, porque, eso sí, no he podido
sacudirme la mala costumbre de trasnochar.
-A mí no me parece mala.
-Ya lo sé... Pues bien, la causa de ser ,·o
huraüo, y retraído, y misántropo, no lo sabe
nadie más que las personas que lo presenciaron, y usted que lo vá á saber porque me
merece usted una confianza ilimitada por
s~ fama de reservado y discreto y porque
siento por usted una profunda simpatía.
- Usted me confunde, Don Rodrigo.
-No, señor, no; tengo un gran conocimiento de las gentes, poseo el arte supremo
de distinguir los espiri tus fuertes, las almas
nobles, los hombres dignos de cualquiera
revelación misteriosa, y usted es, á no dudarlo, uno de estos espíritus, una de estas
almas, uno de estos hombres ... Bebamos.
-Bebamos, y gracias por todo, Don Rodrigo.
-Ya sé, ya sé,-medijocomo hombre que
está en todo-que se le aproxima á usted
la hora de recibir la conferencia... Le contaré
á usted el hecho á grandes rasgos.
-Queda, queda tiempo.
-He aquí el suceso. Yo tenía un sobrino,
huérfano de padre y madre. Era hijo único
de mi hermano el mayor, el cual le dejó á
mi sobrino pingües y saneadas rentas. Este
sobrino mío se enamoró con grande acierto
de una buenísima y encantadora muchacha,

575

también hija úmca de un matrimonio aristocrático y archimillonario. Llegado el trance de pedir la mano de la muchacha, mi sobrino recurrió á mí en demanda de que yo
cumpliese con esta formalidad, en sustitución de mi pobre hermano, y así lo hice. Se
verificó el acto con Lodos los requisitCls pertinentes á la calidad de los novios. y mi
sobrino y yo quedamos invitados para comer aquella misma noche en la aristocrática mansión de los padres de novia. Excuso
decirle á usted que, aunque se trataba de
una comida de carácter íntimo, distaba mucho de ser una comida de confianza; y entre
que exaJeraron las proporciones del homrnaje, y entre que los recursos de la casa
para hacer un acto monstruoso eran sobrado
grandes, lo cierto es qne nos sentamos á la
mesa de un comedor con la mayor riqueza,
arte, gusto y magnificencia preparado. ¡Para
qué le voy á señalará usted el detalle de que
allí estábamos todos dispuestos á guardar
la más rigurosa etiqueta! ...
-Muy bien,-intercalé bajito.
-La novia tenía un tío carnal, hermano
de la madre, que también fué invitado; este
hombre llevaba fama ue narrador ameno de
gran oportunista, de comentarista feliz: 'era
lo que se llama un prodigioso causeur, y
entre la infinidad de delicadezas que aquella familia me consagró esa noche, una fué
la de ponerme á la derecha á este señor para
que me sa:wnase la comida con las sales de
su i1,genio. A la izquierda, tenía yo á la no.

�576

!'OH ESOS !11UNDOS

via radiando de belleza, de elegancia, de lujo
y de riqueza. El buen lío no quiso perder
el tiempo en aquello de dál'scme á conocer,
y de~de que nos sentamos comenzó á contarme una hislol'ia muy graciosa, llena de ;nciden.les cómicos y salpicada de frases ocurrentísimas. Yo le escuchaba con inusitada
complacencia, mientras mondaba el hueso de
una aceituna, dándole vueltas y más vueltas
enmi boca,comosi fuera un caramelo;cuando
por el lado i,1quiel'dome pre,;enlóelcriadouna
preciosa vasija de pol'celana de Sévres ofrec-ién&lt;lome el puré. La presencia de este criado coincidió en el final del cuento, tan inesperado como gracioso, y tal explosión de
risa me pro,·ocó que lancé en la 1,opera el
hueso de aceituna que estaba mondando.
¡Qué hol'l'Or! ... Ami~o mio, como yo no tenia
pl'evislo que en el mundo pudiera ocurrirme
arrojar un hueso de aceituna á la sopera en
una comida de etiqueta, se me amontonó el
juicio y me pu~e frenético. Con tal rapidez
me levanté y tan impetuosame11te, que di un
golpe a la ~opera, bastante fuel'le para hacer! a subir medio metro y que cayera boca
abajo sobl'e la complicada foileffo de mi fu.
tura sobrina. Esta nu!'va desdicha subió de
punto mi natural sobre,;alto, y girando ve-

lozmcn to cm prendí vertiginosa cal'rera por
donde creí hallar nna salida; pero me guiaba la fatalidad, v en mi huida arl'ollé un
trinchero cargado· do vajillá, de cristalería y
de platería, el cual vino al suelo con feno:
mena! estrépito, cosa que me aturulló más y
más; y ya lóco corrí pasillo» y atravesé
salones volcando centros cargados de bibelots, jarrone::, columnas con bronces, tibores,
sillas, Lapices, y destror,ando, en fin, toda la
casa en aquella de:-enfrenada carrera de demonio desencadenado ...
Yo le oía estupefacto esta relación; él siguió diciendo:
-De todo aquel destrozo indemnicé al
n~1evo matrimonio; pero cuando yo me percaté del estrago que había hecho, me castigué á no volverá presentarme en sociedad.;.
El señor Salvatierra se qnedó jadeante y
nel'\'ioso, y después de ofrecerme otra copa
de champciyne, me dijo:
-Le he entretenido á usted demasiado.
Vara á su obligación, y cuento con un amigo; pero no le diga á nadie por qué soy huraiia y retraído. Xo reYcle usfcd á nadie mi
secreto, no refiera jamas lo que me ocurrió
con el hueso de la aceituna...
Y yo le prometí que así lo cumpliría.
FELix l\fÉNDEZ

Dibujos ele J{m·ikato

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                <text>1900-1916. Enciclopedia mensual ilustrada publicada en Madrid España a principios del siglo XX. Se especializa en temas sobre aventuras, viajes, entretenimiento, tauromaquia. Fue fundado por José del Perojo. </text>
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                <text>Imprenta particular Por Esos Mundos</text>
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                    <text>PoR Esos M UNDOS
A "'10 VIII

NOVIEI\r1BRE, 1907

1

UM. i54

LOS ARTISTAS EXTREMEÑOS

EL ESCULTOR CABRERA Y SUS OBRAS
de enhorabuena: sus
E varones másestáilustres
empiezan á ser
XTREMADURA

glorificados por los de dentrn y por los de
fuera de la patria chica. La patria grande,
al erigil' un monumento nacional á sus héroes más famosos, manda construir la estátua del temerario descubridor del Pacifico;
por iniciativa del escritor portorriqueño Don
Antonio Cortón se levantará pronto en Madrid otra estátua al autor de El diablo nmndo, y merced á Don Santiago Burgos de
Orellana, al ilustrado párroco y al Municipio de Brozas, el más ilustre de sus hijos
tendrá pronto un monumento en la plaza
principal de este pueblo; y, según mis noticias, gracias á los trabajos de los obispos de
ambas provincias, del clero y de las corporaciones oficiales, Cáceres ostentará también
en uno de sus mejores paseos una reproducción de la estátua que se ha modelado
para Brozas, existiendo en Jerez de los Caballeros los mismos propósitos re!'1peclo á
la estátua de Nuñez de Balboa que figura
en el monumento del Parque del Oeste.
Pero lo raro del caso, y esto es lo que más
contribuye á que Extremadura esté de doble
enhorabuena, es que la cuna de tantos poetas, guer,eros y políticos, que no ha tenido
hasta hoy un escultor que merezca tal nombre, ni aún en las épocas de Morales y de Zurbarán, con ser de apogeo artístico, cuenta ya
con el primero en el personalísimo y valiente
Cabrera, actualmente profesor de la Escuela
de Artes Industriales de Toledo, quien, para
satisfacción suya y honra de la tierra, ha
sido el encargado de interpretar las colosales figuras de sus tres colosales paisanos:
colosal Vasco Nuñez de Balboa en la travesía del istmo d11 Darien y el descubrimiento

del Mar del Sttr; colosal Espronceda en lo.::
fastos de la literatura e¡:;patiola, y colosal el
Brocen~e en las letras humanas, tan colosal
que, aún hoy, es admirado en el extranjero,
en cuyos primeros centros docentes vive todavía, puesto que sus obras continúan sirviendo de texto y de consulta en la~ U~iversidades más ilustres de Europa, sobre todo
de Alemania donde se sigue cursando su

Jfinel'va seti decMsis lin9ua latinre.

Del monumento á Espronceda se ha escrito y discutido tanto en la prensa de Madrid
y en la regional que no es nueva para el
público la noticia de su próxima ejecución,
Pero como á mis lectores ha de interesarles conocer el proyecto de la construcción.
verdaderamente gigantesca, q1i1.e ha de hermosear muy pronto una de las plazas de esta
corte, lo describiré á gl'andes rasgos, para
mejor inteligencia de la fotogratía que a-compaña á este articulo.
Sobre la cima de un monte, que aboceta
la forma de un coloso, triunfa, dominándolo
gallardamente, la figura móvil y arrogante
poeta. La base del monumento arranca desde
el suelo: los piés y part1:i de las piernas del
cíclope se embu len en la tierra como raíces do
tronco corpulento. Savia vivificadora lo envuelve ascendiendo en nieblas que dibujan
ramos, flores y frutos en sazón, y cristalizan
en aquellas imágenes, tan humanas como
ideales, que tuvieron vida en el pensamiento
de Espronceda. De la frente del cíclope, y
como raudal abundante, brota expléndida
alegoría que cae sobre su diestra, transformándose en la figura de Teresa. Arriba, en

�388

Jo más alto, teniendo bajo sus piés el cráneo
humillado del coloso, se yergue altiva y retadora la estátua del eximio vate mirando
arrogante al sol.

«Brozas, Julio de 1527.-Salamanca, Enero de 1601.•
En la cara opuesta á la segunda inscripción van estos versos:

Aunque el ingenio y la elocu,encia m«JS·
[tra,
El monumento al Brocense es mas senci- Francisco Sánchez, se me concediera,
llo y de otro carácter. Por ser la enseñanza por toi-pe tne juzgara y poco diestra
la nota más saliente del eruditísimo catedrá- si á querer alabaros me pusiera.
tico de la Universidad de Salamanca, lo ha Lengua del cielo única y maestra
representado el artista en actitud de estar tiene de ser la que po1' la carrera
de vuestras alabanzas se dilate;
explicando en el aula.
Sobre un pedestal de puro renacimiento que hacerlo humana lengua es disparate.
español y limpio de todo adorno, en harmonía con la sencillez del maestro, se destaca
la estátua de éste, sentarlo en un sillón de
la época. Con la mano derecha sostiene un
libro abierto, y con la izquierda hace ademán
de estar hablando.
En las cuatro caras del pedestal se Icen las
inscripciones siguientes:
«La villa de Brozas á su hijo más ilustre
el doctor Don Francisco Sánchez Flores.•
«La admiración de los extraños le vengó
de las envidias de los propios. Justo Lipsio
le llama el Mercurio y el Apolo de España;
Scippio vé en él un hombre divino, y Baillet le proclama príncipe de los gramáticos.•

389

EL ESCULTOR CABRERA Y SUS OBRAS

POR ESOS MUNDOS

llliguel de Cervantes Saavcdra. «La Galalea•.
Libro IV. Canto de Caliope.

La estátua de Vasco Núñez de Balboa, que
he citado al comienzo de este articulo y de
la que es posible se haga una reproducción
para Jerez de los Cabal le ros, es una de las
cuatro que ha modelado Cabrera para el
monumento á los soldados españoles que han
muerto por la patria en América y Filipinas, ó sea la que acompaña á las de Magallancs, Vara de Rey y Villamil, sobre la cornisa de dicho monumento.

Monumento á Espronceda, por Cabrera

Descubrir ahora á Esproceda, al Brocense
y á Núñez de Balboa seria inferir un insulto
aún á las personas menos cultas. Pero como
no ocurre lo mismo con el autor de las citadas esculturas, porque su modestia y lo retraído de su carácter hacen que casi sólo sea
con?cido, á la vez que admirado, por los del
oficio y por los críticos de arte así como
también, y muy principalmente, 'por ser el
primer escultor que tiene Exlremadura me
permitiré darlo á conocer al resto de lo~ espa~oles y seguramente á la mayoría de sus
paISanos. Y ya que voy á tratar del primer
escul(or, bueno será decir algo de los primeros p!Iltores extremeños que han surgido en
aquel desierto del arte desde que faltaron
Morales y Zurbaran.
Extremadura parecía un campo estéril
para las Bellas Artes y sólo fértil en políticos, pensadores, literatos, conquistadores y
aven~ureros. Comarca esencialmente agrícola, S!Il grandes centros de enseñanza, sin
una de esas populosa ciudades que sirven
de núcleo á todas las de su región relacionándolas entrti si y poniéndolas en contacto
con las influencias de otras provincias sin
más academias de dibujo que las lecci~nes
de algún que otro maestro de instrucción
primaria, y sin estímulos artísticos de ninauna clase, si algún talento nacía no cont:ba
con medios para llegar á revelarse y se hallaba condenado á permanecer oculto, como
el oro en las entrañas de la tierra hasta que
algún afortunado minero lo de;cubriera y
mostrase á la brillante luz del sol.

Monumento al Brocense, por Cabrera

Las Escuelas de Artes y Oficios modernamente establecidas en ambas capitales extremeñas lhan sido los mineros de este olvidado rincón de España.
Antes y con independencia de ellas únicamente pudieron florecer, en el sialo XIX el
notable pintor de bodegones D':in FeÍipe
~beca, por haberse educado en Sevilla, y el
msuperable acuarelista Don Nicolás Mejía,
por haber venido á Madrid para estudiar
Medicina y cambiar el camino del Coleaio de
San Cárlos por el de la Escuela Superiot· de
Bellas Artes.
Las limitadas enseíianr.as de las Escuelas
de Artes y Oficios han bastado para hacer
sur_gir, á su modesto influjo, una pléyade de
ª:ltstas corno no era posible imaginar. Los
p~ntores todos son casi niños, pero todos
vrnnen pegando é imponiéndose por su aenio y pot· su propia originalidad.
"
Eugenio Hermoso, el autor de los Estudios que fueron premiados con tercera medalla en la Exposición Nacional de 1904 y
del cuadro La Jwnia, la Rifa y sus amigas,
por el que obtuvo una segunda en la de
1906 (siendo juzgado por la critica digno de
una primera), marcha á la cabeza de todos.
Co_n ~ermoso!que aún no había cumplido los
v~mtitres abrtles, se presentó, en la Exposición de 1906 Adelardo Covarsí, de diecisiete,
autor del cuadro Atalayando, que si solo
fué premiado con mención honorífica v categoría de tercera clase, debió ser porque los
señores del jurado no habrían visto probablemente, ninguna de esas puesta~ de sol
tan frecuentes en Extrernadura y supondrían tocado de modernismo lo que era una

.
Monumento á Marlínez Campos, por Cabrera

�390

POR ESOS MUNDOS

EL E:;CULTOR CABRERA Y SUS OBHAS

copia exacla de la realidad. A Hermoso y á. C~var~í
les acompañan, entre otros jóvenes, pero ya d1stmgmdos artistas extremeños, los siguienles: Don Conrado
Varona, Don José López Zuazo, Don José López Jiméne-., Don Leonardo Rubio, Don Manuel Vadillo, Don
Joaquín García Rubio, Don Juan Carmona, Don Gustavo Hurtado, Don José Rebollo, Don .Nicanor Alvarer.
Gala, Don Iliginio Pérez. Don Ramón Cilla, Don Martín Rivera y la señorita Pilar Terrón.
Entre lanlos artistas solo se rlestaca un escultor.
Aurelio Cabrera y Gallardo, el que, por carecer en
absoluto de medios, á pesar de su decidida vocación
no sería hoy- más que un experto ebanista si las circunstancias de tener que ser soldarlo no le sacan de
Alburquerque (pueblo de la provincia de Badajoz)
rlonde vió la luz el 16 de Enero de 1870, siendo sus
padres Don Angel Cabrera Orrego y Doña Olaya Gallardo del Pulgar.
Empezó, corno lodos los chicos, emborronando cuantos papeles cogía, hasta que á la edad de siete años
(y en vista de la afición que demostraba), con esa
intuición de que Dios dota á las madres, decidió la de
Aurelio que éste aprendiese á dibujar, encomendando
su ense1'ianza al maestro de primeras letras Don Eu genio Bugarín y- Navano. Este le enseñó los rudimentos, más larde le hizo copiar láminas de La ]lustración Artística,
y , por último,
lo inició en el
Estátua de Vasco Núñez de Balboa,
manejo de 1 o s
por Cabrera
colores, permitiéndole trabajar en un cuadro de asuntos de caza que
él (el maestro) compuso.
De propia cuenta se atrevió el discípulo á restaurar
unos lienzos de San . José y la Verónica, y terminada
esta labor la emprendió nada menos que con un cuadro de San la Teresa v un aulo-relrato.
Con este auto-retrato dió por terminado su aprendizaje, y con el aprendizaje su carrera artística,. para
entrar en una ebanistería, donde se estaba adiestrando
en el oficio de tallista cuando en Enero de 1889 le
tocó servir al rey, y fué destinado (en Junio) al regimiento de Caslilia qut: guamecia á Badajoz.
La Yida de Cabrera, á partir de este instante, puede
servir de ejemplo de lo que es capaz un hombre con
fuerza de voluntad si tiene recursos mentales, aunque carezca de otros que parecen imprescindibles.
Contando con el permiso de SllS jefes, reanudó en
la capital la ensefianza que empezara en el pueblo,
asistiendo por las noches á la clase de dibujo del
profesor particular Don José Caballero y Vizuete. Para
dispdner de más tiempo procuró ser rebajado del servicio! y en 'esta situación conslru yó para el teniente
de su compañía Don Guillermo Ruiz Mira alguI?OS
muc*es de lujo, en los que hizo trabajos escultóricos,
tales como un busto tallado en madera que formaba
parte- de un armario de luna, unos tableros de aparaEstátua de Vara do Rey, por Cab~era
dor representando_ lucha_s ani~al_es y 9&lt;&gt;~,.medallo-

?~

391

nes con los bustos de Napoleón y del tenien- ral, del poeta Don José Díaz .Macías y de la
te Ruiz.
esposa de éste, y empezó el busto en márEstas fueron las primeras obras que expu- mol de su generoso protector.
so al público Cabrera y que le valieron muDesde que terminó sus e3tudios en la Eschos encargos, que aún se conservan en Ba- cuela de San Fernando, y antes y después
dajoz. Entre ellos, figuran: unos tableros de de ir á estudiar el arle extranjero en la Expuertas, para la Capitanía general;tres sillas posición de París de [900, no ha dejado de
y un sillón, para Don Angel Pcssini; un sitrabajar en la escultura; y frutos bien sazollón, para Don Eladio Rubio; y otro sillón, nados de sa constante labor han sido las vacon una alegoría de la República, para Don rias obras presentadas en las Exposiciones
Regino Izquierdo.
nacionales de 1899, 1901 y 1904 y en la del
Mucho más que los encargos vino á favo- Círculo de Bellas Arles de 1903.
recer á Cabrera el conociEn la de 18!fü presenmiento y la protección,
tó una estatua en yeso, de
que adquirió entonces,
tamafio mayor que el nadel aristócrata arlistaDon
tura!, titulada Fecial, que
Braulio Pizarro, por cuganó una tercera medalla
yas gestiones ingresó en
y hoy se conserva en el
1891 en la Academia mlljardín de la finca titular
nicipal de Dibujo y Pindel conde de la Torre del
tura, donde, bajo la espeFresno.
cial dirección d e Don
En la de 1901, presenFelipe Checa y- Delicado,
ló dos obras: Prometeo
continuó ampliando sus
moderno y San Sebasestudios basta 1896; sienlián.
.
do tanto su aprovechaEl Pi-omeleo de la 1uimiento que en todas las
lologia griega fué condeasignaturas ganó la nota
nado por Júpiter á estar
de sobresaliente. En la
encadenado á una roca,
Exposición Regional de
mientras un águil~ le des1892 obtuvo una mención
trozaba las entra1'ias; el
honorífica por dos cabezas
Promete-O moderno está
que presentó, dibujadas
amarrado á u n yunque
al lapiz del yeso, y, por
mientras un buitre hunúltimo, á propuesta de
de su corvo pico es el
sus profesores, fué nomescuálido pecho del obrebrado auxiliar de la misro que lo representa, en
ma Academia.
tamaño doble del natural.
Don Braulio Pizarro lo
El San Sebastián, que
había presentado al opufué premiado con tercera
lento y- expléndido sefior
medalla, adquiriéndolo el
conde de I a Tone del
Estado, que lo destinó al
Fresno, y, al terminar
~Iuseo de Arte Moderno,
Cabrera el servicio de las
:;an Sebaslián, por &lt;.:aurera
había sido ejecutado paarmas, le concedió este
·
ra las oposiciones de penmagnate una pensión para que completara sionados en Roma de 1899; oposiciones en
sus estudios en Madrid.
que tomó parte Cabrera, quien, huérfano de
Una vez en la corte, ingl'esó en la Escuela iníluencias, no consignió la plaza que deseaSuperior de Pintura Escultura y Grebado, ba, pero le indemnizaron con creces los elodonde supo aprovechar el tiempo durante gios tributados por la prensa á sus brillantes
los cursos de 1896-97 y- 1898-99, conquis
ejercicios y las enérgicas censuras á la contando once diplomas en las clases ele Pers- ducta d('] tribunal.
pectiva, Anatomía artística, Dibujo del antiEn la Exposición del Círculo de Bellas Arguo, Modelado del antiguo y Ropaje y- Dibujo tes de 1903 conquistó un primer premio por
del natural, más el premio de 250 peseta;:; una cabecita rle niño titulada El sobrinito
de la clase de Teoría é Historia de las Bella&lt;; riel cura, trabajo que fué á parar al .Museo
Artes.
que en Jerez do la Frontera posee Don l'ePor estos años, y en los dos período-; de dro Aladro, el pret(lndiente al trono de Alb:i.vacaciones veraniegas, que pasó en Badajoz, nia.
hizo los retratos en bronce, de lama110 naluEn la Nacional de f904 obtuvo una men-

�392

POR ESOS :MUNDOS

siendo de Cabrera los baj9-relieves de la.
cúpula y las pechinas que representan alegorías de la Justicia, del Comercio y de la
Ciencfa.
En 1904 1e.
encargó el Municipio de Badajoz la estatua
del monumento
á Cervantes.
En 1905 tomó parte con el
señor Carretero
en el concurw
del monument o a 1 general
Martínez Campos, presentando un proyecto bastante parecido a I que
~e ha ejecutado
al fin; con moSepulcro de un infante de León, por CRl&gt;rera
de la Vega,
tivo del cual, y
consistente en
defendiéndose
un grupo que sube una pendiente á cuyo de los ataques de otros concursantes escrifinal hay una sepultura: un adulto lleva a un bieron los señores del Jurado: «Si aigo puniño sobre su hombro izquierdo y con Al rliera mole!¡larnos, nos compensa con creces
brazo derecho va sujetanl a exquisita e o r rección
do á un anciano que cae
demostrada por los señodesplomado en la fosa.
ñores Carretero y Cabrera
Digne de ser citado es
q u e han compuesto un
también u n caprichoso
bellísimo boceto»; y en el
tintero representando la
mismo año 1905 terminó
Muerte, de laque surge la
y expuso un admirable
Vida, el beso fecundo de
retrato, hecho en madera,
dos cabezas (de hombre y
de Don Ricardo Baroja,
mujer) que salen de lo
que mereció este juicio
alto de una calavera
de Francisco Alcántara:
que está rodeada de una
«Es una talla exquisita
guirnalda que forman vay tan rica de espiritualirias cal:iecitas de niños.
dad, t a n vib1 ante, que
Independientemente de
merece ser señalada como
las Exposiciones, le preuna excepción que honra
miaron en 1903 el proal talento de Cabrera. Es
yecto que en colaboraverdad que este artista
ción de otros artistas prees de los más penetrados
sentó en el concurso para
del espíritu de la crítica
el monumento á los solmodernar.» Y esto es pordados mue1 tos en 1 as
que, como dice otro críticampañas do Cuba y Filico, «Cabrera es de los
pinas, con destino al cual
que sienten el Arte con
ha ejecutado las estátuas
todas sus grandezas, sin
d e Balboa, Magallanes ,
alambicamientos ni mezVara de Rey y Villamil,
quindades, como lo demuestra lo espontáneo y
y en el mismo año de
rápido que es en sus con1903 le adjudicaron, tamMonumento á Cervantes, por Cabrera
cepciones, I a seguridad
bién p o r concurso, en
unión del señor Pota, la decoración artís- de sus trazos, la bella rudeza de sus obras, el
tica de la Diputación provincial de Lugo, sello de grandiosidad que, por intuición, da

ción honorífica en Arte decorativo por un
bajo-relieve, de tamaño natural, representando la Ciencia, y fué propuesto para una
ccndecorac i ó n
por la cabeza
de estudio que
oxpuso en la
Sección de Escultura, donde
también p re s e n t ó varios
bocetos , entre
los que sobresalen los tituladosPor honor,
que representa
una jóven escarbando I a
tierra con las
manos para enterrar el fruto
de su deshonra, y La cuesta

393

Á SUS LABIOS

prensa. De los lectores de POR Esos MuNoos,á quienes be brindado las primicias de
la presente informa. *
ción, solicito atención
r
**
para el artista, que si
r
Tal es la personaliya es conocido en Madrid por la estátua de
dad de esta artista extremeño, cuya modesNúñez de Balboa que
se levanta en el monutia es tan gran~e como
el mérito positivo de
mento que da frente
sus trabajos.
al Parque del Oeste,
Darlo á conocer, aún
pronto será admirado:
sabiendo que sus más
tan pronto como esté
íntimos sentimientos
hecho el emplazamienhan de ser heridos, es
to del monumento á
obra de justicia, y yo
Espronceda , caractequiero ser uno de los
rístico por su atrevido
que la realicen contripensamiento y por su
bu yendo con mis fuervaliente ejecución, cozas y con mi voluntad
mo desde ahora puede
á arrancar á Cabrera
formarse idea el púde su retraimiento hablico al contemplar la
ciendo patente su vafotografía de di c h a
Aurelio Cabrera y Gallardo, escultor extremeño
ler. Uno de los medios
obra de arte que en
11ue más facilitan este conocimiento es la estas páginas queda reproducida.

á estas, y la justa y jamas estudiada sobriedad que desde luego se observa en ellas.•
~

• JosÉ CASCALES Y MUÑOZ,
Cronista de Exlremadura

A SUS LABIOS
Lábios húmedos y rojos
á mi boca antes opresos,
¿por qué ocultáis vuestros besos?
¿á qué tan crueles enojos?
¿Habéis bebido el leteo,
boca de perlas y grana,
ó sóis flor de una mañana,
sanguínea flor del deseo?
Boca de pétalos rojos
donde el ámbar se deslíe:
vuestra dueña no sonríe ...
Y_oy á besarla en los ojos.
FERNANDO DE

ZAYAS

�CRÍ~IEN SIN RASTRO

CRIMEN SIN RASTRO
(CUENTO)

acostada, Elisa preguntó:
YDesde
-¿Y tú. qué hacesil
el gabinete, donde se hallaba apolA

tronado dentro de un cómodo butacón de
gutapercha y ante la chimenea bien encendida, Pedro Gallo rep:icó secamt?nte:
-¿.Qué quieres que haga?... ¡Leer! ¿,No lo
s3hes?
Hubo en su voz un trémolo agrio, estridente, de infinito rencor: uno de eso!¡, odios
sobrehumanos que, al saciarse, demuestran
á los legisladores la utilidad de no abolir la
pena de muerte. Transcurrieron algunos instantes de silencio. Después tornó á oirse la
voz de Elisa, voz apacible, llena de inefable cordialidad maternal, que decía:
-¿,Estás enfadado?
Sin apartar los ojos del libro, Pedro Gallo
repuso:
- No.
- ¿Estás enfermo'r
El no contestó. Tenía los dientes cerrados
nerviosamente; la ira había teñido de carmín
sus mejillas carnosas y su cuello corto,
propenso á la congestión.
Desde 1 a suave penumbre azulina del
dormitorio, la voz indulgente interrogó de
nuevo:
-¿.Te duele algo, Pedrín?
Pedro clavó en el techo de la habi.tación
una mirada furiosa.
- ¡No!-gritó.--Estoy perfectamente ... Nada me duele ...
-¿Quieres que me levante y te acompañe
o!ro ratito?
-¡Quiero que me dejes en paz! ¿Me has
comprendido?...
Después, temiendo haber puesto demasiado aborrecimiento en sus palabras, agregó

con esa blandura con que solemos tratar á
as personas de que esperamos separarnos
muy pronto:
-Ea... Bueno ... ¡Hasta.mañana!
-Hasta mañana,-repnso la voz cariñosa,
suspir¡rndo.
.. ,
Chasqueó en el silencio la llave de la campanilla eléctrica, apagóse la luz, y sobre el
ne11ro fondo del dormitorio á obscuras, la
pu:rta, vista desde •e [·gabinete, pareció una
boca.
Pedro Gallo continuó leyendo, gustando
la satisfacción subidisima, penetrante, de
sentirse solo. Bruñidas por el incendio de
los leños que crepitaban en el hogar, sus
botas de charol tenían reflejos de azabache.
Era un hombre como de treinta años, musculoso y cetrino; un espeso bigotazo negro
adornaba su semblante, rostro sanguíneo colocado entre una bóveda craneal pequeña
cubierta de ásperos cabellos cortados al
rape, y unas mandíbulas robustas, llenas de
vehemencias primitivas. Los pulmones, al
hincharse de aire, dilataban la convexidad
poderosa del tórax; la anatomía de los hombros y la amplitud de la espalda testimoniaban una gran fuerza física; las manos, corlas como la frente, decían cuán irreflexivos
v violentos' debían de ser los impulsos de
áquel carácter.
Repentinamente, cediendo á uno de los más
recónditos borbollones de ira que mueven
sin cristalizar el gesto, cerró el libro, que
arrojó al hogar . ardiente, y un momento pareció distraerse al ver cómo las bojas se
abrían y caían entre las llamas hechas ceniza. Fué una acción inmotivada y bárbara, en
la que un observador hubiese visto pasar el
perfil de un crimen.
Poco á poco, cual si volviese de una pe•
sadilla, Pedro Gallo pareció re~obrar el ple-

no dominio de sí mismo. Sus ojos, desmesuradamente ~bierlos hasta entónces, parpadearon; movió los brazos; las manos, crispadas un momento en ademán ofensivo se
abrieron.
'
Miró á su alrededor: la alfombra color
musgo, el con.torno lujoso y elegante lle los
muebles, los Jugueteros cargados de cachivaches inútiles y
bonitos. Era innegable que en
un a habitación
así se viví a
bien . Las manecillas de un
reloj de bronce
colocado sobre

395

Su cuerpo vibraba como un horno encendido. «Es necesario concluir de una vez,•
murmuró.
Y bajo la anuga vertical de su entrecejo,
pliegue siniestro donde el destino parece
sembrar como en un surco las semillas de
sus tragedias, brotó la resolución rotunda,
irreductihle. de deshacerse de su compañera.
-La mataré,-pensó.
P a r a robustecer esta
decisión, quiso ver áElisa, porque viéndola estaba cierta de aborrecerla
mejor. Quedamente, andando de puntillas, penetró en la alcoba y enrendió la luz colocada sobre e 1 lecho,
~afa~:eneef
de la media no'
entre 1as nieche.
blas de museliPedro recordó con
na de un mosamargura s u s días
quitero. Elisa
solteros, días de desdormí a con
preocupación y libersueño profun tad en que para su
do.Representaantojo no hubo puerba más de cuarenta
tas cerradas. Un fuy cinco año s; sus
gitivo tropel de imácabellos grises, casi
genes saturnalescas
blancos, ponían soinvadió su memoria.
bre su frente un seEnlónces e r a pobre y
micírculo de
avam:aba por el mundo
tristeza; el
á tientas, cual un turista
cuello había
perdido en una cueva; mas, en
perdido' la gracambio, dentro de su alma la
c i a mórbida
Pedro Gallo seguía leyendo, gustando de la
dicha de vivir ardía perenne,
de
sus líneas
satisfacción de hallarse solo
como un a lámpara enorme y
juveniles; las
sagrada. Al cabo, en una hora de pamco, mejillas sin color, un poco fofas, parecían
de «miedo . insuperable» ante la amenaza conservar el desaliento amar110 de todas las
de un porvenir sin caminos, bµscó refugio lágrimas que pasaron sobre efias.
en el matrimonio; y su boda con una mu-Hay que matarla ... -aconsejaba en los
jer vieja y celosa á quien no amaba fué profundos de Pedro una voz fría.
algo terrible, envolvente y aprisionador, que
Cruzado de brazos, inmóvil, como envuelentihtó todos sus designios. Era rico. Pero to en una impasibilidad de verdugo, Pedro
¿,de qué le servían sus riquezas si todas jun- Gallo observaba á su víctima: aquella pobre
tas no podían comprarle un solo día de li- mujer fea, vieja, ridículamente celosa en su
bertad'? ... Y Pedro Gallo pensó que el precio pasión casi senil, que le acompañaba á toá que la Fortuna le había obligado á pagar das partes, cerrándole todo3 los caminos del
aquellas comodidades era excesivo. En el
pecado, y fuera de la cual no podía ver ni
curso de sus reflexiones hubo una pausa, un aspirnr á nada, cual si aquellos dos brazos
s\lencio, una especie de sombra; luego,resu- abierto, fuesen para él un horizonte.
c1laron sus deseos de vengarse perentoria-La muerte que reciba de mí,-discurría
mente de la mujer cuyos brazos enamora- Gallo-será rápida y no la hará sufrir: su
dos parecían haber ceñido una cadena ·á sus agonía dural'á lo que tarde en cerrar los
rodillas. Estos propósitos mordieron su co- párpados... ¡Ella, imponiéndome su amor, es
razón acelerando su marcha, la ola san11ui- mucho más cruel! Ella también me mata,
nea hinchó las yugulares, acarmináronse"Jas me muero de tedio, y de todos los suplicios
mejillas y experimentó en la,s sienes el dolor el tormento del fastidio es el peor ...
de ullf\ quemadura.
Comenió á desnudarse y lanzó un suspiro.

:f~

ft''I

�3!:IU

POR ESOS MUNDOS

Después, sonrió ufano. Su plan era bueno
-¡Hay que concluirl-repitió.
Elisa abrió los ojos. En sus labios flotó y había que realizarlo sin vacilaciones: la
una sonrisa alegre: frolóse delicadamente loe, llave de su libertad estaba allí.
párpados con la yema de sus. meñiques enII
joyados.
-¡Ah! ... ¿Eres tú?-dijo.
Una noche, hallándose de sobremesa, PeY seguidamente, cual si recordase algo
dro Gallo dijo á su mujer que había descumal oído entre sueños, preguntó:
bierto á poco mas de dos leguas de la ciudad
-¿Con quién hablabasi'
Pedro Gallo la miró suspenso, creyendo y cerca del río un lugar precioso, un verdahaber dicho algo en voz alta, y por su fren- dero rincón suizo, que llamaban El Ba1·1·anco.
te resbaló una palidez hú-Si quieres verlo,
meda.
te alegrarás. Es una
-Con nadie hablaba,región agreste , semrepuso.-¿Por qué lo debrada de pinos, desde
cías?
la cual se atalaya un
Y, sin advertirlo, apretahorizonte vastísimo.Al
ba los puños, cual si el tepié del cemor de hallarse descubierrro de que
to le convenciese de que
hablo corre
la hora de asesinar era lleel río: pasa
gada. Pe ro Elisa estaba
entre rocas,
tranquila; sus ojos, cargaespumean dos de sueño, volvían á
te, con pecerrarse.
queiios fra-Por nada, - con testó.
gores de
-Me había parecido ...
catarata, y
Pedro
no puedes
acabó de
imaginar la
desnudarse
·poesía iney se acos- (
fable que
tó. A¡:agó
la voz del
la luz. Eu
río, que allí
el reloj del
tiene impagabinete
ciencias
y
sonaron las
-Hay que malarla,-aconsejaba en lo.o profundos de Pedro una voz fria
bravuras de
tres. Sobre
la misma almohada, junto á la cabeza de torrente, presta á todo aquel paisaje.
Y prosiguió, confortado por la atención
Elisa, cabeza triste, cabeza blanca, mecida
por ensueños de amor, la frente pelinegra de que Elisa dedicaba á sus palabras:
-Anímate, y el día de mañana lo pasaPedro Gallo se agitaba eo u1.a roja pesadilla
de odio. Una idea fija, implacable, le tala- mos allí. Almorzaremos bajo los pinos.
La idea de no separarse de su marido en
draba el cerebro.
-Es necesario descubrir u n medio de tantas horas encantó a la mujer: aquel pamatarla sin comprometerme, un ardid sen- seo sería una buena copia de sus tiempos
cillo: siempre lo sencillo fué lo mejor...
mejores, cuando siendo novia de Pedro amY continuó discurriendo en aquello tenaz- bulaba con él por el campo, á la puesta del
mente, febrilmente, convencido de que los sol, el espíritu perdido en el miraje de un
hombres, como autores que son de su histo- sagrado preludio de amor.
-¡Ya lo creo que irél-exclamó.-¡Con
ria, tienen la obligación de dar al drama de
su vida un buen desenlace. Para Pedro Ga- toda mi alma!...
llo, quien no supo prepararse una vejez fePor la frente del esposo res~a~ó, en un
extremecimiento de arrugas casi impercepliz es un dramaturgo, un autor silbado.
Al fin, creyó hallar el golpe obscuro, el tibles, un mal pensamiento. Bajo el bigotazo
crimen sin rastro ... Apoderóse de la idea, re- negro y áspero, la boca, de lineas duras, pergistrándola minuciosamente, apreciando sus maneció silenciosa.
ventajas, midiendo sus inconvenientes, so-Lo que conviene saber-agregó Elisapesándola y escudriñándola desde todos los _es si el coche podrá subir hasta tan alto.
puntos de vista, como joyero que exami-Si, puede,-repuso él-porque el cami,
na una piedra de dudoso oriente.
no es bastante ancho y está muy cuidado..

CRIMEN SIN RASTllO

De todos modos, y para que las caballerías
no se fatiguen mucho, engancharemos los
dos tiros.
Y añadió, sonrienrio fríamente y con cierta perplejidad en la voz:
-Los caballos iran enjaezados a la andaluza, y el estrépito de sus colleras alborotará el barrio y todos los curiosos se asomarán á vernos partir.
Ella reía escuchandole v casi estaba hermosa en aquel resplandor' de felicidad que
arrebolaba sus mejillas. Preguntó:
--¿,Vendrá Juan con nosotros?
El titubeó la cabeza, dudando.
-Como quieras,-dijo.
-No, como yo quiera, no... Como dispongas tú.
Pedro la miró amorosamente.
-Yo creo-murmuró picaresco-que solos estaríamos mejor... ¿Verdad?... Algunas
veces los criados estorban ...
Ella repetía embelesada:
-¡Qué felicidad! Todo un día contigo...
¡Hacía tanto tiempo que no pasábamos así,
de un tirón, veinticuatro horas juntos!...
Aquella noche á Elisa la alegría no la dejó dormir. Su marido, en cambio, durmió
profundamente, con uno de esos sopores
que siguen á las grandes agitaciones nerviosas.
A la mañana siguiente, muy temprano, los
cuatro caballos estaban enganchados al coche y prontos a marchar. En el pescante las
{)riadas habían colocado dos cestas que contenían el almuerzo de los expedicionarios.
Un sol de Mayo alegraba las fachadas de
las casas, revocadas de blanco, y bruñía la
verde lozanía de los árboles. El aire era
fresco. Ninguna lluvia empañaba la limpidez
del infinito azul.
Ya en la calle, Pedro i11terpeló á Elisa, que
estaba explicando a las criadas lo que en el
transcurso del día debían hacer.
--Ea, ¿qué resuelves? - dijo. - ¿Viene
Juan con nosotros?
Ella repuso apresuradamente:
-No, no ...
-Y si no quieres que venga Juan--iusistió él--Leonor ó Catalina pueden acompañarnos ...
-No, no ... ¿,Para qué?...
Se había puesto roja, avergonzada de evidenciar ante la servidumbre su inocente
deseo de estar con su marido á solas. Pedro
Gallo alzóse de hombros satisfecho, comprendiendo que aquel breve diálogo bastaría
más adelante á resguardarle de cualquie1a
peligrosa sospecha.
Elisa se babia instalado en el coche, y bajo
.el casco anciano de sus blancos cabellos, sus

397

labios llenos de bondad sonreían á las criadas, a los vecinos que la saludaban desde
sus balcones á las casas y a los árboles bañados en s~l. Entonces, Pedro trepó ágilmente al pescante, ajustóse bien sobre la
frente el ancho sombrero cordobés, empuñó
las riendas, pintó en el aire con la punta del
látigo una rúbrica sonora, y los cuatro caballos partieron atronando la calle con una
recia greguería de cascabeles y herradu~as.
Viéndole tan gallardo y tan mozo, Ehsa,
sentada tras él, le envolvía en una de esas
miradas de inagotable dulzura maternal cu yo
secreto solo conocen las mujeres que pasaron de los treinta años.
Más de una hora tardaron en recorrer el
camino, que deslizándose al principio paralelamente al río, trepaba luego en zig-zags
sarmentosos hácia las tierras cubiertas de
pinares. Elisa y Pedro callaban, como invadidos por el alma silenciosa del campo que
ondulaba blandamente hacia el horizonte;
aquí y allá, las alquerías y las paredes de las
huet-tas, ponían blancas desgarraduras sobre
el fresco verdor de los bancales sembrados
de trigo y de centeno. Los caballos avanzaban ganando la cuesta penosamente, alargando el cuello, y sus ancas sudorosas relucían al sol v sobre la tierra bermeja del camino sus hérraduras resbalaban bulliciosas.
Bajo el látigo restallante, los P?bres auima~es
humillaban la cabeza y el miedo al castigo
pasaba por sus dorsos con un temblor de
músculos.
Cuando llegaron á El Barranco eran la
once. El sol picaba, y Elisa, molestada por el
calor, apresuróse a buscar la sombra de unos
arboles. Bajo su sombrilla roja y en el incendio de sus mejillas quemadas por el sol,
los cabellos de la pobre mujer parecían más
blancos . Pedro desenganchó los caballos,
que al sentirse libres diéronse a brincar y á
pacer de la mucha hierba que por allí había.
Ella preguntó:
-¿No les pones las manillas?
El repuso:
-No es preciso ... No hay cuidado de que
se escapen: son mansos.
Sobre el coche, que dejaron en un claro
del bosque, flotó esa melancolía indefinible
de objeto robado que parece de~prenderse
de los baules vacíos.
Tumbados en el suelo, Elisa y Pedro almorzaron alegremente. A los postres, después de beber el café, él encendió un cigarro puro y comenzó á fumar tranquilamente. Ella le contempló largo rato, en una
especie de cariñoso arrobamiento; luego cerró los ojos; después los abrió; tornó á cerrarlos...

�3!!8

LOS DOS DESTINOS

POR ESOS Mu:.oos

-Tengo sueño,-dijo.
Pedro repuso:
-Duerme.
Los párpados de Elisa volvieron á cerrarse: era una modorra invencible, una laxitud
intima y dulce que aflojaba sus músculos y
apagaba la lui de sus sentidos. Este sopor
provenía de los vapores de la digestión, de lo
poquísimo que había dormido la víspera, de aquella quemante reverberación solar que la escocia
los ojos y de todo aquel
vaho de savias nueva~
que brotaba de la tierra
como un mador de vida.
Pedro Gallo, que contaba
con la complicidad del
sueño, aguardó tranquilamente, mientras empujaba el cigarro puro de un
extremo á otro de su boca entre sus labios crueles. Rodeábales un silencio absoluto, el silencio
enorme del mar libre; únicamente de tarde en tarde, allá á lo lejos, vibraba
el canto monótono de algún arriero ó de algún
pastor.
Pedro Gallo , que no
apartaba los ojos de su
mujer, musitó:
-Elisa ...
Ella no contestó: do r mía profundamente, pecho arriba ;
uno de sus
antebrazos,
cruzado bajo su
nuca, la servía
de almohada. El
repitió, sin obtener respuesta:
-Elisa ...
Entonces, levantóse sigilosamente, con pasos de zorra, y sacó de un hoyo cercano, cubierto de hierbajos, un objeto que dejó soterrado allí la víspera. Era una maza corta y
recia, semejante, por su forma, á un as de
bastos; la parte de la empuñadura era delgada y podía agarrarse muy bien; sobre la
parte más grueso, Pedro Gallo había clavado
una herradura, y previsoramente la colocó
del revés, de suerte que los dos extremos de
su media luna quedaron hacia arriba. u~
instante estúvose perplejo, mirando á ,u al-

rededor; luego, seguro de hallarse solo, avan:1.ó sobre Elisa rápidamente, blandiendo su
arma. La hora de recobrar su libertad había
llegado.
En aquel instante, la victima, obedeciendo
quizás á un presentimiento, despertó. En su;;
pupilas claras ardió el relámpago de un terror supremo.
- ¡Pedro!
-gritó .¿Qué haces?
No pudo
decir más: la
maza esgrimida por el
brazo hercúleo del asesino cayó sobre su frente,
hu n diéndosela; sobre el
hueso roto,
los clavos de
la herradura
quedaron señalados. La
muerte fu é
instantánea.
Requerido
por la justicia, Pedro
Gallo declaró que su
mujer falleció de la co~
de un caballo.
- Habíamos pasado
el día en el
campo, -dijo-y des pués de alEl hercúleo brazo de Pedro
morzar, venes~rimió la maza
cidos por el
ca I o r, nos
quedamos dormidos. Un grito de Elisa me
despertó; cuando me incorporé ví que uno
de nuestros caballos se alejaba de nosotros
al galope, y á mi infortunada mujer inmóvil,
con el cráneo huudido ... Entónces, fuera de
mí, eché á correr pidiendo socorro. No sé
más ...
Los peritos llamados á declarar reconocieron que la víctima había muerto, efectivamente de una coz, y comprobaron que las
herraduras de los caballos de Pedro Gallo
se ajustaban perfectamente á las dimensiones de la rotura que Elisa tenia en la frente.
Era, pues, indudai&gt;le, que el esposo, á quien

su desgracia hacia derramar á cada momento lágrimas abundantes, babia dícho la verdad. Además, los criados declararon que no
fué el amo, sino su esposa la que no quiso
que ninguno de ellos les acompañase el día
de autos. Por falta de pruebas acusadoras
se cerró el sumario, y Pedro quedó absuelto.
Nadie sospechó de él.

399

años: Hoy es Pedro Gallo un anciano grueso,
apacible, con cabellos de plata, sobre cuya
frente parece divagar la sombra preocupadora de un mal recuerdo. Cuando en el casin? sus amigos, comentando algún hecho
recrn_nt~, aseguran_ qu_e. nada escapa al ojo
ommsciente de la JUSlICia, él sonríe excéptico y se encoje de hombros.
-Os equivocáis,-dice.-Todo no se sabe·
nuestros pobres jueces son mu y torpes.
os aseguro que hay en la vida crimenes que
no dejaron rastro...

Y¿

*

**
Han transcurrido desde entónces muchos

EDUARDO ZAMACOIS

Ilustraciones de .A. Galiarto

LOS DOS DESTINOS
-¡Qué blanco, qué risueño, qué crecido,
exclamaban en torno de la cuna
mientras iban con gozo una por 'una
á besar al rapaz recién nacido.

Y en torno de otro lecho entristecido,
do á un cadáver bañaba la alba luna
exclamaban mirando tal fortuna:
'
-¡Qué pálido, qué triste, qué extinguido!
Tan duro es ver del funerario duelo
el i!anto inconsolable derramado
cual del nacer del alborozo el velo.
Emblemas son de pena y desconsuelo
.
. es malhadado '
que s1. es tr1ste
monr,
nacer feliz para morir llorado.

JosÉ MAURY

�LOS PEREGRINOS DEL ATLÁNTICO NORTE

atlántica, haciendo alli su entrada dos meses antes de lo acostumbrado: no pasó buque
por el pavoroso camino que no sufriera la
amenaza de los fantásticos espectros, que
surgian, silenciosos, de la obscuridad circundante, con su siniestro y aterrador signifi&lt;:ado. Todos los galgos del Océcino, recorredores sempiternos de aquella¡; latitudes, hallaron á su paso los blancos obstáculos, y los
hallaron tres ó cuatro meses antes de lo que
por lo general acontece, pues dichos ice1:iergs no hacen su aparición en las aguas referidas hasta Junio, lo más pronto.
LOS ICEBERGS

LOS PEREGRINOS DEL ATLÁNTICO NORTE
de sugestiva grandeza cuanE do se presencia
á la luz del día, aunque
SPECTÁCULO

mortal amenaza cuando reinan la tempestad
la niebla, es el iceberg, ó banca de hielo
flotante, cuya aparición suele ser frecuentísima en aguas de Terranova, cruzadas á diario por los grandes trasatlánticos que hacen
la travesía de Europa á América.
No hay, ciertamente, nada que atraiga y
1incadene con más fuerza la vista y la atención
del viajero que esas flotillas de islotes cristalinos diseminados en número crecido por
las aguas septentrionales, sea· cualquiera la
época del año, y que hacen prorrumpir en
exclamaciones de caluroso entusiasmo á los
&lt;:ontempladore_s de su aspecto proteiforme y
de sus coloraciones policromas. Ni hay tampoco vecindad más peligrosa para el marino
encargado de guiar un barco abarrotado de
humanidad á través de los bancos flotantes
y en plena noche, cuando una falsa maniobra puede ocasionar espantoso desastre.
Los icebergs, perpétuos caminantes de los
mares polares, blancos fantasmas, sublimemente bellos, creación acaso la más caprichosa de la Naturaleza, nacen por cientos en
los laboratorios del frígido Polo y van luego á
esmaltar la superficie del Océano como brillantes joras de formas grandiosas ó grotes&lt;:as, constituyendo un factor en el régimen
total de la vida marina cuya utilidad aún
no ha couseguido averiguar la Ciencia: Fuera de ser la ba nea flotan te el ornato y el terror de los mares, no parece hasta ahora hallarse justificada físicamente su existencia.
La pasada primavera ha sido en extremo
generosa en la producción de icebergs, evió

denciando ello un extenso deshielo de las
aguas á r t i c a s; de,shielo iniciado mucho
tiempo antes de lo ordinario, en cuanto las
montañas congeladas que infestan las derrotas marítimas debieron abandonar sus
criaderos septentrionales hace catorce meses.
Hu yendo de las solidificadas aguas durante
el corto verano polar, enderezaron el rumbo
en im·i~rno al Sur del Labrador y bloquearon el litoral de Terranova en los comienzos
de la primavera. Los furiosos vendabales del
Norte empujaron las bancas hacia el mediodía, un poco tempranamente, y de ahí el
el hecho de hallarlas á diestro y siniestro en
su camino los barcos pescadores de focas,
cuando en Marzo y Abril último, bordeaban
no sin extremo peligro, la costa de Terra~
nova.
No todos esos buques escaparon á la amenaza. Por ejemplo, el Leopard fué abordado
por un iceberg y echado á pique, salvándo;;e de milagro sus ciento veinte tripulantes,
que para alcanzar tierra firme se vieron
obligados á cruzar á pie muchas millas de
hielo á medio fundir. Otro barco pesquero, el
Greenland, de resultas d e una colisión
con un iceberg, estuvo cuatro días sosteniéndose á flote merced á 1 o s esfuerzos
sobrehumanos de s u s ciento cuarenta y
cuatro hombres á bordo, hasta que al fin
se fué á, fondo sin arrastrar consigo, por
fortuna, a los bravos marinos. El número de
siniestroscreció en aterradoras proporciones
con circunstancias de gravedad no observa~
das desde hace cuarenta años. El formidable
ejér_cito de hielos flotantes derivó después
hacia el derrotero usual de la navegación tras-

Las bancas flotantes proceden en su totalidad de Groenlandia y regiones vecinas,donde desde tiempos remotisimos ha ido cubriendo el suelo enorme capa de nieve, cu yo
espesor alcanza hoy muchos centenares de
metros. Los depósitos inferiores de esa capa
de nieve se hallan convertidos en hielo por
efecto de la tremenda presión de los depósitos superiores y de las bajas temperaturas,
las cuales exceden generalmente de los sesenta grados bajo cero. Llega un momento
en que la presión empuja el estrato inferior
hacia los valles y barrancos, determinando
en ellos la formación de vastos glaciers. La
parte exterior de los glaciers es dislocada á
su vez por extremo desequilibrio, ó por la
acción del viento y de la marea si se eneuentra proyectada de un modo considerable mar adentro, resultando de ese trabajo
natural el genuino iceberg, ·!,lsto es el iceberg no como lo conoce el navegante, que
sólo tiene ante sí en las aguas frecuentadas
meros fragmentos de banca, sino el icebergmontaña con su perímetro de varias millas
y su elevación de cientos de metros. Estos
gigantes van siendo luego desmembrados por
los vientos y las olas, los arrecifes y los es-

401

collos, hasta alcanzar las dimensiones y formas conocidas en las bajas latitudes. De una
parle el romper del oleaje contra sus flancos,
y de otra el efecto diluyente del agua salada
en sus porciones sumergidas, contriburen
por igual á darles los aspectos extraños, delicados ó majestuosos que se aprecian en
las fotografías que sirven de ilustraciones á
este artículo.
El número y la extensión de estas vastas
acumulaciones de hielo son incalculables.
Sábese, sin embargo, que el glacier de Humboldt, Groenlandia, mide por la parte del
mar una extensión de 111 kilómetros y una
altura sobre el nivel del Océano de 100 metros próximamente, alcanzando las aguas en
su borde una profundidad de 900 metros.
Otro glacier mónstruo, el Jacobshaven, presenta un frontis equivalente á una cuarta
parte de su anchura, existiendo varios más
de este género, aunque algo menores, en ambas orillas de la bahía de Melville. A estos
glaciers permanentes debe sumarse la inmensa cantidad de agua que al solidificarse
todos los años va á aumentar el número de

icebergs.
Las susodichas montañas de hielo son empujadas más allá de la zona ártica por las
corrientes submaninas del Labrador que
avanzan en dirección Sur, siendo conducidas
en gran número hasta los Grandes Bancos de
Terranovli, Una vez allí, los vientos y las
mareas hácenlas atravesar el Gulf Stream y
otras aguas templadas , donde se funden
comf&gt;letamente, precipitando el deshielo la
acción decisiva del sol meridional.
En el Estrecho de Davis, las bancas flotantes amenazan constantemente á los barcos balleneros, aumentando el peligro en el
litoral del Labrador cuyas quinientas millas
son recorridas á diario en el estío por los
pescadores de Terranova en sus persecuciones del bacalao, terminadas más de una

La vanguardia de una flotilla de icebergs

�4-02

POR ESOS MUNDOS

vez por trágicas colisiones con los témpanos.
Las semidiáfanas montañas pueden ser
contadas por cientos si, en cualquier día
veraniego, se contempla el mar desde las
cumbres del Labrador. Darán idea de su número estos dos datos: el vapor correo que
hace servicio en dichas costas tuvo ocasión
una vez de registrar en veinticuatro horas
hc.sta ciento cincuenta y tres icebergs, mientras el torrero del faro de Belle Isle anotó
durante el último veranosicte mil quinientos
trece témpanos que pasaron al alcance de los
anteojos, siendo probable, por tanto, que la
cifra de aquellos otros á la deriva nocturna
6 á gran distancia del faro ascendiese á tres
nces la antes mencionada. La corriente marina del Labrador llega hasta unas doscientas
millas al Este de Terranova, arrastrando
consigo el ejército de icebergs, los cuales
empiezan á dispersarse allí en distintas direcciones. Los vientos predominantes del
Este llevan los témpanos hacia las costas del
Labrador ó de Terranova, mientras los del
Oeste ó del Sur los internan en el Atlántico
á enormes distancias. En Junio en 1892 fué
avistado un iceberg á setecientas millas de
las islas Scilly, y tres años más tarde, en
Septiembre de 1905, se comprobó la presencia de otro iceberg á unas doscientas millas
de Cabo Hatteras cuya latitud es aproximadamente igual á la de Gibraltar.
Estos témpanos giga1Jtes ofrecen una curiosísima particularidad: cuando inician su
viaje de cinco mil millas suelen llevar consigo como lastre enormes porciones de roca
ó de tierra que pertenecieron al suelo de
Groenlandia en las épocas glaciales. Esos turistas involuntarios se desprenden y caen al
fondo del mar no bien penetran los icebergs
en aguas más templadas. Los Grandes Bancos
de Terranova no tienen otro origen, según
los oceanógrafos , constituyendo un vasto

LOS PEREGRIN03 DEL ATLÁNTICO NORTE

depósito de rocas y tierras aportadas allí
durante millones de años por los grandes
témpanos groenlandeses.
Ocurre frecuentemente que los icebergs,
sobre todo si son de extraordinario tamaño,
se van á fondo al llegará los Bancos, destruyendo con ello los cables submarinos y
echando á pique 6 poniendo en gravísimo
riesgo á las barcas pescadoras que hormiguean en dichos parajes. Los balleneros, cazadores de focas y pescadores de todas clases, vigilan constantemente la situación de
los témpanos, pues saben por experiencia
que el desprendimiento de lastre, una fusión
rápida del hielo en un día caluroso y hasta
un golpe de viento, pueden alterar el centro de gravedad del blanco mónstruo y hacer que este se desplome, ya para adoptar
una nueva posición, ó bien para fraccionarse
en dos ó más pedazos cada uno de los cuales forma un segundo iceberg de diverso
aspecto.
Cuando uno de estos témpanos aterra sobre la costa apresúranse los pobladores de
Terranova á demolerlos en breve tiempo,
bien para emplear los bloques de hielo en la
conservación del pescado, pues ha de tenerse
en cuenta que están constituidas por agua
purísima, ó ya con objeto de venderlos á los
buques mercantes. Los barcos dedicados á la
caza de focas prefieren llenar sus cisternas
con ese hielo, en vez de emplear los condensadores de agua salada, y en cuanto á las
flotillas pesqueras puede decirse que no usan
otro elemento para las necesidades de á
bordo.

[

*

**

Los icebergs flotan y recorren los mares
llevando sumergidas casi siete octavas partes de su masa total. Su parte visible no
sirve cte mdicación
respecto á la invisible, la cual puede tener una forma
completamente distinta d e l o q u e
afecta la situada
sobre el agua. De
ello pudo convencerse á su costa
hace algunos años
el vapor Portia, un
barco inglés, que
habiendo tenido el
atrevimiento de
aproximarse á un
iceberg con objeto
Los iceb~rgs s.urgen Clmo espectrus de la niebla que los circunda
de facilitar á los

'

pasajeros capr1c h os fotográficos, dió tremendo encontronazo contra un saliente submarino del témpano:
u n saliente de
cientoódoscientos metros. La
colisión trastornó el equilibrio
del gigante de
hielo, y en poco
estuvo que n o
destrozase a 1
buque en su caída. Por fortuna
para los que iban
á bordo , todo
quedó reducido
al susto consiguiente , y e n
cuanto al Portia, pudo darse
por contento
arribando á San Juan con unas cuantas averías y buena carga de agua en sus bodegas.
Los icebergs alcanzan á veces dimensiones colosales, casi increíbles. El almirante
Markham vió en una de sus expediciones árticas un témpano aterrado en la bahía de
Melville, cuyo peso calculó en dos mil millones de toneladas. El icebm·g había encallado
en un fondo de cuatrocientos á quinientos
metros de agua. Otro témpano avistado por
el capitán Greel y tenía cinco kilómetros y
medio de longitqd por tres de anchura, elevándose sobre la superficie del mar ciento
veinte metros. El vapor ]Iiranda encontró
en 1894 al Norte de Terranova un iceberg
de dieciocho kilómetros y medio de longitud por nuevecientos metros de anchura, y
otro coloso por el estilo (una mitad próximamente de largo que el anterior) fué descubierto el año último por el vapor que hace
el servicio de correos del Labrador. Sin embargo, la generalidad de los icebergs son
de dimensiones más moderadas Al vapor
Mineola coresponde el honor de haber avistado en Marzo de 1890 el mayor de los icebergs conocidos. El hallazgo tuvo efecto á la
altura de Cabo Race, causando sorpresa extraordinaria la contemplación de aquel islote de hielo, cuya cima alcanzaba una altura
de doscientos cincuenta y un metros. Los
marinos del Mineola calcularon el área del
témpano en ciento noventa v cuatro millones de metros cúbicos, v su· peso en dieciseis millones de toneladas. El trasatlántico

403

Un iceberg arco de triunfo

francés Lorraine divisó otro iceberg en los
mismos parajes de trescientos cincuenta metros de largo y doscientos dos de elevación,
y en Junio de 1905 fué hallado por el Arnienian, á cuatrocientas millas al Sur de
Cabo Race, atravesado en plena derrota de
la navegación, un témpano de doscientos
setenta metros de longitud. por noventa .de
altura. A decir verdad, es este uno de los
raros casos en que tan enormes icebergs
llegan á latitudes tan bajas, pues, ordinariamente, el Gulf Stream se encarga de fundir
la parte inferior de los témpanos determinando su fraccionamiento en otros pedazos
más pequeños cu ya licuefacción se efectúa
con gran rapidez. En Mayo de 1906 el barcocisterna alemán Phrebus vió un témpano
análogo al encontrado por el Armenia, aunque de menor altura, en derrotero frecuentado y á cuatrocientas cincuenta millas al
Sudeste de San Juan v mil doscientas al
Este de Nueva York.

Una particularidad curiosa de los icebergs
consiste en que viajan por lo general formando flotillas numerosas. El vapor Kaiser
I1 halló en un solo día treinta y dos de estos fantásticos viajeros; el Toronto dió vista
á setenta y tres en una singladura; el Michigan descubrió entre la salida y la puesta
del sol nada menos que sesenta y cuatro; el
Numidictm sorteó en doce horas veinticinco

�404

LOS PEREGRIXOS DEL ATLt\:'-lTICO )¡OHTE

405

POR ESOS MUNDOS

icebergs; el Teutonic y el Caronia registraron la presencia de cuarenta y seis en un
día de la pasada primavera; el Majestic vió
cincuenta y cinco en el mismo espacio de
tiempo; el Cheriinüz navegó entre ochenta
de ellos, y, por último, el Minneapolis anotó sesenta y tres. Naturalmente, muchos de
esos témpanos son siempre los mismos, aunque vistos en diferentes posiciones por los
buques respectivos; pero si fuera posible á
un globo ó á un dirigible mecerse en el espacio sobre los Grandes Bancos, sin duda le
sería fácil registrar la presencia de miles de

icebergs.
Teniendo en cuenta esa abundancia de
témpanos, bien cabría afirmar que estos son
los culpables de los numerosos naufragios
totales ocurridos anualmente en el Norte del
Atlántico; naufragios misteriosos de los que
nadie puede dar noticia. Seguramente, se
cuentan por centenares los barcos rle vela ó
de vapor echados á pique ó averiados de
mala manera por los icebergs. El año en que
menudean los siniestros de ese género es
llamado por los anglosajones ice-yea,· (año
de hielos), debiendo ser señalados como de
los más negros los de 1890 y 1903. En el
de 1906, l' apenas mediado Mayo, habían ya
sufrido graves accidentes, por colisión con
los icebergs, veinte vapores mercantes, dos
de los cuales naufragaron; la cifra de los
que experimentaron serias averías ó tuvieron que retrasar el viaje, fué todavía mucho
más crecida.
El derrotero actual de la navegación trasatlántica septentrional se encuentra situado
al extremo Sur de los Grandes Bancos; y allí
es precisamente donde los terribles icebergs
se congregan y tienden traidora emboscada

al marino inexperto. El encuentro de la corriente del Labrador y del Gulf St,·eam determina perpetuas nieblas, en el seno de las
cuales se mueven las blancas masas de los
icebergs, avaniando ó retrocediendo silenciosa y rápidamente, dirigiéndose al encuentro de los buques y acercándose á ellos
merced á la niebla, hasta que lo escaso de la
distancia hace imposible toda maniobra de
salvamento.
El mayor peligro reside, no en que el barco sufra averías por colisión, sino en la eventualidad pavorosa de que el iceberg se desplome sobre el buque y lo arrastre consigo
al fondo del mar. Desastres de este género
los presencia frecuentemente el Atlántico del
Norte, si bien la mayoria de ellos ocurren
cuando nadie los ve, cuando nadie puede
tender una mano salvadora á los que sucumben. De ahí que esos finales trágicos queden
por siempre envueltos en el velo del misterio.
El abordaje con otros barcos es, sin duda,
evitable, aún durante las mayores cerrazones, siempre que se ejerza la debida vigilancia y haya posibilidad de que funcionen las
sirenas, advertidoras del peligro. En cambio,
el choque con el iceberg es punto menos que
inevitable, ya que el siniestro viajero camina
silenciosamente. Por lo general, la primera
noticia de su vecindad la tiene un barco
cuando el vigía da la voz de alarma. Y esto
acontece al mugir de pronto la espectral aparición entre la niebla, interponiéndose en la
ruta del buque, y á veces en los momentos
de avanzar la poderosa máquina con velocidades de dieciocho y veinte nudos por hora.
La colisión más famosa en los anales de la
navegación fué la ocurrida en Noviembre de

Un témpano gigantesco

Icebergs bloqueando el puerto de San Juan, en el Atlántico Norte

1879 entre el vapor Arizona y un iceberg.
Tuvo efecto el accidente á media noche y en
medio de una niebla espesísima, á la altura
de los Grandes Bancos. El trasatlántico embistió al támpano, quedando con la proa deshecha en una extensión de varios metros. No
sin grandes dificultades logró el buque mantenerse á flote hasta su llegada al puerto de
San Juan, donde se desembarazó de trescientas toneladas y pico de hielo embarcado
á proa en el momento del choque. El Arizona llevaba á bordo 650 personas, siendo
verdaderamente milagroso que escapase del
naufragio. Otro barco, el City of Berlín pasó
por un trance análogo en Mayo de 1885.
Como el Arizona, arremetió contra un iceberg, estando á dos dedos de irse á pique con
sus 700 viajeros y tripulantes. Dos días después arribó con infinitas precauciones é indecibles trabajos al referido puerto de San
Juan.
Teniendo presente las grandes compañías
trasatlánticas los graves peligros de la navegación en dichos parajes, y como resultado
de una conferencia celebrada hace pocos
años, decidieron adoptar una ruta distinta de
la antes seguida por sus buques. La ruta
mencionada se encuentra trescientas millas
al Sur de los Bancos de Terranova, ofreciendo ámplio margen de seguridad á la marina
mercante. Sin embargo, es necesario á veces
modificar esa derrota uno ó dos grados al
Sur. Débese ello á que una serie de vientos

nortes basta para arrojar una flotilla de icebergs en el camino de la navegación, obligando así á los buques á declararse en precipitada fuga.
Adverliremos á este propósito que los buques de cargo no pueden aprovechar las
ventajas de la nueva ruta, por razones de
índole económica. Obligados á rendir viaje
en el menor tiempo posible, cruzan el camino más corto, ó sea el más peligroso, á costa
muchas veces de la propia seguridad. Podrían llenarse páginas y más páginas de esta
publicación sólo con reseñar los nombres
de los barcos de 'Carga echados á pique ó
malamente heridos por los inanimados y frígidos guerreros del mar.
El tributo mayor al «mónstruo iceberg• lo
rinden los vapores que hacen su itinerario
por la vía de San Lorenzo. Esos barcos encuentran forzosamente los formidables adversarios en los Grandes Bancos, en el Estrecho de Belle Isle, en el de Cabot (al Norte
y al Sur de Terranova), y en el mismo San
Lorenzo, al comenzar la primavera. Como el
mar permanece helado en esos parajes desde Diciembre á Mayo, todo buque madrugador se encuentra expuesto á tropiezos desastrosísimos con los témpanos arrastrados mar
adentro, á velocidades enormes, por el viento ó las mareas.
Los barcos que se dedican al tendido de
cables en las cercanías del litoral de Terranova experimentan asimismo frecuentes de-

�4-06

POR ESOS MUNDOS

saguisados. Los icebergs son, en efecto, los
peores enemigos de las compañías cablegráficas del Norte del Atlántico: como que el
ochenta por ciento de las interrupciones se
debe á la acción de los icebergs sobre esas
robustas arterias submarinas.
Causa á los marinos tanto terror como sorpresa la misteriosa, pero mil veces comprobada, propensión de los icebergs á perseguir
los barcos millas y millas, cual si les animase deliberado propósito de destrucción. El
capitán de un buque pesquero de Terranova contaba una vez, con miedo mal disimulado, cuán inmensa había sido su angustia en
cierta ocasión viéndose materialmente perseguido en torno de Green Bay por un iceberg infernal. También se observa que los
témpanos polares suelen amenazar á los
barcos pesqueros con el aplastamiento entre
dos de esas masas imponentes. Es como si
los icebergs obedecieran á un instinto homicida, y, de igual suerte que el imán atrae el
acero, vése á dos ó tres témpanos, distantes
varias millas, irse reuniendo para cercar
una flotilla pescadora. Llegado este caso, el
único recurso que queda al marino es la
huida.
Cuando se desencadena la tempestad sobre aquellos mares sembrados de escollos
flotantes, los icebergs entablan furiosas luchas, acometiéndose y destrozándose en colisiones caóticas, de una grandiosidad indescriptible: los blancos y enormes mónstruos
entrechocan produciendo horrísonos estampidos, derrúmbanse sus altas cumbres, fúndense en abrazo titánico, y, entre tanto, el
mar arroja sobre los combatientes montañas
de hirviente espuma.
De la perversidad casi humana de los icebergs, comprobada á cada paso, podríamos
citar abundantísimos ejemplos.Digamos, verbigracia, el caso, muy frecuente, de bloquear los témpanos la bahía de San Juan,
hasta llegar á cerrarla completamente. En
otras ocasiones, se ha visto á un iceberg cruzar los Grandes Bancos llevándose por delante todas las redes tendidas y obligando á
los míseros pescadores á cortar amarras para
escapar de la catástrofe. No es raro, ni mucho menos, que un icebet·g mal intencionado se enrede en un cable telegráfico haciénlo mil pedazos; ó que se deslice en el golfo
de San Lorenzo llevando la alarma á los
supersticiosos canadienses de origen franlés, para quienes la presencia de un témpano polar tiene el nefasto significado que los
cometas para los antiguos; ó que, por último, derive hasta el centro del Atlántico, se
burle de las sirenas y surja inopinadamente
de la bruma á pocos metros de un vapor á

toda marcha ... Tales son los caprichos de los

icebergs.

El final de estas masas de hielo ya lo hemos indicado antes: las aguas templadas del
Gulf Stream y los ardorosos rayos del sol
meridional se encargan de limpiar de obstáculos el Océano. La desintegración del
iceberg es relativamente rápida,debido á que
la obra destructora se efectúa de un modo
simultáneo bajo el agua y sobre ella, en la
parte sumergida y en la emergente. El témpano se resquebraja, se fracciona y acaba
por desaparecer.
Convienen los marinos en que los lugares
más á propósito para contemplar los icebérgs en toda su majestuosa hermosura son
las aguas al Norte de San Juan hasta el Labrador. Allí es donde aún conservan sus aspectos fantásticos y siempre nuevos, y allí
es donde, cualquier día de verano, pueden
ser vistos por centenares en su infinita variedad de formas. En Agosto último observó ti
vapor Sophia, á la altura de San Juan, un
gigantesco iceberg, cuyas líneas presentaban
la figura de un viejo encaperuzado.La cabeza
de esta colosal escultura natural alcanzaba
una altura de sesenta metros, ofreciendo un
perfil tan netamente definido cual si hubiera
sido obra de un artista. Otro barco tuvo
ocasión de avistar un témpano de cincuenta
y tantos metros de alto, y que á simple vista parecía un león colosal echado en tierra.
Proteos incansables, adoptan los icebergs
ya apariencias de pirámide egipcia, ya la de
robusto castillo medioeval, ya la de esbelto
minarete ó airosa mezquita, ó bien la de elegantísimo chalet suizo. A veces, se deslizan
sobre el mar graves y solemnes, como suntuoso palacio señorial adornado de cresterías
y botareles maravillosos de dibujo. En otras,
se antojarían al espectador nutrida flota de
galeones avanzando á toda vela y sirviendo
de escolta á una catedral gótica de proporciones descomunales, ó bien línea de almenados torreones custodiando un enjambre de
balandros en pura regata. Digamos, resumiendo, que toda creación humana tiene su
copia en hielo allá en la lejanía de los mares
árticos.
Pero cuando esas estupendas obras de la
Naturaleza presentan su mayor grado de
hermosura es en una noche de aurora boreal.
Entonces, las extrañas luces septentrionales
se refractan en las enormes masas de hielo,
vistiéndolas con todos los colores del arcoiris. Sin duda, los icebet·gs sirven de magníficos y se¡:uros conductores al fluido magné-

4-07

Á ELLA

tico pues apenas ha dado principio la aurora 'boreal despiden brillantísimos fulgores
cuya intensidad no podría ser alcanzada por
la más expléndida de las iluminaciones_ artificiales. Ciertamente, es este un espectaculo
de tan sobrehumana magnificencia que ni
puede ser descrito, ni se puede im~ginar: es
necesario presenciarlo en la tranqmla serenidad de una noche ártica. ¿Cómo había de

creer nadie que las translúcidas y g1g~ntescas moles de hielo se tornasolan en millares
de cambiantes, pasando desde el blanco plata ó el color d!' viejo marfil á los verdes destellos de la esmeralda, á los azules del zafiro, ó á los rojos del rubí? Y, si~ embarg?,
tal maravilla la realiza en la apacible serem dad de una noche ártica ese pasmoso fenómeno que se llama áurora boreal.

P. T. McGRATH.

A ELLA
De mí se ha enamorado una trigueña
que lee mis versos, que conmigo siente,
que quiere cono?~r~e, que en ~u _mente
lleva impresa m1 imagen halaguena.
Ha visto mi retrato, y se imagina
uu apuesto doncel... Vive engañada,
si piensa de tal modo la encantada .
que llega hasta mi ser como una ondma.
A veces, admiramos desde lejos_
lo que nos dá de cerca repugnanc~a. •
¡Por eso es que la ausenma y la distancia,
suelen ser cual los pérfidos espejos!...
ERASMO

PELLÉS

�UNA VISITA Á LOREDÁN

Palacio de Loredán, en Venecia, donde reside Don Carlos de Borbón, duque de Madrid

UNA VISITA A LOREDAN

N

INGÚN inconveniente tengo en contestar
á sus preguntas, siempre que guarde el

go una serie de preguntas, de las que doy
cuenta á los lectores de POR Esos MUNDOS,
juntamente con las respuestas recibidas.

secreto de mi nombre, condición que me veo
obligado á exigirle por delicadeza y caballe"'
rosidad... Si así me lo -promete, pregunte lo
*.*
que guste, que estoy dispuesto á contestar,
-2,Cuántos fueron los peregrinos que des-me dijo
de Roma
mi in terpe- [
pasaron á
1ad o, un i
Loredán, al
peregrino
palacio de
de los que
Don Car recientelos? ¿Eran
mente fuetodos carron á Rolistas?
ma á ver
-Veinte
al papa Pío
fuímos los
X, y que,
que hicicon otros
mos la excompañecursión, y
ros de peque no eran
r e gr inatodos carción, llegó
listas lo dihasta V e ce mi preDon Carlos y Doña Berla en su góndola Omtarroc.
necia, la
sencia en
perla de 1
ella: como
Adriático, donde visitó á Don Carlos de Bar- yo, indiferentes en política, éramos casi todos.
bón y de Este, duque de Madrid.
-2....?
Y yo, ni corto ni perezoso, hice á mi ami-Después que en Roma cumplimos el

objeto expreso de la peregrinación, ó sea ir á momentos con ellos, fuimos recibidos por
postrarnos á los piés del Santo Padre, mien- Don Carlos y Doña Berta.
tras visitábamos los museos y demás precia-(....?
-Don Carlos es de figura arrogante, exdos monumentos joyas del arte italiano que
se conservan en aquella hermosa capital, sólo traordinariamente alto, aunque bien proporcomparable por su cielo al de la bella Anda- cionado, de mirada penetrante que imprelucía, nos encontramos con nuestro amigo siona al que fija su vista en él, reflejándose
Don. Julio Urquijo, distinguido sporfsman, á en sus ojos una exquisita bondad al par que
quien acomuna gran enpañaba su '
tereza. II a señora , elebla bajo y
gante y virdespacio, petuosa dama,
ro correctísihija del conmamente. el
secuente carcastellano
.lista Don Tirpuro ... Y al
so Olazabal.
referirse á
Cono ciendo
España, essu amistad
pecialmente
conDon Cará Navarra,
los, les expula s Vasconsimos nuesgadas y Catros deseos ►
taluña, su
de visitar el
'l'OZ se emopalacio de
CJOna y sus
Loredán, y
ojos brillan
deferentes á
con gran innuestro detensidad. Ko
seo telegrapuede usted
fiaron á lo~
figurarse I o
duques de
bien que conserva en la
Madrid p i ·
_J
diendo permemoria los
miso par a
nombres de
nuestra visisus partidata. Previo
rios: para toeste anuncio
dos tiene
y co ntando
una frase de
ya con la augratitud.
diencia, sali-¿...?
mos de Ro- ¿ Do1ia
ma para VeBerta r ¡Ah!
necia, á donLa Señora
de llegamos
es una dama
á las cinco
encantadora:
de la mañacuanto puena. A pesar
da decirle de
Don Carlos y Doña Berla á las puertas de su palacio de Loredan, después
de ser esta
ella resulta
de dar un paseo en góndola
una hora
pálido ante
tan intempestiva, nos esperaba en la estación la realiclad. Fisicamente,es una verdadera y
el simpático Carlina, mayordomo del duque explándida belleza, y su trato afable por
de Madrid, que nos dijo que el Seño1· queda extremo. Esbelta y distinguida, viste con
que todos comiésemos con él. Al palacio fui- extraordinaria elegancia, con lujo, pero un
mos los veinte excursionistas. ¿Quién renun- lujo que no es exageradamente ostentoso, teciaba á tal honor y á tan amable invitación?... niendo muy buen gusto para la elección de
A la hora convenida previamente nos hallá- sus toilettes ... Comprenderá usted que estas
bamos en el paltcio de Loredán, donde nos impresiones no son únicamente hijas de mi
recibieron la condesa de Mon, dama de ho- breve estancia en Venecia, sino que además
nor de Doña Berta, y el gentilhombre conde se desprenden de la recopilación de datos
de Zubizarreta; y después de hablar unos que por mi espíritu observador he hecho,

�4.10

POR ESOS MUNDOS

unidos á la impresión personal que an Lore- resulta digno de visitarse. ¡Qué de curiosidadán recibí.
des se admiran allí! ¡Cuánto hablan y cuánto
-¿Puede usted darme algunos pormeno- hacen recordar tiempos pasados aquel salón
res respecto á la vida intima de los duques de banderas y aquel precioso gabinete de
de Madrid?
las batallas, que es el que sirve de despacho
-Pues le diré que la comida con que nos á Doña Berta y en el que se ostentan muchos
obsequiaron fué expléndida(y sabe usted que cuadros representando diferentes acciones de
gozo fama entre los gourmets), puramente las guerras civiles y un magnífico retrato al
española, empeóleo deDÓn Carzando por la
los!
sopa, que fué el
» El gabinete
clásico arroz, y
indio es un a
acabando por el
verdadera preúltimo p l a t o .
ciosidad, y magLas mesas, pues
nífica la biblioeran dos, cstateca donde esb a n perfectatán los billares.
mente adornaEl salón princidas: una, la prepal es suntuoso
sidían los proy artístico, y
pios duques de
maravillosa l a
M a d r i d, que,
capilla, en cuyo
contra la c osfron lispicio s e
tumbre general,
destaca una beno ocupan las
11 a escu !tura de
dos cabeceras ,
Jesús, figuranda
sino que se sientambién e n el
tan juntos. Don
altar del presCarlos y Doña
biterio la Virgen
B e r t a tenían
del Pilar de Zasentados á s u
r a goza en el
mesa á la señocentro, y á su
rita de Acha y
derecha é i z á un sacerdote,
quierda las imáde cuyo nombre
genes de San
no bago memoFernando y San
ria en este moHermenegildo,
mento. Presidia
respectiva me nla otra mesa la
te. Además, ocu condesade Mon,
pa lugar prefeque tenía á su
rente en la magfrente al conde
nifica capilla
de Zubizarreta y
Santiago, patrón
con el cual hade España... AllJ
cía los honores
oyen misa diaá los comensariamente v coCapilla del palacio de Loredán
les.
mulgan co~ fre-¿Cuál fué el tema principal de la con- cuencia Don Carlos y su ilustre esposa.
versación en la mesa?
-Desearía conocer a:6unos pormenores
-Se habló alü de España. Don Culos y del palacio de los duques de Madrid: ¿no seDoña Berta estaban verdaderamente impre- ria cosa impertinente que usted me los relasionados ante la conversación de los entu- tara'?
siastas comensales españoles, que no habla-¿Quiere usted más detalles?Hay en Loreron ni una palabra de politica: en este punto, dán algo que es imposible retratar y que sólo
lo único que se hizo fué dedicar un recuerdo estando dentro de aquella admirable manal papa Pio X, por quien los duques de Ma- sión se puede apreciar, y es el sabor netadrid sienten verdadera veneración y profun- mente español que allí reina. Puede decirse
do cariño.
que, aunque se está en Italia, donde, y prin•Concluida la comida, recorrimos los pre- cipalmente en Venecia, perdura siempre el
ciosos salones del palacio, que, en verdad, ambiente de las tradicionales costumbres de

UNA VISITA Á LOREDÁN

411

Gran salón de recepciones del palacio de Loredán

la época de los Dux, en el palacio de Loredán se vive como en España, pues hasta los
menores detalles de la vida interior que alü
se hace ponen de manifiesto nuestras costumbres. Allí no se oye hablar más que en
castellano; y aunque en una visi la, y más en
las condiciones de la por nosotros hecha á

Don Carlos, es imposible obtener un JU1c10
exacto del pensamiento y de la manera de
ser de los duques de Madrid, de las obse.1vaciones que hice en Loredán y dados los datos recogidos puedo decir á nsted que, para
mi juicio, Don Carlos de Borbón es uno de
los príncipes-y ya sabe usted que conozco

Cuarto de banderas en Loredán

�41:3

POR ESOS ;11U.NDüS
UXA VISITA Á LOREDÁN

á otros-de mayor cultura:
es hombre que ha leído y
sabe leer mucho; es un
católico convencido y práctico, pero sin tocar en las
gazmoñerías del clericalismo moderno; conoce íntimamente la política internacional y está al tanto de
lo que en todas las nacio. nes pasa, y claro es quo
principalmente de España
por la que con entera verdad sien te un gran amordomina nuestro idioma
1a perfección, conociendo
m~ y á fon&lt;!o nuestros clásicos, y es un maestro en el
escribir, cosa que hace con
una corrección extraordinaria, teniendo un estilo
propio que puede servir de
modelo al bien decir... ¿Que
parezco un partidario apasionado de Don Carlos al
expresarme así? No hay
tal; porque también resultaría ser I o el eminente
escritor señor OrtegaMunilla, que habla de los duques de Madrid en la misma forma que yo y que en
estas ó parecidas palabras
dió á conocer sus impresiones en El Imparcial, á
pesar de ser un adversario
político del desterrado de
Venecia. El carácter de
Don Carlos paréceme en
extremo bondadoso ; pero
deduzco que debe serené!·gico, sin demostrar dureza
ni mucho menos tiranía en
el mandar. En una palabra... ¿lo podré decir? es
un carácter. En Venecia, lo
mismo á él que á Doña
Berta, los quieren con verdadera idolatría, siendo
muchas y d e diferentes
clases las obras de caridad
que continuamente hacen.
&gt;La vida que llevan es
muy tranquila. Salen diariamente á dar un paseo
por el gran canal, en su
preciosa góndola Onda·1·roa, que flamea en sus
aslas de proa ~- popa el
gallardete 'i" la bandera

i

Despacho de Don Carlos

Despacho de Doña Berta

española, en los que campea el escudo de los Borbones. La mayo ría de las
noches frecuentan los teatros de la ciudad. Todos los
años acostumbran á hacer
un largo viaje en la época
de invierno, y por el verano recorren Suiza, de teniéndose antes en Milán,
:;iguiendo basta Lucerna y
luego á lnterlaken, punto
donde generalmente pasan
la época más calurosa de
la eBtación estirnl. En la
actualidad s e encuentran
en Lucerna y se hospedan
en el Hotel Schweizerhof.
En todos estos viajes les
acompaña :iu alta servidumbre, que en realidad
h a n tenido sumo acierto
en escoger, pues tanto la
dama de Doña Berta, la
condesa de Món, como el
secretar;o del duque de Madrid, conde de San Carlos,
al que no he conocido, pero del que tengo las mejo1·es noticias, como el gentilhombre conde de Zubizarreta. saben cumplir su
cometido á 1a perfección
y son dignos por los méritos de sus antepasados y
su acrisolada adhesión á
Don Carlos de ocupar los
altos puestos que al lado
del Señor desempeñan.
&gt;Creo que he satisfecho
su curiosidad y que no tendrá quejas de mi. ¡Ah! Se
me ol\"idaba decirle que
Don Carlos es un amateur
-00 nuestra fiesta nacional,
y en el vestíbulo de su palacio de Viinecia, al lado de
un magnífico cuadro representando la famosa acción
de Lacar, se ven los atributos de nuestra alegre y clásica fiesta.
»Muchas y muy curiosas
cosas para una persona de
bu en gusto se pudieran
añadir sobre 1a vida de
Don Carlos y Doña. Berta;
p e r o comprenderá usted
que la discreción, de una
parte, y de otra el corto es-

Gabinete de los ayudantes de Don Carlos

413

�414

GUITARREOS

LAS DAMAS DEL SEGUNDO IMPERIO
La emperatriz .E,ugenia esposa de Napoleón III de Francia, gustaba rodearse de caras
~onitas durante los hermosos y alegres días ele si, reinado e~ las Tt,tl~erías. Así /~té
como en aquella corte imperial revolotearon por entre las tristes paginas de la htstoria del último emperador de los franceses _las más bell~ !n!~jeres_ que la mente
puede imaginar. 1J1. Federico Loilée ha publicado un curwsisimo libro, Las dama_s
del Segundo Imperio titulado, del ~ual unct de nu~tras colab?rador~ ha hecho el siguiente interesante extracto, debidmnente autorizada por dicho escritor.
Decorado y adornos de la parte alta de la escalera del palacio de Loredán

pacio de nuestra visita, me impiden satisfacer más su inagotable curiosidad, justificada
por su condición de periodista. Conténtese, pues, con lo que que acabo de declararle,
que aunque poco es bastante para el objeto
periodístico que como reporter persigue, y
tenga la satisfacción de que gozará usted
las primicias de haber hecho una interesante
información gráfica de cómo viven los du-

LA EMPERATRIZ EUGENIA

ques de Madrid en su palacio de Loredán...

***
Dí las gracias ú mi amable interlocutor, y
aqui tiene el lector de POR Esos MUNDOS estas ligeras impresiones, trasladadas á las páginas de la revista tal y como tuve ocasión.
de recibirlas.
LUIS MARTÍNEZ DE ESCAURIAZA

GUITARREOS
Desde que te quierG á tí
he venido á comprender
qué malo es estar querienuo
á quien no sabe querer.
Tú quieres que yo te mire,
y yo mirarte no puedo
porque desdo que te ví
para siempre quedé ciego.
SEVERINO SOLLOSO

e

UANDO el príncipe Luis Napoleón, que
pronto había de ser Napoleón IIJ, se
enamoró, desde que la vió, de Eugenia de
Montijo, llevaba recibidas ya varias repulsas
de distintas cortes europeas que veían en el
futuro soberano de Francia un galanteador
frívolo é inconstante incapaz de hacer dichosa en el hogar á ninguna mujer que le aceptara. La elección hecha por Luis Napoleón fué
acogida con simpatía y aplauso en su país, y
el príncipe decidió casarse, como lo hizo el
29 de Enero de 1853. La prometida de Napoleón era bella sobre toda ponderación, y
ya el mismo día de su casamiento supo captarse el favor popular declinando el obsequio de un costoso collar de perlas que le
ofreció la ciudad de París, á cuyo Municipio
rogó que el valor de la alhaja fuera distribuido entre los pobres; y continuó obteniendo el aplauso de las gentes porque demostró
constantemente un verdadero celo por la
causa de la caridad social, á favor de la cual
pagaba el impuesto que le correspondía por
las festividades que disfrutaba.
A cada brillante recepción que celebraban
los soberanos de Francia sucedía otra más
brillante aún, y durante diez años la estrella de Napoleón lució con explendoroso brilo. El Imperio llegaba al apogeo de la prosperidad, y los homenajes y adulaciones á la
emperatriz no cesaban, ·al punto que llegaban á abrumarle.

A pesar de que fué una de las damas más
virtuosas de su corte, Eugenia de Montijo se
permitía el femenino placer de fascinar á los
caballeros é inflamar sus corazones. Solía
enmascararse cuando asistía á un baile de
trajes, y así disfrazada permitíase inocentes

flirteos.
En cierta ocasión jugó broma cruel con un
pretendiente que en vano le imploraba que
le dijera su nombre y le dejara ver «su linda
faz oculta por detestable máscara de terciopelo., «Me veréismañana,-díjole Eugeniaá las t res de la tarde, en el Bosque de Bolonia, cerca del lago. Iré en landó abierto, y
para que estéis seguro de que soy yo me
pasaré el pañuelo dos veces por los labios.•
Y al día siguiente, á las tres, pasó muy
cerca de su entusiasta adorador, cruzando el
Bosque con todo el acompañamiento y pompa imperiales. Allí, en efecto, hizo la seña
convenida, seña que ahuyentó los sueños
amorosos de su admirador.
Eugenia era todopoderosa en las Tullerías,
porque su flemático marido aseguraba que
hubiera preferido prender fuego á Europa
por los cuatro costados antes de tener una
querella doméstica.
Una vez, en el verano del año 1867, el
emperador dió órdenes para que se mantuviera secreto para la emperatriz un importante Consejo de ministros, pues temía que
su esposa se presentara en persona y consiguiera influir sobre los consejeros, haciéndoles adoptar disposiciones que á él no le

�-H6

POR ESOS MUNDOS

aaradaban.
Pero la noticia
del Consejo
llegó
~
.
.
á oídos de la emperatriz, que volviendo hasta la Cámara donde estaban los ministros,
abrió la puerta con la violencia de un torbellino. Presidía la reunión el emperador, grave é imperturbable, siendo el único que
conservaba el sombrero puesto en presencia
de sus atentos ministros. Fuése derecha la
emperatriz hacia Napoleón y quitó el sombrero á su esposo, retirándose acto continuo
y sin decir una palabra, del mismo modo
que había entrado. Haciéndose acompañar
por una de sus damas de servicio, huyó de
palacio en un coche de alquiler, y embarcó para Inglaterra á buscar el consuelo
de la reina Victoria, su gran amiga. Excusado es decir que en el palacio imperial se
maquinó inmediatamente, y se llevó á cabo,
un recurso para evitar el escándalo que esta
fuga pudiera producir: una dama de Eugenia de .Montijo, que se parecía mucho á ésta,
fué llevada en coche de la imperial casa á la
estación del ferrocarril, haciéndose además
publicar la noticia de que la emperatriz de
los franceses babia ido á visitar á su querida
amiga la reina de Inglaterra. Pero en aquel
mismo tren fué enviado á Lóndres un individuo del cuerpo diplomático para que propusiera á Eugenia medios de hacer la paz
con el emperador y la persuadiera para

volverá París. Ya la bella fugitiva había tenido tiempo de reílexionar acerca de su acción, y bien pronto decidió volver á las Tullerías, donde hizo la reconciliación con su
esposo.
A pesar de estas diferencias, el emperador
y la emperatriz se tenían sincero afecto.
Napoleón acostumbraba á llamar á su bella
consorte por el lindo diminutivo de Genie,
y muchas veces se les vió pasear del brazo
por algunos de los tranquilos y retirados sitios del Bosque, felices y sonrientes.
Como la salud del emperador iba decayendo y lás enfermedades se enseñoreaban de
su cuerpo, la ascendencia de la emperatriz
sobre su persona se hacía cada vez mayor, y
más peligrosa porque su genio y su carácter
se presentaban siempre con ánimos de combate. •Estoy obligado á reco.,ocer-dice el
general Du Barrail en sus Memorias que la emperatriz fué, si no el único, al menos el principal autor de la guerra de 1870.
Ella apremiaba desesperadamentP- para no
contemporizar con Prusia, y su influencia
era considerable: prácticamente tenía poder
ilimitado sobre Napoleón III.• Y es que esta
soberana imaginaba que una guerra victoriosa sería la salvación de la dinastía, consolidándose ella, ya que precisamente era la
que más había contribuido á que el conflicto

La emperatriz Eugenia rodeada de sus damas.-Cuadro del célebre pintor Winterbalter

LAS DAMAS DEL SEGUNDO IMPERIO

417

armado tuviera lugar. Así fué como Eugenia coronada por sus admiradores y hasta por
sus rivales con el cetro de la belleza y baude Montijo ayudó al Segundo Imperio francés á sepultarse entre ruinas para dar paso tizada por unos y otros con los sobrenomá la revolución, que se encargó de diseminar bres de la incomparable y la divina_.
los restmi del régimen imperial. Mientras el
Nació allá por los años de 1840, hija del
populacho aullaba en las puertas de las Tu- marqués Oldoini, primer secretario del rey
del Piamon11 e rías, la
te, y pasó su
emperatriz
niñez en el
huía casi sola
palacio de la
y escapaba
familia de
de París lleaquel título.
vada del braA. 1os doce
zo por un ciaños de su
rujano denedad era ya
tista, lealísimu y sugestimo suyo,que
va en belleza
1 a ayudó á
y tenía la
llegar á Inmisma estaglaterra a 1
tura que las
seguro refumuchachas
gio de Camde veinte,
den Place, en
extendiéndoChislebu rs t,
se tanto y
mucho antes
tan prontapreparad o
por un cabamente la fama des u
llero in g lé.s
hermosura
que b a b í a
por Florenprevisto la
e i a que, á
llegada de
pesar de que
huéspedes
sólo era una
imperiales.
En el ániniña, ya
constituía el
mo de la
ídolo de 1 a
emperatriz
ciudad.
surgieron esperanzas de
No contaba aún quinrestauración
tras de las
ce años y ya
primeras hohabía recibiras de desd o muchas
aliento; pero
o ferlas de
el voto de
casamiento .
destierro heEn el inviereh o por la
no de 1854
Asamblea
di ó la duNacional v
quesa de Inla subida át
verness una
poder de
recepción en
Thiers, echaLóndres. EnTon al suelo
tre los conto d. o s sus
curre11 tes
Emperatriz Eugenia &lt;le Francia
planes: la
hallábase un
destrucción del régimen eratotal y definitiva. poderoso noble italiano, el conde de Castiglione, que había dicho al conde Walewski,
LA CONDESA DE CASTIGLIONE
embajador francés, que el objeto de su visita
á Lóndrea era encontrur esposa.
Entre las mujeres hermosas de que la em-Siendo así, querido Castiglioni,-díjole
peratriz Eugenia supo rodearse en las Tu- Walewski-hahéis cometido una equivocallerías descuella la condesa de Castiglione, ción abandonando la bella Italia. Aceptad
3

�UB

POR ESOS~IUNDOS

mi consejo y volvéos á Florencia. Allí debéis ne fuese á las 'fullerías. Su presencia en
haceros presentará la marquesa Oldo'ini, y si París causó gran sensación. El rumor de su
conseguís el favor de ver á su bija, pedidla extraordinaria belleza había pasado las fron,
en matrimonio; si acepta, seréis el marido leras antes que ella, y cuando hizo su primera aparición en la corte francesa, en un gran
de la mujer más bella de Europa.
Muy elevado precio había de pagar el jó- saraó que se daba en las Tullerías, se susven Castiglione por el triunfo logrado al se- pendió el baile cuando entró, y hasta la múguir este consejo. Obtenida la mano de aque- sica cesó: la emperatriz Eugenia se adelantó
lla beldad encantadora, dispuso su boda; más á recibirla, v el emperador la invitó inmeapenas hubo terminado la ceremonia del diatamente ·para que bailara un wals con él.
casamiento, la desposada demostró su genio: Fué un éxito triunfante. La real belleza, los
la costumbre exigía que se hiciera inmediata- grandes ojos, la pequeña boca, la soberbia
mata d e pelo y
mente una visita
los
exquisitos deá la madre d e 1
dos de la condemarido , pero la
sa, desafiaban á
recién casada se
todas las hermonegó á ello en absura~ y las oblisoluto, aún cuangaban á admirardo su marido mi1 a, al p ro pi o
mó, imploró, artiempo que inspiguyó, y h a s t a
raban amor á tomandó. Para ser
d
o s· los galanes,
obedecido, recuque por unanimirrió, por último,
dad la proclamaá una estratageron sin igual en
ma: yendo un día
la corte.
de paseo en caLa condesa de
rruaje, dió orden
Castiglione recial cochero de dibiótranquilamenrigirse á casa de
, l.
te todos los honosu madre; la conres que se le tridesa no protestó
butaron. Sus moni dijo palabra ;
dales en la corte
pero, al cruzar el
eran siempre los
río, se quitó rá~
;;:,mismos: orgullopidamente los za'1! ~ - sos. Acostumbrapatos y los tiró al
ba á preoc11 parse
agua, diciendo:
mucho de los de-¡Supongo que
talles de su tocauo me obligaréis
do, á acariciar los
á' andar sin zapaadornos de la catos por casa de
beza y á detenervuestra madre!
se en franca adCondesa-de Castiglione
Y, sin embargo,
mi ración de su
m_u cbas mujeres
Je· hubieran envidiado el marido, que sólo persona ante los espejos, mientras que el
contaba veintidos años de edad, era hermo- chambelán le abría camino por entre la mulso, de buena familia, y tan rico que llegó á titud de casacas doracla1:1. ¡Qué hermosasoy!:
gastarse un capital en alhajar para la con- este parecia ser constantemente su pensadesa un palacio cerca de Turín. Pero no lo- miento. En el vestir ib:;i cuarenta años delangró captarse el amor de su esposa, que fu é á te de sus contemporáneas. Despreciaba todo
París á la corte de Napoleón III por un me- traje hueco y abultado, así como los tontillos,
dio bien ingenioso: Cavour, el astuto minis- que estaban tan en moda entonces, para lutro de Víctor Enmanuel, rey del Piamonte, cir atrevidas telas que ponían de relieve las
era pariente de las familias de Castiglione, y curvas de su cuerpo. En vestidos caprichode Oldoi:ni, y conoció instantáneamente el sos alcanzaba siempre grandes triunfo-;. Uno
partido que podía sacar de la belleza y de de estos trajes de la Castiglione fué recordado
los talentos de la condesa en provecho de sus v discutido durante bastante tiempo después:
fines políticos. Cavour fué, pues, el que arre- éra de ligera gasa sobre la que iba una cadegló las cosas de manera que la de Castiglio- na de grandes corazones, simbolizando atre-

}J

~

/r

LAS DAMAS DEL SEGUNDO IMPERIO

vidamente los corazones humanos que llevaba tras ella.
Bastante menos que esto se necesitaba
para que se manifestara decididamente la
debilidad de Napoleón III por la condesa de
Castiglione. Y por parte de ésta, aunque negaba enérgicamente que jamás hubiera dado
motivos de ofensa á la emperatriz, la actitud
de aquella cortesana puede resumirse en esta
declaración hecha por ella misma á un amigo: •Mi madre fué una tonta: si me hubiera
traído á París un poco antes, hubiérais visto
reinar en las Tullerías una italiana,en vez de
una española.» Cavour no tuvo por qué arrepentirse de haberla elegido como embajadora
extraordinaria: la Castiglione llegó á ser mu\'
pronto una fuerza política, y su influencia
con el emperador de los franceses hizo mucho por Italia.
Napoleón III bacía furtivas visitas á la
condesa Castiglione, que tenía una casa bier.
extraña, con dobles salidas, escalera secreta
y un extremado aire de misterio. Un golpecito dado con suavidad hacía que se alzara
silenciosamente la mirilla de una puerta excusada que daba acceso al interior. •Quién
es?», se preguntaba desde dentro. «Suyo,
querida mía• , contestaban. lnmedialamente,
un rayo de luz mostraba el camino al boudoir. Y tanto frecuentaba el emperador esta
casa, que los malvados que quisieron hacerle
víctima de sus odios personales y de sus
venganzas políticas le esperaban allí para
asesinarle, viéndose Napoleón dos veces en
grandes apuros para salvarse del cuchillo criminal.
Otros caballeros hubo también que intimaron con la condesa de Castiglione. Un noble inglés, marqués, caballero de la Orden de
la Jarretierra, fabulosame nte rico, la colmó
de millones. El duque de Chartres le sirvió
como un esclavo hasta el fin de su vida. El
general Estancelin fué durante cuarenta y
cinco años leal amigo su yo y uno de los
pocos privilegiados á quien se dignó recibir
en los últimos tiempos de su vida. Todos
esto~, y cuan~os visitaban á la Castiglione,
deb1an anunciar su llegada mediante señas
particulares, nunca llamando abiertamente
á la puerta, ni tirando del cordón de la campanilla.
Así pasaba aquella señora los días en un
torbellino de excitación y de triunf~s. Pero
se cansó de todo mucho antes de que llegara
su fin. Su belle~a casi sobreh umana, por la
que hubo un tiempo en que ella se sintió
verdaderamente trastornada, 1e ocasionó
amarguras después. «He trabajado muchodecía-~or ~batir mi orgullo; pero j amás lo
consegu1». S1 tuvo ambiciones, !as vió con-

419

trariadas por la posición que ocupaba. Sus
últimos días fueron de gran aburrimiento y
desanimación: la vejez llegó para ella antes
de lo que esperaba, y entónces se desterró
voluntariamente de la vista de los hombres.
Con la caída del Imperio y la dispersión
de la corte se encontró terriblemente aislada. Sintió con esto tremenda depresión de
ánimo y llegó á retirarse por completo del
mundo, y hasta de sus propios ojos, pues se
asegura que ordenó que de sus habitaciones
fueran retirados cuantos espejos las adornaban. Así pasó cerca de treinta años sin aparecer en público; y cuando en 1899 murió,
el lugar de su enterramiento fué un secreto
para todos.
LA PRl~CESA DE METTERNICH·SANDOR

Durante diez ó doce años consiguió con
gran éxito la princesa Paulina de .MetternichSandor distraer y deleitar á sus amigos de
Francia, irritando al celoso, aturdiendo al
tímido, asombrando á algunos, molestando á
otros, y dando que hablar mucho á la prensa con el eco de su nombre y la brillantez
de sus recepciones. Y desde aquellos días
de sus triunfos en el Segundo Imperio no ha
dejado de desempeñar papel principal en la
vida de París y de Viena.
Heredó de su padre, el conde de Sandor,
magnate húngaro, sus turbulentos entusiasmos, y cuando en 1860 llegó á París, ya esposa del j óven embajador de Austria príncipe Ricardo .Metternicb, aquella capital la
proclamó encantadora, graciosa y háhil mujer.
El mundo era su séquito: ella establecía
las modas, su ingenio se celebraba diaria~ente, y su carruaje, de ocho muelles,
lirado por cuatro caballos magníficos, era
tan conocido y aplaudido como los coches
imperiales. Al tratar de reformar las modas,
batalló por las faldas cortas y ligeras, consiguiendo que estos trajes tomaran por asalto
los salones de baile. Un cronista de la época
recuerda como novedad que en una fiesta
de corte vió muchos piés encantadores, y
basta ligas, en los walses que se bailaron.
La .Metternicb descubrió al modisto Worth,
el cual cobró tanto auge entre las damas y
vestía á tantas de éstas que fué llamado el
fauno de las toilettes, porque sus masculinas manos tenían permiso para posarse sobre las redondeces de los cuerpos femeninos. Worth pagó la fama y la fortuna qu e
debía á la princesa de Metternic]:i. poniéndola pleito por una cuenta de quince mil duros que la embajadora no quiso ó no pudo
satisfacer.

�LAS DAMAS DEL SEGUNDO IMPERIO

420

POR ESOS MUNDOS

También sobre la música intentó ejercer la corte un baile de trajes, como los que te influjo la de Metternich. Quiso poner en mo- nían lugar en el Teatro en la Opera, vestidas
da á Wagner, pero no fué afortunada en las grandes señoras con faldas cortas y eseste propósito: logró, es verdad, que ~l em- trechas. Los preparativos de esta fiesta se
perador ordenara u na representación de conservaron muy en secreto, y en secreto
Tannhauser en el Teatro de la Opera el también iban los maestros de baile de la
año de 1861· mas al empezar la representa- Opera diariamente á Compiégne á fin de ención, á uno de los concurrentes se le ocurrió señar á bailar á las hermosas aficionadas.
reir descaradamente, y desde este momento Dióse la sofrée en el teatrito del palacio, y
no hubo medio de que existiera formalidad resultó brillantísima. Después del baile quien todo el resto de la función, que fué co- sieron las damas que tomaron parte en la
reada con ruidos y escándalo. La princesa función volver á ponerse sus largas faldas
de corte, pero no
rompió el abanico
s e les consintió
entre sus dedos
que lo hicieran, y
al oir el primer
vestidas
de bailasilbido , gritando
rinas se presentaen vano «¡Idioron á recibir las
tas!, á la buriona
felicitaciones del
concurrencia.
emperador y de
Tannhauser fué
1 a emperatriz y
un verdadero eslos plácemes de
e á n dalo, y la
todos los invitaprensaco~denó al
dos, con los cuadía siguiente la
les danzaron lueópera.
go, en aquella guiLa presencia de
sa trajeadas, vall a princesa d e
ses , minuetos y
Metternich llegó á
otros bailes de soser indispensable
ciedad. Excusado
al emperador y á
e s decir que la
la emperatriz, y
fiesta se prolongó
la agasajada damucho, porque el
ma se arrojó con
entusiasmo y la
alma y vida en el
animación de los
torbellino de alegría y de frivoliconcurrentes á
dad quo rodeaba
ella iba creciendo
á aquella corte .
'"""· .. .,_
cada hora m á s,
Cuando la princesin que en nin gura no se enconna dama n i en
traba en las Tuningún caballero
llerías, Compiégse notase el.más
n e ó Fontaineligero cansancio
bleau, toda la soni fastidio.
Princesa Paulina de Metternich-Sandor
Animad a z a
cieda d elegante
pasaba por sus salones. La música, los tea- embajadora del placer por el sentimiento
tros y las expediciones campestres se suce- artístico, daba representaciones teatrales en
dían sin interrupción, siendo el alma de su palacio. reservándose los papeles más
tedo ello la embajadora del placer, como largos y difíciles. Tal ardor profesional ponía
los franceses llamaban á la princesa austria- en su trabajo que Uegó á temer por su popuca. Todos los años pasaba la Metternich va- laridad. «Tengo miedo- escribía á uno de
ril,ls semanas en Compiégne, donde en los sus admiradores-que mi público se canse
momentos más tristes de la emperatriz la de mí, pues estoy siempre en primera fila,
divertida vivacidad de su acompañante llegó como diciendo: Tenéis que soportarme á la
á serle eada vez más necesaria.
fuerza.,
Madama de Metternich fué la que implanLa Metternich llegó á ser muy criticada
tó en París el baile casi histórico llamado por sus extravagancias en la corte: hiciéDiable á quatre, con el que se celebró uno ronse muchos epigrama;; á sus expensas, y
de los cumpleaños de la emperatriz. En los ociosos y maldicientes que nunca faltan
auqellas fiestas tomó forma la idea de dar en en una gran ciudad tomaron partido en su

contra reprochándola la libertad en sus maneras y en sus costumbres.
La embajadora austriaca fué la heroína de
un duelo muy curioso. Había aparecido un
libro titulado. Las mujeres del día, escrito
por Guy de Charnacé. En el libro no semencionaba nombre alguno; pero varias grandes
damas se consideraron aludidas, y celebraron una reunión para estudiar el medio mejor de castigar al atrevido escritor. Los enemigos de éste acudieron á la de Metternich,
que en el libro aparecía claramente retratada
y bautizada con el nombre de La Reina
Peste, y esta dama decidió elegir un campeón
que proclamara el honor de las aludidas
en el trabajo de Charnacé y exigiera del autor ámplias y cumplidas satisfacciones. El
marqués coronel de Galliffet aceptó con delicia la misión. A las cinco de una mañana de
primavera tuvo lugar el duelo: duró treinta
y cinco minutos, y el honor quedó satisfecho
cuando Charnacé fué herido en un muslo
por la espada de su adversario.
Cuando en 1870 la fuerza de las cii:,cunstancias derrocó el Imperio, el príncipe de
Metternich dejó de- ~=-r embajador de Austria
en Francia y la p:·i::::esa empezó un nuevo
reinado en Viena llegando á ser también allí
el ídolo del día. Al conocer el éxodo forzoso
de los Metternich, los vieneses cantaban coplas callejeras que decían: «No hay sino una
ciudad imperial: Viena. No hay más que una
princesa: Paulina de Metternich». La casa
de ésta era el centro de la sociedad vienesa,
pues la ex-embajadora daba en sus salones
grandes recepciones á las que concurrían las
más ilustres personalidades del mundo, con
lo que consiguió estar siempre ocupada y
ocupar constantemente las miradas del público. Sus amigos la secundaban en estos esfuerzos por divertirse y divertir al circulo de
sus relaciones, y el primero entre ellos era el
barón Nathaniel Rothschild á quien la de
Metternich ingeniosamente llamaba El judío

de mi casa.
No hace mucho, en 1904, la princesa Paulina inauguraba-según sus palabras-una
batalla de flores, de género completamente
nuevo, en automóviles que iban acompañados por una procesión á pié de mujeres llevando sombrillas cubiertas de flores, y la
prensa de todo el mundo publicaba sensacionales relatos de esta fiesta, el más solemne
corso que jamás se babia visto en el Prater
de Viena que aquel día estuvo adornado
por un sol primaveral.
LA PRINCESA MATILDE

Hija de un rey de W estfalia, nieta de un

421

rey de Würtemberg, sobrina de los emperadores Napoleón I y Nicolás I, y prima de un
príncipe que luego había de ser soberanci de
una nación, de Luis Napoleón, además de
tener relaciones de amistad con la casa real
de Inglaterra, la princesa Matilde era una
personalidad de raro interés. La ironía de
los sucesos colocó dos coronas á su alcance, pero jamás ciñó ninguna á sus sienes.
Esta gran señora era noble protectora de
las artes, siendo ella misma excelente artista y escritora de distinción. En su rededor
reuníase brillante cohorte en París, y por su
belleza y su talento era refulgente estrella de
sociedad. Muchos adoradores la rindieron sus
corazones; su propio primo Napoleón III, entre ellos. El rico marqués de Aguado prometió á su hijo docenas de millones si conseguía
interesar el corazón de esta princesa; pero
Matilde, se declaró en favor del conde Anatolio Demidoff, hermoso y opulento príncipe
toscano de San Donato, aun cuando así
contrariaba los deseos del czar. .Jamás te lo
perdonaré,, fué lo primero que le dijo el
monarca de todas las Rusias cuando Matilde
apareció en aquella corte como condesa De,
midoff.
El conde vivía una expléndida y lujosa
vida. Caprichoso y despótico por temperamento, estaba sujeto á ataques de violentos
celos: en Florencia, durante una de las brillantes recepciones que el matrimonio daba
en su palacio de San Donato, mientras las
parejas se movían en una suntuosa atmósfera de luz y de notas musicales, de repente,
ante centenares de espectadores, el príncipe, en un ímpetu salvaje, se dirigió á su joven esposa, y la &lt;lió una bofetada en cada
mejilla. Ante tan público insulto, élla permaneció muda de estupor, y en seguida se
reiiró á sus departamentos. Por la mañana,
sin ver á su marido, marchó á San Petersburgo á pedir protección á su tío Nicolás I,
que autorizó un acta de separación ordenando á Demidoff que pasara una pensión de
cuarenta mil duros anuales á la princesa y
prohibiéndole vivir donde ésta se hallara.
¡Así sacrificó el obstinado conde á una de
las más hermosas princesas de Europa! El
sacrificio le costó bastante caro, pues aunque
ella le despreciaba completamente, no por
eso rehusó aceptar una parte muy apreciable
de su fortuna: la suma total que por renta
pagaron los Demidoff á la princesa Matilde
durante sesenta años ascendió á dos millones y medio de duros.
En el año 1847, la princesa Matilde abandonó Italia para recibir muy linsojera acogida en París. «Hasta que en mi palacio
haya una emperatriz, - la dijo Napoleón- se

�422

POR ESOS MUNDOS

réis aquí la primera entre todos». Llegó la de Napoleón, la princesa Matilde apenas suemperatriz en la persona de la condesa de frió persecuciones ni burlas por parte del
Montijo; pero pocos días después de la boda populacho: continuó residiendo en París, y
imperial, en un banquete que se celebraba permaneció siendo siempre napoleónica basen las Tullerías, el emperador, que tenía á su ta las uñas. Pueden recordarse de esto dos
lado á la princesa Matilde la dijo: «Si hubié- ejemplos: Taine, que había concurrido antes
rais querido, podríais ser hoy la reina de las á sus salones, publicó algunas palabras
Tullerías.• Pero la hija del rey de Westfa- amargas sobre el primero de los Bonapartes;
lia, aunque sentía afecto hacia el empera- la princesa Matilde le despidió de su casa
dor, solía á decir: «Jamás me hubiere acos- enviándole una tarjeta en la que no escribió
tumbrado á Yivir con él.» Una vez, le des- más que tres letras: • P. P. C.» (Pour prencribía como hombre que nunca se encoleri- dre congée) significando que se despedía de
su amistad. Y á otro
zaba y cuyas palabras más fuertes de
escritor que publicó
artículos p'oniendo
furia eran: ¡Es &lt;ibde relieve desfavorasiirdo! « Si yo me
blemente los primehubiera casado con
ros años de la vida
él, - decía la prinde Napoleón III, le
cesa l\fatilde - creo
envió un paquete de
que le h u b i e s o
cartas llenas de fraabierto I a cabeza
ses de gratitud y denada más que pa~a
voción escritas á ésasegurarme d e l o
te por una persona á
que tenía dentro de
1uien el emperador
ella.•
1 .,bía salvado un a
S u s recepciones
, .J7. de la prisión y
eran las más distinotra del suicidio: el
guidas de París, y
autor de los artícuen su casa de camlos encontró al pié
po de Saint-Gratien
d e estas cartas e 1
solía recibir á algunombre de su propio
uas de sus relaciopadre.
nes durante e l verano. A l a cabeza
UN ENJAMBRE
de I a liista d e sus
DE BELLEZAS
amigos figuraba e l
Y DE GRACIAS
Qonde de Nieuwerkerke, ministro de
Entre las refulgenBellas Artes , c o n
tes estrellas del Seel que ella cambió
gundo Imperio brilló
muchos amorosos
mucho la condesa Le
coloquios. Allí conH o n, cuyo marido
currían también e l
cáustico conde HoPrincesa Matildc
representó durante
once años á la corte
racio d e Viel-Castel, que la ofrecía un cariño verdadero y la de Bélgica en París. De ella se escribió: «En
~brumaba con regalos de obras escogidas y las trenzas de su hermoso pelo tenía enrey con el relato de los escándalos y las histo- dados á los dioses y á los hombres del día.»
rietas picantes que oía; el célebre pintor Reina entre las reinas de la alegria del SeEugenio Giraud; el poeta Teófilo Gautier, por gundo Imperio, desde su aparición en la
quien ella tenía sincero afecto; Sainte-Beu- corte de Francia ganó el corazón del duque
ve, literato, crítico y filósofo, cuya última de Orléans.
carta, que escribió en el lecho de muerte,
Otras tres damas, hijas del marqués de la
fué dirigida á la princesa Matilde; Dumas, Rochelambert, fueron contadas entónces enSardou y Alfonso Daudet se encontraban asi- tre las reinas de la sociedad: la condesa de
mismo entre sus amigos asiduos, además de la Bédoyére, la condesa de la Poéze (ambas
otros muchos hombres de inteligencia en fueron nombradas damas de la emperatriz),
aquella época.
y Madama de Valon, que, aún cuando nunca
Cuando el torbellino de 1870 derribó la se dejó ver en las Tullerías, era célebre por
dinastía y lai. masas execraban el nombre las reuniones que celebraba en su casa.

LAS DA.MAS DEL SEGUNDO IMPERIO

•

423

guras del Segundo Imperio francés. Dió origen al famoso club de Los Loutons y los
Loutonnes, gente á la moda que cultivaba
la risa y había declarado guerra á la melancolía. Se recuerda que en una ocasión la de
Bussiére dió una gran soi1·ée. Su casa aparecía aquella noche llena de criados y de lacayos, que en traje de etiqueta y con calzón
corto, rojo, y luciendo pelucas empolvadas,
aparecían alineados á uno y otro lado de la
gran escaleia. Estos criados llamaban grandemente la atención, además de otras particularidades, por la manera como torturaban
y estropeaban lo s ilustres nombres que,
cumpliendo con su deber, anuncial:&gt;an. Y
cuando se abrieron las puertas del buffet,
vieron los invitados, con el mayor asombro,
que los lacayos se habían anticipado á ellos
y ocupaban tranquilamente todos los asientos de la mesa. ¡Qué impertinencia! Sin embargo, volvieron de su indignación cuando
descubrieron que I os criados eran todos
socios del club de los Loutonnes.
En esta lista de bellezas debe figurar también la &lt;luque1:a de Morny, esposa del embajador francés de San Petersburgo, la cual al
morir su marido clamaba por que la enterraran viva con él, y cortándose la hermosa
cabel!era que la adornaba renunció al mundo; pero todo esto no le impidió resurgir poco
Princesa Lisa Troubetskoi

Otra dama ilustre del Segundo Imperio
era la condesa de Beaulaincourt, nacida en
1818, la cual á los setenta y nueve años de
su edad se ocupaba en coleccionar su voluminosa correspondencia, incluyeudo las dieciseis mil cartas que había escrito á su hermana Madama de Hatzfeld, esposa del embajador de Prusia. Hija del fiero mariscal y
conde de Casteliane, casó á los dieciseis años
de su vida con su primo el marqués de Contades que apenas contaba veintiuno y que
acababa de heredar una renta de cuatrocientos mil duros anuales. El nombre de la
condesa era de los primeros que figuraban
en las invitaciones de Fontainebleau v Compiégne, y ninguna figura fué más notable que
la suya en las cacerías imperiales. Pero, á
pesar de todo esto, no fué feliz en su matrimonio con el marqués de Contades. ]\Ji-.
rió é~te, y su viuda contrajo segundo malrimomo en 1859 con el conde de Beaulai11court, que falteció á poco de su boda vícl ima de un terrible accidente que sufrió montando á caballo. Viuda seuunda vez conli. do e1 alma y la vida
., de la sociedad
'
nuó sien
que frecuentaba.
Melania de Bussiére, condesa de Pou•·talés, fué otra de las más preeminentes (i.

'

D111¡nesa rle Morny

�424.

LF.JANÍAS

tiempo después en ese mismo mundo y encender nuevamente la antorcha del amor
ei, un corazón masculino, con quien la de
Morny volvió á casarse.
Un tipo de belleza andaluza en la corte de
las Tullerías era Sofía de la Paniega, duquesa de Malakoff, que atraída cuando contaba
veinticinco años de edad por los resplandores de la corona ducal, casó con un mariscal
que ya llegaba á los sesenta y cinco inviernos.
Otra gran duquesa de la época era la escultora conocida bajo el pseudónimo de
Marc.ello, la duquesa de Colonna, que por el
año 1865 concurría á todas las grandes recepciones, y que dejó en el mármol sus inspiraciones y pensamientos . .Murió en 1879,
con el buril todavía en sus encantadoras y
hábiles manos.
La música estaba personificada en la corte
de Napoleón III en la realmente bella Luisa
dt Caram-an-Chiamy, condesa de Mercy-Argenteau, que con sólo poner los dedos en el
teclado se veía rodeada de admiradores. Esta hermosura fué la que por más tiempo

conservó la admiración del último emperador de los franceses.
Otros muchos marcos quedan por ocupar
antes de que consideremos llena la galería de
retratos de las bellas mujeres del Segundo
Imperio. Nada hemos dicho de la brillante
condesa Walewska, esposa del célebre diplomático, hijo natural del gran Napoleón; tampoco hemos citado á Madama de R u te ,
prima de Napoleón III, que tres v~ces ~ontrajo matrimonio, y de cuyo gran mgemo y
extraordinario talento, así como de sus dotes
d~ cantante y de su habilidad como actriz y
como autora, y de sus magníficos retratos
en miniatura, todo el mundo se ha ocupado;
ni en estas líneas ha aparecido el nombre
de l a deslumbradora princesa d e Murat,
amiga querida é inseparable de la emperatt·iz. Pero nuestro silencio no significa que estas y otras muchas hermosas mujeres de
aquella época no contribuyeran con sus encantos á las explendentes glorias del Segundo Imoerio francés en los tiempos en que
esta institución se hallaba en su mayor
apogeo.
ALICIA M. IVIMY.

LA FOTOGRAFÍA EN COLORES
plata bien pulimentada cuya superficie había
sido recubierta de una capa muy fina de subDespués de las experiencias prácticas del cloruro de plata; desgraciadamente, estos cométodo inventado por el profesor Korn para lores no pudieron ser fijados jamás, y las
transmitir por telégrafo las imágenes, viene imágenes no tardaban en desaparecer~i no se
la fotoirafía en colores que han hecho posi- tomaba la precaución de mantenerlos en la
ble los últimos descubrimientos de los her- obscuridad.
Más tarde, Niepce de Saint-Victor repitió
manos Augusto y Luis Lumiére, universallas experiencias de Becquerel, variándolas,
mente conocidos fabricantes de placas.
De los trabajos del profesor Korn tienen pero no fué más afortunado desde el punto
ya noticia los lectores de PoR Esos MuNoos: de vista de la conservación de las imágenes.
En 1886, Poitevin, al que la fotografía
hemos dado detallada cuenta de ellos repetidas veces. Vamos á hacer ahora lo mismo debe numerosos descubrimientos, consiguió
con las experiencias y éxitos de los herma- reproducir los colores del espectro sobre un
nos Lumiére; mas para que el público com- papel recubierto de una capa de subcloruro
prenda bien cómo ha sido resuelto el pro- de plata violeta, y fijarlos parcialmente.
Fué preciso llegar al año de 1868 para
blema, recordaremos aquí las etapas por que
ha pasado en anteriores épocas de su apli- presenciar una verdadera revolución en la
orientación del problecación.
matan palpitante de la
fotografía de los coloLOS PRIMEROS
res. En esta época, dos
DESCUBRIMIENTOS
franceses, Carlos Gros,
poeta , y Luis Ducos
Desde 1810, es dede Hauron, físico de
cir, mucho antes del
talento, tuvieron, los
descubrimiento que hidos á la vez y sin cozo Daguerre, M. Seenocerse, una idea gebeck, de Jena, observó
. n i a 1: llamándoles la
que si se proyectaba
atención los trabajos
el espectro solar sobre
de Maxwellyde Young
una hoja de papel resobre latrinidadde los
cubierto de cloruro
de plata este se volvía
colores fundamentales,
pensaron que si la
azul en la región azuluz no podía traducir
l a d a d e 1 espectro,
MM. Augusto y Luis Lumiere, inventores de un
directamente los colomientras que los denuevo procedimiento para la fotografía en colores
res so b r e la placa
más colores se trasladaban mal ó no poseían acción alguna sobre sensible, le era dable, en cambio, operar la
la capa sensible. Daguerre hizo, en 1839, al- selección necesaria á su análisis. Bastaba
gunas investigaciones en este sentido; pero descomponer los colores de la Naturaleza en
hasta 1848 no consiguió Edmundo Becque- tres grupos, rojo, amarillo y azul, para rerel reproducir con bastante fidelidad los co- solver el problema, dando en seguida la
lores del espectro solar sobre una lámina de síntesis posible.
presente año marcará una época mu y
E interesante
en los anales fotográficos.
L

7

LEJANIAS
Entre la sombra que llena
la media noche lejana,
lenta y triste suena y suena
la campana.
En alas del viento corre
sonando.-¿Cantas ó lloras?
Voz solemne de la torre:
¿con quién hablas á estas horas?
Lenta y fría,
como puñal desgarrando
las carnes, tu sinfonía
va sonando.
Me han llenado de tristezas
tus acentos.
-Oye y dí,
r,ampana: si acaso rezas
¿es por mí?...
Tengo abierta mi veptana,
la noche está muda y triste...

Has vuelto á sonar, campana:
¿qué dijiste?...
Tu voz repercute y zumba
en mi enfermo corazón.
¡Parece un clamor de tumba
tu canción! ...
Voz que perturbas la calma
de la noche; voz que evocas
mil recuerdos en mi alma,
¿por quién tocas'?...
. Tiene tu acento sombrío
algo de agudo que hiere;
¿es quizás por algo mío
que muere?
¿Es por álguien que claman&lt;lo
esté por mí, sin que yo
sepa dónde, cómo y cuando'?...
Campana que está sonando,
¿quién murió?
M. LoZANo CASADO

�426

POR ESOS MUNDOS

427

LA FOTOGRAFÍA EN COLORES

Tal es la teoría del procedimiento lricomo
ó tricolor, cuyo mecanismo es el siguiente.

á la propiedad bien conocida que posee la
gelatina bicromatada de insolubilizarse proporcionalmente á la acción de la luz. Se coloLOS «TRES COLORES»
ran tres películas gelatinadas con las tres
tintas fundamentale~ ,
Partiendo del prinse sensibilizan al bicipio de que es posib!c
cromalo de potasa, se
reconstituir la infinita
solean bajo el clicl1é
variedad de los colocorrespondiente y ~e
res de que se adorna
lavan con agua tibia.
la Naturaleza por la
Las partes no impremezcla de los tres
sionadas, y por con-icoloresfundamentalcs,
guiente solubles, de la
rojo, amarillo y azul,
gelatina coloreada desse trata de obtener tres
aparecen,dejando subimágenes del mismo
sis ti r solamente la
asunto,de las que cada
imagen roja, amarilla
una representará uno
~~~
ó azul.
de los citados tres coNo queda más que
lores elementales para
sobreponer los t r e s
reconstituir la coloramonocromos marcanción del original.
do cuidadosamente las
Para obtener los neimágenes. Este procegativos des tinados á
dimiento, ¡¡racias á los
·
t
t
Negativo de la foto;raíía en colores, por medio del
~
prod uc1r es as res procedimiento Lumicre. La preparación dees1osnc- perfeccionamientos
imágenes será preciso ¡ativos se hace cubriendo la emulsión con discos mi- conseguidos en el orcroscópicos de fécula de patata coloreados de verde,
exponer 1as P 1a c a s amarillo ana ranjado y violeta. De este modo cada to cromatismo d e las
sensibles bajo pan ta- grano de fécula actúa como un'!- _pantalla separadvra placas sensibles puellas ó filtros coloreade los colores or,gmales
de permitir
. . a. un , opedos con las tintas complementarias del rojo, rador mu y hábil al que no asusten las grande] amarillo y del azul; es decir, en verde, des dificultades la obtención de dos hermo~os
en violado y en anaranjado; además, será resultados.
necesar:o emplear placas ortocromáticas, de
Pero,desgraciadamente,la necesidad de tosensibilidad exaltada respectivamente para mar sucesivamente tres negativos del mismo
cada uno de los coloobjeto, y la de prolonres de estas pantallas.
~~~.,,_
gar la exposición proSi tomamos el rojo
porcionalmen te á I a
como ejemplo, verecoloración de las panmos que los rayos
tallas, excluía la poRiluminosos q u e emabilidad de interpretar
nan de todas las partes
todo objeto animado,
rojas del objeto seJ'án
y hacía, si no imposiabsorbidos por el filtro
ble, muy dificil, la ejeverde,mientras los racución del retrato.
yos amarillos y azules
Bastantes investigaactuarán sobre la pladores han ensayado la
ca sensible: en el desobtención simultánea
arrollo, el bromuro de
de las tres placas, ya
plata s e ennegrecerá
con tres objetivos (d ismás ó menos por todas
puestos por lo gene¡ as partes donde el
ral en triángulo), ya
amarillo y el azul ha"':;;'!11~~~~con uno solo y dos
yan influído; por el
¡uegos de cristales ó
contrario, la S zonas El mismo ne¡¡ativo en sa última fase de preparación, de prismas que dfrirojas del objeto serán mostrando los espacios existentes entre los granos de den en tres el haz Iuinterpretadas p O r el
fécula cubiertos con negro de humo
.
mmoso;peroestos pcrblanco sobre el negativo. Una vez obtenidos feccionamientos no han conseguido hacPr
los tres negativos es preciso sacar de cada práctico el procedim ento, pues las oper..1uno de ellos un positivo en rojo, en amarillo ciones siguen siendo largas y con resultados
y en azul: estas pruebas se obtienen gracias irregulares.

X egativo de la bandera francesa fotografiada
en colores

Positivo de la bandera francesa fotografiada
en colores

En efecto: la gran falta del procedimiento
tricomo reside en el número elevado de variables: exactitud é intensidad de coloración
de las pantal las seleccionadoras; ortocromatismo de las placas por estas mismas pantallas; intensidad de los negativos en el desarrollo; intensidad de los positivos, coloración de estos últimos, y marcado ó señalamiento. Fácil es comprender que la menor
incorrección en una cualquiera de estas múltiples operaciones rompe el equilibrio necesario y falsea por completo la harmonía del
cuadro.
La única aplicación práctica derivada del
procedimiento tricromo es la impresión en
tres colores por medio de tres clichés tipográficos que sucesivamente imprimen el rojo, el azul y el amarillo. Para la reproducción de los cuadros pictóricos en un gran
nÍlmero de ejemplares, los resultados obtenidos en este sentido son sorprendentes.

tienen el grave inconveniente de presentar
un aspecto reverberante muy parecido al de
los antiguos daguerreotipos, y, sobre todo,
de cambiar de coloración según la incidencia bajo la cual se examinan: los colores son,
en efecto, producidos por la interferencia de
la luz sobre láminas delgadas de bromuro
de plata sumergidas en la gelatina y que
poseen las mismas propiedades variantes que
las coloraciones del nácar ó de las pompas de
jabón.
Además, las placas sin grano tienen el defecto de una extremada lentitud, y el tiempo
de exposición se prolonga desmesuradamente.
En una palabra: el método interferencia!, sobre el cual se fundaban las más bellas esperanzas, ha quedado como una bonita demostración de laboratorio, sin empleo práctico.
Todavía se habló algo en 1895 de un método descrito por el doctor Joly, de Dublín,
que consiste en tomar un negativo sobre una
superficie pancromática pegada contra una
pantalla formada por una red de líneas anaranjadas, verdes y violetas: un positivo negro
obtenido de este negativo y visto detrás de la
misma pantalla, después de un fijado perfecto, deja ver los colores del original.
Este procedimiento, en el que Ducos do
Hauron pensaba desde 1869, muestra el objeto á través de una rejilla ó enrejado, lo que
le da aspecto desagradable.
La misma crítica puede aplicarse á otros
métodos--muy originales en principio-que
utilizan la disposición espectral prismática.

LOS TRABAJOS DE LIPPMAN

En Febrero de 1891, M. Gabriel Lippruan,
profesor en la Sorbona, dirigió una interesante comunicación á la Academia de Ciencias: acababa de hallar una solución física
al problema de la fotografía de los colores
sin la intervención de materia alguna colorante, exponiendo una placa de gelatina-bromuro desprovista de grano, el cristal vuelto
hácia el objetivo y la capa sem¡ible en contacto íntimo con un espejo constituído por el
mercurio. Después del desarrollo y fijación
habituales, los colores del objeto fotografiados aparecen brillantes, á condición de mirar la placa bajo cierta incidencia y despué,;
de haber realizado un ortocromatismo absoluto.
Esta experiencia confirmaba de manera
cumplida las teorías de Augustin Fresnel
sobre la naturaleza vibratoria de la luz; desgraciadamente, las pruebas interferenciales

LOS HERMANOS LUMIÉRE

Los diversos métodos que acabamos de
exponer han sido debidamente estudiados
por MM. Augusto y Luis Lumiére á quienes
la ciencia en general y la fotografía en particular son ya deudores de fructuosos descubrimientos.
En 1900, los visitantes de la Exposición

�428

POR ESOS MUNDOS

Universal ?e París q11edaron encantados por
la proyección de soberbios clichés obtenidos por el método tricromo en los talleres
de los citados señores, en Lyon.
A pesar de la belleza de los resultados log~ados perfeccionando Jll procedimientoimaginado por Ducos de 1Iauron, los Lumiére
se vieron obligados á modificar la orientación de sus trabajos por ser la técnica de la
selección tricroma mucho más difícil para
abordada por la masa de los operadores.
Antes, ~l m~todo i~terferencial de M. Lippman hab1a sido Objeto de largos estudios
abandonados por último en razón de la difi~
cultad de realizar un ortocromatismo perfecto Y de la imposibilidad de obtener resultados constantes.
MM. Lumiére siguieron entonces para su
obra un procedimiento por decoloración uti!izando las propiedades del cianino del' córcoma Y del rojo de quinoleno, proc;dimiento
que fué igualmente estudiado por M. Vallot;
pero estos ensayos fueron á su vez abandonados por la itrl'posibilidad de realizar la fijación completa sin alterar los colores.
. Después de esta larga série de tentativas
mfructuosas, los dos sabios buscaron la manera de obtener una selección tricroma perfecta sobre una superficie única.
Ducos de Hauron había previsto, desde
1869, todos los modos de utilizar la propieiad de las pantallas seleccionadoras y entre
otros, la yuxtaposición de manchas c~lorea~as s?bre una misma superficie; pero le fué
1~po~ible materializar las ideas que su imagmación tan fértil había concebido.
Lo que Ducos de Hauron no había podido
hace~, MM._ Lumiére lo realizaron,después de-&lt;
laboriosas mv~stigaciones, con placas sensi-•
b!es que contienen en sí las pantallas selecmonadoras bajo la forma de elementos coloreados microscópicos. El 30 ,de Mayo de
1904 los citados hermanos daban cuenta á
1~ A_cademia de Ciencias de París del proced1!111ento que habían inventado, que· es el
mismo que ahora, al cabo de tres años,de
estudios Y de ensayos, les ha hecho triunfar
de todas las dificultades de ejecución.
LAS PLACAS AUTOCROMAS

Los elementos microscópicos que forman
los filtros analizadores de las placas autocro~a~ .reclamaban una materia transparente,
d1V1sible en corpúsculos de una finura extrema y que absorbiese bien las materias colorantes. La fécula de patata (que nadie esperaba que inter_viniera en este asunto), es la
que parece reumr la mejor de estas diversas
condiciones. Escogidos de manera que no pa-

sen de diez á doce milésimas de milímetro de
diámetro, los granos de fécula se dividen en
tres grupos y se coloran respectivamente de
anaranj~do, verde y violeta. Después de la
desecación, se mezclan íntimamente, y luego se espolvorean sobre una lámina de
cristal anticipadamente recubierta de una
capa de substancia pegajosa.
En 1904, lo~ Lumiére habían podido agrupar así tres mil granos de fécula por milímetro cuadrado evitando toda superposición.
Por asombroso que fuera este resultado, no
era todavía satisfactorio; en efecto, siendo los
g~anos ?e fécula de forma esférica no se po&lt;lían eV1tar entre ellos espacios vacíos por los
q_ue la ~uz ~!anca se filtraba, lo cual era prec1so evitar a toda costa. Los inventores con~iguieron cubrir estos intersticios con polvo
impalpable de carbón, sin empañar en nada
el brillo de los elementos coloreados· vista al
microscopio, la capa se presentaba ;ntonces
bajo el aspecto de un semillero de confetti
sobre fondo negro.
. Desde ent~nces, los Lumiére han perfeccionado considerablemente su procedimiento; han conseg-uído, gracias á máquinas potentes, aumentar en proporción muy sensible, el mí.maro de partículas coloreadas: no
ya tres mil ¡son nueve mil granos! los que
cubren ahora un milímetro cuadrado de superficie de placa. Todavía más: gracias á un
laminado especial que corresponde á presiones enormes, los granos se aplastan los unos
contra los otros, formando así un mosáico
de color sin vacíos apreciables. El tabicado
por el carbón, que la experiencia ha demostrado que debe mantenerse, se encuentra
así reducido á una línea extremadamente
fina.
La importancia de este perfeccionamiento
~e ve claramente por las siguientes ventajas:
1.ª. ~educción muy sensible del grano
de la imagen hast.a el punto de hacer invisibles los elementos coloreados en una proyeción de dimensión grande.
2.~ Aument? considerable de la transparencia y reducción proporcional del tiempo
de exposición útil.
La placa así preparada y vista en transparencia · no presenta ninguna coloración
pues como están repartidos los elemento~
microscópicos anaranjados, verdes y violeta
en proporción conveniente, reconstituyen por
su mezcla íntima la lu$ blanca, absolutamente como lo hacen las siete luces coloreadas del espectro solar.
Queda la operación de la insensibilización
de la placa: la capa de granos coloreados se
recubre desde luego de un barniz impermea-

LA FOTOGRAFÍA. ".N COLORES

429

ble al agua, que tiene un índice de refrac- permanganato de ácido de potasa; después,
ción casi igualal de la fécula de patata y des- en plena luz, proceden á un segundo después de una capa de gelat_ino-bromu_ro ~echa arrollo transformando en positivo á los coperfectamente pancromática, es deC1.r, igual- lores r~ales de la Naturaleza la placa salida
mente sensible á todos los colores.
del chássis del aparato.
Veamos ahora cómo puede reproducir auPara comprender bien el mecanismo de
tomáticamente la placa autocroma, así cons- esta transformación del negativo de colores
tituída, la enorme variedad de tonos que to- complementarios en positivo de colores realera la Naturaleza.
les, tomemos nuevamente corno ejemplo la
Vamos á operar con un aparato cualquie- bandera francesa.
ra pero cuyo objetivo debe estar provisto de
En la primera zona, el bromuro de plata,
u~a pantalla especial que forro~ ~l_comple- que obtura los elementos violados y verdes,
mento indispensable de la sens1bihdad ero- se disuelve bajo la acción del permanganato
mática de las placas. Cargamos nuestro cha- de potasa; después, en el segundo revelado,
.ssis en la obscuridad, teniendo cuidado de efectuado en plena luz del día, el bromuro
eolocar el reverso de la placa por cima á fin de plata no reducido se ennegrece bajo las
de que los ravos luminosos atraviesen las partículas anaranjadas que se hal~an encupantallas elem~ntales antes de alc~nzar á la biertas; pero como los elementos V1olados Y
capa sensible. Fotografiemos, por ejemplo, la verdes están, por el contrario, descubiertos,
bandera francesa, y utilicemos para ello un darán por su mezcla la sensación del azul.
objetivo muy luminoso. Los rayos azules
En el centro de la imágen, toda la plata
van á ser absorbidos por los elementos ana- reducida se disuelve, y el blanco será reranjados, mientras que los elementos verde constituido por la yuxtaposición de los tres
y violeta dejarán actuar la luz sobre la emul- elementos primarios, anaranjado, verde Y
sión sensible; en el desarrollo, el bromuro de violeta.
plata ennegrecerá las partículas verdes y vioEn fin, en la zona verde, como la transletas, que ocultará, para dej_ar sólo transpa- parencia es devuelta á los elementos violeta
rentes las partículas anaranjadas. En la par- y anaranjados, y como los elementos verdes
te blanca de la bandera, los rayos lumino- se encuentran obturados por el segundo dessos no sufrirán absorción alguna, y vendrán arrollo, la sensación del rojo resultará de
á impresionar, por el contrario, la capa la mezcla de las partículas violetas y ana.bajo todos los elementos coloreados; en el ranjadas.
desarrollo, la superficie entera se volverá negra. En cuanto á los rayos rojos, serán absor- CÓM'J SE MANIPULAN LAS PLACAS AUTOCROJIIAS
bidos por los elementos verdes, que quedarán
Las manipulaciones de las placas autocrotransparentes en el desarrollo; impresionarán
el bromuro de plata bajo los elementos vio- cromas apenas si son más complicadas que
lados y anaranjados, los cuales serán obtu- las que se necesitan para la fotografía en
negro. El primer desarrollo á base de ácido
rados.
Se comprenderá que una placa así, desa- pirogálico y amoniaco se efectúa en la obscurrollada y fijada por los medios habituales, ridad de manera automáticadurante un tiem-dará los colores complementarios del origi- po fijo de dos minutos y medio; este tiempo
nal y que el objeto que nos ha servido de invariable podrá determinarse por un reloj
eje~plo se presentará bajo los aspectos ines- de arena que se enganchará delante del crisperados de una bandera anaranjada, negra y tal rojo de la linterna, teniendo cuidado de
alejar esta de la cubeta para que el relevado
verde.
En teoría, una segunda placa autocroma, se haga fuera de los rayos de la luz roja.
Transcurridos los ciento cincuenta segunaplicada aontra un negativo semejante, deberá dar, después de la exposición á la luz y dos, se lava abundantemente la placa bajo el
el desarrollo, una imágen positiva con los co- grifo, y¡ 'después se la sumerge en un baño de
lores naturales del objeto. En la práctica, ácido de permanganato. A partir de este molos resultados obtenidos son poco satisfacto- mento, todas las operaciones se hacen en plerios, por la imposibilidad de colocar las pla- na luz. Al cabo de algunos minutos, el percas sensibles en contacto íntimo y por la manganato ha disuelto la plata, y los colores
pérdida inevitable en el brillo intrínseco de empiezan á mostrarse, pero sin brillo; ~epasan bajo el grifo, después se procede al selos colores.
Así los inventores, en vez de fijar la pla- gundo desarrollo á base de diamidofenol, que
ca desarrollada, como se hace en la fotogra- ennegrece la plata no reducida en el primefía en negro, disuelven la plata, reducida por ro, y da ya. mucho brillo á los colores.
Después de un pasaje rápido al ácido de
. medio del procedimiento conocido á base de

�430

.NTJMA

permanganato de potasa diluido, se refuerza
en un baño de ácido pirogálico y de nitrato
de plata, 'y el brillo de los colores queda
magnifico; se vuelve á pasar al permanganato, neutro esta vez, para terminar el fijamiento habitual.
_E~tas operaciones, que son largas de descr1b1r, se hac~n muy rápidamente, porque
apenas son qumce ó veinte minutos las que
separan la entrada al laboratorio del secado
completo de la prueba policroma.
Como la capa de gelatina es de nueve á
di~z veces más fina que la de las placas comentes, los lavados se reducen á pocos minutos y el secado se opera con extremada
rapidez.
La aplicación de un barniz especial termina las operaciones, aumentando el brillo y la
transp~rencia de los colores, á la vez que
protegiendo la capa contra ulteriores causas
de deterioro.
APUCACIONES DEL INVENT(l

La entrada de la fotografía de los colores
en el dominio práctico tendrá numerosas aplicaciones, que aún se extenderán más el día
próximo si~ duda, en que la prueba únic~
sobre el cristal dé origen á un número ilimitado de copias en el papel.
Desde 1 u e g o, los turistas podrán dar
cuenta de sus excursiones con documentos
á cuyo lado la antigua y fria interpretación

en negro y blanco no ofrecerá más que un
interés secundario.
¿Habrá que insistir en el valor adquirido
por los recuerdos de familia, cuando los retratos de la~ personas queridas reproduzcan
la complexión, el color de los ojos y el del
pelo?
Los exploradores recogerán en sus fu.
turos viajes ámplia cosecha de documentos á
los que el color añadirá un valor inestimable pa_ra los estud_ios ulteriores geográficos,
etnograficos, botámcos, etcétera.
E~ astronomía, la placa aulocroma será
p_artíc°:larmente preciosa para registrar, con
rigor científico, las coloraciones de ciertos
fenómenos de corta duración, como los eclipses de sol, las auroras boreales, halos solares, etcétera.
En medicina, los documentos obtenidos
de la Naturaleza con el auxilio de estas pla?ªs r~emplazarán con ventaja á las planchas
ilummadas necesarias para el estudio de la
anatomía íntima y de las lesiones del cuerpo.
Daguerre y los sabios que han seguido sus
huellas se habían servido del sol para hacer
de él un dibujante fiel y exacto; se pudo
cree~ .-l~rante mucho tiempo que este papel
de d1huJante no se elevaría nunca al más
prestigi~so_ de pintor; pero hoy, gracias al
descubrimiento de los hermanos Lumiére
es cosa hecha: el sol fijará en adelante par~
placer de nuestros ojos los colores incomparables de que la Naturaleza se adorna.

LEóN GDIPEL

INTIMA
n
Una caja de blanco terciopelo
y aldabas de metal;
dos hileras de sillas á los lados
en guardia funeral;
alumbrando indecisas, cuatro velas
de pálido color;
y en la caja, de blanco terciopelo,
la virgen de mi amor.

Cuando ~uenan las ocho, lentamente
d1spónense á marchar
los amigos que estaban en las sillas
en guardia funeral.
¡Y al alejarse, tristes, con la caja
sujeta del cordón,
se llevan con el cuerpo de mi amada
mi pobre corazón!. ..
MIGUEL E.

OLIVA PADRO

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I

·&amp;i.,·~ ,; DºNbrasero
Juan se hallaba sentado delante de un
de aljófar, que convidaba con su

~!@~ ~· ~

aliento cálido al bienestar y al reposo.
Delante de Don Juan, y sentado asimismo en
,--;¿;¡,;,.;
una silla de vaqueta, hallábase Don Lisardo, otro
caballero joven y apuesto, muy semejante en el
vestir y en el rizado del bigote al duelio de la
casa aquella, que era la solariega de los Bermejales del Condado. Cuatro armaduras cinceladas ocupaban los ángulos
del estrado; un par de mesas con piés salomónicos, sostén, ambas,
de dos bargueños que cerraban sus puertas con un escudo partido
en que campeaban el yugo y las flechas, heráldicos distintivos de los
católicos Isabel y Fernando, decoraban los muros de la derecha y de la izquierda, según se
entraba en el local.
Un tapiz de Arras, extendido sobre el pavimento, daba calor á los piés; y un cortinaje,
en que había más damasco que veludo, adornaba los vanos de ventanas y puertas.
Pendía del artesonado, que era mudéjar, un grueso cordón encarnado, que sujetaba una
lámpara de bronce, rematada en una gran borla rojiza, de hilo cardado.
Y asi hablaban Don Juan y Don Lisardo en aquella estancia típica, mientras, al accionar,
echaban atrás el ferreruelo, requerían la tizona, arreglaban la tersa gola de ochos, arrugaban
gregüescos y calzas de tanto cruzar familiarmente las piernas, ó torcían los pechos_ de la
ropilla y los coletos al recostarse blandamente sobre el brazo y el espaldar de los asientos.
-Hora es ya, Lisardo, de que te corrijas dese empeño que en ti mueven las sayas. Y no
digo-1pecadorde mil-que á las sayas sea bien ponellas á distancia luenga, donde no la
alcancen manos de hombres: la inclinación al femenino ser antes es virtud que pecado en el
varón, si moderadamente usamos deste natural empeño del sexo; porque es irte á la mano
del diablo cortejar por vicio, conquerir por orgullo, burlar por industria y olvidar por jactancia. Tengo para mi, Lisardo amigo, que el gusto de las sayas es patrimonio de lodo varón,
ya hidalgo 6 pechero: mas paréceme que la desmedida inclinación por la mujer, más que
discreción es dislate.
-De contrario parecer soy, Juan amigo: que puesto que el Cielo nos dió el magín dotado de diferentes pensamientos á los humanos, condeno tu razón y hólgome de la mía. ¿A
qué extremo, pues, ha de dirigir el hombre la actividad de su corazón en punto á damas?
¿A adorar á una sola y á desairar á las que restan'? ,i,Ni cómo ha de obscurecer la posesión
de una hermosura el brillo y la beldad de otras? ... Diz que el hombre toma estado por tener
una dama menos á quien desear; de que yo colijo que lo natural es ufanarse de muchos
y distintos amores.
-¡Ta, ta, ta! A risa muéveme tu desvarío, Lisardo; que la religión de Cristo Nuestro
Bien manda fijar la vista solo en una compañera de la vida, con desaire y renuncia de las
otras; diferenciándonos en aquesto de los perros infieles, que incurren en ese pecado que
llaman de la poligamia.
- ¡Líbreme Dios de ansiar vida pecaminosa de moros! .Mucho batallaron mis abuelos
para echarlos del lado allá de los mares. Pero ¿qué melisinas ba de tomar quien padece
desta enfermedad, desta sed de amor que yo padezco? Porque el cotejar á diestra y siniestra
no está en mi cálculo, sino en mi inclinación natural. Tú sabes, Juan &amp;migo, en cuántos
lances de amor he empeñado mi alma. No ignoras que á casadas y á doncellas de estado
honesto he requerido con audacia que háme dado sobrenombre. Y, ello no obstante, el fuego
de mi instinto varonil no se ha extinguido, pues, apenas gozado un amor, ya he ido en pos
de nuevos amores.
·
-Más que condición, amigo Lisardo, es vicio arraigado ese de que me hablas; que
·

�.1-33

J.AS SAYAS

432

POR ESOS MUNDOS

puesto que el hombre emplee la prudencia
en todo, sabrá apartarse de uno de los enemigos más formidables del alma, que es la
carne. Yo amo á mi Leonor, con amor vflrdadero; y aunque me place ver otras hermosuras, ninguna dellas pláceme como la que
es mía. De lo que se sigue que el corazón,
cuando está bien inclinado, cumple el fin
divino de consagrarse á un solo amor, de
que nacen la esposa, la madre y la compañera.

II
Tocaban á esto punto del coloquio, cuando l: n paje
anunció 1a
llegada de
Don Diego
de Azpicue ..
ta. O ir su
nombre y
sonreir si gn ificativam ente los
in ter locutores fué todo
uno.
- Venga
en buen hora,-respondió Lisardo.
Y penetró
en la estancia Don Diego, un caballero alto, de
mosca y bigotes grises, '- t..
Un paje
vivaracho de
anunció la
ojos y al~gre de voz.
llegada de
Don Diego
- Guarde Dios á
de Azpicueta
mis galanes.
-Bien venido sea el enemigo de las sayas,-habló sonriente Don Juan.
-¿Ya me habláis de sayas? ¡Pues á fé que
de buen talante vengo para estas fiestas!
Agora héme tropezado en la plaza á cierta
dama que yo me sé, tomando un billete de
manos de cierto galán atrevido é indiscreto.
Y, en tanto, el marido de la desenfadada señora está en su oficio... ¡Quien dijo damas,
dijo compromisos y perdición!
-¡Válame Dios, señor Don Diego,~replicó
Don Lisardo-que RO sóis justo con las bellas, ni hacéis á su ausencia el honor debido!
-Sí, ya sé lo que vos me habréis de argüir: que son ángeles de la mesma gLoria,
que el vivir con ellas antes es cielo que pur-

gatorio ... Achaques son esos de los cortos
años, pero no de la experiencia mía. A las
damas, aborrecellas.
-A las damas, sean cuantas fuesen, adorallas con el corazón y con el alma,consagralles la vida y los pensamientos, morir por
ellas.
-Ni uno ni otro extremo,-interrumpió
Don Juan-viene á la medida de lo justo.
Buscad la mitad de la distancia y ella será
el punto natural y saludable donde colocar
vuestro anhelo.
-¡Bah! ¡Todos demonios!
-¡No! ¡Angeles todas!
-Ni uno ni otro es acertado JU1c10: quitad la mitad cada cual para que
quede el concelo en lo justo.
-¡Amar, siempre amar!
-¡Aborrecer, siempre
aborrecer!
-Ni á todas repudiar,
ni amar á
todas; que
tan infierno
es uno como
es otro. Cada
cual ame á
una con el
interno fuego del alma,
y admire, no
más, á 1 as
otras.

III
Tráese aquí este coloquio de los amigos,
no á modo impertinente, sino para dar comienzo adecuado á esta breve novela ejemplar, de que han de sacar fruto los caballeros que fincan tanto en el extremo de ser
despreciativos como de ser cortejadores de
las damas, viéndose al final cómo uno y otro
extremo son viciosos, y quedando no [llás
como caso digno de imitación el saludable
intermedio que aquí representa Don Juan, el
de los Bermejales del Condado.
Pues cuenta el coronista de estos pequeños lances (que no pueden llamarse historia por la falta de episodios que en ellos nótase), que Don Diego perseveró en su· odio
sistemático hácia las mujeres, de que no pocas lengµas decían que él obraba así por escarmiento sufrido en su primera juventud;
pues en Talavera, de donde era natural, estuvo casado con una dama muy principal,
pero tan coqueta y caprichosa que á poco
de su enlace tuvo amores con un galán mu y

apuesto que sabía tañer el
laud por extremo y que
-componía unos versos que
rendían el corazón, como
si tuviesen en cada palabra
un elemento mágico.
Según decía quien r,i e
jactaba de saberlo al dedillo, Don Diego de Azpicueta profesaba grande amor á
su esposa, en quien tenia
ciegas confianza y fé ; y
añadía el bien enterado
que cuando nuestro buen
eaballero se dió cuenta de
la infidelidad de su dama,
recibió sobre el corazón un
golpe de muerte y sobre el
cerebro un airecillo de locura que le puso maniático
contra las mujeres.
Desde Talavera se vino
el de Azpicueta á la corte,
T abandonó á la esposa infiel,no sin andará cuchilladas con el trovador afortunado, ladrón de su cariño
y de su honor.
Pero acaeció que, á poco
del coloquio que se ha referido en el cornienzo, murió Don Diego, solo y sin
moscas, como dice el adaDon lJic~o tuvo que andará desaííos con el ladrón de au U1nño y de su honor
gio vulgar; de lo cual sacaron epigramas muchos doctos diciendo que tura! du!ce y recto, y con una esposa ejemasí suele acabar quien profesa horror á la plar que llenó de flores el camino de su antanta y honesta vida de casado, y que había- cianidad.
le estado bien empleado el castigo de morir
Y así como en la juventud suelen ser los
solo al pobre Don Diego puesto que, á ser caballeros algo poetas, así también en la vemás amigo de las sayas, muriera dellas ro- jez suele despertárseles el~estro;lo cual acondeado y favorecido, con manos blancas que teció en Don Juan, á quien su larga felicidad
juntasen sus párpados y voz dulce que con- hizo trovador.
solase su agonía.
Peinaba ya canas cuando, imaginativo
Después del óbito rle Don Diego, continua- cierta vez, combinó un admirable soneto,
ron Don Juan y Don Lisardo en su culto á la con su oportuno estrambote, en que ensalzamujer: sintetizándolo el primero en su ama- ba las excelencias de un solo amor con desda, á quien dió mano y nombre; Don Lisar- precio de esos extremos que fincan en adodo, en cambio, siguió hac.iendo de las suyas, rar ó en aborrecer á todas las mujeres.
pues no perdonó asedio de casadas ni donDe aquella poesía, solo ha llegado á noscellas, en lo cual fuéperdiendo gradualmente otros el segundo terceto, que condensa, que
salud y fortuna.
resume la idea del poeta. Vedlo aquí:
Y el ya citado coronista añade que Don
Gusten otros de saya y guarda-infante¡
Juan llegó á largos años, muy querido y fe.
estotros de las damas abominen¡
liz, con dos hijos varones que fueron de nayo á un solo amor prefiero ser constante.

llustt·aciones de F. de la Mota

RrnóN A. URBANO.

�I

ÜJ:\JO nriA:-; LO$ E::iTUDIA~TES SE\'ILL.\X0:5

COSAS DE SIGLOS PASADOS

CÓMO VIVIAN LOS ESTUDIANTES SEVILLANOS
del siglo xvr, en aquellos días
A principios
felices de nuestra Historia en que todo
en España era grande, como los monarcas
que la regian, como los capitanes que sin
cesar ceüían coronas de laurel a sus bandera~, y como el pueblo que realizaba á la sazón las más atrevidas empresas que la Humaoidad ha realizado; cuando las costumbres eran sanas y sencillas, robusto y sin
afectación el lenguaje; cuando I a alegria

del vivir rebosaba en todas las manifestaciones humanas; en el reinado de los
Reyes Católicos, para decirlo de una vez, un
hombre de humilde origen, pobre, que difícilmente babia comenzado sus estudios, terminándolos gracias a una de las becas del
Colegio albornociano de Bolonia, pero que
por su trabajo, su talento y su virtud alcanzó honoríficos puestos en la Iglesia y fuó
decoro y prez del Cabildo de la Catedral his-

palense, concibió el proyecto de erigir en
Sevilla, la ciudad más populosa entónces de

España, un Colegio y una Universidad. No
guiaban á Maese Rodrigo Fernández de Santaella, que este era el hombre, ni el afán de
inmortalizar su nombre, que no dió á su
fundación (llamándola Colegio y Universidad de Santa María de Jesús), ni el de
erigirde un suntuoso sepulcro, pues mandó
que lo enterraran en el suelo con .sencilla
inscripción ( y esto para q1ie el que la leyese

rogase piadosamente po,· el pecador allí
sepultado ó echase alg1ín agua bendita sobre la sepultura). Moviale, si, el deseo de
hacer bien á Sevilla, cuyos hijos habían de

ir á más de doscientas treinta millas para

encontrar Estudio 9enei-al, como entónces
se llamaba á las Universidades, y el de ayudar y favorecer á los pobies abriendo el
Colegio para sólo ellos y poniendo á su al-

Cuivcrsidades, ni alcanzaba la extensión,
au~e y riqueza de la erigida mitgnifir:unente
por el cardenal toledano; asi es que los nol1!e~ andaluces, y seyi\lanos principalmente,
muchos de los cLJales se aplicaban al estudio, siguieron concurriendo á Salaman~a ó a
Yalladolid, ó comenzaron á irá Alcalá, donde no les faltaban paisanos como el eximio
Kcbrija, entre los profesores, r como Gil de
Fuentes, ol familiar preferido de Maese Rodrigo, y el vcnc~able Fernando de Contreras,
entre los colegiales; mas los pobres de toda
Anrlalucia y los algo mejor acomodados, pero
más modesto~, ó sea aquellos para quienes
el arcediano había hecho su fonrlación, se
aprovecharon de sus cátedras, frecuentaron
sus aulas, y pudieron obtener titulas que:
de otra suerte, no les habría sido dado alcanzar.

canee los grados académicos, cuyos gastos
habían de ser modemdos, de modo que ni

fuesen tan bajos que se reputasen por vil,
ni tan altos que excediemn la condición de
los pobres. (lln la antigua fundación de Maese Rodrigo al colegial se le daba todo, una
vez probada su pobreza; pero lejos de recordarle que recibía una limosna, que alcanzaba un fa\ror, se le constituía en señor y
dueño, se le daba participación en la administración y dirección de la casa, pudiendo
llegar hasta el Rectorado, siendo estudiante,
todo ello á trueque de unas cuantas oramones por el ánima del fundador.)
Había edificado aquel doctisimo arcediano
la capilla y gran parte del edificio; había escrito de su puño y letra las Constitucion~~
del Colegio y tenia pensadas las del Estudio
11eneral 6 Universidad, cuando la muerte,
:egando aquella vida en 20 de Enero de
1509 se lo impidió, si bien él pudo encargar á' sus albaceas que lo hiciesen,. como lo
realizó Alonso de Campos, en Sepllembre de

1518.
Entonces no babia más que dos Estudios
generales ó Universidades en Castilla: Salamanca y Valladolid: mas en el.transcurso de
los años que mediaron desde que murió
Maese Rodrigo basta que funcionó su Unive:sidad babia abierto sus puertas el Colegio
Mayo', de San Ildefonso, Universidad complutense fundación del gran Cisneros. La
juventud andaluza acudió ansiosa á las aulas
de Santa Maria de Jesús; la misma acta notarial del nombramiento de lo.:; primeros colegiales hace constar que el acto tuvo lugar
«estando ende presentes otras m u ch as
personas clérigos é estudiantes.&gt; Pero la naciente institución. obra de un santo sacerdote, no tenía la fama de aquellas dos antiguas

Los estudiantes seviilanos diferian poco ó
nada de los del resto de España. Los colegiales1 6 sea los que alcanzaban beca, vestían loba fasta el suelo de lmrriel de Ara-

gón enmbidio y beca de gmna momda,
con birrete y calzado negros; los que vivían
fuera del Colegio seguían las mismas costum~
bres y usaban los mismos hábitos que los
demás de España. Con cien ducados vivia
un año un estudiante, y con ciento cincuenta «como un duque» 1 dice el genial au tor de Gt,zmá,i de Alfamcl1e. Sus prendas
de vestir características eran la sotana y el
manteo 1 de donde tomaron el nombre de
mcinteislas, cubriendo la cabeza con el birrete, bonete mits tarde, quedando para los
más desheredados de la fortuna el uso de
una capa corta y goua en vez de birrete, do
donde se derivó ei :1ombre de capir¡o,·,-istas
ó capigorrones, sin que acaso faltase alguno
de aquellos que por calzar zapatos herrados
se conocían con el nombre de calceo {erratas, según nos refiere CobarrLJbias.
ViYían los estudiantes ciudadanos con sus
familias. Los forasteros dividíanse á este respecto en dos bandos: cama,-istas y p!!pilos.
El camarista, unas veces solo, otras en unión
de varios compañeros, ponía casa, y buscaba
para regirla y gobernarla una mujer en el
gremio de las amas de estudiantes, honrada
gentecilla, según el sevillano Mateo Alemán,
liberales y diestras en hurtar, flojas y perezosas para el trabajo, que limpiaban las bolsas como tenian sucias las casas y sisaban
un tercio de cuanto se les daba: si eran viejas, malas; si mozas, peores. El pupilo se
acomodaba en casa de un maestro de pupilos ó pupilero, de quien nos dice el mismo

autor que presidia la mesa sentándo,:;o á la
cabecera, repartía la vianda en los platos sacando la carne a hebras para formar la limitada y sttbtil ración, extendía en las escudillas la menestra de hojas de lechuga y partía el pan por cuidar de:-:.perdicios, dándolo
duro para que se comiese menos.
El can1atista, al fin, aunque le sisase el
ama, podía darse mejor vida. Pero el pupilo
babia de contentarse con tanto gordo de tocino que sólo tenía el nombre; había de sa~
borear cincuenta y cuatro ollas al mes, dos
por dia, excepto los sábados, que se daba el
gustazo de comer mondongo, y había de tener tasadit y esca::;a la ración hasta de fruta,
si bien los pupileros se ju~tificaban con decir que la fruta daba tercianas, y la escaseaban por la salud de los pupilos. Y esto en la
vida ordinaria¡ que en los días de vigilia, las
sardinas al'en;:adas r el pescado que el abad
dejó, según el mismo teslimonio, constituían
la base de su alimentación. La comida de la
noche, ~i este nombre mcrecia, exclama el
propio autor, solia ser una en~alada muy
menuda y bien mezclada con harta verdura
para no perder hoja de rábano ni de cebolla,
con poco aceite y el vinagre aguado; las aceitunas1 acebuchales para que se comiesen
pocas; y el vinoi de la Pasión, esto es, mezcla de hiel y vinagre, dado á gustar en un
dedal para poderlo beber tres veces, amén
de que, corno escribía el toledano Sebastián
de Horozco, al venir de la taberna
viene dos ,·eces aguado
del dueño y del tabernero,
y de~pu~s, mal de su a~rado,
otra vez rebarfüado
del \adrOn de despensero.

Pero aún había vida más infeliz que la do

camaristas y pupilos: la de los desgraciados capigorrones, que habían de aplacar su
hambre en los mits míseros bodegones de la
ciudad, si no tenían un ama de cmnari,c;fas
que, como escribe un clitsico, los trajese en
los aires.

Toda esta multitud tan diversa, tan abigarrada, era una sola cosa sin distinción alguna en trasponiendo aquellos marmolillos do
Maese Rodrigo, distantes alg-o más de cien
pasos de la puerta de Jerez, é inmortalizados
por Cervantes en el Coloquio de los pe,-,-os.
Al entrar en aquella casa se acababan 'las
desigualdades sociales: no había más diferencias que las que el talento y la laudable
emulación del estudio establecían entro los
escolares. Hasta tal punto llegaba la igualdad
e~ lo demás, que uno de los Estatutos mand• que «todos los títulos 6 carlas de gmdos

�436

l'OB !~SOS MU~DOS

sean iguales en eslilo y adornos, sin que en
letras, iluminaciones ni pinluras se pudiese
poner más en unos que en otros., Eran los
estudiante,; los amos de la casa; tomaban
parte en los ejercicios literarios; podian leei·
(explicar que diríamos hoy), cuando quisie!,en, cumpliendo determinados y sencillos

requisitos, y tomaban parle hasta en la elec•
rión de las cátedras . .\si se explica el amor

do aquellos escolares á su alma mate.-.

Entonces, en Sevilla, casi como ahora, y
en el resto de Espall.a, no habia vida rnñs divertida que la del estudiante. Ya lo dijo el
principe de nuestros ingenios por boca de

Beraanza: &lt;{Vida de estudiante sin hambre

r

sin sarna, que es lo mác, que se puede encarecer para decil' que era buena; porque si
la sarna y la hambre no fuesen tan unas con
los estudiantes, en las vidas no habría otra
de más gusto y pasatiempo, porque corren
parejas en ella la virtud r el gu!:lto, y se pasa
la mocedad aprendiendo y holgándose.» Jamás faltaba á los estudiantes entretenimiento, "y de todo mucho», exclama el genial
autor de la Atalaya de la vida humana:
1:los e-¡tudiosos estudiaban donde querían,
que son como las mujeres de la monlalla 1
donde quiera que van llevan su rueca, aun
arando hilan; loii divertidos, harto tenían que
hacer con correr un pastel, rodar un melón,
volar una labia de turrón, dar una matraca,
salir á rotular, gritar una catedra ó levantar
una guerrilla, lodo ullo fuera de la Universidad, sin que en su propio recinto le faltasen
esparcimientos como la fiesta del Obispillo,
llamada de San Nicolás por la fecha en que
se celebraba, y las novatadas.»

:

1,
1

La fiesta del Obispillo se cel~braba desde
remotos tiempos en la Catedral de Sevilla,
• donde el día de los Santos Inocentes y en sus
vísperas, un seise pontificaba; los demás
cantorcicos y los mozos de coro ocupaban
las sillas altas, y los graves prebendados ocupaban las de aquéllos y no se desdefiaban en
desempeñar los oficios humildes y secundarios. Duró con' su primitivo explendor, si
bien con abusos que siempre el tiempo acarrea, hasta que á. principios del siglo XYI,
antes de abrirse la Universidad hispalense,
el arzobispo Fray Diego de Deza la modificó,
y poco á poco fué extinguiéndose, no celebrándose ya en el último tercio de aquel sialo. Mas la fiesta estaba demasiado arraigada
Para que desapareciese, y lo que hizo fué
salir del templo para refugiarSe en los lugares de estudio, y el Colegio catedralicio de
San Miguel y la Universidad de Maese Rodrigo fueron su asilo en Sevilla.

CÓ~IO \'IYiAl'&lt;i LOS ESTUDIANTES SEVILLANOS

Pero esta fiesta del Obispillo, que era ,espectáculo tentador para genio jó\'en,-d1ce
el doelo catedráliro Don Simón de la Rosapues prestábase como ninguna á. la bulla, al
alboroto y á todas aquellas bromas, poco
cultas por cierto, de que tan gustosos fueron
los estola res de an taJlo, y no era cosa de
desperdiciar tan propicia ocasión de divertirse,• esta fiesta del Obispillo, repito, fué
terminanteménle prohibida por los Estcitufos de 1621, imponiéndose diez días de cárcel al Obispillo y á los que le dieran favor,
amén de otras pr.nas. A pesar de esto, siguió
celebrándose, y los abusos llegaron a su colmo: el 5 de Diciembre de 1611 los estudiantes sevillanos eligieron Obispillo á Esteban
Dongo, hijo de un rico genovés; y saliendo á
pasearlo po,· la ciudad, no hubo caballero,
magistrado ó prebendado á quien encontrasen que no lo hiciesen bajar del coche para
besar la mano al Obispillo, ni hubo rencledor ni mujer del pueblo á quien no molestasen; y no contentos con esto, mal"chando
al Corral de la Monterfo, hicieron que la
comedia ya comenz.ada volviese a emper.ar, ,terminaron con una pendencia contra varios
caballeros en la que salieron á relllcir las
dagas y las espadas, mientras la pólvora hizo
sonar los pistoletes. Resultado de todo ello
fué un proceso instruido por la Audiencia,
que prohibió para siempre la celebración de
la fie::.ta, prendió á varios estudiantes multó en una buena suma al padre del Obispillo, porque entonces, como abara, en estos
motines escolares a los pobres padres suele
tocar el pagar los v!drios rotos.
La antigua costumbre de las novatadas
háse perdido, por fortuna, en nuestras Universidades, si bien perdura en algunas escuelas; y digo por fortuna, porque de ella~
llegó a abusarse en grado extraordinario inventándose mil diabluras, entre las que recuerdan nuestros cli.tsicos el meterá. los tWvatos en rueda y sacarlos nevados, darle garrote á las arcas, sacarles la patente y no
dejarles libro seguro en las manos ni manteo
sobre los hombros. Y aunque los Estatutos
prohibían el uso de armas,así ofensivas como
defensivas, ya hemos visto cómo salieron á
relucir en la fiesta del Obispillo de 1641.
Mateo Alemán, bachiller en Artes, nos refiere
cómo las ocultaban para los registros: 1:La
cota entre los colchones, la espada debajo de
la cama, la rodela en la cocina, el broquel
con el tapadero de la tinaja.»

r

La mayor parte de los estudiantes de la
Universidad de. Sevilla eran anda.luce~; ¡rues

aunque la fama de esle cen lro de enseiiania,
superada por Salamanca y Alcalá, atraía á
algunos extraños, era sólo á portugueses del
Sur del reino y á los naturales de las islas
Canarias, que abundan en los registros de
matriculas, sin duda por la proximidad y la
relativa comodidad del viaje; los vizcaínos,
genoveses y de otra$ procedencias, que suelen aparecer en los indicados registros, eran
seguramente hijos'de mercaderes aqui avecindados, de los que ya dijo Cervantes «que
no mostraban su autoridad y riqueza en sus
pel'sonas, sino en las de sus hijos, y como la
ambición y la riqueza muere por manifestarse, revienta por sus hijos y asi los tratan y
autorizan como si fuesen hijos do algún principe, y aún algunos hay que les procuran títulos y ponerles en el pecho la marca que
tanto distingue á la gente principal de la plebeya.» Si queremos saber el concepto que
los estudiantes andaluces merecían, acudamos al autor, quien quiera que él sea, de La
Ua fingid«, que al analizar, por boca de la
señora Claudia de Astiulillo y Qui&gt;1ones,
las condiciones de los diez mil ó doce mil
estudiantes que habitaban en Salamanca,
exclama: «Para los andaluces, hija, hay necesidad de tener quince sentidos, no que
cinco, porque son agudos y perspicaces de ingenio,astutos, sagaces y no nada miserables.»
No había, pues, en Sevilla 1iacionesi como
en otras Universidades más concurridas, en
las que fácilmente venían á las manos en
auxilio de un paisano ofendido 6 ultrajado;
pero esto establecía entre los escolares mas
unión~ mas solidaridad que diríamos hoy, y
también aquí} como en otras ciudades que
tenían Universidad, el terrible grito ¡Aquí
del Est1tdio! proferido por algún escolar al
encontrarse en peligro ó al ser conducido
preso por la justicia, los juntaba a todos;
ocurriendo lo que el Padre Andrés Mendo
nos cuenta de un caso sucedido en Salamanca á mediados del siglo xvu, que el corregidor y caballeros que conducían al estudiante
quedaban hechos unas monas y los ciudadanos que iban cowello::; en oyendo ¡Aquí
del Estudio!,escabullianse diciendo: El clia-

blo que se tome con estudiantes.
Celebraban los escolares de la Universidad de Sevilla otras fiestas mu y típicas y
características de la tierra: corridas de toros,
como las llerndas á cabo en 1617, en la plaza de 1\Iaese Rodrigo, para tomar parte en
una:5 fiesta'!s en honor de la Concepción Inmaculada de .\!aria, v la celebrada en una
piar.a de madera conStrLJida juP.lo a la puerta
tle Triana, en 1692; paseos á caballo con la-

437

cayos vestidos de moros y turcos, como el
de la víspera de la última de las citadas corridas; mascaradas, como la del año 1617
y el Carnaval de 1621; y, por último, fiestas
especiales, como la celebrada en 21 de Abril
de 1789 para honrar la proclamación de
Carlos IV.
En esta fiesta lomaron parte todos los escolares y salió la comitiva del mismo edificio de la Universidad. Formabanla dos carros, el de la Fama y el de la Sabiduría;
varias orquestas, tres danzas, figura:, grotescas, indios y varias comparsas de estudiantes a pié ó á caballo con vistosos trajes; figuras alegóricas,como el Error y su:; secua•
ces Despotismo, Ignorancia, Precipitación

de juicio, Obstinación, Barbarie, Alaa1•f1·
bia, Herejía, lmpiedml y Lujo; la Ve,·dad,
acompañada de 1a Critica, Expe,·iencia.
Ecléctico est1&lt;dio, lnrención, ln¡¡enio, Piedad, Jiistoria, Elocuencic, y Fé católica;
ocho estudiantes representaban la Sabidu-

ría, Teología, Jurisprudencia, Medicina.
Filosofía, Jfotem,íticas, Bellas Arfes é ludusfria. Y lodo ello estaba presidido por el
rector de estudiantes Don Nicolás l\laestre \'
Tous de )!onsalve, precedido de los bedele~
y seguido de varios lacayos. dos caballos de
respeto y una compa1iia de dragones. Tan
extraña comparsa, regida por tres profesore~
á caballo que representaban ser un filósofo,
un jurisconsulto y un teólogo, recorrió gran
parle de la ciudad; y en la pla;::;a de San
Francisco/ en la puetta principal de la santa
iglesia y en el palario arzobü,pal representaron una pieza dramfl.tica los ocho estudiantes que iban en el carro de la Sabiclut~ta, )' en estos tres lugares y ante el alcazar
bailaron las danzas.
Ocurrió en esta fiesta un suceso notable:
el est11diante que representaba la lnt:ención,
que iba vestido de mujer, cayó al suelo al lle•
gar cerca de la Catedral, bien porque el animal que montaba se asustase del extraordinario concurso de gente, ó por otra cam,ai el
escolar quedó rnallrecho y sus adornos sufrieron gran detrimento; pero lo peor foé que
su caída provocó a risa y á burlas a sus
compañeros, y el estudiante, casi un niño,
comprendiendo que las glorias del mundo
Yalian tan poco como aquellas galas con que
tan ufano habia salido a la calle, mudando de intC'nto abandonó los estudios literarios, profei:;ó en un instituto religioso y al
cabo de los afias murió cargado de buenas
obras vistiendo el tosco sayal franchicano.

' Para completar el estudio de la vida escolar ~evi\lana tenemos que acudir U. una fuen-

�138

te preciosa: á los diversos Esta/11/os que
han regido en nuestra Univcrs;dad, de:,de
los q ,e en 1518 hizo el gran bienhechor de
esta Casa, el )laeslro Alonso de Campos,
cumpliendo el encargo y última voluntad ele
l\Jae~e Rodrigo,hasta los que regían en 1768,
cuan&lt;lo se implantó aquí el plan del famoso

Olavide, 61 si mejor so quiere, hasta un poco
antes, h&lt;lsta que lo,;:; ministro:::;-de Cario~ 111,
acabamlo con la autonomía universitaria y
centralizmn&lt;lo la dit·ección de los esludios 1
sumieron á las Univer~idades en una unlfcir-

midad incolora que importa mucho de::;lruir
porque lleva 1 indudablemente, en sus entrallas gérmenes de muerte.

Entre esos Estatutos figuran los que hizo
el licenciado Luis de Paredes y aprobó Felipe IV en lo~ primeros dias de su reinado, el
21 de Abril de 1621, en los que hay un
Titulo enlC'l'0 1 el décimo octavo, dedicado á
tratar De los trajes rle los docto1·es y es!u-

dientes y de la vida y costumbres qne han

1 '

CÚ)IO Yl\'ÍA.1 J.OS ESTUDIANTES StVILLANOS

l'OR E:5OS ~1(.;NDOS

de uuarclar, atento á que deben vivir honesta y pacificamente y St'l' tal su decencia
exterior que por ella se puedan juzgar las
inclinaciones interiores. En c,;te curioso Titulo, después de prohibir a lo~ escolares el
usar de día arcabuz, pistolete, montante,
espada, daga, rodela, broquel, cota, ca::,co ni
otra arma alguna, se les permite t:que si de
noche habían de salir Ue ca~a para alguna necesidad precisa 1 que de otro modo les e.,taba vedado, puedan usarlas guardando las
leyes de estos reinos,&gt;; se les Prohibía acompaliarse &lt;le hombres seglares distraídos, que
llaman t 1alenfones, para causar escíwdalo",
matracas, a!Lorotos y pendencias; se les vedaban las novatadas y el Obispillo y se amenazaba con la pena de diez días Uc cftrcel y
dos ó cualm mil maravedíes de multa,según
los casos, á los doctore;:; 6-estudianle,;;, 6 personas del gremio de esta Universidad, que
tuYieren en sus ca:a-as tablaje público de juego, r á los escolares que acudieran á otras
a jugar; preveníase que los estudiantes no
habían de usar trajes profano:, ni de rolor,
terciopelos, rasos, tafetanes labrados, piezas
de o_ro ó plata en los sombreros, pudiemlo
vestir solo seda 6 tafetó.n Ji-;0 1 gorgoril.n, capichola, filciles y lanilla; por último, secastigaba con pena de die~ días de citrcel el irá
casas de mnjeres enarnoradas, y con la misma pena y dos mil maravedíes de multa el
amancebamiento.
No se crea que estas foeron prevenciones
vanas de una exagerada previsión . Se,·illa
era entónces el centro) refugio y am¡1aro de
toda la gente maleanle de fü;par'ia, y, en hase de Cervantes, ,amparo de pobres y refugio de desechados, que en su grn :tleza no

sólo cabian los µcquello~, pero no se echa~
ban de ver los grandes• . Xue!-tra ciudad,
adeinils, go:,;aba fama de ser lugar apropiado
para la indolencia; Y todo esto y la necc..:;idad de dichas preve'ncione:, está.demoslradu
en El rnfi&lt;í11 dichoso, coipedia del prineipe
de nuestros mgemos, cu ya acción pasa en
gran parte en Se\·illa, cuyo héroe es sevillano y cuyo argumento recogió Cervantes de
la tradición en e.sta ciudad, donde seguramente la escribió: al!í veremos a Cristóbal
de Lugo, estudiante, ciiiendo sobre la media
sotana el bl'O&lt;Jllel y la daga de ga nehos, al'ei·iguanrlo pcnuencias, dando rc,11/alelas 6
rnafrcicasl calcorreando pa~trles, y siendo
selior de lo !JUisaclo) respeto de la hampa y
terror de los rufos; allí veremos á Peralta.
otro estudiante, razonando sobre las mozas
del partido, y á Gilberto jugándose las
n1,ulas, es decir, el libro de texto.

s,,_

***

Ciudad populosísima Sevilla, sobre todo
desde el descubrimiento de América, ;;u Universidad tuvo una mntdcula numero-;a. ¡Qué
concurridos estuvieron, seguramente, aquellos patios de Maese Rodrigo, y cuantos acelerados paseos se clarian por ellos! Que esto
del pasear e;; costumbre anligua &lt;le estudiantes, porque ya Juan de Malara, alumno de
Artes de esta Casa, nos dice que en su tiempo _los de Salamanca paseaban tanto y tan
aprisa que no parci.;e sino que son heridos

del aguijón que dicen es/1·0, ó qne no esfiít1
en s" seso; bien que el docto colector de la
Filosofía i·nlgm· en l'efmnes atribuía esto
al frío, a.;;í como también el patear en las
clases, aun cuando de lo último hace la sal~
vedad de que era tanto para calen/ar los
piés como pal'a qu,e deje de lee/' el lec/o/'.
¡Cuánlas veces resonarian en aquellos
claustros de Santa Maria de Jesús y en las
calles de Sevilla los cánticos escolares, tan
en boga en la Edad Media, y populares aún
en Alemania, sobre asuntos escolares, sobre
el amor y sobre el vino, como el ]fihi est
p1·oposi tum in fabenui mol'i y el Ga,uleamus i9ilur.' De allí, sin duda, (dice el mao.s~
tro Barbieri), ó .de la Ui~iversidad de Parl~,
que tantas relac10nes tema con las alemanas
,~endria á Espaii.a la letra:
'
Ave color vini ciad,
i\ve ~apor sine pari,
l'ua nos inehriari
Dbi;neris po•enlin.
Felix venler quem intrabis
Felix gutur quod rigaLis,
'
O folix os quod lababis
O beata labia (1}.

(1) E-;ta compo!:lición, tan popular en Espan.a, qu~ el
mae:;tro Juan Pouce pu..,u en mú,,:ica en ha~mónieo estilo
~ortesano, se conserva 1 afortanadamen\l', en et magnitico

Las canciones peci...liares de estudiantes
eran antiquísimas en España. Ya Juan Ruiz 1
el famoso arcipre:)te ele Hita, nos dice:
Cantares fu algo.nos de los que dicen ciegos,
Et para escolares que andan nocherniegos,
E para muchos otros por puertas andariegos.

Y en su propio hermosísimo Libro de
Bnen Amo,· insel'ta uno De cómo los escolares rlemcmdan pot Dios:
Seilores dat al escolar
Que vos vien demaudar.
Dat. limosna ó ración
FarC por vos oración ...

Por no alargar dema.siado este trabajo no
hablo de lo que vulgarmente se llamaba la
Tuna., vida holgazana, libre y vagabunda
que llevaban algunos escolares, y muchos
que no lo eran, y se amparaban de su hábito
para correr libremente por campos, pueblos
y ca;;eríos, y de cuyas avt::nturas están llenas las novel"s y libros picarescos de las &lt;lécimosexla y décimoséptima centurias, tales
como la que nos refiere el sevillano Rodrigo
Fernández de Ribera en El ,1[es6n del Mundo de dos estudiantes que se buscaban la
vida corriendo con una sola bolsa, que el
uno perdía y el otro encontraba; llegándose
en esto á tales abusos que Carlos lII tuvo
que dictar la real cédula de 25 de Marzo de
1783 contra los estudiantes, 6 que fingían
serlo, que recorrian las poblaciones so pretexto de demandar limosnas 6 auxilios para
seguir su carrera.
Cancionero musical de los siqlosxv~ y XVI de la Biblio

teca del Real Palacio de Madrid, que transcrito y comen
lado por úon Francisco Asenjo Barbieri, honra de las letras y de !a música españolas, publicó hace a!¡::unos ados
la Real Academia de Bellas Artes lle San F~rnando.

439

Nunca faltan críticos suspicaces que creerán que w p,·ofeso he ido relatando bellaquerías, malas arles y nada laudables costumbres para poner á la grey estudiantil de
los siglos pasados en frente de España y de
todo cuanto ella amaba. Nada más lejos de
mi ánitno: solo me he propuesto referir la
vida de los escolares, y esto más fuera de la
Universidad que ,!entro de ella. Lo que hay
es que la vida ordinaria, ordenada, rayana si
se quiere en la virtud, se desliza mansamente, como el arroyo de cristalinas aguas, sin
ofrecer accidentes que sean de notar; mientras que las pasiones, los vicios, son como el
torrente a\'asallador, que corre poco tiempo
pero en él destruye y deja maltrecho cuanto
encuenlra á su paso, reviste mil formas y
ofrece muchos aspectos diversos que nos impresionan vivamente: la vida de cualquiera
de nuestros santos misticos ofrece menos in terés dramático que la del gran Lope de
Vega, por ejemplo, porque fué un gran poeta, fué un gran creyente, pero fué también
un gran pecador.
Pero no todo era entre aquellos escolares
bullir y divertirse, aunque ello haya sido
siempre propio de los pocos años. Lo principal era el estudio; lo otro era la excepción,
que, como todas, confirma la regl11 general.
Díganlo, sinó, los libros de matrículas de la
Univeriiidad de Sevilla, que son su mayor
timbre de gloria: los nombres de Arias Jlontano, de Juan de Malara, de Juan de Ribera,
de Sebastián de Fox, de Luis Mejías, de Ni colás de Monat·des, de Juan de Salinas, de
Maleo Ale:nán y de otros muchos, pregonan
muy alta su enseñanza, que resiste la competencia con la que se daba en todas las
Universidades tle E-;paña.
JOAQUÍN

HAZAÑAS Y LA RÚA,

Catedrático de Hi!lloria Universal
de la Univer~idatl de Seúlla

�LA CIUDAD ~tÁS A.NTJGUA DEL MUNDO

LA CIUDAD MAS ANTIGUA DEL MUNDO
en unos arenales de la Babilonia
A Central,
región empedrada de ruinas,
LLÁ

inhospitalaria y desierta á causa de su alejamiento del agua, yacen los restos de la
ciudad deBismya. Visitados por muy pocos
exploradores, aquellos que osaron hacerlo
jugáronse locamente la vida, pues no á gran
distancia de las venerables ruinas comienzan
los territorios ocupados por ferocísimas tri~
bus de árabes nómadas.
Entre esos viajeros atrevidos se halló el
doctor Peters, neoyorkino, quien realizando
excavaciones en Nippier d~scubrió en Bismya una tablilla de barro antiquísima.
Algunos exploradores alemanes creen que
la destrucción de dicha ciudad fué contemponi.nea de la civilización de los árabes. Pero, á decir verdad, no solo la edad de las
ruinas, sino la historia de la en tiempos populosa urbe eran un misterio hasta hace pocos meses.
En el otoño de 1900 se solicitó autorización de la Sublime Puerta para excavar la
vieja ciudad babilónica de Ur; pero el permiso fué negado. Igual suerte corrió otra
nueva autorización demandada con objeto
de practicar excavaciones en diversos puntos de aquella tierra bíblica, basta que en
1903 una escuadra norteamericana, fondeada en aguas turcas, logró del Gobierno imperial un irciclé favorable á la exploración
de Bismya.
Larga jornada de un mes por el desierto
que lleva á Bagdad, y otro viaje de UJ)a semana hacia el Sur de Babilonia, me llevaron
á Bismya, en compailía de un funcionario
turco ba~tante intrigantuelo (á quien se había ordenado crearme todo género de obstáculos), y de hasta media docena de servidores indigena!-l, tan merecedores de confiamm
como el funcionario de marras.
Dióse principio á los trabajos de excavación el día de Navidad de 1903. La primera
vista de las ruína,s fué descorazonante. Llegué it senlir el temor de que los restos aquellos no datasen de gran antigüedad al ad-

vertir su escasa elevación sobre Ja superficie del suelo: ni en los trozos mejor conservados excedia dicha altura de doce metrol:i.
Constituían las ruinas una serie de montículos paralelos, de 1.600 metros de longitud por 800 de anchura, interceptados en
su centro por el cauce de un antiO'uo canal
que debió separar la población en dos partes
casi iguales.
Examinando la superficie de una de esas
ligeras elevaciones del suelo babilónico puede llegar el arqueólogo á deducir con bastante aproximación la antigüedad y la naturaleza de lo que mas tarde ha de exhumar
la piqueta. La mayoría de ar¡uellas ruinas
están sembradas de fragmentos cerámicos,
utilísimos auxiliares de la investigación científica. Porque si entre los fragmentos de referencia aparecen muestras de barro ó loza
vidriadas, bien cabe asegurar que, por lo
menos, la superficie de las ruinas no data, ni
mucho menos, de los tiempos bíblicos, mientras que un pedazo de piedra pulimentada,
un utensilio de pedernal ó un trozo de ladrillo cilíndrico, son señales de rernotisima
antigüedad.
Estos últimos vestigios abundaban en las
ruinas superficiales d P, Bismya, desvaneciendo ello mis temores respecto á una menor vejez do aquellos restos.
Proseguidos los trabajo.s, logramos poner
al descubierto las ruinas del templo más antiguo del mundo. Estudiando los muros del
edificio con el mayor delenimiento adverti
en la primera hilada de ladrillos aireada por
los obreros, repetidas inscripciones con e 1
nombre del rey Du,ngi, cuyo reinado corresponde al afio 27ó0 &amp;ntes de Jesucristo. Otra
excavación más profunda me permitió leer
en los materiales de construcción el nombre
de U,· Gur, monarca reinante 2.:300 aiios
antes de la Era Cristiana. ,lfás hondo todavía
salió á luz una abollada moneda de oro de
los tiempos d e NMam Lin (3750 afios
antes de Jesucri,;to), y á poco trecho comen•
zaron a apan~cer graneles ladrillo,; ruadrn&lt;lo!!

de la época de Sargon, probablemente el
primero de los reyes semilicos de Babilonia,
y de quien se sabe que rigió los destinos de
aquel país 3800 afios con anterioridad á la
venida del Salvador.
De modo que una excavaúlón de metro y
medio bajo los ladrillos de Duogi me revelaba importantes edificaciones comprendiendo un periodo de mil años: desde el 3750
hasta el 3800. Y aún me restaban por explorar rná~ de once metros rie profundidad para
llegar al fondo de artuellas civilizaciones sepultas.
En los sucesivos trabajos descubrí nuevas
clases de ladrillos, y a dos metros y medio
de la superficie dimos cofí ancho basamento
de ladrillos plano-convexos, material deconstrucción característico de las edificaciones
correspondientes al año 4500 antes de la
Era Cristiana. Mezclábanse con los restos del
basamento y con no corta cantidad de tierra
seca, ladrillos desmenuzados, ceniza y troios
de vasijas formando varias caµas de extraordinario grosor, numerosas columnas gr¡miticas. A una profundidad de cinco metros y
medio fué descubierto un hermoso unicornio
de bronce; a la de ocho metros y medio, dos
grandes urnas cinerarias, y á la de catorce
metros, ó sea al mismo nivel del desierto, incontables vasijas de barro cocido, algunas de elegante facturn, y todas ó casi todas
en estado fragmentario.
Nos encontrñbamos ya en el principio histórico de aquel rincón de humanidad. Era el
momento de calcular su vejez. Si los dos
metros y medio excavados á partir de la
cúspide representaban el periodo de 4500 á
2750 años antes de Jesucristo, ¿qué antigüedad podia asignarse a los reatan tes once metros de ruinas( Bien cabria sospeehar que los
primeros mesopotamios establecidos en la
llanura y que elaboraron a torno los graciosos cachorros ahora descubiertos por la ciencia arqueológica, vivieron ha unos diez mil
años, ó quizAs antes. ¡Tan considerable era
la vetustez de aquellos restos diputados por
no:5otros como relativamente modernos!
Se supondrli, con fundamento, que en una
ruina tan remota habian de abundar los objetos desconocidos para el arqueólogo. Bism ya, y en particular su tiempo, fué para
nosotros un manantial inagotable de tesoros
artísticos. Entre los escombros varias veces
milenarios encontramos, á los primeros golpes de zapa, la cabeza de una pequeña estatua de alabastro: la cara es larga y angulosa; hállase oculto el mentón por puntiaguda
barba; la nari;1, es acentuaclamente semítica, y en cuanto a la bóveda craneana encuéntrase cubierta por redondo casquete.

4.1-1

El hallazgo escultórico reviste excepcional
importancia en cuanto se trata de un tipo
de cabeza nuevo en absoluto para el investigador de antigüedades babilónicas, y cuyo
origen datara acaso del a,lo 3800 antes ele
nuestra Era, ó sea en la época de instalar.se
los semitas por primera vez en las llanura~
de Mesopotamia.
Al anterior descubrimiento siguió el de una
ánfora de azurita, también única en el mundo, ·sobre CU\"a panza cinceló el artista algunas figurillas grotescas y generosamente narigudas, precedidas por dos tañedores
de arpa. Sin duda alguna, tanto los traje,;
como la joyeria usada por los de la comitiva, r aún la arboleda que sirve de fondo á la
escena, estuvieron primitivamente hechos
con incrustaciones, pero en la actualidad no
resta de ese trabajo sino un fragmento de
marfil y otros pasos de lapizlázuli.
Al remover el suelo junto al ara de que
antes dimos cuenta, d1iscubrimoa; lo que pudiéramos llamar el basurero del templo. Era
un montón informe de cacharros destroiado~, entre los cuales abundaban las cestillas
&lt;le marmol y los vasos de alabaRtro, onix y
pórfido. Contados eran los sanos, pero entre
estos y los menos rotos conseguí reconstruir
algunas inscripciones de carácter sumamente arcaico, y que pueden pre!'itar grandes
servicios a la histoda de aquellas lejanas
sociudade~ humanas.
Buscando aún más, con paciencia incansable, tropecé con una concha marina transformada por la industriosidad de los sacerdotes del templo en perfecta láín para sagrada. Observaré, á este propósito, que las conchas marinas fueron los primeros aparato;;
de alumbrado existente en el mundo. Esto le
constaba ya al arqueólogo desde que visitó
las cavernas habitadas por el hombre troglodita. Ahora tiene la seguridad de que esa
lámpara rudimentaria, copiada por los hebl'eos y los griegos, fué la madre de la elegante lámpara moderna.
Y vamos con lo más saliente de todos mis
hallazgos. Hallábame una tarde dirigiendo
las excavaciones inmediatas al templo. Acababan de quedar al descubierto unos pasadizos subterráneos destinados, sin duda, a
las secretas idas v venidas de los sacerdotes, cuando llamó mi atención cierta sei'ia
hecha por el obrero más próximo.La manaza
negra y encallecida del árabe se tendía, resuelta, hácia un trozo de mármol blanco que
sobresalia de la tierra. Sospechando algo
importante, aleje á los trabajadores, y, piqueta en mano, cavé una y otra hora ha~la
sacar á luz la estátua más extraüa de este
Yiejo planeta.

�I'OR ESOS l\lU:-iUOS

Yacía tumbada &lt;le espaldas y á cosa de un
metro del ara de ladrillo. Faltábanle casi todos los dedos de los piés, y la cabeza. Esta
última la encontré un mes más tarde asesenta metros del templo. Restaurada y limpia,
fuéme fácil descifrar la inscripción grabada
en el hombro i7,quierdo de la escultura. Estaba en posesión de la decana de las estátuas: ninguna tle las descubiertas basta ahora podía competir con ella. si no en hermosura, ru lo relativo á antigüedad. ¡Qué repre•
sentaba ya la Venus de ,tilo junto á esta escultura :-.ernitica tallada 4500 años antes de
nacer el Redentor? Porque, en efecto, la inscripción era terminante: ella me informaba
de eslos extremos intere.,;antfaimos: el templo se babia llamado de Emach, la urbe había sido denominada Udnum, y la estátua
había perpetuado los rasgos fisicos y la escasa indumentaria del rey Da11d ó David, un
monarca hebreo, señor de ~le::;opotamia hace
sesenta y cinco siglos ... ¡Arer, como quien
dice!
Las excavaciones en las capas superiores
de la colina ~agrada no sirvieron sino µara
in:;truirme .-;obre la evolución del ladrillo.
Pertenecían los primeramen le hallados al
tipo rudimentario de ladrillo desecado al sol,
resullando evidentis_imo que los ladrillos cocidos al horno no empezaron á usarse hasta
el aüo4500,según rezan las inscripciones estar:npadas en los mismos. Los primitivos ladnllos, de forma plano-convexa (planos en
una de. sus caras y convexos en la opuesta),
aparecieron colocado~ de canto y fuertemente unidos por capas de barro ó de asfalto. Carecían todos ellos de inscripción indicadora ~o su antigüedad. Esto se debe a que
los ladnllos empleados en sus construcciones por los remotisimos antepasados del
buen Salomón no llevaban otra marca de
fábrica que la huella del dedo pulgar de los
monarcas. Era este un privilegio de la realeza, por el que acaso cobraban un tributo, Y
así siguió la co.slumbre hasta el año 3800,
cuando el rey Sargon adoptó el ladrillo plano
por ambas caras, usado hasta la caída del
imperio babilónico 1 y el primero en ostentar
inscripciones recordatorias. Las ruinas de
Bism ya me prOporcionaron tres ladrillos
completos con el sello real de Nararn Lin
hijo de Sargon, y fundador del templo de
diosa lchtar. La colección de ladrillos enteros, cuarenta en junto, además de mostrar la
historia de ese material de construcción, proporciona al arqueólogo indicaciones utilísimas para la cronologia de las primilivas ruinas babilónica~, permitiéndole fijar su fecha
de una sola ojeada.
Durante mucho tiempo se ha venido ere-

¡¡

yendo que los primeros pobladores de )!esopolamia cremaban sus muertos, pues aunque
han sido descubiertas en Babilonia numerosas sepulturas, datan todas del ocaso del Imperio. Rebuscando en el extremo Sur del
templo de Bismya, descubrí una cámara
oval, cubierta en tiempos por vasta cúpula;
En uno de sus lados erguiase un ara circular de dos metros de diámetro con una fosa
de metro y medio de profundidad abierta á
escasa distancia. Extraída la tierra de esta
cavidad hallamos una capa bastante gruesa
de cenizas humanas, mezcladas con arena.
Las huellas de humo en la pared vecina y
lac; evidentes señales de intenso calor apreciables en los ladrillos probaban suficientemente que nos hallábamos en presencia de
un horno crematorio.
Las excavaciones de Bism ya nos hablan
por vez primera de la vida de los babilonios
hace 6000 años. La estátua de David sirve
para hacernos saber que el soberano tenia
limpiamente rasuradas cara y cabeza, que
todo su alavío régio hallábase reducido á
una falda corta ó taparrabos largo, y que
andaba con los piés descalzos. El templo nos
dice que e:n aquella religión extremadamente rilualista menudeaban las ofomdas á dio~
ses y diosas, que los reyes muertos eran
deificados, y que, por último, la cremación
de los c.adáveres en el templo estaba quizás
cooRiderada como un rito religioso.
Ilácia los extremos occidentales de las
ruinas poco es lo que se ha salvado de la
acción de los siglos: los cimientos, y algunos
corroídos utensilios caseros. No obstante, por
esos vestigio~ escasisimos deducimos la disposición arquitectónica de aquellas viviendas. Simplicísimas de planta, no poseían
sino una estancia, á la que daba luz una
claraboya situada encima de la puerta. El
suelo, á tierra desnuda y apisonada, presenta en algunas casas una cavidad central has•
tante profunda, cuya aplicación más proba.
ble sería la de algibe. Es· curioso observar
que, en muchos de esos edificios, existe un
bien entendido sistema de conduccior;es Je
aguas fecales, hablando esto en elogio de las
prácticas higiénicas de los mesopotamios:
dichas aguas_ no vertían a! exterior de las
casas yendo á parar á mitad del arroyo,
como ocurre en numerosas ciudades orientales; por el contrario, tuberías verticales de
tejas bajaban hasta el suelo del desierto, cuyas cálidas arenas absorbían los repugnan tes
detritus. También es probable que ese sis•
tema de alcantarillado, seis veces milenario,
terminase en el canal de Bism ya, ya a c,ran
distancia de la población.
•
En utensilios caserns no fueron muy pró-

443

:'tIEBLA Y ~OST.\LGIA

digas las excavaciones. Solo pudimos encontrar un par ele docenas de ollas de piedra,
hachas y morteros de pedernal, agujas y cuchillos de bronce, tan oxidados que apenas
conservaban un recuerdo de su forma primitiva,)" algunos objetos más,de escaso interés
arqueológico. El hallazgo accidental de un
pequetio bajo-relieve de barro cocido indica
la tendencia de aquel pueblo á decorar el
intedor de las habitaciones, así como la
aparición de peque11as figurillas de barro,
probablemente dioses lares, hablan de la
piedad de los mesopotamios.
En cuanto sí éstos sabían ó nó el arte
de la escritura, no podemos menos de pronunciarnos por la afirmativa en vista de las
Ya riada: muestras de tablillas de barro, grabadas con estilo, que descubrimos en las inYestigaciones. Por si no fuera bastante lo ya
dicho en este articulo acerca de la remolisinw. vrjez. de muchas cosas consideradas relativamente modernas, 110 aquí los resultados de una observación que corrobora la
verdad del Nihil no·vum: curioseando las
tablillas de barro, descubrí que eran verdaderas misivas particulares resguardadas por
otras tablilla~ limpias de escritura 1 ósea por
algo muy semejante en principio al sobre
poí-tal moderno.
Que los babilonios eran pueblos eminentemente guen-eros lo patentiza el hecho de

ser casi todos los objetos de bronce halla•
dos en las casas puntas de lanzas ó de fle-cbas. Cerca de lo que debieron ser las murallas fortificadas de Udnun, advertí huellas
de grandes combates. En el foso exterior babia hacinados varios millares de pelotas de
piedra, proyectil usado por los honderos mesopotamios. La situación de.los proyectiles
dejaba adivinar que debieron ser lanzados
sobre los hubitantes de la ciudad por un
ejército sitiador, aunque muchos de ellos,
luego de rebotar en las murallas, fueron a
caer en el segundo foso.
Nada puede decirse sobre la fecha de este
asedio prehislórico. Hemos de contentarnos
con suponer sus resultados. Seguramente,
Udnun cayó en poder de sus sitiadores; el
templo íué saqueado, quedaron sin cabeza
las estatuas y rotos los pedestales; quizás el
incendio coronó la obra de destrucción. El
final de aquel pueblo no pudo diferenciarse
del que tienen generalmente las ciudades
orientales modernas cuando sopla sobre
ellas el aliento de la guerra. Dcsvanecióse la
prosperidad de Udnun, pereció su civilización y pasaron lentamente sobre las desmoronadas piedras las decenas de centurias,
hasta el año 3800 antes de Jesucristo en que
el rey Sargón, acaso uno de los primeros
monarcas semitas de Mesopotamia, fundó
otra ciudad sobre los restos de la antigua.

EoaAR J. BANKS

NIEBLA Y NOSTALGIA
Dentro el amor aquel ya nada late,
pues en mi exhausto coraión romero
cayó toda la niebla del sendero
y la nostalgia toda del combate.

Y en vano tus promesas su acicale
hincan en mis memorias de viajero
y muestran a mis ojos de extranjero
algo que el rumbo de sus sueños ate.
No, pues, consumas tu e~peranza castn 1
ni el trUgico reproche del gemido
en llamarme á la lucha, que rechazo.
Que en mi tedio ideal, solo me basta
la gloria de pensar que me has tenido
como a dulce enfermito en tu regazo.
CONSTANTINO OBANDO ESPINOSA

�EL SPORT Al:.HO:ff,\.TICO

LA COPA GORDON-BENNETT

EL S P ORT AEROSTÁTICO

EL. tanacontecimiento
dP.portivo mUs importe de cuantos han tenido efecto en
los tiempos actuale:; fué, sin duda aluuna el
concur.-;o aerostático internacional reÍebr~do
en París el 30 de Septiembre de 1006 en
el que habia de ser disputada la Copa Gordon-Bennett.
Pué:Jese. con:::iderar dicho concurso algo
muy ~uperior, desde todo:-s los puntos de vista, a las carreras de caballos regata~ compe.lenci_as atléticas, corridas d~ toros 'f fiestas ~nalogas. La prueba aerostiltica de refer~ncia era, en efecto, la lucha por la victor1~. ~n nn s11ort no.bl_e y estético; lucha que
ex1gia extrema penc~a y valor á toda prueb~, que llernba consigo el rie~go dr ,·arias
v~das, Y que tenia ámplio caracter internacwna_l, toda vez que los dicciseis aerostatos
1n,;cr1ptos procedían de siete orandes Eitai~o.-.. ~n la :-iguiente ·proporció~1: Jnolaterra
hat!c_ia, ,\len~ania y E.-,pa1ia, tres c;da uan;
Am 'rJ~a del Norte, dos; Italia y Bélgica, uno.
_.lamas ~e ha reunido en ningún lugar pú~
bhco del mundo tan enorme aglomeración de
espectadores como la congre.~ada aquel día
e.n. Ja Pla:.:::a de la Concordia, los Carnpo:'.i
l·.hseos..Y pa,;;ajes in~ediatos de Pari:-, cuya
poblaciou puede decirse que presenciaba en
masa. la a-;censión, ya desde la calle) ya desde .teJa&lt;los y awtea:-. Xo eran pocos lo:S entusia.stas que pagaban desde medio franco a
u~ napoleón por ~cupar un buen puesto,
m~entra~ otros do(;rientos mil ó t¡-escientos
mil cur10sos se situaban dondr? podian, dispuestos todos á no perder drt:dle ele I" prueba. D1?~mos _de pasada que los concursos
a~r?-.tahcos tienen esa ventaja: la de ser
v1~1ble para todo.::; los espectadores el CJ~
mienzo de la fiesta.
l\"FUCJÓN DE LOS AEROSTATOS.-33.333
"IETROS CÚBICOS DE GAS

La hora señalada para la partida del primer globo era la de las cualro de la tarde.

No obstante, desde Jas primeras hQ!'as de la
ma~ia~1a habiase rci.:ni&lt;lo en el sitio del aconlecimumto gran muchedumbre do cul'io~os,
que ~vidos de seguir los preparativos del lan•
za!11iento no apartaban la vista de los dieci•
sets globos contemplando con creciente iuterés la lenta dilalación de los mónstruo!-,;.
Estos crecían minuto por minuto, ha~ta efe.
varse sobre las capas de los 'árboles, primero,. Y luego sobre las techumbres de los edificios cercanos. Doce de lo.; aer&amp;statos alcanzaban el máximun de capacidad fijado por
el reglamento, ó sea unos 79. 700 piés cúbicos de gas. El Tn·o Americas, de SantosDu~ont era algo má.-; pequello, puesto que
cubicaba 76.000 piés cúbicos; el Uniter/
8/ales, del_ teniente Lahm, también inferior,
media 73.oOO piés cúbicos· el del italiano
~'"on,~·iller {Unico Ue los ae1'.ostatos de 8 eda
mscnplOi _1, (i5.350 pies cúbicos y, por último, el del alemán Scherle, considerado el
mas pequefio del concurso, 53.000 piés cúbicos. Recordemos a este propósito que cuanto
mayor es un globo mas cantidad de lastrr,
puede conducir á bordo y más larga la carrera que debe efeJtuar. En cuanto á la car~e:a Gordon-Bennett, aüadiremo!: que, oroh1b1do reglamentariamente el empleo dei hidró~en~, fueron llenados los globos con ~as
ordmari? de alumbrado, usándose para las
condurr1or~es tub&lt;;rias especiales. La cantidad req11cr1cla de cl1cho gas ascendió á 33.333
metros ei'1hicos.
.No obstante el enorme interés despertado
por este concunw hubo &lt;'arencia casi absoluta de apuestas. Debióse ello en parte á que
la novedad y srng:ular1rlad del acontC'rimien~o detenui,~ab.au la. incertidumbre, y en otra
a que el _P?-bhc?, :-iendo francé:-;) experiment~ba_ &lt;lPc·11hda :-;1mpatía hacia sus pilotos. No
s1gmficaba ~sto ~olamente una expresión del
org-ullo nacional: es que F'rnncia pur-de ufanarse con el título de cuna de la aero~tación
Y á mayor abundamiento, todo el mund¿
sabe la :-upremacia de los aeronautas fran•

-ceses por su práctica y pericia: el conde
Henry de La VauLx, uno &lt;le los tres competidores france::;es en aquella ocasión, había
batido en Rui:;ia los records universales de
distancia (2.200 kilómetros) y de duración
manteniéndose en los aires durante cuarenta
y ocho horas; el segundo competidor francés. conde Castillon de Saint-Víctor, tenia
-0n su haber de aeronauta la cnrrern ParisSuecia, más catorce primeros premios en
otros tantos concursos; el tercero, Jacques
Balsan, contaba en su activo un viaje de
1.200 kilómetros y el 1·econl francés de altura: unos 8.500 metros. El trio era, en
verdad, temible, predominando la opinión
de que ]a victoria seria para Francia, y La
Yaulx su conquistador.
EL GLOBO DIRIGIBLE DE SANTOS·DlThlONT

Grande era la curiosidad despertadaen el
público por un extrailo aparato suspen..iido
del globo perteneciente á Santos-Dumont, y
que consistia en un motor de seis caballos
de fuerza destinado á poner en acción dos
hélices horizontales con cuyo auxilio podría
'maniobrar el aeronatna sin pérdida de lastre. Este globo era el único maniobrable inscripto en el concurso. Santos-Dumont, aun•
que brasileüo de nacionalidad, se presentaba
por el Aero Club de América, ti. causa de
no poseer el Brasil agrupación aeronautica
y teniendo en cuenta el reducido número de
.competidores norteamericanos en la prueba
Gordon-Bennett. No se había inscripto, en
efecto, sino un aeronauta de dicha nacionali•
dad, á pesar de concedérsele tres puestos il
los Estados Unidos: llamábase ese representante Frank P. Lahm y era teniente de caballería, poseyendo breve historia aeronáutica:
catorce ascensiones, efectuadas en su mayoria con escasü:.ima preparación. Sabia!..e,
pues, muy poco ó casi nada de Lahm. Ningún competidor le tenía por adversario serio¡ aún su misma participación en el concurso se verificaba de un modo casual, como
luego veremos.
Conforme iba acercándose Ja hora de la
partida, crecía la impaciencia de los espectadores. Millares de ansiosas miradas se fijaban en la marcha de las nubes, que no podía ser má:-i desfavorable: las obscuras ma•
::,as gaseosas eran erupujadas por el viento
hácia el Oeste, ó sea con dirección al mar.
Cada cinco minutos se elevaban globos-sondas, interroga.dores y grote:::;cos en sus múltiples formas fantélsticas ó zoológicas. El
buen pueblo reía contemplado á los exploradores del aire, y estos, trai:; de e levarse
unos cientos de metros, avanzabal\ casi hori-

zontalmentc y desaparecían por el Oeste.
Ilabia, pues, que augurar pésimamente del
conc111·so Gordon-Bennett.Obligados los aeronautas a tomar tierra en las ol'illas del AlliLntico, la carrera perdería todo su interés, todo
su lucimiento. Durante las últimas horas se
('ntretuvo al público, impacientisimo, con el
alegre sonar de las bandas militares y ccn
la suelta de palomas. Una de estas, luego de
revolotear varios minutos en torno de los
aerostato~, fué á posarse sobre el dirigible de
Santos-Dumont. El brasileiio tuvo esto por
excelente vaticinio y ordenó il un fotógrafo
que sacase una instantánea del episodio.

cforn

SE EFECTUÓ LA PARTIDA

A las cuatro en punto de la tarde oyóse
ei pl'imer Lachez to1tt! órden que traducida
literalmente )-:ignifica: ¡Soltad amarras!
El hermoso globo de Vonwiller, Elfe, empezó á elevarse lentamente, entre las ucla•
maciones de la multitud. Veíase al piloto
italiano saludar con graciosa sonrisa á los
especta&lt;lores. Luego, y al llegar el aerostato
á cierta altura, se observó que Vonwiller dedicaba toda su atención al estatóscopo. El
E/fe, arrastrado por la brisa, tomó rumbo
Oeste cruzando por encima de la Plaza de la
Concordia.
Cinco minutos mas tarde ascendia otro
globo: una enorme esfera de color amari liento y de aspecto más gracioso que la geP..".}ralidad do los aernstatos franceses. Era el
Diisselclorf, pilotado por el capitán llugo
van Abercron, uno de los campeone:, germanos, con más de setenta ascensiones en su
carrera aereonáutica.
Transcurrieron otros cinco minutos, y comenzó á remontarse entre vítores y aplausos
el Walhalla, del conde La Vaulx. Este, confiado y satisfecho, saludaba á la muchedumbre asomándose repetidas veces á la barquilla.
Partió inmediatamente el espaiiol Sr. llerrera, teniente de in~Pnieros y atrevidisimo
piloto de quien t-e dice que rivaliza en
valor r.on su malogrado colega Fernández
Duro, habiendo cruzado el Mediterráneo en
una de sus ascensiones: la efectuada de Bar•
celona á Salce,.
Si~uió al globo &lt;le Herrera el Bl'itcmnia,
del inglés Roll, que se distinguía de lo_s
demás por su forma de mo11tgolfie,., hoy
desaparecido de la aerostación deportiva ó
científica. El Britannia le fué á los alcances
al semi-dirigible de Sanlos-Dumont, eleván~
dose entre salYas de aplausos y zumbidos
de propulsores en movimiento.
Tocóle rl duodécimo lugar a I Unitea

�44.6

EL H'llllT AERO~TATICO

POH ESOS )lU\DOS

Sta/es, de_l teniente Lahm. El público miraba con simpatía la imberbe figurn del nortea:ncricano, qui en ascendió velozmP.nte
aleJán_do_se en la dirección del Longchamps.
El ultimo globo fué el Zephy,·, pilotado
por Huntmgton, profesor de meteoroiooía del
King's Oollege, de Lóndres.
º
. Ocultós~ el sol tras de la masa de vegetación de Samt-Cloud, y casi al propio tiempo
el_ astro de la noche comenzó á difundir sus
pahdos rayos por el firmamento azul.
EPISODIOS DEL VIAJE DE LAHM

Cada uno de los dieciseis pilotos llevaba
rons1go su aux1l_1ar correspondiente, simple
amateur, profesional 6 medio profe..;ioual.

Por lo que se. refiere á Lahm, esto del ayudante pro~orc10nó un disgusto al aeronauta
º?rteam~r1cano, pues á última hora tuvo á
b~en retirarse el auxiliar francés que se ha-

lua comprometido á acompañarle. Afortunadamente, el comandante de ,·our¡h-,·frlers
llenry B. Ilersey, compaiiern de Walter \Vell'.
man f _recién llegado á Paris de su primera
e.xped1c16n árhca, se encontraba por casuahdact en los lugares de la ascensión. Enterado de lo que ocurría á Lahm, preauntóse
como ayudante voluntario. Debe advertirse
que H~rsey no era un turista vulgar; por el
C?ntrar10, se trataba de un hombre familiarizad? con la ciencia meteorológica, por haber sido durante algunos años funciOP!\rio
del Departamento correspondiente &lt;le Washmgt~n. En to&lt;la Europa hubiese encontrado
el te1~1ente Lahm un aco1;1pañante mejor.
. -c,De modo. que no Llene usted inconvemente en Y~mr ['Onmigo?-le preguntó el
a~ronauta, sm querer dar crédito á sus
01dos.
. -Por el contrario, le acompañaré gustosís1mo,:---contestó Hersey-siempre que me
permita usted ir al Hotel Continental en
busca de mi gaban.
. Y sin _más ~reparativos, subió el exjefe de
'ongh-r1'lers a la barquilla, dando princip1?, serenamente, á la carrera aeronáutica
mas respetable de cuantas hasta la fecha se
han ven~cado; Digamo3 ahora quión era
Lahm, que hacia en París, y cómo llegó á ser
aeronáuta.
Fran_k P. Lahm contaba á la sazón veintio_cbo anos de edad. Las aficiones aeronáuticas habialas heredado de su padre, experto
balloomst. Residiendo éste en París á tiempo de c~nvocarse el concurso Gordon-Bennett, no titubeó en inscribirse, aún encon~
trandose bastante enfermo, por aquello de
no. c!sJar sm representación á los Estados
Umdos de :-!arte-América. A decir verdad,

~n. dicha fecha Lahm y su hijo eran los dos
1~n~eos norteamericanos en aptitud de p1r•
lic1par de la prueba, con arreglo á las bases
de la Ael'o Fedemtio11; solo ellos contaban
el ~1úmero do asr,ensiones exigidas para ser
calificados como pilotos aéi'eos.
Tal era la siluitción pocas semanas antes
del concurso: de una parte,el viejo Lahm no
m~y Pn condiciones para someter:,c á 'la,;
fatigas de una. larga jorn.ada en globo; y de
otra,el Lahm Jóven retenido en América por
sus deberes militares.
Llegó el mes de Julio de 1906. Por un
a~ar afortunado, el teniente recibió órden de
d1rig~rse á .Francia con objeto de praclicar
un ano en el famoso colegio de caballería de
Saum~r. _No teniendo precisión de incorporar~e a dicho centro hasta los comienzos de
~ctubre, esto es, con dos meses de prepara•
c1ón por delante, resolvió Lahm ocupar el
puesto de su padre y disputar la copa á los
aer?nauta~ ?xlranjeros. A fin de entrenarse,
y sm perJmcio de conversar á tedas hora$
con el veterano Lahm acerca de la aerosla•
c~ón, efectuó ocho ascensiones preparato71as. Siguiendo punto por punto los canse•
JOS _del maestro, estudió durante esos ocho
v!aJes las cartas ~arométricas, aprendió difiCiles t~e~as. rtlahvas al manejo del lastre, v
se fam1hamó en absoluto con el gran arte de
~antener un aerostato en equilibrio, esto es,
m muy alto ni muy bajo, á fin de que la
marc~a se ver1fique en línea recta, ó al me•
nos sin gran número de zig-zags. Digamos
de pas~da que esa pericia, absolutamente
n~cesaria al aeronauta si ha de aspirar al
trmnfo en una carrera, la poseía ya Lahm y
de ello se ufanaba abiertamente su padre.'
A decir verdad, los Lahm han nacido aeronautas. Ambos carecen de nervios· son
~ar consecL1encia, incon_movibles ante
pe~
ltgro, y poseeu un sentido natural admirable del equi\ibl·io. Esto les advierte el momento preciso en que debe aligerarse de
lastre al globo y qué cantidad ha d ~ ser arroJada para meJor conseguir los fines propuestos, aunque ~sa cantidad_ haya de ser graduad~ á punados. SemeJante instinto del
eqmhbr10, una de las cualidades más preciosas del navegante aéreo, la poseía el jóven
Lahm_ en grado superlativo. En cuanto á su
seremdad, ya habia podido apreciarla el vie)~ aeronauta algunos años antes cuando se
hizo acompañar ~el intrépido ;prendiz en
una de sus ascensiones. Padre é hijo se reman t~ron una noche sobre París, siendo sorprenchdos en los aires por una violentisima
tormenta. No había más relnJ)dio que huir
de ella, descendiendo á tierra ó elevánd.ose
mucho más. Y esto último fué lo que hicie_

;l

ron los aeronautas. A la una del día siguiente se encontraban á 3.318 metros sobre el
suelo, calados hasta los huesos y 8in saber
cuál era su exacta posición. Aquel viaje fué,
según confesó después ~l viejo Lahm. uno
de los más fatigosos y de mayor peligro rea1izados en su carrera. Sin embargo, el principiante Lahm permaneció durante la entera
jornada en absoluto tronquilo y satisfecho.
Sobre esa ecuanimidad de espíritu, Lahm
era el tipo acabado del hombre deportivo.,
Su resistencia física parecía la del que durante muchos años ha pasado varias horas
al día practicando la equitación y la esgrima.
Dicho lo que precede respecto al mantenedor del pabellón norteamericano en el
concurso Gordon-Bennett, volvamos á encontrarle en los momentos de ir, rumbo al
Oeste, consultando el mapa del Noroeste de
Francia. El United States cruzaba en aquellos momentos la pintoresca Normandfa. Los
demas globos, di$tanciados entre sí corno
cosa de un par de kilómetros, cruzaban sobre
el valle del Senaj seguramente, los corazones
de sus treinta y dos pilotos rebosaban de
esperanza y de ardiente entusiasmo. Porque,
en verdad, merecía la lucha toda clase de
esfuerzos: no solo se disputaban el laurel de
la gloria ante los ojos del mundo entero; babia en la obtención del triunfo algo de mayor
substancia: la copa de oro ofrecida por Gordon-Bennett, evaluada en 2.500 dollal'S, la
valiosisima del Gaulois cen destino al mejor
aeronauta francés, la copa Gould para el
triunfador británico, y, por último, un premio metálico consistente en 2.500 dolla,•s
con que acompañaba su copa Gordon-Bennett. Sobre esto, babia de percibir el victorioso un tanto por ciento de lo ingree.ado en
las taquillas de las Tullerias. Poseía, pues,
la carrera, interés extraordinario. La quiebra estaba en el mar. Y hácia él se dirigían,
impulsados por el viento los dieciseis competidores.
·
Esta contingencia del_ mar, con sus furores
y perfidias, es la gran preocupación del aer:mauta. Desde muchos meses antes de efec~
tuarse la ascensión establécense sus condiciones y se hacen los preparativos, sin que
se sepa en qué dirección va a empujar el
viento á los aeronautas. La incertidumbre
del rumbo hacia que nuestros treinta y dos
expedicionarios se abandonasen en brazos de
la conjetura, aún en el mismo segundo de
poner el pié en la barquilla. Quién suponía
el descenso en los soleados viñedos de la
Italia meridional; quién en los bosques de
Noruega, y quién, por último, en los plowizos mares de Albión. Lahrn, por ejemplo, se
babia provisto de un pesado gabanote, que

4t7

no llegó a ponerse durante la travesía, y de
cierta !-urna en moneda alemana, que no
tuvo ocasión de gastar.
Surcaban los aire!, los clieciseis aerosta•
tos en pos de la gloria y los rlolla1·s. El impasible Lahm permanecía fiel á la advertencia hecha por su padre: mantener el globo á
poca altura y avanzar en linea recta. A estos
dos objetivos consagraba toda su habilidad,
ayudado poderosamente por la noche, puesto que el sol es principal causante de los desequilibrios de un globo en marcha. La noche tienc,en cambio, la obscuridad; y la obscuridad significa para el aeronauta viajar
hacia lo desconocido.
Siu embargo, la baja posición de Lahm le
permitía darse cuenta aproximada de su azaroso itinerario. Merced á la escasa altura del
globo podía distinguir su ti·ipulante las luces
de tal cual pueblo ó ciudad, y hacer preguntas con la bocina á los habitantes de los poblados, ro bien el gui&lt;le-rope ó cuerda-guia
zamarreaba los tejados de las casas. La ma•
yoria de las veces quedaban sin contestación
las inquisitorias de Lahm; en otras, la reJpuesta dada no satisfacía los deseos del viajero, ya porque en Francia abundan las localidades "'ºº nombres parecidos, sobre todo
cuando se oyen desde la barquilla de un globo, ó ya por otra causa cualquiera.
Durante las dos ó tres horas siguientes al
comienzo de la ascensión mantuviéronse á
la vista del United Slales el globo inglés
Britanni« y el alemán, fácilmente reconocible este último por su forma y color; mas,
apenas avanzó la noche, desaparecieron los
dos compañeros de Lahm. A las nueve ó
poco menos encontrábase el norteamericano
á dos horas escasas del mar.
Tanto Lahm como su acompañante Hersey confiaban en una brusca modificación
del viento, de aquel viento Oeste que los
empujaba, ,mplacable, hacia las olas. Los
últimos telegramas meteorológicos recibidos
antes de la partida daban cuenta de una extensa área de bajas presiones en Irlanda.
Ahora bien, esas a.reas suelen extenderse de
Oeste á Este, y el viento sopla de ordinario
en dirección de las mismas. En otros térmi•
nos, el-vien~o Oeste, reinante á la sazón, ·podía saltar al Norte en cuanto las bajas presiones llegasen á Inglaterra. Si esto ocurria,
si la _traidora brisa cambiaba á tiempo, todavía era fácil que los aeronautas aterrasen sanos y salvos en las playas inglesas,en vez de
ser tragados por las aguas del Atlántico.
Confiando en la posibilidad hala~l\eña, resolvieron los pilotos del United Sta/es aprovechar bien 1a escasa cubicación de su aerostato, sin perjuicio de adoptar ciertas pre-

�cauciones para el caso desfavorable. Entre
Cinco de los competidores decidieron no
ellas figuraba la de construir con los sacos arriesgarse á la travesía, y aterraron á 1,
de lastre vacíos y con largas pérti¡?as unas á rista del mar. Fueron éstos el alemán Von
modo de •áncoras-conos•, destinadas á re- Abercron, el inglés Butter, los españoles
trasar la marcha sobre las olas si llegaba á Salamanra y Herrera ,. el francés Ca-;tillon de
acontecer el desastre. Y así, entre dudas v Saint-Victor. OptarÓn por la gloria á todo
preparativos, iban cruzando el e.~pacio los trance Vonwiller, italiano, Kindelán, espados norteamericanos.
ñol, Lahm, norteamericano, La Vaulx y Bal¿Cambiaría el aire? Esta era la obsesión san, franceses, Rolls r Huntington, inileses.
de Lahm y de Hersey. Y se comprende que
Estos sietes valientes, afrontando el peliasí fuese. Quien no haya viajado nunca en gro ~obre sus frágiles navecillas aérras reaglobo no puede comprender cuán dificil es á lizaban una hazaiia notable por si sola, 'pues
un aeronauta determinar l a dirección del ht&gt;mos de advertir qut&gt; el pérfido Canal de la
viento, r 1,sto por la sencilla razón de que .Mancha solo babia fido cruzado hasta enyendo el globo con el mismo rumbo que el tónces seis veces en la dirección Contineuteaire no perciben sus tripulantes el efecto de Jslas Británicas. En cambio, el ,iajt&gt; á la inlas corrientes aéreas. La única guía en tales V'ersa 1enía numerosos precursores. La causa
casos son los puntos fijos de la tierra, con de ello se adivina con facilidad: el Continenayuda de los cuales puede ir siendo trazado te ofrece á los aeronautas extensísimo camel derrotero en el mapa. Pero cuando la tie- po de aterraje, mientras que las islas Britán-a se encuentra oculta por la niebla,ó cuan- nicas, microscópicos puutos negros en la
do reina la obscuridad, entónces no dispone vasta llanura del Océano, i,on de arribada
el aeronauta de medio alguno para saber dificilísima para un globo.
su dirección: es como si estu,;ese perdido
Los cuatro aerostato, no llegados al mar
el globo en la inmensidad de los espacios.
por razón de arerías sufri&lt;las (el ele Santos
En las circunstencias de que damos cuen- Dumont descendió á causa de una rnptura
ta no existía es:a incertidumbre. La noche del motor), tomaron tierra en diversas loraestaba despejada; la luna brillaba con toda lidades, sin hacer recorridos ~uperiore,; á 180
su fuer,m. Lahm r llersey :-abian que el vien- ó 190 kilómetros.
to soplaba con dirección Oeste, ó más bien
De los siete globos avanzando i,obre el CaNoroeste, como sabían también su proximi- nal no había ninguno tan bajo romo el T.:nidad cada ,ez mayor y más rápida al Océano ted States. Lahm, que no había echado en
Atlá~tico. Faltábales, pues, m11 ~- poco para ol\·ido ni un solo minuto los consejos de su
a,·er1guar la verdad de su halagüeña teoría padre, mantenía el aerostato á escasa altura.
sobre un bru,;co mudar de aire.
cual pudo comprobarse luego por lo~ regis~
Ya se divisaba hácia la derecha el faro de Iros barométricos, y :&lt;osteniemlo en lo posiEl llavre.Eran aquellos unos momentos emo- ble la trayectoria rectilínea. Cuando los dos
cionantes. El United Staies 1&lt;e hallaba en- aeronautas americanos penetraban rn aguas
tóuce;; á doscientos kilómetros del mar. Los del Canal, el guide-rope, cuva lo1l'1 itud no
aeronautas tenían ya ante ellos el Canal de excedía de trescientos metros, habi~ arrasla Mancha. y precisamente por la parte de trado buen trecho sobre el peñascoso litoral
mayor latitud. De no cambiar el ,iento, era de Normandia. Los seis globos restantes se
seguro que habían de cruzar la vasta franja a,·enturaron á alturas mucho mavores· el de
líquida haciendo una diagonal de 300 á -100 La Vaulx, por ejemplo, cruzó Ías aguas á
milla,;, yendo á caer en Land's End después ochocientos metros de elevación.
de hab~r permaneci,do sobr~ las agua~ ,¡uin1-:'lto de la altura durante la trarnsia era
ce ó Yernte horas. En cambio, de mochficarse de ,·ita! importancia para el triunfo. Cuidael rumbo del viento quedaría planteado el dosas obserrnci9nes demostraban, rn rfecto
dramL
·
un incipiente cambio del ,·irnto desde e
~oroeste al Sucloe~te, siguiendo el arca de
XA\'EGA~DO SOBRE EL CAXAL
presiones dominante á la sazón al Norue,;te
de Ipglaterra, y que muy pronto &gt;-e correría
Tal era el estado de cosas á las 011cc de la al Norde~tr, luego ele exteuderseal Norte. En
noche. De los dieciseig globos, doce haliían un momento de inspiración, Hersey en su
lli•gado al mar. Sus pilotos se planteaban en calidad de meteorólogo, previó que l~s difiaquellos momentos el siguiente dilema: •Cru- cultades podrían surgir, no de ser arrastrado
7,ar 6 no crnzar el Canal», preiuntándo,.e si el globo exccsi,amente hácia el Oe,-te. sino
. era preferible conservar la Yida á perseguir de no poder llegar lo bastante lejos en dicha
,la gloria con cien probabilidades contra una dirección. Tanto Hersey como Lahm no igde dormir el suciio eterno bajo las olas.
noraban que, en todo caso, el salto del vie11-

i

4.49

El, SPORT AEROSTATICO

1o " e efectuaría

primero en la~
corrientes aéreas
superiores y lue~o e1 las inferiores. Por tal razón,
un globo mante11irlo cerca de la
superficie del mar
pod ria apt\lvechar
las corricn tes del
Noroeste, mientras otro que navegase á setecientos metros de alt u r a . donde el
mo, imiento gira.torio del aire se
hallase más avan1.ado, seria arrastrado al Norte, y
un tercero sur-cando el espacio
ámil metros iría á \1 ultitud aglomerada en la Pla,a de la Concordia, de París, frente al Jardín de las Tullerfas,
para prescndar el último concurso internacional aerostático Gordon-Bennett ·
parar al Noroeste.
La maniobra de Lahm dejándose llevar tonelaje se deslizó sobre aquel mar de plata,
hácia el Oeste y manteniendo el globo á tres- esfumándose pronto de las lejanías del horicientos y pico metros del mar no era un acto zonte. Esto fué todo lo que vieron los aerode temeridad ó de fanfarroneria, ~ino el pro- nautas en su travesía: un diminuto barco
-cedimiento más hábil de cuantos podía po- fantasma, el mar y la luna.
ner en práctica un tripulante aéreo. ;\1erced á
La'l horas transcurrían lentas r tranqui-ella, los norteamericanos habían logrado una las. Libres de todo cmdado serio, Lahm y
posición ventajosisima: iban sobre las aguas ller;;cy ei:;tudiaban las ondulaciones del
siguiendo el extremo Oeste de la línea de agua y a-...eriguaban la dirección de las mig.
&lt;lirección del Yiento y girando por grados há- ma,, por medio de la brújula. A cada nueva
cia el Norte. No habrían de tardar mucho observación se comprobaban los progresos
en llegará la costa meridional de Inglaterra del previsto cambio de aire, que seguía ya
y en ser arrastrados tierra adentro, mientra.;; casi el rumbo Norte. Ocurriera lo que ocusus competidore ;, luchando en vano con las niese, el United States alerraria felizmente
rorrientes aéreas más altas, irían con direc- en suelo británico.
ción Este á descender en el mar.
Serian las dos y media de la madl'Ugada
Estas consideraciones contribuyeron á au- cuando divisaron los norteamericanos la luz
mentar el entusiasmo de los que piloteaban giratoria de un faro inglés. A medida que se
el Unifed States. Y no solo el entusiasmo, acercaba, pudieron ad verli r la verdadera prosino el apetito. Razón por la cual, Lahm y cedencia de la luz: esta surgia de un buquesu rom~añero, luego de acomodarse en sen- faro. El globo acababa, pues, de atravesar
dos sacos de lastre, concentraron su atención sin el menor contratiempo el traicionero Ca-en las provi&gt;-iones de sandn,iches, fiambres, nal de la Ma11cha, después de recorrer unas
huevos, fruta,; y café, llevadas á bordo. Fué doscientas millas de aguas libres. Un.a hora
aquella una cena en plenos aires alegremen- más tarde se mecía sobre las islas británicas
te saboreada. Jamás habían comido los dos pudiendo contemplar los expedicionarios, á
pilotos con tanta complacencia. Lo único unos cuantos centenares de metros bajo la
que echaron de menos fué el tabaco, y eso barquilla, el incesantc,parpadeo de millares
porque dicho producto se halla rigurosamen- de lucecitas. Era la ciudad de Chicheslcr, en
te prohibido en la navegación aérea.
el Condado de Su:;;sex.
La noche e~taba deliciosa. Ni aún tuvieDe los siete aerostatos ninguno había toron necesidad los viajeros de ponerse sus cado en Inglaterra tan al Oeste como el
ir_abancillos de entretiempo. Bajo la barquilla norteamericano, aunque los da Vonwiller,
rielaban lac; aguas del mar, heridas por los Kindelán y Balsan se aproximaron bastante.
suaves rayos de la luna. Un buque de escac.;o En cambio, el de La Vaulx, navegando á
5

�450

POR ESOS MUNDOS

cientos de melros sobre el United States,
avanza~a con dirección á Hastings (unos 112
kilómetros al Este de Chichesler.) Lo mismo
acontecía á los globos ingleses pilotados por
Rolls y Huntington. Esta circunstancia arrebataba á los tres aeronautas últimamente
mencionados toda probabilidad de triunfo,
puesto que el viento les empujaba hácia el
Nordeste, como previera Ilersey. El Mar del
Norte iba á cerrarles el paso en breves horas.
De modo que al llegar los competidores á
Inglaterra, solo cuatro de ellos figuraban
realmente en la carrera: un francés, un español, un italiano y un norteamericano. El primero en tomar tierra fué Kindelán, cuyo globo descendió cerca de Chichester en las primeras horas de la mañana. Pocos kilómetros
más más allá aterró el francés Balsan, indu-

r

l

EL SPORT AEROSTÁTICO

cido por la falsa creencia de quE¡ su aerostato comemaba á retroceder ~ácia el mar.
Fueron dos bajas favorabilü,imas para Lahm
y Vonwiller, quienes queda~o~ ~olos para
disputárse los laureles de la victoria.
A medida que avanzaban ambos sobre et
suelo inalés se iba acentuando la ventaja de
Lahm ~uyo aerostato marchaba algo más
bajo que el de su competidor y más ~ncl_inadu hácia el Oeste. Por otra parte, el 1tahano
tenía en su contra la inferior calidad de su
alobo. En aquellos momentos, Labro y Von~viller hallábanse distanciados unos cuantos
kilómetros y sin sospechar siquiera la suerte
de los restantes aerostatos.
OCÉANOS IMAGINAR10S

Cuatro horas largas llevaban ya de marcha sobre los dominios del
rey Eduardo y aún no habían podido divisar la menor porción de tierra. La
niebla era espesísima y
alta. El giiide-rope se sumergía casi totalmente eo
un mar de vapores acuo-sos, cuyos caprichosos cúmulits toIDaban ·á veces
la apariencia de un océan&lt;&gt;
en plena agitación. No era
para causar maravilla e l
descenso precipitado d el
aeronauta francés.
Pero Lahm se encontrab a libre de esos temores
al mar, de una parte por
haber afrontado muchos
peligros, y de o t r a por
tener la seguridad de ir viajando sobre tierra firme.
De tarde en tarde, las altas
copas d e los árboles se
erguían, negras, sobre el
manto d e vapores, com&lt;&gt;
para dar la bienvenida á
los visitantes aéreos . D&amp;
pronto, se rasgó la niebla.
Entónces averiguaron lo s
norteamericanos e 1 lugar
donde se encontraban. Interrogados algunos aldeanos con ayuda de la penetrante bocina, dieron un
nombre. Aquellos campos
eran los del Berkshire. Es
decir, que durante la nieb l a babia arravesado el
United States los condaAero1tato1 que tomaron parte en el ultimo concurso Gordon-Bennett, en el
dos de SussexyHampshire.
Jardln de las Tullerlas, de Parls

451

A la&lt;, ocho de la mañana todavía derivaba do silbido de gas que se escapaba por la
hácia el Norte el globo norteamericano. Se ancha herida abierta en la parle superior del
encontraba á la sazón á seiscientos kilóme- globo, un brusco extremecimiento... y había
tros próximamente del punto de partida. Ni terminado la brillante hazaña de los aeronauLahm ni Hersev habían dormido en toda la tas norteamericanos.
noche; pero estaban tan fuertes como la noEl United States y sus pilotos podían ya
che anterior. A todo esto, los rayos del sol descansar sobre los laureles: hallábanse, en
empezaron á caldear el gas del globo obli- efecto, 53 kilómetros más allá del sitio en
gándole á el evar~c
que había desccnde un modo cond id o Wonwiller.
siderable. C o m o
Eran los vencedoese es un accidente
res del concurso ,
que no puede imteniendo en su
pedir ni el más háabono un recorrido
bil 11eronauta, los
de 659 kilómetros
del Dnited States
y una permanencia
se vieron forzados
en los aires deveiná contemplar Vatidos horas. Wonrwick Castle y Stratwiller , conquistaford-on-Avon desde
d o r del segundo
una altura de 1.500
premio, había desIDetros. Luego , y
cendido cerca de la
siern pre caminando
ancha desembocahácia el Norte, padura del Humber,
saron al Oeste de
cuyas aguas le haRugby y Birmingbían parecido 1a s
ham. Calentó más
del mar. De haber
el sol;hubo un nueproseguido su marvo salto del globo,
e h a el aeronauta
y el United States
italiano, cosa que
se deslizó h á e ia
no le e r a dificil,
l\fanchester v
habría efectuado
Leeds. Al 11egar él
su descenso muy
mediodía, la dilacerca de Lahm, dis-.
tación del gas había
putándole quizás el
Barquilla del globo U11ited Sta/es, vencedor en el último conobligado al aeros- curso Gordon-Bennett. En el centro, aparece el teniente Frank record por escasa
P. Labm, que pilotaba aquel aeros'.ato
tato á alcanzar una
distancia.
altura de 3.108 meParécenos in te'tros. Lahm sufrió entónces la misma suerte resante registrar las distancias cubiertas y
que La Vaulx, esto es, fué arrastrado con los puntos de aterraje de los siete competirumbo Norte, en dirección del mar de este dores que cruzaron el Canal de la Mancha:
nombre.
Distancia
En v a n o procuraron I o s expedicionatotal
recorrida
rios descender á vientos más favorables. Aeronauta•
Puntos de descenso
enks.
Era demasiado tarde. El mar azul relampaLahm.
Fyling Dales.
659
gueaba ya ante el United States, extendién- Vonwiller. New Holland.
~92
dose allende las desoladas dunas.
Rolls.
Shernbourne (Norfolk).
:60
La Vaulx.
Great Walsingham (Norfolk).
~60
Como no había tiempo que perder, y como Balsan.
Síngleton
320
además á Lahm y Hersey no les quedaba na- Kindélá.n. Rumboldswyke.
315
305
da por hacer, decidieron tomar tierra. Fim- Huntington. Milton (Ken-t)
cionó la cuerda-válvulá; aceleróse el descenAdvertireIDos que las anteriores distanso hasta ganar centenares de metros en un cias son las existentes en línea recta desdo'
minuto; el guide-rope empezó á arrastrar París al punto de descenso. En realidad, tosobre el suelo. La tierra se acercaba, domi- dos los aeronautas efectuaron recorridos manadora.
yores puesto que sus globos trazaron líneas
Era el momento preciso p ar a arrojar curvas.
el ancla, y no había que desperdiciarlo.
LOS PROGRESOS DE LA AEROSTACIÓN
Tras de una tentativa fracasada, afianzáronse los agudos garfios ·en base firme.
Este concurso internacional Gordon-Ben
Un tirón á la cuerda de desgarre, un agu- nett, que tiene lugar anualmente (en el pre

�452

POR ESOS MUNDOS

Rente afio ha debido verificarse en San Luis,
Estados Unidos de Norte-.\mériea, el 21 de
Octubre pasado), supone la existencia de un
estado de adelanto y perfeccionamiento en la
aerostación que hace pocos años era difícil
creer que llegara á alcam:arsc.
Desde los tiempos mitológicos se refleja
va ·1a universalidad del deseo humano de voÍar. Dédalo, el más grande de los ingenieros
clásicos v antecesor de Sócrates, escapó del
laberintÓ de Creta con la ayuda de unas alas
artificiales. Al menos, eso se cuenta. como
también nos aseguran las viejas historias
qu~ lcaro, l1ijo y acompa1iante de Dédalo en
dicho viaje aéreo, sintiendo germinar en su
pecho mayores ambiciones, intentó remontarse hasta el Sol. El flameante astro se vengó del inaudito atrevimiento fundiendo las
alas de cera de Icaro y precipitando á éste
en las profundidades del mar.
Pero abandonemos aquellos lejanos tiempos y vengamos á otros más modernos, donde ya es posible comprobar los hechos aeronáuticos. El primero que defendió la teoría relativa á la navegación aérea aparece en
el año 1670: fué Francisco Lana, sacerdote
jesuíta, residente en Brescia, autor de cierto
libro donde se apreciaban desde el punto de
,·isla científico las importantes modificacioll es que
sufriría la
vida de
los pueblos una
vez res u el tos
1os problemas de
la aerostación.

Pocos años dc.,;pués, en 1709, otro jesuita,
el P. Lorenzo de Gouzmeo, obtenía en Lisboa patente para un ~lobo dirigible. El inventor se conquistó el favor del monarca Jusi tan o de~cribi{mdole un imperio universal
conquistado con la ayuda de máquinas voladoras. Pero, por desgracia, el dirigible resultó un completo fracaso, y Gouzmeo murió de miseria en el destierro.
Hasta 1783 la aero~tación continuó huérfana de patrocinadores y cultivadores, apareciendo en esa fecha el primer globo, ideado
por el francés José .Montgolfier. Sesenta y
nueve años más larde, en 1852, otro francés,
Enrique Giffaro, se lanzaba á los aii:cs en
una máquina voladora actuada por rudimentario motor de aire caliente. Puede decirse,
por tanto, que Giffard representa para la navegación aérea lo que Stephenson para la de
vapor: de su invento fueron saliendo cuantos
han contribuido á la conquista del aire.
En los ai'ios de 1884 y 1885, el capitán
francés M. Rcnard rcalir.aba siete ensayos
bastante satisfactorios con un dirigible movido por la electridad. Era una máquina incompleta, sin embargo, pues mientras obedecía bien al gobernalle, no resultaba lodo lo
dócil que hubiera sido de desear respecto á
otra clase de maniobras.
El 7 de Enero de 1885, el francés Blancbard, favorecido por un impetuoso viento
del Noroeste, salvaba la distancia entre Dover y Calais en dos horas y media; y diez
años después el comandante inglés BadenPowell hacía una excursión de noventa metros, valiéndose de una máquina aviadora
eliruentalísima: varias cometas ordinarias
combinadas formando un paralelógramo.
Baden-Powell fué superado el mismo afio
por ,m compatriota el teniente Capel, quien

Momento de lll su ella de los aerostatos que se disputaron la Copa Goruon-Bennett de 1906

453

EL SPOHT AEROSTÁTICO

merced á otro sistema de cometas se remontó sobreel Támesis cuatrocientos metros logrando hacer interesantes obscrvacionc/ Verificábansc á la sazón maniobras militares.
Cape!, desde su elevado observatorio, descubrió los movimientos del supuesto enemigo,
transmitiendo acto seguido los informes, por
medio de un teléfono, al Estado mayor general.
Ülto Lilienthal, un aeronauta alemán e~trellad_o en 1896 cerca de Berlín, habia ya
recorrido, antes ele su desastrosa muerte, distancias de doscientos á cuatrocientos kilómetros, valiéndose de una máquina voladora moyida exclusivamente por el viento.
Importa consignar á este propósito que los
globos sin motor han permitido al hombre
subir á enormes alturas. El 31 de Julio de
1901 los profesores Berson y Suring, del
Real Instituto Meteorológico de Prusia, ~e
elevaban en su aerostato Preussen, de 8.400
metros cúbicos, á 11.000 metros, ó sea la
mayor altura alcanzada por un conquistador
del aire. De lo arriesgada de esta experiencia
~uede formarse idea, recordando que, á partir de los 6.000 metros, tienen ya necesidad
los aeronautas de respirar artificialmente
para compensar la falta de presión atmosférica.
En 1902, dos aeronautas norteamericanos,
los hermanos Wright, cubrían la distancia de
300 metros con una máquina voladora de su
invención, actuada también por el viento. El
mismo año, el conde Zeppelin iniciaba sus
primeros ensayos de globo dirigible, demostrando prácticamente que con dicho aparato
se pueden logi-ar velocidades de cincuenta
kilómetros por hora.

Llega con el aüo 1906 la época de oro de
la navegación aérea. Todas las tentativas anteriores palidecen ante las pruebas maravillosas realizadas por el brasileño Santos-Dumont, que poniendo al servicio de la gran
empresa su fortuna y su clara inteligencia
construye un dirigible y recorre 2..500 metros sobre la ciudad de París. Esto era ya el
principio del triunfo, que persiguieron después con nuevos trabajos y estudios el propio Santos-Dumont, los condes de la Vaulx y
Zeppelin, los hermanos Wrigbt, Deutsch de
la Meurthe, Fernández Duro, Krndelán, Herrera, José Ilofmann, Vanden Driesche y
otros.
No debe olvidarse á Walter Wellman proyectando una arriesgadísima expedición acreonáulica al Polo Norte, entretanto que
Franz Butler, fundador del Aereo Club Británico, predica para dentro de diez años un
abaratamiento tan extraordinario en los aeroplanos que el hecho de viajar sobre las
nubes podrá hacerse por la módica suma de
dos mil quinientas pesetas.
Terminaremos esta breve enumeración de
acontecimientos aerostáticos registrando las
notables ascensiones de los italianos UsueUi y Crespi, quienes saliendo de Milán se
elevaron en Noviembre de 1909 á una altura
de 6.800 metros; las trece ó catorce efectuadas por el conde Vaulx en globos ordinarios
ó en diversos modelos de dirigibles; las del
Palt-ie, en Julio del afio corriente, cuyos detalles ya conocen nuestros lectores; y por
último h:,s del español Kinclelán, que elevándose en Valencia cayó en el mar, salvándole
de una muerte cierta en aguas de las islas
Baleares el vapor inglés West-Poinf.
CLE\'ELA;',D

:.\IOFFETT

�AMOR DE ARTISTAS

AMOR DE ARTISTAS
(CUENTO)

marqueses de Guzman sucumbían al
LSuosdolor
de la mayor desgracia.
único hijo, heredero de timbres nobiliarios; que seguramente aumentarían sus
talentos, y de caudales fabulosos con que
sostener el proverbial explendor de ilustres
antepasados, apenas cumplidos los quince
años, edad de las mas atrevidas esperanzas,
füé víctima de enfermedad gravísima cuyos
efectos alcanzaron al mas preciado de los
sentidos.
La Ciencia logró, no sin esfuerzo, arrebatar á la muerte ,ma segura presa; pero el
mal hizo grandes estragos en la vista deljov·e n marquesito, y á la progresiva debilidad
suc.edió un triste amanecer en que el sol no
consiguió impresionar aquellos ojos nacidos
para la contemplación de una felicidad exp1éndida.
A partir de ese día, el palacio de Guzmán
cerró al mundo sus puertas, consagrándose
los padres amantisimos de Alfredo al exclusivo cuidado del hijo querido, á mitigar con
la solicitud del verdadero cariño la desdicha
indescriptible que supone vivir condenado á
las tinieblas quien gozó una vez de la contemplación de la Naturaleza.
La que basta entonces fué mansión favorita de la dicha convirtióse súbitamente en
templo del dolor. Y ya no pensaron los infortunados padres sino en ocultar su llanto y
distraer cuanto posible fuera la vida de su
hijo, sin renunciar jamás, por supuesto, a la
esperanza de que la Ciencia lograse devolver
á la cámara obscura de aquellos ojos mortecinos la impresionabilidad retentiva que va
enviando incansablemente al álbum de la
memoria cuantos clichés produce la visión
de la Naturaleza y de la vida.
Alfredo aceptó resignadamente su desgracia, y como gran aficionado de la música,
encontró en el divino arte alguna compensación á los placeres que le robara la ceguera.
Alternando con el constante desfile de los
mas eminentes oculistas del mundo entero,

congregóse en torno del marquesito una corte de maestros y compositores, artistas famosísimos, que pronto hubieron de considerarle camarada. Como siempre, el Arte superó á la Ciencia, y sus consuelos pródigos
ahuyentaban á veces del espíritu de Alfredo
el amargo recuerdo del bien perdido.
A cada desahucio médico correspondía un
sensible progreso en el manejo del violín,
que satisfacía la pasión artística del ciego.
Las notas sustituyeron á los rayos del sol,
la harmonía al colorido, los motivos á los
cuadros plasticos de la vida, los grandes
poemas musicales á los sublimes espectácu .
los de la Naturaleza. El sonido triunfó de la
luz, contra la ley fisica que consigna mayor
vibración del éler en este segundo fenómeno, y Alfredo llegó á considerarse feliz cuando el arco improvisaba melodías dulcísimas
y pasajes dramaticos, inspirad'.)s en ocasiones por el recuerdo de su propia desgracia.
Consagrado en absoluto al estudio, pasó
todo el primer invierno de la eterna noche
de su vida, y apenas algunas flore.s anunciaron la proximidad de la primavera los marqueses de Guzmán resolvieron fortalecer al
cieguecito obligándole á la actividad corporal en la mas hermosa de sus residencias veraniegas.
Trasladáronse á un antiguo castillo, histórico testimonio de la nobleza del apellido,
situado á orillas del océano, entre bosques
cuya espesura creyérase buscada para ocultar á la profanadora curiosidad la irreparable desgracia de inspirar compasión quien
hasta entónces solo despertó la envidia de
lodos los campesinos comarcanos.
Aún allí, alejado de sus relaciones artísticas, continuó Alfredo consagrado á su pasión favorita. Durante las horas de calor, repasaba en el piano las óperas que había oído
cantar á los más célebres artistas de la época
en aqueilos tiempos que como sueños se
representaban á su imaginación, juzgándolos, cuando más, recuerdos de otra vida ya
extinguida, que por transmigración, sin du-

455

da, del espíritu encarnaba ahora en su ser. á las más modestas proporciones de la reaY á !a caída de la t~r~e solían padre é hijo lidad.
~acer _largas ~xped1c1ones por los lugares
Alfredo tan solo replicó que adivinaba un
mmediatos, bien á orillas del mar, bien por gran artista. Pero quedóse, para sus adentros
los bosques que abundaban en la comarca
?ºn l~ segura impresión de que era una mu~
.deteniéndose frecuentemente para re n di; J~r, sm du~a hermosa y de poéticas inclinaAlfredo algún tributo á su delirio artístico
ciones, quien tan oportunamente .había respues ni aún en aquellos momentos consentí~ p_ondido al protagonista de su ópera favo-separarse del violín, único consuelo de su rita.
desdicha.
Aú_n más: adivinaba que aquella mujer
Era ~ntón?es cuando s~ inspiración llega- también sufría, y también como él buscaba
ba á ~as fehces concepciones, improvisando un amor que ocupara el vacío de su alma. Y
bellís1mas harmonias en que combinaba los no fué necesario más para que esta pasión,
sublimes ruidos de
4a Naturaleza con el
estado de su espíritu entristecido: cantos de amor de un
ruiseñor que, aún
-ciego, quisiera sal u•
-dar el despertar del
-día.
Una tarde bicie1ron a I t o e n las
frondosas cercanías
-de antigua casa solariega, convertida
-en finca de alquiler por sus modernos y plebeyos pro,pi etarios.
Allí, corno en to&lt;fa s partes, Alfredo
buscó en el violín
alguna expansión á
su alma, y comenzó
'á locar el dúo de
Lohengrin . ¡Cuál
no sería su sorpresa cuando á s u s
oídos llegaron ecos
de lejanos acordes
de un piano en que,
como cosa de sueños; Elsa respondía á las demandas de amor de ¡
fantástico personaje!
Fué extraordinaria la emoción que
á Alfredo produjo
aquella inesperada
Y. gratísima conjunción artística.
En vano el padre
pretendió calmar la
-excitación nerviosa
del cieguecito, re· AHredo, buscando en el violín e~p\U)Si~nes á su alma, ejecutaba las piezas musicales
duciendo el suceso
que hab1a 01do á los grandes artistas

�4ií(i

POR ESO!:i M

hasta entonces para él desconocida, bajara
del cerebro al corazón de Alfredo, violentando la resignación de su espíritu.
Durante varias tardes repitió la misma
prueba, siempre con igual halagüeño resultado. Al canto de Raul, respondió Valentina; al de Radamés, Aicla,; al de Sansón,
Dalila; al de Jfornlet, Ofelui...
Y una tarde hubo un momento en que
Margco-ita y Fausto, salvando las distancias, llegaron á confundir sus melodías con
precisión verdaderamente matemática. Las
notas semejaban emisarios de amor que iba•1
á encontrarse en el e~pacio, las onda&amp; sonoras se cruzaban en abrazos de infinita pasión. dirigiendo sus ,ibraciones al corazón
aún más que á los oídos; y los desconocidos,
excitados por el indescifrable misterio de su
:expontánPa conjunción artística, tuvieron
•instantes de esa fiebre que inmortaliza á los
,elegidos.

Pero Alfredo, dichoso en sus conversaciones musicales con la mujer adivinada, al regresar al castillo sentía en su espíritu, cada
día con mayor violencia, el deseo de verla,
estériles protestas sugeridas por el recuerdo
-de más felices día~.
Los padres, alarmados, hicieron ir á aquel
lugar á los más reputados oculistas extran,jeros, en t&amp;nto calmaban la febril impaciencia del hijo con la esperanza de una próxima operación que había de reintegrarle la
plenitud de los sen ti dos.
·
Mientras este día llegaba, Alfredo no faltó
una sola tarde á la cita, tácitamente convenida poi- los amantes artistas. Iba ya seguro
de que la imaginación no le había engañado.
Por referPncias de la servidumbre sabía
que habitaba la antigua casa solariega un
aristócrata matrimonio inglés, cuya hija, de
dieciocho belüsimos abriles, buscaba en las
playas meridionales algún alivio á la tisis
inicial que minaba su débil naturaleza. La
imaginaba rubia, fina, esbelta, tipo ideal de
una raza en que la mujer encarna la suprema
elegancia, y artista además, artista de corazón ardiente v de rica fantasía. revelados
en la facilidad' de acomodarse á la diversidad de emociones estéticas á que él la babia
sometido como prueba de la impresionabilidad de su temperamento.
-¿Cuándo es la operación?-preguntaba
sin cesar, desde entónces, Alfredo.
-Pronto, hijo, pronto,-replicaba el padre
.:asi automáticamente, violentando la sinceridad de su corazón, desengañado para sostener la esperanza de aquel otro pedazo de

u;-nos

corazón esclavo irredimible, al parecer, de,
la desgracia.
Y así transcurrían lentamente días y semanas, renovándose pa&lt;lre é hijo las mi~mas
fantásticas ilusiones.
Por fin, á las constantes demandas de los
padres, presentóse un día en el castillo un
oculista inglés, más sabio ó más audaz que
otros especialistas igualmente famosos, &lt;uy11s promesas llegaron á inspirar entera confianza . .
El milagro lo realizaría una operación
sencillísima que en poco tiempo devolvel'ia
la vista al infc]i;,. enamorado.
-¡La veré! ¡La veré! ¡Podré buscarla!repetía sin cesar el cieguecito.
Idea fija que hubiera acabado con su razón á prolongarse la esperanza.
Y así aguardó, encerrado en su gabinete,
convertido en cámara obscura, ocho días de
impaciencia mortal exigidos por el médico
para asegurar el buen éxito de la operación
que restituiría la felicidad á aquella familia
de~olada.
El padre constituyóse en incansable 'enfermero. La madre vivió aquella semana en
la capilla. Y el oculista dedicó sus diarias
visitas á mantener el fuego sagrado de la esperanza.

A la inglesita, que ignoraba en absoluto la
suerte de su soüado amor, parecíale eterna
la ausencia del artista desconocido.
Pasaba las noches asomada á los balcones
del jardín, castigando su débil pecho e on la
férrea dureza de la barandilla, apoyada la.
cabeza en las manecitas, con frecuencia ocupadas en enjugar las avenidas de un corazón desbordado por los desengaños, atenta á
cuantos rumores llegaban á su oído, esperando en vano el eco de un amor ideal en
que había cifrado todas sus ilusiones.
A veces, iniciaba en el piano alguna de las
melodías favoritas, que era tanto como gritar •¿Estás, bien mío?• Pero se asomaba de
nuevo, y el solemne roncar de la Naturaleza parecía responder á sus oídos de tísica:
«¡Quién piensa en románticas fantasías! •
Una madrugada pasó cerca del jardín la
ronda de mozos tocando los guitarros. •¡Ya
está!, se dijo, despertando sobresaltada. Saltó de la cama, se asomó ... Y llorando su decepción quedóse en el balcón medio dormida, sin darse cuenta de la frialdad del viento
tempestuoso que azotaba los árboles. ni de
la lluvia torrencial que empapaba su ténue
ropaje. Pasó así largo iato, hasta que un
brusco escalofrío la volvió á la realidad, y,

-157

A~IOR. DE ARTISTAS

calen turien tac, erró
el balcón mecánicamente y se acostó
murmurando entre
sollozos y toses secas:
-¡Me ha olvida- ·
do!
.
•

1

Poco$ días después en el castillo
de Guzmán todo
era dicha.
· Los padres tiritaban de emoción
ante Ja seguridad
del doctor famoso:
éste preparaba con
orgullosa c a I m a,
atento á I os más
nimios detalles de
la rnise en scene,
la solemne demostración de s u gran •
triunfo, y Alfredo
repetíase a ú n en
las convuis:ones de
la esperanza incierta: «¡Por fin podr{•
verla! ¡Iré á buscarla!,
Quitó el doctor
las vendas al c:egueci to, levantó los
recortes azul a dos
que tapaban sus
ojos, y abriendo límidarnen1e la ventana le dijo c o n
imperio:
- ¡Mira!
Gritó el vidente,
loco de alegría; ce-

-¡La adorabal-exclamó Alfredo en la mayor desesperación

rró en seguida los ojos como miedoso del
mundo ya olvidado, y al volver á abrirlos
intentó volcar en ellos de una vez el Universo, por si acaso de nuevo se cegaban.
Un espectáculo tristísimo vino casualmente á turbar la alegría del incrdble triunfo.
En aquel momento atravesaban la carrelera varios sacerdotes entonando el fúnebre
pregón de la muerte, seguidos de una carroza del color de la inocencia.
Al marquesita se le saltaron violenlamen-

]lustraciones de

4. Jfanchaclo

te las lágrimas, y un fatal presentimiento le
obligó á preguntar:
-¿,Entierran á una jóvenÍ'
-Si,-contestó el médico.-Una infeliz
compatriota mía, gran artista. Estaba tísica.
¡Pobre Lady Berry!
-¡Lady Berry!-rugió Alfredo.
-¿Acaso la conocías·?- exclarn:iron los
padres, sorprendidos.
-No,-les replicó cayendo desvanecido.
- ¡La adoraba!
A. AGUILERA Y ARJONA

�AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA

LEYENDA DE LA BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
Afilos 410 y 446 DE LA ERA DE CRISTO,

por C. BRYSON TAYLOR
SUMARIO DE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES (1)
La rama lograda en todo el país por Melchor, narrador de
cuentos y cantor de baladas, despierta en el jóven Nicanor deseos de igualarla y aún de superarla, y á aquel
oficio se dedica nuestro héroe. Hijo de esclavos, abandona la casa de sus padres, y por sendas y veredas
recorre montes y prados reuniéndose á los pastores, ante los cuales hace derroche de las facultades
que le adornan. Asombrados los oyentes de Nicanor
al principio, muy pronto se enciende entre ellos la tea
de la discordia y se producen gran escándalo y pelea,
que terminan porque empieza á dispersarse el ganado
que cuidan los pastores y éstos tienen que ir tras las
reses. Nicanor, satisfecho con que sus palabras hubieran producido tanto efecto, adquiere mayores deseos
aún de que su fama sea universal, y parte de su pobre
terruño para dirigirse á grandes y populosas ciudades
en busca de esa gloria que persigue. Thorney, más conocida por la Isla de Bramble, es la población elegida
por Nicanor, y Tobías, un rico comerciante, la_persona á quien va recomendado por sus padres. Tob!as
concede á Nicanor una plaza en su taller, donde le
enseña á trabajar en marfil. Bien pronto logra el jóven ser un discípulo aventajado de su maestro, pero
no deja de tener con éste fuertes altercados porque,
posesionado de la ilusión que acariciara al alejarse de
sus padres, Nicanor abandona el taller de Tobías y falta con frecuencia al trabajo, y cuando acude á él lo
hace de mala gana. En estas correrías de vago y ocioso que hace Nicanor, es confundido con un esclavo
de la servidumbre de su amo, y hecho prisionero por
unos soldados que lo conducen á presencia del noble
señor Eudemius, á cuyo servicio queda conscrito. Nícanor encuentra un dla á Varia, hija de su señor, la
cual, enterada por su doncella de la habilidad y arte
del esclavo para relatar cuentos y narraciones, le pide
que distraiga con ellos el tedio que la domina. Al hacerlo Nicanor despierta en los dos jóvenes mútuo amor
que no tardan en confesarse haciéndolo ambos una noche en que Varia pedía al esclavo que la recordara un cuento que
, ya en otra ocasión la había dicho y que se reíería á las ilusiones que. los dos habían forjado en su mente. Pero hé aqu!
que llegaá casa de Eudemius un anbguo amigo suyo, con su hijo Mario, capitán de las legiones romanas, y este jóven
que al principio aborrece de Varía, acaba por sentir hácia ella cierta ínclínación, aumentada al conocer que la hija d~
su huésped está enamorada de Nicanor, el cual es duramente castigado por este motivo. Eudemius pone en juego toda
su voluntad para hacer que Mario enamore á su hija y lo consigue, conc~diéndole al cabo la mano de Varia, aún contra
los deseos de ésta que solo piensa en Nicanor. Cuando se celebra la boda con grandes fiestas, llegan al palacio de Eudemius nobles fugitivos de Andérida, en cuya ciudad arde la ínsurreccíón de los sajones y de los romanos descontentos.

V.--SOMBRAS Y LUCES

e

UANDO Wardo hubo entregado los presos

al superintendente de la mina, emprendió el viaje de regreso con sus ayudantes.
Pero en Bibracte, lugar donde dejahan el camino real para dirigirse. al Sur hácia la villa
(1) Véanse nuestros números H6 á 153.

de Eudemius, dió orden á sus acompañantes
de que le esperaran en la estación, y en vez
de marchar á campo traviesa para llegar á
la posesión de aquel noble, continuó por el
camino real, cabalgando veloz y constantemente, como quien persigue un plan determinado de antemano. Cruzó el Támesis en
Pontes, después de una noche de descanso,
y al empezar la noche del siguiente día

459

-Tengo noticias-observó Wulf-de que
marchó por el vado del pantano á Thorney.
Allí se encontró con un hombre, que tam- ha huido el gobernador de esa ciudad.
-Sí,-respoodió Wardo.-Está en la casa
bién iba á caballo, y salpicado de barro hasta la cintura. Este jinete iba embozado en de mi señor, con su hijo. Al menos, allí
una capa, y llevaba las espuelas teñidas en estaban hace seis días, cuando yo abandoné
sangre. Saludó á _Wardo en latín, con marca- aquel lugar para cúmplir la misión que me
fué confiada.
do acento extranJero.
-¿Me podríais decir, amigo, si hay en
Wulf no pudo contener su satisfacción al
oir estas noticias, y dijo:
es te lugar
-¿,Ese hijo del gobernaalguna posador de Andérida se llama
da donde enFélix? ¿Está herido? Es un
contrar blancanalla que mató á Evor,
das camas y
el jefe de la banda de sabuenos alijones y de revoltosos.
mentos?
-Nada sabía de ello,-¿Par a
repuso Wardo.-¡Por eso
vos? - prese ha quedado en la villa
guntó Warde Eudemius, temeroso de
do.
la venganza!
-No,para
Lo siento,mi señor, su
añadió para
esposa y su
sí, pero hahija. Yo me
b I ando en
be adelantavoz altado para buspues si las
carles alojagentes de ese
miento. Van
Evor sab,m
á Rutupire á
que Félix estomar un
lá en la villa,
barco par a
puede t ener
Galia, y viaque sentir
jan por Lonmi señor.
dinium, don-Sí,-dijo
de mi señor
Wulfcon
tiene asuntos
cierta aspeque arreglar.
reza en el to--Pues ah~
-¿Me podríais decir dónde hay una posada, querido amigo;
no - el hijo
teuéis un a
posada, - respondió Wardo.-No es rica, de Evor ha jurado vengar en el matador la
pero sí muy limpia, y allí podrán ofrecer muerte de su padre.
-¿,Y cómo sabéis esas cosas?-preguntó
buenos alimentos á -vuestros amos. Mi señor,
Wardo, sin sospechar que la indiferencia
el noble y poderoso Eudemius, cuando viaja,
descansa en esta posada con todo su séquito. que aparentaba Wulf era completamente
-1Ahl-exclamó el extranjero.-¿,Sóis es- fingida.
-Las noticias corren mucho,-dijo Wulf
clavo de Eudemius? Corre mucho ahora el
nombre de esa familia por todos estos con- brevemente.-Yo sé esto por un carrero
que vió algo de lo que sucedió en Andétornos.
- Es de gran fama y nombradía mi se- rida.
Así hablando llegaron á una calle bastanñor,--repuso Wardo.-Y vos, ¿quién sóis?
te estrecha que formaba ángulo con la vía
-Me llaman Wulf, y soy sajón.
principal, que seguía de vado á vado. Si-Como yo, amigo mío.
-Entonces, beberéis conmigo un vaso de guieron por aquella calle, llena de niños y
de viejas comadres, que iban de puerta en
cerveza ...
-No podrá ser: me falta el tiempo si he puerta con cestas de pescado y de otras
de estará la bota debida en casa de mi se- mercancías. El sol poniente caía en largas y
ñor. Nos dieron orden de que todos estuvié- sesgadas sombras asestando rayos de dorada
ramos prontos y dispuestos para defender- luz por entre los estrechos arcos de las puerlos, por si llegaban hasta allí los revoltosos tas de las casas.
Wardo Ilevó á W ulf hasta la entrada de la
que habían puesto fuego á la ciudad de Andérida.
posada más limpia de Thorney, y volviendo

r

�460

POR ESOS MUNDOS

su caballo relrocedió con una velocidad
que hizo escapar má¡; que de prisa á los perros y chicuelos que se -agolpaban cerca de
los r~cienllegados. Entróse en la calle principal, relrocedio hácia el vado del pantano
y galopó hasta alcanzar una casa próxima
á unas ruinas donde se albergaban ganado-.
Delanle de esla casa deluvo Wardo á su caballo, y saltando con ligereza á tierra llamó
á la puerta. Un ventanillo se abrió ligeramente, y poco después la puerta, por la que
entró nuestro hombre cerrándola tras si.

II
Dos botas después, W ulf bajaba á pié por
la calle, contoneando en la semiobscuridad
qel crepúsculo su cuerpo bajo y esmirriado,
eon las p:ernas malamente arqueadas. Marchaba indiferente, cuando el relinchar de un
caballo que estaba delante de una puerta
llamó su atención y le hizo detenerse.
--;Luz de mis ojos, yo be visto antes este
animal!-murmuró observando al caballo.Seguramente, es el que montaba aquel indivíduo de piernas largas y cabeza amarillenta.
Y sin detenerse en más cavilaciones, llamó resueltamente á la puerta.
-¿Qué queréis'?-preguntó desde adenlro
una voz de mujer.
-¿Ha entrado aquí hace muy poco tiempo un amigo mío?-dijo Wulf.
-Han en trado muchos hombres,-respondió la voz.-¿Quién es vuestro amigo?
La risa de Wulf disimuló un momento de
confusión en él.
-Si he de deciros la verdad no quisiera
pronunciar su nombre en alta voz. Dejadme
entrar y veré si todavfa es tá aquí.
Se abrió la puerta y enlró W ulf, encontrándose con una muchacha alta, fornida,
de gruesa garganla y rostro del tipo griego
más puro. La viva mirada de Wulf abarcó á
la muchacha, así como la habitación que tras
ella se veía.
-Es posible que no esté aquí vuestro amigo,-dijo la joven.
W ulf avanzó, diciendo:
-En realidad, no me hace mucha falta ...
¿Podría un hombre cansado comprar aquí un
poco de alimento y un vaso de vino, y quizás también tomar alojamienlo para esta
noche?
Mientras Wulf decía esto hacía sonar las
monedas que llevaba en la bolsa que pendía
de su cinturón de cuero.
La muchacha, cruzando la habitación y
abriendo una puerta que daba á una cámara
inmediata, elijo al recién llegado:

-Tendréis lo que queráis.
En esta segunda habitación el ambiente
estaba cargado con el olor de las comidas y
los vapores del vino, que consumían los muchos hombres y mujeres allí reunidos. A la
primera mirada que arrojó en rededor, vió
\Vulf á Wardo reclinado con toda comodidad en un canapé, rodeando con su brazo el
talle esbelto de una delgada y bella rubia
que se sentaba á su lado. En la mano libre
tenía Wardo un tazón que su pareja llenaba
constantemente del contenido de una ancha
ánfora que soportaba sobre las rodillas.
Wulf saludó con un gesto á uno ó dos
hombres cuya presencia allí no le causó sorpresa, y pidió vino y dos copas á la jóven
griega de negra cabellera. Mientras la muchacha salia á cumplir estas órdenes, un
hombre y una mujer salieron por una de
las puertas laterales, dPjando vacante el sitio próximo á Wardo, que ocupó enseguida
Wulf sin mirar ú su vecino. Volvió la griega y el parroquiano sajón la hizo beber con
él y sentarse á su lado, haciéndola el amor
con gestos y risas innecesariamente ruidosos, que pronto atrajeron la atención de
Wardo, el cual se incorporó, apoyándose en
el brazo de su compañera, y miró á Wulf.
-¡Hola, Wulfl-exclamó con voz algo
obscurecida por el vino.-¿,Cómo has llegado
hasta la casa de Chloris?
-¿Quién no conoce esta casa?-dijo Wulf
alegremente.-Pero no esperaba encontrarte
aquí, pues creí que habías emprendido ya el
regreso hácia la villa de tu amo y señor...
Bebe conmigo, ya que tenemos la suerte de
encontrarnos otra vez.
Y brindándole un ta½ón que la griega llenó de vino, lo lomó \\!ardo llevándose el
líquido á la boca.
- Sea- &lt;liju- por la salud de mi seiiora
Varia y por sus incontables riquezas.
-¡Grandes deben ser,-repuso Wulf-y
excelente botín para el saqueo el que debe
haber en casa de tu amo!
-¡Verdaderamenlel-dijo Wardo.
Y empezó á contar cuanto había vi,;to de
los preparativos y regalos para la boda de
Varia, á cuyos detalles agregó muchos más
que desconocía, pero que su estado le hizo
inventar deseoso de inculcar en el ánimo
de aquel casual amigo la magnificencia del
señor á quien servía. De simplemente locua½
se hizo argumentador, y por último pendenciero. Pero Sada, la mujer que con él
eslaba, le echó sus blancos brazos al cuello y
consiguió apaciguarlo.
Ya en este punto las cosas, Wulf hizo señas á las mujeres para que se marcharan,
diciéndolas á la ve1,:

AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA

-Dejadnos, hermosas, i - un rno111ento.
Eunice, la griega alta,
se m a rcbó voluntariamente; pero Sada se que- ,
dó al lado de su amante.
-No, yo no os dejo
solos,--dijo.-Hablad lo
que queráis, que ni siquiera me acordaré después d~ lo que haya oído.
Entónces W u l f, dirigiéndose á Wardo, le habló de esta manera:
-No Yeo razón para
que uo seamos camaradas, para nuestra mejor
conveniencia. Ambos somos de una misma nación, y contrarios á estos
allaneros seiiores romanos que mu y pronlo tend r á n que cedernos e 1
campo... ¿Sabes lo que
ahora deseo? Pues nada
menos que encontrar cin&lt;'Uenta corazones que se inleresen en una
empres'l., para aprovechar conmigo esta
oportunidad.
-¡,A qué oportunidad le refieres?
-La de ganar riquezas y fortuna que superen á todo lo soñado. ¿Por qué lo han de
tener todo esos orgullosos señores, mientras
nosotros nada poseemos?
Wardo movió solemnemente su atontada
-cabeza al oir la expresión de este problema
hn viejo como los siglos, y después, alcan½ando á ciegas su copa, repi~ió estas palabras del discurso de Wulf.
-Si yo dispusiera solamente de cincuenta hombres ...
-Si quieres oro, amigo mío, ven conmigo,
y lo tendrás en abundancia,-exclamó Wulf
con vehemencia.
Wardo le miró con cierto interés.
- ¿_Y cómo lo adquiriremos?
-Pues mu1' sencillamente: tomando para
nosotros lo que p o r derecho d e b e ser
nuestro, lo que se nos ha arrancado por infame codicia.
Wardo, que en su vida había oído cosa
igual, estaba profundamen le impresionado.
-1Eso digo yo lambiénl-exclamó con gran
impetuosidad.- ¡Apoderémonos de lo que
es nuestro! Y si tú tienes derechos, yo también los tengo y sabré soslenerme en ellos!
-¡Por supuesto! Ya veo que eres un bravo compañero y hombre de los que sienten
como yo. Bebe más vino, y oye una cosa.
.Ese señor tuyo, que le oprime y no te con-

461

-No veo razón para que no seamos camaradas,-dijo Wulf á Wardo

cede ningún derecho, que le arrebata lo que
es de tu propiedad. se encuentra en lus manos: ha comelido un crimen gravísimo acogiendo en s~ palacio á un asesino, y por ello
merece castigo.
Wardo movía la cabeza, con los ojos medio cerrados p'&gt;r el sueño de la borrachera.
- -Proporcióname una llave. y te daré tanto oro como puedas llevar sobre tus espaldas,
-le dijo Wulfolvidando la prudencia en la
fiebre de su codicia.
-¿Una llave? ¿De la casa de mi señor'~
¿Para qué he de hacer yo eso?
.
-1No sufrirás daño algunol-aprem1aba
Wulf desesperadamente.
Wardo, tambaleándose, abandonó el canapé en que estaba echado, y agarrándose al
hombro de Sada para sostenerse, se irguió
vacilante sobre Wulf, diciéndole en yoz alta,
q.ue hizo á todos volver la cabeza sorprendidos:
-¡:Mira, malandrín, yo no soy traidor á mi
señorl Soy hombre suyo en cuerpo y alma,
v su volun tad es mi ley, y su fé es mi fé.
Le he servido lealmente, y así continuaré
sirviéndole. ¿Qué es eso que quieres que yo
haga? ¡Bellaco, bribón!
lnesperadamenle, se inclinó y cogió .á.
W ulf por el cuello de la túnica, y arrastrándole poi· el suelo, le zarandeó y le arrojó

�462

AMOR DE DAMA Y A.\10R DE ESCLAVA

POR ESOS MUNDOS

fuera de la puerta, cerrando esta con un golpazo. Vol"\'ióse después á Sada, como exigiéndola un aplauso por su proeza; y dejándose
caer en el ca11ápé más próximo instantáneamente se durmió.
Tras de cinco horas sin cuento se despertó, y ayudado por Sada, que le arrojaba agua
ftes(Ja en el rostro, montó á caballo y partió
al galope para la casa de su señor. El viento
fresco que reinaba contribuyó mucho á despejar por completo aquella imaginación que
el vino había embrutecido.

m
Era transcurrida ya una semana después
d_el matrimonio de Varia con el capitán Mario, y se acereaba el fin de los festines que
desde entonces se celebraban diariamente
por las noches en el palacio de Eudemius.
Muchos nobles habían regresado á sus hogares, entre ellos los gobernadores de las fronteras orientales, pues se susurraba que los
sajones cometían nuevamente devastaciones é ineendios en toda la extensión de la
costa.
El noble y poderoso Eudemius descansaba
en su canapé de ébano y marfil con la satisfacción del hombre que cree haber cumplido un deber. L0s deseos de su corazón se
veían satisfechos: tenia un hijo, y su raza,
que amenazaba extinguirse, recibia nueva
fuerza y nuevo vigor. A la suave luz de las
bronceadas . lámparas, la faz de Eudemius
aparecía más benigna y en sus ojos hab'ía
mayor bondad. Extendió una mano y tocó la
campana que había cerca del canapé. lnmediatamen te, se presentó Mycon, jefe de los
eunucos, al cua,I dijo su se1lor:
-Ordena á Cyrrus que traiga aquí su
lira.
Muchos y muchos dias habían pasado
desde que Eudemius dió la última vez tal
órden; desde entónces, los gemidos de sus
esclavos fueron para él música que le servia
de distracción. Por eso, al conocerse en toda
la casa, antes de que transcurrieran cinco
minutos, la milagrosa noticia, 1a servidumbre sonrió de alegría y bendijo á Varia
causa q¡¿izás de que para ellos alboreara~
días fehées.
Llegó el músico hasta la cámara de Eudemius, y la luz que alumbraba la habitación se reflejó en el bastidor de plata de la
lira. Recoi:rió Cvrrus con los dedos las cuerdas del instrumento, y empezó á ejecutar
u~a suave y dulcísima melodia; luego, cambio el1tono, y las notas de la lira se desprendían corpo deseos no cumplidos y ruegos no
contestados. Dos lágrimas, las lentas y difi-

ciles lágrimas de la edad, rodaron por las
rugosas mejillas de Eudemius y fueron á
perderse en los almohadones de seda en que
apoyaba la cabeza.
-¡Hija mia!-murmuró.-¡Hermosa hija
mía!
. En aquel momento, la patética y poco estimada belleza de su hija parecía conmoverle más que nunca antes le conmovió.

IV
Por aquella hora hallábase Varia sola en
su cámara, esperando la llegada de su esposo y señor. Vestía finísima túnica de seda
color rosa y no estaba adornada por ninguna alhaja, presentan~? desnudos el cuello y
los brazos. En sus me11llas aparecían huellas
de lágrimas, y sus párpados se cerraban de
cansancio y de sueño. Su imaginación vaaaba en un mar de soledad al verse arranc:Cla
de sus antiguas habitaciones y despojada de
todo aquello en que pudiera ampararse.
Se levantó de la silla en que estaba sentada y se dirigió á la Yentana que daba al járdín, con movimientos intranquilos, como tímido ~ajarillo enjaulado. El jardín se hallaba desierto, desolado y triste en la neblina
de la luz lunar. Varia extendió los brazos hácia fuera en vagas súplicas.
--¡Quisiera encontrarme ahora ahí,-exclamó dulcemente-donde los árboles mur~uran .Y el lago duerme, y donde sólo pudiera 01r la melodía de una voz! Se ha ido
él, lo han separado de mí, sin que yo sepa á
dónde lo han llevado. Y ansio verle deseo
d_eslizarme en sus brazos y descan~ar por
siempre en su pecho, porque así no sufriré
miedo alguno.
Una ráfaga de viento se levantó lentamente por entre los árboles, como aleteo de invisibles alas, y Varia se e:xtremeció. La luna
se obscurecía por entre las movibles nubes,
y al aparecer nuevamente dibujaba los árboles como inmensas manchas de siniestra
sombra. En uno de estos claros de luna
Varia vió ~n e_l jardin una forma negra, que
volaba, ~as bien que corria, á rápidos y disparados mtervalos. Los ojos de la jóven se
dilataron con temor nervioso.
- ¡Nerissa!-llamó con voz entrecortada y
temblorosa á su doncella.
Cruzando el espacio, llegó hasta ella, haciéndola palidecer, un ruido extraño. ·
-,i.Por qué, amada mía, te ocultas de mi?
:-dijo ~na voz c.1si al oído de la joven, que
madvertida y llena de terror pánico lanzó
un grito y corrió á esconderse en un rincón.
Mario, de quien era aquella voz. se inclinó
sobre su esposa, y retirando las manos con

463

su cara se leía una decidida confianza en el
orgullo y honor de Eudelll;ius, del cual espeperaba que no le entregar1a. .
.
Aún había en el palacio vanos nobles JÓ·
venes de los que habían ido para asistir á
las fiestas.
Sobre ellos y s~bre Mario rec~yó la d~fensa de la posesión de Eudem1us. Mano
dictó rápidamente sus órdenes, y uno á uno
iban veloces sus ayudantes á cumplirlas.
Todos los esclavos capaces de llevar las armas fueron equipados en el acto con cuanto
existia en la armería, y estacionados por
intervalos á lo Jarao de las paredes exteriores se hallaron i~mediatamente prevenidos
contra una sorpresa. Las luces, continuamente abanicadas
p o r el pasar y
repasar d e I a s
gentes , empezaron á lanzar un
resplandor tiiste;
las antorchas reJampagueabanhorriblemente despidiendo huV
mo de malíEn la posimo olor.
sesión de
Consiguió
Eudemius se
Mario conooían los pricer el estado
meros ruidos
c.::c:.c..""'"""' ·
preciso d e 1
ocasionados
Pe I igro que
por gentes
corrían lleganque despiertan de
do hast~ una
su sueño para enventana mu y
contrarse en medio
, . estrecha y pede peligros deseo·' queña ele las
nocidos: voces atehabitaciones
rradas é impaciensuperiores,
-¡Perdón, seil.orl-suplicó el esclavo Mycon á Mario
que .dominaba
tes aturdían 1osco,
rredores; las luces eran llevadas de un lado el resto de la casa. Sus ojos brillaron como
para otro; y hombres y mujeres á medio los del corcel de guerra que olfatea la batavestir empezaban á dejarse ver, preguntán- lla: por todas partes vió luces que interrumdose febrilmente unos á otros lo que ocurria. pian las sombras de la noche, y hasta sus
-Dicen que· sé retirarán si se les entrega oidos alcanzó el ruído que producían el piá Félix.
sar y relinchar de fornidos caballos reteni-¿Y cómo han sabido que está aquí? dos por el freno, y el movimiento y el roce
¿Quién lo ha dicho?
de muchos hombres.
- Y que si no se les dá al hijo del goberBajó Mario en el preciso momento en que
nador de Andérida seremos todos asesinados los de fuera empezaban un intento para forsaqueado el palado.
zar la puerta de entrada á la villa de EudeEntretanto, en el gran patio hallábanse mius. Los ánimos de las personas reunidas
reunidos los hombres en rededor de Eude- en esta posesión, especialmente las mujeres
mi.us y de Mario, que celebraban apresurada y los ancianos, hallábanse muy deprimidos
consulta. Félix, conservando cuidadosamen- ante la osadía de los revoltosos; y para conte en cabestrillo su herido brazo, estaba fortarlos aseguró Ma.rio que, aún cuando los
cerca del grupo; su rostro aparecía flácido y sitiadores consiguieran pasar la puerta, no
blanco, y á cada grito de las turbas sitiado- podrían avanzar un paso más pues lo imras pidiendo su vida; se extremecia; pero en peairia una muralla de lanzas y de espadas

que se cubria el rostro, dióse á conocer á
Varia conduciéndola hasta el canapé, donde
la sentó, haciéndolo él á su lado.
En aquel mismo momento se dejaron oir
unos golpes insistentes en la puerta. Mario
suavizó una maldición, y á grandes pasos
fué á abrir aquella.
El esclavo Mycon que estaba en el umbral,
balbuceó servilmente, como el que se ve
sorprendido en flagrante delito:
-¡Señor, perdón! Pero se observa algún
tumulto fuera de la villa y mi amo pide
vuestra presencia. Parece que estamos sitiados por bárbaros que se han arrastrado
hasta cercar la casa.
-Dí ,á tu señor que voy en seguida,-respondió Mario.
Y apenas ~
desapareció e 1
esclavo por el
corredor, Mario
marchó tras él,
dejando sola á
su esposa.

y

�464

POR ESOS MUNDOS

466

A.MOR DE DA.lllA. Y A.MOR DE ESCLAVA

que encontrarían á su frente los bandidos.
No aceptaron como convincente esta afirmación los huéspedes de Eudemius, atemori;i:ados hasta no poder más ante la actitud de los sitiadores; y entónces Mario, para
evitar que este ejemplo sirviera de punto de
partida á una indisciplina entre los hombres
armados con quienes contaba para la defensa,
adoptó todo un riguroso sistema militar tratando á damas v caballeros como si fueran
reclutas y destin~ndolos á servicios auxiliares de la mesnada que se disponía á impedir
la entrada de los bárbaros e11 aquello;;: dominios.

darse cuenla, en su interior despertaba el
extraño instinto de raza, producto de una
sang1·e en la que no había ni una gota de
pusilanimidad )' de una casta que fué más
grande que la de reyes. Pero de nada sirvió
á la hermosa jóven su arranque de valor,
porque mientras uno de los bandidos se
apoderaba de una copa de oro adornada de
rubíes, los otros dos se lanzaron á un tiempo sobre Varia. Cuando ya estaban para alcanzarla, el bombrn más alto empujó á un
lado á su compañero; el cual, empui'iando su
daga, quiso imponerle su voluntad diciéndole:
-Yo soy el que hasta aqt1í os ha traído, y
VI
por tanto á mí es á quien pertenece el derecho de elegir. Tú dedícate con ese otro á reEn tanto, hasta la cámara ne Varia, ll!'¡!'a- correr esta parte del palacio, que parece soban los clamolitaria v abandores y la confunada por sus mosión de los que
radores.
desde fuera pug-No reconaban por ennozco tu autoritrar y de los r¡u(•
dad,-replir.ó el
desde el interior
o t r o por toda
lo impedían,
contestación, al
aunque el punto
tiempo que adeefecli vo del alalantándose hasque estaba b11.sta Varia precipitante lejos d e
tadamente resella para que
balaba en el pupudiera enterarlimentado piso,
se minuciosav caía cuan larmente de lo s
go era á los piés
sucesos.
de la jóven, que
De prClnto,
prorrumpió en
desde la ventaalaridos de ter-,a en que se harror.
llaba asomada ,
Wulf, que no
distinguió varios
era otro el que
bultos que surreclamaba deregieron precipita\\'ulf empuñó su daga par-a imponerse á su compailer~
chos que no tedamente entre
nía en aquella
las sombras de la noche, oyó el ruido de es- casa, saltó sobresucompañeroycogió á Varia
puelas sobre los escalones de mármol, y vió en sus brazos, oprimiéndole J.a cabeza contra
cómo un hombre, y otro, y otro, entraron en su pecho. Pero ella luchaba y gritaba cuanto
la iluminada cámara.
le permitían sus fue11Zas, como grita la liebre
El primero de ellos, de baja estatura, ar- cuando los sabuesos la acosan hasta obliqueadas piernas y barba rojiza, fijó sus ama- garla á rendirse.
rillos ojos en Varia, mientras los dos que le
Oyéronse en esto pasos precipitados en el
seguían, que eran altos, rubios y barbudos, corredor.
llevaban dagas desenvainadas y redondos
Era Wardo, que con algunos esclavos,
escudos· de piel de toro en el brazo iz- llegaba á tiempo de auxiliar á su ama y
quierdo.
señora. Dirigió una certeza estocada con la
Varia se había escondido, llorando y temespada que blandia al corazón de Wulf, y el
blando ele miedo; pero cuando el primer bár- bandido cayó al st1elo mortalmente herido,
baro cruzó el sembral de su cámara, le hizo mientras sus otros dos camaradas huían de
frente, como criatura desesperada que se aquel lugar y se perdían en vergonzosa fuga
cree en el mayor peligro: sin saberlo, sin entre las obsouridades del jardín.

VII

nuevamente la obscuridad del crepúsculo,
empezaron á salir los que se habían ocultado
Cuando el alba- hi-to blarlquear las prime- en el bosque de Anc.lérida. Unos iban á pié y
Yas y débiles líneas grises á través de la re- otros á caballo, llevando á su frente al rojo
-gión de las sombras; los bárbaros, batidoa y Wulf, que montaba un gran corcel bayo.
burlados por las gentes de Eudel.nius, se re- Wardo, desde su atalaya de los tejaaos, los
tiraron para espiar ocultos los movimientos vió á lo lejos; vió también que aún cuando
que hubiera en la villa de aquel poderoso la noche anterior habían sido muchos, ahora
noble romano, el cual, en cuanto amaneció se habían quintuplicado, constituyendo un
despachó un esclavo de confianza al ponien- ejército decidido al saqueo, capitaneado por
te para impetrar la ayuda de las autoridades un bandido.
-civiles, y otro á sus propias gentes de las
El esclavo avisó á Mario, el cual subió al
minas, punto más próxitejado para cerciorar-,e por sí mismo, y bajó
wo de donde podía obtemal impresionado. Buscó á Eudemius, que
ner auxilios.
se ocupaba en recoTambién la prirrer las defeasas de la
mera claridad del
casa, y le dijo:
alba puso á l a
-Esa trailla roja de
'Vista de todos el
perros infernales vuelcadáver de Hito,
ve contra nosotros en
apuñalado p o r
número cinco veces
la espalda , yamayor que anoche. Tú
&lt;iente cerca de la
sabes que yo no sof,
pequeña puerta
d e los q u e vuelven\
del jardín. que
la espalda cuando es·
-conducía al extepreciso pelear ; pero
rior.
tenemos que fiMuchos de los
jarnos e n 1_a s
huéspede s de
mujeres y niños
Eudemius abanque hay en la
donaron precipi'villa. A es os
tadamente la vibandidos quizás
lla aprovechando
podamos hacerlas primeras ho] es frente du,
ras de la mañaranle una hora, apenas
na. Eudemius no
un poco más, pues sólo
quiso retenerlos,
contamos coH quinientos
pues tenía bashombres para la defensa.
tan te eon lo su-Entonces, -observó
y o para defenF.udemius-¿ crees opor·derse. Félix, el
tuno que nos pongamos
hijo del gobernaen salvo antes de• que
Los
sajones
trabaron
pelea
entre
sí
disputándose
el
botln
dor de Andérida,
lleguen los bárbaPos?
de la casa de Eudemius
permaneció en
-Si,-respondió Ma1a villa, para ampararse en ella de sus ene- rio-si es que nos dan tiempo para ello.
migos.
-Creo que sí,-replicó Eudemius.--DisComo los bárbaros no atacaron aquel día ponemos de carrozas y cabaUos, y yo daré
la posesión de Eudsmius, éste y Mario se· órdenes para empaquetar todos los papeles
dedicaron á dirigir el des.pejamiento y orden y cosas de valor que podamos recoger.
,de la casa, el refuerzo de las barricadas y la
Olra vez en la villa reinó el movimiento:
instrucción de los esclavos para cualquier los esclavos corrían de uno á olro lado con
servicio ulterior q 11e fuera preciso.
rollos y paquetes bajo el brazo; se cargaban
-Gonfío en que los mensajeros á quienes cajas bien sujetas con correaje en mulas podespaché n-0 errarán el camino,-dij-o Eude- derosas; las carrozas se disponían con cabamius.
llos que piafaban de impacienéia. Se abrie:- Los a{Jxilios no pueden llegar antes de ron las puertas de la villa, y á todos, menos
mañana por la noche,-oontestó Mario.- á algunos mayordomos y esclavos, se les
Muy mal tiene que irnos para que no poda- permitió marchar: salieron de la viJl&lt;l como
mos resistir hasta entoaces.
hormigas cuyo hormiguero ha sido destruiCuando los rayos del sol poniente hirieron do, y se extend-ieron hácia Oeste.
i

�466

' :

POR ESOS MUNDOS

-Si tuviéramos que separarnos durante
la noche, fijaremos el sitio en que hemos de
reunitnos,-dijo Mario, que afianzaba mediante correas un paquete de provisiones y
un frasco de vino quellevaba en el arzón de
la silla.
Eudemius hizo signos afirmativos, mientras oprimía debajo del brazo muchos papeles que un esclavo iba tomando y colocando
en una caja.
-En Londinium nos reunirernos,-dijode donde yo saldré para Galia tan pronto
como pueda. Allí nos esperaremos unos á
otros.
- Cierto,-dijo Mario.- He pensado en
eso. El mejor plan será dirigirnos desde aquí
al Oeste, hacer un semicirculo y ganar el
camino de Bibracte cuando los sajones se
hallen distraídos en el destrozo del armazón
del edificio, para volver luego hácia oriente,
l' llegar así á Londinium.
Mario levantó en brazos á su esposa y la
hizo entrar en el carruaje, encargando á
Wardo que llevara las riendas y siguiera
inmediatamente después de la carroza que
ocupaba Eudemius, que este mismo guiaba y
que traspasaba ya la gran puerta. Mario saltó á la silla de su caballo en el momento en
que el animal se encabritaba de impaciencia, se ajustó en los estribos y galopó con
gran velocidad, chocando su espada contra
la armadura que cubría la pierna.

VIII
Cuando el sol desaparecía en Occidente,
empezaba en los majestuosos salones de la
gran casa de Eudemius una orgía cuyo escándalo y estrépito llegaron hasta lo indecible y nunca visto.
Cuando los bárbaros que se posesionaron
de ella hubieron comido y bebido ha~ta que
no pudieron más, trabaron pelea entre ellos
mismos disputándose el reparto de lo roba-

do, y de la pelea resultó muerto su jefe~
Wulf.
Después de esta lucha, en su frenética
borrachera intentaron poner fuego á la villa. En medio de esto, mientras recorrían
destrozando y devastando todas las habitaciones y mientras en cada patio había su correspondiente grupo de camorristas beodos
que maldecían y peleaban en la obscuridad
bajo la vacilante luz de algún farol, un destacamento de milicias, en cuyas manos estaba el mantenimiento de la ley y el órden público, cayó sobre los bárbaros cogiéndoles
desprevenidos.
Trabóse sangrienta batalla bajo el expléndido dosel de las estrellas, retumbando los
suntuosos salones del palacio con el choque
de las armas y el incesante del ir y venir de
1os combatientes. Hombres cubiertos de
bronceadas armaduras se desplomaban en
tierra cubriendo con su sangre los marmóreos pisos.
Una hora antes de amanecer llegó de poniente un cuerpo de mineros con los piés
destrozado, por la forzada marcha. Estos mineros venían armados de picos, que manejaban éon gran habilidad y empleaban de distintos modos. Combinados estos dos cuerpos,
la milicia y los mineros , hicieron que la
muerte recorriera salones, patios y cámaras
del palacio de Eudemius, entre el clamor de
los moribundos y los gritos de desesperación
de los combatientes.
Al terminar esta horrible hora, los bárbaros, impotentes para defenderse, huyeron
despavoridos cargados con los despojos que
pudieron robar.
Y al amanecer del siguiente día solo quedaba de la hermosa posesión de Eudemius
un naufragio, espantoso por su desolación: el
péndulo del Tiempo había empezado su inevitable descenso, y donde todo fué antes
poder y grandezas no quedaban ahora más
que cenizas de pompas y orgullos.

( Continuará)

1711,~traciones de Reina Infante

Inundación de Málaga.-Altura que alcanzó el agua desbordada del Guadalmedina en la avenida del 2¼ de
Septiembre último

ACTUALIDADES
LAS INUNDACIONES

Nota triste es esta con que el cronista da
comienzo á la presente sección de POR Esos
MUNDOS. Pero requieren que así seá las
inundaciones que durante el último mes han
asolado algunas provincias de España, especialmente Málaga, Barcelona y Lérida.
En Málaga, en la madrugada del 24 de
Septiembre pasado, descargó sobre la bella
capital andaluza y pueblos comarcanos una
terrible tormenta, acompañada de lluvia torrencial que aumentó rápidamente, en solo
una hora de continuo llover, el caudal del
río Gnadalmedina, que se desbordó saltando
las márgenes en varios kilómetros de extensión de sus riberas, devastando los pueblos
y cayendo sobre la misma .Málaga, cuyos barrios e.e la Trinidad, Perchel y Capuchinos se
vieron inundados. Algunas vías céntricas de
la población, hasta las proximades de la Catedral , quedaron convertidas en arroyos
caudalosos. Ante el incontrastable empuje de
las aguas cedían las pue1:tas de las casas y
eran arrastrados muebles y fardos de mer-

cancías, Las pocas personas á quienes sorprendió el temporal en las calles, sin tiempo
apenas para escapar á sus casas, gritaban
demandando un auxilio imposible de prestar. El ruido de los verdaderos torrentes que
corrían por las calles apagaba las señales
que con los silbatos de alarma y disparos de
revólvers daban los serenos encaramados sobre las rejas de los edificios.Las campanas de
la Catedral volteaban incesantemente, despertando sobresaltado al vecindario. Desgraciadamente, toda tentativa de salvamento era
inútil en los lugares azotados por las aguas.
Los vecinos de las casas inundadas se refugiaban en los pisos superiores, sin tiempo de
librar de la catástrofe más que sus personas,
y sin esperanza de ajeno auxilio porque era
ahsolutamente imposible llegar hasta ellos.
El aspecto de la población no podía ser más
lúgubre aquella noche. Por todas partes se
veían pobres que pedían una limosna sollozando: fué preciso repartir raciones de rancho á los damnificados que quedaron en la
miseria.
Es imposible dar idea de la tristeza en la

�468

ACTUALIDADES

POR ESOS MUNDOS

ciudad en los primeros días de la catástrofe.
Hubo que registrar en la capital 32 muertos, 23 en Vélcz-Málaga, 21 en Colmenar, 13
en Benamargosa, y 13 más en otros pueblos
limítrofes bañados por el Guadalmedina: en
total, 102 muertos, según las estadísticas oficiales publicadas, cifra que hU,biera sido mucho mayor á no ser por el heroísruo, la serenidad y los sentimientos humanitarios de
que Málaga y sus pueblos hicieron alarde en
la noche del d~sastre. •No cabe hacer más
de lo que á esle propósito se hizo,-dicc un
periódico diario.-Murieron. solamente los
desdichados á quienes el agua sorprendió en
los primeros momentos, arrastrándolos fuera
del alcance de las humanas fuerzas. Los que
pudieron resis~ir y demandar auxilio, fueron
salvados todos. El gobernador, la Guardia
r.ivil, los marinos, los soldados, el vecindario,
tan pronto oomo empezó la catástrofe, acudieron en auxilio de los anegados, y lo prestaron en medio de la obscuridad, porque las
a1uas destro7,aron los cables y las tuberías,
siendo preciso improvisar el alumbrado público con bujías, no suficientes en número, y cuya temblona luz hacía más dolorosa
aún la impresión desoladora de los lugares
inundados». El pánico más espantoso se apo-

deró de los malagueños, y se comprende que
así fuera hoy que, pasados los días, puede
apreciarse todo el horror de la catastrofe.
Esto en Malaga; que en Barcelona y Lérida también han causado grandes perjuicios,
aunque no en aquella magnitud, las inundaciones. Desbordados el día 11 de Octubre
último el río Cardoner y el Scgre, subieron
ocho metros sobre su nivel ordinario, inunrlando las poblacioues que bañan, especialmente Manresa y Lérida, invadiendo las
casas, inutilizando las subsistencias y destruyendo las cañerías del alumbrado público,
dejando á obscuras, por tanto, las poblaciones, con lo que aumentó el terror de aquellas vecindades. Para acudir al salvamento
de las personas cuya vida peligraba y evitar
en lo posible la obra destructora de la inundación, trabajaban desde los primeros instantes brigadas de los municipios, fuerzas de
la Guardia civil y soldados del Ejército· pero
esto no ha impedido que las cosech~s se
hayan perdido por completo bajo la espesa
capa de légamo y piedras que cubrieron los
campos, ni que las comunicaciones se hubieran interrumpido aislando I os puntos
inundados y haciendo así más difícil el socorro y auxilio de los damnificados.

Aspecto que ofrecía la población de Manresa, tn la provi~cia de Barcelona, después de la inundación del 11 de
Ootubre ultimo

El rey Don Alfonso XllI y el jefe del Gobierno, señor Maura, salieron para Málaga y
la región inundada en Cataluña, vif'ilando
los lugares que han sufrido perjuicios, socorriendo á las personas con auxilios pecuniarios, prodigándoles frases de consuelo y haciéndoles promesas de ayuda oficial.
EL TENOR CONSTA~TI

469

En Madrid, en la función organizada por
el Centro Bético a beneficio de los perjudicados por las inundaciones de Málaga, que
se celebl'ó en el Teatro de Apolo, cantó el
racconto de Lohengi·in y la romanza de
Cavaradossi de Tosca, con sentimiento exquisito de bm,n arlisla, viéndose obligado á
repetir la última de dichas paginas musicales para correspondcl' a la ovación que el
público, selecto y distinguido, le tributó.

El público de Madrid ha sancionado con
sus aplausos la fama de r¡ue venía precedido
LA REFOR?.!A DE LAS COSTU:\IBRES
el tenor catalan
Angel ConstanUna real órtí. En un banden del ministro
quete con que
de la Gobernavarios amigos
ción, señor La
suyos le obseCierva, dispoquiaron hace un
niendo el cierre
mes, cantó vade las tabernas
rios fragmentos
á las doce y mede óperas, dedía de lamadrumostrando pogada y una hora
seer facultades
despuésel de los
muy excelentes,
cafés, amén de
preciosa y bien
prohibir los dotimbrada y semingos la apergura voz y gran
tura de las prifacilidad p a r a
meras, h a 1 e emitirla.A parte
vantado gran
sus condiciones
discusión acerca
natural es de
de su oportunicantante , Liene
dad y de la parConstantí m u ticipación q u e
eh os méritos,
cabe a las autoe o m o son los
ridades e n I a
que aquilatan su
obl'a de refornombradía d e
mar las costumartis ta . II a e e
bres sociales y
algunosaños era
extirpar estas
en Barcelona un
cuando no son
pobre carretero,
lodo lo buenas
sin instrucción
Don Alfonso XIII du1ante su vbila ií los lugares inundados t•n
que la moralialguna. Cierto
Málaga, atravesando el río Guadalmedina sobre un puente providad y e¡ bien
.
l
s,onal hecho con tablones
, bl'
..
ia,
á
a
puerpu 1co exiJen.
d
ta de un ventorro oyéronle algunas per;,onas
Deja el cronista á los sociólogos la discucantar una copla, y ht1bo desde entónces sión y resolución de este aspecto de la cuesquien se interesó por él y le tomó bajo su tión; pero no puede menos de reproducir
•tutela. En poco tiempo, su consta!'!cia en el una opinión interesantísima en lo que conestudio hizo que aprendiera á leer y escri- cierne al cierre de las tabernas en domingo,
bir, y con la misma voluntad que alcanzó opinión de verdadero valor porque procede
las primeras letras aprendió m ísica, fran- precisamente de la parte de población que
cés é italiano. La Diputación barcelonesa le mas concurr~ a dichos establecimientos, de
pensionó para que hiciera sus estudios artís- la gente obrera, cuyo representante, el Centicos en un conservatorio, y salvó su carre- tro de la calle de Relatores, ha publicado en
ra con premios y medallas en todos 1os cur- El Imparcial, con motivo de la información
sos. Después, en el Liceo de Barcelona, en' abierta por dicho periódicoac!lrca de la cues•
el Real de Lisboa, en Génova, Marsella, París, tión que motiva esta nota de nuestra cróniValencia y Zaragoza, los-éxitos le han acom- ca, los siguientes párrafos:
pañado siempre.
«Los trabajadores de Madrid salen favore-

,.

�471

ACTUALIDADES

El rey Don Alfonso Xlll presenciando los destrozos ocasionados por la inundación en la fábrica de gas de Manresa

-cidos con el cierre de tabernas á las doce de cincuenta y dos domingos que tiene el año,
la noche y con la clausura los domingos. las tabernas madrileñas se tragan más de
El día 1. 0 de Octubre pasado se reunió la medio millón de pesetas, distraídas en el
~omisión Adminis•
copeo, del jornal del
J obrero. ¿Se suprimitrativa de 1 CeI!.tro,
,Y ante ella fueron 1
rá esto en absoluto?
leídas 1 a s disposiNos parece imposiciones ministeriales
ble ; pero bueno es
hoy discutidas y la
que se intente con
referente al uso de
una reforma legislaarmas . Todas ellas
tiva q u e nosotros,
merecieron· elogios
1 asociados ó socialisunánimes, y en
; tas, no podemos miconsecuencia se rerar con malos ojos.
comendó á los deEsa es la razón ecol e g ad o s d e 1 as
nómica. En cuanto á
.ochenta y e ii atro
la razón de higiene,
sociedades obreras
no esnecesarioenun.adheridas al Centro
ciarla siquiera . E 1
que ayuden á su
obrero necesita e 1
-cun;ipli míen to. En
domingo para el desel centro obrero se
canso. ¿Es descansar
conoce in timamenmeterse en un local
te la vida del tra~
rasi siempre estre-·
.:bajador, y por eso
cho, en una atmósfejuzgamos c o nvera enrarecida, discu. ni entes l as restrictiendo, bebiendo un
Don Angel de Constanti, tenor de ópera que ha cantado
-ciones. H a y p a r a con
vino que poco á poextraordinario éxito en el Teatro de Apolo, de Madrid
eello razones econóco le destroza, vien_micas, razones de higiene y sentimientos do cómo pasan las horas cada vez más turmu y ate11dibles de índolP, familiar. En los
bias y más propicias á la querella, al escán-

r

.i

1

Don Alfonso Xlll y el jefe del Gobierno á burdo del vapor Catalutia que les condujo desde .Málaga á Barcelona

�472

POR ESOS MUNDOS

dalo, al crímen? En el caso mejor, el obrero
no gana nada con ese descanso. Al contrario,
pierde. Y ambas razones se reproducen en el
hogar; por eso nuestras
mujeres, la mujer del
obrero, vota por el cierre de las tabernas.»

EL EMPERADOR DE AUSTRIA

Publicamos el retrato de Francisco José 1~
emperador de Austria
y rey de Hungría, cuya personalidad ocupa
hoy la atención política internacional porLA CONDESA DE
1a grave enfermedad
MONTIGNOSO
que padece.
Este monarca cuenta
La crónica mundana
setenta y cinco añoR dese ha ocupado extensaedad, y por eso la ensamente en la persona
fermedad causa mayorde la princesa Luisaansiedad que si no enAntonieta-María, ex contrara achacoso y
reina de Sajonia, con
debilitado el organismomotivo de su boda con
físico; las cortes euroel pianista italiano Enpeas temen la muerte
rique Toselli.
del decano de los moEsta princesa Luisa,
narcas por las complique antes de ahora ha
caciones que pueda
d ad o que hablar al
traer, no solo á sus domundo por sus aventu. minios, sino á la políras amorosas, es aún
tica mundial, pues es.
una hermosa mujer, á
opinión muy acentuap_esar ?e SUS treinta Y Princesa Luisa, ex-reina de Sajonia, qne ha contrafdo da la de que con la dessiete anos de edad. Es
matrimonio en Lóndres con elaparición de Franciscohija del gran-duque de
José I desaparecerá
Toscana, y era princesa imperial y archidu- también la unión de Austria y Hungría. dos.
quesa de Austria al contraer matrimonio el países que nada tienen de común entre sí y
año 1891 con el actual rey de Sajonia. a;¡¡c crue el respeto y el cariño al referido monarse divorció de su espoca no ha desligado ya.
sa en 1903 acusándola
en más de una ocasión.
de infidelidad con e l
preceptor de sus hijos.
DOS CUADROSDEL GRECOLa princesa Luisa
adoptó entonces el títuEn la ermita de San
lo de C o n d e s a de
José, de Toledo, había~
Montignoso, que sigue
y hay, joyas artísticas.
usando, y después de
De estas, dos cuadros.
recorrer varias poblade Domenico Theotoconiones fijó su residenpuli, El Greco, que recia en Lóndres donde,
producimos en es tas.
cuando nadie lo espepáginas, harr sido venraba, ha contraído madidos á una casa frantrimonio con el músico
·cesa, con objeto d e
Toselli.
atender con el importe
Este enlace ha caude la venta á las cargas
sado profunda impreque pesaban sobre la
sión en la corte sajona
fundación encargada dey algún malestar e n
sostener aquella ermilas de Austria y Berta.
lín; circunstancias que
La prensa tóda h a.
h a n hecho aumentar
protestado de que esos.
en e I corazón de la
tesoros artísticos vayan
$ignore Enrico Toselli, pianista italiano
ex-reina su amor por
á parar á manos exsu nuevo marido, según manifestaciones que trañas, y en el Parlamento se han dejado oírha publicado el ilustre escritor William Le voces en petición de lo mismo; pero como.
Queux, que asistió como testigo á la boda.
no está dentro de los límites de la acción gu-

Emperador de Austria Francisco José J, cuyo estado de salud despierta gran ansiedad en las cortes europeas

�4:74

POR ESOS MUNDOS

bernamental castigar, ni menos impedir, tal
como las leyes se hallan estatuídas, esa venta de cuadros, lo cierto es que las dos citadas
obras de El Greco pueden considerarse desaparecidas para siempre de
España.
El (h-eco no
era español; nació en Creta hácia los años
1548, pero vino
á este país en
1577, si no antes, estableciéndose en Toledo,
donde murió en
1625. En nuestra imperial
ciudad hizo lo
mejor de sus
trabajos, y allí
pintó el bellisimo cuadro Jesucristo d e spojado de sus

española. Téngase presente que este cuadro
está pintado con un siglo de anterioridad á
Velázquez, que hasta él nadie había pintado
con esa ejecución y desenvoltura, que fué lo
que caracterizó después
nuestra pintura: todo lo que
se había hecho
en España estaba más ó roen o s inspirado
en 1 a escuela
alemana y en
la de Rafael y
de sus discípulos , es decir,
enteramente lo
opuesto; género
desabrido y seco y que tan
mal se amoldaba á nuestro
carácter nacional. Se ha criticado el citado
ves ti duras,
cuadro dicien«obra-dice un
do que la parte
comenteristaalta, la que reen que ha sido
presenta la Gloreconocida toda
ria, es muy inla manera del
ferior á la parte
Tiziano. Por dibaja. Con percho cuadro redón de los crícibió e n pago
ticos, me pare119.000 marace la parte al ta
vedíes (875 peadmirable; no
setas), que 1 e
hay más que
dió el Cabildo,
algún nubarrón
de quien recid'e los que El
bió además
Greco solía ha200.000 marae er para unir
v e dí es (1.500
lo terrestre con
pesetas), por el
lo celestial, que
ornato d e esofusca un poco
cultura, que
la vista á los
también había
que no miran
trabajado».
con detención
«El segundo
aquel Cristo.La
cuadro que á
Virgen y los
El Greco se
Santos que le
encargó en To-1
rodean son una
ledo es el más
mar a villa de
maravilloso de
color Y de estodos 1os supíritu.'No hablo
La ~antisima Virgen co11 el Niño .Tesú, e,i los brazos.-Cuadro de
El Greco vendido en Toledo
yos,- sigue didel conde de
ciendo el mismo
Orgaz ni de 1
comentarista.-Representa El entierro del
obispo y diácono que le sostienen, ni de los
conde de Orgaz. Según Rico, «puede decir- caballeros que rodean la escena, porque el
se de él que es el fundamento de la escuela que quiera encontrar el verdadero tipo de la

ACTUALIDADES

475

jor. La mayor parte de las iglesias de Toledo
tienen algo de Theotocopuli. Rico escribía
en 1894, refiriéndose á dicha ciudad y á las
obras de Theotocopuli: «En San José hay
un a As ce nsión de la Virgen, pre c10sa... ; en San
Lorenzo ha y
• otra As censión de lo bueno su yo; pero
colocaron delante del cuadro u na efigie
de madera de
tamaño natural,
digna de un villorrio y,lo que
es peor, apoyada en la tela,
de manera que
el cuadro está
sofriendo. En
Santiago el antiguo también
existen otros
cuadros.»
Tuvo el artista
un pleito con el
cabildo de Toledo por haberse
negado áborrar
las Marías de
uno de sus cuadros . Por tal
causa le metie·r on unos días
en la cárcel de
la Inquisición,
El sueño de
pero las Marías
Felipe lI, del
no se borraron.
que ha dicho
Ignoramos cóRico: «Se ve el
mo se acabó el
retrato del mopleito. Su cuanarca, tan bien
dro del Entiecaracter i za do
rro de Orgaz
que quüás sea
se halla en Touno de los meledo en la pajores. Es este
rroquia de Sanretrato el retrato Tomé. En Mato moral del
drid se hallan
segundo de los
· en el Museo del
Austrias; lástiSan Marlin á caballo e,i el aoto de parttr Za capa con un pobre.Cuadro da El Greco vendido en Toleilo
Prado diez lienma que esta jozos de Theotoya esté colocada muy alta y en malas codiciones para po- co puli, á saber: seis retratos de hombre, Jederse estudiar.» En la misma sacristía se en- sucristo difunto en brazos del Padt·e Etercuentra también un obispo, creemos que San no, Retrato de un médico, Retrat-0 de Don
Blas, que es de lo bueno suyo, repetición Rodrigo Vázquez, presidente de Castilla, y
de o1ro cuadro que está en Toledo, pero me- San Pablo. De que Theotocopuli manejaba

distinción y caballerosidad españolas de
nuestra gran época, no verá otra página más
sublime; época de la cual tenemos algunos
retratos, pero que no la evocan tan completamente, si así
puede decirse.
Dice la historia
de Toledo que
este cuadro lo
encargó el cura
de Santo Tomé,
el cual está retratado en primer término,de
sobrepelliz;
bien merece
haber pasado á
l a posteridad ,
por haber t e nido tan feliz
idea: la posteridad se lo seguir&amp;, agrad.ec i en do. »
E I cu airo
de San Miittricio, tam))ién
llamado dé los
Mártires, · está
firmado e!t griego y dice de
dónde era originario_el artista. En la sacristía del monasterio del Escorial existe otro
cuadro del
Theotocopuli,

�476

POR ESOS MUNDOS

477

ACTUALIDADES

Sen le nu, mer·o la lista de la compañía que ha
de actuar en él y óperas que forman el repertorio.

ñol; y en la Comedia s~ da preferencia al gé:
nero cómico representandose artistas
Pº: excelente:s
obras

La loca de
la casa, una de

Teniente general Don Ramón Echagüe, nuevo
jefe de la Casa Mili lar del rey de España Don
AIConso XIH

I

las mejores
producciones
dramáticas de
Galdós , abrió
este a ñ o I as
puerta s del
Teatro Español,
enelqueRosario Pino, _Emilio Thuillíer y
Francisco P alanca, dan gusto a I público
Don Narciso Sentenach, recibido académico de
Bellas Artes de San Fernando, el 18 de Octubre último

la pluma con tanto acierto como el cincel y setenta y siete años de edad, ya muy entralos pinceles, es buena prueba la defensa que do el 1625. Recibió sepultura, después de
hizo en 1600 de las prerrogativas de las tres suntuosas exequias, en la parroquia de San
nobles artes que
Bartolomé.
cultivaba, conLuis de Góngotra el recaudara, su amigo •
dor de alcabacompuso á su
las de lllescas,
muerte un soque le demanneto que reprodó pretendiendujo Ce á n.
do exigirle I a
Otros dos escrialcabala de lo
bió Paravicino
que había tracon motivo del
bajado en los
retrato que le
te m p I os de
había pintado
aquella villa.
El G1·eco y del
El Consejo de
túmulo que ésHacienda sente levantó en
tenció á favor
Toledo para las
de El Greco, dehonras de la
cla¡ando exenreina Margarita.
tas de todo tributo dichas tres
LA TEMPORADA
·bellas artes. El
TEATRAL
fallo sirvió de
jurisprudencia
. Funcionan ya,
en lo sucesivo
al salir á luz
para otros pleieste número de
tos que se susPoR Esos MUNcitaron contra
Dos, todos los
varios artistas ..
teatros de MaFué Theocopudrid, excepción
li muy querido
hecha del Real,
La reina Victoria saliendo de la Exposición organizada por el Circulo
y respetado en
que abrirá sus
de Bellas Artes, en el Parque de Madrid
Toledo , donde
puertas el 16
su muerte causó general sentimiento, espe- del actual con el estreno de la ópera de
cialmente en los artistas, á quienes protegía Puccini Madama Buttery. De este teay proporcionaba distinciones. Falleció á los tro damos á conocer en otra sección del pre

,., .,..

v a ii devilles
traducidos del
francés.
En losespectaculos del género chico solo
ha de apuntar
el cronista el
Teatro de la
Zarzuela, donde se ha estre-

'Á"
J; nadoLapatria
chica, de 1o s

-

numeroso y selacto q•rn allí ,
acude.
En I a P1in ·
e es a actúan
Carmen Cobeña
y Francisco
Morano , hace
tiempo alejados
de los escenaríos de Madrid;
á Lara ha vuelto Nieves Suárez, que ha dejado de perlenecer á la comEl1
pañía del Espaª

de nuestros mejores autores y

,.,,...

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M Walter Wellman·eensaba llegar

1
p"t~toor~~li~~d~nd:
s1u;unf~ de _partida en Sp1tzberg el 2 •!A
'
Septiembre último
0 0

he rm an os
Quintero e o n
música de Chap í. Toda la
obra es una verdadera maravilla en su género,yelpúblico
lo sanciona así
Uenandodiariamente aquel
teatro y aplaudiendo á los artistas, que interpretan muy
bien La patria

,-,hica.

�LOS GABANES

X, ci~dad española, que no hay por
E qué
citar toda vez que e! episodio poN

día paber ocurrido en cualquiera de ellas,
porque todas se prestan, existía un círculo
aristocrático, con todos los caractéres de
una sociedad legalmente constituida, y, sin
embargo, no se trataba más que de una cas€i
_de juegq, á la cual podía concurrir toda persona que supiera guardar las formas sociales más exquisitas y á la par arrancar de
las entrañas de su cartera las mayores cantidades de dinero que á cada cual le fuera
posible.
A la sazón estaban prohibidos- los juegos
de embite y azar, y tenaz y minuciosamente
perseguidos sus infractores, porque se ejercía una estrecha é inmediata vigilancia cerca de los círculos donde la policía sospechaba que se contravenían las disposiciones
del Gobierno.
Con este círculo de referencia había alguna tolerancia por la calidad de las personas
que acudían á él, y porque los que lo explotaban atendían con mano pródiga á los encargados de vigilarle.
Así las cosas, veíanse bastante concurridas las salas de monte y baccarat, y raro
era el momento en que al rededor de las mesas podía hallarse un asiento desocupado.
Una tarde del mes de Enero, que hacía un
frío glacial que se introducía hasta la médula de los huesos, ví sentarse á un jóven elegantemente vestido en la única silla que se
hallaba vacía de la mesa del monte. Yo asistía á estas sesiones, porque, sin ser juoador
ni haberme visto jamás en condicion:s d~
fortuna para jugar dinero con la premura y
largueza que consienten estos juegos de embite, gustaba de las emociones de los demás,
que se prestan á muy curiosas observaciones del corazón humano, y á ver formarse y desarroUarse grandes tormentas del espíritu.

de

Andábame yo en investigar las muecas
uno de los jugadores perdidosos para enseñorearme del estado de su ánimo, y qu€darme como material útil para mis filosofías con
las impresiones que más lo mereciesen,cuando llamó mi atención el jóven recién llegado.
De un elegante tarjetero sacó unos cuantos
billetes de veinticinco pesetas, de los cuales
arrojó uno sobre la mesa cerca del banquero,
mientras decía lacónicamente:
-¡Al cinco!
De otros lados de la mesa salían voces distintas.
-De salto al rey, y á la carta,-decía una.
-Casado en el tres con las de arriba,decía otra.
-A la cruz.
-De rey y cinco esos diez duros.
- Primeras de arriba.
Se hizo una breve pausa, y el banquero,
después de la pregunta de rúbrica «¿Está
hecho?,, volvió la baraja, y apareció un as en
la puerta. El silencio se hizo profundo: ni las
respiraciones se oían; únicamente el suave
claclido de las cartulinas que desprendía del
bloque la experta mano del banquero, llenaba los ámbitos del espacioso salón, y á cada
nueva faz que presentaba la baraja, los pulmones de los jugadores interesados se oprimían y se dilataban acompasadamente, reflejándose estos 'fenómenos en sus pálidas y
anhelantes fisonomías.
Alguna que otra chanr.a de muy sutil ingenio, parcamente dichas, amenizaban aquellos momentos de horrible sufrimiento.
-¡La sota!-exclamó con voz melillua el
hom):¡re que jugaba los naipes.
Movimientos d e inquietud y levísimos
murmullos siguieron á estas palabras. Después algunas fichas de nácar de distintos tamaños cruzaban con raudo vuelo hacia sitios
diferentes de la mesa, y otra vez tornaron á
oirse las voces que decían:

-La postura de la cruz se retira.
-Veinte duros del tres para el rey.
-Ese billete al rey.
-Esto sobre ocho del rey.
Y el jóven que había perdido un billete
de cinco duros jugando al cinco, arrojó otro
exclamando:
-¡Al tns!
-No vá más,-repuso el hanquero, y
volvió la baraja nuevamente.
- El rey en puerta.
Otro revuelo de
fichas, billetes y monedas, y otra vez los
murmullos y los movimientos de inquietud, y así una vez,
y otra vez, y otra, y
muchas, durante las
cuales aquí se acurrucabau las fichas y
monedas que desaparecían de allí, y
allá reaparecían las
que habían ido para
acullá,en un trasiego
de que solamente la
e a g n o t t e sacaba
substancia y fortu na.
El jóven del tarjetero y y o veíamos
desaparecer u n o á
uno los billetes que
había sacado, sin que
ni en una sola ocasión la suerte le fuera propicia para poder saborear la di cha del acierto y de
ver duplicada la cantidad puesta en j uego.
Con un estoicismo
soberano y unaecuanimidad digna de mejor suerte, el jóven arrojó el úllimo de los billetes del paquete que
había sacado, y poniéndose en pié como
quien se dispone á marcharse porque sabe
que también ha de perder el último, dijo:
-¡Al dos!
El juego ·se hizo, y á la cuarta carta vino
la contraria del dos.
El jóven del tarjetero abandonó el salón
silenciosamente, sin dejar traslucir el más
insignificante pesar. Yo le seguí con la mirada hasta que desapareció detrás del tapiz
que ocultaba la puerta.

4.79

-¡Pobre muchacho!- dije para mí.-Ni
una sola carla ha acertado: debe de ser muy
afortunado eu amores.
Este futil y vulgar comentario fué todo lo
que se me ocurrió dedicar al jóven como
oración fúnebre.
Habían transcurrido unos diez minutos
cuando el jóven volvió á aparecer pegado á
la mesa de juego; pero esta vez con un solo
billete , q u e desde
luego le entregó al
banquero para que
lo uniese á la suerte
d e u n caballo d e
oros.
Breves momentos
bastaron para que el
billete aq uei sirviese
de juego á otro que
estaba en la carta de
enfrente y que entónces era un cinco.
El jóven giró sus
tacones y tornó á salir del salón.
Otro lapso detiempo de diez minutos
tardó en volver con
otro billete de cinco
duros, y esta vez se
interesó en una sota,
que también se negó.
Nueva salida del
salón, y nuevo regreso con otro billete ,
que también se quedó á hacer compañía
á los anteriores.
Esta operación la
realizó doce ó catorce veces, y ya había
conseguido intrigar
basta á los jugadores
más engolfados e n
sus cábalas y apuntaciones para el desarrollo de sus mal'tingalas. El banquero y el pagador le miraban con una curiosidad extremada. En cuanto a mí, me pasaba respecto á él lo que á él
respecto al juego: no sabí11. á qué earta quedarme, ni qué pensar de aquel hombre tan
jóven y tan extraordinario.
Una de las veces que salió, la última, volvió á los diez ó doce minutos con otro billete, que se jugó, y perdió impertérrito.
Todas las miradas se fijaron en él, y, como
lo advirtiese, tomó asiento en la misma silla
que antes había ocupado y que aún s~ b~llaba vacía, y se puso á contemplar los lDCl·

�480

POR ESOS .MUNDOS

-dentes del juego sin hacer caso de la curiosidad genel'til de que era objeto.
En uno de esos mome1itos de silencio en
que los jugadores se pueden distraer porque
están preparando la talla, uno de los puntos
sentados en el extremo opuesto al de nuestro jóven le preguntó en alta voz y con un
tono bastante impertinente:
- ¿Qué le pasa, jóven? ¿Se han concluído
ya los billetes?
-No, señor,- le respondió con gran aplo-

DibuJos de Ka,•ilcato

'

mo.-Lo que se han concluído son los gabanes del guardarropa... Siento decrrles que se
han quedado á cuerpo todos ustedes, y que
hace un frío que se hiela el Verbo.
La estupefacción fué general; pero el jóven elegante, sin inmutarse, sacó de su bolsillo un abultado montón de papeletas de
empeño, y las arrojó gallardamente sobre el
tapete, mientras exclamaba con voz entera:
:;¡;,Ahí están 1 a _s papeletas. ¡Quien no
quiera quedarse sin gabán, que lo de8empeñel
FÉLIX

MÉNDEZ

�Uno de los globos militares del Ejército espaflol haciendo experimentos durante las maniobras de otorio del ario actual

�</text>
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AÑO VIII

OCTlJBRE, 1907

NUM. 153

MAESTROS DEL ARTE

MIGUEL BLAY
su llegada; los que, más indiferentos en artísticos achaques, sólo de oídas, vagamente,
ACE unos cuantos meses la prensa marecordaban al gran escultor, sintieron nacer
drile1ia- con sobrada rar.ón en este la curiosidad consiguiente, viendola en parte
caso-echó á vuelo las campanas del enco- satisfecha cuando, poco después, inauguróse
mio dando notien el Parque del
cia de la instalaOeste el hermoso
ción en la villa y
monum ento en
corte d e un eshonor de Federico
cultor insigne, caRubio.
talán por más sePero esto no
ñas, que, despué~
bastaba: una sola
de varios años de
obra- aún sienresidencia en Pado, c o m o eflta,
rís, venia á traadmirable-no es
bajar entre nossuficiente p ar a
otros. Otro esculfijar la personalitor eximio, dando
dad de un artista.
con ello pruebas
Por eso, con el fin
de s u leal compade facilitar al púlierismo y reco blico datos y elenociendo que en
mentos para coel mundo del Arnocimiento tan
te hay lugar para
interesante, hube
todos, festejó al
de encaminarme
recién llegado orcierto día al estuganizando en su
dio donde este
loor solemnea9acoloso d e I Arte
pe. Con tal motilabor a: estudio
vo, el nombre de
modesto , propio
Blay sonó mucho:
del que solo ha
los que, conocetenido tiempo padores de su genio.
ra luchar, fallánhabían t e n i d o
dole el necesario
ocasión de aprepara rodearse de
ciar la belleza de
una ostentación y
alguna de sus
un lujo, q ue ya
obras , acogieron
acudirán al señuee o n entusiasmo
Relralo de M.i(Uel Bla y, hecho en su estudio
lo de su gloria.

H

�POR ESOS MUNDOS

Cuando me avisto con él, .Miguel Blay hállase terminando, disponiéndose á pasarlo á
manos del vaciador, un admirable grupo que
ha de decorar uno de los ángulos del edificio
que las Sociedades Corales de Barcelona están construyendo en la Ciudad Condal. El
genio del artista resplandece en esta, como
en todas sus obras. Partiendo de abajo para
arriba, se advierten, iniciando la composición, varias bandadas de pajarillos, cuyos
gorjeos engendran la Canción popular, hermosa ninfa cuyas puras líneas vela ténue
gasa. A espaldas de la Canción popular y
como naciendo de ella, surgen divel'sos grupos per~onificando los cantos regionales: los
de la montaña y del valle, representados por
val'ios robustos mocetones de terciada barretina; las cancionesmarinerescas, que entonan unos cuantos lobos de mar con el remo
al hombro; el clásico buhonero, pol'tador de
los cantos medioevalcs; un bellísimo grupo
de niiios, modulando los cánticos de la infancia; una jóven, símbolo de las canciones
amorosas; y una mujer, acunando á su hijito
en sus amantes brazos, mientl'as le duerme
al son del Noy dP la mare,dulce cancionci-

MIGUEL BLAY

lla similar á la Nanita, ncina... Y encima de
todo, coronando el grupo, en arrogante postura que dá digno remate á la composición,
la figura de San Jorge, el protector regional
de Cataluña.
Admirable en conjunto y en detalles la
hermosísima obra, produce en mi exclamaciones de entusiasmo, que el maestro escucha con su peculiar modestia, que tiene visos de hosqueda cuando de recibir elogios se
trata.

II
Como casi lodos los grandes artistas, Blay
tiene un origen humildísimo, pues su padre
era peón de albañil en la villa de Olot (Gerona). Sus aficiones, manifestadas en edad temprana, indujéronle á ingresar en la Escuela
de Dibujo de dicha población, donde dirigido
por el paisajistaDon José Berga hizo sus primeros estudios demostrando poseer un temramento artístico de primer orden. En la imposibilidad de aprovechar de otro modo tan
envidiables aptitudes, entró de operario en
una fábrica de esculturas religiosas, no tar-

Momm1ento á Federico Rubio, en el Parque del Oeste. de Madrid.-Por Miguel Blay

293

dando en imponerse en los rudimentos de su pación. La voluntad, sin embarao todo lo
arte y ª?quiriendo una gran habilidad para la .allana, y Blay tiene una voluntad' casi tan
confección de aquellas figuras. Siete años- gi:ande ~orno su genio. Noticioso de que la
desde los catorce hasta los veintiuno-trans- Diputación provincial de Gerona 'estaba discurrieron ocupado en esta labor que en un p_u~sta á dar u1;1a pensión para ;studios arprincipio fué de su agrado porque le abría tlsllcos, removió cielo y tierra deseoso de
desC'onocidos holograrla. Era ya
rizontes, pero
1a segunda vez
que acabó p o r
qu~ dicha corpoconvertirse en
ración m anifesun suplicio intotaba de este molerable a 1 v e r
do su munificenconstreñida su
cia ; m a s tuvo
imaginación y
poca suerte con
coartadossus imsu primer favorepulsos ante las
cido, que no comonótonas ex irrespondió á las
gencias de la inesperanzas en él
dustria. Reprefundadas, y desentémonos á un
seosa de ponerse
aprendiz de liteá salvo de un cara to obligado á
so semejante
copiar escrituras
decidió sacar á
en u n a notaría
concurso la plasin dejarle tiemz a nombrando
popara emborroun jurado idóneo
nar papel con
que dictaminase
sus poéticas luacerca de los que
cubraciones, ó
optaran al beneá un apasionado
ficio.
por e 1 arte de
Para Blay fué
Apeles dedicanaquello motivo
do sus actividade alegría: si del
des á la tarea de
favo, exclusivapintar ventanas:
mente dependiealgo muy semera la merced anjante era para
siada , fácil era
Miguel Blay el
que otro mejor
oficio á que por
relacionado ó
entonces se demás ducho en
dicaba, puesto
intrigas y maneq u e fomentaba
jos le
. venciese·,
su vocación sin
poméndose á
permitirle persecontribución 1 a
verar en ella: verhabilidad y el
dadero suplicio
arte de los que
de Tántalo, en el
á la pensión opque se le dejataban, tenía granban entrever las
des esperanzas de
puras linfas del
La Canción
Popular GrlupodesBcu1lonco
. . que adornará el edificio
vencer.
de las Sociedade;C
ora es e arcelona, por Miguel Blay
Arte, prohibiénY venció. Predole que refres.
sen taba dos obras
case en ella~ sus fauces sedientas. Tuvo un -una 1mágen mística y un pastorcillo-curasgo de caracter, y dec1d1ó romper las fé- Y? recu~rdo hoy le extremece, pero que tur:eas ata~uras. Pero ¿cómo hacerlo? Insufi- vieron vu_tualidad bastante para proporciociente_ el Jornal del padre para subvenir á las n_arle el triunfo, no ya unánime del jurado
necesidades de la familia, érale necesario ga- smo del público gerundense todo pues ávi~
nar para e! ?omplemento de aquellas, y, en d?s. de mostrar la justicia del fall¿, los /ueces
tales cond1c1ones, se comprende cuán difícil h1c10ron exponer públicamente Ias obras
se le aparecería la posibilidad de su emanci- del concurso, venciendo Blay á sus contrin-

�29-±

POR ESOS MUNDOS

cantes por una especie de plebiscito tácito. mos gemido y gozado al mismo tiempo,
Ganada la pensión, surgía un nuevo con- cachetines maternales que duelen á flor de
flicto: ¿á dónde encaminarse? ~qué gran cen- piel y dejan un aroma de cariñosa enseñanza.
tro del Arte escoger para recibir en su seno Así fué París para Blay durante aquella su
la, enseñanzas más trascendentales, por ser primera etapa de residencia en la capital
ius primeras seriamente aprendidas? Un a del mundo moderno: días de trabajo fatigoso
doble solución, como siempre en tales casos en el taller del maestro, haciendo gala de la
ocurre, se le presentaba: Roma y París. La robusta tenacidad característica en el esculCiudad Eterna, meca del arte clásico, y la tor eminente; noches de insomnio añorante,
Ciudad Cerebro, llmporio del movimiento pensando en la patria lejana, en la familia
artístico moderno. Don Antonio Cava, direc- abandonada, en el porvenir incierto; época
tor de la Escuela de Bellas Artes de Barcelo- de penuria económica, pues deseoso de ayuna, á quien Blay consultó el cas:&gt;, no pudo dará los suyos mermaba su escasa pensión
para dejar en Olot una parte considerable de
ser más explicito:
-Si tuviese un hijo con aficiones artísti- ella. No fué París para Blay el París de la
cas, deseoso de estudiar, no dudaría un mo- bohemia alocada y maleante, que vive de
mento: antec; hoy
que mañana, e n viaríalo á París.
Bla y no quiso oir
más opiniones: un
secreto instinto lo
decía que aquella
era la verdadera, la
que más cuadraba
á sus aptitudes, la
que babia de llevarle á la inmortalidad. Muchas veces, recapacitando
sobre aquel trascendentalísimo paso de su vida, ha
comprendido el insigne escultor de
qué nimios deta1le s depende en
ocasiones el porvenir de un hombre,
el desarrollo de una
vocación: un consejo equivocado ó
torpe, una decisión
impremeditada 6
rutinaria , y todo
para él hubiera
cambiado en abso luto. París fué su
primer paso hácia
la gloria; Roma hubiera sido para él
el camino del adocenamiento, tal vez
de la chabacanería,
desde luego de la
obscuridad.
¡París!... Con pena y con cariño se
recuerdan aquellos
Detalle del grupo escultórico modelado por Blay, que adornará el edificio de las
Sociedades Corales de Barcelona
lugares donde he-

MIGUEL IlLAY

ilusiones, despilfarra cuanto posee y se emborracha co11 vino en los cabarets por la noehe y con esperanzas sonrosadas á todas hoTas... Fué el París negro del que trabaja sin
&lt;livertirse, del que solo vive por y para sus
.anhelos, luchando con las necesidades materiales de la subsistencia diaria que le hacen
considerar como supérfiuo todo lo que no
,sea estrictamente indispensable...
Pero, en compensación de todo esto, ¡qué
.alegría la su ya al ver sus ostensibles adelantos! ¡Qué íntima satisfacción al oir los elogios de su maestro, el célebre Chapu, que
aunque no fuese un genio como escultor,
-era, indiscutiblemente, una eminencia para
4a enseñanza!

i

Í

29(í

Cumpliendo una de las múltiples condiciones á que le obligaba la pensión, al terminar el primer año de la misma envió á
Gerona varios trabajos escultóricos, aguardando con ansiedad conocer el efecto que
producían. Uno de ellos era una cabeza de
estudio, en)a cual se había esmerado algo
más que en los otros, que iban más bien
abocetados, sin pulir. Todos gustaron de un
modo extraordinario, tal vez con exceso,
porque no faltó algún mal pensado que echase á volar la especie de que no era Blay capaz de hacer aquello y, reconocedor de su
impotencia, acaso había adquirido los trabajos que como propios enviaba. Robusteciendo tan ominosa especie , había un detalle:
Blay, parte por modestia , parte p o r
irn previsión, no firmó ninguna de las
ob ra s remitidas.
Un mérlico de Gerona era de los que
m á s encarnizadamente se aferraron
á la calumniosa
idea.
-Vean, vean ustedes, --decia señalando la cabeza de
estudio.- Díganme
si no hay aquí demasiada anatomía
p ar a u n princi-,
piante: ¡á saber
quién habrá modelado estas figuras!
Como es lógico,
no faltó quien comunicase á Blay
cuanto se d e cía
respecto de él. Lágrimas de despecho
yde amargura hubo
de costarle la odiosa noticia, tan en
contraste c o 11 su
carácter ingénuo y
noble, incapaz de
engaños y falsedades. Enterado Chapu del lance, faltóle
tiempo para dirigir
á la Diputación gerundense una carta, tan lacónica como expresiva, que
vindicó la honra de
Blay, puesta en enOlro detalle del crupo esculpido por Blay para adornar el edilicio de las Sociedades
(;orales de Barcelona
tredicho, sirviendo

�296

POR ESOS MUNDOS

de ejecutoria á su naciente fama. Terminado con arreglo á la concepción primera del misel tercer año de la pensión, en vista de los mo. Cuantos lo vieron en Roma quedaron
progresos del artista, que tanto honraba á prendados de él. Mariano Benlliure, que á la
sus favorecedores, fué ampliada aquella por sazón dirigía la Escuela Española, no vaciló
dos años más. Entónces, con la sólida base en tributarle sus más entusiastas elogios.
A todo esto, había terminado el plazo de
de los estudios hechos, Blay no tuvo inconla pensión. Blay regresó, por tanto, á su paveniente en trasladarse á Roma.
Viaje ventajosísimo fué este para é 1, tria, trayendo, amén del consiguiente bagaje
de il usioque tuvo
nes, el oriocasión de
gina I de
conocer y
Los p riadmirar en
meros
su justo
fríos, que
gran valor
sirvió en
el arte cláGerona pasico. Tal
ra consolivez á ello
dar su bien
deba la cacimen
lada
racterística
fama.
de su gePor ennio,que satonces orbe manteganizábase
nerse enun
en Madrid
ecuánime
una Expoeclecticissición de
mo, sin suBellas Arfrir los extes, que detravíos de
bía coincilos moderdir con las
o os rodifiestas del
nistas, ni
Centenario
menos aún
de 1 descudejarse
cubrimiena vasa llar
to de Amépor la ar1·ica. Alguc á ica inno de los
fli;encia
amigos de
clásica: esBlay proti lo pecupúsole que
liar, persoenviase su
nal í si m o,
obra al cerque hace
támen maque sus
drileño; él,
obras sean
tímido y
inconfun7'riu la. ilulión.-Por Mi¡uel Blay
modesto,
dibles.
como siempre, resistióse un tanto, pero,
Jll
ante, las reiteradas instancias de unos y otros
En Roma modeló Blay varias de sus obras cedió.
-¡Bah!-se dijo al embalar la artística
más bellas, como Margheritina y Cabezct
de viejo; allí también vió ) ejecutó Los pri- remesa con direccjón á la corte.-Aunque
meros fríos, hermoso grupo al que fué de- no tengo padrinos g..ue me auxilien, tal vez.
bido su triunfo enorme, inesperado. La mis- me dén una tercera· medalla, que me honrama realidad-gran maestra del Arte-mos- rá muy mucho. '
Pero, superando tpdos sus anhelos, le fué
tróle palpitante el asunto; incrustado este en
su imaginación, hizo lo posible para que le concedida la primera de las medallas desirvieran de modelos las figuras cuya con- de oro, es decir, la más excelente de las retemplación le sugirió la emocionante idea; y compensas otorgadas en el concurso. Cuanponiendo manos á la obra con ..afán y.en.tu-, do le dieron la notü:ia, resistíase á \!,;!ria
siasmo vehementes, logró terminar el boceto crédito; y allá, desde el rinconcejo de s&lt;1

...

\.

HACIA EL IDEAL.-Grupo escultórico, por Miguel fllay

�POR ESOS M U:.DO~

villa nativa-pues ni siquiera había venido pi ración y acierto: ¿_qué más podía pedirse á
á i\Iadrid para presenciar el éxilo de su obra un artista? Pero Balart, inflexible, no cejaba:
-sintió dilatarse su pecho con un suspiro de a&lt;¡uello no ern arte; era mecánica: con vaciar
satisfacción: ¡al fin comenzaban á realizarse los mismos modelos, asunto concluido.
Algo de este maremagnum, empalidecido
sus ilusiones!
Mientras tanto, en Madrid habían produci- por la distancia, llegaba hasta Blay, que leía
do sus trabajos descomunal marejarla. ¿Quién temblando los ataques de sus detractores, y
era aquel Miguel Blay, totalmente descono- sonreía plácidamente ante las defensas que
de su obra
cido hasta
hicieron
entónces,
otros crítiquede buecos menos
nas á priapasioname ras so
dos y no inponía á la
fluidos por
cabeza de
1os prejuitodos, llecios de un
Yándose el
rancio clamás pre s i c is roo.
ciado de
Por cierto,
1os galarque de los
dones? Humás ferbo has ta
vientes dequien dudó
fensores de
que Blay
13lay fu é
fuese espaRodrigo Soñol, y no
riano, que
fa l ta ron
por entonmúltiples
ces DO SO•
discusio •
,laba en
11es e n la
ba ta llar
prensa, oriparlamenginadas por
lariamente,
la obra que
conforhabía obtemándose
nido el precon ejercer
mio.
de crítico
Entre las
de arte en
c r i ti c as
La Epoca.
más acerEn resúbas de que
m en: la
fué objeto,
primera
d islinguióbatalla rese la de Feitida fué el
derico Ba
primer
Eclosión.-Por Miguel Blay
lart, quien,
gran triundesde I as
columnas de uno de los diarios de más cir- fo conseguido, y el nombre de ~lay, obscuro
culación, fulminó contra Blar formidables é i"'norado en pocos días, cas, en algunas
diatribas: para él, su obra era sencillamente ho;as, fué' consagrado como eminencia del
absurda; el naturalismo de que en ella hacía Arte, indiscutible gloria nacional.
gala autorizaba para sentar como regla inIV
concusa la de que toda labor escultórica debía reducirse á vaciar en yeso lisa y llanaPero, pasada la efervescencia de los primente las figuras de los modelos. Objetábasele que el grupo era un reflejo fiel de la meros momentos, hubo que descender de las
verdad: que el anciano y la niña estaban alturas, reducir a prosa la poesía del éxito,
materialmente tiritando a impulsos del hela- trocar en vil moneda la pomposa medalla de
do cierzo que atería sus carnes; que la ex- oro ... Y entonces ¡ay! fué ella. Aquel año,
presión de los rostros y la actitud de las por fatal coincidencia, no adquirió el Estafiguras eran otros tantos prodigios de ins- do, según costumbre, las obras que habiau

MIGUKLBLAY

299

obtenido primeros premios para enriquecer para que los artistas completen sus estudios,
con ellas los Museos públicos; y Blay, que perfeccionándose en ellos,-parece ser que
aguarrl.aba como agua de Mayo el producto de argüían los jurados-; Blay ha obtenido la
dicha venta, que él creía segura, vió defrau - mayor recompensa á que puede aspirar un
dadas sus esperanzas, sufriendo la decepción artista en España, es decir, oficialmente
consiguiente. A tal extremo llegaba su esca- !'abe ya todo cuanto puede saber: luego no
sez de recursos que, careciendo hasta de lo se le debe adjudicar la pensión, cuyo otornecesario para transportar de Madrid á Ca- gamiento resultaría un verdadero contrasentaluña el grupo escultórico premiado, tuvo tido. Véa~e de qué modo vino á perjudicarque dejarlo en el Palacio de Bellas Artes, le la misma magnitud del éxito, que á cualdonde por
quiera hufavor espebiera parecial conc id o un
sintieron
halago inenguardárconmensuse Io basta
rable de la
que él pufo r tu na.
diera dispoMuchas vener su reinces, lo metegración.
jor es enelnicíóse
migo de lo
en t ónces
bueno.
una época
Por fin,
t r is ti sima
a l organipara el arzarse la
tista, que
Exposición
ahora re de Barcelocuerda cou
nade 1894,
verdadera
fu é soiiciamargura
tadoel conaquel lapso
c u r so de
:le dos años,
B lay : el
durante los
Municipio
cuales, lemismo se
jos de poencargó de
der ayudar
transportar
a SLl famiel grupo
lia, era una
Losprimepesada carros fr íos,
ga para
qu e aún
ella, privapermanedo de mecia en Madios para
drid, y pretodo.Avido
miado allí
de buscar
nuevamensalida, site, la misquiera fuema corpora de moLa boulet.-Por Miguel Blay
ración lo
mento, inadquirió á
t~ntó hacer oposiciones para una de las pen- buen precio, encargando á Blay su ejecución
s10nes que el Estado concede á los artistas en mármol para que figurase en el Museo
jóvenes: proponiase con ello, á más de sal- municipal, donde actualmente se halla. Con
var l_a difícil, insostenible situación, disponer el producto de la venta, el artista marchó á
de tiempo y elementos para perfeccionarse París, ansioso de trabajar para arrancar al
sin los apremios que supone la necesidad de Destino en fiera lucba gironés de gloria. En
atender a la diaria subsistencia. Mas, para el Sa,lón de 1895 obtuvo mención honorífica
~olmo de males, supo oficiosamente que el por el primoroso busto Margheritina; en
Jurado no le concedería la plaza. Y, después 1896, la primera de las terceras medallas
de todo, fuerza es reconocer que razonaban por el grupú Hácia el ideal.
con lógica al negársela: las pensiones son
Este mismo grupo consolidó en Madrid,

�300

MIGUEL BLAY

POR ESOS MUNDOS

en la Exposición de 1897, el triunfo logrado
en 1892 por Los primeros f1·los. Blay confiesa que en la concepción de Hácia el ideal
tuvo alguna parte el deseo de dar un mentís
á_los crílicos que tronaron contra su realismo 'exagerado negando en él cualidades
para realizar obras en que la idealidad predominase. Por eso, y en tal sentido, Hacia
el ideal es
el contraste de Los
primeros
fríos: en
este grupo,
todo es humano, las
figuras, las
actitudes,
la se nsac i ó n que
aquéllas
parecenexp e riment ar; en
aquel, hay
un soplo de
espiritualidad tot a !mente
opuesto, un
misticismo
supra terreno, obra no
sólo de escultor, sino
también de
poeta y de
c rey en te,
obra que
acre di ta
un a sensibilidad
emotiva de
primer orden, obra,
La Esperama.en fin, que
en unión de su antagónica prueba hasta la
saciedad lo dúctil del espíritu de Blay, su
ám plia y variadísima potencia creadora.
Concediósele nuevamente la medalla de
oro en Madrid. Esta vez no fué ya discutido
el triunfo. Los que le acusaban de exageradamente realista tuvieron que rendirse ante su
genio. ¿Cómo decir que el sublime gru~o
Hacia el ideal estaba también vaciado directamente de los modelos?
Posteriormente, prosiguieron sus triunfos.
En la Exposición Universal de París de 1900
obtuvo medalla de honor, siendo además
condecorado con la Legión de Honor por

laFé, la Esperanza, la Caridad y la Inmortalidad, estatuas y grupos de bronce para el
panteón de familia que el millonario mejicano señor Errazu posee en el cementerio del
Pére Lachaise, y por los bustos Miijer y fio1·es, Silvela y Piedad de lturbe. Entre sus
grandes obras más recientes, figura el soberbio monumento elevado á Chávarri en la
plaza de
Portugalete, que dá
idea de las
portentosas
facultades
de Blay.

V
Actualmente, y
para bien
del Arte, la
ese u l tura
ha dejado
de ser I a
expresión
plástica de
la belleza,
para serlo
de la emoción, del
pensamiento, de
1as pasiones. La estatua ria
helena, antes considerada como la manifestación
suprema
del arte
ese u I tórico, ha¡;asaPor Miguel Blay
do á ser un
elemento, importante, sí, pero no único del
mismo. No solo V~nus y A polo han de
merecer los honores del cincel; que e:.te, progresando al compá,; de todo lo humano,
aunque sigue rindiendo culto á la hermosura
de la forma, sabe rendirlo también, acaso
preeminentemente, á la vida del espíritu,
cuyas reconditeces han dejado de ser un
arcano para el verdadero artista.
Comprendiéndolo así, el gran Rodio ha
revolucionado la escultura. También Blay
practica su arte del mismo modo: sus figuras sienten, palpitan, en una palabra, viven;
y esto, unido á su habilidad prodigiosa para

301

el modelado, caracteriza su peculiar modo la ansiada flor del Ideal. Todos vemos en este
de hacer. Por cierto, que esta facilidad, en grupo retratado nuestro espíritu: siempre
fuerza de ser tanta, ha llegado muchas ve- añorando un más allá, que como fuego faces á parecerle á él mismo perjudicia) y no- tuo escapa de las manos sin dejarse apreciva en grado sumo para la perfección de hender por ellas.
La Paz, destinada á formar parte del mosus obras: ya en sus comienzos, cuando en
Olot modelaba santos á destajo, tuvo que numenlo á Don Alfonso XII, es también una
poner á tasa la rapidez de sus manos, pues obra admirable. Un soldado carlista y otro
liberal
los patronos
únense en
mel'mábanabrazo esle el jornal
trechísimo ,
alegando el
mientras las
poco esfuerzo que la
madres, las
tarea le cosesposas y
taba. Desde
los hijos de
los contenentónces, y
con bu en
dientes benacuerdo, sidicen la ter•
gue refreminación de
nan do su
la lucha
facundia,
fratricida.
por consiEste soberderarla ene•
bio grupo
miga de la
será uno de
intensidad.
1 os cuatro
Reseñar
que decoratodas las
rán el peobras de
destal que
Blay es tasostenga
rea imposila figura
ble: él misecuestre del
mo no rePacificador,
cuerda muen ese malch as de
aventurado
ellas, y solo
monumento
de algunas
que parece
conserva fo.
llamado á
to grafías,
convertirse
que no se
en ruinas
cuida de caantes de
tal o g ar
verse c o osiempre atacluso.
reado con la
Otros dos
obra futura,
grupos, que
que no le
formanpenpermite redant, EdoLa Fé.-Por Miguel Blay
crearse ante
sión y La
el recuerdo
boulet, mede las pretéritas. Conformémonos con evocar recen asimismo mención especialisima. Quiunas cuantas, entresacadas de la pléyade siera disponer de más espacio para decir algo
inmensa de su producción.
de lo mucho que sugiere la contemplación de
Una' de las que presentan más hermosa tan admirables esculturas, cuyos títulos dejo
factura es el grupo Tras la ilusión. Caído en en francés por ser intraducible á nuestro
tierra, un hombre-que más debiera ser El idioma por medio de términos concisos y
Hombre, símbolo de la Humanidad eterna- adecuados la idea que expresan las palabras
mente soñadora- esfuérzase por alcanzar transcritas. Eclosión es el amor puro, ideal,
hermosa ninfa cubierta con etérea veste, que, dulcemente satisfecho, la noble placidez del
animándole con engañadora sonrisa, huye de hombre que ve completada su vida uniéndo~l constantemente mostrándole en la mano se á una compañera que le estimula y le guía

�302

POR ESOS MUNDOS
mmIET. RLA y

por el camino del bien, que le alienta en sus Madrid, como si dirigiera en él á la Humaempresas y comparte con él los sinsabores:
nidad, ávida de su ciencia, la venerable figuerunt duo in carne una; es la idea de Pablo ra del anciano doctor hállase en actitud sey Virginia, de Hero y Leandro, de Dafnis y dente sobre un ancho sillón en forma de heCloe, más racional, más loable, más moder- miciclo. Cubre gran parte del cuerpo del
na. La boulet es el polo opuesto: es el gri- doctor Rubio un amplio lienzo que formanllete del presidiario, la rémora implacable do pliegues cae á sus piés, y que recuerda
que imposibilita el movimiento del baiel hu- el manto clásico del sabio, pudiendo ser asim ano; la
mismo el
mujer, débil
blusón de
en aparienoperaciones
cia, pero sud e 1 cirujaperior en su
no. La diesdebilidad á
tra del méla fortaleza
dico emimasculina:
nente apóes Judit deyase en el
capitando á
brazo de la
Holofernes ,
ex edra, v
Dalila toncon la si~
surando á
niestra maSansón, .
no sostiene
Fanny Le-'
los instrugrand la immentos con
púdica Saque supo
fo, truncanrealizar sus
do 1a vida
hazaiias
de Juan
p o rten tosas
Gaussin, el
y la pluma
héroe de la
con que le
novela de
fué dado
Daudet. Lci
describir
boulet es el
sus en seemblema
ñanzas e 11
del ú ni e o
pro de la
feminishumanidad
mo verdadoliente.
dero: de 1
Dos laureaque no ha
das cartelas
necesi lado
contienen el
proclamarnombre de
se en meesus operatings ni maciones menifestarse
morables y
en libros,
el título de
pero que
las obras
existe desde
q u e escrique el munbió. En las
do es munparedes del
do, desde
hemiciclo,
La Paz.-Grupo escultórico del monumento al rey Don Alfonso XII.que Adán
destacando
Por Miguel Blay
nos hizo el
sus trazos
triste donativo de la culpa originaria obede- dorados sobre la nívea blancura del mármol,
ciendo á insinuaciones de la madre Eva...
campean los apellidos de los médicos que
Finalmente: todo Madrid ha admirado el al lado del doctor Rubio y merced á sus
monumento elevado en honor del insigne enseñanzas lograron brillar, honrando á su
Federico Rubio, gloria inmarcesible de la maestro.
ciencia médica española. En pleno Parque
Todo este conjunto, de mármol blanco,
del Oeste, sobre un altozano que domina una según queda dicho, descansa sobre un sólido
parte del incipiente vergel, dando cara á basamento, en el que destaca el glorioso

303

Cabe•a de estudio, por 1\liguel Blay

nombre y apellido de Federico Rubio, y las
dos fechas, alfa y omega de su vida: 18271902 . Este basamento hállase emplazado
sobre dos grada~, en las cuales, complementando la idea del monumento, álr.ase un
grupo en bronce representando á la Humanidad, hermosa matrona que conduce de la
mano á las generaciones futuras, dos niños
de diferente edad, que llegan á las gradas
del trono para depositar en ellas, agradecí-

dos, coronas en loor del grande hombre dispensador de los científicos beneficios.
Sorprende á primera vista la contemplación de este monumento, tan en pugna con
los que estamos acostumbrados á ver por doquiera: la atrevida idea de colocar á flor de
tierra las figuras, sin el pedestal ni la verja
que suelen ser obligado requisito en tales casos, produce Eingular efecto de sorpresa ,
que pronto se convierte en admiración al

�304

RIMA

advertir la sobria galanura del conjunto, la
perfecta ejecución de todos los detalles de
esta exquisita obra de arte, digno recuerdo
de la inolvidable memoria del ilustre hombre á quien está dedicado.
Saludemos, lector querido, al ilustre artis-

LA INORATITUD

ta que vuelve á su patria para honrarla trabajando en ella.
El genio de Blay está en pleno desarrollo y
su amor al arte no decae ni se entibia. Mucho
ha hecho, es verdad; pero aún puede hacer
más. El porvenir es su yo.

', CU ENTO )

una calle de arrabal, u na de esas vías
E anchas,
mudas y sin empedrar, abierRA

AUGUSTO MARTÍNEZ OLMEDJLLA

RIMA
Yo vi tu boca de coral y rosa
y ansié gustar la miel allí secreta,
como liba la incauta mariposa
la corola gentil de la violeta.
Yo ví en tus ojos relucir, bien mío,
tu pupi la flamígera y amena,
como brilla la gota de rocío
en el níveo botón de la azucena.
Y así como del alba los fulgores
llenan de luz la plácida mañana
de rojizos y trémulos colores
r mil rayos de púrpura y de grana,
así tu faz oslenta una alborada
como la mente á concebir no alcanza,
y lu mejilla vívida y rosada
la mañana alumbró de mi esperanza.
JOSÉ MAURY

tas entre las vallas de vastos solares cubiertos de hierba y que por su aspecto, urbano y
rústico á la vez, son como un «desvanecimiento» de 1 a ciudad. En esos
rinconcitos discretos que atraen á los
viejos y á los cansados, cada hora del
rlía tiene un hechizo intenso arrancado
al alma lenta y pensativa del campo.
Por las noches, los faroles, alineados
paralela y simétricamente, pintan en
la obscuridad una especie de brillante
v fantástica botonadura.
' Aquella tarde otoñal moría tristemente, sumida en una evaporación neblinosa. En los solares flameaban á impuisos
del viento ropas blancas puestas á secar; en
C'i silencio, la esquila de un convento vibrr.ba con apesarado p lañir; por el cielo blanquecino trepaba perezosamente, en volutas
Carmen v Julio,
lentas, el humo negro de una fábrica; muy
en pié Iras los
cristales del ballejos, al fondo del paisaje, una iglesia mo •
cón, contempladerna ah:aba su mole coquetona, y sobre la
ban el panorama
cúpula de su torre, puntiaguda como alcartaz
de nigromante, los últimos rayos solares prendían un beso
de oro.
Carmen y Julio, en pié tras los cristales del balcón, contemplaban aquel panorama cuya serenidad melancólica fo mentaba ocultamente la simpatía mútua de sus almas. Poco
tiempo hacía que se trataban y sus relaciones no disimulaban
nada que no fuese absolu tamente honesto; pero en la raigambre de su ya honda y apre tada amistad latía una dulce afición, una de esasvoluptuosidas respetuosas, de inefable espiritualidad, que hallan en el sacrificio de la espera óptimo y exquisito contentamiento.
Ella, de pronto, exclamó:
-¿Qué medita usted?
El repuso sonriendo:
-Pensaba en Antonio. ¡Pobre An tonio! Reconozcamos que soy un mal amigo: él me
trajo aquí, él me presentó á usted ... y luego yo me quedé y él hubo de marcharse.
Carmen alzóse de hombros y por sus rojos labios pasó una mueca indiferente, uno de
esos gestos de supremo hastío que sólo conoce el rostro de los hombres y de las mujeres
que ya han cumplido treinta años.
-No hablemos de Antonio,-dijo.-Su imágen me oprime, como me sofocaba y fastidiaba su amor. Mis relaciones con él me ban dejado esa impresión de ahogo que producen
en los que viajan en ferrocarril los túneles muy lar¡¡;os. Es algo del malestar que sufren los
buzos cuando descienden á profundidades demasiado grandes ...
Julio miró á su amiga y vió que sus ojos negros y luminosos se llenaban con el tedio
de toda aquella historia. Carmen prosiguió:
-A nuestra edad esas pasiones de fuego acongojan, pues al mismo tiempo que nuestro
buen corazón, por caridad, pretende corresponderá ellas, nos sentimos incapaces de hacerlo
porque nuestros nervios están fatigados. Hemos vivido mucho, y la desilusión anquilosa
las voluntades: creeríase que nuestras pobres almas quieren ponerse en pié y no pueden.
Usted, que durante ocho ó diez meses sufrió el cariño absorbente de esa Paquita que lo

.J

2

�30(;

POR ESOS "MUNDOS

adoraba con la vehemencia con que Antonio y expuesta á las groserías de los transeuntcs,
me quiso á mí, comprenderá bien lo que me aprieta el corazón.
intento decir...
- Lo mismo hace Antonio conmigo.
Y agregó, pensativa:
-e! Y no sufre usted?
-¡Oh , créame usted, la ingratitud es
-No. Y usted, si fuese ingrato como yo,
santa!
tampoco sufriría. No basta tener la ingrati-¡Carmen!
tud de abandonará quien, amándonos, nos
-Sí, no dude usted. Cuando se trata de molesta; es nece,;ario poseer, además, la
rechazar uno de esos malos amores que sue- fuerza de ingratitud suficiente para olvidarlen agarrarse á nuestro espíritu hasta des- le. Yo 1tbomino de los recuerdos: los recuerorientarle y secarlo, la
dos son una
ingrali lud es buena: graroña moral,
cias á ella dejamos de viel moho de la
vir en los demas y recocostumbre, la
bramos el imperio de nossuciedad que
otros mismos; á ella debeel pasado demos nuestras horas de maja en los espíy ó r sosiego porque ella
ritus. Por eso,
pacifica los escrúpulos de
por el mismo
la conciencia
motivo que
y limpia de
adoro el jamalos recuerbón que lava
dos la memola carne, amo
ria; y todo lo
la ingratitud,
e¡ u e tranq uihigiene y jaliza, todo l o
1bón de las alque lava, e,;
mas.
adorable.
Se in te P ermanerrumpió, para
cieron c aliaobservar á
dos , perdida
un individ uo
su atención
que paseaba
en la nostal1a acera de
giadel campo
enfrente cuiy del crepúsdadosamcn te
culo, mirando
embo✓.ado en
la cúpula d e I a
una capa.
torre, en la cual
--Mire usva se había extinted ...-dijo.
guido e I úllimo
Julio avizoró en la direflejo solar. Carrección que señalaba el
men observaba a
índice acusador de su
..-\ntonto, cuidadosa•
su interlocutor de
mente envuelto en su amiga.
capa, paseaba por enreojo. Luego, le-¡Ah, sil-murmuró.
fren te d e I a casa de
vantó la cabeza y
-Es Antonio. ¡Pobre
Carmen
preguntó con esa
.
hombre!
penetración sutil, infalible, común a las muCarmen rompió á reir.
jeres:
-i\fe alegraría-exclamó-de que Paqui - Mis reflexiones le han entristecido. ta informada de nuestra amistad, viniera á
Apostaría á que estaba usted pensando en b~scarle á usted ahí todos los días.
Paquita.
-(!Por qué?
Julio se extremeció, como si acabase de
-Porque no sería difíci l que ella y Antorecibir una quemadura.
nio, á fuerza de tropezarse continuamente_ r
-Efectivamente ... ---rlijo.
de sentirse ligados en la tristeza de la m1s-¿,La ve usted á menudo?
ma derrota, llegaran á entenderse.
-Casi á diario. Pasa las tard es en la es- ·
-¡Bonita ocurrencia!
quina más próxima á mi casa, con el pr~pó- ¿Halla usted el caso improbable? ¡Es ussi to de verme entrar ó sahr, y abordarme. ted inocente! Como de . la muerte surge la
Yo rehuyo cuidadoso su encuentro. Pero la vida, así del desengaño brotan el regocijo y
idea de que está allí, pensando en mi, llorosa la ilusión: ¡yo le aseguro que en la Plaza ele

LA J:\lGRATITUU

Toros, con ser tan grande, no cabrían los
matrimonios que la casualidad zurció en esa
visita anual que los viudos giran á los cernen terios!...

307

quizás sea causa de que más adelante se reunan y formen una pareja excelentísima.
Convenga usted, amigo mio, en que la pequeiía felonía de que nos sentimos reos, examinada de cerca resulta casi una buena ac*
ción.
**
Todo aquel invierno Julio continuó visiMuchas tardes las pasaban Cármen y Jutando á Carmen asiduamente, y aunque se- lio en pié junto al balcón, las frentes apoyaauían llamándose amigos , cada
das contra los cristales,
;ez hallábanse más cerca el uno
entregados á la maligna
del otro, más presos en aquella
tarea de observar. Algunos
suave afición de sus voluntades
días no veían á nadie, pero
enamoradas. Una tarde llegó Julio
otros se holgaban espiandiciendo que había visto á Paq uido á Paquita y á Antonio,
ta en la esquina. Poco
cuyas sombras largas, indespués pasó Antonio
consolables , vestidas de
caminando lentamenll'
negro, dey, como siempre, emboam bu !aban
xado en su capa. De;:lentam eu te
de aquel día, ampor la a&lt;:era
bos amigosse deopuesta, en
dicaron á obserel claror levar, tras los crisch o so del
tales de su halcrepúsculo
cón, el paciente
y bajo la roir y venit· de los
jiza luz temrondadores. Este
blequean te
juego inspiraba
de
los faroá Carmen , u n
les encendipoco frívola, &lt;'O·
dos. Es ta
m o todas
persecución
las muj~inaudita dures, pruriró todo e 1
tos locos de
invierno.
reir.
Una tarde,
-Es inCarmen dijo
dudable á su amigo
decía-que
que las dos
fraternizasombras se salurán. Paquidaron con lacabeta pensará,
za, yaldiasiguienv i endo á
te le aseguró que
Antoniota11
lás h a b ia Yisto
solo y tan
cambiar algunas
triste: «EsPaquiln YAntonio se sal u- palabras.Estas obte vie n e
d a ron estrechándose las servaciones propor ella., Y
manos
vocaban en ella
Antonio,
desbordamientos
notando la rnsistencia con que J:'aquita mira ruidosos de hilarie:lad y de alegria.
á estos balcones, dirá para su capa: «Esta
-Ellos también,--decia-si llegan á traviene por él.» Y así, paulatinamente, sin
tarse y á ser felices, bendecirán la ingratiadve1:tirlo casi, empezaránásaludarse, y luetud, porque es evidente que, á no haberles
go distraerán sus minutos de acecho charnosotros abandonado, no se habrían conolando de asuntos vu lgares, y concluirán por cido.
acercarse más y decirse horrores de nosHablando así, Carmen era sincera: su esotros.
píritu fuerte, propenso á las renovaciones
Y como notase que Julio titubeaba la casal udabl es del olvido, seguía el ejemplo de
beza en señal de duda, agregó irónica:
la N~turaleza, ingrata eterna en cuyos senos
-La ingratitud que usted y yo hem os usaYcle1dosos la muerte es Ja ingratitud que
do para con esos dos amadores modelos
perpetuamente destruye tocio lo que antes

,

�308

POR ESOS &gt;l!UNDOS

formó con amor. Julio no era así: su voluntad débil profesaba un culto sentimental á
las pasiones extintas, á las cosas idas.
-La envidio á usted,-decía.-Cornprendo
que hago mal; pero no sé alzarme de hombros ante el dolor ajeno. Usted atribuirá esto
á que Paquita ocupa todavía mi corazón: so
engaña usted. Esa mujer me ha fatigado, me
ha rendido: el recuerdo sólo de su amor,
de aquel terrible amor que me aprisionaba
como las paredes de un calabozo, me da frío.
Sin embargo, :yo únicamente estaré contento
cuando sepa que Paquita quiere á otro hombre y que ya no sufre...
Durante mucho tiempo, este sentimiento
piadoso riñó en Julio descomunales batallas
con la pasión, cada día más definida y resuella, que Carmen le inspiraba. Frecuentemente, ella le invitaba á comer, y él aceptaba, feliz de disfrutar la intimidad de aquel
comodorcito confortable, suspensa su atención de aquellos labio~ bermejos: inagotables en el arte de las conversaciones amenas:
podía asegurar que de sú antigua amistad no
quedaba nada, ya que este afecto pacífico
habíase convertido en afición vehemente. El
recuerdo, no obstante, de «la otra,• de la
abandonada, le impedía hablar: se lo prohibía la compasión; la mitad de su alma pertenecí¡¡ al pasado.
Al cabo, una noche, a la hora del café, su
amor tuvo un brioso arrebato de sinceridad.
Sus ojos se habían llenado de lágrimas.
- ¡Te quiero,-exclamó-te adoro locamente, intensámente, como no quise á nadie!... Mas yo no puedo llegar á tí porque,
desde lejos, me lo impide esa mujer. La cornpadezco:es un sentimiento absurdo,eslú,pido,
odioso ... Perdóname, Carmen: te pido perdón
porque estoy cierto de que lú también me
amas. Yo no debo engañarle: entre nosotros
vive Paquita; ella nos separa. Yo no sé olvidar como tú, y no podría resolverme á ser
mu y feliz mientras supiera que ella, por mi
causa, continuaba siendo mu y desdichada ...
Calló, y por sus facciones resbaló la máscara torva, indescriptible, de los dolores supremos. Carmen le contempló gravemente,
envolviéndole bajo la:severidad de una de esas
largas miradas penetrantes que todo lo leen.

-¿Y si ella te olvidase?- le preguntó.
-¡Ah, si ella me olvidase!-repilió Julio
cruzando las manos.-Si yome sintiese desembarazado del remordimiento de su dolor,
me creería transportado á una vida nueva y
los latidos todos de mi corazón serían tuyos.
Hubo un gran silencio. En la quietua del
comedor un reloj murmuraba esa canción,
simultáneamente consoladora y terrible, del
Tiempo, que empuja hácia atrás todas las
cosas.
Comenzaba la primavera. Et cielo aparecía
más azul, el aire olía á musgo, los árboles
empezaban a cubrirse de brotes nuevos, la
hierba germinaba alegre en los solares. Tras
undíacxpléndido,aquella tarde de Abril dilataba por los campos un extremecimiento jugoso de vida; á lo lejos, la. torre de la iglesia
ardía bajo el beso del sol.
Carmen y Julio, colocados junto á la ventana, atisbaban á Paquita y á Antonio, que
acababan de saludarse, estrechándose las
manos: él dijo algo, una galantería, sin duda;
ellasonrió, y continuaron hablando, sin-acordarse de mirar al balcón. Julio observaba la
escena, sin perder detalle. Pensaba: «Si · le
amase... • Y esta reflexión era corno una plegaria hecha al Destino.
Transcurrieron algunos momentos, y según aquella conversación se prolongaba, su
alegre sobresalto crecía. Sintió que los ojos
de Carmen se clavaban en él y comenzó á
temblar. Tuvo la intuición de que iba á ser libre. Fué uno de esos instantes augustos en
que el Porvenir abre ante los hombres un camino nuevo.
·
De pronto, todos sus músculos vibraron:
Antonio había cogido una mano de Paquita, y ésta sonreía. Les vió alejarse calle
abajo pausadamente, apoyados el uno en el
otro y como consolados, perdidos en la ingratitud alborozada de la Naturaleza que
cuelga nidos en los cipreses funerarios y enguirnalda las tumbas. Entonces miró á Carmen: entre ellos ya no quedaban obstáculos,
ya podían amarse, y la alegria loca de volverá vivir agitó su alma. Sus víctimas les
habían olvidado ...
-¡Tenías razón,-exclamó-la ingratitud
es santa!
EDUARDO

Ilustmciones de A. Galietrto.

ZAMACOIS

¿DICEN VERDAD LOS TESTIGOS?
es, generalmente, cuán grande paS pel desempeña
el testimonio, la aseveABIDO

ración de las personas, no sólo en cuestiones
históricas, jurídicas y científicas, sino también en los actos de la vida diaria. De todo
lo que sabemos, bien puede asegurarse que
no hay nada ó casi nada que haya sido objeto por nuestra parte de investigación directa: hemos aceptado los conocimientos bajo
palabra ajena. Refiriéndonos, por ejemplo, á
la escuela, y á parte de los contados experimentos físicos y químicos presenciados por
nosotros en los laboratorios, todo cuanto
aprendimos lo supimos por mediación del
maestro ó del libro. Y salvo rarísimos casos
ni los autores de dichos libros ni los mismo~
maestros podían tener conocimiento personal de los hechos que nos enseñaban. Así,
los que nos hablaban de Geografía probablemente jamás habían puesto la planta en tierras extranjeras; y si nos referimos á quienes
de Historia disertaban claro es que ninguno
de ~llos podía haber vivido en tiempos de
AleJandro ó César, ni aún siquiera en los
más próximos de Napoleón.
Lo cierto es que no transcurren veinticuatro horas sin que cada día nos veamos obligados á dar crédito al decir de los demás.
P_o~ _rne~ación de la Prensa es empresa facilísima mculcar una creencia determinada
en el cerebro de miles ó de millones de
hombres que no disponen de merlios eficaces
para comprobar la exactitud del hecho afirmado ~n las columnas del periódico. Puede
llegar a nosotros una noticia de China ó de
Nueva-Zelandia, pongamos por caso que
se encargó de transmitir el delicaa'isimo
aparato telegráfico: si la noticia existe no
nos c_onst~ la veracidad de la persona q~e la
r~cog1ó, m el grado de precisión del rnecamsmo que la expidiera.
P~récenos i~~ecesario insistir sobre el papel 1mportanhs1mo que desempeña el testi-

rnonio en cuestiones legales y políticas: de
él depende no sólo nuestra libertad ó nuestro honor, sino también la misma vida. Y
siendo ello así, consti luyendo el testimonio
un elemento tan preponderante que, sin exageración alguna, podemos decir que sobre él
gravi tan todos los momentos de nuestra relación social, ¿qué autoridad, qué fé -puede
concedérsele?
A esta pregunta suélese contestar que el
valor del testimonio es proporcionado al del
testigo, no ignorando nadie que los atestiguadores deben ser clasificados en dos grupos: los testigos buenos, esto es, las personas leales, imparciales y desinteresadas, y
los testigos malos, comprendiéndose entre
ellos todas las infinitas variedades de los embusteros.
Respecto á estos últimos, no cabe discusión: sus afirmaciones, sean cuales fueren,
carecen (!D absoluto de valor, hecho que no
habrá inconveniente en admitir. Juzgamos,
pues, mucho más interesante, y sobre todo
mucho más útil, averiguar si el testimonio de
la persona de buena fé merece, en puridad,
la confianza con que generalmente es aceptado y que le conceden de un modo expreso
los códigos de todos los países. Esos códiaos
procuran estimular la buena fé del test,o,
ya mediante el juramento, ya por la aplicación de fuertes multas en castigo del perjurio. Pues bien: á pesar dP eso y contra todo
eso, bastaría que pusiésemos atención en las
conversaciones sostenidas á diario para venir en conocimiento de este hecho: el valor
del testimonio depende en pequeñísima escala de la buena fé ó de la bondad moral
del testigo. ¿Quién no ha tenido, en efecto
ocasión de observar personalmente que lo~
relatos de un mismo hecho pueden diferenciarse en absoluto, aun cuando procedan de
testigos serios, fieles guardadores de la verdad?

�310

POR ESOS MUNDOS

Y es que, y perdónese lo atrevido de la demostrado que el testimonio puede ser inafirmación,no hay nada más difícil dedec·i r exacto, aún existiendo buena fé en el testique la verdad, entendiéndose por ello el re- go, a\'erigüemos algo más importante todalato puntual de un hecho acaecido, ó bien la vía: hasta qué punto puede llegar la inexacsimple declaración acerca de
titud del testimonio. Extremo
una circunstancia cualquiera,
es este que dilucidaremos con
aunque tal circunstancia nos
auxilio de la psicología expesea completamente familiar.
rimental.
Invitamos al lector incrédulo
Allá por el año de 1900 el
á un sencillísimo experimento.
conocido psicólogo francés M.
Ruegue á determinado número
Binet demostró, mediante vade amigos suyos que tengan
rios ensayos hechos con nila bondad de dibujar de me1ios, que el testimonio puede
moria las cifras indicadoras de
ser defectuoso aún refiriéndolas seis en un reloj de bolsillo.
se á hechos recientísimos. Una
Entonces verá cosas muy rade las experiencias de Binet
ras: algunos de los dibujantes
consistía en mostrar á los nise limitarán á trazar en el paüos, por espacio de doce sepel las cifras romanas VI ó La mniorra de las pcrsonns il gundos, un trozo de cartón al
quienes
se
im·itase
á
dibujar
la
árabe 6; otros, más escrupulocual estaban adheridos un sehora de las seis de un reloj de
sos, recordando que las cifras bolsill&lt;-, intentada hacerlo sin llo de Correos de dos céntisiguen la línea de dirección con habcrsv fijado nunca en que la mos, de los puestos recienteque la señala no aparece en
arreglo al centro de la esfera, cifra
la generalidad de los relojes
mente en circulación , u n a
escribirán el signo invertido:
pieza de cinco céntimos, un
IA ó 9. Y lo mismo aquéllos que éstos se ticket del •Bon Marché», un grabado, un
quedarán completamente convencidos acerca botón de hueso y un retrato. Ocultado el
de la exactitud de su testimonio; más que muestrario á la vista de los chicos, iba Biuet
convencidos, dispuestos á jurar sobre los haciendo preguntas á cada uno de ellos
Evangelios que han consignado en el papel ace1·ca de los objetos que acababa de ensela verdad.
ñarles. Por ejemplo: ¿es el sello francés, ó
Este es el momento psicológico á aprove- extranjero? ¿de qué color es? ¿,se trata de un
cha1· por el experimentador. Sin perder mi- sello nuevo, ó de uno viejo? Y así sucesivanuto invite á los dibujantes á dirigir una mente otras cosas por el estilo.
mirada á sus relojes respectivos. La
El número de errores cometidos
mayoría de los sujetos observarán,
por los niños al con testar estas precon estupefacción, que los guarismos
guntas sencillísimas era consideraVI ó JA vistos tan claramente en la
ble. En el caso del sello, verbigraparte inferior de la esfera imaginaria
cia, comprobó Binet treinta y ocho
flotando antE\ los ojos del espíritu,
contestaciones inexactas y solo treinno existen en la esfera del reloj real
ta y una correctas. Entre las últimas
debido á que su
habíalas verdaderapuesto ha sido ocum e·n te extraordinapado por la esferita
rias: ocurría que taauxiliar destinada al
les ó cuales niños,
segundero. 11 e m os
afirmadores d e que
tenido, p u e s, que
el sello no era nuehabérnosla con gran
vo, daban una exnúmero de falsos tesplicación detallada
timonios, no obstanacerca de la sefial
te tratarse de gentes
inutilizadora. Otra
que consultan el recircunstancia no meloj cuarenta veces al
nos asombrosa : los
día; lo que no obsta
hechos inexactos reEn la ¡&gt;arle superior del grabado aparece el dibujo de un
para que todas esas sello francés de Correos, mientras en la inferior se en- sultaban aseverados
cuentran
las
tentativas
para
reproducirlo
hechas
de
mepersonas á qui enes
p o r muchos niños
moria por varios niños
se acaba de demoscon la precisión más
trar su error obrasen de entera buena fé: nin- notable. De las experiencias referidas se deguna de ellas albergaba, seguramente, la duce, entre otras cosas, que lo verdadero y
dañosa intención de engañar.
lo falso plleden aparecer íntimamente uniNo siendo bastante, sin embargo, haber dos; que el testimonio, cierto en unos casos,

,,

¿DICEN VERDAD LOS TESTIGOSÍ'

puede ser incierto en otros. Resultados son
estos en aparente antagonismo con 1~ noción
generalizada según la cual un testigo ó es
digno de crédito ó no tiene valor alguno, debiendo ser aceptadas ó rechazadas totalmente sus declaraciones.
,.

311

relacionan poco_ ni mucho co~ el hecho fund_am_ental. El p~1cólogo Becch1 da cuenta del
~1gu1e~te exper1me~to: luego de haber e~~~­
nado a una Jóven c_ierto g~a_bado populans1mo r~prese~!ando -~ un v1eJ~ dando de C?·
mer a un mno, deJo pasar Cinco meses sm
precruntar á aquélla el asunto de la obra
* ·X·
contemplada. Al cabo de ese tiempo, formuEstos interesantes estudios vie1~en practi- ló Becchi la pregunta, oyendo jurar á la
cándose con gran celo en la
mencionada señorita que el
culta Alemania, siendo su :i
i
asunto del cuadro era un anprincipalcultivador W. Stern,
ciano dando do comer á una
famoso psicólogo de Breslau, "'
~
paloma mientras otra paloquien ha tomado como base ~
~
ma se disponía á volar para
de sus investigaciones la si- 8 E
S
compartir el banquete. Y ha
guiente pro¡.iosición: ¿Hasta .g ~
:r;
.g
de tenerse en cuenta que en
qué pimto merece confian- -;:; -~ " .g
-;:;
el cuadro de referencia no
za el testimonio de un hom- ~ ~ :3 '3
~
había la más pequeña huella
b1·e normal y de buena fé?
de dichas aves. Vemos, pues,
El método de Stern con- ,--.,-,...,-,
que el juramento, aun cuansiste en mostrará una persodo pueda realzar el valor del
na durante cierto espacio de
testimonio á los ojos de la
tiempo ( treinta segundos,
Ley, acaso esté muy lejos de
por ejemplo), la representatener valor real alguno.
0
ción gráfica de una escena
1j
No obstante, si compara(grabado , cuadro , dibujo ,
~
mos en una declaración exetcétera), exigiendo en seguí.=.
tensa la fidelidad del testida á dicha persona que des-~
monio prestado bajo juramecriba de memoria Jo por
CQ
~
nto con la de otro testimonio
el1a visto.
]
simple, observaremos en el
Pues bien: los resultados
primero una mayor exactide estas experiencias h a n
:::
tud que en el segundo, cual
sido de todo punto curiosos.
~
puede comprobarse examiEn general, ocurre que el
~
nando el diagrama que pusujeto de las mismas no sólo
A
blicamos, el cual consigna el
se olvida de gran número de
resultado obtenido en varios
detalles, sino que falsifica
experimentos hechos en el
otros á s u capricho , cosa
Gabinete Psicológico d e la
que ha llevado á Stern á
Universidad de Ginebra por
formular la siguiente afirmauna de mis discípulas,
ción, confirmada después por
.g ~!lle. Borst. Siguiendo ésta
todos los experimentadores:
-6 el método Stern, enseñó vaLa testificación exackt no
§ rios cuadros á veinticuatro
constittiye t·egla,sino excepu personas; á renglón seguido,
ción.
_ ......___
h i z o las correspondientes
Hay otra cosa digna de
preguntas, para averiguar la
gran atención en las sinim- Exactitud compa- Cantidades co m- exactitud de las impresiones
"
v
rada de diferentes
paradas dediferenlares anomalías en que nos clases ~e contesta- tes clases de con- y de las respuestas.
ocupamos, y es que el indic,oncs
teSlaciones
La experimentadora comvíduo llamado á deponer so- Las parles que en los diagramas aparecen probó en el conjunto de conbre este ó el otro asunto sombreadas representan las contestacio- testaciones que existían en
narra frecuentemente los nes inexactas; las blancas, las respuestas ellas tres grados de certiexactas
hechos inexactos e o n exd.umbre: la respuesta dada
traordinaria precisión y perfecta seguridad. con vacilación; la dada con seguridad y la
Exíjase al testigo de un acontecimiento que confil-mada bajo juramento. Llegados á este
jure sobre los Evangelios ser verdad lo que punto, parécenos interesante investigar cuál
relata, y se observará con asombro la dili- de nuestros testimonios formados sobre la
gencia puesta por aquél en jurar acerca de base del recuerdo es más exacto: si el presla exactitud de pormenores que jamás exis- tado con vacilación, el que emitimos con
tieron sino en su imaginación y que no se seguridad, ó el garantizado con juramento.

.g

.g

t .,
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t

t

¡

�312

POR E.SOS MUNDOS

Nos pronunciar1amos en favor del último, pecto que las ignorantes, los adultos más
como único digno de crédito. Y sin. embaruo, que los niños, y así sucesivamente.
la diferencia entre las tres clases de testiTodas estas experiencias de gabinete tiemonio, sobre todo entre las dos últimas, no nen, sin embargo, un grave defecto, y es este
es tan grande en realidad cual pudiera supo- que la testificación se efectúa en condiciones
nerse. Las cifras cantan á este propósito: de favorables por lo mismo que ha sido alteracien contestaciones dadas bajo juramento, do el medio en que se presta la declaración.
en diversas experiencias, noventa y dos fue- Debe tenerse presente que cuando se invoron comprobadas como exactas; de cien con- ca el testimonio de una persona acerca de
te~taciones dadas con seguridad, ochenta y un hecho por ella presenciado, es casi seseis fueron correctas; y, por último, de cien guro que esa persona ignoraba en el morespuestas inseguras, resultaron inexactas mento de la ocurrencia que habría de llegar
cincuenta y seis. En otros términos: el gra- la ocasión de ser interrogada sobre el asundo de fidelidad de un testigo vacilante pue- to. En cambio, tratándose de experiencias
de representarse por la
científicas , e 1 testigo
proporción de un 56 por
sabe de antemano que
100; el de un testigo sese le va á exigir declaguro, por un 86 por
ración sobre tal ó cual
100; y el de un testigo
objeto sometido á s u
jurado, por un 92 por
exámen. Es, pues, na100.
tural, que contemple el
En el segundo de los
objeto con gran atendiagramas que publicación, procurando retemos a p a r e c e n 1a s
ner sus detalles, archicantidades relativas de
vándolos en la memoria
contestaciones en cada
c o n toda la fidelidad
categoría de las referique le sea dable. P o r
das, calculadas sobre un
esta razón, los resultapromedio, así como las
dos de las experiencias
observaciones h e ch as
de laboratorio son mupor Mlle. Borst. Advercho mejores de lo que
tiremos ahora que I a
ocurriría tratándose de
parte sombreada en las
testimonios ordinarios
cuatro columnas indica
rendidos en tribunales
el número de respuestas
de justicia.
inexactas, mientras e 1
Teniendo es to en
espacio en blanco decuenta, procuré cierta
muestra el n.ímero de
vez reunir variados tesrespuestas exactas, ó
timonios respecto á un
sea la fidelidad de las
hecho donde concurriemismas . Como quiera
sen aquellas circunstanque de cada cien contes- Ventana de la Universidad de Ginebra cuya exis- c i a s imprevistas que
.
tencia negaron cuarenta y cuatro estudiantes no
~ac1ones, 60 fueron bajo
obsta,nte pasar r,.nte ella todos los dfas '
caracterizan á la verdaJuramento, 37 112 con
dera declaración. Para
seguridad y 2 1¡2 con duda, parecen quedar ello procedí del modo siguiente.
suficientemente probados el interés y la
Hallándome un clia en mi cátedra de la
utilidad de estas experiencias sobre el testi- Universidad de Ginebra distribuí entre los
monio.
discípulos, de improviso y sin advertencia
previa de ningún género, algt1nas cuartillas
sobre las qu_e iban formuladas varias preguntas relabvasádetalles arquitectónicos del
Fuera, sin duda, imposible, dar cuenta edificio en que nos hallábamos y que debían
minuciosa de todos esos ensayos, los cuales ser perfectamente conocidos de los estudicho está que pueden ser v'ariados al infi- diantes. Entre las preguntas figuraban estas
nito. Pudiéramos, por ejemplo, inquirir si la tres:
declaración expontánea es más diuna de cré¿ Existe alguna ventana interior en el
dito que la prestada en interrogatorio; si la claustro de la Universidad, conforme se endeclaración de una mujer es más fiel que la tra á mano izquierda y dando frente á la
de un hombre; si las personas ilustradas ventanilla de la portería?
ueden infu ndir más confianza á este res¿Cuántas columnas hay en el vestíbulo de

¿DICEN VERDAD LOS TESTIGOS?

313

la Universidad? ¿Cuántos bustos hay en el guridad todos ellos deducirían que no exis-priml3r piso de la Universidad?
tía semejante ventana en cuanto la negaban
El número de contestaciones recibidas fué cuarenta y cuatro testigos contra solamente
de cincuenta y cuatro: cuarenta y una de ocho que decían haberla visto. Los historiahombres, y trece de mujeres. Los resultados dores cometerían, sin embargo, un grandísifueron, en verdad, desastrosos, pues ni una mo error.
sola de las respuestas estaba de acuerdo con
El experimento nos dice, por tanto, que
la realidad de los hechos. Concretando los una pequeña minoría puede tener razón,
resultados en números, diré que las contes- mientras puede estar equivocada una mayotaciones masculinas se acercaban á la ver- ria numerosa, y, por consecuencia, que el vadad guardando la proporción de un 30 por lor del testimonio no acrece un ápice fun100, mientras las femeninas sólo alcanza- dándonos en probabilidades matemáticas.
han un 27 por 100. Desde luego,
, Siendo el acto de prestar declacomprobé que el testimonio así
ración resultado de una función
obtenido no era tan bueno cocerebral, lo que nos habrá de
mo el que se conseguía cuando
permitir apreciar la pura verlos objetos (cuadros, esculturas,
dad de cualquiera declaración
etcétera), eran examinados por
colectiva será el conocimiento
individuos sabedores de que á
empírico de dicha función, y
renglón seguido iban á ser in·
no el cálculo de probabilidades.
terrogados acerca de ello.
¿Y cuál es, entónces, la razón
La parte más interesante de
psicológica de que una simple
la experiencia á que me refiero
ventana engendrase tamaño núes la pregunta relativa á la venmero de falsos testimonios? A
lana del claustro,que reproduce
mi juicio, el escaso interés desuno de nuestros grabados. Coperlado por el objeto; pues, aunmo se observará, sus dimensioque la ventana no tiene nada de
nes bastan para atraer la atenpequeña, su importancia es casi
ción de cualquiera; añadiré que
nula, y respecto á la curiosidad
los estudiantes pasan y repasan
estudiantil dice muy poco ó naante ella veinte veces al día v
da: sus vidrieras, de cristal esque dicho hueco da luz á 1~
merilado, aparecen constantesala de profesores. Pues bien:
mente cerradas, y de ahí que
no obstante todas esas circunsquien pasa cerca de ellas no
tancias favorables, cuarenta y
experimenta jamás la tentación
cuatro contestaciones negaba11
de mirar á través de las misen redondo la existencia de la
mas.
ventana. Tan sólo ocho de los
Leyendo estas líneas, se comestudiantes afirmaban haberla
prenderá fácilmente la razón de
visto, en tanto que dos de los
que sea tan defectuosa la prueba
interrogados se limitaron á con- Enmascarado que h ¡ zo su testifical en los tribunales de
testar: «No lo sé á ciencia cier- aparición repentina en una justicia. En la generalidad de
ta
aula llena de estLdiautes que
¡
¡ t ¡·
· t
•·
no pudieron después descrios casos, os es 1gos son m eUn resultado como este es bir exactamente la traza del rrogados acerca de hechos que
instructivo en alto grado. Deaparecido
no tienen interés alguno para
muéstranos, en primer lugar, cuán grande los declarantes, por grande que pueda ser el
es la confianza que tenemos en nuestra me- q~e revistan para la administración de justimoria; así, cuando no conservamos recuerdo cia.
de un objeto acerca del cual somos interro*
gados, preferimos negar la existencia de di**
cho objeto á poner en duda la fidelidad de la
Otro punto de análoga importancia prácmemoria: mejor que decir Lo ignoro, nega- tica es el relativo al testimonio individual.
mos en redondo el hecho.
' A fin de confirmarlo, llevé una vez á cabo la
Otro resultado, por cierto desconcertante, siguiente experiencia. Era el día 13 de Dies que el valor del testimonio no guarda re- ciembre de 1905, y me encontraba explicanla&lt;'ión de ningún modo con el número de do en mi cátedra. De improviso, entró un int~stigos, corno se cree generalmente. Si, por dividuo enmascarado y empezó á gesticular
eJemplo, se consultase á varios historiadores y á decir frases incoherentes. Ordenéle salir
para dictaminar sobre el valor del testimonio del aula, y como no me hacia caso le expulrelativo á la ventana de referencia. con so- sé á viva fuerza.

�314

POR ESOS ~IU:'IDOS

Dicho está que la pantomima había sido
preparada por mí, aunque en el mayor de
los secretos. El episodio, cu ya duración no
llegaría á veinte segundos, ocurrió al día siauiente de celebrarse la tradicional fiesta patriótica ginebrina conocida con el nombre

bía conteMado bien ó mal á las preguntas
formuladas, y por ende en la absoluta imposibilidad de facilitar indicaciones á los demás testiaos acerca de las respuestas que
debían d:r. He aquí ahora el interrogatorio
á que yo iba sometiendo á mis discípulos;
.Pete de
las respuesl'Escalade,
tas exactas
que abunda
figurnn entre
siemp re en
paréntesis:
mascaradas
1 ¿,Llevagrotescas·
ba sombrero
Como es lóel individuo•~
gico, todos
(Sí).
mis discípu2 ¿De qué
los creyeron
clase era el
que el intru sombre ro 'r
so era un
(Flexible).
bromista
3 ¿De qué
destacado de
color era el
-cualquier
som brero?
comparsa
(Gris).
burlesca é
4 ¿Llevaintroducido
ba guantes?
-0n el a u I a
(Si).
para diver5 ¿Dequé
tirse un rato Entre veintitres alumnos, solo cinco señalaron la careta usada por el aparecido, color eran
á nuestra
que fue la seiialada con el número 8 en este grabado
los guantes?
eosta, ó bien
(Blancos).
para ganar una apuesta, según supusieron
6 ;,Cómo iba vestido? (Llevab~ blusa y
pantalones negros, poco visibles).
algunos.
.
..
Ciertamente, al acontecer la s111gular1s1ma
7 ¿De qué color era la blusa? (Gris).
aparición, á ninguno de los que me rodea8 ¿Llevaba pañuelo anudado al cuello?
ban se le ocurrió que todo aquello era un (Si).
experimento encaminado á apreciar el valor
9 ¿De qué color era el pañuelo? (Obsdel testimonio. La escena había llenado, por curo).
tanto todas las condiciones de realismo y
10 ¿Qué tenía en la mano derecha? (Un
natu/alidad cuya importancia he puntualiza- bastón).
do antes. Una vez que el intruso ~alió de la
11 ;.Qué tenia en la mano izquierda?
-cátedra, continué mi lec(Una pipa, y al brazo un
dón cual si nada hubiese
rnandil azul).
ocurrido. Las primeras alu12 ;,De ·qué color era
siones al incidente hícelas
el cabello? (No era visible).
una semana después, invi13 ;,Cuánto tiempo estando á aquellos que lo ha tuvo en e I aulail (Veinte
bían presenciado á visitar
segundos).
mi laboratorio algunos días
Tan pronto como el tesmás tarde con objeto de
tigo había acabado de confacilitarme datos relativos
testar al interrogatorio, me
al enmascarado del 13 de
lo llevaba á un pequei'ío
Diciembre.
gabinete contiguo al laboCasi toaos los testigos coníunoieron las
Por desgracia, mis oyen- raretas números i y 8, no obstante ser ratorio, y le invitaba á sedesemejantes como puede verse en los
tes no acudieron á la cita
ñalar entre diez caretas de
perliles de ambas
en número tan grande cocartón la usada por nuestro
ºmo yo ·hubiera deseado. Sólo fueron veinti- visitante. Entre las caretas figuraba una de
cinco de ellos, formulando sus declaraciones hombre negro (que no aparece entre las
entre el 21 de Diciembre y el 17 de Marzo. retratadas en el grabado que damos á conoParéceme innecesario decir :que á raíz cer), y que no atrajo en ningún . c~s~ la
de cada declaración el testigo salia inme- atención de los testigos. De los ve111t1crnco
diatamente del laboratorio, sin saber si ha- interrogados (dieciocho hombres y siete mu-

315

¿,DICEN VERDAD LOS TESTIGOS?

jeres), sólo tomaron parte en el experimento número 8 ó la número 4, que, á primera
final veintitres.
vista, tiene algún parecido con la ~x~cta,
Causará, seguramente, sorpresa, el hecho aunque sea en realidad totalmente d1st_rnta,
de que, á pesar de lo insólito y de lo extra- según pued9 advertirse en la segunda ilusvaaante de la aparición de una máscara en tración. Por último, diez de los testigos fueun~ aula universitaria, las declaraciones de ron incapaces de señalar la máscara exacta,
los espectadores, aún impresionados como ni aún empleando el sistema de comparaquedaron por el suceso, se alejasen de la ciones.
verdad hasta un extremo inconcebible. La
De todo lo cual podernos deducir que
fidelidad de los testimonios podría estar ex- cuando los jueces invitan á. un testigo á propresada por un 59 por 100, resultado algo nunciarse sobre la idealidad de una persona
mejor, de todas suertes, que el ofrecido por sospechosa sometida á su exámen, el testiel experimento de la ventana, pero inferior monio absolutamente exacto es excepción,
al conseguido exhibiendo á los sujetos cua- 1w regla. Resulta, pues, evidentísimo que la
dros ó grabados.
doclaración prestada por una persona deseoEs digno de notarse que en este caso par- sa de decir verdad se halla muy lejos de meticular el testimonio femenino fué mejor que recer completo crédito.
el masculino (74 por 100 de fidelidad, contra
un 53 por 100).
Entre los detalles instructivos observados,
Un punto sobre el cual nos parece necemerece registrarse el siguiente: todos, abso: sario insistir con especialidad ea que, en la
lutamente
práctica, el
todos 1 os
peligro de
testigos, inlas declara-0 urrieron
ciones reen pormeside, no en
nores fanDeclaración obtenida por interrogatorio
aquello qu_e
tásticos
Teslimo- se ha olviacerca de
1++~ - nio exacto dado, sino
Declaración expontanea
en [ o que
la ves timenta del
pudiera
Errores por asociación
aparecido:
Falso testimonio
falsearse.
Errores
por
sugestión
uno de los
Un testigo,
interrogadiciendo
dos aseguraba que el individuo llevaba botas simplemente Lo ignoro, no es peligroso; en
de montar; otro aseveraba, muy convencido, cambio, lo es, y en alto grado, quien afirma
que el enmascarado usaba pantalón á cua- lo que no existe. Todo el interés del probledros.
ma, se halla, por consiguiente, en el segundo
Los resultados de las experiencias efec- de los fenómenos enunciados, esto es: ¿por
tuadas con las caretas fueron aún más inte- qué afirma un testigo hechos inexactos? ¿por
resantes. Como todo el mundo sabe,es mucho qué surgen en su mente pensamientos fanmás fácil reconocer un objeto ya visto que tásticos, imágenes que no guardan relación
describirlo de memoria. ¿No es un hecho co- con nada existente, pero que se imponen á la
nocido la imposibilidad en que nos hallamos conciencia hasta P.l punto de ser tenidas por
á veces de describir de memoria el color de recuerdos verdaderosi'
los ojos ó la forma de la nariz de personas
A mi modo de ver, esas falsas imágenes
que nos son conocidísimas? Y, sin embargo, reconocen dos causas: la asociación de ideas
reconoceríamos fácilmente á dichas persoy la sugestión. Toda idea y toda imágen pronas no bien las viéramos.
penden á evocar ideas é imágenes afines.
Con todo, y no obstante esa facilidad de Así, cuando narramos un hecho cuyos detareconocimiento, las experiencias de las ca- lles circunstanciales se han esfumado en
retas, que tendían á hacer acluar esa fa- nuestra memoria, completamos aulomáticacultad, dieron malísimos resultados, pues de mente las soluciones de continuidad del relos veintitres testigos solo cinco señalaron cuerdo con imágenes tomadas á otros hechos
la careta (la octava del correspondiente gra- más ó menos parecidos. Refiriéndonos á los
bado) tras de alguna vacilación. Otros ocho casos citados al comienzo de este artículo,
testigos dudaron entre dicha careta y dos ó es probable que la señorita que declaraba
tres más elegidas para exámen. En la mayo- haber visto dos palomas en un cuadro hutia de los casos, observé que mis sujetos no biese tenido ocasión alguna vez de contemse decidían á señalar fijamente la careta plar una pintura semejante en l'l que figura-

l

l

�POR ESOS MUNDOS

316

sen palomas. De igual modo se explica lo de
los niños y los sellos matados, puesto que
por lo general los muchachos los tienen así
en sus colecciones. Formulando esto en un
concepto ámplio, diremos que nuestras ideas
se completan con arreglo á lo probable y á
lo acostwm,brado. Además, afirmaremos que
esa ley psicológica no rige sólo nuestra _memoria sino nuestras facultades perceptivas.
Nadie' ionora, en efecto, que percibimos en
-~ por nuesrealidad" mucho más de 1o recogiuo
tros órganos sensoriales. Según esto, dentro
de nosotros hay algo inconsciente que interpreta ó que completa, de nna manera continua, las impresiones sensibles, operándose
ese trabajo con ayuda de imágenes mentales siendo lo probable que entre todas ellas
elijamos las que mayor interés despiertan
en nosotros.
Estudiemos ahora el segundo factor, ó sea
la sugestión. Esta consiste en que un individuo fuerce una imágen en la mente de otro
individuo determinado. La sugestión (conviene tenerlo presente) desempeña papel
importante en la prueba testifical. El simple
hecho de interrogar á un testigo y de obligarle á contestar contribuye á que aumente de
un modo enorme el riesgo de los errores en la
prueba. Tanbién influye sobre el valor de la
respuesta la form:i en que se hace la pregunta. Supongamos, por ejemplo, que se interroga á varias personas acerca del color de un
perro. Sin duda, las contestaciones serán probablemente más exactas si preguntamos al
testigo «¿,De qué color es la piel del perro?»,
que si se formula la pregunta de este modo:
«¿Era el perro blanco ó negro?» Mas, si interrogamos en esta forma: &lt;¿Era blanco el perro'?,, tenemos ya una interrogación sugestiva, siendo casi seguro que la respuesta no
tendrá valor alguno.
Al someter un testigo á un interrogatorio
estrecho, esto es, ayudando y forzando su
memoria, podremos obtener, en verdad, una

declaración mucho más extensa que dejándole contestar expontáneamente. Pero las
ventajas así lograd~s so~ problemáti?as, en
cuanto la informamón pierde en fidehdad lo
que gana en extensi~n. .
.
El último de los d1buJOS que pubhcamos
ofrece una representación gráfica del mecanismo del testimonio. El círculo negro simboliza la presentación ó sea la primitiva visión
del objeto ó del hecho respecto de~ cu~l se
declara: expresándonos en otros termmos,
diremos que el referido circulo representa la
realidad. La declaración expontánea se encuentra figurada por el círculo con rayas
verticales, mientras el testimonio obtenido
medianteinterrogatorio se halla representado
por el círculo de rayas horfaontales. Los trozos de estas declaraciones contenidas en el
interior del circulo negro constituyen la proporción exacta de verdad; todo lo que se encuentra fuera del círculo es falso testimonio,
debido á la imaginación ó á la sugestión. Vése claramente que la declaración obtenida
por interrogatorio es más abundante que la
declaración expontánea; pero, por otra parte,
es aquella menos exacta en cuanto observaremos que el arco del círculo sobresaliendo
del neoro es relativamente mayor que el arco
repres~ntativo de la declaración prestada expontáneamente.
Resumiendo, diremos á aquellas personas
llamadas á exigir testimonio de cosas ó de
hechos que no olviden nunca este principio:
la memoria no tiene semejanza alguna con
una caja de hierro, herméticamente cerrada,
donde se va almacenando el recuerdo y donde perdura hasta que de él necesitamos.
Por el contrario, las impresiones que recibe
nuestra mente se parecen en un todo á las
semillas arrojadas á la tierra. Estas echan
sus raíces y producen hojas y flores; mas al
cabo de algún tiempo puede ocurrir que no
quede ni un leve vestigio del primitivo gérmen causante de toda esa vegetación.
PROFESOR Eo. CLAPAREDE
Dir&lt;,clor del Gabinete Psicológico
de la Universidad de Ginebra

REPOSITO
(NOVELA ANDALUZA)

muebles que tienen más suerte que
H
cualquiera persona, y eso le pasaba á la
sillita volante aquella de afiligranados paliAY

troques celeste y oro y asiento de rejillas,
que de buenas á primeras se encontró con
una cariñosa mirada de Reposito, y luego de
acariciada por su mano tan suave y blan,
quísima, inmediatamente se le sentó encima
· toda aquella divina criatura y... y puede
creerse que,al pensar en esto, el autor de la
noveleja siente con todas las verns de su
alma no ser de rejilla...
Porque había que ver aquella cara de nieve, y aquellos dos lunares tan simpáticos que
hacían pensar en otros más seductores, y
aquel cuello torneado, y aquel cuerpo tan sin
tacha ... En fin, que si me fuera posible y Reposilo me prestara su consentimiento, rico
treinta veces pares me haría rifándola, seguro de que al ver el objeto en rifa más de
un mortal pretendería meter todo lo que pudiera.
Y no me ha de dejar por embustero Gabriel 1-Ieredia, que chifladito el pobre por
aquella pintura no parecía sino que para su
personilla enamorada se había escrito el
cantar:

Tiro pied1·as por la calle
y al que le dé que perdone:

tengo la cabeza loca
de tantcts cavilaciones.

•

Cansadita venía la pobre de la procesión¡
cansadilla y con dos dedazos señalados en
su vestido de seda blanca, cerca de la cintura, de no se sabe qué sinvergüenza que allí
dejó prueba ostensible é inequívoca de su
admiración y entusiasmo. Cansadilla y con
un pesar y un desengaño tan terrible, que
más no podía ser.

-¡De manera que en cama y con un parche poroso; de modo, ¡so judío!, que era
mentiral-decia, leyendo un:i carlita que en
graneles letras, como si hubiera escrito en
papel de oficio: le dirigió IIeredia la tarde
anterior.
¡Y qué bien pensada estaba la misiva, y
qué detalles del catarro y del parche que
se rascaba uno sin querer con solo leer aquello!... ¡Charrán!
¿Y para qué le mentía? ¿No tenía más que
haberle dicho que no contara con él, porque
no le daba la muy repotente gana, ó porque
tenía un asunto pendiente con la de Galindo? ¿Y qué asunto sería aquel? Muy importante desde luego, porque muy juntitos y
acaramelados los vieron aquellos ojazos azules, y muy colorada se puso ella y mucha
tos le dió á él.
¿Y para granuja semejante se componía
ella? ¿Y para aquel poca lacha tenia ella
guardados los secretitos de su pecho, y aquella docena de pañuelos, bordados más que
con la aguja con el alma?
Por supuesto, que aquello se había concluído para siempre y de una vez. Que embobara con su palique á la de Galindo, si
tanto le interesaba, y ella á meterse monja,
gran alivio de pesares y cura radical de las
penitas hondas del querer.
Eso, ¡á monja! Su pelo rubio, de oro rizado, caería al suelo en haces brillantes; de sus
orejilas quitaría para siempre los solitarios
de mil luces y mil resplandores; en lugar de
aquel ceñido y elegante traje, el hábito ámplio y holgado; en vez de la pulsera de oro
finísimo, el rosario de negras cuentas; y
pronto, muy pronto, se vería bajo las bóvedas obscuras del convento de las mercenarias, en medio de aquel misterioso silencio,
leve el paso, la vista baja, murmurando sus
labios una oración. y luego otra, y otra, en

�POR ESOS MUNDOS

316

sen palomas. De igual modo se explica lo de
los niños y los sellos matados, puesto que
por lo general los muchachos los tienen así
en sus colecciones. Formulando esto en un
concepto ámplio, diremos que nuestras ideas
se completan con arreglo á lo probable y á
lo acostumbrado. Además, afirmaremos que
esa ley psicológica no rige sólo nuestra _memoria sino nuestras facultades perceptivas.
Nadie' ianora, en efecto, que percibimos en
. ~ por nuesrealidad" mucho más de lo recogiuo
tros óraanos sensoriales. Según esto, dentro
de nos~tros hay algo inconsciente que interpreta ó que completa, de nna manera continua las impresiones sensibles, operándose
ese 'trabajo con ayuda de imágenes mentales siendo lo probable que entre todas ellas
elijamos las que mayor interés despiertan
en nosotros.
Estudiemos ahora el segundo factor, ó sea
la sugestión. Esta consiste en que un individuo fuerce una imágen en la mente de otro
individuo determinado. La sugestión (conviene tenerlo presente) desempeña papel
importante en la prueba testifical. El simple
hecho de interrogar á un testigo y de obligarle á contestar contribuye á que aumente de
un modo enorme el riesgo de loserrores en la
prueba. Tanbién influye sobre el valor de la
respuesta la form!l en que se hace la pregunta. Supongamos, por ejemplo, que se interroga á varias personas acerca del color de un
perro. Sin duda, las contest_aciones serán probablemente más exactas s1 preguntamos al
testigo «¿.De qué color es la piel del perro?»,
que si se formula la pregunta de este modo:
«¿Era el perro blanco ó negro?» Mas, si interiogamos en esta forma: •¿Era blanco el perro?,, tenemos ya una interrogación sugestiva, siendo casi seguro que la respuesta no
tendrá valor alguno.
Al someter un testigo á un interrogatorio
estrecho, esto es, ayudando y forzando su
memoria, podremos obtener, en verdad, una

declaración mucho más extensa que dejándole contestar expontáneamente. Pero las
ventajas así logradas son problemáti?as, en
cuanto la información pierde en fidehdad lo
que gana en extensi~n. .
.
El último de los d1buJOS que publicamos
ofrece una representación gráfica del mecanismo del testimonio. El circulo negro simboliza la presentación ó sea la primitiva visión
del objeto ó del hecho respecto del cual se
declara: expresándonos en otros términos,
diremos que el referido círculo representa la
realidad. La declaración expontánea se encuentra figurada por el círculo con rayas
verticales, mientras el testimonio obtenido
mediante interrogatorio se halla representado
por el círculo de rayas horizontales. Los trozos de estas declaraciones contenidas en el
interior del círculo negro constituyen la proporción exacta de verdad; todo lo qu~ se e_ncuentra fuera del círculo es falso teshmoruo,
debido á la imaginación ó á la sugestión. Vése claramente que la declaración obtenida
por interrogatorio es más abundante que la
declaración expontánea; pero, por otra parte,
es aquella menos exacta en cuanto observaremos que el arco del círculo sobresaliendo
del negro es relativamente mayor que el arco
representativo de la declaración prestada expontáneamente.
Resumiendo, diremos á aquellas personas
llamadas á exigir testimonio de cosas ó de
hechos que no olviden nunca este principio:
la memoria no tiene semejanza alguna con
una caja de hierro, herméticamente cerrada,
donde se va almacenando el recuerdo y donde perdura hasta que de él necesitarnos.
Por el contrario, las impresiones que recibe
nuestra mente se parecen en un todo á las
semillas arrojadas á la tierra. Estas echan
sus raíces y producen hojas y flores; roas al
cabo de algún tiempo puede ocurrir que no
quede ni un leve vestigio del primitivo gérmen causante de toda esa vegetación.
PROFESOR

En.

CLAPAREDE

Director del Gabinete P sicológico
de la Universi?ad de Ginebra

REPOSITO
(NOVELA ANDALUZA)

muebles que tienen más suerte que
H cualquiera
persona, y eso le pasaba á la
AY

!

'

sillita volante aquella de afiligranados palitroques celeste y oro y asiento de rejillas,
que de buenas á primeras se encontró con
una cariñosa mirada de Reposito, y luego de
acariciada por su mano tan suave y blan,
quísima, inmediatamente se le sentó encima
toda aquella divina criatura y... y puede
creerse que,al pensar en esto, el autor de la
noveleja siente con todas las veras de su
alma no ser de rejilla ...
Porque había que ver aquella cara de nieve, y aquellos dos lunares tan simpáticos que
hacían pensar en otros más seductores, y
aquel cuello torneado, y aquel cuerpo tan sin
tacha ... En fin, que si me fuera posible y Reposi to me prestara su consentimiento, rico
treinta veces pares me haría rifándola, seguro de que al ver el objeto en rifa más de
un mortal pretendería meter todo lo que pudiera.
Y no roe ha de dejar por embustero Gabriel Heredia, que chifladito el pobre por
aqu ella pintura no parecía sino que para su
personilla enamorada se había escrito el
cantar:

Tiro piedras por la calle
y al que le dé que perdone:

tengo la cabeza loca
de tantas cavilaciones.

•

Cansadita venía la pobre de la procesión¡
cansadilla y con dos dedazos señalados en
su ve5tido de seda blanca, cerca de la cintura, de no se sabe qué sinvergüenza que allí
dejó prueba ostensible é inequívoca de su
admiración y entusiasmo. Cansadilla v con
un pesar y un desengaño tan terrible·, que
más no podía ser.

- ¡De manera que en cama y con un parche poroso; de modo, ¡so judío!, que era
mentira!-decía, leyendo una carlita que en
granrles letras, como si hubiera escrito en
papel de oficio, le dirigió lleredia la tarde
anterior.
¡Y qué bien pensada estaba la misiva, y
qué detalles del catarro y del parche que
se rascaba uno sin querer con solo leer aquello!... ¡Charrán!
¿Y para qué le mentía? ¿No tenía más que
haberle dicho que no contara con él, porque
no le daba la muy repotente gana, ó porque
tenía un asunto pendiente con la &lt;le Galindo? ¿Y qué asunto sería aquel? Muy importante desde luego, porque muy juntitos y
acaramelados !os vieron aquellos ojazos azules, y mu y colorada se puso ella y mucha
tos le &lt;lió á él.
¿Y para granuja semejante se componía
ella? ¿Y para aquel poca lacha tenía ella
guardados los secretitos de su pecho, y aquella docena de pañuelos, bordados .más que
con la aguja con el alma?
Por supuesto, que aquello se había concluido para siempre y de una vez. Que embobara con su palique á la de Galindo, si
tanto le interesaba, y ella á meterse monja,
gran alivio de pesares y cura radical de las
penitas hondas del querer.
Eso, ¡á monja! Su pelo rubio, de oro rizado, caería al suelo en haces brillantes; de sus
oreji tas quitaría para siempre los solitarios
de mil luces y mil resplandores; en lugar de
aquel ceñido y elegante traje, el hábito ámplio y holgado; en vez de la pulsera de oro
finísimo, el rosario de negras cuentas; y
pronto, muy pronto, se vería bajo las bóvedas obscuras del convento de las mercenarias, en medio de aquel misterioso silencio,
leve el paso, la vista baja, murmurando sus
labios una oración, y luego otra, y otra, en

�318

rmrosrro

POR ESOS l\IUNDOS

místico recogimiento, consagrada con alma
-En la que no se puede abrí la selosía ...
y vida á su Dios, rogándole siempre por la
- En la que ...
salud de su Gabriel, por la suerte de su Ga-Si, anda.
briel, por la felicidad de su Gabriel, por
- .Es que ...
aquel granuja, embustero, judío herejote, sin- ;.Qué te pasa?
vergüenza... Porque ella era así: seguiría que-A mí ná. Pero yo creo que sí se abre.
riéndole mucho, como basta ahora, y soña-No se abre. Está la madera hinchada.
ria en su celda blanquísima con una noche
- Pero como estamos en verano, con estas
estrellada, clara, serena, y con Gabriel, su calores s'ha resumío pa dentro v ...
Gabriel de su alma, que convencido de Jo la-No, no. ¡Si lo sabré yo!
·
gartona que era la de Galindo vendría por
-Po~ güeno ... Dígale usté ar señorito que
fin al buen camino, y, con el corazón hecho no respire mu fuerte, porque en cuanto asopeclazos, saltaría por
ple un poco se viene abajo hasta la puerta é
la ventana de la celcristale y le van á salir viruela...
da, y... y ella no que- ¿Quién :a ha
rría, pero muertecita
compuesto?
de susto, y por mor Al'I~--Yo.
de la impresión,
--¿Tú? No pues e desmayaría
de ser.
en sus brazos, y ~
- Güeno , ¡ mi
Gabriel la sacanovio!
ria del convento
-¿,Se ba metipor la mis- ✓
do á carpinmísima puertero?
ta, ahogan-No; pedo de cami·'ifirriiiiiiiiiiill
ro es la mar
no al perro
:1\1!-.;.;,;;.,_._
de bruto.
para que DC\
Más inquieladrase, dánto q u e una
dole un puveleta y lemñetazo en I a i:
~~=~~~f:~
blando más
narices á la torque un perro
nera (pero s i n
chico, espehacerle mucho
raba Gabriel
daño) para que
que se asomara á
no chillase , al
la reja su Reposo.
sereno de la caEl discurso, hil1le veinticinco
vanado e n cinco
duros para que
-El señorito Grabie que _si está ~sté en casa,-dijo Juanilla
minutos I o traía
·
a Repos1to
f resqu1to,
. ' y pensan o avisase
a1
juez, y ¡libres para siempre, felices, muy ba soltárselo así, á boca de jarro:
felices, muy felices!...
«Olé, olé, olé y olé, que ya está aquí la puy Reposito inclinó su cabecita rubia y rificación de la yema de coco. ¿Pero qué es
comenzó á llorar...
eso? ¿,Qué significa ese ceño tan arrugado y
esa mirá tan penetrativa? Te advierto que he
JI
venío á bablá con mi novia, y no á declará
ante ~r jué de primera instancia. ¿Que mé
--El seiiorilo Grabié que si está usté en has visto en la calle, cuando me creías en la
casa,-entró diciendo Juanilla,con su delan- cama con un botijo á los piés? Tú no sabe el
tal recogido, los brazos al aire y un plumero drama íntimo que se ha desarrollado en el
en una mano.
seno de mi hogar. Viruelas negras le entró
-~,Gabriel?
esta mañana á las sinco á mi criada; á las
-En cuerpo y alma, y con un jipi que le siete degeneraron en pulmonía fulminante; á
llega á los tobillos.
las sie te y media en tisis galopante, y la po-Dile que se espere, que yo mismita voy brecita estiró la pata á las ocho. Tó en meá la ventana.
nos que te lo cuento. De la traquiná de llorá
- Güeno.
que nos hemos dao tós ... jasta er gato se ha
- ¡Juanilla!
quedao que si lo vés no lo conoces: ¡tras- Que me espere en la otra ventana.
parente! Yo mismo be tenío que ir á visita1·
- ¿En cuá?
al médico, en lugá de vení el médico á visi-

_....,...,.,...1:

tarme á mí, porque la encargá de avisarlo
era la pobre Consolasión, que no ha esperao
ni ar Santolio, pero bien ganao tiene er siclo
con lo que ha sufrío la infeli esta mañana.
¿Que me viste con la de Galindo? Pues fué
porque como su padre es boticario le estaba pidiendo referencia de unas pastillas pectorales que son mano de santo. ¿Que viste
que se puso ella mu y colorada y me &lt;lió un
lirón de la chaqueta apenas aparesisle tú
por la esquina?Pues fuépa decirme: «¡Déjate
de pamplinas perlorales, que la que te cura
á tí el catarro viene ahora mismito pa acá.»
¿Que no crees que estoy acatarrao'? Pues si
no fuera porque te iba á dá vergüenza, le
enseñaba el parche.»
Y en estas consideraciones se exlendia
Gabriel, cuando abriendo la ventana apare. ció en ella Reposito, llorando como una
Magdalena.
-Me estropeó el discursito,-murmuró el
gal.~n.
Y acercándose á la reja y poniendo cara
de embobado, dijo muy bajito:

No rne llores, no me llores
que me pareces llorando
la Virgen ele los Dolores.
-¿Pero qué te pasa, chiquilla? ¿Se te ba
e::,tropeao er traje? ¿Se te ha roto algún peinecillo?, Pues déjalo tú que te voy á comprá
uno co11 rubises y perlas y diamantes que
van á brillá tanto que cuando sargas á la calle te vas á vé rQd(lá de terreras como si fueras una trampa. .
- Pa tramposo tú, pa informá tú, pa desagradesío Lú, y pa ...
-No sigas por ese camino, que va á creé
la gente que te oiga que prestas dinero á
réditos.
-Lo que be prestao ha sío un queré mu
formal y muy honrao á cambio del luyo, y
el tu yo se lo das á la primera pelagatos
que te tropiezas en la calle, y te quedas con
el mío pa cuando se te antoje reirte.
-¿Te quiés cayá? ¿Pero tú t'has figurao
que la ele Gal indo me interesa á mí el canto
de una perra chica?
- Lo que me be creío el tiempo lo dirá,
que por ahora no me da la gana de andá con
esplicasione ... Y ¡pa que te entere!: á esta
reja no te animes más en la vía, y cuando
pases por debajo de mi balcón agacha la cabeza y juye, porque están las macetas en
tenguerengue.
Y dió un portazo y un cerrojazo, y Gabriel
se quedó como hecho de una pieza.
Cuando, vuelto de su asombro y reanimado, se disponía á marcharse, pasó por su iado
una muj er vendiendo billetes de lotería.

319-

Echó mano de su cartera, sacó un billete dediez duros,-el único que ha visto el autor
de esta novela-compró un Catorce mü enterito y doblándolo cuidadosamente emprendió su camino, diciendo:
-Como no se arrepienta antes de que me
toque el premio gordo, ¡va á pasar más berrenchines que una gata metía en un saco!

III
Por si hubo algún lector que le pareciera
caprichosa la afirmación de Juanilla cuandodijo á su ama que su novio no era carpintero, pero sí muy bruto, allá va, para que otra
vez no dude de lo que el autor pone en boca
de sus personajes, enlar.ada con la presente
historia la historia de esos amores.
Bermejo y Pilonguita son los padres deJuanilla. Bermejo, que era alguacil de los toros los domingos de corridas, con permiso
del alcalde, y municipal los demás dias, ganaba muy poco, tan repoco que había olvidado el uso del tenedor, por eso y porque
Pilonguita, una viejecilla mu y arrugada y
muy limpia, era muy buena y muy hacendosa, pero en su vida había aportado un garbanzo al puchero.
En vista de los acontecimientos, Juanilla,
que era muy lista y estaba casi desde que la
parió su madre curada de espanto, decidió
echarse á servir en una casa pacífica, y dió
con la de Reposito que más tranquila no
podía ser.
Desde luego, los amos, y sobre todo la gei1til amita, tomaron en grande aprecio los servicios de Juanilla, y lo que comenzó por estimación concluyó por verdadero cariño, y
la niña servía en la gloria, y allí hacia su
santísima voluntad.
Y sucedió que andando el tiempo, comola muchacha valía más de un suspiro, le salió al encuentro Manolillo una mañana en la
Plaza de la Encarnación, la miró como se
miran ciertas cosas, la niña comprendió que
había hecho blanco, y en la calle Dados volvió dier. veces la cara y otras diez veces seencontró con que Manolillo la seguía.
Bermejo y Pilonguita, que visitaban al
fruto de sus amores todas las semanas una
vez, se enteraron del caso, y comenzó Bermejo á indagar y á interesarse de qué casta
de pájaro era el pretendiente, logrando averiguar que era un maleta en toda la soberbia extensión de la palabra. Y un día llegó
á casa de Reposilo, y así la dijo:
-Señorita: yo confío en usted que tantoquiere á esa loca niña mía. Como es jóven y
sale sola, y sabe recogerse las enaguas, muy
bien por cierto, le ha salido un prctendien-

�320

POR ESOS ll!UNDOS

te, que ¡maldita sea su casta! no tiene oficio
ni beneficio, y sí la suerte pajolera de que no
se cae nunca de un tope del tren donde viaja ni le pasa el furgón de cola por la mitá del
eje. Como descarao, lo es más que una ditera; como sinvergüenza, sabrá usté que ya le
he dao cuatro paliza como si tal cosa. Nada
le ha dicho á Ju anilla todavía, pero J uanilla
le ha dicho á su madre que todas las noches
sueña con un traje de !uses, y yo voy á romperle una pata á mi hija ó dejo de ser Bermejo para siempre. Con que ustedes allá, que
ustedes la tratan más que sus padres, ysi
no la libran de ese mochuelo... lo que es
de una tunda diaria no lo libra ni el Sut·-

sum Corda.
IV
Y Manolillo, que donde nunca se
pensaba se
encontraba
con Bermejo,
que por me•
nos de un pitillo lo llevaba á la casilla, firme en
sus trece y
decidido á
que el futuro suegro cayera de su
burro, buscó
una inOuenc i a grande,
la del marqués del Pozo Dulce, y con
gran satisfacción suya y enorme estupefacción de Bermejo, un sábado apareció
en los carteles de los toros del domingo
su nombre:

321

REPOSITO

malo ha sío mi procedé y el hombre no sabe
cuando mal camina. No sé por qué me dá el
corazón que este niño lleva drento la sangre
de Cara Ancha, y te digo mi verdá que como quée bien esta tarde ... ¿qué más queremos nosotros pa J uanilla?
Y Manolillo decía á su compañero el Piruli:
-Si zargo esta tarde en Sevilla no é má
que pa poderle refregá la muleta por los jocicos á mi suegro, á vé si se entera arguna
vé de lo que yo me traigo. Mu negro es er
segundo, y mu blanco el cuarto, y mu pintarraqueaoersexto; pero me los voy á comé
esta tarde como si fuesen caracoles.
*

* *«¡La Ver-

'\

dad Taurina!, con la

reseña de los
toros de esta
tarde» ...
Copiamos
á continuación algunos
párrafos de
la revista:
,
_ _,,.•'
,Arevalito,
de verde y
~
oro, coge los trastos
1.
toricidas; derecho como un huso, brinda
f-•
al presidente, y con
resolución, vase á la
fiera terrible.
»Empieza su faena algo
movido y continúa moviéndose más que la t·eolina de
un barquillero chiflao.
Ca&lt;ta vez que Juanilla
• Un pase por lo alto, .y va
volvía la cara se encontraba con que Manolillo
por lo alto también el socio
la seguía
suicida, horrorizando á los
MANUEL ARÉVALO GARCÍA
espectadores. Por fin, cae, y botando como
si fuera de goma, logra levantarse, y lleno de
(et) AREVALITO
coraje y suponemos que algo molesto por la
MATADOR DE NOVILLOS
desconsideración del cornúpeta, sin que este
nuevo en esta plaza
cuadre, se lanza y ¡pum! un pinchazo trasero
en el mismísimo nacimiento del rabo. Si de
A manos de Juanilla llegó un cartel de intento lo hubiera hecho, no le sale la suer-·
toros, y el mismo de Juanilla á manos de le. ¡Hay cosas inexplicables! El publiquito
Bermejo, sin que supiera éste por dónde le se pindonguea y aplaude delirantemente.
había venido, y Juanilla dió más saltos que
• Tres pases más, hu yendo el toro de Areuna cabra loca, y Bermejo se vió sumido en valito y Arevalito del toro, y el muy verduun lago de confusiones. (No siempre ha de go, aprovechando un descuído del bueyanser un mar; y aunque en un lago caben cón, le atiza á volapié un sablazo por el cuemenos confusiones, hay lo suficiente para llo dejándole el estoque á modo de alfiler de
sumirse).
corbata.
-Pilonguita,- decía1e á su esposa-mu
»Sigue el püidongueo.

»El presidente ordena que pase á la cárcel
-el diestro, pero el público, comedio de un
broncazo fenomenal, se opone resueltamente.
»Sigue Arevalito su faena lucidísima, y con
verdadero ardor bélico agarra ,ma estocada
Jurmiéndose en la cuna y armando caballero al feroz contrario.
»El toro, en vista de los hechos y aburrido
.soberanamente, decide echarse á morir y
muere como un santo.
,Palmas para Arevalito.•
Reseña de la muerte de otro toro:
cArevalito brinda al marqués d e Pozo
Dulce, y se dirige á la fiera, entre las risota-das del público.
,Comienza con un pase de pecho fenomenal, sin que el toro se mueva de su sitio.
»Palmas y olés (los olés muy prolongados).
,Otro pase de pecho, de idéntica manera.
»Otro.
»Otro.
,Otro ...
•Arevalito se parte el pecho dando pases.
El toro, en tanto, parece sumido en la más
!Profunda meditación.
•Por fin se reanima y con mucha cachaza
vuelve el rabo al arrojado diest_ro- Risas.
»Arevalito le busca la cara, y el bicho, que
parece una doncella pudibunda, no le deja
ver el rostro.
,El buey da una patada en ocasión de en-contrarse detrás e 1 valiente matador, y
éste se ofusca, y á la patada del animal con·testa con un soberbio pase redondo. Olés y
sombreros.
• Vuelve el toro á su meditación, y Arevalito se arranca desde la Plaza Nueva y atiza
•un bajonazo.
,El buey se echa á dormir la siesta, y el
puntillero aprovecha el pacífico sueño, y
-después de espantarle las moscas, por .si
acaso, acierta á la primera.
»La música se arranca por peteneras. Arevalito recibe del marqués un alfiler de corbata, y lleno de indignación lo muerde, lo
rmasca y lo arroja al suelo. Pero Arévalo es
un vivo.
,¡Pa mi que se ha tragao er brillante!,
Y sigue La Verdad Taurina:
«Llegado el instante i:mpremo, váse. A:ré·valo hácia el último de la tarde y antes de
llegar se le enredan los piés en la muleta y
mide el terrP.no. El bicho se le acerca, le dirije una mirada despreciativa, lo huele, y le
,quita la faja. Palmas al toro.
»Se levanta Arevalito, mordiéndos_e los puños de coraje, y sin pasar de muleta entra
·con todas las dé la ley y sale sin herir. Los
peones auxilian al diestro, que se encuentra
:muy nervioso.

»Arévalo manda despejar, y llegándose
hasta la fiera da tres pinchazos sin soltar,
uno de ellos en un pitón, y el toro hace wn
extraño, lo encuna y le da un paseo gratis
por la plaza.
,El bicho deja con sumo cuidado su carga
en el callejón, y del callejón es conducido
¡por fin! á la cárcel.
,Pitos para el presidente.
&gt; Toma los trastos Guitita y espicha el toro de una estocada más atravesada que un
carabinero.,
Bermejo no perdió un incidente de la corrida, y cada vez que Arevalito se decidía á
hacer algo ya estaba el alguacil llamándole
asesino, verdugo, criminal, y otras palabras
escogidas del código.
Llegó á su casa Bermejo, y ya su Pilonguita estaba al cabo de la calle y llorando
como una descosida, pues por su corazón de
madre no se había opuesto nunca, resueltamente, á los sueños de su Juana, y aq_uella
tarde la pobre vieja se había forjado la ilusión de que al fin serían felices y poco á
poco se irían largando las papeletas de empeño que llenaban la cómoda.
Y Juanilla, por su parte, dió en llorar también, y llorando sin consuelo estuvo cuatro
días, diciendo en medio de su lloro amargo:
- Maleta, será; remaleta, retemaleta ...
¡Pero lo quiero,lo requiero y lo retequierol...
V
Vestido de autoridad, y más negro que
la olla de un guarda, se dirigió Bermejo á su
corral. Venía de casa de Reposito, y acababa de oír de boca de su hija descaradamente que le importaba muy poco que Arevalito matara ó no matara y que lo que se estaba haciendo con ella era un crimen: ya llevaba veinte días sin poder salir ni á la puerta ni al balcón, y se tiraría por la azotea á la
calle el mártes sin falta para que la recogiera en sus brazos el asesino aquel que le hcicia la rueda.
Bien recomendada la dejó á la señorita
Reposo; pero Bermejo, no obstante,· volvia
con cierta intranquilidad, y apenas entró en
el corral se encaró con Pilonguita, que en
la puerta de la calle le aguardaba, y la dijo:
-Me estoy viendo retratao en El Liberá
con la cabeza de Arevalito cortá '{ agarrá
asín por los pelos.
-¿Sí?-le dijo Pilonguita.~ Pues ahí lo
tienes en el cuarto esperándote.
-¿A mí?
- A tí,
:--Toq¡a el sable, Pilonguita, toII)a el sa•
ble, y entra conmigo y _prepara árnica.
~

�322

POR ESOS MUNDOS

- ¡¡Buenas tardes!! - casi
gritó Bermejo.
.
-Muy buenas las traiga
usté,-dijo casi cortado Ma•
nolillo.
- ¿Qué hay? ¿Viene usté
por la oreja del segundo?
-Señó Bermejo, vengo desidío á ser un hombre de bien
y á hablarle con el corar.ón en
la mano.
- Hombres con poca lacha
he visto muchos, pero con tan
repoquisima como el hijo de
tu mare... ¡ni en carcomaníal
-Mírusté, Bermejo: á un
grillo es y se le escucha, y yo
quiero que usté me guarde un
ratiyo de silencio, que voy á
hablá ...
-¿,Qué vás á hablá?
- Voy á desirle que soy
mu y bruto, y he desidío ser
digno de su hija de usté...
-¿,Tú?
-Espere usté un momentito... Palo cuá
he ingresao como peón ...
-¡Basta! ¡Se'm'acabó la pasensial ¡Fuera!
-Señó Bermejo... que yo soy mu bruto y
usté no sabe ...
-Lo que yo no sé, ni-pueo sabé, é jasta
dónde yega tu mala sangre, ¡ladrónl
- Mírusté que yo soy...
-¡Si, muy bruto! ¡Se te conose jasta en
er modo de andál Lárgate de aquí, que tú va
á sé mi perdisión, y la de mi bija, y la de lo,
vesinos, y la de tó er barrio, porque me voy
á gorvé loco dando puñalá en la casa, y como
sarga á la calle van á tené que poné en las
dos esquinas «Se prohibe er paso•.
- ¡Pero... señó Bermejo!
-¡Maleta!
·
-Si, señó, ¡maleta!
-¡Retemaieta!
-Si, señó, ¡si yo no lo niego!
-De modo que para hacerte digno de Juanilla, ¡peón! ¡Eso es, á empezá otra vé la carrera! Como que lo menos que tú te cree es
que volviendo á sé prinsipiante vá á arcansá argo.
-Señó Bermejo, peón, sf, peón; pero en
la cu¡adrilla del Niño de Vito.
- Bermejol-exclamó santiguándose Pilonguita. -¡Por Dios, escúchalol
-¿Que lo escuche? ¿Tú también? Ya desía yo que tú no miraba con malos ojoa Jo
que Juana quería...
-Bermejo,-replicó Pilonguita-ni me he
opuesto nunca, ni me opondré ahora; mucho menos ahora que desde mañana es peón.

REPOSJTO·

- ¡Me estoy viendo relralao en un periódicó con la cabeza de Arevalito corú. l

agarra asin por los pelos!

-Ustedes me van á volvé loco.
-Yo sé, Bermejo,-siguió Pilonguitaque er oficio es argo espuesto ...
-Argo, ¿eh? 11Cómo. se conose que nofuiste á los toros el dommgol!
-¡Pero qué tiene que ver los toros con la
arba.ñilería, Bermejo!
- Pero ... es que... Bueno, vamos, ¡ya! peón
de albañil... ¿Ves tú? ¡Ya eso es otra cosar
Pero, sin embargo ...
- Bermejo1 digo, señóBerroejo,- interrum·
pió Arevalito - yo no quiero ná, jasta que
no se vea si sirvo ó no sirvo pa yerno. Como
bruto, le digo á usté que me he propuesto
ser argo y voy á empezá acarreando mezcla... Pero pa er mé que viene, ¡inginierol
¡Por estas!
-¡lnginiero y con coletal-exclamó Bermejo dulcificando ya el tono de voz.
- Ni la señal, señó Bermejo. Mírusté,-repuso Manolillo, enseñando la coronilla-¡ni
sombra!
-Bueno, - terminó Bermejo.-Veremos.
Asín como asín, hay más días que ollas.
Y saliendo del cuarto dió por terminada
la conferencia.

VI
Pocos días después de esta entrevista, Reposito, instada una y mil veces cada minutopor J uanilla, llamaba á Bermejo para rogarle que depusiera su hostilidad y consintiera
á la niña salir á la calle y al balcón, y con
este permiso el inmediato: que dejara á Ma-

nolillo acercarse á la ya impaciente muchacha.
Bermejo, que al fin y al cabo era antes
que municipal y alguacil y hombre serio
padre; Bermejo, que tenía á su lado siempr~
á la Pilonguita, ponderando la fuerza de
v?luntad de Arevalito; Bermejo, que no pod1a negar nada á la señorilaReposo accedió
por fin, y Juanilla salió aquella tarde al bal~
eón después de preparar,;e más que una viuda jóven.
Claro está que lo primero que vió fué á
Manolillo en_ la ~cera de enfrente, y luego
de un sostenido tiroteo de miradas entre ambos nenes, Arevalito se deciuió:
--¡Chis, chis!
-i.Es á mí?
-¿Pos á quién va á sé, lusero?
-?,Qué se l'ofresía?
-U~ favó la má de grande y la má de
pequeno.
-Usté dirá.
-La_ má ~e pequeño, por fo poco que le
cuesta a uste; la má de enorme por lo mucho que pa mí vale.
'
-Estoy enterá.
- Pues baje usté á la reja, que eae eser
favó.
- Pos_ si no e~ más que eso, ¡ya mismito!
-¡Ole la gras1a! ¡Premita Dió que se encuentre usté la escalera sembrá de flore!
-Ya estoy aquí. ?,Qué se l'ofresia?
-~spereust~un ratiyo,que m'acostumbre
á la lude sus OJO ••• ¡Ya está!. .. ¡¡Josú Josú y
Josú!I No me presino, porque pasa' mucha
gen~e ~or calle; pero yo su pare de usté ...
me Jas,a rico.
-¿Rico?
_-Jasta las uñas, y tó en tres boritas na
ma.
- ;_Sí?
-Sí..: Asín como está usté, la ¡.ionía un
rnona~u1Ilo _á un lao y un cepillo al otro lao,
y me iba á Juntá con más calderilla que un
calentero.
-¡Prontito me iba á está yo aquí tres horas sm pestañeá!
- Desgrasiaíta de usté si pestañeara.
-;,Por qué? ¿Peligraba el encanto?
-_-Lo que peligraba era la reja, y dispense
uste er modo de señalá.
- Por mí, dispensao.
-Como que entre usté y la Vioen
de la
0
Esperansa ... me queo con usté.
-).Sin exagerá?
- N~ tanto asín ... ¡so sinvergüenza!
-Oiga uslé, oiga usté ...
- ¡M'ha salio der arma!
- P?s v~ya un piropo.
.
· S1 uste lo sabe entendé, er mejón.

!ª

323

-¡Entendiol
-¡~i ya me lo_ des!~ yo! Arevalito, digo,
Manohllo, no caviles roa, que la uniquita que
te comprende en tó er barrio es esa ladrona
mala zangre.
-¡Agua val
- Usté me entiende.
-Argo.
-¡S! ya lo desía yo! ... ¡So asesina só fea
so malange!
'
'
-¡Y truena!
- -Todavía no.
- Pos jaga u~té e~ favó de que no truene.
-:-~º que uste qu_1era, pero no me puedo
res1sti. Tó esto lo digo porque quiero de verdá: me sale de lo má jondo del arma.
-Pos vaya un arma que gasta usté hijo
-¡Pos toa es mía, madre!
'
'
- Pos es un avío.
-Regulá... Y á propósito del avío ¡al aviol
Usté supon~rá pa lo que vengo yo ~quí.
·
-Usté dirá.
-?,Me ha guiñao usté, gitana?
-- No, es un visio.
:-_B_endit_o sea ese visio, que se lo voy á
quila a usle ¡á bocaosl
-¡Camarál ¿Sabe usté que está uste hecho
una alhaja?
- De oro fino. No hay dublé, ¡ garantisaol
- Pos hay que pasá por er toque.
- Por mi... si usté se deja... ¡venga toque!
- ¡Qué hombre! ¿Y es usté siempre así?
Siempre.
·- Me gusta usté por lo francote.
- Y á mí usté ¡por lo embustera!
--Que no truene, amigo.
- -No truena, ¡por mi salú!
-::Pos siga u_slé con esa franquesa, que eso
es gueno, y as1 se conose..á la gente.
-¡Ea! Es usté una tía con toa la barba.
- ¡Que truena!
- -Descuide usté, no truena. Eso no es ná
- Güeno. ¿Y qué intensione trae u¡;té? ·
- Las de un miura.
-¿,Cuáles?
- ~eclararme á usté... y que usté me diga
que si.
- Sí que son malas intensione ...
-S las de usté?
- Tan malas como las de usté: ¡franquesa por franquesal
- ¡Ay!... ¡Acabe usté, que me derrito!
- Que sí... que sí... que ...
-¡Ayl
-Que... ~esirle que si... ¡porque sil y que
usté me quiera mucho.
-¡Ay!
-¡Vecino!
-¡Ay!'

�- Manolillo, pero ¿qué te pasa? ¿te pones malo?
..'...No ... ¡Ayl ¡Deja que truene ... que me
desahogue!... que ... ¡No pueo má!
-'¡.Pos que truene(
-¿.Sí?
-¡&amp;!
.
-¡Pos mardito sea lu pare qumse vese,
J uanillal... ¡A sin se quiere! ¡Ladron~!
Y ya ves, lector, si era ó no c~pr!cbosa la
afirmación de Ju anilla cuando d1JO a su ama
que su novio no era carpintero, pero si mu Y
bruto.

VII
Volvamos á la ya olvidada historia ~e Reposito y Gabriel, y veamos tras los ~r1stales
del balcón á la simpática Reposo y a la retesimpática Juanilla, dirigie~do de vez en
cuando furtivas miradas hác1a la acera de
enfrente donde estaba Gabriel sin decidirse
á pasar ~or debajo del halcón por miedo á
las macetas
Intima confidencia era la que estaba haciendo Reposito á Juanilla.
.
-Yo quiero para mí, toda la vida, para
quererlo mucho, para morirme besá11dolo, á
un hombre que sepa querer con toda el alma,
como se quiere la vida en l_a ag?nía, y ése...
que no es ese, será para m1 ra yito d_e sol en
el invierno vasito de a&lt;1ua fresquita en el
verano, co~ita de plata d~nde yo eche c~idadosa mis secretos y mis pesares, arroyito
claro que se le vea el fon~o pa podé ad_iviná sus intensiones y también sus pensamientos pa basé todo lo que él quiera sin que
te;ga que mandarlo, pa viví como palomitos felises él seloso y yo selosa, un alma y
una vida ~a los dos: suspirito de mi pecho,
sitio cabal en el suyo, lagrimitas de mis ojos,
vaso en sus labios; uno siendo dos, si, siempre somos dos, y uno siendo dos pa otro, si
arguna vé somos tres...
-Que me líen en papé de estrasa si e~tiendo argo de ezo, señorita,-repuso Juam1\a.-Ar principio, creí que usté ar que c~melaba era ar San Luí Gonzaga, de San Vicente· aluego, con la rebujiña de uno y dos,
y dos' y uno y tré, yo no sé de cuenta, y mu
bonito está eso, pero pa mi como si me hablara usté en franchute.
- Verdá Juanilla, tiene rasón: á tí sacándote del b;so, y del suspiro, y del pellizco,
no sabes que es queré.
-¡Arto ahí! ¿Por dónde sabe usted que
Mano\illo me tira pellisco?
-¡Yo que he de sabé, tonta(
-¡Ya! ¡Po poco que miramo pa tó los
laos antes, no vaya á babé tnoros en la
i:OSta.

325 ·

REPOSITO

POR ESOS MUNDOS

324

-;.Sí?
-¡Se me escapó!
-;,_Y á qué te saben? ¡_A qué te saben? .
-Verausté: los día de entre semana, a
·una cosa mu rica... veraosté... arró con leche, queso y natilla, ¡tó arrebujaol Los domingos... á leña, porque cuando voy á vé á
mi Pilonguila ... yo lo dise er cantá y tó los
sábados se lo digo á ~fanolillo:

No me tfres niá pellisco
que me hase cardenale,
y en cuanto llego á m,i casa
me los conose mi madre.
-;. Y te los conose?
--¡Si no hisiera má que conosérmelos!...
-A mí no m 'han tirao nunca un pellisco.
-¡Velaste ahí! Por eso está usté tan tonta.
- ¡Chiquiya!
-Dispense usté, zeñorita; pero ¿vé usté ar
señorito Gabrié ahí ar pié del escaparate de
de la freiduría? Pos si usté no se pusiera colará, y yo tuviera un poquiyo de meno vergüenza de la poca que me quea, era yo mu
capá de desirle en lo que está pensando.
-¡En lo que está pensando! ¡Es tan veleta! ¡En otra!
-Sí, en otra... ¡ya, ya! En fin, que se me
vá la lengua. Usté lo que debe de basé é abrí
er barcón y asomarse, y llamarlo, y no sé
tan selosa, y ar mé que viene si usté se guia
de mi ya me dirá usté á qué sabe: arró con
leche, queso y natillas, ¡tó arrebujaol
- No he de sé yo quien vuelva á las andadas primero.
-Er caso é que eso mismo dirá él: «¡Lo
que es yo... no soy el primero! ,
-Porque no me quiere.
- Eso mismo también dirá él de usté :
«¡No me quiere! •
- Pos se equivoca: yo sí, ¡yo sí le quiero!
Y cuando ya Gabriel, desesperado, como
todas la tardes, iba á marcbarse,el dueño de
la pescadería, que ya le bahía visto tres semanas junto al escaparate, le dijo:
-Señorito, va á tené usté que pagarme
por el oló.
- Sí, señor,-respondió Gabriel entrando
en la tienda.
Sacó un duro, lo botó sobre la piedra de
mármol, vo lvió á recogerlo y despidiéndose
dijo:
-¡Cóbrese usté er sonio!

VJJI
Confieso que con temor principio este
capítulo, pues en él tengo que decir que á
Gabriel Heredia le ha tocado la lotería, y no
solamente esto, sino que le ha caído el ¡premio gordo!

De más de un lector estoy oyendo un
•¡Claro!,, como si dijera: «¡Para eso compró
el billete! Si no, ¿qué repajolera falta hacía
el billete en la novela?•
Y yo, después de reconocer que, efectivamente para eso le hice comprar el Catorce
mil y de reconocer también que son contados los casos de premio gordo (yo no conozco ninguno), sigo adelante, pues por cincuenta mil duros más ó menos no ha de aterrarse quien niega rotundamente la existencia
de los billetes de cuatro mil reales.
Si Gabriel Heredia, al ver en el parte su
14.558 hubiese estado en Madrid, probablemente le hubiera dado por irse á un garage
y adquirir un 40 H.P.; pero como además
de encontrarse en Sevilla, era más sevillano
que el Muñeco de la Giralda, se fué al Pasaje Andaluz con todos sus amigos, sostuvo
una pequeña entrevista con un montañuco
de estos que parecen que le han hecho la
cara á bofetadas, según lo colorada que la
tienen, y con una jumera 40 H.P. salió, decidido á decirle las verdades del barquero á
Reposito.
-¡Se acabaron los moños! ¡Se acabaron
las tonterías! Si eran verdaderos sus quereles, que lo demostrara. Si no era fingido su
llanto, ¡prueba inmediata!
Y allá se fué á refregar la tajada por los
hociquitos lindos de Reposo.
¡Y que estaba Gabriel en punto de caramelo!
Le propondría, entre otras cosas, la fuga,
una fuga nocturna en una lancha por el
río, á la venta de Vega ... Allí,á despavilarse,
si babia sueño; de allí, á Sanlúcar; de Sanlúcar á una bodega; de la bodega á la lancha,
y pasito á paso á Buenos Aires, y á México,
á preparar la alternativa allí de Arevalito,
porque Arevalito tenia que dejar el palaustre y echarse á los cuernos; de México ... á
Lóndres, á pegarle al primer inglés que se
tropezara, y de Lóndres á dormir... eso sí, á
dormir á Sevilla, donde tendrían preparada
una casa en la calle de San Vicente con una
alcoba árabe y un cortinaje gótico y una cama que, para el caso, lo mismo da gótica que
árabe, que bizantina, que catre.
Y pensando esto y muchas cosas más,
pasó sin darse cuenta por casa de Reposito,
ésta lo vió sin querer creer lo que veía, Juanilla se hizo más cruces que si se le hubiera dormido un pié, y mientras las dos niñas
se quedaban huecas llorando, Gabriel siguió
y dió en el palacio arzobispal en la ocasión
en que el Cabildo Catedral en masa, acompañando al prelado, salía de la basílica.
Como de costumbre, iba echando bendiciones el arzobispo, y una de_ellas, sin fijar-

se, dirigió á Gabriel, quien cayendo en tierra
por eL·i::to del alcohol levantó á su vez la
mano. bendijo al arzobispo y murmuró:
-¡~i te debo, ni me debes! En paz.

IX
¡No más penas, no más llanto! No merecía Gabriel que aquellos ojos azules se eln•
pañaran una vez cada minuto del día.
El Padre Jerónimo había dado con la solución: monja, no, porque Reposito era muy
niña para saber de estos achaques; lo mejor
sería olvidar y procurarse otro cariño; pe•
ro si el de Gabriel tan firmes raíces había echado en el corazón de Reposito, bien
podía ésta alejarse del mundo así eomo
cuando se váde baños, de temporada, y ... madre de Caridad, á querer mucho al ejército
de chavalillos ó á cuidar como las mujeres
saben á un enfermo; cumplido su voto, al
cabo de un año podía encontrarse nuevamente entre los suyos, y quién sabe si á
fuerza de curar heridas curaba de la suya.
-Señorita,-pleiteaba de continuo Juanilla-que lo que usté piensa es una esavorisión, y el Padre Jerónimo un esavorío muy
grande... Pare usté ese carro loco y jágame
caso á mí: si quiere usté mucho á ese Grabié
tao sin sentía, ya Dios, que es la má de güeno y pa mí que no está conforme con el Padre Jerónimo, le volverá al buen terreno: los
dineros son reondos y ruedan mucho y peseta que empiese á rodá ¡á Dios que te vil Mientras no enferme, deje usté ar señorito que
gaste y triunfe, que eso no dura lo que un
serillo é casina. ¿De toas las novias que se
ha echao, hubo queré que durara lo que un
soplo? No... ¿Se dise argo malo de él? No ...
¿Se cuenta argún lío de él? Sí, el de la marquesita; pero ese lío lo tiene ella, y ya verá
usté cómo con er tiempo se desenvuelve el
lío... ¿Que hay más de una niña tonta que
bebe los vientos por él? Pos que siga bebiendo viento á vé si bota ... En fin, el toque é tó
está en que se le acaben los cuartos, y verá
usté entonse cómo se pone má suave que la
badana... Y que no me dá á mi la gana que
usté se ponga eso blanco en la cabesa, y
poco pueo yo, pero como bable con mi pare
y con Manolillo ... ¡va usté á vé lo que l'apresia á usté toa mi familia!
Lo que fragüó la imaginación loca y ardiente de J uanilla, con todos sus detalles no
lo diré; pero sí vamos á trasladarnos á casa
de Gabriel Heredia en el crítico instante en
que llegan allí nada menos que Bermejo y
Arevalito deseando hablarle.
-El señorito está con varios amigos en
la cuadra, y no recibe.

�326

POR ESOS MUNDOS

-Pues dígale usté ar señorito que se ·r
deje de malas compañí~s, que le es!ii.7
esperando aquí BermeJO y Manoh .. J
Arévalo.
-Se lo diré.
-¿Bermejo? ¿Arevalito? ¿Qué sucede?-pensó Gabriel.
Y sin decir á sus amigos ¡Hasta luego!, salió al patio, donde se encontró
con nuestros personajes.
Iba Bermejo oliendo á abanfor por s u s cuatro costados.
Camisa limpia, e I sombrero
nuevo y el traje azu I merino, un
tanto estrecho, y cuyas pronunciadas arrugas delataban el peso
que había tenido encima guardado en
el arca mucho tiempo; las botas relucientes; betún hasta en los ojales; recién afeitado. Y Manolillo, bien puesto, con su traje flamante y su sombrero
de ala impecable.
-Vienen de etiqueta,-pensó Gabriel apenas los vió, y dijo:-Pasen,
pasen al despacho. Siéntense ustedes.
-Usté primero, - dijeron á dúo
Bermejo y Arévalo.
-¿En qué puedo servirles? ¿Qué
-Pasen, pasen al despacho,-dijo Gabriel á sus visitantes
buenas nuevas traen ustedes por mi
casa?
le contesto como se merese. Si porque Dios
-Arevalito,-dijo Bermejo á su futuro ha querio l'ha dao á usté un puñao de duros,
pariente-tú que tienes más mundo, habla. µa envolverle en billetes de á mil pesetas
-Difisilillo es el asunto, pero allá vá,- tienen sus padres... Y eso lo sabe usté mecontestó Arévalo.-Señorito Grabié: venimos, jón que nosotros.
ya se supondrá usté de dónde, pero sin que
-Es que ...
ella lo sepa, á ve si se pué consegui averi-Dispense usté que le interrumpa; pero
guá si quéa siquiera una mijita de aquel ca- iba usté por muy mal camino, y si es que
riño tan güeno y tan feli. Ella, que es una no le gusta el asunto que traemos, no se
santa, se pasa la vía entre suspiro y suspiro, eche usté fuera de la verea, y dígalo claral'ha dao por la Iglesia y ya se están andando mente ... En lo tocante á si venimo en calidá
los pasos pa meterla á madre de Caridá, y de embajadore, aquí, si árguien ha perdío
usté tiene la curpa de tó esto, señorito. Aque- la vergüensa es usté, porque la señorita Re:
lla casa no es casa, y desde que á la señori- poso ni sabe ná de este paso que damos, m
ta se l'ha metío en la cabeza lo de la toca si lo supiera sería consentiora ... Vámonos
blanca tó se hase al.revé y de mala gana. Su Manolillo... Salú señorito: mu amarillo está
pare triste, su mare triste, ella triste, y has- usté. y ándese usté con cuidao, que si er que
ta Curro, el gato, echa unas miradas que juega con er dinero argunas ves_es gana, er
meten miedo y está siempre que parese un que juega con la salú siempre pierde.
limpia-tubos. En fin, pa remate: Ju anilla dise
-Bermejo,-replicó Gabriel-no ha sío
que si se va su señorita se va ella también, para tanto sermón lo que dije, y muy malay como se vaya ella yo me meto á fraile,
mente dispuestos han entrao ustées por esta
porque en acabándose Juanilla se acabó pa casa; pero sepa usté que no pido parecer de
mí la alegria der mundo ...
mis hechos á nadie ni consiento que me los
-Bueno, en resumidas cuentas,-contes- dé persona alguna; lo que hago, cuando lo
tó Gabriel, que la tonta esa os manda en hago, es porque me parese bien ... por no de· calidá de embajadores pa que tratemos la sirle otra cosa v hablarle tan descarao como
paz ahora que yo ...
usté me habla. ·ncmasiao tiempo estuve ronY Bermejo no se pudo resistir y replicó dando allí y aguantando niñerías y escrúpuindignado:
los de monja... Aqui, si hay árguien que ha
-Mírusté: es usté un niño todavía, y no perdío la vergüensa, seré yo, según como se

REPOSITO

rn1ren las cosas; pero si hay árguien que se
.arrepiente... yo no soy.
-No hay má que hablá, señorito ... Muchas mujeres tiene usté... ¡una pa cá día! y
-es naturá que no s'acuerde de un cariño verdadero ... ¡Er tiempo dirá! Siga usté su alegre
-camino, que no hemos venío á quitarle de
los labios una copa é mansaniya ...
-Bueno, Bermejo; yo me sé lo que me sé,
y volveré ó no volveré: ¡como me parezca
oportuno! Díganle ustedes á ...
-¡Calle usté la bo-cal. .. No siga usté ... ¡A
naidel... Venimos por
nuestra e u e n t a... Si
quiere usté desirle argo
á árguien ... pa eso s'ha
hecho el correo ...
-Salú. Usté lo pase
bien. Suerte.
-Suerte.

...

327

¡Quién sabe! Parece que Dios me lo pone en
mi camino siempre. Ya no me acordaba de
él, y esta mañana lo he visto, amarillo como la muerte,enun ¡ay!, rodeadode sus amigos, ahí en una sala de pago, pues Don José
el médico ha querido traerlo aquí porque
aquí está todo á mano, y en su casa no ha v
quien lo cuide, y aquí sí: aquí ... ¡yo, que po·r
mi suerte ó por mi desgracia me he brindado!
-Usté siempre
1a misma , señorita.
-Es mi deber.
-No; es su cariño.
-Las dos cosas.

XI

-No es nada ,
-sa I i ó diciendo
Don José á RepoX
sito . - Pero, no
-Señorita,-diobstante, tenga usjo Bermejo, ape•
ted, madre, cuidanas tomó posesión
do, porque puede
de una silla.
sobreveni r u na
complicación que
Males que acasería horrible.
[rrea er tiempo ...
Y, al cabo de
quién pudiera
unos días, decía el
[imaginarlos
propio Don José á
para ponerle e r
1 a misma Repo[remedio
sito:
antes que viniere
-¡Se acabó! En[el daño,
tramos en el períQdo de franca convalecen-como dice la cocia... Merece usted una está,pla.
tua, madre Reposo.
-Verdá Be r-¿Verdad que sí?-repuso
mejo , - contestó
Gabriel, mirándola.
Reposito.-No es
-Sí, sí,-continuó el doctá una tan apartator.-Una estátua, y ya que
da del mundo e1,
sale para siempre del hospieste hospital, que
tal, donde tanto bien ha heno se entere de las
cho, un hombre que la quie•
cosas que á una le
-Merece usted una estátua,-dijo el médico á
ra como se debe querer.
interesan.
la madre Reposo
Y el médico, no sabemos
-Tó en sinco minutos,-replicó Bermejo. cómo se las arreglaría, pero guiñó al mismo
-Fué una p_uñalá á traisión, con toa la mala tiempo un ojo á Reposito y otro á Gaza~gre que tiene er Campito. Ya me lo te- briel.
m1a 10: ~ucha seda y mucha faralá gastaba
-He procurado ponerme bueno para sala Pintaita, y no podía caberle en la cabeza lir contigo el mismo día, para llevarte yo
á Campito que er tablao del café cantante mismo á tu casa y aunque estén las rraced~era para tanto lujo... ¡Y se enteró! A él lo tas en tenguerengue no separarme de la
hieren cuando usté, curá de su hería de amó
reja hasta que tú me digas «¡Entra!» ¿Me lo
va á terminá su voto y á alegrá otra vé aque~ dirás?
Ua casa y aquellos viejos tan sin consuelo...
-No te creo ni tanto así, loco.
-Pronto saldré, tienes rnzón ... ¿Curada?
-¿Pero tú me sigues queriendo?

�POR ESOS MUNDOS

-¿Que si te quiero'/... Para nosotros dos,
Gabrielillo, se hizo aquella copla:

Tu querer es como el agua
que vá corriendo hácia el mar
y el mío, como la piedra:
donde lo ponen se está.
Y para mí solita esta otra:

Aunque en una critz me pongan
y á la garganta un cordel,

mientras más fatigas pase,
¡más te tengo de querer!

Del hospital salían dos cajas negras, llevadas á hombros por unos cuantos hermanos de la caridad. ¡Saludémoslasl En la primera vá Gabriel; en la segunda va Reposito.
Camino del cementerio de'túvose la fúnebre procesión, para dar paso á otra más fúnebre todavía.
Era un carro de cadáveres.
Uno llevaba la mano fuern. No hay duda~
era Ju anilla.
Arevalito, Bermejo y Pilonguita no tardaron mucho en sucumbir.
Curro, el gato, murió á fuerza de debilidad, en la mils espantosa transparencia.

EPILOGO
Ya supondrá el lector en qué vá á parar
esto.
Yo soy enemigo de las tragedias finales.
Soy de tan buen natiirá que no me gusta
entristecer el ánimo del lector sensible.
Es fácil suponer que el mismo trabajo
me costaría matar á Gabriel Ileredia y á
Reposito, y á Juanilla, y á todo bicho viviente, que escribir una carta á mi familia.
Después de todo , no tendría que añadir
ningún capítulo más: con siete ú ocho lineas
estaríamos al cabo de la calle.
Allá vá un ejemplo de finalito para la
novela.
Era el año de... El cólera se había extendido por la ciudad. Las campanas de sus torres no cesaban su doble triste, monótono,
sombrío ...

R. I. P. A.

1A lo que queda reducido el mundo y sus.
pompas vanas!
A. 1\1. G. D.

Y si no nos hubiéramos acordado del sal-

vador cólera, bombas destructoras hay en
todas partes capaces de resolver de improviso cualquier novela, y al novelista inclusive.
Pero ... ¿para qué?
Arevalito y Juanilla son muy simpáticos:
preparemos sus bodas.
Gabriel y Reposito, no lo son menos: ¡al
matrimonio!
A Curro ... démosle un badilazo, que sevaya á la azotea, en busca de aventuras amorosas
Y ... Ego vos conjungo.
PEDRO

nustraciones de F. de la Mota.

PÉREZ FERNÁNDF.Z

Vista general de la babia de Nápoles y del Monte Vesublo. El sitio que ocupaba la ciudad de Herculano se encuentra
más allá de la bahla, al pié de la montaña, próximamente hácia el centro del grabado. Pompeya estuvo al¡o distante,
detrás de la lengua de tierra correspondiente alVesubio

LOS TESOROS DE HERCULANO
el Jó-ven dejó á la po~teridad un relato detallado de la memorable erupción del Vesubio en el año 79 de la
Era Ct·istiana, en la que pereció su tio Plinio
el Viejo, quedan aún por dilucidar algunos
puntos relacionados con el histórico desastre.
Entre esos puntos obscuros citaremos el
relativo á la fecha precisa de la catástrofe,
pues, ya se deba á falsas interpretaciones
del texto de Plinio, ó á las mismas vaguedades en que incurre el escritor, es Jo cierto,
que los autores modernos asignan á la hecatombe nada menos que doce fechas distintas, comprendidas entre el 24 de Agosto, la
más temprana, y el 23 de Noviembre, la más
tardía.

A

UNQUE Plinio

¿CUÁNDO OCURRIÓ LA DESTRUCCIÓN
DE HERCULANO?

Dada esta discrepancia de oprn1ones, y
atendiendo á que las fuentes literarias de
información no aclaran la dificultad, se ha
llegado á pedir la respuesta exacta á las mismas ruinas de Pornpeya. Al efecto, eruditos
arqueólogos han venido explorando los des-

truídos edificios pompeyanos, recorriendo sus
casas, sus bodegas, sus terrazas y jardines,
en busca de aquellos signos característicos de
la estación en que fuera á sorprender las poblaciones confiadas el terrible despertar del
Vesubio. Sobre esa base bastante sólida ha
planteado el investigador Cario Rosini su
teoría de que la destrucción de Pompeya y
Herculano debió ocurrir ya bien entrado el
otoño. Fúndase Rosini en la circunstancia
de haber sido descubiertos en Pompeya, en
las despensas, ciertos frutos otoñales, como son las piñones, las castañas, los higos secos y las pasas, y fúndase asimismo en que,
al ser excavadas algunas casas, se ha podido comprobar la existencia de vestigios de
alfombras sobre los pisos de mosáico, de
igual suerte que la de braseros repletos de
carbón en los vestíbulos y en los patios.
Sin embargo, el commendatore Michele
Ruggero, último director de las excavaciones, no acepta la hipótesis de Rosini. A esle
propósito dice lo siguiente:
«En varios centenares de habitaciones
puestas por mí al descubierto, solo en un
caso encontré vestigios de alfombrado, sin
que sea posible decidir si esas tapicerías se

�330

POR &amp;SOS MUNDOS

hallaban extendidas sobre el piso ó por el resina y de la pez, operación que no efeccontrario e~rolladas en un rincón. En toda tuaban los viticultores de la Italia meridional
la ciudad no he descubierto sino cincuenta hasta mu y avanzado el otoño. En otra casa
braseros, ó sea un número bastante inferior [ué descubierto una ánfora de vino, que
al de casas pompeyanas, y siempre en unión Juntamente con herramientas del oficio dede utensilios de cocina, principalmente pu- jaron allí olvidadas en su huida los albañiles
cheros y cazuelas; lo que me inclina á pen- encargados d e efectuar ciertas reparacio sar que lo mismo habrían podido servir los nes en el edificio. En este caso, como en el
braseros para calefacción que
referido anteriormente,el anápara fines culinarios. En cuanlisis de los sedimentos deposito al hallazgo de determinados
tados en el fondo del ánfora
frutos, diré que la roa yor pardemostró que el vino había site de los descubiertos en las
do ya alquitranado.
ruínas maduran e n Italia á
fin.es de Agosto, y por lo que
¿HA CUIBIADO LA FORMA
se refiere á los higos secos
DEL LITORAL?
bien pudieran proceder de la
cosecha anterior.•
Otro punto muy debatido es
El sistema de investigación
B_usto&amp; en bronce de Aulo Gabiel referente á la disposición
adoptado por Rosini y Ruggenio Y 4e A~~lr~u!:~ntrados en
del litoral en la bahía de Ná1·0 es, no obstante, el único
poles al desaparecer Pompeya
raciona!. Siguiéndolo estrictamente, han lle- y Herculano bajo la lluvia de cenizas y lava.
gado todos los especialistas en antigüedades
¿Debem_os ver en ambas ciudades dos plapom_Peyanas y herculanas á fijar el día 23 de yas veramegas, ó dos poblaciones situadas
Noviembre como la fecha más probable de la mar adentro donde iban á buscar en el otono
catástrofe.
los opulentos patricios romanos, las gentes
De todos los hechos en que se basan sus elegantes ó los pobres enfermos un apacible
conclusiones es este el más convincente. refugio contra los primeros ava~ces del cruEra costumbre en el mediodía de Italia, no do invierno? Un pasaje de Tito Livio, en
bien terminaba la vendiel que se afirma que la flomia, exponer las tinajas
ta romana echaba el ancla
(amphorre) llenas de vino
en Pompeya, cuyas ruinas
nuevo á la acción del sol,
se encuentran actualmente
d~l calor y del humo. Haá dos kilómetros del • ma~,
cían esto los cosecheroJO.
ha hecho pensar á varios.
romanos para apresurar l:i
arqueólogos que al ocurrir¡
fermentación del m o s to
la erupción del año 79 el
antes de su encierro en las
mar debía acariciar, efectibodegas. Ahora bim: en el
vamente, el lecho de rocas
jardín de la Casa del Fausobre el cual s e hallaba
no han sido halladas setenasentada la población. &amp;ta
ta y siete amphorre de esa
creencia se robusteció en
clase; veintinueve más en
l831 , á causa d e haber
el atrium de la Casa de
sido descubiertos en MessiEpidio Rufo, y veinte
na p o r u n labriego que
más en la exedra de la
cavaba sus moreras, sumansión de Epidio Sabino.
puestos mástiles d e una
Por si no fuera bastante ese
galera romana. El hallazgo
hallazgo, en una casa rúsfué presenciado por el intica desenterrada en el año
&lt;.:aballo de bronce, que se conserva en el
geniero naval Giuseppe Nede 1875, encontró la pique- 1\fuseo de Nápoles, reconstiluído con res- gri, quien sufrió e 1 error
ta algo así como doscien- tos de una cuad;/';,"ñ~ª}~~a en Herculano de tomar por tales mástiles
tos cántaros de vino dis.
simples troncos de ciprepuestos sobre la azotea de una cuadra, den- ses fósiles. Y no paró ahí el error, sino que
tro de la cual aparecieron los esqueletos de creyendo el ingeniero haber dado con la nave
cuatro caballos (uno de ellos sujeto por una almirante mandada por Plinio el Viejo, descad~nita al pesebre), de un cerdo y de una enterró uno de los troncos y lo condujo coga)hna. Analizados químicamente los posos mo preciosa reliquia al Museo Naval de Náe~1stentes en los cántaros, averiguóse que el poles.
vmo debía haber recibido ya la visita de la
Veinte años más tarde quedó destruida la

LOS TESOROS DB HERCULANO

331

equivocada suposición de Negri con
motivo de ser descubiertos otro s
cien to diez cipreses, petrificados, á
ambas orillas del
río Sarno; cipreses
cuyas raíces cubría
tierra vegetal y cuyos troncos aparecían incrustados en
piedra pómez. Todos estos árboles
aparecían plantados en filaguardando entre sí la distancia de tres varas, midiendo uno
de ellos cuarenta y
siete centímetros
de diámetro; lo que
prueba que al sobrevenir la erupUna de las excavaciones hechas en Hereulano. En segundo término del ~rabado
c i ó n contaba ya
aparece la ciudad moderna de Portir.i-Resina, y en el fondo el Vesub10
treinta y seis años.
Hoy opinan, generalmente, los arqueólo- grupos: el más numeroso, al extremo del
gos que mientras el perfil de la costa no ha pórtico é inmediato á la desembocadura del
cambiado casi nada en Herculano y Estabia, río, ó sea donde, según todas las probabilidaen Pompeya ha ido avanzando hácia el islo- des, procurarían abordar las embarcaciones
te rocoso de Revigliano (Petra Herculis) algo de salvamento; en cuanto á los otros dos
montones de esqueletos, yacían, respectivaasi como d0scientos metros.
mente, en el extremo opuesto del pórtico y
hácia la mitad del mismo. Los dos primeros
EL ESQUELETO DE PUNJO
grupos debían estar compuestos por gentes
En este punto haremos notar otro ejem- de la clase pobre, cual lo demuestra el hecho
plo curioso de cómo pueden las falsas apa- de ·no haber sido hallados junto á las osariencias extraviar una inteligencia bien equi- mentas sino modestisimos objetos caseros y
contadas monedas de cobre. En cambio, el
librada.
De igual modo que Giuseppe Negri pensó grupo central, mantenido á respetuosa distanun día haber descubierto el barco de Plinio, cia del vulgus profanum aún en aquella
otros investigadores anunciaron no ha mu- hora suprema, sin duda lo constituyeron percho tiempo el posible hallazgo del esqueleto sonas de la clase acomodada ya que al volver sus huesos á la luz del dia trajeron codel bravo almirante romano.
En Julio de 1899, un individuo llamado mo prueba de opulencia gran colección de
Matrone, luego de haber realizado algunos de ornamentos preciosos y de bolsas bien
trabajos de excavación, nada fructuosos, en provistas de monedas de oro y de plata, en
una propiedad rústica situada entre las mu- su mayor parte del tiempo de Vespasiano y
rallas de Pompeya y el mar.(cerca de la an- recienteménte acuñadas.
tigua desembocadura del Sarno y en un sitio
Puede juzgarse cuál no seria el júbilo del
ahora denominado Molino di Rosa),descubrió explorador Matrona al observar que abundalos restos de un mesón cuyas habitaciones te- ban los collares, brazaletes y aniilos de oro
nían salida á un pórtico orientado á ponien- en torno de las desnudas vértebras, de los
te. Una de las estancias contenía buen núme- carcomidos húmeros y de los secos dedos.
ro de ánforas de vino; otra, una colección Como detalle curioso, diremos que la totalide herramientas de carpintero; otra, diver- dad de estos esqueletos aristocráticos dessos aparejos de pesca, y, por último, el refe- cansaban sobre el suelo del pórtico, excepto
rido pórtico ofrecía á la curiosidad del ex- una de las osamentas que fué encontrada
plorador nada menos que setenta esqueletos junto á la tapia y algo más alta que las reshumanos amontonados sobre el piso en tres tantes, como si al infeliz á que perteneció le

�332

POR ESOS MUNDOS
LOS TESOROS DE HERCULANO

hubiera sorprendido la muerte sentado en
una silla ó postrado en una litera. Del cuello
del esqueleto pendía gruesa cadena de oro
constituida por sesenta y cuatro eslabones; en
el brazo izquierdo adverlíase la prPsencia del
doble brazalete militar (tot·qu,es brachiales),
y del hueso de la cadera colgaba una espada
·corta, circunstancias todas ellas mny dignas
de estudio. Un erudito italiano, Mariano E.
Cannizaro, fundó en ellas la suposición de
que los citados reslos Eran los del famoso almirante y naturalista Cayo Plinio Segundo,
llegado con su flota á Nápolcs para procurar
el salvall:e:1to de los aterrorizados habitantes
de Pompc ya y Herculano. Pero, á decir verdad, lo escrito por Plinio el Jóven acerca de
su ilustre tío se opone por completo á la hipótesis de Cannizaro, como podrá observarse
en las líneas que copiamos:
«Pusiéronle-dice Plinio el Jóven refiriéndose al almirante-sobre una manta extendida en el suelo. Ya más tranquilo, pidió
por dos veces un poco de agua, que bebió
con delicia. A todo esto, una nueva explosión de gases venenosos y de cenizas babia
dispersado á los acompañantes. Entonces intentó ponerse en pié con ayuda de dos servidores 'que le habían sido fieles hasta la
muerte; mas era tan espesa la lluvia de cenizas que, quizás sin poder dar un paso, debió
caer asfixiado á los pocos momentos, con
tanta mayor rapidez cuanto que el almirante
padecía de ahogos. El cadáver fué recogido
al terce1· clía, sin observar~e en él herida algun.a; las mismas ve~tiduras no aparecían
desordenadas con
exceso: cualquiera
hubiese dicho a 1
verle que dormía,
y no que descansaba en brazos de la
muerte.•
De ser aceptada
laconjeturade Cannizaro, habría d e
admitirse que los
descubridores de 1
cuerpo d e Plinio
1 o condujeron alpórtico de una posada, para que se
pudriese allí, en
vez de rendirle los
solemnes honores
fúnebres acostumbrados.

blemas relacionados con las tres ciudades
sepultas junto á la falda de Vesubio, el más
interesante en la actualidad es si será posible
desenterrar á Herculano en la misma forma
que ya se ha hecho con casi toda Pompeya.
Ha de tenerse presente, en primer lugar,
que mien trns esta última ciudad era de fácil
acceso, y además yacía sepultada bajo una
capa de materias ligeras, Herculano es poco
menos que inaccesible, cual si la Naturaleza
hubiese mostrado empeño en proteger las
grandes riquezas ocultas en su seno, impidiendo á los cazadores de tesoros la libre eritrada á saco. Los efectos de la erupción del
año 79 fueron distintos en los sitios destruídos, conforme varió la clase de materias
eruptivas arrojadas al azar en unos y otros
lugares por la furia de los elementos. Pompeya quedó cubierta por una capa de cenizas y piedra pómez (lapillo), y de ahí la fa.
cilidad relativa de su exhumación. Los escombros son, en efecto, tan ligeros, que puede~ s~r acarread_os en bastante cantidad por
chiquillos provistos de grandes cuévanos.
Pompeya ha tenido, además, la ventaja de
que al través de los siglos no se ha edificado
sobre ella poco ni mucho, alcanzando en
todo su perímetro la capa de ceniza tan sólo
un espesor máximo de tres metros y medio.
Con Herculano ocurre lo contrario. Inundado, corn~ sus v~cinos Pompeya y Estabia,
por la lluvia de piedra pómez y ceniza, recibió al mismo tiempo, á causa de su proximidad al centro de la erupción, un verdadero torrente de agua hirviendo que, al mer.-

CÓMO DESAPARECIÓ
HERCULANO

De todos los pro-

Jardín de lo casa de Argos: en Hereulano

1,

333

ciarse con las substancias blandas,
convirtiólas en una
especie de cemento. Sobre esta capa
cayeron luego los
productos de otras
erupciones, resultando de ello que,
hoy por hoy, la en
un tiempo 11 ana
Herculano s e encuentra so terrada
baja una masa de
escorias volcánicas
cuyo espesor varía.
e n t r e quince y
treinta metros. Por
si no fuera bastante, la ciudad muerta descansa bajo
una ciudad viva é
industriosa cu y os
habitantes n o s e
hallan dispuestos ,
ni muchos menos,
á abandonar s u s
moradas, sus naranjales y limoneros, y, sobre todo,
s u s viñedos productores del celebérrimo Lacrima
Christi, en beneficio de l a ciencia
arqueológica, razón
por la cual las exEl volean que &lt;lestruyó la ciudad de Herculano. Nues~ra fotografía represe~ta el Ves1;1cavaciones sol o
bio durante su última erupción en 1906, que los h1sto_nadores CO';'_Paran en importancia
pueden llevarse á
con la que sepultó á. aquella antigua poblac,on
c abo alegando l a
DESCUBRIMIENTO DE HERCULANO
ley de e,spropriazione per uWitá publica, ó
sea, como el lector debe saber, obligando
Ocurrió este de un modo casual allá por el
mediante ella el Gobierno á la venta de los
terrenos necesarios para los trabajos que año de 1709. Practicándose trabajos para la
construcción de un pozo en los jardines del
sean precisos realizar.
En Herculano, como en el resto de la re- Príncipe Elbeuf, de Lorcna, cerca del monasterio franciscano de San Pedro de Alcántagión devastada por el Vesubio, procuraron
los habitantes, una vez pasado el peligro, ra, hallaron los operarios en el fondo de la
recuperar los perdidos bienes. Andando el excavación, á la profundidad de veintiocho
tiempo, cierto Andentius Semilano, gober- metros próximamente, tres estátuas de már•
mol. Dichas estátuas, llamadas por Winckelnador de la Campania Felix:, en la época de
Constantino el Grande, hizo excavar ciertos mann «maravillas de belleza•, fueron reclatiitios de la ciudad, de fácil acceso, lográndo- madas por el virrey austriaco en aquella
so rescatar buen número de estátuas. Mas, época, y regaladas al príncipe Eugepio de
poco á poco, fué perdiéndose en las memo- Saboya, jefe del ejército de ocupación. Emi"ia de las gentes el recuerdo de Herculano, plazadas más tarde en sus jardines de Viena
y llegó un día en que sobre los restos de la por el susodicho príncipe, fueron rnndidas
hermosa urbe se echaron los cimientos de en seiscientos thalers, al morir ésle, al rey
un pueblo, que no es otro que el hoy llama- Auguslo II de Polonia.
Las tres . escu lturas acabaron s u a.cciden&lt;lo Portici-Resina.

�334

POR ESOS MUNDOS

tada existencia en el .Museo Albertino de
LOS LIBROS DE HERCULANO
Dresde.
Habiendo pasado, entretanto, la Villa de
El teatro donde fué hallado el carro de
Elbeuf á ser propiedad del rey Carlos III,
hízose un nuevo pozo en 1738 precisamente bronce daba frente al foro de Herculano, enen los limites municipales de Portici y Resi- tre el cual y la costa se encuentran las ruinas
na. Las obras dieron por resultado el hallaz- saqueadas en 1752 de la Quinta de los Pigo de un teatro antiguo, tan rico en objetos sones, conocida bajo el nombre de Villa dei
de arte que bien pudieran parecer verdade- Papfri por el enorme número de rollos de
ros cuentos de hadas Jos relatos hechos por pergamino, á cual más valiosos, en ellas deslos testigos presenciales de las excavaciones. cubiertos. Estos antiquísimos rollos, sumaDesgraciadamente, la dirección de los traba- mente estropeados por la combustión lenta,
jos la encomendó el rey Carlos III á un inep- se encuentran ahora en el referido Museo
to funcionario, llamado Roque Joaquín de de Nápoles. Componen un total de 1.803 volúmenes, habiéndose logrado desenrollar y
Alcubierre, cuyas atrocidades se antojarían
increíbles de no garantizarlas con su pluma descifrar cuarenta y uno y sólo leer el título
una autoridad nada sospechosa: el gran Win- de la obra y el nombre del autor en sesenta
y siete casos, con los siguientes resultados:
ckelmann, fundador de la moderna ciencia
Crisipo, un volúmen; Carnisco, cinco; Polisarqueológica.
trato, dos; Colotes, dos; Demetrio, dos; EpiCuenta Winckelmann que, habiendo descuro,
doce, y Filodemus, cuarenta y tres.
cubierto Alcubierre cerca del teatro, ó dentro del mismo, una bien conservada lápida Auxiliándose con una especie de libro de
de mármol con letras de bronce, llevó su memorias donde el autor últimamente mencionado escribió casi en taquigrafía un exbárbaro celo por informar al monarca del
hallazgo al extremo de arrancar las letras tracto de los discursos pronunciados por su
de su soporte y arrojarlas péle-méle en el maes;tro Zenón el Sidonio, han podido aclarar tres puntos los arqueólogos: es el primefondo de un capacl10, desapareciendo con
ro,
que la biblioteca perteneció primeramenello toda probabilidad de que la inscripción
te al filósofo epicúreo Filodemus, quien adfuera descifrada.
Otro de los tesoros artísticos desenterra- quirió gran notoriedad en Roma en los tiemdos consistió en un carro de bronce, arras- pos de Cicerón; el segundo, que dicha bibliotrado por cuatro caballos (quadriga), y que t eca fué comprada ó heredada por Lucio
apareció, no obstante sus abolladuras nume- Calpurnio Piso Cesonio, suegro de Julio Cérosas por efecto de las presiones de la lava, sar y amigo, discípulo y protector de Filodeen perfecto estado de conservaciór,. Los pre- mus; háse averiguado, por último, que la biciosos restos, amontonados de cualquier mo- blioteca pasó de Roma á Herculano al ocudo en una carreta, fueron conducidos al pa- rrir la muerte de su primer poseedor. Estas
lacio real de Nápoles y apilados en uno de indagaciones han sido confirmadas por el
sus patios. Huelga decir que antes de trans - descubrimiento del busto en bronce de Piso
currir un año las reliquias herculanas ha- Cesonio en el vestíbulo inmediato á la bibliobían disminuido considerablemente: de una teca, busto que durante algún tiempo se creparte lascotidianas sustracciones de metal, y yó que era el de Sócrates, y así se designa
de otra el destinarse una considerable canti- aún en el catálogo del Museo de Nápoles.
dad de aquel bronce á la fundición de los Un segundo busto hallado en e I mismo
dos feí~imos bustos del rey Carlos IIl y su sitio reproduce las correctas facciones del
augustaconsorte,mermaronel precioso de.pó- afeminado y despreciable Aulo Gabinio, colega de Piso Cesonio en el Consulado duransito.
te el año 58 antes de Jesucristo.
Algunos años más ta r d e se decidió
A nuestro juicio, ninguno de los hallazgos.
aprovechar lo que restaba de Ja quadriga
registrados
en los libros de arqueología puepara reconstruir uno de los caballos, por lo
de compararse al de la Quinta de los Pisomenos. Encargóse de la operación un fundidor de la localidad, quien forjando unas nes en Herculano, tanto por el número y
piezas, remendando otras, soldando por un valor de los objetos reunidos en limitadísilado y rellenando por otro, consiguió crear mo espacio, como porque no fué hecho en
un magnífico trotón, mitad de antigua pro- excavaciones abiertas sino excavando y songenie y mitad de hechura moderna. Este ca- dando la tierra á una profundidad de veintitantos metros bajo su nivel actual. Los inballo maravilloso existe aún: exhíbese en el
formes
de Alcubierre y Winckelmann haceR
Museo Nacional de Nápoles, si bien son pocos los visitantes que conocen la verdadera mención de dos estátuas ecuestres y cuatro
sencillas, de diez esculturas representando
historia de la magnífica obra de arte.
individuos de la dinastía Julia, cuatro de

AAJARUO

Mrr-

bailarinas, el Sátiro durmiendo Y el
rio sedente, todos ellos de bronce, m s los
bustos en mármol y bronce que llevan ~s
nombres de Arquímedes, Atenágoras, Epicuro Hermarco Zenón y Demóstenes, y un
enor~e número' de objetos de bronce con
incrustaciones de oro Y plata.
NUEVOS HALLAZGOS PROBABLES

Hace pocos meses se dijo 9ue i_b~ á ser
. da una excavación s1stemat1ca de
emprendi
·é· t
Herculano á expensas de un comit i\~rnacional. Parece, sin embar~o, ~ue el Go ierno
italiano se muestra poco mc)rnad? á abanto;
nar á manos extrañas la eJe?uc1ón de o
trabajos. Sea de ello lo que q~iera, y aunque
las obras han de ser costosísimas y penosas,
no cabe duda de que han de ser generosamente recompensadas.
Siendo Herculano una ciudad 1;11ás sana .Y
fresca que Pompeya, libre del ruido, del tra-

H3ó

BHISUIS

faao y de las perennes agitaciones de Nápo1 ., al mismo tiempo lo bastante cercana
áe~liJho importante centro mercantil para
a rovechar las ventajas de sus m_ercados,
p t·t
cons
I u1·a, s1·n duda , el retiro predilecto
d
• de
10 ~ [1c~!
los grandes políticos ro~an?s Y
legionarios enfermos ó rnútJle~. ª vi1a la
Piso Cesonio no es, presum1bleme_nte,
única que debió existir en aq~ella pmt.or~sca playa, ni el teatr~ d~scubierto el umco
edificio público, explend1damente. decorado,
en la Biarritz de los tiempos clásicos. Pero
lo que debe preocupar sobre todo á los hombres de ciencia y á los arque_ól?gos es la P?sibilidad de descubrir otra b1b~1oteca, const!tuída no por la vulgar y poc? mteres_anle literatura epicúrea que colecc_1onara Piso Cesonio sino por las desaparecidas obras maestras de los poetas é historiad?res de e_~ad
de oro augustana. ¡Haga el Cielo qu , vn~mo&lt;; lo bastante para ver realizado este sueno

L

!ª

CO!',fENDADOR RoooLFo LANCIANI
Catedrático de Antig~a Topografía
en la Universidad de Ro111a

AMARGO BRINDIS
·Hasta para embriagarnos en la vida
sei~timos el orgullo los mortales! .
Venga, pues, el cha°;Jpagne, qu~ mis males
ha de atenuar esa sm par bebida.
Con ella brindaré por la perjura
que un tiempo me alegró con s~s amores,
para después lanzarme á los rigores
de una vida preñada de amargura ...
Dame otra copa más, yo_ te l? ruego,
porque nunca una sola extmgm_ría .
de mi mente el recuerdo ~e la ~mpia
que ha logrado dejarme srn sosiego...
ERASMO PELLÉS

�337

EL lllUNDO DEL ISLÜl

,dieron y amalgamaron la bestialidad del negro, Ta ferocidad del árabe, la astucia del

La aurora en lllarruecos

EL MUNDO DEL ISLÁM

e

~e atraviesan las inmensas estepas del Moghreb, sus yermas llanuras
y sus desnudas mesetas; cuando se cruzan
:sus ciudades muertas donde desfilan, silen-ciosos, aquellos espectros vestidos de blan-eo cuyos antepasados conquistaron á España; cuando se posa la mirada en tantos monumentos destrozados, verdaderas maravillas arquitectónicas, que se derrumban poco
-á poco bajo espeisísimo sudario de yedra y
y líquenes; cuando se recorre el maldecido
suelo de ese Imperio, al que sus habitantes,
jó;aturados de mórbida indiferencia hácia el
presente, sin nostalgias del ayer, faltos de
esperanzas respecto al mañana, dejan desmoronarse sin hacer siquiera un esfuerzo
para retardar la ruina; cuando, en una palabra, se presencia ese absoluto aniquilamiento, ese colapso de un pueblo, no puede menos de experimentarse la misma sensación
que si se contemplara el lento agonizar de
"Un hombre.
UANDO

Conmueve, en verdad, este dec:aparecer
del «Mundo del Islam•, de esá ,original y un
día poderosa colectividad, eterno absurdo
entre las naciones civilizadas, que hoy se
desagregan átomo por átomo, retornando
instintivamente á la vida nómada, á las primitivas costumbres de los antecesores. Siéntese compasión profunda siguiendo la inconsciente agonía de esa colectividad de fantasmas, resto de una raza de reitres, dominadora en lejanas épocas y al presente extenuada;
de un ¡,ueblo que expira tranquilo, con la
honda resignación no exenta de dulce melancolía de aquel que se sabe próximo al
sepulcro,de aquel cuyos días están contados:
el Moghreb, último refugio del Islam, cercado
estrechamente por doquiera, lanza sus postreras palpitaciones ante los ojos codiciosos
de Europa, que espera, llenadeimpacienc1as,
el estertor final, echando ya sus cuentas respecto á la sucesión del difunto.
Ese Moghreb ha sido el crisol donde se fun-

moro, la violencia del bereber, la bellaquería del israelita, y la vileza de un montón
de renegados hez de Europa, dando como
producto resultante el marroquí, ó sea un
-compuesto de todos esos vicios, una raza
inútil y perniciosa llamada á desaparecer
pronto bajo el asalto de las razas occidenta1es, de igual suerte que habían de desapa•recer las razas amarillas y negras para dejar
sitio á las brutales y conquistadoras razas
blancas.
Bárbaro irresponsable y rapaz, fracasado y
estéril engendro de las cultas escuelas de
Grecia, refractario á una civilización que
jamás tuvo sino incompleto y momentáneo
señorío sobre su estrecha é indi:sciplinada
inteligencia, rebelde á toda cultura, enfermo
-de las nostalgias del desierto, ei fatalista arabe va cediendo terreno ante el rudo empuje
del ario, frente al reflujo de la febril activi,dad occidental, y acabara por emigrar á su
país de origen. Una vez allí, como sus antepasados y como sus compañeros de hoy,
Teanudará su vida errante y aventurera de
miles de siglos: darán comienzo de nuevo
las sanguinarias querellas, las tenaces é interminables luchas por la posesión de un
manantial, de un pozo ó de un prado per-didos en las candentes soledades del desierto, ó por el oasis protector desde donde lanzarse al despojo de las caravanas.
En la bella noche estrellada, cuando los
rebaños vueltos á I os apriscos descansen amparados por el círculo de tiendas,
jmpregnando el ambiente con efluvios acres
y cálidos; cuando la ténue columnilla de
humo azul se eleve al cielo desde la mísera
fogata de fiemo de camello; cuando los bomhres jóvenes efe la tribu, tras de osada razzia,
hayan tornado al aduar espoleando á los
enloquecidos caballos, blancos de espuma,
y al volver lo hagan ébrios de gozo, triunfadores, llevando sujetas al arzón buen número ~e cautiva~, esposas é hijas de aquellos
vecmos ~ tnbu sorprendidos y muertos en
la obscuridad de la noche, sin escatimarles
la mutilación y la ignominia postreras; cuando los vencedores hayan puesto á buen re•Caudo su botín de carne, aprisionando á los
escla,•os, atando á las mujeres y apriscando
á las bestias robadas; cuando hayan ido á
ocultarse en el fondo de las polícromas arcas de roble los collares arrancados á las in.feli~es que _se r~sistían y que despedazó la
furia del arabe, los zarcillos con:servando
aún el girón de carne ensangrentada y las
sortijas adhe~idas to?avía al dedo que' cercelI!ara la salvaJe cuchilla; cuando, en los úl ti-

mos resplandores de la tarde y como epílogo de la feroz hecatombe, la tribu victoriosa
se postre sobre las alfombrillas multicolores,
aún empapadas con la sangre de sus últimos
dueños, y haya proclamado por la quinta
vez en el día la gloria de Aláh, y baya ensalzado la memoria de Mahoma; entonces...
un anciano, un viejo de aspecto bíblico y de
ademanes fríos y reposados, de porte altivo,
rebosando por todos sus poros terrible orgullo y vanidad suprema, canturreara con voz
chillona y guturales entonaciones las proezas de los antepasados en una letanía de
nombres interminables. La voz cascada seguirá luego lanzando al viento, entre exagerados floreos retóricos, la sangrienta historia
de las rivalidades y querellas de la tribu con
otras tribus, historia de jamás apaciguados
rencores y de venganzas seculares. En su
hinchada, pomposa y lasciva poesía, narrará
el viejo los actos de bandidaje cometidos
por sus bravos hijos, ensalzara sus raptos y
violaciones, los ultrajes hechos al enemigo
muerto, y enumerará con delectación las cabezas cortadas y llevadas al aduar como trofeo de victoria. Después comenzaTá á pregonar las hazañas de su brazo, el fino · temple
de sus armas y los méritos de sus animales
favoritos: el camello, fiel compañero, y el
corcel de batalla, inseparable amigo. Su espíritu nervioso y enfermizo, propenso á lo
sobrenatural y maravilloso, le llevará á contar infantiles leyendas donde figuren los maléficos djinns, cuyas jugarretas sólo puede
conjurar el amuleto mágico. A cada cinco
palabras, invocará los nombres de Alah, del
Profeta, y del Angel Gabriel, no para ensalzarlos, sino para pedirles la revelación
de los lugares donde se hallan ocultos los tesoros. Y este salvaje anciano terminará su
extraña monserga describiendo los terrores
del desierto y las duras penalidades de quie11es lo cruzan. Y mientras tanto que los jóvenes de la tribu, hombres hermosos y gallardos, hayan escuchado con religioso silencio las palabras santas, el decrépito y abominable bandido, lueg0 de envolverse en los
pliegues de su blanco jaique, se levantará,
majestuoso y soberbio, y transportado en
los robustos hombros de sus nietos tornaráse á la tienda, no sin haber lanzado una mirada de impotente codicia al harén donde
duermen las cautivas...
Mañana se repetirá la misma escena de
hoy. El anciano jeque canturreara de nuevo sus inepcias; los moros de la tribu volverán á recorrer el desierto y perpetuarán su
monótona vida de depredaciones y de asesinatos. Porque el marroquí, ese monoteísta
inconsciente, ese fetichista propenso al fata-

4

�338

.

1

'

POR ESOS MUNDOS

lismo, ese fanático hipnotizado por la visión
de un más allá voluptuoso y sensual, no
variará nunca: cotidianamente seguirá recitando, vuelta la faz hácia la Meca y de un
modo mecánico, las oraciones del Islam. Así
lo impone el modo de ser de ese pueblo, santurrón hipócrita, criminal empedernido, ladrón inveterado.
La verdad es que el semita no fué siempre sino un hombre aborrecible, bandolero
insaciable, turbulento y licencioso. Incapaz
de sentirse consciente, de elevarse al nivel
de pueblo organizado, no pasó jamás de la
categoría de mero individuo de tribu, de bárbaro irreductible, de hombre de presa. El semita fué, ha sido y será, un egotista desenfrenado, una organización cerebral incompleta, un ser ayuno de ideas de justicia y de
moral, un lansquenete oriental, sólo apto
para el saqueo y el pillaje realizados con la
mayor indiferencia y sin el menor escrúpulo, lo mismo entre sus amigos que entre sus
enemigos.
En épocas remotas, impulsado por su naturaleza y por el amor á la rapiña, codiciando el bienestar que disfrutaban sus industriosos vecinos, abandonó los desiertos y estableció sus reales sobre las costas del Asia
Menor, en Sidón y Tiro, desde donde lanzó á
las azules ondas del .Mediterráneo un enjambre de barcos piratas. Nada escapó á su acción: lo mismo despobló los mares que asoló las tierras. Traficando aquí, ladroneando
allá y engañando en todas partes, saciaba su
sed de oro y de goces materiales y arrastraba al fondo de sus gineceos las rubias beldades de Grecia: las hordas semitas, luego de
devastar las costas, capturaban, traidoramente, lo mismo á la robusta celta de cabellera bronceada, que á la grácil ibera y que
á la negra hija del Atlas, para arrojarlas después en montón á las vilezas de la esclavitud.
Reducido el semita á la servidumbre por
los asirios, y mediante la institución de los
bancos, dedicóse á la usura, acabando por
adueñarse de las riquezas que antes poseían
sus domeñadores. Actuando de indecorosos
intermediarios, llegaron á regentar los placeres de sus amos, á sistematizar sus desenfrenos; y aprovechando su odioso papel, espiaban vilmente tanteando la debilidad del
adversario. Llegado el . momento oportuno,
lanzaban sus indisciplinadas huestes sobre
Babilonia '! Nínive, las dos opulentas ciudades enemigas.
Hubo un instante histórico en que el semita comenzó á arrastrarse furtivamente
siguiendo el delta del Nilo y llevando en
pos de sí su peligroso harén. Tras de una
serie de in"asiones pacíficas y subrepticias,

se aposentó en los hogares patriarcales dé
los faraones y de sus grandes magnates, desorganizándolos. Hábil en la labor de corrupción, vió pronto que los sentidos de los
grandes señores egipcios hallábanse embotados por la rutina familiar, y entónces se
apresuró á ofrecerles el poderoso estimulante de amores perversos, en los que eran las
mujeres semitas maestras incomparables.
Cuando éstas habían llevado á cabo su obra
de destrucción abrumando á los egipcios
con sus refinadas caricias, hipnotizándolos
con sus malignas asiduidades, entraban 1•n
acción los maridos, complacientísimos mediadores; y entraban en acción para robar á
manos llenas en las forzadas arcas v en los
desentrañados tesoros. Una vez amos del
terreno, · ya en posesión de los corazones y
de los bolsillos de sus confiados señore~,
llamaban á los hyksos, sus rapaces hermanos del Eufrates, y compartían con ellos el
botín: desembarazábanse de los estorbo!&lt;,
ceñíanse á las sienes el pschent de los faraones, sacrificaban al buey Apis y usurpaban el poder, haciéndose así aborrecer de los
egipcios hasta el punto de ser arrojados un
día, ignominiosamente, del sagrado suelo de
Isis.
No se crea que las hijas de aquellos hombres eran mejores que sus padres. Mientras
éstos robaban, las hembras, impotentes para
dominar el frenesí de apetitos indomable~,
abitas de placeres, encenagábanse en su infamia abandonando á las caricias del sol sus
flexibles cinturas adornadas por áureos ceñidores, y devoraban sus ocios aspirando
con deleite la brisa marina. Y cuando sobre
las aguas azules aparecía meciéndose suavemente la negra barca piratesca, en cuyo
mascarón de proa iba esculpida la cabeza de
un caballo y sobre cuyas frágiles tablas navegaban los forzudos libios, los elegantes
jonios, los hermosos galos, los activos latinos, las esclavas semitas lanzaban rayos de
luz por sus negras pupilas y clavaban sus
miradas en el duro relieve de los músculos
masculinos complaciéndose en el detalle de
la harmonía de las formas y de las actitudes
gallardas y de los gestos altaneros de aquellos hombres del Norte . .Mercenarias histéricas, bañábanse por turno, ya en sangre de
toro que afirmase sus tejidos, ya en leche de
vacas que suavizara las morenas epidermis;
perfumaban sus cuerpos sudorosos, y engalanándose como yeguas con sus bárbaras
joyas de oro y plata, ofrecíanse á los piratas sordas á todo lo que no fuera el tintineo
de las monedas que éstos les arrojaban. Perversas criaturas de cejas pintarrajeadas y de
ojos artificialmente sombreados, de mejillas

339

EL MUNDO DEL 1SLÁM

teñidas con vermellón, mal envueltas en túnicas de púrpura, abrumadas por el peso de
fulgúreos joyeles que arrancara la mano semita á los países depredados, iban insinuándose entre las naciones occidentales ense. ñándoles sus amores complicados, su hábil
depravación, su precoz impudor, oponiendo
á la casta virtud de la mujer aria los recursos de sus artif.cios sutiles. Y así la hembra
semita iba embotando los nervios de aquella
raza fuerte, introduciendo en su roja y pura
sangre el virus corrosivo de sus caricias
desconcertantes, hasta arruinar las energías
viriles y destruir en sus espíritus las virtudes
del hogar y de la familia.
Al correr del tiempo, tocóle á Cartago continuar las tradiciones de Tiro y de Sidón. El
semita acampó en las faldas del Atlas, convirtió el Mediterráneo en un lago árabe, sujetó a su yugo á los ribereños y les exigió
pleitesía. Esclavizando á las naciones de
Africa bajo su cetro de hierro, atormentó á
los reyes vencidos, pobló sus ergástulas y
crucificó á los generales ineptos. Engolfado
en los placeres que le ingería su bestial sensualismo, abandonó la defensa de Cartago y
de sus riquezas á mercenarios griegos, iberos, galos y libios, haciendo conocer al mundo la fé p,¿nica.
Pero llegó un día en que Roma aplastó
aquel nido de bandoleros, arrasó sus antros
infames y devolvió el semita á los desiertos.

Más tarde, respondiendo á la voz de un visionario, de sus soledades brotaron las hor•
das, y acometieron, armadas, la conquista
del mundo. Grecia, sarcástica y excéptica,
proveyó á los noveles conquistadores de arquitectos, de matemáticos, de filósofos y de
sabios, esforzándose en domar algo las asperezas en aquellas turbas de bandoleros, en
educar hasta donde fuera posible sus cerebros primitivos y tardos, y en dotar al semita de una apariencia de civilización, ó más
bien de un curioso sincretismo compuesto
de toda clase de elementos que, por ser puramente superficiales, alentaron breve espacio, muriendo presto.
Estos insignes segadores de gargantas, incapaces para conservar su civilización pegadiza é incompatible con las tendencias de la
raza, con sus instintos de depredación y de
salvaje independencia, comenzaron á destrozarse á si mismos, infestaron los mares, asolaron las costas y dieron rienda suelta á sus
ingobernables pasiones, sin preocuparse un
ardite de la ruina de sus ciudades, del derrumbamiento de sus monumentos y de la
miseria de sus moradas. Porque no tienen, en
verdad, más sentimientos que un odio inextinguible para la civilización que no comprenden, y unos amores grandes para el
aduar, para la vida nómada y para los áridos desiertos...
Tal es el imperio de Marruecos.
JORGE MONTBARD

�341

PÁGINAS CORTAS

PÁGINAS CORTAS
Ceres
,,,

1
1

os rayos del sol abrasaban. Ni el más
L
leve soplo de viento acudía solicito á
refrescar, á airear siquiera, los tostados rostros de las segadoras, que chorreaban cristalino sudor á la ligera sombra de los pañuelos de algodón, blancos y rojos, echados sobre sus cabezas.

1¡

Los cuerpos, encorvados hácia la tierra,
avanzaban en hilera por entre el aspero rastrojo que sus afiladas hoces iban dejando
atrás, en tanto que acometían la mies seca y
amarilla, produciendo ese ruido de rass,
rass, rass, acompasado y monótono, que

causa al oirlo sensación nerviosa de desagrado: sin quererlo se piensa en que la corva y dentellada segur cogiera las piernas y,
cercenando la carne, rozara el hueso.

La llanura del trigarral perdiase de vista,
semejando un mar obscuro y diáfano bajo
cuya capa de negrura gris se entreveía la
amarillez brillante de las cañas, que al chocarse a impulsos de la más ténue brisa producían ese rumor vago de hoja seca, triste y
soñoliento, que es música de dulce placidez
para el labrador y de mortal angustia para
la jornalera, quien aún después de dormida,
cuando por la noche reclina la cabeza sobre
la gavilla esperando en profundo sopor la
venida del alba:lo ore entre sueños, corno
eterno pensar de un estío inacabable.
Las segadoras, en su trajín del trabajo y
con las fáuce,~ secas por el Calor sofocante
de la siesta, callaban y Regaban, 'tass, 1·ass,
rass, cual si pretendiesen adelantar cada
una a las dos compañeras inmediatas. Solo
el chirrido agudo y prolongado de las cigarras turbaba el abrumador silencio de la
campiil.a.
De cuando en cuando, veíase un cuerpo de
mujer enderezarse lentamente entre- aquella
hilera de troncos encorvados, pararse un
momento enhiesto cual si buscase el aplomo
vertical para hacer posible la locomoción, y
dando lrancajadas por entre las erizadas

puntas de rastrojo dirigirse hácia un montón de haces colocadas en circulo para sombrear al hato, donde tumbado sobre el suelo
estaba el cántaro del agua. Llegado allí el
desgarbado cuerpo de la segadora, dos brazos, hasta el codo desnudos, sudorosos y
bronceados, levantaban la panzuda vasija
sobre la cabeza, caía atrás el pañuelo blanco y encarnado, y dos labios sedientos se aplicaban á la redonda abertura del botijo, en
tanto que el pecho, jadeante bajo la chapona
empapada de sudor, se alzaba y deprimía
con acompasado ritmo, oíase el gl'U,, glu, glu.
del fresco liquido penetrar por la garganta,
rebosando por ambos lados de la boca, pegada con ansia infinita á aquel manantial de
vida sin el cual sobrevendría á veces la asfixia ...
Y en la ardorosa siesta de aquel dia pareció ocurrir tan peligroso accidente á una de
aquellas pobres mujeres, bestia humana del
trabajo 1 quizás la más fragosa y acaso la más
embrutecida de la cuadrilla.
Viósela izarse de repente entre las demás.
Bajaron sus brazos con extrema languidez á
lo largo del cuerpo, armado el derecho con
la férrea y reluciente hoz que cayó al suelo;
titubeó un instante como masa próxima á
desplomarse, y haciendo un supremo esfuerzo, se dirigió vacilante al hato, mientras sus
compañeras, comprendiendo el peligro que
corría, suspendieron la tarea, mirándola ir
hácia el cántaro, donde estaba la salvación.
Entónces, pudo verse una cosa extraña ..A.l
tiempo de cojerlo la infeliz, oyóse el estridente llorar de un ni,1o de pecho, el hijo de
la segadora, que á la sombra de una gavilla
y bien colocado sobre los trapos de su madre, dormia sosegado entre amapolas, respirando el ambiente canicular del estío andaluz. La madre oyó el grito desgarrado de su
hijo, quizás fatigado también por aquella atmósfera irrespirab]e, y súbitamente dejó caer
el cántaro en el sitio mismo del que lo había
alzado, dirigióse tambaleando al lugar donde
el niño lloraba, recliuóse á su lado, sacó &lt;le

un tirón violento el ílágido pecho de su chapona empapada en sudor y aplic.ólo á la rosada boquita de la crjatura 1 que chupó con
ansia, bajo la mirada maternal. .. Y cuando le
vió cerrar de nuevo los ojo!=: 1 templadas la
sed y el hambre, encaminóse lentamente al
hato: alzó con ambos brazos el botijo por
encima de su cabe;m, recibiendo en plena
faz un beso del sol, bebió con avidez el agua,
que se derramaba por ambos lados de su sedienta boca, limpióla de~pués con un rnstregón de su bronceado brazo; y llegando luego entre sus compañeras ocupó su puesto en
la cuadrilla, cogió la hoz, y embrazando un
pullado del trigarral Continuó animosa el
trabajo, produciendo e~e ruido, rass, rass,
ra.ss, característico de la mies seca y re luciente ...
JosÉ GARCIA DE CASTRO

La canción de la soledad
I
un brillante búcaro de hermosas paE redes
color de cielo. En su seno crecían
RA

explendorosas las flores de la ilusión. Cabe
un dorado crisantemo una feliz pareja de
pintadas libélulas formó risueña su nido de
amores ...

II
Violento azotaba el huracán de la desventura. A sus bruscas sacudidas, el brillante búcaro temblaba y las flores doblaban, gimiendo, sus delicados tallos. La risueña pareja de
libélulas se escondía, aterrorizada, bajo los
dorados pétalos del crisantemo ...

III
Venció al cabo el vendaba! furioso de la
desdicha. Las azuladas paredes del búcaro
se destrozaron contra las escarpadas rocas
del infortunio. Como sopladas por mágico
aliento las flores de la ilusión se esfumaron .
Una de las libélulas no pudo hacer frente á
la tormenta, y su alma delicada, abandonando el débil cuerpecito, se remontó á lo ignoto. Su compañera, más fuerte, anda aún por
el mundo cantando á las flores la triste canción de su soledad ...
MIGUEL E. OLIVA

El enemigo del mundo
M

E conocéis? ... Soy el príncipe de todas

l · \ las alegrías, el compaTiero de todos los
goces mundanos. Estoy presente en todas

las fiestas y ningún sarao tiene lugar sin mí.
Yo he ganado más victorias que Alejandro,
he uncido á mi carro más naciones que Roma, he asustado más pueblos que Atila. Soy
el mensajero de la muerte: bago nacer en el
corazón los pen~amientos criminales; mancho los hogares, soy' el padre de los hijos sin padre, enveneno Jas razas y las llevo
al envilecimiento, á la depravación, al s1:1icidio, á la locura, al crimen en todas las formas imaginables. Yo acabo con las familias:
persigo il los abuelos en los nietos. llago
que mis amigos pierdan la vergüenza, la
dignidad, el honor, la buena educación : pongo un velo sobre los ojos, sobro la conciencia, y hago aparecer la venganza como honor, la abyección como honradez, la inmoralidad como entretenimiento. Aspiro á convertir el mundo en un hospital, en un manicomio, en un circo donde estén encerrados
tigres, leones, halcones, buitres. Quiero liviandades, rencores , blasfemias , guerras,
sangre, desolació~, ruina. Nazco en todas
partes: conozco las frias regiopes de Laponia
y Siberia, las ardorosas de Italia y Egipto.
Tengo origen en el trigo, en el arroz, en la
cebada, en el jugo de la uva, en la -leche de
yegua. Mi patria es toda la tierra, los hombres mis esclavos: me envía el Príncipe de)
Mal. Soy vuestro rey: ¡soy el alcoholl
CATULLE )!ENDES

A mi patria
(ComposidUn inédita, escrita por el
autor cuando se hallaba en Buenos
Aires. Póstuma,)

Ausencia, remedo triste
de la olvidadiza Muerte:
sólo el amor puro y fuerte
victorioso te resiste.
Ya ves que en vano pusiste
el abismo que crucé
en,tre mi amorosa fé
y la tierra en que nací:
¡nunca tan lejos la vi,
y nunca tanto la amé!
¡Oh, bello suelo fecundo,
cuya luminosa historia
es un cantico de gloria
que ha resonado en el mundo!
¡Oh, mi pueblo sin segundo,
altivo y bueno! ¡Oh, mis flores,
mi cielo azul, mis amores!
¡Oh, mis sepulcros sagrados!
¡Oh, mis templos admirados,
mis dichas y mis dolores!
¡Oh, mi España! En la tristeza
de tu inmensa lejanía,

�342
consuelo es de mi agonía
la sombra de tu grandeza.
Su adalid en tu fiereza
aplaudió la Cristiandad .
Si hay justa una vanidad
es la que en ti ,se cifró:
¿quién como tú defendió
su Dios y su libertad?

Patria: desde este Occidente
que fundó tu poderío,
puesto de hinojos te envío
mi saludo reverente.
Y al viento que de la ingente
pampa á tu región hermosa
va por esa mar grandiosa
donde ayudaste á Colón,
para tí mi corazón
da una lágrima ardorosa.

La tierra eres de Numancia,
y del Cid y de Cortés;
Lepanto una fecha es
de tu inmortal importancia.
De los siglos la distancia
puebla con nombres radiantes
tu pléyade de gigantes:
la tierra eres de Padilla
y de Isabel de Castilla,
de Velázquez y Cervantes.

t
1

Hoy, cual gladiador rendido
tras de esfuerzo portentoso,
así yaces, ¡oh, coloso!
sobre laureles dormido.
Pero aún el noble latido
del patriotismo sostén
las libres naciones ven
mover tu pecho de atleta,
y aún el nombre se respeta
de la nación de Bailén.
Cuando tú el puesto dejaste,
otras grandezas llegaron
y otras ánsias agitaron
á la Europa que salvaste.
Tiene el mundo en que imperaste
un templo más: el taller.
Ley de fraternal deber
ya pueblos y tronos guia,
y también tú, España mia,
la sabes obedecer.
¡Quién pudiera el porvenir

que te aguarda apresurar,
y tu activo despertar
en su plenitud sentir!
Ya empiezas á compartir
el progreso bienhechor;
ya el trabajo redentor
tu nueva existencia ordena;
ya brilla el alba serena
de tu futuro explendor.
¡Bendito el nuevo poder
que mañana te sonría!
Ya que es foerza, patria mía,
1

11

343

P.\Gh"US CORTAS

poder para no temer,
que Dios te conceda ser
fuerte de nuevo y temida;
pues siempre á tu fuerza unida
fué generosa cultura,
y sabes desde la altura,
como el Sol, dar lur. y vida.

SALVADOR

LÓPEZ GUIJARRO

La sonrisa de
la Princesa Diamantina

e

de su padre, el viejo Emperador de
la harba de nieye, está Diamantina, la
princesa menor, el dia de la fiesta triunfal.
Está junto con sus dos hermanas. La una:
viste de rosado, como una rosa primaveral.
La otra, de brocado azul, y por su espalda
se amontona un crespo resplandor de oro.
Diamantina viste toda de blanco. Y es ella
así, blanca como un maravilloso alabastro
ornado de plata y nieve. Tan sólo en su rostro de virgen, como un pájaro de carmín que
tuviese las alas tendidas, su boca en flor,
llena de miel ideal, está aguardando la divina abeja del Pais Azul.
ERCA

*
*.*
Delante de la regia familia, que resplandece en el trono como una constelación de poder y de grandeza-en ei trono purpurado
sobre el cual tiende sus alas un águila y
abre sus fauces un león,-desfilan los altos
dignatarios y guerreros, los hombres nobles
de la corte, que al pasar hacen la reverencia. Poco á poco, uno por uno, pausadamente pasan. Frente al monarca se detienen en
tanto que un alto ujier galonado dice los
méritos y las glorias en sonora y vibrante
voz. El Emperador y sus hijas escuchan
impasibles. Y de cuando en cuando turba el
solemne silencio roce de hierros, crujido de
armaduras.

***

Dice el ujier:
,Este es el Príncipe Rogerio, que fué grande en Trebizonda y en Bizancio. Su aspecto
es el de un efebo, pues apenas ha salido de
la adolescencia; mas su valor es semejante
al del griego Aquiles. Sus armas ostentan un
roble y una paloma: porque teniendo la fuer•
za, adora la gracia y el amor. Un día, en tierras de Oriente ... .,
El anciano imperial acaricia su barba ar-

gentiua con su mano enguantada ~e ª?ero, y,
gentil como un San Jorge, se mchna, ~a
diestra en el puño de la espada, con exqw.sita arr.ogancia cortesana.

Dice el ujier:
«Este es Aleón, el Marqués. Constantinopla lo ha admirado vencedor, rigiendo con
riendas de seda en un caballo negro. Es
Aleón el maao, un Epifanes, un protegido de
los portento~os y desconocidos genios .. Dí~~fSe que conoce hierbas que le hacen rnv1s1ble, y que posee una bocina, labrada en diente de hiedra, cuyo rmdo pone espanto en el
alma y eriza los cabellos de los más bravos.
Tiene los ojos negros y la palabra sonora. En
las luchas pronuncia el nombre de nuestro
Emperador, y nunca ha sido vencido ni herido. En su castillo ondea siempre una bandera negra.»
Dice el ujier:
.
. . Este es Pentauro, vigoroso como el mvencible Herakles. Con sus manos de bronce, en
el furor de las batallas, ha abollado el escudo de famosos guerreros. Usa larga cabellera
que hace temblar heróica y rudamente como
una fiera melena. Ninguno como él corre al
encuentro de los enemigos y bajo la tempestad. Su brazo descoyunta, y parece estarnutrido por las mamas henchidas de una diosa
yámbica y marcial. Huele á bestia montaraz
y come carne cruda.»
La princesa del traje azul no deja de contemplar al caballero tremendo que con paso
brusco atraviesa el recinto. Sobre un casco
enorme se alza un grueso penacho de crin.

Del grupo de los que desfilan se desprende
un jóven rubio, cuya barba nazarena parece

formada de un luminoso toisón. Su armadura es de plata. Sobre su ~abeza enc~rva el
cuello y tiende las alas olimpJCas un cisne de
oro .
Dice el ujier:
«Este es Heliodoro, el Poeta.•
Ve el concurso temblar un instante á la
princesa menor, á la princesa Diamantina.
Una alba se enciende: el blanco rostro de la
niña vestida de brocado blanco, blanca como
un maravilloso alabastro. Y el diminuto pájaro de carmín que tiene las alas tendidas, al
llegar una abeja del País Azul á la boca en
flor de miel ideal, enarca las alas, encendidas
por una sonrisa, dejando ver un suave resplandor de perlas ...
RUBÉN DARÍO

Guitarreos
Aun que tenemos los dos
los ojos de igual color_,
vive en los tu vos la dicha
y en los mios ·el dolor.
Quiero las notas más dulces
arrancar á mi guitarra,
unirlas á mis suspiros
y dártelas con mi alma.
Con tus ojos en la mente, ·
con tu voz en las oídos,
¿cómo no quiere la gente
·que anden muy mal mis sentidos?

Aunque la laves cien veces

y con el agua más clara,
la mancha de tu pecado
ha de salirte á la cara.
Dicen que gimen las cuerdas
cuando toco mi guitarra,
y es que hasta mis dedos sienten
las penas que tú me causas.
S.T.SOLLOSO

�345

LA CORTE DE VERSALLES

do de cortesanos que podrían comprometerle. En ocasiones, se atrevía á tomar en broma al rer, llanuindole m.i cm"'iado ... Naturalmente, un hermano así era un gran es•
torbo para Madama de Maintenon.,
Debemos apresurarnos a consignar que,
fuera cual fuese el pasado de 13 señora Scarron, la vida de la marquesa no registró escándalo alguno: mientras estuvo en la corte
de Versalles, fué la personificación de la piedad y un modelo de buena conducta. De ahí
que su hermano debiera se_rle en alto grado
embarazqso.

1

1
1

1

MADAMA DE MAINTENON
es, lector, que has oído hablar muS EGURO
cho de Madama de Maintenon y que su
nombre célebre ha sido más de una ,·ez pronunciado por tus labios. Pues has de saber
que e~ aquella fastuosa ':°rte del Rey Sol,
despues_ del soberano Luis XIV, el principal
personaJe de Versalles era aquella señorona.
Al acercarse á su presencia el articulista

casi no se atreve

a

recordar el hecho d~

que la poderosa favorita de Versalles se había llamado en un tiempo Francisca de Aubigné, Madama Scarron, por haber estado
casada con el célebre poeta de dicho nombre: este detalle biográfico, algo indiscreto
podría mu y bien colocarnos en situación ta1;
embarazosa como aquella en que , según

parece, se encontró Racine.
&lt;Aconteció una tarde-escribe Saint-Si-

mon refirié~dose á este incidente-que el
1

• 1¡ 1 '
1'

1'
1

1

1

rey, departiendo con Racine de cosas de
teatro, en presencia de Madama de Maintenon, preguntó al poeta la causa de que gustasen cada vez menos las comedias. Racine expuso diversas razones, acabando por manifestar ~o principal á su juicio, ó sea que los
comediantes: á falta de obras nuevas, se ]imitaban á representar obras antiguas, entre
ellas la~ de Scarron, malas de por sí y menos:premadas de todo el mundo. Al oir esto,
la viuda de Scarron se sonrojó, no ya porque
se atacase l~ fama del tullido, sino por escuchar su antiguo nombre lanzado á presencia
del rey por el nada diplomático Racine. Como quiera que a1 monarca tampoco 1e pareciera bien el recuerdo, pudo coro.prender el
poeta, por el silencio que babia seguido á sus
afirmaciones, cuán garrafal era la pifia acabad~ de cometer. Durante algunos segundos,
Racme, cu ya turbación corría parejas con las
de sus dos ilustres oyentes, permaneció sin

atreverse á levantar la mirada del suelo. J.a
sorpresa babia sido general y profunda. Terminó la difícil escena despidiendo elmonarra
á Racine y diciéndole que iba á trabajar. El
poeta perdió para siempre su posición en la
corte: ni el rey ni Madama de Maintenon le
volvieron á dirigir la palabra, ni aún la mirada.,
De lo transcrito anteriormente podrá inferirse que la señora marquesa de Maintenon
tenia un pasado. Y,además, tenía un hermano. «Era éste el llamado conde de Aubigné,
quien, aún valiendo como valía muy pocav
cosa, se creía de ilustrísima prosapia, lamentándose á veces de no haber sido nombrado
mariscal de Francia, sin perjuicio de afirmar
otras que él había preferido al bastón el dinero. Este conde de Aubigné, que amenazaba
constantemente á su hermana con el escándalo si no le concedía los títulos de duque y
par, pasaba del modo más alegre posible la
vida, haciendo el amor á las hermosuras juveniles de las Tullerias, empeñándose en.
varias aventuras galantes simultáneas, y
gastándose alegremente el dinero con cortesanas y con amigotes de su calaña. Era un
desdichado digno de una camisa de fuerza,
pero, aunque loco, hombre de buen humor,.
con ingenio y ocurrencias füciles, no mala
persona en el fondo, cortés y no demasiado
ensoberbecido con motivo de la buena suer•
te de su hermana. Por el contrario, gustába•
le recordar los tiempos de Scarron y del hotel de Albret, de las galanterías y aventuras•
de su hermana, aunque comparándolas con
la actual posición de la marquesa y con su
fervorosa piedad. El conde de Aubigné no ha•
biaba de esta suerte ante una ó dos perso•
nas, sino en plenos jardines de las Tullería~
ó en los regios pasillos de Versalles y rodea•

El origen del encumbramiento de la Maintenon hay que buscarlo en la sincera amistad que profesaba á ésta la marquesa de
Montespan. Por aquel tiempo, el jóven duque del Maine y ;,[ademoiselle de Nantes,
aún no reconocidos por el monarca, hallábanse confiados á la guarda de la viuda de
Scarron. Al encargarse ésta de la educación
de ambos bastardos reales. había tenido la
habilidad de hacerse rogar tanto por el pa•
dre como JJOr la madre, insistiendo en que
el puesto babia de serle conferido directamente por el soberano.
Con el dinero allegado como recompensa
de su amor y devoción hácia el duque del
Maine, adquirió en 1674 la viuda del poeta
las propiedades del Maintenon, pagando por
ellas la suma de quince mil libras. Al mismo tiempo, le concedió el rey el titulo de
marquesa de Maintenor1. Pero todo esto no
era obstáculo á que el monarca experimentase fuerte antipatía hácia el aya de sus bastardos. A decir verdad, la astuta mujer debió el dinero, las propiedades y el título á
las incesantes solicitaciones de Madama de
Montespan en favor de su amiga.
Así estaban ]as cosas, cuando habiéndole
sido prescritas al duque del :lfaine las aguas
de Cauterets vióse obligada la Maintenon á
pasar allí una temporada. Debido á este motivo, sostenia frecuente correspondencia con
Madama de l\lon tes pan, quien trnsmitia las
cartas al rer á fin de que éste pudiera enterarse de los progresos hechos por la salud
del duque. Luis XIV encontraba las misivas
tan bien escritas, tan interesantes y agradables que, poco á poco, empezó á modificar
sus sentimientos respecto á la marquesa de
Maintcnon.
•El mal carácter de i\1adama de Montespan-dice Saint-Simon-consumó la obra.
Habíase ella acostumbrado á dar rienda
suelta á sus frecuentes malos humores haciendo principal víctima de sus cóleras al
rer en persona. Como quiera que la :Mainte-

non censuraba semejante proceder de la
Monlespan en i::us cartas! no es extraño que
fuese avanzando en el corazón del monarca.
Este fué así habituándose á Madama de
Maintenon, llegando al extremo de tomarlo
como intermediaria primero, y después como confidente, en sus disgustos con la marquesa de Montespan. Admitida ya en la confianza del regio amante y de la favorita, y
esto por la propia voluntad del rey, supo
sacar la Maintenon todo el partido posible
de las circunstancias: paso á paso, y con diplomacia refinada, fué suplantando á Madama de l![ontespan en el regio favor. Cuando
esta última quiso hacer frente al peligro, era
ya tarde: su amiga habíase hecho necesaria
al soberano. La propia Montespan en sus
..lfemorias dice estas palabras: «El rey entró
en la cámara del Delfin. Tuve entónces el
gusto de verle á menos de dos pasos de donde yo me hallaba, y ante mis propios ojos
diciendo cosas ingeniosas y agradables á la
marquesa de Maintenon, mientras para mi
solo tuvo frases relativas á la lluvia y al
tiempo.,
La crisis acaeció poco tiempo despuést
cuando habiéndose apasionado profundamente el monarca de la Maintenon, quiso hacerla su amante. La sagacísima Francisca de
Aubigné tenia ejemplos que estudiar en la
caída de la Valliére, en el encumbramiento
de la Montespan, y, por ú1timo, en la desgracia de ésta. No era, pues, empresa fácil su
conquista. Además, su amor hácia Luis XIV
probablemente no le babia quitado un sólo
minuto de sueño. Era la suya una personalidad en extremo equilibrada en lo físico y
en io mental, para caídas por sorpresa. La
Maintenon no pensaba,sin embargo,en aque•
lla época en llegará sustituir un día á la reina María Teresa. Esta disfrutaba entonces deinmejorable salud, prometiendo sobrevivir,
con mucho, á la misma Maintenon. Y aun
euando la reina hubiese muerlo prematuramente, ¿qué posibilidades podían existir de
que el org11lloso G..-an Monarca se rebajase
á tamaña mésalliance?
Así fué que, abroquelándose Madama de
Maintenon tras el escudo de la piedad religiosa, se limitó á coquetear con el régio pretendiente, seduciéndole, fascinándole y huyéndole con oportunidad. Durante seis !,
siete años que duró el babilisimo juego, la
Maintenon supo rogar y atraer, denegar ó
consentir, con refinada perfidia. t Su Majestad se ha retirado hoy desconsoladísimoiescribe ella en una de sus cartas-aunque
conservando todavía esperanzas., En otra
misiva confidencial consigna lo siguiente:
«Lo despido siempre aíligidísimo, pero no

�Jiü

MADAMA DE MAlNTE:XON

desesperanzado.)) ¡Tacto y discreción verdaderamente asombrosos! Porque ha de tenerse en cuenta que el rey no imploraba de

I'

!1
1

'' 11•1,

la Maintenon que fuese su esposa, sino que
fuese su amante, y si la virtud de la marquesa, si su profunda religiosidad, hubieran
sido en realidad lo que la interesada y algunos de sus panegiristas pretenden hacer
.creer, no cabe duda de que Francisca de
Aubigné hubiese dado á Luis XIV, pronto y
explícitamente, una respuesta solucionadora
de Ja cuestión. Recordaremos que cuando el
monarca hizo proposiciones de esa naturaleza á Madama de Péri~ord contestó ésta
abandonando sin demora la corte. &lt;Nada hay
más bello que una conducta irreprochable&gt;,
-decia la Maintenon en tiempos algo posteriores.Noobslante, parécenod á nosotros que,
al menos en la época de que ahora tratamos,
.esa conducta irreprochable era poco sincera.
Porque si basta el verano de 1683,en que el
rey fué libre de ofrecer su mano á la marquesa, no perdió el pretendiente jamás la
-esperanza de dar una sucesora á la Montes•
pan, esto es, de tener una nueva amante,
fácil es suponer que ello no se debiera á la
-comedia de virtud que estuvo representando
la pretendida casi basta la misma hora de
eele½rarse la boda.
Porque, fuera lo fuese, lo cierto es que la
Maintenon se casó secretamente con el rey
&lt;le Francia y de Navarra durante la noche
del 12 de Junio de 1684,, efectuándose la ceremonia en la capilla real de Versalles. Dispuso el altar Bontemps, primer valet de
cha,nb,·e del rey; dijo la misa el padre La
Chaise; leyó las sagradas espistolas el arzobispo de París: y actuaron de testigos Louvois, ministro de la Guerra, y Montchevreuil.
El arzobispo y Louvois obtuvieron del monarca solemne promesa de no declarar nun-ca el matrimonio que acababa de efectuarse.
Los rumores de la boda tardaron póco en
-ex.tenderse por la corte, si bien durante al~
gún tiempo nadie tuvo la seguridad de su
-certeza. Todavia á los cuatro allos de ello la
Palatina (nombre con que era conocida' la
&lt;&gt;s~osa del duque de Orléans, hermano de
Lms XIV), en una carta fechada el H de Abril
de 1688, escribía lo siguiente: .«No puedo saber á ciencia cierta si el rey está casado ó sin
-casar. Algun?s dicen que ella es su esposa y
que el arzob1opo de París dió su bendición
&lt;&gt;n presencia del confesor del rey y del hermano de la :Maintenon. En cambio, aseguran
olros que lo de la boda es mentira siendo
por tanto imposible averiguar lo que haya en
realidad.)&gt;
1\henlras la corte discutía la cuestión la
.
'
marquesa era instalada
en el palacio de Ver1

salles, yendo á ocupar la serie de habitaciones a que da acceso la gran escalera de mármol, frente al salón de los guardias del rey.
Los primeros síntomas de su encumbramiento consistieron en abandonar la favorecida
el uso del título de marquesa, haciéndose
llamar Madame de Maintenon, y en que el
rey, pareciéndole sin duda muy vulgarla citada designación, suprimió su segunda parte denominando invariablemente á su esposa morganática Madame. Por último, la servidumbre particular de Madame, daba á
ésta en sus habitaciones el título de Majes-

tad.
Si en los dias de su valimiento habia demostrado Madama de Montespan •una altivez en todo rayana con las nubes,• como dice
uno de sus biógrafos, podemos imaginarnos
cuánto no debió sufrir al verse obligada á
ofrecer sus respetos á la nueva esposa del
rey. Leamos lo que dice la ex-favorita en
sus MemoriQ,S:
.. Pocos días después del matrimonio, y
encontrándome casi restablecida de mi dolencia, fuime á Petit-Bourg. Allí acudieron á
verme el mariscal De Vivonne, su hijo Luis
de Vivonne, todos los Mortemarts, todos los
Rochehouarts, Thianges, Seignelays y Blainvilles; en. una palabra, corides, marqueses,
barones y duquesas. !han á perturbar mi retiro con objeto de decirme que desde el
momento en que Madama de Maintenon era
ya la mujer del rey, debía yo ir á rendirla
mi homenaje y á ofrecerla mi respetuosa adhesión. ,¡Toda la familia lo ha hecho asi,exclamaban estos crueles parientes-todos
lo hemos hecho menos, túl Debes cumplir
este deber, por lo que más quieras. ¡Hazlo
por Dios!... Te aseguramos que la marquesa
no se ha envanecido por su posición: ya verás qué bien te rec_ibe. Y tén presente que si
te resistes á hacerlo, nos comprometes á todos.,
•Deseosa-continúa escribiendo la Montespan-de librar de daños á mi familia, d•
complacerla, y, en primer término, de congraciarme con el rey, resolvi prepararme para fa penosísima jornada, confiando en que
Dios habría de darme fuerzas para resistirla.
Presentéme a la nueva esposa del monarca
ataviada con un traje de corte bordado de
oro y plata. El rey, que se bailaba sentado
ante una mesa, se levantó un momento v
me dió ánimos con su salutación afectuosá.
Antes de aproximarme á Madama de Maintenon, quien ocupaba ancho y rico sillón de
brocado, hice las tres paradas y reverencias.
La marquesa no se levantó, debido á prohi-

birlo la etiqueta, y principalmente á la presencia del rey. Su tez, pálida por lo general,
se coloreó rápidamente, adquiriendo los
suaves tonos de 1a rosa. A poco, hízome señal de que me sentase en un escabel cercano, dirigiéndome al propio tiempo una mi rada llena de disculpas. Entónces comenzó á
hablarme de Petit-Bourg, de las aguas de
Bourbon, de su lugar na tal y de mis hijos,
añadiendo, sonriente: «Voy a confesarle algo
agradable: el príncipe ha pedido para su nieto, el señor duque de Borbón, la mano de
Mdlle. de Nantes, y Su Alteza nos ha prometido la mano de su nieta para ,mestro duque
&lt;lel Maine. En cuanto pasen dos ó tres años
más, veremos terminado lodo este asunto.»
Sin duda, debió serle muy grato á Madama de Montespan que le revelaran en confianza cuál había de ser el porvenir de sus
llijos. En los tiempos de su valimiento, la
favorita había favorecido y estimado sinceramente á la Maintenon, elogiándola cuando
el rey la menospreciaba, reteniéndola cuando el soberano quería alejal'la. Y no bastándole todo eso, habiala nombrado aya de
aquellos dos hijos á quienes Madama de
Maintenon se referia ahora ceremoniosamente con su cnuestro duque del Mai11e». La
infeliz caida podia contemplar su obra, tronando olimpicameute desde su regio sillón
de brocado; podia saborear la amargura de
ver convertida á su falsa amiga en la ToutePttissante, cual se denominaba en Versalles
á la Maintenon. Pero, sigamos leyendo á la
Montespan:
«Tras de media hora de audiencia, me levanté de mi incómodo asiento é hice mis
reverencias de despedida. Madama de Maintenon, aprovechando un momento en que el
rey se había puesto á escribir, levantóse y
murmuró estas palabras: «¡No dejemos de
querernos! ¡Os lo suplico!» Inmediatamente
salí de la estancia por la puerta de espejos
que da á la gran galería. Hallábase allí reunido buen número de cortesanos. El príncipe de
Salm vino á mi encuentro, diciéndome: «¡Estáis avergonzada! ... ¡Lo comprendo perfectamente!:i- Y me estrechó la mano cariñosísimo. Noté que babia en todos gran curiosidad
por verme pasar. Alg-unos cortesanos, más
resueltos, se me acercaron hasta ponerse al
alcance de mi abanico, permitiéndome observar en sus :fisonomías, como en las de
toda aquella gente, el júbilo producido por
mi caída. Y, sin embargo, yo había visto á
mis plantas, un día, á aquellas fisonomías
altaneras: casi todos los que allí estaban me
debían grandes favores .,.
En la magnífica galería de retratos que nos
ha legado Saint-Simon en sus Memorias,

3±7

quizás no haya ninguno donde pusiese el escritor mayor lujo de deialles que en el relativo á la esposa morganática de Luis XIV.
cMadama de Maintenon-dice-era mujer
de gran ingenio, aguzada por el trato con
gentes de un mundo en el que, si en un principio sólo fué tolerada, acabó luego por brillar con luz propia. Las variables posiciones
que había ocupado biciéronla aduladora, insinuante, c9mplaciente, dispuesta á agradar
siempre y en toda ocasión. La necesidad de
intrigas en que se había visto, los muchos
manejos secretos de todo género que sus ojos
contemplaron y en los que tuvo que mezclarse necesariamente, por interés propio ó ajeno, aficionáronla á ese juego en el que llegó
á ser consumada maestra. Halláhase dotada
deincomparable donosura y de exquisita afabilidad, sin traspasar nunca los linderos de la
corrección y el respeto; sus palabras eran
moderadas, exactas, impecables de expresión, y de una elocuencia natural jamás exw
cesiva. Es verdad que lo mejor de su vida
(pues ha de advertirse que aventajaba en tres
ó cuatro años al rey), babia coincidido con
la época de la frase elegante, con los años
de la galantería alambicada: no era, por tanto, de extrañar. que la Maiotenon, sometida
á semejantes influencias, conservase siempre
vestigios de eHas.
•No bien se aposentó en palacio, asumió
marcado aire señoril, que después y por sucesivas gradaciones fué sustituyendo por otro
de unción religiosa, que le iba admirablemente. A hablar con justicia,Ia Maintenon no
era hipócrita por naturaleza: la necesidad habiala obligado al disimulo, y su inconstancia
ingénita se encargaba de hacerla parecer doblemente falsa de lo que era en realidad. Debemos decir que la inconstancia de esta mujer era del más peligroso género: con excepción de algunos de sus antiguos amigos, á
quienes debía permanecer fiel por muy buenas razones, su favor recaía hoy en una persona, convirtién¿1.Jse al siguiente en sañuda
persecución. Obter.ida ur.a audiencia de ella
por cualquh~r i'r.dividuG, si éste tenía la suerte de hacerse simpático á la Maintenon era
al punto tratado con la misma confianza que
á un amigo de toda la vida, sin perjuicio de
que ese mismo indivíduo, admitido á u na
segunda audiencia, encontrase á la ilustre
dama, fria, lacónica y desabrida. Las victimas de estas mudanzas podían estrujarse la
memoria rebuscando una razón de tamaño
proceder; todo ello era tiempo perdido: la
única, la exclusiva causa, estribaba en la
nueva estabilidad de espíritu de la Maintenon. Quizás habían contribuido á estrechar
su criterio y a empequeñecer su corazón y

�348

POR ESOS MUNDOS

sus senlimienlos la pobreza y el abandono
en que viviera durante una época. Pero
lo cierto es que su psicología resultaba aún
más limitada de lo que hubiera podido esperarse de Madama Scarron, con quien siempre y en todos los instantes guardaba estrecha semejanza. Y nada 1 en verdad, tan repulsivo como esa mediocridad moral é intelectual en persona que disfrutaba de posieión
tan eminente.

•La piedad reli¡~'iosa-continúa diciendo

11

111
1

li''

'·
1
1
1

su biógrafo-constituía su principal arma de
combate: por la piedad gobernaba y conservaba su posición. La profunda ignorancia
religiosa en que el rey fuera educado y mantenido toda su vida, hicieron al monarca
desde un principio facil presa, siéndolo mas
y mas conforme, al avanzar de los años,
acrecía su devoción. Hubo un momento en
la vida de Luis XIV en que la religión lo re prefentaba todo para el soberano. Dado esto,
nada más fácil que hacerle creer que un golpe decisivo y violento asestado al protestantismo prestaría á su nombre mayor grandeza de cuanta conquistaran sus antecesores, además de robustecer su poderío y de
aumentar su autoridad. La Maintenon fué
una de las personas que trabajó con más
empeño en persuadir de esto al monarca.
,No debe pensarse que al objeto de mantener su predominio no tenfa necesidad Madama de Maintenon de obscuros manejos;
por el contrario) su reinado fué un período
de continua intriga. Las mañanas, comenzadas por aquella señora muy te m p r a namente, eran invertidas en misteriosas audiencias para asuntos espirituales ó benéficos. Era frecuentisimo verla celebrar entrevistas a las ocho de la ma11ana, ó antes, con
algún ministro, sobre todo con el de la Guerra ó con el de Hacienda, los dos consejeros
predilectos de la marquesa. Sin embargo, su
ocupación matinal invariable consistía en
dirigirse á Saint-Cyr, donde solfa almorzar
encerrada en sus habitaciones particulares, ya sola, ya en compañia de alguna de las
favoritas de la casa. Alli daba alguna que
otra audiencia, las menos posibles, dictaba
órdenes acerca del gobierno interior del establecimiento, se enteraba de las cuestiones
conventuales,· leía y despachaba el correo, y
recibía confidencias y notas de sus agentes
secretos, torné.ndose é. Versalles á la misma
hora en que el rey acostumbraba á acudir a
las habitaciones de su esposa morganática.
Una ve;.:: en presencia varios cónyuges, acomodábanse en sendos sillones, con una mesilla de por medio y al lado de una chimenea: la Maintenon próxima al lecho, y el rey
dando la espalda á la puerta rle la. antecá-

mara. Junto á la mesa hallábanse dispuestos
dos escabeles, destinado el uno para el ministro que acudía a despachar, y el otro
para los papeles de Su Majestad.
»Mientras el monarca trabajaba con el ministro, Madama de Maintenon leía ó bordaba, sin perder silaba de Ja conversación: una
conversación mantenida siempre en voz alta,
pero en la que ella rara vez se mezclaba, ó si
lo hacía era para oponer alguna observación
de escasa importancia. Con todo, al rey Jeagradabaoirel parecer de la marquesa. Cuando esto acontecia,la respue.r;;ta de la consultada era tan discreta como indiferente. Su sistema consistía en no mostrar empeño por
nada ni por nadie, ni aún en Rquellas cosas
que pudieran interesarla personalmente . .Mas
ha de advertirse que la astuta dama procedía ya de entero acuerdo con el ministro,
que, si no se había atrevido á contradecirla
en.privado, menos iba á oponel'se á sus designios en aquellas circunstancias. Siempre,
que debia concederse alguna merced ó algún
puesto, convení¡¡se el asnnto de antemano,
entre la Maintenon y el ministro, lo quemo tivaba en ocasiones cierlos aplazamientos,.
sin que el mismo monarca ó los interesados
sospechasen la verdadera causa . Reserva.base la Maintenon 1 a resolución definitiva,
quedando en avisar al ministro para la conferencia oportuna. Entre tanto, el consejero
áulico dejaba en suspenso la cuestión, guardándose bien de decidir nada por si mismo
sin recibil· órdenes de aquélla, hasta que
el tráfago cortesano de cada día huoiese
consentido á la marquesa celebrar la entrevista correspondiente. Una vez efectuada
esta, el ministro redactaba la lista de favorecidos y la presentaba á la aprobación regia. Si por acaso el monarca oponía su veto
á un nombre, y este era de los sugeridos
por la marquesa, el ministro no insistía, y
~l asunto no pasaba á mayor debate. Si el
rey objetaba algo respecto á otra persona
cualquiera, el consejero rogaba al monarca
que eligiese entre los que conceptuase igualmente aptos, aprovechando la pausa para
aventurar sus observaciones y excluir de las
propuestas sometidas á ]a sanción real aquellos individuos que no eran del agrado de la
marquesa y del ministro. Este no menciona--ba jamás expresamente el nombre del personaje cuyo nombramiento era apetecido, sino
que, por el contrario, exponía varios de
ellos, para ponderar fuerzas, y sobre todo
para hacer titubear al soberano en su decisión. Em el instante en que Luis XIV solieilaba el parecer de su consejero, quien, des··
pués de citar otros cuantos nombres, se fijaba, como por casualidad, en el que le inte-

MADAMA DE MAL.'''H'!iliO~

resaba. En este punto critico, el monarca
pedía á la marquesa su opinión. Ella sonreía declarándose incompetente, aventuraba una palabrita acerca de otro nombre, y,
por último, iba á fijarse sobre el propuesto,
caso de no haberse ya decidido en su favor
desde un principio. Por semejante procedimiento, las tres cuartas partes de las mercedes y concesiones que pasaban por ma~os
del ministro en sus conferencias con ]a Marntenou, quedaban á beneficio de ésta sin que
el rey tuviese la más leve sospecha de semejante juego.
»Con todo, el monarca estaba constantemente en guardia no solo contra Madama de
Maintenon, sino contra sus minístros. Mu-chas veces acontecía que, por no adoptarse
las precauciones necesarias, advertía el soberano que un ministro ó un general deseaban favorecer á un pariec.le ó protegido de
Ja marquesa. Cuando esto acontecía, Luis
XIV negaba su firma al decreto por el solo
hecho de ser cosa de su cónyuge, é. quien
después acostumbraba á reprochar su elección. Las observaciones del rey á esos propósitos eran causa de que :Madama de Maintenon experimentase cierta repugnancia á solicitar {lbiertamente de su marido tales 6
cuales favores, y si lo hacia era con extremada circunspección. Estos detalles bastarán
para convencer de que la sagacisirna dama
conseguía cuanto deseaba, aunque no cuando
ni como ella deseaba.
»Al sonar las nueve de la noche, entraban
en el aposento de Ja Maintenon las dos camaristas de guardia, con objeto de ayudarla
á. desnudar. Inmediatamente después, le era
servida por el ,naitre de hótel la cena, consistiendo esta en una sopa ú otro plato ligero. Tan pronto como terminaba de cenar, se
acostaba, continuando el rer y el ministro
entregados á sus trabajos, aunque hablando
ya en voz baja. Asi se deslizaba el tiempo
hasta las diez) hora en que eran bajadas las
-0ortinas del lecho de Madama de Maintenon.
El rey, luego de dar las buenas noches a su
esposa, se iba á cenará sus habitaciones.»

***

Al elevarse la marquesa á su conspicua
posición en la corte, encontró francamente
hostiles tanto á l\J.onsiei,1· como á Monseigneur. (Monsiei,r era el tmtamiente dado en
la corte de Versalles al hermano mayor del
rey; Moinsegneur el litulo que recibía el
príncipe heredero del trono). Sin embargo,
Monseigneur era un hijo demasiado obediente para negarse á rendir sus respetos á
la Maintenon. En cambio, Mons-ieur escaseaba sus Yisitas lodo lo q~10 podía. «No era

349

el éxito de la marquesa lo que le indignaba,
-comen la el biógrafo-sino el pensar que la
señora Scarron se hubiese c_onvertido en su
cuñada: esta idea le resultaba intolerable.»
En cunato á su esposa, no podía sufrir la
presencia de la .Maintenon, y ésta, á su vez,
hacia cuanto estaba en su mano para predisponer al rey contra la Palatina. Claro es que
tal actitud de la familia real respecto á la
marquesa era natu.ralisima, porque, además
de ser la Maintenon la eón yuge morganática
de Luis XI V, éste se había preparado, ante
todo, una esposa bella y de arrogante presencia, &lt;una mujer de incomparable gracia»,
como él decia. Estos encantos'fisicos de la
Maintenon certifícalos en sus Memorias la
Montespan, quien, al. ocuparse de su falsa
amiga a este respecto, se expresa del modo
siguiente: «Aunque tenía ya cerca de cuarenta y cualrn años, sólo aparentaba treinta.
Esta frescura de tez, debida, bien á un cuidado excesivo, ó quizás á una constitución
física excelente, contribuía á imprimir sobre
sus facciones un sello de juventud capaz de
fascinar al r.ey y á los cortesanos» .
Lo cierto es que al casarse la Maintenon
con el «Gran Monarca» debía tener cuarenta
y nueve años cumplidos, aparentando acaso
unos treinta y cinco. Poseía ingenio, talento
y diplomacia, y era la calma personificada.
&lt;Durante veintiseis años-escribía ella misma en época posterior-jamás demostré la
la más pequeña impaciencia., Tal tranquilidad de espíritu y tal discreción de juicio debieron paree:er á un monarca de cuarenta y
seis años que habia perdido á su esposa y
alejado á sus favoritas, las condiciones ideales para una compañera de días de vejez.
Además de eso, la marquesa e11a caritativa
y piadosa, demostrando singular empello en
apartar al rey del mundo y en volverlo
hacia el Cielo. Y para colmo de perfecciones,
ni parecía ambiciosa, ni gustaba de mezclarse en nada: si su augusto esposo la consultaba en algo, ella se lo agradecía profundamente, pero su única aspiración, su único
interés, hallábanse puestos en salvar el alma
del rey. Todo esto se antojará demasiado
maravilloso para ser verdad ... En efecto; no
era verdad
Lo único verdad en la Maintenon era su
hermosura física, no debida al arle ni poco
ni mucho. En lo restante, todo era mentira,
Bajo la capa de humildad y de indiferencia
por las cosas de este mundo, hallábase devorada por el orgullo y por la ambición; su
punto de mira, aquello por lo que trabajaba
constantemente, era llegat· a ser reina de
Francia. A pal'te de esta suprema aspiración,
intervP-nia en todo r lo manejaba todo. Apro-

�1 .
1

350

.i\lADAMA DE MAl:\TE:'\0_"

POR E.'30S '.\1C~OOS

vechóse de la Religión para elevarse y asu- El re)r demora su estancia en mi ca.mara
mir ante la corte una posición de infalibili- basta la hora de oir misa.
, Ya habrá usted advertido que á todo esto
dad papal, y de ahi que se hiciera lo que ella
diputaba por bueno y se omitiese lo que aún no be tenido tiempo de vestirme. Acondefinía como nocivo. Al mismo tiempo, llena- téceme generalmente tener que recibir las
ba el espíritu del rey con toda suerte de visitas con mi cofia de noche. Pero repito
escrúpulos, adquiriendo mediante este siste- que mi aposento es durante toda la mañana.
ma mayor predominio. La Maintenon se las una constante procesión de gentes que van y
compuso de modo que fueran sus habitacio- vienen en desfile interminable. La duquesa
nes el único lugar donde el rey despachase de Borgoña (María Adelaida de Saboya, cacon los ministros: modo sencillo de estar ella sada con el duque de aquel titulo), llega en
al corriente de lo que se bacía, de engañar al este punto con algunas damas, permanecienmonarca en su misma cara y de tener a los do todas en mi compañía mientr¡is tomo la
consejeros áulicos bajo sus talones. Además comida. Hallándome rodeada materialmente
de todo lo dicho, la Maintenon era terrible- por ellas no puedo ni aún pedir de beberá
mente veniativa: jamás perdonaba ni olvi- los criados. cSin duda, esto es gran honor
daba al que la ofendía, aplastando á quien para mí; mas yo preferiría ser servida por
osase hacerla frente, pero aplastándolo rá- un simple lacayo,, tales son las palabras que
pidamente y sin compasión. En suma: la algunas veces tengo que decir á las damas.
Toute-P11issante tenia la vida de la corte Al oir esto, y deseando agradarme, se dispendiente de su cámara, y con ser ello así putan la vez pa1·a servirme, apresurándose
declaraba en toda ocasión á sus protegidas á darme aquello que necesito; lo que consti]as monjas y educandas de Saint-Cyr que tuye una nueva contrariedad y un nuevo
ella no era nadie, que no poseía nada, que fastidio para mi. Por último, vánse las dasu única aspiración era la soledad, y que de- mas ti. comer, pues conmigo solo comen á las
bía ser compadecida por la triste suerte que doce Madama d'Heudicourt y Madama de
Dangeau, que están muy acbacosas.
le babia cabido.
»Ha llegado el instante de hallarme sola;
sola con las dos damas mencionadas. En·
!onces puedo distraerme un rato jugando
**
La Mainlenon cultiva esta nota en la si- una partida de chaquete, si no es que se le
guiente carta dirigida á la señora Glapion, ocurre entrar á Monseigneur, quien unos
días no come, y otros come más tempranot
dame de St. C.Jr:
«Creo haber dicho á usted con frecuencia, razón por la cual aparece cuando todos se
que el único tiempo de que dispongo para han ido ya. Por cierto, que Monseigneur es
mis devociones y para oir misa es cuando un visitante difícil, pues ni...nca dice «Esta
los demás duermen, pues en cuanto empie- boca es mía.&gt; Naturalmente, tengo el deber
zan á entrar en mi aposento ya no soy dueña de bablorle por el mero becbo de enconde mi misma, ni tengo un instante mío. trarse en mi aposento: si recibiera esta visita
Dan comienzo las visitas á eso de las siete y en otra parte, podría reclinarme en mi sillón
media de la mañana. El primero en aparecer } no despegar los labios, si asi me placia;
es Marécbal (el cirujano del rey); no bien se mas ocurriendo ello en mi propia cámara,
ha Jdo éste, llega M. Fagon (el médico), quien debo encontrar á tuertas 6 á derechas algo
deja el paso á M. Bloin(primer mayordomo), agradable que decir. Y esto es en verdad po6 á cualquier otro enviado á enterarse de mi co divertido.
»El rey viene á verme al volver de la caza.
salud. A renglón seguido, dan principio las
visitas de importancia: un día es M. de Cba- Ciérrase la puerta, y ya no se permite enmillart; otro, el señor arzobispo; esotro, un trar á nadie. Es la hora de las grandes congeneral del ejército en campaña, que viene á fidencias. Sintiéndose sin testigos, el rey me
despedirse; 6, por último, se trata de alguna cuenta todos sus pesares, sus pequeños disaudiencia particular solicitada en circunstan• gustos, sus achaques nerviosos. No es raro
cias tales que no hay medio de aplazarla. que rompa á llorar tras de haber luchado
Hace pocos días aconteció que el señor du- un rato por contener las lágrimas.
"&gt;A la hora de costumbre aparece en mi
que del Maine tuvo que esperará que saliera
M. de Cbamillart; no bien se fué éste, entró estancia el ministro designado para despa•
el duque y me entretuvo hasta que llegó el char con el rey. Ambos se ponen á trabajar,
rey, pues existe aquí la etiqueta de no dejar- y yo aprovecho esos minutos de libertad
me sola, prolongándose la audiencia mien- para cenar, si bien no puedo nunca hacerlo
tras no aparece otro personaje de rango. á mi gusto, pues Su Majestad me interrumCuando entra el rey, todos deben alejarse. pe á menudo para hacerme preguntas 6 para

•

enseñarme algo. En esto, como en todo, mi
vida es un perpétuo atosigamiento. Este
yantar hecho á toda prisa su~le producirme
trastornos. En fin, hallándome levantada
desde la~ ~eis de Ja mafiana, al terminar mi
cena todJ.via no he tenido tiempo de respirar á mis anchas.
»No extrañará usted, pues, que á esas ho•
ras me abrume la fatiga. A veces, el rey lo
advierte y me dice: cCreo que os sentís
cansada ... ¿Por qué no os acostáis?... &gt; Me
dispongo, por fin, á recojerme, llegando en
tal punto las camaristas encargadas de ayudarme á desnudar. Pero en esto me parece
advertir que el rey desea decirme algo y
está esperando á que las camal'istas se vayan, ó bien ocurre que todavia no se ha despedido el ministro. ¿Qué hacer entónces'/
Pues lo que bago : despachar, despachar
pronto, aún á riesgo de contrariarme, pues
ya sabe usted que toda mi vida he aborrecido las precipitaciones.
»Ya estoy en la cama. La servidumbre ha
sido alejada. El rey se acerca y toma asiento al lado de mi cabecera. Mi contrariedad
acrece, pues si bien es cierto que ya estoy
descansada, puedo sentir necesidad de muchas cosas: mi pobre cuerpo es vil materia
y tiene sus exigencias. Cuando tal acontece,
no hay en 1a cámara á quien recurrir: ni una
sola sirvienta. Y no es porque no pueda tenerlas, pues el rey es conmigo bondadosimo, y si se le ocurriera que yo necesito lo.;
servicios de una criada, soportaría su presencia. Mas, es el caso, que nunca se le ocurre que acaso esté yo pasando un mal rato.
Cree sinceramente que si nada pido es por•
que nada necesito ... &gt;

•**
Sin duda, la anterior carta debió hacer
reconciliar á Madama de Glapion con la
tranquila vida de Saint Cyr y mirar con ninguna envidia la que llevaba Madama de
Maintenon en sus expléndidas estancias de
Versalles. Pero, digámoslo sin rebozo: la
confi~encial misiva contiene no pocas exa•
geramones y es falsamente colorista . La
Maintenon hacia cuanto le era dable para
retener en sus habitaciones al rey, á la duquesa de Borgoña, al duque de Borgoña al
duque del Maine y á las princesas: era ;ste
el modo de bailarse al tanto de lo que pasaba, de cazar todas las noticias necesarias
para su diplomacia trastera. Claro es que
semejante vida había d e resultar pesada
carga, pues ha de tenerse en cuenta lo fatigoso de la etiqueta palatina. Ya franqueados
los linderos de la vejez, y cuando la Maintenon perdió para siempre sus ilusiones de

351

verse reina de Francia, el agotamiento físico
era lo que principalmente le preocupaba,
mas antes de llegar esos tiempos, la pose
predilecta de la interesante marquesa fué
una pose de humildad y de renunciamiento.
Hemos hecho frecuentes alusiones á SaintCyr. Era esta una institución donde se cantaban perpétuas alabanzas al nombre de la
Maintenon. El pensamiento de fundar un
colegio en que las bijas de nobles pobres
pudieran ser educadas á costa del Estado
no dejaba de ser loable, y dice mucho en
favor de Madama de Maintenon. Sin embargo, el principal beneficio lo recogió la fundadora. Aquel e.olegio proporcionaba á la
dama ocasiones de satisfacer su grande afi.
ción á dirigir la vida de las gentes jó.enes,
allJ podía irse creando una atmósfera propia
y allí le seria fácil retirarse en opulencia si
por su mala ventura moría el rey. «El colegio de Saint-Cyr-dice Saint-Simon-poseía
más de cuatrocientas mil libras de renta
anual, y bastante capital de reserva. Según
los estatutos fundamentales, estaba obligado
á recibirá Madama de Maintenon si ésta decidía retirarse del mundo, á obedecerla en
todo como á única y absoluta superiora, y é.
costear todos los gastos que ocasionase su
estancia y la de su servidumbre.&gt; Ahora
bien: como quiera que Saint-Cyr fué fundado al año siguiente de casarse Luis XIV con
la Maintenon, vése también que la dama
tenía la vista puesta en lo porvenir.

••
•
«El más ardiente deseo

de esta damasigue diciendo Sain-Sirnon-era la pública
declaración de su enlace. Sobre todas lascosas ambicionaba ser proclamada reina y de
ahí que jamás perdiera de vista esa id¿a. En
una ocasión estuvo á punto de verla reali•
zada. Habíale dado el rey, en efecto, solemne
palabra respecto á la declaración, añadiendo
que la ceremonia se verificaría en breve~
Pero ocurrió que el acto fué aplazado fodcfinidamente, debido á las observaciones hechas al rey por Louvois. Este, que se babia
captado la confianza del soberano hasta el
punto de que consiguíó ser uno de los testigos que presenciaron la boda de Su Majestad con Madama de Maintenon, tuvo el valor
de demostrar al rey que era digno de esa
confianza haciéndole ver la ignorancia de
declarar semejante enlace y obteniendo la
promesa real de que jamás habría de ser
publicado. Transcurrieron varos años y
Louvois, bien informado de cuanto ocu;ria
en palacio, averiguó que Madama de Maintenon volvía á intrigar para ser declarada re{.
na y que el rey había tenido la debilidad do

�3ó2

!'OH ESOS MUNDOS

'

prometérselo. El ministro no perdió tieJipo:
pertrechándose de documentos , fuése en
derechura de las habitaciones donde estaba
el monarca. Al ver éste entrar en su aposento á Louvois, en hora desacostumbrada.
le preguntó qué ocurría. «Algo muy urgente
é importantísimo,• contestó el ministro, muy
serio, dejando estupefacto al soberano, quien
. inmediatamente hizo despejar la estancia. La
servidumbre se alejó, mas tuvo la preéaución
de dejar la puerta entornada á fin de oirlo
todo y de verlo todo con auxilio de los espejos. Este era el gran peligro de aquellas
.estancias.
»No bien se halló Louvois á solas con e:
rey, le expuso francamente la misión que
allí le 11e,aba. Sorprendido el monarca al
ver descubiertos sus planes, trató de esquivar la cuestión. A cada nueva instancia del
ministro. daba el rey un paso más hácia la
puerta con propósito de ganar la cámara
inmediata, donde se hallaba reunida la servidumbre. Observándolo Lou,ois, arrojóse á
las plantas del monarca, y desnudando su
espada presentóla por el puño al augusto señor, suplicándole le diese muerte si persistía en declarar su matrimonio, en faltar á su
promesa y en cubrirse de oprobio á los ojos
de toda Europa.
,El rey pateó, se encolerizó y mandó salir
á Louvois. Pero Louvois, aferrando con fuer•
za las pierna., del monarca, con objeto de
que no se.le escapase, continuó hablándole
de la gran vergüenza que estaba resuelto á
llevar á cabo. Tanto dijo el ministro que,
por la segunda vez, obtuvo del soberano solemne promesa respecto al desistimiento de
la publicación matrimonial.
,Madama de l\faintenon seguía esperando,
mientras tanto, ser proclamada reina de un
momento á otro. Pasados unos días, y extrañándole el silencio del rey, atrevióse á insinuar el asunto. La turbación producida al
rey por las palabras de la dama alarmaron
á ésta. Aunque suavizando el golpe, Luis
XIV acabó por rogar á su esposa que abandonase su esperanza de ser declarada reina
y que no volviese á hablarle de la cuestión.
»Disipado el efecto producido en el espíritu de Madama de Jlaintenon por la brusca
destrucción de sus ideales, trató de averiguar la perjudicada quién era el causante de
todo ello. Tardó poco en saber la verdad, no
debiendo causar sorpresa el que jurase la
pé1dida de Louvois y que no descansase
hasta conseguirla. Esperando fríamente la
ocasión propicia, fué minando el terreno á
su adversario, aprovechándos.e de cuantas
oportunidades se le presentaban pa.ra hacerle
antipático al rey.»

.Tenemos, pues,•que, á pesar de su asombroso. encumbramiento y de la positiva influencia ejercida sobre el Gran Monarca,
Madama de .Maintenon no logró ver realiza•
do . su sueño de ser proclamada reina de
Francia. Su situación continuó, sin embargo, siendo dominadora. El rey, que amaba á
su esposa morganática mucho más de lo que
por ella era amado, tratábala siempre en
público con marcada deferancia, según puede observarse leyendo las líneas siguientes
relativas al sitio de Compiégne en 1fül8.
«El rey quería que la corte presenciase
las operaciones del ejército en campaña. Por
entonces, se estaba efectuando el 'lsedio de
Compiégne, en debida forma, esto es con
sus paralelas, trincheras, baterías, minas, etcétera. El asalto final se llevó á cabo el 13 de
Septiembre, habiendo acudido á contemplarlo además, del rey, Madama de Maintenon,
todas las damas de la corte y buen número
de caballeros. Los espectadores se habían
situado sobre una vieja fortificación desde la
cual se descubrían bien tanto la llanura como
la diversa colocación de las trampas.
, Era, en verdad, un espectáculo soberbio
el de aquel ejército evolucionando á presencia de millares de curiosos, llegados á pié y á
caballo, y realizando bajo las hábiles órd~
nes de sus jefes las maniobras de ataque y
defensa. Pero, un espectáculo más curioso
y que me sería fácil escribir de hoy en cuarenta años-¡tanto me impresionó!-fué el
que ofrecía el rey desde lo alto de la vieja
fortificación á todo un ejército y al inmenso
número de espectadores aglomerados en la
llanura.
,Madama de Maintenon daba frente al campo y á las tropas, arrellanada en su silla de
mano, cuyas ventanillas se encontraban levantadas, habiéndose alejado los conductores á respectiva distancia. La duquesa de
Bergoña encontrábase sentada en la vara iz.
quierda de la silla, y, haciendo un pequeño
semicírculo á su derecha, estaban la duquesa de Orléans, la princesa de Conti, todas las
damas, y muchos caballeros en último término. Junto á la ven lanilla detecha de la silla
de manos se hallaba el rey, y á escasa distancia de él un corrillo de distinguidos personajes masculinos de la corte. El monarca permanecía casi constantemente descucubierto, inclinándose á cada momento para
E&gt;xplicar á Madama de Maintenon lo que ésta
iba viendo y la razón de todos los movimientos de tropas. Cuando esto f\Contecía,
bajaba ella, cortésmente, el cristal de la ventandla unos diez ó doce centímelros, y nunca más de la mitad, pareciéndome advertir
que Madama de Jlaintonon estaba mucho

353

MADAMA DE MAINTENON

más atraída por este espectáculo que por el
,En cuanto á Monseigneur y los demás
desarrollado en la llanura. A veces, entrea- príncipes, hallábanse á caballo presenciando
bría expontáneamenle los cristales y pre- las operaciones desde la misma llanura. Seguntaba algo á su augusto esposo; pero, por rían entonces las cinco de la tarde. El tiem•
punto general, era el monarca, quien, sin dar po estaba magnífico: imposible hubiese sido
lugar á ello, se inclinaba para dar explicacio- desearlo mejor. Ya próxima á capitular la
nes sobre lo que ocurría. Si, por rara c:isua- plaza, debió pedir Madama de Maintenon al
lidad, la Maintenon no había visto encorvar- rey la venía para retirarse, puesto que éste
se al rey, éste
gr i t ó : • ¡Los
daba unos gol0riados de Mapecitos en e 1
clanie!,, llegan&lt;:ristal á fin de
do éstos a 1
que fuera
punto y llevánabierto.
dose á la mar, Durante toquesa. Un cuarda l a escena,
to de hora dese I soberano
pués, se retiró
permanecía sin
también el mohablar con nanarca, seguido
di e , excepto
de casi toda su
con Madama
comitiva.
de Maintenon,
»Como puede
ó bien para dar
comprenderse ,
algunas breves
l a escena fué
órdenes, y, de
abundante e n
&lt;:uando en
guiños, tacto
cuando, p a r a
:ie codos v cucontestar á las
::hich e os: Ni
preguntas que
uno solo de sus
1 e dirigía 1a
detalles había
duquesa de
pasado in adBorgoña, c o n
vertid o. Los
quien se enmismos soldatendía por sedos se pregunñas Madama
taban qué quede Maintenon,
rían decir aque-debido á enlla silla de macontrarse ce nos
y aquel
rrada la ventacontinuo asonilla frontera .
marse á la
E s to obligaba
ventanilla por
algunas veces
parte del moá la jóv,m duFrancisca de Aubigné, Madama de Maintenon
narca. Naturalques a á hamente, hubo
blar á gritos con la dama que iba en la silla. nec~sidad de hacer guardar silencio á los
• Yo estudiaba con exquisita atención las cur10sos. Puede imaginarse el efecto que....
fisonomías de todos, descubriendo en ellas causaría entre los extranjeros el espectáculo
la expresión del asombro combinado con la desarrollado en el viejo murallón, y lo que
prudencia y el bochorno: parecía, y era en de ello dirían luego. Creo que se habló más
efecto, que_ cada cual se sen lía avergonzado del asunto en toda Europa que del mismo
de presenciar lo que presenciaba. De ahí que sitio de Compiégne.»
la escena inmediata al círculo de cortesanos
tuviese más miradas que las maniobras del
ejército.
Se~ún creía Madama de Maintenon, y aún
»Era frecuente ver al rey colocar el som- el mismo rey, á ella sola habría de deberse
brero sobre el techo de la silla de manos la s~l~ación et?rna del monarca. «El reycon objet? de poder introducir la cabeza por escrib1a la_ Mamtenon en 1681-empieza á
1~ vent~mlla: un ejer?ici? continuo, que depensar senamente en su salvación y en la de
b1a fatigar extraordmanamente los riñones súbditos. Si Dios nos lo conserva, no habrá
del monarca.
pronto en el reino sino una sola religión.
5

�351

POR ESOS )1UNDOS

Tal es el parecer de Louvois, y ,o le doy á su servidumbre, dirigióse á Saint Cyr, para.
no volver más al palacio real.
éste mucho más crédito sobre el asunto que yaLa
l\laintenon había abandonado un poe&lt;&gt;
á Colbert, quien se orupa gran cosa de precipitadamente
á Versalles, puesto que el
hacienda y poco ó nada de religión ... • Claro
es que algunos años más tarde la encumbra- rey no murió hasta el sábado 1.° de Sepda Francisca de Aubigné no hubiese creído tiembre, á las orho y cuarto. Lo que 11&lt;&gt;
á Louvois, ni aún bajo juramento. en ningu · obsta para que la esposa morganática de
Luis XIV escribiera pocos rlias más tarde de
na cuestión.
comenzar
su viudez, á la princesa de los
Por lo que se refiere á Colbert, lástima nos
Ursinos,
una
carla en que decía: «He visto
da pensar en él. ¡Trabajando como un negro
morir
al
re~
como un santo v como un hédía v noche á fin de aumentar los recursos
del Éstado, y llevando á cabo proezas sólo roe , cosa que indudablemente no puede adcomparables con las de Hércule~ en favor de mitirse sino con grandes reservas. En camsu augusto amo al objeto de establecer algún bio, hay que dar completo crédito á ~!adama
equilibrio entre los ingresos y los gastos del de l\Iaintenon cuando escribe, linea,, abajo:
Rey Sol!.. ¿Qué tiempo había de quedar- .Me encuentro en un retiro extraordinariale al infeliz para ocuparse de otra cosa que mente agradable.» En efecto, el rey babia señalado en tiempos á la marquesa una pende números?
En este estudio biográfico queda un pun- sión anual de 48.000 libra", y como el duque
to por aclarar. ;,Amó realmente la Main- de Orléans, olvidando todo el daüo recibido
tenon á Luis XIV'~ Nosotros optamos por la de la Maintenon, tuvo la generosidad de
negativa. Cuando la enfermedad postró al seguir pagándole dichasuma, mientras que el
monarca en su lecho de muerte, y ya no po- establecimiento de Saint Cvr costeaba todos
día esperar nada de él Francisca de Aubigné; sus gastos de casa y boca, élaro es que Francuando ésta ~e encontraba ya vieja, cansa- cisca de Aubigné pasó los cuatro años que
da, y solo con el deseo de ganar la paz en sobrevivió al rey envuelta en un ambiente
Sainl-Cyr; entonces, no tuvo reparo en de opulencia y de alabanzas perpétuas. Al
arrancarse la máscara y revelarse en toda entregar á Dios su espiritu el «Gran Mosu desnudez moral. «Al atardecer del día 29 narca•, contaba .Madama de Maintenon mu,·
de Agosto de 1715-dice el biógrafo tantas cerca de ochenta mios de edad. Tenia ya de:
veces traído á cuento-se supo que el rey recho al reposo . .Mu rió el 16 de Abril de 1719.
Cuando Pedro el Grande fué á Francia en
había mejorado, aunque de un modo pasa1717,
no olvidó hacer una visita á Saint Cyr.
jero. Su cerebro funcionaba con dificultad;
«El viérnes 11 de Junio, encaminóse desde
á veces decía el mismo paciente que se eucontraba muy malo. A las once de la nochr Versalles á Saint Cyr, recorriendo todo el
le examinaron los médicos la pierna, obser- edificio y las diferentes clases donde estaban
vando puntos de gangrena en el pié y en la las educandas. Se le dispensó un recibimienanálogo al que se hubiera hecho al mismo
rodilla, así como una gran inflamación en el to
rey.
Ya al término de la vi~ita, manifestó
muslo. El enfermo se desmayó durante el
deseos
de verá Madama de Maintenon, quien
reconocimiento, pero antes se habia lamensospechando
la curiosidad del monarca se
tado de que ya no estuviera cerca de él Mahabía
acostado,
corriendo los cortinajes del
dama de Maintenon. Esta habíase dirigido,
lecho,
excepto
uno
que dejó á medio cerrar.
en efecto, el día antes á Saint Cyr, con los
El
emperador
penetró
en la estancia, levanojos bien secos, y con la intención de no
volver. Como el rey preguntara por ella di- tó las tapicerías de las ventanas, hizo lo
mismo con los cortinajes del lecho, y se
versas veces durante el día, no hubo más quedó
mirando largo rato á la marquesa. Ni
remedio que decirle la verdad del caso,
el
czar
abrió la boca, ni Madama de Mainteoyendo lo cual dispuso el monarca que fueran á avisarla. Madama de l\faintenon acudió non despegó los labios. Al cabo de unos minutos, el emperador salió del aposento, sin
á palacio aquella misma noche.
,El viérnes 30 de Agosto lo pasó tan mal el hacer á la marquesa la más leve reverenenfermo como la noche anterior. Los sinco- cia.»
De análogo modo, nosotros levantado el
pes eran cada vez más frecuentes. A eso de
cortinaje
de los siglos, hemos contemplando
las cinco de la mañana, Madama de l\faintelargamente
á la Maintenon y la hemos visto,
non salió de la real cámara, y después de
tal
cual
era.
hacer donación de sus enseres particulares á
JAIME

E. FARMER.

LEYEND~ DE LA BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
ANOS 410 y 446 DE LA ERA DE CRISTO

por C. BRYSON TAYLOR

•

SU:'lf.\RIO DE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES (l)

La fama 10,rada en lo•lo el país por Mclcbor, narrndor de
cuentos Y can lo~ de balada•, despierta en el jÓ\'en ,\ ica.n?r de,eo~ de igualarla y aún de sup~rarla _. a aquel
oficio se dedica nuestro herue. lhjo de escla~Ó• ab
dona la CR$a de ,us padres, y por sendas y '-:ere~::,;
n-eorre montes Y prados reunu,ndose á los &amp;s·
lores, ante los cuale, hace derroche de las faculJ'des
que 1.e a~~rnan ..\sombradvs los 0)ente, ,lo :'iicanor
~I ~~?P10d,.muy pronto se encieDlfo entre ellos la te·,
e ~ 1s~or 1a y se produren gran escándalo .
1 '
que .ermman porque empieza á dispersarse
pe
q~c cu11~an los past.orcs y é.,I.Qs licuen que ir f~~~a~
reses. ::',1canor, ,a11,f,-cbu con •1uc sus palab
h b'
~n produculo tanto efecto, ad,¡uiere ma)or':ss d~s~·3
aun d_o que su fama sea universal, y parte de su obr
terruno para d,r,~irse á ¡¡ran&lt;lcs y populosas ciu~ d e
en busca de e,a 2'or1a que persigue. Tborne m a ea
noc1d_l! por la J.la do Brarnble es la poblad~~ ~ &lt;;¡&gt;·
por _:·\ll'~nor, y Tobia'-, un ric:, comerciante Iaep~ 0ª
na a qu1e1,1 \:'- recomendado por sus padris T, ~ ·
conc~rlc. a N 1e:1nor una plaza en su taller d ~b,~s
ensena a tra~aJ_ar en marbl. Bien pronto 1'og:'an ei • •º
ven se_r un d1sc1pulo aventa¡ado de su mae I
JO·
no d\'Ja de tener con éste fuer,es alterca&lt;!"sro, pero
poseswnado ~e la iluiión que acariciara al
: s pa~re•, N1~nor aban,l?na el taller de Tob?;.'yefal~
~en rceuenc,a al \rabaJo, y cuando acude ...1 1
bacede mala ~ana. En ~tas correrias de va a e . o
so que hace Nic.,nor, e, confundido con go Y ~cto•
de la servidumbre de su amo
b ch
. u.n ese avo
un_os sE°,lddados que lo conduce~Yá ;res~E2!'ºc1e&lt;¡r~J!,~!
senor u em1u.,, á cuyo servicio queda c • .
.
canor encuentra un dia á Varia h"a d on.cnto.
1 Nt•
1
cual, enterada por su doncella ~e
b:bil~d!~ ior, ~
del esclavo para relatar cuentos y narra .
y
que dis!raig., con ello• el tedio que la d c,o.nes, le1pide

e? ';j•

~1/º~&lt;lUJ,

Ji

ª.™

~!~lf ~~?tt~~~ ::~r~:~~~~ \~·

i~ºfo:~:~~~ónc~~~:~r:ed~h~itn~~~ºa~:r~~¡~n~ fºc\e e.n que
!:t~~:e~:2I~~~ mqh;;
que ei:a a c:i,s.a de Eudcm,us un a'nti¡uo amigo suyo ~ 0 1 us,ob~~s qutt. os do~ habian for¡ado en su mente. Pero bé ª([Uu~
que a1 pr111c1p10 aborrece de Varia cab
' n su IJO Mano, capitán de las lr!!iones ro
.
I
1
su huésped 8$hi enamorada de Nic~~or :
hác1a ella cierta inclinación, aument;da al co!tc~";•qieesl~ tvedn,
su voluntad para hacer que M •
• 1 .
s uramentecast1gado por esto mollvo Eud ·
.
Jª ~
los deseos de ésta que solo pie~~ ;~Niiarenoªr.su hija, y lo consigue, concediéndole al cabo la~~~•d~ºv!r1·ean, alu?ego
totda
n con
ra

~:~rt':i

V

LJ na hora escasa habría transcurrido des-

de q~e ~! sol apareció por oriente
cuando vanos J~netes cabalgaron hasta las
puertas d
de la_ qumta de Eudemius, ex1g1en
. . do
ver a1 ~eno de ella. Uno de estos jinetes
era Aureh? Menoto, gobernador de A dé .d
Ycon/ ~ba su hi~o, pequeño de es~atur:a
e1aro e pie1' de OJOS débiles y boca inflexi-

i

1

Vt~an~c nucctttos números Hfi á lj2,

ble y resu.ella, llevando el braio en cabestrillo. Aur~lt? era hombre contrahecho, de cabello gris irregular y manos perfectas. Había
estado cabalgando rudamente toda la noche
y ~! llegar á las puertas de la casa de E d :
m1
. pa'l'd
u e
. us aparec1a
1 o por la fatiga y fa molestia. _Los que con él iban, en ¡¡u mavor parte
a~cianos, se encontraban en casi ig~al condic1ó~. Dos ?e los criados que traian estaban
heridos, m1_entras un tercero había muerto
e°: el camrno. A lodos se cuidó y se les dió
ahmenlo y vino, y después que hubieron

�AMOR DE DAJIIA Y AMOR DE ESCLAVA

366

POR ESOS MUNDOS

cinco contra uno. Mi colega de oficio, Tito
Honio, al salir á pacificar el pueblo, fué
muerto, y mis compañeros y yo hemos huido antes de amanecer el día de ayer. Mucha
gente se ha internado en el bosque, y la ciudad es ahora un infierno de embriaguez, de
rapiña y de incendio. Y esto, según yo creo,
no es sino el principio; pues los bárbaros
que hace tiempo se establecieron en la costa
oriental, y los que aún siguen viniendo, nos
ganarán en número á todos los augustanos
unidos. En vista de ello, creo que nosotros,
los señores de las ciudades, debemos solicitar nuevamente de Etius, el procónsul en
Galia, que nos socorra, como hace dos años
nos socorrió, con una legión.
Eudemius reflexionó un momento, y volviéndose á Mario le dijo:
-¿Crees que Etius podrá ayudarnos otra
vez?
-Creo probable que lo haga, si es que él
mismo no se encuentra muy apurado.
-Marco Pomponio y Quinto Fabio se
encuentran aquí, con otros varios s(lñores,dijo Eudemius á Aurelio.-Hoy celebramos
la fiesta de los esponsales de mi hija y de
Mario, al que os presento,-y al decir esto
puso una mano en el hombro del jóven tribuno-y dentro de tres días tendrá lugar el
matrimonio. Si queréis permanecer en esta
casa, podremos hablar del caso todos reunidos.
-Apenas me siento en disposición de concurrirá fiestas,-replicó
Aurelio. - Mi pueblo muere, mi
ciudad se reduce á cenizas... Mas
ya que es necesario, permaneceré
aquí el tiempo preciso para discutir
los planesquejuzguemosoportunos para l a defensa; pero
si algo ha de hacerse, hay
que hacerlo pronto.
Y mientras los nuevos h uéspedes eran llevados á las habitaciones que les fueron señaladas , Eudemius y Mario
pasearon juntos por la galería.
-¿Tenéis armas en la casa
y esclavos que sepan manejarlas?-preguntó Mario. - Andérida solo dista de aquí se- ~~ senta millas, y si esos bárba-~ ~
ros están, como dice Aurelio,
, inflamados con el vino y con la
sangre, no se detendrán a n I e
nada.
-¿,Eso creéis?-dijo Eudemius
lleno de z.ozobra.-Pues lla:roaré á
Hito y le diré que ordene á todos los
Varios ginetes cabalgaban desde Andérida á. laposesión señorial
que estén en .disposición de tomar
de Eudemius

descansado algo, Eudemius y Mario oyeron
de boca de Aurelio este relato:
-Hace dos noches se nos presentaron
unos hombres,-dijo Aurelio con fina y nerviosa voz.-Venian, según dijeron, de la Galia arrojados de allí por Atila el huno, y prete~dían encontrar su tranquilidad y seguridad entre los parientes que aquí tienen.
Hablándome estaban cuando se me presentó
un soldado de la guardia di~iéndome que kabía pelea en los barrios bajos de la ci~dad.
Durante mucho tiempo nadie pudo decir en
qué se fundaba la conti_enda: er~ de ~o_c~e,
y reinaba gran confus~ón. Envié m1hc1as
estacionarias para dommar el tumulto, y
uno de los soldados volvió para comunicarme que los insurrectos, que recientemente
habían dado mucho que hacer, se habían
unido abiertamente á los sajones y derribado el templo de Júpiter dando muerte ~l
sacerdote Diolis. Dos horas antes de media
noche los baños públicos fueron anegados
con s~s propias aguas, y el incendio_ estalló
en varias partes de la 01udad. Los barbaros,
impulsados por el vino y el ejemplo de los
insurrectos, empezaron el s~queo... Vos ~abéis que las fuerzas de que dispongo ha~ 1~0
disminuyendo constantemente ~n estos ul~1mos tres años; así es, que reumdos los barbaros y los insurgentes, sobrepujaron en número á los augustanos en la proporción de

las armas que se hallen listos para cualquier
evento.
Recibió Hito las órdenes, y á su vez llamó
á Wardo y le ordenó poner en libertad á
todos los sentenciados á las mina&amp;, para que
así fuera mayor el número de los que empuñaran las armas.
Hácia la tarde, Aurelio, que no podía
tranquilizarse por los temores que le asediaban, pidió que los señores de las ciudades
que estaban en las fiestas de la boda celebraran consejo sin dilación para tomar medidas que aliviaran las calamidades de la
isla de Bramble. Así se hizo, y en la reunión se acordó solicitar de Etius que socorriera á Bretaña con una legión de la Galia y
comisionar á Mario para que hiciera en persona esta petición.
Pomponio, uno de los señores reunidos en
consejo, dijo cortésmente estas palabras:
-Amigos: no debem,:is olvidar que estamos en una solemne fiesta de esponsales.
Hemos convenido la mayor parte de nosotros en que el peligro, aunque grande, no
apremia; dejemos, pues, á un lado las preocupaciones, por estos días al menos. Nuestro
anfitrión no nos ha reunido para que mostremos tristeza, sino para que compartamos
su alegría.
Y volviéndose á Mario, le dijo:
-Por ti y por tu desposada olvidaremos
como podamos las nubes que nos amenazan. Pero tén presen le
que dentro de muy pocos días recurriremos á
tí.
Aquella misma tarde, Aurelio, que no tenia humor para fiestas,
dejó á su hijo herido en
casa d e Eudemius, y
partió con su gente
para la ciudad de
Andérida:
quería ver
por si mismo el daño
que los sajoneshabian
he ch o en
su ínsula, y
s i estaba ó n o
todavía en manos
de los insurrectos y de los bárbaros.

VI
La tarde terminaba, fragante
con los cálidos aromas de la tie-

357

rra y los perfumes de las flores. Empezaba
una noche de primavera, y del salón de
columnas de la mansión señorial salían los
compases de la música que alegraba á los
huéspedes de Eudemius, los cuales no dejaban de beber á la salud de la prometida pareja en ~opas que cada una había costado
diez veces su peso en oro, mümtras hermosas
bailarinas llegadas de la lejana Arabia tornaban actitudes caprichosas al son de quejumbrosos caramillos y al delicado retintín
de los címbalos.
De todo esto, los esclavos que se hallaban
en los patios retirados de la casa nada sabían. Allí sólo se veía el precipitado ir y venir de hombres cargados con ánforas de
vino y óleos y miel, solo se percibía el olor de
la carne que se asaba, y únicamente se oía
el choque de cacerolas y calderas.
Para que pudiera desempeñar mejor su
especial misión, Wardo fué dispensado de
lareas serviles. Encendió una antorcha, y ciñéndose una espada y embozándose en una
capa, descendió las escaleras que conducían
á los calabozos. Cerca de la celda de Nicanor, se detuvo. La luz de la antorcha, que se
reflejaba en paredes desigualmente formadas
de piedra, le mostraban las puertas enrejadas de las cuevas del vino, mientras que á
su derecha, siguiendo un estrecho túnel, estaban las murallas detrás de los cuales los
fuegos que alentaban la casa rugían devo-

-Por tí y por tu desposada,
olvidaremos hoy las nubes
que nos amenazan, - dijo
Pomponio á Mario

�3ó8

AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA

POR ESOS MUNDOS

rando carbón. De repente, oyó una voz que
salía de aquella eterna obsr.uridad, voz sonora, que llegaba á los oídos de Wardo
como cosa apenas terrenal. Decía así la voz:
«De Oriente llegaron tres reyes cabalgando sobre almohadillados camellos con arneses de oro: el primero, era señor del reino de
la Vida: el segundo, del reino del Amor; el
trrcero, de la Muerle. Y cada uno de ellos se
creía superior á todos los demás. Pero llegaron á saber que vivía otro monarca poderoso, de quien al principiose burlaron,paradespués maravillarse y luego acudir ante él á fin
de rendirle parias y acalamienlo. Las gentes corrían á presenciar el paso de aquellos
tres reyes, que durante su viaje eran acla111ados por grandes y poderosos. Llevaban al
cuellu collares de oro: en el del primero lucía
un diamante; en el del segundo, un rubí, ardiente como la pasión; y en el del tercero,
una perla. Tras ellos marchaban cuarenta y
cuatro esclavos, llevando al brazo y á las
espaldas cestas cubiertas con brocados de
oro y llenas de presentes para aqué l que
eran más grande que ellos.
• Así llegaron al final del viaje, cuando
terminaba un día y empezaba la noche, en
ocasión en que la tierra se preparaba al
descanso. Los tres viajeros buscaban un palacio más expléndido que los suyos, donde
morase el rey de los reyes; solo vieron en la
población pobres casas y establos más pobres aún. Preguntaron á las gentes dónde podría estar aquel palacio, y nadie les dió razón. Entónces, preguntaron si vivía entre ellos
un grande y poderoso monarca, y tampoco
supieron conlestarles. «Muchos forasteros
ocupan por completo todas las posadas,dijeron- pero rey poderoso ninguno hay,
que sepamos.•
, Los tres grandes señores se dirigieron á
una posada; y al atravesar el patio de ella,
en uno de los establos donde se albergaba el
ganado, vieron un grupo de personas: tres ó
euatro. En el centro del
grupo s e arrodillaba u n
hombre con barba, y á su
lado, sobre limpia paja, se
hallaban una mujer y un
niño reciennacido. Lo,; regios viajeros entraron en
el establo, y contemplaron
á la mujer que descansaba
~obre la paja: era hermosa,
¡óven y gentil, y en sus
ojos se retrataban la alegría
y el dolor. Después, contemplaron al niño que en
los brazos de su madre yacía.,
Wardo halló

La voz que eslo relataba 'se detuvo, y el
silencio extendió sus ondas m1a vez más.
Antes que Wardo pudiera moverse ó hablar,
percibió un movimiento intranquilo en la
obscuridad, un suave deslizamiento de piés
con sandalias que iban de arriba á abajo, en
interminable ir y venir.
-¿,Quién anda ahí?-murmuró perplejo
Wardo.-¿Eres tú, Nicanor?
Después de unos instantes de silencio, la
voz de Nicanor, clara y tranquila, dijo:
-;.Quién llama?
- Yo, Wardo.
El cual, llevando la antorcha hácia el lu~ar de donde salía la voz, se acercó al esclavo, que halló sentado en el suelo, y le
habló así:
-He pedido á Hito que me permitiera
traerte aquí la comida, p ero hasta hoy
no he podido conseguirlo. Ahora, tengo que
decirte que estás sentenciado á las minas
con otros cuantos y que soy el encargado de
conducirte á ellas.
-¿De veras?-dijo Nicanor.-Pues no importa, con tal de que me dés ahora un poco
de pan con huevo, que es lo que más necesita en este momento mi cuerpo desfallecido.
-Pues de una y otra cosa habrá gran

abundancia cuando termine la fiesta de esta
noche. Ya procuraré que no pierdas tu
parte.
-;.Qué fiesta?-preguntó Nicanor.
- Es verdad: olvidaba de que no lo sabías,
-repuso Wardo.-Esta noche se celebran
los esponsales de la hija de nuestro amo y
señor con el capitán Mario.
Nicanor movió lentamente la cabeza r miró á su carcelero.
·
-Wardo, tú y yo somos amigos, ¿es verdad?
-Si, es cierto,-respondió Wardo con sin-ceridad.
-Entónces, te voy á pedir una cosa que
pondrá á prueba tu amistad: déjame libre y
-sin traba alguna por dos horas. Te doy palabra de que pasado ese tiempo estaré en el
sitio que me indiques, para ir contigo á don-de dispongas.
--¡Eso es imposible! - exclamó Wardo
-confundido.-Yo soy tu amigo, pero también soy el carcelero de mi señor y sería
hacerle traición conceder te lo que me pides.
Calló Nicanor. El carcelero permaneció
.abismado en profundas rP,flexiones; de repente, se volvió hácia su amigo,que con ojos
de lince le observaba, y le dijo:
-Mira, yo debo fidelidad á mi señor; pero tú eres mi amigo, y juntos hemos pade-cido hambre y juntos hemos peleadó: te dejo, µue,, el camino libre... Huye y sálvate.
Nicanor puso su mano izquierda sobre los
hombros de Wardo, y éste inclinó la cabeza
sin hablar; alargó la mano bruscamente, y
encontrándose con la de su amigo, se estre-charon, permaneciendo así un momento silenciosos, porque ni uno ni otro necesitaban
de las palabras para expresar lo que sentían.
Nicanor habló al fin:
-¡Por el alma de mi madre, que es aran-de el sacrificio que le impones, y yo n~ deho aceptarlo!
-¡Por el alma de la mía, que si lo aceptarás!- dijo Wardo.-He aquí la llave. Cuando
salgamos, cerraremos la puerta.
Tomó Wardo la antorcha, y salieron de la
celda. Nicanor cerró la puerta, puso la llave
en su cinturón, y sin decir una palabra emprendió la marcha hacia la obscuridad.

VII

sentado en el suelo á su amigo y compaiiero Nicanor

Ganó Nicanor el patio sin encontrará na-die. El viento fresco le envolvía, y el esclavo
:se detuvo para aspirar el aire con febril ansiedad. Después, cruzaI)do este y otros patios
llegó á un lugar retirado donde escuchó u~
momento para cerciorarse de que todo estaba tranquilo. Convencido de ello, subió hasta

369

pasar una meseta de descanso en la escalera, y luego siguió subiendo, llegando al fin á
un largo y abandonado pasillo en el que la
obscuridad se interrumpía por la luz de la
luna que entraba por estrechas ventanas de
cristales gruesos y polvorientos. En el suelo,
y debajo de una abertura cuadrada practicada en el Lecho, había una escalera de mano,
r¡ue el esclavo colocó contra la pared subiendo por ella hasta agarrarse á los bordes
de _la abertura; allí se llevó lentamente, y
hacrnndo un vivo esfuerzo ~altó sobre el tejado, encontrándose bajo la elevada bóveda
del firmamento, sin nubes ahora y donde
una luna de muy pocos días recorría la soledad del espacio. A su izquierda se veía la
cúpula del salón de columnas. d~spidiendo
luz por la serie de estrechas véntanas que la
rodeaban.
Aga~apó~e p ar a . ver por ellas lo que
en el mtenor ocurr1a, y quedó admirado
al ver qu~ ~~ gran salón era una expléndida exh1b1c1on de colores: sobre sus cien columnas de pulimentado mármol rameado de
verde y rosa jugueteaba la luz de lámparas
de bronce, que pendían de cadenas en rededor de la cúpula, cada una de ellas con multitud de lucecil_las que ~otaban en copas de
¡)erfumado ac01te. El piso aparecía cubierto
con tapices de seda de brillantes colores con
esterillas de plata y con leonadas piel~s de
fieras. Las paredes eran ámplios cuadros de
mosáicos estucados, centelleantes con los
colores rojo, azul y verde ,. azul celeste
representando escenas de cáza y batallas'.
En jarros de plata colocados sobre pedestales de mármol ardían plantas aromáticas
enviando pequeñas espirales de humo al
templado ambiente. La larga mesa, ocupada
en sus lados por_ hombres y mujeres, estaba
directamente baJO la cúpula; y al mirar Nicanor hácia abajo, vió únicamente una confusión de p)atos de oro y plata, con la incandescencia rubifica de la vajilla samiana
sobresaliendo entre hojas y flores allí esparcidas.
Los atavíos d e I os huéspedes aparecían como cenefa de color que bordeaba la
mesa: púrpura, oro, carmesí, verde y blanco. En la cabecera de la mesa, algo elevadas
sobre los demás asientos, tres figuras había
levantadas: una, la del centro, alta, delgada,
algo inclinada, á pesar de su elegante traje·
á su izquierda, otra tan alta, pero más com~
pacta en su estructura, con los anchos hombros del militar, ricamente ataviada con túnica escarlata bordada en oro, y con grandes bandas que cruzaban su pecho; y á la
diestra de la figura central, la tercera, jóven
y esbelta, toda de blanco, con un adorno an -

�360

POR ESOS MUNDOS

cho en la cabeza y ilameando sobre cada sien
dos amapolas, de las que colgaban hasta las
rodiUas largas cintas cubiertas de perlas; su
rostro, orgullosamente levantado como si se
desdeñara de bajarse ante las miradas de
que era objeto, estaba blanco, pero sus labios parecían de escarlata, como las flores
que llevaba; un cinturón adornado de piedras preciosas caía sobre la parte inferior
del cuerpo, pero en los desnudos brazos no
se veia joya alguna. La figura central hablaba, pero Nicanor no oía sus palabras. Era
Eudemius, que tomando de la mano á su hija Varia, la colocó entre las de l\Iario y la~
retuvo unidas; la jóven inclinó la cabeza, y
todas las miradas se volvieron hácia ella.
Nicanor comprendió que Varia se perdía
para él, y por unos instantes la escena que
se desarrollaba desapareció de sus ojos, que
solo vieron una roja neblina de sangre. Hubiera deseado abrirse á viva fuerza el paso
entre aquellos melindrosos y débiles patricios, y arrancarles á su amada, p'.lr la cual se
agitaba impetuoso el amor en su corazón, al
mismo tiempo que sentía deseos de matarla,
pues ya que no podía ser suya tampoco quería que perteneciera á ningún otro hombre.
Estos pensamientos le desesperaban: gemía
con ruidosos sollozos, dejando caer la cabeza entre las manos y apoyándose sobre el
borde de piedra de la ventana; la pálida luz
de la luna, al bañarle entre las sombras, hizo
sobresalir su figura, imágen extraña de los
perdidos anhelos, de la rebelión contra el
universo entero y del dolor sin limites contra
los designios del hado que se burlaba de él.
Unas palmadas ruidosas le distrajeron de
sus reflexiones. Otra vez miró á los que
ocupaban el salón, y pudo ver que los circunstantes que rodeaban la mesa se hallaban en conmoción: las mujeres arrojaban
ilores á los prometidos, y los hombres estaban todos en pié y aplaudían. Nicanor vió á
Mario inclinar la cabeza y besará Varia en
los labios, quedando así sellada ante la ley
la alianza de ambas casas: á vista de todo el
mundo, el señor reclamaba á su compañera,
que ya no se pertenecía.
Allá en su elevado observatorio, Nicanor
rió con una carcajada propia de sus antiguos tiempos de salvaje independencia. El
infeliz esclavo levantaba el puño cerrado fieramente, lanzando su necio desafio á las indiferentes estrellas.
-¡Tu esposa no es tuya!-decía.-Podrás
comprar su cuerpo y poseerlo; pero su alma
es mía, mía por siempre, por toda la eternidad. Yo la hice despertar de su vago sueño
y yo la enseñé, el primero, á vivir y á amar:
yo soy, pues, el señor de su alma, aún

cuando tú seas el único dueño de su cuerpo.
Su voz dejó de pronunciar palabras amargas, y cambiando de tono expresó amor y
ternezas.
-¡Ah, mi dulce niña! Hemos soñado sueños más deliciosos que cuantos pudieran sei
soñados antes, sueños que jamás has de olvidar: es posible que, pasando el tiempo, una
palabra, un canto, la fragancia de una flor,
te traigan obscura memoria de lo ocurrido.
En cuanto á mí, perdurará mi amor, para
consumirme y hacerme perecer, ya que no
puede traerme la felicidad.
Otra vez se agazapó para ver lo que ocurría en el interior del salón. La música lleiaba hasta él como una ligera brisa que deaquel tiempo ya desvanecido viniera á traer
algún alivio á su apenada alma y á su atormentado cuerpo, conjurando visiones de horas dichosas con sus punzantes harmonías.
Los compases de la orquesta se mezclaban
con las conversaciones y con las risas indiferentes, con los brindis y con los discursos.
Transcurrieron los minutos, eslabón por eslabón, en la áurea cadena del tiempo. Levantó Nicanor la cabeza lentamente, y la luz
lunar reveló una desastrosa pasión en su
rostro, signos visibles del cáos interior que le
desgarraba, de las fuerzas que lentamente
iban reuniéndose para la inevitable batalla
que forzosamente tiene que sostener alguna,
vez toda alma mortal.
Una risa casi general de cuantos ocupaban el salón se elevó hasta él: cincuentavoces lo menos daban vivas á Mario y á la desposada. Una vez más dirigió Nicanor su
mirada al torbellino de luz y de color que
reinaba abajo, para ver únicamente á una
persona entre toda la brillante multitud,
una persona bella y triste, con clavellinas
escarlata orlando su blanco rostro. Largo
tiempo estuvo Nicanor contemplándola, eomo
si quisiera grabar para siempre en su corazón y en su imaginación la imágen de aquel la que fué su reina y que ahora perdía sin
que jamás hubiera sido suya.
De repente, se volvió, y cruzando nuevamente los tejados, bajó y bajó hasta dejarse
tragar por la negrura de la trampa que debía
conducirle á su calabozo. Y cuando Wardo,
provisto de capa y espuelas, y listo para la
partida, abrió la puerta de la celda de Nicanor y entró en ella con su antorcha, vió una
figura encorvada que se hallaba sentada en
el suelo, sin moverse, con el rostro oculto
entre los cruzados brazos, no dejando ver
otra cosa que una oorona de áspero y negro
pelo. Nicanor aizó la, vista. Su rostro estaba
desfigurado, corno si sufriera dolores inten~
sos.

AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA

-Aquí estoy, ya me ves,-dijo sombríamente.
-Prefiriría que no hubieras vuelto,murmuró Wardo.-Vamos, pues.
-Tengo aquí un amigo, que no abandonaré y que me llevaré conmigo,-dijo Nicanor sin levantarse.-Espera un momento sin
moverte, que voy á llamarle.
Silbó suavemente, y pronto, como respondiendo á este silbido cariñoso, pareció moverse una sombra en el rincón más lejano,
donde no daba la luz de la antorcha: adelantóse, basta caer al alcance de la luz, una gran
rata gris, delgada, llena de cicatrices, y coja.
A la vista de Wardo, retrocedió á la obscuridad. Otra vez silbó Nicanor y otra vez apareció la rata, llegando hasta donde Nicanor
estaba, deslumbrada por la extraña y para
ella poco familiar luz. Nicanor echó un trozo
de tela arrancada de su túnica sobre la cabeza del roedor asegurándolo de manera que
no pudiera morder ni ver á nadie, y se lo
guardó en el interior de la túnica.
Wardo se quedó con la boca abierta.
Vlll

361

no seguido por los esclavos de Eudemius iba
sobre las dunas y por un páramo que continuaba por una extensión llana y despejada.
Tres días duró este penoso viaje, y durante ellos, en cada punto de los en que Wardo
y los esclavos se detenían para tomar alimento y dará su cuerpo algún reposo, eran
enterados por las gentes que encontraban á
su paso del estado anormal en que el país se
hallaba, á la vez que eran preguntados de lo
que al Sur ocurría. Llegaron, por fin, á las
minas de Eudemius, que ocupaban una extensión de cinco millas romanas al ponientedel río, y se consideraban como las mayores
y más ricas de aquella sección.
En estas minas se empleaban quinientos
hombres, en su mayoría prisioneros de los
varios que Eudemius retenía, además de los
capataces. La galer~a, negra como la pez,
estrecha y muy húmeda, estaba salpicada deluces que vagaban de un lado para otro. El
golpeteo de los picos resonaba incesantemente en la obscuridad, y de cuando en
cuando se oían ásperas voces que lanzaban
cínicas maldiciones ó agrias órdenes. Puntales de gruesos maderos soportaban las paredes y techos del túnel, al cual los hombres
subían y bajaban por medio de largas esca-

En el patio de los esclavos, Hito se preocupaba de la partida de
media docena de prisioneros. Cuando Nicanor se aproximó, el capataz le miró con burlona tristeza.
-¡Hola! - le dijo,:,Te has respuesto ya de
tu locura?
A lo que replicó imperturbablemente Nicanor:
-Pues yo no tengo
duda ninguna de que tú
estabas más loco que
yo.
Hito se indignó, y entónces W ardo mon Ló de
prisa, apresurándose á
que la comitiva de forzados emprendiera e 1
camino. Salieron por la
puerta grande, y toda
aquella tarde y toda
aquella noche no cesaron de marchar. Una
v.ez les alcanzó un caballo que galopaba furiosamente; el jinete gritó
algo que nadie pudo entende~ •Y se perdió en
la obscuridad. El camiLos esclavos siguieron á pié á Wardo camino de las minas

�362

POR ESOS MUNDOS

363

AMOR DE DA,IA Y Al\lOR DI!: ESCLAVA

leras de mano. Este túnel desembocaba en tra la lóbrega luz de la vela. Dejó el pico en
una cámara en forma circular, desde la que tierra, corca de la entrada del túnel, y se dien todas direcciones partían galerías, en las rigió á la escalera para entregar su número
cuales los mineros sufrían repetidas y ate.rra- al capataz. Su paso había perdido algo de la
.cJoras desgracias: algunas veces, desprendía- ligereza felina: marchaba como fatigado y
se de los amarres un inmenso leño que ba- con la espalda encorvada. Repentinamente,
jaba impetuosamente hasta las entrañas de retrocedió al túnel, y reapareciendo con un
la tierra derribando hombres de las escale- saco que cuidadosamente llevaba, subió;
ras que encontraba á su paso; en algunas pero en el inmediato nivel, treinta piés más
orasiones caía una escalera lanzando á estos arriba, se detuvo, en vez de seguir hasta la
desventurados á las tinieblas eternas, y con superficie. En la cámara del pozo había hasfrecuencia se veían los hombres enterrados ta media docena de hombres reunidos, sin
q u e s e viera entre
en r epentiellos á ningún capataz.
nos dc.sprenHabían formado un
dimientos de
corro que rodeaba un
tierra; tam espacio en el suelo
hién los infebajo una de las lámpalices morían
ras. Vió uno de
de accidentes
ellos á Nicanor, y
cardíacos.
le llamó:
Pero todo se
-Vén,amired u cía á
go. Te espereemplazará
rábamos, palos que caían
r a que nos
por otros indivirtiera tu
dividuos.
~
lindo animaUno de los
¡,
lito.
capataces vi' f1 . ., El que bagilaba la carh I aba era
ii de los ceshombre bajo
tos sujeto,
•,
de estatura,
por correas á
(
de brazos inlas espaldas
'
mensamente
de los trabalargos y vellujadores, anodas, y con I a
tando la hoc a r a llena de
t'a en su recicatrices. Es loj de agua y
tos mismos dedando salida
fectos, cuando
á los operan o I o s labios
rios, un o á
rajados, ó poseuno,en sucevendo una oreja
sión rápida.
menos, ó señaEste capataz
les en las espalsabía por
Los esclavos ponían toda su atención en la riña de las dos ralas
das de las huefracciones de
horas cuánto tiempo había de emplearse en llas del látigo, presentaban los demás esclala subida á la superficie; mas para asegurarse vos que formaban aquel corro. No era posipor completo, cada individuo, á su vuelta, ble encontrar en la isla otra cuadrilla de
debía entregarle una contraseña en la que desesperados cuyas lenguas fueran más cíniconstaba el número exacto de la llegada cas: sentenciados á las minas por muchos
anotado por el capataz que recibía arriba el crímenes, aún cometían el crimen de vivir.
-Yo tengo otra rata sabia,- dijo Balbus,
mineral; si esta contraseña indicaba que se
había invertido mayor tiempo del necesario uno de los mineros del corro.
Nicanor, sacando del saco su rata gris, se
en el ascenso y en el descenso, el retrasado
adelantó al centro de los esclavos: donde ya
recibía duro castigo.
Nicanor salía de uno de los túneles secun- Balbus se disponía á quitar á otra rata nedarios, con el pico al hombro, desnudo has- gra la tira de tela que le servía de bozal.
Estas ratas se hallaban educadas para reta la cintura y cubierto de sudor y de polvo,
con su delgado pecho y brazos dirigidos con- ñir, cosa que constituía una diversión muy

J&lt;\ ~, )

1

extendida entre los ~oldados y las clases bajas; y babia quienes hacían negocio educando animales de aquella clase y vendiéndolos.
Las dos bestie·welai. que cuidaban Balbus
y Nicanor saltaron una sobre otrn, para atacarse con furia. Los hombres se apiñaban
para ver mejor, mientras en los lados opuestos del círculo se hallaban en cuclillas los
propietarios, azuzando á sus animales con
silbidos y palmadas.
-¡La negra encima, la negra gana!-gritó
uno, caldeado por la excitación, adelantándose cada vez más hácia el centro del circulo.
- No, que la victoria se decide por la gris.
¡Mi dinero por la gris! Ya lo véis, la negra
se desangra. mordida en el cuello por su
contraria.
Los esclavos del cotTO se hallaban en el
colmo de la excitación. Aquellas gargantas
bronceadas lan:.~aban á gritos sus apuesla~.
Y cuando una bola, formadn. por los dos animales, rodaba, mordía r chillaba, brindando
el spol't de la sangre á cuantos devoraban el
espectáculo con la vista, una exclamación,
medio frenética y medio loca por la ira ó el
triunfo, salió de aquellas gargantas: la rata
negra se arrancó de las garras grises y huía
hácia Balbus; l¡¡. gris permanecía en el centro del círculo, triunfadora. Ambas se hallaban ensangrentadas, pero la negra estaba
acobardada, vencida. Los partidarios de la
gris proclamaban ruidosamente su triunfo.
Balbus cogió su rata y la empujó hácia la
pelea, casi echándola encima de la gris; pero
no quiso ya atacarla y sólo se mantenía á la

defensiva. Balbus, maldiciendo, congestionado el rostro de rabia, hizo nuevamente retroceder á su animal, y otra vez la rata gris
cayó sobre su contraria con dientes y garras.
-¡'Pemctmn est/- gritó Nicanor en el
lenguaje de los circos, poniéndose en pié y
cogiendo su sangriento y vigoroso animal,
que elevó en sefial de triunfo.
Pero Balbus, enrojecida la faz y furioso
en su actitud, exclamó volviéndose hácia los
que se burlaban de él:
-¡No ha sido lucha igual! Esa bestia gris
trabajaba por magia.
Y al decir esto acercaba el puño cerrado
al rostro de Nicanor, el cual retrocedió lanzando una carcajada que puso á Balbus fuera de si. En esle momento se hubiera producido otra pelea, si no lo hubie.se impedido
la presencia de los guardas y capataces, que
cayeron de las escaleras sobre los esclavos
enarbolando los látigos y dejándolos caer en
las espaldas de aquellos desgraciados embrutecidos. Se rompió el cerco, y cuantos lo
formaban huyeron como carneros que se ven
acorralados y vueltos al redil por los resueltos gañanes.
Pronto no se oyó sino el interminable golpear de los picos, el sordo ruido de la tierra
que caía, y las voces de los capataces y jefes
de cuadrillas. Pero Balbus, cada vez que pasaba cerca del lugar donde Nicanor manejaba in'.:ansable su pesado pico, le miraba
ceñudamente y murmuraba juramentos de
venganza.

(Continuará)

lluJJtraciones de Reina Infante

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�LOS MALOGBAD'.)S

LOS MALOGRADOS
proverbio antiguo dice que la vida del
U hombre
no ha de medirse por los años
N

l' personalidad, pues la niñez y la juventud
s~n generalme~te periodos de formación, y
aun cu~ndo_ exista en ellas el genio, requieren algun l!empo para que ese genio se dé á
conocer. Pero una rápida ojeada á través de
la Historia revela algunos ejemplos de éxitos rápidos, que merecen llamar nuestra
atención.

:¡:ue haya alcanzado, sino por los éxitos obtenidos durante el curso de aquella. De aquí
la existencia en las páginas de la Historia de
esa categoría de malogrados, ó sea aquellos
que no pudieron dar á la humanidad todo
el bien ó toda la gloria que de ellos babia
derecho á esperar tenienGUERREROS CÉLEBRES
do en cuenta el fruto ya
rendido por los mismos.
A la cabeza de los que
En efecto, hay muchas
llevaron á cabo grandes
personas cuya historia, á
hechos y que murieron
pesar de que ,iven basta
en el apogeo de su fama
los noventa y más años
y cuando aún podían reode edad, puede encerrarse
mayor
suma de trabajos
en una docena de lineas:
dir y de utilidad, merece
nada hicieron en vida, y
figurar Alejandro el Grany ningún tributo, á parte
de, de Macedonia.
del que le dediquen los
El hecho de que fuera
seres queridos suyos, dehijo de un poderoso rey
ben rendirles los pueblos.
hizo que este héroe tuHay otros, en cambio,
viera mayor y más pronarrebatados á la vida en
ta ocasión de manifestar
edad b i e n temprana y
sus aptitudes,aún cuando
que en muy pocos años
sus dotes maravillosas no
llevaron á cabo actos
no hubieran permanecido
grandes y de verdadero
ocultas por mucho tiemmérito, que han dejado
po en cualquiera situaimperecedero recuerdo en
ción que hubiese ocupala historia de la humanido. De espíritu elevado y
dad: estos son los malogrados, á quienes dedica- Alejandro
el Grande, rey de Macedonia. Mude apasionado temperarió á los treinta y dos años de edad suspiranmento, vivo de imaginamos el presente articulo.
do por ,más mundos que conquistar•
ción y capaz en momenA la mayor parte d e
las personas les es necesario un largo perio- tos difíciles de enmascarar sus sentimientos,
do de preparación para que puedan llegar todos reconocieron en él desde niño una
á rendir el trabajo importante de sus exis- grandeza extraordinaria. Así, cuando sólo
tencias, aquel que les ha de dar carácter contaba dieciseis años de edad, fué nom-

366

brado regente del reino, al que gobernó con suelta á su amor al lujo y á los excesos: en
la firmeza y el tesón de un estadista. Dos un delirio de embriaguei'. puso fuego á la
años después, su soberbio genio militar se ciudad de Persépolis para satisfacer el cadió á conocer en la bapricho d e una hermosa
talla del Quersonero, donmujer, amante suya, y á
de hizo frente á las fuerla edad de treinta y dos
zas griegas aliadas. Por
años murió á causa de
su impetuoso valor y su
sus excesos.
habilidad estratégica las
O l ro jóven guerrero
derrotó, y en esta derrota
que debe figurar e n la
murieron las libertades
lista de los malogrados
de Grecia, que desde enfué Enrique V, que á los
tónces quedó sujeta al doveinticinco años d e su
minio de Macedonia.
edad era rey de InglateCuando contaba veinte
rra. Antes de llevar siete
años sucedió Alejandro á
años de reinado, ya había
su padre Felipe en el troconquistado prácticano, en ocasión en que el
mente á Francia ganando
destino de su país se prela gran batalla de Aginsentaba algo incierto: los
court y obligando al roogriegos estaban revolunarca francés á reconociocnados, lo s bárbaros
ecrle como heredero.
del Norte le amenazaban
La vieja linea sueca,
con la invasión, y el más
hoy extinguida, se hizo
hábil de los generales de
ilustre por los nombres
su padre ponía empeño
de dos grandes guerreros
-en destronarle. A pesar
que murieron antes de los
,de todo, Alejandro hizo Lady Jane Grey, ejecutada cuando tenía die- cuarenta años de edad.
cisiete años de edad, después de ser proclamafrente al mundo en armas;
da reina de Inglaterra
El primero fué Gustavo
y su extraordinaria rapiAdolfo, que llegó á reinar
dez, energía y habilidad (por lo que se le cuando solo contaba diecisiete años. Su país
considera precursor de Napoleón), vencieron hallábase en guerra con Rusia, con Dinatodas las dificultades. Daba sus golpes con marca y con Polonia; en dos años babia
la rapidez de 1 rayo, y
derrotado á los dinamar-eran golpes que nada ni T'
1 queses; cuatro años desnadie podían resistir: su
pués, pidió Rusia la paz
venganza era tan terrible
y cedió á Suecia territocomo rápida, y en un año
rios en los que se enconse hizo el dueño de toda
traba el sitio de lo que es
la Europa meridional. A
ahora San Petersburgo;
los veintidos años, con
después, volviendo las aruna fuerza escogida que
mas contra Polonia, ganó
no llegaba á cuarenta
prontamente Gustavo la
ro i l hombres, atacó el
reputación de ser el geimperio persa, destruyó
neral más grande de Eulos grandes ejércitos que
ropa, con el mando de
se le opusieron, se ínterlos más brillantes y disnó en Egipto, el cual se
ciplinados soldad os.
le sometió, y después, reCuando tenia treinta v
trocediendo en su camiseis años, invadió Alemáno, hizo frente á una
nia, como campeón del
enorme hueste de m á s
protestantismo ; después
de un millón de arbelade tres campañas victonos esparciéndolos como
riosas, encontró á los immenuda paja y entrando
µeriales en L ü tzen a 1
en triunfo en la capital;
mando del célebre Wapenelró en la India, casi Juana de Arco, célebre herolna nacional de Jlesntein: el combate fué
desconocida por entónces, Francia. Murió á la edad de diecinueve años terrible, pero los suecos
Y, finalmente, desesperado por no encontrar quedaron victoriosos, y este gran triunfo
.más mundos á los que someter, dió rienda fué á la vez el apogeo y el fin de una extra-

�361:i

POR ESOS MUNDOS

ordinaria carrera, pues Gustavo murió en el sobrenombre de El loco del Norte. En Narcampo de batalla cuando solo contaba trein- va fueron barridos los rusos ante su imoeta y seis años de edad y no sin haber de- tuoso ataque, y no teniendo todavía Car.los
mostrado antes cualidades que le hacían el veinte años de _edad_~ u é aclamado por
primer ,:oldado dl)l mundo.
Europa como genio militar del más elevado
Al empezar el siglo siguiente, olro rey orden .. Sin embargo, como á Napoleón la
sueco, Carlos XII, reverdeció la fama de su ambición le indujo á_ querer completa;. la
gran antecesor. Cuando llegó á ser rey, á la derrota, y aunque se rnternó bastante en los
edad de quince
dominios mosaiios, se le tenía
coritas, su ejérpor un muchacito se deshizo,
cho torpe y casi
como le ocurrió
estúpido; las noun siglo d e s ticias de su inpués al genio de
capacidad e o Córcega.
rrieron por toLas aventuras
das l a s cortes
personales de
europeas, y las
Carlos, sus funaciones q u e
gas amorosas y
Gustavo Adolfo
sus actos de
h ahí a vencido
alrevimienlo increyeron q u e
quieto hicieron
entónces p o de él una figura
drían recobrarromántica; y
se de sus pérhubiera recupedidas. Rusia,
rado todo I o
gobernada en
r¡ue había peraquel tiempo
dido si no hupor Pedro el
biesesido muerGrande, y Dinato por una bala
marca ., Sajonia
de cañón mieny Polonia unietras dirigía las
ron sus ejércioperaciones victos para despotoriosas de un
jar a Suecia.
sitio . Cuando
Cuan do e 1
es to ocurrió ,
rumor de esta
sólo contaba
coalición llegó á
treinta y siete
oídos de Carlos.
aüos, durante
celebraba conlos cuales había
sejo, corno de
asistido á mulcostumbre, entitud d e batatre sus minis11 a. s, ganando
tros, guardando
-grandes victolo que para torias en las que
dos aparecía
ocasionó imporsilencio estúpitantes desastres,
do. Pero la nosin q u e jamás
ticia fué para él · María Anto1;1iela, esposa del rey Luis XVI y una de las hgura~ más hubiera perdido
lo que la chispa románticas e mteresantes de la historia de Francia. Tenía treinta v
1fi ero va Ior y l a
· 1 d d d
d 1
- .
.
.
o a g11111otma agosto su vida durante el
de 'd'd
¡
á la pólvora: sus s,e e anos e e a cuan reinado
del Terror
ec1 1 a reso uapagados o j o s
ción q u e hizo
despidieron fuego, salió de su letargo, ordei1ó decir de él á los escritores de su tiempo que
la concentración de sus tropas, e:olocándose había dejado «un nombre que hizo palidece!'
él mismo al frent:e de ellas, y en seis sema- al mundo• .
nas había derrotado á los dinamarqueses; en
No sólo entre los reyes pueden contarse los
seguida, corrió hacia Polonia y Rusia casi guerreros célebres malogrados. Luis Desaix,
extenuando á sus soldados con su incansa- teniente del ejército de Napoleón Bonaparte,
- ble actividad, pero infundiéndoles
de era general á los veinticinco aiios de i;u
su propio frenesí batallador, que le v:lió el
edad. Durante la expedición á Egipto, Desaix

ª'"º

LOS '.11ALOGRADOS

367

destruyó á los mamelucos en ocho me3es de fuego por sentencia de un tribunal francés
campaña, gobernando después la parte su- bajo el gobierno de los ingleses. Cuando sólo
perior de aquel territorio cuando Napoleón tenía trece años oyó voces interiores que le
regresó á Francia, cargo en el que desplegó aconsejaban vestirse de hombre } tomar las
dotes tan brillantes que los indígenas le ti- armas para pelear por el rey Carlos. Por este
tularon el Sultán Justo. Cuando Francia tiempo, los ingleses se habían apoderado de
evacuó la tierra de los faraones, fué Desaix todo el país, y los ,franceses poseían tan poco
enviado á Italia, donde peleó contra los aus- territorio que su monarca llevaba en burla
el título deRey
triacos cuyas
de Bowrges.
fuerzas e r a n
Juana tenía som u y superiolamente diecires. En el hissiete años
tórico campo de
cuando deterMarengo,Napominó obedece1·
león se vió tan
las voces inteapurado q u e
riores á que
ya estaba disnos referimos;
puesto á retiy convencienrar se dejando
&lt;lo al ré y de su
l a victoria a 1
divina misión
general austriaobtuvo de Cárco Melas. De1 o s autorizasaix había reción para que
cibido órdenes
llevara armas y
de ir á Génova;
pelease en los
pero al oír los
campos de baestampidos del
talla. En tónces,
cañón, las desprecedida por
obedeció, y volsu célebre banvió á la cabeza
d e r a blanca,
de su soberbia
púsose al frencaballería en P.!
te de las tropas
momento oporfrancesas , cutuno, y dando
yos ánimos laun furioso atagr ó restaurar.
q u e contra el
Juana hizo leflanco austriavantar el sitio
co salvó á los
de Orléans y
suyos. Desaix
estuvo presenmurió en el
te en la coroinstante en que
nación del Delel enemigo huía
fin.
poseído del maEn esta ocayor pánico.
si ó n, decidió
S ó 1o contaba
volver á su caen tonces treinsa, porque, cota y un años de
mo ella misma
edad , pero figura entre los
decía , s u misión estaba terprimeros de
Luisa, reina de Prusia, de memoria tan querida y venerada en su país.
Esta esposa del débil monarca Federico G.uillermo III, murió cuando
aquellos b r i minada; p e r o
contaba treinta y cuatro años de edad
llantísimos solla persuadieron
dados cu ya fama sólo cede á la del mismo de su intento, y al cabo de poco tiempo la
Napoleón.
hicieron prisionera hasta que, por último,
fué quemada viva como bruja.
Otra muchacha francesa, Carlota CorMUJERES CÉLEBRES MALOGRADAS
da y, fué una heroína. Carlota horrorizábase
Medio soldado y medio santa era la bella ante los terribles excesos del reinado del Tealdeana de Orléans, Juana de Arco, que á los
rror, cuando la guillotina se bañaba en sandiecinueve años de edad .fué condenada al gre por las venganzas del mónstruo Marat.

�368

POR ESOS MUNDOS

Entónces apenas tenía veinte años de edad,·y que supo llevar victoriosos á París los ejérresolvió desembarazar al mundo de tal abor- citos alemanes.-Varias inglesas de rango
to del infierno. Llegó á
real dejaron recuerdo en
París, se encaminó á casa
l la historia. Ana Bolena
de Marat, y siendo admisupo conquistar el coratida á su presencia en
zón de Enrique VIII de
momentos en que él se
tal manera que, para caencontraba en el baño ,
sarse con ella, rompió disacó un cuchillo que llecho soberano sus relaciovaba oculto bajo la capa
nes con la Iglesia de Roy lo hundió en el corama , cambiando además
zón d e I tirano. Carlota
la historia religiosa de InCorday murió en el caglaterra. A los veintinuedalso en la firme creencia
ve años de edad murió
de haber obrado en bien
Ana en e 1 cadalso ; no
de Francia.
quizás totalmente inocenTambién pereció jóven
te de las acusaciones que
á los treinta y siete años
contra ella lanzó su celode edad , cuando podía
so marido, pero sin duda
esperarse mucho de su
alguna más indiscreta que
bondad en pro del pueculpable.
blo, aquella mujer maMás simpática y más
jestuosa que se llamó Magentil que la Bolena fué
ría Antonieta, que murió
Juana Seymour, que suen el cadalso con la noble
cedió á aquélla como tercera esposa de Enrique
dignidad Y el valor de Rafael, ~ran pintor italiano, que murió á los
VIII. Solo duró unos mequien de reyes desciende.
treinta y .siete años de edad
De diferente raza y de
.
.
ses su reinado, pues la
nación distinta era la reinª Luisa de Prusia, Seymour murió cuando t_ e nía veintisi~te
cuyos atractivos y fervor patrióti,:,o fueron años. La infantil princesa mglesa, conocida
parte á sublevar al pueblo alemán para re- en la historia por Juana Grey se casó á los
chazar el yugo con
dieciseis año s de
q u e Napoleón le
edad, y por pocas
oprimía. Su marihoras foé reconodo, Federico Guicida como sobera]lrrmo III, era homna d e Inglaterra;
bre falto de ánimo
p e r o terminó su
y demasiado tímibreve reinado pordo para resistir al
que la reina María
conquistador; pero
le privó de la vida.
la reina Luisa, después de haber inúPOETAS, MÚSICOS
tilmente suplicado
Y ARTISTAS
á Bonaparte, que
llegó á insultarla,
Rafaello Sanzio,
fué el alma de la
conocido sencillacontra-revolución
mente por Rafael,
que empezó con la
el pintor más célesangrienta batalla
bre de los moderde Leipzig, y ternos tiempos, y á la
minó en el campo
vez buen arquitecde Waterloo. Esta
to y escultor, terreina Luisa, q u e
minó su vida a 1
murió á los treinta
cumplir los treinta
y cuatro años de
y siete año s de
edad, fué la madre
edad. Cuando tenía
del primer emperadiecisiete era ayudor de la moderna Lord Byron, célebre poeta inglés y uno de los más. grandes d a n t e d e 1 gran
se conocen en la historia de la poesla. A los veinte 9:ño$
Alemania, el viejo ,¡ue
maestro Perugino,
ele edad era ya muy afamado. Murió cuando contaba treinta
kaiser Guillermo,
é imitaba tan á la
y seis afios

LOS .MALOGRADOS

369

perfección sus pinturas que hoy es difícil ve tiempo que disfrutaron de vida supieron
distinguir entre las del discípulo y las del ganar inmortalidad; pero únicamente citaremaestro. D o s años desmos á Mozart, que murió
pués, babia ya hecho alá los treinta y cinco años
gunos de sus más hermode edad, y á Schubert y
sos cuadros, ricos en imaMendelssohn, que murieginación y en sentimiento
ron á los treinta y uno.
poético. A los veinte años
Mozart desplegó su ge de edad trabajaba en Flonio para la música cuando
r e n c i a con incansable
apenas era un niño; á los
energía, poniendo su getres años de edad se dinio en parangón con el
vertía descubriendo cuerdel mismo Miguel Angel.
· das sencillas en el claviCuando sólo contabs. veincordio; á los cuatro, emticinco años fué comisiopezó un curso de estudio
nado por el papa Julio ll
sistemático aprendiendo á
para empezar aquella extocar minuets y o t r a s
traordinaria serie de frespiezas, en media hora; á
cos del Vaticano y de San
los cinco, aparecía en púPedro que son quizás las
blico, y componía música
ma yores glorias del arte
propia. L e llamaban el
moderno. Además de esta
niño prodigio, y Mozart
tarea, tuvo el encargo de
supo, muy al contrario de
inspeccionar cuantas exotros prodigios precoces,
cavaciones se hacían en
satisfacer las esperanzas
Roma, y también fué jefe Wolfgang Mozarl, insigne músico, que mu- que hizo crear en su niñez
arquitecto de la construc- rió cuando solo contaba treinta y cinco años No es necesario detallar
de edad
ción de la gran Basílica de
la historia de este genio
San Pedro. A los treinta años de su edad extraordinario, porque su nombre es conoera Rafael reconocido como el artista más cidisimo. Sus óperas, especialmente Don
célebre de su tiempo; los reyes pedían di- Jiwn, Las boda.s de Fígaro, y La ff,auta
bujos de sus trabajos, y los
mágica, sirven toda vía de
estadistas y lite ratos s e
encanto á sus apasionados
enorgullecían con su amisy conservan fresco el retad; vivía á lo príncipe,
cuerdo del gran composiy cuando concurría á la
tor, que obtuvo el nombre
corte llevaba en su séquide maestro entre los maesto lo me nos cincuenta
tros . .Mozart murió en la
pintores. Aun se hallaba
pobreza y todavía se ignoen el principio de la mara el sitio donde reposa.
durez de la edad, y conFélix Mendelssobn-Barsiguió poner á una envitholdy , nieto d e Moses
diable altura e 1 renaciMe ndelssobn, un célebre
miento de su arte. En grajudío filósofo, hizo su pricia, en harmonía y en ciermera y pública aparición
ta espiritual cualidad no
como pianista cuando sólo
tuvo quien le aventajara,
contaba diez años de edad,
pues sabía combinar 1 a
y al mismo tiempo empegrandeza de la imaginación
zó sus composiciones, hahebráica con el idealismo
biendo escrito cuatro años
de los griegos.
·después más de sesenta de
Otro artista renombrado,
ellas. Enseñó al mundo á
cu ya característica era la
admirar el genio de Bach,
exquisita delicadeza en
y escribió las bellas sinfosus cuadros, fué Antonio
nías
y oratorias que han
Watteau, el pintor francés Félix MendeJssohn-Barlho)dy, otro ilustre
hecho su nombre imperemúsico que murió j&amp;ven: á la edad de treinmás original del siglo xvm.
ta r ocho años
cedero. De todas sus comMurió á la edad de treinta
posiciones,la titulada Cány seis años.-Bastantes son los que merecen tico sin palabras es la que ha causado en
mencionarse entre los músicos que en el bre- el m11ndo musical más profunda impresión.
G

�370

POR ESOS MUNDOS

los griegos contra la tiranía de los turcos.
Franz Schubert, hijo de un pobre maestro
Si hubiese vivido , qufaás se I e hubiera
de escuela que babia casacto con una cociofrecido el trono de aquel país cuya causa.
nera, era el diecinueve ele los hijos que tuvo
había abrazado con todo el
este m¡1tl'imonio. Antes
ardor de su entusiasta nade que ilegara á la edad
turaleza.
de trece años, el maestro
E11trn los filósofos, que
que le daba lecciones de
casi todos han alcanzado
harmonía descubrió que su
larga vida, Blaise Pascal
discípulo sabia más que
fué una excepción notable.
él, y se despidió .diciéndo~ra ésle célebre como
le: «Esa inspiración debéis
matemático, romo razonahaberla obtenido del misdor y como hombre de lemo Dios». Por entonces,
tras. Cuando murió, á la
un italiano, Scalieri, decía
edad de trei nta y nue,,e
de él: «Puede componer
años, dejó fundada u n a
toda clase de música: canf.losofia para las matemáciones, óperas y cuartelo'&gt;
ticas y había escrito I a
de cuerda•. Y Beethoven.
obra más magistral que se
á quien llamaban mucho
conoce en la que puede
la atención lo~ trabajos de
llamarse «literatura de la
Schubert, dijo de él en el
ironía• c o n sus Carfcr,.s
lecho de muerie: «Franz
provincia7es. Su mnerl~
hereda mi alma•. Es triste
pudo quizás haberse retrarecordar que algunos de
sado si no hubiera preferisus trabajo;; se han perdi- Franz Schubert, célebre compositor austriaco, do llevar.una vida de tan
do para el mundo por igque murió á los treinta y un años de edad
penosa abnegación como
noranc;ia de una criada que
la que llevó y que prácticamente le hi7.o
utilizaba tan preciosos manuscritos para en- morir de hambre: sufría extrañas alucinacender la lumbre.
ciones, y á veces se imaginaba que al lado
Son muchos los malogrados que podemos de su cama se abría un gran precipicio. Pecitar en literatura; µero solo mencionaremos,
ro, en lo demás, conserpar a no alargar mucho
vó hasta el último inslos límites de este articulante su inteligencia.
lo, ya bastante extenso, á
Citaremos, para termiVirgilio, uno de los más
nar este artículo , d o s
grandes poetas épicos del
actrices célebres, que aluniverso, y al célebre
canzaron duradera repuGeorge Gordon Noel, más
tación en I os primeros
conocido por Lord Byron.
años de sus cortas vidas.
Virgilio, cuya Eneida
Una d.e ellas fué Adriana
es un portento en todas
Lecouvreur, brillante essus fases, creó tal en tu trella de la comedia fran siasmo con este poema
ce~a en e l siglo xvm.
entre sus conciudadanos
Planchadora en un taller
que cuando pasaba por
de París, sus aficiones al
las calles de Roma era
teatro la hicieron estableaclamado y rodead.o por
cer un escenario casero,
la multitud, y tenía que
donde enseñó á sus comre.fugiarse en las tiendas;
pañeras á desempeñar aly cuando entraba en el
gunas comedias , en las
teatro, todos los concuque e l l a se reservaba
rrentes se levantaban pasiempre el pape! de prora saludarle, lo mismo
tagmlista . Obtuvo· tanto
que se levantaban para
éxito que sus talentos y
Elisa Rache!, fam&lt;lsa actriz francesa, que
recibir al emperador.
su
belleza le granjearon
murió á lo• treinta y siAte años de edad
Lord Byron fué por su
prouto un lugar entre las
genio la admiración de
Europa. Estableció la escuela romántica en actrices prefesionales. Murió á la edad de
trei.nta y ocho años, y se dice que su muerte
la poesía, y murió á los treinta y seis aiios
fué debida é. los celos de una duquesa, su
de edad, cuando capitaneaba la revue-Ha de

~m1i

~i;a~ desa~ortunada, que le envió un ramo
ores ii:ipregnado en sutil veneno.
~tra a~tr~z malograda, Elisa Rache! fué la
meJor trag1ca del siglo x1x· y serru'n
.
drama! .
• , , ,¡, varios
má h m~~s J1ustres, su genio histriónico jas a s1 o superad_o. Identificábase tan
com~letamente con los caractéres de los pe1·
sonaJes
ell . Erque representaba, que se decía de·
.a. 'y isa no representa; lo que hace es su
frir».
cuand0 se poma
• á representar la•

371

a~onia física y mental, los públicos que la
oian guedaban horrorizados y dominados por
emociones muy fuertes. Llegó al aporreo de
su- carrera
!' t'd
.
d d cuando sólo contaba vem
I os
~~os e~ ad, y abandonó la escena al l\ec,ar
a ~s tre~nta y cuatro. Murió tres años d:spues, deJando imperecedero recuerdo para
confü:mar una vez más que la vida' no la
¡onsbtttu yen los años, sino los actos llevados
ca o por las personas.
COS..\IÓPOLIS

MIMJ
Es l~ g~nlil Y ardiente s~ñadon1
1a romanllca y dulce visionaria ,
la belleza anhelante y pasionaria
que sufre amor y que cantando llora.
Hayf~nl su juventud nimbos de aurorn
en su e a ventura imaginaria
,,
en ~us c_álidos besos la pleg;ria
e la mfehz y eterna pecadora.

a

~ondsu alegría y su tristeza engaña
rocian. o con espuma de cham pañ
,
la gloria de sus íntimos poetas. a

Y,_ cudul se pliega moribunda un ala
sonnen o á su dolor la vida exhala ''
en un suave perfume de violetas.
DIEGO

F. ESPIRO

�SJHA

Y su blonda eabeUera,
desgt·eiiada y desprendidci,
sobre su cuerpo ext.endida
parecía una bandera.

SIRA
(CUENTO DE SOMBRAS Y DE LUZ)

el colmado donde nos re~niamos todas las noches algunos am1-

STÁBAMOS®

E

g0Sira la bella hija del dueño del estab)ecimient~ que á aquella hora se hallaba siempre det~ás del mostrador haciéndose cargo _de
las cuentas del consumo que l?s parr,oq_b1ahacían y que los dependientes a 1 an
~~~regando, la noche a que me refiero no estaba allí.
d
En la tertulia sólo faltaba Lorenzo, uno e
nuestros más queridos y asiduos concurrentes.
•
or
Su ausencia comenzaba á extranarnos_ p
lo avanzado de la hora, cua_ndo ~e abrió la
puerta y en su dintel apareció el JOV~_n. L _
-Buenas noches, caballeros, -d1JO o
renzo sentándose.
.
Un' alegre murmullo acogió la pres_enc1a
del recienllegado. Raimundo, el ~studian_te,
le ofreció un vaso de cerveza, Dame!, el pintor, le alargó la petaca, y ~~rmán_, el poeta
bohemio levantó su copa, d1c1endo.
-¡A t'u salud, insigne!
Lorenzo, que al entrar había ?otado la ausencia de la preciosa tabernenta, preguntó
con inquietud:
-¿Cómo no está Sira?
.
Sabiendo la pasión que Lo~enzo senl!a
por la muc~acha, se me ocurrió ~e pront~
dar á mi amigo una broma mac~bia, y ade
lantándome a los demás, conteste:
-Porque no puede.
-¿Que no puede?
-No. Descansa.
-¿Descansa? ¿Dónde?
-En la muerte ...
¡Oh, cuán triste fu,~ la suerte
de aquella niñc, precwsa

c11110 J&gt;rítpaao de ro~a
r-siá dormido en la muerte!
Lorenzo palideció y sus ojos expresaron el
espauto.
• •
-Tranquilízate, y escuch~,- ~ontmue
-Sira ha salido esta manana a hacer
~~~s compras que le babia encomendado su
mad re, y al do blar la esquina debla calle
b
inmediata, estalló junto á ella una oro a.
-¿Una bomba?
.
.
.
una bomba de dmamita, ese terrible ex~losivo que pulveriza y destruye cuanto á su raso encuentra.
-Pero...
1
t
D
_ Yo pasaba por alli casua men e. e
ron to sonó un estampido seco y se oyeron
P1 .d' de espanto y ayes estertóreos. El
:s~r:c~:culo era indescriptible. La ~ent~, alo.ir·ante corría en todas direcmones.
cada. del
,
. . f
1
· 1
El humo de la máquma m erna enrarec1a e
. Juntos vibraban con tonos
a1re.
• destempla· e
dos los "ritos de terror y las imprecac10n s
contra ei asesino. Algunas personas ensan&lt;1rentadas se apoyaban en la pared; _otras,
~ntre horribles convulsio?es, se re~orc1an en
el suelo. De pronto, se v1ó correr a u~ ho~bre. Era él,¡el anarquista! y. como .la~ Jau nas
se lanzan sobre el gamo, as1 la multitud lanzóse sobre el asesino, que quedó despedazado
en ocos instantes. Yo, ciego de cólera, m_e
a· oaeré de la bayoneta ~e un soldado mor1b~ndo y la sepulté infimdad de vece~ en el
pecho del mi~erable, que ya no era smo un
montón sangriento.
-¡Ah qué horror!
.
- y allí aherrojada sobre l~s piedras, ~s1aba Sira, ia probrecita niñ~ b1a~1ca y rubia,
con el seno destrozado, los0Jos_v1treos, la boca entreabierta por una sonrisa dolorosa...

-s·

373

la alegria. Pero Sira... ¡faltara allí! Y si algún
parroquiano, ignorante, de lo sucedido pregunta por la joven, su madre, la viejecita,
romperá en sollozos, y el padre, bajando
sombrío la cabeza, contestará: •Se ha dorLorenzo intentaba hablar, y no podía. Sus mido en la muerte» ...
ojos estaban llenos de lágrimas.
Lorenzo me escuchaba como alelado, haDe repente, una extraña visión se apo- ciendo inauditos esfuerzos para no llorar.
deró de mí, y sentime transportado al mun-Pero mira, Lorenzo,-prosegui, camdo de la fantasía. Imaginéme que se había biando la nota negra por la blanca.-Todo
improvisado el entierro de la desgraciada en la vida tiene su compensación: junto al
joven. Cuatro doncellas, blancas y rubias dolor está el placer; la alegría y la tristeza
como la povan juntas;
bre muerta,
hermanas
metieron su
fueron siemacribillado
pre la ilucuerpo en un
s ión y el
ataud del codesengaño:
lor de la nie1
es el contrave, y, to1 peso...
Desmandolo en
pués de asishombro s,
tir al entieemprendierro del cuerron la marpo, asistí á
cha.Inmensa
la ascensión
muchedumdel alma.
bre seguía el
En virtud de
féretro . Tootro fenómedos iban enno de la fanlutados. Yo,
tasía figuréá la derecha
me ver que
del cortejo ,
e I infinito ,
e a mi naba
iluminado
con la frente
por una luz
alta y la visténue , crista baja. El
talina, lechogran silencio
s a , estaba
que reinaba
lleno de esera sólo intecalas por las
Cuando
echábamos
de
menos
á Lorenzo, apareció éste por el dintel de la puerta
rrumpido
que subían
por el paso igual y sonoro de la ola humana las almas puras de las vírgenes y delos niños.
y por el aleteo de algunas aves negras que
-¡Y mira, Lorenzo, qué cosa más extraña!
de vez en cuando pasaban por encima de Aquellas escalas, que se destacaban sobre
nosotros. Al fin, llegamos á la necrópolis. fondo de fulgor que parecía hecho con polvo
La fúnebre caravana penetró en ella.
de nieve, tenían los peldaños negros: parecían lineas de basalto sobre campo de arLa fosa, abierta, se tragó á Sfra;
miño.
y el atciud cayó con sordo t·nído
que parecía un lúgubre gemido.
Y junto á aquellas escalas
había muchos arcángeles,
Después, e I gentío, siempre en silencio,
y resplandecientes ángeles,
se dispersó. Yo regresé sólo, y mientras desmudos, sin batir las alas.
andaba la carretera negra y serpenteante
El, espiritu divino
como mónstruo anillado, henchido de una
de tu cimada iba subiendo
amargura inmensa, me decía á mi mismo:
envuelta entre aquel, •cresrendo•
•¡Oh, qué triste voy á encontrar la taberna!
de resplanclo1· mcitutino;
Se oirá en ella el ruido cristalino de las coy S1t cabeza, por verla,
pas, el rumor animado de las conversacioasomaban los querubes
nes, la palpitante vibración de los ensueños
entre lcis pálidas nubes,
que se forjan al calor del vino, el tumulto de
diciendo: ¡Paso á la perla!,

�3ii

AURORAS

Por fin , e l alma d e Sira,
.
llegó á un punto del esp~_c10
en que confluían, fundiendose en uno, dos océanos de
ámbar liquido, desbordamiento de gloria que se extendía por todas parles.
Sira, entre aquella _especie
de nebulosa de espíritus que
parecía un a tempestad de
nieve cuyos copos, en vez
de bajar, ascendían, llegó al
sitio donde se abrazaban los
dos mares áureos, y desapareció en el seno de Dios, ¡en
la luz increada!. ..
Sira salía en aquel momento de 1 interior d e la
tienda.
Lorenzo se lanzó sobre mí
como un tigre.

X

PEDRO BARRANTES.
Al ver á Sira, que salí~·en aquel momento del interior de la tienda, LorA•lZO se
abalanzó sobre mí

AURORAS
Rodeada de su carne la blancurá
?Or un rayo de sol que la colora,
vé cómo muere la grandiosa aurora
tiñendo el cielo con su sangre pura.
Una nube que busca más altura
para poder mirará quien adora
huye al ver la belleza seductora
de una mujer que yace en la llanu111,
El ósculo quemante que le envía
el sol siempre radiante de la altura,
su cuerpo enciende más, su faz colora.
y mientras todo canta al nuevo día,
ella tiende su cuerpo en la llanura
y con ella á nacer vuelve la aurora.
ARCADIO ORNAGLE

lli1siraciones de F. de
la Mota

ACTUALIDADES
LA CUESTIÓN DE MARRUECOS

tual soberano Abd-el-Aziz. Cierto es que las
naciones europeas no reconocen en el MoA pesar de cuanto dicen los que en cual- ghreb otra autoridad que la del sultán impequier detalle quieren ver un optimismo, i·ante desde la muerte de Muley-Hassan;
~sla cuestión de Marruecos en que desdicha- mas, así y todo, no pueden dejar d!l tener eo
damente para
cuenta, Franellos se h a n
cia mu y espemetido los
cialmente, la
franceses no
personalidad
liene vías da
de Hafid, e 1
arreglo. El gecual, aunque
neral Drude ,
parece que uo
que ha recibiquiere aceptar
d o refuerzos
la misión remilitares, ha
dentora que
llegado á tosus adeptos le
rnar la ofensiconfían, sí se
va contra los
muestra halamarroquíes de
gado con reci&lt;.:asablanca;
bir los honopero éstos no
res y prerroe ej a n en su
gativas de sororaje, y·cada
berano que
dí a parecen
sus entusiastas
más animados
partidarios le
en sus propótributan.
sitos de no de¿Cómo terjarse dominar
minará esta
por los extrantragicomedia
jeros.
marroquí? No
Por si ·no
será, ni Dios
tuviera pocas
quiera que lo
teclas que afise a, con 1a
nar el conflicmuerte y e 1
to marroquí ,
ex terminio,
se ha presenporque de ello
tado una nueno llevan caMuley llalid, ¡n-oclamado sultán de Marruocos por las tribus del Sur
v a contrariemino las escedel imperio el 16 de Agosto pasado
-dad á los arrenas desarrogladores del asunto: la proclamación de sul- lladas hasta ahora... Y eso que el general
tán hecha el 16 de Agosto último poi• algunas Drude y el almirante Phillibert comunican
tribus del Sur del imperio en favor de Mu ley casi diariamente al Gobierno de París que
llafid, uno-de los hermanos mayores del ac- las balas de su ejército y las granadas de su

f

�ACTUALIDADES

POR ESOS MUNDOS

376

escuadra, respectivamente, hacen gran carnicería en las masas de kabileños, entre
los cuales no dejan títere con cabeza, mientras que los franceses apenas pierden en los
encuentros una docena de caballos, y, cuando más, registran algún incidente desagradable, como aquel del día 3 de Septiembre
último en que murió el comandante Provost, del primer regimiento de la legión extranjer" ...
EDUARDO GRIBG

En Bergen, Noruega, doI?de nació hace sesenta y cuatro años (el 15 de Junio de 1843),
falleció el día 4 de Septiempre pasado el ilustre compositor Eduardo Hagerup Grieg.
En 1858 estudió en el Conservatorio de
Leipzig,siendo allí sus maestros músicos tan
afamados como Moscheles, Hauptmann y
Richter, y en 1863 se trasladó á Copenhague donde Hartmann y Niels Gade completaron la educación musical que había recibido.
Compuso mu,
chas obras , en
las que descuellan · la s u i t e
Pee1· Gynt, que
tanta aceptación
tiene entre los
filarmónicos espa~oles, la ópera Sigurd Jor-

SULLY-PRUDHOMME

La literatura francesa ha perdido uno de
sus más gloriosos maestros con la muerte de
René Francisco Armando Sully-Prudhomme,
ocurrida en su retiro de Chatenay el 6 de
Septiembre pasado. El gran poeta fué víctima de un sincope, del que pasó al sueño
eterno cuando su salud no hacia esperar el
desenlace que ha terminado con su vida.
Sully-Prudhomme había nacido en París
el año 1839, y cuan.do tenía cuarenta }
un años de edad, en 1881, fué elegido miembro de la Academia Francesa, luego oficial de
la Legión de horior y después elevado á las
funciones de miembro del consejo de esta
orden; y en 1901 coronó su carrera como
poeta con el premio de Ja Sección de Literatura de la Institución Nobel, que entonces le
fué otorgado,
Las obras poéticas de Sully-Prudhomme
colocaron su nombre á una altura envidiada
por muchos que quisieron imita~le y que,
faltos de musa,
ni siquiera consiguieron remedar al gran poeta que acaba de
fallecer.
EL G&amp;~RAL"
BERNAL
1

El día 5 do
Septiembre , p¡i~
salfa, Humosado falleció en
resken, cancioJetafe el tenienn e s y .danzas
te general Don
populares, n o Francisco Ferruegas , varias
nández Berna!,
sonatas_, p a r a
una de las perviolín y algunos
sonalidades d e
trabajos p a r a
más brillante
coros y orqueshistoria militar
ta.
en e I Ejército
E'µ ;todos esespañol.
t o s productos
Nació en
de su inspira1847,
y en 1862
o i ó n musical,
ingresaba como
impera la más
cadete , distinperfecta expreguiéndose siete
sión del espíritu
años más tarde
escandinavo, al
á l a s órdenes
que siempre
del duque de la
sirvió devotaEduardo Grieg, insigne músico escandinavo, fallecido en Bergen,
Torre en lucha
mente y de maNo ruega, el , de Septiembre último
contra
1as prinera entusiasta
el insigne compositor, cuya muerte, que ha meras partidas carlistas en Cataluña y en
causado profundo dolor en todas partes, Valencia. En 1872 era teniente coronel y
registra esta nota de la presente cróni- mandaba el batallón de cazadores de Arapiles; en 1887 ascendió á coronel, y fué á
ca.

377

Filipinas, donde dió nuevas p~~as de su guiente: ,El interesantísimo okapi, pariente
bravura en' la campaña deJoló, é!fendo he- cercano de la girafa y descubierto por Sir
llarry Johnston en el
rido de tres balazor al
extremo oriental de la
lanzarse al asalto de
selva del Congo, cerca
una colla de aquellos
del río Semliki, afluenmoros, hecho que le
te del Alberto Nyanza
valió el ascenso á gey de l 1a g o Alberto
neral de brigada. De:-;Eduardo, no había sid e Filipinas pasó á
do jamás observado y
Cuba, y al mando de
estudiado en vivo por
diversas columnas bael europeo haf'ta hace
tió muchas veces a 1
cosa de cinco meses,
enemigo, siendo famoen que el señor Ribotti
sas l¡¡.s acciones de
tuvo la suerte de capLomas de Mamey y
turar una cría, cuya
Cerro del Negro en que
edad no excedería de
tomó parte, y en la
un mes, en las inmeúltima de las cuales
diaciones de Bambeganó la cruz de San
lli, lugar próximo al
Fernando.Ascendido á
Ho Evelle. Cuando Sir
general d e división ,
riarry Johnston hizo
continuó peleando sin
el descubrimiento del
descanso y tuvo e 1
curioso mamífero, se
mando de la división
limitó á enviar á Involante que fué á Sanglaterra un trozo de
tiago de Cuba primero
piel de okapi, eligieny á Matanzas luego .
Terminada la guerra, M. Sully Prudhomme, ilnstre poeta francés, fallecido do al efecto la parte de
la misma cruzada por
el 6 de Septiembre último
fue comandante geneJi neas trasversales de
ral de una división en
Madrid, y luego de Ceuta, siendo ascendido á coloración clara, y que ofrecía, por tanto,
teniente general en Marzo de H}06. Hallá- gran semejanza con el pelaje de la zebra.
base en posesión de muchas condecoracio- Esto indujo á pensar al naturalista Sclater
e n I a existencia de
nes por méritos de gue"Gna nueva especie de
rra y servicios espezebra, que se apresuró
ciales.
á designar con el nombre de Eqwus JohnsEL OKAPI
toni. Un año más tarde, en 1901, Sir Ilarry
Publicamos en esta
Johnston me remitió
sección una curiosísila
piel completa y el
ma fotografía del okacráneo de un okcipi
pi, obtenida p o r e 1
casi adulto, manifesseñor Ribotti s e i s tándome al m is m o
cientos cincuenta kilótiempo que el vocablo
metros al Noroeste de
okapiloempleaban los
Bambelli, en las selvas
indígenas pigmeos del
del Congo. Es el okaCongo para distinguir
pi un interesante anial cuadrúpedo de refemal descubierto hace
rencia. Reconocía Sir
años, pero del cual no
Harry la afinidad del
se tenían documentos
okcipi con la girafa, y
fehacientes de la imme llamaba la atenportancia del que dación
sobre una c irmos á conocer en la
cunstancia que pude
siguiente página. Acercomprobar fácilmente:
ca de este animal dice
era esta la forma parel profesor Ray Lanticular bifoliada de 1
kester, una autoridad · Teniente general Don Francisco Fernández Berna!,
grupo delantero de
en la materia, lo sifallecido el 5 de Septiembre pasado

�37$

POR

ESOS

ocho die1lles en la quijada inferior. Ya en
posesión de dichos objetos, dí al mamífero el
nombre genérico latinizado de okapia, añadiéndole el Jo}msfoni, expresivo del descubridor.
,Desde la fecha mencionada, ó sea desde
1901, han sido enviados á Europa numerosos cráneos, pieles, y aún esqueletos enteros
de &lt;licho animal: tengo noticia en la actualidad de más de veinte museos poseedores de

~1u:-mos

demostrarme que el okapi es un liisus naturre, un ser híbrido. ,No hay duda alguna,
-me decía.-Vea usted la zebra apareciendo en el franjeado de las patas, mientras la
cabeza y los cascos son simplemente de antílope.»
•A esto diré solo una cosa: los seres híbridos no se producen jamás entre los animales
bravíos; es ese un fenómeno que sólo surge
bajo la dirección y median te el trabajo del
okapis.
hombre. De un modo exponláneo sólo se ob»Aunque muchos naturalistas creen que ~erva, en casos contadísimos, en los peces y
hay varias esen aquellos anipecies de ol.·amales que depi, yo voto por
positan la frci:a
lo contrario. A
t'n el agua. Aún
mi j u i c i o, no
así, la producexiste sino una
ción híbrida ó
s o I a especie ,
cruzada n o ha
aunque los inpodido condividuos di fieseguirse h as ren considerala ahora más
blemente entre
que entre espesí respecto a 1
cies muy cerfranjeado de la
canas, como el
piel en los cuarcaballo v el ast o s traseros y
no, el cÓnejo y
e n las manos.
la liebre, el sueAdemás, los maro y el rodabachos se diferenllo. Todo lo que
cian de l,11s hemse diga acerca
bras, no sólo en
de la unión fela alr.ada y en
cunda de seres
la forma de 1
tan desemejancráneo, sino en
les cual un palas dimensiones
Lihendido cierde lacornamen1·0 , antílope ó
ta.
girafa, y un so»Entre las
lípedo como el
personas aficiocaballo, el asno
nadas á Historia
ó la zebra , es
Natural, aunque
contrario á los
i n&lt;loctas en la
resultados de la
materia, prevaexperiencia. No
Una. crla. de okapi. Fo logra Cía obtenida en el in:erior de la selva
lece una creenquiero decir con
africana por el explorader italiano señor Ribotti
cia errónea acerello que no sea
ca del okapi. No hace muchos día;;, y mien- posible (sobre lodo si se emplea un método
tras contemplaba en enfuseo, acompa1iando de preparación en los progenitores), obtener
á una de esas personas, varios ejemplares productos híbridos de especies animales máa
disecados de okapi, díjome al oído, cual si distantes aún que aquellas otras de donde
abordarse un asunto misterioso: «Convendrá ya nacieron seres de esa clase. Es improbausted conmigo en que nos encontramos ante ble en extremo que la desemejanza entre los
un animal híbrido, producto de un crnza- padres pudiera ir más allá de unas pequemiento de "paquidermo y de antílope: de ze- ñísimas diferencias, pareciéndome, por el
bra y girafa, por ejemplo.• Resultaba, pues, contrario, posible que quedase limitado el
inútil, el car;Lelón mandado poner por mí so- cruzamiento á las especies cuya diversibre los ejemplares advirtiendo al público dad de un antecesor común se empezó a
contra el persistente y generalizado error. iniciar en tiempos relativamente no muy
Verdad es que, hace muy pocas semanas, remotos, en la época micena, verbigracia.
una persona iluslrndí~ima se obstinaba en
,.\ decir verdad, esta cuestión de los hi-

ACTUALIDADES

bridos exige mucha experimentación fisiológica y no menor análisis microscópico en todos los elementos generadores. Todavía no
se sabe de un modo positivo el por qué de
ser infecundas las uniones de especies diferentes, y el por qué de ser estériles los animales híbridos, ya apareados con otros similares ó bien con los normales. Advierto que
ese por qué se refiere exclusivamente á determinadas circunstancias de forma ó á ciertas condiciones fisicas. Sería, pues, interesantísimo que un naturalista experto en el
empleo de métodos fisiológicos acometiese
las investigaciones reclamadas por el referido
problema.•
EL C0111ETA «DANIEL•

U79

ducido en un princ1p10 á un pequeño y
pálido -núcleo rodeado de ligera nebulosidad,
fué ganando en brillo rápidamente, y á últimos de Julio se hizo visible á simple vista
presentando ya cabellera apreciable. Durante
los meses de Agosto y Septiembre pasados
aumentó todavía más su resplandor extendiendo enormemente su cola, hasta brillar
actualmente como estrella de segunda magnitud y alcanzar el rastro luminoso de su
cola diez ó doce grados de extensión.
No ha adquirido el cometa Daniel la notoriedad que por su importancia le corresponde, porque la hora á que ha venido
presentándose, un rato antes de amanecer,
es algo intempestiva para el público en general; pero ya la adquirirá pues llegará á ser
del dominio público en los primeros días de
Octubre, cuando haya pasado al otro lado
del sol y haga su presentación por poniente,
después de puesto este astro ó en las primeras horas de la noche.

Publicamos en esta sección una fotografía,
hecha en el Observatorio Meteorológico de
Madrid, del cometa Daniel y un diagrama
que presenta el aspecto del cielo dando á
conocer las distintas posiciones que el citaLA TEMPORADA TEATRAL
do cometa ha ocupado desde que hizo su
aparición en el firmamento, estudio llevado á
Ya han comenzado á funcionar en .Madrid
cabo también en aquel establecimiento científico. Aunque los cometas abundan mucho en la presente temporada los teatros, y hasen el cielo, la casi totalidad d e ellos son
telescópicos y ultratelescópicos, siendo contados los que se dejan
ver á la simple vista,
y de estos en mur
corto número los que
Loman brillo bastante
para cautivar la atención pública y adquiEl come,a Daniel, folograliado por el Observatorio Mflteorológico de Madrid
rir notoriedad. A esta
categoría corresponde
el c o m e t a Daniel,
que hace más de Iros
me ,es vi en e preseutándose por oriente en
la madrugada, dos horas antes de salir el
sol, luciendo brillante
núcleo y enorme cabell~ra.
A mediados de Junio, el astrónomo norteamericano Mr. Daniel descubrió e s te
cometa, viéndoloen su
anteojo como estrella
de undécima magni.;..:,_ __
tud. A dicho descubri.
==--- ~;..:::.-...-::~
dor debe su nombre
:1 - - - ~ - - - " - - ·el cometa en que nos
Aspecto que ha pre,cnl.a.do el elelo con el cometa Daniel en lM horil.S de la madru:r,,.da
ocupamos, el cual, rede los diu 1~ de Agosto al 10 de Scpllcmbre últimos

�381

EL l:IUZO

380

POH ESOS .MUNDOS

ta ¡thora los únicos ,que han -0.f-r~ido novedades son los de la Zarzuela y Eslava.
En el primero, se han estrenado las traducciones en
castellano de '
las óperas

Cavalleríci
rusticana,

Pero hemos de hacer una salvedad: ha sido
una equivocación haber dado aconocer aquella producción de Benavente en el referido
teatro; cierto
que Todos
somos unos
no constitut u y en un
modelo, ni
mucho menos, en su
género; pero ... son mucha obra para el público
y el escenariode Eslava.

de Mascagni,
y La bohéme, de Puccini, y el público ha premiado la labor de laempresa y de la
dirección artística y e 1
trabajo de los
LA FILAX·
cantantes Armadura de la plaza de loros que está construyéndose en la capital de México.
TROPÍA DE
Será capaz para veintidos mil personas y su coste se elevará á setecientos
que en amUNA DAMA
mil duros
bas obras
toman parte. Ciertamente que unos y otros
En Nueva York vive !\frs. Russell Sage,
son merecedores de tal aplauso: la empresa, viuda de un millonario norteamericano que
por la sana orientación que supone este pro- le ha legado cincuenta millones de duros.
pósito de d ar música
Dicha señora, cuyo rebuena para ir reconquistrato damos á conocer
tando el gusto del públien esta página, ha doco, perdido completan'ldo toda la fortuna de
mente por tanta chnsu marido para los polapería y t a n t a sanbres, de los cuales, desdez c o m o ha pasado
de la muerte de su espor a q u e 1 escenario;
poso, ha recibido mas
y 1 a dirección artísde cincuenta mil cartas
tica y los cantantes por
en demanda de socoel éxito que para todos
rro~.
supone cantar estas
Es un elevado acto de
óperas al día siguiente
desprendimiento y amor
de representar tipos coa 1 prójimo este que
mo los de las zarzueli•
acaba de dar Mrs. Rustas que en el referidc
sell Sage, del que tan
teatro reciben acogida -y
pocos ejemplos pueden
aplauso. Y justo es que
presentarse que le igua•
teniendo estas grandes
len.
ventajas en cuenta acepte el público como bue700.000 DUROS PARA
nos algunos defectos de
UNA PLAZA DE TOROS
interpretación, y hasta
Tanto ha cundido la
pase por las horrendas
afición á l as corridas
traducciones q u e han
de to ro s en México,
cabido a los libretos de
que en aquella ciudad
las dos citadas óperas,
especialmente al de Caestá levantándose una
plaza capaz para veintivallería tmticana.
En Eslava, la nove- Mrs. Russell Sage, dama norteamericana que ha dos mil personas. Toda
cincuenta millones de duros, toda la forla estructura de la edidad ha sido el estreno donado
tuna recibida de s II difunto esposo, para I os
ficación es de acero, y el
de una obra de Jacinto
pobres
presupuesto total de la
Benavente, titulada Todos somos unos. Terminaríamos esta noticia obra está calculado en setecientos mil duros.
eon decir que no fué del agrado del público.
Cuando la plaza de toros de México se halle

terminada (y pronto lo estara, a juzgar por lo
adelantadas que se encuentran las obras, co~
roo puede verse en el grabad? que d~mos a
conocer en la presente secc1ó_n), sera aquel
circo taurino el mayor que exista en todos
los luaares donde se rinde culto al arte de
Cúchtres y de Pepe-Hillo.
No pueden quejarse los toreros de lo ex-

•

tendida que se halla l~ afición ~ que ~llo~ se
dedican. A México y a las demas repubhcas
hispano-americanas, no llevamos ahora los
españoles más que exig~a parte de nuestra
industria y nuestro trabaJOi pero el sport, la
diversión favorita de este pueblo parece haberse infiltrado hondamente en aquellas nacioualidades.

EL BUZO
Hasta el fondo del mar, entre cristales,
bnjé, \'Í sus entrañas y hallé al verlas
innúmeras montañas de corales
y llanuras innúmeras de perlas.

[Ay! Después, de tu voz al blando arrullo
bajé á tu yermo corazón en breve:
y montañas hallé, pero de org_ullo;
y llanuras también, pero de meve.

Juuo FLOREZ

�EL LAUREL DEL SOU).ADO

(CUENTO VIEJO?

acuerrlo &lt;lónde me dijo el narrador
Nodemeeste
cuento que ocurrió el suceso. (El

embarque de jóvenes primopolitanos, perfectamente pertrechados de armas l' bacrajes
.
o. '
narrador sí sé q u e era andaluz). Creo produc1a
un enorme entu~iaiimo guerrero en
que fué en Primópolis, antiguo reino de la la nutrida y compacta ma~a de espectadores,
Europa latina,en cuyo mapa pueden buscarlo los cuales, sugestionados por los penetran tes
los lectores que ,ean curiosos y dados á mi- sones de las bandas de música, á cada barnucias. Yo, como soy un gran despreocupa- caza repleta de soldados que se separaba
do, no le he visto.
del muelle prorrumpían en desaforados víEste país, encantador por su situación tores y en fren&lt;-ticos aplausos.
etnológica y por el carácter
~s únicos que. al parecer,
de sus ciudadanos, poseía
no dtsfrutaban de tanto júvastísimas posesiones ultrabilo eran los expedicionamarinas en diferentes puntos
rios, bien fuera porque se
del globo , las cuales eran
alejaban de un lugar donde
graciosamente explotadas
tanto se les quería y concon notable aprovechamiento
sideraba, bien porque iban á
para las arcas del tesoro najuga¡ s u papel demasiado
cional de Primópolis.
cerca de la peligrosa empreOcurrióun día inesperado
sa de castigar rebeldes armaque los pobladores de estas
dos.
remotas haciendas se alzaron
A I g ún sagaz observador
en armas contra e 1 poder
advirtió el estado de ánimo
de la metrópoli, ron el fútil
en que parecían hallarse las
pretexto de que no les daba
.tropas, y guiado por un amor
la gana de que nadie se llepatrio digno de todo encovara su dinero, y, como
mio transmitió su observa•
siempre sucede, la metrópoción á las primeras autoridali trató de reprimir este modes locales, por si podía provimiento de opinión, y surcurarse levantar e 1 ánimo
gió la guerra.
de los soldados, en previsión
Con gran regocijo de lo,
de cualquier desacrradable
.
.
"
que se quedaban, se preparó
contmgencia.
la primera expedición bélica
Ya se babían percatado de
en uno de los puertos de
ello las citadas autoridades
PrimópoLis, y al son de marcuando le hizo la confidencia
ch as marciales ejecutadas
el perspicaz primopolitano,
por las músicas alegres de
y ya había recaído acuerdo
la guarnición de la plaza,
sobre lo que procedía hacer
eran conducidas en pesadas
oportunamente.
barcazas las bizarras huesA consecuencia de este
tes de la nación dominadoacuerdo, tan pronto como se
ra ha~ta un gigantesco transEl gobernador de la provincia
hubo embarcado el último
atlántico que se pavoneaba
soldado lrasladáronse á borgallardamente sobre la blanda superficie del do del buque transporte, con el boato y
mar.
honores correspondientes á la dignidad y
Este magnífico y soberano espectáctAlo del jerarquía de sus autoridades, el capitán ge-

neral del dislri to, el obispo de la diócesis y
el gobernador de la provincia.
Este babia de soltarles una alocución en
quo se les encomiase el amor á la pátria: el
Qbispo, en UT\a plática. había de infundirles
la lé en la santidad de la causa, y el general
también tenía que endilgarles su arenga recordán&lt;loles el deber del militar en términos
que los enardeciere.
Una vez á
bordo y en
correcta formación las
tropas expedicionarias,
el gobernador civil las
habló de esta manera:
«Primopolilanos: El
Gobierno del
rey me encarga que en
estos dolorosos momentos de ladesp e dida me
haga intérprete del dolor nacional
al veros marchar para el
combate, sin
dejar de
abrigar un a
absoluta
confianza en
el tri u n fo
de nuestras
El obispo de la diócesis
armas... armas... armas, por la seguridad, por
aquella seguridad que tiene... en e 1 esf u erzo de vuestras energías... (¡Ejem! ...
1Ejeml) Dichosos vosotros, vosotros que váis
á cojer el laurel... á cojer el laurel inmarcesible del héroe. 1Ah! 1Quién pudiera irse con
vosotros á recojer el laurel! Ya lo sabéis:
la Pátria lo espera todo de vosotros. He dieho. •
La soflama es mala, ¿eb? Pero hay que
tener en cuenta que es de un gobernador de
provincia.
Cuando el obispo pasó á ocupar la tribuna, se hizo un reliiioso silencio, como es
lógico, y el venerable y sabio prelado, al
mismo tiempo de trazar en el espacio, con
ademán pausado, los signos de una bendición copiosa para que alcanzase á todos por
igual, decía;

«Hermanos mios en el Señor: Yo os ben~
digo en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo.•
Después de pronunciar estas santas palabras, ya se observaba en el señor obispo
cierto cansancio, si no era una interior emorión; pero hizo un esfuerzo supremo, y prosiguió de esta manera, en tono dulce y reposado:
- « Hijos míos: Dios Nuestro Señor os
acompañe en vuestra noble, en vuestra gloriosa empresa de auxiliar con vuestro esfuerzo la i,anta causa de la patria y del rey.
Váis á continuar la gloriosa labor emprendida por nuestra Santa Madre Iglesia, y no debéis desmayar en el combate, ni perder la
fé en Dios, porque El ha de protejeros en lo
más rudo de vuestros sufrimientos. tDicho~os vosotros que váis á recoger el laurel, á
re coger el
1au rel con
que se pul'den presentar ante el
trono del Señor los creyentes que
tienen la dicha de morir
en el campo
n~l honor,
peleando por
la fé y por
su patria; dichosos vosotros que
váis á recoger el laure 1
inmarcesible
del héroe!
¡Hijos mios,
adiosl 1EI Señor os acompañe: tened
fe en El!»
Entre la
fatiga producida p or el
esfuerzo realizado en la
El capitan general
b r e v í sima
plática, y la
emoción de la despedida, porque el caso no
era para menos, el prelado se retiró de aquel
lugar acongojado y sollozante, con la blanca
cabeza a.poyada en el hombro de uno de sus
familiares.
Inmediatamente de la tierna y sentida vocecita del sacerdote, se oyó la potente, la
bronca, la aterradora voz del general, que

�POR ESOS MUNDOS

384

rasgando bruscamente los espacios y atronando los aires, decía:
«¡Soldados: la patria espera de vuestro esfuerzo, de vuestro ánimo, y de vuestro valor
el triunfo de vuestras armas, castigando con
mano dura a esos ingratos que nos perturban. En vuestras manos, y protejido por
vuestras armas, lleváis el pabellón victorioso
en cien combates, en los cuales se probó el
valor indomable de nuestra raza y el arrojo
y la intrepidez con que siempre peleó el primopolitano, sin mirar la calidad ni el número de sus enemigos... ¡Dichosos vosotros que
váis á recojer el laurel del soldado, el laurel
del héroe, para ceñirle mas tarde en vuestras frentes, mientras el orbe se admira de la
bravura con que lo conquistásteis! ¡Si! ¡Dichosos vosotros, repito, que vais á recojér el
laurel, el laurel inmarcesible del héroe! Yo
me quedo aquí, sí; pero me quedo confiando
en que pronto iré á compartir con vosotros
las vicisitudes de la guerra, y á pelear tenazmente bajo la gloriosa bandera que nos
obija, basta sucumbir ó ceñirme el laurel
Cel héroe. Mucho confío en vuestra bizarría
den vuestro empuje,puestos al servicio de la
yericia de los bravos jefes que tienen el hopor de llevaros al combate... ¡Dichosos vosonros que os váis ya á recojer el laurel de
tos héroes!... ¡Soldados, viva PrimóJlolisl...
l¡Viva el rey!... ¡Viva el Ejército!...»
Una nutrida masa de voz contestó á los
tres vivas del general, porque realmente éste
había provocado el ardimiento guerrero y el
espíritu de la fuerza era ya mu y otro que en
el momento de embarcar.
Despejado el buque de visitas, practicó las

maniobras correspondientes, y previo el ca·ñonazo de salida :se hizo á la mar, sin rumbo, porque el capitan había de recibir en
alta mar un pliego con instrucciones. en
cuanto al punto de desembarco, pu.es so
quería evitar que el enemigo conociese estos movimientos.
La travesía se hizo con toda felicidad, y
anibaron en un punto de la costa de la isla
de no sé c11antos, muy lejos, donde ya esperaba un eañonero para protejer el desembarco de las fuerzas expedicionarias, porque
aquella parte de la costa estaba plagada de
insurrectos.
Gracias a la infantería de marina y á la
acción constante de los cañones del buque
de guerra, que lanzaban metralla sin compasión, pudo hacerse el desembarco; pero con
muchas dificultades , porque los soldados
eran hostilizados constantemente.
A seguida de tomar tierra, el jefe de los
expedicionarios dispuso un movimiento de
avance hacia el interior, y para ello nombró
una vanguardia, que se destacó sin pérdida
de tiempo.
Esta avanzada se internó una espesura de
bosque, entre un fuego nutrido del enemigo,
y á los pocos momentos cayó mortalmente
herido uno de los individuos de la vanguardia.
Creyéndole herido solamente, y por ser la
primera baja, todos fueron en auxilio de la
víctima; pero uno de sus compañeros vió que
babia muerto ya, y, levantandose, dijo, dirigiéndose á sus compañeros:
- ¡Adelante!.•. ¡Este ya ha cogido un laurel!
FÉLIX.

Dibujos de Kat·ikato

•

MÉNDEZ

�PROMF.TEO MODEllNO, por Aurelio Cabrera

�</text>
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                    <text>PoR Esos MUNDOS
AÑO VIII

SEPTIEMBRE, 1907

NUM.

152

EL PLANETA MARTE
El 13 de Julio último la Tierra pasó tan próxima al planetct Marte que el ca.so no se

repetirá en lustros de años que hayan de venir. L os más eminentes astrónomos del
1iiundo observaron el fenómeno, y de sus estudios se deducen los resultados y conocimientos interesanti-simos que se detallan á continuación.
lector, si en ello no tienes repaA SÓMATE,
ro, al gran misterio de lo porvenir, y

•

•

•

•

trata de imaginarle á este planeta ¡;obre el
cual vives tal y como será de aquí á algunos millones de años. Llegado ese lej:mísimo mañana, las más altas montañas de la
Tierra habrán sido arrasadas por la demoledora piqueta de los siglos; todas las regiones
feraces del globo convertid.as estarán en áridas estepas; su atmósfera, por haber perdido gran varte de los gases que la constituían, no fo rmará ya sino pobre y sutilísima
envoltura; el tiempo habrá alcanzado tan
abrumadora invariabilidad, y los cielos poseerán azul tan inalterable, que el paso de
una nube consti tuirá un acontecimiento consignado por los historiadores; ríos y lagos
secos estarán como un arenal de Africa, y en
cuanto á los mares y océanos podránse cruzar á piés secos, ya que no quedará de ellos
ni una sola partícula acuosa; las grandes
masas líquidas que ahora cubren cuatro quintas partes de la Tierra habrán ido filtrándose poco á poco al interior del globo, quedando como débil muestra de aquel soberbio
elemento modestísimos casquetes de nieve
y hielo aglomerados en torno de los polos ...
Esa imágen del porvenir de la Tierra es exacto retrato de la actual condición de .Marte,
según ha sido revelada por los últimos descubrimientos astronómicos.
,
Como p uede pensarse, en un pla1:1eta de
tal modo envejecido y reseco·, en un planeta
cuyo elemento líq uido hubiérase reducido á
los helados mares de sus polos, la fusión
anual de esas nieves y esos hielos habría de

constituir un acontecimiento de tan capital
importancia para sus habitantes-caso de
que la especie no se hubiera extinguidoque éstos concentrarían todos sus esfuerzos
en acarrear las aguas polares á las sedientas regiones ecuatoriales donde aún podrían florecer los cultivos mediante oportu nos riegos. En una palabra: en ese planeta se
practicaría la irrigación en estupenda escala,
suponiendo el problema, no la fe rtilización
de una 6 más regiones, sino la de todo un
mundo.
La evidencia de que en Marte se acumulan y se funden en sus polos grandes masas
de n ieves y hielos se tuvo de un modo completo hace ya doscientos años. En verdad ~e
dicho, la existencia de los casquete, helados
de Marte es acaso el único extremo sobre el
cual no han entablado discusión los astrónomos. Medidos esos casquetes en época reciente, aprovechando las circunstancias favorables del invierno, háse averiguado que
alcanzan en,ocasiones una extensión de tres
mil setecientos kilómetros. A diferencia de
nuestros hielos polares, aquellos disminuyen
en los veranos considerablemente, hasta el
punto de quedarrerlucidos á veces á brillantes manchones de unos cuantos cientos de
kilómetros, no escaseando las ocasiones en
que desaparecen en absoluto.
Por extraño que pueda parecer, es lo cierto que sabemos en la Tierra bastante más
acerca de los polos de Marte que de los n 11estros. Algún astrónomo escéptico y porfiado

�196

POR ESOS MUNDOS

sosliene aún que las blancas y brillantes ca- allí un imposible. De modo que ha y necesiperuzas polares de Marte no están necesa- dad de atribuir la formación de los casquetes
riamente formadas por nieves y hielos: que polares á otras causas; y estas no pueden ser
esos albos manchones bien podrían ser ga- sino la precipitación de la humedad atses solidificados, y no otra co~a. fiero esa mosférica en forma de helado rocío: la conopinión no tiene ya valor alguno desde que gelación del ambiente y su descenso sobre
los astrónomos Percival Lowell del Obser- las extremidades de aquel viejísimo planela.
vatorio que lleva su nombre, y 'w. II. Picke- Tendremos, por tanto, que un temporal de
ring, de la Universidad de llarrnrd en los nieves martiano, lejos de ser un fenómeno
Estados Unidos de Norte América., han ex- meteorológico imponente, cegad~r y violenpuesto argumentos irrefutables en favor de to, no es sino un blando cefinllo, todo lo
su teoría_relativa á que los casquetes pola- más, acompañado de un pausado caer de
res marhanos son
impalpables movastas aglomeraléculas de hielo.
ciones de nieve ó
Ya hemos indihielo.
cado antes q u e
En efecto: á
cuando alcance el
medida que decreglobo terráqueo
cen esas inmensas
edad tan prorecta
manchas blancas,
que sus habitancon el transcurrir
tes sólo puedan
del ver:rno, y á
,obtener su provivelocidaús q u e
sión de agua de
se calculan en
los hielos polares
centenares de miderretidos , h a llas cuadradas por
brán de hacer un
día, aparece una
esfuerzo giganfranja obscura
tesco é idear albordearldo e a da
gún medio de
uno de los capaatraerá las desee et e s polares ;
cadas zonas ecuafranja que autorial y templada
menta conforme
las masas líquidas
disminuye el resboreales y austrapectivo capacete:
le s. Concibese
y que tiene el cobien, por consilor azul caracteguiente, que, parístico de las granra los martianos,
des masas líquila fusión de sus
d a s . Por si no
mares polares sea
bastase ese indiasunto de tan cacio, e l profesor
pital importancia
Pickering ha pocorno lo son para
dido comprobar,
los habitantes del
con la ayuda prebajo Egipto las
ciosa del polarisinundaciones
copio, que el reAstrónomo Percival Lowell
anuales del Nilo.
ferid o cinturón
Suponiendo que
azulado se encuentra constituido por agua. Marte se encuentre poblado por seres tan
Esta demostración polariscópica es de extre- in?l!~entes como nosotros, parece razonable
mado carácter técnico para expuesta en un aumlt1r que su industriosidad les haya llearticulo de la índole del presente: bástele al vado á cavar hondas zanjas conductoras de
lector saber que existe y que es de carácter las aguas polares á aquellas otras regiones
decisivo.
donde se hace sentir su imperiosa necesidad.
No podemos, pues, menos de ver en el Sí, lector: concediendo á los martianos un
pasajero manchón circular obscuro un océa- grado cualquiera de inteligencia, hemos de
no ~o lar, un extenso piélago, del cual pende reconocer, forzosamente, en su mundo la
la v_1da de to?o un planeta, ad~itiendo que e:rist~ncia de vastas conducciones de aguas,
en el haya VJda. Dada la maravillosa tenui- proVJstas de sus correspondientes exclusas.
dad de la atmósfera martiana las lluvias son El telescopio, manejado por hombres como

EL PLANETA MARTE

197

nómico, no pueden ser aquí reproducidas
directamente á causa de su tamaño casi microscópico y de la consiguiente dificultad para
imprimirlas con todos sus detalles; pero el
propio astrónomo ha hecho un calco de ellas
en dibujo, y las ofrecemos al lector de esta
revista.
Que.las lineas obscuras de Marte son verdaderos
canales, obra de seres inteligentes,
***
La existencia de los canales de Marle, ver- cosa es que no necesita otra demostración
daderos alimentadores de vida en aquel pla- sino la misma forma en que se hallan disneta, fué durante muchos años puesta E'n puestos. No se encuentran, ciertamente, distribuidas d e u n
duda. Ello obedemodo caprichoso;
cía á que ningún
antes por el con'lstrónomo1 exceptrario, vése bien
to Schiaparelli, su
qu e todas ellas
descubridor, haaparecen extenbía podid9 percidiéndose de polo
bir ni aún fugitia polo, con arrevamente las misglo a un bien conteriosas l í n e a s
cebido plan. Cada
obscuras. Bastanuna de las líneas
te tiempodespués
negras parle d e
de e¡ u e algunos
alguna base netaobservadores pamente definida y
cientes consiguieva á parar a uno
ran,, por fin, disde los manchones
tinguirlas, todavía
grandes y obscuponíase en cuar o s . Ya en ese
rentena I a realisitio, la línea se
dad de 1 hecho,
encu entra con
debido á que, por
otras, pudiendo
razón del movi,ocurrir, y de hemiento á que se
cho ocurre m u encuentran some~has veces , que
tidas las corriencoincidan en un
t e s atmosféricas
punto central ó
terrestres, la apanodo varios trarición de los trav. os. :Manchas y
zos negros mal'líneas convergentianos era inlel'tes circundan de
mitente y fugitiuna manera e n
va. Muchos de los
extremo adecuaastrónomos q u e
da aquellas regioya habían e o unes d el planeta
templado los refeAstrónomo W. H. Pickering
e u y a completa
ridos canales de
desolación te neMarte llegaron á
dudar de sus propios ojos, acabando por ¡nos muy fundados motivos para admitir.
Las sorprendenles rayas martianas son
decirse que quizás todo aquello de las líneas
obscuras no debía ser sino mera ilusión or- tan finas, tan sutiles, que si se pueden distintica determinada por cansancio de la visla. guir desde la Tierra, es, sobre todo, por su
Así estaban las cosas basta hace dos años, extraordinaria longitud. Ha de tenerse precuando el astrónomo Mr. Lampland, ayuda11- sente, en efecto, que una llanura de Marte.
te de Lowell, realizó la brillante proeza foto- aún poseyendo cuarenta y cinco ó cuarenta
gráfica ele obtener pruebas de los canales y seis kilómetros de diámetro, se vería con
martianos, dando al traste con todas las afir- el telescopio no más grande que el punto
maciones relativas al carácter ilusorio de los de una i tipográfica. Sabiendo esto, se com•
mismos. Digamos respecto á esas fotografías prenderá que por muy grande que fuese una
que, no obstante poseer allí;;imo valer astro- ciudad martiana (como Lóndres, verbigra-

Schiaparelli, Lowell, Pickering, y otros sabios, ha descubierto en Marte cierlas líneas
obscuras y largas, denominadas canales por
el primero de dichos astrónomos. Hallazgo
es ese que bien puede ser considerado el más
notable de los realizadus en los modernos
tiempos por los escrutadores del Firmamenlo.

�198

199

POR ESOS MQNDOS

EL PLANETA MARTE

cía), permanecería invisible para-los obserPues bien: en el planeta Marte no solo se
vadores terrestres. Verdad es que si nuestro tocan en un punto común tres lineas, sino
globo pudiera ser observado como Marte, ó dieciseis 6 diecisiete. La Naturaleza no obra
s~a ~esde un~ dist~ncia jamás menor por nunca de un modo tan preciso, tan sistemátermmo medio de cmcuenta y cuatro millo- tico; .debiendo darse por sentado que allí
nes y medio de kilómetros, todo lo que des- donde aparece una exactitud de formas tan
cubriríamos de obra humana seria, si acaso, excepcional han trabajado cerebros y brazos
los extensos campos del cultivo de Kansas, humanos. Recordaremos á este propósito
en Norte-América, y eso por los cambios de que la sospecha de ser obra artificial los fac?loración qu~ ofrecerían al compás ;d·Ef• las mosos mounds (colinas de dieciocho á
diversas estaciones del año.
veinte metros de altura que bordean ciertos
Los presuntos canales martianos son tan ríos del Estado de Ohio, en los Estados Unilargos q u e, e n
dos de Nortetérminos generaAmérica), nació
les, háse calculad e su sorprend o s u longitud
dente regularidad.
media e n 3.150
kilómetros, lo que
*
**
representa algo
mu y superior á
Con ser ya pastodo lo conocido
mosa la simple
3n la tierra resexistencia de los
pecto á canalizacanales de Marte,
::iones.
prtisenta el fenóCualquiera puemeno algo m á s
j e con vencerse
admirable aún .
:le que las rayas
Observándolo a l
::onvergentes
telescopio, vése á
martianas no son
intervalos que alresultado del
gunos de los ca!lzar, practicando
nales se duplican
una sencilla exen el espacio de
periencia . Tomo
veinticuatro h oasiento el incréras. El astrónomo
dulo en una habiSchiaparelli fu é
tación, á obscuquien primero a,dras, y trace una
virlió este desdolínea en una hoja
blamiento de los
de papel. Hecho
canales martiaesto , levante la
nos, denominánmano y vuelva á
dolo geminación.
hacer l a o peraDurante muchos
ción, procurando
años, siguió este
q u e la segunda
hombre insigne
línea cruce á la
trabajando solo ,
primera . En ses i n &lt;lesalentarse
Astrónomo Giovanni Virginio Schiaparelli
guida, repítase el
ante el escepticistrazado , s i e m mo de sus colepre con el propósito de buscar un punto co- gas, habiendo conseguido que, al presenmún de intersección, y si tiene el experi- te, se reconozca de un modo general la
mentador mucho tiempo d e sobra estése exactitud de sus observaciones. Hoy se tietirando rayas y más rayas hasta alcanzar la nen ya pru~bas de esa geminación, pues el
cifra de varias centenas... La sorpresa del Obse1vatono de Lowell colecciona varias
que tal hiciese no sería floja al advertir, placas fotográficas donde se perciben señacontemplando su obra ya á plena luz, que les innegables del curioso de3doblamiento.
acaso m tres de las líneas lograban cortarse Pero, aún cuando no se poseyese la demostangencialmente; resultado naturalísimo sin tración fotográfica del hallazgo de Schiapaembargo, y que explicaría un matemitico relli, habría que admitir la realidad de la
alegando la consabida ley de probal:&gt;ilida- geminación, atendiendo á que el fenómeno
des.
se halla circunscrito á determinados cana-

les. De los cuatrocientos identificados por moreno de las rayas á medida que pasan las
el profesor Lowell, solamente cincuenta y semanas, de igual modo que se obscurece el
uno han presentado á veces duplicación. Y verde de los árboles conforme estos envedicho está que si las geminaciones fuesen jecen. La superficie de Marte, hasta doadp
permite a Ic aazar e l
fenómenos ópticos se
1elescop i o , podemos
observarían in d istinconsiderada como una
tamente en todos los
vasta llanura matizada
canales.
el e parches azuladoLo que no se acierta
verdosos alternando
aún á explicar bien
c o n otros d e color
es la causa del referianaranjado. Algo antes
do desdoblamiento,sude que Lowell diese
poniéndose que quizás
comienzo á sus maginfluyen en el extraníficos estudios, era
ño suceso causas clicostumbre diputar por
matológicas y vegetamares las extensiones
les. Unas veces son
azulado-verdosas, bauperfectamente visibles
tizándolas tan pronto
esas supuestas v í as
como eran descubieracuáticas, y otras, en
tas con nombres muy
cambio , en absol uto
poéticos, aunque nada
imperceptibles, o cuastronómicos, inspira1Tiendo l a ace ntuados en la elegante pero
ción de las lineas con
superficie de ~larlc aparece compuesta de áreas de
embrollada nomenclaarreglo á la marcha La.
dibujo irregular quo presentan tonos azules y anaranrcguiar de las estacio- jados y que están unidas entre si por canales sencillos tura de la mitología
y dobles, de tal conformación que indudablemente no
nes. A la teoría de que son
clásica.
obra de la Naturaleza, sino de los propios habitanuna inteligencia fini- tes de aquel planeta. Créese que las áreas azules deben
No negamos que los
color á la vegetación; las amarillas son, probable•
ta abre -Jos canales en su
susodichos espacios
mente, desiertos. Conforme avanza el invierno, las reel primer caso, podría giones azules cambian su color en anaranj~do, á causa azulado-verdosos pueobjetarse que en cier- de la muerte de la vegetación. Los canales parecen dan haber sido mares
destinados á irrigar las provincias fértiles, y en partitas épocas del año la cular los pequeños y obscu, os oasis que en nuestro alguna vez; lo que sosgrabado se ven salpicados sobre el planeta
misma inteligencia fitenemos es que, hoy
nita torna á llenarlos
por hoy, los lates made nuevo; singularísimo proceder que se ex- res se hallan sin agua, en mitad de su evoplica fácilmente: el profesor Lowell atribu- lución de verdaderos océanos á áridos desierye la gradual desaparición y reaparición de tos. Y no puede ser de otro modo: estando
las rayas á la muerte y al crecimiento de esas extensiones en la parte más baja del plalas masas vegetales. Indudablemente, ha de neta, sólo habrán de recibir, naturalmente,
transcurrir algún tiempo antes de que sea el escaso líquido que á ellas lleven los cavisible desde la Tierra el efecto del agua nales septentrionales y australes.
acarreada desde los mares polares por modo
Por lo que se refiere á las extensiones
tan laborioso. Es muy probable, por tanto, anaranjadas, túvoselas en un principio por
que lo visto desde nuestro planeta no sean continentes, siendo denominados estos con
cintas de agua, sino franjas de vegetación pintoresca inexactitud.
bordeando los ca1111les. Robustece esa creenVolviendo á los espacios de coloración
cia la circunstancia de acentuarse el tono azulada, insistimos en que no pueden corres-

SO MARZO
3 ABRIL
~ llAYO
7 &gt;!AYO
18 JULIO
Un ayudante del astrónomo Lowell tomó en diferentes días fotografías de los canales de Marte. En la imposibilidad material de ser reproducidas por el grabado porque perderían mucho de su valor, el referido astrónomo ha
hecho en dibujo calcos ¡le esas fotografías, y en ellos se ve perfectamente el desenvolvimiento de los citados
canales á medida que avanza el año. Aparecen \' desaparecen siguiendo la marcha de las estaciones; al llegar la
primavera y fundirse las nieves _polares, empiezan á fluir las aguas hácia las zonas tropicales, y surge entónces
la vtietacíón en las orillas de dichos canales destacando vigorosamente el perfil de tales vías acuáticas

�200

POR ESOS MUNDOS

Las presuntas regiones fértiles se encuentran siempre admirablemente delimitadas
por la primorosisima red de canales; canales que, como ya
indicamos al principio, van á parará
manchas determinadas. ¿Y qué podrán ser esas manchas? El telescopio
b a comprobado
que, en ningún caso, se presentan
aisladas, sino que,
p o r el contrario,
son, do un modo
invariable, los puntos de reunión de
tres ó más canales
irradiantes, estando unidas entre sí,
también constantemente, por otros
canales. D i e h a s
manchas deben ser,
e n consecuencia ,
*
Canales de Marte mostrando los easls, tenidos por conticonsideradas como
* *
t1entes antes de los estudios astronómicos de Lowell
Hay, pues, necepuntos objetivos de
sidad de rendirse á la evidencia: el planeta la irrigación martiana, y, según otdas las
.Marte es un mundo en seco; sus extensiones probabilidades, como emplazamiento de los
azules, como sus áreas anaranjadas, son tie- centros de población. Su aspecto regular es
rra, y sólo tierra,
no menos sorprenaunque con esta didente que la mateferencia: las regiomática rectitud de
n e s rojizas deben
los canales, y en
corresponder á decuanto á su confisiertos, mientras las
guración (desde el
azuladas represenpunto de vista geotarán los centros de
m é t r i c o lo más
cultivo que irrigan
económica), es de
los canales y , de
tal naturaleza que
consiguiente, co !ono puede ser interreados por la vegep r o t a d a e o mo
tación. Que la hipóun ensanchamiento
tesis no es descanatural de los caminada lo prueba
nales. Sus diámeel hecho de cambiar
tros varían entrtJ
la coloración azul
138 y 277 kilómeen anaranjada pretros.
cisamente cuando,
Cual si esas mancon la llegada del
e h a s fuesen ojos
invierno , pierden
inmensos y múltilos árboles sus verples abiertos sobre
d e s adornos. E n
los espacios siderasuma: las á r e a s
Canales de Marte con los nombres clásicos dados á las áreas
les, adormécense y
cultivadas al suponérselas mares antes de los descubriazules, no reducimientos logrados por Lowell
vuelven á abrirse,
das aún á la espandesaparecen y reatosa sequía de los desiertos rojizos, reciben parecen, con los canales alimentadores, pero
la escasa provisión líquida procedente de los no simultáneamente con ellos, sino al poco
polos, siendo fertilizadas en la primavera. tiempo de robustecerse ó desvanecerse las

ponder, dadas las actuales condiciones de
Marte, á grandes extensiones liquidas. En
primer lugar, las áreas azules no siempre
tienen ese t o n o,
variando sus matices, del modo menos acuático, desde
el celeste verdoso
al rojizo anaranjado
de los •continentes». Y que no se
trata de extensiones líquidas lo ha
demostrado rotundam~nte el astrónomo Pickering,
con auxilio del polariscopio, de igual
suerle que demostró que las curiosas
franjasque bordean
los hielos polares
no son otra cosa
que inmensas masas de agua.

201

EL PLANETA MARTE

líneas martianas. No cabe duda de que manchas y canales guardan entre sí estrecha
dependencia, así como de que su prosperidad
y descaecimiento están subordinados á las
estaciones.
Huelga decir que las manchas martianas
han estado sometidas desde su descubrimiento á la consiguiente teorización coronada por el indispensable bautismo. Todavía
no hace mucho afirmaban ciertos astrónomos que los manchones eran lagos; pero la
circunstancia de variar de coloración dió
muerte á dicha hipótesis. Además, las observaciones polariscópicas de Pickering han
acabado definitivamente con el supuesto de
que sean masas líquidas. Parece más probable, cual afirma Lowell, que sus modificacione3 de color estacionales obedecen á la vegetación; floreciente en la primavera ) caediza y pálida al avanzar el otoño. Respecto
al número de manchas, el mencionado Lowell, á fuerza de ímprobo trabajo, ha logrado precisar ciento ochenta y cinco, emplazadas en vastos páramo3. Vistas al telescopio, aparecen del tamaño aproximado al de
una cabeza de alfiler, pudiendo ser consideradas como oasis para cuyo riego han sido
trazados y ejecutados los canales. En todo
caso, estas simples explicaciones bastan por
si solas para dilucidar ciertos hechos martianos.
Sin embargo, con ser estas teorías acerca
del origen y naturaleza de los canales y manchas de Marte de una claridad y sencillez
convincentes, ha pasado mucho tiempo antes
de que fueron aceptadas en serio. Deseando
quizás los antiguos astrónomos excépticos
eliminar la desagradable suposición de que
pueda haber más mundos habitados que el
nuestro, persistían en considerar los capacetes polares de Marte como aglomeraciones
de ácido carbónico solidificado. Para ellos,
los canales no eran otra cosa que rasguños hechos en la superficie del planeta por
cho1ues meteóricos, ó bien hendiduras causadas en la corteza martiana por explosiones intensas. Los que aventuraban semejantes hipótesis olvidaban: primero, que el impacto terrestre de un meteoro jamás produce
surcos de precisión geométrica, no pareciendo probable que esos viajeros del espacio procedan en .Marte de un modo tan científico; y segundo, que las explosiones geológicas no obran nunca de modo tan curiosamente matemático.
Nacido .Marte de la misma nebulosa de
que surgió la Tierra, podemos decir que ese
planeta es carne de nuestra carne y hueso
dti nuestros huesos, y que, por tanto, se encuentra sometido á las mismas leyes cósmi-

cas que á nosotros nos rigen. Tenemos, pues,
derecho á suponer que el protoplasma originario ha evolucionado en .Marte del mismo
modo que lo ha hecho en la Tierra, hasta
producir una especie inteligente dotada de
un organismo perfecto y en absoluto capaz
de preservarse por sí sola de la extinción.

"'

"'*

Si los canales, las manchas y los oasis
son realmente obra de ct·iaturas poseedoras de inteligencia, no puede menos de plantearse esta pregunta: ¿qué clase de seres habitarán en Marte? llagamos algunas deducciones, basándonos en lo que sabemos acerca
de las circunstancias físicas dd planeta.
Sabemos, por ejemplo, que debido á lo
extraordinariamente sutil de la atmósfera
martiana, nosotros los terrestres viviríamos
allá con suma dificultad: las condiciones serían análogas que si habitáramos en el pico
más alto del Himalaya. Los martianos habrán de estar, por tanto, organizados físicamente para poder respirar en una atmósfera
en extremo enrarecida. En primer lugar, debemos imaginarnos sus pulmones muchísimo mayores que los nuestros, suponiendo
esa circunstancia una caja torácica monstruosa. Más allá de esto ya no es fácil avanzar con seguridad en la descripción física de
los vecinos de Marte: casi, casi no nos atrevemos á asegurar que se asemejen corporalmente á un ser humano.
Marte es viejo, millones de millones de
años más viejo que la Tierra, y si las leyes
de la Naturaleza rigen en él cual es de suponer, sus habitantes deben haber sobrepujado en inteligencia á los terrestres hace
larguísimo tiempo. Circunstancias evolutivas, en absoluto distintas de las que han imperado en la Tierra, pueden haber determinado, por selección, y para tipo dominante,
un organismo inteligente nada parecido al
humano. No debe olvidarse que la supremacía del hombre en la Tierra es un accidente
que el ser humano debe solo á su cerebro,
puesto que desde el punto de vista físico es
aventajado por muchos animales inferiores
á él. Hay motivos para presumir que el martiano típico habrá de ser una criatura inmensamente más vigorosa que cualquiera
de nuestros atleta5 profesionales. Piénsese, en efecto, que la fuerza de la gravedad
es en .Marte mucho menor que en la Tierra,
debido á que el planeta estudiado tiene un
volúmen nueve veces inferior al de nuestro
mundo. Así, el más enteco marliano podrá
llevar á cabo proezas atléticas capaces de
dejar estupefacto al mejor de los acróbatas
terrestres.

�202

POR ESOS MUNDOS

Al martiano le sería, ciertamente, cosa fa.
cilisima recorrer ciento cincuenta metros
en tres ó cuatro segundos., saltar á piés juntillas por encima de un árbol de regular altura, y lanzar una pelota de football á 460
metros. ¿Sabes por qué, caro lector? Pues
porque, debido á la menor atracción de la
pesantez, el martiano debe ser lo menos tres
veces más ancho que el hombre terrestre y
hallarse dolado de músculos veintisiete veces más poderosos que los nuestros. Admitiendo que el marliano sea una criatura así
organizada en lo físico, y considerándole
simplemente como una máquina con cerebro, sus posibles obras de excavación de canales, en un planeta donde pesan los cuerpos una tercera parte que en la Tierra, son
para sobrecoger el ánimo del más inaccesible al asombro. Sépase que un bracero martiano podría rendir, en un tiempo dado, la
misma cantidad de trabajo que cincuenta ó
sesenta zapadores terrestres, y ejecutar tan ta obra como una de las más poderosas excavadoras de Panamá: ¡este bracero martiano llevaría con toda facilidad sobre sus
hombros una carga de dos toneladas y media!
Todo lo que se sabe hoy acerca de Marte
producto es, principalmente, de meros razonamientos basados en la observación de hechos. De las inmensas dificultades vencidas
por el astrónomo para recopilar todos esos
hechos y formular deducciones podrá tenerse idea, aunque ligera, si nos colocamos en
la situación de un sabio martiano tratando
de explorar con su anteojo los misterios de
la Tierra. Ese observador martiano reconocería fácilmente nuestras nieves polaresé interpretaría con toda corrección el fenómeno;
luego, contemplaría los desiertos terrestres,
semejantes á amarillentas motilas, y los diputaría, con acierto, territorios estériles; por
último, nuestros manchones verdes serían
interpretados como áreas de vegetación. Una
cosa intrigaría extraordinariamente al astrónomo martiano: las manchas azules de los
grandes mares. Y ello sería, en verdad, explicable: no habiendo visto jamás en su planeta semejantes masas de agua, y no distinguiendo canal alguno entre ellas y los desiertos, claro es que habría de devanarse los sesos para dar con la solución del enigma.
También resultaría inexplicable á sus ojos el

hecho de que las manchas verdosas correspondientes á la vegetación terrestre vayan
palideciendo desde el ecuador á los polos,
siendo así que en Marte ocurre todo lo con .
trario, ó sea que la vegetación desciende de
los extremos del planeta al centro.
No menor admiración causarían al astró•
nomo martiano las nubes que á veces se
ciernen sobre la Tierra, nuestra densísima
atmósfera y nuestros grandes ríos serpenteantes, lan distintos de los rectilíneos canales á cuya contemplación está acostumbrado. La tremenda fuerza de nuestra gravitación le llevaría quizás á suponer que ninguna criatura terrestre sería capaz do soportar el terrible choque de las gotas de lluvia,
ó que, de exislir en nuestro pianola seres
vivientes, habrían de estar protegidos como
las tortugas á fin de resistir, incólumes, el
acuático bombardeo. En cambio, apreciaría
bien en la región correspondiente á la India
el efecto producido sobre las masas vegetales al fundirse las nieves del I-Iimalaya, en
cuanto el área de observaciones sería lo bastante ancha para permitirle distinguir con
claridad las diferencias de coloración según
las estaciones. Y, por último, acaso le preocupasen algo los oasis de nuestros grandes
desiertos, desprovistos de canales fertilizadores al estilo de Marte.
Terminemos el presente artículo corr un
ejemplo perfeclamente expresivo de fas dificultades que envuelve la observación astronómica de Marte. Supongamos que nos invitaran á leer un libro en un lugar situado á
doscientos cincuenta metros de nuestros ojos.
Sin duda, habríamos de renunciará descifrar
con brillante rapidez las líneas impresas.
Pues, hagámonos cuenta de que la labor de
un Schiaparelli ó de un Lowell es todavía
más difícil: por efecto de que la atmósfera
terrestre jamás se encuentra en calma absoluta (antes por el contrario, &lt;hierve• , digámoslo así, constantemente), Marte tiembla
de un modo continuo ante el objetivo del
lalescopio, y de ahí que no pueda ser vist9
con el necesario reposo. ¿Qué nos ocurriría
á los lectores del libro colocado á doscientos
cincuenta metros, si además de hallarse lo
escrito á tal distancia,se encargase cualquiera de hacer oscilar el volúmen? Nuestros esfuerzos, en tal caso, no tendrían mejor éxito
que con el libro inmóvil.
¿No es, por consiguiente, estupendo que
se sepa lo que ya se sabe del planeta Marte?
W ALDEMAR KAEMPFFERT

CUENTOS DEL DOCTOR

LA MAÑANA DE WATERLOO
cosas pequeñas! ¡El grano de areL nal-dijo
el doclor sonriendo con cierAS

'

'

ta displicencia.-¡Oh! Si no escapasen al análisis ó á la observación, se vería que los pequeños detalles siempre fueron origen de
1os mayores y transcendentales sucesos:
la poca profundidad del Rubicón da á la
República de Roma un dictador; por el abanico del bey de Túnez perdió un pueblo su
independencia; y 1cuánlas veces por la sonrisa de una mujer el ángel de la guerra extendió sus alas!... Un perro fué la causa de
que Napoleón, el dominador de Europa, el
que hizo estremecer el mundo al paso de sus
legiones, viera ocultarse tras de las lomas de
Mont Saint-Jean el glorioso sol de Austerlitz ...
Y como el buen doctor viese con este
preámbulo despierta la atención de sus oyentes, &lt;lió una chupada á su cigarro, sacudió á
papirotazos los pequeños copos de ceniza
caídos sobre su pantalón, y adoptando una
nueva y cómoda poslura empezó así su relato.

*

**
Era la avalancha, la avalancha asoladora
la que se acercaba, talando aquellos fértiles
campos, entenebreciendo aquellos horizontes de azul transparencia.
La invasión se vertía sobre la llanura con
sordo rumor de esclusa: sus torrentes de
hombres y cañones se adelantaban en procesión interminable marcando con líneas
negras las jorobas y declives de la campiña,
con lento jadear, con respiración fatigosa de
gigante en marcha.
El cañón hollaba el surco que dejó la esteva esterilizando las germinado.ras semillas;
los arbustos tronchados lloraban por sus he-

ridas atroces gota á gola su savia cristalina;
el humo de las cabañas no alzaba su espiral
somnolienta en las azuladas brumas de la
tarde: un aliento poderoso la deshacía en
girones; el rebaño medroso y fugitivo se retiraba por la senda en un nimbo de polvo, y
el rudo labriego veía caer aquella amenaza
de muerte sobre sus campos y sus florestas.
Cuando el pastor acudió presuroso á la
puerta de su cabaña, los ladridos del perro
habían cesado. Un grupo de soldados le rodeó: sus ademanes violentos, sus voces, le
hubieran atemorizado á no llamar su atención su fiel amigo, el defensor y guía del rebaño, que herido de un bayonetazo arrastraba su agonía á los piés de su amo: por unancho boquete se le escapaba á oleadas la sangre, y sus ojos vidriosos miraban á su dueño
con expresión de dolorosa agonía.
-¡Dios de Dios!-gritó el campesino con
furioso ademin.- ¿Es así cómo empleáis
vuestras armas?
- Era un enemigo del emperador y de la
Francia,- contestó un soldado dando un fuerte golpe en tierra con la culata de su fusil.Tu perro maldito era un perro inglés: ha
clavado sus colmillos en la piel de un soldado de la guardia ... y se le ha tratado como á
enemigo.
Durante este corto diálogo, la soldadesca
como fiera hambrienta, husmeaba todos lo~
rinco~es del mísero albergue, y el pastor fué
empuJado, arrollado por la turba famélica.
Son de ver cómo se manifiestan los instintos de fiera en el hombre apenas se rodea
de un ambiente de lucha y de violencia: los
gritos, los ademanes, el mismo aspecto de
aquellos hombres, hacían dudar si eran soldados de un ejército ó una cohorte de bandidos que había vomitado la montaña.

�204

LA ~JAÑANA DE WATERLOO

POR ESOS MUNDOS

Y llegaban, llegaban sin cesar, con sus as- ola que invadía la caro piña con su rumor
trosos uniformes cubiertos por el polvo, con sordo, lento, crepitante.
sus peludos morriones de anchas carrilleras
*
metálicas, sus ámplias mochilas y sus allas
*
*
En aquella mañana gris la puerta de la
polainas manchadas de barro hasta las rodillas. Todo caía al impulso de torrente de hostería de Caillou aparecía ilumjnada en la
aquella horda de hombres y caballos que im- bruma como un fa ro lejano. Allí había estapulsados por el genio de la ambición iban blecido Napoleón su cuartel general, miensembrando la desolación y el espanto.
tras su ejército se extendía en línea delante
Un jinete de casaca galoneada refrenó el de Planchenoit.
La lluvia caía sin interrupción sobre las
caballo y dirigió la palabra con acento autoritario al rudo labriego, que inclinado sobre obscuras masas de soldados, que dormían en
el moribundo
e l encharcado
can lanzaba
• suelo el sueño
fatigoso é i n mir a das de
quieto en la esso rda cólera
sobre la mupera de un día
de batalla.
chedumbre arA la puerta
mada que I o
de la hostería
invadía todo.
un soldado en-1Eh, paisano!-le gritó
vuelto en un
el o fi c i al, á
capole, arma al
quien seguían
brazo daba la
dos húsares de
guardia aguanvis tosas fornitando á pié firturas.-¿Serás
me el continuo
práctico en el
llover de aqueterreno?
lla noche meEl labriego
morable, miens e incorporó
tras que, densin contestar.
a I reflejo
- ¿Has oíde la luz
que se dido? - insistió
el oficial.
vis aba
des d e
~ Conoces
fuera, un
estos conhombre
tornos?
apoyado
- Soy
del país,
de codos
en un a
de este
país que
mesa rúsasoláis
tica, mecon vuesditaba y
tra malrecorrí a
dita guecon la visEl perro fué herido de muerte por un bayonetazo
rra- conta las litestó el
neas compastor malhumorado,de una mar.era brusca. plicadas de un plano. Su enérgica silueta y
- Puedes, pues, servir de guia: el empe- su ademán melancólico y sombrío imponían
rador paga bien á quien le sirve.
un silencio solemne á sus acompañantes,
- Pero lleva la muerte por donde pasa,que dormitando en incómodas posturas no
rcplicó el rústico, siempre en tono seco. se atrevían á interrumpir la calurosa medi¡V ea lo que hacen sus soldados! Talan los tación del adusto personaje.
campos, matan é incendian.
Era un cuadro interesante el que forma- ¡Basta!- gritó colérico el oficial; y vol- ban aquellos hombres de galoneados uniforr ipdo á sus húsares:- ¡Uaced que este hom- mes mal envueltos en sus capoles grises y
h~ siga al ejército: hacen falta guias y co- apoyados en sus armas, que iluminaba una
nocedores del terreno.
vela de sebo que hacía o~cilar el aire húmeFué llevado, arrastrado más bien, por la do de la mañana, mientras que en el hogar,

.

205

Un hombre apoyado de codos en una mesa
rústica recorría con la vista las líneas complicadas de un plano

'

entre cenizas, se consumían los últimos rescoldos.
Pesaba aquel silencio con la rnlemne
amenaza de un día terrible, precursor
de una hecatombe: la Historia se disponía á escribir en su infolio una nueva
página de horror y de exterminio.
Aquel hombre que apoyado de bruces
en l a mesa m editaba sobre el mapa era
Napoleón, con su actitud de águila en
ac·ecbo, con su apuntado y típico sombrero. Su sombra se proyectaba en lapared con caractéres de esfinge.
Nadie osaba interrumpir el silencio del
emperador. Sus generales y ayudantes esperaban una órden, un mandato, para lanzar
de nuevo sus huestes vencedoras contra el
enemigo y arrancarle la victoria.
-La jornada depende de Grouchy,-dijo
proféticamente el emperador.-Si c umple
las órdenes que le he dado, tenemos noventa y nueve probabilidades contra una.
Allá abajo, en la llanura, sobre la granja
de Cuatre-bras, y en los bosques de Hugomont, el enemigo se aprestaba á resistir la
embestida. El ejército imperial, por su parte,
se disponía á ocupar su puesto de combate.
Dos soldados de húsares de la guardia
icompañados de un oficial conducían por el

camino ,de la Bella-Alianza á un hombre quo
cubierta la cabeza con un gorro de pieles y
calzando gruesos zapatones seguía el paso
de los caballo3.
Al llegar á la puerta de la hospedería fueron recibidos por un ayudante de campo, el
cua hizo pasar al campesino á presencia del
emperador.
-¡Señor, aquí está el guial- dijo el ayudante, saludando militarmente.
Napoleón fijó su vista inquisidora en el
paisano, y después de un momento de exámen le preguntó:
-¿Eres práctico en el país?
----Señor, aquí he nacido y no he salido
de estos contornos.
-¡Bienl-contestó el emperador, dirigiéndose á sus ayudantes.-Que siga al Estado

�206

Mayor. Pueden sernos útiles sus serv1c1os.
Un momento más tarde, seguido de sus generales, abandonaba Napoleón la hospedería
y se dirigía á la Bella-Alianza, recorriendo
las líneas de su ejército entre los vítores de
sus soldados y los acordes de las músicas
militares... La batalla iba á empezar.

ninguna quebrada basta pasado Mont Saint•
Jean.
-¿Estás seguro?-insiste el emperador,
sin dejar de mirar al enemigo que avanza.
-¡Seguro, señor!...
-Sin embargo,-insiste Napoleón-parece que se corta el terreno ...

A las ocho de la mañana del 18 de Julio
de 1815 la lluvia babia cesado. La artillería,
La batalla seguía encarnizada, el cañoneo
sobre el suelo cenagoso, lograba ponerse en era un trueno prolongado.
marcha para apoyar á los tiradores de GeY entonces ordenó aquella carga legendarónimo Bonaparte, que habían roto el fuego ria: los regimientos de coraceros fueron lancontra las líneas inglesas.
zados en desenfrenada carrera; la tierra, fieEl cañón dejóse oir: una tempestad de hie- ramente batida por el furioso galopar, retemrro y humo envolvió el valle de Waterlóo.
blaba, y hombres y caballos se precipitaron
Sobre el castillo de Hugomont, la metralla hácia el enemigo con el ímpetu de una
francesa caía en espesa lluvia, y ante sus mu - tromba.
ros abiertos por la brecha se habían estreEl guia, en la atención de aquel momento,
llado las acometidas furiosas de los vetera- había• deS!J.parecWo. Su espíritu de vennos imperiales. El teniente Legros, de inge- ~-anza cruel ' esfaba ·:'s~ti_sfecho: ::aballos y
nieros, rompía á golpes de hacha la puerta Jmetes cayeron revueltos\ea.,¿ despeñaden
del castillo, pero sus esfuerzos fueron vanos
los regimientos escoceses, mermados exterminados por el torrente de metralla, ~o cejaban un punto, y los asaltantes tenían que ceder en su porfía, dejando al enemigo dueño
de la población tan sangrientamente disputada. Y mientras tanto que Ney marcha sobre la
hospedería de Cuatre-bras,llave de la posición del ejército ingíés, su artillería, alas:cada hasta el cubo en profundos lodazales, cae en poder de la caballería enemiga; pero los húsares de la guardia recuperan I o perdido u n ro omento ,
aniquilando á los jinetes británicos.
Por el camino de la Haie un
nuevo ejército se aproxima.
¡Bllicherl ¡Grouchyl... La· derrota ó la victoria.
Es el enemigo, es el ejército de Blücher, que acude
en apoyo d el ejército de
Wellington. ¡No importa! Si
Gro u ch y aparece, este ejército será exterminado.
El emperador, á caballo,
qu e sigue con su anteojo
aquel desfilar de hombres
que llega, aquel nuevo enemigp que tiene que vence:·,
se vuelve•apenas y da una
orden. Un ayudante de campo conduce al guia, •que es
interrogado.
,
•·
,
- Todo es liso como la
palma de la mano,-contesta el campesino. - No hay
N 11¡,olcón lanzó sus coraccl'Os en desenfrenada carrera contra el encml:o

207

EL PARQUE

POR ESOS MUNDOS

de Saint-Jean, que él ocultó engañando al
t'mperador; inmensa tumba qlle se cubre
bien pronto de cadáveres, para servir de
puente á los demás compañeros que en la
carga frenética, con la rienda suelta y el sable en alto encontraron segura muerte ante
los cuadros ingleses.

flustraciones de F. de la Mota.

¡Empeño inútil el he1 oísmo de los bravos
coraceros! ¡La batalla estaba perdida!
Al cerrar la noche entre fulgores de incendio, un hombre de rústico aspecto contemplaba cómo un rey sin soldados y sin trono abandonaba el campo de batalla de Waterloo.
Lms MARTÍNEZ DE ESCAURIAZA

EL PARQ UE
(DE ANDRÉ OIDE)

Cuando vimos que estaba cerrada la puerta del parque
largo espacio de tiempo llorando quedamos.
'
Cuando vimos que el llanto de nada servirnos podía,
lentamente á emprender el camino volvimos.
Todo el día pasamos rondando los muros.
Risotadas y voces llegaban á veces de adentro;
y pen~ando en la fiesta que allí sobre el césped se hacía,
mvad1ó nuestras almas tristeza profunda.
Tiñó el véspero en rosa del huerto las tapias.

Lo que adentro pasando estuviera ignorábamos. Sólo
agitarse las ramas encima del muro veíamos
y caer desprendidas á veces al suelo las hoj;s.
GABRIEL

LATORRE

�RECUEflDOS DE GARIBALDI

l{ECUERDOS DE GARIBALDI

L'EROE DEI DUE MONDI
ItaHa ha celebrado con grandes fiestas el 4 de Julio último el centenario clel n~cimien:
to de su ilustre hijo el general Giuseppe ?'at•ibaldi, llat~ado P?r lo~ SUJ!OS l Eroe ~e1
due mondi. E,n el carácter de nuestra revista y dada la indole ~n/?1 mativa que pi eside á s-u,3 páginas, cábe muy bien recordar la vida llena de ,v_iéisitudes del gener~l
italiano que fué un tiempo por su,3 campañas y por su pol?_tica el hombre _que mas
atrajo la atención del mundo entero. Y á este efecto vamos et e:;;hwnctr aqiti algunos
detalles de la existencia que llevó Garibaldi en los años 1850 et 1854 cu.ando estuvo
desterrado en Nueva York.
al nombre de Garibaldi,-ha diR cho Mazzini-un
nimbo que nada pueODEA

de extinguir: toda una vida dedicada á un
sólo objeto su país, al que, primero en el
extranjero 'y después en la patria, consagró
gran valor y constancia, que no amortiguaron los sufrimientos á que tuvo que verse
sujeto, pues lo mismo supo bat!rse y llenarse de gloria por Italia, que sufrLr por ella las
pruebas más duras y difíciles con una sencillez tal en sus costumbres que recuerda á
los hombres de la antigüedad., En efecto, Garibaldi pasó por los trances más opuestos en
su azarosa existencia: comenzó su carrera
militar en la armada de su patria, de la
cual fué proscrito en 1834 por pertenecer
á la sociedad secreta Joven Italia, que organizara Mazzini; huyó á Sud América, donde
sirvió al ejército de Río Grande do Sul en
1835 y al de Uruguay desde 1836 á 1848,
año en que regresó á su país y mandó las
tropas que estérilmente defendieron.á la República de Roma, muerta apenas namda; desterrado nuevamente en 1850, fué á Nueva
York, volviendo á Italia en 1854 y estableciéndose en la isla de Caprera; en 1859 mandó los célebres cazadores alpinos en la guerra de Cerdeña y Francia contra Austria; en
1860 invadió Sicilia y capturó Nápoles; en
1862 organizó una expedición contra Roma
y fué derrotado por las tropas nacionales en
Aspromonte; en 1866 operó en el Tyrol con-

tra los austriacos; capitaneó contra el Papa
en 1867 una expedición que fué der!?ta_da
en Mentana· se alistó en 1870 en el eJerc,to
francés y p;leó contra Prusia; en 1871 fué
elegido diputado de la Cámara F~ancesa; y
en 1874 se le concedió por! primera ve;:
la investidura de miembro del Parlamen lo
italiano.

*
* *

En una obscura y reducida calle de Clifton en Staten Island, vecindad incorporada
ahdra con el nombre de Ricbmond Borough,
al radio de la gran ciudad de Nueva York,
existe una casa de pobre aspecto, hoy deslucida y desierta de vecino3, per? q~e ha
sido objeto ~e innumerabl(l¡l pe~·egrrnac1~nes
de patriotas il_alianos, que vie:on satisfechos los sentimientos que les ammaban con
la sola lectura de la inscripción contenida en
una lápida, blanca en otro tiempo, que se
halla fija á una de las paredes de la casa, y
que dice así:
QUI VISSK SSULS DAL

1851 AL 1853

GIUSEPPE GARIBALDI
L'EROB DEI DUK MONDI

8 Marzo 1884

Alcimi amici posero

El solo hecho de que· en esta misma lápidr,
conmemorativa, colocada por compatriotas )

209

amigos personales de Garibaldi á los dos de s us compatriotas. En aquel tiempo estaba
años de su muerte, estén equivocadas las la ci udad de Nueva York llena de italianos
fechas «1851 á 1853» en que el ilustre gene- refu!!'iados políticos, algunos de los cuales
ral vivió en Nueva York, ya que no sean po- babí~n sido compañeros de armas de Garisitivamente incorrectas, demuestra cuán baldi en sus campañas contra Austria, convagas y obscuras son las fechas que han de tra los Borbones de Nápoles, y contra la Roservir de basll á los cronistas que quieran ma papal. A la residencia de •rna de ellas,
tratar este
Mi ch ele
asunto. Sin
Pastacaldi,
embargo,
en lrving
bien emPlace. fué
pleados esG«r'i b a I di
tán el tieminmediatapo y el tramente que
bajo que se
llegó á I a
dediquen á
ciudad, y
reunir r een esta cacuerdos pasa el h é ra prP-senroe italiano
tar este caconoció al
pítulo de
escritor
la vida de
Teodoro
aquel homDwight,
bre, cu y a
que desmemo ria
p u é s fué
será peren~u
biógrane y mu fo, al cua l
cbos de cuconfió el
yos actos
Garibaldi en Nueva York. Aparece rodeado de sus vetern.nos que con él vivían
en cargo de
en destierro. • ~ su lado está sentado, mostrando su venerable barba blanca,
tienen cierAntonio Meucci, el más leal de sus amigos
traducir y
to ¡;abor lepublicar el
gendario aún para los que fueron sas famimanucristo de sus «Memorias, personales
liares coPIP.mt&gt;Qráneos.
hasta aquella fecha. Contaba entónces Garibaldi cuarenta y tres años de edad y estaba
en la plenitud de su virilidad físicai no obsEl año 1850 fué el más movido y qmr.as tante los padecimientos artitricos que había
el más triste de toda la vida de Garibaldi.
adquirido en la América del Sur.
Al volver á Italia en los días revolucionaLa primera impresión que á Dwight prorios de 1848, después de una estancia de
dujo la presencia de Garibaldi la explica éste
doce años en la América del Sur, peleó des- vívidamente en una nota que aparece en la
esperadamente, pero en vano, por la apenas primera edición de su libro, que no se publinacida y muerta República de Roma, desafió có hasta etraño de 1859 porque el general
á los victoriosos austriacos en una campaña
italiano rogó que se retrasara la publicación
de guerrillas donde desplegó valor prodigio- de aquellas «Memorias» basta una época
so, y sintió el inmenso dolor de ver que su
propicia, que no llegó sino nueve años
heróica esposa, que estaba siempre á su lado
después, cuando la campaña de los cacciaen medio del combate, perecía en los martori clelle Alpi produjo la admiración del
jales de Ravenna. Proscripto 'f desterrado,
mundo. «Garibaldi- diceDwight-tenía frenescapando con vida á duras penas, atormente ancha y redonda; nariz recta casi perpenta?º por_ el. reumatismo y la fiebre, huyó á dicular, no demasiado pequeña, pero de forTanger, a Gibraltar, y por último, álos Estama delicada; grande bigote castaño y poblados Unidos de Norte- América desembarcanda barba que ocultaba la parte inferior del
do en Nueva York á mediados de Junio de
rostro; pecho desarrollado; movimientos li1850.
bres y atléticos, no obstante la mala salud y
Garibaldi fué á la tierra norteamericana
el reumatismo que inutilizaba su brazo deen compañia de su amigo Francesco Carparecho; ojos grandes obscuros penetrantes y
netto, con la idea de adquirir aquella ciureflexivos, pero bondadosos y revelando cadadanía para luego tomar el mando de un
riño; porte natural, franco y sencillo, que
buque mercante que había de construirse
prodigaba un cortés movimiento de cabeza
por suscripciones cooperativas de algunos
y afables apretones de manos. Hablaba fran2

�210

PO!l ESOS MUNDOS

cés é italiano con dominio perfecto del · len- dignidad, fuerza v bondad, con relámpagos
guaje, y se expresaba con tan grande belle- violentos de cóle.ra, pero con disposición
za que hubiera sido notable orador y aca- pronta y generosa al perdón, y con ausencia
démico si así hubiese pretendido aparecer. de todo rencor, de toda malicia y de toda
Recuerdo en efecto, que, al abandonar la crueldad.»
Todavia convaleciente, ydisgustándole aún
compañía' de Garibaldi hice una silenciosa
el ruido de la ciureflexión sobre el
dad, Garibaldi fijó
hecho de que aun
temporalmente su
cuando antes haresidencia en Clifbía o í d o hablar
ton, en Staten Ismu y elocuenteland, que por enmente y de manetances era el cenra en verdad imtro social d e un
presionable á mus uburbio pintoreschos hombres cueo y aristocrático.
yos caractére~ adTan pronto como
miraba y c u y as
se estableció en
opiniones a pro su nueva residenbaba, Garibaldi llecia, dijo: «Aquí esgó áelevar mi imatamos una colonia
ginación é imprede italianos destesionar mi corazón
rrados, sin o t r a
de un a manera
ocupación que la
completamente t,
de hablar, y es
nueva, sorprenpreciso reconocer
dente é indescripCasa que habitaron Garibaldi y Meucci en Clinon, en
Nueva York
que con tanta
tible »
conversación no
E n cuantos lo
conocieron parece haber dejado Garib~ldi la vamos al fin de nuestra empresa, que remisma impresión de hombr~ ~ab¡iJ~dor, quiere hechos. Entretanto, pues, que lleg¡l la
sencillo y llano, al que cualqmera pod1a ha- oportunidad para luchar, trabajemos.» Gablar- del más generoso y perfecto caballero, ribaldi creía que cualquiera clase de trabajo,
un daballcro bayardo de todos los oprimi- por rudo y humilde que fuese,· era prefedos. Uno de sus biógrafos norteamericanos rible á la holganza y á la dependencia, y
siempre recomendice que «en las
daba con interés i;
relaciones privas u s compañeros
d as era el más
desterrados q u e
amable y sencillo
rechazaran el sode l o s hombres;
corro
caritativo. A
los niños acostumpropósito de esto,
braban á dis puun italiano que vitarse el placer de
vía en aquel lugar,
jugar con él; y si
Antonio M eucci,
en una habitación
hombre de invenllena de gente se
tiva y trabajador
tuviese que haber
práctico, e 1 cual
buscado persona á
disponía en s u caquien confiar una
sa de local sufiesposa ó una herciente, propuso esman a, hubiérase
tablecer una fábrielegido inmediataca de salchichas. ·
mente, entre cenEl planfué prontatenares de hom-Ruinas del horno y caldera de la fábrica italiana de bujías,
tal y como aparecían en 188¼
mente puesto en
b res, al general
ejecución, y en él
Garibaldi: tal era
el sello que en él se veía á primera vista de encontraron ocupación, aunque transitoria,
caballerosidad y de honradez. Garibaldi fué muchos pobres italianos expatriados.
Pero la fabricación de salchichas resultó
distintivamente el tipo leonino del hombre,
tanto moral como físicamente. Aparentaba entonces, como resulta ahora, precario negoposeer la noblP. naturaleza del león, todo cio, y la empresa fracasó. Inmediatamente.

RECUERDOS DE GARIBALDI

211

fué reemplazada por otra clase de fabricación, que proyectáis para el prox1mo sábado; lo
la de bujías, que llegó á adquirir renombre lento de mi convalecencia hace además imen toda América. En esta fábrica, Garibaldi posible que fije día para que pueda acceder
trabajaba manualmente, no porque estuviera á los propósitos expresados en vuestra cariobligado á ello, sino probablemente para dar ñosa y lisonjera invitación. Confío, pues, en
ejemplo. Uno de los que también trabajaron que me permitiréis que signifique mi deseo
allí fué Giovanni P. Morosini, hoy importante de que abandonéis por completo el proyecbanquero de Nt1eY:i-York, que en 1850 llegó tado testimonio. l~tia pública exhibición no
á aquel lugar en
es necesaria pabusca de fortur a asegurarme
na. En las «Me1a simpatía de
morias» de Gamis compalrioribaldi que s e
tas y la del puepublicaron por
b 1 o americano
su hijo Menotti,
por las desgraen Florencia, en
cias que he pa1888, seis años
decido y por la
después de la
causa q u e las
muerte de su
ha ocasionado.
padre, el héroe
Creedme bien:
italianohace esesloy mu y sata breve pe ro
tisfecho con que
característica
se me deje tranm en ció n de
quila y humilMeucci: «Un
demente llegar
brav' uomo mio
á ser ciudadano
amico, Antonio
d e esta gran
Meucci, florentiRe p úb li ca d e
no, si decide á
hombres libre ,
s t abi lire una
y darme á Ju
fabbrica di can vela bajo el amdele e mi offre
paro de su bandi aiutarlo nel
dera para emsuo stabilirnenprender el coto. Detto fatto ...
mercio á fin de
Lavori per a 1ganar mi suste11cuni mesi c o l
to, y esperar así
Meucci, il quale
un momento
non mi trattó
m á s favorable
come un suo lapara trabajar en
vorante qualunmi país.»
que, roa come
uno della famiglia, e con molla
amorevolezza» .
En su retiro
No pasó mude Clifton, Garicho tiempo de
baldi no dedieste trabajo de
caba, natural Garibaldi en la
Garibaldi en Caprera, el año 1855
mente, todo su
fábrica de butiempo y su s
jías sin que una comisión de los principales pensamientos á la fabricación de bujías. Havecinos de Nueva York se llegara hasta Stabíase impuesto la tarea de escribir una serie
ten lsland invitándole á que dejara por una,
de semblanzas personales de aquellos de sus
horas su modesto retiro y aceptara los ho compañeros de armas cuya pérdida lamen nores que pensaban tributarle en una recep- taba el héroe italiano. La primera de esas
ción pública. La respuesta, fechada el 3 de semblanzas era la de s u mujer, Anita GariAgosto de 1850, fué cortés, pero de negativa baldi, acerca de la cual se expresaba de este
ª?soluta. •Señores, -les dijo Garibaldi.modo el general en una nota que diri"ía
á
0
S1ento mucho que mi pobrísima salud no me
Dwight: •Cumpliendo lo prometido, os e nvío
consienta lomar parte en la demostración la primera semblanza, que no os sorprenderá

�212

POR ESOS MUNDO!;

puede todavía verse un tablón, castigado por
sea la de mi mujer. Ella era mi compañera
las tempestades de más de medio ~ig]o, que
constante, en la buena y en la mala fortuna,
lleva el nombre de Lorenzo Venf1tra. Denparticipando, como veréis, de mis mayores
tro de este edificio hay un museo de impresos
peligros y sobrepasando á los más valientes
antiguos, billetes de teatro y otros históricos
entre los valientes.• Pero después de hacer
recuerdos garibaldianos, sobresaliendo entre
media docena de estos trabajos, Garibaldi los
estos una mesa redonda con tablero de már. interrumpió por causa de la fatiga que sentía
mol en el que, según la tradición auténtica,
al escribir.
aquel general italiano acostumbraba á jugar
Las •Memorias, de este ilustre general,
al dominó y á charlar con sus amigo~. La
recuerdan con sincera franqueza la casi incasa de Ventura era á mediados del siglo últolerable obsesión de melancolía é intrantimo centro favorito cosmopolita de actores,
quilidad que se apoderó de él en los primede periodistas y de literatos, y allí fué donde
ros meses de su estancia en Nueva York. El
Garibaldi conoció á .John Anderson, un rico
propio Garibaldi cuenta cómo en una ocasión cedió al momentáneo impulso de deses- industrial de tabaco que tenía su tienda
peración, y se dirigió á los docks de Staten precisamente en la esquina de la calle en
que vivía Ventura. lnduJsland resuelto, si e r a
dablemente,se debió á las
posible, á embarcar como
conversaciones con Anmarinero en uno de los
derson y Meucci, que hamuchos barcos ingleses y
bían visitado la Habana
americanos allí anclados.
y conocían á fondo aquePreguntó á los pilotos si
llas condiciones políticas,
serviría para auxiliar los
el hecho de que Garibaldi
trabajos, y como no le
llegara á interesarse en la
entendieran porque apeidea de una revolu.:ión
nas hablaba diez palapor la independencia cubras en inglés, fué áspebana, á propósito de cuyo
ramente rechazado en sus
asunto se cuenta que conpretensiones como sencitestando un día el genello tripulante el que había
ral á una obse'rvación que
sido comandante de la
varios cubanos le hacían
flota republicana del Braacerca de las malas consil.
diciones en que estaban
Nada opuso Garibaldi á
para hacer la• guerra á
C'sta repulsa, pero resuelEspaña por carecer de artamente tuvo que comba1.0as, exclamó: «Un valotir los azules diablos de
roso sá sempre trovare
la nostalgia y del fastidio
un'arme.»
Garibaldl, en el año 1863
y los vanos y tristes reCuando al empezar el
cuerdos. Había que trabaaño
de
1851
Garibaldi
y Carpanetto se enconjar y había también que recurrir á las distracciones caseras. Meucci aparejó un pe- traron en situación de tomar el San G-iorgio,
queño bote, al que puso el nombre de I-lugo pequeño barco mercante, para hacer ostenBassi, aparejándolo con una vela que pintó siblemente un viaje comercial á la América
de rojo, blanco y verde. En este bote disfru- Central, se dieron primero á la vela para la
taron los dos muchas excursiones de pesca Habana, donde parece que tenían importanpor la bahía y entre los lagos de Lor.g Island. tes, aunque misteriosos negocios. El mismo
Garibaldi gustaba también de vagar solo por Garibaldi, en sus •Memorias», nos dice que
los montes, y dedicaba algunos dias á la caza adoptó el nombre de Giuseppe Fane, aliRE
en Dongan Hills. En cierta ocasión le detu- que había usado anteriormente en sus asociavieron por violación de algunas ordenanzas ciones con el movimiento de la Jóven Italia
municipales por él ignoradas, y tuvo que en 1834. Puede ser que no fuera expedición
presentarse ante el magistrado local, el cual, de filibusterismo este viaje á la América Cenal ser identificado Garibaldi por sus amigos, tral en 1851, el cual permanece aún en impenetrable curiosidad y del que no existen
sobreseyó inmediatamente la sentencia.
fechas ni detalles precisos. Es muy probable,
*
sin embargo, que la verdadera relación de
*
*
En Ful ton Street, cerca de Broadway, Nue- Garibaldi con el movimiento separatista de
va York, sobre la puerta de un.antiguo edifi- Cuba fuera más importante de lo que siempre
cio de ladrillos ocupado ahora por un bar, se ha publicado y escrito acerca de ello.

�214.·

OFÉLIDAS

la universalmente renombrada camiciarossa
de los garibaldinos. Acerca de esta prenda
que usó Garibaldi guárdase una carla, escrita
por Meucci el 10 de Julio de 1882 al eminente geógrafo y lingüista italiano Celso Cesare
Moreno, negándose á oir las proposiciones
que intentaron hacérsele para que la vendiera. He aquí la forma en . que se expresaba
el lealísimo amigo de Garibaldi: «Ho veduto
nel giornale che mi mandaste, che il príncipe Torlonia amerebbe fare acquista della
camicia rossa del generale Giuseppe Garibaldi. Ora vi dico che molti americani é inglesi
mi domandano la stessa cosa non solo, ma
vorrebbero tutti gli oggetti appartenen ti giá
ali' Eroe e che conservo religiosamente in
mio possesso: roa á tutti dico di no, perché
non voglio fare interesse con tali reliquie.
Sono estremamente povero, ma ad ogni

modo custodiró religiosamente tali ricordi e
provvederó onde alla mía morte non vadano
in mano d'immeritevoli persone.»
Otros recuerdos personales de Garibaldi,
cariñosamente conservados por Meucci hasta
el año 1889 en que murió, eran dos bastonea,
un estilete montado en plata, un alfiler-camafeo y una medalla de bronce. En el pequeño gabinete del piso bajo había tres grandes candelabros de altar, con los colores italianos, rojo, blanco y verde, que Meucci nos
dijo habían hecho en ratos perdidos él y Garibaldi &lt;&lt; para iluminar el Campidoglio de
Roma cuando el ejército italiano entrara en
la Ciudad Eterna y la proclamaran cai:iital de
Italia». Cuando esto fué un hecho, Meucci
construyó otros tres candelabros que adornó
con los colores italianos y los envió á Garibalcl.i.
liENllY

OFÉLIDAS
Lo que siempre en el alma queda impre ·o
no es el primer amor: el primer beso.
Si de tu lado apártome contento,
después no fijo en tí mi pensamiento;
déjame una inquietud al separarte,
y así más pronto volveré á buscarte.
Cuando llegas, locuaz y sonriente,
-¿En quién más pensará?'- digo de tí:
y cuando vienes silenciosa y triste,
digo:-¡Ha pensado solamente en mi!
A veces pongo entre los dos distancia
y tu presencia encantadora esquivo,
para darle al mañana un atractivo.
Es virtud que fatiga la constancia.
Con fin tenaz y obstinación activa
vas filtrándote, suave, en mis destinos,
como el agua con garfios criRtalinos
llega á la eptraña de la roca altiva.
MANUEL

S. PICHARDO

TYRRELL

EL FERROCARRIL OIROSCOPICO

,e

ON dos railes y una locomotora ordina- nuevo sistema de ferrocarril, asombrando el
.
ria de vapor se alcanzó hace años el experimento á los que oyeron á aquel ingelímite práctico de la velocidad dentro de la niero: una sola vía que se puso en rededor
·seguridad. Algunos trenes del ferrocarril del anfiteatro de la sala donde se verificaba
central de Nueva York,el de Pensilvania, en la conferencia, y en esta vía un pequeño
los Estados Unidos de Norte América, y po- vagón, casi tan grande como el compar•cos de las principales líneas de Francia y timiento ordinario de un coche de los fe-de Inglaterra, han demostrado que se puede rrocarriles ingleses, fué impulsado por la
mantener en considerable distancia una electricidad á una velocidad sorprendente;
velocidad de ochenta y cinco y aun de no- salvaba los ángulos pronunciados sin perder
-venta y cinco kilómetros por hora. Pero esta su equilibrio; y cuando se paraba de repenvelocidad exige en la vía un lecho muy per- te, perm'inecia inmóvil, recto y sin oscilafecto .Y que la misma vía sea por completo, ción alguna. Aparentemente, era imposible
ó caSI por completo, recta: no hay máquina volcar el coche, y ningún aumento en la veque pueda p~sar una curva de poco radio á locidad afectaba á su estabilidad. Ahora que
-ochenta y cinya ha sido ex,, p li c a d o por
-c o kilómetros
porhorasin saM r . Brennan,
lirse de los riees muy sencillo
les; de aquí
este asombroso
que en la mafenómeno para
yor parte de
los matemátifas líneas exiscos: implica la
tentes, el. proaplicación á los
.blema de la veferrocarriles de
iocidad e Xi ja
lo que acos.a 1g ú n nuevo
tumbraba ser
invento si los
unjuguetecien:trenes han de
tífico conocido
marchar con la
por el gÍróscoseguridad conp o , inventado
·veniente y en
en el siglo XVII
poco tiempo.
y que desde
Para resolver
entonces ha in,este problema
Mr. Louis Brennan, con el ferrocarril giroscópico de so Invención
teresado á físi.-se ha presenta.
cos é ingenie-do un mecanismo muy ingenio!&gt;,., é inte- ros. El giróscopo es una especie de peonza
Tesante por Mr. Louis Brennan ingeniero
que consta de una rueda que gira rápida. en.Irlanda, ha pasado' la mayor' me~te sobre un ej_e y que puede inclinarse
-que nació
J&gt;arte de su V1da en Australia v hoy vive en horizontalmente sm caer, como si desafiara
lnglaterra.
·
las leyes de la gravedad. Como saben todos
En el mes de Mayo último dió Mr. Bren- cuanto más deprisa giia la peonza más sere~
man una conferencia en Lóndres sobre su no y constante es su balanceo; y única-

�216

POR ESOS MUNDOS
4

mente al girár con lenlitudescuando empieza &lt;lucir en el coste de las construcciones ferroá oscilar. El aparatogiroscópiro de Mr. Bren- viarias: cada vía no llevaría más que un raíl,
nan utiliza este principio empleando lo que en vez de dos. Y sería innecesario gastar
puede llamarse un doble giróscopo: dos gran- millones en la eliminación de las curvas prodes ruedas giran con gran rapidez en opues- nunciadas y de las pendientes muy marcatas direcciones, de tal manera que cuando das: para cruzar ríos ú hondonadas no sería
una de ellas es deprimida, laolra se depri me necesario construir vastos y costosos puentes
precisamente en la dirección opuesla. ase- &lt;le piedra ó de acero: el coche de Brennan
no exigiría sigurando así un
no una consbalanceo un itrucción Ii geforme. Esto cora, lo bastan te
munica á 1os
para svportar
coche, del feun sólo raíl,
rrocarril girosque necesitacópico una sería ser poco
guridad y consmás eficiente
tancia tan abque una cuersolutas que no
dade alambre.
puede alterarse.
Hasta ahora
Se asegura que
no ha recaído
si d o s trenes
dictámen algugiroscópicos se
no cientí1ico
p reci pilaran
sobre el expeuno contra
r i m en to·•de
otro. saltarían
Breonan, y los
ambos de su
hombres de
única vía ó caVagón glrosc6plev dij !Hennan subiendo una pendiente de
ciencia están
rril; pero, aun
la vía e:"perimental del invento
divididos en
entonces, si se
diera el caso de que no se destrozaban irre- cuanto á la factibil{dad·del tren giroscópico,
mi~ihfomente, de ningún · modo Yolcarían, basándose las dudas ptinoipalmente eh la
sino que continuarían marchando sobre las dificultad ,de disp·o11'er de bastante fl_óído
viguetas, sobre el terreno ó sobre cualquier eléctrico sob1·e un carruaje ordinario para
obstáculo or~linario. Aun cuando se rompie
mantener los giróscopos funciona . do_'a la
ran las ruedas, los coches mismos perma- alta velocidad necesaria. Este es, sin embarnecerían en 'posición recta, y los viajeros go, un problema práctico que no parece de
no sufrirían más que un sacudimiento.
solución desesperada.
· ;
Mr. Brennan, aunque no muy conocido
Resulta bas1ante claro que si este coche
mono-rail ha de ser practicable en gran esca- para el público en general, hace tiempo·que
la1 revolucionará el sistema universal de fe- tiene reputación científica, COl).seguida al
rrocarriles. La cuestión de la velocidad no inventar un torpedo auto-dirigible, el secrees de las menos importantes que en ello van to del cual vendió al Gobierno'inglés por más
envueltas, µJes muchas son las ventajas que de medio millón de duros.
'
en el invento de Mr. BreJ1nan se encontraSu nuevo descubrimiento S(l probará ·en
rán en este sentido: caicula el inventor que gran escala antes de mucho, y' para · esta
la velocidad obtenida por su vagón de prue- prueba dispone de abundante capital. Cuanba 03 equivalente á una ve locidad de ciento do sus trenes funcionen dejarán' a los actuasesenta kilómetrós por hora para un motor les en tan mal lugar como ha quedado la ande los mayores. Un detalle muy importante tigua diligencia al lado de los caminos de
sería fa enorme economía que había de pro- hierro del día.

( f

,¡•··

r¡

CÓMO SE NAVEOABA
EN LOS TIEMPOS BÍBLICOS
M

UCHA parle de la fascinación que ejerce

1 · \ la Sagrada Escritura sobre el espíritu
del lector débese, sin duda, á la continua
mudanza de aquellos elementos que pudiéramos llamar escenográficos: es la Biblia
cuadro brillantísimo y puntual de la vida an tigua, donde, si no varían los personajes,
cambia la decoración com,tantemente. Y esto
es \rerdad hasta el pun to de que, .en el sagrado libro, es caso raro encontrar dos capítulos consecutivos cuya acción se desarrolle
en el mismo lugar geográfico,
Los relatos de la Biblia, lejos de hablar de
pueblos estancados en su terruño nativo, dan
cuenta de inmigraciones y emigraciones, de
éxodos, de perpétuo peregrinar por tierras y
mares. Veamos lo que nos dicen los vetustos restos de aquella civilización acerca de
los nautas bíblicos.
A par~e de lo relativo al Arca de Noé, que
no ~os mteresa para nuestro estudio, el Gén~s1~ es poco explícito respecto á la vida
nauhca del mundo antiguo. Y, sin embargo,
hay pruebas abundantes de que aun en
tiempos muy lejanos de la Historia: los hombres conocían el arte de navegar por ríos y
mares. Algunas de las primitivas emigraciones lleváronlas á cabo aquellos pueblos ren_iotos, que, ~egún el Génesis, tomaron posesión de «las islas de las naciones.»
Infiér~se de ello que, siendo probableme11t~ ~sas isla,s la de Chipre y quizás la de Simba, sólo pudo efectuarse su conquista abordándolas en embarcaciones, de cualquiera
clase que fuesen.
Ya ~or la época de Abraham, el Eufrates
y el Nilo eran dos vías de comercio activísi-

mo. En el admirable cuerpo de leyes reunido
por Amrafel, rey de Senaar y contemporá,.
neo de Abraham, existe un título entero dedicado á la navegación. Este viejo código
caldeo, descubierto hace cinco años por el
profesor Morgan, ilustra suficientemente so,
bre los progresos que alcanr.aba hace más de
cuatro mil años el arte de la construcción
naval. También nos entera del arancel establecido para el calafateo de barcos, y en el
cual se lijaba el tipo de unos sesenta céntimos por tonelada, siendo entonces doce de
dichas unidades la cabida media de una embarcación fluvial mercante.
Enseña además el código .turaní q ue los
carpinteros de ribera estaban obligados á garantizar sus 0bras por un año, y que el jornal de un barquero mayor consistía en medio celemín de grano. Si el barco encallaba
ó se iba á pique por negligencia del patrón,
debía éste reemplazar la nave perdida lpor
una nueva, y en el caso de que al o.currir el
siniestro fuese la embarcación en ,carga condenáhase al botero al pago de casco y mPrcancías. Unicamente abonaba la mitad del
perjuicio cuando verificaba por su cuenta
. las operaciones de salvamento. Por último,
toda embarcación mercante era respon~nble
de los daños causados en sus abordajes con
chalanas, pontones y demás elementos flotantes de transporte sin medios para evitar
la colisión.

*

* *
Mientras las ruinas caldeas son avaras de
indicaciones relativas á los marineros dél
Eufrates en aquellas remotas edades, los

�'218

POR ESOS MUNDOS

monumentos egipcios abundan en material muestra claramente el perfecto trabajo técgráfico referente á la navegación por el Nilo. nico de los remos de gobierno, así como la
,Cuando Abraham marchó á Egipto, sin duda robustez y ligereza del cobertizo, y hasta el
!hubiera podido hallar, de poseer aficiones género corriente de las mercancías. Todo
.arqueológicas, y sobre todo de serle dado ello ha sido hábilmente esculpido por el igpenetrar en los antiguos hipogeos, cientos y noto artífice varias veces milenario.
La mayor parte de esos botes estaban
miles de inscripciones relacionadas con la
vida marinera en el Nilo extendiéndose á construidos con cañas de papiro sujetas por
cordelería de t r e s
un período de tres
ramales, según puemil años por lo mede apreciarse bien
nos.
en ciertas imágenes
Una de las más
referentes al arte de
vetustas representaconstruir naves, que
ciones pictóricas de
h a n llegado hasta
ese género procede
nosotros. De esa pride una ánfora, tan
mitiva
forma de la
antigua que bien punavegación da cuenta
diera decirse de ella
Job en su pintoresca
(lUe precede á los almetáfora: •Mis días
bores de la Historia;
pasaron... como los
como que es, segubarcos de caña.•
ramente, anterior en
Que Ios egipcios
muchos !'iglos, sino
.
en un milenio á ]a Embarcación prehistórica del Nilo. Reproducida de una ánfora debieron disponer de
'ó d, I
que se conserva en erMuseo Británico, de Lóndres
naves marítimas en
cons Lrucc1 n e as
Pirámides. La estupenda reliquia, ahora en épocas muy lejanas, confírmalo el hecho de
el Museo Británico de Lóndres, demuestra que ese pueblo llegó al valle del Nilo C!3-si
(lUe desde las primeras palpitaciones de la seguramente atravesando el Mar Rojo. Cierta
vida humana en el valle del Nilo conocía inscripción roqueña, varios siglos anterior á
ya el hombre los principios esenciales del Abrabam, refiere una expedición por el Mar
Rojo, desde Koseir hasta las orillas del Océaarte náutico.
Según puede observarse en el dibujo que no Indico. De dicha relación aparece que los
reproducimos, la embarcación egipcia primi- viajeros volvieron con un valioso cargamento
tiva tenía po.r todo aparejo un solo mástil y de productos sudaneses, entre los cuales
figuraba un oloroso ungüento grandemente
una sola vela. Otras inscripciones muestran
al timonel en la banqueta de popa, la diestra apreciado en la voluptuosa corte de los Fasobre el gobernalle y la izquierda empuñan- raones.
En tiempos y a muy posteriores (u nos
do el estrinque. Hácia la parte de proa se
ele_va una camareta para viajeros. Posee el trescientos años antes deMoisés)reinando en
barco su mascarón correspondiente á guisa Egipto la poderosa reina Hatsepset, organizó
de distintivo, y, por último, adviértese en la ésta un viaje de descubrimientos y aventuforma chata de la quilla el propósito de faci- ras, puntualmente descrito en las inscripciolitar el aterraje, de proa ó de popa. Bastantes nes de un templo tebano. Una pareja _de
naos de dos palos borsiglos después, cuando
deó la costa basta la
se estaban construSomalilandia, donde
yendo las Pirámides,
se internó el jefe de la
un hombre d a humilexpedición , acompa,de origen , llegado á
ñado de pequeña espríncipe del reino, hícolta. La jornada fué
zose erigir magnifica
Ancla usada 50 años antes de Jesucristo, que se
fastuosisima. Aquellos
gLarda en el Museo Británico, de Lóndres
tumba cerca de Memexploradores de hace
fis, ordenando que so-bre los muros de la mis ma fuesen esculpi- tres mil quinientos años, adoptando los migdas diversas escenas al nat:: · ;1 • de la vida mos métodos comer,eiales que los contempopular en aquellos tiempos. Entre esas poráneos, volviéronse á su país con precioreproducciones hemos elegido la de una bar- sas mercaderías, á cambio de unos cuantos
ca mercante, con objeto de evidenciar la productos baratos de la civilización, entre
asombrosa antigüedad de una forma de em- ellos un puñal, un hacha y hasta media
barcación qun hoy mismo puede ser vista en docena de collare&amp; y . brazaletes. El grabado
CVlilquiP.r r í o tropical . Nuestro gr.abado que de este asunto damo.s presenta la animad a

COMO SE NAVEGABA EN LOS TIEMPOS BÍBLICOS

219

iJscena de ser llevadas á bordo las mercade- tal maniobra. de arriar la vela mayor. Por
rías por los porteadores indígenas. El car- otra parte, la gran elevación de los castillos
gamento se componía de ébano y maderas de popa y proa tendía á aminorar los efectos
de la violenta resaca dominante en el peñas'Qlorosas, pieles y armas arrojadizas, oro y
-plata, marfil y unos cuantos cuadrumanos. coso litoral de Siria.
Otro de nuestros grabados se refiere á un
Es esta una expedición verificada ochocientos años antes de las que llevaron á cabo modelo en barro de una galera chipriota, enios primeros galeones de la .época de Salo- contrado en cierto sepulcro de Amatos, ciu.d a d fundada
món, y de las
por los natu·cu a 1 es nos
rales
de Tiro
ocuparemos lít.
en tiemposanneas adelante.
tiquísimos. En
Uno de los
él se aprecian
detalles ro á s
ad ro i rabie·curiosos de la
mente, tanto
inscripeión á
los detalles del
que nosrefericoronamiento
'IIlos es el de
de popa como
lo~ peces es....ntigua embarcación mercante del Nilo, de la edad de lu Pirámides
la disposición
'Culpidos bajo
de Egipto
la nao. Lejo~
de los bancos
de haber dado el artista rienda suelta á su donde tomaban asiento aquellos remeros.
fantasía, ha rendido á la verdad religioso
Los dos_ ej~r_nplos citados bastan á probar
tributo: los cinco peces de la inscripción que los pr1mltwos nautas levantinos empleapertenecen á especies ictiológicas que aún ban embarcaciones descubiertas en los meexisten en el Mar Rojo, lo cual, juntamente dios del buque, ó sea sin puente de ninguna
con otros pormenores, ha hecho suponer clase, y con sólo una modestís ima camareta.
-que de esta expedición formaban parte artisEran naves esencialmente costeras, y se batas y ~abios. Varias de las naves usadas por 1laban construidas de modo que, en caso de
los marinos egipcios en aquella época menecesidad,
pudiesen ser aterradas sin ~uran
.
-&lt;lian hasta sesenta metros de eslora, con una
trabªJº·
manga equivalente á dos tercios de la longi***
tud, poseyendo. por tanto, grandes condi·ciones de estabilidad y resistencia.
Durante el obscuro periodo transcurrido
entre la conquista del Canaán por los he*
breos y el surgir de la monarquía, el pueblo
**
Mientras los egipcios iban asegurando su
israelita se Cl)nsideró satisfecho permane~upremacía en las rutas comerciales del Sur. ciendo dentro de sus fronteras, sin hacer esla raza eminenfuerzo alguno
temente marítip a r a rivalizar
ma establecida
en empresas
en Tiro y Sidón
náuticas con la
perseguía, i n r a z a esencialcansable, la rim en te marina
queza á lo largo
, de los fenicios.
·del litoral mediCierto es que en
terráneo. Un di,
la bendición de
bujo copiado de
Jacob sedeclara
antiquísima urq u e «Zabulón
na desenterrada
habitará en ri&lt;0n Chipre, ofreViaie de descubrimie nt¿ trescientos años antes de Moisés
bera de mar Y
-c e interesante
.
e n puertos d &amp;
{iocumento para nuestro estudio. Se trata de navíos extendiéndose hasta Sidón.&gt; Y tam una nave mercante fenicia, y ella ate, tigua bién es cierto que en el canto de Débora se
la osadí.a. ?e aq~ell9s marinos que so- recrimina la conducta de Dan y Asér, al uno
bre t~n frag1l sosten cruzaban y recruzaban por atender sus navíos y al otro porque
las perfidas aguas de Levante en tiempos en
•habitaba en las costas de la mar y se man-que era aún desconocida la brújula. Toda la tenía en sus puertos.• Pero, á pesar de todo,
defensa de los navegantes fenicios contra los no se sabe positívamente que ninguna de las
temporales se hallaba confiada á la elemen- tribus judías se dedicara con regularidad á
0

�CÓMO SE NAVEGABA EN LOS Til~1POS BÍBLICOS

220

POR ESOS MUNDOS

la navegación. No ca·be, pues, duda de que .Jerusalén hubiera de hacer un tratado con
las·numerosas reliquia-, de manufacturas ex- Hirám, rey de Tiro y dueño de los bosques
tranjeras halladas en tiempos modernos al del Líbano, mediante el cual obtenía el libre
excavar ,-epolturas hebreas de la Palestina acarreo de la madera, en balsas, siguiendo
fueron importadas, según todas las probabi- la costa hasta Joppa. Prueba lo de las ballidades, por mercadtlres extranjeros ante sas que el monarca i;;raelita no podía dispocuyas caravanas permanecían francos los ner de barcos. l\fas, hemos de advertir que
caminos exi~tentes entre el Eufrates y el las susodichas jangadas no flotaban á la ventura, como sus
Medí terráneo.
similares de los
La predicción
ríos escandinade Moisés en el
vos en la época
capítulo vigésiactual; iban, por
m o octavo del
el contrario, triDeuteronomio
puladas y á ve«El Señor te volces poseían apaverá á llevar en
rejo,aunque runavíos á Egipdimentario: un
to•, constituye
mástil y una veun precioso inla. Sábese, no
dicio acerca de
1 a importancia
Barco mercante con que los íenicios cruzaban el Mar Rojo
obstante , q u e
algunas de esas
concedida p o r
aquel previsor h~mbre de Estado á las c~- balsas, alcanzaban dimensiones gigantescas,
municaciones mant1mas respecto al porvemr ,;íendo dirigidas por un complicado sistema
de la humanidad. Ni tampoco debe pasar de cincuenta mástiles y otras tantas velas.
El rey Salomón imitó la conducta de Dain11dvertida la profecía de Balaám: •··· vendrán en aaleras desde KiUim-las islas de vid en lo de celebrar convenios con diversos
Levante~y vencerán á los asirios ... •
Estados extranjeros para el acarreo de maSin embargo, la insignificancia de los in- teriales destinados á la construcción del gran
tereses marítimos del primitivo pueblo is- templo que proyectara su ilustre antecesor.
raelita hállase plenamente probada por este Los gruesos troncos de cedro y ciprés que
hecho: ninguna de las complicadas reglas eran utilizados como base en aquellas «supara el aobierno de dicho pueblo, atribuidas per-estructuras» de madera (usando el len•á Moisé;, menciona directa ni indirectamen- guaje náutico moderno), habían de ser pueste la vida marinera. Y era natural que así tos en Joppa «libres de gastos y flete•, efecfuese: jamás poseycro1~ los israelitas un buen tuándose luego su conducción á Jerusalén á
puerto nacional
cargo de los súben la costa del
ditos del rey sa'(
:Mediterráneo.
bio.
El puerto de ac*
**
ceso á Jerusalén,
Pero el sobeJoppa, noes hoy
sino un mal fonr a n o israelita
dead e ro, lleno
alimentaba sus
de peligros, no
sue1ios imperiaofreciendo malistas. En e I leyores seguridajano sur, más
. des la bahía de
allá d el árido
Acre, frente al
desierto , y a l
- Monte Carmelo.
extremo septenL os modernos
trional del golfo
Modelo en barro de un costero chipriota
,' vapores de tu&lt;le Akabah, en
ristas que efectúan el recorl'ido Beirut-Ale- Asión-gabor, existía una vasta rada, en cu , jandría, jamás garantizan á los pasajeros el
yas playas habían descansado los fugitivos
;,desembarco en cualesquiera de esos puer- del Exodo antes de emprender un avance
. tos, ho y conocidos por los nombres de Haifa hácia el norte á través de la desolación del
--·v Jaffa.
Sin. Enterado de ello el monarca, hir.o repa' Teniendo en cuenta \as circunstancias alu- rar el puerto, completando las obra,; me. didas, compréndese b\en que cuando diic:i- diante la construcción de un astillexo. Las
; dió el rey David edificar un palacio real en naves eran allí fabricadas por obreros de

221

Tiro, y sús tripulaciones las formaban u~ari- corriesen las trilladas rutas del '.\far Rojo. El
neros fenicios facilitados por el rey HHam grabado que preséntamo_s al comienzo de
(obligado, según parece, á proporcionar á este artículo, y que da idea de una nave
Salomón «gentes que supieran de mar»), y egipcia ochocientos años anterior á S~lomón,
algún pequeño número de individuos he- dedicada al mismo tráfico y conduciendo á
breos. No eslá averiguado, sin embargo, si el sus puertos cargamentos análogos, hace penconlinoente israelita á bordo de esas naves sar que las relaciones mercantiles marítimas
reali:r.a"ba solamente operaciones de carga y entre los países de Levante y el lejano
Oriente eran más esdescarga, ó si tenía el
trechas y continuadas
carácter de educando
en aquellos días de lo
náutico.
que permiten suponer
Lo que si se sabe es
las escasas alusiones
que las galeras salobíblicas.Las «naves de
mónicas efectuaron un
Tharsis»
eran las que,
viaje á Ofir, y q u e
según la Biblia, llevatras no pocas peripe•
ban á la Palestina vacías volvieron con un
liosos cargamentos de
buen cargamento d e
maderas preciosas, con
oro en lingotes. Tales
las que se fabricaban
resultados preciosos
arpas y salterios con
debieron animar á los
destino al templo maisraelitas á nuevas expediciones. En una de Nave destinada ,t transportar la famllia del rey asirio ravilloso. Otras veces,
es as mismas naves
ellas costearon el litoral de Africa, llegando basta las orillas sep- llevaban canastillas colmadas de brillantes,
tentrionales del Océano Indico, probable- perlas y zafiros. Eran los tiempos en que la
mente hasta el mismo Ceilán. De este viaje, suntuosa corte del hijo de David recibía en
que duró tres años, retornaron con riquísima tributo, lo mismo las inagotables riquezas
carga de productos orientales, menudeando, del Indo, que el oro en polvo de Africa. ¡Y
según las Escrituras, «el oro y la plata, el todo esto ocurría hace la insignificancia de
tres mil quinientos años!...
marfil, los monos y los pavos reales».
Afirman los libros sagrados, repetidas ve***
ces, que la marina mercante israelita estaba
Poco
más
de
medio
siglo después que Sacompuesta de «naves de Tharsis», frase nebulosa que la exégesis moderna todavía no lomón hubiese ido á reunirse con sus anteha conseguido despejar. La explicación vul- pasados, reinaba en Jerusalén el famoso Josafat. Las pasagarmente dada á
¡ e r as alianzas
la misma es que
d e Israel c o n
bien pudiera
Egipto y Tiro
tratarse de un
habían expirado;
tipo de embarrazón por la
cación de I a s.
cual el monarca
consagradas en
hebreo aspiraba
aquellos tiemá agrandar s u
pos á las nave~
poder mediante
gaciones p el iuna inteligencia
grosas, teniendo
con Ama sías,
quizás la referisoberano de Sada frase un vamaria.
lor análogo á la
Una vez que
inglesa de lnVelero mercante 500 años antes de Jesucristo
aseguró Josafat
&lt;liaman (bar&lt;'O
e l libre ca dedicado al comino hasta el litoral del· Mar Rojo, ordenó
mercio de las Indias), comprensiva de todo
barco perteneciente al mismo tipo general. que fueran construidas algunas galeras en
No existen pruebas de que Salomón prac- Asión-gabor, esperando emular quizás las
ticase el comercio marítimo en el Mediterrá- hazañas de sus precursores con una nueva
neo, ni de que enviase sus galeras á la Espa- irrupción en los tesoros de Ofir. Pero el espíritu marinero que palpitara un momento
ña meridional. Aquel fastuoso monarca debió darse por satisfecho con que sus-_marinos en el pueblo hebreo, no alimentado ya por

�222

POR &amp;SOS .MUNDOS

las enseñan;r,as de los nautas fenicios, había- varse que la nave es de ca1ias, siendo dirigise apagado definitivamente, y las embarcacio- da con un simple remo cual las modernas
nes i-,raelitas, según lo reconoce el mismo lanchas canadienses.
En el transcurrir de los siglos fuese moJosefo, eran enormes y difíciles de mover.
No es, por tanto, extraño, que las escuadras dificando, aunque ligeramente, la forma de
de Josafat estuvieran fatalmente destinadas la P.mbarcaoión fluvial, estableciéndose un
servicio especial de
á morir antes de
transportes p a r a
surcar las aguas
acarrear p o r río
procelosas. Es verdesde la montañosa
dad q u e Amasias
comarca del Norteofreció la cooperatoda la piedra ne-•
ción de sus gentes;
cesaría á la edifim as I a tentativa
cación de los sonaval , fracasando
berbios palacios decompletamente,
puede decirse que
Senaquerib )' sus
cerró para siempre
sucesores.El citado
monarca procedió,
las glorias marítisin duda, con gran
mas del pueblo de
acierto al imitar lo
Israel. Con todo ,
cuando cinco cenhecho por Salomón
tres siglos antes, ó
turias después, tor:1 e a im portando
nando á su pálria
.Buque mercante romano en los 50 ailos de la Era Cristiana
~arpinteros de ribelos desterrados hebreos acometían la obra de reedificar la ra que enseñasen á su pueblo los últimos
Ciud;d Sagrada todavía recurrieron á los adelantos en el arte naval.
buenos servicios' de los balseros de Tiro para
Los resultados de la medida mencionada
llevar á Joppa los cedros del Líbano, lo pueden verse ya en un interesante bajo-relieve procedente de las murallas de Nini ,e,
mismo que algunos siglos antes,
y que Layard tuvo la suerte de salvar de la
total ruina. En dicha obra se descubre el
Contemporáneamente, ibanse realizando empleo del doble remo de gobierno; pero el
mejoras en la navegación de las grandes vías antiguo mecanismo presenta determinadas
fluviales asirias. No se
mejoras, como el hallarconserva, por desgracia,
se invertida la posición
ninguna prueba gráfica
de los remeros, quienes
de la vida marinera calhacen actuar las palas
dea e n e s t e período
sujetándolas en los tolehistórico. Tan sólo el
tes, ó sea en puntos d&amp;
M u s e o Británico d e
apoyo fijos, en vez deLóndres puede vanagloapalancar sobre los coriarse de poseer a I g o
do~ como en el viejo
que ilustre sobre el
procedimiento. La fuerpunto, y es ese algo un
za propulsora ha sido
sello cuya antigüedad
aumentada, puesto que
par e ce remontarse á
la embarcación posee ya
tres mil años; hállase
dos bancos de remeros.
en é I representado el
Terminamos nuestra reintrépido Gilgamesh, héseña del curioso lipo de
roe nacional asirio, que
nave diciendo que, por
algunas veces háse conlas señales, parecía esfundido con Nemrod. Su
tar destinada á transBarco mercante de Alejandrla en los 67 años
estilo rudo indica que se
portar, bajo la custodia
de la Era Cristiana
trata de u na copia de
de gente armada, el haotra obra mucho más antigua. Esta circuns- rén real. En este punto acude á la memoria.
tancia basta para que nosotros no pasemos el episodio de la vuelta de David al Jordán
por alto en este artículo la sin par reliquia. tras de la muerte de Absalón, cuando los
El héroe aparece crur.ando el océano, empe- hebreos «atravesaron el vado en una barca
ñado en una de aquellas aventuras que cie- para hacer pasar la familia del rey.• Naves.
rran la narración del Diluvio; Merece obser- de la Qlase antes mencionada surcaban el

CÓMO SE NAVEGABA EN LOS Tl&amp;MPOS BÍBLICOS

223=

Mar Egeo, imitadas, sin duda, por la em- harmoniosos cantores de Israel, lanzando sus.
prendedora raza que por tales épocas iba po- dulces lamer.los desde las aguileñas cumbres.
de la Judea, no podíau sustraerse á la honblando el suelo de la Grecia continental.
El Libro de Jonás arroja bastante luz ·da impresión que en sus almas causaba la
sobre la profesión marítima durante esas estupenda grandeza de las obras de Dios ...
edades. Sea cualquiera el juicio formulado -«Más allá-cantaban-está el mar inmenso
acerca de la verdadera antigüedad del libro, y profundo ... Allá van las naves; allí está:.
la aventura náutica en él referida es una Leviatán, .. .
aventura pavorosa, repleta de incidentes y
A veces, era dado contemplar á sus ojos
pormenores. Sabemos por ese relato bíblico la horrenda tragedia de un naufragio, y exque Jonás fué á Joppa y embarcó en una clamaban: «Tú destrozaste, ¡oh, Señor! las.
«nave de Tharsis», próxima á hacerse á la naves de Tharsis con los vientos levantimar. Era una galeota mercante fenicia, aba- nos... •
rrotada de géneros consignados á los más
Gentes, aquéllas, de tierra firme, no dejalejanos puertos mediterráneos, con fines de ba, sin embargo, de simpatizar su generoso
permuta. La nave disponía de alojamiento espíritu con los nautas extranjeros que des-•
para el pasaje. Pudo, pues, el fugitivo profe- filaban ante sus orillas. Recordad, si no, las.
ta acomodarse á su buena guisa, luego de bíblicas palabras: «Los que van al mar en
pagar el precio de su transporte.
naves y hacen su comercio en las extensas.
Apenas había sorteado el navío los peli- aguas, son los que admiran las obras del
gros de la barra de Joppa, violento levante Señor r ven las maravillas de El en lo indescendido de las altas mesetas sirias cae sondab,le.»
sobre el barco amenazando destrozarlo. La
La filosofía proverbial del pueblo hebreo
abigarrada tripulación, siguiendo una tradi- sufrió asimismo las influencias sugestivas
cional costumbre, vuelve los ojos hácia sus de la vida marinera. Para el israelita soñadioses familiares, y acto seguido comienza dor, «el avance de una nave á través de las.
il arrojar al agua el cargamento para alige- olas" era cosa tan digna de maravillar como
rar la nave.
el vuelo de las aves en el espacio. Su imáEn tan críticos momentos, desciende el ~en más pintoresca de la embriagt1ez es
capitán á la bodega, con objeto de apreciar aquella que compara al hombre abito desu estado; y cuál no es su sorpresa al en- vino con la inestabilidad del marinero á borcontrar entre los fardos, durmiendo tranqui- do. «Está cual el nauta sobre la punta de un
lamente, á un pasajero desconocido. Indig- mástil,,, dice un proverbio hebreo, en tanto
nase el lobo marino, y haciendo despertar al que el autor del Eclesiástico asegura qu11 el
durmiente le obliga á unir sus plegarias á hipócrita se asemeja «á un barco en una
las elevadas á las deidades por los marine- tempestad,,, Ese mismo escritor rinde luego
ros.
su tributo de admiración á los sufridos coEl furor de las olas no se aplaca. Visto lo merciantes marítimos, y afirma que la mujer
cual por la gente de á bordo, supersticiosa hacendosa puede ser comparada á «las naos.
de suyo en todos los tiempos, resuelve echar mercantes que traen el alimento desde muy
suertes esperando descubrir así quién de lejos».
e~tre ellos es el causante del enojo de los
La supremacía de Tiro y Sidón en el cotl1oses. Los resultados no son tranquilizado- mercio marítimo durante las edades del Anres. Entónces, la chusma, poseída del terror, tiguo Testamento hállase también demostrat:mpuña los remos y lucha contra el tempo- da por las pomposas imágenes de la literaral, logrando ' ganar la costa cuando ya no tura profética. En el apogeo de Israel, brilló
creía s_alvarse del peligro. Tal es la patética en ese pueblo un hombre de poderosa intenarración, una de las más dramáticas entre ligencia y de indomable fuerza: el profeta
las muchas que registra la historia de las Isaías. Una de sus predicciones más dramáprimitivas navegaciones mediterráneas na- ticas se refiere á la cercana ruina del gran
rración en la que aparecen mezclados ¿l te- pueblo comercial, cuyr. opulencia era aplimor_ á lo desconocido y la extrema pericia cada á la satisfacción de bajos apetitos. Hamarmera de los navegantes levantinos.
blando de Tiro y de sus príncipes mercaderes, declara el profeta que «las cosechas
del Nilo eran sus rentas, y que Tiro era
**
el gran mercado de las naciones.» No obsExaminemos ahora , á la luz de unos tante, las orgullosas naves de Tharsis dei:ua~tos ejemplos, las desperdigadas refe- bían presenciar la destrucción de Tiro y cotenc1as hechas por las Sagradas Escrituras laborará la buena obra de los tiempos veposleriores á la antigua vida marítima. Los nideros «trayendo á los desterrados de luen-

•

�22ó

POR ESOS MUNDOS

gas tierras, con sus muchas riquezas en oro quiel donde son descritos prolijamente no
sólo Íos productos importados sino su país
y plata•.
Es inte.resante observar, á propósito del de origen, tiénese una clarísima noción de lo
Libro de Isaías, que al profeta le eran fami• que era el comercio marítimo hace dos mil
.liares todas las formas de embarcaciones quinientos años .
conocidas entónces, desde las canoas de papiro del Sudan, hasta los «intrépidos usos
levantinos»; desde las galeras de remos floDurante las seis animadas centurias que
tando en las grandes vías fluviales, hasta. los
barcos en que cifraban su legítimo orgullo siguieron al período profético de la historia
los nautas caldeos; desde el barquichuelo, hebrea, cayó en las manos fenicias el cetro
cuyos mástiles tenían que ser asegurados de su supremacía marítima, pasando á las de
bajo cubierta, hasta las robustas naves de los griegos el comercio levantino y á las romaTharsis .averiguadoras de los remotos mis- nas el del Mediterráneo occidental. Los nuevos dominadores del mar se apropiaron lo
terios del Océano.
Ya babia transcurrido una centuria larga mejor de la ciencia naval de Tiro y Cartago,
cuando surgió el profeta Ezequiel, reiterador desarrollando sobre tan sólidos basamentos
inexorable de aquellas solemnes amonesta- su propia arquitectura marítima hasta un
ciones dirigidas por lsaías á la ciudad feni- extremo capaz de causar maravilla en la
cia que sólo vivía para los goces materiales época moderna.
Pueblos ambos eminentemente conquistaderivados de su comercio universal. He aquí
las frases del profeta: • Y dirás á Tiro, la que dores claro es que sus principales cariños
habita en la entrada de la mar, para empo- los p~sieron en la nave de guerra, mejoránrio de los pueblos de muchas islas... • Con dola de un modo notable. Los proyectos na•
vales de aque•
poético estilo ,
llos dos copardescribe luego
tícipes en el dolas naves tirias
minio del munde madera de
do prenda son
abeto y ostenel e e nergías y
tando mástiles
pericias pródide cedro, puengamente derrates de boj, remadassobre sus
mos de encina,
respectivas flovelas tejidas en
tas. Los poderoEgipto , bancos
s os de Atenas
de marfil y tolrivalizaban e n
dos de púrpura
tal punto con
de Creta; naves
1 o s soberbios
tripuladas p o r
amos de Roma.
remeros s i d oi\n da n do el
nios, pilotos titiempo, to d o s
rios, calafates de
los perfeccionaBeyrut y hueste
mientos mecápersa. E n l a s
nicos adoptados
factorías de Tip o r griegos y
r o amo n tonáromanos en sus
banse el oro y
naves de comlaplata,elébano
bate fu ero n
y los colmillos
de elefante, e l i , &lt; - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - " introduciéndose
Buque dedicado ,l la navegación de altura, que zarpaba de los
en la marina de
coral y los ru muelles de Roma
comercio. La s
bies, las esmeraldas y las perlas, el trigo y la miel, los inmensas muchedumbres aglomeradas en
ungüentos y los bálsamos olorosos. A sus Atenas y Alejandría, en Siracusa y Roma, en
mercados acudían, en enormes cantidades, las orillas macedónicas y en el golfo de Nála lana en bruto y los tejidos de toda clase, poles, demandaban la organización de una
las especias y la casia, el ganado caballar y numerosa flota mercante. Era indispensable
mular, las ricas vestimentas, los costosos llevar á los grandes centros de la civilizatapices y los esclavos griegos. En suma, ción, rápida y económicamente, los produc•
leyendo
el capitulo xxvrr del Libro de Eze- tos alimenticios almacenados en los vastos
•
J

,...._""'·'IUllau'erGI

del

116 Berberia.

delta del Nilo y de las llanuras

Aunque la iconografía de las armadas clásicas romana y helénica es mucho más profusa que la relativa á la marina mercante,
coosérvanse de esta última r~tos pictóricos
ó escultóricos de sumo interés, con ayuda
de los cuales podremos darnos una idea de
l• industrias marítimas allá por el siglo primero de nuestra Era, con el que ya se relaciona el Nuevo Testamento.
Un vaso etrusco existente en el Museo Británico, de Lóndre3, ofrece admirable muestra. del barco mercante dedicado á la navep.ción del Mediterráneo quinientos años antes de Jesucristo. El artista se ha dado por
contento pintando sólo un personaje á bordo de la nave: es el encargado del gobernalle, y aparece sentado á popa. Sin embargo,
á juzgar por el aspecto de la embarcación,
debía requerir esta un número no escaso de
tripulantes. Los remo.3 directores van afianzados á los flancos del buque por bajo de la
regala, en la borda del combés, mediante
fuertes cabos; sobre el codaste descansa una
escala portátil, dispuesta para ser arriada
tan pronto como la nave aterre. Otra escala,
de mayores dimensiones, hállase suspendida
de pes$lllntes á proa y popa; y en cuanto al
aparejo su disposición general, indica que
podJa ser recogida la vela principal sobre el
mastelero sin necesidad de que los tripulantes abandonasen la cubierta. La ausencia de
al)erturas para los remos es si¡niftcativa:
prueba ese detalle que lo, barcos de dicho
tipo debían estar necesariamente á merced
de los vientos, empleando acaso la propulsión á brazo sólo en tiempo de rigurosa cal.
ma. Los capitanes de tales naos habrían de
ser, por tanto, gente a\•ezada en el oficio, y
sobre todo, conocedora perfecta de los mt
rea donde pasaba su vida.
Interés más inmediato ofrecen la reprod?cción de una nave mercante romana que
hizo tallar sobre su tumba cierto comerciante de Pompeya en el año 50 de nurstra Era,
y otro grabado por el estilo existente en una
moneda alejandrina del año 67. Como quiera
que el memorable viaje de San Pablo que
examinaremos en breve, tuvo efecto ~n el
año 60, ó sea en fecha intermedia entre las
dos an_t~s citadas, nos hallamos perfectamente hab1htados para apreciar en todo su valor
ese pintorerna relato, por cuanto ayudan
nuestro estudio pinturas exactas de naves
que cruzaban el .Mediterráneo cuando el
apóstol se decidió á atravesar las peligrosas
aguas de Levante en su marcha hácia Roma.
lnstrúyenos la primera sobre una modificación del gobernalle, cuyas palas van . ya

protegidas del choque de las olas mediante
tablones, así como de que la carga de cubierta se encuentra sobre el combés. Tanto
á proa como á popa figuran süs respectivas
galerías, adornando aquella un mascarón representando á Minerva, mientrai; la segunda
imita fa forma de un cisne. En el palo principal flota al viento una bandera. El mastelero
es compuesto y reforzado, viéndose sobre el
mismo una pareja de marineros en el momento de rizar el velámen. En la escultura
pompeyana se advierte el empleo de una
vela mesana para las viradas, mientras en la
moneda alejandrina vése un trinquete del
tipo descrito por San Pablo.
La naturaleza perecedera de los materiales con que fueron construidas aquellas naves ha hecho que ninguna de esas embarcaciones haya llegado hasta nuestros días. Sól,i
se conservan unos cuantos pequeños modelos de madera, relativos á bateles fluvialeia,
hallados en las tumbas del Nilo, más rnrio:;
fragmentos de galeras sumergidas en los lagos de Italia. Y no hace muchos años fué &lt;:X·
traída de las aguas una rarísima muestra de
equipo naval en los tiempos clásicos: dicha
reliquia, que puede ser admirada en el tantas veces citado .Museo Británico , es un
ancla de..plomo encontrada en la costa septentrional de Africa. Lleva estampado e 1
nombre del barco á que perteneció, debiendo
datar del-afio 50 antes de Jesucristo. Pesa el
artefacto 609 kilogramos y medio, ó sea un
peso equivalente al que tiene la mejor ancla
de proa conducida hoy por cualquier barco
de vela de 250 toneladas.
El mismo Museo posée un bajo-relieve representando un _barco de cuya proa cuelga
up escandallo d1~puesto para su uso inmediato en aguas poco profundas. Estas sondalezas, entonces de aplicación muy general,
estaban ahuecadas por su parte inferior v
untadas de grasa al objeto de poder aprecia·r
la naturaleza de los fondos. Según Herodoto,
erhando el escandallo á dos singladuras de la
costa egipcia y á una profundidad de doce
brazas, aún se encontraban fondos de aluvión.

~l acltvo comercio de Oriente en el siglo
primero de nuestra Era exigía la construcción de grandes bajeles. Pocos años antes de
que San Pablo embarcase en Cesárea con dirección á Roma, fué transportado felizmente
desde Alejandría á la ciudad irrperial un
enorme obelisco cu yo peso excedía de 500
toneladas; debiendo advertirse que el vetusto monolito fué descansando sobre un cargamento de lentejas que pesaba otro tanto y que

3

�226

POR ESOS MU1'1l0S

hacía el oficio de almohadilla. Este dato basta para juzgar de la capacidad de aquellas
naves. ,
La iconografía náutica cuenta con una detalladisima reprorlucción de una nave mercante romana en el siglo II. Nada hay en ella
que difiera de lo que respecto á arquitectura
naval de la época enseña el Nuevo Testamento, y, en cambio, puede ofrecer e,pecial
interés ya que dá á conocer algunos particulares de que carecen los reslos pictóricos
ó escullóricos de fecha anterior.
La obra original es un bajo-relieve descubierto en Ostia, el gran puerto marítimo de
Roma, y constituye, su asunto un bajel mercante junto al vasto muelle de carga mandado construir por el emperador Claudio para
estimular el comercio de granos. El capitán
del barco aparece ofreciendo sacrificios ante
la imágen de una deidad erigida sobre la
proa. Era esa la costumbre gentílica que suscita la indignación del autor apócrifo de «La
sabiduría de Salomón•, cuando escribía:
• ... el que se dispone á hacerse á la mar y á
cruzar mares tempestuosos, sacrifica un
pedazo de madera más podrido que el bajel
que ha de conducirle.•
P1·osiguiendo nue.~tra descripción del bajorelieve romano diremos que en la parte inferior de la vela se destacan las iniciales del
naviero V. L., constituyendo ello un curioso cuanto lejano precedente de la costumbrn seguida por los pescadores modernos. La
escena mitológica representada en los tallados de la proa ilustra acerca de la forml en
que se hallaría probablemente simbolizado
el nombre dei navío abastecedor Dioscu1·i,
sobre el cual arribó San Pablo á las costas
tie Italia. También es útil para explicar cierto episodio de la narración paulina, la peque11a barca auxiliar que figura al lado del
bajel.
Con objeto de poder apreciar bien la importancia considerable alcanzada por la ma:
rina mercante de Alejandría, añadiremos
unos cuantos detalles complementarios. Esos
barcos puramente comerciales, los cracktraders de su tiempo, estaban subvencionados por el Gobierno de Roma á condición de
no llevar sino pasaje oficial. El viajero ordinario que quería utilizarlos necesitaba proveerse de una orden imperial. En uno de
ellos tornó á Roma el emperador Tito después de la conquista de Jerusalén; y en barCQS de esa clase se aposentaron San Pablo y
sus 276 compañeros durante la travesía de
Myra á Malta, y el historiador Josefo con
otras seiscientas personas. No todas estas
llegaron al término de su viaje, pues, perdida la nave de Josefo, como la de San Pablo,

RL\IA PROFANA

en el irritado Jfa1·e lvostmm, sólo ochenta
lograron ser salvados, tras de una noche de
angustia, por un bajel de abastecimientos, y
conducidos á Puteoli, cual le ocurrió al apóstol. En la siguiente centuria, uno de eso.&lt;, alejandrinos, el Isis, apartado de su derrotero
por fuerza mayor, echó anclas en el puerto
del Pireo, despertando la admiración general.
Cierto escritor de aquella época, llamado
Luciano, personóse á bordo y dió una descripción detallada de la nave, afirmando, entre otras cosas, que medía sesenta metro~
de eslora.

•

Parécenos supérfluo punluali:mt· la entera
odisea de San Pablo, que puede ser estudiada á fondo recorriendo las páginas del
dramatico relato de San Lúcas. Ba-;le recordar á nuestro propósito que la accidcntadisima jornada dió principio en una 1,ave costera egea, de las dimensiones moderadas su geridas por el barco pompeyano antes mencionado. Una vez en el puerto de Myra, el
funcionario imperial trasladó á su prisionero á un bajel alejandrino, de abastos, que,
según parece,navegaba con ayuda de un cuadrante para determinar la latitud, completado
por la estima y la observación de los astros.
Ocurrióle al navío ser sorprendido por una
tempestad ciclónica. El capitán arrojó al mar
parte del cargamento y hasta lo,i aparatos de carga. La. barquilla auxiliar del bajel
fué ocupada por un destacamento de la tripulación á pretexto de maniobrar las ancla,;
de servidumbre, pero la soldadesca la arrió,
dejándola abandonada con sus ocupantes á
merced de las olas. Así permanecieron éstos
quince mortales días. Ya desesperaban de
salvarse, cuando percibieron las emanaciones de cercana tierra. Animados, izaron una
vela, y empujándolos la brisa hacia las playas donde, ya orientados, enderezaban el
rumbo, fueron á desembarcar en una pequeña rada maltesa, que ha conservado religiosamente el recuerdo de este episodio.
Como dato que cierre este relato, diremos
que un escritor ya fallecido, Mr. James
Smith, muy conocido por sus comentarios á
la Biblia, ha dicho en un estudio que hiw
acerca del viaje de San Pablo que el barco
del apóstol tenía una capacidad de mil doscientas toneladas.

***
La carencia de artes g:áficas en el

pueblo
hebreo oblíganos á recurrir á su literatura
para formar idea acerca de los materiales
flotantes empleados en aquel pintoresco lago
Je Galilea, que tan brillante fondo presta á

la historia de Jesús. De ella se infiere claramen~e que allí abundaban las pequeñas emcarc10nes á remo, tripuladas por uno ó dos
pescadores, aunque también existían barcos
may.?res, capaces de _conducir pasajeros, y
pro~ tstos de rnlas latmas. Hay, pues, buenas
razones para suponer que entre los discípulos galileos del Nazareno figuraban algunos
poseedores de barros de esa clase. Otros de
superior cabida se dedicaban á variado tráfi_c,o en el lago, especialmente á la conducC)Oll de salazones á los mercados. El historiador Josefo describe !a transformación de
algunos de dichos ba~~os en naves de guerra, de transportes m1htares, y aún en barcos
de corso durante la campaña de Vespasiano.
El Nu_evo Test~1:1ento hebreo, á pesar de
las crecientes fac1h?ades del viajar, parece
tener en menos_ estima el mar que sus precursor~s. Los ejemplos y máximas náuticas
en la literatura cristiana son, en verdad, contados. S?lo una vez, en la Epístola á los heb.reos, dice el apóstol que la esperanza cris•
llana •es firnu r segura como un áncora••

227

~l Apóstol de los gentiles, hombre sometido
a mur duras pruebas por las tempestades,
pues sabemos que naufragó nada menos
que cuatr~ ve_ces, sólo tiene pensamientos .
para la ag1tac1ón continua del mar cuando
verbigracia, habla de los hombres •sacudidos por los 'venda1Jales de las doctrinas.,
El apóstol Santiago, al tratar de los males de la palabra, describe el poder de esta comparnndo la lengua á un barco: cl\lirad también las naves-escribe-que, aun9-ue sean gra1~des y las traigan y las Hevea
impetuosos vientos, con un pequeño timón
~e vuelven., El hombre que anda, es asemeJado por el apó,-tol «á la ola del mar movida
por el ~·ie_nto ~- llevada acá y allá.,
Por nltuno, cuando el vidente de Palmos.
ºº?templando en su edad extrema las desapiadada~ aguas del Egeo sueña con la Ciudad ?e Dios, s_u repugnancia instintiva por
la vida marítima evidénciase en una -sola
frase: _p_ara él, Jo más deleitoso de su sublime !lstón de otros cielos y otras patrias
consiste en que allí «no hay mar....

E. G. IIAfülER

RIMA PROFANA
La blanca niña que adoro
lleva al templo su oración
Y, como un piano sonoro '
sueña el piso bajo el oro'
de su empina~o tacón.

Luego, ante el ara se inc.lina,
donde un Cristo de marfil
que el ,fondo obscuro ilumina
muestra la gracia divina
de su divino perfil.

Sugestiva y elegante,
loca apenas con su guante
el agua de bautizar,
Y queda el agua fra,.,ante
con fragancia de az~har.

. Mirá?dola así, de hinojos,
siento rnvencibles antojos
de interr\.lrnpir su oración,
y darla un beso en los ojos
que estalle en su corazón.
FABIO

FIALLO

�HORÓSCOPO DE LOS MESES

SEPTIEMBRE: SOL EN VIRGO
STE

mes el noveno de nuestro calenda-

E rio, rué el séptimo en el anti~uo año dc

1

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1

11
1

1111!
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11

"

¡¡,,11

1.
1 1111
1

.

los romanos, y en tiempo de I.a primera República francesa correspond~a .en. parle á
Frnclidor y en parte al Vendumano. En el
afio cristiano las principales fiestas de Septiembre son: Ía Natividad tle la Virgen, el dia
8; la Exaltación de la Santa Cruz, el 14: San
.\[ateo, apóstol y evangelista, el 21; y San
Jliguel Arcángel, el 29. R1ge á este mes, de:-de el 23 de Agosto hasta igual fecha de Sep•
liembre la constelación Vil'go, sexta del Zodiaco, q'ue es un signo humano femenino, terrestre.
tCómo se formó el signo 1/frgoP En la Mitol~aia Astrea diosa de la justicia, fué la
º 'de las deidades
'
.
última
que a ban donó 1a tierra v al !leaar al cielo se convirliÓ en esta
cm{sielació; adoptando l:i figura de una mujer alada Yeslida por larga túnica y llevando
en la mano izquierda una esp1ga de trigo. En
este signo zodiacal luce la estrella Spica, de
primera magnitud. .
.
Las personas nacidas en el penodo de lu
c:1spide, cuando el sol se encuentra en el 11ulile del siano 1 ó sen desde el 23 al 28 ele
.-\gasto, no cireciben todos l?s benefi~ios de la
individualidad de l'"irgo, srno que tienen :;us
tarnc·teristicas \' !ns de Leo, que le precediú.
Los nacidos én tiempo de ·viJ'go son enérgicor:. ordenados y metódicos. Tienen frío el
t·aráctor y son aente calmosa y confiada. Son
&lt;:onocedo.res cte" si mismos comprendiéndose
en ab.'-ioluto, y rara ve1. pierden el dominio
~obre sus per.;.onas ni olvidan lo que van á
decir ó hacer. Nunca tienen miedo de sus superiores, porque están poseídos de un sentimiento de igualdad natural entre todos los
hombres. Poseen imaginación distinli\·a y
analítica, y son fáciles para reunfr en su
vida mucho conocimiento práctico. Saben
adaptarse bien á los negocios ó á las carre1·as profesionales. Son notables sus faculta-

des ele observación, y rara vez escapan Jo.;.
detalles A su rñpido escrutinio. Tienen notable memoria y aman la música elevada y lo
bello en el color y en la forma.
En aspecto personal, los hijos de Vil'go
tienen facciones cortadas, rostros ovalados,
ojos expresivos pero algo fríos, cejas bajas,
yoz musical y maneras encantadoras. Su
temperamento físico será bilioso-linfático en
los climas meridionales, y linfático-norrioso
en los septentrionales. Sus verdaderas y mejores amista~es las . encuentran en_tre _las
personas nacidas en llempo de Sag,tano 6
de Libm.
Los defectos de los nacidos en Virgo consisten en sus tendencias dominantes y eu :-u
prurito por intervenir en loS ~suntos de
otras personas, así como en la ltb~rtad c~n
que critican las faltas de los &lt;lemas. ~~tau
poseídos de falso orgullo y de amb1c161_1,
amén de poiieer un respeto presuntuoso ha•
cia el dinero y la posición. Su deseo de apa•
rentar mt\s de lo que son lleva á alguno=de ellos á adquirir hábitos de falsedad y á
incurril' con frecuencia en &lt;leudc1s.
Cuando los hijos de Vfrgo se unen con
otros de su propio siano, resultan matrimonios bélicos; y obtie~en brillante sucesi?n,
aunque no muy robusta, cuando esas umones las hacen con personas nacidas en Leo
\' Libra acentuándose más la condición d1•
,
'
originalidad
é ii~teligenc.ia cu~n dº. se casan
con los que nacieron ba¡o Sa9tlano.
El planeta que gobierna á Virgo es Mercurio; las -joyas, son el jaspe rosa, la come•
rina y el :;mfiro; los colores astrales, el oro y
el negro; la flor, la amapola. Febrero y NoYiembre los meses más favorables para los
hijos de este signo,. y el miérco_les el _día
afortunado de la semana. La anhgua tribu
hebrea sobre la que gobernaba Virgo era la
de Benjamín, y Hamaliel el arcángel guar·
dián del sigr.o.

COSAS DE TIEMPOS PASADOS

RECUERDOS DE LA REVOLUCION
los liem pos de las improvisaciones
E personales,
que unas veces resultaban
RA~

"!-:Candal{lsas y otras justificadas, según
raian la-; pesas.
Eran los tiempos en que aparecian carteles en todas las esquinas de ,ladrid con esl:t
sola pregunta: ((t.Quién es Predegal?» Porque
Predegal, sin antecedenteg, sin historia, sin
que su nombre hubiera rn:1ado para nada,
era nombrado, de gol pe y p~rrazo, ministro
ele Hacienda.
Luego, cuando Pedregal empezó á des·
arrollarse como ministro, se vió que era
hombre de gran talento, de car8cter encantador y de intachable probidad.
No había sido, pues, la de Pedregal una
improvisación escandalosa, sino justificadísima y por todo extremo brillante. Pero las
hubo en gran número escandalosas é incomprensibles. Entre esla;, última~ puede contarse la de haberle ofrecido una cartera, en
pleno estado democritlico, a un significado y
caracterizado carlista, tomándole poL· convencido republicano, que ya es tomar.
En aquella racha de .líinisterios que pasaban como cintas de cinemalógrafo, llegó un
d!a en c1ue para elegir ministros, más que á
las cu~hdades personales del agmciaclo, se
alend,a al lugar de su nacimiento. Había que
f~r~ar el Gobierno, por ejemplo, con un ind1v1duo de cada región, y se era ministro por
el_ solo hecho de sel' catalán, andaluz, arago•
ne~, etc., etc.
Esto, visto á distancia, parece cuento.
:1?:1:

:ii se adjudicaban carteras del modo que
d?Jº anotado, figúresé el lector la escri,pu/a&lt;'
sulad que se usaría para la provisión de ca?.P
gas de menos importancia, tales corno sffi:P-ª

~ecretarios) directores generales, oficiales de
secretaría, gobernadores de provincia y otros
análogos.
Hubo un gobernador-el dePalencia-que
recibió una cil'cular secreta del ministro de
la Gobernación en la cual se barrenaba la
Constitución del Estado, que era la do 1869,
y entendió que debía publicarla en el Boletín Oficial de la provincia. ¡Y la publicó!
En la circular á que me refiero se ordenaban medidasde rigor contra los carlistas, me•
didas que, aun suspendidas las garantía.·;
conslitucionales, hubieran parecido fuerte~:
en vigor una Constitución tan democrática
como la de 1869 que hizo imposible lamonarqufa de Don Amadeo, resultaban una
enormidad.
El buen gobernador de Palencia la pnblicó con todos los honores . .t,. la cabeza del
Boletín se leia:
((1\Iinislerio de la Gobernación.-Circular.
-RE.sERYADO.»

¿Qué entendería por l'eservado aquel simpático funcionario( Quiiás pensó, como (']
gitano del cuento, que un secreto se guárd:1
mejor entre muchos que en uno solo.
Excuso decir el jollín que armó la prensa
de oposición cuando recalaron á Madrid
ejemplares de aquel Boletín.
Teniendo en c:uenta lo excitadas que estaban entonces las pasiones y lo violento del
lenguaje que usaba la prensa, se tendrá una
idea aproximada de lo que se dijo acerca de
la circular, del mi nistro que la firmaba y del
gobernador que la publicó.
¡Un horror!
Las redacciones de los periódicos enton•
ces ministeriales y que habían sido largo

�POR ESOS
230
tiempo de oposición, se renonron por ~o~pleto. Los antiguos redactores se convutieron en funcionarios públicos. Entonces, el
periodismo, mucho peor retribuido que ahora se tomaba casi exclusivamente como medí~ de llegar á un pues~o oficial: no era una
profesión propiamente dicha, sino un puente
para llegar á lo orilla opuesta, si ~ntes el
periodista accidental no se veía obligado á
tirarse de cabeza al río ...
Corno periodista que obtenía su premio,
fué nombrado secretario de un gobierno de
provincia un jóven que apenas si tenia la
edad necesaria para poder cobrar sueldo del
Estado con arreglo á la ley. Dicho jóven había sido hasta aquel momento redactor de
uno de los más importantes periódicos del
partido triunfante.
El nuevo empleado se trasladó inmediatamente al punto de su destino y tomó posesión. El gobernador anterior hubo de ausentarse en cuanto se verificó el cambio de instituciones; y así resultó que aú!} no se había
nombrado nuevo gobernador, y el nuevo secretario ya estaba encargado del mando de
la provincia.
Este gobernador interino, que tantas veces
había censurado desde las columnas de su
periódico los abusos y torpezas de las l},Utoridades y funcionarios del Estado, no sabía
una palabra de administración del Estado,
ni conocía la ley á que había de ajustar su
conducta, ni siquiera tenía noción del sencillo
mecanismo del despacho ordinario. El oficial
primero, que ejercía funciones de secretario,
era también nttevo y tan ignorante en asuntos administrativos como su flamante jefe el
gobernador interino.
Era un paso de comedia ver á los dos citados funcionarios examinar el despacho del
día en el momento de la finna.
-,i.Por qué papelito de estos iremos á
presidio?-preguntaba el secretario, mientras firmaba el gobernador sin cabal conciencia de lo que hacia.
Justo es consignar que el gobernador interino se enteró pronto de cuanto debía saber
para el exacto cumplimiento de su obligarión. La cosa es bien fácil.

Cuando los asuntos administratfros marchaban admirablemente y el gobernador interino hasta se había permitido hacer algunos
pinitos en el terreno político, se presentó el
gobernador propietario y tomó posesión de
su destino.
Era el nuevo gobernador de la provincia
de X simpático por extremo, de sólida ins-

231

hECUERDOS DE 1.A RE'\'OLUCIÓX

MUNDOS

trucción y vasta cultura, y podría contar de
treinta y cuatro á treinta y seis años de
edad. su· carácter era angelical mientras no
se le tocaba á la marina, es decir, en tanto
que no se le contrariaba. Cu~ndo esto ocurría, se iba del seguro, se disparaba y era
difícil prever á dónde llegaría. Aquello del
Segismundo de La vida es sueño, cuando
dice

Nadct me parece justo
en siendo contra mi gusto,
parecía escrito expresamente para él. Esto
hombre álos pocos días de haberse posesionado des~ cargo,convocó á la Comisión provincial é intentó presidirla. No pudo pasar del
intento: en cu:rnto abrió la sesión, un señor
diputado, sin tomarse la molestia de ped~r la
palabra, comenzó á hablar de,comed1damente contra el Gobierno, contra el gobernador y contra todo lo que le vino á la~
mientes. El gobernador, después de llamar
tres veces al orden á aquel energúmeno y de
retirarle la palabra, al ver que el orador
continuaba desbarrando y desconociendo la
autoridad del pre!&lt;idente, tocó un timbre y
apareció el coronel de la Guardia civil por la
puerta del foro. Parecía como que estaba
previsto el ca$O y de antemano acordado el

ceremonial.
-¡Ese homb!·e á la cárcel!-gritó el gobernador, pálido de ira, se1'i.alando al diputado revoltoso.
-¡Protestamos de este atropello!-clama•
ron los restantes diputados.
- ¡Todos á la cárcell-agregó el gobernador, echando llamas por los ojos.
Y á la cárcel fué conducida la Comisión
provincial entre individuos de la Guardia civil.
Aquel acto de energía soliviantó la ciudad,
y en círculos y corrillos hervían los más diversos y apasionados comentarios.
El alcalde convocó en seguida al Ayuntamiento, y esta corporación, en sesión solemne y agitada, protestó enérgicamente de la
conducta del góbernador y acordó pedir por
telégrafo al Gobierno central la destitución
de dicha despótica autoridad.
El gobernador, que ya estaba disparado,
supo en seguida lo ocurrido en la sesión del
Ayuntamiento, é inmediatamente citó á su
despacho á la rebelde corporación.
Apenas reunido el Ayuntamiento ante el
gobernador civil y el secretario, el gobernador preguntó al alcalde:
-t.Es cierto que el Ayuntamiento ha protestado de un acto que realicé en el ejercicio
de mis funciones y que ha pedido al Gobierno mi destitución?

-Es cierto.--contestú el alcalde con fria
ímpasibilidai
El gobernador tocó un timbre y apareció
el coronel de la Guardia civil por la puerta
del foro.
-A la cárcel todos e('tos señores,-dijo
sencillamente el gobernador.
Fué aquel un momento solemne: los munícipes apenas daban crédito á lo que oían.
-¿Habremos oído mal?-parecía que se
preguntaban mentalmente.
El alcalde habló de esta manera:
--Señor gobernador: damos nuestra palabra de honor de constituirnos voluntariamente en la cárcel; pero que no venga con
nosotros la Guardia civil, porque en este
ca.~o no respondo del orden público.
-De eso respondo yo,-contestó el gobernador fríamente. Y añadió:
-Señor coronel: emplee usted verdadero
lujo de fuerza al ser conducidos estos .señores á la cárcel.
Y así se hizo: con verdadero lujo de fuerza de la Guardia civil fué conducido á la
cárcel el Ayuntamiento de la ciudad de X.
Imagine el lector lo que diría la prensa de
oposición, de Madrid y provincias, de un gobernador que, en un mismo día, había metido en la cárcel á la Comisión provincial y al
Ayuntamiento.
El hecho era de tal magnitud que la prensa ministerial no se atrevió á clrfender al
pretor (así Je llamaban) de la provincia de
X, y tomó el partido de encerrarse en un mutismo elocuente.
El secretario del Gobierno fué llamado á
Madrid para conferenciar con el ministro de
la Gobernación acerca del hecho sensacional.Primero por convicción y por delicadeza
y de~pm\s por viva simpatía hácia su jefe in~
mediato, q~e más que su jefe era su amigo,
e~ secretario se esforzó en persuadir al mimstro de que el gobernador no pudo proceder de otra suerte si había de salvar el principio de autoridad, que toda la razón babia
estado de su parte .Y que asi resultaría seguramente del expediente que al efecto se instruía.

. El miniqtro se convenció. aprobó la enérgica y sal~dable con_ducta del gobernador, y
el secretario se volvtó á la ciudad de X Jle\'ando tan agradable noticia:
Los detenidos f~eron procesados; ¡:,ero dos
ó tres dí~~ despues decretó el juez la libertad .provisional de los presos, mediante fianza.
Un gobernador que había hecho lo que
aquél no podía continuar allí aunque el Gobierno le hubie1a dado la razón.

Poco después del memorable acontecimiento, aquel gobernador fué trasladado á
otra provincia de más importancia, á un
mando de primera. Y que tenia dotes de
mando bien lo demostró en pocos días, en
un día, más propiamente dicho.

:;:** .
El secretario volvió á ser gobernador interino, y todo le auguraba una era de reposo
y de tranquilidad: vagaban por sus dominios cuatro ó cinco partidas carlistas, y su
antecesor le babia dejado la capital convertida en una balsa de aceite...
De aceite hirviendo.
En la que puede llamarse segunda etapa
de su mando, el gobernador interino se reveló como hábil diplomático.
Jamás alurHa á hechos pasados, y si álguien le hablaba de ellos, hasta se mostraba
sorprendido, como si los ignorase, é iba limando asperezas y restañando las heridas
que aún manaban sangre.
Su labor habría sido fácil si desde el primer momento se hubiera limitado á desaprobar y condenar la conducta de su antecesor en el mando de la provincia; pero había estado de acuerdo con él, le hahia apoyado ante el ministro de la Gobernación, y
no debía ni podía adoptar, decentemente, tal
actitud. Cuando se veía fatalmente obligado
á tratar de aquel asunto, lo hacia rápida y
someramente, diciendo:
,
-Yo, en su caso, habría hecho lo mismo.
Hablemos de otra cosa.
Y pasaba á otro asunto.
Bien s;ibía él que no hubiera hecho lo mismo, aunque un gobernador tiene autoridad
para suspender una corporación de la que
es jefe nato, ó algunos individuos de la misma, pasando el tanto de culpa á los tribunales ordinarios. No hubiera hecho lo mismo;
pero lo decía, po'rque, dadas su situación y
su delicadeza, no podía decir otra cosa. Por
sistema, sólo usaba temperamentos de violencia cuando no podía pasar por otro punto.
Aceptando, en parle, la máxima de que
«transigir es gobernar,• siendo á veces enérgico y á veces conciliador, echando, como
suele decirse, una de cal y otra de arena, el
caso fué que logró pacificar los ánimos y que
se captó las simpatías de la mayoría de los
vecinos de la ciudad de X.
El Gobierno estaLa satisfecho de la conducta hábil y sensata del gobernador interino, y el ministro de la Gobernación le había
manifestado, en carta particular, que pronto
sería. nombrado gobernador efectivo de la
proYincia donde tan buena campaña estaba
realizando.

�232

rrn

ESOS

--¡Gobernaaor de vetdad á los ,einticinco
aiios!-pensaba el gobernador interino!
Y se mostraba satisfecho de su talento y
de su di,;creción. ¡Era tan jóvc1L.

1

1

;

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;i

llallábase una tarde en su despacho el gobernador interino estudiando un expediente
que le había presentado el jefe de la Sección
de Fomento, á cuyo jefe le había puesto los
p1tnlos porque era de mucho cuidado, cuando le anunciaron la visita del guarda mayor
ele\ valle de ... Dobló el expediente aplazando su estudio para mejor ocasión, y i:C dispuso á recibí r al visitan le.
La presencia del aludido funcionario causóle viva sorpresa. Iba vestido como los anliguos bandidos andaluces\' sólo le faltaban
las armas para que la ilusión fuese completa. Parecía una copia fiel de Diego Corriente;-;
ó de José ~!aria. Era de figura arrogantísima,
guapo, extrá11amenfe si111pcífico, de !acciones enérgicas y correctas, usaba grandes patillas de las llamadas de bow d~ hacha \'
podría contar de cuarenta á cuarenta y &lt;lo~
años.
Aún más que su anacrónica indumentaria,
hubo de extrañarle el lenguaje de aquel hombre. Se le ofreció de modo absoluto é incondicional, del modo más servil y más bien
romo humildisimo criado que como funcionario público que. se pone á las órdenes de
s11 jefe, siendo su actitud tanto más extraña
ruanto que se trataba de un jefe interino.
Ya en pié para marcharse y como si tratara de redondea,· sus ofrecimientos, dijo el
l(Uarda mayor:
- -Si álguien le estorba á usted, no tiene
más que rlecinnelo y asunto acabado.
. A mí no me estorba nadie ... Vaya usted
con Dio8 7-repuso fría y severamente el gohernador interino.
El insinuante y enigmático guílrda salió
del despacho, tranquilo, satisfech·o y sonriente.
•
El gobernador llamó en seguida:at conserje, un anciano que llevaba más de treinta
a110s en aquel Gobierno civil, y le )reguntó:
-¿Quién es ese hombre que acaba de 8alir &lt;le aquí?
- El guarda mayor del valle de!..
-Ya lo sé; no pregunto eso ... Deseo saber
qué ha sido ese h~mbre autes de ser guarda
mayor, porr¡ue me figuro que es hombre de
historia.
Sonríase el con,e1je y contestó:
-Ese era Joselito, capitán do ladrones
de la célebre partida llamada Los pattlinos,
que fueron indultados por Doña Isabel II

!&gt;tr:-mos
poco antes de la füwo lución. A poco del indulto, Joselito fué nombrado guarda mayor
del valle de... y en su cargo continúa, respetado por todos los Gobiernos.
-Está bién, retírese ... Y si vuelve Joselilo
por aquí le dice usted que no puedo recibirlo.
Aquella misma larde escribió el gobernador interillo una larga carta á uno de los mi•
nistro,, con quien tenía amistad particular y
del cual era paisano, dándole cuenta del desrubrimienfo que acababa de hacer, creyenrlo-¡oh: candide;,: juvenil!-que pre,;Laba un
j!ran ,-ervicio al Gobierno y que el ex-capitán de bandidos sería destituido inmediatamente, tal vez por telégrafo.
El ministro no le contestó; pero lo escribió
acorra de aquel tema un su amigo intimo,
hombre de experiencia, político práctico, el
cual, entre otras cosas, le dccia lo siguiente:
•Eres muy jóven y no comprendes aún
los misterio,; de la política, las necesidades
de la política, diré mejor. y has cometido una
torpeza: en política no hay hombres; no hay
má~ que obstáculos y utiliclcules:
• Los primeros, se eliminan; las segundas,
se aprovechan. Sentiré que llegues á figurar
entre los primeros...
»Ese hombre que tú denuncias como perjudicial, nos es muy necesario. No hagas el
Quijote, y amóldate á las circunstancias.•
Otras muchas cosas decía la carta. Concluida su lectura, la estrujó nerviosamente.
irguióse súbito, recorrió el despacho, presa
de febril agitación, y, como en las comedias,
se tnetió en un monólogo animadísimo.
-Si esa es la política,- concluyó -no
quiero ser político.
Acto continuo redactó su dimisión y la envió á ~!adrid. So le fué acepatada. Su paisano el ministro, que le conocía bien, temía que
diera un escándalo monumental relatando
en los periódicos el motivo de su dimisión, y
ante ese temor justificado, el Gobierno le dijo
r¡ue estando muy satisfecho ele su gestión
le rogaba que permaneciera en su puesto,
con tanto mayor motivo cuan¡o que pronto
sería nombrado gobernador en propiedad.
Acababa de leer esa comunicación cuando
1.1e presentó el conserje en el despacho, diciendo:
--Ahí ha estado el guarda mayor del valle
de... Le he dicho que Usía no lo podía recibir y se ha incomodado mucho.
- -Está bien.
- Dice que vendrá mañaua.
-Siempre que venga le dice usted que no
lo puedo recibir, que estoy ocupado...

RECUERDOS DE LA REVOLUCIÓN

El guarda mayor volvió al día siguiente al
Gobierno civil, y tampoco fué recibido.
Ocho días después se supo en la ciudad de
X que en la pequeña e~tación de N, cerca
del limite de la provincia, un poco más allá
del valle de ... había sido robado un tren de
viajeros, á las dos de la madrugada, por unos
enmascarados á los cuales no había sido posible reconocer á causa de la obscuridad.
El gobernador tuvo un presentimiento horrible, que comunicó, con toda reserva, al
coronel de la Guardia civil, bravo y pundonoroso militar, anciano venerable en quien
tenia fé ciega , absoluta confianza.
--Puede qué no vaya usted descaminado.
-le contestó el coronel.
Dos días después se repitió la agresión en
el mismo sitio, y no se repitió el robo porrrue en el tren iban tres parejas de la Guardia civil; pero esta fnerza se tiroteó un ralo
con los ~alteadores enmascarados, resultando heridos, aunque le\·emente. por fortuna.
nn guardia y dos Yiajcro~.
Pasaron ocho días sin novedad, creyósc
rrue los bandoleros se daban por convencid_os de la ineficacia de sus ataque~, y fué retirada de ac¡t1el servicio la Guardia civil. Precisamente la primera noche que pasó el tren
sin dicha defensa fué robado nuevamente
en la misma estación y por mayor ní1mer~
de enmascarados. Se conocía que los tales
teniau buenas confidencias.
El gobernador interino se .afirmó en su
presentimiento. se agrandaron sus sospechas
y empezó a seguir una pista.
Volvieron las tres parejas á prestar servicio en aquel tren, y casi todas las noches se
tiroteaban con los bandidos. Parecía que éstos, más que robar, lo que pretendían era
t~ner en jaque á las autoridades y despresti¡narlas.
Una noche, además de las tres pareja,-,
íueron en el tren el gobernador interino y el
coronel de la Guardia civil. Aquella noche el
combate fué más empeñado que nunca.
El tren se detuvo alli indefinidamente v el
gobernado~ interrogó con habilidad al jefe
de la estac!ón, al guarda-aguja, al guardabarrera y a otras personas, y lo que hasta
cnt?nces h~b~a sido Yehemen te sospecha
,c-as1 se conv1rbó en certidumbre.
~e vue_lt~ ~n la capital, el gobernador int?n~o clmg1ó_ ~_na larga comunicación al
G_obierno part1c1pándole que instruía expediente acerca de los robos cometidos en el
tren al pasar este por la estación de N., y
que se proponía demostrar que tale3 haza1ias eran realizadas por el guarda mayor del
valle de... y los hombres que tenía a sus órdenes, algunos de los cuales también habían

233

sido sus subordinados cuando fué capitán de
los famosos pattlinos.
Fundamentaba sus sospechas con multitud de datos, indicio; y coincidencias r
apuntaba, ademas, una frase que él. en su
calidad de escritor, hacia feliz.
-Ese hombre-decía-siente la nostalgia
ele su antiguo oficio; y por eso, y por perjudicarme, para evitar mi nombramiento de
gobernador propietario, reanuda sus aventura,:.
Después de expedir aquella comunicación
respiró satisfecho. Pensó nuevamente (tenia
entónces una candider. incorregible ) que
prestaba un gran servicio al Gobierno, que
consolidaba su posición y que le nombrarían inmediatamente, como le habían ofrecido, gobernador en propiedad de la prorinria de X. Xo pensó ni por un momento
que toda la vide, es sueiio
y los suef1os s11e1ws son.

Tres ó cuatro dia" después recibió una
carta cari1losísima de su amigo y pai,ano
el ministro de... dicién·lole, á vuelta de prodigarle virn~ elogios, 1¡11e, en vista de lo m11c(10 y de lo bien que había trabajado, el Gobierno, deseando premiar sus buenos servicios, había decidido trasladarle á un llini~terio, con ascenso, al objeto de que desea,,.
sara de tantas fatigas. Sería, pues, nombrado. si á ello prestaba su conformidad, jefo
de la Sección Política del Ministerio de...
El ministro de la Gobernación, á quien
había
dirigido, como era natural ' la comu.
.
mcac1ón acerca del expediente que instruía
&lt;lió la callada por respuesta.
'
Por fin vió claro y se llegó á enterar. ¡Ya
era hora!
Fatig_ado y d~sengañado, aceptó lo que le
propoma su amigo y paisano el ministro de...
Coincidencia digna ele notarse fué la de
que, tan pronto como se supo en la capital
que el gobernador interio se marchaba, cesaron como por ensalmo los asaltos al tren en
la estación de N.
. Inútil es decir que el gobernador interino
chó de mano al expediente comenzado.
Como le había dicho atinadamente su amigo el político experto y práctico, de 11filfrlarl
que huhiera podido ser, habías!' convertido
e~ obstáculo, y en política los obstáculos se
chminan. Joselifo: el ex-capitán de bandidos, que por lo visto era una ufiliclacl podía
vivir tranquilo.
'
De que lo eliminaban definitivamente
tuvo la prueba en cuanto llegó á Madrid. El
pue~to _de jefe de la seccion política que le
hab1a sido ofrecido estaba ya ocupado por

�234

PLEGARlA

un pariente de su amigo, paisano y pro-

tector. el ministro de ... Este le dijo:
-Dentro de unos días habrá crisis par•
cial 1 me encargaré de la cartera de Gobernación, y le necesito a usted para confiarle un
Gobierno de primera. Tiene usted grandes
condiciones de mando y es lástima que ve-

gete pasivamente en un Ministerio.
Esperando Ja crisis parcial y como consecuencia de la misma el nuevo embuste que
habrían de decir]~, llegó al Congreso el ge-

1

neral Pavía, lo disolvió como se disuelve la
sal en el agua, y echó á rodar aquel desorden de cosas.
El ex-gobernador interino casi se alegró
de aquella barrabasada-que á tales extre-

mos llega el despecho,-reconoció modestamente que no tenía condiciones de hombre
político, tal y como la política se entiende,
que siempre sería obstác"lo y nunca ttlilidad, é hizo un m"tis definitivo, retirándose
por el foro.
Desde entonces no ha vuelto á figurar en
la política activa ... y ha rectificado en gran
parte sus ideas.
Más de una vez ha pensado, viendo los toros desde la barrera y libre de todo prejuicio de bandería, que el bien ó el mal de esta
pobre patria española, más que en lo bueno
'ó malo de los sistemas políticos, está en la
índole de los hombres constituidos en clase

directora.

PLEGARIA
Virgen de los Reyes, madrecita mía,

1

Las rosas y el poeta loco
por el jardín de un maniP comiosu ellocura
poeta. Está pálido, y sus ojos
ASE~

FRANCISCO FLORES GARCÍA

1 1

PÁOJNA S CORTAS

1a morena Virgen de los sevillanos:
tú que eres alegre como un mediodia
y como el sol de oro que hace los veranos,
haz que torne á mi alma toda la alegria
de aquellos sencillos cantares gitanos.
Siento mal de amores por una morena
que copia en su cara tu cara serrana.
Mírame mi pecho cargado de pena,
Virgen, por morena, linda y sevillana,
y rompe la férrea, la dura cadena
que ha echado á mi cuello la moza cristiana.
Ha olvidado ella toda tu doctrina:
que el amor es cosa santa de los cielos,
y que amor es gracia de la sal divina,
y que amor es bálsamo de ansias y desvelos,
y es fuente de agua pura y cristalina
donde bebe el alma todos sus consuelos.
PÜr sus desvaríos siento yo pesares,
y me rinde el alma con. augustias locas ...
Bebo la amargura de todos los mares,
en aguas que fluyen de muy duras rocas.
Tócala en el alma por cuanto tú amares,
tú que santificas todo cuanto tocas.
Virgen de los Reyes, madrecita mía,
la morena Virgen de los sevillanos:
haz que llene á mi alma toda la alegria
de los amorosos cantares serranos,
tú que eres la madre de la luz del día.
y el sol que calienta todos los veranos.
JosÉ MUÑOZ SAN ROMAN

aparecen nublados por la tristeza más profunda.
De pronto, detiénese ante un rosal y coje
una flµr blanca; luego se para en otro, y corta una rosa amarilla; después en el tercero,
y se apodera de un capullo encarnado.
Coloca las tres rosas en un banco de madera, y dice á la de color blanco:
-Contéstame, hermosa flor. Se te acusa
de que cuando eras mujer joven y bella abandonaste sin piedad, para casarte con un an ciano rico, á un gentil, pero pobre manee•
ho, que te adoraba. ¿Qué alegas en tu defensa'?
El poeta loco esperó en. vano la contestación.
Morirás,-dijo, Iras el largo silencio de
la flor.
Luego, se dirigió á la rosa amarilla:
--Afirman que cuando reinabas como mujer, tu sonrisa eng?.ñadora, tu coquetería in•
fame y tu condescendencia fingida torturaron un corazón bueno y sano que latía violentamente por ti. ¿Por qué obraste de esa
manera? Contéstame.
Otra vez fué inútil el propósito del loco
de oir á la flor. Hubo de decirla:
-Te condeno á muerte, como á tu hermana.
Y habló así á la rosa encarnada:
-Dime por qué aseguran que cuando eras
mujer fácil y hermosa enloqueciste con tus
p~rversas caricias y envileciste á un desgra•
ciado que buscaba en tus encantos el olvido
de sns antiguas desventuras.
Tercera vez fué vano el esperar del poeta.
-También moriras,-condenó á la flor.
Y sacando el poeta loco de su bolsillo un
diminuto iustrumento de madera y acero,
una pequeña guillotina que había fabricado,
colocó las tres rosas bajo la cuchilla, que al
precipitarse sobre las flores las separó de sus

tallos haciéndolas caer en la arena del sendero.
A los pocos instantes, el poeta recogió del
suelo las rosas y las contemplQ largo rato.
Encaminóse luego hácia el fondo del jardín.
Eligió un lugar oculto, que no pudiera ser
profanado por humanos pasos, y con los dedos empezó á cavar en la tierra una fosa.
Enterró juntas á las tres flores, cubrió la
sepultura con hojas de acacia,y se arrodilló,
y estuvo llorando hasta la caída de la tarde
regando con sus lágrimas la tumba de las
rosas•mujeres.
CATULLE MENDES

Los dos granaderos

e

de Francia van dos granaderos de
la guardia. Largo tiempo habían estado
cautivos en Rusia. Y cuando, en su marcha,
llegaron á las comarcas de Alemania, bajaron dolorosamente la cabeza.
Allí supieron que Francia había sucumbido: el valiente gran ejército estaba destrozado y el emperador hecho prisionero. Los dos
granaderos rompieron á llorar.
Dijo el uno:
-¡('.uánto sufro! Abrense mis antiguas heridas y veo acercarse mi fin.
Y el otro dijo:
-¡Todo ha acabado! Yo quisiera también
morir ... Pero sin mí, allá abajo, mi mujer,
mi hijo, pereuerán ...
-¡ Y á mi qué me importan mi esposa y
mis hijos!-repuso el primero.-Que mendiguen, si sufren hambre ... Otras son mis cuiw
tas: ¡el emperador, prisionero!
Hizo una pausa, y continuó:
.....-Oye, amigo mio) oye mi ruego: moriré
aquí, pero llévate mi cuerpo á tierra de Francia y sepúltalo en ella. Sobre el corazón, colócame la cruz de honor con su cinta encarnada; en la mano, pónme el fusil; al cinto,
ciñeme la espada: qúiero estar de ese modo
en mi tumba, como centinela, aguardando
AMINO

�236

ron

que suene otra Ye7. el estampido del cañón
r que retiemble nuevamente el suelo bajo el
galope de los caballo,:;. El emperador pasará
sobro mi tumba, y sentiré el batir de los
tambores y el met~lico chocar de los sables ...
Entonces, saldré armado de mi fosa para defender á mi emperador querido.
E:-.mQt:E lfEIKE

El collar de Salambó
OJOS YERDES

Nubia do crespas carn par1as
y Escocia de verdes lagos

1

1

rnsueñan en las extrañas
vistas de tus ojos rngos.
Melancolías hura!ias
beben el absit1tio, y magos
cometas haC'en aciagos
&gt;&lt;ignos en tus pestañas.
¡Oh, tus cambiantes y finos
y oblicuos ojos felinos! ...
.\breme la maravilla
de tu honda mirada verde,
mar ele vida en que se pierd'1
mi taciturna ba1 quilla.
OJOS GRISES

.Ko sé que hurañas regiones
de ventisqueros y riscos
se insinúan en los discos
rle tus dos ojos lapones.
Noche boreal. cerrazones ...
Kremlin de nilcar, apriscos
rle osos que braman ari~ros
háC'ia las constelaciones ..
¡No llores, mi dulrr Cleo!
Amor regirá el trinco
por la quimera sin fin,
é iremos hácia los grise~,
vagos, enfermos países
que hay en tus ojos de esplín.
OJOS AZULES

Son más dulces que un Leteo
tus pu pilas, cual si en ellas
entonaran dos estrellas
su ¡Gloria i,i excelsis Deo!
Fulgen místicas centellas
en inefable azuleo,
como un idilio de bellas
palomas del Himeneo.
t,Sueños de amores floridos?
Ya están los cisnes uncidos:
la góndola nos espéra.
~eré Lohengrin, ó Raul,

PÁGIXAS CORTAS

ESO" ~!t;'.'l'DOS

,· te amaré en la Isla Azul
de la Eterna Primavera.
OJOS DE ORO

Suefio.n heróicos delirios
tus ojos como áureo, dardos:
O:;;iris, Menfis, gallardo.,
faraones y martirios;
India: elefantes y leopardos;
Judá: incensario., v cirios,
dorada legión de )lardos
Y ;;acerdotes asirios.
;,Amas el Sol, ¡oh, mi emmeño'.?
;,Quiere» cruzar el espacio'~
¡Amor ,;erá el Clavileño
que te conduzca al palacio
donde mora el feliz dueño
de tus ojos ele topacio!

La noche del odio cierno
cristalizó en el diamante
de tus pupilas. que el DantP.
tomara por el Infierno.
Desoladas en su interno
maleficio obsesionante;
hay en su noche enen·ante,
~h10rte, Vacío é Infierno.
Aunque tanto me han herido
tus ojos de gema rara,
hoy como siempre te pido
tus ojos negro$, ¡oh, avara!
r¡ue al menos así enlutara
el féretro de tu olvido...

Juuo HERRERA REISSIG

Hojas de la vida
rodeaban á una hermo~a muS jer:mozos
cinco de ellos, apuestos, garridos; el
EIS

sexto, mal figurado.
Dijeron los cinco:- Te amo, porque eres el sol de mis día;;.
- Yo, porque eres la estrella de mis noches.
- Yo, porque eres el aire que respiro.
- Pues yo te amo porque eres la luz de
mis ojos.
- Y yo porque eres la paz de mi alma.
El sexto calló: no podía medir sus armas
con aquéllos.
Ella miró altivamente á los que hablaron.
-Pues yo no os amo,-les dijo.
Y luego, con voz delicadísima, llena de
mil promesas, preguntó al que había callado:
- Y tú ... ¿por qué no me amas:'

Enloquecido~, furio,;oi&lt;, iban por una calle
muchos hombres del pueblo.
-;Lo mata1·emos! -gritaban.
--í iurastraremo,;: su cadáver por las calle--.
- Y echaremos á los perros sus despojos.
Llegaronádonde se dirigían, y vociferaron;
-¡Que salga!
-¡Que se le llame!
-¡Que venga!
Pero ninguno daba un paso adelante.
Al cabo. el más audaz, el más atrevido,
se acercó á la puerta de la casa, y llamó.
Llamó suavemente. El señor salió: sus
miradas eran como latigazos.
-¿Qué queréis?-les dijo.
Los hombres inclinaron la cabeza mansamente:
-Saludaros, se11or.
*
*
:.\ledio muertos de* hambre,
van por un
camino una madre y un hijo, mientras que
con la insolencia de la dicha cantan los pajaros entre las hojas nuevas que el sol dora
en su expléndida brillantez.
Un viajero da un trozo de pan a los ham1.irieotos. Madre é hijo miran con avidez el
regalo. Con esa divina delicader.a de las madres, dícele ella á él:
- Cómelo tú solo, hijo mío. Lo necesitas
más que yo.
El hijo, engulliendo el pan ansiosamente:
--¿No es cierto que tú no tienes hambre,
madrecita'?
*
**
~ ¡Qué he1-mosa es la :Naturaleza! ¡~lira qué
claramente brilla el sol! ¡Oye qué dulcemente cantan los pájaros!... Si tú me amaras...
-Pero ... ¡si yo le amo!
•
-Y cuando la Naturaleza e~tá alegre también el alma lo está. Aun el viento, que es
siempre igual, susurra, como si riera, en la~
copas de los árboles ... ¿Por qué no me ama,
tú't

--¡Siempre dices que no te amo! ,:,Por qué
lo dices? :.\lil veces has probado mi amor ...
--Ttt no me amas.
- Que sí,-contestó ella.
í le exprimió estrepitosamente un beso
en los labio:;.
El la miró piadosamente, y la dijo:
.-\hora eP cuando c1·eo que no nic ama3.

***

.. Un hombre creíase feliz porque tenía una

inmensa fortuna, una amada cariiiosa v una
madre que le adoraba. Cierto dia perd°ió su

fortuna. A poco, su amada, veleidosa, ~e fué
por el mundo con otro ho:ubre. Y una mañana, rnuv lt·isle, su madre voló hasta DioB.
El hon;bre, ante el humo disipado de !':U"
ilusiones y sus dichas trocadas en pesare~.
recordó pausadamente, tranquilamente, el
pensamiento de Taine:
«También es bello un palacio que arde.»

***

Callan los dos en el balcón. Es de noche.
Suena la campana del convento.
-¡Qué triste es el sonido de esa campana!-dice ella.
El responde:
-Oigo la campana... Pero siempre e"
igual su tañido para mi: ni triste ni alegre; la
oigo con entera indiferencia:
Ahora callan más que antes, en silencio
solemne. El toma u11a de las mrnos de ella,
r, acariciándola, inconscientemente la atrae
hacia ,-u corazón.
Ella interrumpe el silencio:
-¡E,;; muy triste el sonido de esa rampanal
Un hombre amaba locamente á una mujer sin conseguir nunca su amor. Crernndo
asi conseguirla, fuése á pelear con la fortuna:
luchó brazo á brazo con ella, y la domó.
Llegóse entónces nuevamente á1· lado de la
mujer y la ofreció todos sus halagos, del rni~mo modo que antes la habín ofrecido todo~
sus esfuerzos, todas sus energías.
-No os quiero ni á ti ni á tu fortuna.
repuso ella.
- ¿Qué es, pues, lo que deseas? Mil vece:;
he gozado la felicidad de creer que tus labios me sonreían, ¡pero ni siquiera han formado una mueca de desdé11!... ¿,Qué seria
digno de ti? ¿Lauros? Pues los rendiré á_tus
pié::i, para que luego me sonrías y para que
amándome puedas hallar una á una todas
las hojas de mi corona.
Logró él los lauros que apetecía, y volvió al lado de la mujer que ambicionaba.
Pero ella rechazó la corona, y, pisoteándola.
dijo desdeñosamente:
- ¡Ni tú, ni tu fortuna, ni tu gloria, quiero! Prefiero ser de otro hombre cllalquiera.
Y se fué al lado de un infeliz de la vida,
El enamorado exclamó entónces:
- ¡Cuántos reproches mereces, y, sin embargo, no puedo hacértelos! ?lle duele, por - ,
que me parece que te producen dolor...

R. MONTOYA PÉREZ

�EN El. SENO DE ABRAIIA:.t

EN EL SENO DE ABRAHAM
(CUENTO TRÁOICO)

I
Á LA ORILLA DEL MAR

en la balaustrada de la galería,
A CODADO
desde donde la humilde dársena se columbraba en toda su amplitud, Andrés sonreía mirando á los pilluelos de la playa, que
mostraban desnudos sus morenos torsos, invitándole con gestos expresivos á lanzar al
ae1ua monedas de cobre envueltas en blanco
p:pel, para, buceando como minúsculos tritone~. sacar entre los dientes á la superficie
la codiciada presa tras reñid:i disputa bajo
la:S tranquilas aguas del puerto. Algo rehllcio
el jóven madrilerio á exprimir su bolsa aqu~lla mañana, conformábase con mover negativamente la cabeza, cual muda contestación
á los apremios de la vocinglera chiquillería,
cuyos gritos atronaban con pintoresco chapurreo:
-¡Señor, eche perras! Sacar luego nos'.ltros ... Uslé, échanos perras agua ...
Por librarse -de la sempiterna algarabía,
lleYóse la mano al bolsillo del pantalón,
cuando sonó á su espalda una voz curo timbre repercutió en su oído con dulces vibraciones:
-Buenos días, Andrés ...
Era una jóven primorosamente bella, en
quien no se sabía si admirar má'! la gracia de sus facciones, la gallardía de su cuerpo ó la distinción de su porte. Vestía sencillo traje de mañana, de hilo blanco, bordado á grandes ramos, corta la falda dejando al descubierto el menudo pié lindamente
calzado, y hasta el codo las mangas de la
blusa permitiendo ver los blanco, y torneados brazos, en uno de los cuales lucía ancha
pulsera de oro con el nombre de Andrés
trazado con brillantes.

Dicho se está que el saludo fué pronto y
efusivamente contestado por el jóven, y que
ambos emprendieron a I momento íntimo
y animado coloquio, por el cual colegiase
que el Andrés de la pulsera no era otro que
el que poco antes s::,lazábase contemplando
las piruetas y oyendo los chillidos de los pilletes de la playa desde la galería del hotel.
Andrés y Nora estaban para casarse: al
regre,o de'la excursión veraniega, alln para
Octubre, constituirían el hogar soñado como nido de ventura perdurable. Haciendo
cábalas sobre su vida futura charloteaban
los amartelados novios, sentados en sillones
de mimbre, mientras en una mesita del inmediato comedor engullía sosegadamente el
copioso desayuno la mamá de Nora, dama
de gran volúmen, rondando los cincuenta.
pero hábil en la re3tauración de ajadas belleza~, gracias á lo cual conseguía disminuir,
si bien nunca ocultar, los estragos del tiempo: horrorhaba á la buena señora la idea &lt;le
envejecer, y poniendo de su parte lo P?CO
que podía para contrarrestar la marcha implacable de la clepsidra de Saturno, teñíase
de rubio inverosímil los cabellos, blanqueábase el cutis, arrugado, oprimiase con acorazados cor.sés el abultado abdómen, y no toleraba que la llamasen sus amigos sino empleanrlo el diminutivo de su nombre.
-No me llame usted Purificación,-decía
á sus intimos.-Llámeme usted Purita.
Y Pur-ita le llamaban todos, aunque con
cierta ironía al ver que pronto iba á ser suegra, no tardando mucho en convertirse en
abuela. Su esposo, senador del reino, grn11
tresillista, encogíase de hombros al advertir
tan pueriles obsesiones, que no se tomaba
siquiera el trabajo de discutir, abstraído
como estaba en harto mayores empresas
que no consentía en abandonar siquiera du-

rante el veraneo: reuniase imprescindiblemente con otros tres sesudos veraneantes, ex:director general el uno y diputados de lamayoría los otros dos, no separándose los cuatro ni un momento, lo cual era causa de que
Paquito Blanco, el eterno chismógrafo, Je3
hubiese confirmado con el remoquete de los
Tetrat·cas. Después de la comida y de la
cena, jugaban irremi~iblemente al tresillo
interminables partidas; pero la mañana dedicábanla á discutir asuntos de transcendencia, formando corro en la playa, repantigados gravemente en sus cestos, á lá sombra de
un toldo. Qué es lo que discutían no era fá.
cil saberlo, porque ocupaban un estratégico
lugar, bastante apartado del núcleo de bauistas: ello debía ser cosa grave, por cuanto
que solían callarse tan pronto advertían la
proximidad de algún c~ri?so que, oído alerta, pretendía pescar alguna frase suelta: tal
• vez se trataba de un formidable secreto de
Estado. ¡Quién sabe si de aquellas pláticas
emanase alg.ín día la felicidad del país! Lo
cierto fué que Paquito Blanco-en su afün de
husmear vidas ajenas y poner en ridículo á
la gente-colocóse cierta mañana en el interior de una caseta inmediata al toldo de los
Tetmrcos, y, aguantar.do el calor y el aburrimiento, logró sorprender el tema de tan
interesantes conversacione,.
-Se lo aseguro á ustedes bajo mi palabra,
- decía el ex-direJtor gravemente, poniéndose. la mano en el pecho.-Fué en ca3a de
Fernán-Núñez, en Diciembre del 75, bien
me acuerdo: con la espada y tres estuches
hice bola.
-¡No puede ser!-exclamaron á una los
oyentes.
-Señores,-prosiguió el orador con más
gravedad.-He dado mi palabra. Debo añadir
que además tenía tres reyes.
-Eso ya es otra cosa,-dijo el senador.
-Si, sí,-asintieron los diputados de la
mayoría, por no perder la costumbre.
Y dando vueltas á tan amenas é interesan!es cuest~ones prosiguieron largo rato,
segun Blanqu1to aseguraba por la tarde en
el c~rrillo de sus amigotes, que reventaban
de risa.
Cuando Pm·ita consumió el último de los
abundantes picatostes que, impregnados en
humeante soconusco, habían constituido, á
~ás del va~azo d~ leche, su parvedad matutina, aprox1móse a Nora y Andrés, que olvidados del mundo exterior seguían su animado cuchicheo.
-¿De qué se habla, pimpollos?-preguntó Purita.
-De todo... y de nada -respondió Andrés levantándose galante~ente para acer-

23\)

car un asiento en que se arrellanase su futura mamá.-Hacíamos cábalas para el porvenir, arreglábamos algunos detalles de nuestra casita y, últimamente, hemos recordado
que esta tarde será la excursión por la ria
para ver el seno de Abmham, ese prodigio
de belleza agreste, si hemos de creer á los
que lo han visitado.
Purita puso mal gesto: temerosa cual nadie del líquido elemento, aborrecía las bromas con el mm· por creerlas de fatales consecuencias, siendo tan sólo partidaria del
agua de Barcelona para blanquearse el cuti3
y de la de Colonia para perfumar el baño.
-Pero ... ¿vosotros estáis comprometidos á
ir?-exclamó la mamá.
-No puede llamarse compromiso,-dijo
Andrfa-Ayer se habló de hacer esta tarde
la excursión. Paquito Blanco quedó encargado de avisar la barca y tener preparada Ja
merienda, y nosotros fuímos de los más entusiastas partidarios del paseo .. Pero eso
nada quiere decir, si á usted no le parece que
vayamos.
-¡Dios me libre! Haré de mi capa un sayo: me guar.laré de ir ... Pero vosotros sóis
muy dueños de hacerlo.
-No es cosa de que estés sola toda
tarde,-intervino Nora visiblemente contrariada.-Nos quedaremos nosotros también.
Convínose en ello. Pero ténue nubecilla
pareció flotar desde entónces sobre la frente
de Nora: ilusionada como estaba con el acuático paseo, súpolc mal la intransigencia materna. Andrés, conocedor del carácter de su
amada, no tardó on advertirlo, y, echando á
broma la trivial contrariedad, empeiióse
en que Purita se animase; mas no pudiendo conseguirlo, zanjóse la cuestión en la siguiente forma: Nora y Andrés irían, comprometiéndose á encontrar una ó varias se1iora,
que acompañasen á ru madre durante la ausencia de los excursioni&lt;,tas.
Poco á poco fueron bajando á la terraz.1
del hotel varios de los m~s conspícuos veraneantes, hospedados en el mismo: el matrimonio Sánchez Mirón, con tres amas secas
y dos luímedas; la señora de Luque, con
cuatro hijas casaderas, aunque incasables;
el marquesito del Crepúsculo Vespertino,
ducho como el primero en el manejo del
auto, si bien ignorante de las reglas gramaticales más sencillas; la baronesa del .Mogollón, soltando tantos disparates como palabras; Paquito Blanco, en fin, resplandeciendo bajo un terno de blanquísima franela, de medio lado el jipi, sonriente la boca,
dispuesta á soltar la sangrienta sátira urdida momentos antes ...
Fácil le fué á Andrés encontrar compañía

la

�240

POR ESOS MUNDOS

Pª!ª su

mamá futura: no una, sino varias
senoras "e ofrecieron á ello, y, cundiendo
entre las damas de edad provecta la idea de
t¡uedars3, desi!&lt;tieron de ir todas las mamás,
excepto la de Luque, rodrigón inex~rable de
sus machuchas bija~: cuya presencia ~n la
barca serviría para autorizar convenientemente á todas las jóvenes solteras.
.
Aquel día, la hora del baño, la más d1ve~·tida de todas ordinariamente, transcuma
sin incidentes dignos de mención; no se pasó
revista á los rellenos de Fulana, ni á los pantalones larguísimos de .Mengana, ocultadores larguísimos de sus torcidas piernas, ni se
hizo alusión á los brincos enormes con que
Zutanita evitaba las salpicaduras de las olas
para resguardar el rubio artificial ~e. sus ?ªbellos. Todo en el grupo de exped1c10nar1os
el'll hablar de la excursión, prepararse para
ella: los exploradores de tierras árticas ó de
africanas regiones no e,tarán antes de sus
transcendentales viajes más preocupados
t¡ue lo estaban con el su yo los jóvenes veraneantes.
Comieron deprisa y corriendo : el café
abrasó el gaznate de más de un impaciente,
deseoso de trasegar cuanto antes el hirviente liquido.
Y, al fin, - que todollega-llegó la hora de
• zarpetr, como irónicamente decía el humoristaBlanco. Las muchachas iban monísimas:
los vestidos de todas hacían juego con el apellido de Paquito; cuando bajaban la escalinata del malecón para posesionarse de la barcaza, parecían una banda de palomas posándose
en flotante isleta. El embarque se hizo con
toda felicidad: algunos gritos, en que tan
pródigos se muestran siempre las laringes
femeninas, atronaron el espacio al notar los
vaivenes que en el falucho producía el ingreso de cada pasajero.
Cuando la barca deo;atracó del muelle, c.lebajo de la terraza del hotel, todos prorrumpieron en saludos á las personas mayores,
que, en pié junto á la balaustrada, agitaban
sus pariuelos. no· dejando de hacerlo ha:Sta
que la trainera dobló un ángulo desapareciendo de su vista.

II
LA VUELTA fü: LO:; At::-EXTES

Jamás tuvo una tarde más hora.s que aquella para Purita. Madre, al fin, aunque frívola, un secreto presentimiento hacía la estar
apesadumbrada por su condescendencia al
permitir que Nora tomase parle en la excursión: maldecía interiormente la poquedad de
su carácter. que debió imponerse al capricho

de los jóvenes. y hacía solemnes votos_ de no
incurrir en reincidencia para lo sucesivo.
La conversación de sus compañeras entretúvola algún tanto: manejab~n á maravilla la tijera, y en tarea semeJante no h~y
mujer que no se distrai_ga. Cortand~ traJeB
á toda la colonia veramega transcurnó buen
rato sin que Purita volviese á ~entir en su
ánimo la comezón de los pueriles temores
que antes la embargaban; pero llegó un instante en que, sin saber por qué,. el coraz_ón
de Pm·ifa dió un vuelco, no siendo óbice
para evitarlo la gran presión ~el cors~-faj~,
maravilla ortopédica merced a cuyo mfluJO
aún estaba pasable la figura de la presumida
se1iora.
Temerosa de comunicar sus negros pensamientos á sus amigas, todas las cuales teuían en la barca algún ser allegado sin sentir por ello comezón ni sobresalto de ninguna especie, abstí1vóse, con buen acuerdo, de
soliviantarla,: ella misma reconocía las puerilidades de su carácter, y atribuyó su inquietud inmotivada á u_na de tantas man~festaciones de la anormahdad con que su sistema nervioso venía rigiendo desde bastante
tiempo atrá~.
.
. .
La tarde caía. Por calmar su impac1enc1a
v hacer más corto el· rato que aún faltaba
para el regreso de los ausentes, yropuso á
sus compañeras dar una vueltecita por la
iolesia cu vas campanas, en aquel momento,
t;ñian' duÍcemente invitando á rezar la oración vespertina, el Angelus.
Aceptada por unanimidad la propuesta,
encamináronse hácia el templo siguiendo
varias calles tortuosas y estrechas, al cabo
de las cuales se hallaron en la plaza, dando
frente á la iglesia, pétrea mole de construcción medioeval curo feo aspecto exterior no
delataba refinamieñto arquitectónico alguno.
Después de ofrecerse mútuamente los dedos humedecidos con el agua de la pila, penetraron en el templo. Sumido e-;te en mística penumbra, tuvieron que detener.se unos
seoundos para que, dilatándose el iris de sus
oj;,, no corrieran el peligro de tropezar con
alguna beata regaiiona ó dar de bruces contra un pilarote ó un confesonario. Unicam~nte disipaban las tinieblas, á más de varia:;
lámparas de bronce con agonizantes pciloniillas, los numerosos ce1·illos con que lu
devoción eú,;kara llena el pavimento de las
iglesias, sin temor á los peligros que ofrece
este alumbrado rasando con el suelo, en el
que tan fácilmente pueden prender los ve~tido,- de las beatas, quienes, con la inconsciencia de la costumbre, pasan y cruzan impávidas entre los ígneos exvotos.Era sábado.
y á cada cerülo acompañaban, colocados

24 1

EN EL SE;-.;O DE ABRAHA)I

,;;ubre un paño negro lleno de
goterones de esperma, uno 6 varios panes de colosal tamaño, que
-conslitu yen una especie dE: diezmos ·6 limosna tradicionalmente
ofrecida al párroco en todos lo~
'templos de la región eúskara.
Cuando salieron de la iglesia
era casi de noche. Pu:rita, con la
-consiguiente ansiedad, pregunt? á
11n marinero que fumaba su pipa
,delante de una sidrería, si había
,llegado la trainera portadora de
los expedicionarios. El marinero
chapurreó una contestación negativa. Entonces, sin podersecontener, expuso sus temores á las señoras que con ella iban; reconocía
lo infundado de aquellos, pero no
1o podía remediar: el agua es
muy traidora, la gente jóven es
impetuosa y temeraria. ¡Quién
sabe lo que habría ocurrido cuan·do á aquellas hora~ aún no estaban de vuelta!
Las acompañantes de Purita
no abundaron en sus opiniones:
•era una chiquilla al pensar aqueJlo (Purita, se pavoneó al oir que
aún podía tener chiquilladas); no
había fundamento alguno par a
temer, pues eran todos muchachos formales , sin contar con
Haciendo cábalas sobre el porvenir charloteaban efusivamenle
que la señora de Luque tenía la
Andrés y !'Jora
•
.suficiente representación para saberse imponer; además, iban dos marineros, te de llevar á la iglesia, en acción de gracias,
gente expe1·ta... ¡Nada, nada! Fuera tonte- un cerillo y media docena de panes:
ría&lt;;... Corroboró tan contundentes razones
La noche había cerrado por completo. A
•el papá de Nora, quien, oportunamente con- la luz de uno de los faroles que alumbraban
sultado, se dignó reírse de las monadas de la dársena desde el malecón exterior, vióse
su consorte, á pesar de lo abstraído que esta- la barcaza, con su cargamento de carne juba por haber en el platillo cuantiosa puesta. venil, que celebraba el felíz arribo con inferCuando Purita salió del salón del hotel nal algarabía. Para atracar en el muelle, fal&lt;londe se ~olazaban los tresillistas, el negro tábales tan sólo atravesar la dársena, cu ya
manto de la noche se extendía sobre la co- anchura, de cuarenta á cincuenta metros á lo
marca: )igero vi~ntecillo, soplando de la par- sumo, tardaría en recorrerse tres 6 cuatro
te de tierra, lraJo en una de sus ráfa"as le- minutos, dado el cansancio de los remeros y
jano rumor harmonioso, algo así co':no un la poca prisa de los expedicionarios.
coro de voces juveniles.
Hubo un momento en que los gritos arre-¡Ya llega!-exclamó alborozada.
ciaron: llegaban á la orilla confundidos, sin
-¿En ~ué lo conoce usted?-preguntó una que se pudiera discernir si eran te1 rurificos
-obesa senora.
6 alegres. Pu1·ita estaba con el alma en un
-Vienen cantando ... Los he oído cantar... hilo. La señora obesa reía beatíficamente.
¿No oyen ustedes'!'
-¡Como se divierten los pobrecillosl Han
En efecto: aguzando el oído percibiase
pasado un gran dia,-exclamaba.
-cada v~z ?ºn claridad mayor, el ~anto de lo~
De pronto, por delante de la terraza del
excurs1~mstas, al cual lo que le faltaba de hotel, pasó un pescador corriendo, y, bajanharmomoso sobrábale de pintoresco.
do la escalinata del muelle, desamarró un
-¡Gracias, D_ios miol-:-exclamó j~ntando bote, sujeto á fuerte argolla. Dos ó tres malas manos Purita y haciendo votos in men- rineros i:niláronle seguidamente. Oyéronse

4

�243

POR ESOS MUNDOS

EN EL SENO DE ABRAI!Al\1

que ante sus ojos se ofrecía: á u~, lado y
otro de la ría, desfilaban paulatrnamente
verdes maizales, copudas pomaradas, robustos casi años; un ligero cochecillo, arrastrado
por pequeña jaquilla, marchaba velozmente
m
por la carretera, ali~ en
mitad 1e la falda
del lejano monte; mas lejos, un tune! de la
Ef, SENO DE ABRAHAM
vía férrea abría su boca desdentada y negruzca y se tragaba en un santiamén el f~Cuando, al volver el primer recodo de la rrocarril que, pitando horrisonante, conc1uia
ria, se perdió de vista el
de traspohotel, con los pañuelos que
ner un eledesde su terraza se agitaban
vado puencariñosamente, un soplo de
te de hievago temor pareció invadir
rro, bajo el
á las muchachas navegancual notartes, sin que ellas mismas
d a ron en
quisieran confesarlo, ni mepasar I os
nos aún hacerlo público :
excursioencontraban ridículo el mienistas; nudo cuando todos se hartamerosas
ban de asegurar q u e no
cabras trisexistía peligro de ninguna
caban por
especie.
los pradm1
Una burlona v o ?. intemontañ o rrumpió el
sos; algusilencio
nas vacas,
embarazodejando de
so.
rumiar I a
- Pero,
fresca yervamos á
ba de las
ver: ¿esto
laderas, obesun entiese rv aban
rro, ó una
con sus
gira?
.. o¡as granEra Blandes dulr.oquito, que
nes y 11cuosos el paso
con su hade la barcaza, cuyos
bitual despasajeros las echaban
enfado hipedazos d e pan que
i o proellas recogían con su
rrumpir á
hocico siempre húmedo ...
todos en
Uno de los remeros, más comunicauna ruidotivo que el otro, señaló una montaña
sa carcajapelada que elevaba su mole en una de
da. Desde
las orillas.
aquol insEl embarque de los excursionistasal seno
--El eco,-dijo lacónicamente .
de Ab1-aham fué muy animado
tante, roto
Paquito Blanco, suspendiendo su inel hielo, reinó la alegría en la trainera: boga- acabable perorata, que tenía con la boca
ban á proa los remeros, con movin:ientos abierta á las niñas de Luque, púsose en pié y
isócromos q11e hacían avanzar el esquife por aritó con voz estentórea:
la tranquila linfa de la ría, mientras An_drés, " -~Es un pícaro redomado Andrés?
sentado á popa, con el gobernalle del limón
-Es...-contestó el eco mientras los de
en la mano, procuraba que el lanchón. mar- la barca reían.
chase siempre por el centro de la comente,
- Sin embargo, ¿le quiere mucho Nora?
evitando las desviaciones que, dada la es- -volvió á pregu ntar Blanquito.
trechez de aquella, pudieran hacer que en-Ora...-rcpitieron las montañas me lancallase la lancha en las orillas.
cólicamente.
Nora, sentada junto á Andrés, hablaba
-¡Dice que le adora!-exclamó Blanquicon éste, contemplando el bell-0 panorama to, interpretando la respuesta del eco.

Tod~s reían estrepitosamente. Nora y bros con aires de suficiencia: la barca estaba
Andrés aparentaban agradecer la ~lusión del en condiciones de ir á Bilbao ó á San Se•
humorista jóven; pero más le hubieran agra- bastián, si se quería, sin necesidad de achidecido que los dejase en paz, á solas con su car el agua.
incipiente dicha.
No se volvió á hablar del asunlo. ComenPoco á poco, la ría se h~bía i~o estrechan- zaron los preparativos de la merienda, v, endo· la veaetación de las or1llas, a cada golpe tretanto, la muchachería hizo lo posible por
de' remo ~ra mayor; los helechos arborcs- distraerse, en cu ya tarea fuerza es reconocer
c entes, de
que las niñas
gran tamaño,
de Luque se
entrelazaban
llevaban 1 a
sus ramas
palma: dos de
formando un
ellas bailaron
doble vallase v i llanas
dar de verduprimorosara, que, enmente,lo cuar
corvándose
eq uivale ádepor su propio
decir que espeso, consti tu vieron largo
tuía un túra to dando
nel fantástico.
puntapiés a l
Súbitamente ,
aire, mientras
la ría se encon los brasanchó: un
zos imitaban
á m p l io reá I a perfecmanso, en cución los moy as serenas
vimientos nelinfas se recesarios
para
trataba la ansacar
agua
de
cha bóveda de
un
pozo;
tergigantescos
minado el baihelechos, se
le, otra de las
ofreció á las
hermanitas,
miradas de
acompañada
los excursioá la guitarra
nistas, que nu
por
la mayor
pudieron conde todas ellas,
tener un gri- •
que ya había
to de asomtocado las sebro al convil
Ianas a ntemplar aquel
teriores,
canespectáculo
tó lo más gantan intensagosamente
mente bello .
posible u nas
Estaban en
malagueñas
el seno de De todas partes del puerto salieron barcas pr.ra el salvamento de los náufragos
con coplas
Abraha.m.
muy tristes,
Pronto atracó la barca á una de las orillas: en las que se lamentaba de la muerte de su
en un sant iamén los pasajeros pisaron el madre, á pesar de que la buena señora estaba
húmedo césped, sentando en él sus reales escuchándola con la baba caída.
de~pués de haber correteado un poco para
Nutridas salvas de aplausos premiaron la
esttrar las piernas, en compensación al for- labor de las talluditas muchachas, cuya prizoso encogimiento de la travesía. Nora ad- morosa educación y relevantes aptitudes para
vir tió que los bajos de sus vestidos estaban
todo lo artístico no fueron suficientes para
mojados, é inquiriendo la causa de ello vió
triunfar en el dificil arte de hallar un homAndrés que por las junturas del lanchón, bre que las libertase de la soltería: durante
mal calafateado, se había introducido bas- su primera juventud, harto lejana, ya que no
tante agua. Los rem~ros,interrogados acerca
hermosas habían sido pasables; en la actuadel peligro q ue dicha circunstancia pudiera lidad, estaban completamente pasadas, por
-Ofrecer para la vuelta, encogiéronse de hom- mucho que se esforzaban en disimularlo.

242

voces de alarma, que sembraron el terror
entre las señoras del hotel.
-JAl hotel 1AI bote) ¡Echad los salvavidas! ¡¡Que se ahoganll ...

!ª

�244

POR ESOS MUNDOS

Dió comien;1,o la suculenta merienda: al imperio de la lengua, sustituyó el de los dientes. Se comió y se bebió de lo lindo. Los niños del matrimonio Sánchez-Mirón- que por
11ada del mundo abandonaba sus tros amas
secas v dos húmedas-hicieron toda clase de
porquérias con los manjares, ensuciando
las servilletas disponibles, á más de los
vestidosdecuantas persona~hallaban á su alcance. Una de las de Lu ¡ue sostenía poético
discreteo con un camastrón entrado en la
cuarentena, cuya conquista tenía emprendida sin reparar en lq retorcido de sus colmillos ni en el tamaño de sus espolones. Paquilo Blanco se esforzaba en demostrar al marquesilo del Crepúsculo que automóvil debe
escribirse con h, en harmonía con las últimas
reglas ortográficas. Nora y Andrés procuraban abstraerse del mundo exterior. Las tres
niñas vacantes de Luque charlaban y comían; la mamá, filosóficamente, comía y callaba. Terminada la merienda, hubo que pensar en el regreso. Andrés, previsor, volvió á
preguntar á los remeros si creían en la existencia de peligro: los dos aseguráronle qur
no. Embarcó la gente sin que · nada ocurriere de particular; pero varios se quejaron del exceso de agua conlenido en la
trainera. Desatracóse, y comenzó el retorno
felizmente, con más regocijo que la ida,
pues los humos del hipocrás, haciendo de
las suyas, habían alegrado más de un cerebro, no siendo el último en experimentar
efectos tales el ínclito Paqnito Bla1.co, que
!:e babia despachado de lo lindo: no obstante, pudieron contener sus impelus que hubieran redundado en perjuicio de lodos los
viajeros, exponiéndole los peligros que ofrecía el producir en la barca movimientos de
vaivén, siendo, por tanto, indispensable que
se estuviese iT,móvil en su i,itio.
Pero, al desembocar en la dársena, viendo Paquito ya terminado el viaje, y, por lo
tanto, en su conrepto, desaparecidos los peligros del mismo, fué imposible sujetarle:
rn su afán de echarlo todo á barato, exacerbado por las libaciones, rióse de los consejos
de la rar.ón, y emper.ó á mover la barca,
asegurando que aquel modo de columpiar,.e
era por demás higiénico y sugestivo. La trainera se bala1.ceó de un modo alarmante.
-¡Eli!-vociferó u_no de los remeros poniéndose en pié.-No haser eso: balanseo
multado en dos pesetas esta.
- ¿No es más que eso':'- dijo Blanquito
con cómica soberbia.
Y altivo como Cyrano, arrojó un duro al
barquero, exclamando:
-Ahí tienes: be comprado el derecho de
balancearme dos veces y media.

Y, uniendo la acción á la palabra, imprimió más movimiento oscilatorio al falucbo.
Eulónces, sucedió una cosa horrible: en
uno de los vaivenes, la borda del esquife
hundióse en el agua, con lo cual, perdiendo
el equilibrio los exrursionistas1 se apelotonaron unos sobre otros. Con alguna tranquilidad, aún se hubiera podido cv itar la hecatombe; pero, lejos de tenerla, perdieron la escasa dó~is que de ella poseían, y, locos do
terror, precipitaron el desastre, al cual favorecía el mucho peso que sobre la barca gravitaba, aumentado por el agua que durante
el paseo había penetrado en Ja cala haciendo
que la línea de flotación queda~e muy por
debajo de donde debiera.
Todos, pues, cayeron al agua. Prodújose
una confusión espantosa, aumentada por la
ob,curidad, que hacía imposible, ó cuando
menos muy dificil, toda tentativa de salvamento: á dos metros del malecón exterior,
pudiendo casi tocarle con la mano, abogábase una veintena de personas.
Andrés, rápidamente apercibido del pe1igro, apresuróse á coger á Nora entre sus
brazos: buen nadador, rreyó empr'Elsa fácil
para él salvar á :-;11 adorada, y, forcejeando
con el brazo libre, quiso alcanz!lr. una 9,e las
escaleras del malecón, á la cual le guiaba la
macilenta luz de una lámpara incande~cente. Pero no podía: entorpecido por la ropa,
que dificultaba sus movimiento~, y abrumado por el peso de Nora, desm_ayada, harto
hacia con sostenerse á flote. Sus ojós ansiosos creyeron divisar en la penumbra'. un bote
que se aproximaba ¡,ara salvar á los náufragos. Gritó, y fué oído. La emoción' le produjo un ligero desvanecimiento, a causa del
cual, aflojándose el brazo donde se apoyaba Nora, dejó que el cuerpo de ésta se le escapase.
Vuelto á la realidad, Andrés soltó un alarido ele desesperación , y buceando rápidamei.te. no tardó en apoderarse de un cuerpo
de mujer que se iba á fondo. Aferrado á él,
salió á la superficie, en el momento en que
llegaba el bote s11lvavidas: asiéndose á su
borda, reclamó auxilio, siendo izado al interior juntamente con su precio.,a rarga. Olvidado de sí mismo por atenderá Nora. la lla1nó sin que diera señales de vida, co¡¡ióla
una mano para pulsarla, y un grito de terror
se esca¡;ó de su boca: ¡no era la mano de
Nora la que tocaba! Miró entonces á la luz
de una linterna la cara de la mujer á quien
salvó: era la mayor de las de Luqne. ¡Había
dejado ahogarse á su Nora!
Loco, desesperado, sin atender razones lli
oír - consejos, arrojóse nuevamente al agua.

24.6

LA OESPOSADA

Posrído de sobrd1uma110 vigor, buceó, exploró, laniando rugidos infernales.

***
Valiéndose de g11ríios de hierrn, los marineros ex:Lrajeron ele] fondo de la dársena los

cadáveres de Nor11 y Andrés. Estaban abraiados fuertemente, como si hubieran querido dar un mentís á la fatalidad que trató de
desunirlos.
¡Quiso el aiar que de tan trágica manera
se adelantase la deseada noche de sus nupcias!...

AUGUSTO MARTÍNEZ OLMEDILLA
Ilustraciones de A. &amp;ciliarío.

.i

•
LA DESPOSADA
Cuando al Lemplo llegó, me ¡,arecía,
entre las blancas ondas de su velo,
una radiante aparición del cielo,
la diosa del .\mor y la Poesía.
En su amoroso pecho se veía
palpitar la oración ¡celeste anhe!o!,
que cual paloma en sose~ado vuelo,
fué á po3ar-,e en el seno dr Mal'la.
10h, duloe Primavera! Que tus flores
alfombra sean de su blanda huella,
gala de sus encantos seductores,
y en autora tic vívido, fulgores
mire siempre la cándida donceila
re,plandecer el sol de los amores.

ELS.\

�VEINTICUA.TRO HORAS BAJO EL A.GUA.

A BORDO DEL "OCTOPUS"

VEINTICUATRO HORAS BAJO EL AOUA
avanza el Octopus coa auxilio de dos motores el{ ctricos de cincuenta y dos caballos.
Tratándose de la navegación en superficie.
senales de Fore River, en Quincy (Massa- puede hacer el barco sus buenas once millas
chusetts), que el Gobierno de los Estados marinas por hora, mientras que sustituida
Unidos de Norte América disponía que en la propulsión de gasolina por la eléctrica se
unión del segundo de á bordo y de los trece disminuye su velocidad en una milla. Su
tripulantes e 1 Octopus permaneciese su - marcha oficial es de diez nudos y cuatro mimergido dicho espacio de tiempo, nos dejó la lésimas.
Hasta entonces, el record de la sumersión
orden perfectamente tranquilos. Ello obedecía en gran parte á la confianza que á todos (una estancia de diecisiete horas bajo el
agua) le había corespondinosotros nos inspiraba el
do al submarino francés
buque. A la mayoría nos
\
I,utin, de tristes recuerera conocido el esmero de
dos.
su construcción, constánCuando, cerrada la esdonos de igual suerte el
cotilla, fuimos á descansar
talento y la pericia del
blandamente en el fondo
planeador d e I Octopus ,
de la babia de Narraganteniente L. Y. Spear, cuya
flelt, á 1as cuatro de b
habilidad en la construclarde de l 15 de Mayo,
ción de submarinos le ha
acompañábanme en la
conquistado fama univerprueba el segundo oficial,
sal.
un buzo, un artillero v
El Ovtopus, es un suonce marineros: éramo~,
mergible de 32 metros de
pues, el mismo número de
eslora, 4,27 de manga y
tripulantes que á bordo
3,66 de calado sin lastre.
del Lutin.
Su desplazamiento ascienLa tripulación había side á doscientas setenta todo adiestrada bajo mi dineladas , disponiendo d e
rección personal, y estaba
una fuerza propulsora de
unida y compacta como si
quinientos caballos en la
la hubiera con,tituído un
navegación á flor de agua,
solo individuo. Sin que
hecha electiva por dos héCapitán Frank T. Cable, del submarino
Oclop111
esto sea adularla, d e b o
lices gemelas á las que podecir honradamente que
nen en acción motores de
gasolina. Posee además el buque magníficas jamás se reunió bajo un pabellón marino
baterías de acumuladores eléct1·icos. que grupo de hombres más vale rosos y serenos
proporcionan la fuerza para la marcha en como el puesto á mis órdenes. El segundo
sumersión. En estas últimas circunstan-::ias oficial, Momm, es persona de grandísima
inmersión de veinticuatro horas
N
bajo las olas del grande océano tiene
algo de novelesco. Cuando se supo en los arUESTRA.

247

-experiencia náutica y de inagotables recur- nos de sentir un escalofrío de orgullo al consos; y en cuanto al artillero, ha navegado templar por breves instantes la gallarda figutodos los mares del globo, sienJo u:io de los ra y las fisonomías resueltas cln aquellos brapocos supervivos.
vientes de 1a
-¡Mucba-desastrosa exchos!-- les dije.
pedición polar
-Vamos á esdel Jeannete.
tar ~umergido,
Toda mi genun rato, y ha y
,t e s e bailaba
que procurar
bien a I tanto
pasarlo del mode lo que podía
do menos abu~currirnos e 11
r r i d .) posible.
uuestro enciePero antes, derro de veintimos tres vivas
cuatro b o r a s
al Octopus y á
bajo las aguas,
sus constructosin que es a
res.
Una de las
e_v ~ n t Uali ?ªd
El Octopm saliendo de su cobertizo en Quinccy, Massachusetts
-s.n1estra eJerexperiencias á
ciese la mas leve influencia sobre sus espí- rcalii:ar consisüa e n hacer funcionar Ios
ritus. Ni uno solo de )03 tripulantes del Oc- motores durante las cuatro horas siguientes
topus fué víctima de sombríos presentimien- á la clausura de la escotilla, lo que efectuatos, ni tuvo el mal gusto de entregarse á fú- mos poniendo la pro1 al muelle á fin de no
nebres vaticinios. Y
modificar la posi·&lt;mando nos hundic i 6 n á pesar del
mos en el mar, no
movimiento de las
hubo miradas de
máquinas. Dos gadespedida al cielo
barras de vapor, la
.azul ni actitudes
Hist y la Starling.
teatrales de ningún
se situaron convegénero: el que mas
nientemente para
y el que menos se
evi tar q u e algún
,dispuso á cumplir
barco, ignorando Ju
1as veinticuatro bocircunsta ne ia de
r as d e reclusión
tenernos b aj o la
sub-acuática c o n
q u i 11 a , pu diera
1a naturalidad de
arrojar un ancla
-quien realiza cualdurante nuestra
quier acto del serinmersión magu vicio. Hízose, pues,
liándonos el casco
'l a prueba de mu y
del Octopi1s.
buena g a n a, sin
Nos pusimos á
acordarse nadie de
comer á las seis en
que la mirada de
punto. Encontránmundo, (al menos,
donos en absoluto
1a mirada d e las
incomunicados con
¡z r andes marinas
ol aire atmosférico,
,del mundo), se endependíamos com contraba fi j a en
p 1 e ta m e nte de
los quea:{uella aconuestra provisión
ille lían.
de oxígeno comprimido,ó «en conser*
va.» Los robustos
**
motores runruneaCerrada la escoban su canto zumEl submariuo Octopus listo para dar comienzo 6. las pruebas
tilla y hechos los
bador y extraño.
1)reparativos necesarios, dirigí una mirada á
Mientras eran consumidos los primeros
mis compañeros, debiendo confesará los lec- platos, todos nosotros hablábamos poco y en
tores de estas impre3iones que no pude me- voz baja, casi cucbicheante; pero luego, y

�248

POR F.SOS MUNDOS

VEJNTJCUATHO H.OllAS BAJO EL AGUA

conforme iban confortándose los estómago~, las paredes del submarino con objeto de cola conversación fué haciéndose más soste- rregir sin demora cualquier vía de agua, si
nida y sonora. De la mesa sólo faltaban los por acaso se declaraba. El Octopus disponía.
dos marinos encargados de la gua rdia regla- de una campana, sumergida en uno de losmentaria.
receptáculos de agua, de cuyo funcionaConsignaré á fuer de narrador puntual que miento se encargaba el aire comprimido; sola comida había sido preparada poniendo bre la gabarra de vapor llamada Starling
á contribución los hornillos el(•ctricos del existía otra campana análoga, en romunicabuque y cuidando de no guisar sino aquellas ción con la nuestra, completando este sisteviandas librns de humos perniciosos.
ma de seiiales acústicas un par de receptoNaturalmente, no hubo cigarros: estaba res telefónicos. Utilizando dicho mecanismo,
prohibido que luciese á bordo más lumbre igual en un todo al que llevan á bordo los.
que la producida por las bombillas eléctri- barcos-faros y otros barcos de alta mar,
cas. Y debo hacer constar que esa abstención cambiábamos señales de hora en hora, hadel tabaco fué quixás laúnica molestiasufri- ciendo saber á los del Stat·l·ing que todo iba
da por la tripulación durante la encerrona. perfectamente. Inútil me parece añadir queA las siete habíamos terminado el yantar. en esas comunicaciones empleábamos un cóQuitáronse platos 'f manteles, distribuyóse digo de signos convenidos acl-hoc.
parte de la genle por las dependencias del
Confieso ser hombre poco propenso á la
!lubmarino, dedicándose á charlar, holgaza- fantasía. Sin embargo, en aquellos momennear ó leer, mientras otros cuantos se ponían tos emocionantes casi llegué á imaginarmeá jugar á las cartas en la mesa del comedor.
que la terrible arma de destrucción por nosAsí matamos el tiempo hasta las ocho, hora otros tripulada se disponía á realizar su
en que, terminada la prueba de motores ya obra de exterminio: que los buques de guerra.
aludida, dirigiéronse los tri pu !antes á sus norteamericanos que flotaban sobre nuestras
puestos, y dándose en !rada al agua en los cabezas, eran naves enemigas encargadas detanques recobró el barco su posición nor- descubrirnos; que de un momento á otro, y
mal, empezando el descenso. Oyóse un ru- en cumplimiento de mi deber como jefe del
mor casi imperceptible, experimentó el Oc- submarino, tendría que lanzar al cle~troyer
topus levísima sac11dida desde la roda al co- situado precisamente encima del Octopus el
daste, nos inclinamos un poco á babor, vol- tremendo torpedo que habria de reducirle á
vimos á tomar
peque1io~ f ragla horizontal, y,
mentos ...
suavemente, fuiHallábame á
mos á descaneso de las nuesar, casi á nivel
ve en la torre
exacto, sobre e 1
cónica cuando
cenago;;o fondo
oí varias exclade la bahía. Tormaciones á mis
náronse los juplanta~. Mirégad o res á la
hácia abajo y
partida que hapudever la sonbían interrumriente fisonomía
pido, y en toda
de los que ga •
la nave no volnaban en el juevió á oírse más
go. Esto me hiruido, ahoraque
zo v o I v e r do
y a no zumbam i s ensueños
ban los volantes
guerreros.
de los motorc~,
Bajando las
sino el murmuInmersión del Otlopus en la bahía de Narragansett
escalerillas mello de las con.
encaminé á l a
versaciones y tal cual risotada de los q uc te- mesa. Los jugadores se hallaban tan absorbinían la baraja en la mano.
das por el diablo del azar y tan perfectamente tranquilos como si se encontrasen
despl1imándose sobre la cubierta de un acoLo primero que hice á raiz de la sume: - razado ó en el saloncillo de recreo de un
sión fué establecer una guardia cloble, rele- trasatlántico.
vada de dos en dos horas. El deber de estos
A las die:ii ordené la recogida. Menos los
vigilantes consistía en observar con atención dos marineros de guardia, fuéronse los de-

más á sus petates. lnfláronse por medio del dadas sus cámaras de emanaciones letales, y
aire comprimido las colchonetas de caucho, allá en un rincón del submarino un racimo
se apagaron todas las luces, menos una, y d e hombres respirando ansiosamente e n
á los pocos minutos dormía la tripulación medio de densas tinieblas...
pacíficamente, beatíficamente, cual si estuPor fin, logré sus! raerme á la penosa 1·eveviera tendida en sus camas del arsenal.
rie. recordando Ja excelente construcción
Yo también me dejé caer sobre mi col- de( Octo,:m,S y la e~-tremada pericia de mi~
choneta, pee o m pañero el sueño,
ros. No hat a n eficaz
b i a , pues,
en acudir al
temo r dellamamienque nuestro
to de I os
subma rino
e o mpañefuera víctiros, semosma de un
traba esquirl esastre covo conmimo el del
go. Quizás
J.JUtin.
transcurriDurante el
rían dos hotranscurso
ras ó más
de la noche,
sin que loestuvimos
grase vencer
cambiando
el insomnio, ·
seii'ules de
tiempo du'horá en horanteel cual
ra con los.
acudieron á
del Sta r111i mente
7ing. La fraimaginaciose Toclo va.
nes descobien debió
nocidas hasllegar á pata entónces.
recerles teEn el semirriblemente
entorpecimonótona.
miento ceUn silencio
rcbral preprofundo,
cursor de 1
sólo intesueño, aparrumpido
reciase me
por el ahoen I et ras
gado eco demuy granla campana
des y muy
avisadora,
negras el
reinabaá.
epígrafe sib o r d o deniestro leído
nuestra cárpormí alguc e I subnos meses
acuática.
antes en las
páginas el e
los periódicos, un epí.\ las seis.
P osi~ión en que quedó en el agua el Octopus durante las veinticu~tr o h oras
grafe que
que duró su inmersión
próxima-decía: Ca.
mente de la
torce hombres aho(lculos en el hundimiento
mañana me puse en pié, procediendo á desdeun submcu·ino. Y, á seguida, comenzaba pertar al segundo oficial, con quien llevé á
yo á recordar todos los detalles de la catás- cabo una minuciosa requisa del casco: no
trofe acaecida al Lutin, antojándoseme ver quedó libre de exámen ni una sola pulgada
el malaventurado barco yaciendo á cuaren- de la superficie interna del buque, advirta metros bajo las aguas de Bizerta, en Tútiendo con la satisfacción consiguiente la.
nez, con sus acumuladores subvertidos,inun- absoluta impermeabilidad de nuestro Octo-

,J

�POR ESOS MUNDOS

VEINTICUATRO HORAS BAJO EL AGUA

pus: por no habur, ni aún aparecían hue-

do á bordo, disonaron un poco en su oídos.
!las de humedad en las unidas planchas de ¡Hablar de conferencias pacifistas en el seno
acero.
de la más destructora de las naves militaUna hora más tarde, y mi entras recogía res!... Y como había que mat11r el tiempo en
-sus petates
algo , propuse
la tripulación,
·y estimulé un
efectué algunas
· debate sob1•e .el
observaciones
leaiadel des~
interesantes,
arme interna-entro ellas l a
A
cional : huelga
pureza del aidecir que, sien~
re. La verdad
do los mucha~
es q u e hasta
chos del Octoe n ton ces no
guerreros
'habíamos teni&lt;le pura sangre,
do necesidad
■•••••••1111 el part:do de
&lt;l e recurrir á
◄IIIIIIII•
1 a- paz' qu'edó
nuestra provisin un sólo 'de'-sión de oxígeferisor.
no. No p o c o
Así nos sor-sorprendidos de - - - - - -- - -- - - - - - ' - - ~ - - prendió la hoa q u el escaso
radll las nueve,
enrarecimiento
El Octopu• volviendo á la superficie
momento predel aire, hicimos la prueba del papel de tor- ciso on que se me acercó uno dé·· Jos · mari~
naso), viendo que este, en presencia del nero~ diciéndome que uno de ePtl!i lenfa: u;i
ácido carbónico, mostraba sólo una ligerísi- armoniuni. En un principio, nciie me al'ma alteración del color. Los manómetros canzaba cómo podía haber sido ·¡!~,vado á
marcaban presiones de mil kilogramos por bordo un instrumento tan voluminoso, dos ó
pulgada cuadrada, estando calculados para tres veces más ancho que la escotílla de1
presiones dobles.
Octopus; pero, á los pocos instantes, comCla·o es que nuestro comenzar de aquel
prendí que el ponderado armonium no. era
&lt;iía en nada se asemejaba al comenzar ordi- otra cosa que una modestisima artn9,nica
rio. Por de pronto, á no ser por el cronóme- de esas que se hacen sonar con los lábios.
lro, nadie hubiese sabido que eran las siete Con ser tan reducido el elemento orques&lt;le la mañana.
tal, autoricé el concierto, que, aunque poco
Como, según las señales, había apetito, variado, escuchamos con una atención que
luego de asomarme al periscopio dí orden hubiese envidiado Caruso. Aquella música,
&lt;le ser vi r el
mala ó buena,
&lt;lesayuno, que
vino á sacudir
contribuyó á
el amago do
mantener incóaburrimiento
lume el buen
que empezaba
espíritu de los
á sentir la genmuchachos.
te á raiz d e 1
A las ocho
c o pi oso deshicimos la ' seayuno , razón
ñ a I acostumpor la cual, si
brada al Star-•~■vuelvo á estar
ling, transmiincomunicado
tíéndonos sus
con el mundo
tri p u 1antes,
__
durante veintiademás de 1 a
__ ,..,.
cuatro horas en
frase consa2rala estrechez de
-==:da, un extracto
un submarino,
-de las noticias
procuraré que
Hegreso del Oclopus á los n,uelles de Quincy
d
&lt;le la mañana
forme parte e
y de cuyo contenido sólo recuerdo que se la tripulación un tocador de cmnónica.
trataba de algo relacionado con la ConferenHáceme esto pensar que, aún en tiempo
,cia de la Paz. Naturalmente, las tales noti- de guerra, la monotonía de la vida bajo las
-cias, al ser por mí comunicadas á la gente olas, en completo aislami,ento, sin gozar de

vus

•••••-•••i

7

u

251

fa contemplación del cielo ni oir el rumor del
provista de magnifico piano y rlecorada con
agua, ese dulce rumor que cuando se está cuadros y tapices valiosos. Por último, los
en un submarino sólo llega al oído atenuado tragaluces del Nautilus permitían contempor la doble cubierta de acero, habrá de plar las maravillas ¡¡ubmarinas, contemplaconstituir siempre uno de los principales ción quP. nos estaba negada á los tripulantes
obstáculos para la permanencia prolongada del Octopus. Ni disponíamos nosotros tamen esta clase de buques. En el cerebro del poco de aquellas escafandas del capitán Net~ipulante á bordo de un sumergible la prin- mo, mediante las cuales le era dable salir
&lt;'tpal preocupadel buque y exción reside en
11lorar los fonese estado de
dos asombrosos
aislamiento del
del Océano.
mundo, no en
En un detael temor de una
lle éramos, sin
entrada brusca
ombargo, iguado la9 aguas y
les a I capitán
la consiguiente
Nemo y sus
muerte por ascompañeros:
fixia. El mero
dicenos Julio
hecho de no
Verne que japoderse respimás decaía el
rar á plenos
ánimo d e los·
]latones blancos llevados á bordo del submarino Or.lopus. E.stos
pulmones e 1
fantásticos trianimales aborrecen el olor de la gasolina, y apenas perciben un
aire vivificador
escape de gases dan chillidos, evitando con ello que se produzcan
pulantes d e 1
explosiones de efeclos desastrosos
del Océano es
Nautilus, es lo
bastante para
q u e precisahacer sentir solo una ansia: volverá la su- mente nos ocurrió á los tripulantes reales
perficie. El hecho de saberse uno confina- del Octopus.
do dentro de los muros de acero que cons. Al llegar la hora ~e ascender á la superfi1ituyen la accidental prisión submarina, su- CJe, nuestro submarmo respondió instantágiere la idea obsesionante de la libertad.
neamente á la acción de las poderosas bomYa sé que Julio Verne trazó una descrip- bas encargadas de expulsar el agua de los
ción alucinadora de la vida submarina en tanques. Ni el más leve sacudim ·ento nos adsu hermosa novela del Nautilus; pero, á virtió que el Octopus se libertaba del lecho
juzgar por mis impresiones personales, esa de cieno en qu~ había descansado. Luego,
vida dista mucho de ser tan seductora. Aca- gradualmente, sm un choque, sin una incliso algún marinero misántropo, parecido al nación, á nivel perfecto, fué ascendiendo
capitán Nemo, pudiera encontrarla agrada- basta mecerse á flor de agua.
ble, sobre todo si se trataba de un buque
Abierta la escotilla, penetraron á bordo
como el novelesco, 6 sea por completo dis- los individuos de la com isión inspectora
tinto de una máquina de guerra cual la que q~edando maravillados de la pureza del am~
nos aprisionaba. Los forzados pasajeros del brnnte. Habíamos consumido una escasa canNautilus disfrutaban de expléndidos come- li?ad de nuestras reservas de oxígeno, pródores donde refulgían las porcelanas y la ximamente una cuatrigésima-quinta parte.
riquísima cristalería; eran alimentados con ~e modo que~ á j~zgar por aquel consumo, y
manjares exquisitos en cuya preparación en- siempre que hubiéramos dispuesto de ª"Ua
. •
.
o
traban la flora y la fauna marítima; tenían á y prov1s1ones
en proporción, el Octopus posu disposición una soberbia biblioteca de -&lt;lría haber permanecido bajo el agua cuadoce mil volúmenes y una sala de música renta y cinco días.

CAPITÁN FRANK T. CABLE
,..,

de la armada norteamericana

�AMOR DE DAMA Y AMOH DE ESCLAVA

LEYENDA DE LA BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
AÑOS 410 y 446 DE LA ERA DE CRISTO.

por C. BRYSON TAYLOR
SUMARIO DE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES (1)
La fama lograda en todo el país por Melchor, narrador de
cuentos y cantor de baladas, despie1fa en el jóven Ni•
canor deseos de igualarla y aún de superarla, y á aquel
oficio se dedica nuestro Mroe. Hijo de esclavos, aban•
dona la casa de sus padres, y por sendas y veredas
recorre montes y prados reuniéndose á los pas•
tores, ante los cuales hace derroche de las facultades
que le adornan. Asombrados los oyentes de Nicanor
al principio, muy pronto se enciende entre ellos la tea
de la disco,·dia y se producen gran escándalo y pelea,
que ,erminan porque empieza á dispersarse el ganado
que cuidan los pastores y éstos tienen que ir tras las
reses. Nicanor, satisfecho con que sus palabras bubie•
ran producido tanto efecto, adquiere mayores deseos
aún de que su fama sea universal, y parle de su pobre
terruño para dirigirse á grandes y populosas ciudades
en busca de esa gloria que persigue. Thorney, más conocida por la Isla de Bramble, es la población elegida
por Nicanor, y Tobías, un rico comerciante, la_persona á quien va recomendado por sus padres. Tobías
concede á Nicanor una plaza en su taller, donde le
enseña á trabajar en marfil. Bien pronto logra el jó•
ven ser un discípulo aventajado de su maestro, pero
no deja de tener con éste fuertes altercados porque,
posesionado de la ilusión que acariciara al alejarse de
sus padres, Nicanor abandona el taller de Tobías y fa].
la con frecuencia al trabajo, y cuando acude á él lo
hace de mala gana. En estas correrias de vago y ocio•
so que hace Nicanor, es confundido con un esclavo
de la servidumbre de su amo, y hecho prisionero por
unos soldados que lo conducen á presencia del noble
señor Eudemius, a cuyo servicio queda conscrito. Nicanor encuentra un dia á Varia hija de su señor, la
cual, enterada por su doncella de la habilidad y arte
del esclavo para relatar cuentos y narraciones, le pide
que distraiga con ellos el tedio que la domina. Al ha•
cerio Nicaoor despierta en los dos jóvenesmútuo amor
que no tardan en confesarse haciéndolo ambos una noche en que Varia pedla al esclavo que la recordara un cuento que
ya en otra ocasión la habla dicho y que se refería á las ilusiones qua los dos habían forjado en su mente. Pero hé aqul
que llega á casa de Eudemius un anhguo amigo suyo con su hijo Mario, capitán de las legiones romanas, y este jóveo,
que al principio aborrece de Varia, acaba por sentir hácia ella cierta inclinación, aumentada al conocer que la hija de
eu huésped está enamorada de Nicanor, al cual el militar prometió castigar por este que él crela tamaño desafuero.

IV.--VARIA Y NICANOR
l

F

dar cuenta al déspo ta Eudemius de
la determinación que había tomado con
Nicanor después de la fuerte escena que con
él ilOStuvo, fué el capitán Mario á la biblioteca del palacio.
-He dado orden,-dijole-para que el
esclavo Nicanor sea encerrado en las cuevas.
(I¡

ARA

Véanse nuestros números 146 á 151.

El es, según he averiguado, el hombre citado
esta tarde en su conversación por vuestra
hija Varia. El tal es rudo y bárbaro, y parece atacado de una locura pasajera; pero
atendiéndole con cuidado para que se restablezca, lo pondremos en condiciones de que
pueda hablar. Si no lo hace, á fuerza de darle mucha carne salada y de negarle una
gota siquiera de agua, tendrá que decir cuan_to haya sobre el particular que deseamos
conocer... Pero veo que estáis cansado, y

voy á ch•jaros, para que repo~éi~. Yo tam•
bién lo haré.
Despidiéronse ambos, y Mario se dirigió á
las habitaciones que ~e le tenían preparadas,
para lo cual hubo de cruzar ámplias galerías
explénd\damente adornadas, fastuosos salones llenos de mármoles, porcelanas, cuadros
y pieles, y un lujo tal de riql! ezas que la
pluma no puede d Pscribir. Así andando,
llegó á un magnifico invernadero lleno de
las plantas má~ exótica:; y de las flores más
hermosas. Mario, mirandu por todas parles
aquel paraíso, fijó sus ojos en un bulto que
parecía estar durmiendo cerca di' la ventana
que daba al patio.
-¡ La ' encantadora Vana! -se dijo.-¿Es
que.el h_a do dispone que yo vuelva á despertarla, como en anterior ocasión sucedió?
Al acercársele Mario, la hija de Eudemius
&lt;lespertó, é incorporándose l_ució ~u hermo~o cuerpo vestido con sencilla bata de la
más. lím_pida blancura. mien tras el pelo caía
suelto de la linda cabeza sin adornos de joyas, y los diminutos piés aparecían descalzos.
--~Esper,ábajs á álguien?-preiuntóla Ma&lt;io.
Sentóse Varia en P 1
borde de I canapé q u e
ocupaba, con las manof
cruzadas sobre la falda
S u s blanquísimos pié~
formaban bello contraste
e.on el subido carmín del
tapete en que descansa ban.
~ ¡Oh , nol-contestó
Varia dulcemente. - Además, ¿creéis, acaso, que
os lo debería decir?
No hizo caso Maric de
&lt;isla re&amp;puesta, é inclinándose hacia la jóven volvió
á preguntarla:
-¿Era á mi, por ,·en
tura , á quien aguardá .

' - ¡Pues no era á vos á quien yo esperaba!
-exclamó ella apresuradamente, alejándose
del hijo de Livinius.
- c1.No? Pues ved cómo he sido yo el que
supo ll egará vues tro lado,- contestóel jóven
mirándola con vehemencia.-Y he venido
para declararos mi amor y pediros el vuestro, 1 en. ~~m bio. Ya otra ver. fuimos interrumpid_os cuando yo empezaba á expre$arme. ¡Ahora es mía la ocasión, al fin! Si m&lt;'
aceptáis, gobernaréis mi corazón corno esposa. Vuestro padre así lo desea, y se alegrará
al ver q4e mrnslro amor produce gratas ílo •
res ... Decidme, pues: c1,me amaréis'~
Varia se puso en pié, tapándose los oídos
c·on las manos.
-¿Que os ame, me pedís? No. ¡Ya tengo
bastante de eso que llamáis amor!
-¿Qué decís, extraña belleza·r Puede se1
que sea verdad esto que habláis; pero creo
que todavía os quedará algo por aprender.
De mi puedo aseguraros que os adoro y que
seréis mi esposa.
Varia movió la cabeza, y dijo con aspecto

aterrado:
-,i,Vuestra esposa? ¡Oh, no! ¡De ning11na

bais?
Esperaba Mario la 10dignacióo. la repulsión.
eualquier cosa menos 111
respuesta que obtuvo:
-¿Y si así fuera? murmuró Varia.
- Daría gracia$ á lo&gt;
dioses y á vos, dulce mu
jer, y haría fos imposib I e s p o r demostraros
cuánto os quiero, -con~ e st ó Mario sentándose
en el canapé al lado de

Varia

%3

Mario, sentado al lado de la hermoa3 Varia, la hahlaoa con vehomencia

�254

POR ESOS MUNDOS

manera! No. os amo, y si yo fuera vuestra
esposa tendría que amaros por obligación.
¡Pediré á mi padre y señor que Do lo consieuta!
.
-¡Tu señor y p11di·e te manda que seas
la esposa de Marío y que DO pertenezcas á
ningún otro hombrel-dijo Eudemius apareciendo detrás de ellos.
Varia dió un grito, mientras Mario se volvía con rapidez y caía en los brazos del anciano señor, que le esperaba para confundü·se en un abrazo con el jóven militar, al
que besó en la frente diciéndole:
-¡Hijo mío! Desde ahora esta es tu casal
Livini\lS salió de su habitación de enfermo
al cabo de una semana, y tuvo noticia de lo
ocurrido. Aunque otra cosa decía, el aspecto
de su rostro denotaba que era de su agrado
la decisión tomada por Eudemius y por su
hijo Mario, al cual preguntó:
-Y Varia, ¿te acepta? ¿Estás interesado
por ella? Díme la verdad, sin rodeos de
ninguna clase.
-No sé, padre mio, lo que me ocurre con
ella. Ya véis si voy á hablaros con verdad.
Cuando no estoy cerca de Varia declaro que
su recuerdo no me persigue mucho tiempo;
pero ::uando me encuentro á su lado, me hechiza. En cuanto á ella, siempre estoy procurando ponerla á prueba y siempre me encuentro fracasado y burlado.
Livinius hizo un gesto de amargura y calló
al ver que se acercaba Eudemius, que tuvo
ftases cariñosas y de gran afecto para el padre y el hijo.
En realidad, este tirano aparecía bastante
cambiado desde los sucesos que determinaron que Mario hiciese á Varia su declaración amorosa. Ya no tenía la voz terrible
que tanto le distinguía, la máscara de su
rostro había desaparecido y los esclavos no
tembl~ban, como antes, en su presncia.
Mano también había cambiado. Exteriormente, parecía tranquilo y bondadoso ante
1~ perspectivadel brillante porvenir de lujo y
nquezas que le esperaba; pero en su interior
i~a haciéndose cada día más orgulloso considerándose dueño de todo cuanto le rodeaba, y_ eso. q~e aún le faltaban seis meses para
que pudiera entrar,.. en posesión de Varia
como amo y esposo -fl.e ella.

II
El crepúsculo se apoderaba de los panta-·
nps: -el sol se había ocultado, y el poniente
ap~recía cubierto ?e_un color limóu pálido,
deJando asomar trm1damente á la estrella
vespertina. La tierra, en toda la extensión
que la vista alcanzaba, veíase cubierta de

nieve, á través de la cual sobresalían grupos
de negras y heladas plantas acuáticas. Por
entre el hielo en los trozos _l}ltos por lasruedas, corría un agua negruzca y sucia, y
al otro lado de Thorney el río-marchaba perezoso, limitado por la nieye aglomerada enlas orillas, En el centro de la corriente, dirigiéndose á la isla, una ruda barca de cuero
chapoteaba el agua con los remos, siendo la
única embarcación que ror allí se veía. A su
bordo iban dos persona!;, el barquero y Eldris, la esclava de Varia á quien Nicanor
salvara. Dos carros chirriaban en el camino
real en dirección a1 vado del pantano del lado norte de la isla, y marchaban con trabajo; sus conductores iban muy embozados
en capas con grandes capuchas. En la isla
solo aparecían los hombres á intervalos en
las callejuelas formadas entre las casas. El
viento, frío en extremo, había obligado á
permanecer encerrados á todos los vecinos
de Thorney, y así resultaba que aquel día, á
la hora en que ordinariamente estaba más
agitada la población, 1 a ciudad aparecía
extrañamente silenciosa.
La barquichuela tomó tierra en la playa
casi en el momento en que los carros entraban en el vado por el lado opuesto de la isla.
Eldris dió unas monedas al barquero, que le
ayudó á saltará la orilla y al cual preguntó
luego débilmente:
-¿Puedes decirme dónde está la tienda de
vinos de un tal Nicodemus? ·
-Por allí, cerca del fin de esta calle que
empieza en la playa y sigue hasta el otro
lado, está esa taberna á donde deseas ir.
Y metiéndose otra vez en la barca volvió
á remar sin esperar más preguntas.
Eldris tomó la calle que corta la isla desde un vado al otro, andando lentamente
como el que se siente rendido por continuado ejercicio. En toda la longitud de la calle
no logró ver á persona alguna que pudiera
guiarla ó diri~irla á la taberna de Nicodemus,
pues sólo· v I ó u n· o s cuantos perros vagabundos que rebuscaban, tiritando, entre
montones de desperdicios. Por las grietas delas puertas cerradas asomaban algunos rayos
de luz, y á veces llegaban hasta los oídosdeEldris ruidos de conversaciones en voz baja ó de risotadas reprimidas. La esclava sedetuvo al final de la calle examinando con
sus ansiosas miradas las casas de uno y otro,
lado. Una de estas era baja y de aspecto vulgar, y su puerta estaba herméticamente cerrada sin q~e dPjara ver luz alguna; la segunda
casa hallabase medio en ruinas y en ella se
ene.erraba _ganado; la tercera tenía alguna
meJor apanenc1a: µresentaba hacia la calleuna pared blanca sin más hueco que el do·

AMOR DE DA~IA Y AMOR DI!: ESCLAVA

2óó

una puerta baja y estrecha con un postigo la calle en semejante noche, que nu está.
que nada in~icaba.
para que nadie ande á In intemperie?
Cuando Eldris vacilaba todavía, oyó el
-No he podido evitarlo, - dijo Eldris.
mido sordo de las písadas de caballvs sobre castañeteando los dientes, fallándole la voz.
el piso helado, el chirriar de unas ruedas y con las fuerzas.
voce¡¡ de carrero,s: entre la obscuridad distinAntes de que tuviera tiempo de mirar el
guió dos carros que se dirigían hacia donde rostro de su interlocutor, que era una mujert
ella estaba.
todo se obscureció ante sus ojos. La mujer-Seguramente, éstos sabrán dónde vive la cogió cuando se iba á caer al suelo. Al caNicodemus,-se dibo de un rato, Eljo la jóven.
dris despertó á la
Pero la voz de
"-ida con terribles
uno de los couducdolores en la cara
tores, que se diriy en la cabeza, y
gió al otro que iba
se encontró frente
unos cuantos meá dos mujeres que
tros más atrás, la
se inclinaban hácia
hi:rn tiri lar de teella: una sostenía
mor y de frío á la
un tazón, del que
vez.
la otra tomaba un
-Anda más listrozo de hielo y le
to, ó no encontrafrotaba e l rostro .
remos cama e s t a
Ambas eran jóvenoche, - decía. nes, con muchos
H i to tendrá algo
collares y anillo~.
que decirnos por
Eldris, mirándolas,
las horas que helevantó I a cabeza
mos estado fuera.
y les dirigió la priEl terror se apomera pregunta que
de r ó de Eldris a
se le ocurrió:
oir el nombre de
-¿Dónde estoy?
Hito, no ocurriénLa que sostenía
dosele que bien po1a taza sonrió un
drían existir en el
poco. Tenía hermomundo más de uno
so pelo, ojos d e
y de dos Hitos. Suazul sajón, mejillas.
puso que eran genhundidas y labios
t es de Eurlemius
escaria ta.
que iba11 en su bus- ¿,No conocéis.
ca y que le harían
la casa de Chloris?
sufrir la suerte de
Eldris movió nelos esclavos fugitigativamente ]a cavos y capturados.
beza, y su s ojos.
H11yó presa del pádirigieron una prenico hasta la pared
gunta que los lasin más hueco que
bio s no tuvieron
la puerta y llamó
fuerzas para pro-á ésta.En el instan- - Por ali!, cerca del fin de esta calle, está esa taberna á donde nunciar. Entónccs.
deseas ir,-dijo el barquero á Eldris
te abrieron, lo cual
habló I a segunda
no fué cosa extraña para cl 'a por la excita- mujer, que era una belleza de· pelo obsc11ro,
ción en que se hallaba. Cuando los carrero-; con perfil del mas puro corte griego.
paRaban casi por ~elante de aquella.. puert11,
-¡Cesa en tu charla, Sada! ¿No Yes queEldris se deslizaba por esta y la cerraba de esta muchacha está muerta de hambre v de-golpe.
frío? Déjame el tazón y trae algún aliménlo
-¡Perdón!-balbuceó Eldris. -- Pasaban y un ~oco de vino.
unos hombres, y el temor á que me hicieran
Soltó Sada el tazón y se apresuró á saliralgún daño ...
de la habitación.
Al oir la voz, la persona que abrió mi- Ya teníais el rostro helad o,-dijo la.
ró fijamente á la esclava y la dijo:
~ricga.-¡Dad gracias porque pudísteis ser-Estáis helada de frío. ,;_Por qu j salís a :;ocorrida á tiempo!

�POR &amp;&gt;OS MUNl&gt;OS

...

- -¡Qué buena sói~l-murmuró Eldr!s, al
tiempo que volYía 'ada con una ba~deJa en
la r¡ue había un plato cuy_o contenido humeaba. una redoma de vrno y una copa
Cuando Eldris emper.ó á recuperar fuerzas,
miró con interés en su rededor; pe~o la
habitación nada le indicaba: era pequena, y
en ella ~ólo había la rama en que la esclava
-estaba, un brasero de cobre_ con lumbre dC'
&lt;'arbón y un par de ba~qu1llos de madera.
Las mujeres que la cmdaban hablaban en
voz haja:
.
- Dormira esta noche, Y mañana 1ª vera
nuestra dueña y seiiora, ~ dería Sada. ; Dónde la, encontrai:;te, Eumce?
.
· - En la puerta, _ contestó la griega.Dieron un fuerte golpe, abrí, y entró ensei:1uida esta jóven diciendo que unos hombre-.
Yenian detrás de ella.
Eldris abriendo Jo;:; ojos, preguntó:
-DC'cidme por favor, dónde está la L:~bN1a de Nicode:nus. Allí es á donde dPbo ir.
La griega Eunice pus? un~ .i:nano sobre la
&lt;!oliente cabeza dr Eldr1s, d1r•1en~ol:1:
-Dormid ahora. lltatiana hahra hrmpo de
.averig11arlo.
y Eldris obedeció, quedándose pronto dormida v Lan perdida para el mundo ?etrás de
.aquellas paredes como lo e~Laba ~1canor en
'-U calabozo. En sueños, cre1a Eldr1s que _su
euerpo estaba muerto. Conf~samente, son!ba cosas extravagantes y disparatadas, o1a
ahogados murmullos tras las puertas .cerradas y veía rostros risueños que le m!raban.
Al despertar al día siguiente ex:penmentó
un extremecimiento de temor. Incorporóse
y vió á Sada, la muchacha sajona, sentada
1.1n el suelo y mirándola fijamente.
-~He dormido mucho?-preguntó.
..
-Todavía no ha llegado la noche,- d1Jo
Sada.
ºd
-Entoncei:; debo marchar en,;egu1 a, ex&lt;'lamó Eldris.
Y saltó de la cama, vacilan~o un. poco Y
estremeciéndose al sentir el aire fr10 de In
habitación. Enlónces dije:
-Si la gratitud puede pagar en algo lo
que habéis hecho por mi, tened por seguro
r¡ue os la debo. Otra rosa no tengo que daros.
.
.
Sada no rontesló.Ayud~ á El_dr1s á vesltrse, la peinó y luego la d1ó ahr:nento. D~spués Eldris, febril por llegar al fin de su viaje y por saber lo que para ella estaba rescrrado. rogó ansiosamente: . . .
.. .
- Yo os pido que me d1ga1s dónde esta 1.t
taberna de Nicodemus.
..
Pero Sada en vez de contestar, la d1Jo:
- Antes d~ marcharos, mi ama tiene q11 &lt;'
hablar ron vos.

-¡Vueslra ama! ¿Sóis, pues, esclavas·?pregunló Eldris.
Un extrafio gesto rruzó por el rostro de
Sada.
_ Sí -contesló.-Somos esclavas, condenadas i morir en la servidumbre.. .
Condujo á Eldris desde la hab1t~c1ón ~n
r¡ue estaban, atravesando un pequeno palio
mal empedrado, hasta otra p~~rta, por la que
empujó suavemente á la recien llegada !1ariéndola rruzar el umbral. La nueva habitación e;:;taba iluminada por muchas ~ámparas.
algunas de loza, otras de bronce forJado, y ~n
el amhiente se respiraba un perfume extr~no
,. sutil. En los muebles había _gran confusión
y de las paredes pendían corl~nas que daban
al sitio un extraño aspecto oriental.
Eldris vió una figura sentada sobre u1~a
colchonela, en el suelo; figura gruesa y sm
formas envuelta en muchas prendas de vestir, co~ un rostro dotado de, escaso ca~ello
cuyo gris natnral sobresaha, con meJ1llas
pintadas y lácias y ojos d~ pe~nilos párpados obscurecidos con antm_1on_10_. En_ aq~el
rostro parecía ocultarse un md1c10 m1ster1_0so de todos los siglos y de l~das las naciones: en otro tiempo, había sido hermoso Y
helio· ahora no era otra cosa que una reliquia\. un monumento, y donde ayer hubo
trazos sua,•e:; azules, había hoy venas rojas," coléricas. Sólo la frente, Ílnica parte del
cue;po que no puede de:fi~urarse ror. medios humanos, permanecrn ancha, y bl,mca
y suave como el mármol.
.
La mujer se halla_ba s_entada, sm hace_r_m~Yimientoalguno y sm fiJar en nada la m11ad,1.
En las gruesas manos, qu_e desca~saban sobre las rodillas, lucían amHos de p1e_dras deslumbradoras: i&gt;n rada dedo un amllo, y en
cada anillo una delgada cadena que retrocedía sobre la mano hasta un pesado br~zalete
de oro en el que brillaba un gran rub1. Los
vestirlo;:; aparecían ,.ujelos por un broche de
hierro \" de hueso. En rededor del cuello
veíanse. muchos collares, unos de cuen~as
de azabache, otros de plata y otros de cn,tale'- de rolores. Así adornada y dada la grotesca impasibilidad en que esta figura aparr.•
cía, bien pudiera habér~ela lomado por la
diosa de algún profano rito.
..
- ;_Queréis cerra_r esa puerta?-d1J0 al ~n
la mujer,en vor. baJa y clara, muy dulce, ~m
nota alguna de grosería en sus modul~c10nes, ro'-a r¡ue saliendo dC' aquella rara figura
era sorprPnd('nte y asombrosa.
.
Eldri~ obecedió, y se mantuvo alejada de
la duei a de aquella casa.
-Acercáo~,-le dijo ésta.
llizolo así Eldris, y la mujer de los ojo~ d~
grnndei:; párpados se puso á observarla de.

\MOR DE DAMA Y A~IOR DE ESCLAVA

f¡

257

mismo modo que el buitre considera su pre- mdor; y el capatar. Hito, que en aquella
sa: devorándola, línea á linea, facción por casa es administrador, me ha perseguido dufacción.
rante más de un afio, hasta el punto de que
-;,De dónde vernst-la preguntó.
he llegado á tenerle un miedo terrible. Hace
-De Londiniurn,- respondió la esclava, seis noches huí de aquel lugar, auxiliada
mintiendo con objeto de evitarse lodo da1io por uno de allí, que me dijo viniera á Thor-que pudiera sobre,enirle.-Y ahora busco ney y buscara á Nicodemus, que tiene tienda
una taberna á donde vov reromendada.
de vinos; pero no hice el viaje directamente
-Bien está lo de Ja taberna,-repuso la para que no siguieran mis pasos: vagué, busmujer gruesa.-Pero no vuestro dicho de cando el sustento donde podía, y perdí mi
f\Ue llegáis de Londinium: sé que venís de camino,que después he encontrado con granuna gran casa, situada hácia el sur, donde
des trabajos. He andado muchas millas, lo
un tal Hito gobierna con el palo del miedo: cual puede ser cosa favorable para mi, si de
sóis una esclava que se escapa y que en es- ese modo he despistado á mis perseguidores.
tos momentos está en mis manos. ¿Quién os Pero si ahora no encuentro dónde ocultarme,
ha favorecido para que escapéis y quién os estoy perdida.
ha ordenado que le esperéis en la taberna
-¿Y quién e,- ése que os ayudó á buir?iie ese señor Nicodemus por quien clamáis? pregunló Chloris.
~Cómo, pues, me comprometéis lo mismo
-No me parece bien hablar de él,-conque á los que están en mi casa, introducién- testó Eldris, vacilando.-Lo que he dicho, á
-doos en ella? ¿Ignoráis, acaso, la pena que mi me concierne; no hay necesidad de potienen los que albergan á esclavos fugitivos':' ner á otra persona en peligro por mis declaEldris retrocedió asustada. ¿Quién poóía raciones.
haber dicho á aquella mujer toda la verdad"r'
-¿,Es vuestro amante?
La esclava no podía sospecharlo: solo sabia
Bajo aquellos escrutadores y fijos ojos, la
que su vida estaba realmente en las gruesa~ blanca faz de Eldris se inmutó.
manos ensortijadas que descansaban sobre
-No,-contestó.
las rodillas de aquella mujer.
-Pero vos le ama.is, ¿no es cierloi'
Esta, comprendienéo los pensamientos de
-No,-dijo Eldris otra vez.-Yo creoEldris, continuó hablando:
añadió lentamente, como si las palabras sa-¿Que cómo sé yo estas cosas? Pues fá- lieran de sus labios á la fuerza-que nadie
eilmente se contesta: porque toda la noche, le ama: más bien se le mira con miedo y
-durante el sueño, vuestra lengua publicó eso odio.
y algo más, con charla jamás oída. La lengua
Al acordarse de Nicanor, volvió Eldris á
puede mentir de día; pero de noche dice la recordar la dirección que él le diera, y seduverdad. Mis esclavas, que os cuidaban, fue- cida un momento por la esperanza de un
ron recogiendo fragmentos, y reuniéndolos asilo cierto y seguro continuó hablando de
vinieron á contármelo todo... Ahora os digo esta manera:
-que permanezcáis en esta ca-;a, donde esta-El me ordenó ir á casa de ese Nicoderéis más ~egura que en Ja de vuestro padre. mus,
y no me atrevo á desoir su orden. Si él
Cuando os busquen no os encontrarán, si viniera y no me encontrase allí...
registran la casa no hallarán persona que
-¿Es que él huirá también?-preguntó
se os parezca, y así podréis vos misma de- Chloris,
que al ver la desei::peración de Eldris
eirlo sin temor á los que registren. Perma- le dijo:-¡No
temáis nada! ¿Es que acaso no
neced conmigo, y tendréis casa, comida, y deben estar reunidos
todos los esclavos? ¡Si lo
protección.
hicieran así, mu y pronto no habría siervos!...
-Y yo, ,.qué os daré en cambio?-pre- Y ahora voy á deciros una cosa,-continuó,
gunló lentamente Eldris.
después de una ligera pausa.- ¿_Sabéis qué
-Nada, sino lo que voluntariamente que- clase de lugar es la taberna de Nfoodemus?
ráis, - respondió Chloris.-Oidme bien: yo
cueva donde se bebe y donde se reunen
no obligo á nadie, ni á mujer ni á homb1 e, Una
hombres
violentos á jugar y á vociferar. ¡No
á estar aquí: quien desee entrar puede haes,
seguramente,
sitio para una doncella!
cerlo; el que quiera irse, que se vaya. No
Mejor
es
que
permanezcáis
aquí, y cuando
puedo sino repetir Jo que he dicho: venid á
llegue ese camarada vuestro lo sabréis: ya
mi y estaréis segura. Si no r¡ueréis, marchad os
lo diremos.
-en paz, que no seré yo quien os venda.
Eldris
vaciló, pero, al fin, asintió con la
-Sea, ya que el hado así lo ha dispuesto, cabeza. Chloris
dió unas palmadas, y Sada
-dijo Eldris.-Con vos estaré y á vos he de
serviros, señora... Soy esclava del noble y entró con aspecto lleno de curiosidad.
-Llevad á la cocina á esta muchacha,poderoso señor Eudemius, llamado El tortuordenó Chloris.-Decid á los cocineros que
5

�A~IOR DE DA~1A y AMOR DE ESCLAVA

POR ESOS MUNDOS

268
no se úcupará más que en
la limpier.a de la vajilla. Y
. cuidad, Sada, que ni una
palabra de lo st1cedido anoche se trasluzca.
Las despidió con la mano y las dos salieron.
- ¡ Es extraña vuestra
ama! - repuso Eldris,
meditando profundamente.
- ¡Si, extraña ! respondió Sada, como
un eco.-Nos gobierna
con vara d e hierro ,
pero todos la queremos.

Ill
El invierno terminaba y la gran casa
de Eudemius bullía en
preparativos µara las
fiestas del matrimonio do Mario
y Varia. Todos los amigos de
Eudemius y de Livinius y Mario
fueron invitados: eran éstos
hombres ricos y poderosos, señores feudales cuyo poder en Bretaña había
llegado á la supremacía y cuya obediencia al
Imperio era desde hacía mucho tiempo simplemente nominal.
Eudemius en persona se dedicó á los trabajos con una energía que allanaba todos los
obstáculos, que eran muchos porque el estado desordenado del país se reflejaba en los
intereses privados. De todas partes del mundo acudían gentes obedeciendo las órdenes
de aquel poderoso señor: barcos tripulados
por remeros incansables llegaban cargados
con ricas telas y joyas , copas y platos
de virginal oro incrustado con alhajas, estátuas de Baco coronadas por racimos de
amatistas y hojas de esmeraldas, esculturas de la Fortuna con el cuerno de Amaltea,
y de Himeneo portador de antorchas; todo
con el fin de ser regalado á los huéspedes
como recuerdo de las fiestas á que habían de
concurrir. Lustrosas sedas llegaban de Serica; telas de oro de Persia, cristalería frágil
como burbujas de colores, de los grandes talleres cerca de Lucrinium; especias y perfumes, aloe, mirra y nardo indio, de la Arabia.
Deseaba también Eudemius que se le trajeran de Africa tigres y leones para que sus
huéspedes pudieran entregarse á la caza, y
gastó muchos miles de áureos antes de persuadirse de que invariablemente el frío mataba á los animales que soportaban el viaje.

-Llevad á la cocina á Eldris,ordenó Chloris á su doncella-r
que solo se ocupe en el cuidado
de la vajilla

,\handonó la idea y llenó sus µa rques y bosques de jabalíes-el animal favo rito de la caza de reses mayores,-de lobos y ciervoi-, todo lo cual
proporcionaría buena diversión á los invitados.
Un día Eudemiu,; llamó á Hito para darle
cuenta de lo que había puesto á su cuidado.
En la casa había, servicios de oro y plata y
de porcelana samiana procedente de Aretium, lo bastante costosos para la mesa de
un emperador; en las bodegas, ánforas de
vinos de Falernio y de Chipre, y barriles de
cerveza de todas clases. En los departamentos de la servidumbre había multitud de esclavos, hombres y mujeres, para servir Ja,
casa, amén de bailarines y músicos; había
también muchos colonos y casarii.que reconocían á Eudemius por patrono y pagaban
rentas que abonaban anualmente en dinero.
Al tratar de los esclavos, Hito habló así á
su amo, mezclando la verdad con lamentira:
-Señor: en las listas füuran dos esclavos
de cuya suerte creo de mi deber enteraros.
Una, la esclava Eldris, escapó sin que se sepa por qué causa; dí órden de perseguirla, y
así se hizo; pero cuando nuestros hombres la
encontraron, había faUecido, de frío 6 de
hambre, según se cree. Otro es un llamado
Nicanor, que fué enviado á los calabozos
por órden de nuestro señor Mario, hace cerca de ocho meses; todavía está encerrado,
porque ninguna órden se me ha vuelto á.

•

dar sob~e él; fué atacado de locura y casi
estuvo a punto de matarme
.Mari?, que..se hallaba se.ntado al lado de
Eudemrns, d1Jo, queriendo hacer memoria·
-:-~ecuerdo á ese individuo. Pensé dart~
n?lic1as de él para que tú dijeras lo que babia de hac_erse, pero lo olvidé. &amp;e es el que
ha?ló_ á rn1 hermosa Varia en et ·ardín
f~e visto por Marcus, aquel ancianoJque mu:
rió en el potro porque no quiso decirlo. Pero
roe parece, por Jo que he podido com rende~, que_el tal es un pobre hombre quepcontó ª Val'!a cuentos inofensivos v que ella
cuchó como ~na niña que era.' Nerissa -::~
que estuvo siempre á la vista del ese]!
?Ye_n~o lo que decía. Así, pues, el cita~º~
mdmduo nada censurable ha hecho al _
recer.
, pa
D~sde el alto pináculo de su poder pod.
Mario J?0strar_se indiferente, y tanto é'! co~~
E:udemius teman asuntos de más importancia en que preocuparse que de la suerte de
un esclavo.
-¿Tiene el privilegio de prueba en juicio?
-preguntó Eudemius.·
¿En qué grado es esclavo?
-Absoluto,-dijo Hito
prontamente.-Ni colono
n~ casario, ni hijo de talos'.
m aún siquiera esne, cu~
Y.º tráfico pudiera proporcwnarle privilegios.
.-Entónces, enviadle á las
~ 11:ªs, - dijo Eudernius con
md1ferencia.-Si no ha hecho
nada, n~ debe morir, pero su
presunción merece castiao y lo
tendrá.
"
Salió Hito de la habitación
de su señor, Y llamando á War- ~
1
do le dió estas órdenes:
-Hay una docena larga de esc~avos marcados
para s.ufr1r castigo que
de_ben ser enviado; á las ~-.
romas e n es ta semana.
Entre ellos se ene uen Ira ese ~ruto Nicanor que irá
el primero de todos. Así
10. ma~da nuestro amo.
Tu seras el encargado de
llevarlos, y desde ahora
dedícate á buscar la gente que haya de ir co nliao
para conducirlos.
"

259

no_r a· 1as mmas,
·
las fiestas con que Eude
~1us celebraba la boda de su hija Varia ha:
~ian e_rnpezado con la llegada al palacio de
oslr1meros huéspedes invitados por aquél
- ronto se vió la gran casa rebosante d~
se11ores feudales que llegaban unos
l
otr?s en compañía de sus familias E:o
maJ~stuosos halls, perfumados co; lanta
exóticas, resonaban la charla grave / 1 s
l' los cantos, las diversiones l' las risasa ygre
t~nto que en el interior del palacio lo~ m:n
s1cos tocaban la lira v la cítara la fl t .
el tamb
l
:
,
au a v
. b or, en ~ exterior empezó una intermrna _le sucesión de cacerías.
Val~ia, en cuyo rededor giraba todo en
aque a casa, no tenía ni paz ni soledad
?ees1e la mañana hasta la noche las señora~
vo oteaban en s u derredor· exa .
d
t' ·
lh •
• rnrnan o
umcas, a aJas, calr.ados. A
.d
trab~jo, la hija de Eudernius f;!~~cí:
ªP~Cible en aquellos días. Corno si fuer
.
moa, se ocultaba de Mario y com a una
ta b' ·
·
' ,
o mna
m ien, se incomodaba cuando e'l la
traba A · 1
.
encon. na ogos infantiles procedimienbs

f:~

~:t~

1

#

IV
En tanto que Wardo reunía
su gente parn conducir á Nica-

Las fieslas por el
futuro matri"!ºnio de Varia
dieron comienzo
en el palacio de
Euderuius

�POR ESOS MUNDOS

empleaba cuanao se er.tu-·
siasmaba ante los regalos
que sobre ella llovían Y qu~
ni aún en sueños llegó a
comprender que eran el
precio con que se la com praba.
Mario por su parte, llevaba co~ facilidad los honores que sobre él r~caian.
No es preciso decu que
lleaó á ser muy quendo
po; los huéspedes de E_udemius: con los hombres
cazaba y hablaba de negocios de Estado y de la gu~rra; con las damas era r1sueií.o y galante, y no cesaba ante ellas de hacer el
amor á Varia.
.
Nerissa, la an~igua nodriza que había criado Y e~ucado á Varia desde la mfancia, era la encargada de
instruirla en los de_ber~s. de
esposa que pronto iba a imponerse.
Media docena de encantadoras bellezas habían tomado posesión de_ las ha-_
hitaciones de Varia, Y alh
charlaban y reían . Eran
eleaantes jóvenes romanas,
d
a ro á s encumbrada
sangre bretona._ Una d~nzaba sobre el piso de marmol, entrando y saliendo
por entre las finas colmen a s , calzando sandalias
d ,
bordadas en oro y pe rer1a;
. .
d V •a sus amigas revolvlan todos los regalos de boda
Otras dos exami_naban un En una de ¡..,. habttac1ones
e an
peplus de blanca seda, 1o
bastante suave para envol.
.
Miráronla s u s amigas ~ on curiosidad,
verlo en la mano, tejido con hilos de or~,
mientras cambiaban entre s1 palabras de exulla tercera hallábase sentada en el canape,
. d l ent amente. un
trañeza.
al lado de Varia, moV1en
_ y cómo puede ser eso.?- d"JJO . una de
abanico de plumas de pavo real c?n vanllas ellas.~¿No es fuerte y hermoso Mario? ¿Es
h _ ?
de Oro Cl·ncelado·, dos más revolvian en una
ó
acaso urano.
.
• ,
caja de dijes que había en una mesa pr -No -contestó Varia.-No tiene mngun
xima.
.
es
defecto.'.. Pero antes que él se me presentaVaria sin nada en las manos, ~e1a y había visto yo á otro hombre, fuerte y
cuchab~: por primera vez en su _vida, co~o- ~~rmoso también, de voz dulce y encantacía el trato de jóvenes de su misma edad y dora...
.
?
condición. De pronto' abando_narond toal:s
- Entónces, ¿es á ese á qu1e~ amas
a uellas muchachas las expansiones_ e
-No lo r;;é,-contestó la h1Ja de Eudeg;ia á que se dedicaban, y rodeando a la novia la preguntaron:
'd .
miusPues yo si lo sé,-dijo una d~ sus ami- ·Quieres mucho á tu prome.ll_ o.1
as -A tí te sucede que no olvidas a ~s:
-~o,-replicó Vari~ muy seriamente.- ~.o~ hre, 'í que noche y día su voz y sus OJO,
No lo quiero ni poco m mucho.

/1

°

2G1

A..\10R DE DAMA Y AMOR D~ ESCLAVA

...

están contigo; su nombre es un canto que
tu corazón entona dulcemente· cuando ante
tí se le menciona, te extreme~es; al pensar
en él, en sus palabras, te ruborizas y tiemblas como si sus manos te tocaran y en tu
c?razón sientes un tierno y delicioso dolor;
vives en sueños con él y te encuentras poseída por dolor?sa intranquilidad que, sin
embargo, no quieres abandonar...
-¡Sí, todo eso me sucede!-dijo Varia interrumpiendo á su amiga.
-Entónces, es que amas á ese hombre.
La jóven, hablando con entusiasmo, contestó:
-¡Sí, le amo! Ahora !o comprendo pues
noche y día su voz y sus ojos
'
están conmigo y su nombre y
las palabrai- que él me ha
dicho re suenan en
mis oídos
como gratu s cánticos; y noche y día
le oigo
llamarm e
desde muy
lejos, como
tantas veces mellamabadesde
el jardín ...
Pero, ahora, la detigracia reina sobre mí: ¡no puedo acudir á
su llamamiento!
-¿Y quién es ese hombre, querida Varia?
¿Cuáles son su posición y su nombre?
Varia vaciló. El impulso que le libró de
revelar la verdad era mudo y ciego, pero
fué lo bastante y la salvó.
-¡No lo diré!-replicó decididamente.
-Seguramente, será de lo más notable
del país para haber ganado tu amor,- murm uraron sus amigas.
El rostro de la prometida de Mario se alteró y en sus ojos se observaba contrariedad
bastante, hasta que, al fin, saltando de su
asiento, huyó como niña asustada del lado
de sus amigas, entrando en su cámara de
dormir y cerrando tras sí la puerta.
Cua~do Nerissa llegó al lado de la hija de
Eudemms, la encontró llorando. Varia la
dijo:
-¿~or qué no me habéis de dejar en paz?
No quiero casarme: soy feliz como estoy
ahora, y aborrezco á Mario.

flustraciones de Reina Infante.

-No lo toméis asi,-le contestó Nerissa.
-Es natural que las doncellas se casen, y el
capitán Mario será para vos bondadoso dedicándoos gran cariño. Tendréis joyas, como
las que nunca habéis soñado , y vestidos
nunca vistos por vuestros ojos. Seréis una
gran señora, querida y respetada por todos.
-¡No estoy tan segura de eso!-dijo Varia.-¡Oh, Nerissal ¡No es que yo no quiera
casarme! Conocería entónces la alegría y
la felicidad que puede haber en la vida para
las mujeres; pero no con Mario, ya lo sabéis.
Un hombre
solamente
he visto en
el mundo,
y solo á él
pude comprenderle;
cuando habiaba, lodo
mi corazón
entonaba
en cánticos
la respuesta: era 1 o
que yo deseaba de cirle, y no
sabía cómo
hacerlo .
Cuando Nerissa llegó al lado de Varia
Llegó al
la encontró llorando
cabo la noche, y llamó
Nerissa á
las_ esclavas y las hizo guardar en cajas, y
retirarlas, tedas las sedas y gasas esparcidas
en la habitación. Después las despidió á todas, quedándose sola ella para cuidar á su
señora. Libró el pelo de Varia de los pasadores llenos de alhajas que lo retenían· lo
peinó en toda su longitud y lo arregló' en
dos trenzas. Llenó de agua el baño de mármol y lavó á Varia con jabones aromáticos y
finos perfumes; luego la meció en sus brazos
envuelta en pieles calientes, arrullándola con
viejos cantares, como si en rigor se tratase
de una niña. Las lámparas ardían á media
luz, y Varia quedó pronto completamente
dormida.
Al introducirse el claror del alba por las
ventanas, interrumpiase el festín en la gran
casa y los huéspedes, en su mayoría borrachos, buscaban sus habitaciones, precisamente á la misma hora en que empezabaá correr
de puesto en puesto la noticia de que el fuego consumía á Andérida, la bella ciudad del
Sur.

(Continuará.)

�EL J.\IPEHJO Di MAR11UECOS

. d d d C blanca bamLardca&lt;la por buques franceses Y esp
La ciu a e ,asa
por los moros

aiioles con moli vo &lt;le los asesinatos cometidos

'EL IMPERIO DE MARRUECOS
cuidados. El movimiento xenófob?,. ~e 9ue
el asesinato de Maurhamp fué la i_mc1ac1ón,
se ha acrecentado desde entón~es sie~pre en
por la repetición de esos incidentes br~tales aumento impulsado por la aclltud belicosa y
á que da origen el salvajismo indómito de
'
hostil de las kálos más drgenehilas comarcanas,
rados prosélitos ~
especialmente la
del Islam, antes
d e Rajamna, l a
fuertes, poderomá s importante
sos, civilizados ,
del Sur marroquí,
hoy débiles, bárque desrendió de
baros, incultos .
sus aduares,arma
Marrakesh y Caal brazo, exigiensablanca son de
do la libertad de
ello testigos, y valos as e s in os
mos á aprovechar
del doctor Mauesta oportunidad
cham p, encarcepara tratar de dilados, y la expu_lchas poblaciones
sión á perpetu1del imperio madad de todos los
rroqui.
cristianos , ameMarrake s h 1a
nazando, de 1 o
Roja, que comcontrario, con
partió con Córdoapoderarse de
b a y Sevilla el
Marrakesh y ejeexplendor de la
cutar por la fuercivilización árabe
za sus exigencias.
durante los reinaTan seria debió
dos de los sultaser la decidida acn es almohades,
titud de los kabifué hace poco el
leños, q u e l as
teatro de la rereducidas c o lopugnante hazaña
nias europeas en
de Yer morir en
llforos an una calle de Marrakesh
dicho puñto, las
su s calles, en
.
. cuales todas juntas apenas suman una quinpleno dia, al doctor Mauchamp, l_ap1dado a cena de individuof', decidieron abandonar
pedradas, cosido por crueles g~m1as, ~a~e- del modo más precipitado, con sus cónsules
jadas tal ver. por seres á quien el m~~1co á la caber.a, la ciudad moruna, que negan'lo
afanoso había prodigado antes sus sohcllos
vez más tiene Marruecos el triste
U privilegio
de atraer l_a a_tención g:neral
NA

l.t leyeJJda de la hospitalidad árabe les ex- uios. L:.is i11rn5io11es que los almohades rea
¡Hlsaba de su seno: los europeos hubieron !izaron en Esparta fueron también funestí&lt;le encaminarse, en caravana&lt;; fuertemente simas para la causa de la Reconquista, que
&lt;i-coltadas, hácia Safi, el puerto mas cercano sufrió un largo pa:·énlesis con motivo de
i, Marrak esh,
las derrotas que
&lt;le) que le se• infirieron a los
paran tres jornuevos reinos
11 adas forzadas.
españoles.
Pero no enPrecisamente
•eaja en el ca mucho de I o
,·ácler dé e3la
que hoy tiene
revista la exooMarrakesh dig,,ición de los suno de ad mira&lt;-esos, que han
ción es obra de
si d o tratados
1o s ca u ti vos
&lt;liariame n te
e3pañoles, pro-con I a exten cedentes en su
sión debida por
inmensa mayolos periódicos.
ría de la rota de
P r uf er i reZalaca, que en
mos trazar brenúmero de
ve retazo d e
r¡uince mil fuelas poblaciones
ro I encerrados
marroquíes teaen las mazmotro de los últiPuerta de Fez, en Uchda
rras de Marra111 os acontecik es h, de las
mientos, no solo por el interés que les die- que no saliau sino para su frir ímprobo trabarnn, sino también porque, sin terminarse de- jo, condenados á la más dura servidumbre.
iini tivamente las caus1s que los originaron, Obra de ellos fué el recinto murado, que se
pueden ser fuente de nuevos sucesos que extiende en un desarrollo de más de siete
.aquilaten la oportunidad de catas noticias. kilómetros, siendo las murallas muy altas,
imponentes, flanqueadas de torres cuadradas á cada cien metros aproximadamente.
Ocupa Marrakesh u11a c.1ridiable posició:1 Siete puertas rasgan el lienzo de murallas,
-en el valle del
pon iendo en
río Tensift, que
, 1'
comunicación
se alimenta en
el interior con
fos ventisqueel exterior.
ros del Allas,
Ruinas y jar-cuyas c i mas
dines, profusa11ovadas se almente poblados
r.an en anfiteade granados y
tro al rededor
naranjos, c i r,do la ciudad.
cundan las imEn 1454 fué
ponentes murafundada ;\lana!las, destacán,kosh I a Roja,
dose la ciudad
.así llamada por
con sus inma&lt;il color ladriculadas casas
,¡ loso de su imblancas en meiponen te recinto
dio
de tan flori.murado. por el
d o s vergeles ,
sultán Y u s ef
como un oasis
Ben Tazcfin.suen un desierto
-cesordel Mejdi,
de fresca verPuerta de Uchda
el fundador de
dura.
la dinastía de los almohades, cuyos priEl emplazamiento de Marrakesh es, como
meros monare;as, so pretexto de acudir en decimos, sencillamente admirable. Las ersocorro de los reyezuelos andaluces, incor- guidas torres de las airosas mezquitas, sus
f&gt;Oraron la España árabe á sus vastos domi- minaretes de multicolores mosaicos, sobre-

�264

EL IMPERIO DE MARRUECOS

POR ESOS .MUNDOS

saliendo sobre el fondo nevado de la gran
cordillera atlántica, son de un efecto maravi. lioso.
Pero el monumento más notable de l\lanakesh es la primorosa torre de la Kotubia,
tonstruída bajo la dirección del afamado arquitecto de Sevilla Sidi Gueber, el mismo
que dirigió la construcción de la Giralda,
cor. la &lt;.¡u · guarda notable parecidosus en ras~os más sobresalientes.
Se eleva del suelo setenta y cinco metros
irguiémlnse sobre el conjunto de las cúpulas
tle lamezq 11it:\ de Kotubia, que le da nombre.
Marrakesh fué, en su tiempo, el centro
intelectual arúLigo más importante del mundo musulmán , digna rival de Fez, Córdoba,
Sevilla y los centros cnllurales de Oriente.
Su universidad era afamada y el renombre
de sus discípulos universal. El número de
librerías era muy grande, siendo el negocio
de libros el más característico de la ciudad.
Y como la imprenta no está aún introducida en el mundo musulmán de Marruecos,
los libros se escribían antes, como hoy, á
mano, pero de modo tan primoroso y perfecto que nadie dudara estuvieran hechos
con la más perfecta máquina litográfica. Son
las mujeres las que se dedican, y dedicaban
con más fortuna, á la escritura de libros,
usando una tinta especial, indeleble, que
imprime á estos trabajos un carácter de con•
sistencia y fijeza igual á la litogra~ia.
No obstante la perfección de la obra, tiene un inconveniente para la difusión de los

libros: y es que la producción resulta lirt?itadisima por requerir cada libro, no vanos
días, sino algunas semanas, para su completa terminación.
¡Quién sabe, al considerar la ausencia dela imprenta en los países musulmanes, si no,
entra por mucho en su atraso la carencia de
medios de difundir la cultura!
Con todo, la superioridad intelectual de
los marroquíes fué bien relativa y efim~ra,
contribuyendo á ello las continuas vicisitudes por que atravesó Marrakesh en las eternas luchas civiles por el poder sherifiano,
que apartaban los hombres del estudio para.
sumirlos en fratricidas guerras.
Marrakeshsufrió varios saqueos, y muchas
de sus notables bibliotecas fueron destruidas.
•
Los autores árabes dicen que en 1526 había más de cien bibliotecas públicas y privadas. Hoy no queda ni una.
Tan solo en tiempos del moderno sultánMuley Hassan se comenzaron á coleccionaralgunos libros de alquimia y astrología, quequedaron los más en Fez y otros en Marrakesh.
Muley Hassan fué, en efecto, gran aficionado á esas quimeras, y, según lo que se dice, pretendía para librarse de los europeos
que ya comenzaban á molestarle con sus influencias políticas, encontrar una piedra filosofal cuva virtud consistiese en convertirlos
en peces y arrojarlos al mar, para evitarse
sus molestas exigencias.

Vista general de Uchda

26&amp;

Esto prueba la inteligencia del tan cele- del que 110 despertaron ·
l
brado sultán.
smo a gunos siglos.
después.
_Marrakesh contiene e 1 único eslableciL s·
miento de beneficencia existente en todo
os iete Durmientes son, pues, santos.
Marruecos, que
que figuran en los calendarios católico y
es la zania, ó
musul mán, y
santuario d e I
venerados p o rven erado moraambas religiobito Si di Bel
nes, no siendo.
Abés, natura!
este el único cade Ceuta, la que
so que se ofreceabandonó poco
de santos tenían tes de ca&lt;Jr en
dos por tales por
poder de los porcristianos y malugueses, de shometanos.
gracia que preEl mercado de
di jo: efectivaesclavos es tamrnente, un día, á
bién una de las
la caída de la
cosas más satarde, cuando
tientes de l\latodos los fieles
rrakesh. füe asmusulmanes esqueroso mercataban congregado es uno de los
dos en la mezmásconourridos
quita, entraron
Zoco de Ucbda
de Marruecos,
l?~ por~ugueses, aprovechando la falta de
.
. .
por ser la poblav1g1lanc1a y el hecho de hallarse abiertas las c1ón_ mas !mportante de la región meridional
1
puertas de la marina.
del 1!1Per~o, Y más próxima al Sudán donde

•

Desde entónces, es costumbre en todos los las tnbus arabes cazan los incultos negros en
puertos de Marruecos cerrar las puertas ~us ~osques y chozas, en los que anidan los
que dan_ al mar así que-llega-el momento de mfehces como pudieran hacerlo los antrola oración del Mogreb, que coincide con la pomorfos. Llegan sin saber ni aún la lenpuesta del sol.
gua árabe, constituyendo, como ejemplares
El santuario de Sidi Bel Abés no tiene pura sangre, los más codiciados esclavos
nada de notaque los mercaderes se disputan.
'
ble en su exteN a d a más
rior, que es lo
doloroso q u e
único que pueun mercado de
den ver los
esclavos, donc r is ti a nos.
de la dignidad
Comparte Sidi
humana se desBel Abés, que
conoce: solo el
es el patrón de
verlo causa imMarrakesb , l a
presión de reveneración del
pugnan c i a y
pueblo con los
asco, sobre toSeba Turi z el ,
do cnaa do los
q u e no s o n
negros son reotros que los
conocidos cuiSiete Durmiendadosamente
tes de Efeso,
por loscompraleyend a · que
dores, cual si
copió Mahoma
fuesen la más
al fundarelKodespreciable
rán, colocándomercancía. Pelos en el catáFortificaciones de Casablanca
ro la indiunalogo de los santos musulmanes Luego los
ción
l leg: al
I
árabes pretenden que transpo;taron e~ sus co mo cuando las madres so n separarlas
correrí l
t d
cruelme. nt_e de los hiJ·os y los herman~os
. as os :es os ~ tan venerables santos,
t
á quienes D10s sumió en prodigioso sueño, en re s1, sm que las súplicas, los sollozos de,
los esclavos ente:nezcan aquella's almas me-·

�2(ili

POH ESOS MU~D:&gt;S

Playa de Casablanca

talizadas que ejercen el más innoble tráfico.
Marrakesh es, con Fez y Mequinez, una
&lt;le las tres capitales principales de Marrue&lt;:os, donde con intermitencias reside el sultán. Cuando se ausenta, delega en sus califas
ó virrey, que suele ser un pariente allegado
al sultán.
Hoy lo es Muley IIafid, hermano mayor
del sultán Abd-El-Azis, que tan importante
papel ha desempeñado en estos últimos
acontecimientos que han interesado la opinión del mundo entero.
Hasta hace muy poco, los europeos no
eran tolerados en Marrakesh; pero las imposicio11es de las potencias garantizaron el establecimiento de algunos, aunque pocos,siendo un motivo de disgusto entre las kábilas
comarcanas, que abultaban las proporciones
de la llegada de los odiados cristianos creyendo que obedecía á un plan preconcebido
&lt;le invasión.
Los judíos, que siempre fueron tolerados,
recluidos en barrios especiales, denominados mellahs, comenzaron también á sufri 1·
vejaciones é imposiciones, viviendo en un
estado constante de alarma.
La población de Marrakesh que, al decir
de los autores árabes, llegó en tiempos de su
explendor á contar con medio millón de habitantes, no pasa hoy de setenta y cinco mil,

contando diez mil judíos. Entre los indígenas dominan mucho los negros y 103 mulatos, no siendo difícil reconocer á los naturales de Marrakesh por el color acentuadamente bronceado del ro,-tro.
El comercio de l\larrakesh ha tomado notable incremento estas últimos años, siendo
el punto de cita de numerosas caravanas de
las comarcas de Marruecos más inmediatas,
y aún de otras más alejadas del Sabara y el
Sudán, que aportan, sobre todo, esclavos,
plumas de avestruz y oro en polrn.
En púsición totalmente opuesta á l\farrakesh se encuentra Uchda, la pequeña pero
importante población marroquí ocupada últimamente por las tropas francesas para castigar el asesinato del ya citado doctor Mauchamp. Está separada Uchda de la frontera
de la posesión argelina solo por quince
kilómetros, que fueron bien fáciles de recorrer por la columna francesa.
Levántase Uchda en medio de la gran llanura de Angad, que se extiende por el oriente marroquí desde la frontera argelina hasta
la~ escarpadas montañas de Tkara, Beni-BuZegú y Beni Snassen, pobladas por las belicosas tribus zenetas de los mismos nombres.
Su fundación no es muy antigua, pues

EL nlPEH10 DE MARRUECOS

267

aunque se cree que fué un puesto romano veces soportó momentáneamente la domien la antigüedad, no comenzó á dejarse oir nación francesa.
con insistencia sino durante las luchas entre
La primera vez fué en 1845, cuando las
los sultanes Beni-1\Ierines con los del reino tropas francesas llegaron, persiguiendo !il
argelino de Tlemcen, en cuyas largas y emir argeEno Abd-El-Koder,á los limites de
sangrientas guerras Uchda fu é un punto l\larruecos, en cuyo territorio había buscado
de apoyo de las
refugio.
tropas marroEl sultán de
quíes, llegando
Marruecos Muen aquella oca1 ey Abaerrahsión á su mainan , .íi quien
yor apogeo.
molestaba la
Con tod·o,
vecindad de los
Uchda no ofredesléales, á la
ce nada de novez que temía
table ni de parel ascendiente
ticular, e o m o
.que el derrotano sean cami, do Abd-El-Kanos á las poblader iba tomanciones moras
do sobre las pc.en general: los
blaciones m amismos muros
rroquíes, envió
cranelados, las
á su hijo el
mismas p u e rpríncipe Muley
tas medioeva•
Mohamed, que
les, torres d e
llegóá su muermezquilasidén- Puesto de zuavos franceses que tomaron parte en la ocupación de Uchda te á sucederle,
licas , minarecon un ejército
tes y ajimeces análogos y los mismos naran- de cincuenta mil hombres, la mayor parte
jos, limoneros y granados, !)oblando ·las flo- á caballo, que, sin ningún fin determinado,
ridas huertas:
iba tanto para impedir la permanencia de
Sin embargo, la historia cle Uchda, no Abd-El-Kader en su territorio, como paobstante su pequeñez, resulta más inlere- ra arrojará los franceses lejos de Marruecos.
s&lt;inte desde el último siglo, en que por dos
Co11siguió, en su animosidad y suspicacia

Destrozos causados en las murallas de Casablanca por el bomba1·dco del crucero f1ancés Galilée

�269

EL IMPERIO DE MARRUECOS

268

POR &amp;SOS :MUNDOS

Ar elia para la conquista y pac_ificación .de
contra el sultán argelino, empujarlo ~á_cia su 'erritorio, durante cuyo periodo hab~an
las tropas francesas, acele~ando s u perd1c1ón
'd un eJ·e· rcito permanente de cien
endo en po
requen o
d
t.
que no lardó en so b revenir, caY
. - mil hombres y originado un ga_sto . ecua dro
de 1• del general francés Bugeand, no sm
mil m1llones e
haberse defenfrancos.
tli~o tenazrncnAsí es que no
te.
.
obtuvieron to·Pero e I sedos los resulta-gundo in ten to
dos que podían
era demasiado
esperar de su
temerario _para
victoria en Isque hubiera de
I y , y en vez
tener éxito. Los
de aT/anzar, ó
franceses,, que
de conservar
ya habían ocusiquiera Uchda,
p ad o Uchda,
retrocedieron,
tropezaron con
aceptando la
el ejército de
froateradel rniMuley Mo han ú s cu I o río
med, á orilla~
Kiss.
del ríolsly, que
Bien es vercorre p o r e I
d a d q u e en
Angad, no laraquellos ro o dando en tramentos Francia
barse ligeras esno pretendía,
ni
Spáhls, caballería indígena argelina que tomó parte en la. ocupación
h
caramuzas, que
de Uchcta
mue o menos,
degeneraron en
.d
la conquista de Marruecos: habían incorporauna batalla campal bravamente soslem a do recientemente la Argelia, que tan cara lee
por ambas partes. .
,
costaba, y se daban por muy contentos co~
se a
Pero la ciencia se impuso al numero, .Y 1os
t
d
que el sultán de Marruecos no ampara
1
doce mil franceses dirigidos por e c1 a o Abd-El-Kader, enemigo infatigable de los
A li
genoral Bugeand vencieron desaslro~amente
.
a. los cincuenta mil marroquíes., perd1en~o el franceses en rge a.
t
El obietivo principal de Fraucia en aqued
h
hijo del emperador, en su m a, sus tenlla ocasión fué anular.á Abd-El-Kader, y a~edas de campaña, su harén, Y baSt a las cartas
gurar la pacifique su padre el
cación d e Arsultán le dirigía r gelia. Y á esto;:
con instrucpuntos de vi~ciones para la
ta, primordiacampaña.
les en aquellos
Marruecos no
tiempos, amolp udo sostener
,,,,..--._ __,"'."
~~-::;:;~,..._-t'.;i;
dó su conducta
el choque , Y
-¡r,-.,,.,_~
en e 1 Tratado
1~1
en Uchda misde paz con Mamo comenzar r u e e o s en
ron las nego1844.
ciaciones de
Uchda, que
paz, encaminafu é francesa
das principalpor espacio de
mente á delimialgunas sematar una frontenas, volvió á la
ra entre la nueautoridad sh ev a e o 1o n i a
riffiana.
francesa y MaEn 1 8 5 9,
rruecos.
Tropas francesas de la Argelia acampand o en Uchda
Francia organiA bien decir,
.
zó una expedición que man~aba el general
los franceses eran los primeros en evitar el Martimprey' destinada á castigar los 1:1ontacomienzo una nueva serie de lu~has en Ma- ñeses de Beni-Snassen, que ?es?end1an. de
rruecos, de~pués de haber temdo que so- sus escarpados riscos al territorio argelmo
portar dieciocho años de cruda guerra en

9!•."•

,I

asolando las comarcas y arrasando ganados ca llamada por los moros Dar-el-Beida.
Levántase en la costa occidental de aquel
y enseres.
..
También entonces, y tamb1en temporal- imperio, entre las rocas del Sebú y Uad-,ermente llegaron los franceses á Uchda, pero Rbia, y su fundación data del siglo XVI, en
no en 'son de guerra ni con propósitos de cuya época la emplazaron los portugues~s
en el mismo lugar que en la Edad Media
ocupación.
Pero en la actual ocasión, la ocupación ocupó Arafa, población que ya no existe.
Posee un buen puerto, y aunque ofrece
francesa de Uchda parece entrañar un carácbastan les di fiter más serio
cultades p a r a
y definitivo, sin
t¡ue se pueda
el embarque de
predecir el pormercancías sosvenir del asm1tiene un importo.
tante comercio
En estos úlcon Europa, estimos años,
pecia I mente
Uchda había
con Inglaterra,
tomado cierta
Francia y Esimportancia
paña, á cuyos
con motivo de
países manda
la rebelión del
habas. maiz,
pretendiente al
garbanzos y latrono de Manas, á cambio
rruecos, Muley
de azúcar, hieMohamed, que
rro y tejidos de
puso sitio á la
algodón.
ciudad á fines
En su vecinde 1904, no ledad ha y muZuavos argelinos que han tomado parte en el desembarco y operaciones
vantándolo sino
eh as kábilas ,
militares realizados por los franceses en Casablanca
á mediados de
que ahora han
1905 en que una derrota que le fué inflingida atacado á I os judíos y á los europeos
oor las tropas del sultán le obligó á levan- allí residentes, los cuales se vieron precitar el campo y trasladarse precipitadamente sados á refugiarse primeramente en 1 os
á la Alcazaba de Selnán, á treinta y cinco consulados en la población establecidos y
kilómetros de Melilla, donde desde entónces luego á embarcarse para Tánger y otras ciuha tenido el citado pretendiente instalada dades marroquíes en las cuales reina transu residencia.
quilidad, al menos aparente. Estos vandáliUchda fué entónces, en el período álgido cos hechos han dado ocasión á una acción
de las luchas entre leales y rebeldes, el cuar- militar mancomunada de Francia y España,
tel general del ejército en operaciones con- cuyos buques de guerra Galilée y Don Alvatra el pretendiente, que acampaba en las ro de Bazán han bonbardeado á Casablanca
cercanías; y había destacada una misión mi- y désembarcado en ella tropas de sus ejércilitar francesa, que instruía á pelotones de tos respectivos.
las tropas sheriffianas.
La población mora en que nos ocupamos
A pesar de su pequeñez, Uchda tiene im- es una de las que deben estar guardadas
portancia suma por ser una de las poblacio- por una policía mixta de españoles y france- .
nes más importante del oriente marroquí, y ses, según se acordó en la Conferencia de
coustituir un mercado, punto de cita de to- Algeciras; pero tanto Francia como España
da una inmensa región poblada de ricas y descuidaron la implantación de este servipopulosas kábilas. Antes sostenía algunas cio, que debían haber realizado desde 1.0 de
relaciones comerciales con Melilla, que hoy Enero último, y ahora se ven precisadas á
están cortadas.
llevarlo á cabo con rapidez y urgencia en
vista de los sucesos ligeramente descritos en
*
**
estas líneas y que aparecen con todo lujo de
Otra población marroquí que ha ocupado detalles en las columnas de la prensa diaria
últimamente la atención general es Casablan- internacional.
GUILLERl\10

Fotografías, por Navarro y por el autor del artículo.

RlTTW AGEt-;

�POR QUÉ HAY RICOS Y POBRES

DE CUESTION SOCIAL

POR QUÉ HAY RICOS Y POBRES

e

ALCULABA una ve7\ cierto economista

que si todo el mundo trabajase en la
colmena humana. nadie necesitaría arrimar
el hombro más de un par de horas cada
veinticuatro. Esta breve jornada sería suficiente, sobre todo dados los medios mecánicos de que ahora disponemos, para sostener
el actual nivel de bienestar al alcance del
hombre.
Como se comprenderá, el sorprendente descubrimiento hubo de ser saludado con entueiasmo, no sólo por el proletariado, á quien
en particular afectaba, sino por aquellos individuos á los que faltaba hasta entonces una
defensa científica en que apoyar su holgazanería. Por desgracia, tardóse poco en averiguar la inexactitud del cálculo: el economista de referencia había echado sus cuentas
incluyendo la población total del planeta
en la coparticipación de trabajo; esto es, s11poniendo que trabajasen tanto las mujeres
como los niños de todas las edades. Naturalmente, cundió el desaliento entre los discípulos del economista, y éste, esperanzado
en mejores éxitos, acabó por retirarse á fundar una nueva Utopia, aunque dicho se está
que una Utopía sin niños de pecho.
FUENTE DE ERRORES

Un importante periódico de Lóndres, The

Morning Post. ha hecho un interesante estudio acerca del asunto, y dice, hablando
en justicia, que el error de que hemos dado
cuenta no desapareció con el que lo propalara: los tratadistas de cuestiones racial es
se olvidan constantemente de los niños, ó,
expresándonos en términos técn:cos, dejan
de tomar en cu en t a el estado-edad en
sus cálculos sobre la población. Sin duda,
una población de cien mil individuos, compuesta de ochenta mil mayores de quince

años y veinte mil menores de dicha ed~d,_habría de ser considerada para fines practicos
(desde la defensa de la patria á la fabricación
de telas ó el consumo de alcohol), por completo distinta de una población igual donde
las proporciones estuviesen invertidas, donde
hubiese ochenta mil individuos menores de
quince años y veinte mil mayores de los
tres lustro!".
Con todo, existen las bastantes divergencias entre la proporción efectiva en varias
edades v en diferentes distritos, ó en un mismo distrito en diversas edades, para poner
en peligro de fracaso toda com~aración precipitada y para llevarnos á curiosas deducciones que, por su falacia, caen en tierra al
más lefe razonamiento. Trlanda, por ejemplo, tiene una de las 11atalidades más bajas
de Europa, no obstante ser aquel pueblo de
los más fecundos. Esto se explica por la constante emigración de gen les en la plenitud de
la vida, mientras sólo permanecen en el suelo nativo un número excesivo de niños y un
contingente enorme de viejos; en.suma, elementos que no contribuyendo al desarrollo.
de la natalidad, pueden disminuir la proporción que parecen represent'lr respecto al número total de habitantes. Si la natalidad fuera calculada, no con arreglo á la total población de todas las edades, sino refiriéndola al
número de mujeres entre los quince y los.
cuarenta y cinco años, entonces Irlanda llegaria á ofrecer una cifra de nacimientos quizás de las más elevadas del mundo.
COMARCAS RICAS Y POBH ES

Es, sin embargo, menos importan te estudiar las diferencias del «estado-edad, como
origen de errores estadísticos, que señalar
el superior significado de dicho elemento
respecto de las condiciones y los problemas.

271

lle ahí, pues, una razón potentisima para
sociales. Puede acontecer que dos regiones
vecinas difieran entre sí, extraordinariamen- explicar el hecho de que las condiciones do
te, en las respectivas proporciones de jóve- - vida sean en unos lugares más dificil es que
nes, hombres hechos y viejos, es decir, en en otros. El indivíduo ácuyo cargo se encuenlas respectivas proporciones de aquellos in- tra una familia numerosa tiene que luchar
dividuos aptos ó ineptos para producir lo más por la existencia que otro individuo de
que toda la humanidad necesita para su sos- prole reducida. Lo m;smo ocurre con los pueblos; y asi como en el individuo que elude
tenimiento.
El periódico londonense citado estudia á las cargas familiares ha de verse necesariaeste asunto la población de aquel país, y de mente á un egoísta desertor del gran ejército
su trabajo deduce que la influencia de ta- del trabajo, de la gran comunidad laboriosa,
maño desnivel sobre el pauperismo es evi- que sin duda perecería de proceder todos
dentísima, pudiendo ser apreciada por la sus individ uos de igual suerte, asimismo debe
simple comparación de tres regiones in- calificarse de parásito social, que vive á cosglesas vecinas entre sí: Lóndres, Hampstead ta del trabajo ajeno, al pueblo, á la provincia
y West Ham. En la siguiente tabla se en- ó á la región que subsiste del sudor de las
cuentran agrupados bajo tres conceptos los restantes. Y esto, porque el tal pueblo, la
individuos residentes en cada distrito, con tal provincia ó la tal región absorben inderelación á sus edades: los menores de quin- bidamente, injustamente, una cantidad excece años ó mayores de sesenta y cinco son siva de las fuerzas productoras de la nación,
considerados estadísticamente como cargas y ese consumo de fwerzas se ap lica de un
que pesan sobre los demás; aquellos cuyas modo exclusivo á facilitar la vida presente y
edades oscilan entre quince y veinte años ó no á proporcionar también medios de subsisentre cincuenta y cinco ó sesPnta y cinco, se tencia á la generación inmediata.
diputan por hábiles solo en lo relativo á soportar su propia carga; y, por último, el CONSERVACIÓN Y RENOVAC1ÓN DE LOS PUEBLOS
resto ele los clasificados, ó sea los individuos
No siempre nos darnos, entera cuenta de
en la flor de la vida (desde los veinte á los
cincuenta y cinco años), representan la fuer- hasta qué punto vive un pueblo en el futuro.
za real efectiva de la comunidad.
y para el futuro. En términos generales, puede decirse que de cada diez habitantes de la
De cada cien personas, existen:
Gran Bretaña en ta actualidad, cuatro son
EN LóNDRKS EN 1)AMPSTKAD EN WEST H, ..
menores de veinte años y tres son mujeres;.
Que necede éstas, dos son casadas, ó, lo que es lo
siten la ayumismo, personas que por dedicarse en partída de los demás (menolar al cuidado de los niños se relacionan
resde15
más con el futuro que con el presente.
años y mayores de 65).
Los tres individuos que restan, uno de los
27
iO
Capaces de
cuales es mayor de los cincuenta y cinco
a uxi li arse
años, realizan la casi totalidad del trabajo
á si mismos
(!.5 á 20 años
indispensable al sostenimiento de los demás,
j 55 á 65) • •
15
17
H
dejándolos que no se preocupen más que·
Con fucria
de la perpetuación de la raza. En resúefectiva para
aux ilia r a
men: gran parte del vigor efectivo de un
los demás
pueblo se absorbe en la labor de renovación
(20á 55años)
51
57
de ese mismo pueblo. Si esa proposición de
Las cifras estampadas tienen gran elo- actividad decae, puede ocurrir algo análogo
cuencia. Si eliminásemos l a segunda clase de á lo que acontece en las compañías mercanindividuos, la intermedia, atendiendo á que tiles sin un buen fondo de reserva: durante
ni mejora ni empeora el estado de cosas, po- algún tiempo, parecen florecientes y pletóridría decirse en términos generales que cada cas de provechos, pero al fin y al cabo lleseis personas en la plenitud de la fuerza pro- gan á la quiebra.
ductora tienen que proveer al sustento, no
El cuadro estadístico arriba inserto se
sólo de si mismas, sino de otras tres en basta por sí solo para justificar muy fundaHampstead, de cuatro en Lóndres y de cin- mentalmente no solo la supresión de las
co en West Ham; personas todas ellas inca- fronteras administrativas y la consiguiente
paces para el trabajo y que deben ser com- centralización, sino también los gastos que
prendidas en el concepto poco lisonjero con exijen las grandes demarcaciones. El distrito
que las distingue un economista francés: en de Hampstead no es ciertamente de los que
el concepto de bocas inútiles.
viven por sí mismos: las cifras consignadas

�272

POR ESOS MUNDOS

-demuestran, en efocto, que dicho distrito
.absorbe una cantidad despnporcionada de
.actividades en asegurar el bienestar presente, y ese consumo se efectúa á costa excl-usi-va de otro distrito que, como el de West
Ham trab.aja mucho más de lo que le conesponde en asegurar el bienestar futuro,
aún cuando el bienestar presente no tenga
nada de completo. La pobreza en We,-l
Ham no se debe, por tanto, á su exagerada
proporción de niños, á su elevada natali&lt;lad, aunque, por otra pa1te, bien pudiera
influir en esta el pauperismo existente en el
-distrito de referencia. Esos dos factores ,
pauperismo y elevada natalidad, se compenetran ,, obran entre sí recíprocamente, siendo dificilísimo determinar cuál de ellos es
causa y cuál efecto. Ni es necesario que nosotros lo dilucidemos ahora: basta demostrar
que lo mismo tratándose de comarcas que
de individuos la prosperidad presente puede
ir aparejada con la ausencia de previsióu en
cuanto al futuro de la raza, mientras, por
otra parlej una excesiva previsión respecto á
lo poi venir su pone la escasez actual.
LOS CA~IBIOS EN LA NATALlDAD Y LOS PUEBLOS
PRÓSPEROS

El asunto relativo al «estado-edad» en una
población puede i er también considerado
-desde otro punto de vista, 6 sea comparando, no diferentes comarcas en una misma época, sino una sola comarca en diversas
épocas. Una natalidad en aumento, como la
que existía en Inglaterra y Gales durante el
tercer cuarto de la pasada centuria, supone
un acrecimiento del número de niños con
relación al resto de los pobladores, 6, lo que
-es lo mismo, más bocas que alimentar por
los que tienen el deber de hacerlo. En las
décadas sucesivas, de 1850 á 1880, el promedio de individuos menores de quince
años en la población total de Inglaterra y
Gales se elevó rápidamente á un 36'3 por
100. Una natalidad en descenso, tal como ha
venido observándose en lnglalerra y Gale,,
df'sde 1876, supone, ante lodo, una disminucióu en el número de niños respecto del de
personas de media edad, y en segundo lugar un decrecimiento en la proporción entre personas de media edad y personas ancianas. A partir de ·1881, la proporción de
individuos menores de quince años en Inglaterra y Gales han descenJido hasta el punto de que ahora se registra un 32 por 100
-donde antes excedía de un 36.

El periodo más próspero de lln país coincidirá, por consiguiente, con aquella generación que subsiga al momento preciso en
que deteniéndose el crecimiento de la natalidad, dió principio su descenso, como empezó á ocurrir con dramática rapidez en casi todos los países de Europa hace treinta
años. Durante esa generación, el gran número de niños nacidos con la anterioridad de
algunos años se encontrará ya en la flor de
la vida; esta masa de individuos no tendrá
que proveer á las necesidades Je otro gran
contingente infantil, núcleo de la generación
futura, y de ahí que habrá de emplear sus
actividades más en lo presente que en lo
porvenir.
En la generación inmediata ocurrirá ya un
cambio: el gran número de individuos nacidos cuando eran altas las cifras de natalidad habrá llegado á la vejez, encontrándose
con una cifra relativamenle pequeña de personas de media edad á quienes pedir apoyo;
el núme1 o de personas inútiles para el trabajo crecerá con relación al resto de habitantes, y, conforme avance el tiempo, pesará más sobre el. país la carga de los viejos.
Por de contado, los efectos de un acrecimiento en la proporción de bocas inútiles,
de gentes en el ocaso de la vida, pueden ser
contrarrestados, de continuar bajando la natalidad, por una disminución correspondiente en el capítulo de pequeñas bocas inútiles,
de seres humanos en los albores de la existencia. El término de semejante proceso,
conducente á una población estacionaria, en
definitiva, no podría ser otro que dejar á un
país con un número de trabajadores menor
y otro mayor de ineptos para el trabajo que
si se tratara de una época de rápido acrecimiento.
Las consideraciones anteriores no se prestan fácilmente, en verdad, á conclusiones
prácticas. El camino para esas conclusiones
hállase obstruido en primer término por la
dificultad de comprobar con exactitud si
debe desearse 6 no la elevación rápida y
continua de la población, y en segundo lugar por el peligro, si no por la imposibilidad,
de manejar términos heterogéneos.
Sin embargo , 1o s hechos consignados
guardan est1 echas relaciones con ciertas
cuestiones candentes en la actualidad, cuales son, por ejemplo, el suministro de alimentos á los niños en las escuelas, el establecimiento de pensiones de vejez, los gastos
de enseñanza 6 la prevención de la mortalidad infantil.

Pl1tno del Teatro Espa - 0 ¡ ó d I p . .
n
e rmc1pe hace sesenta 1tños

LOS TEATROS DE MADRID EN 1850
nos ~a traído, por no perder
la costumbre sm duda, la actividad teatral de que Agosto nos dejó huérfanos
á
estas. fechas ~uncionan ya todos l()s t;air·os
del gener.?. chico, y en los grandes carpinteal~amles y pintores preparan Jas cosas
e dmeJor modo posible para darles el aspecto e frescura y juventud de que por si mismos carecen.
. b;A.polo, la Zarzuela, Eslava y el Cómico han
a i~rto ya sus puertas; Novedades, Martín
Variedades
sólo las cerraron á me d.1as, y eny
d
Pf~n ~ un mes estarán abiertos asimismo
e ~p;nol y la Comedia, habrán comenzado
en e eal l~~ ensayos, funcionará Laru
tal tez tamb1en la Princesa con com a - , ' /
verso, el Circo con zarzuela grande ~e~G- e
T?alro, nacido para tan altos fines' co tan
rietés E
, n vad
. h~1 suma, catorce teatros entre granes Y c ICOs, buenos y malo
gr~ciadamente más chicos \u:u:;~~di:s0
mas malos que bueno;;.
Y
Semejante abundancia no durará much
fnte ella ya fruncen el ceño la~ gentes qu:d!
,os es~ectáculos viven asegurando ue son
aemas1adas diversiones para Madridq y que
S

~º!'

EPTIEMBRE

por ese c~mino sólo se va á la ruina de los
em presar1os.
L?s que tal dicen son gentes de mala mem?ria ó desconocedoras de la historia de 1fadrid. De otro modo no opinarían que catorce
leat~os son d~m_asiados teatros para una pobla_ción de seiscientas mil almas en la que
alla por ~l año 18~0, cuando sól~ la habitaban doscientas
.
d tremta y seis mi'I , hab'ia, no
ese numer_o e coliseos, sino algunos.más. v
esos c_on v1~a _próspera, grandes compañías ~
magn1ficos ex1tos.
·
. / no se attibuya esta exuberancia de vid·1
a a protección oficial. A la mano tengo u1~

Mm~ual de teatros y espectáculos públicos
publi?ado en_ M~d1:id en 1858, en el que sc
~enc10nan ?1ec1se1s coliseos. En esa fecha no
e,,taba ya vigente la organización dada á lo~
teatr~s ~or el conde de San Luis: la Talía
madril~1~a le_nía entonces demasiado vio-or
para vi~1r SUJeta por la férula de una reglamentación demasiado ri11ida
o
, y hab'1a ro to en
poc~s meses la_ que Sartorius, con mejor intención que acierto, había forjado
Por en tónces, inaugurado al fi~ el R 1
el 19 de Noviembre de 1850 con

La

6

Fa:~.

�274

POR E.SOS MUNDOS

rita, cantada por la Alboni, Gardoni, Barroilhet y Formes, puede decirse que comienza
la historia de los teatros actuales, ya que
perduran muchos de los que en aquel tiempo existían recién construídos ó reformados
en dicha época casi todos y que luego apenas si han tenido modificación. De entónces
sobreviven, en efecto, el Real y la Zarzuela,
recién terminados en aquella época, Novedades, el Príncipe, aunque con otro nombre,
y el Circo reconstruido: casi la mitad de los
que actualmente existen.
De esos cinco teatros, los que menos han
variado son el Real, la Zar7.uela y Noveda~s, ye! que más el Circo, quemado y reconstruido con planos y trazo más propios para
funciones ecuestres, aunque antaño nadie
pensó en que fuese teatro y su resurrección
fué para e-xplotar!o como teatro y circo alternativamente. En cosas de espectáculos la
costumbre es proceder siempre al contrario
de como la lógica manda y dispone.
Del Real puede decirse que s ó I o han
variado en cincuenta años la fachada principal, que fué rehecha hace poco, sin consultar
demasiado al buen gusto para hacer semejante obra, y el nuevo palco regio, en cuya
traza intervino menos aún la estética. Esas
reformas importantes y algunas secundarias
menos visibles no han hecho variar sensiblemente la disposición ni el número de locali-

LOS TEATROS DE MADRID EN 1850

275

dades, y examinando el plano del teatro que
trae el libro antes mentado y comparándolo
con el plano actual asombra cuán grande es
la perdurabilidad de las cosas en este país
de cambios y mudanzas. Algo varió, no obstante, y fué, ya que no las localidades mismas, su precio: en aquella época y para oir y
ver óperas nuevas á la Alboni, la Frezzolini,
Gardoni, Barroilhet, Formes, Fuoco, la Cerito, la Laborderie, la Edo, Dor, Saint-León
y Massot, dirigidos por Miguel Angel Rachell, costaba la entrada general cuatro reales, y la butaca veinte, la tercera parte ó
poco más de lo que hoy cuesta, sin que el
mérito del espectáculo haya triplicado ni
mucho menos.
Más baratos aún eran los precios en lai
Zarzuela: allí costaba la entrada general tres
reales, la butaca doce, y un palco cincuenta.
Si comparamos esos precios con los actuales,
el aumento no resulta tan grande como en el
Real; pero de todos modos es considerable y
el espectáculo allí, en lugar de mejorar, ha
venido á menos lamentablemente.
La Zarzuela era entonces un teatro completamente nuevo: su construcción fué comenzada en Marzo de 1856, y en primero de
Octubre del mismo le inauguraron. El género que le dió su nombre estaba entonces
muy en boga: pocos años antes había resucitado con éxito excelente en Variedades, y-

¡-7

' Plano del Teatro de la c1uz' instalado en la casa nómero 35 de la caUe de su nombre en el año 1850
desp_ues de dar allí El duende Tr
.
,
El tio Caniyitas y otras obras ~eno~7:J~~ ci~ne~ del con?e d_e _San Luis, Teatro del
sas, ~uando la ópera italiana, pasó al Real Pnnc1pe? Y. la d1spos1ción de las localidades
y dejó vacante el Circo se trasladó . él d
era en distinta de la actual. Su plano nos rede p~odujo Jugar cou' fue o en e~ u on- vela, en, e~ecto, que en el lugar ocupado hoy
mamfestó potentísimo el g~nio
t&lt;J. e
por las ultimas filas de butacas y los últimos
Barbieri, El dominó azul El sue~as "/leº e p_alcos plateas, existía un • galería baja• con
noche de verano Mis do; mujer;!;º G ,una siete filas y 102 asientos en su parte central
teos en Venecia,' Los comuneros
a ~n- y cuatro filas y 44 asientos en cada una de
El grumete, El vizconde El ' .
la~ d?s late~~Jes. Delante de los palcos bajos
Caravaca, Entre dos aguas' mat ql
e exisha tambien una localidad suprimida des
.
' yt arreg
. d a « baleón», 'en la que habíam_o El valle de Andorra
l" osLco- pués, .denoIDina
diamantes de la corona
~ ina, os 42 asientos.
derico y otros.
'
sargento FeEl cond? de San L_uis llevó al Español
El éXIto de aquella compañía f .
.
una magmfica companía de que formaban
co.Los zarzueleros quisieron te ue magmfi- parte Matilde Diez y las hermanas Lamadrid
i
"ó l
ner casa pro- Y.los actores R ornea, Va Iero, Calvo Osorio
P a, y naci e teatro de la calle J 11
donde por aquellos añÓs actuaron ~;e ano~, ~izarroso y Guzmán; pero resultab~ dema~
rez, la Di-Franco la Latorre l M Ram1- siado costosa y se disolvió pronto. En 1858
Santa María, la Zamacois la' M~ o~e°M, l_a Valero era primer actor y empresario y
llo, y con ellas Caltaña~or s!fc~s a A ur( ~ornea, sepa~ad? ya de sus antiguos com'paCalvet, Cubero Obregón
l
' z_u a neros del Prmcipe, se unió con Arjona
más inteligent; empresa;1•oy esªp
lqdue fue el Teodora Lamadrid para trabaJ·ar en el Circoy
•
ano e aqueEste
.
.
c_o1·iseo? que un mcendio
destruyó•
11a epoca.
Al actual Teatro Español le 11
b
vemte anos ma~ tarde, había sido construido
tonces, como antes, no obstante fa~ª an enen !840 para circo e~uestre y sin más prodisposi- pósito que el de servir para las compañías

t

M

':/sn;J,'

e
El ª

S

\-,. r , ...:..

Plano del Teatro del Circo instalado en la Plazuela del Rey el ail.o 1850

ª:

�276

LOS TEATROS DE MADRID EN 1850

POR ESOS MUNDOS

gimnasucas extranjeras que anualmente venían á Madrid. Allí fueron admirados los famosos gimnastas Abrillon, Auriol y Paul, el
último de los cuales hizo más tarde el famoso circo que llevó su nombre y que fué, con
Capellanes, famosísimo en los fastos de la
vida alegre de Madrid.
La falta de teatros, dada la afición de los
madrileños á ese espectáculo, hizo que el
primitivo Circo, el de la Plaza del Rey, muy
anterior al de Paul, se convirtiera en teatro,
y pronto, por la comodidad de sus localidades y la baratura de sus espectáculos llegó
á ser el teatro de moda: allí actuaron magníficas compaiiias de ópera, de las que formaron parte la Persiani, Marini, Ronconi,
Tamberlik y Moriani; y allí, siendo empresario Don José Salamanca, vieron los madrileños grandes bailes de espectáculo y la competencia entre dos bailarinas de expléndida
hermosura, la Fuoco y la Guy-Stephan, que
con la Petipá representaban á Terpsícore
coreadas por varias docenas de mujeres hermosas ... sin perjuicio de influir muy directamente en nuestra política.
Inaugurado el Real, trasladóse al Circo la
compañía de zarzuela que había comenzado
sus campañas en Variedades y que actuó
allí hasta la inauguración del teatro de la
calle de Jovellanos. Después actuaron en el

lll

Circo coro pañías dramáticas. y allí se hizo
famosísimo Mariano Fernández. Cuando se
declaró el incendio que destruyó el coliseo,
acababa de terminar en él el ensayo de una
comedia de magia. El plano que publicamos
da idea de la disposición de las localidades
en el Circo viejo.
Otro de los teatros de hace cincuenta años
que hoy subsisten es Novedades, que tam noco ha variado mucho. El plano que damos
revela que la disposición de las localidades
es hoy casi idénticaá la de entonces, aunque
el número de butacas ha aumentado á expensas de la galería.
En 1858 actuaba allí una compañía dramática de que formaban parte la Rodríguez,
la Cairon, Calvo y Boldún, que llevó á Novedades numeroso y selecto público, y en la
que se dió á conocer Zamora como galán
jóven y entró más tarde el famoso Don Pedro Delgado.
Los precios de las localidades eran altos,
mucho más que en la actualidad, y la historia del edificio, que fué primero cuartel de
caballería y luego circo antes de ser teatro,
es suficientemente conocida para que sea
necesario recordarla.
De los teatros que han desaparecido, el
más importante era el de la Cruz, al que el
decreto orgánico del conde de San Luis dió

rque
"" .-f

Plano del Teatro de Lope d V
.
.. '.':.
e ega, o de los ~f:¿~º~el~~e levantaba en la calle Desengaño número 10

nomb~e y destino de Teatro del Drama. Estaba situado en -la calle de la Cr·uz n,umero
3~
o, ~on accesona por la Plaza del An el
graCJas á la calle Espoz y Mina, recién fbi~?entónces, s~ fachada,calificada de ridícupor los escntores de la época era visibl
desde la Puerta del Sol. Fué co~struído e~
1l57~lly reconstruído en 1737 á expensas de
a v1 a yRibaJ·o 1a d'1recc1ón
. de un arquitecto
llamad
0
~era, tachado de extravagante.
go;'~sl pr°J1 de l!s localidades eran análoprimei~: i:te ?ªndol, y en ~l se hicieron los
n os e creación de la 6 era
espanola. Este teatro que fué l
. p.
corral de comed• ' 11
~ _pnm1t1vo
cas en lugar d
evó en d1stmtas épo-

f:

f~

ir,

&lt;k o;

los de Teatro
le, °:ºrobres ya mentados,
cés y era seg. ~: rvncesa YTeatro Frantro 'feísim'o. un esonero Romanos, un teaVariedades vivió bast
h
.
que_ el Teatro de la Cruzª ym~~ f3f3ªs ttarbde
en el una c
- , tr'
ac ua a
había
'd ompan~a ancesa. Hasta 1842
esa ép~~:v\ o_paraJue~o de pelota y solo en
.
ue convertido en teatro por las
mismas razones q
.
formación d l c· ue motivaron la transe 1rco.
En Variedades nació a
h .
zarzuela grande con El'
Planq del Teatro de Variedades, que en el año 1850 se levantaba en el número !O de la
calle de la Magdalena

277

luen8Je,

~o1;~~z!

y soldados' Las señas del archidu,que
¡ramoya, El tio Caniyitas y otra multitud
e zarzuelas! y allí ?1ismo había de desarro1larse despues el genero chico nacido en el
Teatro del Recreo.
En otras- ~emporadas trabajaron allí buenas co~pamas dramáticas, y en ellas actuar1~ ArJ.ona, Romea, Teodora Lamadrid, :Mati e Diez, los Osorios y la Rodríguez.
-· En 1858 actuaba en Variedades la compama de M. Víctor Roger, de la que formó
parte la famosa Scrivaneck.
El teatro estaba considerado entónces como el s~gundo de Madrid por la eleaancia
los precios de las localidades eran ~lao ~á!
eleva?os que en el Español.
"
yemte ~ños más tarde, cuando el género
chico_ naciente conquistó Variedades' eso
cambió y costaba un real por sección la butaca y cuatro cuartos la entrada general. Ent~nces,_ como ahora, fué la baratura la ue
hizo trrnnfar un espectáculo sobre otro. q
~uc~o ~tes que Variedades,desapareció
e1
ro e Lope de Vega,que el vulgo llamaba de los Basilios, y estaba situado en la
~alle del Desengafio número 10 con v lt
a la de Valverde.
'
ue a
El nombre vulgar lo debía este teatro á

ep,

�278

POR ESOS MUNDOS

que el edificio en que estaba situado fué antes convento de la órden á que se daba aquel
nombre; en la iglesia del convento hicieron
después un teatro para aficionados, y cuando más tarde actuaron en él compañías formales, se le bautizó con el nombre del Fénix
de los Ingenio¡¡. En los Basilios se representaron sucesivamente comedias, bailes, cuadros vivos y óperas, y hubo también compañías francesas. Los precios de las localidades variaban entre tres reales la entrada general y diez la butaca, y el teatro podía contener ochocientas personas.
También desapareció hace muchos años el
Teatro del Institido, al que el tan tas veces
citado decreto del conde de San Luis dió el
nombre y destino de Teatro de la Comedia
y que también llevó el nombre de Tirso de
Molina. Estaba situado en la calle de las
Urosas número 8, y fué el primero de Madrid con fachada propia de su objeto. En
ella tenía cuatro bajos relieves representando á Cervantes, Calderón, Cano y Moratín,
y dos estátuas, de la Ilustración y la Beneficencia, respectivamente.
El Teatro del Instituto fué construido á expensas del presidente de la sociedad del mismo nombre, y era propiedad suya. La primera compañía que actuó en él fué la de Lombía, y después fué escenario de los triunfos
de Dardalla con su género andaluz.
En el Teatro del Instituto se presentó por

primera vez en Madrid el famosísimo prestidigitador Bosco, y más tarde algunos imitadores, y ese era el destino de aquel coliseo
en 1858.
Además de los teatros grandes, Madrid
tenía en aquella época m ultiturl de tea trillos
donde actuaban generalmente sociedades de
aficionados, que abundaban mucho, y solo
en ocasiones compañías formales. De ellos,
el que perduró más y alcanzó más fama
por haber servido de cuna al géneco chico,
fué el del Recreo, situado en la calle de la
Flor. Con él compartían su destino el del
Mu,seo, que estaba en el número 27 de la calle de Alcalá; el de Buena Vista, en la calle
de la Luna, donde ha y ahora un almacén de
muebles; el de la Unión, que estaba en la
Plaza del Progreso; el del Genio y el de San

Fernando.
Madrid tenía además el Circo de Paul,
que fué más tarde Teatro de la Bolsa, situado en la calle del Barquillo frente al Ministerio de la Guerra, dos plazas de toros y
circo gallístico, diorama, galería topográfica
y otra multitud de espectáculos y diversiones.
La corte, pues, tenía el aspecto de un
pueblo; pero, y sobre todo, demostraba una
afición al arte escénico que poco á poco le
han hecho perder las malas compañías y muy
especialmente los precios elevados que los
empresarios hacen pagar al público.
ALEJANDRO MIQUIS

ACTUALIDADES
á España cuando aüada á Francia se interesó
en contiendas internacionales y combatió al
Mientras en La Haya celebra sus sesiones lado de la nación vecina, más y mejor que
la Conferencia internacional de la Paz, y en ella, por cierto.
Swinemunde se visitan el czar de Rusia y el
Además, bien hacemos los españoles en prese~perador Guillermo de Alemania, y en lar oídos de mercader á las insinuaciones é
Wilhelmsbohe se abrazan este mismo kaiser insultos de la prensa francesa, que parece
y Eduardo Vll, y en Ischl hacen lo propio el poner todo su empeño en embarcarnos en la
soberano inglés y el venerable Francisco aventura en que se ha metido su nación; porJosé de Austria, y en Carlsbad se reunen que esos ataques que se nos dirigen bien
luego cancilleres y grandes políticos y di- pueden ser hijos de enojo y de despecho al
plomáticos de las principales naciones eu- ver que el Gobierno que preside el señor
r?peas, asegurando todos que sus entrevistas Maura (el cual merece basta ahora todo gét1enen por objeto el mejor afianzamiento de nero de alabanzas en el asunto) no quiere
la paz universal; en Marruecos arde la guetener más intervención en la cuestión marrorra Y es cada día mayor el espíritu belicoso, qui que aquella que le fué señalada en la
tanto por parte de los moros, como por la de Conferencia de Algeciras. Como para algo se
los franceses que en esto de las actitudes á celebran esas conferencias internacionales
ultranza son los que llevan ahora la voz el ministro de Estado español ha publicad~
cantante en el imperio mouna nota en la que dice texgrebita. Casablanca y su s
tualmente que «el objetivo
alrededores son el teatro de
del Gabinete de Madrid al
esas escenas d e guerra y
·~enviar á Casablanca deterexterminio, de día en día
•,-::.--= ..~
minadas tropas es sólo conmás encarnizadas porque ni
tribuir á la organización profas kábilas cejan en su empevisioual de la policía, en visño de arrojar de allí á los
ta de lo anormal de las cirfranceses, ni éstos menguan
cunstancias y para seguridad
en sus ataques á los marrode los intereses encomendaquíes para lo cual acumulan
do::,ádicha institución,no haen aquel punto grandes fuerciendo con ello otra cosa que
zas de su ejército y de su
..__........__
1
·d
E
marina.
o convem o entre spaña y
Gen~ral _Drude, jefe de la fuerzas
Francia, lo coro unicado á las
Censura á nuestra nación
del e¡érc,to francés que operan ~n
potencias signatarias del Acla prensa francesa porque no
Casablanca contra los marroqu,es
d Al
.
l
ta e gec1ras y o que era
toma_parte en tales operaciones; y hemos de y es del dominio público.»
Tendir culto á la verdad diciendo que el puePor otra parte, esta actitud de España, tan
blo español, que no quiere una aventura en censurada por los franceses,. es sólidagaranMarrue~o~, _no hace caso de esos ataques que t~a para otras naciones, Alemania muy espele son dmg¡dos, aunque no por eso dejan de cialmente, que aguardan detrás de la cortina
mo~est~rle los c?ncep_t~s que estampan los el éxito ó el frac!l.so de los arrestos de Franperiódicos de alla_del Pmneo, periódicos que, cia en Marruecos para hacer valer en todo
por su parte, o1v1 an que nunca le fué bien caso los acuerdos contenidos en la citad:1
LOS ASUNTOS DE MARRUECOS

�380

POR ESOS MUNDOS

Acta general de la Conferencia de Algeciras,
en cuyo documento se mantiene necesaria é
imprescindiblemente la independencia é integridad del imperio marroquí y la autoridad
de su sultán.

explicarseel ostracismo injustificado con quela nueva ley electoral rusa acaba de herirá
Polonia, en el momento en que ésta daba
pruebas señaladas de prudencia y de sabiduría?
Estas consideraciones atraen la atención
EL CZAR Y EL KAISER
sobre la nueva entrevista del czar y del kaiSin tener el carácter casi clandestino de la ser. Las conversaciones que se cambiaron á.
bordo de los
entreví s ta d e
yates imperiaBjoerkode hace
dos años, se
les tendrán
consecuen e i as
reunieron el 3
que poco á pode Agosto últico veremos dimo en aguas de
bujarse . P o r
Swinemunde,
otra parte, esta
en la costa de
1a Pomerania,
entreví s ta d e
Swinemunde
el czar Nicolás
puede colocarde Rusia y el
se muy normalkaiser Guillermo de Alemamente en el encaden amiento
nia. También
de las recientes
preside el misterio á esta en- Crucero francés Gplilée que ha bombardeado la población de Casablanca demostraciones
trevista de ampor las que se
bos emperadores; pero aunque la prensa afirman las aspiraciones pacíficas generales:
alemana permanece reservada acerca del Rusia ha concluido con Japón acuerdos queasunto, acoge con aplauso esta prueba de asegurarán la paz en el Extremo Oriente,
amistad entre los dos soberanos, particular- prepara con Inglaterra una liquidación de
mente agradable ahora que se habla mucho las diferencias de ambas naciones en el Asia
del aislamiento de Alemania. Por otra parte, Central, y toda su política tiende á un recola influencia considerable ejercida sobre los gimiento necesario para llevar á buen fin la
sucesos ·recientes por las relaciones perso- penosa evolución interior en la que el país
nales de Guillermo II y Nicolás II resalta de eslavo se encuentra comprometido.
Alemania, por su parte, parece curada dei
la concordancia de las fechas: la entrevista
acceso a.g u do
de 1897 que
de provocación
precedió á 1 a
que 1 e atacó
ocupación rusa
h a c e algunos.
de Port-Arthur
meses. El prínfué la que arrocipe de Bülow
jó á Rusia al
acaba de hacer
avispero asiátideclaraciones
co; en Libau ,
llenas de optiel erJ1,peradoi·
mismos: las red e l Atlántico
laciones con Insaludó al emglaterra mejoperador clel
ran, y no existe
Pacífico; la enel peligro que
trevista de
se vislumbraba
Wiesbaden, en
que ha contribuido al bombardeo
en las que el
el verano de Crucero protegido francés Du-Chayla,
de Casablanca
imperio sostie1904. determinó la actitud intransigente de la diplomacia ne con Francia: el porvenir, pues, hállase
rusa y el fracaso de las negociaciones lleva- asegurado, en la medida en que es posible
das por M. Kurinó; y, en fin, la entrevista de asegurar estas cosas.
Bjoerko, en la víspera de Liao-Yang, fué la
EDUARDO Vil Y GUILLERMO JI
que orientó á Rusia hácia la guerra á todo
trance. En los asuntos interiores del imperio
Después de la entrevista de Swinemunde,
eslavo se manifiesta igualmente la influencia
de la amistad de los soberanos. Si no, ¿cómo debe el cronista tratar de la que han tenido

S.M. el rey Don Alfonso XIII conSsbu hij_o el príncipe d_e Asturias.-Ultimo retrato hecho recientemente en San
e asl!án en la galer,a fotográfica de Resines

�ACTUALIDADES

POR ESOS MUNDOS

283

Desembarco en el muelle de Tánger de los moros y judios que huyeron de Casablanca al inicia~se los sucesos
allí desarrollados

una larga y duradera concordia internacional europea?
EL TERRORISMO EN BARCELONA

Sabe el leclor de PoR Esos MUNDOS que
en Barcelona se venían repitiendo hace años,
con aterradora frecuencia, explosiones de
bombas y petardos en paseos y lugares á
donde el público concurría, precisamente en
las horas á que era mayor la afluencia de
gente á aquellos sitios. Deben saber también
nuestros lectores que los autores de esos
crímenes del terrorismo, que generalmente
gozaban de la impunidad, han sido ahora
descubiertos por la delación de uno de ellos,
Juan Rull llamado, el cual resulta de las averiguaciones que se practican, que estaba

considerado como el director Jie todo ese
movimiento criminal. Este Juan Rull actuaba á la vez de agente secreto que la policía
de Barcelona utilizaba pagándole expléndidamente las confidencias que hacía de los crímenes que él y sus compinches preparaban
y de cuya responsabilidad bien sabían ocultarse.
Un juzgado especial está instruyendo este
proceso del terrorismo en la hermosa ciudad
condal, y cada día aparecen nuevos complicados y nuevas pistas, que utiliza la autoridad para el completo esclarecimiento del
asunto, en el que es importantísimo determinar qué parte corresponde al anarquismo
y qué otra es la que ha de purgar esa gente
que se dedicaba al infame negocio que ahora ha resultado en quiebra.

�EL SOl\lBRERO OEL NOVIO

EL SOMBRERO DEL NOVIO
suceso es eminentemente histórico; de
E
modo que no me cabe más honra, y
así lo pregono ur"{&gt;i et m·bi, que la de ser
L

un narrador más ó menos fiel. Esto no quiere decir tampoco que sea un asunto sobado
trasnochado y del dominio público, al cual
voy á darle forma para que el culto lector se
trague un paquete: eso no. Se trata de un
secreto de familia que solo yo sé, y que creo
que puedo referir porque ya han desaparecido los principales personajes de aquel
lance tragicómico, y los que viven en la actualidad, si alguno vive, son tan insignificantes que no merecen la pena de ser tenidos
en cuenta.
Se trataba de una familia bastante bien
acomodada, burguesa, con puntos y ribetes
aristocráticos, compuesta de matrimonio y
cinco hijos, cuatro hembras y un varón; las
tres hijas mayores ya se habían casado, y
tenían cada cual su hogar. De manera que á
la hora de entrar nosotros en conocimiento
con esta familia viven el matrimonio con sus
dos hijos menores, varón y hembra, de veinticuatro y veinlidos años, respectivamente.
Esta señorita, á quien sus parientes y amigos llamaban Nahón, apócope de Enca~~ación, (por aquella época todas las fam,has
que se estimaban en algo contaban entre sus
niñas con alguna Chichí, Oucó, Lilí, Fefé,
Fifí, Loló, ele.), vestía mucho; ahora, en
fuerza de prodigarlo, ha llegado el recurso á
poder de las bajas Psferas, y se ha hecho
cursi. Nahón, como digo, tenía novio formal, según decían ellos. Eso de la formalidad de los novios, si se analiza bien, deja
mucho que desear; pero en esta casa á que
nos referimos no había más remedio que ser
formal como novi-0, porque el padre y lamadre y el hermanito eran tres tigres tratándose de vr,lar por la virtud inmaculada de la
niña, funciones que les eran ya muy familiares por la práctica adquirida durante los

noviazgos de las tres hijas mayores, y de
cuyos inmejorables resultados no hay para
qué hablar puesto que ya sabemos que estaban casadas.
Este novio, formal en todo y por todo, dicho sea en honor de la clase, era ingeniero
de caminos, canales, puertos y no sé si alguna cosa más, y sabido es que el distinguido elemento no admite en su seno á ningún
saltimbanquis.
El padre de Nahón disfrutaba un cargo
palatino retribuido cerca de la augusta persona de Doña Isabel II, reina á la sazón; y
como esta señora se hallara de jornada en el
real y verdadero sitio de Aranjuez, célebro
por sus espárragos, sus fresas y sus motines, dicho se está que en Aranjuez y en
funciones de su cargo se hallaba el padre
de Nahón.
Este buen señor, á su vez, se hacía acompañar constantemente de su único hijo, para
irle imponiendo en los intrincados oficios de
su delicadísimo cargo, por si llegaba el caso
probable de que él faltase que pudiera sucederle. Como se vé, era una familia por todos
conceptos previsora.
Vivían, pues, en Madrid, en los momentos
históricos del trance, la madre, la hija y dos
criadas, todas ellas en espectativa de embarque , porque proyectaban ir á pasar
unos quince días al lado del jefe de la familia, con el cual no habían ido juntas por
atenciones hácia el novio de Nahón, novio
que, dicho sea de paso, abominaba de su
carrera cada vez que le decían que su amada
tenía que ponerse en camino y no bailaba
el medio de poner á su madre en canal.
Para disculpar la visita nocturna del ingeniero acudían á hacerles la tertulia dos hermanos que habitaban en el cuarto de al lado,
también hembra y varón, de veintitanlos
años, otra vecinila del piso segundo y otra
del piso bajo.

285

Una argentina y j uvenil carcajada lanzada
á dúo cortó el vivo diálogo entablado entre
la suegra y el yerno futuros. La vecinila del
piso segundo y la del bajo cel~braban así la
feliz casualidad de llegar al mismo tiempo.
-¿Somos puntualesr- dijeron al entrar,
dirigién&lt;lose á la mecedora en que la dueña
de la casa no cesaba de acunarse.
-¡~lucho, mucho!-les contesto la interpelada.- Dispensarme que no me levante
para recibiros, hijas mías; pero yo no levanto mis ciento quince kilos con la misma facilifiad que los levantan
&lt;lel piano.
en el circo esos animaUna noche, la de aules de las pesas.
tos, el ingeniero en lró en
Las jóvenes se inclie I saloncillo, y di rinaron sucesivamente v
giéndose á s u futura
dejaron cada una un bé~uegra, que se bambo•
so en cada moflete de
leaba en una mecedora
la dama gorda. Después
s in hacer gran caso de
saludaron á los novios.
él, le tendió la mano,
-Os envía la Provisaludándola ; luego se
dencia, - murmuró la
dirigió hasta donde se
novia confidencialmente
hallaba su novia en pié,
cerca d e los oídos de
.á la cual hizo una leve
sus amigos y vecinas.
reverencia de 1 a más
-¿Ya empiezan los
refinada cortesía , que
cuchicheos? ¡Nifia, ya
ella pagó con una sonsabes que no me gustan
risa, también muy leve,
los apartes ni en las coporque mamá no admimedias!
tí a riinguna expresión
II u b o un momento
acentuada. Después, con
de estupefacción en
un altivo y elegante
aquella pequeña masa,
mohín, arrebató la nii'ia
y se hizo u n a breve
de la mano ele su nopausa que rompió vavio el sombrero, y se
lientemente la vecinita
retiró por una puerta
del piso bajo, pregun&lt;¡ue daba acceso á su
tando:
cuarto de costura para
- ¿[Ja tenido usted
dejarlo allí, encima de
noticias de su marido'.-su costurero, sobre sus
- Bastante te import)oña Micaela
propias labores . En
tará á tí si he tenido ó
seguida salió nuevamente.
no noticias de mi marido ... No seashipócrita,
-¿Hace mucho que han terminado uste- y pregunta si las he tenido de mi hijo, que es
des. de comer? - preguntó tímidamente el lo que á tí te interesa.
nov10.
- No, no señora,- le respondió la jóven
-Media hora ~scasamente-le respondió aparentando una sencillez que estaba muy
la madre.-Por cierto que me he permitido lejos de ser cierta.-¡Si noticias de su hijo de
t~mar una taza de café, y se me están po- usted tengo yo todos los días!
niendo los nervios de punta.
-¡~) ire, mire la descarada! Eso no has de-~s una contrariedad,que siento por us- bido decírmelo á mí, ¿entiendes!
ted vivamente.
-Se lo he dicho á usted para que viera
-¡Claro que por mí!
que por quien realmente me interesaba era
:-Es que podía ser por nosotros también, por Don lldefonso (así se llamaba el palasenora, porque cuando usted está nerviosa ciego), toda vez que su hijo no me dice en
sufrimos todos.
sus cartas ni una palabra de su papá.
-U~ted s~frirá porque quie~a, porque con
Como se verá, la niña del piso bajo no se
no vemr esta usted del otro lado.
-mordía la le~gua como el tímido ingeniero, y
-Señora...
arremetía briosamente contra la mujer gorda.
Excepción hecha del ingeniero, todos los
congregados tocaban el piano muy bien, y el
vecino notablemente: pianista de profesión,
tenía calidad de concertista, era un vfrtuoso. (Ya creo haber dicho que para entrar en
aquella casa había que ser virtuoso de alguna manera, ó por tocar, opor no locar; .
No habrá que decir que el primero en llegar á estas veladas á pesar de ser el que vivía más lejos, era el prometido de Nahón, el
&lt;:ual entraba resueltamente hasta donde c.:;perában su novia y la mamá, que generalmente era el saloncillo

�286

fOR ESOS MUNDOS

Ya iba á contestar Doña Micaela-cuyo ven, ni de Wagner, que me levantan dolor
era el nombre de la palaciega-con la arti- de cabeza ... Cosas alegres, alegres.
-¡Por' Dios, mamá!-se atrevió á decir l_a
llería gruesa, cuando penetró en la estancia
la vecinita de al lado, también muy risueña niña con más miedo que un ratón persegmdo.-Ese repertorio no lo conoce Enrique.
y jovial.
-¿Qué, no viene tu hermano esta noche? Tocaré yo.
-le preguntaron casi á coro.
-O )'O,-dijo la del principal.
-O yo,-añadió la del bajo.
-Sí, sí. ¡No ha de venir! Ha tenido que
-O )'O,-agregó la hermana de Enrique.
salir á un asunto muy breve. Dentro de diez
minutos estará aquí.
-¿Ustedes? ¿Pero ustedes creen que ese
-¡Ahl-respiró la vecinita del piso de cencerreo que hacen es tocar el piano? ¡Es
arriba.
desafinármelo!
El bondadoso Enri-Ya se había asustado esta otra,-gruñó
que se sentó en el pian o y ejecutó torpeDoña Micael a - cremente dos ó tres cuyendo que no iba á venir su tormento.
chufletas musicales
Huelga decir q u e
que complacieron mua 11 í e n materia de
cho á Do1ia Micaela, y
amores nadie perdía
en seguida tocó mael tiempo: la niña de
gistralmente el cuarto
la casa con el ingenieconcierto de Litolf.
-¡Vaya una música
ro; la vecina de abajo
con el niño de la caratonera! - dijo Doña
sa; la vecina de arriba
Micaela cuando terminó Enrique la delicada
con el pianista, y la
composición.
hermana del pianista,
que no tenía con quien
Al oir el exabrupto,
encliufar dentro de
el ingeniero se quedó
la vecindad, se las enperplejo, como si estuviera meditando un
tendía por el balcón
con uno de fuera, porpuente, el artista estuque así es el mundo, á '
pefacto, y las señoritas
acongojadas.
Dios gracias, y así se-¡Ea!-dijo la será, si ha de merecer
que lo vivamos.
ñorita de la casa.-DeDoña Micaela se enjemos por hoy la secargaba de repartir la
sión porque mi mamá
está muy nerviosa.
inquietud en aquellos
La concurrencia
jóvenes espíritus de
asintió encantada á la
modo que en su reunión no hubiese nadie
proposición de la niña,
compadeciéndola y hade buen humor: todoi,
Nahón y su novio
, estaban rabiando con
ciéndola señajos de
las impertinencias que á cada palabra solta- que tuviera pacienda. Enrique, sin duda
ba la palaciega r.erviosa.
para ayudar á la muchacha, exclamó:
Ya habría soltado unas cuarenta bien re- Muy bien, muy bien: así como así_, yo
partidas, cuando entró el jóven concertista tengo que madrugar mañana, y me conviene
en el salón, al cual, después de saludar á acostarme tempranito.
Uno por uno, fuéronse despidiendo de la
todos, le preguntó su hermana:
palaciega desfilando ante la mecedora en la
-;,Has estado en casa?
- No, -le repuso él.-He entrado aquí cual seguía muy repantigada.
El pianista se brindó á abrir la puerta _de
desde la calle directamente.
Lo primerito que hizo el concurso fué pe- la calle al ingeniero, sin duda para cambiar
dir al pianista que tocase algo, más que por impresiones, y la niña hizo lo~ ~onore~ desel gusto de oirle á él por el dé no oit á Doña pidiéndoles en la escalera y pidiendo rndulMicaela.
gencia y perdones para la autora de sus días
-Sí, sí, toque usted, Enrique,-dijo au- y de aquellas malas noches.
toritariamente Doña Micaela.-Toque usted;
Cuando hubo despedido á sus amigos y á
pero déjese de música sabia, nada de Beetho- su novio, cerró la puerta y volvió donde se

EL SOMBRERO DEL NOVIO

hallaba su madre columpiándose todavía,
para despédirse de ella en un tono algo seco,
de modo que entendiera que estaba enojada.
Después se retiró á su habitaciones y trincó
las puertas para llorar ó indignarse á sus
anchas.
La tremenda Doña Micaola hizo como que
no se enteraba del enojo de la niña, y después de un gran rato llamó á la doncella.
-¿Se ha acostado ya la señorita?
-No lo sé, señora. La señoritase ha metido en su cuarto y ha cerrado por dentro.
-.Muy bien. Ahora vamos nosotras á hacer la requisa de costumbre. Vamos á registrarlo todo, no vayan á darnos un susto una
noche abusando de que estamos mujeres solas.
La doncella encendió una bujía y se dispuso á seguir á su señora en el registro.
Miraron en la sala, en los dos gabinetes,
en el despacho de su marido, en el comedor,
en los dormitorios, en la despensa, en la cocina, hasta en el W. C. y por fin en el cuarto de costura.
Al entrar en esta habitación seguida de la
doncella que la alumbraba, Dofia Micaela
dió un grito terrible, desgarrador.
A la doncella se le cayó la palmatoria &lt;le
la mano como si allí estuvieran el Pernales y toda su cuadrilla, y también se puso á

287

gritar, sin saber por qué, poseída del mayor
terror, de inmenso pánico.
-¡Socorro!. .. ¡Favor!... ¡Auxilio!-clamaba
la doncella poniendo el grito en el cielo.
- ¡Deshonrados... deshonrados 1- gemía
Doña Micaela en la mayor obscuridad y presa de una excitación nerviosa que parecía
que había tomado toda la isla de Puerto Rico.
en infusión. -¡Estamos deshonrados!... ¡El
apellido de mi marido!... ¡Mi apellido!, .. ¡Qué
dirá la reina!. .. ¡Qué dirá todo el m u11dor
¡La deshonra!. .. ¡Qué vergüenza!. . . ¡Oh!...
¡Ah!... ¡Qué dirá la reina ... qué dirá la reina!
La doncella, en vista de que ya iban transcurridos algunos minutos y que nadie la
atarazaba del pescuezo para estrangularla,
como se imaginó al principio, se hizo dueña
de la situación y de su persona, y oyendo.
las lamentaciones de su señora se dió á
pensar que lo que se estaba desarrollando.
en aquellas tinieblas era un golpe de Estado
cuando tanto 'h abía dé preocupar á la Graciosa Majestad.
'
·
Lo primero que determinó la doncella fué
procurarse otra luz y volver á la estancia
en cuyo pavimento yacía· Doña Micaela con
la faz desencajada, los ojos fuera de las órbitas, la boca contraída furiosamente é inundada por un sudor frío c0piosísimo, mientras
estrujaba entre sus manos un sombrero hon-

- ¡Qué dirá todo el mundo, qué dirá la reina!

�288

PUR ESOS MUNDOS

go. Aquello del sombrero algo dejó entrever
á la suspicacia de la doncella, y desde luego
comprendió que su seiiora exageraba en
cuanto á lo que pudiera decir la reina en el
caso de que llegara á saberlo; antes al contrario, su criterio era que, dada ia longanimidad de Do!'ia Isabel, hasta puedi: q.ue la
pareciera muy bien que el novio se hubiera
quedado allí una nochecita, que bien merecido se lo tenía Doña l\Iicaela por sus Tidículas intransigencias y por su celo tan injustificado como inútil.
Haciéndose estas reflexiones se dirigió al
cuarto de su señorita para prevenirla del estado de su mamá, y de paso, pensaba ella,
para que estuviera advertida de que todo se
babia descubierto; porque, eso sí, la doncella
era tan piadosa que daba por buena\; las
::reencias de s u ama.
Cuando la señorita se enteró de lo que
Jcurría, no sabía si indignarse ó tomarlo á
risa; pero al ver la situación laslimosa en
que se hallaba su madre en el santo s,ielo,
sin que hubiera fuerzas h1,1ma11as capaces de
transportarla á su lecho, porque dos mujeres no levantan ciento quince k~los como no
sea en ciento quince veces, bastante hicieron
habilitándole un colchón en
€1 suelo para echarla sobre
él rodándola como si fuera
una pipa de alcohol.
Una vez en el improvisado
techo la hicieroningeriry la
-aplicaron todos lus calmantes y antiespasmódicos que
tenían en la casa , que no
~ran pocos , porque había
menester de ellos con frecuencia paracombatircrisis
análogas.
Mientras la hija de Doña
Micaela asistía á su mamá
&lt;:on tierna solicitud, pensa-

ba en cómo podría haberse ido su novio en
pelo sin que nadie lo advirtiese: porque de lo
que no cabía duda era de que aquel sombrero,
que estaba hecho un acordeón, pertenecía á
su novio: lo primero por las iniciales del fo.
rro, y lo segundo por el lugar dond~ babia
aparecido, porque alli lo había pui:sto ella
misma.
En estos cuidados y en estas conjeturas
dieron las siete de la mañana del día siguiente sin que en aquella ca¡¡a hubiera
podido pegar nadie los ojos, cuando llamaron
á la campanilla suavemente.
Una de las criadas salió á abrir la puerta,
y recibió el siguiente recado, que oiremos
ahora al trasmitírselo á Doña Micaela:
-De parte del señorito Enrique que ha•
gan el favor de darle su sombrero que se de•
jó ayer olvidado en el perchero, porque va á
salir.
Doña Micaela respiró fuerte al oír el recado, y la señorita contestó:
-Dígale usted que se le llevó equivocadamente el señorito Feliciano ... Que dispense.
La criada salió para dar esta respuesta, y
al poco tiempo volvió para decir:
-Pues que hagan el fa.
vor de darle el del señorito
Feliciano, y que e~ta tarde
cambiarán.
La novia vió el lamenta,
ble estado del sombrero de
su novio, que estaba mate•
rialmente hecho liras , y
por no dar explicaciones de
lo que había ocurrido re•
puso:
-Diga usted que se co•
noce que se llevó los dos
FÉLIX

MÉNDEZ

Dibujoa de Karikato.

�LOS PRIMEROS FRlOS.-Escultura, por !l!i,uel Blay

�</text>
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                <text>1900-1916. Enciclopedia mensual ilustrada publicada en Madrid España a principios del siglo XX. Se especializa en temas sobre aventuras, viajes, entretenimiento, tauromaquia. Fue fundado por José del Perojo. </text>
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                    <text>PoR Esos MuNoos
AÑO VIII

AGOSTO, 1907

NUM.

151

LOS INOCENTES
(CUENTO)

el primogénito de los condes de
L
la Trocha, penetró en el comedor descargando sobre el grupo de amigos allí reEOCADIO,

El pr(ncipe de Asturias heredero de la corona española, en br~zos de su tenie~te-aya Cla con~elsa del Puerto.
(Fotoirafía ~btenida en los jardines dA la real posesión de La GranJa, pnr ,ampua

unidos una noticia inesperada.
-¿,Sabéis-exclamó--que Alicia, la mal'quesita viuda de Urbáiz, se casa?
Una expresión de asombro agitó a_quellas
cabezas, adormecidas hasta enlónces en la
monotonía de una conversación insignificante. Todos los ojos se volvieron con curiosidad
malévola hácia el recien llegado, que acababa de instalarse en una butaca, junto al balcón, afectando ese aire importante que adquieren los hombres divulgadores de una
grave noticia. Algunos labios sonrieron incrédulos.
-1\le parece-dijo Don Pedro acariciándose su caballeresca perilla blanca-que le
han informado á usted mal. Nuestra amiga
Alicia no puede casarse con nadie.
-¿Por qué?-interrogó Leocadio aplomadamente.
-Porque ya sabemos cuán enamorada estuvo de su esposo y las circunstancias extraordinarias que ocasionaron la muerte del
pobre marqués.
-No importa.
-Tenga usted presente que apenas han
transcurrido ocho meses de?de·._que acaeció
aquel drama.
, , \'
-Lo sé todo, lo recuedo todo,-replicó el
condesito de la Trocha con un acento rotuudo, de inquebrantable convicción-y declaro que la noticia, al pronto, me impresionó
tanto como á uste&lt;!es. Pero luego he reflexionado, y los pormenores que acerca de este
asunto me remite un amigo vecino de San
Sebaslián, que es donde ha de celebrarse la
boda pasados tres ó cuatro días, y cierta secreta historia que yo había oído referir acer-

ca de la marquesita de Ul'báiz y en tiempo~
del difunto marqués, me convencieron do
que Alicia no es tan fiel á la memoria de su
esposo como pensábamos, y que bajo el fondo
del drama sanguinario que conocemos hay
otro más terrible, más negro.
Don Pedro, lleno de asombro, había quedádose inmóvil, con su mano fina, ligeramente temblona, suspendida sobre su luenga
perilla de plata.
-¿Habla usted seriamente?-exclamó.

-Sí.

-¿Es posible?
-Tengo la seguridad de no equivocarme,
-repuso Leocadio triunfante.
Los circunstantes le observaban atentos y
sus miradas, al mismo tiempo que parecían
exigirle una explicación, tenían esa emoción
miserable de júbilo con que todos los hombres, aún los más buenos, i,e disponen á co~
nocer los defectos de un amigo. El éonde de
la Trocha prosiguió:
-Lo que voy á referir enseña á desconfiar de los inocentes, de los irreprochables.
Las apariencias engañan, queridos míos: llamamos inocentes muchas veces á los malvados que tienen la habilidad hipócrita de no
parecerlo. La humanidad es superficial: quien
quiera burlarla lo conseguirá fácilmente sin
otro trabajo que el de disfrazarse bien. Yo
creo que la mitad de los héroes venerados
por la Historia fueron unos histriones, unqs
admirables histriones que conquistaron la
posteridad embarcados en el mentiroso prestigio de un bello gesto.
-;,De modo que usted? ...
-Estoy cierto de hallarme en posesión de
la realidad. En el caso presente, la verdad
de lo sucedido es atractiva y emocionante
como una superchería folletinesca.

�LOS JNOC1':'iTt-~

-Tengo Ja seguridad de no equivocarme,-dijo Leocadio en tono triunfante

El conde de la Trocha se dispuso á hablar. vastas urbes modernas donde el trasiego de
Era un mozo de treinta ó más años, de rostro impresiones cotidianas asusta, es fácil, excarnoso y sensual, sobre cuyas mejillas el traordinariamente fácil, disimular una histocansancio de los placeres babia dejado dos ria secreta . .!\las luego se tra,;ladaron á Valigeras arrugas. Los contertulios lo miraban lencia, y allí la curiosidad pública sorprenatentos: unos fumaban, otros esperaban lim- dió detalles alarmantes. El sosegado vivir
piándose maquinalmente el oro de sus sorti- provinciano pone de relieve lo oculto: en un
jas con sus pañuelos de seda. Fortalec;do pueblo pec¡uPño, la figura de una mujer que
por esta silenciosa expectación, Leocadio co- salga á la calle con el semblante cubierto
por un velo demasiado espeso, ó el ruido de
menzó á decir:
una
ventana que se cierre á altas horas do
-Yo nunca he creído que Alicia estuviese ciegamente enamorada de su marido, aun- la madrugaila, bastan para componer el prique las apariencias dichosas del hogar aquel mer capítulo de una leyenda escandalosa.
afirmasen lo contrario. Y para discurrir así Yo residía en Valencia á la sazón, y a mis
no me apoyo en que el difunto mar¡:¡ués tu- oídos llegaron rumores que comprometían el
viese dieciocho ó veinte años más que su es- señoril recato de la marquesita de Urbáiz:
posa, sino en que era un hombre demasiado un vecino suyo, que era amigo mío, me dijo
violento, y atolondrado y celoso en demasía, confidencialmente que cierta noche, y hallány la experiencia me convenció de que la vio- dose el marqués ausente de la ciudad, un
lencia y los celos, si bien al principio cauti- hombre había penetrado furtivamente en
van y deslumbran á las mujeres, las fatigan cac;a de Alicia...
El narrador se detuvo para encender un
pronto. Aquí todos creíamos que Alicia adoraba en el marqués. No me extraña: Madrid cigarrillo, y un silencio total, e.;e silencio abe, muy grande, muy complejo, y en estas soluto, lleno de magnetismos, que precedo

en las representaciones teatrales á los más
altos momentos dramáticos, siguió á sus palabras. Don Pedro exclamó:
--¡Ya voy comprendiendo! Ese galán misterioso fué el que más tarde en el Teatro
Principal...
'
Leocadio interrumpió á su interlocutor
con un gesto.
-No acierta usted, dijo.-Eso sería ull
enredo vulgar. Mi historia es más rara má~
honda, más trágica.
'
Y continuó:
-Por aquellos días llegó á Valencia un
c~pitán de ingenie_ros llana lo Enrique Castillo, aventurero neo, bue u mozo, riejor jinete y grnn perseguidor de muiere3 h;!litas.
Su aparición trazó en
e 1 borizon le g r i s d e
aquella existencia monótona una franja roja
de desequilibrio v escándalo. Sus noc!Íes de
embriaguez eran temibles y turo varios desafíos de los que siempre I i b r ó bien . Los
hombres le miraban con
r e c e Io, desasosegados
bajo la mirada impertinente de sus ojos azules. Cuando por lastardes recorría la ciudad
á caballo, f¡¡s &lt;loncellitas, y aún las casadas,
volvían la cabeza cou
coque teria...
»La casualidad, ó
acaso las malas artes
de alguna de esas
voluntades q u e se
divierten en complicar la vida tle los
demás, ~icieron que Enrique Castillo y la
ma~ques1la de Urbáiz, que era, sin duda, la
muJer _más bonita, distinguida y elegante de
Valencia, se conociesen, é inmediatamente
prendió en Enrique el deJeo de acometer su
conquista.
•Yo y otros amigos asistimos lle11os tle insana curio5idad al combate librado entre la
ina~ordable virtud de Alicia y los terribles
a~d_1des de seducción derrc.chados por el capitan con una prodigalid'.ld y un todo evident?mente deslumbradores. En bravura, en
gentileza, en libertinaje elegante y conquist~dor, en todo sobresalía aquel calavera endiablado. No obstante, sus artes donjuanesc~~ fracasaron . ,i,Es que la marquesita de Urbaiz estaba realmente enamorada de sumarido, como lodos decían? ¿Es, como mu l' po-

101

co~ creíamos, que estaba enamorada .«de
otro,? Nadie lo sabe. Lo único cierto fué que
se r iantuvo fría, totalmente inaccesible á los
fervorosos_ requerimientos del galán. Desdén
tan ost1ms1ble no desalentó á Castillo quien
lejos de rendirse, multiplicó sus esfuerzos'
~odicioso de triunfar en aquella amoros~
Justa, de la cual la mejor parle de la sociedad
valenciana estaba pendiente. Carta;;, ramos
de flores, haz~ñas tem?rarias de sport, todo
lo empleó Ennque Castillo; mas con disimulo
tan torpe que el mismo marqués de Urbáiz
llegó á sospechar algo.
• Una noche, y esta es la parte violenta, escandalosa. que todos conocemo!;, Alicia ~e
hallaba en una platea del Teatro Principal.
.Mu y cerca de ella,
en el pasillo que re:;bala entre las butacas y la buandilla
de los palcos, el marqués charlaba con111igo y con dos amigos nuestros. Parecía
un poco excitado, y
á cada ralo miraba á
su alrededor, como
si esperase la llegada
de álguien. Repentinamente, y cuando
ya sólo faltaban tn s
ó cuatro minutos para alzarse el teló11
apareció por el pasi~
llo ceutral de la sala
la íig u r a gallarda,
orgullosa , u n poco
retadora quizás, de
Enrique Castillo. PiEl marqués se diriJtió rec~aba reció, y miraba
tame n le h á e i a ~nrique
Caslillo para abofetearlo
á todas parles solicitando la atención frívola del mocerío que cuchicheaba en los
palcos. Después dirigió desenfadadamente
sus gem~_los hácia la platea de la marquesita
de Urba1z, y así permaneció larO'o rato co. d d
b
mo quenen
o emostrarnos que
aún, no
ha~i~ renunciado á su conquista. De pronto,
Ahc1a tuvo un a&lt;lemá11 de cólera· una densa
palidez cubrió sus mejillas. •¡No¡:uedo resistir más,, exclamó.
•~~ marido_ se volvi? hácia ella y yo tuve
la_ v1s1?n ~rec1sa, termmante, de que algo ternble 1ba a suceder. «.i.Qué es eso?, preguntó
el marqué~. por cuyo rostro,instantán&lt;:amente, la cólera había extendido también su livi&lt;le~ . homicida. •Que ese hombre, -repuso
Alicia con acento fiero y señalando hácia Enrique Castillo que continuaba observándola
-me persigue constanleme11te. Todo el mun-

�102

103

SUGESTION

POR. ESOS MUNDOS

Don Pedro se enfureció, y la indignación
do lo sabe, y estamos en ridículo ... Yo no
hacía temblar cómicamente sobre el mentón
acruanto más•.
"&gt;Instantáneamente, de un modo rectilíneo, de su rostro aguileño y rosado su perilla
com0 provectil disparado por un arma de blanca.
-¿Qué punto negro,-exclamó-qué rasfuego, el ~arqués se dirigió hácia donde Enrique Castillo parecía esperai:le, y ~ntes de go censurable halla usted en la conducta de
que ning1rno de nosotros pudiera evitarlo se e,a mujer que, según usted mismo ha dearrojó sobre él y le ~bofeteó con ta?to _brío clarado, supo resistir lo que únicamente las
y coraje que le derribó al suelo. Alh mismo mujeres muy honestas resisten?
Seguro de su pensamiento, Leocadio sony en las condiciones más graves quedó concertado un lance para la mañana siguiente. reía imperturbable.
-Amigo Don Pedro,-dijo-nosotros, los
A Castillo, en su calidad de ofendido, tocaba
hombres
de mundo, no debemos limita1·
la elección de armas, y eligió la pistola. Todos e-stábamos consternados, pues sabíamos nuestro análisis á la corteza ó superficie de
que Castillo, á quien los códigos del honor las cosas, sino que estamos en la obligación
otorgaban el derecho de disparar primero, de descenderá lo invisible, á lo oculto. lla
poco me oyó
era un tirador preusted decir que,
excelente.
á
deshora de la
•El resto, ya lo sanoche , álguien
béis. Llegados al luhabía visto peg a r del combate y
netrar un homantes de ocupar su
breen casa de la
puesto, el marqués,
marquesita de
cu yo buen huUrbáiz...
mor habitual no
-Sí.
había declinado
-Y ahora sani un instante,
bemos que Alise despidió de
cia, á quien tonosotros a fe c dos
creíamos
tuosamente, casi aletransida de dogr eme n te, como
lor, va á casarquien va ~ _emprense. ¿No vislumder un viaJe de rebra usted en el
creo. «Hasta la otra
l
fondo de e s t a
vida•, murmuró.
hütoria, al pare&gt;El juez de campo
¡¡~jAl-ilf
RTtJ
ce r sencilla y
dió la señal. En el
vulgar,algomuy
acto, con un gesto
negro?
maquinal, Enrique
Don Pedro se
Castillo extendió el
encogió de hombrazo y disparó, y el
Enrique Castillo dispa;! !f~~1 el marqués, matándolo
0
bros.
infortunada marqués
.
-Pues
yo,
sí,
Jo
veo,-prosiguió
el conde
ele Urbáiz cayó muerto. ifo tu vo agoma.
La bala de su enemicro le babia roto el cora- de la Trocha con una firmeza que extremeció
1/.Ón... Ocho ó diez días después, Alicia por á su auditorio.-Yo veo e1, todo esto uno de
cuya razón todos habíamos temido, des- esos crímenes demoniacos, babilísimamente
a p ar e ció de Valencia inesperadamente, dispuestos, urdidos de tal modo que el más
zahorí no hallaría rastro de ellos ...
como si huyese...
.
Se detuvo un instante recogiendo sus
El narrador hizo una pausa: fué un silenideas,
encendió otro cigarrillo y continuó:
cio lleno de reflexiones, que nadie osaba in-lndudablemente,Alicia,
que estaba muy
terrumpir. Al cabo, Don Pedro e~clamó:
-¡Eso es horrible! 1Pobre criatura! Tan di..;tanciada del marqués por la edad, tenía
un amor secreto, uno de esos amores que,
jóven y tan maltratada por la suerte...
Por los labios volterianos del conde de la por ser enormes, por ll_e~ar toda nues~r_a
Trocha jugueteó una sonrisita cortante de vida, merecen perdón. Ahc1a deseaba legll1mar aquella pasión. Mas... ¿cómo hacerlo esironía.
tando casada? En tales circunstancias, la
- ¡Quién sabel-dijo.
casualidad interpuso en su camino á Enri-¿.El qué?
.
.
--Si ese dolor de la marquesita de Urbáiz que. Ella pudo pensar: «Este bombre .tira
admirablemente toda clase de armas. S1 yo
habrá sido sincero.

.algún día le obligara á batirse con el mar' -qués, seguramente me qu,edaba vi1_1da.&gt; Estos planes diabólicos son, al principio, una
-&lt;JJpecie de extremecimiento moral casi imperceptible; pero lueio crecen, se agigantan,
mvaden el espíritu, tiranizan la voluntad, y
.acaban por imponerse á nuestra virtud siempre flaca. Ella diría: «Si nos atreviésemos ... »
Y él, el elegido, respondería: «Entonces seríamos dichosos. ¿Por qué no te atreves?....
Así, poco á poco, es como se componen esos
grandes dramas que el amor amaña de noche,
-en voz baja, después de cerrar bien todas
las puertas. Lo que la marquesita de Urbáiz
hizo en el teatro es un crímen, un verdadeco crimen: aquellas palabras con que preci-

pitó al marqués sobre Enrique Castillo, equivalieron á una puñalada; fué lanzarlo á la
muerte, arrojarlo á la fiera ... Es un drama en
el que todos los papeles son bellos: el marido, caballero que sucumbe defendiendo su
honor; el aventurero, que mata en defensa
propia, y mata gallardamente; la viuda, jóven
y virtuosa, llorando en el silencio de la alcoba vacía... Pero nadie sospecha que detrá,;
de estos tres personajes estaba «el otro», el
traidor, que esperaba á • la libertada» cvn los
brazos abiertos ...
Y concluyó con un mohín de asco:
-¡Oh! Podéis creer que esas personas
suaves. mansitas, que llamamos inocentes~
m:i dan miedo.
EDUARDO

llustrac11J",¿es de L Ga?iarl:&gt;

....

SUGESTION
(SONETO)

Yo conor.co unos ojos soñadores,
rasgados,grandes, negros, muy hermo::,os,
de mirar dulce, suave, misteriosos,
con destellos de ritmos y de amores.
Son ojos que atesoran sus fulgores
para brillar de la pasión ansiosos;
de infinita ternura, bondadosos,
de mimos un venero, seductores.
Tantos placeres su mirada inspiran,
bl impresión me causan si me miran
con promesas de lánguidos deseos,
que aletargado quedo si los miro,
soñando con un mundo en que deliro
de ardientes y de locos devaneos.
. RICARDO

PASTOR

ZAMACOIS

�HAWAI, EL PARAISO DEL PAcíFICO

!Uf&gt;

HAWAI, EL PARAISO DEL PACÍFICO
El puerto de llonolulu, visto desde el mnr

La recluta de emigrantes andaluces hecha por 1ina empresa norteamericana para coloniza,· las islas Harvai, suceso en el que se ha oc-upado hace tres meses la prensa
diaria, presta gran interés y oportunidad á este artículo que ofrece &lt;Í la consideración de los lectores ,ioticias someras, pero ,,my importantes, refere,ites á aquel archipiélago, llamarlo no si11, razón «el paraíso del Pacífico».
meración de las picudas y altas montañas, y
abajo inmensos campos de caña extendiéndose hasta un horizonte que sólo limita el
poder de la vista.
Una débil fragancia
cía tropical se elevaba del agua cuando el buque que nos
conducía descans&lt;&gt;
en los brazos d e 1
gran mar del Sur.
Al arr.an ecer, los
naturales del país
acudieron á darnos
la bienvenida. Los
muchachuelos, de
rolor· moreno subido, nadaban en rededor del buque
dando zambullidas
en busca de las monedas de cobre que
les arrojábamos. Las
muJeres nos ofrecían en venta lei,s,
unas lindas flores
con las cuales nos
cubrían los extran*
jeros
residentes en
**
aquellas islas, que
Para el que viaja
han adoptado este
por tan alejados magénero de saludo
res, el puerto de Hupara dar la bienvenolulu se presenta
nida y para despedir
de manera poétiea:
á los que allí llegan
las aves terrestres
y á los que de allí
bordean e I fi rroase van. Al ver esto,
mento, y las cimas
lndlgena hawaiano subido á un cocotero
todo viajero se prede las montatias :;e
.
gunta
á
sí
mismo
por
qué
toda la tierra no
t&gt;levan atrevidamente rasgando los blanco:;
será
como
este
paraíso
en
el que la vida
lechos de nubes.A medida que nos acercábaparece
presentar:;e
ante
nosotros
como un
mos á la costa veíamos arriba la densa agio-

ooos los economistas convienen en que el
dominio del Mar Pacífico supone un gran
porvenir para la nación que lo alcance. El
asunto es de gran
importancia in ternacional , q u e s e
comprende con sólo
echar una ojeada al
mapa del m a y o r
océano : fácilmente
se dejará ver lo que
vale y significa para
toda la navegación
del Pacífico el ar•
chipiélago de llawai,
en cuya capital, Honolulu, se detienen
la mayor parte de
los buques que ree o r re n aquellas
aguas. Uno de esto,;
trasatlánticos me
llevó allí, y ,oy á
dar cuenta de mis
sensaciones en las
siguientes líneas.

T

..

largo sueño, lángido y delicioso. Pero, repen- yendo, comiendo y durmiendo en sus antinamente, nos despierta de esta idea el chos pórticos. Para los que á Hawai Jleaan
mosquito hawaiano, que se acerca también desde países fríos ofrece verdaderos enc~ná nosotros y nos saluda; este mosquito e,; á tos esta circunstancia de comer al aire liHawai lo que una grieta en un diamante: la bre, placer aumentado por la vista y el sah o r de nuevos v
única espina de tan
ex.traños manjares.
linda rosa.
entre los que abunUna vuelta en codan los fresones v
che por la riudacl
el plátano, de aro·nos pone de relieve
ma jamás conocido.
u n interesantísimo
En la bella mahecho: los extranjeiiana
de nuestra lleros residentes en la
gad
a
á Honoluh.t
isla gozan de lo memil p á j a r o s nos
jer que hay en la
Tisitaron bajo el
vida, del confort do
hermoso cielo de
sus casas, que poaquel país , miendrán carecer de be•
tras que en su eslleza arlístira, pero
pacioso ,-ampo puálasque, en cambio,
ti
i mos ver frutos
jamás falta el menor
tropicales
de tanto
detalle de comodivalor e o mo limodad casera. Sus anne~, naranja:;, manchas ga!Prias, llenas
gas, irana&lt;lns, papade palmeras y lloyas, perillas, guares y provistas de
yaba;, y tau1arindos.
mesas,
sillas, hama,
cas
y felpudo.s de
H!!waiano laaciendo el~' alimento favorito de aquellos
Los prados, espesos
t
in di gen as
y aterciopelados coyerbas, constituyen • '
preciado lugar de des~nso para el fati&lt;rado mo ricas alfombras, aparecieron á nuestra
viajero. \qui en e!'as casas es dond~ la vista conservado!:&gt; en perfecto estado ocugente de Honolulu isfruta de su herruoso pación que allí llevan á cabo los enca;aados
clima, dc::;de la m:u,,ana hasta la noche, le- del servicio doméstico, que siempre so~ los

Vista del mar tomada dtsde el puerto de Honolu1u

�______,

- - -

POR ESOS 11UN_D\)S ,

10G

1

1
1
\
\

l
1
1

1

&lt;losamenle para el objeto: se les pagaron lo:imigrantes chinos, japoneses y portugue- dos los gastos y se constru yernn casas pata
:ses. En rigor, el problema del servicio do- ellas en la plantación, cada una rodeada de
méstico no da cosa en que pensar á la mu- su jardín; se eligió de \a tierra común una
jer de su casa, la cual tiene pocas preocu- gran parte á fin de que fuera utilizada par~
paciones en esta tierra de la abundancia. pastos de los ganados que dichos colonos
Torios parecen tomar allí la vida por su tuvieran; se les concedieron lotes p:ua cultilado mejor y más cómodo, pues nadie apa- var la cañ:.i y no se escatimó nada para que
renta que los.cuidados le preocupan. La co- dispusieran el arado y preparación de sus
lonia norteamericana, la asiática y la portu- tierras. A pesar ele esto y de cuantos gastos
guesa son las más numerosas en Hawai, h.zo la compañía para. cultivar la caña por
trabajadol'Cii y agri&lt;iuya poblacién es de ciento cincuenta y cincullores blancos,
&lt;io mil almas.
éstos no quisieron
Las iglesias d e
desempeñar el traHonolulu son pobajo y fueron reti_-cas, y están servirándose ,poco á po.&lt;las por congregaco de. llawai, hasta
.cionjsta$ y por alque a\ cabo de muy
gunos baptistas,
escaso tiempo n o
metodistas y presquedó allí ,n i una
biterianos. Ha y una
de las quince famieatedral inglesa,
lias.
bel.lo edificio gris
En olro aspecto,
&lt;le arquitectura gólas per~onas q u e
tica, con hermosos
por sus amigos ó
eristales d e cJlor
por otro medio lo,en .s u s ventanas,
gran ob.tene.r u na
que ha sido erigido
vol?ición.en ,11awai
-en memoria del Tey
antes de empre11Kamehameha IV á
der ..su viaje á las
quifm s e debe el
i~I as, pueden estar
-establecimiento en
seguros de que no
Ha\Vai d e 1a coencontrarán país
munión anglicana.
más encantador,
En las islas se
. á pesar de que en
juega al foot-ball,
algunos detalles la
al golf,.al cricket y
vi.da allí es algo
al larmi tennis, se
cara,, siendo esto
-0rganizan carreras
debido á que Ho,de caballos, y los
nolµlu, que se enaficionados á la cacuentra á dós mil
&lt;iaza pueden dispa1uillas marinas de
J"ar sobre bastantes
la costa norteamerlátanos
d&amp;
Ha
wal
.aves y piezas maricana, es considerado como puerto· costeio,
yores.
En Hawai, la clase comerqial está repre- y los barcos que no sean de esta naqionalisentada por gentes del país. Los chinos no dad no pueden entrar en el tráfico de costas.
.pueden desembarcar allí corno inmigrantes, Tan pequeña es la exportación á los países
porque en este punto aquel archipiélago está extranjel'OS que \os barcos que allí llegan no
,considerado como una parte de los Estados tienen, por lo general, esperanzas de ser
Unidos de Norte-América, donde es sabido despachados con cargamento provechoso de
,que la inmigración china se halla prohibida. vuelta.
-Generalmente hablando, los chinos de Hawai
*
**
-Ron industriosos, honrados y astutos para
Así, de la importación total de quinfoc; negocios. En cuanto al trabajo en las
.plantaciones, lo hacen los japoneses, pues ce millones ciento vJinticinco mil duros que
los colonos norteamericanos, alemanes, in- hubo en el año 190J, diez millones y medio
-gleses y otros europeos no quieren dedicarse correspondieron á los Estados Unidos de
Norte América, que dejaron Mda más que
á la labor de los cañaverales hawaianos.
Cuéntase á este efecto que hace ya algunos tres millones quinientos mil duros para el
-años quince familias fueron escogidas cuida-

HA WAI, EL PARAISO DRL PACIFICO

r

1U7

1

•
.

Pesca.dores ehlnos en Honolúlu, tendiendo sus redes

eo~erc10 general de los demás países, y aún ¡ara empaquetar el azúcar. Después de los
stados Um?os, la noción que exporta más
~s1 más de la mitad de esta última cifra fué
importada en barcos de la América del Nor- para_ Hawa1 _es Japón, que remesa ran
g
te y e~ resto en barcos ingleses y alemanes cantidad de generos de algodón.
Jlonolulu
es
un
buen
sitio
para
v
.
Ta~b1én _predominan los Estados Unidos e~ d · t J
er reuma a o a una población cosmopolita: el
el comercio de exportación, de manera más notable todavía que en r¡:;--:----~~:::---~~--~---- blanco, el kanaka
el chino, el japoné~
el de importació11.
y hasta algún que
pnes de treinta ,;
otr~ coreano. Nesiete millones cien'gocian estas gentes
to cincuenta m i ]
C()mprando y venduros á que ese trádiendo, para lo cual
fico ascendió en el
recorren á caballo
eitado año de 1905
ó
en carro una de
solo sesenta mi i
las
muchas aveni&lt;i u ros no corresdas que posee la
pondieron á Norte
ciudad.
- América.
Las pintorescas
El comercio de
barracas de yerbas,
Inglaterra con Haadornadas con howai en los años pajas d e cacao son
sados consistió
todavía
preferidas
principalmente en
por
los
indígenas
á
productos químilas casas modereos, carbón, hierro
nas.
Y géneros de acero
El principal aliY durante la cons~
mento
del hawaiatrucción de los cano
es
el
poi, hecho
b 1e s submarinos
de la raiz del tMO
desde América á
tubérculo que ere~
Hawai y Filipinas
ce
en los. pantanos;
Tipo
hawaiano
~a G r a n Bretaña
.\ .
después do redumantuvo allí buen
tráfi_co en guttapercha. Recientemente, Ale- c11· o a pulpa y hacer con el resultado una.
mama ha. a~ruenta~o su comercio en pro- mas~, lo _tuestan en hornos hasta darle la
~ucts qm!111cos, mientras que el Reino Uni- apariencia de una pasta áspera, que se sirvo
a sufrido gran reducción. Desde Austra- en cazuelas de made_ra pulimentada, llamadas calabashes. Los mdígenas comen el oi
11:1. ~a muc~o carbón á Hawai, y la India le
envia cantidades grandes de sacos de yute con los dedo'&gt;, sentados en cuclillas en cír{u-

r°

��111
las monta,las. Este depósito retiene dos mil Unidos, donde luego se refina para distriquinientos millones de galonrs de agua dis- buirlo después entre los compradores y venpuestos para regar los campos de caña n rl dedores. La isla de Hawai es, entre las quemomento que se alcen los compuertas. Ha forman el grupo de este nombre, la principal
costado la obra más de cuatrociento,:; mil coL tribu yente de la industria azucarera, pues
duros, y, mediante tal reforma, se abando- posee veinticinco mil acres plantado's · de
nará el actual sistema de estaciones ·en las caña; sigue después Oahu, en la cual está
que se hacen funcionar bombas para el sitl,\ada la capital, Honolulu. Otra isla de estegrupo, la Maui, posee la fabrica de azücar
riego general.
Pronto nos encontramos en las meseta;;, mayor del mundo. En 1905 la exportación
desrle las que admiramos la bella ciudad &lt;le de este producto en las islas subió á 371.571
llonolulu, como vasto jardín en el que las tonela'das, que importaron cerca de treinta y
seis millones y meblancas casas eran
dio de duros. De
las flores que paretan extraordinario
cían saludarnos denúmero de tonelasrándonos feliz redas, so 1 a m ente
greso. M á s cerca
D.427 eran de azúe s t á n las tierras
car refi~ada. Ulti- '
empleadas para el
mamente ha tenido ·
cultivo del plátano
lugar un aumento
que, con el arroz y
considerable en la
los pantanos de taproducción, debido
ro, marcan el valle
en gran parte al
determinando pearea cultivada en
queños cuadros de
pequeñas parcelas.
variados matices .
d e tierra por los
Por e n t r e estos
japoneses del salucuadros s i g u e el
d a ble distrito de
ferrocarri I d e 1a
K o n a , de donde
compañía O ah u
toma nombre e1 caLand, de vía estrefé de aquella recha, de ciento quingión.
·
e e kilómetros d e
Los in lereses colongitud; conduce
munes de los azuá los grandes ingecareros de Hawai '
nios de azúcar, borse consideran asedeando prime ro
gurados p o r una
Pearl Ilarbour, un
asociación que dessi ti o encantador.
tina á este fin seEste puerto perte1
t en ta mil duros.
nece al Gobierno de
anuales.Esta socielos Estados Unidos
dad tiene á sus órde Norte América,
denes un numeroso
que están realizancuerpo de entomódo en él obras de
logos que se dedi,erdadera imporA rbol de la papaya, en flnwal
ca n á buscar los
tancia y embelleciinsectos q u e inmiento.
El azúcar es, sin duda, la industria más feslan la caña, para d&lt;;lstruirlos por los meimportante de las islas. El d Jsarrollo de las dios que la Ciencia y la misma Naturaleza
cosechas se demuestra por el resultado obte- ofrecen.
En las fábricas de Ewa, que producen trc:;nido en los diez años drsde 1891 á 1900: en
el primer año de dicha el Jcena fué de 146.174 cientas toneladas diarias de azúcar, observatoneladas, que llegaron uu el último á289.54.4. mos los procedimientos para fabricarlo. LléActualmente, el rendimiento anual es de vase la caña del campo en carros que sigu,en
cerca de 400.000 toneladas. Se emplean en una vía estrecha; se arroja en el molino me-esta labor cien millones de duros al año, y diante un gran brazo casi humano en su
en la industria encuentran ocupación de obra, y se machaca bajo tres serios de gran-.
cuarenta mil á cincuenta mil personas. Casi des rodillos. El producto, mezclado con agua·
torlo el azúcar Ya en crudo á los Estados y cal, corre á las calderas, donde se evapora.
HAWAI, EL PARAI::;O DEL PACÍFICO

POR ESOS MUNDOS

110
mente indolente. Siempre corteses, quila- y trabajadores de azúcar, destroza un ~amµ.c
nse el sombrero y saludábanos con su importante al pasar no.sotros. Desde leJO~ VI·
ba
d
b
wos el humo, y á medida que nos ace;c~baobligada palabra aloha, cuan o pasa a nuesmos el eslreptlo y
tro carruaje á su
los estallidos de las
lado.
cañas al quemarse
Al borde casi del
nos aturdían.
camino,con su pin-,
Tuvimos quepotoresca y antigua
ner al galope nuesrueda hidráulica, se
Iros caballo3 para
encuentrael molino
escapar del intende arroz á donde
so calor que de.;;petodo el país lleva
Jía el campo insu cosecha de tan
&lt;'endiado. Después
preciado grano, paJe marchar duranra que lo limpien Y
te muchas millas
lo prepar.en d ~ spor entre pla~tío.;;
pués de haber sido
de caña, volvimos
trillado y aventado
a seguir la orilla
en las eras de argadel mar, alternando
masa que se ven en
con caminos trazatodos los campos.
Jos bajo montañas
En el agua, que
d e formación d e
está cerca, anida el
coral y lava.
pez diablo, del que Café hawaiano. Aparece en esta rotografia tal y como ofrecen
Precisamente al
1os hawaianos se
los árboles el fruto. Cada baya contiene dos granos
reflujo de la roaapoderan valiéndo.
.
rea á tiempo para coger un remojó~, llegase de un recurso rarísimo, que a pr1m~ra mo; á uno de los sitios más tranquilos que
. ta parece
que descnbe
.1
vis
· una tortuga
C · negra
l
eña pueden existir en el mundo, \Vaia
ua, con_su
círculos en el agua. onsi5 e en una peq u
tentador h ole l 1 te
caja con ventanianidado entre fronllas en la cual iudo.;;os árboles y en
troduce el indígena
terreno que da al
la cabeza y registra
mar. Allí, sobre la
las aguas profundas
arena, disfrutamos.
en busca de su vic&lt;le un baño de sol,
tima, á la que bier~
después de batallar
con un bastón dl
l.Jastante e o n e l
punta y después
agua del mar.
lleva á su barraca
A la tercera mapara secarlo y coñana, después de
merlo. Esevidente
un almuerzo al
que la vida del in•
aire libre, enel que
dígena no e3 nada
uos sirvieron riquícara ysi de muy posimos plátanos acaco trabajo pues tiehados de coger del
ne el pescado casi
árbol y otros maná la pueita de casa,
jares que sólo puelas frutas pendienJ e n ofrecerse en
do de los árboles, Y
Hawai,nuevamente
trozos de taro para
y con lentitud trepraderas en redepamosbasla encondor de su barraca
tramos cerca de la
ó choza cubierta de
cima de las monpaja.
.
LJ,.;....--tailas, y pasamos
Al dar cima á un
µor un acueducto
promon.tor i o v ~ ·
Frutos del árbol del rao
hechorecientemenm os una pequena
te por los dueños de la citada_ posesión
aldea, que es un establecim!ento d_e mormo· Waia\uan con el fin de llevar agua a los camnes. Cerca de aq;ui, u:n ,1,ncend10 _en ~n v
t
cañaveral, tan teJX1idJ entre los prop1etar10E pos desde un depósito que se encu en ra en

0

•

�112

POR ESOS :\!UNDOS

el lado del cráter, y después seguimos cinco kilómetros á través de la lava hasta el
Lago
de Fuego.
$eiscientas revoluciones por minuto; se sepaLa última parte del ~aje se hizo á pié,
ra el·az~car de las melazas, y después se con un aire sofocante por el calor intenso
&lt;leja caer á un sitio donde se gradúa y se que reinaba y por la saturación de gases sulpesa, dejándolo lis~o para el mercado. No furosos. Mientras descansamos en u·n trozo
hay gastos;inútiles, pues aún los restos de la ,;aliente de lava fría, nuestro guia puso una
caña se emplean como combustible, y el pol- cafelera sobre una pequeña hendidura, y en
vo y el barro vuelven á los campos como 1res minutos se hizo el café.
abono. Dicha plantación de Ewa emplea seA medida que nos acercamos á este lago
tenta millones de galones de agua cada vein- infernal de lava fundida íbamos uno á uno
ticuatro horas para regar sus vastos ca¡¡¡pos, llegando al mismo borde. Veíase abajo la
enorme cantidad de liquido que obtienen me- hirviente y silvante lava, terrible en su
diante muchos pozos artesianos.
grandeza, y allí permanecimos casi en la
boca de tan horrible horno. Durante el día
aparece este cráter como un depósito de neEn ninguna parte es el paisaje tan maravi- gra pez en el proceso de su enfriamiento,
\loso ni lan bello el follaje como en la isla con humo y vapores que ,;urgrn de lodas
de Kauai, donde crece el helecho culantrillo
.á la perfección y en doce clases variadas. parte~.
No puede exislir escena más fantáslica
También, con abundancia salvaje, se da el que la ofrecida por este lago de fuego perpehelecho árbol, casi siempre de veinte piés de tuo con sus fuentes de llamas que se dispa.altura, mientras por todas partes viejos ba- ran como cohete3. Las numerosas cavernas
nanos extienden sus grandes brazos hasta ~- grietas que contiene son _visitadas frecuen&lt;"[Ue estos llegan á echar también su raíz.
temente por turistas; pero la temperatura no
Hay muchas cascadas en las islas, espe- permite detenerse allí mucho tiempo. Las alcialmente en Hawai, cayendo el agua á me- teraciones en el cráter tienen lugar en la-;
nudo desde centenares de piés. En esla cos-- primeras horas de la mañana, y confrecuenta escarpada existe u n puente natural, colo- cia algunas sendas seguidas durante la noche
.sal, y cerca de él se encuentra el monumen- anterior se han convertido en tremenda,;
to al capitán Cook, descubridor de las islas.
grietas al amanecer
:En la de Hawai, es Hilo la población princi- " Todo el Pacífico meridional ofrece grande,pal, y desde este punto comienza la ascen- atractivos para desarrollar la afición del
.sión al terrible Kilauea, á cuatro mil piés so- turista. En cuanto á Hawai, el paisaje explénbre el nivel del mar, uno de los grandes vol- dido y la exuberancia de la vejelación tro-canes activos en el mundo. A las nueve de pical son tan pródigos que los que una vc;r,
la noche, con linternas y un guia de con- han visitado aquel lugar sienten 'tentaciones
-fianza, emprendimos á caballo el descen~o de regresar á las islas y permanecer en ella~
al cráter. Siguiendo al guia en la obscuridad, por siempre entre sus perfumados jardines y
-con frecuencia por hendiduras, y no perdien- sus magníficos bosques de palmeras y de
do el camino por milagro gracias al instinto
-de los caballos, descendimos en zig-zags por helechos.

.á elevada leru peratura y se enfría; después
va á las centrífugas, y allí es trabajado á mil

1

¡

1

\

UN

TURISTA

LOS RAYOS X

LOS ·TUBOS DEL VACÍO
vas á penelrar en una obscura ha- todas ellas de primera importancia teórica
bitación, desordenadamente decorada por l_as que el espectador ha pasado? Serí~
en cuya extremidad el hechicero modernos~ lo mismo que ~nsayar é imaginar la salida
~ncuen~ra an:eglando un aparato .para llevar del sol l)n medio de la luz meridiana.
. Estas etapas por que pasa el tubo del vaa ca_bo ~nmediatamente un experimento. La
habitación está llena de genle que espera mo de los rayo~X_después de salir del s:&gt;plete
con ansia, d~vorada por el gi·an deseo de de gas, s~n prmc1palmeute el objeto del prever sus prop10s huesos ó los del prójimo.
sente ar,ticul~; f por ellas, con ayuda de la
La puerta de la ~abitación se cierra, y fotograf,a, procuraremos indicar en estas líanle las persona~ allí congregadas se presen- ~eas las últimas miras c:entíficas en cuanto
!ª un_ tubo de cristal bulboso, provisto en su a lo_ que son los citados rayos X, y también
rnterior de formas curiosas de brillante me- demr algo acerca de los resultados rendital, que surge á la existencia en hermoso co- dos por los tubos del vacío bajo las maravi!0r. ~erde manzana, lanzando torrentes de 11?,sas manos de Herz, Lenard, Crookes y
urn~1bles r~yos ~ontgen que muy pronto Rontgen, y los no menos maravillosos cerecomienzan a funcionar arrojando sobre uri bros de Clark, Maxwell Larmor Lodge
transparente luminoso sombras analíticas de J. J: Thom~on; resultado~ que pr~dijeron'
bolsas, carteras y cajas de navajas de afeitar posible éXIto y propiedades del radio mucho
Y partes ahatómicas del esqueleto human~ antes de que este fuera descubierto y que
tal Y como se mueve y vive en su armario b_an probado que el átomo, hasta ahora concarnoso.
sid3rado
como indivisible, posee una exces1-.
.. 'b']'d
ES to que ves, lector querido, no es otra va d1v1s1 i i ad. Sobre tal base, es imposible
cosa que los
evitar enterayos X.
ramente los
e i e r to es
poco trillaque, dado el
dos terrenos
progreso alde la termicanzado en
minología
el mundo,
técnica; penadahay ya
ro siempre
qtie maravique esto no
11 e á las
no ocurra,
gentes; pea c
marcharer O , s i n
1.-T.a bulba lle2. - Con 1-8 de
. - 00. 1-20 de
i.-Con_ 1-100 de
aire
aire
mos en pine m b argo,
na de aíre
aíre
. 'ó · ·
. .
toresca ex¿c~ántos de aquellos que hayan mirado la ~urs~ n imagrnnbva por el campo de lo .
chispea~te bulba de luz verdosa pueden for- vulgar y conocido.
mas
marse idea de la serie de asombrosas ' escenas, muchas de ellas hermosas más allá
***
de las calificaciones del lenguaje humano,
El tubo del que se ha tomado ]a serie de
LECTOR:

:i

2

�POR ESOS MUNDOS

114
cencia débilmente azul; la misma chispa es
fotoarafí~s que aparecen con estas líneas es ahora una ancha columna de luz de un color
el tipo conocido como ioc_o de rayos X. Cons- fuerte violeta que afluye del anodo; y en el
ta de cuatro partes esenciales: el nn?do y el punto donde loca el catodo,. este aparece !ecatado en las cuales entran, respec~ivamen- cubierto de una luminiscencia azuhndescr1pte la electricidad positiva Yla n~gativa (pue,
brillante.
lr~s de muchos años de obscundad respecto tiblemente
En la fotografía número _3 se se~aran e~al fluido eléctrico, la teoría de Far~day acer- las luces claramente, llaman~ose a la pr1.
ca de los dos fluidos ha d~rrotado a sus opo- mera la columna positiva, Y á la otra la
nen tes), la tarjeta de platrno sobre la. que el incandescencia negativa ' mientras que ~l
catado se enfoca, y el vaso que contiene la espacio que entra ellas queda es e_l espacio
obscuro de Faraday, no~bre debido á su
bulba.
d h'l
El anodo en este caso es un trozo e i o
descubridor.
de aluminio, y su forma Y
A medida que aumenta
posición en el tub? no son
la cantidad de aire extraíde gran importancia. El cado la incandescencia netodo, que es con _mucho el
gativa cubre más el catado;
componente más importanmientras que la columna
te, consiste en un disco_ e~positiva se ensancha graférico cóncavo de aluminio
dualmente hast~ que _llega
soportado po~ un alambre
á alcanzar las proporciones
grueso contemdo en un tuque demuestra la fotograbo de cristal. Ambos elecfía número 4, etapa dutrodos se conexionan con
s.- Con 1. 200 de
s.- Con 1-,00 de
rante la cual permanece en
los hilos de platino, u~iénaire
aire
la bulba solamente un a
dolos á través del cnstal_,
centésima parte del air~ original. ~l catodo
del mismo modo que se eJecuta con los de está completamente cubierto de mcandeslas lámparas eléctricas.
.
cencia azul, y la chispa ya no hace uso del
Se observará que la tarjet~
platmo no espejo de platino como parte de su march~.
va colocada en el foco geometr~co d~l cat?~
Con un vacío doble de este (fotograf1a
do sinQ considerablemente mas alla de el, número 5), el cristal de !ª bulba ha ~esado
pe;o esto obedece á razones que después i,o en su fluore3cencia y la rncandescenc1a neexplicarán.
d' d l
ativa ha tomado más espesor y se va sepaLa bulba está conexionada por me to ~
~ando del catado. En la fotogrnfía número 6
tubo con una forma especial de bomba aspi~ ya aparece muy grande, y el ca_todo se ve
rante que actúa continuament~ para lhace\ plenamente rodeado por un espacio obscuro.
el vacío en aquella, hecho mediante ~ cua
Este, ó sea el segundo espacio ob~curo,_ll~va
puede retirarse más aire cada vez, ~nentras el nombre del que lo descubrió, Sir William
ue con el paso de la corriente empieza una
.
de las más brillantes escenas de transfor~a- Crookes.
En esle tubo el vacío es de _un setemención que se c0nocen en el campo de la cien- los-avo, es decir, la bulba contiene esta ~r~ccia experimental.
·
f'
ción del aire original, y la columna pos1t1va
. La primera de nuestra serie de fotogra ias hálla5e alterada considerablemen~e ?n apamue~tra la chispa que pasa cu~ndo la_ bulba riencia, mostrando signos de estr1ac1ó~, que,
está llena de aire. Es de la va:1edad sinuosa sin embargo, aparecen mucho más marcados
y resulta tan repartida y errática en su cu'.so en la placa inmediata que muestr~ el tu~o
como admirable en rapidez, ci~·cunstan~1~s en el punto de la brillantez fotografica maque le hacen aparecer como :el~mpago d1:11- xima llenando completamente la bulb_a la
dido. En esta placa y en la sigu_1e_nte la chis- incandescencia negativa con un ~agmfico
pa hace uso de la tarjeta meta~ica que e~- brillo azul, luz tan etérea? tan delicada en
cuentra en su camino, como s1 tratar~ e sus imperceptibles gradac10nes, tan enterahacer con ella un corte breve; de aqui la menta ultra-terrenal, q_ue pa~ece pertenecer
aparente doble descarga á que hemos alu- á algún reino fantástico mas bien que á
dido.
..
· t d la nuestro mundo material. El hecho de que
Ahora empieza el funcionamien º. e
los contenidos de la_ bul_ba sean re~lmente
bomba y cuando se han logrado_ rellrar de auto-luminosos, no ilumrnad~s por míluenla bulba unos siete octavos del aire, se all~- cia exterior, como lo son el cielo de verano
ra la descarcra completamente. (Fotograf1a ó la neblina de la luna, hace que esta desnúmero 2.) la no se hace ruído algun_o; la ear a sea cosa de beller.a compl_etamente
descarga siaue constantemente su camino y úni~a y separada de lodo Jo co·\Ocido hasta
produce en''ios lados del tubo una fluores-

?e

LOS TUBCS DEL VACÍO

el presente. Pasando desde esta reproducción
fotográfica, des;;raciadamen te incolora y por
completo inadecuada á tan brillante etapa, á
la que figura en octavo lugar, tendremos
ocasión de observar los nuevos fenómenos
que se manifiestan en cada electrodo. En
el anodo, la columna positiva, que se ha ido
debilitando y se ha hecho discontinua en las
dos últimas e'.apas, se ha reducido ahora á
un simple punto de lu,. en la extremidad;
mientras que al mismo tiem po una nueva
incandescencia violada, llamada positiva, se
aglomera en rededor de la otra extremidad
del hilo metálico.
Los cambios en la extremidad catodo son
tan notables que autorizan un intento de
explicación pictórica de lo que allí ocurre.
Imagínate, lector amigo, una compañía de
soldados provistos de fusiles de tiro rápido,
formados en arco ó media luna, disparando
la línea exterior toda ella con puntería fija
exactamente normal á la línea, es decir, encontrándose cada fusil igualmente entre los
de sus vecinos de la derecha y de laü:quierda; coloca esta fuerza en un bo~que de troncos de árboles iguaLnente distribuídos y del
mismo tamaño; ordéoales que hagan fuego
con la rapidez que puedan, y observa el
efecto. Como las balas son mucho más pequeñas que los árboles, y estos se encuentran separados á gran distancia comparada
con su espesor, es obvio qne aquellas han
de recorrer por término medio considerable distancia sin herir ningún objeto. También, siendo la velocida de una bala excesivamente alta, dicho proyectil perforará el
primer árbol que en su camino encuentre,
sin rasgarse de manera apreciable; pero desde entouces queda reducida su velo0idad, y
la bala con·
tinuará la
destructora
carrera hasta q u o su
energía se
gas te por
completo
esparciendo
aslillas en
todas d irecciones. Jma7. - Con 1-1000
8. - Con HOOO
. •
de aire
de aire
g111emonos
estas astillas actuando á su vez como balas
qlle en su di~persión errática producen otras
nuPvas ast;iias, y así sucesivamente hasta
que pierden totalmente su energía, y tendremos un cuadro, si no exacto en detalle, al
menos perfecto en la representación de lo
ocurrido.
En nuestro tubo, la fuerza de soldados es

i15

el catodo; sus balas y las aslillas que producen son los fragmentos más pequeños de
materia ó electricidad ( los dos aparecen
ser en esencia la misma cosa, ó sean lae
maravillosos electrones de los q u e mu chos cen lena res van á formar el más pequeño átomo; estos electrones marchan con inconcebible velocidad, tanta como treinta mil
kilómetros por segundo, cosa que hace que
el paso de la bala de fusil más rápida no sea
sino el paso de una tortuga, de la más insignificante tortuga. Las moléculas de gas que
hay en el tubo resultan en este caso los árboles de nuestro ejemplo, y el desprendi miento de asLillas no será otra cosa que la
ionización, nombre que en el mundo científico se dá á la inca\ldescencia azul negativa.
Poco esfuerzo de inteligencia se necesita
para com prend3r que e I espacio obscuro
que rodea el catado es la distancia media á
cuyo través los voladores electrones marchan antes de la colisión con las moléculas,
las cuales serán en -tanto menor número
cuan-lo mayor sea el vacío, y, por lo tanto,
cuanto más ámplio es. el ·espario obscuro
más difusa resulta la incandescencia negativa.
Dirigiendo ahora nuestra atención á. la superficie cóncava del catodo fulminante, como
no existen fuerzas perturbadoras habremos de sufrir un terror•ifico bombardeo de
electrones voladores, ó rayos del calado
como primeramente se les llamara, rayos
que convergiendo en el foco y cruzándose en
él muestran bellamente en el tubo mismo
un cono de luz azul violada, visible en el
obscuro espacio, luz que parece concentrarse en un punto muy cerca del foco del tubo
para separarse luego nuevamente.
Después
de la crítica
etapa que
pone de relieve la fotografía número 7, como va quedando cada
vez menos
aire en el
9. - Con 1-7000
tO.-Con 1-9000
tubo laenerde aire
de aire
,
.
gia requerida para forzar la electricidad á través de él
se hace mayor, con lo que resulta que la carga de electricidad negativa en el catodo llega
á ser tan grande que no sólo despide los
electrones, sino que los repele tan poderosamente durante su rápida marcha que altera su curso .rec\o en sentido curvado tendiendo á transferir sus focos más y más,

�INTIMO RUEGO

POR ESOS MUNDOS

116
persiste es la fosforescencia del cristal. A
hasta que se encuentra exactamente en el mayor vacío, aumenta eriormemente la potencia necesaria para funcionar el tubo, y
vacío recto.
Este hermoso cambio, que va acompaña- también la potencia penetrante de los rayos
do por la elevación y decaimiento de la in- lanzados; pero no se altera su apariencia ópcandescencia positiva, se demuestra de ma- tica y fotográfica.
nera más convincente por las fotografías
Hay quien sostiene que cuando existe sonúmeros 8 á 13. La que ocupa el noveno lamente una molécula en cada millón ave
original de
lugar representa el máximum de la incanlas que perd esce n ci a
manecen en
negativa: es
el tubo, re•
arrebatadosuIta escaso
ramente beel número
1 la, pues
de las que
además del
sirven para
color vivo
conducir la
violeta de
electrici la primera,
dad.Sir Wiy del pálido
14-Con
1-IOOOOo
lliam Croo1s.-Con
1-25000
y ahora dé•
12.-Con 1-1:iOOO
de aire
11.-Con 1-10000
de ai;e
kes rechaza
de aire
bil azul de
de aire
esta idea y asegura que el número de mola segunda,
presenciamos la maravillosa corriente viola- léculas de gas en una bulba de tamaño
da del calodo curvado; lodo ello colocado en ordinario en la que se ha hecho el vacío
una bulba filamentosa de exquisito verde hasta una millonésima, es un millón de mimanzana, que no es otra cosa que la fosfo- llones; y como es ~abido que cada una de
rescencia cristalina bajo la influencia de mi- estas contiene por lo menos mil electrones,
llones de electrones esparcidos.
el abastecimiento parece completamente
En la fotografía número 13, donde solo asegurado.
queda en el tubo un treinta mil avo del aire
Las propiedades de los rayos X para excioriginal, los electrones pueden alcanzar la tar la luminiscencia sobre trozos transpatarjeta de platino sin previas colisiones. Ero· rentes de algunos minerales, en particular el
pleando nuevamente el símil de las balas de bario platinocianido, y para afectar una plafusil, cuando una de estas corrientes se diri- ca fotográfica, son demasiado conocidas para
ge contra una tarjeta maciza ocurren tres co- que necesiten comentari9s; pero debe recor,:as: 1.ª algunas de dichas corrientes se re- darse que todos los dibujos proyectados por
flejan; 2.ª la tarjeta se calienta; 3.ª se esca- los rayos X no son otra cosa que sombras
pan sonidos muy penetrantes que radian en arrojadas por el origen, es decil', que la partodas direcciones desde el punto de contacto. te de superficie de la tarjeta herida por la coLa citada fotografía número 13 muestra rriente catodo debe, á fin de obtener los metodo esto; es decir, que las corrientes se man- jores efectos, hacerse lo más pequeiia positienen adheridas á los electrones, que la tar- ble, necesitándose gran exactitud tanto en
jeta del tubo de los rayos X se pone al rojo la curvación del catodo como en la distancia
después de unos cuantos minutos de em- de la tarjeta.
plearla, y, en fin, que como cada electrón
Puede preguntarse si cualquiera de los
hiere el platino macizo (el más duro de los resultados luminosos obtenidos de los tubos
metales), en su marcha en sentido recto del vacío se ve en escala natural en el amdespide una onda ó perturbación de la natu- biente que nos rodea. C,-mo el espacio mi,raleza de la luz, perturbación de potencia mo es un gran t,1bo en el que se ha hecho
penetrante sin precedentes y que da lugar á el vacío y en el cual las estrellas, el sol, los
que se escape de la tarjeta que constituyen planetas y todos los cuerpos celestes, inclulos rayos X una corriente de dichas ondas. so nuestra propia tierra, ejecutan evolucioCuanto mayor es el vacío más alta es la nes ordenada~, la contestación á esta precarga sobre el catodo, y cuanto mas veloz- gunta es muy obvia. Hemos visto ya que
mente vuelan los electrones más penetran- un catodo metálico en un tubo del vacío es
tes llegan á ser los rayos consiguientes; así, susceptible de arrojar electrones cuando se
para obtener los mejores resultados, los tu- carga de elevada electricidad negativa; hay,
bos deberán ponerse á un vacío muy eleva- sin embargo, varios elem.entos descubiertos
do. En la fotografía número 14muestra el tubo recientemente, el radio sobre todos ellos,
cerca de un cien avo de aire solamente, y que son susceptibles de verificar esto li1,res
en este caso el fenómeno que únicamente

de carga,. l_anz'lndo al propio tiem o articulas pos1hvamente cargadas de p p
Estas partículas, que llamaremos
ttes X, en el caso del radio alcanzan ve! .
dades de la increíble cantidad de cient/c1i:enta mil kilómetros por segundo E' s~esto e~ e~ sol que alumbranuest~o p~1::~:.
. ~onoc1m1ento que tenemos de la com o~
s1c1ón
p
. del •astro-rey nos induce á creer que
Con tiene grandes ?antidades de radio
de
otro~ cuerpos rad10-~ctivos que llegan ser
activos en las manehas so1particularmente
l
ares, por os que lanza incesantemente t
rrentes d~. partículas positivas y negativ~;
que tamb1en alcanzan á la tierra á d d
llegan desde su i:oovimiento circular de ~i:n~
~o c_uarenta y cmco millones de kilómetros·
ef~~~ á su car~~ negatira son atraídas po;
d . ro magnetico de la tierra y arrastrar. as ª. ,os po~os, donde su paso por el aire
.-uper10r,
le
A segun
h · se ha probado defi m·t·1vamenpor rr emus, es la causa de esos maravi:losos y hasta ahora insolubles misterios de
as auroras boreales cuya semejanza con la
descarga del vacío ha sido tanto tiempo
ment~da. Las grandes parüculas positiv:~por o ~ª. ~arte, se separan, aunque de ma~
nera d1f1c1lmente apreciable, de su cammo
.

g::~i:~i~

:f

•

1

117

Y. son á la vez absorbidas por el a.
nor, cargándolo positivamente Es~e supeserá naturalmente mucho ma .
a carga
dor- por esto e d' h
_yor en el Ecua. '
' n ic as regiones el aire
; e~~ cargado con una clase de electricidadª·
a ierlra, por la afluencia de electrones '"i
los po os, con otra· el
ll d
en
estas dos electricidad resu ª1 o natural de
Vem
es son as tormentas
osl, pues, que las propiedades de los .
yos y as radiaciones del catodo
ra-

~=n~~~~~~~t: f~;~:;!te, la cau:~ndec~~~

tormentas en los tr '· preva!enc1a de las
las manch
I ópicos, Y la mfluencia de
p
as so ares en los temporales
com:~oe:~~s 1::su~~~fcºs. son inter~i~ables,
puede tener el tubo :~ones práhchcas que
cío· v d d 1 .
que se ace el vase ~bre ese ~dedpac1enzudo investigador que
m a osamente ca ·
región obscura de lo desco~~~~d en__la gran
verse de su laboratorio hast
o_ s'.n mounl ejército que fotogr~fía 1:s cta1~:J~neºntde
cuerpo de s
ro
dloe más
árduo d u~ companeros de batalla en
razón para hende o~ ~ombates, todos tienen
ecir a sus precurso •
yos esfuerzos han encendido
. la 1es,1 cupene rante
luz de esa radiantísim 1·
cia que se llama el Tal aml paCra de la cien100

ee rookes.

F. W. ASTO~

-"-""""',
~

--

'·

-...

-~.,;,-iP-

,

~

\\

INTIMO RUEGO
Bella hurí de _labios rojos,
ven á calmar mis antojoi:,
que es\oy enfermo de amor
Y me causa desconsuelo '
ver e,n tus ojos un cielo
que me niega su explendor.

Ya mi vida se evapora
como tintes de una auro~a
falta del claro arrebol:
ven, morena, y en mis ansias
te of~endaré las fragancias
de m1 amante corazón.

Ju110 FLÓREZ

�PINICHI

PINICHl
(CUENTO)

hombre con cara de gorila abrió
en la tierra un hoy? _en formda
1
n él fue inhuma o
df rectáng~~la1nefortunada Chala,. al
e., cJ:{l~lud que bordeaba las tapias
pd~1 cementerio y bajo el ramaje de ubn
el que traspasa a
ciprés secular por d 1 sol Fué una
débilmente un rayo e
. .. ~
tarde de Abril, tan apacible y 1:1suena
lli en aquel siniestro recm to de
qlue;ue;te lleno de rosales en rtena
a
'. d
s de geraneos
eflorescencia, e grupo
·t matices.
que el sol coloreaba e~i:i~nta brusla primavera andaluza,
, . ,
ca abrasadora, parecía evocar 1~ un_a , de una mujer hermosa, e OJ~S
gdeenfueao de cabellos negros, qbule ne
" ,
d l dientes ancos
mostrando to os os l chasquido de
de su boca, y que en e. . b so por
sus labios rojos nos envia un e
el ambiente caldeado...

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i!
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*.*
L Chata era toda una his~o. a bada en un espiritn
.
. épico
sublime. Sola, sm mas pa;ientes que una vieja_ abuela,
de
a nada se cuidaba
r.rienque par
.
.
en
el
arrovo
su
e11a v1via
, . •
do las mi 1 y una penpec1as
ue l e ocasionaban la el~rna
iazon de vivir en aquel a~b1e~_te de la golfería, en el aire , i ria gra

'

t
;

N

'

.

}

ciado de la calle, teatro donde estas excrecencias sociales cantan, ríen y lloran.
Como á toda mujer, llególe el día de su
primer amor, y aquella billetera que oía con
indiferencia los requiebros de los señoritossempiternos mercachiíles de lo bello-sintió
en su espíritu algo como una renovación de
la vida en el cariño que le inspiró Currinche, un sinvergüen?.a de tomo y lomo encastado en ratero, jugador de bolos, amigo de
trampas y perfecto couocedor de tascas y
burdeles.
La Chata, desde el día en que Currinche
y ella se entendieron, cuidó mucho del aliño de su persona acicalándose cuanto podia,
poniér.dose coquetonamente al cuello su pañuelo encarnado de seda-el sólo tesoro desu
ajuar-y lavanrlo y relavando aquella bala
azul de motilas blancas, la única que tuvo desde que fué mujer y la que miraba con prefundo cariño como un tesoro de recuerdos
nupciales.
De aquellos amores, tiernos y apasionados
en la Chata, bajos y ruíncs en Cart·inche,
nació Pinichi, rechoncho y chatillo como
la madre, rubio como el vino nuevo, y tan
gordinílón que no parecía sino que se babia
chupado todo el jugo de la Chata.
Ni que decir tiene que aquel amor, que
Cun·inche babia satisfecho como un salvaje, se aplacó, y á la vuelta de a'gún tiempo las recriminaciones, los insultos y los
desprecios llovieron sobre la Chata, y Currinche acabó por olvidarla, Ella, ante aquel
desengaño, le &lt;lió su palabra, «palabra de
hombre», de no mirarle más á la cara. .
Las cosas sigui.iron, como al principio, su
curso tradicional: ella, vendiendo billetes de
lotería por calles y cafés, con Pinichi en
brazos, y él tratando de romper el círculo de
su mediocre golfeniia con raterías y trampas en el juego.
Una profunda tristeza se apoderó del ánimo de la Chata, y sólo las caricias y los mi•
mos de Pinichi la consolaban de aquel estado de tedio, de tedio inmenso.
Pasaron cinco ·años, y Pinichi, siempre pegado á la falda de su madre, la ayudaba,
como todo un hombre, á vender billetes de
lotería y á hacer todo lo que se terciara para
contribuir al indispensable puchero, que
era su delicia. Sabía que su padre era el Currinche y le conocía porque en varias ocasiones su madre se lo había enseñado en
una turba de golfos con los cuales andaba.

***

Aquellas mejillas sonrosadas de la Chata
empezaron á palidecer. Se volvió taciturna
y por días se acentuaba en su semblante

119

una gran demacración. Sintió algo extraño
en su naturaleza, algo como una depresión
nerviosa, anemia de espíritu, cansancio y un
profundo hastío hácia la vida, que se revelaba en gestos de tristeza. Llegó un día en que,
falta de fuer?.as, extenuada por una consunción devoradora, tuvo que sentarse en el
quicio de una puet·la, casi sin voz ni alientos para pregonar.
El pobre Pinichi, que la consolaba echándola sus brazos al cuello, colmándola de
besos, mesando sus cabellos en desórden, pasando sus manitas tiznadas por su rostro caldeado por la fiebre, sufrió más que nunca
en aquel terrible día en que vieron sus ojos
temblar una lágrima por el semblante triste
de su madre.
La Chata fué al hospital fatalmente predestinada á morir allí. Pinichi iba á verla
todos los dias, y la veía gracias á la buena
voluntad de Sor Micaela, que le babia tomado
afecto en su corazón de ángel.
A decir verdad, Pinichi no escapaba del
todo mal, pues ya unos, ya otros, todos en el
hospital le daban de lo que comían, y á no
ser por aquel airecillo sombrío y tristón que
tenía bubiérase creído que estaba pasando
una buena temporada.
Una tarde, ya en las postrimerías de su
lento agonizar, sentado Piniclti á los piés
de la cama donde fatigosamente respiraba
la Chata como si un corsé de acero le oprimiese el pecho, oía de su madre en un tono
de vo7. dulce y apagado:
-Mira, Juanito, si algún dia tú tienes dinero quiero que me compres dulces, muchos dulces.
--Sí,madre, muchos.
-¡Si la Virgen quisiera! ... Si yo me pusiera buena, íbamos á comer dulces, ¿sabes,
Juanito?
Y después de una pausa, siguió:
-Es menester que tú se lo pidas á la Virgen.
--Sí, madre, yo se lo pediré á la Virgen.
Un quejido, un inmenso suspiro de la
Chata interrumpió la conversación. Aquella
tarde no hablaron más.

*
**
Al dar la oración, Pi11ichi, como siempre,
se despidió de su madre con un beso que
fué más ardiente, más apasionado que nunca, y salió del hospital llevado de la mano
por Sor Micaela, con el cora?.ón oprimido,
la frente baja y el ánimo decaído basta más
no poder.
Vagó algún tiempo preocupado, ens1m1smado y como dominado por una idea. ¡Pinichi también tenía ideas!

�PINICHI

despertar ahora. Vamos á dejarle los dulces
en la cama para cuando despierte. Ven, ven
despacito ...
Y sin hacer ruido, silenciosos, se acercaron á la cama donde reposaba la Chata, con
la cara tapada por un velo negro, dejando al
descubierto sus manos inertes 'f demacradas.
Pinichi, con ojos curiosos, inclinaba su
cabecita p&lt;J.ra ver por debajo del velo la cara
de su madre, y con gran cuidado, con una
sonrisita de satisfacción, dejó sobre la almohnrla el papel con los dulces, que le olían á
gloria.
Sor Micaela, emocionada por aquella escena, cogió á Pinichi en sus brazos y acariciándole le decía:
-Ven, ven conmigo. Le he ofrecido á tu
madre que tú no serás un golfo, sino un
hombre, un hombre como ella quería que
fueses ... Vas á ver muchos niños, muchos ...
Allí vas á jugar, á correr ...
Aquella noche, por primera vez en su vida durmió Pinichi bajo techado sobre un
jergón de paja cubierto con blancas sábanas,
en una sala del hospicio.
El mejor ebanista de Sevilla era,sin duda,

Pinichi, y que lloviera ó venteara no dejaba ningún día de fiesla de ir á visitar en el
hospital á la buena madre Sor Micaela, que
era ya la superiora, con la que echaba sus
mejores ratos de solaz y esparcimiento.
Una tarde, terminada su visita, anduvo
Pinichi por varias calles al azar y sin nada

Pinichi, con el paquete de dulces en las

manos, observaba curioso la actitud inerte
de su madre

121

que le preocupase el ánimo ni el entendimiento. Allá, en lo más ancho de una plazuela, vió un grupo numeroso de hombres y
chiquillos arremolinados con !!.legre jolgorio
á la puerta de una taberna. La curiosidad,
ese atractivo de lo desconocido. llevóle al
grupo, y pudo apreciar que todo· aquel jolgorio lo producía un viejo andrajoso y ciego
que sentado en un mugrie~to catrecillo de
lona arrancaba de las cuerdas de su guitarra notas tristes acompañadas de coplas tiernas y sentidas.
Un gran silencio se produjo entre la turba
de curiosos esperando el momento de que el
viejo se arrancara; y éste con el semblante compungido, abriendo desmesuradamente
sus ojos, vacíos de luz, cantó con vo,: ronca
una seguidilla gitana. Los bravos y olés atronaron el aire y una lluvia d!l perrc:s cayó
sobre el platillo que el ciego tenía á sus
piés.
-Cántanos otra,-dccía uno.
-¡Viejo, que nos esfrozas!-decía otro.
Un torerillo que estaba á su lado, vociferó:
-Canta la mía, Currinche.
¡Cun·inche! Este nombre fué un pensamiento de hiel en el cerebro de Pinichi.
Quedóse como anonadado bajo la impresión
de un cruel y triste presentimiento. Buscó
con la vista al ciego y le observó fijamente
abstraído de cuanto le rodeaba, absorto en
profundas meditaciones. Allá en lo intimo
de su ser le parecía oir estas palabras: «¡Padre! ¡Mi padre!,,
Al verlo de aquel modo, ciego, andrajoso,

�122

FLORE.5CENCIAS

hecho un mendigo, le pareció que la Providencia lo mostraba á sus ojos como una revelación de la justicia inmanente.
De pronto, abrióse paso e~lre el g1:upo y
levantando al viejo de su asiento, asiéndole
por un brazo, le dijo:
-Venga usted conmigo, viejo, que le voy
á llevar á usted á una jtterga. Se vá usted á
ganar dos duros.
-¿Dos duros? -repitió el ciego con sorpresa.
Protestaron algunos del grupo do la intempestiva intervención de Pinichi, y ~al vez no
hubiese éste realizado sus deseos s1 la oportuna aparición de un coche ~o le hubi~~e
dado ocasión de escapar de alh en compama
del ciego cantador.

"'
*.*
-¿Tú?... ¿Tú eres mi hijo?... Ven, ven que

yo te bese ya que mis ojus no te pueden ver,
-decía el CJego arrodillado,con losbrazos en
cruz delante de la figura sombría, tétrica,
ame~aiadora y severa de Pinichi, que parecía poseído del genio de un__dios vengador.
-Sí, el hijo de usted, el b~JO. ~e un mal
hombre y de una mujer que s1 v1v1ese lo perdonaría á usted ... Pero, yo no.
-Si, perdóname, hijo, perdóname como
tu madre me perdona desde el cielo.
Pinichi, evocando todos los 1ecuerdos de
su infancia lloraba. Abraiáronse los dos y
un noble i~pulso de la Naturaleza hi7.o sentirá aquellos dos coraiones tan distintos, _en
el perdón y en el arrepenlimie_nto, efluvios
de un mismo amor que parec1a descender
desde loe¡ cielos, como el rocío de la noche,
para aplacar sus ansias de llorar, para endulzar el mi ndo de recuerdos que les traía la
lejana vi;;ión de la Chata.
MARCIAL MARIN

llu.straciones de Esteban Menénde,.

LOS MODERNOS AVENTUREROS

¿CONQUISTAREMOS EL POLO NORTE?
En nuestro mímero del mes último publicamos mi artículo del periodista norteamericano Mt·. Walte1· Wellman dando cuenta de su.s prop6silos ele ir al Polo Norte en
globo. El intrépido exploraclo1·, que ya habla rea'izaclo anteriormente ofras expediciones árticas, no consigu.i6 llevar á cabo su objeto en el verano de 1906 po1·qu.e los
1·etrasos y deficiencias en la construcci6n del globo lo impidieron; pero allanadas
esas contrariedades, el América, que asi se llama el buque aéreo de este moderno
aventu.rero, ha debido salir en uno de los días de Julio pasado del punto mcís septentt·ional de las costas ele Nomega para emprender la conquista clel Polo que tanto
fascina y afme á los explomdo1·es y tanta impot·lancia tiene para la Ciencia. Mcís
interesante aún que aquel p rimer artículo es el segu,ulo, que damos á conocer á
continuación: el propio lUr. Wellman explica c6mo harás-u viaje aéreo, las p1·ecauciones qu,e ha adoptaclo para lttchar contra las nieves y las tempestades árticas v
todos los medios,en fin, que han de llevarle al más completo éxito de s1ts prop6sitos
de broma ir tras el Polo Norte
Noenes uncosabuque
aé, eo. Por eso, el América

FLORESCENCIAS
A la luz de la esperanza mía
suaves os miro acaricia~ mi frente ..
El haz de sol que la pasión me_ env1~
se posa en mi alma como un labio ardiente.

Que 58 alce la il~sió~ glori?samente,
reviva cual un fémx m1 alegna,
del amor ante el vaso transp_are~te
calle el viejo pe!&lt;ar, la duda imprn.
Yo quiero vuestra efi_~era venlu~a,
¡oh, nuevos sueños de hhal bla':cural
Só que vivís para el dolor un ano,
si para encantos y placer, un d!a ...
Pero volad tras el hermoso engano,
¡alas de luz de la esperanza mía!
R. FONT

no es un globo de diversión, ni frágil, ni de
corta vida, como los
construidos para una
expedición de horas y
q u e después sucumben olvidadosó destrozados; sino una máquina grande y fuerte, de
acerados músculos, de
pulmones ámplio~, de
corazón fuerte, hecho
para la guerra, para el
trabajo, p ar a sufrir,
capaz de luchar con
los vientos que obstruyen el Polo y basta
de derrotarlos.
Y no es figura retórica decir que el buque
aéreo América es inmenso, gigantesco: su
longitud es de 60 metros; su mayor diámetro de 16,60; el coche
de acero inferior tiene
34,60 metros de longi -

tud; desde su fondo á la cima del depósito de
gas, la distancia es de 19,50 metros, ósea la
altura de una casa de
cuatro pisos; la su perficie de globo esde veinte áreas, y el peso de
la envoltura de algodón, seda y guttaperrha llega á dos toneladas. Cuando el buque
emprenda su vi aj e
comprenderá en total
un peso de 20.966 libras, entre material v
carga. Si añadimos e·I
peso del hidrógeno del
depósito, tendremos
22.84.0 libras, entre
hombre;; v materiales
que se diiigen al Polo
Xorle en esta máquina
del aire.
LA VICTORIA
DE LA CI&amp;~CIA

Walter Wellman, jeíe de la cxped'ción en ctobo

al Polo Norte

L a química es la
base de nuestros propósitos. Un pié cúbico

�POR ESOS MUNDOS
124de aire parece una bagatela intangible, pero uniones de ese metal para que el aire no se
tiene un poder maravilloso para hacer una escape. Pero en el presente estado de la
casi infinita multiplicación de lo infinitesi- ciencia aerostática no es necesaria una cumal. Este pié cúbico de aire pesa menos de bierta metálica: las telas de los globos modernos son bastante buenas para este fin.
una décima de libra; pues si construimos un Los globos esféricos ordinario~, como el utidepósito lo bastante capaz para contener
lizado por Andree, como los que se verán en
265.490 pies cúbicos de aire, una simple su- las próximas carreras de globos en San Luis,
ma nos demostrará que el peso total del aire
!on por lo general de una
encerrado en él alcanzará
tela gruesa de algodón ó
la e n o r m e cantidad de ,.....
seda varias veces barni21.431 libras. El gas hidrózada. Pero en buques aégeno puro pesa solamentll
reos mayores, sujetos á
0,00559 de libra p9r pié
grandes presiones, se emcúbico y es catorce y meplean dos ó más lelas, redia veces más ligero que el
cubierta cada una con cieraire: si pudiéramos llenar
ta emulsión ligera de gulnuestro depósito de hidrótapercha, aplicada en cageno puro, el peso del hiliente por medio de rodidrógeno sería solamente de
llos de acero, corno se bar1.481 libras, y por tanto,
niza el papel en las fábrido 19.9i7 libras el poder
cas. El Lebaucly y el Paelevador. Prácticamente, es
trie, que como dije en mi
:ia~i imposible asegurar hiarticulo anterior han sido
cfrógeno puro en tan grande
los tipos base de nuestro
escala ; p e r o lograremos
globo, son de dos telas de
acercarnos á ella, porque
algodón recubierta c a d a
e o n e 1 aparato especial- Paul Bjoervig, marino noruego que ~~m- una de gutla, y han dado
mente construido que lleva paña á Mr. Wellman en la exped1c1ón. excelentes resultado!'.. Noshombre tiene una historia emocionuestra expedición, traba- Este
otroshemos empleado para
nante: íué tres veces con e 1 citado
jo hermoso de ingeniería Wcllman en anteriores exploraciones ár- el América tres telas de
tica.,, y en el invierno de 1S98-~ fué uno de
química, esperamos fabri- los
algodón y una d e seda,
dos expedicionarios que quedaron en
car en Spitzberg gas casi al un punto avanzado de la Tierra de Fran- todas con gulta por cubierJosé; su compañero murió, I duran80 por 100 de pureza. Pu- • cisco
ta en. la parle central del
te la larga eterna noche invernal de los
diéramos aún pasar do esta polos, BjoerYig acompai\ó dos meses s ·- depósito, donde es mayor
el sueño eterno de su camarada,
proporción, pero no ei; ne- ,uidos
la presión del gas, y dos
cuyo cadáver no pudo enterrar en todo
cesario porque con la ih- ese tiempo. Ahora, ha esperado cerca de lelas de algodón en las
un aiio en la isla Dansko, Noruega, con
dicada, tomando el aire á la otros
extremidades. Esas telas se
dos expedicionarios la llegada de
presión normal atmosférica :M:r. Wellman ¡,ara emprender la ascen- reunen formando una pieza,
sión al Polo
y á la temperatura de 32º
y aunque la más gruesa
Fahrenheit, lograremos el
pe~a solamente un poco más de una décima
sorprendente resultado de 19.556 libras que de libra por pié cuadrado, la fuerza tensil llenos son precisas para que el América eleve ga hasta quinientas libras por pié,ó sean cinde~de tierra cerca de ,diez toneladas de peso, co veces el trabajo máximo que exije á la tela
incluyendo, por supuesto, el propio suyo; la presión del gas. Este factor de seguridad
diez toneladas tan perfectamente sostenidas se extiende por toda la obra. Además de la
en el espacio que con sólo vuestro dedo seguridad que nos da la fuerza tensil de la
meñique podríais mover toda la masa de tela, todas las costuras llevan un dobladillo
uno á otro lado.
de cinco centimetros, cosido dos veces; y
como aún pudiera darse el caso de que huCÓMO SE CO~SERVA EL HIDRÓGENO
bietie fuga de gas por los agujeros hechos por
E.~ EL GLOBO
las agujas, todas las lineas de costura van
cubiertas por dobles bandas de seda cemenEl hidrógeno es el principio de vida en un tadas á la cubierta: primero, una banda cubuque aéreo: constituye los pulmones del bre la costura; después, hay sobre esta otra
atleta. Pero tiene tan poca densidad, es tan banda más ancha. El principal propósito de
minuciosa su composición molecular y posee estas bandas es hacer á la envoltura tan imtan grande afirudad conel aire, que es difícil permeable como sea posible; pero tienen
do obtener y difícil de conservar. Nada sino otro fin: incidentalmente aumentan de modo
el metal lo reti~ne en absoluto, y aun entón- enorme la fuerza de dicha envoltura, cuya
C!lS es preciso tener gran cuidado con las

125

•

1:do está prev!slo para evitarlo, y disponemos
esos med!os. En la carga hay 6.800 libras de gasolina; cada hora que el motor
funcione
consumirá
44 libras ·
por razone~
que diré
después,
calculamos
que el motor funcio nará di a riament e
quince ho-

QUÉ HAREMOS CON
EL GAS EXCEDENTE

Por esta parte, pues, poco tenemos que
\efer que nues~ra máquina flaquee por los
¡ t mones. En rigor, es muy cierto que ten-

�b6

POR ESOS )IUXDOS

dremos gas para ahorrar, y es innecesario no. ¿,Cuál es el valor de esta innovación algo
dar más respuesta á las preguntas á menudo atrevida'/ La gasolina que llevamos se cree
hechas: ;,Podréis fabricar más gas en el ca- que haga funcionar el motor ciento cincuenmino? ¿Xo podúis llevar un suplemento de ta horas; cada hora, la pérdida de la fuerza
gas, conservándolo comprimido en tanques de elevación por la~ derivaciones ó escape~
de gas es, como he dicho, sólo de once libra.e;.
de acero?
En realidad. en vez de necesitar nuevos Pero durante el mismo período se consusignifica
suplemenlos de gas en el camino, tendremos men 44 libras de combustible; esto
nna ganangas para
cia neta de
quenim·. Y
33 1ibras
nos propoel e fuerza,
nemosque•
que repremarlo, es
sentan 450
decir, quepiés c úbimar el excos de exe es o. sea
ceso de gas
poco ó mu•
á di sposicho. Cuanc i ó n, al
to más hacual, como
gamos funno se necionar el
cesita, hay
motor, tanc;ue permito más rátir su escapidamente
pe si no se
reduciret1tiliza de
mos el pe&gt;lro modo.
s o de la
En dier. ho&lt;'arga 11 eras de funv ad a, y
cionamien C'uanlo más
En el hller de mAr¡uinns del Campo Wcllman en la uta [)rn,k6, en Noruc¡a
lo de mo, carga se retor,
habremos
desarrollado
3:30
libras de
duzca tanto más gas tendremos á nuestra
fuerza
elevadora,
próximamente
igual á
disposición. Ordinariamente, esle exceso de
4.500
piés
c11bicos
de
ga~
que
pesan
más de
gas quedará libre, deliberadamente, á través
ele las válvulas, mezclándose con el am- 31 libras, y en potencia calorífica es el eq uibiente circundante; pero cuando rerordamos valenle de 96 l .brns de gac;olina, ó sea más
el elevado valor calorífico del hidrógeno, de lo que nuestro motor consume en doc; hocu ya potencia en este concepto por libra es ras. Ilal&gt;lando ámp!iamente, sin que esforcemás de tres vecl'S que la de la gasolina, de- mos demasiado el cálculo, por cada diez ho·
&lt;'imos: «¡Lástima ga'ltar tanta energía, tirar- ras de pleno motor con el combustible líquila, cuando la tenemos á tres metros de do ganamos dos horas de acción de motor
nuestro motor! ¿No podríamos quemarla con el combustible gaseoso, el cual queda
relevado de su carga como fuerza boyante.
como combustible?
De
aquí podemos calcula1· de manera casi
En respuesta á esto, el jefe ingeniero Vaprobable
que el depósito de combustible que
niman aparejó un motor con válvula de dos
nuestro
buque
lleva funcionará: horas de moconductos: por uno, entraba la gasolina; por
tor con gasolina, 150; con hidrógeno 30; total,
otro, el hidrógeno. Para experimentar esto, 180 horas. Las circunstancias dirán el valor
hizo marchar el motor con el combustible del rombu;-tible gas de una y otra manera; y
líquido; después cerró la entrada de gasoli- el número de horas de funcionamiento de
na y dió libertad á la del gas: instantáneamente, aceleró el motor su marcha. Este motor con hidrógeno podrá ser más ó menos
cambio del líquido al gas y del gas al liqui- que la cantidad supuesta, pero se aproxima
do fué efectuado por la simple vuelta de mucho á la cantidad de 30 horas.
una válvula. El sistema funcionaba perfectaLA VELOCIDAD DEL •AMÉRICA•
mente. Con válvulas reguladoras para evitar
el peligro del retroceso del fuego, y un pee.Y cuántas millas por hora podrá hacer
queño tubo metálico que conduce al depósiel
buque marchando á toda velocidad? Desto de gas que va arriba, no vemos razón para
de quince á dieciocho terrestres, que son el
que no pueda emplearse como combustible equivalente á trece ó dieciseis marítimas.
para nuestra máqvina el exceso de hidróge-

127

J

t

practic~ble planear un navío con cierto des
p ~zarento, peso, líneas y potencia y ca· fu ~r entro de una fracción de nud~ su ve:
OCida~ en la prueba práctica, así en los bu ques ª?reos se ha de~arrollado tanto el arle
que, aun cuando con un poco de menos .
teza y exactitud, el funcionamiento
rostato puede conocerse de antemano
.
Por esto,_ aparece que para nuestro bu ue
(~u y semeJante á un gran yate. capaz deqlle~
;a~aslante co~bustible para un viaje de
h~r á 2,5~ millas, Y que razonablemente
.'. q~e considerar ciertoquellcaue á sud
tino s1 las ~ormentas y los vient~s no le ei:
nen demasiados ob,-táculo5) puede tam/é
1 11
aceptarse
.
1
r la seguridad de q'ue pocl ra. evitar
os pe igros de n~ufragios 6 de otros desastres., ~Iay esta diferencia: el viaje del ·al
~aritJmdo se encuenlra en aguas conoci~lase
) e a rer;;o efecto de los vientos en '
~archa probablemente no seria mu
su
En nuestro caso, la influencia de to! ~~an1e~
ó de otras condiciones atmosféricas p~r o~
rian
dcontrarrestar-e·
.
" , Y á ~osotros no3 correspone avenguar con cuidado lo que estas condiciones podrán ser
y hast~
!{ u é punto
nueslro
b a r c o
se puede
adaptar á
ellas.

det:~.

EL BUQUE
AÉREO EX
LAS REGIO·
NES ÁRTI-

CAS

�POR ESOS MUNDOS

123

Pero la verdad nos dice todo lo contrario:
en rigor las regiones árticas, en voz de_ ser
las eo~os, son precisamente )as ~eJore~
1&gt;ara~1avc"ar y salvar largas d1s~ancias en
buques aé"·reo,, . "'o
.1., quiere esto decir que sean
•
inmejorables en todos los ~)Untos p_rec1s0s!
ues también ofrecen sus rnconvement~s )
;us desventajas; pero compa!·a_ndo el oc~ano
polar con Francia y con Amcnca, por OJC~lo
anotando el debe y el habe_r de ca a
~n¿ saldo favorece mucho al l~Jan_o ~eptent~·ión. El frío intenso en el que i~shnt~amenle se piensa al hablar de la región rl1ca
no existe en verano, aunque en in,ierno, sea unl
desagradable realida~. El
verano ártico es relahvamente benigM: en el propio Polo Norte, según sabemos por referencias, la
temperatura m ás cruda
en Julio y Agosto es nada
más que de dos ó tres grados bajo cero en la so_mbra. fata condición existe
en toda la región que rodea el Polo, donde la Naturale;,:a ha formado en
una e,-cala de un millón
de millas cuadradas las
mi:&lt;mas condiciones c onocidas en los laboratorios d e física como ~ l

!1

por la noche. Cuando el ?alor del sol mues~
tra tendencia á dejar sentir elevada t~mperatura la gran evaporación produce mebl~s y
nub;s los rayos del sol se obscurecen y \a
absor~ión de su calor por la humedad d~!
aire suaviza los factores termales en un ca~1
nivel muerto: el frío y la humedad perm_anecen poco más ó menos en el pu~lo mod1?,
ó sea en el punto fundente del _lnelo ya citado. Puede apreciarse lo venlaJoso de esto
para los aeronautas teniendo en cuenta que
el gas se dilata ó contrae t~~ de sn volú-

punto fundente del l~te-

1

,¡¡

11
1

lo: un mar lleno de tempanas de hielo; el so 1
constan temente en el firmamento, lo mismo de
día que de noche; gra~do
y con,;lante ov~porac1ón
de nieve y de hielo, gran
humedad , mucha nube,
niebla v neblina.
Más importante que la
relativa benignidad de la
temperatura es el hecho
de que sobre el océan_o
polar la temperatura esl1val es la más constante

que purde encont,·al'se
e n nin!luna parte del
tmmdo. La curva de la
variación diaria ó semanal en la hoja de un termógrafo es casi una línc_a
recta. No hay alternativas del día y de la noche,
como en las zonas temporadas con alta tempe~atura al mediodía y bnJas

.
Polo :\'ortr. Uibujo que repr&lt;'$Cnla tl
drl ~loho Améld·,cn para.ce\el bu .. ~eaereo de ~Ir. Wellman
J,.I porl\,la
. un.nncnto solcurnu e t.: 1cvars
'1

¿CONQUISTAR~OS EL PULO NORl'lfr'

..e:1 por eada grado Fahrenheit de cambio
ce temperatura, euyas rápidas variaciones
agotan la vitalidad de un globo ó de un buque aéreo. La dilatación por el calor del sol
signific~ sacrificio de gas; la contracción por
-el frío representa pérdida de lastre para
evitar que sea demasiado baja; el gas es el
aliento vital, y el lastre el m6sculo del
nhiculo aéreo.
Las tempestades, propiamente hablando,
10n desconocidas en las regiones árticas en
los meses de Julio y Agosto. Los mejores
apuntes meteorológicos de aquellas regiones
se obtuvieron por Nansen durante los tres
años de expedición del Fram á través de la
curnca polar. La velocidad mayor del viento
en los tres años llegó á treinta y ocho milla.'l
por hora, y esto fué en invierno, pues en verano solamente alcanzó treinta millas por
hora. Pero estos vientos fueron muy raros,
durando únicamente algunas horas en cada
verano. En general, el área polar del norte
tiene un movimiento de viento relativamente ligero,lo cual es decididamente una ventaja en el trabajo aeronáutico.

129

Patrie ha sido, ó dejar e~capar gas, ó llevar
arena de la~tre para arrojarla fuera cuando
lué necesario. Pero nosotros no queremos
cargar nuestro buque con materiales inútiles;
nuestro lastre debe ser utilizable para otros
fines. La mayor parte de él, como ya he dicho, consiste en el combustible de nuestros
tanques; pero además tenemos la cuerda-guia
cuyo primordial fin (y para e1;0 cuelga del
carro con su extremidad arra;;trándose sobre la superficie de la tierra) es conserva,

el buque aére-0 en oontinuo contacto CQn
tierra firme. E'lta cuerda-guia es un regula

dor automático de las variaciones verticales
del buque que la lleva, toda vez que corno
simple ajuste automático coloca su peso sobre tierra á medida que el buque se inclina,
ó sobre el corhe 6 carro cuando el buque !le
eleva. En las regiones árticas podemos emplear en torlo !';U valor este auxiliar, por la
ansencia de ca1;as, bosques, monte bajo, Ya•
llas, líneas férreas y de telégrafos. y todas
las obstrucciones que la civilización pone en
el camino del que recorre un país.
Importante como es vencer estas fluctuaciones menores, todavía lo es más evitar que
PELIGROS DE LA. NIEVE Y DEL GRANI1,0
el buq,ue se eleve demasiado. En las regiones
árticas la gran altitud supone peligro para
El aspecto más desfavorable del área po- un buque aéreo. Los experimentos del profelar, en cuanto se relaciona con las condicio- sor Hergozell, de Berlin, hechos con pequenes meteorológicas es la mucha humedad, ños globos desde la cubierta del yate del
la prevalencia de las nieblas y la precipita- príncipe de Mónaco el pasado verano, deción de la nieve y la lluvia. Hemos de tener mostraronqueen una elevación desde treamil
en cuenta la posibilidad de que la inmen- á cinco mil piés la tempera'ura es probable
sa superficie de nuestro depósito de gas pue- que.descienda veinte ó treinta grados bajo el
de tomar sobre sí un peso de varios cente- cero normal al nivel del mar. El riesgo de exnares de libras de nieve ó de humedad, y la posición á este repentino cambio de tempeprobabilidad de que en una tormenta de nie- ratura se combate por el exceso de lastre que
Te ó granizo de gran violencia el referido peso
ofrece la cuerda-guía; por otra parte, en caso
puede ser de mil libras. A todo evento, ha- de que el buque aéreo descienda demasiado,
bremos de evitar que nuestro globo .América la guía le aliviará de su peso extraordinario
Rea cargado con un peso de tal importancia
arrollándose en tierra.
que le obligue á bajar á tierra. Un buque
aéreo es como un buque marino: generalmenUNA INMENSA BUTIFARRA POR CUKRDA•CUÍA
te, todo marcha bien mientras se conserva
en el elemento para el cual fué destinado;
Teniendo esto presente, nos convencimos
pero muy seguramente se estrellará si in- de que era necesaria una cuerda-guía; pero
tenta navegar por tierra. Para mantenernos la duda estaba en cómo hacerla mejor. Ea
en nuestras condiciones peculiares, hemos claro que debfa tener considerable peso,pues
adoptado dos ingeniosas aplicaciones que de otro modo dejaría de realizar las funciomaterialmente contribuirán á nuestro éxito. nes que de ella se esperaban en la dirección
Una es la modernísima adaptación de la y manipulación de buque tan grande. Cuanto
antigua ; r.ompletamente probada cuerda- más peso, dentro de limites razonables, maguía de giobos. R~ta cuerda, 6, mejor dicho, yor seguridad. Un cable ordinario de acero
cable, ejerrerá varias importantes funciones. no solamente cortaría la corteza de la nieve
Ante todo, servirá de lastre. En la navega- que generalmente existe en la superficie de
ción de cualquier globo ó buque aéreo, son lus hielos flotantes polares, y por tanto o(remeritables ciertas frecuentes oscilaciones ceria gran resistencia, sino que también se
Yltticalea; para vencerlas, el sistema emplea- sumergiría en el agua, y si el buque aéreo
4o por buques aéreos como el Lebatfdy y el tuviera que pasar sobre el mar la linea de
3

�130

POR E.SOS MUNDOS

acero llegaría á ser un simple peso muerto
que arrastraría al buque hacia abajo; además, todo el peso sería material inútil para
otros fines.
Lo que nosotros necesitábamos era una
serpiente, una serpiente que se deslizara
moviéndose sobre los hielos flotantes con el
mínimum de resistencia, cabalgando sobre la
corteza de nieve en vez de cortarla, nadando, si necesario fuere, sobre el agua. Sobre
todo, el interior de esta serpiente deberla estar relleno de buen. alimento, bien protegido
contra pérdidas y contra averías, y el peso
de este material útil, en relación con la inútil
piel de la serpiente, debía ser tan grande
como fuere posible. El principio fué planeado fácilmente, pero se confió á la habilidad
del jefe ingeniero Vaniman el medio de dar
forma práctica al principio admitido.
La serpiente se hizo de cuero, de cuatro
milímetros de espesor, en forma de un largo
tubo de quince centímetros de diámetro.
Como este cuero tiene alta fuerza tensil, la
serpiente resistirá el impulso de cuatro toneladas antes de romperse, lo cual nos da amplio márgen de seguridad. Está dividida en
secciones de tres metros de longitud, constituyendo cada sección un compartimiento
cerrado, de manera que si, por casualidad,
entrara el agua en uno de ellos no podría
pasar al inmediato. Dentro de la piel de la

serpiente empaquetamos provisiones: tocino,
jamón, pan y manteca. Si entrara un poco
de agua salada, no haría perjuicio en la carne gorda, ni tampoco podría llegar á la galle la encerrada entre esas provisiones.
Pero se nos presentaba un inconveniente:
aunque pequeño, existe el peligro de que la
superficie exterior de esta serpiente, al arrastrarse mil millas sobre el hielo polar, sea
raspada, rota ó rajada. ¿Qué hacer para evitarlo? Nuevamente, el ingeniero Vaniman
supo salvar la dificultad: remachó sobre el
tubo de cuero, en todo su rededor, miles de
pequeñas conchas de acero delgado, unas eobre otras, como las conchas de un pescado,
protegiendo así el cuero contra el desgaste y
formando uua superficie ideal resbaladiza,
orque no hay que decir que esperamos que
a serpiente se deslice sólo en una dirección,
y esa, desde luego, en la misma forma que lo
hace el pez al nadar, con las puntas de sus
conchas hácia atrás. Esta serpiente ó cuerdaguía-butifarra desplaza 1314 libras de agua
por pié de su longitud, pesa dos libras por
pié, y su relleno 8,8 libras, haciendo un total de 10,8 libras por pié, dejando para flotar
en el agua 2,6 libras por pié, 6 sea, un
veinte por ciento. Con una serpiente de 130
oiés de longitud tenemos un total general

f,

de 1.150 libras de material útil contra sólo
265 de inútil; es decir, un ochenta y uno
por ciento.
La serpiente cuerda-guía está construida
para deslizarse con la menos posible fricción
ó resistencia, Los experimentos han demostrado que su retraso respecto á la velocidad
del América ha de igualar próximamente á
milla y media por hora al principio del viaje,
cuando todo el peso de la serpiente está sobre el hielo, y á sólo media milla por hora
después que treinta horas de funcionamiento
del motor y de gasto de gasolina hayan elevado mil libras de serpiente librándolas del
contacto con la tierra. En compensación por
esta pequeña pérdida, debida á la fricción,
ganaremos seguridad de operación y más de
mil libras de provisiones alimenticias.
En realidad, esto es mucho mejor que llevar un aimple cable de acero de mil libras ó
más, que podrla perfectamente hacer de
cuerda-guía (aunque no tan perfectamente
como la serpiente), pero que resultaría terriblemente inconveniente si, por cualquiera
circunstancia, deseara comérsela la tripulación.
• NOS ELEVAREMOS CUANDO PODAMOS, PERO
ANCLAREMOS CUANDO NECESITEMOS HACERLO

Otra aplicación algo semejante en la forma he hecho en el América, aunque responde á bien diferente fin del que llena la cuerda-guía. Mis prímeras exploraciones árticas
me han probado que ,los campos polares de
hielo presentan excelente superficie para
anclar un globo ó buque aéreo en caso de
necesidad.
Ya he indicado que nuestro buque debe
tener una velocidad propia de quince millas
por hora en un espacio de tiempo que no se•
menor de ciento cincuenta horas ni exceda
de ciento ochenta; pero como nosotros no
intentamos por medio alguno limitar el viaje
á ese número de horas (en realidad, nosotros contamos con el doble ó quizás el triple de aumento), se nos presenta la cuestión
de lo que hemos de hacer durante las horas en que el motor no funcione. Esto nos
lleva á uno de los más importantes detalles
del proyecto. Nuestro plan es emplear el
combustible en el motor y mantener las hélices en movimiento solamente con vientos
favorables, ó con los más flojos de los desfavorables. Cuando los vieutos sean fuertes y

contrarios, es decir, cuando no fuera económico el empleo del motor porque obtendríamos muy poco resaltado en millas recorridas relativamente al combustible gastad,
nos proponemos anclar el buque á la super•

/,CONQUISTAREMOS EL POLO NORTEc

.ficie de la tierra aprovechando las ventajas
peculiares ofrecidas por la presencia de los
hielos flotantes abajo. Así, mientras prevalezcan aquellas condiciones desfavorables,
n_o perderemos ni combustible ni posición,

smo que mantendremos nuestra situación sin
coste alguno.
No me refiero, al hablar del anclaje de
nuestro aerostato, á una firme y bien asegurada posición mediante el ancla, sino al empleo de un simple recurso (y aquí se presenta la segunda aplicación de que he hablado) llamado el retrasador. Este es el objeto de apariencia extraña que pende de la
parte anterior del coche 6 carro, como una
inmensa serpiente cubierta con escamas 6
conchas puntiagudas de acero destinadas á
ofrecer el máximum de resistencia en proporción á su peso al deslizarse sobre la superficie de los hielos flotantes. Esta superficie no es tan áspera como generalmente se
describe ó imagina; pues en vez de montañas
de hielo y masas escabrosas de trozos de

forma irregular, encontraremos, generalmen•
te hablando, en nuestra marcha hacia el Polo
una serie de llanuras ondulantes y nevadas.
La resistencia de este retrasador, ó ancla
de rastreo (obedece al mismo principio que
el empleado por los marinos durante muchos
siglos),es el resultado de experimentos sobre
superficies similares hasta un máximum de
mil libras, que corresponde al esfuerzo de
un buque aéreo estacionario en un viento de
diecinueve millas por hora. En los vientos
de menos fuerza que este, el retrasador retendría el buque firmemente; en vientos mayores rastrearia, siendo, por supuesto proporcionada la velocidad del buque á ]~ velocidad del viento. En brisas de veinte millas
perderíam?s una ó dos millas por hora; en
las de tremta, once ó doce millas por hora.
Empleando una ancla que se deslice en vez
de una fija, conservaríamos la tensión en el
cordaje, carro y globo, dentro de los limites
de seguridad. Con anclaje firme siempre habría peligro de que los vientos altos ó rachas
violentas pudieran causar algún destrozo y
producirnos serias perturbaciones, ya que no
desastres. Pero con el retrasador toda tensión
tendrá su límite, y, además, se suavizará por
el p~so y bamboleo del c~ble de acero largo
medrnnte el cual la serpiente se deja caer
sobre el hielo.
La serpiente retrasadora está construida
de la misma manera que la cuerda-guía, pero
está dedicada solamente á obtener la resistencia máxima en la nieve y en el hielo en proporción al peso de dicho recurso ó aparato.
En vez de recubrir esta serpiente con escamas 6 conchas suaves, la hemos recubierto

131

con puntas de acero salientes y afiladas á
propósito para enganchar en la nieve, pe~o
temendo el cuidado de que no ofrezcan posibilidad de agarrar lo bastante firme para establecer un anclaje sólido.
CÓMO SE ELEVARÁ NUESTRO AEROSTATO

He dicho que no llevamos á bordo del

A!'lérica material inútil; mas para ser estnctamente exacta esta afirmación debo decir ahora que, en realidad, llevamos, al partir, una pequeña cantidad de lastre de arena
que arrojaremos al empezar nuestra aseen•
sió~. El buque aéreo, así aligerado, se eleva
fácilmente hasta balancearse en el espacio
con la cuerda-guía colgando. Despaés de
esto, ol equilibrio se mantiene automáticamente, ajustando la cuerda-guía todas las
pequeñas fluctuaciones y la pérdida de poder de flotación por causa del consumo ó derivación de gas, é igualando el peso de la
gasolina consumida y de las provisiones ali-

menticias gastadas.
Cuando empecemos el viaje, el retrasador
debe ir en el _buque aéreo sin tocar la superficie de la tierra, pero lo tendremos listo
para echarlo en cualquier momento. La serpiente-cuerda-guia se arrastrará sobre el hielo ó sobre el agua. Ambas serpientes son actuadas por el mismo cable, que pasa á través de una abertura en el carro, y por lo
tanto están bajo la dirección de la tripulación, que puede elevar una y bajar otra, á
voluntad. Al emprender la marcha, el peso
de la serpiente-cuerda-guia en contacto con
la tierra es de 1.400 libras; pero como cada
hora de funcionamiento de motor supone
una ganancia neta de 33 libras de fuerza elevadora, en vez de quemar ó dejar salir gas
en esta etapa del viaje, conservaremos el gas
y lo emplearemos para levantar de tierra su
equivalente del peso de la serpiente. Así, a1
terminar las treinta horas de función del motor, habremos elevado mil libras, y entonces
colgará la cuerda-guia verticalmente desde
el carro; pero si se presentara una gran acuw
mulación de nieve, hielo ó humedad sobre el
buque que tendiera á recargarlo, tendremos
entre el buque y el hielo el pso combinado
de las dos serpientes y su cable actuador, ó
sea un total de más de mil quinientas libras.
Todo esto puede gravitar sobre el hielo en
caso de necesidad, aliviando al buque de su
carga en esa extensión y compensando el
peso acumulado de los elementos, aun cuando esta acumulación excediera en mucho de
las mil libras.
La caída de lluvia y nieve en las regiones
6rticas durante el verano es perfectamente

�132

constante, pero no abrumadora. Puede cal_cularse el término medio de diecinueve milímetros por mes, igu~li se~ún ~•hemos ~or
procedimiento automabco imagmahvo,á d,_ecinueve kilos por metro cuadrado, ó, segun
se nos ha dicho por medio de un cálc~lo mu Y
detenido, á tres libras y nueve décimas de
libra por pié cuadrado.
.
.
Sería extraordinario qua un~ lluvia d6 !lleve l' agua que representara mas de un~ dé cima del tipo medio mensual se v~nficara
en unas cuantas horas. La_ superficie tota~
del depósito es de 24.000 p1és cuadrados, \
si los 12.000 piés cuadrados. d_el centroel techo, por decirlo asl-recib1eran_ tod~:
á la vez esa déci~a, el total_ seria rna,
de 4.000 libras, canbdad fatal. Sm embargo,
esto es imposible puesto que todo lo que
caiga no puede permanecer sobre un teeho
liso de inclinación pronunciada como ":"te, l'
la mayor cantidad tendrla que d_eshza~se
hacia abajo; pero si quedase todavia amba
una tercera parte de esta canbdad, no no,
faltarían medbs para contrapesarla.
CÓMO DESHELAREMOS LA NIEVE QUE CAIGA
SOBRE EL GLOBO

A la lluvia no la tememos, pero á la nie•
ve húmeda ó al granizo si, porque producen
como resultado considerable adherencias de
peso á la envoltura. Pero también se ~an
adoptado contra esto medidas de protección
en el América. Cada hora que el motor funciona quema, como he~os dicho, cuarenta
y cuatro libras de g~solina, desarrollando e,'.
la combusbón doscientas rml calorías. Cua
tro quintas partes de este calor se convierten en trahajo útil ó so to.man por la cubie, ta de absorción. La qmn la parte restante ó sean cuarenta mil calorías por hora, se
pi~nlen eu el choque ocasionado con_ la atmósfera circundante. Se nos ocurnó que
esto era una enorme cantidad de calor para
ser arrojada, puesto que una caloría es suficiente teóricamente, para elevar la temperatura de una bu(•na cautidad d_e agua ca.s~
hasta los dos grados Fahrenhe1t. ¿Por que
no arrojar este gasto de calor, ó parte de él,
en ,1 globo para calentar el_gas, Y, conservando la cubierta del depósito unos c~antos
grados sobrn la temperatura del aire c1rc_un•
dante hacer des,parecer por el_ deshrnlo
cualq~ier nieve ó granizo que pudiera adherirse al techo'i
.
Este recur·so es una parte de nuestro sistema. Hemos tenido la precaución d~ adoptar disposiciones para introduc1~ a1r? me•
diaute un aparato adecuado en el rnter1or del
globo, ó más bien en un globo dentro del
:11

,'_CUN(JCl~TARt'.MOS EL POLO NORTE(

POR ESOS MUNDOS

•lubo, llamado globo pequeño, aire que e¡er-

~ir:ndo una presión perfectamente constan te
dentro del depósito de gas conserva laforma
del aerostato. El objeto de esta presrón e,
mantener la forma del globo para conservar
la cubierta siempre tirante de manera que
pueda presentar en todo momento u_na superficie lisa al viento, sm dobleces m ~rru•
gas. Esta presión interior hace el ofirro le
los bastidores estiradores, tales como los ensayados con mal éxito en al~unas construc:
ciones; y general~ente vana desde dos a
cuatro libras por pié cuadrado_. El mét~do_es
antiguo y muy eficiente. Para introducir aire
en el interior del globo,cosa que debe hace,se con frecu encia. se lleva por lo general un
motor pequeño independiente, aunque la
bomba pueda actuarse desde el motor grande, movible también á mano. romo precaución adicional.
En vez de introducir aire frío, como _otros
han hecho, nosotros nos proponem~s i~troducirlo caliente. E.s de observar cuan rngeniosamente ha eronomizado I as (uerz~s
Mr. Vaniman. Primrramente, atrae aire fno
mediante el radiador, que enfr(a el agua de
la envoltura ó sistema circulante del motor,
recurso que 8!i; necesario P8:ra conservar .10~
cilindros del motor convementernente fr1os.
Este aire frío ayuda la radiación y está por
si un poco caliente. Despu~s, lo pas_a por_ la
cámara del vacío, que qmzás estar1a ?le¡or
descrita como una caldera de tuben_a p,,r
medio de la cual pasan unos cuantos can~ne...,
que se llevan los ga.ses calentados al ro¡_o y
que acaban de ser quemados en la máqmna,
En esta cámara del vaclo llega á calentarse el
aire á elevarla temperatura, y entonces :e
lleva por la bomba al interior del pequen~
lobo no habiendo en él, por supuesto, ~os1gilid;d alguna de conexión entre este _aue y
los ga!-le:-. que se encierran en los canone:i.
Mediante la manipulación de las válvulas
podemos hacer que el aire escape del _peque- lobo después que el calor ha radiado ~e
h1cia el gas, y mantener a,í un ab~stecrmiento perféctamente con1,tante ~e aire co.-liente, en circulación lenta á traves d~l peñ -alobo. La cantidad de calor ·ubhzablc.
queº•
que de otro modo se desperd"
,eraria, es más
qu~ sufi_ciente para alcanzar el resultado á
que a.qp1rnmos.
La debilidad del método está en t r 0
punto: en la poca potencia para abso_rber y
tira el calor que poseen las masas rnaclld; aire ó gas. Si el hidrógeno fuera un
a•udo absorbente y distribuidor del calor no
t;ndriamos dificultad en mantener_los con•
tenidos y la piel de nuestro globo diez ó doro
grados Fahrenheit sobre la temperatura del

~f

°

:'!..

aire circundante. Pero tenemos que tomar
los gnses y todas las demás cosa.• tal y como
-on. Además, uosotros creernos que la radiación que va lenta, pero constantemente, del
a; re caliente del pequeño globo á la masa de
gas que está sobre él y en su rededor, resultará suficiente para mantener la piel del
rlobo un poco más caliente que el aire circundante, y por esto auxiliará á la remoción
de cualquier hielo ó granizo que pueda formarse sobre el exterior.
PODREMOS ELEGffi LOS VIENTOS PARA
NUE.STRA MARCHA

En mi articulo anterior me referl á los
vientos circumpolares, que deben ser un facto¡· potente en nuestro éxito. De estos vientos, durante el verano, sabemos algo determinado: por analisis de miles de observaciollAS

tomadas en distintos años, hemos com-

probado que durante un periodo de diez días,
ó $ean doscientas cuarenta hora~, las probabilidade.• del viento nos facultan para contar

por término medio en die, millas por hora

un máximum de treinta, y un mínimum de
6 calma.
Pero en cuanto á la di-rección de esos
v,entos nada podemos predecir en absoluto.
I.os vientos son excesivamente variablea: rar.imente soplan más de dos ó tres días seguid ,,s de un determinado cuadrante, y seria
cosa mu y extraordinaria que eu una región
Je gran variabilidad fueran á soplar todos á
favor nuestro, é igualmente extraordinario
que lodos nos fueran contrarios. Las leyes
del término medio nos permiten asegurar
que unos serán favorable~ y otros adversos;
pero la proporción en que hayan de serlo de
un modo ó de otro la desconocemos en absoluto, y bien que nos pesa por cierto.
Teniendo en cuenta que podemos contar
ron un perfecto grado de confianza en la velocidad de los vientos generales, aunque
nada en absoluto respecto á la dirección de
ellos, ¿es posible arreglar un plan de navegi¡ció11 que nos faci!i te alcanzar éxito con la
velocidad media, si nos ponemos en el caso
peor, es decir, si consideramos desde ahora,
antes de emprender la marcha, toc/()8 los
t('rO

vi,nlos que encontremos durante nuestro
ri11.je w,no dil'edamente contrarios á la
rnta que sigamos?

Si el viento corriente debe ser diez millas
por hora, directamente contrario, y el buque
~éreo debe hacer quince millas por hora du-

·ante ciento cincuenta horas, Ja ~anancia
neta por hora sobre el viento serla de cinco
'l!1llas, ó un total de setecientas cincuenta
millas con el euplemento del cornbJJstible

J¡\\

llevado; esto es, más que la distancia al Polo.
Pero mediante la aplicación de nuestro
retra.sador podemos hacer lo siguiente: emplear el motor nada más que cuando soplen
los vientos ligeros, y un ancla 6 retardo contra los vientos fuertes. Así, por nuestra tablo
de periodos de diez días compilados por los

registros de Fram, nos encontramos con que
podremos (con tal que estos términos medios se mantengan) elegir del total de doscientas cuarenta horas con on medio de die,
millas por hora, ciento cincuenta horas que
tendrán un término medio de siete millas
por hora durante las cuales nuestro buque,
con su velocidad de quince millas, ganará á
rawn de ocho millas por hora; y ocho millas
por hora durante ciento cincuenta horas dan
un total de 1.200 millas, que es precisam,·nte la distancia al Polo y vuelta. En las 110ven ta horas del periodo del retardo ó de los
vientos fuertes, sólo cinco horM tendrán
velocidades superiores á la potencia de retención de I a serpiente retrasadora. En
otros términos: durante ochenta y cinco hr,ras de vientos en un márgen desde once ,,
dieciocho millas por hora, podremos mantener nuestra posición con el retrasador, y en
cinco horas derivar hacia atrás seis ú ocho
mil las por hora.
De este modo, con todos los vientos directamente confrarioR, recorreremos casi el
total de la distancia, y tendremos en reserva
algo así como treinta horas de mutor con el
hidrógeno, á parte de las ciento cincuenta
horas con la gasolina. Por supuesto, no es
razonable suponer que todos los vientos varan directamente contra nosotros: algunos
deben sernos muy favorables; al menos,
esperamos al tiempo de partir una bri..,
sur,que continúe desde diez a treinta hora-;,
Y con el sistema de anclar ó retardar es obvio que tenemos á disposición los medios de
esperar vientos mas benignos ó favorable.:;;
unas cuantas horas de viento que sople en
la dirección deseada supondrían una tremenda diferencia á nuestro favor en los totales.
Estas cifras han sido basadas en grandes
cálculos acerca de la época y de la región, y
comprenden miles de observaciones.
Era curioso saber cómo los vientos de periodos decenales diferirían de estos cálculos, y para averiguarlo tomamos arbitrariamente catorce periodos de estos en Julio y
Agosto, y consideramos los vientos según
realmente soplan, con arreglo al registro del
F·ram durante su OJ&lt;pedición por el mar polar. Aplicando el método de navegación empleado en los anteriores cálculos y considerando todavía que todos los t'ienlos hayan
de sernos directame11te contral'ios, en doce

�134

/,CONQUISTAREMOS l!L POLO NORTE"/

POR ESOS MUNDOS

de los catorce casos calculamos que podrla•
mos llegar al Polo y hacer todo ó casi todo el
viaje de vuelta; en seis de ellos, que podríamos conseguir mucho más que esto; y solamente en dos el número total de millas alcanzadas fué bastante pequeño, tanto que
basta pudo desanimarnos: uno, 112 millas,
y otro 240.
Como en doce de los catorce ejemplos el
viento no se eleva en ningún caso más allá
de veinte millas por hora, mi cálculo es que,
si con todos los vientos adversos la proba•
bilidad de un resultado grato es tan grande,
el proyecto parece perfectamente aceptable
en vista del hecho de que en realidad el
efecto neto del tiempo deberá servirnos de
auxiliar en vez de obstáculo, porque la esencia de nuestro sistema es aprovecharnos de
la ventaja dp todos los vientos favorables y
añadir su fuerza á la velocidad de nuestro
motor, mientras· que los vientos contrarios
no nos costarán nada, ni en posición ni en
combustible, gracias á la serpiente de retraso,
CÓMO ES EL VAGÓN DEL «AMÉRICA•

Hablemos del vagón, coche ó carro (como
queramos llamarlo) del América. Los ingenieros aeronáuticos de Francia han expresado su admiración por la habilidad y adaptabilidad demostrada en su proyecto y construcción. Tiene forma de V, y realiza la proporción más alta posible de fuerza y rigidez
con el peso de los materiales empleados. Ha
sido un gran triunfo del jefe ingeniero Vaniman este de construir un vagón de 115 piés
de longitud, 8 de altura y 3 de anchura en la

cima, todo con tubería de acero, con uniones
de fundición de acero, con cuerdas y esloras
del alambre más fuerte de acero, y sin, em·
bargo, sin excederse del límite de peso á que
tenía que ajustarse.
Como teníamos que disponer el almacenaje de 1.150 galones de gasolina (6.800 libras
de peso), que debían transportarse con absoluta seguridad, y, por tanto, en fuertes recipientes ó tanques metálicos, y como, además, el peso de estos tanques debía ser de
1.000 á 1.200 libras, se 'presentaba la cues•
tión siguiente: ¿no seria posible evitar el
transporte de tanto peso muerto ó metal inútil, y hacer que el tanque fuera parte estruc•
tural del vagón? Se resolvió el problema
construyendo un tanque tan largo como el
vagón ó coche mismo, formando el fondo de
la V, llegando así á ser una parte consistente y reforzadora de la construcción al propio tiempo que sitio de almacenaje. El tanque
está construido de acero de poco espesor, di-

vidido en catorce secciones, de suerte que si
por casualidad hubiera derivacion ó pérdida
en una, no habr/a necesidad de registrarla
en la sección ad yacente. Según se necesite,
la gasolina puede sacarse de cualquiera sección,mediantebomba aspirante ajustando así
el buque . La forma de nuestro depósito
de gas, más bien corta para el diámetro, dá
también estabilidad; pues como no nos empeñamos en la velocidad, preferimos un bu•
que estable y perfecta é igualmente dirigible: cuanto más nivelada la quilla de un buque aéreo, menor será la resistencia de la
atmósfera. Por otra parte, Mr. Vaniman ha
dispuesto un ingenioso recurso por el que
una plataforma que contenga 600 libras de
alimento puede marchar de un extremo á
otro sobre una pequeña via ferrea en la cima
del carro ó vagón, facilitándonos emplear
este peso resbaladizo como un medio adicional de balancoor el buque. Cada una de las
catorce secciones de este vagón tiene ocho
piés y dos pulgadas y media de longitud.
Tres de las secciones delanteras están construidas en forma triangular para que así
tengan gran fuerza.
En la primera de estas se encuentra la
cubierta do navegar, en la segunda los motores y maquinaria, y en la tercera la cámara donde la tripulación duerme y come y
donde se transportan las provisiones economizadas. El árbol de ellas funciona mediante
el motor, y por medio de engranes angulados las dos hélices, colocadas en uno y otro
lado y afirmadas segvramente por abrazaderas. Elegimos un crucero de doble hélice,
porque una sola colocada á popa ó á proa
causaría un movimiento giratorio 6 torcedor
por todo el carro, lo que es expuesto á producir la desunión de la extructura. Las hélices son del acero más fino y miden once piés
y medio de diámetro; y siendo su parte superior susceptible de cambiarse, ha sido
llevada después de pruebas al ángulo de mayor eficiencia. El trabajo efectivo de las hélices, medido por el dinámetro en larga serie de ensayos, es de diez á once libras por
caballo de fuerza, dando un total de 600 á
650 libras, lo que es igual á un movimiento hácia adelante de quince millas por hora
de toda la estructura. Para nuestro moto,
hemos elegido, tras de mucha investigación,
un Lorraine-Dietrich, porque á pesar de su
considerable peso (750 libras) es admirablemente económico en gasolina. Con un peso
dado de motor y combustible combinados
nos llevará más lejos que un motor ligero, el
cual gasta mayor proporción de gasolina.
Puede desarrollar desde setenta á ochenta
caballos de fuerza, funcio?ando constante-

•

mente, con suavidad y con seguridad. En
un aeroplano ó máquina voladora mecánica
de cualquiera clase es de gran importancia
tener un motor del menor peso posible en
proporció~ á la energía desarrollada, y nada
importa s1 la máquina funciona poco tiempo
y tiene gran proporción de consumo de com•
bustible, toda vez que en el presente estado
simplemente experimental del arte sólo son
practicables breves y rápidas excursiones.
Pero en empresa como la nuestra hemos de
buscar precisamente el reverso de esto. No••
otros tenemos un buque que puede llevar un
peso dado, muy elevado; de ese peso deseamos obtener el mayor número posible de millas: es fácil ver qu_e un motor ligero, que
consume gran cantidad de gasolina por caballo-hora, pudiera producir un resultado en
funcionamiento prolongado, muy inferio; al
asegurado por motor más pesado consumien•
do ca~tidad más moderada. Sobre la parte
superIOr del tanque grande va una ligera tabla _corrediza, que da acceso á la tripulación
hama cada parte del carro. La cima de este
&lt;!S sólo de seis piés desde el fondo del globo,
y por esto resulta que todas las válvulas y
.aparejos están al alcance del hombre que se

~ncuentra de servicio.
Todos los aparatos de suspensión que unen
el coche ó carro al globo son cables de acero
de la mayor fuerza tensil. Los desplegadores á que estos cables van unidos llevan
un ancho plano horizontal de seda fuertemente extendida, y forman con los lados de
seda del carro planos horizontales y perpendiculares, bien calculados para la firmeza del buque y para evitar la mayor parte
de ese balanceo que han tenido los anteriores barcos aéreos.
LO QUE SIGNIF1CA LA AVIACIÓN DEL «AMÉRICA•

La navegación de este buque del aire
marchando por un mar no registrado en cartas no ha de ser cosa sencilla. Para seguir
la dirección que nos marquemos hemos de
estar pendientes, por supuesto, de la brúju•
la, aunque á ve~es podremos ~amos por el
sol, como se gmaban los antiguos marinos.
Nuestras brújulas deberán estar cuidadosamente ajustadas y compensadas, y consideramos necesario balancear el barco para
este fin en nuestro punto de partida, precisamente como se hace al preparar las brújulas de cualquiera otro buque de acero antes
de su viaje por el océano. Llevaremos tres
brújulas principales_: dos_ en el carro, y una
colgando de este baJo la mfluencia del acero
de a~uella construcción, á fin de que sirva
de tipo ó corrector para los demás aparatos.

135

La aguja de la brújula funciona normalmen•
te en el Océano Artico, es decir, como espe•
ramos que funcione. El polo magnético se
e_ncuentra ba~tante al sur del polo matemático, 1.200 millas. En otros términos: el polo
magnético se encuentra tan cerca de Winnipeg, en Canadá, como del Polo Norte. El
profes_or Bauer, del Instituto Carnegie, de
Wasbmgton, nos ha proporcionado una carta
magnética del cabo polar de la tierra formada
con los más recientes datos, y cre~mos que
la :,erdadera variación de la aguja seguirá
casi exactamente las líneas teóricas en la
carta fijadas; en la región del Polo, por supuesto, el norte de la aguja es sur en la
actualidad.
Por la brújula obtendremos nuestra dirección con profunda exactitud; pero no va á
ser cosa fácil escribir el libro de marcha del
buque. Conoceremos con gran certeza el
1:1ovimiento comunicado al barco por las héhc~s, pero. sólo podre~os suponer cuál será
la mfluenma de los vientos sobre el movimiento favorable ó desfavorable. Con un
poco de práctica podremos deducir con exactitud si las condiciones atmosféricas son tales que nos faciliten ver la helada superf.cie
de la tierra; pero con nieblas, que son frecuentes, flotaremos en el espacio con muy
escasa idea de la velocidad á que estemos
marchando. Hemos ideado una barquilla, un
aparato afect_o á un cable, la cual bajaremos
á la superficie de la IIerra, y por este medio
sabremos, por la velocidad con que el cable
marche, la velocidad aproximada con que
nos movamos. Pero no puede ser más que
una ap_r~xim~ción: la verdadera prueba de
la pos1c1ón tiene que ser por observación
del sol para 1~ latitud y la longitud, especialmente la pnmera, pues en las regiones
árticas la longitud es un factor menor que
constantemente disminuye á medida que
nos aproximamos al Polo, hasta que en el
Polo mismo se reduce á cero. No es del todo
improbable que pasen días sin que podamos
hacer más que una suposición respecto á
nuestra longitud; pero la latitud creemos

que conseguiremos asegurarla casi diariamente.
El sol es el_ único cuerpo celeste visible, y
con frecuencia se obscurece por medio de
~ubes ó nieblas; pero hay la doble probabi,
hdad ª? obtener su posición porque se en•
contrara en el firmamento á media noche y A
mediodía. Podremos consultar el sol con máa
frecuencia que un buen horizonte natural· y
el uso de un horizonte artificial es por ;u.
puesto, tan imposible en un buque ~éreo como en los barcos marinos. De aquí el gran
cuidado que estamos empleando para asegu-

�137
130

POR F.'lOS .MUNDOS

vulas del aerostato tienen que probarse coo
frecuencia para asegurarse de que funcionan
bien¡ la-; observaciones solares se harán con
toda oportunidad; el retrasador y las ,erpienles de cuerda-guia habrán de manipularse conforme á las circunstancias; y, sobre
todo, ea las nieblas ó tiempo difícil deberá
tenerse oido vigilante para las primeras señales que haga la alarma automática que ha
de avisamos de nuestra demasiada aproxi•
mación á tierra, para evitar que el contacto
dd nuestro delicado carro de acero con los
ásperos hielos puedan significar su destrucción.
La alarma automática que llevamos, y que
será muy eficaz, consiste en una botella de
acero que contiene mercurio, y va suspendida por una cuerda de cien piés de longitud. Cuando el buque llegue á los cien pié•
de la tierra, la botella tocará en ella y como
al ser arrastrada se ladeará, el mercurio del
fondo del receptáculo formará contacto y entonces se establecerá un circuito eléctrico,
funcionando por ello un timbre que va en la
cubierta del barco.
JSuestra intención es tener siempre tres
hombres de servicio: el que pudiera llamarse
oficial de guardia; el operario de la máquiua
y un tercero para atender al torno que re•
guiará la serpiente del retrasador y de la
cuerda-guia con otros aparatos. No se dormirá mucho durante la expedición del Amé•
rica y, desdo luego, nadie querrá dormir más
de lo necesario para conservar cuerpo y espíritu en disposición de trabajar. Tendremos
LO QUE llAI\KMOS DURAJ\TE EL VIAJE
confortables petates, y se servirán comidas
Hacer que navegue hacia el Polo una em- calientes si se encuentra ocasión de cocinar.
barcaeión que la mayor parte de la gente Los tres hombres que, juntamente coa el
que esto escribe, constituirán la tripulación
llama un globo, pero que se parece tanto á del
América, son por ahora los siguientes:
un globo como una balsa á un vapor, parePrimero: el mayor Henry Blanchard Hersey,
cerá cosa sencilla, aunque en realidad sea
de la sociedad Rough Riders, insmuy compleja. Hay que observar el haró- miembro
pector
de
Observaciones Meteorológicas en
¡rafo para lo relativo á la altura sobre la los Estados
Unidos, y representante en la
tierra, que esperamos conservar siempre enExpedición
del
Gobierno y de la National
tre doscientos y seiscientos piés; el estatós- Geographu Society
de Washington ; fué
copo, para saber si subimos ó bajamos; dos
compañero
del
teniente
Frank Lahm en la
distintos manómetros, que. nos dirán la preobtención
de
la
Copa
James
Ben. sión del gas en el depósito y la del aire en net en Europa, en SeptiembreGordon
del año pasael globo pequeño, y la presión en las calde- do,y figura en nuestra Expedición como ofiras; hay que arrojar á cada ¡,ocos minutos cial ejecutivo y observador científico de ella.
la barquilla para apreciar la velocidad de la El segundo es Melvin Vanimon, ingeniero
marcha; deben vigilarse constantemente los norteamericano residente en Parle, donde ha
compases para saber la dirección, cada construido una máquina voladora mecánica
quince minutos tiene que escribirse a ruta que promete mucho, y donde durante los úlen un libro preparado al objeto; hay que sa- timos nueve meses ba dedicado su habilidad
car con la bombo la gasolina, ya de una ya y energía como autor del proyecto de reforde otra sección del tanque, para enderezar el ma y reconstrucción del aerostato América,
buque; el motor y toda la maquinaria deben el cual sólo conserva de los planos pri•
vigilarse con ojos de águila para sorprender mitivos una parte de la cubierta del depósito
los primeros signos de perturbación; las vál-

rarnos buenas obse1·vaciones. Tenemos un
sextante dotado de un nivel de alcohol ó
burbuja, iñvento alemán, que da automáticamente el horizonte. También tenemos un
Sl'Xtante con un giroscopio, com, el que se
emplea en la Armada de Francia, y que se
usa más particularmente en los submarinos:
un giroscopio ó remate-giratorio se pone en
movimiento por un imán; con rápidas revoluciones forma un plano exactamente perpen•
dfoular al eje de la tierra en el sitio. E.s decir,
que nos da el nivel del mar. Así, aún cuando
la niebla, neblinas, lluvia ó nieves obscurezcan el horizonte natural, si el sol está visible
podremos obtener observaciones. La respuesta á la pregunta que con frecuencia nos
ha sido hecha de cómo sabremos que hemos
llegado al Polo,es esta: «Losa'iremosprecisamcnte del mismo modo que el navegante
sabe dónde está al mediodía de cualquier dia
dado: por la observación del sol, por su latitud y por su longitud,. No hay otro medio.
En nuestro caso, la dificultad está en llegar
al Polo, no en saber cuándo estamos en él.
Una vez allí, si las condiciones son favorables, podremos anclar el América, y por
medio de aparatos que llevamos para tal objeto, uno ó dos de nosotros podrá bajar y
verificar una serie de observaciones que nos
han sido encomendadas por la comisión científica de la National Geograph ic Society de
Norte América y por otras corporaciones
científicas.

'I

11¡
:,

[: '

I

de gas. El tercero será probablemente, ó el
el tloctor Walter N. fowler de Bluffton, Indiana, cirujano de la Expedición y también
m•·cánico competente; ó Félix Riesenberg, de
Cloicago, hoy encargado del cuartel general
de la Expedición en Spitzberg, marino, na,,,gante y observador cienlifico. Con una tripulación de sólo cuatro hombres, cada uno
tiene que ser especialista, y no sólo esto
srno que cada cual debe ser discípulo de
cuanto sepan los dewá~.
JHASTA LA VUELTA, LECTOR A~!IGOI '

¿Cuánto durará el viaje, :-io tenemos más
que una vaga idea: con un viento sur de diez
ó 'luince mÍllas por hora, seria practicable ir
al Polo en un solo día; con tiempo de calma
ó con viento.s neutrales, pueden calcularse
dos días; con vientos directamente contrarios, que soplen con la fuerza media de la
región y la estación,diez millas por hora, serían precisos cinco días; con vientos siempre contrarios y con una fuerza media considerablemente mayor que la general... entonces no podríamos llegar nunca.
;,Que si intentamos volver? ::ieguramente:
no te, e.nos i!eseos de pasar por mártires.
Creemos tener grandes probabilidades
de llegar al Polo y volver á nuestro cuartel
general, ó á otro punto de tierra á los diez
dias ó dos seman~s de la pal'lida, 'navegando
con nuestra propia ÍJerza por el aire.
Pero si esto falla, y el motor y el combustible sirven únicamente para llevarnos al
Polo, después que se agote la gasolina tenem~s fa~ilidad de emplear el motor y la ma. qumar1a, mucha parte del carro y el tanque
además de otras muchas cosas, como balas~
Ir~, arr~jándolas á tierra, y compensando
as1 las perdidas de fuerza elevadora debidas
i la ~erivación ó esca pe, conservar el
A111énca á flote en el espacio simplemente
como un globo. durante veinticinco ó treinta
y cmco días desde la partida. Y en este már•
C!n de tiempo, la probabilidad de que el
nento ~?" lleve lejos al ::lur es una buena
probabilidad puesto que la distancia desde el
Polo á tierra de seguridad viene á ser únicamente de 860 millae que con una fresca brisa P_Odrlan salvarse en dos ó tres días.
S1 nuestro buque sirviera para llevarnos al ~olo ó cerca de él, tenemos en nuestro equipo un completo menaje de trineos
con doce perros escogidos en Siberia, y cree'.
moa que en dos meses ó más de luz que queda,·an sería practicable retroceder en trineo
sobre_ el hielo á Spitzberg ó Groenlandia. Expediciones de trineos se proponen marchar

desde tierra al Polo y vuelta; si el buquo
aéreo nos lleva al Polo, no tenemos que
hacer más que la vuelta. y como entónces
el movimiento del hielo nos a vudaria en
n_ues~ro cam~o, andaríamos segur8.mente por
lermrno medio de dos á cuatro millas diarias.
Gracias á la aumentada capacidad d••
n_u~stro ensan_chado buque, y á la dispo"'.r1_ón económica que hemos hecho del princ1p10 de la serpiente, podemos llevar cou
nosotros
. bastantes provi.sione.s ·' de suerte
que s1 por cualquier casualidad el Amériw
íuera arrojndo por el viento á un sitio remoto d_e la gra~ área ~explorada, lejos de toda llerra, ó s1 por accidente ó malas coudicion~s 6 circ~nstan_cias cualesquiera hieiúrase inconvemente mtentar la vuelta en trineo en el otoño, podemos pasar todo el invierno donde_ descendamos, construyendo
una choza abrigada con la inmensa cantidad
de tela y de otros materiales de que el buque se compone; y haciendo sencilla vida
invernando como osos, sin miedo amorir d~
hambre, aprovechando toda, las provisiones
que llevarn?s· Si esto ocurriera, regresaríamos en tn_n~o á la ~rimavera siguiente,
cuando el v1a¡e por el hielo polar es mejor
q_ue en oto1io1pues tenemos bastantes provisiones para tirar hasta primeros de Junio.
Anticipándonos á todas las posibles contingencias, llevamos con nosotros los último:-., más minuciosos y autorizados datos,
mapas y cartas de todas las tierras que rod?'ln el Polo, proc?rados esos datos por medio de la cooperación de nuestro Gobierno ~
de otros extranjeros, y de varias sociedades
geográficas¡ tenemos informaciones acerca
de lM tribus, cazas, puestos avanzados, senderos, maderas de construcción corrientes
de aguas y depósitos de abastecimientos 0 en
la Tierra de Francisco
José l Novaya t Zem1ya1
,
1a gran extensión de la costa de Siberia
Groenlandia, la parte septentrional de 1~
~mérica. Británica y sus islas, y Alaska. No
importa a dónde pueda llevarnos la rueda de
la fortuna; estamos preparados para todo
evento: tenemos provisiones bastantes para
un 1DV1erno en nuestra choza, y esperamos
contar con muchas más si la Naturaleza nos
favorece en nuestros rifles y en nuestros
cartuchos. Si fuera neeesario, pasaríamos la
larga noche del invierno en el Polo Norte ya
en tierra, ó ya en el helado mar: esa noch; de
s~is meses, con la luna,. las estrellas y la glonosa aurora para 1lum10arnos; y así esperaríamos la llegada de los seis meses de sol antes ~e emprender el largo viaje de regreso
hacia nuestros patrios lares.
WALTER WELLMAN

�LA CRUZ DEL ESPÍRITU SANTO

LA CRUZ DEL ESPIRITU SANTO
(TRADICION MADRILEIH)

estío del año 1628. La entonces
reducida villa de Madrid adormecíase
en el crepúsculo vespertino, y los campanarios de las iglesias y conventos hacían sonar
el toque de Angelus, á cuyos ecos villanos
y nobles descubrían sus cabezas y doblaban
la rodilla para recitar la oración de la tarde.
Por el erial montuoso en qué radicaba la
Venta del Rubio, especie de mesón y de
antro que prestaba igual refugio á trajineros y gente maleante, iban retirándose al po•
blado los sencillos labradores que cultivaban
las tierras colindantes, más atentos á buscar
el necesario sosiego en sus bogares que á
gozar las delicias de aquel anochecer tibio y
perfumado que ponía fin á un día delicioso y
de suave temperatura,
La soledad del sitio, apenas turbada por
[osgrisáceosparedones de la venta; las obsc~ras siluetas de una ermita dedicada al Espíntu Santo y de una ó dos casitas, mejor diremos chozas, habitadas por familias de colonos; la mala fama de que gozaban aquellos
parajes, solamente frecuentados por mozuelas del partido y truhanes codiciosos ~e la
bolsa ajena, eran causa de que los labriegos
apretasen el paso de sus cabalgaduras para
acogerse antes de que cerrara la noche al seguro de la villa, recorrida por las rondas de
alguaciles y corchetes.
Tendieron, al fin, su manto las sombras,
quedando el campo silencioso y desierto, sin
otro ruido que el medroso canto del buho y
el cri-cri de los grillos y de las cigarras.
A la indecisa luz de la naciente luna pudieron verse dos sombras embozadas en sendos mantos, que parecían recatarse de ajenas miradas esquivando pasar por las cer•
canías de la venta, y ocultándose entre los
escasos matorrales del valle á cada ruido
!NABA el

F

que les parecla sospechoso. Así avanzaron
con exquisitas precauciones basta el montlculo que cerraba los campos cultivados, en
cuyas faldas fosforescía la indecisa luz q~e,
con intermitencias, alumbraba las bab1tac10ces de una casita baja y destartalada.
Dirigiéronse allí los encubiertos, y uno de
ellos golpeó con el puño de su daga la de.svencijada puerta, repitiendo por do~ ~•cea
determinado número de golpes. Ch1mó el
cerrojo, silbaron los mal sujetos go'1:1es _del
portón, y sin que se viese '!uuén_ abna m se
divisara lo más mínimo del mtenor, entraron
los que llamaban y volvió á cerrarse la puer·
ta con sumo cuidado y como si la mano que
la impulsaba tratase · de ahogar el ruido que
los hierros producían.
En mísera y desnuda sala_ una vieja a;n~ra:
josa, verdadero esqueleto vmente, rec1b1ó a
los reéienllegados, alumbrá':1dose co~ la
amarillenta luz de un candilón de hierro
cuya gruesa mecha despedía un humo espe•
so y nauseabundo.
.
A juzgar por su porte, los encubiertos eran
dos caballeros de calidad.
El más viejo, grueso y fornido, con ~andes bigotes entrecanos y recortada perilla,
vestía ropilla de terciopelo negro con manga
de raso del mismo color, gregüesco sujeto á
la rodilla según la moda de la época, m~dia
ne•ra de seda que dibujaba su nervuda p1erna"y zapato de cuero negro con hebilla de
oro. Cubríase con ancho sombrero de fieltro
adornado de larga pluma, y sobre la valona
de encaje caía senda cadena salpicada de pedrería la cual sustentaba áurea medalla con
la roj~ cruz de Santiago. Su acompañante,
mucho más jóven, casi un adole_sc~ntei llevaba indénticas ropas, y sólo se distinguua del
primero por el riquísimo joyel de diamantrs

que sujetaba la pluma de su sombrero.
-¡Bienvenidos, señoresl-murmuraba la
vieja.-Ha rato que os esperaba.
-¿Habéis cumplido mis encargos, mi buena Mónica?-preguntó el de más edad.
-Como lo mandásteis, señor.
-¿Y no hay temor de que?...
-De nada, absolutamente. La niña está
ciegamente enamorada del gentil caballero;
por estos contornos no cruza un alma desde
que anochece; maese Nicolás no regresará de
su viaje basta pasado mañana, y yo vigilaré
para que nada suceda.
-En tu discreción confío,-dijo el caballero, poniendo en manos de la repugnante
celestina una pesada bolsa ..
Después, volviéndose á su jóven acompañante, añadió en voz baja:
-Descuidad, señor, en mi ... Por Jo que
ocurrir pudiera, haré que una ronda vigile
la Venta del Rubio y espante á los bigardos
que haya por las inmediaciones.
Y calándose el sombrero salió do la choza, no sin haber desnudado previsoramente
el damasquinado acero que pendía de su

cintura.

***
Momentos después, el joven desconocido
departía amorosamente con una hermosa villana á quien aprisionaba entre sus brazos.
-¡Oh, Don Ramirol-decía la niña.-Mucho os amo, y mucho arriesgo por vos
abriéndoos las puertas de mi casa en ausencias de mi padre.
-Razón de más,hermosa María,-le contestaba su amante-para que yo me consa•
gre por entero á tu servicio.
-Pero héis de confesar, señor, que nos

separa un abismo ...
-Que mi amor sabrá salvar. ¿Eres villana?
Yo te elevaré hasta mi. ¿No eres noble? Yo
te daré nobleza ...
-¡Ramiro!
-¡Alma de mi alma! ...
Fuertes golpes dados á la puerta cortaron
la frase en los labios del caballero que, des•
ciñendo la cintura de la jóven se puso en pié
desnudando su verduguillo.
-¡Ira de Diosl-exclamó rechinando los
dientes,
-¡Somos perdidos, Don Ramirol-balbuceaba María,
-Nada temas ... Estoy á tu lado. y te defenderé contra todo el infierno junto.
Redoblaban los golpes con mayor energía,
cuando la vieja tercera entró en la estancia,
presa de intenso pavor.
-¡Válame la Virgen de la Almudena y en
qué trance nos hallamos! 1Huid, señor caba-

139

lelro, ó no hay salvación para nosotros
-1Jamásl-dijo el jóven, colocándose ante
la hermosa villana y aprestándose á defenderla.
-¡Por el bendito Santiago! 1Por todos los
sant9s del Cielo! Huid, señor, y ponéos en
salvo, que la puerta cede,-sollozó la vieja.
Y como robusteciendo esta súplica, temblaron las maderas de la ventana sacudidas
por tremendos golpes,
-1Madre de misericordial-gritó Mónica,
dando un soplo al candil y dejando á obscu•
ras la habitación,
-¡Venid!-murmuró María casi al oído
del caballero.
Por la parte de atrás de la casa y saltando
por una ventana, salió Don Ramiro al campo empuñando su espada y recatándose el
rostro con el embozo; pero ó fué visto 6 habíanle sentido los que aporreaban la puerta,
porque instantáneamente se lanzaron tras él
cuatro ó cinco hombres que, espada en
mano, intentaban cercarle.
Defendíase el jóven con valor parando
diestramente las certeras estocadas que á su
pecho se dirigian, y procurando alejarse de fa
casa como si intentara llamar hácia sí el peligro que amenazaba á su amada.
Menudeaba el ataque y arreciaba la defensa en cuanto lo permitían las fuerzas del
caballero. Dos de los asaltantes yacían heridos en el suelo; pero habfanles sustituido
otros enemigos cuyo furor aumentaban los
gemidos de sus compañeros.
Ya Don Ramiro cedía ante la fuerza numérica, cuando oyó una voz á su espalda
que decía:
-¡Animo, caballero, que ya somos dos!
-¡Tenéos firme,conde,-gritó otra voz de
acento extranjero- y no haya compasión
para esta canalla!
E instantáneamente, el jóven agredido vió
á su lado á los dos embozados; que llegaban
en su auxilio y cuyo socorro estaba muy lejos de esperar.
Cerraron los tres contra los agresores, que
empren:lieron la fuga en dirección á la venta; mas de pronto, cambiaron de rumbo y se
dispersaron en todas direcciones, exclamando:
-¡La ronda!
-¡Ese torpe de duquel-murmuró Don
Ramiro.
Sorteando y reconociendo los matorrales
veíanse algunos corchetes cuyas lintern.,;
hacían centellear las empuñaduras de sus
espadas y dagas. Entonces, el jóven subióse
más el embozo, y tendiendo la diestra á uno

�140

roa E505 MU!iLO

de sus defensores murmuró á media voz:
-¡Gracias, señor!
-No me las déis, caballero: siempre fué
deber de los Bassompierre ayudar al necesitado.
Y estrechó la mano que el jóven le tendía.
Cuando quiso repetir el saludo al otro caballero, vió que éste retrocedía dos pasos y
se inclinaba ante él con mueslras del mayor
respeto.
-¿Vuestro nombre, caballero?-preguntó.
-En la corte llevo el titulo de conde de
Saldaña... Pero os ruego que lo olvidéis.
Y acercándose todo lo posible, exclamó
casi al oído:
-Y procurad, señor, no poner tan en peligro la vida de Vuestra Majestad.
-¡Me habéis conocidol-dijo el caballero
extremeciéndose.
-Señor, para mi lealtad el resplandor
del trono brilla aún entre las tinieblas de la
noche. Pero lo que en esta ha sucedido será
siempre ignorado por el conde de Saldaña, á
quien la casualdad ha traído á vuestro socorro.
-Felipe lV, conde, no lo olvidará jamás.
-La ronda se acerca, -señor... Id, y que
Dios guarde la vida de Vuestm Majestad.
El llamado Don Ramiro, que no era otro
que el rey de España Don Felipe IV, separóse de sue salvadores acercándose á la ronda,
de cuyo grupo salió á su encuentro el caballero que Je había acompañado antes basta
la casa de maese Nicolás.

~-Señor ... -&lt;lijo.
-Silencio, Juque, y haced que esa gente
se retire: habéis cometido una imprudencia
Ira yendo aquí la ronda.
-Temí que os sucediese algo ...
-Dad las gracias al conde de Saldada y al
embajador de Francia, que esta noche han
salvado la vida de vuestro rey.
En tanto, alejábanse Bassompierre y el
conde do Saldaña, que le deoía:
-¿Cómo vos por aquí á esta hora?
-Puro acaso que bendigo, porque nos ha
permitido salvar la ,ida de ese caballero.
-1.Le oonoofstei•, señor de Bassompierre?
-No.
-Pues era... ¡Felipe IV, rey de España!
-¡Oh! Pero, 1,no conoce el oonde-duque
de Olivares los peligros á que le expone en
estas aventuras?
-El conde-duque sólo aspira á ser el rey
de hecho halagando las pasio_nes juveniles
del monarca.

•••

Poco tiempo después fué demolida la

Venta del R1&lt;bio, y en el altozano que for.
man la calle del Tesoro y la de San Andrés
se elevaba esbelta y severa cruz de piedra,
exvoto de la majestad de Don Felipe IV.
Venta, ermita y cruz han desaparecido;
pero hasta hace pocos a!Íos, el terreno donde
la primera estuvo enclavada se ha conocido
con el nombre de calle del Rubio, y la colina ,e llama aún la /"ruz ~ ERplrifu Santo.
:\.'ITONl&lt;.r PAl:1.JA

SliRRADA

Ll!Vl!NDA DE LA BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
Allos 410 J 446 DE LA EIU DE CRISTO,

por C. BRYSON TAYLOR
SUMAIIIO DE LOS CAPfTULOS ANTERIORES (1)
La rama loarada en todo el pais por Melchor, narrador ,te
, cuentos y cantor de bali.da.s, despierta. en el jóven \'"i•
canor deseos de traalarla. J aún de superarla, aquel
oficio IMI dedica nuestro heroe. Hijo de esclavos, aban•
dona la r,asa de sua padrea, J por aendaa y nredu
recorre montea J prados reuniéndote t loa pu.
torea, ante los cuales hace derroche de Ju racultada
'.fue le adornan. Asombrados loa oyentes de Nicanor
al principio, muy pronto ee enciende entre ellos la tea
de la discordia y ,e producen ¡ran escándalo y pelea,
que Lmninan porque empieza t diapersane el pnaJo
que cuidan los pastores y 6stos Uenen que Ir tru lu
reae1. Nicanor1.a.tisíecbo con que !IUS palabras bahieran producido tanto electo, adquiere mayore1 d8leOI
aún de que 10 fama sea. universal, y parte de 10 pobre
terru.fto para dirigirse Agrandes f p~uloau dudad•
en busca de esa gloria que persiíl,le, Thorney, mú CO•
nocida por la Isla de Bramble, es la población ele,ida
por Nicanor, J Tobfa.s, un rico comerciante, laperso,.
na 6 quien va recomendado por 1111 padree. Tobfu
concede t Nicanor una. plaza en su tallei.:, donde le
ense.i\a t trabajar en marfil. Bien pronto Joe,a el jóven eer un disclpuio anntajado de su maestro, pero
no deja. de tener con ~ íuartu altercados:!-Jrque,
posesiona.do de la. ilu.aión que acariciara al ale &amp;l'ltl de
aua padres, Ni~nor abandona el taller de Tob y.fa.l·
ta con frecuencia al trabajo, f cuando acude 6 11 lo
hace de mala p.nL En esta, comrfa.s de vaeo T ocio•
eo que hace Nicanor, ea confundido con on eaclaYO
de la servidumbre de au amo, T hecho prisionero por
unos soldados que lo conducen t presencia del noble
señor Eudemius, ! cuyo aenicio queda conscrito. Nie&amp;nor encuentra un día t Variat hija de au aellor, la
cual, en.terada por su doncella ae la habilidad J aiu
del escluo para Nl.atar cuentos J narraciones,le Pide
que distn.iga con ellos el tedio que la domina, Afha•
..
cerio Nicanor deniierta en los dos Jó•en11 mátao amor
11!1 no tardan ~n conre.~a~t.hae1endolo ambo, uail noche en que Varia pedía al esclavo que la recordara un cuento que
J&amp; en otra veuión la habt~ a1cho J que ae re.feria t las ilusionea que lo, dos hablan forjado en eu mente. Pero b6 aquf
que llep._, cua de Eudemras un .antiguo am,¡o IUfO, con au hijo Mario, capit.ln de Ju fecionee romanu y este J6Teo
que al pnnciplo aborrece de Vana, acaba por aentir hácla ella elPrta ln.clinacióa, aumentada al conocer 'que Ja .&amp;ija d;
au hu6iped 8ltA enamorada de un escluo, al cual el militar promeUó caatip.r por est:P que él cffla ta.Jnal\o dea!uero.

r,

11

Eudemius y su jóven
A. huéspednoche,
cenaron solos. Mario, que era
QIJBLLA

aftc1onado á hablar, callaba y reflexionaba
acerca de los sucesos de la tarde, esperando
la oportunidad de poder inclinarlos a su fa.
vor. Eudemius también se mantenía más callado de lo que parecía conveniente, ya que
baoía los honores de la casa.
Eudemius, según su costumbre, sólo tomó
U) V6anae nuestros números a&amp; á 160.

fruta y unas copas del ligero vino de Chipre,
Mario, sin preocuparse gran cosa de este
ejemplo, oomía mucho y bebía libremente,
Aunque el vino hacia poco efecto en él, cada
vez que llenaba el raso, Eudemius le miraba
con aparente indifere, oia. Esto divertía al
jóven, que seguro de si mismo, tan sólo por
perversidad cuidaba de que constantemente
estuviera su vaso lleno.
A mitad de la comida, llamó Eudemiu1 al
anciano esclavo Marcus, ya conocido del
lector. Marcus se presentó con servil sumi~ihn.

�142

POR &amp;SOS MUNDOS

-Véts-le ordenó-y dí á Nerissa que
traiga aquí á su señora.
El anciano vaciló un instante, y mirando
extrañamente á su señor cruzó los brazos y
,alió.
Mario, cuyo vivo ingenio instantáneamente se dedicó á recordar la medio olvidada
idea que él quería evocar, encontró el hilo
que buscaba. Brillaron sus ojos con secreta
satisfacción. Se inclinó bácia adelante á través de la mesa, y como el que trata un asunto que puede ser de interés, dijo á Eudemius:
-Hoy he hablado con vuestra hija.
El noble señor dejó caer sobre Mario su
inexcrutable mirada.
-¡,SJ?-preguntó tranquilamente.
-Me contó una historia maravillosa de un
hombre que la visitó en un jardin,-dijo Mario, mientras observaba que en los ojos de
su interlocutor empezaba á desarrollarse la
sospecba.-Me dijo Varia también que ese
hombre y ella habían estado jugando, de cuyo suceso un tal Marcus era testigo, pues los
había visto jugar... Si este viejo esclavo que
acaba de salir de aquí es el mismo de quien
Varia hablaba, quizás pueda deciros algo.
La máscara del rostro de Eudemius no
esmbió, notándose únicamente cierta linea
severa en su frente. Reinó el silencio entre
los dos basta que se presentó Marcus y separó las cortinas para dar paso á Varia, que
se presentó en seguida, agitado el pecho, los
labios algo contraídos y los ojos llenos de
lágrimas.
-¡Nerissa ha querido que me ponga este
vestido, que yo abo,rezcol-exclamó al llegar al lado de su padre.-Ha dicho que tú lo
babias mandado. ¿Por qué,
-Tenia razón, yo se lo be mandado,iijo Eudemíus fríamente.
Dejóse caer Varia en el asiento frente á
Mario, dirigiendo á su padre una mirada de
resentimiento y dando un furioso tirón al
odiado vestido. Era este de color amatista
pálido con túnies bordada en oro, abrochada con muchas joyas. Parecia la jóven con
aquel traje una hermosísima bada, y Mario,
desde la silla en que se reclinaba indolentemente, al lado opuesto de la mesa, miraba á
Varia con evidente admiración.
De pronto, Eudemius, con voz placentera,
preguntó á su hija:
-¿Con quién jugabas en el jardín?
Varia rompió á llorar; y como su padre
no consiguiera que hablase, hizo una seña
al silencioso esclavo que permanecía detrás
de la silla que ocupaba su bija.
-Llévatela al lado de su doncella y vuelve... Yo necesito averiguar esto de cualquier
modo,

Marcus acompañó á su llorosa ama, y Eu•
demius vió que Mario la seguía con la vista
basta que las cortinas cayeron tras ella.
Ausente Varia, Eudemius perdió en seguida su compostura, y levantándose de su sitio en la mesa comenzó á pasear por la habitación, basta que, inesperadamente, se detuvo ante Mario.
-Si hay verdad en esto,-dijo con la voz
temblando por la furia-yo sabré quién ea
el hombre que durante la noche entró en
mi palacio, y le haré que pague su atrevimiento arrancándole vivo la carne de sus
huesos ...
Una exclamación de dolor le interrumpió
y le hizo llevarse las manos á BU costado,
mientras que su rostro pasó un espasmo de
dolor, contrayéndose. Dejóse caer Eudemius
en una silla, con la cabeza inclinada bácia
adelante y las manos clavadas como garras
en los brazos de la silla.
Al poco tiempo,entró Marcus, y Eudemius
levantó la cabeza.
-¿Viste al hombre que habló ayer con tu
señora?
Marcus asintió por señas.
Otra vez el rostro de Eudemius se contrajo, y en sus manos, que as agarraban á la
silla, las venas aparecían negras é hinchadas.
Miraba fijamente á Marcus con los ojos inyectarlos en sangre, como fiera hambrienta;
y dando un fuerte golpe con el puño en el
brazo de la silla, preguntó:
-¿Quién es ese hombre? Contesta pronto,
si quieres conservar tu pellejo. ¿Quién es ese
hombre y qué ha hecho aquí?
Marcus, con los brazos extendidos y gesticulando frenéticamente, quiso hablar, pero
no pudo: el esfuerzo que hizo para pronunciar
palabra le puso el rostro congestionado y los
ojos como si quisieran salirsele de las órbitas: parecía un loco, luchando en impotente desesperación.
Eudemius se levantó de la silla que ocupaba, y cogiendo un látigo que tenia al respaldo
de su asiento dió con él al esclavo en mitad
del rostro.
-¡Hablal-le gritó.-No pienses en callar,
porque te haré desollar vivo antes de consentir que me desafíes aaí.
-¡Yo, yol ... -vociferaba desgarradoramente Marcus, cuya presencia tenía aspecto
extraño del qu~ Eudemius no se dió cuenta
basta que el esclavo cayó al suelo arrastrándose á los piés de su amo.
Un eapasmo de dolor hizo extremecer á
Eudemius, que se puso lívido. Salvajemente,
propinó sendos puntapiés á la retorcida figura que se hallaba caída en el suelo, dando
luego trea palmadas ruidosas. Dos esclavos

AMOR DE DAI\IA Y AMOR DE ESCLAVA

llegaron presurosos y pálidos de terror. El
furioso señor, fuera de si y casi sin poder
hablar, señaló con una mano el cuerpo de
ldarcus, y dijo airado:
-Llevadle á la sala de piedra y ponedle
en el potro, basta que se decida á hablar.
Cuando esté dispuesto á ello, avisadme.
Levantaron los esclavos á su compañero y
se lo llevaron.
Mario observaba atentamente la escena,
pero ni remotamente se le ocurrió pedir_ misericordia para Marcus: como buen romano,
consideraba el derramamiento de sangre y
las luchas mortales cosa de diversión y pasatiempo. Si Eudemius quería matar á aquel
hombre por capricho, estaba en su derecho:
esclavo suyo era, y nadie tenia que preocuparse por ello.
Eudemius volvió á sumergirse en su asiento, como antes, con la cabeza ligeramente
inclinada y las manos crispadas oprimiendo
los brazos del asiento. Sus ojos, inyectados
en sangre y de mirar terrible, eran como los
ojos del buitre que aguarda la muerte de su
victima.

VII
Aquel día fué Nicanor designado por Hito,

el capataz de los esclavos,para cuidar el fuego de los hornos de las cuevas del palacio,
que servían para calentar las babitacionea
de los señores, el salón-comedor y los baños. Las grandes estufas, una por cada horno, construidas en arcos bajo las paredes
exteriores del edificio, recibían acceso por
medio de pasajes de piedra maciza. Desde
ellas, el aire caliente retrocedía por el horno y era conducido á las habitaciones por
medio de un ingenioso sistema de tubos formados con tejas. El fuego, que ardía constantemente desde los primeros días frescos
del otoño, exigía atención incPJ;ante. Todo el
día iban y venían esclavos llevando leña y
espuertas de carbón mineral procedente de
las grandes minas cerca de Uriconium, á través de estrechos pasillos basta los furiosos
hornos donde el aire, cargado de humo y
acre, tenia una temperatura sofocante. Allí,
essi sin aliento, chorreando de sudor, alimentaban los esclavos las llameantes bocas,
y luego volvían nuevamente al aire exterior
que por contraste los hería como con cuchillos basta los mismos huesos. Cuanto más
frío era el tiempo y mayor era la necesidad
de lumbre, tanto más se aumentaba el sufrimiento de los esclavos. Este trabajo de
alimentar y limpiar los hornos se encomendaba generalmente á los más bajos é inútiles, á no ser que se tratara de un castigo.

143

Nicanor, que sabia que estaba padeciendo
los furores de Hito, obedecía sus órdenes de
tan mala gana que por ello más bien recargaba que disminuía su trabajo. Ya una vez
aquel mismo día babia evitado cumplir con
su deber, tentado por el constante deseo de
permanecer lo más próximo posible al jardín
de Varia; pero la llegada de Mario le había
obligado á trabajar. En realidad, Nicanor,
r¡ue tenia el convencimiento de que su suer•
le estaba absolutamente en manos de Mario,
llegó á impacientarse por el retraso en sufrir el castigo ó la muerte con que la espada
colgada sobre él le amenazaba. Y no podía
pensar en fugarse hasta que fuera bien entrada la noche, porque la malicia de Hito le
perseguía in cesan temen te y porque, además,
se alejaría de Varia, de las visitas secretas
q•ie celebraba con ella, di, todo lo que entónces contribuía á hacerle llevadera la vida. Vinieron entónces á su mente recuerdos de Tborney, de las cenagosas aguas de
los pantanos, de las hogueras que rasgaban
la obscuridad, de la presión nerviosa de
hombres y animales que acudían á la isla
como un verdadero enjambre de abejas. Pensando en todo esto, deseó un momento volver á Tborney, aunque jamás al taller de
Tub,as, para contar cuentos á los pastores
que rodeaban las hogueras. Pero pronto volvió á la realidad para ver á Hito, que llegaba á su lado para inspeccionar si trabajaba
6 no. En una numerosa servidumbre como
la Eudemiu,, donde la economía era palabra sin significación y la extravagancia el
órden de la vida, los mayordomoe y capataces que la dirigían, como solo eran responsables ante su señor, tenían mucha autoridad r usaban de ella sin consideraciones.
Cabeza y frente de ellos era Hito, grueso y
reluciente, cuyos ojos de cerdo estaban siempre fijos en todos los asuntos. Como todos
los de su clase, tenia el despotismo por norma, y solo por su palabra se torturaba á un
esclavo en el potro. Su característica dominante era la de ser un mal enemigo y un
peor amigo.
Obscureció, y entró la noche. Hito salió á
la puerta de su pabellón, y allí permaneció
mirando al patio y lanzando una especie de
gruñidos propios del que se encuentra bien
satisfecho después de comer. Un esclavo se
bailaba encendiondo una copa-brasero de
carbón cerca del pozo, en el contro del patio. El trozo de mecha que ardía, y que el
esclavo cuidaba esmeradamente entre sus
manos, puso de manifiesto al capataz el rostro de aquél. Hito le reconoció y le dirigió
una ceñuda mirada.
-¿Nicanor?-gritó,-¿A dónde llevas eso?

�POR B&gt;5 MUNDOS

-A laa habitaciones de mi ama, la bija

un murmullo de voces mezcladas, y en se•
del noble señor Eudemius,-respondió Nica- guida se oyeron pa'°s. Una esclan separ6
nor.
las cortinas que pendían de una gran puerta
-¿Quién te lo ha mandado?
y se acercó á Nicanor. Era negro y estaba
-Nerissa.
recogido por largos alfileres de hueso el caEntónre~, Hito dijo á Nicanor:
bello de esta esclava; blanco y entristecido
-Bien... Tengo un encargo para ti. Cuan- el rostro, con los ojos sombríos y descon•
do vayas á las habitaciones de nuestra ama, lados; delgado y de ligeros movimientos el
mira bien por allí y busca una mujer entre cuerpo, de piel tan blanca como la leche. Nilas esclavas; creo que está ahora de servi- canor la examinó con curiosidad.
cio pero no sé en qué habitación; habla con
-;-Traigo el brasero que Nerissa ha pedí•
ell~ si puedes y dila que quiero verla y que do,-dijo, sin soltar este objeto.
la espero donde ella sabe.
La doncella asintió por señas, y alargó lu
Al decir esto, dábase Hito toda la impor- manos para tomar el brasero, quedando algo
tancia de amo y señor absoluto, quedándose sorprendida al ver que Nicanor no quería
luego tan satisfecho que cruzó loe brazos y dárselo.
miró á Nicanor.
-Pesa mucho,-advirtió él.-Esperad un
-Si esa mujer no está en las habitaciones momento, y decidme vuestro nombre... Lleexteriore1, no podré bu!lcarla,-dijo seca- vo en esta casa muchos meses y nunca os
mente Nicanor.
he visto.
-Puede ser que esté,-replicó Hito.-Fi-Me llamo Eldris,-contestó la jóven-y
jate en Ja que tenga el pelo negro, la, cejas· aquí estoy hace tiempo... Y aunque es vernegras también, los ojos azules, blanco el dad que no me habéis rieto, yo sí á vos alrostro y algo delgado el cuerpo... Pero esto, gunas veces.
-añadió Hito poniendo una mano sobre los
-Pues ahora,-repuso Nicanor mirándola
anchos hombros de Nicanor-eeto no os una fijamente-os traigo un recado de Hito, si ea
orden que te doy; sino que te lo encargo qne sois vos á quien él busca. Me ha dicho,
amistosamente, para darte una prueba de que quiere veros esta noche y que os espera
confianza.
·
vos sabéis dónde".
En los labios de Nicanor se dibujó media
La esclava púsose lívida y en sus ojos se
retrataban un terror sin límites, una angussonrisa.
-Lo haré,-contestó-puesto que Hito lo tia muda y un pánico terrible.
-¿E.ci que no váis voluntariamente?-prepide.
Y en aeguida emprendió su camino á tra- guntó Nicanor á Eldris al verla de esta manera.
·.
vés del patio.
Hito movió la cabeza furioso, y murmuró:
-¿No me obligaréis vos á ir?-~gunt6
-¡Perro! ¡Yo haré queesta misión se vuel- aterrorizada la esclava, no comprendiendo la
va contra tí, poderoso ridículo á quien se le intención de Nicanor y apartándose de 61.
-¡Yo, nol Yo sólo os doy el recado, y lo
importa un bledo cualquier castigo que se
le dél
demás es cosa entre Hito y vos.
Cuando Nicanor llegó á las habitaciones
-¡Jamás será cosa míal-dijo la muchade Varia con el brasero en la mano, no en- cha prorrumpiendo en secos sollozos que
contró á nadie: la cámara de la hija de Eu- casi la sofocaban.-Hito me amenaza con la
demius, calentada á la temperatura del estío fuerza v el potro si rehuso; y aunque 81 tor•
y llena de flores, estaba vacía. Lámparas mento peor, yo preferiría comparecer an•
perfumadas ardían con luz baja, oecilando mi señor en la cámara del tormento J ser
en sus colgantes bronceados y plateados; en destruida por la rueda, muriendo como
un hueco de la pared, un pebetero de plata una mártir.
Puso una mano Nicanor en el hombro de
que ardía esparcía en el aire una débil fragancia. Todo estaba tranquilo y pacífico: era la esclava y la dijo:
-Reflexionad si lo que acabáis de decir
un nido seguro y oculto.
Procedente de otras habitaciones más inte- es vuestro pensamiento. También yo soy eeriores, llegó hasta Nicanor ruido de voces: clavo, pero quizás pueda ayudaros.
La muchacha detuvo sus sollozos y repuso
una de ellas entonaba sonoros versos; otra, á
inte"alos, interrumpía, lenta y lánguida. Es- con angustiosa desesperación:
-He intentado conmoverle varias vecea
ta segunda voz hizo palpitar el corazón de
Nicanor, el cual, apoderándose de una cam- sin conseguirlo. Y.tengo la segu~dad de que
pllllilla que sobre una mesita babia la hizo si ahora insiste Hito en sus peticiones ya no
es por mí, sino porque no sufran su 01111llo
sonar.
.
Suspendióse el recitado de los versos,hubo y su amor propio.

AMOR DE DA~IA Y AMOR DE E:iCLAV.\

145
-Pues entónces,-dijo Nicanor-de 11ada la cruz ... Todo ello-añadió Xicanor riéndoserviría que yo le llevara vuestra negativa. se-formó la base para un buen cuento que
Contádselo á vuestra señora,que seguramen- más de una ve;: he utilizado adaptándolo á
te os protegerá.
. fines míos propios.
- 1Iuchas veces lo he intentado. Pero
--:Mientras permanecí abrazada á la cruz
siempre estím delante Neri~~a y otras escla- -elijo la e::;clava-un hombre de lo~ qu~
"'ª"', ~- adern:·1s ~e me ha ad\·crtido que yo había entre la multitud gritó: «Muchacha
no debo hablará nuestra ama mientras ella que viene el sacerdote: corre á recibirle». Y
no me lo ordene; que si tengo algo que con- yo, que eslaba próxima á de;;fallecer de mietarle, que se lo diga á Nerissa, para que ella do, no supe hacer otra cosa que empezar
lo haga saber á mi señora. Y cuando di110 á á correr nuevamente siguiéndome tocia la
Nerissa _y á mis compañeras lo que me p;;;a, multilu~. Al_ llegt~r al río, el hombre aquel
se ríen y me dicen que no hav motirn para me arroJó al mtcnor de un bote y &lt;lió dinero
que yo no haga lo que otras han hecho. ¡Son al barquero para que remara velozmente ...
peores q u e Hito,
Y como dominada
amigo 'inio!
por
otro pensamienY al· decir esto,
to, preguntó después
Eldris cruzaba las
de una ligera pausa
manos ~obre el peá su interlocutor:
cho y temblaba.
-¿~[e habéis di- -Confiad en mí,
cho
_que mi per:¡ecu-contestó Nicanor
ción por Valerius os
tranquilamente. h a sen·ido pnra
Yo os a yudaré con
un cuento ... ¿,E~
mi ingenio v con la
que acaso sóis ese
fuerza que ·poseo ...
maravilloso n a •
Vamos á ver: si os '
rrador de
abrieran las puercuernos,
á
tas, ;, pod riais escaquien 11 apar de aquí?
man füca-Ko tennor el de la
godinero ni
lengua de
á donde ir,
plata·~
- responNicanor
dió Eldris.
rió dulcemen-Dinero
tampoco
te y sus ojos
brillaban de
tengo y o;
pero podrh
manera ex 1
ser que
traordinaria.
unos ami-Si, yo soy
gos mios os
1icanor.-d1f.ude111iu~ ali,ú íucrlcs latigazo~ al 1·ie; o csrlaro ~!are·,~
recibieran.
jo, al tiempo
. ,
que su oído
.Medio rt&gt;signada y medio desesperada enc?gi~se El&lt;lris de hombros, y ante este'mo- l'.~rc1b1a el ruido de un_os ~asos que se aprov1m10nto rnlvió á fijarse Nil!anor en sus va- ximaban ~esde las hab1tac1ones interiores.
-Alguien viene,-advirlió á Eldris á la
gos recuerdos, y preguntó á la esclava:
vc'.1. que decía en voz alta:
'
-¿Sóis vos la que fué comprada en ThorEs
muy
pesado,
yo
lo
lle\·aré
hasta
la
ney á_ un comerciante de esclavos por un tal puerta.
V,aler1us, y que se ncoió á un santuario al
. 1~ cogiendo el brasero se puso en marcha
pié de una cruz cerca de la iglesia de San
ha~ia_la puerta. seguido por la esclava ElPedro?
--Sí,-contestó Eldris alarmadn.-;Cómo dr1s, a la que dijo rápidamente y al oído:
. -;-Tened por seguro que nadie se atrevelo sabéis?
·
ra a hacer nada contra vos esta noche. Y en
" :-Vi vender?;~- Cuando Valerius os per,i,,mó hasta el pie de la Crllí:, yo corrí tam- en cuanto á mañana ... mariana será otro día
.
b!én. Yo fui el que buscó el sacerdote. y vol- y es in~lil al?~n!entarse ~oy.
Eldr1s le d1r1g16 una mirada de gralilucl. \'
VI con él, pero ya no vimos á nadie. Muchas
veces me he preguntado qué habría sido de tom~ndo el brasero pasó el umbral y la~
vos r de la gente que se reunió en rededor de cortmas cayeron tras de ella. Entonces, Kj.
canor abandonó ac¡nel lu2ar, no ~in detener

�146

POR ESOS MU~DOS

á

_ ¿Y cómo va á ~aberlo teniendo tantas
su servicio? Una esclava más ó menos e,;
asunto de poca monta en esta casa.
.
y de~apareció, internándose _en la ob~curi\'lll
dad mientras Nicanor maldecia:
~¡Que los dioses te hieran con la ~u.ert~
Al salir tropezó con un hombre que ma1·chaba en sentido contrario y que ~n v~1. alta y con la ruina, malYado y grosero c_rnnmal.
Como el aire de la
le dil'iuió un juramento. Reconoció N1canor
noche
era muy frí?.
la elo;uencia de Ilito, el cual, al co~?píi~o,e á pasear arnccrlc á su vez. cambió de tono Y 1~ d1JO:
ba y abajo sin hacer
-- ;,Eres tú? Xo te ha~ía con?cido en
el
menor ruido a 1
la obscuridad. ¿Cumpliste 1m
andar.
Los pensaencargo?
•.
mientos de Nicanor
-Sí - contestó ~1canor con
va"aban
desde la csindifcr~ncia - pero la c~cl~,:á
0
da\'a del pelo negro
que buscáis está de serv1c10
hasta Varia, sin decon nuestra ama e.,ta
jar
d e parar,e en
noche.
t
jforio preguntándo ·
Y lanzando luego
se una vez má'l por
una brcYe carcajada,
qué callaba ést~ y _no
añadió:
lleYaba á la pracltca
-En realidad, Hiel castigo con que le
to, os diré que O'l
había amenazado.De
creía con más gusto
pronto, vió una luz
en cuestión de mujeque
descendía por la
res. No sé cómo os
escalera, reflejándose
ha gustado la esclava
en la pared, y un
Eldris, con sus ojos
grupo de cuatro perorandes y feo;:, con
.,
. á
sonas, llevando una
una cara que Jnm s
de ellas una antorsonríe, el pelo cual
cha. Cauteloso como
la cola de una yeel gamo que olfatea
gua, y con un cuerpo
el peligro _en cada
dclgadísimo, c o m o
rafa"ª de viento, rcde muchacho que
troc~dió Nicanor al
está creciendo.
l'spacio q u e en t~c
-Lo sé.-dijo Hidos columnas hab1a
lo iqriamente al ver,
'
para esperar y vigise obligado á defenlar. Y vió en el cender su gusto-pero
tro del grupo al anes que nada me im~F ~,. tNiANTf
ciano
.Marcus, fuerteporta la muchacha;
'mente
sujeto, batasino que me ha deHito diú i Nicanor un cncar~o para que 10 ~um¡,liera
liando
y ch i Iland¡¡
safiado, despreciáncerca de un11 de las esclavas de Vnra11
como el perro que Si.!
dome ¡y por la caarrastra
hasta
el
sitio
donde va _á ser
bcz:t tic ~ni padre que me la,; p:t_gar.'l! Jur?
castirrado.
En
el
primer
momento,
Nican~r
vencer su obstinación y verla humillada á m1.
y pasando sus brazo,; por los hombros del no c~mprendió lo que sucedí~; pero de~pucs
se le ocurrió que aquello tema algo que ver
e:;clavo, le dijo suavemcn~e:
-Eres hombre de un manera. de p~n- con él y que le convendría averiguar lo que
.
sar, y te quier~ y admir? t~s ~t:e.v1dos o~~,; pudiera ser.
-Lo llevan al tormento. -se dijo Nicanor.
y tu indiferencia y O!':adia ?ta?ohca~, ami,,,o
Nicanor... Mañana me tracra9 a la ~selava El- -Veamos cuál es el fin de este asunto.
Ligero y sin ruido, como _un gato, ma:chó
dris: necesito una hora de diversión con la
detrás del grupo por el pas11lo, mantcmengata atigrada.
.
.
La sonrisa de Hito al dee1r esto era diabó- dose á distancia conYeniente de la luz de la
lica.
.
. ant,&gt;rcha. Pero cuando llegó a la puert_a que
_ y nuestra ama,-indicó Nicanor-;,qui• estaba en la extremidad del citado pas1llo, la
&lt;lira cuando sepa que hemos molestado á encontró cerrada y tuvo que contentarse con
escuchar desde fuera.
una de sus doncellas?
antPs lo::; ojos en la oculla puerta &lt;l ue otras
veces había franqueado.

AMOR DE DAMA Y AMOR DE F.SCLAVA

14:7
Una lámpara de barro que daba débil luz
-¡Oh, si pudiéramos salvarle con vuestra
desde una piedra saliente de la pared deja- lengu1 de plata, vos que cantáis á los pájaba ver la puerta baja, calzada metálicamen- ros y á las mariposas, á las flores r á la prite, de roble negro. Nicanor no podía ver mavera, al sol y á la luna, al dulce amor y á
nada, pero á sus oídos llegaban por interva- la brillantez de la vida!
los, desde el interior, ruidos producidos por
-Pero no sé hacerlo, y además no acudiel chocar de cadenas y el arrastrarse por el rían los dioses en mi auxilio. ~No sabéis que
suelo un objeto pesado. Se recostó sobre la en los lugares donde yo cantaba, en los panpared del pasillo, lleno de la mayor ansiedad, tanos ni en los campos de helechos, no hay
y de pronto oyó adentro una charla frenéti- dioses, como no los hay en las montañas en
ca, sin significado alguno. bestial, horrible- que yo cuidaba del ganado? ¿Qué dioses bamente penetrante. Nicanor sonrió y dijo bían de vivir en tales sitios?
para sí:
Dentro de la ha- ¡Bien hice,
bitación,
los quejia u c i ano, en
dos
se
habían
extinarrancarte el
guido cambiando en
aguijón! ¡Quizás
imponente silencio ,
sentirás ahora
al tiempo q u e rehaberme s o r •
pentinamente I a
prendido en el
puerta
del salón de
jardín!
tormentos se
La charla inabrió, dejando
inteligible degeYer e I interior
neró repentinade la habitación
mente en un
antes
de que Nigrito, para cesar
canor v Eldris
luego por compudiera·n huir .
pleto, quedando
Sobre una mesa
todo en silencio
de piedra yacía
sepulcral. Nicainmóvil
un cuern o r :e acercó
po , como cenmás á la puerta,
tro &lt;lel cuadro.
rígido el cuerpo
que completabajo el deseo de
ban dos esclaescuchar. Vo lvos medio desvió á oir desnudos cu s to pués de poco
diandolo . Tre~
ralo I os grito,;
personas se dide Marcu~, esta
r i g í a n háciu
vez agonizante,;,
aquel lugar, Eulargo!", continua&lt;lcmius, l\Iario ,
do~.
el médico Clau·Una exclamadio.
Eudemius,
ción que salia
Nicanor vió al andano ,rarcus conduciJo al tormento
c o n e I rostro
de entre la Sl'·
i o y gris,
miobscuridad y al lado suyo le hiw llevar se apoyaba rncilante en losíq.rr
brazos de los
la mano á la daga que ocultaba en la túnica. otros dos. Tras de ellos ma1·chaba un esclavo
Pero pronto vió que la exclamación partía con un gran abanico de plumas de pavo real.
de Eldris.
En el acto dejó caer Nicanor su &amp;ncallecida
-¿,Quién es?- murmuró ella temerosa- mano sobre la débil llama de la lámpara que
mcnte.-¡Oh! ¿Por qué no acabarán de ma- alumbraba el corredor, quedando este á obstarle y concluyen de una vez? He oído que- cura y librándose asi Nicanor y Eldris de
jas de dolor, y no pude dejar de venir.
ser vistos por su amo.
Eldris se tapó los oídos con las mano,- y
Nicanor entró en la sala de tormentos
se extremeció.
donde varios esc]ayos se ocupaban en cubrir
-Es posible que nuestro amo no huya el cadáver de Marcus r en limpiar el suelo
or :enado que muera,-observó Nicanor.
con arena para quitar las manchas de sanLos clamores de la victima degeneraron gre. La sala era circular, de toscos bloques
repentinamente en gemidos. Eldris se cubrió de piedra: con dos puertas. Frente á una,
el rostro con las manos, diciendo:
en la que permanecía Eldri.a que no quiso

�AMOR DE DA~1A Y AMOR DE ESCLAVA

148

roa

ESOS MUNDOS

Se volvió y la vió entrar en la sala, con las
entrar, había un dosel elevado en el que se manos cubriéndose el rostro y sobre ella la
hallaban dos sillas y una lámpara sobre alta mirada fija de Hito.
.
columna. En rededor de las paredes colgaEn aquel momento, nada era Eldns p~ra
han instrumentos de guerra, de torme~to y Nicanor y hasta podía ha~erla maldecid.o
de caza: cadenas con pesadas bolas dehterro; por interponerse en su camrno cuando ten~a
un armero con lanzas y otro con gran~~s necesidad de todo su ingenio Y, su astu?ia
espadas de bronce de boja tallada y br~m- para salvarse; pero como la babia pr?mehdo
da y una colección de dagas con los terribles
que nadie la tocuchillos cortos
,.,....-:-:,- - - - - - c --,;;;,a
caríaaquellanousados por los
che , s e e e h ó
sajones . Tam •
sobre Hito y le
bién había e n
dijo en tono salesta sala arcos
vaje:
.
de seis piés, co-¡No hagárs
mo los usados
nada á esta es~~~~
cl~
de Numidia; ar-¿Y qué tiem a d u r a s de
nes que ver con
bronce con esella?--dijollito.
cudos v coro-¡ S p o r u ~ ,
nas; yelmos, con
Quartus, ven~d,
e i m eras de
y atad á este inbronce y hierro;
dividuo!
una cama estrePero Nicanor.
cha, de madera
sallando como
y hierro, e o n
el tigre, llegó á
pernos y tornila puerta,!~ emllos para separar
pujó con violen~
músculos de
cia y la cerro
músculos y arpara que nadie
ticulaciones de
entrase alli. Griarticulaciones, y
t ó Hito y s e
u o recipiente
apresuró á diricon un grifo por
girse á la s eel que cae Pl
gunda puerta,
plomo hirviendo
por la que él hagota á gota al
bía llegado .Y en
interior de un
la que Eldr1s esbaño donde se
taba; pero otra
colocaba al mar-.--vez Nicanor antirizado.
duvo listo, é inNicanor, que
terponiéndose
en cierta ocaentre el capataz
sión, había visto
Hilo empezó á dar fuertes golpes con la mano á Nicnnor
y la esclav~_. sin
á uneselavo lan. l
apartar los ojos de su feroz enemigo, d1JO al
zando ª"'11dos gritos, sentado allí
m er oido de la muchacha:
.
d .
minabl:s horas, encadenado á un aneo e
-¡Animo, amiga mía! _Ilu~d Y. marcha a
piedra recibiendo las gotas de plomo so_bre Thorney, donde buscaréis a t..1c?demus, el
su afeitado cráneo, sintió ahora el . t~rnbl: tuerto, c¡ue tiene una taberna: decidle que os
don de ver;;e á si mismo en el s!l10 qu
yo.
ocupó su compañero de sen·1'd um bre, y apre - envio
y levantando
la voz, para que fI't
i o oyera,
tando los dientes murmuró:
sa
exclamó:
.
•1
- -Esta noche huiré de esta ca .
-ld á vuestro cuarto y ence~-raos en e.
Veremos lo que nuestro amo opma sobre esIX
tos hechos.
ó
Enpujó á la esclava hácia afuera y cer~
Pero ni siquiera intentó verificarlo, pues la puerta. Como Jfüo sabía que esta no tema
cuando los esclavos salian por la otra puerta cerradura, se le ocurrió ha_cer un .esfuerzo
con sus cogedores de arena, Nicano! oyó un para dirigirse hácia ella, gritando a la vez
grito que partía del sitio donde Eldris estaba.

Pt

149

con toda la fuerza de sus pulmones en de- puerta que se abría, y soltando á Hito, que
manda de socorro~ pero Nicanor, silencioso, formando abyecto montón cayó al suelo,
inexorable, le impidió el paso. No levantó la siguió él solo bailando. De soslayo vió á
mano contra Hito, pero permaneció como Wardo el sajón y á Quartus, que entraban,
una roca contra los golpes que empezó á y que al verle quedaron mudos de asombro.
darle el capataz, hasta que éste, cansado al Hilo, recobrando alientos, les dijo:
fin, cesó, para maldecir á Nicanor en nombre
-Atadme á ese loco: tiene dentro el diade todos los dioses del mal. De repente, los blo. ¡Sujeludle, encadenadle!
ojuelos de Hito se abrieron desmesuradaY así se hubiera hecho instantáneamente,
mente, porque Nicanor empezó á oscilar de puesto que la palabra ele Hilo era ler, si una
uno á otro lado, suave y rítmicamente,acom- persona de cuerpo alto y voz gruem no hupañándose con un run-rún de palabras, que biera aparecido diciendo:
decían:
-¿Qué signif,ca todo esto?
-¡No huyáis, dulces ninfas,hermosas muLos e.clavos conocían la voz de Mario, el
jeres! ¿De dónde venís? ¿Sóis vosotras los huésped de su señor, y lodos ellos se volviesueños, radiantes doncellas? ¡No, no os des- ron y cruzaron los brazos maravillándose de
vanezcáis! ¡Quién os envía á mi con vuestros que el capitán romano tstu,·ies, allí á aquemantos de oro y perlas, los bucles enloque- llas horas.
cedores, con campanillas en los tobillos y un
- ¡Ese individuo tiene el diablo, señor!tambor en las manos? ¡Bailad, bailemos to- clijo Hito, haciendo un esfuerzo.-,\ mi me
dos ante nuestro amo, que quizás encon- ha obligado á bailar hasta que me ha dejado
tremos favor en él!
medio muerto.
Y puesto en pié frente á Hito comenzó á
~fario miró á Nicanor, y en su rostro
bailar con las manos colgantes á los costa- observó éste que lo babia rnconocido y que
dos y el rostro sin expresión alguna. Hito le sentía la satisfacción de un triunfo cruel.
preguntó:
Cortó el discurso de llito y le dijo:
-¿Qué te sucede? Vuelve en lí, necio,
-¿,Quién es ese esclavo?
vuelve á tus sentidos antes de que te azote-Señor, ·le llaman Nicanor.
mos.
El rostro de .Mario
- ¡Baila, conmigo! -díjole Nicarecobró la anterior y
nor, cogiéndole por las manos y
altanera calma, en la
danzando con él por toda la longique había mezclada
tud de la sala.
cierta satisfacción.
-¡Déjame! - bramaba furiosa-Bien, - dijo mente Hito, dominado por la fuerza
pues como está loco
de Nicanor.-Déjame, yo te lo mansería mejor llevarle á
do: no quiero bailar más.
los calabozos. De e~a
Nicanor no hizo caso, y siempre
manera podréis obcon la garra sobre las muñecas de
servarcuánto le dura
Hito recorría una y otra Yez la sala
esa locura, para que
saltando y baicuando se 1e pase
lando. C u a n d o
castigarle debidaaflojaban sus pamente.
tios por verdadera
Después, emimposibilidad de
pleando tonos aucontinuar en e 1
toritarios, añadió:
mismo ímpetu el
-Tened cuidab a i 1e , Nicanor
do que no sufra
arrastraba á Hito
daño alguno. Teel e u a I gritaba
ned le solamente
COll e1 ro s t ro
Kf ... , ,r-•, b i en asegurado
amoratado:
para poder entrn-Deténle, Nigarlo cuando
canor, ó morirevuestro señor lo
mosde cansancio.
ordene . S a b e d
Nicanor ~e vió rodrado en rl calabozo de ralns y rnl&lt;•nes
¡No puedo más,
q u e habréis de
me falta el aliento, tén un poco de piedad! responderme con vuestra vida de la suya.
¡Oh! No be debido contrariarte: haré lo que
Se envolvió en su capa y abandonó aquel
quieras si me dejas libre.
•
sitio, dejando á los tres individuos estupefacPercibió entónces Nicanor el ruido de una tos ante lo que acababan de oir.

--

�OFÉLIDAS

150

El primero quedió rienda suelta á su asombro fué Hito, que dijo:
-¡Con nuestras vidas respondemos de la
tuya! Ya veo, señor esclavo, que te den importancia. ¿Qué has hecho al favorito de
nuestro amo para que dé tales órdenes? Pero
á mi no me engañarás mas, ténlo por seguro: dentro de uu rato el capitán se olvidará
de ti, y entónces será la mía... Quartus, pon
las cadenas á Nicanor y á los calabozos
con él.
-Perdonad, nos han dicho que no se le
haga daño por ningún estilo,-se aventuró
\Vardo á decir, pues Nicanor hahia hecho
muchos favores al buen sajón, como camara·
da, y Wardo no los olvidaba.-Si le encadenamos sufrirá ataques de mayor furia, ,.
es posible que se haga daño.
- Llévatelo, sin las cadenas,-dijo Hito.
Los dos esclavos se apoderaron de Nicanor, y \Vardo le hizo señas mientras !lito se
ponía en pié.
Nicanor se sometió con gran repugnancia,
obligado á confiar en aquella seña de War-

do que, después de todo, era mu y frágil
indicio para tener fé en él. Lo condujeron a
un pasillo lateral, bajando después unos escalones húmedos y escurridizos hasta las
profundas cuevas donde estaban los calabozos, medio de piedra, medio de roca ,•iva,
cuyas paredes brillaban con el lustre del viscoso barro cuando la luz de la antorcha caía
sobre ellos. En la más pequeña de estas celdas fué encerrado Nicanor. Ex:tinguióse la
luz de la antorcha en el momento en que se
rerró la férrea puerta, y una obscuridad densa envolvió al prisionero como manto rellio.
Habló entonces Nicanor en alta voz y lan:t.ó una carcajada que resonó en aquella pesada tranquilidad:
-Cuando el amigo Hito aspire aire bastante de~pués de sus cabriolas para poder
recordará su esclava, estará ella tan lejos
que podrá reirse de él.
Reinó el silencio, y Nicanor se vió rodeado
por ratas y ratones que empezaron á hu~mcar al intruso que se había apoderado de
aquel lugar.

Ficueira da Foz, vista de,ide el mar

PLAVAS VERANIEGAS

(Continuará.)

llusfraciones de Reinet In{ante.

FIOUEIRA DA FOZ
=-5=1=-5=]!:==~D.0=='-=~

.®:@:~:~

OFÉLIDAS
Ni el amor, ni el poder, ni la fortuna,
son ya debilidades que me acosan.
:'\fo resta una flaqueza: ¡toda,ia
estoy enamorado de la gloria!
Nuestras citas no guarde~ ni asegures;
déjales el peligro.
¿,No ves que son tan bellas porque el miedo
les presta su incentivo'~
Aún no platea mi primera cana
y jóven llevo mis viriles años;
mas si vieses por dentro mi cabeza...
¡qué cabellos tan blancos!
La humedad que en mis ojos aparece
cuando te oigo, no sé cómo se llama:
es la vibrátil sensación del que ama,
que no es pena ni gozo ... y enternece.
MANUEL S. PICHAROO

.

e

el problema del veraneo se pre
co
• dhacer' Diosm·
· 10,qu é 11acer~.
scnta ant I d. h
· llanYtanlejos!¿Qué
abandonar Ía ~,fa vic o:o mortal que puede ' h . n una guia e ferrocarriles en la man~
busca de a·.
. cor e para marchar en }_ asta c?n un mapa completo de Es aña
11cs sanos y f·
¡ •
s1 es preciso, se buscan parles d
p ,
pre,;tcn alivio á sus fati"adroescas_ Jrb1sas que se
consultan horarios de tre . e ,·erane?,
la rud·1 1 b
.
º
s m1em ros por
' ª or del rn vicrno lle
¡
ñan playas, se calculan di nes,_ se escudride elegir
.
' ga e momento
Bla~ciac:, se comcal , __p_un 1o veran1eg,&gt; para soportar los paran climas • .
se sigue en la mis\"a~~!::;'.vales, y entonces son las eludas y ma i11dcci~ió~
. 1 a gente, y ¡:obre
nes.
todo los
r¡ue forman
¿San Seel vecindabas t iá n?
rio de este
Ha y que
)faclrid,imvestirse
JlO~iblc de
mucho.
aguantar
,:_Bia rritú
en el veraTambién es
no, es ruti()laya lujonaria) ape~ª, y luenas sabe
go ... j&lt;'SO de
salir del calos cambios
mino trillaY de r¡ u e
do y martodo el
eh ar por
mundo halos mismos
ble en fran1
senderos
cés!...
"uerId
· la Catalina
.· , ,
• ¡·'•Fl
'
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•
o e San
1
.,,.~coria
~ E'! como
q u e otros
darram·1··~
S
r¡ucc1ar:,c en )ladrid. ;Gua- t raza r O n Ir . 1
'
·
us
pueblo·
so
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contemplar
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mis~
as
_e_t~rnas
p_layas
para
11 l
sus medí . d . 1 ~ •
an costosos en
11SaJe, r ¡:¡ es posible
o-, e VJda.¿Asturias ó Galicia? ¡Pi- recibir la imprc ·ió
" n e as m1~mas olas, es
UAXDO

a~ p~~t!i•

º/ª

�152

F!GUEIRA DA FOZ

POR ESOS MUNDOS

Cámara Municipal, en la Avenida Saraiva de Carrnlbo

Playa de bai\os

conocidos. Portugal se halla tan cerca de la
el sueño dorado de todos los que veranean. capital de España como muchos de los pun¿A qué fatigarse en trazar nuevos planes, en tos de la costa á donde acuden veraneantes.
adquirir noticias de cómo se pa;;a en tal ó Las alabamas á sus playas y á su mar, tan
cual lado, y en llegar á puntos desconocidos'? profundo como el de cualquiera otra parte,
Nada, nada: hay que irá donde ya se conoce eran generales. ¿Por qué no ir allá?
la población y donde se ha tomado confianza
Y, efectivamente, hubo quien se lanr.ó hábasta con los bañeros. ¡Siempre la rutina!
cia las playas portugue=,as, y satisfecho de bió quedar de su hazaña cuando volvió al año
siguiente en compañía de amigos suyos; y
así, de uno en olro, los españoles aprendieDe pronto, álguien pensó y cayó en la ron el camino y las playas pm:tuguesas figu•
cuenta de que no todo el mundo era San ran ahora entre los lugares donde puede veSebastián, S'intander, Gijón y lugares harto

Casetas en la playa lle baños

153

ranear un madrileño y quedar encantado de
la elección.

**

A Figueira da Foz llegan todos los veranos cente_n~res de españoles que buscan en
aquel dehc1oso l~~ar fresco, aire de mar, paseos frondoso;;, sitios saludables tranquilidad
y reposo.
'
El ilustre
Luis Taboada, de
memoria
inol vida•
ble,ha contado centenar es de
veces las
excelencias
de aquella
playa, y á
su voz se
unieron las
de otros
muchos escritores españoles. Es
inútil aho-

unen los entretenimientos de la población
donde se procura distraer el espíritu del qu~
hasta allí llega.
El mar, rompiendo bravamente sobre el
cabo l\londego,. si1 ve de punto de llamada
para las excursiones y paseos de los anochece1~es, y en aquel trozo de costa, donde las
penas entablan de continuo pasivo duelo con
los ímpetus
y arrebatos
de las olas,
óyese ha biar español tanto
como portugués.
A la playa acuden
por las mañanas, no
sólo los bañistas, porque esto
último es lo
lógico, sino cuantas

�FIGUEIRA DA FOZ

156

POR ESOS MUNDOS

164

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•

Vista de Buarcas, en Figueira
Muelle de Doca (lado sur)

extranjera, y el mar se·presta gozo:? á ser
por completo poseído por los bam~tas, al
propio tiempo que el sol, complaciente y
explendoroso, inunda el cuadro ?e luz.
De pronto, pasa una fi~ura airosa, suelta.
Es una mujer toda vestida de blanco. ? e
ella sólo se distingue coloreada una sorr brilla.
l t · t d
Su presencia anima por comp e º. a o o
lo largo de la playa, y las conversa?1ones femeninas se suspenden por bre_ves rnst~~tes,
mientras las miradas masculinas se dmgen
hácia ella.

-- -~No la conoce usted?

---Es
No.la Fulanita, la artista d~l easmo.
.
Fulanita suele ser francesa. Aires de_boulevard la acompañan, y si en a~uellos rnstantes lanzase al aire sus candenc1osasnotas una
orquesta de hadas, Fulanita, dejada llevar
de su métier recocreríase las faldas, echarías~ airosam~nte 1a° sombrilla sobre el hombro derecho y comenzaría á entonar en voz
mimosa y dulce un r:ouplet. que recordara
Folies Bergeres ó MangnY·
Fulanita es la que hace dos noches cantó

Muelle de Doca (lado norte)

vos. Hay que vivir esas horas en que el día
muere después de habernos prestado todos
sus alientos, hay que encontrarse en plena
es una nola alegre y simpática que trae re- Naturaleza y hay que olvidar por completo
los paseos y las calles de la población donde se
cuerdos de otras tierras y otros mundos.
Fulanita pasa por la playa y las conversa- pasó el invierno y donde volverá uno á meciones femeninas cesan, mientras las mi- terse en cuanto lleguen los primeros fríos,
radas masculinas hácia ella se dirijen. Los para continuar el engranaje de la vida y deniños juegan y las olas siempre complacien- jar que de nuevo se apocleren de nosotros la
tes se dejan acariciar por los baüir,las. El fatiga que produce el trabajo, los sobresaltos que
sol ríe ...
traen consigo las pasiones y
los enconos
El Monque engendego présdra la reuta,e gustonión contiso á q u o
nua de se
por sus
res semeLran quilas
jantes.
aguas sur¡Oh, no!
quen los
Hay que
barcos que
aproveconducen á
charse de
los alegres
1as horas
veraneande paz y
tes.
Puente sobre el Mondego
tranquili¿Qué hacer en las largas horas de las tardes? Pasear dad con que Figueira nos brinda, y á cada
en bote, pescar, dejarse deslizar por aquellas remanso de su río y á cada revuelta dc:l
rumorosas aguas que plácidamente se des- camino hay que pararse y tender la vista
lizan sirviendo ele fácil conductor de vehícu- para adquirir la seguridad de que, aunque
los donde la alegria reina. Hay que pa,ear momentáneamente, acruello nos pertenece y
por el Mondego, como hay que visitar los ,le que la Naturaleza aún guarda expléndipintorescos arrabales de Favarede, el san- dos dones para quien sabe admirarla. Lejos
tuario de Nuestra Se11ora de la Encarnación, de las ciudades nos encontramos y hasta allí
el cabo Mondego y pasear por la Flora de La- no llega su ensordecedortraqueleo, sino que,

en el pequeño escenario del Casino La petite tonquinoise, ó la que llevó á aquellas
playas y popularizó la matchiche. Fulanita

�156

FUÉ UN AMOH ...

sión de un pueblo es tan respetable como
sus momentos de enojo. Afortunadamente allí
no existe esto último: nos hallamos en una
plava de verano, en un puerto hasta donde
·
no llegan
1as pasiones que se
agitan en
las grandes
ciudades, y
donde todo
e I mundo
ha acudido
para pasar
agradable mente una
temporada.
Figueira se
divierte, y
Llega la
no
hay más
noche y por
remedio,
es
las abiertas
preciso ser
J\!crcado y jardín público
ven tan as
uno de tande los locales donde se rinde culto al arte, más ó ma- tos y lanzarse por aquella noche á lo~ tornos animado y sujeto á las puras leyes de la bellinos de una vida que nos recuerda lo
estética, salen oleadas de música alegre y invernal de nuestros pecados. Afortunadamente, allí está el mar, allí está el sol, allí
retozona.
están
los árboles: ellos nos curaron de las
La voz menudita, gatuna, de una mujer
toda vestida con lentejuelas plateadas, llega fatigas de la noche. Figueira da Foz es p~óbasta nosotros y nos invita á entrar y con- diga en remedios; la Naturaleza e_s su meJ01:
templarla de cerca. Fi_g~eira da Fo~ en médico: fatiguémonos en ella, sm pena ni
aquellos momentos se d1V1erte, y la d1ver- cuidado, que la botica está cerca ...

por el contrario, la paz de las grandes ub~a_s
del Creador nos circunda. ¡Paz y trariqmhdadl Ficrueira nos conforta y hace que nuestro áni~o repose de las fatigadas luchas
de la vida.
Los árboles, el cielo, el mar,
lodo, todo,
11 os sirve
en aquellos
instantes
de apacible
y dulce
consuelo.

A. R. BOK~AT

FUE UN AMOR...
Fué un amor que mi mente acalorada
forjó en matices de color de rosa;
fueron anhelos de alma en que rebosa
la ilusión juvenil encarcelada.
Llegó á subir la cumbre rebasada
de venturas, y escrito en tosca l?sa,
hallóse esta inscripción tan deleitosa:
cNo olvides nunca la mujer amada• .
·Que la olvide? ¡Imposible, antes la muerte!
N;·ha de olvidar quien quiere ~e esta suerte
y lleva siempre sobre sí esculpido
el recuerdo que tanta vez bendice
al acordarse de él, y que así dice:.
«Fué mi primer amor, y no lo olvido
FÉLIX

G. IDfBlD

FORMANDO CIUDADANOS

CÓMO SE ESTUDIA EN RUSIA
ninguna parte del mundo gozan las
E universidades
y los estudiantes la estiN

mación que se les tiene en Rusia. Para el
ruso, el catedrático de uno de aquellos centros no es simplemente un hombre científico
que enseria química, matemáticas ó leyes á
cierto número de jóvenes en la forma que
lo hace el profesor de cualquie · colegio;
Rino que está considerado como un filósc fo
entusiasta de la asignatura que explica,
hombre que l1ace historia, y no que se deja
llevar por los sucesos históricos, y que posee
necesariamente una chispa del fuego sacro
con la cual inspira á sus discípulos la adoración á la ciencia y á la verdad. En cuanto al
estudiante tampoco es para los rusos el jóven
que aprende ciertas a~ignaturas para llegar
á ser, en tiempo oportuno, doctor ó licenciado en ellas y tener así una carrera; sino
que es el adorador de su ciencia ó de su
arte, á los cuales rinde fervoroso culto, un
investigador de la verdad, uno de esos á
quienes los grandes problemas filosóficos de
la inteligencia humana interesan y hacen
reflexionar más que las pequeñas y miserables cuestiones del egoísmo personal. Esta
es la tradición: así fueron cuando concurrían á las aulas de las universidades todos
los que hoy son grandes hombres en Rusia,
y así son los estudiantes rusos del día.
La gran masa de esos estudiantes procede de la nobleza baja y de las clases medias
su periores: los pequeños terratenientes y
ricos comerciantes, los empleados de la Administración civil, los literatos, los doctores
y la gente profesional de todas las clases,

hacen cuanto pueden para enviar~ sus hijos
á la universidad. Lo5 hijos de la más alta
nobleza llegan á este centro docente en escasa proporción, porque- la mayor parle de
ellos ~i~~!1 la carrera militar y entran en
los regimientos como cadetes.
El trabajo que se exije al jóven antes de
ingresar en aquellos centros es considerable.
Debe pasar por las ocho clases de un colegio
donde el sistema de educación en boga durante los últimos treinta años ha sido estrictamente clásico, establecido, en rigor de
verdad, con el propósito especial de dificultar cuanto sea posible el acceso á la universidad y restringir, por lo tanto, el número de
admisiones en estas. Desde la edad de diez
alios tiene el muchacho que aprender mucho
latín y mucho griego; y como los estudios
clásicos jamás se han naturalizado por completo en Rusia, tanto que ni aún cuando mayor fama alcanzaban lograron otra cosa que
profesores indiferentes para quienes el estudio del espíritu de la letra era mucho más
importante que el estudio del espíritu de la
vida de Grecia y Roma, los tales clásicos han
sido motivo de constante molestia para los
discípulos sin que éstos hayan obtenido de
ellos los correspondientes beneficios educacionales. De esto resulta, además, que en los
cursos superiores del liceo ó colegio los jóvenes tienen que trnbajar mucho, aunque en
egle tiempo lo hacen ya con entusiasmo porque la idea de entrar en el sanctmn sancforwm les anima en sus esfuerzos.
Llega, por fin, el gran día: se han vencido todos los obstáculos y el jóven tiene ya

�158

POR ESOS MUNDOS

su certificado de matríc u\a en el bolsillo y
entra en una de las dcce universidades de
Rusia. Empieza entónces una nueva ".ida
para él. Queda en _libertad pa.ra c?ncumr ó
no á las conferencias de la umvera1dad, pue,
sólo él es responsable de los adelantos que
en sus estudios haga, los cuales tiene que demostrar en los exámenes que se verifican en
primavera.
Si asiste á
dichas conferen c ias,
durante los
primeros
meses vive
en una almó~fera de

pronto decide con sus más íntimos amigos,
lo que ha de' leer, discutir y estudiar para
penetrar en el santuario cuyo velo han levantado un poco los profesores.
Tan pronto como da comi.enzo el año a~adémico forman I o s estudiantes pequenos
grupos, de acue1·do principalmente con las
diferentes regiones de donde procrde_1. Ca~a
un1vers1dad atrae á
los jóvenes
de distintas
provincia-,
y que han
sido e d ucados en el
liceo de la

i

CÓ)IO SE ESTUDIA EN RUSIA

159

y aprender mucho más de lo que contienen dad no los emplea únicamente en aprender
los libros de texto. Poi· esta razón, el profe- una carrera, sino que también en ellos se
sor domé~tico es de gran utilidad en Rusia desarrollan los gérmenes de lo que más tarde
para los jóvenes estudiantes, pues les amplia puede llegar á ser la ciudadanía de aquel
los conocimientos que adquieren en la es- pai.;;.
El e:;tutliante ruso es siempre gran admicuela, y mediante sus lecciones, adaptadas á
la condición individual del discípulo, ayuda rador del arte. Si ha llegado á la Univer:;ial desarrollo intelectual del niño ó de la niiia. dad de Moscou, aunque se halle en difícil siEstos profe,;orcs se eligen por lo general en- tuación económica no estará muchos días en
tre los e4udiantes de la universidad ó entre la capital sin ir al 1\Lalyi Teafr (Pequeño
los alumnos de las clases más adelantada~ Teatro), cuna del drama ruso. Para el estudel liceo. En todo esto, en el mejor reparto diante no es el teatro un simple lugar de esde tales cargo,-, en la concesión de las becas pa rc; mi en to, sino un i:antuario donde
r hasta en la distribución de los trabajos de aprende el don de inspirar á las masas con
traducciones, interviene el Zemlyacltestva. idea" y sentimientos mejores de los que se
que cuida de cuanto se relaciona con los in- conocen en la ,·ida: llega por primera vez al
Jla!yi Teafr con el mismo respeto y sentitereses de lo, estudiantes.
También ha v restaurants de estudiantes, miento con que entró en las aulas de la •.mique generalmente se organizan sobre princi- versidad. En San Petcrsburgo, donde duranpios cooperativos. Para instalarlos, se alquila te todo el im·ierno hay ópera, se conYiertc
un local barato y se invita á alguna mujer de el estudiante en admirador de la música y en
experiencia que dirija ó maneje los gastos, Yisitante ordinario de las galerías altas de
mientras los estudiantes funcionan por turno sus teatros, de cuyas localidades espera el
como camareros, para lo cual tiene cada uno cantante la apreciació:1 de sus talentos en
su día señalado. t'or supuesto, que la comi- Rusia. En el desarrollo de la más elevada
da en estos restaurants no es suculenta, inspiración entre la juventud rusa, el drama
pues se sirve á precios ridículamente econó- y la ópera juegan papel decididamente importan te.
mico,;.
Por otra
Además
parle,el e:;de estas
trecho confunciones
T
tacto q u e
regulares,
existe
entre
ha" siemel drama v
pré algo
la universimás que
dad ejerce
hacer:
indudable an ualmenmente en
le _se orgaRusia un
n 1 za u 11
efecto begran conn e fi ci oso
cierloconla
para el leaparticipal ro. Tamción de esbién son lo~
trellas de
e,;tudiante,;
ópera, ó sn
ruso5 !!rancelebra un
cies a~igo~
baile con
de la conla cooperatroversia.
ción de los
Enlosinnuestudiante;;
'¡[nseñanza enunn clase de educación técnica en una unil"er,ida,J ru,a
mera ble~
femeninos;
y cuan lo se ohliene por estas fiestas se dedica círculos que constituyen tan p1onto como
al auxilio de los compañeros enfermos, á pa- se reunen después de las vacaciones estivagar la-, matriculas de los oobres ó al socorro les, son discutidas con verdadero'inler~s tode las víctimas de disturbios estudiantile&gt;&lt;. das las grandes cuestiones del día, científiy aun llega algunas veces hasta para la~ cas, filosóficas, literarias, artísticas y políti,·ictimas del despotismo en Siberia. En una cas. Estos círculos no tienen presidente ni en
palabra, la vida de los grupos estudiantile,.: ellos se pronuncian discursos. Atracciones
en Rusia es una vida ocupada, porque allí 1ersonales, simpatías individuales, algunas
el estudiante sabe que sus años de universi- veces la influencia de una personalidad roo-

�160

POR ESOS !&gt;tmIDOS

ralmente superior, determinan la composi- presentarse con un aspecto frívolo ante los
ción ae estas asociaciones de amigos, que amigos de su hijo; y la hija de e~te matrise reunen una ó dos veces por semana para monio, Yiendo que el profesor de repaso de su
discutir toda clase de asuntos en una peque- hermano no le presta atención alguna, coniia habitación, adornada con muebles anti- cluye por preguntarle tímidamente qué obra
cuados que 1a han visto muchas generacio- le aconsejaría para leer. Así e~ co_mo se fornes de estudiantes, y con la atmósfera llena man los hombres que en Jo,; inmediatos
de nubes de humo de tabaco á las que una veinte años han de imprimir el sello de su
individuavieja tetera
lidad f:obre
de latón
la vida poañade sus
lítica de
propias nuRusia.
bes de vaEl lector
por; habitade la hisción que es
roria ,ru~a
el bogar de
relativa á
cu a !quiera.
los a ü os
de los en
que siguieel la reuniron á la
d os. Este
emancipaes el carácción de los
_ler general
siervos
de..tales re(1861), s e
un i a ne s,
admira a 1
en las que
ver el conla mayor
siderable
parte de
número de
nosotros
hombres
hemos par na biblioteca de estu.Jianles rv•os
que saliesado alguron de todas las clases sociales dispuestos á
nas de las hora-; felices de nue:;tra juventud prestar su apoyo, colaborando desde posiy cuya impre,-ión siempre C'onc;ervaremos.
cione:;altamente responsables en la práctica,
El estudiante ruso es, e,•identemente, un á dicha emancipación de veinte millones de
gran lector, y ~e imprimen para él especial- !'iervos liberados. ¿De dónde podían venir
mente á precios asombroc;amente baratos las esos hombres cuando en )a antigua Rusia
obras filo~óficas de llerberl Spencer y de no había actividad, ni existían escuelas en
Guyau, y las obras cit•ntíficas de Darwin, las que pudieran haher:se formado? Pues
llaeckel, Wallace, Buckle, y así muchas más. procedían de los grupo,; de estudiantes que
También para el ei;tudianle ruso rirnlizan Turgueneff ha mencionado varias Yeces con
entre si por tratar con la mayor seriedad tanto entusiasmo en sus novelas; grupos en
todas las grandes cuestiones del día, revistas los cuales se discutían las más importantes
mensuales mucho mas nutridas de páginas bases de la emancipación de los siervos,años
que las inglesas y norteamericanas.
antes que esta emancipación llegara á ser
Todas las Universidades de Rusia se encuenrealidad.
tran en las grandes ciudades, y por esto y unaPasará
el tiempo y solo unos cuantos de
por lo comunicativos y sociables que son esos jóvenes conservarán el fue~o sagrado
los rusos, el estudiante que es maestro de que les inspiró durante sos años universitalos niños de una casa se vé muy pronto in- rios, mientras que el re:;to hablará de ~quevitado para concurrir á esta todoc; los días á llos años·con una especie de alta consideralas siete, hora en que se· loma el té, llegan- ción; y aun cuando éstos se hayan separado
do en poco tiempo á ser considerado como de sus compañeros con las más elevadas
un miembro de la famiiia . .Da esto como re- aspiraciones,sentirán de vez en cuando ~lgún
sultado el hecho de que los estudiantes ejer- remordimi1mto por su presente falta de ideazan influe~cia decisiva y grande en la so- lismo y desearán que sus hijos é hijas
ciedad. En presencia de un estudiante, el pa- conozcan por experiencia personal algo de
ter fcmiilias siente cierta intranquilidad en lo que ellos sintieron é hicieron durante los
expre,¡ar sus opiniones reaccionarias; la se- años que pasaro~ en las universidades rusas.
ñora de la casa parece algo avergonzada de
PRiNClPE KROPOTKIN

LOS PERROS PO LICIAS
cometido en .Aloorcón el n &lt;k Julio último descub ·
hu,Smeaba el lu9ar don&lt;k fué enterrada la víctima' del
/or ttn p~rro que
gra?t actualidad al sigrtiente artículo en que se relata la or anfz!~l:esta interés ':J
po~icla per1:1~na q1re existe en Gante, al propio tiempo que gse da cu,ent~de~~f _de
ba;os y utilidad qtre reportan dichos animales haden.do el servicio &lt;k polizO-:tes~ a-

El, crímen

as~~Iº

�162

POR ESOS MUNDOS

lugares inextricables, de ac- ~-: :____
---..,-..,,-'ll}.- ~ - - _ - - - - - - ; ; ; ~ - : - - - - - - ~ ~ ~
tuar como explorador , d e
perseguir rateros á velocidades que jamás puede alcanzar un polizonte bípedo, y,
en términos generales , de
infundirá su colega humano
un sentimiento profundo de
seguridad y protección? .
Examínese ahora la 1dea
desde el punto de vista del
mismo malhechor, y veremos
que e I perro policí~ . e~ita
positivamente la com1s1ón ~e
delitos que, rigiendo otro sistema, pudieron ser perpreta•
dos. Burlar á un agente _d_e
Cocina usada exclusivamente para
vigilancia ordinario es fac~hlos perros policias de Gante
simo en una noche de mebla cosa que nu es posible,
t'
1899 comenzaron á funcionar los c!iiens poen 'cambio tratándose de un buen mas i_n liders aunque entónces en pequena rcªt·
belga con ~ás marrullerías en su repertorio
Donde más indicado estaba el emp ~o e
que un hábil jugador de manos.
tan utilísimos animalitos era en las mmediaciones de la ciudad! ya que en tales luga*
res no pasaba noche srn que los m~lhecho*
*
El orígen de la institución arrane~ ~e_l
s cometiesen algún mal desagmsado, y
1899. Por aquel entonces, el _Mumcip10
~~n toda impunidad, desgraciadament~. ~sto
Gante, población donde á partir d~ 1854 se tenía su explicación: los agentes d~ v1g1_l~nencuentran perfectamente orgamzados los
. viéndose en . dichos suburbios ais aservicios de vigilancia nocturna, acord\_au- ~1a, y lejos de todo auxilio, los huían con
mentar el personal de agentes. Ahora ieni r~;a unanimidad temiendo tenérselas que
como Bélgica es un país pobre, no s?braba ~
haber con algo peor que una banda de esdinero ni mucho menos, en el erario ~um- tranguladores bengaleses.
l
ci al de Gante. Había que resolver la d1ficul~
Puede pues, imaginars~ cuán de per as
ta~ de algún modo, y de ella. se enca!g~ le areci'ó á la policía gantesa_ q~~ la doVan Wesemael, manifestando a _los ediles taian de colegas perrunos: preC1os1s1m_os coganteses, con toda seriedad, qu_e a faltabi:~ le as que habían de ser fieles acompan~nte~
a entes de carne y hueso pod1a muy
.
;,alerosos defensores, llevando al unsmo
~ ar la villa unos cuantos agentes carumpo el terror á las filas del crimen.
p g A los concejales hubo de encantarles la ieDigamos de pasada que lo_s perros trabasi bien antes de aceptarla totalmente . an en Bélgica como negros. Ves~les allí arras~:;~sieron la conveniencia de algunos ensr Jtrarpesadoscarricoches (espec1al~ente consyos previos. y en efecto, allá por Mario e
truidos para ese tiro) abarrotados de ropa sucia, de le~he
ó de pan, y á ~~ces, de Vl~jeros. Su doc1hdad permlle
engancharlos por grupos de
dos ó tres, y su fuerza y resistencia son verdaderamente pasmosas.
y O no había acertado á
explicarme la razón de costar en Bélgica un perro de
tiro bastante más caro que
un asno. Por fin, supe_ que
esa diferencia de preCio se
fundaba en que el perro camina más deprisa y se cansa
Perr,,ras de loa canu polizontes
menos que el burro, se man-

ªi~

~t·

i'

do Gante

LOS PERROS POLICÍAS

tien_e con poco, no necesita cuadra, y, por
último, puede enviársele al caer de la tarde
á buscar el ganado: una cosa que, evidentemente, no efectuaría el pollino más sabio del
mundo.
La policía gantesa no ignoraba tampoco
que su compañero perruno aventaja en la
carrera y en el salto al más atlético de los
malhechores, que nada como un pez, y, lo
que es importantísimo, que los colmillos de
un chucho no entienden de buenas razonE's.
De ahí que al cabo de unas cuantas semanas, y tras no corto expedienteo, se efectuasen en Gante los ensayos aconsejados por el
Municipio, ensayos que justificaron plenamente las esperanzas de Van Wesemael. El
servicio se inauguró con tres perros de seis
á diez meses de edad, siendo aumentado á
poco en otros dos. Al mes de esto, desem peñaban doce canes su misión de vigilancia
nocturna en el faubourg Courtrai, en los
docks, en los bosques y prados de las cercanías y en los solitarios parajes comprendidos entre Wondelgem y el boulevard de la
Industria.
El director de los servicios de policía redactaba informe sobre informe participando
al concejo las hazañas realizadas por los perros: eran tan brillantes que, á cada nuenueva memoria, seguía un aumento de vigilantes caninos. Cuando finalizaba
el décimo mes de experiencias, no
pudo menos de convenirse en que
el sistema era un éxito completo.
El perro policía entró ya por derecho propio á formar parte de la
fuerza municipal, con gran disgusto
de 1o s merodeadores nocturnos
cuyas depredacioRes y atropellos
disminuyeron desde entonces e n
más de un sesenta por ciento.
He aquí algunos preceptos de la
reglamentación , formulada espe-

163

cialmente por Van Wesemael, respecto al
empleo del perro policía. Son, en verdad,
curiosísimos:
•Los perros serán sacados á la calle al
sonar el toque de retreta, reintegrándolos á
sus perreras no bien se oiga el toque de diana. Tanto al salir á prestar servicio como al
regreso, irán sujetos con cadena, procurándose que esta sea lo más corta posible con
objeto de evitar que ataquen á un transeunte.
• Una vez en el sitio donde deben comenzar el servicio de ronda, serán soltados por
los agentes, á fin de que lleven á cabo las
operaciones de exploración y adquieran la
?ostumbre de inspeccionar las casas y granJas apartadas de la urbe, escondrijo obligado
de la gente de mal vivir.
,Los perros tendrán puesto el bozal durante las horas de servicio. No bien avisen con
sus ladridos 6 gruñidos que han descubierto
algo sospechoso, se apresurarán los aaente.3
á ir á su encuentro, despojándolos in~ediatamente del bozal, operación esta que puede
ser realizada con gran rapidez.
»No permitirán los agentes que se halague
ó acaricie á los perros, que solamente deberán esta: acostumbrados á obedecer á personas uniformadas. Habrá de tratarse siempre á los animales con dulzura, pero sin hacerles caricias más que cuando estas tengan
el carácter de recompensa p o r
los buenos servicios efectuados.
Al hablar á los perros, se empleará acento autoritario p ar a
habituarlos á obedecer en el acto.
»Aunque deberá evitarse en lo
posible el castigo de obra, á toda
uu:onaza habrá de seguir inmediatamente el golpe. Sin embargo, hay que tener presente que
todo perro castigado de o b r a
pierde bravura y vigor, pudiendo llegar á constituir un peligro

Lo, perro, pollclu de O«nte t la hora de su comida

�POR ESOS MUNDOS

165

LOS PERROS POLICÍAS

sus cuarteles, sin otra ocupación que acostumbrarse á obedecer las órdenes que le dan.
Pasado ese tiempo, empiezan á salir algunas
noches en compañía de un agente, á fin de
irse familiarizando con los toques de bocina,
silbidos y otras señales empleadas por la
policía. A cada uno de los agentes se les provee durante la época del aprendizaje perruno de un pequeño trozo de hígado; esto basta para q11e el educando vea en todo individuo de uniforme un amigo sincero.
Este amaestramiento nocturno se practica
de dos á cuatro horas, cotidianamente, por
espacio de un mes. Pasado dicho plazo, ya
se encuentra el perro en disposición de prestar su servicio reglamentario, actuando como
explorador y obedeciendo con precisión portentosa las voces de mando relativas á ataque, persecución, salto, nado y marcha delantera, zaguera ó en flanqueo.
Dirige la enseñanza un brigadier-controleur, vestido siempre de paisano, que está
encargado de simular ataques á los agentes, con lo que se aumenta de un modo extraordinario la antipatía del perro hácia las
personas no uniformadas. A todo agente de
seguridad se le asigna siempre el mismo
perro: es el mejor modo de que el animal cobre cariño á su compañero y de que éste
pueda llegar á tener absoluta confianza en
las indicaciones y en la protección del inteligente cuadrúpedo.

Hace algún tiempo, el campeón de los perros policías de Gante era un mastín llamado Beer. De él se cuenta que una noche sorprendió á cinco borrachos armando terrible
marimorena en cierta taberna. Despojado el
can de su bozal, lanzóse como un cohete sobre los alborotadores. Momentos después,
lo halló el agente agarrado á la pantorrilla
de uno de los apapaUnados, mientras los
otros cuatro huían como alma que lleva el
diablo sin curarse un ápice de los lamentos
del agredido.
Apenas el intrépido Beer hubo dejado en
manos del,gente su «buena presa,• salió
disparado en persecución de los fugitivos
quienes, por razones fáciles de comprender,

no habían ído muy lejos. Tal terror les inspiró el enfurecido can que los cuatro matones se le rindieron á discreción, siendo conducidos, sumisos y silenciosos, al puesto de
policía. Durante todo el camino, el victorioso Beer fué caracoleando gozoso junto
á su captura, cual si esta hubiera sido una
manada de borregos.
Casi tanta fama como Beer alcanzó en
Bélgica el perro policía gantés llamado Tom.
Y era una fama justa, según puede verse por
el siguiente episodio.
Una madrugada, tropezó Tom en sus exploraciones, con un astroso individuo abrumado
por el peso de enorme saco y de no menos
voluminosa cesta. Aunque al perro le chocó
aquello, imitó al hombre en lo de hacerse el
desentendido. De improviso, héte aquí á Tom
lanzando al aire un lastimero aullido. El
del saco apresuró el paso, mas á los pocos
minutos oyó que le daba el ¡alto! un policía.
Entablado el interrogatorio correspondiente,
hizose un lío el hombre sospechoso y acabó
por declararquellevabaenel saco tan sólo un
cuarto de oveja; pero como titubeaba en declarar la procedencia de la carne, fué llevado con su carga á la delegación de policía
bajo la eficaz escolta de Tom, averiguándose
allí que el prisionero había saqueado una
carnecería y una huevería en los barrios extremos de la ciudad.
Entre los perros policías actuales figura
Tippo, un can que aventaja á muchos atletas en la carrera, en el salto y en la natación. Tippo es el terror de los ladrones de
gallineros. En cambio, Azor, otro perro policía gantés cultiva la especialidad de los salteadores en poblado. Es frecuentísimo que
su guardián le sorprenda dando caza, á eso
de las dos ó las tres de la mañana, á un
ratero en plena fuga. Todo lo que resta por
hacer entonces al agente es quitar el bozal
á Azor. Parte este veloz como el viento, y
dos minutos más tarde ya tiene tendido en
el suelo y amenazándole con sus potentes
colmillos al amigo de lo ajeno. Esto dura
hasta que llega el agente.
El servicio de vigilancia nocturna se halla
encomendado en Gante á cien agentes y treinta perros, siendo destinados estos últimos á
los peores barrios de la población.

W. G. FITZGERALD

�HACIENDO EL MAPA DEL MUNDO

HORÓSCOPO DE LOS MESES

AGOSTO: SOL EN LEO
mes, octavo del año en nuestro caE lendario,
era el sexto en tiempo de la
STE

antigua Roma, y recibió el nombre que tiene en honor del emperador Augusto el año
8 antes de Jesucristo. Como el mes de Julio,
dedicado á Julio César, contaba treinta y un
días, y Agosto solo treinta, se le aumentó á
este un día para que no fuera inferior al anterior. Rige á este mes, desde el 23 de Julio
al 24 de Agosto, la constelación Leo, quinta
del Zodiaco, que es un signo masculino,
fiero, alterable, frío, que gobierna el corazón
y la sangre vital. Sus más altos atributos son
la posesión y el dominio de sí mismo.
Las personas nacidas en el período de la
cúspide, cuando el sol se encuentra en el
borde del signo, ó sea desde el 22 al 28 de
Julio, no reciben todos lo¡:; beneficios de la
individualidad de Loo,pero participan de sus
características y de las que distinguen á
Cáncer, que le precedió.
Los que nacen bajo Loo son bondadosos y
de carácter simpático y jovial. Su voluntad
es .firme y está combinada con el espíritu emprendedor y Ja perseverancia. Su porte exterior es perfectamente natural y sin pretensiones; en las conversaciones sobresalen en
las réplicas agudas, y siempre dirigen sus
pensamientos á un punto determinado. Leo
da á sus hijos imaginación elevada, espíritu
recto, dignidad que no se doblega y corazón
generoso; y aunque tienen un gran respeto á
la ley y á la autoridad, su imperiosa é independiente naturaleza les hace resentirse
cuando reciben órdenes.
Las aptitudes especiales del súbdito de

Leo son de carácter marcial. Saben captarse muchos amigos, á los que se unen por
gran afecto. Sus acciones son guiadas por
emociones é impulsos. Poseen un temperamento amable, animoso y magnánimo, pero
firme. Tienen fortaleza y nerviosidad. Son de
facultades muy perceptivas, voz profunda y
melosa y miradas llenas de amistosa simpatía. El paso de estos individuos es ligero y
flexiblP,. Su temperamento físico es nervioso-sanguíneo con excelente salud y larga vida. Encuentran sus mejores amigos entre
los súbditos de Sagitario y entre los de

Libra y Aries.
Las faltas de que adolecen son la trampa
y el engaño en los negocios, la prevaricación
y la pereza. Siendo los súb'ditos de Loo rápi•
dos en la observación de cualquier duplicidad
ó inconsistencia por parte de quienes les rodean, llegado este caso proceden con la correspondiente hipocresía y gran astucia.
Hay grandes probabilidades de que sean
felices en la unión los hijos de Loo con
los de Sagitario y Aries, así como de que
la sucesión sea fuerte y vigorosa.
Leo es el único signo gobernado por el
Sol, y á esta influencia solar se achaca la pasión é impetuosidad de sus súbditos. Sus joyas son el rubí, el diamante y el sardonix;
los colores astrales, el rojo y el verde; los
meses más felices para sus hijos son Enero
y Octubre, y el domingo uno de los días más
afortunados de la semana. La antigua tribu
hebrea sobre la que Leo ha gobernado era
la de José, y Verchiel el arcángel gobernante
del signo.

el Museo Arqueológico de Turin se
E
conserva un pequeño fragmento de papiro, cubierto de trozos y señales, sin signiN

indicaciones. Esta gran obra, que es al mismo
tiempo la más completa de cuantas en su género vieron la luz pública, representa la última palabra en la moderna formación de mapas.

ficado alguno á primera vista. El curioso
manucristo estuvo mucho~ años sin ser descifrado por los arqueólogos, habiéndose, al
LO QUE SUPONE HACER UN ATLAS
fin, averiguado no hace mucho tiempo que
el citado trozo de papiro es un antiquísimo
Probablemente será una sorpresa para
mapa-itinerario referente á cierta región aurífera de la Nubia. El tal itinerario puede ser nuestros lectores enterarse de la enorme
considerado como el patriarca de los mapas, suma de trabajo, de tiempo y de dinero que
puesto que data nada menos que del año envuelve la confección de buenos mapas.
Sépase, por ejemplo, que la impresión de
1370 antes de la Era Cristiana.
Los antiguos mapas-itinerarios egipcios una sola carta de las que componen el Atlas
eran conservados y transmitidos como he- de referencia supone, como término medio,
rencia en determinadas familias. Su origen cinco estampaciones distintas para obtener
parece remontarse al reinado de Ramsés II, los diversos colores. El papel, solamente, ha
ó sea unos 1.300 años antes de Jesucristo, de sufrir antes de entrar en máquina numeefectuándose entónces su trazado sobre ta- rosas manipulaciones relativas al desecado
y remojado. No es, por tanto, de extrañar
blillas de madera.
Al presente no subsiste el menor vestigio que la simple impresión de una carta ocupe á
veces un mes. Trade esos primitivostratándose de la formab aj os cartográficos,
ción de un solo mapa,
conservándose s o l o
algunos remotos mael tiempo que había
de invertirse desde el
pas asirios grabados
comienzo al fin de los
en placas de arcilla,
&lt;"trabajos, incluyendo
quedescubrió Layard
los de recopilación,
e n sus excavaciones
grabado y tirada, quide las ruinas de Nínive.
¡zás excedería de cuaNotabilísimo es, en
renta semanas, y eso
verdad, el contraste
efectuando las laboque pueden ofrecer
res con toda la rapiesas rudas tentativas
dez posible.
cartográficas, compaLa primera fase en
radas con las magnífi- Cart6cn,ro examinando con una lupa los detalles de un la preparación de un
cas producciones de
mapa en la piedra lito:1áfica
gran atlas es determilos modernos geógranar el número de mafos. Entre ellas, una de las más recientes y pas que han de constituirle. Si el número de
más hermosas es el Atlas y Diccionario geo- estos ha de ser corto, el trabajo preparatorio
grdfico que publica la importante casa edito- de elección no tiene nada de fácil. En camrial inglesa de Mr. Harmsworth, obra que bio, cuando el atlas ha de constar, como ya
contiene quinientos mapas á gran escala, queda dicho, de quinientos mapas, la obra
diagramas de carácter modernísimo y un de selección es relativamente cómoda, en
nomenclator compuesto de ciento cinco mil cuanto ya es hacedero incluir en la publica-

�168

POR F.SOS MUNDOS

ción todas las regiones geográficas, sea cualquiera su extensión, y aún dedicar varias
hojas á un solo país si su importancia así lo
exige. Una vez realizada esta parte del trabajo, da principio la
obra de los delineantes.

HACIENDO EL :MAPA DEL MUNDO

ello resulta, que el recopilador no lleva á
cabo una simple copia de una carta antigua,
sino que la corrige y moderniza confeccionando un mapa nuevo en absoluto.
EL GRABADO
DELOS MAPAS

No bien termina el
delineante su trabajo, pasa el mapa á
poder del grabador,
Hemos de recorquien reproduce la
dar que los mapas de
obra,invertida, sobre
cierto tamaño se foruna lámina de coman con arreglo á
bre. Esta operación
los datos recogidos
delicadísima únicaporlos Gobiernos, esmente puede ser reatampándose aquellos
lizada con éxito por
en grandes h o j as
.les Geóiraros y dibujantes
individuos familiaridonde figuran mi
traba¡ando para un atlas
zados con ella. Calde detalles, imposicúlase en cuatro meb I e s de reunir en
un atlas manual por muy vo~uminoso que ses el tiempo que necesita un grabador hás&lt;'a. Admitiendo que todos esos detalles pu- bil para reproducir una carta de dieciocho
dieran ser reducidos de tamaño, llegaría á centímetros cuadraos.
No todo el mundo se da cuenta de la canser este tan microscópico que solamente serían perceptibles sus caractéres con el auxi- tidad de nombres estampados en un buen
lio de una lupa de lrs más poderosas. De mapa de consulta. A título de curiosidad lo
ahí que ha ya nece~idad de encargar á geó- hemos contado en uno de los mapas del
grafos peritísimos la selección de pormeno- .Atlas de Ilarmsworlh, llegando á sumar la
espantable cifra de
res, consistiendo la
¡cuatro mili Y hemos
misión d e di c h os
de advertir que no
geógrafos en prose trataba sino de un
curar que en los
p:iapa parcial repremapas no se omisentando una tercera
ta nada de cuanto
parte, próximamenapetezca conocer el
te,
de Inglaterra.
consultador ordinaLas mencionadas
rio de un atlas, y
láminas de cobre no
a I mismo tiempo
son nunca utilizadas
en combinar esa lien el trabajo de immitada cantidad de
presión. De ellas no
datos con toda laciase saca sino una sola
r id a d y precisión
prueba en una hoja
posibles.
de papel especialCuando se trata
mente preparada. La
de p a i ses escasacopia en papel se
me n t e conocidos
- reproduce sobre una
donde aún se está
lámina de aluminio
verificando obra de
por el conocido proexploración, ti e n e
cedimiento del agua
el recopilador
fuerte. Desde ese
constan temen te á
momento, 1 a placa
la vista, no sólo los
de aluminioreemplaúltimos diseños
za ya á la antigua
geográficos t r a z aOperarias trabajando en las placas de aluminio
pi e dra litográfica,
dos por 1o s exploradores, sino cuantos datos nuevos han re- &lt;lesterra&lt;la hoy en todos los trabajos que
cibido y publicado las sociedades geográficas realizan las corporaciones científicas de
y las corporaciones y revistas similares. De esta clase, y entre éllas el Instituto GeográLABOR DE
RECOPILACIÓN

Hi\J

fico, de Lóndres. La razón de ello es obvia: cha limpia, se hace pasár en definitiva por
sobre ofrecer mejores resultados la estam- la máquina litográfica á fin de que queden
pación hecha con ayuda del método, hay señalados los trazos en color sobre la lámina
una economía de peso enorme: cualquier metálica vírgen. Esto sirve de guía para preobrdro puede levantar con solo dos dedos parar los espacios que más tarde han de
una placa de aluminio igual en superficie á aparecer colocados. El resto de la placa se
una piedra litográfica que había de necesitar cubre con goma para impedir que la tinta
dos hombres para ser movida. Esta reciente se corra hasta donde no ,-ea necesario.
aplicación del
Con estas
aluminio s e planchas de
ñala un o de
aluminio se
1os progresos
pueden consemás imµortanguir en un a
tes en el arte
sola impresión
cartográfico.
tres gradacioYa preparanes de color:
da la plancha
la suave, 1 a
d e aluminio ,
densa, el somse procede á
breado. C o la estampamo las tintas
ción en negro,
usad as son
con todos sus
transparentes,
Grabadores de mapas, trabajando
trazos, nomlos tonos combres, cte. Si la estampación es en colore~, puestos se obtienen superponiendo un color
habrán de emplearse entónces tantas placas primario á otro. Así, el verde es resultado
de aluminio como tintas tiene el mapa ori- de superponer el azul al amarillo.
ginal. En el caso de hallarse este con cinco
La elección de colores en la formación de
colores, exigÍrá por lo menos otras tantas un mapa que contenga gran número de diviestampaciones.
siones es punto que exige cuidadoso estuAl efectuar la preparación de dichas pla- dio. Ciertamente, en mapas que, como el
cas coloreadas, ó piedras, como suele co- del imperio germánico, contienen un númemunm~nte llamárselas, ha de ponerse sumo ro crecidísimo de pequeñas divisiones geocuidado en lograr un t·egisfro perfecto, esto gráficas, no es empresa fácil arreglarlo de
eg, ha de procurnrse que cada plancha co- modo que no estén en contacto dos rojos y
rresponda
dos verdes,
matemáticaverbigracia.
mente en sus
Y aún cuandetalles y
do esa dificontornos
cultad haya
con las ressiilo salvada
tantes. De no
hábilmente,
ser así , las
suele o e u diferentes
rrir con bastintas, ó no
tante frese alcanzacuencia que
rían ó invatodavía predirían los essenta el mapacios que
pa una vista
no les están
poco agradadestinados,
b 1 e. Puede
Talleres de impresión de mapas del Instituto Geográfico, de Lóndres
con lo que se
acontecer,
malograría completamente el rudo trabajo. en efecto , que varios países ó divisiones
col?reados de amarillo, rojo anaranjado y
CÓMO SE OBTIENEN LOS COLORES DE LOS MAPAS
sepia lleguen á encontrarse juntos dando
á la vista la impresión de uu extenso reEl registro perfecto se obliene tirando miendo amarillento. Es, por tanto, necesauna prueba en la plancha en negro, y mien- rio que el iluminador de mapas posea golpe
tras se halla aún fresca la tinta se vierte so- de vista artístico, adquirido durante larga
bre los impresos un polvillo coloreante. Di- práctica, lo cual se aprecia á simple vista al
cha prueba, colocada luego sobre otra plan- inspeccionar el mapa concluido.

�170

POR ESOS MUNDOS
OTROS TRABAJOS IMPORTANTES

impresos en una de las grandes máquinas
modernas, trabajando continuamente y á la
mayor velocidad posible, la sóla obra de estam pacíón h u b iese
exigido Reis años.
UN ÍNDICE, COMPLElltENTO DE LA OBRA

MAESTROS DEL ARTe

JOSÉ LLANECES
diendo con pintores de todos los países, que
afoyen á la ciudad-cerebro con ánimos de
vez á muchos sorprenda en este país lucha, supo abrirse rápidamente camino lode los encasillados y clasificaciones ofi- grando gloria y dinero en abundancia.
ciales ver incluido entre los maestros del
Quizás no hubiese abandonado tan pronto
arte al pintor cu yo nombre encabeza estas su patria adoptiva sin una circunstancia forlineas, á despecho de no figurar en el anua- tuita que le indujo á regresar á sus antiguos
rio de ninguna Academia, ni entre los pro- lares. Hallándose de paso en San Sebastián,
fesores de cualquier Escuela artística, ni si- en ocasión en que la corte veraneaba en la
quiera entre los agraciados con medallas, di- bella Easo, hubo de serle encomendada una
plomas ó distinciones más ó menos honorífi- labor pictórica con destino á la regia residencas otorgadas por los jurados de los certá- cia de Miramar: y, al darla por conclusa, fué
menes públitanta la satiscos.
facción e o n
Sin embarque las reales
go, así es: popersonas acocas veces se
gieron el trahabrá hecho
bajo, que se
uso del dictaapresuraron á
do de maestro
encargarle
con tan ta j usotros, e n t r e
ti cia como reellosvarios refi riéndose á
tratos, c u y a
Llaneces,
fe Iiz realizaquien , jóven
ción remachó
aún, ha lograel buen efecto
do escalar un
antes conseenvidiable
guido , dando
puesto en 1a
lugar á afecesfera del Artuosas instante. Su firma se
cias de los recotiza á buen
y es encamiprecio en lo&lt;;
nadas á lograr
mercados de
José Llaneccs (auto-retrato)
quo el artista
Paris, Lóndres
español traslay América; y si no suena aún en Espa- dase su residencia volviendo á la patria. Híña en los oídos del gran público como uno de zolo así Llaneces, estableciéndose en Madrid,
los consagrados por la fama, débese, á más donde ha seguido y sigue trabajando para la
de la causa antedicha-esto e3. s I alejamien- real casa, con tal profusión que puede ento de la vida arlística oficial.-al hecho de vanecerse de ser el pintor que más labor ha
haber residido gran número de años en la ca- ejecutado para ella, aunque esta labor no le
pital de la vecina república donde con len- haya producido el resultado pecuniario que

TAL

L. M.

�-

-

---

Josf: LLi\XECEs
POH ESOS MU.NDOS

172
pudiera suponer-e, teniendo en c tenla los
precios á que otros artistas han vendido su~
cuadros á los egregios compradores, puesto
que Llaneces, con delicadeza tan loable como
poco frecuente, ha cobrado sus cuadros y
retratos en la Intendencia al mic:mo precio
que acostumbra llevar á los particulares,
dándose por muy satisfecho con la honra
que para todo artista suponen los encargos
procedentes de tanta altura.

II
Llaneces es madrileño neto, de los de
buena cepa, descendiente legitimo de los
chisperos que lucharon contra Murat y escarnecieron á Pepe Botella: como dato curioso, merece citarse el de que vió la lu·~
primera en la misma casa donde nació Lope
de Vega, enclavada en la calle hoy llamada
de Cervantes, donde tanto tiempo vivió,
muriendo en ella, aquel aragonés tan madrileño que se llamó Eu,ebio Blasco. La cuna
de Llaneces fué modesta, tal vez humilde:
sus padres no pudieron darle otra instrucción que la de la escuela primaria. Ya en
ella, sus aptitudes pictóricas empezaron á
manifestarse, y, á hurtadillas del maestro, en
vez de hacer palotes y trazar curvas en las
planas de Iturr.aeta, dibujaba rudimentarios

monos y hacía la caricatura del dómine.
Huérfano de padre, no tuvo más remedio
que sujetarse al trabajo en una edad en que
solo se piensa en juegos y diabluras: once
años tendría escasamente cuando entró como aprendiz en el taller del fotógrafo Hebert, que por entónces gozaba popularidad y
clientela entre el tornadizo público madrileño. Cincuenta céntimos de peseta era la retribución concedida por sus servicios al futuro pintor; harto efímera, pero suficiente
para estimularle en su afición al trabajo,
ayudando á vivirá su madre.
A todo esto, sus aficiones artísticas, lejos
de decrecer, aumentaban. Aprovechando sus
escasos ocios, sus ratos de asueto en los
días festivos, ó las horas de descanso en el
taller, emborronaba cuantos papeles caían
en sus manos, llenándolos de dibujos reveladores de aptitudes nada comunes. En vista
de ellas, fué matriculado en la Escuela de
Artes y Oficios, en las clases nocturnas de
dibujo. Las primeras lecciones fueron una
revelación: iniciado en el arte, no tardó en
descollar entre sus compañeros, mereciendo
halagos y buenas esperanzas de los profesores. Luego, pasó á la Academia de Bellas
Artes de San Fernando, en la que sus progresos fueron notables. Mientras tanto, seguía trabajarnlo c o n el fotógrafo, dando

Un rincón del estudio de LI aneces

173

de la obra, que, obedeciendo á un prurito de
disculpable vanidad, quiso exponer al público aquel flamante producto de sus pinceles,
logrando que apareciese en el escaparate de
un conocido industrial madrileño que, á la
i;azón, tenía su e~tablecimiento en la calle
de Cedaceros, y con el cual. posteriormente,
contrajo vincu, los de parenllI
tesco el insigne
pintor.
Las naturaEntre la mules y legítimas
cha
gente que
ambiciones del
transitó por la
artista i n c i populosa Y í a,
piente por un
hubo
un indilado, y por otro
viduo,
gran
las excitaciones
amaiem·
artíscontinuas de
tico, inglés por
su'l admiradomás señas, que,
rr-; y amigos ,
pr~udado d e 1
hiciéronle concuadro , quiso
cebir el deseo
adquirirlo á
que á lodos los
cualquier preprincipiantes
cio. El indusanima: irá ltatrial e n cuy!llia, c u n a del
casa se exponía
arte. para ver
lo consultó cou
horiwntesnueLlaneces, e 1
vo;; que le percual tuvo que
feccionaran en
sostener árdua
los conocimienlucha entre la
to~ que había
idea d e coge,r
podido adquidinero en el ac,rir, no tanto
to y la convepor las leccioniencia de tones de sus
mar parle en el
maestros como
concurso.
por sus contí-- Lo mejor
nII as visitas al
es pedirle un
Museo del Pradisparate p o r
do, cuyas mael cuadro,-diravillas le hajo Llaneces.cían permaneDe ese modo,
Estátua de üoya, por Llaneces
cer en éxta::,i s
se asu!';tará. el
ante l os lienzos portentosos de Murillo, de Rubens, de comprador y me dejará marchará Roma.
-¿Cuánto pido'~-preguntó el industrialVelázquez, sobre todo de Velázquez, el gran
maestro de la pintura, cuyas obras parecen expositor.
-¡Qué se yo! Pida usted una enormidad...
haber realizado el summmn en el arte de
Tres mil pesetas... ¡Será cosa de ver la cara
Apeles.
Nada más lógico, pues, que su deseo de ir que ponga el milord cuando lo oiga!
Pero el milord no hizo más que echar
á Italia; mas ¿con qué medios emprender el
,,-¡aje? Y, afanoso de lograrlo por el único ca- mano á la cartera y extraer de ella tres flamino que se le ofrecía como posible, aunque mantes billetes de á mil pe,etas- Veraguas,
problemático, decidió presentarse al concur- como se llamaban por entonces - llevánso abierto por la Diputación provincial para dose á cambio de ellos el lienzo con la nereida retratada.
cubrir una plaza de pensionado en Roma.
Cuando vió en suc; manos el dinero, LlaneA este fin, pintó un cuadro, poniendo e~ él
todo lo que sabía. Representaba una nereida ces no lo quería creer. Pero, al cabo, rindiéndel arroyo, y su autor quedó tan satisfecho dose á la evidencia, dió un su~piro do satis-

pruebas ~e ::iu laboriosidad durante el día, y
de sus alientos artísticos por la noche. Tenia dieci~iete años, y Hebert, poco á poco,
le había 1do aumentando el jornal hac:ta la
cantidad, para él fabulosa, de un duro diario.
Por entonces fué amper.ando á darse á conocer en los círculos artísticos madrileños.

�174

POR ESOS MUNDOS

facción, y, embolsándose los papeles, desis- le el gusto, los quince días se ampliaron hastió gustoso de su pr-0yectado viaje á Italia, ta un mes. Aburrido de no hacer nada, púdecidido á trabajar con entusiasmo en aque- sose á pintar en el estudio de un amigo, y el
lla tarea que bajo tan buenos auspicios co- cuadro que produjo lo vendió muy pronto,
men:.~aba.
dando lugar á que le encargasen otro. SiemDesde entonces, pintó mucho, vendiendo pre pensando en volverá Madrid cuando tersus cuadros con facilidad y á buenos pre- minase la recién comenzada labor, pintó cuacios. Un aristócrata, grande aficionado al dro sobre cuadro, de tal modo que tuvo que
Arte, el martomar un af,equés de Cas- •
lier para no
trillo, se intemolestar a 1
resó por Llacompañero
neces, favorehospitalario.
ciéndole con
Y
cuando quimagnanimiso
darse cuendad, ora comta, llevaba un
prándole cuaaño en París,
dros, ora dándurante
el
dole medios
cual h ah i a
para vestir los
vendido lienmodelos de
zos
y tablas
modo adecuapor
valor do
do. Por aquel
diez
mil dutiempo , Llaros, aproxineces hacía
madamente; r
frecuentes
digo aproxiexcursiones á
madamente,
Toledo, de porque bueno
seoso de emes
adverlir
paparse en su
que Llaneces
ambiente sano gusta de
turad o de
burocráticos
rancio espaescarceos, y,
ñolismo, en
como buen
el cual supo
español y
inspirarse pabuen artista
ra muchas de
no conoce el
SU'&gt; preciadas
valor de una
c om p o siciopeseta.
nes.
Muy satisUn díafecho
de su
tenía en ton tentativa
emices veintitres
gratoria,
hizo
años el pintor
una breve es-vino á Ma' capada á Madrid un mardrid - 1os
Declaración de amor, por L!aneces
chante de andias estrictatigüedades y cuadros que había llevado va- mente necesarios para liar los bártulos que
rios lienzos de Llaneces á París, y le hizo por aquí le quedasen-y se eslableció defientrega de un buen puñado de francos, pro- nitivamente en la villa lumifre, alquilando
ducto de dichas obras, que habían sido ad- un ateliet· en el barrio de Montmartre.
mirablemente acogidas en el mercado pariLa suerte le siguió favoreciendo: nunca
sino. Aquella inesperada lotería, juntamente le faltaron marchantes que adquirieran sus
con su deseo de ver mundo, hiciéronle em- obras á buen precio, suministrándole pinprender un viaje á la capital de Francia.
gües ganancias, con las cuales supo darse
-¡Qué diablo!-dijo.- Pasaré por allá fastuosa vida de nabab, hermanando sus
quince ó veinte días, y en seguida... á Madrid gustos refinados y sus aficiones aristocrátime vuelvo.
cas con la inclinación á la vida bohemia que
Pero como la vida de París tiene alicien- parece residir latente en toda alma de artiskls sobrados para retener al que sabe tomar
ta. Vivió, pues, la bohemia; pero no chava-

�176

POR ESOS MUNDOS

obras suyas, no ha pintado hasta hoy Llane•
ces ningún cuadro que merezca llamarse definitivo: él mismo confiesa que en todos se
queda corto, creyéndose con alientos suficientes para intentar algo más trascendental
y rotundo que lo que ordinariamente hace.
;_Por qué no lo realiza? Parte, por la falta
1 terial de tiempo, á que acabo de hacer re•
ferencia: parte, tambien, por el temor, muy
disculpable. de someterse al fallo de un jurado exponiéndose, por tanto, á una posible
desilusión. E-;to no obstante, ha producido
y produce gran número de cuadro~, muchos
de los cuales bastarían para tener satisfecho
á otro menos descontentadizo que él.
Dos son sus especialidades: los retratos y
los cuadros de !Jénero. Como retratista, hace
verdaderos prodigios: últimamente, ví en su
estudio, entre otros, dos que llamaban la
atención de manera poderosa: uno, era del
caricaturista español Luque, tantos años residente en París; otro, del duque de Tamames. Aquel, tenía el sello de boiilevardier en él característico, con su desdeñoso
ge!-to y su monóculo inseparable; el prócer,
vistiendo con elegancia el uniforme de las
órdenes militares, parecía destacarse del
lienzo para recorrer el estudio con su arrogante paso.
-Llevo algo caro por mis retratos,-me
IV
decía Llaneces, al hacerle notar el admirable
Apremiado siempre por las exigencias del modo como resalta en ellos el carácter de los
mercado, que constantemente demanda modelo!-.-Pero lo prefiero con tal de que

cana y groseramente, sino de un modo, por
así decirlo, distinguido: bohemia &lt;l1Jrada,
como le decía Ricardo Blasco, en sus amistosas charlas, ignorancia del valor del dinero con tanta facilidad adquirido, horror á
cuanto fuese conato de ó1den, de arreglo, de
economía, de ahorro ... Hoy mismo, dt•spués
de varios años, casado, y padre de varios
hermosos niños-que alguna vez le han servido para modelo de sus cuadros-conserva
reminiscencias de aquel alocado vivir de su
juventud primera, y proclama su horror á
los cálculos, á la previsión por el día de mañana.
-Para evitarme las contingencias del porvenir-dice-tengo hecho un seguro de vida: $i muero, con él tendrán mis hijos garantizada su existencia, y si vivo más de veinte
años, la compañía aseguradora me dará una
pensión con la que pueda atender á mis necesidades.
Es, sin embargo, un bohemio que tiene el
buen gusto de no parecerlo: su aspecto es el
de un burgués satisfecho y orondo. Convencido de que los que fundan su arte en peinar melenas y lucir exóticos atavíos es porque no pueden mostrarlo de otro modo, es
un artista sin pose. ¡Rara avis!

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F.l árbol ,iiejo. (En el mo11asterio de Piedra).-Por Jos~ Llaneces

6

�JOSE LLA.'1ECES

l·n retrato de sí mismo, en aclitud de pintar, es acaso de las mejores o!Jrils que fiou0
ran en dicha exposició11.

VI

179

reírle durante mucho tiempo. Eo la actualidad, permanece en una linda casita enclanula en plrna vega ele! Darro, entrP aquellos incomparables cármenes granadinos de
los que parecen emanar efluvio:; de infinita
poe~ia, evocadora &lt;le los muslimes fundadores de la Alhambra cuyo espíritu aún parece vagar por los , argeles del Generali fe. Como para Llaueces

Aunque él apenas pone miente,:; en ello.
considerándolo como una afición sin importancia. Llaneces es también escultor merilísimo: acredilanle de tal, á parte de alguno,.-:11 1/escanso es pelear,
relieves decorativos, varia!:i obras de mayor
e11jundia, como son un busto de su hermano no hay que decir que ha incluido en el equipolítico el ~epaje su raja de
ño1· Suárez, que
colores ysu careproduci m o~,
ballete. ansioso
y, sobre todo,
de reflejar en (·1
la e"lalua selienzo las mil
dente de Goya,
hc•llezas que en
emplazada en
la tierra de Mala escalinata
ri a Sa11tísima
del :Museo &lt;lrl
han de ver sus
Prado, y en la
ojos. Tal vez alc u a l nparere
gu II a de las
el gran pintor
obras 'I ue alli
aragonés vestiprorluzca, redo con el traje
sultado de esta
bpicodelaépuexeursiú11, sea
ca &lt;le Carlos l\',
e:;e cuadro ~osentado en un
ña&lt;lo por él cosillón, s o b r e
mo definitiva
cu yo respaldo
expre--ión de su
apoya el brazo
arte, revelador
derecho, so,;teeficaz de su geniendo co11 la
nio.
mano izquierda
Para termisu paleta pronar: al frente
di~ioi&lt;n. El rondt•I artístico cajunto de la estálogo &lt;le la Extatua, sohrio y
po~ición Llaneharmonioso por
ces en Buenos
demás, merere
A ir e,, figuran
todo género de
1as siguientes
alabanzas; pero
líneas de .\Iasu ma YOr méririano de Citvia,
to estí{ eu lacaque condrnsan
Busto del siglo xvm, por Llanece•
beza del genial
á maravilla
autor de los Cacuanto se pupricho.~, cabeza que por si sola bastaría para diera aua&lt;lir acerca de aquel i11si)!ne pintor:
acreditar á un escultor de grandt&gt;s vuelos.
«Así como ~uele decir,-r, adulleran&lt;lc, la
frase
au téutica de Buffon, que el estilo N/ el
VII
hombre, yo me atrP,veria á decir de LlaneDicho se está que Llaneces pinta sin inspi- ce:; &lt;¡ue el 110111/Jre e.~ el estilo. Quiero sigrarse en modernismo,-, prerrafaelismos, ni nificar con e~te leve equivor¡uillo (perdó11,
impresionismos, que son otras tantas mani- público indulgente), que á Llaneces, pintor
festaciones de impotencia arli,;tica, deseosa siempre elegante, dúctil, flexible. de ámplio
de llamar la atención por lo exólico á falta espiril11 de asimilación. de suave y llaua
de otros medios. Su pintura es castiza, in- apacibilidad en sus gustos y en sus procedigénua, sin rebuscamientos ni exageraciones mientos. no le veréis abismar,¡e en misteriocensurables. Es aún jóven: tiene ante sí un sas honduras donde el más lince no ve gola.
amplio horizonte de gloria que puede son- ni re111011t:mc con lora audacia á aquellos

�181

M( OFRENDA

«Alpes homicidas» donde tantos artistas se
desvanecen, y, resbalón tras resbalón, acaban
por desnucarse. Ni aun en aquellos juveniles
comienzos, en que el arrebato y la exageración hacen inevitablemente de las suyas,
hubiera tenido necesidad Maese Pedro de
amonestar á Llaneces, c o n el consabido
«Llaneza, muchacho, no te encumbres, que
toda afectación es mala».
,La llaneza, grata á nuestro gran patriarca
Cervantes, es ingénita en la amable y copiosa paleta, en el fácil y atracli vo estilo, eu la
exacta y tranquila visión de este hijo de Madrid, que, hu yendo de los intrincados laberintos y de los nebulosos despeñaderos del
Arte,hace honor á su,nombre, porque el nombre obliga, gustando tan sólo de espaciarse en las bellas y luminosas planicies donde constantemente impera la ley de las proporciones, donde el suelo y el cielo, las cosas
y las figuras, dan lecciones precisas de harmonía, claridad y sencillez. Por eso, el amor

l! otoymf'ías, por Compmiy

á la medida, la serenidad en la observación,
la ecuanimidad pictórica, la plácida transparencia en el pensamiento y en la factura, sin
raros embrollos ni complicaciones tumultuosas, son prendas características del talento
de Llaneces, y le permiten adaptarse con la
misma magistral soltura, cuando le viene en
ganas, asi á las influencias más robustas de
la pintura española del siglo xvn, como á las
más delicadas de la pintura inglesa del siglo
xv111. Velázquez y Gainsborough (excusez du
peu) son quienes llevan de la mano á Llaneces ante el público argentino, cuyo buen
gusto sancionará de fijo los halagos con que
la suerte ha favorecido en Europa á este pintor, todo amenidad, agrado, elegancia y claridad.•
Hasta aquí el maestro de las letras contemporáneas: sirva su autoridad-que es
muy de peso-para robustecer las afirmaciones que pudieran parecer tríbulo á la amistad hechas en este artículo.
ÍlllGUSTO

El libro verde.-Escena del siglo xvn, por Llnneces

MI OFRENDA
No pidas á mi lira
dulces cantares,
notas que aunque yo quiern
no ha de emitir,
:,or'l.¡ue despedazadas
por mis pesares
.,ólo pueden sus cuerdas
tristes gemir...
Si en una noche obscura
pálida y fría
llegan á tí los ecos
de mi laúd,
sabe que son las trova'&gt;
que en mi agonía
le canto á tu belleza
y á tu virtud.
Jugadores del siglo xnr, por Llaneces

~IIC,UEL E.

OLIV .\

MARTÍXEZ OLJ1EDILL,\

�ACTUALlO.\DE'-

ACTUALIDADES
, de \Vad-R:u:. Ya capitán Yolvió á España
parle en los suceso,; ocurrido-; t•n
Era u11a personalid:ul ilustre en el ejército Madrid el 22 de Junio de 1866. Dos años dese,;paiiol y en la política conserrndora el te- pués fué ascendido á coma11dante y ~e distinguió en E 1
niente genHal
rrrrol; rn 1869
D o n Franci"co
cooperó á la reLofio )' Pércr. ,
pre,;ión de I o s
fallecido en e,ta
de,;úrdenes recorle el día :-30
p I h I i can os y
rle .Junio pa--ado
carlistas que se
dr~pur~ de larrr:.d!'.lraron en
ga , peno,;a enGalicia; en 1872
ÍPl'medad.
operó en lasProXacirlo el año
,incia;; Vascon1H37,ingre&gt;'6 en
gada&lt;; y Navael Colegio de
rra. y por mí•riInfantería en
togde guerra as1851 , y dr:-1le
cendió á ten.ienque terminó sus
te coronel; desestudios, e o n
pué.c; "e batió en
gran apro,rchaCataluiia contra
miento, hasta el
los carlista", y
fi11 de nuestras
contrihnró con
guerras colonia"11" tropá,: al lelc,;, no dejó de
vantamirnto 1lel
tomar parle en
i-ilio de Puigcercuantas campadá r en las acña&lt;; y expedieiocioñeg de Vall111•,; militare-; de
cebre, P 1a de
algu11a imporLabra r Ca,-tetancia se or~a11i1lar d ~ Nuch,
r. ar o n. En la
por cu yo,; heri;uerra dP ,\frica
choR de arma,: v
de 1859-60 se
dado el brillanlr
e11contró en las
comporta m i&lt;'naccione" r batato qur en ellos
lla-,del Sérrallo, 'l'enirnll' grneral Don Francisco Loüo y Pérr,, mioi5lro dr la Gurrr~. ob:-ervó se I e
fallecido
en
:l11ulrid
el
!l(J
de
,lunio
último
rl P Be11r.ú , el e
otorgó el cm·
Sierra-Bullonr,;.
pleo
dP
coronel.
En
\'sta
ralrgoría,
romo rodr los CastillejÓs. do11de ga11ó la cnP: dr :-,a11
Fernando de primera clase, de )¡i,; alturas mandante militar del cantón de \ranjurz.
rle Cond(•i:a. del camino ,. riudad de Tetua11, mostró su civi~mo duran te la terrible epidrdel río .\;auir, de :\[on\c·-Negrún, de Sam~a mia colí•rica allí desarrollada rn 18851 aüo
EL GE'\ERA L LOÑO

y lomó

ll:!3

EL GENEllAL l'Hl\10 DE RIVERA
en el que ascendió á general de brigana, en
cuyo empico cle~empeñó importantes cargo,-,
El nombramiento del capitán general Prientre ello~ el de gobernador político-militar
de lac; i,;la,- Visayas, con residen,,ia en Cebú mo de Rirera para ministro de la Guerra ha
(filipinas), donde se hizo querer y respetar ,:ido mur bien recibido por la opinión milipor lodos los elementos de la sociedad. E11 tar, que Ye en esta de:-ignarión el deseo del
1b9 í fué ascendido á general dr divisiún, v sr,ior :\fanra di' ronlinuar rn sus huenos proºº" año,: dr"p11és destinado á Cuba, dondé, pó:;ilos respecto &lt;le! Ejército de la narión.
\1 llegar e 1
al de:-rmbarg&lt;'nPral Primo
car, el gPneral
de Rivera a 1
Weder le conpalacio de Buefió rl Gobierno
11a ,•isla se ha
militar de Ia
rerordado por
piar.a y provintocio, c¡ue ha
cia dP la l laba::-iclo de los que
na r el mando
más han discu&lt;le una di,·isión
tido y c:&gt;st 11diaal frt&gt;nle de la
do las cuestiocual salió á
nPs militaresen
operar, ganánel Parlamento,
dose bien prony •1ue á propóto la gran c·ruz
si lo d r lalrs
roja del Mí•rito
estudios ha p11.Militar. Dr,;libli1·adou11 Pronaclo rlcspu{i,; á
ucrlo pam la
mandar la clivii11.~lrncció111/f'·
"i{m el e Pinar
tieml del tiro,
&lt;!PI Hío 1· lne"O
qnt&gt; ha sido
la dl· ~hinr.tll;¡_
muy elogiado,
llo y Bayamo,
en el cual ap:l•
se ba lió artivarece condensamenle &lt;-011 los
d o e I pensai11s11rrcctos , v
miento del nuctuyo 1¡ u e ·rc·Y0 ministro dr
iresar á la pela (iurrra acernín,:ula por encadt• la organif,-rmo en Orlu;,;arión militar
hre de 1897. no
en e:;tas palasin que antes
bras:
le fuera conce• Para tener
dida la g r a n
una fuerza arcruz de :\!aria
mada que resCristina por
po11da á todas
sus méritos de
las contingeng U erra , que
Capitán general del ejército español D~n Fernando Primo ~e Rivera
tambi{•n le Ya·
nuevo ministro de la Guerra
'
cias, creo i mlieron la propue,-.ta para el a,;renso il tenien- prescindible: Primero: Determinar la cficate l?&lt;'Il!'ral, que se le concedió rn Enrro dr riel que haya de tener el ejército para respon1!!01.
tlcr á la, exigencias de los planes é ideales
. ~u_rante el tirmpo que fué general de que para el porvenir tenga la narión, dedu&lt;11~·'.s.,ón de~cmpeñó los car!!o,:; de gobernador cien,lo de ello las pla11\illa.; y unidad••s 'lile
nulitar de Granada, vocal do la Comisión deben constituirlo. Ser¡1mclo: Una ,;ólida ortñcti_ca, comcjero del S11premo de Guerra y ~aui7.ación de la,; re,rrvas. Tercrro: Instruir
~larma y subsecrrlario del J!ini.,terio de la la mayor parle ele! contingente r¡ue an11al(i11erra con el general Linare-. Y como te- mente ingre~a en las caja;; de recluta«. r11arniente general fué capitán general de Balea- /o: Estudiar los necesarios planes de conres Y Valencia y jefe drl ruerpo de imitlidos. centración y mo,·ilización para asegurar que.
destino que desempeüaha cuando el "elio1: de una manera ordenada y lo más rápidaMaura le llamó para ron fiarle la carll'ra de mente posible, se completen las unidades al
Guerra.
pié de g11crra y sean 1ran«portadas á los

�POR ESOS :MUNDOS

184

puntos donde precise. Después de todo esto
se deben organizar las armas de combate, y
cuerpos auxiliares, dotándoles de material
moderno, desarrollando esta labor progresivamente por los grandes gastos que lia de
ocasionar.•
NUEVO ACADÉ~IICO

El 29 de Junio pasado fué recibido miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas Físicas y Naturales el ingeniero de la
Armada Don Gustavo Fernánde7. y Rodríguez, que trató en su discurso de recepción
de las transformaciones que durante el último siglo ha sufrido el buque de guerra prototipo, ó sea el buque de combate de primera línea, base de todo poder marítimo y nú-

ACTUALIDADES

cleo principal de las escuadras; estimando
que, á pesar de los esfuerzos aunados de In
ciencia y de la industria, el referido buquo
de combate en sus transcendentales evoluciones, aunque ha progresado mucho no
ha llegado á un punto que permita repos~ al
ingeniero ni sintetiza un criterio marítimo
milítar homogéneo.
El nuevo académico tiene una personalidad ilustre, destacándose como antiguo profesor de las Escuelas de maestranza en El
Ferrol y Cartagena y de la naval flotante
en la fragata Asturias, y como autor de dos
obras técnicas de verdadero mérito, una de
ellas titulada Construcción naval, y otra
que trata de las Máquinas marinas de vapor, á parte de otros muchos trabajos de
importancia.

...

El rey Don Alfonso XIII juiando al polo en La Granja con las personas de su séquito

185

to,_ ha dado su placet al nuevo convenio, quedeJ~ á _Corea completamente entregada á los
El 13 de Julio pasado falleció en esta cor- des1gmos del Gabmete de Tokio.
te el doctor Don MaLa conclusión quenuel Castillo, médico
este asunto ha tenido
emine~te que dirigía
era fácil de prever: el
el Instituto Rubio.
Japón triunfa. El emDe gran saber é ilusderador de Corea setración, era el doctor
h a defendido noble~astillo un gran cirumente negándose á reJano, y su pericia y
conocer el tratado deh a b il i d a d fueron
protección de 1905 .
puestas á prueba en
A~a~donado por sus
cien ocasiones, de las
m1111slros :;ometidos á
que siempre salió
la influencia del más
triunfante. Fu é disfuerle, Yi-IIyeung hicípulo del inolvidable
zo un último llamaDon Federico Rubio y
miento á la generosial fallecer éste le ;u.
dad del residente gecedió en la dirección
n e r al japonés mardel Instituto de ¡ a
q~és de Ilo, y no haMoncloa, donde e r a
biendo obtenido resulmuy querido y admitado c&lt;invo'có á l o s
rado.
hombres de Estado de
LA SITUACIÓN DE COREA
f~!~~Sla:~:rnández YRodriguez, ingeniero dela
más
anuncián' r ci 1 0 académico de Ciencias Exact Fl
&lt;lO1~s relieve
• • de
sicas y Naturales el 29 de Junio último as •
su .dec1S1ón
d' La prensa de_ todo el mundo presta estos .
abdicar. En un decreto
ias grn~ alen_ción á la situación en que se imperial dice al pueblo el profundo disgusto
halla el 1mpeno coreano, cuyo monarca y·. que le embarga al recordar sus cuarenta y
1
H yeung ha abdicacuatro años de reinado, durante los cuales
do el trono en fa.
las calamidade;; navor de su hijo Yicionales s e suceSyek, que cuenta
dieron sin tregua:
ahora treinta y tres
«la angustia-dice
años de edad. Esta
este monarca -ha
abdicación ha obellegado á ser tan
decido á que el em,,,_~..
grande en mi apeperador d e Corea
nado ánimo por los
no ha querido finadesastres que sufre
1izar su reinado
el país, que estimo
aceptando la nueva
llegado el momento.
~onvención que Je
de trasmitir la co1mponía el Mikado,
ron a al presunto
representado en Ja
heredero d e ella
capital de aquel imc_onformeálasprác:
perio por el célet1cas de la más rebre estadista marmota antigüedad en
~ués de Ito, cuya
Corca• .
rnlluencia y persoEl soberano quenaliclad tampoco
sucumbe en esta
quería me nos predesigual lucha era
ciar Yi-Ilycung: al
digno de mejor
ceder sus derechos
suerte. Cuenta ciny prerrogativas al
cuenta y Riele ai'io"
trono á su hijo, Jo
de eda&lt;l y subió al
~a hecho para que Don l\Ianuel Castillo1 director del lnstitulo Rubio d 1M d
trono cuando sólo
este, elemento dófallec,do el 13 de Julio pasado
' e ª rid,
tenía trece. En su
cil á los planes de los japoneses le libre de
.
favor puede deciraquella respon~abilidad; ). Yi-Si,~k, en efec- ced11menlos,
se c¡u~ ha sido
un _aulór!·ala
de suaves
prode meJores
mtenciones
y [aboEL DOCTOR CASTILLO

�ACTUALIDADES

186

POR ESOS MUNDOS

último se elevó con su globo Jl,faría Te1·esa,
siendo impulsado por el viento y un fuerte
temporal hácia el mar, sobre cuyas aguas
ha estado aquel intrépido oficial de nuestro ejército durante más de veintisiete horas
en el aerostato primero y nadando luego.
He aquí cómo ha relatado el propio aeronauta sus vicisitudes y peligros en telegrama que dirigió á El Impm·cial contestando
á requerimientos de este periódico:
«Garrucha, 27 de Julio.-Salí de Valencia elevándome con mi globo á las seis de la
tarde del dia
2-1-. Crucé la
Albufera por el
Palmar con dirección al mar.
Pretendía evitar mi entrada
en el Mediterráneo, arrojando
el ancla d e ;;pués de haber
descendido rápidamente. pero la profundidad evitó que
aquella alcanzase al fonclo
y contuviese la
marcha clrl

EL CAPITÁ~ KINDELÁ.N

Ha sido el héroe de estos últim~s días en
toda España el capitán de Ingenieros Don
Alfredo Kindelán, que en el concurso aero~tático celebrado en Valencia el 24 de Juho

187

á nadar cambié de opinión y retrocedí para

recuperar el globo. Cuando hácia él me
dirigía-á eso de las siete de la tarde-vi á
tres millas de distancia un vapor, que sin
duda no me divisó, pues no me hizo señales.
A la~ ocho, perdida ya toda esperanza de
auxilio, observé que á toda máquina marchaba hácia el globo un vapor, el cual echó
un bote que recogió el aerostato y volvió
hácia el buque. En vista de ello pretendí
llamar la atención de los tripulantes y toqué la sirena de que iba provisto, pero estaba inútil y no
sonaba b i e n .
Dí fuertes voces, y creyendo
que no las oían
porque ví alejarse el vapor,
nadé otra vez
b á c i a Ibiza.
Inc,:peradamente, oí un
toque de bocina. volví la cabeza y ví un
bote de vapor.
Era del vapor
inglés TIT es tPoüit y á su
bordo iba con
María Teresa.
algunos boroVoh·i á subir,
bres el capitán
internándome
John Ro d r.,
por el mar, y
quien me reá las tres de
cogió y me
J a madrugada
condujo al budel día 25 preque, donde fui
sencié el ecli patendido c o n
se parcial d e
afectuoso cui1 un a. En la
dado v esmero.
misma madruU e IÍe~ado á
gada, una meesta rada á las
dia hora dessiete de lamapués, ví un vañana de hoy.Yi-Syek, que ha sido elevado al trono del imperio coreano por abdipor español
Kindelrín. »
cación de su padre Yi-H yeung
e u y os tripuA propósito
lantes divisaron el globo, me hicieron seña- de esta aventura del auda;r, aeronauta esle&lt;; y pretendieron socorrerme naYe¡rnndo á pañol, se ha tratado de la personalida~ de
toda máquina en el rnmbodel Jfaríct Teresa. é;:;te y del globo dirigible que está estudianNo quise abandonar mi globo. y, á poco, mar- do en combinación con el ilustre Torres
ehando á gran velocidad, perdí de vista al Quevedo que intenta actuarlo por medio del
buque ~· continué hácia las islas Baleares. A tclekino de su invención. Este globo, que
las doce del día 2i'&gt;, después de haber arro- hasta ahora lleva el nombre de Júndelán, el
jado todo el Jastr(', descendí al mar y me mismo de su autor, tiene la torma de un
sostuve en la barquilla hasta las seis, hora cigarro puro y está formado por tres lóbuen que, arra;;;trado el globo por el viento mar los de seda de China. En el interior, lleva
adentro, abandoné la barquilla, proponién- madejas de seda, en secciones triangulares,
dome ganar á nado la costa de !biza, dis- que cuando el globo está lleno y á una pretante siete millas. A poro de haber empezado sión de 35 á 4.0 milímetros de agua, covstilu-

�188

ACTUALIDAOE!3

POR ESOS MUNDOS
EXPEDICIONES ÁRTICAS

yen por su tensión una viga armada. De la
arista interior penden las cuerdas para la
¿Por qué fascinan tanto á las gentes las
barquilla motor, y simétricamente y á un expediciones polares'? El público, al pensar
lado y á otro de ellas las cuerda, de mani- nn el" ai:;, tiene siempre delante de sí, no solo
obrar, indispensables para manejar el ae- los horrores de un mundo de hielo, de granrostato desde tierra y para todas las opera- des tempestades y de perpe1ua obscuridad,
ciones preliminares del lanzamiento.
sino la posibilidad, la casi cerleila de que los
El globo lleva, además, un ballonet inte- expedicionarios han de encontrar la muerte
rior cilíndrico, terminado en dos casquetes antes que conseguir sus propósito:;. Pues
esféricos, que se llena de aire para rnantener a1'iádase á estos elementos de fascinación
en todos momentos la envoltura exterior á sobre el ánimo la circunstancia especialhiuna pre~ion constante y sosteucr el equilima de ir en globo á
la conquista del Pobrio en mejores conlo Norte, y se comdiciones. El bcdloprenderá por qué
net se llena de aire
todo el mundo está
directamente, desde
interesado en la exla barquilla, por un 1
pedición que realiza
Ycntilador que acel periodista norteciona u n o de los
americano l\lr. Walmotores. Dos cuerter Wellman, intrédas que penden del
pido y audaz exploglobo concurren en
rador q u e piensa
un punto más bajo
pasarse seis ó si ele
que la barquilla y
el í a s á bordo del
próximamente en la
aerostato .Amética,
vertical de su cenconstruido expresat o y se enlaian á
mente para este fin.
una e~fcra ele mimA :Mr. Wellman,
bre forrada de seda
(como puede ver
encauchada ó s e a
muv bien el lector
de la mii-ma tela del
en 'el artículo que
globo; dicha esfera
va llena de arena y
ha escrito relatando
se llama born estasus propósitos y.que
publicamos en otra
bilizadora. De la poparte de este númepa desciende u na
barra metálica que
ro), no le arredra el
termina en un gran
desastroso fin el e l
rectángulo d e tela
capitán sueco Ane o n arrnaclura d e
drée, que con u11
hierro, que constiesférico intentó llet u y e el timón, el
gar al Polo Norte en
de ingenieros Don Alfredo l(indelán, piloto del globo
que por embragues Capitán
1895 sin que basta
Jfaríc, :1.'eresa, salvado por el vapor in~lés West Poi11t frente á las costas de Jbtza
sucesivos logra ser
ahora se sepa nada
movido á voluntad
ele ~u expedición; lejos de eso, hállase anipor uno de los motores. La barquilla es un mado y casi seguro del éxito, para lo cual
prisma triangular de base cuadrada, cuya ha ideado y construido su globo «lo mismo
sección se fol'ma por el cruce de dos plano.:; que se construye un buque para navegar por
rectangulares de grandes dimensiones; pende el océano,- dice el intrépido aeronauta-:
el uno. por cuatro varilla,;, de la arista infe- teniendo en cuenta los elementos, el medio
rior del aero:-;tato, y en lo~ extremos del olro, am1Jie11fe en que ha de vivir y funcionar».
que le corta perpendicularmente. se apoyan Además, Jlr. Wellman conoce ya, en parte,
los motores. Estos son dos, ele [!a,-olina, siste- el camino del Polo ¡'{orle: en 1894 penetró
ma Antoine. modificados notablemente por en la zona ártica hasta el ~rado 81 ele la la•
Kinelelán. Son de ocho cilindros y veinticua- ti tuel septentrional, y en 1898, en otra nuetro caballo,; de fuer;,;a; mueven dos hélice::; va expedición, señaló muchas islas en el lede doble paleta alabeada. para que curte rná~ jano a1chipil'lago que tiene el nombre de
fácilmente el aire y encuentre el globo las Tierra de l&lt;rancisco José.
menores dificultades posibles pura su ruarAhora, al lee;tor, pensanelu en la ansiedad
cha por el espacio.

en que du_rant~ dos días ha estado por desconocer la s1tuac1ón del capitán Kinrlelán
se elevó c o 11
que
su aerostato

189

d De Benot, cOJ_no de otros grandes hombres
e nuestra patna. hemos dado á conocer ex1ensas informacionesacerMaría Tm·esa
ca de su vida
en Valencia, le
Y de su labor,
toca calcular
Y llenas están
cuánto ha de
las páginas de
ser el interés y
esta revista de
cuánta la inesos homenatensidad de los
jes que rendideseosde notimos al valer y
cias que el
al mérito de
mundo todo
1a s personas.
tiene por coPor es o nos
nocer el resulcreemos d i stado de es ta
pensa dos de
expedición de
hacer ahora
Mr. Wellman
un a biografía
al Polo Norte,
de Don Ed uarque se realiza
d o Benot, y
p reci sarnente
remitimos a 1
almismo tiemlector á nuespo que regrelro número de
sa de las reA~osto del año
giones árticas
1904, donde
el comandante
el propio
Rob e r to E.
mae8tro hace
Peary sin que
el relato de su
ha ya logrado
vida desde que
llegará la metuvo uso de
ta tan suspirarazón. Actualda y codiciada.
mente era jefe
Del resultadel partido redo de tamaiia
publicano feaventura tenderal , puesto
duernos al coen el que susrriente á nuestituyó á Pí y
tros lectores ,
l\iargall, y se
que ya conoocupaba muv
cen por el traasiduamente
bajodel propio
Don Eduardo Benot, eminente filólogo, fallecido en Madrid el ª7 de
en preparar
l\Ir. Wellman
Julio último
•
una gramática
á que -ª~tes aludimos los preparativos de la de !ª lengu~, de cuya obra dicen los que han
exped1c1ón que realiza.
tenido oca~1ón de conocerla que es un monumento ?el_habla castellana. El último trabajo
DON EDUARDO BENOT .
que el 1~s1gne maestro ha publicado, ha sido
muy reci_ente:una carta dirigida al ~emanario
Este ~minente filólogo, maestro de toda la barcelones Ara mes que may. en la que
generac1?n presente en España, ha fallecido con?enaba con dureza la campaña de la solien l\fa?l'ld el 27 de Julio pasado á los ochen• d~ndad catalana en la forma en que esta
viene desarrollando algunos de sus ideales.
ta Y cmco años de su edad.

�ROBO DE LILAS

ROBO DE LILAS
o menos hace veinticinco año~
LSalia
que ocurrió el suce~o.
o por las tardes en com p,. •
y

ñía de mis hermanos pequeños á corrrlear por la Plaza de Oriente, al inmediato cuidado y bajo la tiránica
inspección de una tremenda cri~~a
montañesa, que por llevar al servicio
de mis padres más de quince años, y
por habernos visto nacer, según ella
decía con una frecuencia abrumadora tenía la pretensión de querernos
mil.s que nuestra propia madre, amén
de entender que podía ejercer sobre
no,;otros una autoridad que rayaba
en el despotismo.
Es cierto que ella andaba á la greña con todos las nodrizas y niñeras que en la plaza_ se opouían á nuestros juegos ó p_rotestaban contra nuestras impertinencias de niños en liberta?, cuando ~o se _la~ entendia c~,~
hombres hechos y dereC'hos que iutentaban poner coto a nu~stra rnfanbl rn~:p~nde~c!a,
pero estas batallas las libraba ella á trueque de darnos luego a_noso~ros un cauno::,o lorm~cón que á pesar de ser cariñoso, las más de los veces nos hacia dano.
Aqu~lla oarrida y leal preceptora, que se llamaba Luisa, nos lo perdonaba lodo '.~eno,;
que nos perdiéramos de su vista: en cuanto tenía que levantar~e del banco d~nde bab1c1 !-et
tado sus reales para ir á buscarnos en tal ó cual corro de chiqU1ll?~, nos propmaba un par e
azotes por lo meno,;: pero se daba el ?ª"º ~aradójico de que, temendola un gran IPmor, no
podíamos vivir sin ella ni mis hermanitas m yo.
.
.
. .
,
d
Una de estas tardes burlé la Yigilancia de mi criada, y me mcorporn a un grnpo e
muchachos solicitando cortésmente que me admitiera para jug~r al_ mcirro. ,
•
El marro es un juego infantil de los di~nos, en el _cual se ~Je_rcllan lo,:; muse~1os_, po1_que
se corre incesantemente, y por el cual se adquiere~. ciertos habito~ d_e amor ~10p10, ) . no
pocos chichones cuando se tropieza en lo más vertigmoso de la carrera y se rueda por el
suelo un gran trecho.
- l ,
d h'
•
Este jueoo del marro consiste en hacer dos tandas de 1gua numero e e !Coi", que se ~stablecen en1,puntos opuestos cada bando. De uno de est?s grupos sale un chico pe~seg~1do
or otro del grupo coutrario, el cual e,; á su vez persegmdo por otro del ~ando del p111:1e1~, y
p •
·
t h ta que todos losJ·ugadores andan en danza persegU1dos unos por olios.
as1 suces1vamen e as
. d
l
·
res ecf
Cuando un muchacho logra detener á otro, todos los Juga ores vue ven a sus
P 1-

Yos lugares. A partir de este momento cam- que ocupaba una vasta llanura que se extenbia la fase del juego, porque los del bando día ante el cuartel de la Montaña del Príncimermado tratan de rescatar al individuo que pe Pío.
tienen prisionero, cosa que consiste en que
A mí me pareció demasiado fuerte para
logre tocarle cualquiera de los de un bando; debutar de niño rebelde r desmandado una
pero el hecho es difícil, porque siempre se aventura de tanto compromiso como robar
quedan custodiándole los tres ó cuatro chi- lilas en un jardín público, y al principio
'!os más fuertes del grupo ganador, y como opuse alguna resistencia; pero cuando me
no sea por un ardid, una audacia ó un golpe dijeron unos y otros que el buen éxito de la
:le fuer,.a, rara veíl se consigue el resc::i.te.
empresa consistía en correr mucho para no
En el transcurso de esta empeñada lucha dejarse coger del guarda, v queriendo yo
de pantonillas infantiles puede ocurrir que acreditarme de buen corredor con aquellos
caigan prisioneros de uno y otro bando, en nuevos .camaradas, acepté la proposición.
cu yo caso ~e procede á un canjeo. Este acto
Además, mi niñera ya me habría echado
de canjear prisiode menos, y volneros es bastante
ver tan pronto sin
delicado, complidisfrutar algo de
cadísimo, pon¡ue
la libertad consese aprecia y aquiguida á lodo tranlata mucho la cace, me pareci ó
lidad de los cotorpe, y esto me
rredores, y es frehizo decidirme á
cuente el caso dP
hacer mi primera
que haya caído
salida por cuenta
en poder de un
propia.
bando uno de loA
No bajaría de
peones más insigdoce á catorce el
nificantes del otro,
número de chimientras este ha
cuelos que formácapturado al ruebamos la cuadrijor peón del grulla de ladronzuepo enemigo, á un
los de lilas.
campeón. Es tos
Con alegre y
canjeos dan lugar
pueril charla nos
á discusiones y
dirigimos desde la
altercados tan rui·Plaza de Oriente
dosos que se repor la calle de
suelven, despué:;
Bailén hácia el
de alborotar ducampo de nuesrante media hora,
tras operaciones.
por can~ancio fíDurante el camisico de los parlano, algunos de los
mentarios.
chiquillos hicieCuando uno de
ron tema de su::
los grupos consiconversa ci on e,
gue detener á tolas hazañas realido,; ó á la mayor parte del otro grupo, se da zadas en excursiones de esta naturaleza, y oí
por terminada la partida.
narrar algún heeho que me llenó de pavor y
E,;te juego me enloquecía á mí, porque yo arrepentimiento.
confiab~ en la fortaleza de mis piernas y en
Yo no me sen lía con fuerza para hacer
la velocidad que podía obtener de ellas aca- :1inguna de aquellas diabluraR, y así me per~
ricianu.o la idea de conseguir uno de lo~ más mili decirlo tímidamente. Esta cortedad les
preeminentes puestos de corredor.
hizo mucha gracia, y se reían y decían mil
Mi solicitud fué atendida después de un cuchufletas para ridiculizarme por mi apocaexámen superficial de mi complexión física, mien lo.
descaradamente hecho por los que capitaYa enfrente del jardín, que realmente esneaban toda aquella chiq11illería, y una vez taba cuajado de la codiciada flor por los cuaadmitido me pusieron en el secreto siniestro tro costados, dijo el mayor de aquellos mude que no íbamos á jugar al marro aquella chachos diri¡¡;iéndose á mí:
tarde, sino á coger lilas del jardín público
- Bueno:¿ tú quieres ó no quieres coger lilas?
1

,.

191

�192

POR ESOS 111U:'&lt;DOS

-No, yo no cojo lilas porque no sé.
-Bueno ... Pues entonces te encargas de
ocultar las que nosotras cojamos, y cuidar
&lt;le ellas. Mira, te pones al pié de aquella
escalera, que por allí nunca va el guarda, y
se¡?ún te vayamos llevando lilas tú las juntas
y las tapas con tu chaqueta.
Yo acepté el cargo y me dirigí al sitio que
c:e me había de,:;i~nado, llevando sobre mí el
miedo más grande qne había tenido en mi
vida. No hacia más que pen$ar en la irascible Luisa y en
la azotáina que me esperaba
al regreso.
Pronto llegó hasta donde
yo me hallaba perplejo un
chico que aprisionaba nerviosamente una gran cantidad de lilas, y arrojándomelas mientras me decía apresuradamente «¡Tápalas , tápalas!•, emprendió á correr
en busca de nuevo botín.
Detrás de aquél llegó otro,
y otro, y otro, y todos ellos
venían cargados de lilas, que
me iban dejando por allí desparramadas.
Ante aquel despojo, yo estaba aterrado y ya no me
acordaba de la Luisa, ni de
nadie. Me quité mi blusita de
marinero, y la puse sobre las
lilas, después de reunirlas en
apretado montón.
Teníaque cumplir fielmente mi cometido.
Atisbaba yo atentamente
por todos los lados por donde
pudiera venir el guarda, y una
de 1a s veces s e me ocurrió mirar á lo alto de la escalinata de piedra á cuyo pié me hallaba yo
iJOn las lilas. El momento fué terrible: allí en
lo alto de la escalera estaba un hombre con
una chaqueta de cuello y bocama11gas de
paño roj-0, y cruzado su pecho con una blan&lt;:a bandokra: era el guarda.
Verle y emprender una c-arrera veloz, vertiginosa, todo fué uno. Ni me acordé de mi
blu¡:;a, ni de las lilas, ni de los chicos; corrí,
y corrí de modo que mis camaradas, que me

vieron en la huida, convinieron más tarde
en que yo no sabría cortar lilas ni rustodiarla¡:;, pero que como jugador ele 11wrro, como
corredor, difícilmente se podría encontrar
otro en toda la infancia de aquella época.
Jlientras á ruí me ocurría11 las de,;dirhas
correspondiente~ á mi fechoría, Luisa había
alborotado la Plaza de Oriente y sus contornos dando gritos como una
loca y pregonando mi nombre á los cuatro vientos. Ya
había estado en la prevención
civil, en la casa rle socorro,
en la tenencia de alcaldía y
en todos los centros donde
podían haberla dado razón de
mí si me hubiera ocurrido
cualquier desirraC;ia ó contratiempo, y en ellos la habían
conte~tado que no se sabía
nada de semejante niño.
Cuando llegué yo á la plaza, jadeante, 1-ucloroso, ahogándome y muerto de miedo,
me recibió mi nitiera de un
modo incomprensible para
mi.

Se entregó á los trasportes
de un júbilo salvaje por hallarme otra vez sano y i;alvo, y tanto beso me dió y
tales y tan fuertes abrazos
que cuando conseguí desasirme de ella y librarme ele sus
caricias estaba magullado,
como si me hubiera propinado una descomunal pafüa.
Desde la primera vez que
fui niño malo volví á ser
niño bueno, porque no pude recibir más rastigol:l. No jugué al marro, perdí parte de la
indumentaria y me dieron una somanta cariñosísima, de la cual no podía quejarme.
Muchos años después, cuando yo me daba
ya cuenta de las cosas, al acordarme del suceso me prometía referirlo para escarmiento
de pícaros, mientras me hacia esta íntima
reflexión:
--¡Sí que iué un robo de lilas! ...
FÉLL\'.MÉNDEZ

Di1:mjos de Kar-ikato.

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                    <text>PoR Esos MUNDOS
PUBLICACIÓN MENSUAL ENCICLOPÉDICA

DIRECTOR·PROPIETARIO

J. DEL PEROJO

'

...

..

FONDO .

PERF.ZMALDONADO

.. •

..

.

VOLUMEN XV.--AÑO VIII
JULIO-DICIElvlBRE, 1907

MADRilJ
l\!PRE'.l:TA PARTICULAR DE " POR ESOS MUSDOS', S.\STA ESGR\CL\, ¡•

�PoR Esos MuNoos
AÑO VIII

JULIO, r9o7

NUM.

150

COSAS. DEL QUERER
NOVELA ANDALUZA

va el resto!»-dijo Dios, respirando
A fuerte,
cuando creó á aquellas dos criaLLÁ

,

.

turas.-«Allá va-añadió-lo mejor que me
queda en el molde. ¡Trescientos catorce años
y un día de indulgencia á todo el que os eche
un piropo!»
Y al salir de la Gloria para Sevilla aquellos dos capullitos olorosos la primera indulgencia se la ganó San Pedro.
Y en el mismísimo Corrcil del Duende
vivían las dos, Coralito y Estrellita, más bonitas que las pesetas, más alegres que las
guitarras, tan gentiles, tan primorosas, tan
retegitanas, que si iban á una corrida de toros se vendía el papel á triple precio, si i alían á la calle detrás de ellas se iba una manifestación pacífica, y si entraban en una
iglesia hasta á San Juan «le temblaba er
deo.•
Las dos, digo, vivían en el Corral del
Duende y eran amigas muy queridas; como
sus padres, muy queridos amigos, dos respetables y solemnísimos vagos con mucha
asaura: el de Cocalito, señó Pepe Biznaga,
y el de Estrellita, señó José Arcaiisí, como
les llamaba el barrio, porque el uno se dedicó á vender biznagas y el otro alcauciles,
allá en sus mocedades.
Pero de las dos familias, la familia Biznaga es la más célebre, y vamos á concederle
preferencia, sin olvidarnos por un momento
de Estrellita Arcausí y de Coralito Biznaga,
heroínas de nuestra novelita.
Intimas amigas, no cabía entre aquellos
dos terroncitos de azúcar en miel secreto alguno. Cada una tenía su novio respectivo, y
una contaba á la otra sus achares y sus du-

cas y sus celos y sus quereres, en fin; y los
niños, los novios, Pepillo Pelusa y Juan Ramón, era-n amigos entrañables también y sin
secretos posibles ...
Pero hagamos un poco de historia, como
dicen los novelistas formales.
JI

En lo tocan le á sallarse á piola cinco pasos y medio, en colar la bola desde una
legua y en tirar el trompo, 1'10 había en el
barrio quien le ganac;e á Pelusilla.
Ni más feo que él había otro, ni quien
como él acertase siempre á dar con una pelú
á los fundadores de Sevilla en los columnas
de la Alameda, ni quien como él repartiese
más moquetes en men~s tiempo, cuando llegaba el caso.
Capitán de su pandilla, infundía su presencia en aquellos valerosos y aguerridos
chicuelos tal confianza en el triunfo, que
más de una vez, y más de veinte, habían hecho huir, con los sables entre las piernas, á
una verdadera nube amenazadora de enfurecidos municipales, con sargento y todo.
Decía su madre que el niño estaba en el
taller del maestro Paco, y así parecía por
allí como yo por casa de quien le debo. El
día en la calle pasaba el buen Pelusa, y
aquí me caigo, de aquí me levanto, aquí cojo y aquí tiro, con piés y piernas y algo
más al aire, engordaba que era bendición.
Y así era Pelusa, cuando llegó un día en
que se vió solo, capitán de sí mismo, que
los suyos habían tomado el buen camino y
en escuelas y talleres invertían el tiempo
que antes malgastaban á las severas órdenes
de Pelusilla. Y aburrido estaba un día, cuan-

�4

POR ESOS MUNDOS

do pasó por su lado una niña elegante, rubia, bonita, con unos ojos azules que se clavaron en el alma de Pelusa, que no pudo
resistirse y se fué hácia ella, y cuando pudo
y como pudo le dió un lirón de su vestidito
de seda.
-¡Tontol-exclamó la chica molesta.
-¡Tonta-díjola él remedándola.
Y la vió marchar, pensó un rato, miróse á
sus piés desnudos y á su chaquetilla rota, se
le cayó una piedra que tenia en la mano, ¡Me
caso en dié! murmuró entre dientes y echó
á correr para el taller, á carrera abierta.
Y con tan buena voluutad llegó al olvidado trabajo, con tantas ganas de hacerse un
hombre de provecho, que sin decir Buenos
días, siquiera, cogió la primera brocha que
encontró á mano y un cacharro con barniz, y
dióse tal maña y priesa con un cogedor de
basura recien compuesto que en menos que
se dice lo dejó capaz de figllrar orgulloso en
la mesa-centro de una sala-estrado.
Enterado el maestro de la hazaña y compadecido de lo que Pelusa lloró y suplicó,
á más de sus promesas de no faltar un día
al trabajo, qnedóse por chiripa en el taller
con la severa consigna de no hacer más que
lo que el gato: distraer al chico y menear la
cola.
Y no fué esta promesa en vano, sino que
le tomó tal cariño al puchero de la cola primero y luego al cepillo y á la sierra, que
Pel1tsilla fué creciendo y creciendo y pasó á
llamarse Pepe Pel11sa cuando era todo un
buen ofkial de carpintero y estaba «majareta
perdío• por Coralito Biznaga, que vivía enfrontilo del taller, porque enfrente del taller
estaba el Corral del Duende.
Tenía Coralito de noche y día, á la puerta
del Corrnl, dos municipales para poner orden y hacer guardar turno á la cola de pretendientes, que ni un momento faltaban de
allí; y cada vez que llegaba uno buen mozo
y apuesto temblaba de piés á cabeza el pobre Pcpillo.
Porque era lo que él decía:
-¿Cómo me ascrco yo á Coralito con esta
cara que tengo que ni hecha de encargo y á
puñetasos resurta más fea, y con este cuerpo que Dios m'ba dao, que e,ntre una cotufa
aliiíá y yo no hay má diferencia que la
salsa? ¡De memoria me séla respuesta!: ,¡Josú con el hombre! ¡Ay, el hombre!... ¿Y pa
eso quería usté hablarme? ¿Y pa eso s'ba
salio usté de la jaula? ¿Y viene usté suerto?
,;,S'ba enterao el gobernadó de que no lleva
usté la caena? Pero, Pelusa, ¿en esa estábamo? Espere usté un momentito, que ya bajo.•
Y como si la viera, va á subí, va á bajá y
me va á traé un espejo.... ¡No pué sél Y er

día que Coralito dé su cariño á un hombre,
compro una soga mu larga, la amarro de una
viga, y que recen lo que sepan por Pelusa.

*

**
-¡Me mira de un modo más particularldecía Coralito.-Como feo es más feo que
la pena... Pero yo estoy viendo que no farta
un día del tallé y se m'ha jecho simpático,
mu simpático: tanto, que yo me he tenia que
jasé amiga, mu amiga, de la maestra pa dirme al tallé de vé en cuando, porque se está1\
poniendo las cosas que ó revienta él, ó reviento yo.... Por otro lao, el rabiaero de los
pretendientes. ¡Es mucho cuento que no
!'han de dejá á una ni á sol ni á sombra estos
niños de este barrio, que no acaba una de
salí de Herode cuando entra en Pilatol Pero,
,;,cómo voy á desi que no, pa que se entere
tó er mundo? ¡Que no, mil veses,aunque venga el mismísimo prínsipe de la China con
una recomendasión del alcalde! Y hay quien
dise que viene loco, y hay quien dise que
viene farlo de sueño, y hay quien dise que
viene agonisando, dando las boqueás, muriéndose ... ¡Ni que fuera esto la consurta de
un médico! Y pa ellos, pa todos, soy muy
bonita y mu simpática y mu graciosa... ¡En
cambio, pa el otro debo sé mu fea ó qué se
yol Por otro lao, quisá sea todo ilusiones
mías, y es mu posible que no se haya fijado
en mí porque le pareceré poco... Y el caso
é que ya tengo los diesiocbo cumplío y me
vendrá pero que la mar de bien un novio.
¡Nada! Por probá na se pierde: yo lo veo, y
veremo á vé por dónde sale... lY con qué tipo
sueña! Si le gustan gordas, me voy á pasá tré
meses sentá y bebiendo agua; si flacas, desde
hoy no como má que una sardina ca tres
días; si le gustan pálidas, vinagre de yema,
aunque me vuelva un alcaparrón; y si le
gustan colarás, ca vé que vaya á verlo me
llevo soplando un cuarto de hora antes...
¡Vamos á verá la maestral
Y aquel día, que estaba Coralito convencida más que nunca de que no le vendría á
ella mal un novio, se fué al taller y se encaró
con Pel1.'8a.
-Buenas lardes, Pepillo,-dijo al entrar,
recogiéndose coquetonamente y más de Jo
regular la falda al pasar por las virutas y el
~errín del taller.
Pelusa se puso como la grana y se le
cayó el cepillo que tenía en la mano, pues
hasta el cepillo se le emocionó.
-Muy buenas, Coralito.
-(.Sabe usted si ha entrao mi madre aquí?
-No hace medio minuto que salió con la
maestra.
-¡Vaya por Dios! La quería ver porq~,e

COSAS DELQUERER

5

hoy va á pedirle mi mano an mataó formá. quiero porque lo quiero y me da la realís ¡.
~r.Un formá?
ma ga~a... y nada mál y será más feo que
-Yo creo que sí.
.
Cham!so, pero es bueno y lo retequiero y lo
-Y usté... ¿qué l'ha dicho al rnatao ése·~ retequ1ero...
-d_¡Ybo qué le voy á desi, hombre! ¡El se lo
y allí solita en su habitación y sin poder
ha 1c o todo!
romper el llanto, comenzó á dar pataditas de
-Pues entonse...
co:~Je en el suelo, cuando entró su madre la
-¡Pero qué! ¿No me cree usté di na de sena Socorro.
'
ser la esposa de un mataó de toro? g
-Adió, Coralito.
-¡Pschl
·
. -¡Venga usté con Diól-le contestó vol--:1Psch!-replicó Coralito' remedándole viéndole las espaldas.
graciosamente y acercándose d
d .
-¿Qué bicho t'ha picao, hija?
Vamosá vé...
ema. 1a o.-Ami no
en confiansa;
me
pica na¿qué tal le
die,
madre.
paresco yo á
-Venia
á
usl~? ¡Tengo
desirte
que
cur10sidá por
se m'ha asersaberlo!
c a o Juan
- ¡ Usté,
Manué el taCoralito, á
labartero
y
mí... Pues á
m'hadicho
mi!. .. -repuque está has o tartamuciendo
un a
deandoPepisoga
mu
larllo-ámí
ga,
que
Io
me parase
mismo pué
usté una coser"í pa
sa muy boamarrá
lacónita y muy
moda y la cachiquita y
ma de novio
muy ...
quepa
ajor-Vamo ...
carse
...
r,Tú
¡una horquiqué
dise?
lla invisible!
-Quesiga
- ¡ Una
emparmancampanillita
do soga.
de platal- ¡ Buena
exclamó Peestáh o yl...
pillo, ruboriPe pillo el
zándose del
novillero me
piropo y en
h.a
tli&lt;!ho que
1as últimas
- -~~s1 tú lo quiede la asfixia.
Coralito entró en el taller recoziéndose coquetonamenle la falda
re deja la afi-¡De plata!
-Bueno ·C
p .
sión.
- Si, señora.
Q. G on q_ue epillo deja la afisión?
-¿Xa má que de plata?
t ... ¿ ué le digo?
·
. -¿Le parece á usté poco?-dijo Pepillo
-Que no deje la afisión
mino se va al si·e1o.
, que por ese casm saber qué decía.
e· -No, _hijo, no: ¡cá! ¡Mucho! ¡Muchísimo!
-¿Tú te crees que
1
.
a uno tiene su gusto: ¡no tuviera OláS que le eso? 1ft'igúrate tú l no iay mas que desir've!... Mu agi~a~esi~... ¡la mar de agradesía!... con el genio que tieie(uc me va á respondé
Y se desp1d1ó diciendo muy secamente:
- Lo má que le puede desí á ust. ,
-¡¡Usté lo pase bien!!
ya conose_ la carrelern. De mod
e e., que
-Y Luis eI herrero ...
o que...
*
**
-¡Y no siga usté, madre' A ui t
-¡De plata! ¡Una cosita mu.y pequeña .
veinticuatro carta de tré di~s...q
engo yo
muy graciosa!... ¡Un mono! ¡Un arfilé de cor: . -:--b~ye, lt\: ¿no ibas á contestá hoy la que
bata_! ¡Un trompo! ¡Cualquier cosa! ¡No sov 1es1 iste del emperadó de Alemania?
su tipo!. .. ¡E~, pues él sí es mi tipo, y lÓ
-No me gaste usté bromas.

º

-s·

�COSAS DEL QUERER

6

roR ESOS MUNDOS

pués de pensar el modo y la manera de acer-- ;.Por qué?
carse á ella, una noche cogió un bastón, sa- Porque no soy su tipo.
lió á la calle, y tosiendo, tosiendo, se acercó
- ;,Del emperadó?
á la reja de Estrellita.
- No, del Pelusa.
-Güenas noches, vecina.
--¿También s'ha declarao el arma mía
-Güenas noches, vecino. ¿Está usté maloi'
~se?
-;\luy malo, vecina, muy malo.
- No, que me he declarao yo.
- ¡Vaya por Dios!
-¡Josú María!
--Con un pié aquí y otro en la sepultu-¡Josú Maria! Pos me gusta, ea: ¡pos me ra: ¡ya ve uslé qué desgrasia la mía! ¡A pié
gm~tal
cojilo en este mundo 1
- Lo querrás pa un.a caja de sorpresa.
-Sí que es desgrasia.
-Lo quiero pa mi ¡toa la vía!
-¡Y tan grande! Yo no sé lo que me pasa.
-¡Ave María Purísíma! ¡En cuanto se en- No hase un mé era yo un muchacho alegre;
tere la gente!
en loas partes me metía; charlaba má que el
-¡Que no se enterará!
loro de una solterona; era yo fuerte y salu-¡Que sí se enterará!
dable, capá de echarme á cuesta la Giralda,
-¿.Lo va usté á desi?
si se le antojaba á cualquier mosila ... Y hoy
-A tó er. barrio. ¡Verás canela en la fiesta no salgo de casa, no hablo por no gastar saesta noche!
liva, que es lo único que me va queando, y
-Pos mejón.
pa estornudá tengo que arrimai:me á una
paré, vecina.
-No somos nadie, vecino.
Y llegó la noche, y la fiesta en el Con·al
-Nadie, vecina: ¡quién me vió y quten
del Duende, donde se reunió lo mejorcito del
me
ve, converlío en un sepillo de diente~,
barrio y todos los pretendientes de Coralito.
Y ellas y ellos, mozas y mozos, enterados que no tengo más que güeso y pelq!
-¿,Y lo ha visto á usté el médico?
por la señá Socorro de que Pelusa le habíci
-No he hecho por rnrlo, porque lo que
pedido la converscisión á Coralito, no podían resistirse, y menudearon las bromas y nesesito no es un médico, sino un cura.
-¡Ay, no diga usté eso!
las indirectas como banderillas de fuego,
-Un cura, que me eche las bendicione.:;.
que traían á Pelu,a y Coralito sobre áscuas.
-¡Josú, casarse!
-¡Que cante Pelusa!-hubo quien gritó
-Ahí está el toque, yecina: ¡y con usté!
reprimiendo la risa.
--¡Juan Ramón!
-¡¡Si que canto!!-dijo el muchacho con-¡Vecinal
gestionado.
-¡Pero ... hombre!
Y cantó, comiéndose con los ojos á Cora-¿No le da á uslé lástima de mí? ¿Será
iito:
usté
t~n mala que ~e quite la única alegría
E1·es chiquita y bonilci,
que
ya
me quea en el mundo? Aunque no
eres como yo te quiero:
pasemos de novio3... pa tres días que va á
pareces campcinillita
está uno roando por la tierra, ¿qué más le da
jecha á mano d'wn platero.
Y al alma misma le llegó la copla á Co1a- á usté?
-Es que ...
lito: al alma misma a1uello de •eres como
- ¡¡Vecina!! Yo nesesito un bxaso que me
yo te quiero•. Y acallando las risas y mur- sostenga en lugá de este bastón, y unas pa·
muraciones del auditorio, him vibrar su labritas durses que me consuelen y unos
voz de ángel:
ojos negros que m'animen, y ... ¿pa tres días
que va uno á viví, qué más le da á usté, EsTe quiero porque es mi gusto
y en mi gusto nadie manda;
trc 11 ita?
-¡Pero e;; que er cariño no entra así, de
te quiero porque me sale
de los reaños del arnia.
pronto!
- Aunque sea de madre de caridá, ¡ese
-¡Coralillo!-griló Pelusa.
favó pué usté haserlol
-¡Pepe!-exclamó Coral.
Y como el corazón de la sevillana es muy
Y poco á poco se clisolvi6 la fiesta.
noble y muy santo y muy hermQso, y tanto
dió y tanto suplicó el enfermp, Estrellita le
m
dijo que si., compadecida hasta las entretelas del alma de su pobrecito Juan Ramón; y
Andaba Juan Ramón cavilando y cavilan- fué tol)'.lándole cariño y fué queriéndÓle y
do que le parecía muy buena para novia llegó, á suspirai· con él y á esperar todac; las
una niña tan graciosa como Estrellitr, y des-

,Te quiero p~rque es mi gusto-y en mí gusto nadie
nadie manda•, cantaba Coralito

.

-¡El que quiera saber si le qu:eren de
corasón que coja er bastonsito!

~ •. -,.i
•,
"-

.
:-..;

,••~

·~
~

lV

1

j

noches en la reja, ausiosa y anhelante oir
aquellos p¡tsos inseguros y aquella tos' tan
seca, tan seca, que le partía el alma ...
Y una noche en que los dos bebiendo
. das, suspiraba' Estrellita
amores en sus mira
P?r la falud ~e ~uan Ramón, ~l muy... ¡sevillano. endeiezo el cuerpo, pusose bien su
sombrero de ala, aliñó sus tufos negros y
brilla~tes, to:ió sano y fuerte y habló así:
-1 u quc1:e es er que yo buscaba: ¡firme,
d?radero! ¡Er queré del arma, gitanilla mía!
Si me 9uerías con locura de amor enfermo
y a~omzando, con delirio me querrás fuerte
Y :vigoroso: he probado tu cariño. ¡Así se
qmere!
Y por brindar un beso, recibió una docena
de ellos, alocados y rientes.
Luego tiró el bastón, y dijo :

~ asi comenzaron los amores de las dos
amigas, Coral y Estrella, precisamente cuando l_os padres ~e las niñas, señó Pepe y señó
ose, se conocieron en Cádiz á donde habían
ido, uno á vender bi·1,nagas y el otro alcauciles.
_-Ya_que somo é Seviya los dó, señó Pépe,
va~o a. yamarno compadres,-decíale al
senó Jose en un colmado de la Tacita de
plata el padre de Coralito.
. -¡Seyao!-respondió el señó José Arcaus1.---;-¡Compadre jasta la muerte, y. cuando
uste vaya por Sevilla me busca en er Corrcí
cler Duende donde...
-¿Pero vive usté en cr Cort(Í der

!

Duende?
-Ayí mismito.
-¡Y yo, compadre!
-¿También?
-:-Jase un mé que recibí la notisia de mi
muJé y de mi chiquilla, que pór allí andan

�COSAS DEL QUERER

8

POR ESOS MUNDOS

S'ban trasladao de domicilio por custione tercer plato, At·capar,·one; cuarto plato,Más
arcaparrone y mantecao fritos; quinto plade amor propio con er casero anterió.
- ¡Pos más compare todavía, compadre! to, Pescadilla con música; sexto plato, NaY que nos veamos pronto en Sevilla porque, tilla con jazmine; séptimo plato, Natilla
yo por lo meno, estoy ya jarto de tanto Cái. cloble (con doble jazmine). Vinos: Mansa-¡A mi me lo cuenta ustél Esto está per- 1iiya, á voluntá. Entremese: Asituna sevidío! ¡No hay negosio! Por supuesto, como la llana. Tabaco, Juan Bi·eva. En vé de palibiznaga no dá mucho de sí, en cuanto yo llo, muchacha ar naturá, y en lugá de la
pueda pi yá un tren y me cuele en Sevilla cuenta un apretón de mano y la entrá é los
tengo proyeclao un negosio que má desean- toros.
,Pos salimos y vamos á visitá menumensao no pué sé: poné un palomá, una trampa,
sentarme serca de eya y aguardá palomos. tos, que tós están ya reformao. ¡La Girardal
Voy á ganá er dinero como cuarquié minis- 11Osú la Girarda!l ¡5839 metro sobre er nivé
der Mar Artico, que es er má arto der muntro: ¡sentaol
-Compadre, sí que es buena idea, y no do. Llegamos á la torre, y cuatro sigarrera
jago lo mismo porque vivimo en la misma nos cogen en braso y nos yeban Girarda arricasa ... Pero ahora tengoquinse duros, que ya ba y nos enseñan jasta er muñeco. (Este
Muiíeco, lector amigo, es el remate de la
ve usté si sobra pa er palomá.
-¡Quinsel ,;,Quinse ha dicho usté? ¡Ay, Giralda: la Fé, con el estandarte que sirve de
compare! No desperdisie uslé la ocasión y veleta.)
,Pa abajo... ¡roando se yega má pron.tol
vámono d'aqui que aquí no ha y má que
Entramo
en la Catredá y allí está er San Anconchas y caracole... Compare, que usté no
tonio
de
l\foriyo,
má trianero que er puente
sabe cómo s'ha puesto aqueyo de superió.
de
Triana,
que
pa
eso lo pintó Don BartoloEn la úrtima carta me dise mi mujé que
me vaya, que ayí se gana er dinero tocando mé en la úrtima posisión de seguidilla sevilas parmas por la calle... ¡Comparilo de mi llana: ¡de rodilla y adorando! ¡¡Olé, por San
arma! ¿En qué mejor pué usté empleá er Antonio!! Allí está Cristóba Colón, que pa
que no se canse de tanto descanso lo llevan
dinero que en dos biyete á tersera?
Y á medida que se consumían las cañas, el á hombro cuatro tíos. Allí San Fernando y
bueno de Pepe Biznaga iba adquiriendo su Vígen, tan regüenos moso y tan renegro
elocuencia y convencía á su recién-compadre los dó.
• Y al salí de la Catreá pa el Alcásar, emde lo bien que lo iban á pasar en Sevilla.
--Mírusté, compadre,-decía sin dar paz ni piesa á nublarse er sielo, y cae un chapareposo á la lengua, haciendo comas solamen- rrón do rosa sin espina que es ¡er disloque!
te cuando se tomaba una nueva eaña-mi- Compare: nos metemo en er palasio arsorusté, tó ha cambiaó, ¡toíto, compadre! Usté bispá pa no ajogarnos, y sale er arsobispo,
no sabe ná de esto. ¡Usté no se pué imaginá nos coge por su cuenta, y que quieras que
la güerta tan reonda que ha dao Sevilla! no nos lleva al aperitiro d'enírente y nos
Figúrese usté que cogemos er tren mixto convia.Cuando escampa, nos da la bendisión
de Sevilla, que de allí pa acá jecba una bar- pascuá y se marcha.
,Nosotros, pián, pián, pianito, y jála, jála,
báridá de tiempo y de aquí pa allá ·na , má
jála
... ¡ar Parque! ¡¡Osú!! ¡Er Parque! Empiequé un cuarto de hora por mor de una cuessa
usté
á golé y se güerve usté una máquina
ta abajo que acaban de hasé, y llegamo á la
Estasión der Prao. ¡Usté no sabe cómo está goliendo. Güele usté por aquí... ¡claveles!
er Praol Bueno: cogemos er primé coche que Güele usté por allí ... ¡azahar! Güele usté por
nos ofrezcan ,y jála, jála, jála, ar son de los la derecha ... ¡nardos! Por la izquierda ... ¡al- ~
,cascaheles de los siete cuatralbos de la jardi- bahacas!... En fin, entra usté en er Parque y
nera se nos sale der arma cá copla como un le pasa a usté lo que á un podenco en un
monumento, y llegamo á la Plasa de San coto: ¡orfateál
,Pos empiesan á salirle á usté caras boniFransisco, nos apeamos, y er cochero nos dá
tas
y cuerpos bonitos... ¡Ay, comparito!: se
las grasias, un duro y un chato. A pié y andando por la caye Tetuán nos apartamos un empiesa usté á mareá, y com¡c : a usté por
poco pa que pase un automóvi sevillano un piropo, luego dos piropo, luego media
despidiendo un tufillo de gransolina (que, se- dosena, luego sincuenta. Siguen los mareos,
gún la carta de mi mujé, güele á nardos), y se desabrocha usté, se le nubla á usté la visy concluye usté por no saber ya si los
a lo mejón nos topamo.s con un borracho, co- ta,
mo nosotros, que en virtú der compáñeris- munisipales son munisipllle ó ángeles der
mo nos convía á arJl}orsá. Y armosamo: sielo. ¡¡Vaya cardo!!
,Salimos ar Paseo de las Delisias, y empieprimer plato,. Sopa ile cuerdas de guita- sa usté á ve barcos de guerra y barcos merrra; segundo plalo, Cangrejos perfumaos;

cante en er río, con la mar de calao, y al redad? de ca barco las naranjas que sobran en
Sevilla, que ahora se las jechan á los inglese der carbón así como si fueran perros de
agua... Seguimos p'alante y nos encontramo
con la Torre del Oro, que ahora está llena de
P?lucona por drento, y donde se entra emp1esa uno á escogé moneas: y á esta no quiero, y á esta _tampoco, esta dejo, y esta tiro;
se sale uno sm nmguna.
»Seguimos pa Triana, y en er mismo puent? hay t~ los día un tabernero loco, repa\'l!~ndo vmo, y un munisipá ar lao con amomaco... Entra usté en Triana, compare, ~ ...
-¡Ay compare, no ziga mál-contesla el
señó José, convencido hasta la exageración.
-¡Vámono pa Sevilla! ¿Qué me va á contá
usté á mí si soy ma sevillano que er Scñó
íl~r Gran Poél. ¡Si no hay n.á como Sevilla!
¡S1 ayí no hay má que juerga y vino! ¡Si ayí
n_o pasa nunca naíla malo! ... ¡Si jasta los fu.
siles maüser de los civiles son de caña du . .,e!
Y al oir esto, el señó Pepe Bfanaga dice á
su compadre sentenciosamente:
-Compare, ¡güeno está lo güenol Pero no
• c!om pare...
'
11a y que exagera,
Y c?n la turca mayor que ojos humanos
conocieron lomaron aquella misma tarde el
tren para Sevilla.

-rilar que haserse queré!

decianse I os ni1ios cslrechándose las manos

V
Y ya tenemos, amable leclor, simpática
le~tora, á las dos familias completas en el
Cot·ral del Duende: la de Estrellita en una
habitación del piso alto, la de Co;alito en
?Ira del patio. Vueltos los maridos pródigoE
a sus hogar~s, r~bosaba la alegría en aquellas dos habllac1ones, y las dos niñas traían
contagiada á la vecindad. Porque Coralito
con su Pepillo no se cambiaba ni por la prin•
cesa real del Perú, y Estrellita bailaba de
coroni!la si á su Juan ~amón se le antojaba.
Al senó José Arcaust le habían colocado
de vigilante, y el señó Pepe Biznaga había
~ontado p_or ~n un soberbio palomar, envidia y adm1rac1ón de todos los aficionados del
barrio.
~ero, qomo l_as cosa~ de las novelas pasan
seg.in el novelista quiere, á mí me da la
g~na de que riñan al mismo tiempo EstreUtta con Juan Ramón y Coralillo con Pepe

Pelusa.
A los pocos días de las riñas encontráronse los niños, y...
-Dios te guarde, Juan Ramón.
-Salú, Pepillo.
-¿Aónde se va?
-Buscando novia ... ¿Y tú?
-Enamorando.
-¿Pero fué pa siempre aquello?
-¡Hombre, pa siem•
pre no! Pero si tó va á
ser miel, vamo á cogé
"' un empacho.
-¡Eso ~igo yo! Hay
que sasona er queré con
su mijita de disgustillo.
-Pero ya sabrá que
ocurre argo má grave.
- No me digas ná.
¡Enterao l Mi Coralito
anda haciéndote la ruca
Y tu Estrellita me la an~
· da haciendo á mí: nos
quieren vensé á fuerza
é selos.
-;Pues con buenos
han da o I Porque supongo que lú...
-Por estas que son
cruses que va á habé su
chispita d e desesperasión.
-Y su chispita de lágrima.
-Pos venga e;;a mano ... ¡Hay que dejarse ve
muy á menudo!

�POR ESOS MUNDOS

10
- Ha y que haserse queré.
--¡Salúl
-¡Salú!

VI
Y á Coralillo le fallaba el plan, y cada
vez que veía pasará su Pepillo por frente
á su reja con la misma indiferencia que si
pasara por casa del cónsul de Rusia, y á
Juan Ramón,que no entendía sus miradas y
sus tosecitas y sus posturas, se ponía furiosa
como gatita perseguida. Y cátate ahí que,
Coralito comenzó á perder los colores, y á
suspirar y á suspirar, y á llenarse de una penita mu y lenta y mu y honda, y á la señá
Socorro, su madre, le traspasaban el alma
aquella tristeza y aquella duca tan sin por
qué de su hija, y no se pudo aguantar y llamó
al médico, y el médico dijo que aquello era
anemia, que necesitaba la niña mudar de
aire y que se le debían cinco pesetas de la
visita.
Pagólas religiosamente el señó Pepe Biznaga, y como si hubiera oído llover apenas
se fué el médico se subió á la azotea, y agarrándose á la cuerda de la trampa del palomar se decidió á esperar tranquilamente á
una paloma zurita que un macho ladrón
suyo camelaba hacía un mes, con tan poca
fortuna que no había conseguido de ella ¡ni

agua!
Y en esta importanle y arriesgadísima empresa estaba el padre queridísimo de Coralillo, cuando se le presentó su media naranja para ver de cumplimentar la receta del
doctor.
-Mira, Socorro,-le decía el señó Pepe
sin quitar ojos de la trampa-lo que nesesila
la niña no es mudá de aire, sino un novio de
dos legua y pico en cuadro.
-Mira, Pepe,-replicaba Socorro-lo que
tiene la niña es anemia.
-¡Habla más bajito, tú!... Güeno, anemia
sí, señora, anemia. ¿Pero tú sabes lo que es
anemia?
-¡Cuando el médico lo dise!...
-Er caso é que si tú sabe lo_que é anemia...
-¡No!
-Pos anemia, ¡so ignorantona! es una
cosa asírr como la que le pasa á un velón
que no tiene aseite y se empeña en seguí
ardiendo.
-Güeno: entonse lo que le farta á la niña
es aseite.
-Mira, Socorro, lo que le jase farta á la
niña es un tiro de pórvora, con mucha pórvora y mucho perdigone.
-¡Eso! ¡Qué animal eres, Biznaga! Y
luego ...

-Luego; un ataú blanco, una fosa la má
de jonda, un ...
-¡Asesino!
-¡Pos mejón!
-¡¡Reteasesino!!
-¡¡Po~ retemejón!I... Y me vas á jasé er
favó de no eseandalizá, que no va á entrá la
paloma.
-¿De moo que tú prefiere la paloma á Coralito?
-Sí, señora. &lt;'.Quieres jasé er favó de irte?
-¡Bárbaro! ¡No te ofendas, Biznaga, per~
tú no sabe ná de eso que le entra á las niñas
cuando clumpen los quiuse y s'aburren ...
-Sí: ¡la mangla!
-Una cosa paresia.
- Pos surfátala ... Anda, cuanto ante mejó,
que eso cunde. ¡Vélo!
-¿Que me vaya? ¿Pero tú te cree que yo
no sufro ná con lo que le pasa á Coralito'r'
-Buer;o, rio siga. Ya sé en Jo que va á
concluí er sermón: en que te deje ir.
-Eso, e5o, es lo mejó que pués jasé; dejarme ir con ella á Dos-Hermana, siquiera
quinse día ...
- ¡Pero mujál ¡Y con la caló que jase! ¡Se
váis á achicharrá!
-Mejó: así suda, y jecha fuera los malos
humore...
-Pero, ¡mardiia sea mi e:;tampa! ¿Qué
nesesita la niña, Socorro?
-Mudá de aire... y na má que mudá de
aire.
-Pos te equivoca ... Nesesila un novio.
-¡No! ¡¡Mudá de aire!!
-¡Que noooo!. .. Un novio, cojo ó manco,
tuerto ó derecho ...
-¡Tuerto no, por tu salusital
-¡Como sea!... Tó menos irte á gastarme
un dinerá fuera ,de Sevilla.
-Güeno ... Se busca er novio. ¿Y tú te cree
que eso se encuentra como los curas, á cá
paso?
-No, pero tarde ó temprano tendrá uno,
seguramente más guapo que el sinvergüensa
de Pepiyo Pelusa...
-¡Reteanimal, éso!. .. ¡Y mientras, mi hija
de mi arma, pobresita mía, angelito mío, que
lo que nesesita é mudá de aire y ná má que
mudá de aire!
-¡Mujé, que se espanta la paloma!
-¡¡Mudá de aireeeeeel!!! ¿Te entera?
-Sí... No chilles, mujé.
- Giieno, ¡mudá de aire!
--Güeno. Pos s'acabó, ea. ¡Conflirto re•
suerto! Dile que se abanique al revés.
Y la señá Socorro volvió la espalda enfurecida, y se quedó su marido agarrado á la
cuerda de la trampa del palomar esperando
á la zurita que su palomo camelaba.

11

COSAS DEL QijEIUiR

Vll

- ¡(:oralito!
- ¡Madrel
-¿Te carcula lo que m'ha dicho tu padre?
-Ko.
-Pos que si quieres rnudá de aire que te
abaniques con !;)r delantá, ¡ó qué sé vol Asauras lo he visto, paro como ése, ning~no. Pero
oye m'ha dicho una cosa, que quisá no
vay~ mu descaminao: tú has empesao á enfermá desde
que reñiste
con Pelusa,
y á ti te ha e
tilín algún
mosito, y ese
m osito no
s'ha ente rao...
- No hay
mosito que
valga, madre.
-¿N oi'
Pues tú estás
cnamorá, y
d e 1 arsobispo no va á
sé, niña.
-¡Ea, ya
lo arre g I ó
usté todo!
-Es que
lo mismo me
pasóámí
con tu padre.
Lo ví, me
enamoré, é 1
no se enteró
dená, y como
las mujere no
podemo echá afuera nuestro seutí, fui perdiendo los colore hasta que ...
-¡Qué!
- Hasta que tu ·padre me los sacó á la
cara la primera•noche que hablamos en la
reja. ¡Porque tu padre ha tenío sus cosas! ¡Y
era mu guapo y rriu bien puesto!... Lab,miga
y la asaura l'ha criao desde que nos casamos.
En fin, tú, como si yo fuera un confesó,
me vas á desí toa la verdá, q_ue eso de enamorarse es la cosa más naturá... Y lo que
digo yo: ¿si no hisieran eso las mujeres, qué
repajolera farta harían en el mundo?
-¡Pero qué empeño tiene usté en que yo
estoy enamorál
- ¡Yo, no! ¡Tu padre! Tu padr!3 que dise
que te va á traé un cónsu pa que no t'aburas tanto.
0

-- Pos no es cónsu, ni mucho meno.
-¿.Entónse, qué?
-Mírusté, la verdá: argo morenito é; argo
feo también é... Pero ...
- ¡Josú! A tí te ha dao por los fenómenos.
Antes, Pelusa; ahora, cuando tú misma dise
que es argo morenito y .argo feo, de seguro
que t'has enamorao ... lo meno, IQ meno, de
la estálua de .Muriyo.
-Pos no, señora. Voy á desirle á usté la
verdá. ¡Es... es Juan Ramón!
-¡Madre mía, el novio de Estrellita!
.,
-El que
era su novio.
-Poro ...
- Y ése
tiene que sé
e r mío, por
las buenas ó
por lasmalas.
-- ¡Chiquilla!
- En . fin,
ya lo sabe
papá...
-t.Con que
lo sabe?
-Sí... ¡Pues
y a I o creo,
pu es chicas
matracas _que
le doyL.:Y el
ha prometía
traermelo por
una oreja, y...
-¡Quiso, quiso!-ent ró diciendo Pepe
-Pos miBiznaga, con una
r a I o ... ¡Por
paloma en la mano
ahí viene!
¡Por fin, con la ¡-aloma en la mano.
-¡Quiso, quiso!- e-n1ró diciendo el
bueno de Pepe Biznaga.

""

VIII
-Hay que ceder, Juan Ramón,-decíale á
su amigo, Pelusa.-Esto no pué seguí así.
M'aburro má que un maleta en invierno.
-¡A quién se lo cuentas!- replica Juan
Ramón.-Así no se consigue ná: hay que
vencé á las niñas con sus propias armas. De
manera que si tú eres gustoso, declárate á
Estrellita, que yo ,eré el modo de arrimarme á tu Coralillo, y veremo á vé por dónde
sale esto.
-Pos no hay más que hablá.
- Oye, ¡pero mucho ojo! Cudiao con lo
que se dise... ¡Y con lo que se jase!
-PoF mi parte no tengas mieo: ¡soy un
padre capuchino!
-¡Pos al negocio!

�POR ESOS MODOS

12
- Mucha labia.
-Mucho pesqui.
-Con piés de plomo.
- Que se vea er talento.
-Y á prisita:
- De hoy no pasa.
-Lo mismo digo.
--Pos... ¡salú!
-¡Salúf

IX
Apenitas entró entró el señor Biznaga en
su cuarto se encaró con él su costilla.
-¡Con que lo sabías! ¡Con q~~ has con~e~tío pagá sinco peseta por la vISita der medico cuando lo que le jase farta á la niña es
la 'visita de un novio! ¡Mira, so ... Biznaga!
¡Por-mi _salú que te creía con sangr~ gorda,
pero,hijo mío, jasta ahora no la he v1slo con
todo su espesó!
-¿De moo-dijo el señó Pepe-de moo
que lo sabe?
-Sí.
-De manera que tú sabe que la niña
está enamorá de Juan Ramón jasla las entretelas del arma, y que yo, artuando de
hombre bueno, le he ofresío á la niña traérselo aquí y arreglá el asunto ...
-Sí... Y ya que lo sé te digo que te estás
poniendo en camino, ante de que me muera
yo y ante de qe se muera es ta...
,
-Vamo, he yegao á tiempo... ¡En la agonía!
.-Sí, papaíto,-exclamó Coralito.-¡En la
agon'ía! Que ya estoy mataíta de tanto sufrí
y no pueo má, y me voy consumiendo poquito..á poco, porque la pena pued~ má que
mi salú y se la lleva, se la lleva, srn que yo
puea. remediarlo. ¡Papaíto! Que es mu grande este rabiaero; que ca vé que pasa por
aquí ese sinvergüensa y no mira me . creo
que er pañuelo es él, y lo muerdo, lo muerdo ...
-¡Bendito sea tu pico, que hablas más
\ferdá que er rey!- replicó Socorro.--:-,-¡Eso,
eso era lo que me pasaba á _mí ante· de las
relasione con tu padre!
- .¡Y te sigue pasando!-exclamó Biznaga.-Por lo meno, lo de los bocaos... ¡Anda,
que como sarga Coralito á tí!...
_
-Usté lo que debe jasé,-interrumpió la
niña- es ver al malánge ése, y meterle por
los ojo mi queré, á ve si se fija en mí y dejo
de mordé pañuelo ...
-Sí,-dijo la señá Socorro-sí. Ustedes
los hombres lo arreglan todo de cierta manera ... Anda, marío, porque te advierto que
si es verdá eso de los pañuelos... ¡es una
ruina!
-Ahora tnismo no ptié sé ... Mañan_a.

13

COSAS DEL QUERER

-¡Pero, mañana sin falta! Mírusté que
como yo lo vea esta noche me declaro á él.
-¡Mañana sin falta!

X
Y á la noche siguiente se arregló_ Pelusa
con la novia de Juan Ramón, y Coralillo vió
pelar la pava, poniéndose, como es de suponer, indignada y enfurecida, y aquella misma noche le dijo Pelusa á Estrellita que el
padre de Coralillo había camelao á Juan Ramón para su hija, y que era cosa hecha; y
aquella noche ni durmió Coralito ni durmió
Estrellita, esperando las dos con verdaderas
ansias la luz del día: Coralito para desvararle el moño á Estrellita, y Estrellita -para
enseñarle sus cinco dedos á Coralito.
¡Válgame la Virgen, y cuánto tardaba el
sol!

\,_

XI
Pero llegó, como llegan tod~s las cosas, y
allá va Estrellita más ligera que un gamo á
la habitación de Coral, y ahí tenéis á Coralito que delante de un espejo quiere ponerse una flor y no acierta cómo, y va á"salir á
verse con Estrellita cuando llaman á su
puerta.
-¿Quién?
-Yo... Abre.
-(¡Qué casualidad!) ... ¡Voy!
,
- ¡Pos sí, Estrellita pos sil Arto, dergao,
más feo que un sapataso en un ojo, mu negro, mu chato, la boca en comunicación ·con
las orejas, er pescuezo muy largo y múy dergao, la cabeza mu gorda, paresa que la lleva
montá al aire; los ojos ¡sartonel, como si se
lo estuvieran soplando desde er cogote: dan
ganas de ponerle la mano debajo pa que no
se caigan; misto de sardina y de hombre,
¡así es er nene que m'ha pedío la conversasión! ¡Como supo que yo m'había disgustao
con Pepillo!, .. ·
· ~ Pos, mira: gordito, la mar de gordito, y
sin J.lá. de carne.- to es viento, parese una
pe_lota de goma, bajillo, con una narí mu
larga, misto de hombre y de botijo, ése es
er nene que m'ha pedío las relasioné... ¡Co mo supo que yo había reñío cori Juan Ramón!
·
-¿Y tú qué le dijiste?
7 Que sí, por desirle argo... ¿Y .tú.?
- Que sí, por tené_con quien pasa er rato,
porque te advierto· que Pelusa era la má de
aburrío.
.
-¡Pos _mira que Juan Ramón! · · .
. __,_¡Sí, sí!
'
- ¡Vaya, vaya!

-¿De manera que er tuyo ... mu gordo, mu
-¡Sinvergüensa!
gordo?...
-¡Canaya!
-Si ... ¿Y er tuyo mu feo, mu feo?...
-¡Salvaje!
-¡Si!
-¡Judío!
-Y ese mu feo, mu feo ... ¿no sería por
-¡Herode!
·
un casuá·Juan Ramón·?
-¡Elefante! ... Ea, ya rompí el abanico.
-No ... Y er botijo tuyo, ¿no sería por un
-¡Bueno ha quedao el pañuelo!
casuá Pelusa?
-¡Y todo por dos sinvergüensa!
-No.
-No; el mío tiene menos que er tuyo.
- ¡Claro!
- -¡El tuyo menos que el mío! .
1
-¡"Claro!
-Me refiero á Pelusa. .
-Pos mira tú lo que son las cosas: á mí
-Y yo me refiero á Juan Ramón.
me habían
·~·
. - El que
d i eh o que
· ►-;•
tengo ahora,
Pepillo, ¡ e r
Gi# \ me gusta.
que fue m i
- •- .
-¡Mira tú:
novio! se hael que yo
bí a arrimao
tengo ahora
á tí á ver
sí q u e me
si...
agrada!
- ¡Pos mi•
- Y lo
ra tú qué caquiero m á s
sualidá, muque á l~ niña
jé! A mí me
de mis ojos.
habían dicho
- Y yo
que tu padre
más q u e á
había ido á
mi vida.
vé á Juan
-Feiyo é,
Ramón y que
pero la mar
era asunto
de grasioso.
arreglao, .. ·
- Feiyo é,
-¿ Y qué
pero mu simque y o me
pático.
h a y a arre-¡Y cada
g 1a o c o n
día lo voy á
Juan R a queré rnál
món?· y
-Y cada
é -¿Y qué que yo me haya. arreilao con Juan Ilamón?-decia. Coralito á su a.mi•a
-¿ qu
• día voy á
que me haya pedío la conversasión Pelusa? tomarle más cariño y mayor apego.
-Ná.
--Y con ése sí que me caso yo.
- Pos... ¡ná!
--¿Eh?
- ¡Eso él
-Que me caso.
-¡Eso él
-¡¡¡No!!!
-¡Pos eso é!
-¿Es que tú t'has creío que pienso guar-¡Pos sí! Me ha pedío relasione Pelusa.
darlo en un estuche? No, hija, no: Juan Ra-(¡Sinvergüensal) ¡Pos sí, es negosio arre- món será mi m_ario, y er tuyo Pelusa.
glao Jo de Juan Ramón!
-Er mío, no.
-(¡¡Canallall) Y yo le he dicho que ¡¡¡sí!II
-¿Entonse... pa qué vas á quererlo tanto?
- ¡Y yo!
- Dime que no te casas tú con Juan Ra-Pos que te aproveche.
món.
-Y á tí también.
-Pos dime que tú no te casas con Pepillo.
-Te advierto que Juan Ramón es mu
-¡Ya te lo he dicho]
mentiroso.
-Ni yo con Juan Ramón.
- Te advierto que Pelusa no tiene ni
-Entonse... tó ese queré tuyo sobra.
chispa de vergüensa.
-Y er tuyo también está estorbando.
-Y Juan Ramón te irá contando cosas
-Pos á apartarlo der camino, y ¡paso á
mías, ¡y tó es mentira!
los querele verdaderos!
- Y Pelusa se alabará de esto, y do lo
,
otro, y de lo más allá... ¡Tó mentira!
EPILOGO
-¡Ladrón!
Haciéndose cruces estaba la señá Soco-

1

�-Servidora. .
-¿,Y esa otr~ jóven?.. ,
- Es una íntima a'.lmg,\. Puede usté hablá.
con confiansa.
...'...Bueno, pues...
.
.
- ¡No diga usté mál-interrump1ó Coralillo. Usté venía á ver una niña que.~. ¡mírusté que lástima! no está aquí mi padre que es
el encaraao de ·eso; pero nos recomendó mucho qu: cuando usté vin!era le dij~ra,mo
que dentro de unos días viene una prmsesa
reá de incórnito, y si le dá á usté lo mismo
que deje er retrato.
.
.
'
-¿Y pa eso me ha hecho uste vem de las
Peñuelas?
- Usté no sabe lo asaura que es mi padre.
- Ni usté sabe tampoco, niii.a, lo asaura
que soy yo.
-Pos salú pa gastarla.
-Lo mismo digo. Adió, reina.
-¡Adió, emperadó!
-,;,Se pué pasá?
Y
Estrellita no pudo contenerse:
- Pase usté,-dijo la scñá Socorro al gra-¡Juan Ramón!
nuja de Juan Ramón.
- ¡Estrellita!
- Con permiso. ¿Vive aquí un señó ·ami- ¡No más rifias!
"º mío que le llaman. Biznaga?
., -Sí señó. Aqui vive.
- ¡Cariño pa siemprcl
-¡Coralillo!
- ¿,Está?
-¡Salú y alegria!
- Acaba de irse, pero está usté hablando
- ¡Salú y alegria!
con su mt1jé y su hija

rro después de haber oído la conve:saci_ón
de aquellas dos niñas, cuando apareció Biznaga en la puerta del cuarto.
-Hija.
- Pare.
-Asunto concluía: ¡ahí lo tienes!
- Tu Juan Ramón, Estrellita,-dijo Coral.
- ¿Y qué le digo yo ahora?
-Tú verás.
-¡Ah! ,i,Pero ya no hay ná de lo dicho?exclamó Biznaga.
.
-Así parese,-contesló Estrellita.
-Lo que parese es que nos quea mu poca
verguensa, y vor á vé. si e-ocue?tro _arguna
pano andá desv1ao,-mterrump1ó Biznaga.
-Y ahí tenéis á Juan Ramón: á ver cómo se
portáis.

REOI-CIDIOS Y REGICIDAS
Lri vista del proceso incorido para depu,rar el crimen anarquista cometido por Mateo
Morml contra los reyes Don Alfonso XIII y Doña Victoria-Eugenia de Battenberg
el día 31 de llíayo del año últinw presta grande actualidad á estas notas, relativas a
los más célebres atentados de qite han sido victimas algu.nos monarcas que ya figuran en las páginas de la Historia.
·
CO~TRA EL •BEARNÉS»

..

constantemante perseguiN do porreylostanasesinos
como el buen EnriINGÚN

_

1

PEDRO PÉREZ FERNÁKDEZ

lli,stmciones de F. de fo lllota.

'

que IV de Franeia,el Bearnés. Azuzados por
el fanatismo religioso, nada menos que diecisiete veces se lanzaron contra él los regicidas, desde que con su abjuración en 1593
dt&gt;sbarató los planes de la liga, hasta que en
1610 el puñal de Ravaillac puso término á
la lucha entablada entre Enrique y los jesuítas.
Entre los aspirantes á asesinos del Bearnés hubo gente de todas las clases sociales:
nobles y mendigos, seminaristas y soldados,
marineros y artesanos; hubo asimismo un
abogado, Juan Guedon, y un curial, Ravaillac, y fué entónces cuando, comparando el
frustrado intento de aquél con el éxito de
éste, nació el dicho: «Escaparás del abog.1 d),
pero no te librarás del curial.•
El más curioso de los atentados de que
fué objeto Enrique IV es, sin duda, el de
Juan Cbastel. Hallándose el rey en casa de
Gabriela d'Estrées fué herido de una puñalada en la boca, que no le causó mayores
daños que la rotura de un diente y una incisión en un labio. Al saber que su ag'resor,
Chastel, era alumno del colegio de jesuítas
de Clermont y que al proceso se aportaron
pruebas de la complicidad de éstos en el
atentado, exclamó el Bearnés:
-Los jesuitas neéesitaban convencerse
por mi boca de que no pueden conmigo.
Et regicida Juan Cbastel tenía diecinueve
años, y en sus declaraciones explicó el motivo que tuvo para arrojarse á ,tan execrable
)' muy detestado crimen» diciendo:

- Yo he caído en los más monstruosos pe•
cados y me he entregado á las mayores aberraciones. Sé que Dios no puede perdonarme mis culpas y que estoy condenado al fuego eterno; pero también he sabido que me
serían atenuadas en parle las penas que me
están reservadas si mataba al rey, y por ello
lo he intentado.
Como instigador del regicidio fué ejecutado
el padre Guignard, bibliotecario del Colegio
de Clermont; y en la sentencia de muerte
dada contra Cbastel se decretaba la expulsión de los jesuílas en término de tercero día
y la prohibición á los franceses residentes
en el extranjero de llevar sus hijos á los colegios de aquellos sacerdotes, so pena de ser
juzgados coma reos de le,:a majestad.
INTENTOS CONTRA NAPOLEÓN

A Kapoleón Bonaparte cupo en s-u,erte
siendo primer cónsul, estrenar el sistema d~
máquinas infernales.
Los perdigueros de Fouché, el célebre ministro de policía, sorprendieron cierta vez á
un obrero de las fábricas de armas de París,
llamado Chevalier, preparando una máquina
infernal-un barril lleno de pólvora y metralla, al cual estaba ajustado el cañón de un
fusil-para matar al primer cónsul.
Pero frustrado este proyecto, la idea fué
bien pronto aprovechada, y tres agentes de
los realistas refugiados en Lóndres, llamados Limoelan, Saint-Réjant y Carbon, dispusiéronse á hacer estallar al paso de Bonaparte otro barril cargado de pólvora y metralla.
Al efecto, adquirieron una carreta arras-

�16

REGICIDIOS Y REGICIDA:;

POR ESOS MWDOS

de la exallación.-¡Malvados, que para
mo . me n.o vacilan en inmolar centenar~s
asesmar
• bl b d1de victimas! ¡E5os son los I~nsera es an
dos de ese batallón de ases1~os, fotm~do e~
ntra todos los Gobternos.... ,Voy
cuadrO Co
·a I
hacer un escarmiento r ,.n oso.
.
.
y la cólera del primer cónsul, altzada po~
ios aduladores, sum ,
cieua nuevas inocentes"víctimas á las s~crificadas por los regicidas.
LUIS FELIPE Y SUS
ENEMIGOS

Moroy-no tuvo valor para suicidarse en seguí la.
Un año después, al salir Luis Felipe del
Louvre, en una de cuyas salas 8 3 ofreció á
su exámen una detallada reproducción en
relieve del atentado del boulevard del Temple, el jóven Luis ,\libaud le di,paró un tiro,
que no hizo blanco.
Luis Felipe al sentir la detonación sacó la
cabeza por una ventanilla del carruaje y
gritó:
- Nadie ha sido herido. Tampoco ahora
han acertado. ¡Vi,·a el rey)
LA E)tPERATRI7. EUGEVJA

1?

ATENTADOS CONTRA ISABEL 11

Desde Isabel ll, por no remontarnos más
lejos, no ha habido monarca español que no
fuese objeto de alguna tentativa de regicidio.
Una tarde, la del 4 de Mayo de 1847, llegó
Isabel II al palacio real de Madrid de regieso de un paseo que dió con los infantes Don
Francisco de Paula y Doña Josefa, y con la
alegre locuacidad del rapaz que tiene algo
interesante que contar dijo al 11lférez-coronel de al»barderos Don .Manuel i\fatheu,
que al frente de un zaguanete salió á recibirla:
-Chico, ,,,,abes que me han disparado
dos tiros en la calle de Alcalá?
-¿Es posible?-preguntó asombrado Matheu.
-¡Hombre! Cuando yo te lo digo ... Los he
visto disparar desde una berlina y he sentido
pasar por mi frente una cosa que quemaba.
Y, poco fuerte en historia, agregó:
-Es la primera vez que esto ocurre en
E~paña.
El juzgado condenó á muerte como autor
.de este delito al periodista y abogado santiagués Don Angel LaRiva Berraondo,gran amigo de Navarro Villoslada; mas la Audiencia,
no viendo claro, redujo la pena á veinte años
de cadena, conmutada á los dos años por la
de cuatro de destierro de la corte y sitios
reales, de la cual fué indultado La Riva al
mes siguiente.
Es sabido que, además de La Riva, atentó
contra Isabel II el cura Martín Merino
Gómez, hiriéndola en el pecho con un cuchillo. Ocurrió el hecho en las galerías del palacio real el 2 de Febrero de 1852 en ocasión en que, rodeada de su corte, se dirigía
la reina á la capilla á hacer la presentación
de la infanta Isabel.

Brava como una. española se mostró la
1lmperatriz Eugenia en el espantable trance
del atentado de Orsini.
Una trns otra, con brevísimos intervalos,
habían lanr.ado tres bombas en la calle de
Le Pelletier al paso de los emperadores camino de la Opera, los italianos Felix Orsini,
Jo~é Pieri, Eugenio Rudio y Antonio Gómez.
La metralla inundó el suelo y el aire, apagó
las luces, rompió los cristales, y crepitó
con pavoroso estruendo sobre la cubierta
:ie r.inc del pasaje reservado· de la Opera,
tendiendo ademá5 en la calle ciento cincuenta y seis heridos y ocho muertos.
Los caballo.; del coche de lo, emperadores cayeron heridos ante la cercana puerta
{le la Opera, y la emperatriz, al descender
serenamente del carruaje, tranquilizó á los
asustados cortesanos que se agolparon á la
porler.uela, diciéndoles:
- No estamos herido~.
-¡ Pero, os habréis asustado, señora!
- Yo no he tenido miedo,- replicó altivamente.
Y como en el salón
&lt;le descanso , á donde
pasaron inmediatamente , manifestara Naµoleón de.,eos de salir á
socorrer á los heridos,
y se opusieran los cort •~ano,, Eugenia MonLijo tomó arrogantemente el brazo de su esposo, y varonil y decidida
d·rigióse á la puerta diciendo:
- Salgamos , señor.
Debemos hacerle~ v e r
q11e no somo¡; cobarcies I \
eomo ellos.
'- _
Pero no les dejaron
salir y se vieron obli {ª·
~áqnlna iníemal con que José Fieschi
-0os á permanecer alli.

quiso matar al rey Luis Felipe
de Francia. y que produjo cuarenta y nueve victimu

�REGICIDIOS Y REGICIDAS
POR ESOS MUNDOS

18

-------

.
Napoleón lll, emperador de Francia

.

. . la reina exclamó as1:
Merino, al 11enr ªt ' Si hubiese doce hom-·Ya eres mucir a. 1
d 1
l
ll en el mun o... .
bres de mis ª~ª- as más tarde, cuando _era
Al pregunta1sel~ de b herida de la rem~,
conocida la leveda
nenado llevóse Mensi el puñal estaba enve
,
no con aire desesperado las manos á la ca~e~
za exclamó con rab'.ª·
~¡Ah! ¡No! ¡Torpe de
mi, que no se mo ha
ocurrrido!
LUIS XV y .EL !IIIEDO
DE SUS CORTESANOS

19

rompieron á llorar descompasadamente, haAl sonar.los tiros, Amadeo púsose de!ante
ciéndoles coro los cortesanos. La Pornpa- de su esposa para impedir que la hirie~en.
dour fué en el acto, sin miramiento alguno,
-¡Accidentir-dijo, a,í que l1ubo pasado
puesta de patitas en la calle, sin otro acom- el primer momento.- ¡Comme á Prim, compañamiento que el altiv0
me á Prim!
desdén de sus serviles aduladores de un cuarto de h0 EL CA::iO DE OTE 10
ra antes; y á toda prisa bui,cóse un confesor para el
El catalán J u a n Oliva
rey, á quien todos creían en
atentó
contra la vida de Don
la agonía, ó poco mecos.
Alfonso XII el 25 de Octubre
Como no babia en palade 1878 disparando un tiro
cio ningún capellán, caplual rey al pasar con direcróse al primer cura que se
ción á palacio por la calle
topó en la calle-un pobre
Mayor, de regreso de una
clérigo de raída sotana y caexcursión pot· _las provinra de privaciones.-Y como
cias del Norte.
el azoramiento es contagioUn año más tarde, el
so, el pobre médico de al30 de Diciembre de 1879,
m a s acongojóse también
al entrar el rey en palacio
cuando supo la clase de peguiando un faetón, acompanitente que reclamaba sus
ñ a d o por l a reina Dofia
auxilios.
María
Cristina, un individuo
- Señores , d é j e n m e
les disparó dos tiros de pisEl cura Martín Merino, que atentó conmarchar. que no tengo costra la vida de la reina Isabel II
tola, q u e n o hirieron _á
tumbre de confesar reyes.
nadie.
-Pues ahora aprenderá-le contestaron.
Ea !03 primeros momentos creyóse que el
Y casi á la fuerza fué conducido á la caberegicida
era el instrumento de alguna conspícera del rey.
ración
política;
pero bien pronto se supo toda
Pasó la noche en estas alarmas, y á la la extraña verdad
del caso.
mañana siguiente, al leE 1 regicida , llamado
vantar l o s médicos e 1
Francisco Otero Gonzáapósito, encontráronse
/
lez, panadero de oficio,
con que de la herida no
/
natural d e Lugo y d e
quedaba otra señal que la
edad de veinte años, era
leve cicatriz de un pequeun pobre imbécil, que
ño araña'l.O.
encontrándose sin trabajo
Instantáneamente , sefu é á pedirlo, después
cáronse las lágrimas que
de
buscarlo inútilmente
antes corrían copiosas,
en otros sitios, á una tadesapareció la calentura
botia que en la calle del
regia, trocóse en rosado
Espíritu Santo, esquina á
el lívido semblante del
la del Rubio tenían unos
monarca, y la Pornpadour
franceses;
y como allí no
llegó en seguida á palacio
se lo diesen tampoco, al
y fué recibida con las madespedirse dijo:
yores muestras de servi-Estoy tan desesperaÍ i s m o, reverenciada y
do que VQ½' á pegarme un
adulada como nunca.
tiro.
•
Y el encargado de la
•ICO.\L\IE Á PRIM!»
tahona, otro intelectual
de los vuelos de Otero,
Varios desconocí dos ,
crevó prudente contesde los cuales fué rn uerto Francisco Otero González, que intentó asesmar , lar!~
con esta .broma, se,
,
uno por la policía, hicie- á los reyes Don Alfonso Xfl y Doña Maria
Cristina
en
el
año
1879
gun
el
la calificó en la
ron en Ja calle del Arenal
·
c
ausa:
una descarga contra el coche que conducía á
-¡Tonto, antes de pegártelo tú, pégaselo
Don Amadeo y á su esposa Doña Victoria al rey.
la noche del 18 de Julio de 1872, al regresar
Y el otro, ni corto ni perezoso, como lo
los reyes de los Jardines del Buen Retiro.
oyó lo hizo.

�POR ESOS MUNDO:l

en la puerta principal de la iglesia de Nótre
Dame, fué Damiens trasladado al cadalso,
Ni aún en los tiempo:; de las penas bár- que alzaba en la Plaza de la Gréve. Allí, y
baras el tPmor a los más crueles suplicios así que le hubieron desnudado y mientra"&gt;
contuvo nunca el brazo de los asesinos.
le ataban fuertemente, viósele examinar su
He aquí, ¡;egún las crónicas de la época, cuerpo con atención y mirar luego con firel relato del bárbaro suplicio-la pena de meza al populacho.
los parricidas-que sufrió Damiens, igual al
Tenía en la mano el cuchillo con que hirió
que sufrieron sus predecesores en regicidio, al rey, y mientras lo empufiaba quemóse con .
¡;i bien éstos viéronse libres de las cruelda- un escalfador lleno de azufre hirviendo. El
des que en la prisión padeció aquél.
dolor arrancó al reo un alarido; pero en seEncerrado en el mismo calabozo de la for- guida se tranquilizó, y sin proferir más ayes
taleza de i\lon tgocontempló con cu•
riosidad cómo armery que guardo
día su mano.
a Ravaillac, como
Lue¡z;o , atenalas heridas q u e
za ron[ e pecho,
sufrió en el tormento no le perbrazos, muslos y
mitían es t ar en
pantorrillas, y en
cada llaga vertiepié, tendiósele soron un a mezcla
bre una cama, y
con an:!has y fuerhirviente de plotes correas de cuemo derretido,aceiro de II11ngria ¡;u.
te, cera y azufre.
jetas á doceanillos
Cada atenazade hierro, fijo:i en
miento arrancaba
el suelo, atáron~eal infeliz un aullile piés , piernas ,
do de dolor; pero
rintura, hombros.
callabaen seguida,
brazoc; y manos de
y con 1a s cejas
modo que no puíruncidas, atentadieramoverRC. permente examinaba
maneciendo así
la llaga.
empaquetado y
Por fin, para procon ruatro centiceder al descuartizamiento, atáronlc
nelas de Yista. por
por r.1Uslos y bral-&lt;i acaso, durante
zos á cuatro vigo:-esenla y seis días,
hasta que llegó
rosos cabailos,qur
el del suplicio firstuvieron tirando
nal, que fué el 28
largo rato sin conde Marzo de 1757,
s e g u i r romper
aquello, músculo~
h'tnes.
Al leerle en el
d e hierro. Como
Don Alfonso XII y Dofla l\larfa Cristina en la época en que
&lt;&gt;uarto del tormense echaba la noche
intentó asesinarles el panadero Otero
encimahubo necrl o e I escribano
Lebrelon la pavorosa sentencia, Damiens sidad de emper.ar a cortar los muslos y brazos de Damiens. «Volvieron á tirar los cacontenlóse con decir:
-El día estará caluroso.
ballos, - dice un cronista de la época Luego, al reponerse del desmayo que le viéndose por fin desprenderse un muslo y un
produjo la be¡;tial colocación de los borr.e- brazo. Damiens miró llevárselos. Desprenguíes, antes de que le pusieran la primera dióse._el otro mu~lo, y aún conservaba un
cufia, dijo:
resto de conocimiento. Cuando cedió el últi-Dadme un poco de vino, que aquí se mo brazo rindió el último suspiro•.
Desde entonces en Francia, para expresar
necesitan hombrei' fuertes.
Pasemos por alto, ya que nos esperan el má,imun del padecer. -;e dice un suplicio
otros horror&lt;'s, el de la inacabable, la eterna á lo Damiens.
hora y media que duró el martirio de las
Juan Chastel, á pesa1· de sus diecinueve
ooho cuña~.
años, sobrepujó en entereza á Damiens. No
Después de hacer la obligada retruclación dió un grito, y apenas si exhaló alguna débil
jOH, L.\ EJE)IPLARIDAD DE LA PEXA!

�POR ESOS MUNDOS

derarse de la otra... Creedme:
sólo Dios, que tiene contados
11uestros días, ~abe y dispone
el fin de ellos. Id tranquilo, y
no hagáis caso de hechicerías.
La actitud serena del rey no
tranquilizó al duque, quien acudió á la reina.
-No salgáis hoy, Enrique,suplicó ~María de .Médicis á su
esposo.
-¿Ya os ha contagia~o ese
loco contándoos los augurios de _.L,'~~, =-&lt;e
un viejo tunantc?-la contestó "') 8)
el rer. -Tranquilizáos. Nada
tengo' ya que temer, y con la ,,
protección de Dios viviré aún
muchos aiios, que dedicaré al ~
bien de esta amada Francia.
~
Aquella misma tarde, Ravai✓
llac mataba á Enrique IV cuando se dirigía en carroza al arsenal.
-¡Gajes del oficio!-dijo Don
Alfonso XIII comentando con
juvenil y espaiiola despreocupación, momentos después del
suceso; el atentado de que fué
objeto ha dos años en París.
Carga son, efectivamente, del
tremendo oficio de reinar las
maquinaciones de los regicida,-.
Pero si apenas ha pasado por
la historia príncipe á quien no
persiguiese el puñal del fana- Roberto Francisco DaReproducción de un &amp;rabado de la época, que
tismo, la ambición ó el ódio, miens, que intentó asepresenta al criminal en su
al rey Luis XV de
tampoco son muchas las veces sinar
calabozo de Montgomery
Francia en el año 1757
que han llegado á consumación
los propósitos regicidas; sin que sean bastan- villosa defensa de Orsini, la más rica joya
te á contener tales impulsos, ni csla con- de la oratoria forense:
«Si hubiese una nación bastante desgrasideración, ni siquiera la de la sangre inocente con tanta prodigalidad derramada, ni ciada para caer en poder de un déspota, no
menos la de que el regicidio jamás ha fun- sería el puñal el que quebrara sus cadenas.
dado nada. ¿Qué digo fundar'.J Ni aun de:-• Dios, que las cuenta, sabe las horas de los
déspotas, y les reserva catástrofes más inehacer ha sabido.
- Proféticas, verdaderas, son aquellas elo- vitables que las máquinas de los conspiracuentes palabras de Julio Favre en su marn- dores.•
.....-

ALEJANDRO

PÉREZ LUGiN

~ Ot&gt;~ G\S~S) ~~OC~
·~

e

calles de;,embocaban en aquella plazoleta
alegre y luminosa, y por las
cuatro aíluía gente incesante:
como que una de las vías llevaba á los teatros; otra, á un
barrio populoso; y las dos restantes, á la gran plaza, que era
más pequeña que la Puerta del
Sol, pero no menos bulliciosa
y simpática.
Pues bien: en medio de la
tal plazoleta, y por delante de
la gran farola de labrado pe;:;cante que
adornaba el centro, se alzaba un mostradorcillo pintarrajeado de verde, sohrc el cual veíanse dos lebrillos v un
búcaro de · barro, por cuyos bo~des
asomaban claveles reventones, rosas
gallardas y azucenas virginales.
Senlada detrás del mostradorcillo
~stablec1do allí por la mnnicipal tolerancia, erguida y laboriosa, con abigarrado pañuelo de talle y falda d!!
planchado céfiro, ballábase la n'iñci
de las fiares, hallábase Victoria, la
mozuela más bella de los barrios, la
morena de cara lustrosa, de pelo negrísimo
de cejas abundantes, de pestañas dobles co~
mo sus claveles, r de mejillas encarnadas
como sus rosas.
Cuando los pollos pasaban por delante
&lt;lel puesto, en dirección á los teatros, comprábanle claveles, que ella solía prender en
los ojales; cuando las mozuelas dejaban los
tallereR, regateábanle ílores para el tocado.
Y ella, halagüeña siempre, daba sus claveles
y sus rosas con demasías de b·1enas palabras y regalos de dulces sonrisas.
Juanillo amaba á Victoria, y si á las muchachas que acudían al puesto de las flores
llamábalas mariposas, en cambio á los seiioritos que zumbaban requiebros mientras
compraban sus claveles tenialos por abejorros inservibles.
Bien es ve rdad que cuando Juanillo estaba junto al puesto ni Victoria colocaba los
c'aveles en los ojales, ni los compradores se
atrevían á murmurar piropos ni alabanzas:
la más refinada apariencia se encaroaba
de
0
interrumpir la costumbre.
-Victoria, - dijo un dia Juanillo-estoy
UATRO

hasta aquí de este trajín tu yo. ¡Mar fin tenga! En cuantito de que yo entre en la Industria y gane ocho re:iles, vamos á dar la
zambuyía en la iglesia: 11ior estas que son
cruces!
-¡Caya, cbalao! ¿Y cuándo vas tú á ganá
ese jorná, cbiquiyo'? ¡Si p_'ayá me la aguarda... garbanso tostao! Aemá, ya sabe que mi
padre no quiere ná contigo, que mucha vese
me ha dicho que te espacbe... De mó y manera que lo mejón que tú hase es irte por
ahí y dejarme tranquila.
-1Tranquila! ¿Eh?... Lo que tú quié es
queal'te libre µa que yo no te estol'bc.
-Echa infamia por esa boca.
-Quearte libre, 1si sabré yo!. .. El señorito
ése vestío é negrn que viene por clavele,
ése que paece un trole por lo erecbo, ése es
er que á tí te jase cosqui ya en el arma.
-,;.Quién ha dicho esa calurnia, chavó?...
-Quien lo sabe y lo ha dicao.
-¡Mentira cochina!
. -Pepiyo er Tirfri.
-¡Mar fin tenga er T'iriril Con tao que yo
le vea le ví á desí que é un mariquita suca...

�LA NIÑA DE LAS FLORES

POR ESOS MUNDOS

24

-;.Quién lo ha visto·~
Y ahora, voy á contal'te la verdá. ;,Tú sabe
--Mi hermana: que estuvo anoche en la
por qué eslá jacharao Pepiyo?.,. Porque se
esquina de l'urtramarino y lo pescó tó: denponía en aqueya esquina á vendé el Herardo,
y no hasía má que timarse y venga timarse, de el principio hasta el fin.
- ;.Y qué pescó(... ¿Un purpo'r'
y yo gorvia la cara pa la erecha.
-Pescó un señorito,que es iguá. c1.Te des--¡Anda, mujé!
niega ahora? Llegó mu decidío; cogió un
-¡La fija! Y despecbao, t'ha contao ese
clavé; te dió un papelito que tú te guardate
cuento. Pero ni er señorito ése que paese un
el seno. 1Dí que nó! Y aluego se fué por
trole, ni naide der mundo, ni tú, me gus- en
la calle abajo... Ahora di que esa son chilinta á mí: pa que lo sepa.
drina, y que er Tfriri lo ha sacao de su ca-/fe va á meté monja?
-Me ví á melé á lo que me dé la rear beza.
-Con que llegó, me dió un papé, me
gana... Y véte ya, que ayí viene mi padre.
guardé
er papé ... y se piró.
-¡Qué jarto estoy de ui!... ¡En cuanto
- Ea.
entre en la Industria/ ...
- Pos ... es verdá.
-Véte ya, hombre.
-¿,Qué?
-Adió. Pero ... cuando
Toito eso es vervenga er señorito ése dir d á ... Güeno: ¿ y
le que s'ban acabao los
qué?...
·1
clavele.
-Que la mujé qtl~
-Güeno.
le babia á un hom1
-¡Digo, si tú quiere!
bre decente,
-Está bien. Pero véle
como y o, no
ya, esaborio ... ¡Uy, qué
hace una copegajoso son lo selo
chiná de esa
oocbino!...
clase.
-Mu requeII
tebien. Güeno.
Pos estanoche
Al día siguien1e, lle- •
vas á veni ar puesgó otra vez Juanillo al
to, te va á sentá en
puesto, donde Victoer poyete de la faria, rodeada de flo•
rola, y va á verlo
r es, perfumada,
tó, ¡tó!... Y alucgo
sugestiva, graciosa,
te ví á e3cupí en
llamaba la atención
la cara... Y te vi á
por su'&gt; admirables
dejá con un parmo
hechuras. Llevaba \l
de narise... Y te '"ª
Juan el rostro páli~
ja ver negro.
do, los ojos chis.~
-Si te entiendo
-Cuando venga er
pean\es, 1a boca
, ''r¡.~
señorito ése díle
que me maten.
que
s'han
acabao
seca como un ri::;:;'
i
-Ya me enten•
los clavclc
pio.
d e r á, esconfiao •
Se acercó á 1a
Hasta la noche, á la zocho. ¡Y ahora véte ar
niña de las flores y la habló ac;i. con acento
en que se advertían la indignación y la rabia: Jondilón y tómate una gaseosa!

l!

-

•••

r·-""--

1lllf

-t'\

·

-¿De moo que tú t'bas propuesto guasearte de mí?... ¡No cayera un rayo y me
partiera!. ..
-¡Oye, oye! ¿Pero es que tú vas á veni ló
los día diario á armarme escándalo en el
puesto?... Pos véte y no güerva, ea.
-Si, ¡sí me iré! Pero antes te diré que no
soy un tomate de eso que se dejan ·engañá
como un choto ... Y que tengo más vergüenza
que tú.
-Y yo más que toita tu casta, ea, ¿Qué
te ha figurao tú·r' Arréa, y déjame tranquila.
-¿De moo y mane.r a que negarás lo que
s'ha visto't

111
L!egó poco ante3 de las ocho al puesto, y,
en cuanto lo vió Victoria, le dijo:
-Ea, arme, rnía, (con sorna) siéntate en
er sofá y espera. Y... veas lo que yeas cbitot
que yo te diré lo que intitula tó esto.
La gran farola pública proyectaba torrentes de luz sobre el puesto de flores y sobre
Victoria, que parecía otra flor, por lo pintoresca y alegre.
Juanillo, desde la base de la artística fal'ola, observaba el puesto de flores y no i,abla
qué pensar de la decisión de su novia.

No había pasado mucho tiempo
cuando se acercó
á Victoria un jóven elega,nte, con
su pantalón remangado,su sombrero de paja,
su chaleco blanco
y su cuello altísimo y fatigoso. El
gomoso entregó á
la niña de las flo- .
res un papel do- ..
blado, tomó un
clavel bermejo y
fuése, no sin decir:
-Kada te encargo, ¿,eh?...
Cuando se fué
el señorito, levantóse Juan y dijo
á su novia:
-¡Por los ojos
de tu cara! O me_ di_se~ _lo que es eslo, ó voy
y le ~eto al cnbtripi ese una puñalá que lo
go cisco!
- Sosiégale, chavó. ¿Tú ves lo que m'ha
d_ao? Una peseta. Esta la guardo ... Y una cartita.

-Esa carlita...
-Mira lo que hao-o con ella. ·1Y carma,
esabori&lt; ·
"
Victoria dobló más el papel, lomó media
doc_ena de grandes claveles, introdujo el billetito amoroso entre el pequeño ramo ató
los tallos c~n una tomiza y púsolc en el Mcaro de arcilla.
-Ahora,-añadió la florera-te aguardas
otro poco pa que veas la segunda parte del
romance.
-Pero... _¿eso _qué es, chiquiyai'
-Casi na: la iinprosurta... Véte al sofá.
-¡Vaya un sofá duro!
Volvió á s_entar;;e Juan, algo más tranquilo, aunque sm darse cuenta del por qué y á
poco o~servó_ que llegaban al puesto fl¿rido
u_na senora cmcuentona y una jóven de die C)~cho ó veinte años. Ambas vestían eleo-an\Jsimamente y lucían ri~t1isimas joyas. "
_-Buenas noche~,-diJo la señorita, guapa
Y Jóven, con hechicera sonrisa.-¿Eslá mi
ramo'!
-Si, señorita... 1.Mirosté c¡ué claveles!

li11sfracio11es t/p F. r71, 7a ]fofo.

Un j óven

e legan lemente vestido entregó
una carta á
la niña de las
flores

Tomó _la jóven el ramo, donde iba la carta,
pagó el 1~porte, mas alguna propinilla, y
desapareció con la señorona, que debía de
ser su madre.
Juan se aproximó á la florera sonriendo
tranquilamente:
'
·-¡Camará, ya veo er juego!
-,;,Lo has comprendio? Pos es raro porque tienes el celebro yeno de jipo.
'
-Es que...
-De una mujé como yo no se diía Juanico. El señorito y la señorita tienen 'relaciones. Pero la _se~ora marquesa, que es la madre de la senonta, está en contra de sus amor~s porque dice que el cabavero es un cursi Y que va por los cuarto. ¡Y aquí me deja
ca uno s_u carta y yo la entrego.
-¡Ad10;;, cm·terri!
-¡Adios, chalao!
-¡Ay, Victoriya de mi arma q11é peso me
s'ha quitao de encima!
'
--¡Po_ju ye, 51ue viene mi padre!
- Adió. ~lanana me pre~ento en la casa
del_ ~ar)o y pío de roí ya un puesto en el telá.
Ad10, cielo.
- Adió, tormenta.
. Y, ~omi~ule, con voz argentina, cantó
V1ctona, 1mentras desaparecía Juan por la
calle que conduce á los barrios:
-¡Asusena ji clavelel ¡Ro~a fina' ...
fü}tÓN

A. TJRRANO

�LAS ÓPERAS )1 \S CÉLEllRES DEL MUXDO

LAS OPERAS MÁS CELEBRES OEL MUN OO

" SAL o MÉ H , D E

s TRAus s

L?s aficionados d la 1nií.&lt;licet que viven alejad~s de lc(s grandes capitales y que, po~ tanto, no disponen rle ocasio11es para ver y 01r las operas en lct: es_cena teafrc(l: tienen
que co11ienianie con los e?Ds que hasta ell~s !leva la prensa clwria,. cuyos crd~cos s~lo
se oc11pa11 en la prod11cc1ón especifica olvulmulos~ de lo que la ob1 a e~ en si coti 1 elación &lt;Í la historia de le, música ó de las concepciones de los compos1t01·es. N1testro
p ropósito e11 e.~tos m·tículos es poner de relief!e el espíritu de los gmnd_es hombres
que han desarrollado el arte del drama musical, 'f.!, al efecto, en est~ sene ye, !1emos
detallado las óperas Rienzi, Tannhauser y Lohon~nn, de W~g1!e1·. R1goletlo y A1da, de
Verdi, Romeo y Julieta. ele Goimod, y La Bohem1a, ele Puccmi.
aqui una ópera que, apenas estrenada.
es tan célebre por lo menos como cualquiera de las que mayor fama han logrado
en el mundo: Salomé, del compositor alemán Richard Strauss, basada en la obra del
mismo titulo del escritor inglés Osear Wilde.
Strauss es la figura más interesan te entre
los compositores alemanes que bullen hoy
en el mundo del arte. Nació en Munich en
Junio de 186-i. Su padre, Franz Strauss, fué
músico de la orquesta real de Prusia. Sumadre, que perteneció á una célebre familia
bávara, también tenía grandes conocimientos
musicale,, y dió á su hijo las primeras lecciones. E~tudió así e:,;te jóven el piano y el violín, y él mismo se preparó para los trabajos
de orquesta bajo la direcrión de su padre,
el cual, según cuenta Strau-;s, sabía tarar
casi todos los in~trumentos músicos.
,
No es de extrañar, pues, que el muchacho
resultara un prodigio musiral: á los seis años
de su edad empezó a componer; á los dieciseis sus canciones se ejecutaban en público;
un año después se estrenaba la primera sinfonía suya; y aun no había llegado á los
veinte años cuando su trabajo fué apreciado
por dos organismos múc;ico1-; de la importan&lt;"ia que en Alemania tienen la Meininyen

H

E

Orchestrc,, cuyo director era entonces Hans
von Bülow, y la Berlin, Philhannonic. Después, la vida de Strauss ha sido un triunfo
continuado y productivo. El ilustre autor vive en Berlin, donde actúa con carácter permanente como director de la Opera Imperial, y el verano lo pasa en el Tirol Bávaro.
No es Salomé la "primera ópera que
Strauss ha compuesto: Gimfram, estrenada
en Weimar, figura en ese orden, y luei,:o
Fe1te1·snoth, que obtuvo más éxito que Gimtmm, obra que apenas llamó la atención.
Hasla ahora la fama de Strauss ha tenido por
ba'-'e las composiciones orquestales que ha
producido, pdncipalmente Ein Helclenleben
Zaraf1111s!ra, Do11 Qnixofe y la Symphoni&lt;L
Domestica.
Salomé es ópera de un acto, en el que se
emplean una µora y cuarenta minutos. El libreto alemán fué traducido y adaptado por
Hedwig Lachmann del poema dramático do
o~car \\'ilde que lleva el mismo titulo, escrito originalmente en francés. La partitura
fué recibida en Alemania con entusiasmo,
no solamente en los graneles centro" mu sicaie~ como Berlín y )lunich, sino en muchas ciudadrs de menor importanria. También si' ha rantado en la Scala de )filán y en

27
Turín, rn Xue:a York y otras grandes ciuoa•
El argumento de e.~ta reputada ópera se
de,l norteamericanas, y últimamente en la ha_s~, como ya queda dicho, en el poema dr~Gran Opera do París. La naturale;m del libre- maltco de o~c!r Wilde, que no es otra cosa
to de ,c,,~~lomé ha contribuido mucho á su qne una cxtr~na y fantástica distorsión de 1
rcpulacron, por _los m·smos prejuicios con breve nar~ac1ón bíblica de la muerte de Sa 'l
que l_a obra ha sHlo recibida y que han de- Jua~ ~autista, srgún se cuenta en el Capitu~
t~r~mado en algunas poblaciones su prohi- lo XI \ &lt;lcl _Ernngelio do San Mateo. rre aquí
brmón de presentarla en escena y en otras el t~xto: •El ~-1ª del fcslín de la natividad de
hasta el hecho de retirarla de l~s carteles 1Ie1odes 1~ h1Ja de Ifrrodiadcs bailó en mecomo ha ocurrido en Kueva York.
' dio Y gui:;to al rey. Y éste le ofreció bajo ju~ El trabaj_o ~o Strauss, en Sctlomé, repre- r?mento, que. la daría todo lo que 1~ pidiera .
. ent~, hasta crcrto p_u~to, un nucYo giro en ): ella,aconqeJada por su madre, le dijo: Dáel a1 le de la compos1c1ón musical. El anti- mc, en una f~1cnte de plata, la cabeza de
~~JO concrpto de la mú;;ica era, brevemente
Juan el Bautrsla.» y el rey se aíli111·ó Pe. .
·
" • 10 a
d1ch~, 1~ belleza pura _del sonido, y por esto causa ete1JU
ra!nento y de lo&lt;; que estaban
su propia fori:na rons1stía en air&lt;'s melodio- y
sentados con el : ordenó que le f uese dac1a.
sos Y cadencias harmónicas. Oc,-pués, nramandó decapitará Juan en su pri;;ión. y
du~lmente, hem_o~ aprendido que el ;le- la cabeza do ésto fué traída en un lat
mrnto de exprcs1611 era de valor supremo. entregada á la hija de IIerodiadec;. y pellaº
Wagner, sobre tocl~.. fué el que nos enseñó presentó á su madre.»
que la fuer1.a dramatrca es mucho más imEn t?da la repre&lt;:entación de la ópera no
portante que la simple dulzura sararina· hay mas q~c una sola C'sccna: la gran terraza
pero Strau~s va mús allá que el maestro d~ en el palar!o de Herodes, tclrarca ó gobernaBa yreull'. en su desprecio por la harmonía Y dor ele Galilea, é históricamente ide11tific~la melod1a.
· d?_, no con Herodes el Grande ;;ino con su
No existe desde luego tipo fijo alauno ni h1Jo
l lrrodes· J\ ntipas • 1A1. 1a e·1erre
' 1ia, Yeso
, 11 na
·
•
~bsoluto respecto ú la belleza music~I. Este grnn escalera cruc condure al salón de fíesllpo se encuentra en el
.
las;. á la faquierda , una
oído del que e~curha ,.
ant1~1_ra cisterna que se
cambia. ~egún la cdura~
hah1lrta para pri~iún do
rión de ese órgano, á dis.Tokanaa_11, nombre bajo
tintos niveles de J?llslo.
el cual figura el Bautista
Lo que fué en otro tiem~1_1 la óprra. Una compapo un discordante lleaa
rna
de soldados hace ta
"
a. ser hor cuerda de tan
guardia al mando de Naagra&lt;lable,- ~onidos que el
rraboth, capitán sirio.
público la pide y la desea
De repente, se oye la
con preferencia á las harvo1, de . Jokwwcm, que
monía-- ordinarias é ini;íhaf'e Rahr de la prisió11
pida~ &lt;tu e ·antiguamente
un rúntiro á I a misi&lt;'&gt;n
deleitaban á lo~ amantes
que el !lijo del llornbrr
de la música. En e~le senha traído al mundo. Salotido, es indudable que los
mé entra precisamente á
trabajos de Strauss van
tiempo de oir la Yoz del
en la dirección que marprofeta pre,;o, v oxtrañaca el progreso de la múmc:1tc imprcsio.nada piclr
s!ca. !lace una generaá ~armbofh que le perción, las tendencia~ de
m.1ta Y0r al r a u ti v O •
\r agner se consideraban
I.mTabofh, que ama á la
peligro,.;amcntc rernlucioprincesa, consiente forzon_arias; hoy, todos admiRamente, y Jokcmaa11 es
l1mos la grandeza de aquesacado de la ci~terna. Sallas tcndenria-; . ,, Quién
lomé queda enamorada
sabe ~i dentro de otra gerle_ él Y le mira fascinada,
neración habra co1·011ado
ªo]cardo
Slrauss,
autor
de
la
ópera
Salo111e
•
ibu;o hecho en Nueva York durante un~
inicn_tra,- &lt;¡ue el profeta le
e 1 m U n d o á Ricardo
rle las representaciones de dicha obra por rl
.s e
artista Fritz GOhrke
predice
en los más esSlrall s. o m o maestro
cuctoq términos contra
snp_erior ~ Wagner, ó si el autor de Salomé los pecados ele su madre Ilerorliarle.~ a t
bra ~ons1derado :-olamente como un impeca- esposa del herma110 ele Herode~ ' aho' n es
s •t ct 1 •
• ra rone oiensor del arte musicalr
· º 1 e e mismo llrroriC'8 .
·

1I

�!ERA DE NIEVE!

POH ESOS MUNDO~

28

Para horror de Navrcibolh, que le ruega
vuelva al palacio, la princesa canta amorosamente á Jokcmaan pidiéndole que le deje
besarle en la boca. El profeta la rechaza severamente,
y Narraboth, desesperado, se
suicida. Jokanaan pide á Salomé que se
arrepienta,
puesto que
aún es tiempo, y vuelve á su prisión mientras Salomó
le dice que,
á pesar de
su nel(ativa,
no quiere
dejar de be;;arle en la
boca. Entran
en este momento JI rt·odes y lfe1·

o d iacles

:u.¡uélla y se pone á ejecutar una preciosa
danw titulada Los siete t•elos.Al terminar la
danza, el complacido monarca le pregunta
á Salomé cuál es la recompensa qué desea
«La cabeza
de Jo ka-

naan•,co11testa Salomé con ri,-a
salvaje. He1·odes, h o rrorizado,
Re niega, y
la ofrece, en
cambio, sus
precio sos
pavosreales
blancos, sus
joyas de
gran valor,
el manto del
gran sacerdote y hasta
romper el
velo del
Templo.
Salomé til'ne solo una
réplica:
«Dámela cabeza de Jokanaan».

e o n acompañamiento
Het·ode-&lt;.
de cortesase desmaya
nos. El tede terror.
trarca, al Escena final de la ópera Salo,né: Md\le. Fremsladl, que estrenó en el Metropoló.
llerodiades
tan Optra Hotiae, de Nueva York, la parle de pro1.a¡onisla de dicha ópera
que presendespoja enta el autor
lónces de uno de sus dedos el anillo que
como borracho degenerado , re:;bala en la es señal de muerte, y, lo entrega al jefe de
sangre de Narraboth y ordena que sea re- los soldados. El verdugo baja á la prisión de
tirado el cadáver de éste. Clama contra el frío .Tokanaan. !lay momrnto:; de expectación
que reina, diciendo que oye el aire en rede- terrible, y en la orque;-;ta se oye un trémolo
dor suyo, y cuando le sirven más vino invita que l:iemeja el gemido agonizante. Un roá Salomé que beba con él, ofreciéndole
buc;lo brazo, el del verdugo, asoma por la
además el trono de su madre.
puerta de la pri,-ión, llevando en un escudo
Vuelve á oírse la voz de Jol.:a11a&lt;m, que Je plata la cabeza del profeta. Y llerodiades
se esfuerza en hacer comprender lo nece~a- ,-onrie, mientras Jlerorles retrocede y se tapa
rio que es evitar la cólera cele~le. .\lgunos
ro"lro con el manto.
de los judíos y nazarenos que acompañan á el Llega
la escena final, que no es de extraJfe1·ocfos discuten las palabras del profeta, y
liar no haya resultado µlato de gusto para
mientras unos le llaman impo~lor, otros le muchos tic los que han vil:il0 la ópera: Salosaludan como el precursor del i\lesia,-. He- mé apo:strofa la fantá,;tica cabt•za del homrodfodes, furiosa porque le reprochan sus bre por quieu ha concebido immna pasión.
maldades, pide á Herodes que mate á Jo- Cújcla p11tre ;.u,- manos, y colocándola en
kanacm; pero el tetrarco, temiendo que el til•rra st• po,-tra ante ella y la acaricia, canprofeta puPda ser representante dt&gt; un poder tando ::u belll•za. Y en un rapto ,le ~oberbia
de~co11ocido, i;e niega á ello y pidl', en cam- amoro,-a, «He besado tu boca Jokanaan•,
bio, á Salomé que baile ante él. Al pronto,
triunfantemente.
Falo111é 1ehusa bailar. pero cuando llerocles grita
Lu luna se eclip!'la, y una ~umbra prnfunle ofrt&gt;ce la recompensa que desee y confir- &lt;la reina en el escenario. Jlerodes se levan•
ma la prome,;a con un juramento, accede

ta, in_crepa á Salomé, á la que llama mónstr_uo mfernal. y ordena á las soldadoR que la
den muerte, cosa que hacen precipitándose
sobre ella y aplac;tá'ndola bajo sus escudod El telón cae cnlónces entre la obscuridad
e la s~la .Y el horror de que se halla posrído el publico.

*~\::
. Tal es el lib~eto sobre que ha basado el
ilustre
compositor
alemán una mus1ca
, • que
h
d d
a co I ma o _e ap Iausoc; y de gloria á su
n_ombre. Decimos;_ al principio de este articulo que SaTome, apenas rstrenada g ..
de tanta ~aro~ como cualquiera otra de
óperas ma~ celebres que se conocen
es
cierto. DeJando á un lado el nom b e ' y h.
logrado en Norte Amenea
, . Y la expectación
r que a

1:~

:m

C?n que es esperada la obra en Inglaterra
01gamos lo que acerca de las representacio~
nes que de_Sa7omé se han dado en París d"1
ce un cronista:
«Los mismos periódicos que hace un ar
~e mr,~s no se hubieran atrevido á acorfseJar a director de la Gran Opera que usiera
en
la obraf de Richard Strausi::,
p t'1enenrscena
h
.· _.ºY qu_e con esa~ que «nunca un teatro
par ,s1ense ha producido tanto como el e,, .
felet durante la semana de Salomé.• Se:(~~
las cuentas de la Sociedad de A t . "
efecto 1
•
u 01 es, en
¡, as seis representaciones recientes
~ ieron un lota! _de _190.366 francos, reparti•
?s d?l modo s1gu1ente: Primera representa•
c1ón, 39.278 francos· ~egunda 28 60-. l
ra 30 217
'
, · o, erce•
, ' . : cuarta, 30.197· quinta 30102·
Y sexta, 31.968, •
'
'
· .

¡ERA DE NIEVE!
?us manos con las mías enlazadas
«P1ensa,-me dijo-loco, en tus excdsos •
Y yo cubrí de lágrimas y beso,
·
aquellas manos sua,·e~ y rO~ílda--.
Lueg? in'&lt;i~ti. Cambiamos las miradas,
Y, queriendo calmar mi, embeleso"'
ella repuso indiferente: «Esos
"
afanes que me exprrsas son bobadas.•
A la luz de la Luna los amorc,.
como
Pe o el ,prado ante
I el sol, producen flores...
r ¡aY• esa noc 1e cruel v aleve
proclujt•ron lan sólo desencanto
porqu~ aquella mujer que yo amé' tanto
no tema rorazón ... ¡Era de nirve!
.lo-:f: G. vrLLA

�AMOR DE DAMA Y A.,tOR DE ESCLAVA

LEYENDA DE LA BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
AflOS 410 y 446 DE LA ERA DE CRISTO,

por

c. BRYSON TAYLOR

SUMARIO DE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES 1)
tod I pals por Mclchor, narrador de
La rama lograda e~ deºb~ladas despierta en el jóven Nicuento;¡/:nd~i•ualarla y ~ún de superarla,'! áa~uel
dedica nÜe,tro héroe. lli¡o de eJ~ª;ºs;:red~~
dona la cas:i. de sus paddres, y ponrié~~~se á los pa.mon'cs , p rll os reu
lt d
recorre le l • :Íles hace derroche de las facu a es
tores, an os cu,
b d l ºlentes de Nicanor

~~r:"º

~drHfdt~~:E~-~i~:r~i:h;~; e~::d~~nl;s ~~l~da,
e
.
·
empieza á dispersarse e gana o
que ,c~•J"nª1~ l'~~~oºres y é,tos tienen que ir tras las
que ~uNf~n~~ ,ati,íecho con que sus palabras hdub1er&lt;:be:;.
, t , t adquiere mavores C:,t.•Oi
ran producido tan e,ec 0 ,.
. té de su pobrr
1 Y par
, d
su fama sea univer,;a,
.
aun _e que d' . . e á grandes y populosas ciuda&lt;1es
terruno para lflgir,
·
Th
y más coen ~dtisra de
r!ºdtB~~\:f!"!~1~ pob~;ió~ elegida
noc1 por ª Tobías un ridi comerciante, la perso•
¡,or ::-,; u::tn~r, ) ecom¡ndado por sus padres. Toblas
na á quien , a r
'1aza en ,u taller, donde le
concede á '.'i u:~tnor una P fl Bien ron to lo•ra el jóenseña á tr~!&gt;aJ.~rufona:e~~~j~do d/su maestro, pero
ven
ude ~~~er con éste ruer,es altercados porqude,
no e¡a
1 .1 . 6 ue acariciara al ale¡arse e
posesi~nad~../~~;r
ulilia~&lt;~&gt;na el taller de Tobías y íal1
sus pa
. al trabajo v cuando acude á él _lo
ta con recuenc,a E
~ éorrerías de rngo y oc,obace dehmalrl~~~r
'~tconfundido con un esclavo
I
so que ace
d'
hecho prisionero por
de la seít~urnb~: loec:d:~•nyá pre,encia del no~l.e
unos'º a os q
o servicio queda conscrito. Niseñor Eudem,us, á c~y á Varia bija de su seilor, la
canor cncuedtra0un 'doncella de la habilidad y arle
~~i~s~r;::p:i :e1~1i.. r cue~tos., n¡rdcio_n~, ~t~!~
qu¡ d~!raig~/J!;/!~aº~¿!~:od~~jóv~neºs~~t~o amor
0
~er . ' ~~~ al esclavo que la recordara un cuento que
roche e.~~s\u!r1~ldo~ habían forjado en su mente.
u us,

°

.ª

ti

3er
ío,;, ·

¡rn~

que no tardan en confesarse, haciéndolo ambis
'ª en otra ocasión la bt.bia dicho T que se re er a

111.--NOBLES y PLEBEYOS
I
noble y poderoso Eudemius, cubierto
E
con pieles obso~ras de _leopardo, esta~a
sentado en cómoda silla de ebano en la b1_L

blioteca de su palacio, cuyas ventanas dominaban el gran palio central. Era homb~e alto,
delgado de ojos sombríos negros. nariz alta
y barb~ fuerte negra, muy recortada. Su
fOslro no se distinguía por nada, como no
(t) Véanse nuestros números U6 á 119.

fuera por su completa impasibilidad: n? tenía
upre~'ón, y era simplemente 1una mascara,
1t
tras la que el hombre co~~e~·va )a comp ~ amente impenetrables sus in timos pensann~ntos. En las manos, larga!'-, blancas y nerv10sas tenía un rollo.
. .
.
Con Eudemius estaba en la habllac1ón 11vinio padre do ~[ario, toma11do notas con
un e~tilete en una tableta d_e. ~arfil recubierta de cera. El roslro de LIVlmO era grave en el momento en que lo presenta~os
á ¡'/atención del lector demostraba ans1e-

3!

dad. Hablando como si continuara una con- la muerte. ¡Es extra11o ¿verdad? que en esta
ver::ación ya empezada, dijo:
casa la única cosa que debía hacerme feli,;,
-Roma ha necesitado muchas veces oro, mi hija Varia, sea la causa de todo el pesar
y lo ha arrancado sin piedad del pueblo. Pero que ha entrado en ella! ,
yo os aseguro, Eudemius, que las necesidades
Hizo Livinio un movimiento de simpatía
de la metrópoli nunca fueron tan apremian- hácia Eudemius, colocando sobre él una de
te,; como ahora: porque ahora no solamente sus manos y reteniéndola así unos mome11necesita oro, sino cerebros que por ella tra- tos. Prosiguió entónces Eudemius su converbajen, manos que en estos trabajos le pre,;- sación de esta manera:
ten ayuda,) sangre dispuesta il ser derrama-¡Gracias, amigo, por tu simpatía! No sueda por ella. Yo no quisiera verla baj., otro le ocurrir á menurlo que se desborde mi
concepto de lo que ella es: como señor¡l del amargura, porque empecé por aprender la
mnndo, y manteniendo dignamente este titu- sabiduría del estóico. Soy duro, encallecido
lo á la faz de todo el orbe. Desgraciadamente, hasta el hueso; y, sin embargo, anees 110 era
la situación de Roma no es esa. En el exte- yo así. fües amigo mío desde la niñez, y á
rior, ofrece toda la ostentación del poder, de
tí únicala fuerza invencible é inexpugnable; pero en
mente desel interior. no hay otra cosa sino egoísmos
cubriré mi
que traen consicorazón.
go la clh-isión de
Un ruido
intereses con mede pasos
noscabo del vigor
apresurados
y ,de I la robustez
se dejó o ir
de la patria. Yo
en el piso de
os lo aseguro: el
mármol. Los
imp.erio es. en escortinas de la
tos días como bupuerta de enque averiado que
trada
se sese sumerge en
pararon,
y
e I fondo el el
Mario
entró.
mar, r es prelb a vestido
ciso que entre
de
blanco,
todos lo salvecontrastando
ro os dái.idolc
e I traje con
cada un o le
su color moque deba darle. Ahora va a c:cr
reno. Detuvo
llamada de las Galias á Roma
sus pasos al
la tercera legión, en la que ira
mi hijo, y yo con él á pesar Livtnio a¡,untaba con un estilete en un pápiro que tenla verá los dos
ancianos
sobre las rodillas
de que mis años y mis achaaparenteques me lo impiden ... Ven también con mente en animada conversación, y djo:
nosotros, amigo mio.
-Perdonad ... Pero me advirtieron que
Eudemius sonrió con sonri~a que dejaron aquí encontraría á mi padre, y veo que insus ojos tristes sin expresión alguna, y dijo: terrumpo vuestra conversación.
-Veo que olvidas, puesto que esa pro-¡De ninguna maneral-contestó Eudeposición me haces, mis antiguos, mis grandes mius.-La hemos terminado ya.
sufrimientos, la herida, en fin, que atormenLivinio sonrió á su hijo cuando éste seta mi alma y que mata mi es¡ íritu.
sentó en el ancho antepecho de la ventana,
- ;_No se ha cicatrizado acasoi'
y los geniales ojos del padre aparecieron lle-¡Quince años, que me han parecido quin- nos de orgullo. Eudernius f:Orprendió esta
ce siglos, han transcurrido, Livinio, y está mirada, y sus ojos se obscurecieron, aun
hoy tan abierta e.c;a herida como el primer cuando la máscara de su rostro jamás camdial Te lo juro, Livinio: he hecho azotar du- biaba.
ramente esclavos ante mis ojos, y cuando,
Mario era, realmente, un hijo del que se
extenuados, morían, hacía torturar á los que podía estar orgulloso: un hombre fuerte de
les habían d¡ido muerte, para ver si por este imaginación y de cuerpo, capaz de mantener
medio encontraba yo en loe: extraños mayor su derecho contra todos. de asumir las carsufrimiento que el mio propio. Y no lo he gas que una á una iban escapándose de los
conseguido: porque no es la muerte lo que á hombros del padre. Verdad es que había ciermí me curaría, sino algo que juzgo peor que to tinte de disipación en su ro~tro que tenía

�3:?

POR ESOS MUNDOS

esmerauo corte; que había en él algo más
que rasgos de firmeza de voluntad, lo cu~!
podría fácilmente trocarse en cruel brutahdad si álguien se le interponía; que ofrecía
• cierta dureza mezclada con alµuoa ternura en
Ja firme mandíbula y en los ojos negros y vivos del jóven. ¿,Pero qué padre romano dejaria de dispensar 1ales cosasr Para los romanos todo esto significaba fuerza, y los romano,adoraban la fuerza como los atenienses la
bellrza. Y Mario era fuerte, de tal modo
que Eudemius, que era fuerte también, con
la fuerza más
obstinada, y sabia
apreciat· el simple vigor físico,
tanto má:s cuanto
que el suyo le había abandon do ,
1e admiraba
v envidiaba
i su padre
con verdadera amargura.
-Hoy tengo que ir á
Londi ni u m,
M

AMOR DE DA~1A Y AMOR D~ ESCLAVA

llegaha Varia al umbral de la biblioteca. Llernba la jóven suelto y flotante el cabell~. Y
vest!a un traje de color verde claro, cemdo
en algunas parles del cuerp_o. En ~u . aire
había cierh distinguida y tierna d1gmd~d.
Eudemius la miró, y apartando de sus OJO•
el velo del prejuicio, vió que, á pesar de todo,
esta hija suya era hermosa, _tan hermosa como la querida y muerta muJer que se la habia dado. Suraió entónces en él la esperanza, y dirigiend~ una mirada á :tl~ari?_ ley~ ~n
los ojos dt&gt; éste su naciente admirar1on hacia
\"aria.Obser,·ó e I noble
se1ior que su
hija no miraba á ninguno
de los otros
dos, sino directamente á
él, ,. entón::es ·E u demius la llamó. Acercóse
Varia dóc 1,

~~il

y permaneció e n pié·
Con ella parecí a haber

--dijo • ario
miran do a 1
entrado enuna
la
patio ilumiestancia
nado por el
bri,::a depura
sol.- Ma1iana ó pa--ado,
fragancia,
a más tardar
c o m o d el
e s t a r é d&lt;
viento q u e
Yuclta, pue.- ._-',....~""•
sopla suaveel as u n t O
mente entre
11
•.
.
1a s p u rísique me l'l'a
Varia llegó h&amp;.sta la sala donde conversaba su padre con Llvm_,o '/ Mano
mas )' a!!'.res11 o es cosa
~
de larga rl11ración: quedará rt&gt;suelto pronto. tes flores del campo acariciándolas asi.
Dicho esto, sr ,·olvió á Eudemius para ex-Celebro conoceros, querida niña,-dijo
plicar:;c. Dijo:
Livinio.-Vuestro padre es amigo mio hace
-Hay ciertas dudas sobre el estado d~ muchos años, algunos antes de que vos nauno de los buques que están asignados á m1 ciérais. y de que naciera rstc hijo mío que
cohorte para nuestra expedición á la Gal~a: aquí véis.
se ha visto que necesita algunas rcparac,oVaria dirigió entónces sus ojos á Mario, Y
nes y que no podra seguir a los demás de la sonrió, sin decir nada.
flota. Esto es un inconveniente, porque no
-¿Dónde has estaclo, hija miar-pregunhay probabilidad de encontrar otro para tó Eudemiu;;.
reemplazarlo, y tenemos órdt&gt;nes de darnos
-En el jardín, jugando... Y me marcho en
á la vela cuanto antes ... Y ha habido en este seguid'l porque voy á reanudar mis jue~?s·
asunto tanta confusión y tanta mala inteliEntónces, Mario se acercó á ella y la d1J0=
genria que se me envía para que pueda
--¿Queréis que juegue yo también? Quidarme cuenta personalmente de lo ocu- zás pueda t'n$eñaros algún juego que no rorrido.
nozcais.
Mario miró repentinamente hácia el patio,
-Me gu$taria mucho, --dijo Varia alegrey Eudemius observó que el rostro del jóven mente.-Yo no puedo enseñaros ningún juesc alteraba ligeramente y en sus ojos se go, porque ninguno conozco que sea interedospertaba 110 interi$s de curiosidad. Mario sante; pero puedo aprender el vuestro.
dejó de mirar, y unos momento,. después
Los dos f'alieron al patio, uno al lado de

33

la otra. Livinio dijo entonces á Eudemius:
-¡Qué interesante es vue:-tra hija!
Y Eudemius CO"ltestó:
-¡Es un mal neiocio, que he comprado
muy caro!
Y volvió la vista de la ventana para no
ver lo que en el jardín ocurría.

amenazaba y cuando aún no había empezado á de,;cargar. Sus pensamientos no eran,
por cierto, nada felices . Por la ventana
abierta se dejaba ver un alto candelabro de
bronce forjado, de cuyos braxos pendían sjete lamparas sostenidas por cadenas. El noble
señor a.cercó l.lna ligera silla-poltrona á la
ventana, y se tendió en ella lentamente, como
II
si estuviera rendido por el cansancio y el dolor. La luz de las lámparas caía sobre su
l\fuy pronto se cansó Varia del nuevo jue- rostro y lo mostraba menos enmascarado qutl
go, y se sentó al lado de la fuente para des- de costumbre, más al na~ural,ágrio y de huncansar, haciendo Mario una franca intima- didas mejillas,en las que aparecía estampado
ción de que podía retirarse á la casa si así el sello del sufrimiento. Entró un esclavo,
lo prefería. El jóven no mostró intención de sin hacer el menor ruído, y colocó en una
hacer tal cosa, sino que se sentó sobre la mesita un bol del fresca fruta, una jarra de
yerba y se puso á estudiar curio~amente á vino y una alta copa de la exquisita porcelaVaria, cuya sencillez é inocencia creía él na dura samiana, color rosa, fina como el
fingidas. Pero pronto se convenció de lo con- frágil cascarón de huevo. Cuando el esclavo
trario, y tuvo que confesarse á si mismo que se volvía para marcharse, le dió Eudemius
entre las muchas mujeres que había visto y esta orden:
tratado en los distintos países que visitó nin-Si mi hija, tu señora, no se ha recogido,
guna era como Varia. Tampoco había encon- pón ·en su conocimiento que tu amo la llama.
trado Mario otra muchacha que, como la hija
Inclinóse el hombre, y cruzando los brade Eudemius, fuera tan honestamente indife- zos ante su rostro, salió.
rente en las actitudes qu&amp; adoptaba. El jóven
Eudemius, recostado, esperó, obc:;ervando
encontraba á Varia alegre, muy alegre, llena los pálidos relámpagos que jugueteaban en
del primitivo gozo de la vida alterado sola- el firmamento y escuchando el lejano rumente en momentos por un misterio pasaje- mor del trueno. La brisa cálida del jardín
ro, que para Mario era un encanto más en- llegaba hasta él perfumada por la fragancia
tre los muchos que en la muchacha encon- de h,s flores. Un ruido de pasos, suave y
traba. Su risa, sincera y libre de todo prt&gt;jui- cercano, le sacó de sus reflexiones. Volvió la
cio, borboteaba como el agua que del torren- cabeza y vió á Varia que llegaba hasta él.
te brota.
Se detuvo la jóven frente á su padre y perMario tuvo, al fin, que abandonar la com- maneció esperando en silencio. Eudemius se
pañía de Varia para montará caballo y en- levantó cuidadC1samente para evitarse un
caminarse á Londinium, cosa que hizo con espasmo de dolor, y colocándose bajo la luz
la firme determinación de despachar sus de las siete lámparas puso las manos sobre
asuntos tan pronto como pudiera, á fin de los hombros de tiU hija y fijó en ella una
regresnr cuanto antes al palacio del noble larga mirada: sus obscuros ojos repasaron la
señor Eudemius.
figura de Varia desde la cabeza á los piés.
Notó Eudemius el castaño ohscuro de su pem
lo, donde las joyas centelleaban como los
ojos de enroscada&lt;; serpientes; observó las
El sol adoptó aquella tarde a1 ponerse un curvas de aquellas mejillas y garganta y la
color carmesí, tan furioso que parecía vomi- ma&lt;lura gracia de su bello cuerpo medio retar fuego á través de las cargadas nubes que velado á través de la túnica que la cubría. Y
cubrían el horizonte. En el jardín de Varia después de haberla estudiado toda, con crino se oían las penetran tes Yoces de los in- ticismo impersonal, como si fuera estátua
sectos y los arboles dejaban colgantes sus ra- en cuya obra escultórica pudiera encontrar
mas sin movimit&gt;nto alguno. Era una noche falta, la dijo en tono co11templativo:
calurosa y sin la más leve brisa. El trueno
-Eres bella, hija mía, tanto que puedes
resonaba á distancia, precedido de vagos re- resistir victorio~amente la comparación con
lámpagos que parecía que jugaban al escon- las más hermosas mujeres del mundo. ¿_Pero
dite entre las nubes; y la tierra estaba tran- quién ha de enamorarse de tí, que tienes
quila y si~ilosa, como fiera que se agacha tantos defectos? JSi al menos supieras emaguardando el momento de echarse sobre su plear tu belleza disimularías la falta de tapresa.
lento que le domina!
Eudemi11s entró en su habitación poco anEudemius la pu.;;o las manos sobre los
tes de la media noche, mientras la tormenta hombros, y Varia miró hácia arriba cubrien3

�:34

POR ESOS MUNDOS

do 10s ojos con sus párpados, extraña mira- ¡Es muy extraño! ;,Os amó álguien alguna.
da en la que brilló algo que murió casi al vez en vuestra vida'?
Eudemius se exlremeció primero, y desnacer.
pués
contestó:
Eudemius lanzó unaexclamación de amar-Sí.
En otro tiempo amé y fui amadoga impaciencia, y, de repente, preg,mtó á su
¿Es que no puedes creer tal ternura en mi't
bija:
Y cunlemplándola un momento con su
-¿No has pensado nunca lo que signifirostro
enmascarado no la dejó replicar, y
caría llegará ser lo que son las demás muañadió:
jeres? ¿Conocer el beso de los labios del
-¿Es que hay un cambio en ti? ¡Tres vehombre sobre los tuyos? ¿Sentir sus brazos
en tu rededor? ¡,Escuchar palabras de amor ces has dicho esta noche cosas que yo nocomprendo y que jamás pensé oírlas de tus
que se dicen á los oídos?
-¡Oh!- dijo Varia exaltándose.-Yo he labios! ;,Podrá ocurrir que en lo porvenir
oído esas palabras en maravillosos cuentos, surja alguna luz en tu espíritu?
Varia le miró á su vez. En la penumbra
más maravillosos de cuantos se hayan dicho
en
que estaban, el rostro de la jóven expreantes. ¡Y be conocido el beso del hombre
saba
algo extraño. Y levantándoso del suelo,.
sobre mis labios, y he sentido sus brazos en
dijo
á
su padre:
rededor mio! ¡Si, padre mío y mi señor! Yo
-¿Por qué he de cambiar, y por qué quiehe interesado á un hombre,-continuó Varia
con voz lenta y pausada.-En cuerpo y alma res que cambie? Soy feliz como soy ahora.
le be interesado; es mio para siempre y de Si el goce de la vida no es para mi, como has
dicho tantas veces, tampoco lo es el pesar de
él haré cuanto quiera.
esa
misma vida.
-¡Oh, asombrol-exclamó Eudemius.La voz de Varia se hacia más intensa y
¿Y quién es ese hombre? ¿Cómo se llama?
Varia, que reía como juguetón arroyuelo, apasionada.
-¡No desees que sea otra persona distincontestó:
-¡No tiene nombre, porque es la nada! ta de la que ahora soy!-continuó, dirigiénLlega en las nubes, en la tempestad, en el dose hácia su padre con las manos extendiresplandor de la luna, y murmura extrañac; das y en actitud suplicante.
Eudemius la observaba con extrañeza. Pel'O
cosas que nadie sino yo puede oir. Su voz
al
mismo tiempo que la observaba, su proes el viento, sus palabras son el roce de las
bojas, y su discurso es de oro como la lla- pio rostro se alteraba. Retuvo el aliento, llevándose una mano al costado. Su cuerpo ~e
ma ...
Eudemius, que reía al oir á su hija, se sir- puso rígido, combatido por frecuentes exlremecimientos que lo recorifan.
vió vino de la jarra de plata y lo bebió.
- ¡Llama á Claudio!-ordenó Eudemius á
En el patio y en el jardín, la lluvia caía
mansamente, el trueno ya no ensordecía, y Varia, que se volvió hácia la puerta y corrió ..
El noble señor dcjóse caer en la poltrona y
la brisa, más fresca, llegaba cargada de oloallí
permaneció, 'batallando con toda su vores á tierra húmeda. Varia fuése á la ventana é inclinó su cuerpo hácia la templada luntad de hierro ;:ara retener y dominar las
obscuridad. Su padre la siguió con la vista convulsiones que pretendían imponérselo ..
y se sentó en la silla poltrona limpiándo, c Su mano ext1:ndida tocaba la copa que flaentretanto el sudor de que su frente estaba meaba como un rubí en la mesita, y muy
bañada. Hizo que su bija se retirase de la pronto de aquella frágil belleza sólo quedaron átomos.
venlltna y se apoyara en sus rodillas.
Una antorcha flameó fuera de la puerta, y
-Varia-díjole de pronto el noble señor.
apresurados pasos se acercaron. Claudia, el
-¿Quieres á tu padre?
-¿Y por qué he de quererleil ¿Me quiere médico, muy viejo, muy pequeño, de barba
á mí, acaso, el señor y padre mio?-pre- y pelo plateados. entró seguido por dos esclavos que portaban luces y aparatos. Enguntó ella sonriéndote.
-¡Verdad, hija mla!-dijolo él bondado- cendieron todas las lámparas, de manera que
samente y acariciándola el negro y sedoso la habitación se iluminó como si estuviera
bañada por la luz del mediodía, y Claudia,
pelo.-Tu padre jamás te quiso.
Varia reflexionó un largo momento, y pre- despidiendo á los criados, se acercó á la silla
poltrona donde la silenciosa figura yacía.
guntó luego:
-¿Y por qué nací entónces?
IV
Eudemius contestó con voz lenta y áspera:
Los planes de Mario no salieron tan bien
-Porque tu madre me amaba.
-¿Porque mi madre os amaba, decís? como él esperaba, y lran~currió un mes an-

AMOR DE DA~IA y A~JOH DE ESCLA\'A

ªª

tes ~e que pudiera volver al palacio de Eu- nera que no le queda_~e ni la má, remola sosdem1_u~, donde aún estaba su padre, enfer- p_echa de que se hacía con la mira de impremo! a CU\'0 lado l~vo luego que permanecer s1011arle ~con la magnificencia de la mansión
el Jóven ~ara dedicarse á su cuidado.
r del senor y dueño de ella. Mario lo acepla~udem!us,_ que p~recía indiferente á todo b~ como cosa corriente, puesto que toda su
de~de s~ rnd1~pos1c1ón que hizo precisa la nda había estado acostumbrado á la riqueza
as1st~nc1a d~I mMico Claudio, no olvidj r¡ue y al_ lujo! m~s. á pesar de sus inclinaciones :·1
i?s OJO~ del Jóven tribuno habían mirado con la v1_da s1bar1l1ca, era claro que no tenía inc1er~o rnter~s á su hija. y como el amor no tenc1?ne.-; de hacerse deudor de Eudemius
es s1110 _un Juego en el que puede hacer mu- ~n nmguna manera y forma. Cuando éste
cho un Jugador que sepa manejar sabiamen- Juzgó llegada la oportunidad, hizo que Varia
te los peones, Eudemius empe;,6 á crear e,;pe- entrase en escena; y lo hir.o estudiando cuiranza, de que illario fuera el hombre que dado~ame~te cada efecto que su hija pudiesalv~ra la muerte de su casa, pues creía r¡ue ra producir en el ánimo del jóven militar.
s u 1ortuna estaría
Livinio estaba
segura en manos del
!!Onva!eciente, pero
militar y su nomtodavía débil é incabre incólume guarpaz de abandonar
dado por él.
el lecho, cuando EuY así fué como
dernius fué un día á
empezó á fraguar
~ u s habitaciones.
planes secretos y á
:::ientándose al lado
proyectar indirectadel lecho en que remente con astuta
pm,aba su amigo,díhabilidad encuenJole:
tros entre
-;,Sabes que Ro)!ario y su
ma rehwm nuevahija, sin cuimente mandar trodarse para
pas en nuestro ;,unada de si
xilio?En verVaria tenia ó
d ad, esto
no algunos
quiere deci1
deseos soque Bretaña
bre el parliqueda abancu lar, ni de
donada á sí
1as inclinacione!'; pe rpropia para
sonalcs d o I
pelear p 0 r
mismo M asu indcpenr!o,_
Al
prinUna antorcha Oameó r
d 1
dencia.
c1¡uo, no d1'6
ucra e a puerta Yapresurados paso~sc acercaron
1os tiempos
. ¡.Maclucnla_ ~lna?ie de sus planes. Comenr.ó ¡,or
l evar a.,- a•110 en s_u comiianía ¡iara coi)ocer
sus fin
d . ca en repelidas visiL:s de in~pección
ur~nl~ las cuales Eudemius hacía los im:
posibles porque .Mario se h 11 .
cuando
JO,;, adm1mstradores
· ·
ªsear,t
presente
b
le prP,sentaan con largas listas de rentas y gabelas
co?r~da'l á Ln de dar cuenta de ellas á su
se1101.
. como
- .Rodeó
. éste , adema·~"• a.- .,'[ano
serv_ic1_0 ordmario, de lodo el lujo c¡ue 'et arte
podia inventar y que la habilidad pod. .
f~lar,lé hizo q~e para él resultara
ve/de~
1 re e e cualqmer trabajo, que el joven encrnlrab~ hecho por invisibles manos de es; ª"?S mnumerables puestos á sus órdenes
e111a caballos y laca)'OS á su d'
. '6 .
. d
1spos1c1 n.
Cualq u1er eseo suyo, aún Jiaeramenle expre,adtJ
. "
. · , era. sa ris fec110 rnmcdialamente
y
sm osle11lac16n; y lodo se verificaba de ma-

1t

. d. Re
senlan, si las presentes m
· nosnopr&lt;'1car1ones
mr.
engañan!
t·
. ivinio )e diri~ió una mirada inquü,itirn
mientras Eudem1us parecía reílexionar.
'
-Pero no es es l0 ¡o que me trae á ti, sino
un asun~o qu~ me Loca muy de cerca,-di"o
en segu'.d_a Eudcmius, adoptando un lo1~0
más
en la conver"·ac·ón
· familiar
·
· ,- 1',u eres
r·b~1111go más a11tig,10 y el ú11ico á quien y~
da o e~ ?onfianza... Sabes que voy haciéndo~e VICJO .v pronto mi hija " mi casa r¡ue_aran aba1,donadas. Esto scÍ-á para Varia
hempo de dura prueba, incompetente como
e: para ll?var la carga de mis riquezas. Por
e. o necesito encontrar quien se haº"ª carao
de todo y e~to
h
.,
, " no ay más e u' una manera
. con un'
hde llevarlo
b d' á cabtJ·
s· · casando\, Va na
~m re . igno. 1 ese hombre fuera de h m1ldes c,rcunstanc:a ;, el oro de ella carubi~-

�AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA

mientas de Mario, cambió de asunto en la
conversación v habló de las dilaciones de los
transportes y de los asuntos de la Galia, hasta que, al cabo, rendido y ~oñoliento, se entregó al reposo.

37

zón de la muchacha bajo la finísima tela de
su túnica. De pronto, uoló que los ojos de
Varia se abrían y que le miraban, sin :¡ue la
jóven pronunciara palabra ni verificara movimiento alguno. Mario retrocedió, y con
cierta timidez de expresión preguntó:
-¿Me habéis mandado llamar?
Incorporóse ella sobre un codo y fijó en él
la mirada. Con el movimiento abrióse el rico
broche que sujetaba la túnica en los hom-·
bros, deslizándose aquella más abajo del níveo cuello y del torneado brazo.
Varia habló al fin, diciendo:
-¿.Que si os he mandado llamar, me preguntáísi' No, creo que no. Y si lo hice ya no
me acuerdo ... ¿Para qué, además, había de
llamaros?
Varia se recostó en los cogines, y empezó á juguetear indolentemente con la
serpiente de oro que rodeaba á su brazo, y
otra vez, como ya ocurrió en la _primera en-

Al día siguiente, cuando por la tarde, antes de obscurecer, volvía Mario de la caza,
fué recibido por un esclavo que le dijo que
Varia le llmaaba. Algo sorprendido con esto:
pues él apenas la había visto, r mucho menos hablado desde su llegada de Londinium,
siguió al esdlavo hasta la puert~ de las h~bitaciones de la hija de Eudem1us. Precisamente al cruzar la última puerta, el guía de
Mario cruzó los brazos an le el roslro, hizo
una profunda reverrucia y lo dejó, como si
obedeciera una órden.l\fario,nu.evamentesorprendido con esto, permaneció allí y esperó.
En la cámara, de eleYado techo, reinaba grata temperalura.
Lucía en el piso preciosos baldosines, y parecía dar á un jardín, donde se veía obscurecer
paulatinamente. Estaba amuebladit con ostentoso lujo, y en
ella abundaban las flores en
grandes jarros de alegres colores orientales. Casi en el centro había una de esas bajas paredes tan comunes en las habitaciones romanas, hechas para
servir de apoyo á cómo,las y
acolchonadas poltronas, colocadas á lo largo de dichas paredes. Una lámpara de bronce
alumbraba la estancia, y á favor de esta luz vió Mario que
sobre una poltrona yacía una
forma humana con la cabeza reclinada en los cojines yun blanco brazo colgando.
-¿Sóis Variar-preguntó el
jóven.
Pero la forma no contestó,
y creyendo Mario que dormía
acercóse de puntillas basta ella.
Varia aparecía con las mejillas
encendidas, y sus calientes labios separados, y en todo el descuidado abandono de la niña.
Inclinóse el militar hasta ella
de manera que sus labios casi
tocaron la mejilla de Varia y el
perfume de su cabello llegó
hasta él, y de tal suerte que
l\lario llegó á observar los movimientos acompasados del cora-¿Me habéis mandado llamar?-preguntó Mario II la jóven

�POR ESOS MUNDOS

trevi,;la que tuvo con Mario en el jardin, esta falta de atención picó el interés del hijo
de Livinio.
-~i os molesto, me reliraré,- dijo.- A la
verdad, estábais dormida y ha sido una verdadera lástima perturbar tan dulce reposo.
-No me molestáis, - contestó ella con
calma y sin mirarle.-Si os agrada estar,
podéis quedaros. Ahora ya no tengo sueño.
-Cuando dormís, ,i,lenéis 1,ueños agradables?-preguntó ~lario.
- Yo no 1,ueño dormida. ¡Sueño despierta!-conlesló Varia.-;,Qué son los sueños
sino peni::amientos? Y cuando se duerme no
se puede pensar.
.Mario la miró con sorpresa. Varia volvió
á guardar silencio, y desenroscando la serpiente de su brazo se entretuvo en hacer
que la luz penetrara en los ojos de esmeralda del reptil que representaba la joya y en
el rico labrado de sus escam¡1s. El brazalete
se deslizó de los brazos de Yaria y. cayó al
suelo, de donde l\lario se apre:;uró á recojerlo; y apoderándose el jóven del brazo de
la hija de Eudemius, empezó á colocar la
serpiente en su rededor. Ella le dejó hacer,
y él, más animado por esta pasividad, cogióla de la;; manos cuando la joya estuvo en
su sitio y las oprimió suavemente. Varia
ni siquiera le reprochó e&lt;;le atrevimiento. Y
entonces l\lario, atreviéndose más, se levantó y le abrochó el broche de la túnica, en
cuva operación los dedos del jóven tocaron
la ;uave carne de los hombros de \'aria:
pero ésta no dió ~e11ales de haberlo notado,
por lo que el m1tncebo, contrariado y perplejo, dijo:
-¡Sóis una mujer bien extraña! ·
Sonrió ella, y repuso:
-¡Me llamáis extrafia porque no sabéis
comprenderme!
-En realidad,-observó Mario-voy creyendo que sóis un jeroglífico digno de de;;cifrar. Es posible que con algunas lecciones ...
-¿Se trata de algún nuevo juego?-interrumpió ella.-,;,Es tan bonito como el que ya
me enset'iásleis'?
-Sí,-dijo ::0.Iario.-Es un bonito juego, ¡el
más bonito del mundo para el que gana! ...
Mirad, el primer movimiento es este: dadme
las mauos.
Alargó Varia las manos á Mario, mientra,;
se recostaba en sus almohadas con los ojo:llenos del afán de la adivinación.
-Este es un juego-dijo el jóven-en el
que sólo do,, per:;onas pueden lomar parte
propiamente. \lgunas veces han intentado
jugar tres; pero en la mayor parte de los cai:os, el tercero ha deseado abandonarlo. La
gran ,ent.1jaque este juego ofrece es que

son tantas las reglas que lo gobiernan que,
aunque haga uno lo que quiera, siempre esta
de acuerdo con algunas reglas, por más que
ese libre albedrío de su voluntad pueda separarlo de otras.
Besó .Mario las lindas manos de Varia, y
continuó hablando así:
-Hay ciertas cosas que todos los jugadores han de poseer,-añadió el jóven en el
mismo tono.-La mujer debe tener belleza, y,
si no, una habilidad que sólo llegue á manifestarse en sus resultados. La inocencia en
una de las partes, no en ambas, es cosa muy
valuable, puesto que uno de los objetos del
juego es ganarlo; si los dos la tuvieran, se
convertiría entonces en juego de chicos.
-Temo que sea un juego difícil e:;te que
ahora queréisenseñarme,-dijo Varia-pues
yo no puedo recordar las cosas muy bien
algunas veces.
-Para evitar esto puede llevarse el juego
á voluntad de los jugadores: lentamente ó doprisa,- replicó Mario, fijos los ojos en la far.
perpleja de ella.-En la mayor parte de los
casos, cuanto más deprisa Re juegue resulta
mejor, y así se evita que ninguno de los jugadores se canse.
Y sin esperar respuesta, la atrajo á sus
brazos, y levantándola luego el rostro la
besó en los labios.
-¡No! --dijo Varia, mientras batallaba por
levantarse.
-¡Si! ¡Ese es el juegol-dijo .Mario, sin
dejarla.-¿Es difícil al principio? ¡No importa! Pronto os agradará. ¡Ya os he dicho que
esto es parte del juego!
En los ojos de Varia leyó .Mario una batalla para rrcordar algo pa&lt;:ado y no olvidado,
todo un trabajo• mental, doloroso en su intensidad. La hija de Eudemius cesó al fin en
;;;u resistencia, y él la acercó más á sí besándola muchas vece", con pa&lt;:ión creciente que
al mismo Mario sorprendió. Varia respiraba difícilmente; pero en sus ojos sólo se ob,;en·aba la muda lucha por recordar co• a, olvidadas, sin mostrar cólera contra l\forio.
--¡En verdad que hice bien en llamaro:mujer extrañal-le dijo l\lario muy quedo al
oido.-Si yo no os conociera bien, podría
creer quci érais tan buen j1Jgador como yo.
\'aria arrancó sus manos de entre las de
~[ario, y Re le\'anló excl::.m:rnclo:
-¡Yo he jugado antes á estol ¡Conozco, sí,
conozco este juego!.. Tú me dirás que sov
bella, y que me quieres, y además que nada
le agradará ni verás con gusto nada si no te
correspondo... Y yo le acariciaré la cabeza
para mitigar tu dolor ...
-,i.Qué quiere decir ese delirio?-exclamó Mario, sin comprender lo que oía.

AMOR DE DAMA Y AMOR DE E.SCLAy A

llitsil'acionrs de Reiu(I , nfante

(Contin@rá)

�LA A~IÉRICA LATINA

Conferencia Panamericana celebrada el verano p,is:.tdo en Rio de Janeiro intenta la

EL PAfS DEL PORVENIR

LA AMÉRICA LATINA
La prensa de Europa consagra mucha
o cabe duda alguna que la América latiatención
á la América latina, y pondera sus
na es el país del porvenir: lo mismo al
hombre científico que al turista, al industrial bellezas y sus infinitos medios de vida; y en
internacioque al emigrante, se le ofrecen allí sin fin de Washington existe una Oficina
nal de las Reproblemas que
públicas Ameresolver y d e
1·icanas, funasuntos en que
dada hace die .
ocuparse, con
ciseis años por
probabilidad es
la primera Conde éxito en los
ferencia P a nfines que persiamericana pregan. Y, sin emsidida por Jabargo,se presta
mes G. Blaine.
aquí muy poca
Esta Ofici11a,
atención á
que tiene griin
aquellas repúimportancia, la
blicas hermasostienen veinnas , que pretiuna repúblisentan hoy un
cas del bemismovimiento inf e río occidendustrial y ecotal, cada u n a
nómico de gran
de 1a s cuales
importancia. Y
contribuye
no es justo que
anualmente
continuemos en
con cierta su es e olvido, y
ro a proporciomenos en 1a
nal á su poblaocasión presención; constitute en que no
yendo el consesólo Europa tojo de gobierno
da mira hácia
de ella los reaquel gran conpres en tan tes
tinente ro e r idiplomáticos de
d ion a 1, sino
estas repúblique hasta Chicas
en WasPalacio del periódico diario La Pf'ema, de llucnos Aires. Además
na, Japón, Norde las oficinas y talleres, funciona en este edificio una escuela,
hington , á los
te-América, e l
sostenida por el periódico, para la enseíio.oza del idioma español
cuales preside
Africa del Sur
el secretario de
personalmente
y
e,x-oficio
y Australia discuten la oportunidad de extender su comercio y su tráfico á país tan Estado de Norte-América.
La referida Oficina, cuyos trabajos y prorico y tan accesible a una penetración comerpaganda
aumentaron mucho en la tercera
cial por el Atlántico y por el Pacífico.

N

4-t

comple_tamente por su extensión á los Es.lados Umdos dP Norte-América, quedándoleunión interna'
ª u n su perfici&amp;
cionalde las,·cpara cre.tr otros
públicas a tn eEstados c o m 0
ricanas- nom Nueva lnglatebre oficia1 que
rra,Nueva York
representa su
P_en_si_lvania ;
unidad d e a C·
V1rgm1a combición-y esta renados:' En camconocida prácbio, siempre se
t i c a y oficialbabia de la fiem ente como
bre amarilla queagencia, no sólo
un tiempo se
para el comercio
cebó en e:5ta caen tre toda s
pital del Bra~il
aquellas repúcomo s i dicb¡
blicas, sino para
enfermedad no
promover relahubiera desapacione s entre
recidn ya de Río
ellas, establecer
~e Janciro, que
inteligencias
llene ahora una
más amistosas ,
pobla ción de
fundar sólido
ochocientas mil
prestigio y ayualmas y quedar á la mútua
crece y se desaproximación en
arrolla con rapilo educacional,
dez inusitada,
intelectual, mo5iendo d e ello
ral y social, así
una prueba elocomo en cuanto
cue11 le el hecho
se relaciona con
A venida de laa Palmu, en Bueno~ Aires, de varios kilómetros
de que el año
1O ro a terial y
de extensión
.
pasado de 1906
C?mercial. _Tanta e; la importancia de la g~stó más dmero en m('joras pública,, quecitad~ Oficina que el multimillonario norte- mnguna otra ciudad del mundo, exceptua11&lt;lo
ª'!1er1cano A?drés Carne¡:(ie ha &lt;lc,nado sele- Nueva York, y que hoy e~ uno de lus más
c 1en tos cmin teresa n les
cuenta mil do7 centros de cillars para cons,·ilización, intruir en Wasdu&lt;;lria, arte,
hington un ediliteratura y
ficio propio paeducación en et
ra ella, edificio
mundo.
que el donante
Además ,
quiere que se
¿cuántas pcrsollame Templo
nac; sabrán que
de Ta Paz.
Buenos Aires
capital de 1~
Argentina, es la
***
mayor ciudad
La América
de 1 mundo al
latina cuenta
Sur del Ecuacon muchos y
dor; que es la,
extraordinarios
segunda ciudad
medios de deslatina después
arrollo natural
de Paris; que
Valparaiso,_Chil_e.-El Mo_numeoto Naval, que conmemora laa
'! artificial que
nclonas de Chile un su ¡uerra con Perú
tiene hoy una
sorprenden al
.
.
.
población de
que no los ha estudiado. Por ejemplo: ¿cuán- un m1llón c1e1~ mil habitan les, y que aumenta
tas personas sabrán que Brasil puede cubrir con tanta rapidez como Río de Janeiro? Si,

�POR ESOS MUNDOS

eepcional desarrollo comercial de la América latina, hay algunos puntos notables que
deben tenerse en cuenta por todo el mundo.
Dentro de
un o ó dos
años la República Ar..:
gentina exLa Prensa,
portará más
y que a 11 í
trigo que los
existe el teaEstados Unitro más magdos de Norte
nífico par a
América; la
•ópera del hecarne refrimisferio ocgerada cria-cidental, cuda y sacrif.yo coste, que
cada en 1 a
-se e I evó á
Argentina se
diez millones
embarcará
de duros, fué
muy pronto
pagado por
en aquellos
.a que 1 Gopuertos para
bierno.
Nueva York,
En Lima,
donde se
Perú. y en·
venderá mu-Córdoba de
cho más baLa Argentina
Avenida de Mayo, en J:luenos Aires
rata que l a
hay univeractual
con
el
precio
llamado
del trust; y
sidade¡;¡ de antiquísima fundación, y también
en
una
década,
la
sección
septentrional
de
otras muchas · instituciones docentes cuya
~xistencia se remonta al siglo XVI, hecho la Argentina llegará a ser un país gran proapreciado- perfectamente ·e~ las frases del ductor de algodón. que competirá ventajo.s amente en
político yankee
precio y conRoot, dirigidas ..
l
diciones con
:á I a América
los Estados melatina cu ando
ridionales de la
,dij o que «la
América del
nueva civilizaNorte.
-ción de NorteEntre Chile
América tenía
y la Argentina
ro u ch o que
se esta cons.aprender de la
truyendo e 1
-civilización dei
tú ne 1 mayor
Sur.&gt; Entre las
del mundo, y
ruinas de 1o s
los puntos más
incas del Perú,
elevados y la
,del Ecuador v
construcción
-de Bolivia hay
más dificil que
~videncias d e
jamás ha habiun siglo marado que vencer
villoso de desen extensión
.arrollo mateférrea se e n riál é inteleccuenlran en el
tual muy antePerú. Y por
rior á la contoda la América
-quista españolatinase lanzan
Arequipa, Perú.-Esta ciudad fué una de las tres que fundó l'izarro en
la, y que únicaaquel país. Antes de la conquista española era propiedad de los incas
programas pamente ti ene
ra nuevas vías férreas: Argentina está ya
igual en las ruinas semejantes de los aztecubierta de excelentes sistemas de ellas;
-cas de Méjico.
Refiriéndonos ahora á las bases del ex- Chile construye líneas en todas direcciones;

-sorprende esta declaración, podrá interesar
saber que en Buenos Aires se levanta el edificio más hermoso y más costoso del mundo,
-ocupado ex·ch1sivam ente rior un·
per1ódico,

l\
l'I'

LA AMERICA LATINA

Brasil se prepara a penetrar en sus vastos Andrés Carnegie, quienes no solamente están
bosques y á conexionar puntos distantes de muy interesados en la confirmación de estos
Río de Janeiro;
·
proyectos, sino
13olivia gas ta "
"' que tienen dimas de cinn e ro bastante
cuenta mi! Iopara em Jren nes de duros
d e r las 'obras
en esta clase de
por sí mismos
.'
trabajos; y Cos 1. necesano
lombia , Ecuafuese.
dor, Perú, UruY en cuanto
guay, Paraguay
á la extensión
y Venezuela,
superficial de
estudian varios
estas pequeñas
planes p r actirepúblicas laticos para consnas de Améritrucciones feca, como con
rroviarias. En
tanto desdén
suma, y para
•
se las llama, si
{[Ue se vea la
Museo Ipyranzo, en Sao Paulo, Brasil
n o bastara el
i?1port~ncia de este ramo en la América la- dato, ya apuntado al comienzo de este artrna, ~tremo~ que un periódico financiero de tículo, referente á Brasil, diremos ·que t'erú
B e rlin estima
y Colombia, caque se gastarán
da una por sí,
lo menos dos
son roa yores que
,t
billoues de duAlemania, Franros durante la
cia , Bélgica y
inmediata d é _
1[olanda reunicada en ferrodas.
carriles en aquel
territorio. Ade**,¡¡
más, por todos
los Estad os
. Un error mu y
Unidos de Nordigno de rectifite América
carse se comete
crece el iuterés
por cuantos haen favor de
blan y se refieco:1struir ó ayuren al clima de
dar á construir
aquel continenUn fer r ocarril
CatP-rlral de Montevideo, Uruguay, en la Plaza de la Conslilución
te: porque se le
panamericano,6 conexiones que literalmen te llama América del Su1· v Centro-América
unan las dos Américas con lazos de barras suponen que allí todo es ~a]uroso. Y si bien
de acero. Una
es verdad que
comisión p er1 una gran parte
manente creade la extremida por la sedad septentriogunda Confcnal se encuenrenciaPanametra por comricana,en Méjipleto en la zona
co, en 1901tropical, y e ¡
902 y conticírculo ecuatonuada por 111.
rial pasa á tra
tercera Confevés del Bra5il
rencia, en Rio
septentrional y
de Janeiro, en
de I Ecuador
1906 , tiene á
. n embargo ',
s 1_
su frente homeusten vastas
bres como el
secciones de
exsenadorHenColombia, VeTeatro Sol!s, de Montevideo
ry G. Davis y
ne7,uela. Ecua-

�4J

POR

r.sos

MUNDOS

LA AMÉ , ICA LATINA

y por yalles tropicales y profundidades de las principales cordilleras de los Andes. De estas mil
quinientas millas, más de mil fueron recorridas sobre mulas e n
treinta y un días de continuatfo
viaje. El resto de la distancia lo
recorrimos á pié y en medios de
locomoción tan distintos como
barcos, canoas, trenes y automóviles.
, Con frecuencia acampábamos
en altitudes de diez mil piés, y
entonces sentiamos no encontrarnos vestidos como los exploradores árticos. Al mediodía, almor1,ábamos bajo palmeras, rodeados de monos que charlotea. Parte de las antiguas murallas de
Cartagen,a, en Colombia. Esta ciu·dad era el puerto desde donde se
expedía á Eur,ip"a el oro peruano.
España invirtió inmensa fortuna en
con~truir estas mur~llas como protección conlra los piratas y bandidos que caían sobre Cartagena

Vista de la ciudad y babia de Rio de Janeiro, Brasil

ficie de la tierra. He aquí lo que acerca de
dor, Perú y Brasil, que poseen ámplias co- este particular cuenta Mr. John Barrett, dimarcas donde, á causa de su elevación sobre
el nivel del mar, el clima es primaveral du- rector de la Oficina internacional de las
rante todo el año, con una temperatura tan Repúblicas Americanas en Washington,
al comienzo de este artículo.
igual y favorable que en ellas pueden culti- citada
«El verano pasado era yo-dice-ministro
varse cuantos productos ofrece la zona temde los Estados Unidos en Colombia, coni replada.
é interesante
Estas altitudes producen un fenómeno físi- sidencia en Bogotá, su lejana
capital. Debido
co muy notabfe
en parte á .mis
en el clima. Por
deberes de cumejemplo: si u n
plir instruccioviajero que se
nes del secretaencuentra en el
rio Root para
Ecuador, al niunirme á él en
vel del mar,monla costa occidenta en una mula
tal de la Amériy cabalga i:ectaca latina duranmente hácia laH
t e s u célebre
montañas hasta
tournée por
subir cinco mil
aquel continentrescientos piés,
te; también á mi
experimentara
deseo de estutau grande camdiar detenidabio de temperamente una gran
tura y de vegeextensión destación como si
e o no c ida de
viajara mil quiAmérica , q u e
nientas mi! las
tendrá i m porbácia el Norte
tante desarrollo
por mar ó por
Plaza de la Victoria, en Buenos Aires
después de comtierra. Y si conpletarse el canal de Panamá; pero sobre totinúa bácia las eminencias de diez mil qui- do por espíritu aventurero y aficionado á
nientos piés de alli tud, encontrará una dife- escenas extraordinarias, recorrimos una disrencia tan grande como si viajase dos mil tancia de mil quinientas millas por altitudes
quinientas millas hária el Norte en la super-

~an y_ nos daban envidia por no
1r traJeados como ellos. Por la noche, teníamos que trepar y buscar el descanso bajo la sombra de
1as perpetuas nieves. Durante
una de nuestras jornadas, en un
solo día tuvimos ocasión de admirar la vegetación de l\[ontreal
y Panamá, y de pasar por tantas
variaciones de clima y clases de
productos, como si hubiéramos
estado reco1riendo durante dos
Estación del ferrocarril en. Sao Paulo
Brasil, punto principal de exportació~
del café

semanas la distancia que medía
desde Canadá al Istmo.
•El país que cruzábamos desde
Bogotá ~ Guayaquil, vía Qui to, en
Colombia y Ecuador, tiene ahora
una población de un millón de
habitantes, in?ios en su mayor
parle, descendientes de los incas.
Dentro de dieíl años, así que se
-construya el canal de Panamá
est~s alturas y estos valles ex~
perm~enlarán un a explotación
especial, p~es podrán soportar
u~a población blanca de cinco
m1llones, por ser expléndidamente abundantes en facultades aarí~las y minerales.»
"
El comercio exterior de la Amé-

Vista de Ca:acas, capital de Venezuela. A la derecha de la foto•raíla

se ve lo. capilla de L~ur~es. Caracas se levanta en un fertillsimo•vallC:
á tres mil p1és sobre el nivel del mar

�pon

· LA Al\llIBICA LATINA

ESOS MUNDOS

-Hi
rica latina, es un argumento
convincente para demostrar la
prosperidad de aquel vas tu continente. Este argumento, que
nos muestra que el campo es
de importancia crítica para
nuestros fabricantes y exportadores, prueba al mismo tiempo que la América latina ha
despertado á nueva vida. El
comercio total exterior - exportaciones é importacionesde las diez repúblicas independientes, Argentina, B o 1i vi a,
Brasil, Chile, Colombiaj Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay.

rior ciento cuarenta millones. Y lo mismo
ocurre con todos los países americanos del
Sur y del Centro.

Iglesia de San Francisco en Quito,
Ecuador

y Venezuela, y de las Guyanas
francesa' inglesa y holandesa,
excedía en 1905 á la suma de un
billón doscientos millones de duros. Esto demuestra que t~nto
Europa como los Estados U~1dos
de Norte América no descuidan
los beneficios que les resultan _de
explot:::r en su f_avor l~s ventaJas
que ese comerc10 encierra. Ah~ra se estima que el co!Derc10
extericr de la Ac1érica lall~a paa 1907 pasará en trescientos
:nillones á la cantidad á que llegó el año anterior.
.
Haciendo comparac10nes con
otros países diremos que el p~ooreso material de la Argentrna
;ival~za con el de Japón_. Con
sólo seis millones de habitantes
A.roentina asombra al mundo

"

Linea férrea de Or,o)'o, que cruza _el distrito minerodePeru. Es!e feriocarrtl sube
á punto más alto que ninguno otr~ de _la
tierra, pues llega hasta ~utnce mil seiscientos piés sobre el mvel del mar
sosteniendo en 1906 un tráfico valuado en quinientos sesenta millones de duros, comprando y vendi~ndo más en los mercados de naciones extranjeras que Japón _con una
población de cuarenta m1ll~nes y
que China con una de tresc1entos
millones. En cuanto al Brasil, sola mente en café vendió á los Estado~
Unidos de Norte-América, en 1905.
por valor de noventa millones de
duros, y tuvo con ~uropa un comercio de importación sumamente
importante.
.
Pclrópolis1 Brasil próximo á la capital! donde tiene su resideneía
el ~uerpo diplomático al i acreditado
Chile gastó en comerc 10exte-

47

único lazo que nos une con aquellas repúblicas es el literario, también podemos asegurar, sin peligro ninguno de ser desmentidos~
que dentro de ese mismo campo. literario/ *
desconocemos, no solo hazañas históricas.
Al Sur del Canal de Panamá hay ahora del patriotismo américo-latino, héroes de recerca de cincuenta millones de almas, pobla- nombre en los referidos países, autores y
ción igual á la de Alemania. La inmigración poetas brillantes, sino que ni siquiera hemos
aumenta en
tomado no ta
Argentina,
--~--delasuniverBrasil, U r u sidades , hosgua y y Chile.
pitales, escueEn el último
1 a s , círculos
a ñ o entraron
literarios, peen Buenos Airiódicos, b i res cerca de
bliotecas, muquinientos mil
seos de arte y
italianos y esde ciencia que
paño I es; y
allí existen y
aunque los toque, en protales en Río
____,....,.,,...
porción á I a
de Jan eiro,
población, riJ\lontevideo y
valizan sin duV al p araiso
illiii!.r.álllillíiili@
da alguna con
fueron desde
los cenlros de
luego ID u Cho
Punta Arenas, Chile, ciudad situada en los Estrechos de Magallanes
s U clase que
menores, i11dihoyposeernos.
can siempre un aumento en el número de
El Sur y el Centro de América han llegapersonas que abandonan la Europa meridio- · do rn á los linderos de un nuevo movimiennal para buscar nueva residencia en la Amé- lo i~dustrial y material. Su desarrollo en los
rica central y del Sur, donde el clima es últimos diez años llamará la atención del
igual al de sus países.
mundo. Solamente su riqueza minera y sus.
El idioma español es el común Pn toda la recursos en este concepto, especialmente en
América del Sur, menos en Brasil, donde se minas de oro, cobre, plata, estaño, platino y
habla el portugués. Pero toda persona bien nitrato, ·en los territorios afectados por lo~
educada en la
.\ndes en Cr•
América latina
1
lombia, Ecnahabla el frandor, Perl, Bocés caf1i tan
livia y Chilr.
bien como su
exigen el emlengua nativa.
~""'-".....,
pleo de granSi se predes capitales
gunta ra por
v ma vores iniqué no 'lrra:ga
....,,,,.....,.!...J:11t11FII'
éiativ'as y tray progresa el
bajos, de todo
prestigio de
~,,.~ lo cual ya ha11
Espaiia sobre
:;¡;~-Wj~~~i~~~~~~~~
tomado n o ta.
la América la,-.,......~
los norteametina, se podría
ricanos, q u e
contestar que
________
__..11..,_ __.8
después de haello s e debe
b e r colocado
en primer térEdilicio del Jockey-Club de Buenos Aires. Esla ~ocie&lt;lad es uno da los
o ch o ei en t OS;
mino á que no
clubs de sport más ricos del mun&lt;lo
mil l O II es d C'
hemos sabido apreciar ni estudiar bien los sus dollars en Méjico, se aprestan ahora á
pai$eS que constituyen aquel territorio, exis- siluar una importantísima suma desde ~1éjitiendo, al conlra1·io, en nosotros una ten- co á Cuba y desde la Argentina á Chile,
dencia á de.:;deiiar las citadas repúblicas,sin para ser empleada, lo mismo en las construcrnolivo ni fundamento alguno. Esto es do- ciones ferroviarias, que no tienen limite en
loroso, pero es cierto, y es preciso confesar sus demandas de capital, como también en,
Ja verdad. Y aunque puedo decirse que el los proyectos y realización de obras de lran-

--=-=

¡;;;;=::::;';;f!!jiíiii

�-48

AL PAÍS DE LA AVENTUHA

vías eléctricos luz eléctrica, utilización de
saltos d e ag~a, construcción _de fábricas,
~baslecimiento de aguas, trabaJOS de al_can,tarillado, teléfonos y telégrafos, extensiones

agrícolas y otra multitud de ~mpresas, qu_~
ofrecen innumerables y atractivas oporturu
dades para la acción combinada de personas
Yde capitales.
COSMÓPOLIS

EL IDIOMA UNIVERSAL

EL ESPERANTO
La ,mporlancia que ha adquirido en todo el mundo el nuevo idioma internacional Esperanto, inventado por el doctor Zamenhof, concede 116rdadero interés al siguiente
trabajo en que se dan algunas lecciones para aprender el citado lenguaje, que es de
construcción fácil y sencilla. En España es grande el número de esperantistas
que t-:mte, los cuales han formado ya sociedades eu las principales poblaciones, publicando en Valencia un periódico, La Suno Hispana titulado, dos de cuyas páginas

reproducimos en facsimile en este artículo.

AL PAIS DE LA AVENTURA
¡Siempre el ensueño cobarde y la tristez~ impura!
En formas baladíes el tiempo hemos perdtdo:
disipamos los tedios en medio del ruido,
sin lanzarnos al campo de la hermosa Aventura.

1

J'

f

Belleza y fortaleza pidamos á N~t~ra:
que nos dé lozanía de _pétalos de l~r~os
y vigor de leones. Y sm v~gos delm~s
alzaremos un día la Atlánt1da futura.
Muy larga es la jornada. Marchemos sin demora
á libar, bajo el arco de flores de _la A~rora,
licor de Primavera en copas de 1azmmes.
y que los tiempos nuevos nos hallen venturosos,
muy fuertes y lozanos, robustos y hermos_os,
marchando á la victoria cual nobles palad•nes.
JUAN fu"iTONIO

"1

SOLÓRZANO

algunos años viajaba yo por Egipto
H en compañía
de dos alemanes y un húnACE

garo. Nos detuvimos una noche en un hotel
de Alejandría que estaba á cargo de una familia italiana. Al pedir la cuenta, vimos que
estaba hecha en francos. Para pagarla, uno
d• los alemanes dió una moneda de -reinte
JQarcos; el húngaro una libra egipcia, y yo
entregué una libra esterlina. El cambio nos
lq dieron en piastras egipcias. De entre nosotros, sólo yo hablaba inglés; la dueña del
otel desconocía el alemán; los alemanes
húngaros no sabían francés. No había,
ues, manera de entendernos, y para salvar
a situación se nos ocurrió hacer números
arábigos: todos pudimos entonces ponernos
'\9acuerdo.
Desde aquel día no he dejado de pensar en
lo convenientísimo que sería un medio univereal de comunicación, que fuera aprendido
como los numerales árabes y prontamente
comprendido por todas las personas medianamente educadas. ¡Cómo nos satisfaría entonces leer directamente toda clase de noticias en los periódicos y revistas del mundo
tllterol
Cuando se inventó el volapük, lo recibí y
-.Udié con grandes esperanzas, porque en
él creí encontrar ese medio universal de ex¡,ieli6n que yo anhelaba; pero, después de
1lll08 cuantos dias de desilusiones, lo aban-

J

doné con la tristeza de no haber adelantado
gran cosa. No logré aprender nada que me
importara recordar, y mi sueño resultó pesadilla: el nuevo idioma era tan difícil como
otro cualquiera, y parecía infinitamente más
desagradable; no era ni lengua muerta ni
viva, sino una especie de diccionario etimológico, que no era probable adoptara nadie
porque parecía una monstruosidad.
Pasó el tiempo, y oí hablar del esperanto,
otro idioma destinado á ser universal, r como
el gato escaldado del agua fría huye, lo recibí con cierta prevención; pero un amigo me
llamó la atención acerca de la importancia
del nuevo lenguaje y de la facilidad para
aprenderlo, y confieso que lo que empecé por
escuchar por pura cortesía me encantó luego
y me hizo cobrar algún interés por el asunto. Acordéme entónces del volapük, y ví que
este idioma sólo podía compararse con el esperanto como se compara el crepúsculo al
mediodía. Para probarlo basta un sólo ejemplo, que copio de la importante revista North

American Review:
EN V0LAPÜK.--Pük vebünetik pakiipalom

fa vol lolik pekulivol; abu men nomik tala.
sesumül volapükels, kapalom püki lekanix
Volapük.
EN ESPERANT0.-La lingvo internacia estas
kompr~nita de la tuta mondo edukita; sed
nenia homo sur la tero, escepte la volapükis-

4

,

�POR ESOS MIINDOS

50

en la nueva lengua. En 1906 se celebró en
Génova un segundo Congreso, que produjo
mejores re:;ultados aún que el primero, y en
Agosto del presente año se reunirá la tercera de dichas asambleas en Cambridge,
Inglaterra.
Actualmente, no existe país europeo que
no
tenga su sociedad de esperantistas, y el
**
La historia del esperanto es breve. El doc- movimiento se extiende) cruzando los mator L. L. Zamenhof, méJico de Varsovia, en res, á la Australia, India, China y Japón. En
Polonia, acariciaba desde su juventud el este último país entre los japoneses interedeseo de crear un idioma sencíllo,sin irregu- sados en dicho idioma, figuran el doctor
laridades ni excepciones, que fuera compren- Kuroita, y los profesores Asada y Fujioka, de
sible para lodo el mundo. A tan estupenda la Universidad Imperial de Tokio, 'í el gene·
tarea se dedicó, y en 1878, cuando sólo con- ral barón Oku, que tan importante parte
taba diecinueve años de edad, creyó haber tomó en la guerra ruso-japonesa. Otros grandado cima á su plan. Pero apenas ganaba des bombres que creen en el esperanto y sipartidarios para su nuevo idioma, al cual vió, guen sus lecciones son el papa Pío X, el ilusademás, que le fallaban muchas cosas para tre profesor químico William Ramsay y el
que resultara un éxito; JARO 1'1 • N. 40•
A,prllo
por cuya rar.ón, hasta
• 1907 •
1887 no se decidió á publicar su primer trabajo
acerca del µarticular.
Donde la nueva lengua
encontró más partidario~
fué en Francia. El mar•
qués de Beaufront había
estado trabajando sobre
lo mismo indepcadientemente de Zamenhof, y
ballábase casi á punto de
S.ro SALVADOR PADILLA
Oire!noio de !1 J;cnera.la lr.•i tolmlb IuttitUIO bJ
publicar los resultados de
Prnidanto do la Cnrpo Eopennll,11
sus estudios cuando llegó
de OunR.
á sus manos el libro del
doctor polaco. Con abnegación casi inaudita en
la historia dió de mano 3, H¿,
E!iB.lVO: 1, HollUo11.Ím•i cdoj, trad. v. foglada.-,. AD.lr.OrlU 1lia rabha __kl~ot, J&gt;l:U_lo, V. la¡bd1.de m&lt;ll'to, pouio Leo Belmo111.-4, Amo, trad. JosefWa111liwalcL-5. Sc:uroJ.-Ci, llibho¡uh.-7, Mlk•
0
Ú su obra, para convertir- ujoj,-8, Nmj anoj dt }l. S.p, P• &amp;-9-AooacoJ. '
se en el primer propagandi~ta del esperanto.
Homanimaj celoj
Desda Francia y Polonia fué el nuevo idioma
(El Jaime Balmea)
haciéndose camino p o r
Kiam horno sin metas en tdo kun Naturo en gi mem 1 seoigite je ~iuj ecoj rila~
Europa, primero lenta- tantaj al individuoj, li ekprovas ian n:difineblan senton, ian spccoo de antaüsento pri
m e n te y después con senfineco Sidigu apud la maro sur 1zola bordo; aUskultu la malakran plaiidobruo:i
la dis!J.umanta sub viaj piedoj ondaro ail la sililo~ .de ilin. agita~ta v~nto; ~un
verdadera rapidez. En de
okuloj fiksataj al tiu senlimajo rigardu la dubeb\uan Jm1on, k,u kumgas l1elarka¡~n
1905 se celebró en Bou- kun oceana akvaro; \oku vin en vastan kaj iz,olan ebenaj~n aU en n_ieion. d~ centJ3:•
logne-sur-Mer un Congre- rarba arbaro· en nokto silento rigardadu la e1elon, sur k1u estas d1ssem1taJ astroJ,
trankvil~ daürigas sian iradon tiel, kiel m. g¡~ dafüigis multajn centj_aroJn :mtaiie
so mónstruo de esperan• kiuj
kaj daüdgos ccntjarojn poste; sen peno, sen ia a¡n.klopo~o, fordon_u.v1~ al propratistas, en el que había movaj celoj de via animo kaj vi konsta.tos, kicl e! g:1 sentoJ elfluas, kmJ gin P.r?f~d~
más d e veinte naciones tu§as kaj gin a\tigas super sin m.::m ~aJ kv~a~ ~in absorbas en se.nfi.nec_on. C1~ md1vidueco malapcras antaú giaj propra¡ okuloJ: 1h sentas la haf!11?º1on, ~u prez1da~ la
represen la.das, y se pro- gre.odegan
tutajon, el kiu g¡ formas ma_lgr3;?-?cgan e~o.n¡ en. \IUJ ~olenaJ momentoJ la
nunciaron dü:c•1rsos, se genio ja kantas inspirita perla grand1ozaJOJ de_ ,:ehg1? ka¡ det1ras randangulon el
discutió y se representa- vualo, kiu kovras antai:i. la okuloj de mortemuloJ la brilegan tronon de la Superega
• ·1 ~J· okazoJ· havas nen1on
·
ron comedias en espe- Kreinto,
Tiu grava, profunda, kvieta .sento, kiu nin f_orkaptas e? s1m1
ranto, por hombres que, rilatan al individuaj objektoj, g:1 estas ekspa~s10 d~ la amm?, k1~ ee tu!o ~un Naturo
ap:uentemente,no encon- cin dia1olvas, kicl matena floro ee ll sunradiaro; g, estas D1a alt1ro1 per k1u la atítoro
trab,n dificultad en comReproducdón de la _primera página del yenódlco esperantista La Suno
HJtpaK0 1 que Je publica en Vl.leneia
prenderse unos á otros

toj, komprenas la arlan lingvon Volapü'k.
EN ESPAÑOL.-La (P.ngua internacional es
comprendida por todo el mundo educado;
pero ningún hombre sobre la tierra, excepto
los volapükislas, comprende el lenguaje ar•
lificial volapük.

•

0

1.

SUNO

HISPANA*

1

1

EL ESPERANTO

t~igne periodish1 inglés William T. Stead.
~n Norl_e-América, aunque dicho lenguaje
rnte_rnac1?nal era hace dos años casi desconomdo, llene hoy partidarios entre las Facultades de Ha!'vard, Yale, Pdnceton,Obío, y
otras mstituc10nes de la más elevada cultura
Y los mejores periódicos de aquel país abre~
sus columnas para ¡liscutir y publicar artículos en pro del esperanto.
Un hbro muy interesante sobre este
asunto, htul_ado Historia del Idioma Universal, e.scr1to por Leau y Couturat dice que
«durante el siglo pasado ha surgido' una nueva lengua artificial cada dos años llegándose
nada menos que á treinta y tres idiomas un•iver~al':s.' algunos de ellos con nombres tan
var1ad1s1mos en longitudes y eufonía como

61

Tal, de Hoessrich, Valkerverkehrsprache
de Dietricb, la Lengua Aeul el Idionu:,
Neutral, la Lingua Konium el Panroman. Pero el esperanto parece ser la única
lengua mt~rnac10nal que basta ahora ha consegmdo tnunfar.•
En esle idioma se han dado á conocer ya
traducc_1ones de los clásicos, como la fliada,
la E!teida,Hanilet,Pablo y Virginia y Don
Quwote, y se ~ublican regularmente treinta
ó cu~renta penód1cos y revistas mensuales
y qumcenales, impresos unos totalmente en
esperanto, y otros á dos columnas, en esperanto y en inglés, francés, alemán, italiano, espanol, polaco, flamenco, bohemio húngaro, ruso y Japonés.
'
Es posible que con estos periódicos pueda
la humanidad ponerse en
&amp;SPERAN11STA CAZETO
sr contacto directo con los
AMO
A.MOR
más distintos países. En
El pola poeto Kazlmlerz TetmaJer.
Dol poeta polaco Kazfmlers TetmaJer realidad, no parece muy
lejano el tiempo en que
. _Sajn!s al mi, ke mi vidis Ciujn horojn
Parecl~me que veía todas las horas, los diarios contemporáki~Jn m1 ha~as ankoraü transvivi, flugan~
taJD matrap1d~ antail miaj okuloj, kiel que ttodavia h~ d7 vivir, volando lenta~ neos del mundo hayan
men e ante m1s OJOS como bandada de d
h].
8~
da lar~J 1 en la momento de foriro laros
en el momento 'de marcharse 1 1 e pu 1car varias coluro~
de I suno, kiam la tago_estas varmega ... cuando e.1 d!a. es caluroso...
I
e so nas de noticias y comen~omenc~ la .b!ankaJ flugiloj de eiuj
boroJ de m1a. vivo estis makulitaj per las :;:r~rmdcipro. 1~dblancas alas de todas farios en cada edición pas e m1 vi a estaban manchadas ra 1
t'd .
sango, pcr _m1a propra sango· sole unu de sangre,
de mi propia sangre· sólo un
OS par l anos del nuela ~asta, hav1s fl.ugilojn blankaJn ka¡· pu'. la última, tenía alas blancas y Puras. a, VO idioma.
r:IJO,
Tiam mi ckpensis, ke mi havos almeEntonces pensé que tendré I
E_l esperanto es un lennaU la morton dolean kaj trankvilao
la mue~te dulce y r'ranguila,.. ª menos guaJe mu y fácil de apren~
. }en su bite alveois Si, tiu e¡ virino kiun ueSú!1;tmente_ llegó ella, esta mujer der. No es exagerado de-

m, am::s, kaj ekvidinte horojn ki~jn m·
bav::i_s a.nko_raii transvivi, kc ¡1{ c:;tis eiu)
sang1taJ ~J. ~ur la lasta estis blanka kal
f)ura,-!1 dms:
J
. -·~ y~las, ke tiu e¡ esta .tnkau tia
l:Jf'I la ahaJ.
1
Mi_ne demaodis §in: kiall
KaJ poste §i diris:
-:-Sed el .kie prcoi la sangon?...
f1am m1 montris al §i mian koron lraj
donante al !i ponardoo, mi diris:
-Ekbatu!
~iam Ai levi9 la manon por ekbati, mi
peotls _nur, .e~ 11!-i sc1os sufoki ~emon por
ne. ektimegigt Am, kaj kiam Ai ekbatis
kunk~m la dolora estis frenc:!a mi n;
ektem1s.
,
La sa.ogo1 kiu e!Aprucis el mia koro
~~uhs la fl_ug.ilojn de la IHta horo d~
~ vi~, flug1l0Jo b!ankajn kaj purajn
1am m1 ekpensis, ke mi havos ankaii
ruonon maldolean kaj tcruran sed .
oe ~emandis, kial tiu e¡ virino 'tic!

eé

fa~;

al m,.

Si volis tiel-kaj mi amas &amp;in ..•

y

~fa ~ de~~~t~::~~sb~~r:ii~e~~~:: cir que toda la gramática
grentadas y~)amente la última era blan- puede conocerse en una
ca YQpu~,-d 1JO:
hora&gt; y que á una perso- u1ero, que ésta sea ta b"é
.
como las otras.
m 1 0 tal na mstruída le es fácil
Yo no le pr~anté: porgué?
empezará leer con ayuda
Y ;espués d1Jo ella:
de un diccionario cosa
-~ ero de dónde tomar la sangr~
¡
t' bl
&gt;
Entonces yo le mostré mi corazó
mprac ICa e con cual~
dándole un puñal Je dije:
n, Y qmera otro idioma E 11
-¡Herid!
este de q t t 1·
Cuando ella levantó la mano
h
~e ra a e prerir, yo eensé solamente, si sabr1!:~oc:.; se.nte arl1culo, todo tien~~g~mida para no a~ustarla, y cuando de á probar su maravilloue~ed~~lpc,no aun/que el dolor fué enlo- sa sencillez, que lo hace
q
'gem.
r· ·1 Y perfectamente
La sangre que brotó de mi corazón 8 C 1
~~nchó las alas de la última hora de mi práctico. Y por lo que
VI a, a1
as blancas y puras Entonce.,
bo
d
sé que tambié!' tendré h~9ta una m!e~~ • y ocurre, pue e predeamarga y temb!e, pero 00 pregunté po case que pronto será
qué esta mujer a.sf obró conmigo.
r conocido, leído y hablado

Ella lo quiso asl-y yo la amo.

Trad. )OZIF WASH11WSKI,

Una del a.a pa(lnaa
· ·
á do&amp; colum_nu, en esperanto-, en espaaol del pe 'ódl
aperanl.ista LG &amp;i,u:¡ B"Pana
,
r1
co

en todo el globo civilizado; y siendo esto as¡
cu~ple á aquellos que n~
qmeran quedarse rezagados aprender algo de
este nuevo idioma. Con
tal fin se escribe este artíc,ulo, que facilitará los
pnmeros pasos en el esperanto al que pretenda
aprenderlo.

�EL ESPERANTO

POR ESOS MUNDOS

Examinemos una frase de uno de los
cuentoa de Hans Christian Andersen, que
encontramos en los F11ndamenta. K1·estomatio del doctor Zamenhof. Se titula La
,iovaj ve,;toj de la _,·ego, que trad_u~1do al
castellano quiere decir Los nuevos 1• aJes del
i·ey. lle aquí el primer párrafo de la frase
citada:
.
,. •

cada verbo en esperanto tiene la misma terminación: is.
d' 1
Unu, significa uno.-NúmerJ ~ar ma !
generalmente invariable. Su traducción aqu1
debe ser cierto y concuerda con rego.
.
Rego rey. Todos los nombres sustanti-

Antau multaj jal'oj vivts u!l'u ,·ego_, .,-,u
tiel amis belajn novajn vestoJn, ke li e~:
pezadis sian tutan monon, poi' n11r es '
ciam bele ornamita.
.
Su traducción es como_s~gu~:

cHace muchos años v1v1a cierto rey que
amaba de tal modo los trajes nuevos que e~plM todo su dinero en comprarlos para ir
bien vestido.»
Como regla general diremos que las vocales se pronuncian siempre en su v~rdader?
sonido, esto es: a como a, e como e, i como i,
.
0 como o y u como u.
Otra regla general es qu_e au, se pronu_nc1a
au; aj como ai; oj como o•; la J como y, la e
como ts y lag como gu,i.
Siempre que una palabra tiene. m_ás de una
silaba, el acento carga en la pe_nultima.
En esperanto no hay excepc10nes. Por esto, aprendida una vez una cosa no es preciso
volver sobre ella.
.
Desmenucemos ahora el párrafo citado
para dar al lector de POR Esos MUNDOS una
explicación clara y sencilla de su valor y
pronunciación.
. .
Antau, significa antes.-Prepos1c1ón que
rige á multaj jaroj. Literalmente: Ai:ites de
much-Os años; pero debe traduc1rs~d101endo:
Hace mu,chos años. La;' propos1c10nes en
esperanto rigen el nommativo. Se emplea
una tilde sobre la !I siempre que le siga a
ó e.

Multaj, significa muchos.- Ad.¡o t·1v_o que_
concuerda en número y caso con Jaro), L~ J

i ¡·

vos en ;speranto terminan en o en el nom:nativo singular.
.
Kiu, q11ien.-Pronombre relal!vo;_ su antecedente aquí es ,·ego, y es el su¡eto de

amis.
b'
Tiel, así, de tal modo.- Ad
. ver IO que
modifica á amis. Esta, como km, es un~ de
las cuarenta y cinco palabras correlativas
que juegan papel importante en el esp~_'.anto, y que se explicarán más adelante: bJese
cuidadosamente el lector en su s1g~1ficado.
Amis que significa amado, de ami, amar.¡
- En qué tiempo aparece a;uí este verbo.
(VÍase Vivis). Repásese todo el p~rrafo en
esperanto y se encontrnrán verbos en pretérito.

.

d

Belajn, bello.- Adiehvo que concu~r .ª
con vestojn. La ti final marca el caso adJehvo, único que hay ~n el esperanto _ademas
del nominativo. La J marca el plural, la a el
adjetivo. Pronúnciase belain.
.
lvovajn, nuevo.-La misma constr':cc~ón
y formación que belajn. Su pronunc1ac1ón

n.ovain.
b· t d
Vestojn vestidos. - Nombre o J• o o
amis. La~ indica el caso; la i,, el _número:
la o la parte de la oración. Pronunmase ves-

toy,i.
.
l d
1
Ke, que.- Conjunción emp ea a con e
correlativo tiel: casi.. . que,.
Li, el.-Pronombre personal, tercera persona, singular, masculino, suJeto de elspe-

zadis.
· d'ica.l ª te,·Elspezadis, gastar.-¡,Qué 10
minación is? (Véanse Vivis y A1nis.) Las
letras ad forman el subfijo, que denota acción continuada ó acostumbrada; el es prefijo, que indica fue?'ª ó (ttera de; s_pez es
la raíz, y spezi el mfimt1vo, que s1gmfica
,·ecibil'.
·
fl ·
Sian, su.-Pronombre poses1~0 re exlv~

final indica el número plural; la palabra smoular multa denota un adjetivo.
0
Jaroj quiere decir años.-Nombre en nominativ¿ plural calificado ~or antau. (Véa~e
Antau para el caso que rigen las preposi- que se refiere al sujeto de la clausula (aqm
ciones en el esperanto.) Retírese la t_ermma- es li) pero conviene con monon. La '! deción del pluralj, y ~eda smgular,;aro. En
nota ~l caso· la a indica su fuerza adJehva.
esta palabra la termmac1ón_ o denot~ un n_om.
Tutan, dntero.-Tradúcese .todo su dibre. Si la palabra fuera Jara, _sena adJelI- nero,. Adjetivo que conviene c~n mon~n.
vo· ejemplo,jara festo, que s1gmfica «festival
Monon, dinero.-Nombre, ob¡eto de esan~al,, La letra j tiene en esperanto el s?m. .ó
do de y ó i. En la final oj cada vocal llene pezadis.
Por, quiere decir por.-Prepos1c) n qu?
su sonido distinto: oi. La pronunmac1ón de denota propósito y que rige al mfi01t1vo est1.
jaroj será, pues, yaroy.. .
.
Nur, solame~te.-Adverb10 que modifica
Vivis, quiere de~i~ vimó,-;-Tiempo pasa- la frase por esti.
do del verbo vivi, v1V1r; su su¡eto es rego. No
Esti, sel'.-Todos los infinitivos terminan
hay sino una forma para las tres personas y
en
i.
para los dos números. El tiempo pasado de

Ciam, siempre.- Adverbio. Una de las
cuarenta y cinco palabras correlativas.
Bele, bellamente.-- Adverbio derivado,
como indica la e final; bela, bello. Califica
á or,iamita.
Ornamita, ado,·nado.-EI verbo omami
significa adornar. El tiempo pasado de cualquier verbo aumenta is á la raiz, quedando
la palabra en omam-is; pero el participio
pas1do (pasivo) aumenta ita á dicha raiz.

•*•

He aquí ahora el segundo párrafo de nuestra lección:

Li ne zorgadis pri siaj soldatoj, nek pri
teatro kaj caso, esceptinte nitr se il-i donadis al li okazon montri siajn novajn vestojn. Por ciu horo de la fago li havis et.partan surtuton, kaj kiel JJl'i ciu alia ,·ego oni
ordinare diras: ,Li estas en la ko1isilane¡o, oni tie ci ciam diradis: ,La 1·ego estas
en la vestejo».
·
Examinemos separadamente cada palabra
de este segundo párrafo.
Li, el.-(Ya se ha explicado lo que significa.) Aquí se emplea como sujeto de zorgadis. Esta es una de las ciento cincuenta y
siete palabras primarias, de las cuales ya
hemos presentado ocho: antau., nnu, kiu,
tiel, lee, po,•, n.u,1~ ciatn. Citaremos mas según vayamos adelantando. No hay regla para
la terminación de las palabras primarias. Algunas son tomadas atrevidamente del francés, alemán: griego, la!in, italiano, inglés,
ruso y otros idiomas.
Ne, no.-Adverbio primario y, por consiguiente, sin distintivo alguno de terminación.
Los adverbios derivados, es decir, los derivados de la raiz de otra palabra, se forman añadiendo e. Ejemplo: bele, bellainente de la
raiz bel. En el presente caso, ne term'ina en
e, lo mismo que ocurre ciertamente con otros
adverbios primarios, pero sólo por accidente .
ZOl'gculis, acostumbmba á cuidar.-Verbo de la raiz zorg. En cuanto al tiempo y al
subfijo, véase Elspezadis.
Pri, de, concerniente á una cosa. -Preposició~ que rige á soldatoj, otra palabra
primaria.
Siaj, su. - Adjetivo posesivo formado
del pronombre de tercera persona reflexivo
primario si (él mismo, ella misma, ello mismo,_ ellos mismos). El pronombre si y sus
der1~ados se refieren solamente al sujeto de
la cla~sula en que )lguran. Aquí siaj se refiere á Z., pero conviene con soldatoj en el
plural nominativo. (Compárese Sia en el párrafo primeramente analizado),
Soldatoj, soldados.-Nombre en nominativo plural, objeto de pri.

53

1'ek, ni.- Otra palabra primaria, que
aquí se usa como conjunción. Adoptada del
latín.
Pri.-(Véase anteriormente.)
Teatro, teatro.-Nótese la terminación.
Kaj, que quiere decir y.-Conjunción. Palabra primaria, derivada del griego. Pronunciación: kai.
Caso, caso.~La misma construcción que
teatro.
Esceptinte, exceptuando.-Participio en
forma adverbial. Implica una elipsis. La raiz
es escept; la terminación del participio pasivo activo (usado adjetivamente) es inta, y el
camb10 de la a en e hace la forma adverbial.
N11r, sola,nente.-Adoptada del alemán.
Se, si.- Conjunción. Palabra primaria
adoptada del italiano.
Di, el/os.-Pronombre personal, tercera
persona, plural, sujeto de donadis. Otra pa:
labra primaria adoptada del francés: ellos,
ellas.
Donadis, dió.-Véase la fuerza de ad r
de is. Verbo aclivo transitivo; su sujeto es
ili, su objeto okazon.
. Al, que quiere d~cir á, ó, parn.-Prepos1món que rige á 1,. Otra palabra primitiva
Li.-(Véase en la parte ya analizada).

Okazon, oportuniclacl, occtsión.-Objeto

directo de donq.dis.
Monti-i, ,nostmr.-lnfmitivo con su sujeto implícito, lin, que limita á okazon.
Siajn, su-(Véase Siaj más arriba). La n
final mai·ca el caso objetivo. Siajn concuerda con vestojn, pero se refiere al sujeto implícito de la cláusula infinitivo. Pronúnciasc
siain,.
Novaj11, nuevo.-Ya analizado.
Vestojn, vestidos. - Esta palabra y la
precedente fueron empleadas en el párrafo
primeramente analizado.
Por, por.-Preposición que rige á horo.
Palabra primitiva, adoptada del español y
adaptada del francés.
Ci11, cada.-Palabra primitiva, y también
una de las cuarenta y cinco correlativas. Se
usa adjetivamente y conviene con horo.

Horo, hora.-Nombre, caso nominativo

objeto de por.
De, de.- Preposición primil'va común•
varias lenguas. Rige á lago.
La, el.-Única forma del ai'liculo definido para todos los géneros y números. En el
esperanto no hay artículo indefinido; y al

traducirlo, si para el sentido es preciso, se
suple, lo mismo que se hace al traducir
del griego ó del latín. La es una palabra primaria común á varias lenguas.
Tago, dia.-Nombre, nominativo, objeto
dede.

�54

1

1 1
1

1

POR ESOS MUNDOS

Li.-(Ya está analizada esta palabra.)
Havis, tenía, tuve. - Para el tiempo
véase Zorgadis.
Apartan, sepai·ado.-Adjetivo que concuerda con imrtuton.
Surtuton, capa, sobretodo,-Caso objetivo después de havis.
Kaj.-(Véase más arriba.)
Kiel, como.-Una de las cuarenta y cinco
palabras correlativas, y también una de las
primarias. (Véase tiel, su correlativo especifico, en el párrafo primeramente analizado:)
Pri, de, concemiente.-(Véase más arriba). Preposición que gobierna á rego.
Ci1&lt;.-(Véase más arriba.)
Alia, otro.-Adjetivo que concuerda con
rego.
Rego, rey.-(Como en el párrafo primero.)
Aquí es objeto de pri.
Oni, ellos. -Palabra primaria adoptada
del francés on.

Ordinare, generalmente, ordinariamente.-Adverbio derivado, por cuya razón ter-

mina en e; modifica á diras.

Diras, decii-.-Verbo en tiempo presente.
liemos visto que el pasado termina en is; nótese ahora que el presente termina en as.
Li.-(Véase más arriba.)
Estas, es.-Otro verbo en tiempo presente; el infinitivo es esti. (Véa¡e el párrafo primeramente analizado.)
En, en.-Preposición que gobierna ó rige
á konsüanejo, otra palabra primaria derivada del griego.
La. -(Véase más arriba).

•

'

Kon.silanejo, Cámara del Consejo. Nombre objeto de en. La o marca un nombre; la silaba ejes uu subfijo que denota sitio para·(un konsilano); el a,n es otro subfijo que denota miembro de una corporación.
Konsilo significa consejo.
Oni. -(Véase más arriba),
J'ie ci, aq1&lt;í.-Adverbio que modifica á
diradis. Es una especie de palabra compleja
primaria formada por la asociación de dos
primarias sencillas, ci y tie. La palabra tie
denota allí; pero como ci expresa la idea de
proximidad, tie ci significa aqwi. Se pronuncia como dos palabras separadas: Tie, ci.
Ciam, siempre.-(Véase el párrafo primero.)
Diradis, dicho.-Participio pasado de Diras, con el subfijo ad denotando acción .
acostumbrada. (Véase zorgadis).
La, rego, estas, en, la. (Todas estas palabras han sido ya explicadas).
Veslejo, g1&lt;ardarropa.-Empezando como de costumbre, en el fin de la palabra,
se observará que es un nombre sustantivo
que indica sitio para vesfo ó vestoj. (Véase

EL ESPERANTO

la explicación del subfijo ej en konsaanejo).
Ya sabemos que vestoj significa vestidos; por
esto la significación de toda la palabra es cla-

ra: sitio para '\""estidos, .vestuario, guardarro•
pa. Pronúnciese

vesteyo.

•••
Veamos ahora la sintáxis del esperanto.

Es tan sencilla como la analogía.
Los nombres terminan en o. Ejemplos:
jaro, rego, vesto, mono. El plural termina
en oj,
Los adjetivos terminan en a. Ejemplos:
multa, bela, nova, sia, tuta, ornamita.
Los adverbios derivados terminan en e.
Ejemplo: bele.
Los infinitivos terminan en i. Ejemplo:
esti.
El tiempo pasado, en. todas las personas y

números, termina en is. Ejemplos: vivis,

amis, elspezadis.
El participio pasado pasivo termina en

ita. Ejemplo: ornamita.
Las preposiciones rigen el caso nominativo. Ejemplo: antau, m1tltaj, jaroj.
Unaj final denota plural. Ejemplos: mul-

taj.
Unan al final denota un caso objetivo.
Ejemplos: vestojn, nionon.
El adverbio negativo ne procede á su verbo: Ejemplo: ne zorgadis.
Los adjetivos concuerdan con sus nombres en número y caso. Ejemplos: siaj, sol-

datoj.
Los _verbos transitivos siguen el caso
objetivo. Ejemplo: !i havis surtuton.
El participio · pasado activo termina en
inta. Ejemplo: esceptinta. (La forma adverbial es esceptinte.)
También es necesario conocer el significado de tres subfijos importantes:
Ad, que denota continuación ó repetición
de la acción implícita en la raiz. Ejemplo:

ZOl'gadis.
An, que denota un miembro de un cuer•
po, partido, secta, ó país indicado en la raiz.
Ejemplo: konsii.anejo.
Ej, que denota sitio para algo indicado en
la raiz. Ejemplo: vestejo.
Si hemos estudiado cuidadosamente lo,
dos párrafos analizados, habremos aprendi-

do también veintiseis de las ciento cincuenta y siete palabras primarias. Ahora vea el
lector si puede recordar el significado de las
siguientes, sin consultar las notas explicadas:

Al, ili, ne, si (sia), ci, ke, antau, kaj,
nek, tie, ciu, kiu, nur, oni, tie ei, ciam,
lciel, de, la, por, tiel, en, li, pri, unu, se.

Y con todo lo explicado y apuntado y un
vocabulario, /,qué lector ó lectora de Pon
Esos Mu~oos no sabe leer y escribir en espe_ran_to,El referido vocabulado no puede ser
mas fnc,l y senc1llo. Es el siguiente:
A, final de adjetivo.
AD, subfijo que denota acción continuada.
AL, á, 6, para.
ALIA, otro.
AMI, amar.
AN,

subfijo que denota indivíduo de cor-

As, terminación del tiempo presente.
BELA, hermoso, bello.
BELE, hermosamente, bellamente.
CASO, cRza.
CI, al!i, empleado comunmente con otras
palabras, _como tie ci (aquí), ó ci k1&lt;n (con).
CIAM, siempre.
cm, cada.

DE, de.
DIRI, hablar, decir.
dar.

E, final de adverbio derivado.
EJ, subfijo que denota lugar destinado

para.

EL, fuera, fuera de (prefijo).
EN, en, dentro.
ESCEPTJ, exceptuar.

ESCEPTINTE, exceptuando.
ESTI, ser.

IIAVI, tener.
HORo,

hora.

J, final de infinitivo.
ILI, ellos.
lNTA, ~TE,

terminación de participio pa•

sado act,rn, tanto e,: la forma de ad'etivo
corno en la de adve1·brn.
J
IS, terminació? del tiempo pasado.
ITA, t~rminac,ón del participio pasado
forma adjetiva.
'
J, terminación de un nombre plural ó de
un adJet,vo.

año.
KAJ, y.
KE, que.
KIEL, como.
JARO,

Km, quien, el que, el cu-al.
K0XSILANEJ0, cámara de consejo.
KONSILANO, rni~mbro
KONSILO, COTISl'JO.

de consejo.

LA, el.
Ll,

él .

Mo,o, dinero.

mostrar.
mucho.
MULTAJ, muchos.
MO~TRI,

MULTA,

poración, ciudadanía, etc.
ANTAU, antes.
APARTA, separar.

DONI,

5¡,

N, terminación de caso objetivo.
NE, no.
NEK, ni.
NOVA, nuevo.

Nun, solamente,
O, terminación de nombre sustantivo
OKAZO, oporlunidad, ocasión.
'
ONI, ellos, genfa, uno.
ORDINARA, ordinario.
ORDINARE, ordinariamente.
ORNAl\II, adornar.
Po:i, por.
PRI, para, concerniente á, sobre estu, acer•
ca de lo otro.
REao, rey.
SE, si.
SIA, su, suyos.
SOLDAT0, soldado.
SPEZI, dar dinero.
SURTUTO, capa, abrigo, sobretodo.
TAGO, día.
TEATRO, teatro.
TIE, aíli.
TIE CI, aquí.
TIEL, así, de esta manera, semejante á.
TUTA, entero, todo, total.
UNu, ~no, un cierto n(1mero.
VESTO, vestido, traje.
VESTE.m,. guardarropa, habitación-ropera.
VlVI, Vl\'lr.

Z0RGI, cuidar, cuidar de.

•

**
¿Te compromet~s, lector

querido, á com•

poner fr.ases, or~c10ne.\ párrafo, y ha:;la largos escntos teniendo presentes las anteriores lecciones( Pu~s manos á la obrá, que la
tarea, he de repehrlo una vez más, es fácil
y sencilla.

D. O. S. LOWELL

�LA FALSIF!CAC!Ó~ DE OBRAS DE ARTE

LA f ALSIFICACION DE OBRAS DE ARTE
de objetos procedentes de Pompeya, Hercu•
de los aspectos más curiosos de la lana, Numancia, Concise, los pueblos celtas
codicia humana es el que ofrecen en ge- del Pitou y las colonias fenicias de Beauvais,
neral las falsedades y falsificaciones, el su• si bien es cierto que los chamarileros no ha·
jeto agente de estos delitos dispone de inte- bian ido á recojerlos más allá de las fabricas
ligencia poco vulgar, de ingenio, y, á veces, instaladas en Bruselas, en Vannes y espe•
de cultura artística exquisita.
en París.
No es, pues, el hambre el esporo en don- cialmente
El «true• y el ,maquillage• de las obras
de se crian los patógenos de esta enferme- de arte ha llegado en esta última capital á
dad social, como suele serlo de casi todas una perfección sorprendente en todos sus as•
las que la ciencia penal tiene sometidas á pectas. Verdad es que el pueblo de París ha
su estudio. El delincuente, además de las estado siempre á la cabeza de los la1ulctlocondiciones anotadas, necesita disponer de ,·es temporis acti. A los helenófilos del siun capital grande ó pequeño, y esta caracte- glo XVll siguieron los egiptólogos del sirística le dá todas las apariencias de indus• glo xvm, quienes seducidos por las maravitria, que se ejerce á la luz del día, cuando llosas descripciones del conde de Caylus, in•
no son objeto de ella ni los valores ni los trépido viajero y amenísimo literato, veían
documentos oficiales.
en todas partes geroglífieos, estatuas, pirámi•
Las funciones tutelares del Estado no des, obeliscos y bajo-relieves. De aquí el
pueden extenderse á garantizar la autentici- éxito asombroso, desde el punto de vista
dad de las obras de arte; porque en el san- económico, que alcanzaron las fábricas de
tuario del arte no puede haber una ornacina momias fragmentos de momias, con las
para la ley y porque en este caso, más que que dió a traste la supuesta reina Pinacotbe•
en otro alguno, se probaría la inadaptabilidad que, quien en realidad no era sino la criada
y la injusticia de la sanción prescrita con de una modesta hospedería, muerta en edad
relación al hecho punible.
prematura, disecada y embalsamada, con haLos únicos factores que deben compo- bilidad tan escasa que á los tres días de su
ner el marchamo de las obras de arte son instalación llenó el Museo de Munich de un
la conciencia del que vende y la inteligen- olor nauseabundo y macabro.
cia del que compra, pues aunque no es difíTodavía suele fruncir los labios de los secil caer por efecto de alguna de estas opera• ñores académicos el relato de una curiosisi·
cienes bajo el alcance de las aspilleras del roa anécdota, en la que aparece como victi•
Código, el ingenio de los delincuentes suele ma un erudito profesor de la Sorbona, egip·
allanar con facilidad el camino de la eva- tólogo muy conocido, poseedor de una imsión.
portante colecció!l de vasos etruscos, bronLos falsificadores de obras de arte son ces pelásgicos y manuscritos ptoloméicos.
artistas en su género, cu ya capacidad no Presentóse un día en su á.;spacbo un hábil
guarda relación con sus aspiraciones: la co• anticuario y le habló de una estátua magni&lt;licia les hace un día renegar de la indepen- fica de basalto negro, de tamaño algo mayor
dencia, que es condición esencial del genio, y que el natural: se trataba nada menos que de
arriendan su actividad al comercio para de un Ramsés, encontrado en las ruinas de
elaborar csobre pedido• armas, porcelanas, Tbebas, y para transportarlo á Europa era
esmaltes, autógrafos, esculturas, cuadros y precisa una cantidad de cien mil francos.
tapices.
Cinco semanas más tarde, el valioso mo•
Por este procedimiento se han llenado los nolito, después de haber atravesado el Nilo,
museos particulares y los museos oficiales
NO

U

I

57

_Para estos fraudes se usan mil procedide oer instalado cuidadosamente en Alejandría, de cruzar el Mediterráneo, de pasar por m1ent.os. A ~eces se co!llpra un cuadro antiNópoles y hacer escala en Génova, desem- guo s1~ ménto, y previo un lavado minuciobarcó en )larsella, y desde allí seis fornidos so se pmta sobre él un asunto pla•iado de un
percherones lo arrastraron hasta la casa-mu- autor notable. En _otras ocasiones,"se calca el
eco del sabio profesor, en donde fué recibido asunto sobre un lienzo antiguo, sirviéndose
con todo el entusiasmo y con toda la alegria al efec!o de una cola muy tenaz (marollfte).
~ue ~uede inspirar el hallazgo de tesoro tan Despues se mete todo en el horno para que
mesltmable. No babia dudas: era el auténtico al secarse aparezcan las gri_etas y la pátina.
Ramsés llI de la XIV dinastía, majestuoso y Los tonos rosados y ambarinos se obtienen
apamble, con los ojos esmaltados la nariz con negro de humo y cenizas graveladas·
noblemente semita, la barba en tre~zas deli- luego ~e frota todo con una disolución d~
cadas y las manos extendidas hieráticamen- calabna Y se procede á imitar las arrugas y
te sobre los muslos. La pátina, los gero,lífi- las manchas de las moscas. Por último para
cos de la peana y la naturaleza del basalto, evitar las verificaciones por medio del'alco•
bol _se cubre todo con una capa de cola fuer•
eran otros tantos certificados de origen.
Gu~rdó el anticuario su dinero, y á los te hqmda, sobre la que el alcohol resbala
dos anos miradas escrupulosas descubrieron como sobre un cristal.
Asl preparado el cuadro, pasa á poder
en la estátua huellas de instrumentos modernos. A partir de este dato,se llegó a saber de los ~onogramallstas, quienes han estucon certeza que Ramsés IlI de la XIV di- diadocu1dadosamente la manera de firmar de
nastía babia sido tallado en las canteras de cada uno de los autores notables, sus signos,
An_gers por un desdichado picapedrero á ~us monogramas, sus manías, sus trazos desquien pagó el mixtificador la suma de mil iguales, el sitio que preferían, la tinta, betún
ó pmtura que usaban, etcétera.
cien francos.
Para dar una idea de la última operación
es.to ~s, de la manera usada para hacer cree;
Las más importantes y \as más compli- . públicamente la autenticidad de un cuadro
cadas de estas falsificaciones son las de los falso, relataré una anécdota que recuerdo
haber leido hace dos años próximamente en
cuadros, porque exijen, en primer término
que su autor sea un artista de mérito y e~ ll &amp;colo.
. Un chamarilero de París, se presenta un
segundo que sean ingeniosos y acertad~s los
pro~ed1m1entos que se emplean para darles dia_ en el estudio de uno de estos pintores falcaracte:. Cubiertos estos dos requisitos, es ~anos.
-Amigo mio, - le dice. - Hoy necesito
necesano el concurso de nionogramatistas
Y el de mercaderes de habilidad ó con tino una cosa muy importante. Quiero un Remsufic1e~t_es para constatar públicamente la brandl de primer orden.
- ¿R~trato de hombre? ¿De mujer? ¿.Joautenltc1dad del cuadro.
En estos últimos años, Bélgica lanzó al ven? 1,V1e¡o?
- De viejo, pero con manos ...
mercado centenares de Hobbema, de Teniers
Conviéne~se los detalle,, se acuerda el
de N~ysdael y sobre todo de Van-Gogen cu'.
precio de mil francos, y al cabo de dos meyo numero es hoy prodigioso.
'
Entre los artistas incursos en estos deli- ses el trabajo está concluido con la exquisit?s se puede citar a Alberto Klomp, que fal- ta factura del maestro.
-;-¿Es preciso firmarlo? ¿A la derecha? ,A
mfic~ á P_aul Potter; á Paul de Vos, que falsi'
6có_ a Sumders, á Jobann Van de Breda, que la izquierda? ¿Cómo?
falsificó á Breughuel. Constantino Netzcher
. -Flrmelo c~n su nombre, sobre el barrepradujo in~nidad _de retratos de Carios J, mz cuando ya está seco.
y DaVId Terners el ¡óven, objeto de tantas
Supongamos que el pintor se llamaba
reproducciones y copias, no sintió escrúpu- Bourgues: puso su firma como había recia·
mado el comprador, y el cuadro fué inmedialos al fal_s1ficar al Tiziano, cuyo espíritu
cuyo estilo su~o asimilar admirablementi. tamente expedido para la América del Norte
,d Con las fals1ficaciones de Watteau se pa- Pero •~les_ salió ~o_r _correo un anónimo en
ría formar un gran catálogo; algunos reali- estos termrnos, d1ng1do al jefe de la Aduana:
zaron sus obras con tal acierto que hicieron
• Tengo el g1!sto de participar á usted
dudar á_Volta!r.e, quie¡¡ aparte su excepcional senlldo cnltco, babia llegado á familiari- que X ha expedido por la vía del Havre un
zarse co,:i las_ producciones del ,autor de los bult~ que mide 2 metros por 1, 70, y pesa
rosltros nsuenos_, en las opulentas galerías 30 k1lo~ramos. Tiene las inscripciones ,Fráde rey de Prusia.
gil, •ÜDra de Arte, y lleva el número 2

•••

'

�58

VISIÓN PRIMERA

Está dirigido á *** y contiene un cuadro antiguo, acaso el más notable de Rembrandt.
Para eludir el pago de derechos lo firma un
tal Bour•ues. Ya tiene usted conociento
del !rauda" y obrará como mejor le parezca.»

nio han formado para la explotación de este

negocio una alianza tan sólida, tan estrecha
y tan fuerte que nada pueden contra ella
las prescripciones de la ley estática. Unicamente, la cultura puede ser remedio eficaa

contra estos abusos y engaños, que en nuesDesde que se anunció la llegada del barco
comenzaron á tomarse las medidas de policía más exquisitas. El cuadro fué decomisado; y borrada con facilidad la "firma de Bour-

guCs, apareció la de Rembrandt, que no estaba escrita, pero se dejaba adivinar en los
caractéres del trabajo.
El destinatario fué condenado á pagar
25.000 francos en concepto de derechos y
20.000 de multa. Los periódicos refirieron

minuciosamente el asunto; felicitaron todos
al jefe de la Aduana por su perspicacia, y pocos dias después un coleccionista pagaba por
el cuadro la suma de 2-!-0.000 francos.
Como se vé, la codicia, el arte y el inge-

tro país no han sido menos frecuentes que en

Bélgica y Francia,
Las tablas de Goya pintadas por Lúcas,
el famoso díptico valenciano, los abundantísimos azulejos de la Alhambra y tantos otros

casos de crnaquillage» nacional, suministran
materia, no ya para otro arliculo, sino para
un libro de muchas páginas, lamentable eje-

cutoría para nuestro comercio de antigüedades y obras de arte, que no se ha quedado
atrás, ni mucho menos, en lo de tallar mo-

FLIRTATION

narcas egipcios, disecat· Pinacotheques,ni ex•
pedir cuadros de Rembrandt, pintados después de las guerras coloniales, á los Estados
Unidos.

É. BARRIOBERO Y TlERRÁN

l
¡i

VISION PRIMERA
Con su pálido roslt'ó de Iucero,

con su tierna mirada de querube,
solamente la vi por mi sendero

en una tarde azul en una nube.
Y desde aquel entonces, lastimero,

tras su recuerdo misterioso, sube
con mis pobres canciones de trovero
el grito de entusiasmo que contuve.
¡Ya me agoto en el yermo! ... Y no he podido,.
á pesar de lo mucho que he sufrido,

veda otra vez pasar por mi sendero
en una tarde azul en una nube,
ron su pálido rostro de lucero,
ron su tierna mirada de querube ...
CoNSTANTINO OBANDO ESPINOSA

puerto de Palma bullía con animación
EBrillaba
de dia señalado.
el sol aún sobre el agua, más allá

un amigo de la niliez y juventud á quien no
veía hacía un siglo y del cual me habían separado unos amores misteriosos cuyo final

dela gran bahía en cuyo fondo la antigua ciudad alzaba restos de sus muros, agujas de
torres, masa ocrosa de góticos y antiguos
edificios.
Un fondo pobre, de un verde polvoriento,
paisaje ralo que pinos medianos elevaban
sobre la tierra gris, parecía lamentarse á lo
lejos, desde la dársena de aguas crasas é insadas hasta el límite de las colinas.
Grupos endomingados llenaban el muelle,
vagaban sobre las cubiertas de unos barcos
anclados, ó seguían paseando hasta la cabeza
del espigón.
A intervalos, el quejido de una sirena hería poderosamente el aire, turbaba la reunión
de apacibles burgueses, obligándoles á girar
y á extasiarse.
Iba á salir el Miramar, barco blanco,
grandón, de levantada borda, palos atrevidos
y multitud de portas con cercos dorados parecidos á pupilas ardientes de enormes aves.
A popa y en el alcázar, formando grupos ó

quería conocer.
Le había hallado de improviso en una calle

L

.sentada á lo largo, frente á las bandas, conversaba una variedad difusa de tipos, compuesta por naturales de las islas con propósito de negociar en Africa, turistas ingleses
y alemanes de ambos sexos, empleados de

los que Francia envía continuamente á su
colonia, y algún que otro pastor á lo turquesco, encasquetado el negro gorro, desbordante
el abombado gabán con apariencias monstruosaa, paseando y dignándose dirigir tal
cual mirada al pasaje desde lo alto de sus
gravedades evangélicas.
Apoyado en un banco de popa, podía, al
fin, hablar á mi sabor con Pepe Sanromán,

de Palma. Con igual interés habíamos recordado hechos y fechas de otro tiempo. Mecomunicó que iba á partir, y entendí satisfecho
que haríamos ruta común hasta Argel á donde yo me dirigía formando parte de una misión científica.
Conservaba Sanromán las lineas puras de
su tipo, bien dibujado por rasgos largos y
decididos,como acontece con los hombres de

acción que comienzan por ejercerla sobre si
sabiendo, no solo luchar,sino vencer y vencerse.La misma abundancia y soltura de ademanes, la misma expresión abierta é iluminada en una cara sin músculos, el mismo
aire comunicativo de radiante y despreocupada jovialidad. Sólo su cabello había encanecido, dejando al descubierto buena parte

de un cráneo limpio, reluciente.
-Sí,-me dijo mientras vagaban distraídos sus ojos desde el agua á la Lonja, de la
Lonja á la feudal silueta de Bellver-aquella
mujer me quería. Sin haberse cruzado entre
nosotros una sola palabra que trascendiera á

noviazgo,fué mi primero, mi único amor sincero, y ha producido sin saberlo más cambios en mi vida que cuantos obraron misanteriores devaneos confesados y exhibidos.
-El caso es que nadie creía ...
-Pues eso: fuimos dos victimas del {lit-/.
La sirena había gritado por tercera vez.Los
hombres de faena se movían sobre cubierta
junto á los cabrestantes y en el muelle para
atraer la plancha fija al costado. Una cadena
corrió vibrando como reptil fugitivo por la

�60

1'

popa hasta sepultarse en las aguas, que se
elevaron violentas al choque. Extremeciase
la proa con los sacudimientos del ancla izada, virando el barco por si mismo sobre el
amarre de la boya.
La hélice apoyaba la man'obra c_on sobresaltos entrecortados, semejantes á bostezos
de una fiera que despertase. Pronto batió po•
derosa el liquido con fragor sostenido que
hacia retemblar las entrañas aceradas del
barco. El 11.lirama,· adelantaba ya puerto
adelante,despedido por ademanes y gritos de
las gentes del muelle. Desde la aleta del timón una estela triangular se destacaba, que
ronmovia las aguas dilatándose hasta el fondo alejado de la babia.
Para hablar más cómodamente, quiso mi
amigo que bajáramos al comedor, donde se
hizo servir el ajenjo.
Su palabra adquiría nuevo interés en aquel
interior barnizado y bien oliente, cuyo adorno por igual componían el esmaltado y metálicas fimbrias de la madera, la araña y bra-

zos de bronce para la iluminación, lo:3 anuncios de las líneas de vapores y grandes hote-

1

les del mundo que la CompañJa Internacional difunde y fija donde pue1e, las macetas
con plantas de adorno, los divanes, por fin,
y pasamanos tapizados de rojo.
-Tus amigos-le dije- extrañábamos no
verte. ¡Aquella desaparición tan repentina!. ..
-No m!;' extraña: lo supuse,-contestó,
mientras fundía con un hilo de agua el geométrico y esponjoso terrón sostenido sobre
el licor por la calada cucharilla.
-Fué una engullida de muchos días.
-Los mismos que con ella pasaba en·parques y paseos, junto á estanques abandonados ó recorriendo los sitios pintorescos que
rodern á Madrid. No podria describirte la
frescura y color de aquella piel , el candor de
aquellos ojos que me miraban sin descanso,
el amor abnegado que la tenia pendiente de
mi, empañando sus ojos en la calle, en las
casas y en el teatro, á cualquier desvío mío
que sorprendiera. ¡Amor por el amor mismo,
rodeado de belleza, sin un detalle chocante,
sin una sola nota ingrata! El deseo de volver
á ser querido como por ella lo fui me ha sostenido: por él he soportado lo que dificilmente podrás imaginar.
-Fué, entonces, un amor completo,
Sanromán contempló lo que en la ropa
guardaba del opalino liquido, y con ojos brillantes, animados, dijo:
-Si. Fuimos más allá de donde nos proponiamo~.
-Los padres de ella, ¿nada sabían?
-Conocían nuestros paseos: no les prestaban atención por creernos muy jóvenes;

confiaban,además,demasiado en la altivez de
su hija. Resu lió de todo ello, que mi novia,
cuando menos pensábamos, vino á ascender,
adelantando un paso en estas categorías de
la vida.
-,Sin violencia?
-Sin reflexión ... No es lo mismo.
-¿Y luego'/
-El temor, y no sé si intrigas de los criados ó voluntad de los padres, mantuviéronl
retraída mucho tiempo: no conseguía verla
ni con súplicas, ni prodigando mi reducido
caudal. Comprendí que el secreto de nuestras
entrevistas estaba por los suelos y que er
inútil oponerse á la fatalidad. Una aventura
demasiado sonada con una ecuyél"e y un
golpe de Bolsa, vinieron á hacer mi situación
insostenible ... Tomé el partido de emigrar dispuesto á hacer fortuna en Argel por cualquier medio.
-1.Cómo te fué?
- Los primeros meses mu y mal. Estaba
desesperado. Ni sabía nada, ni servía para

61

t~ 1-A GALERIA DE RETRATOS

POR &amp;SOS MUNDOS

un recuerdo. Me nombraba llorando, corría
la casa llamándome, sin ver que me tenia
alli mismo, arrodillado á sus piés.
-¡Perdida!

-Sí, para siempre ...
Dijo esto con sombría tristeza de galeote,
en tanto me tomaba del brazo y montaba
tras mi la escala que se abría sobre el alcázar. La toldilla estaba desierta y cerrada la
noche. La hélice, incansable, volteaba á popa
montes de espumas fosfóreas. Se habían perdido ya de ,;sta los fuegos de Mallorca. A la
derecha, muy lejos dibujábase el perfil de

Dragonera, simulando sus curvas el dorso
de enorme elefante que adelantara nadando,

con la trompa tendida y su faro en la grupa.
-¿Qué piensas hacer en adelante?-pregunté á mi amigo, viéndole mirar abismado
el arroyo verde que resbalaba por el flanco
del barco.
-Seguir mi idea primera. Ante todo, el
dinero, ganado por mi mismo á cualquier

precio.
-¡_Para qué, si á ella ya no has de tenerla?
-Para otra, enlónces, que se le parezca en
belleza y pasión. Un amor como el de Any,
en ese mundo, deja un recuerdo imborrable:
¡el que lo probó una ve1. no puede ya vivir
sin él!

J. M.ª LLANAS AGUILANIEDO

cosa alguna. Transformé en recursos para ganar algo cuanto hasta allí había practicado
como simples deportes: fui profesor de equitación, maestro de español, fotógrafo, quiro-

mántico,sucesivamente y todo en una pieza;
hice el intérprete, el brujo de salón, pronos•
tiqué tormentas y aeontecimientos. A rada
intento fracasado perfeccionaba una nueva
aptitud para afrontar el apuro de todas las

horas. Tenía ansia de vivir y levantar un
capital. Desde allá escribía, suplicando, pro•
metiendo: nadie me contestaba.
- Había para desesperar.
- ¡Para perder el juicio! Lo otro es poco..•
No hace mucho recibí una carta firmada por
persona para mi extraña. Era del doctor Carrillo, que m'e daba noticias del suceso d~

mis amores. Tenia un hijo.
-¡Diablo de complicación!
- -Mayor: la madre perdió el juicio en e
puerperio.
-¿Loca?
•
-Perdida. El doctor dice que ocurre al
gunas veces: que puede muy bien ocurrir
no curar. La familia se la confió, y actualmente está sometida á tratamiento en lacas
de salud por él levantada frente al Medite
rráneo sosegado.
-¡Pobre Anyl
-En la carta me encarecía que me pusie
se en viaje cuanto antes por si el verme pro
vocaba en ella una crisis provechosa. Aqu
dia mismo embarqué.
-¡,Cómo te redbió?

-Ni mi presencia, ni mi voz, ni el am
que la llevaba, depurado por el sufrimien
y el destierro, consiguieron despertar en el

EN LA GALERIA DE RETRATOS
En una setancia obscura
del ruinoso palacio,
de la fría clemencia de los muros
cuelgan llenos de polvo los retratos
en los óvalos negros
de carcomidos marcos.
Algunos, de la edad en las penumbras;
otros, limpios y claros;

todos, como ventanas entreabiertas
á las difuntas horas
de los ciclos pasados.
Hay personajes tristes
que miran fijamente un punto vago:
se dijera que sufren la nostalgia
de las cosas que el tiempo ha sepultado.
Algunos, bajo el peso torturante
de cierto incomprensible desengaño,

lentamente se funden en la sombra
como se borra un sueño despertando.

Otros, envanecidos,
miran con insolencia y con descaro
é. las generaciones que se burlan
de las modas de antaño.
Las damas, adorables
almas del madrigal enamorado,
divinamente ríen
una risa gastada por los años...

¿Y sabes lo que fin je en las miradas
el alma del retrato?
Ligeras llamaradas imborrables
de odio y amor, que pasarán acaso
cuando podrido el lienzo
se caiga de los marcos.
Lms TABLANCA

�•

LOS MODERNOS AVENTUREROS

HORÓSCOPO DE LOS MESES

AL POLO NORTE EN GLOBO

JULIO: SOL EN CÁNCER
STE mes, séptimo del año en nuestro ca-

E

lendario, fué el quinto en tiempo de los
l'Omanos, que le llamaban Q¡¡inctilis. El
nombre latino de J¡¡/fas le fué dado en honor de Julio César, que nació en este mes.
Rige á Julio la constelación Cáncer, cuarto signo del Zodiaco, que impera ¡lesde el 19
de Junio basta el 23 del mes actual. Clíncer

es un signo cardinal, femenino, movible,
acuatico, flemático y nocturno. Sus atributos
principales son el sentimiento y la simpatía.
Las personas nacidas en el periodo de la
cúspide, ó sea desde el 21 al 27 de Junio,
cuando el sol se encuentra en el extremo del
signo, están dotadas de las características de
Cáncer y de Geminis, que le precedió.
Los súbditos de Cáncer son de disposi-

compañeros, particularmente, en el que resultaban mu y variables. Sin embargo, como

amigos íntimos, los que nacen bajo el imperio de Cáncer son cariñosos y constantes.
Son muy amantes de la música, y muy dispuestos para aprenderla, especialmente las

mujeres.
Generalmente, son de estatura regular,
desarrollada en la porción superior del cuerpo, con cara redonda, complexión pálida,
facciones pequeñas, frente ancha y ojos claros ó grises. El temperamento físico de los
hijos de Cáncer es bilioso-linfático en un
clima meridional, y de disposición linfáticonerviosa en latitudes septentrionales.
Los defectos de estos individuos son los
celos, la vanidad, y el.amor al dinero por el

ción taciturna, de imaginación inquisitiva
y de buena conducta. La· característica prin-

dinero mismo.

cipal de estas personas es su naturaleza ca-

bernado por la Luna, y las cualidades de volubilidad de sus súbditos se atribuyen á la
influencia del astro nocturno.
Los compañeros que más congenian con
ellos son los nacidos en tiempo de Escorpi-0
y de Piscis.
Los casamientos que mejor resultan á los
hijos de Cáncer son los que verifican con
personas que pertenecen á Pisci3. Los hijos
de estas uniones son fuertes y hermosos.
Ya queda dicho que el planeta que regenta á Cánce,· es la Luna; las joyas, la esmeralda y la piedra onix negra; los colores astrales, el verde y el castaño obscuro; la flor
emblemática, la adormidera; Febrero y Septiembre, los meses privilegiados para los
hijos de Cáncer, y el lúnes el día afortunado de la semana. La antigua tribu hebre.a á
que corresponde este signo es la de Zabulón, y Muriel el arcángel guardián.

riñosa, simpática y emocional, por cuya razón tanto los hombres como las mujeres resultan excelentes para la vida de familia.

Son económicos, industriosos y próvidos;
vivos de imaginación y de cuerpo, hábiles en
los negocios, independientes, de espíritu
abierto y versátiles. Son también muy determinados, tanto que no es fácil apartarlos de
una resolución que hayan llegado á tomar.
Tienen habilidad mecánica, son muy ejecutivos y nunca rehuyen la responsabili&lt;lad que
pueda caberles en cualquier asunto. Son fácilmente gobernados por la bondad, pero se

resienten si notan el más mínimo asomo de
imposición. Se les molesta muy fácilmente
con la falta de amabilidad. Las condiciones
mentales y físicas de los demás influyen
mucho en ellos. Disfrutan mucho, y también
tienen grandes disgustos, en la elección de

Cáncer es el único signo del Zodiaco go-

lector querido, del fracaso de
T laacuerdas,
expedición que el capitán sueco AnE

dree preparó para llegar al Polo Norte en
globo? Fué en el año 1895 cuando se intentó, y aún no se sabe nada de la suerte que
baya podido caber á tan atrevida expedición.
Pero los hombres que son amantes de la
Ciencia no escarmientan, y he aquí que se ha

taña su ruidoso funcionamiento que b1..
rá salir de sus nidos de las rocosas peñas
á las gaviotas. En el fondo del vagón, y for-

mando su verdadera espina ~orsal, tiene este
globo un largo y estrecho tanque de acero

desde un reducido pedazo de tierra entre las
montañas coronadas de nieve de la Isla

(que puede ser considerado como los pañoles de este crucero del aire), conteniendo
cerca de tres toneladas y media de gasolina.
A popa presenta un gran timón para dirigir
la embarcación á derecha é izquierda, y
ofrece también tablas movibles para que los
navegantes dirijan la cara hacia arriba ó hacia abajo, según les plazca.
Sobre cubierta y en el cuarto de máquinas hay una tripulación de cuatro hombres,
ocupando cada cual su sitio. Abundan en el
globo los aparatos de navegación y meteorología; y el capitán del buque permanece
alerta observando los barometrógrafos y manómetros, que le tienen al tanto del estado y

Danskó, un enorme buque aéreo, inmensa

condiciones de las diversas partes y órganos

prepararlo otra aventura, mfis audaz, si cabe,
que aquella, esta vez con ciertas probabilidades de éxito; tanto que, á juzgar por los
anuncios hechos, es probable que en cualquiera de los días de este mes de Julio ó del
próximo Agosto los habitantes del extremo
noroeste de Spitzberg, á seiscientas millas
casi directamente al norte del Cabo septen-

trional de Noruega, presenciarán un extraño
y maravilloso espectáculo: verán elevarse

masa de gas hidrógeno aprisionado en
fuerte cubierta de tela y guttapercba, en forma de grueso cigarro con la punta dirigida
hacia el Norte.
Bajo el inmenso tabaco va una curiosa es-

tructura de acero en forma de araña, encerrada en tirantes paredes y techo de finísima
seda. De ambos lados de este carruaje de
acero sobresalen dos hélices del mismo metal, como las hélices de un buque, las cua-

esenciales de la compleja máquina que diri-

je. Encerrados en compartimientos•perreras
hay una docena de perros de trineo, importados expresamente desde el país de las tribus de los samoyedos en las costas árticas
del rio Oh, en Siberia. Tonelada y media de
provisiones lleva el buque aéreo, á fin de
que ni hombres ni animales padezcan por

la escasez durante muchos meses, si por desgracia la expedición no marchara con bue-

les, aunque son de gran tamaño, resultan

nos vientos. Si por esta causa fuera preciso

empequeñecidas á la vista por contraste con
las dimensiones del depósito de gas que va
encima. Estas hélices giran en el aire con ·
rápido movimiento, impulsadas por un motor de sesenta ó setenta caballos de fuerza,
que funciona en el cuarto de la máquina, y
que, por lo tanto, no aparece visible para el
espectador, que solo podrá oir desde la mon-

volver por los hielos, en vez de verificarlo

por los aires, los expedicionarios llevan trineos, botes y cuantas cosas son precisas á
una expedición de este género.
De la extremidad delantera del vagóu
aéreo pende perpendicularmente un aparato
de extraño aspecto, semejante á una serpiente articulada recubierta de acero con

�POa ESOS MUNDOS

escamas artificiales. Desde popa i;e extiende
mucho hácia atrás y hácia abajo, trescien•
tos ó cuatrocieutos piés hácia la superficie
terrestre, un cable de acero, que arrastra
detrás de él otra y más larga serpiente de
escarnas acerndas, con media tonelada de
alimento~ en el vientre, nadando sobre el
agua ó deslizándose sobre el hielo, pero siguiendo la estela del gran buque aéreo.
Oyense ecog de explosiones semejantes á
las de un cañón Gatling, que produce el motor; las hélice; aceradas baten el espacio con
velocidad creciente; el estrecho aéreo se
cruza; la tripulación sal.ida á los camaradas
que dejan en la playa; di~páranse los caño-

nes de los buques anclados en el reducido
puerto; la cola de la serpiente pasa ahora
sobre las tumbas de los holandeses en la
punta baja Smeerenberg ... y más allá se en•
cuentra el mar polar,con sus eternos é inexplorados campos de hielo, sus misterios ce•
losamente guardados á través de los siglos
y el Polo como constante desafío al hombre
para que lo conquiste, si puede y se atreve.
La significación de este extraño espectáculo y la ingeniosa é infinita labor que lo
lleva á laexistencia,aparecen descritas por el
propio explorador que ha de llevarla á cabo
en el interesantísimo artículo que publica•
mos á continuación.

¿CONQUISTAREMOS EL POLO NORTE?

e

ONSTRUID un buque aéreo y marchad en
(l á buscar el Polo Norte», fué la orden

que me dió el último día del año de 1905 el
director y propietario del Record-Herald de
Chicago, Mr. Frank B. Noyes. Obedeciendo
las órdenes me puse á trabajar, y desde en•
tonces no be pensado ni hecho otra cosa.
Jamás ;¡e dió encargo más extraordinario á
un pe1bdista; pero debo confesar también
que tal misión de ir al Polo Norte en globo
no se me hubiese confiado si yo no hubiera
antes acariciado la idea y manifestado deseos de llevarla á cabo. Y antes de que cualquiera se permita imaginar que este proyec•
to mío y de mi director es cosa de visionarios ó de personas atolondradas, y además
una expedición an ticientífica, TOY á decir algo
de lo que nosotros sabíamos entonces y de lo
que sabemos hoy con respeto á este asunto.
MIS PRDIERAS EXPEDICIONES

marchando en trineos sobre los traidores tém•
panos de hielo que cubren el mar polar¡ pero
nuestros planes fracasaron, porque siempre
ha de ocurrir en estas marchas algo que eche
por suelo los propósitos de los expedicionarios: fuimos cogido!! en una verdadera
trampa de hielo, y naufragamos. Y así pasé
tres veranos v un invierno en los verdaderos
árticos, al No'rte del 80º paralelo.
Habiendo conducido en vano dos asaltos
contra el Polo por el antiguo método de trineos arrastrados por perros, sé lo que significa viajar por los movibles y difíciles hielos
polares, sufriendo durante seis y ocho millas
diarias el trabajo.de guiar aquellos vehículos
y padeciendo mucho porque la naturaleza
humana no se adapta átales trabajos. Muchas
veces he tenido que detenerme para respirar,
mirando con ansioso deseo al espacio y anhelando viajar por él, sobre todos los obstáculos, sin los inconvenientes de los trechos de
agua negra, sitios de profundas nieves, lagunas de cieno, y sin el eterno malestar del peso
y de la distancia sobre ios músculos de los
hombres y los animales.

En primer lugar, la exploración ártica no
es una experiencia nueva para mí. En 1894.
dirigí una expedición á las costas nordP.ste de
Spitzberg, alcanzando la latitud de 81°á 54-0
SIEMPRE PENSANDO E!', EL BUQUE AÉREO
millas marinas del Polo, 600 millas más al
norte que la punta más septentrional de
Ya en 1894 tuve la tentación de cruzar
Alaska. En 1898, una segunda expedición
bajo mi nombre y mando, se dirigió al Norte, este camino libre y aéreo. Regresando de
esta vez á la Tierra de Francisco José, que Spitzberg á Europa en el otoño de dicho
se encuentra al Este y Norte de Spitzberg. año, pasé varia.'I semanas en París consulcon una casa constructora aeronáutiBuscamos nuevamente el Polo que, por su- tando
ca, á la que proporcioné ámplia información
puesto, no encontramos; pero fuimos tan allá
que llegamos á los 82°, y hubiéramos ade- respecto á las condiciones árticas del país
lantado más á no ser por un accidente que que deseaba cruzar, y juntamente planea•
Jo impidió. Verificábamos la expedición, co- mos un proyecto de globo para un viaje desmo otras tantas que!" 11e habían intentado, de Spitzberg al Polo.

uá

¿CONQLilSTAR&amp;\IUS EL POLO :;OJ.TEi'

Era eslo globo uno or&lt;linario, e!'.férico, libre. y
-de extraordinario tamaiio·
pero sin fuerza motriz
medios de guiarlo. Entonce• se hallaba ,olamente
en la época de prueba el
globo ó buffue aéreo de
motor dirigible, y como
l os resultados no eran
nada lisonjeros, no pude
apro,·echarlo p a r a m i
propósito. El globo impulsado por e I viento
era un medio de locomoción sumamente tenla•
dor. par~ quien como yo
habia 01do el refunfu1io
-de los vientos del Norte·
pero después de analiza1'.
este pro~ ecto d e globo La l'atr,e, clobo dirigible del ejército francéa ~ostruldo or M H •
•
me pareció muy a ventu- ~~:Jerostato t ~ un verdadero crucero rápido,' pues drsarfu11i,. 'u~a ~~~cidº~~~t~
1
rado y lo
ocbenf~~~e:\o~!l~~3:s~Jr~aS:!'d~taé~•
más
dd
1.el0ote11emaanedjable.
- deseché.
d
,
.
.
v n o Pn suHacocreahelizado
de acero
cw,n
ano
espue~,
el
catro
ó
cinco
pasa¡eros
en
cada
a,,,.e11-ión
U
pitá~ And ree anunció públicamente su in• fuerza capar.de darle una velocidad de veintitenc1ón de conquistar el Polo por esle méto- c~~l~o millas por hora; era perfectamente
~o~o el mundo sabe lo que ocurrió: aquel d1'.1g1ble y manejable, pues se hicieron en él
mtrep1do exp1orador y sus do,, compañeros ~as de ochenta ascensiones ó viajes llevando
se l~nzaron al viento ?n su globo libre, que a su bordo cuatro ó cinco pasajeros acomofué J_uguete de los vientos que sirven de dados en el vagón de acero.
cent111elas en las fortalezas del Polo, y hasta
. La practir.abilidad de navegar por el espa1~ fecha nada se sabe de tan audaz expedi- cio con un buque grande, sólido y perfecta•
ción.
mente co_r.str_uído c?mo e~te, llevando 1iesa•
E_n 1899 volví de la Tierra de Francisco da maqumaria y tr1pulac1ón de varios homJose &lt;'Oll la determinación de observar los bres, quedó tan determinada que el Gobierprogresos de la navegación aérea mediante n? francés no vaciló en ordenar la construcla cual creo intuitivamente que ' el inaenio ción _de un segundo Lebaudy, que fuera un
del hombre con~eguirá alcanzar el Poi~. Vi duplicado e~aeto del otro, para emplearlo
cómo S~ntos-Dumonl logró dar la vuelta á la como_ máquma de ¡:(uerra. La nueva cons•
!orre Eiffel, de París, en un pequeiio globo trucc1ón_ se ti~uló Lci Pat1·ie, y tuvo un éxi~mpul,:a&lt;lo por motor; más este globo era un to todav1a meJor que el de su prototipo.
~ugu~te, y la experiencia de Dumunt no me
Pero_ aun r~suelto esto punto, existen ciermspiró confianza: ~~ro llegó el año 1905, y tos hm1tes, lijados por las leyes físicas, para
un nu~~o glollo_ d1r1g1ble, equipado con moto- el emple? y u;;o de estos depósitos de gas y
res, hehces Y limones, obtuvo aómirable re- ª? tomóviles d el espacio: no pueden, por
sul~do en F_rancia: era el aero-;tato cons- CJemplo, operar en galernas de una velotruido con dinero que los hermanos Leba11- cidad superior á la comunicada por su:;
dy ~abian proporcionado al efecto.
~~lores y hélices, inconveniente que $ubsisDicho buque aí•reo batió el recm·d en esta llra hasta que la velocidad de dichos apara•
-cla;¡e de navegación, resultando un verdadero tos. ~o sea ~nayor_do _veintisiete millas por
-crucero del espacio. El Lebaiuly nombre ho1?. ademas, e!-,tan siempre sujetos á sufrir
eon el cual fué bautizado el ¡:(lobo,' era bas- accidentes si encuentran grandes tormen•
tante grande y tenía sufiriente potencia ele- tasó hurac1111e;; en sus jornadas.
vadora_ para que el constructor pudiera emAl e;;tudiar la cuestión. se me ocurrió este
plear, a fin d~ o~tener fuerza y duración, el pensamiento: si el motor moderno de comacero y no hm1lar los materiales a la ma- bu,ti_ón interior, con su ligereza, su gran eco•dera )' el bambú. las currdas delgadas v el nonrn'. de cumbu~tible en proporción á la
a_lambr?s· El buque podia llevar siete mil energia desarro liada. y el progre~o del arte
hbras, mcluycndo su propio peso; estaba tio- ,en la ?º1~strucción de globos dirigibles y en
·tado de un motor de cuarenta &lt;'aballos de la anac1ón, han producido de consun·o un

ni

A

10·

,

�;,CO~Ql ISTAHE~IOSEL POLO

66

POR ESOS ~1Ut.DOS

buque aéreo practicable
y victorioso, ¿por qué estas veu tajas no han de
utilizsrse en la exploración geog ·áfica? Si esos
aerostatos res u llan bastante bueno;; p ar a los
desagradables asuntos de
laguerra,¿por qué no hau
de serlo para la grata y
ad1Uirable misión de aum&lt;•nlar lo,; conocimientos
humanos? ,:,No seria posible construir un buque
mayor que el Leba111ly,
especialmente destinado
para llevar una gran c:ar ga y para navegar á largas distancia--, y al mismo tiempo peculiarmente
adaptado para las regioEl ¡lobo dirigible América con el que el perioaista. norteamericano Mr. Wellman
piensa Legar al Polo Norte. Tiene este aerostato sesenta y tres metros de longitud
ne5 árticas, y así disponer de una bella probaNUESTRO ÉXITO EN PARfS
bilidad de éxito en un riaje desde un punto
septentrional avanzado hacia el Polo?
En dicha cap1tul fué recibida la idea con
La idea adquirió forma; se desarrolló un simpatía
y hasta con entusiasmo. Su audaproyecto tentador. pero simétrico; el presu- cia, lo pintore~co y lo dramático de la expepuesto de\ coste y el cálculo del tiempo fue- dición, el e~fuerzo para que la ciencia, la
ron sometidos á los directores y propieta- mecánica y el pro~reso moderno reemplazarios del periódico á que he permanecido aso- ran á la mera fuer,m bruta para derribar las
cia lo la mayor parte de mi vida activa; acep- barreras que la Naturaleza ha colocado en el
tóse mi plan como digno de ensayo, ya que camino del Polo, hicieron efecto en la imaencerraba la oportunidad de intentar una ginación francesa. La Academia de Ciencias,
empresamagna para el mundo y para la cien- á la que tuve el honor de ser presentado, me
cia. se formó una compañia, 1'he Wellman recibió, má,; bien que cortésmente, entusiasChica{/º RecorcL-Herctld Polar E.rpedi'ion, tamente y con sjmpatía vivisima. El profesor
y cuatro d1a,, después salia ) o p¡¡ra Pans.
Janssen, eminente astrónomo que años antes babia prono~ticado á otros
exploradores que no era
una exploración lo que
intentaban sino un suicidio, en una Memoria que
ahora leyó a 1 Instituto
declaró que teníamos excelentes probabilidadesde
realizar nue:otras esperanza~. Pero esta diferencia
de opiniones aparecía señalada por unos cuanlns
ai1os, durante los cuales
se había probado la superioridad de un verdadero buque aéreo ~obre
un globo libre, paso dado
adelante para lograr que
el viento irnpub,ara por el
er:1¡,aclo n un aerostato
con mó.qu1nas á dlsposlEl aerostato polar América, visto de proa

~onn:·~

67

trarrestar; la ,velocidad á C(lH' un buque dr.
esta-; condiciones debía ser impulsado para
vencer aquellos vientos si nos fueran contrarios. Los que estudian este problema convienen generalmente en que para ofrecer una
solución última, es decir, para asegurar una
velocidad que pueda vencer todos los vientos
que soplan, excepto las grandes tempestades
y huracane~, una máquina aérea debe estar
en condiciones de marchar cerca de cincuenta mil)as por hora con sus propia&lt;; fuerzas;
del mismo modo que un buque de vapor r¡ue
no pudiera mantenerse por sí mismo contra
toda una galerna en el Atlántico Septentrional no sería considerado como una solución
del problema de la navegación oceánica.
La mejor experiencia hecha hasta ahora
con este tipo de buque aéreo débese á La
Patl'ie, el aerostato centinela avanzado del
ejército francés. La mayor velocidad que ha
logrado ha sidu de 12,22 metros por :,;egunclo, igual á 27,25 millas por hora. Su velocidad media, obtenida en una calma. llega á
fijarse en veinticinco millas por hora, y la
cantidad de combustible que puede llevar le
LA \'ET.OCID.\D, PUNTO PRINCIPAL
pone en condic10n
es de mantener
Como no tratáesla
velocidad &lt;lubamos de resolver
rante quince hora-.,
el problema de la
dando así un radio
navegación aérea )'
de acción de tresnuestro fin era sirucientas
setenta y
plemente a provecinco
milla~.
charnos de lo , a
Ahora bien: ;,pohecho en este cañ1diamo-s
c onsidPrar
po y adaptarlo y
posible
construir
aplicarlo al trabnjo
un
buque
aéreo
bogeográfico, tuvimos
yado
d
e
gas
que
q u e aceptar los
foera impulsado
hechos consumados
¡, o r motor, capaz
en lo referente á los
&lt;le de-arrullar u11a
progresos logrado,;
velocidad el e cinen la aerostación; ,.
cuenta milla, por
aunque p r o n t o
hora·:' Teóricamencomprendimos las
te,
vimoR que polimitaciones de
dríamos alcanzar el
nuestra máquina,
resultado. P e ro ,
pronto vimos tamprácticamente, era
bién que el globo
muy dudoso el exdirigible, e I globo
perimento, porque
que puede ser imvan envueltos mupubado y dirigido,
chos problemas de
,eñala u n g r a n
ingenie ria en I a
adelanto sobre el
"""""
con
esférico ó libre: pe- Armadura-esqueleto del l1all para el aerostato .11tnérica. Esle con!-truc:c1ón
materialeR
conocilea con el viento y ¡lobo Jene 28 metros de anchura, SO de altura y tiO de lon¡:itu&lt;i dos de un reservano se sali:,face con
ser simplemente barrido por él, pues tiene torio ó depó~itu uel ~ran tamaüo necesario.
impulso y dirección por sus propia:; fuerzas. Adcm/1!;, impliraria mucha aventura lamaLa velocidad fué nuestro punto critico: la nipulación y ual'e~ación de tan inmenso
velocidad &lt;le los vientos que podiamo~ con- aerostato. Resoll'imos, pues, construir un

ción, un limón á popa y muchas lt&gt;guas de
vapor en sus tanques.
En tres semanas se celebrarnn c·onferencias con todos los ingenie10s aeronautas eminentes. Entre las miles de importantes cuestiones que tenían que ser decididas figuraba
la de e,;tudiar si era prudente intentar lle,,ar
al Polo en 1906, ó posponer el esfuerzo h~sta 1907. Xo teníamos mucha confianza en
nue,;tra habilidad para partir en 1006; pero
no quisimos retrasar el viaje y decidimos
probar nuestra suerte. Al meR de haber decidido en Chicago la expedición, se firmó en
París el contrato con un constructor de reputación grande para hacer un buque aéreo
de gran tamaiio. plenamente equipado con
motores y maquinaria, cuya entrega debía
hacernos á fin ele ~iayo. En el aerostato debían estar adaptados, práctica y científicamente, todos los medios y métodos para el
fin perseguido,con el completo conorimiento
de las condiciones árticas del país á donde
nos proponíamos llegar.

�68

POR f;SOS MUNDOS

buque del tipo La Patri.e. ¿Pero de qué ta- tanto, que necesitábamos un buque aéreo
maño, forma, potencia y equipo? El conoci- mucho mayor.
miento que teníamos de las regiones árticas
ATANDO TODOS LOS CABOS
fué para nosotrJs de un valor inmenso en
este punto. Las condiciones allí prevalePero se nos presentaba una contrariedad
cientes presentáronse ante nuestros ojos
como páginas de un libro abierto. El pri- importantísima: si aumentábamos el tamaño
mero de los grandes hechos físicos que se del aerostato, aumentábamos también la resistencia al
nos ponían deviento, y nelante e r a la
ce si ta ríamos
distancia que
mayores ro áhabíamos de
quinas y más
recorrer. Descombustible
de la base de
para mantener
partid a más
la misma reseptentrional
lativa velociqu prudentedad que la asemente podíagurada por los
mos el e g ir,
buques no fraSpitzberg, hay
casados que
seiscientas miestábamos esllas marinas al
lud iando.
Polo: teníamos
En seguida,
pues, que mse originó esta
iar mi I doscuestión. ¿Era
cien tas millas
nece~aria para
de ida y vuelnuestro éxito
ta, como po1a velocidad
dría volar un
citada? ¿Valía
pájaro. Pero la
la pena pre1 a prudencia
tender gran
nos aconsejaba
velocidad? Esdisponerde un
to no nos remárgen no mesolvía
ningún
nor de l cinproblema, á
cuenta por
menos que lociento, ó sea
gráramos haun radio total
1·er tan elevade acción de
da esa velocimil ochociendad que con
tas millas maella pudiérarinas.
mos resistir y
AdJmás de
vencer el más
la gran cantifuerte viento
dad de comque encontrábu;;tible q u e
semos durante
debíamos lleMr. Walter Wellman á bordo de su aerostato polar América, durante
el viaje. Volvar en nueslas pruebas realizadas. La nocelle, donde aparece retratado et audaz
vimos, por
t.ros tanques,
explorador, ha sido construida toda de acero
tanto, á nuesel buque tenía
que ir tripulado por cuatro ó cinco horn- tros análisis de los vientos árticos, basados
bres, y embarcar también provisiones, apa- en miles de observaciones lomadas en los
ratos, perros ó trineos-automóviles, un pe- meses de Julio y Agosto, época en que íbaqueño bote y otras muchas cosas. Un globo mos á realizar nuestro proyectado viaje sobre
Patrie con veinticinco millas de andar por el Océano Artico, norte de Spitzberg y Tiehora en dichas condiciones, seríá expléndi- rra de Francisco José, y encontramos algudo; pero ninguno de estos buques podría nos casos, no muchos, de vientos que recollevar más de unos cuantos centenares de rren hasta treinta millas por hora. Tomando
libras como peso de carga, adcmá:- de la como base de nuestros cálculog un buque
tripulación y maquinaria. Era. claro, por de cincuenta y dos piés y medio de diáme-

,:,t:0:-i\1Ll::iTAl-ll::~IOS EL PULO .'WH.TEi

tro, con suficiente fuerza elevadora para llevar la carga y todo lo necesario para la
ejecución de nuestro plan, y suponiendo
que tal buque debía ser impulsado para mil
ochocientas millas marinas, ¿cuál sería la
potencia de máquina y el combustible necesario para asegurar una velocidad de treinta millas por hora, y, por comparación, para
asegurar la mitad de e:;a velocidad? Hé aquí
el resultado de nuestros cálculos:
Millas mariuas por hora:
Fuerza en caballos:
Libras de combustiblP por hora:
Libras de idem por milla:
Libras de idem para 1.80!1 milla~:
P~so d,• motor: libras

0

r'

:xl i'1
1:,
o
t:!."• t)
4;,
, .., o
:.LO
13.j(~) ó :,. tO 1

ano

ºº

3.000 ó

600

Y puesto que un buque como el estudiado
podría llevar, además de su propio peso, cerca de nueve mil libras de carga y maqui11aria de todas clases, era obvio que debíamos
considerar teóricamente realizable una velocidad de quince millas marina~ por hora durante todo un viaje á larga cfütancia. Por
otra parte, el enorme coste de co111bustible
de las altas velocidades (quiero decir coste
en peso, no en dinero), nos hizo contentarnos con aspiraciones completamente moderadas en velocidad. Pero aun la de quince
millas por ho1 a parecia marnvilloso para
quien. como yo, se hab1a considerado dichoso en otra ocasión en que logró recorrer siete millas y media en un dia. El comandante
Peary, que es un hábil y enérgico trin~í~ta,
hubo de contentar~e durante su rec1e11te
avance al Polo, en la parte norte de su ,·iaje, con cinco millas diaria~.
Otros análisis de las condiciones de los

(j!)

vientos ártico~ demostraron que la velocidad
elevada no era en absoluto esencial para el
logro de nuestro~ propósitos. De esto tendré
algo más que decir de~pués, cuando trate de
1n construcción de nuestro buque. Es suficiente declarar aquí que el análisis que hi1·imos probó que podíamos esperar una velocidad pri11cipal de viento de diez millas por
hora, cosa que significaba que si el viento
soplaba de proa nuestra velocidad de quince millas por hora quedaría reducida á cinco millas.
El contrato que hicimos con la casa constructora encerraba lodos estos detalles, y le
exigía un plazo de cuatro meses para terminar nuestra máquina aérea, plazo que, aunque suficiente, pareció corto á los fabrican tes
porque el aerostato que queríamos era mayor y más complejo que cuantos hasta cnton&lt;·es se habían con,;truido en Francia Y re.~ultó que cuando llegó el día de la entrega
del buque aéreo, el trabajo no estaba concluido. Nosotros lo teníamos, en cambio,
dispuesto todo: estaba ya organizado el personal científico y técnico preciso, se habían
acumulado vastas cantidades de aparatos y
materiales, y hasta hallába~e listo el vapor,
lletado por dos años, para transportarnos á
nuestra base de operaciones. El con:;tructor
del buque aéreo nos dijo, como justificación
&lt;le su incumplimiento, que la tarea era dema:,;iado grande para sus íuPrzas, por cuya razón determinamos auxiliarle y sul'lirle de
motores 1· maquinarias q11e él no había podido prorurarsP.
EN )!ARCHA HÁCIA SPJTZBrnG

&lt;

Transporte del aerostato A111érica a bordo de un buque marit,mo. La raja
que se ve en el centro de esta Calografia contiene solamente la tela del globo,
c¡ue pesa, incluida la citada caja en que va envuelta, ocho mil libras

Al fin, á mediados de
Junio de 1906, pudimos hacer partir el buque aéreo
y toda la impedimenta en
dirección a! norte de Noruega. Al mismo tiempo, la
primera sección de nuestra
expedición ~e dió á la vela
en Trom~ii, en el buque
F1·ilhjof, con r u m b o á
Spitzberg. ~lucha gente
cree que este punto es una
isla habitada de lacosta noruega, y no es así: forma
un grupo de tierras é üdas
que siguen casi el 81° de
latitud, y ahora y siempre
ha estado inhabitada, excepto durante la estancia
que allí hacen t'll verano
lo~ cazadore~ de ballenas ,.
de foras, y, recien temen le;,

�,;,CONQUl~TARgMO'i gL POLO NOHTlf~

íO

71

!'OH ESOS MUNDO:-

TH \RA.10 Í)11'HORl1
por los trabajadores de dos minas de carbón
en la parle meridional de la isla.
Pero había trabajo y ocupación paru. más
La elección do nuestra base recayó en la
punta septentrional de la Isla Daosko, al ex- de ciento. No se crea que es cosa s&lt;'ncilla
tremo noroeste del archipiélago Spitzberg, poner un aerostato en condiciones de hacer
latitud 79:42°, á 618 millas marinas del Polo. un viaje al Polo Norte. Primero, tuvimo;; que
rlec:;embarcar
Jlay allí un extre:- buque¡::
relente puerto
,, argad oc; de
usado por los
material, pues
holandeses coel Frithjof fué
mo estación bainmediatamenllone r a hace
te enviado d e
más de dos sinueY0 al sur
glos. En los
por parle del
buenos días de
cargamento que
la pesca de baantes no pudo
llenas , Smeetransportar.
ronberg era en
Esto por si solo
ver ano una
ya no era tarea
ciudad de dos
pequeña, pues
mil ó tres mil
teníamos q u e
habitantes, que
llevar cada cotrnían sus casa á 1a orilla
fé;,, salones de
por medio ue
baile y tiendas
boles ó balsas
de aguardiente
improvisadas,
holandés y de
y.en los primebollos calientes
ros días, utiliFotografia tomada i •lsta de pájaro de la base de operadones
para el almuerde Mr. Wellman
zando témpazo.En invierno,
toda la población regresaba á Holanda. Hasta nos flotantes de hielo. Fíjese el lector en lo
hoy subsiste la tradición de que Smeerenberg que tuvimos que transportar de esta manera:
sea una ciudad; pero, excepción hecha de las trescientas cincuenta ó cuatrocientas tonelarudimentarias tumbas esparcidac; entre las das de madera. y acero par a el gran salón
rocas en los puntos bajos de la tierra, sola- del buque aéreo y para otras construcciomente uno;; cuanto'- álamo;; holande~es y nes, ciento veinticinco toneladas de ácido
ruinas de paredes de piedra marcan el sitio sulfúrico, setenta y cinco de hiérro en trozo¡::
de la muerta y casi oh-idada estación de pe.--- y treinta de aparato,:; y objetos químicos
ca. A través del estrecho, una milla al Sur. para la fabricación del gas hidrógeno; medio
situamos nuestro campamento en el mismo huque cargado de provisiones; la máquina
;;itio que hace doce años me sirvió como pun- aeronáutic \ con todos sus adherentes; trineos
to de partida de mi primera expedición árti- para tiro de perros, trineos automóviles,
ca y donde el c·apilan ,\ndree infló '-U mal una caldera de vapor y su máquina, tonelaPn1breado globo. Esta decisión nuestra de das de gasolina, herramientas. C'arbón. variocupar el mismo lugar marcado por aquella llas de hierro, pasadores, clavo'-. botes de
tragedia de exploración puede tomarse como acero v todas lac:; mil incumbencias necesala mejor prueba de que, seamos lo que sea- rias pára formar lo que un periódico de Lóndres tituló propiamente Una aldea ciPntímoc;, no nos asu--la la superstición.
La primera sección de la expedición llegó fica en los .1h-ticos.
Tan pronto como fué posible, s1• deJaron
á la Isla Oansko el 21 de Junio. Cuatro día-;
listas
las casas ó habitaciones para nuesempleamos en la enorme descarga do objetra
vivienda,
incluyendo la erección de la
tos. Despu~:;, el Frifhjof ,·olrió precipitadamente á Noruega en busca del ;;egundo des- que es, sin duda, la mejor casa que se conotacamento aeronáutico, que entonces se ha- ce en los Articos y la más científicamente
llaba en camino de París. El 5 de Julio partió calefactada y ventilada. Inmediatamente, el
esta segunda sección de Trom:,;i.i. y c,,atro taller para la maquina con su instalación de
días después ~e reunía la expedición en ple- correas, barrenos y demás herramientas; desno, formada por cuarenta hombre~ entre per- pués. la instalación do la caldera, máquina de
s011al ejecutivo. ingeniero~. mecánicos, aero- vapor, bomba de vapor y la obra de madera
nautas, cRpecialistas. operarios y marinero". del aparato de gas.

LA CASA PARA RL HRO:iTATO

1

Lo más importante de todo fné la construcción del hall donde nuestro buque aéreo, que bautizamos con el nombre de América, había de ser guardado mientras se preparaba el viaje. En buen tiempo, un globo e~férico ordinario puede inflarse al aire
libre sin serio riesgo de accidente; pero una
máquina tan compleja y delicada como la
nuestra exigía gran cuidado y precaución.
Una vez puesto en el rlernento para que había sido fabricado, es de suponer que pudiera defenrlerse por sí propio y hacer frente á
cuantas tempestades le atacaran; pero durante las etapas preparatorias de inflamiento,
ajuste y suspensión del coche ó vagón de
acero, colocación de motores, timones y todo el equipo, es muy necesario cuidarlo y
prnporcionarle albergue, porque ;:i en esta
oca--ión hubiera que exponerlo á los vientos
bien podría ocurrir un desastre más pronto
&lt;]Ue registramos un abrir y cerrar de ojos.
La construcción de un gran hall lo bastante ámplio para retener nuestro buque aéreo era empresa tremenda. Nunca trabajó
nadie ni más á conciencia ni más inteligentemente que nuestros carpinteros noruegos y
sus ayudantes: lo hacían durante catorce
horac; diarias. Necesitaron una semana para
lanzar el hielo y las rocas y preparar el sitio
de las fundaciones; otra para los cimientos
y el suelo, que media 63 x 21 metros; lue110, dos días para formar, en~orrnr y afirmar
barras de hierro fabricadas en nuestra fragua, á fin de construir los bastidores principales rlel esqueleto que constituyera el hall:
tres días fueron después necesarios para
construir una torre de 26 x 3 metros, aparejada con seis cabrias, que pudiera elevar
los arcos de:;de la horizontal á la perpendicular; y un día para levantar y colocar en
posición cada arco terminado.
Los piés de estos arcos, hábilmente construidos, vanos y aparentemente frágiles, de
madera y hierro, se separaban Yeinfr,iete
metros en el espacio y Rólo lenian quince
centímetros de P;;pesor. Reteníamos el aliento mientras la polea los elevaba Y los hacía
pasar lentamente por lodo, los áÍ1gulos progresivos, hasta que, uno tras otro, permanecieron orgu liosos y lerantados.
Al fin, después rle varia~ semanas de trabajo, que puedo decir no cesó de día ni de
noche, todos los arcos querlaron en su lugar.
El aparato de elevación fué retirado á fin de
que sirviera detrás como arco adicional.
Veinte tiran tes delgados, iguales, cien tíficamente calculados, fueron colocados desde
uno á otro arco, vanos de trece metros. unien-

do el todo entre sí. El esqueleto estaba, pues,
listo para ser cubierto por las miles de varas
de lona fuerte que precisaba el globo, lona
que había de ser cortada y preparada en Norucgn. Como pieza gigantesca de trabajo filigranado en el que nada se derrochó inútilmente y en el que la belleza de forma sólo
podía i.er ¡:;imple accirlente en el arte de la
adaptabilidad ingenieril, la inmensa estructura aparecía radiante entre los rayos del
sol de media noche.
Entretanto, el personal mecánico había estado trabajando en el vagón del buque aéreo,
in,;lalando motores, ajustando tornillos y engranajes, y llevando á cabo las pruebas que
los retrasos del contratista habían hecho imposibles en Parí¡:;,
!'OH QllÉ m:TRASAMOS EL VIAJE AL POLO

Parecía con todo lo realizado que había
fundamento para esperar que el equipo mecánico quedaría rn satisfactorias condicione3
durante algún tiempo, y que, aun cuando
bastante I etrasado, el viaje hacia el Polo podría intentarse. Pero esta esperanza duró
poco: cada vez que hacíamos funcionar un
motor. 1-1e rompía algo: cuando no saltaba un
tornillo, era una sección del árbol de acero
que trasmite la fuerza del motor la que sufría algún percance. Compostura tras compostura, cambio tras cambio, refuerzo tras
refuerzo, hubimos de hacer durante algunos
días, hasla que le llegó el turno al mismo
vagón, al chassis del automóvil aéreo, que
rmpezó á flaquear demostrando con esto que
rarecía de la fuerza necesaria para soportar
los motores y no podía resistir la vibración.
La parte aeronáutica del buque, el depó,.;ito de ga!l y sus aparatos complementarios
parecían pprfectos; pero el equipo mecánico
110 se hallaba en las mismas condiciones. Y
e-:lo determinó que decididamente aplazáramos el viaje hasta 1907, sintiendo con toda
PI alma que no pudiéramos aprovechar los
Yienlos ligeros ,· rnriables, unas veces del
sur directamente hacia el Polo, que soplaban
entonces y de los r¡ue hubiéram0" querido
1-1ervirnos para nuestro buque.
.\ fin de Agosto, la temperatura bajó del
rrro y las tempestades de nieve fueron frecuentes: era que el corto verano ártico había
concluido, y se aproximaba la noche invernal. Nuestra contrariedad fué grande, pero
convinimo" en que no habíamos perdido el
tiempo: la ba:;e ártica de la expedición se
había establecido ya, y todo quedaba listo
para la campaiia estival de 1907. Habíamos
rmpleado un año en preparativos; el año inmedialo srria rle ejecución. ¡Bien valían el

�¡COHAZú:-.!

dinero empleado y las energías gastada,, lo
que habíamo~ gahado en experiencia y práctica! Adoptamos las cfü,posiciones convenientes para un largoi11vierno de aislamiento. Cuarenta cables de acero, levantados entre las
rocas, protegían el hall del buque-aéreo contra los vientos y las tempestades; el globo
fué cuidado~amente de~nudado y guardada
i;u piel; mi compañero Félix Riesenberg, de

Chicago, con dos bravos noruegos, quedó encargado del campo, y el 4 de Septiembre de
1906 Indos los que formábamos la exprdición aba11donamos el campamento con rumbo al sur, dispuestos á volver al año siguiente, en la época en que habíamos ído. poseídos completamente de la confianza en el
éxito y en la realización de nuestros propósitos.

¿CUÁL ES MI OBRA PREDILECTA?

WALTER WELLM AN

Eslri i11fonnación, comenzada en 1mest1·0 número de .Noviembre último, no tieue
ofro objeto que cweriguarpor propia manifestación de las autores c111Í1 es su obrn.
preclílecta, ya por la perfecció11 con que desarrollaron su pensamiento. yci por lascircunstancias que presidiero11 s1i r¡énesis. ya. en fiu, por el éxito que loyró el trabnjo al ser conocido por el, público. EcheJarciJ¡.Palucio Valdés. Bretó11. Querol, Galdós.
los hermanos Quintero. Eu9e11io Afvarez D111uonl, Anuuleo Vfres. Blasco lbá1lez.
Linares Rivas, ,l!iyuel Bluy. Tomás Luce1io. Salvador Rueda, Salvaclor l'iniegra.
Ednarclo Zamacoi.s, Francisco Fírwe.~ García, Arltll"O Reyes, Santos Uwcano, .lfo110z Dewain, Felipe Trigo. Mi!]11el ,lloya, iital Aza. Bellver, Marina.~. Alcove1·ro~
Gregario Jf&lt;irtinez Sierra. Salvador Mcu·tínez Cubells, Pio Baroja, Pcrez Zúiíi{la,
l ille9as, Miguel Echegaray. Unam,1mo. Narciso Dlaz de Escavar, Ramón A. U1·bano, José L1aneces y :Miguel Trilles. han e:rp11eslo y&lt;i su opinión. Oiyamos ahora lo
que cliCRn o/ros maesll'os.

T

cristalina, de sugestiva~ modulaciones. Mientras habla, sus manos, cual pareja de níveas
Un cria&lt;lo severamente vestido de etique- palomas, juguetean con una ~arla de aljófar,
pendientede :::u cuello.
ta introduC'e al repY
su charla, amena,
71orw· en el vasto sagrácil, fluída, tiene enlón donde ha de celecantos de discreteo y
brarse su entrevista
profundidades docencon la insigne escritotes.
ra. Todo en la espacio-Aunque el públisa estancia tiene un
co es quien debe sansello característico de
cionar con sus prefedistinción señorial v
rencias una ú otra de
de buen gusto mundá1as producciones de
no. Dos hermosos barcada
artista,-dice al
¡¡ueños, á uno y otro
tocar rl punto concrelado ele la puerta, so~to á que esta informatienen srndas tallas
ción
se refiere-YO tenreligiosas de rancia
go mis predileéciones
factura; penden de lo~
entre las obras que he
muros vario~ retratos
producido . Acaso I a
¡tenealó¡ric·os; en u"a
novela
mía que má~
pareja de lindas vil1ime
agrada
sea B11cónas enciérranse mil ,,
1ica, obra de ~ran inmil pequerias preciosi'tensidad, á despecho
dades dr orfebrería v
de sus corta.:; proporde ceriuniea; allá, ál
ciones,
cosa no extral''(tremo del salón, soña,
si
se ti e n e en
bre las mesitas volan&lt;"11enla que muchas
Emilia Pardo Bn1./1n
le=-, el argentado s&lt;•rveces la~ novela.:; son
v i ci o de tú pare&lt;e
hallarse dispuesto para un fil-e o'dock ... corno aquellos librJ,; sibilino~, que tanto
Leve frotar de sedas indica la presencia más ganaban en méritos y transcendencia
de la ilustre dama. Déjase oir su voz suave, cuanto menor era su volúmen. Pero, a1lemás

Emilia Pardo Bazán

¡CORAZÓN!
¡Corazónl Fatigado, ya no guia
tus pasos el Amor. Vive llorosa
tu esperanza. La lámpara radiosa
de tu niñez rodó á tus piés un día.
¿La féi' (Sobre una roca muda y fría
los pétalos se caen de una rosa .
¡Xada alienta al que en noche silenciosa
se dijo con dolor: No hay alegria!
;,Por siempre vivirás en la tristeza
mientras que un soplo yerlo con pre,,te1.a
extinga lu existencia corno un cirioi'
Eres ¡oh, corazónl-tu faz lo diceun e~clavo !-in fuerzas que maldice.
por más c¡ue ria al contemplar un lirio.
ANTomo .MERlZALDE

�/.CIJAL F.S MI OBR.\ PREDILECTA

'74-

l'OR ESOS MUNDOS

vestido de etiqueta, avisa la llegada del
&lt;le esa. al~nna otra novela hay enlrc las mu- carruaje que ha de llevar á paseo á la insig&lt;'has quP forman parte rlP mi extensa biblio~rafia, cuyo recuerdo ¡nu·ccP emerger de Jac, ne escritora.
&lt;le'llá!&gt;: así J,a quimera, mi última producFrancisco Acebal
ción de esta inrlole, en la cual he procurado
hacer un estudio psicológico lo má~ complPEl director &lt;le la importante revista La
lo y acabado posibl&lt;'. Bueno será hacer co~s- . Lcctum, dü,{inguido· escritor cuyas castizas
tar, ya que esta oporlunidad se presenta,
'
obrái, le han heque no creo el
eh o destacarse
momenlo pr&lt;' d e 1a pléyade
sente. &lt;'~taetnpa
de novel istas jóque actualm&lt;'nvenes, nos ente atravef:amos,
Yia e n los sila más oportuna
guientes párrapara producir
fossu respuesta:
obras noveles«¡Obra predicas: el ciclo de
lecta!... llay alla novela yapago de crueldad
f: 6. Comprenen preguntar á
dirndolo a;;í,
un autor cuál es
desde hace cuasu obra preditro años que C"·
lecta. Es como
cribí La q 11 ip r eguntarle á
niera. no he inu n padre cuál
tentado novelar,
es su hijo prey no sé ;;i á ello
ferido , y aunme decidiré este
que casi siem,·erano. más por
pre existe una
,ati;,facer í n tipreferencia,casi
mos dcseof: r¡11e
nunca será conpor creer oporfesada. No se la
tunalaaparición
confesará el pa•
de produccioncr;
dre ni á sí misde esta índole,
mo, porque sabe
-Y entre los
• q u e al confeestudios c r 1 tisarla es cruel
cos, i,tiene ustPd
con su propia
también prefe-pNsona. Que
rencias por albable por nosotros e I viejo
guno~
-IndudableLear, del poeta
mente. P e r o ,
inglés , 6 q u e
hable el noble
porque no paFranci~co Acebal. (Retrato hecho por el laul"\'ado arli,ta catnlán
rezcan exóticas
Ramón Casas)
león de Albriq
mis predilecciode nuestro poeta. Acaso los poetas, Jo&lt;; artiiitH'S en e;;te punto, citaré el San Francisco
tm,, prefieran, como los padre~. á loi; hijos
1/p .Asis: á nadie ~orprenderá que por esta
más defectuosos y más desgracia•los, porque
obra me decida. ,·, &lt;lespués de todo, nada quieran pagarles con su predilección todas
más justo. toda ,•ez que ella ha :&lt;ido uno las predilecciones que los hombres les rega◄le los má;; firme,- suo:tentáculos de mi fama .
tean con cicatería inhumana.
»Y. para terminar, de,-ignaré alguno~ de
» Yo ten g o mi predilección, predilecmis cuentos fayoritos. Yo tengo verdadero ción grande y acaso definitiva, por una de
entuo:iasmo por este irénero de literatura, mis obras, que es Huella lle ctlma~. Ella rs
que en pocas líMa'- puede condensar gran• sér de mi sér. alma de mi alma, la que brotó
des pensamiento~ . Entre la infinidad de en albor de juventud lozana, entre el go~o incuentos que tengo publicados. hay do,. "O- tenso de verla surgir, manar de mi espíritu,
bre todo, que prefiero á los demás: uno es con la naturalidad con que mana el agua de
El nieto del Cid: el otro se titula El indulto. la fnente y al mismo tiempo con la, invendSigue la charla, interesante, amena, su• ble pesadumbre de dar para todos, de ponr.r
µr,tiYa. l1aAa qnc C'l rriado. severnmrnle

7á

en todas manos la e:-encia de mi ec;píritu, ingenioso ,. caballero~o hidalgo de la Man·
seguro de que otros muchos espíritus habían cha.
de escarnecerle, Yilipendiarle, y aún e.scuMariano Benlliure
pirlc con la asquerosa babaza de sus torpes
instintos.
Hace varios me~es que el ,·epporter persi•No puedo releer nada de cuanto he esgue
con verdadero encarnizamiento al gran
crito, ni de cuanto escribo, porque me acomete un indeljnible malestar de vrrcrüenza maestro de la escultura española para somepor haberlo escrito. Solo al releer alcr,;na Yer. terle al interrogatorio con,-abido, tratando de
determinada pagina de Iíuella de" almas. inquirir el secreto de sus predilecciones enme he hallado á mí mismo, sereno en mi tre la pléyade inmensa df' obras por él produridai, en su infapasión ó apasionali~able y gloriosa
do en mi serenidad.
carrera
de creador
»Por eso la prede
maravillas.
Unas
fiero, no porque yo
ú
otras
razones
hasepa si es buena ó
bían
impedido
el
mala... ¡Tal vez sea
logro de e~te objemala!»
to. hasta que, al fin,
un &lt;lía, más afortulosé Moreno
nado, ronsigue hablarle en plena fieCarbonero
brP de trabajo, rodrado de obreros
Este gran pintor,
:iuxiliares que bajo
una de las mayo::;ns órdenes moderes glorias d e la
lan ru yeso figuras,
España artística
adornos y relieves.
contemporánea,
- ¡Oh I No le
siente, al determipuedo
contestar,nar su obra más
tl i ce el maestro,
preciada, las vacimientras estrechalaciones tan naturnos su di e s t r a
rales en quien, coembadurnada de
m o é l , tiene u n
c"rayola. - Par a
&lt;'atálogo d e obras
dio, seríame preciv erdadcramente
so
reflexionar u n
asombro~o, t a n to
rato.
traer á la mcpor el número romrmoria to d o lo
mo por la heteroque he hecho hasta
geneidad d e I a s
ahora, y eso es immismas . Prescinpo:sible: n o tengo
diendo dr los cualiempo para ello...
dros de asunto hisJosé ;\Iorcno Carbonero
Vea usted, vea URtórico. - entre los
tecl,-y
señala
los
innúmero¡;
trabajos cocuales indudablemente se lleva la palma La
conversión del d11q11r de Gandfo-ha &lt;·ulti- menzados.-\'iviendo siempre así, sin dar
vado el pai:-t1je. el retrato, las obras clr gé- abasto á una labor que no se acaba nuuca,
nero. dedicando, en fin, sus actividades á ¿,cómo he de saber lo que prefiero?
.\nte nuestra tenaz insistencia, Benlliure
ilu!&gt;trar pasajes de obras literarias célebre",
permanece
inílex_ible.
como el Quijote. el Gil Blas. y El so-mln-r-Lo repito: no hay nada que merezca
t·o de tres picos. Esta última labor N, la
que, sin duda. ha despertado en él mayorrs ocupar un puesto más ;;eñalado entre la laentusia:&lt;mos, pue,;to que, rn el trance de bor que llevl) hecha... Por ~alir del paso, pudesignar sus cuadros predilerto" no'l en- diera decirlr que mi obra predilecla es la
vía una reproducción del bellísimo licnr.o soñada, la impecable, la que no he hecho
que representa La primera are11fura dr aún ni han~ nunca. Pero eso sería no decir
Gil Bla,'l, juntamente con Yario~ retratos &lt;lr nada ... Si aca¡;o, puesto á contestar for1.osaadmirable factura, y una lindísima tabla &lt;Ir me11te, diríale que prefiero la última obra, la
géne,·o, cuyo titulo es E11 lmsca ele ca111i110 que acabo de hacer, ó, mejor aún, la que esy que reproduce la desmedrada figura del toy haciendo; porque, al ser la más reciente..

�¿CUÁL ES MI OBRA PREIJJLECTA?

77

no he tenido tiempo para olvidarla ni sereJacinto Octavio Picón
nidad para apreciar sus defectos. En este
sentido, puede usted mencionar la que ahoEl ilustre autor de Dulce y sabrosa nos
ra me ocupa: la carrohonra con los siguienza que ha de conducir
tes hermosos párrafos:
los restos de Calvo y
,Para contribuir á,
de Vico, obra en cuya
la información que esconfección trabajo con
t á usted llevando á
actividad febril para
cabo,me pregunta cuál
tenerlaconcluídaoporde los que he escrito
tunamente.
es mi libro predilecto.
-Entónces,-le de•Con toda sincericimos-l'a tiene usted
dad, sin el más leve
1bra predilecta...
asomo de falsa modes-Predilección trantia , aseguro á usted
sitoria, fugaz, del moque no tengo predilecmento, - nos responción por ninguno.
de. - Dentro de tres
»Trabajo con gusto,
días termino con ella.
poniendo el m a y o r
Una nueva tarea ocu ·
empeño en hacerlo lo
pará su lugar; desmejor que puedo; pero
pués, otra: ¡quién sadespués de corregidas
be!. ..
las pruebas, no vuelvo
Y nos despedimos
á pensar en ello: ha,;ta
del maestro dos vrces
procuro olvidarlo. Y
1idmirable-por el mési alguna vez me ho
rito de sus creaciones
Yisto en la necesidad
Retrato del marqués de Cayo del Rey, hecl,o por
y por la pasmosa feMoreno Carbonero
de leer algo mío, he
cundidad de que hace
pasado mal rato, porgala-estrechando entre las nuestras suma- que nada me ha satisfecho.
no embadurnada de escayola ahora, como
»Además, creo que el peor juer. de un auotras vece.,; y como ~iempre lo estuvo...
tor es él mismo. Cierto que la opiniún ajena

E11 busca ele camino, avenlu,a &lt;le Don Quijote de la Mancha, por Morrno CarbonAro

�7H

¿&lt;.:lJÁL ~ .MJ OlllU. PiU:DILEL:'fA'(

PUR ESOS l\1UNDO:S

Ratraios de Don Francisco Silvela y Don Gustavo Bauer, hechos por Moreno l.;arbvnero

difícilmente es jusla: basta que influya en que ha hecho. ¡Es tan fácil equivocarse, atriella el espíritu de escueta-y es la más de~- buyéndose uno facultades de que carece!
,Por eso procuro escribir lo mejor que
interesada presión que el hombre puede supuedo, sin atreverme
frir-para que le falte
á encariñarme con
imparcialidad. Pero la
ello ... ¿.Mi libro prediopinión propia aún es
lecto? El q u e tengo
más apasionada: l a
por escribir, el que
estima&lt;'ión q u e hace
acaso no haga nunca.»
uno de sí mismo es puro engaño. Somos tod o s vanidosos: unos,
Sinesio Delgado
por ingénito amor propio; otros, por natural
lle aquí la respuesta
rebeldía contra la inque nos envía este ·
diferencia y la injusdistinguido escritor,
ticia.
tan discutido como au»La afición á los litor dramático y tan
brosviejosmehamosjustamente alabado
trado que en literatusiempre como poeta
ra y e:1 arte no ha y
felicísimo:
más que un buen tasa«Desde que recibí, a
dor: el tiempo. Los
quemarropa, la preaños so11 como rachas
gunta, no he vuelto á
de viento: con la poilevantar cabeza, hunvore&lt;la que levantan,
&lt;lida en u n mar de
desentierran lo que no
confusione~.
debió quedar olvidado
»(,Cuál ~erá mi obra
y sepultan lo que no
predilecta, Dios mío?
merece seguir vivie11Ilac;ta ahora no se me
do.
~
Mariano Benlliure
había ocurrido tener
,El escritor sabe lo que quiere hacer; mas una obra predilecta. Y, sin embargo, ello es
cuaudu lo termina, no sabe á punto fijo lo preciso, no sólo por contestar algo concreto

79

cuando me lo pregunno gusta. Y en mi fueten, sino porque, como
ro interno me revuello relativo impera en
vo furioso contra el
el mundo, aunque topúblico que la rechaza
das mis obras me pay coótra los críticos
rezcan insubstanciale::;
que la vapulean.
y anodinas, r, por con»Pero pasa el tiemsiguiente, me gusten
po, vienen la calma y
poco, alguna ha b r a
la reflexión... y enlonque me satisfaga mas
ces doy en el extremo
que las .otras sin que
e;:;;._,..
contrario: la obra no
yo haya caído en la
vale un pito, y la crícuenta.
tica y el público tienen
»Pero ahora, puesto
razón que les sobrn,
en el trance de decicon lo cual me quedo
dir, me encuentro en
1111la!IP',.
sin o b r a predilecta
un grandísimo apuro.
hasta nueva orden, y
Porque es el caso que
tocias me son igualcuando termino un a
rucnte aborrecibles.
zarzuelita, género á
»Lo peor es que este
que me h e dedicado
pesimismo d es c o nhasta la fecha sin vosolador que invade mi
cación alguna y por
espiritu no se para en
mal de mis pecados,
bal'ras, y no solo rese me figura siempre
niego de lo que escrique acabo de producir
bo, sino que casi todo.
una joya, una verdalo que escriben los dede r a maravilla qt1e
roa·s me aburre y m""
Carroza que ha conducido al cementerio de San
"'
habrá de colocar mi
Justo, en Madrid, los restos de Calvo y Vico.hastía. Viendo •estoy
firma entre las prime:Modelo de Mariano Benlliure
que, á la vuelta de
ras de la literatura dramática. •Se estrena: unos cuantos años, voy á ad~nirir el desagra-

~intl.iiu LJel¡¡adu

Jacinto Uctllvio Picóu

�POR ESOS MUNDOS

&lt;lable convencimiento de que Lodos los que ma.-Aunque todas mis produciones iiteramanejamos la péñol~, chicos y grandes, es- rias merecen mi cariño, como hijos espiritamos perdiendo el tiempo tontamente ...
tuales que son, hay una á la que estimo más
• Y ahora me asalta una sospecha espan- que á todas, por cree!" que salió más perfecta,
tosa; ¿tendrá el resto de la humanidad esa más redonda, más acabada. Es el sainete en
mismf). idea, y la disimula por el bien pare- dos actos titulado El ter.cer aniversario ó La
&lt;Jer?...
viuda de Napoleón. Y ·vea usted .lo que son
»Pero, hablemos an serio y volvamos al la;; cosas: esta obra no. es, ni mucho menos,
tema. Supode las que meniendo que la l '
jo res resultapregunta no se l ·
dos pecuniarios
refiera única me han produmente á las
cido , 1o cual
obras teatrales,
prueba que mi
que yo mismo
afecto hacia ella
tengo en el oles desinteresado, puramente
vido que mere~
artístico. La es&lt;Ce n, contesto
trenó hace ya
que sí: que he
producid o u n
bastantes años
la compañía de
Libro que me
oncan ta y a 1
María Tuba u ,
en el Teatro de
-cual encomienla Princesa,
&lt;lo la difícil
habiéndose remisión de sepres entado
ñalar mi paso
do~pués en la
por este pícaro
Comedia y en
muntlo.
Lara, en vista
»¿,Cuál es?
del éxito con
Jii teatro.¿Por
que fué acogiq u é '2 Po1:que
da.Hoy mismo,
no es un libro,
cuando se re-sino m i alma
presenta, gusta
vertida e n las
y regocija al pú-cuartillas, y
blico. Esto no
tiene, por lo
obstante , 'creo
tanto, el mérito
yo que mimo-de la sincerido de hacer esdad, muy sutá un tanto paperior siempre
sado de moda:
á las galas retienen las
tóricas y á los
Ricardo de la Vego.
obrasqueabora
primores del estilo. Tal es la vo1dad, que declaro con una privan un ioello pecdliar, un no sé qué á
mano puesta sobre el corazón y la otra sobre modo de aderezo especial, que yo no sabría
dará lo que escribo. De ahí mi retraimiento:
los Santos Evangelios. •
llevo algún tiempo sin estrenar nada, y en la
actualidad no tengo ningún trabajo dispuesto
Ricardo de la Vega
para recibir la pública sanción. Estoy comEn su despacho del Ministerio de Tnstruc- pletamente desorientado. Si algún día me
,cion Pública el gran sainetero nos recibe con encuentro con ánimos para ello, volveré á
su afabilidad característica prestándose de escribir. Pero, mientras tanto, me limitaré á
buen grado á la confesión á que va á ser ~o- vivir artisticameate de recuerdos, entre lo~
cuales emerge y resalta el de El tercer animetido.
-No es para mí dificil oontestarle,-excla- veJ·sario ó La viuda de Kapoleón.

,\i;cusro MARTINEZ OLMEDILLA

LA COMPAÑ{A DE MARfA

LAS MONJAS AZULES DE FIESOLE
o qúe más llama la atención del viajero

L que llega al norte de Florencia es una
-eolina, flanqueada y dividida en dos picos ge-

se disfrutará de panorama mejor que el que
se admira desde las ventanas de este monasterio.
Detrás del valle surge el pintorescoFiesole,
flanqueado en su lado oriental por las canteras de Monle Ceceri, que brindan ri'ca
miel, canteras que reciben el nombre ge'nérico de madre de Florencia porque de ellas
ha sido extraída toda la piedra para edificar
esta población. A poniente, cortaºda por el
IPcho del Mugnone, se levanta además otra
colina c oronadá de
edificios, en
cuyo. centro álzase
una vetusta torre llamad a la

melos en medio de los cuales se encuentra
la en otro tiempo ciudad etrusca de Fiesole,
&lt;le ese Fiesole cu yo nombre musical evoca
-dulces recuerdos de luz y de arte. Toda aque~la fertil pendiente está salpicada de residen•cias: majestu:&gt;sas é históricas villas, casas
·&gt;1olariegas anti guas r fortificadas, y edificios
modernos repletos de confort y de lujo, ro&lt;leados de
t·icos mantos de ver-&lt;lura.
Pero aun
•cuando to-00 esto sea
atractivo ,
Torre de
,el sitio más
los Pcíjabello entre
ros, cantatodos I os
da porDande Fiesole
t e, y que
-es aquel en
antigua&lt;¡ue se lementedaba
-v anta el
albergue á
antiguo
muchas
-&lt;: onvento
trampas
de San Gicolocadas
rolamo,que
ali ípara las
se destaca
avecillas,
&lt;le un fondiversión
do de verque todavía
-&lt;les olivos.
gusta muprecisacho á 1 os
mente bajo
toscanos
la cima de
En el Pa-.
1a colina
\l'lsta general del convento y Jaralnes de las monjas azules
radiso
donde en
otros tiem~os se elevaba la ciudadela etrus- compara el poeta esta altura al romano :Mon-ca y donde ahora se encuentra un monaste- te Mario, desde donde se obtiene la primera
rio franciscano que domina todo el ámplio vista de la Ciudad Eterna; y es que el viay sonriente valle del Arno. Seguramente, no jero que se acerca á Florencia por el anti6

�LAS MONJAS AZULES DE FIKSOLE

POR ESOS MUNDOS

guo camino de Bolonia ve, del mismo modo hombre, por su inteligencia y por su trabaj&lt;&gt;
por primera vez, las cúpulas y torres de manual, ha mejorado la naturaleza del terreFlorencia. Aquí también se ofrece á la vista no y hecho sobresalir lo que dentro de si
Monte .Morello, el más alto Apenino del dis- encerraba.
trilo, que sirve de barómetro en el que cree
Desde el empinado y tortuoso camino,.
á ciegas todo florentino. Más allá están los que era el único medio para acercarse á Fiefantásticos y distantes picos de las brillante,; sole antes que allí existieran tranvías elécmontañas de Garrara, mientras que en el tricos, cerca del sitio donde una inscripción
lado opuesto se extiende hermosa cordille- señala el lugar donde fueron martirizados vara, de una de cuyas montañas parece pcn- rios de los primeros cri~tianos, una puerta
der Vallombroarqueada persa , formando
mite el acceso,
punto saliente
á espaciosa essu negro boscalina ta q u eque de abetos.
tiene á cada
La cordillera
lado majestuosepara el valle
sas filas de ciflore n tino de
preses y conlos fertiles disduce al atrio de
tritos de Monte
triple arcada deFalterona, de
un a capillita.
donde nacen el
Al campanillaArno y el Tizo que d é i s t
ber. A mitad de
responde u n a
la di i; tancia,
voz suave, desu ...veme n te
monja, que seempinadasobre
os presenta luebaja eminencia,
go con 1a faz
se ve la blanca
serena y tranaldea de Settigquila, y que tan
nano, donde
pronto como
Miguel Angel
contesta en inaprendió á cinglés á vuestras
celar e 1 márpreguntas, os
mol, y más cerfranquea el paca aún la villa
so con 110 mal
q u e en I os
disimulada sacuentosde Boctisfacción.
caccio se llama
Encontraréisel Valle ele las
primero un pedamas, á traqueño el a u svés del c u a 1
tro, cuadrado 'f
corren d u Ice-,~~~.,...
arqueado,so mmente aquellos
~::iiiiiiMl!.IU ~2;~~~i!l!!!ilÍilÍIÍÍii
breado por ararroyuelos que
bustos y yedra,
el poeta cantó,
&amp;caleras adornadas de árboles que conducen al convento de las
en medio rl el
el Affrico y el
monjas azules
cual se eleva,
Mensola. Abajo, en la cuenca del Amo, se un portico de piedra que con sus inscripcioencuentra Florencia, con sus torres abun- nes Cosimus Medices á un lado, Y Floi·edantes, su suprema cúpula y sus históricos Dux Il á otro os hace recordar el pasado, á.
recuerdos; mientras que cerrando la vista la vez que os deja respirar en med\o de la
por el otro lado, hay aún otras alturas y tranquilidad y reposo que reman en
montañas. En una de estas, se encuentra aquel sitio, donde, sobre toda otra cosa, seSan Miniato, la famosa basílica biiantina disfruta de una sutil atmósfera de amor, deque es un mosáico; en otra se halla Bellos- paz y de buena voluntad para el prójimo, atguardo, inmortalizado en varias canciones mósfera que visiblemente emana de las bonpoéticas por haber sido residencia de muchos dadosas hermanas, que no sólo sirven de
pintores y p(\etas. En realidad, si no pare- guia y cicerone al visitante, sino de enfermeciera absurdo, me atrevería á llamará este ras al que hasta ellas llega atacado en _su
panorama una vista cultivada, en la que el salud. Desde este lindísimo patio, varia&amp;

1;;¡1

ft-llí·•~

puer~s ~a11 acceso á la pequeñ:i capilla y á
los ed1flc10s conventuales, llenos de habitaciones en espaciosos corredores que el sol
alegra. Esta residencia monástica ha sido
convertida en sanatorio, dirigido por bermanas inglesa'! que han tenido la buena suerte
de elegir lugar tan favorecido por la
Naturaleza.
_ ..... ,,..
No hay allí
nada que sea
ascético , n i
tampoco preval e ce en
ninguno de
los servicios
la frivolidad
de I a vida
moderna.
Tan hábilmente y con
tan buen
gusto se ha
mezclado lo
viejo con lo
nuevo, tan
amante cuidado se di~pensa á todo
tn rincón del jardln
lo que es
precioso en
lo antiguo, y tan hábiles concesiones se han
hecho á las necesidades de la vida moderna.
que no puede encontrarse en este convenlosanatori? de Fies?le nada que se opon¡¡;a á la
harmoma de la vida mundana con la del rntiro y el silencio. En realidad, esta harmonia
es la nota dominante que encuentra 1:l que
cruz~ el umbr~l de San Girolamo: hay barmoma _en l_a ~aturaleza en los hermo~os y
bellos Jardines, en los que se han aprovechad? todas l_a~ ventajas ofrecidas por la magmfica pos1c1ón de que gozan; harmonía en el
arte, en la noble sencillez del edificio y en
su tranquilo y sobrio decorado; harmonía,
sobre todo, entre la vida exterior y la sincera devoción de las hermanas que parecen extender lo ~ue pudiéramos ll~mar su ángel il
cuantoc, viven dent10 de su influencia.
El edificio en sí data del feliz periodo de
la arquitectura italiana en el que las nobles
proporciones, el espacio y la luz se coordinaban para obtener éxito en la construcción.
Las ventanas de las habitaciones dan al Sur
y todas abren al camino que da entrada ~
Florencia. Las puertas exteriores en diferentes niveles, de acuerdo con el e~pinado nivel del suelo, conducen á bellos jardines emplazados en terrazas, jardines italianos en el

83

verdadero sentido de la palabra. donde en
simulados rincones, casi cubiertos por antiguas paredes, y bajo la sombra del acebo y
el ciprés, la acacia y el árbol de Judas, toda
varie&lt;larl de fáril asiento y de cómodo lecho invita á disfrutar del puro y delicioso
aire.
•.
y para los
e n f e r m Os
que acuden á
e'lte sanatorio y se encuentran en
el periodo de
su convale:!encía con
~uerzas que
,e~ 1ermilen
l¼lejarse más,
Ias alamedas
deolivos que
,¡e extienden
hasta la par e d etrusca
bajo la cima
de la colina
ofrecen nuevos puntos de
vistaconmur a 11 as de
del convento de Fie•ole
sombra bajo
los trepadores zarcillos de la vid, que se enroscan de
á'.b?l en árbol. En tan deliciosos parajes, el
viaJero que busca la salud, ó que ha sido lo
bastante desgraciado para ponerse enfermo
en ca~i~o, encuentra un lugar de reposo y
tranquilidad: huyendo del mercenario servicio que á regañadiente les prestan en los con~urridos hotel~s? siéntes~, desde luego, obJeto de _amanlls1mos cuidados desprovistos
de todo interés y egoísmo. Las ilustradas hermanas que dirigen el establecimiento ponen
á -~isposición de sus huéspedes toda ~u amabilidad, .Y. se hallan siempre prontas á prestar servicios que muchos rriados ensoberbecidos desdeñarían hacer.
La Compañía ele Jlaría es el nombre de
la hermandad en que nvs ocupamos y que
tantos títulos tiene para la gratitud de los
viajeros. Pero aun cuando esta es su verdaderadenominación, todo el mundo, al referirs~ en las conver,:;aciones á las monjas de
F!esole, las llama las 111011jas azules, aludiendo al color de sus hábitos. No constituyen una orden antigua, pues la fundación de
esta congregación data de hace treinta años
solamente, y la madre María, su fundadora
que nació en Nottingham, donde su:; prime~
ros años fueron protegidos por el obi~po

�POR ESOS MUNDOS

Difícil es creer que esta progenie espmBag~hawe, vive aún: tiene su res·dencia en
tual se haya originado de una frágil mujer.
Roma.
Debemos hacer con!'\tar que esta corpora- La madre Maria, aludida en los primeros páción se distingue en algunas particularidades rrafos de e,;le articulo, es una de las mujeres
de regla de otras congregaciones de carácter más delicadas de su sexo, y tan delgacla que
benéfico. Es una de ellas la autorización que cualquier persona de regular fuerza podría
en esta se concede, y que, en general, se nie- cogerla en brazos y transportarla do un lado
otro,como á una niña. Esto es debido á que
ga en las órdenes de antigua fundación, para ádurante
bastantes años ha c:stado impedida;
que pueda viajar sola una hermana: una
aun
hoy,
no puede tomar alimento sólido, y
monja azul puede disponer su maleta y
marchar á donde un enfermo la necesite, sin es preciso llevarla de la cama al sofá cuan tener que solicitar permiso ni esperar que la do se encuentra bien para levantarse. Pero
tal es la fuerza de voluntad que ha determiacompañe otra monja.
Actualmente tienen á su cuidado estas her- nado en ella la victoria del e!'\piritu sobre la
manas varios hospitales, sanatorios y asilos materia, que desde el lecho de sus sufrimientos dirige un ejército de mujeres esparen Inglaterra, en Irlanda y en las colonias cidas por todo el mundo. Desde el ama11ecer
británicas; en Australia, dos hospitales, un hasta la noche escribe, lee, dicta y concede
asilo de ciegos y un manicomio; una casa de audiencia á cuantos desean hablarle dr la
salud en Chicago y otra en Malta; el hospital hermandad, y aun dr, los asuntos privados
de San Juan, en Limerick, Irlanda, está asimislos solicitantes. Pocas mujeres en la plemo á su cuidado, y al Este de Lóndres sirven de
nitud de su salud y fuerzas trabajan más al
un a!'\ilo parajóvenes aba11don adas y otro donque esta frágil inválida y enferma.
de recogen y atienden á los más pobres en- díaVolviendo
á referirnos al sitio que da altre los pobres. En todos sus buenos trabajos,
bergue
á
tanta
caridad y buena voluntad,
las hermanas están animadas por el más
San Girolamo, diremos que ha pasado por
puro espíritu católico, sin diferencias para muchas vicisitudes desde que se levantó el
las varia~ posiciones sociales, nacionalidades
f agmento de muralla
ó religiones, circun!'\"'P"',3 etrusca que fo r m a
lancias que en nada
parle de los límites
s o n obstáculos para
del huerto. En los priquHjerzan su caridad:
meros tiempos de la
basta que se les preCristiandad hubo allí
sente una persona enuna capillita dedicada
ferma, c o r p o r a 1 ó
á San Jerónimo, y
mentalmente, par a
después, hacia el año
que, expontáneame111360, cierto Cario dei
te, ofre;,;ean y presten
Conli Guidi, que quhio
PUS servicios. El rico,
retirarse de 1 mundo,
por supuesto, tiene
edificó á sus expensas
que pagar; pero s u
una ermita al lado de
dinero sólo se acepta
la capilla; y á Cario
como depósito tempodei Conti se unieron
ral, para que pase lo
muy pronto otros que
más pronto posible á
adoptaron la misma
manos del pobre y del
vida. Así se formó la
necesitado.
hermandad de San GiNo tienen espíritu
rolamo, cuyos miemalguno de proselitismo.
brosse alojaban en peA las monjas azules
queñas y rudas celdas
le3 está prohibido por
que pueden ver:;e tosu regla mezclarse en
davía en el lado de la
discusiones religiosas
colina bajo las conscon los enfermos: contrucciones de los nueservar c ad a una de
vos edificios. Por muPatio central de la residencia de las monjas azules
ella su religión en los
chos a ñ os vivieron
corazones, no en los
tranquilos estos ermitaños jerónimos, y
labios, y observan escrupulosamente este he- cuando murió e I fundador guardaron su
cho. También les está prohibido dejarse foto- cabeza en la pequeña capilla, de donde
grafias para dedicar el producto de las foto- más tarde fué trasladada á la iglesia de la
wafías á la propaganda.

ELENA

ZDIMERN

�ACTUAlJDADES

&lt;le la Paz reunida con motivo de la Exposi-

ACTUALIDADES
que de entonces acá se han firmado tratados
de arbitraje y concluido ententes cordiales
Plétora de acontecimientos tiene que re- de bastante importancia, pese á tales aprogistrar el cronista en esta sección de POR ximaciones y 'flirteos de unas naciones con
Esos MUNDOS; y si ha de tratarlos todos, ha- otras no hay hecho alguno que parezca tenbrá de contentarse el amable lector con lige- derá la disminución de los armamentos, cosa
ras notas de algunos de esos sucesos1 ya que que, de existir. significaría propósito por lo
menos de evies imposible
- t a r conflictos
referirlos e x - '
tensamente.
armados é ir
Por laimporborrando de la
tancía que tiefaz del mundo
ne, preciso e s
e 1 fatídico esc o n c e d er el ,
pectro de 1a
puesto de honor
guerra.
en nuestra cróEsta segunda
nico á la segunConferencia ha
da Conferencia
sido convoc¡¡.internacional
cla con un prode la Paz que
grama que denestá celebrántro de espíritus
dose en La Haámplios podría
ya desde el 15
llevarnos á la
de Junio últireorganización
mo. Desde que
de la guerra
el czar Nicolás
adaptándola á
las necesidades
lanzó hace ya
de la vida moocho años, en
derna: así, su1899, su famojetándose á esa
s o Eirenikon
norma, ya que
convocando á la
no inevitables,
primera Confepor 1o menos
rencia de la
serían h umani Paz, nada prácta r ios dentro
tico se ha conde 1o posible
seguido p a r a
1o s conflictos
asentar sobre
armados que
sólidas bases la
en adelante se
concordia i n Chulalongkorn I, re~ de Slam, y su esposa, que han visitado á
suscitaran.
ternacional,
los sobe1anos de Inglaterra
La nueva
p u e s precisamente desde que aquella Conferencia se Conferencia tuvo su origen en una guerra,
verificó registra la Historia dos de las gue- en la ruso-japonesa. Mientras esta se harras más destructoras que se han conoci- llaba en su parte más progresiva, durante
do, la anglo-boor y la ruso-japonesa, y aun- el año 1904, la Unión Tnterpadamentaria
LA SEGUNDA CONFERENCIA DE LA PAZ

&lt;Jión Internacional de San Luis, en los Estados Unidos de Norte-América, solicitó del
presidente Roosevelt que convocara á los
&lt;iobiernos de las grandes potencias á una
segunda reunión en La Haya, que tuviera por fin no solamente resolver los problemas que dejó pendientes de solución la Conferencia de 1899, sino que, además, pusiera
en vigor el principio y la práctica del arbitraje internacional y acordara celebrar reuniones con cierta regularidad para discutir
las cuestionas mundiales. En Octubre de
1904 el Gobierno de Washington dirigió una
-circular á las potencias invitándolas á dicha
~eunión pacifista, y aunque la propuesta fué

87

muy bien recibida, se hizo imposible la fijación de fecha en vista de que la guerra del
Extremo Oriente se hallaba entónces en su
más álgido período. Quince meses pasaron sin
que se diera un paso más en tan importante
asunto, y el conflicto de Rusia y Japón llegó
á su fin. En el curso de las' hostilidades entre
est.as dos naciones quedó plenamente demostrado que los inventos y progresos de la ciencia militar habían cambiado por completo las
condiciones del comercio internacional y
vuelto de arriba abajo las antiguas reglas de
la guerra, aspectos que dieron mayor valor
y nueva fuerza á la proposición del presidente Roosevelt, el cual insistió en ella.
El czar de Rusia dirigió entónces una cir-

Gran carrera de automóviles en la isla de Wigbt, verificada el SO de Mayo último. Ganó la Tour1st T~ophlf _Race,
como se ha llamado á esta carrera, M. Courtiss, que hizo una velocidad media superior á cuarenta Y cmco kilómetros por hora. La distancia recorrida fué de SiO kilómetros

�ACTUALIDADES

8!►

Pabellón central de la Exposición de Industrias Madrileñas, organizada en el Parque de Madrid

Proyecto premiado por la Fundación Carnegie para erigir un Palacio Internacional de la Paz en La Haya

El rey Don Alfonso XIII con la familia real y autoridades y p~rsonajesz en la inauguración de la Exposición d•
Industrias !11adrileñas, veri!icada el 12 de Junio último

culará la~ potencias,que contenía el bosquejo de Arbitraje y de las reglas para la guerra
0
de lo que pudiera llamarse pro~rama de la se- acordadas y adoptadas en 1899; y 7. , reforgunda Conferencia de la Paz, la cual debería ma asimismo de la Conferencia de 1899 en
la parte referente á la adapser, además, •severamente
tación á la guerra naval de
práctica en los asuntos que
los principios de la Conventratara». Quedaron excluídas
ción de Ginebra ele 1864.
del programa las cuestiones
La exclusión de la cuesdel desarme ó de la limitatión del desarme en este proción de armamentos. Propograma causó general disgusto
nía el ciar como puntos á
en todos los círculos polítitratar: 1.0 , los defectos de
cos y diplomáticos y dió ocalas reglas de la guerra en
sión á una animada disculo que se refiere á bombarsión en la Prensa. ,\l mismo
deos marítimos, uso de tortiempo, en los Estados del
pedos y minas, etc.; 2. 0 la
Sur v del CenlL'o de Améritransformación de la marina
ca e~pezó á causar excitamercante en marina de gueción el b e ch o de que no
rra; 3. 0 , propiedad privada
figurase tampoco en el refede los beligerantes E?n el mar;
rido programa I a llamalh
4. 0, el piar.o que debía conDoctrina de Drago, por h
cederse á los buques merc11al
I as potencias renuncantes para abandonar los
cian al derecho ó Ristema,
puertos neutrales ó del eneartista catalán Don José Llique basta ahora puéde sermigo, después del rompi- Ilustre
mona, á quien se ha concedido el
miento de las hostilidades; iremio de honor en la Exposición empleado, de exigir pcir la
de Arte celebrada en
fuerza los créditos que sean
5. 0 , los derechos y deberes lntemacionalBarcelona
debidos á súbdito$ suyos; y
de los neutrales en el mar,
especialmente en lo que hace relación al el Gobierno de Washington, en vista de ello,
contrabando; 6.°, reforma de la Convención se dirigió inmediatamente al de San PetNs-

�YO

POR ESOS MUNDOS

El orfeón Cerrolano Atriñoa d'a mtña terra depositando una corona al pi6 del monumento á Clavé en Barcelona
el 2S de Junio último

burgo solicitando que no deja1·a de figurar citación causaron las polémicas sobre este
tan interesante punto en las discusiones de asunto, que muchos estadistas empezaron á
la segunda Conferencia de La Haya.
temer que la proyectada Conferencia de la
En lo que hace relación á la cuestión del Paz sirviera para enfriar más las relaciones
desarme, la inino muy cordiaciativa fué to- '
l les que sostiem ad a por 1a
nen algunas poGran Bretaña.
tencias, aumenEn el curso de
tando los receun debate en la
1o s y suspicaCámara d e los
cias de unas á
Comunesen Maotras. El Gobieryo de 1906, Sir
no del czar desEdward Grey
pachó entónces
comprometió al
á M. de Martens
Gobierno de
para las princiLóndres á dar
. pales cortes eualgún paso que
ropeas c o n la
indujera á la
misión de enConferencia á
cauzar estas ditratar dicho
ficultades é inasunto . E s t o
' tentar un arrecausó co nsideg 1o amistoso ;
rable agitación ,
pero el delegapues la mayoría
do ruso no logró
de las grandes
persuadir de su
potencias eran
actitud á Inglaopue,;tas á 1a
terra, la c u a l
discusión, y en
permaneció firAlemania espeme en ella hasta
cia 1 mente la
el punto de que,
proposición fué
en Marzo últiconsiderada como, a yudado por
mo una acusaEspaña y los~
ción contra ella
tados Unidos de
por su aumento
Norte América
progresivo d e
el Foreign Ofp o d e r militar
fice de Lóndres
naval y terresProyecto del monumento que ha de erigirse en l" calle Mayor de esta propuso oficialcorte, frente á la casa número 88 donde ocurrió el atentado anarquista mente que fuera
tre . Tanta exdel 31 de Mayo de 1906, en memoria de las victimas de dicho suceso

�POR ESOS ~ll.iXDOS

lodos los medios posibles á la conservación
de la paz, y convencido de que el mantenimiento del siatu, quo territorial y de los derechos de España y de Francia en el Medi terráneo y en la parle del Atlántico que ba1i.an las costas de Europa y de Africa debe
servir eficazmente para alcanzar ese fin,
siendo al mismo tiempo beneficioso para
ambas naciones,
11 ni das además
por los lazos de
secular amistad y
por la comunidad
d e intereses, e 1
Gobierno de S.M.
Católica desea pon e r en conocimiento del Gobierno de la República Francesa
la declaración cuy o tenor sigue ,
con la firme esperanza de q u e
contr~bui rá, n o
solamcnteá afianzar la buena inteligencia que tan
felizmente existe
entre ambos Gobiernos,sino también á servir la
causa de la paz.
La política geneACUE DO ANGLOral del Gobierno
FBANCO-ESPAKOI.
de S. l\L Católica.
en las regiones
Mientras estas
arriba indicada.:,
primeras sesiones
tiene por objeto
de la Conferencia
el
mantenimiento
de La Haya vedel sfctt1i quo tenian celebrándorritorial, y cons e , háse hecho
forme
á tal polítipúblico de un
ca dicho Gobiermodo oficial e 1
no está firmemenacuerdo a n g I ote resuello á confra nco - espafü,l
Comandante Peary, que ha comenzado en los úllimos días de
s e r var intactos
convenido por los
Junio pasado su sexta expedición ártica, en la cual piensa
batirse á sí mismo el ,-ecord llegando á punto más avanzado
los derechos de la
GobiernosdC' Lónhácia el Polo Norte que el que alcanzó en 1905
corona española
dres, París y .\ladrid para mantener el slati.i (JUO de las res- sobre su:; posesiones insulares y marítimas
pectivas posesiones en el Mediterráneo y t'I situadas en las referidas regiones. En el caF&lt;O
Atlán lico. Dicho convenio es de suma impor- de que nueva~ circunstancia~, seg1m la opitancia política y diplomática, y por su inte- nión del Gobierno de S. :.\l. Católica, pudiesen
rés vamos á trasladar á estas páginas las no- modificar ó contribuir á modificar el stat n
tas leída~ por nuestro ministro de Estado c11 quo territorial actual, dicho Gobierno entrael Senado y en el Congreso el 25 de Junio rá en comunic·ación con el Gobierno de la
último, al mismo tiempo que se hacía idénti- República Francesa á fin de ponel' á ambos
ca lectura en !os parlamentos francé;; é in- Gobiernos en condiciones de concertarse, si
lo ju7,gan oportuno, respecto á las medidas
glés. DiC'en así lo,; citado-- documentos:
«Animado del deseo de contribuir por que hubieran de tomarse en común.-Pa-

sometida al juicio de la Conferencia la cuestión de la limitación de armamentos. Una
semana se empleó en resolver este punto, y
al cabo se acordó que tanto dic·ha cuestión
como la doctrina de Drago podíau discutirse
en La Haya ,;i cualquiera de las potencias
alli congregadas reclamaba hacer! o , pero
dejando en libel'tad á las demás naciones
para 111au teuers:
aisladas de la discusión no tomando parte en ella.
A s í están las
cosas al inaugurarse las sesione;,
de la segunda
Conferencia de la
Pa½. Hasta la fe ..
cha en que estas
líneas s e escriben nada práctico
ni concreto se ha
tratado p o r lo.,
delegados de las
naciones ; p e r o
pronto se conocerá el resullado de
e$la reunión, y
no serán nuestros
lectores 1os quo
d e je n de tener
noticia de ello.

�POR ESOS MUNDOS

ACTUALIDADES

l ,
1

Jsla de Gortegada, en Galicia, vista desde el mar

rís, 16 de .Mayo ele 1907.-F. de León y

pañol á considerar la evidente utilidad de
un acuerdo acerca de los intereses comunes
Las demás notas leídas por el ministro de que resultan de esta situación. En vista de
Estado en el Parlamento fueron una de nues- esto, el 16 de .Mavo los dos Gobiernos comtro embajador en Lóndres al Gobierno britá- binaron una &lt;lecláración. sobre el particular.
nico y las dirigidas á nuestros dos embaja- El acuerdo, que ha sido concertado, está endores por los ministros de Negocios Extran- caminado no sólo á mantener el statu qu,o,
jeros de Inglaterra y Francia, todas con el el cual, dada la proximidad de nuestras pomismo texto y fecha.
sesiones respectivas, no podría ser modiücaAdemás, e Gobierno francés ha publicado do sin que los intereses esenciales de las dos
una circular
potencias redirigida el (5
sultasen perdel mes pajudicados, sisad o por
no, y sobre
M. Pichon á
- todo, en lo
los embaja• que más pardores de
ticu !armen te
Francia e n
á nosotros se
San Petersrefiere, para
burgo, Ro garantir la
ma, Berlín,
1 seguridad de
Viena, Waslas comunihington, Tocaciones que
kio y al misostenemos
nistro de
con nuestras
Francia en
posesiones
Lisboa. Dice:
africanas en
«La gran exel mar Metensión de
diterráneo y
las costas
1
también en el
mar Atlántifrancesas Y
Panteón de hombres ilustres del siglo x,x, en el cementerio de San Justo
es p a ñ O1as ,
de esta corte, á donde han sido trasladados los restos de los insignes actores
CO.&gt;
tanto en el
españoles Rafael Calvo y Antonio Vico
Mediterráneo como en la parte del Atlántico
LA ISLA DE CORTEGADA
que baña Europa y Africa; la importancia de
las posesiones insulares de España en estas
En la parte interior de la ría de Arosa, en
regiones y la de nuestros dominios africanos, Galicia, enlazada con la inmediata costa al
han condyci&lt;lo á los Gobiernos francés y es- Norte de Carril por medio de un arrecife de

Castillo.»

Aspecto que presentaba la Puerta del Sol de esta corle el 20 de Junio último, al paso del cortejo fúnebre organizado
para la traslación de los restos mortales de Calvo y Vico

piedra suelta y arena en el cual existen vi- cada unificación de la propiedad. El ingenieveros de ostras, levántase la isla de Cortega- ro director de obras del real patrimonio, seda, de poca altura y casi toda cub-8rta de ñor Ripollés, y el personal técnico á sus órcultivos y arboleda, isla que varios entusias- denes trabajan activamente en la preparación
tas monárquicos han regalado
del proyecto que han de soá Don Alfonso XIII.
meter á la sanción regia para
El marqués de Aranda, sela edificación del palacio de la
ñor de Rubianes, ofreció al
isla de Cortegada.
rey, en nombre de Villagarcí~,
El proyecto, por lo que seCarril y otras poblaciones cerdice, aparece hecho con gran
canas el regalo de dicha isla
acierto, es muy completo, y
d e Cortegada . Algunos días
en él se atiende á las exigendespués fueron á visitarla el
cias de la utilidad y del concitado aristócrata con el marfort, sin olvidar tampoco las.
qués de Viana y el coronel
del gusto artístico y la sunRipollés, que iban de orden
tuosidad demandada por las
de Don Alfonso para informarcircunstancias. Se construirá
le sobre las condiciones de
un magnífico palacio para los
Cortegada. Al regreso de estos
reyes, de estilo mudéjar, con
personajes, y en virtud de sus
toda la riqueza, suntuosidad
informes, dió la aceptación el Juan Alberto, duque de Mecklen- y grandeza correspondientes.
burgo, que ha sido nombrado rerey, y en los pocos días trans- gente de Brunswick, para suceder al fin y á las personas para
curridos han reunido las alu- a I príncipe Alberto de Prusia, que se construye.
fallecido el año último
didas poblaciones gallegas el
Separado de este palacio,pero
dinero necesario para adquirir la isla, ha- en comunicación directa con él, se levantará
biéndose solventado fácilmente todas las otro edificio, que se llamará Casa de Oficios,
cuestiones que siempre origina tan compli- donde tendrán sitio las personas de la alta

�POR ESOS MUNDOS

Don José Muro,ilustre republicano, fallecido en Madrid el 18 de Junio último

Don Santiago Ozcoide, nuevo obispo de la
diócesis de Vitoria

servidumbre, el séquito, las oficinas y dependencias y el personal subalterno. Será una
~onstrucción más modesta que la anterior,
pero que se hará también con cierto lujo, y
sobre todo con habitaciones amplias,aireadas
y provistas de todos los adelantos modernos
en cuanto á comodidad, saneamiento é hi,giene se refiera.
Y se construirá, por último, un puente
,que ponga en comunicación la isla con la
orilla más pró~ima de la ría. Medirá más de
-cien metros de longitud y será una obra ligera y esbelta.
Las obras empezarán lo antes que se pue&lt;ia, probablemente en este mes, y una vez
,que se terminen los trabajos de replanteo y

explanación irá el rey con su esposa y su
hijo el príncipe de Asturias á Cortegada para
colocar la primera piedra del palacio.

Uon Luis Diaz Cobeña, nuevo
&lt;lecano del Colegio de Abogados
de Madrid

NUESTROS RETRATOS

Publica¡nos también en esta sección los
retratos del ilustre poütico republi&lt;:ano señor Muro, fallecido en Valladolid; del comandante Peary, que ha salido para realizar
su quinta excursión polar ártica; del nuevo
regente de Brunswick, príncipe Juan Alberto de Mecklemburgo, elegido en vista de que
el duque de Cumberland, que era el candidato designado, no ha querido aceptar el
cargo para no renunciar sus derechos á la
casa de Hanover.

Don Valentín Gómez, recibido
académico de 1a Leniua Española

Marqués de Teverga, nuevo aca•
démico de Ciencias Morales y
Pollticas

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                <text>1900-1916. Enciclopedia mensual ilustrada publicada en Madrid España a principios del siglo XX. Se especializa en temas sobre aventuras, viajes, entretenimiento, tauromaquia. Fue fundado por José del Perojo. </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>PoR Esos MUNDOS
JUNIO, 1907

AÑO VIII

NU~1. 149

PÁGINAS DE SPORT

LA CAZA MENOR
OYá reff'rir á Jo., lecV
tores de PoH Esos
~lcxoos alguno, porme-

nores de mrnnlo lan curioso é i11 tere~ante eomo es el 4ue sr. refiere
á la caza • .o;porl q u e
tiene muthos w11ale11n1
figurando entre los primeros ,. má~ enlu,-ia-.las el re y Don Al fon~o
XIII. Em¡wt.ari• por tratar de la C'a :a menor, y
mi primera labor será
dar cuenta del almanaque del cazador. lle de
hacer antes una aclaració11: voy ñ referirme
á la caza en Andalucía.
en los campos de Jere✓,
y en las serranias de
Córdoba.

íln a¡uardo de perdices en un olivar

~EPTIE~IBRE

Paisaje del río Guadalele, en Jerez de la Fronlcra, uno de los aiUos mejores pani In cua Je tórtolas en Andalucía

Es este el primer me;;
que ocupa mi atención
porque en él ::;e Je,·anta
la veda. Lo dedican los
cazadores á tórtola,: y
codornice~, las cuale::;
al emprender su vuelo
hácia .\frica ,·an por la
costa á buscar el Estrecho de Gibraltar , por
cuya r a¼ ó n 11atural. mente tienen que pa~ar
por aquellos campo8
proporcionando á I o ll

1:1 cantf•k&gt;ro, ó sean cuatro ramas que •~shent'n
la jaula de la perdiz-rcdamo

tiradores buena diver~ión. sobre Lodo cuando
,-oplan ,ientos del fate
t'i del ~orte. que ¡:;on los
,¡ur esas ares prefierf'n
para cruzar el referido
Estrecho.
~.l punto 111ejor para
tirarlas es la C"amp11-1a
ele Rota r Puerto de
Sa11ta ~!aria. por estar
colocada en la misma
costa y poseer además
huf'nos pinares en la
pla ra, que :;on los sitios
que la tórtola má,; bu~, ca. La hora más á propósito para C'azarlas ei;
de~de qne apu11ta la salida del sol hasta las
nuP\'e ó las die;: de In
r.1a1iana.
;Cómo se les cazar
Est'o varia. seg ím el
l(IJ;;to 6 las facultadPs
del tirador. llar algunos que prefieren tirarlas cuando (•,-tán p o ~atlas en los árboles, á
fin dr no errar el tiro.
para lo &lt;·trn c·u11struyen
nnu Pspecil' de rho,m
con ocho 11 diez troneras
por donde puedan sacar
la ,,t&gt;scopeta. cuidando,
adPmás, de buscar un
sitio c¡ue P!;lé poblado
de arbolf's bien nitos ,
e on poco follaje (mejo~

�l'OR

m;o:,;

si hay alguno g:ue carece en absoluto de hojas y esté completamente seco, que son los
preferirlos por las tórtolas).Excusado es decir
que el blanro es sumamente fácil y que &lt;•11
esta forma no debe errarse u11 tiro. Esta cacería es sumamente cómoda y muy á propósito para ancianm, y se11oritas, y tiene
tambi(~n la ventaja de que no har que estar
prevenido pue!'\ la túrlola al posar;;e hace
mucho ruido con las al .. s 1/ avisa al eaiador.
Para tirarlas al vuelo se' construyen, con
follaje, e:1 sitio!'\ do11de haya poco arbolado ó
entre dos pinare:s unos aguardos, que llegan
hasta el pc&lt;·ho del &lt;·awdor :-;olamente. Se
harán estos al-(uardos en lo alto de algú11
cerro para dominar la campi1ia y ver ven11·
desde lejos á las ave~. Cuando se las di ,·isa.
se agacha un poco el l'aia&lt;lor y quc•da complela1uente oculto hasta tcn&lt;'rlas á tiro. La,
tórtola~ ::;uelen vP-nir en ba11dadas de veinte
á cuaren la pájaros, y al ver al ca1.ador hace
una huida tan rápida todo el bando e¡ ue ofrecen un tiro mny difieil. tanto qu&lt;' á quien
á fin de l&lt;lrnporacla le ~ulr cada tórtola
por tres tiros pueiil' darse por muy satisfrcho \ considerarse &lt;·orno una bne11a esco1&gt;cta.
CúmO , a he dicho ante,,. á las diez de la
ma1iana ce,a el paso. r entonres pueden ti-

)11"\[)IH

I.A CAZA ~1ENOH

rarse al sesteo, ó sea cuando están desc,msando en los árboles durante la hora del calor. Un día de buena entrada pueden matarse mu(•ltas en esta forma, pero rPsulla esta
cacer1a mu y fatil-(O,a por el calor, y además
extraordinariamente dificil pues como estas
ayes descansan en las grandes arboledas y
~u Yuelo es rapidísimo, el tiro es casi imposible; así, pues, lo más cómodo es rodear
pequeños ¡rru po!. de árboles entre cuatro ó seis escopetas, y hacer que entren en
la espesura dos ó lre, muchachos b1tiendo
palmas ó produciendo algún ruido para que
vuelen las aves, y así tirarlas mejor.
Las codornices también entran con las
tórtolas. y necesitan, como estos pájaros,
viento Este ó Norte. Pero sus costumbres son
completamente contrarias á las &lt;le la tórtola,
pues la codorniz sólo vuela cuando se vé mu y
acosada, y aborrece las arboledas, siendo sitios buenos para encontrarla lo, rastrojos de
alpi:-le, palmares, llanuras de monte bajo y,
sobre todo, las viiias perdidas ó mal labradas
donde encuentran mucho forraje en que
ocultarse. Como esta ave tiene su defensa en
los piés es muy dificil hacerlas Yolar, á no
ser con un buen perro pachón qu&lt;' las persiga por el rastro.
La hora de caiarla es, como la de las tór-

-í-85

l

Cazadores de lieores y perdic, s

(;u,ando tórtolas en el 'rio Guadal,IP

tolas, desde la salida del sol hasta las 11ue1'P
ó lns diez de la mafiana, pues hasla esta
hora van los pájaros sallai,do y es cosa fá~il para los perros coger los rastros; despné~,
a la hora del calor, se agachan á la so111bra
de cualquier matojo. siendo entonces una
casualidad que un perro encuentre una cod?rniz, nd(1 más de que con el calor que despide la tierra á las dore del clia no e" posible que ningún parhón tenga buen olfato.
De estas aves crían muchísimas on la campiñas de Je~ez; pero. desgraciadamente, las
matan en pnmavera con reclamos. Parn ello
se_ tiendC'n una~ redes mu y finas sobre lo,
tngos y las reclaman con el pito que imita
el canto de la hembra; en el acto acuden los
machos, y al llegar cerca se les hace volar
quedando enredados en las I e les; la hembr~
entónccs sara adelante :.;u nido ella sola, r da
calor á diez ó quince p ,lluelo-.;; pero como
esta es ave que cría dos ,·eces al a1io, al c-aer
clueca otra vei en Junio se e11c11entra sin
macho y emigra con sus hijos á donde encuentra i-U compañero, prirnndo así á los caiadores de una bu('na diversión.
En el mes de :-,eptiembrc es 1·11a1Hlo también seyersigucn ro~ más _facilidad las perdices, liebres y dcrnas a111mal(•s que crían
en los c:cmbrarlo~. )' que al segar lo, campo,

1· recojer J; s !lavillac: se ven e11 descubierto
reconcentrando-o enlónces en los montes~
vi1l~ cercanos huyendo dd calor del sol. .\1
lucir ~I alba salen las perdices á comerá los
rnstr0J0s donde se han criado, que son genen.Jmente los dr alpiste ó trigo. La liebre come
&lt;l_urante toda la noche y hace grandes excurs10n_c~ para busenr nwlojes, como llaman
aqu1 a los lugares donde se siembran melC1nes v sandía~; el melón es nno de los alimentos predilectos de este animal, que hace
grandes destroios 1•11 sus ter!'c110, pues 110
se conform~ con romer de uno solo, sino que
muerde varios: pPro les suelen costar caras estas golosina, á las liehres. porque en la,
11orhe, de lm1a son aceehad&lt;ts entre la::; vepoi' dond&lt;' -;u elen ¡msa!' y allí muerta.,
a tiros o ron laz , .
_La ca~a de perdices y liebres se hace al
1msn10 l1em po, pues buscando las primeras
se encuentran también las liebres, si bien e~
muy pc:nda e:;ta busca porque hay que caiarla\ con el _calor, que es cua11do más aguardan. ::;e emp1eia por los rastrojos para obl !{a1_-las a entrnr en el monte ú Yi1ia, y una vci
alli_ caiarli~s ll)ll)' de,-pacio y sin dejar de
n•g1s!rar rnnguna mata. Para esta cacería
1·um1ene reunirse en grupo,, de cuatro ó seis
r1iadore~ con sus correspondil"nles pachones

~-"'!ª'

�LA CAZA· i\lEN◊Il

POR !!:SOS MUNDOS

481í

Cazadores de avutardas
OCTUBRE
é ir abwrtos en ala á w1a distancia de cuarenta ó cincuenta metros unos de otros,sienEn este mes suele haber también buenas
do cosa indispensable para esta excursión
llevar una bestia con cántaros de agua y entradas de codornices, sobre todo si las
vino para entretener el estómago y re- aguas son tempranas y nace alguna _...yerba
fresca, en cu yo
frescar los pecaso muchas
rros de vez en
aves de aque- .
cuando. Un a
l las no emicosa que no
gran, quedánresulta na da
dose en nuespráctica lle.va:
tros campos.
paraesta caceYa las perría es comida
dices no puefuerte, pues en
den perseguircuanto se carse con pachoga el estómago
nes, pues cono hay quien
mo el tiempo
cace, especialestá más fresmente en las
co y los pájahoras en que
ros han llegaaprieta el cado á su comlor, en las que
pleto desarroque debe hallo
:iUS vuelos
cerse un alto
son
mu eh o
en la expedimás
largos.
ción r tumbarCobrando un conejo
Pero entónces
se á dormir la
siesta, para volver á cazará las cualrn de la son car.atlas estas aves en las vü'ias, pues
tarde, aunque ya á esta hora se mala m11cho al terminarse las faenas de la vendimia ya
menos que por la mañana pues ya el suelo puede entrarse en los viñedos, que hasta enestá mu y caldeado por el sol y los perro, no tónces están mu y bien guardados, por la uva
más que por la raza. En las viñas se hacen
pueden se~uir el rastro.

r

Cazadores de liebres v perrlir.es

.J.87

grandes matanzas de perdices, liebres, cone- reunión. Por ejemplo, si son veinticuatro se
jos y codornices. Esta cacería tiene Ju ;ar de forman dos alas, á derecha é izquierda, que,
dos modos, eí, lo rico y eí, lo pobre.
cerrándose, fo ··man circulo en la misma
Para la primera se reunen doce ó catorce dirección. Si sopla algún viento hay que
a:nigos, e ad a
cambiar las
u110 de los cuaa I as á cada
les tiene q u e
círculo, de moIIPvar un batido que el ala
dor ganando su
derecha pase á
jornal ; rodean
la izquierda y
entre todos una
viceversa. Esta
1·ifia ó parte de
manera de ca:
ella hasta forzar resulta inmar un círculo.
cómoda y muy
y al encontrar:
pesada.
se los dos baEn donde
tidores, los camás afición hav
zadoresse oculá esta caceríi~
tan en cualde perdices y
quier cepa y los
donde mejor se
batidores si hace es en Chiguen avanzanpiona, cuyo tedo y estrechanrreno es muy á
Una buena escopeta: el general Obregón con su perro favorito
do e 1 círculo
propósito para
cada vez más.
e I ca.so, pues
Como á las perdices no les gusta volar y hay grandes llanuras pobladas de viñas y
tienen tanta faci lidarl para correr, salen co- pueden verse todas las evoluciones que van
rriendo al notar la p1•e3encia de los cazado- hac(.endo los cazadores desde que empieza á
res para oculta.:.$e entre las parras; pero al formarse el circulo hasta que se acaba. Es
encontrarse con los batidores vuelan y pasan regla general no tirar nunca para dentro,
por encima de aque:las escopetai'. Si, por pues á parte del peligro de soltar un tiro á
el contrario, se encuentran anles con los algún compañero, existe la seguridad de que
batidores que
la pieza que salcon ·los cazado- í
ta no se va nunres, dirígense á
ca sin ser tirada
saltos hácia éspor una 6 dos
tos. Un a cosa
escopetas.
muy importante
Al final de la
ha y que tener '
cacería s e r e en cuenta para
parten las pieesta cacería, y
z a s c0hradas ,
es que la perdiz
por partes iguavuela siempre á
les en lre todos
favordel viento,
los cazadores, á
de modo que el
excepción de los
cazador deberá
que van ganancolocarse alcend o jornal, que
tro siempre con
no tienen dereel viento de cacho á la caza
r a; lo mismo
muerta.
es indispensable para tirar á
NOVIEMBRE
las liebres y á
los conejos, que
Ya en este
tanto olfato tiemes empiezan á
En 10, p,nare! ·de la Rota: un alto en la caza rlc tórtolas
nen.
entrar las aves
Ca,.a11do por el seiundo !-i~tema, es decir, de invierno, como son la, grullas, patos, gaeconómicamente, sin distinción de clases llinetas, chorlitos, avefrías, agachadir.as, etentre batidores y cazadores, se hace un sor- cétera, etcétera,
teo con las escopetas que tomen parle en la
Entre las diversas clases de patos que vie-

�POR

Cnrndoras di' liebres esperando

~os

MUNDOS

la lle~ada de sus

nen en invierno á poblar la~ la:zunas a11daluzas, el más aprecit1do es el pato llamado
sifrón; pe·o también resulta el más difiC'il
ele tirar. por lo astuto que ps: apenas ven
una lancha ó perciben el ruido d&lt;' un disparo
remontan el vuelo en handadas de dosrirntos á trescientos, roloc·ímdose á una altu1 a
donde es imposible matarlos. El único medio
que hay para ca7.arlo,- e, acechándolos á la
entrada ó salida de la-- la:zunas los dias f'll
que el mucho viento les obliga á volar bnjo.
En Jerez, á diez kilómrt•·oi:; de la población, existe la Laguna de ~lcdina, de donde
salen los i:;ilvones al clarear el día para rearesar al ob,C'urerer á fin de donnir en ella.
0
.
Durnnte
el día hacen grande.., excursiones
hasta el mar. donde ;;e enC'uentran en bandadas enormes. Cuando el agua n\ bajando.
gusta mucho á estas ave;; ir comiendo la,
lombrices y pequf'f10s mari:-r:'ls que queda11
en Aeco: pero cuando la nu.rea l'lllpieza á
subir, retroceden y ;;e vuelven otra vez a la
laguna para descansar y bel.er 11gua dulce.
.\si, pues, para cazarlo" ha r que tener en
cuenta las horas de la~ mareas.
Las escopetas deben colocar::;e en los crrros que rodean la laguna, y en día de vie1 lo fuerte proporcio11an 1111a diversión mu y
bonita pues pa,an bandadas enorme~~- puc-

í89

LA CAZA MENOR

compafiero, ae expeclici/Jn

de la misma familia, tiene costumbres mu y
diferentes de los silvones. Se le encuentra
en gran abundancia en las mari!;mas, lagunas de poca agua y anoyos donde no haya
arbolado de ninguna cla~e, y aunque vuelan
cerca y el terreno no ofrece dificultad para
poder apuntarlas, como su vuelo es muy rápido é incierto y hacen zin-zags en el aire.
es muy dificil su caza. A pesar de ello, C'omo
en los días de mucho frío suelen encontrarse en gran abundancia. pueden hacerse buenas cacerías de estas aves, cuya carne e,;
también muy fina y delicada.
Los chorlitos son asimismo aves muy
apreciadas, pero difíciles de tirar aunque
se reunen en grandes bandadas y pueden
matarse varios de un solo tiro porque marchan siempre mu y agrupados; pero como
solo habitan las grandes llanuras de marismas, antes de que el cazador se acerque á
ellos vuelan todos porque lo ven venir desde
mu y lejo,;. Así, pue3, solo se les pued" cazar
eu batidas, pero su vuelo es muy incierto y
se remontan con suma facilidad. Los dfas de
mucho frío y viento suelen enconlr:irse en
las dehesas de monte, al abrigo de los árbole~ y matas grandes, y en este caso pueden
ser cazado¡; ~in grandes apuros.
Las avefrías son de la misma condición
que el chorlito y muchas veces Re les ven

juntos. E:~tas avns vucla11 siempre muy separadas unas de otras. y aunque se reunen
en bandachs considerables nunca pucJen
matarse varias de un tiro. Su carne no es lan
exqui;;ita como la del chorlito.
Las grullas, aunque tienen la earnP. mu y
uegra y de mala calidad, ~on perseguidas cou
ahinco porque su ca;m ofrece diver:-ión ,.
,;pnsaciones de interés. Para cazarlas se em·plea el mismo medio que pa11a las avutardas,
6 sea en batidas, pero resultan más difíciles
de tirar que esta,; porque las grullas tienen
m11cha facilidad para volar y lo hacen lo mismo en favor que en contra del viento, 110
necesitando además buscar las quebradas
para ir lejos del suelo, pues remontan los
cerros más elevados.
E.'IEHO

Ya por esla época ha y en la baja Andalucía yerba abundante y los sembrados
aparecen algo crecidos. Además, como hay
días en que el sol calienta, las aves de invierno se van acercando al Norte y dan ocaf:ión á. que sean más perseguidas por los ca7.adores.
De estas aves, la avutarda mayor ó avestruz de Europa es la más codiciada, no tanto por i,;;u carne riquísima como por la satis-

den malar~t• varios ;;ilrone,; de un sólo tiro.
A orillas del mar son c·azados estos palo~
dt&gt; otro modo. Colócase una peque1ia canoa.
enlrrrada en el fango, donde ;;e sitúan do~ 6
lre,; escopetas, espernndo que e~as aves vayan á comer: y como se reunen e I gran número, de una sola descar¿a se matan cincuenta ó sesenta de ellas: pero esta cacería
es muy penosa. y sólo la hacen los tiradores de oficio.
lllCI E)IBRt:

Este es el mes más á propósito para la
caza de gallinetas, agachadiza~ y chorlitos.
La becada ó gallineta, que abunda mucho
en Sicrra Morena. es ave muy perseguida por
su buena carne. Sus sitios predilectos son
los bosques mu y espesos y húmedos, así es
c¡ue para cazar!as se necesitan muchos y
buenos perros que entren en lo, zarzales y
arroyos donde ha ya mucho forraje. Su vuelo es muy sencillo y corto, pue;; se echan á
los poco;; metros de donde lo levantan; pero .
en realidad, no se ofrece más dilicult:id al tirarlas que las que presente el terreno dondc
se encuentran, pue;; vuelan por entre los árboles ,, sólo se les ve en algunos claros.
La a¡¡ar·h 1diza Ó agachona, á pesar de S!'f

':a,ador&lt;&gt;s de uallí netas en Sierra Mortna

�LA CAZA MENOR

POR ESOS MUNDOS

4-90

siempre las del centro tiran más que las que
se colocan en los extremos¡ ava~zan t?das
en la rmsma dirección, formando una
linea recta hasta
llegar á los medios
de la laguna. Lamayoría de 1a s aves
que habitan en este
sitio van nadando ó
volando delante de
las canoas, has ta
reunirse todas, y
FEBRERO Y MARZO
entonces empiezan á
volar por encima de
. Como el 15de Fe1a s embarcaciones
b r. e ro empieza la,
para echarse de nueveda, de la que se
vo en la parte de
exceptúan las aves
laguna que les queacuáticas, á matar
d a libre. En este
estas se dedican los
momento detienen
cazadores disparansu marcha todas las
d ú contra las que
canoas, y es u n a
abundan en la La. diversi•ó n curiosa
&lt;1una de Medina, caverse, por encima de
~eria que re&gt;'ulta de
, . las cabezas una.verlas má!; divertidas
d a d e r a nube de
para el que es afiaves, á las que se
cionado á hacer
, disparan cien ó más
muchos disraros,
tiros en un minuto.
pues allí abundan
•
Como la carne de
l a s referid as aves Dos cazadores gozando del triunfo obtenido por sus escopetas estas aves es poco
en variedad grandísima, siendo la más numerosa
que_ ~qui apreciada y se matan en tanta cantidad, los
llamamos gallareta, ó. sea la f~Jª ó. paJaro- palos muertos no se cobran hasta e~ final de
diablo como le denomrna la Hi_stor1a Natu- la batida, repartiéndose luego las pieza~ coY
ral. Además, se encuentran colimbos, zam- bradas entre la!'! casas de beneficencia
entre los remebullidores ó
ros, carreros y
sean somormucochero::; q u e.
jos , sarapitos,
asisten áh\'·
flamencos, aucacería. En ca-;
Rare s y hasta
da batida se'
veinticinco claemplean m á s.
!'I es diferentes
de dos horas, y
de pátos.
ocurren en eílas
Esta caza reescenas graciosulta también
sísimas, p u es·
muv cómoda é
muchos no
int~resante,
acostumbrado&amp;
porque se reá embarcar en
unen para llee s l a s canoas
varla á cabo
"' tan pequeñas.
hasta Yein le ó
se ponen en pié
VPinlicinco capara tirar, y at
noas el e poco
menor descuicalado, en cada
do caen al agua.
una de las cuales se coloran
Cazadores merendando en el campo
ABRIL Y MAYO
dos ó trc;; tira. Vienen las tórtolas de Africa para criar ert
dores con un rcmern. Dichas lanchas se sord
lean. antes de empezar la batida, porque nuestra península, pero no las po emos ca-

facción que el cazador siente al matar ave
tan bermo~a: algunos machos alcanzan un
_peso de quince á
dieciocho kilos. Como la caza de dicho
animal se hace más
en Junio que en
Enero, de ellas trataré cuan lo estas
uotas alca11cen a 1
referido mes.

!ª

zar porque estamos en tiempo de veda.
Asimismo se pueden matar muchas perdices en los trigos con perrros pachones, caza
á la que se llama la caza de los pares porque ya están
juntos el macho y la hembra; pero también la veda
prohibe este
sport en los
meses de que
trata esta nota.
JUNIO Y JULIO

Desde San
Antonio hasta
Santiago es la
época á propósito para cazar
los pollos de
avutarda y s\sones que amdan en los trigos, pero ni la
Laguna de
ley lo permite
ni es fácil encontrar un amo de cortijo que
conceda permiso para que entre cazadores
y perros le trillen el trigo antes de que pueda irá la era. Pero á la avutarda mayor, á
los padres de los polluelos, sí los podemos
cazar; y para ello el medio mejor de batirla,
y que esta ave no puede burlar tan bien como los demás que se intentan en su contra,
es á caballo.
La avutarda anida generalmente en los
sembrados de trigo que lindan con barbechos
de garbanzos ú otras semillas, lugares donde
puede llevar á comer á sus hijos por las mañanas y tardes. Para cazarlas en los trigales
hacen falta perros de muestra que resistan
mucho el calor. Es una de las cacerías más

491

molestas que hay, por tener que hacerla
en medio de los trigos en el mes de Junio y
en este clima donde el sol achicharra ya desde las siete de la mañana, apenas sale.
En cuanto
un perro marca un rastro,
h a y que seguirlo muy de
cerca, pues se
supone que el
pachón 11 e va
delante la pá;ara con dos
pollos. Ha y
veces que un
perro sigue un
rastro veinte. y
treinta minutos sin conseguir hacer volar á laavutarda; los pollos,
al verse perseguidos, se agaMedina
chan entre el
trigo, y genemen te el pachón sigue el rastro de la madre, que al echar de menos á sus hijos se
agacha también. Este es el momento más
emocionante para un aficionado, y hay que
tener mucha sangre fría para no errar el tiro,
pues esta ave, á pesar de ofrecer un blanco
tan grande, al arrancar del suelo da enormes
aletazos que le hacen subir y bajar en el aire
dos ó tres metros. Entonces es cuando resulta muy fácil echarle el tiro, por alto 6 por
bajo, pues una vez elevada á ocho ó diez
metros de altura toma una dirección recta.
Una vez muerta la madre, es cosa que no
ofrece dificultad encontrar los pollos si se
vuelve á desandar lo andado porque es casi
seguro que se hayan quedado atrás: si, á pe-

l

j'
Campamento dr cazadore~ en la Laguna de MP&lt;lin•

�l'Ok ESOS ~1UNDOS

4!12

Disponiéndose para embarcar en las canoas que han de cruzar la Laiuna rle Medina

~.u de ésto, los perros no encuentran el ra~- Para cazarlas entónce::1 se constrnyen unos
tro, se ocultan los cazadores entre el trigo aguardos á nivel del suelo á fü1 de. no llamarguardando mucho silencio, y á los pocos las la atención, y en ellos se ocul la el cazaminutos oirán piar á las crías llama11do á su dor desde la madrugada porque las avutardas van á beber apenas clarea el día. Esta
madre.
Ya queda dicho que esta cacería solo pue- cacería refUlta muy molesta, pero la practide hacerse desde San Antonio hasta Santia- can muchos, unos por afición y otros por nego, y la razón de ello estriba en que la avu- cesidad.
Eu cuanto caen las primeras lluvias y nace
tarda se desarrolla muy pronto y en cuanto
la
yerba lie,ca, las avutardas sólo se alimenlos pollos pueden acompañar á sus madres á
tan
de esta y se reunen en bandadas hasta
largas excursiones salen á campo abierto
donde ven desde lejos á los cazadores y hn- de cien individuos. Entonces sólo se les pueyen. Pero se les puede engañar empleando de cazar en batidas, para lo cual se reunen
carros forradcs de esteras, dentro de los cua- cuatro ó seis escopetas acompañados de otros
les se ocultan los cazadores: como en esta tantos a~ udantes, que sólo van para hacerlas
época del año andan por todos los campos volar. Para practicar con éxito esta cacería
carros y carretas recogiendo las gavillas, las son precisas escopetas de primer órden y
á haavutardas están tan acoslumbrauas á verlos que estén además mu y acostumbradas
cerla. Se toman
que los dejan
7 tantas y tan
acercarse á
exageradas pretreinta ó Cu
cauciones que
ren ta metros.
it muchos les
Es convenienparecen ridícute hacer e sla
las. Una vez
cacería an les
vistas las avude que las
tardas, los cazaavutardas se
dores deben
reunan en banreunine todos,
dadas grandes.
pero ,;in pararComo el alise ni volverse
mento pri nciatrás, sino sipal de estas
guiendo casi la
aves durante el
misma direcverano consiste
ción que llevaen cigarrones ó
ban, hasta coninseclos de toseguir perderlas
das clases, con
de vista aproesta alimentavechando cualción no necesiquier quebrada
Esperando
la
~ali
da
de
los
silvones
en
la
J,agnna
de
Medina
tan beber
del terren,.
agua. Pero á
t·11a
re:
oc:ullu~
los
ca7.aJore:;,
forman el
fines de Septiembre, cuando dichos i11~C'c l0s
plan
de
batida
teniendo
en
cuenta
que la
egcasean, van á buscar el agua á los abrevadero,; de ganado, porque los arroyos general- avutarda, ron1O es muy pesada, sólo Yucla
mente están secos ó solo tienen agna mala. por las quebradas ó por terrenos llanos á fin

1

r

a-

Cobrando las piezas muerlas después de una batida en la Laguna de Medina

�LA CAZA )IENO ·

4\)4

POR ESOS )IUNDOS

libertad para salir al campo, aunque no puede tirará ninguna pieza de importancia que
se levante del suelo.

de ir lo más elevada posible del suelo, v evita siempre remontar los cerros, como' también pasar por donde ha, a arbolado ó matojos de alguna cla~e en lo que pueda estar
ALGUNAS CON$10El1ACIONES
oculto un cazador. También es un dalo mu y
importante que esta ave nunca vuela ni en
favor 11i en contra del viento: en el primer
Antes de dar punto i1 la-; preRentes notas
caso, porque este las arrolla y las obliga á he de hacer algunas consideraciones acerca
pasar por donde ellas 110 quieren, y en el del spm·t de la caia tal y como se olJsnrva
segundo porque no pueden alcanzar la velo- en esta región andaluza.
cidad que dsean.'
En primer término, es preciso decir que si
Tenit::11do en cuenta P.slos dalos es relali • aqui se guardase la veda en la forma que
vamente fácil i:;aber
marca la le,·, hapor dúnde han de
b r í u gran&lt;lisima
pasar 1as avutarabundancia de cadas, y allí precü:aza, porque además
mente se ocultan
de lo favorable que
los cazadores, apropara ella es e~te
vecha11do cualquier
clima existen gra11arro, o ó linde. Los
des dehesas sinculbatidores, dan do
tivar, donrle, e desu n rodeo grande
arrolla mucho I a
par a despistar á
vida de lo~ animalas aves. entran por
le-;; pero la infr :cel lado opuesto, y
ciónr¡ue en Andaal toque de corne1 u e i a snfren las
tas avisan á I o s
di~po~iciones legrcazatlores si la cales acerca de este
za perseguida vuela
asunto, debida en
dere('ha á las e:;mucha parte al
copelas, si se posa
gran ni1mrro e¡ u e
antes de llegar a
existr d e obreros
estas ó si ha toma~in trabajo, los cuado otra dirección.
les salen al camResu lta una cacep o di s pue,-tos á
ría preciosa y rela«traerse algo para
livameute cómoda
su&lt;; casas, sea cualpara e I que está
quiera el m e di o
acostumbrado á
que para ellotenmonlar á caballo.
gan que emplea'.·,
En la primavera,
l1ace c¡ue no se recuando cslá. 1 en el
UoB buenll escopeta: la sellorita Fl~ra 811ena en el coto
gistre I a décima
celo, 1os machos
Campo Bajo
parte &lt;le caza que
enamoran á sus hembras COlllU los pavo,:. debiera haber. fü\ efecto, con ser la escopeta
haciendo la rueda y arrastrando las alas por la c¡uc más perseguida está por las auluridael suelo; ocurriendo alguna,; ,-ces que cnau- des. que no dejan pasar á un solo ca,mdor
&lt;lo la tierra está mojada por )a,; lluvias ó por sin exigirle la licencia, es seguramente la que
los grandes rocíos que caen durante la nochr, menos claitu causa á la caza. Otros medios.
se les mojan y encaracolan las plumas de mucho más perjudiciales para los animales,
las ala", con lo cual, estando en acecho el y ma:; económl&lt;'O~ y produciivo" para los
C'azador y persiguiéndoles oportunamente, CJ,mdore:-, t"omo los lazo"', hurones, redes,
como no pueden volar alizu1rns veces se coge aniuelos, farolas durante la uoche, etcétera,
viva-; á las avutarda,;.
et&lt;'étcra, sun los r¡ue dañan á la caza y lo;;
que i11fringrn la ley.
Explicari• m 1y á la ligera cómo se hace
AGOSTO
dicha caia furtiva. Con la farola se cogen infinidad de pájaros que duermen en el suelo.
Desde el primer día de esle me:, se pueden Esta cacería sólo puede hacerse en invierno
cazar ya tórtolas, palomas y codornices en y cuando la tierra esta húmeda, á fin &lt;le halos terrenos donde las cosechas aparecen le- cer el menor ruido po-ible con los pii!s. Para
vantadas; de modo que el cazarlor goza d1•
1

1
,,urnnear; los perro~ Yan levnn~llo, los faroleros van tucando un ce11cei·ro c¡ue piensan
·
cuyo ruido se confunde con el de sus pisadas. tando los_conejos, que ~e van refug;ando en
Las _aves ydelos
a'guna importancia, como los sus madr1gucras; u11a vez conseguido este
¡.,erd1ces
sisone,;, rara
objeto, las ::;eis
ve z esper,.m
ó siete boc-as
que la llegada
que tienecada
desuenemi"O
madriguera
las mate cin
so n tapadas
el p ¡ é ; mas
con red&lt;'"; por
previendo esuna de ellas se
to, los furtivos
suelta al hullevan un palo
rón, y el cod e cerca d ()
nejo, quP es
tres metros de
muy cobarde,
longitud en
huyedespacuya punta va
· vorido, queun ar e n
dando así preuna red,O v Olo
so entre 1as
dejan cae '. "ºredes;, el que
1
bre la pieza,
se acobarda
encandilada
demasiado y
con la lu1..
no se atreve á
Los lar.os los
salir es muercolocan en la::.
· to por el huprimeras h •
rón, que taroras &lt;le la 0 •
bién se ceba
che por I110
as
-~
en las crías y
veredas e¡ u e
en todo lo que
lindan con co. l.,n pollu1?l0 de avutarda, cnzaoo
encuentra.
t ·dh
l
Con !ostras
os O e. e;;as en º" que hayan conejos ó lie- ma,loi:; se causan grandes matanzas en las
¡
prec :;amente en primavera
bres,1 cuulando
de tapar lo,; lados con ramas codormces,
·
sue tas ( e modo que el animal quede obli- cuando estai:; aves se disponen á criar. Redes
gado
á pa..;ar
por donde
el
de seda ó hilo,
lazo está .colom u y fuertes,
cado. C m
pintadas de
O O
dichos animaverde, de ocho
les :; a 1en á
ó diez metros
buscar su alicuadrados, se
mento durante
tienden sobre
la noche, (¡ue•
los sembrado,,
clan ahorcados
de trigo ó alcon suma fa..a,~t--.
piste; se reclal'ilida&lt;l en ks
roa luego á las
lar.o,;. Ta m.
codornices con
bién se e rn •
un c;ilbato que
plea e:;le meimita el canto
dio durante el
de la hembra;
dia para I as
gen eralmenle
perdices.
sólo acuden
El hurón es
los machos, y
el enem_igo
cuando elcapeor que llene
zador calcula
e 1 conejo , y
que el ave ::;e
con él ]o:; furCazadores d~ ,.,utordas intentando conducir por su proniu ,,aso
halla debajo de
tivos exterroiá una pieza herida
'
la red. levanta
nan la casta casi por cornplelo, Para ello
es ta dando
emplean el siguiente medio: con unos cuan- ~;::~:; r~lájaro intenta volar y queda pretos perros dan varias vueltas por el sitio
Los anzuelos sirven para coger diversas

�497

IIEBHAS DE LlJZ
.i!)(j

l 'I) l ESOS \!UN llO~

do liebres con galgos, la caza de la perdi:t.
clases de aves, pero !ns mús perseguidas con con reclamo, y la ca:t.a de conejos en geneellos son los chorlito:-, avefrias y alcarava- ral; pero voy á dur ahora li~eras notas acerne,;. En el anzuelo, que va amarrado á 1111a
de ellas.
crin blanca muy fina, y esta á una eslaqui la ca En
la primera á parle de lo expurslo que
de madera clavada en el suelo, se coloca una es el correr á caballo desborado il campolombri:t. ó un gusnno, alimrnlo predilrrto de lraYie~a, llevando ~iempre la ,,ida en pelilas arns que se inltmtan raza,.
gro de que un caballo dé un mal paso, caiga
También ~e cogen avutardas co11 el anen un arroyo,
zuelo. En los
etc., ele.), relugares donde
sulta que soestas aves
lamcntr so11
aco~tumhran á
los perro-. los
comer se coc¡ue se divierl oc a n unos
ten, porque
cuantos a n so 11 1os que
zuelo" forra&lt;·o~cn I a liedos de garbanbre: de,-pués
zos ó habas
de todo, los
remojadas;
1·a,mdore-; en
van amarrados
este e as o no
á una cuerda
pueden lomar
de guitarra
narte activa en
muy fina, y
la car,cria sino
esta á un pes implemente
dazo clr hierro
prC.'H:nciar má,;
ó herrad II ra
ó nHlll0'- cersuelta r n e 1
ca los incidensuelo. [•:-; pretes de la caciso hacerlo en
rrera.
Al ~re.so de una cacería: la Guardia civil exigiendo la licencia de caza
esta forma por
La ca;,:a Je
trntar~C' clr 1111
la perdi:1. con re1•lamo ocasio11a gran daño en
ani1nal mur a::.luto r 1uur fuerte: si h l'.UtH· los campo~, puc~ cada pájaro que se mala
da (\s demá,iado gr~esa. ie llama la atención C't¡uivale á quince ó veinte perdice-. más que
y no pica: y si esta se halla sujeta en firml' habria por Septiembre. Desde el dia 25 de
al sneln por medio de una estaca. el ave aca- Orluhrc hasta fines de Noviembre, en que en
ba por arrancarla ó rasgar,;e rl cuello y los m:1chos imp&lt;&gt;ra el celo llamado del ralmmarchar~e. En rambio. por el medio que he 11i/io, se aprovechan para ca·1.arlos con dicho
rlicho antes, la av11larda que traga uno ele 1wlamo; después entra otro celo. el de la
e,-to" anzurlo~. ai notar el ruerpo cxlra110 pica, que e:=: por San Antón. y toma este
sale volando: como llern colgarla la herradunomhre por,¡ue hasta esa fecha sil,(uen las
ra, da un vuelo, relativamente corlo para perdices reunidas en bandadas de quince ó
e--la clasl' de animales: á lo, cien metros veinte, pero en esta época empie:1.an los
próximamente se posa de nuevo en el sucio macho~ á picarse unos a otros q11rriéndose
y empie:1.a á dar saltos y aletazo•;, tralando disputar las hembras. Este celo dur,\ mu y
de drsprender~r de ac¡11cl cuerpo que tanto poros dias, pues los machos, hartos de enlale estorba; el caiador no drbe per&lt;ler de biar luchas tan tremendas como las que
vista á la avutarda, pero desde u 1a di~tan- tienrn los gallos ingleses, acaban por sepacia prudenrial á fin de 110 llamarle la atenrnrse cada uno con s11 pájara. Pero este es el
ción, y pasada una media hora se va derr- celo que más aprovechan los ca:1.adores I orcho á ella en la seguridtul de &lt;¡ue no volve- r¡uc ,i tienen la suerte de coger una bandará á remontar el vuelo pues con la lucha
da junta matan c11antas perdices hay en
tan grande que ha :-;o;;tenido ha perdido to- el bando, lo mismo machos t¡ue hembras,
das su:; fuerza.-; y mucha sangre, que,lando
pues 11na-; por curiosidad y otras por celo
el ave en un estado de postración que pertodas entran en el reclamo.
mite cogerla sin dificultad alguua.
En Febrero y Marzo, que reina el verdadero celo, también se caza con reclamo macho y se matan por collera". En :Mayo se caza
***
con recla1no hembra, y sólo se matan los
He dejado sin mencionar tres cacerias, machos que han r¡uedado. De cualquier modo
r¡ue aqui st&gt; practiran murho. á ~aber. la carn

que_ se haga, es una cacería detestable c¡ue
debiera hallarse mucho mó::; perseguida de lo
((U&lt;' ~::,ti.

Lo mismo pasa con los sisonc~, ó :;ea la
avutard~ n_rnnor. Como sslo es posible caiarlos con extlo en Julio y .\go~to. cuando el
r_-alor es &gt;&lt;ofocanle y estas are~. bu rendo de
el, buscan las grande,; manchas de.biznaaas
para_ &lt;lC'_scansar á la sombra, son sorprcn~li,los a dicha hora con anzuelo, que preparan

los caiadores furtivos, porque el cawdor de
~uena l_ey no sale al campo para evitar la
msola~ión que fácilmente le atacaria si se
cx¡)Us1era á los rigores de un sol tan abrasae.or.
. Desp~és de_lo~ medios que he dicho y que
se practican dumamente en nuestros campos, comprenderá el l_ector la poca caza que
q~eda para el que &lt;¡mere practicar el ejercic10 de ella tal y colllo la ley lo autoriza.

Josf: PAN ELBERTO

Poioyrct{ías, por el autor del cirlfrulo.

HEBRAS DE LUZ
Despierla~. Y en la alcoba :;ilenciosa
discreto hilo de luz
dibuja diligente la alborada
que dste oro y azul.
Y llegan los incendios matinales
tu balcón á rondar.
Y como eres amante de la aurora
al &gt;&lt;ol dejas entrar.
También ha_sta mí llega tu sonri~a
-nn alondra matinalcomo un hilo de amor que se columpia
de lu faz á mi faz.
lloy mugo á li.llrrnnclo en mis entrai1as
.
la supre111a inquietud:
¡abreme, y &lt;leJa que se ruelva incendio
el ténue hilo Je luz!
.\:--10.'.10

J. CANO

�LA REINA DEL CAMPO

El caso es ~ue el jóven duque, ya dichoso
Y. contento, sin darse cuenta del por qué subió en el automóvil y salió.
'
-,;.qu~ rumbo?- ~reguntó e~ chauffeur.
- Ilac1a el campo,a dondequieras: al azar.
Lentamente abandonó la ciudad...

III

LA REINA DEL CAMPO
(CUENTO)

NTRISTECÍALE

al joven duque la hartura

E de placer.' Aunque les parezca !-arcáslico á los que sufren, á veces hastía el absoluto confort: son nostalgias de seda, pero
nostalgias al fin. Hay varias maneras de bostezar: en ocasiones se bosteza por engañar el
hambre; pero, á vece!-, se bosteza por saciedad de venturn, por saciedad de bien.
El duque, cuyos supremos anhelos hubiéralos constituido un capricho cualquiera, de
no bailarlos todos siempre, como los hallaba, eternamente satisfechos, necesitaba para
espantar ya esta rara pena de su alma-la
pena del feliz-una desconocida sensación,
la visión siquiera de un panorama de~conocido que le !llltretuviese, la visión moral de
una aventura nueva, aunque fuese una aventura pequeña, trivial, de honda y minú~cula
psicología, trtatizada de 11imios detalles. Por
más que nunca en verdad llegamos á sentirnos satisfechos hasta un gra&lt;lo absoluto: para
ello tendríamos que ser todopoderosos. No
pasa un minuto del cronómetro de la vida
sin que bailemos por Jo menos una contrariedad, grande ó pequcua, minúscula ó ínfima, molecular ó atómica, pero contrariedad
efectiva, patente, que nos desagrada ó que
nos lastima.
De tanto saborear la gama toda del placer, sucedía que el placer le empalagaba ya,
y le malhumoraban los spol'ts, los amoríos:
los juegos de azar. Se sabia de memoria á la
mujer, á la gran señora, á la niña recién florada, á la dama galante, á la romántica, á la
cínica: como en Tenorio, su amor surcó la
escala social.
¿Viajar más? ;,Para qué? ¡Si ya hasta de
memoria se sabía las más bellas regiones del
planeta, si haciendo turismo por el mun-

do había batido el l'ecol'dl Vió Alejandría, el
Japón, la Siberia, los Polos, el Ecuador;
hasta había tenido la honra de medir las Pirámides de Egipto con su cansina y faraónica m·uda de inlrepidísimo snob.
Y el duque, en su despacho, meditaba. Se
oprimía la frente con las manos.
Y con angustia, dijo:
-¡Es un dolor!

. Quedaba en la lejanía, por la derecha la
sierra del Guadarrama, con las blancas cres~s ~orno empelucadas á la federica. A la
i~qu1erda, la planicie castellana-triste desierto con _ínsulas de verdor- en lo que alcanz~ la_ vista se extendía como un inmenso pa1s11Je huérfano &lt;le fronda, viudo de floresta, aban~onado de Dios. Bordeando la car1elera d~ Extremadura, lugar por donde el
automóvil marchaba, extendhse un larguísimo Y. mu.y estrecho arroyuelo sin agua, una
hendidura rocosa enarenada en su fondo y
coron_ada en las lindes de su cauce por sendas hiladas de chopos, cuyos pinachos gigantes, que se perdían en lo alto, presentaban
a~errugada la corteza formando una epidernm de muñones. y entre las ramas de los

-~

n

Tocó un timbre el aristócrata.
-(,Qué desea el señor?
-Quiero salir en automóvil. Que lo pre•
paren.
Salió presuroso el gl'oom.
En los labios del duque se dibujó un1
sonris1: de momento le halagaba, por Jo visto, la idea de viajar.
Llamó al ayuda de cámara, se vistió, y,
sin saber en realidad por qué, experimentó
alegría, se sintió dicharachero, ocurrente,
casi feliz. Fué completando, con movimientos nerviosos, todos sus preparativos para la
expedición.
-¡Qué cambios más teatrales suele advertir el hombre en su estado de ánimo'-pensó.-Antes sentía una pesada tristeza
de plomo sobre mi espíritu; ahora hasta parece que se empavesan mis pensamientoc;:
todo lo veo de riente color.
El secreto está en que hasta los viejos tenemos almas de niños. Bien mirado el aspecto de las cosas, no existe la frivolidad;
rara es la minucia que no suele tener sus
excelentísimos momentos de protagonismo:
hasta la pequeñez de las hormiga'&gt; no pasa
de ser, ante el punto de vista de lo'l observadores, una pequeñez convencional; hasta una
brizna de hierba, para que germine, ha me •
nester del atletismo de la fecur.dación.

.
- -

-~ ......

~,v·. -y1::;::::.-;:

',/ ...g
~J:::?!!_h
.

1~

499

ch~pos piab~n los gorriones, y entre la roarana de los Juncos chispeaban alegremente
los saltamontes.
. Ante las vivas instancias del señor,el magmfico automóvi_l cam:naba como un rayo:
ya el duque fiJaba la vista ante el camino
llevando el vértigo en los ojos, mientras el
cl1auffe1;u·, con el sereno pulso como muerto, ~áb1lmcnte bordeaba el encintado del
camrno, que se iba nublando en pos con
una tromba de polvo.
-Más,-gritaba el duque.
Y aceleraba la marcha.
-Más.
Volando iba.
-¡I\Iásl
-¡Señor, no se_puede más! Está toda.
_-¡Toda!-el aristócrata repitió con desahento.
Era un meteoro de hierro, un rayo hecho
carroza, era u_n vértigo loco que corría. A
sus costados ib_a_n quedando los caseríos y
l~s vegas, 1?s vmedos y las norias, las planiCie~ Y los riscos. Y los árboles laterales parec1a que bailaban en galop la espantosa
batuda de los campo~.
. Iban subiendo una pendiente
v10lenta. Reprimieron marcha.
,_-¿Vamos al cielo, Girald?d1Jo el duque risueJio.
-Es posible, señor: 1esta
cuesta descor.ocida n O acaba
nunca!
De pronto, el autom6Yil se
-~~
paró: e n seco , violentamente
Los expedicionarios, agarrados
al barandal, oscilaron como un
!rapo; ma~ no cayeron por for•
tuna, debido á la escasa velocid?~· El dzauffem· levemente se
hmó.
-Una avería.
-¡Qué contrariedad!
Se apearon. El mecánico reconoció el desperfecto.
- Hay para un par de horas
señor.
'
-¡,Un ¡.,ar de horas?
-No hay remedio.
Para hacer tiempo, malhumorado el duque por el desierto de aquellos campos se alejó...

IV
Con tonalidades indias se des.
plomaba el sol sobre los campos: _Oxígeno puro, vientecillo
car1c1oso se respiraba; de la tierra, como éter-zumo, emanaba
un acre aroma de salud.

�500

OFÉLIDAS

POR ESOS i\ll:íNDOS ·

Sonrieron.
-¿.Se ha perdido el
señor'?
-Perdermr , aún
no; pero me perderé
si así me miras tú.
-¡Vara! ;Yo?...
- So)· fÓra~tero ...
Viajaba... El automóvil
se rompió ...
Contó el duque el
incidente. Los detalles
interesaron á la jóven.
la movieron á compasión. ¡Así son de extravagantes las cosas
ele la vida: á veces los
humildes compadecen
á los poderosos ! No
siempre la ¡1;randeza es
feliz; al contrario, suele resultar que sus infelicidades, a u n q u e
lastimen menos, duelen más.
Pronto entre el duque r la campesina
planteóse cierta simpálicaconfamiliari&lt;lad:
es muy f-abido que .
.\1 ,•olv~r rl duque l11 ral,eza vió de rodillas á la jóven
generalmente. juvenHollando el duque las labranzas, incons- tud con juventud intiman (H'Onto y bien.
-¿,Y eres sola'?
cientemente una llanura atravesó. Hostil-Solita ... Un hermano tengo: trabaja por
mente herían su calzado los guijos y los risel
campo.
por ahí.
cos: era la prntesta de los terrones. la repul-¿.Y amores'?
~a de la Arcadia al sentirse profanada por
-Amores, no.
la indiscreta planta del señor.
En esto llegó el mecánico.
Al remontar una loma, vió el duque, ca,-i
-;.Qué sucede, Girald?
junto á sí. el paredón terroRo de una choza.
-Se,ior.
la aYeria es más importante de lo
Y un mastín le ladró.
que
parece:
temo que tengarno~ que hacer
-¡Chucho!
noche
aquí.
-No hava miedo, señor: el can no muer-1.Aqui'?
de,-dijo una mujer.
-Procuraré que no.
Y el duque prosiguió sus pasos.
-No
se apuren. La choza es suya,-&lt;lijo
Salió la campesina. El señor hir.o fiesta;;
al perro. Este sal taba de alegria demostran- la niña.
Dió las gracias el duque.
do frenético regocijo. El peno es el simpáli-¿Qué le hemos de hacer?
coser que más exageradamente manifiesta su
Como se pudo, se cenó.
bondad: lo hizo Dios con migajas de cariño:
Los mecánicos prosiguieron su faena.
-(,Se puede?
La niña y el duque, entusiasmados, char-Si... El campo es de todos.
laban...
Esto dijo la jó\·en.
El duque quedó absorto contemplándola.
V
-¡Dios míol-con admiración pensó.
Ya apunta la mañana. Vienen el día v el
Era una belleza soberana, una mujer de;;lumbradora: era el alma encantada del pai- sol. Los pájaros entonan un concierto. ·
Ya está listo el automóvil. Girald dice:
saje. Dábala aspecto selvático, majestuoso.
-Cuando guste el señor.
la miseria de su vestir. Era la maravilla, h'El duque se despide de la campesina. Cucha bloque, hecha lingote: era el diamante
chichean.
en el terrón.

-Toma, como recuerdo: para li,-y le
ofrece una sortija.
Ella la rechar.a.
-;,Por qué, mi vida'?
-Porque eso mancha ria mi felicidad.
D?s besos mudos se cru;1an en el aire al
pa1-t1r el automóvil.
'

501

-¡,\dios!-grila la niña.
Va el duque larareanrlo u11a canción de
una zarzuelilla.
Ya de lejos, vuelve el sefior la cabeza y ve
que, tr_as la nube de polvo, estela, nimbo.
sab~ Dios el qué, la reina del campo está de
rodillas ..
F1:ANGISCO

ll11sfracio11es de A. Galiarto

OFÉLIDAS
. ;'.unque en tu:; ~arra~ .ilusiones pierda
ha , de tu amor m1 cspmtu delira
Y ~e templan los sone&lt;; de mi lira:
yo soy como la cuerda.
que es más sonora cuanto más se eslira.

.,

Volar del deseo al gozo
era ayer mi impaciente clcrnneo·
hoy, cual Fau!lto, seria mi albor~zo
volver del gozo al deseo.

!e lo yuc~o jurar: no la he tenido...
¿Tieneh1slonaalgúnser que no ha i-ufrido?
Es pobr~ Amor para que ten:ra ,·ida:
cuando qurnre ser rico, se suicida.
:'\o me seducen las aalas
qne mi ambición ha obteuido
Y me declaro vencido.
'
¡Soy de los que tienen alas
que son más grandes que el nido!
MA~UEL

S. PlCIIARDO

DE LA E::;CALERA

�EL ALCOHOL!Si\10

'DE HIOIENE SOCIAL

EL ALCOHOLISMO

e

UÁL es la parle que desempeña el aleo•

rarán que el alcohol es un verdader~ ~eneno, que no sirve para nada en med1c!na y

bol en la vida ordinaria del hombre?
La importante revista médica de Lóndres The que su papel como a]ente para combatir e~Lancet publica un interesantísimo trabajo fermedades es prácticamente nulo. Este prifirmado por Sir James Crichton-Browne, por mer partido condena en absoluto el uso del
el profesor M'Call Anderson y otras lumbre- alcohol en la higiene. Poi· otra parte, el doras de la ciencia médica, que ha llamado cumento que ha aparecido en The Lcincet
grandemente la atención de todo el mundo. tiene toda la naturaleza de una protesta que
Muchos periódicos diarios de Europa han re- parece originada por la rotunda a~rmación
producido dicho trabajo,dando lugar con ello de Sir Victor Ilorsley y de sus amigos, que
á sendas discusiones entre el público profano, acabo de estampar. Esto ('S, que mienque ahora ha recordado la antigua frase de tra!) una opinión nos dice que el alcohol es
que los peritos disienten cuando tienen ne- un veneno y que bajo ningún concepto es_ su
cesidad de defender sus opiniones particula- uso permitido como un adjunto de la nda
ordinaria otra opinión alega que el uso regures.
La cuestión del alcohol envuelve realmen- lado del 'alcohol o;; beneficioso y que en
te gran importancia. Es un problema socio- ciertos caso, de enfermedad es un rem_cc)io
lógico de infinita complejidad, que no puede valioso. Entre el márgen de estas dos opi1110solucionarse ó determinarse por leyes que nes no es dificil determinar cuál escogerá el
pongan trabas al vendedor con sus licencia 1, profano razonable. Por cima del conflicto de
la opinión cien tífica ostii_ el
ó por medidas dirigidas hácia
último tribunal de apelación,
la clausura durante las noohes
que
es la experiencia clínica
de las perseguidas tabernas.
ó la personal. El profano preLas personas que creen que
guntará si el uso moderado
dificultando la venta de bebique él haga del alcohol ~su vadas se favorecerá la temperanso de vino en las comidas, ó
cia están completamente equisu copa de anisado ó de coivocadas: como no han siclo
nac, por ejemplo) debe consieducadas en los problemas soderarse como pehgro3o enrn yo
ciológicos, no aprecian la gran
de un veneno; y su sentido
verdad de que el hábito del
común le responderá que si
alcoholismo es una parte de
hay veneno en el vino ó en
la constitución social.
otro
licor su acción es notaLa falta de ámplias miras
blemente lenta.
en la cuestión alcohólica pone
A mi entender, la falla maá prueba los esfuerzos de los
Sir Victor Horsley\ célebre médico yor de los defensores m~s
reformadores y hace que mu- inglés que consictera e 1 alcohol acérrimos de la temperancia
como un veneno
chos hombres moderados se
es colocar el alcohol fuera de
arrellane:1 e:i la s i l l a del
desprecio al tratar este asunto .. Y? confi~so lugar. ¿Por qué no hemos de d_iscutir. tranque el profano sacar~ poco_ ó nmgun par\1d.o quilamente el alcohol, corno s1 hablaramot;
de las recientes mamfestamones de los med1- del té ó del café? ¿Por qué colocarlo sobre
cos. Por una parte se encontrará con las opi• base distinta química y fisiológicamente,
niones de Sir Víctor Ilorsley y del doctor de la que o~upan estas dos bebid~s? Es
Siros Woodhead y sus amigos, que le asegu- cierto que sus efectos son mucho mas de-

503

sastroso~ cuando se considera desde el pun- por algunos exterminar tan antiguo hábito;
Lo de vista del exceso, que lo son los pro- pero hay que adverlirles que la tarea es inducidos por el té y por el café; pero, cien- superable por las dific9llades que presenta.
tíficamente, la base del argumento debo ser
Ni tampoco nos vemos obli6ados á acepla misma para las tres bebidas. Los males tar la idea de que el uso moderado y prude la intemperancia son dignos do deplorar- dente del alcohol sea cosa que deba considese: este es un
rarse antifisiolópunto que el fa.
gica y peligrosa.
natismo no aproEl reciente trare:iha bie 1 por
bajo dado á cocompleto. No
nocer en Th e
ha y ciudadano
Lancet nos ha
que no quiera
demostrado que
que la tempelos leaders de
rancia deje el e
la opinión méextenderse en Lre
dica están incli1as clases menados á apoyar
dias,. ni que no .
el argumento de
dtsee la repreque el alcohol
.sión del alcohon o e s necesalismo. Sin emriamente el ve. bargo, estos deneno que sus
_seos no implican
colegas afirman,
Sir James Crichton:Brownc y ~l pro\esor T. M'Call Anderson, que
encuentran ciertas ventaJas en las bebidas alcohólicas
-que se acepte
pues resulta cocomo un mal el
sa extraña que
uso moderado del alcohol, y que la prohibi- a través de tantos años de argumentos de
ción sea el único medio por donde hemos temperancia (;,le llamaré mejor abstinencia?)
do alcanzar la salvación de la humanidad.
el mundo beb:.1 todavía vino, aunque vaya
La presente fase de las cosas es el rosul- haciéndose cada vez más sobrio, pero es
lado de una evolución del pasado; y si he- porque cada día es más virtuoso.
mos de dar crédito á los recuerdos de la anEsto último es la mejor refutación que
tigüedad, la co,tumbre de beber alcohol podemos encontrar contra la afirmación de
data de un período que se remonta casi más que toda indulgencia alcohólica es vana y
allá del poder de la computación humana. mala. Con una apreciación conveniente de la
Sea como fuere, no encontraremos nación ni fuerza y poder del alcohol eliminaremos al
tribu ·que no haya desarrollado el hábito del borracho, mientras damos al alma racional
alcohol, os decir, la práctica de recurrir á él la libertad que siempre ha tenido de partici· como un alimento r para aumentar los goces par de tan bondadoso fruto de la tierra en
de la vida. Puede considerarse conven ion le sazón y tiempo oportunos.
ANDRÉS

WILSON

�LA CASA DE LOS SUEÑOS

CASA

os su
reunidos en el salonNoscitocncontrábamo5
de fumar. Era la horn de lomar el té
y de charlar, y no sé á quién de nosotros ~e
le ocurrió que se apagaran las luces eléctricas y que refiriera el que las supiera algunas h\storietas relacionadas con duendes y
apariciones.
Lo sobrenalu,al ejerce extraordinaria in. fluencia ,-obre el ánimo de los seres humano;.;, y no tengo que decir que estrechamos
el corro en rededor de la chimenea cuantos
componíamos aquella reunión.Recuerdo que
el dueño de la casa rompió el silencio, que
nos envolvía ei;perando todos que alguien
comenzara algún relato de esos en que la
fantasmagoría juega principal papel: su narración, así como dos ó tres que se contaron
después, aunque interesantes, apenas si surtieron otro efecto que el de producir escalofríos en algunas de las damiselas que con su
gracia y su belleza habían alegrado la reunión.
-También he de meler yo mi cuarto á espadas,-dijo una dama, después de un largo
silencio que sobreYino no bien hubieron
terminado los comentarios á la última historieta, contada por un caballero alto de estatura y distinguido en su porte y en sus maneras.
La voz de la ~eñora Rivard, que asi cortó
la pausa que nos emolvia, produjo cierto
temor, que pasó repentinamenle, en l?s que
estábamos alli congregados: nos parer1ó una
voz salida de no sabíamos dónde, porque
ianorábamos que la dama citada estuviera en
el salón de fumar. Desde uno de los rincones laterales había oído nuestros cuentos sin
hacer el menor comentario, y esto unido á
]o embebidos que todos estábamos escuchando á los que hablaban, hizo que la presencia
de aquetla señora pasara desapercibida para
nosotros. Esta señora Rivard, pequeña de
estatura, de aspecto cansado y de rostro tris-

te pero agradable, tenia cierto paren lesco,
aunque lejano, con el dueño de la cas.i. _
-Alguien ha hablado aquí de los sueno, y
ha tenido para ellos frases de burla y de
ironía... Pues lo que voy á referiros ahora es
á propósito de un sueño, de un sueño muy
extraño, del que yo he sido sujeto.
Todos los presentes la rogamos que .se
acercara á nosotros y que hablara. Lo hizo
así, y empezó, en voz suave y muy baja, á
decir:
-Se trata de una amiga mía y de sn madre. Vivían solas en una casita lóbrega de
una ciudad de poca importancia. De esto hace mucho tiempo. Estas dos personas, madre ó hija, eran las únicas q_u~ quedaban
reunidas ele una numerosa familia. El padre,
pa~tor protestante, había muerto, y _los hi~os
ó se habían casado ó estaban en leJanas tierras. ?l[i amiga, jóven encantadora y boni_ta,
esbelta de líneas y gracio,-amente propol'Clonada' había tenido muchas y excelentes
pro.
. .
porciones para hacer un buen m~ti:1mon:o, a
pesar de su casi miserable cond1~1ón pt'CU•
niaria· pero no lleaó a ca~arse mdudable"
· 1ad
mente' porque su madre
tenia gran nece;;'.c
de sus servicios: encontrábase la anc·1ana
casi desvalida.
Una de las oyentes interrumpió á la señora Rivard, preguntándola:
. ,
-¿Cómo se llamaba vues_tra am1g~r'
La narradora quedúse mHando fiJamente
al fuego antes de contestar: parecía como si
en aquellos momentos viera personas y cosas que eran invisibles para nosotros.
-l\lariana,-dijo al cabo ele un 1:~to ..
Al pronunciarse este nombre cruJ16 rmdosamente una silla: era la que ocupaba un
caballero alto de rostro tostado por el sol,
que había rdaresado de Australia precisamente la noch: anterior, y al que ninguno
de nosotros conocía. La narradora continuó
en tono igual y tranquilo:

505

-.ll'uera porque m1 amiga se veía obliga- casa espaciosa, con grandes habitaciones é
da á permanecer soltera por la r·ar.ón ya inmensa escalera, lujosamente amucb!a&lt;la
mencionada, fuera porque no se compren- toda ella aunque nadie la habitaba. «Era
dían una á otra, ó ya por cualquier otro mo- una casa aterradoramente vacia,-me decía
tivo, lo cierto es que mis dos prolaaonislas .Mariana.-AI comenr.ar mis sueños me enno estaban tan unidas como suelen" estarlo cuentro siempre en el gran recibimiento: desla ~ayor parte de las madres y las hijas. No de allí emprendo el registro de la casa, arriquiero decir-al'iadió rápidamente-que no ba y abajo, siempre buscando á álguien No.
,e quisieran mucho: no conocí mejor hija es vaga esta operación ele buscar porque
que Mariana, pero era algo fría y reservada busco cí mw persona, pero es una persona
. .
'
' Y qmzas por esto echá'1ase ele menos entre cí lct que no conozco.,,
ellas esa unión franca que casi siempre existe
Cayeron ruidosamente algunos carbones
entre dos personas que se encuentran solas. sobre la rejilla de la chimenea, y una de las
Después de una pausa, continuó la señora madamitas que oían se extremeció. El homRivard:
bre alto que ocupaba la silla de mimbres se
-Eran muy pobres, pero mny orgullosas. movió otra vez, haciendo crujir el asiento.
La madre insistía mucho en buscar una cria-Mariana iba poniéndo~e nerviosa-conda que hiciera las faenas más duras de la tinuó diciendo la se,'iora Rivard-á medida
casa, para conservar en buen aspecto las ma- que avanzaba en la narración de su sueño, y
nos de }lariana, que eran 111 u y blanc11s. pero para tranquilizarla procuré echarlo todo á
cuyos dedos estaban completamen Le destro- broma. Pero he de confesar que á mi tamzados: Mariana cosía blusas para una tiencl:1 bién me impresionó el sueño de )1ariana: duele modas, y aunque á su madre no le gu~ta- rante los días siguientes pensé mucho en tan
ba esto y lo sospechaba, no la hizo preaunla raro como extraordinario caso. Un dia me
alguna ,-obre el particular. Yo acostumbraba escribió )fariana invitándome á tomar el té
a visitar con ~rec_uencia la reducida casa, y en su casa. La carta demostraba haber sido esmuchas veces rnvitaba á las dos á que fuera11 crita con precipitación, y,además, aparecia en
á casa de mi padre á comer ó á tomar el té; ella una palabra mal escrita, lo cual ora muy
ellas aceptaban muy raras veces, sin duda extrai'ío en mi amiga que se preciaba de no
porque temían no poder corresponderme.
cometer nunca tales errrores. Cuando entré
La señora Rirard hizo nueva pau~a,
contemplando otra vez el fuego. Su voz
baja y suave continuó:
-Y ahora viene lo ~eferente al sueño.
Una_ tarde del mes de Junio acompañé á
i\Jariana á dar un paseo. Salimos (lo recuerdo muy bie11) fuera de la población, internándonos en un bosque cercano. En
aquella ocasión pude ver
muy bien á mi amiga: tenía un precioso pelo color
dorado bajo, que aunq11e
dió lugar á que las gentes le llamaran la descolorida, á mí me resultal•a
muy interesante; vestía
mmbrero, ya bastante
usado, de algodón c o n
una flor en la frente. Nos
sentamos en el bosque.
«Elena,-me dijo entóncos de repente-voy á
decirte algo extra11o: he
tenido un sueño, durante
quince días, no todas las
noches, si110 por intervalos de dos ó tres días.»
Me contó en seguida que
soñaba hallarse en una
-Elena,-me dijo mi amiga-be tenido un sueño bien extraordinario

�606

POR ESOS MUNDOS

en su casa encontré á :Mariana trabajando en
una lujosísima ~lusa con adornos de ci,ntas
color malva, y no pudo menos de ocurmseme lo bien que le sentada llevar aquella
prenda en vez de limitarse á ser la costurera que la confeccionara. No_ abandon_ó ~u
trabajo cuando me presenté, sino que s1~mó
cosiendo, muy deprisa. Ostentaba Mariana
en cada mejilla una brillante mancha_ en~arnada, producto, sin duda, de su ag1tac1ón.
I[asta después de tomar el té no me habló.
Me dijo entonces: «¿Recuer?as el sueño que
Le conté hace Jias? Pues bvm: sucede otra
cosa más extraordinaria, qnc no comprendq,
ni tampoco me explico: ¡mi madre sueña
también lo mismo!•
Al:ruuo de los circunstantes respiró fatigosa;ente; pero la señora Rivard no detuvo
por ello su historia.
-En efecto, me d'ijo Mariana que su madre había soñado lo mismo que ella: la casa
inmensa y bien amueblada, el constante ~egistro en busca de una persona desconocida
y la aterradora so_ledad. Lo había. contado á
Mariana por la misma razón que_ esta me lo
había contado á mi: por la necesidad de confiarse á álauien, por explicarse el sueño ó
porque s; lo explicamn. Yo no sabía qué
pensar de todo aquello. .Miré á la madre de
Mariana viejecita quejumbrosa, de pelo descolorido' una mujer á h que mi amiga se
parecerla fielmente cuan~o fuera _vi~ja. La
señora me miraba con cierta cu11os1dad y
me dijo, frotándose nerviosamente las manos: «¡Hemos tenido el mismo sueño las dos,
y la'&gt; dos con la misma casa y bu,cando á
alguien que no podemos encontrar!,
Una de las muchachas que oían á la señora Rirnrd dijo precipitadimente:
-¡Pero no veo la c.1usa de que ambas
se asustaran tratándose como se
trataba de una casa \'acía!
La narradora movió la cabeza diciendo á la vez:
'-¡Eso es precisamente 1 o
que dudaban las protagoni~las
de mi historia, que estuviera
deshabitada la casa! Ellas, en
sus sueños, sentían lo que siente el que no se encuentra absolutamenlo solo: esto era I o
que á mis amigas les causaba
rniedp inexplicable. llabla~os
mucho del particular, la~ h_1ce
escribir una exacta descr1pc1ón
de su casa ele los sueños, y las
dos cada una por su parte, detalló hasta las menores señales
de los cuadros que ornaban las
paredes. Después convinimos

LA CASA DE LOS SUEÑOS

las tres en no hablar nunca más acerca del
particular. A los pocos días de esto, M~riana
y su madre se au~e.ntaban p~ra llevar acabó
la pequeña exped1c1ón veraniega que todos
los años hacían. Dur.mte tres semanas no las
volví a ver, y cuando supe que habían regresado fui á visitarlas. Ambas se encontraban
m~y mejoradas; las mejillas de Mariana presentaban saludable color. Nada hablamos
del sueño, y creí que lo hab!~n olvi&lt;la?o;
pero noté que la madre y la h_1Ja apai e~ian
más unidas entre sí que anteriormente.
Nueva pausa en la narración. Indudablemente el hambre alto parecía muy intranquilo, 'pues los mimbres de la silla que ocupaba crugian más que antes_.
-Me extrañaba que Mariana demos~rase
mayor alegría, y lo achaqué al cambio de
aire. Pero un día me dijo que en la población que habían visitado hiio conocimiento
con un hombre, con el que llegó á entabl~r
relaciones amorosas, quedando comprcmelldos él y Mariana p_a1:a casarse., Est_e i1~dividuo debía tleaar
á v1S1tarla al dia s1gu1ente,
D
y hubiera
sido cruel
decir á Mariana cosa
alguna que
turbara su
alegria; pero á mí todo
todo aquello
me parecía
algo preci -

.'

- ¿No has
pensado nunca -pregunté
á Mariana-á quién buscas en la casa de los
sueños?

607

pitado. Llegó, en efecto, el prometido, que se la madre. Pasados unos cuantos días, las
mostró cariñosísimo con Mariana. Ofrecía as- ví y las pregunté si continuaban soñando.
pecto de persona simpática; era ingenieri&gt; y «¡Oh, sí!--me contestó mi amiga.-Y tenías
había trabajado en el Norte. En cuanto á la rar.ón, Elena: es á mi madre á quien busco.
fecha en q•1e había de verifbarse el matri- Ahora me parece estar segura de ello., Por
monio, nada se decía. Pregunté una vez á la entonces ya me había yo persuadido de la
novia, y apresuradamente me contestó: «Na- inutilidad de hablar con Mariana de la casa
da se ha fijado todavía. , No insistí más. Pa- de los sueños como de una cosa fantástica1
sados diez días , el ingeniero se ausentó. pues para ella realmente existía, y por eso
Mariana seguía confeccionando blusas, en la contesté: «Algún dia te encontrarás con
cuyo trabajo intercalaba la lectura de cartas tu madre en esa casa., No puedo olvidar la
que con frecuencia recibía de él.
cara de horror que puso al contestarme •¡Oh,
-~Cómo se llamaba ese hombre?-pre- no digas eso!» Entonces averigüé que .Mariagunté' maquinalmente á la señora Rivard.
na creía, y ningún argumento podía convenLa narradora no contestó por el momento. cerla de lo contrario, que cuando ella y su
Después de unos segundo3, dijo:
madre se encontraran en aquella casa envol-Se llamaba Enrique, y tenía una cica- vería tal encuentro una calamidad para amtriz en la mejilla derecha por causa de un bas ó para algu1a de las dos. «Sólo un poaccidente que sufrió en un
taller de máquinas cuya
instalación dirigía ... Pasaron dos meses, y otra vez
se repitieren los sueños y
nuevamente Mariana y su
madre empezaron a adquirir ese aspecto de las personas que temen algo sin
s:iber qué es lo que temen.
Un día. s.e me ocurrió una
idea: mis dos amigas habían
venido á mi casa a tomar
el té. «Jlariana,-le dije¿,no se Le ha ocurrido nunca
qué persona es la que buscas en la casa de los sueños?, Miróme muy extrañamente, y contestó: «No, .
al menos no tengo la menor
idea de quién pueda ser,.
«Pues yocrt&gt;o- añadí-que .
en esa casa, tú, Marinna,
buscas á tu madre, y ella
te busca á tí., ¡No pueden
ustedes figurarse, amigos
míos, lo que esta idea le
consoló! Seguimos hablando un rato, y después se
marcharon. •¿Es posible
que yo también busque á
l\farianar, - dijo la madre
al despedirse de mí y mirando cariñosamente á su
bija. Cuando se marcharon, yo permanecí en la
puerta viéndolas seguir la
calle. El sol, que hizo brillar el color del pelo de l\fariana, puso en evidencia
también el color negro raíVI a Mariana sentada en la cama, con los ojos abiertos sin mirar
do del chal que llevaba
á parle alguna, y con los brazos extendidos

�509

SÓLO ENTÓNCES...

508

POR ESOS MU.NDOS

der puede reunimo~ allí,-me dijo en voz merla..\fuera el vienlu r.umbaba rou furia ...
Ni uno de los que escuchábamos estabaja-y ese poder ~erá la muerte.• La dejé
ba
tranquilo, y con frncuencia nos mirábamuy triste; pero creí que con la vuelta de
Enrique, que venia á pa-;ar dos días en la mos á hurtadillas. El hombre alto que ocupapoblación, tendría yo ocasión de hacer que ba la silla de mimbres había cambiado de
Mariana perdiera la idea de aquel suefio. posición: parecía más interesado que lodos
Pero Enrique vino y se marchó sin que vo lo en la narración. Continuó diciendo la seviera. Lo supe, porque Mariana, desconsola- ñora Rivard:
-Durante la mañana dormí un poco. Mada y pesarosa, me dijo: «Enrique se ha marchado.• Pero lo dijo con una voz que no ern riana estaba ya en pié cuando yo abrí los
la que siempre ponía mi amiga al hablar de ojos. Tenía aspecto alegre y animado. «Elcsu novio. También me contó que Enrique na,-me dijo-esta noche he estado en la
queria casarse en seguida y marchar á Aus- casa ele los sueños y he visto á mi madre;
tralia, donde le ofrecían un buen destino; no me he a~ustado nada, y eso que, aunque
después recogerían á su madre, mas por el hablamos con toda naturalidad, lo hemos hepronto tendrían que separarse de ella. :\laria- cho como no acostumbramos á hacerlo ordina se negó á esta petición, y los prometido,; nariamente: creo que... quizás,-al decir eslo
dejaron de serlo. Aquella tarde acompañé á vaciló algo- no haya comprnndido yo nunca
:\lariana á su casa y paS(' con ella la velada. á mi madre. Voy ahora á verla. » Púsose una
A las diez de la noche llegó mi criada, para bata y cruzó el pasillo estrecho que conduacompañarme á mi casa; pero )lariana con cía á la alcoba de-su madre. Como lardara
voz extraña me suplicó que me quedara. en volrer, me decidí á ir también. Al
Además de la alteración en la voz, el aspec- crur.ar el pasillo) pa,ó por mi imaginapues recordé al mornento de mi a111iga era el de la persona que ción lo r¡ 1c uc·11-ri:.1,
. to las palabras que dia,Yerclacleramenle sufre.
antes me hahia dirigido
En vista de ello, despedí
.\lariana: su madre haá la criada y me quedé
bía muerto durante el
á hacerla compañía. )le
sueño. El fallecimiento
acosté al lado de Mariadebió tener lugar á las
;ia aquella noche. Auntres de la madrugada.
que pasó bastan le tiemSiguió á esto un silenpo para que logt"ara cecio profundo en los que
rrar los ojos, concilió el
escuchábamos á la señorneño antes que yo, que
ra Ril'ard. Pa~ado un
apenas pude dormir porralo, alguno preguntó
que me sentía extraorqué había sido de )fa.
dinariamente nerviosa;
riana.
al fin quedé un poco
-~Iariana- contestó
traspuesta. Pero de rela narradora-embarcó
pente desperté sobresalpara el extranjero, para
tada. La luna, que briencargarse de la casa de
llaba explendorosamenun hermano sol l ero
te, bat'iaba con su tenue
que tenia; pero no pudo
claridad nuestra cama,
realir.ar sus deseos porpues la ventana de la
que mi infortunada
alcoba donde estábamos
amiga murió en el viaje.
carecía de cortina~; pu Una de las muchachas
de, por tanto, ver á )lapreguntó in dignada é
riana sentada en la caimperiosa:
ma, á mi lado, con los
-;,Y por qué no llegó
ojos abiertos, pero sin
á caAarse con Enri-\Ti infortunada amiga murió en el viaje
mirará parte al~ ur1a deque'?
l e r m i n a da . i.Eres
La narradora suspiró, y dijo:
tú, mamá? -decía ,;u ror., alegremente y
- Xo creo que él pensarn nunca formalsonriendo. Abajo en la reducida sala-comen1enle
en ese casamiento; 6 quizás fuera dedor, el reloj daba las !re,;. :\lariana c;e acostó
rna~iado
orgulloso, y esperaría á que Ir, ronuevamente y parecía como dormida. Yo ingaran
que
volviera. Si pensó con formalidad
tenté, en vano, hacer lo mismo; pero no logré hacerlo: temblaba como si tuviera frío. en hacer su mujer á mi amiga, es s«¡guro quC'
y, sin embargo, mi frente ardía y estaba hú- ahora estará suf1ienrlo el ca,tigo ... Supe que

ese cabal!cro salió para Australia, que obtn-

"º celebridad y que se hizo rico.

_Sonó el timbre eléctrico, y se presentó un
criarlo que encendió las luces. Vimos entónce~ levanla1-se de su asiento de mimbres al

ho~~bre alto; de roslro tostado por el sol, y
saln d?I s~lon _de fumar haciendo una profunda ~~cltnac16n de caber.a. Ob:&lt;cn·é que en
1~ m~Jilla derecha tenía este rahallero \!na
mcalnz roja.
MAHY

lluslraciones ele Arturo H. Bucldand

SOLO ENTONCES...
Cuanrlo brille eu tus ojos la alearía
cuando estalle de risa el corazón " '
cuando seas feliz, dichosa, enlón~es,
uo me recuerdes, no.
Cuan~o nuble el pesar lu far. ra&lt;lianle,
cuando a tu alma el dolor haaa latir
cuando llores y sufras, sólo e~tónce~,
acuérdate de mf.
RICARDO

PASTOR

GAVENDISH

�• ADll':~DTllTA•

Y Canelo, c_omo si lo e~tendiera (yo creo
qu~ lo e~tendia), meneaba la cola con viva
sal1~facc1ón y hasta se permitía uno que otro
ladrido. C?mo vulgarmente se dice, no le
fal.taba mas que h~blar. Tenía razón para est~1 orgulloso y satisfecho, pon¡ue á él se deb1a gran parle de la_ victoria. Yo era el que
menos derecho ~?d1a alegar para participar
de aquel regociJo porque
en tales jornadas ora un ,elemento meramente pa•
sivo.

"ALMENDRITA"
(NARRACION)

M E parece que fué ayer-según lo vivo
l · \ que conservo el recuerdo - cuando

dantes para numerosos rebaños. Era una soberbia posesión de utilidad y de recreo.

acaeció el hecho que voy á relatar. Ua llovido mucho desde entonces, y ha nevado aún
más, si he de juzgar por la nieve que me ha
salido á la cara y el frío que ha penetrado
en mi corazón. Era la época de la novela por
entregas, corrían los grandes tiempos de
Fernández y González y de Pérez Escrich, y
en el teatro alternaba con el drama romántico el género andaluz, predominando en este
la apoteosis del bandolerismo.
Contaba yo nueve años, acababa de salir
de una larga enfermedad, y el médico había
indicado á mi familia la conveniencia de
llevarme á respirar los aires puros del campo. Mi padre (q. s. g. g.) me llevó de Málaga,
donde re,idiarnos, á una magnífica hacienda
que poseían unos parientes nuestros distante media legua de dicha capital, en la Torre
de San Telmo, frente al mar, y allí nos instalamoc;, con gran regocijo de los propietarios de la finca y viva alegría de mi parle.
La hacienda era grande y mucha la variedad de sus productos. La casa estaba situada
al principio de la heredad, junto á la carretera, casi á la orilla del mar y cerca del elevado y granítico cerro de San Telmo, que
mochos años después fué demolido para
realizar las obras del puerto de ~lálaga. Entre la casa y el cerro había varios hornos de
cal¡ detrás de los hornos, en un extenso valle,
un higueral añoso y magnífico¡ á continuación del valle, en terreno quebrado y montuoso, había grandes obradas de viñas, profusos olivares, pinares dilatadisimos, malezas
intrincadac;, jarales peligrosos y pastos abun-

Corrían los últimos dhs del mes de Septiembre, y la temperatura, bastante caluro•
sa todavía en aquella re6ión, resultaba, no
obstante, mu y agradable en los dilatados
olivares y espesos bosques de la finca, singularmente por las mañanas y á la caída de
la larde. Las noches eran delicio,as.
Yo daba grandes paseos por aquellos cam•
pos, casi siempre con mi padre, y me repo•
nía rápidamente, volviendo la púrpura á mis
mejillas y el vigor á mis miembros.
A cosa de la~ tres de la tarde, mi padre,
que era aficionado á la caza y gran tirador,
cogía una escopeta y echaba á andar¡ yo le
seguía, y á los dos y sin excitación de nadie
un galgo finísimo, Canelo, verdadera notabilidad en su especie, cuya cola se agitaba vertiginosamente en cuanto álguien de los de
casa tomaba una escopeta y se dis¡:onía á
salir al campo.
Bien pronto nos hallábamos los tres, mi
padre, yo y el perro, en lo más intrincado de
la espesura.
Volvíamos á casa poco antes de cerrar la
noche, y casi siempre con varias piezas muertas por mi padre y cobrada!&gt; por Canelo, que
eran el trofeo de la jornada victoriosa y que
muchas veces servían para la cena.
Cuando había sido la caza abundante, cosa
que ocurría frecuentemente, mi padre solía
decir:
-¡Vamos, no se ha perdido enteramente
el día!

511

El apa~ecido era muy jóven y de menos
que mediana estatura. A no ser por las patillas (d~ las llamadas de boca de hacha) se
le hubiera lomado por un nilio. A pesar de su
corla estatura, no tenía nada de la deformidad riel c~iano¡ pot· el contrario, era una
fi~ura tan.Justamente proporcionada que hubiera podido tomar:-e por modelo de la estatuaria griega. Su rostro
1
era ?lásicamente bello, y
1~ mirada de sus grandes
OJOS ~egros, simpática y
atract_1va sobre toda ponderación. Vestía el anti***
A los quince días de
guo y pintoresco traje
haber llegado
andaluz, que ya por ená la finca, una
tónces se iba perdiendo
tarde en que
en la ciudades y aun en
íbamos solos
algunos pueblos de aquemi padre y
Ila región, notándose que
y o , porque
los botones de los bombaCanelo se hachos y los cabetes d e ]
bia marchado
chaleco y de la chaqueta
antes con uno
eran de pla la fina.
de mis primÓs
Iba armado hasta los
(Canelo, codientes. Tal vez para husmo he dicho,
car la harmonía con su
se iba con el
estatura, en lugar de esprimero que
copela llevaba un retaco
cogía una esde los más pequeños y
copela), acaeció el he't.
t de dos cañones, dos cacho que motiva estas
~
'
chorrillos penlíneas.
:)
dientes del cinIIacía mucho rato
___,;.,=...-turón -que sujeque caminábamos en
taba la canana,
s!lencio ro1· el pinar,
\1&lt;'11.. , , . _
y un puiíal ensrn que mi padre hutre la faja. Eso
biese di;;parado un soera lo q u e se
lo tiro en toda la tarde,
veía, que acaso
n_o por fa_lta de caza,
:.,-..,..¡a.;.
-i,,-.,_..i
llevara oc u Ita
smo por Ir el buen soalguna otra heñ o r completamente
.•.-.--i.i.;m:.
rramienta.
abstraído y absorto en
Aquel h o msus pensamientos. No
brecito, que respodía explicarme
piraba simpatía
aquella taciturnidad
portoda,partes,
sin motivo, sin motivo
l\Iipadre echaba ti andar e,copeta al hombro ;.ácia
semejaba II n
aparente á lo menos.
el campo, Yyo le acompañaba
cromo, una miD_e pro~to, como fantasma evocado por . 1
.
niatura: lodo en
conJ~ro misterioso, del centro do un vallado e parecia g_rácil, fino y delicado. Si la ca1a
d_e pilas y chumberas que limitaba la ha- ~s, como d~cen, el espejo del alma, el alma
c1enda por aq~ella parte, surgió un hombre
e aquel suJelo debía de ser bellísima
ante nuestra vista,
;,Por q~é la presencia de este jóven · sinMi p~~re palideció intensa y súbitamente· gul~r babia causado tan mal efecto á mi pap~ra d1s1mular, sin duda, procuró son~ drer ¿Tal vez era un caiador furtivo?
reir, pero no pudo conseguirlo: la sonrisa se
Eso fué lo que yo pensé por el pronto.
malogró, y quedó en forzada mueca. Se me
,,.
figuró q_ue estaba vivamente emocionado v
*..*
contranado en extremo.
- d -Se~~ó Junn Y la compaña, güenas tares,-dJJo i::q.icl hombre, quitándose el ca-

�512

POll

~sos

•ALMENORITA»

~WNDOS

·?- preaunló mirándome cari11osamenle.
,
é .
laiiéR. y acercándo;_e á nosotros tranquilo y te .-Para" servir
á usted.-me apresur a
sonriente.
Mi padre, procurando d011:inar la contra- contestarle.
-Pa servirá Dios, galán.
.
riedad que sufría, y estereotipando, por _fin,
-Es el menor de mis hijos,-concluyó 1111
en su alterado semblante una leve Ronn,,a,
padre.
. . . .
:
le contestó:
-Es mtU· sun pat1co,-repuso, dandome
- Buenas tardes. aTú por aquí"?
unas palrnadilas cu el hombr_o. Y agregó:
-Ya lo ve usté.
-Qur aprenlla á le&gt;:'r y escrelm·.
-;Cómo te YÚ
.
.
- Ya sabe: tiene nueve a1ios.
- De sctltí, bien . De lo demás, bagase uste
El desconocido me miró entonces con
el cargo.
.
.
Hubo un momento de pausa, un s11enclo cier ta envidia, no exenta de asombro,. como
á un ser extraordinario... porque sabia leer
embarazoso que, al cabo, rompió el descoy escribir.
nocido, preguntando:
-Que aprenda un oficio,-continuó-que
-;Lleva usté tabaco?
se
al trabajo, que sea un hombre
--Si... Vamos á echarun cigan-o,-conteR- útilaficione
y que no se vea en el caso ...
tó sacando la petaca.
.
No terminó la frase.
'Mientras liaron los cigarros, mi padre se
Y
yo pemé:
serenó, algo, que no mucho. En cua_nto
-Ño quiere que me vea en el caso de Rer
dió las primeras chupadas, el desconocido 1
cazador furtivo. Es un bue11 hombre.
.
poseído del mavor entusiasmo, exclamó:
-¿Se te ofrece algo más?-le pr~guntó nn
-¡Esto es ca'nela fina! ¡Nunca he f1wwo
padre, como deseando poner fin a aque_lla
tan giien tabaco!
..
l\li padre usaba una petaca grll.nd1s1ma, entrerisla, que, al parecer, le era muy vioque siempre llenaba por completo antes ele lenta.
-Que usté deje mamlao.
Ralir de casa. Al oir aquella alabanza, alar~ó
- Pues... entonces ...
la petaca al hombrecito, diciéndole:.
-Seiió Juan ... ro lo quiero á usté... y lo
-Como no tendrás muchas ocasiones de
re~peto
... usté es ,Íwi giie110 ... y semos paipoderlo comprar de esta clase, llévate e::;e
¡:;anos. De consiguiente, espero que...
t:ibaco.
.
Sin concluir lamnoco la fra-;e esta vez.
- :\le lo fnmaré á su saM ... ~Juchas grncias
señó Juan, es usté nmi g11e1io:-conte:;tó, metiéndo~e la petaca entre la faja.
.
.
Se hizo de nuevo el silencio, 1111
Rilencio penoso que tam~ién rompió esta vez el_ des~on_oc1do, balbuciendo, con c1erta_tnmdcz,
aunque sonriendo siempre:
-Como es usté tan ... giieno. vo quedría pedirle ...
-¿Qu·é deseas, qu~ necesitas·~-pregu ntóle m1padr~,
llevándose la mano al bolsillo del chaleco.
-No eseso,-rcplicó vivamente.-Es que ... ando argo
escaso de pórvora.. .
-No digas más ... Toma.
Y le alargó la bolsa de la pólvora, que tambi~n esta~~ llena.
-.\luchas graCJas, seno Juan.
--No hay de qué... Eso no vale
nada ...
1\quella pelirión me afirmó en
la idea de que aquel hombre era
un cazador furtivo. )le extra1ió,
no obstante, que no hubiese pe- -Señó Juan, In compaña, ~ürna,
dido también perdigone,-.
tnrdes,- i10s dijo ol homh1c
-¿,Este mocito es hijo de 11s•

apretóse los labios con el índice y el pulgar
-de la diestra mano.
Mi padre se apresuró á decirle:
-Descuida: notehe visto... Anda con Dios
y que El te ilumine.
-Vayan ustede con la Pastora Divina.
Echamos á andar. A los pocos pasos volví
ta cabeza y noté, con asombro, que el hombrecito habla desaparecido.

***

Mi padre apretó el paso con dirección á la
casa, y parecía mucho más inquieto y pre-Ocupado que antes.
-¿Qué, nos vamos ya á casa?-le pre,
¡unté.
- Sj1-me contestó secamente.
--;_Tan pronto?
· ¡Tan prontol-replicó, . más secamente
todavía
Y redobló la marcha. Aquello, más que
un paseo de retorno semejabaunahuída para
-escapar de un peligro.
Yo no hallaba justificación á tan singular
1lstado de ánimo. El encontrar un cazador
furtivo en la hacienda de nuestros parientes no era, en verdad, agradable; pero no
había en ello motivo para disgustarse de
aquel modo. Tampoco podía hermanar la
contrariedad que, al parecer, había sufrido
con tal encuentro con su solicitud al facilitarle tabaco y pólvora preguntándole, además,
si necesitaba alguna otra cosa. Evidentemente eran amigos, y, siéndolo, ¿por qué le había
disgu~tado y contrariado la presencia de un
amiio y paisanoi'...
Como me había contestado tan ágriamente y .estaba. de tan pésimo humor, no me
3treví á exponerle mis dudas, ni siquiera á
preguntarle quién era aquel hombre. Y seguí andando, casi corriendo, á su lado.
Cuando divisamos la rasa, mi padre se
paró, respiró con fuer.1m, limpióse el sudor
con un gran pañuelo de yerbas, serenóse su
·semblante y, en tono cariñoso, me preguntó:
.:._¿Sabes quién es•ese·bombre que hemos
encontrado?
-Lo adiviné desde el primer ·momento:
un ea1.ador furtivo.
Sonrió maliciosamtinte y repuso:
-No vas desoaminado. ¡Cazador furtivo!...
¡Sí, eso es, no está mal! Sólo que se dedica
á la caza mayor.
-¡Ya! Por eso no le dió usted también
·los perdigones, ni él los pidió.
· ·--¡Claro! Para nada los necesita: no los
·emplea jamás.
· Después se puso serio y grave y añadió:
• -~Lo has visto ~ien? ¿Te has fijado dete'n1damente en Au persona?
,

518

-¡Ya lo creo! Es guapo, simpático y, al
parecer, amigo de usted.
-¡No, amigo no!... Conocido, desgraciadamente ... Es de mi pueblo.
-¿Desgraciadamente·? ¿Por quéi' ¿Quién
es ese hombrei' ¿Cómo se llama'(
-Almendrita,-contestó con la mayor
naturalidad.
Oir yo aquel mote conocidi¡:;imo y echarme á temblar como un azogado, todo fué
uno. Tal terror se apoderó de mí que estuve á puntode desmayarme. ¡¡Almendrital!...
Emprendimos de nuevo la marcha, por mi
parte con loco apresuramiento.
-No corras tanto, estamos á dos pasos de
la casa y ya no hay peligro... ¿Qué te habría
sucedido si hubieses sabido quién era cuando lo tenías á tu vera?
-¡Que me muero del susto!...
-No digas á nadie que hemo~ visto á e,e
hombre.
Prometí guardar el secreto, y momentos
de ,pués llegamos á la casa.

*

**

¿Quién era Almendrifq?
Almendri{a era en aquella época el terror
de los habitantes de los campos y de los
pueblos pequeños de la provincia de Málaga. Dedieábase á la caza mayor, como ha-.
bía dicho mi padre, en clase de ladrón y
asesino. Osado, audaz, astuto, atrevido hasta
lo increíble y valiente hasta la temeridad,
sus atroces fechorías, extensamente relatadas por los periódicos, ponían espanto en el
ánimo más esforzado y eran tema casi exclusivo y perenne tle la conversación en la
casa, en la calle, en los cafés, en todas partes. El bandido estaba entonces en todo el
apogeo de sus facultades y de su gloria y
hasta tira popular en ciertas capas socialea.
El bandido andaluz, por el influjo de una
nociva literatura escénica, que, por fortuna,
pasó hace mucho tiempo, era por entonce!!
simpático á infinito número de personas
Como yo no entraba en ese número, comprenderá el lector lo justificado del pánico
que se apoderó de mí al oir aquel nombre
de guerra, mote siniestro que era como la
enunciación de los crímenes más espantosos, y se comprenderán también el temor, la
contrariedad y la forzada solicitud de mi pa·dre al encontrarse en despoblado con aquel
pájaro de cuenta, aún á pesar de la actitud
correcta y ha.11ta cariñosa del bandido.

*

**

;,Cómo explicar el comedimiento, el cariilo y el respeto de aquel desalmado hacia mi
padre? No podía haber más que una explica-

�POR &amp;&lt;;OS MUNDOS

614
un hombre alto, muy alto, recio, atlético, fea.
ción. Hasta poco antes de nacer yo, en :Má- mal encarado, totalmente repulsivo y nolaga, mi padre había vivido en El Borge, su podia explicarme que aquel bombrecito gual)Uehlo natal, donde poseia una hacienda de po y simpático, aquella delicada figurita de
labor que reveses de fortuna le obligaron á rinconera, amable y sonriente, tuviera tavender para trasladarse con su familia á la les arrestos y fuese capaz de tan temerarias
capital de la provincia, que dista cuatro ley sangrientas empresas.
guas de dicho pueblo. Contaban que como
Después, cuando be leido que ,el estilo. cortijero había sido mi padre un verdadero es el hombre,, me be acordado de Almenamigo de sus trabajadores, que pagaba los drita y be tenido por falsa esa afirmación.
jornales más caros que nadie, que prestaba
Cierto que Almendrita tenia estüo prodinero sin interés (dinero que casi nunca le pio; pero reñido de todo en todo con su elldevolvían) y que era, en suma, el paño de
física.
lágrimas de los desvalidos. Almendrifa ha- voltura
Pudiera decirse que era una equivocacióa
bía estado, cuando era zagalón, guardando cabras en el cortijo de mi pad,·e, tal vez con- de la Naturaleza.
servaba algún recuerdo agradable de su antiguo amo, y de ahí, sin duda, su cariño y su
' al
La noche del día en que encontramos
respeto.
amable y simv•tico bandolero, durante la
¿Cómo y por qué se babia lanzado á aque- cena, mi padre que continuaba absorto y
lla vida. Mi padre lo ignoraba.
preocupado, dijo de pronto y sin preámbulo
Había en la existencia de Almendrita un que, encontrándome ya completamente resdetalle, al parecer insignificante, pero de tablecido, nos Jbamos á Málaga en cuanto
de importancia decisiva tratándose de un amaneciera. Mi tia y mis primos extrañaron
hombre como él. Cayó quinto al cumplir \os mucho tan súbita resolución y trataron de
diecinueve años, y fué declarado inútil para hacerle desistir de tal empeño; pero todos
el servicio militar, por no tener la estatura los razonamientos é instancias fueron inútique exije la ley.
l es: reclamaban su presencia en Málaga
Tratándose del ejercicio de las armas, cu- asuntos importantísimos. Le dijeron quepoyo único objetivo es pelear, fuera natural y día marcharse sólo y que á mi me llevarían
lógico que para ser admitido en la milicia ocho ó quince días después; pero, yo, que
se atendiera más al valor que á la estética, conocía el motivo de la marcha, de la fuga,
apreciándose el espíritu antes que la mate- mejor dicho, me apresuré á rechazar aqueria; pero, á lo que parece, la estética es lo lla proposición. Quedó acordado que nos
primero, lo indispensable, lo único: , cabaal otro día.
llo grande, ande ó no ande, . Siguiendo en iríamos
Toda la noche estuve soñando con Almeneso de las armas semejante criterio, Julio drita y, degenerando el ensueño en espanCesar, Napoleón y muchos otros grandes table pesadilla, presencié robos, incendios,
capitanes, de corta estatura, no debieron asesinatos, y ¡cosa rara!: en medio de s11
ser admitidos en sus respectivos ejércitos. trágica labor, jamás desaparecia la sonrisa
Almendrita, soldado, por su temerario amable y bonachona de Almendrita: ¡sonvalor acaso hubiera sido un héroe, honra y reía siempre y siempre me resultaba aimpágloria de su patria; rechazado por esta, en ticol El terror me lo inspiraban sns ,ícti•
vez de ser un gran capitán, fué un gran
mas,
bandido.
Antes de las ocho de la mañana empren•
Con razón ba dicho el poeta que
dimos el camino de la oiudad en una vieja
y desvencijada tartana, perteneciente á la
entre un héroe y "" bandido
.finca,
haciendo de tartanero mi primo :Masólo media la fortwna.
nolo, un mocetón de veinte años, fuerte y
duro como un roble.
:Mi padre no dijo palabra en todo el cata cabeza del Alniendrita estaba pregomino.
nada: se ofrecía una no despreciable suma
al que lo entregase muerto ó vivo, y parecía
inconcebible su atrevimiento al llegar casi
En Málaga continué teniendo noticias frebasta las puertas de Málaga, en pleno día y cuentemente de las hazatiall de Almendrita,
sin recatarse, al parecer.
reflejándose en todas ellas la audacia increíYo estaba perplejo y desorientado. ¡Qué ble y el valor temerario del tristemente cechasco me babia dado el tal Almendrita!
Leyendo con viva emoción los relatos de sus lebre bandido.
Dos años después de haberle yo vialo a
crímenes espantosos, me había imaginado

•••

•••

•••

HACIA EL IDEAL

la ocasión que dejo referida
;fd~~t: ~•efuardia civil y, ~ucbJi~11
r:'.
1
playa de la Pef::J!~i lo ahorcaron en la

: :ci~,

gunJQ;i:~~:e::zise !!sgr~;iado, poi: sedre, u,na ho!·a antes de la ej!u!~!'.ó m1 pa-No, sen~r,-le contesté.
-Haces bien: es un espectáculo
d
•~dable.
muy es. Málaga se despobló para acudir á r
mar el suplicio del famoso bandOl p esen.. ·d
ero· noci
cu~10s1 ad tan repugnante como ei supli:
rn mismo y que tanto desdice de la piedatl

?

616

!al

~eduo pueblo.
vez fué censurable debi!i-·
a aunque disculpable en mis ocos • ..;
pero, he de confesar ingénuamenie
an°",
t1 el .trágico
fin
de
Almend
·t
'
9ue
se_nd
r, a aun compr eri d .e,~ 0 que lo merecía.
. .
También las mujeres, las jóvenes sin : .
1":~e:¡te, sintieron, sin duda por aqu.rn~
o ta e dehto y compadece al d li

\º

cuente.&gt;
e nPor cíe~ fatalidad ó por otras cau
d.~vestigar aquí, la raza de :

:'e:

11~

::::t~~;'.i:!!ª~!rmo-

sa re~~n a:Jafi,tª
yor v,gor que en otras partes de España. ma-

F11ANc1sco r'LORES GARCÍA

llmtruc·ioms de ./!', de la Mota

HACIA EL IDEAL
·
h En loavouma
-.- pomentes
de amatista
an ~•do 8 '!8 ojos mis anhelos
como s1 la Esperanza tras sus vel;,,,
flotantes se escondiera de m1. mta.
.
Infortunios de amor án: d
.
me han herido
' ,ias e artista
han cansado .~/0
tnsuelos
en los vagos ponientes de am:ti:..

j; ~u:"S:

y ¡l~eal,dme encamino á tu conquista!
miran o saludos de pañuel

y temblar peinadores de batis:
en los vagos ponientes de amatista

han eansado sus ojos mis anhelos. '

EFR!NREBOLLEDO

�~INON DE LENCLOS

NINON DE LENCLOS
"los PÁJAROS DE TOURNELLES". -LA CARIDAD

VIDA SOCIAL. -LA PASION DE SU HIJO Y
SU EPITAFIO.

(I)

A A LOS OCHENTA AMOS DE EDAD. - LECCIONES DE
~!A~:~~";1; o!uÉ::~~~ MA!IMAS y A!IOMAS DE NINON. - su MUERTE y

-·Ya se ve que estáis por la rubia! A vos
os cdrresponde, pues, querida amiga, coronar al autor.
d N'
de
Otra vez se trataba en casa e mon
ó seis literatos entradefi m·r la dicha. Cinco
.
á ó menos pomron en liza y sostuvieron m s
II
ta
osamente lo que significaba para e os es
palabra Un individuo, apoyado _en el respa!·
~o de u~ sofá, escuchaba los d1scurs_os, dibujando de vez en cuando en sus labios una
On risa desdeñosa.
s -Parece-Ie d"1lº Mlle · de Lenclos-que,
•
según vuestra opinión, est?s senores se enle¡· os de la dicha...
cuentran mu y
hé'
'do en mi pensa-Creo que ha is 1e1
.
d
. t Ninon -respondió el mterpela o.
m1en o,
,
d' h ?
_y vos ¿creéis en 1a ,c a
muchos, menos e ella casa admiradores 6
encontraban ~n aqu . ador desconocido que
-Ciertamente.
¡ b
-1 y dónde se encuentra? Tened a o0 .
severos¡nece,. U~¡"fe Ninon y hacia á ésta
frecuen~ba ~1~~ aprovechó cierta discusión dad dti~tr:º1~j~s de donde estos señores
una cor e astió sob're las rubias y las morenas
-¡
el lugar donde se oculta es
que se susci
dedicará la de Lenclos, que era mordena, laa~: 1;::~ se~~eto, yo voy á _descubriri:l~;
para
. Leyó su trabajo el enamora o y
una poes1a. udo menos de interrumpir al p y leyó en seguida una poesia en la q_ f
solamente la d,s ruNmon no p
·e en que la llamaba celo- asegura baque la dicha
•
¡ momento
lector en un pasa¡ .
tamos durante el sueno, puesdel el do de los
ardiente entusiasta.
d"
ue despertamos escapa e a
sa, B ta b' asta mi querido poeta,- Ni¡o ~~i::bres
Ninon miró el reloj y exclamó:
-as,
,
·tto10
riendo.-Creo que no es ese mi re ra .
Ha; dado las doce de la noche. Apresuá;;. mi querido poeta: no debéis perder moso~~t~{~g~!:ia el fondo de su alma po_rfitan
~enio si queréis gozar de la dicha. .
.
'fi t exclamación, el pobre vers1 ~aUna
carcajada
general
acogió
tal
mgen)O·
morh ~an e
d'ó los labios y enro¡e•
dor palideció, se mor 1
¡ ·éndose sasa1¡·da , mientras el individuo
b' de a sonnsa
ció alternativamente;_ después, ~:l~ba cer- desdeñosa se mordió los 1a ,os.

hótel que Nmon habitaba en la calle
de Tournelles era siempre el punto ie
'ta favorito de los poetas, de los ::rtistas, l e
CI
á s irituales, as1 como os
1
~::fl~~::: :t;lo: ~e lda ?dapditeªn'
1 d b'eron á su as, Ul a
f"~::a le 'aquella sin par b~rmosura el soª. robre de Pájaros dR, 1ournelles•.
br~: esta deliciosa estancia no se rendia culá la galantería y a I amor,
to solamente b'. se celebraban combates
sino que tam ,en.
á d
n autor iba
filosóficos y hteranos; m s e u
.
s obras en prosa y verso, y
allí a leer su
elle Chaulieu, Scarron,
Desbarreaux, Cbap . '
M liére y otros
Chateauneuf, Cam~\:t~:~
los citados,

EL

f~~~~!n~~

q:e

t.

bá~: N~::i,b!~~ti~t~~: 1;:t~:a dedicando
ca elo ruhio los más cumplidos ditirambos:
aLI pd
ub1'a pagó con una sonrisa los elo
a ama r le di'rioian l' Nmon
•
• d'ó
.
ana
i ma-gros que se
o· ,
Tu,iosamente:
• 1.n1 T Mayo óttimos.

(t) Vé-anse nuestros números d e'"'

***
No arecia sino que todos los ~ombrcs
emineJtes habian de consaJ{:nád~~neonFi:~~
• cordiales bomena¡es.
. 'd
mas
d los caballeros más disbngm os
u~~te~ le pagó su tributo; se amaron

d~1~

uno á otro con pasión; pero, como en el
hombre y en la mujer de mundo las pasiones se encienden y se extinguen fácilmente,
el conde fué el primero que sintió debilitarse su llama amórosa, y no atreviéndose á
declararlo de viva voz á Ninon decidióse
á escribirla. La hermosa Lenclos encontrábase ocupada en su toilette cuando recibió
el fatal billete. Herida en el corazón por golpe tan inesperado, tomó las tijeras, cortó una
parte de su pelo y la dió al criado del conde
diciéndole:
-Decid á vuestro amo que.esa es mi respuesta.
Creyendo el conde que babia mucha parte de cariño en este proceder, corrió inme•
diatamente á echarse á los piés de su amada pidiéndola que le perdonase aquel momento de olvido y jurándola, en cambio,
amor eterno. Pero Ninon, que conocía muy
bien el corazón de los hombres para que creyera en la duración de pasiones reanudadas,
buscó el reemplazo de este amor ya viejo
por otro lleno de juventud.
El conde de Cbatillon, ascendido entonces
á mariscal de Francia, se prendó de Ninon,
la cual, desgraciadamente para él, le correspondió con la más glacial indiferencia. El fa.
moso maestro de baile Pécour era en aquel
tiempo su rival victorioso, y un día en que
el bailarín llevaba un traje muy parecido al
uniforme de los &amp;nardias, le preguntó el
conde, en tono irónico:
-¡,En qué cuerpo servís?
-Señormío,-le respondió Pécour-mand.o un cuerpo en el que vos desearíais servir.
Respuesta tan atrevida picó al conde, que
demostró sn disgusto á Mlle. de Lenclos, en
cuya casa no volvió á poner los piés.
A los cincuenta y cioco años de edad tuvo
Ninon una hija, que no vivió. El padre, hombre de posición elevada, lleno de dolor por
esta pérdida, hizo embalsamar el cuerpo de
la niña, y lo colocó en su bufete á fin de tenerlo siempre ante su vista.

***
A pesar de lo avanzado de la edad de Ninen en la época á que alcanzan estas
ligeras notas (la de Lenolos habla llegado ya
á la decrepitud), esta incomparable mujer no
conoció la fealdad ni en su rostro ni en su
cuerpo; conservaba todos los dientes, y sus
ojos aparecían tan brillantes que, como se
decia,•podia leerse en ellos toda su historia.,
Según unos, á la edad de ochenta años cerró

Ninon su carrera amorosa; pero otros aseguran que la prolongó hasta el final de su vida.
Aunque sufrió la de Lenclos val'ias indis-

511

posiciones y enfermedades, consecuencia
natural de la edad, permanecía sana y vigorosa. Filósofa hasta el último momento, decía que era obligación de la gente vieja contentarse eon el día en que vive y cuidar de
su cuerpo gastado como de una cosa agradable; añadiendo que no se debla temer á ta
muerte, porque ese temor, según ella, acusaba un alma cargada de remordimientos. «Nó
se debe hacer mal á nadie nunca,-decJasino, al contrario, hemos de practicar todo
el bien posible y buscar las ocasiones para
ello.»
Este precepto evangélico lo predicaba Ninon con el ejemplo, pues practicaba la caridad con ese genero·so impulso que sólo pertenece á las almas escogidas; \anta fué esto
así que hasta losjuecés más severos se velan·
obligados á d.eclarar que 1~ de Lenclos, á
pesar de la libertad de sus cosfulnbres, gozaba reputación de excelente persona, siem.pre pronta á prestar su auxilio /¡ lo,s que lo
imploraban. Uno de sus últimos áctós nobles
lo llevó á cabo con Voltaire, al cual, apenas
presentado á ella 'y adivinando su talento, le
invitó a que frecuentara su casa y su trato.
Aceptó. este .ofrecimiento el jqven que ,n¡ás
tarde 'babia de ser célebre filósofo,· él cual
llamaba á Ninorí su linda tía, mientras que
ésta, eomo prueba de su amistad y del interés que le inspiraba su protegido, le legaba.
en su testamento dos mil francos para q11e
comprara libros.
Cristina, !~in.a de Suecia, que estüVo en
Francia en 16ó6, quiso verá la célebre Ninon. Su deseo fué satisfecho, y tan complacida quedó aquella soberana escuch~ndola
que la propeso· marchar con ella á Roma;
pero la de Lenclos rehusó con toda la cortesía que debía al rango de Cris\ina, ·1a cúal,
siempre ·que hablaba de la hermosa anciana.
la apellidaba la ilustre Ninon, añadiendo
que cuantos elogios se hicieran de ella es-.
taban ma y por bajo de sus méritos.
Y el Rey Sol, el célebre monarca Luis,
XI V de Francia, que vió un día á la de Lenclos, cuando ésta contaba ya ochenta y ocho
años de edad, en una tribuna de la capilla
de VersalJes, no pudo menos de decir que
Ninon era un fenómeno dR, conservación.
Esta hermosa mujer murió el 17 de Octobre de 1706, á los noventa y ocno. años de
su edad, y su amigo Saint-Evremont l.a hizo
este epitafio:
!/indulgente

et sage Na.ture

a formé l'dme de Ninon
da la volupté d'Epicure
et de la vertu dR, Platon.

'

No terminaremos estos capítulos sin re.

'

�r.rn

POR ESOS MUNDOS

producir algunas máximas y axio?1as que_ la
do Lenclos escribió y puso ademas en pr~c-

·1

l

tica, y sin recordar dos rasgos de. su. vida
que demuestran el poderío c¡ue e¡_erc1ó su
belleza y la delicad_eza de sus sentnmentos:
Queriendo experimentar hasta dónde po
día llegar la debilidad de un enamorado, fingló mostrarse indiferente á la corte_ asidua
qae le hacia un jóven de_la mas lma¡ud_a nohleia; pero, cierto dia, Nmon le ex1grn ~uomesa de casamiento si la dotaba con,,tremta
mil escudos. «¡Y cien mil, si los quere~~!)) ex•
clamó el noble enamorado. Algunos d,1as después asistiendo este · jóven á la toilette de
Nino~, quedó asombrado al leer su firma e~
uno de lqspapillotes que habían s~mdo a
la-dueña de sas pensamientos para nzarse el
pelo: cogió el papel, lo exammó y su sorpresa fué grande al. ver que ~ra el taló~ de l~s
treinta mil escudos que Nmon 1~ habia pedido, «Esto os debe probar-le d1¡0 la de Lenclos-el caso que bago yo de promesas de
jóvenes aturdidos como vos, y lo que os
comprometeríais con una muJer capaz de
aprovecharse de vuestras tontadas.•

•*•

A los sesenta años de su edad estaba Ninon tan bien conservada y. todavia era tan
atractiva que inspiró -~na pasión extraordinaria á su segundo h1¡0, el caballero De V1lliers, el cual ignoraba que la de Lenclos
fue'ra su madre. Véase lo que sobre esto dice
un escritor de la época:
«El marqués de Gerser había educado
briHantemente áestejóven sm r~velarle el secreto de su nacimiento. Conclmd~• sus estu •

,Hos cuando tenía veinte años, quiso ~l marqués antes de lanzarlo al mundo,envmrle al
g¡m tiempo á la escuela de su madre _para
hacerle adquirir ese tono de buena sociedad
que e\1a poseía en tan alto grado: Nmon •~cedió á los deseos del marqués sm presumir
las desdichas que resultarían de ello. N1_non,
que se sentía dichosa dando lecc10nes a s_u
hijo, redactó expresamente pa_ra él lo_s s1guien!'ls párrafos sobre el me¡or medio de
a¡iradar.
dT .
. «Escuo~ad, amigo mío. No es muy ' ,ci 1
triúnfar de las mujeres cuando se sabe trata,rl~s: es. un a~te que exige nada m~s q~e
un , poco de ingenio y much_a experiencia.
Ret~ned bien lo que ahora vá1s á leer: ~rimero: No os presentéis á la persona de quien

queráis haceros amar sino ~n. ~~ ~omento
favorable. Segundo: No la vis1te1s sino con
esa finura de tacto que, evitándoos el peligro
de ser importuno, hasta os h~rá desead_o. y
tercero es.encialísimo: estudiad el caracter
de es¡, ~ujer en sus más minuciosos deta \les.

»Después de un profundo couoeime~to _de
prachca
b . y del corazón
1acaeza
·
, poned en 'tó
ta
los consejos siguientes. Con la ar1s era
de al lo rango, orgullos~ de sus títulos, sed
respetuoso, modesto, tímido; tened s1_empre
el sombrero en la mano y la adm1rac1ón en
lo~ labios· mostráos presuroso en obedecer;

buscad l~ manera de adivinar, de preven~r
sus menores deseos, sus mas ligeros ~ªPJ1chos· consideré.os honrado con una mua a.
y awadeced humildemente el honor que se
os hace al rebajarse basta vos. Si, por el c~~lrario. vuestra estrella os .conduce a los p_1e:
de la rica ennoblecida, re1d con ella, mofao,
de esos antignos barones de cashllos alme, dos de esas marquesas orgullosas de sus
~~art~les, de todas las antigüedades pasadas
de moda y que empiezan á caer en el do1mnio de la comedia. Conducíos así co~ la una
y la otra nobleza, y tened la se~ur1dad de
r¡ue venceréis.
b d
,Hablad de modas con la coqueta; al~ a
su excelente gusto para elegir sus v~stJdo~
y sus adornos para componer sus toilettes,
dad la derecho á pensar _q~e ¡amás hubo elegancia femenina que h1ctera resaltar meJor
las ventajas de su lindo cuerpo;_bablad horas
enteras sobre el color de una cinta, sobre la
forma de un sombrero, sobr? el corte de una
manga; en fin, no tengáis miedo de tratar seriamente la manera de colocar un afiler. y
mientras dure conversación tan interesante.
~uardáos de aparecer distraído: ¡eso os perdería! Enfadáos alguna que otra vez, _fingid
indiferencia, hasta frialdad, con la mu¡er carrichosa, sobre todo con la coqueta¡. ausenláos, haced correr la vos de que llevats vues1ra adoración á otras partes: ~n~onces se os
deseará, se os escribirá, y qmz~s_s~ ?s m!lndará á buscar; después se os dmgiran_ ~1~r•
nos reproches, se os regañará, se os ext~1r~o
nuevos juramentos, y seréis amado, acar1ctado y mimado más que nunca. Alguna que
otra vez extasiáos ante los preciosos de~os
ue se os mostrarán para que los ~dm1r~1s,
~o escatiméis las alabanzas á los p1ececitos
encerrados en cárceles de terc10pelo ó de
seda· hablad, charlad de fiestas bailes, teatros coches; arrojad un grano de m~:d1cencia en esos discursos cuando to.qu ..1s el
capítulo de una be\1eza rival; practicad, ~n
fin las encantadora., tonterías del lengu~¡c
de' boudoi,·, y seréis un muchacho de mgenio, un hombre adorable perfecto, ha;
hréis sabido agradar, se apasionarán de vo..
y se disputaran vuestra ?onquista.
,Si tratáis con una artista, hablad c~n modestia de su arte, sed parco en consejos, f.Obre todo si ella os los pide; escuchad enlu•
siasmado cuanto os diga, aprobad cuanto

l'

NINON DE LENCLOS

hace, mostráos lleno de admiración ante su

519

de su hijo, no pudo evitar que De Villiers se
atrave'!"ra el cuerpo con la espada que llevaba al cinto.El dolor queNinon experimentó
por la muerte trágica de su hijo la sumergió
en una especie de desfallecimiento físico y
moral, habiendo sido necesarios grandes esfuerzos de sus amigos para sustraerla á la
desesperación. Pero tan espantoso suceso
produjo sobre ella notable alteración en •su
conducta: á la mujer ligera, disipada, loca y
sin cuidados, sucedió otra reflexiva y formal.
La muerte de su hijo alejó á Ninon durante
algún tiempo de la sociedad; pero su tenden•
cia irresistible por el placer la hizo dejar su
retiro, y su casa de París volvió á ser el punto de reunión de la buena sociedad.

singular talento, y usad un lenguaje vivo,
enérgico, pero delicado. Así obtendréis la re&lt;iompensa.
•Con una devota, tened en público los ojos
bajos aparentando la cándida inocencia del
niño, y os haréis notar. En la intimidad, en
tét,-á-téte, sed atrevido: ella cederá y osadorará.
•Con una jóven que acabe de ser presentada en sociedad y cuya timidez no haya
aido todavía reemplazada por esa franqueza
que se ha convenido en llamar facilidad de
maneras, tened la sencillez, la dulzura de
un adolescente; mostráos atento á los deseos
que ella no se atreva á expresar, y estad
siempre pronto á satisfacerlos, á prevenirlos,
no fatigándola, sin embargo, con vuestras
**•
preguntas ó miradas. Explicadle la causa de
Entre los numerosos pensamientos filosóque nuestros primeros pasos en la sociedad ficos y espirituales que se citan de Ninon, á
aean temerosos, poco seguros; acudid en su propósito de picantes y agudas réplicas, resocorro cuando al preguntar balbucee ó va
produciremos los siguientes:
eile en algunas frases, y encargáos algunas
La mujer fea, de genio dominante y que
veces de terminar las respuestas que ella tiene la pretensión de agradar físicamente,
deje incompletas: sobre todo, no la agobiéis rs como un mendigo que pide limosna. En
eon vuestro saber. Consagradle varios dias raso semejante, la misma frase es aplicable
de constante asiduidad, y habréis adquirido al hombre.
derecho á su reconocimiento.»
El amor es un comel'Cio arriesgado donde
Así instruía Ninon á su hijo en el arte de las bancarrotas son numerosas.
agradar; pero el pobre caballero De Villiers
Muchas mujeres prefieren la reputación de
estaba profundamente enamorado de la de ser adorables á la dicha de ser amadas realLenclos, y un día se echó á los piés de ella y mente.
la besó las manos, haciéndola una declaraLas mujeres conceden más favores por cación apasionada. Ninon reprimió el dolor pricho que por amor.
que este acto le causaba, y le respondió que
Quitad del amor lo que hay en él de amor
era muy vieja para corresponderle; él insis- propio, y queda en verdad muy poca cosa.
tió, protestando que la adoraba y que mori- Una vez purgado de la vanidad, el amor es un
ría de desesperación si le rechazaba.
convaleciente que puede apenas sostenerse.
-¡Insensatol-le dijo entonces Ninon.Para mucha gente el amor, pasada la
Mirad ese reloj: á esta hora hace sesenta efervescenciaprimera, es sólola relación enaños que yo vine al mundo, y vos tenéis ape- tre dos fantasmas.
nas veinte.
El amor verdadero es raro. El amor quo
Y en seguida se retiró á sus habitaciones. generalmente se practica resulta una profaAlgunos días después, el jóven caballero nación confundido con el febril deseo de goDe Villiers la vió sola en el jardín, corrió á ces, con el cambio de coqueterías 6 de vanipostrarse á sus piés y la tomó las manos, que dades. El amor verdadero es un sentimiento
regó con lágrimas. Entónces, la de Lenclos sublime de dos almas que parecen atraerse
exclamó:
y compenetrarse, es la feliz inteligencia de
-¡Detenéos, desdichado! Sabed que soy dos corazones, es una delicadeza de peusa•
vuestra madre ...
rnientos que es fuente de alegl'ias y de diDe Villiers quedó como aplastado bajo chas.
el peso de tan terribles palabras. Y Ni 11on,
Pensando desde niña en el desigual reparderramando lágrimas, Je dijo:
to de cualidades hecho entre hombres y mu-¡Oh, hijo mio! ¡Perdona á tu madre este jeres, be visto que siempre se nos ha querisecreto de tu nacimiento! ¡Perdónala haberte do adornar con la pnsesión de las cualidades
dado la vida!
más frívolas, mientras que los hombres se
El jóven, pálido y temblando, separóse reservaban las cualidades esenciales. Desde
bruscamente de los brazos de su madre y aquel momento quise considerarme hombre.
huyó con precipitación al fondo del jardín.
Observadas constantemente de todas parNinon, 1ue se había lanzado sobre los pasos tes la~ mujere~ y contrariadas sin cesar,

�,,--,,----=e:, --

PUR ESOS MUNDOS

ó20

.
re con temor y en la inquietud de _lo
siemp
·
·¡· d ad1e

ue bagan, isin apoyo y sm aux110. en

'

~i aun de los mil adoradores que tienen, ¿es
preciso asombrarse de qu~ esté~ de mal humor y tengan ciertos capnc_hos. .
.
No está enteramente dec1d1do s1 las muJeres aman mejor que los hombres; pe~o no
hay duda de que su.amor es más dehcado.
En general la muJer que ve á uno de sus
amigos muy ~ntusiasmado al lado de otra,
padece celos porque supone algo secrel? entre ellos. Esta suposición establece la opm1ón

que las mujeres tienen unas de o~ras.,

.

Las fábulas ofrecen más atracl!vo a la JU·
ventud que la historia; por la m1~ma razón,
el amor agrada más que el casamiento. .
Las mujeres perdonan alguna_vez una in•
fidelid.ad, pero jamás una perfidia.
El afecto debía empezar donde concluye ~l
amor y concluir donde comienza la rnfidehdad.

·

d

El amor no es como la amista ' que

es

cosa sa"rada: es un placer que no se compromet~ á obligación alguna.
. .
.
Es preciso siempre hacer prov1s1ón de V!·
veres y jamás de placeres. La abundancrn
de estos deteriora la salud; mientras que la
abundancia de aquellos nos asegura contra
la escasez.
Vale más ser engañada por un amigo que
desconfiar de él.
Se tiene necesidad de más talento para
hacer el amor que para mandar ejércitos,

porque el amor es la pieza donde los ent'.e•
actos son más largos, y ¡,cómo llena~ los i_ntermedios sino por el talento y el mgemor
Los filósofos de la antigüedad eran nada
más que oroullosos; los modernos son orgullosos, hipó~ritas é interesados á la _ve,.
Las desgracias de nuestros amigos so 1o.
deben servir para aumentar nuestro afecto
por ellos.
d
Cuando oigo alabar mucho un acto e probidad que después de todo es un deber mu y
natur~l practicarlo, me parece creer
hay muy pocas gentes honradas en e
mundo.
·
La belleza sin talento es un anzuelo sm

.'v -\Jt
1

e_

qut

cebo.
.
. seduc tor q ue poLa mujer es un DUSteno
cos hombres saben comprender y qu~ t~dos
adoran ú odian sin conocer su ver a ero

LAS OPERAS MÁS CELEBReS DEL MUNDO

"A ID A'', DE V ERD 1

sentido.
·
está
Una mujer que presta oído á p1_ropos

cercana á rendirse, como plaza sitiada que
pide parlamentar.
b ll
Las mujeres quieren más á su e eza q_ue
á sus amant~s.

A.sí, pues, no hay cosa meJor

ara enamorará una mujer que hablarla con
preferencia de ella misma: agradecerá más
~I amante la conversación que verse sobrelos encantos que posea, que aquella d que se
refie ra á los sentimientos que haya esperlado.
·
¡
ás reEn el corazón de las muieres iay m

Los aficionados á la música que viven alejados de las grandes capitales y que, por tanto, no di,¡ponen de ocasiones para ver y oir las óperas en la escena teatral, tre11e&gt;1
que conknfarse con los ecos que hasta ellos lleva la prensa diaria, cuyos crlticos solo
se· ocupan en la producción especifioo. olvidándose de lo que la obra es en sí con relacwn á la historia de la música ó de las conrepciones de los compositores. Nuestro
propósito en estos articulas es poner de relieve el espíritu de los grandes hombres
que han desarrollado el arte del drama musical, y, al efecto, en esta serie ya hemos
detallado las óperas Rienzi, Tannhiiuser y Lohengrin, de Wagner, Rigoletto, de Verdi, Romeo y Julieta, de Go-unod, y La Bohemia, de Puccini.

cuerdos amargos que dulces.
Verdisu ópera .A.ida en el año
E, 1869 para
el nuevo teatro italiano manSCRIBIÓ

•

--,

parativos indispensables; pero estos no se
habían completado cuando estalló la guerra
entre Francia y Prusia. En la fecha fijada
para la representación de la ópera, París estaba sitiado por los alemanes, y esto ocasionó el retraso de dos años para el estreno en
FranJia de la gran ópera citada; pero el 24
de Diciembre de 1871 un público numeroso
y distinguido, compuesto de europeos y de

dado construir en El Cairo por el jedive Ismail en la época de la apertura del Canal de
Suez. Aunque la idea del libreto (que pertenece al eminente egiptólogo francés Mariette
Bey, á quien la Ciencia debe las excavaciones hechas para hallar la Esfinge y la.;
Tumbas en Sakkara) es puramente imaginativa, su atmósfera local y sus altas condicio- orientales, el mismo casi que se había reunines drall'.láticas deleitaron á Verdi, que enado en el teatro construido hacía poco ·en
morado de antemano de la partitura-que iba
El Cairo, proclamó en París, sin que disiná concebir encargó á M. du Locle que escritiera ni una sola voz, que la última obra de
biera el texto en prosa francesa bajo la diVerdi era una soberbia ópera de repertorección do! mismo músico, á quien se debe
rio: aparato, arle dramático, melodía, coros
el final del último acto ó sea la doble esce- hermosos y arias magnificas, todo ello resna de Radamés y .A.ida en la prisión y de
pirando ambiente oriental, encerraba la parlas sacerdotisas en el templo. El libreto frantitura de .A.ida, que desde entónces fué la
cés Jué traducido al italiano por Antonio obra favorita del repertorio italiano.
Ghislanzoni.
Una de las condiciones del contrato de
*
Verdi con el jedive Ismail era que .A.ida haLa sencillez y buen humor natural del
bría de contarse en París inmediatamenmaestro Verdi tienen prueba palmaria en
te. después de su represen !ación en El Cairo.
un episodio que siguió á la representación de
En las dos ciudades se pusieron á trabajar .A.ida en Parma. Un hombre que se firmaba
aimultáneamente para llevur á cabo los preBerlani escribió al compositor diciéndole que

••

1

�ó22

1
' 11

POR ESOS MUNDOS

por curiosidad fué á oir dicha ópera, diri- sin embargo, su amor la obliga a exclamará
~iéndose para ello desde Reggio a Parma, Rada»iés: ¡ Ritorna vincito,•! Después, que•
mas sufrió un desencanto, y salió de Parma da sola y lacnenta sus impías palabras pi, para su casa de Reggio; pero en el tren oyó diendo al cielo piedad.
En el segundo acto,apareceAmneris adorelogiar tanto la obra, que se volvió nuevanándose
para esperar la vuelta victoriosa del
mente á Parma con el fin de oir la ópera por
segunda vez, sin que tampoco en esta oca• ejército egipcio. Obliga á Aidct á declarar su
sión lograra convencerse de las bellezas que amor por Radamés, y jura derrotarla, miense rlecia contaba la pa11i\Ul'a: su opinión tras que la esclava dice que ahogará su padefinitiva fué que ,sin la pompa del espec- sión en un sepulcro. La escena se traslada á
táculo el público no permanecería en el las puertas de la ciudad de Thebes donde la
tropa egipcia- desfila ante el rey, á cuyo lado
teatro hasta el fin de la representación.,
se
sienta Amneris. Aida, que está á los piés
«Por consiguiente,- añadía-incluyo á us•
del
trono, ve á Radamés que regresa victo•
ted una cuenta justificada de la suma á
que me considero con derecho por gastos rioso, conducido en una silla doselada. Desque he hecho llamado por exajerado$ anun- ciende el rey del trono y abrasa al caudillo,
cios: once liras y ochenta céntimos por via- y el corasón de Aida goza de orgullo con el
jes en ferrocarril; dieciseis liras por billeles triunfo de su amado. Son presentados al rey
para la ópera, y cuatro liras por dos comi- los prisioneros etiopes, enlre los que se
das muy malas en la estación de Parma. To- cuenta Amonasro, el padre de Aida. Suplital, 31 liras y 80 céntimos.» La carta con- ca el rey etiope al soberano egipcio piedad
cluia con la afirmación de que el firmante para su pueblo, y también la pide Aida,
dependía de su familia y de que «este gasto uniéndose á sus ruegos los del populacho;
inú,til perturbaba su tranquilidad como te- pero los implacables sacerdotes de !sis piden
rrible espectro: por esto me dirijo it vos, pa- la destrucción del enemigo. Entónces, Radara que me ~nviéis esa cantidad., Verdi de- més, que ha escuchado el ruego de Aidct,
dujo el precio de las comidas y envió á dice: ,¡Oh, reyl Tú has jurado concederme
Bertani el resto, incluyéndole á la vez un lo que te pida: yo te suplico la vida y liberdocumento, que el individ,10 debía firmar, tad de los prisioneros etiopes.» El rey conpor el que se comprometia á no presenciar testa que el país debe a Radamés su salvanunca la ,representación de una ópera del ción y que, en consecuencia, .los prisioneros
serán libres~ «Ademas.como premio, concedo
citado compositor.
al caudillo la mano de Amneris., Cuando la
multitud clama jubilosamente y la princesa
El lulsllr de la ,ee,cena de la ópera .Aida mira orgullosa á. su esclava, Ra:lamés se
es el antiguo Egipto. La tierra de los Farao- voelve.á ésta y murmura: ,El trono de Eg,p·
nes se encuentra en vísperas de una guerra to no vale Jo que tu corazón, Aida.•
El tercer acto representa una noche ea•
con sus tradicionales enemigos los etíopes
trellada
-y de ltlna á orillas del Nilo. Amnedel Nilo Superior. Radamés, soldado egipcio, se encueptra en e) palacio del rey á ris y el Gran Sacerdote se dirigen al tem&lt;~uieµ sirv~, pensando en pelear por su pa• plo de Jsis, donde se celebran oficios prepa·
tria para volver del campo de. batalla lleno ratorios del casamiento de Amner·is con Ra•
de gloria á fin de poderse arrojar á los piés da,nés. Se presenta Ai&lt;la, muy cubierta con
de su amada Aida, la hija de Amon(IBro, el nn velo. Un momento después es sorprendirey etiope, á la cual, hecha cautiva en una da por la aparición de su padre, que le dice
guerra anterior, se le obligaba á ser criada haber adivinado su amor por Radamés y
de A,nneris, la princesa egipcia. Mientras. que todavía no es tarde para evitar la tra'geRadamés canta á su Ce~te Aida, entra diade su casamiento con Amneris. ,¿Por qué
Amneris apresuradamente acompañada d.e no lo persuades por tu arnor-le dice-á que
su ese!~~• real. Ambas entablan largo diálo- preste su concurso á la Etiopía?, Radamés
go, en el. que Amneris expone á Aida la entra, y Amneris se oculta precipitadamenp_asión que siente por Radamés y su dolor te. El soldado dice á. Aida que su amor es
por la devoción 90n que ve que el soldado imperecedero y que • está resue)to á evitar
sigue 'á Aida y por las ardientes miradas, su casamiento en la princesa. Aúla le pide
con que ésta recibe las que el soldado le que hu ya con ella á los floridos valles de su
dirige. El rey egipcio y su acompañamiento país. Mientrq..s él eseuoha, Amneris, los sage .p,0$entan, y Ramfis, el Gra.n 8acwdote cerdotes y los guardias salon del templo y
rle !sis, .p~opone .á Rada¡nés para mandar el descubren .á )os tres. Amonasro se precipiel ejército.egipcio. Ai&lt;:la sa,be que su padre 1.a conl.ra Amn,¡ris, espada en mano; pero
m,am!!l 1~l 1ej~~·,Gi!.o;,contrarjo, y se horrori~:lj Rad¡tt1.1és se interpone cn.tre ellqs. Amon«.-·

CLEOPATRA

coy su hija huyen, y el Gran S
do
;,oge prisionero á Radctmés por traid~ te
E? ~¡ cu~rto Y I\ltimo acto promete ·Amperdón á Radamés si jura 110
volver a ver á Aida; pero el soldado dice
q~e ~refiere l_a muerte á este suplieio que se
p1
su pas1ó~ amorosa. Los sacerdotes lo

nens •~pho

da
con enan a morir enterrado vivo Amneris
:J:~ en~o~aor.dejado
de amarle, es!A desespera:
Cae el telón por un momento
aparece luego la escena dividida en dos .Y

fº~'
~a ~arte superior es el templo de Vulca::
a m erior es una cueva subterránea don.U:

523

RadaméB espel'a la muerte lenta. Los sacerd?les _sellan )a losa de aquella tumba. El ·,¡.
~:e10, que espera la mue1'te, sólo piensien
-~ ~u'YJ fo1·ma se le aparece entre la obs-

eur1 a . o es un fantasma, ea ella misma

que en la ÜQr de eu juventud viene á mori;
con él. En el templo resuenan los cánticos
~~zas ~e las sacerdotisas que envuelven lo;
u imos instantes de los amantes, los cuale•
Juntos ."!' ap~et.~do abrazo, entonan un~
h~rmQs1~una pag¡na

musical sintiendo apro~

x1demarse !• aurora de un día eterno de amor
Y venturas.

~
CLEOPATRA
La ví tendida de espaldas
entre púrpu,as revueltas,
Estaba toda desnuda
aspirando humo de esencias
en largo, tubo escarchado
-&lt;le diamantes y 'perlas.
Sobre la siniestra mano
apoyaba la cabeza
'f, cual el ojo de un tigre
un ópalo daba en ella
'
vislumbres ,de sangre y fuego
al oro de su ancha trenza,
Tenia un pié sobre el otro

y los dos como azucenas
Y, catea ,de los tobillos, '

argollas de finas piedras
Y e1; el vientre un dens; triángulo
de risada y rubia seda.
J\n un brazo se torcía
como cinta de centella '
un áspid de filigrana '
salpicado de turquesas
con dos carbunclos po; ojos
y un dardo de oro por lengua ...
¡Ah! l!"uhiera yo dado enlónees
todos mis lauros de Atenas
por entrar en esa alcóba
coronado de violetas
dejando con los eun~Ms
m!B coturnos á la puerta.
SALVADOR

DÍAZ MIRÓN

�AMOH. DE DAiHA \ AMOR DE ESCLAVA

LEYENDA DE LA BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
A~OS 410 y446 DE LA ER:A DE. CRISTO¡

por C. BRYSON TA YLOR
SUMARIO DE LOS CAPITULOS ANTERIORES (!)
La fama lo¡rada en todo el pais por Melchor, jª~dor;e
cuentos y cantor de baladas, despierta en e J ven l•
canor deseos de igualarla y aún de superarla, y á aquel
oficio 86 dedica nueslro heroe. Hijo de esclavos, ~ndona la casa de.sus padres, y por. sendas ,.Y ve aa
rre montes y prados reuniéndose • 1os pu~s ante los cUales hace derroche de las facu.ltade.
1 ~e¡~ adornan. Asombi:ados lo, oyentes de Ni_$:8.nor
ql . . •o muy pronto 68 enciende entre ellos la \ea

de ~~l~:rdia y 86 produc.;en gran. escándalo y pete;,,

gani

0
que i.erminan porque empieza á d_1spersarse~
cuidan los pastorea y éstos tienen que 1r tras .u

que Nicanor aalisfecho con que sus palabras bub1e~~~roducido L;:0 to efecto, adquiere mayores d~•
aún de que su rama sea universal, Ypa7e de•~ ~odre
terruño para dirigirse é. grandes y popu osas c1u a es

Tbbín8:~•

r

en busca de esa gloria que persigue.
mt-5
por la Isla de Bramble, es la Pº. aci ne egi ª
1
0 oc·da
,
Nicanor
y
Tobías,
un
rico
comerciante,
la
persop0 á . n ;a recomendado por sus padres. Toblas
na ~~e i Nicanor una plaza en su taller, donde_ le •
::~:a á trabajar en marfil. Bien pronto lof: el Jó•
ven ser un discípulo aventajado de su maes ro, pero
de'11. de tener con éste íuerie? ~lterc&amp;.dos porque,
;isesi~nado de la ilusión que acat1C1 8 ~
sus padrea Nicanorabandonael taller e od
•
ta con rrec'uencia al trabajo, J cuando acu e
•1o
hace de mala ;ana. }i:n esta,s,correrhis d,e vago y ocioso que hace· N1can·or, e! conínndido con . º.º esclavo
de la serviduml)re de su amo, J hecho p~s,onero por
unos soldados que lo conducen A presencia d~d noble
señor Eudemius, á cuyo servi~lo q1;1_eda consento. Ni1'
canorencuentra·un día á Vana, b1Ja de~~ señor, a
cual, enterada por su doncella .de la ba~t11dad Ya_rte
del esclavo para relatar cuentos y narrac1o_nes, IAe
ue distrai con ellos'. el, t.ed\o qu~ la domina.
a•
ierlo Niearor despierta en los dos Jóvenes mllluo amor,

ª'i-ai~Jar•~!e

1t1i

fl/ª

'
Nicodem.us, esclavo ayer, liberto hoy,
tuerto, patizambo, inmensamente ancho, cejudo y entrecano, encontrabase en 1~ puerta
de su taberna observando la multitud de
viajeros que se apretaba en. el vado de la
pantanosa laguna, vanguardla de la m~chedumbre que todas las noches descend1a sobre Thorney. Detras de Nicodemus en el
obscuro hueco de la humosa taberna, su
mujer Myleia, sucia, de nari': corva, preparaba alimento para los via¡eros que muy
pronto acudirían pidiendo cama y cena.
(i) Véanse nuestros números 146 á 1¼8,

Eran las últimas horas de la__timle Y la
débil neblina crepuscular se tema aún con
colores sonrosados; sm embargo ya parpa•
deaban algunas luces entre la_s arrmconadas
casas y en la playa ardían diversas ~og~eras. En el vado no había mayor exc1tac1ón
que la acostumbrada en tales hora~; pero
Nicodemus, que ¡0 vigilaba todo con mlerés,
vió de pronto un hombre que á gr~ndes
trancos salvaba el pantano y que vesba co•
lelo de ante y casco bronceado, á más de
llevar al costado tremenda espada en forma
de hoja.
N' d
Temiendo algo de este hombre, ico e
mus entró en el tienduco, cuyo local ~sta
ba penosamente alumbrado por mal ohente

525

lámpara. Esta tienda era reducida y baja de mente eficaz: la cara del hombre aquel sontecho; jarros de vino barato y barriles de rió con ojos atontados y abotargados.
cerveza con un enjambre de vasos de todas
-¡Muchacho, Nicanor, levántatel-dijole
formas y tamaños, se veían en 1os anaque- Nicodcmus.-Valerio viene por ti, Dice que
les que á lo largo de las paredes había a ya ha pasado el tiempo de tu permiso, y tieuno y a otro lado; el centro de la habilación ne que llevarte á casa de tu señor.
lo ocupaba una.•mesa de tijeta agujereada y
Nicanor no contestó, y sentandose ~en el
desvencijada, á la que flanqueaban sillas de camastro, para lo cual hubo de hacer un
banquillos de pie~ran e3fuerzo, oprimiódra. En rededor
su la cabeza con amde los dos lados
bas manos¡ miró estúde la habitación
pidamente a Nicodehabía una serie
mus, y sin hablar tode gruesos taridavía, y pasándose la
mones. En e 1
lengua hinchada por los
borde de uno de
bbios, nuevamente se
es tos dejábase
dejó caer en posición
ver una cabeza
supina y en absoluto
de cabello negro,
inerte. Sentóse Nicodefuerte y·aplastamus &lt;&gt; n el borde del
do; y en el amtarimón, y pasando su
biente aquel patrazo de go ri Ia en rerería masticarse
dedor de
un a atmósfera
1os homde licor pasado,
b.r os de
de carne quemaNicanor,
da y de humo
hizo un a
picante de maseña á su
deros. Entró My·
mujer, la
leia, que
cual se divc¡¡ia de
rigió á los
Ia cocina,
armarios
e o n un
donde esplato de
taban los jarros de licor,
vaca ámevolviendo con un vaso
dio ao;ar, y
d o cuerno lleno d e un
Nicodeliquido que Nicodemus
mus se diderramó por la garganta
rigió al tadel borracho. Este apretó los dientes,
rimón morespiró con dificultad y, por último,
viendo
tragó como un autómata.
bruscaEn aquei instante,una.forma negra se
mente al
destacó en la luz crepuscular que por la
que lo ocupaba.
puerta entraba.
-Ah.i está Valerio,-¡La paz sea con vosotros, amigos
difo con voz áspera y gro- Nicodcmus vació subre !a míos! ¿Qué ocurre?-dijo Valerio, pues
sera, que parecía salir cabeza de Nico.nor toda el
no era otro el que entraba.-¡,Ese·es Nitrabajosamente de su ca- agua que contcnia el jarro
eanor? ¿Otra vez borracho?... Pues lo va
vernoso pecho.
á pasar mal, porque Hito, el jefe de los
El individuo que ocupaba el tarimón ape- capataces, tiene contra él negras intenciones.
nas hizo caso de la advertencia, y NicodeNicanor, que lentamente iba recobrando ,
mus pidió a su mujer un jarro de agua, que sus sentidos, miró á Valerio, y reconociéndoMyleia trajo prontamente. Ambos permane- le abrió la boca para hablar; pero el esfuercieron silenciosos, mirando la negra cabeza zo era grande para él, y la cerró nuevamendel borracho, cuya figura tomaba relieve en te. Dejó caer la cabeza detras de Nicodemus,
la dudosa claridad de la habilación. Nicode- y con los ojos cerrados dijo ca.i ininteligimus reíunfuñó algunas palabras, y sin aviso blemente:
previo vació toda el arna del jarro sobre la
¡Oh, Valerio! ¡,Qué pasa?
negra cabeza, haciendo reir idiotamente á
- Que te necesito, amigo mío. 1Parece que
M-y leia;, pero el remedio no fué sino parcial- olvidas el collar de esclavo que llevas!

¡j
.l 1

::_-

!

��ó28

ansiedad por averiguar lo que hubiera de
labi?s... ¡Ah, noble Eudemiusl e.Qué dinas si verdad en lo que se decía. Inventó un presupieras que sólo con quererlo tu esclavo texto para ir al interior de la casa, á fin de
podrías perder lo que con todo tu oro no lle- ver si por casualidad se hallaba Varia entre
garlas á recuperar,
los asistentes al festín. Como la jóven estaba
La efervescencia de ánimo que produje- constantemente recluida por Eudemiua, teron á Nicanor sus reflexiones cesó antes de nia Nicanor la seguridad de que no estarla
que adquiriera mayores vuelos. Permaneció allí, pero su desconfianza persistía. En el caun instante sin moverse, se pasó la mano mino encontró á Wardo, esclavo sajón, de
por la vista y volvió á su trabajo. Al poner- abundante y hermosa cabellera y ojos azuse el sol, tomó la parte de ración concedida les, al que preguntó:
por la casa á los esclavos; pero la vista del
-¿Has vislo á los extranjeros? ¿Puedes
alimento le causó verdadera repugnancia, y
decirme de
dónde vienen
se marchó á
y quién los
la habitación
ha recibido?
donde do r-Ellos 'f
mía en comnuestro sepañia de
ñor cenan
otros esclaahora,-con•
vos,dejándotestó Wardo.
se caer como
-Se ha manJn leño, ,exdado venir á
hausto de
las bailariespíritu y de
nas y se ha
cuerpo. A 1
pedido gran
poco rato,
variedad
de
quedóse dorvino~: ya se
mido. Cuanhan traído
do despertó,
algunos; y,
reinaba ya
oye,Nicanor:
1a obscuriEgo n, que
dad, y en
los escancia,
medio de ella
dice que la
llegaban hasconversata él estrición es muy
dentes notas
Nicanor s11rri6 con enterna dft Animo el
extraña para
de nerviosa
tormento de lo• lll:U\1'6 11u" lliln nu,ndh
tenida en un
propinarle
actividad
festín como
que había en
en las cociel que celebran: se empe1ia11 en que nuestro
nas. Levantóse Nicanor y á ellP se dirigió amo ha de ir á Roma con ellos. ;,Qu6 te
atravesando el obscuro patio y detenién• parece? Hablan de Roma y de Londinium, de
dose al lado de un por.o para beber un vaso las legiones de Galia, y de pérdidas de
buques y de dinero..• ;,Qué será todo ello?
de agua.
Allí se encontró con una esclava, á la qun ¿Iremos también nosotros á Roma·~
·
preguntó, deteniéndola en sus precipitados
-¡Nosotros á Romal-repitió Nicanor.pasos hácia la cocina:
Di más bien que nos quedaremos aquí para
-¿Hay fiesta en la casa esta noche?
morir como ratae -encadenadM que el domaLa esclava le oyó con sorpresa.
dor ha olvidado.
-;.No lo sabéis acaso?-le repuso.-Han
Separóse Nicanor de Wardo, acechando
llegado hoy dos extranjeros, y, según se dice, una oportunidad, y 11e detuTo ante la petraen noticias de importancia para nuestro queña puerta del jardín. Puao la mano &amp;0bre
señor, que he oído asegurar que irá con eila y retrocedió un paso, mirando hácia
ellos á Roma mañana mismo.
atrás para ver si á guíen le segufa. En su
Echó la esclava á correr, y Nieanor per- rostro babia me1.cla de duda y de atrevimaneció quieto repitiendo estúpidamente las miento, de vacilación y de deseo. Abrió la
palabras que acababa de oir.
puerta con llave silenciosa, se deslizó htcia
-¡Nuestro amo se irá mañana á Roma adentro de manera que las vides apenas ae
con esos extranjeros! Entóncea ella no le rozaran, y la Tolvió á cerrar ain hacer él meacompañará.
Y en el Rcto se sintió acometido de febril nor ruido.

529

AMOR DE DAMA y AMOR DE ESCLAVA

POR &amp;SOS MUNDOS

so??nolencia; pero ella se detuvo ante él y
en el acto el ~undo desapareció para el ~sEn_ el jardín no había nadie. La ansiednd ' c)avo que perdió PI pensamiento y la memóde ~ica~or aumentó con la dilación. Sagaz
ie1Jºddo para fijarlos solamente en aquea e a . que acudía á su llamada.
Y. s1le~c10s0 como gato montés, cruzó el espn- .\qui estoy,--dijo Varia en voz mu v
c10 abierto de pradera, subió las gradas de la
ter:aza: y ganó las ventanas, por las que no que~¡~_-¿,.'.\le llama!:ite, ó es que soñé acaso~
y fü?anor, temblando de emoción, no con:saha luz alguna de las elevadas lámparas del
s~lón. Con todo su atrevimiento, no se deci- testó, sin~ que atrajo hácia si á la noble dachó a dar un pas:i más. Burlado pero tenar. ma apretandola en estrecho abrazo. No habló, porque no se atrevía el
en su ~etermmación, no re' .
·
infeliz esclavo á confiar á Ja
lroced1ó, y. amparándose en
voz lo que su lenaua
ansiaba
las sombras aguardó.
0
pronunciar.
Desde. 'donde estaba no
¿No tienes ninaún cueupe_ ci~ía otros sonidos que el
lu
4ue
decirme {s~a noche':'
ch1rmlo de los in-e: tos en la
-le preguntó ella.-Anoche
hierba, el chülido del murle esperaba, y no viniste:
?iélago ó el gorjeo de un pá¡estuve sola! En toda la noJaro i;omnolicnto; jamá~, 1'1
cho no pu&lt;le dormir, y hov
no saberlo, se hubiera crei~
estoy cansa&lt;la, mu y cansada.'..
do que se encontraba en el
. Dejó de hablar. Bostezó.
&lt;·entro de una casa CUl'OS hasrn d(:imulario en nada, cobitantes !-umarían ci~nto y
mo mno que tiene sueüo ,.
más almas: tan tranquilo y
lentamente dejó caer la ~a~
tan aparentemente remoto de
beia sobre los hombros del
todo ruido y tumulto huma•
esclavo, que so extremeciú
nos se encontraba. Los efece;;lrechándola más contra si:
tos combinados del silencio
Eran estos movimientos inoy del perfume de las muchas
centes de Varia cosas de niüa
plantas que en el jardí11 flocompletamente confiada, sin
recían de noche casi le emasomo de pensamiento culbriagaron, pues, además, su
pable; pero esa misma inocabeza estaba décencia de aquellas conflanr.a~
bil. por falla de
l
constituía el más fuerte e,al1mento. Y era
cudo de la adorada jóven.
tal, después de
En su alma de nitla no se
~an~o esperar, el
traslucía nada do la pasión
ansia que tenia
que hacía temblar á Nicanor
de ver á Varia
al solo pensamie11to de estreque empezó á o::·'
char una de las manos de
pasos encada susVaria Y que hacia palpitar
piro del viento y
su cora,,.ón desorde:rndamenen cada crujido
te, cuando, como en la ocade rama!-.
sión
presente, dt•scansaba
--¡Ella vendrá!
una de sus meJ'illas sobre su
¡Debe venir!Nicnnor atrajo hacia s[
¡
mumuraba Nical la hermosa y noble pee lO,t1,Ni cómo iba ella á sadama
berlo,
siendo su alma alma
nor.
_ de niña inor-enle, aun cuando
Y_, e n efecto,
Vana se le presentó tras de incontables ho- su cuerpo fuera el cuerpo do una mujer fraras de_ espera, durante las cuale;; Nicanor al- gante nso del místico néctar de la ~ida
ternativamente dormitaba y se extremccia abundaute endul_ces al1activos de los qu~
r~anudauclo la peno,;a úgilancia que soste- ella no conocia m el más peque, o sianificadoi' ·
.
º
nll\ á fuerr.a de voluntad.
.
-¡~o
quiero
oir
otro
cuento!-dijo
al
fin
~ hermosa jóven aparecióse á Nicanor
sahendo de la perfuma&lt;la obscuridad an- m~per1?sa~e11te y levantando la cabeza par~
dando lentamente, co11 los brazos ca¡'do,, á nwar a N1canor, sorprendida y resentida de
aprelos lados, cual vaporosa figura en la pe- q_ue sus deseos fueran tan lia~ramente
0
•
numbrosa sole~ad del jardín. Al verla, Nica- ciados.
Nicanor volvió á atraerla bácia asi, 1{evannor no se movió, creyé1,dose juguete de su
J.

'

X

1

í¡8

1,

4

�o31

Al\lOR DE DAMA y ,UJOH DI! MCl,AVA

l&gt;OR ESOS MUNDOS

espantosas poblaban estos bosques con nosdo las dJs manos de ella á su abrasado ros- otros, pero paseábamos entre ellas sin temor
tro, y diciéndola:
alguno porque i¡¡;noraban que pudieran da-¡Ah, se1iora mía! El único cuento que iiarnoc:; bajo la lu I oculta de antiguas lunas
tengo hoy no me atrevo á refcriroslo. Pero vagábamos, entrelazadas las manos; y día
sabed que mi corazón está lleno de él y mi tras día os contaba yo el cuento que hoy no
cerebro gira en su rededor, sintiendo uno y me atrevo á deciros ... ¡Era, mi adorada señopensando otro qur lodo lo que yo puedo ra, un mundo todo felicidad, un mundo sin
deciros ha de encontrar eco en vuestro ro- sombra de cuidados ni nubes de pesares, sin
razón siempre y en cada momento. ¿Verdad otra cosa que la límpida luz del sol y lo,
r¡ue es así?
de los pájaroc;!
Y la estrechó más entre sus brazo!', be- cantos
,En ese mundo, que era nuestro mundo,
hiendo el pcríum~ de su pelo r a&lt;;pirando el fuimos libres nosotros dos, libres como los
&lt;'alor que impregnaba cada fibra de su ser. vi •nlos que acariciaban nuestros rostros. En\'aria permaneció quieta: ron la cabeza apo- tonces, no conocíamos la medida de nuestra
yada en el hombro de Nicanor, descan~aba libertad porque no habíamos conocido eseómodame11le, como el pi\jaro en el nido, en clavitud de carne ni de espíritu. Por esto,
la fuerza del esclavo.
los altos dioses decretaron que viniéramos á
· --- Pe:-o la rosa es demasiado bella y fra- conocer la grande 1a de sus dones, perdiéngante para que la cojan manos ordinarias,dolo~: para que en nuestras futuras vidas
conlinuó Nicanor, cuya vo7. crecía en inle:1- nos encontráramos esclavos y esclavi7.ados y
:-idad romo si argu ,era sobre un punto pudiéramos darnos cuenta de lo que babiaacerca del que muchas veces anles hubiera nio,; perdido. En la sombra de los inmen,os
reflexionado.- Ahora e~a rosa solo es un árbole,; que sostienen el mismo piso del cie11aciei1le capullo, que no sabe nada de lo, lo noo. detuvimos no-otros, v vimos la inpeligros que rodean á toda~ las rosas rn to- mensid 1d lerre~lrc que nos sonreía con plállos los j1rdines, seiiora mía. Y ese capullo c·idas y tibias lardes. Entonce!'! fué cuando
que hoy oculta su áureo corazón en las me- vueslra5 manos aprendieron por primera vez
dio abiertas hoja'-, algiln día será ofrecida it á cogerse á las mía"-; entonces fué cuando
caballeros de elernda e:;lirpe, á lo~ ruale, por primera Ye I dc!-ransó vuestra cabeza sodirá el señor y amo del jardín: «Ved, amigos bre mi pecho... íOh! Pero aquellos días que
mío'-, la mejor rosa de mis rosales: la he cui- pasaron eran mu y largo": cada uno era una
dado con esmero, la he preservado contra el joya de llamas y azul celeste: y todos estafrío y el calor abra&lt;;ador y la he regado ante!'! han unidos por la cadena de oro del tiempo;
de que el sol suave de la mañana la visitara. y las noche-,como los días,eran largao., y claHoy está ya en disposición ele adornar el ras, muy clara", y perfumadas, como vuestro
:-ilio donde se coloque • Y lo,- caballeros co- pelo que ahora aspiro. Nuestro alimento
gerán la' rosa y se recrearán al verla desple- eran frutas y nueces que reco3íamos de lus
gar sus encantos, pétalo lra, pélalo hasta úrbole!"; nuestro vino, el agua de claros arro·
que ponga de manifiesto toda su belleza ... yos que os servía yo en mi!- manos; y formaVaria ~e cxlremeció: y pa!'ánclose una ma- han las camas para nuestro descanso fraganno por los labios dijo en tono r¡urjumbroso: tes y tupidos helechos ...
-¡Pero e-o no es un cuento! Y «i lo e".
11 i1.o una pausa Nicanor, y luego continuó
el cuento entonces es muy lri~le. ¡Pobre ro- hablando en voz apagada:
, sal Bien pudiera ser que e·la quisiera estar
-Cómo vivía mi alma no puedo decíroslo,
en el jardín sin qne la cogien1n, para no clulce señora mía. ¿,No lo adivináis al ver el
marchitar,e... Dime otro cuento, aquel que temblor que ahora sufren mis manos y la
se refiere á nuestro pa"aclo desconocido, al fiebre que me abrasa, al observar que apepasado que tú y yo vivíamos hace muc-ho. nas so1· clueüo de mí mismo?
mucho tiempo, y en el cual de pronto. sin
El tÓno de la YOZ de Niranor cambió v se
conocernof&lt;, nos encontramos. ¡~se cuento suavi1.ó repentinamente. El csdavo sentóse
me gusta má" que todos!
sob7e el césped, y apoyando sus brazos en
-;,De cuando nos encontramos decis?- las rodilla,; de ella aprisionó con sus manos
repuso Nicanor.-Si, era otro tiempo, siglos las manos de Varia. La profunda Yoz de Nide siglos hace, cuando el mundo era jóven, canor I,ajó á una nota de suave ternura q,1e
y solo la luna y hs estrellas eran vil'jas. So- emorionaba como las cuerdas de un arpa
bre la tierra sólo existíamos lo, dos, sic,.d,
tocada.
para nosotros el mundo con toda" sus be- gentilmente
-¡Oh, luz de todo el mundo, si yo me
llezas: bosques sombríos cubrían toda la atreviera á deciros mis pensamientos y la
tierra, en la que había extraiio'&gt; pájaros y locura que de mi se ha apoderado por vos,
crecían mng11ificas y hermosas flores; fier:is

los á:boles sordo~ que murmuran siempre
por las estrellas. Fué lo bastante: de un sal·
no o~ en, Y. los mismos vientos del cielo ni to, el e~clavo se encontró nuevamente al lado
p&lt;~dr1an depr de comprender el significado de de Vana, otra ve;: e!'\lrecbándola en sus bra1111,- palal)l'a,-!
zos.
\'ari:t pasó enlónces una de i-us mano- so:-:¡Te amo. le amo!- murmuró el esclavo.
lJl'C ,el ros t10
• e1e N.icanor, r acariciándo!o" tan - •E~e es el cuc1ll:&gt; que no me atreví á con',~ullc~nl1ente como pu&lt;lieran acariciar lo!'I pé- tarte. Un cuento que no tiene más que do,
" º" ee una ro~a. Je &lt;lijo:
1:ala~ras: dos palab_ra!'; mu y corlas, pero que
. íflobrecillo mío! f.Eslás enfe1·mo? ·T
es mas largo que m:1¡!ím otro cuento de ioi·o,tro quema como el f;1ego!
. ' u c¡ue Jam
· ás se l1a yan dicho.
·
,;Comprende~ co••
\ el rsclaYo, lernnlán&lt;lose ~- haciéndola razón querido?
·
'·
lt•rnntar3c rll'i bau-¡Si, me amas! -rr,::ponclió Varia.c:o, besó apasiona,;_l:or qui• 110 lo había de comprender:damenlr a Varia.
'1 yo le amo también!
diciéndola:
-¿Y sabes lú lo que e,; amor?-pre. - ¡ Peque11as y
g11nló .Nicanor á Varia.- Pues amor es lo
liudas manos que
111~s terrible del mundo, á la rez que lo
curan todo dolor"
11!as &lt;lulte; es una cadena que liga una
alivian todo pesar,
nda á otra, siendo los e8labones de esl
i·o os adoro! Q3
cadena golas de sangre del corazón; es
adoro .. y os temo
dolor del que no se busca el alivio porporque a• 1a vez'
que vive \' debe ,·ivir eternamente', ¡,uc:;
l{llC me proporciola muerlc, para él.
uái~ alirio hacéi:no es mú~ l!llC Ull
m il_s profunda la
momento en la
liericla de mi corat,b~curidad.
-:óu.
Varia returo el
Y de repente,
aliento con un susr·omo dominado
pi_ro ahogado, y
por otra idra. prr.- ~
dejó que ~icanor
!!Ulltó á Varia:
la besara en I os
-;,llasoído qu"
ojo•.
lu padre:mi ~e,ior.
-¡Que Dios le
ra á salir dr Bretrugasiempre pret a 1i a para ir á
~enlel-la dijo y
Hom~?
la dejó marchar.
• ;,Salir clr. Drecontemplándola
taüa ":' ¡No pucJr
mientras se desli"er! -e x c I a m ó
zaba por el verde
c·lla.-¿.Por qué
cé~ped.
había de hacerlo')
Sobre las muraEl no se marcha~
llas que circundaria sin mi, v vo ...
ban la opulenta
no me iré: per'mamansión, comenneceré aquí... J'ero
zaba á extenderse
lú.-.::Jnlinuó la
una neblina gris:
herm~sa j ó V e n,
-; l'c,¡ueiias Y línaas manos que curan todo do!
..
el murmullo de los
acercandose más
todo pesar yo 05 adorJI
or Yalman
insectos babia 00 •
itlos?
él e·vend ras
· manana
~- me contarás cuen- ' :;;ado, y el mundo permanecía en suspenso
aguardando el misterio del dia. Los árboles y
__ Nicanor la miró por alg(m lirmpo y la ar~ustos del jardín formaban una masa somthJo resueltamrnle:
h_ria que cont1:~stabacon el malizde la fantás-Si, vendré.
tica au~ora. ~1canor percibió el débil ruido
y ~cpará~dos~ ella de él, partió Cru7.ando de una' en lana que se cerraba y perma 'ó
1uca.,o mm
· óv1·¡, como fi11ura sombría
,
nec1a
la parle del Jardm cubierta de césped 11.··
ne
nor se
dó .. d
. 1,1ca•
q~e . miran ola Y oprimiéndose la en aquel solitario lug:r, hasta que, fin
frente. \ olv1ó ella la cabeza para mirarle ,· nace_r el alba, se de;;vaneció entre la red' de
se destacó entonces su hermosura alumbrada folla;e que ocultaba la puerta del jardín.

it g:1

fl11sfracio11es ele Reina Jnfwile.

(Co11ti111:ará)

�¿CUÁL ES MI OBRA PREDILECTA?
HORÓSCOPO DE LOS MESES

JUNIO: SOL EN GÉMINIS
mes, que es el sexto del año, dice
Ovidio que recibió el nombre que tiene
Jn honor de Juno; pero otros escritores y
poetas relacionan esta denominación con el
consulado de Junio Bruto. Sea lo que fuere
:le esto, lo cierto es que el nombre de Junio
ha debido darse guardando cierta relación
con los trabajos agrícolas, que en la pre'&gt;ente época del año llegan á su madurez. En el
tiempo de la Reforma Juliana del calendario, los días de este mes eran sólo veintinueve; Julio César añadió el trigésimo.
En este mes tiene lugar el solsticio de verano, y durante él impera, desde el 26 de
Mayo hasta el 18 de Junio, la constell\ción
Géminis, tercer signo del Zodiaco, que gobierna los hombro~, los brazos y las manos.
. Es un signo masculino, común y de doble
cuerpo, y sus mayores atributos son la razón y la sensación.
Un:\ persona nacida en el período de la
cúspide, ósea desde el 20 al 26 de Mayo,
:mando el sol se encuentra en el borde del
signo, no recibe todos los beneficios de Gémi1íis, ni de Tauro, que le precedió; pero
participa de las características de ambos.
La mayor parte de las personas nacidas
en Géminis son cariñosas, generosas, corteses y amables para todos; están dotadas de
probidad, de disposición acomodaticia, y de
temperamento que prontamente se irrita,
pero con la misma prontitud se calma.
Dicho signo da á estos sujeto, genio natu•
ral de inventiva, amor á la ciencia, talento
para el comercio, disposición para el ahorro,
y moderación en el uso de todas las cosas.
STE

E

Son intensamente enérgicos y tienen grandes aspiraciones; mu y amantes de la educa•
ción, dan gran valor á los progresos en literatura, ciencia y artes; y tienen opinione:práctica, y filosóficas sol,re todas las materias. Pueden adaptarse á cualesquiera condiciones de asuntos, y por esta habilidad y por
sus naturales ambiciones se elevan pronto á
pue,,tos importantes.
Las gentes nacidas en tiempo de Géminis
son por lo general bien formadas, de pelo
obscuro, de complexión brillante, de frente
redonda, y de expresión fria, pero intelectual
é intranquila, en los ojos. El temperamento
físieo es sanguíneo-bilioso en el Sur, y bilioso-nervioso en el Norte.
El principal defecto de los hijos de este
sicrno es la impaciencia. Son los individuos
n:cidos bajo él inclinados á diseminar sus
fuernas; continuamente se buscan faltas á sí
propios, é inval'iablemente miran el lado
obscuro de la vida.
Sus mejores amigos los encontrarán en los
nacido~ bajo Acuario y Virgo.
Su unión con personas nacinas bajo Acuario y Virgo hará que trngan buena descendencia, lista é inteligente.
El planeta gobernante es Mercurio; las joyas son .il berilo, el aguamarina y las piedras
de color azul obscuro; los colores astrales, el
rojo, el azul y el blanco; Abril y Agosto son
los meses felices; y el miércoles, el día afortunado de la semana. La antigua tribu hebre.l que gobernaba este signo es la de !sacar, y Ambriel el arcángel gobernante de la
réferiua tribu.

José Villegas

nistraron su_s arsenales, asombroi:;os é incom•
parable~. ?m embargo, y aunque parer,ca
~l _director del Museo del Prado, pintor contra_d cc~ón, yo no soy partidario de la pinex111~10 que hasta hace poco regentó la Aca- tur~ histórica: la labor que en ella realiza el
dell?ia de Roma, no halla dificultades para artista es, por así decirlo? negativa, pues
designar su obra
tiene q u e traslapreferida.
darse mentalmen- lndudablete á una época qu€
men te, -dice-mi
no es la su ya, falpredilecta es El
seando la realidad,
triunfo de la dodando una visión
[Jaresct . Ninguna
del pasado que no
otra pintura mia
es posible reprotuvú autb el púduzca con exactiblico un éxito tan
tud las escenas y
unánime y definipersonajes tomativo, y yo no vacilo
dos como base de
en considerarla cosu cuadro, el cual,
mo mi obra. En
por lo tanto, no
ella puse cuanta
pasará de ser una
f é y entusiasmo
ficción más ó mesea capaz de emn?s hermosa y háplear un artista en
bilmente realizala realización de
da. La misión del
sus ideales; trabaartista, en mi conjando en ella pasé
cepto, d e b e ser
meses y meses,
m u y otra: bbor
procurando empapositiva, retratanparme en el asundo s u época, el
to del modo neceambiente en que
sario para darle el
vivió, la sociedad
debido sabor d e
que le rodea, para
época , p a r a lo
que el día de maeual los museos
ñana las generaromanos me sumiJosé Villepa
ciones íutl.'ras pue-

�¿CUÁL ES MI OBRA PREDILECTA?

Mi¡uel Echeiaray

...
.

.'

.

ó35

Nnrciso Día, de Escovnr

dan ver en los cuadros, no solo la realúa- i11cubanclo su obra. v esto es para mí mu,·
ción de un ideal artístico, sino también un dificil, aquí tlonde las ocupaciones oficiales
fiel espejo en el que con toda verdad se• ahsorben una gran parte de nris hora~.
reíl&lt;'je la vida... ,Por lo demác¡, es fácil que
más adelante moMiguel
difique mi modo d&lt;'
pe11sar en lo que á
Echegaray
la elección de obra
predi lec ta se refieE-;te fecundo lire. E'&lt;IO será el día
terato, autor dP
que pueda ver real rnlas pro&lt;lucciulizaua una idea
11es teatrales cele grandiosa, que,
b:adíHirnas, nos diademás de pictórie~. &lt;·01ilC'sta11do ú
ca, tiene mucho de
la pregunta consapoética y aún dr
bida, lo :;iguientP:
sociológica y m oXu tengo c11
ral: tal es una serie
realidad una obra
rl e d i e z grande,
que prefiera á tuliernrns, que repredas, sino varias; lo
sentarán El Deccícual 11u es dr ex1090, para lo$ cualrariar haciendo la
les, durante los úlcuenta de que, entimos tiempos de
tre grandes y chimi permanencia en
cas, Jlcyo e¡:¡critas
noma, hice numenoven la ,. i;iete.
ro sos r,ludios ,.
,Ayudé a Emitio.
l ocelos. ~l i rC'gresÓ
:.\[ario en cuanto
á Esparia i11terrnma lea nzaron mi;;
pió la comenzada
fuerzas, y en ac.¡uelabor, y Dios sabe
llos vr-inte a11os c:..cuándo podré verla
ll·en ·, ('Ul\l'Cll ta corealizada, pues pa\Iiiuel de {;'nawuno
media-; en tres a&lt;·ra ello necesi tal'Ía
to~. De aquel pPaislarme en absoluto durante largo tiempo, ríodo hay una. la favorih: Sin familia.
dejar que la imaginación fuera lentamente
•No puede quejarse tampoco rlr mi rrt ri-

�536

POR ESOSMUNDOS

«Me es casi imposible contestar categóricamente á su pregunta.
•Es muy feo que un padre sienta preferencias por alguno de
sus hijos, y como á
cuantas obras llevo
publicadas las he engendrado con el ar\
tes.
dor y ahinco con que
»Entre la multitud
\
se engendra un hijo,
de piezas que llevo
por hijos espirituaescritas, una sobre
les las tengo.
todas: Servir pam
\
»Influye, además,
al90. Y en el género
para modificar ó exlírico á que me he
traviar nuestro juiconsagrado e n mis
cio el juicio de los
postrimerías, o t r a:
demás, y he de deEl dúo de La Africirle que cada vez
cana.
que publico algo me
• Eslo n o quiere
asombra y me irrita
decir que yo pueda
v e r cómo lo toman
echar en olvido ni El
los farautes d e la
octavo no mentir, ni
crítica ó lo que sea:
El enemigo, ni La
estoy esperando que
vieja ley,ni La señá
las juzguen por el
Francisca, ni La
Ramón A. Urbano
tamaño del libro, el
viejecita, ni menos
tipo
de
los
caractéres
de
en ellas
Gigantes y cabezudos, etcétera, etcétera. Un empleado ó por otra cosa imprenta
así.
padre puede querer mucho á todos sus hijos,
»Publiqué mi . Vidci de Don Quijote y
aunque sean noventa y siete, como en el caso
Sancho,
en que lomaba la obra de Cervanpresente, sin contar los seis que tengo en
tes como poco más
casa.
q u e u n pretexto
»Y aquí, en conpara dar mis profiamr.a y al oído, y
pias reflexiones, y
sin pizcade modesapenas se fijaron
tia , diré á usted
sino en la relación
que á mí me gusentro ambas. Otros
tan t o d a s ro i s
se agarraron al coobras, incluyendo
tejo entre la vida
las que me h a n
&lt;le Don Quijote y
silbado: todas ... ¡No
la de San Ignacio,
se lo diga usled á
cosa accident~l.
nadie!»
•Acabo de public a r u n tomo de
Poesías, y verá usMiguel
ted cómo pasa una
de Unamuno
cosa análoga. Las
más de ellas, están
El rector de la
compuestas
con
UniYersidad s a l arreglo á la tradimantina, cuya plucio~al preceptivama, nunca en repop o r mezquina y
so, ha sabido exbárbara q u e m e
plorar to d as las
parezca - y unas
manifestaciones licuantas en ritmo
terarias, desde las
libre, pero con su
abstrusas comple•
ley. Pues estoy esJosé
Llaneces
jidades de la Fi- · ·
perando que se agalosofía á las plácidas lucubraciones poéticas, nos remite la si- . rren a este incidente, que les ahorrara de
tener que hincar el diente en la substancia
guiente contestación:
dad y de mi consecuencia Don Cándido Lara.
Muchas comedias en dos actos llevé a la escena en el lindo coliseo de la Corredera Baja.
De esta serie de juguetes cómicos, hay
uno predilecto también: Los hugono-

�POR ESOS
538
»Con todo lo cual, yo no sé ya qué debo
preferir, ni me importa saberlo.
,, Y después de todo, ;_qué le importa al
público cuál es entre las obras de un autor
la que éste prefiere?
, La auto-critica es un acto de cobanlia, y
el dar á conocer tales preferencias es auto-critica.
»Prefiero,
pues, todas mi~
obras, cada una
en su lugar.•

MUNDOS

romanos, godos y árabes, y de otros caballe·
ros de la antigüedad, editando libros de hi~toria que se venden poco y se estiman menos.
, Pues bien: confieso que entre estas obras,
que pasan do ciento, ninguna ha interesado
mi predilecc:ón. Las obras
escénicas despertaban mi interés mientras
se ensayaban .
representaban
y cobraba los
&lt;lerechos. L as
poesías han sido solo desahoNarciso
gos de esas époDíaz de
C'as románticas
Escovar
e¡ u e todos, ó
ca"i todoc:, teE 1 popular
nemos en la vipoetci ele l o s
da, y, colecciocantares n o s
nadas , apenas
"nvía des d P
,-i me han des)miaga su intrpertado recuer1' e s a n te re~dos. ~[is obras
puesta en 1o s
ele hi~toria las
siguientes p áhe mirado
rrafos:
siempre como
Entre mis
resultado de
defectos , q u e
días y mesc,no son poco,:,
Pn que me hafigura el de ser
1laba con poca
un tantico vogana de expriluble, prefirienmirmi cerebro.
do la variedad,
ó sentía gastaquizás por
do su fósforo, y
aquello de que
me entregaba á
en la variedad
trabajos de
consiste el guspaciencia y no
t o . Este afán
de inspiración:
El sacamuelas.-Cuadro por José Llaneces
me ha llevado
han sido el
á probar fortuprólogo
de
una
vejez
anticipada.
na en todos los géneros literarios, y hasta en
»En cambio, mis libros predilectos, los
algunos científicos, publicando trabajos por
que
más estimo, los que más quiero, son mis
docenas, que reflejaban mi escasa asiduidad
Colecciones
ele cantares, y enl1 e ellas la tirn el cultivo de cada género.
tulada
Percheleras
y trinitarias. Son pá, Unas veces he drc\icado mis horas á esginas
de
mi
vida,
donde
he condenc;aclo mis
cr.bir para la escena, estrenando melodrapenas
y mis alegrías, mis placeres y mis de;;mas, tragedias, dramas, comedia,, zarzuelas,
enl(años. Nacidas esa,, coplas ya al borde del
apropósitos, monólo~os y sainetes. Otra&lt;;, he lecho de una madre enferma, ya al pié de la
escrito poesías, en tan van cantidad, que
aquellas resmas de papel hubieran s do mag- reja de la mujer adorada. han volado por tienifico regalo para algún comerciante de ul- rras española", y aunque muchas han sido
tramarino,;, necesitado de liar sus mercan- ingratas para quien les dió el ser, no por ern
cías. En ocasiones me ha dado por escribir las quiero menos, ni las olvido nunca. De loestudios jurídicos, propios de mi carrera, dos los títulos que ostento, más que aquellos
pero no de mis aficiones. Ultimamentc, me á que me dan derecho cruces y diplomas,
dediqué á revolver arc-hivos y bibliotecas, prefiero oir que se me llamr el Poeta de los
cantares, e;;pecialmenle en esta tierra de
averiguando las vidas ajenas de fenicios y

¿CUÁL ES MI OBRA PREDILECTA

Andalucfa
.
.
"• d bl . .No puede usted i'magmarse
cuan
~.,,a .ª . e es para mí ec;cuchar en las fiestas
1e m~ tierra, acompañada por el rasrruear de
a guitarra, la voz fresca v sonora d~ al
hermosa andaluza dando ·a· los .
guna
de ·
'
aires versos
m1~ coplas,_h~ciendo suyos los sentimicnt~s m10s, c_onv1rhendo mis suspiros en suspiros prop10s. Por eso prefiero mis libros el
éCantares
·t ¡ á todos mis libro~.,, po rque suse
x1 os os comparto con el pueblo; y eso qu~

539

Ramón A. Urbano

Lo~. lectores de POR Esos MUNoos se han
re_~oc1Jado en !epetidas ocasiones con los
p1 ,more~ de estilo y rica fantasía del not 71e escritor y novelista cuvo nombre va
i:ente de estas linea~. He. aquí lo que nos
dice
.
1 eld'lcelebrado
d autor mahguen~o
'
, d.1sc1puo pre i ecto e la musa literaria:
«E~ lo~ momentos en que e,cribo esta~
cuartillac:,
se ocupan los encuade rnadores. en,,
¡
El cantar que mcís me gusta
~nv? ver! con cubiertas de papel estucado
ese no lo canto rí uadie,
a m1 rec1cnnacida noYela que se llama c- '
bte · ·
'
, ,--.oporque _lo [JllCtl'do en mi pecho
! umas. y esta, mi última
producción
Y de 111 1pecho no sale.,,
tan imperfecta como las qne dí ante;; á 1~
p_ublicidad, es, preCI'-amcnte, la obra
que hoy me inspira
predi lección.
•t. ~I e complace
mi última novela
más que Fortaleza,c¡uc Moisés que
Fioletci y qu~ La
e111bajaclora, p O r
alguna circunstancia, por algún rasgo
q u e . ostensiblemente, la eleve en
m{:ritos sobre sus
hermanas rn a y 0 ~
re-;?... Creo que no.
pues ya he dicho
que Sobre ruinas
~s noyela tan poco
rngemosa como la~
demás que he producido.
»;.~s, acaso, mi
prcchlecla porque
en lre sus páginas
corren a u ras de
vida y bullen hond as palpitaciones
d_e u m a n a pasión?... ;,O, tal vez,
Sobre ruinas e g
tran si tori amente
mi libro predilecto
porque I a última
o b r a !&lt;e acaricia
siempre, al nacer
con la ternura pa-'
patcrnal con qne á
todo hijo nuevo se
recibe y aga-&lt;aja':'
,N'o puedo contestar: sé tan sólo
que, ai'm juzrrando
Ptrtto y ,!11drti111eda.-Grupo etcultórico
.
•
• Por ...
...,gue1 Anee! Tr11les
yo mis obra; con

:1

?

�640

POR ESOS MUNDOS

criterio de padre que es decir con ámplio y
benévolo criterio, no me ha inspirarlo ninguna el inte1·és y el amor que este benjamin
de mis libros me inspira.
»Sólo temo ahora que la critica armada,
la del escalpelo, me quite las ilusiones haciéndome ver que
todas las o b r a s
mi as, incluso la
última, son in'lubstanciales y fe a s
¡como su padre!»

nes, no es fácil que yo prefiera ningú!1 cuadro míoá los demás; pero, puesto á des1gnarl_e
alguno, ahí van dos,pintados en época relativamente lejana.
Y entrega al repporter dos fotografías que
reproducen dos lindísimos e u adro s ele
género: uno es La

gallina e i e ga, y
otro El sacamuelas. Pero como, á
pesar de ser muy
lindos, no dán idea
de la labor total de
este artista, en uno
d o 1o s próximos
números de Po R
Esos MuN n o s s e
insertará una !-emblan1.a del mismo
acompañada de una
serie de fotografías
de obras suyas.

José Llaneces

Reciente su instalación en Madrid,
después d e I aria
permanencia en la
capital de la vecina república, este
jóYen y distingnido
pintor prepara un
importante envio
Miguel
de cuadros á BueAngel Trilles
n o s Aires, doDrle
ha de celebrar una
La falta de una
exposición de ya.
verdadera justicia
rias de sus producdistributiva en lo
ciones.
que atañe á la pro- A decir vertección oficial a 1
dad,-responde, al
arle y á los artistas
ser interrogado
es causa de que alacerca d e l objeto
gunos de éstos, code sus predilecciomo el notable esnes-no he tenido
cultor cu yo nombro
tiempo de pensar
encabeza
estas líMiguel Anzel Trille,
en semejante cosa:
neas, sufran inmecomencé á trabajar
desde muy jóven y he producido mucho, recidac; postergaciones. Obscurecido, ya que
apremiado siempre por las exigencias del pú- no olvidado, vejeta en Toledo desemp~ñando
blico, que, afortunadamente, me ha favoreci- dignamente un cargo que, aunque importando con la continua demanda ele obrac;, Claro te, le aparta de la lucha y por consiguiente
está que en cada u11ade ellas he puesto cuan- le aleja de la gloria, cuyos lauros merece.
«Confieso que me veo perplejo para conto me ha sido posible para reali1,ar mi ideal
de belleza; pero no tengo entre tantos cuadros testarle,- dice-pues nunca se me había ocucomo han surgido de mi paleta uno que pue- rrido tener predilección por ninguna de mis
da considerar como predilecto por conden- obras. Generalmente, después de hechas, ho
sar en él mavor caudal de ilusiones que en tenido siempre que Yariarlas por completo,
los otros. No.he concurrido jamás á Exposi- dándoles otro espíritu, otra composición y
cione,, lo cual no arguye en mí desdén ni expresión, y esto quiere decir que nunca me
menosprecio á tales certámenes, sino falla han satisfecho ni ho quedado contento de
(le tiempo para concebir y ejecutar una obra ellas. Ahora bien, siendo esto relativo, como
meditada, definitiva. Cuando termino uno de todo, creo, no obstante, que mi l?rupo titulamis cuadros, aunque no quede descontento do Perseo y .Andrómeda, que figuró en la
&lt;le él, y es más, aunque me satisforra su fac- Expo,ición de 190-1-, es la que reune más
'lura, pienso que aún sería capaz do hacer condiciones para poder ser mi predilecta,
•
algo mejor que aquello. En tales condicio- caso de que yo tuviera esta debilidad.»
AUGUSTO

MARTINEZ OLMEDILLA

EL ALUMBRAMIENTO DE LA REINA

EL PRINCIPE DE ASTURIAS
pueblo español, que hace un año ceE lebró
_c?n gran regocijo las bodas reaL

reina Victori~, la reina madre, las infantas
Isabel y Eulalia y las damas palatinas á quieles,. h~ rec1b1do con especial satisfacción e1 nes por sus servicios correspondía hacerlo.
nac1miento del primogénito de Don Alfon- no se separaron ya un solo momento del leso XIII y Doña Victoria Euaenia: el 10 de ?ho _regio. Ta?J~ién estuvo presente el doctor
Maro último dió á luz con t~da felicidarl un mizles Glendmrng, médiro particular de la
varón la hermosa '
., reina, pero ímicaprincesa que commente en previsión
parte el trono de
d_e que fuera preSan Fernando con
cisa su asistencia
nuestro monarca.
facultativa.
El nacimiento de
El a!umbramieneste príncipe , que
to se verificó con
viene á consolidar
toda felicidad á las
la dinastlaborbónidoce y media de la
ca en España, era
m~ñan~ del 10, y la
esperado con vivos
rema d1ó á luz, coanhelos, no s ó lo
mo ya queda dipor la familia real,
cho , un niño. La
sino por nuestras
hab!tación en que
clases sociales, y á
nació e l príncipe
ello se debieron la
de Asturias es una
alegría y el conámplia sala tapizatento que en todas
d a d e color rosa
partes se mostracon ramos azules y
ron al conocerse el
y deco1 ada to d a
sexo del reciennaen el mismo tono.
cido.
El techo, pintado al
fresco,
es un cielo
EL NACIMIENTO
con ligeros cendales. El tálamo regio
A las tres de la
fué reemplaz¡¡do
madrugada del 10
por dos lechos de
d_ e _l\f a YO ~I limo
Don E.ug~n•n Gub_érre1.,_ eminente tocólogo es añnl ue
un cuerpo,de bronsmlló la rema los
asisltó á la re10a Victoria en su alumbra!ienl~ q
ce dorado á fuego
pr~meros síntomas de alumbramiento siendo y los muebles de. extensión
se completa,;
ay15ados inmediatamente el dotto; D 0
con una gran chaise-longue tapi:t.ada en los
Euae1110
G
t'é
I
n
,;,
u I rrez Y a profesora inalesa ton?s de las paredes. Los dos lechos tienen
M~s. Green, los cuales, así como el reºy Ja :egias colchas de encaje riquísimo, y los
prmcesa Beatriz de Ballenberg madre d~ la Juegos de almohadas son de holanda, llevan-

�l:!L PRfNCtPE DE A.STURtA.S

i

. hecho pocos di asan tes de su alumbramic11to
Ultimo retrato de In reina. Yicloria-Eu¡¡ema,

543

do en sus puntas la cifra con la corona real.
Cómodos sillones y varias sillas tapizadas de una hermosa fotografía que servirá como valioso recuerdo histórico á los lectores de Poa
la misma tela completan, con los servicios füos
Muxoo::.
de noche y un ámplio linolemn, el servicio
Para
completar lo que esta importante novolante. Dos soberbios mosáico~, regalo de
la
gráfica
no da porque á todos los personaLeón XIII á Don Alfonso, que representan los
jes pre::ente en aquel acto no alcan7.ó el obSagrados Corazones de Jejetivo fotogrjfico, diremos
sús y de María, obra de 105
que á las doce cincuenta
talleres vaticanos, y á su
del día 10 se presentó en
pié un severo reclinatorio.
la regia cámara el re¡· Don
sirven de imágenes ante la5
Alfonso XIII llevando en
cuales oran los reyes.
sus manos la bandeja en
Pocos mornen los d e s que iba el príncipe de Aspué~ de nacido el príncipe
turias cubierto ron un rido Asturias se anunciaba
quísimo velo de encajes.
su sexo al pueblo madrileIba el rey ver;tido con uni110 por medio de banderas
forme de capi'án general,
y salvas de veintiún ca110luciendo el Toi•ón de Oro y
uazos y por la noche enel collar de Carlos llI y
cendiéndo~e faroles rojo9
placas de las Ordenes mili"en la fachada del Ministelares.
Avanzó hasta el sitio
rio de la Gobernación ,, en
donde estaba el Gobierno
la llamada Punta del biaen pleno, presidido por el
mcmte del palacio real.
Sr.
Maura, y éste lenntó
El rev hizo un donativo
lo, cncajes,acercándo.,eende cuarenta mi I pesrtas
tónces al rey y al presidenpara los pobres, y el Ayunle
del Consejo el ministro
tamiento y la Dipulació11
provincial acordaron repar- !ltrs. H. ll. Green, profesora inglesa que de Gracia y Justicia señor
mar&lt;¡11úfl de Figueroa, como
ayudó al doctor Gut,érrcz, rn el alumbratl·r vei·nte cai·li·llas de dosmiento de la reina Victoria
notario maror del reino,
cientas cincuenta pesetas
para dar fe &lt;le! sexo.
á los niños pobres nacidos en dicho dia.
Como dato para la crónica histórica darelle aquí el parle oficial publicado en la mos los nombres de las pers0nas que asisGaceta de ilfad1·id del 11 de Mayo pasado tieron
á la presenhción del príncipe de
ciando cuenta del alumbramiento:
Asturias. Además del Gobiel'llo todo, los se,El Excmo. señor doctor Don Eugenio Gu- fiores que componen el cuerpo diplomático
liérrez me dirige en este día la siguiente co- extranjero acreditado en l\ladrid, acompaiiamunicación: «Excmo Sr.: Tengo el honor de
poner en conocimiento de V. E. que S. M. la dos por el introductor de embajadores se1ior
conde de Pié de Concha; el señor Canalejas.
reina (que Dios guarde) comenr.6 á notar los como
último expresidente del Congreso de
primeros síntomas ele se alumbramiento á la Diputados. Don Mariano Catalina, Don
una de la madrugada del día de la fecha, su- Eduardo Martínez del Campo, Don Santiacediéndose de modo normal y satisfactorio go Trillo Figueroa, señor vizconde de Bellel curso de este acontecimiento, que ha ter- ver, setiores Portillo, Jordán de Urries, Garminado felir.mente á las doce y media de la c i a Blanes , Alonso Domínguez, marqués
tarde de hoy, dando á luz un robu-.to prín- de la Candelaria de Yarayabo y señor Sancipe., Lo que de orden de S. l\I., y con la chir. de Quesada, como representantes del
mayor satisfacción, tengo el honor de parti- Consejo de Estado, el Tribunal Supremo y
cipar á V. E. para su conocimiento y efectos h,-:; Ordene, militares de Calatrava, Alcántaconsiguientes. Dios guarde á r. E. muchos ra, Montesa y Sanlia30; el obispo de )Iadridaños. Palacio, 10 de Mayo de HJ07.-EI jefe Alcalá, á quien acompañaban el arcediano
superior de Palacio, P. el du ¡ue de Sotomaseñor Pérez Juana y el canónigo Don José
yor.- Señor pr~sidente del Const&gt;jo de minis- Enríquez; los generales Polavieja, )farlitegui,
tros,&gt;&gt;
Zappino, l\Iacias, Sá11cher. Gómez, Ochando
Para solemnir.ar el natalicio furron decla- v Luque, como jefes de establecimiento~ mirados días de fiesta nacional el 11, 12 y 13 litai·e~, y los capitanes generaless eñore, Lóde Mayo.
per. Domínguer. y marqués de Estella; el vicealmirante señor Gutiérrez dE' Celi~, en reLA P, ESENTACIÓN DEL RECJENNACIDO
presentación de la .Marina; el marqués del
De esta solemne ceremonia publicamos Vadillo, Dou Sixlo Pérez, el a!calde selior

�64.6

EL PIÚNCIPE DE ASTURIAS

Sánchez de Toca, Diaz Agero, Garma y Fer- marqués de Tever~a, marqués de Canillejas,
nandez Yictorio, en repre;;entación de la Pro- Don José .\[aria Suárez, Don Benito Castro,
vincia y del Municipio; como caballeros del Don Ramón Prieto, Don José Montas, Don
Toi1,ón de Oro, el marqués de Alcañiccs, du- Gaspar Cienfuegos y el conde de la Vega de
que de Veragua, señor .\Ion tero Ríos, marqués Sella; repre~entando á la Real Maestranza de
de la Vega de Armijo, marqués de Miraílores, Caballería do Zaragoza, los señores vizconde
Don Alejandro Pidal y Don-Marcelo Azcárra- de Rodas y duque de Luna; á la de Sevilla.
ga;romo ex embajadores, Abarzuza, Grofaard, el duque de Alba y el marqués de Villapamarqués de Pidal, conde de Casa Valencia, nés; y los condes de Revillagigedo y ~e
Don Angel Ruata, conde de Tejada de Valdo- PeiiaRamiro, por la Maestranza de Valencia.
sera, señor
Invitados
Castro y
especialCasa leiz,
mente por
marqués de
el rey, preAyerbe, ,1
~e n ciaron
duque de
también la
Tóvar y
ceremonia
marqués de
el conde
Amposta;
San Ropor la Dimán, el sep u tació 11
ñor Zarco
permanendel Valle,
te de la
e I reneral
Grandeza,
Ezpeleta, el
los condes
conde de
de Supe-·
Andino, el
runda y
seiior A 1•
Revillagivare z de
gedo; por el
Sotomavor
Cuerpo de
y el se11or
Hijosdalgo
Aguilar.
de la NoTambién
ble za de
asistieron á
Madrid, el
la presend uquc de
tación 1os
Osuna,.
jefes de paDon Leo:
l a e i o, el
poldo Traobispo de
vesedo; por
Sión, el
el Tribunal
cuarto mide la Rota, '
li ta r del
Don Antorey, losjenio Ruiz y
fes de alaDon Rabarderos,
ro ó n Plalos jefes de
za; por la
hs
casasde
Ultimo retrdo hecho á la princesa Ena de Battenool'I! en Lóndres, antes de su
Orden de
la reinaDoboda con Don Alfonso XIII
Carlos III,
Jia Cri~lina
Don Federico Rojas y Don Vicente Samanie- . y de log infantes, y lord y lady William
go; por la de babel la Católica, Don Eduardo Cecil, j!'fes de la casa de la princesa Beatriz
Bosch y Don Federico Huesca; por la de San de la Gran Bretaiia.
Juan de Jerusalén, el marqués del Rafal y
Don Diego Jaraba: por la del Santo Sepulcro,
' REGISTRO
LA IXSCRIPCIÓ'N' E'N' EL
Don .\lanuel Brabo y Don Manuel Cendra; la
Comisión del Principado de Asturia~, que
lle aquí copia del acta de inscripción del
había sido portadora en representación de la nacimiento del príncipe de Asturias en el
provincia de la tradicional Cruz de la Victo- Regi~tro del estado civil de la familia real:
ria y de la histórica ofrenda ele mil doblas de
«En el real palacio de )ladrid, á los once
oro, Don Alejandro Pida!, presidente, con el horas del día 12 de Mayo de 1907, Don J uar1
conde de Toreno, Don Julián Suárez Tnclán, Armada Losada, marqués de Figueroa, liceni

�POR ESOS MUNDOS

Capilla clrl palacio real ele i\!arlricl dispuesta para ia celebración del bautizo clrl príncipe de Asturias

ciado en Derecho, exmininistro de Agricultura, Industria y Comercio, exdiputado á Cortes, ministro de Gracia y Justicicia y, como
la!, encargado del Registro del estado civil
de la real familia, acompañado del infrascrito Don Carlos González Rothwos, exgobernador civil de Barcelona, exdiputado á Cortes.
director general de los Registros civil y de
la propiedad y del notariado, desempeñando
en este concepto las funciones de secretario,
nos constituímos en el real palacio, previa
la venia . de S. l\J. el rey, para practicar la
inscripcción de nacimiento de S. A. R el serenísimo señor príncipe de Asturias, lo que
se verificó·en la forma siguiente:
,S. M. el rey Don Alfonso Xl!I de Borbón
v Austria, nacido en ~ladrid el día 17 de
~layo de 1886, se dignó manifestar:
, Que el augusto príncipe nació en esta
real residencia el día 10 del corriente, á las
&lt;loce horas y treinta minutos;
,Que es hijo legítimo del declarante y de
su cara y amada esposa S. 1\1. la reina Doña
Victoria Eugenia de Battenberg, nacida en
Balmoral (Escocia), el día 24 de Octubre
de 1887;
»Que es nieto, por línea paterna, de Su
Maj'estad el rey Don Alfonso XII de Borbóu,
difunto, natural de Madrid, Y de S. M. la rei-

na doña Maria Cristina Reniero de Austria
Hapsburgo-Lorena, natural de Gross-Seelowilz, en Moravia;
»Que es nieto, por línea materna, de Su
i\lteza Real el serenísimo señor príncipe Don
Enrique Mauricio de Battenberg, difunto, natural de Milán (Italia), y de S. A. R. la sererísima señora Doña Beatriz María Victoria,
princesa de Battenberg, nacida en el real palacio de Buckingham, de Lóndre,;
»Y que al expresado príncipe se le han de
poner los nombres Alfonso, Pío, Cristino,
Eduardo, Francisco, Guillermo, Carlos, Enrique, Eugenio, Fernando, Antonino y Venancio.
»Fueron testigos en esta inscripción Su
Alteza Real el serenísimo señor Don Garlo-,
de Borbón y Borbón, infante de España; el
excelentísimo señor Don Antonio Maura Y
i\lontaner, exdiputado á Cortes, presidenti•
del Consejo de ministros; el excelentísimo
señor Don I\larcelo de Azcárraga y Palmero,
teniente general del ejército, presidente del
Senado; el excelentísimo señor Don José Canaleja&lt;; y Méndez, presidente del Congreso
de los Diputados, y el excelentísimo señor
Don Carlos Martínez de Irujo y del Alcázar,
duque de Sotomayor, marqués de Los Arcos,
grande dP España, sumiller de Corps, jefe

�PO t ESOS MUNDOS

M8
superior de Palacio y guarda-sellos de Su
l\Iajcsta l.
Concurrieron también al acto S. 1\1. la reina D.&gt;ña )!aria Cri:;lina, SS. A.\. RR. las sereni--imas señoras prince--a Doiia Beatri1. dP
Batlenberg é infantas 0o1ia Maria Isabel Francisca, D01ia María Eulalia v los ,erenisimoeseñores infante Don .\lfonso de Orléans ,·
príncipe Don Hanicro &lt;lo Borbón.
·
»Leida ínteir amente esta acta, é invitada".
con la venia de S. 1\1., las personas que deben suscribirla á que la leyesen por si mismas, y no habiendo h e c h o
uso de e,-ta fo.
cultatl, la firmaron con S. M. el
rey, e,-lampán&lt;lose en ella el
sello del l\1inisterio de Grac-ia
\' Justicia; de
t o d o lo cual .
como secretariu.
certifico.•

Doña María Cristina, en representación del
emperador Francisco-José de Austria.
Para la ceremonia del bautizo, que se verificó en la capilla del palacio real, se organizó una lucida comitiva que partió de la
regia cámara, y de la cual damos los siguientes pormenores por el interés que tienen. l lc
aquí el órden de dicha comitiva:
Dos jefes de oficios.
Diez gentiles-hombres de caza '! b'.lcn, Pn
dos filas.
Dos macerJs.
Die1. r.1ayo1domos de semana.
Dos maceros.
Dos reyes ele
armas.
Diez grandes
de E"paiia cubiertos.
Do:; reyes ae
armas.
Gentileshombres de cámara
con I as insignias del bautü,1.L BAUTIZO
m o: duque de
Q u is o D011
Tovar, llevando
Alfons0Xlllq11c
el ,-alero; duque
,;u h i jo fuera
de Montemar, el
bautizado el 15
capillo; conde
de ~la yo último.
1le \' elle, la vefiesta de San
la; duque dP
Isidro, patron
Bejar, el aguade ~ladrid; pero
{
manil; duque de
la circun-;tancia
'San Pedro, la
&lt;le haber anuntoalla; conde de
ciado de~eos dP
Valdelagrana, el
estar repre::;enmar.apán; D o n
ta&lt;loc; en lacere:-alvador Sarriá,
monia los sobeIn-&lt; algodones.
beranos de 1a
Catdenales.
Gran Bretaña,
1
lníante;; Don
Au,-tria, AlemaLn r&lt;'ina m111lr~ Duüa 1laria l:risliua, madrina ue bautismo ,le su
¡\ lfonso tic Bornia y Portugal.
nieto el , príncipe de Asturias
bón, Don ,\lfonque se hallan emparentados con la ca:sa rl'al so de Orléans y Don Carlos de Borbón.
cspaiiola, obligó á nuestro monarca á difl'rir
Príncipe de Asturias, en brazos de su aya
basta el día 18 aquel solemne acto. Vínieron, la condesa viuda de los Llanos.
en erecto, á .Madri&lt;l, el príncipe FedericoLa reina Doita María Cristina, madrina, y
Lcopoldo de Hohenzcllern, ca~ado con una el cardenal Rinaldini, padrino en represenhermana de la emperatriz de Alemania, en tación del papa Pio X.
repre,entación del kaiser Guillermo II; el
Lo~ cuatro príncipes extranje os, como
príncipe Arturo-Federico, hijo del duque de testigos de honor.
Connirnght, en la del rey Eduardo \'11 de
El rey Don .\lfonso XIII.
Inglaterra; el infante Don Alfonso-EnriqueInfanta Isabel, princesa Beatriz, infanta
Napoleón, duque de Oporto, en nombre del 1:ulalia y príncipes Rcniero y Felipe.
rey Don Carlos I de Portugal; y el archiduJefe,_ de palacio, comandante general de
que Eugenio-Fernando-Pio-Bemardo-Felix- alabarderos y general Bascaran.
~faría, hermano menor de la reina ma1lrc
Duquesa de San Carlos, conde,-a de San

�EL PRÍNCIPE DE ASTURIAS

660

POR ESOS l\lUNDOS

LA IMPOSICIÓN DE INSIGNIAS
los, condesa de San Román, marqués de
Aguilar de Campóo, duquesa de la ConquisAsí que el cardenal Sancha impuso el
ta, duquesa de Arión, duquesa de Santo Maubautismo
al príncipe de Asturias, acercáronro, condesa viuda de Toreno, duquesa viuda
de Terranova, lord y lady William Cecil, se al regio dosel los miembros de la Orden
conde de Granard, conde Schwerin, general del Toisón de Oro señor Pérez Sanjulián,
canciller, marqués de Herrera, greffier, y GaVersbacb, capitán Don José Molha.
linsoga,
tesorero, para hacer entrega de las
Tercera fila.-Capitán Wyndham, mayor
insignias que el rey havon Hofmau, chambelán
bía concedido á su hijo.
Szemarecsan y, Don José
"El marqués de HerreVicente de Silva, von
ra habló de esta manera
Stoltzewerg y capitán
á Don Alfonso XIII:
Izeller.
cSeñor: Los ministros
Detrás del príncipe de
de la insigne Orden del
Asturias y á la cabeza
Toisón de Oro tienen la
de una cuarta y quinta
honra de presentarse
fila, el general Pacheco,
ante Vuestra 1''.ajestad
el general Bascaran y el
para dar testimonio de
general Ezpeleta.
\
la investidura de cabaAl lado de la epístola, '
llero de la misma Orden
y en primer término,
que por decreto de
frenle á las personas
V. t.L,jefe y soberano de
reales, hallábanse 1o s
ella,debe
recibir de mareclinatorios los cardenos de V. ~l. el augusto
nales.
príncipe que la ProviDetrás estaban, en
dencia nos ha concedis u s bancos rasos, los
mayordomos de sema- Gardenal-arzobispo de Toledo Don Ciriaco Maria do para mayor explendor del Trono y para
na, los grandes de Es- Sancha, primado de las Españas, que impuso el ventura de la Nación.»
agua
bautismal
al
príncipe
de
Aslurias
paña y los capellanes
El señor Galinsoga
de honor, y después
presentó
al
greffier,
y
éste al rey, la insignia
de éstos tenían sus tribunas los ministros y
sus señoras, las Mesas de los Cuerpos Cole- del Toisón, que era la que usó Don Alfongisladores, los jefes locales y los médicos de so XII, y el monarca la puso al cuello del
príncipe. El señor Pérez Sanjulián dijo encámara.
A la izquierda de la entrada á la capilla, el tonces: «Señor: Como canciller de la insigne
Orden del Toisón de Oro debo hacer pn'sencuerpo diplomático extranjero.
te á V. M. que no pudiendo tener lugar el
Además de los bancos raso'l del lado de h
Epístola, ocupaban los grandes de España juramento que prest;rn los caballeros de la
cubiertos tres filas delante de la tribuna re- Orden al recibir la investidura, S. A. R. el serenísimo señor príncipe de Asturias tendrá
gia_ ó de fábrica.
Esta tribuna se había dividido en varias obligación de prestarlo cuar.d) por la misedestinadas al capitán general de Madrid y ricordia de Dios llegue á eda&lt;l competen le.•
directores de las armas, presidentes de los Y el marqués de Herrera dijo la frase de rúaltos tribunales, representaciones de las Or- brica: «Queda condecorado con la insigne
denes militares y de las .Maestranzas, autori- O1den del Toisón de Oro S. A. R. el serenídades de Madrid, gentileshombres no cubier- simo señor príncipP de Asturias.•
Inmediatamente, se retiraron los miemtos y damas particulares de la reina.
El cuarto militar, los oficiales mayores de bros del Toisón citados para hacer plaza al
alabarderos, los jefes de la escolta real y los cardenal Sancha, gran canciller de las Ordegentileshombres de casa y boca,ocuparon sus nes de Carlos III é Isabel la Católica, á Don
sitios de costumbre, cerca del altar de la En- Emilio Heredia, ministro de ambas, á D?n Vicente Samaniego, maestro de ceremonias, y
carnación.
al
marqués de 1'1edina, tesorero. Este último
Las grandes tribunas adosadas al muro
donde está dicho altar de la Encarnación presentó al rey las insignias de dichas Ordeeran para las damas de la reina, la Comisión nes, y el señor Ileredia dijo: «Señor: Las
de Asturias, la Diputación de la Grande,m, los reales Ordenes de Carlos III y de Isabel la
capitanes generales, los caballeros del Toi- Católica presentan á V. 11. sus respectivas
són y los ex embajadores de España en los insignias con destino á S. A. R. el serenísi mo señor príncipe de Asturias, cumpliendo
países extranjeros.

así con la mayor sallsfacción y júbilo lo dispuesto por su soberano y gran maestre.• El
rey impuso dichas insignias al heredero de
la corona, y con esto se dió por terminado el
acto del bautizo, abandonando toda la comitiva la capilla real para volver á la cámara
donde fué organizada y alH disolverse.
EL REGALO DEL PAPA

.

'

Y~ hemos dicho que ha sido padrino de
bautismo del príncipe de Asturias el papa
~io X. Ahora vamos á detallar algunos particulares del regalo hecho por Su Santidad al
beredero de la corona, que consiste en un
preciosísimo ajuar confeccionado por las
hermanas misioneras franciscanas de Santa
Elena, en Roma, á cu yo a ixilio, por falta
material de tiempo para terminarlo oportunamente, acudieron otras religiosas de la
misma orden residentes en España Inglaterra y Bélgica.
'
Este ajuar, del cual fué portador una misión especial del Vaticano, presidida por el
ablegado pontificio monseñor Sibilia, estaba
encerrado en un cofre estilo Luis XVI, de
cuero blanco, decorado con guirnaldas en
relieve, cinceladas y pintadas en oro, plata y
colores naturales. La tapa y los lados del
cofre han sido decorados con hermosísimas
y del~cadas miniaturas. Los lados de la parte
anter10r reproducen de modo admirable en
el centro, la Natividad de Nuestra Señora, de Lorenzo de Credi; en la derecha la
Anunciación, de Guido Reni, y en la 'izquierda, la Purifiw.ción de la Santísima
Vírgen, del mismo autor. Las miniaturas
de la parte posterior reproducen la Natividad, de Pedro de Cortona; la Presentación, de Lebrún, y las Bodas de la Santísima Vírgen, de Rafael Sanzio. En los otros
lados del cofre se pueden admirar relieves y
pinturas con los escudos del sumo pontífice,
de la casa real de España y de la casa de
Battenberg.
El estuche en que estaba encerrado el cofre es de terciopelo blanco, ribeteado de piel
del mismo colo1·, con pinturas y relieves y
lleva grabadas, en letras de oro y plata estas
J?ªla~~as: Deus ju~icium tuum regí 'da et
1ustiit(!,m "bumn fil10 regís. (Ps. LXXI.)
El aJuar se compone de las sigui entes
prendas:
Un trajecito de bautismo, todo de encajes
de Alenyon y punto de Bruselas, con los escudos de España y de Batlenberg, y con doble faldel lín , el primero de raso bizantino
con volantes ~l~os de v~lo de seda, y el se~
gundo de lou1s-ine ltitnineu,se, guarnecido de
volant~s de la misma tela y con encajes
valenciennes.

551

Un corpiño de lino hilado á mano y una
falda bordada con los escudos de las familias cubierta de rosas y guarnecida de valenciennes y cintas de raso. Lleva también
doble faldellín, uno de raso blanco y otro de

louis-ine.
Otro ~orpiño de ~inón, bordado y calado,
guarnecido de finísimos encajes, con corona
real bordada.
. Una mantillita con pelerina calada, con
ricos bordados estilo Luis XVI, y con doble
escudo ~n el lado i~quierdo de la pelerina,
guarnecida de encaJe de Venecia y de volantes de velo de seda. También á este traje corresponden dos faldellines, uno de raso bizantino y _otro de louisine, con guarniciones
de valenc1ennes.
Un cubrefajas de raso duquesa, bordado
en oro y sedas blanca y ceniza, con los escudos de España y de la casa Battenberg en
colores, y el collar del Toisón de Oro r-icamente trabajado. Esta prenda está guarnecida de encajes duquesa y adornada con volantes de velo de seda y cintas, llevando fo
rro de riquísima tela.
Otro cubrefajas, también de raso duquesa
bordado en plata fina y seda blanca con es~
cudos oro y color y guarnición de valenciennes.
. D~s g?~rilos, uno de velo de seda y encaJes nqws1mos, y otro en encaje de punto de
Bruselas, guarnecido de velo de seda.
Dos camisitas con entredoses, volantes v
ado!nos de encaje de Venecia, ,, dos cuer~
pecitos, tambi_én de batista, co~ guarniciones de valenciennes.
Cuatro pares de sábanas de finísima batista, bordadas, estilo Luis XVI, con puntos
calados y doble escudo de realce.
Cuatro funditas para almohada, del mismo ~stilo y bordado que las sábanas, y guarnecidas de encajes de Bruselas.
Forma también parte del ajuar la cubierta
para la cama, becha de raso blanco, cuyos
bordados representan guirnaldas de rosas
sostenidas por cordoncillos de oro. En el
centro ostenta el doble escudo de Espaiia y
Battenberg, en oro y sedas de colores. Las
guarniciones son de encajes duquesa y los
volantes de velo de seda.
Asimismo_ es prenda de este ajuar el cojín
para el bautismo. Es de loiúsin,e lumineu,se
adornado con un volante de la misma tel~
y dos de velo de seda. Está recubierto de un
expléndido bordado sobre fino, hilado á mano. ~~ los cuatro ángulos aparecen, c;aladas,
bellis1mas representaciones de los emblemas
eucarísticos y de la Pasión de Nuestro Se~or, y en el centro un gran escudo de Espa·
na y otro de la casa de Batt¡ml¡~rs, rell!ata_

�POR ESOS MUNDOS

dos por una cruz, admirablemente bordada. consuma, una virtualidad tan real, tan eficaz, tan positiva y transcendente en todas
Viejos encajes de Flandes aumentan el valor las esferas de la vida y la historia como
y el mérito de esta obra.
Completan, en suma, dijo ajuar doce ca- no pudiera alcanzarla mayor en las más primi~as de batista y doce jubones con lindísi- vilegiadac; legislaciones de las Edades antimos y delicados encajes; gran número de guas.
»Reciba, pue~, V. M. el tributo tradicional
fajadores, tejido esponja; fajas de hilo con de las mil doblas en oro, que, como ~imbolo.
corona real bordada, y pañales y pañitos de de su leal y secular homenaje ofrece alegre
tela ojo inglés y tejido de Tetra.
y honrado hoy el invicto pueblo de los astuEl rey, para corresponder á esta atención res para la mantilla de su príncipe, y vea alde Su Santidad, ha mandado confeccionar borozado el heróico pueblo español prendiricos tapices en la Real Fábrica para obse- da al pecho infantil de ~u futuro aunque lo•
quiar á Pio X.
jano monarca, como prenda segura de sus
brillantes destinos, la santa cruz de la VicEL ACATAM1t:N1 O DE LA COMISIÓN
toria con que abrió, en medio de los riscos
DE ASTURIAS
de Covadonga, Pela yo la senda luminosa de
la restauración del allar de la patria y ele!
Es el último acto de los que tenemos que trono, que habían de coronarse en Granada
registrar en e~tas páginas dedicadas al na- con la unidad nacional, y que se ostenta cotalicio del heredero rle la corona. Verificóc:e mo 1m más preciado blasón en esta veneraen la cámara regia el 23 de Mayo pasado, y ble insignia, ofrendada á su príncipe, entr,·
fué presenciado por el rey y la familia real. las manos de su rey, por el Principado de
con el alto personal palatino.
Don Alejandro Pida!, que presidía la co- Asturias.
»Señor: guarde el Cielo los preciosos día,
misión de Asturias, de,-tacóse de sus compa- de V. ~{. para velar, auxiliado de toda la
ñeros, que formaban fila frente á la familia real familia, por la vida de nuestro príncipe,
real, y leyó el siguiente discur,-o:
formándole como fué formarlo V. ~l., para
«Se11or: El Principado de Asturias, una r¡ue en su día sepa mantener como rey sLl-i
gloria de la monarquía espaiíola, inexpugna- 1,~eb]o-; en la verdad y rcgirloc: en la justi
ble asilo de la independencia patria y templo santo de su fé católica y de sus cristia- na.•
Inmediatamente, el señor Pida] entregó al
nas libertades, nos envía en su representa- rey la placa de la cruz de Pela yo, llarnada
ción oficial para saludar y reconocer en su la Cruz ele la Viclotia. Don Alfonso XJII
nombre, con el homenaje de su amor, de su impuso esta dignida&lt;l á su hijo, y contestó
lealtad y de su obediencia, como á su prín- de la siguiente manera á los comisionados
cipe tutelar al inmediato heredero de la coPrincipadu de Asturias:
rona que hoy ciñe, por la gracia de Dios, las del«Con
júbilo inefable recibó para el hrre•
sienes angusta.c; de V. M., para bien de la dero de la corona el homenaje que venís á
nación española.
rendirle como encargados y representantes
•El título de Príncipe de A&lt;;turias, Señor,
esclarecido~
del nohilí,;imo Principado.
no ha menester encarecimientos. Harto lo
•No cabria superar la allo:1.a del significaenaltece la Historia como honra, dignidad y do histórico que tiene el título con que aclaapellido glorio~amente secular, universal- máis al príncipe. La insignia veneranda y
mente reconocido y aclamado para designar singular que ha de cubrir y proteger desde
al inmediato suces!)r en el trono, que viene ahora su corazón. emblema es de las virtucomo á buscar su consagración, por el re- des excelsas qué deberán nutrirle: fé santa,
cuerdo de sus orígenes más altos, en el his- independencia fiera, abnegación heróica, cotórico y nobilísimo solar en que se mantuvo mo llamado por Dios á las graves obligacioencendido el fuego sacro de la fé sobre el
del reinado.
ara santa de la patria y se arrojaron al aire nes,La
cruz de la Victoria, simbolizando allos primeros cantos de nuestra fiesta n·\cio• ma y cuerpo de esta monarquía, le advertirá
nal: la gloriosa epopeya de la Reconquista. siempre de su primacía en todo sacrificio por
»Pero si este título, insigne por todo ex- la patria; el firme amor de los astures bon•
tremo, venerable desde los principios, el rados y laboriosoi1, del cual dáis ahora tan
mayor des_pués del de Rey, que cabe poseer feliz testimonio, será su aliento y su galaren la monarquía española, es hoy, dadas las dón, porque en el amor de los pueblos se
moilemas Constituciones, un titulo honorífi- manifiesta para los príncipes la be1,dición
co en verdad, el amor, la lealtad, el honor y
Cielo.
la fé de los hidalgos pechos asturianos le del.Será
colmada mi ventura, como ya lo
dan, con el acto que en estos instantes se

EL PR1NCIPE DE ASTURIAS

553

promete ~i esperanza, si, inspirándose en En_ los b_razos fulguran de trecho en trecho,
los altos eJe_mplos cuyo recuerdo ha evocado y simétricamente, amatistas, rubíes, esme•
con t~nta v1reza vuestro insiane presidente raldas y _zafiros. Decoran el reverso flores de
est~ tierno vástago de mi cas: conduce á 1~ oro cruciformes, con rica pedrería.
nación espaiíoPor los brala al apogeo
zos se extiende
que mi corazón
la siguiente leper,,igue con
yenda: « S usanhelo, y que
ceptum placida
ella merece, tomaneal hoc in
dayía más que
honore Dei,
por la tradición
quod offerc fade sus grandemu l i Christi
zas, por su noAdefonsus
b 1e tenacid1d
Prínceps et
en el infortuScernena reginio.•
11 a; Quisquis
Ahora, dareanferre hoc domos algunos
naria n o s t r a
detalles d e la
pres u m pseril
cruz de la Victofulmine divino
ria, que es una
intereat i p 11 e.
de las tradicioIIoc opus pernes más interefectum et consantes de A,tuo es su m e;-;I
ria~. Es la cruz
Santo Ralvatori
ele roble q u e
ovetense sedis.
Polayo levantó
floc sil(no tucpor divisa de
tur pius. Hoc
sus huestec; y
vincitur inimir¡ue f u é para
c
u s el operaCofre de plata con~~-iendo mil doblas en oro ofreddo el 23 d l\l· .
su~ sucesores
tum est in casulltmo por 1~ com1s1on del_ Principado de Asturias como :cio
acatamiento y va.salla¡e al heredero de la corona española
guión en 1os
t e 11 o Gauzon.
combates. A 1.
Anno regni nosfons? el Jfar,no la cubrió de oro y piedra~ tri XLII, discurrente era DCCCXLVI.»
pre~1o~as, haciendo de ella en aquel tiempo
La _co~isión del Principado hizo entrega
la Joya má-; rica de toda España. Su altura al prmc1pe, como ac:to de vasallaje, de un
es ~e 92 centímetros, midiendo el brazo su- cofre de plala contemendo mil dobla-; en oro.
perior ó cabez3: 36, y el inferior ó pié 4~. ~oneda f~ral con que los asturianos reconoLos brazos horizontales tienen la extensión man en ~1empos antiguos el !-erlorío sobre
rl~ 29 centímetros y el círculo de intersec- aquella tierra del heredero de la corona.
ción 1-i. Es_tá cubierta de dos chapas de oro,
. En la presente ocasión, los asturianos rcque se adh10ren á la madera por medio de ,-1den~es en ~adrid se han asociado al homenudas tachuelas del mismo precioso me- menaJe costeando por suscripción el cofre
tal.
e_n que estaba depositada la referida ofrenda.
. En el an!erso, el_ rosetón octagonal del El cofre, del que reproducimos una fotogracuculo de mt~rsecc1ón está enrir1uecido por f1a en estas p~ginas, se debe al trabajo del
o~ho zafiros orientales, engastados en igual esc~ltor ast11r1a~o. ~eñor Folgueras, que ha
numero de c~atones. En la corona que rodea rea_hzad? no_tab1hs1ma obra de orfebrería
el ro:;etón brillan zafiros, rubíes y topacios. latmo-b1ianbna del siglo IX.

ªa~

�EL l llJO DEL CES.\.R

EL HIJO DEL CESAR
(NARRACIÓN HISTÓRICA)

l
NOCHE TOLEDANA

El ámplio aposento casi hallábase sumido
en la obscuridad: broncínea lámpara que con
triste parpadeo ardía sobre un bargueño en
el fondo de la habitación, apenas era suficiente para trocar en penumbra las tinieblas,
Por la ancha ojiva de un ventanal abierto
penetraban,envueltos en el vago claror de la
luna, los eíluvios de una noche de Mayo,
que parecían orear el ambiente con salutíferas emanaciones de vida y de fecundidad.
Recostados acá y acullá en poltronas y escabeles, dormidos los unos y bostezando los
otros en los tormentos de una vigilia forzosa, varios caballeros dejaban correr las horas nocturnas, tanto más lentas en transcurrir cuanto menos pródigas se muestran en
agrados y comodidades.
Uno de los silenciosos congregados, removiéndose en el sitial que ocupaba, dió prueba fehaciente de que 1.0 dormía; entonces,
un adlátere que en vano torturaba el magullado cuerpo buscando postura hábil para
arrullar, siquiera fuese por breves instante~,
ii. Morfeo, quiso distraerse conversando y se
dirigió en voz queda á su acompañante:
-Veo que no dormís, duque,- le dijo.
- Ni un instante siquiera se han cerrado
mis párpados. El acontecimiento que aguardamos es harto trascendental para que deba
pensar el cuerpo en quitar ni un ápice ele
atención al espíritu.
-Ciertamente: el nacimiento del príncipe...

-Es más, mucho más que eso: tratárase
de otro natalicio, por egregio que fuese, y no
tendría tanta importancia... Pero es el hijo
de Carlos V el que está pisando los umbrales de la vida, el que un día heredará su poder y proseguirá su marcha gloriosa, el que
ensanchará los ámbitos del mundo más aún
de lo que el César los ha ensanchado, para
extender de polo á polo su augusto señorío.
¡Es,además, el hijo de la mujer por excelencia, grande por su poder, y más grande aún
por su hermosura!
-Con entusiasmo habláis de lsabel de
Portugal, señor duque de Gandía ...
La obscuridad impidió advertir la turbación que esta réplica produjo en el noble á
quien iba encaminada.
-¡Hablo como debo!-exclamó con reprimida cólera.-Es la emperatriz, y todo en
ella debe parecerme excelso, como fiel súbdito suyo que soy. Jamás la miré sino como
á reina, casi como á diosa; y si álguien do
otro modo lo entendiese, ha do sufrir el castigo de su insidia.
-Calmáos,duque,- repuso su inteloculor
- que no hablé por ofenderos. Sois mozo, y
á fé que estos arranques en que tratáis de
!-inceraros por cosas que nadie os imputa
inducen á suponer que contestáis á vuestra
conciencia intranquila mejor que á mis palabras inocentes. De todas maneras, tenedlas
por no dichas, y excusad (si queriendo decir
un donaire cometi una imprudencia.
El duque de Ganclía se mordió los labios,
reconociendo su ligereza imperdonatle.
- Disculpadme y olvidad en absoluto mis
palabras,-dijo.

~e pronto, una puerta de la camara se
abrió c?n !iolencia. En el umbral, vagamen1e se dibujó un _contorno atlético: la lámpara
e bronce, arroj~J~do sobre la aparición su
luz esc?sa, per~1tJó ver una arrogante fütura
masculina, c~bierta por ámplia hopal:nda
ob~cura, sobre cuyo fondo lucía refulgiendo
el aureo collar del Toisón. En el rostro aquilino del _corpulento intruso relampagueaban
los dommadores ojos, cuyo ful&lt;ror aumentaba
la ~ureza de la~ facciones afeadas por el
~arcado prognatismo de la mandíbula inferior.
-_Que !enga el duque de Gandía,-dijo
con 1mper1oso acento el hombre del Toisón
deSd_e )a puerta q,ie acababa de abrir.
R~p1damenle, el duque cruzó la cámara
acud_1endo llamamiento, mientras entre lo~
ciernas n?b,es se produjo gran revuelo: los
unos, dejaron de bostezar; los otros, despertaron del sop~: en que se hallaban sumidos,
y to_dos, pom~ndose en pié, exclamaron á
media voz, mientras miraban respetuosamente al coloso que acababa de interrumpir
m modorra:
-¡El emperador! ¡El emperador!...

ti

II
MATIIB DOLOROSA

Do~ velas, alumbrando la imágen tallada
de Cristo _en la cruz, esparcian por la cámara la claridad suficiente para ver á l,.s personas q_ue en la misma encontrábanse: eran
dos rrujeres, una de las cuales, bien entrada
en su_ cuarentena, prodigaba cuidados á la
otra, jóven y hermosa, en cu yo cuerpo se
advertía el abu)tamiento caracterist co de un
embarazo próximo á resolverse. Conlraíase
el rostro de la parturienta al impulso de los
dolores ~aternales, y su compañera procuraba fortificar su ánimo.
- No te_ esfuerces, mi buena Aldonza,-exclamó 1~ jóven madre, con marcado acento
portugues.- No necesito que me alientes
porque valor me sobra. ¡Indigna fuera, d~
otro modo, de ser la esposa del hombre que
me llevó á su tálamo!
- Sin embargo, señora,-dijo la otra-en
trance~ como este es costnmbrn aconsejará
las pacientes que con sus gritos desahoguen
el dolor que sufren: y de este modo á bien
poca costa, suelen hallar alivio.
'
_-Eso no reza conmigo, -murmuró.-La
misma mue~te no me arrancará un suspiro
del pecho m una lágrima de los ojos, pues
aunque sufro mucho, me consuela y conforta
la esp_er~nza de que ha de nacer de mi seno
un prmcipe que será causa de alegría sin

limites, y no de tristeza, para mis pueblos.
Calló la dama. Grandes gotas de sudor rodaban por sus sienes; su rostro hermoso ex•
presaba dolores agudísimos.
. - Sufrís much~, señora,-dijo Aldonza.-Bien claro se advierte en vuestro s.emblante...
·
Isabel aún tuvo un rasgo de energía.
-Tampoco se han de ver mis sufrimientos, ya que procuro evitar que se oigan: así,
pues, apaga las luces que alumbran á Cristo
Nuestro Señor, qu~ no quiero que por medio
alguno pueda venirse en conocimiento de
que la emperatriz deja que su carne mortal
pe~a~ora se doblegue al dolor y no sepan
resistir sus violencias.
Ald?nz~ obedeció. Y entre densas tinieblas, s1gu1ó resolviéndose el augusto proceso
de la maternidad.

lII
EL HORÓSCOPO

. Tan pronto como el duque de Gandía acudió al lla_mamiento imperial, penetrando en
la e~tanc1a de _Carlos, éste cerró la puerta,
corriendo seguidamente el cerrojo.
-Te be _mandado venir,- dijo el Césarporque, sabiendo que eres uno de mis mejores vasallos, quiero que te halles presente á
una escena que ante nosotros va á desarrollars~, Y de l~ cual me conviene lener testirn?mo po~ s1 faltase mi atención ó flaqueara
m1 memoria.
El duque se inclinó sumiso.
-Hace a~os,-prosiguió Carlos-durante
nuestra gloriosa expedición á Argel, hube de
traba~ casualmente conocimiento cc.n un
muslim que merecía fama en su tierra de
gran agore~·o, ducho por demás en cabalísticos maneJos. Ofrecióseme para cualquier
caso en que de él necesitara, y, acordándom~ de tal of~rta, al aproximarse el alu.mbram1e_nto de m1 esposa hicele venir desde el
Afr1ca ~ara _que, en virtud de rns sortilegios
ó maqurnacwne~, I?e dijera el horóscopo del
qu~ ha de ser m1 lnJo y heredero. Desde ayer
esta encaramado sobre las tejas de esta casa,
con.templando á su s?bor el cielo y las estrella:, y como ~~ un mstante á otro tendrá
lu,,ar el nalahc10, acabo de enviar recado á
Aben-llud para que cuanto antes descienda
Y de U?ª vez me diga el resultado de rns obs~rvac10nes ... ¿A qué negarlo? Soy superstic10so, como todo el que tiene que fiar á la
suerte un mucho del resultado de sus empresas; y ?orno de J?i estrella no puede qua~arme: quiero ver si la de mi hijo será seme•
1anle a la mia.

�óó6

EL HIJO DEL CESAR

POR ESOS MUNDOS

-Sin embargo,-se aventuró á decir el du- huellas... Sus dominios se aumentarán, sus
que-según creo es necesario averiguar el ejércitos y sus flotas serán invictos... 1Le veo
astro que asoma en el horizonte al tiempo destrozar al turco v hace1·se dueño de los
mismo de nacer aquel cuya suerte se inves- mares! 1Le veo dom.inar á Europal Pero su
tiga; y si hacéis que abandone el agorero con fuer¿a naval es derrotada, no por los homexcesiva precipitación sus cálculos, tal vez bres, sino por Alah, tal vez celo~o de tanto
poderío ... Le veo perpetuar su memoria en
no sean estos eficaces.
-Ya no tengo más paciencia: creería con- un monumento grandioso, admiración del
sumirme de anhelo si aguardase un momen- mundo ... Y ya no veo más: las páginas se
to más ... Y á fe que ya tarda el bueno de borran, el libro se cierra...
Calló Aben-Ilud. Carlos y el duque le ha•
Aben-Hud.
bían
escuchado sobrecogidos por una sensaUn pesado tapiz, descorriéndose, dejó paso
á la escuálida figura del santón musulmán, ción inexplicable que les privó de movimiencu yo bronceado rostro resaltaba como una to, enmudeciéndolei:;. Poco á poco, el humo
mancha negruzca sobre el albo fondo del fué disipándose, y nuevamente surgió la esámplio alquicel que envolvía su cuerpo y el cuálida figura del santón, que, prosternado
en tierra, barría con su luenga barba el
abultado turbante que cubría su cráneo.
-Me has mandado llamar y acudo á tu pavimento.
-,i,Eso es todo?-dijo por fin el César.
aviso, exclamó con voz cavernosa.- Pero tu
-¡Qué! ,;,No estás salisfecho con lo que el
precipitación será causa de que mi horóscoporvenir
brinda á tu vástago? - murmuró
po no pueda ser exacto ni completo ...
Aben-llud
incorporándose.
-No importa,-dijo el César.-Ilabla pron-Todo
me
parece poco para él: ¡suyo será
to y di lo que te han mostrado las estrellas
mi
poderío,
suya
mi gloria!
obedeciendo á tus brujerías.
Insistente
rumor,
que provenía de la in-No son brujerías. Es la Vjrdad suprema
mediata
estancia,
llamó
la atención del dula que hablará por mi boca desdentada: que
que,
quien
se
apresuró
á inquirir la causa
el que todo lo ve y todo lo sabe, bien puede
entreabriendo
la
cerrada
puerta. Varios nodecir lo que mañana ocurrirá, siempre que
bles
precipitáronse
por
ella, felicitando al
hnya quien sepa entenderle... Y yo llevo esemperador.
cuchando su voz desde hace muchos año~,
-¡Albricias, señor! ¡Ya sóis padre! Vuestra
antes de nacer tú, y tu padre, y tu abuelo ...
Conforme hablaba el santón, había cogido e~po,,a acaba de dar á luz un niño.
-¿Y ella, la emperatriz, có:no está desuna de las teas resinosas que alumbraban el
pués
del trance?-preguntó en voz baja el
salón: estaba medio consumida, y de ella
duque
dirigiéndose á uno de los recienlleescapábase un humo acre y denso. Abengados.
Hud sopló con fuerza, y aprovechando la
-Descansa... Y á creer lo que refiere Doña
ignición exacerbada, echó en la tea el conteAldonza,
nadie hasta hoy ha soportado los
nido de una cajita que había sacado del bolsufrimientos
de la maternidad con tan gransillo del jáique. Inmediatamente, se produjo
una humareda blanquecina, que envolvió al de entereza como ella ...
-1Loado sea Dios!-dijo Carlos.-Ya tenmusulmán, difundiéndose por la estancia.
go
quien pueda continuar mi obra... ComienCarlos y el duque no tardaron en verse flozas
acertando, Aben-Ilud, pues varón es el
tando en aquella atmósfera pesada y enerreciennacido, y Felipe habrá de llam~rse ...
vante.
-¿,Empezarás tu retahíla? - vociferó el Y ahora, véte: regresa á t~ guaridas africanas. Mi rival, Francisco I, te baria achichaemperador con impaciencia.
-Aguarda, 10h, mi señor!... Ya tengo ante rrar después de haberte utilizado: yo te remis ojos el gran libro del Porvenir... Veo su compenso.
Y sacando de su escarcela un bolsillo recubierta, hecha con tiras de piel humana,
pleto
de oro, lo arrojó en dirección del musescrita con sangre... Ya se abre el enorme
lim,
quien,
recogiéndolo en el aire, guardóinfolio... El dedo de Alah me vá volviendo
selo
prontamente
bajo sus albas \'estidurac::
las páginas... No es ahí... Más aún ... Tampoco... ¡fü,a es! La veo turbiamente, por no ha- mientras el emperador se encaminaba preberme dejado terminar mis observaciones suroso á conocer á su heredero, y los nobles,
siderales... ¡Por fin se aclara!... Tendrás un regocijados por la fausta nueva, encomiaban
hijo varón 10h, poderoso emperador! que ha el valor y entereza de ánimo de la soberana,
de llamarse Felipe, Filius Pius, pues no haciendo coro al duque, que decía con entuotro nombre habrá de cuadrarle, ya que su siasmo:
-De otras mujeres nacen hombres. De
propósito será siempre guardar las tradicionuestra
emperatriz han de nacer ángeles...
nes de su padre y seguir eu Jo posible sus

IV
LA MISA DE PARIDA

Valladolid resplandecía de entusiasmo·
angostas eran su" calles y menguadas su~
plaza_s para. cont~ner el desbordamiento de
ale~ria que, mvad1endo todos los pechos, parecia ll_enar el ambiente de la población. Las
cercamas del convento de San Pablo, ~obre
todo, hervían de muchedumbre, compuesta
de pechero_s y mercaderes, ávidos de contempla_r la radiante comitiva que había de acompa~ar á la_ emperatriz Isabel al encaminar:;e
~ o1r la ~!sa de purificación, después del fe.
h~ natahc10 del príncipe Felipe. Un sol camcular,_ sol d_e Junio, en toda la explendidez
de un cielo sm nubes, amenazaba fundir cerebros y socarrar espaldas con sus ioneos
rayos; p~ro ni aun el temor á un taba~dillo
e~a sufi~1ente para d_isminuir en burgueses y
c,tmpes1~0~ el entus1a~mo hácia su soberana
y _la curiosidad de asistir al tránsito de la
misma Y de su brillante cabalgata.
. _Por fin, oyóse alegre trompeteo en direcc1011 á la casa de Don Bernardo Pimentel
que había_a)ojado galantemente á los sobe:
ranos, rec1b1endo por ello el lit do de marqués ~e RivadaYia. Las campanas del IDO·
naster10 fueron
. echadas á vuelo. Segu1·uamente, apareció la comitiva.
Iban delante cuatro heraldos con dalmáticas bordadas, cabalgando en brio~os corceles
cuyas gual~rapas lucían las armas del emperador, a~1 como los estandartes empuña&lt;~os ~or aquéllos; seguían les ocho trompeteros
! olios tantos atabaleros, produciendo estruendosa Y. horrísona_ algarabía; después.
una_ ~ompama de guardias tudescos, con SL;
~apilan Y alféreces á_ l~ cabeza. y en pos de
&lt; llo~, como una apar1c16n celestial. marchaba la en'.peratriz Isabel, con ye,tido de raso
blanco, a lom~s de una hacanea como el
ampo de la meve, _guarnecida también de
blancoH arreos. El duque &lt;le Benavente á p·.
y descubierto, llevaba de la brida la' re11!!
cabalgadura, y marchaba contoneánclo~e
muy orgulloso con su o~cio de palafrenero'.
Un murmullo de admiración saludaba el
paso de la hermosa emperatriz, ,. muchos
para hacer má~ ostensible su adhesión á l~
"?berana y el entusiasmo que les infundía sn
smgular belleza, hincaban Ja rodilla en el
l'uelo.
-¡Hueco, en verdad, camina el de Benavente!-e;Cclamó un pechero clirioiéndose á
un su amigo.
"
-Y en verdad que puede estarlo -re::;pondíale éste.
'
- Más lo iría otro que ro me sé, si ocupa-

557

ra el n:1ismo lugar,-murmuró, terciando en
la plát~ca, un arcabucero que presenciaba el
espectaculo.
-¿,Quién?-inquirió ingénuamenteelbuen
pechero.
-t.Quién ha_ de ser? El duque de Gandía,
que bebe lo~ vientos por la emperetriz.
-¡Bah] Habladurías cortesanas.
-¿Ila~ladurías? ¡Sí, síl Miradle. A fé mía
q_ue los OJOS con que la contempla no son
smo los de_ un hombre á quien la fuerza del
enamoramiento ha puesto casi al nivel de la
locura.
;.Pero e\la le corresponde·!
-:1P~r quién la tomáis! Ni por enterada se
da siquiera, aunque bien lo advierte, como •
no pued~ por !nen_os __ y pr~eba de que él no
halla sat1sfacc1ón a sus áns1a, es el entusias~o con que la adora: que pasión correspon•
chda eq fuego medio apagado ...
En pos de todos iba el emperador arrogante, cabal_gando en medio de sus c'ortesan~s, con quienes departía acerca de los festeJos que en albricias del nacimiento se pre~araban! uno d_e los cuales habría de consist~r en brillante Justa, reñida por los más principal e~ caballeros del imperio.
. Casi tocaba á s_u fin la ceremonia religio~~, en la que oficiaba de pontifical el arzob1~po de Toledo Don Alonso de Fonseca el
mismo que hab(a bau(izado al príncipe F~lipe, cuando se v1ó vemr, jadeando á puro correr, un soldado, cuya fogosa cabalgadura
apenas llegó á la puerta del monasterio caí~
l~ventada por la descomunal caminata: Vema. el mensajero-pues de un mensajero
tratabase-tot~lmente rebozado en polvo de
la c_arretera; s!n curarse de limpiarlo-tal
deb1a ser la prisa que reclamaba su recadopr~guntó por el emperador, y á toda costa
~mso verlo, no aviniéndose á esperar ni un
mstante.
Y, en vist~ de su insi,;tencia, fué conducido á presencia de Cario 1.
V
LOS FESTE IOS

. ~~tes de _da_rse por terminadas las prece$
iehg!oi;ac;, s10t1ó el César ánsia vehemente d
respirar el aire ;ibre, y, seguido de alguno:
de sus. cort~sanos, salió al claustro del monast~r10 deJando que en la iglesia del mismo
contmuasen l_ as sagrada~ ceremonias con
qne se ~olemmzaba el rápido restabiecimienl? de la emperatriz después del parto feiicis1mo. Con el entu~iasmo en él habitual cuan~º hablaba de algo que profundamente le
mleresaba y conmovía, comenzó Carlos á

�ron

ESOS )IUXDOS

558
excomunión pontificia cayó inmediatamente
planear la serie de, festejos con que se propo- sobre el ejército, sobre vos... ¿Qué se hace:
nía demostrar el I egocijo que el nacimiento
señor, qué ,-e hace?
del príncipe habíale causado.
·
-¿No tenéis allí jefes? Lo que el condes-Quiero que todo el imperio 'se alegre table ordene yo lo doy por hecho.
cual yo,-decía-y principalmenl~ España.
-¡Ah, seiiorl El condestable no puede ya
ya que sobre su suelo ha visto la luz el que ordenar nada: cayó muerto al asaltar los mumañana heredará mi corona. Ha de haber
de Roma.
justas en que prueben su valor caballeros de ros-¡Lástima
ha sido! Gran soldado era Borlodos los paísc.-;; se alancearán loros á la
bón.
usanza moruna, y odres mil de vinos gene-El príncipe de Orange, Filiberto de Cbarosos serán repartidas con profusión paraque lons, ae,umió el mando. Pero se halla perplelodos beban á la salud del hijo que Dios y la jo en situación lan comprometida, y quiere
emperatriz hánme dado para mi dicha.
recibir órdenes directas, terminantes, para
-Pensad, scñor,-adujo un sesudo magnaresponsabilidades.
• te de cana cabellera-en los miles de escu- c,itar,:e
Carlos calló un momento; acariciándose
dos que tales divers:ones costarán, y en lo con la mano la mandíbula prominente, meexhausto del imperial Erario ...
ditaba; y, medio oculta por la diestra acari-¿Y qué importa? Reuniré las Cortes y ciadora, una sonrisa diabólica crispó sus lademandaré de ellas un fuerte subsidio, va
que para suministrarme dinero es lo único bios.
-El caso es grave, ¡muy grave! Por de
para que sil'Yen ... Y si aún no fuese bastante, pronto, hay que suspender los festejos que
lus moros de Valencia me darán oro en abun- yo estaba proyectando, en ¡;cñal de duelo por
dancia, si los amenazo con la expulsión, el mal que aqueja al papa ... Ademá;;, en tocomo me lo dieron para construir mi hermo- das las iglesias de mis dominio~ se entonaso palacio de Granada.
rán preces para que Dios mejore la triste si-Sin embargo, ~[ajestad, ese dinero habrá tuación del romano pontífice ... Y las prcce;;
de seros necesario para más trascendentales
tendrán solemnidad inusitada .. .
mencsleres,-dijo otro noble. - El rey de
-Bien ... Pero de Clemente VII ¿qué haFrancia, faltando á la Concordia de Madrid,
cemos?-insislió el emisario.
parece retaros de nuevo, y una guerra más
-¡i\bl Pues ¿qué habéis de hacer? Dejarlo
será buen sumidero de metal acuñado.
en el Sant-.\ngelo hasta nuern orden; y que
-N.tda temo de Francisco l. A fé que, si le sirva de carcelero Fernando de Alarcón,
él lo quiere, 110 habrá de faltarme otro Diego que ya hubo de acreditar sus buenas aptituDávila que, como en Pavía, lo aprese, y la des para el ca:-:o guardando al soberano de
torro de los Lujanes sigue aún enhiesta en Francia ... E~o si, traladle á cuerpo de rey:
Madrid para ponerle á buen recado durante concededle cuanto pida, excepto la libertad,
otra temporada. Y, además, estoy alegre, y es seguro que, con las rogativas que por
y mi alegria bien vale un despilfarro: a-,i doquiera se hagan, Dios mejorará sus horas.
como así, el día en que entriste;:cn, tiempo
La misa de purificación había terminado:
me quedará de encerrarme en un monasteri0. las campanas del monasterio volteaban aleInterrumpiendo la plática imperial, un gremente. De nuevo se organizó la comitiva,
escudero anunció al César la venida de un y trompetas y atabales dejaron oir sus e3triemisario, que á toda prisa llegaba de luen- dentes clamore;;. Carlos, cuando le llegó su
gas tierras y deseaba hablarle sin demora.
turno, salió á la calle, montando su corcel.
-Que pase,-dijo Carlo,-aunque malli- que le aguardaba á la puerta. Y dirigiéndo:;c
to si habrá &lt;le importarme lo que me diga ... al :-;esudo magnate de cana cabellera, que caEntró el recienllegado, y sin apenas salu- balgaba á su estribo, díjole entre zumbón y
dar fué soltando á borbotones su perorata.
-Señor, vengo de Italia, donde graves su- apesarado:
-Ya no habrá festejos. ya no se derrochacesos acaecen. Apenas desembarcado en Bar- rán los miles de escudos que os dolía emcelon.a, he recorrido media E"paña, y, reven- plear alegremente. En cambio, habrá que
tando caballos, llego ba,-ta vos para entera- invertir más, muchos más, en pertrechos de
ros de lo que ocurre y recibir vue~tras órd&lt;'· guerra. Y á fe que me han impresionado las
ne, ... El condestable de Borbón ha tomado á noticias que acabo de recibir. Roma saqueaRoma, y el papa Clemente VII está prisione- da, el pontífice preso ... Podré de ello enorguro por yuestras tropas en el castillo de San t- llecerme como emperador; pero como crist\ngelo. ¿Qué hacemo, de él? Italia, Europa tiano, lo deploro: ¡palabra de caballero! ...
entera, claman contra tamaño desafuero: la
AUMAROL

LAS SOCIEDADES DE ACTORES

�660

POR ESOS MUNDOS

tremenda, y como tal merecedora d_e casti- hasta las bailarinas del Español, tenían la
go, el trágico fin de los pobres ?óm1cos que condición de empleados municipales,_ y en
antaño en un antaño muy próximo, mot1an este concepto gozaban derecho á p_e?s1ones
de ha~bre y de frío, olvidados y desatendi- de montepío para sí y para sus familias.
En el Ardos en mísechivo i\foniros lechos de
cipal exisle 11
bohardilla ó
dalos in tereen solitarias
sa
n tí si m os
camas de
de aquellas
hospital. La~
·pensiones,
sociedadesalguna de las
de artistas
cuales p erlíricos y drad u ra aun,
máticos han
no obstante
encontrado
· el tiempo; en
remedio para
efecto, todaesos ma 1es, y
vía paga e 1
las pensiones
Municipio
que cobran
madrileño
sus socios
viudedad á
cuando pasauna veneraron de una
b I e ~eñora,
determinada
esposa de un
edad y no
actor famoson válidos
so, y hac;ta
para el trahace un mes
bajo, bastan,
/,a casa de los comediantes, de Francia, en el valle de Grand-Morin
ha pagado su
si no sobran,
jubilación á
para asegu-.
.
..
..
rarles una ex1stenc1a, modeshs1ma, pero exis- una actriz, Doüa Matilde Saavedra, q11e se
retiró de la escena el año 1846, es decir,
tencia al fin.
hace más de sesenta años, y ha muerto hace
mu y poeos días, á una edad avanzadísima,
..\ntes en España ese p~oblem~ _lo ~eníau naturalmente.
Pero aquellos tiempos pasaron, y tras ellos
resuelto unos cuantos cómicos ¡mv1leg1ados,
cuando el Ayuntamiento explotaba P?r ~í volvieron los días tristes en que los actores
mismo el Teatro Español. En aquellos tiem- morian sin abrigo y sin pan, en que Don ~epos, más progresivos que estos de hoy aun- dro .Delgado, la más perfecta encarnación
que parezca mentira, en que ~l . T_eatro era del Don Juan, y Javierita Espejo, una de
considerado por nuestro Mumc1p10 com? las artistas de la pasada centuria más famofunción social á que él debía atender por s1, sas por su hermosura y su arte, tuvieron c¡ue
los cómicos, los profesores de la orquesta y pedir á la caridad de los extraños un pedazo

Pensionados de La casa de lo• toml·,lianles, de Francia

LAS SUCIJW..\IJJ!.S DE ACTORF.S

5ti1

Una junta directiva de la «Asociación de artistas líricos y dramáticos de España•

de pan. Ejemplos tan tristes como esos die- salgo en esa cuestión: me limito á ser croron origen en Es pafia á la Asociación de ar- nista verar., relatando hechos que honran
tistas líricos y cframcíticos, cómo el suicidio mucho á la ,Asociación de actores» yde qur
de un actor, débil para soportar la miseria, los fundadores de ella pueden envanecerse.
había hecho nacer en !&lt;'rancia la sociedad de .Me refiero á la in~tilución de las pensiones,
análogo nombre.
que si actualmente son aún roer.quinas, basLa asociación esp:11'iola nació con propó- tan para impedir el terrible e~pectáculo dP
sitos algo más ámplios; pero en la actualidad la miseria en que hemos vis'o morir á tancasi está reducida á ser una sociedad de so- tos grandes arti,-tas, y aseguran á los actores
corros múluos, muy bien adminüitrada, en viejos un vivir, modestísimo, casi insuficien que los socios ti~nen ciertos derecho, me- te, es verdad, pero, y sobre lodo, vivir sin los ·
diante el pago de una cuota ínfima de dos recelos y cuidados que antes amargaban lo,:,
pe;..ctas mensuales,
últimos años de su existencia.
Por cierto, que no todos los socios egtán
Pocos lleva de vida la «ARociación•, y, sin
conformes con este modo de ser de la «Aso- embargo, ya hace dos que !'.US veteranos cociación,, y esta pasa aclualmenle por una bran el humildísimo sueldo: e,s un triunfo
crisis grave en que luchan los progresistas, que ninguna otra sociedad espariola ha loque sueñan con llegar hasta la sociedad de grado y que hace á la de actoreR muy digna
resistencia ~ es necesario, y los' retrógrado-.:, de encomio. Los pensionados actualme11le '
temerosos de contingenc¡as y que no quic- son:
rencomprometer á la •Asociación• en lo que
Don Natalio Jurdao, Doña Enriqueta Imcreen locas aventuras.
perial, Don Agustin Dallós, Don Roque Hoig
Por mi parte, ahora al menos, no e11tro ni Royo. Doiia Elisa Zamacois, Don Francisco
6

�LAS SOCIEO.\OES og .\C:TOHES

662

PUR ESOS MU:-.OO!';

figura. Y conociuisimos también, aunque mede Paula Gómez. Don Julio Fuentes. Don
nos ilustre;;, son los de Emilia Llorente, priIgnacio Amoró~, Doña Concepción Cecilío,
mera actriz primero y característica luego
Don Manuel Calvo, Doña Carolina Casases,
en el Español; ~Ianuela Moral, esposa de un
Don José Lacarra, Don Bernardo Lapuenle,
segundo apunte conocidisimo, Mazzoli; RoDoña Dolores Blasco, Don .\nlonio Parejo,
que Roig, que fué durante muchos años el
Doña Ana Monner, Doña Malil&lt;le Ruiz, Doña
segundo apunte de '.\!ario; Juan Casañer, á
Manuela ~!oral, Don José Ferrando Lópeíl,
quieu hemos vi~to harer sus últimas campaDon Andrés Orenga, Doña Franci:-;ca Fer1ias dirigiendo muy arnánclez. Don .lo,1• Baria,
ti--ticamenle alguna soDoria Con,;uelo ~lo 1lai1é-:,
C'iNI ad d e aficionados:
Don Miguel Cob, Don
Juan ~lela, que fué profeJuan Casañer, Doña ..\!asor del Conservatorio; y
ria R II i z Sanlos, Don
alguno,; más . entre los
Francisco Mora, Don Feque sería inju,;l0 olvidar
1lerico Alonso, Don Teoá Bernanlo Lapuente, qut•
1, a I d o Cardona , Doña
aún recuerda los liem pos
Aurora Ramírez, Do ii a
felices en que comenzauAngeles Rodríguez, Don
&lt;lo su carrera como raRafael Queralt, DoñaNorcionista e n e I Español
berta Torá11, Doña Luisa
flirteciba con las boleras
Córcuera, Doña Emilia
que aún actuaban entónLlorenle, Doiia Antonia
ces en aquel teatro.
García, Don Tadeo NaYaLa pensión que cobran
rro, Doi1a Co11c-eprió11 '.\laahora es mu y reducida,
rín, Don .Manuel Rodrigo,
a¡wnas si llega á sei,;Doña Dolores .\rnau, Don
cieu tas pe,-elas anuales;
Juan '.\lela. üo,1 Joaquín
pero pu e d e aumentar
Vázc¡uez, Do II Agu--tm
hasta tres mil y seguraGuzmán, Dotia .Antonia
mente llegará á esa cifra
Barl.,erá, Do 11 .\nlunio
porque el estado econóBo11et, ))otia Adelaida (i1;
mico de la «Asociación•,
raldez. Doña Luisa Maino obstan le los er,orrnes
queíl , Doña Filon1ena
gastos de socorros q u e
Pelcgri.
sufraga, es muy próspero,
Como se ve, enlre esos
y actualmente tiene un
nombres hay alguno,
capital que se acerca mugloriosos, como el ·de Elicho á cuatrocientas mil
sa Zamacois. la famo,-ima
pesetas, y pron lo pasará,
Liple, hermana ~!el ilu~tre
::;i las cosas marchan coH.icaruo, que Yiye ahora
. roo ahora, de los dos mien lluenoti .\ire~, casada
llones de reales.
con otro fomo~o cantllnle
de íl,.nzuela grande, e 1
***
barítono Fcrrer, que estrenó en una de las últiLa situación de la somas11rtemporadas
d
o que hizo Actor español José Barta, retirado de la escena, ciedad de aetores fra1H·t&gt;en 1• adri el neitor .Si- que cobra. pensión de la •Asociación de Arlislas• ses es mil,; próspera aúu;
món de La Tempestad ~pero, eso 110 ob:,lante. la pensión que allí
es actualmente mae::;tro de caulo y delegado pagan á los artistas jubilados es menor que
de los adores espari.oles en la ciuuad arnl'· la que aquí cobran: sólo I lega á quinientos
ricana.
franco,-; y. aunque la aso(:iación l!eva ya
Olros nombres famosoc; son lo,; ,le Fran- muchos arlos de e,istcncia, no puede excecisco &lt;le P. Górnez, que fué galán jóven ele der de esa cantidad, verdaderamente exigua.
Romea; el de José Harta, competidor aforEn cambio, los jul&gt;ilados franc-eses tienen
tunado de Mariano Fcrnitndez en el E-,pariol urrn casa, un verdadero palacio donde pue-.
durante muchos aiios y actor cómico indis- den pasar. y algunos pasan ya. tranquila 'f
cutib'e en las mejores formaciones de '.\lasu YejPz.
nuel Catalina; el de Concha ~larín, que fué gratamente
Esa Casci de los cm11°rlir111fes pra un ,;11P110
primera dama con Don Pedro Delgado y a&lt;'ariciado tles(le hac·e ruurho tiempo por 101&gt;
C'0il \'ico má" tarde, y famo:--a por s11 e-:helta

artista:; france8es como el de un p .
u~a ca~uali&lt;l~d fclicísima hizo h:;tsl~~c~ todo \Valdeck. ~o_usseau, Bartbou l' Dupuy,
mas ,,v,tlo, anos que pudiera ser realiz· d
t:anRformaron raprdamente el sueri.o en rea_Por --ese tiem rv, en efecto, uno de a
hdad. ~n arquitecto amigo de los artistas,
miembros de I a
René Bmet, transformó rápida y artísticajunta directiva de
mente I as consla asociación fué
truccione,; , y I a
invitado á una bocasa de los comeda que se celrbrad i a n t e s quedó
ha en un puebleconstituida.
cilio del valle de
E 1 edificio acG r a n d-:\[o r ¡ •
tual, corno puede
11
)L Bouyer, ex-adver,;e en el grabaministrador ele la
do que publicaPorte Saint Mw·mo~. tiene tres
fin, que era el incuerpos: el de la
vitado. ,1~i,tió it la
derecha está d&lt;•sfiesla celebrada en
tiiiado á las home! parque ,-ecular
brPs. el de la izd e I castillo de
quicrda ú las sePonf rm.T drtm es,
üora, ,. el central
y pt&gt;nsú inu1ediait lo-- n1atrimonios
lamr11te que aquel
ti e artislas. Cadn
parqut&gt; era el pauno de los pensioraiso ideal con que
nista,- tie,11, en P.I
lo, adore,, soriasu habitación inhan. Pidió infor&lt;lependi&lt;&gt;nte. rnomes, y la ca'&lt;ualidrsta. ¡H'rn higi,·,.
dad si guió indifI
nir·a y C'onl'ut·table.
cando daralllente
'\
¡,1
fo nnacla por una
el destino clca,¡ncj
, k·ob.t-!!'.aliin clf' en
lla propiedad: el
¡110 ha~ 1111a caparque pertenecía
ma, una c·úmocla r
á un de,cendi!'Hlc
una mesa. v u ;,
del fa1uo..;o actor ~~-~"-----excelente c~arto
riel Palais Roya',
, .
.
de toilrffc con ,-u
llarel. I' esa cir1 crler,co Bcrnaldc1, nctor español jubila,lo
guardarropa e o c11~1stancia fa,·ore?ía enormemente los µla. .
rre~pondiC'nle.
n_c,; de llou ycr, ([UH'll pocos días después vi1la y haiJ, tarrones para ;;o,;cn la p1•11~ioni,... ,t.ah_a nuev~m-~nte la finca con el presidente ta~, y en la acl11alidad sólo vin11 allí vei11til., .asocrncwn, Coc¡uclin (aíné) á quien
~res, q11e_ hac·en un a vida ab,;olutamcnlf'
c·omo a su acompaiianlc, entusias'mó aquei° mde_pendrcul~, completamente disti11la d,, la
l11gar.__c111e rrpntó inu1ccliatamrnte por futura la vrda de asilo. Cada artista sale y e111t..1
man,1011 de los cóníicos.
cuando pla_ce. Sólo ha&lt;'cn en ro11111ni&lt;lad
L~,; g~stiones de com11ra fu eron hechas I~~ con11aas, a _la:; c·uales pueden fallar tamo
t d
'd
1-'
bien.aunque av,,-ando préviamente al dire&lt;·,. n wus1 a a rap1 cz, y pocos días después tor de la casa.
el~ ª_.quella Rc~und,~ ,:isita la finca era proJ
.
pie_d,1d d~ la asocrnc1ón, medianil' cien tu
.. ,a asociación se &lt;·111·arga de la alirnenta,¡um e I f
d
r1on de_ los pensionistas, ésto, e,1 r·,·1111!J1·0
. c - 1111 rancos a elantados por Coquelin.
,
. El rasiro generoso clcl l(ran actor ,. la va- r~nunc1an á los quinientos franco" de pen~,
llosa ayucla oficial, ,¡ue ¡irudigaro·n sob1•.. "1ón que les corresponden, ron lo cual :;e
v ~ufragan los gastos que oca&lt;iionan.

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A. MIQUIS

�ACTUALIDADES

.

Solemne apertura del Parlamento celebÍ)'::

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113
!tr~~r:i:m ~el~ r:i::iliaªreal

d Mayo último con asistencia del rey
e

ACTUALIDADES
APERTURA DEL PARLAMENTO

Revistió o-ran solemnidad el acto oficial
de la apert~ra del Pada~ento celebrada ?n
el palacio del Senado el d1a 13 de Mayo t~ltimo con asistencia del rey Y de toda l_a _familia real del Gobierno en pleno presidido
pÓr el sefior Maura, y de casi todos los senadores y diputado" que forman las nueva,;;
Cámaras legislativas.
.
Don Alfonso XIII leyó el Jfe11,.~a1e de la
Corona, y para que los lectores d~ Pon
Esos MUNDOS puedan conserv~r tan .interesante documento lo reproducimos rntegramento á continuación:
• « Vengo á inaugurar estas Cortes en ocasión excepcional,- dijo el monarca e_spañol.-Solemnidades como la presente siempre renuevan la co~sideració~ de graves d~bere~, en que cons1Aen el _re1_nar '! el gobc1 nar, y de necesidades, sufnm1entos y anhelos
popu lares, suscitan do esperanias alen taclo.~
ras que el coraión suele ~ar_ nobleme_nte a
los bien intencionados des1gmos de la, oluntad. Mas hoy mis primerasy~labras han ..de
anunciaros el fausto advenumento del p_nncipe de Asturias, sin que al ver cumplidos

así los vo, 'S más fervientes de mi alma,
acierte á dech,•aros si aventaja al del fl}Y. el
iúbilo del padre. La reina y yo, poseido
'i-iucstro ánimo de las emociones que _realzan
la primogenitura, hacemos á la Patr1a, ant~
Dio!'l. ofrenda de la naciente vida, en la cua
contemplamos r"producidas las nuestra!'i;que
no nos ba:-;ta habérselas consagrado una vez,,
Ya son sus venturas inseparables d&lt;' la suerte de e,-ta secular Monarquia, y desde que en
su espíritu penetre la luz de la razón sa~rá
que en las biC'nandani~s _del pu~b_lo es~anol
han de consistir sus un:cas felicidades .. La
paternal soliC'itud que el romano ponti~ce
dispensa á la nación española, ?orres_pond1&lt;la
por el propó~ito mío 'f de m1 Gobierno de
mantener la harmonía entre amba~ pote~tades, se ha manifestado una vez _mas defin~ndo como sus predecesores en c1:rcunstanc'.as
an~logas, á apadrinar en el bautismo al prmcipe heredero de la corona.
»:Muy urato me fué recibir en las aguas de
Cartacrén: la vis:ta oficial de S. M. el rey
Edua;do Vll de la Gran Bretaña Y de su a~gnsta e8posa la reina Alejand_ra. Las m~ifestaciones de la opinión púbhca en E~pana
y en Inglaterra, con este motivo, acreditaron

de nuevo cuán intimamenle se compenetran
con la reciproca simpatía de los dos pueblos
los estrechos lazos establecidos entre ambas
dinastías.
•Perdurando la cordialidad que queremos
mantener y felizmente mantenemos con la-s
demás poteneia~, intereses oomunes mu y
considerables estrechan. en el fecundo scuo
de la paz, nuestra amistad con Inglaterra y
con Francia.
»Singular atención dedica el Gobierno á las
fraternales relaciones con la Nación que á
nuestro lado vive en el suelo peninsular, y
con las Repúblicas de nuestra raza en el
continente amer;cano, así como á la suerte
de los numerosos españoles que residen en
estas últimas.
»Ratificada el acta general de la Conferencia de Algeciras, van entrando en aplicación,
con nuestro concurso, las reformas acordadas para el imperio sherifiano, mientras los
asuntos de las posesiones españolas situadas
eu su co~ta obtienen ince,-antes dewelos de
mi Gobierno.
•La iniciativa de S. l\L el emperador de todas las Rusias, que en 1899 congregara á las
potencias en la primera Conferencia de la
Paz, las reunirá otra vez en El Haya, durante
el me" de Junio próximo, usando de la graciosa hospitalidad del Gobierno de la reina
de los Pa1ses Bajos, para compl&lt;'mentar los
resultados de aquella a-&lt;amblea. E..;paña acu-

565

dirá con sincero espíritu de coadyuvar á la
utilidad 'f eficacia de la nueva reunión.
»:\Ji Gobierno conoce la urgencia de honda~
reformas, muy de antes preparada..; por trabajos y convencimientos ostensiblC's. Si hubiere dependido de su mano, las más e~larían ya implantadas. No desaprovechará dia:
en las primeras sesiones hábiles os ~ometerá
proyectos con los cuale:-; quiere extirpar la
rafa de los mayores daños, y también alguno,; olros quP, sin tener importancia tan capital, satisfacen apremios de la conveniencia
públira. Por evHar que la atención y el esfuerzo dispersos se esterilicen, reservará
para etapa,; nlterior&lt;'s de la magna obra á que
e,táis llamados otras iniciativas, todas concertadas dc,-,de ahora entre sí. füpcro que
vuestra labor será larga y afortunada; y aun
cumpliéndose este clc~eo mio, que tambi(m es
anhelo nacional, difícilmente llegaréis á completar la general renovación de que han menester nuestros organi~mos y procedimientos oficiales de administrnción y de gobierno, nue~tros instituto, militares, nuestro r1igimcn económico y nuestro sistema tribulario. Porque en cosas de política es eseneial
la oportunidad: un programa de futuros empeiios no resultaría útil, ni tampoco una expo..;ición prolija de proyectos c¡uc os serán
leidos ap&lt;'nas se constituyan ambos cuerpos
colegisladorei::, sobre los cuales mu.y: pronto
podréis delibrrar &lt;'firazrnC'nte. La. restau.ra-

Aspecto Jcl Saloa de Madrid ó Exposición automovilista celebrada en el palacio de Bellas Arles del Hipódromo
en la pnmera quincena de !\layo último
.-

�51ili

l'OR ESO,- )IU:\DOS

Lote de yeguas ~ ('olranco, de ra,a rspañola de la ganadería &lt;le los señores lluerrero hermanos, de Jerez, que han
olilenido el premio drl \linislerio de la Guerra en el concurso de ganados celebrado en :\ladrid del 22 al 28 de Mayo último

ción d!' loi:: or¡rnnismoR de AdminiRlración
local, que 1&lt;e oR propondrá c:on voluntad reguclla de abrir ámplio caurc para todas las
encrj!ias que vcnturoi::amrnte brotan de laR
cntrañaR del p11c•blo. y tambií•n con el designio ele estim11la1· y favorecer la ronn1leúC'ncia de iniciativas enervadas y all'Ofiadas
por una centralización exótic·a inadrruada
al genio de la nación espmiola. ron más la
n•forma del pro&lt;"edimienlo electoral &lt;·uyoR
vicios frustrarían aquel intf&gt;nto, preliminares
son inexcui::ablrs para muchas mrjora,- de los
srrvicios qne aimme la .\dmi11islraf'iú11 drl
Estado.
,Por este moti ro, y porque se &lt;lrbe ¡!uardar
y espaciar la JH'rturhac·ióu inhPrrntr it no,·edades tan substanciales, el proyc&lt;'lo dl' presupuestos para J HOH, quC' inmcclialamentc c·ouoceréis. no puede rrflejar si110 partr clPI
plan dP reorgauir.ación; pero hallaréis rn él
co11siderables y numerosos arnners. Preor11pan á mi Gobierno ]a,- mejorns de que eslá11
necesitadas 1111r,-tras í11rnas milih1rC's. sah·a1-(Ual'cla del honor ,. los intrrPs('s de la u,u·iún.
Los ministros &lt;Ir la (i1ll'rra y dP }lari11a aplir-an p&lt;'rsevrra11t1• ahinro á cslr rmprtio. rodeado de dific11ltadrs q110 tirrnpos pasados
ar11m11laron. Se C'mpr&lt;'tHierá, (!psdr l11rgo. la
ur~enlisima rcconstilllí'iún rlr 1111r-trn porlcr

naval, que siempre será modrsto, pero condicionará siempre la dignidad de nuestra soberanía. Limite infranqueable, en esta y en
todas las demás reformas, es la unánime oonsiderarión dr que se debe mantener á todo
tranrr la ya afianzarla normalidad de nuestra Hacienda.
•Las innovaciones que os serán propuestas
en el régimen tributario y económico están
inspirad&lt;.1s por el oonvC'ncimiento de que tan
daiioso como linsojear aspirariones indeliberadas sería retardar una ernlución que, con
igual instancia, reclaman el Tesoro público y
la rirp1e1,a nacional,á cuyo fomrnto se aetHie
ron diversos proyectos de mi Gobierno. Sohrc materias tales no cabe ('sperar, ni aun
r\esear. coincidencia plena de convicriones;
pero la deliberación entre varios conRejos los
apro,·rrha todo~. pues al comt'm interés patrio sirven. no meuos que los votos preponrlcrantrs, las advertencias inrstimahlcs de In
crílic·a, lai:: c11alr1:,, c1111nrlo rn el Parlamento
no rritan el rlrsar·icrto, dejan autorizada y
pl'eparada la enmienda para el ca~o ele com•
probarlo la experiencia.
• La Nariím ansía mrjoras po,-itivas y pronta,; rnNliante una trPgua Pn contiendas iníccunrlns. propc11,-as á la turbación del públirn
~osi&lt;'go. El rrtanlo en ;;alisíac-er su anhelo

,:..n,·urso d,• ~anados rrlcbrado t·n ;lladrid.-Alegre, caballo semental de raza espa,iola del se,lor Camino de
~,•11Ha, prc!D to del rey; Carcele~o, rabal!o del marqués de Casa-Domcrq. campron;lo; Encantado, ~tro
! JJ,plomdt!co, ,,aha)ln, de los senores Guerrero hermanos, de Jerez, premios de silla; toro suizo de tre~ a~os
m,,d10, nacido ) cnado en la Moncloa, prunrr premi:1; toro st•mental, uel barón de Velasco premio del
Aynnlam1enlo
'

y

�568

A&lt;.:TUALIDADES

POR E.50:5 ~IUNDO::i

explica apasio11adasco11mociones de opinión, que los alumnos del mismo demuestren su
poco propicias para estimar con ju:&lt;licia la aptitud y los progre$OS que hacen en el arte
realídad, y aun dar1o~a,.; para la causa misma á que rinden culto. El ñ de ~fayo pasado ve•
que se intenta servir; lalcs como :-e manifies- rificóse el último de dichos ejercicios del
tan ahora en florecientes regiones españolas, presente curso, y el numero&lt;;O público que
para quienes, si no merecen el nombre de asistió á la fiesta saboreó un escogido propredilección la viyeza &lt;le nue~tro amor y grama, en el que sobre;;alieron el violinista
nuestra solicitud, es porque pertenecen con mPjicano Carlos Raul 1\lanrlil y dos tonai~ualdad indefectible á tocloR Jo,:; hijos ele la dillas del año 1779.
::iiandil ejecutó con verdadera maestría:
santa v común madre.
»Coino enviados &lt;le la nación tenéis en en la que se aunarnn gran fuego y entu$iasvuestras manos acreditar que sus demanda,-;, mo, un Co11cierlo en Re menor, de Wieniawsky; sobre todc.
c:ianto fueren j11"en la 1·umanza y
tas,pueden queclur
en el finale alla
prontamente satis•
zínf1am, de esta
fechas por acción
difirili;:ima pieza,
dc-1 poder público
fué aplaudido caejercida con csc·ru•
1uro~amente por
pulo,¡1 normalidad
el numeroso é inconstitucional. Fiteligente auditorio
d••lísimo guardacongregado en el
dor de ella, con•
Conservatorio, que
fío en vuestro pa•
admiró en el jóven
triotismo y vue$•
violinista. cu y o
lras luces para el
retre:o publicafPliz término de la
mos, elotes de virnbra pacificadora,
tuosismo que han
que encau7.ará to•
de Jlernrle a ser
&lt;la la vitalidad del
un con sumado
puebloe,-;paiiol há•
maestrn,
más que
c i a J a completa
lo es ahora, y eso
recon:-;li lución inque hoy puede deterior, único a:-;iencirse en justicia
to firme del re,-;peque ya domina el
to en el exterior y
mecanismo y 1 a
de sus venideras
técnicapropios del
prosperidades.
in,;trumento á que
Completamos
se tledica. Mandil
esta nota de nue,-es un niño, pues
tra crónica dedisolo cuenta diecicada al nuevo Par•
seis años de edad,
lamento espaiiol,
y desde hace diez
diciendo q u r I a
que
demuestra afipresidencia del Seción
á la música.
nado ha sido ronEn 1898 comemó
ferida al general
á tocar el violín
Azcárraga, y que
Carlos Ri,ul Mandil, notable violinista mexicano
en ~léjico, su país
para la del Congreso de diputados fué elegido Don Eduardo natal; y primero allí, y después en París, en
Dato, que por este motivo ha hecho renuncia Barcelona, en Sevilla y en Cádiz, ha tomat_lo
del cargo de alralde de lladrid, que desem• lecciones de reputados y excelente~ profesores t¡ue siempre le concedieron la-. mejo·
peüaba.
res notas de aplicación y aptitud, y h~ demostrado su talento musical en conciertos de
EN EL CO'.'i::&lt;EHYATOHIO
carácter brnéfico en lo~ c¡ue en todas las
Organi7.ados por Don Tomás Bretón, ilus- oca,-iones fué muy aplaudido. En HJOi vino
tre maestro que desempeña el cargo de co- á ~1atlritl. y ai1ui ha heeho en tres cur~os
misario regio del Con,:ervatorio Kacional de una dilicili,-;ima carrrra de ocho años de estu~lúsica y Declamación, celébranse en dicho dios. Tales son sus aptitudes que al presen&lt;'entro ejercicios e;;colares c¡tH' ;.;irvrn para ta1-,;r á conrurso para formar rn la &lt;·lase su-

Ir
1

Don Marcelo Azcárraga, que ha sido nombrado
pretiidentc del Senado

Don Eduardo Dato, que ha sido elegido presidente
del Congreso de los Diputados

perior de violín del Conservatorio, que solo nández y el señor Alfara, que interpretaron
consta de quince alumnos, ganó plaza con la segunda de dichas tonadillas, Del albañil
honores y fué felicitadisimo por el maeslro titulada, original del maestro Ro-ales.
Bretón y' por Lodo el jurado, los mismos proEL ALCALDE DE )IADRID
fe~ores que de:-;pués han ido alentándole, y
La elección del seque más tarde, en
11or Dato para la preel ejercicio escolar
sideucia del Congreque relatamos , aJ
so de los Diputados
ver el triunfo de
dió motivo á su diMandil abandonamisión del cargo de
ron su puesto en la
alcalde de Madrid
mesa presidencial
que desempeñaba,
de la fiesta para
puesto para el que
felicitar al j óven
ha sido nombrado
violinista y á s u
Don Joaquín Sanprofesor e 1 señor
chez de Toca.
Hierro.
Esta designación
En esta nota que
ha sido uwrecitlael cronista dedica
m ente aplaudida,
a 1 citado alumno
pues el nombre del
del Con~ervatorio ,
señor Sáncher. d e
no ha de regatear
Toea suena bien en
s u s plácemes a 1
la ,\ lealdía de esta
ilustre Bretón por
corte. Nadie olvida
haber resucitado
la labor de dicho
las tonadillas á que
ilustre político con•
se hace alusión al
servador cuando en
comienzo d e I a s
época anterior des•
presente,.; 1í neas:
empriió el mismo
producciones netaear¡?o, ni son desmente espaüola::;,
conoC'idas para nin•
fueron escuchadas
guno las ('Ondiciocon religiosa atenDon ,Toaqum Sanchn de Toca, nuevo alcalde de Madrid
ne,; de cai ác-ler y
ción, y colmado::;
de aplausos sus intérprete:-, la señorita Ga- de talento que adornan al actual alcalde
llástegui, que cantó I,os co11sejos de wui para salir airoso de su cometido y llevar á
vieja, drl maestro Esleve, y la $e1iorila Fer- la práctica la labor que dt•manda con ur-

�r:sos MUNDO;,
del problema, y se dedica en primer término
¡!encía el vecindario de Madrid á fin de hacer á e,;tudiar la situación juridica de la mujer
,le esta capital una población digna del en el dererho romano, luego dun\nte el peasiento de la corte de Espaiia.
ríodo visigodo y después en los distintos reino,; cristianos de la reconquista, para pasar
)lAO!UD PROGHESA
al análisis del Código Civil vigente. 11.La reseiia de la.; vici&lt;:itudes de la condición de la
Preci~amente ahora ha dado muestras esta
mujer-dice el señor Ilinojo&lt;;a-no es sólo
capital de lo que p11edl' ser si se persevera
un capítulo importanen campañas y planes
tísimode lahistoria del
adoptados antes y se
dPrecho, sino uno de
completa e~ a labor
lo~ capítulos más intecon la que requieren
rP:-&lt;antes y atractivos
las nece;;idarl&lt;&gt;" de la
de la historia general
población. ~Iadrid ha
de la civilización. En
celebrado en el mes
ningún otro aspecto de
de )fayo último1 ron
la vida de los pueblos
grande y verdadero
se manifiesta con tanéxito, tres Exposicioto relieve la influenne,-: una de automóYicia de las ideas religiole,, en el Palacio del
!:'as y morales, politiIlipódromo; otra de
cas y económicas, ha¡?anado,; y maquinaria
hiendo podido decir
agrícola, en los terreSumner Maine que
nos de San Antonio ele
mw, sociedacl da l(t
la Florida, en la Bommedidarlesus progrebilla; y- otra ele fotosos en la civilización
grafías, organir.ada por
en la s1ww de indela Real Sociedad Fo7,endencici pl'rsonal y
tográfica: además, va
&lt;le capacidacl 1·ealq1re
á inaugurarse el 1O
reconoa á la mujer.•
del actual otro certá- Don Eduardo de Hinojosa, recibido académico de
D l'
l
•
ec arase e senor
men análogo, la Expo- Ciencias \!orales y Polllicas el 26 do Mayo último Hinojosa
partidario de
sición de Industrias, en
el Retiro; y como ·si &lt;&gt;stos acontecimientos las reformas que, tendiendo á mejorar la
concliciún ele la mujer, contribuyen á la dig110 hubieran contribuido va á aumentar la
importancia de la capital ele la nación, ha nificaciún del matrimonio, irn,titución educatranscurrido el pasado mes entre asambleas dora del género humano ,·, según la frase
de productores y veterinarios que han veni- exacta y profunda de Goethe, base y coronado á l\ladricl á discutir el porvenir de su vida miento de toda cultura. A este efecto dice el
recipiendario que es urgente é imprescincliy á mejorarla.
El vecindario marlrileño ha estimado es- hle reconocer la capacidad civil de la mujer
tos suce~os en cuanto valen, y ante propios y ca.c;ada, pue;; la ilimitada libertad del marido
extraño~ ha dado mue,-tras de su cultura y para di,-poner de los biene,; comunes á ambos
de la hospitalidad que á todoc;sabe dispensar. cónyu~C's deja indefensos los intereses de la
mujer. También rs nece,1ario y urgente el
derecho de la mujer rasada á disponct· del
DO~ EDUARDO DE JilNOJOSA
producto de su trabajo. En una palabra: la
En la Real Ac-adcmia de Ciencias Morales mujer dehe l(Ozar, en la vida juridica y en la
y Políticas ha sido rrcibido miembro de nú- e,f.,ra del clerrcho, de todo-; aquellos atribumero el ilustre jurista Don Eduardo de Hino- tos y facultades de que está privada injustajosa, que ya era individuo de la Lengua Es- mente.
EL COXDE DE RC1'1AXO:'iES
pañola. Esta ~olemnidad académica tuvo lugar el 26 de )layo último, y en ella pronunTambién hubo sesión públira y solemne el
ció el recipiendario un hermoso discurso 2li de ~la yo pasado en la neal Academia de
que trató tema tan importante romo el refe- Bl!lla.c; .\rtes para recibir al conde de Romarente á la Condición ele la mujer casa&lt;la en none~, r¡ue ha ido á ocupar en dicha corpola esfera del &lt;lei-eclw citJil a11/ir,110 y mo• ración el sillón que quedó vacante al morir
der110.
el ilnc:tre hombre español Don Francisco
Hace su trabajo el ~eñor Hinojosa en for•
Sih·ela.
roa comparatirn, para mejor conocimiento
l'Ull

AC'l'l'ALIDAOI:&gt;

de ~ubaltrrna importancia; harirndo la cátc·
dra vilaliria se acrr,ciAnta la nativa propensión
á convertir la r,nseñam:a en oficio; y
conde de Romanones rn su discur,-o de rr•
repción, en cuyos primeros párrafo-; hace la regentando. en fin, años y atios una mi~ma
historia de la Academia que ahora lo abre di~ciplina se pifra á )a&lt;. ge1wraciones edusus puertas, centro que, en opinión del reci- candas del elemento cdiversidad, . que inpiendario, ha sido origrn entre nosotro-: de la funde al arte frrsrura y lozanía apartándolo
enseñanza oficial y pública de las artes, para dol amaneramiento. l~I profesorado de los
las cuales es tan mer.q11ina la ronsignaci&lt;m estuclio,; de las artes plástiras debiera reque aparece en los presupuestos del ~tini~te- clutarse por libre de:.ignación entre las figurio del ramo que el conde de Romanones ras salientes ,· lus hombres ilustres de rada
cree que debieran sustraerse á la acción del {~¡,ora arlbtira; y las enRrñanzas de éRtos
~c;tado para vivir de las iniriativas individua- habrían de !-'er temporales, no permanentes,
les. A este efecto, compara nuestro concepto cur,;o-.; determinado'l en que los espíritus
y nuestra enseñamm con el concPpto y i-u prcdilN·los de la inspiración expusieran sus
revelación en la práctica r¡11e de tan impor- proceclimiPntos, suR experiencias, sus contante cuestión tie1wn la Gran Breta1ia. Fran- cepciones. la razón de !,us triunfos, ante
cia, Italia, Estados Unido&lt;; 1le Nort!'-América los alumnos de hoy, nrn&lt;'stros del porvenir.
Y no hay temor dr que la arbitrariedad pre" .\lemania.
' llahla luego de la forma deficiente en r¡ue valec·iera en la dP-1ignación, porque el reactualmente se halla constituida la Escuela ducido nú•n.cro de lo;; artista.~ famo;;os y la
Superior de Pintura, Escultura y Grabado, fi~calización de la fama ejercida por el juicio
que él quiso reformar cuando fué ministro, público aleja toda probabilida,1 de favoritiscosa que le impidió reali;i;ar la ineRtabilidad 1110 en pro de nombres no eonsagrados, so
pena de nn
d e I Gobierno
ridículo r una
de que entóncensura
demaces formó parsiado
grncnales
te, y dice que
por ser impuel conjunto del
nemrnte
afronp rofcsorado,
tadas.
En
las
muy apto y
esruelas
snprmerecedor d e
,riores ~úlo n&lt;'grandes alabanben tener euzas, adolece de
tr:ida. en camun defecto d e
bio, po r conorigen: la opo•
rurso
público,
sic i ó n. « Et
1os '1 u e drmaestro de be•
m11estren un a
l 1as arles su
peri orillad ó
a1iade el conde
espera
II r. a d e
de Romanones
ella,
dignas
de
-no puede ser
los
sacrificios
elegido como el
herhos en su
maestro p a ra
pro. porque arcualquiera el e
tislas
medianos
otro centro dono son tolera•
c&lt;'nte. La opohles en las essición pararáfp1•as estéticsa
tedra arlislica
y bien pue&gt;dPn
ofrece tres intener apliraoo n Y !'ni nntes
ción
especial
princip Lle s:
s n s aptitudl'Jl
alt•,1a de la enpara otros g(,scñanr.a á 1o,;
C~nde ~~ nomanones, que el 26 ~e ~lnro último fQ4! rec-ihitlo
ncro~,
no roeucadémico
de
Bella~
Artr,
grnndosartista~
n
o
s
glot·iosos,
que no se avienen á someterse al juicio de tribunales com- y no para aquellos que por s11 propia elepuestos por quienes acaso juzga inferiores, vación y grandeza reqnil'ren rsfuerzM rrc, "
ni á competir ó tener como rivale,;, quizás niales á los menos concedidos.
Trata
despu1•;;
el
conde
dr
nomanonr.,
de
victoriosos por el azar, á nombres artístico!'!

La 11tisión del Estado en la e11se1mnza
de las bella.e; artes fué ol ll'ma tratado por l'l

�672

LO QUE ES LA GLOHIA

las Exposiciones de Bellas Arles, cuya organización y reglamentos exigen grandes reformas. Dice el nuevo académico que la
experiencia ha demostrado como caso urgente la precisión de que desaparezca el
dualismo que en dichos certamenes existe,
pues ahora resulta que queriéndose hacer
en ellos pública ostentación de todas las
manifestaciones del arte, se las confunde y
amalgama, con grave detrimento de sus distintas especialidades.
Y pone fin á RU discurso con las siguientes palabras: «Nadie más que nosotros, por
la patria en que nacimos, estamos obligados
á apreciar en lo que vale el arte y lo quü en

él hicimos y lo que hacer podemos. Nuestra
intelectualidad, ó mejor dicho, nuestra sensibi1idad, ha dado á la acpióq artística los
mayores impulsos; nq~stra _raza ha vivido el
arte; nos hemos compenetrado con él durante muchas generaciones; 'nuestra producción artística es tan inmensa como perdurable. Tenemos derecho por ello á esperar que
esta tradición, que este hábito y esta necesidad adquiridos, nos lleven á nuevas victo'rias:
que ni los apasionamientos han desfallecido
tanto que hayan acabado los ideales, ni faltan en nuestras esperanzas sueños de ventura, ni fé ardorosa en los mejores tiempos
que nos esperan.»

•

Novela homeopáticamente hidroterápica
y alopáticamente inverosímil
IX Y ÚLTIMO. - TEST AMENTOS, MUERTES, BODAS...
Y FIEROS MALES (1)
deber de huU~manidad
nos

••

LO QUE ES LA GLORIA
Musa sentada sobre un éter de uro
con doseles de nubes temblorosas:
en tus manos celestes y sedosas
llevas dd genio el inmortal tesoro.
Mas luego velas con cendal de lloro
la frente augusta en que tus alas posas,
y deshojando sus divinas rosas
pasas como 1m brillante meteoro.
Eres, alada Gloria, ilusión sola,
ave del cielo que un momento ;rnmba,
pirámide oscilante de la ola.
Allar que de los astros se derrumba,
y es la luz de tu explémlitla aureola
sol que alumbra el silenc::o de la tuu1l1a.
LUISA

p¡::m:z

DE ZA11BRANA
'l ,, .

•

obli!!a á volver al
lecl{o del dolor del
general Pánico, al cual no reconorcríamos si
no fuera porque la presencia de su fiel criado Lebrel no-, confirma-e que aquel hombre
extenuado, pálido y febril, era .su robu;;to
señor de otros días.
¡Pobre general! La postración originada
por el golpe y el susto recibidos el triste día
de la excursión científica había hecho estragos en aquella naturaleza de hierro yacero de Bilbao. (El general era bilbaino).
Ya no era ni sombra de lo que fué: aquel
temperamento indómito é impulsivo había
rmigrado para no volver jamás; ya no increpaba á Lebrel, ya no le amer;azaba; las frases más violentas que salían dr sus labios
~e reducían á unas cuantas voces de mando
de lo más elemental de la táctica de infantería, y esto cuando la persistente liebre le
hacía desvariar, porque ac1uello era... ¡el delirio!
El general hablaba mu y quedo y trabajosamente con Lebrel, y le decía así:
-Amigo mio (porque tú eres mi amigo),
e;;toy en las últimas: me siento desfallecer,
y yo advierto que me muero por momentos;
si he de serte franco, creo que hoy me muero. ¡~unca he visto la muerte lande cerca, ni
aún en aquellos día-, de fieros y sangrientos
combates en los cuales la propia bizarría
que comprometía á cada paso mi exi,;tencia,
la !'alvaba!
-Xo piense el señor en morir:ie.
-Si, sí pienso, Lebrel. Es fuerza que piense en ello, porque ya sabes que tengo un sa;1rado deber que cumplir: tengo una deuda
,n

\'6anse

nuestros números 13íl y 1'2 á 1 \8.

de honor pendiente, y además es un cargo
de conciencia que me urge solventar...
El general dió un profundo suspiro, y Lebrel dos suspiros superficiales.
-De hoy no pasa-siguió diciendo el general con voz entrecortada por la emoción y
por la fatiga-que yo cumpla con este deber,
porque araso mañana sería tarde.
-Señor...
-¡Nada, nada, mi buen Lebrel! IIov mismo, en las primeras horas de esta noche.
haré mi esposa á la hija del alcalde de esta
localidad: los extravíos hay que pagarlos á
su debido tiempo, y yo no quiero dejar en
el mundo una mujer desgraciada por mi culpa. T1'1 te encargas de avisará su padre para
que esta noche venga acompañándola: también avisarás pcr:-onalmenle al notario del
Real de la Sierra, al juez municipal, al señor
cura, á Don Juan Carranza, al médico y al
veterinario, porc¡ue estos tres últimos $erán
testigo,; de mi casamiento y los haré mis
testamentarios.
Lebrel gemía.
-No gima", Lebrel: lo, espíritus fuertes,
los hombreA de corazón han de dar pruebas
de ello en los trances amargos y duros de la
vida... ¡La mía se extingue rapidamentel
El general hizo un eRfucrzo supremo, y
para reanimar á su afligido criado entonó,
con purüiimo estilo de malagueña, la siguiente copla:

A la canm e1i que me muero
no me ve119a.~ á llorar:
ua que no me quites penas
no me las vengas á dar.
Como se ve, el carácter del general había
sufrido una transformación radicalisima.
Lue~o que hubo cantado ta copla, siguió
diciendo el e:eneral·

�LAS AGUAS

POR [SOS MUNDOS

!)[

deparado uno de esos episodios arrancados
á la vida real, que me permite el lujo de poder aunarlo todo, esto es, que se casen y se
mueran á tu presencia.
¡Nada de problemas insolubles de esos que
trastornan los espíritus puros! Aquí se explica todo.
Estarnos en la camara obscura del intrépido alquimista Don Pedro Ponce, que se revuelca en su revuelto lecho presa de horribles sufrimientos físicos y morales.
casarás con ella después de ml muerle.
Le a::.iste en su enfermedad cruel una
-¡Lo juro, seilor!-dijo Lebrel anegado en
un llanto, muestra 1'e agradecimiento) de respetable señora de edad descompasada, la
cual acababa de aplicarle torpemente una
pena y de alegría.
-¡Dios te lo premie!-::;iguió diciendo el inyección de morfina, reclamada á gritos por
genernl.-.\hora véte á. cumplir mis encar- el paciente.
El genio del apacible Don Pedro se babia
gos y déjame reposar, porque me he esforzatrocado
en insoportable. Estos cambios del
do mucho.
Lebrel ahuecó las almohada::: á su seúol', carácter, como el oµera:do en el general y en
entornó las ma,]eras de la vidriera, y aban- Don Pedro, son síntomas precursores é inedonó la estancia para irá cumplir el man- quívoco') de una muerte próxima.
La herida de la pierna, causada por el tadato del agonizante guerrero 1 del car.ador
empedernido, del seductor de la hija del al- jante colmillo del jabalí, había sufrido una
infección inexplicable, porque ni el vino que
calde.
le echó Lebrel, ni el emplasto que le aplicó
llPjé111osles.
Don Juan, fueron motivos para que se ulcera~e con tanta rapidez,~ mucho menos con
carácter
canceroso irrevocable.
La jurnada de ho)· es triste, lector amado.
La varar. llaga se comía el raquítico cuerPara llUe se termir.en la, novelas tienen que
morirse unos cuantos de sus per:,onajes y po de ar1uel desventurado para cuyo palacasarse oti·os, y en esta no ha de faltar nin- dar privilegiado habían sido cosas de j.uego
guno de esos detalles. La casualidad me ha lo~ análisis más complicados, como si se

'-En mis últimas di~posiciones me cuidaré de ti. Quiero recompensarte de los malos
ratos que te he dado en vida, y a11gura!'le
una manera de vivir con independencia relativa. Pienso dejarle una cantidad suílcirnte
para que le puedas ca.-:ar con la hermana del
sindico, porque ya es hora también de que
· cumplas con esu pobre muchacha: a este fin,
te exijo en este momento, en que sólo Di(;S
no::; escucha, solemne juramento de que te

l
I
j

575

refunfuñarme y aconsejarme mal. .. Ahora
se me juntan los dolores del cuerpo con
los del alma y no puedo estar ni un minuto
tranquilo.Mi dinero será para la bija del peón
c~minero y para el ser que bulle en sus entrañas: he estado á punto de ser un padre
desnaturalizado pdr seguir los consejos de
u_sted y dar oídos á sus chismes y cuentos,
v á sus crueles invenciones. ¡Fuern de aquí,
Doña Momia! ¡Bruja, más que bruja!
-¡Quién os c¡onoce, ¡cielo santo! ¡Vos_ tan
comedido, tan guardador de l~s convemencias, tan delicado en la ex~res1ón como en el
concetol...
,.
-¡Fuera, fuera de aqut', d.éjcm~ u:;~ed morir srn v e r
cornejas!
Aviseála
gente que la
tengo dicho
que venga
prnnto!. .•
- "\hora
no puede ser
avisa,rles, seme ha atrañor; están to•
vesado el hídos ellos en
gado. ¡Esto
l s pradera
me falla i a
del mananpara no salir
tial, ce 1e Je esta mah r ando la
drngada próaparición de
xima! Llame
las aguas en
al médico en
la presencia
seguida, llade San Came á Don
nuto en üpaJuan Carran gen. Al!/ esza, llame al
tá t o do el
señor alcalpueblo y más
de, y al vetede dos mil
rinario, y al
personas de
peón cami1os pueblos
nero y á su
de alrededor.
h i j a: q u e
-Pues
vengan to bien: cuando
dos ellos inregresen qun
mediatamenvengan aqu1
te,que venga
inmediatacun ellos 110
mente ...
notario ...
Quierocasal'¡ Vieja insome hoy mislente, me
mo con la
vov á monr
hija del peón
est'a noche,
-¡Fuera de aquí, bruja, mé.~ ~ue brujal-;rit.aba Don Pedro Ponce
caminero 1
ó. la v1eJa que le asistía
pero voy á
con esa sante,,ta r antes
de morirme, y no le voy á dejará usted ni ta mujer que dentro de poco será madre.
-De todo hay tiempo, señor Don Pedro.
cinco céntimos para cordilla. ¡Lo poco ó mu-¡No,
no hay tiempo de lodo, porque Y"
cho que he logrado reunir á fuerza de trabajos, órden y privaciones, no es cosa de que me muero irremisiblemente! ¿Lo oye usted.
se lo coma usted que no ha hecho más que vejestorio?...

tratara de saborear un bombón de chocolate
y vainilla.
-¡Por vida de Diosl Esta vieja maldita
me ha asesinado por la espalda,-aullaba
Don Pedro.-1Señora vieja! ¡Anciana abominable! Venga acá T contemple su obra: mire
q.ué manera de ¡,oner una inyección hipodérmica, ¡so animal!
-¡El Señor me valga!- clamaba la buena
viejecilla, que aún usaba el lenguaje y modos de sus mocedades.-Reportitos, mi sellar Don Pedro, y sed más cortés y más sufrido. Ved que me tenéis convulsa y atortolada con vuestros gritos é imprecaciones .. .
-Pero vea usted también cómo me ha
puesto con la
aguja de la
jeringuilla:
me ha dado
nste&lt;l una
puñalada int e rm u scular ... ¡ inlervisceral! que

~En rni:; ultimas disposiciones pienso dejarte una cantidad para r¡ue pu!!das .;asal'te,-decia til general á. su criaúu

SAN CANUTO

�INDICE ... :,

.

. ,,

de. las materias cOQta.nida's en este. tomo,·.
,.

' ·'

''

¡·.

1

'

ENERO A JUN'IO DE

i907
··
' --

••

'.

•

'

1

~
Attualidade,. (Ilustrado con fotogralias de
, personas, lugares y sucesos que mis ocu·- paron laatenclón pública) 85, 178. 273, 364,

.

'

458y ~

Aritor de dama y Amor de esclava. Leyenda
, -de la Bretafta romana entre Iosafios 410 y
' ;i.t6 de 1~ Era de Cristo, por C. Bryson

- Taylor. (Ilustraciones de Reina Infante).

__
151, 231, :p5, 432 y 524
Atta noche. Poesla. por Ezequiel Gamboa.. 163
Al,partir. Soneto,' por Darlo Herrera...... . 272
Achares. Novela andaluza, por Pedro Pélez _,i
FernAndez. ~lustraclon,s de f. de la Mol•) 2W
Alméildrita. Narración, por Franclscp Flores
Oar~'a. (Ilustraciones de F. de la Mota)... . ~10
Comedia de amor. Poesía, por José Contreras .... ,................................ 61!
C,aerpo y almli. Poesía, por Pifian de Vlllegas ..................................... 112
Cantares, por Francisco Flores Garcla • . . •• IZI
Cuadro andaluz. Soneto, por Eduardo Ory. 132
¡Cuál es Q!I ob~a predilecta? Opiniones ~e
.. Ben(to Perez Oaldós, Serafín y 1oaqu1n
Alvarez Quintero, Amadeo Vives, Eugenio
Alvarez Damont, Vicente Blasco lbAdez.
Manuel Linares Rlvas, Miguel Blay, Tomn Lucefto, Salvador Rueda, Salvador
Vlnlegia, Eduardo Zatdtols, Francisco ,
Flores Oarcia, Arturo Reyes, José Santos _
Cbocano, Antonio Muftoz Degraln, Felipe
Trigo, Miguel Moya, Vital Aza, Anl&lt;eto
Marinas, José Alcoverro, Oregorlo Mari!·
, nez Sierra, Ricardo Bellver, Juan Pérez
. Zúftlga, Plo Baroja, José Vlllegas, Miguel
Ecbegaray, Miguel efe Unamuno, Narctao
Dtaz üe Escovar, Ramón A. Urbano, José
, l,lanecei y Miguel Angel Trilles. recopilad os por Augustq Marlinez Olmedllla,
• (Ilustrado con fótograllas). 100, 248.455
346,
y 533
C/6no. Poes!a, por Miguel Angel Corrales . • :m

'

Dib11jos de

Karilcato

FÉLIX MÉNDEZ

~:"'.~'.~~~~ ~-~ ~!!~~!~: -~~~~'.~. ~~'. ~~'.:

31)

Caando le hab/6 de su pesar_ Soneto, por
M. Albaladejo ...... , .. ,................. 411
l)ntrlptivir. S1111eto, wr R. Font. •• • . .. . .. . 200
tD6ndt reposa Coi6n?, por Féllx Aucalgne.

(Ilustrado con lotograliaS) .. . .. . .. .. .. . .. 302

Del pasado. Soneto, por Vlctor Racamonde. 327
l1tl diario ajblo;por julio Hoyos .• .'., .... ; 465
De /llglene social: El alcoholismo. (Ilustrado

con lotograllas) • .. . • .. .. . .. . .. . .. .. .. . .. !!02

Exceso de sabidur/a. Recuerdos de antano,

por Franclaco Flores Oarcia .........\, .-.. : .36
Bn nombrt de la U&amp;ertad. Historia noveles.,. de los tiempos de la Convención y el
Terror, por Owen JohnsOn. (Uustraclones
ele Reina Infante) ................... . 66 y 141

3:::ct,'.Jt.~-·:. ~~. ~-~-~~~~~

~

i' .

133

1

•

lil mendigo. Soneto por Miguel Macao.... . , .
El ejército alemdn. Un año en el l' del Rhin, •

; riro:r~l~~t~-~~re~.L~~.".': -~l~~-r~-d-~ -~~~¡ (111
El bienhechor. Cuento. por !lduardo Zama•
. cols. (Ilustraciones de F. Montagud)....... 205
t!sftnge. Poesla, por Julio Flórez........... 21f
Erase una melancolfa... Soneto, ·por Cons~
~itatntlnoi0bando.... .t.. : ...... t.. :.C.. .... .. _
i.,.
,., error sono y 1a po1c,a secre a; 6mo se
. vive en Rusia, pot Roberto Crozler. (llus, trado con fotografias).. .. .. .. . • .. .. .. . .. •
El recuérdo. Soneto, por Fernando« Zayas
En el Atldn//co. Soneto, por Darlo fterrera .,

1

~a•-•

El arte del periodismo:,Cámo son los
des repporlers .......................... , 30I
En una postal. Poesl\l, por Fra,pclsco Flores
•
Oarcla . .................. ............... . ~
El be,o. Anacreóntica, por !:nis V. Betan- ·

court .............. , .................... 3111

En ti laboratorio.del qulmlco; C61!'0 se ha- cen los diamantes, por Federico Lees. (llus-

lrado .cou fotogratias): ................... 38J

El billete de ctn,uenta pesetas. Cueuto._por ,_
Eduardo Zamacols. (Ilustraciones de r. de
la

Mota ................................

g

Eleonora. Soneto, por femando de Zayas.. 391
El orle de hacer el amor, por Isabel Ollmer.
(Ilustrado con lotografias)........... ,.... 3IR
El último beso. Soneto, por Julio Flórez •. -. , 3119
El pensamiento humano, por MAllmo Oorkl ~
Espe}ismos: Póesta, por N. Vtdal Pita.. .. .. . i4f
El alumbramtento de la reina: El prlnclpt
de Asturias. (Ilustrado con•fotograllas)... !ifl
El hijo del César. Narración histórica, por

Aumarot ................................

Figuras interesantes: 'feodoro Sánchez, por

Luis Morote. (Ilustrado con una lotografta)

Oo, un fuego japonés, por Roberto H. Smlth.

55t
a

(Con Ilustraciones).. • . . . . •. • . •••• . ••• ••• • 1$1
Horóscopo de los meses:
Enero, Sol en Capricornio .. . .. ••... ••• 83
Febrero, Sol en Acuario .. •• •••• ••.. ••• 139
Mayo, Sol en Piscis, ....... . ........... ' 2311
Abril, Sol en Arles. ................... , B
Mayo, Sol en Tauro .................. :. 443
Junio, Sol en Oémlnjs.................. 1m
Hola• sutltas. Poesla, por Vicente Nlcotau Rolg................ . : .. .............. ., (9z
Hombres y mujeres: No todo es antor" en la
vida, por Cosmópolls. (Con Ilustraciones).
Hebras de luz. Poesla, por Antonio J. Cano.
Hdc'a ti Ideal. Poesla, por Bfrén Rebolledo.
ltusló11- Poesla, por Teodoro Uorente • . . • •
Introito. Poesla, por Amado Nervo.. . . • . . ••
Intima. Poesía, por Erasmo Pellés. •• . . •• •• •
lnstantdntas. Soneto, por Martln Plzarro. ••
La belleza tldslcafemenina: Obras matstras dt pintura, por Arturo Lawrence.

(Con ilustraciones) ..................... .

328
4'11

515
171
31111

413
4111

�:, 74 1

11
Págs.

'

la Idea. Soneto, por José O. Villa ..........

rá~.

40

ber1 N. Casson.... : .. ....................

La enseñanza dela m:i{er, por Alberto Agui-

41

'4era ArJona. (Ilustra o con fotografias).. . .

44
51

Los futuros soberanos de Europa, por Cos,.
mó¡,olis. (Ilustrado con fotografías)....... 454
la el a. Poua, por Justo Pastor ~10, ...... 4o7
la caza menor. áginas d: sport, por José
Pan Elbarlo. (Ilustrado c_on fotografías) ...
la reina del campo. Cuento, por Francisco 482

52

La casa de , /os sueños. Cuento,

Lps españoles en Norte-América, por Her~

la amada. Soneto, por M. Barrero Argüe/les
los siete pecados. Cuento, por Manuel Ca'rrelero. (Ilustraciones de f. de la Mota) ...
Los/Jperas más célebres del mundo:
,liomeo y Jullela, d, Oounod ...........
_Lohengrln, d, Wagner .............. . ..
la Bohemia, dt! Pucclni. ......... .. . . ..
Tannhlluser, de Wagner . ..............
Alda, de Verdl. .......................
las'/tigr mas de Cortés. Soneto, por Tomás
'rrujlllo ... . ..... , .......................
Los f ,1ntasma~,{1ªs ªfiar/clones:
~or Federico eq lustrádo con fotogra-

•~;ª~.~-;¡:

ol
1!i4
257

344

521
59

de la Escalera.11/ustrado con fotografías). 498

xor

Ma¡{
Cavendlsh. ( Ilustraciones de rluro .
Buckland) ................ . ............. . .
las soc edades de actores, por A. Miquis, 004
Qiuslrafo¡, con folofraflas) .......... . ....
lo qu, e a gloria. oneto, por Luisa Pérez 558
de Zambrana .............. • .............
Motilas. Cantares de mujer, por El bachiller 564
Corchuelo ................... .. .. 11, 124 y
Madrid viejo, por Emilio Carrére. (Ilustrado 222
con fologral as).................... 60 y
Mwllyo. Episodio histórico, porJosé Oarcla 260
de Castro. (llu,traclon" da F. e la Mola).
MI princesa blanca... Poesla, por fesUs E. 107
Valenzuela ................... . ..........
Napoleón en Santa Elena, por R. h. Tlthe- 313
rlngton (Con llustraclon,s) .. . ............ 229
Nostalgia. Soneto, por Roberto de Narváez 285
Ninon de lene/os. Capllulos de la vida de
esta 111ujer de eterna belleza .... 316,415 y
0/élidas, Poeslas, por M1nu,1 S. Pichardo. 516

iiiiiié11·;,-~.~;::::::::::::.::: 76
la calandria. Soneto,por Enrique José Nau- 412
deat1 . ....•. . .........._...... . ...........
las aguas de Sari · Canuto. Novela cómica 84
,inv,rosimll, por Félix Méndez. (Dibujos de
K,rikalo) .......... 00, 189, 28,, 381 477 (.
Gf! lnstituci6n libre de enseñanza, pOr A - ol3
bulo Agullera Arjona ...................
Los regimlentos de nuestro Ejército, por 113
Anloulo Pi\reja Serrada:
.El d~ lnfán tuia d~I Infante n:Jm.!ro 5 .. 125
453 -y
Posesiones españolas en Marruecos, por 501
_lll de Saboya num,ro 6 •...•.... . ... : .. 210
Oulllarmo Rillwag,n. (Ilustrado con fotoEl de Afrlca número 7.. ................
grafias) ............... , ...... , ........... 22
l:.p confesió .1 de Bdi-bara. Cuento, por Ra- 373
Poder de la constanc ·a. Soneto, por Vlctor
'món A. Urbano. (Ilustraciones de f. de la
Basilio de Santa Ana .................. ~. 56
Mota) ................... : ...............
128
Primavera. Poesia, por Salvador Alfonso .. 204
tas grandes e~yas de la Historia: BelPlañidera. Poes a, por Luis Castillo ...... : . 343
grado, Malt Viena,
Cyrus Townu,send. (Con Ilustraciones ................. 158 Socorrifo. Novela andaluza, por Pedro• Pér,z fernández. (Ilustraciones de P. de la
s Moolañas de ta luna: El duque de los
Mota) ............•... . ...............•.. 12
.Abruzzos en el Ruwenzo,:I, por CosmópoSueño de opio. Poes'a, por Julio Plórez..... 351
t Ns. (lluslr~do con_folograf1as) ...... . ..... 194 Sollerones
célebres ............. ..... : .... 360
a co;,a ro¡a. Poes:a por Arlslldes Mol!..... 212
Soto entonces ... Poas:a~or Ricardo Pastor. 503
los maniáticos de la literatura. R~cuerdo
Tánger, antesala de arruecos, por OuJ:.
de antafto, por Francisco flores Oarc:a...
llermo Rlllwagen. (Ilustrado con fologra/.a debacle. Poesía, por Julio Hoyos ........ 213
!las) ..................................... 98
la Historia en los nombres de los buques 264
Una arruga, Soneto,lor Dlwaldo Sa!om ... 39!
- de guerra, por Luis Martnez de Escaurlaza ............................. . ...... §¡4 Un buque {ilorioso: l acorazado Numan.
cla, por uls Marllnez de Escaurlaza. (l:usla dote de Ton/ca. Cuento aragonés, por El
trado con folograf as) ... . : ............... 460
' 'i&gt;achlll,r Corchuelo. (Ilustraciones de f. de
Versalles y !iUS explendores......... 121 y 219
la Mola)........................... .. ....
ta opinión ajena. Cuento, ¡or Eduardo Za- 321 Ven((anza. Cuento gallego, chºr AleJandrQ
Phez Lugin. (llustraclo11es , Esteban Mémacols. niustraclones do . Oallarlo) . ....
3.54
nénd~z) ......... . ....................... 223
la garza. Poesa, por Ram ón Ortega ...... 363
Vence. Poesía, por Pifian de Vi llegas ....... 320
tas Ilusiones. Soneto, por José O. Villa .....
ta feria de Sevilla, por A. R. Bonnat. (llus- 416
PotnADAS:
traáo con fotográflasj ...................
LasJtolondrinas. i'oesia, por Efrén Reholle- 417
do. ..................................... 420 Busto de Don Santiago Ramón y Caja/, por QueLos amores: Cui11to, por Leopoldo López
rol: mes de Enero.
de Saa. (Ilustraciones de Esteban ManenCabeza de ciervo: mes de febrero.
d-,,i) ....................................
lttconqulsta del aire: ~fnterview con San. 421 Ecce-Homo,escultura d? f. Parera: mes de Marzo.
l Te gusto as/?: mes d, Abrll.
tas Dunront, por Un repporl&lt;r. (Ilustrado
con fotografías) .......................... 426 Flores y dulces: mes de Mayo:
Inocencia y desnudez: m,s de Junio.

Sºr

flN DEL TOMO XIV

•

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AÑO VIII

l\1AYO, r9o7

NUM. 148

------------EN EL LABORATORIO DEL QU(MICO

CÓMO SE HACEN LOS DIAMANTES

e

o-. ese esrrup11lo,o cuidado

que r, una por medio de ¡wi¡11c,io~ trozos de cristal co&lt;le las ros:1s l'Senciales ~n el ver&lt;lu&lt;lero loreado, y as1, i111uór1le.-;, esp&lt;'ramos la s••investi11ador f'Í&lt;'ntífico, el a, udante de M. ilen- g11nda opcrac:ión,en el procedimiento de la
"
. . de::;cu
n ~l111ssan,
el gran hombre de e·tenc1a
fabricación de diamantes ::;intéticos.
hri&lt;lor de lo!'; d ia111antt·s artificiales, llevó á
Durante cinco 111inutos perrnaneciruos en
e-abo todos lJ~ µreparativo, par.i pr.i1lucirlos forzado silcnrio, c:;cuc:hanclo el canto del
en mi presenria: la blanca cubierta &lt;le arcilla ar&lt;·o elé&gt;clriro, que ya 110 Pra rl cslruendo,.o
inGombustible para rl horno elée t ~iw estaba dti ,ulles: al cambiar de l'Olor la ll;,r11a ta.. &lt;·olorada en su po-.;icir'¡n, y
hiru cambió el tono de 1
los electrodos de carbón,
li11L111co en elevado v ha1tan gru&lt;•so,; romo la 111umo11ioso r11n-run.
iicc I rlP un homh ·,·. fue. .\. cada momento hacíawn apruximados por la.:;
se má:; fuerte el calor ,.
:ibert11ras •111e c-on&lt;l11cen al
aumentaba con PXl1 aorJ(sitio do1nll' el cris ,1 ,. ~u,;
nal'lo Plllp11je, hasta que
contenidos 1 ,bian s el o
tlegó a señalar e11tr,! los
&lt;·o loe a·los, s l10 cen I ral del
r :L50fl !!rado., ceumas potente de lo,, fuc&gt;gos.
11:;radÓs. ~le 1~rcgunlé ,;j
Llr,:,;ú, por fi11: el 111ou1cniu
, o hahria llc,.m&lt;lo ya a esl:l
t'll que il,a11 ú l'lupczar lo~
últ..1ua lcm1u•raturn, CJU •
eusarns: se &lt;lió ,uelta á
,erra la '(lle eleberia m:• 1111 &lt;·~•1111111tarlnr, ,. una cor.ar el punto ele evolución
rriente de t1·c. cir'.ntos f'inál'l cx¡u•rinwnto; ~- como
cuc11ta a111perio, rct·onrú
si quisiera contestar a mi
los conductores lScrpentisilell(:io:;a i11tl'rrupc·ió11, oi
n,i,-: e I hor110, lanza11J,,
t-nlónc1•s la vo1. del prori&gt;penti11a111e•11k vividas y
JP;,Or Moissan que daba
~zulaclas lla111a,. prorruiu·una ordeu: f,1cron rPlirapiú 1•11 un &lt;·anl,1 YaC'ilanlc
do, los rlectrodo" á la po ,. l,11u11ltuoso c¡11l' eon e.:;si&lt;·ión normal. eu i11ca11truendosu retiulin atronó
drs&lt;'encia al i'.ojo blanco;
nuestro:; oído:-.
la eubil'l'la e1ucdú húhilM. Ilemi :\fois.san, creador de lo, ,!iaman- ¡Ar·ercad los elecmente alejada 1lcl lwruo;
tes arLiflciales
tr,1dos! or&lt;lruñ M. ~loisy del hogar, de do~d1· ,,e
·an dominau&lt;lo el t111llulto de los aparatos. eh·vaba una c;olumua de llama, l'l a rndant1-,
L i1111wtliata111r11te -;1• Yerilícó uu c,amhio armado de un ¡.,ar de pinzas de largó J..1i¡11,:1;0,
l'll el tolor de la:, lla111as, 4111· ~e convirtió en
extrajo el e-riso! y eon 1111 movi111ie11lo del
•,ianco. iutcuso v &lt;l··~lumlirado1·. T111·i1110s brazo lo sumergió e11 un rlepósito circular de
pie prote¡wr nuc~tru,; ojos n,ntra este hrillo cristal cu ya~ tre, r,al'IP~ estaban llena~ rl,!
11

:woo

' .

ll nrno clóctrico inventado

lrabai·ando á la tcmperalu1a

:\,01•san,
J't:i~1 ,rofc,or
grados cenlí:rn,lo

�CÓMO SE HACES LO$ IJIMlA:\'TE::i

POR ESOS ::'IIUNOOS

388
cuatro años de edad. Empezó sus estudio~.
agua. Durante varios segundos lucieron fie- no en la Sorbona, sino en el Museo de Hi~ras llamaradas haciendo que el agua entrara toria Natural, laboratorio de M. Debérain; y
en violenta ebullición para después enfriarse el objeto á que dedicó su atención durante
rápidamente y recobrar, por último, su as- muchos años antes de consagrarse á la química mineralógica fué la fisiología vegetal.
pecto ordinario.
Mientras observábamos esto y veíamo" En todas sus investigaciones demostró ser un
cómo cambiaba el color del blanco al rojo y experimentador extremadamente emprendl'de este al negro, nos preguntamos si la dor y hábil. El primer problema que deterCiencia no babia triunfado una vez más en minó resolver fué el aislamiento del suecopiar los métodos de la Naturaleza.
lo; y la ma1 era como triunfó constituye. según se ha dicho con razón, «una verdadera
historia de las derrotas de la química,. Pasando á otros y no menos abstrusos concepEl horno eléctrico empleado por M. Nois- tos, emprendió un estudio analítico minusan para fabricar diamantes está en un la- cioso de varios ejemplares de boro proceboratorio al aire libre en el piso bajo del dentes de distintos puntos, con el resultado
Laboratorio de Química General de la Sor- de que, según probó, este producto, que er'\
bona, de París. Fué inventado por Moissan considerado como cuerpo simple, es, en reahace diez años, siendo el primer horno eléc- lidad, muy complejo. Mientra.e; hacía estas
trico en que se utilizó solamente la acción investigaciones, dedicábase con afán al incalorífica. Constituye uno de los derechos vento de su horno eléctrico y al problem;l
que tiene el inventor á la celebridad. á esa conexionado estrechamente con él: la sincelebridad que le ha conquistado el Premio tesis de los diamantes. Luego, relacionó su
de la Sección de Química de la Jnstitución trabajo con la preparación del calcio puro, y
así obtuvo carburo de calcio incoloro. hiNobel en el año 1906.
Digo intencionadamente cuno de sus &lt;lere- drato de calcio cristalizado y nitrato de calchos á la fama» porque son pocos los hom- cio también cristalizado. Siguieron á estos
bres de ciencia que han logrado tanto y en estudios otros acerca de los metales amotantos conceptos para el avance de la Cien- niacos y de las propiedades del gas amoniacia como M. Moissan. á pesar de que ha sido cal licuado, y, finalmente, los que se refieuno de los sabios franceses más jóvenes, ren á los nuevos gases de sulfuro. que empues al morir no contaba aún cincuenta y

rrrparando el bumu eteclñco para hacer diamantes en d 1•uoratono de le Sorbona, de Pans

prendió en colaboración coil el profe,or
P. Lebeau.

/f

389

Cabo, 1uyod~~elo es de natm·aleza eruptiva·
Y. conc ma 1c1endo que cestas piedras
,
~:ias/ebe~
existir
en
las
profundidiJ!;
"'
a ierra o~de hay excesiva temperatura
*'*
qon respecto á la época en que Moissan y ~~orme presión•. \Vcrth convino en e·ta
v~r1ficaba los ensayo,- sobre la síntesis de los opm1ó~, y publicaba el resultado de sus o"b
servac1one~
·
.
diamantes.
1 en e1 mismo
m:stante
en que•
o dó
dtodos saben ahora ' "'i él me re- \lo·
e r cuan o me explicaba el funcionamien- h ,ssan as confirmaba por experimentos
to•ed
de su horno. eléctrico, que e·tas
.
echos
de la Sorbona.
"'
preciosas
Co en su
t laboratorio
.
1emente, una variedad de
p1 ras son, s1mp_
mo _an er1ormente se habían racticad
earb?n y se relamonan con diversas sub"
~~~~1?s mtentos para fabricar dia~antes, s~
tancta&lt;;,
como fiel carbón veoetal
..
·
., , el car bón dc d ., 11ª pdrelender que se declarara el éxito
ª"~~ar, e1 gr~ to y el negro de humo. La- J eBe IIos e~de el. año 1828· Un escocés
v01s1er
. . anna y, casi alcanzó la deseada me~
· • contribuvó
· mucho á nuestros cono•
c1101entos sobre este particular; Smithson en _18~0 cuan~o, calentando lithio, descomTennant, en 1797, avanzó algo más· D _ put a esenc1~ ?e parafina ó aceite de Dipmas y Stas, en 1840, dieron otro pa;o \ac~a poe dceo1c1,una_ad1c1ón de diez ~rados ccnticrra0
adelante probando que el diamente es car- dr
El pro fesor m01s~an
u ·
d ,-encia
.
intentó
bón en su más pura forma.
8:rrq:eunc1r esdtos experimentos, pe, o fracasó
Pero si la verdadera naturaleza del mine- P
0 pu o cerrar los t b
. d u os, preparado!ral f~é al fin cono?ida, el método de su for- conforme á la ind·1cac1ón
e Hanna)' si
'(~e
mación p~r111~nec1ó en el misterio. Los ho - se eseaparn el contenido de ellos. 'Unnano
bres de ciencia de toe.lo el
m
mundo s e dedicaron al
trabajo de la resolución
deeste problema, emitiendo e n consecuencia las
t~orias más con tradictol'las, Yalgunas de ellas extremadamente e u r iosas.
Brew5ter yGtippert creían
que el diamante era una
~ecreción vegetal análoga
ª la goma; De Chaneourto1s sostenía que estaba
formado por emanaciones
sulfuratada.c:;, de la misma manera que el sulfuro
puede f~rmarse por dichas
~111anac1one s; y todavía
iba más allá sosteniendo
que •los diamantes negros podían existir en el
barro negro que se ª"lomera en las junturasº de
l~s tubos de gas.&gt; Otros
científicos se agrupaban
en rededor de la hipótesis
de que el carbón cristalizado resultaba de las tempentu~as elevadas ó de
la presión exce:;iva. Daubréc IIRmaba la atención
re~pecto á la analogía
e~1stente entre la pre:seneia de diamantes en los
~eteoritos q u e habían
sido ensayados por el profeso~ Moissan y su exisSumer¡iendo el crisol en un depósito de agua con objeto de crlsf ¡·
1
carbón-azúcar
· • 11ar •
len&lt;'ia &lt;'ll las minas dP!

�!'OH ESOS ;\J UNDOS

dc~puéf;. JlfarRdPn ro:1siguió ohtrnrr rlinmantPs nep:ros calrnta11do plata ú una alr~c·ón
dr plata y platino ron r·arhón-az11c:ir. lle;&gt;itirndo lt s exprrimento!-. rl proíe,or Moissan
t•iunfó Psta ve ~. pero ~olo fohrir'.ó diaurnnles
1,r ~ro'i, nun&lt;·a transp1rr11trs.
La solución riel grn11 problema f'e encontraba, i;in embarp:o. muy prúxima. ConYPnc·do .l\loi¡;¡;an rlr que una trrmenda prc,ión
era condirión si11e r¡11n non para f.,brir·ar
d1: manleR. decidió utilizar rn ronrxiún c-on
el gran calor rlel horno rlí•rl riro la propiedarl q1Je tiene el hierro fundido de aumentar
en YoH1men en el momento de ,;11 solidificarinn. La plata saturada ele rarhón posre el
mi~mo poder. y por eso delerminó el citado
profesor ensayar tambit'&gt;n esle metal.
El e,¡ierimento, que llevo it &lt;·abo inmeclinlamC'nle, fué idéntico al qur he tenido el
priYil&lt;'gio rle presenciar. por lo que puedo
describirlo en todoi; sus detalles. En un cri~ol de rarhón se roloca11 do,cirntos gramo,
clP hierro rle SuPc-ia ,. cantidad suficiente de
e: rhón-nzi1car q11e lo· cubra. El crisol !ie cokea enlónces en rl re11t10 del horno. se
aproximan los electrodos, y i;e 1ra~mite 11na
corrirnlP de una furr:r.a cledro-motriz ele
ci11ruc11ta vol bs pr6xi1un111c11lc. El horno !'\e
calienta á 11na trm · e•·at11ra de :1.:;00 l(rado5
c&lt;•ntígrado rlurante lre:; á seis minutos: en
u11 momrnto dado. ,;e inlPn11mpe la corriente, se I etira la ruhierta , el crisol ;-;e !ill merge en un depúsilo de agua donde sus contenidos sufran esa elrYada presión que el
hombre de ciencia ha descubierto que es ind1~pensahlc.
l',n-a quitar á los dinma11le~-pequeños,
naturalmentr - la materia inserrible que los
rodra. el re~iduo met:"diro se sujeta entónces
á una serie de operaciones qu1micas, cuya
cluración se extiende á un período de ~erca
de qui11ce días. Ante todo, se ataca hirvienrlo
ácido hidroclórico basta que C'ste ácido dc~a
,'e prorlucir una reacción de sales de hierro.
Los n•sírluJs serán entónces, si es que la
operación del enfriamiento se ha llevado con
rapi&lt;lez, pequeña,, cantidade;; de :rrafito. de
un carbón de color castaño ell tiras m11y
delgadas que parecen haber sufrido prPsió11
enorml' (carbón s~111ejante á una Yarirdad
e11contrada en el meteorito Cm1ón del Diablo, una parte del cual fué analizada por el
profesor .Mois-;an ), y, finalmente. de una pequeña cant1dad de rarbún denso. que se
aii::la tratándolo rnrias ncc,-. &lt;·011 ácido 11ilrohidro-clórico , lmrianclo l11ego Jo-.; rc,ultuntes en ácido tsiilf1'1ric-o que :-;e habrá p11P~to á
una tempernluni dr do,c-icnto, ¡¡rado, renti2rado r en el eu:.il á&lt;·i lo se hahrú me1.&lt;·lado.
c;1 pi•q,;e,"ia'i C'a11tidadPf&lt;, 11itraln di' potaRa

puh'eri,.aclo. Por e~l-' mrdio :-;e clc~lr ryc tod,&gt;
el carbón nmorfo: y al &lt;'xaminnr los resíduos
co·1 el microc;ropi"o. se verá p:rnrralmentr
que rontienr11 una I e rueña cantidad de ¡zrafito que fácilmente puede remoYer;;e por
medio de la lra:,sf, r.11:.ición 1•11 11n éJxidP.
Otra vez entran m uso el áciclo Li!lroíluórico y /\ciclo c;ulfitriro hin-irndo. cle~µu(•c; de l,i
nnl Re trata la resultante r-0n Yod11ro d,•
mPlileno á una &lt;lensirlad de H"í-. Lac; partes
ligeras se clPnnán á la i;uperficic drl liquido y puedr11 ,;er fácilmrr~r. eliminadas;
ciertos fragmentos nep:ros permanecen rn
&lt;;uspensión, mic11trns pcc¡ur110:; diamantes
transparentes carn al fondo del rl'ripientc.
f.05 fragmentos negro:; son tamb:én diamanles, exactamente similares á la yariedad naLural conocida p'lr carbouato.
El profeso1· ~loissan morlificó algo.rluranto
'-US más rrcientec; inYeRligaciones. la parl&lt;'
del experimento en qur entra en acción.el
horno. Emple:rndo un cilindro !lr hieno dulre lleno de carbón-azúcar v de sulfato M
hierro y cerrado con un casquete á tornillo.
obluYo, en ve:r. de un crisol. mucho mejores
resullaclos que los alcanzados con el sistema
antiguo. Antes de enfriar el cilindro en
agua. se Ir sumerge en hierro fundido líquido. Los diamantes preparadoR bajo estas nuerns condiciones tienen la forma dr onlaedro,
regulares con bordes curTados, de fragmentoc; confu,oc; cristalizadoi;. de cristales que
son susreptibles de ro111pcrse en lrJzos longitudinales, y olr: s figuras como las que
suelen enrontrarse en e,-tado !,rulo.
En rralirlad, ei parecido entre esto&lt;: diamantes ,-i11télicos y los que so obtienen por
el proc-erlin1ir11to natural es idéntico. Por
rjemplo. los dia111antes naturales poseen algunas veces raridades é incluc;iones, estrías
paralcl.1s é imprc,;ionrs trian¡¡ulares. Así sucede también con los fabricados pO!' el sistema drl profl'~Or Jloi:;~an, que, además, lta
prob:1do de m.inera c·o11cluyente que Sll'piedras ::;on diamantes ·t:e1·daderos, habien·
&lt;lo 0Llr11ido de la combustión de ellos, en
lrrs diferente~ ocasiones, la proporción de
11cido carbónico que corresponde al carbóu
puro.
Las conrlusionec; á que llrgó ~l. Moi,;san
por medio de sus experimentos son: •El carbón bajo pre~ión puede licuarse, llega á ser
tran:;parente, su de11,;idad aumenta, y entonces es capaz de solirlifir-arsc, ya en fo m l
de cri,-tales, ya en una forma redondeada
amorfa. [na impure;rn, el Pª"º d, un cuerpo
c11biro, puedr traer fac·ilme11lt' una cristalización regular ó una ma"a eonfuf'a de cristalc~ irrr¡11i'larc~. Si la prp,-i(m no es tan fuert&lt;',
lo~ diarnanle"' se ron'a111inarn11 ron particu-

Microfoto.,1aílas de los diau,anles ar ificialcs ublenidus ¡,or el proCC111miento del prolesor Moissan

las &lt;le carhún: )' si lodavia e, mrnor, el ret-Ullado ,era la obtención de diamantes negro-. más ó u,enos imperfectamente rfi-taliza los.
La Ílnica objet:ión que puede hacer.~e á
los tliamante;; ~loi,san (de Jo:; cuale,- acompaiio en e,te articulo cuatro 111icrnl'otograr1as , e.:; t¡ue no son de gran tamaiio: el mayor c¡uo ha,ta ahora se ha obtenido mide
IJ,7 milímetrns. Pero todo requiere 1&gt;rinripio. y hav 1¡ue &lt;'sprrar que en !';;los años de
,orprc11de11te- adelanto" cient1licos hrmo,
do rcl' fahl'icadas muy pronto piedras prccio,as que pe~e11 vario, q11ilate,-. ;_.\cu:-;o nu
se hacen rul.Jí&lt;'s ae taIUaño conienle l'II el
lahoratodo del qufmiro"r Pues, sin ernhargo,
,ulo hac«- [HH¡uísinws aiio, que se obtt vo el

P!·!mer rubí microscópico. Compáre,:e lnm hren el tarna,,o ele lo,- cristales de cu,11 z &gt;

11nlurales con los rri~tales sintéticos que"'"
han íah_1·irado por Dauhrúe, y será 1icc~"ario
conv,•1111· en '(lle no har razón p,1.ra qu¿ r),,
lo;; experimPnlos hecho, por Jloissar1 no
salga la fabric·ación de diama11te, ele la 'ríia~nitud que se dPsPe.
1· "
. Lo verdadera_mcnte doloro~o qr) .~stp · part1c11lar y que. 111dudable¡nrntP, .1:elra~r1rá la
solurión definitiva de tan preriado adelanto
rie'.1lífico, es la muerto ele! sabio proírsJr
,\l01ssan, ocurrida á merliadus de Feb, ern
~tltimo en París. Lloremos la de;aparirión del
ilustre profesor, fallecido apt•11as las aiu·as
de la gloria fncron á visitarle con el honro~o
Prrmio ~obel.
FtmEIWJO

-·-

----.

LEES

-

-

,,__

.

.

J1

1

•

UNA ARRUGA

l

Trist&lt;' se extiende al coronar la frenlP,
cual una onda en la dC'sierta playa
se extiende al ritmo del rumor que en,aya
el 111ar ruando se agita nurnsamC'nte.
Denuucia el paso del dolor YChrmPnte
quP traza ron ,u lútigo esa ra) a,
y á la confusa idea que de,-maya
por la fatiga que el cerebro siente.
Fs u11 ,urro dl'i libro en un lrrrcno
empomio1,ado )'ª por el veneno
de pensamientos líYidos y hura11os.
En los Yiejos, la huella es de lo~ aitoi::,
y &lt;'S la rna rea en los jóvenes del trueno

que ruge cuando llueven cle,cngaño~ ...
DIWALDO

S.\LO.M

..

�393

EL BILLETE DE CINCUENTA PESETAS

EL BILLETE DE CINCUENTA PESETAS
(CUENTO)

pensamiento, lo~
O ojos hostilesal demismo
Saturnino y las miraBEDECIENDO

das'resignadas y blandas de su mujer convergieron hacia la cuna donde Anita dormía, lps desnudos y morenos bracitos ceñidos al cuello de un caballo de cartón.
-:-Mañana-dijo la madre-cuando despierté y no te véa, va á llorar mucho.
El permaneció callado, pensativo y hosco.
y sus cejas fruncidas pintaban sobre la frente un pliegue vertical, siniestro como la cicatriz de un hachazo. Luego exclamó, alzándose de hombros, con ese gesto resuelto
de indiferencia que los aventureros oponen á
las incertidumbres del mañana:
- ¡8 ah! Los muchachos se consuelan
pronto. En cuanto se ponga á jugar con el
caballo que le hemos comprado, se olvida
de todo.
Y añadió, enternecido, los párpados llenos
ele lágrimas, insegura la voz:
- ¡Tú, mi pobre Carmen, tú eres la que
necesitas armarte de mucha paciencia y de
mucho valor!
Ella repuso balbuceando, como estrangulada por la emoción:
-¿Me escribirás en todos los correos,
verd~cP

-Sí.

-¿ t en cuanto desembarques me telegrafiarás, para convencerme de que estás
bueao?
- También.
-Sí, sí... Yo te lo ruego ... ¡No dejes de hacerlo!...
Le examinó ansiosamente, pensando en
que, al siguiente día, ya estarían muy apartados el uno del otro; después miró al viejo
reloj que murmuraba en un ángulo, sobre la
cómoda, su canción de •adioses•, cual devorando alegremente las horas que aún les restaban de permanecer juntos, y rompió á llorar.

Eran las nueve de la noche. Una lámpara
sin pantalla derramaba por las encalada,
paredes de la habitación un melancólico
resplandor gris. Una gran tristeza, la tristeza
enorme y penetrante de la miseria, invadía
la estancia, con su suelo desesterado, ~us
venta11as sin cortinas, su media docena de
sillas de enea ordenadas á la hila de los muros desnudos. A un lado, cerca de la puerta,
dos maletas cérradas, prontas á partir, traían
recuerdos de muelles y de andenes, y eran
expresivas como un índic.e que apunta al
horizonte.
Saturnino contemplaba con expresión desolada la cabeza jóven y pelinegra de su
mujer. Era un hombre de treinta y cinco
años, de mandíbulas vigorosas y voluntariosa nariz, cuyas sienes la inquietud lancinante, ineluctable, de buscar la vida sembró de cabellos blancos. Saturnino babia
trabajado mucho, sobre todo desde que se
casó y vió que cada hijo es, para los pobres,
un problema hecho carne. Durante el invierno, Satul'llino ejercitaba su oficio de tipógrafo, á pesar de que, según los médicos le habían dicho, el polvillo metálico de las letras
era un veneno para su garganta; y cuando
llegaba el verano, como la labor disminuía
en las imprentas y solia quedarse sin trabajo, se acomodaba de peón de albañil, ó remendaba zapatos, ó mercaba y vendía muebles viejos por las calles, que mucho aleany á todo se atreve el fértil ingenio de los
necesitados.
Cercioróse, al cabo, que su largo batallar
jamás le llevaría á un puerto de paz, que los
años huían debilitándole y robándole entusiasmos para la pelea, y que era estúpido limitarse á vivir al día puesto que lo ahorrado
en la juventud es una especie de letra muy
dulce que, el tiempo andando: cobra la vejez.
Y entonces pensó ec América, ese país sagrado, generoso y activo, que ha enriquecido

á tantos emigrantes. Al principio, esta decisión fué im¡.,recisa, sin contornos, como algo
muy lejano y de dificil realización. Poco á
poco, sin embargo, fué invadiendo su espíritu, ocupando su pensamiento, poniendo á su
voluntad secretas y firmes ligaduras. Al fin, y
con beneplácito de su mujer, decidióse á pedir un pasaje gratuito para Buenos Aires.
Transcurrieron algunas semanas antes deque
el billete solicitado le fuese concedido, y durante este tiempo la costumbre de reflexionar en la necesidad de separarse dió á la
pobre familia suave conformidad. •Es preciso•-decían, pensando en que el Destino tiene imposiciones que la menguada energía de
los hombres no puede vencer. Saturnino emigraría, y Carmen y Anita quedarían aqui devorando sus escasos aborriilos, en tanto llegaba el momento dichoso de que ar¡uél las
llamase á su lado para vivir todos en la quietud que procura la continuidad del trabajo.
Una tarde, Saturnino recibió el billete pedido: era un papel de color amarille:,to, cuyo
misterioso poder parecía tender sobre el At-

"ª

Saturnino contemplaba á
au hija, que dormía cou
los brazos ceñidos á un caballo de cartón

lántico u~ camino. No había momento que
desperdiciar, porque el buque, reple~o de
emigrantes, iarpaba al día siguiente. Aquella
noche, por tanto, era la última que Carmen
y Saturnino pasaban juntos, y la~ maletas ya
cerradas, dispuestas á partir muy lejos, les
invitaban con su raro lenguaje de objetos
errantes, á decirse «adiós.•
Saturnino, lentamente, babia encendido
un cigarrillo. De pronto, exc'amó:
-Oye... ¿Y á dónde le escribo?
Ella repuso, dilatando los ojos, un poco
sorprendida:
-¡Aquí!... ¿,Por qué?
-Por una razón bien sencilla.
-~Cuál?
-Í,Y si cambias de casa?
-Es yerdad ...
Hubo un corto intervalo de silencio, durante el cual ambos buscaron el medio de
dará sus cartas direcció n segura.
-Lo mejor será-dijo él-escribirte á
la lista de Correos.
-Sí, es cierto ... Pero... no tengo cédula.
El se mordió los labios; su
mujer llevaba razón: la lista
de Correos, tan tolerante para
con los vagabundos sin domicilio, no sirve á los indocumentados. D e pronto , ex clamó:
-¿,Qué dinero tienes?
Carmen se levantó y sacó
del cajón inferior de 1a c ómoda treinta duros en billetes del B a n c o. Saturnino
apuntó en su cartera el número de uno de ellos.
-Esto es lo mejor,- dijo.
- Todas mis cartas irán di• rigidas e n l a forma siguiente: «Billete de cincuenta pe" setas número 14.763. • Tú
presentas el billete, y en
paz.
En e s t o quedaron. La
luz de la lámpara , falla
de petróleo, comenzaba á oscilar, v I a estancia i b a ca ,:cntlo &lt;' n
sombras; el v'iejo reloj
cantó un a hora; en el
cielo 1 a s estrellas palidecían, y corrían extremecimientos r i s u eños de amanecer de primavera.

***
Transcurrió más de un año, durante
el cual Carmen fué librando contra la

�J&gt;OR 1~0~ \lli~l)Os

1•xtra1iu5 dr lejano, µaí$e,: ..\c¡uel'a, caria,
rni;;eria un Jesesprratlo combate. U poc-o &lt;¡ue lo,; ojos fatigados y arrasaclo,; en la~r1dinerillo que su marido la había 1leja&lt;lo ,-e 1llas de Carmen deletreaban difícilmente "ran
acabó pronto, y á falla &lt;lr ot a ocupación mil-- la hif,tória intinrn, ,inrcrn. minuc-io~arnPutc
lurraliva hubo de rcsignar.,c á co~er ropa tle$"lll'l'll&lt;l"ra. de cuanto á Saturnino iha s1JCl •
lilauca para los cuarteles. Ec;ta labor, infa• clié;~dole en la emigración. El &lt;·atálogo 1le ,m
111emc11le rdribuida, agotú pronto su vistn, y malanclanza, era largo.•\pena-; de,e1nharcac:'ntónces I eiaron los rlias "inicc;tro!&gt; en c¡uc do, cayó enfermo y t11\'o q11e ir al hospital.
la nc:'rcsidacl de comer sr, lleva á casa del
Ue-.pui•-.. ,.. ,
prestamista
repuesto, enlas ropas y
tró á sPrr'
los mueble,-.
de criadu e 1
Poco ít poco,
un hol(•I. el,·
1·011 pcrti11;1donde salio
eia alerrndopara traliaj~ ·
ra, la pobr~
e 11 una i1f,·
Carmen vió
prcnta; ¡,ero
salir por
dP alli (n ú
aquella misJe,.,pedidr1 .l
ma pu el'la
poco. y tras
por donde d
al¡nmos 111emarido Hl
ses de nii,rfné, la cómo•
ria logró .ieüda, el relüJ.
rn odarsr P 11
la:; silla.", ,-u
,ma oran ea,-:• ex.poi trmantón, su
dora~l" c•er&lt;•ales y aceilrajeci to tl e
te, e,-p:11iole-.
pe re· a 1, la
Las últimas carlas &lt;l;,
nianlilla c¡110
Saturnino eran más ale embelleció
!,!l'e,-, ,· ..us renglone;; ligcsu gaq_;,:i.1.l-1
n11ne,;te i11clinaclos h aei,1
la ma1ian,1
arriba y las 1e t r a s d l'
fclii de :; 11
vigoro,Ós trazos acusab,1:1
boda... Y, seel biPne--tar credrnte de ~11
gün t&gt;I mobiespíritu.
.
liario clesa• Ten!!O al!rnnos ahornp a recia,
lloi:,-&lt;lrc·1a e7; nna dP ella,
aquellas ha•
-alll\l(lle 1 o 1111wlto•. 1;n•o 1¡11e. -i
bitacionc:la fortu1 a 110 111c rnelrn la e,-pahL .
dPsarbolacla~
prOII\O llOS\'Pr~lllll•, .. &gt;
•
por la mi,-c•.\qurl dia, ne11clo llorar a Sil m:-•
ria iban addre ••\nita. a 1¡uiP11 la pubre:m lwquiriendo tebia datlo un con11&lt;·i111il'11to prc1:•J1.
rrible sonoCármrn 1e dirigió al cajón d~ la cómoda para
dr la vida, lloró la111bií•11.
ridad.
contar ti dinero que tenia
Pasarull otro,; tlus 11w,el', quo
~l n ch as
e:onclnveron de acrotar los recur,-O'-' de Cartarde;-;, á la pue,;ta del·sol, Carmen y su hij:1 men. Én "' cas¡; no que,h,ba 11acla 11u,~
iban á Correo~ con la esperamm de 1¡11c en la que el colchón don~le ella y ,-u hija dun11ia11.
li-:ta habría alouna carla del au:-ente.•\nte la ¿Qué hacer·1 La jol'Cll cor11prc11di'.&gt; qm· era
reja r¡11r clefie1~&lt;le la entrada del negociado, necesario ca111hiar el billl'le dP tltez duro•
::'C aµifü1ba siempre esa multitud heterogénea
que ha-sta cntu11('f'S le ,;irYió para r~co)!t'r
y cosmopolita de pecadora.-, ,· ~le a,·enturer?.; la,- cartas de ~aturnino. Pno ;_le dar1a11 l.1
á quienes los amores clandcst111os ó las micorresponclencia "in 111·(';.(•11\ar el billete·t l'a·
serias y sobre~altarlo oleaje del vivir colo·
ra :,alir de dudas, fnó il la lista.
can un poco fuera de la ley. Ct1rrnen se acer-;.l lay algo para el billete 111u11ero 1•i.7ü3i
caba á la reja lembla111lo.
-preizu11tt'&gt;.
.
.
Billete de cincuenta pesetas número
El empl1•ado repu;;o, mirirn1lola rn1pa--1J,le
14.763,-·clPCía.
al travé,; cle ll•s cristales Lrillaute::; Je ~u~
El Pmpleaclo cogía Pl billete, leía ,-u nú11wro v luego i-ns dedos á¡¡iles rPbu,raban entre gafas:
,;_Trae u~ted el Lillcte'r
nn 'montón ele !-Obres franc¡uC'ados con ~el 1;S

"ª

~o, ::;eil• r.
-Pues no puedo con•e,,tarh á u,-ted . Xo-, lo
prohibe el reglamc nto,
CHmen ~e a t reYió á
repliear:
- Yo rrei que u,tc,l
ya mP conoría: vengo a&lt;¡ui
con frecuencia ...
-Sí. lo st'• ... Pero, no
importa: i;i no trae usted
el billete no pue !o &lt;lcspac-harla.
Fntonre~, la jóven pre•
sentó el billete y recogi(,
una carta en la que Saturnino &lt;lecia:
• Té n pacicncin. 11 ,i
hablado con mi jefe tic ti
y de nue~tra hija r de
lo~ de,eos &lt;¡nr tengo de
traero;; á mi !arlo. Le he
pintado vue~tra situación
p1ocaria y las inquielude,
~-..,.~
mortales r¡ue ~ufro pen$(Ulclo en vosotras, y tengo la &gt;'cgurida,l de haberle conmr,viuo. E:; muy probable, por ronsiguienle, que á fines &lt;le esle mes, 6 á 111edi.1dos del prt'&gt;ximo, pueda enviaros el dinero di'!
pa!lajr. Entretanto, vida mía, no de.•111a yes,
pide pre:;lauo. véndelo tocio, defiéndete como puedas. Lo irnpcrlantc es vivir para que
¡ odamos voll'er á ab,·a;i:arnos.,

.\ quella noche, Carmen y .\nila pidirron
limosna.
Era una nochr de invierno. Dnrnnt" el clia
babia nenulo copio--amente r las c-alle:; aparecían desiertas ,. blancas. Los tran'!!'untes
preornpados por· el fH'ligro de un re:;balón'.
pa-;aban mirando al suelo, el ro,trn casi
oculto entre el cuello de sus gabanc-s ó el
emho;i:o de sus capas. La circulación de coches
se había in!c ru111¡1ído: un earan silen.
c10 em·olYia la eiudad. aterida bajo nn cielo
intensamente diáfano.
Inmóvil, con la inmovilidad de la._ c~tátuas, Carmen ofrecía á lo~ c¡ue pa-:aban ""
mano fría y rílñda, amrrillP: ta como la rera;
sus labio", sellados por la vrrgiie11za. no · e
atrevían á pedir; ba~o sns Yc.~tido, hara1,i&lt; n
lo$, el pobre cut&gt;rpo, mordido por PI hambr,•
y el frío, tiritaba.
La pobre Anila, c:rn~ada d" c,-tar en pié,
se había doi-rnido ronlra el ,¡11icio tic una
puerta cerrada.
Un tra11,-euntr. compa&lt;vo dejt'&gt; en la mano

Aquella noche
nn ada Cir•
men y Anila pldicl'(ln limo,na

dP la jo,·en una 11101 e.la de dici céntimo,-;
otro, una decinco. A media noche. Carmen y
su hija. c;entarlas i;ohre Sil colchón, cenaban
ron un r€'al.
l~~ta siluarión horrible cluró varias ~emana,.
~[,,chas Ye e e~, la joven, de~espt·rada.
fuera de si, pensó en el suiridio 6 en cambiar aquel billete de Banro que la fataFdarl
,lejú entre sus manos como una ironía..\fa..,
;,cómo harerlo ruando lo necesitaba para recobrar aquell:i carta, prcci-:amente donde el
dinero de ,u saha,·1,\11 habia de llegar de 1111
momento á otro·1
\ tornaba á 111u,,itar en sus 01dos, r11r110
1111 canto de ron"olacióu. la palab1a;; rlPI :in-ente:
...Xo des111a 1'€'S, pide pres lado, vénclPlo
todu. defü\nc!ete romo pm•cla~. Lo importau•
te es vivir pata que podamos volvPr á abrn1.an º"···
Todas las 11oc-he,-. pa~eando su ,-ilneta negra á lo lar!!O de la, calle, nr\'ada~. Carmrn,

�fü..EO:\OR.\
396
seguida de su hija, continuó tendiendo á la una plaza. Los periódicos dijeron que entre
las ropas de la mendiga los agentes de la aucaridad pública su mano de cera ...
toridad habían encontrado un billete de cin•
*
cuenta pesetas, y un escritor publicó una
**
Una madrugada, las dos amanecieron muer- brillante crónica á propósito de los avaro~
tas, de hambre y de frío, sobre P.l banco de qne piden limosna por gusto ...

1-'.IJUARDO

ZAMACOIS

EL ARTE DE HACER EL AMOR

l/1islfüciones ele F. de la .Jlota.

tomóviles y tranvías, en calles abrumadas
por el tráfico, y le ofrece su corazón y su
mano como si le ofreciera un sandtvich de
ponde afirmativamente á las pretensiones jamón, no puede dudarse que, aunque acepamorosas del hombre, n:&gt; cabe duda que ese te las proposiciones amorosas, sufrirá gran
galanteo ha constituido una de las causas desengaño en sus ilusiones.
El hombre no se encuentra en ocasiones
del éxito del pretendiente. Cualquiera cosa
mejor
preparado para el amor que la muque cumpla su propósito está, en cierto grarlo, más allá de la crítica, porque demuestra jer. También él se ha entregado á sueños rosu habilidad para triunfar. En el tema ob- mánticos, ha deseado emplear ese lenguaje
jeto del presente artículo, que no es asunto fogoso y elocuente que ninguna mujer puede
tan frívolo como á primera vista puede pa- resistir, casi basta ha recordado poesías apropiadas á la
recer, es preocasión. Pero
ciso tener en
cuando llega
cuenta, más
el momento Y
que en ni.aguse
vuelve mu~
na olra cuesdo
y no se le
tión, las cirocurren
las pa
c un s tan ci as
labras oportuque rodean á
nas; cuando la
cada raso parmemoria le
ticular.
abandona
y no
Toda su vi•
puede
recordase llevauua
dar una sola
joven esperande las cosas indo la época en
teresantes que
que un hompeusaba decir;
bre se enamocuando,
en
re do ella al
vez de persuaestilo románsivo y rlotico y la concuente y duevierta en heño de sí misroína de dulmo,se encuences epi,odios
tra con la
en que haya
frente
inundalllucha poes/a
da
de
sudor,
v
y rayos de
en
lugar
de
es.
luna y e m otrechar
locaciones intensas
m ente á su
e u ya simple
Ofelia
encanrelación haaa
¿Se puede ganar el amor de una dama haciendo que ésta nos vende
tadora contra
una herida?
que rabien de
su palpitante
envidia sus
pecho,
la
coge
como
si
fuera
con tenazas,
amigas. Cuando no le ocurre nada de e:,lo,
cuando un hombre le hace el amor á la ple- entónces el disgusto del pretendido Tenona luz del día, mientras pa~ea por entre ca- rio, del héroe de la víspera, estalla sin límirros cargados de mercancías, por entre au- tes y se desborda en furia contra si mismo.
L

galanlco delio Rcr considerado como

E una de las cosas en que el resultado
justifica los medios: cuando una mujer res-

ELEONORA
Parece su figura cincelada
en un bloque de mármol donde apenas
marcan el surco de ~tiles venas
sierpes azules en la piel rosada.
Como una honda de placer hinchada
se agita el seno, y de cansancio llenas
imprimen sus pupilas agarenas
suprema laxitud en la mirada.
Al contemplarla, cruzan por la mente
febriles sueños en carrera loca
y escapa la razón cobardemente,
mientras el torpe corazón ansía
apurar en el cáliz de su boca
el néctar espumoso de la orgía.
FERXANDO DE

ZAYAS

�:)98

EL ÚL1UIO m~-;o

l'OR ESOS :\!U:\DO:&lt;

l'or supueslo, que cada cual hace el amor que juran y perjuran c¡ue venderían sus
las mujeres romo puede ó como :;abe. se- almas al diablo ron tal de conseguir el amor
~1ú1 sean su temperamento ó la habilidad de ws afane,,; r mientras ha l' riuJo que &lt;:rec
adquirida en el
agrndará la muarte merliante la
Jer que prntenma\'or ó menor
de ,1:,e g u rá11práctica que hadola qu&lt;' es la
ra tenido. Los
imáge11 rivie11le
;llU\' jMenes y
de s u difunta
los mu y viejos
esposa, lambién
lo ha e e u sin
los ha i· lo basabandonar uuntan te ;..abio" pac a e I terreno,
ra jurar y perJupara mantener
n11· c¡uc jamih
r•onstantemenle
amaron á nadie
antP loe: ojos de
como quieren a
la mujer el esla segunda espectáculo de su
posa en ciernPs.
devoción. La
Hay también
eficar·ia de este
quie;1 h a e e el
si-,tewa depenamor e o n ,; u
de siempre de lo
poquito de brom á :; ú menos
ma. algo de terenamorada que
i JU ra, basla11tc
Psté la dama del
Una escena de amor en el dtama Res1&lt;1-recci611 de Tobtd
ansiedad y Ia
' .
galán: !'lÍ lo esU1.
correspondieu lt•
ñ1 ucho, nunca le parecerá ba::;tante la prt•· dcclararión. ; Y el enamorado tempestuoso.
-~"11cia de ;,u adorador; pero si lo e~tá poco, ese amante al q11e le importaría mur poco
cuanto menos se dc•je ver el hombre más cometer algunos asesinato» para ganar e!
ganará su cau:,a.
amor de su pretendida,
Pero este arte de haraptarla si fuera nececer el amor es un juego
sario, y que sieru pre r
para el que lo:,; muchaen todas ocasiones ha la
chos son apasionado,; en
remedio á e ualquier
demasía, y en el que
contingencia apurnda?
aquel que ha cumplido
Eslesistema, el del l101t1f'i •1ruf'nla aiios resulta
bre que con nuno atrel,a,.tante frío. En camrida to m a &lt;:uanlo 1111
L10, el amante &lt;le mepecho apasionado de:;ea,
diana edad puede pare, s t&gt;I má~ fasdnador pa1-er necio, y este es un
ra las mu'ere:s pornue
vicio en el que frecuen Je,:pierla ~ 1 eleuw;1to
lemente caen nrnc·hof'
salvaje que aún exi,te
hombres q II e enamoPn el fondn de lodo n&gt;ran. En efecto, 110 sou
razón feme11i110.
pocas I as damas r¡ue
Todas e::; las teorías
rPchazan al pretendiente
son buena,, p o r q u e
&lt;le mayoredadqueellas,
concluyen en el malri11n por lo,; años, siuo
m o II i o: mas ninguna
p•,rquc les resulta ride ellas, grada por comdículo como 11ovio.
pleto á la mujer, q11I'
\.lgunos haceu la cor)!e11eralmenle aí'epta ,,J
t,, como si ofrecieran á
amor q11e se' le ofrc•c&lt;'
la dama de ~us prt&gt;Íl'porr¡ue e" lo mejor que
rencia~ un presente eon
se 1,) prc,-enta. Pero s,1
01,a r,ccna nm0ro$a, ~n el ~•~ma Romeo y
el &lt;¡ue ella deberá forzoJuli,tc,, de '-hnhs¡H,nre
1·orm:ó11 ,.itnt(• Yi\'OS Hll•
H amen te considerarse
he los por algo 1uu \" disdic?osa: hai· otros que siempre dicc11 a la l111lo, ,il.!o románli(•O. puí•tiC'o. ideal: , nunmuJer que ante:, de euamorar,-e de 1:lla se ra fll'rdo11a al ho111bre que pudiera haberlt•
,-ncomieudau á la divina J'lL"Olrcción; otros hecho &lt;'Sta cla~c &lt;IP nmor v- no ha ~ahido h ,_

R!l9

1-crlo. E,lr deseo de que el umor se haga en q11&lt;' nnnra rnrá11 en la vida real, c,e .e11atalt'~ rol'd i1·ione:&lt;-&lt;·I arle de enamorar en 111orado que ,abe locar el coraz.ón femenino
~u más fina perfer&lt;'ión- es lo &lt;¡ue ha&lt;:e á las romo ,;i fuera arpa de mil r11erdas y cada
mujeres Yírtimas de la non•la r del tealro. una de ellas afinada para el c,,riño, c:se enaCualquiera nwela en que haya una verda- morado de VOil s11avP romo grata melodüi.
der 1 1•,ce11a de arnor, que e,;té llena de ter- ,le ojos que acarician con la mirad L, y que
nura y de d,d \11ra:;. de gracia, d~ fuego y d1.• cua11do e"trecha á la dama c1ilre sus brar.O&lt;:;
!'moción, se rcnderá ele seguro por rif'nto, la coge con tal i111pel11osidad que deslrt•11;1a
rle miles de Pjrmpbre,; y cualquier actor &lt;:;u prlo al propio ti('mpo que arroja en sus
que haga el amor &lt;'n el escenario de 111a11cra oídos ar,lic11lisima, y apasio11a'las frase!-.
quP conmueva a las da111a.-,. será ii1dudable¡Y es muy extraño que teniendo los homlllenle el fa,·orilo anl!' el &lt;'ual los e111pre5:1- bre, en el teatro tal&lt;', ejernplo;; ante s11s ojos
rios 110 t!'1Hlrán má,:; remedio que i11cli11111·s!' ,1el arle de hacer"' amor, no aprenda el ,:;('XO
y acceder ít sus prelen,,ionl•;;, pue;; las mu- 111asc·ulino it &lt;'lllf l •ar mayor grncia dP la que
jeres llenarán los teatro» para recordar a 1 actualmente pone en galanlear á las 11111jeenamorado romántico con quien so:'1aron y re»I

a

ISABEL

1

1'

EL ULTIMO BESO
¡r tr fni,ll- ta111bit'·11, cu,11ciw Ya110!
Lll'gaste c:on mi~ úllin10, amure:;,
&lt;:011 rl ar-re perfurnr dC' 111i, flores
y la.-- l111ria,-; po~tr.!ra~ J,,J \"l'ra110.
Sali ú tu P11c·11P11lru. de ,c11t11ra 11fa111
al , .. rh· ,onrt&gt;ir c11 mi, ale-ores:
m:1,, ri!'11do 111i ln,lcza r rni,, dolort•tte ¡wrdi,lr• P11 la, ,;1&gt;111liia, de lo :irc,,11111.

Y quctlé111e otra ,cz :,in luz ni aliri::,1
lur·handp sin c•e,ar en la porlia:
illlÍ f ', rlt• 1111 liPlllpO "" 111,ll'&lt;·liú 1·111ili:,ro!

Y;i ::,vlu aiuardo el p,úc·i,lo e;11lit'i('~()
dí' la muerl!' !'11 111i últi111a ag1111ía:
iUII rnluptuo,u y t,1l•·ina11i(• l,e 0 o'.
Juuo FLÚIH:7

1\1. GI LM EH

�]laeerle bajar de los quintos cielos en

el Ateneo. Apenas habrá un político ilustre,·

rába l la continua aquella alma de un literato de fama, un médico ó abogado

fn, de soñador impenitente,

FIOURAS INTERESANTES

TEODORO SÁNCHEZ
o recuerdo como si fuera ahora, porque
fué uno de los aiio-, más gratos de mi
vida. Llef:(Ué á )ladrirl por primera vez en
Octubre de 1881 y aquí permanecí de una
sentada (sin avecinclarme todavía en esta
villa, porque eso lo hice más adelante, mucho más adelante) hasta el mes de Julio de
1882.
Vine á estudiar el doctorado en Derecho
en aquel curso de feliz memoria en que volvían á explicar en sus cátedras Giner de los
Ríos, Azcárate, Salmerón, la pléyade ilustre
de maestros insignes que la Restauración
arrojó de España.
Y casi desde la estación me fui al Ateneo.
al Ateneo viejo, el de la calle de la Montera.
)le instalé allí como si fuera mi propia casa.
De la Universidad al ,\teneo y del Ateneo a
la Universidad, mi vida, como la de muchos
condi,cípulos y amigos, se condensaba en
los libr••--, entre las cuatro paredes del aula
de Giucr 6 de A;1,cárate \' entre los muros
de aquella biblioteca ateneista tan destartalada, que era para nm,otros como palacio
encantado, cifra y compendio de los más altos goces humano;,.
Con decir que de Octubre de 1881 á Julio
de 1882 no pisé un teatro, no entr(! en un
café, no di otro solaz y esparcimiento al
ánimo que leer, estudiar, discutir, queda dicho que el Ateneo ejercía en mí, ejercía en
cuantos atravesaban sus umbrales, suge!-tión
fa:;cinadora, única, extraordinaria, puuto
menos que sobrenatural.
Y durante aquellas mañanas, aquellas tardes, aquellas noches del año inolvidable, de
esos que dejan huella en la existencia, conc,•
ci, traté, aprendí á estimar y á querer á Teodoro Sánchez, al couserje del Ateneo, insti-

L

lución la más :-ólida, la más inconmovible
de la doctisima ra,a.
Cuando yo entré 011 el Ateneo aún ,·i\ia
)foreno Nieto. Tengo pre:;ente su figura, Vl'O
al maestro estudiando en la hibliotN·a hasta
altas horas de la uoche, parece que oif:(O su
voz blanda v suare, no la de los debates
apasionado,/ y rlocuentc5, sino la de sus
confidencias amistosas. No tronaba como
en el salón de scsi011Ps: su:;urraba !;in int&lt;:rrumpir el silencio de los lectores estudiosos
inclinados sobre lo:; libros. Y él, que estudiaba más que todos juntos, necesitaba el descanso de tauta fatiga cerebral bailándolo en
departir mano á mano, de igual á igual, c·on
Teodoro.
El confidente de )Ioreuo ~ieto era Teodoro. ;,Pero qu(! digo su confidente·~ Teodoro
Sánchez era su amigo, su consejero, su tutor.
¡Cuántas y cuántas Yeces en el tono y hasta
en el gesto de la charla misteriosa maulenida entre el maestro insigne y el conserje
adicto de;;cubria,e en el µri1Ucro torno un
lamento y en el segundo como uu rrpro&lt;·he
cariñoso!
Todo el sentido práctico, utilitario, todo (•l
conocimiento del mundo que le faltaba al
idealista empedernido, mártir del idealismo
que se llamó Moreno Nieto, lo iba á buscar
sin recibir gran fruto en las lecciones, co,,sultando con Teodoro, inquiriendo su partcer incluso en ~rayes cuestiones de ciencia,
de filosofía, de literatura. De la comunicación
,-onstante con los libros, del libre divagar
por los campos imaginarios de la metafísi&lt;·a
más alta, descendía )lorcno Nieto para reft.giarse y repo;,ar su espíritu oyendo á Teodoro. Y éste le cuidaba, le mimaba, aplacar,do sus exaltaciones, procurando volverle á la

notable, un periodista de renombre, un hombre conocido en los varios ramos de la actila realidad.
¡Jai el invierno de 1882, me parece recor- vidad humana, ciencia, cátedra, magistratuque íué en el mes de Febrero. murió Mo- ra, banca, milicia, arle, que no haya estreNiéto. Y estoy viendo su entierro, que chado la mano de Teodoro contando con su
'tuyó un suceso colosal, de gran magni- amistad, aprovechándose de sus servicios.
en Madrid. Sentimos y lloramos todos Como que el conserje del Ateneo queda inp pérdida. Pero nadie la lloró y sintió mutable en su puesto r los demás pasan,
entran y salen,
9 Teodoro:
c u a I buscando
u. protector
enla ilustre
partía pamansión d e l a
Dn 'viaje del
inteligencia el
no se vuelescabel ó la plataforma d e s u
gloria.
***
Teodoro, desde
1872
hasta 1906,
oro Sánha visto correr
uando yo
ante sus ojos, col, llevaba
mo en un cineaños en
matógrafo, labis. Lo lletoria polltica, sono Nieto
cial, económica,
2 1 colociPulifi a, literamo biria, artística de
. En
España. Los que
uslilnalli
entraron un
e en
día pidiendo, rudesde
borizados , p erconmiso
para pasar
ntro
adelante, hansatual
lido después, anaún
dando
los años,
enteincluso para la
ao visPresidencia del
r por
Consejo ó para
¡eocupar las alLas
y más
posiciones en toes de
das las esferas
rsonas
Jel poder humanotano. Y -todos se
r algún
acuerdan de TeobrillaTeodoro Sind1111, OOlllerje del Ateneo Clenllftco Artfstlco
doro alguna nz,
J lJterario de Madrid
'U¡u¡ en
y los más echantria.
y dos años r medio. de exh;tencia do de menos los años felices en que toda su
Aten'eo, veintinueve de con- aspiración era consumir un tumo en pro 6
echo de Teodoro uno de los tipos en contra en los debalea de las secciones.
¿Cómo olvidar á Teodoro? El conserje 'Clel
res, mas conocidos de Madrid, de
incorporan á la historia de una Ateneo es, pa:ra cuantos nos hónramos l!On-él
er,cen que de él se hable si los titulo pretérito ó presente de ~ ; el
u tiempo son fiel reproducción de q_ue trae á la memoria la juventud, la edad
de la vida contemporánea. de las ilusiones, de los ideales colmados ó
no ha sido sólo el consejero de por satisfacer. Teodoro es también-¿por qué
eto, sino el ami¡(&gt; de CánoYll8 del no decirlo? - algo a s f como la encarnalos largos años de su presiden- ción de todo un modo de ser del Ateneo, del
ta casa, el auxiliar insustituible eclectici,mo, de la tolerancia, de la posible
ocuparon cargos preeminentes en convivencia con todas las opiniones, escueinadapta-

0

11

��1

J .,

l

n,co coro. También la~luerte es un poderoso
contrinca~te del Hombre: siempre dispue.sta
a besar su palpitante corazón, ¡su corazón,

que está ansioso de vida!
1 '

EL l 'l:.\SAAl!LNTO l!UMA~O

POR 1':..50S f.l UNL!OS

41J4

En este temible acompañamiento, el Hombre conorc á todos, débiles, imperfectas,
monstruosas criaturas, bijas de su espíritu, que quieren y pretenden conducirle á
la Locura, alado dragón, poderoso y veloz
oomo la tempestad y que como tal _temp~stad se afana en derredor del Pensamiento mtentando conduoirlo al torbellino delirante.
Sólo el Pensamiento es el amigo del Hombre, porque es la luz que le ilumina, que taladra la obscuridad de los problemas de la
Vida, de los secretos de la Naturaleza y del

Y tre~ roóustruj 1s. tres: terribles móna-..
truos, la Soledad, la Desconfianza, la Desea-

perac-ión. persiguen su alma éntonando ~l
cántico de la pequeñez humana, de la futilidad de la razón, de la inutilidad del pensamiento, de la vanidad que ha y en el noble
orgullo del hombre y de la d_isolución de
éste, cuyo desgarrado corazón tiembla ba¡o
el bnrlón y mcn-tiao _canto: el dardo de la
Duda entra eII su alma y la vista se le obs-

curece por las lágrimas.

r!lOS inmrmso rie su propio corazón. Es un
amigo libre y leal, sin que nada escape á su
observación. Conoce Ias mala., artes del
Amor1 su rostro· adulador, sus engañadores
.
recursqs T el sello de la concupiscencia en
sus ·Q]o,J. En la 'Esperanr.a lee la 1tm1dez y el
desaTiento, v lrM la Esperanr.a ve á su herñláno gemcÍo el Engaño, el jactancioso Engafio, ' p\-óyisto de dulces palabras, siempre
dispuesló a seducir y á c?nsolar con lamentira. En er corazón entusiasta de la Amistad
e! Pensámiento siente lll prudencia calculadora; la cruel vacía curiosidad, las 11lceras
dt' 1~ Envifüa, con los gérmenes de la calumnis en ellas. El Pensamiento soberano conoce tan;¡biéli el poder ocullo del negro Odi?,
que pretende desencadenarSe pará destruir
todo cuanto existe sobre la Tierra.
Kn rigor, el-Pensamiento des_ea el-clavil,ar
los sentimientos del Hombre: tiena por este
dominio un deseo ilimitado, y basta de la
Muerte implac.tble y fatal quiere nefender
al Homhre. El Pensamiento aborreee Muerte };
encu~ntra siempre en guerra co_n
este_ ;poder,. improdu;tor y con frecuencia
malicioso. El Pensamiento compara la Muer-

Entónces, si el orgullo del Hombre no se
rebela dentro de él. el temor de la )luerte le
hará raer en el calabozo del Fanatismo; el

A.mor, sonriendo ,·ictoriosamente. le estrechara en sus brazos y bajo la rnll!-cara de
ruidosas promesas de felicidad le ocultara
sus propias cadenas de esclavitud y_ los m~
saciables afanes de la concupiscencia; la tímida Esperanza, aliada con el Engaño, cantará los goces del reposo y de la bendita par.,
y con dulce arrullo adormecerá al somnoÍiento espíritu; el Hombre caerá en el lodo
del cansancio v en los brazos de la P•reza;

1,

se

1c con· un trapero sin escrúpulos, que registra los corral•• en busca del desperdicio y
de las sobras y subrepticiamente guarda en
el sucio saco lo bueno y lo malo: cargada de
miserias, enviielta en indecible horror como
en fimebre manto, impasible, sin forma, la
.silenciosa Muerte se presenta ante el Hombre como un obscuro y terrihle jeroglífico
que el Pensamiento estudia, orgulloso de
sil propia inmortalidad.

II

•

Pero ese Pensaroi•nto llega á fatigarse,
Hombre vacila, gime por el
dolor,•s\l aterrado corazón busca la Fe y
ruiilosamente su¡,lica las tiernas caricias del
Amot.
·

y éntónrtis el

y, en obediencia

á

sus · cortos :-;entidos, se

apresurara a saturar la mente y el corazón
del dulce teneno de las f•lsas y cínicas en•

sei1anzas que aseguran que no existe para
el Hombre nin(Tt'm camino abierto como no
,ea el que conduce /J. la jaula de la propia
satisfacción.
Poro el Pensamiento es orgulloso. y dentro del propio pecho del Hombro lucha por
la posesión de éste; y aunque le quiere y ie
ama, como enemigo le trata y le tortura,
arañando sin cesar su cerebro y tratando de
endurecer su corazón mediante ráfagas de
helado viento que impone la ,evera y des:
nuda Verdad, la sabia Verdad, del Prnsa•
mieuto nacida y de quien el l'ensami•nto se
sirve para hacer ver lentamente al Hombre
á través de In espesa niebla de errores que
le rodean.
Si el llombre, envenenado por el Engaño,
cree firmemente que no hay felicidad en la
tierra sino con el máximum de plar.er y de
alimento, que no hay place~ sino en el re_poso y en las pequeñas comodidades de la vida,
entónce,el Pensamiento batirá sus alas y 68
alejará d~I Hombre, dejándole entregado al
poder de su propia carne; entónces, cual pestilúnte nube, la Pereza descenderá sobre el
Hombre, \e rodeará en detestable niebla, ce-

gará sus ojog, engrasará au corazón y reducirá á la nada su cerebro; v cambiándolo poi
,u debilidad en un sér bruto, incapaz de pensar ú indigno, le hará perder su perso;1a1idad.
Ocurrirá con esto que la noble rnd1gn,1•
ción del Hombre inflamará stt corazón hai:
ciendo qtie el Pcnsamiénto despierte de

letargo. Y una vez más, •l Hombre marchará hacia adelaute, solitario por entre las es-

pinas de sus errores, solitario entre In" chis-

pas que arrojttn sus dudas, solitario entre las
ruinas de sus decaitlas creencias; y lleno de

majestad, orgulloso y libre, amparándose en
la Verdad,bablaril á sus duda.sde esta manera: «Os equivocáis cuando pretendéis que la.s
energías de mi alma son limitadas. Esas ener·
gias las siento _crecer dentro de mi. Lo ,~o-

nozco, lo veo y lo ::;iento: en el mismo desarrollo de mi sufrimiento veo que mi alma
crece. Si no fuera así, mi sufrimiento no au-

con má.sintensidad,ysus rayos,que peneb·an
dia por día más profundamente en los abismos de los misterio, de la .N"aturaleza, si•o
su vigilia inmortal y me elevo á mayore~
turas ... !l'ie elern, porque el Pensamiento no
sólo no conoce re&lt;lucl0:3 inexpugnables, sino
&lt;¡ue basta ignora cuales son lo• ídolos que
no puede derrocar, ya que él mismo fué
quien los creó todos y conserva el derecho
inalienable de ,lestruirlos siempre que se in-

J.

terpongan en su camino.
No ignoro que los prejuicio.!$, que las ou•
bes de errores que flotan sobre la superficie

mentaría tan velozmente. Y á cada paso que
doy crecen mis de:-,eos, mis senliwientos son

&lt;le la vida, :-;on únicamente fragme11tos, ceniza~ de viejas creenciM con.;;umid~s por los

más ardientes, mi vista interior tiene mas al-

fuegos del Pensamiento que las creó antes ...

cance. Esto no es otra cosa que el desarrollo de mi alma, no es más que como una
chispa dentro de mi... Pero ¿qué importa?
1.acaso no proceden las oonflagraeioncs de la,
chispas? Y yo soy la conflagración que alumbra la obscuridad del mundo: yv estof aqui
para traer la luz á la tierra, para dispersar la
obscuridad de sus mas profundüs misterio,;
estoy aqui para ponerme de acuerdo con el
Universu, y para crear labarmoniadentro de

mi pecho; estoy para inundar con purifirante luz el tenebroso cáos do la vida mundana
que cubre esla tierra de sufrimientos con la
terrible corteia de la miseria y de la aflicción, de la malicia y de la iniquidad; estoy

aqui para barrer todo e:;le \.'enenoso lodo
hacia la fosa del pasado, para soltar las cadenas del error y de la superstición que comprimen la JJ umnnidad haciendo de ella una
masa sangrienta de lucha y tle ataques mútuos. Fui oreado por el Pensamiento para derroca,·, para destruir, para pisotear todo lo

¡astado, todo lo vil, estrecho v malicio1'0
para erigir un nuevo edificio sob;e los funda:
mentos i111uutables de la libertad, tle la be-

lleza y de la consideración por el Hombre.

&amp;y el implacable enemigo de la vergonzosa

;Si, me consta que los victorioi,os no son los
que reunen los despojos de la victoria, sino
los que perecen en el campo de b,talla!
•lll puder crearlor del l'eusamiento es el
que da vida á la propia Vida, y ese poder es

suficiente é ilimitado. Y como sov una an•
torcl,a, quiero arder con la mil~ brillan\e
llama, para que la luz pueda penetrar hasta
las más profundas obscuridades de la vida.

Sin embargo &lt;le tocio esto, mi única rer.om~
pensa es p~rer&gt;er. Pero no necesito otras rl'compeusas: el po&lt;ler, el dominio, son una
vergüenza y una molestia~ las riquezas, una
cargo y una necedad, y la mismtt gloria no
es sino una superstición nacida de la torpe·
za del Hombro para conocer su propio valor y sus hábitos de esclavitud y de rebaja-

miento. ~is dudas no son otra ro~a que
chisra.~ del Pen~amiento; por medio de i111~sante examen, el Pensamiento Ja existencia
á esas dudas y las nutre cou_ sangre de su
propia vida. Sucederá algún dia que una poderosa ó inmoi-tal llama arderá en mi pecho,
nacid~ del Pensamiento, alimentada por la

emoción, y co11 e::;a llama destruiré cuanto
haf de. bajo, cruel y- malicioso en mi alu,a.
&gt;.E_ntónce::; me igualaré a los diose.~ que mi

table manantial de mi fuerza. En la obscuri-

espíritu habrá creado. ¡Todo existe en •!
Hombre, todo es para el Hombre!,
Asi hablará el Hombre. Y con la cabeza
orgullo.samente elevada, majestuosa y libre
y firmemente 1::mguirá. su marcha sobre las
cenizas de los supersticiones, solo por entre
la neblina gris de los errores, solo e'on las
obscur~s nubes del pasado detrás de él, y
•'0n legiones de problemas frente á él espe•
rando su llegada. Esto.; problemas son in •
numerables. como las estrellas en el espacio

~ más densa ,le la vida, en el caos de sus

sm fondo, y nunca terminan, como la

Tergenzosos errores, el Pen:-;amjento es m1

senda del Hombre en ta Vida, que marcha v

imica y verdadera columna luminosa: y
o yo veo ~u~ fuegos, que 11rdnn cada v ·1.

avanz.a en su camino, ¡;:,ubiendo y eleváudos'e

pobreza de las a.ipiraciones humanas, de lo~
prejuicios, dela'i supcrslicione.s yde los hábitos que entorpecea la imaginación del Hom-

bre y que

son obstáculos en la carrera dr

la vida: ~·o los destruiré: ;quiero que cada
uno sea un Hombrel

._»~fis arruas estan en el Pensru.nieuto, y
rn su

lDl mmutable confianza en su libertnd,

inmortalidad y en la eternidatl de sus ,,ner-

¡ias creadoras, donde se encuentra el inago-

I

cada vez á mayor altura

MA~IIXO GORKl

.

•

������L\S ILUSlO~ES

411\
,\\ explicar este curioso fenómeno, el ul,ra-espiritualista indudablemente lo atribuiria á la visita de un fantasma ,·erdadero;
pero yo creo que debe ponerse á la cuenta
de la teoría de las comunicaciones telepáticas·de los vivos. Los dependientes, y quizás
muchos de los huéspedes del hotel, conocían el hecho de la muerte de la muchacha,
así como rle las circunstancias que la rodearon~ Y elloc:.:,, consciente 6 inconscientemente,
transmitieron sus impresiones 6. la señora
que me lo relató, la cual á su vez sufrió la
alucinación del fantasma de la jóven ahoga la. Todos los que se han ocupado en la obi-ervación de las investigaciones psíquicas
convienen en que los mensajes telepáticos
ocurren casi invariablemente entre personas
ligadas por lazos de sangre ó de amistad;
pero la historia relatada es una excepción
de tal regla. Los experimentos de simples
transferencias de pensamiento han demostrado la posibilidad de transmitir impresio-

nes ele números, dibujos, naipe•, etcétera¡
personas que no se encuentran bajo condi4
ciones hipnóticas. En estos experimentos
fueron seleccionadas como percipientes personM sin consideración especial á ninguna
afinidad real ni supuesta afinidad espiritual
existentes entre ellos y los proyectores de
los conceptos. Las personas semibles están
más ó menos sujetas á la infección psíquica;
es decir, son altamente receptivas para !u
sugestiones de los demás, consciente 6 iDconscientemente transmitidas.
Lo único que vof á decir después de todó
lo escrito es que he tenido el placer de'
dormir en muchas casas visitadas por duell•
des \Washington está lleno de ellas), pero
jam&amp;.s be presenciado una aparición. Quizlt:
no sea yo lo bastante impresionable
figurar entre los videntes de fantasmas: ¿
que me faltan las facultades perceptivas q
poseen muchas personas, sin ellas co
cerio?
IIEN~Y

•

'

1
1

'

. r~

\

...
::te-:

RIDGELY E\' ANS

LA FERIA DE SEVILLA
IJO Zorrilla, y la m11~a popular rcpile
. que el q11e no ha visto Sevilla no hd
D
l'!sto 11wmv1/la, y yo, que creo que existen

1
.
.
c ,os q~e s1 tuvies&lt;:n veinte años y en suma
un conJunto de alegria, de vida,
encanta'
muchas ~aravillas que no he visto ni ·ay! que afrae, que cauhva y que obliga á deci;
desgrac1 ada'
1
hasta a las personas de ánimo más triste
mente Yeré,
----¡Esta es la lieafirmo que Se,.,.a de la ale-

-

,~~
lificarse entre

LAS ILUSIONES
Se alejan en tropel, como las ondas
de alborotado mar, como el torrente
que baja la montaña de repente
buscando valles y cañadas hondas.
Al aire dan sus cabelleras blondas
gozando las caricias del ambiente,
y llevan en sus ojos, y en su frente,
y en su boca, las risas de las frondas
Se alejan pam siempre, y desolado
en medio de la vida, abandonado
á mercerl de las hórrirlas pasiones,
me dejan ¡ay'. las que en felices días
forjaron mis más dulces alegrías ...
¡.\dios, adios, divinas ilusiones!
Jost G. V!Lf,A

qu~

~~lencia!;
cuando

las verdaderas
se contempla
cosas dignas de
todo esto ... enser conocidas, ..,,,,,.
,.._..,_
tónces se comy mucho más
_,,_
prende la fama
en tiempo de fede la feria de la
ria.
capital anda¡ Se vi 11 a!
luza.
Cuando en la
La risa v el
popular calle
dicho oportuno
de las Sierpes
penden siemse vé el con tipre de los \anuo pasar d e
bios de los sehombres a I evillanos,elcielo
gresqueinvitan
aparece eterna,¡ 1111 chato al
mente azul soprimer saludo
bre la ciudad.
muchachas ai~
las casas prerosas que lucen
.
,
sen tan ante los
flores olorosas
Intcnor de la Ca~cla de los Artista, &lt;le lo feria de Sevilla
O j o s de l O s
en los cabellos, tornros jacarandosos pre- ,
transeuntes su
~caeros ,ai_nbulantes que parecen teno~es de impecable blancura ... ¿Cómo no ser ale•re lo
per~, vteJas vendedoras de décimos de la que con tales ropajes se presenta?
º
, l
y si Sevil.' la es alegre, la fer1·a, que es la
1otena nac10 na1 con mas
a agrías en sus di- no ta que aun suena más alta entre la vida
3

�4i9

t&gt;OR ESOS ,MUNDOS

LA FERIA DE SEVILL.\

de las ciudades ¿cómo no ha de ap~recer vi- mantilla blanca, de contemplar las flguras
brante, argentina, llena de sononda(les, de principales de la tauromaquia, ¡basta de ser
robados por ailuz, de color y
g
ú n bandido
de alegría?
que aún vista
El Prado de
polainas y traje
San Sebastián
corto y ostente
ofrece e n sus
fenomenal traanchurosas
b u c o 1 ¡Triste
avenidas a 1g o
deseo gaño e 1
exótico, extraque muchos dr.
1io, a I g o que
ellos sufren al
resulta incomver que los banparable é impodidos no llega11
sible de I allar
hasta el lujoso
fuera de aquel
tren que á Seamplísimo esvil la les ha llepacio.
vado, y que en
No es parela feria pueden
cida aquella feservirles, si a,1
ria á las que se
lo desean, vel'celebran en
mo11fhs y cockotras pro,·infails!
cias, aunque su
La feria de
objeto ulterior
Sevilla d ata,
sea el mi-:mo.
En el real de la feria de Sevilla
según creo. del
Allí ha y feria
año 18ic7 6 code ganados cosa
así
(
y
digo
cosa
así,
porque
en materia
mo en todas parles: allí aparecen las barrade
cr~dición
histórica,
y
de
las
otra~.
estoy
cas con los eternos fenómenos Y figuras de
cera, los puestos de chuchería~, los vendedo- completamente úi albis), y fué instituida
por varios ganaderes de infinitos obl
ros y agricultores
jetos, encantos de
que desenban prelos que por vi,·ir
sentar al público
eu apartadJ~ 1 u sus productos, proaares sólo lleJan
porcionando á S~hasta la capital en
villa, al pro p10
los solemnes moti e m po , ocasión
mentos: aquello,
para realizar pinexteriormente, es
~ües ingresos. El
lo mismo que se
,\ vuntamie n to
ve en Cáceres, en
acordó una exposiToledo, en Huesca,
ción de ganados,
en Lugo ... y, sin
con adjudicación
embargo, la feria
de premios en con•
de Sevilla no se
cursos d e toros,
parece á ninguna
bueyes carreros,
otra. A ella acucaballos sementaden porcentenarcs
les y yeguai', ad•
los ingleses, deseomiliéndosc á optar
sos de admirar de
al regalo de unas
cerca lo que la fa.
espuelas de plata
m a 1es pregonó
á ginetes de escue•
desde lejos, de pala espaiiola.
sear por entre la
Concedido á sus
fila de casetas arcaballos e I pasto
tísticamente adoraratuito de TnhlaUn balcón de los presentados á concun,o
nadas, de oir los
da y Prado de San
dichos de las gi ta.
Sebastián,
se
construyeron
dos abrevaderos
nas de comer buñuelos, de admirar el ~anado l 'de ver á las sevillanas luciendo la airosa 6 pilone~, uno en San Bernardo y otro frente

al de la l◄'ábrica de Tabacos, situándose un poam)r cuando al ponderar una belleza decafé y repostería en una tienda espacio~a, cía que era digna de ser mo1·ena y sei•illac¡uc fué el comi~nzo de lo que más tarde ha- na; allí todo luce, todo salta, todo brilla. Las
bino de ser las rncomparables ca~elas. Desde casetas, lujosamente alhajada~, sirven de
la Puerta de San Fernando á la de la Carne, nido á las muchachas que al son de una guic,tableciéronse dos hileras de puestos de tarra y unos palillos bailan las danzas de la
juguetes, frutas v dulces. y en la acera del tierra, las clásicas sevillanas; allí los gital'rado desde el Tagorrte b1sla San Bernardo, nos cl1alcinecm con sus caballos; allí corren
las tiendas de bula manzanilla y el
1iuelos, bodegones
· Jerez, suenan las
r tabernas, reparcaslaiiuela~, se oye
tiéndose por aqueel rasguear de
l ! o s alrededores
guitarra~, se perci1a s barracas d e
be el eco de una
novedades y fecopla, se contemuómenos, y por
pla el soberbio bra1 os zaguanes de
cear de una jaca,
las casas inmediase presencia el patas los puestJs de
so de u n coche
joyas, ropas, etcé ricamente enjaezalera.
do y nos aturde un
No fué mu y fe.
continuo sonar de
liz el éxito de la
cascabeles. Se beprimera feria orgabe, se de, se cannizada, p u e s el
ta, se ama y, sobre
tiempo, inclementodas las co5as, se
te y lluvioso, no
vi ,Te alegreme11 te.
permitió q u e 1a
Si la feria de Sefiesta se celebra~e
villa no tuviese
e o n todo el exotras muchas coplendor q u e sus
sas buenas, que
organizadores dein du d ablPmente
seaban. Sin cm •
las tiene, bastaría
bar6o, los sevillae o n es ta última
nos comprendienota apuntada paron que aquello
ra que fuera digna
era el principio
En una azotea de Se,·illa
de verse; porque
de futuros éxitos,
en ella se preseny la feria de Abril quedó definivamenle esta- ta la vida desligada de preocupaciones, llena
blecida.
de ánsias de gozar, corriendo la felicidad y,
Marca esta feria una época en la vida de como dicen los hermanos Quintero en su
Serilia, y á ella se remiten muchas fechas, última celebradisi~a comedia, con la alealgunos plazos y bastantes hechos. Por ejem- g,·{a de haber ncicido.
plo:
La gente que circula por entre las calles
-,:.Y aquel pico?
de casetas se apiña frente á cada una de es- Para feria.
tas para contemplará los que en su interior
-,:.Cuándo ponen de largo á Fulanita?
bailan y beben. Cada caseta es un palacio y
-Para feria.
cada due1io de ella un soberano: allí recibe
-;.Cuándo va usted á. Madrid?
á sus amigos, allí los obsequia y allí contri-Después de feria.
bu ye á la animación general de la feria.
-¿.Cuándo te dió calabazas Menganita?
Las gitanas ofreciendo buñuelos marcan,
- ¡En la feria!
en medio de la animación general, una nota
La feria es, por decirlo así, la principal sui géneris por lo desenfadado de sus difecha en el calendario particular de los sevi- chos, por lo abigarrado de sus trajes y por
llanos. Allí exhibe sus galas el que las tie- la negrura de sus ojos, que lo mismo lanzan
ne... y el que no las tiene; en ella se dan lus- húmedas miradas llenas de promesas amorotre y postín los acaudalados ganaderos que sas que centelleantes relámpagos de odio.
llevan á )os prados los mejores ejemplares
En el tiempo que dura la feria, del 18 al
de sus piaras; en ella las mocitas se ador- 23 de Abril, no hay noche ni día. Cuando el
nan de tal modo que hacen recordar á Cam- sol, el espléndido sol andaluz, lanza los ra•

418

�420

LAS GOLONDRl::,/AS

LOS AMORES

,. e·
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&gt;

- '~~~~t~~~- :~·.

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...

-:1::~,r..·-": ,........ ~ ...=.~•i.'ffi11~,1~t\:.~1r.:!!;;,:,¡, ....,.

por aquella~ épocas en que un sol casi
E nuevo
brillaba sobre un mundo feliz donde
RA

Sevilla.-Pasco de coches

yos para colorear aquellos lugares, la geute
se baña en luz y contempla al astro-rey como el presidente de semejante orgía. Por laR
noches, las casetas se iluminan, la Paseo-eta
envía centenares &lt;le lucecitas á los contornos, y ol real de la feria presenta aspecto fantástico. ¿fa de noche? ¿Es de día? Nadie lo

sabe. ü1iicamente se puede asegurar que
aq11Pflo PR la feria de Sevilla, y con eso ba,ta. Cuando ile tiene la dicha de estar en
medio de tanta alegria, es inútil pensar e11
nada ... En nada que no sea respetar la frase ante,; dicha: Alegi·émonos rle haber m,cido.

A. R. BO~N':\T

LAS GOLONDRINAS
Una turba locua,. de golondrinas
atravesó rozando mi vidriera,
v ,i cómo tembló la enredader,t
ál rumor de sus charlas argentinas.
Ya en el haz de las aguas cristalinas
,·a anunciando la alegre primavera
después de atrave~ar por mi vidriera
la parvada locuaz de golondrinas.
lloy escucho algazaras matutinas,
hoy vibro de placer... ;,)fas qué me espera
mañana, cuando deje las ruinas
la parvada locuaz de golondrinas
que atravesó rozando mi vidriera?
EFRÉN REBOLLEDO

Ovidio babia cantado al Amor r ~[arcial se burlaba de los cánticos y de los amores. Cubrían la
tierra filamentos &lt;le oro, aguas vivas c¡ue centelleaban en cáuces de pórfidos, bosques de perenne eflorescencia, ciudades blancas y templos
ele mármol.
En Egipto reinaba Hacor, hijo &lt;le Ramses, que
llevaba viviendo sP;s olimpiadas cuando la gran
sublevación de los coptos le sentó en el trono de
los reyes heliopolilas. Los tronos, como los barcos, producen desvanecimientos, cuando no
marean del todo. El primer efecto que sintió
llacor fué un desmesurado amor por si mismo.
Parecíanle poco brillantes las láminas de plata
y oro que retrataban su figura en todos los muros de su suntuoso palacio de Memfis; y aquellos aposentos en que la sombra era una casualidad y, donJe, en la ausencia del sol, perpetuaban su luz divina las más expléndidas gemas de la Tebaida, parecianle pobres é indignos de albergar su grandeza. No le bastaban
para cantar su gloria los heraldos naturale.~ de
cada rey, que son los reyes chicos que medran
á su sombra y que tienen tronos particulares
y cortes en su proporción, y buscaba el aura
Hacor salió de ~lemfis disfrazado de mercader
de la popularidad más honda, más abajo, en Ja
multitud, sin saber que otra multitud, la suya,
era la que le tocaba siempre separándole de la que él quería, y que de esa multitud eran
los aullidos frenéticos y los vítores entusiastas.
En la biblioteca de Alejandría, que se incendió, no se sabe si por esta causa, conservóse
durante largo tiempo una crónica del viaje de Hacor á través del Egipto, que revelaba la
dulce _cre~ulidad del jóven príncipe: las ciudades engalanaban sus palacios y sus templos con
las mas neas _púrpuras, y de las azoteas y de los pórticos caían pomas aromáticas y diluvios
de ro.sas gue iban á perfumar los cascos de oro de su caballo; las más bellas jóvenes le
0
_frec1an ricos presentes y, según dicha crónica, iban luego á llorar, por no ser del rev, en el
silencio de sus hogares.
·
Ha c o r recibió u n desengaño terrible cuando supo que nada de aquello era verdad
Y_que delante de él marchaban los esbirros de su visir mayor levantando los ánimos, acopiando las rosas y estableciendo los puntos en que habían de surgir las oferlac;. Renunció,
pues, al amor de si mismo, y tocando despiadadamente las llagas de la realidad, comprendió
que la ve~·da~e~·a ventura de un rey consiste en hacer la felicidad de su pueblo participando
de sus m1ser1as y apreciando sus sufrimientos. Encargó á su primer ministro el mayor tacto
para gobernar cu su ausencia, y salió de Memfis disfrazado de mercader.

�423

LOS AMORES

422

POR ESOS MUNDOS

El sol había besado los desiertos del Asia
y hundido su frente en las tibias brumas del
Mar Rojo. La ciudad dormía, los campos expléndidos ostentaban sus galas y los pájaros
cantaban entre ellas; ceñíanse las norias sus
cinturones de agua limpia y fresca, y las
palmera!\ y los terebintos mostraban su lustroso verde-esmeralda á la claridad del amanecer. Ilacor sintió una alegria que, no estando al alcance de los reve,-. no babia experimentado basta ontoncés: la de verse solo.
Allá, al extremo de la cañada llena do sombra y que cruzaban sin cesar los pájaros de
las más raras especies, vió á un numirliano
en oración. Era un viejo de venerable barba,
que le preguntó con apagada voz:
-¡Egipcio! ¿Qué buscas en estas soledades?
-Busco el amor que hace al hombre feliz.
El rey arrojó una moneda al viejo.
-¡Un zequí de oro! Te has equivocado, señor.
- Guárdalo, y recuérdame siempre.
-Si un día lo necesitas vuelve á buscarlo ... Yo me mantengo de frutas silvestres, y
adoro riquezas mayores: las que mi Dios
me da.
El rey prosiguió su camino.
Antes de llegar á una ciudad que desconocía, vió un templo grandio_so, en cuyas
cúpulas deslumbraban la pedrería y el oro
combinados. Sorprendido de aquella fastuosidad, avanzaba por entre jardines embalsamados cuando distinguió una veintena de
personajes cubiertos de riquísimas telas.
Uno de ellos se acercó al rer.
-;,Qué buscas por estos contornos?-le
dijo.-¿Ignoras que ningún profano puedo
acercar::;e al templo de Jsi,-?
Soy extranjero: y creía que á los templos de los dioses tenían acceso todos lo»
que necesitaban orar.
-No es así. .. Di, pues, lo que buscas.
Busco el amor que da la dicha.
- .\ma al rey en sus sacerdotes. Ama á
!sis y á Osiris en sus sacerdote,;. Ama á los
sacerdotes, ante todo.
El rey sacó una nueva moneda.
-Toma- le dijo~para el sostén de vuestro culto.
- Los dio~es agradecen tu dádiva=-respondió el sacerdote, guardando la moneda.
Luego, señaló hácia Occidente con su varilla de oro y murmuró:
Sigue tu camino. ·
Llegada la noche, IIacor se sintió fatigado
en extremo. Cerca de él y entro los gigantescos cinamomos, el Nilo deslizaba su corriente tranquila como una inmensa sábana

azul: parecía que, viniendo del cielo, había
robado las estrellas que reverberaban en sus
linfas puras. Junto á la orilla, vió una choza
de junco y llamó.
-,i,Quién viene á llamar á la puerta de
un desdichado?-preguntó una voz ma~culina.
-Otro que, más pobre y más triste que él,
perece de cansancio y de hambre.
- Entra, pues,-repuso la voz.
Y el rey vió alzarse una espesa cortina de
alga~, y en la obscuridad del fondo so proyectó la figura rugosa de un pescador cuya
lucerna apenas llegaba á iluminar el pecho
pronunciando más las sombras del rostro,
-Entra y descansa: es la hora en que las
tinieblas profundas del valle traen la fiebre
y el desconsuelo. Sé bien venido. No hallarás aquí un lecho de plumas de cisne, corno
los de Hacor, nuestro rey; pero, en cambio,
podrás disfrutar de la esposa más dulce del
,·iajero cansado: la paz de una noche. .
Mientras esto decía, el pescador colocaba
al alcance del rey un cuarto de cabra curado al humo y algunos peces de c~carnas
rojizas.
-Los dioses protegen á los que brindan
su bospitalidad,-murmuró Hacor.
-No siempre,-respondióle el otro.-Si
es pobre como tú, calla y agradece; si e,
gran ~eñor, exige y daña.
-;,Te ha sucedido alguna vez?
---.\lgunas.
;,Y quién pagó con la ingratitud Jo¡; he•
neficios que le hiciste?
- En primer lugar, un ministro del rer,
;,Y el rey lo supo'?
¡Ni ha de saberlo!... :\le hizo andar tre,
horas entre la inundación para buscarle un
ánade: le pareció malo é incendió mi hogar.
-Sigue.
·
-En tu camino habrás encontrado ur
templo consagrado á Isis.
-Es verdad.
Su gran sacerdote y sus pequerios ~acertloles, que solo sirven para llevar ve~tiduras expléndidas, contemplar el :,ol y rizarse lo,; tirabuzones de las barbas1 exijen
en nombre de los dioses tributos sin cuento
á los que ~on pobres como yo. Al principio.
eran pocos los sacerdotes y muchísimos lo,tributarios; hoy, esos elegidos invaden la comarca asustándonos más que las grandes
inundaciones del Río Santo y llevándose todo
lo que cogen nuestras redes... ¡Ahora somos
muchos los miserables, pero los sacerdotes
son más que e~as miriadas de e~trellas que
tiemblan allí!
-1.Y por qué no os quejáis al rey?
-El pueblo no puede llegar nunca basta

el rey: e.slán interesados en que no llegue
los que le engañan.
-Hacor puede buscar al pueblo y ser
justo.
-¡Si los dioses lo permitieran,Egipto sería
más poderoso que la Arabia, más rico que
Tiro y más dichoso que Damasco!
- ;Cómo te llamas?
-Si te digo mi nombre lo grabarás en tu
memoria ... No le tengo.
-;)ío aceptarás un i'.equí de oro?
- Extranjero, duerme y velaré lu sucrio.
-.\ntes quisiera hacerte una pregunta.
-Di.
- Soy un pobre filósofo que aún ¡;ueña
con que en el mundo existe la felicidad.
-¡Ya eres feliz con ese sueño!
--!3usco el amor que dá la dicha.
-¡Pobre mancebo! Si confías en el amor
de la mujer, esperas la traición; si en el de
la amistad, buscas la tutela brutal y egoísta
que te escarnecerá por fin;si adoras el poder,
tu mayor pena estará en lograrlo; si veneras
tu juventud, no serás dichoso por la seguridad de ¡;erderla... En resúmen, no existiendo la dicha, solo podemos buscar lo que nos

haga menos desgraciados... Ama la Verdad,
tal como la imaginas, pues si tienes alma noble te aproximarás mucho á ella; ama la
Justicia, porque teniendo un criterio claro
alguna vez ha~ de acertar; y ama la Humildad, porque comparándole á los muchos que
son inferiores á ti sabrás estimar sin envidia á los que valen más que tú.
¡S!\.bes mucho para ser un pobre pescador! ,;,Dónde aprendiste tanto'?
- Pescando. solo v en medio del río: el
que piensa mucho lléga á saber más que el
que estudia mucho.

•

*

**

Al día siguienl(', lbcor, emprendió su jornada más satisfecho que la vi--pera. Al despertar, babia encontrado la choia vacía en
señal do que su huésped esquivaba la menor muestra de gratitud. Buscó en el suelo
una piedra gredosa y grabó su cifra en la
pared de junco. Luego, volvióse hácia el
Oriente y pensó en la ◄terrible distancia
que le separaba ya de ~lemfis. ¿Cómo y por
dónde volvería? ,i,No encontraría la muerte
en la inmen!,idad del de~ierto?
-¡No!-se dijo con noble obstinación.-En dos días de marcba
solo } sin amparo, he aprendido
más que en treinta meses ocupando el trono: ¡un rey debe :-acrificarse por los oprimidos!
Y siguió andando. Todo parecía
traerle rosadas promesas: pronósticos felices. Vió á lo lejos á la blanra ci'.,!iieña emprender su vuelo
majcstuo~o, y á los ibis sagrarloi:;
remover con sus lar~o,; picos el

-==:.i

-El que piensa mucho llega á Eabcr má• que el ,¡cu estudia mucho,-dijo d pescador al rey Hacor

�424

POR E.50S MUNDOS

limo de los charquetales, señal de que la inundación no debía llegar aún. H~cor vió poco
á poco aclararse el bosque é ir desapareciendo el índigo que rasgaba s1.,s vestiduras. A_ ~us
ojos, surgían terrenos cultivados y jardines deliciosos ~erfumados con _flores perennes, linos
blancos y rojos, y violetas que asomaban sobre el hoJaranzo y el boJ. Pero lo que le sorprendió más fué ver en· aquel p~raíso á una joven de be!le~a deslumb~adora y cuya blanca
túnica recamada con las más msadas perlas del Golfo Pers1co, aparec1a pudorosame~te cubierta' con la palla de armiño. Rodeábanla varios hombres que llevaban_ el amllo d_e
hierro remachado sobre el muslo en sena! de esclavitud.
-¡Salve, hija de los dios_esl-murmuró conmovido
el rey.-Las auroras del cielo son menos hermesas
que tú. ¡Salve, salve quien quiera que seas!
-Te esperaba, extranjero,--respondió sencillamente
la jóven.
-¡Cómo! ¿Sabes quién soy?
-Sé únicamente lo que los sabios han leido en
mi horóscopo: que al besar esta luna las ondas del
Río Santo conocería al que los dioses me destinaban
por esposo.
--;.Y he de ser yo? ;Un miserable mercad?r!
- Miserable ó no, así lo dispone el Destrno... ¿No
eres tú quien busca el amor que ha de hacerte feliz?
-Me han dicho que la felicidad no existe.
-;Yo soy ese amor!... Pero antes de lograrme has
de viajar más todavía y conocer otros tres amores,
dignos de tí.
-¡Oh, espera! Deja que bese la orla de tu manto:
su perfume será mi amuleto.
La jóven le ofreció su manto.

LOS AMORES
42b
-.\hora,- dijo, como el gran sacerdotequi
de
oro
que
te
dejé:
¡!&lt;'ta,
el
supremo
Dios
sigue tu camino, y si vuelves poseedor de
esos tres amores, tuyo será el mío y con él te recompensará! Vuelvo á Memfic; y no es
posible entrar en la gran ciudad sin adquila folicidad.
rir olras vestiduras.
Y lfacor emprendió de nuevo su viaje, y
-Aquí le tienes,-exclamó el numidiano
cruzó los abrasadores desiertos de la Idusacando
moneda de una bolsa de piel que.
mea, y recorrió la Siria, y sufrió todo géne- llevaba allacuello.
ro de penalidades, y volvió desfallecido y
pobre al jardín delicioso en que la dama había prometido esperarle y donde estaba, en
Cuando llaco1· llegó á su palacio, se enteefecto, rodeada de sus esclavos,
ró
de que la anarquía más absoluta reinaba
-Bien venido, extranjero,-le dijo con su
,·oz dukísima.-¿Conoces ya cuáles han de en la ciudad. Creyéndole muerto, sus parientes habían promovido sediciones, dispu~er los tres amores dignos de tí?
tándose
la corona; los ministros hablaban
-Los llevo en el alma, hermosa doncella.
mal
de
él
y su lesorero había dilapidado sus
Cno es el amor á mi palria: tanto oí renefondo~.
Al
enterarse de su lle¿ada, todos se
gar de ella que creí que las otras eran mejodisputaron ser los los primeros en adularle.
res... ¡y sólo he llorado por volver!
El se contentó con dar órdenes tan severas
-¿,Y el otro amor?
como
justas. Redujo considerablemente el
-Todo el que quiera verdaderamente á
número
de sus sacerdotes y les exigió que
su patria ha de sentir el amor al trabajo,
llevaran
man los de lana en vez de sus túniporque esto es lo único que puede fecundarnicas de oro, mandando lambién que restitula y engrandecerla.
yeran á los pobres los bieMs que les habían
-Falta otro amor, el último,-exclamó quitado. Dudó mucho respecto al género de
conmovida la jóven.
casti¡!O que debía imponer al ministro y al
-¡El mús santo de todos. el arnor á la in- tesorero; pc10, al fin, ;exageraciones de la
dependencia, que es el modo de consagrar el época! los mandó decapitar sabiendl) que, ,;i
trabajo que puede fortalecer á la palria!
les perdonaba, el uno conspiraría contra él
-Pues bien: yo soy la hija del Egipto, yo y el otro seguiría robando siempre que tusoy Berenice, que en nombre de los lres
grandes dioses te ofrezco, mercader ó gran viera ocasión, y los reemplazó con el pescador que le babia dado tan leales consejos y con
señor, el amor y la felicidad.
el
numidiano que se había mostrado tan des-¿Hablas en nombre de los dioses y no prendido
y fiel. Y ya asegurada la paz de
sabes quién soy?
sus
reinos,
mandó ricos presentes á Bereni-;Por ellos te juro que no!
ce, que compartió el trono con él. dándose
-Dentro de tres lunas vendrán á buscarte el caso rarísimo de que el Destino uniera á
mis mensajeros, hermosa Berenice: hasta en- un rey que se había sacrificado por un puetonces sólo seré para tí el pobre peregrino blo y á una mujer que le había inspirado
que besó tu manto.
los amores más nobles que puede albergar el
Algunos días después, el rey del Egigto, corazón de un monarca.
siempre con su zurrón á la espaltla y el bátuvo :;iempre presente esta max1culo en su diestra, volvió á cruzar el boi;que ma:Hacor
, Todo monarca egipcio que, entregado
donde por primera vez encontró al numi- al amor de si mismo, no viva en contacto
&lt;liano. Este le reconoció al punto.
intimo con su pueblo, no sabrá gobernarlo
-Vengo-le dijo Ilacor-á buscar el ze- jamás.

n ustraciones de Esteban .ru.enéndez.

-¡Salve, hija de los diosesl-dijo el rey,
arrodillandose ante la hermosa joven

LEOPOLDO

LÓPEZ DE SAÁ

�LA CO:-iQUISTA DEL AIRE

fin en su constante preocupación. No cesa
de celebrar .consultas con los ingenieros y
con los peritos en cuestiones de automovilismo; concurre á las pruebas de aeroplanos rivales, con la esperanza siempre de
adquirir nueras ideas; y en su aerodromo
establecido en el número 23 del Boulerarct
de la Seine, ~n Neuilly, pre,encia cien pruebas y expcnmentos de sus propias máq11i1.as voladoras.

El nuevo aeroplano de Sanlos-Dumonl

LA CONQUISTA DEL AIRE
INTERVIEW CON SANTOS-DUMONT

~
Reí este humorismo, este jeu d'espril,
nuevo aeroplano inventado por,.an~os- ,. 1ien:;é que era preciso aceptarlo como heDumont y r¡uc éste ha cnsaya•lo rcc1cn- .
rho consumado:
\cmenlc en Pael célebre invenris, dccidióme á
tor de tantos glorelebrar una inbos diri!,! bles .no
tervie,v con el
parecia por mn&lt;·élcbrc aeronauguna parle. Y es
ta. Para ello me
que ,\lbcrlo Sanhice acompaiiar
tos. Dumont es
de un parisien,
uno de los hombucn amigo mío,
bres más ocupaque también lo
dos quo exislen
e~ de aquel inen la lifma ... Y
ventor, y míenen el aire. Cada
t ras hacíamos
hora y cada mirepetidas intennuto que puede
tonas-de resulrobar l.1 1 día lo
lado negativo dedica á la aerop ara encontrar
náutica. Cuando
en su casa ó en
no se encuentra
cualquier parte
eu la Avenida de
al ilustre brasilos Campos Elilrño, mi amigo
se os, donde lo
me dijo:
mismo estudia la
- ;,Dónde s e
teoría que el lahallará estehomdo práctico de la
bre'? Santos-Duciencia que ha
mont n o tenía,
hecho propia suen realidad, ne..
ya,seguro es que
ce;;idacl a 1g un a
Ajustan Jo ¡,arte del mecanismo de la hcli~e
que estará 1!1ond e hacer cstu.
tado en su automóvi\ entregado. á 1:1\1lhpl:~
dios de aviación, porque ya habia resuello idas y venidas que tienen su prmc1p10 y
hace . mucho tiempo el problema de volar.

E

L

427

Esa misma carroserie va también cubierta
de lona, no sólo para que presente los menores impedimentos posibles á la buena
marcha, sino probablemente para aumentar
la velocidad.
Al frente de ella, y afecto por medio de
una articuhición de empalme, que permite
movimientos en cualquiera dirección. e~tá el
timón, conslruído sobre el mismo pri ncipio
que las otras cajas ele la máqui
na, pero eslre&lt;'ho
en una cxE I este últit
remidad
v anmo si ti o fué
cho en ol1:a. La
donde, tras de
extremidad C3buscarlo la matrecha. va fi j a
yor par te del
sobre
un cuardía, tuvimos la
tón
saliente,
al
fortuna de enq u e se hallan
contrarle. Ocuu nidos los sopábase, en comportes y el tipañia de un
món.
En dicha
electricista, e n
extremidad va
inspeccionar un
fija una cestilla,
nuevo descardonde permane9adorque había
ce Santos - Duordenado coloro o n t cuando
rar en su aerohace los ensaplano, porque
yos; y al alcanel antiguo no le
ce
de su mano
había dado I a
se
encuentra
el
completa satisaparato- g u í a,
facción que é 1
que no es otra
esperaba, en su
rosa que una
1íltima ascenpalanca situada
sión en Bagaú l a derecha,
teíle.
con la que dirige
Esperando
1os movimienhasta que tcrtos horizontales.
mi•1ó su confeDetrás del aerorencia con el
plano e s t á la
electricista, me
liélice, de un
puse á examipoco más de do5
n ar detenidat:oche ó c,•slilla donde va Santos-Dumont al hacer sus ascensiones
varas de diameen
el
nuevo
aero¡,lnno
mente su curiotro v de diecisa máquina-pásieté libras de
jaro, cuyas características principales fui peso. El árbol del aeroplano es de acero, con
anotando á medida que iba descubriéndolas. paletas de aluminio, y cuando se hace funDe ellas voy á dar cuenta ahora mismo al cionar por un motor Antoinette de cincuenta
amable lector de POR Esus .Mm.nos.
caballos de fuerza es susceptible de verifiLa parte de la máquina soportada por el ear 1.iOO revoluciones por minuto. A esta
aire cuando lo atraviesa, se compone de seis Yelocidad, su potencia propulsora sería ec¡uicajas del cometa tipo IIargrave:;, tres en Yalente á 1 ífi kilogrnmos, es decir, la mitad
cada lado dél bastidor, donde van situados el del peso total del aeroplano y de su navemotor y sus accesorios. Estas celdas, así po - gante.
demos llamarlas, que están construidas de
El pe;;o del motor de ocho cilindros no
bambú y cubiertas de lona, van dispuestas es más que de sesenta kilogramos; pero con
de modo que forman dos inmensas alas en sus accesorios y el bastidor necesario en el
ángulo obtuso á la can·ose¡-ie del aeroplano. que estos van fijos, el peso total de la insta-

�LA CONQUISTA DEL AIRE

428

429

POR ESOS MUNDOS

rio. en parle muy interesante! la m~nción de
algunas de las aludidas mod1ficac1~nes. La
hélice era antes de madera recubwrta de
seda v tenía paletas trapezoidales; el motor
'
sumaba veinticuatro caballos de fuerza, y el
aparato llevaba un globo soporte inflado con
oxigeno.
La ausencia de este
último accesorio en el
nuevo aeroplano atrajo
particularmente mi
atencióu, y c o m o en
aquel momento se me
acercara San t os-Dumont, aludí á este pun;
to, diciendo:
-V e o q u e ya ha
abandonado usted definitivamente la idea de
solucionar el problema
de la navegación aérea
dirigible y a mediante
una máquina más pesadaque el aire, ya por
cualquiera combinación
Tal es el nuevo aerode los dos sistemas deplano en su forma acfendidos por los partitual. Desde que el indarios del aeroplano y
ventor empezó á dirigir
del globo dirigible.
su atención á la solu-Sí,-replicó el aeción del problema ele ]q
ronauta. - He abandonavegación aérea p o r
nado el dirigible en famedio de una máquiParte del limón que presenta el aparato-guia
del aeroplano
vor del aeroplano ele
na más pesadci que el
motor, n o porque e l
aire v a r i a s son las
modificacione::; que ha sufrido ~icha máqui- alobo diricrible clefe de teuer sus puntos
na, y no es del todo ociosa, sino al contra- buenos, si;o porque he llegado á la conclu-

!ación de fuerza de la máquina voladora
viene á ser de ciento cincuenta kilogramos,
poco más ó menos.
La extensión de las alas es de doce metros;
de diez la longitud desde 1a extremidad del
timón hasta la hélice; y
el área soportadora del
aeroplano abarca próximamente ochenta metros.
L a base sobre q u e
descansa la máquina
consiste en tres ruedas
de llanta pneumática,
dos al frente y una pequeña detrás, cone~ionadas con e1 bastidor
por medio de un sistema de resortes de gutapercha de gran elasticidad, inventado por
Santos-Dumont.

Santos-Dumont inspcceionantlo el molor de su nuc,·a mirp,ina l'Olarlora

siún de que el aeroplano es mejor. y que con
esta forma de máquina voladora el problema
llegará á resolverse algún día.
-Supongo que habrá llegado usted á esa
conclusión mediante varios experimentos,indiqué á Santos-Dumont.
-Exactamente. He ensayado la antigua
hélice y un motor de veinticuatro caballos
de fuerza conslruído pot· la compañia Antoinette; pero las ruedas delanteras en que mi
aeroplano descansa únicamente dejaban el
piso de vez en cuando. Era evidente que el

motor no tenía suficiente fuerza, y por eso
lo reemplacé por otro de cincuenta caballos.
Con ocasión de la prueba que realicé inmedialamente, noté una mejora grande: entonces vi con certeza que triunfaría, más pronto ó más tarde, en mi propósito: hacer marchará mi dirigible ta! y como ye lo había
construido. Desgraciadamente, se rompió mi
árbol-hélice. y hubo que hacer otra modificación. Aproveché la oportunidad de tener
una nueva hélice--la actual-adecuada á la
máquina; y aunque al probarla ocurrió otra

�POR ESOS :\IUXDOS

t.A CO'.'-QutSTA bEL A!Rt.

431

lo~as di:eccion_es, y e5lo me hizo necesario suelo al otro. El célebre aeronauta me di'u
g~1ar m1 1:lláquma de !al manera que no oca- q~e era el cable sobre el que el aviator
s10nara nmgún accidente á las personas si bra hecho sus primeros ensayos: el aerop!adescendía rápi'
no, con el avia&lt;lamente: prifor en su camero maniobré
,. roserii, se
hácia la deresuspendió el e l
cha, después á
alambre, á cula i;r.quierda, ~
yo largo marnuevamente tu ..
chaba, ya por
ve que volver
razón de su
por temor do
propio pe~o. ya
causar algún
poi·
la propuldai~o. Mientras
s i ó n recibida
ejecutaba estas
por el ·motor.
distintas m a De
esta maneniobras, soltóse
ra,
pudo Sanun alambre que
tosO u rn on t
se enredó en la
pro) ar las poh é l i e e, co~a
~ibilidade~ de
que disminu\'ó
su
limón sin el
de tal modo '1a
menor
te mor
relocidad con
de
accidente
que yo marchapersonal.
ba que l uve
La vida de un
que descender.
aeronauta
e,lá
Sin embargo, vi
llena
de
pelique había r~gros , parlicuc o r r ido 220
1armen te la
metros. distandel
que experi.
cia máyor que
menta
con un
1a alcanzada
aeroplano
: e1
por nadie con
solo hecho de
u n aeroplanoelevarse es va
rnolor, á menos
u n problema,
que sea aceptaque,
aunque
d a I a verdad
resuelto,
so Io
de )03 experilo ha sido parmentos hechos
cialmente . E f
por los hermaprincipal pronos Wright, en
.
blema es el de
Norte-América.
:Santos-Dumont en su nuevo aeroplano
1a estabilidad
Así habl? ?antos-Dumont. No contento ro del aeroplano ó globo dirigible, mientras este
con, las nolicias que había adquirido, antes se encuentra ~~ el espacio; siendo asimismo
de abandonar el aereodromo de Saint-Ja- asunto ~¡ue ex1Je la mayor atención de los
mes le pregunté cuál era el objeto de un que se mtere~an en la aerostación el descabl~ grueso apoyado en dos postes con ex- c_enso con facilidad y seguridad y, al mismo
tcnswnes ó ramales desde un ángulo del tiempo, con oportunidad.

1iL

.1

!:&gt;anro,-J)umont ¡- su mecánico trabajando en el aeroplano

conlrarietlad, no fué sin que ante;; ya hubiera tritmfado elevándome del suelo únicamente por m('dio de mi motor. Jli aeroplano
recorrió una distancia de cuatro il·siete metros, en una allura de medio metro ~- á una
relocidad que se estimó en cincuenta kilómetros por hora. Después he tenido tiempo
de reparar mi máquina y de hacer ciertas
:nejoras 1Jn ella, y aun he conseguido más:
que el aeroplano recorriera una d stancia de
cincuenta á cien metros á una altura media
de tres metros. Por este triunfo obtuve la
Copa Archdc a 011.
·
-¿Y quedó usted convencido en esa notable marcha de que su nueva máquina respondía satisfactoriamente al timón'?
-Sí, completamente convencido. La estabilidad del aeroplano me pareció admirable-,
y no sólo se elevó suavemente desde el terreno, sino que descendió con moderada lentitud cuando detuve el motor. Hubo un ligero choque al llegar á tierra, pero hizo poco
daño, á parte de romper las ruedas de Han la
pneumálica y averiar algo la parte anterior
del gobernalle.
-Explicado ya todo esto, ¿querrá darme usted algunos detalles referentes á su última excursión en la pelo1fSe, en Bagatelle·?
--pregunté á Santos-Dumont.
0

- Con mucl1bimo gu:sto,-me conle:stú.Corria un viento muy irregular, y me era
extremadamente dificil conocer la manera
como había de dirigir mi timón. Sin embargo, no bien hice marchar el motor, el aeroplano se elevó recorriendo unos doce metros;
pero en seguida cayó al suelo: el motor necesitaba regularse un poco. Partiendo nuevamente, procuré en vano elernrme por segunda vez: el aeroplano sólo marchaba sobre
la pelouse, á per¡ueños saltos. Por la tarde
se normalizó algo el viento, y al llegar al
grupo de árboles que hay en el centro de la
pradera, conseguí verificar una travesía completamente satisfactoria. Se me dijo que el
tiempo que estuve en el espacio pasó de
los siete segundos, y que la distancia recorrida por mi aeroplano llegó á 82,60 metros, que representan una velocidad de cuarenta y cinco kilómetros por hora. Esto ya
era para mí cosa muy halagadora, y partí
otra vez: nuevamente mi aeroplano funcionó,
y después de correr algunos metros sobre
sus tres rueda:; se elevó majestuosamente.
Pronto me encontré á una altura de tres me•
tros, y entónces dirigí mi aeroplano, que toda,ia seguía elevándose, hácia el centro de
la pelouse. Entonces me ví casi sobre las cabezas de los espectadores, que corrían en

UN REPPORTER

�AMOR DE DA~IA Y A~IOR D~ ESCLAYA

LEYENDA DE LA. BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
AÑOS 410 y 446 DE LA ERA DE CRISTO,

por C. BRYSON TAYLOR
SU~IARIO DE LOS CAPÍTULOS .~-:\TElllOHES (1)

~

L rama lograda en todo el país por ~lclchor, nay;ador:4lc
a cuentos y cantor de baladas, despierta en el ¡oven , •·
canor dc,eos de igualarla yaún ~e superarla! r á aquel
oficio se dedica nuestro héroe. 111¡11 de escla~o,, ,ib~dona la casa de sus padres, l por. sendas/ 1vere s
recorre montes y pro.dos reuniéndose a os pas•
tores ante los cuale., hace derroche de lasd fa~~ltades
ue 1~ adornan. Asombrados los oyentes e .,1canor
~! rincipio, muy pronto se enciende e_ntre ell~s la tea
de )a discordia y se produren gran escandalo ~ peled,
que 'erriiinan porque cmpitza á dispersarse~! gan¡ u
uc ~uidan los pastores Y é,tos tienen que ir tras .ª'
1
q
Nicanor satisfecho con que su¡; palabra.s hub,e:~es.r~ducido ¡;nto efecto, adquiere mayores deseos
aún ;,e que su fama sea univer,al, y parte de su po~r•:
terruño para d1ri~ir,c á grnnd~s y populosas c1u?a e,
cu busca de esa gloria que persigue. Thorne_1;, ma: conocida por la Isla de Bramble, es la po~lac1011 elc.,da
por ?iicanor, y Tobln,, un rico comerciante, la peí;º;
na á uien va recomendado por sus padres. To 18
concile á Nicanor una plaza ~n su taller, donde -'~
enseña á trabajar en marfil. Bien pronto logra el JÓ
ven ser un discípulo a,·entn¡ado de su maestro, pero
no deja de tener con. éste fuer,e~ ~:tercados po~que,
posesionado de la ilu,ion que ncnr,c,ara al~¡ar,ef
sus padre,, Nicanor nbandona el taller de obias Yél ª¡ •
ta con frecuencia al traba¡.i, y cuando acude á
o
hace de mala gana.

ª}

t

11.-EL JARDIN
_
DE LOS SUENOS
I
consus pnmaveras lemp1a as, sus ameos
J· t
en el inF ños 'í suslos ai'ios
bruscos y helados inviernos, dejando la correspon ien e , m:~c:ndomdo á
ASAROX

.

d

• .

estíos sus melancólicos oto-

cesante rodar del tiempo. Ya el cónsul rom~no_ con toda.e; sus fuerzas ;~biade feudal indeBretaña, y las ciudade¡; se gobernaban P?r 1-1 m1~mas, caga un! en e~ ~onlra los propio::;
pendencia, unas v~ces ;peleando. e!1tre s1. y ?tras forman cau: ~ 1:i~curnular efectos draenemigos. Si la lbstona se escribiera mas a menudo c~n ª. m1~a
. a· tendríamos enmáticos, no habría casi n~cei;idad de la novela _que la imag1~.ac1ón !f::tivo de la variedad,
tónces agradables narraciones en que el lenguaje nos ?~recena el l 1 t de inmerecidas
or ue cuando no nos deleitára el entusiasmo, sufrmamos ~on e _re~ 0
h moso
~esiracias. Así ha llegado hasta nosotros la c~ónica de la c_onqmsta .sªt:n:i co:eº ~; ):;sen ta
y valiente relato, salpicado de_ batallns\ escn_to con sang~e,. ~u~dro una tiirra ya ~aturada
una horda de enemigos salvaJes que mvad1eron un pais ) . a aron .
ue de exlermide llanto. En rigor y en verdad, era una conquista de absorción más bJ8nd q f
la
nio, y sólo dram~tica en su gran signi~ca?ión_: un~ gradua\ª~tlga:~ad! º;eb~j~~:\::gre
cual la sangre saJona, más fuerte y mas hmpia, t11unfó so re
d y jardín destru
romana; y así como la mala hierba crecida y abundante se apo era e un
•

i

l

ª/

(1) Véanse nuestros números H6 f H7.

433
yendo las demás plantas, así en Bretaña la en cenizas en su boca. Creciendo constantevida sajona ahogó la vida romana, día por mente sus energías, despreciaba á los que
día, casi imperceptiblemente. No por eso fué sentían su magia, porque esta no servía para
incruenta la conquista. Cierto que las ciuda- dominarlos y hacer de ellos cuanto quisiera:
des f1,1eron saqueadas y los hombres asesina- todo su arle era inútil, porque no le comdos, que donde on tenía lugar una explosión prendían.
reinaba la mayor anarquía; pero en la mayor
Nicanor trabajaba cntónces, en participaparte de los casos, el cambio se verificó ción con el maestro Tobías en el negocio, en
lenta y constantemente y con una seguridad una cubierta para los Evangelios, que había
que nada podía contrarrestar.
encargado la iglesia de San Pedro. Una maEn estos años, fücanor creció y se robuste- ñana, no habiendo aparecido aún Tobías en
ció ofreciendo cierta brusca virilidad que cau- el taller, comenzó nuestro hombre su trabajo
~aba impresión; su voz adquirió consistencia dedicándose á termina1· un trozo de rollo en
en la tonalidad; aprendió á emplear, cuando que había puesto mano el día anterior. Aprehablaba, los ojos y los oídos, así como la len- ciando la labor bajo nue\'O aspecto después
gua; y adorando en los altares á dioses extra- de un lapso de horas, le pareció que se imños, recorría las multitudes como los pája- ponía una alteración en un sitio, con gran
ros recorren los árboles, y viYía al día como ventaja sobre el primitivo plan proyectado.
viven los pájaros, recogiendo aquí y allí ]a¡; Hir.o la alteración, y aún le agradó más el
migajas que le daban. En el taller de Tobías trabajo. Y cuando el maestro Tobías llegó,
pasaba el menor tiempo posible. Intranquilo. Nicanor le enseñó lo que babia hecho y le
descontento con lo que tenía, y siempre an- dijo:
sioso por lo que no tenía, devorado por la cu-2.No os parece así mejor? Este ángulo
riosidad, que es la que hace palpitar con fre- necesita igualar con el otro.
cuencia eso que se llama vida y prueba su-;
A la vez que hablaba, Nicanor ilustraba
más ocultas intenciones, era de,graciado: ne- su idea con el buril tratando de alcanzar la
cesitaba alguna cosa, y no sabía cuál. Su ca- harmonía pretendida.
rácter, de reservado que era, convertíase en
Pero, entónce¡;, ocurrió lo inesperado. Toferoz y acometivo, aunque estuviese despro- bías se levantó de su banquillo é inclinándovisto de toda razón. Constantemente vagaba se sobre el jóven, le dijo:
por los campos, áspero y pendenciero, y
-Es decir... ¿has al erado el dibujo que
achacando á todo el mundo su propia mise- hice?
ria. Dedicábase á pasar la mayor parte de su
Nicanor replicó afirmativamente y quiso
tiempo entre cuerdas de encadenados escla- nuevamente demostrar la ventaja de su idea;
vos, en las que sólo se oían crueles sonidos y pero Tobías le dió un golpe en la mano retimás crueles suspiros. El silbido y el golpe rándosela del dibujo, y extremecido de radel látigo sobre espaldas y piernas desnuda, bia exclamó:
hacía extremecer á Nicanor con exaltación
-¡Torpe é inútil! ¡Has m:\nchado el trasalvaje: sentía extraña delicia ante la vista bajo con tu pesado manoseo! ;,Por qué no
del dolor infligido, que él no comprendía en dejas lo que no entiende..? ¿Quién te dió
absoluto. Así, sus cuentos eran todos de gue- permiso para alterarlo? ¡Cuerpo de demonio!
rra, de sangre, de violencias, de maldades, r2.Tendré que estar sobre tí á cada hora del
de tra'ciones y de desesperación. Cuando día y atarte las manos por desobediente?
llegaba la noche, dormía preso de ataques, ó
Nicanor protestó indignado, y el maestro
no dormía, atormentado por terribles sueños Tobías se enfureció más.
en los que buscaba siempre una cosa que no
-Es preciso que borres y cambies lo que
tenía nombre, que se aparecía sobre el vado has hecho, para lo cual permanecerás en
del río en la elevada orilla meridional, y que casa hasta que lo dejes todo como estaba
no terminaba en parle alguna bajo aquel antes. ¡Así aprenderás á no trastornar mis
cielo gris de desolación.
planes á tu antojo!
Sólo, reservado, sufría la crisis sin darse
El primer impulso de Nicanor fué negarse
cuenta de ella ni por qué esa crisis se le á obedecer
á su maestro, y se rebeló ante el
presentaba. Nadie se tomó el trabajo de au- mandato dando un puntapié al banquillo.
xiliarle, y si álguien lo hubiese hecho no se
-¡No seré yo quien haga tal cosal-dijo.
lo hubiera agradecido. Vivía la vida agreste
-Ese
es malo, y yo no emplearé mi
del campo, bebiendo y batallando. Como si trabajodibujo
en cosas que no lo merecen.
tu,·iera una vaga noción de que era el amor
Y volvió las espaldas saliendo de la habilo que hacía falla á su ánimo, enamoraba fie- tación, dejando al maestro Tobías mudo
ramente á las mujeres, encontrándose siem- de asombro y de rabia.
pre con que el fruto del deseo se convertía
Nicanor, amargado desde antes, sintió aho•

4

�434
ra cdn gran 'veh·emcncia su repelido deseo de

· cambüu su vida actual para buscar otra
nueva, buena ó mala: la cuestión era abandonar la que llevaba á cuestas. Y sin tener
n:rcla en cuenta, abandonó aquel mismo día
á Thorney para dirigirse á Londinium, no
dando parte á nadie de sus planes ni de sus
pro¡3ósi los.

n
Camino de Londinum encontró Niranor á
un. hombre que ,üjaba en la misma dirección y que, pc·si~tenlemente, se empeñó en
acompañará 11uestro jóven. Era el tal un indi\•i,luo de aspecto venerable, con larga y
blanca barba, ele ojos vivarachos, que sonreían y sonreían bajo el cobertizo de las cejas. Nicanor-llegó á odiarle verdaderamente,
sin tener razón para ello; pero Nicanor odiaba entonces á todo el mundo.
·El hijo de Rathumus y de Susana se detu,·o, al aproximarse la noche, al lado del camino, para comer de l ts provisiones que llevaba; y el anciano se detuvo también y se

sentó sobre una piedra cerca de Kicanor,
como si estuviera vigilándole. Con el pedazo
de pan negro en una mano y un trozo de
carne en la otra, Nicanor miró. fijamente al
anciano, dispuesto á reñir con él; pero se enctmtró que con los ojos del individuo le sonreían, y como hacía ya mucho tiempo que
los homb.res no habían hecho otra cosa que
reprocharle, nuestro jóven se sorprendió
hasta el punto de devolver la sonrisa al viejo
de aspecto venerable. Sucedió con e,to que
desapareció en parte la aversión que Nicanor 1enía á los hombres; y aunque con alguna pueril reserva, el discípulo renegado del
maestro Tobías partió el pan y la carne en
dos pedazos y silenciosa y torpemente brindó una de las parles al anciano. Este aceptó
el obsequio poniendo ojos graves, aunque
siempre sonrientes, y en voz de tonos profundos, tan clara y vibrante como si tañera
una campana de escogido metal, dijo:
-Gracias, hijo mío.
Nicanor, aunque en lo más profundo de
su corazón se hallaba inclinado á la repulsa,
alegrábase de lo que le ocurría; y cu11ndo el
anciano habló, nuestro jóven no
contestó con aspereza, á pesar
de que el desconocido dijo, como si tuviera derecho á inquirir:
-¿Estás seguro, hijo mío, de
que será pnra tí un bien ir á
Londinium? ¿Está allí lo que
buscas'!'
- Pero... ¡si yo no busco
nada!
-¿,De veras?-dijo el anciano
sonriendo. -Pues yo creo que
seguramente vas buscando algo
que te tiene muy próximo á la
negra desesperación porque hasta ahora no lo has
encontrado en otras partes.
Repentinamente, llegó ÍI
Nicanor el recuerdo de
los tiempos en que había
vagado por los páramos,
bajo el cielo gris y bajo
la desolación, y no sa•
hiendo si lo que ahora le
: sucedía era un sueño 6
'ti/\ cosa real empezó á pen·
sar que el anciano resulr- !aba muy extraño y algo
de ser temido.
[ ) digno
-Anciano,-lepregun·
tó- ,:,cómo podéis decir
que no encuentro lo que
busco?
En la faz del descono·

,\J

-Es dccir,-prcgunló Tobías á Nicanor-¿has alterado mi dibujo?

AMOR DE DAMA
·
y A)IOR DE ESCLAVA
et o a~arec1ó retratada I a
p~z serafica del justo. Di"o
bondadosamente:
J
-Hijo mío, yo puedo hablar con el derecho que
d l
.
me
a e propio conocimiento
d~ las cosas que tú vas sabiendo ahora. El rostro de
los hombr~s 03 como rollo
de pergamino abierto para
los que han aprendido á leer
lo que en ese rollo hay escrito, y tu historia se lec en tu
rostro muy claramente. Te
encu~~tras en un mundo de
creac1tn tuya; pero el mund? de los hombres tiene también sus derechos sobre t.1
derechos
• '
V que no puedeS Ignorar.
. 1ve
·t· i yo te digo·• vue
a1s1 JO que has abandonado
porque para encontrar lo qu~
buscas no es preciso sal" 1
cam ~o,· y cuando ha vas
' irconª
segmdo tu objeto, 'que se
halla en el mundo de los
hombres, busca el ~antuario
quE;,_es ol puro amor.
'
Nicanor respondió:
.. - ¡No comprendo! ·Qué
tiene que ver el am G
ello?
or con

·d

POR ESOS MUNDOS

435

El anci.ano, que no separaba de el la mirada le d..
V
' '
IJO:
-·'&gt;
.
'
- eo que, en efecto no
,._,ue la paz sea conti,o!-diJ'o
el "rJo
.· . de,conocido á x·
. •
•
. mano sobre su cabeza'
. icanor poniendo una
me comprendes. Tú no c~no~es ~el amor sino bocanadas
e aire Pero vendrá l r
ca cabe~a se inclinó más
más
.
prenderás lo ue m· e rnmpo en que com- sobre
Nicanor como . . Y
· Apo} óse
entonces enco~lrará1: ?~abras significan, y
repenlipaz para tu alma ·S. o.,ar para tu cuerpo y nam.enle débil se inc~;~ei°s~~~!er¿~ºusta
planllanto piden lo ···hl i,bpai, que es lo que con la, ) murmuró:
.
s om res en los b
? scuros boOa~¿it ~:n~os homb~es! Yo también he
dias que atravesamos' y 11
.
ª que ahoia récorres , ¡
carán refuuio n · ·
e ~s también bus' ) e
amargura de m~ l~ hall~ran; entonces, la aconsejo ¡y hasta te mando!
que Roma la Podeer e shera p~ru el'o,, ¡por- hogar mientras sea tiempo. éu~~~ 0b~;ques tu
trado en él todo lo de . .
ayas eny
'
rosa, a caidol
tierra náda'serápara timas_ que veas. sobre la
suavemente sin
·
se inclinó, eleva'ndo :over~e de su asiento,
Se levantó·
'porquegozarasde paz.
Y puso su arrugada
b
cielo, sin que abo
es~ues las manos al
la
enmarañada
cabeza
d N'
ma~o_so re
Para Ni
ra sus OJOS sonrieran.
-Cada
cual
tiene
eh
icanor,
d1c1endo:
.
su o ra y su s·
b
barba y aq~e~º~~v:que\la 1 ª r g a y blanca
mo so.dre
blina plateada
do ca.bello er_an como ne- 1a tierra vJ recibe ¡a recompensa me.
reci a.
ciano.
que serv1a de mmbo al an- iQue la paz sea contiuol
Volvióse el descong :dO
..
obscuridad de la
hci Y se !nternó en la
-Tú también pasa ·
.
noc e. Dcspue~ el
d
e) pesar está sobre tí ra; t?rl ebs~ valle, pues se interpuso
entre
ellos
. ,, . mun o
p1a desdicha así
.
u a r_arás tll pro- rieron á ver,
' pues Jamas se volporque tu da . como tu p~op1a salvación,
de errores y demmlo e~ cammo de soledad,
m
ca vario.
alló
el
anciano
•
Envuelto en su capa
.
alentado
' Y, como si estuviera des•Nicanor
, sus manos descendieron y su blan- co'ltemplanilo las estr~ifermdanlec1ó
as e firmamento,

1[

e

�4:36

AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA

POR E50S MUNDOS

mientras reflexionaba sobre lo que· acababa
de oír, que no conseguía comprender; pero
á la vez empezó á forjarse una historia acerca de aquel anciano de barba plateada y sonrientes ojos, y así quedóse dormido.
Cuando despertó, al amanecer, inclinóse á
creer que todo babia sido un sueño; mas
como notara en sí propio una cosa muy distinta á sus prejuicios anteriores y viera que
aquella alma negra que en su interior tenia
antes se babia domesticado y aplacado, obedeciendo con superstición ciega las palabras
del extraño anciano dió las espaldas á Londinium y á todo lo que ansiaba encontrar
allí,~, determinó volverá la isla de Brambles, á Thorney, para seguir su vida anterior
y dedicarse de nuevo al 1r.:ibajo que podía
considerar suyo.
Y así fué como encontró su sino, que con
tenacidad iba en su seguimiento pisándole
los talones, pues de entre la neblina gris de
la mañana salieron unos soldados, seis ú
oobo, y el centurión que los mandaba, los
cuales, con ruido de armas y agitado paso,alcanzaron á Nicanor cuando lentamente retrocedía á Thornev.
El centurión p~so su aspera mano sobre nuestro jóven, ordenándole hacer alto.
Nicanor se volvió, pero antes de que pudiera preguntar colérico por qué se le detenía, los soldados Je ataron con fuertes esposas las muñecas y quedó prisionero entro
cadenas. Sin embargo, dijo al centurión:
-¿Qué quiere decir esto? Yo no he delinquido. ¡Exijo que se me deje libre!
-Exige cuanto te plazca,-respondió el
soldado.-Pero, en verdad, te juzgo algo mas
que tonto dejándote coger así: escaparse y
burlar á todos los dependientes del grande y
noble señor Eudemius para después ser cazado como cualquier manso cordero, tiene
poco lance... ¡Bah, esperábamos de tí mejores
cosas!
-¡Yo no tengo nada que ver con Eudemiusl-dijo Nicanor, explicando luego cuidadosa y detalladamente quién era, de dónde venía y á quién pertenecía.
Los soldados se hicieron los sordos, pues
creían que era Nicanor el esclavo de Eudcmius que buscaban, escapado hacía tres días
y por cu ya detención se había ofrecido una
recompensa.
Bordearon á Londinium por una calle alineada de tumbas, tomando un camino qua
conducía al Sur y algo a poniente, y que los
soldados en su charla titulaban Noviornagus. Anduvieron tres leguas y llegaron
á la estación conocida por el referido nom bre, donde tomaron caballos, montando Nicanor detrás de uno de los guardias. El ca-

mino seguía el centro del gran bosque de
Andérida y salía después á terreno abierto
siguiéndolo nuestros caminantes sin desean~
sar hasta después de las tres de la tarde. Tomaron á un lado una estrecha vía, por la que
caminaron durante otra hora, hasta que entraron en una alameda de frondosos árbole~.
al final de la cual encontráronse otra vez
en campo abierto, ante la pendiente suave
de una colina en cuya cima alzábase una
gran casa regia de muros blancos y varios
edificios en rededor de ella. En el centro de
la blanca muralla que daba frente á la casa
había una gran puerta de bronce y una casita
para el guarda, el cual inspeccionó por la
ventanilla á los soldados y les preguntó lo
que deseaban, dirigiéndolos hácia la puerta
de servicio así que contestaron.
Entraron por ella y se encontraron en un
patio al aire libre, rodeado en sus cuatro costados por edificios donde trabajaban esclavos. Nicanor supo entonces, por las conversaciones que oyó á los soldados, que estaba
en el departamanto de la servidumbre del
noble Eudemius. El centurión habló largo ~con vehemencia con el capataz, del cual obtuvo al cabo una cantidad en pago del servicio. Nicanor _yió después, sin comprender en
absoluto la transacción, que el militar devol•
vió ciertas piezas de moneda al capataz, y
que éste, dirigiendo antes en su rededor una
furtiva mirada, las ocultó. Partieron entonces los soldados, y sin entrar en más explicaciones, el capataz se acercó á donde se
hallaba encadenado Nicanor y le observó.
El capataz era hombre grueso, con ojos
pequeñuelos, hundidos en carne enfermiza, y aparecía más orgulloso que el mismo
gran señor Eudemius. Cuando vió el rostro
de Nicanor, empezó inopinadamente á maldecir y á disparatar, diciendo:
-¡Ya veremos cómo escapamos de lamala pasada que tú y tus compañeros me. habéis hecho para sacarme el dinero de mi
amo! ¡Tú no eres el esclavo que escapó hace
tres días!
Nicanor, viendo en esto un rayo de esperanza, contestó:
-Así lo he dicho yo á los que me detuvieron, y bien te hubieras convencido si me
hubieses mirado antes de pagar. ¡Si en todo
te conduces así, tu señor y dueño se arruinará por culpa de tus servicios!
Pero el capataz no se fijaba en estas observaciones y seguía su charla:
-¡Por mi cabeza, que os ,habéis burlado
bien! Pero tú ya estás aqui y ocuparás el
lugar del esclavo que ha huído, pues no
quiero que mi amo se entere de que he pa·
gado un servicio que no se le ha hecho...

¡Después de todo, tan esclavo eres tú como
el que ha desaparecido!
Nicanor se volvió furioso hácia el capataz,
dispuesto á que pagase cara su desconsideción; pero aquél, temeroso de las fuerzas
del recienllegado, llamó á su gente y ordenó:
-Llevadlo al maestro de armas y que le
pongan el collar. ¡Bajo pena de un fuerte
castigo se prohibe á todos decir que no es
este el esclavo que escapó de aquí!
Pusieron á Nicanor el collar bronceado
señal de la esclavitud, que llevaba grabad~
el nombre de Eudemius, y le mandaron trabajar con los esclavos.
Al pronto, al verse sometido Nicanor á la
dura condición de la servidumbre, quiso demostrar su malhumor contra cuantos le rodeaban_; p_ero convenciéndose de que tales
proced1m10ntos no le valdrían más que golpes y maldiciones, se conformó con su suerte. Entónces (y de esto se sorprendió él
mismo) empezó á interesarse por la nueva
vida que las circunstancias le habían traído.
Tenia fé en sus propias fuerzas, y lo aceptó
to~o ?º~º una. nueva expe~iencia, que al
prmc1p10 no deJaba de ser ~nteresante, sin
que por esto perdonara medio alguno para
esc~par. El trabajo no era mucho, porque
babia bastante gente para repartirlo. Además, Nicanor se encontraba en contacto con
una magnificencia en la que jamás había soñ~~o. Como siempre, sus ojos y sus oídos
v1g1laban con extraña presciencia seguro
nuestro jóven de que aprendería todo cuant? pudi~ra de la vida de aquella gran mansión, asi como de cuantos en ella habitaban.
IV
En esta disposición de ánimo, encontró un
día á _Varia, la hija del gran señor de aquel
palacio.
Era tan vasto este edificio que era cosa
muy fácil perderse entre sus muchos salones, pasillos y patios si no se conocía su
plano. Un día fu_é enviado Nicanor á dar un
r~cado á las cocinas, á donde llegó sin trop1~zo alguno. Pero,al volver, equivocó el camrno y se encon1ró en una parte de la casa
que p_ara él era desconocida. No por esto se
at~d1ó, pues ya era bien conocido entre los
cnados y estaba seguro de encontrar á al guno que le guiara. Empujó, sin darse cuenta de ello, una puerta, y quedó admirado y
verdaderamente encantado.
~allábase en un jardín, bello hasta más
alla de toda ponderación, con ámplias terrazas y graderías de brillante mármol por doude paseaban orgullosos pavos reales. En
un ángulo, babia una fuente casi escondida

437

en un bosque de rosas, sobre las que caían
surtidores de agua con plateada lluvia; y por
todas partes levantábanse estatuas y asientos de mármol, que se escondían entre la
frondosidad de los árboles. Rodeaban el jardín altas murallas cubiertas de parras, y una
a~e_rtura de la muralla del fondo permitía
dmsar los contornos de los edificios próxi~º~- Profusión y exuberancia de vegetación.
pal1das flores nocturnas cuya fragancia embalsamaba el aire, la hiedra que trepaba por
las murallas, y las rosas que caían en torrentes sobre las amarillentas imágenes de antiguos dioses y héroes, daban aspecto fantástico al jardín, en el cual un plácido lago reflejaba el firmamenlo, mientras blancos cisnes flotaban sobre aquel espejo negro y
plata.
Nicanor, reteniendo el aliento y dominado
por un placer que por lo inmenso casi era
penoso, exclamó:
-¡Hé aquí un lugar á propósito para los
grandes pensamientos y para soñar con
cosas extraordinarias!
.. De entre las aterciopeladas sombras y deJandose ver en la luz crepuscular, divisó Nicanor una figura explendente de mujer que
marchaba en dirección hácia él. Era negra
s1;1 cabellera, sus ojos melancólicos y sus labios de escarlata, y lucía joyas que brillaban en los pliegues de la perfumada túnica.
I?clinó_se nuestro jóven ante aquella aparición, sm apartar de ella los ojos, pues, aunqu~ esclavo, era, ante todo, hombre, y, despues, poeta.
-¿Quién eres?-preguntó á Nicanor la
hermosa mujer, que no era otra que Varia,
la única hija del noble y poderoso señor Eudemius.
- Soy --contestó el jóven - vuestro esclavo.
-¿Y por qué estás aquí? Este sitio sólo
á mi pertenece, y en él nadie más que mis
doncellas puede entrar.
- Suplico vuestro perdón,- contestó Nicanor, que se atrevió, además, á relatar á la
uoble dama el motivo de su presencia en el
jardín.
Entre tanto, los ojos de la jóven, que aparecían soñolientos, fijábanse en el rostro del
intruso; y éste, al encontrarse con aquellas
miradas, sintió que sus nervios sufrían terrin:ible conmoción y que toda la sangre, agolpandosele al corazón, amena:rnba congestionarle.
- ¿Y cómo te llamasr-preguntó la dama
al esclavo.
-Nicanor,-dijo éste-hijo de Bathumus
y de Susana, leñadores.
- ¿Nicanor? No es la primera vez que oigo

�A.MOR DE DA~lA Y Al\lOR DE ESCLAVA

438

POR ESOS MUNDOS

tu nombre... ¡Ah, si! Nerissa me ha dicho
que eres tú'el que entretienes con narraciones y cuentos á los criados y á las doncellas
durante las veladas... ¿Querrás decirme á mi
también un cuento? Me agradaría mucho
oirte: ¡me encuentro á veces tan sola, y más
en cuanto la noche llega!. ..
La dama extendió hácia el sierYO una
mano, que Nicanor tomó tembloroso entre
las suyas y llevó luego á su frente. Ella condujo al esclavo hasta un banco al lado del
durmiente lago, y obligándole á sentarse á su
lado le mandó que le contara cuentos como él se los
contaba á sus criados y_á sus
doncellas..
Empezó Nicanor su cuento
con aquella voz sJnora quo
se había oído en los campo,
y cerca de las hogueras, au~(fUe ahora aparecía mucho
más .baja para que la 1rJ.nquilidad de la noche po
se interrumpiera. Vana
tenía cruzadas las manos
sobre el ropón que la cubría, y escuchaba ~tenla
con labios entreabiertos
la relación de 1
esclavo. La obscuridad que reinaba fu é amortiguada por la áu rea l u n a, que
inundó el jardín
de luz gris pálida, dando al lago
aspecto de un estanque de plata
bordeado con el
negro marco de
los árboles. Las
flor es nocturnas
exhalaban perfum es aletargadores , que hacían
pesado el viento
estival. La voz de Nicanor continuaba brotando de sus labios y vagando incesantemente por entre la perfumada pe_numbr~.
Y cuando Nerissa, la fiel y anhgua criada,
se presentó allí de repente, V ar i a saltó hacia ella contenta de gozo y la besó, colmándola de cariñosos abrazos. Entonces, Nicanor fué despedido de aquel paraíso, y cruzados los brazos abandonó el jardín viendo
ante sí un mundo que desconocía, nuevo en
absoluto, mundo de belleza, de ternura y de
dolor al pr~pio tiempo.
.
Varia, ocultando 1)1 rostro en el pecho de

su doncella, dijo estas palabras á Nerissa:
-¡Me -ha contado cuentos tan exlraordinario, y maravillosos que jamás los oí iguale., en el mm1do! Quiero que Nicanor vuelva,
porque oyéndole soy muy feliz, ¡muy. feliz!
Prométeme que le harás volver, pero sm decírselo á nadie, pues yo no q~iero que le
castiguen por mi.
V

En el palacio del noble y poderoso Eude mius celebrábase
una fiesta, que hizo precisos I os
servicios de todos
l o s esclavos de
la casa. Sólo Marcus, el más anciano de ellos,
que y a tenía el
cuerpo encorvado
, por el peso de los
aií.os, fué dispen..
sado de sus obligaciones, y estaba
o~upado, e n e 1
jardín, al lado del
fu ego encendido
para calentarse,
en bruñir una cacerola d e cobre.
De improviso.
apareció Nicanor
a n t e el círculo
marcado p o r la
luz del fuego al
rededor de Marcus. Llegó vacilando bajo el peso
de un gran barril
-Enestesitionadiemásque que llevaba á la
mis doncellas pueden entrar,
•
1
-dijo Varia á Nicanor
espa1aa, con e
pelo lustroso por
el sudor que le caía por el rostro, y los
músculos contraídos. Pasó la zona de luz,
sin ali en tos, y se internó en la obscuri- _
dad. Siguióle otro esclavo también cargado,
y otro, y otro, todos extenuados por el peso
de grandes objetos, contrayendo los múscu ·
los como bestias de carga bajo el yugo, para
que los habitantes de la gran casa pudieran
estar servidos perfectamente y sin faltas de
ningún genero.
Marcus, suspendiendo Ru ocupación, púsose en pié y marchó al lado de los esclavos,
cacerola en mano. El fuego, entregado á sí
mismo, lanzaba ondulantes resplandores sobre las obscuras paredes que rodeaban el
patio, sobre et piso trillado por el c0ntíriuo

439

paso y sobre el pozo que.ocupaba el centro. silenciosos pasos, y atravesó el césped basta
Marcus entregó á Nerissa 'la cacerola, y la gradería de mármol. La forma aparecía
dirigiéndose luego al jardín, permaneció en negra, como una sombra á la luz de la luna,
la entrada mirando á través de la puerta; delgada y ligera, y con un mechón de pelo
más allá no se atrevió á internarse, por- indomable en la cabeza. Permaneció en el
que todo el espacio estaba consagrado á escalón más bajo y llamó suavemente, con
la hija del señor y á sus doncellas. Frente á llamada tierna é inarticulada, que á duras
él, más allá de la extensa pradería, veíanse penas llegó á los oídos de Marcus y que hizo
á la luz de la luna anchos peldaños blan- á éste lle,arse la manó al puño del cuchillo
cos que conducían á pintoresco paseo, y de- que colgaba de su cinturón. Varia, que se
hallaba en la
trás, á lo lejos,
cámara,
oyó la
distinguíase el
llamada; 'v
brillar d e 1a
traspasando él
luzen lacáinaumbral con la
r a de Varia,
cabeza elevaaunque apareda y los bracía medio vezos colgantes
lada por las aly llegando
tJs y delgadas
hasta la explacolumnas de
nada donde la
la galería. Las
luz de la luna
dos ventanas
brillaba c o n
q u e llegaban
resplandor arhasta e l piso
gentino, bajó
de 1a terraza
las gradas lenestaban abiertamente, pero
tas para dar
sin vacilar .
entradaal ait-e,
Marcus, asomque era cálido.
brad o, contiMarcus vió
nuaba o b serde repente á
va.ndo, y con
Vari a entrar
verdadera
sola en la haextrañeza vió
bitación y pacómo la negra
sear de arriba
sombra humaabajo lentana cogía lamamente como si
no de Varia y
estuviera can la besaba, y
sada ó contracómo los dos,
riada. E 1 escogidos de la
clavo se humano, pasaron
biera retirado
por e 1 jardín
de allí entonhásta llegar al
ces por temor
111arcus, oculto por el tronco de un robuslo árbol, vió á dos personas
en la obscuridad del bosque
·
obscuro -bosá una reprique de altos y
menda; pe ro
en el momento de volverse para hacerlo, hs y copudos árboles. El viejo esclaYo, no savides que se extendían por la pared lejana se biendo qué hacer, decidió deslizarse ocultamoviE&gt;ron produciendo ligero ruido. Como no mente por las sombras, pegado á las murareinaba viento alguno, el fiel y vigilante pe- llas; y cuando estuvo cerca del sitio donde
rro viejo Marcus se internó en las sombras, se hallaban Varia y su acompañante,• oyó
y esperó hasta averiguar el motivo de esto. una voz que hablaba suavemente, pero con
Y entónces vió que la hija de su señor vehemencia. Marcus se acercó cuanto pudo
cruzaba con paso lento é incierto la cámara para escuchar, y oyó palabras que llevaron
que las luces alumbraban veladamente, y se á su memoria recuerdos de cosas en otro
detenía frente á su mesa-locador, cerca de tiempo por él conocidas y acariciadas y
la gran lámpara de plata, para despojarse luego perdidas, y que mejor sentía que comdel peso de las alhajas que la abrumaban. prendía. Se ocultó en un árbol de anchas
De la obscuridad, arrimada á la muralla, se bojas, desde donde veía únicamente los
adelantó una sombra humana con veloces y contornos de una forma negra, medio per•

�POR ESOS
4.4-0
didas en la obscurirlad. El encanto de la voz
que hablaba se apoderó de Marcus: era una
voz de tonos profundos, vibrantes. El anciano esclavo se encontró cautivado, dominado,
hasta el punto de va?ilar c?mo. vacila la
hierba á merced del viento, mflu1do por la
fantasía de aquellas palabras.
..
De pronto, cesó la voz, y la tranquilidad
pareció más profunda. Marcus oyó el ro~e
de vestidos sobre el banco, y escuchó el siguiente diálogo:
-¡Más, más! No ceses en tu cuento, yo te
lo suplico, amigo mío!
.
_
-Dificil es que pueda contmuar, senora
mía. Me falta algo que las palabras n? pueden expresar, y no sé si esa falta consiste en
mí ó si...
-Recuerdo ahora que dos noches hace
empezaste á contarme que un ~ó~en de baj_o
nacimiento y muy pobre cond1c1ón, que vivía en los países del Norte ...
-¿Acaso qu~ré~s qu~ co!nplete la historiat1 Si es a~1, senora mía, tened la seguridad de
que me sobrarán palabras para
referírosla.
y empezó con voz argent!na,
clara, brillante, esta narración.

MUNDOS

AMOR DE DA~IA Y AMOR DE ESCLAVA

lujo y comodidud, otros trabajaban y sudaban para que los primeros gozaran tales beneficios· bastantes rostros de los que ante él
pasarod le parecieron extraños de verdad,
tanto como la charla en diversas lenguas
que oyó: le parecía que cada semblante buscaba una cosa que no tenía nombre y que
cada lengua pedía algo ~uenolograba encontrar. Al cabo de algún tiempo do este nuevo
vivir el pastor sintió que él también buscaba
algo,'algo nuevo que no podía encontrar: y
pensando, no dejando de pensar, ~e preg1mtó si lo que él perseguía era la misma cosa
que ansiaban los extraños rostros.
, Porque el azar lo quiso,_ ll_egó cierto día
á una expléndida casa y residió en ella, confundido entre infelices esclavos que trabajaban para que otros disfrutaran del lujo y de
la comodidad. Y el pastor de ayer, esclavo de
hoy llcaó sin saber cómo, á una parte de
' " ' de su amo, que parec1a
. terreno
la posesión
.

VI
-Era en efecto, como habéis
dicho, 'señora mía. El jóven á
c•uien me refería y que ahora
~e recordáis, vivía en las grises
tierras del Norte, donde las elevadas montañas forman cordilleras que circundan la tierra.
Era pastor, pastorcito nada más;
porque aun cuando _ayudaba á
su padre en el serVICJO de s_u
señor en las horas que no cmdaba rebaños, sólo se mantenía·
de negro potaje y de ágrio p_an
y no se vestia más que con pieles de carneros. Pastor, sólo
pastor y nada má~, nunca_conoció que en la vida hubiera
cosas distintas á las que él veía,
y vivía feliz y salisf~cho con
ellas. Pero llegó un bempo en
q u e el pastorcito conoció el
mundo, y dejando sus_ rebaños y
sur. hatos con permiso de su
señor, por largos camino_s bajú
al Sur y pasó p o r diversa,;
grandes ciudades.
,En ellas vió muchas cosas,
bien diferentes entre sí: mientras unos hombres vivían con

sagrado porque hasta allí nadie podía entrar
sin previo permiso ...
La voz de Nicanor cesó al llegar á este
punto de su narración. Pero Varia, inclinándose cariñosamente hácia él, le obligó á continuarla, haciéndole esta pregunta:
Y después ... ¿qué ocurrió?
- Que el pastor encontró allí lo que había
estado buscando por todas partes, lo que
toda alma viviente tiene derecho á gozar: la
Felicidad, que algunos llaman Amor y que
no deja de haber quien la titule Dolor.
Una pausa breve hizo Nicanor y un suspiro se escapó de un pecho.
- En aquel lugar sagrarlo, que era jardín
encantador, estaba hermosísima don e ella,
pura y divina: la hija de los señores de
la posesión. El pastor sintió vivir entonces
una vida para él nueva y desconocida: era
que amaba á la bella dama. Dotado de gran
fuerza de voluntad, quiso dominar su sentimiento: ella era sei'í.ora de gran estirpe, y él
no debía cortejarla; ella era pura como los
ángeles del cielo, y él no quería contaminarla con la podredumbre en que él había
vivido. Pero la dama ya le había enseñado á
amar, á amar como las
mujeres enseñan á I os
hombres que
las amen ...
-Y él...
; 1a amaba?
:_ preguntó

441

Varia á Nicanor, en voz baja y soñolienta.
-¡Sí, señora mía, él la amaba apasionadamente, con deliriol-respondió Nicanor.
aunque esta vez en lugar de vibrante ternura había en su voz tonos de soberbio triunfo. --¡Sí, la amaba y nada podía disuadirle de
amarla! La quería como ella le enseñó que la
quisiera: con el respeto, con el cariño, con la
santidad que corresponden al espíritu, sin
que nada tuviera que ver la materia en ese
amor.
-Y ella,- preguntó la soñolienta voz¿le amaba á él'?
-Sí,-contestó Nicanor lentamente, volviéndose hácia ella tan cerca que sentía
su aliento-sí, le amaba, aunque ella lo ignoraba.
-¿Lo ignoraba, dices? - observó Varia
á Nicanor, al tiempo que aparecía bañada
por la luz de la luna que cayó de lleno en
la cálida blancura de aquella linda garganta.
- -Yo creo que ella lo sabía...
-No,-respondió Nicanor- no lo sabía
cuando callaba su amor y no se lo decía á
él. .. Decidme ahora, señora mía: ~i os hubiéra,is encontrado en el lugar de esa dama,
-siguió hablando Nicanor tembloroso por la
emoción-¿se lo hubiérais dicho al enamorado jóven?
--¡Se lo hubiera dicho, sil-contestó Varia en voz baja y apasionada.-Y le hubiera
dicho además: «Necesito tu amor, necesito
que me ames y que permanezcas conmingo
siempre.,
Nicanor, inclinada la cabeza sobre una
mano y casi llorando de agradecimiento, oyó
que le decía Varia trémula y dulcemente.
-¡Si yo fuera esa mujer, le amaría, si él
fuera como tú me dices que ese jóven es'
Nicanor, apoderándose de ambas manos de Varia, dijo:
-¡Gracias, señora mía, gracias!
Y levantando inmediatamente el rostro de la dama, que ésta había ocultado
entre sus rodillas, se puso á contemplarla
ensimismado. Varia tenía los ojos cerrados y sus rojos labios temblaban. Vacilante el esclavo y con la respiración cada
vez más difícil, inclinó la cabeza y dió un
beso en aquel rostro. Al estrecharla después en sus brazos, Varia exclamó dulcemente:
-¡No te marches de aquí, Nicanor!
,, Te ruego que siempre, constantemente, permanezcas en este jardín.

VII

-¿Y él, la amaba?-¡,reguntó Varia al esclavo

Nicanor se lanzó sobre Marcus asiéndole por la garganta

Entonces, Marcus, el anciano guardian, arrastrándose desde su guarida.
llegó frente á ellos, é irguiéndose si-

�442

ÍNTIMA

lenciuso• blandió en sus manos brillan le cuchillo. verle Nicanor, sintió apoderarse de
sí un asombro y un terror grandísimo al propio tiempo, pue;; la presencia de aquel hombre al lado de ellos significaba que l? esperabala muerte en me&lt;lio de torturas menarrables. Púsose en piá, y empujando suavemente á Varia, á fin de que colocándola delrás de él la obscuridad la ocultara de la
vista del esclavo hizo .frente (l Marcus, que
gruñendo como' irritado mastín dijo:
-Más que loco, ;_ignoras lo que tus actos
de esta noche han de costarte?
Nicanor, con el corazón palpitante, veloz
como el rayo, saltó como fiera acon-alada sore Marcus, y cogiéndole por la garganta le
b
hizo caer á tierra.
Varia lanzó entónces un grito penetrante
d dd J
h
que pareció l~erir la tr~nquili a e ~ noc e
como afiladís1mo cuclnllo, y exclamó.
-·¡Oh! ·¡No lo mates, no _lo mate_s_!
.
-¡Callad, p::ir Jo que mas quera1s, m1 se~
ñora adorada, y marchad ~l momento a
vueslra tu cámara! -dijo Nicanor en vo,.
'ó
l cólera Idos
ahogada por 1a emcc1 n y a
.'
y dejadme que yo solo arregle este asu~!º·
Varia se alejó velozmen!e de aquel s1_tto,
sin respirar apenas, de mi_edo y d_e excitación· v subiendo la gradena de marmol, se
inte;n'ó en su habitación y cerró la ventana.
Nicanor arrodillado sobre el peeho del esclavo, 1~ amordazó con un girón arrancado

Al

de su propia vestimenta, _y_atando lue_go fuertemente los brazos del v1eJo con su cmtu_rón,
preparósc para cargarlo, como en otro tiempo preparaba los carneros muertos para cargarlos al lomo de !ªs. mul~s. y observan~o
que el jardín segu1a 1mpas1blP. y mudo b~JO
la indiferente mirada de la luna, nuestro Jóven habló de esta manera á Marcus, con
voz que apenas sobresalía del murmullo de
las hojas de los árboles:
-No te mato porque ella me ha ~~dido
tu vida... Pero como tu lengua nos trfic10ne,
ya puedes l?Uponerte cuál ha de ser a suerte que á tí y á mí nos espera. Otr~ vez te repito que no· puedo matarte; pero, a p~sar de
ello evitaré que el relato de lo ocurndo esta
noche salga de tus labios. ¡Fíjate en que esa
· 'd
t l
t
es la alternativa entre m1 v1 a y u engua.
Y colocándose de rodillas sobre su victiroa, que le miraba con OJ·os inyectados en

MAYO: SOL EN TAURO

P:º-

sangre y brillantes á la luz_ de la luna,
bó Nicanor el filo de la hoJa de su cuch1llo
cortando la mordaza que sujetaban 1as fandibulas del viejq esclalvo, al cual &lt;lió un uerte puntapié.
·,
y salió Nicanor del jardín á grandes pasos
y silenciosamente, proyectando una s_ombra
negra en la claridad de la luna, mientras
Marcus, que difícilmente )ogró poners~ en
pié lanzando roncos gruñidos como ammal
q u¿ sufre, amenazó con el puño á la bforma
humana que se desvanecía en 1a soro ra.

(Contimtará)
llitstraciones de Reina fofante.

INTIMA
Perfumaré mi verso con tu aliento,

y al claror de la lumbre de tus _ojos
cincelará mi estrofa el pensamiento.
El ritmo la cadencia, el dulce acento ...
. 1
¡eso se lo' darán tus la b'10s rOJOS.

. '

HOROSCOPO DE LOS MESES

ERASl\JO

.PELLÉS

STE

mes, quinto del año moderno, fué el

E tercero en el Calendario Romano, siendo su nombre de dudoso origen.

•1

Los romanos consideraban de mal agüero
este mes para contraer matrimonio. La Iglesia Católica llama á Mayo el Mes de María,
celebrando solemnes ·cultos durante sus treinta y un días, dedicados á la Santísima Virgen. En Inglaterra, se llama Mciy Day al primer día de l\Iayo, y en él, siguiendo antigua
costumbre, todas las clases del pueblo se levantan al amanecer para esperar la salida
del sol y saludar así el advenimiento d'l la
Primavera, estación que es costumbre en
aquel país no considerar 9omo entrada hasta que llega el citado día.
En este mes se plantan las cepas y los vegetales, así como los árboles frutales. Las habas de jardín prosperan mucho si se plantan
en la luna de Mayo.
Es Tauro, segundo signo del Zodiaco, la
constelación que rige á este mes: hace su
entrada el 20 de Abril y cesa en su imperio
el 19 de Mayo. Es un signo terrenal, fijo y
femenino, que gobierna el cuello y la garganta, y sus principales atributos son el secreto y la voluntad.
Las personas nacidas en el periodo de la
cúspide de Taut·o, ósea des&lt;le el 19 al 25 ce
Abril, cuando el Sol se encuentra en el borde
del signo, participan de las características de
esta constelación y de Aries, que le precedió,
Tauro dota á los que nacieron durante su
tiempo de disposición obstinada: los hace rebeldes al consejo, anormalmente orgullosos,
difíciles de ser asequibles y amigos de la
oposición hasta el punto de suscitar controversias con el solo fin de hacerse visibles.

Los súbditos de Tauro que resultan tardos
para encolerizarse y para calmarse, son después rencorosos y difíciles de reconciliar.
Este signo da á sus protegidos espíritu recto, justo, investigador y asluto; los hace difícil es de rnr sondeados en su ánimo, concediéndoles así la cualidad esencial del diplomático.
Generalmente son muy afectos á sus propias opiniones y sentimientos; taciturnos y
tenaces, su voluntad es firme, perseverante y
determinada en la persecución del fin que se
proponen; tümen dotes de mando y están
dotados de gran potencia de concentración.
Sus principales caractnrísticas son la determinación, la previsión y la vivacidad de
juicio.
Se adaptan prontamente á las circunslan cias, y con facilidad asumen cualquier nuevo papel. Son mu y impresionables, y extremadamente sensibles á los pensamientos y
~entimientos de las personas que les rodean.
Como amigos son leales, en tanto que no
se les contrarie; pero cuando encuentran antagonismos, resultan muy malos eMmigos.
Sus fallas dominantes son la cólera, la
crueldad y la obstinación; cuando se les excita no hay medio de calmarlos; son egoístas en sus exigencias; y si intervienen en los
asuntos de los demás, suelen producir á estos muchos di,gastos.
La mayor parte de los nacidos bajo este
signo son obstinados y voluntariosoi':: pero
tienen gran potencia de sufrimiento y siguen
fácilmente el ejemplo de sus mayores.
Estas pen¡ona.s s011 generalmente de anchos hombres ydeconstitución fuerte,de rostro lleno, morenos y de nariz y boca grandes.
Su temperamento físico es bilioso-sanguíneo

�ESPEJISMOS
444
en las latitudes meridionales, y linfático-ner- y los de la segunda serán mu y brillantes
en inteligencia.
.
vioso en las septentrionales.
.
El plan ela gobernante es Venus; las Joyas.
Los mejores amigos de .. los nacido~ en
Tauro hállanse entre los h1JOS de Capricor- la ágata y la esmeralda; los colores. astrale~,
el rojo y el amarillo; la flor, el narciso; el dia
nio y Li,bra.
La unión de los nacidos bajo Tauro y Ca- afortunado para los hijos de Tauro, es el
pricornio será feliz, lo mismo que la de los viérnes· ~layo y Julio los meses más propisúbditos de Tauro y Libra. Ad.emás de ~s- cios· A~her la antigua tribu hebráica goberla felicidad los hijos de la primera umón nad~ por esta constelación, y Asmodel el arresultarán 'robustos y fuertes físicamente, cirngel protector.

¿CUAL ES MI OBRA PREDILECTA?
Esta información, comenzada en niuestro número de Noviemb1·e último, no tiene
otro objeto que avel'ig11ar po1· propici manifestación de las autores cuál es su obra
predilecta, ya poi· la perfección con que clesarrollat·on su pensmniento, ya poi· las
circunstancias que presidieron su génesis, ya, en fin, poi· el éxito qne logró el trabajo al ser conocido por el público. Echegaray,Palacio Valclés, Bretón, Querol, Galclós,
los hermanos Quintero, Eugenio Alvarez Dumont, Amacleo Vives, Blcisco Ibáñez,
Linares Rivas, l,figuel Blay, Tomcís Luceño, Salvacloi· Ruecla, Salvador Vinieg,·a,
Eduardo Zamacois, Francisco Flores Gm·cía, Arturo Reyes, Santos (;hocano, Mufioz Degrain, Felipe Trigo. Miguel Moya y ~ital Aza, han expuesto ya su opinión.
Oigmnos ahora lo que dicen otros maestros.

Aniceto Marinas

ESPEJISMOS
¡Libro es el mundo de enseñanzas lleno!
La piedra que ignorada
yace del río en el profundo seno,
limpia y pulimentada,
.
nos muestra con su ejemplo que en la v1da
el hombre, cual la piedra, va rodando
por la abrupta pendiente, destrozando
su mísera existencia en la caída.
La nube que al fulgor de la mañana
se esfuma en el Oriente
nimbos lanzando de zafiro y grana,
y surca suavemente
la inmensidad, nos dice que es tan bella
la ilusión, que en el 'Pecho nace, crece,
se remonta y al fin desaparece
sin dejar de su paso ni la huella.
Y el tronco secular que enfurecida

el aquilón abale,

.

y aunque intenta luchar cede, y vencido
sucumbe en el combate,
espejo es fiel del hombre y sus engaños:
le amenaza la muerte, lucha, oscila,
defiende su existencia, mas vacila
rendido por el peso de los años.
N. VIDAL PITA

• ¡

Este distinguido escultor, que en edad aún
temprana ha sabido conquistarse un lugar
ilustre en el arte h ispano, nos dice lo si- guiente:
-Difíciles contestará la pregunta que
se me hace, si he de
concretar mi preferencia á u n a sola
obra mía; y no es
ciertamente p orqur
esté orgulloso de mi
producción, sino porque nuestro arte en
E5paiia es mu y va ria do y complejo:
hay que cultivar todos los géneros p,ra
poder vivir, y es difícil sobresalir en·
ninguno no dedicánse á una especialidad. De ahí nuestro
atraso .
»Por eso, no es
una sola, sino son
tres, mis obras predilectas, entresacaAniccto
das de cada uno de
los géneros escultóricos por mí cultivados: monumental, religioso
y decorativo. Hacia las tres producciones
siento especial cariño, si bien debo advertir

que el género monumental, por set el que
mnyores dificultades ofrece, el que tieae más
amplitud para desarrollar las ideas y, por
consiguiente, el que da al escultor más ocasión de lucimiento,
es quizás el preferido
por mí; y, dentro de
este género, el grupo
de La IAbertad, que
hice con destino al
monumento de Alfonso XlI, es el que,
p o r circunstancias
especiales, cautiYa
por ahora mi ánimo.
&gt;Y se comprende:
la realización de todo anhelo trae consigo la desilusión, y
con toda obra de arte
ocurre que se acomete con grandes esperanzas, y, á medida que avanza en su
desarrollo, se v a n
apagando los entusiasmos. Por eso, esta
obra mía no ha defraudado aún las ilusiones que en el\a he
puesto, por lo m1~mo
Marinas
que no la ~e, v~sto
realizada... m se s1 la
veré. De modo que, obligado á puntualizar,
puedo decir que esta es mi obra predilecta .. •
hasta hoy; porque la favorita, la soñada, la

�¿CUÁL lli.i MI OBRA PREDILECTA?

que todos acaríciamos eu nuestra mente, está
por realizar.•
La escultura predilecta de Aniceto Marinas
en el género religioso representa á Santa
Susana, y es una talla policroma hecha con
destino á la Catedral de Santiago de Compostela. Y la obra decorativa, un artístico
lavabo, en mármoles y bronce, merced á
cuya ejecución
obtuvo el ilustre escultor )3
plaza de profesor en Escuela
Central de Art es é Industrias, que desempeña actualmente.

Let Libertad.-Fragrpcnto drl mo11umenlo á Don.Alfonso XII, por Aniccto Marinas
")

, .1

·r

.
'

f

•

)

.

4±7

prelado hispalense, encomiándola sin reservas. Acaso contribuyese á ello la expresión
que supe dar al rostro de la escultura, pro•
curando que resaltase en él, ante todo, el
stllo de sabiduría sobre el de santidad, por
creer que de esta manera quedaba mejor
comprendido y expresado el carácter del
personaje. En cambio, la estátua de Berruguete, que mod e I é también
con destino al
mismo Palacio
de Biblioteca y
Museos, donde
está emplazada,
en la parte de
la calle de Serrano, pasó
casi inadvertida, y, aunque
José
gustó,no produAlcoverro
jo entusiasmo.
Pero á mi me
agrada mucho
En el centro
más que la
de su estudio,
otra, y aún hoy
materialmente
me recreo conabarrotado de
templando la
hoce los, el ceactitud gallarda
lebrado esculq u e la figura
tor da la última
ostenta.
mano á un!\iño
»PQr eso, paJesús, de talla.
r a señalar mi
Al oir los pasos
obra predilecta,
del ,·epporter,
m e encuentro
alza la cabeza,
perplejo entre
inclinada sobre
las dos mencioel trabajo, y se
nada!-. En raentera de la pezón de verdad,
tición del solidebiera incli- •
citante.
narme por el
- Entre I a
Berruguete_. ya
multitu,d de
que es la que á
obrí).s que he
mí más me gusproducido-dita y de fijar mis
ce-no es para
preferencias se
mi dificil enSanta Susa11a.-Escultura policroma, por Aniceto Marinas
'-rah; pero, por
contrar prediotra parte, no
lecciones... Lo
malo es que no siento esta preferencia hácia puedo ni debo olvidar el gran éxito que me
una sola, sino hácia dos de mis estátuas, valió la estátua sedente del gran polígrafo de
entre las cuales me sería muy difícil, acaso Sevilla, de tal manera que críticos y artistas,
imposible, escojer pma cifrar en ella mima- cuando de designarme tratan, en vez de citar mi nombre me llaman el autor del San
yor afecto.
• Una de estas dos obras es el San Isido- Isidoro ...
ro, que se halla en la escalinata de la Biblioteca, haciendo pendant con Alfonso el
Oregorio Martínez Sierra
Sabio, también mío. A raiz de celebrarse el
Entre los jóvenes escritores que actualconcurso abierto para premiar las mejores
estátuas con destino al mencionado monu- mente infunden savia nueva á la literatura
mento, la crítica se fijó en la figura del sabio patria, tiene una personalidad muy marrada

�;.CliAL ES :.\ll OBRA PREDJLECTA?

í48

+l-9

POR ESOS MUNDOS

Lavabo en mármol y bronce.- Escultura decorativa, por Anicelo Marinas

.
?
.,
aliente este cu yo nombre antecede: más encontrarme en la calle aho'.a mis~o. •
ua v s
. .
l L t·
»El amor de un poeta á sus libros tiene,
poeta, noveli~ta, autor dramat1co, as e ras
sin duda, algo de amor
no tienen abismos en
de mujer, y por es~,
que no haya _él buceado
para buscar el preferini rinconceJOS que no
do me he preguntado
haya sabido escrutar.
'
1os IDlOS
•
yo:-¿Cuálde
Responde á la preg~nme gustaría más ver
ta objeto de esta 1~ en manos de aquéllos
formación con las siy de aquéllas a quieguientes líneas, en l~s
nes bien quiel'O, ó de
que brilla, como lámiaquéllas ó aquéllos
na de acero bruñido,
que d e s e o que me
la cadencia rítmica de
quieran bien?
su prosa cincelada:
»Padrazo debo ser
.pa r a conocer el
para estos hijos mios
amor de los amores,
espirituales, y con un
solemos los hombres
corazón en el que cahacerno, esta pregunben holgadamente una
ta: «¿,Por quién darí_a
porción d e am_ores:
yo ahora mismo la videspués de aquilatar
da sin un momento de
lo mas sutil y sincera'
y
.
vacilación?• , segun
mente que me ha sido
me ha confesado una
posible, vengo á desmujer, ellas, espíritus
cubrir que tengo¡nada
más prácticos, digan lo
menos que cuatro deJosé Alcovcrro
que quieran literatubilidades!
ras, acostumbran, para . .
.
á Sol ele la ~rde - como pallegar al mismo descubrmne~_to, a emple.~r dre,Quiero
á hijo formal y aplicado, de esos que
esta obra interrogante: «¿A quien me guslaua

Alonso Berru¡¡uete.-Escuttura, por José
.\lcoverro

Saii Jsidoro.-Escultura, por ,Tos,'

traen á casa buenas notas y no clan disgustos
á la madre- le quiero, digo, porque le estimo más que todo-; y porque me parece que
está bien compuesto, correctamente escrito y
serenam •nte emocionado . Si fuera
hijo de carne, como lo es de espíritu, tendría con él
largas h o r a s d e
charla y le contaría todos mis secretos.
•Quiero á 'I'e((-

ro que casi siempre tiene en los ojo-; la ilusión de una lágrima ó el centelleo de un entusiasmo; que canta en voz baja mientra~ me
quita el polvo de Ja mesa, y que en algunas
lardes de verano se
come á beso~ al
hermano pequeño,
soi1a11do, sin sabe:·
en qué ,ueiia,conel
amor que ha de venir.
» Y quiern á Ln
feria d e A eu ill:1
porque es la rapaza
saltarina q u e me
alegra la casa con
sus risai:; y su palabrería. Esto es todo.
Resúmen: Sol de
la fcmlr, el e¡ 11 e
más estimo; Jlotii·os, el r¡ u e mit&lt;i
amo; Teafrn de e11sue11o. el que más
m e inquieta; L rt
ferict de Keuill!r,
el que má., me ilusiona.»

tr o

de ensuef10

como al chiquillo
pálido, q u e anda
siempre u n poco
por las nubes, preocupación de I a
madre, r¡ue tiembla
que se muera, y del
padre . q u e temo
que el día menos
pensado ha de salir
la criatu,a haciendo versos.
•Quiero á Jfoti·vos como á la hija '
mayor, que va por
la casa sin hacer
mucho ruido. que
se ríe á veces, que
no llora nunca, pe-

Alcoverro

Salvador Martínez Cubelis
Gregorio llfarUnez Sierra.

- )[i obra predilecta-nos dice el

�¿,CUÁL ES llll OBRA PREDILECTA

Retrato, por Salvador Martínez C• 1lioll$

451

renombrado pintor que supo inmortalizar en bre del que comienza á luchar por ella.
,el lienzo á Inés de Castro-apenas si la co, Caslelar, de.,de el Gobierno, había restanoce nuestro píiblico: es un retrato de mi pa- blecido las pens:ones para artistas creando
dre, que pinté hace más de cuarenta aiios, la Escuela de Roma, fecundo plantel que tan
&lt;mando yo acababa de cumplir los veinti- brillantes frutos ha producido para el arte
uno de edad.
patrio. En la primera promoción fuímos á
»Desde el primer momento me encariñé ella, después de las correspondientes oposi{!On este cuadro, r al presentarlo á la Expo- cione;;, varios jóvenes entusiastas entre los
sición, recién concluido, confieso que tenía que figuraban Alejandro Ferrant, [?ederico
grandes esperan,1,as de triunfar con él. Sin Madrazo, Ru perlo Chapí y algunos otros. No
embargo. no fué así: y aunque este descala- bien imüalados en la Ciudad Eterna comenbro me produjo la pena consiguiente, no por zamos nuestros trabajos con fé y entusiases~ pe1·dí á mi ....__
mo vehemeules.
obra el afecto que
• Yo llevaba,
en ella había puesbosquejada e n el
t o . Pasaron l o s
magín, la idea de
años : otros cuami obra: idea caódros míos alcanzatica y deshilvanaron gran éxito, sin
da, pero grandiosa,
que á pesar de ello
de la cual sólo enlograsen desposeer
treveía las líneas
á aquel del lugar
¡renerales, algo así
d e mis preemicorno un conjunto
nencias. Y hace
nebuloso: p ropomuy poco tiempo
níame componer
-en 1905-lo enun grupo monuvié á Alemania,
mental que repredonde , figurando
sentase Los ánen un imporlan1e
geles rebeldes. Peconcurso, me ha
ro como su ejecuvalido una medac i ó n ofrecía no
l la de primera
pocas dificultades
clase.
- principalmente
»¿,Será que e 1
por la escasez de
gusto evoluciona
tiempo para realien sentido favorazarla - reduje el
ble á aquel cuadro
pensamiento pride mi juventud'?•
milivo limitándolo
Yo no lo sé: lo
á Luzbel, el ángel
cierto es q u e el
malo.
triunfo conseguido
•Puse manos á
Salvador i\Iarlínez Cubells
por é 1 ahora no
la obra, que iba
ha aumentado el
saliendo muy á mi
el cariño que este lienzo me inspirara siem- gusto. Pero un día se me ocurrió que era una
pre, como tampoco las desilusiones de anta- omisión imperdonable estar en Italia y dejar
ño fueron suficiente;; para hacerlo dismi- de conocer las grandes creaciones de .Miguel
nuir.
Angel, de las cuales me separaba una distancia relativamente pequeña.
• Y á Florencia marché con el propósito
Ricardo Bellver
de estudiar al maestro incomparable, dejanLa generación actual tiene casi olvidado, do á medio hacer mi estatua. Días de imboinjustamente, á este gran escultor cuya:; rrable recordación fueron para mí los que
producciones, en tiempos no lejanos, entu- dejé transcurrir contemplando las obras insiasmaron al público en certámenes y expo- mo1·tales de Buonarotti. Cuando volví á Rosiciones, mereciendo lauros de la crítica.
ma, llevaba en el cerebro incrustada la gran-Mi obra predilecta-dice el artista in- diosidad de sus figuras, no superadas por
signe-es la que sirvió para darme á cono- nadie.
cer, cuando, recien venido de Italia, donde
•Llegué al estudio donde trabajaba, :ilcé
-estuve pensionado, se ofrecían ante mi vista el.paño que cubría mi comen7:.ada labor... y
los horizontes de la vida con la incertidum - el más ttemendo de los desencantos me cla-

�POR ESOS MUNDOS

4-52

453

OFÉLIDAS

con el título guasón
de Viajes morrocotudos.
Pues bien: sobre las demás
por esa tengo interés.
¿_Porqu,élo tengo? ¡Porque es
la que me produce más.'

Pio Baro.ia

Juan Pérez Zúñiga

eu tan lo que yo no la había comenzado aún.
»¡No impo!ta! La imaginación puso alas
en ro is cinceles. Trabajando febrilmente,
logré terminar mi obra con tiempo bastante.
Transportada á Madrid, me
valió nllfl primera medalla,
y adquirida por el E~tado
fui encargado de dirigir su
fundición, emplazándose
después en la plazoleta fi .
na! del paseo de coches
del Retiro, á la que &lt;lió su
nombre.»
Y allí !sigue. Y á fé que
ninguna de las dami~elas
ni de los gomosos que por
alli rinden culto á su {lfrt
i n s u b s t a n c i a I en las
tardes primaverales, levantará lamiratla paracontemplarlahtrmosa escultura de
Bellver que representa El
ángel caído.

vó en el suelo: ¡qué frío encontré mi trabajo! Sus líneas ¡qué incoloras! Su actitud ¡qué
alejada de lo que yo había soñado! No, aquello no podía representará Luzbel: no tenía
nada de la maldad majestuosa de que debía hallarse
revestido ...
,Comencé á retocar el
boceto ... Mas todo era inútil, pues teniendo un vicio
de orígen-la diferencia entre mi concepción del asun•
to antes y después de est11diar á Miguel Angel--los
retoques eran insuficientes,
sin contar con que los hie1-ros que sostenían, á modo
de armadura el bloque de
e s c a y o l a , i han a s omando por todas partes en
fuerza de limar lo que no
ten í a posible arreglo ...
ün escultor alemán, con
quien trabé amistad estre·
Juan Pérez Zúñiga
cha, enterado del lance,
aconsejóme que lo mejor
:Maestro del buen humor,
era cortar valientemente
productor incansable de
por lo sano ...
donaires y agudeza~, nos re·
,Así lo hice. En un mo·
mi le las siguientes ingeniomento de ira derribé el
sísimas redondillas:
boceto, que se hizo añicos,
dejando limpio el caballeEl ángel caldo.-Escullura de Ricardo
Son treinta lib1[·0s. glete, donde coloqué el nuevo
Bellver
n·ta es
bloque sobre el cual debía
los mios, y hay entre ellos
de dar vida á mi idea. Mas
nnci obra.conmonos bellos
no tuve en cuenta que el tiempo aprnmia!J
en cuatro tontos wbales,
ba, que el plazo de la pensión se estaba exllenos de chisteR agudos,
tinguiendo, y mis compañeros tenían termir¡ue tengo en explotació11,
nadas ó poco menos sus obras respectivas,

faltas de sentido y de sinl á xi s . Por e s t O, y por
creer que se debe preocupar u n o lo menos posib!G
d e 1 pasado, tengo la cos1umbre de no releer mi s
libros.
»Si hubiese escrito PickPio Baroja
n·ick, como DickC'ns; CriEl creador de Sih-estre
men ó castigo, como Dosloíewski; Tierras vírgeParadox conlesla de I siguiente modo á nue,,lra prenes , como Turguenieff, ó
Brand, corno Ibsen tengunta:
. un gran orgullo 'en d&amp;
«Yo he escrito siempre
e¡_na
un tanto precipitadamente
c1r: •Esta es mi obra predilecta,.
y no he llegado á producir
una _obra completa y bien
~Por ahora, mi obra preRicardo Bellver
lermrnada. Además i"noro
fenda es. la que, pensando
la Gramá_tica y tengo Ía seguridad de que en ell~, m~ pa~·ece admirable ... y luego no
en mis hbros ha de haber incrherencias llego a escr1b1 r Jamás.,,

'

AUGUSTO MAfiT1NEZ OLMEDILLA

1
OFÉLIDAS
Sé que me adoras con las faltas mías
y que á Dios ruegas con tenaz anhelo '
que enmiende mi:; pecados ... ¡~[e rebelo!
¡De otro modo quizás no me querrias!
,;,Lo mejor de este mundo, ddL1ible?
¿Lo mejor, lo mejor·~ ¡lo imposible!
¿Amarle en académico? Me río
de ese amor oficial, lán"uido frío
. á convenciones.
" Cuando
'
y somelldo
amor me asalta, asáltame violento
y al exprPsarlo, dulce bien, me si~nto
Don Juan, Romeo, el de Marcilla, Armando ...
l\IANUEL s. PICIJ,\RDO

•

�LOS FUTUROS SOBERANOS DEL MiJNDO

LOS FUTUROS SOBERANOS DEL MUNDO
edad a•1nc¡uc también en la primera infannacimiento del primogénit? de_ los /e- cía, ~s el príncipe Olaf, heredero ~e Noyes Don Alfonso XIll YDona Victoi~a- . eaa que apenas cuenta cuatro anos de
Eugenia, que hereda los derechos d~ suce_s1ón I~ d' y el sultán Ahmed-1lirza, de nueve
al trono de España, pone de actuahdad ~ los e -a , que sucederá á su padre en el trono
príncipes y pr~~cesas que andando los bem- ~~ºJ~rsia. contrastando con_los anteriores,
pos han de cemr corona.
hemos de hacer constar aqui, e~ muy !~~Entre ellos, no son pocos los herederos
cas !meas, qmede t ron o que
nes son los hecuentan mu y
rederos de tropocos años, que
no que mayor
apenas han naedad cuentan: la
cido, y, desde
princesa María1 u e ao , el de
Guillermina de
menos edad es
Wied, presunta
el primogénilo
sucesora al trode nuestro mono de los Países
narca, que tamBajos, que nació
bién es el rey
en 1841, y )fo.
más jóven del
hammecl-Resmundo.
had - Effendi,
Son también
heredero del
niños, mu y nisultán de Turños, el heredequía, nacido en
ro de la coronn
1844.
de Italia, nacido
Casi todos los
el 15 de Sepherederos de las
tiembre de 190-±,
monarquías que
y el de Rusia,
existen en el
que vió la luz el
mundo son ya
30 de Julio del
muy conocidos
mismo año. Adcde nuestro:- lecmás, cuéntanrn
Lores, y ún!caentre los príncimente p ubhcapes reciennacimos en e s tas
dos que están en
páainas las fotodisposición de
gr:fías de los
llegar á la suceniños qu e son
sión de un Lrono
príncipes, entre
el príncipe Guilos cuales ocullcrmo, ni et o Gran duquo ,\leJO, CJll su ,nadrc la e~rei~~~\1~rr~~ia~~::: ~r~~~~i po un puesto el
del kaiser Gui- es el heredero de la cor?11ª que ltioyhcrne ~nas la tiiayfr de las cuales infante Don A1l'\1'1 ro erm,
'
11 e rmo II de 30 de J u11o de t~Olc' y tiene
cuenta doce años de edad
fongo, h..IJO de 1a
Alemania, na , .
rnalJp·:tda prince,-a de Asturias y del ~nfa~dte
cido el 4 de Julio del a~o ultimo, y el duque Don Carlos de Borbón, el cual babia si o
de Vesterbotten, príncipe Guslavo-~dolfo, ha,-ta ahora presunto sucesor á la corona es•
primer biznieto del rey Osear de Suecia, que ¡laiiola.
nació haoe precisamente un año. De mayor
L

E

y

•

455

Existen actualmente en Europa, no con- sa Cecilia de Mecklemburgo-Schwerin, con la
1ando los pequeños Estados, corno los de An- cual tiene un hijo, Guillermo-FedericosFrandorra y Montecarlo, veinte naciones inde- cisco-José-Chrislian-Olaf, nacido en Septiempendientes, todas las cuales, excepción hecha bre del al'io último. Está, pueg, asegurada la
de Francia y I a
sucesión al troConfederación no alemán, á
Helvética, son
parle de la numonarquías. En
merosa descencstacategoríaindencia masculicluímos á Bulna que tiene el
garia, que aunactual emperaque nominaldor.
mente es fe u Dependientes
dotributario del
del kaiser y susultán de Turbordinados á él
quía, prácticahál lanse los tres
mente, de hecho,
reinos de Bavieesun Estado aur a , Sajonia y
tónomo.En total,
Würtlemberg.
son dieciocho los
Othon, el re y
monarcas euroactual de Baviepeos , por m á s
ra, es sollero, y
q u e esta cifra
le sucederá su
subiría á treinta
tío, el príncipe
ycinco ó cuarenLeopoldo ; pero
ta si incluyéracomo éste cuenmos entre ellos
ta y a más de
á los de segundo
ochenta a ñ o s
orden, como los
de &lt;'dttcl, es proreyes y duques
bable que no
de los pequeños
llegue á sentarEstados alemase en aq ucl tron e s. Conocidos
no, en cu yo caso
de todo el munl o herrderá e 1
do los nombres
príncipe L u d de los soberano3
wig, que tiene
de Europa y
ya sucesor,
siendo deactuasiéndolo su hijo
lidad por el nacimayor el príncimienlo del herepe Rupprecht.
dero d e 1 trono
El rey de Sade Espa11a sajonia, Federiéober cuáles s o n
Augusto , q u e
los príncipes que
recientemente
han de ceñir coh a visitado Ia
rona en lo :,;1wec:lpi tal de E s sivo. damos á
paña, eslá sepacontinuación
rado actualmenuna ligera lista
te de su esposa
de ellos, empela archiduquesa
zando nuestra
Luisa de Ausrelación, para [
tria, con la que
seguir el órden
h a tenido tres
alfabético, p o r
Infante de España Don Alfonso-Maria-León Borbón Dos Sidlias
hijos el mavor
hijo de Doña i\laría de las ~1erccdes, princesa de Asturias (ya difun'.
d i'
lJ
.Alemania.ta) y de Don Carlos de ):3orbón. Nacio el 30 de Noviembre de 190!, y
e OS. cua es,
Sucederá al kaihasta ahora ha sido el heredero de la corona de Espafia
el princ1pe Jorser Guillermo
ge, de catorce
U su hijo mayor Federico Guillermo, que aiios de edad, empuñará el cetro sajón.
cuenta veinticuatro años de edad. Contrajo
El rey de W ürltemberg, Guillermo 11, carematrimonio en Junio de 1905 con la prince- ce de hijos varones, y la única hembra que

�46(i

l'OH ESOS MU:'\DO::i

ha nacido de su matrimonio no tieno dere- principado es Fernando, que casó en 1893
cho á sucedede, por cuya razón hercderá la con la princesa María-Luisa de Parma, ya
corona un primo lejano suyo, el duque Nico- difunta. Su heredero os el príncipe Boris, el
lás de Will'tlembcr!!.
mayor de sus cuutro hijos, que sólo cuenta
Ausfria-lbtngría.-Es muy complicada seis a1i.os de edad. La sucesión de este prinla sucesión del emperador de Austria y rey cipo traerá disturbios al país, pues pertenece
de Hungría, el octogenario Francisco-José l. á la Iglesia griega, mientras que su padre
Este soberano tiene dos hijas, que no gozan comulga en el credo católico-romano.
del derecho de suceDüwniarcci- Desde
•sión. Después de la trá1 la accesión al tl'ono
gica muerte del herede Federico vm, un
clero de la corona, prínaño hace, por fallecicipe Rodolfo, ocurrida
miento de Chrislián
hace bastantes aiios,
IX, el hcrerlcro&lt;lel trofiguró como sucesor al
no danés es el príncitrono e 1 archiduque
pe Chrislián, hijo maCarlos Luis, hermano
ror de l actual model actual monarca, el
narca. Cuenta treinta y
cual, por un ataque de
seis años de edad, y
Rordera que s u f r i ó
está casado c o n 1a
renunció sus derechos
princesa A1ej andrina
algnnos al'io,:; antes de
de Mecklemburgosu fallecimiento, ocuSchwerin, con la cual
nido en 1896,en favor
tiene dos hijos, ChrísdC' su hijo mayor el
tián-Federico v Knud.
archiduque FranciscoEspaila. -ir a s ta
Fernando. fate prínciahora, y por muerte
pe ha contraído matri&lt;le su madre la princem o ni o morganúlico
»a 111Ncedeg, ha sido
con la conde.sa Sofía
heredero del trono el
Chotek, y en caso de
infante Alfonso-1\fariasu fallecimiento la suLeón, nacido el año
cesión á la corona aus1901 . E I nacimiento
triaca no pasará á sus
del primogénito de
hijos, qur por aquella
Don Alfonso XIII 1·
ra:t.ón hállanse privaDoña Victoria - Euge·dos de este derecho,
ni a Ie priva de esa
sino que la disfrutará
condición.
el archiduque Carlos,
Gran Bretaña.-A
t-obrino del actual heEduardo VII le imceredero de la corona coderá su hijo mayor,
roo hijo que es de su
el príncipe de Gales,
hermano el archiduJorge-Federico, casado
ue Ollo. Francisco- Sull:ín Ahmcd Mirza, segundo hijo del shah del'ersia, con la Jlrincesa Victoproclamado
heredero
de
la
corona
de
este
pais
el
25
de
qJosé l bien quiere que
Enero último. Cuentanueveañosdeedad
ria-María, con la cual
el trono sea, el día de
liene seis hijos.
su muerle, gozado por la archiduquesa VaGrecia.-Reina en este paí;; desde el año
leria, su hija; pero la ley ~álica que en A•1s- 1863 Jorge I, y es su heredero el príncipe
tria está en Yigor lo impide.
Constantino, duque d,e E~parta, que cuenta
Bél_qicci.- Leopoldo 11, rey de los belga--. lreinta y ocho años de edad. Está casado con
no tiene directa sucesión masculina; su des- la princesa Sofía, hermana del emperador de
cendencia han sido tres princesas, y por ello ,\lemania, y tienen cinco hijos de los cuales
el actual heredero del trono es el príncipe el mayor es el príncipe Jorge, de dieciseis
Alberto, sobrino del monarca reinante é hiju años de edad.
de Felipe, duque de Flandes, recienlrrnente
Italia.-AI rey Victor-Enrnanuel lll le
fallecido. Cuenta treinta y un a1io~ de edad. &gt;&lt;ucederá su hijo II11mberto, príncipe del Pia•
y casó en 1900 con la princesa Isabel de Ba- monte, nacido el 15 de Seplirmbre de 1901;
viera, con la cual tiene dos hijo,;, los prínci- hasta entónces, la de,;cendencia que la reina
pes Leopolclo y Carlos-Teodoro.
Llena dió á sn esposo habían :-ido dos prinBitlgaria.- EI soberano reinante en c~te t c:;a--.

�459

POH ESOS MUNDOS

LOS .FUTUROS SOBlillANOS DEL MUNDO

alguno de sucesión al trono ~el imperi? rus?. naught, que ya ha dado descendencia, un vapues, aseg~rada
Servia-Pedro I de Servia, de la dmastta rón ' á su esposo. Resulta,
en cuatro generac10nes
d e lo s Kara-Georgela dinastía de la Casa
vitch, nacido en 1844,
Bernadotle en el trono
reina desde el año 1903:
de Suecia.
lo se n t ó en el trono
Turquía.-En numeel asesinato d e 1 r e y
rosas ocasiones durante
Alejandro. Está· casado
los pasados mese~ _s e
desde el año 1833 con
han publicado noticias
la princesa Zórka, hija
de que Abdul-llami&lt;l,
del príncipe Nicolás de
el sultán el e Turquía.
Montenegro y hermana
padece enfermedad inde I a reina de Italia,
curable. Ciertos ó fal;;os
con la que tiene tres hiestos rumores, lo innejos,· la princesa Helena
gable es que el sult~n
v los príneipes' Jorge y
ha empleado tan dos¡naAlejandro. Heredará el
dadamenle para él los
trono el príncipe Jorg&lt;',
sesenta y cnatro años
nacido en 1887; pero á
de edad que cuenta, que
este personaje de 1~ ca.
..
.
hoy carece de energías
sa reinante en Se1·v1a no Príncipe Guillermo-Feder1co, h,¡o kde) kroGnJlf¡"' físicasy· su naturale1,a,
de
Alemania
y
por
tanto,
nielo
del
·a,scr
UI er·
d
lo quiere el país, que ve mo Jl. Nació ;n Septiembre del año_último Yestá rn· u y· quebranta
a, no
en su futuro re Y u n llamado á ocupar el trono germánico en defecto podrá re,istir mu ch O
de su padre
d 1
degenerado, así calificatiempo el peso e a
do ya por los mejores
y más cé1ebres neurólogos de aquel pueblo. vida. Abdul-liamid 11 tiene diez h(jos, el m~Suecia.- E-; heredero del trono de esle yor de los cuales, Mohammed-Sel11n-Effe~d1,
país el príncipe Gustavo, duqu~ de Wer'.11- nació en 1870; pero como _la ley de sucesión
en Turquía prescnbe que la corona
land, mayor ele los cuatro h1JOS del 1ey virrcnte
"
imperial sea gozada en
Osear q u o cuenta
herencia por los desahora setenta y siele
cendientes directos de
años de edad yestáconO t h m a n en estricto
sidel'aclo por su autoriord~n de primogenitu•
dad, por su hoi:ora~ira á Abdul-Ilamid no
lidad, por su ciencia,
le 'sucederá su hijo, sipor sus condiciones
n o s u hermano l\Iopersonales e o m o el
hamcd-Re~had-Effenalmelo de Europa,
di, que nació en 1844.
sucediendo en e s t e
Este Mohammed-Res-·
simpático papel al diha d e s t á declarado
funto rey Christián de
imbécil por los médiDinamarca. Su he1 ecos ele la corle de su
clero reune todas esla'i
hermano, el cual le ha
dotes de saber, ilusreducido varias veces
tración y bondad, y es
á prisión y encierro
uno de los príncipe'&lt;
tan estrechos que sólo
más ilustres de Lodo el
podían verle su esposa
mundo. Cuenta ahora
y sus esclavos.
cuarenta y ocho alios
de edad, y está casado
d e s d e 1881 con la
princesa Vi et o r i a,
Además ele los antehija del gran duque
riorc,:, y aunque no son
de Baden, con la cual
Estados europeos, puetiene tres hijos. .El maden figurar en esta reyor de ellos llánrnse El príncipe Gu,tal'O dP Suecia, duque &lt;le Ve~)rbo- lación d e herederos
Gustavo-,\dol fo, duque terbott~n. primer biznieto ,lcl rry Osear l 1, nac, o en de trono los que lo son
\br'I lle 1906_ Por descendenc,a ,hrcct:i pue,lc ~cupar
de Scania, casado con el
de los siguientes paít:ono tic dicho país. F!~ura 1' n esta folo~raf,_a c,~n
la princesa in glesa sus paJre~, el príncipe l,u,li\vo-Atlolfo ) la ¡mnce,a ses:
?.!a,·~arila de Conn.,u_:ht
Margar i La de Con-

China.-Es soberano del Celeste Imperio lo, los títulos que adoptan y denominacioel explendoroso monarca Kuang-Siú, nacido nes que reciben los herederos del trono en
el año 1872, al cual sucederá su hijo adopti- los imperios y monarquías del mundo.
vo Tsai-tché, nacido de un consejero del
En España, el sucesor á la corona lleva
clan imperial.
anejo el título de PrinciJapón.-Mu lsubito es
pe de Asturias. Al acto
el actual emperador del
de su presentación al GoMikado, y está casado con
bierno y elevado perso
la princesa Haruko. Herena! palatino cuando nace,
dará el trono el príncipe
concurre una diputación
imperial Yoshihilo-Harude I antiguo Principado
norniya, que cuenta veinde Asturias, cuyos inditiocho años de edad, y
víduos imponen al r e casó en 1900 con la princiennacido una placa y le
cesa Sadako, con la cua!
hacen entrega, depositántiene tres hijos.
dolasen un cofre,
Persia. - El shah ac,
de cierto número de dotual de Persia es Mohambias, ceremonias que tiemed-Ali-.Mirza, que en
---~~
nen su respeto en la traFebrero último subió al
dición de los monarcas
t ro no PO r fallecimiento Humberto, príncipe de Piamonte, hijo de los españoles de los tiempos
de su padre Muzaffer-ed- reyes Víctor-Emmanuel III y Elena de 111onte- remotos.
. Le sucedera· sU se- negro. Nació
el 15 de Septiembre de 190~ y
En Alemania, se le llaDm.
heredará el trono de Italia
g u n d o hijo, el sultán
ma Kronprinz.
Ahmed-.Mirza, que sólo cuenta nueve años de
En Austria, al archiduque heredero se le
edad. En Persiano rige el derecho de primo• uenomina de Austria-Este.
genitura: el shah elige á su sucesor, y lo
En Bélgica, Conde de Flandes.
presenta como valiahd ó heredero del trono
En la Gran Bretaña, Príncipe ele Gales.
á los grandes sacerdotes, que lo coMagran
En Grecia, Duque ele Esparta.
como tal.
En Italia, Príncipe del Piamonf.e.
Siam.- Reina en este territorio ChulaEn Portugal, Duque de Braqanza.
longkorn, nacido en 1853 y casado en 1864.
En Rumania, Principe de Rumania.
con la princesa Sowapa, con la que tiene un
En Rusia, al heredero de la corona se le
hijo, el príncipe Vajiravudh, nacido en 1881 denomina Czarevitch, y lleva anejo á su
y proclamado heredero de la corona siamesa rango el cargo de hetntan ó jefe de todos los
el 17 de Enero de 1895.
cosacos.
*
Y, por último, en Persia, el sucesor al
* =~
tron.o recibe el título de Valiahcl al ser conHe aquí ahora, para terminar este arlícu- sagrado por los sacerdotes.

458

COSMÚPOLIS

�EL ACORAZADO «NU~IANCIA»

Acorazado guardacostas Numa11cia, de la marina cte guerra española

UN BUQUE GLORIOSO

EL ACORAZADO "NUMANCIA"
LA VUELTA AL MUNDO.-EL COMBATE DEL CALLAO.-EN CARTAOENA

los fastos gloriosos de la Ili~toria pa- que impulsaron las velas de Colón, que acomtria hay un nombre, Numancia, emble- pañaron al aventurero capitán que quema y legado de la tenacidad,
la e?ergía ,Y mó sus naves para demostrará su gente que
del valor de una raza, herencia que a traves el empeño que les guiaba tendría que ser
de los sialos :iún subsiste como potente de- coronado por el éxito, y que marcaron en la
mostración de la vitalidad de e~te pueblos. arena de otra tierra ignota, con la espada de
y es que las naciones, como los hombre~, Pizarro, aquella línea que estimuló á la ~oncomo las familias, están sin duda predesti- quista de un imperio vasto y de3conocido;
nadas á cumplir ciertas misiones, cual m~n- ellos' en fin ' formularon más tarde. lahfrase de
dato providencial de inexcrutables desig- •honra sin barcos y no barcos sm º1'.ra... &gt;
Nitmancia: con este nombre fué crismanios.
Así, á través de los tiempos, parece per- da una nave, resto heróico que aún soporta
durar como estigma glorioso esta asevera- el peso de la gloriosa tradición de un pueblo
ción, y tal nos lo demuestra la moral de la que ha escrito las más grande~ epop~yas de
Historia con numerosos hechos que deben la Historia y en cuyos dom1010~ d1la~ados
servir de enseñanza á las generaciones. . jamás el sol dejaba de alumbrar, 1mpeno coEl heróico proceder del pueblo numanti- losal que dictó leyes é impuso su voluntad
no fiero defensor de su bizarra independen- en mar y tierra, como en pintoresca frase
ci;, es ejemplo_ y demosh'ac~ón clara de este dijo el poeta:
Como un marino dios, en la a1ta popa,
aserto, y en la no?he ~el t~empo con r_e~.plandor de incendio se ilumina aq~ella pagi- sin órden de nii rey dijo en EurO]Ja:
na de la Historia patria que se titula Nii- • No se haga cí la mar ni ttn barco como

En la segunda mitad del siglo x1x se prcsenló como nuevo elemento de la marina militar el buque blindago,-prescindiendo de
las cañoneras que tomaron parte en la guerra de Crimea, que constituían el rudimento
de esta clase de buques defendibles-y lo
v/\mos figurar, según la historia, por primera
vez en los combates navales cuando la gu~rra de secesión en los Estados Unido.s.
Los acorazados Merrimac y Monitor, que
se batieron en 1862 en las costas de Virginia, consiguieron que se fijara en ellos la
atención y que las potencias de Europa emprendieran seriamente estudios para prote;i;er
con corazas sus buques.
Francia fué la primera nación que presentó en los mares fragata&lt;; acorazadas, la Gloire y la Couronne. sin prácticos resultado~.
Luego, en 1863, formó una escuadra compuesta de cinco acorazados y dos navíos de
hélice, que servían como punto de comparación. Sólo navegaron de Cherburgo á Canarias, regresando luego á las costas fran cesas sin consignar datos muy halagüeños en
sus pruebas.
La vieja Iberia había sido predestinada á
reservarse la gloria de resolver el problema,
que se tenía por imposible, de circundar el
globo terráqueo navegando sobre buques
blindados.
Un buque español, la fragata ~imw.ncict,
acababa de ser armado en arsenales de Francia por el año de 1864, y estaba, por la fuerz:t indomable del Destino, indicado para re-

verdecer, con las pagmas gloriosas de sus
futuros hechos, los laureles del símbolo de
épicas hazañas que evoca su nombre de bautismo.
La Nmnancia, clasificada en aquel o,
tiempos como buque de guerra de primera
clase, de casco blindado con planchas de
hierro de trece centímetros de espe,or, desplazaba 7.500 to1,eladas, midiendo 97 metros
de eslora por 17 de manga y 8 de puntal. Armaba aparejo de fragata, contando
además de su velámen con una máquina de
mil caballos de fuerza, alimentada por el carbón quemado en diez calderas de un total
de 40- hornos. Consumía cien toneladas de
carbón diariamente y alcanzaba una velocidad hasta ele trece nudos por hora.
El nuevo buque iba á dar la vuelta al
mundo, siendo el primero de vapor que hacía el viaje de circunnavegación; y á la ve7,,
empeñado el honor de España en tierras
americanas, fué destinado á la escuadra que
se hallaba en aquellos remotos mares.
El 4 de Enero de 1865 se hacía á la mar,
del puerto de Cádiz, la fragata blindada, dando todas sus velas al viento y empenachando
la atmó'ifera con el humo de sus calderas.
Navegaba con mar tendida de través y los balances eran tan grandes que obligaron á modificar la tablilla del cuaderno de bitácora, y
dando menos importancia á la temperatura
del agua del mar en la superficie y á la densidad específica, reserváronse dos ca,illa;;
para consignar el 11úmern de balances y am-

N

E

rnancia.

?e

De estos arranques, de estas energías de la
vitalidad de la raza, son aquellos arrestos

ni su escamado lomo
los peces mismos á asomar _se atrevan
si en él las barras de Araymi no llevan».

461

1

�462

EL ACOHA7.ADO «Nu;\IANCIA»

POR ESOS MUNDOS

Como dato curioso de este viaje, el experplitud de los mismos. Los balances eran diez
por minuto, cinco por banda, y llegaron á to marino y erudito escritor rnarqués de Reidescribir hasta 68° de un extremo á otro del nosa que tuvo la gloria de navegar en la Nubuque, de manera que cuando se acostaba de mancia. relató en la interesante conferencia
que dió ante la Socieuna b a n d a tardaba
dad Geográfica de Matanto en volver á su
drid, que fué pescado
eje que hacía temer
un enorme dorado, en
que se soltase una tri ncuyo
buche se enconea de artillería, lo cual
traron treinta y dos
privaría al barco de
balas de carabina, que
\
-elementos valiosos papor lo visto tragó cora la defensa.
mo si fueran alimento
La navegación era
que
le arrojaran desde
en estas condiciones
un
buque,
como es comuy pesada, predomirriente
en
estas travenando la mar tendida
sías
en
que
los dorade través.
dos, los tiburones, los
El día 10 de Febrero
golfines y otras especortó el t r ó p i c o de
cies de pescados siCáncer después de paguen millas y millas
sar por Tenerife, fonla estela de los grandeando en San Vicend
es trasatlánticos y
te dotide hizo carbón y
buques
de guerra.
agua siguiendo luego
En
el
Plata se triel viaje.
butó un cariiioso reciRecorrió la zona tóbimiento á la Numanrrida con mar bonancicia,
siendo obsequiada
ble, y el 24 de Febrero
su dotación con hanentraba en el hemisUn recuerdo del Callao: Don Casto Méndez Núñei,
quetes y giras campesferio Sur y el 7 de que
combatió en Mayo &lt;le 1866 ií bordo de la Numancia tres.
Marzo salía de la zona
Sería muy largo segu_ir_ la de1:rota de la
tórrida cortando el trópico de Capricornio y
lhtmctncia
en todo su viaJe de circunnavellegando el 13 con buen tiempo frescachón al
gación, y, por otra parte, ya se ha escrito
Río de la Plata.
Durante la travesia fué probando la Nu- algo muy bueno sobre este tema por plumas
l a n brillantes
m a n cia sus
como
la de Don
buenas condiPedro
Novo y
ciones para la
C
o
1
són
y el
misión que se
marqués
de
le destinaba, y
Reinosa.
si su gente no
Sí se paede
perdió ocasión
decir
que á los
de estudiar el
dos
años
y ocho
problema de
meses escasos,
los buques blinel glorioso bardados bajo el
co que nos
aspecto náutiocupa había
co, tampoco decortado dos vejó de practicar
ces el trópico
ejercicios de
de Cáncer, cuafuego y zafatro
el Ecuador,
rrancho de
ocho el trópico
combate.
de Capricornio,
Para econoy había vuelto
Cubierta del acorazado Numanci&lt;l convertida en jardín para restejar
mizar carbón ,
en Cartagena al rey Eduardo VII de Inglaterra
á América descuando reinaba
pués de recobuen tiempo se
.
rrer
los
360º;
y
todo
esto
lo
efectuó en ~na
navegaba á vela, y para los ejercicios ~e
zona
de
90º
y
medio
de
ancho,
comprendida
fuego se puso al remolque de la fragata una
entre los 36º36' Norte y 54°A' Sur, habiendo
boya que servía de blanco.

andado entre lodos los viajes 14.094 leguas,
próxic1amente el doblo del meridiano terrestre.
La distancia de Cádiz al Callao la salvó
en sesenta días de navegación y noventa
&lt;le viaje.
0

La fragata Nwmancia es el buque que arbolando la insignia de almirante en aquella
&lt;:ampaña del Pácifico, tan infrutuosa corno
heróica, sostuvo (precisamente en igual mes
. &lt;lel año que este en que no, hallamos, el 2
de Mayo de 1866)todo el peso del combate
del Callao, rascando con su quilla el fondo
del mar para hacer más eficaz la potencia
de sus bocas de fuego.Sobre su puente cayó
herido por una bala el heróico llléndez Núiiez, mientrns que sus caiiones hacían volar
;1quellas torres que se reputaban por la in~eniería guerrera de su tiempo como los artefactos más potentes para la defensa.
Allí la Berenguelct, fragata de airoso
velámen, se retiraba escorada de la línea
&lt;le fuego, contrarrestando de ese modo los
inmensos boquetes que los proyectiles enemigos le hiciernn en la línea de flotación, y
gracias á las baterías de la Ni,numcici pudo refugiarse en la isla de Ablao, donde restañó las heridas recibidas en el combate

463

mientras se daba sepultura en tan extrañl\
tierra á los héroe., que firmaron una vez más
con su sangre la luctuosa fecha del 2 ile
.\fa vo, tan infausta para E,pai1a.
En aquella campaña homérica hizo derroches de valor y de heroísmo el gran marino
gallegJ Don Casto Ménde:t. Núñez, al que ya
le precediera la fama desde que en Mindadanao, á orillas del Rio Grande, embistió la
tierra con el buque que mandaba, y haciendo que se descolgase la tripulación por el
bauprés auxilió á tropa&lt;; del ejército que
hacía tiempo intentaban lomar un fuerte á
los moros, á los que desalojó de su posición
mandando él en persona esta operación de
guerra.
La N1miaucia, no hace aún muchos año:;,
fué desarmada como fragata, reformándos~
su casco y dándole el tipo de acorazado
guardacostas.
El invicto casco varió su roñoso traje guerrero de otra edad y se modernizó con la
época, quedando ajustado á las siguientes características:
Desplazamiento, 7.035 toneladas; eslora,
95,60 metros; manga, 17; puntal, 8; calado,
8,10; blindaje en el costado de 120 miümetros, en la línea de flotación de 130, y en los

�POR ESOS )lüSDOS

4ti4

DEL . DIARIO AJENO
La carta de usted perA fumó mi vida abriendo
en el presenMIGA INOLVIDABLE:

'
. . 1 ~ reves de ln•laterra. La fotografía fué tomada en
1
Don Alfonso Xlll recib~ J~~t~~~ :;~~~~~e~;~':~i~~~:a
á la rei~a Alejandra

1

reductos de 120. Fué dotada de cinc.o caiiones Gonr.ález Jlontoria, de 16 centimetros;
ocho sistema Canel, de 14 centímetros, de
tiro rápido; diez de calibre~ menores, y dos
tubos la!lr.atorpedos; consllluyendo su dotación 591 hombres.
También sus máquinas fueron reformadas
por otras de 3.500 caballos de fuerza ..
Recienlemenle, por inutilidad del cltpp~t·
Nautilus, se ha dcsli~ado á. la N1t11ici1!c,_ci
para escuela de guardias marma~, y qu1~1 a
Dios que en ese buque de lan b~·1.llante h1~_toria veamos surgir una gcnerac10n de i~annos que dén días de glo1 ia y explenclor a su
patria.

~esaba

y ahora, como página laure~d~ que agreoar á la brillante historia del invicto barco,
~n las tranquilas aguas ele la dársena de Cartaoena entre los penachos del humo que brota°cle l~1s inmensas chimeneas de l?s ~oder~
nos mónstruos de la guerra cual incienso a
la oioriosa tradición de un pueblo, sobre el
ca:co ele la Nw11a11cici el soberano de España nueslro auouslo Don .\lfonso XIII recibió el ósculo de paz de otro hoy poderoso
monarra, Eduardo VII re\' de Inglaterra_ Y
emperador de las Jndia~, q~e así subscr!be
la continuación en la Ihstona de una nación
en vos altos designios marcar_á~ ~ue~'ª era ele
vicia y ele progreso para la c1V1hzac1ón.
Luis )TARTÍNEZ DE ESCAUJ:UAZA

te un paréntesis amable en el que floreciecieron los recuerdos. Las horas que gasto en
vivir esta monotonía que me abruma se robustecieron alegres ante la mágica visión de
lo· pasado,que usted tan cariñosamente evoca al expresar su deseo.
Procuraré complacerla. Mi voluntad es el
esclavo más fiel que usted tiene, y en el cielo triste de mi existencia sus deseos asoman
en lo más alto como lucientes estrellas, y
una petición suya es un huracán de sol que
aventa la sombra de los pesares vividos.
Me pide usted notas biográficas de mi infortunado amigo, y detalles de su fallecimiento. De esto último sólo puedo decirle
que su muerte corrió fraternal conjunción
con su vida, sencilla, ignorada y humilde.
Una noche me separé de su compañía, dejándole en el lecho postrado de criminal enferme:lad. «Deja el balcón abierto,-me dijo.
-Pasé el díaenterosoñoliento y amodorrado,
sin ver la luz, y, al empalmarse la noche anterior con la presente me parece una obscuridad tan prolongada que deseo ver la claridad lunar para no presentir que v:vo enterrado.,&gt; Satisfice su deseo y marché tranquilo por su aparente mejoría. Recuerdo que
en toda la velada no apareció la luna; que
pensé mucho en la triste vigilia del enfermo;
que me dormí cuando llegaba el alba, y que
el sol de aquel amanecer fué el único amigo
que despidió á la muriente luz de sus ojos y
que presenció la escapada de su alma ...
Me asegura usted que este sucllso, llegangando á su conocimiento, Je despertó recordaciones de un ayer que jamás hubiesen resucitado de otro modo y que, invadiendo su
alma de una compasión extrema, le ha moYido á pedirme noticias del que fué mi compañero intimo ...
No me sorpende que al recordar el carácter de aquel pobre soñador muestre usted la
extrañeza que sus letras dilatan.

Yo le aseguro que usted fué la única y
constante ambición de mi entrañable amigo,
y que si él no se lo confesó hasta que vió el
corazón de usted aprisionado en las dulces
cadenas de amorosos juramentos fué porque entonces le cabía la certidumbre de que,
en lugar de desdeñarle, nondría usted de ma•
nifiesto la imposibilidad de corresponder á
su cariño. Fué una filosofia engañosa y ano•
dina que él mismo se compuso para sedante
de sus infortunios. «Al menos,-me decíaarrastraré el peso abrumador de la fatalidad
con una esperanza dudosa, pero no dJstruiré á mi alma la certeza aplastante de su in•
diferencia. •
Y usted, buena amiga, y yo, sabemos que
este fué tal vez el único destello de razón
q Je refulgió de la mansa locura de mi finado poeta. Hermosa usted, adorable y adorada del gran mundo en que brillaba su belleza imponiendo la coquetona tiranía de su
capricho; humilde y desconocido él, dado al
retraimiento, á la soledad y á la hipocondría,
¿,cómo había usted de aceptar la mísera y
monótona prisión de su íntima y constante
cJmpañía?...
Así lo comprendimos los tres, y usted no
volvió á acordarse de mi amigo, y él se murió sin poder olvidarla, y yo vivo dolorosamente resignado evocando su amistosa compañia en mis soledades...
Pero, referente á la primera parte de su
petición, le afirmo que anduve desmañado
para lograr una forma clara y exacta á la
vez con que poder exornarme del apuro en
que me puso su deseo, y al cabo renuncié á
mi interpretación reconociendo la nulidad
mía en esta materia. El carácter de mi amigo es un curso de psicología que cada cual
ha de entender á su manera, y por esta razón no me atrevo á mezclar mi torpe intelectualidad en explicación tan peligrosa. Prefiero que usted misma juzgue como lo crea
más oportuno, y al efecto la remito las adj unbs páginas arrancadas del manuscrito en
6

�tA CI'tA
POll ESOS :MUNDOS

466
que compuso el diario de su vida. Al1a van,
pues, sus ideas, sus pensamientos, la esencia
de su vida expresada en autógrafas , lineas;
ideas concebidas en febriscientes horas de
ansiedades ignoradas, pensamientos sugeridos por el calor próximo de una nueva existencia que al fin lleg6, ya que la muerte es el
principio de otra vida.
Y perdone, amiga cariñosa, perdone si incurrí en el pecado de la prolijidad. El recuerdo del infortunado me inspiró tristes digresiones, á las que no pude sustraerme.
Creo que con lo hecho queda satisfecha su
petición; pero si asi no fuera, insista, molésteme (como usted dice encantadoramente),
que uno de los pocos consuelos que me quedan es el de procurar complacer los más insignificantes deseos de \as personas que,
como á usted, tantísimo admiro y considero.-Besa sus piés, su afectísimo amigo-X.

tener un hijo á quien comprarle los juguetes
que el de poseer un padre á quien pedírselos.
»Así visitaba yo los bazares donde la humanidad. coquetonamente imitada, vive uua
vida de zinc, de porcelana y de cartón, en
miniatura inmóvil. Compré obsequios que no
tenia á quien regalar y adquirí juguetes sin
ocurrírseme que no tenia quien los jugase;
y, una vez en mi gabinete de trabajo, los colocaba sobre el pupitre, hacía evolucionar
sus mecanismos y gozaba con la ilusión del
chiquillo satisfecho, y gozaba con el goce
del padre complaciente.
»El atardecer siempre lo he vivido en los
parterres y glorietas, entre la inquieta greguería infantil, atraído por una alegría sin
objeto. Al levantarme del banco emplazado
junto al plantío para engrosar el regreso hácia los hogares, be sufrido el halago reminiscente con que una doncella debió de calmar
entre sus bra-ws la fatiga de mis juegos, perl
didos ya en una lejanía desconsoladora ... Y
DENTRO DE !IU: EL DIARO DE UNA VIDA
así como antes me hubiese puesto á confecIGNORADA
cionar flanes de arena con el pozolito de los
niños y hubiese corrido detrás del aro y de
Hoy, 24 de Ocfoure.-Los hombres atibo- la pelota sobre lo largo de los paseos enarerrados de saber y de experiencia no supie- nados, entonces sentía el deseo de acurruron explicarme el fenómeno de mi intelecto, carme en el regazo de las niñeras ajenas, de
y ese niño rubio, gordiníloncito, de piel arra- prenderme de la mano con que las ayas diri:;ada y ojos celestes, ha descubierto el pasa- gían á mis envidiados, y me cautivaba la
dizo por donde llegué al final de mi curioso dulce necesidad de buscar cabezal para mi
sueño en la abundante blandura de las nodeseo.
»¿Por qué amo tanto á los niiíos?-me dije drizas que caminaban lentamente con tarclo
infinitas veces. No logré nunca una contesta- paso de vaca resignada.
ción satisfactoria por completo; en las res»Llegó un día en que noté con espanto que
puestas que se me daban, en las observacio- el pensamiento de esta constante sensación
nes que se me ocurrían veía claramente la se había apoderado de todas mis células infalta de concordancia entre el heoho quemo- telectas, pesándome en el cerebro con el
tivaba la pregunta y la intensidad que alcan- embarazo de una duda caótica y zahareña.
zaba la contestación.
La idea novel se revolvía dentro de mí, pro·
»¿Por qué este mi amor bácia los niños al- testando de mi incapacidad para darla forma
canza una extensión tan considerable que concreta con que salir del anómino embrión;
llega hasta á las cosas que á el\os pertenecen? yo pretendía conseguirlo, y cuando amusgaY, sin explicármelo, contaba con ansiedad ba los ojos de la inteligencia para ver mejor
los días y los meses que faltaban para la lle- las perspectivas interiores, sólo surgía de mi
gada de Diciembre, gozando, al fin, en la mente, con ofensiva claridad, la imágen del
plantación del Belén que á mi cargo dejaba Tiempo dando pulgaradas en el rosario de
el vecinito. Llevaba á su casa las figulinas de las horas que componen mi existencia en el
barro colorido burdamente, y componía con que cada cuenta pasada es un día vivido inúellas escenas pastoriles, impropias de indumentaria, sobre las senditas enarenadas en- tilmente.
»La explicación metafrástíca fué esta tarde:
tre el musgo y el corcho. Después, á los seis ocurrió en la glorieta. Vivían los niños la
días de ;;er el planeta un año más viejo, se plácida temperatura de la otoñada levantides\ o··daba dentro de mí una ansiedad in- na; jugaban entre lo, cimados plantíos, bajo
comprensible, y el deseo mío se unía al la toldadura de un cielo añilado, en el que
des o predominante en esta fecha: ¡los Re- las primeras horas diurnas abrieron un mayes, ya habían llegado los Reyes Magos! Y nantial de sol que, despeñándose en ondas
yo ambuleaba por las calles tropezando asi- luminosas, teñía de refulgente páfna el veduamente, deteniéndome á veces, ó en oca- getal y dejaba una mancha ílava sobre el
siones, excitándome animoso y pedigüeño lomo de los paseos ondulantes.
con ur. deseo que lo mismo podía ser el de
0

&gt;Cerca de mí, una de las niñeras con e(Ta
sól .
467
das . en .aquel lugar recreativo dernoft1.;b;
oigo yo,_ la vida de que yo disfruto. Nací
su~ instintos maternales, no con el solicito :;~e:1:lmtiaplm1c~1rdmebee,ry. la especie generadora
cmdado prestado al revoltoso pequeñín
sí e~ el abandono con que se ofrecía' ~e~~
•Ellos son los que juegan dentro d
.
cha1 la. amorosa ~el pretendiente galán. Libre rebro con 1~ i~ágen de los juguetes eu~1
~l beb:}e opres10nes, descuidado á su anto- ?ªn por 121.1s OJos; ellos son los que \uscan
JO, coma tras la voluminosa pelota
.
laª ,,~º1omr1.Peªtan_1_ª. de los pequeños que J. uegan en
á detenerse contra mis piés Cog'1 1' _que vrno
leva~-~
t· a1 eh'iquitín en mis
·
e Juguete
»Pues
.. míos, paciencia. Yo no
brazos·
beséY
.
d b",en, .hIJOS
Y ~~f as, coloreadas como la fruta' sana
sus
qmer? aros vida misera como la mía·
acarwie sus crenchas rubias "
1 , no qdmero
nazcáis defectuosos. Cu:ndyoo
tC ª e- pue a red
remente
de Ia sorpresa sufrida,
· , •'' repueS
de esta miseria que
~ lo
.
.
enredó
sus
,m1rme
g
~=g1ws ~rnc~ado¡s· de carne blanda entre la ~:arga todo, cuando encuentre la mujer beena e m1 re OJ, mient ·as su len .. ·n
qued ptie~a ~egalaros hermosa vestidura
torp~ repelí~~ Papá, papá....
guec1 a yo os eposltare en su seno maternal
'
1
•Vrno la mnera, tiró del bebé· e'l se . t'
que ella os abra la puerta de la .d
ppa.ra
·
Jt · l
d
,
res1s 1a calma·
v1 a... e o
srn so a1 a ca ena y repitiendo su e t .b.
. no me atormentéis entre tanto d'
llo: Papá papá... Se lo llevaron lloran~~¡ ~j ese modo, temerosos de bailar tumba e~
arrastra, con pataleo de su .
.
'
cer~b~-o antes de encarnaros· si no pud. md 1
chonchos.
s piecec,tos re- :es1stir vuestros ímpetus de, nacer . ,en o
•Diría pa '
nado por vue l
f
, si engat
I b pa porque el angelito no sabía
.
s ros a anes cometo un día el
º. ra pa a ra, pe_ro fué para mí esta exclama- cr1i:nen de engendraros entre el dolor la .
~ion ~xc¡u8J' abierta á mis dudas. El nomgef",¡Ctuhosidad, al rec!bi: el ~ma~;~
ramien o el bebé surcó en mi cer b
d
e os umanos sufr1m1entos pen
rof~n da torrentera por donde se eabalanzó
ro una sa que vuest ro padre fué débºl
.
con
im
t
pable...
i 'pero no culP
.d d ple u_ avasallador la desbordante avem a e as ideas nuevas.
*
**
t bEran_ mis hijos en fárfara los que inquiea an rn1 ce~ebro de aquel modo. Desde enAsí, con letras amarillentas por el f
to~ces (os siento claramente escondidos en po, me encontré el manuscrito d 1 ilem.
e cua os
m1 repliegue cerebral pidiendo á gritos, que transen"bo las anteriores
re,elaciones.

?

i::

V

~u~

~

~~~~is~l:

JULIO

LA CITA
La noche es blanca.
Como enorme asfodelo
la luna se levanta.
En la hondonada
bajo el florón del ci~lo
la lumbre es cual de plata.
En la cabaña
los árboles d&amp;I huerto
sus aromas derraman
Baja la palma
·
ondula ya el pañuelo
de la novia que aguarda
Y se dilata
·
y rompe el aire muerto
el beso de dos almas...
JUSTO

PASTOR RIOS

HOYOS

�ACTUALIDADES

469

ACTUALIDADES

Los reyes de España é Inglaterra bajando del acorazado inglés Quee111 donde celebraron una entrevista el 9 de
Abril último en el puerto de Cartagena

éstos no vengan ahora á Madrid y aplacen
hasta el año próximo su propósito de devolver en esta corte la visita que S. M. e_l rey
Don Alfonso XIII les hizo en Lóndres en
1905. Por el mismo motivo, y si bien la
entrevista de Cartagena (arreglada precisamente para que no se demore por más tiempo una visita de los monarcas británicos al
nuestro) tendrá carácter oficial, los reyes
Eduardo y Alejandra no desembarcarán,
y todos los actos se verificarán á bordo de los
buques de guerra españoles é ingleses, patentizándose así claramente que aquellos
soberanos no consideran, á los efectos de
que se trata, haber venido á nuestro territorio mientras no sea posible que lo hagan á
Madrid.»
¿Hubo acuerdo de entente anglo-española en las entrevistas celebradas por los dos
soberanos durante los días 8 y 9 y primeras
horas del 10 de Abril pasado, que permanecieron juntos en Cartagena? El cronista no
lo sabe, pero sí puede decir que en el banquete oficial celebrado á bordo del acorazado guarda-costas español Nmnancia se pronunciaron por Eduardo VII y Don Alfonso
XIII brindis muy significativos, que se reproducen en estas páginas para que el lec-

tor de POR Esos MUNDOS que sienta afición
á estos asuntos conserve y pueda más ade-

hite consultar el texto de dichos discursos,
que fueron leídos en francés (y por tanto
arreglados por los respectivos gabinetes diplomáticos), por los dos citados monarcas.
Dijo así el rey de España:
«Señor: Al recibirá V. M. y á su augusta
esposa en las aguas españolas, experimento,
así como la familia real, el Gobierno y la nación entera, viva alegria, compartida también por la reina en medio de su pesar de
no haber podido venir al encuentro de la
graciosa soberana que reina con V. M. en el
corazón de sus súbditos. No hemos olvidado
la cordial acogida que el pueblo inglés me
diera en diversas ocasiones, y sobre todo
hace dos años cuando tuve el gusto de ser
huésped de V.M. en Lóndres. Aquel acontecimiento señaló en mi vida, y para mi dicha personal, un instante decisivo: lo evoco
hoy para marcar cómo la amistad entre España é Inglaterra, que mi madre muy amada
se esforzó en desarrollar y que se apoyaba
en la solidaridad de intereses y en la reciproca simpaüa de los dos países, se ha estrechado aún más por los lazos de parentesco establecido entre nuestras dos casas. La

�POR E.SOS
470
intimidad de relaciones entra la nación española y la Gran Bretaña no dejará de procurarles ventajas comunes y contribuirá á la
obra generosa emprendida por V. M. de
afianzar la b u en a harmonía entre todos
los Estados. Con ta'es sentimientos saludo
asimismo á la flota británica, poderoso instrumento dispuesto siempre á emplearse
conforme á las intenciones de V. M. en el
servicio de principios útiles á la causa general del progreso. Bebo, señor, por la ventura de V.M., de su esposa y de su real familia, por la grandeza de su imperio y por la
gloria de la marina inglesa, tan brillantemente representada en esta ocasión.»
Contestó de esta manera el rey de Inglaterra:
«Sciior: A la reina y á mi nos conmueven
vivamente las palabras pronunciadas por
V. M. Es para nosotros un vivo placer tener
!&gt;casión de visitar á V. :ir. en las aguas e;;pañolas. Sentimos vivamente la ausencia de su
majestad la reina, nuestra querida i-obrina,
pero nos regocijamos del motivo que la retiene en la capital. Nos felicitamos de que
S. .M. la reina Cristina, vuestra augusta madre, cuya larga regencia dejó en el país tan
preciosos recuerdos, haya podido acompa1iar á V. 11. en esla oca;;ión. Ko hemos olvidado la vi;;i ta de V. M. á Lóndres, y corres-

MU.XDOS

pondemos al deseo de que los lazos entre·
nuestras dos casas y nuestros dos países (que
se fundan, no solo en tradiciones históricas,
sino además en la comunidad de intereses y
la simpatía verdadera), se estrechen y afiancen por estos felices acontecimientos. Levanto mi copa á la salud de S. M. el rey Alfonso, de S.M. la reina Victoria-Eugenia y de
S. ~l. la ,eina Cristina, anhelando la prosperidad, el progreso y la paz para el reino de
España.»
Y ahora, al lector toca deducir de tan expre,-ivas manifestaciones y de todas las circunstancias que rodearon á la entrevista de
Cartagena (incluso la de haberse celebrado
á pesar de esperarse entónces - por una
equivocación facultativa-el inmediato alumbramiento de la reina Victoria), la importancia del acto y las conclusiones que de él
pueden derivarse.
LAS ELECCIONES DE DIPUTADOS

Se verificaron el domingo 21 de Abril pasado las elecciones de representantes de los
distritos que tienen asignado asiento en el
Congreso de los Diputados de la nación, y de
los escrutinios definitivos oficiales resulta
que la nueva Cámara popular se compondrá
de 329 moncfrquicos (258 conservadore:&lt;.

Conferencia colonial británica cekbrad; en el :\linistrrio rle l1ts Colonias de Lónurcs, y cuya apertura tu,·o
lu¡¡ar el 1~ de Abril último

�472

l'OR F.SOS MUNDOS

62 liberales y 9 demócratas), 65 antidinásticos (30 republicanos, 17 catalanistas, 15 carlistas y 3 integristas), y 4 independientes,
que con las seis actas dobles que resultan de
las elecciones dan el total de 404 diputados
que constituyen el Congreso.
La prensa diaria ha hecho, y sigue haciendo aún, grandes comentarios acerca de
la forma en que estará constituída la nueva
Cámara popular, fijándose especialmente en
el triunfo indudable de los conservadores, en
la posición ventajosa de los carlistas que desde hace más de treinta años no han tenido ni
soñado en tener tan nutrida representación
como ahora en el Congreso, y en el éxito de
la Solidaridad Catalana, que entre carlistas, republicanos y catalanistas forma una
minoría de treinta y ocho á cuarenta votos,
mientras que en las últimas Cortes apenas
llegaban á media docena los diputados que
comulgaban en las ideas del catalanismo.
Una nota que es preciso apuntar en este
resúmen de las elecciones es el resultado
de las verificadas en Valencia: por la capital
ha vencido, obteniendo el primer lugar, el
republicano radical Don Rodrigo Soriano, el cual ha logrado más de dos mil votos
sobre los que alcanzó en las
pasadas elecciones ; p e r o
junto á este triunfo personal
del citado diputado es de justicia señalar que los candidatos monárquicos (dos conservadores ) derrotados e n
aquella circunscripción han
obtenido cada uno cinco mil
votos más que hace dos años.
¿Es que aumenta el número
de monárquicos en la capital
de Valencia, 6 es que hoy
han salido de su retraimiento los que ayer aparecían indiferentes ante la propaganda de las ideas republicanas?

ACTUALIDADES

rece las más sinceras alabanzas el hecho de
que los estadistas ingleses se dan cuenta
exacta de toda la importancia que significa
su actitud respecto á las aspiraciones coloniales.
Las tareas de la Conferencia, que dieron
comienzo el 15 de Abril último, tuvieron feliz inauguración con la lectura del mensaje
del rey Eduardo VII en el que daba la bienvenida á los presidentes de aquellos Gobiernos, y les manifestaba sus mejores deseos
por el éxito de la Conferencia. Sir Henry
Campbell Bannermann, jefe del Gobierno de
Lóndres, pronunció un discurso muy interesante dirigiéndose á los delegados, y haciendo alusión á la gran obra de Chamberlain y á la sensible ausencia de tan importante estadista en la Conferencia. Y los del e g ad o s coloniales Sir Wilfrid Laurier,
Mr. Deakin y el general Botha pronunciaron·
discursos que fueron oídos con verdadera
satisfacción.
Como en la Conferencia no existió espíritu
de partido, cuanto allí se discutió y aprobó
tiene verdadera importancia para Inglatena

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LA CONFEF.ENCIA
COLONIAL BRITÁNICA

Un suceso importantísimo
tiene que registrar el cronista en esta sección: lo es sin
disputa de ningún género,
la celebración en Lóndres
de la Conferencia colonial
británica, cuyo resultado no
es exageración decir que se
espera con ansiedad en todo
el mundo. Por de pronto,me-

Recientes experimentos de la telegralia sin hilos han dado extraordinario é
intere,antísimo resultado. Una estación instalada en la Torre Eiffel, de .París,
ha podido comunicar sin contratiempo alguno con todos los puntos com¡&gt;rendidos en el radío que abarca la circunferencia que aparece en nues'ro grabado

y sus colonias, pues de la solucíón de los

473

correr gran riesgo de ser reconocido y quizás detenido. Don Jaime es el hijo mayor de
Don Carlos de Borbón, que sería rey de España si la ley sálica no hubiera sido derogada por Fernando VII. Como este soberano no
no tenía heredero varón, la corona hubiera
recaído en su hermano Don Carlos; pero
Fernando VII promulgó una pragmática por
la que las hembras debían ser admitidas
á reinar, y cuando murió, en 1833, su hija
Isabel fué proclamada reina b aj o 1a
DON JAIME
regencia de Doña
EN MADRID
Cristina, esposa de
Fernando VII. Don
El hijo del preCarlos recurrió en tendiente a I trono
tónces á las armas
de España Don Carpara reivindicar sus
los de Borbon, ha
derechos. Esta priestado e n Madrid
mera guerra carlista
varios días d e 1a
duró c i n c o años,
primer!l quincena
pero no tuvo resulele Abril último. La
tado positivo, y Don
prensa diaria trató
Car 1os promovió
con extensión y luotra segunda , que
j o d e detalles l a
fu é de casi tanta
estancia d e aquel
duración y casi tan
príncipe en esta corencarnizadacomo la
te, y el semanario
la anterior, pero coilustrado N u e v o
mo esta de igual neMiindo recogió ámgativo resultado papliamente el suceso
ra sus propósitos.
y publicó curiosas
•Nació Don Jaime
fotografías que prueen Suiza, se educó
ban de modo fehaen Inglaterra y en
ciente este hecho ,
Francia, y después
dándolas á conocer
fué alumno en una
juntamente con una
escuela militar d e
carta del diputado
Viena, donde una
carlista Don Juan Ultimo retrato del príncipe Don Jaime de Borbón, hijo del intervención diplola corona de España, que estuvo en Madrid
Vázquez Mella, que pretendienteenálos
mática 1e impidió
primeros dias del pasado Abril
acompañó á D o n
llegar al grado de
Jaime en su ignorada excursión por .Madrid. subteniente. Más tarde sufrió los examenes
Esas fotografias que Nuevo Munclo pu- para este grado y fué acogido por el empeblicó fueron hechas por el periodista francés rador de Rusia, que le nombró oficial de
1\1. Raymond Recouly, que también estuvo la guardia imperial, con la que formó paren ;\fadrid acompañando al hijo de Don Car- te de una expedición al Turkestán, asistió á
los, y ya que en este punto nada nuevo pue- la guerra de China y después á la ruso-jada ofrecer el cronista de la presente sección ponesa. Yo lo conocí en Mandchuria, de un
á sus lectores, va á traducir á continuación modo muy original: cuando el Estado mayor
un articulo en que el referido escritor relata ruso no estaba decidido aún á conceder lilas impresiones que le causó la estancia de bertad de acción y de movimientos á los coDon Jaime en la corte de España. Dice así rresponsales militares de los periódicos, Don
el referido articulo, que es muy curioso é Jaime hizo que yo fuera con él hasta las
avanzadas de cosacos del general Samsointeresante:
«Cuando Don Jaime, con toda la amabili- nof. Al dia siguiente de nuestra llegada á
dad en &lt;&gt;l característica, me propuso que le aquel vivac, Samsonof debía efectuar un imacompañara en un viaje secreto á España, portante reconocimiento. «Toda vez que esacepté la oferta con entusiasmo, pero no pu- táis acompañado de un periodista francésde menos de pensar que el príncipe iba á dijo á Don Jaime-os encargo que le conduzproblemas políticos entre aquella metrópoli
y sus hijas depende en gran parle el porvenir
del vasto imperio británico.
Europa toda, donde se han seguido con
gran ansiedad las sesiones de la Conferencia,
(y esto es testimonio elocuente de su universal importancia) aplaude la iniciativa de Inglaterra que ha dado gran ejemplo de su elevación de miras convocando esta conferencia
colonial.

�4i4

POR E ,OS MUNDOS

cáis durante la acción y que le ensene1s nocía mucha gente en la capital de España,
cuanto quiera; el capitán Trétiakof os reem- pre~enló á Don Jaime los amigos que se acerplazará como ayudante de órdenes». Obede- caban á saludarle. Para toda esta gente, era
ció el principe al general y me acompañó el príncipe un ingrni&lt;'ro especialista en automóviles, que regresaba
durante todo el día. El
á
E s p a ñ a tras larga
capitán Trétiakof, que
temporada pasada e n
ocupó e 1 puesto d e 1
el extranjero. «¿Fabriprín~ipe cerca de Samcan
ustedes automóvisonof, fué muerto desde
les? - se le preguntó
los primeros encuenmuchas veces á Don
tros de 1a acción de
Jaime.-(_Dónde
está la
aquel dia.
fábrica?
¿En
París?
Nos
•Pero volvamos á
agradaría
mucho
visinuestro último viaje. En
tarle en nuestra próxiel expre~o que nos conma
expedición á Franducía á la frontera escia.•
Y el príncipe respaliola fué reconocido
pondía sin pestañear:
Don Jaime por un ,ia«No fabricamos máquijero, cosa que me panas; pero ahora estareció de bastante mal
mos instalando un imagüero . Sin embargo,
portante garage, en la
lodo marchó bien hascalle de Ponthieu. Ya
ta la misma frontera.
están muy adelantados
La policía de Irún no
los
trabajos.•
se dejó ver, y Don JaiFray Grcgorio M. Aguirre, arzobbpo de Burgos,
• Uno de los días que
me, feliz al oír hablar creado
cardenal en el último Consistorio celebrado
estuvimos en Madrid
por el papa Pío X
la bella lengua castenos encontramos con
llana , bromeó alegreun
abogado,
candidato
en las elecciones para
mente con los aduaneros. En la estación de
diputados
á
Cortes.
«¿Qué
opina usted del
:Medina del Campo fué nuevamente descubierto el incógnito viajero. Ahora le corres- partido carlista'? ¿Aumentan ó disminuyen
pondió á un jóven ingeniero carlista, Gaetan sus fuerzas?, ,-le preguntó Don Jaime. • Yo
de Ayala, que había visitado á Don Jaime no soy partidario de los carlistas,-contestó
el interpelado -p e r o
en París ocho días andebo
hacer constar que
tes, y que se quedó codesde que se decidieron
mo aturdido al verlo
á organizar comités
en 1a portezuela d e l
electorales y á hacer
vagón, embozado en una
una propaganda regular,
capa madrileña y cou
h a crecido mucho su
las alas del sombrero
importancia política: las
flexible echadas sobro
pruebas se tendrán en
los ojos. El jóven in~elas elecciones que van á
niero renunció en seguiverificar;;e.• «¡Que Dios
da á se~uir su viaje y
os oiga!,-le dijo Don
~e reunió con nosotros
Jaime.-«Según
eso, ¿os
para ir hasta :\Iadrid y
interesan los carlistas'!»
Sevilla, en cuyas poblacSí,-replicó el prínciciones fué p a r a nospe-todos
mis antepaott·os el más alegre y el
sados
lo
fueron.•
más útil de los guías.
» Visitamos la Real
Nos hizo vivir en1Iadrid
Armería, que es el muen una casa de huéspesco más rico en armas
des próxima á la Puerta
de cuantos existen en
del Sol. «Aún cuando
E'Stuviéramos persegui- Don Manuel Sales y Ferré, nuevo académico de el mundo, y contemplaCiencias '.\!orales Políticas, cuya recepción tuvo
mos durante largo rato
&lt;los por la policía-dijo
lugar e 28 del pasado Abril
el magnífico palacio real
el jóven ingeniero -ni
el mismís:mo diablo nos descubriría aquí.• que tan gallardamente se eleva sobre el
,La noche del día en que llegamos estuvi- valle del Manzanares, dominando el escuámos en un teatro, y Gaetan de Ayala, que co- lido río y los áridos campos que lo bordean.

r

ACTUALIDADES

Los soldados del cuerpo de guardia se pase~ban en grupos por el vasto palio. Don
Jaime se mezcló entre ellos y les diri"ió al"u" "
nas preguntas, y yo obtuve una fotografia
del grupo en que Don Jaime aparecía rodead~ de los soldados. «De buena gana-nos
d1Jo uno de estos-veríamos esas fotoara·
lías.» ,,Pues las veréi$,-re$pondió Don J:ii
me.-Yo os lo aseguro.•
Los soldado-, movían la
cabeza con aire incrédulo; pero Don Jaime les
dijo al marcharse: «Veréis la fotografia que se
acaba de hacer, porque

en los periódicos. • Entonces la

se publicaní

475

miraban con mucha atención. Se lo dije á
Don Jaime, y éste se volYió húcia las señoras. Una de ellas le saludó en seguida. Don
Jaime se acercó á donde es1aban, y les habló durante algunos minutos. La que le habil.'. reconocido era :.[me. liéí•iot, que :;e encontraba de paso en Sevilln, á donde había
llegado á bordo &lt;le su yate. Al día siguiente,
salió pa!a Tánger, y nosotros, después de u n a
excur~ión bastante fatigosa á cien kilómetro8
de Setiill a para visitar
unas minas de cobre en
la montaña, volvimos
sin incide1tes, µrimero á
:Madrid y después á París,,,

gente de tropa se echó á
1eir, demo,trándose más
incrédula que al princiCONGRESO CONTRA
pio.
LA TUBERCULOSIS
•Para evitar toda incliscrecion voluntaria ó
En el Palacio de la
involuntaria, había reBolsa Je Oporto se ha
,;uello e I príncipe no
celebrado un Congreso
contra la tuberculosis
darse á conocer á ningu(la cuarta asamblea nano ele sus partidarios, y
cional portuguesa), cuya
aunque mantuvo e s la
inauguració11 tuvo lugar
decisión, una tarde que
el 4 de Abril último.
pasábamo-, por cierta caAl Congreso conculle bastante sombría se Jan Kubelik,. ilustre violinish, que ha dado con
presentó uno de esos par- ex.traordmario éxito tres concíerlos en~¡ Teatro rrieron mil médicos del
de Apolo de esta corte
vecino reino, que tamtidarios, el más notable
.
bién acudieron á Oporto
de todos, el célebre abogado, historiador y hombre político Váiquez para P:esenciar _la Exposición de Higiene
}!ella. Ya iba á pasarnos, y Don Jaime, no que allí se orgamzó.
En las discusiones del Congreso, en las
pudiendo resistir á la tentación, le dió un
suave golpecito en la e:5palda..\1 YOlYer la que se adoptaron acuerdos y conclU':;iones
cabeza Vázquez }!ella y reconocerle, quedó beneficiosas para la lucha contra la tubercucomo petrificado de asombro. Nos convidó á losis, el célebre Doctor Alfredo l\Ia"alhaes
irá su casa aquella misma noc-he, y allí pa- ofreció á nombre del Club de Feniano: ocho
tsamos gran parte de ella. Como las eleccio- mil metros cuadrados de terreno cercado
nes para diputados á Corles iban á tener lu- de pinar_á la oril)a _del mar en la pla\'ª de
gar poco clespué.; y era }leila el que prepara- Aguda. cbtante d1ec1seis kilóm&lt;&gt;tros de Oporba activamente las del grupo carlista, no fal- to, para crear un sanatorio para los atacata quien atribuya gran importancia á e::;la dos de la IPrrible enfermedad, ofrecimiento
acompañado deolrodec11antio,;os recur;;os de
entrevista tan ine~perada.
,Don Jaime fué también reconocido en Se- l~s socios del ref?rido club para la construcvilla, y en circunstancias bastante curiosa-,. ción y con,ervac1ón del aludido sanatorio.
Nos encontrábamos en el Café de ~ovedades,
EL SE'.\UR SALES Y FERRÉ
establecimiento popular donde ~e canta y se
baila al estilo de aquella tierra. En el salón
En la Academia de Ciencias ]\forales y
del piso bajo se aglomera la gente del pueblo, y en la galería superior hay tres ó cua- Políticas ha sido recibido indivíduo de nútro palcos, que ordinariamente ocupan los n~ero, en el sillón que ocupó Don Francisco
touristas. Cuando entramos, uno de los pal- Silvela, el ilustre sociólo~o Don }fanuel Sacos hallába¡;;e ocupado por algunos franceses. les y Forré. La ceremonia tuvo lugar el 28
Don Jaime, con su capa y ~ombrero españo- del pasado .\br1l, y en ella pronunció el reles, no tenia nada de extraüo; pero noté que cipiendario un elocuente y admirable disdos damas de las que ocupaban el palco le curso acerca de los Kuci:os fundamentos dd

�476

POR ESOS MUNDOS

la Moral, del que reproducimos los siguientes párrafos:
«De todas las ciencias sociales-dicehay una en la que principalmente se concentra hoy el interés de los investigadores:
la .Moral. Amparada desde los orígenes por
la Religión, la Moral ha contado hasta aquí
con un fundamento divino, que explicaba el
carácter imperativo del deber y lo reforzaba
con formidables é ineludibles sanciones. Todo esto va desapareciendo al descender la
Religión de sanción social á sanción maneramente individual, lo que ha acaecido más ó
menos en todas las naciones modernas á medida que se ha establecido la tolerancia, háyase ó no declarado la separación de la Iglesia y del Estado. La Moral pierde su fundamento; el deber, su razón de ser; la sanción.
su eficacia. Detener la corriente, imposible.
Todas las diferenciaciones sociales han sido
definitivas, y no ha de constituir la presente
una excepción. En vano las voluntades, fieles á la tradición, luchan por reprimir las
nuevas orientaciones. Hay que buscar á la
Moral un nuevo punto de apoyo; y puestos
en este terreno, se pregunta: ¿,cuál es el fundamento de la Etica? ¿cuál es el origen del
deber? ¿de dónde deriva éste su carácter imperath•o? He aquí los problemas que hoy
preocupan hondamente á moralistas y sociólogos, por tratarse de la actividad más propia é intima de la conciencia, así individual
como colectiva, que dicta la norma á todas
las demás actividades sociales, sin exceptuar
la económica.
»Los fundamentos de la Moral son para

el individuo los modelos seciales de conducta que se ofrecen á su conciencia deipues de
haber sido apropiados en forma de ideal moral personal; para la sociedad presente, el
ideal que alumbra cual estrella su camino,
anticipación de una sociedad futura más perfecta. De estos dos fundamentos se originan
dos grandes leyes morales: primera, subordinación del individuo á la sociedad: segunda, subordinación de los interese3 de la
sociedad presente á los de la sociedad futura. En estas dos leyes se condensa toda la
moral. Y todavía ambas leyes se refunden en
una sola: la ley del f:acrificio.
,Con esto queda indicada también la nor•
ma de conducta que nos impone á los que
nos ha sido otorgado el don de ejercer funciones sociales directivas; conviene á saber:
trabajar en apropiarnos los modelos éticos
má;; perfectos que la sociedad nos ofrece;
elevarnos luego sobre lo peculiar del presente estado social á la percepción de lo que
este estado tiene de común con todos los pasados hasta penetrar en la corriente evolurionaria, y desde esta, fijando la vista en lo
futuro, ampliar, completar ó renovar el ideal
social é infundirlo en el alma de nuestros
contemporáneos por la enseñanza y el ejemplo. Así cooperaremos á la gran obra del perfeccionamiento moral, á que se realice en
este planeta un grado superior de vida, á que
la generación que nos suceda avance un paso
más hacia lo infinito: divina tarea en la que
hallarán satisfacción cumplida nuestros más
puros sentimientos y nuestras aspiraciones
más elevad!IS.•

Novela homeopáticamente hidroterápica
y alopáticamente inverosímil
VIII.-LA PROCESIÓN (t)

única grandeL
mente contrariada fué la herma-

prolongaba demasiado su tercer estado civil
Tampoco se atribuía la prolongación de
este estado á falta de pretendientes, porque
na del síndico, y así ya la habían solicitado en matrimonio más
lo dió á entender gritando con tono acre y de cincuenta, entre jóvenes y viejos, solleros
modales descompuestos:
y viudos; pero ¡ay! ella estaba enamorada
-¡Pus yo doy veinte pesetas por yevar la perdidamente, y desde muchacha, de un
vara de la izquierda!
110m'Jre que la había dePpreciado miles de
-¿,Hay quien dé más?-vociferó el alcal- veces á causa de su fenomenal gordura.
de.-La Geroma-asi se llamaba desde niña
Este hombre era nuestro prudente, nuesla hermana del síndico-dá veinte pesetas tro buen amigo el herboristero Don Juan Capor yevar la vara d'alante de la izquierda de rranza.
las angarillas del santo.
La pasión loca de la eJlanquera y la cau-¡Yo, yo doy másl-dijo á voz en cuello sa de su fracaso eran del dominio público
una mujer rechoncha, colorada y exage- en la comarca, y así se comprenderá la exradamente gorda, apoplética, que á codazo plosión de risa que produjeron en la multitud
limpio se abría paso entre el apiñado con- las palabras y el tono con que fué dicha su
curso.-¡ Yo doy veinticinco!-repitió aho- puja.
gándose.
La estanquera quería ponerse en la prediUna carcajada unánime coreó la expléndi- lecta gracia de S m Canuto para adelgazará
da oferta.
todo trance y hacerse merecedora de Don
Esta mujer rechoncha que acababa de ha- Juan, y estaba dispuesta á no omitir gasto ni
blar era la estanquera del pueblo, viuda y sacrificio alguno.
rica: según decían los serranos, por seis ó sieElla fué la primera en hacer un rumboso
te mil duros no permitiría que resucitase su donativo en metálico; ella la primera en lemarido. Hay que tener en cuenta que ella gar lujosa vestidura par.1 la imágen; ella la
decía á cada paso que daba todo lo que te- primera en ofrendar con abundancia frutos
nía antes que volverá ver al difunto vuelto y embutidos, y hasta llevó una boquilla de
á la vida.
ámbar y espuma de mar para puros,que perEsto no quiere decir que el estanquero hu- teneció al finado, con la pretensión de que
biera sido un hombre malo para ella, ni mu- se le pusiera á la imágen como atributo juscho menos; antes al contrario, el estanquero tificadisimo para un santo que debía de fula adoraba, y pensando en su mujer trabajó mar en pipa; y, por fin, ella quería ser la
incesantemente procurando labrar una for- que más alto precio diese por conducir en
tunita, para si él faltaba que su esposa tu- sus propios hombros el santo venerado.
viera un buen pasar.
-¡Veinticinco pesetas dá el morcón de la
Lo de la fortunita lo logró á costa de su e~tanqueral-clamó el alcalde.
vida; pero no lo del buen pasar de la viuda,
- ¡ Treinta! - añadió lacóniname :1te la
la cual se repudría la sangre viendo que se hermana del síndico.
-¡Cincu~nta!... ¡Sesenta!... ¡Setenta! -gri(1) Véanse nueatros número■ 189 y 1'2 á 1'7.
taba frenéticamente la estanquera, pujándoA

�478

POR ESOS MUNDOS

se ella sola para dará entender bien á las quien dé algo por esta vara de la izquierda?
El silencio se hizo absoluto: nadie osó
claras que estaba decidida á arruinarse por
perturbarle
conducir la
para ofrevara de la
CPr dinero,
izquierda.
y ya pare-¡Setencía que no
ta pesehabía en
tas! ... ¿Hay
San
Canuto
quien ció
más mujemás?-dijo
res que toel alcalde.-masen
va¡ Setenta á
ras. cuando
la una, seuná debilítenta á as
sima voz
dos, setcndijo tímidat a á las
mente, cotres! ... Esmos is e
lan quera,
ave 1•gonzapara ti es la
_ #h
se quien la
vara de la
emitía:
izquierda.
-Yo doy
-Veiule
.!\o•'
tres pesetas
pesetas doy
.
'
por llevar
yo por la
esa
vara.
~;
.....:"
vara de la
\
¡No tengo
\.
,,
derecha de
más!
alrás--ofreLa tía Geroma
Todo el
ció nuevaconcurso,
mente la
intrigado y curioso, miró hácia el sitio de
hermana del síndico, malhumorada.
-¡Veinte pesetas por la vara de la dere- •donde había salido la débil voz, y un movi• miento de sorpresa y simpacha de atrás! ¿No hay quien
\·
":
tia se advirtió en la turba.
dé más?... ¡A la una'
,-/
Aquellas sentidisimas fra-¡Quincel-dijo la mis- ' :\
ses las había pronunciado la
ma.
.,
hija del peón camine: o, la
-Eso no es formalidad,misma para quien iban desgri tó el cura.
tinadas las píldoras contra la
-Bueno, pues no doy más
tos que había preparado el
que quince.
misterioso alquimista en su
El alcalde, que era un artenebroso laboratorio, y que
bitrista de primera y un linel lector recordará, si tiene
ce en materia de subastar,
memoria, y por si no la tiene
se dió cuenta de todo con
se lo recuerdo y o, que el
gran prrsteza y dijo precipiquímico trató de que llegaran
tadamente, por si acaso:
á su poder el mismo día de
-¡Pues quince á las tres!...
la expedición cie11tifica, cosa
Ya es tuya la vara de atrás
que
no pudo reafüar por no
de la derecha, chica.
hallarse en su casa la paLa retractación de la herciente.
mana del síndico produjo un
El alcalde se percató en
poco de indignación en una
seguida de la impresión que
parte de las masas, mientras
había causado la oferta de
á la otra parte le parecía muy
la hija del peón caminero, y
bien y hasta lo celebraba
haciéndose fiel intérprete de
con grandes risotadas.
los sentimientos del pueblo
El alcalde recomendó otra
-¿Ilay quién de más?-vociferaba
adoptó una actitud de protecvez el silencio, y peroró de
el alcalde
tor decidido de la muchacha,
esta manera:
-Queda vacante la vara de atrás de la y con tono muy solemne y cara de conmiizquierda de las angarillas del santo. ¿Hay seración exclamó:
~

_,.

-~

i

¡;·',.

LAS AGUAS DE SAN CANUTO

479

-Tú llevarás la vara de atrás de la iz- las muelas contra los indígenas, y no era
quicr la de las angarillas.
preciso ser una lumbrera para prever que
-¡Gracia~, señor alcalde! -repúsole la allí se fraguaba una bronca y que amenajóven.
r.aban con una tormenta horrible palpables
Una vez terminada la subasta, el sacristán vientos de fronda.
se ocupó en hacer efectivas las
Puestas á organizar la procecantidades, y realizado este imsión las personas encargadas
portante y delicado detalle se
de ello, pronto tropezaron con
procedió á establecer el orden
obstáculos insuperables y grade la comitiva con arreglo á la
ves trastornos.
mejor táctica procesional que de
El primer mal consistió en que
momento se le ocurrió al señor
la hermana del sindico tenia
cura.
una estatura colosal, era una
La procesión fué dispuesta
~igante; la hija del alcalde era
en teoría de la siguiente manera:
bastante más baja q u e ésta,
Estandarte de la Hermandad,
pero mucho más alta que la
seguido del gaitero y del tamiija del peón caminero; y en
borilero; á los lados hermanas
cuanto á la estanquera ya sacon velas (encendidas, á pe,ar
bemos que era un retaco. De
del aire), de su propio peculio
modo que no había forma hucada cual; grupo d~ notables,
'Ilana de que el santo foera
compuesto del médico, el veteconducido á hcmbros de ellas,
rinario, Don Juan Carranza, y
ni en andas, ni en volandas.
un pintor de paisajes á quien
Decir lo que estas buenas mulos chicos le tomaban el pelo
Jeres chillaron, despotricaron,
porque t1saba lentes, el cual hapatearon y lloraron, seria enojobía ido á San Canuto de la Sieso referirlo detalladamente; allí
rra á tomar apuntes y á hacer
ya no sabía nadie qué partido
algunos estudios de brumas; la
tomar, porque ellas querían que
música del pueblo, compuesta
se les devolviese el dinero, y á
de un clarinete, un cornetín de
esto se opusieron el cura y el
pistón y un trombón de fuego
El trombón de la banda del
sacristán de una manera termicentral. que formaban un conpueblo
nante y definitiva.
junto ins)portable y totalmente
Por fortuna, el sacristán era
inarmónico, desgarrador; la imágen, á hom- hombre de soluciones, y propuso que las
bros de las damas consabidaq; la presiden- fieles que habían adquirido vara designa~en
cia, consliluída por el cura, el alcalde y el cuatro hombres de sus familias ó amistades
sindico; después m1rcharían los demás con- para hacer la conducción, siempre que las
cejales; detrás de la presidencia iría el pue- estaturas estuvieran en consonancia ron
blo en masa conduciendo sus meriendas que el santo fuera con la derechura y majesrespecliYas, y detrás las acJmilas de los que tad debidas. No fué cosa fácil hallar los
1as tenían,
cuatro homconducidas
bres que se
porcriados y
so 1i citaban;
parientes,
pero por fin
para el rese logró regreso de la
unir I os y
fiesta.
convencerLos foras•
los, porque
ellos decían
teros no teque sí creían
nían puesto
en el santo,
oficial en la
K pero que no
comitiva; pe¡es iba ni les
ro podían ir
venía nada
donde á cada
La presidencia de la procesión
con sus m1quisque le
diera la gana, &amp;Ítimpre que no alterasen el lagrerias, toda vez que el los eran robustos y
or.len dispuesto ui la libre marcha de la pro- no gordos.
Decididos estos cuatro mozos fornidos á
cesión.
Los tales forasteros estaban que echaban llevar el santo hasta la misma corte celestial

�480

INStANTÁNÉ,\

en atención á los mimos, promesas y agasajos que les hicieron las de varas, in'entaron
su cometido; pero era tanto el peso del santo, los jamone~, los embutidos y las frutas,
que no tajaría de dos ó tres toneladas.
Dos turnos de ocho bombres, pues hablan
de renovarse, po1· fuerza, fué preciso bus-

car paraemprenderla marcha. Dejémosles
caminar á todos bácia la pradera del manantial, y quedémonos nosotros en el pueblo
donde tenemos que enterarnos de ciertas
minucias, y les encontraremos todavía en
el camino, dado lo que pesa el santo y lo
largo y penoso de la caminata.
FÉLIX

Dibttjos de Karikat-0

INSTANTANEA
Fué tan solo un instante. De repente,
se iluminó mi espíritu abatido,
y latió, de placer extremecido,
mi apas;onado corazón ardiente.
Sn acento entrecortado 1· balbuciente
C'l preludio ensayó junto á·mi oído
de ese sublime canto no aprendido
que es siempre igual y siempre diferente.
Y como al ser el arrra disparada
mientras arde la pólvora inflamada
la victima desplómase sin Yida,
así con repentina llamarada
rc,;plandcció en sus ojos la mirada
y yo en el corazón sentí la herida.
MAHTÍN

PIZARRO

MÉNDEZ

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>PoR Esos MuNoos
AÑO VIII

ABRIL, rGo7

KUl\/1. 147

ACHARES
(NOVELA ANDALUZA)

mismísimo barrio de San Bernardo.
E deel esta
Sevilla de mi alma está el CoN

rral del Jazmín. Es su patio grande, con su

to~

fritas que GhiUae,a
! !~eloescadiílas
al quedarse donnidos

1
Toda una le~ón de,~
d_abadªo ~~ 1
y Cl11spa 11au1an 11 rJ

pozo en medio, con sus mil macetas, con
sus corredores altos resguardados por la balaustrada de madera pintada de ve"rde, con
sus cuartos numerados, con sus paredes
blanquísimas, y al lado de cada una de sus
puertas un nicho en la pared que es anafrl'
y alacena, y sobre la balaustrada su tendedero, casi siempre lleno de ropa, con sus
mil colorines, rosa, azul, amarillo, blanco...
Y cada rincón es gloria del cielo, y cada
cuarto es un santuario de paz y de amor, y
tiene el CM·ral la alegría típica del barriJ,
y siempre hay una vecina que ríe, una guitarra que vibra, una copla que retoza en el
aire, ~iempre alegre ... ¡siempre alegre! porque dicen los vecinos que las penas ¡pa el
casero!, porque dicen los sevillanos que la
alegria es vida y es savia, y las clucas... las
ducas ¡pa qué!
Y este es el Corral del Jazmín donde
vive el Maestro Chispa.
¿No conocen ustedes al Maestro Chispa?
Es el zapatero de todos los corrales de Sevilla: el viejo bonachón y honrado que tras
el antiguo portalón trabaja; el que escribió
aquel rótulo con tizo en la puerta, que dice:
ACÍ SE Rfüllfu'WA TÓ
YSEASE AME DÍA TÓ.
ER QUE NO ZEPA LEÉ QUE ME YAME

. El es el alma del Corral y el amo de todo,
de nada. Para él, no hay secretos:
consejero, memorialista, arregla-pleitos, curandero y... borracho, que todos los sábados
sin serlo

toma la tajada que ha de dormir el domingo.
Pues este es el Maestro Chispa, y ahí Jo
tienen ustedes, cavilando y carilando y volviéndose loco.
-Pos señó, no está bien, ni muchísimo menos, que porque yo quiera jastc, las entretelas der arma á esos lres capuyitos, · á es¡¡s
nifias mías, Coralillo, Rosa y Esperansa, se
les haiga ocwrrío á las tres enamorarse ar
mismo tiempo de esos tres nenes que no valen entre los tres un pitillo fuerte, y que me·
haiga yo comprometía á arreglá este marrlito asunlo.
•Porque hay que ar·repareí, que las niñas
están chalaítas perdías por esos tres zánganos, y yo quisiera pa esos tres querubines
tres niños que estén pa canonizarlos de un
día á otro, cuanto antes niejón, y resu,rta
que ccí uno tiene un deferto ¡y precisamente
el deferto que á ccí una Ja pone nerviosa!
»Porque á Rosa no le gustan los toreros;
Esperansa le jase fú á los borrachos, y Coralillo es más selosa que un gato en Enero;
y misté por dónde s'ha vendo Rosa á enamorá de un maleta, Esperansa de un borra-·
cho, y Coralillo de un nene que vé una escoba con delantcí y se l'asfigitra una prinsesa real de Rusia... ¿Pero qué repajolera
{arta le jase á esas niñas un novio, y que
retepajolera cosa ideo yapa enderesá á esas
tres armas mías pór er güen camino, como

eyas m'han pedío?

, ¿Y que hago yo con Chiyciera, que eser
má rumboso del barrio, y á fuerza de medias
cañas ha conseguía que yo le dé palabra de
cabayero que una de las tré será su n~a
antes der mé que viene?
•Me parese que voy á perdé el tierno
aferto de Chiyaera... y Chiyaera tia mí es

�ACHARES

POR ESOS MUNDOS

293

una .~pesie de Pr?vidensia con pantalón
señ-ío y tufos, y Ch1yaera...

11
...Y Chillaera es el Uo más feo de la Creación.
t ·, 1
Este mala sombra era tuert~ y ema a
cara que parecía gue había .s~rv1do de papel
secante para un hbro de mus1ca.
Era más feo que su papaíto de su ~lma, y
cuenta que á su papaíto _lo s_ubvenc1onó el
Gobierno para que no saliera a l_a calle suel_to. ¿Qué por qué se llamaba Ohillaem? Po:que el alcalde le había mandado que usaia
siempre unas bolas con cl1illaeras para que
se le oyera veni~ y f'e o_cullase la gente que
no quisiera morirse de risa ...
Chipén.

m
¡Sí que venía contento el !lfa~slro C~ispa!
En la misma taberna de la esquina hab1a ~ncontrado á los tres niños, y lo~ tres le ha?1_an
dado palabra de honor de deJar sus v1c1os
respectivos, y él babia tomado á cue~ta der
negosio la tú!iica más enorme que OJOS bu·
manos conocleran.
. . .
.
Entró en el Corral, les participó a las niñas que ya estaba el asunto arre~lado y se
sentó tranquilamente á su banqu1lla, canturreando esta copla:

-Pos blanca la Le tenío,-eontestó Serafina.

- ¡Tó pué sé!

t

-Y vM·verá á sé blanca, porque me es oy
dando una medicina ~ue... ,
.. -;
-,i,Es por ui:i casua pape de hJª·
-Es... ¡un l!ro!
-¿Otro tirito?
-i.faestro, usted lo pase bien.
- Vamos' Serafinita, no seas asina...
Asiéntate y quítate un sapato
- Ya está.
- ¡Un pi11onsito!
--¡¡Ay!!
..
.
--iUn cayo, h1Ja mia?
.
-No, un pellisco, maestro de m1 at'llW,.
_ Pos yo no he sío.
,
-¡Je je!... Maestro: ¿,es ver~a- que cuando P,stá usté borracho jase tneJÓ carsao?
-Lo mismo, chiquiya .. Solamente que la
ente dise eso, y tengo que emb~1-racbar~e
contra é mi voluntá: er que suve ar puhlico no tiene libre albedrío.
- ¡Ay! ¡Ni vergüensal
-;Otro cayo'r'
-Vamos, tómeme usté medía. .
-Ayá vá,-contesta Chispa cogiendo una
tira ele papel y comenzando su faena.
-Maestro,-dice sobresaltada Serafi~a. ue se equivoca usté! ¡Que son sapatos.
¡q - ·Yo equivocarme? ¡Figuraciones tuyas!
-le iontesta Chispa, adelantando en su as-

!n

Un tiesto de claveles,
mi arma, tengo,
y con media cafíita
se están derechos.
y este es 1n.i duelo,
que yo con cuatro cañas
me vengo al suelo.
y no bien se hubo sentado cuando apareció Serafina, una sevillana más fea que un
dolor á eso de las tres d_~ la madrugada, que
encarándose con él le d1JO:
-G-iienas tardes, maestro.
.
,
-· Olé las tuertas simpáticas y las picás e
virudlns salerosas!-replicó Chispa.
- No son viruelas, maestro.
- Dispensa, niña.
- E~.. , un fogonaso é pórvo1·a. .
- E pórvorci.,. ¡Y sola! ¡Porvorita sola!
¡Vaya to por Dió!... y oy~, tú, esporvoreada: ¿en qué pueo yo senrirte?
-Pos vengo á que me tome usté medía é
unos sapatos.
-¡Como las:balas!
-,-¡A y, no las mient~ usted!
- Oánnate, fototipia, Y. alegr~ ~sa flor de
regriera vieja,-le dijo Chispa m1randola á_la
cara.

oensión.
.
b t
d
-¡¡Maestroool!! ¡Que no quiero o as e
montar!
.
d' . d
- No hay cuidao,- le rep1ica, 1c1e~ o
ara sí -¡Aquí no ha yegao er fogonaso.
P -¡¡¡itaestro!!!-grita la niña desesperadamente y ya roja como la grana.
.
-¡Cállate,arma en pena, que_ó t_eJago ~
mejó carsao que be jecho en m1 ma, ó deJO
de llamarme Chispa!
-¿Pero es verdá que ese es el ~oT?bre de
:~-preaunta Serafina csn curiosidad.
us l-Mira
ed ·
" responde el vieJo,
· · t oma1
· 1dole
-le
medida y~ en serio.-Yo estoy por c1:eer q~e
me yaman Chispa porque tés los d1asd cor
reszirta e a
de diferente coló ' y de
una
·
rimera me rompieron
er b autismo,
y á la
~egunda se me o1·vió que me yamaba Pepe:
como me rompieron aquello no pude ave
;iauar mi nombre de pila, y la gente, p~r ya1n~1·meargo,asco1nensóá llamarme Chispa..:
y cátate ahí que no tiene rasón la gen le por
e á má de sé ese nombre nombre de pees mu poco mole pa un tío co~o
que las coge ar vuelo y que be yegao ah atá el amoniaco con tanta confiansa que no
me sale la tajá der cuerpo manque lo manden padres capuchinos.

;:0,

!º

-¿Y osté no se enfaaiJ
-Yo, no. ¿Y tú?
Y como hubo concluido su faena pú, ole el
zapato y le dijo:
- Ya está esto ... ¡Ajajá!
-Maestro: ¿y er presio?-dice Serafina
levantándose.
-Menos é
mil pesetas ...
No reñiremos.
-¿Y cuándo güervo?
-¡Cuando
más rabia te
dél
-Ea, pos
con Di ó ...
¿Ha y fiesta
esta noche?
-Sí.
-Convieme osté.
-Dáte por
por conviá.

-Posjasta la noche,
maestro.

-Jasta la
noche, luce1·0 averiao.
Y se marcha Serafina
y quéda se
tan fresco
Chispa cant u rrean do
una canción
antigua:

2!)3.

dole palabra de honor á aquel esperpento de
hombre de que pa el -mes que tiene era
su ya una de las tres...
'
Y con esto, y todo esto, le preocupaban
grandemente las ducas de Esperanza y las
fatigas de Paco, que cada vez se derrelfan
más y más á.
fuerza de cariño, y ni el
uno ni la otra
se arranca-

ban de mia
t·ez. Y llegó
µar a estos
dos niños
otra noche
más de dudas y vacilaciones...
En aquella
calle sevillana, el Cona!
del Jazmín
con sus tres
rejas moras,
y lras un a
mora reja la
Virgen de 1
Carmen. digo, E,;peranza, y dispénseme el lector que me
ha ya equivocado ... '

- Pos se11ó , - decía

Esperanza¿qué le digo
yo áPaco es-¡Maestro, que no quiero botas de montar!-gritnba Serafina al zapatero
ta noche?
Aire, fuego,
•Es decir, qué le digo, no; que bien sé lo
Sevilla está ardiendo.»
que quiero decirle: ¡que sí con toa mi armcif
Pero... ¿cómo se dirá que sí de manera que no
1r
crea er nene ése que yo estoy loquita por él'?
Empieso ... clisiéndole que no, aunque farArreglados, completamente arreglados y te á un mandamiento ... Y concluyo ... conclumáR contentos que unas Pascuas, estaban
yo por donde debia e111pesá.
Manuel y Coralitlo y Pepe y Rosa.
• Güeno: ¿ y si se cree er nene que yo soy
Ya llevaban tres días de pava, que, por mu fcmtasiosa ... y no le gustan los moños
cierto, la pelaban delante de las narices del y se va y me qiteo yo con los moños?
Maestro Chispa, que muy bueno y muy
•¿Y si le digo que sí, astn de sopctón,y él
santo era, pero no le sentaba bien aquella es el que se pone los moños y yo voy á tené
frescura.
que quererlo con moños y tó?
Además, Chillaera, le lraía verdaderamen(Porque aquí lo que hay que averiguar es
te agobiado, y cada vez que le veía entrar quién de los dos quiere más.)
por las puertas temblaba desde los piés á la
• Pero, sMíó: ¿cómo se arreglarán las mucoronilla. No sabía cómo resolver aquel con- chachas en estos casos? ¿Se lo pregunto al
flicto, y por otra parle su afición á la manza- maestro? ¡Y qué sabe el maestro de estas
nilla de la Pastora habíale hecho seguir dán- tonterias! ¿Se lo pregunto á Coralillo ó á

�294

i\.CllARES

POR ESOS MUNDOS

- ¿,Usté me quiere?-dijo.
Rosa? No, esas son mu dmffonas, y de la
Yo si,-le contestó Paco.-¿Y usted?
bija de mi madre no se chiifiea nadie.
-¿Yo?
...
,Lo mejó es imaginarse el papelito que tenY nueva interrupción y nuevo éxtasis.
go que jasé esta noche. ¡Eso es! Ea, por ejem-Cada día está usted más bonita,---balbuplo: ya viene por ahí ese nene dándose más
pisto que un concejal presidiendo una co- ceó Paquillo.
-Muchas gracias ... Es favor.
fradía, y llega aquí y me dise:
- Estoy viendo que se peina usted muy
•Niña: aquí estoy yo, y ya estás diciéndome que sí, porque si no te dejo, y ...• Güeno, bien.
-Regular.
eso no lo dirá él, si m'aprecia en argo. Dirá:
-¡Vaya, vaya!... ¿Sabe usted que vive en
cNiña, ¿,en qué quedamos: si ó nór» Y yo
la
mejor casa de Sevilla?
le digo ... ¡Sí!... No: me parece mu pronto ...
-¡No tanto!
Yo tengo que desirle... •Hijo, tengo que pen-Para
mí es la mejor.
sarlo.• ¡Tampoco puedo desirle eso porque
-(Aparte).
Ahorn debía yo de ofrecerle la
es el caso que ya yevo pensándolo tres días
casa:
pero
me
parece
que voy á meter la pata.
y ¡nada! ¡Yo le digo que sí y sarga er sol por
-Espera1isa... ¿han dao las onse?
Anlequera!
-No, creo que no.
,¡Pero... qué valiente es el maleta en la
-Entonces, serán las diez.
puerta de la plaza!. .. Ahora digo que sí, pe-No hay reloj en casa, ¿sabe usted?...
ro es delante de la enreaera... Luego ... lue-¡Ah!
go ... ¡pa mi que me tocan el tercer aviso!
-¡Sí!
,¡Si pudiera decirle que sí por señas! Eso,
-¡Bueno, bueno, bueno!... ¿De modo que
¡por señas... y desde el balcón!... ¡Jesús, ya
usted
se llama Esperanza?
está ahí!...¡ Vái·gaine la Esperansa y qué
-Sí, señó ... ¿Y usted Paco?...
colorada debo estar!... ¡Al balcón!. ..
-Sí, señora.
Y por la calle abajo viene Paco, y viene
-¡ ...!
diciendo:
-¡Hace dos días que estájasiendo un
-¿Cómo le digo yo á ese capu yito de rocaló!
...
sa que me diga que si? Porque esa niña tie-Pues en la calle de las Sierpes venden
ne más labia que Castelá y es capá de ponerme en ridículo si digo arguna imperti- abanicos...
-Sí, japoneses... Ahora vengo de mi casa.
nensia, que si la diré, porque é la primera
-;De comer?
vé que me veo en este caso... Pos eya me
-No, de... Ahora no vengo de mi casa,
está esperando ... Y en el balcón ... ¡Vaya todo
¿sabe
usted?
por Dios! Pero, en fin: así como así, hoy no
-¡Ah, ya!
hablaremos de cosas secretas porque... Bue-Ahí en la esquina me he encontrao á un
nas noches, niña.
borracho.
-Buenas noches.
-Bueno.
-r,Me esperaba usté?
- Parece que está usted hoy más alegre
-¿Ehr
que
otros días.
- ¿,Que si me esperaba usté?
.
Bueno.
-(Aparte). ¿Qué contesto yo, madre mia?
- ¡Cudiao que alumbra mal este farol!
-Digo que si me esperaba usté.
-¡Sí que alumbra mal!
-No soy sorda... Y usté, ;,venía á bus-Bueno, pues me voy porque me están
carme?
esperando en el café dos amigos.
-Yo, si.
-¿Pa contratarlo?
-Pos yo, si, también.
-Sí.
-¿,Ha pensao usted eso?
-,.Si?
-Si.
--Digo, no.
-;,Y que dice usté?
-¿No quedamos en que u~ted ya no to-Pues ...
rearía más en ninguna parte?
Y aquí Re le atragantó el si á Esperanza, y
- No... ¡Si es que no sé lo que digo! Si es
Paco se quedó mudo interinamente, y los
que ... Bueno ... Me están esperando ...
dos se miraron y mirándose estuvieron cer-Vaya usted con Dió.
ca de cinco minutos sin pestañear.
-Pero .. .
Paco quería hablar y solo movía los la-Pero .. .
bios. Esperanza quería decir que sí y menea:
-Pero .. .
ba la cabeza para todos los lados, como s1
-;_Pero qué?
fuera un muñeco de cuerda.
- Usted ...
Por fin, Esperanza se atrevió á hablar.

-;,Qué?
-Usted...
-¡Acabe usted ya, hijo!
-Es que temo...
-Pero...
- Yo, la verdad...
- ¡Siga usted!
-La quiero... ¿Y usted?
-Yo... mire usted: vamos á echarlo á la
suerte. Si el primero que pase es un hombre, ¡sí! Si es una mujer... ¡pero espérese
usted que pase eqa señora.
--¡Ya pasó!
-Y por la esquina viene otra señora. Esta
vez no vale: á la tercera va la vencida.
-¡Esperanza!
-¡Qué!
-Por allí vienen unas enaguas negras.
-¡Ay! Será un cura.
-Sí, un cura debe ser. ¡Un hombre!
-Eso.
-No, que es una mujer.
-¡Ah! Pero se ha parado en la esquina.
-Pues... pues... espére~e usted ahí un
rato que voy á decirle á mi hermano que
salga á la calle á comprar una caja de fósforos.
. -Pero, prontito ¿eh? que la Ua esa ya
viene para acá.
Y la noche siguiente hablaron los nenes
más seguido y más...
Bueno, oigan ustedes al Maestro Chispa.

V
-¡No, no y no! Por esto sí que no paso.
»Quererlas... jasta la paré de enfrente. Protector, jasta la paré de enfrente también.
Pero ponerse en!rente é mi banquilla toas
las tardes á decirse ternesas y mimos y...
¡va~os qu_e n~I que me tiembla er purso y
ya Jasé seis dias que estoy liao con las sapatillas der canónigo y le be puesto corchetes ar tacón siete veses... ¡Vamos que no!
E~as qu_errán mu~ho á sus novios; pero á
rn1 mardita la grasia que me jusen...
»Y Chiyaera emperrao en que yo tengo la
curpa de tó esto, y en que yo he de jasé y
he de acontesé, y en que ... ¡mardita sea er
betún corinto, que estoy viendo la ma1isaniya é la Pastora á cinco leguas de distansia.
en a~tom6vi desbocao, y... bonitas tengo yo
las piernas pa alcansarla!
. •Y los niños s'han enterao de la pretensión de Chiyaera, y anoche en la fiesta le
tomaron el pelo de lo lindo. ¡¡ Y que no había
aqui mujeres ni ná!! ¡¡Y que no se pitorrearon de Chiyaera, ni na!!
»?1~no: yo estaré borracho, pero hoy es
er 1wtimo día que pelan la pava ac¡uí: se

295

van á dí á pelarla por teléfono ó por telégrafo, ó po~ ci~ernatógrafo ... ó en la asotea,que
corre mas viento y no ofenden á nadie.•
Y mentando al ruín de Roma por la

puerta asoma.
Ahí lo tie?en ustedes, Manuel, que viene
co~o para 1:1f_arlo, y sin saludar siquiera á
Chispa se dirige al cuarto de su Corali yo y
da dos palmadas.
-Oye tú, niño,-le dice el maestro levan~ándose furios? de su silla.-¿Tú no
pelá la pava de dia en la reja?
-No señó, que está er sitio recalentao
por er sol.
. -¡Y á tí que más te dál-grita Chispa ind1gnado.-¿Tú te crees que está regulá que
yo aguante desde la banquiyar...
~ero no le deja concluir Pepillo, que entra
en igual forma que Manuel y hace la misma
faena en la puerta del cuarto de Rosa.
-Oye,, tú, Pepi,yo,-le grita á éste.-¿Tú
t'has cr~o que soy sordo y ciego?...
Y aqui entra Paco muy ligero como aquel
que llega tarde á cobrar, y ac'ercándose al
cuarto de su ~speranza daotrasdospalmadas.
-¡Pero que poca vergüensa quea en San
Bernardo, hombrel-chilla el zapatero en el
colmo de su indignación.
-¡Y qué mal repartíct!-1e contesta Paco
con mucha flema.
~¿,Te ha~ llevao tú toa, verdá?-replica
Ch1spa.-¡Hombre, no quisiera má que sé er
cas~ro, que con un recargo en er alquilé
de a perra gorda por suspiro me jasía amo
de Sevilla!
Pero maldito de Dios el caso que le hacen
al viejo los niños: ven aparecer en sus puertas á_ sus niñas, y unos y otros exclaman casi
al mismo tiempo:
- -¡Coraliyo!
-¡Rosa!
-¡Esperan sal
-¡Pepe!
-¡Paquiyol
-¡Manué!
Y e~ maestro, en vista del resultado satisfactorio de sus gestiones,exclama malhumorado volviendo á su banquilla,
-¡¡¡Q~e aproveche, cabayerosl!!
. Y empiezan Lres pavas á la vez y seis suspiros ?ada minuto, y aquello se pone como
pa deJarlos solos y el Maestro Chispa no dá
t.1n martillazo en el clavo.
. -Pides imposibles,-se oye decir á Coralillo.
_-'--Esp~ra un poquillo á que el maestro no
mire,-d1ce quedito Esperanza.
-¡Ahora que no mira!-exclama Rosa.
Y suenan ¡tres besos! que acaban de descomponer á Chispa.

pués

�_ -¡Ea, señores, se acabó tó!-grita el maestro.
,
-Por mi parte, no he empezao toavia,
-responde Pepe.
-Pos entonses argimo ha dao dos veses...
-replica el viejo.-¡Y ya se es~~n largando
de aquí los mositos,que estas mnas son cosa
mía!

-¿Aónde?

ACHAJ:lE::i

POR ESOS MUNDOS

296

_

-¡Poca lacha!---grila ex~itada Coralilloy mientras el Maestro Ch1spa enlra en s~
habitación y cierra por dentr?, las tres mñas gritan simultáneamente dan~oles á sus
novios con las puertas en las narices.
-¡Y á mí no me m_ires en la víal
-·Como si me hubiera muerto!
-:Véte con la Pmtá!

,

- ~AóndM-d1ce el maestro rascandose
la cabeza.-Tú, Pepiyo, á la taberna d_e la
esquina, que t'has dejao orviá la qumta
ronda de mansaniya.
-¡Yo!
,
.
-¡Tú! ¿A que no eres capci deJecharle el
aliento á tu
novia?
-¡Sí, que
hnelel-dice
Rosa.

VI
-No bebas tan deseguío, Chispa, .Y jáblame por tu salú de esos tres capuy1tos é
rosas.

-Pos no te muevas, chavó, que con er
ruío de tus

-T.í, Paquiyo, - sigue impertérrito Chispa
-en el Café
de América
te está e~pado el Cmn-

plio pa arre-

•

botas no nofi
vamos á podéentendé y
por señas no
sé desí más
que una cosa
que dije
cuando me
rompieron er
bautism•o...
La cosa no
ha podío sa-

U mejón:

casi sin queglá lo de la
ré te be prenoviyáde la
parao er teAlgaba.
rreno. Yo sé
-;,Qué
bién que los
dice osté?tres asauras
oxclama Paes os andan
co, q11e vé
buscándome
llegar la torpara hacer
menta.
una ju di á
-?Qué me
-Asfigúrate lit que esos Iros ni1ios d'han pitorreado de m!,-dijo Chillaera
conmigo, pevas a contar
al Maestro Chispa
ro yo ...
á mí, respon_.
, _
-Osté,
aquí
en
Sevilla,
ó
en
San Petersde Chispa api·ovechandoy ce-mdo.-¡Si }_~ lo
sé tó y os sigo los pasos, pa que estas ornas burgo, onde quiera que se establesca osté,
mías no vivan engañásl Eyas sus tomaron tiene siempre una navaja mía y un b1 aso de~
bajo la condición de que ni el uno se embo- recho mío á su disposisión. Ya sé lo que ha
rrachara ni el otro fuera á las nubes en su pasao. Y lo he traí?~ á osté á la _taberna pa
vía, v á éste ... á este mátal~s-callan~o ~on la decide que esos mnos s'han pllotreao de
condisi6n de que no s'arrmiam mas a otra mí otra vé, y esto no pueo yo consentirlo pormujé. ·Y sabes Manoliyo qué hora es? ¡Pos que no me da la repotente gana. Han dicho
las sieie! Y á las siete y media te espera la que er arcarde m'ha mandao que use botas con chillaera, y el arcarde no tié ná que
Pinlá.
vé
con mis botas, sino que á mí me gustan
-¡¡Tó es mentir_all-grita _Paco.
-¡¡No es mentira!! - gntan las tres y ¡y hemos concluío! Han dicho que yo soy
feo, y pa demostrá lo contrario he pensao
Chispa.
.
-¡Por estas que son crucllsl - Jura Ma- quitarle las novias y...
-Oye, oye: ¿,pero las tre~·t
nuel.
.
-¡Tres conquistas que jago yo en dos ho·
1
-¡Aunque te pongas en cruz!-le rep 1ca
rns!
su novia.
. .
,,
-¡Chócala, Napoleón!
-¡Sin vergüenzal-d1ce Esperanza.1
--Digo, si usted me ayúa
--¡Borracho!-exclama Rosa.

- ;Que si t·ayúo? Tú ... convía, y veras.
i\1ño, ¡veinticinco cañas!
¡) a está! ¡No hay má que hablá! Ahora
mismo te voy á desí cómo y de qué manera
van á ser tuyas en arma. y via.
,,Yo las conosco á las tres como si la, hubiera paría, ¡ya ves tú que bm·bariá más
grande! y sé cómo hay que entrarle á ca una.
,Asfigúrate tú que te encuentras con Rosa. Tú eres Rosa y yo soy Chiyaera. ¡Oye,
pero por un rali to: ¡¡por un rali to ná má!!
Hay que entrarleasín... Reparo me da desirte lo que te voy á desí, pero, en fin, ayá va.
«Capuyito é clavé, rosita blanca, jasminito
azul...» ¿,Dispensa, eh? «Lástima me da de
verla á usté tan bonita y á Pepiyo tan borracho., «,i_Borracho?,-dices tú, que eres Rosa.- «Pala casilla va ahora resumiéndose
como un cántaro de Lebrija ... » ¡Y ya es tuya!
»Si es Corali yo, le dices que has visto á
l\fanué jecho un fuego fátuo detrás de una
niña.
, Y si le toca la china á Esperansa dile que
Paco ha asertao una contrata pa al'litá de
globo en la plasa de Boyuyo.
-No diga osté má.
-¿_Te vas, niño?
-,},Iay fiesta esta noche en er Corrá?
-81.
-Pos jasta luego. ¿Irán los niños?

-~o.

- Y si van yo los espanto.
- Y yo t'ayúo.
-Y yo co1wio.
-Y yo acerto.
-Con que jasta la noche, maestro,-clice
Chillaera marchándose.
-Jasta la noche,-exclama hecho un tonel el Maestro Chispa.-¡Eres un vivo!
-¡.Argo de eso hay!-responde Chillaern
alejándo -e.
Y viéndole marchar, le dicA Chispa:
-¡Vayan con Dió los rnososgüenos y con
sircunstancia vi ...
-Oye, prencÍa,-le dice al chico de la taberna.- Dame un chalo por mi cuenta... ;,Sabes tú quién es ese?

-Er Bombita chico.
-No... ¡Ese es uno que se va á vaná una
de pa!os que no_ va á fené fin!

VII
Apenitas llegó aquella larde el Maestro
Chispa á su casa se encontró con sus tres
protegidas, que le rodearon llorando á lágrima viva.
-¡Maestrol-gimoteó Esperanza.
--¡)laestro!-decia Coralillo.
--¡Ay, maestro de mi... mi ... mi ... vi ... vi ...
tn'a/-sollozaba Rosa.

-¡Niñas!-ex.clamó el Mae3tro Chispa.
-¿,Pero es vercláque mi Pepillo no ha cle-

jao er vino?
-,:Es verdá lo de la corría?
-¿,No s'ha eninenclao mi J\1anué?

'

-,-Jozú'-dijo para sí el maestro.-¿Y
qué les digo yo ahora? Pos yo no pierdo el
cariño de Chij'aera. ¡Ar fin y ar cabo eyas
van á jasé su santísima voluntad!
Y muy alto y como indignado, exclamó:
-¡Ni se han enmendado ni se enmendarán!
-¿,Tú has visto?-dijo Coral á su amiga.
-¿Pero no oyes? - dijo casi \ti mismo
tiempo Rosa.
---¿Tú no ves'r-gr;ló Esperanza.
E inmediatamente se desataron aquellas
lenguas de mujeres.

-¡Cctnaya!
-¡Herodes!
-¡Ingrato!
-¡Pillo!
-¡Granuja?
-Permita Dió-exclamó Coralillo ~ecándose las lágrimas-que se arruine con esas
pingonas y se tenga que afeiteí, con un crista 1 y papel de lija.
-Así le peguen una corucí. y lo dejen que
nipa un sacudío,-dijo furiosa Esperanza.
1 Rosa chilló:
-¡Premita un divé cler sielo que se vea
con la mansaniya jasta er pescueso y sin
poé baja la cabeza va sorbé!

-:Canaya!
-¡Borracho!
-¡)fa letal
-G-iieno,-rcplicó Cbispa.-;,Se habéis
desahogao ya'l Pos jasta otra, porque á lo
mej6n cuarquier noche de estas pelaréis la
pava en la reja ... como si tal cosa.
-Aunque me jisiera cacho.-respondió
l~-;poranza,
-Ar primero que me pici la cont'el'Sasión seladoy... ¡pa que rabie!-replicó Rosa.
-¡Y yo!-dijo Coralillo.
-¡Hombre, premita Dió que fuera Chiyaera!-interrumpió Chispa.
-¡Aunque fuese Chiyaera.
-¡A Chiyaera mismo!
--¡Eso é.'
Y el .Maestro Chi5pa elijo, persignándose:
-¡Ave María Purísima!
Y comenzaron á bajar al patio los vecinos
1· comenzó á formarse el corrillo de loda9
Ías noches y comenzó la fiesta.
,;,Que cómo acabó aquello't Mal: eomo el
Rosario de la Aurora.
Porque Chillaera cumplió lo ofrecido y
realizó el plan que Chispa le indioara, y
cuando las tres niñas le dijeron á Chillaera

�298

ACHARES

POR ESOS MUNDOS

qua si por dar achares á los tres no'ltios,
cuando Chispa se santiguaba una y mil veces,al oír de boca de aquel tipo que eran las
tres suyas y que á la noche siguiente le esperaban en la reja las tres, las niñas se reunieron á parte de la fiesta, y yo no sé cuál
fué la que comenzó, pero lo cierto es que enterarse aquellos tres serafines de que las
tres habían resuello clarle la conversación
á uno mismo, gritar c¡Chiyaerct pa 'mÍI•,
•¡Pa mi.'•, •:IA»ipiafe! •, aganarse de lo;;
moños y llover bofetadas y sillas, todo fué
uno ... Y después, tres soponcios, la fiesta
aguada, y...

\' lf
~ •... y Chispa, que, no se sabe cómo, se encontró en un camarote de una taberna de la
Puerta de la Carne, en frente de Chillaera,
reanudotndo la tarea que dejaron aquella
tarde.
-Oye, Chispa, ;_no te pcirese que nos vá á sentá pero que mn malísimamento
este r.hato?
-Pos mira, por proM
ncí se pierde. ¡Aniba!
-Arriba... ¡1\jajá!
-,iC6mo ha caío?
- La verdá, así sentrw ...
no lo noto.
-¿Cuántos van, Chiyaera?
- ¡Chispa de mi arnw!
Ya he penlío la cuenta.
-¿Te pm·ese que yamemos y le preguntemos m·
moniat"íé cuántos van?
-Llámalo, Chispa.
-Ayávoy... ¡Pacoool
-¡Pacoool

-Aquí están los chatos.
-¡¡¡Olé tu mare!!!
-Chiyaera, no tejagas el borracho.
-¡Chispa, m'ha salío del arma!
-Pos reprímete y d1•ja en pá á la familia
de Don Fransisco.
-?.Y cuántos chatos van?
-Pues trece carla uno.
•-¡Chis pal
-¡Chiyaera!

-¡Trese!
--¡l'tfardita sea mi estampa! ¡Trese!
-Corre, Paco, por tu salú, ¡trae otro!
-¡Al vuelo!
-¿,Tendremos mala pata, Cbiyaera?
-Lo que tengo é una curda de las que no
se cogen ni er Corpn Cristi.
-¡Chi yaera, ¡trese!
- ¡¡¡Trese, Chi~pa!!!
- Aquí está el otro par.
- ¡Ay, qué peso m'has qnitao ele ensima, Pacol-dice Chillaera.

-¡Paquiyooo!
-¡Don Fransiscoooo!
-Hola, señores: ¿,qué 8 C
ofrece?
-¿,Tú sabe cuántos chatos
van ya, hijo mío?
-Misté, voy á verlo, y de
camino traeré otros dos.
-No.
-Nooo.
-Es por mi cuenta... ¡No
s'arboroten ustedes!
-Oye, Chispa, dise que
es por sq cuenta ..•
-Por su cuenta, Chiyaera.
- Pos que lo traiga.
- Chirnera, sobre lu concencia vá: ¡que lo traiga!
-¡En seguida!

-¡Pos á mí me lo echa ensima!. .. Chispa,
no pueo más.
-;,Y cuántos se deben:'
-Pues nada más que trese ccí uno, porque
er que hasía trese iba por mi cuenta.
-¡Paco!
--¡Pacooo, tú nos quieres emborrachar!
-Trae enseguida un cato1·se.
-¡Voy!
-¡Chiyaera!
- ¡Chispa!
-~.A que me van á co11osé que he bebío:__ :-:¡i se fijan mucho ... pué sé.
- -·El número cato1·se!
-Gracias, Paco ... ¿_Cuánto se debe?
- Veintiocho reales.
- Como estos.
- \'amonos, Chi yaera.
-.\póyate aquí, Chispa.
-Vámonos despasio.
-Sí, despasito y pala freiduría' de Espat·raguera.
-¡Verdá que hay que alimentarse, hijo
mío!

-Pónte derecho el sombrero.
-Asóplalo,que no pueo levantá la mano.
Chispa l' Chillaera han comprado el pescado, salen de la calle Cerrajería, siguen por
la de las Sierpes y al pasar por delante del
Café América, dice Chispa:
--Chi yaera, parece que me he caío.
-Vamo, hombre, arriba ... Guasón, venga
esa mano.
Y Cbillaera coge al maestro, hace increíbles esfuerzos y cae por último sentado ju11lo á él.
-¡Jé jé!... Chiyaera: ¿te parese que descansemos un rato?
-Güeno, descansemos, Chispa de mi

arma.
Y al poco, los dos se quedan dormidos. A
las dos horas, despierta Chispa, mira á su alr~dedor, y ve que toda una legión de gatos,
srn asustarre de la fealdad de Chillaera, acaba de dar fin á las pescadillas fritas: no quedan ni las espinas. Chispa se sorprende, llama á Chillaera y le dice.señalándole los galos:
- Hijo de mi cirnia: 6 se convía á la gente, ó no se convía... ¿,no te parece, tú?

- Sí.
-Pos güeno, toca las pormas y ple café
pa estos señores que ya han senao...

IX

•H111·na se armó cuando las niñas se enteraron de que las tres hablan acor,lndo
'
darle la con1:ersación al mismo tiempo á Chiyaeral

Pues, seiior, que llegó la noche siguiente,
y todo el día pasó Chillaera acicalándose y
ciándose betún corinto en las botas ¡betún
rorintol que se había vuelto loco por toda

Sevilla para encontrarlo, y era porque aquella noche tenía uua cita con cada una de las
niñas, y á la una y media con las tres.
No cabía el! sí de gozo el feísimo hombre,
y todo le sonreía y todo le parecía de color
de rosa, y hasta en un ralo que estuvo por
la tarde con Chispa, al entrar Serafina preguntar.do por sus zapatos se le antojó de
querubín del cielo aquella cara que parecía
un abecedario japonés, y la dijo al reparar
que era tuerta:
-¡Lástima deniñal Si yo fuese lavandera le
daba á usted un ojo. (Un ojo en mi tierra, se
llama, lector amigo, á la legía con que se lava la ropa.)
No podía creer el Maestro Ch;spa que las
tres niñas llevaran á cabo sus planes, y por
curiosidad y por unos chatos de vino que le
anunció el enamorado Chillaera prometióle estar á la una y media en la calle de la
cil:i.
Y lo hir.o ... Y mira, lector, la calle de las
Cruces, estrecha y solitaria, con un farol al
final medio agonizando, y la fachada del
Corral del Jazmín c?n sus tres rejas seguid itas y cerradas. Y mua cómo por aquella esquina aparece Chispa dando tumbos, y detrás Manuel, Pepillo y Paco, dándole empellones.
-¡Así, con buenos modalcs!-dice Chispa
temblando.- ;,Qué ocurre, eh? ¿Qué pasa,

eh'J.
-,;.Que qué pasa?-replica Manuel.-Que
no salen las niñas hoy, ni salieron anoche, y
usté ha tenío la curpa.
-¡Ezo, ezol Echarme á mí la curpa, que
por eyasjase dos días que no estoy en mi
sent1o: ¡ni una gota é vino!
-Entonse, ¿,por qué se mueve usted tanto?-le dice Pepe, empujándole.
-Es un aire ¿,te ente1·a?-contesta Chispa.-Y sobre tó,que á nadie le interesa si yo
me muevo ó me dejo de mové.
-Giieno, pos ya se me cumplió á mi el
gusto... ¡Poquitas ganas que tenía yo de cogerlo!-dice Paco dándole otro empujoncito.
-¡Teníamoss ganasss!-afirma Manuel repitiendo la suerte.
-Húmbre,-contesta Chispa- pos yo no
tenía nenguna... ¡Mira tú lo que son las co~as, esgcmao completamente! ...
-Pero vamos á vé, niño,jasenne er fav6
de no arrempujat·me má, que sus voy á
explicrí, f,ó lo que ha pasao como si lo estuviera confesando. .Ascucharme y dejarme dí
con Chiyaera,que me está esperando.. ¿Osterles se acordáis de lo malamente que qtreó la
1·eputasión clet' físico de Chi yaera la otra
noche por cu11Ja de ostecles? Güeno: pos
juró vengarse y quitaros las novias, y lo pe6

�300

es que lo jizo, y lo pe6 es que las tres le dijeron que sí, y lo maR peó es que no se concluyó anoche !:i. fiesla en bien porque, a lo
Y se abrió la primera ventana y apareció
mejón, empiezan eyas a desi «¡Chiyaera pct Ro~a, y se abrió la segunda y apareció Comi! ¡Chiyaera pa míb, y s'at-mó la gorda. Yo ralillo, y se abrió la 'erre ra y apareció füestaba jecho una c11bn, y esta mañana, ar peranza.
despertá, en lngá de encontrarme un San
-¡Y vamos á ver quién se lleva el gato al
José que tengo a la mano derecha de mi agual-dijeron las tres, en el mismísimo mocama me encontré con un municipá que en mento en que se les presentó Pepe, con una
l-n[Já de vara "(f,orecía tenía en la mano un !ajada &lt;'e las de ¡agarrese, hermano! y se fué
vergajo de cuatro leguas y picú en cuadro. fle~hadito á la reja de Rosa.
¡En la Prevención, hijo mio! Después m'han
-Giienas noches, niña presiosa.
contao que Chi-¡Josú, María y
yaera se salió con.losé!
migo at· empesá er
-No he estorjaleo, que Rosa se
nuao, pero ahora
desmayó y la lleestornúo. ¡Atcbisl
varon a la casa de
-¡Asin le ahosocorro, que á Esgaras!
peransa le dió una
- En mansan iarferesict y á Coya.
ralillo un soponsio.
(hieno ... (,Y á
... Totá. que esta
qué vienes aquí?
noche, á Ja una ) ,. '
-A pelá la pava.
media, vendrá Chi-Estás fresco.
yaera á esta calle,
-Me parese que
no.
y aquí estarán las
- (, Pero tú no
niñas en lati rejas...
sabes que esta mo- ~.A la una y
sita es ya de otro
rnediai'-le in te-•
niosito?
rrumpe :Manuel.-;,Y á mi qué?
Bueno. ¡Pues ahora
-Pero,hijo, véte
se va á ver qLtiénes
ya, q1 e va á veni
s o m o s nosotros!
el otro.
Vámonos á la ta-Pos que forro&lt;'
berna.
cola.
-Andando,-dice ,
-Pero ... ¿en qué
Chispa, sin contar
quemnos?
con la huéspeda.
-Pos queamos.
Y es que los ni- dice Pepe muy
ti os s e vuelven
pausaclamen te- en
contra él, y dándoque tú me quieres y
le un empujón soyo te quiero, y coberano le contesta11:
mo tú me quieres y
-¡Qué taberna ni
Paco, todo ven&lt;l,t&lt;lo, presentóse en la reja dP. su E,peram.a
yo te quiero clamqué niño muerto!
bos nos queremos, y como er queré...
-Mira, no te vayas ádormi queriéndome.
-Yo no me duermo porque tú estás elan-¡Qué educación!-dice Chispa viéndolo:s te, y tú eres para mí como un rayito de sol
marchar.-¡Ni osté gusta tan siquiera! A mi que me da en la cara y me j&lt;tse abrí lo
me parece que lo mejón es meterme en mi ojos y despertá y ...
casa y que no me vean er pelo é la ropa...
-Bueno: queamos en que ya te has lePero ... ~.cómo dejo yo la mansaniyci con la vanlao.
-¿,Y qué'? Estoy delante der sol, y er sol
{arta que me está haciendo? Pos lo que es
ro no veo á Chiyaera en tres meses. ¡Cá! me dá en la cara y mejase cerrá los ojos y
Yo me meto en la taberna de la esquina y andá á t'ento, asin...
-!\lira, anda á tiento por otro lcw, que te
bebo fiao ... ¡¡Y como at feo triple ese se
l'antoje vení por aquí, se vá á volver loco vas il gancí un bofl t5n que vas á Yer las estrellas.
pidiendo arnica!!

301

EL RECUERDO

POR ESOS füJNDOS

-;.Y qué? Si la gofetá me la vas á dar tú
con esa manita de d'asúcar cande... ¡una gofetá dá por una manita de asúcar cande
tiene que sabé á asúc:i.r!...
-¡ Cande! Varía de conversasión, que voy
á fené que tomá agua-dice la niña sin poder
con tener la risa.
-¡Agua, sí! ¡¡Pa er susto!!-exclama de
repente Pepillo, enderezándose y dejando de
fingir.-Porque ni yo e,toy borracho, ni me
emborracharé en la vía, y como venga Chiyaera por aquí...
-¡Pe pillo!
- ¡l\li Rosa!
--¡Granuja!
-¡Reina! ¡Deja que venga ése!
-¡Que venga!
-Y si viene ...
-Si viene,-contesta la niña-porque no
pueden contigo los achares, Pepillo de mi
vía, ¡que pele la pava con el sereno!
-¡¡Olé, las sevillanasll

XII
Y Paco, vendado hasta la punta de la nariz y quejándose más que un perro pisado,
se acerca a la reja de su Esperanza y empezando por asustarla acaba por convencerla
y hacerla reir.
Y Manuel pasa del brazo de Serafina por
frente á Coral, que no puede resistirse y lo
Jlama.

-(.Quién es esa mujer?-le dice indignada
-¡E1· arcángel Don Grabié en figura hu-

mana!-contestal\lanuel, quitándola el mantón en que viene embozada; y al ver Coralillo, antes celosa como gatita mimada, la facha de la feísima Serafina, lanza la carcajada, y Manuel se aprovecha, y Serafina escurre el bullo en el instante supremo: ¡la una
y media!
¡La una y medial Y suenan las bolas de
Chillaera...
¿Te vá intercsandJ la historia, lector? Pues
lo siento, porque has de saber que Chillaera llegó con Chispa á la calle y ¡claro! se
encontró las tres rejas ocupadas, como si
nada hubiera sucedido; y cuando los dos mirándose y temblando como azogados pasaron por frente á la segunda reja, sonaron
tres besos, uno por pareja, y unas risitas de
los seis enamorados,que olía todo á pitot-reo
desde media legua.
Parece que te ha disgustado el remate.
¿Pero qué quieres tú que suceda con los
quereres andaluces? ¡Así se quiere en Sevilla!
Y ese es el cariño: ¡celos y achares! Que
sin riñas y reconciliaciones no hay quereres,
que las ducas del amor son dulces ducas, y
las alegrías del querer dulcisimas alegrías.
¿Me perdonarás que te haya hecho perder
el tiempo con esta bagatela?
P8DRO

PÉREZ FERNÁNDEZ

llmtraciones de F. de la ],Iota

EL RECUERDO
Del viejo mar el ímpetu contiene
nocturna bendición del cielo pío;
cuajan las perlas en el seno frío
al rayo de la pálida seleue.
Pájaro errante, que en sus alas tiene
como una suave rafaga de estío
de un triste amor, más triste porque es mio,
dulce recuerdo á visitarme viene.
En el revuelto mar de mi fortuna,
sobre el abismo de mi mente ilota
de ese recuerdo la caricia leda,
como un rayo mirifico de luna,
como el águila de ti mida gaviota
que roza el mar con su plumón de seda...
FERNANDO DE

ZAYAS

�¿DÓNDE REPOSA OCLÓN?

Catedral YPar?u·~ de Colón, en la ciudad de Santo Domingo, de Haiti. En la Catedral, comenzada en el año 1512 y
conc Ul a en 1540, fueron enterrados en 1537 los restos de Cristóbal Colón y de su hijo Diego

¿DÓNDE REPOSA COLÓN?
podido ponerse de acuerdo anteriormente cuantas personas lo hubieron tratado:
¡,eran realmente los
restos de CristóLal
Colón, ó los de su
hijo mayor Diego, los
que reposaban en la
Catedral de la Habana? Porque la República de Haití negabael primer extremo y afirmaba el segundo, celebrando,
al ,1iismo tiempo que
Espaiía en 1892, solemnes exequias en
la Catedral de Santo
Domingo en memoria del descubridor
de América, á cuyos restos mortales,
que aseguraba poseer, levantaba entónces expléndido y
magnifico mausoleo,
de que son débil
muestra las fotograSarcófago que los dominicanos ase~uran que conti~tH·
fü1s que i1 ustran estr
los restos mortales de Cristóbal Colón

en el aiío 1892 se celebró solemne y pomposamente el cu,trlo
centenario del descubrimiento de América por Cristóbal Colón, una de las ceremonias que entónces se verificaron fué
la traslación de los
restos del na,·ogante
de inmortal memoria, que reposaban
en la Catedral de la
Habana, al crucero
UANDO

C

Conde de Venadito,
que los transportó á
Espafia, donde yacen, en Sevilla, en la
magnífica basílica de
la capital andaluza.
Con este motivo
suscitóse una disensión, en que tomaron
parte los más afama dos historiógrafos y americanistas,
acerca de un punto
en el que no habían

artículo. Como en anteriores ocasiones do. Los res~os de ambos fueron depositatampoco esta vez se pusieron de acuer~ dos en la Catedral de aquella ciudad v
do lo~ que discutían, y mientras España algunos ailos después se construyó ;nit
sostiene
E&lt;Opultura
que posee
al lado do
los restos
las antede Colón,
riores pala ciudad
ra el nieto
de San lo
do Colón,
Domingo
Litis, duafirma que
que do
es e l la
Veragua.
quien los
¿,Por qué
conserva.
fué trasla¿De dónde
dad o el
provienen
cuerpo del
estas disilustre nacrepanvegante á
cias? HaSanto Dogamos un
mingo? El
poco d&lt;'
propio Cohistoria,
lón había
breve, pepedido ser
ro comenterrado
pendiosa.
en dicha
como dice
isla occila frase
dental,cuhecha.
yosencanSiete
tos ensalafios deszaba en
p u é s do
una carta
ocurrida
á sus reaen Vallales patrodolid, en
nos, Fer2Odel\Iayo
•
nando é
de 1506 la
Mllusolco erigido en la cripta de la Catedral de Santo Domingo, en memoria
Isabel.
muerte &lt;le)
de Cristóbal Colón
«No hay
ilustre genovés, pobre y casi olvidado en ~l ~undo,-decía-mejor pueblo ni
f~eron trasladados sus restos al Monaste~ meJor tierra: aman á su prójimo como á
r10 de las Cueellos mismos,
vas, en Seviy su converlla; yen 1537
sación, que es
el cuerpo d~
siempre d u lColón, con el
ee, va acomde su hijo Diepafi.adade una
go, fué transsonrisa.».
portado á tra
Hasta este
,
ves
del 'Atlánpunto, los hetico, á la ciuchosson innedad de Santo
gables. Poro
Colón discutiendo con los sabios
Salamanca·. uno de ¡0 s ba¡o-re
· rieves
Domingo
del de
mausoleo
ahora empie,
) entonces poseza la duda, y
si~n ~spafiola y la colonia europea de con e!la, la controversia. En 1655, enmas importancia en todo el Nuevo Mun- contrandose la ciudad de Santo Domingo

�POR ESOS MUNDOS

t a y la rnraci, ..
.amenazada por una escuadra inplesa, el referido caneel . La,cer ez
dad
de
esta
tradicion
fuer?n
de!no:llttarzobispo Francisco Pío mando que las
ú as ultimabóvedas en
mente por insque yacían lns
cripciones hatres glorias
lladas en el
n acionales
alaud de Crisfueran bien
tóbal Colón.
cubiertas con
En 1796 ,
tierr a par a
por el Tratado
ocultar á los
de Base!, Estemidos ene•
paña cedió á
migos el sitio
Francia su de.
112 d Octubre de 1492: uno de los bajorocho (c¡ue dudonde se h a- Colón desembarcando en Amé_r,1
e
eCatcdral de Santo Domin~o
relieves del mausoleo er,g, O en Ia
ran le mucho
ll aban dichos
restos, creyentiempo sólo había sido no,~\nal) á la s~do indudablemente, y º:oyendo con ra- berania sobre la isla de Haih , aunque ex~
zón que los marineros ingleses de aquepresamente se re.seno
llos'tiempos disfrutaban
e O n s e r v a r para si
mucho profanand? los
los huesos de Colón Y
santuarios ele una fe que
trasladarlos á la I Iabano erala suya. Así sucena traslación que, en
dió que un sínodo que
ef~cto,se verificó á frnes
se reunió en 1683 dede aquel aüo.
claró que el sitio exacPero al intentar desfO donde yacían los
enterrar el cuerpo del
restos de Colón había
gran almirante, los cosido confiado rí la tramisionados espafloles
dición.
.
no encontraron seü al
El capitulo inmediato
algunaexterna que mos,en la historia de e_stas
trara el sitio exacto doncélebres cenizas tiene
de yacía, ni tampoco
la fecha de 1783. Endispusieron de docutónces según la declamento ninguno que les
ración' del capitán geguiase; y tuvieron q_ue
neral de la isla, ~on
aceptar las declaracioIsidoro Per·alta, miennes hechas por las autras se reparaba el
toridades de la Catedral
cancel de la Catedr~il Escultura central que figura en el mausoleo de Santo Domingo, si~l
fné hallada Uf!-ª ca;a
de Colón
que pusieran luego cmde plomo sin ,inscripdado ni empeño en depurar _la exactitud
ción al9una, qne co!ifor11~e á, w!a tra_- de dichas declaraciones. Abner~n una de
dición constante é invariable e1a sabilas bovedason
do que conteel sitio queles
nía los 1·esindicaron, retos de Colón,
cog ieron de
p1tes , se9ún
ella una caja
esa tradición,
de plomo que
los despoj os
contenía restnortciles del
tos humanos,
.gran almiy los lleYaron
rante se ená la Habana,
•contr ab an
donde fueron
enterrados á
debidame nte

la derecha dr,l

os en el templo metropolitano
capital.
pueblo de Santo Domingo ha sostesiempre que el cuerpo trasladado á
a no ,fué
él descudeAmésinoel de
mayor:
olón.
ición
s cony tieierta,
s re•
omi-

la tumba de donde los espafloles tomaron
el cuerpo llevado á la Habana. Continuando las pesquisas, dieron las autoridades eclesiásticas de Santo Domingo
con una tercera bóveda, mayor y más elevada que las
otras, y de ella
retiraron un
ataud con inscripcionesque,
descifradas
luego, atestiguaban que
aqu 01la caja
que, .
mor:noria era
la de Cristóbal
nte:
perColón. De e$te
nerahecho se le'a,invantó testimo
nio público en
mal,l 0,1411 encargando el cuidado de III h~o Diego i !09 frailes de la R6.plda: bljona - ril.ie-.e que 11eura en el mausoleo eri¡ido en la Catadral de Santo Domingo presencia de
r su.
los cónsules
os espailoles, y algunos inves- extranjeros, incluyendo al representante
e han estl.ldiado los pocos de EsRaila, y en dicho testimonio se hacia
han podido obtener convienen constar que «el verdadero sitio donde yaenen razón los de Haití, y cfa el cuerpo del gran almirante habla
e la Memoria oficial del se- sido positivamente identificado.»
la comisión espatíola que en
Entónces, se inició en Santo Domingo
hizo
un movimiento
e los
para construir
un mausoleo
Coiene
digno del gran
lleColón, encargándose de la
proe el
realización de
ala idea la Jun..
uel
ta Nacional
misColombiana,
compuesta de
fu6
importantes
ieciudadanos de
la República
de Haiti, con
la asiste ocia
del gobernador
general AquiD Padre \.u Casu prote&amp;lendo t loe bldlae •• Am6daa: ...,_llliml
les Heureaux,
que UWD&amp; el mausoleo de Cólcin
gran amigo,
Catedral de Santo Der. por cierto, de F.spana. Llevóse á cabo el
da é identificada la caja trabajo, como pueden ver los lectores de
ntenla los huesos de Luis Poa Esos MDNJ&gt;os en los grabados de esencontró vacfa te articulo; J es cosa muy digna de men-

.

1

�306

cionarse que tanto el arq,ülec\o como ~l
escultor it quienes se encargo la :ºn::
. , ele! ma11soleo
fueron espanoles.
·.
trucc10n
Fernando Rorneu, se llamaba el arqmtecto Y Pedro Carbonell, el escultor,
'!5iociocho meses se emplearon para
construir la lumba, que tiene un metro
trescientos cuarenta centirnetros de allu-

ra. \ está ricamente adornada_ {!? 1~ haj
relieves y rstátua~ 1 ~rupos h1~lor1_cos y

liguras alegóricas en bronce Y m~n'.'ol,
Está colocado en una er1pta,. rngemo~a y
artísticamente construida baJO la antigua
Catedral de Santo Domingo, v_ se rnu~aUl'Ó con gran solemnidad el :1 de lh~iembre de 1898.
FtLJX

EL ARTE DEL PERIODISMO

AUCAlü:'íE

COMO SON LOS GRANDES REPPORTERS
•

o llama la atención de las gentes tanto

N como debiera la labor periodística, una

de las más duras y- difíciles de ejercer. El
público adquiere el perióuico, el semanario,
la revista, y no se cuida más que de leerlos
para luego aplaudir ó censurar lo que lee,
importándole muy poco, nada en absoluto,
el trabajo que haya costado al periodista adquirir la noticia ó la fotografía ó escribir el

artículo que han aparecido en las pitgi11as

EN EL ATLANTICO
Sobre la onda azul, en do~d~ ardía
la esencia tropical de la manana,

la nave se alejó, como extrahum~na
q:uimera que alos cielos se volna.
y con ella te fuiste ... La harma nia
ue tu belleza mística y profana,

resplandeció con magia sobera~a
uivinizando al buque que par\Ja.

Al evocar, ya lejos, lu figura,
la extraña dualidad de tu hermosura
en mi recuerdo la tristeza ahonda:
Porque tiene tu forma anadiomena
la noble linea de la estatua _helena

y el pensativo enigma de G10conda.

D;Rio HERRERA

que pasó ante sus ojos.
Nada más injusto que este desdén, que
seguramente no obedece á otra cosa que á
ignorancia de los medios puestos en acción
por el periodista no solo para satisfacer los
deseos de sus lectores, sino para ir más allá
ue las exigencias del público. En efecto, nin-

guna de esas grandes informaciones sugestivas é interesantes que saborea el lector de
periódicos refleja el trabajo inmenso que al
repporte,· le costó adquirirlas, ni resulta siquiera la mitad de interesante y sugestiva
que lo fueron los incidentes que originaron
la busca y captum de la noticia y los detalles con ella relacionados.
De esa bitsca·ycaptu,-a como tal puedecalificarse)de algunas noticias sensacionales, y de
la confección de informaciones periodísticas
que después llamal'On la atención por su veracidad y riqueza de datos y por la rapidez
en comunicarlas al público, vamos a dar
cuenta ahora a los lectores de Pon Esos
· Mu~oos, los cuales vendrán así al propio
tiempo en conocimiento de la emulación,

celo y reñidisimas competencias que entre
si entablan los periodistas para lograr la

victoria en asuntos de su profesión.
EL &lt;fülES•, DE LÓNDRES

fecha, ha estado en manos de una sola fa.

milia, que durante cuatro generaciones se lo
han legado de padres á hijos.
Muchas son las historias que de la familia
Walter podrían reforirse, relacionadas todas
ellas con la adquisición y publicación de noticias con que poder batir eón ventaja (como
siempre ha hecho) e.l recoi·d al resto de los
periódicos del mundo; pero de todas ellas
ninguna tan típica ni digna de ser conocida
como la del hijo del fundador del fimes, el
segundo Jobn \\"alter de esta dinastía, caballero que empleaba su tiempo en diversiones
y paseos cuando no tenia que acudir al Parlamento para cumplir con los deberes de su
cargo de representante del distrito de Berk•
shire.
En la primavera de 1833 tuvo lugar el
hecho, que ocurrió poco después de liaber
regresado Walter del Parlamento. Estaba á

Ja sazón y casualmente en su despacho,
cuando llegó á la redacción un urgente, ci-

frado y extensísimo cablegrama, conteniendo el discurso de Luis Felipe, rey de Francia, en la apertura de las Cortes. Era poco
después del cierre del periódico, y ya tudos los cajistas habían abandonado los talleres para irse pacíficamente á sus casas. \\'alter comprendió que de perder tiempo en

avisar comprometería el éxito ele la empresa, pues que las noticias,qüe tenían un valor
inapreciable si lograba publicarlas con antelación á todos, carecerían completamente de
valor si las divulgaban cuatro ó cinco pe•
riódicos á nn tiempo. ¿Qué hacer?
No vaciló mucho, y posponiendo sus restantes ocupaciones, se puso á traducir eldocumento; y cuando, al medio día, llegaron

los primeros operarios se encontraron con
que el director de The Times estaba en

A la cabeza de todos los periódicos del
mundo en esta clase de victorias figura el
Times, de Lóndres. Desde el día del naci'llliento de ··este gran periódico inglés hasta la

mangas de camisa acabando de componer,
por sí mismo, como el último de los cajistas, el despacho recibido, con el cual se confeccionó un suplemento que, al salir dos ho-

.,
1

�308

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ras después, era arrebatado por el público
de manos de los vendedores, en medio de la
admiración de las demás empresas periodJsticas que pudieron leer impreso y con todos
los detalles el discurso del rey francés, que
ellas recibieron mucho tiempo despu~s por
el cable.

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UN REPPORTER QUE SE CONVIERTE E:&lt;! SASTRE

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POR ESOS MirnDOS

En el año 1902, en la célebre Fleet Street,
de Lóndres, lugar donde se reunen muchos
periódicos y periodistas, el director de uno
de los diarios más afamados de aquella capita! ballábase en su despacho con las cejas
arrugadas por la contrariedad. Deseaba que,
á todo trance, publicase su periódico aquel
día una entrevista con los generales boers
Delarey, Botha y De Wet, entonces en Lóndres; pero mientras mayor era su deseo de
lograrlo, ya de todos ó de uno solo de dichos
caudillos, más dismin.ulan las probabilidades
de conseguirlo.
Ante él, sobre una carpeta, yacía revuelta
con otros motivos de informaciones, una lista conteniendo todas las visitas y movimientos que proyectaban hacer los generalesboers
durante aquel dJa. Sorprenderles en la calle
y exigirles una entrevista era procedimiento
que ya se había ensayado sin resultado alguno. Así, pues, no le quedaba más recurso
que el de apelar á cualquiera intriga.
Una de las observaciones que contenía la
lista decía así: ,Durante la tarde, el general
Delarey recibirá la visita de un sastre que
ha de tomarle medidas para la confección de
uno ó varios trajes., ¿Qué mas necesita un
buen periodista? Llamó el director á uno de
sus repporters, y le dijo:
-Vaya á verá ese sastre y arréglese con
él de modo que esté usted presente cuando
el general ha ya de tornarse las :nedidas. El
sastre es conocido mio, y creo que le ayudará: y ya con esto, se las arregla usted.de maJJera que sonsaque al caudillo boer su opi:nión detallada sobre Lóndres y otros asuntos ... ¿Entiende usted?
Diez minutos más tarde explanaba el repporler su proyecto ante el estupefacto sastre, que después de titubear algo se decidió
á prestarle su concurso. Hizole cambiar su
muy bien cortado chaqué por una americana estrecha,armóle de cinta métrica y de lijeras, y hé aquí al primero de los repporters
convertido por obra y gracia del ingenio y
la astucia en el último de los ayudantes de
sastre.
Poco tiempo después, ayudante y maestro
se dirigían al hotel donde se hospedaba el general para tomarle la medida del nuevo
equipo.

-¿Un traje de hechura campesina, señor?
Ciertamente, tenemos para ello telas á propósito ... Tened la bondad de permitir que os tome medida, y mi ayudante-dijo señalando
al periodista-las irá anotando con sumo
cuidado en nuestro libro de apuntaciones.
El sastre deslió su metro. el ayudante
abandonó las tijeras y requirió su libro y su
lápiz, y la importantísima, dificil operación,
ciió comienzo.
-Veinticinco,-dijo el sastre,dejando des!izar la cinta á lo largo del brazo del ge·
neral.
-Veinticinco,-repitió el ,·epporte,·, escribiendo en el libro y presentándoselo luego al principal.
•
-Adoptamos este modo de ratificaciones
para evitar equivocacíones,-dijo él dirigiéndose al general, después de haber leído para
sí lo escrito en el cuaderno por el periodista, que decía:
Pregúntele lo que piensa de Mr. Cham-

belain.
En efecto, preguntó el sastre:
-, Y cuál es vuestra opinión, general, sohre 1ir. Chamberlaim? 1.Buena? (Signo afirmativo de Delarey). ¡Me sorprendéis, señor!
1.Con que lo creéis bueno?... Me extraña que
los periódicos no se hai•an ocupado! ... Pero á
usted no le gustan las interviews, ¿verdad,
1.0s negáis á recibirá los de la prensa?... ¡Hacéis bien, hacéis bien!...
Y dirigiéndose á su ayuclante:
-Cuarenta ... ¡A ver si no te distraes y estás en la cosa ... ¡Cuarenta!
-Cuarenta,-repitió como un eco el periodista, que entregó el libro al sastre, el
cual leyó para si:
Preguntadle qu.é impresión le ha ca11-

sado Lóndres.
-Es un sitio feo Lóndres, ¡_verdad, general"/-dijo el sastre con amabilidad, al propio
tiempo que media el largo del pantalón.¿No os sentís aquí como transportado á un
mundo nuevo? ... ¡Ohl Esta es una observación curiosa: si yo fuera historiador ó periodista no habria de olvidar este detalle ...
Cuarenta, tú, apunta...
Volvió á hacerse la fingida comprobación,
y leyó el sastre estas palabras:

Pregnntadle cu:á! era su complicada estrategia y por qué nuestros soldados no
pudieron, e1i tanto tiempo, clarle caza.
La medida de la americana duró largo
tiempo. El general Delare'y, adquirido ya el
movimiento inicial de la conversación, pres•
tábase gustoso, familiarmente, á dar cuantas
noticias le eran pedidas, y hasta refeia anécdotas interesantes é ignoradas de la campaña transvaalense, sin escamarse iri de la

CÓMO SON LOS GRANDES REPPORTERS

locuacidad ansiosa del maestro sastre, ni del
excesivo tiempo que para las apuntaciones
empleaba el aprendiz, que mientras él habiaba estábase inclinado sobre el libro y
escribía, escribía infatigable, pasando hojas
y hojas.
La brillante y detalladísima entrevista
cayó como un rayo sobre la gran capital,
sorprendiendo más que á sus habitantes al
jefe boer, que no acertaba á explicarse cómo,
aun. no habiéndola él celebrado, había el
periodista acertado en todos los puntos tratactos por el periódico.
NOTICIAS DE ALTA MAR: UNA COLISIÓN
ENTRE DOS ACORAZADOS

Recordará el lector que en las maniobras
navales realizadas por la escuadra inglesa en
el Mediterráneo el año de 1893 se fué á pique el crucero Victoria, abordado por el
acorazado Camperdonm. El hecho produjo
gran sensación, que crecía por momentos
pues del suceso sólo se tenlan muy lacónicos datos: la noticia escueta, en un par de
líneas consignada.
Al día siguiente de ocurrida la des•racia,
Mr. David G. Phi\lips, corresponsal en° Lóndres de un periódico de Nueva York, en vista de que la prensa inglesa no daba detalles
del suceso, se propuso anticiparse á sus coropañeros en el conocimiento de dichos pormenores para telegrafiarlos á Nueva York antes que los diarios londonenses los publicaran; pero pasaban las horas, y á Inglaterra
no llegaban por ningún conducto nuevas nolicias de la pérdida del Victoria. El repporter norteamericano, no sólo por amor propio
profesional, sino por haber recibido la noche
aquella un cablegrama de su director eneareciéndole la necesidad de procurarse noticias á toda costa, recorría en vano con sus
auxiliares todos los sitios de la población
donde pudieran encontrar el menor indicio.
Entonces, Mr. Phillips comunicó á sus
compaiieros de Lóndres una idea, que nadie
creyó practicable y que dió lugar á las burlas de todos: pretendía el periodista norteamericano nada menos que instalar un carresponsal en las escarpadas, abruptas é inhab_itables costas de Ilarbary. ,Es extraordinanamente ridículo,-dijéronle los periodis!8,• londonenses.-Lo hemos intentado y e.,
imposible instalar allí una estación cablegráfica. Nosotros bien sabemos nuestro deber.
No hay más recurso que esperar las noticias
del Almirantazgo, las cuales tardarán aún,
p~es la estación más próxima se baila á diez
lllillas lo menos del sí tio del desastre.,
Aquellas palabras quedaron grabada.sen la

309

mente de Mr. Phillips. Estación cablegrá{ica, había ¡,ido él, y con rapidez se trasladó
á la Administración de una de las más apartadas oficinas cablegráficas de la ciudad.
Eran las doce de la noche, y el oficial fué
materialmente arrancado del lecho.
-Hay para usted grandes ganancias,terminó diciendo el activo corresponsal, después de esclarecerle la situación.-Solo se
trata de que pongáis á mi disposición á vuestro operador con objeto de enviarlo yo abora mismo á cincuenta millas de la costa.
desde cuya estación podrá comunicarme lo
ocurrido.
-Es inúlil,-contestólo el oficial. -¿No
comprendéis que aunque se llegare hoy mismo á donde os proponéis (cosa que creo
dificilisima) solo podríais obtener una relaeión parcial, y hecha además por persona
ignorante?
No se convenció el reppo,·ter y envió un
despacho á la costa, concebido en los siguientes términos: Se os pagará el doble
qu:e el que más os pague por detalles de la
catástrofe del • Hctotia., Pronto se recibió
esta respuesta: No hay ning1ma noticia.
Phillips contestó: Fletad un buque y marchad por detalles. Y la respuesta fué: En-

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viad antea el dinero necesario para el
caso.
Ya era bien entrada la mañana del tercer
dia (aún no se había dicho en ambos continantes una sola palabra ampliando el priroer lacónico despacho), y Pbillips anduvo
corriendo más de dos horas, hasta encontrar
el banquero que le quisiera suscribir la letra-giro cablegrllfica. que, por fin, fué remitida á las tres horas. Y al otro dJa aparecía
en el periódico norteamericano la completa
narración del horroroso desastre con todo
lujo de detalles y en el lenguaje más galano
que han expresado informaciones de sucosos: se describía el desatino del almirante
al hacer, por una falsa maniobrn,que los dos
buques se abordaran; el rápido hundimiento
del Victo1·ia; cómo los marineros se arrojaron al mar por salvarse, lográndolo unos y
pereciendo más de cualrorientos, ya entre
las férreas aletas de los propulsores que seguían girando vertiginosamente, ya en los
remolinos de agua que la explosión de las
calderas levantaron, ó en la sima liquida y
absorbente que formó la mole del buque al
precipitarse en el seno del Océano ...
Bien pudo vanagloriarse el periodista norteamericano de su éxito, que por las condiciones de audacia, tesón y sagacidad de que
supo rodearlo constituye uno de los más
grandes de cuantos registran los anales periodísticos.

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POR ESOS MU~"DOo

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LA \'OLADURA DEL c~!ArnE-.

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La narración de una chistosisirila aventura ocurrida durante la época subsiguiente á
la voladura del crucero norteamericano Maiue en la babia de la Habana viene á demostrar que no siempre un éxito de estos que
estamos relatando depende de la habilidad
del periodista que prepara la victoria y la
lleva á cabo, sino de la s"spicacia é inteligencia de la redacción que ha de recibir la
noticia y dar forma al asunto.
Cuando ocurrió la citada voladura del
1\faine, se estableció en la Habana un tribunal ele investigación quo no tenia otro objeto ·que el de dictaminar sobre si había sido
producido el hundimiento del buque por una
causa eventual y ajena á todo proyecto maquiavélico (cosa que más tarde se ha demostrado plenamente), ó por un accidente exterior originado con deliberado propósito.
Un repporter de un periódico de Nueva
York tenia verdadero empeño en ser el primero en adqµirir la noticia del resultado de
las investigaciones; y temiendo que la censu~
ra pudiese (caso de que lograse informarse
de lo que deseaba), hacer fracasar ó entorpecer sus planes, envió á su redacción una car•
ta advirtiendo que procurasen encontrar y
entresacar de los despachos telegráficos que
en lo sucesivo trasmitiere un sentido oculto,
por más insubstanciales y anodinos que á
primera vista parecieran. Los desvelos del
periodista fueron coronados con todo el éxito que merecían, pues logró saber de boca
de un buzo un hecho importanlisimo: que
las planchas del Maine estaban ligeramente
curradas hacia adentro, como impulsadas
por una fuerza explosiva que viniera del exterior.
Pero, dueño ya del éxito, se le presentó
un ·problema: ¿cómo escribir, cómo redactar
un despacho para que la censura le diera
cursor El reppo,·ter no se amilanó, y redactó
tm telegrama en el cual, á través de una historia insulsa: aunque ingeniosa, se podía per•
fectamente traslucir el fondo secreto deseado. , 1' n buzo que ha descendido al fondo
del mar para examinar las planchas de un
crucero hundido se ha visto en grave riesgo,
siendo salvado gracias á la destreza y sangre
fria dcun compaiiero,-decia el telegrama.El buzo, queriendo penetrar por un abarquillamiento que de _exterior á interior tenían las
planchas del barco sumergido, se vió sujeto
por una fuerza desconocida, pudiendo al fin
desasirse de ella por la pericia y arrojo de
un compaiíero su yo.~
Ln creencia del astuto periodista fué que
esta ahsur&lt;la y· poco interesante novela por-

porcionaria á la redacción de Nueva York
una rápida inspiración; pero he uqui quo los
compañeros del corresponsal no comprendieron que las pala)¡ras (l.bai·q1tillamiento
de exterior á inúi,·ior constituian datos preciosisimos para la información que perseguían, y no publicaron el telegrama de su
corresponsal.
SECUESTRADOS POR Ull PERIODISTA.

Doce ó eatorce días después del horroroso
desastre de la Martinica, en el cual la erupción del ~lonte Pelado originó la muerte de
los cuarenta mil pobladcras do la isla, se
supo en Nueva York que el buque Corona,
próximo á penetrar en el puerto, llevaba á
su bordo á cuatro tripulantes supervivientes
del Rcn-aima, testigos presenciales de la catástrofe. Del relato de estos hombres, únicos
supervivientes de la hecatombe, estaba pendiente todo el mundo civilizado. Asi fué que
cuando por la noche penetró el buque en el
puerto, más de una docena de remolcadores
tripulados por periodistas salió al encuentro del Corona.
Pero las autoridades de Nueva York no
dieron entrada aquella noche al buque é impidieron, además, á los faluchos llegar basta
los costados del Coronct; viéndose obligados
entonces los periodistas á espernr hasta que
al siguiente día, muy de mañana, fuera á
bordo un bote del servicio sanitario de la
Comandancia del puerto de Nueva York. Los
periódicos habian proyectado hacer comanditariamente la información, así que cuando
el bote sanitario salió del muelle para diri- .
girse al Goronct todos los remolcadore.s le
siguieron. Cuando el bote de los médicos
atracó á uno de los costados del buque, fué
izada rápidamente desde este la escalerilla,
y por ella se precipitaron los periodistas
antes que pudieran hacerlo los sanitarios.
· En el puente del Corona y junto al capilan estaban, llenos de vendas, los cuatro (micos ho:nbres que podían referir cómo el
:Monte Pelado 1 con un vómito de fuego, calcinó y destru¡ó á San Pedro de la Martinica.
Srs,itóse entoncos entre los repporte,-s una
, iva discusión sobre cuál debia ser el procedimiento que se siguiese para celebrar la
conferencia con aquellos hombres, y el corresponsal del Coul'ier propuso, para ganar
tierupo, que se, hiciera descender á los supervivientes al remolcador que á él le babia
conducido (el más veloz y cómodo de todos), y que asi, mientras los transportaban
rápidamente á tierra, podían escuchar su relato, único medio de publicarlo en las cclicio-'
nes de la noche.

::;ox LOS GRANOF.R REPPORTFR:,,i

.-\eeptaron la irlca sus rom paii.erW•\ " rl
;repporfer del Couric,· descendió el prinÍcro
para recibirá bordo del falucho á los cuatro
tripulantes del Rorctima y luego a 1 1esto
·de los impacientei:: periodistas ... Pero,apena¡.;
llegaron al remolcador los supervivientes do
la Martinica, la pequeña embarcación haciendo una pequeña sacudida, separósc de la
escala del Corona, mientras que su dueño.
asomti.ndose a la cubierta, desabolonáLp.se
el abrigo para mostrar las insignias de oficial
de rentas del Estado v ad,·ertir á los burlados é indignados colegas, con objeto de coar.lar su acción, que tal medida obedccia á ór~cnes del Gobierno de los Estados [;nidos.
Mil duros pagó el Courier á cada uno de
los cuatro hombres del Roraima como indemnización por .haberse prestado ú la in/crview, que solamente pudo publicar aquella noche el citado periódico.

)),\pena~ lleg~l~O el dc:;pacho al pC'riódiro
fué traducido fac1lmente en la siguiente forma: «Con rO!-peclo á las negociaciones i·eferenles á la paz, todos los elementos necesarios para firmarla están ahora en Pretoria.
á donde lord Alfredo Milner ha ido con objelo de negociarla en las mejore:; condiciones, creyendo que los boers eslán á todo trance dispuestos á que se firme. Y, día tras
dia, llegaban partes mios concebidos en si•
milare?. términos, dando, ya noticias de los
procedimientos empleados pJr los delegados
boers, ya de la marcha de las negociac{one.i:r,
ya de los trabajos preliminares, etcétera etcétera. Para las noticias concreta:-;, rolun;..
das, habiamos hecho dos facsímiles de despachos. He compnulo mil toneladas de
carbón, queda decir Le, paz absolutamente aseg11rada; mientras que Se han vendido
mil tonelacl.as de carbóu. significaba Todo

L\ PAZ A.:iGLO-BOEH

, Como se ve - continúa hablando \Vallaee la cuestión de relatar los sucesos estataba ~~rr_ipletamentc prevista¡ pero no a:;í la
adqu1s1c1ón de las noticias de ello~, cosa
que, como se comprenderá, era la base del
asunto. Tratar por cualquier medio de penetrar en el campo de Vereenigiug no era
cosa probable, pues que ya os he dicho que
otros per10d1stas audaces lo habian intenta.do sin favorable solución; por tanto, dcspué.~
de pensar yo mucho, lo que hice fué avistarme con uno de nuestros solriados que efectuaba su ser~·ic_io permanenl~ en el campo
de las negoc1ac1ones. Era antiguo compañern
de armas y grande amigo mio, por lo cual
me costó muy poco trabajo y muy poca&lt;
ofertILs el convencerle. Como yo le hiciese
presente las dificultades que, á pesar de todo
tendríamos que vencer para comu1iicarno~
nolicias sin ser de:;cubiertos, ambos nos dimos á meditar, y él, que no dejaba de ser
astuto, dió con la clave de un plan que. luego, reformado, constituyó el definitivo. En el
campo no había dificultad alguna para recoger las noticias, porque los oficiales convencidos de la total ausencia de peri¿distas v
personas ajenas al tratado de paz, no se ocultaban para cambiar sus impresiones y emibr
sus ¡uicios, aun delante del último de los rancheros. Convinimos en que ro tomaria diariamente un billete del tren que va desde Johannesburgo á Vereeniging, aunque sin detenerme en la estación, repasándola para no
despertaI" sospechas, de modo que el soldado, q_ue hacia la guardia cerca de la linea y
próximo al ria, me hiciera señales disimuladas al pasar el tren: decidimos que él ond~aria un pa~uclo awl cuando las negociac10nes estuvieran estancadas; un pañuelo

Dos días antes que se firmara en Vereeniging la paz en la última guerra an•lo-boer
era comunicado el feliz suceso á Ló~dres al
importante periódico Daily Jlail, por su
r~rresponsal en aquella campaña Mr. Edgar
\\alinee. ¿De qué medio .,e valió el periodi.,ta para averiguado"/ llé aqui Jo que el propio Wallacc cuenta acerca del particular:
«No sé si recordariés que las negociaciones·sobre la par, anglo-boer fueron efectuad~s en un campo, en Vercenigingt á ochenta
kdómetros de Johannesburgo. No se pcrmihó ti periodista ninguno e~lar presente durante los trabajos diplomáticos, ni aún siquiera penetrar en el campo, siendo la vigil~ncia tan extremada que un reppo,·tel' que
d)sfrazado de soldado quiso pasar desaperc1h1do, al ser descubierto qvedó igr.ominiosamente en ridiculo. Por otra parte la cen.
sura era tan rigurosa
que rarísimas 'veces pasaban integras lar; noticias que comunicába~os, por cuya razón mis directores y yo 1 valiéndonos de que sólo eran respetados los
&lt;les.pachos referentes' á asuntos de negocios1
habíamos combinado un plan por medio del
cualestableeimos una cierta cantidad de telegramas eon un sentido ospecial ad-hoc.
&gt;Con efecto, el plan nos salió muy· bien,
pu~s el 12 de .\bril de aquel año (1902) se
recibía en Lóndres el primero de mis despachos combinados, que decia a~j: ,Con respecto á la compra de las minas de oro Paxfontein, todas las partes necesarias para el
contrato están ahora en Pretoria, donde Alf,
que fué para arreglar un precio más favora)le, tiene razones para suponer que los venores desean efectuar la venta .•

sin reso/,-e,·.

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1,

¡¡

•

POR ESOS MUNllOS

rojo cuando fueran encaminarla,;; á una nurva ruptura, y uno, en fin, blanco, cuando,
íuese seguro 6 inminente el que la paz estuviese completamente asegurada.
»¡.Que cuántas veces tomé yo aquel ferrocarril? ... No lo sé; pero si os dirá que siempre que lo hice pude divisará mi fiel compa,iero, que,firme en ~u puesto,me su~101straba las señales, mediante las que yo rnformaba á mi periódico del verdadero estado
diario en que se hallaban las gestiones. Y un
día, por fin, al pasar, investigando desde la
ventanilla de mi vagón, vi allá, en el limite
del campo, á mi soldado, que se enjugaba el
sudor, y que se lo enjugaba ¡oh, alegria! con
un pañuelo blanco. Aquel fué un dia de júbilo para mí. Al regresar, quise cerciorarme
y torné á verle limpiándose la frente con el
pañuelo albisimo, símbolo de la P"" asegurada. Pocos minutos después expedia yo el
siguiente despacho, por el cual mi periódico
pudo., como nadfo ignora, dar la noticia dos
dias antes que lodos los restantes del mundo: Se hcm comprado mil toneladas de carbóti, 6, Jo que era lo mismo: Se ha hecho la

paz.,

LOS PERIODISTAS EN LA GUERRA

Es Mr. Bennet Burleigh un periodista inglés activisimo y valiente como él solo, y á
estas dos condiciones debe que repetidas veces haya sido comisionado por los directores de los mejores periódicos del mundo
para trasladarse como corresponsal á los lugares donde se dcsarr0llaba lucha urmada
entre dos naciones: ha estado en el Cairo,
en China, en el Transvaal, en Mandchuria y
Japón, y actualmente pertenece á la redacción del Daiiy Telegraph, de Lóndres.
He aqui ahora la historia de su primera
audaz ª"entura, con la cual nació su justo re"
nombre. Fué en Tel-el-Kebir. Burleigh (que
con su agudísima vista babia seguido las peripecias de la batalla, yendo de una á otra
parle del campo, según lo exigían los accidentes de aquella memorable jornada, tan
sangrienta como breve), apenas terminada
la lucha, sin descansar ni alimentarse si•
quiera, galopó hasta llegar á la estación telegráfica de campaña desde la cual anunció
lacónicamenle á su periódico que Tel-el-Kebir había sido tomado por el ejército inglés.
Dos descripciones, lo menos, se esperan de
un corresponsal de guerra: la primera, sucinta, lacónica; la segllllda, extensa y dela·

liada, dependiendo en ambas de la rapide:r
el éxito del periódico. Burleigh quiso ser,
como en la primera, el primero en comunicar
la segunda, y volvió sin pérdida de momento
al campo de batalla en el que en tiempo
brevísimo recogió basta los más insignificantes y nimios detalles de la contienda. Dirigióse á la oficina cablegráfica para quo trasmitieran un despacho suyo con las noticias, y
se encontró con que los empleados eran indígenas y no sabían en modo alguno trasmitir su mensaje, ya confeccionado ... ¿Qué hacer? ¡Todo antes que renunciará ser el primero en dar cuenta del sucesolY dominado por
esta idea pidió un buen caballo, y sin detenerse un instante partió al galope con dirección á Kassassin.
Guiado sólo por la ténue Ju, de las estrellas, ero prendió su desenfrenada carrera. Rebeldes desrarramados aún por la llanura
descargában!e al paso tiros, y él so inclinaba
sobre la montura sintiendo silbar sob:e si
los plomos mortíferos; pero sin desmayar
nunca, se asía á las crines de la bestia y la
espoleaba más y más: el caballo, roto el
freno, espumeantes los belfos, como mónstruo surgido de apocalíptica visión, corría
desbocado, galopando sin tino.
Ya estaba próximo, apenas si le faltaban
diez ú once millas, cuando el animal, dando
un horrible resoplido,cayó exánime,reventado, muerto. Pero el incansable reppo.-ter,
como aguijoneado por tanto inconveniente,
continuó á pié su camino corriendo en medio de la noche por aquella región abrupta y
llena de peligros, basta que, por fin, apareció ante Kassassin, en cuya población, hasta
no ver el despacho en los alambres, se entregó, por fin, al descanso después de haber
recorrido más do doscientos treinta kilómetros y de haber• estado rodeado de grandes
peligros y sin comer durante cincuenta 'f
tantas horas.

***
Tales son algunas de las muchas interesantisimas historias de esas noticias que aparecen en los periódicos y son leidas con in•
diferencia por el público, que desconoce la
cantidad de sutileza, ingenio, astucia y osadía necesarias desplegadas para llegar á po·
seerlas, y los innumerables y ciertos peligros que acarrean á los periudistas, que las
persiguen con mayor afán aún y con más
grande entusiasmo de los que pondrían en
ir tras un millón de duros.

MI PRINCESA BLANCA ...
11

Sueña el f'8JI que ea rey, 71 oit,e «m
ute engaño nusndando.

11

CALDERÓN DE L.l BA.RG4-

Un oso 'f un tigre resguardan mi lecho;
un tápalo chino, colgado del techo,
esparce sus rosas en gayo dosel;
á un lado mis libros (mis viejos amigos,
de dichas y duelos perennes testigos),
y al otro un espejo tallado en bisel.
Dos mónstruos marinos, enormes fiaura"
0
de faunas extintas, cuyas dentaduras
mascan la penumbra con ira brutal,
retorciendo airados sus biformes colas
en los toques rojos de las lar ,as ola.s
auricandescentes de un biombo oriental.
En frente, la mesa, de icónico estilo:
en ella un Aquiles, la Venus de Milo
y un cofre pequeño con cartas de amor,
con dulces recuerdos de tiempos pasados,
con llores marchitas, listones ch,fados,
¡todo sin perfume, todo sin color!
Exornan el plano vecino del muro
sepias, acuarelas, el perfil obscuro
de un sátiro jóven, y un rojo tapiz
donde medioevales artistas arcanos
milagros tejieron (¡yo adoro sus manos!)
de luces y sombras en raro matiz.
·
Sobre la una mano fermosa doncella
sostiene una ave que espónjase en ella
abiertas las alas queriendo volar;
con Ja otra, torna las áureas semillas
que una dama ofrece, puesta de rodillas,
en extraña copa de espuma de mar.
Por el rojo campo, Arboles y arbustos.
Y alzando las manos, erguidos los bustos,
un fiel unicornio y un bravo león:
figuras egregias, solemnes y solas,
sosteniendo lanzas cuyas banderolas
destienden al viento su ilustre guión.

En el fondo, hojas, plantas regionales,
una policromía de juegos florales,
y en gótico aspecto gallardo lebrel:
todo reviviendo por medios colores
los tiempos beróicos de altivos señore•
de duras tizonas y blando ronde!.
La blanca Princesa ... (¡es una princesa!)
galante entreabre sus labios de fresa
cuando estoy á solas en mi habitación
y la entono versos y la cuento historias
de amores arcáicos y arcáicas victorias,
trovador secreto de la tradición.
Yo sé que me ama. Sus ojos, á veces,
en las altas horas me pagan con creces
mis tiernas miradas ¡miril.ndome á mi!
La dije una noche: Princesa, te aclaro.
Y escuché muy claro su acento de oro
diciendo muy quedo: También te amo á U.
Temblaron las flores de seda en el techo;
rugieron las pieles que guardan mi lecho;
oí como un eco de estrofa nupcial. ..
Y rápido, entónces, saltando á la mrs'l
y hablando ¡Princesa, mi blanca Pri,icesa!,
besé, de rodillas, su níveo brial.
¡Oh,efimeros sucñosL .. ¡Un sueño es la vida!
Yo vi á mi Princesa, Princesa querida,
junlar á mis labios sus labios de miel,
y bajo su beso (¡quimera de amores!)
rel'ivos los tiempos de altivos señores
de duras tizonas v blando ronde!.
¡,Quién puede arrancarme mi efímero sueño?
1Yo soy de mis sueños el único dueiíol
Verdad ó mentira, yo he sido feliz,
y 11a puesto en mis labios sus labios de fresa,
temblando de amores, mi blanca Princesa,
¡la blanca Princesa del rojo tapiz!. ..

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JESúsE. VALENZlJELA

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�E.'ll U~A POSTAL

nustria metali'.rgica _inglesa. Tal condado, por
y s1tuac16n topográfica, era
el. punto forzado de arribada de los fenicios
y los romanos que visitaban aquellas tierras.
Por algo las denominan los ingleses land's

su configuracion

encl.

1

1

LA HISTORIA EN LOS NOMBRES
DE LOS BUQUES DE GUERRA
dió á aquel floreciente país cuando Oliver
adoptan generalmente para nombres de Cromwell, hijo de uu modesto 11entlemrw,
destronó y mandó ejecutará Carlos-! de Jnsu~ buque~ nombre~ de monarcas, principes,
almirantes, caudillo.:., que más ~e han dis- glaten-a, proclamándose él presidente bajo
tinguido en las batallas que figuran en los el nombre de Protector.
El hermoso palacio flotante llamado cmanales de sus re:'-pectivas historias, 6 los de
erro
Esex, de 12.000 toneladas, muy conopuntos estratégicos de la mayor prepondecido en España por haber viajado en él ·1as
rancia.
En Francia y ~\lcmania predominan ala encantadoras princesas de Connaughl, tiene
cabeza de los nombres lo:,; de almirantes tal nombre fundado en el farhoso condado de
r,;lebres y los de soberanos y principes, ó Esex, en el cual se alzan los famosos 'Tilbupresidentes de república; en Italia y Rusia, 1'!} Fo,·ts, 6 fuertes de Tilbury,que á manera
lo:-s de puntos estratégicos, los de rios 6 los de cancerbero guardan la embocadura del
de per::ionas reales; en Japón, imperan los T8.mesis, hoy gran punto estratógico 1 y en
de batallas y hechos históricos e' e mayor cuyo histórico sitio Isabel l de lnglalerra,
fuerza. En Inglaterra los nombres ron que se según cuentan las crónicas, revistó su ejérbautiza á sus formidables buques de diversas cito en pleno ante la inmediata conquista
clru;es son verdaderas páginas, que estudia- del Reino Unido anunciada por Felipe 11 de
das.puedail dar una completa idea de la his- Espaiia.
Abukir llámase otro buque guerrero intoria del Reino l'nido.
En España, los nombres de pueblos ó re- glés, en recuerdo de la famosa batalla libra•
giones, de soberanos 6 de hechos históricos, da por los británicos contra los franceses en
adornan las popas de nuestros reducidos bu- la babia del mismo nomb.-e en Egipto, cuanques y dánles valor de pila ó bautismo para do la invasión del país de las pirámides por
sn clasificación en la armada 1 cuando sus el gran Napole611.
Una verdadera poesía del cullo y cariño
rodas son crisrnaclas, según la clásica usanza,
que
Inglaterra rinde á la le yen da y á sus
con una botella de champagne antes de ser
tradiciones
encierra el nombre dado á su
lanzadas al agua desde las gradas de los asacorazado muy moderno Royal Oak, ó rotilleros ó arsenales.
:Nos parece de justicia tlar el puesto de ble real, remontándose con eslo á las antihonor á Inglaterra al tratar del tema prin- guas y bárbaras costumbres de los druidas,
los cuales á sus prácticas religiosas, donde
cipal de este articulo.
Con el arrogante nombre de Dreacbwugltf, sacrificaban muchos seres humanos, daban
que traducido al castellano quiere decir Sin mayor ceremonial con el simbolismo del se~
temor cí nada ni cí nadie, ha sido bautizado cular real roble Hagrado.
Un crucero acorazado llamado Conuvccll,
el más formidable buque moderno que cruzó
los mares, en el que tanto se ha ocupado y de reciente construcción, lleva encerrado en
su titulo la preponderancia del condado de
se ocupa la prensa.
Con el titulo de Go11w10mvealth aplicado su nombre, que fué uno de los p1.1ntos favo•
ritos de los fenicios, los cuales fueron tamá un hermo.50 acorazado que con frecuencia
visita nuestras costas, conmemoran all JJet'- bién los primeros en trabajar las minas de
pefuam lo~ ingleses la designación que se hojadelala que tanta fama han dado á la in-

T

on.As las marinas de guerra &lt;lel mundo

lll acorazado Exmoutlt toma el nombre de
un puerto situado en la embocadura del río
Ex, en Devonshire, pues los inoleses también bautizan, como los rusos, á "sus buques
con el nombre de tío.-:.
Acordémonos, al cilar á los rusos, de lo.:,
C;uceros D~m, Ore! y N-ie1Jpel', que en la rec,ente homenea guerra que el país de Nicolás II sostuvo con l Japón, de paso y al regreso del teatro de a guerra tocaron en el
puerto de Vigo, y si nuestros lectores hojean
la Geografía verán estos nombres entre los
ríos de mayor importancia del imperio moscov.ta.
Al _almirante inglés Drake, que fué uno de
los celebres rllarmos que florecieron en el
reinado _de Isabel I ?e Inglaterra y que á la
par debió su celebridad á ser el primer almii·a~te británico c¡ue hizo en buques de su
pais la vuelta al mundo, cúpolc la gloria de
que se perpetuara su nombre con el que ostenta el magnifico acorazado Drake. Otro
almirante, conlemporitneo del anterior Sir
Raleigh, á quien se debe la introducció~ del
ta~aco en el Reino Unido, hizo por sus hazanas que se conmemorase su apellido en el
acorazado Raleig/i..
Ambos almirantes y bajo el reinado de la
· tcferida Isabel I tuvieron la gloria de cimentar el gran pode_rio naval de la que es hoy
por el mar primera potencia del mun·do
tao to con la formación de potentes escua'.

dras. como .P?r el impnbo 11ue esta pl'Mminen_cia mant1ma y guerr~ra &lt;lió a los capitn~
les °:1-glescs para la creación de su flota mercanhl, que, desde ee:a época no ha cediílo
o~ prestigio á nación alguna' y que hasta Io:dJa~ en que escribimos ha formado la gran
esprna dor¡;;al de es~ •~a~~jito de islotes qur
se llaman las lslas Br1ta111cas cuyo poderío
rep~rcute por_ todos los ámbitos del globo.
Ya hace mas de doce años visitaban las
costas españolas formando parte de la esc~~dra mglesa l?s.ª?ora:..:ado~ Atison y Campo donni, que rn1c1aban casi proféticamenle
que para el porvenir había de realizarse el
aumento de los tonelajes, aún á trueque de
los inventos de submarinos y destroyers
que hacían á algunos técnicos navales hash;
c_onceb1r las esperanzas de que esla~ dos últimas clases de pequeños buques harían
desaparece1: los coslosos acorazados.
Al Anson baulizóscle con tal titulo en
honor del ,comodoro del mismo apelli&lt;lo
que en 1744 regresaba de rn memorable viaJC de la __vuelta al mundo, llevando á su bordo un millón de duros capturados á un buque de una entonces poderosa armada de
otra nación.
·
Gctnlj_JCl'do,vn_ diósele tal nombre porque a ra1z de las primeras hazañas de Napoleón I, y cuando Inglaterra hallábase en
guerra con Francia, la rubia Alhión ganó en
1797 la batalla de Camperdown, que constituyo uno de_los golpes dados por mar por la
Gran Bretana al gran emperador francés,
hecho que forma uno de los más légilimos
friunfos que se registran en los anales de la
historia del remo que gobierna Eduardo
Vll, emperador de las Indias.

,,1

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Luis )IART!l'IEZ DE ESCAURIAZA

EN UNA POSTAL
Al principio de la vida
y á las puertas del amor,
solo le pido al Señor
t~ dé ventura cumplida
sm pasar por el dolor.
F'RAilCisco

31f&gt;

FLORES GARCÍA

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�NtNON llE LENCLos

· nacia una gracia., Si entonaba una canción
acompañándose con el laud, su voz melodiosa encantaba el oído, y su adorable mano
atraía todas las miradas. Cuando Ninon bai-

NINON DE LENCLOS,
ZA ENCANTADORA - SUS PRIMEROS AMORES, - LA SUTILEZA DE
su NACIMIE!ITO, - LOS CONSEJOS. DE su PAOmRE,R:-A SJ~v:!~~Eo - LAS "SOIRÉES" DE NINON, -sus NUMEROSOS ADMIRADORES,
SU INGENIO, - LA PREOICCION DE SU
"
•
- RASGO OE PROBIOAO,

Q

UÉ lector ó lectora de POR Esos MUNDOS

no ha oído decir que Ninon de Lenclos,
( ue nació en 1616 y murió en 1706, á los
n~venta años de su edad), era en los últimos
días de su vida tan hermosa como cuando
se hallaba en.los tiempos mejores d? su e,nstencia'/ Mujer incomparable por mas de un
concepto la cantaron todos los poetas ~e su
época, y 'aunque lo _hicieron en los ritmos
más variados y en miles de estrofas, no agotaron para ella los calificativos ensahando
su hermosura porque Ninon les daba hecha
la frase que debían emplear con_ cada nueva
gracia que sus muchísimos _admiradores en-

contraban en su persona. ¡Eran tan numerosos esos adoradores qe la encantadorn mujer, aun en la edad más avanz~da de ésta_, y
la corte que formaban produ¡o tanto escandalo por la alcurnia y cond1c1ón de los e~•morados que la reina Ana de Austria qmso
encerrar' á Ninon en el convento de las
MagdaleMsl
.Ana Lenclos ó L'Enclos, después llamada
Ninon nació en París el 16 de Mayo de 1616.
Al nac~r parecía, más que niña 1 una delicada
miniatura. Su padre, M. de Lenclos, e1·a gentilhombre de Turena, y su madre l?ertenecía á la antigua familia de los Racoms. M. de
Lenclos hombre ligero -Y aficwnado a los
placere~ inculcaba á su hija desde su pubertad e~a filosofía dulce y fácil que él consideraba como la verdadera felicidad. En
cambio madame de Lenclos, mujer de costumbre~ austeras, esforzábase en prob~ á
su marido que la moml y la _voluptuo~i~a_d
no podían marchar jun_tas, é mten\ó dm~r
á su hija por otros cammos. Pero Nrnon hizo
mucho caso de las teorías de su padre, y así

fué como esta Mlle. de Lenclos recibió la
educación que sus gustos demandaban: la
música, el canto, la danza, la prntura, la declamación, todas la, artes de adorno en_tra-

ron en el círculo de sus estud10s favontos,
en los que hacía progresos tan rápidos y tan
notables que sus profesores, asombrados, la
llamaban la Octava maravilla. Su biblioteca
se componía de poesías amorosas_ y gala:1tes,
y, dotada de prodigios~ m~mona, recitaba
todos los libros que babia leido. Frecuentaba los teatros y los bailes, á fin de estar al
corriente de cuanto se decía en sociedad.
Concurría á las reuniones escogidas, donde
su tacto exquisito le hacía d_iscernir lo q~•
alli encontraba de más delicado y de mas
ele•ante en las cnslumbres de las damas á la
moda, sabiendo. evitar sus defectos y apropiarse sus gramas,
Los progresos de Ninon en este nu~v? es~
tudio fueron tan completos como rap1dos.
Las guerras de religión que_ en aq;uella époc_a
des•arraban á Francia no rrnp1dleron las diver;iones en París. En el Hotel du Marais
reunianse todos los juegos y los placeres:
cuanto había de bello, de galante y de fortuna en la ciudad se daba allí cita. En. ese
centro de diversiones fué presentada Nmon
por su padre. La jóven encantó á todos desde el primer momento, y ganándoso las mayores simpatías fué proclamada muy pr?nto
la mujer más encantadora que se conocia. A
estas alabanzas seauían
incesanles elogios a
0
la ele•ancia de su figura y á la esbeltez de
su talle así como al conjunto de su fisonomía y lenguaje expresivo de sus ojos, y la
decían mil labios rumorosQs que • en todo
detalle d&amp; su cuerpo brillaba un atractivo,

;1

laba1 conseguía otros triunfos: la ligereza de
sus pasos, y sus preciosos y pequeños piés
y sus brillantes actitudes enlusiasmaban á los
más indiferentes y Laciau volver la cabeza á
los más castos. Al hablar, su palabra viva y
animada, su conversación espiritual y picante, sus agudezas, sus deliciosas y finas
respuestas, enamoraban á cuantos la oían.
Y su alegría, su bondad, su inagotable generosidad, contribuían á que Mlle. de Lenclos
fuese considerada cowo el compendio de
las perfecciones humanas en un sólo ser.
Con tan extraordinarias cualidades, Ninon no
podía menos de ser asaltada por una multitud de adoradores y de pretendientes á su
mano. Pero, en tales circunstancias la bella
mujer pensó que no tenía fuerza bastante de
voluntad para ser todo lo buena que ella
quisiera; y reconociendo que con sus .aficio~
nes y sus gustos de independencia y de coquetería tenia que ser forzosamente muy
mediana madre, decidió permanecer libre
para brillar mejor en el teatro social, ser dichosa y hacer seres dichosos. Y dueña de
su fortuna y de sus actos cuando sólo contaba dieciocho años de edad, á consecuencia
de la muerte de su padre, siguió Ninon alegremente la pe¡idiente que su progenitor le
trazó y que la imastrab~ al placer.
Su admirador, Saint-Evremont, que fué
su panegirista y amigo más sincero, cuenta
que el primer vencedor de la bella Ninon
fué Gaspard de Coligny, duque de ChAtillon.
Este jóven, que á una fisonomía distinguida
juntaba ingenio brillante y jovial, tuvo la
suerte de eclipsar á sus numerosos rivales
sabiendo hacerse amar por Mlle. &lt;le Lenclos.
Lo que hay de sorprendente en la primera
pasión de la inconstante Ninon es que esta
mujer, que solo deseaba fiestas y placeres,
pasaba los días enteros en pláticas con su
amante para que éste abjurase del calvinis•
. roo: sus disertaciones para tal objeto eran
tan finas y apremiantes que se hubiera
enorgullecido de ellas el teólogo más hábil;
y después de multiplicados asaltos por una
parte v de resistencia tenaz por la oh·a, Ninon consiguió la victoria.
Estos dos amantes se juraron fidelidad
eterna; pero en todos los tiempos estos juramentos han dejado de cumplirse, y al cabo
de algunosmeses, habiendo notado Ninon que
la pasión de Coligny se enfriaba, en lugar
de reptncharle por ello, lo tomó con filosófi~ calma, y los fuegos de su amor hácia el
de no fueron para ella en adelante sino

fogatas de virutas que rápidamente debían
extinguirse bajo las cenizas.
P,ecisamente hé.cia esla época de su vida
conoció Ninon de Lenclos á Marion Delorme,

tan famosa por el número de sus aventuras
galantescomopnr la originalidad desus infortunios. Marion predicaba á las mujeres la
doctrina de servirse de sus amantes como de
un juguete que se sustituye desde el momento que empiezan á cansar. Para dar, de pasada, idea de edta Marion Delnrme (cuyo
ejemplo y cuya vida ejercieron bastante influencia en Ninon), citaremos el hecho siguiente. Un gran señor arruinado que se hallaba en la categoría de lo., amantes rechazados por Marion, dirigió sus galanterías á mademniselle Lenclos; triunfó momentánemente el averiado Don Juan, y encantado de las
maneras que Ninon desplegaba en sus amores, esforzóse en demostrarle los peligros
que podía acarrearle su amistad con Marion
Delnrme. Aceptó este consejo la jóven, la
Cúal, paulatinamente, dejó de frecuentar el
trato de Marion; sin embargo, los consejos y
el ejemplo de esta mujer Je sirvieron para
rechazar pequeños prejivicios de burgueMa
y la gazmoñeria puesta entonces en m.oda
por a1gunas señoronas, pero teniendo siempre muy buen cuidado en no olvidarse de la
decencia, pues sin esta indispensable cualidad la mujer más encantadora puede aparecer despreciable aún á los ojos de los hombres más indulgenles.
·
Transcribiremos aquí la predicción que un
ser misterioso hizo á Ninon en los dias más
bellos de su gloria; predicción tanto más notable cuanto que tuvo completa realización.
Una de las noches en que se reunía en el
salón de mademóiselle de Lenclos una brillante sociedad fué anunciado un desconocido que quería hablará la dueña de la casa
á solas y que se obstinaba en callar su nombre. Ninon contestó que tenía invitados y
que no podía recibirle.
-Sé,-dijo el desconocido al criadoque vuestra señora puede estar sola, si quie~
re. Volved á pasarla recado y decidla que
tengo que comunicarla cosas de la mayor
importancia, y que es absolutamente preciso
que la hable á solas.
Tan singular insistencia picó la curiosidad
de Mlle. de Lenclos, que aJ fin ordenó que el
desconocido fuera conducido á su boudoir.
El visitante era un viejecito de aspecto bastante demacrado; iba vestido de negro, llevando un birrete negro que cubría sus blancos cabellos; tenía una pequeña varita en la
mano; en la frente lucia un gran lunar; aparecían sus ojos llenos defuego, y su fisonomía
anunciaba un talento cáustico y observador.

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· Señorita, -dijo el viejecito al presentá,·- de conquistar los corazones más indift~rensele Ninon-¿,estamos solos, absolutamente tcs, los ánimos más rebeldes. Seréis adorada
solos'/ Es preciso, pues nadie debe oir lo que por todos, y a pesar ele vuestros numerosos
amores conservaréis la estimación de cuantengo que revelaros.
No pudo ~lile. de Lenclos evitar un ligero tos tratéis: y tened en cuenta C[Ue este es el
extremecimiento de miedo; pero reflexionan- más bello privilegio de que aqui abajo puedo que tenía ante ella un viejo decrépito no de goiar una criatura. Como Diana de Poitardó en asegurará su visitante que estaban tiers, siempre apareceréis jóven y siempre
bella; seréis tan encantadora que constantelibres de toda curiosidad humana.
-Que mi visita no os asusle,.querida niña, mente habéis de ser deseada; os amarán to-dijo el viejo.-Nada tenéis que temer de dos aquellos á quienes queráis amar; disfrumi: estad perfectamente tranquila, y, sobre taréis de salud inalterable, y aunque vues'
todo, escuchadme con atención. Estáis delan- tra vida ha de ser larga, nunca envejeceréis.
te de una persona á quien nadie desobedece Como si fuérais mujer nacida para el placer
y que, si quisiera, poseería todos los bienes de los ojos y para el encanto de los corazode la tierra ... Pero los desprecio ... Ninon, yo nes, reuniréis en vos estas dos raras cualihe presidido vuestro nacimiento, dispongo á dades; encenderéis pasiones á una edad en
mi placer de la suerte de todos los humanos que las demás mujeres están rodeadas de
y vengo á preguntaros de qué manera que- los horrores de la decrepitud, y ,e hablará
réis que yo disponga de la vuestra. Sóis jo- de vos mientras que el mundo exista ...
El anciano se detuvo un momeo to para
ven, vuestra belleza esta en su mayor explendor, se habla en todas partes de vues- sumergir sus miradas penetrantes en los
tras gracias y de vuestros atractivo~, y. sólo ojos de Ninon, que aparecía estupefacta,
de vos depende ser la mujer más ilustre y aturdida. Continuó el desconocido:
-Cuanto acabo de deciros os parecerá rimás dicl1osa del siglo en que vivís. Yo os
dícula
bufonada ó cosa de encantamiento,
traigo la suprema grandeza; á cambio de
ella, inmen!-as riqueza¡;;; y, si mejor lo de- pero no es más que la verdad exacta, que
seáis, os puedo asegurar una belleza casi habrá de cumplirse. ¡No me hagáis preguneterna: escoged entre estas tres cosas la que tas porque no tengo respuestas que daros!. ..
más os agrade y tened la seguridad de que mi Adios, mi querida nifia: ya no me veréis
más que una sola vez en vuestra vida, y
promesa. será cumplida.
será
cuando hayáis llegado ~ los sesenta y
-Verdaderamente, señur,-respondió Nicinco
años de vuestra edad; entónce::;, solo os
non prorrnmpiendo en alegre risa-que no
quedarán
tres días de vida, se abrirá la tumdudo de que cuanto prometéis puede ser
cumplido ... ¡Pero la magnitud de vuestras ba y sufriréis la ley fatal y común á todos.
Adios, pues ... ¡Ah! Mi nombre es Noctámpromesas es tan grande! ..
b11l0.
¡Y no olYidéis que me habéis prome--Señorita, tenéis demasiado talento para
tido
impenetrable
secreto!
·
que consintáis burlaros de un hombre á
El
anciano
desapareció
y
dejó
á Ninon de
,¡uien no conocéis ... Elegid, os digo, y decidlo
pronto porque no dispongo de tiempo para Lenclos presa de un pavor mortal.
Ninon abrió en París una escuda de ~aesperar.
lan
te ria y de amor á la que acudieron los
-¡Ah, señor! lío tcn~o que calcular para
sellares
más amables r los más conspicuos
hacer la elcccióli entre lo que tenéis la boningenios
de la época. Alli se congregaban las
dad &lt;le ofrecerme: me decido por la belleza
Desbarreaux,
los Boirohert, los Scat·ron, los
eterna. ¿Queréis decirme qué tendré que haDesyveteaux,
los Estrécs, lo5 Sarrain, los
cer para obtener tan precioso don?
Chapelle,
los
Saint-Evremont
y tantos otros,
-Escribir vuestro nombre en mi libro de
rivalizando
todos
en
finas
alabanzas
á mamemorias y jurarme secreto inviolable: ni
damoiselle de Lenclos y en los más ardienmás, rii menos.
Ninon hizo lo que el desconocido pedía: tes galanteos.
Ninon debía, corno casi todas las mujeres,
escribió su nombre en un viejo libro de mesufrir
las consecuencias de la ley natural, y
morias, de hojasencarnadas, que el mago dispensador de dones le presentó. Inmediata- en efecto, llegó á ser madre. El mariscal de
Estrées hizo bautizar al niño que nació, con
mente después, el anciano dió á Ninon con el
nombre de Caballero de la Boissiére, e¡
la.varilla que llevaba un ligero golpecito en
cual ~e distinguió más tarde en la marinael hombro izquierdo.
-¡Muy bien!-dijo el viejecito sonriendo real [raucesa y llegó á capitán de navi~.
Al reaparecer en sociedad Ninon, más be•
dulcemente y con ojos casi de enamorado.lla
que nunca, se vió rodeada de un enjam,,
Muy bien: os concedo la belleza basta vuesbre
de adoradores, que cada día aumenta
tra vejez más avanzada, y con ella el poder

ba1~ ron los d_e JTarion Delormc &lt;[\Je so vió
obltgada a huir para evitar su prisión por
deudas. El hotel de la calle Tournelles que
habitaba Nrno~ no se hallaba nunca siu gente, á la que Nmon hacía brillantemente los
honores: fiel á la amistad y llena de ternu,a
para sus amoríos, á nadie dejaba disgustado, pero siempre, como ya queda dicho, con
el mayor decoro; tanto es esto asi que Ninon
prohibió la entrada en su casa al poeta Chapelle por su vicio de la embria•uez y por la
excesiva libertad de sus modal:s. Este poeta
qu_1so vengarse después con una serie de
epigramas, pero nadie hizo caso de estos.
Uno de los cont rtulios d.e Ninou era el
gran Moliére, presentado, por cierto, ro•·
Chapelle, y pronto el renombrado cómico
descubrió en }!lle. de Lenclos condiciones
excepcionales de talento: llegó á considerarla como la 1;1ujer más apta para juzgar del
valor y del ex,to de una obra teatral tanto
que iba . á su casa á leerle su-; pri11~ipales
producc,ones autes de darlas al teatro.
Se cuenta que habiéndole leido su Tai·tufe, Ninon le refirió una circunstancia de su
vida absolutamante semejante al caso presentado en la prnduc~ión dramática; pero lo
hizo con colores tan vivos y efectos tan bien
prepa_rados que Moliére, estupefacto, declaró
que si DO hubiera estado terminada su obra
no se hubiese atrevido jamás á continuarla
después del relato que acababa de oir. Y en .
~na de las ?º~idas intimas dadas por Ninon,
a la que as,slteron Mme. de la Sabliére Desprtaux, .Moliére y otras varías celebridades
fué concebido el personaje burlesco del En'.

fermo imaginctrio.
Despu~s de la batalla de Rocroy, el insigne ~onde, cub,erto de laureles, quiso conocer a esta Nmon encantadora que cautivaba
todos los corazones. Apenas la huto visto
quedó prendado de ella, y al hablarla enamoróse mas aún: tan poderosos eran los encantos de su ingenio y talento. Algunos dias
bastaron_ al vencedor de Rocroy para alcanzar la victoria, bien distinta de las logradas
en el campo de batalla y ele la que siempre
conservó Condé dulce recuerdo.
. Lá reputación de Ninon, el número, que
sm cesar crecía,de _sus conquistas, y la calidad de los persona¡es que no se desde,iaban
en frecuentar su sociedad, irritaron á las
grandes damas, que por ella eran olvidadas
de los petrimetres y galanes. Las señoronas
se_ quejaron .á la reina en muy amargos términos, y la soberana de Francia estuvo a
~unto de enviar á Ninon al convento de jóHnes arrepentidas: pero el célebre Batru
h,zo observar que Mlle. de Lenclos ni era
oven, ni estaba arrepentida. A pesar de esta

observación, que divirtió mucho a la corte,
la.-: nobles damas insislierou, y se envió una
Ol'(!en a casa de Ninon para que ésta eliuiera
en un plmr.o do veinticuatro horas el ron°vento donde quisiera ser encerrada. Ninon res,
pondió riendo que se decidía por el de los
Gmnds Cprdelie.1·s. Esta res_puesta exaspero en apar1enc1a a los enennaos de :Kinon
la cual iba á ser recluida á la fuerza) cuand¿
los senores_ de la ?orle t?maron partido por
ella y supl,caron a la rema que no molestara
á una mujer á quien el príncipe de Condé
honraba con su estimación. Este gran nom--.
bre la salvó.
~:ntretanto, la discordia lle•ó á turbar la
paz que reinaba en la capitalt)tazarino tuvo
el mal tino_ de acumular contra si propio poderosos odios; Condé se declaró en !rente del
ministro; se agitaron los partidos, y la casa
del burlesco Scarron y el hól.el de la calle
Tournclles fueron el punto de cita de los
revo1tosos. Ninon quiso oponerse a esta
«conspirll;ción de escudos•. v como no fuera
oi~a juzgó conveniente aba;1elonar París temiendo que se la acusara de haber favorecido la rebelión. En efecto, partió con el marq_ués de _Villarceaux para una de sus poses10nes,s1tuada en los confines de Francia. El
marqués volvió á París satisfecho de haber
podido fijar por tanto tiempo la atención de
la más bella, pero también la más voluble
de las mujeres.
'
Cuando regresó Ninón á París, el poeta
Scarron q~e, ya enfermo, babia pensado casarse, lo hlZo con Francisca d, Aubigné, más
tarde, andando el tiempo,marquesa de Mainte_non . .Inmediatamente después de sumatrimonio, se apresuró Scarron ú presentará
s? esp?sa en casa de Ni~on. Ambas mujere8
s1mpahz,aron desd_e la primera entre.vi~ta, y
cuando ilme. de Maintenon estaba en ei apogeo de su grandeza no olvidó á su anliaua
.

amiga.

.

"

Citaremos UD rasgo de probidad y lealtad
que hace honor ,á Ninon y que muchos biógrafos suyos han olvidado mencionar. Cuando Condé tomó las armas contra su patria,
11. de Goumlle, que adoraba á liinon vióse
obligado á abando~arla ~ara seguir h;sta el
e_xtranJero á Conde, su bienhechor. No queriendo llevarse consigo Gourville la cantidad
de_ veinte mil escudos que poseía, confió la
mitad á un g_ran penitenciario, reputado fJOr
su rara prob,dad, y rogó á Mlle. de Lenclos
que le guardara los otros diez mil. Después
de la Paz de los Pirineos, volvió Gourville á
París, y apremiado por la necesidad corrió á
casa d_el gran penitenciario p&amp;ra pedirle el
depósito_ que le confiara. El penitenciario le
respond,ó con sangre fría uqe ignoraba cuál

'J

i

l
1

�pudiera ser ese depósito, llegando hasta estaba en Parls, sorprendida de no reCI"blr 1u
negar que conocía á Gourville. ,El dinero visita le envió un reeado.
-JAh, mi querido Gourvillel - decíale
que se me entrega á mí-continuó diciendo-es para los pobres, y esa cantidad que viéndole · entrar en su habitación.-Os ha
injustamente me reclamáis habrá sido, sin ocurrido un mal muy grande.
El pobre Gourville tembló pensando que
duda, distribuida entre aquéllos., Y este
'hombre tan probo volvió la espalda á Gour• se trataba de su dinero.
-Si, me quejo-continuó Ninon-porque
'filie y groseramente lo dejó solo, expuesto á
un frio glacial en un sombrío y húmedo co- la desgracia es irreparable. La auset¡cia ha
matado mi amor y habéis sido reemplazado ...
rredor.
Desanimado Gou rville ante esta ma- Pero este mi amor por otro no me ha hecho
nera de desembarazarse de un acreedor, no olvidar que soy depositaria de una talega con
ee atrevió á presentarse en casa de Ninon, diez mil escudos que os pertenecen y debéis
t,,miéndose una respuesta igual; pero ha- saber que, para mí, la fé del depósito es tan
biendo sabido la de Lenclos que Gourville inviolable como la del secreto.

LA DOTE DE TONICA

(Continuará.)

(CUENTO AQAOONES)

J pronto andaba
como alma en pena, tan
con la cabe?.a llena de ilusiones,
OSELÓN

VENCE
Tuviste que reir y te aplaudieron,
tuviate que llorar, y to burlaron:
los que las flores á tus piés pusieron
una daga en el pecho te clavaron.
Ayer la luz en tu camino hermoso;
hoy las tinieblas en tu paso triste:
un huracán magnífico y furioso
contra tu frente con rencor embiste.
Gota de miel en cáliz de amargura
ae presenta la dicha á tu memoria:
gota de miel que arrebatar procura
el mancillado libro de tu historia.
Y perdida, sin luz, sin esperanzas
al rudo batallar de las traiciones,

en tus delirios á saber no alcanzas
el rumbo de tus ídas ilusiones.
Era pequeño el mundo á tu egoísmo,
y anhelando tocar un ancho mundo
hasta el fondo, sin fondo, del abismo
indolente rodaste en un segundo.
Rebuscaste lo grande, y no lU1-iste
un sér que tus desdichas advirtiera,
porque en el mismo instante en que naciste
perdió su fé la humanidad entera.
1Aplasla con espíritu arrogante
el pesar que to llena de congojas)
1El árrol arraigado es un gigante,
aunque llegue á perder todas sus hojas)

PIÑAN DE VILLEGAS
poet&amp; cubano

y cogiendo su guitarra y metiéndose el cuchillo en el cinto, se embozó en su manta y
-como con el coraz~n amargado por desespe- salió á la calle.
ranzas y receiJs, sm saber qué hacer ni qué
Camino de casa del s-iiior Jacobo, que ,·i&lt;&gt;vitar, desde que al shior Jacobo se le ocu- vía en una aldea próxima en donde había
rrió volver de América con una cuantiosa comprado una antigua y señorial casa y un
fortuna é instala.rse en el lugar en que vió saneado y extenso patrimonio le asaltó una
la luz por vez pnrnera, y que era uno de los fierie de pensamientos que e~tenebrecieron
más pequeñicos del Alto Aragón.
su espí~it_u y le hicieron arrugar el entrecejo.
Lo, de menos h_ubiera sido este regreso,
-¡Rtdiezl-se decía. -¿Cómo voy á saber
&lt;¡ue a Joselón le importaba lo mismo que á qué laude la casa duerme ella? ¡Tendría
una semilla de nabo; pero el caso era que se que ver que me pasase la noche poniéndole
le babia ocurrido recoger á Tonica, su sobri- dolor de cabeza á su tío!. ..
na, una zagala huérfana que, olvidada por
Un tropezón con un pedrusco, que le hizo
su tío, se había pasado desde los catorce dar vanos rápidos traspiés y adelantar ca.años sirviendo en la misma casa que Joselón. mino, acabó de agriarleel carácter arrancánVerdad era que entre éste y Tonica no dole esta exclamación:
'
había mediado declaración terminante y
-¡Mal empezamos) Hasta las piedras me
~oncreta, ni compromiso amoroso expreso se güelven ...
alguno; pero á tanto equivalian las rondallas
Y como cuando un enamorado dá suelta á
-del mozo y sus obsequios en las romerías y sus pesimismos todo el porvenir se le preen los bailes1 y las miradas de ella que antes senta negr~, c_omenzó á inquietarse por trisnunca se cansaba de escucharle y de hablar t~s pr~sen.llmientos, que se le antojaron reacon él.
hdad mev,table, sucesos futuros y positivaPorque ... ¡cualquiera adivina cuándo em- mente ciertos y temibles ...
pieza un noviazgo en Aragón! Por lo genera!,
De pronto, hirió sus oídos el rasguear de
un mor.o y una moza suelen decirse que se guitarras y bandurrias que alegraban los
quieren cuando ya lo saben de sobra.
contor~os con las notas vibrantes y alegres
Si no de sobra, á punto fijo creía saberlo de una J0ta retozona y brava; y una bien tim.Joselón, a;:.í es que cuando supo que Tonica brada voz de barítono cantó fieramente esta
se había despedido de los amos sin dejarle copla:
dos palabras de recuerdo 1 la cabeza se le
Es tan g,·ancle mi querer,
volvió u.na devanadera y sus pensamientos
que si se güelve en ,nonedas
se enredaron como madeja entre las uñas
puedo compráte este niundó
de un gato jóvcn.
y el cielo con sus eslrelas ...
Aquella noche, en cuanto se convenció de
que todos dormían, dió pienso castellano á
-¡Ridiós!:-rugió Joselón.-Ya hay quien
las mulas, sin preocuparse de que estas en- madruga. ¡.Milagro será que no le anochezca
fermasen por comer de una hartada todo el antes de hora!. ..
grano que se les debía dar en varias veces;
Y trémulo de ira y ardiendo en celos, echó
3

�322

LA DOTE DE TONICA

POR ESOS MUNDOS

Pero los goznes de la ventana no volvieciendo saltar las piedras al compás d~ sus ron á reir: ninguna rendija dió testimonio deque el mozo era escuchado.
pisadas veloces y seguras...
Indignado, Joselón estrelló contra las piePero cuando llegó cerca del nido en que
su dama se cobijaba, pensándolo mejor se dras su guitarra que soltó un extraño rugido,
ocultó tras unos árboles y se puso en ace- como si protestar.-1 de que vengasen en ella
cho para averiguará dónde recaía el dormi- }a mala partida de una mujer... Después,
miró á la casa de modo tan terrible que si
torio de Tonica.
sus
paredes le hubieran comprendido se huPara el más torpe es cosa muy sencilla
biesen desploaveriguar dónmad o sepulde debe de
tando á su s.
dormir una
moradores enmoza ante cutre sus escoroya casa cantan
.
:
,
bros...
los mozos ron'¡
dadores...
Joselón co***
menzó á repa- ¡Rediez
sar con la viscon la mozalta balcones y
se decía Joseventanas, hasl.
lón hacia días.
,¡:
ta dar con una
,,
-Habrá que
que estaba lipedirle augeramente en!)Í
dencia pa hatreabierta, coI
~
blarla.
•., ._¡
mo aspillera
Y casi tenía
desde la que
razón el mozo.
se espiase á la
Primero, l a srondalla ... El
obligaciones
corazón le dió
de su serviun vuelco.
dumbre no le
-¡Está esdejaron libre
cuchando I a
ni los dominmuy fantesiogos, porque la
sa! ¡Claro, cosiega, el acaruo es Pepón
rre o de las.
el de la Garza!
mieses y la
¡Si ya pensatrilla no perrán los dos
mitían guardar
juntar los momás fiesta que
rros y las hael rato para oir
ciendas!...
misa con vieY renegando
jas, criados y
de la fortuna
pastores, muy
del tío Jacobo
te rn p rano,
y de su triste
cuando el alba
-¡Ridiós!-ru¡rló
JMelón.-¡Y•
hav
quien
madru~•!
pobreza, en la
comenr.aba á
que antes nundorar
el
cielo
con
sus
ravos.
Por
las noches
ca reparara, se qnedó un rato, basta que
no
había
ni
que
pensar
·
siquiera
en poder
después de soltar la rondalla la copla de despedida se perdieron en una revuelta del ca- verla. Después, pasado el rigor de las faenas
mino los últimos compases enérgicos y ale- recolectoras, confió verla en los bailes; pero ...
gres de la jota...
-¡Retoño! ¡Si tampoco va al baile! ¡Si s'ba
La ventana entreabierta se cerró de súvuelto
señorita!
bito.
Y, entre tanto, las noticias que recibía y
Joselón quiRo probar si el fuego de sus
cantares amol'osos resquebrajaría otra ver. la que eran chistosa y epigramáticamente coventana, y, sólo, acompañándose en su gui- mentadas resultaban cada VPZ más alarmantarra, se puso á cantar con toda la pasión y tes: á Tonica le había dado por vestir al estilo de las señoritas y por peinarPe con el
el calor de su alma.

323

á correr bácia la aldea, dando traspiés ha-

Q¡f

Bajo el cielo límpido de
un atardecer estival se celebraba el baile en una era situada á la salida del pueblo.
Mozas y mozos forasteros
é indígena;¡, sud~rosos y entusiasmados, altern..iban entre brevísimos paréntesi¿ de
reposo, los artísticos y elegan~es saltos, revueltas y
rodillazos_ d~ la clásica jota,
con las s1m1escas contorsio~ nes Y el torpe y cómico arras~r~r de piés con que querían
_,·. ~ ~
1mlt~r el baile agarrao, que
se_ hizo para cuerpos enfermizos y espíritus hastiados
no para aquellas naturaleza~
bravas y pletóricas de vida.
La º:questa de guitarras, guitamcos Y bandurrias estallaEl si,1or Jacobo apareció a la derecha ~el mosen y apoyado en el braz0
ba en cascadas harmoniosas
de su sobnna
de notas brillantes, radianmoño recogido, allá arriba, en lo alto del to- tes, ~ullangueras, que respiraban salud y
zuelo, enseñando la nuca lisa como una mo- alegna...
11~; además, hacía ascos á todos los pretenY á tod~ esto el baile estaba en la mitad
dientes, aunque fuesen hijos de las mejores Y en lo meJor, Y Tonica no aparecía ...
casas d~l P?eblo, aspirando, sin duda, con
¡Por fin!. ..
la explend1da dote que esperaba de su tío á
El siñor Jacobo apareció á la,derecba del
la bo~~ con a(gún potentado ...
;o~en} apoyado en el brazo de su sobrina...
-¡::S1 _querra ser condesal-pensó Joselón
. u_eno de _l~ era cedió un banco á los disentre triste y furioso.
tmg~1dos v1s!lantes, que lo agradecieron
Por fin, llegó el día de la fiesta ...
~entandose, y To1;1ica, con su traje de seda,
¡Con cuánta alegría salió la víspera a mam~nte, nuevecito, y su rico pañuelo de
corporarse á la rondalla!... Con qué fervor Manila, sus orlas de brillantes y sus zapatic~ntó aquella noche bajo la ventana de To- t?s. de charol,-regalo todo del tío-se dimca, Y cuánto sentimiento derramó al ento- r1g16, ~?n pasos menuditos, la vista baja
nar esta copla, que le salió del fondo del las meJ1llas ruborosas, sintiéndose blanco d!
alma:
to_das las miradas y de todas las eovidi¡¡s al
Tu quere1· es como el agua
b~nco en que las mozas aguardaban las s~lidel rio que al mar se va.
citudes de los bailadores...
el mio, como una fuent¡,
Joseló?, que vió el cielo abierto con la
que ande la ponen se está.
perspectiva de poder bailar con ella, lo que

�324

suponía media hora de charla á solas, se
lanzó á invitarla, pero ...
¡Estaba de Dios que ni aun aquel día había
de salir de dudas hablándola y fijando claramente su situación amorosa!
Un mozo le cogió por la manga y le indicó que el siñor Jacobo le llamaba.
Si el cielo se hubiese hundido no le deja
más confuso y aturdido.
-¡Ridiósl-pensó.-¿.Querrá impedir que
bable con su sobrina? Pus ú reviento ú me
salgo con la mía ...
Pero ni reventó ni se salió con su idea.
Dos horas enteras y verdaderas le tuvieron
el señor Jacobo y el cura su administrador,
ofreciéndole el arrendamiento de unas fincas
que á ellos no les venía bien cultivar por su
cuenta y riesgo, y que, en cambio, al mozo
podían convenirle. No hay que decir que Joselón, creyéndolo lodo un pretexto para retenerle, rehusó el ofrecimiento, y no viró en
redondo y no los dejó con la palabra en la
boca por respeto al cura...
Primero se excusó con que era solo para
cultivar aquellas tierras, y le recordaron á
sus padres, que eran jornaleros, y á sus hermanos, que servían de mulateros ymozos de
azada en un pueblo vecino. Alegó no tener
dinero para adquirir los avíos y los aperos
para labranza, y se le ofreció cuanto necesitase. Después de una larga conversación en
la que él no veía más propósito ni esperaba
más fruto que evitarle hablar con Tonica, le
dejaron marchar... Cuando se vió libre, recordó las halagüeñas proposiciónes que le
habían hecho.
Y le parecieron tan ventajosas, tan imposibles, que exclamó, con la rabia del que
no puede castigar una burla:
-¡Rediez, ú s'han güelto locos ú han querido reisen de mí!
Pero su indignación llegó al colmo, cuando
al acercarse á Tonica cesó la orquesta y se
acabó el baile.
¡Entónces sí que estuvo á punto de volverse loco de ira!...
¡Otro día sin hablar con ella! Porque pensar que por la noche fuese al baile como en
años anteriores equivalía á creer que no
era sobrina de tío rico y señorito...

Radiante de orgullo, saciada de adulaciones, ahíta de solicitudes amorosas, convencida de haber sido la moza preferida, roja de
satisfacción y rendida por el continuo danzar, regresó Tonica del baile ...
Poi· si faltaba algo para colmar su vanidad, se encontró con que el señor Antonio
el Cojo, rico propietario del lugar y reputa-

do casamentero, se encerraba con su tío
para hacer el prólogo de su boda con Roque,
el hijo de uno de los labradores más ricos de
la comarca...
No le cogió de sorpresa, pero la hispó dt
alegría, porque era la confirmación de la sinceridad de Roque que, con la aquiescencia y
por la indicación de su padre, le había ofrecido su apellido y su amor...
Ahora, todo era cuestión de la dote que
su tío la otorgara.
Este pensamiento la hizo exlremecerse
emocionada, llenando su alma de impaciencia por conocer el resultado de la entrevista.
-¿Será de mil duros?--se preguntaba,
mientras, al cambiarse de ropa, hacia soltar
entre sus manos nerviosas é inquietas, lazos,
corchetes y alfileres.-¿Será de dos mil duros?... No, él es muy rico ... l\le dará más...
La casa de Roque no tomaría una nuera
que llevase menos de dos mil duros en cada
mano el día de la boda ...
De Joselón apenas si se acordaba. Su actual situación la distanciaba tanto de él que,
desde tan lejos, casi no podía distinguir su
imágen entre el confuso tropel con que las
ilusiones y las alegrías, las emociones y los
cálculos, aturdían su pensamiento.
Cuando hubo acabado de vestirse el traje
de casa, oyó, sintiendo el escalofrío del desencanto, que su tío y el casamentero se despedían muy fríamente, corno tratantes que
no han podido entenderse.
Pálida de coraje y trémula de curiosidad,
que casi no quería satisfacer porque hay noticias que preferiríamos ignorar siempre, se
dirigió á su tío, que derrumbó el castillo de
naipes edificado en su cerebro con estas palabras:
-)Iuerto yo, será tuyo cuanto poseo. En
vida no te doy más que esto, que es lo que
he ofrecido al señor Antonio, y al señor cur,t
que también ha sido nuncio de otros pre•
tendientes á tu dote ...
Y señaló un arca abierta repleta de grandes ovillos de lana hilada.
A Tonica se le agolpó toda la sangre á la
cabeza, y el corazón se le subió á la gargan·
ta aleteando violentamente. Resistióse á per•
der sus ilusiones. Y no queriendo creer que
la codicia y no el amor había inspirado 1~
galantes requerimientos de sus pretendien·
tes, aguardó anhelosa la hora de !a ron·
dalla.
Esta, desengañándola rotundamente, solo
se detuvo unos minutos, como ante la casa
de cualquiera moza de poco fuste, para can·
tar unas coplas rutinarias, las mismas de
siempre, como si el provecho que se espera•

325

LA DOTE DE TONICA

POR ESOS ~HJNDOS

se de ellas no valiera la pena ~e atormentarse el cerebro improvisándolas nuevas.
Aturdida, llorando en silencio, con la
frente apoyada en las vidrieras del balcón,
quedó Tonica de espaldas á su tío, que sonrió irónico y satisfecho de la oportuna y dolorosa lección que arababan de darla; después se extremeció de coraje y de vergüenza al imaginarse los burlescos comentarios
que inspiraría la noticia de que toda la expléndida dote que con su ridícula fatuidad
demostraba esperar babia quedado reducida
á un arca-no muy grande-repleta de ovillos de lana. ¡Hasta creyó que el aire traía de
la plaza esta sarcástica frase: •¡Vaya una
dote pa un pelaire... ó pa un tejedor! ... •
De su abstraído abatimiento la sacó una
copla,que Joselón, solo con su guitarra y con
su amor, ignorante de lo ocurrido entre los
casamenteros y el siñor Jacobo, y más triste
que nunca, cantaba bajo la
ventana:

Después, como 1 as criadas estaban en el
baile, podía ocurrir que si él se despedía á
tiempo de no hallarse en casa la servidumbre, Tonica tuviese que acompañarle alumbrándole el paso, según costumbre aragonesa, basta su salida á la calle...
Corno lo pensó, lo hizo...

*
**
Subió la escalera emocionado, temeroso
de que las palpitaciones de su corazón de~cubriesen su juego.
En la cocina, sentado rn la clásica cacliera, le recibió el siño1· Jacobo con azorante y
socarrona sonrisa, que le desconcertó un
poco...
Comenzó como se empieza cuando no se
sabe cómo empezar, hablando del tiempo,
de la fiesta, y acabó preguntando por Tonica ...

Por mucho que rne dis[precies
soy como el tomillo, maña,
qne se pisa y se repisa,
y aún petfwna la aparga[ ta ...

*

**

.'

Joselón cantó un rato bastante largo, pero sus endechas no lograron entreabrir
ventana ni balcón de la casa...
Convencido de que maldito
el caso que se le bacía y de
que Tonica no acudiría al
baile aquella noche, avanzó
dos pasos hácia la casa, como empujado por súbita resolución; pero en seguida se
detuvo como temeroso de
llevarla a cabo.
¡No podía pasar más ti0mpo sin hablarla v no se atrevía á subir!... ·
De pronto. halló un motivo: ¿no le había ofrecido el
siño1· Jacobo el fantástico
arriendo de un as tierras'?
Pues, ocasión magnífica le
parecía esta para subir á hablarle de este descabellado
asunto, que por tal lo seguía
creyendo, y de convencerse
de si había ó no sido un
pretexto p ar a evitarle su
conversación e o n Tonica .

-¡Ilabía soñao casarse con un _príncipe y no hay de11gm10 que la quieraldijo el sinor Jacobo á Joselón

�327

IJEL PASADO

326

POR ESOS MUNDOS

-Por ahi dentro anda,-respondió el siñor Jacobo-sorbiendo lágrimas y soltando

bos lo que les pasaba, salieron de la cocina,
mientras el siñor Jacobo les contemplaba
sonriendo maliciosamente, reflejando en la
picaresca expresión de su semblante una íntima alegría...

hipos ...
- ¿Que sa enfermau?-interrogó alarmado, Joselón.
-No... Que había soñao casarse con un
***
príncipe y no hay denguno que se conforme
Impaciente porque la tardanza en el recon su dote ...
greso de los mozos se prolongaba más de lo
Un trabucazo no le hubiera hecho peor
que é 1 había
efecto á Josecalculado, 1l
lón. Creyó que
con calcularla
e o n aquellas
y a bastante
palabras se Io
l¡¡.rga-se dirisignificaba que
gió el siñorJanada podía escobo á la sala
~
perar de Tonicon cautelosos
ca, y el nudo
pasos.
que se le hizo
A la puerta
.
'·
en la garganta,
se detuvo y
(
y que no le
oyó que Josed e j ó hablar,
lón,con acento
1
sólo le permiconmovido y
~ \\
tió dirigir sus
claridad since1
,1
~
asombrados
ra decia á To1
\ \\ \ ')
ojos al siñor
nica:
I/
\ ,
Jacobo.
-Por últiPero éste,
ma vez te lo
que, sin duda
digo: yo no
leyó los penquieromás dosamientos del
te que tu presuspicaz mor,o,
sona, ¿oyes'?
quiso tranquiAún estás á
lizarle con e::;tiempo de evitas palabras:
tarme una rui-Sí, homna. Me hi probre. ¿Te parep u es to que
quese vá áconse as mía ¡y
formar nadio
mía has de ser!
con su dote?...
Porque
te me1':'
¡No creas que
rezco por lo
fateo, no! No
que te hi quehabrá quien se
ríu. Porque tú
conforme; pero
inesmci, antes
mientras viva
El siiior Jacobo fué rajando los ovillos T de ellos cayeron al suelo
de que la fanmonedas de oro
yo, no do y
tesia te revolro ás, ni me
viera
los
sesos,
me
querias
...
Porque,
¡amos,
desprendo de un palmo de mi hacienda.
Muerto yo, cuanto posea será de quien me porque nos hinius quei-íu!...
El siñor Jacobo, que oyó llorará su sobrilo gane con su cariño y con su cuidao ...
na
las lágrimas más dulces, las del amor y
Y para convencerle, porque el mozo se halas
del arrepentimiento, cortó el enojoso
bía quedado como lelo mirándole con los
idilio, presentándose de pronto y desconcerojos muy abiertos, llamó á Tonica.
Después de un buen rato y de hacerse re- tándoles con una broma:
-¡Rediez! Si os llego á esperar volvéis á
petir varias veces el llamamiento, entró ella,
la
cocina con nietos casaderos...
con la cara congestionada por la vergüenza

'. 'r,". -

r,.

l&gt;a á Toni~a y atendía á su padrino y aún le
&lt;¡uedaba tiempo para restregarse los ojos con
objeto de convencerse de que no era pro tagonista de un sueño.
Tonica, por el contrario, aunque se esforzaba en mostrarse satisfecha, no podía evitar
&lt;¡ue se la conociese la falsedad de su gesto.
Acabada la comida, el siñor Jacobo llamó
á Joselón, y después de imponer el silencio.
quiso entregarle su dote, ¡la célebre dote!. ..
Pero el novio se opuso: ni le hacía falta
ni quería oír hablar de semejante cusa. Po;
e~tonces se ~onformaba ?ºn la felicidad que
disfrutaba. S1 acaso, al mvie1 n o en que el
cariño no b.1staba ¡.,ara resguard¿rsedel frío
pediría su dote para tejer unas mantas... '
- ,:,De modo- preguntó el siñor Jacobo,que no lo venderías?
-No, siñor.
-Mira que á tu esposa le halagaría más
llevar su dote en dinero ... ¡Si quieres te la
&lt;:ompro....
'
Josel6n, á quien ya enojaba la charla, la
-cortó con estas palabras que descubrieron

'

toda la bondad y la delicadeza de su alma·
-Siñot· Jacobo ... es dicir, tío Jacobo mí~
rusté... los dineros s'acaban. Yo prefie;o mi
dote porque _es testigo de mi alegría de hoy
y porque qurnro que lue&lt;10 nos sirva para
IJ?,eler debajo de ella tod; nuestra felicidá,
s1 es q_ue cabe, que me tengo pa mí que no

cabera...
Entonces, el siñor Jacobo coo-ió un afilndo
cuchillo y fué rajando los oviÍlos, de cuya
panza comenzaron á caer monedas de oro
que se desparramaron con delicioso tintineo'
rodando por tiena, deslumbradoras, amari~
llen tas, ?nte los sorprendidos ojos de J oselón,
qu~ creta haberse vuelto loco, ante la admiractón general y la emoción de Tonica, que
se abrazó llorando á los piés de Jacobo el
cual, también conmovido, exclamaba 'con
acento de noble venganza:
-¡~se es ~~estro tío! ¡El tacaño, el que no
quer1a 1~ fel1c1dad de su sobrina!. .. Lo que
no quena es que se casaran con tu dote
sino contigo, Tonica, ¡pa que te hiciese~
muy feliz!
EL BACHILLER CORCHUELO

Ilustraciones de F. de la Mota.

,~_,,._1,_~-1

~

y los ojos hinchados y enrojecidos por el
llanto.
El siñor Jacobo la mandó que enseñase su
dote á Joselón ...
Ruborosa ella y aturdido él, sin saber am-

***

El día de la boda, que apadrinó expléndidamente el siñodacobo, Joselón no cabía en
sí de dicha. Bromeaba con todos, obsequia-

DEL PASADO
Fué un amor que la llama del deseo
un tiempo alimentó: extinta ella
el último celaje de la estrella '
de amor cayó en las aguas del Letheo.
Hoy, como antes, ni te oigo ni t.e veo,
y está agotada la ternura aquella
que encadenó mis plantas á la huella
de tus piés... ¡Ya está libre Prometeol
¡Nada queda de ayer!... La estéril yedr:i.
símbolo de abandono, arraiga y medra '
en el ara del templo, obscura y rota.
Emigraron las viejas golondrinas,
y, cual rayo de sol, entre esas ruínas
la tenue luz de los recuerdos flota ...
VfCTOR RACAMONDE

�11mrnHES Y MUJERES

HOMBRES Y MUJERES

NO TODO ES AMOR EN LA VIDA
iguales ó distintos, que difieran en edad, ni
que uno de ellos sea adocenado y el olr(}
sarlas en la diferencia de sexo. ¿Por qué'? t.No descuelle por cualquiera circunstancia, belle-puede haber acaso otra clase de comunica- za, talento, gracia, distinción, etcétera: colociones entre el elemento masculino y el fe- cad una mujer y un hombre en trato contimenino? Todos los poetas, los pintores, los nuo, y tardeó temprano tendrán un interés.
dramaturgos, hasta los juriconsultos, han el uno por el otro que superará al interés de
reconocido la relación sexual como la única la amistad.
Esta creencia, muy general, ha llegado á
relación de importancia posible entre las dos
representaciones de la especie humana, y no considerarse una verdad, haciendo que el
ocurre suceso alguno en que el hombre y la hombre y la mujer tengan conciencia de sí
mismos, y los.
mujer intervenha
enseñado á
gan sin que sales ta r siemprete á todos los laalerta ante cualbios la pregunta
quiera probabi¿ Quién es ella?:
lidad de emola implacable
\
ción:
se ha llecuriosidad i mgado hasta despele, en las cuatruir toda fe en
tro quintas par1a posibilidad
tes de los casos,
de una sincera
á buscar siemy
natural amispre en ellos una
tad entre dos
mujer. Y si enpersonas de discontramos en
tinto sexo. Y escualquier parle
to es lastimoso,
una mujer notaporque no hay
ble, su asocianada
más elevación con el homd
o
que
dicha
bre ciertamente
amistad
cuando.
h;;bremos de exexiste, ni nada
plicárnosla de
q u e favorezca
una sola manetanto á los quera: por una esla
cultivan, porpecie de fórmuque
cada una de1~ que toma en
Carlos Dickens, su esposa Catalina Hogarth T su cuñada Georgina
las d o s partes
c·u enia únicamente motivos de pasión é ignora la posi- recibe lo que más necesita: la mujer se aparbilidad de ninguna otra inclinación entre ta del emocionalismo demasiaao intenso, tan
los dos sexo~. Y aquí de la conclusión que to- á propósito para orígen de debilidades y á
dos adoptan como articulo de fé: nada im- menudo de desgracias; adquiere amplitud deporta que dos indivíduos sean de gustos miras y de juicio; criterio propio y seguricostumbre, siempre que se trata de reEslaciones
entre el hombre y la mujer, ba-

''

dad; se encuentra reforzada por la fuerza del cidas por las artes, (la literatura, sobre todo),
hombre que le concede su confianza y á por la religión, por el ejercicio de la ciencia~
quieu ella, en cambio, se la otorga, y, por por el estudio y aplicación de la ley, y aun
otra parte, en estas simpatías encuentra fuen- por esas mismas conveniencias sociales~
te de constante solaz y deleite, mientras que tanto que las personas que niegan la posibilidad de losu enh,JSi asque con fremo, su'aprecuencia,
ciación insaunque intantánea, su
e o r re e tapronta intuiro ente, seción, adquiellama amisren inspiratad platónición infinita.
ca. lo hacen
Por esto se
simplemente
dá vueltas á
porque esün
J a e uestión
infl11írlas pordel amor,counacorrientc
mo si no hude superstibiera otra coción y por la
sa en la vida,
lectura de
al tratar de
novelas y
tal clase de
poesías. Desamistades, y
graciad a por esto remente, 1 os
sultau más
que mantiedifíciles y
nen que los
menos f reh )robres y
cuentes esas
las mujeres
r elaciones,
pueden ser
pues dos peramigos, no
sonas de disapoyan su
tinto sexo
opinión en
que cambiasólidas razJ
r í an librencs, limitánmente sus
dose á pen opiniones, se
sarlo así. Por
mantienen
esto, bien
completavale la pena
mente sepaestudiar una
rad as por
explicación
preocupaciopsicológica y
nes sociales
fisiológica de
y se encuenpor qué una
tran confinaamistad endasdentro de
tre hombre y
b s e$lf JCh03
mujer, ind límites de coferente al sen ocimientos
xo, es no sóconvenciolo posible sinales, vi~nno que adedose precisamás debe serdas á no pamirada sin
sar jamás de
.Uante y Beatriz
ninguna clal a s frívolas
conversaciones de sobremesa y de salón, se de prevenciones y solo como resultado
ante el temor de no ser e )mprendidas y qui- lógico de ciertos hechos cu ya siro ple exiszás hasta de ser censuradas por los extra 'íos. tencia tiene que ser aceptada porque es totalPero preciso es reconocer que e,ta clase mente razonable.
En efecto, los hombres y las mujeres son
de amistades entre el hombre y la mu~er
han recibido poderos) medio de ser estab'e- como los instrumentos músicos: están, ó

�330

HOMBRES Y MUJERES

POR ESOS MUNDOS

perfectamente entonados para· producir com- de los casados no significa otra cosa: en su
¡ileta é indefectible harmonía, ·ó representan célebre novela La sonata de Kreutzer ha
un ajuste sinfónico más ó menos imperfecto expuesto esta creencia con realismo horrique recorre desde una variación casi imper- ble, mostrándonos lo que él sostiene que
es el único tipo de matriceptible á la más completa
monio conocido por nuesdi'scordancia. Expresándolo
tro mundo actual: uno en
de manera más clara, pueel que á degeneradcs mode decirse q u e algunos
mentos de ardientes deseos
hombres y mujeres son por
suceden
largos y. temerosos
naturaleza iguales: mentalintervalos de indiferencia
mente ambos se completan
v aun de disgusto. Pe10 et&gt;
como también simpatizan
éste
caso, como en lií. maemocionalmente, c o rr esyoría de los · que Tolstoi
pondiéndose pronta y sepinta, dibuja un cui-1.oJ
guramente en gustos y
extremo del 'peor estado
costumbres por una espeposible de cosas; porque es
cie de sentimiento, instiniunegable
afortunaclamen te,
tivo más bien que cons•
que algún grado 'de coritacciente.
to mental existe entre casi
Cuando s e encuentran
toda pareja que se une en
dos personas así, se pertematrimonio, contacto que
necen una á otra desde el
las
mil y una circunstanprimer momento en qL1e
cias _de la v:da· en común
sus miradas se encuentran,
es probable que aumenten,
y hasta cuando cruzan las
más bien que disminuyan.
primeras casuales palabras
Johann Wo1r,anz von Goethe
De aquí que la mayor parde saludo ya se compenetran. Sus corazones se corresponden, sin te de los matrimonios no sean positivamente
~ue se conozcan, y podrían contraer lazos desgraciados; muchos de ellos parecen, por
indisolubles de matrimonio á los cinco mi- lo menos, satisfechos, y se aproximan hácia
nutos sin que en todo el curso de su vida hu- la unión perfecta á medida que el hombre y
bieran de tener ni un momento de arrepen- la mujer se van acercando á ese ideal que
timiento por lo hecho, porque, en realidad, tiene orí~en en la unidad de miras tanto de
la naturaleza más elevada
se poseen mútuamente descomo de la más inferior.
de el principio de su exisFinalmente, hay que totencia. Así se han verifimar en cuenta una tercera
cndo las grandes un:ones
categoría, en la que deben
por amor que la humaincluirse los que en imaginidad recuerda.
nación. pensamiento y gusOtros hombres y mujeres
tos
guardan notable semeccncuerdan físicamente y
janza,
pero cuyas naturalcen t( mperamento, pero diz as emocionales se enfieren en todos sus gustos
cuenlran como si dijéramos
y en sus maneras de pendesmagnetizadas una d e
pensar; y aún cuando por
la otra. Cada cual puede
aquella semejanza se vean
atraer
á una tercera persocon frecuencia mútuamenna por medio de sus cualite atraídos, lo son siempre
dades físicas; mas p ar a
de manera incompleta: se
ellos mismcs y entre ello,;
satisfacen entre sí á veces
mismo&gt;1, nada que á esa
y en ocasiones, pero e n
atracción se parezca puede
~uos e 1 amor ejerce s u
jamás tener lugar. P a r a
reacción por la misma raellos no tendría influencia
zón que no es completo; y
alguna la proxim:dad; poasí, cuando falta el lazo de
Baronesa Carlota von Stein
dría dejárselos juntos cada
unidad intelectual y espiritual, se reh1ja ese amor llegando hasta casi día de los que constituyeran sus vidas y no
su extinción. La mayor parte de los matri- pasaría por sus imaginaciones nada que
monios están basados en esta clase de amor. tuviera la señal más ligera de sentimiento
Tolstoi quiere hacernos creer que el amor pasional; y si se les arrojara á una isla de-

'

331

sierta, libres de todas las restricciones de la significa igualdad, y ni el gr~n macedo~io
sociedad humana, tal soledad no influiría en ni el inmortal corso se hubieran avemdo
sus ideas y continuarían siendo buenos ca- nunca á reconocer un igual su yo en el mundo.
Napoleón, en particular,
maradas y fieles amigos,
~ --.....___
mostró
de manera evidente
nada más. Podrían mútua·
su
desprecio
hácia las mumente ocuparse en cuanto
\
jeres, no solamente en su
te refiriera á sus intereses,
\
vida, sino en todas sus pase comun:c:uían los secre\\
labras y en todos sus actos:
tos más profundos, basta
Bonaparte creíaque el sexo
contrariedades amorosas y
femenino estaba dedicado
novelescas; pero del mismo
por
naturaleza única y exmodo que un hombre se las
clusivamente á la renovacomunicaría á otro y una
ción de la raza, 'f nunca
mujer á otra, exceptuándop a r a poder igualarse al
se, en favor de este caso,
hombre.
En las recepcioq u e tales confesiones se
nes
de
la
emperatriz Josehacen con una confiamr,a
fina en las Tullerías, Nay una intimidad que japoleón acostumbraba á hamás existieron de hombre
blar en abstracto con la
á hombre ó de mujer á mugeneralidad de la,; damas
jer.
que allí concurrían; y la
La necesidtd d e tales
mujer más fascinadora apeamistades se siente por munas podía obtener de él
chos hombres, y la mayor
otras
palabras que algullonorato
de
Balzac
parte de ese sentimiento
na pregunta sobre si era ó
reside en tipos artistas y
creadores cuyas actividades se dedicaron no madre de muchos hijos; con frecuencia y
siempre al mundo del pensamiento, mucho y con falta de ccrtesía, acostumbraba á dirimás que al mundo de las acciones. Los más girse á alguna jovan madre, y bruscamente
exaltados genios se han bastado algunas ve- la preguntaba: «¿Pero qué hacéis ahi? ¡Idos
á casa, y á tener chicos!•
ces á sí mismos, vivienRudamente rechazó á
do como si se encontraMad. Stael, cuyas platóran sobre un pico elevanicas amistades e r a n
do en la cima del cual
célebres
en su tiempo y
no podía s e r admitida
cu ya inteligencia le paninguna otra alma, por
recía á ella misma comcreerse aquéllos d3mapletamente digna del
siado grandes para la ing r a n conquistador de
timidad, ó quizás muy
Europa.
pagados de la influencia
Como Napoleón, fué
&lt;Íe su egoísmo; tales fuetambién su supremo anron, por ejemplo,Alejantagonista, el duque de
&lt;iro el Grande en lo anWellington, que, asimistiguo y Napoleón en los
mo, consideraba á Ias
modernos tiempos. Con
mujeres como simples
estos hombres no puede
juguetes con Jos cuales
haber amistad, y menos
se pueden pasar únicaamistad con una mujer.
mente un par de horas
Estos hombres, como
de
ociosidad. Par a su
el águila, pueden deseen•
esposa, mujer muy beder de sus aéreas alturas
lla, fué hasla duro en
para disfrutar d e una
los modales, y suscortas
pasión momentánea, pero
relaciones con otras mues seguro que habrán de
jeres no tuvieron en d
retirarse á sus soledades
nada de respetuosas ni de
tan pronto como hayan
Mad. Eva Hanska
in limidad confidencial.
satisfecho el capricho de
Pero el mundo uel arte ha conocido muuna hora. Tipos tan anormales no acostumbl'an á buscar la amistad de la mujer, chas amistades platónicas, de las cuales la
porque la amistad en su misma esencia Historia ha dejado Reñal en las páginas de

�332

llOMBRES Y MUJERES

POR ESOS MUNDOS

la Literatura. Quizás la amistad más exaltada siempre como luminosa antorcha, clara y
de estas baya sido la de Dante con la ideal brillante, aquella amistad, que no era amor
figura á la que inmortalizó con el nombre de porque fué casi más que el amor.
La baronesa von Stein
Beatriz. Quién fué esta mu_era esposa de un oficial de
jer y de qué linaje ó con1a corte de Weimar, y
dición, nadie puede decirGoethe la vió por primera
lo: se ha sostenido que no
vez en 1775. No era Cartuvo existencia material,
lota
ni graciosa ni bella,
que fué creación del caco:1taba ocho años más
pricho del poeta, una conque Goetbe, y era macepción en la que Dante,
dre d e siete chicos. S u
cifró su ideal supremo de
conducta y su moralidad
lo que había de más noble
eran mu y superiores á las
y más espiritual en la hudel poeta, y su inteligenmanidad. Pero que Beatriz
cia digna de la admirahaya sido persona verdación de su amigo. Durante
dera de carne y de sangre,
diez años ejerció grao doó sólo invención del gran
minio é influencia sobre
poeta, el caso es que para
aquel genio dominador, le
Dante fué un ser real, con
enseñó á tener paciencia,
el que convivió en pensagustos refinados y domimientodurante todos aquenio sobre sí mismo, y todo
llos maravillosos años en
esto lo consiguió valiéndoque acudía á ella en busca
se
de una intimidad en
de inspiración. Esto puede
la que no hubo la más leve
William Makepeace 1'hackeray
ser considerado como la
mancha. E&lt;,ta amistad hizo
apoteosis d e 1a amistad
platónica, en cuyo terreno se borra cuan- no solamente que Goetbe suavizara y apacito hay de necesidad física, porque el hombre guara su genio intranquilo y siempre rebelque llega hasta él no siente otra necesidad de, sino que, además, contribuyó á dirigir y
que la de satisfacer todo aquello que perte- animar sus ambiciones hacie,do su vida.
dichosa, con
nece al e,spíesa
clase de
ritu.
dicha que
Más real, ' ·
nunca cansa.
más humaGoetbe llano, pero no
maba
á Carmenos melota
von
Stein
morable que
su hada dila amistad de
vina, su doDante y Bea
1·ada
señotriz, es el larra. y le esgo conocicribió multimiento de
tud de carGoelhe con
tas,
que en1 a baronesa
canta
leerlas
!
Carlota von
porque reveStein. Goethe
lan una perera francasonalidad
mente pagasin g u I arno en sus
mente
comsentir:1ientos
pleja y siempor e I goce
pre muy inde la vida y
teresante.
En
por su amor
dichas cartas
al placer, así
encerrábase
a ,í como en
un a minuLady Austen
:Mrs. Brookfield
su pasión por
ciosa
re lalo bello. Muchos fueron sus amores en cuantas pobla- ción de la vida diaria de Goethe durante los
ciones residió; pero entre todos ellos ardía diez años más brillantes de su existencia.

1/·

I

333

Podría escribirse un capítulo sobre las constante recuerdo de su propia deformidad
amistades de Balzac con las muchas mujeres física, encontró alivio de su agonía y obtuvo
que le ayudaron á sob1e,alir en vida esli- nuevo respeto de si mismo cuando la bella
y excelente
m u I ando
mujer ele
las mucha•
sociedad,
dotes de i u
lady nfary
elevada inWortley
teligencia,
Moolagu,le
aunque sin
concedió su
co ose g uir
amistad.
distraer sus
¿Y quién
no menos
no sabe
poderosos
que el poesentidos;
ta William
pues estos,
Cowper deasí como su
bió mucha
i m agio apar le de
ción, estasus éxitos
ban cautial afecto
vados por
largo y dela condesa.
licioso que
polaca
existió enroa dame
tre él y MaHanska, á
r y Unwinr
la que amó
Alexander Pope
WiUiaQl Cowptr
Unido á los
flelmeote
durante veinte años, basta que. al fin, quedó trabajos más célebres de Cowper va también
en libertad pal'a casirse con Balzac cuando el nombre de otra amiga platónica suya,
éste se hallaba en el apogeo de su fama, lady Austen. Por la amistad de estas· dos
aunque ya casi en la proximidad de la muer- mujeres, y por la simpatía perenne de ellas
fué por lo que este homte del ilustre maestro.
bre enfermizo, asaltado
Esta Mad. Hanska parecon frecuencia por im ·
ció á muchos una elecpulsos de suicidio, y con
ción bien extraña para
una imaginación perturBalzac: él era un francés
bada á menudo por la
de Turena, alto y r(bussombra de la locura, esto, y ella una mística socribió con espíritu tan
ñado1 a.
normal y tan saludable,
La amistad de Balzac
como el que demuestra.
-con otras mujeres ~ignien sus mejores obras, y
ficó solamente la unión,
con tal instinto del amor
el compañerismo de imaá la Naturaleza que llegó
ginacione!-. Podría haberá
ser el precursor de las
se pensado que una be
ideas que Roberto Burns
lleza como Mad. Carraucl
llevó á la poesía inglesa
hubiese atraído á Balzac,
después de la muerte de
ó que Jorge Sand, quo
Cowper.
hizo tantos esclavos, le
Pocas son las personas
hubiera subyugado con
que hayan debido más
su pcculiarmanerade ser.
que el gran escritor WiPero no ocunió así: con
llam ;1lakepeace Thackelas dos no tuvo Balzac
ra y, el célebre autor de
otl'as relaciones que las
La feJ·ia de las vaniclcide amistad.
cles, al franco cariño de
Entre los literatos inlas mujeres, sin pensagleses hay muchos cuyos
Lady Mary Wortley Montagu
miento
alguno de amor
nombres recuerdan afecciones platónicas. Alejandro Pope, el irrita- en la significación corriente de esta palabra.
ble y áspero enano, y temible pero brillante Thackeray,abandonado porsu esporn,que es.satírico, cu ya alma estaba lacerada por el taba loca, encontró refugio, en medio de rn

�,334

POR ESOS MUNDOS

desolación, en el sincero afecto de la señora
Charles Brookfield, mujer de uno de sus más
inlimos amigos. Cuando la murmuración
equivocó cF-te afecto y llegó la noticia á oídos del esposo, Wi/
~
lliarn Thac/
'\
kera y le es1
cribió una
1
carta since- (
ra y varonil /
,en la que le /
decía cuánlo significa- ,
ba para él la ,
am í s la d,
cuán ajena
estaba la
suya de la
falsedad y
cuán compatible era
con el honor. Comprometía
Thackeray
Sir Walter Scott
en estas afirmaqiones su palabra de caballero y pedía á
Mr. Brookfield que no le privara de tan gran
alivio en su aílicción como el que su esposa
le proporcionaba. El hombre á quien iba
dirigida la carta tenía tanta generosidad y
nobleza como Thackeray: no &lt;lió oídos á las
murmuraciones, y la harmoniosa amistad de
los tres no sufrió jamás perturbación. En la
paz de estas relaciones escribió Thackeray
obras que son gloria de la literatura, á la
vez que un monumento á la.amistad verdadera, sin mancha alguna, entre un hombre y
una mujer.
Del mismo modo, Carlos Dickens encontró
en Miss Georgina Hogarlh, hermana de su
esposa, solaz en las muchas horas de gran
depresión que le abrumaron en sus últimos

años; y eu el testamento, al dejar un legado
á su cuñada, escrib'ó: •Te dejo mi bendición, agradecido,como el mejor y más sincero amigo que jamás he tenido en la Yida.,
Y el gran
autor Sir
Walter
Scott enconlró asimismo I a
amistad de
su virla en
JoannaBaillie, que le
sirvió de
estimulante para su
genio.
Como estas amistades que todo el mundo haconocido, han
existido y
existen
Joa nna Baillie
otras rn i l,
no menos inti~as y no menos puras, entre
hombres y muJeres, quo aunque permanecen
desconocidas, son tan reales y tan dignas de
aplauso, aun cuando los que las mantenían
llevaran nombres obscuros. Todas ellas significan que más allá del jardín placentero del
amor, y que los poetas han cubierto de flores y orlado con sus cánticos, hay un espacio
en el que la luz no es la de la luna y donde
el medio ambiente no_ es el de la pasi~n,
pero en el cual, al brillo del sol y al aire
libre de un sentimiento franco y abierto,
tanto hombres como mujeres pueden darse
las manos como camaradas, marchando uno
al lado del otro en intimidad útil y beneficiosa y con espíritu puro y ánimo sincero.
COSMÓPOLIS

LEYENl)A DE LA BRETANA ROMANA, ENTRE LOS
AÑOS 410 y 446 DE LA ERA DE CRISTO,

por C. BRYSON TAYLOR
SUMARIO DE LOS CAPÍTULOS ANTERIORES (1}
La fama lograda en todo el país por l\lclchor, narrador de
cuentos y cantor de baladas, d~spíerta en el jóven J\i·
canor deseos de igualarla y aún de superarla, y á aquel
oficio se dedica nue~tro héroe. Hijo de esclavos, aban•
dona la c:¡sa de sus padres, y por sendas y \veredas
recorre montes y prados reuniéndose á os pas·
tores, ante los cuales hace derroche de las facultades
que le adornan. Asombrados los oyentes de Nicanor
al principio, muy pronto se enciende entre ellos la tea
de la discordia y se producen gran escándalo y pelea,
que ,erminan porque empieza á dispersarse el ganado
que cuidan los pastores y éstos tienen que ir tras las
reses. Nicanor, satisfecho con que sus palabras hubieran producido tanto efecto, adquiere mayores deseos
aún de que su fama sea universal, y parte de su pobre
terruño para dirigirse á grandes y populosas ciudades
en busca de esa gloria que persigue. Thorney, más conocida por la Isla de Bramble, es la población elegida
por Nicanor, y Tobías, un rico comerciante, la persona á quien va recomendado por sus padres.

y '
Maravillado estaba aún Nicanot ante la
maanificencia de la ciudad de Thorney,
cua~do el soldado Valerio que se le unió en
el camino y le acompañaba en la jornada,
terminando de cantar la alegría de su borrachera pasada dijo al jóven visionario:
-Ahora, ante todo, debemo, buscar á ese
Luen homlJrn Tobías á qLiien viene recomen lado... Tobías te dará comida y alojamientot
que tú repartirás conmigo, ¿no es eso? ¿,Sab3s dónde vive'?
-Ni lo conozco de vista,-respondió Nicanor.
-Pues es una gran contrariedad,-observó Valerio.
·
Y poniendo la mano derecha sobre el hombro de un transeun~e que pasaba á su lado,
¡:rnguntóle el soldado:
.
-¿Podrías decirnos, amiao nuestro dónde vive Tobías, un buen hombre que trabaJa
'
.,
'
en marfil para la Iglesia Cristiana?
-Lo ignoro ... Pero ese sacerdote que por alli se acerca podrá decíroslo,
.
El sacerdote, que vestía sayo de lana gris, que ostentaba la cabeza completamente afeitada basta la línea de las orejas, y cuyo rostro aparecía pálido y gastado, dirigiase bácia el
templo; y fijando la mirada en Valerio, contestó á su pregunta de este modo:.
-¿,Véis esa casa inmediata al espacio claro que hay á la derecha? Allí vwe ese Tobías
por quien me preguntáis.
.
. .
.
Y levantando después do, dedos para bendecll' á los cammantes, s1gmó su cammo,
mientras éstos se dirigían al Lgar que les babia indicado el sacerdote, pensando el hijo
(1) Véast nuestr~ número de Marzo último.

�.Jd6

POR tSOS )lUXDOS

del leñador que mejor estaría solo en casa
Y haciendo un brere alto en sus palabra~.
de Tobías, que acompaliado; pero Valerio se continuó:
,colgaba á Ru brazo con todo caririo, y .rira-¡Por ;'\laría, que tiene lengua de plata
nor era dl m1,.iaolo tímido para despedirle.
esa boc-a tuya! PPro, ahora, acuéstate y desLa casa de Tobías era baja, de piedra y cansa: ya tu amigo ronca el sueño ... Por la
madera, y evidenciaba la buena posición de mañana empezaremos á trabajar, y uno de
su dueño. Valerio llamó á la puerta, y en mis oficiales le dirá lo que tienes que hacer.
seguida apareció por un ventanillo la cabeza
Ente Tobía-; y Nicanor levantaron á Vade una persona. Era una cal e ia sonrosada, lerio conduciéndole á un cuarto, donde había
muy calva, el rostro de luna llena, los labio.:; una sola cama. Este cuarto tenía una ve11tagruesos y la nariz puntiaguda, hebráiea, de na. Yen tanto que Valerio se despojaba de
la raza de sus antepasados.
sus ropas y tomaba la manta que había de
-1,Quiénes sóis?-pregunló el hombre, mi- cubrirle en el lecho y al instante se quedarando fijamente á los recién llegados.
ba profundamll11le dormido, Nicanor fuése a
Nicanor preguntó á su vez:
la ventana, y abriendo las puertas de ella
-¿Eres tú Tobías, el tallista en marfil?
puso su atención en oir el ruido que se proLa sonrosada cabeza hizo signos afimali- ducía en la vasta llanura y que incesantemente llegaba hasta el sitio donde nuestro
vos.
Nicanor cont:nuó:
joven se encontraba.
-De parle de Rathumus y de su nspo~a
Desde la ventana distinguía Nicanor el
ven[O: soy Nicanor, su hijo, que desea ser rojo re~plandor de las hogueras medio ocultas enlre las casas que se elevaban en la
aprendiz tu yo.
-Y Valerio, tu amigo,-le apuntó en voz campiña; de vez en cuando llegaba hasta allí
baja el propio Valerio, tirándolo de la manga. un coro de b· amidos; y tambi(n percibía
-Y Valerio, mi amigo,-repu-;o obedien- el hijo do Rathumus y de Susana dulces tañidos de campanas, de un género completatemente Nicanor.
-¡Por todos los santos!- exclarnó Tobía~. mente desconocido para él, que le emociona-¿Hijo de Susana y vienes para se: apren- ba extrañamente. Un vivo deseo de encondiz mio? Aguarda, y antes de un rnmuto ha- trarse en medio de esta nueva r activa rida
le acometió de repente: ansiaba visitar aquebrás entrado en mi casa.
Desapareció la cabeza, cerróse el ventani- llos concurridos sitios
llo, y en seguida abrió&lt;:e la puerta, recibien- y verse entre tantos
do Tobías con ag:·ado á los dos viajeros, los hombres
cuales fueron servidos al punto de comida Y de bien
vino por la esclava del comerciante q11e
les preparó al momento una mesa de tijera, ante la cual sentáronse los huéspedes
en cómodos taburetes, comiendo y bebiendo hasta que no quisieron
má&lt;:.
Tobías hacía preguntas después de la comida, y Nicanor
le hablaba de su casa ,. de ;;u-;
padres, así como de cuanto IP
había dicho su madre; entretanto que Valerio, bien alimentado, casi dormitaba con la cabeza sobre la mesa. l\lirnlras
Nicanor hablaba, Tobías le ohserval a atento, pues el muchacho no abría la boca sin que de
e 11 a brotara un pensamiento.
Cuando terminó de hablar, se
lavantó el buen Tobías y le besó en ambas mejillas, diciéndole:
-Permanecerás aquí conmigo, y aprenderás cua11to yo sé
hasta que seas un maestro. Sl'rá'l mí hijo.
El socerdote b~nrlijo á Xir.anor y á Valerio antes dr alejarse dP el10,

337

Ai\lOR DE Dil1A Y AMOR D~ ESCLAVA

distintas procedencias. La no ch e avanzaba rápidamente y ya en lo alto centelleaban las estrellas. Podía ver Nicanor, inclinado su cuerpo hácia afuera, el resplandor
de las antorchas mantenidas en al'o por los
riajeros retrasados que cruzaban el vado, y
observaba al mismo tiempo el reflejo de las
vacilantes luces en las aguas poco profundas. La fascinación de todo esto, la primera
vista de la vida en toda actividad, ejercieron
en Nicanor efecto indescriptible, y poniéndose de pronto en pié y saltando al borde de
la ventana, anles de que él mismo pudiera
darse cuenta de sus actos, saltó al suelo y se
encontró fuera de la casa de Tobías.

VI
Nicanor se hallaba en un mundo nuevo
para él, un mundo de fugitivos resplandores,
de negras y ondulantes sombras, de vistas y
Je sonidos extraños, de figuras que en movimiento continuo iban de uno á otro lado.
Completamente deslumbrado, fué á dar
contra una de esas figuras á muy po~os pasos de la casa de Tobías. La tal figura reía
con una risa que hizo pensar á Nicanor en
los agradables sonidos que desde la ventana
había percibido y que le habían atraído hácia la obscuridad. Pero nuestro jóven, emocionado y lleno de entusiasmos, olvidó bien
pronto aquella risa sonora, y siguió corriendo, hasta que llegó á una hoguera que ardía
dentro de un círculo de piedra y en rededor
de la cual se hallaban sentados algunos hombres, comiendo y bebiendo, mientras la luz
despedida por las llamas jugueteaba en sus
rostros.
Con ellos había mujeres, que Nicanor
contempló con la boca abierta. Y á fé que
eran dignas de verse: llevaban el pelo sujeto
con joyas y los hombros desnudos, v vestían
trnjes de raras telas. Eran bailarin~s, llevadas á aquel iugar desde las grandes ciudades del interior para venderlas ó alquilarlas.
Yjunto á la hoguera, mu\' agrupados para
conservar el calor, había esclavos, hombres,
mujeres y niños encadenados en grandes
cuerd~s, que eran transportados á las Galias
para ser allí vendidos. A un lado v otro se
ve~an pescadores y barqueros, fÓrmando
ammados grupos entre sí y cruzando ruidosas burlas que Nicanor no entendía. Todo
aquello era para el hijo de Rathumus una
babel de voces estruendosas y profanas, tan
pronto acompañadas de risotadas comomezcladas con altercados, cortos pero violentos.
,_Subíase todo este tragín á la cabeza de
Ni_canor como si fueran vapores de vino. Jamas había conocido ni visto cosa como aque-

!la, pues vida semejante era completamente
ajena á las tierras donde él se había criado.
Se acercó á los grupos que rodeaban el fuego, aspirando con placer aquellos nuevos espectaculos, oyen,Jo los nuevos sonidos y recibiendo las nuevas impresiones. En su rostro se dibujaba la excitación, y Ru aliento
respiraba la nerviosidad que experimentaba.
Eran tantas las cosas que le interesaban que
no sabía á cuál dedicar su atención. En el
ambiente se respiraba el olor de los alimentos que se preparaban en las hogueras, mezclado con el picante aroma de las maderas
que ardían. Chocaban las copas de cuerno,
y, á intervalos, ruidosas carcrjadas ahogaban las voces de los carreros v el chirrido de
las ruedas.
,
De repente, bajo la intoxicación de tantas
sensaciones, Nicanor se encontró hablando
corno si instintivamente quisiera dar forma
á su exaltación. Empezó ignorando lo que
iba á decir; pero mu y pronto entonó su voz
un viejo mesurado cántico, regular como la
acompasada marcha del cantante, el cual
cruzaba impávido por entre el tumulto que
le rodeaba. Los que estaban cerca le miraron
asombrados y casi dispuestos al desprecio,
pero después guardaron silencio y escucharon. Otros se Je acercaron también para
satisfacer su curiosidad, y poco á poco fueron formando corro. Las mujeres se unían iL
la multitud, sonrientes primero y después
con la boca abierta por la admiración.
Nicanor ni veía ni oía nada. Hablaba en
éxtasis físico aquello que á su labios afluía,
sin cuidarse de su auditorio para nada y
en absoluto, como inconscirnle de tantas
personas como le rodeaban. El desconocido
leñador los tenía hechizados, aún á pesar de
ellos mismo~. Pero, bruscamente, con la rapidez del relámpago, Nicanor se dió cuenta
del influjo que ejercía sobre las gentes, y
desde aquel instante perdió toda influencia
sobre el auditorio. Conociéndolo así, suspendió su canto, y por un instante reinó el silencio.
Entonces, una mujer lanzó largo suspiro,
y un hombre murmuró algo que no pudo
oir,:;e muy bien. Terminó el encanto, y como
si se desbordara un río así las palabras de
aquellas gente llegaron hasta Nicanor. Todos
gritaban:
-¡Hablad más! 1Decidnos nuevas cosas!
Querían saber también quién era aquel
jóven y de dónde llegaba. Nicanor movió la
cabeza, sin hablar palabra, porque sentía
una nueva emoción que embargando su ser
le bacía asustarse de lo que había hecho. En
el fondo de su temor había algo más profundo, algo que él no podía nombrar, así co-

4

�338

POR ESOS MUNDOS

mo si fuera embriaguez de gozo y verdadero
terror al propio tiempo, así como si se encontrara en presencia de nna cosa más poderosa que él y de la cual no conociera sino
el instrumento con que había llegado á verificarse.
Se adelantó una mujer, en extremo maravillosa, y abrasadora como la llama, que
p11so en las manos de Nicanor una gran moneda de plata, al mismo tiempo que fijaba
en sus ojos la mirada. Un hombre, con la
nariz destrozada, le arrojó una moneda de
cobre. Otros le imitaron. Pocos momentos
después Nicanor contemplaba al resplandor
de las hogueras los rostros que le rodeaban
mirándole, como si fuera un ente extraño
ó se encontrara en extraordinario trance. El
jóven mostraba á · todos su pálido rostro,
pues jamás entró en su imaginación la idea
de que pudiera recibir dinero por sus dones
de espíritu. Después se separó
bruscamente de aquel lugar, y
corrió, corrió como si en ello le
fuera la vida; y volviendo á
casa de Tobías trepó por la ventana y llegó basta el lecho que
le esperaba, arrojándose en él
entre risas y sollozos y exlremeciéndose mientras aptelaba
las monedas recibidas en las
sudorosas y nerviosas manos.

Aunque sólo llegaban á media docena los
hombres que allí trab"ajaban; vestidos con
delantales de cuero manchados en aceite, las
ruedas zumbaban de continuo, á intervalos
chirriaba la gran sierra y rallaba material
para el trabajo, y del cnal'to de depósito un
chicuelo traía constantemente largos col millos dispuestos para el primer corte.
Todo el arte de trabajar en marfil, en sus
distintas manifestaciones y en sus variadísimos modos, lo había aprendido el maestro
Tobías, muchos a1ios antes, de un operario
de Bizancio donde el trabaj'l de esta clase
firruraba á la cabeza de tan importante arle.
Dicho artífice, al morir, comunicó á Tobías
todos sus conocimientos en el oficio y herramientas, que, de otro modo, nunca hubiera
obtenido el patrono de Nicanor. Desde entónces Tobías trabajó mucho más en pl3:cas,
dípticos, cascos y figuras de dioses y diosas

VII
El taller del maestro Tobías
estaba en una reducida habitación, subterránea en parte, con
tres ventanas al nivel de la calle. Largas mesas sobre caballetes aparecían colocadas en tres
de los lados de la habitación,
dejando libre el centro. Estas
mesas, completamente negras,
estaban muy deterioradas, y señaladas, adeinás, por la grasa
y.el polvo. Sobre las mesas había pequeñas ruedas de cintas
para pulimentar formadas de
tela de lana gruesa y aseguradas
fuertemente entre dos discos de
diámetro más pequeño firmemente retenidos en bastidores
que giraban á mano. Había bandejas de herramientas para grabar, cincelar y recortar, y cajas
de arena fina y de pergamino
vítreo. En un rincón veíase una
piedra de afilar, y el suelo, nada
· limpio, estaba cubierto de serrín
y de raspaduras de hueso.

AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA

que, por último, se vió bajo la inspección directa del propio Tobías y pudo por esta cirmesa-tocador de alguna alta belleza romana cunstancia conocer íntimamente por primedebíanse al trabajo de las gruesas manos de ra vez la habilidad de su maestro.
En el transcurso del tiempo, pasados alTobías, que supo encontrar mercados para
sus productos, porque tenía en favor suyo la gunos meses, llegó un día en que Nicanor
afición de Roma por la bisutería y sus simi- contempló su primera obra: un cruci\ o, fruto de sus propios trabajos en los que no inlares y la escasez de competidores.
Nicanor hallóse dE' manos á boca desnudo tervino mano extraña desde el principio al
de brazos y con su delantal de cuero, llevan- fin. Nicanor mismo eligió el colmillo sin re,; do colmillos de acá para allá, limpiándolos quebraduras, de grano finísimo; cortó el blodespués que los entregaban los traficantes, y que, le dió forma empezando por eltronco da
la cruz, basta modelar los brazos y el con torno
repartiéndel Cristo; y
dolos entre
después,
los trabajatrozo por
dores cuantrozo, foé
do éstos los
dibujando la
necesitafigura toda,
ban. Pronto
con redonsupo distindeados conguir los vatornos y facrios matices
ciones e o de color y
he rentes,
conocer
las costillas,
cuándo el
en que se
hueso estaba
mostraba la
enbuen esviolencia de
tad o para
tensión, las
soportar
manos y
bien el corpiés taladrate, sin resdos, el paño en redequebrajarse,
dor de la cintura.
y cuándo
Todo ello fueron forpodía ocui
mándolo lentamente
rrir lo conlos afanosos dedos
trario; y haI
del
al'tífice. Después,
biéndosebeI
i~i)•t-•n,l'l-"'ll~
suavizó y pulimentó
cho perito
Nicanor el crucifijo,
en el conocimiento de las
luego pintó los ladiferencias de calidad, Tobios de rojo y simubías le encomendó el exá~
&amp;,r'
ló las gotas de sanmen de los lotes á medida
gre, así como dió asque llegaban, para. que los
hallósJ &lt;le manos á boca llevan&lt;ro colmi•
pecto de la más 1.1·ca
separara según su clase y Kicanor
llos de un lado á otro del taller de Tobías
púrpura al paño de
condición. Esto era para
nuestro jóven trabajo ligero, que como des- la cintura. El crucifijo terminado fué el orempeñaba á la simple vista le permitía ob- gullo de la vida de Nicanor, á quien el maesservar lo que hacían los otros; y así fué, tro Tobías, entusiasmado, besó en ambas
inconscientemente, aprendiendo muchas co- mejillas, declarando á la vez que desde
sas útiles, que era lo que el maestro Tobías aquel momento moriría fefü: porque tenía
intentaba. Ona vez familiarizado con el ya u11 sucesor que mantendría su arte con
color, textura y grano del marfil, fué en- entusiasmo.
cargado de auxiliar á dos bombres que se
empleaban en el mar:ejo de·una gran sierra
VIII
de dientes gruesos; también tuvo que aprender á cortar trozos largos en fracciones de
Todo cuanto hemos referido no lo aprenuna pulgada con el menor despilfarro posi- dió Nicanor sino en mucho tiempo. Entreble de marfil. Así fué, paso á paso, oportu- tanto, nuestro jóven llegabaáconocermuchas
namente, conociendo todos y cada uno de cosas, además del arte de tallar en marfil.
los detalles de aquella clase de trabajo hasta Cuando tenía humor para ello, Nicanor tray de santos de la Crisliandad. Muchos peines
tallados y cajas para joyas que llegaron á la

J\

~'ft~\ ·

Nicnnor se encontró hablando como si instinth·arnenle quisicr~ d~r form~
á su exaltación

339

�arn

POR ESOS MU:{l)Q!,

bajaba muy 'bien, como ya había demostra- in'sufrible y ansiaba abandonarle. ~olamenle
do; pero con mayor frecuencia estaba de mal fuera del taller, entre hombres que caminahumor, y nada le ai¡radaba más que apartar- ban apresurados y entre la confusión que prose del ruído y iumbirlo de las rueda;; y he- ducían la llegada y la partirla, era donde él se
rramientas y del olor del hu!'so y del aceite, encontraba en su sitio y donde se considealejándose en1ónce.;; del recinto de la tran- raba completamente feliz y contento.
Como los dos eran de carácter ,ehemente,
quila iglesia para lanzarse á la vica animada
discutían
muy á menudo, y entonces se rrodel vado, donde no tenían fin su;; tlistraccioducía
la
mayor
confusión; porque el maesncs, dedicado durante todo el día á contemtro
Tobías,
rojo
como
la púrpura y blandienplar el ir y venir de la, gentes y á escuchar
el estruendo d e 1 tráfico, y a observándolo do el buril, desahogábase llamando á Nicatodo en silencio, ya mezclándose con las mul- nor ingrato, necio é inútil; y Nicanor, á su
vez, al rojo blanco interiormente y guardantitudes.
Día tras día, estrechas barcas remonta- do silencio, soltaba las herramientas y salia
ban el río con la marea, car¡(adas de vinos y del taller con la cabeza dec:cubierta y las manespecias, sedas. cristales, velas y ricas telas díbulas dispuestas para ligera sonrisa, miende extranjeras tierras; con lámparas y esta- tras su cólera aún se hacía más profunda p.&gt;r
tuaria, y cuadros para las grandes casas de el forzado !-ilencio; y basta que se encontraRoma, y con frutas, granos vegetales, carnes ba en el centro de un corro de rostros any aves. A la hora del reflujo, regresaban las siosoc: por verle y oirle, ni se apaciguaba su
barcas, pero e;:;ta vez su carga consistía en malhumor ni se reconciliaba con Tobías, á
lanas y pieles cuyo olor, bastante desagra- cuya casa volvía para cerar acoziendo endable, impregnaba el aire por donde quiera tonces loe: amenazadores gruiiidos del maesr¡ue las mercanc_ías pasaban. También veía tro con obligada cortesía y consiguiendo así
fücanor cómo tendían sus redes el pescador dominarle y rendirle con diabólico arte.
Pero un día, después de uno de estos fiede salmón y los pescadores de otros peces,
siendo una diversión grata para estas bue- ros combates de palabra, fué cuando Nicanas gentes saludar con gritos á los barque- nor, perdiendo por completo el dominio soroq que remontaban ó bajaban el río. Y bre sí mismo, habló á Tobías, su maestro,
además de estos, á un sin fin de personas de como jamás se había atrevido á hablarle. Y
todas clases y condiciones que iban y ve- en seguida, locamente llevado por ~I cumnían y jamás se detenían allí más de una plimiento de sus últimas palabras, se aprenoche: artífices como él, comerciantes, tra- suró á salir de la casa y marchó á través de
ficantes en pieles, mineros, actores, músicos, la multitud, cuyos clamores le pusieron tojuglares, cohortes con yelmos de gran cresta davía más fuera de sí; y dirigiéndose hacia
con escudos relucientes y puntiagudas lan- el vado del río, al fin se detuvo, hollanzas, hombres severos de obscuro rostro , do terriblemente el suelo con la punta de su •
oriundos de muchas y distintas naciones. adornado zapato de cuero, dando muestras
Largas cuerdas de esclavos que, enlónces de un estado de ánimo horrible que sólo
como después, formaban parte tan principal necesitaba un pequeño motivo para dar
del comercio de exportación de la insigne rienda suelta á su fiereza.
En esta disposición de espíritu, oyó de reBretaña, marchaban al compás del estridenpente
un grito detrás de sí y vió una cosa
te ruido de las cadenas por loe; caminos imque
le
hizo olvidar sus pesares y considerar
periales, en los que siempre había color,
vida, movimiento, clamor de \'OCes,crujir de que, después de todo, él era más afortunado
en su suerte que otros muchos. Le llamó la
ruedas, agitación constante.
Poco es de admirar, pues, que Nicanor, atención distinguir un yelmo crestado y la
muy sensible en todas las fibras de su fo~o- · capa negra que solían usar los conductores
so ser, sediento de aventuras, escapara del de esclavos; también fijó su atención al seencierro del taller siempre que pudiera, para pararse la multitud en una muchacha flacucontemplar y conocer la exhibición en mar- cha, de ojos inflamados y rostro pálido, encha. Tampoco es de extrañar que al maestro cuadrado por abundante cabellera negra, con
Tobías no le agradaran estas deserciones de su las muñecas encadenadas y una bata hadiscípulo, ni que las reprobara públicamen- rapienta que déjaba ver un largo ribete rojo
te: argüía, con rar.ón, que si un hombre qu&lt;'- en la parte de los hombros. El hombre que
1Íl que su trabajo tuviera alguna importan- la conducía sujetaba la extremidad de la cacia debía permanecer constantemente afe- dena, y bajo el brazo oprimía el temido látirrado al banco y á las herramienta~. Pero ~i- go: era un tipo rechoncho, de rostro ne•
canor, se cuidaba muy poco deque su trabajo gro y brutal y ojos duros y pequeño'!, y se
fuera ó no apreciado, y el banco le parecía ocupaba en elogiar las buenas prendas de la

Al\IOR DE O.Ab1A Y AMOR DE ESCLAVA

muchacha, haciéndolo de la misma manera
que se ensalzan las_cuali?ades de una yegua en ven ta: su res1stenc1a para el trabajo,
sus aclualas perfecciones y sus posibles fu.
turas habilidades. Un soldado con tableta~ de
cera y estilete en mano, medio vuelto de espaldas á Nicanor, tomaba nota de lo que el
hombre decía, dirigiéndole á intervalos un
comentario ó una pregunta como esta:
.;._;.Del Norte dices que es?
-Si, señor, nacida de un soldado romano
'f de una moza británica ... Sería una buena
adquisición para vos, noble señor, y el precio es reducido, solo cincuenta y cinco sextercios... ¡y eso por las ganas que tengo de
deshacerme de ella!
-¿Tiene imaginación? Yo no quiero que
padezca enfermedades, pero tampoco me
gusta que sea torpe.
-¿Imaginación, decís, señor?-respondió
el hombre lanzando un juramenlo.-Sies eso
lo que deseáis, aquí la tenéis en carne y hueso: esta jóven es el mismo diablo y me ha
dado que hacer más que tres hombres juntoc:.
Buscóse el soldado el bolsillo, contó el
dinero y lo puso en las manos del vendedor.
Contó éste las monedas, en las cuales rscupió para que la suerte le fuera propicia, y
haciendo una señal en su libro de veutas
desencadenó las muñecas de
la muchacha.
El soldado romano puso
una mano sobre el hombro
de la esclava y la dijo:
-Sígueme. Ya no recibirás más golpes ni oirás maldiciones. Pero es preciso que
cumplas con tu obligación.
Salió el comprador con la
muchacha, y entónces Nicanor reconoció al soldado y le
saludó. Era el propio Valerio
y para Nicanor resultaba u,;
misterio- cómo su amir10
y
0
compai.ero compraba u 11 ,,
esclava que debía ser algo
cara.
Valerio, sin separar su
mano del hombro de la murhacha, conte:,tó al saludo
de lfüanor y le dijo:
--¡Oh, m1 buen amigo! Te
presentas á mi vista en un
día feliz. Desde que conseguí el puesto de remendó11
de las sandalias de los buenos sacerdotes no he vuelto
á verle, aunque te he buscado por todi;,s partes. ¡Y de

341

esto hace yamás de un año me acuerdo bien!
Mientras hablaba, no c~saba Valerio de
ai_rigir miradas inquietas á uno y otro lado,
Nican_or _lleg? á rnteresarse, y marchó con
Valerto, a qu,cn la muchacha miraba cc,n
ojos de~e:-1prrados.
--pas he_cho buena compra,-dijo Nicanor a Valerio en tono indiferente.
-No es para mi,-contestó humildemente
el soldado, á quien sin duda le convenía aparecer pobre y desprovisto de rerursos.-Yo
hago esta compra en nombre de mi señor
Eudemius, el de la gran villa blanca del camino de Noviomagus, al lado de Londinium.
Pero, por todas las furias, ;,qué pasa?
Era que la muchacha con espantados
ojos, se babia colgado de 1:is manos de Valerio, gritando desaforadamente:
-¡No, no. pata el noble señor Eudemius
nol ¡No pued~ haber sido comprada para éli
Otra vez Nicanor se ~ncontró perplejo,
pues el terro_r y la angustia se dibujaban en
aque_lla voi Jamás oída en acento humano.
Y mientra:; los dos m·iaban asombrados á la
m~chacha esclava, ésta batallaba por desa_s1r~c de manos de Valcrio, sollozando sin
lagrimas y murmurando:

Un soldado lmcia
preguntas al veu.Jedor
acerca dr 11.1• condicione$ de
la c,clava

�343

PLAÑIDERA

34.2

POR ESOS .MUNDOS

extendidas y los dedos formando rígidos
-¡No, no, para él nunca! ¡Oh, Cristo mio! ganchos. Nicanor corrió también. Cuando
-¿Y por qué no?-preguntó Valerio.- Valerio consiguió agarrar un girón de 1as ro¿_Qué tienes contra él y por qué su nombre pas de la fugiliva, lanzó uua exclamación de
le hace temblar?
triunfo, como la jauría de caza cuando su
-Porque este noble á quien servís tortu- perro de muestra ha cortado el paso á la
ra á los esclavos,les mutila,arranca sus car- res; pero el girón cedió á los esfuerzos de
nes de los vivJs huesos, y ríe al oir los ayes la esclava, que consiguió quedar libre, llede las víctimas. Y si el esclavo se alreYe á
gand) al extremo de la calle, atelevantar la mirada ante él, puede consirrorizada y con el feroz soldado
derarse muerto ... ¡Lo conozco, lo conozco!
pisandole los talones y Nicanor
¡No iré con él! ¡Antes me ahogaré, me
corriendo tras él. Sin alientos loahorcaré yo misma!
gró soltarse la infeliz muchacha
La infeli¼ dirigía su, ojos á todas parles
cuando otra vez le alcanzaba Vahuscando álguien que la libertara donde
lerio, yendo á caer entonces al
no había
pié de la cruz; y lanzando un
nadie que
sollozo, abrazóse á la columna de
pudiera inpiedra y gritó:
tentarlo si-¡Me acojo á esta cruz y me
quiera. Vaamparo en ella!
lerio la coAllí quedó, con la cabeza incligió fuerte nada hácia adelante y enmente de 1
tre sus extendidos brazos,
brazo, di con los hombros agitados
ciéndole:
al compás del oprimido pe- ¡Vencho que hacia esfuerzos
drás conmipor respirar,
go, y cesarás
y con el rosen tus destro adornavaríos y lado por la
mentos!
suelta cabeHabían llellera. Valegado a una
rio, d e t e callejuela
niéndose, se
enlre la5 cacontentó
sas sin urcon amenabanizar y
zarla con el
cuyo suelo
puño cerraera desigual
do, no atrey eslaba
viéndose á
destrozado
tocarla niun
por pisadas
pelo de la
numerosas
cabeza, por-¡Me acojo a esta cruz, que me amparara con su derecho de asilo!-griló
la esclava a Valerio
de hombres
que hallány animales,
dose la esclava al amparo de la Santa Iglesia
Conocíase este callejón con el nombre de no podía violarse aquel maravilloso derecho
Calle clel Perro Negro, y terminaba abrup- de asilo que lo mismo podían invocar los
tamente en la baja muralla de piedra que
que los bajos.
servía de marca al limite de las tierras de altos
Nicanor permanecía mudo espectador de
San Pedro. Cerca de la muralla, á la termi- los sucesos, mientras empezaba á reunirse
nación de la calle, había una de las crLCJS gente que discutía lo ocurrido. La muchacha
de piedra sin trabajar que se erguían a in- se levantó, estrechándose más á la cruz y
tervalos en rededor de las murallas y en cada
en rededor suyo.
puerta. Nicanor, Valerio y la esclava se en- mirando
-¡Un sacerdote! - gritó la infeliz.-¿No
contrarían á unas cuarenta ó cincuenta varas hay un sacerdote cristiano que diga á este
de las murallas, cuando el soldado quiso ase- hombre que estoy libre de él porque me pro·
gurar más á la esclava; pero dando ésta un
la cruz?
salto, huyó callejón arriba, con la cabeza tege
Valerio atrajo hácia si á Nicanor.
hácia atrás y con el cabello negro suelto
-Ve y busca un sacerdote,-le dijo-porformando una nube sobre su espalda. Vale- que mientras esa mujer esté cerca de la crui
río echó á correr tras ella con las manos

no me atreveré á poner un dedo sobre ella
pues la multitud me despedazaría. El sa~
cerdole puede entregármela porque la he
comprado y la he pagado, y no es ella quien
tiene que elegir nuevo amo ... ¡Corre,para que
cuanto antes me la lleve á donde ya no pueda escapar!
Nicanor, que ansiaba no alejarse del sitio
de los acontecimientos para ver cómo se desarrollaban, dirigióse velozmente al patio de
la iglesia entrando por la puerta más próxima. De repente, se le presentó un sacerdote
al que Nicanor conocía con el nombre de
Padre Ambrosio, y le dijo:
-Bendito Padre, una esclava se acaba de
acoger al derecho de asilo al amparo de la
cr11z que hay en la calle del Perro Negro y
pide un sacerdote para que confirme su
recho.
~I buen ~acerdote ajustóse la sotana y en
umón de Nicanor se dirigió por el camino
más
. corto al lado de la cruz. Pero , entónces ,
N1canor, ex_t1:emeciéndose, creyó haber equiYocado el sll10; pues aunque la cruz estaba
en aquel lugar, y la muralla, y la calle era

de-

la del Perro Negro, no había allí ni rastro de
esclava, ni de Valerio ni de ninguno de los
que en su rededor se habían aglomerado minutos antes.
Nicanor, con cara del mayor asombro y
contrariedad, volvióse hácia el· Padre Ambrosio, y balbuceó:
-Los he dejado aquí, en este mismo sitio ... ¡O hay que confesar que estoy hechizado!
M~ró á derecha é izquierda, y se alejó y
volVló cerca del Padre Ambrosio. Este movió
la cabeza y dijo tranquilamente:
-Es posible que se hayan arreglado entre
ellos... Vámonos.
Y plácido y sin manifestar contrariedad
se alejó. Nicanor tocó con sus manos la cru~
para asegur~rse de que era la misma y de
que no sufria los efectos ~e su sueño; y cont~mplando ~uego el r.spae10, escudriüó con la
vista las apiñadas casas sin pronunciar palabra, seguro de que Valerio y la esclava no
habían llegado á una inteligencia acerca del
nuevo amo para cuyo servicio la dijo el soldado que había sido coro prada.

(Continuará)
lliistraciones de Reina In{ante.

PLANIDERA
No sé qué bella melancolía
tiene la tarde con sus nublados:
menuda lluvia por los tejados
baja entonando triste ele&lt;ria
el ~iento silba, y entre lo~ prados
gotitas cuelgan de lluvia fría ...
¡No sé qué bella melancolía
tiene la tarde con sus nublados!
Besan mi rostro soplos helados
y contemplando morir el día '
recuerdo tlic4as, goces pasados
y siente mi alma con los nublddos
no sé qué bella melancolía ...

Lurs CASTILLO

�LAS ÓPERAS MÁS Cru.JIBRES DEL MUNDO

parisiense de la música es la que ahora se

LAS OPERAS MÁS CÉLEBRES DEL MUNOO

"TANNHAUSER'', DE WAGNER
. d , l música que viven alejados de las grctndes capitales, y que, por_ tanLos a fic ion~ os a a
.
1 oir las óperas en la escena teatral, tienen
to, no disponen de o~aswnes par,a;r; ~los lleva la prensa diaria, C'lt1JOS criticos solo
que contentarse con s ~os que i,
olvidándose de lo que la obra es en sí con rese -ocupan en_ la P':º:urón ~ecifir
las
concepciones de los compositores. Nuestro
lació1!' 1la historia e,.ª musica O e relieve el es íritit de los grandes h01nbres
proposito en estos art-i(,;ulos esJiº¡er de_musical y ~l efecto, en esta serie-ya he»ios
eZRf;~:i y L::::rin,_d~ Wagner,Rigoletto, de Verdi, Romeo y
Julieta, de Goitnod, y La Bohemia, de Piteeini.

~:;{::!Jo~::iJ::::s

vos instrumentos y n9 se adoptaban nuevos
métodos vocales por los cantanles; y en efec•
to, después de ciento sesenta ensayos _co~sintió en que se cantara al fin ante el publico. La dirección del Teatro de la Opera profetizó que la representación de Tan_nhduser
sería un fracaso si no había un bail~ble. en
el segundo acto; pe_ro Wagner c~n s? 1_11ap_tabilidad característica á lo an~iartlsl1co rnsistió en ir.troducirlo en el pruner acto, no
obstante la explicación de que las roués de
bailables jamás aparecieron hasta que el telón se levanta para el segundo acto: El maestro alemán inventó entonces un bailable que
las bailarinas sólo podían dominar después de
las mayores dificulta~es. Los ami_gos de las
bailarinas interrumpieron el trabaJO de éstas
con pitos y risas burl?nas en las tr~s r~presentaciones que se dieron de la opera, en
vista de lo cual la obra fué retirada de los
carteles.
Sin embargo, el resultado final de e~tas r~presen taciones fué al cabo favorable a ~a ciTannhauser.
.
En 1860 se trató de dar en París la repr1se tada ópera, porque á ellas se debe la mtrode esta ópera, y entonces exigí? _Wagner ducción en la partitura de la bacanal de yeque no la autorizaría si no st1 adquman nue- nus, y lo que pudiéramos llamar la versión

inspiración de esta hermosa ópera del
maestro Wagner débese á una _leyenda
alemana de la décimasexta centuria, cuya
variedad emocional y explendor_ par~ la escena difícilmente dejan de cautivar a~º- artista: el amor pasional y el ferv?r rehg1~so
desempeñan en esa leyenda ~un?1ones rr!ncipalísimas. Así fué como el m_s1gne mus1co
pudo escribir el coro de peregrmos, la oración de Isabel, el canto á la estrella vespertina y la grandiosa marcha del segundo acto.
Era Wagner director del Teatro de Dresde cuando escribió Tannhtiuser, entre los
años 1843 y 1845. Su ópera se presentó ~l
público en esta última fecha: e~ autor recibió grandísima ovación en la P:1m~ra representación, pero el favor del auditorio le abandonó pronto. Explica Wagner este hecho
diciendo que bl no habia compue~to una
obra para la galería; pero como conti_nuara~
las protestas, el maestro se vió oblt~a~~ a
modificar algunas cosas de su pnm1t1vo
A

L

,

canta en todos los teatros.
Los méritos y hermosuras de Tannhauser,
fueron apoderándose gradualmente del público, y una ciudad tras otra llevaron á cabo
la heróica aventura de ponerla en los car~eles, basta que alcanzó, corno hoy conserva,
un número de más de mil representaciones
al año.
Representa todo el argumento de esta
ópera un duelo entre dos grados de amor.
Cuando se levanta el telón, encontramos á
Tannhduser en la cueva de Venus. Ninfas,
hadas y sirenas bailan seductoramente, y la
diosa, que tiene á Tannhtiuser á sus piés,
canta y pide protección para él; pero Tannhduser desea hallarse en el mundo de las
brisas puras y de la actividad humana, y se
aparta de Venus, que, maldiciéndole, desaparece en el interior de su gruta.
Entre la penumbra aparece un risueño
valle, bajo el cual, en un lado, puede verse
el país de Venus, mientras en una eminencia se levanta el castillo de Wartburgo. Un
paslorzuelo entona en su cuerno una sonata
á la Primavera, al propio tiempo que pasa
una procesión de peregrinos. Tannhiiuser,
lleno de contrición vehemente, cae de rodillas con humildad ante un crucifijo que se
levanta á su lado en la pradera.
Una procesión de landgraves y bardos desciende del Wartburgo. Wolfram, gran poeta
del pueblo y todo un carácter histórico, reconoce á Tannhiiuser, antiguo amigo suyo, y
le apremia para que vuelva á Wartburgo.
Rehusa Tannhau.ser, basta que Wolfram
le dice: Isabel lo desea. Al oir este nombre
que tan querido le fuéenotro tiempo, Tannhauser, á quien recuerdos d e deliciosas
horas le conmueven, siente deseos de ver
nuevamente á la doncella de su primer amor.
El segundo acto nos muestra el castíllo de
Wartburgo, aquella fortaleza tan querida por
los trovadores alemanes. En la tercera escena del segundo acto, Wagner ha introducido
la competencia de canto entre los bardos
alemanes que tuvo lugar sobre el año 1210
antes de Jesucristo. Isabel y su tío el landgrave, nobles, caballeros y damas toman
asiento en semicírculo en el salón de música, para oír á los trovadores cantos improvisados con acompañamirnto de la lira.
Wolfram y Walther cantan un amor puro
y caballeresco, pero cuando toca el turno á
Tannhduser recuerda éste á Venus, y entona lo que la diosa le había enseñado: •Si

345

quieres hallar el camino del amor debes ir
á la residencia de Venus.»
La concurrencia protesta consternada. Los
caballeros se precipitan sobre Tannhtiuser
con las espadas desnudas; pero Isabel se
pone á su lado diciendo que Dios sólo puede
juzgarle y que como su error había sido
cosa de hechicería debe dársele ocasión
para el arrepentimiento. La voz de L~abel,
como nota de la verdad que él ha olvidado,
mueve á Tannhauser á contrición y cae
de rodillas. Isabel le ordena buscar en Roma
el perdón.
A distancia se deja oir un coro de peregrinos. Tannhauser se·levanta exclamando:
•¡A Roma!•, y en seguida se precipita hacia
el valle, mientras •¡A Roma!, repite el eco
de la multiturl.
En el acto inmediato encontramos á Isabel arrodillada ante un crucifijo, y á Wolfram que baja de la montaña. El canto de
los peregrinos se oye nuevamente, y entonces Isabel se levanta muy despacio y busca
á Tannhauser, pero éste no va entre aquéllos. Desesperada, se arrodilla otra vez y
pide ser llevada á los cielos para cJJDplir
allí la misión de redimir á Tattnhauser.
Se levanta y asciende por la colina.
Wolfram toma la lira y entona el célebre
canto á la estrella vespertina. Es entrada la
noche. Lentamente, Tannhauser aparece de
entre las sombras completamente desarrapado y apoyándose débilmente en su cayado
de peregrino. Se reconocen él y Wolfram, y
Tannhauser canta el relato de su peregrinación diciendo que el pontífice le había negado el perdón y que quiere volver al lado
de Venus para gozar de los placeres que le
esperan con ella.
Una neblina sonrosada comienza á invadir
la escena, y de entre la neblina surge Venus
con sus ninfas. Venus llama á Tannhauser,
el cual lucha pur alcanzarla contra los brazos de Wolfram que le retienen. Wolfra11i
pronuncia el nombre de Isabel, y Tannhauser queda inmóvil y reflexivo, repitiendo el
sagrado nombre.
E I paisaje se obscurece lentamente y
por la colina del Wartburgo desciende una
procesión fúnebre conduciendo el cadáver de
Isabel. •Te has i:alvado-exclama Wolfmm
dirigiéndose á Tannhctuser-porque Isabel
rogará por ti.• Venus se desvanece, y Tannhauser, que se considera salvado, murmura
amorosamente ¡Oh, bendíceme, Santa Isabel!,y muere.

,

�¿CUÁL ES MJ OBRA PREDILECTA?

paternos lares con sus juegos infantiles y .
con
sus inacabables travesuras.
s~mbrados, hasta que un día tuvo la fortuna
• Y una tarde, ya cansado de perseguir
de topar, de requebrar y de llevarse, tras las
debidas y sagradas tramitaciones, á su per- inútilmente por entre las accidentaciones del
fumado cubil, á Rosarito, la bellí,ima uni- monte á las ele los broclequines grctna, y
acordándome del modo tentador con que
génita de los Jaramagos de Humaina.
, Y transcurrido el tiempo que lier1e indi- practican la hospitalidad en casa de Cristócado para casos tales Santa y Pródiga Madre bal, hácia casa de Cristóbal encaminé mis
Naturaleza, tuvo, un amanecer del mes de pasos pecadores, y á la media hora resfreslas flores, que salir nuestrn Cristóbal de es- cábame bajo el verde parral ele la puerta,
tampía en busca de la Tia Perala, célebre mientras Cristóbal me contemplaba con vaga
comadrona del partido, a b que despertó y melancólica expresión, alegrab:i Rosario
sus quehaceres domésticos cintando co.no
gritando más alegrJ que un repique:
,-¡Véngase su mercé conmigo, Tla Pera- una alondra, dejabase machacar resignada/a., 'C[Ue ya está el pasmo que yo encargué me 1te el abuelo por los inquietos rapaces,
hatiada en sol los contemplaba la abuela
a!daboneando en la puerta!
desde el dintel del edificio, y los peuos,
• Y llegó el momento solemne, y
siempre
vigilantes, dormitaban perezosa,-No·, no es este el pasmo que yo esperaba,-decíaalgunas horas más tarde el Ve1·- mente tendidos en la pintoresca explanada.
• Y descansado que hube algunos minutos
d11gones contemplando con profunda amargura su vástago, que habíase descolaado en charlando de lluvias y cosechas, y cuando ya
este pícaro mundo luciendo casi po~ orejas la cowersación empezaba á languidecer, yo,
que c:mocia las aún no realhadas ilusiones
dos alpargatas valencianas.
,Inútil fué que los amigrs de Cristóbal de mi amigo, preguntéle á éste, al par que
procuraran consolar á éste rns:ilzando tal ó señalaba el revollo ;o b.rndurrio:
, -Vamos á ver, Cristóbal, la verdad:
cual belleza del chicuelo, Cristóbal no se
c~nvencía. Pero haciéndose s 1perior á su ¿,cuál es de todo3 ellos el más de tu predilección?
tnsle :a,
»Cristóbal arrojó sobre sus hijos una mirada
»-¡Veremos el segundo!-- murmuró.
llena de paternal ternura, sonrió melancólica
&gt; Y Rosarito, á la que no disgustaba, sin
duda, secundar.los esfuerzos de su esposo, y bondadosamente, y repúsome con acento
apacible y resignado:
nu~Ye me3es mas tar•-¿,Que cuál de
de daba á luz un nuevo
tóos
es el más de mi
vástago, del cual hubo
gusto?.,. Pos bien, lo
de decir, también desq u e es quererlos, á
consoladamente, destóos I o s quiero por
pués de haberle reigual; pero el que más
conocido con el ma~ne gusta ... el que mb.s
yor detenimiento, el
me gusta...
buenode Yerclngones:
&gt; -Vamos, hombre,
• - No es feo der
¿cuál
es el que más te
tóo; pero tié una nariz
gusta?-lepregunté de
que es mismamente un
nuevo, alentándolo al
sacacorchos, cabayenotar sus vacilaciones.
ros.
» - Pos bien ,-excla,No obstante tan domó
con acento decidilorososdescalabros
si.
,
do-el que más preguió nuestro Ve-t·dugofiero de tóos... es el
nes peleando por dar
que entoavia no me ha
~orma tangible á s u
par:o mi mujer.
ideal, á aquel chiqui• Y yo, plagiando á
llo que retozábale sin
J osé Santos Chocano
Cristóbal e 1 Verduc~sar en el pensamiento, más bonito que el sol, más bueno que un gones, le digo á usted:
•- Yo, de todas mis obras, la que prefieapóstol, más sabio que aquellos de que nos
hablan la~ helénicas tradiciones, empeñado ro, es la que ,no tengo escrita todavía.
en no salir de su clausura en la cual aún
José Santos Chocano
continuaba diez ó dóce años después cuanPeruano
de nacimiento, pero español por
do ya diez ó doce de sus hermanos,' más ó
menos raquíticos y defectuosos, alegraban los el alma, es Santos Chocano el poeta de la

Verdugones á buscarla por barbechos y por

¿CUÁL ES MI OBRA PREDILECTA?
Esta ·información, comenzada en nuestro 'Y!'úmer? de Noviembre últi11~0, no tiene
otro objeto que ctveriguarpor propia mam,{estación ele lcts autores, cual es sn obra
predilectct, ya por lct perfección con que desarrolforon sn pen~mniento, Y.et por las
circunstancias que presidieron su génesis, yci. en ~n, por ~l éxito que logro el trabctjo al ser conociclo por el público. Echegaray,Palacw Valdes, Br~tón, Querol, Ga!~ós,
los hermanos Quintero, Engenio Alvarez Dmnont, Amacleo Vwes, Blasco !b_anez,
Linares Rivas, Miguel Blay, Tomás Luceii?, Salvador Ruecla, Sctlv~id?t Vi~uegra,
Ecluarclo Zamacoisy Francisco Flores Garc1a, han expuesto yci su opznion. Oigamos
ahorct lo que dicen otros maestros.

Arturo Reyes
Desde Málaga la bella, su residencia habitual, el novelador del pueblo andaluz nos remite como res puesta á la pregunta objeto de
esta información
las siguientes cuartillas que son galana muestra de su
ameno estilo:
«Que cuál, entre
t o d a s las obras
que he escrito, es
la de mi predilección, me pregunta usted en su carta. Y esto me recuerda la contestación que hubo
de darme á una
pregunta algo análoga á la que usted me hace, en
cierta ocasión, un
t al Cristóbal e 1

Verdugones.

,Este, á quien
la Providencia habíale concedido seno honrado de que
nutrirbe en su niñez y medios más
que suficientes para vivir en su juventud, era mozo

de ga'lardo porte, cora.:::ón generoso y·despierta imaginación, y hombre, en fin, que
recorría tranquilamente su senda en el machito de su vivir 'á gusto y en compañía de
sus panzudos, apo•
pléticos y cariñosísimos progenito1 r,3s.
»Al llrgir Cristóbal á los veintic i n c o años d e
edad, llegó, como
.:!ada hijo de vecino con la suya,
con u n a aspiración que no consislía cierlamente
en ocupar el solio
pontificio, ni siq u:era uno de los
si tia les del trascoro de nuestra CaLedral, sino con la
legílimade llegará
~er feliz hacedor
del más lindo rapaz que luciera su
gentileza en I o s
feraces campos de
Andalucía.
»Y como para
la realización de
esto hacíase precisa la activa cooperación d e una
hembra , di ó s e
nuestro í ne lito

Arturo Reyes

--,

347 .

�348

l?OR ESOS MtlNt&gt;OS

¿CUÁL ES MI OBRA PREDILECTA?

l,

tas ...
-En cierto modo,-diceel insigne
pintor valenciano,
respondiendo a la
eterna pregunta pudiera decir que
Antonio Muestas son mis obras
ñoz Degrain
predilectas, porque
son las últimas, y
En varios cabaes mu y frecuente
lletes, diseminados
en todo padre mapor el l'Studio del
nifestar preferencia
maestro, se ven las
Antonio Muñoz Degrain
por su hijo más
últimas producciopequeño el B e n nes del m i s m o,
jamín
...
Pero,
_rea)me!lte,
no
~s ~sí. Tambi~n
unas recién concluidas,otras abocetadas aún,
seria
cosa
lógica
mclmarme
a
m1 cuadro m~s
aguardando los últimos toques del magico
pincel que supo inmortalizaren el lienzo las celebrado, el que más renombre me ha valisekspirianas figuras de Otelo y Desdémotw. do, haciéndose popular en cromos y oleo-

349

grafías, cual es el de Los amantes de Te«A diferencia de lo que á muchos autores
ruel; pero esto tampoco sería exacto ... Mi les sucede (ó dicen que les sucede), yo encuadro predilecto no es apenas conocido, y, cu entro una de.licia insuperable, inagotable
si he de ser franco, hac;ta hace poco tiempo además, en la lectura de mis libros. Cuando
no era de los que más satisfecho me tení: n. un libro mío me gusta, estoy cierto de que le
,Hace años, cuando se edificaba el actual gusta á aquel para quien está escrito principalacio de Denia, ..,......,,..,,
palmente . Y más
para derruir la an ;,¡;:¡a¡¡;::-:~~
añadiré: si hubiese
tigua residencia de
otros, no importa
Medinaceli, aún en
e u á 1es, que me
solares, fui invitado
agradasen tanto, yo
ror la difunta dun o escribiría 1o s
quesa, m u j e r de
míos. Esto es nagran talento y espitura!: me los hago
ritual carácter, papropios , como se
ra ejecutar alguna
hace casa propia
pintura d ecoraticualquiera que puetiva, designándome
de, después de percon este objeto el
suadirse de que las
frontis de I teatro
de alquiler no le
enclavado en la seplacen, sin que ello
ñorial mansión. Diquiera decir q u e
cho se está que ejesea mejor ni peor,
cuté 1a obra con
sino sencillamente
cariño; pero, s e a
acomodada á s u s
porque seguí viéngustos.
dola con frecuencia
»Digo, pues, que
e n l a s soberbias
cada libro mío es
fiestas con que á
una especie de essus conocimientos
tancia varia y ha1·obsequiaba !adama
mónica del palacio
nobilísima, sea por
de ensueño de mi
otra causa, ello es
vida; y que cada
que aquella pintuuno respondeá unu
ra no merecía gran
f.o:·a, á un anhelo,
consideración por
á una distinta nemi parte.
cesidad de repo~o
»Pero murió la
en
los encantados
Felipe Trigo
amores que sostieduquesa: sus salones, antes fulgurantes, quedaron fríos y de- ne mi pensamiento con mi corazón.
•¿,Cuál es mi predilecto?
siertos; transcurrieron varios alio3, durante
»¡Oh!. .. Uno, siempre uno; pero nunca el
los cuales el palacio permanecía-y permanece-como una tumba.... Y he aquí que mismo: según las predisposiciones de mi
un día, al visitarlo por casualidad, hube de ser.
,A veces, mi co-azón y mi pensamiento,
fijarme en aquel frontis del teatro, pintado
por mí tiempo atrás; y fué tan grato el con las nostalgias poderosas de lo real, de lo
efecto que me produjo la contemplación de positivo fuera de ellos mismos, prefieren el
aquellas figuras, que no vacilo en considerar salón 6 la terraza por cuyos anchos ventaesa obra mía como la predilecta, resarcién- nales 6 columnatas se divisa ámplia y odiosa
dola con ello del desdén con que la miré la vida. Entonces viven juntos en Las inprimeramente.
geniws, en La sed de amar, estas dos amadas novelas d&lt;! mi odio, 6, lo que es lo mismo, de mi amor inverso.
Felipe Trigo
• Tiene mi palacio, más dentro de estos
No hace mucho, la publicación de la últi- hall y miradores llenos por la luz crudama novela de este autor dió pretexto para mente reflejada en las cosas de la tierrn,
u~ homenaje que la juventud intelectual de- otras salas de misterio á donde llega filtrada
dicaba al escritor sin émulo en España. y discreta la misma luz para dejarle un
Felipe Trigo contesta de la siguiente ma- poco la suya á mis fantasmas: es la incidennera á nuestra pregunta:
cia singular de contrarios resplandores de La

�351

SUEÑO DE OPIO
POR ESOS MUNDOS

360
-·Mi obra predilectal-exclama el maesAltísima (que acabo de construir! que aca- tro.~Contestar á esa preiunta ~mplica la
bo de publicar), y con la que m1 alma de necesidad de haber produ?1do vanas _obras..:
carne se esconde feliz como con otra robada v en realidad, no tengo ninguna. Alla ~n ID)
al mundo para mí solo y para siempre ... Es ',
juventud pu bhque
asimismo el juego caun estudio político
prichoso de brutaliacerca de los Confiicdad y de lirismo de
tos entre los poderes
Del frío al fi,t,ego ...
del Estado. una coentre claros crepúsculección de · artículos
los marinos de Orienliterarios ti tu 1ada
te ...
Puntos de visfo, y
»Pero en el centro
una serie de perfiles
de la mansión, cual
de Oradores polítiíntima rotonda de recos; . pero t o d ? ello
cogimientos· di vinos
no tiene, en m1 conen que los ojos no dicepto, gran imporvisan por 1a vítrea
tancia... Mi obra, la
cúpula más que 1.º
obra de mi vida, á la
azul, está &lt; la predicual he consagrado
lecta mia mi'l veceJ
todos mis esfuerzos y
predilecta•: Alma en
mis actividades, es El
los labios.
Liberal: en sus hojas
»Tal e.;, hasta hoy,
diarias se ha ido paula novela únic1 qne
!alinamente incrusMiguel Moya
yo puedo leer con 1t
tando mi espíritu, y á
«seguridad de enconello queda reducido el producto de rn_i labor
trarme y agradarme» en esos ~recuentes y incesante de muchos años. Es el smo del
terribles momentos de desolación para los periodista: trabajar ~ebrilmente un d~a y l)tro,
que sólo un narcisismo ideal infinito tiene volcar la inteligencia en las cuartillas que
consuelos.
han de llenar las apretadas columnas del
»Alma en los labios no es, sin embargo, diario, para que el público, dueño y sei~or,
el libro actualmente preferido entre los mios saborée momentáneamente su l~ctura danpor el público. Lo será. , .
dole al olvido tan pronto como gira la rueda
»Lo será ... cuando el publico acabe de enincansable de la Acterarse de que la notualidad, nunca en revela moderna, augusto
po,o ...
devocionario de la vi»Sin embargo, algo
da nueva, no es nada
queda de e s a labor.
fútil que deba ser rápipues, aunque lenta en
damente pasado ante
germinar, al fin y al
los ojos en simple discabo es fecunda: y ese
tracción polífona y poalgo, por lo que á El
lícroma.,
Liberal se refiere,· es
lo que yo considero
Miguel Moya
como mi obra, no ya
Maestro de maestros,
predilecta, sino única;
espíritu superior ú
obra á la cual, desde
quien d e b e nuestro
hace muchos años, van
país una hermosísima
dirigidos todos los im•
obra de civilüación y
pulsos de mi inteli~e11·
de cultura, el presidencía y todos los latidos
te de la Asociación de
de mi corazón.
la Prensa de Madrid y
de laSociedadEditorial
Vital Aza
Vital .\,a
de España, tiene que
ocupar un pueslo pre- .
.
Primate indiscutible del teatro cómico es•
ferente en esta iuformac1ón, ve1 d.ttlcro ci- pañol, tan grande de ingenio como de e~tanematógrafo por cuyo objetivo ~an desfilan- tura es Vital Aza uno de los pocos escr1to·
do las personalidades más saher,tes de las res {J. quien cerca de cinco lustros de labor
letras y las artes españolas.

incesante no han conseguido agotar la vena
de gracia ex.quisita que hace inconfundibles
sus obra8 logrando que todas ellas sean remedio eficacísimo contra el aburrimiento.
Acaso no haya otro autor de obras teatralc~
que pueda, como él, vanagloriarse de no haber visto jamás rechazadas por el público
sus producciones: por eso siente hacia todas
gran cariño, y duda al verse interrogado para
señalar su predilecta.
-Sin embargo,-dice-hay una que sobresale de las otras, mereciendo ser por mí
colocada en lugar preferente: tal es El sombrel'O de ~opa.- Esta obra, estrenarla por
Emilio Mario en el Teatro de la Comedia,

obtuvo un éxito verdaderamente colosal, y
hoy mismo, á pesar de los años transcurridos, se representa mucho en todas partes y
siempre con regocijo del público. Ila merecido ser traducida á tres idiomas, y esto es
también otra causa que me hace · más estimable dicha comedia. Y además-preciso es
decirlo todo-merece mi predilección por el
mucho dmero que me ha producido: solamente en el primer año, dió más de doce mil
duros, y, á partir de entonces, con peque11a
oscilación, viene rentando de cuatro á cinco
mil pesetas anuales. De modo que con tales
merecimientos, bien ganada tiene su cualidad de obra predilecta El sombrero de copa.
AUGUSTO J\[ARTINEZ OLMEDILLA

1)

SUEÑO DE OPIO
En esa hora gris, en esa hora
muda y sombría en que el dolor embriaga
y en que parece el novio de la aurora
una áscua inmensa que en el mar se apaga,
yo levanté la piedra de tu fosa,
la dura piedra que la vida ataja,
y desleída, horrible y asquerosa
te vi en el fondo de la negra caja.
Los hambrientos gusanos ¡cómo hervían!
en esas formas que adoré por bellas.
De tus ojos las cuencas parecían,
ya sin pupilas, noches sin estrellas.·
Húmedo el cráneo y sin cabellos, mustia
la sien, regazo de mi boca ardiente,
abierto el labio en espantosa angustia,
deforme el seno, sin candor la frente,
tu cuerpo, que era un vaso de perfume,
con su olor nauseabundo me asfix.iaba...
¿Qué aroma mundanal no se consume·~

¿Qué carne no se pudre y no se acaba?
Asi te vi, y entónces un reguero
de llanto desprendióse de mis ojos,
en tanto que el cruel sepulturero
me ocultaba tus lívidos despojos.
¿Por qué tiemblas? ¿Por qué frunces el
[ ceño'?
;)fo te ha gustado mi doliento hisloria'?...
Nada temas: que lodo ha sido un sueño,
que he querido grabar en tu memoria
para hacerte saber que la hermosura
y la gracia que en lí el amante advierte,
van á ser en la hueca sepultura
regocijo insaciable de l~ muerte.
¡Y que tan solo la virtud bendita
es á un tiempo, al brotar su hermosa lum[brc,
aslro que en el espíritu gravita
flor abierta en la misma podredumbre!
JULIO

FLOREZ

�a53

POR EL PASEO

HORÓSCOPO DE LOS MESES

ABRIL: SOL EN AR IES
ma!,culino. Sus atributos más elevados son
el antiguo calendario romano, Abril el valor, la intuición y la razón.
era el segundo mes del año; pero en el
Las personas nacidas durante el período
Juliano llegó á ser el cuarto, número de or- de la cú!,pide, ó sea cuando el sol se encuenden que con!'&lt;ervó al h(lcerse la Corrección tra al borde del signo, participan de las caGregoriana. Derivase su nombre de la frase rarterísticas de Aries y de la constelación
latina Omnici aperif, (ábrelo todo) porque
que le procedió.
en Abril es cuando más influjo ejerce la Pi,cicis,
Los nacidos en h·ies, son generosos, simacción de la primavera.
páticos y amables; son también bastante
Entre los romano~ con~agrábase este mes obedientes, aunque se hallan dotados de faá la diosa Venus. Los primeros veinte días cultades para el mando; son positivos en
se dedicaban á fiestas, cacerías y torneos. sus propósitos é intenciones, y tienen invenEl 21, que era con~iderado romo el del ani- tivas originale!'&lt;. Una vez formada la imagiversario de la fundación de Roma, abríanse nación de un súbdito de Aries sobre un
los toneles donde se guardaba el vino reco- a!'&lt;unto cualquiera, es imposible hacerle vai;ido en el otoño anterior y se probaba esta riar de opiniones: antes de abandonarlo ó de
bebida; el 25 celebrábase la ceremonia del enprender cualquier nuevo rumbo, estudinRobigalia, para conjurar la enfermedad de rá cuidadosamente la !,ituación tratando de
la vid; y en los últimos tres días del mes te- de,-cubrir muchos detalles menores, aunque
nía lugar la danza de las fiol'es.
importantes, para aprovecharse de ellos y
Entre las razas teutónica~, Abril se titula- continuar el plan que se había trazado. Por
ba Ostermonath ó mes del viento del EstP. eso resulta que cuando tienen una amistad
Generalmente, en el mes de Abril !'&lt;e ce- la conservan y no la abandonan sean cualeslebra la Pascua de Resurrección, cuya fija- quiera las circunstancias: son, en este partición en el año se regula por la luna pa~cual cular, tan amigos de sus amigos que jamás
ó primera luna llena entre el equinoccio in- reconocen sus defectos. En cambio, para los
vernal y catorce días despué!,.
enemigos no tienen cuartel: proclaman sus
En China tiene Jugar en este mes, que e!'&lt; faltas tan pronto como las notan.
el tercero del año en el Celeste Imperio, el
El cerebro de los nacidos en tiempo de
arado simbólico de la tierra por el empera- Aries es la parle más activa de toda super•
dor y los príncipes de la casa reinante, y en sona, y debido á su inteligencia especial r~Japón se celebra en Abril una deliciosa y sultan agradabilísimos en la conversación.
encantadora fie~ta del hogar, bautizada con Mucho!=i escritores de talento, poetas, confe•
el nombre de fiesta de las niufiecas.
renciantc-, y profesores, han nacido bajo este
Rige á este mes la constelación Aries, prisigno.
mer signo del Zodiaco y principal de la TriLas características de estas per¡.;onas son,
plicidad F11ego, que ejerce su influencia quizá~, más variadas y peculiares que las
desde el 21 de Marzo al 19 de Abril, coinci- que di,;tinguen á los nacidos en los demác;
diendo este período con el que tenía señala- signos. Son genernlmenle bien formados y de
do en el primer mes del año romano. At·ies estatura elevada. Tienen complexión ruda; la
es un signo cardinal, equinoccial, movible,
N

E

f~ente y las cejas son anchas, y su dispo~ic1ón para el trabajo es grande cuando desean
a~egurar al¡;una cosa. El éxito que un súbdito de Anes puede alcanzar en la vida depe~d~ de la m~nera con gue emplea su cxp_lend1da_ energ:ia, su acción, su constancia
s1stemáh~a,. y, ~nalmente, su determinación
para pers1s\Jr siempre en el trabajo.
Per? no todo ha de ser bueno en los hijos
de Aries, pues, agresivos y excitables á menudo llegan á extremos en su excitación,cosa
de que suele~ hac_er alarde. Cuando entran
en pelea ó _d1s~us1ón es difícil que retrocedan. Los p~mc1p~les defectos de estas per~onas ~on la 1mpac1encia, la cólera y el egoís1~0. ,Juntamen!e con una extremada tendencia.ª la a~r~s1ón. Las mujere!'i nacidas en
An cs part1c1pan del mismo espíritu batallador que los hombres.
~l temperamento físico será nervioso sangurneo _s~ han nacido en un clima meridional, Yb1hoso-sanguíneo si en latitudes septentnonales.
Cuando se unen personas de Aries y Sci•

{/~~ario es segura la felicidad doméstica y los

h1Jos ~ue tengan serán físicamente her~osos

Y de mtelecto superior.
l_,os hijos de Aries deberán ser cuidado~a
y herna~~~te educados: pueden ser fácilmente d1~~g1dos sólo por medio de la bondad
y del carmo.
. Es_ de lo más importante que se nota en los
s~1bd1los de A1·ies saber que no deben prodigarseles extr~madas alabanzac;, porque al hacerlo se en~rien mucho, perjudicándose con
esto la gestión de los asuntos que tenuan entre mano~.
"
Los pla~etas que gobiernan á At·ies son
)farte Y ~eptuno; las joyas propias de dicha
constelación, el zafiro, la turquesa y el dia,
mante; los colores astrales, el azul, el blanco y el rosa; el martes, el día más afortunado
de la i::emana; Junio y Julio, los meses más
favora~les para resolver negocios: h flor em~lemáhca e~ la arr.iarilis,_ que significa orgullo
mdomable; la an~1gua tribu hebráica á la que
g?bernaba este signo era la de Gad, y Machidial el arcángel protector.

~..,. ..,!".. • l

"\ ,.-"-"''--.....-,.,...,~.....

..

... ~{ ~~ ,~-,

POR EL PASEO
¿Qué anhelo misterioso y obscuro, qué deseo
tle amar, aquella tarde se despertó en mi ser
ruando en~revi en un coche que iba por el paseo
el ha'.momoso y suave perfil do una mujer?
BaJO la noche _obscur~ de sus cabellos flojos
que re~altar hacian la nieve ele su faz,
pas~ como u~a blanca: tenue visión. :Mis ojos,
la vieron un mstanlc, ¡tan solo, nada más!
N? ~é por qué, pero una f-ecrela pesadumbre
asedia de continuo mi pecho juvenil,
y huyó de mi la calma desde que vi,á la lumbro
crepuscular, la albura &lt;le aquel suavo perfil.
EDUARDO C1STlJ,LO

�L4. OPINIÓN AJENA

LA OPINION AJENA

r
(CUENTO)

historia de Cristino Peláez, como la de
los personajes de Dicken!s, ofrece desde
sus primeros años, al novelista observador,
materiales precioso,. Es una narración hori•
zontal, quieta, monda de peripecias y nove•
lescos altibajos: nada rompió su ecuanimidad soberana, ni quebrantó su equilibrio;
un gran silencio llena sus páginas, tersas
como el cristal de los lagos dormidos en el
hechizo blanco de las noches de luna. Así
puede afirmarse que los cincuenta y tres
aiios que aquel hombre admirable • vivió
entre nosotros fueron iguales, rigurosamente idénticos en sus accidentes y matices,
como ejemplares de un mismo libro.
Cristino Peláez vegetaba en un lugarejo
de dos mil tecinos. Su padre era rico. Las
aceitunas y los viñedos cosechados en sus
hºeredades gozaban de fama excdente en
muchas leguas á la redonda. Cristino aprendió las primeras letras con el cura, buen latinista, que tenia junto á la igle~ia un colegio de párvulos, y á los quince años se graduó de bachiller en el instituto provincial.
Despaés regresó al pueblo, donde los cuidadados de su hacienda y el cansancio de su
padre, que ya iba siendo viejo, le reclamaban.
Las novelas de Julio Verne primero, y
más tarde las de Dumas y Sué, tan ricas en
volcánicos amores y asombrosos lances ca·
balleresco~, habían caldeado la fresca imaginación del mancebo. La afición á lo desconocido y al peligro es una especie de enfermedad que todos los hombres han pasado.
Muchos días, durante las horas quemantes
de la siesta, Cristino, sentado al pié de un
árbol, apartaba los ojos de los segadores que
braceaban entre las olas doradas de las mieses, para clavarlos en el espacio, donde su
enardecido magín improvisaba un miraje de
aventuras temerarias. Y tan pronto se creía
deambulando por las gélidas latitudes sibe•
rianas, como recorriendo las márgenes umbrosas del Níger, ó bien preparando hazañoA

L

~os lances de fortuna y de amor en cualquiera de esas vastas urbes cosmopolitas
resplandecientes de luz, emporios de pasiones, donde el humano enjambre riñe con
ululeos fragorosos de catarata.
Pero estas heróicas fantasmagorías declinaban con el sol, y las penumbras nocherniegas ejercían sobre el ánimo de Peláez su acción sedante. A última hora de la tarde, el
pobre mozo, sentado á• la puerta del casino,
abandonaba su voluntad rebelde á la melancolía invasora y suave del crepúsculo; bandadas de vencejos chilladores medían el cielo azulino bajo el cual la iglesia levantaba su
torre de cornijales tlljantes; la luz iba eleván•
dose, diluyéndose en el espacio como una
evaporación de la tierra; poco á poco los ruidos se apagaban; los vecinos regresaban á
sus hogares: era la hora de cenar; una fuente
lloraba en el si'encio de la plaza, por la que
dos viejos acababan de cruzar con pasos len•
tos. Entonces, el soñador suspiraba: era inútil querer emanciparse de aquel pobre pue•
blo donde nació y del cual, seguramente, no
saldría nunca.

*

**
Pasó el tiempo. Cristino Peláez, que había
engordado mucho, se casó y tuvo hijos. A los
treinta y siete años, la lotería nacional le
regaló un premio de die.z mil pesetas: foé una
de esas humoradas con que la Fortuna, siempre irónica, quiere humillar á los hombres
poniéndoles en la mano una suerte de la
que coro prende no han de saber servirse. Este
tropezón de lo Imprevisto resucitó las adormecidas aficiones de Cristino, que ya ni si•
quiera leía novelas. ¿Por qué no aprovechar
aquel accidente para romper, durante algu•
nos meses, el marasmo de su existencia?
¿Por qué no subir á un tren y trasponer ho•
rizontes como otros hombres hacen?•..
Al cabo, este tentador pensamiento preva•
leció, no sin que para ello fuera preciso que
su mujer le estimulase probándole la utili-

355

&lt;lad de_d~ un poco de reposo al cuerpo y de sabido, y dentro de su casa y con las pueresparcimiento al espíritu. Aunque reacio
tos cerradas continuaba expuesto á las mipues la costumbre de no moverse le tení~ radas del p_úblico, cual si estuviese en un
amarrados los piés, Cristino Peláez se dejó glob? de cnstal. Su viaje á exóticos lugares
conve~cer, preparó su maleta y se fué, em- ~od1ficó esta_ situación provechosamente. Es
prendiendo u_n viaje del que regresó ocho Cierto que Cristino Peláez había referido sin
meses despues.
exo_mos novelescos sus llanas emociones de
Como él había cuidado de anunciar opor- turista; no obstante, entre lo que se hizo
tunamente ~u llegada con buen número de y lo que luego se cuenta, siempre hay un
cu~tas Y de postales pintorescas, á recibirle esp~c10, una leve penumbra donde la suspi1&lt;aheron todos sus amigos. Su entrada por la ca?1a I?alévola de los oyentes pone- aquellos
cal_le mayor ~el pueblo fué triunfal: la chi- ep1_sodios resbaladizos que el narrador no
q~1llería le vitoreaba, bocas ing{nuas le son- q~iere contar. Este es el hechizo siempre
re1an, saludábanle desde las ventanas cente- l:1unfantr, de la Distancia, madre la Poenares de manos obsequiosas.
s1a y de la Leyenda.
Durante aquellos primeros días, Peláez
*
a~oró, á largas gargantadas, las exquisitas
**
mieles de la vanidad satisfecha. A mediodía
Transcurrieron cinco años, seis, y Cristidespués de almorzar, _su esposa y sus hijo~ no Peláez, atrafagado constantemente por las
e:icuchaban embebecidos las descripciones l~b?res del c_ampo, casi había olvidado aquel
q_ue él hacía de cuanto vió y gustó en las VJUJe que, v1~to desde lejos, apenas llenaba
cmdades que visitara, y por las noches, ins- en s_u memoria el espacio de un día.
talado ante una mesa del casino r entre el
Cierta noche de invierno se hallaban en la
humo d e los cigarrillos
maravillaba á sus oyen~
tes narrándoles por estilo
~achacón y detallista los
diversos incidentes que
en aquellos meses de andariego vivir I e habían
acaecido.
Después, lentamente
1a comezón pregunten~
de sus contertulios fué
menguando; los episodios
baladíes, tan tas veces rereridos por el viajero, del ar o n de . interesar, y
ª q u el anhguo silencio
que su popularidad ti e
un momento había espantado, volvió á cercarle.
Cristino Peláez, sin embargo, coro prendía que
entre él y los demás quedó algo que antaño no
existía: ese algo misterioso, genuinamente aristocráti~o, que vela por el
crédito de los dioses. Antes, su vida no velaba escondrij~s: sus actos, sus
pensamientos su niñez
1as circunstancias
•
'
q u e'
p~epararon su matrimomo, eran conocidos de
todos, nada le pertenecía
completamente: su existencia tenía la vulgaridad
humillante de lo mu y
Peláez, en las horas quemantes de la aieata, ae echaba al lado de un lrbol

de

�POR ESOS MUNDOS

rebotica Cristino Pelácz, el veterinario Don qué no hacer otro tanto? El, que babia viajaRemigio, un capitán retirarlo de carabineros, do, también podía mentir.
«Además-pensaba Cristino Peláez bonaDon Conrado, buen médico y jugador excechonamente-lo
de menos es mentir, siemlenle de ajedrez, y olras dos ó tre3 personas
más, á quienes Don Paco, el farmacéutico, 1ne que nuestra ficción sea agradable. ¿Qué
había invitado á la celebración de su fiesta importa la verdad'? Las olas del mar par~cen
verdes y no lo son; el cielo es negro y paonomástica.
La cena, en cu ya confección la cocinera rece azul. La Natural:· ·a, si no mintiese, se;;acrificó lo mejor del corral, fué generosa. ría insoportable ... •
Para vencer los pudores de su carácter
A lo3 poslres, los jugos analépticos de la digestión y los vapores traviesos del vino, ma- sencillo, refractario al embuste, Peláez trareaban las cabezas; los convidados se sen- segó varias copitas de cognac: con ellas su
tían má;; ágiles y valientes que cuando, mo- valor fué creciendo. De pronto,habló, y según
mentos antes, llegaron á la mesa. Se sirvió hablaba sen lía que, como en los gl'andes acel café, los diálogos arrcc:aron; un mador tores, su ficción cobraba relieves tangibles
sutil cubría las frenles, que brillaban á la lu1, de realidad.
del quinqué, entre el humo perlino de los . -Si ustedes-exclamó-prometen no dihabanos. El médico y Don Paco dirigían la vulgar mi secreto, referiré una aventura, un
conversacion vigorosamente: se habló de po- lance de juventud... Pero es preciso que ello
lítica,se refirieron cuenlos de atrevido color, quede entre nosotros: yo soy casado; los
\' los cristales de la ventana retumbaron con hombres casados no deben mostrar en púél e.,trépito de las risas. Después, el cognac blico sus debilidades...
Instantáneamente, las conversaciones ceatizó en los comensales ese prurito • lírico»
que impone á los borrachos la necesidad de saron, y todos prometieron bajo palabra
hablar de si mismos. El capitán refirió ha- de caballeros observar aquella discreta reiaüas de juventud: una noche, al frente de serva en que Peláez quería guardar su conveinte soldados, babia desaloj ,do al enemigo fesión. El prosiguió:
- Pues bien: aquí donde me véis, tan sode una posición fortísima; bajo el filo de su
sable, cuatro hombres cayeron. Don Remi- segado, tan metódico, he tenido un desafío ú
gio también tenia proezas que decir: cierta pistola, un lance qne hubiera podido costarmadrugada, yendo de caza por los montes me la vida, pues los padrino:; de mi rival lo
aslures, fuú sorprendido por un oso, con concertaron en condiciones gravísimas.
Todos se miraron, sorprendidos de que el
quien hubo de luchar á brazo partido. Don
Paco. que se conserYaba solterón y tenía fa- pacífico Cristino, que jamás hizo daño á nama de haber conquistado muchas volunta- die, hubiese pensado alguna vez en matará
des femeninas, contó la novela romántica de un hombre. Doa Remigio exclamó:
-¡Demonios coronados! ¿Y dónde le suceuna aventurera italiana que se mató por él.
dió
á usted eso?
Todos los oyentes se maravillaban, demos-En París,-repuso Peláez-á los ocho ó
trando una credulidad que invitaba á la
mentira. Por su parle, Don Conrado, el más nueve días de llegar allí. El encuentro se veviejo de la reunión, dijo una historia cuya rificó en una isla del Sena, y de ello conserexactitud, por la lejana fecha en que acae- varé mientras viva un recuerdo bien triste.
Repentinamente se había quedado serio,
ció, hubiera sido muy dificil comprobar.
y
su
gravedad dió á sus palabras autoridad
Mientras los demás hablaban, Cristino Peláez pensaba tristemente en que su existen- decisiva.
-¡No sabíamos nada!-murmuró el farcia era una sinfonía inaguantable de vulgaridad: él no había matado osos, ni reñido con macéutico.
-No me extraña: esto nadie lo sabe; yo
nadie; de él no se había enamorado, con veá
nadie
se lo he dicho.
hemencias suicidas, ninguna mujer...
Don Conrado preguntó con cierta timidez:
El instinto, no obstante, de imitación, le
-;.Y... fué usted herido?
invadía, siendo tao lo más fuerte cuanto ma-Sí, señor ... El vencido fuí yo, y la bala
yores eran los trastornos producidos en su
cerebro pol' los humos quimeristas de la co- me acompaña todavía: la llevo aquí, incrus·
mida y del alcohol. ¿,Por qué no mentir lada en la articulación del hueso sacro con
cuando una leve superchería bastaría á po- la columna vertebral.
Un silencio dramático puso comentario
nerle á la misma altura novelesca en que los
elocuente
á estas palabras. Ya nadie dudaba.
demás se habían colocado? Esta inocente
tentación creció al percatarse de que todas La seriedad que Peláez demostró siempre, y
las estupendas historias allí narradas acae- la modestia triste con que se declaraba de•
cieron en época.;; y parajes remotos. ¿Por rrotado en aquel lance que muy bien hu•

r

�368
se y momento llegó en que Peláez no pudo
pensaste en que tu muerte dejaría á tu mu- levantarse. Don Conrado le reconoció escrujer y á tus pobrecitos hijos en el más es- pulosamente y declaró que era preciso opepantoso dolor?
De estas quejas dedujo Peláez discreta- rarle.
-¿,Operarme?-repilió Cristino aterrado.
mente que su mujer, más que celosa, estaba
-Sí, querido. A mi juicio ha hecho usted
curiosa de oirle referir los detalles de aque- algún esfuerzo violento, y la bala se ha deslla esforzada aventura. Tanta superchería le prendido comprometiendo la salud de los
avergonzó y hasta se puso colorado. ¿Pero intestinos... A esto atribuyo esos dolores de
cómo desdecirse de lo que una vez declaró y que usted se queja.
centenares de labios, ingenuamente oficio-¿Y no cree usted-objetó Peláez sin
sos, divulgaron después; ni cómo arrancarse atreverse á declarar la verdad-que ello sea
aquella bizarra corona de mirto y laurel de un poco de reuma?
que su esposa, tan fantasiosa como todas las
-¡No, amigo mío!...
mujeres, le creía adornado?... Además, este
Y añadió, dando á su semblante una exlance de amor y bizarría, ¿no sería, quizás,
presión severa:
la ilusión mejor de su compañera?
-Yo debo hablarle á usted con absoluta
Firme en el puesto donde las circunstan- franqueza, porque sé que es usted hombre
cias le colocaban, Cristino Peláez mantuvo de corazón. Ese cuerpo duro, que en su lento
su mentira.
descenso hácia el cóxis va turbando la ar-Bien,-dijo-ya que te empeñas te con- quitectura de los intestinos, puede acarrear,
taré la verdad, toda la verdad ... Pero evita de un momento á otro, la peritonitis. ¿Y enque nadie la sepa.
tonces?... Repito, pues, que la situación es
grave, y debemos acometerla resueltamen*
*
*
te, cuanto antes mejor.
Así, insensiblemente, Cristino Peláez, aunHablaba secamente, sin pleguerías ni amque tímido y blando como un cordero, se bajes, como diciendo: «Usted se lo ha bu~halló, el tiempo andando, colocado en uno cado. • Al oir estas palabras, la esposa de
de esos vistosos pedestales sobre que la opi- Cristino, que estaba presente, rompió á llonión del vulgo coloca inmerecidamente á
ciertos hombres. Dentro
del tacaño perímetro do
su aldea, Cristino Peláez
obtuvo sin esfuerzo una
leyenda, lo que muy pocos viejos alcanzan: l a
juventud 1 e consultaba;
en el casino sus contemporáneos solían decirle
«Oye, tú que has visto
el mundo y rodaste poi
la vida, ... ; su misma mujer, desde que conocía su
lucha con a q u el belga
vengativo y terrible, parecía quererle más...
A los cincuenta y tres
años y de resultas de una
mojadura, Peláez empezó á quejarse de los riñones. Al principio, desdeñó aquellos dolores y, á
pesar de los consejos de
su mujer, continuó yendo
al casino, donde los ami~os, viéndole renquear,
le embromaban.
-Esa es la bala,-decian-que ha salido de su
escondrijo.
La esposa de Peláez llora.ha á lágrima vi va al oir la opinión del médico
El mal fué agravándo-

369

INTROITO

POR ESOS MUNDOS

rar, desatán?ose luego en improperios contra esas m~Jerzuelas, aventureras y bribonas, que pier?en á los hombres. y Pefaez
~edóse atónito ante las proporciones que
iba
. .
. cobrando
. .la que él J·uzgó, en un prmcipio, mentira mocente.
-Bien,-repuso el enfermo.-Por ahora á
nada me decido. Mañana resolveremos lo
que debe hacerse.
El pobre Peláez pasó una noche horrorosa: unas veces quería confesar la humilde
verdad; otras, asustado por el ridículo
aquella declaración había de echar sobreq~l~
pe?saba lleyar su ficción hasta el sacrificio:
deJarse abrir en canal, morir, si era necesa-

rio, p~r ~alvar su leyenda de bravo. Al fin,
se de~1dió., «~fo dejaré operar», pensó.
Fue su umc? rasgo de artista, el ademán
de un gran a~bsta que da la vida por la be1,leza «del último gesto., ¿Por qué reírnos de
el? Colocado,s en situaciones análogas á la
suya, los heroes y los mártires no hicieron
otra cosa.
qri_stino Pel~ez murió en la operación. Su
entierro se verificó dos días después y á él
º?ncu:rió la _mi~ad del pueblo. Entonces su
hiostor1a.corndó libremente de boca en b~ca.
L s vecmos ecían:
~-Fué un hombre de armas tomar. Hace
anos, en París, una vez ...
EDUARDO

Ilustraciones de A. Galiarto

INTROITO
¡Oh, las rojas iniciales
que ornáis los salmos triunfales
en breviarios y misales!
¡Oh, cas_u~las que al reflejo
ª?.los cmos en cortejo
vais mostrando el oro viejo!
¡Oh, vestales policromos
fileteados de plomos
que brilláis bajo los domos!
¡Oh, custodias rutilantes
con topacios y diamantes!
¡Oh, copones rebosantes!
¡Oh, Dies irce 1enebrosol
¡Oh, Miserere lloroso!
¡Oh, Tedeum glorioso!...
Me rondáis si estoy dormido
me ~ont~rbái~ ?i despierto,
'
tenéis mi espmtu herido
¡m~y dolido ... muy dolitlo,
casi muerto... casi muerto! ...

AMAno NERVO

ZAMACOlS

�361

SOLTERO.NE$ CELEBRES

á Descartes,que fué uno de los mejores ami-

oos en el sentido verdadero de esta palabra', y más desinteresados consejeros que
tuvo la soberana de Suecia.
SPINOZA, HOLANDÉS

SOLTERONES CÉLEBRES
s cierto el conocido ~xi~ma del gr_an

E

sus asuntos amorosos, si los tuvo: la precrunta ¿Qnién es ella? sería en este ?aso de
~uy difícil, si no imposible contestación.
A los veintiun años de su edad obtuvo ~l
grado de doctor, y dedicatlo . 001~ extraordinario afán al estudio de la C1enc1a no s3 sabe que se perdiera ó se distrajei:a en amoríos
ó coqueteos. Su corrcspondeneta no e:a c?n
mujeres; sostenía_la con los hombres mas d1~tincruidos de su tiempo: con Bossuet, su partic~lar amigo, al cual se un~ó para un proyecto que fracasó y que t~m_a por fin la fu.
sión de todas la,, sectas cnst1anas; con Newton, que fué en cierto sentido su_ riv~l, rues
el descubrimiento del cálculo mfirntes11!1al
lo lograron los dos célebres solteros casi al
mismo tiempo.
.
¿Y cómo había de casa;se, ade~ás, q_men
descubrió la primera leona del calculo mtegral?

escritor Rudyard K1phng que dice
que en la vida viaja más deprisci el que
viaja sólo? ¿O debe aceptarse como verdad
que una compañía impulsa y ayuda ese
viaje?
.
En el tema que es obJeto del present~ articulo es muy dificil dar res¡~uesta á nmgu~
no de los dos puntos del dilema: vamos a
tratar de los solterones célebres que en el
mundo han sido y si es verdad que podemos presentar ~na larga lista de hombres
famosos, también puede oponerse á esta relación otra de casados que han alcanzado
fama extraordinaria debiéndose no poca
parte de esta á sus muje~es, que les ayudaron enel camino de la vida, que fueron con:ipañeras suyas en ese viaje de que habla K1pling. Lo cual quiere decir que la verdad ó
falsedad de cualquiera de los dos extremos
de nuestra pregunta depende tanto del caDESCARTES, FRANCÉS (1596-1650)
mino que siga una persona como de la campaña que adopte en su marcha.
Otro pensador, so~re ~uy~ vida 1:inguna
Es conveniente, antes de empezar nuestra
mujer
parece.haber eJeretdo miluencia amoexcursión por el campo de los solteronc~, rosa fué
René Descartes, el filósofo que tomó
hacer la observación de que mucho~ de l~s part~ en el sitio de la Rochela en 1629, Y
grandes hombres que han permanecido ?élt_bes no lo han sido por gusto: unos p~r md1- buscó después la rnledacl en Holanda, d~ncle
ferencia y otros por desengaños rec1b1dos en permaneció veinte años, durante cuyo tiemedad te'mprana. Los indiferentes son los po publicó las obras de metafísica que tanta
.
más, y en esta lista figuran en may~r _propo~·- celebridad le dieron.
La princesa Palatina fu~ g~·an ~miga su~a,
ción aquellos cuyo trabajo ha ~~tgido mas y Cristina de Suecia le mvitó a su corle.
ccncentrada abstracción del espmtu, los fi- René Descartes declinó el honor a~ pronto,
lósofos, los sabios.
teolóPero' al fin ' viendo que sus contrarios
'l y pret en·
oicos
ganaban
terreno
contra
e
LEIBNITZ, ALEMA.:'i (1646-1716)
dian inutilizarle aislándole, abmdonó II~landa v marchó á Stockolmo, donde los _riEl barón Goltfried Wilhelm von Leib_nilz gores del clima ejercieron sobre él tanta ines uno de los so1lerones de nuestra_ h~ta. fluencia que muy pronto le causaron la
Este filósofo y filólogo no era comumcat1vo mnerte. La reina Cristina lloró amargamente
con el prójimo, y por eso nada se sabe de

(1632-1677)

Baruch Spinoza era refractario al matrimonio. Pensador agresivo, llevó vida turbulenta. Era de familia hebrea-portuguesa, y
fué acusado de herejía, y con dificultad escapó del cadalso. Al abandonar la ciudad de
Amsterdam trasladóse á La Haya, donde
permaneció hasta su muerte. No teniendo
fortuna propia, se ganaba la vida pulimentando lentes. Pocas eran sus necesidades, pero
pobre y sin recursos rehusó con verdadero
estoicismo una cantidad de dos mil florines
que su amigo Simón de Vries le regalaba, y
la cátedra de Filosofia en la Universidad de
Heidelberg, que le fué ofrecida.
Ko aspiró á la celebridad, y de todas sus
obras la única que publicó fué un Tratado
teológico-politico, libro que levantó al ser
conocido una tempestad de censuras contra
Spinoza, cosa que hizo pensará éste en que
mejor era para él no publicar ninguna obra
más, como así lo hizo. Mas no por eso dejó
de trabajar, y después de su muerte sus
amigos encontraron una gran cantidad de
manuscritos, listos y en disposición de darlos á la imprenta, que fueron paulatinamente publicados.
NEWTON, INGLÉS

(1642-1727)

Muy semejante al de Descartes fué el sino
de Sir Isaac Newton. Este gran hombre se
entregó desde que contaba dieciocho años
ele edad al estudio de las matemáticas, de la
física y de la astronomía, que cursó con inusitado aprovechamiento en el Trinity Gollege, vivero de sabios en Cambridge.
No se conoce la causa de que haya permanecido soltero. Se supone, sin embargo,
que en su juventud sufrió algún desengaño,
y por esta causa abandonó toda idea de matrimonio. Los que han discutido este punto
afirman que sí Newton, poseedor de gran
fortuna, se hubiera casado, es casi seguro
que se habría evitado una de las mayores
desgracias que sufrió en su vida: la destrucción por el fuego de manuscritos muy importantes. Newton era en extremo cariñoso
con un perrito que tenía, y además algo
_abandonado en sus papeles; en cierta ocasión, el animalito, jugando y saltando, hizo
caer sobre aquellos papeles una bujía encendida; como el gran matemático no estaba en
la habitación,no pudo evitar que se les pren-

diera fuego. Esta pérdida fué !fiUY sensible
para Newton, el cual, por algún tiempo, vió
su salud física bastante resentida por el disgusto que este suceso le causara. Y ahora,
una pregunta: ¿hubiera evitado la destrucción de aquellos manuscritos una esposa
que nuestro hombre hubiese tenido?
SWEDENBORG, SUECO

(1688-1772)

Místico desde la cuna, brilló Emmanuel
Swedcnborg primero como hombre de letras
y poeta,obteniendo gran popularidad en Stockolmo y en toda Suecia; después, como
miembro de la Academia de Ciencias de
San Petersburgo, donde presentó su célebre
teoría atómica, y, por último, á los cincuenta y cuatro años de su edad, abandonando
cuanto á los intereses materiales se refería y
abrazando nuevas doctrinas religiosas, con
las que Swedenborg pretendía que las verdades predicadas por él provenían de inspiración directa.
Nada ele eslo le dejó tiempo para pensar
en las mujeres, y ya que éstas no le amaron, lo hicieron con gran entusiasmo sus
discípulos, los adeptos de esta nueva teorfa
religiosa, los cuales fundaron la Iglesia de la
Nueva Jerusalén, que se extendió rápidamente y hoy tiene ramificaciones en Inglaterra, India, Africa y América.
KANT, PRUSIANºO

(1724-1804)

Otro solterón célebre fué Inmanuel Kant,
como Swedenborg hombre de temperamento místico, fundador ele la filosofía alemana.
En Konisberg nació y allí vivió toda su vida.
No viajó ni aún para visitar ningún centro ni
establecimiento universitario: le bastaba con
su Kiinigsberg, donde nn cesó de trabajar.
Prácticamente, fué hombre muerto para el
mundo, pues vivió únicamente para honrar
á su diosa, la Filosofía. Para él no parecía
tener atractivo la humanidad, y se abstuvo
rígidamente de todo placer social. Su sitio
preferido era un claustro, y, verdadero asceta, supo distribuir mu y bien el tiempo para
aprovecharlo y llevar á cabo concienzudo
trabajo durante las veinticuatro horas del
día.
Es el filósofo puro y sencillo, el profundo
pensador alemán que revolucionó en un sentido todo el pensamiento moderno. Es todo
el tipo, sin defecto alguno, del recluso escolar, del hombre para quien el mundo y sus
tentaciones nada significan.

(1694:-1778)
Pasando de los recluidos á los hombres de
VOLTAIRE, FRANCÉS

�363

LA GARZA

POR ESOS MUNDOS

362

mundo, ¿dónde se encontrará hombre soltero más distinguido que Francisco María Arouet Vollaire? Su vida la pasó entre los hombres más alegres y las mujeres de mundo;
y, sin embargo, cuando murió, no tuvo una
esposa que cerrara sus ojos, ni hijos que le
siguieran á la tumba. Débil desde su nacimiento, no se bautizó hasta los nueve meses de nacido. El abate de Chateauneuf, un
pariente suyo, le dió las primeras lecciones
de ateísmo y le presentó á Ninon de Lenclos, la célebre belleza: tan encantada quedó Ninon del jóven que en su testamento le
legó una cantidad considerable de dinero,
con instrucciones para que la gastara en una
biblioteca.
Voltaire hizo pronto su entrada en el
mundo como poeta y hombre de ingenio;
pero á su padre, que aborrecía la poesía, le
molestó la notoriedad adquirida por su hijo
y lo envió á Holanda. Allí, apenas llegado el
mancebo, adquirió un compromiso amoroso
que obligó á su padre á hacerlo regresar á
Francia, con objeto de obligarle á vivir en el
campo. Voltaire empezó á escribir un poema épico sobre Enrique IV, y fué repentinamente encarcelado en la Bastilla acusado
de molestar con sus sátiras á Luis XIV.
Cuando salió de la prisión, empezó á escribir para el teatro, y su vida la pasó entre
la producción de comedias y la crítica cruel
contra las creencias más arraigadas entonces.
Era el favorito de la buena sociedad, y
el bello sexo le profesaba especial predilección: quizás por esto mismo no se ca~ara
nunca.
WALPOLE, J:.GLÉS

gurarse que su gran dominio del primer idioma ayudó mucho á que sus cartas inglesas
fueran obras maestras. Había en él también
mucho del temperamento galáico, y era el
tipo del verdadero hombre de mundo que
sabe disfrutar de la vida de manera metódica y racional.
GIBBON, INGW

crónicas que una vez amó verdaderamente
yq~e.su carácter ~isántropo fué lo que le
101¡nd1ó ser un fehz amante y un dicho~o
marido. En realidad, su aversión á la sociedad era cosa anormal: la melancolía y la soledad le atraían; evitaba el trato con los

amigos, y únicamente encontraba placer en
la música.
A pe~ar de todo esto, la música amoro~a
y_ apas~onada que Beethoven compuso no
tiene rival en nmgún otro maestro de los que
el mundo ha conocido.

(1737-1794)

Tipo opuesto completamente al de Walpole fué otro solterón famoso, Eduardo Gibbon,
que dedicó sus primeros años de hombre á
historiar el reinado de Sesostris y la decadencia y ruina del imperio romano.
Severo y estudioso, sus miras eran el reverso de la ortodoxia; fué por naturaleza un
recluido de la vida, y jamás brilló en sociedad. Solamente se conoce una mujer, madame Neckar, que le inspirara un sentimiento
más profundo que la amistad, y los hados
estuvieron siempre contra ellos para que el
matrimonio pudiera verificarse.

(1717-1797)

Otro gran literato que no aceptó el yugo
del matrimonio fué Horacio Walpole, conde
de Oxford. En la Universidad de Cambridge
hizo conocimiento íntimo con el poeta Gray.
En 1741 fué miembro de la Cámara de los
Comunes de la Gran Bretaña; pero apenas
hizo caso de sus obligaciones como diputado, porque su tiempo y sus pensamientos
los dedicaba por completo al estudio del
. arte y de la literatura.
En 1765 hizo un viaje á París, y en este
período empezó la novela de su vida. Gran
amigo de Mad. Deffand, en su sociedad pasó
horas muy agradables. Se ignora hasta qué
punto influyó e~ta dama en la vida de Walpole, pero, desde luego, se sabe que el afecto
de ella era sincero y desinteresado para este
distinguido gentleman, cuya conver;;ación
encantaba á todos. Escribía el francés tan
perfectamente como el inglés, y puede ase-

DRAKE, INGW

(1540-1596)

Este célebre navegante y descubridor fué
un célebre incasable: el mar mandaba en
los pensamientos de Sir Francis Drake, quo
no quiso elegir otra señora y dueña á quien
dedicar sus intimidades y sus amores que
el contínuo batallar en las aguas del Océano
con los españoles.
Por estos combates la reina Isabel de Inglaterra·colmó de honores al almirante Ora•
ke, que correspondió á ellos apresando bu•
ques de España cargados do oro y tomando
posesión de California en nombre de su reina. En 1594 dió el último ataque contra las
colonias españolas de América, y, aunque
victorioso en parte, fué rechazado en Puerto
Rico y Panamá resultando su expedición un
fracaso. En 1795 murió de fiebres, y Devonshire, su país natal, le lloró como el más noble de sus hijo.,.
Drake, honrado por toda Inglaterra como
cortesano y marino, mantuvo siempre su
alta reputación. En realidad, no tuvo residencia conocida en tierra, pues siempre vi•
vía en el mar. Al volver de ;;us viajes, nin·
guna mujer le esperaba en el nido, ni tam·
poco los hijos aguardaban su regreso.
BEETHUVEN, PRUSIANO

(1770-1827)

Los grandes artistas tienen mucho de re•
traídos, y Ludwig Beetboven no fué excep·
ción de esta regla. Vivió para el arte, y jamás conoció los placeres ni los pesares de la
vida doméstica. Sin embargo, cuentan las

LA GARZA
¡La reina del remanso! ¡Qué linda es esa reina!
Refu)ge por sus hombros el brillo de la espuma;
la bma se embalsama cuando gimiendo peina
las hebras luminosas de su nevada pluma.
Erguida en los contornos del soñoliento lago
como una rcsa enhiesta, más blanca que el arr:iiño
parece con sus, alas y ~u mirar tan vago
'
el busto de algun ángel ó el busto de algún niño.
Princesa de los lagos, amada de las ondas
que pasan silenciosas besando las arenas,
regando sus espumas sobre tus alas blondas
en las calladas tardes, opacas y serena~:
Admiro tu blancura, tu fúlgida pupila
que esparce por el agua su lánguido destello·
contemplo la tardanza con que tu busto oscÜa
meciéndose en los aires, y el mármol de tu cu~llo.
R.A)1óx ORTEG.\

�ACTUALIDADES

reciennacido es varón ó hembra, se enarbolará en el primer caso la bandera española
Cuando este número de Pon Esos ~f1;-,;oos en la parte del edificio del palacio real que
,·ea la luz pública, estará muy próximo á se conoce con el nombre de la Punta clel
nacer el hijo ele los reyes Don Alfonso y Diamante y se harán salvas de veintiún caDoña \'ictoria. Ya el Gobierno ha tomado ñonazos; en el segundo caso, la bandera que
sus disposiciones para el acto de la presen- habrá de enarbolarse será blanca y las salvas
tación del príncipe 6 infanta que nar.ca, y en constarán solamente do quince cañonazos. Si
ellas hay una no\'e,lad con relación á ante- el alumbramiC'nto se ,erificaso de noche se
riores sucesiones de lo;; reyes de esta na- colocará al pié &lt;le la bandera un farol, ilumición: si es hembra, no se la llamará princesa nado de igual color que sea esta bandera.
Acompniiado de la camarera mayor y de
ele Asturias, como lo fueron Isabel 11 cuando
1o s jefes del
reinaba F e rpalacio re al,
nando VJI, y
])
o n Alfonso
la infanta IsaXIII presentabel ante:; del
rá el reciennanacimiento de
cido al GobierDon ,\lfonso
no y al cuerpo
XII: sólo tendiplomático
drá los honoacreditado en
res y prccmiMadrid, que
n en c i as de
serán inYitainfanta de Esd o s expresapaña. El Gomente
á este
bierno explica
acto, al cual
r;;t a circunsdeberán con tancia en la
currir los presiguiente nota
sidentes de las
oficiosa, q u e
Cámaras, los
reproducimos
comi!iionados
porque, á 1o
de
Asturias,
que parece,
dos
individuos
setratade sende la Diputat ar jurisprución de In
dencia en tan
Grandeza, los
importantísicapitanes gemo asunto:
n eral es del
•La razón
ejército , 1o s
de queal futuraballeros del
ro heredero de
Toisón,
un a
corona se 1e
comisión
de
le designe con
Dtn ,José Gutiérre, Abasen!, ilustre periodista, íallerido en :lladrid
las
asambleas
et
25
de
~farzo
pasa,to
el titulo de
de las órdenes
príncipe de
de
Carlos
III
é
Isabel
la
Católica,
otra de
Asturias, si es varón, y sólo con el genérico de infanta, si es hembra, obedece al cada asamblea de la órden de San Juan de
criterio establecido va al morir la última Jerusalén y de las cuatro órdenes militares,
princesa de Asturias dé vincularen lo posible los presidentes del Consejo de Estado, Trieste título en la persona que con mayor ca- bunal Supremo, Tribunal de Cuentas y Conrácter definitivo represente la sucesión al sejo Supremo de Guerra y .Marina, dos inditrono, evitando así que, al nacer un varón viduos del Tribunal de la Rota, el arzobispo
en segundo término, ha ya necesidad de re- de Tolerlo, el obispo de esta diócesis, el prohajar la cate.;oria de la hembra, priYándolc capellán mayor de palacio, los que han sido
de los honores y prerrogativas del principa- embajadores, el jefe de Estado mayor central, el presidente del Centro técnico y condo. que pasan al varón.&gt;
El decreto relativo á las formalidades para sultivo ele Marina, el capitán general de Casanunciar al público el nacimiento del primer tilla lit Nueva, el gobernador de Madrid, el
hijo de los reyes fué firmado el 3 del actu1J.I. presidente de la Diputación provincial con
111 dicho documento se dice que para que el dos diputados de la misma, el alcalde de
fecindario de Madrid sepa en seguirla si el ~fadrid con una comisión de concejales, otra
LA SUCESIÓN DEL REY

ACTUALIDADES
La casa reinante en Sajonia es católica, y
fué fundada en 1413 por el duque Alberto
~1 ¡ ·d III llamado El \'alieute, que pronto ganó
El 19 de :Man:o pasado estuvo en • ai ~1 el ~calamienlo del ducado de Cléves_ y conel rev de Sajonia Federico Augusto III. V~a- dado de )lark, cuyos tilulos se apropió. De,jaba 'este monarca de incógnito por varias pués, los sucesores de~ fundador fueron adpoblaciones de Europa, y desp~és de saludar quiriendo derecho-&lt; y htulos de Elector, conen Dianilz al rey Eduardo \i II de la Gran
de de 1IenneBreta1ia y en
berg, duque de
Lisboa á CarJulicrs y de
Jo,s I de PorluBerit, señor de
gal, recobró :;u
Ravenstein v
carácter Ofi •
de Voigtland·,
cial para vemargrave de
nir á saludar á
la Alta y Baja
D o n Alfonso
Lusacia, r e f
XIII, que le
'de Polonia
recibió con los
desde Junio de
hon or es y
169'/ á Octuconsidera ci ojbre de 1763 y
nes debidas.
de Sajonia
El r e y de
desde DiciemSajonia nació
bre de 1806.
pn Dresde en
\ El territorio
1865, hijo del
de este reino
rey Jorge y de
de Sajonia, su)laría Ana, injeto á In aut~fanta de Porridad del ka1tuga 1, ambos
ser Guillermo
va difuntos.
lI, hálla:&lt;e en
Sucedió á su
la región cen·
padre el 16 de
tral de Alemade Octubre de
nia y está di190-i. Contravi.dido en cuajo matrimonio
t ro círculos.
en Viena en
Bautzen,Dres1891 con la
de, Leipzig Y
archiduquesa
Zwickau, que
Luisa-Anto. .
toman el nom·
'[ · d
d ¡ r 'Y de '-ajonia r eder1eo Augusto III
nieta., ana e
Don .\lfon~( Xll\ ~~Pd_ñ an1 di! d~ la ll~da de dicho re! á .'.lfadrid
bre de sus res·
0 111
Austria, con la
en la E;lacion de •
e
peclivas capicual ha tenido
•
tale:&lt;. El rey Federico Augusto III marchó de
seis hijos, lres varones Y. tres hembras. Es:e }\{adrid el mismo día de su llegad~, muy samatrimonio está divorciado desde el ano tisfecho de las atenciones y agasaJOS con que
1903, y la princesa austriaca usa de~de en- él V su comitiva fueron obsequiados.
tónces el titulo de Condesa de Mont1ynoso.
.
EL REY DE SAJONIA EN MADIUD

I'

365

�ACTUALIDADEF
POR ESOS MUNDOS

1366

del Cabildo Catedral, los directores é inspectores de Guerra, el comandante de Inválidos y una comisión del Cuerpo Colegiado de
la Nobleza.
El ministro de Gracia y Justicia exten de- ' ·
rá acta del nacimiento
y de la presentación \ ¡.
del primogénito de los
r
reyes de España.

queridisimo ) muy apreciado de cuantos tuvieron ocasión de tratarle.
LA CONFERENCIA
DE LA HAYA

El czar Nicolás II,
que viene persiguiendo
desde el año último la
idea de celebrar una
segu n da Conferencia
de la Paz en La Haya,
«KASABAL»
sometió oportunamente á las naciones el
El 25 de Marzo últiprograma de esta reumo falleció en Madrid
nión
internacional. No
después d e larga y
logró entonces el empenosa enfermedad el
perador de Rusia otra
ilustre periodista Don
cosa
que una equiesJosé Gutiérrez Abascencia, en cierto modo
cal, que tan conocido
prestada, á la celebrahabía hecho el p~eudóción
de aquella Confenimo de Kasabal con
rencia; pero, porfiando
que firmaba sus traun día y otro, al fin
bajos literarios.
ganó la conformidad de
Fué una de las figuras
toda Europa y Amémás salientes del periodismo madrileño, IJon Wenceslao Ramírezdc Yillaurrutia, nombrarica y la de Japón pa'lló con luz
do delegado de Espa,ia para la Conferencia Interra ir á dicha reunión.
nacional de la P112 en La Hava
y en él br)
Lo que no ha ganado
propia y c o n fuerza
extraordinaria desde que empezó á trabajar el czar son las vo I un tades · pues aunen La Igua?dad, pasando por El Resúmen, que tedas las naciones han acep'tado el proEl Imparcial, El Liberal, La Con·espon- grama formulado en 1906, Inglaterra, que ya
cuenta con poderosos
dencia de Espm1a y
medios de combate y
Nuevo Mundo, hasta
que
está, por tantÓ,
que en 1899 fué die n desesperación de
rector del Heraldo de
cumplir al pié de la
Madrid. En 1902 la
letra e 1 axioma que
enfermedad que le ha
dice q u e • ningunas
llevado al sepulcro le
paces deben intentarobligó á abandonar esse cuando no se dis1e puesto de dura laponen de muchos mebor; pero no por eso
dios con q u e poder
dejó de escribir, y la
aventajadamenle hafirma de Kasabal no
cer la guerra», la Gran
desapareció de las coBretaña, repetimos, pilumnas de aquel imde ahora oficialmente
portante periódico que
, que se complete aquel
casi diariamente deleiprograma con la limitaba á sus lectores con
tación
de armamentos;
crónicas y artículos repetición que secundan
trospectivos del galano
eficazmente España y
escritor, uno d e los
los Estados Unidos de
que más público, y púNorte-América, al problico propio, han tenido en España.
Don Gabriel lllaura y Gamazo, otro dele~ado de
pio tiempo que la misEspaña en la Conferencia de la Paz
roa Inglaterra, con JaGutiérrez Abascal,
pón, su aliada de Asia,
que ha muerto á los
cincuenta y ocho años de edad, representó se r~serv~n la facultad de no participar en
repetidas veces á Málaga en el Congreso de la d1scus1ón de las cuestiones del proorama
Diputados donde, como en todas partes, era aprobado cuando estimen que el deb:te no,

l

367

cond_ucirá á ningún resultado práctico. AleF'.r.anma
· estará representada por el ilustre
mama, que cree que no hay medio más seliti M Le B
guro para contener á un pueblo en los tér- po co ." · on ourgeois, que ya asistió á
minos del honor y de
la antenor asamblea de La Haya, y le ayula modestia que el te- r--~!""l"--m~---.,....-.----,.-- darán en sus trabajos
mor de u n enemigo
M. Decrois, exminisguerrero, se opone á
tro Y exembajador, y
la limitación de arma..,.1111111~.
el diputado doctor Esmentos propuesta por
tournelles.
la Gran Bretaña; y en
A Italia le represenforma más general que
tará el conde Tornielli
esta nación, y unida
embajador de su na~
a d e m á s á Austriación en París, al cual
Hungria, expresan asiauxiliarán el subsecremismo el deseo de abstario de Estado señor
lención si les parece
Pompili y el ministro
que la discusión no ha
de aquel país en La
de alcanzar fin prácHaya señor Tugini.
tic o alguno. Rusia
Los Estados Unidos
hace análogas reservas
de Norte-América esy declara que mantenta r án repre&lt;:entados
drá el programa origipor Mr. Jose¡h Hodges
na!.
Choate, al cual acomCon estas cosas, y
pañarán el general IIoolras más,~_puede aca___.-._.....ce......:,:.:.,.;._ _~ ~ - ' race Porter y el capi~o dar resultado posititán de navío Alfredo
vo esta segunda Con feDon ~jjó!1 Nocedal,.ilustre política integgista
Mahan.
rencia de la Paz que
a ec1do en Madnd el dia Lº del actual
,
Austria-Hungría ha
el czar ha preparado después de su ouerra
.
conferido su deleaac?n Japón? Lo cierto es que la Confere11- c1ón al embajador Von Merey y al diput:do
c1a ya está convocada para el 16 de Junio Lammar~ch, que ya representaron á su país
próximo, que á ella se han adherido cuaren- en la ~l'lmera Conferencia de la Paz. Les
la y siete naciones, y
ayudaran el almirante Spaim y el general
que casi to das han
barón de Giesl.
1.ombrado ya sus deleRusia ha conferido
gados.
s u representación a 1
Espaiia ha conferido
consejero de Estado
su representación á su
prJfesvr Martens, que
embajador en Lóndres
fué el alma de la primeDon Wenceslao Ramí~
1a Conferencia de 1a
rez de Villaurrutia coHaya, y á M. Nelidow,
mo primer delegad~, el
embajador en París.
cual _s~rá asistido por
Aun no se sabe ofiel m1mstro de España
cialmente cuando el
en Holanda, Don José
cronista escribe esta
de la Rica y Calvo, y
noticia, quiénes serán
por el conde de la Morlos delegados de Inglalera Don Gabriel Maut~rra, Japón y Alema~-a y Gamazo, diputado
ma, aunque se cree
a Corte8. El señor Vique á esta última nallaurrutia ha sido mición la representará su
nistro de Estado, repreembajador en Con s.
sen~anle de España en
tantinopla, acompaña".ªr!a~ corles europeas,
~ - -- -d_o del profesor Zorn, ju1nd1v1duo de la comi__..,__ __.,. nsconsulto de bien cisión que fué áParís para
Doctor lllaucbam~ médico del dis¡icnsario francés
mentada fama en su
hacer y firmar el Trade Marrakes ' asesinado por los moros
país, y de agregados del
~do de Paz con los Estados Unidos y tamEjército y de la Marina.
f ién figuró_ en la delegación españ~la que
DON RA)!Ó.N NOCEDAL
ué á la primera Conferencia de la Paz.
A los sesenta Y dos años de su edad falle-

�POR F.SOS )IU"DOS
Jic\N CASDIIH-PEHIER

,·;,ta pa'lorámica &lt;le la población marroquí de lJcbJa, ocupa,la por una columna del ejército Crancé; el 29 de ~larza último

muy jóvenes recucrclan ahora casi con frui•
ció el día 1.0 del actual en )ladrid este ilus- ción los estrenos de J,a crr1·111m1ola ,. El
tre político jefe del partido intrgrista, re- juez de su causa. que fueron pretexto para
presentante de Pamplona en el Congreso de que los ánimos, enconados entonces en disputas de opiniones ultramontanas y radicalos Diputados.
Nocedal, cuyas campiña.e; en fa Cámara les y revolucionarias, se enardec'.eran más y
popular n1 fueron infructuosas pllra el fin llegaran á las manos los que sustentaban
que perse~ufa, pues más de una vez sirv;e- unas y otras: converlíase el teatro en campo
ron para derribar los Gobiernos á quienes de batalla donde vencía: no el que mayor
combatió, maldecia del régimen parlamenta- razón tenía, sino el que empuñaba más fuerrio y, sin embargo, puede muy bien decirse te garrote y el que mejor sabía ef-grirnirlo.
que era con Romero Robledo, ya fallecido
Tal es la historia c¡ue el cronista presenta
también, el más conspicuo y ferviente ado- á la inc;aciable curiosidad del lector en esta
rador de ese régimen, sin el cual el jefe del noticia dedicada á un hombre que tan bien
integrismo no podia encontrarse. Sabia á supo servir las enseñanza!! que aprendiera
clónde dirigir con certeza y fina puntería las de su padre, el ilustre Don Cándido ~oceheridas que su inflexible y álica palabra producían, y asimismo sabía obtener del daño dal.
causado el mejor partido posible.
r,oc¡ FRA~CESES E~ UCHn \
Pero esto nada más que en lo que se refería á las ideas; pues en lo que hacía relaPorque los moros de Marrakesh ase!-1inaron
ción con las per;;onas, Nocedal era incapa~ al doctor Mauchamp, que en aquella poblade inferir la más leve ofensa á nadie: por ción marroquí tenía un dispensario médico
eso, á pesar de la fiereza de sus luchas en el y además hacía trabajos geodésicos, el GóCongreso de los Diputados, era querid!simo bi~rno de M. Clémenccau dispuso la ocupapor todos y contaba sinnúmero de simpatías. ción de Uchda, en la frontera argelina, cosa
Sus tareas parlamentarias estaban auxilia- que llevó á cabo una columna del ejército
das por 1enaces y valientes campañas en la francés el 29 de Marzo pasado.
Prensa, en la cual Don Ramón Nocedal conDicen los franceses que han adoptado esta
taba con órgano de tanta valía como El Si- medida porque están hartos de ver cómo el
glo F11tHro, en cuya~ páginas este ilustre sultán de Marruecos y las autoridades que
político apuntó primero y mantuvo luego de éste dependen no atienden las reclamacierta independcnc:a del carlismo incondi- ciones de la ,ecina República, de cu~·os súb·
cional al desterrado de Venecia, fundando el dilos hacen maldito el caso; pero, al mismo
partido integrista, carácter con el que venía tiempo, asegura el Gobi&lt;'rno de París que la
presentándose hace muchos años á disputar ocupación de Uchda será sólo provisional, Y
y ganarse el sufragio popular.
que la población ha de ser evacuada tan pron·
También escribió Nocedal para el teatro; to sean atendidas las peticiones de Francia.
y los que de la presente generación no son

ll

�ACTl- _\J.IDADl-:..'i

1

POR ESOS MUNDOS

370

.
p ¡ ¡ 18 de Mano Ullimo
M .1Pall Ca,simir•Perier, expresidente •le la República Francesa, fallrc1do en ar se
l\L PRESIDllNTE DCL URUGUAY

El doctor Claudio Williman, que _el dia
1 • de Marzo último fué elegido presidente
c~nstitucional del Uruguay, debe su _eleva·ón á sus méritos persona\es1
probidad y
Ct
..
excelentes antecedentes cincos. .

d d

i,or Ballle le confió la jefatura de. un bata!lón-civico, de la cual pasó Wilhman a la
cartera de Gobernación, pu~jto que ocupaba
cuando fué elevado al primer puesto que
ofrece la democracia uruguaya. .
.Tal es a grandes ra--~os la v1_d~ pohb~a
del presidente uruguayo. qne reg1ra suide,l
tinos en el periodo de 1!)07-1911._ Su e a
poder aclamalo por todos los _partidos
das las fuerzas morales del _pais. Su pro.r .ma de gobierno y sus mao1~estac_1one~ po:-teriores han puesto en ev1d~nc1a un gran
deseo de ser un presidente digno y democrático.

Y,\~-

. Nacido en Montevideo en 1862, _es e
·óven se dedicó al profesorado umvermuy J
·
· 1 · t d · de
s1tario, explicando en su pa1s ~ .ca e r,l
Física. Intervino \uc~o en la pohllca ur~gua'" y durante los go!,iernos de los presid~i.ie; Latorre y Santos, se halló el do_ctor ':
lliman entre los jóvenes mas decididos opo
LA LECHE y LA Tt;BERCULOS18sitores á aquellas situaciones de ~uerza, a~st° ndose en las filas de la revolución ~uc a:.a de terminar con la derrota del QuebraVamos á dar cuenta en esh~ ~erciúu de un
~ En 1889 ocupó el decanato de la Facul- i.ntme~antisimo informe, rendido por ~ua!:;~~~
. "ón de ~abios q--ie se han pue!-to a e.
~atde Enseüanza secundaria y en 1898 f~é
del contagio de la t1~betl·cu-_
electo rector de la Universidad mayo'. de ~ ;:: los pe\icrros
0
t·
eo-\as para e\'llar o )
República. Durante el Gobierno de Cuesta,
losis y que con iene r º
.
d"
le fueron ofrecidas las carteras de Fon;en~~ combatirlo. Es esta una cuesl!ón en to ~
Gobernación, que no aceptó. Despucs. ,
, ·tes muy intcl'esante, y además altamen ~
!ido Williman vicepresidente y duectOI d_e h~~anitaria aquí CP- Espa~a clonde tantos e~~
Ía Tesorería de la Junta Econónnca ,\dm1- tragos causa la tuberc11 lo:'" Y ?onde tan
ni.strativa de Montevideo, .en cuyo. car~o co se hace para comballrla. ~ ~anc1a.) ~r r
. es ta' ,l siem1H'e proutar-;
.
cooperó eficazmente á la implantación .. e mania
. . a ~anc10~
.
0 ..ar
.
b
á la reahzac10n
a
ar
los
estudios
que
se
dmgen
a
nwJ
·.
grandes me¡oras ur anas y
.
E
d 1. ortantes operaciones financieras. •11 f..t ~10\ic·ia púhli&lt;-a, la pro,peri,la1l ro111N(•1al
¡,~s !~esos del año 1901. el Gobierno del,.,_

lt,-

371

El ,e~undo medio por el que el bncil/us
v el bienestar físico no sólo del hombro sino
iambién de los animales: no pueden olvidarse tubercular puede atararnos e.i, el consumo de
el apoyo y la ayuda prestados por el Gobier- carne tuberculosa: la raia bovina es muv
no francés á Pasleur cuando emprendió el susceptible á esta cnformeda&lt;l. y hasta se h~
de:;cubrimiento del origen de la ('nfcrmedad asegurado c¡ue aun cociendo la carne no debe
del gusano de seda, y cuando lo envió en co- confiarse en la completa destrucción de los
misión á observar las causas del antrax en el gérmenes. Pero un sistema eficaz de inspecganado vacuBo y !amir. El resultado de esta ción de carnes disminuiría mucho el riesgo
última averiguación se \'ió en la fabricación respecto á este peligro que existe en la tiende un suero que hoy se usa en toda Francia da del carnicero; y la mayor parle de los
m~dicos e o npara proteger á
vienen en que
los animales
de los trrn:1· mecontra la enferdios porloscuamedacl ante-;
les puede promencionada.
1iagursc la tuAlemania, á su
he
rc u losis, el
vez. no ha rerepresen Lado
gateado los serpor la came es
vicios del docel que con már-:
tor Koch cuanfacilidad puede
do han sido recombatirse.
querido~ pa rn
11:,i &lt;'ll c-amla debida dilubio,muy
distincidación del orito íd caso con
gen de ciertas
el tercer medio
enfermcda de~;
de infección: e11
v así las dos naúl es preci!-io
éiones marchan
coni;iderar el
a la cabeza de
caso de enconlas que prestan
trar:,:;e atacada
principal atenubredel animal
ción á lo::; estupor la tubcrcudios dedicados
Jm::i:-.; 1a !Pchr
á benefic-iar la
de este animal
situación del
llega á cargar~e
hombre.
de bc1cillus, l'
Ya en 1901
entonces toma
tuvo lugar un
la cuestión 8!-.
Congreso de la
pecto impor-'
Tuberculo:-;isen
tantísimo porLóndres. Tres
que se trata de
clase~ de infecun aliment•J
ción (pues ha y
esencial para
que tener en
cuenta que ca- Doctor Claudio Wi!Hman, nuevo presidenle de la República del Uru¡uay jóvenes y niño!-.
La tuberculosis
da caso &lt;le tuherculosi:-; representa uno de infecciún dirl'C- es una enfermedad que manifestándose en
taporel gérmen) fueron estudiados entonce:-.. los pulmones como co11.swuci611, puede ataPor el primero se afirma que el br,ri/111s car otras regiones del cuerpo, sin (1ue se espasa al aire desde los esputos seros, y ento11- cape el sistema digestivo, pues muchos niños
mueren de perturbaciones tuberculosas que
CM se con\'ierte en un agente activo para la
diseminación de la enfermedad. Nadie duda afoctan el canal de alimentaC'ión.
Sostiéncse en Medicina el axioma de que
que este sistema de prnpagar la enfermedad
es el iuás directo y constante: de aquí la di- todo caso de tuberculosis debe considerarse
fusión de las instrucciones higiénicas que in- como un caso de infección: nonacemoscon la
llisten en la instantánea destrucción de toda enfermedad en nue~lro organismo, aun cuanmateria expulsada por tuberc-ulosos. Un sólo do tengamos una herencia mala 6 débil en
paciente basta para contagiará miles de per- contra nuestra. Por esto, en el niño como en
el adulto, solo po~ernos tener en cuenta
!!Onas1 pue:; despide por día mas de veinte
ruando la enft•rmedad t-ie hace presente, que
millones de bc,cillus.
4

�.ICTUALID.\DI:,-;

presencia e,; df'l11da á un caso t!einÍl'('.Ción: se ha hecho patenlr que el /J(t,cill11s &lt;lel hom por cuya raY.ón ¡H1r&lt;•ce lo más probable, so- bre puedo originar la tuberr·ulo:;is en el gahre todo lmUllldose de los niño--, que el ori- 11arlo. Los gérmenes, aunque representen cagen de las infecciones debe estar en 1111 ali- da uno su rariedad distinta, son suRceplibles
de alternatirn en su;:; inmento que represente imfluencias para producir la
portante papel en s11 nuenformedad, y esto es pretr:r•ión, la ll•che. ¡,or ejemcisamente el alma de la
1110.
cue,-.Liún. Sin duda algu1&lt;:n dicho Congrnso ele
na-dice el informe en
1!101 hiY.O pi'i11lica el docque no~ ocupamos-la letor Koch. descubridor del
che de
c·argada de
génnen de la enfermedad,
.gt~rmenes
bovinos
es sela opiniúu de que la inl'Pcmillero de tuherculo~is,
ciú11 por la IPrhe t11ber&lt;·11fatal i;icmpre en rl homlósa era i111posihlc. pue:&lt;,
bre; y &lt;Ir la rni,;nm maneseg1.n él, «el bocillu.'l rle
ra e,-;láigualmente demosla Lnbcreulosis en la 1•,wa
trarlo
que el 1,rtcillw; del
era cscncialmenle dif'linhombrP puede inficcionar
to del br1cil/11.c; encontrado
al ganado , .
en I a enfermedad d e 1
Esta opinión debe telio:11brr, y 110 había camnerse
muy en cuenta por
bio,· por &lt;leeirlo así, de
todo
rl
mundo. para lo
¡jotcnrial para producir
cual es prer·iso que los
la dolenria; y para que se
constJmidorc-; de leche e~~f. Con,L1ntino Pohicdonnst,err, procuraihoculara la tulH•rculo,is
dor del :-.anlo Sinotlo d,, t:u,ia, falterido
lerilic,..n ú haga" hen·ir
en
San
l'ch-r,bur;o
d
21
de
~lar,o
último
humana lrmdria qur ser
este liquido alimenticio
e l I pacie11 le infirrionado
cou la ,·arie&lt;laJ. h11111ana del g{·rmen; la rnra.á antes de ronsumil'lo. En los ho!!ares habrá
su vez, únicamente podría s&lt;'r infc,·&lt;·ionada de tener,c mur presente la nece~idad de e;:;terilizar la leci1c que diariamente se cousuc·on gé1·111enos derivados do origen hoáno.
ma.
Es curioso ad,,erlir que las propias romE«tas opinione~ del doctor Koeh fueron
recibidas con eslruP11dosas C\'.clama('iones de patriolas de Koch hietTen siempre la leche
desaprobación; pPro romo las invc;-;ligacio- 11ue utili1.a11 para alimentará ,u, hijo,;, explicándose así el hecho de
ncs del célebre doctor
&lt;¡lle
la enfermedad ele la
parecían comprobar s11o;;
t1il.1crr·11losis
cu los niiios
conclusiones, no qucdaha
:-ea mrnos frer11e11le en
otro recurso que repetir
Alemiraia que en los delos exprrimenlos. ít fin de
más
paíse;; del m1111do.
di;;po1wr de mayor m:'trPero.
adcmú,; de estas
gcn de comprohaciún. y
medida,;
y pn•YCnciones
delern1i11ai- imleprndienparlic1darcs, los Gobierlementc la corrección ó
no, y .\1 uniripios deben
el error de la opiuión del·
adoptar
disposiciones
1nédico alemán.
coercitiva,
para critar la
A eslo ol:edeció el nomventa
\'
eonsumo
de lcch&lt;'
bramiento de la comi;;iún
tuberrular, si hemos de
do los 111á-; ilu,-trcs médisalrar la vida de millares
cos inglesrs, cu yo iufordo niitos. Esla es ruestión
me, que ahóra acaba de
r¡ue la lr~· no puede ni
puhlica1·se, e, el que ha
debe
dejar de,-;alP11&lt;lida.
éolocaclo· fa cuestión de la
infecciún lubercular de la
EL CO:'\ílE LA~J,-;nOr.FF
lorho sobre bases romple- _ Conde Wladimir Nicolaci,itch d,1 l.amsta 111 en le ;;a Iisfactorias.
dorff, ilu,lrc estadista ru,,,, íalleciilo c·n
Pari:&gt; ,a gei;ernlirlad de
San Remo, Italia, ,.¡ 19 de ~lar1.o pasado
Br&lt;werno11ledicho, lasopilas personas •~I nombre de
nionc-; ele ·Koch han re11ultado erróneas. Su punto inicial de partida e,,tc político ruso, fallecido en San Remo,
(el do la imposibilidad de que el gí•rmen bo- llalia, el día 19 de Marzo último. representa
vino i:;ea odgen de la enfermedad en el hom- poca cosa; pero el ronde w:i,d;mir !-íicolaie•
vilch Lamsdorff cuyo retrato publicamos, ha
},re) lnt sido completamente anulado, pue,

sil

"ª"ª

373

!&lt;Ítlo uuo de los más ilustres e:slath,las tlr sn habi&lt;'url? cjC'rric~o ums d~i un cuarto de siglo
tiempo. Xadit•_ romo él ~abía cnándo debía ruo_nne 1nll11t1ucrn ro1110 Jeft• de los reac·cioha_blar_ )' cuaudo pcru1ancce1· rallado. 8u n~rios tle su pai~. Era Pobiedouostseff ol fam1sler1o~a resrn•n. por Pjemplo con ocasión 11al 1c-o ideal ,. clesc111pe1}aba bien su papel;
de su ,·isita á lo, Ba1ka11e:-:
'
pa I eem la P11ea rnac:ión de
hace ciuco a1io:-, produjo
un inlelcclualismo eslrcmás profunda imnre,iú11
c-hn.
en los intriga11lt's ,; rcrolEra hijo de un profesor
toRos que Já hubiera11 caude la Unirer,-idad de ~Jo~sado las amc11azas y la,
cou, donde estudió leves.
promesas. Cuando publicú
En 1860 fué elevado il 1~
las i11slrucciones al embaeútt•clra de Jurisprudencia
jador ruso en Berlín eo11
Civil, y fui• llamado á San
motivo de la Conf'crrncia
Pclt'r:sbnrgo &lt;·omo Lutor de
de .\lgecirn-. lo liiw C'On
los tres hijos d(•I czar. lntanta habilidad qur. los
med iatamen ll! pretendió el
a_le~1_anes se Yi11rot1 i111 popoder. Ocho a110s despué,
s1b1litndos para srmlirar
f11é f;enacl,H; en 187::l.
la diseordia Pulre Francia
1t1ic111bro del Cousejo del
y su gran aliada.
lmJlerio, y al r;11, en 18HO,
El &lt;·ondP Lamsdorff naalr·alli:ú el pue,to de proció el al'io 18 U. Fué nomcurador del Sa11 Lo Sínodo.
brado raballcro de la Cállabia dominado complemara del c;,ar en 18U,&gt;, y
ta11H•1ttl' á .\leja11tlro 111, al
lle:zó al .\li nislerio dr NeDon Ju~n V:'w¡u~, "lclla, nuern acadéque supo mantener en la
goeios Extranjeros al año
mico de la Lengua E-pnñola
senda de la reacción: la
siguiente, y aunque estaba 8iempre cerca de 111 sma eonducta signiú con el actual czar
los ernpcrad1res, sus tendencias naturales :Nicolús, cuyo~ espasmódico,; esfuor:ws desfueron liácia dicho ~linislerio. L'na ve1. en el pu;.s de la reforma no p11diero11 tener consepoder, trabajó siempre clenoda&lt;lamente por la cuencias por habrr sido tranr¡uilameute anupat. en su país y fuera de él, y experimrntó ladas. Pero la influencia ele Pobiedonostseff.
1·erdadero dolor cuando vió á Rusia precipi- y á la Yez su carácter, fueron de4ruidos hatada e,~ la J?ie_rra con el Japón, &lt;¡11e t'·I repro- ce do-; aiio~, cuando el conde \Ville hizo r¡ue
baba. :::ie retiro hace un año á la v;ua prira- se le aceptara ;;u célebre programa ele red a, desfon11a lipués de
hernl.
cuarenta
años de
NUEVO
servicios
AC,I·
público,.
nf:mco
POBIEílONOST:"EFF

Publiramosenesta~ págiOtro runas el reso ilustre
trato de
c¡ue acaba
Don Juan
de fallecer
Vázque z
esM.Con»
Jlella, que
tan tino Po
ha sido
biedo11ostel e gi do
seff, proacadi!miro
c u ra d or
de núuu•ro
del Santo
de la Hral
Do!1 Jo,c _T. ~ta,arrasa, obispo de la •lió- I?on )lan 11el Planas,. Casals, ilusl re ~oSínod o, ces1s de Ctuda,1 Rodrigo, íallccido el l l rle l1l1co cousrrraJor, íaÍlccidu t•n Barcelona .\ca1lemia
\lar," último
el 11 ,lo ~lar;:o
muerto en
de la LenSan Pe.
) .. .
..
.
.
_gua füpatersbur:ro el dia 24 de ,\farzo pasado. Conta- nola: l e1sona e!1~l~s1ma. mteligencia superior,
~ ochcula a1ios de edad, y durante se,enla escntor notab1hs11110 r orador de graudes
anos había dc,empeiiado servicios públicoH, vuelos, tocias t•stas condiciones han hecho

�J7i,

ACTUALIOAUES

POH ESOS .M U,'WO::i

374

que su designación para ocupar un sillón en
aquella Academia haya siclo aceptada por
todos con aplau~o sinccro,que el cronista no
ha de escatimar, por lo mcrrrido, al ilustre
personaje carlista.
HEHTllELOT

Una de las glorias mayores y más indiscutibles de Fran('io, gloria univer~ri.l además, el gran Bcrthclot, padre de la Química
moderna, falleció en Paris el 18 de ;\[ario
pasado. Eníerma del corar.ón su r~po~a 1

cuando ya ésta no pudo soportar la lucha
ron la muerte y se entregó á ella, Berthelot,
que amaba entra1iablemente á la compañera
de ~u vida, su frió en presencia del cadáver
de la madre de sus hijos, rodeado de éstos,
un síncope del que no volvió en ~i: Ilerlhelot apena~ sobrevivió una hora á su esposa.
Gran sen!=lación causó en Francia y en todo

el mundo la noticia de esta muerte romántitica del insigne sabio, á cuyoi:;. restos dedicó el Gobierno de su país grandes honores
fúnebres.
Varias veces se ha ocupado POR Esos
MUNDOS en la personalidad ele Berthelot, por
cuya razón el cronista va a dar solamente
ahora unas cuantas líneas que sirran como
nota biográfica del quimieo recientemente

fallecido. )(. Pierre-Eugénc i\farceliu Berthelot babia nacido en París el aiio 1827. Era
hijo de un médico, y demostró desde temprana edad notabilísima aptitud para los esludios filosóficos y las inve:::;:tigaciones quimicas. En 1851 estaba agregado al Colegio
de Francia para preparar !os cursos de química. En Abril de 1854 era doctor en Ciencias. para cuyos ejercicios leyó una tésis notable acerca de las Combinaciones de la glicel"ina con los cíciclos y 1·eproducción ele los
c11ei1Jos amsos neutros naturales. Fué profesor de la E-,cuela Superior de Farmacia en
18~9 y prol'csor en el Colegio de Francia en
1865. Ya en 1863 habia sido nombrado
miembro de la Academia ele Medicina de
París, y después, en 1873, lo fué de la Academia de Ciencias, de la cual fué elegido secretario perpétuo en 1889. En 1865, la citada Academia de Ciencias le concedió el Premio .Joecker por sus trabajos relativos á la reproducción artificial, por vía de síntesis, de
un cierto número de especies químicas existentes en los seres vivos. Hacia esta época
fué cuando empezó sus trabajos sobre la termoquíc1ica. En 1876 emprendió un nuevo
orden de estudios relativos á la formación de
los principios inmediatos por los seres vivos
y, especialmente, por los vegetales. Como
había resignado sus funciones de profesor en

Aspecto que
presentaba
salóne!de sesiones
de la Du
d R .· ·
•
Petersburgo,
cuvo
techo se el
hundió
15 de l\larzo . 11 . ma. e u,.,rn, instalada &lt;'n el Palacio de Taurida en San
·

u imo, srn que afortunadamente ocasionara desgracia; personales

la Escuela de Farmacia, fué elegido inspector
general de Ensclianza Superior. En 1878 descubnó el ácido persulfúrico; y el mismo allo
fué nombrado presidente de la Comisión de
sub~tancias explosibles recién instituida
También fué político Berthelot. En Í881
le eligieron senador inamovible, ocupando
un puesto en el grupo de unión republicana.
El_ 1_4 de_ Diciembre de 1886 formó parto. del
.M1m_ster10 Goblel, encargándose de la cartera de Bellas Artes, que conservó hasta el 18
d; )!ayo de 1887. Después fué ministro de
Negocios Extranjeros en el Gabinete Bour.
o
gems, en 1. Noviembre de 1895 hasta el
28 de ~[arzo de 189G .
.\ Bertbelot se deben trabajos muy variados, que pueden agruparse en dos ideas fundai~e1_llales: la !--Ínlesis de los compuestos
or~amcos por medio de los cuerpos elementar10~, 1· 1~ termoc.ruimica, verdadera química rnccamca que e.l creó casi en todas sus
partes. Llegó a publicar más de seiscientas
J.[em_otias diseminadas en dirnrsos trabajos
m~ml1ficos. ~ntre sus obras, citaremos: Quinuca_ Orgánica fundada de la sin tesis (1860);
Lección sobre los métodos generales de síntesis en quimica orgánica (curso del Coleoio
de Francia. 1.86-i); Lerniones subre la tern~oM. Berthelot, ilustre químico francés fallecido en París el 18 de Mano úllimo

quimica (cursos d~l Colegio de Francia de
1il65, 1880 y 1883); Lecciones de quimfoa
sobre la isomería 6 tratado elemental de
quimica orgánica (1882); Sobre la fuerza
de la pólvora y de las materias cxplo.sibles (1872); Verificación del aerómetro de
Baumé (1873); La síntesis química (1875)·
Ensayo de mecánica química fundado en 1~
termoquirnica ¡1879); Sobro la fuerza de las
materias explos1bles, según la termoquímica (1883 ); Ül"Ígenes de la alquimia (1885);
Y _una recop1l~c16n ~e artículos y noticias µubhca~as por PI ~n dn·crsas épocas en diarios
y revistas políticas y literarias.
EL PALACIO DE LA Dm.tA

f'.115 de Marm último, á las seis de la
mauana, ocurrió en .san Peter~hurgo un suceso, que no produjo desgracias personales
P?r_la hora en que tuvo lugar: se desplomó
sub1tame :ite el techo del salón donde celebraba su, sesiones en el Palacio de Taurida
la Duma ó Parlamenlo de Rusia. De este suces?, que causó sensación en':·e los parla:nentan?s rusos porque precisamente aquel día
debia leer la declaración ministerial ante la
nueva Duma rccien consti luícla el jefe del

�CIE~U

376

cin?u.enta mi! habitantes, de quiene!-. Dowie
,e~1b1a cuanlt?sos ~ importantes donativos.
fal era la fe que los secuaces de Dowie
En Sion City, Chica•o falleció el 9 do
tenían en él que cuando
~larzo último Mr. Jam:s'
se verificaron . J0s funeAlexander Dowie, llamarales de éste muchos endo El t
ce r profc/11
fe r m o s pu_gnaban por
}.'lías. cu yo retrato daacercarse al léretrn en la
mos á conocel' en e:3ta
confianza de que, con tosección.
car la morlaja, sanarían
Dowie fué b a ce seis
de sus dolenc·ia!'-l; citándoalios el fundador de una
~e el .caso de una mujer
nueva Sion 1 de esa ciuwpcd,da q uc habiendo
dad donde ha muerto, y
&lt;·om•eguido be!-ar el cadáproduJO con sus doctrinas
, e:, en medio de la mauno de los má-; extraoryor expcctarión de tocios
dinarios movimientos rcl:ró la::; muleta~ en que se
1igio~os de la pasada cen•
apoyaba, r !!rilando que
turia. Nació en Edirnbur•
,, . . taba turada se puso á
go e n 1848, y marchó
andar; s ó I o dos pasos
ruando aún era un niño
d16, pues ca,·ó inmediaá Australia, de d o n do
tam~nte en . tierra y fué
más larde pasó á Norte
preciso conducirla en
América.
Allí
predicó
sus
111
d t·
¡¡
,
r. James A exander Dow1e íund 1dor d la
OC ~11 a; y se amó á SI
c1udad~S1ón,apodadoElP;ofetab'l,asÍIÍ1
gravísimo estado al hospropio El I as III. Logró
fallecido en Ch1ta!!O el 9 tle Mano ultimo
pital; cosa que dió lugar á
fanatizar a gra~ número de persona.-., tanto que muchos .de los antes fanátic·os protesta~ue la nueva ciudad de Sion consta ya de ran &lt;le los milagros r virtudes del fal:-o Elia~
EL 'rnHCEH PHOFET A E LÍAS

Gobierno~[. Stolypin, ha dado cuenta detallada la prensa diada. El cronista de esta
sección n\ il sinteli1.arlo en al~unas lineas.
Como el Palacio deTaurida Jonde la Duma
funcionaba está lejos del centro de la capital, casi nadie oyó el ruido ni :-;e produjo
alarma en la pob!aeión. El conserje, lo~ porteros y los empleado,de la Duma que \ivian
en el edificio se dc;;perlaron sohre.,allados,
creyendo que habia estallado una bomba,
pero pronto vieron que lo ocurrido era un
accidente, pr0vic;;to porque todo el mundo
c,taba en el s •rrcto de que el terho de la
Duma no crn mu y firme, pue, el Palacio de
Taurida c:i un cdifkio C'Onslruído hace ciento
,•cinte a1los y nunca tu,~o condicione~ de solide,.
Cuando la noticia circuló por San Pctersbu rgo, todos creyeron en un nuevo atentado
terrori~ta. Reforzaba esta creencia la amenaza, ha tiempo formulada por los re,rolurionarios, de volar el Parlamento. Los liberales,
en camb:o, ge mo:-straban sobrexeiladísimo::;,
y alribuian el l,eeho á un plan siniestro de
los burócratas, deseosos de amed1·enlar a los
representantes del pueblo. El presidente de
la Duma y casi lodos los miembros ele la comisión de gobierno interior se pre:;entaron
antes de las ocho de la maüana en el Palacio
de Taurida para reconocer el salón de sc,ione.5: vieron el techo casi completamenle desaparecido y los escaños sepultados bajo montcmei-i de esromb:·os; y en yi::;ta de esto, se

acordó que la Duma ~e reuniese en el gran
vestíbulo de la Sala de Catalina, determinación que obcdC'C'Íó, principalmenlC'. a la actitud de los diputados radicales que il toda
rosta rxigian &lt;1ue se . celebrara se3ión para
discutir la, can~as del hundimiento, y, :-obre todo, para que no dejara de leerse la dcrlararión ministerial, que, en efecto, fué leída por ~l. Stol ypin.
UN NUEVO CHUCERO I,GLÉS

)licntras el c-,ar ~icolás 11 convoca la segnnda Conferencia Internacional de la Paz
en la !laya, y las priucipalr::; nacioneR di~cuten la digminución de armamento..::, entreello~ la Gran Brelaiia, esta potencia europea
aumenta su fuer1,a naval con un hern10~0
hur¡ue, ,.¡ lllclomital,le, primero de una nue"ª y podero;,;n cla-:c de crucero-, que Inglaterra tenia en e:-;ludio.
El 1lldo111itc,Ue ha sido botado al agua en
Glai-igow el 16 de )1arzo pasado; despla1.a
1i .2ii0 toneladas; su ,·elocidad es de 26 nudos
por hora, y su radio de acción 41.lXlO caballos
de fuerzl. Cuando e,:;t~ comphilamente ter•
minado, antes ele un a·\o, sera el mayor crucero de guerra del mundo.
El .\lruirantazgo inglés conserva en secreto
hasta ahora los plano, y armamento del füdoniitable, pero anuncia que como este buque se botarán al agua dos cruceros má,,
ya en con'-lrucci(rn.

e,.

CIENO
Yo busqué en ti cien vece,; un consuelo
otras tantas hallé, dándome enojm;,
falso el amor de tu-; hermo;os ojos
como es fal!-io el azul del claro cielo.
Yo, derramando llanto de terneza
llamé a tu corazón, que juz;wé mío;'
pern tu corazó11 era el vacio:
tu corazón C:"\laba en tu cabeza.
Yo le conté mi amor, y el llanto ú poco
surcaba ya tu juvenil o;;~mbla11te;
mas ¡ay! lloro tu ,·anidad triunfante
mirándome ante tí lrému!o y loco.
Xo hay en ti otra Ye1d d que tu belleza 1
rná..,cara di de un corazón de cieno:
Y.? ant~ él retroerdi de espanto lleuo ...
¡~ólo llenes del virio la granrlr1.a!
y

)l1ct:cL ,\~GEL CORRALES
Un nue\'0 buque de '1:uerra inglés: crucero de 1.• cl~e fodomilable, botado al ai:ua en Gla!l¡;ow el 16 de ~larzo pasado.
Sera el crucero mayor del munJo 1 pue~ dcsploza 17.2:il tonelatlaa

377

�LOS HEGIMIEXTOS üE NUESTRO EJÉHCJTO

''.

LOS REGIMIENTOS DE NUESTRO EJÉRCITO&lt;'&gt;
EL Dli: INFANTERÍA DE AFlUCA, NÚMERO 7

dientes y acometiendo furiosamente al en&amp;migo apenas pudieron tomar tierra.
(},wrra de Africa (1ñ50).-En casi todos
los hechos de armas de esta obstinada ram•

es otra de nuestras unidades milita.res que mayor realce han dado á las paña consigue nuevos é inrnar_ce~ibles laU:armas españolas.
reles, singularmente en la defensa del castiFué creado en 23 de Octubre de 1536 por llo de la isla de Gelvas, en la que se batió
decreto del emperador Carlos I de España y con ejemplar heroísmo.
V de Alemania, dándole el nombre de Ter·
(}uerra de Flandes.-En la batalla de
cio ele Sioilia; después se le denominó _Ter- Groninga avanza intrépidamente sobre el
cio fijo de Sicilia, y más tarde Regimiento enemigo por un terreno fangoso en el cual se
de Africa, asignándole el número 1.
enterraban los soldados en el lodo hasta la
Se le denomina El Valeroso por el mucho rodilla) operación que ejecuta sufriendo un
valor que demostró en casi todos los comba- fuego tan nutrido que diezma sus filas. Toma
tes en que tomó parle.
después parte en la de Geminghen, sitio y
Expedición ele Africa.-Apenas creado, rendición de Mons, sitio de Harlen, en el que
se le destinó á Africa, tomando parte pnn- ::;e lanza al asalto con su intrepidez caractecipalisima en la conquista de la Goleta, en rística antes de ser practicable la brecha y
cuya función de guerra desplegó tal rnlrep1- haciendo inaudilos esfuerzos por montarla á
dez que causó la adm1rac1ón de prop10s y costa de pérdidas importantísimas, consiextraños. Después de asistir a la toma de guiendo por su arrojo después de briosos y
Karamina v ·Monasterio, se batió en la reñi- repetidos ataques, que capitulara la p\a7,a. En
da batalla de Karwan, en la que se cubrió d_e las islas de Filipland y Duveyland se arro¡a
aloria distincruiéndose el capitán Don Luis al arrua llevando la tropa sus arcabuces sobre
1
Bravo de Laiuna, que realizó prodigios de la c:ber,a para no mojar la carga, y se apodera denodadamente de dichas i::.las entre el
valor.
G-uerra con Francia (Campaña de lta- estupor de los holandeses que no sabían
lia).-Se bate audazmente en el levanta- cómo admirar tanta tenacidad.
miento del sitio de Com; toma de Chierns·
Conqnista de Portugal.-Se halla en la
co (1542) y batalla de Cerisola, en la cual toma de Jelves, Olivenza, Selubal y batalla
afirma su fama rechazando el empuje de la de Sanlarén en 1580.
vanguadia enemiga, y toma~do la ofenslva
G-11erra con lnglaterra.-Combale á bortan rápidamente que no le d,ó lngar a reha- do del oaleón San IJ[af.eo perteneciente á la
armada" Invencible, y hace admirar de nuecerse.
(Campaña deAlemania).-Toma de Duren, vo su nlor é inlrepide7. (1588).
en que sus hazañas fueron tales que se re(},ierra con los tw·cos.-Combale naval
putaron por fabulosas, siendo el primel'O en en aguas de la Goleta; ataq1,1e y toma de Kerlanzarse al asalto y coronar la humeanlc queni y su castillo, y combate naval de Zante,
&lt;'ll que montando una compañía la gatera
brecha.
Se halla en !a toma de Luxemburgo! asal• Escalona, aborda y obliga á rendirse á las
to y toma de Legai y batalla de Mu lberg, en (ia\eras capitanas de Damieta y Alejandría.
\a cual atravie::;a el Elba con agna al cuello, Én 1, batalla dr Cabo Caledonia pelea esror·
llevando los soldados sus espadas entre los 1.a.damente durante tres días seguidos, obte11i('ndo un '-Ci'lalndo triunfo.

E

STA

¡ 1)

Véanse nuestros números H-0, H-!! y tHll 11G.

G-uerra con Francia.-Defensa del castillo de San Sebastián (1678), en el que resiste
heróicamente hasta que, volado por una granada e~ alma.cén de viveres y municiones y
hecha !illpos1ble la defensa, capitula con todos los honores de la guerra.
(}uerras de Italia.-Conquisla de Novi
Oneglia, . Porto-Mauricio v' Ventimio-lia·
siti~
t,
,
de Messma, donde nuevamente demuestra
su heroísmo en el ataque y toma de las posiciones de Gibiso, Casale de Catánea, Masse
v Faro. En otra época, asiste á la batalla de
Bitonto, sitio de Gaela,en el cual halla gloriosa muerte el capitá~ Don Felipe Sanz; tomas
de Palermo y Messrna; combates de PorloHércole y Orbitello; sitio y toma de la Mirándola, donde es admirado por su arrojo y
sangre fria al lanzarse al asalto en correcta
formación; toma del castillo de Apremont;
eombates de Monmelians y Aigne-Ville; ata~ue y toma d_e las lineas de los Alpes, castill~ de la Tour-de-Pont, Castiglione y las Barricadas, en que con su acostumbrada intre~
pidez se posesiona de las formidables alturas desalojando de ellas al enemigo que las
&lt;lefendía con pasmosa tenacidad; batalla de
la Madona del Olmo, en la cual se distingu~
,·ictoriosamente en las posiciones que defendia, rechazando las acbmelidas del enemioo·,
paso del Tánaro, batalla de Basignana, sitio
Y toma de Valen7.a y batalla de P!asencia en
~ue con heroismo sÍngular ataca las fm;mi&lt;lables é inaccesibles posiciones enemigas)
apoderándose de ellas después de encarnizado combate.
G'lterra de Porti,gal.-Tras de algunos
combates en que confirma su fama de arrojado y valiente, asiste á la toma de Almeida,
en la cual sobresale por su bravura entre las
demás tropas.
(}uerra de Africa (1775).-En la expedición á Argel, combate con heróico ardimiento en la batalla del 8 de Julio. Defiende á la
plaza de Orán desde 1780 á 1783, y en esta
lucha recha7.a briosamente los repetidos y
furiosos ataques de los moros.
G-i1el'ra con Francia.-Se halla en los
combates de Urdáx, Castell-Pi•nón
Irún los
0
Alduides y Ollarregui (1795), e n qu~ se c~bre
&lt;le gloria,sobresaliendoporsu herofam0 el coronel Don Agustín Goyeneta que, atravesado
por dos bala7.0S en lo más recio de la lucha,
se pone á la cabeza del regimiento y carga á
la bayoneta con un arrojo que raya en la
temeridad. Herido mortalmente de nuevo
c~le heróico jefe, y cuando ya parecía impo•
sible que el regimiento pudiera resistir más,
toma el mando el capitán Don Juan Aguirre,
arenga á los soldados y dando ejemplo de
valor é rntrepidez se arrnja el primero, de-

.

37U

fendiéndose heróicamente de tres granaderos fr.1nceses que le acometían, hiriendo á
do;;; y matando al tercero.
G-uerra ele Indepenclencia.-Asiste á las
batallas de Bailén, Tude\a y Uclés; acciones
de Mora y Consuegra, en las que descuella
por su bravura, cubriendo la retirada; batalla de Tala vera, donde adquiere nuevos lauros; batallas de Ocaña y Cbiclana, en que
sus esfuerzos se ven coronados por la más
completa victoria; batalla de Sa•unto y de fensa de Valencia.
"
Prirne,·c, gue,·ra civil.-Se halla en los
combates de Durangoi Azcárate, Guernica y
las A~er,cuas; sorpresas de Benneo y Oñale; acc,onos del puente de Arquijas Arlaban
y Ilernani; batalla de Huesca en '1a que el
segundo batallón, formando el cuadro, resiste v1gorosamen le repetidas cargas de la caballería enemiga, protegiendo la agrupación
de los demás tropas para organizar la retirada.
Por tan distinguido comportamiento fué
condecorada su bandera con la corbata de
San Fernando.
En las batallas de Barbastro y Grá se bate
con su característico denuedo; se halla también en las acciones de Orihueia, Aranzueque y Huerta del Rey (1837); sorpresa de
B :Jar, \evantamtento del sitio de Gandesa
sitio de Morelln, batalla de Maella, defens~
del fuerte de Monta\ ván en que brilla por su
heroismo, y acciones de Mora y Lacenia.
G1w,-ra de Aftioa.-En los combates del
camino de Tetuán repele heróicamente las
furiosas acometidas de los moros; en el de
las Alturas de la Condesa y río Azmir rechaza valerosamente al enemigo con fuerza,;;
muy superiores; en Cabo Negro desaloja á la
bayoneta y con temerario valor las formidables p~siciones de los marroquíes; en Sierra
Bermep resplandece de nuevo su gloria re chazando con denuedo los furiosos ataques
de los árabes; en la batalla de Tetuán consigue nuevos laureles, asaltando con heróica
intrepidez el campamento marroquí arrollándolo todo á su paso como un alud v con sigiendo insigne victoria; en la de Waél-Rás
arroja con irresistible empuje á los moro:3
de las formidables alturas que ocupaban y
en las que se creían inexpugnables, venciéndolos en su último y desesperado esfuerzo.
Segunda g1&lt;erra civil.-Después de hallarse en los combates de los Altos de Ile rna~i, ~r~viño, Vergara, puente de Alegría,
Gmrgu1hano, Torreblanca,Alcalá de Chisverl
y ~onlejurra, se distingue en la acción de
Ares del ~laestre, en que arroja al enemigo
de sus posiciones cornnando las alturas.Asiste al sitio de La Guardia, acciones de Bechi,

�l,ll:\Tt)ll'I.A:\UU l::\ m:m.\TO

aeciones de Granollers, Ca~telllersol: .\lolins
Ulluecona Pico de Corles, San Pedro &lt;le de Rey y otras, distinguiéndose sm~ular.\banto, La,:; MutieC'i~i;:, Galdame~, levanla- rnente en las alturas de Amasain y Ascarga.
JUienlo del sitio de fülbao ) acción de llo- en las que repitió su característica &lt;le valor
rriol;;, en la que ,-e di,..tin~uen su coronel
y disciplina.
.
.
D011 Cecilio Roda )lalclonaclo y comandanTiene por escudo un salv_aJe que opnme
te Don Jo,-.é Luis Tejero peleando clenoda- con la mano derecha la media luna y con la
damente á la caber.a del regimienl?, dando izquierda un á~pid, sujetando entre sus piés
ejemplo ) ánimos á los soldados. Estuvo en á un león del desierto. emblema del noml,r1_•
las acciones de Yesa y Grao de Olot, lo~na de este regirnien to.
del monte Jaiz&lt;¡uivel, ermita de San Marcial,
A.'ITONIO

Novela homeopáticamente hidroterápica
y alopáticamente inverosímil

PAREJA SERRADA

VII.- LA PIEDAD SERRANA (•)

peciai por parle el&lt;' r·ada donante de que h
suya fuera la &lt;'le/dt para Yeslir al santo el
día clr la ceremonia.
El ~an Canuto q11e se veneraba era una
tocia la sierra la noticia del fau"to sucr;;o de haher,-e dest:t1birr- lo,ca talla en madera del país. y alguno,
to en el t{•rmino campanil de ~an Canuto ele fieles propusieron encargar otro San Canuto
la Sierra un manantial ele al!uas medicinal e" á un e;;cullor reli!!ioso mur afamado rlr. &gt;laeu ya Yirlnd ronsislía principalmente en adel- drid; pero ,¡ue fuere talla(lo en una madera
l(ar.ar á las personas gruesas, y para otras decente; uno propuso que fuese en palosanto, preC'isamPnte.
cos~s de mayor importancia aún.
•\ e;-;ta iniriativa ,-e opu.;iPron tena1.mente
l·.I C'aso de la hurra rp1r. ya ronoC'emos
los
elementos más religiosos del puehlo.
no,;ot ro" con !orla clase de detalles. se cenporque con un gran sentido de la
tuplicó en cuarenta y O&lt;'ho horas,
fi'
! asegurabm que la madera de
y ya se hablaba por clo,¡uiPr ele
los
santos era lo de menos cuan111atriwonios jún•nes &lt;¡nr se hado ,-u cele;;tial voluntad era de
hian dirnrciado pon¡uc las rspoh11ena clase.
s1s habían lwhido a¡¡mts &lt;lrl pro.\demú,-, el ~anto milagroso era
&lt;\i:!io,-o eaurlal. qu('(la11do súbita1\e
pino, y no había necesidad de
mente r colllo por artPs de maexponerse
á que no fuera tan
iia libres de la niatJrnidad que
rnilagro;;osiendo de palosanto. E,-.le:; ar·echaba.
tas y otras razones qur adujeron
Eslm; r otro~ her·hos .,e relataaquellos excelentes c-atólico:; ronban por toc1o,- los pueblo;; lirn iYenrieron al grupo r¡ue discurric"1
trofes dr San Canuto. con tan la
la
repo,-irión de la imágen del
pondrrarión q11e va no q11erlaba
santo.
en dirz leguas á la redonda mils
Las ofrendas que se hicieron en
virtud que la de las aguas: todas
e,peci~ 110 pueden r•n11rnernr"e,
la,- demí1,; hahian raído en rl cieporque parecería rsta l,rcvc reno clr la mall'dice&gt;11cia \" de la in,-;ciia de lo,; hechos el ralalogo
,·entirn lmnla de lo,- srrrano,;.
&lt;le una alhóndiga.
El C'ura púrroco hallábaRc prrLas frutas rnils grande, y más
plrjo ante la mal(nitud y raliclad
sazonadas.
lo-, rerealrs mil,; pre&lt;lP.1 mila~ro. y absorto de la pieciados,
las
aves má,; gordas y los
dad de sus felil(rescs de entre
animalc,sacrilirahlcs
pa r a e1
los rualcs &lt;'Olllenzaron á "Ul'J!ir Debiendo el ogua de San
ron,-umo má-; rolli1.os, se ronterriblPs fanátiros. En término &lt;le
Canuto
dujeron al templo Pn ofrenda paocho días rN·ihiú el cura mil" de
dos mil pe,-,etas. Y así como unas cuarrnla ra c¡ue fueran ~C'ados prncesionalmPntr ,·
túnicas de telas füÍas con encargo muy e,-- lucirlos el día que S(' dirigieran, en orden
romería, al manantial.
El grneral, el alquimista y l.ehrel se ente1
E

villa en villa,

D de villorrio rn
villorrio, corrió por

CONTEMPLANDO UN RETRATO
¿Qué eres tú, bayadera ó sultana,
carne, mármol, marfil, porce.lana,
juglaresa, ó vestal del Japónr
¿O eres sólo :antástica hechura
de un poeta sonada escul_tura .
como aquella que amó P1l!111ahón?
...Pero á flor de la tez de azucenas,
entre el dédalo azul de las venas
sangre viva se siente bullir,
.
tiembla el labio y el seno se agita ...
1
·
¡Galatea, despierta
)' pa_1P1·ta.... .
¡.\h, feliz quien te ensene a sufrir!
)lAllZL\S

de

1t

Véanse nuestros ntimeros ISO, 142 á H6.

�LA~ AGCAS DE SAX CA~üTO

382

POR ESOS :llll:-.DO,

c1r al santo, la gente sr agolpó á las puerta!!
raban minucio!--amenle de todos esl&lt; s prepa- del te1nplo r.on un c\csórden revolucionario y
rativos, por boca del naturalista, que iba lo- un YOC( r10 en,;ordccedor: todos, hombres y
dos los días a vi,-itar a sus c·ompaiiemujere,-, propios y exros de infortunio al lecho dl'I &lt;lolot
lraiios, q ucrían ser los
de ca&lt;la cual, porque aquello que paque c·onduje~en en sus
reció cosa de estarse e11 h,
hombros las ondas del
cama un par de &lt;lía,; les anH'·
,unto.
Los chicos del puenazaba con ser cosa de no vol•
blo, y pueblos imncdiaver á levantarse.
E 1 &lt;l í a dc•signa&lt;lo
lo", que no bajarían de
sci:;ciento~, por lo cual
para llevar ¡,roce:-iohabía c¡uien lamrutaba
ualmen te al santo ha~al rededor d e 1 tropel
tael lugar de las agua~,
que 110 :;e hubie!-e desíué el de mavor fipsta
c11birrto antes el mar¡ue se registi'.a en los
11anlial, merodeaban por
anales de la historia
allí, por !-i la casualidad
sagrada de l o dos
hacía que se le desprenaquello,; contornos.
diese al santo un a
Desde las primerPliquia, porque
ra,; horas de lamash•m pre sería algírn
ti a II a se advirtió
choricillo ó alguna
inusitado m o v i naranja.
miento de gentes
La pretensión de
cxtra1ias por amlios
con&lt;luc·ir al .santo
la¿os de la carreteenardeció los ánira real y por torio,;
mos, y al~unos ralos camino,; vecinatólicos v católicas
les que servían pase exalt,~ron de111ala comunicarse con
;;ia&lt;lo, llegando 1110los pueblos circunmc•nto en que aquel
vecinos. A las siete
princ-ipio d e a&lt;·lo
de la matiana, arEnlregando ofrendas para San Canuto
religioso tomaba
día e l pueblo e11
jitbilo y algaiara,
las proporciones de un serio motín, :;ieado
,-iendo dificilísimo circular por la plaia Y muy facil que termina!'e como el famoso Ropor la angosta ralle donde estal•a ernpla;1.asario d&lt;• la .\mora.
Los indígenas &lt;lccía11 que la
da la residencia del santo.
71 conducción de su imágen á ellos
El carpiutero del pueblo habíit
improvisado unas andas visto~aúniearuente les incuu~bía, ,· los
men\e revestida,; de percalina de
extraños se quejaban amarga;nenlos colore,- nacionales, v :;obre
te de este egoü,mo ~- de e:-ta talla
ella,,. ú ~uisa de hornacina prude consideración hácia los que
tegid·a por arcos de la más complihabían venido a honrar el poder
cada arquitectura, levantáha"e un
celestial de San Canuto.
m o n t ón de jamone:-, chorizo,,
¡,;i el cura, ni el médico, ni el
veterinario, n i el herboristero,
longanizas, qm~sos, frutas y aves
entre las clases intelectuales dl'I
i-;acrilirables: estos atributos
lu~ar.digamo,;loa,-i, 11i11gunu acery motivos de perpétua ornamentaba co11 una solucióÓ para el
tación quedarían en provecho del
conflicto, qne cada vez ~e hatia
se1ior cura, al cual ya le empeiaba a paretcr un poro 111á, toleramayor porque la lucha :-;e en!peñaba mas y mús, y la tenaudad
ble la milagrosa terapi•ulica de las
de los deYotos tomaba \·uelos
agua~, m,entra,.; pen,-aha que Líen
habría de mcnc:;ter de la virtud de
tremendo,-.
Alli no había tná,; bombrn pracellas :-i, tomo era de ~uponer, :-se
comia todo a&lt;¡uello en la apacible
tico que el peatón &lt;le correos qua
á la tez hacía funciones de sacompañía de su buena hermana,
que era la que le cuidaba solícristán, aunque ambo,; cargo,; I·ª.recian á primera vbta incompall·
citamente.
l',I cure. y el ae.crisláu
Ll&lt;•garlo el momento de condn-

bles; el cual, acercándo,e al sei1or cura que
ya estaba mu y pesaroso de haber tolerado
todo aquello, porque el alcalde y el Ayuntamiento rn masa se le venían encima recriminándole y echándole la culpa del tumulto.
le dijo algunas palabras que al sacerdote lt•
debieron sonar á pronunciación divina, porque es el caso que le dió mu y amistosos golpes en la espalda al sacristán, y le autorizó
para que en aquel !-entido hiciera cuanto le
fuera po!-ible.
En cuanto el sacristún se vió autoriiado
á poner en práctica la luminosa idea que se
le había ocurrido, buscó entre la multitud al
alcalde para imponerle dela forma en que se
podría solucionar aquel estupendo motín "in
que inte1 viniera la guardia ci,·il. c¡ue ya había sido avisada por uno;, cuantos apacibles
vecinos ,· vecinas timoratas.
El se1ior alcalde estaba muy ocupado en
apaciguar el altercado surgido entre sn hija
lama) or y una hermana del síndico, ~ollera v de bastante edad, las cuales estu\'ieron
á p~nto de tirarse de la-i greti.a&gt;- porque las
dos querían congraciar:;e con San Canuto,
sin que e:-lo quiera decir que ninguna de

383

ellas 11ecesitara del favor del sauto, porque
era público v notorio que se trataba de dos
buenas muchacha!'\.
Buen trabajo le costó al sacristán convencer al alcalde de que no ::;e pegase de puf1ela,r,os con la hermana del síndico, si bien es
cierto que la pelea no le convenía al a'ca1de,
porque hubiera sacado de ella la parte peor.
Hízose oir la segunda autoridad eclesiashca del pueblo de la primtlra autoridad civil,
y á los pocos momentos el se1ior alcalde reclamaba el silencio de las turbas á fuerza de
¡i:ritos, proclamando que ya tenía conseguida la solución para llegar á un acuerdo pacifico.
-¡Eh, eh!--gritaba el alcalde. Ser1ores ...
$eñores y setioras: una feligresa se m·accrcao pa decilme que da dos riales por llevar
la vara de la derecha de las angarillas del
santo.
--;Una peseta doy yo, padrc!-dijo una
,·oi argentina salida de un grupo de muchachas.
--:\li hija da una peseta, gritó el alcalde.
- Yo doy dos,-&lt;lijo la hermana del :-mdiro.

�EL Bl'.;;0

-\l'hija da quinre pesetas por yevar la
-¡Pus yo tres, padre!
vara derecha de las angarillas del santo...
- ¡Pus yo cinco!
,;,llay c¡uien dé más':'...
-¡Pus yo diez'.
Se oyó un breve rnmor, levantado ~in duela
-¡Pus ~-o docl'!
por la malicia popular condenando la tole- ¡Pus yo quince! ... ¡Quince!
1ancia del alcalde, el cual ce,.;ó para que el
El alcalde pensó por un momrnto que la alcalde dijera nuevamente:
solución del conflicto le iba á costar la ha-\l' hija yevará la vara derecha por quincienda, y que la idea no era tan vana como ce peseta,-.
la había parecido en un principio; pPro ,.;c
Un murmullo general &lt;lió por imncionado
sobrepuso el cargo y el deber, y desaful'llllael acuerdo.
mente gritó:
f)il111jos &lt;le Jú1l'íkafo

EL BESO
Aquella toju;;ila,
h tojosita ar¡11rlla
que en prueba de cari1io
me diste en una fe ria,
ayer por la ma1iana
al ver la jaula abierta
batió las linda~ alas
y se escapó a la selrn.
l'rro al partir, me elijo
c¡ue un bc•,-;o te trajrra
y que en la frente blanca,
ó en la mrjilla fre,;ca.
6 en \o;; chi,:peantc,- ojo;;,
6 en la boca peq11clia
6, en fin. en cualquier parle,
vo mi;;mo te lo &lt;lil'ra ...
Con que ;,dónde \I' beso?
Dilo pronto. y no temas,
¡1¡11e ron tal de hl'sarte,
te be;;o donde quiera,:'.

Lc1s V. BET,\~COURT
poeta cubano

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                  <text>1900-1916. Enciclopedia mensual ilustrada publicada en Madrid España a principios del siglo XX. Se especializa en temas sobre aventuras, viajes, entretenimiento, tauromaquia. Fue fundado por José del Perojo.</text>
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                <text>1900-1916. Enciclopedia mensual ilustrada publicada en Madrid España a principios del siglo XX. Se especializa en temas sobre aventuras, viajes, entretenimiento, tauromaquia. Fue fundado por José del Perojo. </text>
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                <text>Imprenta particular Por Esos Mundos</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>PoR Esos MuNoos
AÑO VIII

i\IARZO, 1907
-------·-- --

NÚl\lL 146

LAS MONTAÑAS DE LA LUNA
EL DUQUE DE LOS ABRUZZOS EN EL RUWENZORI

Lóndres,el 12 de Eneroúltimo,ante un
E concurso
de sabios honradocon la pre-

gücclad. Y es que no hay en el mundo otra
cordillera como la del Ruwenzori, con sus
sencia del rey Eduardo VII de la Gran Breta- volcanes extinguidos y sus ventisqueros v
ña y la del heredero de la corona inglesa, dió sus minaretes nevados bajo un sol ecuatoriRI
el duque de los Abruzzos una interesanü~i- en el lejano interior de un territorio salvajP.
ma conferencia en Queens·s llall acerca de
No cabe duda alguna de que el Ruwenzori
Ru excursión á las llaha sido el origen prinmada;; Montañas de
~
cipal de las antigua~
la Luna. El ilustre
leyendas que se refieexplorador llegó á esren á las ~Ion tañas do
calar puntos más elela Luna, monta1ias d1•
rndos que los alcanzaincreíble elevación,
dos por los intrépidos
C&lt;1n aspecto semejante•
hombres de ciencia
al de I satélite cuyo
que hasta ahora le hanombre llevan,con su;
bían precedido en esmanchas de nieves y
tas ascensionci-: vuso
l'OCa'&gt; que aparece11
las plantas de sus piés
O&lt;'asionalmente como
en los dieciseis picos
visiones celesle_s, sepamás altos de aquellas
radas de los bosques y
montañas. La hazaña
llanuras por lienzos de
de I príncipe italiano
nuhes; montaña,s cuviene á coronar una
yas corrientes copiosas
larga serie de esfuer• se unieron para forzos que se han hecho
mar el nacimiento del
para arrancar de las
Nilo.
Montatias de la Luna
Los principios de
los misterios que ha11
esta leyenda alcanzan
envuelto duru11tP tanla primera civilización
to tiempo la mayor
del Mediterráneo por
corclill('nt del contiEgipto. Es muy pronente africano.
bable que J1ace cinco mil arios los antiLA LEYENDA DEL
Un riachuelo en la falda del Ruwenzori
guos egipcios estableRUWENZORI
cieran relaciones comerciales co11 los negros del Sudán y del
Las Montañas de la Luna han tenido siem- valle del Nilo Blanco, y también con .\bis.inia
pre exlraña y terrible fascinación para los de semejante con tac lo entre el egipcio caucá&lt;'X lorarlores, aun desde la más remola anti- sico y los hombres nilóticos resultó un tipo:
N

Pico central del Monte Duwoni 6 Speke, en 1a cordillera del Ruwenzori._ Por su
falda corre el rio Semliki, en cuya parle Oc.te hállase el Pais de lo, Pigmeos,
en la Gran Selva del Congo

�LAS )lO~TAÑAS DE LA LU~;.\.
1\)6

POR E!-OS ~IUNOO$

ncaro intermedio, y este tipo, ambicioso y mercantil.
en "busca de esclavos y de marfil, incienso y otros productos del Sudan quizás se internaría en el Sur hasta
el límite de los bosques ecuatoriales. Algún criminal
egipcio allí refugiado, ó t~I otro mercader de e&lt;;clavo~.
acompañaría á sus consocios negros en estas cxpecl1cioncc;.
Pero, de cualquier modo, el raso fué que se establ, ció la comunicación Pnt1 e los negros del Africa
Central y el hombre del :Mediterráneo al que loo historiadores ·uaman egipcio anti~110.
El impulso el!&gt; este primitivo comercio egi1,cio c;iguió
p1inc1palmente el cur:-o del Nilo, aunque se Yem bloqueado con,-iderableme11te por la pantanosa región
que se halla entre las fronterac; del Ug~n?a y )a unió11
del Nilo y del Sobat. Parece que ha ex1c;hrlo c•erta comunicación comercial entre el elevado y extinguirlo
volcá11 de Elgon, cerc,l del Victoria Nyania, y el Su
doe te del .\bic;inia. inclu\'rndoc;c ta111hii'•n en este comercio la rue11ca del La~o-Hurlolf.
Los ext anjeros ob~erra lore,; que viajaron en esta
dirección pudieron haber drscubierto desde gra11des distanciac; los nevado" picos de Kcnia y de Kilimanjaro; pero lodo induce á rreer que fu(, la cordillera del
Ruwenilori lo que primero atrajo la atención de los
ne~rJ~ inteligentec;, los cualC'!- transmitieron á las gentes del :Mediterráneo el conocimiento que de estoc;
montes tenían. Ec;tas levendas de las Montañas de la
Luna tuvi&lt;'ron la mayo1: consistencia y verosimilitud
(juntamente con la hi-.toria de los lagoc; que han dado
orígen al Nilo) en el primer siglo después de .Jesu&lt;'risto.
y fueron conservadas para la futura consideración del
mundo crh,tiano por Claudio PtolomC'o.
Durante muchos si¡dos después, ruando empe:t.ó á
declinar el imperio romano, cesó lodo intcré,; por la,
Montañas de la Luna, para revivir en tiempo de la,
~nquistas de los árabe.-s, que con su-; viajes y a ven
!.Tiras aumentaron la civilir.ación y cultura europea
poniendo á esta parle del mundo en contacto con 1
Africa Tropical. Los riajeros ó geóp;rafos ápbc;; transmitieron sus informnciones resperto al «.lah .. al-Kumr•
(como traducen literalmente el nombr,· dr las \lont.,ña;:1 de la Luna), á lo~ filóc;ofo, de Europa en los siglos
xrn v xvm, y así fur como reaparecieron esto;. pico~
nevados del Africa Eru:1lnrial en lo,; mnpa,; universales. El criticismo de;;trnclor de Dcsborough Cooley
hizo de~aparecer mucho, disparates hipoli'•licos en la
p;eografia africana; pero ni mi;;mo tiempo borró del
mapa la&lt;; '.\[0tJla1ias de la Luna y redujo el curso &lt;ll'I
Nilo á un miser,thle c·lrnrco más allá ele su unión co11
rl Rio Azul. de .\bisinia.
Sin embargo. c~la desaparición de las referidas '.\lonta1iac; ocurrió ca-;i 1,arnlelame11te ú la época en qne se
daba un· pa&lt;:o práctico hácia Ht clrscubrimiC'nto cientifico por los maravilloso,; viaJes de Krapf ,· lkh111ami.
J·:-..tos clos admirable, precnr~ore-; de lo, moderno"
rxploradores africanos eran misioneros ele \\'ürlemJ, •rg. empleado~ por la Sociedad '.\lisionera Eclesiáslira de Inghterra. Rebmann de;;cnhrió Kilimanjaro, y
Krapf el Monte Kenia.

1!)7

gatHlo ha,;la l .33j mrtros, en el valle de Bola~u. UU metro:; subii'&gt; tres atios después, en
Ya qurda dicho que han sido n11mero~o~ 1.8\H,el naturalistaG. F. Scoll-Elliot.En 1\JOO,
los intentos rcaii;mdo,.; pant ir explorando J. E. S. )loore, ascendió al Kiyanja, bautiza¡¡radualmrnlc rsta en otro tiempo miste- do luego ron el nombre de Monte Baker,. hac;riosa cadena de 111onlmias. ,\unque ya 1'11 ta una altura de 1.970 metros, formando parel año :ioO ante;; de ,Jesucristo, llerodoto le de la rxpedición ta11¡¡a11rika. De,;pués, Siihace mención de los pigmeo,; ele la Selrn JJarry Jonbston, siendo comisionado del ProSemliki. i• lliparr·o y otros e;;critores re- tectorado de Uganda. subió al mic;mo monte
motos 1la11 noticia de las relativas posicio- casi a igual altvr,t quP Mr. ~foore. En 1901,
.\ugu,;lu:; Ulandy \\\1nes llel Xilo y de lai
tlt• llegó hasta lo$ cinco
c·ilada:; '.\lonlai1a" de la
mi: metro;;.
Luna, registrúse, como
En 1903-4 el Ruwenva hemo-, apuntado en
zori fué visitado por
anteriores párrafo,., un
una dama: la seiiora Fisgran lap,-o de tiempo
&lt;·her, que subió con su
durante el cual rnHla ó
su marido ha;\la la mer·asi nada llegó á saberse
seta helada de .Mubutle aquellos lugares; y
• li.u. Dicha señora es la
aunque es probable que
prrmera y hasta ahora
rl ilustre natmalisla Sir
la úmca mujer que ha
:::iamuel I3aker viera los
llegado al Ruwenzori.
picos del Ruwen:t.ori en
En HlO í y HJO¡j, el docen 186J, cua11do destor DaYid v ;1h. !l. E.
r·ubriú el lago .\lberto
~laddox llegaron al 1msN yanr.a viaja11do por el
1110 punto, v ('11 Enero
Este del Africa Central
ele 19Oü el propio Matlen compañía de su esdox, con Rodolfo Graposa, bien puede decir,;c
ner ,. el mision('l'O II.
que hasta el año 1875
\Y. Te g a rt, subieron
el explorador moderno
;;.010 metros. Un me,;
no tornú á su rargo t•l
después, otra expediestudio de las referidas
ción, que formaban A.
1\fonlai1a&gt;'.
1~. W o llaston, R. B.
Los primeros explo\\'oosnam y R. E. Dent,
radores, 11. )[. Stanley,
llegó al pico deK.iyanja,
e11 dicho año tic 18í,l. \'
señalando el aneroide
Rómolo üessi, en 1876.
una altura de 5.160 meobservaron que los inmetros; los mismos Wodip;enas del país descollas ton r Wooc;nam, 0011
nocían la naturaleza dr
Carruthers, subieron el
la nieve que rubria las Las ~!ontañas ,¡, la LJnn tal y como ernn couocid 906 l
0
tia,
,le
los
anti~uos
cartó~rafos.
La
posición
de
lus
1
. de Abril e 1
a
alturas creyendo que Arbole. de la Limo en la Selva de los Pi~meos, pico
Duwoni, de menos
era un metal para ellos l)s propias ~Ion tañas de la Luna y las rnrias col K"
r1ientes del Nilo que dirigen su cur,o entre los elevación que e 1yandesconorido que brilla- ;ranJes
lagos, repre,én:ansc en su relativa l"JSl· ja. á donde tambií•n lleha al refü•jar lo-i rayo..;
ción en el mapa harleiano qu, reprodacimu,
·
dos d1as
· d cspu é,s.
garnn
dPl sol tropical. El misY compitiendo con todo, estos explora1lores
mo Stanley, en 1887, vió dos picos tll&gt;! Ruwenzori desde el Sudoeste del Alberto Nyan- r venciéntlúlos á todos en intrepidez, el du;¡ue tle los .\brnzzos, en un e,;pacio de tiemza, y oyó el nonmbre R,rnssori de labios
po ele treinta y cinco días, desdo _el 1_0 de
de los banlu5 que poblaban aquel distrito.
Junio al U dt• Julio de 1906, suL1ó a los
En 1889, el teniente \V. G. Stairs subiú
diecisei;:; pico, más altos del Ruwenzori.
parte del Ruwen:t.ori. á una altura de 3.51i0
metro!-, y calculó que el punto más elevado
FHrTOS m: I..\S l'.XPHD1CIO::-E$
pudiera ser de 5.535 metro"· Con Stairs em'
pc:t.ó á imbir Emin-l'athit. pero solo le acomEste e:; el órden cronológico de ascensiopa1ió una corla distancia, de,;istiendo luego
nes; pero como la noticia que acabamos de
del empeño que se propnsiera.
dar es mn\' escueta, fuerza es que retrocedaEn 1891, el doctor Stuhlmann hizo una
mos pam regi,;lrar en estas páginas algunqs
a,..cen:;ión á las nieve,; del Ruwenzori. lle-

�198

POR ESOS :MUNDOS

interesantes particulares de dichas expedicio- les de Baker no eran en rigor otra cosa que
la parle inícrior del Ruwenzori. Sin emb,trnes.
En efecto, así que Krapf y Rebmann hu- go, aunque pare1.ca increíble, ni Baker ni
bieron dado cima á su trabajo, empezarnn los Emin, ni ningún otro de los numerosos exgeógrafos á dudar de los asertos de ambos, ploradores ingleses que trabajaron bajo la
hasta c.¡u&lt;l en un periodo de diez año~, desde dirección de Gordon, descubrieron jamás las
1870 á 1880, el grnn explorador Slanley,des- nieves de Ruwenzori. Es verdad que Gessi
pués de circunnavegar el Victoria .N p~za y Pasha, italiano, creyó ver montañas nevadas
arlquiriralgunas noticias acerca de la ex1s~e~- en las regiones etéreas al Sur del Alberto
cia del elevado volcán Elgon, pasó harrn Nvanza, v 11nn ó dos rmplearlos del Gobierno
t' el Sudan regisOeste á la región
l rnruu idéntico
que en lónces .l)gusuceso.
Pero no
r aba absolutase
prestó
atención
mente en blanco
á
estas
relacione"
en el mapa de
por los geógrafos
Atrica,ó sea la reeuropeos, y solo
gión en que exisStanley, al visi lar
ten los lago!'! del
el Congo Superior
Nilo Alherlino Y
en 1882-83, dijo:
del mismo Ru~
«Anotad mis pawenzori.
labras: la mavor
A través de la!=!
de las maravillas
nieblas y de las
africanas se enfrecuentes nubes
contrará en aquenegras y azuladas
lla región descotempestuosas,
nocida que existe
Stanlev tm·o coentre el lag~ Alnocimiento deque
berto. el Yictoria
ciaba la Yuclta á
Nyanza y la cuen1a base de I a s
ca del Congo, y
montañas giganc r e o que estas
tescas, cuya alli1Iontañas A:mles
tud calculó en vade que habla Barios puntos en
ker han de procinco mil metros,
porcionarnos algo
y recordó histo:;orprendente.
•
rias oídas de los
Stairs
y Stanindígenas relatiley suponían que
Yas á la coronad,
la máxima altitud
nieve que ostende dicha cadena
taban esas monnevada e r a d e
tañas. Entónces,
5.835 m e t r o s;
pasó á descubrir
Scott-Elliot, que
el curso del Con~iguió á éstos en
go, y parece que
sus
exploraciones,
en aquel tiempo
no
expresó opiprestó poca atennión alguna decición á la posible
Asombn;sa Te:einción en la,; vcr,ienlc. del Ruwenzor,
dida en cuanto al
existencia de otras
lllOlllañas neYadas en el Africa Muatorial. punto más alto del Ruwenzori, porque enSpeke y Grant habían hecho ya 1:011:itar la contró serias dificul'ades para observar la
existencia de los volcanes 1\1 fumbiro, que cordillera en el constante obciláculo que la
alcanzan alturas superiores á 4.7UO mtJlros y interposición de las nieblas y las nubes opolos cuales, aunque se encuentran al Sur de nían á sus estudios; Stuhlmann, uno de lo~
Ruwe11zori, algunas veces se ven coronados más cuidadosos exploradores de estas regiode nieYe~. E~tos rlos exploradores Jan noti- nes, apreció como demasiado baja la altura
cia de «unas •uontañas de colosal altitud•, delerminada por Stanlev v Stairs, dada la
tal y como Baker las babia !.eñalado ya en las tan considerable cantidad de nieve y de conMontañas Azules al descubrirlas &lt;lrsde las gelación que allí se re¿1slraba; pero J. E.
aguac;del Alberto Nyam:a. Las Mon•añas ,\7,u- Moore, que con su misión fué quizás el pri-

mu

LA!'; ~!ONTAÑAS DE J,A LUNA

m"ro que, en realidu&lt;l, llegó á la,; 11iere:-,
aceptó el cálculo de Slanley. Muy de cerca /1
~{uore, siguió Sir l larry Johnston, el cual.
acompañado por Do::¡gclt y Vale, llegó hasta
las nieves y el hielo del Ruwenzori sobre el
valle :iiubuku, en Agosto rlel aiio 1900.
LA F.:-&lt;PEDICIÓ:'i DE SIR IIAflRY JOIIXSTO~

He aquí cómo describe este ilustre geó:irafo y naturalista su reírrida rxp1,dición ni Ru-

wenzori:
«Atacamos la cordillera montañosa quir.ás
en su punto más débil respecto á las facilidades para la ascensión: suhimos el valle de
la corriente del .Mubuku, que se eleva en el
lado oriental de uno de los más importantes
ventisqueros, y al lago Dweru. La ültima altitud que determinamos con precisión en el
borde mismo de los terrenos nevadoci íué de
4.950 metros. Es verdadcramenle notable
el hecho de existir tan grande cantidad de
nieve y hielo como laque en Ruwenzori hay,
dada la posición de esta cordillera bajo el
Ecuador, en allitudes relativamente baja&lt;.:
allí se registran nieves pa~ajeras á los cuatro mil metros, y el que esto escribe ha marchado entre bloques de nieYe medio helada
á solo i-.350 metros de elevación.
,Aunque hay señales evidentes de haberse registrado allí en una época cierta actividarl volcán;ca (por ejrmplo, cráteres exlin-

;¡nidos, con sus lagos, sus manantiales calientes y algunos choque3 sei:lmicos), la formación del Ruwcnzori como cordillera montañosa es probable que haya sido originada
por una plegadura en la superficie de la tierra, aumentada sin duda por el valle volcánico del Semliki y ele los lagos Albertinos.
»La región de las .Montañas de la Luna es
una de las más lluviosas del mundo. !\fochas
de las colinas que rodean la base están parrialmente desnudas de bm,que,como resultado de operaciones agrícolas continuadas é
importantes.
,Al llegar3e á la altura de dos mil metros,
la zona permanentemente inhabitada casi
toca á su fin, y se entra en un magnífico bosque tropical; ya entonces empiezan á observarse en la abundante vegetación alta.&lt;.
yerba-cañas coronadas por brillantes flores
amarillas ó hermosas lobelias con bojas semejantes á las del aloe, y lanndas gigantescas. A los 2.350 metros, se yen helechos y
elevados tejos (podocarpus) y el único conífero que se conoce en esta flora monlaño~a; empieza también á verse el bambú, que
forma la parte principal de la vegetación
&lt;'uando la altura es de 2.670 metros, para
desaparecer bruscamente al llegarse á la altitud de tres mil metros; siendo entonces
reemplazado por una gigantesca vegetación
de brezos, elevadas lobelias coo troncos finí~imos y una corona de hojas imitando á 1&amp;

..

&lt;h-oundlel, planta gipnte del Ruweuzori. Alcan-

za. una altura de siete metros y la Oor sobresale de
la hoja noventa centimelros. Tiene un tallo peludo
re•eslido M abundante liquen

Curso del rio Mubuku, en el Ruwenzori. Este gla-

cier es la masa mayor de h1tlo que se conoce en
aquellas montadas, y t lravés de ella se han hfchO

muchas interesantes excursiones

�J..\~ ~O'&lt;T.\X.\S DE L.\ Lü:-IA

~00

POR ESOS 11UNOOS

Rado á desarrollarse en aquellas vertiente:
hasta adquirir la corpulencia de grandes ill'•
bole,;, produciendo ante la Yisla un paisaje
admirahle que Mr. Wollaston describe diciendo que «constituye un espectáculo mag•
nifico y agradable, al propio tiempo que in•
funde pavor: cuando no se encuen nn lo,
ojos ante e\'.lraordinai·ia vegetación de bambúer;, se ven sorprendido,s por gigantesco;
árboles reve,;lidos de gruesas masas de abun•
dante líc¡uen, ó admiran á los 4.200 metro;
de eleYación e,;pe~ísimo mu,go y grande!
lobclias, que van desapareciendo grndualmente, á medida que se sube má • de esi
OTROS DETALLE!:i DE L.\ YIOA I,~ EL RU\\'E'lZOHI
altura, para dejar plaia solamente ú la nicn
y á los hielos, coronando tod,i este panora•
Una expedición que anteriormente al duma la roc2
que de los
escueta -y
Abruzzo:;vilimpia, e .
i;itó el Rupico de lr
wenzot-i ( la
montaüa, er
formada por
un a palaM r. R. B.
bra.» « La
Woosnam.
inmensa ba•
como direcrrera de ro•
tor v por
ca granitici
Legge,'Denl,
y volráuica
Carrulhers v
del RuwenWol laston,
zori- añamiembro esde Wollaste último del
ton- ejerce
Cl11b Alpital influenno), aunque
cia en la vino con,;iguió
da de aquel
visitar los
ambiente,
dieciseis pique los viencos señalatos parecen
do:-; por el
ser atraído~
príncipe itaconstan teliano, 1 o mente hácia
gró, sin emlas vertienDloqucs Je hi~lo en )lllbuk,,
bargo, posites enhiestivos resultados para la Ciencia. Fut'• esta expedici{)n tas de bo,;que, y casi todas las tormentas y
organizada por el ~luseo de Historia Natural tPm pestades que allí se desarrollan se prede South Kemington, en Lóndrc", , en las cipitan ele puerto en puerto estrellándo,w
cuatro ascem;iones que realizó hiio extra- r.ntre lo,; hurC0" de las altura~.•
ordinarias y ricas y variadas colercione,; de
LA CO"'FEHE~CIA DEL l'RÍ"'Cll'E lTi\LIA~O
}a¡.; exlrai1as fauna y flora de las )[ontañas.
Los mamífero, y aves coleccionados. cuXadie ignora que Luis-Amadeo, duque de
yas pieles y plumas se han tra,;porta1lo á
lo"
Abrur.zos. es madrileño: en esta capital
Europa, pasan tle tre:i mil, y sou también en
nació
el ~9 de Enero de 1873, cuando su
gran número las plantas, reptiles y otro" obpadre
caballeroso príncipe .\madeo de Sajetos recogido,. De la,; aves, son bastante~ boya, el
ya difunto, era rey de Espa1ia. Es el
las especieR I u 'ras para la Cienc·ia, all(una,-; hijo de aquel monarca uno de lo,; príncipes
de plumaje nrnra\·illoso en extreme, llegando á veinte el número de los mamífero,; dc:;- más ilustrados del mun,lo, y por sus condiciones persouales uno ele h, que mayore-;
conocidos.
simpatía-;
cuentan en toda~ partes. En LúnEn cuanto al reino vegetal, pre,;enla el
drcs
dió
su
conferencia en coneclísima haRuwenr.ori curio~idade,; muy sorprendente,:
1,la
inglesa.
y ,lescle el primer momento ea11vlanlas diminutas. corno las lohelia--. han lle·-

dr estas, á través de un lugar muy ac&lt;·identado, una larga cordillera va elevándo~e dc,-;dc baja.s colinas en ambas e:,.:trcmidadcs por
entre bord&lt;-s recosos, hasta lleg,1r á una crc~ta de brillante nieve. La visión, aunque admirablemente recibida, resulla algo más fa,,.
cinadora que sublime. Una e:,.:tensa depresión limpia de nieve, perfectamente situada
para servir como puerto de paso, y usada
como tal por los natun1les del país, separa
c,-ta cima de una abrupta cresta &lt;le roca y de
birlo.•

llielo y nieve en los vcnli$•¡ueros ,!el Ruwenzori, bajo un sol abruador

palmera, altos hipericones con preciosas flores de los colores amarillo y carmesí, arbu,-;los espinoso~, plantas umbelíferas semeJantes á inmem;as cicutas, siemprevivas y
las extraordinarias lobel i&lt;t deckeni, que
también ,-e encuentran en las altitudes alpinas de Kilimanjaro. La lobelia de Von dcr
Deckcn, al contrario de la que después lomó
el nombre de St11hlmann, tiene las hojas semejantes á las del aloe, colocadas cerca de la
tierra; no presenta tronco largo ni fino; la
columna de flores de esta lobelia ~e eleva á
considerable altura (de tres y medio á seis
metros) como un obefüco redondo. Las flores son de un brillante color mm! marino, \'
están ocultas bajo hojas rnrde~ escamosas. •
»La forma de vegetación más notable á
gran altitud cerca de la nieve es la del gigantesco senecio, ó árbol-ca1ia. El tallo clP
este sen,ecio va remontado por hojas pare:idas á las de la col, de las que se elevan racimos de flores de color amarillo ámbar; con
mucha frecuencia el tronco está bellame11k
revestido de liquen usnea verde gl'is.
,Aunque el color de la zona alpina clesd"
los 3.17Ometrosá los 1.850 presenta generalmente carácter algo sombrío, con tendencia
al verde-gris, gris-amarillo y moreno obscuro, ofrécese cierta riqueza en algunos de sus
aspectos. Los troncos de muchos árboleR
muertos están cubiertos por enormes capns
de musgo que suelen tener sesenta centímetros de espesor. Este mu,-:!!O e, de color ve1 -

lle-amarillo hasta llegar al rojo purpúreo,
pasando por el obscuro dorado y carme,;i.
La yerba en algunos sitios e:; de color verdeesmeralda, y entre esta yerba hay orquídeas,
grandes margarilirs, ranúnculos amarillos.
no-me-olYides, y otras flores de aspecto más
ó menos europeo. El mamífero que más generalmente se encuentra en el Ruwenzori
es el conejo, que hace vida parcialmente arbórea y parcialmente rocor;a: por la noche
lanza ruidosos y la,;timeros chillidos que repercuten en todos los rincone,, del bosque.
•Se cuentan hi:;torictas de fieras y pájaros
extraordinario~, completamente nue,·os para
la Ciencia, de murciélagos gigantescos y de
grandes buhos y águilas. El que esto escribe
vió algo así como una enorme águila-buho
Raliendo de los árboles en plena luz del día
á una ele,·ación de cuatro mil metros.•
DIPRESIONE.S DE OTRO EXPLORADOR

'.\Ir. D. \V. Freshfield, en The Geoarapltical Jo1mwl, del~faro del atio último, cue1 la de esta manera la~ impresione,; que obtuvo al recorrer las Montañas de la Luna:
«Desde las alturas próximas á Butiti, misión á veintisiete kilómetros de Fort-Portal v
á sesenta y cinco ele los hielo~ del Ruwe1Ízori, gozamos de una vista completa y ele,;pejada de la cordillera, ele extremo á extremo. En el terreno circundante adelánlanse
atrevidas algunas colinas grises, y más ,i\lá

201

�LAS MONT.\"ÑAS Df!: LA LUNA

POR ESOS MUNDOS

••

.'

203

elato,; referentes á la geología, la flora y la amanecer en la cúspide de altísimas montafauna de aquellos lugares, comprobó el du- ñas vírgenes hasta entonces dehumanahuella.
El duque de los Abruzzos ha merecido
que en su expedición que no hay con_exión
entre los picos ncrndos del Ruwen,1on y el del Gobierno de su nación por los importanglaciar ó ventisquero del Mubuku; ha visto, tísimos trabajos que ha llevado á cabo en esta
asimismo, que el afluente Norte del Mubukn, expedición un honor muy distinguido: la
ó s~a el Bugiogo, tiene una importancia no medalla de oro de Italia, recompensa que
sospechada pues sus aguas corren al rededor constituye el galardón científico más preciade una montaña que oculta su corriente á do que puede otorgarse en aquel país.
las miradas desde el valle inferior; tras ·1a
EL PAIS DE LOS PIGMEOS
montaña referida hay otra vallada que penetra en el corazón de la cadena de montañas
l:Iemos hecho alusión al tratar de las Mon,
donde se elevan las cúspides más altas. De
este modo, la gran masa rocosa del Kiyanja, tañas de la Luna del País de los Pigmeos que
ó Monte Baker, á la cual va rodeando el se halla en la Gran ~elva del Congo, al Oeste
Bugiogo, es como un gendarme colosal que del río Semliki.
Hasta los últimos cuarenta años se descosepara la corriente de este río de la del olunocía la existencia de las tribus enanas. La
buku.
Al llegar á este punto de la conferen~ia, el primera noticia que se tuvo de ellas fué el
teatro quedó á obscuras, y en el gran lienzo descubrimiento de los enanos en los bosques
del fondo del escenario fueron apareciendo, del Loango. Poco después se descubrió en el
sucesivamente magníficas proyecciones de Gabón otra tribu llamada akoa, y otra, los
las fotografías obtenidas por el Sr. Vittorio ·obongos, en el Ogawe. Stanley descubrió más
Sella que acompañaba al duque. Este, al hacia oriente, en la gran selva del Congo, los
mismo tiempo, continuaba su relato, que á batwas. Schweinfurth estudió algunos enala vista de las provecciones aumentaba de nos, á los que llamó ctkkas, en el país de
interés. Enteróse así el púhlico de CÓITI:) el Mangbattu, que forma parte de la cuenca del
Congo, cerca de las fuenilustre viajero, acompa1es del Nilo.
ñado por dos guías, pudo
Los más conocidos de
trepar hasta las cimas do
lodos
los enanos tropicalos cinco picos más altos
les son los famosos akkas,
del Ruwenzori, y cómo
nombre que se cita en un
durante su ascensión y
antiguo
monumento egipen las mismas cumbres
cio cuya existencia era
hizo observaciones con un
conocida de Homero y
barómetro de mercurio y
confirmada por Aristótetomó otros datos científiles, Plinio y Ptolomeo y
cos de importancia.
que en estos últimos años
La emoción del auditoha sido minuciosamente
rio fué más intensa cuanestudiado
y escrito por
do el conferenciante refiSta n I e y, Ju n k e r y
rió que una noche, estanSchweinfurth.
do acampado en las falLos akkas viven asociadas del Ruwenzori, un
dos con los balias, atickyleopardo se acercó cauteticky ó tikki-tikki, batlosamente á su tienda é
was, wambutus y banzuintentó arrojarse sobre él.
gus.
El duque rolaba y tuvo
Schweinfurlh entró en
presencia de ánimo sufirelaciones con los akkas
ciente para ahuyentar á
1
t&gt;U el país de Monbuttu
\a fiera.
(.\fangbattu),situado en el
También dió cuenta el
ríncipe italiano de las El duque de los Abruzzos, que ha escalado los l í m i t e Nordeste, en la
dieciseis
picos
más
altos
de
la
cordillera
dol
P
cuenca del Congo. Midió
largas y angustiosas jorRuwenzori
á las personas principales
nadas de la expedición
de
la
tribu
y
tomó
notas exactas acerca de
bajo lluvias torrenciales y por lerrenos encharcados; las tristes é interminables noches ellas; pero sus papeles fueron destruidos por
de campamento; las horas de incertidumbre el fuego. Sin embargo, pudo recordar aliu•
¡tbrumadora, lo, momentos de peligro, y nos datos para hacer una descripción exacta
luego, los encantos indc1 i &gt;les del fantástico de estos pigmeos entre los cuale;; vivió.

- - -----·--

�PHDI \ \'EH.\
201:
Stanley descubrió otros miembros &lt;le la blo, pero Stanley ha ob;;errndo dºfercncia~
entre ellos. Describe las &lt;los ra1.as como
tribu más al Sur y al Oeste, en el valle del •comµletamente llistinta,.; por el color de la
río lturi.
)[ás al Norte de e;;tos enanos cu \loriales, tez, por la conformación de la cabe1.a y por
se halla el grupo descrito por ~cl1,1·einlurth los ra;;go,.; del seroblante.• No sabemos si los
y Junker. ~egím estos viajeros, la estatura batwas forman una nación ,. los wambuttus
de los hombre;; varía de 1 metro 20 cenlime- otra, pero difieren unos de otro&lt;: tanto como
diferir un turco de un escandinavo.
lros á 1 metro 15 centímetros, siendo el tér- puede
Los batwas tienen la cabeza alargada, la
mino medio 1 metro 32 centímetros y medio. Estas cifras son superiores á las media,; cara larga y c"trecha, los ojo-, pcc1ucños y
pero juntos, lo que les da un asde los pigmeos africano,;, lo que prueba que rc•don&lt;lo~,
pecto parecido al d,•I hurón, desaborido y
el grupo de que se trata ha experimentado pendenciero. Los wambuttus ,-on de cara realteración mezclándose con los negros.Emim
Pa;;ha cree, en efecto, que la estatura de un clonda, ele ojos parecidos á los de la gacela.
metro 32 , enlimetro,; y medio es la máxima -,eparado;;, dr frente despejada, de aspecto
franco y &lt;le tez amarillenta parecida al marpara un pigmeo de sangre pura.
fil. Los wambuttus ocupan la milacl meridioLos enanos má,.; próximos á los akkas son
del distrito referi&lt;lo (es decir, entre los
las tribus descritas por Stanley con los nom- nal
nos Ituri y Ngaiyu, en el Noroeste del Conbres de batwas y wambutlus, que tienen gran go); los batwas, la mitad septentrional en su
interés por la pureza de su raza. Las relacio- rxtensión por el Sudoeste basta las selva&lt;: &lt;le
ne,; en estas dos tribus no son bien conoci- .\wamba. en las dos márgenes del rio Semli•
das.
Según Burrows, pertenecen al mismo pue- ki, y al Este del lturi.»

cos~rórous

PRIMAVERA
Esta mañana me ha visitado la Primavera
con sus perfumes, con sus colores, con su alegria,
con sus murmullos encantadores de ave parlera
y con las galas con que la adorna la Fantasía.
Vino cantando sus ignorado-; casto,; amores,
moviendo el aire con placenteros rumores de ala~.
de e»encia llena tan delicada como sus flores;
vino brindando de sus jardines la!&gt; ricas galas.
Ya por mis vena~. corre la sangre más presuro;;a,
con nuevos bríos, nuevos afane,;, nueva t•arrcra:
que engalanada con flores varias fre~ca y hermosa,
esta maúana me ha visitado la Primavera.
SAJ.\',\UOH ,\

LFONSO

(FRAGMENTOS DE LAS "MEMORIAS DEL MARQUÉS
DE SAN FÉLIX")

I

A viérYEH

/ ~,w
/

colonia; sólo mis manos. de cuya complexión elegante estoy org11lloso, obtienen de mí
cuidados especiale&lt;:. Siempre visto de negro
y calzo botas de charol; mis sombreros, aún
en invierno, son flexibles y &lt;le color gris; en
las noches de estreno, la blancura de mis
corbatai; flotantes v las tonalidade:- chillonas
de mis chaleco-., iñteresan la ahmcióo.

ne.~. á las
'
cualr.i de
la tarCtl't s1 mu parnua naulhlllal no miente,
hace treinta años cabale,; que mi ¡;anta madre
Doña .\delina de Cifuente;:. y mi padre el bin
zarro Y varias ycces noblr marqués de San
Una mañana, hace poco más de ocho día&lt;.,
Félix. ·me trajeron al mundo.
recibí
la visita de mi excelente amigo Don
El hecho de penetrar hoy rn la pl,,nit11d
Ezequiel
,\rago. Es un hombrecillo cencrño
de la vicia. rn que esta edad &lt;¡uc el líric·o fay de e~tat11rn rnlgar, en quien una antigua y
moso malcli}o parPC'&lt;' poner un trn;r.o vertical
,. rotundo entre la jKventucl moccra y la ,,i- prrtinaz afección al e!itómago dejó la cosrilidad reflexiva y templada, me obliga á ha- tumbre. humilde como un ge;;to servil, de
inclinado hacia adelante. Tiene más
cer de mi per-:ona un "egundo retrnto. Rr- raminar
de cincuenta años. Por las manga~ dr su lartrato ¡ayl bien diferente de aq11rl otro que mi ga lenta negra tbo111an sus mano-;, distinguipluma sincera dibujó en las páginas primeras
clas y amables como las de un abate; bajo su
&lt;11• estas Memorias.
[101·. tras un rato de vigorosa auto-disrc- alta frente, orlada de cabello-; blancos, los
rión q11c me ha permitido justipreciar cxac- ojos azules, serenado:; por el fastidio de vivir,
ta1nente la ¡;ituarión de mi espíritu, mr colo- miran dulcr111ente.
Don Ezee¡uicl parecía mu y ¡neor11pado.
cpté delante del espejo. Y en la luna a;r.ogada
Extra1iando
verle tan drscentrado ,. fuera
aparrció mi cuerpo limpiarnente,con aquella
rnisrna nitide;r. c:rucl ro11 que mi e:,píritu ara- ele :-í, no :-upe abstenerme ele preguntárle por
de su cavilación.
baha de reflrjar;;e sobre el cristal 1,rnñido, el origen
~ada me ,urede,-tepuso -absolntasin márulas ni raspadura-:, de mi conciencia
nwntr nada ... Lo aseguro ...
cslóic·a.
La vehemencia inútil dr su negativa y la
So, re&lt;'iO 'í rorpnlenlo, y los a,ios, al rrrepentina
lividez que invadió sus mejillas
,lo11dear111e e: pecho y los hombro,;, dieron á
,-orroboraron
mis !iOspecha-:. Pero me abstumi busto un a;;pecto fiero y cnérgiro. qur
ve
,le
:;egnir
inlerro~ándole. Continuamos
cantirn la-; Kimpatias femeninas. ~[i cabeza
&lt;-hartando
de
asuntos
baladíes hasta medioe~ grancle y ruadratla, y las lineas vigorosa,.;
día.
De
pronto,
Don
Ezequiel
se leva11tó.
&lt;le• mis mandíhnlas "e desYancren en un cue-)fo
marcho,dijo.
llo atorado. lleno U&lt;' pasión. como el de un
-/~o desea usted almorzar conmi!!o'f
Olcllo c,-;rulpido en rnár1110I hlanco. Tenrro
- '\o... 110 puedot. .. Tengo que harer ...
pcc¡ucña la frente. el rntrcrejo hostil. la naIba Y venía por la estancia frotándoiw la;;
ri1. a¡!nilPita, el hi:.!ot&lt;' e·opio::;o y empingoro- 111a11os nerviosamPntr. in&lt;'apa:r. ele sobrepota&lt;lo {l lo mo~c¡11clNo: mi rostro, en ¡;uma.
Rería exccsirnmente seYero y hasta antipáti- nerse á su inqnietucl. Yo le observaba de reco ,;i la herrncia no hubiese dcja&lt;lo en mie- ojo clesile el hueco de un balec'.n, mientras
labio,; aquella cxpre,.:iú11 dr dulzura inefab!P fingía mirar á la calle.
Don Ezequiel acababa de parar,e drlantc
qne ni los aiio,.. ni las dc:-il11sio1ws, ni ann la
ele mí, tendiéndome su mano ~twerdotal,
rni,m1a 11111ertr, pudieron horrar d&lt;- la hora.
hlanda ,· suaYc.
perpétuamrntr risueña, de mi maclr&lt;-.
,;_QÜi~rc usted- rxclamó-&lt;¡ue luego drEn lo c¡ue al afeite de mi pcr,ona con,·irr1110,; un paseo juntos:&gt;
nc, soy celoso, aunqne no atildado ron 111uLa proposición, por extrava!tante que fuejenl excrso. Diariarncnte y en tocio tiempo
,;e,
no me sorprendió, pues era i11dudahle
me bañc,en agua fría, y de~pués me froto con

�206

Pon ES JS \lü.\1)1),'

que mi iuterlocutor deseaba comunicarme
algo muy importante r ~ecreto.
-E~t?y á sus órde~e~,-repuse.
Vacilo un mnmenlo. Al cabo, dije:
-Eutonces ... le espcru á usted, á las cuatro d.e la tarde, en el Paseo de la Castellana.
esquina á la calle de ...
Esta cita extraña, al aire libre y en punto
lan apartado de nuestros respectivos hogares, acr~centó mi curiosidad, y ya no dudé
de que a Don Ezequiel le sucedía al"o novelesco, imprevisto, fuera de los caminos corrientes y trillados.
-Perfectamente,-repuse.-lre.
-((Será usted puntual?
-Absolutamente.
-Yo también seré exacto.
. Y agregó, poco á puco, deteniéndose intenc10nadamente en cada silaba, cual si subrayase las palabras:
-Es muy probable que vara á buscarle á
usted en coche... Conviene, pues, que repare
usted en los vehículos que pasen.
-Lo haré así.
Cogi~ su sombrero para marcharse, y yo.
C?~º _siempre, salí á despedirle hasta el re'.
c1b1m1ento. Allí me dió la mano desvaidamente, y se fué haciéndome una reverenci·1
enigmática.
'
Bruscamente, el ritmo, habitualmente noble, de su actitud se había descompuesto en
el ademán agradecido y bajuno del hombr1•
que acaba de recibir un gran favor.
111

Llegué al lugar de la cita cinco minutus
a~tes de la hora fijada. Era una tarde de l\ov1embre, alegre y templada; el sol, medio
oculto tras un telón de nubes ampulosa-; i·

blanc~s, de;;leia en el espacio azul un claror
~uro, rngra~o á la v(sta; los árbolel,;, mal , est1doc; de hoJas .amar1llcnlas y rugosas, pintaban sobre el bien barrido suelo del paseo
s?m~ras temblequcantes y ligeras; más allit,
s1gu1endo las líneas serpeantes de las enarenada~ callejuelas de los jardinillos, pasaban
nodr17:as robustas } madres pensativas que
empujaban lentamente cochecillos minúsculos donde reían cabecitas infantiles tocadas
•le armiñados encajes; por el comedio del
p~eo algunos ti~buris huían veloces y sin
ruido, como manposas voladora.&lt;;, entre i,us
dos grandes ruedas que la velocidad de la
ca~Tº:ª tornasolaba.... Sobre las lejanías del
pa1s~Je flotaba una mebla verdcante y sutil.
. Dieron las cuatro. Yo empezaba á impac1enl~rme y consulté varias veces mi reloj.
Conviene o~servar que todo lo que implica
espera _6 .quietud. m~ encoleriza y arrebata
el domm10 de m1 mismo. Cuantos coches venían ha~ia la esquina donde yo aguardaba,
me hacian levantar la cabeza. Tranc;currieron varios minutos, más de un Cttarto de
hora, y llegué ~ convencerme de que al pobre Don Ezequiel le había sucedido una desgracia.
D.e pronto, pasó cerca de mi un landó de,&lt;'ub1~rto, dentro del cual iba una joven de
admirable belleza, cuyo:s rubios cabellos tremolados por la brisa parecían :3acúdi1• al redcdur de su rostro blanquísimo un polv!ll,}
de sol. Yo la conocía mucho de vista: era
.fulita Serra, la primogénita de los vizcondes
¡Je Z.
Al verme, las facciones correctísimas, impecables, ~orno labradas con arreglo á la»
leyes estnctas de la más soberana harmonía
de la vizcondc:sita Julia, expre:saron un::
••moción subidísima de sorpresa; sus ojos ,o

l

EJ. BIE.'IHECIIOR

dilataron bajo las cejas lindas; después sonrió, y su mano ensortijada dejó caer disimuladamente un pañuelo fuera del landó...
&lt;(Qué significaba aquello?
Permanecí turulato, pre;;a del pasmo que
infundiría en cualquiera de nosotros la repentina realización de un cuento mágico. El
coche se alejaba rápido, y el pañuelito de la
vizco11desa quedaba allí, pintando sobre el
5uelo húmedo y obscuro del paseo un punto blanco. Me acerqué á él poco á poco y
mirando á todas parles, cual si fuese á cometer una mala acción, y lo recogí. Era un
pañuelito· pulcramente bordado y perfumado
con esencia de nardos, y que me lle,·é á los
labios maquinalmente, mientras pensaba en
la boca breve y roja de la vir.condesa.
Nublaba mi cerebro un colarro de imaginaciones descoyuntadas y obscuras. ,;,Cuándo pudo enamorarse de mí Ju lita Serra, aquella hermosura indócil recuestada inútilmente por tantos «profesiona!es, afortunados de
Cileres'!... Y, aun suponiendo que estuviese
fanáticamente prendada de mi en virtud de
esas atracciones avasalladoras que muernn á
ercer en predestinaciones y maleficios de
otra vida, ;,era vorosímil que la cc0ruedacl de
::.J pasión la hicie~c atropellar toda clase de
pudorosos miramientos, echar desenfadadamente por los peligrosos trigos de la deshonestidad y mostrar:;;e á mí, más que como
doncella recatada y celosa de su buen nombre, como mozuela andariega y liviana?...
En este dédalo de estupendas preguntas
andaba perdido cuando me acordé de mirar
otra vez mi reloj. Eran las cinco. Entonces,
automáticamente, eché á andar. Iba tranquilo, una emoción sc1lante de felicidad llenaba
mi cuerpo, y ante mí parecían dilatarse panoramas dichosos y agradables, por nadie
hollados.
Ya no pensaba en Don Ezequiel: sin saber
por qué, hallaba natural que no hubiese acudido á la cita. Y es que las perspectivas de
nn gran amor matan en los hombres la amistad.
1\"
Quince días después un amigo me presentaba en casa de los vizcondes de Z. El jefe
de la casa ccleb.aba su fiesta onomástica;
todos los allí reunidos eran •íntimos, de la
familia. Los señores graves jugaban al tresillo, la juventud bailaba en el salón, las señoritas charlaban de modas ,, cuchicheaban
amoríos en el hueco de los balcones.
Julia había penetrado en la serre. Yo la
seguí, y un momento pudimos hallarnos casi
solos en aquella vasta estancia, sobre la cual
un arco volláicoverlía su discreto resplandor

La vizcondcs,ta expresó una emoción dt sorpresa en su rostro y Juego me •onrió

20i

lechoso de ensueño. No~ habíamos sentado
en un diván, al pié de una palmera enana
que extendía por el ambiente tibio sus anchas hojas verdes y tristes.
Las primeras palabras de la vizcondesa
me dejaron desconcertado.
-Creo- dijo riendo-que no estará usted quejoso de mí: no he podido ser má~
complaciente ...
-Efeclivamenle,-repuse-la bondad con
que ha fijado usted sus ojos en mi es inaudita, inmensa...
No contestó, y advertí que el carmín de
un sincero rubor abrasaba sus mejillas. A
fuer de galán caballero, acudí en su auxilio.
-Eso---exclamé-nada tiene de parlicular... ;.Por qué ser esclavos siempre de la costumbre? ¿Por qué, en determinados casos,
en esos trances excepcionales en que la intensidad de una pasión parece legalizar los atrevimientos más absurdos, las mujeres no habían de declarar sus sentimientos con la
misma franqueza que los hombres u~amos?...
Advertí que la jóven me miraba con cierta extrañeza y que tardaba en replicar.
-Yo tenía-dijo-verdaderos deseos dl'
conocerle personalmente ...
llice con la cabeza un gc::lto afirmativo.
con el que pretendí significar cuánto agradecía aquella curiosidad.
Ella prosiguió:
-Yo de usted sólo cono:'ia el espíritu...
esa alma romántica, ardiente y desigual, que
con tan inagotable copiosidad y prodi¡(iosa
maestría ha sabido usted ir de:scribiéndome
en sus carlas.
Repelí asombrado:
-]Mis carlas! ...
-Si... Las conservo todas... ¡todas!... Le
aseguro á usted que la mitad de ellas bastarían á labrar la reputación de un novelista.
Hubo un largo silencio, durante el cual
los dos permanecimos inmóviles, mirándonos fijamente á los ojos, como maravillado::,
el uno del otro. Al fin, hallé alientos para decir:
-¡Pero si yo jamás he tenido el honor
de escribir á usted!
-;,Cómo'!
-Lo que usted oye. ¡Este es un misteriu
inaudito! ...
No pude seguir hablando, porque la emoción me estrangulaba. Julia había apoyado
su cabem de oro contra el respaldo del sillón; sus mejillas pasaron, instantáneamente, del rojo carmíneo á la lividc1. hipocrática,
y sus párpado, ~e cerraron. Pero de aquel
sincope recobróse pronto, y entonces la vi
erguirse delante de mi, poseída de febril cu,
riosidad, devorándome á preguntas.

�209
208

-\l'engo-dijo-á que me dés de comer,
porque estoy en la miseria. Los viajes han
devorado nti fortuna; la necesidad de olvidar
un dolor muy grande me llevó de aquí
para allá, y he gastado sin cálculo, creyendo

POR ESOS MUXDOS

-¡Dice usted que nunca me ha e:;crilo!. ..
Entónces ... ¡Dios mío! ... ¿_Qué es esto... qué
ha pasado aquí?... ¿Me habré equivocado:'...
¡Qué humillación, qué vergüenza! ... ¡Oh! ¡Qué
ligereza la mía! ...
Su confusión acabó por deshacerse en
llanto ágrio y copioso. Traté de consolarla
reconociéndola en medio de su dolor más
hermosa que m,nca. Ella repetía:
-No crea usted que mi acción es de esas
que no tienen disculpa, ¡no la tiene, he sido
una loca! ...
Después, emprendimo.-; al rededor de aquel
enigma que tan inopinadamente 1:º.,; b~bía
reunido una minuciosa labor de mvest1gación y rebusra, cuyos detalle~ omito.
Entonces supe cómo
desde harí • más de un
at'ío la vizcondesila veoía recibiendo semanalmente una ó dos carlas
de un adorador &lt;lescooocido. El interé:; que
aquellas páginas, primorosamente escritas, inspiraron á la joven fué
extraot· din a no.
Ellas le aseg-nraban que desde el
misterio habít
1m hombre que
la seguía á todas
partes, fuese á
pió ó en coche, y
que luego la hablaba del color
de sus Yeslldos.
de los sitios don/
de esluYo. de los
perfumes que última111enle había
comprado, de las
amigas á quienes
saludó en el paseo. Y alternando con estas cuuver:;acioncs
vulgares, había reflexiones y momentos do
asotilada p,ücología, que bien claramente reYelaban el espiri tu exquisito de su aulor.
La curiosidad, entre tanto, de Julia Sena
iba creciendo, tanto más cuanto que las tale;;
c·artas no iban firmadas, ni solicitabau contestación, y nada hay que poetice y magnifique tanto las co,as como el saberlas distantes de nosotros.
Una de aquella¡; r·arlas dccia: «No me
atrevo á que usted me conozca; quir.ás no
me atreYeré nunca: temo que mi figura yul¡(ar la inlerese menos que mi espíritu.,
La Yizrondesa .) ulia agregó:
-¿Puede usted medir el camino enorme

r¡ue una lite ratura así, llena de espiritualidad, puede recorrer, en el transcurso de todo
un a1'ío, sobre un temperamenlo tan impresionable como el mío·~ En su última carta,
mi sigiloso cortejador se decidía á quitarse
la careta: «Es necesario-decía-que esta
situación conclu ya. Si quiere usted verme,
mañana, á las cuatro de la tarde, estaré en el
Paseo de la Castellana,: esquina á la calle
de ... Míreme usted con ojos I e1évolos. Si
deja usted caer su pañuelo, comprenderé que
aún debo alimentar esperanzas de ser feliz.
Yo fní... ;,Quién se resiste·t... Fuí ... y le vi ii
usled ... Pe~sé que u&amp;led á quien esperaba e•·a
á mí, y el pañuelo i,e me cayó de la mano...

\

Hace seis años que Julia Serra y yo
nos casamos, reuniendo con nuestros
destinos una fortuna cuantiosa. Soy dichoso. Kc.o::s.ro
hotel, edifica &lt;lo
en la parle má~
alta de Madrid.
&lt;•s sólido y ámpliocomo uncas•
tillo; aires serranos, saludables
y fríos, lo orean:
á su alrededol
r recen árbol e;-;
copudos; tengo
abundan tes y
buenos muebles,
es tal u !3-S
ry c u;a1:. '?, ··~ - d r o_~ y
muchos
.,
/
libros;dc
f
·•'
!os ~itt'o'sonáa'os
- ¡Yo era- me d_ijo D~n Ezc~uie;
quien dclna vnrir aquí.
te c·h os
pen'cf e11
orandrs furos eléctricos. Es una de esas man~iones opulenlas donde nadie comprendeda
la poesía bohemia de los libros de Miii•gcr.
Junto á nuestro lecho, hay una cuna:·:
.
Días alrá:; recibí la visita de mi buen ami"º Don Er.equiel ,\ raoo, que asi¡;(ió á mi bocla
yal que, desde cnlo~ces, no hab!a vuelto á
ver. Acababa Je llcgar del extranJero; le en ·
rontré muy viejo, y tanto la ex~rema~a
pobreza de su yeslido com~ la tir_mdez de
~us ademanes, mediero I la 1mpres1ón de un
hombre arruinado.
Nuestra conversación fué breve, pero inlen:;a, exlraordinal'ia, asombro::;a, digna cic
1111 folletín. Desde el primer momento, Don
Er.equiel comenr.ó á tutearme.

que la vida me duraría menos que el dinero... ¡No ha sido así!
-Estoy á su disposición,-repuse.-Cuente usted conmigo para todo, incondicionalmente...
Don Ezequiel hizo un signodeasentimiento.
-Gracias,-dijo.-No. esperaba otra cosa
de ti, tanto más cuanto que lo que has de
darme es, en cierto modo, una restitución de
lo mucho, de lo muchísimo, que me debes...
Sus labios tuvieron una sonrisa fría y
amarga. Sus ojos recorrieron la estancia.
-¡Yo era-añadió-quien debía vivir
aquí!
Y entonces, cediendo á una invitación
mía, me refirió su historia, una triste histo- 1
ria, que yo sospechaba.
El había estado ciegamente enamorado de
la vizcondesita de Z. Y el autor de aquellas
cartas admirables, de las que Julia Serra
tantas veces me habló, era él.
-El día en que me resolví á que meconociese tuve miedo á que me hallara viejo y
feo. ¿Pero cómo advertirla ya de que no fuese á la cita'? Entonces me acordé de tí: «Que

vaya el marqués-pensé-que es apuesto y
jóven., Fué un deseo bien natural: el deseo,
un poco coquetón, de seguir triunfando; porque yo temía que mi figura triste estropease
la ilusión que estaba cierto de haber levantado con mis cartas... Oculto detrás de · un
árbol ob;;ervé toda aquella escena que yo
mismo preparé y que, de pronto, había de
herirme mortalmente. Vi cómo la vizcondesa se acercaba en su landó, cómo te miraba,
cómo dejó caer su pañuelo... y cómo tú te
acercaste á recojerlo... Y en el acto me sentí
desfallecer, porque ya no dudé de que te
enamorarías de ella y de que tu pasión sería
correspondida. Cuando ella fué á verte, su
corazón ya era tuyo: ¡te lo había conquistado vol ...
No pudo decir más, y por sus mejillas
flacas, como las de los muertos, resbalaron
dos lágrimas. Sobre su pobre cabeza, sem brada de cabellos blancos, flotaba una terrible melancolía. Dominando á duras penas mi
emoción, llamé á Julia, á quien informé de
todo.
-Desde hoy,-añadi-Don Ezequiel vivirá
con nosotros... A la cabecera de nuestra mesa
solo él ha de sentarse; la mejor babitaci6n
de esta casa para él ha de ser... Quiérele, hija
mía, como yo le quiero: él nos ha reunido.
¡Es nuestro bienhechor!
EDUARDO

llusfraciones de F. Z,.Jontagud

DESCRIPTIVA
•

La inmensa llanura deslumbra v abrasa
cual beso de fuego del áfrico sol,'
y un lago remeda que el cauce rebasa
tendiendo su linfa de claro color.
Por el ámplio cielo que el éter enra~a
baiiando en azures la comba extensión,
ni cruza una brisa ni un pájaro pasa
rompiendo el mutismo con leve ruidor.
No hay agua que calme la sed de la ai·enn,
no hay árbol que muestre su túnica amcua
sobre el llano estéril que inunda la lu1. ...
Solo lejos su dorso destaca una lona
bajo cuyo palio que un asta corona,
la nómada tribu se da á la quietud.
R.

FONT

ZA:\IACOIS

�tos

LOS REGIMIENTOS DE NUESTRO EJÉRCITO &lt;')
llL DÉ INF ANTERíA DE SABOYA, NÚMERO
•

6

1

creado en 30 de Marzo de 1633, reci•
F hiendo
el nombre de Tercio de Sab01Ja,
UÉ

en razón á que había de formarse en Italia
con elementos de los que ocupaban el país.
Usa por sobrenombre El Terror, á causa
del espanto que su valor é intrepidez lle•a•
0
ron á infundir en los Cranceses.
Guerra de llaliC1.-Apenas creado, recibe
.,u bautismo de fuego en la batalla de Cera•
no, y conquista en ella sus primeros laureles
batiéndose con extraordinaria bizarría. En
Tornavento rivaliza en intrepidez con las
t:Jpas más aguerridas del ejército, que ad111iradas de su decisión y arrojo, le reciben
con estruendoso aplaüso al terminar la acríón.
Asiste en 1636 á la conquista del Piasentino, sitio de Niza, ataque y toma del Castillo de Aicino, batalla de Mombaldone, conquista de Ponzone, sitio y toma de BrenneGuzmán, Yescelli, Pondestura, Trino y Asli.
En la sorpresa de Turin vuelve á conquistar nuevas glorias atacando el campamento
francés situado frente á la plaza y al que dit
por tres veces el asalto, llegando á locar la
cresta de los parapetos. Asiste después· al
socorro de lvrea y batalla de Bestagno, en la
que con un valor rayano en heroísmo pa•
lentiza su ya proverbial bravura, sufriendo
impávido en su marcha, avanzando, el horrible fuego de _las baterías enemigas.
Después de concurrirá la toma ele Moncalvo en 1541, toma parle en la defensa de
Torlona rechazando bravamente los asaltos
de los franceses y haciendo temerarias salidas, en las cuales llega á penetrar en el campamento enemigo. En el sitio de Vigebano y
batalla de Afora confirma su fama de heróico
y arrojado, singularmente en la última defen Jien&lt;lo tenazmente las márgenes del Pó. En
{1) Vé1mse nuestros nümcro5

uo, 142, lH y H5.

el combate de Bozolo se debe la victoria á
sus titánicos esfuerzos.
Siguiendo la campaña se encuentra en la
batalla de Rivasolo, defensa de Cremona sorp,resa d~ Asti, asalto y toma de Tri~o y
(;rescentrno, conquista de Casale (1652 ;,
combate del Cerro y batalla de Fontana
Santa.
Flandes.--Terminada la guerra en Itali.1.
el Tercio de Saboyc, es destinado á Flandes,
entrando en fuego en la batalla de Stafarda
(1690), donde envuelto por los flancos y re·
taguardia se defiende intrépidamente contra
triple número de fuerzas enemigas, abrién ..
rlose paso entre ellas con admirable valor,
En el sitio de Orbasano se bate con tal tena•
ciclad que sufre pérdidas considerables, quedando casi en cuadro.

Gttei.,-a de Sucesión (Campa11a de Ita•
lia).-Defensa de Mántua y batalla de Lu•
zara, en la cual se hace notar por su intrepi•
dez. Toma de Guastala (1702) y combate de
Stradella, en que, ,aladas sus fortificaciones
por las minas y agotado con sus municiones
todo medio de defensa, se ve obligado á capitular. Conquista de Vercelli, Ivrea (170. 1
Berrua, batalla de Castione y defensa de
Pavía.
Campa11a de Espa,ia.-En esta campaña
toma parte en el sitio y reconquista de Alcor
y Denia, cuya plaza toma al asalto; sitio v
toma de Alicante, combates de Balagucr, Almenara y Peñalva, batalla de Zaragoza, asalto de Brihuega y batalla de Villariciosn
(1710),en que sus proezas exceden á todo en•
comio; acciones de Calaf y Prats de Rey, ataque y toma de Carmona, donde adquiere inmarcesibles laureles; sitio y toma de Barcelona, en cuyas funciones de guerra asalta la
Puerta Nueva, haciendo prodigios de heroismo.
Gttei·ra de Italia.-Sitio, asalto y rendición de Messina; batalla de Francavila y defensa del Castillo de Apremont, distinguién•

fiEGDIIENTOS bE NUESTRO EJERCITO

211

tlosc notablemente en esta última; accione~ ria rechazando con heroísmo el ataque de los
de Sopello y Oneglia, paso y toma _de las franceses al arrabal de Cuarte. En la acción
formidables posiciones de Las Barnc~&lt;las; de :Molino de Rey y después de realizar
toma del arsenal de Tour-de-Pont; sitio y proezas sin cuento, arrebató á los franceses
1·endición de Demont, donde ofrece nuevas la artillería que tenían emplazada. Asistió
pruebas de su denuedo y disciplina; batallas á la batalla de Tudela, pasando después á
de Madona del Olmo y Basignana, en las que Zaragoza, donde adquirió gloria imperecede,·onquista nuevos triunfos; sitio y toma de ra, batiéndose con sin igual tenacidad en el
\" alenza, sorpresa de Codogno, batallas de Barranco de la Muerte; en Valls (1810) le
Tedone y Plasencia, y combate de O1egg10, llevó su bizarría á pelear con fuerzas muy
c1 el cual toma bizarramente las pos1c10nes superiores, sufriendo pérdidas considerables
sin decaer su valor. Estuvo después en la
que defendía el enemigo.
G,,erra de Africc, (1724).-Defensa de defensa do Gerona, y tales actos de valor
Cauta, en que se cubre de glori~ atacand~ y realizó que constituyen una verdadera apo·
lomando con su proverbial arr0J0 los atrm• teosis. En Valls (segunda batalla), acomete
cheramientos de los moros; socorro de Orán, al enemigo con tales bríos y arrojo que le
en el que desaloja intrépidamente al enemi- bate y destroza, obligándole á refugiarse en
"º de la im?ortante posición de la Barranca la ciudad; en la defensa de Tarragona se
;le Tenegraz, desde la que hostigaba cons- bate no sólo en la muralla, sino cubriendo la
brecha abierta por la artillería enemiga,
tantemente á la plaza.
asombrando á los mismos franceses su sereG,rei-m con Inglatei.-a.-Sitio de Gib\:alna intrepide,.
tar en 1727.
G,,erra de América.-Estuvo en la toma
G1te1·racon Po1·lttgctl.-Ataque de las Tade
Medellín y acciones de Cumbres Altas,
lladas y combate de Escalos (1762), donde
vence con tenaz resistencia de las tropas an- San Andrés y Huatusco; en la de Hayotlán
nsaltó los parapetos de los insurgentes, y con
glo-portuguesas.
Af,-ica (1791).-Al estallar esta guerra repelidos y bnosos ataques se apoderó de
fué destinado á reforzar las guarniciones de seis banderas y veintitres cañones, poniendo
Orán y después de Ccuta, alcanzando seña- á sus contrarios en precipitada fuga. Después
lados triunfos en la defensa de estas plazas, ele tomar relevante parte en muchas funcio•
al rechazar briosamente las feroces acome- nes de guerra, distínguese glorio~amente en
el sitio de Córdoba, en el cual mtentó dos
t:&lt;las de los moros.
C+uer.-a con F,wicia (cmnpC1ña del Ro- asaltos á la plaza.
Primera guerra civíl.-En esta lucha in.sellón).-En esta campaña alcanzó nuevos
r explendentes lauros, singularmente _en la testina se batió con bravura en el sitio de
toma y defensa de Vinzac, donde el capitán Morella, Ulldecona, Tora, La Guardia, Mora
Don Manuel Artaza y el teniente Don de Ebro, Guimerá (en la que se hizo notable
Juan Orteo-a con cincuenla soldadoR resis- en denuedo y bizarría), Olot, J:'obla de Setieron herÓicamenle á fuerzas considerables, gur, Rocafort, B_lancaflor, Tórá de 1~ _Selva,
hasta que reforzados por una compañía to- Sitio de Cantav!8Ja, Riu de Colls, s1!Ios de
maron la ofensiva y acometiendo al enemi- Mora de Ebro y Prades, socorro de Amposgo á la bayoneta le obligaron á abandon_ar ta Villar del Arzobispo, Chelva, Las Cabrisus posiciones. Asistió después á la conquis- ll;s, Chesta, San Quintín y Malagarriga, eu
ta de Villafranca y acciones de Muset, Mon- la cual escarmentó duramente al ene!Illgo, y
lalia v Monferrall, tomando bravamente los otras muchas basta la acción de Peracamps
ntrinCheramientos enemigos en la acción de en 184-0.
S1tcesos poUíticos (1842).-Hallóse en el
t:ornellás. En la de Olleta, después de combatir con marcado heroismoi se lanzó sobre combate librado en las calles de Barcelona
las posicionef&gt; enemig.is. tomando la artillerfa v en la defensa de la ciudadela y castillo de
)lontjuich; sitio y rendición de Alicante l
á la bayoneta. En las acciones de Monlesquieu, San Ferriol, Ceret, San Telmo, Colliu- Carlagena; los Alfaques, Benifasar, ermita de
re v- otras. ~e hace memorable por su tena- Santa Bárbara de Horta, Nonaspe y Salerla
ddád y d~nuedo, hasta que termina la cam- (1848), en las que triunfa batiendo y disper-•
sando á las partidas focmosas.
vaíia en 1795, con el ataque de Bellverl.
Canipm1a de Africa (1854).-0curridos
G-uerm con Portugcil (1801 ).-Sitio y
los acontecimientos de Melilla, fué destinado
rendición de Campomayor y Onghela.
G,,e,-ra de la Independencia.-La rup• á la defensa de esta plaza, en la cual se distura de hostilidades provocada. por el. alza- tinguió de una manera notable atacando las
miento del 2 de Mayo de 1808 determmó su posiciones de los moros y arrojándolos de
marcha á Valencia, donde se cubrió de glo- ellas en lucha cuerpo á cuerpo.

�212

LA COl'A ROJA
1

'I

áue&gt;Tlt de Africa (18,,9),-En esta guerra formó parte del primer cuerpo de ejército defendiendo los reductos construidos frente al Serrallo en cuya acción cargó á la bayoneta sufriendo á pecho descubierto el nutrido fuego de los enemigos y desalojándolos
del bosque donde estaba instalado el reducto de Isabel H. Distinguióse notablemente el
corneta Domi1:go ~tontaña salvando á un
ayudantl\ que había caído herido y que estaba en poder de los moros. En la batalla de
los Castillejos, atrarnsando con brioso ímpetu por masa~ considerables de fuerzas
marroquies,coni-iguió relevará los batallones
que mandaba el general Prim, repelienrlo
con brillantes carias á la bayoneta las furio!,as acometidas del enemigo. De;;puó, del dificil paso de los desfiladel'Os de l.lonte-Ne¡:(l'Ón y río A.zmir, toma ¡larte en el combate
&lt;le Cabo !iegro, en el cual, trepando como
águila por los acantilados del desfiladero y
sallando de peña en peña por las c,•estas ele
aquellos elevados monte.s, toma la primera
linea de las po::-iciones mnrroquie::,;, y esca1

11

l

'

~'

1

!ando extraordinarias alturas ataca sus trincheras, las arrolla y se hace due1io de las formidables y gigantescas crestas de la cordlllero. Llegada la batalla de Tetuán, se corona de gloria ~obresalicndo él capitán Don
José Bernard, que con su compatlía asaltó
el campamento moro entrando por la tronera de un cañón, á pesar de ser barrida por la
metralla la mitad de sus tropas; y termina la
cam palia apoderándose en la !¡a talla de WadRás de las posiciones que defendían los moro~.
Segunda grierrn cfril.-Dcmostrada de
nuevo su bravura en multitud de acciones
en Cataluña y las Vascongadas, conquista
nuevos laureles en Monte Abril, donde domioando el bosque y dcn·ochando temeri•
dad corona las posicione, enemigas (1874),
continuando la campaña en busbil l' Santa
A~ueda, siempl'C acompañado de su notoria
fama de arrojado y valeroso, que no desmintió en ninguna ocosión.
Tiene por escudo la cruz de plata de la
casa de Saboya, en campo de gules.
A~TO~IO PAllEJA

SERR.IIH

LA COPA ROJA
Xo extrañes que, ya henchida, se desborde
la copa soñadora de mis rimas ...
Si á la ílor que es tu boca la aproximas,
mustios tus labbs dejará su borde.

Brilla un cielo,
un cielo extraño en sus cambiantes rojo.~,
rastro de la mirada de unos ojos
ó ele una estrella que cayó del cielo.

Cincelada
en un instante de locura ó fiebre,
e),_,a copa, capricho de un orfebre,
es el presente que me hiciera un hada.

Roja es la copa en que mi alma abreYO,
ele ,m rojo ardiente ds rubí ó de llama,
y aunque tan llena está que se derrama,
abierta se halla siempre al vino nuevo.

;\las ¡ay! que en ella el genio de mi vida
ha dejado caer á borbotones
el llanto abrasador de las prisiones
y la caliente sangre de una herida.

Bebe en ella;
que nada iguala al cálii donde escancia
la sangre purpurina su fragancia
y su divino resplandor la estrella.
AR!ST!DES

MOLL

RECUERDOS DE ANTA~O

LOS MANIÁTICOS DE LA LITERATURA
antiquísimo dice que ,de poe•
U tasrefrán
y de locos todos. tenemos un poco»,
N

Pues, como dice el refrán,
en esta sanfo mansión
n·i están todos los que son
ni son todos los que están.

y también corre desde l!empo inmemorial
como cosa averi;uada, la temeraria y ame~
nazadora afimac,ón de que todo español, de
Tampoco hay que olvidar, al tratar de
doce años para arriba, tiene embotellad&lt;1,
uguardando el salto &lt;lcl lapóu, su comedia este asunto, la opinión de aquel otro loco
que afirmaba muy seriame:ote, con pleno corespectiva.
,
Cuanto á lo de poetas, cl'CO resuellamen- nocimiento, que los que andan sueltos gote 1~ que dice el refrán . i.Qué enamorado no zan de tal libertad •porque todavía no se les
se s1!nte_poeta, en mayor ó en menor grado: conoce la locura,.
Cuestión es esta á la cual ha y que dar do
y que cnatura humana se sustrae al podero"' inílujo del amoú Todo liombre capar. de lado, -cno se lo vayan a conocer á uno, si
llegar hasta el sacrificio para realizar una ac• ahonda mucho en la matcrja.
En lo tocante á que todos los espalioles
c1ón generosa en beneficio de sus semejantei:;, es un poeta, aunque desconozca el se- tienen su comedia dispuesta y preparada
creto de la rima; .que h_a y poetas en 'prosa para la pl'imera covuntura que se presente
mas _hondos y mas delicados que muchos de poder estrenarla, puede afirmarse que
- esa es ¡ay! una verdad como un templo. ~uversificadores que nunca consiuuen Herrará
0
h~ inspiración poética. Adcmás:la juve ntud chos tienen más de una, y hasta hay quien
~1cn~e I_a poes.ia, es la poesia misma, y todo las tiene por docenas, de todos géneros y
senlim1enlo tierno, patético y melancólico. dirnensio11e~.
Para comprobar esa verdad, triste v asoreviste la forma poética ... que no e~tá !lamadu a desaparecer, como han aseaurado los laclota, bastada con darse una vuéltecita
que tienen la desgracia de no senÍir ui com- por las contadurías de los teatros-en )lapl'Cnder la_ bellez~ literaria en su más genui- drid y provi11cia:-.,--interrogal· á empresarios y direclore~, examinando de paso: á ojo
11a expresión, y a los cuales se les pod!'ia
de buen cubero. los rimeros de produccio&lt;lec:ir;
nes existentes en los armarios, me:sa~ y cajodQw!sabe el ciCf/O ,u[eliz
nes de los centros mencionado~. Hay que tede los colol'eS del pl'is111a?...
ner en cuenta quo diariamente se dc,·uelven muchas obras, y que otras muchas no
.\demás, ra lo dijo Bécqucr:
se prnsentan, unas veces por pudor (que hay
Jliwlras el corazón y la cabeza
quien lo tiene en tal sentido) y otras por
.
halallaudo prosigan;
falta de relaciones ó ele acol((e/il'ic/wl.
11,,.•11/ras hay&lt;t esperanzas y recuerdos ...
Si después de una escrupulosa selección
¡habrá poesía'
110 represcntimdose más comedias que las d~
Respecto de la locma, mu atengo á lo que los autores sancionados que dan más dinero
C:amyoamor hace derir á un alienado, en é inspiran mayor confianza, y alguna que
otra de los autores nuevos 1 fuertemente rcf;U lamo::.a rornedia inJ·u~lamP11te olridada
Cucnlos !J locos: '
·
·
' romendadu~1 hay tanto:-; fracasos, ¿cómo st•·

�LOS l-lANJÁTICOS DE LA LITERATURA

21!

POR BS05 MUNDOS

r.i la inmensa mayoría, la casi totalidad de
las obraa que se escriben por todo bicho viviente con la pretensión de que sean representadas? Pues ... como son: más que obras
escénicas, parecen escandalosos y punibles
atentados contra la gramática y contra el
sentido común.

•••

¡lj

l

1

Por rara anomalía que escapa á la investí gación más sagaz, el autor de afición, el escritor empírico é inconsciente que se lanza
á producir y produce á destajo, aun sin la
más rudimentaria preparación, obras disparatadas, se enamora ciega y perdurablemende sus desdichados monstruo•os engendros,
y ni los siete sabios de Grecia lograrían persuadirle de su incapacidad literaria. Podrá
ser un médico afamado, ó un abogado insigne,ó un matemático ilustre, Q cualquiera otra
cosa de viso y de mérito: nada le importa su
carrera, su profesión, que es su modo de vivir; lo que él desea á oull-ance, y en ello
pone todo su empeño y todo su amor propio, es ser autor dramático. Los que están
en este caso tienen más de locos que de poetas, y merecen en estricta justicia el calificativo de maniáticos de la literatura.
El empeño de muchos de esos señores
cuando se convierte en manía, llega á con,'.
tituir un peligro para los que, por deber ó por
sinceridad, se ven en el caso de desahuciarles ó desengañarles. ¿Desahuciarles ó desengañarles, he dicho? Lo primero puede realizarse, desde luego, por el empresario ó director sobre quien caiga el autor inepto y
maniático, si biei, al hacerlo puede contar,
seguramente, de por vida, con la fiera enemistad y el odio rencoroso del desahuciado.
Cuanto á desengañarles, como eso depende
esencialmente del convencimiento del interesado, es más dificil que hacer una raya en
el agua, que dice el vulgo. El que está atacado de esa locura, mientras viva creerá firmemente en su talento, en su genio, en el poder de su inspiración... No puede meter la
r.abeza en los escenarios1 salir a la superficie
y conq11ista1· la gloria y la fortuna

lle,gando al templo auyusto ele la Fama.

1

1

porque no tiene amigos que le protejan al
dar los primeros pasos, porque los empresarios y directores son unos ignorantes que
sólo dan valor á las firmas conocidas, porque
existen pandillas de autores mediocres que
acaparan los teatros ... ¡Por todo, menos porque sus obras sean malas! Eso piensan, eso
creen y jamás llegarán á persuadirse de Jo
contrario.

,Es el amor propio-dice Zoroaatro-una
pelota llena de viento, de la cual salen borrascas en cuanto la pican.,
Como Zoroastro no conoció, por su fortuna, á los maniáticos de la literatura que tiran para autores dramáticos,el amor propio
á que se refiere es el que sienten y padecen
los hombres en general, batallando con sus
pasiones en las luchas ordinarias de la vida.
De haber conocido la especie i11h11mana que
motiva estas consideraciones, hubiera dicho,
de seguro, hablando la verdad, que el amor
propio del autor inepto, del que da á cono?er en. sus primeras producciones que será
mserV1ble para el caso mientras le dnre la
existencia, es un sentimiento avasallador que
e~ sobre todas las cosas y constituye su
vida entera, llegando á veces el que lo abriga á ser un caso patológico tan dificil de estudiar que escapa á la más perspicaz investigación terapéutica.
No ya «una pelota llena de viento, de la
c~al salen borrascas en cuanto la pican,•
smo una bomba rellena de dinamita, que
produciría muerte y exterminio si estallase.
es el amor propio de los inéditos maniáticos.

Decirle á uno de esos se1iores que su obra
es mala, es inferirle una ofensa gravlsima
que no perdona ni olvida jamás.
El hombre más sesudo, más juicioso, de
más linfático temperamento, de carácter más
apacible, sereno é imparcial, se transforma
p_or completo, tornándose en ligero, impres10nable, irritable, intransigente, discolo é
irreductible, en cuanto se contagia de la enfermedad (incurable, una vez contagiado) de
ser autor dramático, sin preparación y sin
condiciones para ello: él cree que las tiene, y
eso le basta. Cuanto más evidente sea su
ineptitud, más fuerte será su empeño en llegar al fin que se propone y mayor la cantidad de amor propio de que habrá de cargarse su turbado espíritu.
En honor á la verdad, muchos literatos de
reconocida fama contribuven eficazmente á
mantener y alimentar esalocura, que parece
pacifica y que á menudo resulta furiosa. Muchos maniáticos, antes de llevar sus obras al
teatro las someten al juicio de algunas eminencias literarias, y éstas, que no arriesgan
nada al emitir una opinión favorable, les dicen que son magnificas y que deben procurar su representación. Hay quien lleva la
crueldad de su benevolencia hasta el punto
de dar una recomendación á tal efecto.
Esos señores conocen bien a los maniáticos y no quieren crearse antipatías y em••
mistades por cosas de tan poco momento.
Por algo sr ha dicho que

siempre fueron los corteses
c&lt;implices rle los C1Ilpablrs.

•

*

:,11

El estreno reciente, y ya famo:--o, de una
obra singularisima, cuyo autor no he de
nombrar paro no darle el pretexto· de contestarme, apoyaclo e,, la Ley, como acostumbra, cogiendo por un cabello la ocasión
ele exhibirse, ha traído á mi memoria otro
l'streno, aún más famoso, y el nombre de
otro autor que, en la larga lista de los mauiáticos, es el caso más célebre y más agudo que registra la chiflaclttra literaria.
Allá por el año de 1866 comenzó á clesJnmlar como poeta !frico en la ciudad de
)!alaga un afamado veterinario llamado Don
.losé Pascual ) Torres. Tenia éste un •ran establecimiento, propio de su facultad, en la
Puerta de la Alhóndiga, y por ali!, por aquella acreditada hNrería, pasaban cuantos cua&lt;lrúpeclos necesitaban calzado 6 ~istencia
facultativa en sus enfermedades.
El señor Pascual y Torres estaba reputado
como el mejor veterinario de la población y
~•naba bastante dinero.
Pero, el diablo, que no duerme y que, nuturalmente,está siempre haciendo diabluras,
porque ese es su oficio, turbó y perturbó el
ánimo de aquel herrador honradísimo y parifico, metiendo en su cabeza el temMario
propósito de hacerse poeta y la peligrosa
idea de aspirar á la gloria literaria, no bastándole, por lo visto, la fama científica do
que sin regateos disfrutaba.
Dando de mano á las herraduras-· crerenclo que iba á dar en el clavo de la poesía - V
,lcscuirlando el tratamiento de las elolcntia~
flC sus clicules, se aplicó con ardor inusitado
al culli,·o ele his bellas letras y produjo. con
pasmosa fac1hdad, buen número de campo·
siciones. ,\bandon8.ndosc á su natural i11:-tinto y adclantimdosc á su época, invento
una metrificación que no se parecía en nada
á la conocida hasta entónccs.
Uno do sus primero::.; trabajoH fui~ un soneto fasí lo llamaba él) á Ca,telar, del rual
recuerdo los dos primeros ve1"sos. Hélos aqui:

215

cual y Torre.~ cayó en buenas manos. Si11
duda para caminar sobre :--cguro, fué.'-e al dnmicilio :--acial del cCírcnlo artistico-literarfo
de la juventud malagueña, y s;ometió :,..\h
primeros trabajos al juicio y sanción del
pre~idente y ele los sorios más conocido:; du
dicho centro: y como

la sociedad toma cí risc,
tocio lo que llega al c,lma,
y aquella sociedad literaria se componía rlr
jóvenes alegres, de humor festivo, capacrs
de burlarse hasta de su p1opia sombra, excusado es decir que aquellos 111e11úwes se
divirtieron grandemente al conocer los frutos del nuevo ingenio y que alentaron é imp11lsal"OII al herrador con los elogios mas
pomposos y entusiá•ticos .
Como el i11Ú!1"[eclo no estaba va en condiciones mentales de poder apreciar el valor
exacto de aquellas irónicas alabanzas, la
pérfida semilla cayó en tierra feraz y dió sus
naturales frutos en una abundancia que hubiera sido dificil de prever y aun de precaYer.
Don José Pascual y Torres se fué agravando gradualmente en su locura poética, y
manto más avanzaba por el camino literario que había de conducirle derechamente á
la gloria, más se iba desprestigiando como
veterinario; lo cual le importaba tres comino:; porque, como decia, su porvenir estaba

en olm pade.

En vista de sus progresos literm-ios, de su
creciente popularidad y de que, respondiendo á su abandono, le abandonaba su
clientela, trMpB!-iÓ la tienda, en malísima:-;
con&lt;liC'iones, y con ardiente vocaeión se consagró de lleno á la lilerc1(1U'lt ...
1llabía hecho su suerte!

Ya en libertad provis1uual y dueño de sus
acciones, lo primero que hizo fué fundar un
periódico, J,c, a11rom bol'ea1, del cual solo
consiguió publicar el primer número ... a
c·ausa de haberse ,·endido únicamente cinco
,•jemplares; fracaso que nadie se explicaba
Elocuente h'ibiwo
~atisfactoriamente, porque el numerito en
ma,·«l'illoso clipulado.
cuestión era una filigrana, una joya literaria
Lo maravillo::.io, roa-, aún que el diputado, es de valor inapreciable. Siento de todas vera.s
Cl:ie modo de hacer: esa sinceridad esa fran- no poder ofrecer al lector una muestra de
&lt;¡ueza de expresión, maravillan realmentr. aquel único y !'Oro ejemplar.
No se desammó Pascual y Torres por su
Ei•a fué srf mrmera en todo lo que escri
fracaso
periodístico, y dirigiendo su mirada
bió, ,¡uc no fué poco.
de
águila
hacia más amplios y dilatados hoAl dar los pri10eros pasos por la más aucha vía de la república de las letras. esta rizontes, pensó en lo que piensan todos los
alegre república donde viven sin correr el maniáticos ele su especie, en abordar el ten·
menor riesgo tantos illdociw1e11lndos, Pa,- tro, que es, según ellos, lo más fácil y lo que
1

�216

ron

más cantidad de gloria (y metálica) proporciona.
Consultó el caso con los que él llamaba ya
sus compañeros de letras y, ocioso es decir
que éstos le animaron y le empujaro1i con
más entusiasmo que nunca.
Con segura mano y con aquella su peli~rosa facilidad trazó en pocos días, como
quien lava, una comedia que ha llegado á
ser famosa y que se titulaba ¡¡A la mar!! ...
En seguida, trató, como era natural y justo, de
poner dicha obra en escena. Una previa lectura en el Círculo a,·tistico-literario produjo verdadero frenesí. La opinión unánime
fué de que había que llevar aquello á la escena, costase lo que costase.
Pascual y Torres empezó, como era de rigor en aquellos tiempos, por enviar su obra
á la previa censura. En la última página del
ejemplar impreso de ¡¡A la rna,·J! ... , que
tengo á la vista, cam1,ca gallardamente el siguiente decreto:
,Examinada esta comedia, no hallo inconveniente en que S\J. representación se autorice (si háy algún teatro que la ponga en escena) con las supresiones hechas.
Madrid, 20 de Diciembre de 1867.--EI
censor de teatros, Ntwciso Serra.•
¡Narciso Serra frente á Pascual y Torres!
¡Qué tremendas ironías ofrece el Destino! ...
,:Qué pensaría, qué dll'ía aquel insigne maestro de poetas, ilustre autor de Don Tomás,
de La calle ele la Montera y ele cien joyas
más de nucstroTeatro,al leer ¡¡A la mar!!... ?
Al decir en su decreto, &lt;si hay algún teatro que la ponga ~n escena,, seguramente no
creía que lo hubiera. Lo hubo, sin embargo,
en ~!álaga, como lo hubo en ~ladrid para estrenar la obra á que aludo más arriba. En la
portada de ¡¡A la mm·!! ... se Ice lo siguiente:
,&amp;trenada en la noche del 21 de Mayo de
1868, en el Teatro del Príncipe Alfonso, con
fervoroso, entusiasta y a1ila11cli&lt;lo éxito.,
Ese e!-:ilreno parece como que presagiaba
la revolución ... v la destrucción del teatro.
Con efecto, la révolución no se hizo esperar ... y el hermoso coliseo fué convertido en
solar por un voraz incendio. No quedó allí
piedra sobre piedra. Hubo teatro que puso la
obra en escena; pero pagó bien caro su atrevimiento.
No se crea que estrenaron la obra del herrador (que había quitado el banco, llamado
á más altos destinos) unos simples aficionados ó unos cómicos de la legua: nada de eso.
,\ctuaba á la sazón en el citado teatro una
excelente compafíia de verso, é interpretaron
¡¡.:1 la mar!.' ... nrlistas tan reputados como
\'irginia Pére·-:, )larin Imperial, Julio ParreJio, Enrique Marlincz, Pedro Rico, Joaquín

Ilarberá y el famoso Perico García, actor cómico de curo mérito se hacen lenguas cuantos le conocieron.
No podía decirse en aquel trance ,á tal
señor tal honor., Ni aquellos cómicos pudieron venir á menos,ni Don Jose Pascual y Torres llegar á más.
,.Que cómo y por qué aceptó engendro semejante el director de la compañia del Príncipe Alfonso? Cediendo á la presión ele fuertes recomendaciones que en modo alguno
pudo desairar.
Sólo teniendo en cuenta que en Andalucía
se vive en broma la mayor parle del tiempo,
se explica hecho tan inaudito.
El estreno de ¡¡A la mm·!! ... hizo época
en los fastos teatrales, fué un acontecimiento sin precedentes y sin solución de continuidad. Unicamentc los que lo presenciaron
(y entre ellos se cuenta el que esto escribe),
pueden tener la Yisión exacta de lo que alli
sucedió.
Baste decir que hubo versos con expresivas dedicatorias,coronas de flores y de ajos y
palomas; que cayeron sobre el escenario en
cantidad asombrosa toda clase de legumbres
y hortalizas; que todo ello lo conrirtió en
substancie, Pascual y Torres, el cual salió ú
escena, llamado poi· el público, más de cuarenta veces durante la representación y casi
otras tantas después de esta; que la concurrencia, enorme y regocijada hasta lo inverosímil, no cesó de reir, de aplaudir y de gritar
un solo momento ... ¡La última vez que salió
á escena el festejado aulor le hundieron
por un escotillón, fué á dar con sus huesos
en lo profundo del foso y esturo á pique de
romperse una pierna!
La locura del público fué aquella nocho
superior á la del autor de la obra.
Un detalle curioso y cómico á la vez. El
autor entró en el teatro vestido de frac, y á
la conclusión del estreno estaba de cl,aqueta ... sin haberse quitado aquella prenda. En
un rapto de alegria, un entusiasta fervoroso
le había cortado los faldones, sin que él se
apercibiera de la maniobra: tan confuso y regocijado estaba su ánimo ... Unas horas después, cuando notó la fransformación de su
indumentaria, sonrió satisfecho y se encogió
de hombros, como diciendo: «Que me quiten
lo bailado.,
Tres noches conscculirns !'iC representó
¡¡A la mar!!... , con el teatro llcnisimo, con
fervoroso, entusiasta y cipla11dido éxito,
como dice el ejemplar, siendo tan delirantes
las ostensibles manifestaciones de la dcsatiiiada concurrencia que el gobernador hubo

217

LOS )IHJ.\TJC08 DE LA LITERATURA

ESOS )IU,OOS

de prohibir las representaciones por cuestión
de orden público y ante el justificado temor
de que Pascual y Torres no saliera vivo de
las ovaciones que provocaba. No era infundado el temor de aquella autoridad, pues
hubo un entusiasta que llevó su admiración
hasta el extremo peligroso de disparar un
cachorrillo junto al oído del autor...
No íué inmotivado, ciertamente, el frenético entusiasmo del público en el estreno y
sucesivas representaciones de aquella singu
larisima producción. Lo de Don Fulano Lárrio, alcalde de barrio, lo de ver á Colsa en
la Bolsa, pasar el rato con Benalato y otras
bellezas de la comedia no ha mucho estrenada en Madrid, se quedan en mantillas si
se comparan á la forma la sensible de 11A lci
rnar!! Como eso no se ha escrito nada. ¡,Se
quiere una prueba? Baslará con copiar aquí
el monólogo con que empieza la obra.
Aparece Julia, sentada al lado del balcón, e-dedicada con un bastidor á primores
ele su sexo,, y dice:
4

Qué tarde
tan hermosa hace,
el céfiro s1wi·c
arnlado celaje.
Del balcón clistinyo
lct pasea11te reunión;
es clomi11go,
hay mucha ctuimctción,
¡ Qué guapos mozos.
1cm arrogan/es y briosos!
¡ Qué corceles
la 11 ,·cípiclos,
tan rcloces'. ...
:lfano cí le, labor,
mirada al salón;
¡.l la labor, cí lu labor!
¡Cómo palpite, mi co1·azó11!
Y así, por ese órcle11, éstá escrita toda la
obra. Dígase, en vista de la muestra, si hay
motivo para el más frenético entusiasmo y
hasta para el tiro con que fué obsequiado el
autor. Todo lo merecía y todo era poco para
premiar tan inimitable /abo,·.
Inimitable he dicho, y no me vuelvo atrás.
¡El más hábil literato podría escribir, de intento, algo parecido á lo que dejo copiado?
No, seguramenle. Pues, así, repito, esta es
crita toda la obra.
Además del monólogo transcrito, no resisto
a la tentación de copiar un pequeño trozo de
diálogo:
4

VIZCOND:O.

.luw.

Dele11éos.
¡bien mÍo!
no huir.
¿Caballero,
ci estas homs,

quié-n os 111mula
venir?
V1fco~DE. ¡Mi frenesí.'
JULIA.
No ba$ta. X1mca
os pocl1·é ,·ecibil·.
V1zco~oE. I11ferin,
me vais hacet morir.
JULIA.
Paciencia y sufrir.
Hasta en ]as acolaciones,-si hubieran po
dido llegar al público durante la representación-hay motivo de franco regocijo. Véase
la siguiente:
«Llaman á la puerta de enfrente. Beatri,.
abre y huye, haciéndose un ovillo de confusiones, sin saber por qué puerta escapar.-.
Pero, no escapa; se queda en escena, y
dice:
4

¡Socon·o, socorro,
¡P11f, el vizconde!

El cual vizconde se apresura á decir:
e· Due-iía mla,

por qué liuirP
¡A visitcirte ve11go,
con sumo fl"enesí!

La

**~:

obra está dedicada á Don Juan Valeru
y Soto, subsecretario que era entonces del
Ministerio de la Gobernacion.
Para que se vea que el autor de ¡¡A lci
mar!!... manejaba lo mismo el ,·erso que la
prosa, allá "ª el texto de la dedicatoria:
«Recibid, amigo mio, c;ta peque1\a mueslra de sincero afcclo, tributo á la ami~tad 1
óbolo á las bellas letras; tiempo empicado y
aprovechado en los ratos de ocio, que aunqae la pequeíia obra que os dedico carece de
mérito literario debe dispensarse, en cambio,
de observarse aplicación y aprovechamiento en afición á las artes, á lo bello, á las
creaciones de Calderón, Moratin y tantos varones ilustres del suelo ibero.,
Persuadido del valor inapreciable de su
comedia, y temiendo que se la robaren, estampó esta nota:
,Todo ejcmplur que no lleve el timbre v
Jq firma del autor, así como un signo de la
i·nprenta, (¡,"/) se declarará furtivo y ,e perseJuirá ante la Ley.,
Todos estos maniáticos invocan la Ley para defender su derecho á la locura y para
molestará lo~ que intentan voherle:-:; á la
razón.
El autor de la disparatada comedia recientemente estrenada en Madrid, á que aludo repetidamente c!l este artículo, c¡ue se
apoya en la Ley para hacer que se reprcscuten sus c.-:pcrpcnlos y para ocupar un csp 7

�,
ESFINGE
218
dia de cadena, con lo cual Pascual y Torres
eio en los periódicos que tienen la im pm•iquedó vengado, tranquilo y salisfecho ..
sión de nombrarle, no ha hecho otra cosa,
Las bromas, pesadas ó no darlas, dice el
"n ese punto, que seguir las huellas de su refrán. Por broma se han estrenado en Madigno antecesor Don José Pascual y Torres.
Al día siguiente del estreno de ¡;A la drid, que yo recuerde, El garba11z~ negro.
El cfrculo de hierro, La noble y rica pas·
11u11·!! ... , un periódico de Málaga, ere?. que
y, últimamente la comedia á que ta_ntas
fué El Amigo del Pueblo, la emprcnd10 con tora
veces he aludido en este relato y cuyo htul_o
los actores y con el público, censurando no he de estampar por las razones antediilgriamente el espectáculo grotesco de estre- chas; por broma se estrenó en Málaga ¡¡A la
no semejante y diciendo, entre otras cosac;, mar!!... y, por virtud de esa broma perpc•
todas ellas razonadisimas, que era lamenta- tua, que deja de ser pesada para merecer el
ble y vergonzoso que una ciudad culta y hu- calificativo de vituperable, se alimenta, se
manitaria se burlase tan despiadadamente de mantiene y se perpetúa la raza de los maun pobre loco.
de la literatura.
El pobre loco, por consejo de sus amigos, niáticos
Ya basta señores bromistas. Si no por
compañeros y ad~1radores, entab_ló quere- amor al pr~imo, por obediencia á los más
lla criminal por miuria y calumma, contra rudimentarios preceptos del buen gusto Y
el director de aquel periódico. _C_elebróse un del buen sentido, hay que poner formal em•
juicio de faltas, y el juez mumc1pal, _conta- peño en atajar y extirpar de ra1z, á ser po'giado del perpetuo humorismo de_ la t)erra y sible, ese cáncer literario. Hay_ que _acabar
de acuerdo con los amigos y part1dar10s del con los maniáticos de esa especie peligrosa.
autor, condenó al periodista á diez años Y un
FRANCloCO

FLORES G.\RClA

VERSALLES Y SUS EXPLENDORES
en nuestro número de FeD brerocuenta
último de la fastuosidad y el lujo
DJ03

con que se celebraban en Versalles durante
el reinado de Luis XIV las fiestas de Carnaval. Vamos á recordar hoy á los lectores de
PoR Esos MUNDOS otras solemnes ceremonias que en aquella expléndida corte del Rey
Sol tenían lugar.
LA CEREMONIA DEL LAVATORIO

I'

•

1:

ESFINGE
1
1

1

Yo soy como esas olas gigantescas
que sobre el lomo enorme
riel mónstruo azul se agitan y retuercc11
\" van rodando sin saber á dónde.
· Yo soy como esas negras tempestad e,
que obscurece~ el orbe, _
\' como inmensas furias _desgrenadas
iloran mientras los amb1tos recorren.
y O soy como 8505 rudos huracanes
qni., ~!\ las obscuras noches

lanzan hondos quejidos lastimeros
cn las arcadas de los anchos bosques.
Yo no sé qué pesares espantosos
el corazón me roen,
al mismotiempoqueel alma me engrandecen
,, hacen que gima, y me retuerza y llore.
" Y, sin embargo, ante el alegre mundo,
que mi mal no conoce,
¡ri(I y me apropio la fria.ldad que ostentan
las estátuas de bronce!
JULIO

FLÓREZ

Verificase el Lavatorio, como nadie ignora, el Jueves Santo. Todos los años en esta
fiesta, lavaba Luis XIV los pies de trece po•
bres, y la ceremonia revestía inusitada pompa y solernnidad. Celebrábase en el gran salón de los guardias ele Versalles, y el Merc11re de aquella época la relata de esta manera:
«El Miércoles Santo, durante las Tinieblas, á las que concurría el rey, uno de los
limosneros del monarca, acompañado del primer médico de cámara y seguido de cirujanos y barberos, se trasladaban á un lugar
donde habla gran número de chiquillos
pobres esperando socorros de los cortesanos
y de los fieles. Hacían el limosnero y el médico la elección de trece de estos pobres, los
cuales habían de estar precisamente libres
de toda enfermedad ó miseria contagiosa. El
limosnero pasaba relación de los pobres al
tesorero regio, el cual daba las órdenes necesarias para la ceremonia, que desde entonres era ya cosa &lt;le su cargo.
,El Jueves Santo, á las seis de la mañana.
los barberos pelaban á los trece niños, los
cuales pasaban luego á un baño de agua caliente, bien perfumada. Después del baño se
les cortaban las uñas de los dedos de los piés.
Se les vestía con túnicas de tela roja con caperuzas á la espalda, y se les envolvían los
piés, y así eran conducidos por sus padres y

madres ó por algunos de sus parientes al
salón donde se había de verificar la ceremo•
nia. Alli se les bacía sentar en un banco,
vueltos de espaldas á la mesa donde el rey
les había de servir, y frente al púlpito donde el gran limosnero, ó algún otro prelado
elegido para oficiar, les explicaba el asunto
de la ceremonia. Después de esta explicación.
cantábase el .Miserere, terminado el cual el
gran limosnero, ó el que oficiara, bendecía á
los trece pobres.
,Entonces, el rey adelantábase hácia los
niños, y arrodillándose ante ellos les lavaba
el pié derecho. El gran limosnero llevaba la '
jofaina, que era de plata sobredorada, y uno
de los limosneros de servicio sostenía el pié
lavado y lo secaba después.
» Terminada la ceremonia, los niñoe pasa•
han al otro lado de la mesa, y allí el rey
entregaba á cada uno de ellos trece platos de
madera conteniendo pescado, huevos, vegetales y un frasco de vino. Todos los platos
eran presentados uno á uno al rey por la
princesa Maria Adelaida, duquesa de Borgotia, esposa del heredero del trono, que asi,1.ia á la ceremonia acompañada de los grandes oficiales palatinos. El primer máitre
&lt;l'hótel asislía también á esta ceremonia y
desfilaba delante del rey con su bastón de
ceremonias. Detrás de los niños iba otro )i.
mosnero, que recibía los platos tan pronto
como el rey los colocaba encima de la mesa,
y los ponía en las cestas que llevaban los
padres de los chicos. Al cuello de cada uno
de éstos colgaba el re, una bolsa de cuero
rojo conteniendo trece monedas de plata del
valor de medio duro. El tesorero regio presentaba estas bolsas á Luis XIV.
,Concluida la ceremonia, dirigiase el monarca á los oficios con gran acompañamiento
do príncipes, de la nobleza y de los oficiales
de la corte. Después de los oficios, llevando

�ron E.&lt;OS in:XDOS

un cirio en la mano y s~guido por el mism?
cortejo, Luis Xl V acompañaba al Santi«mo hasta el monum,•nlo propio del Juércs
Santo.»
• EL m:Y TE TOCA PARA QUE DIOS

1[ '

1'1
1,

n:

CUfiE »

Otra ceremonia que revestía gran solemnidad en \' ersalles, y que se celebraba en
Pascua de Resurrección, Pentecostés, Todos
los Santos y Naridad,. era la que se hacia
tocando el rey á varias personas que padecían escrófula. El 16 de )layo de 1698, yfspera de l'entecostés, tocó á tres mil de ellas.
lle aquí cómo describe este suceso el ya citado Jfercm·e:
,Enfermos procedentes de todas partes
del mundo, algunos también de España, llegaban á Versalles y eran colocados en fila
por los oficiales de la casa real, algunas veces cerca de la capilla, otras en sitios diferentes. (En 1675, por ejemplo, el rey tocó á
los enfermos en el naranjal de \' ersalles.:
Se arrodillaban, cruzaban las manos é imploraban la ayuda de Dios. Después de la misa,
llegaba el rey acompañado de su gran limosnero. Los doctores y cirujanos se colocaban
detrás de los enfermos para sostenerles la
cabeza, á fin de que Luis XIV pudiera tor·arlas cómodamente. Deteniéndose delante
de cada persona, el rey les pasaba la mano
por la frente, de parietal á parietal, dicién-.
do les: El ,·ey te toca para que Dios le cure,
y daba lue•u il cada uno su bendición haciendo la s~ñal de la cruz. El ~ran limosnero entregaba á cada enfermo cinco sueldos,
si era extranjero, y dos á los nacionales. El
primer 111áilre d'll6tel llevaba una jofaina
de plata con Yino y agua para que el rey se
layara después las manos ..,

dirigiéndose á la parroquia de Vcrs!llles. El
rey, con la cabeza descubierta, seguía a pié,
acompañado por más de mil pajes de cámara, por los grandes y pequeños caballerizos y por cieq _s~izos y guardias de ?º'.P';
![erando todos crnos de blanca cera. Lm,XI\
iba sc•uido por los sacerdotes de la misión y
por toda la corte. Después de oir ~isa en la
parroquia, volvía el rey á p1\ac10 en carruaje.»
RECEPCIÓ'1 DEL DUX DE GÉXOVA

En 1685 encontrábase el Rey Sol en el
apogeo de su gloria y de su brillantez. Victorioso en dos guerras, se había anexwnado el
Franco-Condado, Strasburgo I Luxemburgo;
su armada sumaba doscientos cincuenta barcos, y su ejército llegaba á cuatrocientos mil
hombres; el prestigio de aquel soberano en
Europa era grande.
Habiendo· Génova fallado á los compromi•
sos contraídos con Luis XIV en la ~uerra
que sostuvieran ambos monarcas, el Rey
Sol ordenó a Duquesne que bombardeara la
ciudad de los dux, y asi lo hizo el almirante
francés; pero no se satisfizo el Yencedor con
e~te acto de fuerza, y exigió que el genovés
fuera á Versalles á pedirle perdón. Así futi,
en efecto: el 15 de Mavo de 1685, el dux
Lescari y cuatro senadoÍ-es genoveses tuvieron el honor de ser recibidos en audiencia
pública por el Rey Sol, ante quien el primero
presentó las excusas de la República de Génova. El Me&gt;'cure da cuenta de la ceremonia en esta forma:
,Después de subir la escalera que conduce i1 las habitaciones del rey, el dux y los se•
nadores entraron en el Salón de la Guerra,
desde donde pasaron á la gran galería, más
allá de la cual se encontraba el monarca en
el Salón de la Paz. Todas las dependencias
0111.\S cl.RE,IO\IAS RELIGIOSAS
y las galerias de palacio encontrábanse soberbiamente amuebladas y decoradas, conLa ceremonia de la OrJcn &lt;le! Espíritu teniendo objetos por Yalor de muchos milloSanto se celebraba el dia de Año Nuevo, el nes de libras. La multitud era tan numerosa
de la Candelaria y en la Pascua de Resu• en todas parles que el dux y sus cuatro se•
rrección. Los caballeros de la Orden, en traje nadorcs, á pesar de los esfucr,os que hacia
de gala, marchaban en procesión diriiién- la guardia de Versalles para r~antener el paso
dose ·• la corle, donde celebraban Cctpít1tlo libre, encontraron mucha d1ficultad al cruante el rey, concurriendo todos después á
las galerías.
una solemne misa que se cantaba en la ca- zar
,El mariscal duque de Duras. capitán ,le los
pilla del reu_l palacio.
. .
. .
guardias de corps, acompañó al &lt;le Génova
La proces,ón del Co11111s Clmst, rcnsl1ó hasta el pii, del trono. Era este de plata,
siempre magnificencia y grandiosidad ex- elevado en dos gradas sobre el sucio. El Deltraordinarias en Versalles. Los patios de pa• fín, príncipe Luis de Francia, y F,·lipe, dulacio ostentaban hermosos tapices de la que de Orléans, hermano del rey, ocupaban
corona, y se adornaban con naranjo!-, cuyos cada uno do los lados del trono, al que rotroncos eran revestidos con tubos de plata deaban todos los príncipes de la sangre y los
sobredorada. La procesión salía de las gale- grandes signatarios de la corona. La comitiY~
ría de palacio y recorria la Plaza de Armas

clel dux, como era numerosa, no Be aproxi- de.,;¡1/eya,• mlo,· en s11 desgrncia, sin 11i11[/•í11 servilismo. Añadió Luis XI\' que la
1116 al trono, a~uardando en la galería el fin
misión que desempeñó el dux no tenia nada
de la ceremonia.
,Cuando el rlux vió á Luis XIV y percibió de fácil, pero que la babia llevado á cabo
que era por él reconocido, so descubrió, y de manera que merecía su aplauso.
avanzando unos pasos hiw 1Ios profun&lt;las
RECEPCIÓN DE U'1A E\IHAJAnA SL\\!ESA
reverencias al rey, imitandole los senadorc:,;.
Púsose en pié Luis :XIV y contestó á estas
Ahora que se anuncia la llegada del rey de
reverencias levantando ligeramente el sombrero con que estaba cubierto, r muy luego Siam á Paris y Madrid, es oportuno recor•
el Rey Sol recibió en
hizo una indicación con la mano al dux para dar la manera como
0
que se le aproximara. Subió el dux el pri- Versalles, el 1. de Septiembre de 1686, á
mer escalón del trono, donde hizo una ter• una embajada que al poderoso monarca mancera reverencia, siguiéndole los cuatro sena- daba aquel lejano reino. Ilé aquí la relación
doro.s, que permanecieron detrás de él. El que de la ceremonia se hizo enlónres:
,El rey dió audiencia a los embajadores
rey y el dux se cubrieron, y lo mismo hicieron todos los príncipes; pero los senado- de Siam en un trono levantado al extremo
res permanecieron descubierto::!. Pronunció de la galería, próximo al Salón de la Paz. El
inmediatamente el dux un discurso, y cada órden y disposición de los salones era hervez que mencionaba el nombre del rev, el moso. Los embajadores hablaron mu, bien,
dux y Luis XIV :-e descubrian, como asiinis- sirviéndoles de intérprete el abad de Lyon.
mo todos los princi(&gt;e::-, cosa que ocurrió mu- Permanecieron al pié del trono hasta el mochas mees. El rey replicó al dux que estaba mento en qua presentaron al rey la carla de
satisfecho de la sumisión mostrada por la su soberano; enlónces, subieron· hasta enea
República de Génova, á la cual sentía haber del sillón del monarca. Los siameses demos•
tenido que demostrar su disgusto, pero que traron profundo respeto y, según la costumse alegraba del estado actual de las cosas! bre de su país, llegaron hasta el fin de la gaporque creía que era el principio &lt;le relacio- lería ágatas, no consintiendo en rol ver las
nes muy amistosas pues veía f'n el acto rea- espaldas al rey. •
• Eran tres embajadores, cuatro noble, )'
lizado una promesa de buena fé por parle de
la República; y toda vez que Francia sentia dos secretarios. El resto de la comitiva estapor ella estimación alta, aprovecharia todas ba formarlo por criados. Luis XlV ,·istió para
la~ ocasiones para darle muestras de su fa- recibirles una casaca bordada y adornada con
vor. Con respecto al dux, habló Luis XIV de ~rnndes diamantes.•
sus méritos personales con mucha bondad,
RECEPCIÓN' DEL DIBAJADOR DE PERSIA
haciéndole ver la estimación particular que
por él sentía. Después de la respuesta del
El 19 de Febrero de 1715 recibió el Rey
rey, los cuatro senadores, uno por uuo, le
Sol
en Versalles á un embajador persa.
prc.-;entaron sus respetos, y Luis XIV con•
testó a cada cual con agrado, especialmente Como se tenian dudas aeerca de la autent.•
a ~1. Sal vago, que había vivido algunos años cidad de este embajador, «ni él ni si, séquito,
-dice un cronista de la época-merecieron
en Francia como enviado de Génova,.
Al terminar la audiencia, el rey saludó al atención.•
El asunto jamás se puso en claro. Cna
dux. Este r los senadores hicieron tres re•
verencias profundas al retirarse. Cuando lle- rersión que ha llegado hasta el tiempo pregaron á la i_alería, se cubrieron, y regresa- sente dice que un gran funcionario persa
ron en el mismo órden, encontrando por lo- había enviado un comerciante á París para
das partes tanta gente qua les costó algün concluir algunas negociaciones sobre asuntiempo llegar á las habitaciones que les tos mercantiles, y que el conde de Pool•
chartrain, canciller de Francia, utilizó á este
tenían preparadas.
Toda la corle y toda la población &lt;le Ver• comerciante para que ofreciera sus homenasalles supieron que el rey babia recibido con ¡es al re,, ya anciano y algo decaído de ániagrado el dux y que éste se mostraba encan- mos, con la idea de hacerle creer que los
tado de la manera como Luis XIV le había días de su apoteosis volvian pues hasta Pertratado. No se hablaba de otra cosa. El rey sia, sugestionada por su gloria, le enviaba
en la comida dijo palabras muy encomiilsli• sus embajadores. Si fué esto, hay que recocas del dux en presencia de la corte, mani- nocer en ello una broma cruel y una irofestando que le habia encontrado bien edu- nía terrible, en la que se hacia vestir de iala
c1•fo é infPlir¡Pnfe ..~i11 dPmnsfrar rlificu1- á un anciano, que fué el terror de Europa y
lades en la expresión, habiendo sabido que había conservado su prestigio il pesar

�!,loTttAS

'Il

l

1

de la desgracia, para recibir á un embajador
apócrifo.
«El rey,-dice Dangeau-vistió casaca de
terciopelo negro bordada en oro y llena de
diamantes por valor de doce millones y mertio de libras. Tanto pesaba esta casaca que
Luis XIV se despojó de ella inmediatamente
después de comer. Además de las joyas que
llevaba encima, el rey se había despojado ya
de un juego de diamantes y perlas, que dió
al duque de Maine, y de un aderezo de piedras de color, que entregó al conde de Toulouse. El duque de Orléans vestía casaca
de terciopelo azul bordada con perlas y diamantes, que fué muy admirada.
l ,El embajador de Persiano llegó á Versaales hasta las once de la mañana. Un poco
ntes de su llegada, apareció el rey en el
balcón de su cámara, y el pueblo que llena~. el patio le vitoreó. Los vivas procedían
rle todos los patios, y también de la Avenida de París, que estaba ocupada por la
multitud hasta la casa de Bontemps, donde el
embajador bajó del carruaje y montó á caballo. Entró con su séquito en el patio del
palacio, apeándose ante la residencia del
duque de Guisa. Mientras el embajador subía, pasó el rey á la galería, en uno de cuyos lados había asientos elevados que estaban ocupados por mas de cuatrocienntas
damas de la corte y de la ciudad,elegante y
lujosamente vestülas. El rey, al entrar, pasó
cerca de estos .sientos para que las damas

pudieran ver la magnificencia de su traje.
,Subió al trono, teniendo á la derecha al
Delfin, que vestía traje negro y sombrero
cubierto de joyas. A la izquierda del re¡ estaba el duque de Orléans, y detrás todos los

príncipes de la sangre, según su rango, con
sus respectivos cortejos. Sobre las gradas del
trono, detrás de los príncipes, estaban los
cuatro primeros caballeros de cámara y los
dos maestres de guardarropía. La galería hallábase • ocupada por cortesanos ricamente
vestidos y por muchos extranjeros. La audiencia fué larga.•
El 13 de Agosto del mismo año dió el rey
audiencia de despedida al citado embajador.
Para ello hizo Luis XIV grande esfuerzo,
pues ya se hallaba dicho monarca mu y enfermo y achacoso: como que este fué el último
acto público de su vida. La audiencia, que resultó fué larga, fatigó al soberano francés,
que se vió obligado á resistir el deseo de dormir que le acometió. Después se hizo llevar
en su silla de manos á las habitaciones de
Madame de Manitenon, en las que se celebraba un pequeño concierto. Al abandonar
estas habitaciones, se detuvo para que la
duquesa de la Rochefoucauld Je presentara

otra duquesa, la de Rocheguyon, su nuera,
que fué la última señora presentada al rey.
La duquesa de la Rochegu yon tomó asiento
aquella noche en 1' cena dada por Luis XIV,
que tambrén fué la última gran cena dado

por este monarca.

VEN GANZA
(CUENTO ASTURIANO)

rtacL eon el que _fácilmente se adivina que
JUiuug 1iudo nvcn1rse el carácter bullanguero
pAUSADA,tE,TE clió b

cuatro el reloj ele la
catedral.
Apenas calló la campana, desincrustáronse los serenos de los quicios donde dormita-

ban,

'f

requiriend~ la alabarda, insignia &lt;le

su noc\urna aulomlad. después de hundir de
un golpe en la cabeza el mugriento sombrero_ de ancha~ alas y de ceñirse el pardo cemck, recomeron la ciudad cantando la hora
con perezosa y destemplada voz que hacia
trea:iulant~ el sutil frío de aquell~ madruga.
da mvermza y casi cubría el chocloteo de
los pesados zuecos.
-¡Ave Maria Purísima! ¡Las cuatro y ser~nol-se oyó en todos los barrios de Pla-

v10sa.
Embozado hasta los ojos en la capa, calada hasta las orejas la gorra con que se cubría, y apoyándose al andar en un grueso
bastón, cruzó á toda prisa las desiertas calles de Pluviosa en demanda de su casa y
de su cama, Jaime San Martín, el más tra-

MOTITAS
/Cantares de mujer)

~o digas, porque no es cierto,

1

1

•¡uc nos quisimos tú y yo:
di que yo á ti si te quise,
pero lo que es tú á mi, nó ...
Solo quería olvidarte ...
No lo pude conseguir,
,. entónces empecé á odiarte ...
Mi guitarra es, de mi dicha,

una caja funeral;
las cuerdas, las plañideras,
que no paran de llorar.

¿Cómo quieres que yo pon~•.
nada de fé en tus ¡Jalabras?
Dices que me amas por buena ...
¡y quieres volverme mala!
Creí que te odiaba ...
y, cada vez que te veo,
el llanto me abrasa el alma
Haz que me lo crea,
finje que me quieres.
Tan solo te pido, cuando esté soñando,
que no me despiertes ...
EL BAC1JILLER CORCHUELO

v~eso, aleg:e y atrevido alumno de la univcrs,_dad pluviosana y, por añadidu,·a, jefe ind!scuhble de la_más revoltosa y temida pandilla de d10bleJos estudiantiles que pisó las
calles de la ciudad que vela el sueño eterno
del santo guerrero.

tlnl rnuchacho.
. De todas l_as prohibiciones que su tío Je

unpusie~at ninguna le molestaba tanto como
la de sahr de casa dcsvués de cenar. Afortunadamente, el viejo acostábase temprano v
.hume, con la ~omplicidad de los criados,
abandonaba la Jaula, á la cual no volvía hasta muy avanzada la noche, después de haber preparado con sus compañeros de travesuras unos cuantos disgustos á los burgue-

ses que estaban en turno de victimas.
Aterido de frío y cayéndose de sueño y de
cansancio, llegó Jaime á la puerta de su casa
la noche_ de nuestro cuento. _Quedamente
lnzo la sena! para que el criado de guardia

abriese, como otras veces; mas esta llamó en
vano, y la puerta permaneció inmóvil en sus
goznes_, á pe~ar de lo_s continuados y cada
ve1. mas estndentes silbidos del rapaz.
Dábase éste á todos los demonios, renegando del pesado sueño del Chosco que
aquella noche se hallaba en turno de p;rtero
cuando oyó detrás de la cerrada puerta un;
risita budona y satisfecha, que puso el colmo á la ira que de nuestro amigo se iba apoderando.
-¡Choscol ¡Abrem'a porta! ¡Malos demos

le lc\·en!-rugieron los labios del estudiante

Vivía Jaime con su tío y único pariente
Don Jacobo San Martín, un buen anciano un

apretados contra el ojo de la cerradura.
Mas la puerta, insensible á las maldicio-

tanto sordo y tre~ tantos miope, que eje;cía,
además de otras mdustrias, la de alquilador
de carruaies, y no tenía otra debilidad que
su s~brino, á quien ~doraba y al cual pretend,a educar baJo cierto régimen de severi-

Acor~óse entónces Jaime de que días antes el Nacho, otro de los criados de su tío
le había sorprendido en muy íntimo coloqui~
con la novia del Chosco, y no dudó de que

nes, continuó cerrada.

�Í'OR ESOS MUNDóS

el burlado amante, enterado del caso, aprovechaba la ocasión para vengarse.
Por una ele las ventanas de la cuadra llamó á los otros criados:
-¡Sacho! ¡Pulpeiro!... ¡Abricle, !adrons!
Y también allí sonaron risas contenidas,
hacia el lado donde arrebujados en sus mantas y tendidos sobre la paja fingían dormir
los dos ganapanes.
¡Los bribones estaban de acuerdo con su
compañero!
En otra ocasión)aime no hubiera seguido
llamando; pero en aquella el cansancio, el
sueño y el frio hiciéronle claudicar, y de nuevo volvió á la puerta.
-¡Chosco! ¡Chosco!- suplicó con voz doliente. - ¡Po !'anima de que más queras,
abre, que morro de frío!
• Una ruidosa carcajada que detor,ó en el
portal hizole recobrar el sentimiento de su
dignidad, y á buen paso marchó á refugiarse
bajo los soportales de la rua.
Todavía duerme en las graníticas columnas el eco de la interminable sarta de maldiciones y juramentos con que acompañó el
estudiante su pasear furioso en la soledad de
la fumosa calle.
Cuando bien pasadas las siete de la mañana pudo entrar Jaime en su casa, muerto
de frío, de sueüo y de cansancio, la voz burlona de Chosco le saludó:
-¡Tarde acabó la fiesta!
-Aún no ha concluído,-murmuró el maltratmlo, entrando , trabajosamente en su
cuarto.

rr
Quien no ha vivido en Pluviosa, quien no

ha visto caer agua sin cesar durante una semana, dos, tres, ¡un mes!, menudamente
unos ratos, á chaparrón otros, pero cayendo
siempre, sin una clara, sin una interrupción,
sin un descanso, no sabe lo que es llover.
Las piedras de las calles, de las fachadas
v de los portales, agoreras del aburrimiento y la tristeza, monarcas indestronables de
Pluviosa, anuncian con molesta anticipación
la lluvia, volviéndose negras antes de que el
cielo se encapote; y apenas transcurrida la
primera media hora de lluvia, las anchas bocas de los p(:treos canalones, largos de un
metro ó más, comienzan á vomitar estrepitosamente sobre la ralle el agua que recojen
de los tejados, y el tedioso estruendo casi no
cesa en muchos largos inacabables días, duran!~ los cna.les el alma más alegre se rinde
al peso de tristeza tanta y acaba por ponerse
negra como la., piedras de las calles, de la&lt;,
fachadas y Je los' portales. ·
Pues al anochecer de un día de estos,

transcurrida escasamente una semana del
suceso relatado, presentóse en el despacho
del tío de Jaime, situado,segím la costumbre
pluviosana, en la planta baja' de la casa, un
caballero de poblada y negra barba medio
escondida en el levantado ámplio cuello de
un largo gabán que apenas si dejaba ver
otra cosa de la cara del visitante que unas
enormes gafas obscuras, que servían de escondite á sus ojos.
-¿Es aquí donde se alquilan carruajes?preguntó.
•
-Aquí es,-contestó Don Jacobo.-Pase,
siéntese v espere un momento mientras hago que traigan luz. - Y se dirigió á la
puerta.
-No hace faltaluz,-repuso el desconocido a.tajando el pa~o al viejo.
.
-Pues usted dirá en qué puedo servirle.
ti del largo gabán expusoenbreves y bron•
ras palabras el caso. Era necesario llevar
inmediatamente á su casa en Santa María de
Pazos, á tres leguas y media de Pluviosa, á
un .estudiante enfermo, y para ello quería
que Don Jacobo le alquilase un carruaje.
-,;_Con este tiempo!-exclamó el viejo.
-No se repara en precio,-ronte3tó le
otro.
~
...:..Dudo que los criados guiera~ ...
-Se. les dará una gran proprna, ·buena
cena y abrigada cama.
La codicia transformó para el Chosco y
Pulpeiro :iquella endiablada noche en una
noche estival; y todavía el Nacho. no menos
codicioso que sus compañeros, se enganchó
en la expedición alegando la necesidad de
sus servicios en los atascos y demás accidentes que eran de temer con aquel diluyi?·
Dos horas después, un pesado coche, VJeJO
y despintado, del cual tiraban cuatro mulas
y un rocín, dclúvose ante una casa de la
apartada calle del Loureiro,que todavía aquella misma tarde ostentaba en balcones y ventanas los papeles indicado1·es del deseo de
alquilarla.
Un jóven que esperaba en la puerta habló
á los conductores del carruaje.
-Os darán diez duros de propina á cada
uno -les dijo.-Pero es necesario que conduz~áis el coche al paso. Los vah·enes de
una carrera, por corta que fuese, un golpe,
podrían causar la muerte del enfermo ... y
entonces 1adios, propina!
-Descuide, señor,-replicaron el N(tcho y
el Chosco, dispuestos á dejarse matar antes
que perder los diez pesos.-Llevaremos las
mulas del ramal.
-Y si así y todo quieren correr,-agregó
Pulpeiro desde el pescante-aquí estoy yo.
Hácia la escalera sintióse ruido de gente,

VE.'lGAi&gt;ZA

?2&amp;

�POR ESOS MUNDOS
226
Y golpeando en los cristales,
Y media hora después, al pasar por el Fa- ¡Señor! ¡Xa cbegamosl- griló.-¡Xa cheramello, le ronlestó Pulpeiro:
-Y á mi que estén cerradas las taber- gamos!
-Puede que se baya dormido,-opinó el
nas.
Kacho,
viendo que el del coche no contes-¡Si que vendría bien un pouco de viño
taba.
encima de tanta agual-apuntó el Nacho.
-Preguntad ahí en el mesón de Ventura.
-Calla, que ya te hartarás de él.
-aconsejó Pulpeiro.-Puede que, en él nos
Y no hablaron más. La esperanza de la
estén es¡,xplén&lt;lida cena, d1•l fuego restaurador,
perando
de la abrigada cama y, sobre tocio, de
los parienlos diez pesos por barba, les dió alientos
tes del enpara aguantar. sin m~ldecir las turbonafermo.
das que les caian encima.
-¡Tam-Ya estamos llegando,- dijo al cabo
bién tienrs
uno de ellos. Y los tres ele1'aron á las nurazónl bes una mirada desdeñosa.
contestó el
-¡Aprieta! ¡Aprielal-dijo despreciatiCh osco.
vamente el ('hosco, al sentir cómo auquien, sin
saber por
mentaba
qué, c ola violenmenzaba á
cia del
sentir vachapagos temorrón.
res por la
Poco dese en a, el
pués, á la
.
fuegoy los
una y media de la
í::.~ ~
diezpesos.
Los do~
noche, ni
1
minuto
arriba ni
\;;!'.~1,..:=\=-/==z-t¼==~·-7::i~,::t.-h.,,.,
segundo
abajo, un
, t • · /2
puerta del
violento
•.J_
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P
,e:-:...;;_- .,,:.:;: mesón du~~-(
l ,../'
~ - rante buen
tirón de
riendas
-~
- - - - ~ rato.
- ,;Sal:iZJ parar
ben
d·e la
á las mufamilia de
las ante
un es tulas prime-'
diante enras cas:is
-¿Es aquí donde se alquilan
fermo que
carruajes? Quisiera uno pa~
de una al- ~ -:
llcvnr á tres leguas )' media
traemos
dea asendel puebloá un cstud,anteenahí en un
fcrmo
tada en la -.cocbe?carretera.
1
El Chospreguntaron á la cabeza que asomó á una deco y el NacJio descendieron del pescante, las ventanas de la posada.
avanzaron unos pasos y, un poco desconcer-¿Y para eso me despiertan?-gruñó el
tados, se volvieron hácia Pulpeiro.
mesonero cerrando de golpe.
.
-No hay nadie, tú,-le diieron.
De nuevo volvieron á llamar á los crista-Mirade bien.
del coche.
Tirando trabajosamentr ele las entumeci- les-¡Señor!
¡Xa chegamos!
das piernas, en dos zancadas recorrieron el
-¡Xa chegamos! ¡Señor!
lugar sin topar alma viviente.
-1Morreul-dijo de pronto el Nacho.
-¿Qué hacemos'?
El Chose-0 abrió decidido la portezuela.
-Úay que preguntarle cuál es su casa.
-¡Señor! ¡¡Sei1orll ¡¡¡Señoril!- gritó suMas cuando el Nacho iba á abrir la porte- biendo cada vez más de tono.
zuela del coche, le detuvo el Chosco.
Y como tampoco obluviera contesta:ión,
-¿Qué vás á hacer?-le dijo.-¿No sabes volviéndose consternado á sus companeros
que si abrimos se puede morir'? Que abra él,
les dijo con dolorida voz:
si quiere...

227

VENGANZA

-¡Morreu de vezl
-1Señorl-insisti6 todavía el Nacho.
Y cuando iba á locar al del coche, la mano
prudente de Pulpeiro le contuvo.
-¿Qué vas á hacer? ¿No ves que está
muerto y solo le puede tocar la justicia? Hay
,que avisar al pedáneo.
En el mesón, tras nuevo aporreo de puer1as, les dieron las señas de la autoridad ruml. Vivía en Cruce$, á dos kilómetros de alli.
No tenía pie1·cle: bastaba con tomar la corredofra que á la derecha de la posada hatbía, llena de peñascales, de zarzas y de agua
que bajaba saltando de piedra en piedra, y
.al final, frente al cruceiro, en una casa que
tenia un hórreo delante vivía el alcalde de

barrio. El Chosco y el Nacho dispusiéronse,
renegando, á la ascensión, no sin protesta de
Pulpeiro á quien no agradaba quedarse solo
con el muerto. Descolgaron un farol del coche, y maldiciendo de su suerte, corredoira
arriba, aquí caigo y allí vuelvo á caer, emprendieron el camino de Cruces.

IV
De alli regresaron pasadas dos hora:-,
en compañía del pedáneo, un paisano alto,
seco, nudoso, con cara de vaqueta, embutido en su capa de junco y apoyado en fuerte
y larga moca. Dábale escolta su sobrino Jesús, el de la Marrueca, el mozo más terne
de aquellos lugares, quien llevaba para alumbrar el camino
un miserable farol de aceite,
y para resguardarse con su toí
de la lluvia un ámplio paraguas encarnado bajo el cual

:~:¿.~.;

:.-:,

-Nos hemos traldo al enfermo para que usted lo cure,-dijeron los criados á 1u amo

�POR 'ESOS MUl\DOS

podría cobijarse cómodamente toda la feli gresía de Cruces.
No fué tarea fácil sacar al pedáneo de i-11
cama. Pero lo quP 110 consiguieron súplicas
lograron amenazas; y el temor á _perder el
mandiiío si los zagales, como ofrecieron, daban cuenta de su resistencia al Juzgado, le
decidió á seguirlos, echando por su buca la
111ás pintoresca colección de venablos, que
para aquella y otras solemnes ocasiones tenía reservada el buen alcalde rural.
Y como ni los zagales ni el sobrino eran
mudos, el cuarteto de juramentos y maldiciones que resonaron en la corredoira de
Cruces aquella endiablada noche formaba
adecuado acornpaiiamienlo al ária sobre el
mismo lema entonada noches antes bajo los
soportales de la rua.
Llegaron al coche.
-¿Dónde está el muerto?-preguntó con
cierta solemnidad el alcalde ele barrio.
-Ahí denlro,-le contestaron.
Tomó el farol de manos de su sobrino,
alumbró el interior del coche, tocó el caclúver... y al encontrarse con un muñeco de
paja envuelto en unas mantas vieja~ y s:1cias sin hablar palabra descargó v1gorosamedte su moca sobre las costillas que teni:1
más cercanas, que no eran otras que las del
Chosco, quien al sentirse golpeado arrebató
Yiolentamente la tralla á Pulpeiro, y con ella,
ni corto ni perezoso, devolvió con creces la
caricia.
Terció á paraguazo limpio el sobrino del
pedáneo, tor:1aron cartas en el juego Pul peiro y el Nacho, y entablóse la más porfiada,
la más furibunda, la más sai'tuda batalla
campal que registran los anales de Santa
:ifaria de Pazos, fecundos como pocos e.,
violentos,encarnizados y descomunales combll.tes.
El cansancio y el dolor, y la lluvia, r¡ue
pudo más que Lodo y más que todos, puso
términoá la lucha.
-¡Bulrarse de mini ¡Bulra'.se de mín!nwi:l
furioso el• alcalde, recogiendo del suelo
e
capíl. y monteira.
E irguiéndose súbito,
-1A la cárcel todos!-decidió &lt;le prnnto.

Las explicacrones de -los otros, y, sobrn
todo, la cbnsideración de la legua larga que
había desde allí á la cárcel de fria moderaron su furia; y apaciguados los ánimoq, cacl-¡t
cual lomó ei camino de su casa; porque pensar que la desconfianza campesina, que e11
el mesón romo en las demás viviendas de la
aldea se alojaba, les abriese ninguna puerta
después de la batahola de la refriega, era
pensar eu lo imposible; y así, mientras el pedáneo y su sobrino subían trabajosamente á
Cruces, los criados de Don Jacobo tornaron
á Pluviosa, maldiciendo al que en tal trance
le;; puso, y llorando por la perdida cena, el
apagado fuego, la deshecha cama, r sobre
todo ¡ay! por los diez pesos por barba que
les hicieron confundir aquella noche pluviosana con una noche del estío andaluz.
-¡Solo quisiera saber-dijo amenazado1·
el Ch osco-quién es el grantlisimo ladrón que
en lal trance nos puso!
-¿Y quién ha de ser, inocente?-le contestó el avisado Pulpeiro-sino el argallanfa
del sobrino de nuestro amo. á quien por causa tuya hicimos pasar poco más ó menos las
mismas que estamos pasando.
-¡Puede ser! ¡Puede ser!-repusieron los
otros.
-¡Es!- afirmó convencido Pulpeiro.
V

-;,Qué tal el enfermo'?-les preguntó al
siguiente día Don Jacobo, mientras Jaime,
sin poderlo remediar, reía con la mejor
gana.
-Nos le hemos traído para que usted lo
cure,-contestóle malhumorado el Chosco,
poniendo en sus manos el monigote que con
tanto cuidado condujeron.
-¿Qué es esto?
-¿No lo vé? ¡O filio mayor d'o demo de
seu sobriño'?
-¡Bien se vengou Don J4üne! ¡Bien se
vengou! Mire... ¡Entrábanos el agua por el
pescuezo y salianos por los piés!-dijo Pulpeiro en voz baja al es'tudiante.
El cual nunca más volvió á llamará altas
horas de la noche á la puerta de su casa sin
que al instante leJranquease solícita el paso.
ALEJANDRó

llus:r·acioncs de Esteban ]lenóndez

PÉREZ LUGÍN

NAPOL EÓN EN SANTA ELENA
figura de Napoleón es la única de que el
L
mundo moderno puede servirse para
encontrar en los modernos tiempos personaA

lidad que iguale las grandes aventuras militares de Alejandro, Julio César, Jenghiz y Timur, y hasta parece imposible que haya existido antes quien merezca parangonarse con
el corso conquistador de Europa.
LO~ AMIGOS DE NAPOLEÓN EN SA.J.~TA ELENA

co Bal'l'y O'Meara, que prestaba ,;us servicios
en el crucero Bellerophon cuando aprisionó
al emperador en Rochefort. Ta11lo simp8tizó
con él Napoleón que pidió que lo agregaran
á su séquito. Fuéle concedido e;;;te favor, y
el jó,-en doctor irlandéR sirvió en San la Elena cerca de tres años, hasta que el general
Sir I-Judson Lowe, gobernador de la isla.
concluyó por de::spedirle porque intentó también el envío de cartas á Europa sin someterlas á su censura.
A O'~feara sucedió Francisco Antommarchi, corso de nacimiento y médico de reputación en Floreneia.
Próximo ya el fin del destierro, fueron á
Santa Elena al lado
de Napoleón dos sacr.rdotes italianos. el
padre Bonavita y el
abate Vignale,enviad 1s por el Papa á
ruego especial de Bo11;1 parte. Es te, que
durante cierto liemp o había profesado
el mahometismo, haciendo entonces burla de la religión ca1ó lica, abjuró de sus
errores y murió en
el seno de la Iglesia
romana.

Enlre los que acompañaron á Kapoleón en
la isla que le sirvió de prisión figuraron tres
oficiales generales que, después de Waterloo,
se unieron á él más íntimamente que nunca
lo estuveron: Be rtran d, que también
le acompañó en Elb a; Gourgaud, que
foé ayudante del duque de Berri, pero
que volvió al lado
drl emperador d U·
rante los Cien Días;
y Jlontholon.
·
Otro compañero rlP
la desgracia de Napoleón fué el condP
de Las Cases, antiguo consejero de Estado en Francia. E!
conde era mayo:- en
,1ad que los tres
J.A LITERATURA
militares ci lados y
NAPOLEÓNICA
supo mantener es trecha intimidad con
De todos los que
el desterrado: tanta.
acompañaron á Naque los ingleses lo
poleón en Santa Eleecharon de de la isl11
na, los únicos que no
en Noviembr~ de
e~cribieron las ob1816 por intentar
servaciones que allí
(violando las condiNapoleón Bonaparte en los últimos años de su vida
hicieron fueron estos
ciones en virtud de
las cuales se le permitía residir allí) ei dos sacerdotes, al menos para el mundo.
Por esta circunstancia de haber escrito toenvío de una comunicación secreta á Luciano
dos los amigos, vigilantes y carceleros de
Bonaparte, hermano del emperador.
Seguía á Las Cao;es en intimidad el m6cii- Bonaparte al~o referente á su estancia en

�i31
POR !!.SOS MUNDOS

230

estación naval por el almirante Sir Pulteney
Santa Elena, es importante la literatura na- Malcolm.
Entónces fué nombrado también gobernapoleónica, ya que, además, cada acto de tan
maravilloso hombre ha sido estudiado y ana- d0r de la isla un general á quien el Gobierlizado desde todo'! los puntos de vista posi- no i1111:lés había elegido para la ingrata )
bles. Aun sobre los últimos seis años de s11 odiosa tarea de hacer la prisión de Napoleón
vida, época que, exceptuando la de su niñez, lo ba..tante rígida, de modo que el temido
es la menos sensacional de la existencia de cautivo no tuviera ni la más remota posibi~apoleón por haber dejado éste de ser la po- lidad de escapar. E,;te hombre célebre fui•
tencia que era en el mundo, se ban escrito Sir Hudson Lowe, cuyo nombre ha sido inmultitud de libros; y, á pesar de haber sido mortalizado por las maldicione:; acumuladas
rnuy escasa en acontecimientos la estancia contra él. Durante sus cinco añr,s de resi1lel gran capitán en Santa Elena, constituye dencia en Santa Elena, Lowe esctibió mucho
capitulo interesantísimo de su historia. Alli sobre toda clase de asuntos, grandes y pele vemos despojado (destituido, como él queños, relacionado... con Napoleón; y desdecla), de los resplandores de la gloria y con pués, con la vana esperanza de detener el
la simpatía que producen los efecto!! de su torrente de censura;; que le abrumaba, pro•
porcionó á William Forsyth, escritor muy
calda.
Bertrand escribió algunas notas, dictadas conocido por su Vida de Cicerón. material
por Bonaparte, sobre las campañas de Egipto bastante para una ,'indicación extremaday Siria, notas que se publicaron muchos año-; mente extensa, que no apareció hasta desdespués. Los demás escribieron también, con pués que, desacreditado y arruinado, murió
mayor ó menor extensión. El emperador ani- el general Lowe.
maba á todos á que así lo hicieran, y para
El almirante ~lalcolm 110 c--cr1l.Jió, segú11
mayor estímulo dijo á Gourgau&lt;l que podría creemos, articulo ni libro alguno sobre Sanganarse de quinientos á mil luises diario:; ta E:ena; pero lady Malcolm, su esposa,
publicando las conversaciones que sostenían llevó, mientras estuvo en la isla, un diario,
en Longwood, afirmación menos absurda de que se ha publicado. Y otros varios oficiales
lo que á primera vista parece pues el mun- británicos, visitantes de la isla. también han
do entero ansiaba noticias ó alguna referen- escrito cuanto pudieron ver y oir.
cia de la pequeña isla donde el mayor espi·
Además, han escrito algo sobre este interitu del siglo estaba encarcelado. La'&gt; Case" resante particular, los comisionados extranhizo una fortuna con su Memorial de San- jeros que fueron á la isla, en representación
ta Elena, y los libros de Warden y O'Meara de sus respectivos Gobiernos. Estos comisioalcanzaron una venta que en aquellos días nados fueron el marqués de Montchenu, de
Francia; el conde Balmain, de Rusia; el bapudo calificarse de fenomenal.
Los carceleros del emperador (carceleros rón Sturmer, de Austria. Como en Santa
decimos porque es la palabra que él emplea- Ele1&gt;a eran muy e-casas las distracciones, es
ba, quizás por no encontrar otra peor), natural que todos se dedicaran á escribir
eran todos igualmente aficionados á la \.tera- Memo1·ias,que era de esperar fuesen impartura. El capitán .Maitland, comandante del ciales; pero estos escritos son relativaBelleroplwn, que tomó á Napoleón á bordo mente de poca importancia, pues ninguno de
en Rochefort, empezó á escribir sobre el los citados comisionados habló nunca con
particular, y lo hizo relatando una disputa Napoleón.
que tuvo con su prisionero, el cual acusnha
al capitán de mala fe respecto á las condiCO~DUCTA DE LOS IXGLESF.S &lt;.:ON BONAPARTK
ciones de la rendición. El relato fué recogido
por el almirante Sir George Cockburn, cuyo
A pesar de lo mucho que "e ha escrito renavío. el Nortlumiberland, llevó al empera• íeren le á la última etapa de la vida de Napodor á Santa Elena. El doctor William \Var- león, sobre su estancia en la isla de Santa
den, médico del l\,orthumberland,que acom- Elena, aun se discute y no ha llegado á propañó á Napoleón durante el viaje y en la barse la manera como Bonaparte fué tratado
isla, al regresar á Inglaterra publicó un vo- por los ingleses en ar¡uella prisión. ¿Fué
lúmen de cartas narrando sus conversaciones tratado bien, ó fué objeto de grandes desconcon el emperador. En estas conversacione:; sideracione,; el emperador francés'r
Las Cases les sirvió de intérprete, pues W :nPara demostrar la parte que el sentimen den no hablaba el trancés, ni Napoleón el in- tali!!m0 toma en la lli:;loria, basta recordar
glés. Cockburn permaneció en Santa Eleail que durante su vida activa ningún hombre
desde la llegada del Nor/1mmberland (1ó fué más devotamente adorado, ó más temido
de Octubre de 1815) basta el verano sigu ien- y odiado que este que tuvo energía bastante, que fué reemplazado en el mando de la

dica mucho L',-pacio á hacer una severa rete para proclamarse emperador de los fran- probación del carcelero de Bonaparte, en
c_eses; per? cuando el De!ltino, que por tanto tanto que de é;;te escribe con manifiesta simllempo fue su esclavo, le volvió las espaldas patía. Difícil encuentra lord Rsoeberv abo··y le arrojó del más poderoso de los tronos
11 a; este
hastala más
pu II to d&lt;'
solí taria de
las relaciolas p risiones en tre
nes, el senNapoleón v
ti mi en to
Lowe, po·r
que su situatratarse de
ción inspicio~ h o m raba hizo
bre;,que haque el odio
bitando en
se convirtieuna isla dera en piesierta estadad. Los diban en con,;bujantes
de
tente dispu•
los ¡,erió&lt;liT..ongwood. res1drnc1a de Napol_cón Bonaparte durante su cautivrrio y virla
la: uno de
COS p a r i _
en la isla de Santa Elena
l~s
dos
era
un
~ran
hombre,
el
mayor quisienses, dando pruebas de mal gusto, ,-1, diz~s
de
toda
la
Ilistoria;
el
otro,
en
comparavertían ofreciendo Íl su,- lectores caricaturm;
ción,
era
de
una
absoluta
insignificancia;
¡¡ju
del desterrado de Santa Elena. olvidando las
embargo,
«todo
el
mundo
tiene
derecho
á
que
simpalias que este prisionero inspiraba en
todas parle;;: aun en Inglaterra, país que el ~e )e. haga ~usticia, y, después de todo, el
emperador llamaba sn más co11sia11fe ene- mdmduo mas grande en la Humanidad tiene
migo. el sentimiento público estaba il favor mome~tos en que se condure como el más
de Napoleón. Este senfmiento encontró eco pequeno.•
Esto dice lord Rosebery. Lowe era soldaen el Parlamento británico donde se criticó
do
.. Se le rnandó ir á Santa Elena para que
la conducta del gobernador ingté~ de Santa
Elena por la manera como trataba á Napo- a~h de;;empeñara una misión: la de vigilar
león; pero el Gobierno de Lóndres se defen- bien al hombre que cuando e:;taba encerradió e_scudándose con la nece,-idad política. do en la d~rada jaula de Elba e~capó y llevó
No hizo caso la opinión de tales excusas, la alarma a toda Europa. Y. lo cierto es que
y el general_ Lowe no consiguió que !':e le 1:owe cui:npl_ió la miRión que se le encargó.
escuchara: m aun la defensa c¡ue Sir \Valter l\O era d1fic1l la tarea porque Napoleón estaba prisionero en
Scotl hizo de la
cumplimiento de
conduela de I colas cláusulas de un
mandante de la priTratado entre Insión de Bonaparte,
glaterra , Austria
.
'
defensa que íué
Rus1a y Prusia, firmuy bien presenmado en París en
tada y en m 11chos
Ago:sto de 1815 r
conceptos convinla conducta q
cente, logró hacer
con é I había de
impresión, y Sir
se:ruir:;c en la isla
lfudson, que y a
se fijó en una ley
había perdido por
que el Parlamento
completo el respeinglés votó en Abril
to del público, lu\'o
de 1816 y que lle1¡ue ver cómo el
vaba por titulo Paliobierno á quien
m 111ayo1· eficacia
había .~ervido con
tfp 7a ¡wi.~ián &lt;fr
fidelidad le abanSapolcú11 Buonadonaba
á la execra- Jamcstown, única población que hay en ta isla de Santa Elena
ción popular.
parte. Este nombn·
_Pura demostrar que aún perdura la ene- d_e Buo1wpc!1·te asi escrito envolvía lt\ nega
miga contra Lowe citaremos el libro publica- ltva de considerar al prisionero como empedo hace seis años por lord Rosebery acerca rador y hasta como francés. Siguiendo lo
de la estanci~ de Napoleón en Santa Elena, que _rr.iand~ba la 1:eferida ley y las mu\'
en cuyas pá~ma~ C'sle ¡rran político ing,lrs de- cxphc1las m~lrncc1ones de lord Bathursl,

;I e

�232

POR ESOS 1IUNDOS

&lt; ue se reducían á negar toda clase de hono_ministro entonces de las Colonias de In_gla- /es reales á Napoleón, dieron lugar_ á mull1lerrá, ,la actitud de Lowe con r~specto a su lud de pequeñas cuestiones; l' es merto que
car·go est.nba perfectamente dcfimd_a.
.
la conduela de Lowe en algunas de ella~
Í,or&amp; Ro'icbery concede en su citado l!bro (como, po,· ejemplo, el no entregar~ Bon aparrri·án importancia al hecho de nega1:sc n~u- te un libro dirigido al Irnperaton Napoleo ·
iosamenle á Napoleón su lílulo i~per1al, ni) tocó en lo ridículo. Es precíso no p~rnr
¡Íorque así demostraba la Gran B_retaua con- mientes en la conducta del emperador ~acta
,;ecuencia con su conduela de siempre: e~t~ su guardián: Napoleón fué tan pequeno en
nación fué la única entre todas las pot~ncia» esa conduela como pudo ser colosalmentc
que se negó en absoluto á reconocer a Na- rrrande. En realidad, se condujo malame ntl'
poléón como emperador; durante más de 0
con Lowe: su
Yei n te años SO$lenguaje Jué el
t11 vo una lucha
mismo que emá muerte conplearíaun golfo
tra Bonaparte,
cal!ejero con el
derramando
policía que le
sangre inglesa
detuviera, y no
sin limitación
el que el e be
alguna y gasusar un empetando en la
rador con un
contienda cuageneral.
tro mil millones de duros,
LA PERSOXALIhasta que conDAD DE LOWE
Rigu,ió arruinar
" someter a I
Si Lowe no
iiom b re que
hubiera sido
h a b i a jurado
gobernador de
conquistarla. A
SantaElenadu ·
pesai· de todo,
rante el cautilord Roscbery
verio de Napo&lt;lice que hubieleón, sería hoy
ra sido magnárecordado conimo saludarle
roo un soldado
en su prisión
que tomó in_t~como emperaresanle parl!c1dor, y que el
pación en las
negarle es lo
granJes g ~ e sólo es disculrras de su tiempable como flapo. De la misqueza humana.
ma edad que el
Por otra parte,
e m p e r ad o r
Napo I eón no
francés, pu e~
debió dará esnació en 1769,
te hecho tan1a
.
ouerreóen Cór.
·
. ..
l , v'a ue alcoba y de estucho
"
T ¡·
importancia s1 Napoleón en la pequeñadhab,lh?'º\~":eve d~R~ma, era el único de Jo, cega. en O on
hubiera recor- en Longwood. El lmst0. e 51º.n'f~ adorno de esta habitación
y en otros pun. d
pocos, qutzas e u
•
b.
dado la acl1tu
V
al tos &lt;lel Jledilerráneo. En 1799 fue no~ iaverda&lt;l.eramenle real de Carlos ' que
d
mandante del cuerpo de dosc1ento'i
abandonar su trono dijo: El nombre de C~r- c~rs~~ •1e se formó á sueldo de Inglatena.
los me bastcirrí, ya q1te en a,lelante solo
él yq su; hombres pelearon en. Egipto
Carlos he ele se1·.
.
. . Y en Es aña á las órdenes de Sir John
El almiranle Cockburn, &lt;lrce Rosebe1 y' iioore co~tra las huestes napoleónicas. En
inauguró resueltamcnt~ la solemne farsa eles- 1.805 or anizó V mandó en ltalia un gra~
de que Napoleón llegó~ bordo ~el bcq~:b~~~ cuer o Je soldado,; C'Xtranje1·os, y defendió a
Pslc marino mand~ba. ~anto dicho. oc , de- Capr~ contra fuerzas francesas al mando de
&lt;·orno Lowe cumphan órdenes prec)sas l
r . Después fué nombrado gobernafinidas que sus superiores le~ ha~1an dado,
l~;n;~~&gt;~~·te de las Islas Jónicas. En 1813 se
porque un soldado y ~n mar~nEo lienóe1~¡ecc- ;e ordenó presentar:;e en el territorio alemán
sariamenteque conducirse as1. stas i enes,

NAl'OLEÓX EX ·SANL\ ELEXA

donde operaba Napoleón, y allí ejerció l'I
cargo de inspector de los Yeinte mil soldado,
prusianos que cobraban sueldo dC'I Gobierno
inglés. Estuvo con Blücher durante gran parte
de la campaña, y permaneció con este general cuando los aliados invadieron á Francia.
Indudablemente, se consideraron sus servicios dignos de recompensa pues recibió graneles honores y se le ascendió á mayor general, además de recibir condecoraciones ele los
Gobiernos ruso y prusiano.
En la campaña de 1815, fué Lowe algunas
,:emanas jefe del Estado ~layor General de
\Vellington, y antes de Waterloo se le envió
á Génova donde tomó el mando de las tropas
que allí se organizaron. Al entrar en Francia, ocupó á ~Iarsella, y cuando abandonó
usta población después de constituirse un
gobierno bo1·bónico, los ciudadanos marselleses le presentaron un testimonio de gratitud por haberle;; salvado del saqueo napoleónico. Su pnesto en Santa Elena se consideraba ele importancia, y allí cobraba un
sueldo de se,enta mil durus anuales. Se lo
eligió para esle cargo por sus conocimientos
del francés y del italiano, así como por estar
relacionado con la roa yor parte de los grande., hombre,, de aquella ápoca.
NAPOLÓEN Y LOWE FRENTE Á FRE::'&lt;TE

Tal era el hombre que al presentarse á Napoleón se encontró con que el emperador
no quiso escucharle ni le dejó hablar, abrum:tndole con multitud de bravatas en que pedía á toda costa la libertad ó la muerte, brarnlas acompañadas con una porción de insu llos personales á Lowe, á quien el furioso
emperador, llamándole ya entonces su cm·celero, dijo que sus e;;critos sobre la campaña
de 1814 estaban plagados de necedades y de
falsedades. Cuando Lowe pidió á .Kapoleón
que le indicara sus deseos sobre la construcción de una casa para él, para la cual se
habían llevado los materiales de 111glaterra,
el emperador contestó: «Creo que habéis recibirlo órdenes de asesinarme, y para ello no
os detendréis en minucia de más ó menos., Y
Lowe tuvo que retirarse de la presencia de
Bo11aparte sin obtener respuesta á sus preguntas. En la quinta entrevista que ttn·iero11.
Xapoleón recmrió á su idioma nativo, el ita¡iano, según hacía con frecuencia, )' dijo á
Lowe que no era soldado, sino nn escribiente, im esbiiTo siciliano, y que no tenía nada
de general inglés )' si mucho de jefe ele b1·igantes. A todo esto, contestaba Lowe que
cumplía con su deber y obraba con arreglo á
las órdenes recibidas. «¡Eso hace el verdugo!, replicaba el emperador. Tambien dice

Lowe que el lenguaje de_ Napoleón era inciYil
é impropio de un caballero, y que por este
motivo decidió no escucharle suprimiendo
desde aquel día toda relación personal con
su prisionero.
Es po&lt;iible que faltara á Lowe el suficiente
lacto para el cargo que se le confió, pues
apenas tienen una palabra bondadosa para él
cuantos por aquel tiempo estuvieron en Santa Elena; pero es indudable que la provocación al amor propio del soldado foó extraortlinaria, y aunque hubiese tenido la diplomacia de l\faquiavelo combinada con la
paciencia de Job, no hubiera conseguido
atraerse á Napoleón. El objeto del desterrado imperial era mantener constantes querellas contra sus guardianes á fin de aparecer
ante el mundo corno un mártir; tanto que,
sólo por llamar la atención de todas las gentes fué por lo que Napoleón vendió su vajilla, con objeto de hacer ver por esle medio
que carecía de recursos con que alimentarse; y asi fué también como rompió su cama,
para que se creyera que carecía de leña con
que calentarse. Todo esto no era más que
una aparatosa demostración de pobreza hecha por quien lenía millones á su disposición.
Era el juego de Napoleón. Juego pequeño,
quizás, pero aquel hombre extraordinario se
entretenía en lo pequeño cuando no podía
entretenerse en lo grande. _\demás, indudablemente creía el emperador que así tendría
probabilidades de atraerse las simpatías de los
ingleses, hasta el punto de que llegó á decir,
según afirma Gourgaud, que un cambio de
Gobierno en Lóndres podría ocasionarle la
libertad. Esto prueba que Napoleón estaba
mu y equi,·ocado respecto al temperamento
inglés; pero continuó su sistema hasta Jo
último, y aun cuando nada consiguió para
su persona, logró difamar irreparablemente
á Lowe.
Se ha hablado mucho de lo indigna que fu&lt;•
la exigencia de ,¡uc Napoleón foera visitado
diariamente por un oficial inglés para asegurarse de su presencia en la prisión. Cierto
que Lowe &lt;lió tal órden, pero no la hizo
cumplirá rajatabla, aún cuando para ello
tenía atribuciones. Dia:·iamente se presentaba en Longwood un oficial de l ejército inglés,
pero era rara la ocasión en que conseguía
ver á Bona¡nrte porque éste solía permanecer una semana ó más sin salir de sus habitaciones. Además, para ju7.gar esta órden de
Lowe debe recordarse que el Gobierno inglés
había sido severamente criticado en el Parlamento por deficiencia de precauciones
cuando Napoleón se fugó de la isla de Elba.
Esta costosa aventura se hizo posible, ó al

�HORÓSCOPO DE LOS MESES

MARZO: SOL EN PISCIS
mes, tercero del año en nuestro calendario, cuenta treinta y un días. En
los tiempos del llamado Ail-o Romano era el
primer mes, y el aii.o legal comenzaba el 25
de Marzo. Fué denominado con el nombre
c¡ue tiene, porque estaba consagrado al dio~
Marte. En el presente mes entra la Primave .
ra, y el signo del Zodiaco que preside á Marw es Piscis, que reina desde el 19 de Febrero al 25 del actual.
La constelación Piscis, duodécimo signo
del Zodiaco, es un signo con caractéres flemático y afeminado y de actividad nocturna.
Es el último gigno de la Triplicidad Acuática, siendo sus compaiieros Cáncer y Escorpio. Sus atributo,; má,; elevados son la emoción y el silencio.
Los nacidos bajo este signo ~on reflexivos.
industriosos, sensibles, perseverantes y amlliciosos para obtener conocimientos de cada
objeto, especialmente en asunto~ cientificos
y mecánico:.. Son lógicos y positivos en sus
opiniones, a la vez que afables y sumisos
aparentemente, teniendo decidida afición al
cumplimiento de sus planes, que son si~mpre resultado de grandes y cuidado~as deliberaciones. Lo mismo proceden en ol cumplimiento de una ley ó promesa, para lo cual
ofrecen gran decisión y fidelidad. Presentan
,,na razón para cada cosa, y pueden dar explicaciones de sus actos en cualquier asunto.
Son cxcépticos y materialistas. Poseen fuertes idea~ &lt;le justicia y verdadera consciencia de lo que son, temiendo mucho per•
dcr lo que es su yo para no caer en la dependencia de otro,. De impulsos generosos, ha&lt;'&lt;'O por lo general muchas obras de caridad.
Aman la hermosura en la Naturaleza y en el
STE

E

SANTA ELENA, CASA DE VtU:,iDAU

Cierto e;,' por todo lo que hu visto _e~ lec·•
tol' que el cautivo emperador no rc~~b:ó d~
In '1at,)rra las atenciones que le hub1er,~mo.
g d'do los que hoy nos hallamos hbre&gt;conre 1
,
ero no
de \og rencores de aque11 ª ep?ca: P
be duda que todo ello tiene chsculpa. ,\un·
~:e no fueran motivo bastante para ,-eme·
¡~ntes precauciones el temor de_ una segunda
·r'uga de Napoleón y la'- exigencia'&gt; de las pu
tencias aliadas contra Oonaparte, la atmós•
fera extraordinaria de mútuo _r~celo, grand '
hostilidad sospechas de tra1c1one;-; que en
·. e Santa Elena se respiraba era
.
.
1a co1on1a
circunstancia que auloriiaba cierto ngor con
d nrisionero.
.
. Q'\l .
F:emplos son de ello que unentra: . N·
a dejaba escapar en su diario Voice fro11_,
Hele,w el odio más profundo ~~ntr,\
Lo.we que lo había despedido del semr.10 dl·
la ar~1ada británica &lt;le estación en aquella
. 1 F'orsyth en su Captivily of Napoleo!i
,s a,
·
e d1
defiende al general inglés Y a~egnra e¡~ . ·
cha obra está llena de incxacl1tudt•,;. El hbru

J'

St

Arte, y se distinguen por la modestia que á
todos, viejos y jóvenes, les caracteriza.
Los nacidcs en Piscis tioneo gqneralmente plácida y dulce mirada. Su temperamento
es el linfático-bilioso on los climas cálidos 6
meridionales, y linfático-nervioso en las latitudes del Norte. La impaciencia y la ansiedad. junto con la superstición, son las cosas
que más pueden temerse en los individuos
que pertenecen á este signo, los cuales parece que siempre están esperando que les ocurra algún suce:;o desagradable, tendencia
que les hace envejecer prematuramente.
Los mejores amigo, de los hijos de Pisci,-;
son los nacidos bajo los signos do Virgo y
Capricornio, y cuando se unen individuos
de cualquiera de estas tres constelaciones la
degcendencia resulta fue•te é intelectual.
En la ciencia de la A:strología, Pisci,s e~.
con Cáncer y Escorpio, uno de los signo,
del Zodiaco conocidos por más fructíferos y
bienhechores para la agrieulturr, á causa de
las lluvias que durante su imperio se dejan
sentir.
El dia de la semana más afortunado pam
los nacidos en Piscis es el juéves, y Mayo v
Junio los meses on que mejor y con más probabilidades de éxito pueden emprender cual,¡uier empresa ó negocio. Júpiter y .Neptuno
son los planetas que gobiernan á Piscis¡ el
rubi, la joya de este signo; el blanco, el rosa.
el verde-esmeralda y el negro, los colores
astrales; y el narciso, la ílor.

Vamos á dar ahora algunas explicacionc&lt;;
generales &lt;le este Horóscopo ele los mese~•

�UNA MELANC0LIA ...
ceras partes de su propio mes y die;. día¡,
que venimos publicando en las páginas de del mes precedenle.
POR Esos Mmmos desde Octubre último.
La precisa época en que el Sol pasa de un
Los doce signos del Zodiaco representan signo á. otro es un periodo al que se llama la .
la contextura fisica del hombre: cabeza, cue- cúspide. Lo,- nacidos durante las cúspides de
llo, hombros, manos, piés, etcétera. Los cua- los signos del Zodiaco participan de las catro elementos Fuego, Tierra, Aire y A.gua, racterísticas, tanto del signo que el Sol deja
son las cuatro triplicidaáes que gobiernan como de aquel en que va á entrar. Esto pueaquellos signos, tre,; de los cuales pertene- de ser una ventaja ó una de~ventaja, según .
cen á cada triplicidad. Siete planetas en turno que los dos signos se encuentran ó nó en
rigen á estas constelaciones: Júpiter y Ve- harmonia. El Sol tiene que residir en el nuenus, que son propicios á ellas; Marte y Sa- vo signo durante seis días, y cualquier
turno, que les son contrarios: Mercurio, que tiempo menor á este hace que el individuo
e~ el más indeciso y variable; y el Sol y la nacido en esa época tenga alguna de las
Luna, que modifican las influencias favora- características del signo precedente. En cambles ó desfavorables de los otros. El Sol pasa bio de esto que puede ser una desventaja,
sucesivamente por cada uno de los signos existe una fuerte y duradera simpatía entre
zodiacales, y la duración de estos suele ser personas que pertenezcan á si¡mos del misde treinta días; pero el cambio empieza ha- mo grupo ó triplicidad, los cuales congenian
cia el 20 del mes, con lo que resulta que siempre en toda cla::;e rle asuntos.
una de dichas constelaciones abarca dos tertHASE

ÉRi\SE UNA MELANCOUA...
l\lelancolia de las noches solas
que todos mis deliquios los inmolas
en el ara lustral de un amorío
que arrasara mi vida y mi albedrío:
Aléjate, llevando entre tus olas
las tranquilas y suaves barcarolas
que ayer nacieron en el pecho mío
y que hoy se alejan cual se aleja un río.
¡Aléjate!... Mi espíritu embebido
en los regios coloquios con el Arte,
busca el místico amparo de su olvido
Como busca á la véspera neblin1
el viejo muro ó el alero aparte,
cansada de volar, la golondrina.
CONSTANTINO OBANDO ESPINOSA

r~---,~~--~-_...-------......
'

L.
.,

''

l.EYENDA DE LA BRETARA ROMANA, ENTRE LOS
AROS 410 y 446 DE LA ERA DE CRISTO

por C. BRYSON TAYLOR

,

Personajes:
N1CA)IOR, narrador _de cu~ntos, hijo de
.
RA.TH?1'rns, ~ampesrno suJeto á la esclavitud.
SUSANA, muJet' hebrea, esposa de Rathumu'\
EUDE~IIO, noble romano.
-VARIA, su hija.
HITO, mayordomo de la casa de Eudemio.
NERISSA, doncella de Varia.
LrvlNIO, ami_~o de la infancia de Eudemio.
¡ l\IARIO, ~u h1Jo, de las legiones romanas de
la Gaha.
MARCO SrLENO POMPONIO, conde de Sajonia;
AURELIO MENOTO, dunviro de Andérida·
CA;O JULIO VALENO, ciudadano romano:
huespedes los tres de Eudemio.
FELIX, Juu~, NIGIDIA, PAULA, GRATJA, hijos
de los huespedes de Eudemio.
CHORIS, ciudadano cosmopolita.
SADA, mujer sajona.
EUNICE, mujer griega.
ELDRIS, esclava bretona convertida al Cristianismo.
'
WANDO Y MARCOS, esclavJs en la casa de
Eudcrnio.
VAL~ruo, romano, soldado de fortuna .
....., .
TOBIAS, hebreo, artista en marfil.
CEALIN ·efe de tribu
WULF, EL ROJO, piquero sajón.
TUERTO , J
escocesa.-PADRE AMBROSIO, sacerdote cristiano.-NiCOOEMUS, E•I,
. de un
, comerciante
inglés.-M:YLEIA,
su esposa.-BALUUS, un desterrado.-JUNCINA, muJ~r
pescador.-SosrA,
su hija.

Una fforista, tfü ccintor sajón esclcivos e
, . tes l' ,
..
liles romcmos
'!J mujeres pcdricia;, ho ,nb tes
. ' iine_i
ciansc~¡ones
.. po icta
mtlziar,
mineros, no.
e cu-mct,S
'!J muc!ws
extranjeros.

LA HEQENCIA DE MELCHOR

. 'AL
co1~iewl~-&lt;le nu~_stra hist?ria, Ralhu. mus el lc1 ,1dor, h1JO ele H.az1s, broncifita,
Y meto de Jllelcbor, narradol' de cuentos re~re,:ab:i por enlre sendas \' Yeredns de 'una
montaña á su pobre y mí;cra ,·iricn la. El
· cuerpo alto y delgado de Ratbunw~ isc encor-

vaha al peso de haces de leña que cargaba1J
sus homb:?s, Y ya cerca del anochecer, cuando las luc~crnaga~ centellean entre los pantanos, el lenador v1ó á su hijo Nicanor sentado
en 1:1na roca, las manos cruzadas sobre Ir, ,
rod1l l_as y la voz hablando alto á las estrellas
del etelo.
Rathumus no interrumpió á su hijo, )' de-

�AMOR DE DAMA Y AMOR DE &amp;;CLAVA

-&lt;¿38

POR ESOS !IIUNDOS

•tuvo un punto la larda caminata que á s119 piés imprimía:
'Contempló á Nicanor, y n'cordó
.al momerto que Melchor, su
.abuelo, fué, cuando vivió, un
·talento, un hombre á quien
,od05 oían, ensimismados, referir leyendas y cantar baladas. Y emprendiendo de nuevo
~I paso, que ya hizo algo má5
ligero, llegóse al lado de Susana, su mujer, á quien dijo:
-¡El talento de nuestro
gran padre Me lchor ha
sido heredado por Nicanor! Ahora canta á las estrellas. Cuando las estrellas le hayan oído y le
hayan enseñado lo que
ellas sabirn, cantará á los
hombres. Dejémosle así:
~s la vocación, que le re-clama.
Susana respondió:
-Será un hombre que
sobresaldrá en t re los
hombres, y un grande entre los graLdes. ¡llasta es
p os i b le que Eudernio,
nuestro nobln y honrado
se1'íor, lo llame á su lado!
Rathumus dijo gravemente:
-¡Pide á los dioses di·vinos que no haga mal
-empleo de sus facultades!
Llegó en esto Nicanor
al lado de sus padres, y
el encanto de las estrellas
parecía habersctransmilido á él. Era el retrato de
Rathumus: delgado y cargado de espaldas, grises
los ojos, cuyas miradas cambiaban desde la
tranquilidad inocente de la niñez á las profundidades y embelesos del conocimiento
que alborea.
Rathumus le preguntó:
-¿Qué hacías, hijo?
Nicanor, como el que despierta, contestó:
-No lo sé. Quizás dormiría anoche al aire
libre, á la luz do la luna, y el astro me perturbó ... ¡Padre, he llegado á pensar que haré
grandes cosas! Recuerdo que un día me dijiste que el destino de la vida del hombre
en sus propias manos está.
A lo que repuso Rathumus con prcslc7.a:
-Recuerda que también están las manos
-del hombre en las manos de los dioses, como
las del esclavo entre las de su señor. No olvi-

na-y se dedicaba á referir cuentos á lo-;
anlcpa.c;ados de nuestro setlor Eudemio, de
los que fué el primer siervo ... Tu padre cree.
que has heredado de Melchor el don que á él
adornaba y que un pliegue de su manto ha
caído sobre li. .. Ahora, hijo mío, quiero que
me digas qué pensamientos se apoderan de
ti cua11do la noche extiende sus sombras y
cuando la inmensa tierra murmura somnolientos cánticos: ¿has sentido alguna vez qu&lt;'
los sueños exciten las cuerdas de tu corazón
como :icordes de mú,iea delicadai'
- ¡Jlaclrel-exclamó Nicanor apretándol,1
en sus brazos.-¡Tú lo comprendes, tú conoces esa música y su letra! Enséñamela. ¡Yo
longo visiones y pensamientos lan rápido,;
que desaparecen antes de que llegue á conocerlos bien. Sobre todo, la letra, las palabras,
nunca puedo dominarlas: ¡me es imposible
expresar las cosas que quiero decir!
Susana reía y acariciaba la cabeza de su
hijo.
-Yo conozco la letra, poseo las palabras,
hijo mio,-dijo suavemente-pero carezco
de la música para cantarlas. Las mujeres no tienen
en su vida más que un aire,
y este siempre en la misma
clave: ¡un canto, uno solo,
tiene la mujer en toda su
vida, y cuando ese canto
-. cesa se apaga nuestra voz!
Pero no te importe, hijo
mío: Dios querrá que comprendas lo que significan
las palabras y que las dés
su verdadero valor: el del
pensamiento, que es la piedra fundamental sobre que
que has de edificar tu porvenir. Y, entonces, las palabras afluirán á tus labios... ¿Qué visiones has
tenido, querido hijo?
- ¡No sé, madre mía!
Ahora, en mi frente, siento
la inspiración: está mi imaginación como si se encontrara ante una cortina de
niebla que va desapareciendo á la faz del mundo... Veo debajo de mí nubes que se escapan del horizonte, vagas montañas,
extensos y solitarios desiertos y ciudades grises,
durmiendo todo bajo la protección de la benéfica lu1. de
::iusana dió un forllsimo
la luna, ¡pues para mi consabrazo á su hijo y se .destantemente es d e noche
pidió de él

separóse de su lado y trepó escaleras arriba
en dirección al desván donde acostumbraba
á dormir.
Pasados algunos momentos, Susana, qul'
suspiraba por su hijo ahora más que ante,
puesto que veía que empezaba á seguir ciegamente los designios del hado, subió también las escaleras y se sentó al lado de Nicanor, creyéndole dormido; pero el joven
deslizó una mano entre las de su madre, y
se esc11rrió en el jergón hasta acercarse del
todo á ella. Susana le recibió en sus brar.o«,
apretó la poblada cabellera de Nicanor contra su pecho, y como á infante de pocos meses lo meció cariñosamente. El muchacho,
dominado por el sueño y por el bienestar,
murmuraba negligentemente, y la madre so
inclinaba hacia él para no perder palabra do
las que pronunciaba el hijo.
-Hace tres noches que habló mi padre
de Melchor, y este nombre ocupa constantemente mi imaginación. ¿Quién fué Melchor
y qué fué?
-Era el abuelo de tu padre,-dijo Susa..!

Ilatbumus vió á su hijo Nicanor sentado
en una roca hablando alto á las estrellas

des, hijo mío, que eres muy joven y todavía
no posees completas tus facultades. Procura
no enseñar lo que tú mismo no has aprendido, porque en ese camino encontrarás la burla y el desprecio de los hombres.
-Ahora soy yo el que no comprende á
dónde se dirigen tus palabra~,-dijo Nicanor.
Y sus ojos grises, a la vacilante luz de la
antorcha, expresaron la duda. Luego, añadieron sus labios:
-Yo no enseño á nadie: ¡quizás no fuera
yo, después de todo, el que durmió anoche
bajo los rayos de la luna!
Púsose á cenar Nicanor. Más que cena
era una colación lo que tomó: un potaje de
judías negras. Y sin preocuparse de los cariñosos pensamientos de sus padres hacia él,

�l'OH l&gt;OS )lU;-;UO:-

110

A!IIOR DE DMIA Y AMOR DE ESCLAVA

I)urmió Xicanor, Y lo-, rayos de la _luna,
las cosas suceden siempr~ en sn&lt;:iios, ~- ªº.- &lt;¡uc lle¡rah:rn has la él desván_ e_n qu~ el JOYen
. ies de que yo .P~•.eda apreciarlas IHcn c:-cap,1
.
ab~... envolvieron al v1s1011ano en una
de~cans,
la tentadora ns10n! ...
C'orrienle
de plata.
11· b·
. Acritóse el joven intranquilameute, )' a~11
Abajo, al lado de Ralhumus, s_e h~ a ~
i:- d.. ma· s· la &lt;"tbeza en el seno de su rn,1escon JO
'
,
•
.
Susana. cuyos párpa•.los ¡,enna1_1e~1an ICh~I _
1 que le acarir·iaba en s1lenc10.
&lt;rduando volvió Xic·anor á usar de la pala- des al suc1io prPlc11&lt;hrndo &lt;les&lt;·1f1 ,u los Ulh
torios de la obseu ridad.
',n dijo exta!-iado:
'.'-Yo también i::eré ll:ll'rador de cne_nt~~,
11
m1 p,1d1 l1e:
"0m0 lO f Ut·, 11~relchor. el abuelo de
•
En serlo está toda mi alegría, sm pe1!as •
Nicanor hallábase sentado al lado del
. ·Y seré grande más grande aun que
pesares. 1
'
t ._ ven.,·rn "º Sus manos cru;.mdas abrazaban la~. o
~[elchor, y más gra11de que cuan o
,,,
!la~, los ojos estaban fijo.:; en las roJ i:,:~s
detrás de mi!
¡ 1· d
,·1·ybles llama~. En i::u rededor, en el para
100
mano
sobre
los
a
nos
e
S usana pUso Una
roo,• acurrucábase una ban el a de pastores
¡~
trashuman
les
procedentes,
de
todo
el
~a:
,;u
hijo:
¡
c·
1
lla'
Eso
es
.
·C· lla por amor de ie o, ca , . .
. -. •~ ''. de la J·actanC'ia jamás re,-ulta el circunvecino, c¡ue conducian sus gana º"•
Jactancia, )
.t
¡ •e v ron- &lt;le vuelta ya de pacer. para enr1•rrarlos en ('I
bien. E.scúchamc, escuc1ia a u mac I , ,
!-erva siempre rnis palabra"
"11 lo más profundo de tu
~orazón: ellas :-;erán como
un encanto que te defienda
contra todo peli¡rro.. Ru~ga
durante la noche ª. D1?s,
conserva las mano,; hmp,a~
de i-angre, el cuerpo hhrr
de lascivo pecado, _la lc1:~
"Uª ,írcren de toda 1mpo.
tura:
i-erás pu:o y tus
· palabras pro:-;peraran, !J~rque el fruto s111 mancha J~más dejó de fl?recer._ Ter~
presente que~'º" quiere a
todas sus criatura-:, y lo
mismo que á tí ama a las
demás.•\si como lit llen1s
en tu f-ér el bien y el_mal.
así también ocurre a tus
prójimo~, por lo que_ h~s
de hablar de ellos ear1ta~1vameutc, como qu~rrias
que ele tí dijeran. ,\ lt prul&gt;io jÍlíioatc ..~cveramentc_.
como s1·ºrueia,,
a' J·uzcrar
·~ a
lo, clemá~. y así con!,ervará~ la justiciera balan~;~.
Diú Susana un forll,mno
Leso á su hijo y ,-.e alejó dt•
- 1 B·tJ.ó las escaleras. y al
e·
'
11 ll&lt;"•ar al último pe e ~no.
todavía llegaba á s~~ o1clo"
la confusa voz de };1canor,
que decía:
.
- ¡Seré grancl_e, mas
graulc qne el anciano q u&lt;·
me precedió, más gran&lt;ll'
,¡ue los n. cQ, mil-: ;;r_andi_
•
. res cruzada~ l:i➔ mane» :í las rodillas y lo; ojos
que cuan los nazcan Ira,, de
:-,ieauor,
ro,lea&lt;l,i
de.IJ03
pa,lo el 'r,.e•o
canta!Ja una balada
.
..
•
,. o ,
1 lD
mi!
·

/~t

!

así

2-Í1
redil durante la noche. Cerca del fuego, á lanzar ruidosas exclamaciones de gozo y de
intervalos discretos, yacían los rebaños, se- triunfo. Gustaba, relatando cuentos referenparadamente. En torno de cada grupo de tes al mundo de las tinieblas, hacer que sus
carneros vigilaba una figura negra, cayado en oyentes se exlremecieran y dirigieran inmano, para mantener la paz entre los anima- quietas miradas á uno y otro h,do procules que quisieran perturbar la tranquilidad rando investigar con ojos escrutadores los
de los demás. Los pastores, en lomo del fue- misterios de la obscuridad que les rodeaba y
go, descansaban de las fatigas del dia, &lt;lesta- fijando estúpida admiración en el resplandor
cánrlose á la luz de las llamas las rudas fac- que las lamas despedían... Porque no debe
ciones y pobladas y enmarañadas barbas de olvidar el lector que se retrata aquí una
aquellos hombres záfios y groseros. )lás reti- época supersticiosa, en la que cada campiña
rados, unos cuantos grupos, sentados en y cada hogar tenían su genio que presidía el
círculo, echaban los dados ,sobre una piel de bien ó el mal, y en la que había muchas cocarnero, oyéndose entre los jugadorei-, de vez sas de las cua!es los hombres hablaban con
en cuando,ahogadas risas. El almizclado olor el cornzón palpitante y las manos elevadas
de los animales impregnaba las primeras sen- al Cielo.
saciones del oto1io que ¡:endian en la atmósNicanor, gozoso y triunfante, terminó su
fera y se extendían por el páramo, vasto y narración con estas palabras:
silencioso, y por las cumbres sombrías que
•Así murió este hombre, sin que sufrier1'
iban á perderse en los misterios de la noche. castigo alguno. Su cuerpo fué l1eV'ado á un
Sobre.la obscuridad que del mundo se ense- campo de flores, en medio del cual levantábañoreaba, una luna en menguan le, de pronun- se una ciudad. El espíritu del muerto entró
ciados cuernos, vagaba por entre las nubes, en esta ciudad, y se aterró; porque al hallarse
ahora ocultándose, luego apareciendo.
entre las flores vió sus pétalos salpicados de
La voz de Nicanor se elevaba y descendía sangre r percibió que lodo el ambiente hecon las crugient&amp;,; llamas, mientras sus ojos día á crimene::; y matanzas, á los malos hebrillaban y temblaba su rostro. Los hombres chos que él había cometido cuando vivió
que se encontraban al alcance de su voz apa- sobre la tierra.,
recían pendientes de las palabras que proSordos murmullos y viva agitación prodununciaba. Gradualmente, palidecían las risas jeron estas palabras entre la multitud que
de los jugadores de dados: uno tras otro, rodeaba á Nicanor, y al momento una voz
fueron abandonando los grupos para uniri:;e que salió del grupo habló así:
al circulo que rodeaba al fuego. Nicanor ob-¡Por la cruz de Cristo! ¿Cómo es que esse1 vaha esto, y llegó á ~e11 lir en su cornzón le fátuo adolescente se atreve á expresar con
el orgullo del amor propio sati,;fecho. No sus lábios lo que ocurre en la vida de ultraotra cosa era la que él ansiaba: vagar durante tumba? ¡Se trata de muertoi-, y los muertos
la noche y encontrar 1uulliludes de pagtores pertenecen únicamente á la Santa lglesial
ambulantes, ó de letiadores ó carboneros; ¿,Con qué derecho nos hablas de lo que tú
empezar su canto bruscamente y en med:o mismo aseguras que ningún mortal conocer
de las conversaciones de los demás; ver cóMuchos de los pastores protestaron, grimo .los oyentes se iban acercando á él expre- tando:
sando en sus miradas la admiración y el te-¡Calla, Rag, sella tus lábios, y deja harror, ó la risa y las lágrimas, según los sen- blar á este joven!... Y dinos tú: ¿qué le ocutimientos que él deseaba imprimir ásu audi- rrió al hombre malvado de tu cuento':&gt;
torio, al cual, en suma, quería dominar como
Pero Rag no estaba dispuesto á dejarse
los vientos del marjal dominan los caliave- vencer, y contestó:
rales... A veces, cuando el sentimiento de la
-Insisto en que lodo eso es blasíemar:
influencia que ejercía sobre los demás se . .ningún hombre puede charlar así de lo que
apoderaba también de él, experimentaba la ocurre más allá del sepulcro.
mayor delicia viendo á sus oyentes mirarse
Una voz apoyó débilmente á Rag:
unos á otros para ponerse en seguida á sollo-Creo que tiene razón nuestro compañezar, á pesar de ser hombres de luengas y en- ro. ¿Cómo vamos á saler que este Yisionario
canecidas barbas, y respirar difícilmente 'y dice verdad, si no conoce lo que pasa desperder el dominio: parecían corno chicuelos pués de esta vida? Dínos: ¿qué crédito puede
sencillos nacidos en el páramo y el bcw¡úe, dar~e á lo que cuentas?
cuyas emociones podía Kicanor modelár del
Una voz gritó:
misi:no modo que el alfarero moldea la ar-¡En
nombre de los dioses, Rag, véle otra
cilla.
vez á dormir! Tú, el más e3túpido de los paAl observar estas cosas, sentía el hijo de l&lt;tnes de Bretaña, cometes una mala acción
Ralhumus grandes deseos de reir alto y de al venir aquí inoportunamente á interrum-

4-

�AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAn
POR ESOS MUNDOS

lanzarse unos conlra otro.;;. ~icanor creiasc
pirnos de manera tan grosera... y tú, jóven con esto más grande que ?u bisabuelo, y con
llllerl.do, no hau0 ¡Js caso de es_a_e; intcrrupcio- la sangl'e agolpatla a· Jas sien es de'.,eaba prociones, ,· continúa ln n:urac1on:
. .
. e;lamar su grand&lt;'za á todo el mund_o.
La yor. de Ra~ r11~ió en :;rgu1da. d~c~endo.
Pero pronto la&lt;:. cosas ~?maron diverso as- .\hora que e;:;toy aquí no vol~·ere a dor- ll""lo. ¡:,11 ac¡uella ronfus1on, Rag, que se ha. l1r,st:vque f'epa
.
'" :wo-;tado e,, el suelo a11 ado de sus?ª·
nm
·s·1e'" la mentira
. la que liaba
me ha cl!'spertado ... Y si es una impostura,
maradas, sin·
¡In,; imposturas
tió,:,r pisoteado.
deben
admiEslo
hizo que
110
1i1·-e!
se levantara.
Ladiscrepanbramando cocía entre los
mo un loro Y
queriendo to0 y en tes aumenlaba: uno~
mar fu r i osa
,leseaban q u e
yenganza. Y ensiguiera el rerarú 11dose e on
l¡tlo. olros que~ieanor, le harían saber de
hlúdeeslamaqué medio¡¡. se
nera:
ha b ¡ a valtclo
- ¡)lira, se,u¡uel jóven flami lle ro de perc:ucho para haclición, lo que
blarles de I o
has conseguido!
pasado y de lo
.\ 11 o ~er por
porYenir. LI eti y ¡&gt; o r l u ~
eraron á la~ maneéios cuentos.
7,os I Llf\ que
e lariamosdur&lt;I is r II Li a n ,
111ie II do como
iuienlrn-; el jachombres de
tancioi'IO llag.
bien y como
que dió motirn
huenos trabaal tumulto. fu{·jadores que so~e tl'anc¡uilamos. Cuanto
mente á contiaquí pasa e H
nuar e I sue110
obra tuya, proque había inleduelo de esa~
rrumpido, deluspalabras sojando que sus
breelcielo, y el
compañeros
infierno, y las
arreglaran p_or
flores que vo~i las cuesllomilan sangre.
nes que él ha·Se ha oíd o
(,
hía suscitado.
nunca cosa se¡.\si se condumejante? Si no
c·en los que ron
sabes lo q u e
su s p a Iabras
charlas, mienexcilan las ma, 1 res se cnretl.\ron :i ~o:pcs, _micnt,n, na~, &lt;1.uc dió motivo ni
tes al charlar;
1as pasiones!
I.os pn o
tumnltn, fuése tranqmlamcnlc á dormir
y si Jo sabes,
Do~ paslore;: se
posees
el
negro
arte
ele
la
magia,
ores ~1~a
enredaron á golpes y uno d~ ello~ cay? en Ias i,,omhra del demonio. c¡11e pone á tu serv1c10
r;Jlienles cenir.a~ ele la ras,. cxl11!g_u1~la ho- familiares suyos que le dicen cosas descono"ue1·,a. Los 1·11rnmcnlo, de c,le h1c1e1on que
I
d
~
1 1 ll se cidas para e mun o.
.
PI desórden aumcnlarn. y á la )aru o
Al oir la estentórea voz de Rag, sus parllme1,cló el balar de lo,; a~11,-tados carneros Y_ darios le apoyaron, y Nicanor se encontró
e! jurar &lt;le log pastore: q11c se rsforzaban poi rodeado de semblante~ hostiles y brazos en
erilar la l11ga drl rebano.
.
alto. Lle~ú t"·l también á enfure.cerse, Y
Nicanor ~enlia íntimamente que _,;u pat)ie olvidando que con sus palabras ha_b~a llevan9 pre;;enciara aquel lumull~, que ni el -~ii:,do 11 aquellos hombres hasta el de)mo Y qu:·
mo l\lelchor hubiera consegmdo producn ha- sus emociones se vol dan contra el, empunó
e\endo que sus oyent&lt;'s llegaran al punto de

su cuchillo. Uno de los hombres se lo arrebaló y lo anojó al fuego, mientras que negrns figuras que empezaron á danzar en su
rededor, le derribaron al suelo, yle pisotearon,
le apalearon, le hirieron ... Hasta que aquel los hombres, perdiendo loda noción del herito primitivo, pelearon, no ya por la cabeza
de Nicanor, sino que proclamando creencias
paganas antiguas, en las cuales diferían extraordinariamente, de la discusión de un
cuento romántico pasaron á una guerra religiosa. Un individuo con la cabeza manando
sangre por un fuerte garrotazo recibido ca )'Ó
sin sentido cerca de Nicanol'. Este, que se
encontraba muy mal parado, se arrojó al
suelo y se escurrió. ltasla que consiguió
cubrirse con el cuerpo de aquel desgraciado.
¡.\sí quizás fuera como el hijo de Rathumus
logró salvar su vida en aquella tremolina!
El combate tuvo fin después de algunos
minuto~, tan bruscamente como había empezado. De entre los pastores salió este grito
rfo desesperación:
-¡El ganado! ¡El ganado se escapa!
En efecto; los animales. asustados por el
lumullo, rompieron el cordón y se lanzaron
hacia la obscuridad. Al instante, se olvidó la
discusión: individuos que en aquel momento
&gt;&lt;J disponían á golpearse, abandonaron la refriega y corrieron tras de sus carneros. Al
observar Nicanor desde su escondite la fuga
ele los pastores, colocóse en pié al lado del
fuego y so puso á considerar el aspecto que
su persona presentaba: Yió los destrozos
hechos en sus ropas, sintió que de la nariz le
brotaba la sangre, y pasó sus manos por una
herida que tenia en la sien derecha. ¡Lastimoso aspecto, en verdad! Y como toda protesta por lo que él consideraba tremendo desafuero á su grandeza, hubo de contentarse
con levantar el puño cerrado y amenazar
ron él á sus apaleadores, que huían.
-¡Por Dios y por su Cruzl-exclamó repitiendo el juramento del Rag.-¡Yo os haré
creer lo que os cuente, aun cuando lo que
diga sea que vuestro infierno es el cielo.y
,·uestro cielo el infierno! Me habéis herido v
apaleado: ¿por qué? ¡Porque os decía cosas
que vuestros duros cerebros no pueden concebir! Cierto es que os habéis mofado do mí;
mas prometo que de aquí en adelante seré yo
quien de vosotros me burle: haré que me temáis, y que tembléis al oir mis palabras, y
que beséis la tierra que piso. ¡Así aprenderéis á temerme y á respetar mi poder, y así
me adularéis, como hombres viles y despreciables que sóis!
Nicanor se dirigió á su casa temblando do
rabia y de vergüenza; y herido en el cuerpo,
y todavía más herido en la dignidad, dijo á

243

¡;u madre que deseaba marchar del lugar.
Rathumus y Susana creyeron haber oído
al Hado por boca de su hijo. La madre lloraba, y el padre movía la cabeza, grave y lentamente. Nicanor, molesto por la injusticia
con que los pastores le habían tratado,
!,ería fuertemente el suelo con sus pisadas, y
dando rienda suelta á sus lamentaciones exclamó:
- ¡Soy más fuerte que ellos! ¡Les conquistaré, les domaré, les haré reconocer que val~o y soy más grande qu&lt;' ellos! Esla será mi
\'enganza, y aun cuando ha ya de emplear en
la empresa todos los años do mi vida, conseguiré vencerles.
-¡IJijo. hijo!-deeiale Ralhumus, severamenle.-No hables así: sólo para los diose.;_
es la venganza.
Kicanor se dirigió al desván donde dormía, y s11 n111lre le acompaiió, consolánclole.
-Ya conseguirás vencerlos, hijo mío; pero Lén cuidado con los procedimientos que
emplees ... Y, ahora, escúchame. Yo haré que
tu padre pida á n11cslro gracioso sciior Eudemio que le permita irá la Iglesia Cristiana
ele San Pedro, en la isla do Bramble, para
que allí aprendas á Yivir. Aunque nuestro
amo no e; creyente en la Fe, es bondadoso para nosotros, que somos sus esclavos, y
no dudo que nos dara su consentimiento. Y
una vez allí, buscarás á un hombre llamado
Tobías, orfebre en marfil, y quizás él te
ayude.
Susana calló y contempló el roslro de su
hijo, que sostuvo la mirada de su madre sin
inmutarse y sin que se le ocurriera preguntarla acerca del significado de sus palabras.
Susana sonrió poseída de íntimo gozo y de
felicidad.
-Tobías es un hombre sabio,-añadióy posee buena cantidad de riquezas. lla viajado mucho por extraños países y ha visto
notables maravillas. Te enseñará grandes cosas cuando sepa que eres hijo de Rathumus y de su esposa Susana, y de este modo
!legarás pronto ll ser sabio y bondadoso
como él.
Y al día siguiente, Nicanor partió solo á
recorrer el mundo, llevándose la bendición
de sus padres, que era todo cuanto éstos podían darle, y las más grande,, ilusiones para
descubrir en el mundo el dostino que el Hado
le tenía preparado.
Haciendo el jóven su caminata por las ondulantes montañas y desiertos páramos que
se encuentran bajo la gran muralla de Adriano, descendió el largo camino que en dirección Sur conduce bácia Londinium. Pasó
Eboracum sobre el río Urus, cruzó el anchu-

�AMOR DE DA)IA Y A)IQR DE ESCLAVA

l · do-

POR ESOS Mu°XDOS

f eran rudos co omza
es que los romanos u
que la tarea que
h y que reconocer
.
f

244

1 Abus tomandolo por el
a tarea dura: s1 con reroso caudal det to b~bía oído hablar, y en res; pero a
océano ?el que h ª~aba al paso pedía lim?sna, tenían á su car~o er les fué porque tratalas granJas que \
eia v oía y observando- cuencia apar~c.1dn cr~e n 'salvajes como las
fijándose en cuan o v ntafias y por los valles ban con mdl~1 uos ;dad es que los romalo todo. Sobre_ las m: marcha Nicanor, legua fieras del desi_erto.bVelutos del supremo_ ~ader, y v1V1an
tenia que cont_mu~:s los obstáculos que se le nos eran duenos a so
en la abuntras
legua, evitan
---~-~------ - - - -~ ~~
pre sentaban,
dancia aprointroduciénv echándose
dose por podel trabajo de
blados bosJos siervos inques, atravedígenas Y essando vastas
el avos, _en
y solitarias
hermosas CIU·
llanuras, dedades, en pajando atrás
lacios majesciudades mut u os os, gusradas señalatando alimendas en toda
tos costosos Y
5 u extensión
gozando
porel paso de
cuantos lujos
las grandes
se conocían
le"iones Y por
en aquellos
lo~ surcos de
remotos tieminnumerables
po;:;, mientras
ruedas. Y cobnjo ellosmomo a tra,•és
ria la masa
del mundo lode la poblados los camición conquis11 0 s condutada, luchancían á Rolna,
do con la carasí en Brctaga de l~s
üa todas la;:; .
contri buc1~v ¡ as condunes , esclavicían á Londizada al terrunium, í por
ño, viviendo
tanto á Thoren chozas teney, ó Isla de
chadas de paBramble, lu-..
ja y laborando
aar donde res1d1n el s:lbiJ
terrenos de
rico Tobías.
señores que
no les paga111
ban salarios;
pero también
Londinium no era ya,
es verdad que
en los tiempos de e_stas lesi Roma no
·eudas, 1a colección d e
8 e hubiera
)h
s
de
barro
ocupadas
c oza
.
.
e
O n d ucido
por bretones pmtarraJcaasí,
no habría
dos de azul, y de la cual
d 1 ·cndo su caminata
sido tan foer-1
N¡canor partió á recorrer el mun o, iact
tantos misteriosos cuentos
por d, ,iertos páramos
te aún en e
se referían; sino que floderío y los romanos no
,
medio de una
.
recia
en'ó como nu nea se había conoc1- des~enso de td/ºrelener á Brelatia tanto
.
·¡·
1
c1v1 1zac1 nno se ,·o1ve11a
.· á conocer hasta hubieran po
. l .eran pues por mar Y
do y como
iios dec; u(-,_: fué aquello un tiempo como 1a re1~v!les de la civilización
. ra en 1º" im1
. . t
centenares de a i .~ á Bretaiia antes que p,:,r t ter
, .
taban las tribus mqme as
rayo de luz qu~¡° ca:'.\e!o que los bárbaros que manteman, es ;:; ·ones aprovecbán&lt;locayera sobre e ª e
d con su invasión de escoceses, p1ctos y J todo momento de
tendieron ni mu 11do ?uªté -~ea mano. Cierto ¡:e de todo pretexto, e
~en ta ron su lenta pc1 o i

y

f

descuido, para producir perturbaciones, asonadas y rebeliones. Y esta severa disciplina
produjo indudablemente muy buenos resultados, pues bajo la dominación romana
toda la superficie de la tierra sufrió profundos
cambios: grandes ciudades amuralladas y
fortificadas se elevaron en los sitios donde
apenas existían aldeas rodeadas de pantanos;
se desecaron muchas lagunas, se construyeron puentes, se encauzaron ríos, se roturaron montes, se utilizaron inmensos terrenos
antes considerados improduclibles, se extendió el empleo del arado que obligó al suelo á
dar grandes rendimientos; la tierra, en suma
sobre la cual ponía Roma una vez su sello,
jamás perdía por completo esta marca, y
permanecía unida á aquélla por lazos que extendiéndose á través de los siglos eniranaban
lo futuro con el pasado: los hijos de Roma, al
edificar con la labor de sus corazones y de
sus manos, construyeron no solamente para
el día sino para los sig!os que habían de venir; las ciudades encontraban modelo en su
gobierno municipal y en sus leyes relnlivas
al impuesto de la tierra y á la distribución
del personal y de lo&lt;; bienes de las comunidades. Rema, en fin, legó sus antiguas costumbres á los que después habrían de ocupar los sitios ocupados entonces por sus hijos; los nombres de sus deidades, que dió á
los días de la semana planetaria; sus supersticiones y su folk-lore, de profundas raíces.
Bretaña con toda su riqueza vírgcn, sin
explotar, dió á Roma enormes provisiones
de alimentos, la envió muchos miles de hombres que lucharon al lado de los ejércitos romanos, y recibió á los nuevos colonos llevados allí de acuerdo con la política invariable
de Roma de transplantar á la tierra de una
nación los cautivos hechos en otra. A~1, la
población de Bretaña, compuesta de gentes
de casi todas las razas y tribus que habían
sido subyugadas por el imperio, fué extrañamente heterogénea, aunque extrañamente fui;iona'1a; que así como Roma destru vó la nacionalidad de sus cautivos, así, á su· tiempo,
destruyó inevitablemente la suya propia.
Preciso es reconocer que únicamente por
estos medios podía mantener l'l raza conquistadora la circulación de corrientes de
vida en las más remotas parles de aquel
gran imperio, viejo, podrido interiormente
hasta la decadencia más espantosa, que cobró nueva vida, cual si se le galvanizara,
con la sangre que sus colonias le llevaron.
En aquellos días obscuros que empezaron
en la segunda centuria del Cristianismo y
terminaron casi al finalizar el quinto siglo,
cuando llegó la última etapa de la lucha y la
extinción del imperio de Occidente, el muo-

245

do parecía que caminaba á su ruina: derrocábanse los reinos y levantábanse nuevos
poderes; los hombres se encontraban en la
mayor de las perturbaciones, no comprendiendo lo que les pasaba, y veían que la
más fiera intranquilidad se había apoderado
de la tierra amenazando concluir en la formación de un nuevo mundo y un nuevo orden de cosas. No hay que extrañar, pues,
que aquellas gentes, desconcertadas, avasalladas y oprimidas por la turbulencia universal, desconociendo lo que había de ocurrir, predijeran y creyeran que pronto llegaría el fin del mundo.
Para creerlo así no les faltaban razones:
la metrópoli no podía ya hacer frente á las
fieras tribus del Norte de Europa; los godos,
los vándalos y los hunos, cada raza en el momento que le convino, se unieron al ataque;
Roma, la Todopoderosa, la Eterna, la Invencible, cuya fuerza ningún hombre creyó que
acabaría, tuvo por útlim 1 r;ue mostrarse á
la defensiva; é impotente, , sangrada por heridas interiores y atacada y torturada por los
enemigos en el exterior, con una horda de
bárbaras fieras que pugnaba por hacerla presa entre sus garras, vióse precisada ü llamar
en su socorro á sus provincias lejanas. ¡Los
doce siglos de su poder babi: 1 transcurrido,
y comenzaba para ella la fúnebre tragedia
de su historial
Bretaña sufrió pronto las consecuencias
del estado en que so encontraba la metrópoli. Al Norte, esperaban el momento oportuno para echarse sobre ella las bandas siniestras de piclos y escocese;:, indi,ciplinados y
refractarios á toda reglamentación; al Sur se
movían los sajones, los terribles hombres de
los cuchillos cortos; y en las costas Este y
Sudoeste menudeaban los piratas que, arrojados de sJs propios lares, buscaban nuevos
lugares donde residir. En Bretaiia nadie creía
que la colonia quedaría entregada á si propia; pero Roma se encontraba demasiado
lejos, y, además, en peligro, para que pudiera interesarse por los demás. Y así fué
como en el décimo año de la quinta centuria cruzaron el mar cartas del emperador
Ilonorio apremiando á las ciudades de Bretaña á que proveyeran á su propia defensa,
puesto que la metrópoli no podía auxiliarlas. Para Bretaña fué este el lento principio
del fin: las invasiones comenzaron á sucederse, y por los años 420 los ingleses y los
sajones ya habían logrado establecerse gradualmente en las costas de Levante y del
Sur, mientras que otras tribus aliadas molestaban de continuo á los distritos oc.::identa•
les.
Desde entonces, el ejército de la segunda

�247

A:\tOR DE DAlllA Y AMOR DE ESCLAVA
POR ESOS MUNDOS

246
centuria romana en Eboracum, la gran ciudad que desde su fundación babia sido el
a~iento del gobierno de toda Bretaña, redújose á cuatro legiones; porque después de la
rarta de IIonorio, las restantes fuerzas tu, ieron que hacerse á la vela con el procónsul, que abandonó aquella capital para dirigirse con sus soldados más hácia el Sur del
pais. De este modo lograron fácilmente ocupar á Eboracum los caledonios y los sajones,
que bajaron del Norle estableciéndose en
ella. Y después, á medida y siempre que los
romanos abandonaban las ciudades septentrionales, buscando mayor seguridad en las
provincias del Sur, los barbaras_ a~anzaban.
y se posesionaban de ellas, consiguiendo as1
la conquista tranquila del país por que tanto
habían luchado.
Estos últimos días de la dominación romana en Bretaña fueron días agitados. Las
ciudades de la isla, gobernadas por señores,
cada uno de ellos en feudal independencia,
rompieron al principio los lazos con que
Roma los había unido; pero al cabo todos
pusieron sus pensamientos en esperar la
Yictoria de la metrópoli para de esta manera
arrojar al invasor, á quien ahora soportaban
forzosamente; y uno y otro día. á lo largo de
las grandes vías, transitaba constantemente
una cohorte, abundante en número, valiente
para el combate, con estandarles enarbolados
y con la vista puesta siempre hácia el Sur.
hácia el mar y hácia Roma.

olra parte del camino pastaba el ganado en
extensas praderas; y en sendos campos, hombres y mujeres, uncidos como bueyes, se esforzaban ante el látigo del labrador, mientras
en algunas canteras cientos de operarios trabajaban sin descanso bajo cargas abrumadoras, aguijoneados por golpes y juramentos.
Llegó al fin un día de la caminata de Nicanor que no fué para ésto de tanta soledad
y tan ~in compañia como los anteriores. Era
un día gris, tocado de la brisa fresca del
otoño, y en el que todo el campo se hallaba
semivelado por ligera niebla. Muy de mañana aún, se trabajaba ya en el campo y en el
bosque. Def:de una granja llegaban el canto
del gallo y el ruido do un molino oculto en
un próximo bosque. Nicanor, que amaneció
sentado al lado del camino y en el sitio donde babia dormido, desayunábase con los
restos que de la cena anterior habían quedado en sus alforjas.
Detrás de él, en el camino, oyó de repente
la voz de un hombre que entonaba una canción alegre y báquica. El que cantaba se
acercó á Nicanor: era un individuo de cabellos negros, que vestía una especie de chaqueta de cuero, sin mangas, y un casco de
brillante latón; llevaba barba poblada, y al
costado lucía larga tizona. En alta voz y mu y
alegremente, dijo á Nicanor.
-Buen muchacho, ¿podrías decirme dónde e!'\loy?
-Si -respondió Xicanor con cierto orgullo y' baci,endo gala de sus ?onoc_imie?to~
lV
del paü:.-Eslamos cerca de Fmei:, a treinta
de Londinium.
Esto fué lo que encontt·ó fücanor en los millas
-1Tonlo do mi,-repuso el de la barba
alrededores de Londinium. Pero no trope?.ó poblada-que no sé dónde estoy ni á qué
~olamente con guerreros y patriolas;sino que parte voy cuando tengo un poco de vino en
vió nobles y esclavos, comerciantes y arlilict's, y una multitud diver~a que, á juzgar el cuerpo!
Y sentándose al lado de Nicanor, lo prepor s·us trajes y sus modales, procedía de
guntó:
~
.
muchas y bien distintas tierras. El hijo de
-,;,Sabes de algún gran seuor que nec~s1Hathumus, fiera y fo,ca la mirada, altivo el te un criado robusto y capaz de servirle,
rontinente, como si fuera señor poderoso, ca- que sepa trinchar carne de animal ó carminaba con;;tantemente hácia el Sur,siguien- 11e humana, que tenga habilidad con la espado á los soldados. Empezaba á darse cuenta da ó la honda, y que sepa conducir una ca&lt;le que el mundo era un lugar de gran im- rroza tirada por dos ó cuatro caballos?
portancia en el cual no había él so?ado ja_-No,-contestó Nicanor. - Soy forastero
más. A rnedida que se acercaba a Lond1- en todos estos contornos.
nium el tráfico v la circulación aumenta- r,Vas á Londinium?
.
ban· ~umentaba támbién el movimiento de
No. Me dirijo á Thorney, más conoCido
tropas, que constantemente abandonaban el por el oombre de Isla de Bramble,- repuso
país para pelear con los bárbaros; y ya en- con sencillez el hijo de Rathumu;;.
tre las bajas colina~, Nicanor pudo Yer lo
-Pues entonccR... también me decido yo
mismo bellas y majestuosas residencias que á ir á Thornev.-dijo el desconocido con
se destacaban entre verdes alamedas, que amabilidad.-Mé encuentro endiabladamenchozas de enyesado bal'ro con techos de te perdido, arrojado de la_ ciuda~ y del ca~paja donde residían flacos esclavos adorna- po, y por primera vez obligado a ser sobno
dos ~on los collares de sus señores. En la

.

·.

durante toda una semana. ¡Y todo por Baco!
í por las mujeres, ¡por las mujeres también!
í el extraño individuo movió tristemente
la c·abeza y ,uspiró honcla111enle.
,;_Y qué tienen c¡ue ver con ello las mujrre!-':'- preguntó Nicanor.- ¿Son ellas las
1¡uc te arrojan de la ciudad y del campo'f
¡.\h! No es eso lo peor: me arrojan, pero
me llaman,-coutestó el hombre de la cnrrr,-pada cabellera negra.
Y de repente, dijo ú fücanor:
Puesto que ¡.;eguimos el mismo camino,
puesto que he decidido dirigirme á cualquier parle, ;_haremos juntos el viaje'~ So,·
Valerio, en otro tiempo de la novena legi61Í;
hoy tengo mi lice11cia del servicio ... Y me encuentras persiguiendo la fortuna, con una
espada tan larga como la bolsa que la alquile.
~icanor, mitad asustado, mitad complacido, con el nuevo conocimiento, corrcspontlió
á Valerio diciéndole su nombre y su situación.
-Tú y yo seremos buenos amigos,-dijo
luego el soldado.-¡A fé que no me gusta
poco la compañía y la amistad de los muchachos animosos como lúl Yo pelearé por
tí, y tú robarás para mí: he aquí una magmlica división del trabajo... Con que, más ánimo ahora que antes, y en marcha ya. ¿Estás
listo'?
Se pusieron los dos á andar, y ya en

camino Va\erio hablaba sin tasa ni medida
pronunciando muchos extraños juramento~
'f exclamaciones. Co11taba sucesos fantásticos
cl_e la vida en los campos y en las populosa,e1udade,-, hasta el punto de excitar la imaginación de Nicanor, que ansiaba recorrer todo ese mundo y hacer las mi,;mas cosas que oía. Y luego, tocó el turno en la
co11Yer,-ación á Nicanor, el cual, en meno,de media hora, contó á Valerio toda su historia, sus hechos, sus ambiciones.
.\! llegar el mediodía, comieron los dos
amigos en el borde del camino real en compaiiia de otras dos personas, bondadoso1:;
mercaderes, y después continuaron la caminata, encontrándose con otras gentes con las
las que Valerio pa~aba el tiempo en conversac-ión.
Así llegaron, al punto de ponerse el sol,
al mi:;mo tiempo que otros viajeros á pié y
á caballo, á Thomev, á la Isla de Bramblc
bulliciosa y animadá por una población fij~
~· flotante mu y numerosa, que&gt; rendía culto a
Dios en la grandiosa iglesia de San Pedro v
al bello .\polo en su alegre templo.
' ·
Nicanor pem,ó que jamás había visto cosa
tan maravillosa y quedóse perplejo ante tamaña magnificencia, mientras que Valerio
canturreaba su báquica tonada y mascab,t
un trozo de hoja que daba á los labios ,· a
los dientes un linte rojo ,·i\'o.
•
( Co1tli1111ar&lt;Í)

ll11sl1 acioncs de Reina lufante

�¿CUÁL ES ~11 OBRA PREDILECTA?

ción á la que está surgiendo y á las que han
de seguirla.
-Siendo así, la obra predilecta de hoy
será La voluntcid de vii&gt;ir...
. -Sí... Pe~·o sólo por muy pocos días, pues
pienso termrnarla ar.tes de una semana. Entonces, comenzará á serlo la novela de la
plaza de toros, que hace tiempo len"º deseo de escribir, y que pronto será un °hecho
proponiéndome marchar á Andalucía dentr¿
de un mes para documentar dicha obra y
escribirla inmedialamenle con el título de

¿CUÁL ES MI OBRA PREDILECTA?
En niiestro número ele !iovienibre ~lti!iio coi;~f~~~;}~:i

~;ª7

!~i ti:~i

1

~;r:;;~~:~};1¿u&amp;t:s
otro objeto qne civen{Juar por pt opta mm
7
.
e·isamienio ya por las
preclilecfa, va por lci pe1:fe_cC'ión con _q1!0 _clesarrol
J!i.t ¿:cito que loqró el trabacil'cw1,Stancias q-ue presidieron su q.e1Lsts, ycip.enl fi. '4ralcle's B1·e'o'n p'érez Galdós
•
el 'bl' Ec'teJarai; et acw ~
,
r ,
'
jo al ser conocicl~por EJm lC?- Al. ·e" bi'iinont y Amacleo Vives han expuesto ya
los hermanos Quintero ii9enio t~tJ .,
.
. . , O;namos ahora lo qiie dtceii otros maesf1 os,

m:n ff

º~~~

~

Vicente Blasco lbáñez

.

que cuando álguien me cuenta un episodio
de ellas tengo que hace~ un esfu~rzo para
recordarlo, y á duras pe1ns lo consigo.
.
- Sin emba,.go,-insi,limos- ¿no habra
a\auna que merezcaº en cierto modo,
pr~eminencia? ,;_Ni
siquiera La ba-

· d
Desde que, á prim~,·os de año, regreso e
París el genial novelista, encerrósc en su gabinelc d e trabajo
con formal propó~itodenoveránadie hasta dar por
t"raca?
terminada su pró-Tampoco. ¿Por
xima n11vela, La
qué esa, y no otr:~-~
voluntacl de vi~i!·,
La mayor po11ular1imponi~ndoso titadad que haya adnica labor de más
quirido e,~ ltspaña
de doce horas diano puede Juit1fica.r
rias. Venciendo la
mi preferencia; '1/.J y
aisladora consigna,
lejos de el:o, enlicua el repporter
cuentromucho maal Íado clel maestro
yor mério en olras,
y escucha las palacomo Ca11os y babras que co~ _verrro, por ejemplo,
bosidad mend1onal
escrita cinco años
íl u yen de sus labios
r-!1111111!~_,,m á s t a r d e que
sonrientes.
aquella; y si hubic-Con tolla sinra de atenerme al
ceridacl, debo d~éxito logrado en el
cirle que entre mis
extranjero, Lct Caobras no tengo pretedraZ lo ha len ido
dilección por ninmuy superior al de
guna. Apenas _l~rLa barraca ... Yo
mino de escnbuvivo todas mis nolas les tomo avervelas del modo más
sió~; la corrección
intenso p o si ble,
de pruebas es para
mientras las promí el mayor de los
~-=-.;,...___.._;.....,;__
&lt;luzco; pero dessuplic:os, y sufriría
_
pués de impresas
un ataque de ~erVicente Blasco lbánez
las olvido. De aquí
vios si me obhga.
.. que no pueda señalar preferencias de ningusen á leer una novela mía escnta hace t:e:; na clase entre ellas, pues sólo presto atenó cuatro años... Tan por completo las olvido

Sangre y arena.

Manuel Linares Rivas

2{0

de autor, la tragedia familiar que, por extrañ~ capri?h? del Destino, tuvo lugar para

m1, comc1d1endo con aquel éxito ...
Y, con efecto, recordamos la terrible coincidencia: mientras el público aclamaba con
entusiasmo el nombre del autor de Aires de
fuera, viendo en él una legitima gloria de la
dramática española, la Fatalidad, implacable
guadañadora de alegrías, dispuso que dejase
de existir el ex-ministro liberal padre del
ilustre autor cuyo nombre encabeza estos
renglones.

Miguel Blay

Con su largo blusón de trabajo, el gran esEl autor de Bodas de plata, A&gt;1oranzas cultor catalán prepara una de sus futuras
y tan tas otras
obras, hermosa
obras teatrales,
composición
descansa trabaque habrá de
jando. Reciehembellecer 1a
tes aún sus úlfacha da del
timos triunfos,
grandioso edifino deja enmo, cio que conshecer su pluma
truye la Sociey prepara, endad Coral de
tre otras cosas,
·Barcelona. Soruna pieza para
prendido pür la
el Teatro de
pregunta en
Apolo, deseoso
cuestión, Blay
de dominar en
no sabe qué
a b so I u to el
contestar, y se
único género·
pasa por la
que se I e ha
frente la mano
resistido algún
manchada en
tanto.
yeso.
Alzando la
-No sé ... no
vista de las
sé... Una resc ua r tillas e n
puestacategórique escribe, la
ca es r.iu y difídirige á su incil de dar...
terlocutor, quo
Y rebusca en
le hace la preun cartapacio
g un ta consadonde conserbida.
"ª reproduccio-Sin vacilanes fotográficas
ciones puedo
de sus obras,
contestarle, sin decidirse
dice.-Si he de
p o r ninguna,
Manuel Linares Rivas
fijarme, p ar a
hast~ q u e, al
determinar mi predilección, en la obra que fin, entresaca de ellas el hermoso grupo esmás influjo haya podido ejercer en mi vida, cultórico que reproducimos, el cual es un
le citaré, sin dudarlo, Aires ele {1tera. Es mi fragmento del soberbio monumento á Chaprimera comedia grande, en la cual YÍ rea- varri, erigido en la plaza de Portugalete. Sin
lizada la aspiración suprema de todo autor embargo, hace proteslas de no estar absolutadramático, al conseguir que se estrenase en mente decidido por esta obra, ni por otra
e~ Teatro Español bajo los buenos auspi- alguna, para considerarla preferible á las decios de Maria Guerrero y Fernando Diaz de más.
Mendoza. Además, contribuye á hacer meY termina la breve entrevista ofreciendo
morable dicho estreno, decisivo en mi vida el maestro proporcionar datos y fotografías

�-

Fraimenlo del monumenlo lernntado á Ch;varri en la Plaza de Portugalete.-Escultura, por Miguel Blay

¿CUAL ES 1\11 OBRA PREDILECTA?

25,1

nalidad en que incurriría el quo no saliese
airoso del compromiso había de consistir en
pagar almuérzo y cena durante ocho ,días
consecutivos para todos los que tomábamos
parte en el convenio, lo cual constituía séria
amenaza de un más que regular desembolso,
sirviendo de acicate para que todos procuTomás Luceño
rásemos no dormirnos y pusiéramos en pre1:El ingenioso y culto escritor cuyo nom- sa la imaginación.
•Claro está que no se llevó el asunto á punbre antecede otorga su predilección al saifct de lanzet: toleróse que el que no sinUern
nete titulado Amén, ó el ilustre enfermo.
-Conste,-dice en un arranque de modes- el título que le cupo en suerte lo permutara
con otro que se
1ia, en él carachallase en igual
lerísti ca - quo
caso; asimismo
no es que yo
consideramos
suponga mérito
como cosa lícita
alguno en es a
el acoplar algún
obra, ni en ninasunto preYiaguna de I as
mentc concebimías; es, sencido, y aún obras
llamente, el roy a hilv·anada$,
cuerdode )ama,,,empr.e que S&lt;'
nera como naacomoda,en it
ció lo que prol a s exigencia~
voca semejante
del título q u e
preferencia.
correspondió á
Y con sn
cada cual.
charla scncil !a v
» Todos trababondadosa, evo'jamos con ahinca la génesis de
co durante lo;
su obra favorita.
treinta días si-Allá por los
guien les á la
años de ochenta
apuesta; y á pary tantos nos rete de algún caso
uníamos en una
excepcional, cocasa de la calle
mo el de Estrede la Victoria,
tremcra, áquien
que ostentaba el
u n a desgraci:1
nombre de Cende familia impitro Artistico 11
dió cumplir Jo
Literario, to pactado, al finados ó casi todos
lizar el mes nos
los que por
r.cunimosdc
aquella é p oc a
Miguel Blay
nuevo llevand,
rendían c u 1to
en Madrid á la literatura: allí concurrían, cada cual su correspondiente manuscrito.
entre otros, Ramos Carrion, Vital Aza,Ricar- completamente 'listo, terminado y en dispodo de la Vega, Sinesio Delgado, Pepe Estre- sición de ir á manos del maestro que hubiemera, Fernando Manzano, y muchos más. Y ra de ponerle música ó á las del director de
allí,cierto día, entre bromas y veras, nos com- escena para ensayarlo. Entre ellos figurab:111
prometimos solemnemente á escribir cada algunos de los grandes éxitos del género chico:
uno, en el plazo porentorio de un mos, una Las doceymedia 11 sereno,Labaraja fran-·
obra teatral en un acto, con el imprescindi- cesa, Sn Excel,encici, El chaleco blcinco ...
»Y entre ellos también se encontraba mi
ble requisito de adaptarla á un título forzado, que la suerte debía designar, á cuyo fin sainete Amén ó el ilusfre enfermo, que fué
colocáronsc en un sombrero varias papele- estrenado el 8 de Abril de 1890 en el Teatro
tas con los nombres de los conjurados, y en Lara, representándose cincuenta y tan la~
otro igual número de frases ó palabras, es- noches consecutivas, cifra exhorbitante para
critas á capricho, y que debían servir de tí- aquella época en que las obras no se hacían
tulos obligados para las futuras obras. La pe- tan viejas como ahora en los carteles ...
suficientes para que los lectores de PoR
Esos MlJNDOS puedan tener idea de la labor
del insigne artista mediante una semblanza
del mismo que, Dios mediante, se publicará
en uno de los números próximos.

�¿Ct,;ÁL ES MI OBRA PREDILECTA?
POR ESOS

252

Salvador Rueda

~tu:-mos
no le tengo inclinación porque crea que posee mérito ninguno, sino porque en ella so
canta el que yo creo tema más capital, sagrado é inmenso de la vida humana y de toda la vida universal, cual es el acto de reencarnarse y de transmitirse todos los organismos á la inmortalidad por medio de la
cópula.
»De teatro, entro La M1,sa (cuya idea capital la veo reílorecer en otras obras no
mías),enlre Lci guitarra y otras producciones
que tengo inéditas, prefiero La guitarra, no
tampoco por
~ suponerle mérito, sino por ser
un trozo de España.
• Y en poesía,
por úllimo, no
prefiero , como
1as prefiere el
público, F11enie
ele sciluci y

¿Quién no concede al nombre de Salvador
Rueda la importancia que merece? En España, nadie desconoce la personalidad de
este poeta, quizás el único gran poeta que
nos quedn. En la América latina, menos que
aquí es ignorado: han querido imitarle, y no
lo han logrado, porque los dones del ciclo
no pueden imitarse, y Salvador Rueda posee
como pocos el inestimable ~alardón de
la Poesía: ante su pluma se rinde esta musa
y á su pensamiento se
muestra sumisa
v obediente.
Preguntado por
el t·epporle'I· ,
contesta:
«De mis
ohras,·,:,mi prc&lt;lilecta't P ar a
Tromvet{IS d e
hab'ar con sinór[Jano , s i n ~
ceridad, ninguque prefiero m1
na obra deternueva colección
minada, y si el
de
poesías , en
tumullo de vocartera, titulada
ces diversísiEl homb1·e ; la
mas que sale
preferencia n o
riel to ta 1 de
es tampoco por
ellas. Pero coméritos , s i n o
mo usted me
porque en ese
pide que conlibro se juntan
crete. que puny enlazan lo s
tualice, le diró
términos " leque tengo premas más distinferencia p o r
tos y el concieruna obra en cato más variado
da género do
de
voces humalos que cultivo:
nas que hay en
poe:;ía, teatro,
ninguna o b r a
novela y, algumía, contenienna vez, critica.
Tomas Luceño
do desde lo cóDe c3la, le tengo inclinación,
mico ha!-la lo trágico y pasando por la más
no porr¡ue rrea que vale nada. si110 porque completa gama de mi expresión.
fiié el libro-heraldo de este gran mo,·imienlo 1 »Tenemos. pues: El i·itmo, La cópula, J,a
literario, á El Ritmo. En él pedía que se hi- !/Hifarm y El hombre. ¿Que de estas cuaciese uso, en poesía, de toclo el ritmo en sus tro, ruá\'? Pues la última.
interminables combinaciones. y no solamen•;,Y de· todas mis poesías líricas, cuál?
te se ha hecho uso, sino que se ha hecho abu- No por atribuirle valer, sino por lo que voy
so, llcgándo:se al delirio de los delirios. ¡Ten- á decir, prefiero La risci de Grecia. Aundría que e~cribir un Confrci ritmo! ...
que yo desprecio profundamente los que
.ne las novela~, á pe:-ar de los inmereci- llamamos jue!JOS flo1·ales por llevar el idiodos honore:; de las lenguas italiana y fran- ma nuestro á países donde ese magnifico
cesa, que se llevaron, vertidas á ellas, El gu- idioma nuestro empieza á conv~rlírse en una
sano de luz y La reja, yo prefiero La có- «jerga•, envié á un grandioso concµrso de
pula, obra que tengo impresa desde hace un Buenos Aires, abierto á los poetas todos de
afio, esperando ser echada al público; es de la infinidad de países que hablan lengua e,no larga dimensión, antes bien, recogida, y

253

que no tengo predilección por ninguna de
mis obras; 'f si, por salir del paso de la manera más fácil, señalase Lu bendición de los
campos, cosa que á todo el mundo le parecería muy natural, yo fallaría á la verdad
pues mi obra predilecta es La ,·omeria dei
Rocí_o, como rara un buen padre su hijo
predilecto es siempre el más desgraciado.
•¡Y vaya si ese cuadro mío lo ha sidol En
él puse todas mis ilusiones, con él me despedí de Roma después de quince alios de residencia en esta ciudad, haciendo su exposición pública en la :Sala Dante», de cuyo
resultado no me olvidaré nunca, y creo que
allí tampoco se habrá olvidado ... Lleno de fé y
de ilusiones, lo traje á Madrid, y aquí
fracasó en la Ex.posición de 1897.
•¿,La causa? Muchos la conocen ...
Yo no la ignoro,pero el hecho evidente es que fracasó, y
que en aquella salita donde el cuadro fu é colocado
quedarori p a ,. a
siemp~·e, mi fé y
auto p1·eclileciones
mis ilusiones ... Toliterw·ias. N o he
mé una antipatía
de ocultar á usted,
un ódio, á mi cua~
anlesde poner pundro,
que estaba deto, que me gusta
cidido
á hacerlo
mucho esta emprepedazos apenas volsa ideada p o r la
viera a mi poder;
revista P o R Esos
pero un telegrama
MUNDOS de arrande la Sociedad de
car un poco de psiSalvador Rueda
Artistas de Munich,
cología intima á los
que me pedía que
ho_mbres de letras,
l?
~nviase
~or
gran
velocidad
para su expopsicología de la mcís íntima, razón por la
sición,
le
hbró
de
ser
ejecutado.
cual esas confesiones sincerisimas (infanti,Dudé si remitirlo ó nó, pues un cuadro
le_s, de pu~o expontáneas) que el periódico
fracasado
aquí llevaba posibilidades de coJH~e, constituyen, no unas páginas de superrrer
la
misma
suerte en otra parte· pero al
ficial entretenimiento, sino un libro de hondo
Y positivo mérito, nuevo entre nosotros. Ade- fin, cerré los ojos y lo confié á la s~erle, que
~ás, lo que no tenga un interés humano en hasta Ci-e momento había sido mi constante
literatura y poesía, para mi nada vale: estos pro lectora.
•A Munich fué, y allí me lo premiaron. En
lemas que usted solicita lo tienen, y le retanto
que en aquella Exposición estaba recisultarán un lomo con todo el interés de un
bí aquí una oferta por él de 22.000 p;setas,
prisma moral y mental.»
y quedó la venta convenida para cuando el
cuadro volviese de Munich ... Pero el asesinato
Salvador Viniegra
de Cánovas la dejó sin efecto. ¡Segundo golEl subdirector del Museo Nacional de Pin- pe de desgracia! l\las tuvo también su comtura y Escultura, cuyos grandes méritos aca- pensación, pues el cuadro me fué contratado
b~n de hacerle objeto de justa~ manifesta- por un negociante de Varsovia, y expuesto
01ones de entusiasmo, contesta del siauiente durante tres años en las principales capitales del Norte de Europa con éxito tan satismodo á la pregunta:
.,
factorio
como el obtenido en Roma y Mu•Nadie creería en mi modestia si dijera

pañola, mi poesía La 1·i,sa de (}recia y tuvo
la suerte de traerse la más_ alta band~ra que
en aquella gran fiesta se d1ó á la poesía lírica;_ y al ve~ yo regresar á España, á esta Espana_ de m1~ vehementisi~os amores, aquella
poes1a rubncada por la victoria concedida en
países lejanos, sentí ¡la verdad! un gran orgullo en ser español. Por encima aún de esta
consideración, hay otra, para mí más espiritual: la pobre muJer que me dejó hace poco
s~lo en esta _vida, tuve yo el gusl~ de que,;:
viera exclusivamente del dinero ganado por
mí con la poesía lírica; pero llegó una temporada en la cual no venia á mí, casi, dinero
emanado de los versos, y fué entonces cuando La risa de
Grecia volvió de
América c o n I a
bandera en un a
mano y en o t ra
seis mil reales de
premio, que, si n
lropezarsiquieraen
las mías, fueron á
las manos de mi
madre...
» Y ahí tiene usted explicadas mis

�POil ESOS ~WN'DOS

n!ch. Poco antes de terminar el contrato, re- dor de POR Esos J\luNuos, Su nombre viec:1bí una carta de un rico judío alemán ha- ne rodando por periódicos y revistas hace
ciéndome importante oferta, que me apresu- muchos años, y el favor y el aplauso del púré á aceptar; pero no lardé muchos días en blico acompaüan, sin abandonarlas nunca, á
recibir o lr a carta,
s u s castizas proen la que se me
ducciones. De las
parlici paba el fallenumerosas obras
cimien lo del compor él producidas,
prador ... ¡ Adios ,
otorga su preferenmi dinero, por ser·ia á las novelas
gunda vez, y tercer
lituladas El seducgolpe de desgracia!
(m· y lilemoriasde
•Vuello el cuadro
1ma cortesana
á Espaüa, le conde-En ellas-dice
né á estar enrollael distinguido esdo á perpetuidad ...
critor - he creído
Pero al verlo de
realizar mi ideal en
nuevo, se despertó
la materia, pues la
en mí la sim palía
pr i m e r a de las
por mi desgraciada
obras citadas es un
obra, y con la esdetenido estudio
peranza de su repsicológico, y I a
habilitación lo re.,cgunda tiene e 1
galé al E~tado, con
mayor ambiente ele
des lino al )fusco de
rea idad p o si bie,
Arle Moderno. dondada la minuciosa
de está expuesto,
prolijidad que puse
y, según me dicen,
en la documentaya no parece tan
ción de los episodios
malo, r aún gusta
y e 1 cuidado con
á muchos.
que procuré com, ¿,Queda j uslificaponer el tipo de
rla mi predilección
Isabel Orlego , 1a
Salvador Vinicgra
por ese cuadro'? No
protagonista.
me parece mejor ni peor qu,e los doscientos
,Por cierto que acerca de El seductor, he
y tantos que llevo pintados,- pues, como ele referir una anécdota curiosa, que revela
dije al principio, en ese sentido, ninguno me hasta qué punto la realidad, en algunas ocam e rece predilección, ¡:orq ue á todos los siones, supera los más fantásticos sueüos de
tengo por iguales
la imaginación.
medianías á quielTabíaseme censunes la suerte h a
rado por algunos
protegido ... Por
acerca de la verosieso, en el que esa
militud dudosa del
suerte me faltó pue y r a n e seo Don
se mi afecto, y siPlácido Bilbao,
gue siendo para mí
protagonista de El
el hijo desgraciado
seductor: como esy predilecto.»
te personaje era
soñado por mí,
sin que en ningún
Eduardo
rjemplo vivo me
Zamacois
hubic,,e inspirado,
nada tenía que obEntre la juvenjetar á lo dicho poi·
tud literaria ocupa
la critica. i\Ias héle
un lugar preemiaquí que hallándo11enle, en justa lid
me en París, dos ó
ganado, el director
tres años después
de El cuento sede publicada esta
manal y colaboranovela, la prensa
Eduardo Zamacois

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�256

POR ESOS MUNDOS

local publicó una noticia~º!' demás s~1gestiva de trabajo al escenario de'. teatro don~~ había
y curiosa: .Madame Verlame, - prima del de estrenarse, la iba perdiendo el carmo grafamoso poeta del mismo apellido:--_que ha- dualmente, á medida que avanzaban los cnbía llecrado á edad avanzada dedicandose á sa yos, y al llegar la nocha del estreno, 1:1e
sosten~r correspondencias amorosas .P º. r parecía mala de Ycrdad y á todas luces silcuenta ajena, acababa de obtener una Jubi- bable. De ahí mi miedo cerval en los molación ó retiro con que la favorecía uno do mentos de estrenar una obra. Para compar'
sus clientes,
la'condesa de Uzés, como prue- tir ese mief:o y quedarme con la menor cantidad posible, he acepba. de reconocimiento
tado y buscado colabopor haber logrado reración algunas vr.ces,
conciliarla con su
encontrándome luego
amante. Es decir, que
chasqueado, porque el
el protagonista de El
miedo, un miedo á naseductor, tachado de
da comparable,ha sido
inverosímil, creado
el mismo, el de siempor mí sin sujeción á
pre.
modelo alguno, estaba
,Jamás he podido
hecho carne en la anpresenciar desde el púciana Madame Verlaiblico una representane, que había vivido
ción completa de nincon vida real lo que
guna ele mis obras,soñó mi fantasía y esni aun de aquellas que
cribió mi pluma.
marnr éxito han al• Y como prccisacan'zado- porque tomen t(! enlóncos se pudas, una vez estrenab l icó la traducción
das, me han parecido
francesa de El seducinsoportables ... c o n
tor, me apresuré á
una sola y única exofrecer un ejemplar á
cepción, la de Mcte1·se
la anciana señora cuen honcl1tras. Esa zarya personalidad había
zuelil la, interpretada
incol)scientemente repor Julio Ruiz, me diFrancisco Flores García
t r a t a do en una de
vertía
extraordinariamis obras predilectas.
mente, y hasta tenía la inmodestia de reirme á carcajada tendida durante la repreFrancisco Flores García
sen !ación. ¿Por qué esta excepción rarísiEste fecundo escritor, colaborador de esta ma?
Senciltamente, porque Julio Ruiz, aderevista, y que tan popular ha h_echo e'. p~cudónimo de Córcholis, nos remite la s1gmen- más de interpretar el protagonista como yo
no había soñado, colaboraba en la obra
tc re,puesta:
«Cerca de ochenta obras, entre comedias abundantemente; y como tenía mucha gracia
y zarzuelas, he estrenado con éxito más ó y fino ingenio, y decía, por su cuenta, cosas
menos satisfactorio, y muchas de ellas han saladísimas, muy en situación, parecíame
dado dinero, como se dice en el argot de asistir á la representación de una obra que
bastidores, obteniendo á veces grand_es elo- no era mía.
• Por esa circunstancia, y por ser la que
gios de la. crítica profe:;ional; pero, s1 he de
hablar c o n franqueza, no estoy satisfe- más dinero me ha producido, sacándome en
cho de nin~una. Siendo esto así, mal puedo ocasiones de graves apuros, si por alguna de
tener predilección por una determinada obra mis producciones hubiera de tener predilecmía. IIe gozado mucho componiéndol~s, y ción, seguramente sería por esa ... Pero, no:
una vez ~crminadas me han gustado mas de mi obra predilecta no se ha estrenado todaJo regular, creyendo sinceramente que había vía, y acaso no Jlegue· á estrenarse, por aquello de que «la mejor palabra es la que se
acertado.
• Trasplantada la comedia desde mi mesa queda por decir.»

AUGUSTO MARTINEZ OLMEDILLA

LAS ÓPERAS MÁS CÉLEBRES DEL MUNC O

"LA BOHEMIA ", DE PUCCINI
Los aficionC;-dos á la 11uísicC;- que viven alejculos de las gi-cindes capitales y que, por tanto, no disponen de ocasiones para ver y oir las óperas en la escena teatral, tienen
que contentarse con los ~os que hasta ellos lleva la prense, diarict, cuyos críticos solo
se ~&lt;;tp~n en_ la p_roducción ,es_pecíficct olvidándose de lo que la obra es en sí con relaczo"'!' C;- la 1nstonct de la muszca ó de las concepciones de los compositores. Nuestro
proposdo en estos artículos es poner de relieve el espfritu de los arandes hombres
que han desctrrollado el a~te d:el drama musical, y, al efecto, en esta serie ya hemos
cletal~aclo ele las óperas Rienz1 y Lohengrin, de Wagner, Rigoletto, de Verdi, y Romeo
y Julieta, de Gonnod.

e

ÓMO no

incluir er:tre las óperas más famosas del mundo esta partitura del
ilustre autor de Tosca? En todas parte,:,
pero qui:.::ás en España más que en nincr(m
otro país, es La Bohénie ópera oblig~da
para todas las compañías líricas: el público
no se cansa de oírla, y cada ve:.:: cuenta esta
música mayores y más entusiastas partidarios y admiradores.
Lá primera ópera de Giacomo Puccini,
I Villi, fué estrenada en Milán el año 1884;
luego compuso este maestro Edgat·; después
Manon Lescattl, y más tarde La Bohemia.
Las dos primeras están completamente olvidadas; la tercera, apenas se representa; la
cuarta, recorre en triunfo todos los teatros de
Europa y América: forma con Cavalleda
rmticana, de Mascagni, y Los payasos
deLeoncavallo, una trilogia,- pordonc el lector e::;ta impropia denominación-una trilogía italiana de los autores de esta nación más
célebres y más en boga actualmente.
Puccini, que nació en Lucca en 1858 re cibió su primera educación musical e'n su
pueblo natal, bajo la dirección de un violi-

nista do grandísima reputación, Angeloni.
Después pasó á .Milán y e~tudió con Ponchielli, el autor de Gioconda, y pronto llegó
á ser maestro en el arte de la composición.
En su música, Puccini ha sabido conservar
la melodía y flexibilidad de la vocalización
italia?a, á la ve:.:: que hacerla participar de la
doclrma alemana de orquestación descriptiva en la que las voces de los instrumentos
son los elemen tos principales que expresan
el pro¡:reso emocional del drama lírico
La Bohemia es, más bien que un drama
de estos, una sucesión de escenas que pintan
y describen la vida de los vecinos y concu1:rentes al Barrio Latino, de París. El mismo
Puccini vivió esta existencia, pero los detalles de la obra musical en que estamos ocup_ánd?nos_ no los obtuvo de su propia experienCia, smo del famoso libro Escenas de la
vidCf: bohenúa! de 1Ieury Mürger, que fué el
escritor que dtó c;irta &lt;le naturaleza á la palabra bohem'io en las obras que produjo desde 1822 á 1861, en el sentido que actualmente se da á esa frase.
La ópera de Puccini basada en aquellas

�POR , E.SOS MUNDU:-

á comer en el Café Jlomus, célebre restaurant del barrio, y consienten todos con grancuando se levanta el telón aparece ante el des aplausos, cxceptoRodolfo, que alega que
público la bohardilla de una casa de ,ecin- tiene que escribir un articulo de fondo para
dad. A través de la ventana se ven los tejaperiódico.
dos cubiertos de nieve. La escasez de mue- unQueda
Roclolfo solo y se sienta desconsobles en la habitación, así como la chimenea ladamente frente á una mesa esperando que
apagada, re,·elan la más extremada pobreza la inspiración acuda á su pluma, cuando en
:de los que en ella viven; pero unos cuantos la puerta suena un tímido golpe. •(,Quien vú•
libros y algunas pinturas sin concluir indican pregunta. «Perdón», responde una ,·oz de
que los inquilinos son arti~ta,;.
mujer. «Se ha apagado la luz de mi vela, y
Dos hombres hay en la habitación: uno de estoy á obscuras. (.Tiene usted luz para mi?"
ellos, Rodolfo, es poeta, y se entretiene ob- Rodolfo abre la puerta, y se presenta una
ser\'ando el panorama que desde la ventana muchacha débil y casi desmayada de hambre,
se divisa y mirando el curso rítmico del á la que el poeta reanima cerca del fuego con
humo de miles de chimeneas; el otro, Mar- un vaso de vino; después, la joven se levanta
celo, es pintor, y alternativamente se sopla pero al abrir la puerta para marchar,e relos helados dedos á fio. de hacerlos entrar en cuerda la llave que ha dejado caer, y una rácalor, para poder concluir un lienzo que re- faga de aire de la puerta entreabierta apaga
presenta nada menos que el paso de los is- la luz de Rodol{o. y los dos jóvenes recorren
raelitas por el Mar Rojo.
la habitación registrando á obscuras el piso.
Estos amigos empiezan á hablar humorís- Cuando Rodolfo encuentra la llave, la guarticamente del frioque sienten, comparándolo da en uno de sus bolsillos, y sigue buscando
al amor y al corazón de una hermosa jóven por el suelo, al lado de la muchacha, que se
llamada ]foselta, que ha abandonado á llama Mirni. Los dos jóvenes, á obscuras, so
Mai·celo. De repente, Rodolfo coge el ma- hablan como si fueran antiguos camaradas,
nuc;crito de un drama que está escribiendo y sin darse cuent.,. de que el tiempo pasa. haslo arroja á la chimenea; hiere un pedernal ta que son interrumpidos por las voces de
con el eslabón, enciende una vela y pone los amigos del poeta que desde fuera le aprefuego al producto de su genio. Se calientan mian para que acabe su articulo. Coge á
los dos amigos ante el fuego encendido, fe- Mimi de la mano y la lleva con él á la colicitándose de que por fin un manuscrito suproyectada.
yo les haya producido utilidad y de que por mida
Al empezar el segundo acto, los amigo~ se
una yez siqniera resulte corlo un drama poé- encuentran reunidos en la puerta del Café
tico.
l\[omus. Es la víspera de Navidad, y los ven• Se abre la puerta y entra Colline, un fi- dedores callejero:; pregonan juguetes y otras
lósofo. ,Es víspera de Navidad,-dice-r to- cosas, que los chiquillos adquieren. Rodolfo
das las casas de empeños están cerradas: compra para ltfoní un sombrero de color
¿cómo podríamos tener lumbre hoy?• En rosa, y por último se sientan en ·rededor de
esto, se abre de nuevo la puerta y entran una mesita, mientras Colline manda traerles
dos chicuelos con provisiones y combusti- la comida. La atención de los concurrentes
blPs para los bohemios, que reciben con al Café se excita con la aparición de una joexclamaciones de asombro y regoe:ijo el ven coqueta que da el brazo á un pomposo
inesperado regalo.Schmmard, mú~ico, llega con~ejero de Estado, Alcindot·o llamado. La
detras de los dos muchachos arrojando mo- joven es Mttsetfa, la amada de Mm·celo.
nedas triunfantemente; procura explicar la
Pretende éste hacer ver que no ha notado
manora como ha conseguido aquello, pero su presencia, y tanto se irrita 11l11seffa ante
el lrnmbre y el frío que sus amigos padecen este desdén que para llamar la atención a su
no les permiten ocuparse si!10 en alizar el amante habla ruidosamente, desesperando
fuego y ert preparar los come~tibles.
por ello a su amigo Alci11clo1·0. No consigue
, ,Do pronto, . la voz de Beuo~t, el casero, nada, y arroja al suelo un plato de lo,, que
que reclama el .pago de a1c¡u·tlcre&lt;; atrasa- acaban de servirle. Alci1t&lt;lo1·0 la suplira que
dos, se oye en el paiüllo. Los bohemios le se modere, pero ella comiem:a á cantar. El
consienten entrar, y Be&gt;toil que~a asombrado estoicismo de 1,larcelo se rompe con esta
¡inte el derroche de vianda-, y vino que ob- última prueba, y ,iendo Musettc, que ha
serva en la habitación. Animado con el es- triunfado proyecta el modo de librarse de
pectáculo, se decide á contar una historieta Alcinclo,·o. Grita que le lastima un zapato, y
de amorosas a,,enturas, y antes de terminar- exige á su acompatiante que vaya á comla los amigos bohemios le arrojan de la ha- prarle otro calzado; y quitándose el que lleva,
bitación en medio de burlas y chanzonetas á la fuerza lo coloca bajo el brazo del conde desprécio. Schaunard les invita entonces

Escenas de :\lürger carece de sinfonía, y

LAS ÓPERAS MÁS CÉLEBRES DEL Mt;XDO

sejcro, el cual marcha á satisfacer el capri,rho de la joven.
La triunfante Musetta se reune entonces
-con Marcelo y sus amigos. Pide al camarero
la cuenta de aquella comida, así como la de
la suya: y coloca las do,- en el plato vacío
de .4lcwuloro. Como no puede andar sin los
z.,pato~, .Jfarcelo Y Rotlolfo la levantan en
:\lto y la llc&gt;van en triu11fo por entre la mulht~d, que aplaude, en tant-o que regresa el
, ieJo con un nuevo par de zapatos enconlrandosc con su conquista en otra c~mpañía
Y una subida cuenta de gastos.
El terc_er acto representa un boulevard de
los exteriores de París. En una taberna se v::i
-el cuadro de_ Jlarcelo, ya terminado, Paso
rl~l Mm· RoJo. Es el amanecer de un día de
meve, pero en la taberna se oyen voces y
rantos de alegría. Mttsetta sale de ella cantando.
Po~ ~na de las calles laterales apare•cc Jl[inu, andando penosamente· preounta el
J'.Oi_nb~c&gt; del cabaret donde pinta' Ma;celo; se
lo mdican. y con gran placer suyo se enrucntr'.1 con Musetta, á la cual ruega que
ll~me a .J!arcelo. Llega éste, y MuseUa descr1b~ al prntor, con pesar apa~ionado, las explosiones de infundados celos de Rodolfo
que ha~en dr su amistad una cosa triste v
des.;rn~m~a. Jlw·celo aconseja la separació,i,
C!"? Mmu arepta. ya que esto le parece el
nmco recurso. Entra Marcelo en la hoste .
para ~c~prrtar á Rodolfo, que se ha queda~:
dorm1clo sobre un banco. Minií se asoma por
una _ventana, y tan pronto como Rodolfo
despierta le oye prorrumpir en acusaciones
c·~losas contra ella. Sin embargo, en seguida
lllega la verdad de lo que ha dicho y empieza
a l)ab!ar dese:;peradamente de la salud de
Jfmu y c!P su pobreza que le impide atendcda dcb1da~1entc. La tos descubre á Rodolfo la presencia de .J/imí, á la cual su novio
hace entraren la hostería, donde en medio de
:1'.1!ª~te rom·~r~ación Y de reminiscencias de
, lchc,dad der1dcn separarse. Al mismo tiempo, Muse/la Y ~Varee/o se enredan en viodc.,to altercado sobre los coqueteJ:s de la jó-

259

Yen, y entonces decide furiosamente Musetta abandonar á su amante.
. El cuarto acto nos hace volver á la bohardilla de lo~ bohemios. Marcelo y Roclol{o
hablan_, mientras pretenden trabajar; su conve~sac1ón versa sobre Jlusetta r !lfimi á
quienes no ?lvidan sus corazone'.~. Con v;rdadern emoción, y mientras Marcelo no le
observa, Rodolfo toma de un armario el
sombre~·o de color rosa que compró á Minií
en Nav1da~. Interrumpe la melancolía de los
dos ~ohem1os la preseilcia de Schmmanl y
Colli~ie, que llegan trayendo comida. Todos
se animan, y empie;r,an á bailar· v mientras
d~~1 vuelt.:s por la habitación, e~tr·a Jfasetta,
t1 i:ste y ~1:;gustada. Marce'o y los otros corren ha_c1.a ella, pero la joven les hace retirarse ~1c1éndo!es que trae á Minií. la cual,
clemas1ado fatigada, no puede i:mbir lo~ últimos. e_scalones. Rodolfo y .Jlarcelo bajan
pr.ec1p1tadamente, encontrándola, casi sin
aliento, acabando de subir. La ayudan á enl;ar en el cuarto colocándo'a sobre la cama
Ella les.saluda caritiosamente y se queja d~
tener fnas la manos. ilfosella sale apresuradamente á comprar un manguito. Colline
toma su paletó y se va, acompañado por
Schamiard_ Y. por Marcelo, para em periarlo
y buscar medico y medicinas. Mimí y Rodolfo quedan solos, y hablan de su amor.
Rodol{o enseña á Mimi el sombrero que él
conservaba, Y ambos se recrean recorriendo
los encantadores países de los dulces recuerdos. Vuelve Musetta con el manauilo
que pone en manos de Mimi. Marcel~ re~
gresa con la medicina . .Mientras que cada
cual se ocupa en asegurar calor y alimento
para la enferma, Schaimard se acerca al
lecho donde yace 1,firní, tranquila. Hace
Schau.nard señas á Marcelo, el cual compren~e cuando observa el rostro de la tisic:i
'!ue esta n~ necesita ya de tónicos. Rodolfo
'e 1~ ~xtrana conducta de sus amigos y se
prec1plla al lado del lecho, lanzando un grito; coge el inanimado cuerpo de .J.1!imí lo
abraza y lo deja caer en la cama, arrojá~dose al lado de la jóven á la que ha amado .

�&lt;.:nas de la Panadería de la Plaza Mayo,

MADRID VIEJO
I.A PLAZA MAYOR
N este lugar, Madrid pierde su frívolo

y

E heterogéneo aspecto cosmopolita y febril y se torna la castiza Villa del Oso de que
nos habló Mesonero Romanos en su prosa
plácida y familiar: recuerda en medio de la
moderna balumba los característicos grabados en madera de mediados del último siglo.
Tiene un clásico y rancio espíritu castellano y un marcado ambiente provincial. Da
una vaga tristeza, evocadora de grandeziis
muertas, con sus piedras grises y su sólida y
antigua arquitectura.
En las tardes de invierno, al rayito suave
y dorado del sol, vemos bajo los soportales
unos hombres cenceños, rasurados, con ároplias capas pardas y pueblerinas y manos
toscas y sarmentosas. Es el único sitio de la
corte propicio á la recordación de las viejas
y tristonas aldeas lejanas, de las monótonas
provincias de Castilla, amodorradas suavemente en la costumbre cuotidiana, bajo la
áurea férula de la tradición. Recuerda esas
melancólicas plazas silentes de Burgos ó de

Avila, donde clamorean monorítmicas las
campanas de la próxima catedral y de ye,.
en vez pasan las figuras austeras de los canónigos que van al coro: las plazas tan vie,
jas que presenciaron el cortejo férreo y gigante que seguía áRuy Díaz á tierra de mo,
ros, ó cuya losas pisó con su sandalia Teresa la Santa, la celeste doctora. Plazas que hemos evocado quizás leyendo los rom ances
del duque de Rivas ó las páginas sonoras del
Romancero, y en las que en la noche suena
melancólica la voz de un piano cantando alguna melodía italiana, mientras pasean esas.
gentiles, soñadoras provincianas, suavemente
románticas,que tienen manos pálidas y exangües, de sagrarlas organistas, ojos entristecidos por la austeridad ele. la vision frecuente~
alma aromada de ingénua y antigua reliaiosidad, y viven en los caserones hidalgo; la
vida edificante, un poco triste, de las antepasadas doncellas señoriales...
La Plaza Mayor se llamó del Arrabal
cuando la mandó construir Don Juan Il, y es.
uno de los lugares más bellos y pintorescos.
de Madrid.

�263

::'ltADHlD VIEJO

POR ESOS MUNDOS

d Cuchilleros sientan sus reales 1os men~igO!-\.
•~poca; el asunto, como es s~bid?, es uno ~ los fulleros y toda h flor de la gallofa_ Junto,
los más bellos y tiernos ep1sod10s sairados, al Café del Gallo,-el solitario café de citas de-.
el ángel, en le apoteosis de una glona tuda
enamorados, que antaazul cándido y o ro
· l ño fué botillería-y la..
límpido, ofrece el lirio
). • f, chirlata famosa de la.
príncipe, el lirio casto
.., escalerilla, y presen~;'.n
v santificado á la vírun interesante y c ngen elegida p a r ~ el
sico aspecto de noYela
misterio, y la flor llene
picaresca. Sólo que los.
un interesante y alado
~ pícaros r los gallofcsimbolismo.
ros han perdido el doEl historial d e la
naire v )a jácara de
Plaza Mayor lienc nelos dei'Siglo de Oro, é,
gras fechas inJcleblcs.
hijos de su ti~mpo, ~on
En ella se celebró el
almas sin onentac1ón.
auto de fe en que fuedesoladas, cautivas sin
ro n quemadas corca
sahamento d e e s a
de trescientas pcrsocruel inseparable quenas, feslejo de bodas
es tan constante enaque ofreció el s?mbrío
morada, la hosca MiFelipe II á la tierna Y
seria.
frívola rosa princesa
Históricamente , la
Isabel de Valois,junla~:-::---..:;i
rlaza es un rico museo
mente con torneüs, ca.-;;1-:::;1:;r;~ii'~iaiB~..:
de recuerdos. Por ella
iias y fiestas .de toros,
bapasadotodalaintencomo en aquella edad
Puerta principal de la iglesia de San Andrés
sa y varia vida espaen que Madrid era
. .
itola, desde la época mori_sca _basta los albocastillo famoso que al rey niot·o alima el res de nuestra era constttuc1onal. .
mieclo.
t I
En el alma moderna suena exóticamente
En ella fué degollado por la f¡argan et e
el áureo y lejano clarín de la hidalga leyenaltivo privado Don Rodrigo Calderón, marda. La vida se renueva
qués de Siete Iglesia~,
ince!:'antemente y el
que dejó su extraorchtráfago mecánico y
nario orgullo en el úlmercantil ha puesto su,
timo trance, como fraherradura de caballo
se proverbial de nuesbárbaro-en el sentilro refranero. Por ella
do heleno-sobre los
paseó en unajusta metrofeos heró_icos y las.
rnorablo &gt; u s osadas
páginas maravillosas
fanfarrias aquel g1·a11
de la tradición.
ingenio satírico Don
En 1a conciencia.
Juan ele Tarsis, conde
colectiva ha muerto la
de Villamcdiana, el de
leyenda del Cid; se ha
los altos anhelos, que
perdido l 'a confi_anza
escribió e11 su divisa
fanática en el tnunfo,
alegóricamente «Mis
de la enseña nacional;
amores son reales•, Y
la palabra Patria tie~econ motivo de cuyo
un otro y mác; á~ph&lt;&gt;:
asesinato misterioso
sentido; Don QmJoteoscribió tal vez Lope
-.1alltl1..iíi5-i ha llevado en vanopur
de Vega unos_ versos
Jas tierras hispanas el
cuyo remate dice
d ¡vi no heroísmo de
que el matador fué bellido
sus andantes i)a.l:iªlleY el impulso soberano.
EJ;terior de la capilla de San lsidro; en la plazoleta ·
rías : 1 0 s yangübse~
Y, finalmente, en ella
de San Aa drés
triunfantes, los mercas, e celebraron todas
deres medrados, los galeotes ingratos coce~n
las ejecuciones, hasta que en 1790 se trasla- constantemente contra la Pº?re s?.mbra erradó el cadalso á la Plaza de la Cebada:
lica del Caballero de la Tr1st~ J• !gura..
En la actualidad, por las noches ll~ne un
!la Y un neu tralisrno, un rnd1fercnhsm°'.
a$pecto inc¡ ui•etacl0 r. En las esraler1llas de

1

es la Capilla del Obispo, em~ezada en 1520
por la pía voluntad del licenciado Don Francisco de Vargas, del Consejo de los Reyes
Católicos, y terminada por su hijo Don Gu-'
tiene de Vargas, obispo de Plasencia, que le
ha dado su nombre, aunque su verdadera
advocación es de San Juan de Letrán.
El magnífico retablo mayor es obra de
Don Francisco Giralte, como también las eslátuas orantes del fundador y de su e'sposa á
ambos lados del presbiterio, y el sepulcro
del obispo Don Gutierre, página brillante
para el estudio escultórico y ornameutal de
la época de Carlos I. Bajo un arco dé medio
punto, coronado por un ático, de pareadas
columnas al del cenlro, está la estátuit de
Don Gutierre, arrocli llaclo y en acfitu'd de·
orar; tras él los familiares, con tal expresión·
de vida que bien muestran las citaclas figu ...
ras ser retratos; y formando marco en torno,
estriadas columnas, ángeles y estátuas, y el
arca donde estuvo el cuerpo de San Isidro:
Cierran esta maravillosa obra · de arte unas
LA IGLESIA DE SA..'&lt; A~DRÉS
notabilísimas puertas de nogal con prodigioSombreando una plazoleta silente y al- sas tallas.
Se ignora la época de la fundación de estC'
deana, circunvalada de poyos de piedra, de
entre cuyo pavimento brota la hierba pálida templo, siendo la primera noticia que• de él'
y desmedrada, álzase ingente la muy anti- se tiene el haber sido enterrado en su ce- 1
menterio el Santo Labrador por los añós de·
gua parroquia de San Andrés.
1130.
,,
Esta es la
i g I es ia de
Una de las
Madrid de
.
1 obras m á s·
· artisticasquc'
más puro valor artístico
posee es-la
imágen de 1
entre las pretitular colo-·
ciosidades de
cada en',J.m ·
detalle, la
nicho ,;ol:Jre
asombrosa
ia pc1erta do
riqueza picentrada, de.
tórica y ar•bida á 1:,\[ aquitectónica
nuel Pereira,
que nos han
de quien
legado I os
también es la
precedentes
efigio de Sansiglos de
ta ~[aria ele
C J' i s tianisla Cabeza
mo. A ella
que e;;tá en
perteneció el
la embocamaestro Juan
dura tic la
Lópezdc Ifocapilla 111 a yos, á cuyos
yor al lado
Estudios ele
de la EpistoJfaclricla;;is1a, situada
t i e ron los
Altar mayor de la iglesia de San Andrés
sobre lo que
más célebre~
escritores de la época. entre ellos ::\Iigucl fué cementerio. En el exterior, el cuerpo de
de Cer\'ante~, que fué el discípulo µrcdi- luces de la cúpula está adornado con clieci~eis bellas eslá tuas clásicas de apóstoles y
leclo del sabio Y \'enerable ~acerdote.
Cna do la:; aclÍnirables obras escultóricas doctores.
El retablo ron yor consiste en cuatro cuerque encierra en su interior la citada iglesia

ab;;orbente, un cosmopolitismo amorfo que
borra el carácter clásico del neto espaiioli'-mo, y que se refleja en el rostro de las muchedumbres y en el aspecto de las ciudades.
Este rincón madrileño, esta vieja pla;:a
histórica conserva su clásico carácter, igual
en los días vulgares que en aquellos que lieT\en un espíritu familiar de bíblica recordación; cuando viene el abuelo de florida barba de plata, Noel, el mago tradicional, repiquetean las panderas, suenan bucólicos los
"'lbeles y se extiende una arcadia feliz aromada de mirra y de promcsas,-estrellas, reyes de Oriente c_onstelados de piedras preciosas, pastores con albos corderos, musgosos peñascales con el humilde portal.y en el centro de los jardinillos, junto al
bronce trabajado por el ilustre Juan de Bolonia, hay dos fuentes que cantan la vieja
poesía del lugat, confusamente, como historias borro~as r olridadas...

-~ 011

�LA DÉBACLE

264

EL TERRORISMO Y LA POLICÍA SECRETA

sólo me he propuesto dar una breve noticia,
)OS con multitud de columnas _talladas en sin recar(7amento de tecnicismos engorrosos
los tercios inferiores; hay en los mtercolum- para el p"úblico, y explicar sucint~mente ,las
nios diez bajo-relieves que repres~ntan pa- fotografías. En ella, como en casi lodos ~os
sajes de la vida y pasión de Jesuwslo, comtemplos de Madrid,
pl(}tando el ornalo
J.. L,.~ h a y en ce r"rados
escudos de armas.
"'.y yerdaderos teso'roR
La capilla jnmearlíslicos, j o Y as
diala, llamada de
esencialmente naSan Isidro y que '
cionales, cristalizaestá al lado del
ción estética, adeEran(7elio, se consmás, de las clásilruyó" en 1657 ?ºn
cas y diversas esarreCJ\O á los d1secuelas del alma retios de Fray Diego
ligiosa y fuerte de
de Madrid. Dirigió
los antepasados.
las obras, primero
Las revistas euDon José Villarreal,
ropeas dedican á_mY· después Don Seplias in fo rmacwbastíán de Herrera
11 es ilustradas á
Barnuevo, ad o r sus viejas ciudades
nándola con pilasaqueológicamente
t·ras de marmol,
,0-..,_;,l!"ti~
notables, ásus
P.ornisas} bóvedas,
templos y á los a~lienzos de Juan Calistas. En Espa!l.a
neño y Francisco
pesa un gran silenRici y catorce cocio mortal sobre tolumnas de mármol
do lo bello, y los
negro. En el centro
Retablo, en la i~lesia de San Andrés
.
ojos ávidos de ~s~ése eleva, comple•a ticas impresiones acuden sólo á los sitios
lamente aislado, el retabl~ mayor, sostem. o de exposición como los Museos, cuando al
or dos columnatas, termmando en una cu- detalle hay por los rincones ele los le!11plos
bierta calada llena de fi~uras .• En este re~l preciosidades olviJadas, tales unos lten~os
blo por espacio de cien anos, estuvo
del Tiéiano del divino Morales, de Jordan,
cu¡rpo de San Isidro Labrador, hasta q~e de Alonso Cano y dé Claudio Coel~o, que se
fo'é trasladado al sitio que hoy ocupa en a conservan en la sac·ri~tía de la antigua CateCatedral.
.
S A d ·é
d al
·':.
Al hablar de la iglesia
de an n r s
r .
&amp;'1ILIO

CAB.RltRE

Fotografías, por L. Alonso

LA DEBACLE
Armando al amor mío,
.
le mandé á combatir con tu desno:
volvió llorando sus perdidas galas,
trajú rolas las alas,
.
.
tronchado el arco y el carcaJ vac10.•_.

Juuo HOYOS

1

'.

CÓMO SE VIVE
EN RUSIA
cia jurídica: no está sancionada por la ley
constitucional del país, carece de organizareunir datos interesantes respecto á los de- ción central: y su coste no aparece en el
seos é intenciones de los ciento cincuenta presupuesto imperial. Es un ejérci!o vaslo,
millones de compatriotas suyos: .be aquí un pero amorfo é invertebrado, de espías politimétodo breve de resumir el sistema ruso de cos y cletectives que se mueven de uno ·á
policía secreta que durante un siglo ha sido otro sitio, reciben órdenes casi exclusivael apoyo más eficiente de la hoy vacilante mente de las ·autoridades locales, y abandoautocracia de aquel imperio.
nan por cualquier motivo el descubrimiento
La policía secreta de Rusia es la más nu- de verdaderas conspiraciones para provocar
merosa, extendida y odiada organización de receles de clases y la creación de fingidos
este género que jamás exislió en el mundo. complots, con objeto de apoderarse de perLa cifra de treinta mil personas que hemos sonas poco afectas á la autocracia ó que
apuntado no es más que aproximada, pues, gozan de influencia ante el pueblo.
probablemente, no ese número, sino tres veLos rusos leen todavía con fruición en la
ces el mismo, noventa ó cien mil, son los prensa extranjera las hazañas de lo que se
que ayudan en ocasiones á las autoridades titula la Sección Tercera de la policía, ó sea
para descubrir revolucionarios y conspira- la policia política secreta. Dichaorganización,
dores terroristas. Pero la gran mayoría de cuya vida ha sufrido muchas intermitencias,
dichos treinta mil y más indurante el reinado de Ale~
dividuos no forman parte
jandro III fué transformada
del servicio regular de poen el Departamento de Policía, sino que suelen servir
licía, que actualmenlc exispor períodos cortos al Gote como una de las princibierno, ora vendiendo senpales divisiones del MinistecilloR informes,bien envíanrio del Interior. El minü.tro
do confidencias sin exigir
de este ramo dirige -toda la
pago de ningún género. Hay
policía regular, incluyendo
que advertir quo existe una
la gendarmería, cuyas fungran parte negra ó reacciociones han llegado á ser casi
naria que se presta vol unpuramente p1líticas.
taria y desinteresadamente
Pero la okhrana ó serviá dar noticias de sus descio de inspección de policía
contentos vecinos. Además,
política es cosa indepenel número citado de treinta
diente de estos dos cuerpos.
mil es indefinido,entreotras
Aunque sujeta nominalrazones porque el total exacmente al Ministerio del Into de policías, la dislributerior, en realidad recibe
ción local y el coste de la
órdenes de. los prefectos y
okrana, como se la llama,
gobernadores de provincias,
son cosas ignoradas de la
y, donde existe la ley margente oficial, y lo poco que General Dediulin, jefe del cuerpo de cial, de las autoridades mise conoce se conserva en gendarmes, ósea cuerpo especial de es• litares. No tiene, e n una
impenetrable ;:nisterio; y espías del si5tcma policiaco ruso
palabra, política alguna getos tres factores varían de año en año, y aun neral ó plan de acción, sino que trabaja exde mes en mes, conforme á las condiciones clusivamente en necesidades del momento.
políticas á que puncla llegar cada centro de
La fuerza de la okhrana y su actividad
población.
sobre cualquier punto especial depende por
Lo más extraordinario de este servicio en completo de la. actividad de los revolucionaRusia es que la okhrana no tiene existen- ríos locales: donde quiera que los actos reREINTA MIL

rusos, hombres y mujeres,

T encuéntranse actualmente ocupados en

�266

POR ESOS MUNDOS

volucionarios ó terrorishis llegan á prevale- vigilar á las personas á quienes no conviene
cer, se suspende la ley civil ordinaria para encerrar en las cárceles. Para hacer esto, neser sustituida por unas ordenanzas que se cesita tener á su disposición una mullitud do
aproximan más ó menos, según los casos, á agentes eRpeciales de policía y un regimiento de espías.
·
la ley marcial. El ¡nás suave de
Por e-:t", la primera conseestos sistemHs de terrorismo
cuencia de la necesidad del augubernamental, es lo que se comento ó la declaración de la
noce con el nombre de itsi•
seguriclacl extraol'clincwia e~
lennaya okhrana, ó aumento
multiplicar el servicio especial
de la fuerza de seguridad, cosa
de policía haciendo que acudan
que otorga al gobernador ó preá prestarlo inclivíduos que llegan
fecto poderes excepcionales.
:í los centros ó poblaciones poMucho más severa es la tchreslíticas desde los puntos más pavuit-choinayci okhmna, ó segucíficos del imperio. Cuando desridad extraordinaria, por la cual
pués de la disolución de la Duel prefecto ó gobernador puede
ma fué declarada la ciudad do
multar, prender ó desterrar á
cualquiera persona sin necesiSan Petersburgo bajo el ré"imen
dad de formarle juicio alguno,
de seguridad extra0Nli1~aria,
prohibir la publicación de pecerca de tres mil hombres llegaron á dichacapital desde otras
riódicos y la celebración de reuciudades, y todavía fueron alisniones, y hacer, en una palabra,
tados bastantes más después de
cuanto quiera y le plazca. Deshaberse realizado un golpe tepués de la seguridad extraordirrorista en casa del primer minaria vi en e I a ley marcial
nistro Stolypi11.
(voennoe polozhenie), y luegr
el estado de sitio (osadnoe
Las funciones primordiales
Oficial de la policía rusa
de la okhrcma son espiar á las
polozhenie)-en Rusia la ley
marcial no exige necesariamente la declara- personas de dudoso carácter, comprar la
ción del estado de guerra-y en estos dos traición, ·concurrir disfrazados á lo.;; meetin[JS
últimos aspectos las autoridacles tienen po- secretos de los obreros, vigilar la llegada
der más absoluto aún. El eslado de sitio, que de los trenes y desempeñar la desagradable
parte de agentes provocctdores.
implica los con_sejos de guerra
Tal es la labor diaria de lo que
para los delitos ordinarios; no
puede llamarse okhrctnct fiose emplea generalmente como
tcmte. Pero, además, cada ciuarma revolucionari3:, pues la ley
marcial da á la;; fuerzas militadad dispone ele un servicio fijo
e;;pecial, q11e tiene por princires todo el poder que necesilen
pal deber proteger al czar, á los.
ó quieran.
grandes duques, á los mínistros
La okhrnnci aumentada, ó la
extraordinaria seguridad, es el
cu yasvidas están amenazadas, á
los gobernadores locales, y
sistema de policía vigente achasta á indivídnos humildes
tual mente en casi loda Rusia, y
que se han hecho deRagradables
esto es lo que allí da á la poliá los terroristas. Además de los
cía política secreta todo el poder y el valor que tiene. Cuando
guardias militares del palacio
se ~ecl;::!':t cualquiera de esto:;
imperial y ele la policía uniformada de esta misma residencia,
dos estados y Sél su~penclrn, por
ha y invariablcmen Le una horda
tanto, los efectos de la ley orde individuos vestidos do paisadinaria, pueden los gobernadono, cu yo radio el e acción se
res ó prefectos desembarazarse
exliencle por varios kilómetros
de una vez y sin procesamienen rededor de aquellos palacios.
tos ele todas las-personas cuyas
En las estaciones del ferrocarril
aspiraciones (esta es la frase
de Peterhof y Tsar.-koe-Selo, regubernamental) son dudosas. Lo
sidencias de 1·e1·ano é invierno,
primero q11e hace todo prefecto
Gendarme ruso
respectivamente, del czar, ha y
inrestido de tan excepcionales
Jacullacles es prender sumarísimamente á siempre, por lo menos, una docena de· homcentenares \' hasta miles e],, personas sospe- bres de lao!.-/mma; otros vagan rondando por
chosas, regi»lrar casas, f:ellar imprentas y los caminos que conducen ú dichos ~itios;

CÓ.110 SE

\"IVE EN RU~IA

267

algunos, fingiéndose fonl'istas curiosos, ob- sus serv1c10s: cerebro contra cerebro, hay
servan las murallas de los parques: y no son que reconocer, en realidad, que el polizonte
pocos los que se estacionan dentro de los ruso es inferior á sus adYersarios, y aun
parques y algunas veces hasta en el interior cuando está protegido por toda la maquinade los edificios donde viven el emperador ria del Gobiemo y por recursos ·innumeray los principc8.
bles, la mayor parte ele las veces queda bur:M. Plehve, el ministro del Interior 1rn\s lado y chasqueado. La razón es sencilla: los
detestado que ha habido en Rusia, rodeába- hombres que arrojan bombas y fraguan comse de un enorme ejército ele estos espías y plots militares proceden de la clase mejo1·
protectores. Los revolucionarios le acusaron educada ,. más intelectual de Rusi:1. Las uníde mantener trescientos hombres para su versidadés producen centenares de conspiprotección personal; pero aún así no logró radores; y muchachas listas, educadas en
evitar el atenlado terrorisla que le causó la colegios de importancia, sirven á los estumuerle, comet:do en pleno día y en la diantes de auxiliares valim;os que, comparaprincipal calle de San Peters•
dos con los espías del Goburgo. Denlro y en los airebierno, son como los artistas
dedores de la villa campestre
comparados con los artesade :.l. Sto! y pin había el 25 de
nos.
Agosto de 1906, (cuando se
Los jefes y soldados de la
cometió el atentado quemaokhrcma reciben como sueltó é hirió á más de cincuendo de setenta á cien francosta personas) nada menos que
mensuales; y la shtatniye ó
treinta y cinco indivíduos do
fuerza permanente, disfruta
la okhrana al mundo de un
de pensiones á los veinticingeneral. ¡\Jgunos de ellos fico años ele servicio. Esto es.
guraban como lacayos y pormucha paga para Rusia; masr
teros, otros como peticionaá pesar de ello, los intelecrios que esperaban audientuales del imperio e~tán y
cía, y los restantes llevaban
estarán siempre en la revolupaquetes ó se ocupaban en
ción.
componer los caminos que
Además de su número reconducían á 1a residencia.
guiar de fuerza, la okhrancc
Sin embargo, terroristas disemplea temporalmente un
frazados burlaron toda vigigran contigente de neshtatlancia y per:ctraron hasta la
niye (inspectores de policía).
puerta de la b¡¡bilación del
También hay miles de emdespacho del primer minispleados policiacos y esµías.
lro, arrojando 111 bomba que Glardia del palacio det czar en San que venden informaciones
taritos daiios causó. Sucesos
Petersburgo
ocasionales á la Dirección ele
como el relatado, y los numerosos asesinatos Seguridad. A estos hombres se les paga cua11de gobernadores, protegidos todos estos por do trabajan; pero su trabajo es por lo regula okhrcma, no hacen más que confirmar la lar una trampa para las mismas autoridaclesr
jactancia terrorista de que ningún sistema de que generalmente reciben avisos de complols
espionaje y protección puede evitar el acto imaginarios ó muy exajerados. Este trabajo
de un hombre resuelto á sacrificar su vida. es arriesgado, porque los terroristas no perdoEl contraste entre la seguridad disfrutada por nan jamásá los soplones por afición. Duranlo
el czar y el incesante peligro de sus minis- la rebelión en.Muscou en la Na1·iclad de 1905tros, parece, al principio, notable; pero esta ocurrió un' caso que demuestra lo que deseguridad consisle en que Nicolás JI harr Yi- cimos. Un vidriero informó á la policía de la
da de recluso y jamás anuncia por adela11laclo existencia del principal depósito de arrriassus propósitos de ir de una á otra parte, en un barrio al Sur de la ciudad; la policía
mientrns que sus minislros, generales y go- le recompensó cun cien rublos, y el vidriero
bernadores, tienen que concunir á los con- se quejó al gobernador de la ciudad, almisejo,; 1· recibir á sus subordinados en diás rante Doubas;;off, el cual mandó que le diey en ·lugares conocidos de ant"mano por ran novecientos rublos más; sin embargo, el
todos.
informante no se presentó á recoger el dineLa misión ele la okhrn11a es cvilar los ultra- ro, pues al acudit· la policía á su casa se enjes 'lerrorista~ y la propn~1nda revoluciona- contró con los cadáveres del vidriero, de
ria; pero romo en e~to fracasa seiialadame11- »u mujer y do un hijo que tenían: los asele, debe deducir,;e c¡up no so11 mu y cficacc,- sinalof- habían ~ido obra de los revoluciona•

�21i8

POR ESOS MU.'IDOS

rios traicionados. El espia al servicio de la

que esta institución presta en Rusia es pesa-

okhrana es una mera cifra, sin personali- do y no alcanza el interés folletinesco que le

dad, nomhre ni historia; y cuanto se dice han dado los escritores que han tratado el
de nombres y hechos de los individuos en asunto sin haber visitado jamás á Rusia: las
activo servicio que forman este cuerpo, son princesas Oiga y Natalia, á pesar de lo que
más ó menos puras invenciones. La okhrana aseguran esos periodistas, no actúan de esy sus miembros se conservan en el más im- pías, aunque es natural que tanto e!las como
_pcnetrable misterio, por la sencilla razón de cualquiera otra dama ó personaje descubran
algún complot
que una vez cocuando llegue á
nocidos sus in;;u conocimiendividuos pierto; y muy pocos
den todo su vaespills
re u nen
l o r . El actual
las condiciones
jefe de la okhra,de astucia y de
na de San Pebuena educalersburgo es el
ción social que
único hombre
suelen
achacarvivo que sabe
les los inventoquiénes son los
res de trágica~
espías y lo que
novelas.
hacen, y el traEsto no es
bajo del Deparobstáculo
para
tamento se enque las aventu&lt;iuenlra de tal
ras de algunos
modo organizaa s p í a s rusos
&lt;lo que muy potraspasen los
eos de los indilinderos de lo!!
Yíduos que á él
más imaginarios
perlenec en s e
y romancescos
conocen entre
relatos. He aquí
sí: en la oficina
un caso.
&lt;le San PetersEn Moscou, en
burgo los más
1899, murió un
hábiles policías
hombre, Gabriel
iisperan, par a
Kabanoff,
que
conferenciar
se pasó treinta
&lt;ion el jefe, en
años denuncianpequeñas antedo conspiradosalas separadas
res á la policía
y sa'en por una
y la policía á los
puerta d ü,tin ta
e o ns p iradores:
-de aquella por
engañó á ambas
&lt;!onde entran.
parles y jugó
Un hombre percon
ellas como
teneciente á la
Detención de un signifkado revolucionano
q u i s o , y, sin
-0khrana no debe permitir que se le fotografíe, sino por indica- embargo, murió tranquilamente en su casa.
-ción oficial; y, en rigor, todos ellos se conocen Kabanoff fué quizás el más hábil de los estan poco que cuando escoltan reservadamente pías rusos: era excelente lingüista, tenía algo
.á funcionarios importantes suelen frecuente- de filósofo y de pintor, un mucho de s-portsmente detenerse unos á otros como indivi- rnan, y no fué fácil aventajarle en modelos
duos sospechosos, y no quedan en libertad exquisitos y groseros, ni en su conocimiento
hasta que, una vez en la prisión, se declaran del mundo. Sus incorregibles hábitos derro-como funcionarios de policía. El misterioso chadores, su horror al trabajo y su afán de
velo se levanta únicamente cuando muere el diversiones, asi como su continua necesidad
individuo, y aun en este caso nada más que de dinero para él y para las numerosas mu-&lt;Juando el difunto deja escritas sus Menio- jeres que mantenía en casi tod.is las grandes
capitales europeas, le condujeron con fre.t·ias.
.J~gaodo pgr lo quede la okhrana ha llega- cuencia á ser infiel tanto á los funcionarios
-do al púbfico y se ha tras! ucido, el servicio oficiales como á los nihilistas; pero justo ei:

cm10 SE VlYE EN RUSIA.

reconocer en su elogio que jamás vendió in- algodón cien mil rublos. Por haber abortado un complot tramado para asesinar al
formaciones fal;:;as.
La táctica de Kabanoff era propia y ca- gobernador de Varsovia recibió dos mil ruracterística suya. El nihilismo, hoy extingui- blos del ministro del Interior; el complot era
un hecho;
do, era enpero Kabatonces la finoff dispuso
losolía polílide tal modo
ca que dolas cosas que
minaba entre
solamente
los des conlos conspiratentos; y si el
dores de últimovimiento
ma fila fuerevolucionaron los deterio de hoy es
nido~, y los
de m ocrálico
jefes escapay relativaron pagando
mente pobre,
también á
los nihilistas
nuestro homde los años
bre e i e r ta
1870 y 1880,
enorme su aún cuando
ma, que él
pocos en núpidió para
mero, solían
sobornará la
ser ricos y de
policía y á los
origen arisi nspectorcs
toc rá tic o,
•Antes del registro•.-Dibujo del pintor J{alinitchenko, cuya publicación
de la fronteKabanoffemestá prohibida en Rusia
ra. Kabanoff
p le aba los
cuantiosos recursos que recibía de la policía afirmaba que sus verdaderas simpatías estaen mostrar;:;e como un simpatizador rico, y ban con los nihilistas; pero sus costumbres
cuando, valido de esto,obtenía informes res- derrochadoras le hicieron peligroso para
pecto á las conspiraciones, den unciaba al cuantos llegó á conocer. Tenía una extramomento á los conspiradores. Entonces, la ordinaria colección de disfraces y cuando vespolicía, que tenia fé en la fu~rza y eficacia tía cada uno de ellos usaba nombre distinto.
de los servicios de Kabanoft, le confiaba Sabía hablar el idioma ruso empleando medocumentos ele que ella se babia apoderado, dia docena de diferentes acentos, jactábase
haciendo creer
y nuestro homá un francés,
bre, provisto de
·
que era de París
pasaportes, saló de Burdeos, á
vo-conductos,
un inglés que
cifras y listas de
había nacido en
comprometidos,
Inglaterra, y dese acercaba á
mostraba palpalos nihilistas riblemente que
cos y entusiashabía vivido dos
tas por su c;ausa
dos años en Zuy fra 511aba comr i eh pasando
plots que dab:rn
por a I e m á npara Kabanoff
suizo,
sin que
resullados penadie descubriecuniarios, que
ra es tos engaeran los él busños. La policía
caba. ¿Cómo los
lograba'? Dicien- ![\dividuos solicitando verá sus parientes y amigos reducidos a prisión rusa jamás sospechó el doble
do á los nihilistas que sabía con certeza que iban á ser juego de Kabanoff, y como los nihilistas no
detenidos, cosa c¡ue podían evitar enviando tenían entónces organización central los
dinero á tal ó cual inspector, que siempre traicionaba impunemente cuantas veces y en
era el mismo Kabanoff. En una ocasión, cuantos centros quería.
Hombres como Kabanoff se encuentran
Qbtuvo por este medio de un tratante en

�Cfo!O SE YIVE E:N RUSIA

·:?ii)

-rrcncralmente entre los tcrrori:;tas de hoy, y
-~o en la okhrcina, cuyos individuos tienen
tan escasas facultades que un poco de experiencia basta para que cualquiera los engaiie. Lama11cra que los
•espías de la
policia tienen para
presentarse
á los sospechosos hace
que éstos los
&lt;le~cubran al

indistintamente concluye deteniendo al inquilino de la cnsa. A menudo, los gendarmes
recogen algún transeunte de la calle como
testigo de la legalidad con que proceden; pero, generalmente, se contentan con el testimonio del. clvornik (portero), que á la vez
es también,- en casi todos los casos, agente
de la policía. Recogidos cuidadosamente to&lt;los los papeles y objetos comproinr.tedores y
verificada la detención del individuo, éste es
·conducido á la prisión de Khresti, ó cárcel
preliminar llamada predvari1ka. Sin embargo, á los conspiradores importantes se les
encierra en la fortaleza de San Pedro y San
Pablo, única prisión en- San Petersburgo
que, por el espesor de sus paredes, hace
imposible la comunicación entre las diversas
habitaciones por medio_ de golpes.
Cuando se trata de mujeres exige la ley
que concurra á la detención otra mujer; y,
en efecto, algunas veces acompañan á los
invasores agentes femeninos titulados asistentes; pero esto, lo mismo que todo lo dispuesto para proteger al ciudadano, no se observa la mayor parte de las veces, y en muchas ocasiones las mujeres que sufren registros en sus domicilios son despertadas durante la noche obligándoselas á vestirse en
presencia de agentes masculinos.
La okhmna emplea muchos agentes femeninos, dando á la mayor parte de ellos el carácter de miembros irregulares, á los que so•lamente se pagan los servicios que prestan.
Durante el mucho tiempo que desempeñó el
general Trepoff el cargo de prefecto de Moscou, favoreció sistemáticamente á los agentes femeninos de mala conducta, dispensando
á estas mujeres de la observancia de ordenanzas restrictivas, iundándose en que dichos
elementos resultaban al fin y al cabo los.
mejores amigos del régimen existente. Las
mujere.; empleadas en la okhrcma en San
Pctersburgo llegan á setecier.tas. 11 uchas de
ellas están mu y bien educadas y son personalmente atractivas é insinuantes. La gestión
-de estas mujeres cspias es invariablemente
más intere;;ante que la de los hombres, sien·do uno de los principales motivos de sus
éxitos el uso de adhesiones y sentimientos
románticos de que se sirven para fines políticos. Durante el reinado de Alejandro III,
cuando tanto la devoción caballeresca hácia
-el trono como el complot revolucionario eran
más comunes entre la aristocracia que lo
s::m hoy, muchas mujeres jóvenes y mucha·cha~ de alta posición actuaban como espías
aficionados en fa,·or de la okhrana voluntaria que entonces existía, compuesta por un
:gru po de jóvenes nobles que se dedicaban
:á emplear métodos terroristas contra los que

271

ponían en práctica los propios terroristas.
Uno de los más trágicos incidentes en la
historia de estos agentes femeninos se ha
conocido muy recientemente, debido á la
muerte por suicidio de la señorita Sofía Ruibakoff, bija de un general, rico propietario en
l\loscou. Esta ~eñorita, bel la y de talento, era
la prometida de un oficial llamado Osipoff,
y acostumbraba á emplear sus ratos libres en
obtener informaciones respecto á las relaciones que existían entre un círculo de nihilistas
iotelectt-Jales de Moscou y los activos nihilistas que entonces aterraban á la aulocracia
arrojando bombas. Logró saber que algunos
de los intelectuales bien educados no solo
lenian noticia sino que hasta habían subvencionado un vasto complot contra el czar.
Informó á la okhrana de aficionados, que á
su vez &lt;lió cuenta á la policía, la cual, en vez
de detener á aquéllos en el acto, observó el
desarrollo del plan para asi tener mejor conocimiento de cuanto hacían los conspirado •
res; al fin, determinó detenerlos una noche
dada. Y aquí viene la tragedia de la señorita
Ruibakoff. Después del almuerzo de aquel
dia fatal, Osipoff dijo á su prometida:
-Sé que estás trabajando con nuestros
amigos. Tú ignorabas que yo fuera de ellos:
¡por amor á ti me alisté entre los conspiradores!
-¿Te has unido al yomplot formado para
el asesinato del czar?-preguntó ella á su
novio.
-He dado dinero, y he hecho que conste
mi nombre en la lista. Prometí mil rublos.
La joven no habló nada más sobre el particular; pero pronto pretextó hallarse indispuesta y abandonó el comedor. Pocos minutos después dirigióse á un carruaje, &lt;lió al
cochero la dirección de la casa del jefe de la
conspiración, y le dijo :
-l\1e consta que vamos á ser detenidos
P.sta noche. Quemad todos los papeles.
-~o tengo papeles,-contestó el conspirador.-Los entregué á Fulano, que ha salido hoy para Kursk.
Aquella noche, el portador de los papeles
comprometedores fué detenido en el tren; se
enconti:ó en ellos el nombre de Osipoff, que
á la mañana siguiente fué detenido, no volviéndosele más á ver. Loca de angustia y de
remordimiento, la señorita Ruibakoff obtuvo
audiencia de Alejandro III, le refirió que había actuado de espía por favorecer al czar, y,
aunque en falso,juró que Osipoff era también
espía. El czar no quiso darle crédito y la
contestó:
-No podría poner en libertad á Osipoff
aunque qui6iera.
La desgraciada joven comprendió por es-

�272

AL PARTIR

tas palabrag, y qu17,as comprendiera bien,
que su prometido había sido fusilado. Regresó á Moscou, escribió un memorandum dando cuenta exacta de lo sucedido y se suicidó
abriéndose las venas de los brazos.
Muchas mujeres espías profesionale.~ han
sufrido muerte violenta de manos del hombre que intentaban denunciar. Una de las numerosas mujeres con quienes el pope Gapony tuvo relaciones románticas durante su
extraordinaria carrera fué encontrada muet··
ta no hace mucho, en Kief. La policía averiguó después que había sido asesinada p0r
los terroristas.
El Departamento de Seguridad emplea un
reducido númer_o de extranjeros, la mayor
parte fuera de Rusia, que ayudan á los numerosos espías del Gobierno imperial en París y Lóndres y en los centros conspiradores de Suiza. Hay algunos de esos extranjeros en Rusia donde el individuo franc6;:; ó

alemán que finge no hablar el· ruso es necesario algunas veces. En ui;ia pequeña ciudad
&lt;le la frontera austriaca ha y u.n espía francés
que-pasa por intérprete mientras vigila 1l los
rusos que vuelven á su país. Repetidamente
ha dado informes erróneos á la o!dtranci
anunciando regresos imaginarios. Sin embargo, la vuelta a Ru~ia &lt;lol desterrado es cosa
á que se oóncede gran importancia en el rr"'iovimien to revolucionario. Después del manifiesto de 30 de Octubre de 1906 se cohce&lt;lió permiso para regresar á cerca de trescientos desterrados. La policía combatió esta
am11islía asegurando que la mayor parle
de los indultados volvena á conspirar, y dedicó centenares de hombres de la okhrana
para vigilarlos.
En efecto, la mayoría de los indultados
que regresaron á Rusia hállanse otra vez en
las cárceles, mientras el resto cumple nuevamente sus aiios de dest&lt;ierro en Siberia.
RoBEilTO

CROZIEU

ACTUALIDADES
LA PRINCESA DE BAITENBERG, EN MADRID

las in".estigaciones científicas en Eaiplo y
Hallase en esta corte desde mediados de en r?ahdad, comunicó este enlusias':no á' s~
_Febrero pasado, y. continuara aquí hasta m~ndo. E~ _su interesante libro Aves del
fines de Mayo próxlillo, la princesa Beatriz Nilo, el laprn gráfico de lady William ha
de -Battenberg, madre de la reina de Es- traílado, no solamente dibujos de los pajaro,;
pana.
que actualmente se encuentr~n en el Nilo,
Cordialisimo v r
s In o también
·sincero ha sidÓ
cuadros antiguos
el sentimiento do
on I os que se
-adhesión demosmuestra que los
trado por nuesindígenas e m tro pueblo a la
pleaban los misprincesa de Batmos métodos patenberg, que vie, ,
ra la oriade aves
ne al lado de su
que sus antecehija parahallarse
sores hace mil
-en su compañia
a~~s. ~,ord y lady
en un próximo
W illiam Cecil
suceso que se estienen cuatro bipera p o r todos
jo«.
con ánsia y feliDe las aficioridad. Corno la
nes de ambos por
estancia en Espalos e s tu di os
ñadelaprincesa
r.ientíficos 'd e
Beatriz va á ser
Egipto participa
larga, ha traído
también la prinsu suite, c o mcesa de Ballenpuesta de lord y
berg, que ha helady William Cecho algunas excil, y de los herperiencias notamanos l\fr. Thobles acerca de la
mas y de Miss
tierra de los Fa11IinnieCochrane.
raones, bajo la
Lord William
dirección del
Ce c i 1 ha sido
profesor Flinders
contador y tesoPP.trie.
rero de la prin- t.'.!
Míster Thomas
cesa
de
Batteny 1~f is s M' ·
b
Princesa Beat · d B l'
·
.
1111110
erg d u r a n t e una temporad11de ~uafr~c~~~ ~ 1'i°a~~ J!~~dh'~ Españ_a
pa~ p~ar
Coc h r a ne s o n
1
muchos años. EsEu•enia
i¡a ª re,na V,ctonahermanos. El pe•
lá casado con una bellísima dama bija ma. .
lo blanco ha ved~ lor~ Amher.,t de Hackney,' cuyo títu- mdo. a ser una característica en esta familia
lli eieda~·a por manda especial. Lady Wi- y l\l1ss Minnie C?c~ran~, aunque bastante jó~
am Cec1l heredó la afición de su padre por ven, llev~ con d1stmgu1da elegancia sus plateados nzos. Los hermanos Coobrane, que

l

AL PARTIR
La nave hendía con su férrea proa
el agua, tan inmóvil como el hielo;
había en el espacio un vasto anhelo
y en mi nostalgia irradiación de aurora.
Ante los dos, la inmensidad sonora
del mar y el aire; en el confin, un vuelo
lento y blanco de nubes; en el cielo,
la rn35Cstad di,'Í.na de la hora.
Envuelta del ocaso en el incendio,
en U vieron mis ojos el compendio
de la augusta belleza circundante;
fué tu grncia en mi espíritu victoria...
¡Así en mi alma eternizó su gloria
el esplendor fugai de aquel instaulel

D.Amo HERRERA

f:h

6

�POR ESOS MUNDOS

ll74

Villa Eugenia, en Biarritz, regalada por Napoleon 111 a su esposa la emperatriz Eu~enia. En dicha preciosa residencia
se alo¡a durante su estancia en aquella población francesa el rey Eiluardo VII do Inglaterra

gozan excelente posición financiera, de antiguo mantienen especial amistad con la
princesa de Battenberg, pues en tiempos de
la difunta reina Victoria la madre de dichos
señores frecuentaba ya la5 reales residencias de la Gran Bretaña.
EDUARDO VII EN BIARRITZ

Pasando una temporada, hállase en Bi3rritz el rey Eduardo VII de la Gran Breta1'i8,
que ha llegado basta el territorio español entrando varias veces en
San Sebastián, en cu ya
población hace repetidas
excursiones.
Aunque se ha dicho que
Eduardo VII recibiría en
Biarritz á D o n Alfonso
XIII, y allí los dos soberanos celebrarían una entrevista á la que se atribuye carácter político y
de resultados internacionales, la noticia ha sido
desmentida oficiosamente, asegurándose que dicha entrevista no tendrá
lugar basta que el rey de
Inglaterra devuelva al de
España la vis ita oficial
que éste le hizo en Lón dres.
EJECUTORIA DE UN
REGL\UENTO

Encuadrado en un marco de roble está el
pendón morado de Castilla, que usa el regimiento del Rey, pintado sobre seda, y encima aparece una piel de ternera en la que va
la certificación del blasón é historial del que
es conocido con el dictado de El Freno,primorosamente ejecutada en estilo antiguo.
Don Alfonso XllI elogió muchísimo el trabajo y estimuló á su autor para que continuara en sucesivas ejecutorias la magna é
interesante empresa de historiar de visu las
glorias del Ejército Pspa11ol.
LA POLICÍA MARROQUÍ

Coronel Armin Müller, dol ejército suizo,
nombrado inspector general de la policía
illternacional de Marruecos

Ha sido pre,-entada á
Don Alfonso Xlll la ejecutoria del regimiento de Infantería del Rey número 1, hecha
por el rey de armas Don Luis Rubio y Ganga. Es esta una notble obra.

Ha sido nombrado inspector general de la policía internacional en :Marruecos el coronel Armin
1Iüller, del ejército suizo,
que ha celebrado importantes conferencias e o n
los Gobiernos de París y
de Madrid, habiéndose
trasladado después desdo
Cádiz á Tánger á bordo
de un buque de guerra
español.
El coronel Müller, que
cuenta cincuenta y dos
años de edad, ha sido inspector de Artillería en el
ejército de su país, y es
persona de grandes conocimientos y vasta cultura, acredilándole,además,
excelentes con&lt;liciones de
diplomacia &amp;n su carácter.

UNA CONFERENCIA LIT!&lt;:RA.RIA

Doña Emilia Pardo Bazán ha querido
inaugurar las fiestas que este año prepara la

~
Aspreto del Teatro Condal de Barc~lona durante el meeting de Solid .
con moltvo de las elecciones de diputado:rp1rdad
Catalana, celebrado el S del actual,, ·
ovovrnc,ale;¡

�POR ESOS MUNDO~

27li

ACTUAf.lDADl::S

p ede afirmarse que Valera fué t~ún más
. ciwdern,ico
• · Por la de esnfritu,
de espíntu
'.J:'
.'.
u por dentro de lo que al extenor apa1as1co
t
su larcra v
clásico. Clásico fué Valer~ des~e el .aman:i crecia,
si tenemos en cuen_ a que .·
,,an:
cer hasta el ocaso de su vida hlerarrn,. y
f~ t'I •· da de escritor corrió en periodos
. . o, el reali~mo
er i ~ i
ticlásicos y que le enroman t1cism
~
, el naturalismo,
volvieron mal de su
el modernismo, sufriegrado los oleajes Y lo
ron consecutivamente
que él llamaba •p~l~avapuleos en .s~ lab?r
redas• del romant1c1scrítica. Noqms1era,s111
mo el naturalismo Y el
embar"O que se redu'
de ct·as1.
dedadentismo. En otra
jese eli,apetito
época, la suya verdaco _ aplicado á Don
deramente, la de los
Juan-al de secuar. de
!líoratines y Luz~n~s,
determinada escuela
la personalidad clas1ca
literaria. Valera es cláde Don Juan se acensico por su e3tilo, mu y
tuaría sin esfuet·zo.
ce¡cano á la perfecDentro de la edad en
ción• us clásico en las
que le tocó existir, Don
cuaiidades típicas de
Juan mantuvo perpesu talento, que son
tua lucha íntima, per?
p~·apiamenle las del
visible en sus escriclasicismo: la pure:-:a
tos, para adaptarse al
del gusto, la pro¡,iedatl
y exactitud de la despresente, q u e. no 1~
oustaba y desprendetcripción, la m_csura, la
.
Taacerca
Pardo de
l.la~án,
que dió
"se de las trabas- del
Doñr E m!;
la personalisencillez y .cierta ale- Tluslre esc_r,.t~ra
una notau1l1SLma cvon1erene~ el Ateneo de Madrid, el
¡}asado, que _estorbagria y se1 e 1idad, qu_e dad
de Don Juan a era, e
d
2a de Febrero último
bausu propósito e ser
gc11:eralm~nte ~ll consi. .ab.ier·to , á la moder•
deran pa.,anas. Dentro
.
. .
un literato comprens1~O,
1e,io-üedad
perdió
el
exclusivo
p!'IVI
an
· ·tu supenor. ·.
d e la
un espm
Vl
x lica
"
io de ofrecer
eternos mod e1os a· l~s .i&gt;cencra- na'.La
personalidad clas1ca de . a e~a e p :_
tones futuras; desde que hay clasicos_ ?~a- el que no ha ya llegado nunca a s~r un t~~
cionales tenemos derecho á ver un clas~co
o ular de lo cual él se queJa en a
en uien como Don Juan Val_era, hace au o- ~f¡~fto~ia d~ El Comendarlor ~Iendoza. ~~
ridid en'ulgún género é impnmr bue~)~
úblico y sus admiradores Le.n!an que rec \
radera en el idioma. Este es e sen i o
iarse entre gente muy leíd_a e Jlus~rada (q\
. h oma
. a· un escritor. ser . llamado
á la cual la ilustración ensen
que mas
1
d
ab undª), Y
d todas las
clásico, pues le confiere la mvestll uru e no
el arte de saborear y compren er
legislador.

d:~

Don Manuel SantaJ1der, obi~po
ue íu6 de la Habana, fallecido
~u Madrid el H de Febrero pasado

Conde de San Luis, nuevo rn_ini~tro plenipotenc_iario de Espana en
Lisboa

Conde de la Viñaz.a, nuevo em•
bajador de España en h1. cort.e 1111•
perial de Rusia

277

Presidencia uel banquete organizado por el Centro Andaluz, de Madrid, en.honor de los hermanos Quintero,
celebrado el 23 de Fcbr·ero úllimo

formas y direcciones estéticas. En suma, los
lectores de Don Juan compusieron un núcleo escogido, delicado de paladar. Podían
recrearse en sus obras los contados pensadores, los varios discreto~, los aficionados á
la mística que no son devotos escrnpulosos
y los no escasos apasionado!-i del buen lenguaje, de las galanuras y primare::; del habla, de esa mezcla sabrosa y jugosa de arcaísmo, neologismo, provincialismo y cultismo que forma el estilo propio de Valera.
•También covendría á Valera el calificativo de 11ltimo i11[Jenio-el último en desaparecer, el primero en valcr.-La época r la
generación en que Valera ílorece abunda en
gente ingeniosa, y la célebre «cuerda granadina» no es sino una ristra de ingenios, más
ó menos fértiles para la producción literaria. Por otra parte, en España hubo siempre
cosecha de ingenios, y á este dictado aspiraron hasta los que (verb;gracia, Cervantes)
podían reclamar el de genios. El ingenio en
lo mental, como la clase media en lo social,
es una zona tan exten~a que, arrancando
de Don Juan Valera, un pura sangre de las
letras, pasa por otros escritores de media
sangre para llegar á los numerosoi- in-

fecundos é híbridos derrochadores del in~enio en vellón de charlas y maledicencias,
incapaces de acuñarlo en la moneda de 01'0
de 1111 buen libro. Hay, sin embtrgo, r.1,gos
comunes que caracterizan lo que me atrevo
á llamar el temperamento ingenioso, á saber:
el l ruri to epigramático, la frase desengañada,
el escepticismo ameno. Cuán maestro era e11
estas artes Don Juan no lo ignoramos los
que tuvimos la fortuna de ser sus contertulios. No debemos olvidar que sa;,:onaba su
ingeniosidad la más fina sal de aticismo: sal
cristalina en qu.i jugaban, al he1·irla el sol
del buen humor andalu1,, irisaciones de diamante.»
Luego cuenta la seiiora Pardo Bazán cómo
nació la preciosa novela Pepita Jirnénez, la
que más fama y provecho rindió al insigne
maestro. «Corría uno de esos veranos andaluces que, en compensación de mediodías
abrasadores, traen divinos atardeceres rosados y como in0nitos, noches radiosas prendidas de estrellas ó ataviacfas sólo con la
gran perla lunar que las alumbra; y, siguiendo el cur,;o de los arroyos festoneados de
álamos, bmcando los sitios más esquivos y
agreste;;, un hombre, ya en la madurez de la

�278 ·

ACTUALIDADES

POR ESOS )IU'.1:DO:i

edad. se consagraba á la lectura de lo, auto- tramos otra co;;a más íntima, y que, tratánres místicos españoles, encontrando e 1 el'.a do,;;e de Valera, suena de un morlo· extraño:
la misma novedad y hechizo que antaiio en- encantamos emoción. Una primavera lardia
,ma dulce emcontró bajo el lascivo ciclo de Italia, y en b rcloiia en Pepita Jimrnrz;
briag11er., profana, huversión de lo, clá'iicos
manísima. algo sentihelenos bajo la férumental, hasta sori.adola del pedagogo Consra (el :a-uc1io lo repretan tino Eulimiades. A
sen ta D011 Luis de Vareste h o m b r e, poco
gas),nace del aroma de
amante ele la natura1as violetas que satuleza campestre,leay uraba e l aire e n los
da, ~ n embargo, á dehuertos y jardines del
leitarse con ta lectura
pueblecito natal.
de Frav Luis de Grana• Contradiciéndosi•
da y Santa Teresa la
-:inas veces, asegurn
sugestión de calma y
Valera que, antes de
desasimiento del munPepita Jiméne.z, nundo qua q,wsa al cosca había proyecta lo
mopolita la yuella al
escribir novela; otrns,
lugarcillo natal, e o n
que el deseo de escris u s huertas feraces,
birlas le inquietaba.
sus 1:n las sendas. sus
De seguro, la contraacequia, pobladas de
dicción es aparente no
l1ierbas olorosas, sus
más; por momentos se
Yallados de zarzamont
1 e ocurriría novelar
\' madreselva florida.
a'go de lo mucho que
En su espíritu aletean
pensaba, sin insistir
á la vez el aura viva de
nunca en el propósito.
1a contemplación, veComo hemos visto, la
nida de las cumbres, y
misma Pepita JiméMrs.
Evelyn
Nesbitt
Thaw,
cuya
fiiura
ha
adquiri,k
los cefirillos bucólico~ gran actualidad por rl crimen cometido por su e;;po,;o 11.ez n o nació relalo
de 1 sentimiento de
en la persna de. un millonario norteamericano
novelesco: nació filoamor, tirano del alma
i,. ,fía mislico-crítica. «Escribí mi primera nohumana. Y el hombre, el escritor, en esta
oeasión el poeta, cargado de sn botín defre, - Ycla-clice-~in caer hasta el fin en que era
ca miPI y no sabiendo dónde depositarlo. nove'a lo que escribía.» Cualquiera que 8&lt;'H
admiración por la
piensa en confiar al papel una disertación fil o- nueslro re,-;pclo, nuestra
obra noYelesca de Don
sófica. La idea de la
Juan, no podr.emos jadiserlación m lamen1más identificarle con
te de aquel hombre, de
el novefo,ta nulo, de la
súbito se visle de la
familia de los Balzac,
suave niebla nacar.1da
Jos Galdós y los Dide la encarnadura i mackens.
ginaliva; de esta ir:e• De~pués de Pepiici
bla, al consolidarse:
Jirnénez Valera e s surgen los contornos
rribió fecundamente ,
~cductores ele una mucreó varios libros de
jer: la d iserlación ~erá
entretenimiento, sin
11ovela, y la novela se
que la crílica ni el púllamará Pepita Jiméblico se aviniesen á
ne?.
borrar por ellos el re»No hay pormenor
cuerdo de la diabólica
de hisloria Iileraria q uc
Pepita y del seráfico
!\fr.
Dtlphin
111.
Delmas,
abo~ado
dr
~Ir.
lfarry
Thaw
mejor evidencie la gé- en el célebre proceso incoado con Ira éslc por asesina,o Don Luis. Otro escritor
nesis de una obra y la
de i\Ir. Wi,le
se hubiese avinagraestructura mental de
do,
contrayendo
los
raro;
y auténticos celos
su autor que estos orígenes psíquicos de la
do
sí
propio
que
padeció
Flaubert.
DJn Juan
primer novela ele Don Juan. En ellos descutomó
su
aventura
con
la
serenidad
y conforbrimos, primero ,lecturas (Valera fué siempre
midad
en
él
usuales:
como
habíR
ele
lomar,
escritor mu y li '0. esca); pero desp•n\~ encon-

:rn,

1
Fmi1rnntrs andnluccs á in~ islas FfawaY preparando sus equipajr~ parn marchar ni Pacífico á bordo del Heliópolis

en la senectud, el cruelísimo achaque de la· ta del proceso, que se esfuerzan por sacar
eeguera. Es justo y es grato proclamarlo: ni a~elante, cada uno en su respectivo punto de
envidia ni acedumbre he sorprendido en Don vista, el representante de la lév fiscal Mr. GeJu~n nunca: apreciaba demasiado su equili- rome, r el abogado de Thaw Mr. Delphin Delbno temperamental para alterarlo con esté- mos, dus colosos del foro norteamericano
que miden ahora sus fuerzas
riles sufrimientos, y además
en empeñados y notabilísile parecía muy antiestética111os combates de astucia y de
y tenía razón- la deformasaber.
ción profesional del literato
envidioso, que se retuerce de
ASÍ ~E GOBIERNA
odio y de rabia.•
El Ministerio de las Colonias de la Gran Bretaña ha
otorgado al pueblo del TransEn Nueva York está cau•
vaal el derecho de formar un
sando gran sensación en todas
Parlamenb, y be chas 1as
las clases sociales la vista del
elecciones han concluido con
proceso incoado contra Harry
un feliz resultado para los
Thaw por a5esinato del esculhabitantes boers de aquel distor Mr. Witle. J:l,n este protrito que tienen ahora una
&lt;'cso juega papel principal una
mayoría decisiva en la Cámabellísima dama, Evelyn Nesra de aqi:ella colonia.
bitt, un día modelo de varios
Con esto ha r¡uedado entreartistas y hoy la esposa del
citado Mr. Thaw. Esta fué General llotha, caudillo de la gue- gada la dirección de los asunrequerida últimamente de rra bocr contra Inglaterra, y á quien tos del Africa del Sur en maha nombrado primer ministro de
nos de hombres que hace
amores por el muerto, y á es- did1a
colonia británica el Gobierno
muy pocos años estaban en
to se debió el crimen del made Lóndres
armas contra la Gran Brctador.
Los protagonistas de este suce$0 son todos taüa. L'na vez dado por esta nación tan impersonas de gran posición y fortuna, y por portante paso, no hay modo de retroceder,
esta razón produce mayor interés la vis- y c•s probable que no haya precedentes de
EL PROCESO THAW

�281
POR ES05 MUNDOS

280

,..,.,--·--

Sig. Giosué Carducci¡._gran poeta
italiano, fallecido en tsolonia el 16
de Febrero último

Princesa Clementina de Coburgo,
fallecida en Viena el 16 del mes
de Febrero pasado

Protesor Federico De M a rtens,
dele¡ado de Rusia ¡,ara la segun&lt;la
Conterencia de la Paz en La !laya

EMIGRANTES ANDALUCES

ello. Mienlras tanto, el mundo contemµ'a
con asombro el espectáculo de que el caudiA las islas Hawai han ido para colonizarllo boer gene1al Botha actúe como primer aquella región 3.800 emigrantes andaluces.
mini~t o del rey Eduardo en el Transvaal hombres, mujeres y niños, que embarcaron
antes de que hayan transcur1 ido cin::o años en Málaga á bordo del vapor Heliópolis. .
del rendimiento de los suyos en Vcre~niCon este motivo ha hablado la p1·ensa d1a•
ging.
ria de las ventajas de atajar la emigración
Pero es imposibl~ no ver que se ha española, cada día más creciente, especialllevado á cabo un gran experimento, y que mente en las provincias de Andalucía. En
de sus consecuencias d pen1e el porvenir, esta ligera nota de crónica mensual no cabe
no sólo la Colonia del Trans1'aal sino de toda discutfr tan importante asunto, y nos cou ·
el Africa Británica del Sur, cuya esencial tentaremos con dar una corta noticia de lounidad (declaró Ed;ia:do VII días pa!¡a1·0 ,
que son las islas Hawai ó Sandwich.
en el Mensaje del trono), era aBu,nto q1iJ
Es un archipiélago de la Polinesia, que s~
tenía, sobre su comzón.
0

TrasaUántico Berlín, naufragaJo el 21 de Febrero último en las costas de Rottcrdam, en llolaoda, r.on la pérdida J&amp;
más de r:ienvirlas de ~u• pasajeros y tripulantes

gros, _canacas, inteligentes y de buen aspecto. ~!ezmado~ por 1a embriaguez, la le ia
la LiSJ'3, han sido poco á poco casi ree~ 'ªy
~ados por chinos, portugueses de las Az!e~·
J~poneses y n?rteamericanos, que hacen s/
b1r la _población total á 110.000 habitantes .
. ~a c~p1tal es Honolulu, y las reliaiones allí
ommantes el budismo y el cristi~nismo· r
&lt;:omo última nota'diremos que á la monat quía centralizadora de los jefes deI~awa'i que á principios del siglo XIX habían agrupado todo
el archipiélago bajo
su autoridad, ha sucedido desde el 12
de A¡;osto de 1898 el
&lt;lominio de les Estados Unidos de Norte
A_mérica, cpyos nac10nales eran ya desde hace tiempo ¡0 ~
amos económicos del
país.
LA TRAGEDIA
DEL «IÉNA»

�POR ESOS MUNDOS
PROGRESOS EN LA ELECTRICIDAD

Iéna, crucero de 1.• clase de la marina de guerra francesa, destruido por una explosión ocurrida á su bordo en
·

el dique de Tolón

y descargar el fluido sobre las personas. Ca-

da explosión lanzaba trozos de hierro á más
de quinientos metros de distancia. Un casco
de granada de diez kilogramos de peso cayó
en el muelle á cuatrocientos metros del buque. En el arsenal se produjo indescriptible
pánico. Los obreros que regresaban al trabajo acudían precipitadamente cegados por
el humo. Los marineros y obreros, que con
gran peligro de su vida conseguían acercarse
á los diques, veían á cada momento lanzados al aire fragmentos humanos. Producía
verdadero espanto la huida vertiginosa y
loca de muchos individuos mutilados, verdaderos mónslruos con la cara ennegrecida
y los ojos fuera de las órbitas. Un contramaestre, con el rostro, la barba y los cabe!lJs chamuscados y el traje hecho girones.
que había escapado milagrosamente de la
catástro'e, relata sus impresiones en esla
forma: «Estábamos en el puente pasando lista. ~obrecogiónos una explosión tremenda y
no pude comprender lo que sucedía. Jle sentí levantado como en volandas y poco después me encontré aturdido sobre el muelle.
á la orilla del dique, y ec-hé á correr.• Otro
trioulanle del lénci, un tmonel, dice: «Nos
k b:amos reunido muchos tripulantes en la

cámara de los guardias, don&lt;le uno de ellos
nos daba una conferencia acerca del reinado
de Enrique IV. Súbitamente, una explosión
de la parte de popa sacu lió el barco. Gracias á la casualidrd de esa conferencia nos
hemos salvado la mayoría de los que á ella
asistíamos, p1 ecipitándonos á la proa y ganando por las escalas las orillas del dique
seco.»
Uno de los detalles más espantosos de esta catástrofe fué el momento de inundar el
dique seco con objeto de apagar así el incendio del buque y evitar mayor número de
explosiones. Esta operación fué dificilísima:
intenlóse varias veces, inútilmente, abrir la~
puertas del recinto, y los cañones del arorazado Suffren, fondeado próximo al crucero incendiado, tuvieron que romperlas con
algunos disparos. Muchos de los heridos del
léna, que habían caído desde la altura del
buque al fondo del dique (quince metros),
perecieron ahogados. No hubo manera de
evitarlo sin mayores calamidades.
El Iéna ha quedado casi completamente
destrozado, y en repararlo se invertirán largo tiempo y mucho dinero. Fué botado e11
1878, pero ha sufrido después importantes
reformas con arreglo á los últimos progresos

�,'IOSTALGIT

284

plomálica al estilo de lo que se llama au
bont des ongles en ese género de relaciones;
y en la vida privada las innumerables obras
de caridad que ejerció, unidas al cíngel que
su persona poseía, la conquistaron lugar
preeminente. Hija de Luis-Felipe de Francia, nació en el palacio real de París en 1817
y casó en 1843 con el príncipe Augusto
Luis-Víctor de Sajonia-Coburgo-Gotha, SO·
hrino de los entónces soberanos de la Gran
Bretaña. Deja un hijo, el príncipe FernandoFelipe de Bulgaria.

POR ESOS MUNDOS

EL POETA CARDUCCI

Nueva aplicación de la electricidad: Mr. Laurenz Kbrom'.'-r? de v·iena, con la máquina de su invención
'
que eser, e mus1ca
. . .

lám ara La fotografía fué tomada ut1hzan•
ce el aparato _inventad? por -~1~- La~r~nz dos¿ la ~ueva luz, que es de mucha r_nayor
Kromar, de Viena, paia esc11~1r mf81?ª: intensidad que las actuales lámparas mean•
Dicho aparato puede r.daptarse a cua qmer
ti o de instrumento de ace_ro. Las teclas e~- de.scentes.
comun,·c·ación eléctnca co:1. una se_ne
"
ta,Pn "n
'
LA PRl:-.CE::iA GL~)IE:'iTlnA
de 87
lápices, que escriben una. imrrov1sa.&lt;, musical con las notas ordtnariame~te
Publicamos el retrato de la princes_a Cle~~a~as en el pentágrnma. Hasta la expre~1ón
mentina
de Orléans-Coburgo, fallecida en
m·usical se registra _en el Kromarogtapll,
Viena
el
16
de Febrero pasa??·
que es la denominación que se ha dado al
Era una figura interesant1s1ma esta de 1~
nuevo aparato.
.
..
.
La lámpara Hehuni, uua revoluc10n en 1,i princesa Clementina que ahora d~sapareco.
luz eléctrica, aparece en el tercer grabado_ juoó principalísimo papel en los c1rcu~os de
de esta serie, que representa_ al profeso, re:leza, como gran amiga de la ya ~1funta8
Parker y á Mr. Clark, descubndores de la reina Victoria de Inglaterra Y como Jefe
la ilustre casa de los Coburgo; fué una ,.
nueva luz, probando un filamento para la

Recientemente tratamos de la personalidad del ilustre poeta italiano Giosué Carducci, por haber sido agraciado con el premio
de la Sección de la Literatura de la Institución Nobel, correspondiente al pasado año.
Hoy tiene que figurar de nuevo su nombre
en estas páginas: Carducci ha muerto en Bolonia el 16 del pasado mes.
Nació- en Lucca hace más de setenta años,
y en 1860 foé nombrado catedrático de Literatura en la Universdad de Bolonia. Cono-

cido durante algunos años por sus t· abajos
críticos, pronto ganó mayor reputación como
gran pee .a; y desde 1872, cuando publicó su
Niteva Poes1a, figuró como escritor de extraordinaria y rara fuerza imag:nativa. En
1876 Carducci fué elegido diputado pcr el
distrito de Lugo, en su país, y aunque llegó
á tomar asiento en lo, escaños de la Cámara
italiana fué por bien corto tiempo, pues
pronto renunció el acta pidiendo á sus electores que le dispensaran de toda carga poütica, pues él no era má 1 que un poeta. Republicano en ideas, la reina Margarita supo
hacerle monárquico, y su adhesión 1 a'faima
á es·a sober ma le hizo visitar repelidas veces la capilal de la nación y aceptar en t881
un pues lo en el Consejo Superior de Educa•
ción, donde trabajó con anhelo constante é
infatigable.
Esa misma a lhesión le hizo olvidarse del
motivo que en 1876 le olligó á renunciar su
investidura de dipulado, y en el año 1890
aceptó una senaduría. Su muerte ha comtituído motivo de duelo general en toda JtaJ;a, que ha perdido en Ca1ducci altísima gloria naciJnal.

l

NOSTALGIA
¡Alma, de duda y desencantos llena!
¡Helado corazón, que en la sombría
cárcel de la letal melancolía
sacudes sollozando tu cadena!
Deja este suelo ingralo á que es ajena
-flor de nuestro pensil-la poesía,
y el mundo trueca y su algazara impía
del campo amigo por la pa:.: serer.a.
Huyamos... Un rincón, no importa dónde:
soledad y silencio; un claro cielo,
una choza que entre árboles so esconde,
y la canción del ave, que su vuelo
posa en el techo y desde allí responde
al reclamo de amor... ¡Es cuanto anhelo!

ROBERTO DE NARVAEZ
Una revolución en la luz eléctrica: el profesor Parker y Mr. Clark con 1a nu

eva lámpara Helium, de su inveuc,óu

�1

1
1

I

LAS AGUAS DE SAN CANUTO

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.........

-....... --

~/4

Novela homeopáticamente hidroterápica
y alopáticamente inverosímil ·
,.-

Vl.-EL MILAGRO DE LAS AGUAS (1)

~/_ - .
,·

I

e

UANDO el solí-

cito Don Juan
.1\l ~
~
llegó hasta donde se
~/¡_/
hallaba el inanimaú.&gt; cuerpo de Don Pedro, casi exangüe, lo
primero que hizo fué improvisar un vendaje
del mantel; después machacó unas jugosas
hierbas basta hacer un emplasto suaví,iimo,
y aplicándolo á la herida de Don Pedro, le
sujetó con igual arte que el más hábil ciruano.
Cuando le hubo curado de primera inlención la herida de la pierna, trató de hacerle
volver en sí rociándole la cara con vino. Un
profundo y doloroso suspiro anunció que el
químico volvía al mundo.
-¿Dónde estoy?-fué lo primero que se
le ocurrió preguntar en cuanto recobró el uso
de la palabra.
- Entre buenos amigos,-repúsole Don
Juan.-No pase cuidado, porque todo ello no
ha sido nada.
-Sin embargo, Don Juan, yo siento muchos dolores y un magullamiento general;
parece que be caído desde- la torre de la
iglesia de San Canuto.
-No hay tal caída... ¡Es la edad, amigo
míol A estas edades cualquier percance toma
las proporciones de un siniestro. Ahora veremos el modo de conducirle á su casa más
cómodamente, que es lo principal, porque
la curación será cosa de tres ó cuatro días.
-¡Ay, Don Juan, Dios le oiga! Pero por lo
que á mí me duele todo el cuerpo me parece
que esto será cosa de tres ó cualro años, y
de ser más rápido el término será porque me
cueste la vida.
Don Juan se detuvo en palpar cuidadosamente el dolorido cuerpo de Don Pedro, y
(1) Véanse nuestros números 139 y 142 á J;;\.

mientras tanto Lebrel hacía funciones d~
grúa para descender de la peña á su señor.
-¿Pero cómo habrá usted podido subir
hasta aquí?- decia Lebrel á su amo ofreciéndole la espalda para que se apoyara.
-No lo sé, Lebrel, no lo sé; pero yo nolo
que estoy mucño más ágil qué· cuando era
mozo ... Sin embargo, tén mucho cuidado de
que no me caiga, porque el golpe sería terrible.
-Apóyese sin temor, que yo estoy bien
asegurado, á pesar de que estas peñas son
mu y resbaladizas.
Dicho esto, el general se confió sobre los
hombros de su criado, con tan mala fortuna
que ambos á dos se deslizaron por lo escurridizo del musgo hasta la otra roca más pequeña, desde la cual fueron despedidos al
espacio para venir al suelo.
El general solló unos cuantos juramentos
y el criado unas cuantas lamentaciones.
-¡Para bajar así no necesitaba yo de tu
ayuda, animal!-dijo el general.-Para caernos no hacían falta tantas precaucionrs.
-Señor, no me aflija más,-decía Lebrel.
-Mire que estoy que se me puede abogar
con un cabello ...
-¡Ahorcarte sería lo que habría que hacer contigo por majadero!
--¿.Se ha hecho daño el señor?
- ¡No he de hacerme daño! Ya estaba yo
que no podía moverme de dolores, y esla
caída ha Yenido á rematar mi cuenta.
Un ruído sordo y lejano volvió á turbar el
silencio del monte.
-¡Que vuelven! ¡Que vuelven!-gritó Don
Juan, dirigiéndose otra vez á su encina.
El general, aterrado, trató de incorporar;:;e;
pero no pudo. Lebrel se hizo rodar por el
suelo para guarecerse debajo de las peñas, y
Don Pedro, resignado, se quedó solo en me-

dio de la pradera, á la buena merced de Dios.
Pronto se convencieron todos de que era
una falsa alarma. El ruido pudo comprobarse que había sido producido por un automóvil que, á toda marcha, caminaba por la lejana carretera; pero ya cualquier murmullo
les parecía presagiar nuevas fieras y nuevas
desventuras.
-¡No asustarse, señores, no son los jabalíes! Pero vámonos pronto, porque puede
ocurrir que sean,-decía Don Juan dirigiéndose... á las peñas porque todavía no estaba
enterado del accidente ocurrido.
-Yo no puedo moverme señor Carranza:
lo mismo me dá que vuelvan los jabalíes
como que vengan todos los tigres y todas las
panteras de este mundo.
-¿,Pero qué ha sido ello, general?
-Ha sido que Lebrel y yo nos hemos caído desde la pefia más alta que hay en el globo terráqueo, y que yo .me hecho papilla.
-¡Vaya, por Dios! Pues Don Pedro también está para morirse mucho mejor que
para seguir viviendo.
-¡Maldito manantial!... ¡Lebrel, Lebrel!. ..
-1Allá voy, señor, allá voy si puedo!
- Prepara esa burra para subirme Ú· ella
sin tirarme, y que me lleve al pueblo. ·
La operación de acomodar al general
sobre la burra no fué tan fácil. Montado á
horéajadas no podía ir, porque las piernas le
dolían horriblemente, y á mujeriegas tampoco porque al septarse le dolían los riñones y
daba tremendos gritos.
Por fin se le ocurrió al señor Carranza
que boca abajo y atravesado podría caminar
siquiera hasta que se encontrase un carro ó
cualquier otro recurso en donde poder conducirle
hasta el
pueblo, y
así se hizo.
Encuanlo á Don

287

Pedro Ponce, opinaban qc;e lo mejor era
dejarle allí hasta dar aviso en el pueblo, s
no se encontraba antes por el camino álguien que pudiera ayudarles· para conducirle.
-Yo me le llevaría á cuestas si pudiera,
-decía Lebrel.-Pero es el caso que tengo
las costillas molidas del golpe de ahora y del
de antes.
-Yo tampoco me puedo ofrecer para el
transporte, porque Don Pedro pesa bastante,
y yo apenas puedo conmigo.
-Pues bien, vamos cuanto antes, para
que cuanto antes vengan por él,-exclamó
el general-y para que cuanto antes me vea
á mí el médico, porque yo estoy malo: este
Lebrel ha concluido conmigo!
-Oigame, general: es cruel que dejemos
solo al señor Ponce ... Váyanse ustedes dos y
que venga un carro con colchones para recogernos á nosotros.
Así como lo propuso Don Juan así se convino, y Lebrel arreó á la burra y se dirigieron por el atajo del monte para ganar cuan lo
antes la carretera del pueblo.
Don Juan volvióse á donde yacía Don Pedro para darle cuenta de los nuevos sucesos y
de las determinaciones que se habían tomado en su consecuencia, y para dirigirle al
propio tiempo algunas palabras de consuelo
y darle ánimos.

A las ocho de la noche ya estaban en el
lecho del dolor correspondiente á cada cual
todos los héroes de la funesta jornada.
En San Canuto no se hablaba de otra cosa.
Unos decían que el alquimista de los corLinales se moría por momentos, porque los
jabalíes se le habían comido una pierna; otros
que al general se le había juntado el pecho
con la espalda y no podía respirar; otros que
el fiel Lebrel se había roto todas las costillas
y los dos brazos; y otros que el prudentísimo
Don Juan Carranr.a tenía la cabeza en un

Don Juan hizo una cura maravillosa en el dolorido cuerpo de Don Pedro

�POR ESOS MUNDOS

Conocidos los efectos del ma11ar.lial que
~innúmero de. pedazos chiquitilos... La fanta- había descubierto el general, fuéronse al
-sía popular tuvo comidilla para toda la nocasino para dar la
che, y ·hubiera durafausta no licia, con
,I
.do días y días si un
las consiguientes re.acontecimien lo imservas de que hubieprevisto i,o hubie-;e
ra error, corno cum.llamado principalple á hombres precamente la atención.
vidos y experimentaTratabase de que
. dos en los secretos
fa bllrra estaba á
de la Naturaleza.
.punto de tener desLa noticia se procendencia, según su
pagó por el pueblo
amo, y buena prueba
como el aire. Realde ello era que cuaumente, de confirmar•
do salió del pueblo
se las sospechas del
conduciendo las vianveterinario; el puedas para los excur1,lo se haría de oro
sionistasestaba abulen unos cuantos metadísi ma; pe ro era
ses, porque todos los
-el caso que el animal
obesos del mundo
había adelgazado tan
lrian allí á beber
.súbitamente c o m o
agua del manantial.
Lebrel y lo" perros.
Las mujeres caEl veterinario fué
sad as se reunieron
avisado en seguida
para comen lar la rapara que informase
re1,a de las aguas, y
respecto
al fenóme_
.
. .
las solteras hicieron
no • y el veterinario
El general y Lebrel, al de¡ar~e caer J\0110s de pamco por
,
las rocas, medio se mataron
cábalas y j u i c i o s
que ya estaba en an.
.
acerca· d~ lo porvenir. Consecuencia de las
tecedentes de que se hab1an. descubierto convers~c_iones de unas y de otras fué que
unas aguas de virtud desconocida, se enca- la ap:mc1ón de las ttguas en la demarcación
minó á casa del médico para revelarle algude San Canuto debía de connas sospechas que tenía.
.,:a,.
siderarse milaarosa y así
Una vez juntos el médico
~
acordado se dirigieron
todos
y el veterinario, éste le hizo
en manifestación hácia la
1,otar que, después d e la
iglesia en b Jsca del parroco
rápida delgadez de los pepara darle cuenta del caso é
rros de caza que le llevaron
insinuarle que no estaría de
á reconocimiento y del resobra proclamar á San Canupentino enflaquecimiento del
to santo milagroso, que a~í
criado del general, sospeles llevaba la riqueza y el biechaba, en vista del acontenestar. El cura rnoslróse bascimiento operado en la butante rehacio al principio,
rra, que todo ello fuera obra
porque no sabia si él por sí
-de la virtud de las aguas del
y ante si tenía autoridad lemanantial.
gal para achacar milagros a 1
El médico oyó al veterin;i.patrono de su parroquia;
rio con recelo de que se e~mas ante la unanimidad del
tuviera riendo de él. porque
pueblo, prometió organizar
á las exploracionc~ d e I a
una función religiosa que
Ciencia no había llegado la
terminaría en una romería,
menor noticia de que hubieá la cual seria conducido el
se unas aguas para ailelgasanto procesionalmente, pero
zar hasta aquel punto; pero
desde luego dijo que cada cual
tal número de detalles acuhiciera las ofrendas que les
muló el veterinario en defenpermitiesen sus bienes, yafue,;a de su creencia que el rné- En San Canuto no se hablaba de otra ra en dinero, ya en especies.
&gt;dico acabó por convencerse. rosa quo del milagro curativo de las aguas

-a~=·

Dibujos de Kcirikato

'

FÉLIX

Ml~NDEZ

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                    <text>Am\(O YillllI

TANGER, ANTESALA DE ~ARRUECOS
bre los mamelonescompactos de las casas
los alegres minaretes de las mezquitas
y los penachos, fieramente levantados al
aire, de esbeltas palmeras que se destacan
sobre el fondo blanquísimo de la población. Pocas son las millas que separan á
Tánger de Europa; mas parece, al pisar
tierra tangerina, que se ha abandonado
un mundo para entrar en otro, donde
todo es diferente: la religión, la mentalidad, la raza, las costumbMs, la alimentación, ¡hasta el modo de escribir!: los
europeos trazan sus escritos de izquierda á derecha; los moros lo hacen al revés, de derecha á izquierda. ¿Por qué
escriben así1 «Por no escribir como los
cristianos», me dijo en cierta ocasión
un moro,encerrando
en esa frase todo un
abismo de odios que,
ASPECTO SINGULAR
secularmente, sepaDE TÁNGER
paran las dos importantes ramas del anAsí quien juzgara
tiguo pueblo ario.
del resto de MarruePero Tánger ofrecos por Tánger se
ce una característica
equivocaría lamenmuy saliente: para
tablemente, pues divivir allí no es precicha población es una
so someterse á las
cosa única, que sólo
condiciones de la vien ella se encierra.
da musulmana, pues
La ciudad se
en la población se
asienta en una seSaltimbanqui árab~, en Tánger
encuentran todas las
rie de suaves colinas
que bordean la bahía tangerina, y está comodidades y se pueden satisfacer todas
situada en el extremo occidental de la las necesidades que los pueblos modercosta marroquí del Estrecho, que se nos apetecen. Vivir en un ambiente
extiende en linea casi recta frente por oriental disfrutando al mismo tiempo de
frente de las últimas tierras españolas las comodidades de la vida civilizada, es
que aparecen claramente esbozadas so- inapreciable condición que sólo Tánger
bre la orilla opuesta del mar. Tan luego puede ofrecer cumplidamente.
Desde que el buque toma fondo en la
como la bruma del Estrecho deja divisar
¾a ciudad, se esfuman graciosamente so- abierta rada tangerina, una nube de bar-

he aquí el nombre de la población que tiene el privilegio de atraer
las miradas del mundo entero en las
actuales circunstancias. Desde hace ya
muchos años, á través del crisol que
en laescena marroquí representa, Tánger
es el lugarqueponeáEuropa y Marruecos
en mútua comunicación. La influencia
que los europeos han ejercido continuamente sobre Tánger hli bastardeado notablemente su fisonomía marroquí; en
cambio, ha adquirido dicha población un
aspecto que, si no es oriental, tampoco
es precisamente europeo: es algo así como una estación fronteriza donde dos
civilizaciones contrarias se ponen en contacto, intentando fundirse · en amalgama
indefinible.
TÁNGER:

TORRE DE UNA MEZQUITA, EN TÁNGER

�T ÁNGER , ANTESALA DE MARRUECOS

100

101

POR ESOS MUNDOS

cazas de todas dimensiones sale de la sufrir menoscabo en el fisico, porque el
costa, maniobrando sus remeros, de mul- bullicio natural de una ciudad populosa
ticolores prendas vestidos, en demar.da se halla agravado allí por la carencia de
de los costados del vapor recien llegado. arterias principales, que en esta poblaCon gritos desción ma rroqní
aforados ofrese reducen á
cen estos
una sola cahombres sus
lle, nada anservicios á los
cha, ypordonpasajeros, los
de discurre
cuales abantodo el comerdonan el bucio, que es de
que llenando
bastanlecuan•
sucesivamentía é im porte las barca tancia. Por
zas, que los
esa calle van
dejan sin más
las acémil11s
incidente en
cargadas de
el warf de mavol um i nasos
dera que ofrefardos que á
ce Tánger coveces llegan á
mo desembarocupar todo el
Tánger, visto desde el mar
cadero. Yaquí
ancho de la
es donde se presenta el primer conflicto: vía. Y este constante desfile no cesa
los barqueros tangerinos nunca encuen- nunca.
tran suficiente el precio de trasporte que
Además, el problema de la circulael pasajero les abona, y siempre quedan ción en Tánger es tanto mayor por las
con la mano abierta pidiendo más, y distracciones que el tourista tiene forzosiempre hay que accederá sus exigen- samente que sufrir, ora al detenerse an te
ci~s, q~e acomeañan con juramentos, el pórtico de una mezquita , ya al admirar
gritos, 1mproper1os, ante los que es pre- los azulejos de un minarete, ó bien al esciso rendirse por temor al incremento cudriñar por el escaparate de un bazar
del escándalo. Los moros, que lo saben, moruno. Un rudo topetazo, seguido del
gritan á más no poder hasta ver reali- grito Balalt (¡ Apártate!) cuando el choque es ya un
zadas sus exihecho, les hagencias.
fll I
ce recordar
CIRCULACIÓN
que no convieEN LAS CALLES
ne dislraer~e
en Tánger,
donde la seTánger, enguridad perclavado en
sona\ eslá á
una serie de
merced , no de
colinas , no
la g1mte matiene hoy serleante, sino de
vicio de co un mal golpe
ches, y la forque pueda dar
ma más cóuna bestia de
moda de ir en
carga .
busca de alo •
jamiento, tan
EL ZOCO CHICO
luego se llega
á tierra, es al quilar un boTánger tierrico ó mula
Puertas qae dan entrada á Tánger
ne dos centros
sobre cuyas albardas nada confortables comerciales. denominados Zoco Chico y
tiene el viajero que recorrer las calles Zoco Grande. El primero es una modestangerinas. Aun así, es una resolución ta plazoleta que separa el llamado Barrio
de problemas continuados de estabilidad de la Marina del centro de la población,
y equilibrio andar por Tánger, para no y donde radican las oficinas de osco -

Vista pa norAmica de la ciudad de Tánger

rreos extranjeros establecidos en Marruecos y algunas dependencias y establecimientos europeos.
El Zoco Chico es la demostración de lo
dificil que es encontrar una ciudad más
cosmopolita, más variada que Tánger,
pues allí ve el viajero hombres de todas
las razas, de todos los colores, de todas
las religiones, de todos los países: si se
detiene el tourtsia en cualquiera de los
modernos cafés, que allí abundan , verá
desfilar rabinos hebreos, que evocan las
figuras de los fariseos bíblicos, no sólo
por sus luengas barbas, sino también por
sus vestimentas tradicionales; moros de
las muchas variedades que ofrece el suelo de Marruecos, desde el pulcro habitante de Fez, hasta el árabe del Desierto
y el mugriento riffeño; esclavos del Sudán, lustrosos como el ébano; europeos
de todas las nacionalidades; argelinos,
turcos, indios; allí, si el viajero es poliglota, puede entenderse en hebreo, árabe,
bereber, español, francés, inglés, alemán, sueco, ruso, italiano ...
En ese rincón, único del mundo en su
clase, emboca la calle más principal de
Tánger, que no tiene, como ninguna de
las demás de Marruecos, nombre alguno
especial. El público la llama Calle de los
Siaguin. Es la que pone en comunica-

ción el Zoco Chico con sl Grande, ó de
afuera, y salva la puerta de Fez, que da
entrada en Tánger al camino que procede
de la capital oficial del imperio. Est.a.
calls de los Siaguin no es otra cosa que
continuación del Zoco Chico, pues por
toda ella se ven tiendas de hebreos, moros y cristianos, cuyos anuncios están
redactados en cuantas lenguas extranjeras son más conocidas. También es inmensa la variedad de objetos puestos á la
venta en dichos bazares: lo mismo puede
comprarse alli una toilette á la última
moda que un jaique, un par de babuchas
que un puñado da dátiles.
A la mitad de la calle están instalados
el despacho oficial y oficinas del repre~
sentante del sultán en Tánger, cargo que
desempeña desde hace ya muchos años
el anciano Mohamed Torres, cuyo nombre tanto figurará en la historia de las
postrimerlas del imperio marroquí, que
un tiempo deslumbró por su poder y
cullura y hoy yace decaído con todos
los slntomas propios de la descomposición. A la puerta de este edificio hay
siempre estacionada una porción de moros que sentados indistintamente con los
soldados que dan guardia á aquellas oficinas, esperan sin impaciencia la salida
de tal cuaLempleado para importunarle

�102

POR BSos MUNDOS

con sus peticiones. Por este concepto, los
moros son bien españoles: la burocracia
es en ellos una institución.
EL ZOCO GRAN DE

Al final de la calle, y después de atravesar una especie de vestíbulo, cerrado
por dos puertas árabes abiertas en las
antiguas murallas de defensa, se llega
al Zoco Grande. Con ser muy pintore~co
y abigarrado el Zoco Chico, le sobrepuja
el Grande en animación y colorido: es el
verdadero zoco árabe, el mt1rcado donde
los indígenas hacen el intercambio comercial, como pretexto para que la vida
marroquí se manifieste de algún modo.
Este Zoco ocupa una empinada extensión
de terreno, que bordean de un lado los
muros de la ciudad de Tánger, mientras
que por los demás está salpicada de construcciones y edificios variadísimos diseminados profusamente en todas las direcciones. Adosados á los muros de Tánger se abren numerosos bazares morunos, que merecen siempre una curiosa
visita. La nota de color que ofrece el

•

conjunto abigarrado de la multitud, que
bulle como hormiguero, no puede ser
más sorprendente; y el sol africano, con
su luz radiante y deslumbradora, ilumina
el cuadro dándole un fondo azul de tono
purísimo sobre el que se destaca el aspecto del Zoco, digno de que Fortuny lo
hubiese reproducido en una de sus magistrales obras de arte.
Este Zoco, que se celebra dos veces por
semana, es el paréntesis animado de la
vida marroquí, indolente hasta el fastidio. No sólo es el mercado donde los productos del suelo tienen su lonja, sino que,
es el punto de cita de todas lasmanif estaciones de la vida moruna. Podemos pasar 1m día entero en el Zoco seguros deque descubriremos á cada momento un
detalle que nos sugestione y cautive. Los
bazares árabes, repletos de curiosidades,
de espingardas labradas, de bandejas
cinceladas, de gumías de plata, de objetos de tafilete, son verdaderos museos
reducidos del agonizante arte y de la
industria árabes.
A un lado, un narrador de cuentos entretiene á la multitud, extasiada ante las

Zoco Grande y Aleezaba de Tánger

�104

TÁNGER, ANTESALA DE MARRUECOS

POR ESOS MUNDOS

sultanes cuando, algunas veces, van á
Tánger; y la Mezquita, en la cual, bajo
un elegante pórtico que sostienen antiguas columnas corintias en graciosd laberinto, se administra justicia por el cadí, frente por frente de la nauseabunda
cárcel donde los presos se consumen en
la más asquerosa de las miserias.
LOS CASTIGOS DE LOS MOROS

Hoy la justicia en Tánger, la aplicación de sus castigos se ha dulcificado no
poco. Antes, y no hace aún muchos años,
los delincuentes eran sometidos á los
bárbaros castigos que consagran los códigos musulmanes, inspirados, en espiritu y letra, en la pena del Talión. El robo
era castigado con la amputación de una
ó de las dos manos; á los criminales se
les cortaban los brazos; lasorejaseran sacrificadas por un quitame allá esas pajas;
á los blasfemos se les despojaba;de la lengua; á los criminales de mala ralea se
les quemaban los ojos con hierros candentes, y la pena capital no necesitaba de
muchos juicios y sentencias para ser ad-

105

ministrada. Esas barbaries, que se verificaban públicau1ente, lian desaparecido,
por fortuna, de Tánger, aunque siguen subsistiendo en el resto de Marruecos. Lo que no ha podido desterrarse aún
es el castigo de los azotes, que no desmerece en crueldad de los anteriores: un
centenar de garrotazos se dan en Tánger
á cualquier infeliz por la más mínima
falta. También se acostumbraba á pasear
á los delincuentes por las calles, montados sobre burros sarnosos y acompañados por varios verdugos que lanzaban al
viento el delito del paciente, el cual no cesaba de recibir azotes sobre su amoratado cuerpo, no dándose por terminada la
faena repugnante hasta que, toda ensangrentada, la víctima acababa por desfallecer.
Pero esta bárbara costumbre también
ha sido desterrada de Tánger, ganando
con ello la cultura.
LA HIGIENE EN TÁNGER

En cambio, no se ha logrado aún higienizar la población, que ,por sus calles

Cuerpo de guardia de tropas adictas al sultán, que guarnecen el Palacio del Gobernador, en TiloGer

Tropas del sultán, que dan ¡uarnición á Tánger

estrechas, empinadas, tortuosas, súcias, ridos jardines salpicando graciosamente
revela ser una ciudad eminentemente mo• los alrededores de Tánger.
runa.
LAS REPRESENTACIONES EXTRANJERAS
Por esta razón, la mayoría de los europeos tiene que vivir. e_n los hoteles y
Mucho ha debido influir en el mejor
oillas de las afueras. Quizás de ello se
regocijen los moros, que así se encuen- estado material de Tánger sobre las detran, especialmente en la Alcazaba, li- más poblaciones marroquíes la permabres de las miradas y de la presencia de nencia constante del cuerpo diplomático
los infieles cristianos. Afortunadamente acreditado en Marruecos, que eligió por
para los europeos, no les es dificil res- sede á dicha población convirtiéndola
petar los escrúpulos musulmanes, pues en la verdadera capital del imperio. Efeclas candiciones materiales de la Alcaza- tivamente, de antiguo, residen allí las
ba no son muy recomendables para vi- embajadas acreditadas cerca de la corte
marroquí; es decir, cerca, precisamente,
sitar este lugar.
El resto de Tánger no es mucho me- no, pues siempre las separan de ella aljor tampoco, pues sus calles son neta- gunos centenares de kilómetros.
Las causas de este alojamiento entre la
mente morunas, aunque en medio de las
construcciones marroquíes sobresalgan corte marroquí y los representantes de
en raro contraste edificios de construc- las naciones amigas obedece al carácter
ción moderna, algunos de ellos, como los nómada de aquélla, pues continuamente
de ciertas legaciones y consulados, de ar- varía de residencia. Marruecos cuenta
quit-,ctura acabada y elegante. Pero es en tres capitales oficiales: Fez, Marrakesh y
las afueras donde radica la parte más Mequinez, y con frecuencia los sultanes
importante de las colonias europeas, ins- marroquies han residido en otras poblatalada en lindos hoteles de recreo que ciones. Muley Hassán, padre del acsobresalen por entre los vergeles de flo- tual sultán Muley Abd-el-Azis, pasó la

�1-06

POR ESOS MUNDOS

mayor parte de su vida mudando de residencia, á lo que le obligaban las numerosas expediciones guerreras que
constantemente organizaba contra las
tribus rehac1as en prestarle sumisión.
Y como el hecho de que las embajadas
europeas acompañaran continuamente al
sultán en estas expediciones representaba grandes é inútiles molestias y hasta
envolvía serios peligros, hubo de elegirse un lugar determinado para residencia de los diplomáticos extranjeros,
decidiéndose que fuera Tánger por sug
mejores condiciones sobre todas las demás~ oblaciones del imperio.
También ha debido influir para ese alejamiento el visible enojo que entre los
moros produce el establecimiento de los
cristianos en sus ciudades, enojo que se
traduce en las advertencias veladamente amistosas que contínuamente hace el
Gobierno marroquí de no responder de la
seguridad personal, cuando quiere alejarse molestas proximidades. Y para evi~ar en lo posible el contacto con los europeos, la corte marroquí instaló en Tánger un ministro suyo, que es el encargado de entendérselas con los honorables
representantes de las potencias. Este ministro es, ya lo hemos dicho, el venerable Mohamed Torres.
ALREDEDORES DE TÁNGER
' En épocas normales, Tánger es el
centro de vida en que se organizan
multitud de excursiones interesantes á
regio'nes próximas, verda·deros paseos
que permitian , gracias á la paz que se
disfrutaba, internarse algún tanto en el territorio marroqui y contemplar algo más
fntimamentelascostumbresmusulmanas.
Pero, hoy, las circunstancias especiales

por que atraviesa Marruecos, la región
de Tánger en particular, imposibilitan á
los viajeros y vecinos hasta asomarse
fuera de los muros de la ciudad.
Una de las más frecuentadas excursiones es la que se hacia al Cabo Espartal,
distante dieciseis kilómetros, donde pue•
den visitarse unas inmediatas grandiosas
grutas que la leyenda asegura que son
las que ocupó e I mitológico Hércules
cuando implantó sus famosas columnas
en las dos riberas del Estrecho de Gibraltar. Algunas de las cuevas han sido
ocupadas ahora por los naturales del
país, que se dedican á fabricar objetos
curiosos que venden á los touristas como
recuerdo.
Poco más al Sur del camino que con duce á Tánger, se desarrolla un pais,
que se denomina Cheflaka, abundante
en demásía en caza de todo género y que
por su proximidad es el preferido para
las excursiones cinegéticas. Las grandes
batidas que los tangerinos han dado en
Cheflaka no han logrado disminuir la
prodigiosa abundancia de la caza que allí
anida entre la maleza.
Estas y otras excursiones más ofrecen
los alrededores de Tánger. Pero hoy está
vedada toda expansión: á pocos kilómetros lo impide el Raisuli , dispuesto á no
permitir la menar libertad á los europeos.
Tánger puede ser objeto de un detenido estudio y una acabada descripción,
que no encaja, ciertamente, por su latitud en los limites de una revista como la
que amablemente me dispensa hospitalidad. Por eso me- contento solamente
con sintetizar la monografía del teatro de
los 'importantes acontecimieñtos que se
desarrollan en Marruecos.
GUILLERMO RITTWAGEN

Fotografías, por el autor del artículo

·,

,1

~::-··

":'"-. .,
.,

,.

(.

J

?:

.MAOLIYO
EPISODIO

I

UNA noche de otoño, en 1880, llegaron

• o

á la puerta de una posada de Santa
Amalia-pueblecillo extrenieño situado
en el camino de Don Benito, conforme
vamos hácia Lobon para tomar la carretera de Mérida á Madrid-dos mozalbetes
de los de pantalón claro y estrecho , botinas de charol negro y cañas pajizas pespunteadas de colores ya desgastados por
el uso, chaquetas de pana á dos tintas, la
primitiva y la del sudor mezclado con el
polvo, cortas y ajustadas al de!!garbado
busto, y sombreros de alas rectas y duras,
en el último tercio de su vida, bajo las
que se prolongaban hasta las cejas las
mechuletas características de la chula pe·
rfa andante.
El viento fresco del Norte arrancaba
de vez en cuando un chaparrón helado á
las nubes que veloces atravesaban el espacio, y de ahí que la puerta de la posada estuviese cerrada ya aunque acababa de sonar el toque de ánimas.
No titubearon nuestros viandantes, remojados por la lluvia, en llamar con dos
atronadores golpes de piedra en el portalón del edificio. El que los dió llevaba
por todo equipaje, de bajo del brazo, un
bulto de bayeta encarnada,largo y estrecho, que á la legua dejaba comprender
qua contenía estoques de toreo. El compañero ... ni eso, y es de presumirque careciese de pañuelo en el bolsillo, ya que
le concedamos el uso de calcetines.
U na vez la puerta abierta por la propia
mano de la posadera, previas las preguntas y contestaciones de rigor para el
franqueo de la fortaleza, penetraron ambos caminantes en el portalón de la hospedería , donde un fuego de leña verde

HISTO K I C O

mantenía viva llama, al r ededor de la
cual tres ó cuatro arrieros fumaban á su
amor charlando de sus asuntos.
El de los estoques, plantado con firmeza delante de la Tia Juana, por más despreocupado ó más hambriento que suco·
frade expuso en breves palabras su demanda: cena caliente, aun cuando fueran unas sopas, algo con que satisfacer
la necasidad de comer, sentida desde la
noche anterior ; en cuanto á dormir, bastábales el pajar, y en lo relativo al pago,
ahí estaba el quid de la dificultad, · porque entre ambos no allegaban el valor
de una perra chica. ¡Suerte más negra!
Los públicos pagaban con botellas vacías y alguna que otra peladilla de á
cuarterón , y en cuanto á los alcaldes...
¡buenos estaban los alcaldes! Gracias á
que '-alieron de las manos del último en
libertad de marcharse del pueblo, en vez
de quedar presos en la cárcel.
La posadera , buena mujer, de tez lustrosa, cuerpo rechoncho como criado
con substanciosa chacina, y rostro simpático cual suelen tenerlo todas las de su
profesión, y má5 las extremeñas, ni demostró sorpresa por la petición, ni hizo
ascos á la caridad que 88 le demandaba .
Redújose á invitar al peticionario á pasar
adelante é indicar á su compañero que
buscase refugio en la otra posada del
pueblo, situada al final de la propia calle,
porque «no parecían bien dos pobres por
una misma acera». «Si ali! no lo recogie ran, que sí lo recogerán, vuélvase aqui
de nuevo y Dios sea con todos», añadió
sonriendo .
Fuése el despedido y quedóse el de los
estoques, quien colocó cuidadosamente
sobra un vasar de la cocina el bulto que
los contenía , poniendo, sin sospecharlo,

�'

108

POR BSOS MUNDOI

una nota alegre, de vivo rojo, entre las agradable ~orpresa cuando ésta con no
panzudas cazuelas y los negros hierros menores visos de satisfacción, r~plicó:
de ~artenes y peroles.
-En ~sta e.asa no duermen los viajeros
No tard~ la Tia Juana en aderezar las en elpaJa~, sino los mozos de las caballesopas de &amp;JO reclamadas por el héroe en rías. Encienda ese cigarro, porque su tatant~ qu~ éste, sentado junto al fu~ 0
baco vendrá mojado,-y le largó un chique iluminaba su morenlsimo semblfn~ cote del estanco-suba la escalera y én~e, feo. por más señas, secaba el fementi- tre en su cuarto, primera puerta del coo tr&amp;Je, contestando muy someramente rredor. A~uéstese en la cama ali! prepaá las P.reguntas zumbonas de los arrie- rada y recién ~echa ... Mañana será de dla
rfs quienes comenzaron el coloquio por y pod.rá seguir su viaje, si quisiere, por'largarle la petaca para que liase un ci- que si g~sta permanecerá aquí hasta desgarro.
cansar bi~nde las tareas del oficio ... ¡Ah!
-¡Ea, á cenar, y coma cuanto guste, No se olvide de dar un soplo á la luz anque yo lo tentes de dorgo y mucho
mirse:¡ le tenen que se
go
un miedo
quede satisá los fuefecho en mi
gos!...
casal -dijo
Dijo, y pula
TíaJuina'
. .
so en sumainvitándole
á
no un enoraproximarse
me
candil de
á una mesita
m o e o hucolocada demeante. Co trás, sobre la
giólo
emociocual un mannado el toret~l muy limril lo , y supio sustentabiendo despaba un a cacio la escalezuela granra topó la
de, rebosante
puerta del
de sopas, con
aposento,coltropezones de
gó el candil
de chorizo
en la falleba
amén de u~
dejándola en'.
par de huetreabierta ,
vos estrellamató la luz
dos, recien
y,
sin desnucogidos del
darse echóse
gallinero. Un
sobre el lepan de á dos
cho, donde
libras, unja.
no tardó más
rro de vino
El mozalbete no daba paz al aopeo del ha mbre que se tenla
de
Credos
tinto_, un melón rajado, un cubierto de en quedar ~ormido como un dos
tronco.
estano, y hasta tres pimientos coloradotes
Po~ l~ manana, muy temprano, desperY.~ºrd º~ á los que la Rioja hubiera pro- tó, smt1éndose ágil y contento. Habla reh1Jado sin .escrúpulos, componían el res- parado su.s fuerzas, y ya se le hacia t1trde
to de las viandas y utensilios colocados para conh~u.a r su ruta cosechando lausobre el mantel.
reles y rec1b1endo topetazo~ de cuantas
¡pios, Y qué cena! Sentarse el mozalbe- vacas extremeñas le echasen por los co te a la mesa, ~e.ter mano á la cuchara rrales de aquellos pueblos. ¡Lástima que
Y tra~egar el -vinillo del jarro al bandu- á tales bríos correspondiesen tan mal los
llo, s1!1 dar paz al sopeo, obra fué de po- alcaldes y los ¡;úblicosl ¡Oh, el arle!...
cos minutos.
Pero le esperaba aún la última sorpre. Hecha la razón á todo el mata lota• e s_a. No consintió la Tia Juana que su va incluso los pimientos, levantóse y pie~ liente huésped-p~rque valiente debla de
guntó con muestras de gratitud á la ser para aquella vida y aquel ajetreo-se
huéspeda dónde estaba el pajar «para marchara en ayunas.
hacer la rosca»; pero cuál no serla su
-¡No faltaba más, día de fiesta! A al-

MAOLIYO

morzar, que tiempo habla para irse y
llegar á donde fuere ...
Y una sartén de migas con más chorizos,
otro jarro de vino y un papelón atado
con un bramante, dentro del cual resultaron luego cuatro magras de lomo, un
cacho de queso, un puñado de aceitunas
y un pan de los consabidos, fueron la
despedida cariñosa del héroe mendigo,
convertido en ahito burgués por obra y
gracia de la rumbosa mesonera, la Tia
Juana, la más noble hembra de cuantas
puso Dios en las anchas y feroces campiñas de Extremadura.
Ya al tiempo de salir y después de dar
las gracias el mozalbet" con las palabras
más finas que rebuscó en su escaso repertorio, se dejó decir con cierto énfasis:
-¡Ea, con Dios! Y ya lo sabusté: me
llamo, pa servirla, Maoliyo ...
II

El cascabeleo de los caballos que pararon delante del mesón sacó á puertas y
ventanas á los vecinos de la Calle Real ,
en el pueblecillo de Santa Amalia , movidos por la curiosidad de un espectáculo
que pocas veces se les ofrecía: un carruaje de camino por lugares donde sólo
transitaban las caballerías de labranza y
las mulas de los arrieros.
Hablan transcurrido seis años desde
aquel otoño del 1880 en que ocurrieron
los anteriores sucesos. La Tia Juana ,
como si no hubieran pasado por ella, seguía al frente de su establecimiento bregando con los maldicientes trajinantes,
tan fresca , tan rechoncha y tan sonriente
cual si en el mundo no hubiera otra cosa
que hacer sino echar sarmientos en la
lumbre, guisar arroz con bacalao, criar
pollos, medir celemines de cebada y cobrar costas á los parroquianos.
Aquella tarde acababa de de;ar encal'amadas las gallinas en los travesaños
del gallinero cuando oyó el campanilleo
de las colleras y el parar del coche. Corrió á la puerta de su casa , á tiempo
de ver apearse un apuesto caballero,
mejor dicho, un cejijunlo y morenlsimo
gitano, que ambas cosas podía ser el
recienllegado, pues si el subido color del
rostro acusaba lo segundo, atesti~uaba
lo primero el lujo de su traje consLltufdo
por ajustado pantalón de finísima lana,
chaleco descotado dejando ver las chorreras de bordada ~amisa, chaqueta corta ceñida al talle, botas de cuero de Ru11ia , y sombrero blanco de anchas y rec-

109

tas alas, dentro del que se perdis el extremo de la coleta, señal indudable de la
profesión que ejerciera. Una cadena de
oro, gruesa y panda, de la que colgaba
gran medallón empedrado de brillantes,
amén de olros dos en la pechera y aun
otro, como un garbanzo, sobre el dedo
pequeño de la mano izquierda, todos despidiendo lancetazos de fuego , completaban el adorno de su persona.
Tras de este personaje se apeó delcoche otro, no menos jóven y peripuesto, si
bien por la mayor modestia de sus prendas y por el respeto y consideración hácia aquél dejaba traslucir su inferioridad
gerárquica, aun siendo amigos y compañeros en el oficio.
-¡Adelante, señores , adelante !-se
apresuró á decir la posadera, con la sonrisa peculiar á las de su raza, y en ella
precursora de la bondad con que trataba
á sus clientes.-Están ustedes en su casa.
-Mete los cabayos en la cuadra,-dijo
al cochero el de los brillantes gordos-y
apaña por ahí el coche ... Señora,-aña dió dirigiéndose á la Tia Juana,-rr.'ale gro de verla güena, y supongo que podrá
darnos de cenar.
Y entrando en el ancho portalón , donde ya a penas se vela :
-Ante tóo, y pano perder tiempo, si
lié uslé poyos, jamón, cho risos .. .
- De todo ha y, á Dios gracias, y en
abundancia .. .
-Entonce!' ... no hay más qu'hablar yal
avio. Maluslé una ocena é poyos, revuelva la milá con arrós y la otra con tomate,
fria güevos con jamón, as! como pa catorce ú quince presonas, jaga un gaspacho tu pfo al estilo é la tierra, que sobre
más bien que fa.rte, pimientos coloraos y
gnrdos, y ... na más, porque er queso, er
vir.o y los durses vienen ahf en er coche ...
Atónita la Tia Juana miraba á su alrededor para ver de dónde salian ó dónde
estaban las personas á que aludiera el de
la coleta. Pero éste la sacó de su aturdimiento, diciendo:
-No repare uslé, Tia Juana, en la farta
del presonal. .. En cuan tilo prepare usté lo
más preciso, va uslé á jacerme er favor
de dir á casa de sus dos hijas, y que vengan ensiguía pacá con sus merlos y sus
hijos, manque arguno esté mamando, y
las presonas de su gusto, toos juntos en
amor y compaña, porque yo no pueo cenar solo, y sá menester quitar tóo eso de
enmedio ... Pa eso ,sabustéT he venío aqul
esta noche. Y no me ponga reparos, Señá

�110

POR ESOS MUNDOS

MAOLIYO

dejó decir mirando fijamente á la dueña
del mesón:
-¡De mó y manera que no me conoce
usté, señti Juanaf ¡Con que es disl que
tan cambiao me jase usté que no se
acuerda de un pobrete que jase sei saños
se esayunó á las nueve é la noche en esta
casa con las sopas de ajo más rica que
han salio de esas benditas manos7 ¡Várgame er señó der Baratiyol ¡Pos acaso er
veslio y la coleta me han güerto del revés pa que usté no se acuerde de MaoliyoL.
, -¡ Maoliyo! ¡ Pero es usted Maoliyo, el
de ... entonces1 ¡Ay, Virgen Santlsimal

111

yo soy su seguro servior por siempre, jamás, amén; que de aonde quiera que
usté me nesesile me pone un parte, y
manque me coja bardao aparto á corré
pa allá y allego más pronto que pó el correo ... porque ... la quiero á usté de veras ... vamos ... ¡como si juera usté mi
madre! ¡Sabusté1 Y no digo más... Chanito, avla á escape los cabayos y engancha, que sameneslé cojé la carretera antes que se ponga la luna.
Las palabras del torero fueron oldas
con profundo silencio. Todos se percataron entonces de que aquella opípara cena
y aquellos extremos para con la Tía Jua-

La cartera contenla cnalro billetes de mil pesetas y una tarjeta. de cartulina con el nombre del torero

¡Cuánto me alegro de verlo y de que hayan para usted cambiado tanto los tiempos!. .. Ya lo decía yo: «¡Señor, esta cara,
esta cara quiero yo conocerla!» Pero, no
cala, no caía ...
-Pos soy el mesmo, es disi, el mesmo
no soy, porque aquel chaval esgalichao
y corrío por estos pueblos, llevao de su
afisión á las reses bravas ha podio dominarlas, y jacerse hombre y recebir
parmas y billetes de públicos y empresarios ... Y ahora me voy con la satisfasión
más grande é mi vla, dispués de haber
orsequiao á usté y á tóos los presentes.
Pero, antes de dirme va uslé á sabé que

na eran un acto de agradecimiento caracterlstico de la nobleza de un alma correspondiendo á la hermosa acción de otra
alma.
Enganchados los caballos, al tiempo
de partir los viajeros Maoliyo sacó una
cartera, y poniéndola en manos de la Tía
Juana , la dijo:
-Señora, déme usté un abrazo .. . y lo
dicho por mi es misa. Si hago á usté tarta, me llama. Si oye disl en los papeles
qu' un toro m' ha jecho porvo, que bien
pué ser, réseme un Pare Nuestro... Y jaga
uslé er favó de tomar ega finesa y géstesela en durses pá los niños... ¡Cabayeros,

�CUERPO Y ALMA
112
dispensá la molestia si la hub~, que no tas y una tarjeta muy cuca de cartulina
imitando nácar, donde se lela:
tué intensión mia ofender á mude!
Partió el coche. La Tia Juana, con los
ojos arrasados en lágrimas, entró en el
/1'\AHUEL GARCIA
portal, seguida de su parentela, todos
deseosos de ver lo que la cartera conte(EL ESPARTERO)
nía .
·
.
Contenía cuatro billetes de á m11 pese-

JosÉ GARCÍA DE CASTRO

Ilustraciones de F. de la Mota .

LA INSTITUCION LIBRE DE ENSENANZA
porlunar á la institutriz cuando les viene
en gana, y poner escasa atención, la que
comienza á apuntar en la versatilidad de
los pocos años, en las ~umarisimas explicaeiones.
.
-Pues asi procede la lnstitución,-os
responderá afablemente cualquiera de
sus competentfsimos profesures.-El rigor es, no ya incompatible, sino hasta
contraproducente para los e11pfritus infantiles, á quienes, ante lodo, importa
hacer amable la escuela. ¡Ha visto usted
modelar cera á martillazosf El maestro
debe sustituir la amorosa solicitud del
padre; enseñar deleitando, no como
dómine antiguo á fuerza de amenazas y
gestos aterrradores que predisponen el
e11plritu á la servidumbre ó la rebeldía;
corregir suavemente entre caricias y dádivas, con la paciente perseverancia de
la madre, no por obra de castigos corpo,
rales que á menudo producen deformaciones craneanas, y menos por la sugestión de leyendas terribles, que forman
cuacléres\imoraloséhipócrilas, smoque
la educación resulte de la propia inclinaIMPRESIÓ!'f DE UN PROFANO
ción al bien y no de la coacción externa
de la disciplina; mantener en todo moEsa nave inundada de sol, cuyo por- mento la alegria inrantil, que luego hará
tón abierto en todo tiempo asf estimula del estudio y el trabajo un recreo y no un
la incesante renovación del aire como deber penoso; no fatigar la atención del
invita al inquieto concurso á correr, al alumno con la severidad de un r~gimen
jardin, desentendiéndose de la instructi- . escolar imcompatible con la inconscienva y educadora charla de la señorita que cia de los pocos años; libertad, libar.
regenta aquella bandada de gorriones, tad absoluta de movimientos é incli•
es la clase de párvulos.
naciones puras; aire libre, ejercicio,
-¡Cómo!-te acometerán deseos de recreo y expontaneidad ., toda bon,
increpará la profesora, entre irónico é ' esperando que la contemplación de la
indignado, al ver á los chicos hablar Na.turaleza, la curiosidad nativa por
cuando les place, disponer pajaritas r . los nombres y utilidad de los objetos que
barco, de papel, correral jardln sin te• nos rodean, disponga la inteligencia del
mor al puntero ó á llS disciplinas, ,que niño á recibir una noción cualquiera,
•• nno inquieres por ~das partes,·fo1- que por ser oporwn• y adecuada nu\rf.
es empeño harto fécil. La
Institución Libre de Enseñanza, atendiendo á lo externo, á la instalación de
sus clases, al material, á lo que entra por
los ojos y hiere los sentidos, es ni más ni
menos que un colegio grande y bui!no:
cinco aulas, desde la de párvulos á la de
enseñanza superior; un pequeño salón
habilitado de biblioteca, un comedor lim•
pio y sencillo, un local destinado á !abo-·
ratorio; varios mapas, aparatos de Geo•
grafía, de Física y de Meteorologia, emplazados convenientemente; colecciones
de Historia Natural, muestras geológicas
y minerales, etc., etc., distribuidas en
estantes, mesas y paredes, y un vasto
jardín cuyo centro anima una fuente, á ·
la derecha un parral, vecino de enorme
enredadera que cubre toda la fachada del
postrer grupo escolar, y á la iz1uierda
un frontón. Ni más ni menos.
Pero el curioso profano que, ajeno á
lodo criterio de moderna pedagogia. visite el Upico establecimiento de enseñan•
za, caminará de sorpresa en sorpresa.
DESCRIBIRLA

CUERPO Y ALf'\A
No la conozco; mas el retrato que me e!lseñaste
con el estudio de buen artista pude ~preciar...
Sé que es hermosa; sé q~e s~s gra~1as no exageraste,
y en el carrillo del lado izquierdo llene un lunar.
Carmin sus labios, y perlas to~a su ~entadura ;
es diminuto, muy dimin:i_to, su lindo pié;
en sus mejillas puso la nieve tersa blancura,
y el oro esmalta la cabellera que contemplé.
Hay en sus ojos las claridades de luz de a~rora;
hay en sus curvas de las estatuas la c~rrecc1ón ;
en !iU altiveza los ademanes de una sen~ra,
y en su conj uRto los arrebatos de la pasión ...
Mas te prevengo que toda sierpe lleva ~pariencias,
muy refinadas y muy pulidas, de metal vil;
. .
yo sé que tienen muchas negruras en sus conc1enc15:s
esas que hermanas llaman las flores del mes de Abril.
Huye y de lejos verás que álguien arrebatado
contra ¿l escollo de los perjuicios quiebra un laúd:
¡verás que el alma de la hermo~~ra que m~ has mostrado
es más horrible que la inmund1c1a del ataudl ...
PIÑAN DE VILLEGAS ,
poeta cubano

el

t

�114

POR 8808 IIOKDOB

LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA

rá de seguro su memoria sin forzarla á
la mecánica repetición de pala~ras ó frases cuyo sentido ignora. En síntesis: enseñanza objetiva, persona 1, paralelamente fí:1ica, moral é intelectual; intuiliva, humana y general, ciclica, desde el
primero al último grado. Estos son los
principios característicos de nuestro mé·
todo... Esos niños que disponen sobre el
delantal pajaritas y barcos de papel, como
los que corren por el jardín tras la pelota, h11cen por su preparación tanto como
los otros ct~e e~~~c.h~n atentamente á la
profesora, yfI}ás, ~ucho más que los forzados de la escuela pública que violentan
sus nervios para simular durante cuatro
horas mortales una atención prematura,
reclinado el pecho sobre ~I pupitre~ •inmóviles como JX)Qi\ecos de bisc«-iti transmitiéndose recíprocamente el aliento en
un espacio r~uci.do y cerrado. qu~ la
prolongada permanencia de. muchos
Cl,\erpos, aun sanos, forzosamente enrarece y vicia. , ,
-¡Dd mod.o..... repararéis, por último,
algo re~acios al oonvencimiento, recordando la ruüna d, vqestra educaciónque &amp;qui na cani~n los niños las tablas
de sumar, .coQJo ,hicimos 11osotros en las
escuelas mun.icipalesT...
-¡Cdle q!Jted, por los clavos de Cristo! ¡Eso ya no se lleva en el mundo, amigo mio( Eso es Henal' d~ conocimientos
irreftdxivos la imaginación infantil,eomo
se almacenan. llldrillos en un depósito.
Cuando el niño aprenda que dos y dos
son cuatro debe ser por propia, personal
deducción de que la última cifra es el
producto ,de la agregación de aquellos
dos sumando$, que á su vi,z son cada uno
la suma de dos unidades.

u.uestras rancias preocupaciones docen~
tes y sociales. Imposible disimular el
asombro.
-¡CómoT-interrogaréis escandalizados.-¿Muchachos y c..uchachas en promiscuidad peligrosa1
-¡ Muy al contrariol-atajará vuestros
vulgares y maliciQsos pensamientos el
ilustre cicerone.-¡Muy al contrario, señor mio! Lejos de entrañar la educación
mixta ó coeducación de los dos sexos los
peligros que usted apunta,bacen de la escuela imágen viva dd la sociedad y de la
familia, donde no existe la absoluta sep11ración que usted echa de menos: habitúanse así los alumnos á mantener entre uno y otro sexo multitud de relaciones morales y útiles, ajenas y superiores
á los estímulos carnales, elevando el concepto social y la apt.ilud de la mujer, har•
to menospreciada é inerme para la lucha
por la existencia en la sociedad contemporánea tan pagada de exterioridades
rutinarias y á menudo inciert11s, hijas de
un falso concepto del honor. No ignora•
mos los obstáculos que las costumbres
oponen á este sistema en nuestro país;
pero no hay otro medio de vencerlos que
la experiencia, acometiendo con cautela
la empresa donde quiera que existan condiciones racionales de éxito. Es, sin duda,
la coeducación el más eficaz arbitrio para
la pureza de las costumbres y para la
formación del carácter moral, y el más
poderoso para corregir la actual inferioridad de la mujer, que no empezará á
desaparecer hasta que se la eduque en lodos los grados, no sólo como el hombre,
sino con él.

COEDUCACIÓN

Si no convencido, suspenso al menos,
aunque receloso, pasa el visitante profano de la sorpresa de la coeducación á la
ausencia, para él inexplicable, de todo
texto. ,cómo estudiar sin un indice de la
asignatura, cartilla, epitome ó tratado,
según el grado de la enseñanza, cuya repetida lectura grabe, á ser posible, en la
memoria, y permita repetir luego verbalistamente, el sistemático tejido de una
ciencia cualquier8'
A mió á ti, antiguo forzado de la Univarsidad, compañero de bullangas esco•
lares más que de exploraciones por el
Digesto, por los Cánones ó por el embarazoso mazorral de los modernos Códigos; educados en el fonético aprendizaje
del honeste oloere y otras mil d~finiciones

Volviendo .á las impresiones que la visita á la lni,stitución produciria á un profano apegado, na,turalmente, á la rutina,
pasemos á las secciones que pudiéramos
llamar de enseñanza primaria, análogas
á ella, pero que aquí no res.ultarian adecuadamente designadas por el carácter
cíclico de su método, que di vide los alumnos en grupos constitutivos de un solo
periudo de educación general durante el
cual se van desarrollando y ampliando
las nociones. elementales primeramente
aprendidas.
Y en estas aulas lo que sorprende es la
coeducación. Es un sistema de novedad
absoluta y &lt;le irreductible oposición á

SIN TEXTOS

latinas cuya traducción las más de las veces ignorábamos; á ti y á mi, que asistimos, un tanto asombrados y un poco más
burlon,s, ti secular é insustanciable
pleito entre un infinitivo y un gerundio,
¡cuál no será la estupefacción que nos
produzca, al visitar las aul11s de tercero
y cuarto grados, de mayores, en la Institución de que hablamos, hallarnos con
la ausencia absoluta y deliberada, preceptiva, de todo textoY
Una vez más la vocación apostólica de
tu ilustre cicerone ha de sacudir con ama•
ble solicitud tu perplejo silencio:
-No, señor,-se dirá.-Ni un sólo tex•
to, ni un sólo libro, cuya lectura (no ha•
blemos de su estudio, y menos de su adquisición) proscribimos... Sin que esto
signifique que no estimulemos en nues•
tros alumnos la afición á la lectura libremente elegida ó consultada.
-Nuestros métodos de enseñanza-os
añadirá-son: práctica en grande escala,
en todos los estudios, de los procedimien•
tos objetivos, intuitivos, realistas y de la•
boratorio, omitidos ahora por incongruencia con el tema del momento; los
medios de atender simultáneamente á la
educación y desarrollo físico son juegos
corporales, excursiones al campo, viajes
instructivos, expediciones á balnearios y
lugares de salud, etc., ele. La ausencia
del libro de texto fomenta la actividad
mental del alumno para que trabaje y
forme él mismo su pensamiento, en vez
de aprender y repetir el ajeno. El alumno
está obligado á revelar su aprovechamiento, el fruto de su atención y de sus
propias observaciones, en monografias
y toda clase de escritos sobre temas unas
veces libremente escogidos y otras señalados por el profesor. Así se forta Ieee y
habitúa el juicio, se estimula la reflexión
y se evita al educando la fatiga de la memoria con la subsiguiente anulación ó
decaimiento de las demás sup~riores facultades mentales.
CONTINUIDAD DE RELACIONES

De lo que pudiéramos llamar enseñanza superior, preparatoria ó complementaria de facultad ó propiamente especialista y técnica, basta consignar que la
Institución aconseja, suple, rectifica y
asiste en todas formas á sus discípulos
mientras, furzados por la necesidad de
obtener un titulo oficial de aptitud, cursan libremente estos estudios, recomencl6ndoles la asistencia á algunas cáte-

115

dras, dándoles clases particulares, acompañándoles en frecuentes visitas á talleres, industrias, museos y poblaciones de
dí verso valor cultural, encargándoles
monografías y, sobre todo, procurando
siempre que no pierdan la universalidad
del saber, singularmente en ciencias físi•
cas y naturales, y manteniendo con ellos
y entre sí una relación estrecha y constante, de por vida, que fomenta el compañerismo y el e&lt;1piritu cooperativo, man•
tenidos desde 1892 por la Corporación de
antiguos alumnos que, sin subvención
oficial alguna, por virtud de cuotas voluntarias entre un centenar de verdaderos y abnegados patriotas, lleva aplicadas más de diez mil pesetas ll pensiones
para estudiar en el extranjero, cursos á
obreros, visitas á Museos y Exposiciones, asistencia á Congresos internacionales y algún déficit del Boletin, del cual
van publicados :l8 anales encuadernados
en 25 volúmenes.
SU FUNDACIÓN

Comienza á funcionar la Institución
Libre de Enseñanza en el otoño de 1876,
instalada en un ámplio piso de la calle de
Esparteros, donde después se alojó durante mucho tiempo la célebre «Tertulia Progresista».
La iniciativa de su fundación corresponde á Don Francisco Giner de los Ríos,
alma de la Institución, cuyo prestigio
universal supera al valor de todos los adjetivos. Y dejando á parte todo lo que
divide y apasiona (polltica, religión, partidos). dicho señor Giner de los Ríos,
asistido de Figuerola, Montero Rlos,
Moret, Salmerón . Azcárate, Giner (Don
Hermenegildo), Gonzá lez de Linares,
Soler, Calderón (Don Laureano y Don
Salvador), Costa , Garcla Labiano y Messia, organiza una sociedad de enseñanza, que pronto congrega, con los ya consignados, la más ilustre, competente y
acreditada representación de la cultura
española. Su empeño, por de pronto, es
muy modesto: preparar y dirigir á la
juventud durante sus estudios universatarios, con la esperanza de que, obtenida
la colación de grados, el instituto llegue
á ser algo semejante á la Universidad
libre de Bruselas. El carácter de la fun- &gt;
dación lo definen los prospectos anuales,
cuya lectura me permito recomendar á
cuantos se interesen de veras por la educación y el porvenir de sus hijos: «Corporación privada, sin subvención ofl-:ial

�LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA

POR ESOS MUNDO3

116
alguna y completamente ajena á todo
espíritu é interés de comunión religiosa,
escuela filosófica 6 partido político.»
El progreso de la naciente Institución
determina seguidamente la creación de
estudios de segunda enseñanza, base indispensable de toda labor sistemática,
acudiendo á estas aulas mayor contingente que á las superiores. Y poco después, en 1878, establece con éxito alentador una escuela primaria, convencida
por la experieneia de que una reforma
profunda y eficaz de la enseñanza ha de
partir de la niñez.
EDAD DE ORO

Aquellos primeros años de prop_aganda y laboriosidad admirables constituyen
la edad de oro de la Institución. Para adquirir este convencimiento basta hojear
la colección del Boletin. ¡Qué labor! ¡Qué
benemérita, y hasta ahora por nadie superada, campaña! A más de las tres clases diarias que constituyen los tres grupos de enseñanza apuntados, la actividad
del profesorado inicia en España una
verdadera obra de extensión cultural,
precursora de los modernos e~peños
universitarios y populares, organizando
conferencias y cursos breves sobre toda
clase de materias científicas, literarias,
11.rllsticas y de aplicación. No hay disciplina humana que no divulgue y aun especialice la Institución.
Sus profesores numerarios, asiduarnente actuantes, además de los fundadores, ya citados, se llaman Echegaray,
Torres Campos, Fran.cisco Q~irop;a, F\orez, Simarro, Federico Rubio, Gab~iel
Rodríguez 1 Pelayo Cuesta, Labra, Sámz
de Rueda, Stor, José de Caso, Ruiz de
Quevedo, Rodríguez Mouler~, Fernando
de Castro, Mallada, Fatigat1, Pedregal,
Sorni, Gamazo, Uña, Bias Lázaro, Francos Rodríguez, Morote, Macpherso~, Reparaz, Mélida, Machado, Sama, Atienza,
Alonso MarLinez ... Los profesores honorarios, que en frecuentes corresponden cias ó en rápidas visitas contribuyen á la
obra común, Tyndal, Darwin y Speneer,
de Lóndres; Tiberghien y Sluys, de Bru!lelas· Roeder, de Heildelberp;; Andrade
Corv~. de Lisboa; Terenzio Mamiani, de
Roma; Rusell Lovell, de Boston; Dozy,
de Leyden: Berthelot, de Paris; Hübner,
Je Bsrlin; Brossa, Max Müller ...

medio, las co!!tumbres refractarias á sus
nuevos métodos de enseñanza y, sobre
todo, l!l egoismo de los grados cuya
obtención es el ideal de las familias, más
preocupadas de la aptitud para la nómina que de la verdadera educación de los
hijos, ahuyentan á los escolares de estas
cátedras, a penas rehabilitadas toda vía
después de una acción perseverante y
casi apostólica de treinta años de abnegación y de laboriosidad sin ejemplo gracias á la saludable influencia ejercida en
la sociedad por los alumnos que entraron
con apta y eficaz preparación en la vida
y singularmente por el convencimiento
ya vulgarizado del sentido de veras neutral, no anti-religioso, de la obra pedagó•
gica de estos profetas de la cultura espa•
ñola.
Por lo que se refiere á los últimos años,
de visible y creciente progreso de la Institución, quizás haya aportado numeroso
concurso á sus ahora superabundantemente solicitadas aulas la experiencia,
dolorosa, pero fecunda , de los desastres
coloniales, que, como en la Francia de
1870 y, antes, en la Alemania de Fitche y
de Listz, aleccionada por la derrota
aconseja buscar en la escuela el primero
y más positivo elemento de regeneración
verdadera. Pero es tan lento y, sobre
todo, tan único el síntoma, que estamos
por diputarlo ajeno en absoluto á la acción moralizadora de la Historia.
L i\ MATRÍCULA

«Los derechos mensuales de matricula
son para todas las secciones de 15 é 25
pesetas, entre cuyos limites cada familia ,
consultando sus circunstancias, elige el
tipo que cree deber satisfacer.»
Ya es simpática esta libertad que se
concede á las famiJiaq de los educandos
para optar por el tipo d~ pensión , dejándolo generosamente al arbitrio de sus posibles ó de·su conciencia.
Pero hay en esto de la matricula otra
innovación de eminente sentido altruista.
La Institución no rechaza ningún edu•
cando por pobre, P?r misera ~~e sea_ la
situación de la familia que sohc1te su mgreso. ¡Nada tiene el mucha~hoT Pues
nada paga. Pero como no es Justo que
los demás alumnos soporten, en escasez
de material pedagógico,en excesiva ag_lomeración en las a u las ó en cualquier
otro aspecto los efectos de esta solicitud
CRIS IS
amorosa, y ~s bueno que todos ellos disNo obstante, la Institución atraviesa á fruten, no sólo de condición análoga, sino
poco gravisima crisis. L1 hostilidad del

de aquella conciencia, no por rudimentaria menos sensible al niño, de la igual•
dad del derecho que á todos asiste, sin
q~e el pobre se juzgue humillado ú ofendido por su falta de correspondencia, los
alumnos que cursan en tales circunstancias reconocen, como en las Universidades alemanas, al terminar sus estudios
la deuda contraida con la Institución,
que prometen pagar cuando, satisfechas
sus grandes.6_modestas aspiraciones, logren 1~ pos1c1ón por que todos suspiramos, sin que en tan larga experiencia se
haya dado un sólo caso de ingratitud ó
des vio
Ot~a manifestación desinteresada y
prácticamente educativa de la Institución
es su proscripción del internado. La Institución desdeña el mercantilismo del
pupilaje: no admite _pensiones completas,
que á menudo convierten los colegios en
casas de huéspedes. Para casos de inevitable necesidad ó irresistibles instancias
de familias ausentes, practica el régimen
inglés del tutoriado, y á este fin algunos
d~ los profesores casados y con hijos reciben en su casa, y en las mismas condiciones de éstos, uno ó dos alumnos cuya
educación no pierde un solo mom~nto el
ambiente de intimidad y de amor en que
debe desarrollarse el carácter humano.
COLONIAS ES COLARES

~erece ser conocida, como ejemplo
estimulador, de positivo pietismo, cuando no para mayor admiración á estos
grandes .varones, el esfuerzo realizado
por la Institución en contra de la depauperación de la raza:
&lt;&lt;Ayudada por una suscripción particular, y sin auxilio alguno del Estado
lleva organizadas desde 1894 diez colo~
nía~ de vacaciones para niños pobres y
déb!les, en las cuales la Corporación de
anttguos alumnos ha concentrado sus esfuerzos para contribuir de algún modo á
la ob~a social. Los gastos de todas estas
colonias suman ya más de cuatro mil duros. Además, gracias á un donativo de
~oc~ mil pesetas, hecho por uno de sus
m~1v~duos, la Corporación cuenta con un
edificio para estas colonias construido
ad hoc en San Vicente de 1~ Barquera
ª!1 terrenos generosamente cedidos tam~
b1én ~or un propietario de la localidad.»
. A riesgo de malquistarme para mucho
tiempo con una ilustre familia del talento, d~l honor y del trabajo, yo quiero
consignar que el donativo de doce mil pe-

117

setas se debe á uno de los Rodríguez que
enaltecen el comercio y la industria madrileños. Y siento ignorar el nombre del
generoso donante de los terrenos, porque lo lanzarla también á los cuatro
vientos, á ver si prende alguna vez tan
rara semilla en este árido suelo de vanidosa é interesada caridad.
GOBIERNO DE LA INSTITUCIÓN

Para el gobierno de la Institución existen en. la actualidad los tres siguientes
orgamsmos:
.
Junta directioa: Presidente, Don Segismundo Moret; vicepresidente, vacante: consiliarios, Don Gumersindo de Azcárate, Don Juan de Morales y Serrano,
Don Agustín Sardá, Don José M. Piernas y Hurtado, Don Juan Uña, Don Román Loredo y Don José Manuel Pedregal; secretario, Don Germán Flórez Llamas.
Junta facultatioa: Rector, Don Rafael
Maria de Labra; vice-rector, Don Francisco Giner de los Ríos; director de excursiones, Don Manuel B. Cossfo; director del Bolelin, Don Ricardo Rubio·
secretario, Don Pedro Blanco Suérez. '
Profesores: Don Pedro Blanco Suárez
Don Manuel B. Cossio, Don Luis Fer~
nández Marchante, Don Germán Flórez
Llamas, Don Francisco Giner de los
Ríos, Don José Guliérrez del Arroyo
Don Go_nzalo Jiméne_z de la Espada, Do~
Pedro J1ménez Land1 , Doña Carmen López Cortón, Doña Petra Naharro Don
José Ontañón, Don Leopoldo Pal~cios
Doña i\licia Pesta!la, Don Angel do Rego'.
Don ll1cardo Rubio, Doña Isabel Sama
Doña Leonor'Sama, Don Nicolás Sam~
y Don Domingo Vaca.
SISTEMA PEDAGÓGICO

Sus principales innovaciones referidas
quedan al comienzo de este trabajo: método, progran:_ia, plan de estudios, régimen pedagógico mterno, cuanto la Institución representa de progreso en nuest~as rutinarias prácticas escolares, cons1~nad_o está ya. No es posible detallar
mmuc1osam~nte, y repetir menos, ni aún
en estas revistas donde el lector tolera
una extensión desusada en la prensa
diaria.
. D~ todo lo_ di~ho se infiere que la Institución no hm1ta su obra á enseñaré ins•
truir, sino á la vez, y muy principalmente, á educar. Más que á disponer á sus

�LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA

POR ESOS l\lUNDOS

ó menos sistemáticamente las tendencias
y principios de la pedagogla contemporánea.
»De a1ul su influjo.
~Influjo ejercido en primer término en
aqueltos de sus alumnos que lo fueron el
tiempo necesario para experimentarlo,
los cuales, ya en la educación física y la
higiene, ya en los gustos é inclinaciones,
ya en lo que puede llamarse el ideal de
la vida, conservan ciertos caractéres comunes en su esplritu, que les llevaron á
crear-primera vez que esto ocurria en
nuestra patria en la época moderna-una
INFLUENCIA QUE tU. EJERCIDO
Corporación de antiguos alumnos, con el
objeto, no sólo de ayudarse mútuamente,
Aqul honra mi modesta labor de perio- sino de cumplir algún fin social y de audista la colaboración del más asiduo y xiliar en su obra á la Casa en que fueefic~• compañero del señor Giner de los ron formados.
Rlos, el doctor Cossio, autor de las si»Más claro y ostensible aparece el inguientes cuartillas inéditas con que me flujo ejercido para la renovación pedafavoreció su inagotable bondad:
gógica mediante la grande agitación, la
«La Institución, tanto en su obra como más: grande, sin duda, que en nuestro
en el influjo que ha podido ejercer, no ha pais se ha producido desde hace medio
hecho, en principio, más que estudiar, siglo, originada por la controversia de
aplicar y propagar ideas y procedimien- los problemas, principios y métodos que
tos adoptados en otros pueblos que diri- la Institución ha plonteado,-discu~iones
gen la cultura universal, y de ahl la acu- ene1Congresodel882y en el del892,don·
sación de extranjerismo.
de fueron aceptadas, hasta por los más
»Ha enviado al extranjero á muchos hostiles, soluciones tenidas en el primede sus profesor•s, y apenas hay, desde ro por utópicas quimeras, y más ostensu fundación, c~ngreso Pedagógico In- siblemente aún en el de 1901.-De toda
ternacional en que no haya estado repre- esta acción general ha nacido el influjo
sentada.
que la Institución ha podido ejercer en la
»Del alcance de su labor se ocupan, enseñanza pública y privada.
entre otros, para no citar más que los
»Generallzanse cada dla más en toda
principales, el informe de la L•gación clase de Cenlros las excursiones, paseos
Británica en Madrid, en 1880; The Ti- y juegos escolares; prescrlbenlosMunicimes, en 1884 el Bureau de Educa11on, de pios y Gobiernos en su primera y segunWashington, en 1885; la Reaue Pedago- da enseñanza, Ampliase el programa
gique, de Paris, en 1886 y 1890, y la Re- oficial de esta, queriendo seguir el tipo
oue Pédariogique Belrie, ?n '1_894.
que la Institución creara.
,El Boletln de la Jnsutución Libre de
»Frutos fueron de la misma acción é
Enseñan1a, que viene publicándose des- ideas reformas pedagógicas de tanto alde su origen, hace treinta años, y que cance como la reorganización de la Esprocura cambiar con las principales pu- cuela Normal Central de Maestras, la
blicaciones pedagógicas de Europa y creación del luego suprimido curso norAmérica, es hoy en cierto modo la enci- mal para maestras de párvulos, y la del
clopedia más completa en nuestro pais Museo Pedagógico Nacional, ele., ele.
de los problemas pedagógicos contempo»El hecho es tan notorio que, no obsráneos y es la historia del movimiento tante el apartamiento sistemático que la
de las ideas que en la vida de la Institu- InstiLución guarda de la politica activa,
ción se han producido.
y la penuria y poco valer de sus recursos
»Ahora bien: mediante este carácter de personales, basta el mero anuncio de
internacionalismo y diaria comunicación cualquiera reforma, aun de aquellas que
con la fuente viva de las iniciativas, lle- más ostensiblemente repugnan á sus
gó á ser la Institución, con su escuela, principios pedag~gicos y que ella está
como laboratorio para ensayar, mante- lejos, por tanto, de haber inspirado, para
ner viva y renovaré impedir la petrifi- que, stn embargo, la voz pública profe•
cación de las ideas, el centro y organis- sional, á veces con error, á veces con inmo social donde se han condensado más

alumnos para ingenieros, abogados, industriales, etc., etc., desea, ante todo,
formar hombres capaces de regirse en la
vida y ser útiles á la sociedad. Su peda¡¡ogla pudiera sintetizarse en la siguiente
máxima: cultura, pero también fortaleza
y virtud; el insuperable mens sana in cor•
pore sano del preceptismo clásico. De
ahi la extrema importancia que concede
al desarrollo corporal, á la higiene, hábi•
tos, maneras, sentimientos é inclinacio•
nas.

juslici_a Y ~ala fe, las atribuya á su 0 _
der é mflu¡o. Prueb!' irresistible del ~oder de las idea~, úmco y exclusivo con
que cuenta la Institución para su obra;,,
FRUTOS DE LA INSTITUCIÓN

Comprend~rá el lector, quizás fatigado
por ~a extensión y minuciosidad de esta
resana, que no hay_ espacio ya, ni fuera,
de ?tra parle, posible, para formar un
Indice completo de los frutos generosos y
axplénd1do~ que 1a Institución ha dado
de si •n tre,nta anos largos de vida. Muchos hombres ilustres y muchos más úti•
les como aquéllos en mayor ó meno~ escala á la sociedad y al progreso humano, h!n sahdo d? la Institución Libre de
Ense~anza, Varias, aunque por desgracia ~,empre pocas, fundaciones filiales
surgieron: unas, del amor perdurable de
los alumnos á los principios en que se
educaron; otras, de la fecundidad del
e¡em~lo, Y ali¡una de la emulación desinlere~ada ó quizás vanidosa, qua al cabo la
vanidad.ª~ una de las más ricas fuentes
de la actmdad humana, y cuando el org~llo ó la vanidad se orientan hácia el
bien ~º. ha Y sino alabarlos.
bl Omitido por inco~rcible, por inapreciae en concreto, el rnflu¡o social que en
la cultura, en la moralidad de las costumbres, en la familia, en las ideas
hasta en la polftica, de seguro ha ejercí:
do la Institución que nos ocupa, ace teros la. anle:tor clasificación simplici~ta:
rulos md1V1duales y corporativos, hombres y fun_daciones, y veremos que sólo
Pº!'. ellos llene la Institución Libre de Ensenanza más que ganada la gratitud el
re~pet? y la ronfianza, no digamos 1a'adm11·ac1ó11, tratándose de hombres exageradamente modestos preocupados tan
s ódlo de la eficacia social de su aposto1ª o.
, En sus aulas perfeccionaron su educa•
ctón y completaron y orientaron sus
grand?s estudios legión de catedráticos
rnvel\igad_ores Y publicistas ilustres, co'.
mo tamira, Posada, Sela, Buylla, Besteiro, Morote, Navarro, Vida y Rodriguez (D,m C?ns~ntino).
. En I!' Ins!ilución se formaron· desde su
tnfancia-e¡emplo vivo de la eficacia de
~na bue!'a preparación completa-mullttu~de ¡óvenes que hoy enaltecen ofici~ds ei1 Estado, empresas particulares y
a case de profesiones liberales y reg1amanta~as: Laopoldo Saldo, alto empleado en los ferrocarriles del Mediodla ·

'

119

Jua!' Uña, publicista, sociólogo y funcionar10 del Senado; el marqués de Pal 0 mares de Duero, presidente de la Corpo•
ración de antiguos alumnos, político reputado y educador de obreros; José Ma•
nuel Ped~egal, abogado y polllico; Lora~º• arquitecto; Loma, funcionario del
d erado Y del Consejo de Estado· Ga reía
e !leal, caledrátioo de Medi~ina de
Santiago; y Ontañón, del Consejo de Es•
tado, Y Espada, funcionario de Marina
hoy profesores en la Institución y cota'.
boradores estos dos últimos de PoK Esos
MuN~os, que se ha honrado publicando
~raba¡os d? ambos, los cuales en su ~rane modesha no h_an q~erido firmarlos.
. Fundaciones filiales, rnspiradas unas é
mst~lad_as otras por el profesorado de la
In~t1tució~, no son muchas; pero si su•
ficientes a acreditar la bienhechora fecundidad del ejemplo.
E_n las provincias de León y Zamora
debidas al patriotismo y explendidez
venerable filántropo Don Francisco Fernánd~z Blanco de Sierra Pambley, existen . cinco escuelas prácticas de va ríos
ofic10_s, á cuya instalación concurrieron
el senor Cossfo y otros ilustres maestros
regentadas en la actualidad por un pairo'.
nato formado por los señores Giner y Azcárale. En Palma de Mallorca hubo,
cre?mos que h! desaparecido, una insl
lución de ensenanza dirigida por el señor
Roselló; en P-0llensa (Mallorca) hay otra,
f~ndada por acciones suscritas enlre vecmoCs pobres, que promovió Don Guiller•
mo tfr~; e_n Madrid, en un hotel de la
calle Pri!'cipede Vergara, la novisima escuel~-as1lo Sotés, consagrada á la asistencia y educación de sesenta niños de
bbreros pobres, mientras sus padres lra8J&amp;n, regentada por un patronato del
tue forman parte Cossfo, Rodrfguez (Don
), un pariente del fundador y un médico, y como suplentes, los señores Azc~rate Y_ Palom_ares de Duero: educa,
viste, bana y cuida á los niños de•de las
-0cho d~ la msi,ana á las och~ de· la no•
che; Y a los selectos, á los más aplicados
y aptos, pr~cura colocarles al terminar
su preparación.
~nlerior á la Institución Libre de Ensenanza, verdadero precursor suyo, tanto por _la Indo le de los procedimientos pedagógicos como . por las personas que
desde su fundación los ejecutan es un
crntro que ya ocupó bastantes páginas en
e núme_ro anterior, de Enero pasado, de
esta revista: refiérome á la Asociación
para la Enuñan1a de la Mu¡er, debida

di!

�POI\ ESOS MÚNDOS

120

á la filanLropla de\ sabio y virtuoso sa-'.

cerdoLe Don Fernando de Castro, á quien
susfüuyó en el rectorado el ino\~idable
paLriarca de la bondad Don Manuel Ruiz
de Quevedo, ,y al fallecimiento de éste
el actual rector Don Gumi,rsindo de Ar.·
cárate.
'
IDEALES Y NECESIDADES

Yo he concluido. Gracias á la cariiio•
sa hospiLalidad de Pon Esos MuNDOS he
podido poner al alcance de t~dos, d\v~lgándolas enLre el gran público, noticias
é informaciones de una Institución ge•
neralmenle ignorada. Encomiará bombo
y platillo, según nuestras prácticas pe·
riodi"ticas, más solicitas de las personas
que de sus obras, á esos silenciosos trabajadores que desdeñan la notoriedad
tanLo como sus intereses, me pareció des·
de el primer insLante empeño pohr13 y
nada útil. A más de que no tengo la pre•
tensión de ser yo el llamado á juzgar, ni
siquiera en su elogio, á hombres como
Giner y Cossio.
¡LásLima que no acabe de aclimatarse
en el ingraLo ambienLe de nuestra cultura
nacional esta planta generosa, derramando normales y crecientes frutos de
regeneración positiva y perdurable{ ¡Lás•
tima que por falla de medios no logre la
Institución realizar todos sus ideales, en•
tre los cuales figura la continuidad de
relaciones con sus alumnos, para acompañarles y asistirles en todos los trances
de la vida, y sobre todo durante los pri•

• l

meros y difíciles aii?s d~ la. juv~ntu~,
dispdniendo de medios propios, m1luJO
social ó auxilio del Estado, bastantes ti
procurará sus.~ducandos ocupaci?!1es y
trabajos lucrativos que les. perm1tteran
~imultanear con la perfección acabada
de sus esLudios!
Yo tengo un triste presentimiento dé la
Institución-y conste que nada más contrario al propósito de este articulo que
un horóscopo lacrimoso y agorero.-Fal•
ta un gran edificio, propiedad ó usufruc•
to perpétuo del Instituto, donde insta\ar
adecuadamente y en grandes proporciones sus enseiianias; fallan dotaciones, ya
que no expléndidas, remuneradoras, bastantes á retener y estimular al profesorado de nueva formación que no abrigue
vocación al martirologio; falla en pro
suya el concurso amoroso de la acción
social no hablemos del concurso del c11pital privado, refractario en Espai1a á
todo empeño cientlfico... Y asi no. se puede vivir: no florecen las plantas sm riego.
En otro pais cualquiera podría esperarse algo de la iniciativa ciudadana.
Aquí, no: aqui ha de hacerlo lodo el E~tado . Y el E3tado, esa gran casa de misericordia de nuestras clases medias, no
ha dispuesto er. treinta años de un ~uñado de miles de pesetas pa~a ~otar. mcondicionadamenle á la Institución Libre
de E11seiianza de un modesto edificio
donde mejorar y extender su acción edu•
cadora, que al cabo constituye un l~bo- •
ratorio de pedago11:ia al qutS acude á inspirarse el mismo E~tado.

1

A. AGUILERA:. Y ARJONA

YERSALLES Y SUS EXPLEHDORES

LAS FIESTAS DE CARNAVAL
T ODOS los lujos y todos los refinamientos
del Ídustoyla alegríaque puedanimaginarse en los tiempos modernos no llegarán nunca á igualarseálasincomparables fiestas en que pasaba sus días entre
explendores y diversiones la corte versallesca del gran monarca Luis XIV, el
Reu Sol. Mejor nombre no pudo darse á
este soberano, astro que iluminando á los
suyos y á su imperio creó en la historia de Francia y en la historia del mundo una época que no ha tenido jamás rival, ni es de suponer que lo tenga en los
tiempos que han de venir.
. Co!1 frecuencia, más que con frecuen•
c1a s_1emp~e, e~ todos los casos que es
p_reci~o citar r1quez_as .Y prodigalidades
sm eJemplo, grandiosidades y magnifice!1cias qu~ sólo en sueños pueden concebirse, móJase la pluma del escritor en
la tinta del lujo asiático, en el lujo oriental, para que el lector se forme idea del
pensamiento. No es necesario ir tan lejos á buscar riquezas y fastuosidades
que más parecen fantásticos cuentos
de hadas que verdades di la realidad:
Versa\les fué testigo envidiable de las
~á~ deliciosas escen~s que el placer del
v1V1r puede proporcionar. Alll corría á
mil&amp;s el oro de las p{stolas, que se perdían y se ganaban en el reoersi en el·
6relan, e!1 el papillon, en el portique y
en otros Juegos como el cadrari de l'arineau-tournant que el mismo Luis XIV in•
ventara; allí el brocado y las piedras preciosas lucían en los trajes y adornos de
d~mas y caballeros haciendo competencia á finísimos encajes; y vestidos así,

luciendo ellas seductoros descotes y ellos
allivas gallardlas, ajustaban sus pasos
á las danzas más encantadoras y señoriles que pudo crear la imaginación, y aco•
modaban sus maneras á los refinamientos más exquisitos de la distinción y la
elegancia creados al susurrar de los más
d~lces decires de galanteos y enamoramientos, en los que pasaban su vida bulliciosa, rápida como la alegría y encantadora como el divino amor. aquellos frívolos cortesanos del Reu Sol ...
PoR Esos MuNoos va á recordará sus
lectores cómo gozaba de la vida la corle
francesa de Luis XIV; y para empezar el
relato de lo que entonces eran Versalles
y sus explendores, copiaremos aquí, en
primer término lo que el periódico Mer•
cure decía del Carnaval de 1683 con sus
fanláslicos bailes de máscaras y sus orgiásticas mascaradas.
. «Nad~ menos que cinco bailes en otros
tantos diferentes salone.:1 ha habido este
año en Versalle!.1, todos tan magnlficos y
tan bellos como ninguna otra casa real
puede ofrecerlos en el mundo. Unicamente á las máscaras se permitía entrar
en los salones, á menos que el concurrente no enmascarado fuera personaje
palatino de elevado rango. Para 'dar sa•
tisfacción á tanto disfraz como el pensamie!1to de damas y galanes alimentaba,
se inventaron trajes grotescos, se resucitaron modas antiguas y se eligieron
los tonos más ridículos, procurando hacer las cosas lodo lo divertidas que fué
posible.
»El Delfin, que cambiaba de disfraz

�LAS FIESTAS DE CARNAVAL

122

POR ESOS MUNDOS

ocho ó diez veces cada noche, obligó al tuoso reinado, ol 24 de Febrero de 1699,
sastre que le veslia á poner todo su in- hubo tres mil máscaras en un baile dado
genio para inventar trajes y para en Saint-Cloud por Felipe, duque de
hacerlos confeccionar, porque es pre- Orléans. El invierno siguiente y la priciso tener presente el poco tiempo que ha mavera del año 1700 fueron muy animamediado de un baile á otro. El principe dos.
«Desde la vispera de la Condelaria has•
no queria que le conocieran los concuta
Pascua de Resurrección de este año de
rrentes á las fiestas, y por eso babia que
1700,-dice
Sainl-Simon-no se oyó hainventar para él toda suerte de disfraces.
blar
de
otra
cosa que de bailes y fiestas
Con frecuencia, estos trajes bacian dudar si la persona que los llevaba era alta cortesanas. El rey dió en Versalles y en
ó baja, gruesa ó delgada. Algunas veces, Marly varias mascaradas, en las que se
divirtió mucho, con pretexto de divertir
llevaba doble máscara, y debajo de la
primara vestía otra de cera, tan perfecta- á la duquesa de Borgoña. En uno de
mente hecha que, cuando se quitaba la estos bailes de Marly tuvo lugar una esprimera, la gente creia ver un rostro na· cena ridícula: fallaban damas que baila•
y por esta causa obluvo Mme. de
Lural, consiguiendo asi el Delfin engañar ran,
Luxemburgo una invitación. E,ta señoá todo el mundo. Nada podía igualarse al
placer que el principesenliaen todas estas ra vivia de tal manera que ninguna otra
dama de la corle acostumbraba á visitardiversiones, ni tampoco es imaginable la
rapidez con que verificaba el cambio de la; su esposo, el duque de Luxemburgo, era quizás la única persona en Fran•
disfraces. Y á pesar del trabajo que suque ignoraba la conducta de aquella
ponla este continuo vestirse y desnudar- cia
mujer, con la que vivía aparentemense, así como el constante danzar, de que
tampoco se privaba el Del fin, no por eso te en buenas relaciones y como si no tu senlía cansancio el príncipe, digno hijo viese la másminima desconfianza de ella;
en esta ocasión, lodos los asistentes al
de un soberano como Luis el Grande.
»El primero de los cinco bailes se dió baile, aunque fueran personas de edad,
estaban obligados á llevar antifaz, y el
por el gran caballerizo en sus habitacio- Delfin, determinó divertirá loda la cornes del palacio de Versalles. Comenzó la
fiesta con una mascarada y se bailaron te y divertirse él á expensas del duque:
un minuel y un jig. En este último sólo al electo, invitó á éste á cenar, y después de la cAna lo vistió de máscara setomó parte Mlle. de Nantes. El minuel
le pareció.
lo bailaron MIies. de Armagnac, de Uzés gún
»Poco después de mi llegada á la fi~sia
y Je Grignac. Mlle. Nantes (que era la
-continúa Saint-Simon-vi una figura
bija de Luis XIV, después madame de extrañamente vestida de larga muselina
Monlespan y más tarde duquesa de Bor- y con un peinado en el que se oslenlabóµ), despertaba especial admiración
ban los cuernos de un ciervo, pero tan
cuando bailaba; y era tan grande la im- exagerados por lo altos que se enredapresión que.producía que los concurren- ban en las arañas. Tan rara figura llamates preferían permanecer en sus asientos ba la atención de todo el mundo, que espara verla mejor. .
.
_
»El Delfín lué á este baile acampanado taba ansioso por saber quién era el que
asi se disfrazaba. De repente, el enmasdel príncipe de la Roche -sur-Yon y de carado se vuelve y vemos el rostro de
otros muchos nobles. Iba en una silla de M. de Luxemburgo. La explosión de
manos, y le daban escolta unos cuantos risa que hubo enlónces fué escandalosa.
bufones y enanos. Cuatro ó cinco veces El buen señor, que jamás se distinguió
cambió de traje durante este baile, que por su ingenio, creyó que aquella risa
se prolongó basta las cuatro de la ma- era debida á la singularidad desu disfraz.
ñana siguiente.
A las preguntas que se le dirigían, con»El segundo baile lo dió el propio Dal· testaba sencillamente que su traje era.inftn, en el salón de sus guardias que dá vención del principe; y volviéndose luego
entradaásus habitaciones privadas. Luis, á derecha é izquierda, admirábase de si
duque de Borbón, dió el tercero, que fué mismo y rebosaba de placer por haber
magnifico. Algunos cuantos días después merecido el alto honor de ser disfrazado
le tocó en turno recibirá la corle al carpor el Delfio.
denal de Bouillon.»
»Pasado un momento, llegaron las daY asi pasaron los dias del Carnaval
mas, y tras ellas el rey. Se reprodujo la
de 1683 aquellos corlesanos.
Años despué3, pero en el mismo fas- risa estrepitosa, y el de Luxemburgo en-

controse en el cenlro de la concurrencia,
demostrando una confianza y una satisfacción extraordinarias. La esposa del
duque ignoraba lo que ocurria, y cuando
vió á su marido rn aquella guisa se puso
fuera de si, á pesar de ser muy despreocupada, dando lugar á que lodos fijáramos nuestras miradas en la mujer y en
el marido. El principe contemplaba la
escena desde su sitio, detrás del rey, y
reía interiormente su ocurrencia. Esta
diversión duró lo que duró el baile, y
hasta el rey se mordia los labios para reprimir la risa. Todos admiraron el in ven•
to cruelmente ridiculo, y durante varios
días no se habló de otra cosa en la corle.
»Todas las noches babia baile. La es•
posa del canciller dió uno que resultó
brillante y magnifico. Dedicó diferentes
habitaciones para la fiesta: para el baile de trajes, para los simplemente enmascarados, para la cena, que fué sobar•
cia, y para una teria de todos los oaises, donde se expusieron muy bellas
cosas que luego se regalaron á la duquesa de Borgoña y á las señoras. Todos
los concurrentes se deleitaron especialmente en esle enlrele01mienlo, que no
lerminó hasta las ocho de la mañana siguiente.
»A ciertas persones no se les permilia
dejar el baile hasta que lo hacia la duquesa de Borgoña. Por la mañana quise
yo escapar muy temprano, y la duquesa
hizo que se me prohibiera pasar por la
puerta del salón. La llegada del M1érco•
les de Ceniza era recibida por mi con
alegria, pues me·proporcionaba algunos
dias de descanso.•
La fiesta á que alude Saint-Simon
fué dada por madama de Ponlcharlrain,
esposa del canciller de Francia, en el Hótel de la Cancil!eria, en Versalles, el 8 de
Febrero de 1700. Resultó de las más brillanlas que se dieron fuera de! palacio
real. El Mercure la describe asi:
«La duquesa de Borgoña, sabiendo que
la esposa del canciller querfa dar un baile, acogió la proposición con gran alegria. Aunque sólo babia ocho dfas para
los preparativos, la esposa del canciller
resolvió ofrecer á la princesa en una
soirée todas las diversiones de que gene·
ralmenle disfruta el pueblo en tiempo de
Carnaval, á saber: comedias, ferias y bai•
les. Al llegar la noche, se colocaron destacamenlos de suizos en la calle y en el
palio, que por cierlo estaba brillante•
mente iluminado con antorchas, y mu•
cbos criados de la Cancilleria, para evi-

123

lar confusiones. Los concurrenles'vieron
en el salón de baile un gran retrato de la
duquesa de Borgoña, sobre la repisa de
la chimenea. El salón estaba iluminado
por diez arañas y por magníficos candelabros dorados. En una extremidad, en
asienlos elevados estaban los músicos,
oboes y violines, vistiendo trajes fanlásticos y cubiertos con gorras adornadas de
plumas. En frente de unos bancos revestidos de lerciopelo para los corte,anos,
habla Iras sillones de brazos: uno para la
duquesa de Borgoña, y los otro• dos para
los duques de Orléans. Por causa de una
ligera indisposición no pudo asistir el
duque; pero la duquesa si, aunque no
ilevaba máscara. Fuera del salón de baile, al otro lado del descanso de la esca•
lera y en otro salón brillantemente iluminado, donde luego se colocaron los
violines y oboes, estaban las máscaras
que concurrian á la fiesta, en tan gran
número que no era posible dar ni una
vuelta por la sala.
»Al bajar la duquesa de Borgoña del
carruaje, fué recibida por el canciller,
al que acompañaban su esposa, su hijo
el conde de Ponlcharlrain y muchos de
sus amigos y parientes. Inmediatamente,
fué conducida la princesa al salón de
baile, donde permaneció cerca de una
hora. Después, la cancillera y su hijo la
llevaron á otro salón, expléndidamente
iluminado y adornado con multitud de
espejos, donde se babia improvisado un
lealro. Solamente se permitió entrar en
esta sala á noventa ó cien personas, y
como los princípes y princesas de la sangre iban enmascarados no tuvieron alli
sitio correspondiente á su rango. Las duquesas de Borgoña y de Orléans ocuparon
sillones de brazos en el centro del salón.
La de Borgoña quedó sorprendida al ver
la explendidez del teatro, adornado con
sus armas y monograma. Tan pronto
como la princesa lomó asiento, Bari, el
célebre jugador de manos en Paris, se
adelantó y pidió á Su Alfeza protección
contra los magos, y después de ensalzar la excelencia de sus remedios y las
maravillas de sus secretos, ofreció á la
de Borgoña como pequeña diversión una
comedia que la esposa del canciller babia hecho escribir expresamente para
aquella fiesta á M. Dancourt. Todos los
actores, que eran de la compañia de cumedianles del rey, desempeñaron su cometido á satisfacción y recibieron muchos aplausos.
»Al lerminar la represenlación, fué

�12-1'

MOTITAS

'
conducida la duquesa de Borgoña á otro y ostentaban la cifra de la duquesa de
salón donde había preparada una mag• Borgoña. En el fondo de cada puesto, un
nlfica cena, con toda la riqueza y el ex- gran espejo rellejaba el todo.
»La de Borgoña abandonó la fiesta desplendor de la época. En una extremidad
pués
de la cena, entusiasmada con cuan-del salón, en semicirculo, velanse cinco mesitas de feria, en las que unos to habla visto y oido. Como el salón de
personajes vestidos con los trajes de di- baile estaba intransitable por las muchas
ferentes paises vendtan sus mercancías: máscaras que ali! habla, la princesa volhabía un pastelero, un confitero, un ven• vió al teatro, donde se organizó un pedador de naranjas, airo de refrescos, y queño baile de corle que duró hasta las
otro de café, té y chocolate. Estos indus• dos de la madrugada, hora en que se ditriales tueron elegidos entre los q11e rigió la princesa al salón general para
formaban la capilla real, y cantaban su ver las máscaras. Tanto se divertía Su
mercancla acompañados de una música Alteza que permaneció allt hasta las
que se hallaba al lado de los puestos, cuatro. Entonces, la cancillera y su hijo
teniendo á su disposición pajes para el el conde de Ponlcharlrain la acompañaservicio. E•tas mesillas ó puestos de fe- ron hasta el pié de la escalera , agraderia hallábanse expléndidamenle pintadas ciéndoles mucho la princesa las diversioy doradas, adornadas con araiias y nares, nes que le hablan proporcionado.•

LOS REGl/'\IENTOS DE NUESTRO EJÉRCITO
EL DE INFANTERÍA DEL INFANTE,
NÚMERO 5

DATA su creación del 22 de Mayo de
1808, con el nombre de Regimiento

/'\O TITAS
( CANTARES DE /'\U J ER

En un ataud muy chico
y blanco cual la azucena ,
va mi mejor ilusión ,
recién nacida y ya muerta ...
Llorar muy triste, le vi,
y, aunque llorabas por otra .. .
¡me compadeci de UI
No es preciso que lo cante :
que lo ma I que le has portado
conmigo, lodos lo saben .. .
Quiéreme, mientras tú quieras ;
déjame cuando le plazca ;
tú procura ser dichoso .. .
1No le importe mi desgra cia!
EL BACHILLER CORCH UELO

del infante Don Carlos, habiendo cambiado diferentes veces de denominación,
hasta que, sustituidos de nuevo los núme•
ros por nombres, volvió á ,user el que
hoy tiene.
Si notable es la historia de los institutos armados que basta el presente hemos
hecho, la del Infante puede calificarse de
notabiltsima; tales son los hechos de armas por él gloriosamente realizados.
Lleva por sobrenombre El A uguato,
•caso por la alta personalidad á quien se
dedicó; pero en realidad deberla llamarse
El Condecorado, por la serie de recompensas especiales á que se hizo ar,reedor.
Usó sus primeras armas en la Guerra
de la Independencia, combatiendoconsingular arrojo en los Campos de la Salud y
toma de Santiago, en la que se hizo no•
lar por su extromada bizarrla.
En la defensa del puente de San Payo
casi llevó el peso del combate, y con tal
herolsmo se batió que hizo retirarse al
enemigo duramente escarmentado . El
Gobierno de la nación, enterado de su
heróico comportamiento y no hallando
recompensa digna á su bravura y decisión, condecoró á todos sus individuos
con una medalla batida exproleso para
tal objeto, la cual llavaba la inscripr.ión
siguiente: PUENTE DE SAN PAVO , 7 v 8 DE
JUNIO DE

1809.

S1gu1ó tomando parle en cuantas funciones de guerra se realizaron en la región, hasta la batalla de Tamames, en la
que se apoderó de las posiciones enemi(t) Véane nuntroa número, 1¡0 1 141 J lU.

11)

gas, obteniendo otra medalla con el
lema: VENCIÓ EN TAMAMES, OCTUBRE 1809,
singularfsima recompensa que estimuló
el espiritu de valor y disciplina de los
restantes cuerpos del Ejército.
Trasladado á la re(!ión del Norte, no
hizo esperar mucho tiempo nuevas proezas, pues al mes escaso de la batalla de
Tamames conseguía la tercera medalla
de honor, con la siguiente ley~nda : AL
VALOR: MEDI NA DEL CAMPO,
BRE DE

}809.

23

DE NOVIEM·

Sn poco tiempo babia conseguido \res
especiales distinciones y sembrado el
espanto entre las aguerridas falanjes de
los hasta entonces victoriosos granaderos franceses .
Destinado al Levante , asistió á las acciones de Montes de la Roca y Castillo de
Feria, tomando parte en la defensa de
Valencia, durante la cual, y en una vigorosfsima salida, tomó á la bayoneta
todas les posiciones del enemigo . Siguió
combatiendo todo el año 1810, sin tener
un momento de descanso, tomando al
onemi~o sus posiciones en la acción de
Burgu1llos, y distinguiéndose en Jerez
de los Caballeros, sorpresa de FuenteOvejuna y Torres-Vedras (Portugal ),
basta que fué destinado á combJtir la insurrección en América.
Ya en el Nuevo Continente , se distinguió en el ataque al Cerro de Mogunypec, tomando al asalto los formibables
reductos que hablan levantado los insurgentes, á los cuales dispersó después de
encarnizada lucha . En fa defensa de Jalapa realizó tan brillantes hechos que
puede gloriarse de haber tenido á su cargo la conservación de esta plaza casi exclusivamente. Asistió después á los combates de Las Barrancas, lxlapán y airas
muchas, conquistando nuevos laureles en

�127

CANTARES

126

POR ESOS MUNDOS

des. En esta marcha por las montañas sufrió terribles penalidades,que soporló eon
resignación increlble; en la cumbre de
la sierra, la glacial temperatura le obligaba á estar en continuo movimiento
para evitar que los soldados perecieran
helados; en las barrancas ó pasos, caia
sobre ellos un sol de fuego que tostaba
sus carnes. Rara vez encontraba esta ha•
róico regimiento agua con que humedecer sus resecos labios, y más rara aún,
alimento con que miligar su hambre:
llegó el caso de pasarse muchos dias comiendo cortezas de los árboles, y algunos
soldados, atormentados por la sed, recogian y bebian sus propios orines ... Ni
por un momento se resintió la disciplina
da aquellos hombres ante semejantes angustias, y con una abnegación sin limites
llevaron á cabo la misión que se les babia confiado.
.
En la batalla de Ayacucho prodigó
generosamente su sangre, asistiendo á
los puntos de mayor peligro, y en la segunda defensa del Callao supo emular
las inmortales glorias de la invicta Zara•
go,a.
Terminada la guerra en aquella parte
de América, y habiendo est•llado en
E•paña la primera de nuestras coilliendas civiles, tomó parte en 1834 en las
acciones de Zúñiga y puente de Arqui ·
jas, resistiendo en esta última el empuje
del grueso da las fuerz•s culistas, á l•s
que conluvo con su singular denuedo.
En la del puente de Larraga hizo él solo
frente á las cargas do la caballaria enemiga, logrando rechazarla con grandes
pérdidas. Después estuvo en las de Arra•
ni• y levantamiento del sitio de Bilbao,
E•t•lla, Montejurra y Puebla de Segur,
(1835) y loma y defensa de las sierras de
Arlaban, en la que conquistó para su
bandera la corbata de San Fernando y
mereció ser citado con elogio en la «Orden del día.» Hasta 1810 siguió baliénPor la integridad de las E•pañas: acción dose con su habitual bizaria en el Norle
y el Maestrazgo.
de Huertas, año de 1821.
Los acontecimientosda Malilla en 1856,
En la hacienda de Carcega, donde eshicieron
asistirá este regimiento á la detuvo destinado á reforzar la vanguardia,
fensa
de
dicha
plaza, en la cual repitió
en un momento de apuro y consultando
más á sus antecedentes guerreros que al sus proezas desconcertando á los moros
número de enemigos que tenia enfrente, en una vigorosisima salida.
Declarada la guerra á Marruecos en 1859
se lanzó sobre ellos á la bayoneta y los
arrolló y deshizo, y coronó la acción dis• tomó parte en los combates del camino
daTeluán, distinguiéndose muy singularpersándolos en todas direcciones.
Pero aún le estaban reservadas mayo- mente en la reñida acción del 25 de Dires glorias. Las necesidades de aquella ciembre, en la cual desalojó á los moros
cruenllsima guerra hicieron que fuese de las posiciones que ocupaban á la dere•
destinado á pasar la Cordillera de los An• cba del campo de batalla. Estuvo des-

la hacienda de Buenavisla, donde deshizo al grueso de las fuerzas insurrectas
poniéndolas en precipilada fup;a.
En la batalla de M,ypú. (1818), se vió
en grave aprieto. Las trop•s insurrectas,
ya aguerridas por multiplicados combates, cayeron de improviso sobre una columna de granaderos, cercándola casi
por completo. Al ver el inminente desastre, el capitán Don Pedro Aznar se ofrece á sostener la retirada con su compañia, y, rodilla en tierra, contiene el empu¡e del enemigo, mientras los granaderos se rehacen y emprenden la marcha .
Llueve sobre aquel puñado de héroes un
diluvio de balas que le acribilla por los
cuatro costados, y Aznar resiste bravamente, ya acometiendo con heróico empuje al enemigo, ya retirándose en buen
orden á sus primitivas posiciones, ya intentando todos los medios de la antigua
estrategia, para luchar con la posible
ventaja. Al fin, logra su propósito: la columna de granaderos está en salvo, y á
ella se une con los pocos soldados que le
restan, llevándose consigo heridos,
muertos y armamento, hecho memorable que fué consignado en la qQrden del
d!a. »
De~pués de asistir á la defensa del Callao (1819), en la que hi•o prodigios de
valor y serenidad, tomó parle en la acción de la hacienda de Huertas, realizando nuevas hazañas que merecieron
consignarse en el parte oficial, con las
siguientes lineas:
«El bitarroRegimiento del Infante Don
Carlos es acreedor al aprecio de V. E.,
pues metiéndose más de una vez á bayonelazos entre las filas enemigas y ala•
cándolas con el mayor valor y decisión,
siempre se hita digno de su AUGUSTO
nombre.»
En conmemoración de este hecho de
armas se le concedió un escudo de honor
en campo celeste, con esta inscripción:

pués en las de las alturas de la Condesa,
~ante Negrón, paso de Cabo Negro y
Sierra Bermeja, en la cual batió briosamente al grueso de las fuerzas marroqufes. Así, de ataque en ataque y de victoria en victoria, llegó el memorable dia
4 de Fobrero y con él la batalla de la
vega de Tetuán.
Encargado de repeler la agresión de los
moros y entretene,le en sus parapetos, no
se contentó con cumplir esta orden sino
que, marchando en correcta formación
hasta cuatrocientos metros de las trincheras enemigas, dió al laque de ataque,
se lanzó sobre ellas á la carrera, y saltando por las troneras de la artillería ó
.iscalando el glasis, se hito dueño de
aquellas poniendo en fuga al enemigo.
Durante la segunda p;uerra civil estu".0 en los combatas de Brelloch, Alegría
y Puente la Rama, en la que sosluvo con
.admirable firmeza la retirada del ejército;
después da batirse en Montejurra y Vela•
biela con su acostumbrada bizarrfa, se
distinguió en la loma de La Guardia,

donde hizo prodigios de nlur su capitán
Don Vicente Carbo. En los combates de
San Pedro de Absnlo, Murriela y OLañez, renovó sus gloriosos timbras, singu•
larmente en este último, en que fué el
primero que pisó las alturas tan tenazmente defendidas por los carlislas.
Tomó parte después en los combotes
de Zurucaio, Estalla, Lo Guardia (1874),
Valmaseda y Ce ladilla, donde se apoderó
bravamente de las estribaciones áe la
sierra, defendida por aquellas ingeniosas
trincheras que tanto dieron que hacer al
ejército liberal.
Desde alli pasó á la reñida acción de
Treviño, dirigida por el general Contrera9, hallándose también en la de Mendaro y otras i¡¡ualmente sangrienlas, basta
la lerminac1ón de la guerra.
Usaba por escudo tres lisas de oro sobre campo atur, representativas de la
Cesa de Barbón.
El re3if0iento ndmero 5 de Infantería
es, por tanto, uno de los que tienen historia más notable en el Ejército español.
ANTO~I0 PAREJA SERRADA

CANTARES
Ni yo mismo me conozco
desde qua tú me conoces:
que de pensar en el tuyo
se me ha olvidado mi nombre.

La historia de mi pasado
vas revolviendo con furia,
por ver si una falta mia
puede disculpar las tuyas.

Si hasta el fondo de tu alma
llegara mi pensamiento,
quisiera ganar I• gloria
para buscarte en el cielo.

Si es muy hondo tu dolor
ocúltalo á los demás,
que á los abismos del alma
no quiere nadie bajar.
FRANCISCO FLORES GARCIA

�LA CO:i fESIÓN DE BÁR BARA

LA CONFESION DE BÁRBARA
(CUEHTO)

-Hermosa eres,-le replicó la marquesa de Albendor-y bien veo que si
marquesa viuda de Albendor, dama te lanzas por el golío de Madrid sin ammuy principal y linajuda, apenas vi- paro, peligras en la honestidad, que tievla para oLro cuidado que no íuese el de ne ali( feroces y ocultos enemigos. Quésu hijo Don Félix, mozo de conLinenLe date en buena hora; y més que á sierva
caballeresco, muy amigo de las modas mla extiéndete al cuidado de mi Félix,
fhmencas, que le hablan hecho trocar la niño de un año de edad á quien amo con
gorguera por el cuello de encajes y :el el alma.
-¡Que me place!-exclamó Bérbera,
mostacho de gulas aLusadas por el de rallena
de júbílo.-Dtdme vuestras manos
males rizados y abiertos.
á
besar,
mi señora, y que Dios os lome
Con harla razón adoraba la marquesa
en su hijo, pues era éste de fina inteli- en buena cuenta esta gracia que me olor•
·
gencia, bizarro con las armas y galén gáis.
Y
desde
que
Félix
cumpliera
el
año,
con las mujeres: componla versos muy
parecidos á los de su amigo Góngora; hasla el momenLo en que comienza nues•
landbase á monterlas peligrosas, de que lra verldica historia, en que van pasados
volvla vencedor, con sus reses ganadas cinco lustros, Bárbara vivió alenta al
á fuerza de intrepidez; galanteaba á fur- cuidado del niiío, que luego íué mozalbelo de todos, para no caer en el ridlculo bete, y mb tarde hombre bigotudo,
de aparecer pregonero de sus victorias apuesto y galán.
de amor; y, por fin, esgrimla el acero y
11
la pica como un soldado de Flandes.
Mucho amaba la excelente marquesa á
A los veinticinco años de servicio cayó
Don Félix; pero no menos adorábale la
enferma
la buena Bárbara, mas con lal
buena doncella Bárbara, mujer que durante cinco lustros cumplidos habla de- malatia que puso al médico en el aprieto
rrochado sus aptitudes fü1icas en el ser- de decille á la marquesa:
-Sabedes, señora, cómo la enferma
vicio doméstico de la viuda del marqués.
que
me habedes hecho visitar en las ha·
Al año de volar éste á mejor vida, apahitaciones
del jardln, que son la11 de la
recióse una larde Bsrbara l!lte la viuda
servidumbre
vuestra, padece de un mal
marquesa y la d,jo:
que
hace
mof
4 de sangrlas y tisanas;
-Yo soy, señora, nacida en Avila de
por
lo
que
tengo
para mi que más está
los Caballeros. Núñez soy por m1 padre
y Alela por mi madre. Mi sangre es hi- faltando en aquesta ocasión el médico
dalga, mas véome agora en la sazón de espiriLual que el temporal. Dsmás sé lo
servir como doncella, por el mal camino que á vuestra merced duele aqueste dicque ha llevado la hacienda de mis ma- támen, por el mucho amor que tenedes á
yores. Admltame vuestra merced en su la doliente; pero mejor es poner el conservicio, que de Dios os vendrá la re- fdsar á Liempo que el quilo á deshora.
A este tiempo bajó de su cámara el jócompensa p,r la buena obra.

I

LA

ven Don Félix; y oído que hubo las palabraR del licenciado, dijo de esta suerte:
-Mala nueva nos dáis,seor licenciado:
porque no se os oculta el interés y ceriiio
que msrecen las buenas prendas de Bár•
bara ; mas si vuestras melesinas no son
las que hade menester la cuitada habremos de traer in continentt á su pal~rnidad
Fray Alonso de Santo Domingo, y que él
se encargue de salvar lo que es primero
qu~ el cneroo.
DJ n Félix y su madre tenían, mientras esto pasaba, la color pálida, el acento apenado y los párpados llorosos; pruebas todas ellas del verdadero amor que
profesaban á la doncella bondadosa cuya
vida escapaba al Cielo.
'
De seguida llamó D m Félix con un
~Hola» á sus pej es, y comisionando á uno
de ellos para que partiese en busca del
médico de. al!llas, se asentó apenado, en
lo cual le 1m1taron la marquesa y el curandero.

sericordia de Aquél que murió diciendo:
Pater, dimite illis; nom enim sciunt quid
faciunt.
Luchando Bárbara con la evidente flaqueza de sus tuerzas vitales, co,nenzó el
inleresanl~ _relato ~e sus culpas, y el
buen domm1co, al 01r la historia de aquellos hechos desarrollados en misteriosa
cautela, mu~hos_años guardada, pensó
que las apariencias suaves, que las superficies tranquilas, ocultan á veces con
velo impenetrable, los más revueltos y
dramáticos fondos.
Con fatigosa palabra, llena de contrición humilde, dió fin á su relato la moribunda; y entonces alzó el dominico los
azules ojos al cielo y extendió las manos
sobre la cabeza de la infortunada sirviente , absolviéndola de sus
cul pas y r og a ndo á

llI

Llegó muy presto á la casa
-solariega el buen fraile dominico·
y, acompañado por la
'
marquesa y Don Félix
dirigióse á la cámara:
donde 1a infortunada
Bírbara luchaba con la
vida y con la muerte.
L_uego que la paciente
v1do á sus señores, ro-0.aron por sus mejillas
-copiosas lá g rimas, y
pasado un breve espacio salieron de alli la
madre y el hijo, quedando á solas la
enferma yel ministro del Señor.
- ¡Sea todo por
Nuestro Señ or
Jesucristo, que
pasó más que
nosotros en Ia
cruz sacrosanta!
.¡,Cómo os sentís,
hermana L.
-Mal~elcuerpo, peo~
del espl-r1tu... ¡Pedille á Dios
que me ".alga , para que yo
pueda_ deciros cuanto aqueja ha la1gos anos á mi conciencia.
- Haced la señal de la cruz .. . Rezod
-con devoción el Confiteor .. . Contad, agora, hermana, y confiad en la Infinita Mi -

-Qut\Jato en buena b ora ,-dijo la marquesa á fa donceOa
-¡- exLiéndete 11 cuidado de mi hijo

�POR ESOS MUNDOS

130
Dios que Él ratificara aquel
p6rdón que parecía derrai:nar
consueio infinilo en el ánima
d6 la doliente.
Bárbara murió una hora después' con grande
edificación; y cu é n tase
que antes de ex~alar
el suspiro postrimero balbuceó el nombre de Don Félix.

IV
Luego que recibió
sepultura, ~n _el c_onvento de trinitarias,
el cuerpo de Bárbara, acudió Fray
Alonso de Santo Domingo al palacio de
Albendor y pidió ser
r 6cibido por la marquesa, con _quien tenia que platicar, se cretamente, de cosas
que eran: p~ra ~l cargo
de su ministerio.
Recibió la viuda al
doctisimo fraile en una
,
· ¡ alcoba de la aervidora enlerma se¡uido
- donLle¡ó muy pronto 1'raydAelº1aºsmºa~q!esa T Don F61ix
estancia pequena,
de habla un estrado de
.
.
-Ha más de veintiséis años hallábavaqueta compuesto de dos ámphos s1ll0 · se en A vila de los C~balleros vuestro manes de brazos y seis sillas de cuadra~os rido, que goce de Dios ...
espaldar y asiento. Sobre la pared prir
Así es en efecto.
l
cipal destacábase un triplico de Joan_ e
- Alli 'ues conoció y galanteó e
Joanes representando á Nuestro Senor marqué; Se m~nera deshonesta (que el
Jesucristo y á Dimas y á Gestas, enclava- Señor le 'haya perdonado), á la srn v~ndos en sus respectivas cruces. Del arteso- tura Bárbara, que era, e~ aquel 1asa~ n,
nado pendia una araña de bronce, que
doncella de cortos é inocentes anos.
remataba en una gran borla de seda car- un~.i,Qué decisL. ,Hay mayor desvendada.
En los sillones se asentaron el dom!nicoy la marquesa, y aquél dijo á aquésta
luego que hubo tomado reposo:
-Tráeme hasta aqui, señora, ~l ruego
de una moribunda, á quien hice v?to
de cumplirle esta comisió~··· ¡Y bien
sabe Nuestro Señor J esucristo cuánto
deploro el venablo que voy á clavaros en
el alma!
. •
-,Qué es ellof ¡Habl~d!-repuso, visiblemente alterada, la viuda.
.
-La cuitada Bárbara, cuya á_nu~a
haya Dios acogido en su regazo m!sercr
cordioso amén, pidióme la gracia e
traslada; á vos su confesión postre~a; rogándoos por mi mediación Y m~nsaJe que
la perdonéis y la encomendéis el alma.
-Seguid.

tura7
.. · déis motivo al furor: que s on idos
-No
á
de la tierra el marqués y Bárbara, y
entrambos debé1sles, más que denuestos,
rdó
sufr~,~~:tfn~!d, ;plegue á Dios darme
esfuerzo.
-Si dará ... y escuchad . agora..D~
aquellds amores se~~etos nació una cr1atura inocente: un h1JO,
-·Yo muero!
. . d
-RAponéos, señora ... EJerc1ta. 1a paciencia que es el bálsamo celestial con
ue se ~uran las heridas de la humana
fudignación, y oíd, o!d ¡porque aún quedan las heces del cá hz!
_ Oh, Jenaro, Jenarol. .. ¡Y yo que
túvele y lloré por marido fiel y amante!-

LA CONFESIÓN Ot: BÁRB ARA

exclamó la marquesa anegada en lá grimas amargas.
Y el religioso, después de una pausa,
continuó de esta suerte:
-Dolfase Bárbara, en aquella ocasión ,
del porvenir escuro que aguardaba al
hijo de sus entrañas, y dijole vuestro esposo: «Existe aún,-¡poore Bárbara!medio ingenioso de que el fruto de nuestro deshonesto trato viva teliz; mas para
ello es de m1mester que renuncies á tenelle en tu compaña y aun á velle para
siempre jamás. La marquesa, mi mujer,
que es de condición tierna y amorosa,
suspira por descendencia, que al Cielo no
le plugo concedelle. Hagamos de manera como este niño sea colocado en
una bandeja dentro del zaguán de mi palacio, y yo cometeré á mi viejo escudero
Gonzalo el extremo de traelle al regazo
de la marquesa, diciendo que allí abandonaron al niño: con lo que espero que
ella le apretará contra su seno y le dará

calor de madre, amoroso, dulce y tierno.»
-¡Cierto es, Dios mio!. .. ¡Así fué, en
ef6cto!
-¡ Luego Don Félix!. ..
-Sí, padre: mi Félix fuéme traido por
el escudero en una noche de ha muchos
años; y yo le tomé y le crié afanosa, inocente del engaño. ¡Ay, desventurada!...
-Al año de este acaecimiento diz qu6
murió el marqués Don Jenaro ...
-Sí, murió ... Y entonces allegó delante
de mi la sin pudor Bárbara, fin~iéndose
doncella pobre é hidalga y pidiéndome
con plañidos lugar en mi servidumbre.
-Arbitrio fué aqueste de una madre,
para vivir constantemente y con sigilo de
su condición junto al objeto de su tierno
amor ... Ved, marquesa, agora, por qué
rogaba la penitente que yo os narrase
aquesta historia de oculto deshonor, porque temía la sin ventura-y era aqueste
temor razonable-que ni el marqués ni
ella pudiesen salvarse de las penas del
infierno sin vuestro perdón y sufragio. Comenzad, pues, por diririgir al
Altísimo vuestro corazón, diciendo:
«Yo les perdono» ...
- Yo les perdono ...
- «Para que Dios me perdone
á mí mesma».
Repitió la marquesa estas palabras, y de seguida prorrumpió el fraile en un Pater Noster, á que dió fin la viuda con el
oportuno Sed liberanos a malo;
y todo ello concluido con un remate de Requiescat, cayó la marquesa en una
profunda medi ·
lación, quemás
pa recia letargo.
Levantóse á
este punto el religioso, y santiguóse de Iante
del tríptico de
Joan de Joanes.
Salió, á poco,
de la estancia y
bajó despacio
las esca leras,
seguido de dos
pajes que le
franq'1earon la
salida, después
de besarle entrambos revel'enteme n te .la
diestra .
Al baJar las escaleras, dos pajes de la casa solarie¡a be, aron las manos
del religioRo dominico
Todo quedaba

...

�CUADRO ANDALUZ
el recuerdo de las tranquilas superficies
en calma aparente: la_ cas~ solariega vol- que suelen oculta_r emocionantes dramas
vía' á su quietud h1stór1ca; y al buen del teatro de la vida.
fraile se le vino á las mientes, de nuevo,

132

RAMÓN

A. URBANO

ll~straciones de F. de la Mota.

E.__ Alf"\ANAQUE DE GHOTA
7

CUADRO ANDALUZ
Hierve en las cañas el licor de oro:
la ardiente manzanilla. En torno de ellas
dá al aire la andaluza sus querellas
entre las palmas del alegre coro.
Vibrante suena el instrumento moff'..
ue tiembla y gime entre las manos be a.'
q l titilar sus cuerdas, cual estrellas,
!i:rte un raudal magnífico y sonoro.
Termina el cante, y la andaluza airosa
co e en sus dedos, de marfil y rosa,
la ~aña, con que brinda á la alegria,

y vierte el contenido d~ la caña _
en su boca, diciendo: ,&lt;¡Viva Espanal
i y mi patria ideal, Anda lucia!»
EDUARDO

DE

ORY

0

LECTOR: ¡Conoces el Almanaque de Gú· Friederich, de Gotha, pequeña capital
tha~ ¡Quién no lo ha oído nombrarf turingia donde se ha publicado la ediEsta pubhcacion es algo más que un al- ción 144, que es la correspondiente al
manaque: es una institución.
corriente año de 1907.
Lujosamente encuadernado en rojo y
oro, yace sobre la mesa del diplomático,
HbTORIA DEL «GOTHA ))
y se busca constantemente en las redacciones de todos los periódicos de todos
Es posible que entre los miles de perlos países. Este Almanaque obra ruayor sonas que utilizan el Gotha solo sean
efecto para estrechar las relaciones inter- contadas, muy contadas (dpenas llegarán
nacionales que ninguna otra publicación á diez) las que tengan conocimiento de
anual del mundo: ¡como que podría es- la interesante historia de este A lmanacribirse la historia poque. Vamos á darla en
lítica y social de los ,.
tistas lineas de PoR
últimosciento cincuenEsos MUNDOS.
ta años estudiando los
Tuvo, desde luego,
~othl1ifd)~r
mimaros de años atra,
!-US predecesores. Las
sados del Gotha!
bibliografías de almaPero de tales Alnaques son numerosos
manaques no pueden
tomos, y la mitad del
unb
disponer los aficionasiglo xvm fué la edad
dos á esta clase de trade oro de esta clase de
bajos porque apenas
publicaciones. Solaexisten: el Almanaque
mente en París vieron
de Gotha apareció por ~
la luz setenta y tres en
primera vez en 1763, y
el año 1760, inclu ven,111f
terminado dicho año
do unA lmanaque Real,
sus compradores hibas 3&lt;lbr 176 3.
otro Almanaque para
cieron, indudablemencomerciantes, otro pate, lo que se hace con
ra los masones, otro
todas las cosas pasade los cuadrúpedos,
das: desecharlas, aban~q1 ~of¡ann '))ni:! ~/\•m:s-fd. ~11!1b
otro de oratoria ligera ,
un~ ;)c~ann ~~ntitnn :i)1crmd,l
donarlas. Así resulta
y algunos más por es111 \;;0111111 t,1t11.
que hoy los ejemplares
te estilo.
más antiguos del citaPero la ciudad de
do Almanaque son los
Gotha tenía su propio
dA los años 1774 y
almanaque desde fe1783, que se conservan Cómo era la portada del Alma11aque de Ghota cha anterior á la puen el British Museum,
en su primera edición, el año 1763
blicación del que motide Lóndres. Actualva este articulo: llamámente, no hay manera de consultar una hase Calendario Gotha de Genealogía
serie completa del Almanaque de Gotha !J de Literatura, y su origen se pierde en
como no sea en la oficina editorial de esta la obscuridad de los tiempos. Sólo podepublicación, instalada en la A venida mos decir que ya se publicaba en 1740,

©rncafogíf
ESdjrfi

�134

POR ESOS MUNDOS

pues existe un ejemplar fechado en dicho
año.
De 1763 es de cuando puede decirse
que data el actual Almanaque de Gptha.
Entonces se decidió que el idioma propio
del almanaque fuera el francés, ó por lo
menos que se publicara una edición en
francés y otra en alemán; no sólo porque
era aquel el lenguaje_ diploi:n~tico, sino
también porque la reciente visita de Voltaire á la ciudad de Gotha había hecho
á Francia y á los franceses populares en
dicha población.
Así fué como en 1763 apareció el Calendario Genealógico y de Escritores de
Gotha, que se vendía al precio de cuatro
pesetas, publicación anual que de'.!de entonces no ha dejado de
aparecer, y que ha ido
convirtiéndose en el Almanaque de Gotha según lo conocemos hoy.
Para realizarlo de este
modo unieron sus esfuezos y trabajos los señores Guillermo von
Rotberg, gran chambelan de la corte de Gotha
y presidente dfl aquel
Gabinete, y Emmanuel
Cristótoro Klupfel, que
había sido tutor del príncipe heredero de Sajonia - Gotha - Altenburg
durante su estancia en
Parfs desde 1747 á 1750.
El título Almanach de

neda), una Guia Postal para Gotha señalando los dfas de llegada y salida de
los correos, tablas de multiplicar y de
regulación de intereses para el capital, y
hojas en blanco en las que se invitaba á
los jugadores á registrar sus ganancias y
pérdidas en las mesas de naipes. Tales
fueron los principiosdelgran libro actual.
MEJORAS EN LA PUBLICACIÓN

Por lentas etapas fué desarrollándose
el Almanaque. Los escasos detalles que
contenía acerca de las familias reales se
convirtieron en completas genealogías,
en su mayor parte suministradas por los
mismos prír.cipes. La publicación miscelánea del Almanaque
recibió múltiples adiciones: se admitieron artículos cortos populares
sobre todo asunto imaginable, á saber: La au-

rora boreal, Influencia
de la música sobre los
animales, Peleas de gallos, Mónstruos antediluvianos, Bebidas favoritas de los distintos
países, Carreras de caballos en Holanda, Juegos de cartas , La policía del harem entre los
turcos, etcétera. Hubo
también en 1799 una
Receta para evitar el
mareo, y listas de pre-

cios del más diverso caGotha contenant dio_errácter, como carnes
se:s connoissances curieu •
ses et utiles se empleo Relrat~ de Jorge Canning, que •pareció •n asadas, pájaros exólip_or et Almanaque de
cos piedras preciosas
porprimera vez en 1764. la edición publócada
Ghota el ano de 1824
'
h '
camas y otras mue as
Hoy, el Almanaque de
Gotha tiene mil doscientas páginas; en- cosas así. El Almanaque'no llevaba gratonces sólo contenía ciento y aparecía
impreso en rudos tipos góticos.
Su característica distintiva es la lista
genealógica de los personajes de elevada
alcurnia existentes en Europa, que da á
conocer los nombres y fechas de nacimientos de dichas personalidades, desde
los reyes hasta los nobles, todos con sus
herederos ó más próximos parientes.
Ofrecía entonces otros detalles el Almanaque de Gotha, tales como los días de
santo de los soberanos reinantes, los
cambios de luna, las predicciones del
tiempo, una r~spetable relación de monedas extranJeras (pues los gobernan tes
de menor significación tenían gran apego á sus derechos de acuñación de mo-

bados en sus primeros números. Esta reforma se implantó en 1768, y desde entonces no han faltado en cada edición.
Los asuntos que al principio fueron ~olivo de las ilustraciones eran exclusivamente mitológicos y alegóricos; después,
empezaron á publicarse grabados de modas, en los que las figu_ras ostentaban
enormes peinados y ropa¡es flota~tes, estilo Directorio, y más tarde. se dieron á
conocer dibujos de comed ias y novelas
populares. En 1786 se publicaron grabados referentes á la obra de Beaumarchais
Las bodas de Fígaro, sátira que a)'udó á
preparar el camino de!ª revolu_ción q_ue
ya se anunciaba. En anos sucesivos d1éronse ilustraciones de esc"nas teatrales;

EL ALMANAQUE DE GOT~A

135

después vistas de palacios y retratos de hizo sentir la fuerza de su póder en el
celebridades que se mencionaban en el hufete del director de dicha publicación.
texto. Y desde el año 1832, todas las ilus- En primer término, considerándose Natraciones han sido retratos: el primero poleón como antepasado de sí mismo,
publicadofué el de Frannegóse á consentir que
cisco II, emperador de
se enumerara en el GoAlemania, que apareció
tha su genealogfa; y en
en 1793, en el período
segundo lugar, insistió
álgido de la revolución.
en que la lista de las
En 1,824 apreció por
casas reales empezara
primei:a vez la dirección
con él, y no con la de
ultra-conservadora del
Anhalt, como exigía el
Gotha la existencia de
orden alfabético y se
los Estados Unidos 'de
venia haciendo. Para
Norte América, como
esto, ordenó en el refenación independiente, y
rido año de 1808 que se
hoy se ocupa en cuanto
preparase otra edición
concierne á todos los
en París, que sustituyeGobiernos del orbe, desra á la legitima hecha en
de el gran imperio briGotha. Y así fué como
tánico hasta la pequeña
desde aquel año hubo,
república de Haití.
durante algún tiempo,
El reducido volúmen
dos ediciones de esta inde 1763 llegó á tener en
h.P111I,\ .. , ti, 1
teresa nlísima publica1884, 1.079 páginas en
ción. Y decimos duranGrabado que apareció en 1824 en el
duodécimo, alcanzando
te algún tiempo porque
Almaiiag_ue de Ghota
1.200 en octavo pequeño
l11s órdenes de Napoleón
desde el año 190.&gt; hasta la fecha presente. se cumplieron mientras que su estrella
Hoy se hacen dos ediciones, una en lució y estuvo en alza.
alemán y la otra en un idioma que el seEn efecto, el capitán del siglo x1x, que
vero critico Larousse dice «que no es ejerció rigurosísima censura sobre el
exactamente el francés, aunque sea una Almanaque de Gotha hasta el año 1814,
imitación de esla lengua.»
determinó que la sección que trataba de
las familias reinantes en
NAPOLEÓN BONAPARTE
., Europa cambiara su títuY EL DIRECTOR DEL
lo por el de Nacimientos
«ALMANAQUEDEGOTHA»
y matrimonios de príncipes y de princesas. ¡No
La actitud del director
consentía Napoleón que
del Almanaque hácia la
ni aún en los almanaques
la revolución francesa
figurase más soberano,
fué la misma que la de
más rey, ni más empelas potencias e u ro peas
rador que él!
hácia el actual rey Pedro
Pero, llegado dicho
de Servia: no la reconoaño 1814, como Bonació. Para aquel director
parte no lograra ejercer
continuó siendo rey de
la censura durante los
Francia LuisXVl,á pesar
célebres cien días, la secdesu destronamiento; y á
ción genealógica recobró
"U infortunado hijo Luis
su antiguo titulo después
XVII lo representa el
del acuerdo europeo soGhota sentado en el trobre las bases del Congreno, cuando en realidad l
so de Viena. Mucho an'"
se hallaba preso en el
tes de esto, habían apaOtro grabado publicado por el Ghota
Temple.
en 182i
recido datos estadísticos
Pero el gran Napoleón,
acerca del área, poblaque modificó el mapa de Europa y re- ción, etcétera, de las potencias de Europa
formó el imperio alemán deponiendo á intercalados entre una Historia de SnufAustria de la jefatura, no podía pasar fers y una ligera relación sobre las mocomo gobernante ignorado, y en 1808 das de Francia.

r

�EL ALMANAQUE DE GOTHA

POR ESOS MUNDOS

136

RAREZAS y ESPECIALIDADES QUE CONTIENE
EL «GOTAA»

La ligera revisión de los contenidos del_
Almanaque revela muchas anomalías '/
extrañas persistencias. Abraz~ esta p~bhcación dos distintas Y, en re?hdad, d~vergentes secciones, que deberian pubh_carse como volúmenes separados. La ~rimera sección es puramente geneal?gica, y
aparece dividida en tres s~bsecciones, de
las cuales la primi,ra contiene los nombres de todos los miembros de las casas
soberanas de Europa, juntamente con las
que han perdido tronos desde 1815 h~sta
el presente. Algu~9:s de estas son tribus
más bien que filmihas, pues cada vástago transmite su rango, Y su sangre, r~al
6 no real, se presume que corre en dis.tintos canales. De esta manera, las ramificaciones de la Casa de ~apsburgo, por
ejemplo ocupan ocho páginas del Almana ue, las de la familia Borbón s?n
totavia más complicadas: hay .tres distintas ramas de la Casa, que ~xigen once
á inas para la enumeraci~n de. sus
~i~mbros. Los Bonapartes imperiales
están representados por dos v~rones,.solteros de los cuales el más Joven tiene
casi l~s cuarenta año&amp;; los represent.a~tes de la rama más antigua de la familia ,

y

--- -

(los descendientes de LucianoB?naparte,
que no quisieron aceptar un ren~o de su
padre), están relegados á las páginas ~anos importantes d~ la ?bra. En la sección
real hallamos casi unidos al rey Eduardo de Inglaterra, que impera sobre una
quinta parte del globo y ~ás de una
cuarta parte de su población, co.n el
principe de Mónaco, que solo gobiernaquince mil doscientos súbditos en me~os.
de dos kilómetros cuadrado_s de te~ritorio, y también con el _P~incipe de ~iechtenstein, cuyos domimos se ~xhenden
menos de ciento cincuenta kilómetros
cuadrados y sus súbdito~ apenas llegan
á nueve mil quinientos.
La sección 6 parte segunda del Alm~naque está dedi~ada á cincuenta y seis.
familias mediatizadas. A estas casas_, que
por el Tratado de Pressburgo, perdieron
su inmediatajurisdicctón, aunque _retuvieron sus posesiones, se les con~e~ió p9:ridad de nacimiento con las ~amibas reinantes por medio de resoluciones de la
Dieta Germánica en 1825 Y 1829. A los
que eran principes del Sacro Ro~ano
Imperio se les da ahora el tratamiento
de Serena Alteza ( Durchlaught},. Y á l~s
representantes de los condes del ~mperio
alemán se les concede el tratamiento de
Muy Ilustrisimo (Erlaucht). Por esto,

:

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1

bl' d
la edición de l 906 del Almanaque de Gotha
Retratos del prlncipe imperial de Alemania y su esposa, po ,ca os en

en teoría, el heredero de un trono euro• interesados acudan á él; cosa que mupeo puede, sin descender de su alcurnia, chas familias de indubitada nobleza jacasarse con el descendiente de un Roths- más St, han mo lastado ni siquiera en inchild ó de un favorito de la corte de Vie- tentar. A pesar de ello, si las personas
na; en tanto que el vástago más humilde aludidas quieren figurar en el Almanade la familia más mediatizada no puede que, deben empezar por escribir á Herr
casarse con descendientes de la antigua Hofrat Wendelmath Perthes, director acnobleza europea sin que en la metrópoli tual de la publicación, remitiéndole sus
se considere el caso como una mesallian- reales cartas de titulación, una relación
ce, pues estas uniones, en rigor, sólo de- histórica de su genealogía, la descripción
de sus arben conmas.su estra e r se
e u do hemorganátiráldico en
cament e,
colores y
sin que los
una listada
frutos de
los indivíellas heduos de la
r e den ni
familia que
los tltulos
en la actuani las poselidad exissiones de
tan. Hecho
susantepae~to, Herr
s ad os.
Hofrat
Viendo lo
We n de i nsignifimath juzga
cantes que
son estos
imparcia 1princi pes
men te I o
que s) le
secundapide.Algurios alemanas veces
nes, es adse han hemir a ble
que las hicho esfuerjas de la
zos par a
aristocracomprar su
cia euroveredicto
favorable
pea con sientan en
valiéndose
ser sus esde consideposas. Sin
raciones
embargo,
financiecon s 6 lo
ras; pero
recorrer
basta con
las páginas
leer el Aldel Almamanaque
Armario que existe en las oficinas del Almanaque de Gotha conteniendo la
naque de
para conde dicho almanaque publicados desde 1763
Gotha se serie completa de todos los volúmenes
vencerse
hasta la lecha
observa la
deque tales
extraordinaria frecuencia con que ocu- intentos no han prosperado. Aun el misrren tales casamientos.
mo Pedro Karageorgevitch y su casa
La tercera sección de la publicación fueron eliminados del Almanaque de Goque nos ocupa está dedicada á la aristo- tha hasta que se extinguió por completo
cracia no real, ni de principes ó rango la dinastía de su predecesor en el trono
ducal, y se enumeran en ella los condes de Servia.
y barones, en manuales separados pero
También han figurado en el Almanasemejantes, hechos (en idioma alemán que de Gntha desde hace mucho tiempo,
solamente) en la misma imprenta. Para desde el año 180i por primera vez, los rela confección de esta sección el director presentantes diplomáticos, los embajadodel Almanaque no invita á los noblesque res de las naciones independientes. En
le remitan datos, sino que espera que los los volúmenes últimamente editados, el

�138

POR ESOS MUNDOS

cuerpo de embajadores figura con el tí- les ó de las nobles, y á los individuos de
tulo Annuaire diplomrtiique et statistique, aquellas familia~ que person~lmente ~on
y ocupa casi las dos terceras partes del conocidas al director. La información
Almanaque. Enuméranse todos los altos para el anuario diplomático se recog_e
funcionarios de los principales Estados de las publicaciones oficiales que se recidel mundo, comprendiendo los represen- ben por el cambio con ejemplares del Al•
tantes diplomáticos y los cónsules y un in- manaque; pero como est! información
se mandice de los recursos militares, navales y puede resultar con inexactitudes,
dan las
comerciapruebas á
les de cada
los jefes de
nación. Nalos depardie que se
tamentos·de
ocupe en
ca·da pais y
hacer hislo•
á los embaria, ó aspire
jadores aleá hacerla,
manesaccepuede perditados en
mitirse o\las distintas
vida r esta
cortes, consección imsiguiéndose
portan tí siasí, mema,que con
diante confrecuencia
cienzudos
ha querido
trabajos,
imitarse en
que los inotras publiformes del
caciones,
Almanaque
aunque jatengan · ·f11.másha conma por su
seguido ser
exactitud.
Herr Hofrat Wendelmalh Perthes, actual director del Almmiaqu~ de ~ otha
E l sistema
aventajada.
Su confección implica inmensa cantidad de trabl\- de conservación de dátos es igualmente
escrupuloso: cada pais, cada colbni8: y
jo y responsabilidad.
cada familia tiene su volúmen en foho,
CÓMO S E HACE EL « GOTHA»
al que se unen aquellos una vez recibiDesde 1817 el Almanaque de Gotha ha dos en la oficina editorial, de m:anera
sido dirigido por la casa de J ustus Per- que el director de la publicación pueda
thes, que estaba encargada solament~ de comprobar cualquiera noticia en m'!-Y polos detalles comerciales de la publica- cos minutos. El Almanaque se publica en
ción desde 1786. El jefe actual de la ca- la primera semana de Diciembre de cada
sa llámase Herr H ofrat Bernhard año, y después del 15 de Noviembre no se
Perthes, y también dirige el ma_yor insti- admite alteración alguna.
Tal es el Almanaque de Gotha , mezcla
tuto geográfico del mundo. El director del
extraña
de lo antiguo y lo moderno, esAlmanaque, Herr Ilofrat Wendelmath,
pejo
de
anacrónico
feudalismo y una m_eal que nuestra fotografía presenta en su
moria
auténtica
del
progreso I?ateri~l
bufete, es maestro en heráldica, genearealizado en la lucha por la existencia
logía y estadística, y su método de compilación se caracteriza por una correc- entre las sociedades modernas. No_ es el
más antiguo de los almanaques existención y exaGtitud teutónicas.
He aquí el procedimiento que emplea. tes: el Almanaque Nacional, de Francia ,
(llamado primeramente Almanaque l m ·
Ante todo las pruebas de cada página se
perial
y después Almanaque ]!e~l), es
'
1
.
empastan en u1;1 vo úmen. inmenso c_on
márgenes ámphas. En Julio de cada ano, más antiguo; pero ~l Gotha ~s umco en
se envían las pruebas á todas las perso- interés histórico é importancia cosmoponas ó á todos los departamentos con e~las lita, y por eso, á despecho de rivales que
no han prosperado, ha ocupado por si
relacionados; en la sección genealógica ,
solo
su campo de acción.
se dirigen á los jefes de las familias reaCOSMÓPOLIS

HORÓSCOPO DE LOS MESES

FEBRERO: SOL EN ACUARIO
mes, que es el segundo del año en
el Calendario Gregoriano, sólo tiene
veintiocho días, excepto ca da cuatro
años, en los llamados años bisiestos, en
que cuenta veintinueve. El nombre de
Febrero con que se le conoce derivase
del verbo februare, que significa purificar, y de Februa, festival romano de general expiación que se celebraba durante la última parte del mes. En los antiguos tiempos, la Lupercalia, que tenía
lugar en Febrero, se instiluyó para que
las mujeres fueran purificadas por los
sacerdotes.
En este mes pasa el Sol (desde el 20 de
Enero h~sta el 19 _de Febrer_o), por la
constelación Acuario, undécimo signo
del Zodiac~, al que se atribuyen caractére~ m_ascuhnos_y sanguíneos, siendo sus
prmc1pales atributos la memoria y los
vastos conocimientos.
Las personas nacidas cuando el Sol se
e!1cuentra en el limite, en la cúspide del
s~gno, ó sea del 20 al 26 de Enero, partic1 pan de las características de Acuario y
de Capricornio , que le precedió. Estas
personas resultan habilísimas para conocer la naturaleza del prójimo, especialmente en cuanto que se relaciona con
el mundo de los negocios: á primera vist~ for~~ n juicio seguro y cierto de las
d1spos1c10nes de aquellos con quienes se
ponen en contacto y conocimiento. Há1111.nse, además, eminentemente dispuestas, por inclinación y habilidad, para tratar y dominar al público, lo mismo en
política que en comercio: poseen para
ello poderosos medios, entre los que más
desc~ella u na elocuencia persuasiva y
convrncenle en alto grado. U no de los

ESTE

secretos que poseen es saber seguir la
opinión pública cuando les conviene:
tienen extraordinarias condiciones para
ello, para lo cual aprovechan las facultades que les distinguen para apreciar
exactamente lo que los demás piensan de
ellos y de sus ideas y proyectos.
Esto por lo que respecta á los que pudiéramos llama cuspideos. Que por lo que
hace á los nacidos bajo el completo y exclusivo imperio de A cuario, esto es,
desde el 26 de Enero al 19 de Febrero ,
dice el horóscopo que son, generalmente,
nobles, honrados y de excelente y bondadoso corazón. Leales en el cumplimiento de sus deberes, tienen un perfec to sentido del honor y de la educación.
Poseyendo exacto conocimiento de la
ocasión que deben aprovechar y de aquella que deban desdeñar, siempre se hallan en su puesto.
De los nacidos en A cuario se dice que,
naturalmente, son las personas de mayor
fortaleza y vigor físico que existen. Pero
como conocen esto y lo saben, frecu~ntetemente se convierten en todo lo contrario, porque, una vez por otra, van dejando pasar todas las ocasiones que se les
presentan de conservar esa fuerza con
que la Naturaleza les fué pródiga.
Las personas nacidas en tiempo de
Acuario logran éxito cuando se lo proponen en cualquiera empresa que intentan. Son aptos para todos los estudios y
aprendizajes, especialmente para los ofi cios mecánicos; pero su inclinación á la
vida pública les aleja de estos, llevándo los á más activos propósitos y energías.
Generalmente, son altos de estatura.
Las mujeres también alcanzan buena

�140

EL MENDIGO

talla; y participando de las condiciones
que distinguen 8 los hombres, son además muy industriosas, por todo lo cual
suelen ser excelentes esposas cuando
contraen matrimonio.
De carácter apasionado los dos sexos y
de suaves y dulces modales, se resienten
mucho, por esto mismo, cuando se les infiare alguna ofensa.
Los defectos de que adolecen son el
miedo y el hábito d_e la procastinact_ón, ó
sea dejar para manan~ lo que ~eb~~ran
hacer en el día. También la vacilacion y
el capricho echan á _Perder el genio de
los nacidos en este signo.
L')s mejores amigos que !os hijo~ de
Acuario tienen son los nacidos baJO el
imperio de dicho signo y los que provienen de Aries y Sagitario.

Los hijos de matrimonio~ habid~s entre los nacidos bajo Acuario y Artes son
fisicamente fuertes y robustos, Y la~ relaciones domésticas de estos matrimonios resultan verdaderamente harmoniosas. Los hijos son de organización muy
sensible y deben ser tratados con lamayor bondad.
Los planetas que rigen este signo son
Saturno y Urano. Las joyas, el céfiro, el
ópalo y la turquesa. Los colores astrales,
el azul, el rosa y el verde Nilo. La flor,
el tulipán. Abril y Agosto son los mes~s
que resultan más favorables para los hijos de Acuario, y el sábado el dia afortunado de la semana. La antigua tribu hebrea que recibía influencia de este signo
era la de Daniel, siendo Gabriel el ángel
que gobierna á Acuario.

Historia novelesca de los tiempos de la Convención
y el Terror, por OWEN JOHNSON
«¡Oh, Libertad, Libertad!¡ Cudntos crímenes se
han cometido en tu nombreh-Madame Roland.
RESUMEN DE LOS CAPlTULOS ANTERIORf!S (1)

EL MENDIGO
Es una débil hoja segregada
del árbol fuerte del linaje humano,
caida en la inmundicia del pantano
al soplo cruel de la inclemencia airada.
Es la barquilla sin piedad lanzada
de la vida en el férvido océano
al maelstron del infortunio insano,
por terribles corrientes impulsada .
·Oa noble Caridad! Cuando al mendigo
l
' durmiendo sobre a 1guna pena
mires
ó junto al atrio de algún templo umbroso,
no vayas á ofrecerle pan y abrigo,_
no le despiertes... ¡porque acaso suena
que es rico, y es feliz, y es poderoso!
MIGUEi,

MACAO

l!.n el mes de Agosto de 1792 lle¡ó á Paris cen busca de empresas grandes,, como el Don Juan de nuestra leyenda, UD
jóven que, exaltado por las doctrinas revolucionarias, aspiraba nada menos que á compartir mano á mano y boca á
b1&gt;ca con Marat, con Danton con Roland, con Desmoulins, las tareas que Astos patriotas se hablan impuesto en pro
de las ideas que delendion. Sin más recursos que tres sueldos en los bolsillos y el traje que vestía, decomisado á UD
aristócrata y que daba á nuestro jóven, Eugeni~ Barabaut llamado, aspecto mu,. singular, encontró el tal pobrísimo
alojamiento en misera bohardillo. Recorriendo después las calles de la ~apital "francesa, Uegó a un centro de reumón aristocrática\ cierto curiosísimo caté, en el cual colóse de rondón nuestro aventurero, empezando á declamar
inventivas contra a tiran fa y el gobi•mo, y dando vivas á la República que exaltaron á los aristócratas y les comunicaron deseos de acabar con la existencia del jóven, cosa que evitó Dossonville, UD ciudadano zancudo y extravaeante á quien Barabant, avivada su curiosidad ante su excentrico tipo, iba siiuiendo toda la mañana. Barabant
conoció en la casa donde se hospedaba á N,cole, florista de profesión, que le sirvió dt cicerone por varias calles de
París llevándole lueito á comerá la taberna de Santerre, célebre hospedero del lauboarg de Saint-Antoine. Después
de la comida y ya en la calle los dos jóvenes, tropezaron con Louison, otra florista que conoció á Barabant la noche
anterior, y N1cole, despechada por los celos, alejóse airada del muchacho dejándole solo en medio de las turbulentas calles parisienses. E.n aquella misma jornada asaltó el populacho las Tullerias y se apoderó del palacio, no sin
haber sulrido terribles pérdidas en muertos y heridos. Entre estos últimos contábase Barabant, al cual Nicole llevó
a su habitación y osistió y cuidó con gran celo y cariño. Repuesto Barabant, daclaró su pasión amorosa á Nicole
la ~ual, á pesar de hallarse animada de los mismos sentimientos con respecto al jóven, rehusó contestarle y decidió
ale¡ar•e de su lado, temerosa de la felicidad que la esperaba. Barabaot, p•ra dar celos á Nicole, rlecidió buscará
Loulson, la flori..a riv"l de aquélla, c01: la que recorrió el mercado de ftoree y las calles principales de Parle. Al
fln,hicieron las paces Barabant y Nicole dando gusto á sus deseos con amorosos coloquios. A todo esto, la Revolución precipitaba los sucesos sangrientos, y fueron atrozmente asesinados muchos prisioneros y mujeres,
nilloa y ancianos. Dossr.nville estovo á punto de morir ahorcado, pero loiró escapar y s alvarse. Un año después,
en 1793, sintiéronee en París los electos de todog estos sucesos: el pueblo estaba hambriento y desesperado porque
la Revolución no habla solucionado los problemas que creyó iba á resolver la nueva forma de gobierno. Javogues,
~ exaltado marsellés, á quien el pueblo temla, quiso prender á Dossonville acusándolo de traidor; pero éste deshizo los planes de su enemiKo presentándole un nombramiento de agente de policía, y para vengarse de aquél puso
á su servicio 11. dos hombres de la peor r&amp;l•a, apodados Sin-Penas y El Cuervo . Estos salvaron á UD anciano,
Goursac llamado, buen patriota, á quien Javogues quería asesinar porque temía que la honradez de éste deshiciera.sus manejos; pero, al cabo1 Goursac cayó en manos de Javogues y lué condenado por el populacho como
f!ron.!ino Esta acusación tambien alcanzó á Barabant; pero á éste lo salvó Nicole obligándole por su a.mor ,
v1tor~ar ante tuda la mul11tud á los jacobinos. Barabant lué preso al fin, en virtud rle taiga denuncia de la mére
Com1che, que lo~ró convencerá Javo~u•s de la traición de este jóven. Nicole decidió acompañu á Barabant en
la cárcel, pero se vengó de este hecho y libró al pueblo de un tirano m,tando á Javogoes. Un saltimbanqui, que
mtentaba, sin conse,tuirlo, aprovecharse de las bellezas de Nicole. denunció á ésta y á Barabant, los cuales tueron presos y encarcelados y condenados después a muerte. Nicole. haciendo un supremo esfuerzo, se denunció á ella sola, l,brando i Barabant de toda culpa, con la esperanza de demorar por unos dlas _la muerte de Sil
amante en el cadalso.

XXIII
NICOLE EN LA GUILLOTINA

Ya contenta Nicole y satisfecha con la
sustitución del nombre de Barabant por
el suyo en la lista de los que debían ser
guillotinados al día siguiente, dejó dormirásu amante y esperó que amaneciese.
Cuando fürabant despertó, encontró á su
lado áNicole que lemirabaansiosamente.
(1) Véanse los nómeros 1a2 á 1#.

-¡Qué tienes?-le preguntó él.-¿Te
sucede algo?
-Poca cosa,-respondió ella.-¡Que
necesito ser tu esposa hoy mismo!
Los momentos que él tardó en contestar fueron de agonía para Nicole. Barabant contempló asombrado aquel rostro,
desfigurado por las lágrimas.
-¡Cuán idiota soyl-exclamó repentinamente.-¡Por tan poca cosa atormentarte!
-iPero es que consientesT-exclamó
Nicole.

�EN

112

NOMBR E DE LA LI BE RTAD

143

POI\ BSOS MUNDOS

- ¡Naturalmente!
La jóven se arrojó en los brazos de
BJrabant, poseida por el éxLasis de la
dicha.
- ¿Pero tanta importancia le das al
asunto7-preguntóla él.-¡Porque yo le
he considerado siempre como mi mujer!
La sencillez de Barabant hizo sonreír
á Nicole, aun en medio de su emoción.
- ¡Y cómo vamos á casarnos7-observó Barabant.
- ¡Recuerdas al abale que se sienta
cerca de nosotros á la hora de comer7
Pues á ese voy á rogarle que nos case.
- ¡Consenliráf
-Creo que podré convencerle,-respondió Xicole.-¡Puedo ir ahora mismo
á buscarle1
Barabant la besó y la consintió que se
retirara, diciéndola:
-Véte corriendo.
Asilo hizo :'\icole, tardando bastante en
volver al lado de Barabant; pero cuando
lo hizo fué acompañada del sacerdote.
Timidamente, dijo la jóven á su novio.
-He lardado mucho porque necesitaba confesarme. Ahora me alegro de haberlo hecho pues me siento más tranquila que nunra. ¡Te molesta que me
haya confesado!
-No,-conlesló él sonriendo.
Y dándose las manos ambos amantes,
se arrodillaron ante el sacerdote, que
celebró la ceremonia nupcial en medio
de la habitación de la cárcel alegrada en
aquellos momentos por los rayos del sol
que las barras de las ventanas no podian
detener. El sacerdote los bendijo después de unirlos, y ofreció las manos á
Nicole para que se levantara; pero casi
inmediatamente , con una sonrisa que
era más bien de compasión, se retiró y
salió de la celda.
Al quedarse solos, preguntó Barabant
á N1cole:
- ¡ Por qué no me dijiste nada antes de
ahor8'
-Porque antes no podía... Hoy han
variado las circunstancias.
- ¡ Pero por quéY
Calló ella, é insistió él una y otra vez,
hasta que, percibiendo en su novia un
extremecimiento involuntario, dijo:
-¡Es que tienes miedo por lo que pueda ocurrir mañanaT
-No ... ¡Les ha ocurrido ya lo mismo
á tantos! Pero ...
-¡Pero qué7-se apresuró Barabant
á interrumpirla.
Atrevióse, por fin , Nicole, á dirigir á

su novio la pregunta que tantas veces
había estado á punto de salir de su!\ labios.
- ¿Es cierto-lo dijo-que, de todas
mant,ras. te huLieras casado conmigo
Eugenio7
'
- ¿Te atreves á dndarlo acaso7
-¡Eres muy bueno, muy bueno!-exclamo la jóvan, satisfecha por llevarse a l
sepulcro esta promesa, aunque interiormente no estuviera por completo convencida de que hubiera sido cumplida dn
distintas circunstancias de las en que
ambos se encontraban.
-Tú sabes-dijo lentamente,-que no
siento temor alguno por ti y que mi única satisfacción t,S tu compañia.
-Sí, lo sé,-respondió Nicole.
De repente, se levantó la jóver., y temblandn de piés á cabeza exclamó:
- ¿Oyesf
-Si, la campana.
- ¡Son las seis!
- ¡,Y por qué tiemblasf-la preguntó
Barabant.
-Bésame,-dijo ella por toda contestación, arrojándose en los brazos de su
amante.
-¡Sosténme, Eugenio, soslénmel-ex clamaba.-¡No me dejes ir!
Barabant la estrechaba entre sus brazos, y creyendo que su valor desfallecla,
murmuró al oldo de Nicole:
- ¡No temas, pequeña mía! Estoy contigo. ¡Yo tendré valor por los dos!
Los presos, reunidos en la gran sala,
mirábanse unos á otros queriendo adivinar quiénes eran los elegidos. Muy pronto
pudo percibirse en el patio el ruido de las
ruedas de las carretas que debían conducir las 'Jictimas al sacrificio. Débil al
principio, más determinado después,
oyóse en el distante corredor el pesado
paso del carcelero, que se aproximaba
lentamente como si quisiera prolongar
la cruel angustia de los sentenciados.
Con acompañamiento de chirridos de herraje abriéronse las puertas, y al cabo
apareció, seguido por dos terribles mas~
tines, el guardián llevando en su mano
el fatal rollo. Sin hacer pausa, su monó tona y canturrona voz leyó el pr11ámbulo, y cuando lo hubo concluido, levantando la voz, gritó :
-¡Ciudadana Nicole BarabanU
Un suspiro de satisfacción escapóse
del pecho de la jóven, que dejó caer la
cabeza sobre el pecho de Barabant. Pero
los oldos de Nicole, sordos á los clamores del pesar, á los lamentos de las ma-

El carcelero pronunr ió
el n ombre de la ciuda dana Nicole Barabant

dres y de las esposas, á los gritos de
asombro y de desesperación que llenaban. el espacio de la gran sala, seguían
ans1os,mente los nombres que pregonaba el carcelero. Fué contando las victimas, y al decir el guardián el nombre de
la que hacia ~I número diez, creyendo
que era el último de la lista, rodeó el cuello de Barabant abrazándole efusiva mente y co_n la violencia del que se despide
para s1empr~. Pero repentinamente, lanzando un grito de desesperación, oyó que
un undécimo nombre salía de los labios
del cancerbero.
-El ciudadano Eugenio ...
Algo extraordinario había ocurrido: el
carcelero se detuvo indeciso.
-;-l_EI ciudadano Eugenio Franz Cram01sml-voceó al cabo el carcelero.
~I rostro de Nicole se puso lívido,
mientras de todos la:!os partían excla-

maciones de asombro, que declan:
- ¿Cramoisin1
¡Imposible!
- ¡ Cramoisin
detemdo!
No comprendiendo Nicole otra cosa sino
que Barabant estaba salvado, y oyendo que pedía como un loco que se le llevara á la carreta, se arrojó
en sus brazos gritando:
-:-¡No, no! ¡Eso no es error! ¡Soy yo
quien te ha salvado! ¡Eso es lo que yo
quería \ ¡Acuérdate de mi, Eugenio! ¡No
me olv1&lt;1.e~! ¡El abate lo dirá todo! ¡Adios,
Barabant!
Los carceleros la arrancaron de los
brazos de su esposo, arrastrándola casi
hasta el corredor, mientras ella gritaba,
l?c&amp; de alegría y de dolor al mismo
tiempo:
-¡Adi?s, Barabant! ¡Adiosl
Los gritos y el llanto se extinguieron
tra~ las cerradas puertas. Una mujer recogió en sus brazos á Nicole, ayudándola
á sostenerse por el interminable corredor.
-:¡Descan~ad en mil Yo no tengo á
nadie de quien despedirmel-la dijo la
mujer.
Entraron en el palio y subieron á la

�144

POR ESOS MUNDOS

carreta, donde ya unos cuantos prisioneros, tristes é indiferentes, aguardaban la
llegada de Nicole y de su compañera.
En aquel instante.dos carceleros, rien&lt;lo estrepitosamente, echaron en la carreta el cuerpo desmayado y sin sentido
&lt;le Cramoisin, el feroz saltimbanqui.

XXIV
EL FRACASO DEL TERROR

Dossonville, que había previsto el inevitable conflicto entre Robespierre y la
Convención, resolvió un rápido cambio
en su conducta, y dejándose ver en la calle
Maugout denunció á Robespierre y á los
jacobinos en términos tan desmesurados
que no solamente cuantos le escucliaban
corrieron á denunciará su vez al policía
ante el Comité de Seguridad, sino que,
para asombro del mismo Dossonville, al
mirar tras de si se encontró con que
también le habían abandonado sus dos
corifeos Sin Penas y El Cueroo.
Según costumbre suya, visitó la Conserger'ia' para inspeccionará los pre!'os.
En la primera división de encarcelados
no encontró rostros familiares entre los
veinte antiguos presos, hasta que, á pun•
to de retirarse, déscubrió la forma abyecta de Cramoisin.
Pasó á la segunda división, donde la
multitud era más nutrida y más turbulenta . Sobre el campo desigual de las cabezas de esta multitud, vió á los jueces en
-sus altos asientos y al jurado indiferente,
y también divisó la figura, poco grata, de
Fouquier, mientras que á la derecha,
.aglomerados en :los bancos, estaban los
prisior;ieros, que aguardabari sin esperanzas la farsa del juicio.
·
Dóssonville, que se colocó en medio
de' las personas que en constante vaivén
-se oprimían para ganar la primera fila
-ea busca del rostro de un pariente ó de
,un amigo, cedía gustoso el der~cho de
-su sitio á cu1mtos veía que se acercaban ansiosos y afligidos. Después de varias dilaciones quedó, al fin, en la primera fila durante '.algún tiempo. De re_p&amp;nte, dejó escapar esta exclamación:
-¡Oh, Dios mío!
Habla visto á Nicole, que al mismo
tiempo estaba fijándose en él:
-¡Qué f&amp;talidadl-dijo para si.-¡Esto
-es obra de ella misma!
Repentina cólera y resentimiento se
apoderaron de él contra el obstinado sa-crificio de esta débil jóven que había

conseguido derrotarlo en cuantas cosas
quiso llevar á cabo.
La mirada de reproche que Dossonville le dirigía, fué recibida por Nicole con
una de satisfacción que parecía decirle:
«Ya lo véis: ha sucedido lo que yo había
anunciado.» Sonreía la jóvencon alguna
tristeza, como quien, sin sentir la decisión que había tomado, no llegó á prever
lo que le costaría.
Una mano obligó á Dossonville á retroceder. Era de una atribulada m&amp;.dre,
que decía, toda llorosa:
-¡Se han llevado á mi hijo, hijo de mi
alma!
Y siguiendo con la vista la mano de
esta mujer, vió que al lado de Nicole había un muchacho que registraba ansiosamente y con cara asustada á la multitud. El murmullo de las voces se elevó,
sobresaliendo entre todas la de la infeliz
madre, que no dejaba de repetir:
-¡ Eso es un error! ¡Mi hijo no tiene
aún dieciseis años!
-E?tonces,-dijo Dossonville-no os
apuréis: no pueden hacerle nada.
-¡No lo dudéis, ciudadanal-dijo un
tercero.-El muchacho está seguro.
-Lo han detenido-contestó la madre
-confundiéndolo con su hermano, que
tiene ya veintiseis años.
-¡Tranquilizáos;, buena madre! A la
vista está que el denunciado es un chiquill&amp;.
-¿Entonces... lo dajarán en libertad1
-¡Por supuesto!
Dossonville apenas oía ya lo que decían cuantos rodeaban á la atribulada
madre, porque le atormentaba la cruel
decisión del destino que se ensañaba con
Nicole, precisamente en una ocasión en
que en un plazo de veinticuatro horas podía significar la libertad y la vida. Sus ojos
no se apartaban de Nicole, como si dudaran toda vía de verla allí. La joven
aparecia pálida, pero su palidez era de
serenidad y daba á su persona cierta distinción que la elevaba sobr~ las de au
clase; de vez en cuando se observaba en
sus ojos cierta melancolía reflexiva que
pudiera ser de tristeza: miraba con disgusto por bajo de ella, donde, en una
especie de tarima, expuesta á la vista
de todos, yacía la forma inconsciente de
una mujer. La gente se rebelaba contra
tal crueldad y empezó á murmurar:
-¡ Retiradla de aq1iil
-¡Lleváoslal
-¡Enviadla al hospital!
Estas e-xclamacionesJ de las primeras

EN NOMBRE DE LA LIBP.RTAD

filas, fueron tomando tonos de protesta
ruidosa en las de atrás; y tan insistentes
llegaron á ser, que varios del jurado empezaron á dirigir intranquilas miradas
al público, y uno de los jueces llamó la
atención · de Fouquier, el cual exclamó
con aire burlón:
-Ya resucitará. ¡Leed la lista!
La tormenta estalló con gran furia.
-¡No, nol
-¡ Retiradla!
-¡Justicia!
-¡ Eso es un ultraje!
·
Cerca de Dossonv1lle, un herrador con
delantal de cuero, gritaba:
·
-¡Al hospital!
Un individuo
·
de pelo rojo
con gorro blancodepanadero
amena•
za b a
con los
puños
cerrad os, y

-¡Es que hay aquí .traidores?-exclamó Fouquier, que para dominar ·mejor á
la multitud se había pueEto en pié.
Ante su amenazadora mirada el movimiento de clemencia cedió. Otr~ vez se
oyeron la monótona voz del carcelero ento•
nando la lectura de la lista y las acusaciones y las indiferentes respuestas de los
acusados. Uno de los jurados, impa.:
ciente, n1iraba el reloj;
otro, bostezs ba.
De repente, una voz,
la voz del
muchacho pre•
so, dominó á
la inullilud:
-Ci udad a nos.decíala acugritaba:
sación
-¡Tirano!
se diriLa g~nle que lle•
ge congaba y traía notitra mi
cias de asonadas
hermae~ toda la ca pi tal ,
no. Yo
d1ó nuevo ánimo á
no he
las protestas, que
hecho
al cabo consiguieron hacer
na da
impresión en Fo1:1quier, el
contra
cual se levantó airado y mo1a Relesto, exclamando:
pública.
-¡Lleváos esa mujer á la
Yo sólo tengo
sala de testigos! Pero traedla
dieciséis años:
en cuanto vuelva en sí.
sq uí están los
Empezó la lectura de la lisdocumentos
ta y de las. acusaciones, que
que lo prueban, eran una simple declaración
añadió, mostrs ndo
de individualidad que habla
un rollo de papeles.
- ¡LleváoR á esa mujer á IR •ala de
reemplazado á la defonsa de
Un dependiente del
testigosl-dijo Fouquier
los abogados y á la declaratribunal movió Is c~ción de testigos.
beza en rnntido afirmativo, y á la vez
~l auditorio, animado por su primer que recogía el rollo de . papeles, exclaéxito, empezó á murmurar:
maba:
-Dicen que el barrio de San Anlonio
- ¡Este· ciudadar¡o dice la verdad!
se ha revolucion_ado contra Robespierre.
Un murmullo de áprobación reco-La Convención le declarará reo in- rrió la multitud:
dudablemente.
-Debéis padecer un error: ¡el acusa. -Si.cae Robespierre se acabarán las do es un niño!
eJecuc1ones.
-¡ Dejadle en libertad 1
-Este juicio debería suspenderse hasDel banco de los jueces se levantó una
ta ver el resultado de los motines de hoy. figura terrible.
-¡Si, @Uspended el juicio1
-Si sólo tenéis dieciséis años,-dijo

4

�146

POR

gsos

MUNDOS

Un murmullo sordo de comentarios se
brutalmente al muchacho-para comeprodujo
en la sala cuando entró el verter un crimen es lo mismo que si contádugo
para
conversar con Fouquier. Los
rais ochenta cumplidos.
que
se
encontraban
en primera fila, que
Después, con un gesto Curioso, añadió:
podían
oir
lo
que
ésto~
hablaban, retro•
-¡Pasad, pasad, y dáos prisa!
El murmullo de oposición que del au- cedieron.
-Sansón hace algunas reclamaciones
ditorio procedía fué ahogado por una
-decían.
exclamación repentina de asombro. El
. -Sansón quiere suspender las ejecujuez que así había hablado era preso en
ciones.
aquel momento. ¡La contrarrevolución
-Diie que el pueblo todo se subleva.
se imponial Los que no hablan presenFouquier no quiso suspender lo que él
ciado la detención gritaban:
llamaba
el curso de la justicia. Cruzando
-,Pero qué ocurre7
los brazos, reiteró su propósito en voz
-¡Hablad, hablad pronto!
alta para que todos lo oyeran:
Otros contestaban:
-¡No, no y no! ¡Aqul continuaré ha-¡Que ha sido detenido el juez!
-1 Es la contrarrevolución, que triunfal ciendo justicia á todos!
Los cond~nados, que por algunos moU nas voces declan:
mentos
tuvieron esperanzas, empezaron
-¡Los barrios están todos sublevados!
á salir del lugar donde se celebraban los
-¡En todas partes tocan á rebato!
juicios, mientras la mulLitud se apresu•
-¡ Derribarán á Robespierrel
raba á disfrutar en las calles el espectá-¡Que se suspenda el juicio!
culo de las carretas.
-¡Piedad! ¡Clemencia para todos!
Dossonville, haciendo uso de los privi•
Todas las miradas afluyeron á Foulegios
de agente de seguridad, entró en
quier, que despreciativa y obsLinadamen•
la
prisión
buscando á Nicole entre la
te gritaba:
multitud
de
presos que se aglomeraban
-¡No puede ser! ¡La Justicia seguirá
en
la
sala
exterior
curioseando cuanto
su curso!
Un herrador, que estaba al lado de se murmuraba.
-,Prospera la revuelta contra RobesDossonville, exclamaba en el colmo del
pierrefpreguntaban los encarcelados1
delirio profético:
-Parece
que el pueblo simpatiza con
-¡Fouquier, tén cuidado! La guillotinoi1otros,-añadlan.
na Le espera.
Otros presos que habían perdido ya
Entretanto, Dossonville miraba por la
todas
las esperanzas aguardaban estóicentésima vez á Nicole. Esta no había
ca
ó
respetuosamente
la llegada de las
perdido la calma, y solo podía deducirse
algo de lo que en su interior pasaba por carretas.
En un grupo, cuyos individuos de•
un ligero fruncimiento de cejas que hamostraban
conservar hasta el fin su enecia de cuando en ccuando.
Fouquier, que ordenó que se precipita· mistad contra la Revolución, dos herma•
ra la lectura de las acusaciones, encar- nos cantaban por lo bajo la marsellesa,
gó dos veces á un médico que le informa• mientras dos mujeres que habla cerca de
ra del estado de la enferma que habla Dossonville charlaban alegremente, y
sido enviada á la sala de testi~os. Lapo- una de ellas dacia:
-¡Estás tan pálida que esos malditos
bre mujer segula sin conocimiento y hurevolucionarios
van á creer que tienes
bo que enviarla al hospital.
miedo,
y
no
debes
darles esa satisfacción!
Terminada la lectura de las acusacio-,Pero estoy pálida de verdadT Pues,
nes, el jurado, después de declarar que
ya se hablan oldo bastantes pruebas, re- entonces ... ¡me pintaré!
Dossonville, que examinaba la flgu ra
Liróse á deliberar acerca de la culpabilidad de los veintiseis acusados. Pronto de la graciosa mujer que asl hablaba,
terminó su misión, y únicamente absol- fijóse en aquel momento en el vestido
vió á un acusado, un obrero llamado azul y en el pelo rubio de Nicole.
-¡Oh! ¡Sóis vos1-exclamó ella aleA viot Turot.
gremente.-¡Esperaba
que por fin me
Un extremecimiento recorrió el cuerpo de Dossonville, y de sus labios se es- viéraisl
-Nicole,-dijo él amargamente-todo
capó un gemido. La fatal, la terrible paesto
es obra vuestra.
labra Condenada le sobrecogió. Nicole
Varió el aspecto de Nicole, que se pula oyó sonriendo tristemente, pero satisso muy seria.
fecha.

BN NOMBRE DE LA LIBERTA!&gt;

-Amigo mio,-contestó á Dossonville
-no h~ hecho más; que lo que deseaba:
¡soy feliz, soy ya la esposa de Barabant y
le he salvado de la guillotina!
Habla empezado el movimiento de las
carretas hácia el exterior de la cárcel y
los guardias desde
'
ta puerta decían:
- ¡Oáos prisa,
dáos prisa I
D0ssonville besó
á Nicole con más
sentimiento de lo
que había creído
posible; y con los
ojos arrasados en
lágrimas la dijo:
-¡Yo os hubiera salvado.
-¡No os a pesa d umbréil-l! le contestó N ico •
le, enternecida
por e 1
pesar de
su amigo.
Y despojándose de la
corbata
y entregándola
á Do S·
sonville,
le encargó:
- Entregád s e Ia ,
amigo
m fo, y
decid lo
que soy
feliz .
iAdiosl
~icole ae despidió de Dossonville
DeS .dándole un tuerte apretón de manos
pués, com? temiendo perder el dominio de si
misma, le estrechó la mano y se separó
de él.
Dosson vi lle salió de la cárcel por una ·
puerta lateral, apresurándose á marchar
hácia el puente, al encuentro de la lenta
procesión de carretas.
L'l población e3la ba amotinada, las
campanas tocaban á rebato, y en casi lo
das las calles se ola el estruendo de los
tambores. Masas de voluntarios sin for-

}47

mación ni jefe, recorrían los bouleoards
mientras por todas partes se oían esto~
gritos, que denotaban ideas radicalmenle
opuestas:
-¡Viva la Communel
-¡ A.bajo los jacobinos y toda su gente!
-¡Viva Robespierrel
-¡Ro•
bes ápierre
la
guillotina!
Las carretas
cruz a ron por
las puertas de la
Conserg e r la,
aclamadas por
las chacotas y
gritos de
enloquec id a s
mujeres,
quij se
reuntan
para chi1 la r y

lanzar
palabrotas contra los
sentenciados.
Los ins u l tos
hablan
cesado cuando llega ron al puente,
pero fueron reemplazados pormur.
inullo~ de simpalla. En la tercera carreta vió Dossonv1lle
á Nicole yal muchacho de dieciseis años.
Desde el local de la Convención llega.
han rumore~ de la derrota de Robespierre. La multitud habla aumentado y gritaba:
-¡Basta de sangre!
-¡ Piedad para los condenados!
Dossonville observó que Sansón examinaba con cuidado al pueblo. Las demostraciones continuaban cada vez máe

�148
tumultuosas insistiendo en estos grilos:
-¡Basta, basta de sangre!
-¡~o queremos más victimas!
-¡Que cesen los asesinatos!
Entre los presos, algunos que no podian resistir la emoción que sentian ante
la actiLud del puijblo, elevaban los brazos exclamando:
-¡Somos inocentes!
En la primera carreta, Cramoisin, gritaba frenético:
-¡Ciudadanos, no confundirme con
otros! Yo soy republicano. ¡Viva la República! ¡Salvadme á mí, por lo menos!
Entre aquel oleaje humano permanecia Nicole tranquila, .rodeada de cierta
dulzura y cierto aire de repuso y de paz.
Entre tanto, los gritos aumentaban haciéndose amenazadores.
-¡Salvad los!
-¡Xo más espectáculos de sangre!
-¡Adel,rnte, camaradas! ¡Salvadlos!
-¡Si, salvadlos!
-¡ Detened las carretas!
-¡Desenganchad los caballos!
Este último grito, que procedía de Dossonville, fué acogido por la multitud con
exclamaciones de triunfo. Cien manos
detuvieron á los caballos buscando las
hebillas de los arneses, mientras que
muchas voces gritaban:
-¡Animo! ¡Los salvaremos!
Los presos lanzaban exclamaciones de
alegría y Dossonville extendía los brazos hacia Nicole, cuando salió de entre
los salvadores un grHo de terror, de desespereción:
-¡ Henrioti ¡Aquí viene Henrioll
Calle arriba, á la cabeza de sus dragones, veíase la temible figura del jacobino.
La oleada de la multitud fugitiva retuvo á Dossonville un ro.omento contra la
carreta, donde dió un grilo desesperado
el muchacho de dieciseis años, que reclinó su cabeza sobre los hombros de
Nicole.
En seguida, unos puños vigorosos cayeron sobre la espalda de D.&gt;ssonville, y
un caballo le arrojó al suelo.Aturdido por
los golpes.cubierto de barro y ensangren·
lado el rostro, el policia consiguió ponerse en pié. Las carretas, rodeadas por
la caballeria, iban desapareciendo á distancia. Corrió como pudo detrás de ellas,
levantando en alto y en forma amenazadora el puño cerrado; y al volver una
esquina, lanz:ó un gemido de desesperación: sobre la muchedumbre acobardada
sobresallan amenazadores los dos palos
de la guillotina.

Entumedecido y casi sin conocimiento
adelantóse como pudo hasta entrar en la
plaza. A duras penas consiguió lle~ar á
la primera fila al lado del cordón de sables desnudos que rodeaban el cadalso,
repitiendo para si un centenar de veces
esttts palabras:
-¡Yo no debo permanecer más aquil
Pero no se marchó, retenido alli por la
esperanza de que el pueblo librara á los
condenados del suplicio.
Uno tras otro, fueron subiendo las gradas los condenados y pasando como fantesmas á quienes obligaba á apresurar
el paso el feroz jacobino, mientras que
la mayor parte de los que F,resenciaban
el triste espectáculo decian:
-¡Oh! ¡Por unos momentos!
-¡ Maldito Henriot! ¡A no ser por él
salvariamos á esto!\ desgraciados!
-¡Ah, el mónstruol ¡Teme perder una
sola victima!
Tocó el fatal turno á Nicole. Una mancha de azul, un rostro blanco, se dejó ver
entre la fila de cabezas. Nicole no vió á
Dossonville ni á nadie: habla perdido ya
todo recuerdo del mundo, y solamente
se dió cuenta de cuanto la rodeaba en el
momento en que el verdugo con su paciente mano le desnudaba la ropa por el
cuello. Entonces, su rostro adquirió aspecto grave y respetuoso. Avanzaron los
ayudantes del verdugo para llevarla á la
guillotina, y haciendo entonces Nicole
rápidamente la señal de la cruz, levantó
los ojos al cielo, como si quisiera averiguar algo del más allá de la tumba.
Dosson vi lle, sollozando, volvió la vista á otro lado para no presenciar la obra
del mutilador cuchillo, y esperó.
Un segundo después el choque del acero llegó á sus oido~, y una mujer que habla visto sus lágrimas le dijo caritativamente:
-¡Todo ha concluídol
Dossonville huyó de aquel sitio llorando como un niño, y recorrió sin objeto
fijo las calles de la frenética ciudad, que,
aun cuando ya demasiado tarde, se alzaba a le~re con estes salvadores gritos:
-¡Robespierre ha caído!
-1Muera el Terror!
EPÍLOGO
Una hora después, Dossonville, que
habla sido denunciado veinte veces ante
el Comité de Segurida~ por ?aber ha~lado siempre mal de los Jacobmos y difamado el carácter de Robespierre, era de-

�MUNDOS
¿lo conoDossonville, que estaba á ptlnto. de le-Y su nombre de familia,
vantarse, volvió á caer en su asiento y
céis1-le preguntó.
la cabeza.
-También lo sé. Llámese Barabant, bajó
El flamante grupo se acercó á la puer;de la conocidísima rama de los Bara- ta, donde acabeha de parar un m~gmbant del Mediodía ... Asegurase que es fico carruaje. U na soñora exle~d1ó la
de familia antigua y muy honorable.
mano al acercarse el barón de Rtcordo,
-¡Bllsta, baste! ¡Ah, si!. .. Una preel cual, salud ando
gunta más
con un grahe de hacioso moceros: ies
vimie nlo
casado1
.-:.m sede cabeza á
sus camañor . barón
rada!:, salsecase este
ló al intemes... ¡Harior delcoce un gran
che ,cuyos
ces11mi encaballos
to!
empren-¡Bien,
dieron al
muchas
instante
gracias!
veloz caEn aquel
rrera.
momento,
Recha\a reunión
de exp\énzando el vaso de café
que no llegó á probar,
didos geoe·
rales pasaDossonville pidió 1a
ba cerca de
cuenta.
-¡No le gusta el café
Dossonvial señorT-preguntóle el
lle.
-Cuando
mozo.
Dosson ville se fijó en uno es jóven todas
tonces en que el camarelas locuras
ro tenia razón.
-¿Hay algo en.el vaso,
son posiseñor1 Porque s1 es así,
bles,- _decía la voz
le traeré otro.
-No, no tiene nada el
de Barabant preci- Dossonville preguntnbo. al cnwarero que le servia 1!0 ~ici~s vaso, amigo mio ... Es que
samente relerentes 11.los persona¡es que había en el establec1m1en o he mirado al fondo del
al llegar al
vaso -contestó Dossonville dirigiendo
lado de la mesa que el antiguo agente la vi~ta á la calle y señalando con el dedo
del Terror ocupaba.
á los que se alejaban-¡y cuando se bebe
-¡Es un milagro-dec~a otro-que con ·amás debe mirarse al fondo!
.
tanta locura y exageración cons1g~mos l y dejando al camarero que ref\e~1ona ·
llegará esta edad en que se reflexiona! ra sobre las palabras que pronunc~ó, es~¡De acuerdo! - replicó el, barón _de currióse hasta fuera del café, y uniéndoRicordo.-1,Querréis creer que a los vem: se á la lenta procesión.de pasea!ltes d?sticinco años lloré porque no consegu1 apareció entre la anónima multitud.
morir por una idea?

150

POR ESOS

Ilustraciones de Reina Infante

FIN DE LA NOVELA

"Af\OR DE DAf\A
Y Af\OR DE ESCLAVA"
Terminada en el presente número la publicación de la narración histórica En
nombre de la Libertad, que ha visto la luz en las páginas de PoR Esos MuNnos, desde el próximo Marzo daremos á conocer á nuestros lectores una preciosisima é
interesante novela titulada AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA, de que es
autor el afamado escritor norteamericano C. BRYSON TAYLOR.
Escrita la novela en verdadero estilo literario, ello constituye un motivo más para
que llame poderosamente la atención del público, que encontrará en los capítulos de
AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA materia sobrada de delectación y rego·
cijo, al mismo tiempo que razones para pensar y sentir hasta lo más hondo de la
inteligencia y del corazón.
En la novela que comenzaremos en nuestro número próximo, son tres los héroes
que juegan papel principal: Nicanor, un misero esclavo; Varia, hermosisima dama
de elevada alcurnia y rancia prosapia; Eldris, esclava como Nicanor, pero como Varia mujer de explendente y singular belleza. Mr. BRYSON TAYLOR, autor de esta su•
gestiva leyenda (que no otra co~a e.s AMOR DE DAMA Y AMOR DE ESCLAVA, y,
para más encanto aun, leyenda bretona de los antiguos y ya muy remotos tiempos
en.que la Bretaña estaba sometida á la dominación romana), cuenta en muy pocas
líneas, que vamos á reproducirá continuación, cómo ha desarrollado su fantasía la
obra en que nos ocupamos.
«Nicanor era hijo de Rathumus el leñador. Heredó de uno de sus antepasados,
Melchor de nombre, como él esclavo también, una condición que en Nicanor parecía don singular con que el Cielo se había servido regalarle. Era Nicanor narrador
de cuentos; pero hacíalo en tan primoroso estilo, dotaba á sus narraciones de un
interés;tan grande y excepcional, era de tan especial encanto su donaire en el decir,
y tan atrayente y tan dulce su voz, que cuando el esclavo, orfebre del gesto y de la
palabra, hablaba, callaban todos los que á su lado estaban y olvidaban las alegrías
y los pesares que sintieran para poner más el alma en las narraciones del hijo del
leñador.
»Sobre todos los que se deleitaban oyendo á Nicanor, distinguíanse, por el arrobamiento que ponían en escucharle y el interés en comprenderle, dos jóvenes doncellas, ambas de belleza encantadora, pero las dos de bien distinta condición: hija
de un gran señor poseedor de extensas tierras era Varia; sujeta á las duras y pesadas cadenas de la esclavitud .estaba Eldris.
»Y de los amores que bien pronto sintieron por el narrador de cuentos y consejas
la dama y la esclava, y de los hechos de la vida misma de Nicanor, nace esta novela, que es del género de aquellas dulces y melancólicas leyendas y baladas que cantaron en los días de oro de la Bretaña los bardos del país.»
AMOR DE DAMA y AMOR DE ESCLAVA se publicará en las páginas de PoR
Esos MuNoos con profusión de hermosas ilustraciones, que aumentarán en mucho
el valer de tan interesante joya de la producción literaria.

�153

«GO», UN JUEGO JAPONÉS

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·111lsdo L os 47 Ronan que descrite la influencia
Entre tas lerendn$ ªRonesas !x,sta un poem~ épico
pros~. \' Go Un:i prueba de Ja importancia de la viCtoria
que sobre el a nimo fle los ault~o•_mpones e¡ercln e ¡uegotroª grab~do que representa dos jugadores trabanó la derrota en est~~ufi;~a~~~t~ª:;~:o~~~
~~:sjugadR a dv~rsa para uno de ellos

a

"GO", U N JU E G O J A FO N É S
cuyas reglas y cuyo material son fáciles
y sencillos de aprender, ~unque su~ ,r~los escritores que del Jap(Jn han trata.do, sultados sean tan co~pleJOS y tan d1f1c~ ·
figura el juego tit~lado Goi que h~ eJer- les como los que se obtienen por la_ dicido y ejerce considerable_ mfluen~ia so- plomacia europea. El_ interés de las situa•
bre la vida de aquel leJano pais. En ciones del go es más mtenso que. el _que
efecto puede afirmarse, sin temor á pe- pueden ofrecer las de otro cualquier Juecar d~ exagerados, que el go ha sido_ !ª go, pues, regularment_e, se p~erde mucho
base donde han fundado su rara y decisi- en un momento de distracción ó de ceva estrategia en el ar~e d_e la gu~rra los guedad del jugad_o~, y se gana ba'Stante
generales y jefes del eJército del M1kado y persiguiendo decididamente un fin Yd~sdonde han aprendido á moverse ord~na- truyendo el per~eguido p~r el co_ntrar10.
damente los oficiales-y soldadps de dicho En resúmen, el Jugador pierde s1 no ll~ ·
ga á percibir el objetivo real del contrario
pueblo. Del go puede decirse que ha
desarrollado la táctica militar de toda tan claramente como comprenda el suyo
una nación. En 'realidad, es el carácter en su propia imaginación. En ~n aspecde la raza el que ha creado este ju13go, to, es el go un juego de ~entahd_ad, pues
este pasatiempo en el que recrean su~ todo seria inútil en él si no pud~era calcularse un movimiento contrar10 al que
ocios los japoneses, y 11º el _go el que ha
intenta el enemigo.
formado aquel carácter nacional..
Es el go un jue~o p~ram~nte mtelecEL TABLERO Y LOS PEONES DEL «GO»
tual: nada,sino la mtehge~c1a, su~ada á
El go se juega en un tablero cuadrado
la facullad de la memoria pers1~tente,
que
suele medir cincuenta centímetros
consigue el éxito en este pasatiempo,
las muchas costumbres japoneE sas que
han descrito en sus libros
NTRE

de lado. Este tablero va montado sobre dos caras convexas, para que puedan
cuatro piés de madera, que lo levantan colocarse ó levantarse del tablero limpiadel sudo dieciocho ó veinte centímetros mente entre la uña del dedo pulgar y la
para que se halle á la altura conveniente yema del indice de los jugadores. Ciento
cuando los jugadores, siguiendo la cos- ochenta peones son blancos y ciento
tumbre del país japonés, se sientan sobre ochenta y uno negros. Los negros juegan siempre los primeros El hecho de
el piso .
Generalmente, este tablero es de made- dar los negros á un jugador sin haber
ra de haya, de tres centímetros de es- empezado los movimientos de peones, inpesor, construido en dos partes ingenio- dica que este jugador es la parte más
samente unidas. Va montado sobre cua- débil y es equivalente á una concesión.
tro piés de madera más ó menos adorna- Los dos jugadores alternan en las judos, que puede desmontarse; y como el gadas, como ocurre en los tableros de
hblero tambión se desune, resulta así las damas y del ajedrez.
muy grande la facilidad que ofrece para
Al empezar el ju ego debe estar limpio
empaquetarlo y trasportarlo cómoda- de peones el te hiero; pero, gradualmente,
mente.
se va cubriendo de ishis, á medida que el
En el tablero se practican diecinueve juego avanza.
líneas gruesas, paralelas entre sf, que ciiCada jugada tiene por objeto colocar
viden la superficie en 18 por 18= 324 cua- un peón en un sitio definido, del cual no
dritor-, eiendo cada sección algo menor debe moverse á menos que sea hecho
del tamaño de una pulgada cuadrada. prisionero y entonces haya que retirarlo
Los peones se colocan, no en estas sec- del tablero. No hay movimiento de peociones, sino en los puntos formados por nes sino cuando se ganan. Se consigue
el cruce de las lineas. Hay asi 19 x 19 capturar ó ganar un grupo de ellos cuan= 361 peones para jugar. No hay dis- do se le rodea completamente por un cor•
tinción entre el valor de estos peones, dón cerrado de peones del color contrasi se exceptúan algunos que se encuen- rio, con tal que cada punto del interior
tran al borde del tablero, los cuales des- del cordón esté ocupado por un peón de
empeñan en el juego un importante pa- uno ú otro color: es decir, si el grupo
pel, como después se verá. Nueve de es- copado tiene huecos en su interior que
tos peones, simétricamente distribuidos, no están ocupados por peones de su proestán marcados por manchas gruesas ne- pio color, esos huecos deben llenarse por
gras, que son como señales que guian la peones del color que triunfa, antes que la
vista por aquel campo, que, de otro captura y, por tanto, el triunfo completo
modo, resultaría completamente unifor- del contrario tenga lugar. El cordón de
me y sin caraccerco ó bloqueo
terística alguna;
forma un polípero los peones
gono irregular
asi marcados
cuyos lados puecarecen de vaden ser ó paralor y de función
lelos á los borespecial. Sin
des del tablero,
embargo, cuanó diagonales á
do uno de los
estos; s i e n do
dos jugadores
suficiente cual•
recibe algunos
quiera combinatantos de salida,
ción de líneas
se dan en la forparalelas y diama de conceder
gonales á los
uno, cuatro, cin•
mismos si el reco ó nueve de
ferido cordón no
estos peones setiene solución
ñalados.
alguna de con tiTablero y peones para juiar el go
Estos 361 peo. nuidad. El borde
nes que tiene el juego (cuyo nombre sin señal alguna que el tablero tiene se
japonés es ishi, que significa piedra), son destina para completar cualquier cordón
unas veces de marfil y otras de hueso ó que descienda hacia el borde ó bordes en
pizarra. Todos son iguales en forma y sus dos extremidades. Como se ve, no
tamaño: redondos en su contorno, con puede ser más sencillo el tablero del go.

·-------

J

�154

«GO&gt;, UN JUEGO JAPONÉS

POR ESOS MUNDOS

Rara vez se emplean en el juego todos
los 361 peones; pero suele suceder que
Son dos los objetos á que deben dirigir cuando hay mucha captura de peones y
mucha toma de espacios ocupad.os, uno
sus esfuerzos los j ugado~e~ del go: uno,
ó
los dos jugadores se queda~ sm tene_r
ganar peones ó «coger pr!Sloneros)); otro,
con
qué jugar; ent?nces, _el Juego c_onh·
rodear y proteger áreas del tablero que
tinúa
por los cambios de 1gu~le!! numese encuentren desocupadas por peones.
ras de prisioneros. Este camb10 no afecta
Al fin del juego, los puntos no ocupados
al resultado, pues la gaen estas áreas vacias se
nancia consiste en el excuentan y se aplican á
ceso de la cuenta de un
la cuenta del color de los
color sobre la del otro.
cordonesque las rodean;
Cada regla del juego
también se cuentan los
queda ya sxplicada, expeones cogidos y se sucepto una especial que se
mar.. al resultado. Una
pone en práctica sólo e!1
vez ganados los peones, Tamaño del ishi ó peón con que se juega ocasiones y á fin de ev1 ·
se retiran del tablero deal 11°
tar una e8pecie de tablas.
jando así espacios. va..
Es la situación que se litu la seki y se re·
cios. Así, la recogida de e~tos pr1s1one- presenta en el grupo A , en uno de nuesros se cuenla dos veces, mien~ras que )a tros grabados. En dicho grupo, un peón
captura y defensa de un espacio vacío sm blanco se enc11entra en peligro de ser
que en él se cojan peones se cuenta. sólo cogido prisionero; si el n~gro ~oge al
una vez. Puede rodearse un espa~io Y, blanco, no hace más que mverhrse la
sin embargo, puede perderse una Juga- situación siendo el negro el que entónda porque el enemigo forzando el cordón ces se e~cuentra en peligro; y sin la
que lo rodeaba logra capturar alguno de regla citada este c'lmbio de situaciones
los peones contrarios. Del mismo modo, se prolongaría hasta el infinito. La regla
un espacio capturado puede perderse seki consiste en que cuand? un color ha
nuevamente.
.
ganado, el jugador contrario no se en·
. El juego continúa hasta que ninguno cuentra en libertad para volv_er á to~arlo
de los dos jugadores puede colocar un
en su inmediata y
subsiguiente j ugapeón sin que sea in• -_-...---...-...---...-.,.-_-r_"T___r_"T__-,-,-_-r-,-_-r--_-T-- ~
7 77
mediatamente capda; puede, si, haturado por el concerlo en la segunda,
trario. Esto signifi ·
pero esto permite al
ca prácticamen10
primercolor la oporque, al fin, todas las
tunidad de protegerpartes del tablero
se llenandosu espa•
están seguramente
cío vacío con un
en la posesión in peón de su propio
disputada de uno ú
color.
otro contrincante:
algunos sitios, ocuALGUNOS EJEMPLOS
pados por los neINTERESANTES
gros, y el resto por
los blancos.
No existen en el
Ocurre algunas
go otras reglas q,ue
veces hácia el fin
lasexplicada8. Dendel juego que unju·
tro de ellas, puede
gador no puede mojugar cada pa_rte co ·
verse sin perder su
mo le plazca; pero
Diagrama del tablero del go, tal y como se explica
su peón, mientras
hay unos cuantos
en el texto
que el otro puede
resultados elemen ·
seguir jugando con
.
tales que, aun cua~do no con~tituyen resegura ventaja. En este caso, el pr1_mero glas, son tan esencia l~s y obvios qu~, g~·
debe continuar jugando: po~ cada J_uego neral mente, se explican á los princique así se ve obligado á verificar_ pierde piantes sin esperará que la práctica los
un peón, mientras que su con~rar10 gana descubra. Estos se representan en los
algo por su juego correspondiente alter- grupos señalados por las letras a, e, n,
nado.
OBJETO DE LOS JUGADORES

155

de nuestro grabado de esta página. gro. Conserva á los blancos en jaque en
En el grupo B el color negro está en algún otro sitio y hasta puede encontrar
peligro de perder dos peones: puede evi- ocasión para salvar lo que creía perdido
tarlo por el momento jugando á lo largo rompiendo la linea que le cerca.
En el grupo n, el negro requiere todadel tablero, es decir, extendiendo su línea negra desde dos á tres peones; pero vía dos juegos para rodear los siete peoel blanco sigue ahora á lo largo de la se- nes blancos: uno de los juegos fuera, y
gunda línea del borde, y el negro encuen- otro dentro del grupo blanco. El jueg_o
tra el peligro reproducido, y agra vado de fuera debe, por supuesto, hacerse priporque tiene tres peones que perder en mero; pero si el negro juega fuera y cervez de dos. Si persiste en procurar su ca del blanco, el peón jugado será inmesalvación de este mQdo, las líneas blan- diatamente capturado por el blanco. Por
cas y negras se extenderán al ángulo del esto, el negro no puede ganar aquí en
tablero, donde, al cabo, los blancos to- menos de tres movimientos. Pero siguien•
marán toda la linea negra. Esto, sin em- do la línea gruesa marcada, puede el
bargo, puede hacerse fracasar si el ne- blanco en tres jugadas romper el cordón
negro y apoderarse
gro ha colocado ande los tres peones de
teriormente un peón
este color. Así, el
en algún punto inresultado depende
termedio antes de
de quién sea el prialcanzar el ángulo,
mero en jugar, ya
lo cual equivaldría
sea
el blanco, ya el
á ganar el negro un
negro. Si jugando
juego delante del
en otro punto cualblanco en la carrequiera para forzar
ra hacia el ángulo;
la mano del negro
y como es una caconsigue el blanco
rrera casi igual, es•
ganar la delantera,
ta ventaja puede salpodrá salvar este
varle.
grupo
D. En la exEn el grupo e se
tremidad izquierda
verifica igñal carre•
de este grupo se
ra al borde del tarepresenta un negro
blero. Juega el neguardián en la tergro y sigue un ca cera linea á contar
mino en zig -zag en
desde el borde, cersu esfuerzo para esDia¡rama que presenta seis interesantes aspectos
ca del «sitio» negro.
ca par del contrario.
del juego, explicados en el texto
Si no hubiera sido
Sólo encuentra un
camino abierto, (el zíg-zag señalado por colocado este guardián, el blanco hubieuna linea gruesa en el diagrama), que le ra podido forzar fácilmente el cordón
conduce al borde del tablero; pero cuan- negro.
En el grupo E, los blancos están com do alcanza ese borde, toda la linea en
zig-zag de peones negros es capturada pletamente rodeados por el exterior; pero
en el interior hay todavia tres puntos vapor los blancos.
En cualquiera de estos dos casos a, e, cíos. Sea cualquiera el color que juegue
evidentemente el juego preferible para el antes que los.demás, debe hacerlo en el
negro es dejar solos esos grupos y hacer punto medio de estos tres: si lo hace así,
jugadas en otros puntos. Un hábil juga- esto es, si juega el color blanco, rompe ó
dor, para escapar de esta especie de im- dioide el espacio oacío interior en dos es•
pase, tiene, cuando es posible, alguna pacios oacíos separados, cosa que aseguotra parle del tablero preparada para ha- ra á sus peones contra ulterior peligro;
cer un terrible destrozo, jugada que debe el negro tratará de evitarlo antes de que
tener en reserva hasta que se le presente puedan ser tomados los dos espacios, muna ocasión como esta en que ejercitarla. tentando llenarlos por peones suyos, pero
Dejando el grupo negro ya cercado y sin no le será posible llenar ambos simultáesperanzas de salvación, juega en alguna neamente: cuando ha llenado uno, todaotra parte procurando poner al blanco, si vía el otro se encontrará por lo menos
es posible, en peligro más importante del parcialmente vacío; y tocando ahora el
i¡ue supone el abandono de su grupo ne- turno del juego al color blanco, coge
E, F,

�157

«oG», UN JUEGO JAPONÉS

156

POR 8!1OS MUNDO&amp;

este prisioneros
todos los peones
negros que hay
en el espacio inte·
rior lleno. Siem-

pre que un grupo
contenga dentro
de si dos espacios
vacios separados ,
ya sean espacios
de uno ó de muchos puntos, ese
grupo está segu
ro, á menos que
su pared exterior
sea rota ganán- . . ,
dole el contrario
peones en sus ángulos; pero, de
cualquier modo ,
no podrá ser lomad o mediante
un cerco absol:.tto. Si un grupo
contiene solo un
espacio, y ese es
de tres puntos, esle puede, y debe,
ser dividido en
dos espacios, jugando s 01b re el
punto central. E~
este grupo E, st
el negro es el que
juega primero,j U'ga rá inmediatamente sobre dicho
punto central á
fin de evitar que
lo haga el blanco. Un grupo que
contenga un espacio de dos pun.
.
.
tos SO lamen le, no
Un prulesional ~n el go retando á los jugadores y aficionados a aceptar un partid0
está seguro, pero
por completo, porque este grupo se exlo podrá asegurar extendiendo y añadientiende ahora de modo que forma dentro
do otro espacio separado.
de él un segundo espacio separado y vaEn el grupo F, el negro ~a tr~casado al
.
querer di vid ir su espacio interior en dos, cío.
Cuando los dos jugadores. ~o son si';lly el blanco ha jugado para evitar que lo
plemente novatos, cada posición se disconsiga. Si ahora juega _el b~anco, lo puta generalmente de esta manera; y se
hará sobre el tercer punto interior y cap- gana y se pierde por una de las part~s
turará todos los peones negros, excepto con sólo conseguir adelal'ltar un moviel que se encuentra tuera del cordón
miento á la parte contr_aria. Cuando en
blanco. Pero si el negro es el que se ha
tal batalla juegan de trem!a á setenta p~ode mover, puede, colocando un peón á nes por cada lado, empanándose el JUla derecha del cerco, capturar un blanco gador en perder todos sus peones ó en gay romper así el cordón de estos. En este
nar todos los contrarios, el interés. se
caso, la probabilidad de que el bla~co hace, naturalmente intenso. Al cons1de•
1
capture ai grupo negro ha desaparecido

rar cada plan posible de procedimiento,
el jugador calcula con frecuencia dóce
movunientos anticipadamente, tanto suyos como del contrario.
En el grupo F, el negro tiene un método alternativo de defensa sijueg11 el primero. El lado del cordón blanco en la
parte izquierda superior del grupo consta de cuatro peones blancos en línea diagonal, dentro de la cual hay tr'3s negros
en linea paralela diagonal.
Ahora bien: si el negro juega en el
punto exterior diagonalmente cerca del
sitio y en el centro de la línea blanca, este juego pone dos peones blancos en peligro mmedialo. Puede el blanco salvar
uno de estos dos amenazados, pero no
puede salvar ambos simultáneamente.
Un cordón completo no puede romperse por una de sus líneas que sea paralela
al borde del tablero, por ejemplo, los lados superior é inferior del cordón negro
en el grupo E.
REGLAS

FUNDAMENTALES

Lo que acabamos de exponer no es
otra cosa que la explicación de lecciones sencillísimas explicadas ligeramente
para los principi11ntes á fin de evitar que
sus primeras jugadas carezcan en absoluto de interés; pero no deben aceptarse
como reglas, pues son únicamente las
lógicas y directas deducciones de las
cuatro bases fundamentales, de absoluta
sencillez, del juego, á saber:
1.4 El objeto del juego, ó medios de
contar la ganancia de cada jugador.
2.ª La manera más fácil
capturar
peones al contrario por medio de un fuerte cordón que cerca al enemigo, tanto interior como exteriormente.
3.ª El borde del tablero constituye el
complemento de cualquier cordón que
corra en sentido descendente de él.
4.ª El seki.
Cu~ndo los jugadores no igualan en
práctica, _puede_ concluirse un juego en
diez ó veinte mmutos; pero con jugadores de disposiciones iguales, el ju ego
dura generalmente de dos á tres horas.
A medida que el juego avanza, las lineas
de batalla llegan á ser confusas é irregulares de modo inextricable: no es raro
que un sólo cordón inexpugnable pase de
un extremo á otro del tablero. El inexperto no logra seguir las ramificaciones
de_ la~ l~neas, tanto.que, a lgunasveces, los
prmc1piantes se megan á reconocer que

as

se encuentran completamente rodeados.
Lo intrincado de las posiciones se a umenta por lo general por medio de dos
prácticas comunes: cuando una parte
del campo ha sido defendida hasta la
conclusión di,finitiva, dejando al color
blanco, por ejemplo, con un solo peón
para apoderar~e de todo un batallón negro, aquel peón blanco rara vez juega
ni se mueve. En la posición supuesta, si
la tracción de los peones negros y los espacios á ganar son de consideración, el
blanco no debe llevar la contienda hasLa
el último extremo, sino á un punto que
le coloque en posición airosa, esto es, á
la parte del campo en donde el negro
tiene mucho que perder, para que se vea
obligado á toda clase de esfuerzos para
salvar sus peones. Así quedan por largo
tiempo los contendientes en condición
cr!Lica, pero no definitiva porque estas condiciones criticas pueden ser pro bablemente útiles á cualquiera de los jugadores, mientras que, por otra parte,
dejar de seguirlas equivaldría á perder
la delantera en obsequio del triunfador
de momento. Aun á la conclusión del
juego, la última jugada en cada grupo ó
sección no se verifica, porque si se hace
no produciría diferencia en la cuenta de
una ni de otra parte. En esta conclusión,
los prisioneros encerrados se retiran sin
que se haya colocado el último ishi.
LOS MIRONES Y LAS MUJERES EN F.L « GO&gt;)

Cuando se trata de dos buenos jugadores, la multitud de mirones llega á ser
asombrosa, aunque parece que nadie rodea á aquéllos por el escrupuloso silencio
que todos guardan: el interés de los espectadores es tanto que hasta los rostros
permanecen fijos y sin expresión. Pero
tan pronto como se pone el último peón
y queda derrotado uno de los jugadores,
prorrumpen todos los mirones en aplausos y risas, y entablan acalor11das discusiones acerca de las jugadas hechas.
Las mujeres juegan rara vez al go, y
jamás resultan verdaderas maestras en
este juego. Quizás se juzga que sin ejercicios de esta clase y por genio puramente natural son ya bastante expertas en
las artes de la astucia y de la insinuación, y no es conver..iente que con este
juego que, indudablemente, influye en
aguzar esas facultades que el jugador ya
posea, resulte la mujer más maestra de
lo que ya es en tales artes.
ROBERTO

H. SMITH

�LAS GRANO.ES El&gt;OPEYAS b.E LA HISTORIA

LAS GRA~DES Ef'Of'EY AS DE LA HISTORIA

BELGRADO; MALTA; VIENA
que Belgrado sufrió. Allí había entonces
treinta mil hombres para la defensa, y el
sultán turco mandó inmediatamente un
N la confluencia del Sa ve y del Danuejército de doscientos mil soldados para
bio levánlase la ciudad de _Relgrado,
auxiliará la ciudad y levantar el c~rco.
ho capital de Servia. No satisfecha la Encontraron los turcos á los austria~os
an{bición del turco con po~eer á Constan- protegidos por dos fuertes líneas de trrn·
tinopla deseaba la conquista de toda ~u- cheras que cubrían las márgenes del
ropa p~ra colocar á su califa e~ ~a silla Save y del Danubio, extendi_éndose una
del Supremo Pontifica de la rehg1ón que de dichas lineas hacia la ciudad y otra
odiaba. Encon~róse á Belgrado en su ca- hacia el campo libre. Eligieron los mumino y la sentenció, como antes sentensulmanes un campo Y forciara á San Juan de Acre,
tificáronlo, y empezaron
á sufrir un sitio tenaz. .
después un avance lenlo
Mohamed II fué q~ien
hacia las trincheras_a us._
primeramente puso s1L10 á
triacas.
.
Belgrado, pero tropezó con
Las baterías del prínc1•
el valor de Juan Hunya~y,
pe Eugenio bombardearon
el gran húngaro que imterriblemente á Belgrado,
pidió á aquél realiza~ sus
que tuvo que s~frir el cadeseos; después Sohm~n
ñoneo de las trincheras Y
elMagnífico, en 1521, ?m·
el que le hacían los. Bu•
co años ante~de la terribl~
ques de Ja flota aust~iaca.
batalla de Mohacs, _logro
La ciudad fuécon vertida en
apoderarse de la crndad;
ruinas pero la guarnición
más tarde, en 16~8, pasó la
se sostenía heróicamenle
hoy capital s~rv1a á po~er
esperando que el numer~de los austriacos; volvieso ejército del sultán ob~iron á tomarla los turcos
garía al cabo á los austria•
en 1690, y en 1717 el príncos á levantar el sitio.
cipe Eugenio de Sabaya,
El príncipe Eugenio,
uno de los más grandes
que veía mermadas sus fi.
capitanes de un siglo en el
las por las enfermedades,
PrincipeEugenindeS,,boya,quemonpensó qu'"'., si· prolongaba
que florecieron Turena, doba
á los austriacos c¡ue derrotaron á
17
Marlborougb, Ven~6!11e Y
los turcos en Belgrado el año t7
el cerco mucho tiempo los
Villars, la puso. sitio
turcos le batirían fácilmente, pues a~efrente de un ejército austriaco compuesto nas le quedaría ejército; y como su úmca
de setenta mil hombres, que se exten- salvación estaba en de~r~lar á !os turdieron de rlo á rio"siguiendo la bas~de un cos lo antes posible, ehp:ió el d1a 16 de
t .á ulo con Bel grado en el vértice.
Agosto de aquel año de 1717 para marriE:~ sitio es el más importante de los
BELGRADO

E

a\

char sobre ellos. Salió, en efecto, á la
media noche de sus atrincheramientos y
desfiló por los fosos paralelamente á las
lineas turcas, con intención de atacarlas
al amanecer. Pero el movimiento austriaco no se hizo con la precisión que el
príncipe deseaba, y el nuevo día encontró
á sus tropas fuera de las posiciones acordadas, con peligro de que el conocimiento prematuro del ataque por parte de los
turcos produjera la derrota segura del
ejército que mandaba Eugenio de Sabaya.
Atortunadamente, momentos antes de
salir el sol apareció una niebla espesa sobre los ríos, y al amparo de ella pudo el
príncipe completar sus disposiciones, de
manera que' el ataque se llevó á cabo
como proyectara el de Saboya en un
principio.
Menos de cuarenta mil hombres tenía
Eugenio á sus órdenes en su línea debatalla; pero fué tal el valor impulsivo que
desarrollaron en el ataque, dirigido por
el mismo príncipe en persona, y estaban
á la vez tan perfectamente combinados
sus planes, que los turcos sufrieron espantosa derrota y fueron victimas de tremenda carnicería. En consecuencia, Belgrado cayó aquel día en manos del príncipe Eugenio.
Pero la ciudad
fué devuelta á los ~
turcos por la pez
firmada en 1739.
Este Tratado no
impidió á los austriacos sitiar n uevament.e á Belgrado y apoderar•
se de ella en 1789;
y recuperada nue
vamente por los
turcos dos años
después, fué al fin
con quistada en
1804 por K,ra
George al frenle
de un ejército del
pueblo servio quo
desde entonces

ca muerte del jóven rey Milano y de
su esposa la reina Draga, ásesinados
hace pocos años, en 1903, por los pretorianos de aquel ejércilo.
MALTA

Después de la calda de Acre, los caballeros de San Juan, comunmente llamados los hospitalartos, se establecieron en
la isla de Rodas, donde sostuvieron un
célebre sitio de seis meses que terminó
con la toma de dicha isla en 1522. Tanto
se admiró el sultán Solimán del valor de
aquellos caballeros, así como de su cons•
tancia y tenacidad en la defensa, que les
concedió h:onrosa capitulación. La Orden
se estableció .e ntonces en la isla de Malta, que por aquellos tiempos sólo era una
roca estéril y abandonada en el Medite .
rráneo.
En Malta soslu vieron estos valerosos
caballeros uno de los sitios más célebrea
que registra la Historia. El puerto de Valetla está dividido en dos porciones por
uu promontorio largo, estrecho y rocoso.
Las costas de los dos puertos que forma
la citada di visión, tienen el aspecto de
gigantescas hojas de sierra por sus dentadas cortaduras en la roca En la extre-

retiene á Belgrado y la consérva
como capital de

su nación.
Belgrado será
célebre siempre
en los fastos de la
Historia porque

registra la trági-

159

Fuerzu del prfnclpe Eneenio de Saboya atacando Í1 Bel¡rado en 1717

�160

POt\ ESOS MUNDOS

T oma de Malta por ~ apoleón

ros de San Juan fué heróica. Juan Parisot de la Valette,gran maest~e de los c~balleros, animó con su espíritu á los sitiados. Parisot era por entonces. un anciano de
sesenta y
ocho años
de edad,
pero el
valor y
atrevimiento
que desplegó ·entusiasmó
y despertó
el deseo
de emulaciónen los
3 d J io de 1798
1dad OS
Bonapnrle el 1 e un
jSO
Ó'V en e S .
En una de las ocasiones criticas del ataque viéronse tan apurados los def_ensores
de San Telmo que pidieron p_ermiso para
abandonarlo y retirarse. Par1sot contestó
diciendo que les permitiría marcharse
para que se recluyera1_1 en un c~nven:o
donde no tuvieran peligro de sufrir dano
al uno¡ pero que él no abandonar_ia_ el
ca~tillo, y que reforzar~a la gu~rmc1ón
on hombres que no tu vieran miedo á la
c
muerte.
Esto enar·
deció los
ánimos de
los vacilantes,que
ya no quisieron dejare! fuerte. Los
turcos,
por su
parte, no
habían
cubierto la
linea del

LAS GRANDES EPOPEYAS DE LA HISTORIA

H,l

berberisco, Dragul llamado, cambi5 el entonces habían peleado como héroes,
aspecto de las cosas. Por indicación de fueron casi á la fuerza á esta última haeste Dragut, los turcos completaron el talla y los aguerridos y disciplinados solcerco emplazando una gruesa batería en dados españoles vencieron fácilmente á
la parte de tierra, mientras que por el los musulmanes, pasando á cuchillo á la
mar los buques de la Media Luna ocu- mayor parte de éstos. Los que consiguieparon también aquel lado d_e la_ penínsu- ron escapar embarcaron en sus buques y
la, cortando así las comumcac1ones en- huyeron precipitadamente de Malta.
tre los dos fuertes crisOtro hecho de la histianos. Después de un
toria de Malla merece
mes de combates territambién mención espeblemente encarnizados,
cial. Los caballeros de
los genfzaros entraron
San Juan habían sido
-en la torre, ya reducida
organizados para la deá un montón de insosfensa de la Europa cristenibles ruinas, y pasatiana contra los musulron á cuchillo á toda
manes de Oriente; pero
la guarnición, excepla derrota de la armación hecha solamente
da de Solimán y la gran
de diez caballeros que
batalla naval de Lepanel berberisco conservó
tb, así como el victorioen rehenes, y de un par
so resultado de la acde soldados que pudieción combinada de poron escapar y ganará
lacos y austriacos . en
nado el castillo de Santierra, alejaron todo pe·to Angelo.
ligro por esta parte,
Con una persist.encia
r¡uitando así razón de
·que sólo puede expliserá aquellos caballecarse por el fanatismo, Juan Sobieski, rey de Polonia, organizaior de ros. Por esto, la Orden
continuó el asedio de la última cruzada para arrojar de Europa decayó, rápidamente, y
los demás fuertes en
álos turcos
cuando Napoleón Boque se defendían los caballeros de San na parte, en su camino á Egipto, apareció
Juan, y durante dos meses los turcos in- ante Malta el 9 de Junio de 1798, con su
tentaron repelidos asaltos contra los cas- poderosa armada, la isla cayó inmediatillos de San Miguel y de Santo Angelo. ta mente en manos de este emperador,que
Destruyeron, al efecto, las murallas del sólo encontró frente á él una defensa puhastión de Castilla que protegía á Santo ramente nominal, pues ya la traición, soAngelo; fué batido el castillo d0 San Mi- hornada por el oro francés, había aseguguel hasta que quedó convertido en ruí- rado al ambicioso Napoleón la posesión
nas, y llevaron á cabo los turcos un atrin- de Malta. Así fué como este emperador
cheramiento en la ciudad de Borgo, pudo decir después: «Tomé á Malta cuanfrente al fuerte de Santo Angelo. A pesar do me encontraba en Mántua.» El gran
,de tantos esfuerzos, los turcos no pudie- capitán, que sintió desde entonces el más
ron tomar por asalto ningún punto im- supremo desprecio hácia los caballeros
.portante, y tuvieron, además, que aban- de San Juan, decía cuando se hallaba pri&lt;ionar el asedio porque el virrey que el sionero en Santa Elena: «La Orden de
monarca españal Felipe II tenia en Sici- Malta era absurda. Cuando yo llegué á
1ia auxilió á 'los cristianos llegando á la isla, los caballeros aquellos no hacían
Malta con una poderosa flota y desem- otra cosl). que gozar de sus rentas: no pebarcando en la isla doce mil hombres el leaban. Las fortificaciones de Malta eran
día 6 de Septiembre de aquel año.
formidables, y hubieran podido sostenerLos turcos, como ya queda dicho, le- se y obligarme á permanecer en la bahía
ventaron precipitadamente el sitio y re- durante varias semanas.»
embarcaron en sus buques. Pero al coSi así hubiera sido, el capitán del sinocer el número exacto de españoles que glo XIX no habría llegado á E!~ipto, y la
habían acudido en socorro de los caba- batalla decisiva de Abukir se hubiese rélleros de San Juan, Mustafá, el caudillo suelto ante las murallas de Valetta. Cuanmusulmán, se aproximó nuevamente á do los franceses tomaron posesión de los
Malta y atacó á las fuel'Zas del virrey de fuertes y fortificaciones de Malta y Fe enSícilia. Los soldados tarcos, 1ue hasta tararon de su fuerza, el general Cattare5

�POR BSOS W.UNDOS

.

ALTA NOCHE

lnáevl1talblemente hubieran sido venc·1
s a arga los vi
·
do
rro no hubiese acudl!;ses, s1 en su socohierro el rey d p : o. un soldado de
J uan Sobieski. C~n : on_: q_ue se llamó
ta mil hombres . ¡° e¡ rc1lo de salencaballerla polac~ l~~y~y;n:?
terirble
campo turco el d S ? ies i sobre el
aiio de 1683
e 11pt1embre de aquel
que lodo lo dce~:~l~or~en_te avasallador
sitiadores asaltaban 1~ tiempo que los
rrible carnicería fué d s ~ura~as. Con lecbo el ejército turco es roza o .Y deshey perseguidos con

162

k~

12

163
sana los fugif
K
Belgrado, do~d~s~u~ióa a~oursladfá huyó á
danes de su sultán
ca_ o por órdillo vencido.
' que así castigó al cauEste fué el último r
.
t~rcos para invadir /Ean rntento de l~s
c1os que Sobieski
uropa. Los serv1cos hicieron á la dv~r-s c~óballeros polajornada deben ser i 1zac1 n en aquella
por la Cristiandad recordad?s siempre
tria para cuya n~ Y. zn especial por Auscho esta gran viclo~1. n repres~nta musitio de Viena por aq1a
en el
ue tºnbseguida
so erano polaco.
CYRus TOWNSEND

Fuer, u de Sobiulü atacando á loa turco1 en Viena el 1ño 1683

lli dijo á Napoleón: «Ha sido una gran

sión de Malta, y aunque por la paz de
Amiens de 1802 prometieron entregar la
isla á los caballeros de San Juan, cuya
Orden trató de restablecer el czar Pablo
de Rusia, no cumplieron la promesa.
La paz de París de 1814 aceptó el i;tatu.
qua y confirmó á los hljos de Albión en
la posesión de Malta. Hoy es esta isla
una de las mejores fortalezas y esLaciones navales del mundo. y, con Gibrallar,
proporciona á la Gran Bretaña verdadera influencia sobre el Mediterráneo.

suerte para nosotros que hubiera álguien
dentro de la plaza para abrirnús las puertas; pues si no llega á haber nadie, nos
hubiese costado gran trabajo entrar en
la ciudad.»
El botín tomado por Napoleón fué de
verdadera importancia: consistía en barras Je oro y plata en su mayor parte.
Fué llevado al barco-almirante L'Orient,
y hoy reposa en las poco profundas aguas
de la babia de Abukir, donde dicho buque trances fué echado á pique durante
VIENA
la batalla del Nilo. Bonaparle dejó en
la isla una guarnición de varios miles
La última gran irrupción en Europa de
de hombres al mando del general Vau- los mahometanos fué rechazada y combois. Después del fracaso de la campaña batida ferozmente en Viena. El visir Kara
de Egipto, los ingleses bloquearon por ~lustafá sitió la capital de Austria el 1-!
mar á Malta en Septiembre de 1798 y los de Julio de 1683. El emperador Leopoldv
habitantes de la isla se insurreccionaron había buido como un cobarde y con él
contra los franceses, que hablan acep- sesenta mil habitantes de laciudad,abantado. para hacerse más simpáticos, la donando dentro de las murallas á veinte
bandera napolitana. Los ingleses, que la mil soldados y á sesenta mil pobladores
mayor parte del tiempo que duró este de los más pobres.
asedio fueron mandados por Sir AlejanLos turcos establecieror, contra éstos
dro Ball, uno de los mejores capitanes un sitio regular, haciendo padecer á la
de Nelson, mantuvieron en la bahía un capital los horrores de un furioso bomriguroso bloqueo de dos años, al propio bardeo; pero jamás pueblo alguno defentiempo que proporcionaban á las tropas dió con más ahinco sus lares. Los soldamaltesas armas y dinero. El bravo Vau- dos, al mando de Rüdiger, conde de Stabois. esperando en vano socorros, se de- rhemberg, hicieron varias salidas y refendió hasta el 4 de Septiembre de \800, chazaron los ataques con denodado vaen que se entregó obligado por el ham- lor. Los habitantes, incluso las mujeres
bre: de su gente morían diariamente cien y los niños. á las órdenes del burgomaes·
hombres, y cuando los franceses arria- tre Von Liebenberg, reedificaban \as
ron la bandera napolitana no quedaban murallas, reparaban las brechas y ofreabsolutamente provisiones de ningún gé· cían la valiosa ayuda de sus voluntades
y energías para la defensa.
nero en Valetta.
Los ingleses tomaron entónces pose-

ALTA NOCHE
~ra el último instante s·¡
.
mirábamos morir la lun¡·pá;itc1osos
como un embl ema m1sler1oso
•
.
de
ya,triste
nuestra dicha pasajera y cándida.
Sus manos en las mi
á 1 .
!ristemenle asomadas ;~~slra~sa~~=s
,cuántas
cosas dolientes se d..
l
1¡eron ,
en e_ mudo lenguaje de las lagrimas!
1 Vibraron á lo lejos, sollozantes
notas de una triste serenata. ,
v: ró ta~bién el ósculo postrer~
a mE!lód1co son de las guitarras..
En mi oído resuena todavía
el eco de s~s últimas palabras·
«No mede¡es, mi bien vuelv
«Me matará tu ausenc'ia»
~N otevayas'
mis brazos!.. »
Hoy, mientras ella en el
1
-···-»
evoc? su_ memoria idolatrads:pu ero duerme,
y fi~Jº o1r, del viento en los rumor
queJas de amor y músicas lejanas. es,

~b

... «,

é .

Eze:QUIEL

GAMBOA

�« LOIIENGRIN», DE WAGNER

LAS Of'ERAS MAS CéLEBRES DEL MUNDO

.. L O H E N G R 1N " , D E W A G N E R
Los aficionados á la música que viven alejados de las grandes capitales y que, por tanto, no disponen de ocasiones para ver y oír las óperas en la escena teatral, tienen
que contentarse con los ecos que hasta ellos lleva la prensa diaria, cuyos criticas
solo se ocupan en la producción específica oloidándose de lo que la obra es en sí
con relación á la historia de la música ó dP. las concepciones de los compositores.
Nuestro propósito en estos artículos es poner de relieve el espíritu de los g,.andes
hombres que han desarrollado el arte del drama musical y , al efecto, en esta serie
ya hemos detallado de las óperas Rienzi, de Wagner, Rigoletto, de Verdi, y Romeo y Juliete, de Gounod . . J
W 11gner--fera 'el maestro director de
esta serie de óperas [célebres que Teatro de Dresde cuando coropusoLohenvienen ocupando nuestra atención, grin, y, sin embargo, no consiguió que
tócale hoy el turno á la inspiradísirna se representara esta ópera en dicha poobra de Wagner, Lohengrin, una de las blación, en la cual otras obras del mispredilectas del público español, y en cuya mo autor, Rienzi y Tannhauser, hablan
interpretación del personaje principal sido ya muy mal recibidas por el público.
tan extraordinarios triunfos obtiene en Tres años después, en 1851, fué cuando
los principales teatros del mundo el tenor se verificó la primera representación de
Lohengrin, en la ciudad de Weimar,
catalán Viñas.
La partitura de Lohengrin fué comLiszt era el protector de Wagner en
puesta por Wagner en el año 18i7, mien· esta nueva empresa, y no puede hacerse
tras el gran maestro gozaba de las deli- más expléndida exhibición de amistad
cias que ofreclan entonces las estaciones de la que aquél llevó á cabo para que
balnearias de Bohemia. ,vagner escri- Lohengrin alcanzara éxito en Weirnar.
bió el tercero y último acto (aunque aqui No sólo interpuso su influencia para que
se representa en cuatro actos, la ópera la obra fuera represen1ada, sino que ansólo tiene tres) antes que el primero y el ticipó mil quinientos duros para los gassegundo , los cuales ct&gt;rnpuso por est6 or· tos escénicos. Pero los cantantes no estuden. Y durante el invierno de aquel año '\'ieron á la altura de las exigencias de la
y la primavera de 1848 se dedicó á instru- música, y las cinco horas que se emplean
mentar la partitura de Lohengrin, que en la representación de la ópera cansapuede asegurarse de manera terminante ron é irritaron al auditorio.
que es una de las mayores maravillas en
Sin embargo, Liszt consiguió desarrola historia del arte musical por su porten- llar en W eirnar el entusiasmo por Wegtosa riqueza, su melodía sin igual y la ner, tanto que en sucesivas temporadas
novedad extraordinaria que ofrece en to- de 6'pera tuvieron que establecerse tre·
cios sus detalles. El motivo del libreto fué nes especiales para facilitar la concutornado de uu antiguo poema bávaro.

EN

rrencia ~e las poblaciones de las ciudades próximas á esta que podemos llamar
meca precursora de Bayreuth, donde a
lograban_etruendoso éxito TannhüuseJ y
Lohengrm. vyagner llegó á ser muy popular ~n Weimar, población que fué el
pequeno centro de donde radiaban las
ll_amas de e!}t_usiasrno que habían de pu r1~c~r el v1eJo convencionalismo de la
musica de ópera.
Es un hecho digno de atención en estos apuntes _que damos á conocer ahora
que ~asta cmco años después de habers~
escrito Lohen$rin no tomó forma el drama ante los OJOS del compositor.
El argumento de esta ópera es mu interesante. Al levantarse el telón del yprime~ da~to, después de un hermosísimo
pr~ u 10, EnrLque I de Alemania ue
remaba al comenzar el siglo x o~d~na
que an_te_ ~l comparezca Elsa para for~arle Juic10 de residencia por la acusación contra ella lanzada de haber &lt;lado
ruerte á su hermano el duque de Braoª~te.dEl acusador, Federico, casado con
r/u a, ~na hechicera, reclama el duca O Y pid~ la condenación de Elsa
fsta, al ser mterrogada, no responde
das tregu~t~s, y canta sus sueños acerca
b:1t aparición de un noble y valiente cab :ro c_uya lle~ada espera y el cual proar.. su mocenc1a
re Enrique I preg~nta á Federico si quie~ue su causa se decida por medio de
u_n. uelo c&lt;:n el caballero en cuya aparición .s~ena Elsa. Acepta Federico la
~~~py~ic1ó¡°, el rey ordena que resues e ~rmes Y el Heraldo ha a la
con:vdocttor1a. L~ multitud aguarda s~bre~f~ a a soluc1?n del asunto, mientras
cae de rodillas y Federico se en ríe
fr:r~ue los clarines retadores no enc!en.1 p_or respuesta más que un grande
~I encir En ~sto,descúbrese serpenteanº en a corriente del río un hermoso cish\anco,que arrastra un ligero harqui
e lule o á cuyo bordo va un arrogante ca~
ha ero.
ta:rlt~ éste ~ la orilla, y después de can•
co da ~sp3d1da á su cisne, que se retira
l n ucien o el bote, avanza saludando
ªo Rey y declarando la inocencia de E',sa
.
i
•
Fiesea
d .que ' s1· consigue
la victoria sobre
e erLco, _Elsa sea su prometida; ero
á ésta la pide que se abstenga siempfe de

á

r

n:

165

reriguar su nombre ó su origen. Eisa le
e~lara que.su fé en. él es tan grande ue
la ignorancia de quién sea y de dó~de
venga no será obstáculo para que esa fé
le falte.
El caballero desconoci&lt;lo y Federico
trab~n el duelo, y Federico cae herido
El citad? caballero le perdona la vida:
Y toma a Eisa en sus brezos.
En el segundo acto, Ortruda, llena de
cólera, proyecta un plan de venganza.
resuelve persuadir. á Eisa que pregun~
~ lo que su prometido no quiere revelar
ste plan de Ortruda prevalece y en 1~
1a noche de h_?da~, Elsa, á quie~ la duda
e!lvenena, ex1Je h1stérícamente la revelación del nombre y orígen de su salvador.
De r~pen~e, entra Federico en la cámara
nupcial dispuesto á asesinar al caballero
el cual, abandonando un momento á s~
amada, _desenvaina la espada y da muerte al traidor.
Así termina el acto segundo. En el tercero, amanece cuando se levanta el telón. La corte se reune en las orillas del
río, y el caballero desconocido, en vista
q~e Eisa ha faltado á sus votos, reve~!uién es:. y dice que se llama Lohen.
g
Y es h1Jo del Parsifal, que guarda en
su podar el Sagrado Graal, la copa en la
que se recogí~ la sangre del Salvado.r.
Otra vez el cisne serpentea por el río·
es que el_ Graal le manda en busca d~
L?hengrm. Ortruda se vanagloria de su
trmnfo! y declara que el dsne es la en~
c~rnac1ón del hermano de Elsa esesmado
por éstª• Y á quien
•
'
,
Ortruda
babia dado aquella forma y condenado á
permanecer así por siempre y para siempre.
d Lohengrin se arrodilla y ora . Desciene una paloma, y se levanta Lohengrin
tradnsfigurado por la alegria. Retira una
~a ena del cuello del cisne, del cual surJe entónces el Jóven Godo/redo duque de
Brabante, á _quien Ortruda asep:'uraba haber convertido en aquella ave. Lohengrin
sal_ta al bote, que ahora es conducido
~mado por la paloma. Al verá Godofr;.
o en forma humana, cae Ortruda al
suelo la_nzando un gemido. El rostro de
E_lsa brilla de gozo por un instante á la
;¡5ta bd1¡8u hermano, y después, mirando
ca a ero, que se aleja, le llama su
esposo y cae muerta.

te

�LCUÁL ES MI OBRA PREOILECTAT

Después, alarga el volante á su mudo
interlocutor, al que, lacónicamente dice:
-¿Es estof
Y ante la afirmativa respuesta del intruso, despide á éste afect11osamente, volviendo á enfrascarse en la confección de
esas cuartillas que dentro de algunos meses habrán de imprimirse con el titulo de

¿cuAL ES f'\I OBRA PREDILECTA'?

La de los tristes destinos.

Los hermanos Quintero
A semejanza de algunas revistas extranjeras de la índole ~e PoR Esos MuNoos! en
nuestro núm&lt;ro de Noviembre último com~nzam~s esta información, que no
otro ob ·eto ue averiguar por propia manifestación de los autores_cuát es su o ra
Predil1:~ta q!Iª por la perfección con que desarrollaron su pensam~ento, !Iª por lasl
.
' . que prest·d teron
·
..1
•
circunstancias
su gi;nesis,
!Ia , en fin , por. el éxito que logró e
trabajo al ser conocido por et público. Echeg~ray, Palacio Valdés, Querol, Bre•
tón, hablaron entónces. Oigamos hou lo que dicen otros maestros.

ttgne

Benito J&gt;érez Galdós
su mesa ae _trabajo, toI talmenlesobre
cubierta de cuartillas borra_NCLINADO

jeadas, notas y apuntes, el incansable ti·
tán de la litera tu•
ra española pre·
para su próxima
novela, con la
cual ha de cerrarse la serie
gloriosa de Epi•

sodios Nacionales. Al ruido de

,-Es difícil contestar á esa pregunta
¡muy dificil!. ..
y queda un rato pensativo, hundiendo
entre las manos la cabeza creadora. .
En tanto, el visitante ojea la estanc1!:
muebles sencillos, fuertes; pocos libros; ámplios balcones,
mucha luz ...
Al cabo, Don
Benito a l z a la
frente. Parco en
palabras, toma
de un compartimento de la mesa
un volante timbrado con su
nombre y señas,
y escribe en .él
con letra nerviosa, pero de claros trazos en los
que no se advierte el defectuoso
y á veces ininteligible carácter
propio de los que
escriben mucho
y de prisa:

la pue1 la, que ~ntreabre un criado, levanta la cabeza, que cu~re
caracterishca
boina azul, y diri~e inquisitiva
mirada con sus
ojos taladrantes
a I intruso q u e
llega á turbar la
tranquila gestación de la obra
artística, quién
sabe si á inte•
rrumpirla en uno
de sus momen«L Cuál es mi
tos culminanobra predilect8'
tes...
De los EpisoEI maestro coBenito Pérez Galdóa
dios Nacionales,
nocia el objeto de
La campaña del Maestrazgo.
.
esta visita: habfaselo yo exp~esto en una
De las novelas, Fortunata y Jacinta.
carta escritas días ha, é mcontestada
El t
M
por f~lta material de tiempo en _la baDe las obras de teatro, ec ra Y alumba inacabable de la producción que riucha.»
nunca cesa.

167

presidieron á su concepción y alurr.bramiento, etcétera, etc.
»Así, por ejemplo, para citar algunos
casos, preferimos Esgrima !I amor, nuestro primer juguete, por ser la alegria más
pura de nuestra vida de autores; El o¡ito
derecho, nuestro primer entremés, por
ver en él algo asi como el gérmen de
todo nuestro futuro teatro; Los Galeotes,
nuestra primera comedia, en cuatro actos, por el esfuerzo y el trabajo que nos
costó, á parte otras razones que nada tienen que ver con la literatura; La buena
sombra, porque fué el sainete que nos
hizo populares y nos valió una carta de
Clarín, que guardamos como un tesoro;
Las flores, porque fué escrita en plena
sazón de juventud y entusiasmo; El amor
que pasa, por su asunto... y por otras
cosas de corazón adentro; La zagala ...
Pero ... ¡á qué seguir, si al cabo vendríamos á parar en que la una por esto, la
otra por lo otro, todas nuestras obras,
aún las más pobres é insignificantes, tienen derecho á nuestra predilección por
algo'-..
»Y asf debe ser, y asf tiene que ser, después de todo; porque si bien se mira, los
hijos del ingenio se parecen á los de la
carne en que cada uno de ellos se lleva
un pedazo de nuestro corazón, algo de
nuestro espíe;-r.,-- -- .-..
ritu y de nuestra vida¡ y en
ellos vemos
reflejarse,
más ó menos
alterado,
nuestro propio ser con todas sus alegrías, dolores
y pasiones... »

Estos fecundos é insignes escritores,
hoy en el apogeo de su legítima gloria,
nos honran con las siguientes lineas,
~011testando á la pregunta objeto de nuestra información:
«Cuando la producción es grande y
muy frecuente, como la nuestra, y se
vive en plena actividad creadora, es muy
-0ifícil señalar preferencias ó predilecciones: lo producido se olvida, ó poco menos; sólo se está atento á lo que se imagina y se va á escribir, entre lo cual, naturalmente, figura la obra ideal, perfecta, impecable, que nunca se escribe. Esa
es, en rigor, nuestra obra predilecta; entre otras razones, porque ella es la que
nos obliga á perfeccionarnos en nuestro
arte, á estudiar, á aprender en la vida y
en los libros, y á poner cada día la mira
más alta.
»Pero, ateni én Jonos á
las y a escri tas, que pasan
de cincuenta,
y que son de
las que aquf
se trata, repetimos que es
punto menos
que imposible
determinar
cuál ó cudles
Amadeo
son las prediVives
lectas: p o r que, desde
El ensayo
luego, no es
ha
concluido.
una , 1:1ino vaPor
la angosta
rias ... si no
puerta del es nos arrojamos
cenario salen
á decir que toSerafín r Joaqntn Alvarez Quintero
en tropel ardas, ya que en
.
tistas, coros y
cada una podria encontrarse un motivo figurantes, llenando el pasillo con sus
particular de predilección, ajeno al méri- cuerpos y el aire con su vocinglerfa.
to ó al valor literario de la obra casi Entre la penumbra misteriosa en que
siempre. La explicación de esto no suele yace la escena, se ven sombras fugitivas
estribar sino en la historia íntima de cada que desaparecen taconeando sobre las
una de ellas, en las circunstancias que tablas. Apoyado en una de las cajas de

�¡CUÁL ES MI OBRA PREOILECTAf

bastidores, hay un hombre de rostro que sancionó la naciente fama del comgrueso, completamente rasurado, que posilor, la consolidadora de su justo reviste largo gabán de obscuro colorido y nombre, al estallar, en noche memorase cubre con flexible honble, la ovación entusiasgo negro. Es Amadeo
ta del público reunido en
Vives.
la sala de la Zarzuela,
Niégase en un princien esta misma sala donpio á contestará la prede, después del ensayo ,
gunta sempiterna, sin
charlan Ama deo Vives y
que logren hacerle vael recopih,dor de estas
riar de criterio las insis•
artísticas impresiones.
ten tes palabras del recopilador de estas artisliEugenio. Alvarez
cas impresiones.
Dumont
-No es por modestia,
sino todo lo contrario, El notable pintor cuyo
dice el maestro composinombre antecede nos fator.-Aún he producido
vorece con la siguiente
poco, y mi obra prediesquela:
lecta es la que está por
«¿Cuál de mis obras.
hacer: ninguna de las
prefiero? Si he de serque conoce el público
franco , ninguna: al soreune las condiciones neñarlas, tal vez llegué á
cesarias para merecer mi
entusiasmarmecon ellas;
predilección. Dígalo así
Amadeo Vives
después de rea li_zadas,
á loslectoresde PoREsos
fueron una decepción: no
MuNoos... Algun día, tal vez sea más eran nunca lo que había pensado.
explícito: hoy, no pued_o...
.
»Pero debo dar una contestación ca- "
Sin embargo, apremiado, capitula.
tegórica. Así, pues, citaré á Malasaña y
No siente predilección por Don L úcas su ñij r,, batiéndose contra lo s france
del Cigarral, oh r a
ses. Esta obra es exprimorosa, que ledió
presión viva de una
á conocer como una
época en que yo aún
legitima es paranza
tenía fé en mí pa•
del arte lírico; no
tria: hoy ... hoy,
por Bohemios, esa
p eor es meneallo: to•
delicadísima filigrado ha desaparecido;
na que el público
se horró la leyenda ,
y yo no pinto ya
español no se cansa
más que impresiode oir cien y cien
nes de la realidad,
veces; tampoco por
fugaces recuerdos
las vibrantes notas
de viajes, para mi
de La buenaventura,
propia satisfacción,
ni por la linda opesin preocuparme de
reta El húsar de la
los artistas ni del puguardia, modelo en
blico.
su género. En cam ·
»Esta clase de trahio, al hablar de La
bajos acaso parezbalada de la lu:. percíhese en sus frases
1 can de menor cuantia; pero yo los prela inequívoca pruefiero á cuantos otros
ba de una mal disipudieran merecermule da ternura.
mi a te nción, y de
-No lo puedo neellos estoy satisfegar... La partitura
chísimo,
porque me
de La balada es la
• Eugenio Alvarez Dumont
entretienen en todos
más aceptable de todas las mías: la encuentro más comple- los sentidos que esta palabra alcanza.»
ta , mejor acabada que ninguna ?t:ª·
AUGUSTO MARTlNEZ OLMEDILLA
Y es que ella fué la obra decisiva , la

111

dro por Eu~enio Alvarez Dumont
.. b t.. dose coil los f•·anceses.- Cua •
Malasa11a Y su h,¡a ª ,en
(Fol. de la Colección Laurenl)

169'

�EL EJ ÉRCITO A LEMÁN

EL EJÉRCITO ALE/V\ÁN
0

UN AÑO EN EL 7. DEL RHIN

han regresado á Espa- gar el de todos, no sólo á titulo de cuña, después de permanecer durante riosidad, sino para que sepan los que lo
el año último en Alemania estudiando la ignoren cómo hacen soldados los países
organización militar de aquel país, los que se cuidan de tener ejército.
oficiali,s de nuestro ejército que á tal fin,
-La vida militar en Alemania-habla
comisionados por el Gobierno español, el teniente Carrión-es, como se sabe,
fueron al impecompletamente
1
rio de Guillar- Í
distinta de 1 a
mo II.
nuestra, siendo
Cierta afortuportal razón imnada casualidad
·Al posible estable•
me puso en re•,
.
~ cer comparac10·
\ación con uno
,
.
_.
nes entre una y
de aquéllos, el
otra .. . Perocon·
primer teniente
R&lt;~•..lfl•=
viene hacer
de Infantería
constar, porque
Don Enrique
es cierto, que
Cerrión, quien
tenemos encasa
desempeñó su
mucho bueno,
mandato presseñal evidente
t indo constante
de que podemos
servicio, como
llegar á lo mesi fuese uno de
jor.
sus oficiales, en
Lo primero 1
el ri,gimien to
que se echa de
alemán d e Inver apenas se
fanterla número
pisa tierra a le69 . 7. 0 del Rhin,
mana, lo que
de guarnición
llama y cautive
en Trier, que
poderosamente
manda el corola atención desnel von Kreigs·
de el primer día
heinr; y como á
que allí se vive,
mi curiosidad
esel cariño, la
in sacia h le se
,.
vi,neración que
ofreció la ama,.
Alemania tieM
hilidad complaá su ejército, sociente del señor
Dos músicos del eiército alemá n: el hombre más alto y el más
lo comparableal
Carrión, es clabajo de ta banda del regimient o 16t de Hnea
amor,:á la devoro que aproveché la ocasión que «de sa- ción que el ejército profesa á la patria.
her noticias&gt;&gt; se me ofrecía. Hay entre
El cuartel no hace solo soldados: como
estas algunas que deben salir del cono- la escuela, ó tanto más, se afana por hacimiento de técnicos y aficionados, y lle• cer alemanes, desarrollando, exaltando

RECIENTEMENTE

Casino de oBr.iales del campamento de Elsenborn

po_r todos lo_s medios el elevado sent1·.
mlento pa t r1O d e Ios reclutas, fomentando un orgullo de~medido de ser alemá n.
-4Qué eres ~u1- preguntó el señor
Carri?n á su asistente, un muchachote
alsaciano.
:-Alemán,-contesló el soldado. -En
~i _país todos los jóvenes lo somos... Los
vi~JOS guardan vivísimo el amor á la patria frances a en
que nacieron. Pero
los j óvenes somos
alemanes.
Y cuando estos
j óvenes ,
como los
demás soldados, estudian el
historial
de su regimiento,

por aquellos alemanes sus compatri'otas.
*

**

El soldado alemán, mientras permanece en ~las, desconoce el ocio; los enerales, Jefes y oficiales solo descan:an
cuando pasan á la reserva ó se retiran
Así resulta que el trabajo en el ejércit¿
alemán es todo el día y todos los días.
A cual
más interesan t es
son las
tres fases
ó períodos
en que se
divide en
Prusia la
instruc ción del
recluta, á
saber: instrucción
de detalle;
preparación para
enseñanel campaza que con
mento , y
Desfile del regimiento alemán de infantería de tinea nun¡ero
•
69
particular
campaesmero se
.
mento· y
da en t~dos los cuerpos prusianos, mués - p~eparac1ón para las maQiot&gt;ras, y r:ia trense, igual que sus compañeros, orgu- n10bras. En total, once meses, hasta allosos de los hechos heróicos realizados sados los cuales no dejan los quinto/ de

�EL EJÉRCITO ALEMÁN

POR BSOS MUNDOS

7'

173

r

Onservando al enemigo

Guerrilla á la japonesa

Comienzan ahora á aprender el órden
serl? para ascenderá veteranos. La qut1 de combate los soldados. Pero no son
pudiéramos llamar enseñanza primaria ya caprichosos sus movimientos: viven
la dan por grupos los suboficiales (sar- en perpetuo simulacro de guerra; no tragentos) bajo la vigilancia de un oficial; bajan para las formaciones, sino que se
y se expresa lo cuidadoso y minucioso adiestran para el combate. ¡Y de qué
de ella, mejor que hablando de la automática uniformidad de movimientos 6 modo!
Procúrase , en primer lugar, formar in·
de la mara vi llosa perfección en el manemejorables
tiradores,
jo del aryes un verma,consig·
d a dero y
nando que
ordenado
t
se emplean
derroche
al rededor
de
cuatro
meses
en
de cartuestaprimecheria el
r a fas e
que se hac e para
de
la
instrucción de
conseguir-

quintos.

lo. Mas no
El segunse crea que
do periodo
el tiro al
de ella,que
·.'-~~,_,:.,.¡,;;:;..·'
blanco se
ya n o e s
hace, corno
solo de re._,.,"if::·:.\,JC;I~'~~
'llit!~~
en otras
clutas,sino
partes, á
muy esAd. t· d
l
.
pié
quieto
smo
que se,
ecialmen •
1es ran ose en e mane¡o del arma. Ejercicios hechos en el cuartel
•
P
te de oficiales, constituye un momento verifica combatiendo, á la par que se eni~teresantísim?, porque desde aqui em- sayan y practican cuantos sistemas de
pieza á manifestarse el admirable y pelear inventa la inhumana ciencia de
acertado espíritu práctico que informa la la destrucción.
enseñanza militar alemana.
El ingenioso sistema de blancos con el

~'-!!lt,~.,,,~-,.,

-cual se simulan masas y siluetas enemi- lla parte. y el soldado se hace cargo de
gas que aparecen y desaparecen de con• la tropa, y con ella se mueve, avanza ó
r_etrocede, se retlnuo á d1ferenlira
6 ataca 1 se,
t es distancias
gun su entenes notabilisimo'.
der, y cuando ha
Por todos los
lerminado el sumedios se propuesto táctico,
cura ofrecer al
en
el acto y sosoldado la imábre
el terreno
_gen más aproxisegún lacostum~
mada de la gueb r e a I e rn a na,
·r ra. Es, si no
~ace
el capitán
frecuente, posia su compañía
ib le que una
la critica del mo-compañia piervimiento.
da en una acY por si todo
-ción todos sus
ello
fuera poco,
o!tciales, y pre•
para aproximar
viendo este caso
en lo posible la
,se acostumbra á
ficción á la realos soldados á
lidad, mientras
moverse solos
la infantería, la
para que a pren•
caballería los
.dan á no desmoingenieros,' los
ralizarse ni huir
sanitarios,
to por falta de jedos los cuerpos,
fes.
~n fin, trabajan
- Fulano,mcansables la
suelen decir los
a ~tillerí11.se~jer-capitanesácualc1ta en el tiro
quier soldadoal b 1a n co ent o m e usted el
viando susbalas
mando de la
de estridente silEntretenimientos
de
un
soldado
alemán
-compañía y ded
bar por encima
fiéndase de las
e las cabezas de infantes y caballeros
fuerz~~ enemigas que en tal número y
-co nd1c 10nes se presentan por esta 6 aque- á los cuales el nuevo reglamento de in~

�EL EJERCITO ALEMÁN

174

POR ESOS MUNDOS

batallón de cazadores de l~ Habana.
fanteria, puesto en vi_gor en Julio del año
-1uA. las maniobras? No, senor, á prepróximo pasado, quiere ac,ostumbrar al pararse para el\as,-me contesta el ofidesagradable y temeroso ruido de la guecial señor Carrión.
rra.
-iMás preparación1
*
-¡ Ya lo creo! Ha aprendido el soldado
**
á maneJ·ar el arma, á moverse en forma
t
Militarizado así el rPcluta. se encuen ra
forma de
ya dispues·
combate, á
to á pasar
ti r a r a 1
al último
blanco, esperíodo de
g r ima ,
su minugimnasia,
ciosa y
.1 ·
á montar
acertada
en bicicleinstructa,á manción.
dar un pe- A las
lotón y una
maniocompabras,ñía ... Ahoafirmo 'JO
ra tiene
cándida·
~½¡~,,?··,.. ,
que ejercime~te, re.. , ...•..,.,,,,
tarse en el
cordando
servicio de
mis cua_ ....,_"'"""'.....,_
avanzadas,
renta días - - - - - - - de pa truj u S t OS de
Banda de música de un regimiento de caballeria alemana
Has, de requin to en
. .
,
conocimiento del terreno y de adioinael regimiento de Luzón, y mis tres_ ~1as cio'n del enemigo (punto al. que se concede tiro al blanco v• uno de paseo
d d mili~ar
O
de grandísima importancia.) Ha ap ren ·
(legua y media de carreter~ es e . vie- dido á leer planos 'i á orientarse por las
do á Las Segadas, con intermedio de cartas, y ahora aprenderá á usa~ de ellos
baile) en los cinco meses que, _cuando lo sobre e\ terreno. Los soldados hslos adde Melilla, pasé como reservista en el

i

175

quirirán un nuevo conocimiento: el le- las rodillas, sufrien&lt;lo una nevada inacavantamiento de croquis ... Y tan pronto bable, y á cuerpecito gentil! ...
desplegará en guerrilla española, como
(Ahora acuden á mi memoria la voz
se arrastrará sigilosamente y avanzará amable del bondadoso teniente Fernáná saltos, según la táctica japonesa.
dez Méndez-¡salud!-y la perezosa del
A los ejercicios de día se unen ahora sargento Trillo, mandándonos Derecha é
inespera Izquierda,
das y freen elreduc u en tes
c ido comarchas y
medor de
prácticas
la 3.ª del
noctur2.ºdelLunas; y cozón, y el
mo antes,
uniforme
y co mo
y monótolueg o, el
no pisar
soldado
de los
nodescan ·
quintos
sa, haga el
haciendo
ti e m p o
dúo algoque quieillltn'J:.•;.2it:r
te a r d e
ra, porque
una beQéen Alema~~is#
fica lluvia
nia la luz
;;...-.a.:;:;.:..:....__;.-..-...;,.r;i;&amp;;II ___......___
de primadelsol y IA.
vera que
Guardia lormada prestando honores
c a y en d 0
0 bs cu r i _
dad de la noche, el calor y el frío, el sobre la bella Pontevedra nos obligó á
chorrear continuo de la llu vía, como el huir del patio donde hacíamos la instruca pacible caer de la nieve copiosa, son ción).
elementos de enseñanza militar. ¡Allí no
*
se conoce el «si el tiempo no lo impide!»
**
Volvamos á Alemania.
¡Cuántas veces hemos permanecido
Del servicio de patrullas y del particutodo un día andando con la nieve casi á
,'

El teniente españul soilor Carrión con los ¡eles y oficiales del tercer batallón del 7.0 regimiento del Rhin

�177

ILUSIÓN

l'i6

POR ESOS

MUNDOS

, -

~agrada á ser militar: enamorados todos
e su carrera, son, por convicción
&lt;lade_r~s profesionales de la mílici¡ v;r,serv1c1os no son mecánicos s·
d. us
mas· s
· ·ó
, 1 no e arho~breus dme1s1 n, la de formar buenos
guerra.
El espíritu de cuerpo tiene
t
_Proporciones formidables.
~ª;;º~fr◊cu¡ase que estén siempre junto;
. d iga . os solteros á comeren el ca~mo e oficiales de cada regimiento L
Jerarquía se tiene en mucho· el tul. a
apenas conocido.
,
eo es
-Serán
largos
y
pe
.
en las acad ·
nosos 1os estud10s
emia~...
-Verá usted El que
· á
ci!l sienta plaz·a de soíd:s¡~ra ser . o~miento d d h
en un regt. ·' don e ace sin dispensa todo el
se~v1c10 e armas de los soldados durante
seis
meses, al cabo de 1
R probación en
áos cuales, previa
iE
un ex men ' pasa á 1
q~~uela
Guerra del distrÚo militar :
diez
enece, de donde sale á los
-Oficial afee mesesdpara volver como subcuerpo e su procedencia. y

1

1

lr1ª

Pa:: ~~~~~s

en tal situación permanece ocho
nas! y á su término se constitu eS:~~;
o~ciates en tribunal para decidii la admisión del cadete, levantando acta de su
acrrdo, que elevan a l emperador quien
or ena el nombramiento del nuevo oficial..·
es cuando empieza
·
1a
d d1Y entonces
·
ver a era mstrucción militar de éstos!

*

**
Ser'í9: el cuento de nunca acabar reb[odu_c1r ~qui la visión de aquel admira~ ~Jército, que haciendo desfilar .ante
mi vista la 12. a compañía del 69 de linea
(
1:ttºr
Barre; capitán; Fiemann; oficia.
osti y. Bernhard), me presenta el
ilustrado primer t()niente español .
- Pero e.l entusiasmo de este ofi:~ial senor. Car~ión, por lo ajen'o, no lleva á menoserec1ar lo bueno propio: antes al cont~ario, se complace en afirmarlo y proe ama~lo, por~ue ello le hace es erar
para. dia _no leJª!1º, la elevación de ~ues:
tro 8Jérc1to al nivel de los mejores.

Hulanos alemanes

sembrados. Sólo por indemnizacion'e s de
1ar cuidado con que se le atiende no daños causados en estos, abonó el año
acabaríamos de hablar nunca.
último el 8.0 cuerpo de ejército, un millón
En Noviembre último se ha implanta- y medio de marcos. ,
do, después de numerosos y favorables
-iY después de las maniobras1
ensayos, un sistema al que prestan sus
-Como antes, el soldado trabaja forbuenos oficios las palomas mensajeras. midablemente, ocho, diez, doce horas
-Pues con tal preparación. al cabo de diarias en el cuartel ó en el campamenonce meses, llegarán los quintos á las to, donde sea: la cuestión es que no esté
maniobras hechos unos catedráticos,ocioso.
-0bservé yo á mi amigo Carrión.
*
-¡No acaba nunca la admiración de en·
**
tusiasmarse con esos catorce días de maHay en Alemania, como en España,
niobras generales ó de cuerpo de ej érci- buenos y malos cuarteles. No son allí coto, para las cuales se completa la prepa- rrí dos, como aquí, los dormitorios de la
ración del soldado verificando maniobras tropa, sino pequeñas habitaciones (corpaprevias de brigada y división!
rachos) para diez ó doce hombres.
Por lo que dejo dicho que se hace en
El regimiento alimenta á los soldados
..el campamento, puede suponerse hasta con una taza de café puro por la maña -qué grado se llevará aquí la ficción de la na, rancho al mediodía, menos fuerte
que el nuestro, que no comen en comu.guerra.
Todavía aumenta en este período la fa- nidad, y otra tacita de café puro por la
itiga de la tropas, admirablemente prepa- noche. El que quiere cena la busca, y si
radas, como se comprenderá, para su- no la encuentra se acuesta sin cenar,
irirla. Las marchas de cincuenta y se- como chico castigado.
senta kilómetros son cosa frecuentisima
-Observo que los oficiales están exenen estas maniobras.
tos de muchos de los servicios que poDurante ellas, el soldado se aloja y vi- dríamos llamar mecánicos, que hacen los
vaquea como en España; pero el patrón nuestros.
tiene obligación de dar de comer á sus
-Asi es. Guardias, semanas, revistas
.alojados con arreglo á una tarifa de an- de policia, etcétera, son cosas que incum,temano fijada por la administración mi- ben á los suboficiales (,;argentos). Pero
no por ello es menor el trabajo de los
lile r.
Nada impide los movimientos de las oficiales: su vida está extrictamente con1lropas .en las maniobras: ni muros ni

ALEJANDRO

PÉREZ LUGÍN

lLUSION
(De Gtethe)

La caprichosa cortina
se _ha ~ovido en su balcón:
quie_re ~ndagar mi vecina,
l?Uriosidad femenina!,
si estoy en mi habitación.
Quizás se ha puesto en acecho
para saber si el despecho
que todo el día senM
lo ¡uardo aún ocult~ aquí
en el fondo de mi pecho ...
Mas tales de mi vecina
los pens~mientos no son...
l Es la brisa vespertina
la que f!1Ueve in su balcón
la caprichosa cortina!

TEODOR6 LL©RENT E
6

�ACTUALIDADES

179

ACTUALIDADES
castellano de Mos, no la cuestión d&amp;
confianza, sino otra bien distinta: la imposibilidad de continuar en el Poder el
Nuevnmente tiene que verse forzado el
partido liheral.
cronista de PoR Esos MuNDOS á regisDon Alfonso XIII aceptó las dimisiotrar en esta sección una crisis polilica: nes que Vega de Armijo y sus ocho miel Gobierno formado por el marqués de la nistros le presentaron, consultó con los
Vega de Armijo el 4 de Diciembre últi- presidentt1s y expresidentes del Consejo,
mo cayó del Poder bajo el peso de la Senado y Congreso, y encargó tln la mallamada ley de asociaciones el día 24 de
ñana del 25 la
formación de
Enero pasado.
un Mini~terio
e in e u en ta
al jefedel pardías de vida
tido conservamir.isteria l
dor Sr. M11uempleados en
ra, e I e u a 1
templar caaceptó la coracté res, en
misión y hozurcir volunras después, á
tades, en re la una de la
mendarideas,
tarde, juraba
en malaventu·
en l1t cámara
rados intentos
regia el cargo
de unión entre
de
presidente
los distintos
del Gobierno .
hombres que
seo m p11 ñ11do
aspiran y
de los !'eñores
q:.1ieren y perDon Manuel
siguen, aunAllendesa laque lo disizar, como mimulen 6 lo
nistro de Esnieguen, ser
tado; marqués
jefes del parde F1gueroa,
tido liberal:
de Gracia y
esto ha hecho
J11sliria; D/\n
el marqués de
Guillermo Osla V e g a de
m a, dti llaArmijo, sin
c
i en da; leque, ni siquienientP general
ra momentáDon Francisneamente, loco
Lv iio, de
grara éxito
Guerra; cspipara sus gestá n de n11vio
tiones. Y, desDon Antonio l\1¡rnra, presidente del Couejo de ministr11s
de primera
engañad o,
clase Don Jo5:é Ferréndiz, de MiHina;
malhumorado, dado á todas las amarguras de ver Duu Ju11n Lacierva dt Guuermri,111; Don
cónio desaparecía el gran bloque fusio- Augu~to Gonzále2 Besuda, dP Fome11to,
nista que se agrupara antes bajo las ór- y Don .F11ustino . Rodrlguez S11.mpedro,
denes de Sagasta, planteó ante el rey el
LOS CONSERVADORES EN EL PODER

1

Don Man_uel Allen~esnlaz1 r, min1,tro de Estado

.l

de Instrucción Pública
y Bellas Arles.
. El cro~ista,
1mparc1al á
fuer de honrad o, y sin
que esta afirmación sea
anuncio de
sus opiniones, hace
constar que
el pals en genera I ha recibido con
satisfacción y
con agrado la

~farqués rle ~igueroo, minist ro
de Gracia y Justicia

Don Guillermo rl• Oima minis- .
tro ue Ifaci~nda'

7

Teni•_nte e:_eneral Don l&lt;'rancisco
Lono, mm1s1ro de la Guerra

Don Juan de L•ciervn, ministro
de la Gobernación

r.;ipit_án ~e n~vío de J.• Dnn José
~ errnndtz, m1oistro do Marina

Don Au gusto González Besada
ministro de Fo.mento
'

entrada de
los conservadores en el
Gobierno·
que éstos no'
han solicitado• el Poder1
srno que han
len ido que
aceptar o, no
de muy buen
grado, porque el or~anismo liberal, completamente roto
destrozado'
minado en s~
propio lerre-

Don F!i'!ªtino Rodri~uez 8,mpedro, m1a1stro de Jnstruc. l'ubhca

�ACTUALIDADES

180

POR

181

ESOS MUNDOS

\ad ninguna después del presente _mes _de
no, hallábase y a i~posibilitado para Enero en cualquiera de las 1~les1as
ninguna obra de gobierno_; y que la rá- ahiertasordinariamenle en Fi:anc~a, esto
significará
pida constitución del Gabinete formado
l
,1ue han alpor el señor
canzado sus
Maura y la
a spiraciodisciplina
nes; si ocuque los conrre lo conservad o res
trario, si pa·
han demosra satisfacer
tt-ado en las
los fervores
aceptaciodel
cultoque
nes de los
pro tesan,
nombra~ienen que
mientos del
verse obliga·
personal y
dos esos cacargos po\í·
tólicos á forticos hechos
zar
las puerpor su jefe,
tas de los
han servido
templos, y
para, q~e en
los gendarlos an1mos
mesólas trode lasgentes
.....
,,_......
pas logran
_.,.,
....
.
_.
_
_..
naica la esimpedir
este
peran za de
propósito
ó
que, al fin
11.l
menos
se
desde hace
oponen te-ya algún
~t t'
Cll,lllpOs obra del escultor Mariano
t á
1
Monumento al i~nera " fr ~e~ de Guaiemala del Parque de Madrid,
nazmen e
tiempo, vaBenl,iure, descubierto en ef28
EBero último '
su
consecu,
mos á tener
los es- ción, los anticlericale~ y _el Gobierno
Gooierno ...
Que en estos tiempos que para
podrán considerarse v1ctor1osos.&gt;)
Estamos ya en el
pañoles corren, es una gran cosa.
mes de Febrero, y no
ha habido necesidad
FRANCIA Y LA
r.
de apelar á medios
IGLESIA ROMANA
extremos: un dipuDábamos cuenta el
tado, M. Flandin,
mes pasado en ~sta
presentó un proyecto
sección, del conflicto
de ley que era una
planteado entre el
fórmula de paz entre
Gobierno de la Reel Gobierno francés y
pública francesa y_el
i,\Vaticano,yM. CiéVaticano y los 0~1smenceau acordó, papos de dicha namón
ra facilitar más la
con motivo de Ias
concordia, sustituir
declaraciones culese proyecto por ~tro
tuales exigidas en la
en que se suprime
ley de asociaciones
la necesidad de las
formulada por Cié·
declaraciones para la
menceau y Briand.
celebración dei culy terminábamos los
to. En el preámbulo
aomentarios que hade este proyecto se
cíamos á la situaexplica e ó m o 1os
ción entonces exispárrocos, por un a
tente, con estas pa·
Don Allonso XIII en el instante de cortaJ e~:°:t1!~z
declaracién
que con8
labr.as:
que 5ujehba la cubierta del monumonto e
tenga su nombre Y
(&lt;La prueba de la
campos
que no requiera la
victoria por una u
.
. firma de ellos, podrán obtener el tHu~o
otra parte será muy (é.cil_ y s~nc1l)a: s1 J·uridico apra el goce gratuito de los ed1los católicos pueden o1r misa srn d1ficul-

---11JW-

:e

-

-

Muzalter-ed-Din, shah de Persia, tallecido en Teherán
el 10 de Enero último

Mohamed-Ali-Mirza, que ha heredado el trono persa
por muerte de su padre

ficios destinados al cullo. Como el motiESTATUI\ DI': MARTÍNEZ cAMPos
vo principal invocado en la Encíclica
del Papa para abstenerse de la declaraEl acto de ser descubierta la estatua.
ción era la ausencia de título jurídico en ecuestre de Martínez Campos levantada
las leyes anteriores, la situación cambió en la Plaza de ~uatemala, del Retiro, venotablemente y de modo ..-- - r1ficado el 28 del pasado
favorable para los obispo8
mes, revistió gran solemnicon este proyecto, que fue
dad: concurrió el rey, acomaceptado por el Vaticano,
pañado de su cuarto militar
aunque con ciertos repay de la familia real; asistieros.
ron el jefe del Gobierno y
La nueva ley, puesta á
el ministro de la Guerra, y
discusión en la Cámara
los marqueses de Cabriñafrancesa con carácter de
na -y de Estalla que iniciaurgencia en los cuatro últiron, organizaron y llevamos días de Enero pasado
ron á término la construccon objeto de que pudiera
e i ó n del monumento; y
empezará regir el l.º del
también estuvieron a 11 i
actual, fué aprobada por
presentes gran número de
550 votos contra cinco.
personalidades militares,
Lo cierto y positivo es
políticas y de todas las claque ha llegado el mes acses sociales.
tual sin que se haya susEl Sr. Maura pronunció
pendido el cullo ni turbado
elocuentísimo discurso del
el libre ejercicio de este en
que trasladamosá esta erólas iglesias católicas frannica los siguientes párra-·
cesas; y a un que 1a paz no Antonio Montes, célebre torero se- fos:
está hecha totalmente entre vill,,no,
tallecido en Méjico el 1 1 de
L
1
E_n_ero 6llimo, de 1esu\1as 'de gra(( os a tos hechos del cauel Vaticano y el Gobierno VISIIDS cornada.que recibió en aque- dillo, tallado en carne de
11
de la vecina república, ya
ª plaza cuaLro días antes
soldado, como han solido
se han puesto los jalones para lograrla serlo cuantos alcanzaron gloriosa postecon la polltica deconciliaciónfrancamen- ridad; los aciertos del gobernante, á los
te adoptada por una y otra parte, que es cuales dió realce la amarga experiencia
de esperar no se turbe nuevamente.
del suceso, viven todavía en la memoria

�182

183

POR ESOS MUNDOS

~sos ~ráleres por donde exhala el f
mler10r que funde viv"fi
uego
las nacionalidades'·~ i ca, y preserva
i •
, uego en el cual las
orJa y las adapta al curso de siglos.Y
generaciones la diestra omnipoten le de la
Providencia
divina.»
EL TRONO
DE PERSIA

Electos de l:i. explo.;lón de una bomb11 aouquistn en I• caja del Banco Nacional de FJ111dellia, E&amp;tados Unidos
de Norte-América

nuestra y no han menester de encareci- pronto, cuando todos nosotros hayamo~
miento. Pero muy deprisa la gener11ción dejado de existir, contemplarán los venique los presenció va exdaros esta hermosa efi tinguiéndose, y ellos v11 n
gie, evocarán el recuerinternándose por los do·
do de sus campañas, de
minios de la Historia
sus abnegaciones, de sus
donde queda inerme la
arranques, de sus clarihosti\idad, donde no pevidencias, de toda su nonetra el olvido, mas donble vida; se sentirán orde la injusticia no siem·
gullososde participar en
pre aca la el edicto de
ella, incorporada, como
pro~cripción que debieestá, á la comunidad de
ra detenerla en los umlo pasado y lo futuro en
brales. La Historia desque consiste la esencil\
deña, por opulentas, por
de la Patria, y muchos
regocijadas, por ruidosas
proseguirán con paso inque sean, l11s vidas que
cierto discurriendo por
se emplearon en la proestas alamedas, sintiendo
ia satisfacción, y sólo re- l\\uia_de
s~xe-Alteobnrc, reino de llanover, el cora1.ón
emulado
1•
fallecida en Gmunden el 9 de Enero pasado
l•
d ¡ · con
¡
gistra los nombres de
e mcen,1vo e eJemp o,
P
aquellos muertos que supieron enlazar despertador de nuevos mereciruientos.
sus fugaces horas con algo grande y Mas a hora tenemos otra obligación nosperdurable , como es
otros, los que hemos
·1aPalria. Porque Mar
convivido con Martitíne1. Campos consa ne:,. Campos.. los que
gró á España su exishemos mezclado con
tencia entera, porque
la suya nuestra acción
!-\U -vida toda se conpropia en la vida posumió como ofrend11
lítica de España, los
en el ara de la Patria,
que ante este monuahora que ya se exmento vemusevocada,
tinguió, perdura la fra
no tan sólo la memogancia de las virtudes
ria de sus hechos, similitares yclvicas que
no la persona misma
atesorósunoblecor11rediviva: nosotros,
zón. Estos bronces,
que hemos sentido laestos mármoles, aun
lir aquel cora1.6n vaantes que el cincel
ronil al vibrar delcolesinfundiese el alíenra1.ón nuestro, que
to vivificador del artishemoscom pa rlido sus
ta inspirado, por ser Don Ramón Piiia,qoehasMonombra~o ministro Asperan7.8S Y sus trisimperecederos ya simplenipotenciario de J!.spañaen Washington
tazas, estamos obligabolizaban el triunfo
dos á dar ante el rey,
del espíritu de aquel hombre contra el ante la real familia, ante la nación enteinsolente poderlo de la muerte. Muy ra, testimonio de lo que hemos visto y no

-- . -

�ACTUALIDAD E$

186- •

POR ESOS MUNDOlS

184

so, senda del Cielo,.Juente de la Cien~ia

LA REINA DE JlANOVER

y otros por el ' estilo. Muzalf~r-ed-Dm,
Otra baja en la lista de _soberano~ tieque habia nacido en 1853, subió al t~ono ne que registrar esta. cróni_ca: 1~ prmc~por muerte de su padre Nasr-ed-Dm el
sa M11.ria-AleJandrma-Gu11 \lermina de Saxe-Altenf 0 de Mayo de 1896 Y era r
burg, reina de Hanover,
el quinto soberan_o de la
dinastia delosKadJars, que
fallecida en Gmunden el ~
es la casa reinante en Perde Enero pasado.
Esta princesa habla nasia. Modernizó á paí~ en
todo lo que e~ amb1en~e l ·
cido el año 1818, Y en 1843.
contrajo matrimonio con el
oriental lo ha ido permitiendo, introdujo nueva!príncipe Jorge, que descostumbres en la manera
pués fué Jorge V, rey ~e
Hanover, el cual perdió
dé ser de aquella política.
entabló relaciones con las
su reino en 1866, cu~ndo
naciones europeas, yexlen·
la guerra entre Prusia Y
Austria. Desde en~onces,
dió é hizo extender por el
mundo el conocimiento dt,
esta familia real h~ vivi~o,
de lo que es el pueblo per en plácido y tranquilo_ retlsa al cual, últimamente,
rJ alejada de los luJOS Y
dotó de una Constitución, Don José M. Beranger, almiran~e s~lemnidades de las cortes.
hecho del cual ya dimos de la Armada, tallecijo ~n Madnd y de los palacios.
el 23 de Enero último
cuenta d11talla da en nuestro número de Octubre del
LOS TERREMOTOS DE JAMAICA
¡
año próximo pasado.
.
.. 0
Al shah muerto ha _su~ed1do su h 1J
En la serie, quepa rece ina?abable, de
mayor Mohammed-Ah-Mirza, que cuen- desgracias que han asolado ricas pobl~ta trei~ta y cinco años de edad Y _pos~e ciones en estos pasados meses, e~ precivasta y extensa cultura y e:tt.r~ord_mar10 so incluir á la bella ciudad de Kmgston,
amor al progreso y á la c1V1hzac1ón de capital de Jamaica, destruida por un eslos tiempos modernos.

r

--·- -

ibles terremotos ·el U de Enero último
Vista de Kingston, capital de Já Jamilica inglesa, destruida por terr

Aspecto de una de las calles principales dJ Kingslon después de los terremotos ali! ocurridos

pantoso terremoto el 14 de Enero último. rasantes fotografías de la ciudad de
Fueron grandes las desgracias, perso- Kinp:ston antes y después del terremoto
nales ocurridas: pasaron de quinientos citado.
los muertos y de mil los heridos; y la
EL ABATE PEROSI
ciudad sufrió tan considerables daños
que de ella apenas
El célebre é ilusquedó edificio sano
tre director de la
después de las conCapilla Sixtina del
Vaticano, abate Lovulsiones que la tie•
renzo Perosi, ha darra sufrió: iglesias
do en Madrid, en el
y hoteles, palacios
Teatro Real, dos aucomo los de Justicia
diciones de Moisés,
y Correos, edificios
uno de sus famosos
bancarios y casas
Oratorios. Aunqu&amp;
particulares, en fin,
ca ye ron a 1 suelo
no es esta música
derrumbados,aplasmuy del agrado de1
tando entre sus espúblico que asiste á
combros á las deslas funciones d&amp;
graciadas victimas.
aquel teatro, el abate Perosi fué respeLa población, que
tuosa mente aplaucontaba cuarenta
mil almas antes de
dido y sus trabajos
han obtenido éxito.
la catástrofe, fué
auxiliada por las
Perosi es mu y
autoridades inglejóven, pues sólo tiene treinta y cinco
sas, que-son las que
alli mandan, las
años de edad; pero
desde que contaba
c u a 1 es supieron
conservar la sangre
diez puede decirs&amp;
fria necesaria y el Al)ate Lorenzu Perosi, director de la Capilla Sixtina. del que ya era músico.
VO:ticaDd, que ha dadc en el Teatro Real de Madrid
En su misma famiespíritu y presencia
dos audiciones de su célebre oratorio Moisés
de ánimo indispen- ,
lia halló ambientesables -en casos como el que registramos propicio para el desarrollo de la afición
para no aumentar la desolacióny el pe- que desde entonces, (desde antes aún,
ligro de los supervivientes.
cuando no tenia más que siete años),
Publicamos en estas páginas dos inte- Perosi mostraba por el divino arle: su

�POR B!IOS MUNDOS

186

Don José Sincb&gt;z Gae,ra, nnevo
,~bern~dor dal B1nJo ,h E,p:ih

J uie· IJ~vt,, Mmbrado
D,cal del Tribun1l Supremo

1) ,n

Mvqnh de Pidal, nnevo presidente del Consajo de t~tado

padre era músico excelente y de cu\- tan grandisimo nivel con los Oratorios,
tura grande, y desempeñaba el doble base de su fdma universal, que le han
cargo de organista y maestro do capilla conquistado el puesto preeminente que
de la Catedral de Tortona, y el ejemplo hoy ocupa cerca :le Su Santidad, que en
de éste influyó en el hijo y sus conocí- tan a \la estima tiene sus méritos y valimientos le inculcaron en el dominio del miento. A los catorce años de su edad
órgano y de la composición, inspirándo- puso música á Je/té, de Carissimi, inile en las severidades de la escuela se- ciando, á través de sus páginas inspira~ui~a por Clementi, Lemmeno, Bach y das, el concepto que le merecia un géne·
Cherubini.
ro al que estaba llamado á dar gran im«Un año bastó á Lorenzo Perosi-dice oulso. Recibió en el Conservatorio de
uno de sus biógrafos-para desentrañar Mtlán las sabias lecciones de Michele
las obras clásicas, /uguisticas, del gran- Sa ladino, sólidamente instruido en el
dioso Bach, realizando incansable sus dificil arle del contrapunto y fuga, base
estudios, hasta llegar á dominarlos por inconmovible de su labor futura . Allt dió
completo, en un piano ordinario de su de mano á su instrucción musical. Y no
propia casa, al que se había adaptado un queriendo apartarse de la patria ni de los
modernísimo
.,....,.......,,,.
suyos, rechapedalier. El ~
zó halagüeórgano consñas propotiLuyó, desde
&lt;1iciones de
\uego,su insRatisbona,
trumento fadonde le ofre•
vorito, aquel
cieron la cáque mejor
tedra de órr ea l za los
gano, prefiefectos del
riendoseguir
género en
modestamenque habla de
le en el puesbrillar Pdrolo de maestro
si; y viéndole
&lt;le capilla de
¡ m provisar
la Catedral
sobre el te~ ""--'""'
de Imola. En
ciado de divi1891
pasó
á
Marques de las Torrecillas. nueDon Lui• Menéndez Pidal. nuevo
V
•
no origen,
vomayorJomomayordelrey
académicoJ.eBeU,sArtes
enecia, enhacesentir al
cargándose
oyente una impresión !!uave, indescripti- de la capilla de San Marcos. Desde esa
ble,de edático misticismo. Nutrido en el fecha, considera Perosi á Venecia como
concepto propio de la música litúrgica, su gralisima residencia, y la basilica fabien pronto supo asimilarse los elemen- mosa como el asilo más adecuado á su
tos que habían de elevarla en su poder á inspiración arlf s l i ca, aumentando de

�188

POR ESOS MUNDOS

ordinario afecto á la lámpara d_e arco
por medi¿ de un hilo flexib~e. Silbó en
en el micrófono un
aire de ópera , y los
tonos que reproducía la lámpara se distribuyeron por toda
la sala, donde se había congregado nu meroso público para
oirá Mr. Duddell.
Cristo en Gerusalem Las fotografías que
ne (1900)., en Milá~ ;
damos á conocer en
Moises (1901), en M1_esta sección reprol á n; Giudizio Umducen e\ método
o e r sa le (1904), en
el cual M. Poulsen
Roma; Stabat Mater
ha conseguido vencer
(1904), en Móna?o Y
una grandísima diBaviera; D te s irce.
ficultad de la lelegragran can~ata (1905)
fia sin hilos: la irre en el Vaticano; dos
guh,ridad de las prosuites para grande
yecciones de las honorquesta (1906). Y to das hertzianas en el
davia no ejecutad~s:
espacio. Era esto d~un tema con variabido á la irregulariciones, para orq1;1esdad en las chispas, Y
ta. más de dosc1en ·
el citado Poulsen ha
t; s coro posiciones
logrado comprobal'
religiosas; veinte salque el remedio conm O s y veinticuatro
siste en aumentar en
misas, entre estas la
grado extraordinario
más importante una
el número de chis ·
á seis ú ocho voce~,
pas generadas si~ul -'
compuesta con motitáneamente cada msvo de la muerte de
1\1. Paul Révoil, nuevo embajado_r de la República
tan te. En una de las
1rancesaenMadr1d
fotografías que puLeón XIII.»
blicamos, la máquina de ~oulsen proNU EVO TRIUNFO DE LA CIENCIA
duce diez mil distintas c~1~pas p~r serrnndo . Rl apera to fué exh1b1do re~1e~t.eHace ya algún tiempo que se sabe que l"&gt;
mente en la Instituc10n
el arco eléctrico puede
Central Telegráfica da
convertirse á la vez 0 11 '
de Roma por el profoarco vocal si se le un ti
sor Quirino Mejorana .
á un micrófono. El desEMBAJADOR FRANCÉS
cubrimiento fué hecho
por M. Simon y desa Damos á conocer en
1
rrollado por Aühmer.
esta página el re~rato de
M. p O u \sen verifico
M. Paul Révo1l , que
mejoras posteriormen viene á Madrid como
embajador de la Repúte.
Pero ahora, Mr. Dud ·
blica francesa .
dell, de la Royal InstiM. Révoil ha logrado
tution, de Lóndres, ha
gran fama .Y rep~tación como d1plomát1co,
demostrado que se puey sus últimos triunfos
de utilizar el arco eléctrico como teléfono. A l
los obtuvo al representar á su nación en _la
efecto, dispuso que uu
ayudante suyo se tr_as .·
Conferen~ia internacioladara á otra habita- Don Manuel Durán YBas, ilustre jurisconsul- nal de Algeciras sobre
to y pol!lico conse,vador, tallecido en Bar, easuntos marroquíes.
ción llevándose un ~i lona el 10 del actual
crófono , un transmisor

con éxito si cabe, ~ún más creciente.
La Resu;re:iione di L r,¡za,·o come nzó dt'. s ·
pués su giro triunfal
por el mundo, Y á r
esta obra siguen Na ·
t a l e del Redentore
(1899), estrenada en_
Como; Sirage de glL
Jnnocenti (1900), en
Mi¡ á n; Entrata di

Pº"

,;:·. ~-

~~ -

t__..

Novela homeopáticamente hidroterápica
y alopáticamente inverosímil

. ..,/4&lt;-l~ ~/
.'ff4.~~.',#'
11
.··;t,,

~\ .

~

1!f

V.-COJV\IDA TRÁGICO-CAJV\PESTRE (1 )

puesto para el estómago; otro para el hígado, y
en sus verda- otro, .el general, para los órganos respi} ) ~/¡,,/ ·
deros oficios, sa- ratorios y el reuma, aunque éste último,
bía más que Ca- qeundaba en la creencia de que aquellas
rran_za y Ponce juntos en los suyos res- aguas debían de ser buenas para todo.
pecltvos.
Ya iba la enorme tortilla muy avanzaMientras Don Pedro Ponce analizaba da en su completa extinción cuando los
el agua del modo prodigioso que hemos lebreles Ton y Tin, que se hallaban tumpresenciado, el secretario había tendido bados á la larga á los piés de su amo esel albo mantel sobre una peña recubier- perando pacientemente los despojos que
ta de blando tapiz de líquen, que forma- habían de ser su festín , se levantaron inba un leve promontorio en el nivel de la quietos y agitando la cola, mientras dapradera y en los confines de esta, donde ban muestra de caza en la espesura.
ya comenzaba el monte á espesarse de
-¡La escopeta, Lebrel, la ascopetalaltos é im pt1nelrables matorrales.
gritó el general.
Sobre el santo suelo lomaron asiento,
Lebrel se dirigió rápidamente hácia la
cada cual como sus facultades se lo per- peña donde habla dejado el general la esmitían , el general, Don Pedro y Don copeta, para cumplir la orden. Pero fue.Juan. En cuanto á Lebrel, quedóse en ron más rápidos los acontecimientos: un
pié para atender á las necesidades del ruido enorme avanzaba amenazador; paservicio, que simultaneaba corriendo recía como que un ejército numeroso lle.atrozmente.
gaba á todo correr y talando el monte.
Las provisiones eran abundan les y exEl general Pánico esgrimió el cuchillo
•quisitas, dentro del carácter campestre á de trinchar disponiéndose á una lucha
-que estaban destinadas.
titánica cuerpo á cuerpo con lo que fuese
Tortilla de jamón ... con mucho jamón, aquello que tan de improviso llegaba, y
huevos cocidos, pollos asados, sa lchi- momenles después cayó sobre las vian,chón, aceitunas, lomo adobado, pimien- das un enorme gamo que de un salto
tos dulces morrones y escabeche de atún, ganó la pradera, y al emprender nueva-queso manchego y algunas frutas varia- mente su veloz marcha atropelló al padas: todo esto se hallaba á la vista de los cífico Don Juan , que ya estaba más muer•comensales, para que cada cual fuese co- to que vivo.
gi8'1ldo las cosas por el orden que más le
-¡Quietos, quielos!-gritaba desafora.agradase, que es como se debía de comer . damente el general.-No hay que alarun todas las partes donde hay más de dos marse ... Los perros le siguen 'Y puede
manjares que comer.
que consigan darle alcance.
Haclanse cábalas sobre la virtud teraNo había concluido el general superopéutica que pudieran tener las aguas: rata cuando otro gamo, y otro, y otro, á
uno opinaba que debían de ser buenas la desbandada, y como si fueran todos los
gamos del mundo, saltaban por el mismo
(1J Véanse nuestros números 189 y 142 á 1«.
sitio, yendo á caer uno sobre el geneLEBREL,

�190

LAS AGUAS DE SAN CANUTO

POR ESOS MUNOO3

ral, el otro sobre Don Pedro ... y el otro
hubiese caído sobre Don Juan si este
buen señor no se hubie1·a pueslo á salvo
en lo alto de una corpulenta encina, por
la cual había trepado como un chimpancé.
El pánico fué general, y el general Pánico, que quería dar muestra de serenidad y de valor, se subió a la peiia donde
estuvo sentado, y 1uego se su bio á otra
más alta, y luegoá otra más aun ... y gracia!'! á que se acabaron l11s ptiñas: quti, si
no , ¡sube más alto que el duque de los
Ahruiios en la sierra de R iwdnzoril
Don Pedro Ponce fué el un1co que nesafio gillardamente los peligros en medio de la pr11dera, porque Lebrel también
sorteaba detrás de otra encina para que
las reses no le vieran ni le atropellaran.
-¡Se asustan ustedes de cualquier cos11 l
-dt1c1a ei general des:le una altura, en
cualq,1iera olra ocasión inacce➔ 1ble pina
él.-Setrata de doce ócalorcegamosque
se conoce que vienen perseguidos.
-Yu no me he asustado, ~➔ neral,-le
repuso Don Pddro Punce.-Usted es el
que ha corrido como una ral11, y aun
eslá usted á treinLll metros sobre el nivel
en que estoy yo ... Ahí no llegan las águilas. y. sin embargo.está usli,d bl-r ndiendo el cuchillo con una m1tno y con la
otra la asco pelil !
-¡Lo que sé decirle á usted es que si
tuviera yo aquí mi brigada de infantería,

habían de saber esos gamos quién es el
general!
Al terminar de decir eslo, un ruido
mucho más alarmante que el primero
volvió á turbar el ánimo de los expedicionarios, que ya se habían creído fuera
de peligro.
-¡ Pongase usted á salvo, Don Pedro!
-voc1ftlr1tba Don Juan desde lo ello de
la encina.-¡ Póng11se usted, por Dios, a
salvo! ¡Mire que ahora el peligro es gran de! ¡No sea lerner11rio, véngase aquíconm1go!
- ¡Lgbrel, Lebrel, Lebrel!-gritaba
de&lt;iafuradamente el general.
En eslo invade la pradera una manada
de ¡1tbalies, en número de treinta ó cuarenta que llegaban á la desband11da también y tirando á diestro y siniestro terrihles dentelladas.
Por pronlo que Don Pedro quiso huir
viendo que el peligro ara in,ninente, ya
le había alcani1tdo el colmillo de una de
lac; reses, derribándole al suelo, sin sentido , y manando sangre por una ancha
heridtt en el muslo izquierdo.
U no , dos, lre&amp;, cuatro, cinco, seis, hasti veinticuatro detonaciones se oyeron,
como disparos hechos por un cañón de
tiro rápido: era el general, que desde lo
alto de 111 peiia no se d1tba punto de re poso á hacer salvas, porque todos aquellos disparos no eran otra cosa más que
salvas, que los jabalíes celebraron mu-

~ho,. aunque afortunadamente h
la misma forma y velocidad
huy~ron en
gado.
que ab1an lle-

191

-¡Le han matado 1 h
ola decir dolorosam~n~e a~n matado.1-:-se
Don Juan desde lo alto d 1 pr~denlls1mo
·Q
e a enema
:-1 ué le han de matar hoir.b 1·
phcalJa el general.-Está 'h 'd re -le rete, y no debe de ser de
er1 o s~lamená ver si le puede conten~~~=e:ad: be¡e ~sted
-,Yúf •Yo no ba·o d
emorr11g1a.
que no ha'y caza m! e aquí hasta que sepa
á la redonda!
yor en cuarenta leguas
-Pues bajaré yo por
.
que ese homb
d.
que es inhumanú
re se esangre
- . Pero ' senor,
·
,no le decía
pusiera en salvof ¿Por é
yo que se
pagar extrañas b1zarri;~ q:aemos e_hora v
cuenta1
no vienen á
-Si yo pudiera bBjar d
,
en el suelo ... Pero es el e e Bqu1, ya estaba
bajar, ¡ni aún me expl' asoóque ni sé cóm0
ico e mo he s b'd
u I ú
eº n 1as dos. manos ocu adesl
-¡El pá01co,quep p 1
•
Yo también estoy aqºu~e ~ asd, m1 general!
cuenta.
Sin arme peifdclJ
-¡Lebrel, Lebrel, Lebrel!- 1 .ó
.
lar el general.-A Lebr Id vo v1 á gr1ocurrido también una
ehe. de haberle
á mi I lamamiento.
esgrac1a: de otro modo no se comprende que no acudiera
l
-¡ E soyequí
sanoy 1
trás de las peña~.
sa vo, senorl-exclamó Lebrel con voz ah d d
-¡Dóndtf ¡Cobarde á
oga a, esde decuchillo , que es o u01co
•• ' m s que cobarde •S ¡ d
h f. s1. no quieres que Le t·
que
ya
me
q
d.
1
a
.
e
e
1
ue a por tirar! ¡Pu
ira e1
traigo á las monltiría:f vaya una ayuda que yo
~
-¡ Pero, señor si estoy . t d
que querl11 irse c~n losjab sl~Je an o á la burra,
y con los perros!
a ies y con los gamos
-¡ Pues h11 her de¡· ad á I b .
:_/
ro es Don Ped
o a orr1ca, que primelibre en mitad rdo, qlue sed está muriendo á caño
_.
,
e a pre ere!
d
1Alla voy señor 11 ·
pue e hacer por Don 'p' d 1' a a voy, á ver lo que se
-Lo qu d
. t' ro
e ,goyo ' m1 ganeral
·t b
per der posiciones
~ . ,-gr1 a a Don Juan sin
de~arrolla un senlid~s t1e l1e~en razón al decir que se
Pon~e tendrá un alad costa e los_ ~emás: este señor
de vista anda basfante ~or muyEexqu1s1t?, pero de oído y
rpe. n cambio n t
n? sa bemos decir si el . b ' oso ros, que
visto y olido que babi Jara e es du Ice, hemos
tura.
ª qu:, ponerse en una al-

d

-Déjese de chanzas
que estamos en el "Bsori seno; naturalista, por,
A p11r er un buen amigo.

�HOJAS SUl::l.'fAS

192
-No, si no me chanceo. ¡Pues ganas
tengo yo de chanzas, cuando me ha alcanzado una coz dal primer gamo y tengo en la cabeza un chichón del lamaño
de una naranjal
-Pues yo creo que me he dislocado un
pié, además de que me he cogido tres ó
,euatro veces los dedos en los gatillos,
por hacer fuego deprisa.
-¡Señor, señor! Bajen ustedes, porque
Don Pedro se muere: la sangre no se le
puede contener y dentro de poco ya no
hará falla contenerla porque se le habrá
salido toda.
-¡Oye usted, Don Juan, lo que dice
Lebrel? Es preciso que usted trate de
restañar esa hemorragia.
-4Habrá más jabaHes ó más gamos7
-Yo no lo sé... Lo que ad vierto es que
debi traer también al veterinario en esta
expedición cientifica, porque aqui lo
más notable es la fauna.

-No hubiera estado de más: yo sé que
todos los animales tienen mucho instinto, y huyen de los veterinarios más que·
· de los buenos cazadores... ¡Quizás si el
veterinario acierta á venir nos libramos
de estas invasiones! En fin, voy á ver si
se puede hacer algo por el intrépido Don
Pedro. ¡Sea lo que Dios quieral
Lebrel, interin, lavaba incesantemente con vino de la bota la pro!unda brecha de la pierna de Don Pedro.
Mucho trabajo le costó al señor Carranza bajar de la encina en que se había encaramado; pero, por fin, bajó y se
dirigió rápidamente y con gran solicitud
en auxilio del desventurado señor Ponce.
El general también intentó ganar el
suelo, después de quedarse con las manos libres para asirse de los picos de las
peñas; pero ni aun e.si conseguia su propósito, y tuvo que llamará Lebrel para
que fuera en su ayuda.
FELIX

..

MÉNDEZ

Dibujos de J(arikato

HOJAS SUELTAS

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Las almas de las mujeres
comparo yo á los paisajes:
unas, para el bien fecundas,
son como fértiles valles;
otras, desiertos incultos
6 selvas impenetrables.
Y las hay privilegiadas
que, cual deliciosos cármenes,
flores de raro perfume
ocultan entre el follaje.
Te juro que no es bromita: .
aunque el por qué no me exphco,
cuando tu mano lo agita,
me suele dar tu abanico
el calor que á ti te quita.
-Todo es mentira en el mundo,dicen los que filosofan.
Yo pienso, al ver ciertas caras,
que hay mentiras muy hermosas.

V1cENTE Nicouu R01G

•
1

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:1

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                    <text>PoR Esos l\lluNDos
l'lJHLIC.\CIÓX ,\IEX"'L'AL ENCICLUPEIHC.\

VIREC íOR·l'RllPIETARlO

J. DEL PEROJO
Dbn~FOND()

•-~MAl.ooNADO

Vt)LUi\llEN XIV.--¡-\l'\O \l III
ENERO-JUNIO, 1907

MADRilJ)
IMPRE~A PARTICULAR DE "POR ESOS \{UlfDOS' , SAST.\ Elí!&gt;RACIA, ¡7

�Ale YHilll
OBRAS /"\AESTRAS DE FINTURA

LA BELLEZA CLÁSICA FEfv\ENINA
Los mayores triunfos de los más gran - «¡Qué rostro tan hermoso! ¡Es el rostro
des artistas que h rn rendido culto á de una madonnal», hubo quien mecenPintura van principalmente asociados á suró por colocar aquel trabajo en lugar
la representación que han dado en sus preferente de la habitación, añadiendo:
obras al indiscutible imperio de la belle- «¡ Parece mentira que haya artistas que
pinten rostros en los
za femenina. Sin
queaparecen retraembargo, es rara
tadas tanta vileza
la ocasión en que
y tanta ruindad!» Y
aparecen de acuerde este día y de tal
do los idea les de
incidente nació en
los pinlorescuando
mi ánimo la idea
tratan este asunto
que el presente aren sus lienzos más
ticulo rela la á los
famosos. Y es helectores, y quepuse
cho curiosísimo y
en práctica a penas
muy in teresa n te
nacida en mi cereque la hermosura
bro.
de la mujer-tema
Quería yo conoacerca del cual tocer la opinión de
do el mundo tiene
los principales arsus opiniones tistas y críticos consea diametralmentemporáneos acerte comprendida, no
ca de la in terpresólo por razas distación que á la betintas, sino aun por
lleza femenina han
indivíd uos de un
sabido dar en sus
mismo pueblo y de
obraa los grandes
idéntico exquisito
maestros de la Piny elevado gusto.
lu ra; y reuniendo
En mi gabinete
en mi poder las mede trabajo tengo
jores y má&lt;( perfeccolocado un bellítas fotografías que
simo retrato demuencontré de los majer. Son muchos
g ii;trales cuadros
los artistas y las
La (fioco1ida, cuadro de Leonardo Da Vinci. que se
conserva
en
el
Museo
del
Louvre,
de
Paris
que
reprod UZCO en
personas de refinaestas páginas, conda educación que
me visitan: pues mientras una de éstas, en vidéá aquéllosá un banquete,en el cual mi
presencia del cuadro, elogiaba la belleza toast fueron estas exclamaciones y esta
de la mujer retratada. diciendo extasiado pregunta: «¡Loor á la belleza femenina!

�4

LA BELLF.ZA CLÁSICA FEMENINA

5

POR ESOS MUNDOS

¡Gloria á los pintores que han sabido in- más concienzudamente los discuten y
terpretarla[ Pero... ¡cuál es vuestra opi- critican; Miss Corelli expresa decidinión acerca de este particular?» Quince da preferencia por Lady Hamilton, baeran mis invitados, lector amigo: quince cante, de Romney, que figura en la Nacelebridades en la Pintura y en la Lite- tinnal Gallery, de Lóndres. «Lady Haratura. ¡Con gran dificultad convinieron milton, esta mujer que acompañó á Neldos de mis comensales en elegir una son en su vida, era realmente-observó
misma fotografía!
Miss Corelli-una belleza excepcional,
Mientras Marcus Stone, el gran pintor de gracia y sensibilidad -exquisitas que
inglés, miem_ _ _ ___
hacían resalbro de los más
lar más aún
conspicuos de
su hermosura
la Royal Acafísica: no codemy oj .Arts,
nozco nada
concede puesmejor que este
to preferente
retrato, cu yo
á la figura feambiente poém eni na que
tico es verdaaparece en el
deramenteenconoeidísimo
,._,,---=,._,
cantador.»
grupo Loslíu En opinión
_qonotes, do
de Sir James
John Everett
Linton, que
Millais, otro
preside la Roafamadoartisyal Sociel!J oj
ta, G. D. Lesfllusirators,
lie, asegur&gt;1
«nada excede
que, «sin gécomo reprenero alguno
sentación del
deduda,lacaencanloydela
beza de lamabelleza femedonna en el
nina á Miss
m a r a vi II oso
L i nl e !J , d e
cuadro La
GainsboVlr,gen y el
rough. » Es
Niño Jesús, de
interesante reRa fa&gt;el, que
cordar queesexiste en el
ta Miss LinMuseo de
ley retratada
Dresden, es la
,-:;..,,..-...,.
por e I gran
representaclásico inglés
ción más perera tan agrafecla é inspidable como
rada de mujer
virtuosa y beque jamás se
lla, y mereció
ha hecho, suque madama
perior aún á
D'Arb la y la
las Concepcio..
.
.
llamara medio
nes de Mu- La Co11cepc1on, de lllunllo, quéex,ste en el Museo del Prado,de l\ladrirl angel medio
rill~.» Arthur Hacker, otro gran pintor muJer al considerar cuánto había hecho
inglés, se dicide por La Gioconda, de Dc1 por el bienestar de los demás aun sacriVinci, que seconse.rva en el Louvre, de ficando el suyo propio.
París, asegurando que su rostro es «el
Otro cuadro de Gainsborough, Lad!J
rostro más bello que se ha pintado, sobre Eardley, que se conserva en el Museo de
todo por su dulcísima y encantadora ex- Grafton, se lleva las preferencias del nopresión.»
table artista Mr. Solomon J. Solomon, de
Miss Maria Corelli, la ilustre novelista la Royal Academy oj Arts, de Lóndres.
á cuya opinión nadie niega importancia
El honorale John Collier, que goza auen asuntos de arte por ser una de las toridad en estos asuntos, se cuenta entre
personas que mejor los entienden y que los que hallan dificultad grande en ex-

-~--111111!

La Vírgen y el Niño Jestís, de Rafael. Consérvase esto CUldro en el Museo de Uresden

presar su preferencia por los cuadros de
aquel género: para él todos tienen valor,
aunque sobre ellos cree que el primer
lugar corresponde á Santa Bárbara, de
Palma Vecchio. «Y al decirlo,-añadeno es que yo suponga que esta sea la figura
más bella de mujer que aparece representada en el lienzo; si me inclino á creer
que no se la tiene en la estima que mere-

ce, porque no es tan conocida por el
gran público ni por los inteligentes, como
otras obras de arte más encomiadas y
de menos valla.» «Asimismo creo-dice
lord Collier-que uno de los cuadros que
mejor interpretan la belleza femenina es
el que Tiziano bautizó con el nombre de
Amor sagrado y Amor profano: las dos
figuras de mujer que en este lienzo hay

�6

POR

~sos

MUNUUS

son verdaderamente hermosas. Tam- «Creo que el encanto de las mujeres que
bién algunos cuadros de Luini que re- Boticelli pintó, sus Madonnas, como sus
presentan mujeres poseen extraordinario Venus, no tienen igual: es lo mejor que
encanto. Pero, en realidad, no puedo existe. Otra belleza femenina tendría
referirme á pintura alguna que deba ase- para mí el mismo mérito, si estuviera
gurar quepintada: me
constituye el
refiero á la hermás bello cuamosa María de
dro de belleza
Lucca que Jafemenina que
co b o della
hayan trazado
Quercia ha sa•
1os pinceles.
bido esculpir
Varios artistas,
tan magistralantiguos y momente.»
dernos , han
En cambio,
hecho trabajos
un escultor, el
magníficos,
famoso Thosorprenden tes
mas B rock,
en algunos demuestra inclitalles; pe ro ,
nación p r efetriste es decirrente por los
lo, no merecen
trabajos de su
iguales califiespecialidad, y
cativos en la
dice que nada
obra total.»
de cuanto hasQuizás el
ta ahora se ha
gran público
pin ta do para
no conozca mucopiar la bellecho el nombre
za femenina
deDudley Har•
podrá igualardy; pero los fa.
se nunca á la
miliarizados
Venus, de Micon obras de
l o. De las
arte saben que
obras pictóries uno de los
cas, la mejor, á
maestros más
su juicio, es la
brillantesde la
Venus ante el
pintura ,m la
espejo, del inépoca presenmortal. Velázte. Dudley dice
quez, ,&lt;retrato
que el cuadro
imaginativo de
que más llama
mujer el más
su atención es
bello de cuanaquel en que
tos existen»,
Gainsboro ugh
dice Brock.
representa á
El resto de
Mrs. Siddons,
las opiniones
vestida de gris
consultadas
y azul, que se
decide sus preguarda en la
ferencias por
National Gala imágen de
ller¡¡, de LónSanta Elena,
d re s. « Esde Veronesa,
añade-extreque aparece 11n
Santa Bárbara, de Palma Vecchio
m ad a mente
la célebre Viexquisito, con todos los refinamientos fe. sión que de este maestro se conserva en
meninos y artísticos, y ofrece una dispo- la tantas veces citada National Galllery,
sición de color llena de verdadero atrac- y por el hermoso cuadro Beatrice Cenci,
tivo.»
de Guido R.eni, que se guarde. en el PalaWalter Grane, ilustre acuarelista, dice: cio_Barbarelli, de Rom11.

_

I ,a Visión de Santa l!.le11a, d e Veronese, que_,.....
se conserva en la cNational
y, , de Lóndreo
.........._Galle·
__

�8

POR E!ó!OS MUNDOI

Beatrice Ce11ci, de Guido Reni,
que se guarda en el Palacio Barbarelli, de Roma

iQué cuálesmiopinión1
Yo me decido por el admirable retrato que Sir
Thomas Lawrence hizo
en 1827 de Miss Croker,
cuando esta belllsima y
encantadora mu chacha
solo contaba diecisiete
años de edad. Es uno de
los trabajos más deliciosos en retratos de mujer
.
Los hugonotes , de
porque permite admirar Everett Millais
toda la belleza femenina
que una honesta imaginación puede concebir.
Pero, á pesar de lodo, yo hago constar
aqui que participo de la opinión de los
que creen que cuando se trata de decidir
nuestra preferencia por cualquier cuadro nos viene á la imaginación el recuerdo de otros muchos exquisitos ~rabajos que nos han proporcionado grande
y verdadero deleite.
Las únicas apreciaciones que han sumado. más de una opinión son aquellas
que otorgan la palma de la belleza femenina á las imágenes que pintaron los
maestros clásicos, especialmente Murillo y Rafael. Esta coincidencia no es
casual: es consecuencia natural y legitima de lGs fines y de las aspiraciones que
persiguen los artistas autores de dichas
opiniones.

LA BELLEZA CLÁSICA FEMENINA

9

Y se comprende, además, que asi sea
porque aquellos pintores estaban poseídos de gran ardor místico, que supieron
comunicar á las obras salidas de sus pinceles: intensamente dominados por un
espíritu de religiosidad y devoción, con
el pensamiento puesto en las imágenes
que pintaban, justo era que la maestria
con que dominaban el arte de la Pintura
la pusieran en estas ocasiones á disposición de sus ideas y de sus entusiastas
fervores, llevando á cabo verdaderas
obras divinas.
A Murillo, por ejemplo, ¿puede, acaso,
negárse1e arrobamiento espiritual, mística contemplación, cuando trazaba sus
célebres Concepciones°! Fíjese bien el
lector en la fotografía que reproducimos
en estas páginas del cuadro que se conserva en
el Museo del Prado, de
Madrid. Puede asegurarse que esta inimitable
Concepción figura en primera línea respecto á belleza espiritual: la expresión gloriosa del rostro de la Virgen, la exaltación en que se nos
ofrece, la pureza, la inocencia y la juventud que
presenta, constituye todo
ello uno de los triunfos

M1'8. Siddo11s, de Gainsborougb, que se conserva en la , National Gallerp, de Lóndres

1..ady_ llamilto&gt;1, bacante, de Romoey. Consérvase
en la ,National Gallery&gt;, de Lóndrea

más grandes del arte magistral. La media luna sobre que descansa la Concep ción simboliza la castidad y la pureza de
Maria Santísima, así como su excelsa
virtud.
Timoteo Cole, un ilustre artista norteamericano que ha dedicado grandes estudios á los obras clásicas de la pintura
española, y mu y especialmente á los

lienzos de Murillo, dice que la idea d&lt;J
las Concepciones la obtuvo este inmortal
maestro de Ribera, «el cual,-añade Cole
-tué el primero que la empleó. En esta
Concepción,-conti n ú a hablando dicho
artista- las alegrías celestes aparecen
expresadas en la cohorte de ángeles que
ha y á los piés de la irnágen, mientras que
á derecha é izquierda del rostro de la

�10

POR ESOS MUNDOS

Virgen querubines y ser¿¡fines radiantes
de felicidad expresan ante la divina persona que rodean la sabiduría, la contemplación, el amor y la adoración.» Los ángeles se supuso siempre que pertenecieron al sexo masculino, y Mad. de Stael
asegura que el motivo de esta su posición
obedece á que la unión del poder con la
pureza constituye la suma perfección quf:l
los mortales pueden concebir. Es, pues,
un caso realmente sugestivo que en
esta Concepción se encuentre la Virgen
rodeada del elemento masculino y bañada al propio tiempo por un torrente de
gloria divina.
El fondo de este cuadro, cuya belleza
nunca termina de admirarse, es de una
delicadísima radiación de luz y de color,
que se suaviza en las tintas de las nubes
que rodean á María Santísima mientras

los ángeles ostentan radianlesvarios atributos de virgi11idad: uno, tiene un rama de lilas indicando la pureza y ah.diendo á la vara de San José, que floreció cuando fué elegido esposo de María;
otro, presenta una rosa, emblema de incorruptibilidad; el tercero, sostiene una
palma, representación de la victoria; el
cuarto, retiene el ramo de oliva, signo
de la paz, y como si quisiera recordar
la rama que el Angel Gabriel llevaba al
anunciará la Virgen que sería madre de
Dios. Aparece, en fin, María Santísima
vistiendo de color blanco, símbolo de
la inocencia y de la pureza, y revestida
de manto azul, color que indica la verdad
y el pesar: la Purísima Concepción es
la madre de los pe:sares y del consuelo.
El cuadro todo, en suma, es una ex-

MOTITAS

11

Amor sagrado y Amor profairn, de Tiziano

pléndida obra de luz y de colores. El fondo de nubes doradas y plateadas, el rico
azul-obscuro del manto de la Virgen y su
blanca túnica, forman una encantadora
combinación de sencillez y de grandeza,

que hacen de este lienzo uno de los que
mejor representan la belleza femenina
pura y sin mancha, aquella hermosura
que tantos enamorados subyugó entre los
grandes maestros de la Pintura clásica.

ARTURO LAWRENCE

/v\OTITAS
(Cantares de mujer

Este mundo se hundiría
si las desdichas pesaran
al Jleso de mis desdichas ...
Cuando tú me abandonaste
tu muerte á Dios le pedí.
Después ... cuando le ví enfermo,
¡ yo sé lo que padecí! ...

Dicen que alegran la vida,
ilusiones y recuerdos,
pero á mí solo me sirven
ambas cosas de tormento.
Cuando me despierto,
¡cuánto me maldigo!. ..
Porque, despierta, estoy sola;
y, en sueños... ¡estoy contigo!
fL BACHlLLER CORCHU ELO

Ma.:Omw, cuat!10 .le Boliccl!i1 'I·'º .e guarda en Is ,~ational GJllery , ! , Lóndrcs

�13

SOCORRITO

fradia el Viérnes Santo á la calle de las

SOCORRITO
(NOVELA CORTA)

La calle es estrecha, tortuosa. Ec:; una
calle sevillana del barrio de Santa Cruz
con su pavimento desigual, con sus case:
rones blancos rematados en floridas azoteas, con sus ventanucos de podridos hierros pintados dti verde, por entre los cuale~ serpen,te~ la enredadera y forman en?ªJes fantásticos las hojas del rosal y del
Jazmín. Allá al final cierran la calle las
viejas tapias ~e un convento, que se alzan
?bscuras y_ tristes, coronadas por un teJado verdinegro con jaramagos y ortigas. Un ancho portalón da entrada á la
iglesia: una iglesia pequeñita y coquetona, celeste y oro, con sus mil lucecitas
con sus altarcitos pequeños cuajados d~
flores, cuyos perfumes embriagan, trastornan. Formando ángulo con los muros del convento, una casita elegante
limplsima, afiligranada, rompe con suco~
lor rosa la monótona blancura· tiene en
el piso bajo una reja, por andalu;a, mora ;
por mora, llena de flores; por las flores,
alegre ...
Amanece.
En la _calle, se res_Pira silencio, quietud; arriba, el pedacito de cielo se tiñe
de rosa levemente; un pajarillo baja y
revolotea azorado, creyéndose preso en
aquella estrechez, Por fin la claridad del
dla ~lumina el cielo, y el pajarillo sube y
se pierde en la altura piando alegremente. La campana del convento saluda al
alba, y su toque hiende la solemne soledad, el augusto silencio, y espanta á un
ejé~cito de palomas, que pasan y repasan
bahend~ sus alas velando el pequeñlsimo horizonte. Una de las casas de la ca-

lle abre sus puertas, y sale calmosamente
y soñoliento un hombre que va al trabajo. Después, una por una, ábranse las
p_uertas todas. En alguna de ellas una vieja
riega la entrada. La esquila del convento
toca pausada mente á misa. La casita ele~ante se abre también, y Socorrito, vestida de negro, con su mantilla de blondas
y su rosario y su libro, sale persignándose y entra en la iglesia, al mismo tiempo que un viejo sacristán hace girar el
pesado portalón.
-Buenos días, señorita Socorro.
-Buenos días, Juan,-contesta la sevillanita.
Y se pierde en la semi-obscuridad del
templo.

II
. Don F_rancisco acaba de pagar el último recibo de la Cofradía, y lo estruja
entre sus manos.
-¡Eso! Pague usted puntualmente, sea
usted el hermano más antiguo, asista usted á todos los cabildos, y luego ... ¡para
qué, ¡Para no salir de simple cofrade!
¡No, pues no sigue esto asil Mañana mismo me presento en Secretaria y mando á
freir espárragos á la Muy Real Hermandad.
¡Ahí es nada! El llevaba veinte años
haciendo méritos; él habla hecho hermano de la Cofradía hasta al ¡;tato de su
casa; él, Don Curro, como le llamaban
sus compañeros, no debía un céntimo ...
¡Y qué1 ¡Se quería nombrar una comisión para que se avistara con el arzobispe, Pues se nombraba la comisión sin
acordarse de Don Curro ... Llegaba la Co-

Siel'pes, y se encontr9:b~ con otr~; Don
Francisco repartla cmazos á d1~stro y
siniestro 1 resultando con contusiones y
otras averias. ¡Bueno! Pues nadie se
enteraba de la haiaña de Don Curro.
Y sobre todo, lo que ocurría con la
Cru; la pesadísima cruz de sándalo,
caob~ y oro que él tanto am~icionaba.
¡ni por soñación se les ocurrió que la
llevara un año el buen cofrade, y eso
que él hablaba del asunto ~on todo~ los
cabildos relatando, entusiasmadís1mo,
sus innu~erables méritos. Primer méri •
to: El amanecía todos los Sábados de
Gloria en la Prevención. Segundo mérito:
El, Don Curro, si llegaba á la iglesia,
llevaba á cuestas el Sin Pecado, la bandera dos ó tres canasfülas de hermanos
diputados, y media docena de cirios bajo
el brazo de otros tantos na.iarenos que :se
habían quedado rezagados en lo&lt;; _tab~rnas. Tercer mérito ... Pero ¡que s1 qmeres! La Cruz iba siempre á parará manos de un hermanito, que odiaba Don
Francisco con todas las veras de su
alma.·
¡Y que no se daba tono el niño de la
Cruz! El enorme símbolo era paseado en
alto, gallardamente, sin una vacilación,
sin un tropiezo, todos los V1érnes Santos
por el mismo hf:rmanito. Y al tio aq_uel
no le pesaba, m se cansaba nunca, m se
morl11 de repente... ¡ni nada!
Y Don Francisco estrujaba más y más
el recibo de la Cofradía, furioso como un
demonio, cuando entró en su 'habitación
la señora Mariquita diciendo:
-¡Esta niña miase vá á desgrasiá!
-Ni la niña es de usted, ni se desgracia la niña ,-contestóDon Francisco á la
vieja criada, que, desde que se murió la
pobre Doña Socorro, era la que hacia y
deshacía en la casa.
-¡Ay, Don Francisco! Usted no sabe
ná de natta... Si viviera aquella santa
que se nos llevó el Padre Eterno, otro
gallo nos cantara ... Yo n_o soy su mad~e,
tiene usté razón: pero quiero á Socorrito
como si lo fuera ... ¡Usted no se ocupa .n.ás
que del vino! ...
-¡Señora!
-¡Si, señor, del vino recondenao , que
lo trae á usté loco!
-¡A mi lo que me trae loco es la dichosa Hermandad!
-¡Eso, la H clrmandad, también la Hermandad! Y entre aquello y esto, usted no
se ocupa de Socorrito ... ¡Pobrecita mia,
pobrecita mía!

-Pero... ¡á qué vienen ahora esos aspavientos,
-Pues vienen á lo que hace más de
un año que estoy reventando por decirle.
- ¡Reviente usted, señora Mariquita!
-Pues, butno ... Es necesario mudarse
de casa.
-¡Caracoles!
-Si, señor ... Socorritotiene ahora veinte años. Socorrito está pálida , no se rle
nunca ... ¡Y usted sabe lo que le hace falta á Socorrito7
- ¡Como no sea un mono!
- ¡¡Un novio!!
- ¡Un novio á Socorrito1 ¡Y usted cree
que le hace falla un novio7
-Si. señor.
- ¡ Y ella lo cree también1
-Eso no se lo puedo yo decir ... Pero
es cosa que salta á la vista.
-¿Que salLa á la vista7 ¡Pero si Socorrito el dia menos pensado se mete á
monja! ¡Si se pasa el dia en la iglesia! ¡Si
no pierde un sermón! ¡Sil.. .
-No desbarre uslé, Don Francisco.
Usté no conoce á la niña ... ¡ni de vista!
-No exejere usted ... ¡Se trata de mi
hija l
-No exejero ... ni tanto así.
-Pues yo creo que si. ..
-Pues yo creo qu11 no.
- Bueno, pues usted allá.. . ¡Un novio1
Pues que tenga un novio ... y ¡á vivir!
- ¿Y cómo7 ¡Valgame la Virgen! ¡Usted cree que hay muchacho que se le ocurra pasar por esta calle que no tiene salid8' ¡ Ea, Don Francisco! Múdese usté á
otra que sea más animarla ...
-Pero, señora, ¡la niña no sale todos
los días con usted á la clase de música1
¡Es acaso que e&amp;tá aqu í encerrada SocorritoL. Y,sobrelodo, ¡yo nomeacabode
convE'ncer de que á mi hija le haga falta
un novio!... ¡A ver! ¡Socorritoo!
-¡Socorritool
- ¡Niña! ... ¡Socorritoo!

III
-Aquí está Socorrito,-entró diciendo
la niña y pensando á la vez: «¡La señora
Mariquita tiene muy larga la lengua! ¡No
se la puede contar nada! Veremos. »
Y, en efecto, después de un breve silencio, dijo DJn Francisco.
-Bueno, niña ... El caso es que te he
llamado para preguntarte una cosa, y no
sé cómo hacerlo.
:--\Lo dicho, lo dichol-pensó Socorr1to

�14

SOCORRITO

POR ESOS MUNDOS

-Sabrás que nos mudamos un día de usled, que no sabe cómo buscar jaleo!
-Bueno, pues yo, ¡ea ! yo. ¿Qué hay1
estos, porque ...
La niña echó una mirada terrible á la ¿,Tú crees que yo no le conozco? ¿Tú
crees 1ue no leo yo en tus ojos y no comseñora Mariquita.
- ... porque-siguió Don Francisco- prendo tus suspiros?
- ¡Mis suspiros!
porque ... ¡Bueno! Porque ... ¡Caramba,
-Sí, tus suspiros, que á alguna parte
que te lo diga la señora Mariquita!
-Yo no ... Eso, usté, ¡usté, que es su van dirigidos ... ¡á menos que vayan á
Juan, el sacristán de las monjas!
padre!
Socorrito se echó á reir, y dijo:
-Bueno.. . Pues, vamos á ver: con
-Está bien ... Arréglese usted , que vafranqueza, ~le gustaría tener un novio?
-¡Jesús, María y José! ¡Eso se lo ha mos á ir á casa de la maestra de piano.
dicho á usted Mariquita, que la pobre Hoy volveremos en seguida.
-Pues ... andando.
está chocheando y no sabe qué hacer
por mi! ¡Si yo no he pensado nunca en
V
eso! ¡Ni mucho menos! ¡Y bien sabe usted que no son esas mis inclinaciones!. ..
Don Francisco miraba y remiraba la
¡Y no le haga usted caso á la señora Mariquita!... ¡Y yo no quiero que usted túnica de raso bordada en oro, y hacía
suponga siquiera que yo!. .. No, señor, cálculos sobre lo que le darían por ella.
en una casa de empeño!,'!.
no, ¡en la vida! ¡Bien lo sabe usted!
I
-iLo ve usted, señora?
- dijo Don Francisco.
- El caso es que yo no
le he dic'ho á usted tanto,
-replicó la señora Mariquita.
-¡Vaya, vaya! ... Dejarme solo, que quiero arreglar mis asuntos con la
Cofradía.
- ¡Adios, papá! ... Y por
mi parte ...
-¡La Cofradía, la Cofradía l-salió murmurando la señora Mariquita.
En la puerta la espera ba Socorrito, de la que se
ganó un pellizco monumental.
IV

- ¡Pero niña!. ..
-Pero, señora, iquién
le ha contado á usted ese
cuentoT
- iPues no me has dicho tú mil veces, y me lo
has repetido esla mañana , que querías mudarle
á otra calle más alegre?
-Sí. .. Pero de eso á lo
que le ha contado usted á ...,._.,..
mi padre ...
-Yo no le he contado
nada. Todo se lo ha figu rado él.
-¡El, él! iQué se va á
- ¡Pero, señora! ¿La Diña no sale tcdos los días con usled?-dijo Don Cnrro
,á la señora Mnríquita
figurar él, señora1 ¡Eso •

¡Decidido! La empeñaba, y con la papeleta en la mano acudiría al Cabildo y
. tomarla 19: palabra para decir:
«Señores: Yo no soy orador, pero tengo la fuerza suficiente en los pulmones
para gritar muy alto que el mundo está
lleno de desagradecidos. ¡Sí, señores!
Aquí estoy yo, el hermano más 11ntiguo,
el más jerviente, el más condescendiente,
el más valiente, el más inocente, ¡ veinte
años pagando puntualmente! ¡EI que más
méritos reune, y del que no se acuerdan
los oyentes cofrades!. .. ¡Y hasta aquí llegó
mi paciencia. tQné se han creído ustAdesf ¿Yo seguir postergadoT ¡Nunca! ¡Ni
la Cruz se meha concedido un año! Pero,
poco me importa: siga usufructuándola
el mismo hermanito, y la semana que
_ viene, que es la S~mana Santa, no saldré
yo en la Cofradía, por dos razones. Primera: porque no me dá la real gana. Segunda: porque, aunque quisiera desistir
de este propósito, no podría, pues he empeñado la túnica y he gastado el dinero en manzanilla ... He dicho».
VI

~

Y allá vá nuestra Socorrito, la sevillana gitana más gil!ma de Sevilla, haciendo como que pisa , aligerando el paso y
obligando á !udar la g&lt;.ta gorda á la señora Mariquita, que con el método de
Eslava 'bajo el brazo la sigue á duras
penas, trotando corto y sonriendo á los
sevillanos de pura cepa, que se quedan
petrificados al pasar Socorrito y la dicen
con toda el alma cualquier cosilla.
«Si fuera Josué, paraba er só pa que
yegara osté ante.»
«No sea usté mala sangre y déiese os té ver.»
«¡Quién pudiera mandá en la mano
con que s'e recoja usté la fdlda l»
«Paese mentira que con dos piñonst tos se corra tanto!»
«No corra usté, mi arma, ¡ya lo dise er
cantá: «¡Jasta mañana no prenden á los
ojitos negros!»
«¡Quién fuera adoquln!» (Esto lo dijo
un concejal muy gordo).
«¡¡¡Ay!!!» (Un viejo).
«¡¡Onl!» (Un célibe entrado en años).
«¡¡¡Ah!!!» (Un poeta de esos de chalina).
«¡Juy!» (Un macareno).
En fin,á Santa Cruz iba Socorrito,y al
pasar por delante de una de las puertas
de la Catedral huyeron las palomas que

15

en lo alto de las gárgolas había porque
no estaban acostumbradas las pobres á
que la vecina eslátua de San Pedro echara piropos.
La pobre señora Mariquita se quedaba
atrás, y entre ella y Socorrito ib11 también
á buen paso Perico, con su bombín inclinado á la izquierda y su cigarro en la
boca.
Y Socorrito iba diciendo:
-¡Sí, sí! ¡Que me sigue, que me siguet
Cuando yo pasé por la plazad1:1 San Francisco salia de la calle de las Sierpes, y...
¿Por qué le habré mirado, madre mía?
¡Claro, como una es tan inocente •.. hace
las cosas sin pensarlas y así salen
ellas ! Y por la calle Génova he cogido los adoquines atravesados y he pisado la mar de rayas. ¡Y con lo malo
que es pisar una raya! Bien me estoy
desquitando ahora por el Alcázar, q11e no
se vé una ni por un milagro ... ¡Maldita
farola, vaya una sombra que dál Y es.
estrechita: ¡media legua! Yo no la piso ...
¡Ya llego! Donde no hay rayas, deben
considerarse como tales las sombras ...
Ya llegué ... ¡Yo salto!
Y saltó.
Un moreno.-¡De lo bueno poquito, mi,
alma!... ¡Negras!
-¡Jesús, sí que son negras! ¡Vaya lodo por Dios!. .. Parece que no me sigueel de la calle de las Sierpes. ¡Ave Maria ,
sí, que me sigue, que me sigue! ¡Cómo
se alarga su sombra ... Y la voy pisando ... ¡Mala sombra! ¡Qué foo y qué largo! El sombrero parece un cucurucho ...
Y esa guía del bigote tiene medio metro
en la sombra ... ¡Toma, toma , en la cabez1! ¡Así, así! ... ¡Ahora en el pescuezo!. .. ¡Toma, toma!... ¡Con qué ganas.
voy pisando! ¡Si pudiera hacer con el
dueño lo que con la sombra!... Ahora le
piso el pecho ... Ahora la cintura ... Ahora le piso ... ¡¡Madre de mi alma!! ¡Yo
me echo á un lado! ¡No, pa el otro, que
la sombra vá pa ese! ¡Ay, ya se va achicando ... ya se vá achicando! ... ¡¡ Gracias
á Dios!! Bueno. Y á este paso la señora
Mariquita vá á tener que tomar el tranvía
pa alcanzarme ... tY cómo me paro yo
ahora? ¡Es capaz de soltarme la declaración en mitad de la calle ... ¡Sinvergonzón!. .. La verdad es que voy cansadillal... ¡Jesús, mi salvación! Pur allí viene
la feísima C'lrlotita PJrez. Ahora ... ahora me paro á hablar con ella; ése, separará también, y yo le voy dando oueltas á
Carlotita y lo veo de frente .. . ¡á ver qué-

...

�SOCORRITO

16

POR ESOS MUNDOS

-· Ay hiJ. a de mi alma, vengo ajogaita

' prisas
'
por \as
que le das.t
.
á
-Cuando llegue usted á casa beber

-¡ Aligere usted, señá Mariquita!
-¡Otra vez, hija?
-¡¡¡ .. .!!! ... ¡¡Lt1.drón, ladrón, la?rónl!
¡Sinv~rgüenza, sin vergüenza, smvergüenza!

VII
Don Francisco, antes de empeñar la
túnica, decidió quemar el último cartu~ho y llamó á su casa al hermano crucero para decirle, sobre poco más ó menos:
«Mire usted, yo estoy chalao por llevar
la Cruz y es menester que usted me la
ceda este año.&gt;&gt; Si el nene decía que no,
ali[ mismo ocurriría una catástrofe.
Y llegó el usufructuario de la Cruz, un
mozo alto, guapo, simpático, que asi que
se enteró de lo que pretendía Don Curro,
le dijo secamente que ¡No!, y Don Curro
-se puso hecho una furia. Presintiendo el
mozo la catástrofe, tomó las de Villadie•
.go ... y en la puerta se encontró con Socorrito, que volvia de casa de la maestra
-con Mariquita, toda sofocada. Ambos se
cruzaron dos ó tres miradas, y Socorrito
entró y el mozos~ quedó en la calle agradablemente sorprendido y pensando que
la niña aquella le con venia y que era la
mar de guapa.
Huelga decir que cuando la s eñora Ma•
riquila se encontró con Don Francisco
le contó punto por punto lo sucedido desde la casa de la maestra allí y la desesperación de Socorrito al ver deshechas
sus rosadas ilusiones.
Ni lo creyó ni lo dejó de creer Don
Francisco, al que no se le quitaba el mal
humor. Y mientrasél volvía á hacer cálcu•
lossobre lo que le darían por la túnica en
la casa de empeños, y la señora Mllriquita arreglaba la comida, Socorrito se asomó al balcón lo menos seis veces, y todas
ellas encontró á su repentino admirador
parado en la acera de enfrente.
-Pues, señor, - pensaba la niña_¡,quién será? Mi padre debe conocerlo,
porque él salía de aquí. ¿Pero cómo salo
pregunto yo? ¡Y no es foo!
-¡A comer -gritó Maria.
Y Socorrito se retiró al comedor, pensando:
-Veremos si vuelve mañana.

VIII
¡Vaya si volvió! Allí estaba desde las
tres de la tarde.¡Bueno, menos mal! Pero
ella no con.sideraba oportuno salir al
balcón y decidió, pasara lo que pasara,

17

abrir su pecho á la señora Mariquita.
Ella est11ba enamorada ... ¡y eso es la cosa
más natural del mundo! ¡Cuántas veces
se lo habla dicho la vieja! ¡La cosa más
natural del mundo!
Y como lo pensó, lo hizo. La señora Mariquita le aconsejó que se dejara ver, y
al cuarto día de tener de mártir al jóven,
Socorrito salió al balcón.
Y así se pasaron dos días. Los dos se
miraban y los dos, aburridos por fin, al
caer la tarde abandonaban sus posiciones ... ¡Aquello era insostenible!
Pero, señor, ¿por qué no se atrevía el
muy tonto? ¡Parecía mentira!
¡Y era tan guapo!.. . Aquellos ojos
negros la traían que «no daba pié con
bola», y aquel bigote tan rizado, tan limpio, tan brillante era su perdición.
Y el caso era que el condenado no se
retiraba de la acera así le molieran á pa•
los ... ¡Bueno! Ella tampoco se retiraría
del balcón. ¡Y ya sentía unos dolores en
los brazos y en el pecho! ... ¡Nada que
iba á pillar una enfermedad por el muy

granuja!
¡Vaya un pretendiente! Y ella se lo merecía ... ¿A ver al espejo? ¡Ya lo creo que
se lo mereclal Algún ángel se quedó cieguecito el pobre porque aquellos ojos
azules y grandes eran cosas del cielo.
Pues ¿y su mata de pelo, rubio como el
oro, y su carilla de muñeca de China, tan
colora dita?¡Y no v1ilían nada sus dientes7 t.Y el cuello1 ¡Hasta ahí blandura! ¡.Y
lo que dejaba ver el picarón descoteT ¡Ni
la nieve!
¡Al balcón!. .. ¡Pero qué tontos son algunos hombres.
¡Qué buena pareja si se casaran! El,
moreno, gu,apo; ella, blanca, bonita.
¡Buen contraste! ¡Y que no iban á tenerles envidia los recién casados de la
casa de junto. ¡El era más soso y más
serio! Con los pelos para arriba, parecía
su cabeza una alcachofa ó un acerico
con muchos alfileres. Ella, fué una lamentable equivocación del Señor, que le
sacó de un molde de hacer cirios.
Su prima Ju lita sí que iba á pasar un
berrenchín bueno. Se había casado la
pobre con un viudo que cuando pasaba
por alguna esquina se reunían en ella
la mar de transeuntes, esperando á que
pasara su vientre para poder proseguir
el camino ...
Pero, como buena sevillana, ¡qué embusterilla y que exajerada se había criado Socorritol Se tenía que enmendar,
para cuando entrara en relaciones con
2

�18

na .. ¡No, eso es exigir mucho! Antes de
que concluya la semana que viene, que
es la Semana Santa ... Ya pre~onó una
vez ... ¡Y otra!. .. t1Y otra!!. .. ¡¡¡Y otra!!!
¡Qué tío! ¡Quiere meter la mercancía por
las na rice~! ¡Ni que fuéramos sordos!. ..
Anda, hijo, pregona otra vez ... Así. .. ¡Míralo, qué cara pone!... ¡Guapísimo!
-¡Ya se vá haciendo de noche! ¡Otro
día perdido!
iSe habrá creído que mi padre es mu y
malo! ¡Qué engañado está!
¡ Digo! Pues si
no ha ce muchos días me
preguntó que
si me gustaría
, un novio ... ¡Y
tanto! So I a mente que ciertas cosas no
se les pueden
decir á los pa dres. iPor qué
no se atreveráL. Si mandara á la señora Mariquita a•
Eso no tiene
comprar cualgrasia. Lo buequier cosilla ...
no es que no
¡Eso no se me
se deshagan.
había ocurri¡Eso! Pero, no;
do!...
cogeré otro¡.;
-¡Ea,yabamás duros, y
j a Maria! ...
solamente
¡Virgen de su
dos ... ¡Está tan
alma! ¡Y se le
alto el balacerca el precón! ... Ahotendiente ...
ra ... ¡Uno/¡Na¡Qué plancha
da, cayó entese hubiera tirito!. .. ¡Dos!
rado el pobre
¡Jesú!'l. le dió á
-¡Ahora! 1Unol ¡Narla, cayó enterito!-decín Socorrito arrojando á
si la señora
la calle un terrón de \ierra
él! ¡Vaya un
Mariquita no
compromiso!
supiera
todos
mis
secretos!
¡Por fin, y le
¡Y nadai ... Miró, se sonrió y se volvió á parar otra vez ... ¡Qué colornda se ha dado una carta! Mire u_sted que no
habla puesto! Bueno; eso de los terrones habérsemeocurrido hacer salir á la bueno oale, porque ella dijo que tenían que na María liasta ahora ... ¡y haber tenido
llegar enteritos al suelo, no al sombrero al hombre esperando, tantos días!
-¡A ver qué dice eso! Ahora sí que
de aquel prójimo.
-Dos muchachas vienen para acá... llegó el compromiso grande ... ¡Pero ya
Ya pasan ... Y entran en la igle~ia ... ¡No está salvado! La primera vez se tiene
les ha dicho nada! ¡Es de leg! ¡Eso sella- que decir que no... Pero &amp;Y si lo toma á
ma querer á una mujer!... ¡Por alli vie- mal y no vuelveL. ¡A escribir! «Querine el lío de las aceitunas. Si pregona do ... &gt;&gt; ¡Eso es adelantar mucho las cosas.
nada más que dos veces en la calle, ha- «Apreciable» .. ¡ Eso es casi tanto!. .. «Muy
brá paoa antes de que concluya la serna- stñor mio.» ¡Qué seriedad! ¡Pero así irá l

el pillastre de la acera. ¡Y que no iba á
decirla él cosas dulces en la reja! ¡Bueno
se iba á poner el sereno, que había tomado la costumbre de pasarse la noche junto á la ventanal
Y el muy tonto no dejaba de mirar. ¡Si
ella pudiera hacerle alguna señal ¡Bonito esta ria!
-¡Ea. ahora se vá á pasear! ... ¡Y viste
bien .... Parece
que no anda
mal de cuartos ... ¡Bah, el
dinero es lo de
menos, habiendo cariño!
Vamos á ver:
voy á echará
á la calle estos
tres terroncitos de la maceta de claveles; si se desm o ron a n al
llegar al suelo,
es queme quiere; si nó. nó.
¡Pero qué tonta! &amp;No se van
á desmoronar1

19

SOCORRITO

POR ESOS MUNDOS

Y la gentil sevillana corrió la pluma
casi rasgando el papel, y escribió:
«Yo, sí, la verdad, no me es usted-indiferente ... Pero habrá de saber que soy
muy formal. Ante todo, háblale á mi padre. Yo, por mi parte, sí: ¡para qué decir
otra cosa l»
Y echó la firma y dió un suspiro que
llegó hasta los cielos.

JX
-¡No la toman, no la toman!
Así entró diciendo en su casa Don
Francisco, con la túnica bojo el brazo.
-¡Ilastaenestotengomala pata! Bueno,
pues lo mismo dá,-pensó.-Hoy descanso y cobro energías y no bebo. Mañana
me avisto con el chisgaravís que no quiere concederme la Cruz, y á las primeras
de cambio le rompo las muelas ... es decir,
apenas me conteste: «Bien, gracias. ¿Y
usted1
Y entró en su habitación hecho una furia.
-Don Francisco ...
-Papaito ...
-iQué pasaT
-D1selo tú, niña.
-No, no, usted, señora M'.lriquita.
-Pues el caso es que ... la niña ... tiene ... un pretendiente ...
-¡Ah!. .. ;.Pero no quedamos
en qu~?...
t.f•._ ... ~
-S1 ... Pero es lo que dice la
pobre: ¡nadie se oe libre de estas

decimos que entre al pretendiente esef
-Bueno ... tOué más me dáT Que entre
y echaremos un pitillo.
Y Don Francisyo se fué á su despacho,
donde al poco ralo se presentó el pretendiente.
X

- ¡Cómo! ¿UsledT ¡Pero usted! ¿Usted
es el pretendiente?... tUsted, el usufructuario de la CruzL. ;.Y se atreve después
de lo que me dijo hace días áL.
-¡Calma, Don Franci~co!- contestó el
jóven. -Yo no sé á qué pretendiente se
refiere usted, ni yo vengo á pedir nada,
11i, en fin, ~é á lo que usted se refiere.
Yo vengo mandado por el hermano mayor de la Cofradía á rogarle que acepte
usted el viérnes que viene, Viérnes Santo, la Cruz que usted desea y que yo he
disfrutado tenlo tiempo.
-1,La Cruz? Pues ... siéntese nsted , jó-

cosas!
-Bueno, en resumidas cuentas: &amp;qué tripa se le ha roto á
Socorrito1
-Ninguna, gracias á Dios,
Don Francisco ... Pero la niña
parece que no mira con malos
ojos al...
-Bueno, bueno, ¡ustedes allá!
Pero, señor, tá mi qué me cuentan ustedesT
'-Es que Socorrito ... quiere
que usted le conceda permiso
al muchacho para ...
-¡Concedí-do, concedido ...
- ... Y el muchacho ... está
esperando que usted se digne
recibirle ...
-¡Yo! ¡Para quéT ¿Qué le voy
á decir -yoT Le ad vierto á usted
que conmigo no querrá casarse ...
-Bueno, Don Francisco: ¡le

El Uo de las aceitunas parecía, por lo que se de,11:ailitah• gritando
que quer,a ven'1er la mercn11cia il todo trance
'

�20

ven ... Le diré ... Si, señor, ¡con mucho tura, andar lento y reposado, elegancia,
gusto!-Y al decir esto lloraba de ale- etcétera, etcétera.
-¡Muy bien, muy bien!
gria.-¡Ya lo creo, si, señor! ¡Por fin se
-Y ... á otro asunto.
acuerdan de mí! ¡Yo la llevo, yo la lle-Usted dirá.
vo! ¡Merecido lo tenia! tNo cree 11sted
-Yo quiero ser el novio de su hija de
que lo tenia merecidof
-Sí, señor ... Por eso vengo yo mismo usted.
-¡Ah! iCon que no me engañaba1¡Haá ofrecérsela.
-Pues la acepto, hombre, pues la berlo dicho antes! ... ¡Socorritooo l
-No, no la llame usted, Don Curro.
acepto ... Tome usted un pitillo.
-Bueno,
-Gracias.
pues no la lla-Y, ahora,
mo ... Por mi
dígame, para
parte, no he
no tener que
de meterme
ir á pregunen ese asunto.
tarlo al CabilAllá ellas .. .
do: Nué es lo
-Pero .. .
que hay que
¿usted
me da.
hacer1
su consenti-Casi namiento?
da. Llevar la
-Si, homCruz, que pebre, si. ¡No
sa un poquituviera más
llo, siempre
que ver! ... De
derecha, y al
modo ... quela
pasar pur la
Cruz
.. .
Plaza de San
-La disFrancisco se
frutará usted
para usted
este año.
frente al estra- Pues ...
do de las autono se lo diría
ridades, gira
ni á mi padre;
usted sobre
pero, en fin,
los talones, y
allá va. Me
una vez frente
había proá ellas hace el
,:,uesto empesaludo de or' ñar la túnica.
denanza; ya
¿Quiere usted
sabe usted: ina.coro pañarclinar la Cruz
me y desemy el cuerpo,
peñaremos el
un poco, ducordón de oro,
rante unos seque es lo únigundos; y poco que me han
nerse nuevaquerido tomente deremar1
cho, volver á
-Usted me
girar y seguir
A la cabeza de la Cofradía iba Don Curro, cubierta la cara con la máscara
manda,
Don
andando. Nade terciopelo, llevando la pesada Cruz
Francisco.
da más.
-Pues ... andando. Vamos allá, y char-Si, sí... ¡Perfectamente! ...
-Usted va al frente de la procesión, y laremos un rato.
Se pusieron en pié y encendieron senya le darán un itinerario, que es el que
dos pitillos.
tendrá que recorrer.
Y salieron á la calle, mientras Soco-Bien, bian ...
-Además, es usted el más obligado á rrito y la señora Mariquita, que, como
no levantarse el anlifaz de terciopelo ... es de suponer, habían estado oyendo la
¡Y poco que sudará usted, se lo aseguro! conversación, abrazadas, se besaban una
á otra, sin poder contener las lágrimas
-Eso importa casi nada.
.1-Bueno ... Y, sobre totlo, buena a.pos~ ' de ·a legría .
'

'

,·

21

SOCORRITO

POR SSOS MUNDOS
EPÍLOGO

I
Llegó, por fin, el tan deseado Viérnes
Santo, y Don Francisco no cabía en si de
gozo. ¡Por fin había conseguido lo que
quería! Por fin iba á marchará la cabeza
de la larga fila de hermanos, con su Cruz
de ébano, caoba y oro; por fin, al pasar por delante de la presidencia del
Ayuntamiento, giraría elegantemente sobre los talones, inclinando la Cruz y el
cnerpo un instante, para volverá enderezarse, girar nuevamente y seguir por
la Plaza de San Francisco, andando pausadamente, contoneándose, enamorando
á las marquesas y condesas, marquesitas
y condesitas, de los palcos y plateas.
Y salió la Cofradía, y á la cabeza Don
Curro, que, para solemnizar el acontecimiento, había bebido más de lo regular.
La verdad, él no sabia lo que le pasaba. La Cruz le parecía de plomo, y se le
doblaban las piernas y sudaba la gota
gorda.
-¿Será debilidad?-se decía, y en cada
una de las tabernas que encontró al pa so, se echó al coleto un buen vaso de vino para fortalecer el estómago.
Y llegó, por fin, á la entrada de la Plaza de San Francisco.
-«Ténte Curro, ténte Curro, que vas á
hacer un mal papel,-murmuraba Don
Francisco viendo la plaza regiamente
iluminada, la calle ancha y limpia que
tenía que recorrer, y á un lado la aristocracia en sus palcos, y á otro las sillas,
todas ocupadas por personas elegantes.
Enderezóse lo mejor que pudo y entró
en la plaza.
¡El saludo! Ya iba á llegar frente al
señor alcalde, frente á las autoridades,
que le esperaban en sus sillones rojos,
para ponerse en pié contestando al saludo.
-¡Ay, Curro, Curro!-seguía murmurando.-Me parece que al girar vss á d11.r

en tierra. Y si no al girar, cuando inclines la Cruz será ella ....Verdaderamente,
ahora es cuando me he convencido de
que estoy borracho. ¡Ténte derecho! ¡Anda despacio, que así se nota menos!
E iba el hombre á pasos muy cortos y
muy despacio, disimulando lo que podía.
Ya llegaba al estrado, ya se Je abrlan
las carnes, ya iba á dar un costalazo ... :y
ya iba á oír mil y mil carcajadas de las
condesitas y de las marquesitas. ·
-¡Yo no giro, yo no girol-pensaba.
Y así llegó á la presidencia del Ilustrísimo Ayuntamiento. Paróse un momennto, dudó un rato, probó á dar media
vuelta ...
Y como se le iba la Cruz, sin volver
la cara, muy derecho, siguió andando
y gritó:
-¡Quearse con Dió, zefi,ore!

II
Don Curro puó en la Prevención,cosa
que él tenía descontada. Y mientras dormía la mona sobre un banco de madera,
Socorrito, tras las flores de su reja, pe\9.ba la pava con su novio.
Er11. la quinta vez.
Y allá al terminar la noche, cuando la
luna declina majestuosa y las estrellas
titilan agonizantes; allá cuando los harmónicos trinos de los pajarillos saludan
al nuevo día y el sol colora de oro y grana los débiles celajes del explendoroso
cielo, los dos amantes se despiden, y entre frases de cariño suer.a un beso, pero
un beso puro, amoroso, celestial, que,
confundiéndose con los débiles triunfos
de los pajarillos y con el leve susurro de
la brisa matinal, forma parte del eterno
himno de amor y de gloria que á la naciente aurora tributa la Naturaleza.

*

**
¡Me perdonará el lector que le ha ya
entretenido con esta bagatela?
PeoRo PEREZ FERNANDEZ

Ilustraciones de F. de la Mota

�POSESIONt:S ESPAÑOLAS EN MARR UECOS

111ehlla, vista desde el mar

POSESIONES ESFANOLAS EN fv'\ARRUECOS
La e:r:tra~rdinaria import~ncia_ que alcan.ia cuanto se relaciona con el imperio marroqut , donde el órden in~erior perturbadoamena.ia los mtereses europeos allícreados, de cuya ~aloagu~rdia !J defensa se ha encargado una misión hispano francesa
presta gran mter_és a este artículo que recuerda nuestra tradicional política afri~
cana en las posesiones que en aquel territorio ondean al oiento la bandera española.
la ep_opeya de la Reconquista
hubo termmado con la ocupación de
Granada y Málaga por los Reyes Católicos, _todo parecia indicar que el secular
~uah,smo entre la Cruz y la Media Luna
iba a traspasar el Mediterráneo para
asentarse en Marruecos, lerrilorio africano qu_e, se~ún la frase estereotipada,
es conhnuac1ón natural de España y á
donde nos llaman de antiguo más de una
razón y de una conveniencia. Y asl debla
esperarse del entusiasmo con que aquellos e~forzados monarcas emprendieron
las primeras empresas españolas en Berberla, secundados con no menor celo
por el célebre cardenal Cisneros. Pero
ocurrió entonces que Cristóbal Colón,
con su transcedenta l descubrimiento torció nC' poco el empeñado ánimo de !~Primera Isabel, que hubo de dedicar á las
~mpresas de América lodo el interés que
intentó reservar para las de Africa las
c~ales se continuaron ya con mucha tibieza porque la muerte arrebató la existencia del citado cardenal Cisneros man'
CUANDO

tenedor el más entusiasta de las conquistas á los moros.
No pretendemos hacer filosofías de la
Historia; pero el tiempo ha venido á demostrar que el fastuoso imperio colonial que en América tuvimos contribuyó
más á esquilmar la vida y la sangre de
España, que sus riquezas á hacernos
prósperos y poderosos. La fuerza de los
hechos. ha venido. con~rmando, por el
contrar10, la cap 1 tal importancia que
para España representa el simultáneo
dominio en ambas orillas del Mediterráneo, y todos los monarcas españoles que
desde los Reyes Católicos hasta nuestros
días han existido, forzados por las circunst~ncias han prestado atención, aunque bien poca, á los asuntos de Africa.
Pero no era ciertamente el esplritu del
testamento histórico de Isabel la Católica lo que guiaba las postsriores y escasas empresas de España en el Norte de
A_frica? ni si9uiera el instinto de la prop~'l ex1stenc1a, de la seguridad de la nación lo que nos alentaba:era la fatalidad,

23

la pirateria, la causa que llevaba á los es- de aquellos tiempos, sino que, á través
pañoles de cuando en cuando á aquellas de todos los siglos transcurridos, en el
regiones. La audaz piraterla,que se des- x1x precisamente más que en ningún
arrolló prolifera en Berberla , fué, en otro, cuanto á Marruecos se refería insefecto, la causa que impul~ó más de una piraba repugnancia en todas las clasesesvez á España á emprender expediciones pañolas. Asilo demuestran las repetidas
contra los focos donde aquella anidaba, y intenciones manifestadas para enagenar
los corsarios no se limitaban ya á dificul- nuestras reducidas posesiones de la costar el comercio internacional, entor.ces ta de Marruecos, que si no han prosperado débese á la caracteristica desidia
naciente, sino que caían sobre las costas
española,
que impide tanto la realización
mediterráneas asolando comarcas y rede
lo
bueno
como de lo malo. Efectivaembarcando con el botin cuando el enemente, las Corles de 1821 resolvieron famigo acudía á batirlos.
España é Halia, por su mayor proximi- vorablemente el expediente de tal enagemidad á Africa y por la importancia de nación, que no llegó á realizarse porque
sus marinas mercantes y tráfico, eran las la guerra civil que había estallado en
primeras interesadas en impedir el des- Marruecos impedía al sultán dedicarse á
arrollo de la piraterla. Para lograrlo, no otros asuntos, y además porque su extuvieron otro remedio que atacar el mal hausta bolsa no hubiera podido dar los
en sus propios criaderos: las armadas de diez millones de reales en que se hablan
Génova y Venecia, separadas ó unidas á valuado nuestras posesiones, excepción
las españolas, dieron más de una batida hecha de Cauta, que no entraba en el
á los tocos piratas que, si lograron de- pacto.
Aquella poderosa cintura de plazas esbilitar, no consiguieron extirpar, á pesar de que, por parte de España, se pro- pañolas qufl en pasados tiempos bordeacedió á ejercer una ocupación permanen- ba las costas berberiscas, desde Bugía y
te que trataba de imposibilitar en abso- Trípoli hasta Santa Cruz de la Mar Peluto las arles del corsario. Añádase á queña, ha sido restringida no poco, limiesto el odio secular, siempre vivo, entre tándose la barrera á estrechar el impemoros y cristianos, y se tendrá el verda- rio marroquí desde las Chatarinas hasta
Río de Oro, comprendiendo Malilla, Al&lt;iero carácter de aquellas empresas.
Como se ve, nuestra polHica africana hucemas y el Peñon de Vélez, en el Meno reconocla como móvil el que entraña diterráneo, Cauta y el islote del Peregil,
toda política colonial moderna, eminen- en el Estrecho de Gibraltar, y las isla~
temente expansiva, sino que respondia á Canarias y Santa Cruz , aun no ocupada,
la necesidad imperillsa de contener los en el Atlántico: 1ialones que nos han queprogresos de la piraleria, que vegetaba dado de nuestras antiguas conquistas!
siempre pujante en el Mediterráneo. De Bugía, Trípoli, Bona, Tunez, Argel,
aquí nacen nuestras empresas en Africa, Orán, Mazalquivir y tantos y tantos flodonde España careció siempre de una rones más del esbozado imperio español
P,OlHica a frica na fija y de t,e rminada; en Africa, que mucha sangre nos cospor esta razón no consideramos nunca taron, han pasado á manos rivales por
imprescindible la conservación de las tibieza, por tuerza. por fatalidad.
Solamente en 18-1~, ejemplo único en
plazas conquistadas, que con facilidad
nuestra
historia, hubo un destello de inabandonábamos, para repetir, al cabo de
teligencia,
cuando, anticipándonos á
algunos años, el trabajo de recuperarlas
Francia,
se
ocuparon las islas Chafaricon el inúlil sacrificio de vidas preciosas
nas,
la
más
moderna
y más oriental poque tales empresas llevaban en sí. Este
esplritu lo dá á conocer, con bien triste sesión española, de tal importancia que
elocuencia por cierto, un historiador de ya en 1767 el general de la Armada Don
mucha fama, el Padre Mariana, el cual, Pedro Castejón, contra la corriente que
al exponer el concepto que á España entónces se iniciaba de enajenar nuesmerecían aquellos trabajos, dice que Fe- tras posesiones africanas, probó en un
lipe 11, y con él todos sus hombres de luminoso escrito, no sólo la necesidad de
gobierno, estaban convencidos de que en conservar estas, sino de extendernos
Africa no convenia edificar, sino des- hasta Chafarinas.
Si quisiéramos extremar la antigüedad
truir.
de
las ocupaciones territoriales en MaLo malo fué que esta clase de interés
rruecos
por parte de España, habríamos
que nos inspiraban entonces los asuntos
&lt;le Africa no ha sido patrimonio exclusivo de remontarnos á la época de la manar-

�24

POS ESIONES ESPAÑOLAS EN

Desde entonces el pabellón de Castilla ha
ondeado sin interrupción sobre los torreones de aquella plttza africana. Ctiuta,
aunque ganada ante-

25

quilamente sus pipas llenas de opio, la latente el odio y acudiendo repetidas vellegada de los compradores: hay alli ces con sus tropas á poner cerco á Merincones tan típicos y pintorescos que lilla. Entre los sitios más famosos sofuera preciso irá Oriente para hallarlos bresalen los comenzados los años, 1687,
semejan1694 yl696;
tes.
mas, á peEl desasar de la
rrollo cotenacidad
me r ci al
desplega·
queMelilla
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do en estos
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ron nunca
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su objeto.
desfiguraTal estado hasta su
do cesó, al
misma fifin, desde
son o mí a
el momenm i l i t ar .
to en que
Antes , la
•
se crearon
incomunirelaciol).AS
cación con
mercantilos moros
les entre el
fuéco~ple- •
campo y la

ta durante

MueI{e de ~1~1illa

plaza. Prin-

s i g los' ,
cipiaron
pues la hostilidad entre españoles y rifle~ los·moros por introducir alli huevos y
ños no conocía tregua. En efecto, ningu"' gallinas, y actualmente hacen con Mena plaza ha permanecido tanto tiempo en hila un comercio que llega á diez miuna absoluta incomunicación con el cam- llones de pesetas anuales. El comercio
po fronterizo como Melilla, hasta el pun• ha conseguido, pues, lo que las armas
to de que todas las vituallas, el agua nunca hubieran alcanzado: deponer la
inclusive, era llevada allí desde España. actitud hostil de los riffeños, de tal suerLos riffeños mantenían cerco continuo, suerte que hoy son ellos los primeros
11 egando
in t eresahasta imdos en que
pedir que
Melil a
el c uerpo
permanezde centine.,....__
ca en nueslas asomatrasmanos,
se á través
porque asi
de las aspipueden con
iteras: un
mayor setusil, siemguri,dad y
pre vigifacilidad
lante,siem•
proveerse
pre avizor,
de las roerse encarcaderiasde
gaba de reprocedencordar al
_.,_~~
cia euroa t re v i do
pea y nego•
centinela
ciarcon el
su descuíinterior.
do. Ad e _ __
Puédese
más de la
suponer el
hostilidad
MuellemilitardeMelill&amp;
interés de
manifiesta de los rifteños, los sultanes los mo1•os en contarnos por buenos vecimarroquies se encargaron, por su parte, nos, conociendo las dificultades que el
de protestar de la presencia de los espa- aprovisionamiento de sus kábilas repreñoles en sus territorios , manteniendo sentaba cuando las caravanas_tenían que

~~~~=:¡jií

1,!;,_:¡t;¡¡.j~~

MELILLA

MARRUI-:cos

�26

POR !!SOS MUNDOS

ir nada menos que á Fez para proveerse ninguna ventaja, cierra las puertas de la
de té, café y azúcar, entre otros artículos plaza. Entonces, todo enmudece, y Malique hoy se encuentran en Malilla á pocos lla, que de día es un emporio moderno,
pasos de todos los poblados de aquella re· retrocede un par de siglos: la tristeza domina en
gión. Ade·
sus calles,
más, los
y sólo inteprecios del
rrumpe la
mercado
monotonía
de Fez eran
alguna pa- .
exageradítrulla a r simos, somada que
brecargahace servidos con
cio de imacostosos
ginaria, el
transporeco sonoro
tes desde
de uncialos puertos
r í n, ó el
de la costa
ruido seco
atlántica.
del batir de
Hoy Melilas ola R
lla esla llamediterráve comernea s. En
Ceuta, vista desde el mar
cialdel Riff
las afueyde todo el
mediodía marroquí, y á nuestra plaza ras, en el campo moro, imperan la misma
acuden caravanas de distintas regiones soledad y análogo silencio, interrumpidel oriente y centro de Marruecos, que dos tan sólo por los muezzines de las
dan vida y animación á aquel lugar, an- mezquitas que anuncian lasoraciones.
tes triste y solitario.
Es grande el contraste que ofrece la
CEUTA
ciudadela, de calles tétricas y vetustas forLa primera impresión que Cauta protalezas, con el Mantelete, donde radica el
comercio y donde el bullicio y la sed de duce al viajero que hasta allí llega es de
negocios que comienza con la apertura sorpresa, al encontrarse ante una ciudad
de las puertas de la plaza, no termina genuinamente auropea. En efecto, vienhasta que la ley marcial, vigente siem- do las modernas casas y calles de la po pre allí con todos sus inconvenientes y blación, no parece que Cauta se asienta

Sdrrallo cristi11.no, luerte más av'lnzado del campo español, en Ceuta

POSl!:SIONES ESPAÑOLAS EN MARRUECOS

27

en el africano suelo. No se respira allí el que sería casi imposible hacer de ella un
ambiente particularísimo de las demás emporio mercantil de regular importanciudades morunas: apenas ha yen sus ca• cia. En Cauta sólo hay en la actualidad
lles moros y hebreos. Bien es verdad que una fuerte guarnición, un numeroso vela situación especial de Ceula en el extre- cindario y un no menos numeroso penal.
La ciudad con su territorio se compomo de una lengua de tierra , rodeada
ne de tres reúnicamente
cintos:
el pripor la kábila
mero, lo forde Anghera , y
ma el monteen
entre dos locos
que
se asienta
de comercio
la Torre del
cu a I es son
Hacho, que coTánger y Terona la altura
tuán, no es la
más saliente
más á propóde Cauta y misito para que,
de 195 metros
tanto moros
de
elevación;
como hebreos,
el
segundo,
lo
que sólo van
constituye un
tras el negopequeño valle
cio, acudan á
cultivado,
en
la ciudad.
el que ya exisEl aspecto de
ten buen núCeutaes carac•
mero de consterístico: no
trucciones, y
tiene el cariz
termina en la
de las ciudacolina de la
des orientales
Almina; el terque Malilla
cero,
está forpresenta, ni la
mad o por la
mezcla de cosciudad propiam o poli ti s mo
mente dicha.
que se deja
Las fortificasentir en Tánciones
que deger, ni ofrece
fienden el tela coquete ría
rritorio, que es
parisién de Arbastante
escargel. Cauta no
Puerta y puonte levadizo qu~ dan entrada á la población amurallada
pado, a hunde Cauta
·
se puede comdan, sobre toparar con ninguna ciudad africana: es una urbe euro- do en el istmo que termina en la falda
pea, que tiende á ser lo que Gibraltar es. oriental de la Montaña del Marabut,
No hemos de hacer aquí la historia de nombre que recibe el mon~e. donde se
Cauta desdeque, apareciendo como asen- entierran los santones de S1d1-Muza, y
tadora de las columnas de Hércules, que en Cauta se conoce más generalmenatraviesa y participa de la triste suerte te por la Casa del Renegado, por ser
del conde J ulián y pasa después por fama que uno de éstos fué el que dió origrandes vicisitudes cayendo indistinta- gen á esa generación de santones.
Siendo el territorio bastante estrecho y
mente en manos de portugueses, españoles y moriscos, hasta la gloriosa guerra reducido, los fuegos de los fuertes sirven,
de 1859 durante la cual dicha plaza fué á la vez que para contener al enemigo de
el centro de operaciones del ejército es- tierra, para batir al que en la mar nos
pañol. Hoy, que tanto se habla de nuestra asedie. El terreno es muy escarpado y
influencia en Marruecos, bueno es recor- forma profundos barrancos, cubiertos
dar que, gracias á la más funesta de las por espesa maleza, algunos de los cuales
incurias, Cauta, que pudo ser por sus es- van á morir bruscamente en el mar.
El campo neutral se extiende hácia el
peciales condiciones un centro comercial
importantísimo é impedir el desarrollo Oeste y en él se conservan las ruinas de
del comercio inglés y francés por Tánger la antigua Septa de los romanos.
En Cauta no existe puerto, y cuantas
y Tetuán, se ve hoy anulada de tal modo

�28

POR ESOS MUNDOS

POSESIONES ESPAÑOLAS EN MARRUECOS

obras se han intentado para formarlo en victimas que ocasionó la guerra de 1859.
la bahia natural han sido siempre desCauta, como Malilla, es puerto franco,
truídas, ó por el mar, que incesantemen- aunque, á la verdad, para el escaso cote las halla, ó por las arenas que arras- marcio que allí se hace resulta inútil
tran lascoesta concerrientesdel
sión.
Estrecho.
Hay una
La costa
c os a e n
ofrece, coCauta que
mo el resto
llama mude la macholaatenrroquí del
ción, y es
Estrecho,
¡;........-.----:
la compaalgunaspeñla de moqueñas enros, formasena das,
da poralque sirven
gunos made refugio
rroquíes,
á todo gé.
.....
cuya prinn ero de
- ..........
cipal micontrabansión condistas.
sis te e n
El fa ro
adornar la
deCeuta se
Coman eleva sobre
j
da ncia geel cerro de
neral dánlos M O S_ Compañia de moros tiradores de Cauta, mandada por oliciales del ejército español dola guar-

i,

.J

queros, á 180 metros, y es de luz blanca dia. Sus trajes, son, en efecto, muy vistofija. Aunque no es de los peores que sos y parecidos á los uniformes de los
España tiene, forma, sin embargo, gran zuavos franceses. Antes del año 1860,
contraste con los magnificas eléctricos esta compañía residía en Malilla y la
que sobre la opuesta costa ha instalado formaban los moros confidentes de las
la Gran Bretaña.
diversas posesiones y los que se señalaComo queda dicho, ofrece Cauta todo han como más adictos á España; pero,
el aspecto de ciudad europea, bastante poco después, fuá destinada á Ceuta,
bien u rbadonde dinizada; pe- '
cho pequero no por
ño cuerpo
esto puede
constituye
asegurarse
una figura
que desdecoraticuella por
va. Los mala magnifid r i 1años
cencia de
conocen el
sus edifiaspecto de
cios ni caestos molles. De los
ros porque
estuvieron
primeros,
en la capilosmás notal de Establiis son
paña para
la Comanrendir pleidancia getesía al rey
nera 1, la
Don AlfonCatedra 1,
so XIII en
que es obra
Islas Chalarinas. Islote del Congreso
sus bodas
del siglo
xv, el Ayuntamiento, y el Penal, que con la princesa Ena de Battenberg.
El presidio de Ceuta es el principal de
antes fué convento de franciscanos. Monumentos sólo existen dos: uno elevado cuantos España sostiene en Marruecos.
á Carlos IV, y otro en memoria de las Es casi seguro que desde las conquistas

29

primeras los penados marchaban siem- mariscal Mac-Mahon, entonces coronel,
pre juntos con los guerreros, con objeto quiso poner en práctica el proyecto acat:!e hacer las obras de fortificaciones; así riciado, preparando una expedición que
resultó con el tiempo que los presidios, habla de ocupar para Francia el estratégico archique entoni piélago. Peces eran
ro enterado
hasta cierto
deestospropunto necepósi tos el
c es arios,
G oh ierno
han echado
español, orhondas raídenó urgences, de tal
temente al
modo que
general Separece que
rrano, capinadie se
tán general
atreve hoy
de Andaluá extirpar
cía, la inestas terrimediata orbles c líniganización
cas de las
de una exllagas sopedición
cial es de
que se adenuestras po•
lantara á la
sesionas
Islas Chafarinas. Islote de Isabel JI
francesa.
marroquíes, dignas, por oierto, de mejor suerte.
Fué aparejada con urgencia una fragata en el puerto de Málaga, y en ella
embarcaron algunas tropas que, favoreLAS ISLAS CHAFARINAS
cidas por el buen tiempo, arribaron á
Forman un archipiélago de tres islotes Chafarinas oportunamente, plantando la
que ocupan una estratégica posición fren- bandera española el 6 de Enero de 18J8
te á la desembocadura del caudaloso río sobre las mayores alturas de las tres isMuluya, no lejos del arroyuelo el Kiss, las.
que forma la frontera entre Argelia y
Dícese que pocas horas después llegó
Marruecos.
á la vista de Chafarinas la expedicióa
Desde 18-15, terminada felizmente la francesa, toda ajena á la realidad de lo
guerra de ocupación de la nueva colonia ocurrido. El asombro de Mac-Mahon al
francesa de
ver que onArgelia
deaba la
con la subandera esmisión del
pañola no
emir AbdreconoEl- Kader,
ció límites.
las autoriPero no tu- ·
dades franvo más recesas abrimedio que
gaban prodisimular
yectos exsu enojo,
pansio nishaciendo
tas en Maviraren rerruecos
d o n do el
que, en
buque que
1848, iban
le conduá efectuarcía.
se con la
Están las
previa ocuVista de la plaza y puerto de Isabel 11
tres islas
pación de
en si tu alos islotes citados, conocidos por los mo- ción tan singular que forman con la cosros con los nombres de Xaferin ó El-Já- ta marroquí, que se levanta á pocas millera Kebdana (Peñas de Kebdana). El llas, el más abrigado puerto natural del

�POSESIONES ESPAÑOLAS EN MARRUECOS
POR 8808 MUNDOS

30
lituidos por soldados que son los que hoy
mundo. ¡Cuántos naufragios hubieran representan Ia soberania española en
ocurrido sobre las inhospitalarias costas aquellos solitarios peñones.
berberiscas de no existir como providenModernamente, un africanista muy
cia salvadora las Chafarinasl Buques de ilustrado y entendido, Don Saturnino Xitodas nacionalidades y clases afluyen á ménez, obtuvo la concesión de una facsu protectora rada cuando un temporal toria en la Isla del Rey, empresa que no
furioso se desencadena en el Mediterrá- ha podido llevar á cabo por la injusta
neo. Entonces, aquel despreciado para- oposición que se le hizo creyéndosele
je, que en tiempos de bonanza visita tan agente de Alemania.
sólo cada semana el buque que hace el
Acordada ya de un modo oficial y soservicio de correo del Estado, es la San- lemne la construcción de los tres p~erlos
t11. Bárbara de quien nadie se acuerda de Chafarinas, Malilla y Ceuta, habrá
sino cuando truena.
que esperar que esta magnifica posesión
Por su posición y condiciones tan fa- española, más i,oportante por su siluavorables para la construcción de un puer· cion y condiciones que por su extensión,
to de refugio y a vitualla miento, se pro- adquiera toda la importancia que merece.
yecta desde antiguo el mejoramiento del
puerto natural que ofrecen las islas. BasEL ISLOTE DE ALHUCEM,t.S
tará para ello unir dos de estas: lasconocidas por habel U y del Rey, pues la
Alzase frente á una anchurosa y floritercera, la del Congreso, dista mucho de da vega que riegan el Nüker y sus afluen•
la primera, que es la central, y ofrece tes. Por este nombre le conocen los riffeprofundidades bastante grandes. Ya el ños. Alhucemas 6, mejor aún, El-M1Jemaño 1858 el comandante de ingenieros ma, fué in illo tempore una población floseñor Aparici fué autor de un proyecto reciente; pero hoy no quedan de ella sino
de puerto en el que se condensaban ruinas, que yerguen sus ruuros carcomilas ideas generales que hoy se han trasla- das frente al peñasco, por entre los flodado al proyecto aprobado. Esta obra ridos vergeles de la vega, que usufrucserviri11. de base para hacer de Chafari- túan los kabileños de Beni- U riaguel. El
nas un puerto comercial de la mayor im- islote ocupó un modesto lugar en un rinportancia, que sirviera no sólo á las ex- cón de la anchurosa ha hia que limitan los
porL11.ciones de Marruecos (,¡ue hoy to- cabos conocidos por Morro ~ uevo y Quiman el molesto camino de Marnia para lates. Primitivamente, Alhucemas tué un
irá embarr.ar todavía al puerto de Orán, baluarte de la dinastía fundadora de Maá más de 400 kilómetros de la frontera rruecos, de los venerados sherifes de
marroqu1), sino también para crear un Muley-Ed-Driss, centro del más exagecentro de abastecimiento de la navega- rado y violento fanatismo musulmán.
ción, negocio fabuloso que hoy casi acaMide la roca que forma el islote una
paran en el Mediterráneo los puertos longitud máxima de 150 metros, alcande Gibraltar y Argel.
zando una anchnra de 70. La allura maS1 bien en 18~7 fueron declaradas las yor no pasa de 27 metros.
Chaf&gt;1rinas, como las demás posesiones
Es increible cómo los ocupantes puesp11ñolas africanas, puertos francos, dieron fijar su atención en tan estéril roesto no ha bastado para que adquieran ca. Cualquier buque moderno podría fáel desarrollo comercial á que tienen cilmente arrumbar en sus entrañas el isderecho, debido más que nada á la falla lote entero, donde no habitan más de
de comunicaciones con el campo moro.
trescientas personas.
Hisla hace poco, las Chafarinas, como
A pesar de su insignificancia, su polos demás peñones, han sufrido un cre- sesión, que mantenia E5paña, fué codicido numero de presidiarios, y por su ca- ciada por Francia . á cuyo embajador en
lidad de penal se han visto perjudica- Marruecos en 1665, Roland Fréjus, se
das con los inconvenientes 11.nejos que atribuían propósitos de pedir la ocupaacarrea la situación. El edificio del pe- ción del islote, con objeto de establecer
nal estaba en la isla de Santa Isabel, que factorlas comerciales que preparasen la
es la más poblada y donde radican el influencia y penetración francesa en el
Gllbierno y l11 gnarnición de las islas. En R1ff. Si algo de cierto hubo en ello, como
los dos restantes islotes sólo habla an- es creible, lardaron mucho, demasiado~
tes una guardia, formada por algunos en poner en práctica los propósitos perpenados de mejor conduela que, al ser seguidos, pero es verosimil suponer quetrasladado el penal á Malilla, fueron sus-

31

t~les fueran las intenciones del diplomá- qui~n con sus recelos y suspicacias
tico f~ancés que justificaran la toma de o_bhgó á España á cuidarse de su posepose~16~ por parte de España de aquel sión. Sucedía esto en 1873, un año desperdido islote. No de otro modo se conci- pués de haberse hecho la última tentativa
be la oc~pación de tan árida peña sin de desprendimiento de las plazas de Arrice. A_ntes de esto, á Fernando VII se le
que mediara causa alguna.
~l ~8 de A~osto de 1673 los navíos del ocurrió la peregrina idea de canje11r Alprmc1pe de :\Iontesacro, San Agustín y hucemas con el sullán de Marruecos i por
San Carlos, llegaron á la vista de Alhu- unos cuantos caballos árabes! Pero la
cemas, desembarcando tropas que forti- casualidad ha ido sorteando todos los
ficaro~ ~a ro~a, quedando en ella una escollos, y Alhucemas ha llegado hasta
guarmc1ón, bien provista. Desde entón- nuestros dl_as en poder de España.
En el mismo peñasco se putide ver el
ces, es Alhucemas posesión española.
D_urante algunos días del mes de No- ~rad_o de pr~ocupación que siempre nos
viembre de 1838 se sublevaron los nu- inspiró. C~b1erta la ~sléril roca con promerosos confinados políticos alli recluí- fu~16n d_e mverosimiles y antiquísimas
dos, declarándose por el pretendiente ed_1ficaciones, nada revela allí un mejoraDon C~rlos después de reducirá la im- !Dien~o en las construcciones, y se da el
potencia á la escasa guarnición de la mcre1_ble caso de que las balarías todas
plaza, á la que encerraron en las prisio- h~n sido suprimidas y desmontadas las
nes que ellos hablan ocupado. Pero teme- piezas de bro_ncii por la inseguridad que
rosos de la llegada de refuerzos y de ser ofrece el penasco, pues hubo ingenieros
nuevamente sometidos, huyeron, embar- &lt;lue cr~yeron que el peñón podría resencándose en dos buques de vela á la sazón hrse s1 en él se hacian disparos de cañoen la bahla .. uno de los cuales pudo lle- nes. En este punt.o, bueno es hacer consga_r á Argelia, encallando el otro en la tar que, _asentadas atrevidamente las
construc?1ones sobre rocas, encima de
misma costa.
. Poc?s hechos importantes registra la sus más imperceptibles saliente8, los muh1s_tor1a de A(hucemas, que con las Cha- ros, que de!&gt;afian las leyes de la Naturafarmas han sido las posesiones españo- leza, ~arecen de la solidez y garantía nelas que de más tranquilidad han disfru- cesarias para permanecer levantados. y
tado, contrastando ciertamente con las aun la base, el propio islote, debe estar
aza_rosas continuas luchas de Malilla y el !oca vado profundamente en sus enLraPenón de Vélez. Quizás haya influido en nas por las rompientes continuas de las
~llo el mayor apartamiento de aquellas olas, pues en días de temporal el peñón
oscila casi
islas de la
1mpercepcosta, cosa
tiblemenLe,
que ha imaunque de
pedido momanera sulestarnos á
ficiente palas kábºlas
ra llevar la
vecinas.
intran quiAlhucelidad á sus
~a~ha parmor ad ot1ci p ad o
res, que se
más que
creen ameninguna
nazados de
otra poseser sepulsión espatados en el
ñola del
fondo del
abandono
mar. A pepunible en
sar de esto,
que siemy quizás
pre se tupor esto
vieron
Vista de Alhucemas
nuestras
.d
mismo, la
colonias, pues hasta llegamos á olvidar ".1 8 allí tiene especiales encantos y alra~qu~ tal parte del globo existiera: los edi- h vos.
El problema de las subsistencias en
ficios se derrumbaban y Alhucemas se
despoblada. Fué entónces el extranjero Alhucemas, como en los demás peñones,

�32

POR ESOS MUNDOS

es el más caraclerístico y el menos fácil
Cada habitante tiene una ración de
de resolver, sobre todo cuando las cir- agua señalada, cantidad que está en recunstancias imposibilitan el abasteci- lación con su categoría; así, mientras los
miento de la plaza. Sin vegetación algu- más conspicuos la disfrutan de sobra, hasta
na, hasta sin agua, todo debe ser allí im- para bañarse, los soldedos, y los presos,
portado. En estos tiempos, se han anu- sobre todo, no cuentan sino con algún
dado retaque otro liciones cotro, que tiemerciales
nen que
con losmoesca timar
ros del veáfin de que
cino ca mles alcance
po, que impara todos
portan los
los usos y
ce lebérrin ece~idamos huedes. Con
vos morulas subsisnos, no tan
tencias que
económi •
llegan del
ca mente
campo mocomo anro l!e hace
tes, macitambién relentas gaparto, en
Tipos rilfoños del Pellón de Vélez de la Gomera
llinas, horel que se
talizas, carbón, frutas y alguna que otra guarda un turno riguroso entre los hacosa más. Pero cu9ndo toda comunica- bitantes todos, tomándose en cuenta para
ción con los moros estaba prohibida, las establecer dicho reparto el número de
subsistencias tenían que llevarse desde individuos de cada familia. Toques de
España, con miles de fatigas por cierto, campanas ya convenidos anuncian á la
pues la navegación á vela no era la más plaza la llegada de huevos, de gallinas,
ventajosa para la rapidez en las comuni- de pescado, etcétera, pues todo tiene
-caciones ni para el aporta miento de los numero señalado de campanadas. Y hay
víveres.
que ver cómo acuden al mercado los más
Por esta razón, Alhucemas, con el próximos al turno, regresando con sucoPeñón de Vélez, han atravesado algunos rrespondiente ración, mientras el resto
-éxodos de hambre, hasta el punto de que se va con las manos vacías.
para prolongar la situación hubo que
En estas condiciones especialisimas se
poner en libertad á los presidiarios tras- vive en los presidios del Ritf. La poblaladándolos al campo moro, y allá hubie- ción de todos ellos la forman elementos
ran ido á parar todos los habitantes si el análogos, teniendo preponderancia el misocorro hubiese tardado más en llegar. litar, bajo cuya jurisdicción absoluta se
Hoy, destinado especialmente un buque hallan. Los presidiarios, hoy recluidos en
al servicio de los presidios menores, como Malilla y Ceuta, formaban también por
-en términos oficiales se llaman nuestras su número el segundo elemento de estas
posesiones del Riff, no ofrece el proble- poblaciones; pero descartados ya de las
ma de las subsistencias el mismo pavo- demás posesiones, sólo quedan en ellas
roso aspecto que antes. Este buque (que algunos empleados oficiales con sus fano es cosa de sobra decir que se denomi- milias, y contados comerciantes cuyo
na Seoilla y va mandado por Don Onofre número aumenta paulatina pero proBasch que hace mucho tiempo presta es- gresivamente.
te servicio y que por los auxilios facilitaPuede decirse que, hasta hace poco, la
dos á un vapor francés, al que libró de población civil de estos islotes la formacaer en manos de los piratas r1ffeños, fué ban algunas numerosas familias insulacondecorado por el Gobierno de la Repú- res que, desde generaciones atrasadas,
blica vecina con la Legión de Honor), viven sobre la costa riffeña. Familias de
este buque lleva, además, varios depósi- estas hay que cuentan numerosas las
tos-algibes, y el agua que conduce la va victimas que en ellas han causado los
dejando á su paso por los peñones en cu- moros; pero, afortunadamente, ese sisteyas rocas se han practicado excavacio- mático odio entre moros y españoles se
-ciones que sirven de tanques.
ha dulcificado no poco, y hoy el comer-

33

POSESIONES ESPAÑOUS EN MARRUECOS

-cio, embrionario en Alhucemas como en
-el Peñón y CbaCarinas, hace convivir y
-compenetrarse á unos y á otros.
EL PEÑÓN DR VÉLEZ DE LA GOMER.\

Como mudo testigo de un pasado lleno
-de épicas luchas queda este árido peñón
en nuestras manos.
En poder de España en tiempos de los
~odos, fué patrimonio de los árabes los
siglos que siguieron á la rota del Guadalete. Entre las atalayas de aquellos cerros y tajos se incubó el genio audaz y
atrevido de los gomeres, aquellos tamibles piratas que calan sobre las indefenas costas de Andalucla, abordándolas de
noche para aprovecharse del pánico y
-contusión que causaban y robar así impunemente bienes y mujeres. Los quebrantos de estos moradores eran tantos y tan repetidos y la inseguridad de
la navegaci6n tan grande, que elevaron queja ante Fernando el Católico, mo-narca que dedicaba á la sazón buena parte de su atención á las empresas de
Africa.
Dispuso, al efecto, aquel rey que la escuadra que se alistaba en Málaga contra
Orán, hiciese rumbo hácia el nido de la
piratería, y sin gran dificultad ocupó el
r,ñón el almirante Pddro de Navarro,
ete de la armada española, el 23 de Juio de 1508. Ya instaladas alll,las fuerzas
españolas comenzaron á hostilizar á la
vecina ciudad de Vélez, á cuya defensa
no tardaron en acudir tropas del rey de
Fez, que no lograron arrojar á los espa.ñoles hasta el año de 1522 en que fué .
sorprendida y pasada á cuchillo la guarnición que alll prestaba sus servicios.
Pronto se rehizo la piratería de sus paados quebrantos, y comenzó nuevamente
á asolar las costas españolas, dificultando
la navegación y el comercio. Y también acudieron los andaluces deman-dando protección á las gradas del Trono. Intentóse otra vez batir al enemigo
-del orden; pero u11a tentativa frustrada
que hizo el marques de Mondéjar en o~tubre de 1525 \sólo sirvió para aumentar
la pujanza y osadla de los piratas, engreldos con el fácil triunfo logrado.
Felipe 11. en Julio de 1563, ordenó la
alida de Málaga de una poderosa escua-dra, que puso á las órdenes óe Don S rn -cho Martinez de L,yva. EntrA sus más
•forzatlos capitanes figuraba Don Alvaro de Baün, que con ocho galeras se
cdelantó arribando felizmente frente al

i

peñón. Poderosamente defendido este lugar, y previendo el de Bazán un resultado desfavorable si lo atacaba por mar,
procedió al desembarco de cinco mil
hombres, que, tras de ocupar la vecina
ciudad de Vélez, hostilizaron á los piratas del peñón desde las alturas de la costa, que dominaban por completo. Pero este ejército in va sor fué tan tenazmente
hostilizado por los naturales del país que
se hizo imposible á Don Alvaro reconcentrar su atención en la toma del islote. En
tan criticas circunstancias, tuvo que pro•
ceder precipitadamente al reembarque
de los suyos, porque una acción combinada de los del peñón y los hombres de
tierra podía ser fatal á los españoles. As{
se malogró aquella expedición.
Entretanto, la piratería, envalentona•
da, crecfa de tal suerte que el honor y
la propia seguridad de Eipaña reclamaban la organización de una magna expedición decidida á destruir por completo
aquel temible foco. A tal efecto, hizose un
supremo esfuerzo, reuniéndose nueva poderosa l!Scuadra que llevaba nada menos que diez mil hombres de desembarco, en cien galeras y sesenta buques menores. A la empresa, que revistió casi !os
caracléres de una cruzada, acudieron
fuerzas de mar y tierra de todos los fütatados alemanes é italianos, que, con Por•
tuga 1, eran los que más sufrían los efectos de los corsarios.
Pero fué nuestra patria la que más contribuyó á la emoresa, que iba á los cuidados de Don García de Toledo, au:,r,iliado por el célebre Doria y los ya dichos
capitanes Sancho MarUnez de Leyva y
Alvaro de Buán.
Esta armada llegó al peñón el l. 0 de
Septiembre de 1564, procediendo desde
luego al desembarco de las fuerzas, que
se apr.raron, como en la última expedición, á ocupar la ciudad de Velez.
Prescindiendo del peñón, dedicáronse
las tropas á quebrantar las hordas rifftñas que ya comenzaban á hostilizarles
con tenacidad, y que fueron las que el
año anterior hicieron malograr los propósitos de Don Alvaro de Buán.
Este plan dió el resultado apetecido.
Derrotados los riffeños, y libres, por tanto, los nuestros de este embarazo por
parte de tierra, pudieron acumular todo
el ejército sobre el peñón, que no tardó
en sucumbir ante er.apuje de tanta fuerza. El caíd que lo defendía, Cara Mustatá,
aprovechó una noche obscura y tormentosa para ir con su gente al campo, de3

�•
POR ESOS MUNDOS
34
uarnición que fué pasada totalmente á
jando abandonados á una treintena de
~uchillo.
Las fuerzas del peñón, sabedosoldados que, al verse en tal tran.ce, no
ras
del
desgraciado
fin d.e sus compatardaron en rendirse. El 5 de Septiembre
ñeros
hicieron
una
sahda al campo,
fué ocupado definitivamente por los nuesel peñón. En aquellos sucesos lomó par- logra~do recuperar la perdida for~leza;.
te muy principal un renegado espa- pero no contando con fuerzas suficientes
ñol llamado Ferret, cuya casa en ruinas que distraer en aquel nefando fuerte,
convinieron en arrasarlo, como asilo
aún se vé desde la costa.
hicieron.
Dlas más larde, llegaron ~efuerzos de
Posteriormente, en los años 177~, .1781
Fez que no pudieron desaloJar á los es- y 1790, fué el peñón nuevamente s1t~ado,
pañ~les de las fortificaciones que estos sin mejor resullado que las an~er1ores
ocuparon y que los mismos moros ha~ian veces; y desde entonces.~o ha sido más
reparado antes para su de~ensa. DeJóse objeto de ninguna hoshhda~.
ten guarnecido y abastecido el penón,
La dominación de los espanoles en esta
y la armada de Don Garcia de Toledo
parte
del Riff debió tener una gran ~xabandonó aquellas costas.
tensión, pues asi lo revelan la profusión
Varias é insistentes fueron después las de ruinas de fortalezas que pululan en
acometidas al peñón de los sultanes de los alrededores de la costa, tales como
Fez, que á todo precio quer!an_ r~cuee- los fuertes de la ciudad de Vélez y del
rarlo, y asi fué como. á los d1ec1se1s ano~ Cantil y las célebres Torres de ~lcalá
de la conquista acudió el sultán Mu ley
situad~s en el territorio de la kábila de
Amar con diez mil hombres que eslable- Beni-Bu-Frah. De todo ello, no queda
ciero~ un cerco riguroso; pero la guar- más que el árido peñón cor_no mudo.tesnición se defendió valerosamente, recha- tigo, coronado de construcciones anhquizando á los sitiadores y malogrando la simas.
empresa contra ellos tramada. ~l sulEl Peñón de Vélez es, como Alhucetán Muley Ismael, uno de los más impor- mas una estéril roca, aunque de mayotantes de Marruecos, envió uno de sus res proporciones, y se alza frente á la
numerosos hijos (dícese que tuvo más d_e desembocadura del Ued-Támeda.: en U!l
ciento) con catorce mil soldados aguerri- escarpado rincón de la costa riffena. Un1dos, aumentados con contingen~es de las do á otro peñasco, la Isleta, ~or un pu2;¿
kábilas comarcanas, para arroJar á los te de madera, mid~ una.longitud de
españoles de los puntos de la costa que metros (110 más con la isleta). Las consocupaban.
trucciones forman una sola ~a lle, que se
En 1701 comenzó una cruenta lucha, enrosca al rededor de la pena hasta albravamente sostenida por ambas parles. canzar su altura, que es de 77 metros
Al cabo de un año, el 5 ~e Febrero si- sobre el ni ve! del mar.
guiente, consiguió la morisma gana~ por
Mucho de ¡0 que dijimos de Alhucela traición el fuerte que .los e~panoles mas podemos referirlo al ~eñón, cuya
edificaron sobre una emmenc1a de la analogia con aquella posesión e~ muy
costa. La tradición dice que los mo_ros, grande. U nicament~' su población es
fingiendo retirarse deseoso~ .de terminar mayor, como mayor es su perlmetro: el
la lucha y aparentando debilidad, !ban- peñón puede con.tener poco menos de
donaron el teatro de la pelea y se rn~er- cuatrocientos habllantes.
_
naron donde no pudieran ser descubier.En idénticas condiciones, el penón ha
los por los españoles. Cu1:1ndo la tranqu!- atravesado vida análoga á la de Alhu~elidad renacia, uno de los jefes de la káb1- mas si bien, como ya se ha dicho, ha s1~0la propuso al gobernador de la fort~ leza más' disputado por los moros! y ha sufriproporcionarle una porción de muJeres do sitios tenaces, de que el islote de Alara que tomando parte. en una fiesta, hucemas se ha visto libre. Pero no f~eron
~legrase~ la vida, bien triste, de la guar- únicamente los moros co!1tra quienes
nición recluida día y noche en el est~e- tuvimos que defender el penón: en .1~21
cho recinto del fuerte. Aceptada con _Jú- los holandeses atacaron la g~armción
bilo la oferta, una noche, ya co~venida, española, y si no lograron rendir la plaavanzaron sigilosamente multitud de za debióse á la tregua que, á 1~ sazón,
sombras blancas, que los soldados espe- hubo de concertarse entre Espana y Horaban anhelosos; pero aquellas sombras
'd h
no eran sino aguerridos soldados q~e ca- landa.
Por lo demás, el peñón ha sufr1 o amyeron de improviso sobre la descuidada

35

POSESIONES ESPAÑOLAS EN MARRUECOS

bres terribles, sobre lodo en los años
1647, 1662 y 1812, en que fué preciso libertar á,160 presos para mejor prolongar
la situación; y si en Alhucemas fueron
carlistas los sublevados, aqui fueron los
mismºos confinados, que en 1836 intentaron apoderarse de la isla: después de
malherir á los centinelas, disponíanse á
sorprender al resto de la guarnición, que
logró dominar á los sublevados, entre
los que se contaban los crimina les más
famosos de aquellos tiempos. Con frecuencia, los confinados se evaden al campo moro, donde son bien acogidos porque ejerciendo casi todos algún oficio
resultan útiles á los riffeños, que no son
ciertamente muy diestros para el trabajo.
Estos prófugos abrazan muchas veces la
religión nusulmana y se casan con hijas del pais, siendo entonces considerados como iguales por los moros. Antiguamente, cuando éstos devolvian algún preso, eran gratificados con veinticinco pesetas; pero sucedía que los presos se ponían en connivencia con alguno de ellos
para partir la diferencia, y las fugas
abundaban demasiado. Hoy son en menor número los fugados que nos devuelven. En estos últimos meses, entre los
criminales más célebres que han escapado del peñón figura el tristemente famoso Chato de Jaén.
En 1872, con motivo del desprendimiento de unas rocas del peñón que
arrastraron varios edificios, no faltó quien
propusiera á las Cortes la voladura del
islote, y hasta el general Fernández de
Córdova facilitó el proyecto. Providencialm~nte, no prosperó la idea y el peñón
ha llegado hasta nuestros dias en manos
de España.
·
El lugar de la costa riffeña donde se
asienta el peñón tiene la especial particularidad de ser el punto del Mediterráneo más cercano á Fez, capital del imperio marroquí, de la que sólo le separan
en Unea recta noventa kilómetros. Si
bien el camino es muy accidentado á

causa de las cordilleras del pequeño Atlas que se interponen en la ruta, no por
eso es impracticable en absoluto, y á
nuestro entender constituirá el día de
mañana la vía comercial más rápida
para llegar al interior de Marruecos.
EL ISLOTE DEL PEREGIL

Situado en pleno Estrecho de Gibraltar,
este islote hállase deshabitado, y lo forma una enorme roca que se yergue cerca de la costa marroquí, á corta distancia de Ceuta. Aunque un hombre público
español, el señor Moret, declaró en cierta
ocasión que el islote no pertenecía á España, el Gobierno inglés pidió y obtuvo
recientemente de nuestro Gobierno el
permiso para extraer de allí la piedra
que necesitaba para las vastas obras que
acometía en Gibraltar. La piqueta inglesa arrancó toneladas y toneladas de piedra, hasta el extremo de haber reducido
notablemente las dimensiones del islote,
como si pareciese que quisiera hacerlo
desaparecer por completo.
Terminaron las obras, y el islote permanece abandonado, sin que nadie se
acuerde de él.
SANTA CRUZ DE LA MAR PEQUEÑA

Tan olvidada ó más que el islote del
Peregil permanece esta posesión, aun no
ocupada por parte de España.
Nuestra nación ohtnvo esta concesión
por el Tratado de 1860, para reconstituir
la población que con dicho nombre tuvo
en el Sur de Marruecos en los primeros
siglos de la Edad Moderna. Pero como
todavía no se ha ocupado. y menos aun
seña lado con certeza, el sitio que se haya
decidido conservar, cuanto dijéramos
aquí habrla de limitarse á antecedentes
históricos y disquisiciones que no servirían sino para embrollar las discusiones
que sobre ello sustentan los historiógrafos y los africanistas.
GUILLERMO

RITTWAGEN

�37

RECUERDOS DE ANTAÑO

RECUERDOS DE ANTAAO

EXCESO DE SABIDURÍA
cuanto se necesitaba para la
creación y sostenimiento de una revista periodística: un editor, el señor Do, rregaray, con mucho dinero·, dispuesto á
gastarlo gallardamente, y dos grandes
escritores, iniciadores de la idea, dispuestos á secundar los buenos propósitos
qne habían sugerido al editor.
Y tué creada La Academia, revista
científico-literaria, semanal é ilustrada, á
cuyo frente se pusieron, en clase de directores, Don F~ancisco Maria Tubino y
Don Juan de Dios de la Rada y Delgado.
Como redactores estábamos el insigne é
inolvidable Manuel de la Revilla y yo.
Teníamos, como se ve, un director para
cada uno. ¿Qué más podíamos desear?
Por falta de dirección no se malograría
la empresa.
Revilla, generoso conmigo, me cedió
graciosamente su parte de subordinación: declaróse en franca rebeldía desde
el primer momento, y no parecía por la
redacción limitándose á enviar sus artlculos, rebeldía que le toleraban por ser
él quien era: llamándose Manuel de la
Revilla podía permitirse el lujo de ser rebelde á cualquiera dirección de periódico. aunque esta fuese doble.
Yo, que apenas me llamaba Pedro, me
puse modestamente á las órdenes de ambos directores: en aquella época hubiera
aceptado hasta media docena. Pero como
el señor Tubino iba poco por la redacción, quien me dirigía-y me impulsaba
-asiduamente era el señl)r Rada y Delgado, sabio arque0logo y gran bibliófilo,
crítico cientifico y copioso erudito. Este
amable señor me confundió, me tomó por
otro, mejordicho,comoverá elqueleyere.
HABÍA

Debo advertir, ante todo, que para ingresar en aquella Redacción me entendi
directamente con el editor, por mediación y recomendación, muy cariñosa y
sincera, por cierto, de Revilla.
Don Juan de Dios de la Rada y Delgado empezó por decirme que tenía que ir
á la R~dacción todos los días á las diez de
la mañana. El primer día que empecé á
cumplir la orden recibida, en cuanto llegué, y sin darme tiempo á tomar resuello
ni siquiera á sentarme, Don Juan, dentro
de sus funciones de director, hubo de decirme:
-Oiga usted, j :Sven: tiene usted que ir
á la Academia de San Fernando y ver un
cuadro de Fulano, del cual t(del cuadro)
tiene usted que dar cuenta en una breve
noticia. De allí se va usted al Museo Ar•
queológico, y que el directo!, Don Antonio García Gutiérrez, le enseñe unos vasos etruscos que acaban de traer y que
son una verdadera maravilla: tome una
nota circunstanqiada de esos vasos, para
hacer un artículo extenso y bien meditado; el asunto lo merece. Después va usted á la Academia de la Hi&amp;toria y presencia la sesión, si llega a tiempo, para reseñarla latamente. Y luego se pasa us•
ted por el Museo de Reproducciones á
ver si Mengano tiene alguna noticia interesante para la revista.
-¿Nada másf-le pregucté, con cierta
ironía.
-Por hoy, nada más,-me contestó
tranquilamente.
-¿Y he de ir ahora mismo?
-Ahora mismo.
Me despedi de Don Juan y salí disparado ... y en el disparadero.

Todos los días, durante el primer mes,
se repitió la misma función con desesperante monotonía y perfecta regularidad.
El dia que menos me enviaba Don
Juan á cinco ó seis centros científicos...
teniéndome constantemente fuera de mi
centro. En cuanto llegaba á la Redacción,
sin dejarme respirar, me lanzaba á la
calle en busca de materiales para la revista. Y todo estaba lejos, muy lejos... Yo
obedecia ciegamente, y, al parecer, Don
Juan de Dios estaba muy contento conmigo, le complacia mi diligencia en la
recolección y le contentaba la forma que
daba á lo recolectado.
Pero, como todo llega en este mundo, y
no hay plazo que no se cumpla, llegó el
día l. 0 del mes siguien te y, por fin, cayó
de su burro el señor Rada y Delgado.
Antes de pasar á la Administración á
cobrar mi •sueldo, presenté á Don Juan
iie Dios pira que lo autorizara con su
Visto Bueno, un recibito con la cuenta
detallada de lo que habla gastado en coche para el servicio de la Redacción (entonces no habla tranvías) durante el mes
anterior.
¡Qué escena aquella!...
.
Primero, se aterró, se encolerizó después, y luego estuvo algunos minutos pa •
sando del asombro á la estupefacción y
viceversa.
-¡Treinta y dos duros de cochel-gritó, por último, blandiendo el recibo.¡Ciento sesenta pesetas! ...
Y añadió en seguida:
-¡Quéenormidad,quéeseándalol ... ¡De
ninguna manera autorizo este recibo!. ..
-En ese caso,-le contesté tranquilamente-voy á ver si lo autoriza el editor. Seguramente, el señor Dorregaray no
me ha traído á su revista en clase de andarín, sino como escritor, y usted me ha
confundido, me ha tomado por otro, Don
Julln.
Reflexionó un momento y me dijo, ya
con menos aspereza:
-Parlamos la diferencia: pague usted
la mitad.
-Lo siento mucho ... Pero no puedo permitirme el lujo de obsequiar á una empresa tan rica como esta. Además, he pedido prestado ese dinero.
Tornó á refl.exion11.r, puso al cabo el
Visto Bueno en el recibo, y, algo más
tranquilo, añadió:
. -¡Esto no puede repetirse, no se repe-

tirá!

-Es lo que vivamente deseo, Don Juan,

que no se re!)ita.

-Por mucho menos, por casi la mitad
de lo que ha gastado usted en coche, tendremos un noticiero que irá á pié á todas
partes.
-Celebro de todas veras su determinacion, que me parece acertadisima. Por
ah! debla usted de haber empezado.

***
Despejada la situación y convencido el
señor Rada y Delgado de que yo no era
nada andariego, mi obligación qu_edó
reducida á ir diariamente á la Redacción,
que estaba hácia el comedio de la calle
de Ferraz, por mañana y Larde, estando
allí á las órdenes de Don Juan de Dios,
que me mandaba dar forma á las noticias
y notas científicas, que recolectaba u!1
jóven simpático y resistente que es~ribía haber sin hache y áoido por habido,
el cual jóven tenia veinte duros de sueldo ... sin coche, desde luego. A. parte sus
defectos ortográficos, de los cuales debe
haberse corregitio á estas fechas, aquel
noticiero era una excelente persona y ten fa unas piernas de acero.
Como yo pasaba casi todo el dia en la
Redacción, algunas tardes disfrutaba de
la autoridad de ambos directores, y el señor Tubino me encargaba también algún que otro trabajo, científico por supuesto. ¡Alll todo era científico!
El primer mes habla sido de dura,
prueba para mi. Ocupado la mayor parte
del dia en correr de acá para allá (aunque en coche), no me quedaba tiempo
para escribir, y muchas noches hube de
acostarme á las tres de la madrugada
por tener que redactar artículos y noticias para la revista.
.
Después, cuando por consecuencia de
haber gastado treinta y dos duros en coche, y en evitación de males mayor~s, se
tomó un noticiero de á pié, normahzóse
mi situación y se regularizó mi trabajo:
fui un redactor de la revista, y no un demandadero. Aquello era ya soportable.
Pero tampoco estaba satisfecho, por varias razones: primeramente, aquellos dos
ilustres sabios me intimidaban, me infundian un respeto muy parecido al temor;
y, luego , la revista tenía tan marcado
carácter científico que muchas veces no
entendia ni lo que yo mismo había escrito
bbedeciendo órdenes de los directores.
Los articulos literarios de Revilla, los
mios y los de colaboración, se publicaban muy rara vez, pagándose, no obstante, los últimos á buen precio. Don Fran-

�38

cisco Maria y Don Juan de Dios, enfrascados y encastillados en su arqueología,
no dabaa ninguna importancia á los trabajos imagina ti vos, de puro entretenimiento, de vaga y amena literatura, que
calificaban de «juegos infantiles}): sentian una espi,cie de compasivo desdén,
que ni siquiera pretendían ocultar, hácia
los literatos. En aquella publicación no
se trataba más que de ánforas, vasos
etruscos, bargueños y demás chirimbolos y cachinches anejos á esa ciencia
maravillosa.
Yo estaba aburridísimo; no porque desdeñara la Ciencia en sus múltiples manifestaciones, eino, sencillamente, porque
mis gustos y aficiones eran y han sido
siempre puramente literarios, y porque
de tener alguna inclinación científica
nunca hubiera caldo del lado de la Arqueología, ciencia de conjeturas y de hipótesis más que de afirmaciones lógicas
y concretas, en la cual entra por mucho
la fantasía y buena voluntad del sabio
candoroso ...

*

**
El propio Don Antonio García Gutiérrez, director entonces del Mui:;eoArqueológico, me confesó, con aquella su ingenuidad encantadora, que no le gustaba
la tal ciencia y que allí, en el Museo, se
aburría soberanamente.
Yo conocí al autor insigne poco después de mi llegada á Madrid, la noche
del estreno de su hermoso drama Doña
Urraca de Castilla, en el Teatro-Circo
de la Plaza dei Rey, estreno que fué un
acontecimiento.
Desde aquella noche memorable tuve
la honra y la satisfacción de tratar asiduamente al gran poeta, que era modesto como pocos y como pocos afable y cariñoso con los jóvenes escritores.
La primera vez que fui á verle á su
establecimiento cientifico con motivo de
los ya mentados vasos etruscos, me acogió, como siempre, con marcada afabilidad, me dijo que no sabia una palabra de
lo que le preguntaba, llamó á su subalterno, le encargó que redactase una nota
detallada y minuciosa de lo que yo necesitaba, y, en cuanto nos quedamos solos
en su despacho, comenzamos á hablar
de lo único que podía importarnos: de
los últimos estrenos y de los que se preparaban, de las novelas de Alarcón y
de Valera, de un tomo de poesías que
acababa de publicar Zorrilla, á quien

39

RECUERDOS DE ANTAÑO

POR ESOS MUNDOS

Don Antonio rendía merecido culto, acabando por leerme fragmentos de un drama que á la sazón escribía y que, si mal
no recuerdo, s·e titulaba Un grano de

arena.
Cuando, al cabo de más de una hora,
apareció el empleado con la nota redactada, ambos hubimos de exclamar, al
unísono:
-iTan pronto7
Y Don Antonio me dijo, al ver que yo
me levantaba en seguida:
-Quédese otro ratito ... No me abandone tan precipitadamente.
-Bien quisiera, Don Antonio, quedarme aquí toda la tarde: pero, no puedo:
tengo un coche á la puerta ... y es por
cuenta de la Redacción.
Y me despedí del autor de El Trooador
sin que, ni por casualidad, volviésemos
á hablar una sol11- palabra de arqueología.
Se comprenderá que no cuento esto en
son de censura para el director del Museo Arqueológico; muy al contrario, creo
que García Gutiérrez, que tanto había
honrado á su patria siendo una de las
más legitimas glorias de la literatura nacional, tenía indiscutible derecho á un
retiro honroso, en cargo aún más elevado que el que ejercía, sin que en la técnica del mismo tuviera que intervenir:
para eso hay de sobra gente secundaria .
Don Antonio García Gutiérrez, con dejar su autógrafo en la nómina, dispensaba honor señaladlsimo á su país. Después de todo, eso únicamente, firmar la
nómina y cobrar el sueldo, es lo que hacen muchos altos funcionarios del Estado que no tienen ni remotamente los merecimientos que podía alegar con estricta justicia aquel esclarecido poeta dramático.
*

**
Dirijíame una tarde hácia la Redacción, ocupado mentalmente en buscar
un consonante difícil que me librase
al propio tiempo de un ripio q11e parecía
inevitable (á la sazón componía una piececilla cómica para el Teatro Martín),
cuando, de pronto, frente al ya derruido
cuartel de San Gil, entre el polvo, que lo
habla en abundancia, vi una viejisima y
desgastada herradura.
Dicen los supersLiciosos (y debo advertir que yo lo soy en grado máximo) que
encontrarse una herradura vieja es de
buen agüero y muy conveniente conser-

var el hallazgo para tener buena suerte
y lograr próspera fortuna. No sé lo que
en eso habrá de verdad; pero conozco
muchos sujetos respetables que rinden
fervoroso culto á la herradura vieja encontrada al acaso. El toque está, según
dicen, en colgar la herradura de la puerta del propio domicilio, por la parte de
adentro, naturalmente. Dejando para me•
jor ocasión la busca y captura del consonante rebelde, recogí la herradura, la envolví cuidadosamente en un periódico y
seguí mi camino.
Surgió en mi mente la idea de un sacrificio penoso, el cual sacrificio coosistia
en utilizar aquella herradura para otros
.ftnes y desprenderme de ella ... en aras
de la Ciencia. ¿Era redactor de una publi•
cación científica7 Mi deber profesional
debla estar sobre mi particular conveniencia y quería significarme prestando
un importante servicio á la buena causa.
¡Todo por la Ciencia! Tal era mi divisa
en 11quel momento.
Cuando entré en la Redacción con mi
plan ya meditado y concluido, me dijo el
ordenanza que los directores (¡ los dos
estaban, los dos!) hablan preguntado por
mí y me esperaban en su despacho para
una cosa urgente. Mucho me alegré de
que estuvieran juntos. Todo favorecía mi
plan y colmaba mis deseos. Así podría
matar-satisfactoriamente- dos pájaros
de un tiro.
Estaban á puerta cerrada, que empujé
suavemente, y penetré en la Dirección:
alll se encontraban, en efecto, sentados
frente á frente, teniendo en medio la
mesa, sembrada profusamente de cuartillas, de periódicos y de dibujos, Don
Francisco Maria Tubino y Don Juan de
Dios de la Rada y Delgado, en actitud
reflexiva, meditabunda é imponente.
Saludé, sin que ninguno de los dos me
contestara, y adelantándome, en actitud á
la par tranquila y triunfadora, saqué el
envoltorio, descubrí la herradura y arrojándola en el centro de la mesa, hablé reposadamente:
-Hay motivos para creer,-dije, usando la muletilla corriente en los que hablan de cosas que ignoran - que esa
hdrradura es del famoso Babieca, el caballo del Cid Campeador, de una de sus
patas traseras, probablemente de la derecha ... Todavía tiene el polvo de los siglos, y yo entiendo ...
No me dejaron concluir. Esta inocente
broma les hizo el efecto de una banderilla de fuego, dicho sea con el respeto

debido. Se revolvieron, airados, contra
mí, con igual ímpetu que si les hubiera
ofendido en un delicado punto de honra;
gritaron desaforadamente y me increparon con dureza: me pusieron de ignorante que no había por dónde cogerme, y
hubiéramos llegado á un desenlace trágico en la representación de aquel sainete sin la prudencia de que yo me revestí,
primera.meramente por la libertad que
me habla tomado y la equivocación que
habla sufrido al ver que no aguantaban
la broma, y después por respeto á los
años de aquellos señores.
Cogí la herradura (aun la conservo como precioso talismán), la envolví nuevamente en el periódico, me la guardé, juntamente con los denuestos, y les respondi humildemente:
-¡No lo tomen ustedes así, no se incomoden de esa manera! La vida es corta y
no es cosa de pasarla en un grito por
cuestiones de tan poco momento. Ustedes dispensen y perdonen. Para mi suposición tengo iguales motivos y fundamentos que los que ustedes aducen para
hacerme tragar ciertas píldoras arqueológicas. ¡;Ustedes no quieren tragar esta7
Po es, tan amigos ... Yo me voy con mi he•
rradura y ustedes se quedan con su re•
vista.
Al cabo comprendieron que se trataba
de una broma sin ánimo de ofenderles,
y fueron tan buenos que se opusieron á
mi retirada; mas yo insistí con tal empeño que, al fin, me admitieron la dimisión
de redactor de La Academia.
Ya era hora. Respiré libremente. ¡Qué
peso se mi, quitó de encima! ... Estaba
cansado, ahíto de ciencia, y la imaginación, la loca de la casa, deseaba recobrar
su imperio.
Cuando me encontré en la calle, á mis
anchas, libre ¡por fin! de la Arqueología,
torné á buscar el consonante dificil, y
¡cosa rara! en seguida lo encontré; pero
he de confesar con cierto rubor que no
pude evitar el ripio, que, implacable, me
acechaba, si bien hube de consolarme al
considerar que no era yo el primero ni
serla el último de los versificadores ~ue
incurren en ese delito, no comprendido
todavía, por fortuna, en el Código Penal.
*

**
A las dos semanas de haberme yo mar•
chado con la herradura, que era, puede
decirse, el cuerpo del delito, Revilla se
aburrió también y dejó de figurar como
redactor de La Academia.

�40

.

LA IDEA

A La Academia le ocurrió lo que á los
valientes y al buen vino: duró poco. No
podía durar mucho, á no contar con la
caja del Banco de España ó con un numeroso público compuesto de sabios ~e
cierta tndole; y como no contaba con nm•
guno de esos menesteres, hubo de sucumbir.
Al vulgo de ios mortales aquella revis•
ta se le cela de las manos... al peso de la
ciencia que contenía, una ciencia maciza
y uniforme que pesaba como plomo ..
El editor perdió los bríos del primer
momento, se cansó de perder dinero inútilmente, vió, sin duda que no_hab_ía salvación posible para una pubhceción de
tal laya, y la mató. ¿Qué ~a bia de hacerT
Murió, pues, La Academia, por exceso
de sabiduría.
También murieron años después aquellos dos sabios arqueólogos, que eran,
á parte su treme_nda equivoca?ió°: periodística, dos escritores de mérito iududable; y asimismo murió mi compañero de
redacción (aunque él siempre estuvo á
respetuosa distancia de la misme),elnunca bastante llorado Manuel de la Revilla,
escritor insigne, orador de dialéctica poderosa, primer crítico de su época Y. uno
de los primeros de la pasada centuria.

Dj lo que queda di_c~o, podría co!lje_turarse que, en _mi opmión, un per19d1~e&gt;
debe prescindir en absoluto de la literatura científica, propiamente dicha. Nada
de eso. Creo, por el contrario, que en las.
publicaciones periódicas de importancia
debe haber redactores especialistas, facultativos, que traten los temas cienlificos
con la debida competencia; pero creo
también, al propio tiempo, que la ~~ena
literatura, aun le de puro entretenimiento, sin otra finalidad que la de recrear el
ánimo, esa literatura ten desdeñada por
algunos sabios intransigentes é indigestos, es el elemento principal de dicha_s puhliceciones, si aspiran, como es lóg1c_o, á
111 popularidad, fundamento de su vida.
Hay que convencerse, aunque el hecho
se11 doloroso pera los sabios sistemáticos, de que los lectores de peri?dic?s, en
su inmensa mayoría, no son cient1ficos;
y los que lo son, no buscan la ciencia en
esas publicaciones.
Los señores Tubino y Rada y Delgado no supieron-ó no quisiero~-mezclar lo útil con lo dulce en la debida proporción (cargando la mano en lo dulcedesde luego), y fracasaron ruidosamente,
á pesar de que disponían, de los elementos necesarios para triunfar.
FRANCISCO FLOílES~GARCfA

LA IDEA
Como un rayo de luz surge la idee,
vestida de bel1isimos colores;
y es ya un jardín de encantadoras flores,
ya un astro que entre nubes centellea.
Ora de Marte en el fragor chispea
dando á l11 Libertad sus resplandores,
ora junto á la Paz, cantando amores,
entre núbiles castas aletea.
Iluminando al Arte en sus alturas,
ó á la Ciencia en sus nobles heroísmos,
es un sol de grandezas y hermosuras ...
Mas cuando deja glorias é idealismos
por alumbrar del Crímen las locuras,
es fuego de Luzbel en los abismos.
Jost. G. VILLA

LOS ESPAÑOLES EN NORTE-AMÉRICA
Háblase mucho de la idiosincracia de nuestra raza: dicese que los españoles oioimos
apartados centurias enteras de esta en que actualmente nos encontramos. Es halagüeño para nosotros que tal idea la desmienta con articulo tan rawnado como
este que damos á conocerá eonttnuación un pueblo práctico y positioo para todos
los fines de la oída, el pu,eblo norteamericano. De una importantísima reoista
de Nueva York, The Munsey's Magazine, traducimos, con mucho gusto, las siguientes líneas:
ESPAÑA! ¡Los españoles! He aquí que
en esta serie de articulos dedicados á
los pueblos que han contribuido con su
trabajo y sus esfuerzos y con el carácter
de su personalidad á formar los E~tados
Unidos Norteamericanos, le ha llegado
el turno á aquella noble raza bajo cuya
bandera nació América.
¿Y qué podemos decir de la obra de
España y de los españoles en este continente7 Justo es reconocer, como hecho
supremo y de capital importancia, que
Colón llevó á cabo su viaje bajo los auspicios de aquel pueblo: fué España la
que proporcionó los medios al gran genovés, y también fué esta nación la que,
con Portugal, recorrió primero el camino
de nuestro continente y lo enseñó á las
demás naciones. No contentos con esto,
los españoles continuaron durante varias ~eneraciones, siempre unidos á los
portugueses, siendo las avanzadas de
todo el mundo en los trabajos de exploración en América. ¡Fué aquel un siglo de
oro y de aventuras que ningún ibérico
podrá olvidar jamás I Inmediatamente
después de Colón, el célebre portugués
Vasco de Gama encontró "l camino á la
India por el Cabo de Buena Esperanza;
luego, el español Balboa descubrió y dió
nombre al Pacifico; más tarde, el portugués Magallanes hizo el primer viaje al
rededor del mundo y señaló en el mapa
la existencia de las Filipinas; y en esta
serie de descubrimienLos, nos hallamos
con que Ponce de León halló la Florida,
Pinzón, hermano del capitán de la carabela Ptnta, el río Amazonas; Cabrillo,

la California. En suma, la geografía del
mundo nunca sufrió tantas alteraciones
como desde los años 1492 á 1550, cuando
dominaban como reyes de los mares España y Portugal.
Las maravillosas hazañas de Hernán
Cortés, en Méjico, y de Pizarro, en el
Perú, causarán siempre el entusiasmo de
todas las generaciones. En efecto, lasa udacias y las valentías de aquellos dos
aventureros no tienen igual en la Historia del mundo: es preciso 'tener en
cuenta que estos dos héroes se encontraban en el centro de países completamente desconocidos y que sólo contaban con
un número muy reducido de soldados
para dar cima á empresas en las que
se apoderaron de emperadores y capturaron inmensos reinos. Y para los que
prefieren las victorias de la paz á las que
dá la guerra, ¡qué figura puede ser ruás
interesante que la del Padre Las Case~,
el cual exhortó y obligó á sus compatriotas á considerará los indios como á
semejantes, cuando todos los trataban
como animales?
Impreso, además, ha quedado en todo
nue~tro país el nombre de España, como
si fuera poco importante la labor que sus
hijos han realizado aquí. Cinco de nuestros Estados lleven nombres españoles:
Montaña, California, Nevada, Colorado y
Florida, además de los territorios de Nuevo Méjico y de Arizona; importantes ciudades, como San Francisco, Los Angeles, Sacramento, San Diego, Santa Bárbara, San Antonio y Santa Fe, fueron
fundadas por monjes españoles; y les pa-

�POR ESOS MUNDOS
42
labras españolas cañón, adobe, rancho, carril elevado de Nueva York, á pesar
.sombrero, corral, burro, bona~a, y otras de las dificultades casi insuperables que
muchas, importadas á América por los para tal empresa se le presentaban; cuaantiguos moradores de nuestros campos, tro años después, previendo que dicha
han adquirido aqui carta de naturaleza población estaba destinada á ser una
eon el mismo significado que ti(1nen en el ciudad de grandes hoteles de familia,
edificó las casas llamadas de Naoarro,
idioma de Cervantes.
Los españoles f11eron los primeros que que miran al Parque Central, ocho edifieolonizaron nuestro vasto Sudoeste: f..,n- cios hermosos cada uno de los cuales
daron á Santa Fé, que disputa á San Agus- lleva el nombre de una provincia espatin el honor de ser la más antigua de las ñola. Navarro puede considerarse tameiudades americanas; habitaron la mara- bién como el fundador del negocio de
villosa tierra de California, y mucho an- cementos americanos: en 1889 perfectes de la gran concurrencia en busca de cionó el procedimiento del cilindro giraoro, supieron fundar y sostener próspe- torio, y estab.leció la Atlas Cement
ros establecimientos en la costa del Pa- Company, que hoy emplea tres mil homcifico, de tal modo que en toda aquella bres y produce al día cuarenta mil baparte existen descendientes de las prime- rriles. Navarro es el único superviras familias: los Picos, los Castros, los viente del grupo que fundó la célebre
sociedad de seguros sobre la vida titulaAlvarados, los Carrillos, y otros asL
Pues ¡y la labo1· actual de los españoles da La Equitatioa, de la que todavía es soen N orte-AméricaT Sostienen la fama cio activo. Es también inventor de un
que adquirieron sus antepasados en los procedimiento para economizar carbón,
negocios, en las profesiones y en las ar- y que será origen de verdaderas maravites. Vayan unos cuantos ejemplos. En llas en la producción de calor. Sus dos
1834, Agustin V. Zamorano, de Monte- hijos son bien conocidos en los circulas
rrey, llevó á C11lifornia la primera má- financieros y sociales de América
Otro español que debemos mencionar
quina de imprimir que alli se conoció:
es
Rafael Gustavino, que al venir á Améera de reducidas dimensiones, y la habla
comprado de lance; pero aquella máqui- rida se dió á conocer resucitando un ména hizo el servicio oficial del Estado. En todo de con.strucción cohesioa, muy cono;\ueva York, un periódico diario espa- cido en Persia hace quince siglos. Gustañol, El Comercio, ha visto la luz durante vino es un verdadero especialista en este
treinta y dos años. Y, actualmente, tam- orden de cosas: en 1881 era afamado arbién se publica en Nueva York, siendo quitecto en Barcelona; luego, obtuvo
conocidísimo y muy estimado en todo el grandes premios en la Exposición celemundo, Las Nooedades, importante se- brada en Filadelfia con motivo del Centemanario de literatura, cuyo director, José nario de Colón; ahora se ha hecho súbGarcla, es hombre de extraordinarias dito nort~americano, y sus trabajos emdotes de ejecución y de tan grande habi- bellecen muchos de nuestros edificios
lidad que ha logrado que el Gobierno de públicos.
Otros bien conocidos hispano-amerilos fü;tados Unidos se haya suscrito por
canos
pueden citarse en este articulo. Ridoscientos ejemplares á su periódico para
cos
se
han hecho en los negocios, Paulidedicarlos á completar la enseñanza del
no
Echeverria,
Don A. de Lima, Arístiidioma español en las Escuelas militares
de West-Point. Además, publican regu- des Martínez y Antonio González, todos
residentes hoy en Nueva York; célebre é
larmente ediciones españolas El Comer- ilustre
músico es Alberto Jonás, presicial y El Científicl) Americano, de Nuedente del Conservatorio de Michigan;
va-York.
Esto por lo que hace relación á la difu- R. D. Cortina, que en tiempos pasados
peleó lealmente á favor del pretendiente
sión del idioma castellano en Norte Amé- Don
ha obtenido lisonjeros éxirica. Que, en otro orden de ideas, debe tos enCarlos,
la
enseñanza
idiomas en Nueva
ser citado en lugar preferente el nombre York; en esta capitaldetambién
son conside José Francisco de Navarro. Este espa•
derados
entre
los
mejores,
los
escullares
ñol notable, que nació el año de 1823, ha
Fernando
Miranda
y
Domingo
Mora; y
sido, sin duda alguna, más emprendedor
que ningún otro americano: en 1859 otros dos Moras, Francisco Luis y José
construyó el célebre .Matan:as, primer Jacinto, nacidos en Montevideo de famivapor de hierro que navegó en Améric11; lias ¡españolas, están domiciliados aquí
como pintores y grabadores y son prefeen 1878 hizo la linea del primer ferro-

LOS ESPAÑOLES EN NORTE-AMÉRICA
rido11_entre los más buscados; en elevado~ circulas sociales de nuestros Estados
O~i~ntales Y Occidentales hay muchas fa~ihas qui: pueden ostentar origen histór,1co_ espanol descendiente del más puro
hnaJe castellano.
Pero, por lo general, todos los españoles se encuentran algo fuera de su elemento en u~a república tan moderna
tan progreSiva COf!!O los Estados Unidol
Son ~na raz~ antigua, y su historia rom~nh~a tropieza con el obstáculo de tres
mil anos de procedimientos muy distintos y hasta opuestos á los que aqui se emplean. Y es que el pueblo español vive
d~ recuerdos del pasado y de sus tradiciones, r es.le hábito de grandezas les da
cierta d1gmdad personal y una reserva
9ue ~ocas veces se encuentra en nuestra
mq~ieta p_oblación. Ninguna otra nacionalidad s1e!1te, en efecto, más orgullo
que _l~ espanola: la larga historia de su
f~m1ha es de grandísimo valor para un
~1udadano de e~a raza. y aunque el espanol sea po~r~, Jamás pierde la fina cortesía Y_ amab1h~ad que es característica en
ellos. n~ se dió este caso ni aun cuando
se ma.~ifestaron los fuertes sentimientos nac1onale~ á que dió lugar la guerra
de 1898.
Quizás desde entonces, suprimidos ya
hotlemente los prejuicios que pudiera
a er entre España y Norte América es
cuando más amistoi:;as son las relacidnes
:e ªtbos pueblos. Nosotros hemos rectil ca O muy favorablemente á los españoes el concepto que de ellos y de sus
tbras de colonización y civilización halamos erróneamente formado, y desde

43

e!ltonc~s má~ que en toda nuestra anterior existencia hemos conocido los encantos y la dulzura del idioma y de la literat~ra españoles. Respecto á esto, debe
m~nc!onar~e que el más moderno de los
ed1fic1os pubhcos de Nueva-York es el
Museo Español, que se levanta en la Calle
156; es un hermoso edificio de piedra,
construido por Archer M. Huntington
uno de los mayores entusiastas que cuen'.
ta el arte español, y que ha empleado
gran_p!lrle de sus heredadas riquezas en
reunir los t~soros que hoy se exhiben en
el .m~seo citado, en el que figuran inscripcion~s referentes á la gloria histórica
de Espana en los días de sus héroes romanos y moros, l~yéndose, además, en
las paredes del edificio los nombres in~ortales de Cervantes, Velázquez, Ignacio de L~yola, Lope de Vega, C,dderón,
C~rlos \, Almanzor, Rodrigo Díaz de
Vivar, Teresa de Jesús, El Cid y otros
tan famosos como estos.
. Ea ~urna, en el descubrimiento y colomzac1ón de América, en poner los jalones de los elementos que hoy constituyen
nuestra nacionalidad, España fué la
a~an~ada_ de Europa; le siguió otra nación 1bér1ca, Portugal, y tras ellas dos, y
c~ando ~~has hablan trazado ya el camino, vinieron los demás pueblos del
globo. Y á_juzgar por la estrecha y verdadera amis~ad que hoy existe entre los
Estados Umd~s y España, es evidente
que los ~spanoles continuarán siendo
e~emento importante de nuestra población, pues, como hemos visto el relato
de sus proezas y triunfos de oÍros tiempos no es cosa terminada aún.
HERBERT N. CASSON

�LA E.NSEÑA.NZA _DE LA MUJER

LA ENSENANZA DE LA /1\UJER
todos los problemas sociales que
D complican
la vida contemporán_ea
E

ninguno quizás de tanta transcendencia,
y á pesar de ello tan descuidado, singularmente en España, cerno la educación
de la mujer: cualquiera que s~a el punto
de vista desde que se le examme y estudie su importancia es inmensa.
Én el orden moral, la educación de la
mujer,-madre, hija ó esposa-es el fundamento, el origen de las costut?bres_de
un pueblo. De una madre licenciosa, ignorante ó grosera, difícilmente puede resultar una descendencia virtuosa, culta ni
sociable. A parte de la heren~ia fisiológica los hábitos humanos comienzan en el
hogar, de cuyo ejemplo, bueno ó malo,
sólo pueden sustraerse en absoluto los
caractéres superiores de una energía,
sana ó perversa, lo bastante poderosa
para contrarrestar el influjo del medio
nativo.
En el orden social, basta decir que la
mujer es el centro de gravedad de_ la familia, cuya acción así. puede estimular
como impedir las humildes y obscu~as,
pero indispensables, virtudes domésticas
corrigiendo con amor los .d~fectos del
marido, atrayéndole á la fehci?ad d~l ho•
gar y al cuidado de la prole, é irradia~do
desde allí una influencia sana en la vida
de relación, capaz de orientar los sen_timientos religiosos y pollticos y la sociabilidad de un pueblo.
.
En lo económico, á todas las clases importa y afecta la educación, que.aquí podríamos decir aptitud, de la ~uJer. Si la
familia es rica moderará el luJO, á menudo ruinoso; ordenará la hacienda, aplicará el caudal con acierto, fomentará en
todos sentidos el bien de los suyos y aun
el de los afines y extraños. Si su po~ición
no repasa los límites1 con frecuencia an-

gustiosos, de la clase media, será para e)
haber del marido ó del padre un excelente ministro de Hacienda, y para los
niños un preceptor que sustituirá, quizás
con ventaja, los grandes elementos edu:
cadores de los colegios costosos. Y si
se trata de la familia obrera ó de las
más ínfimas capas mesocráticas, á más
de todo aquello podrá aportará los ingresos col~ctivos el pr~ducto de su trabajo doméstico ó asalariado, tanto ma¡or
c~anto más perfecta y útil fuese la e ucación recibida.
Una de las preocupaciones más eslúpidamente nocivas que urge desterrar de
la vulgaridad ambie_nte esp~ñola es el
menosprecio al trabaJo fem_e~mo, ~on la
consiguiente nota de casi infamia que
recae sobre el hombre, padre, esposo ó
hermano, que consiente á la sociedad familiar sus beneficios.
Hay que combatir esta preocupación
rutinaria. Cierto que el puesto de la ~ujer es el hogar y su p_r~ferente atención
el c.uidado de la familia y de la casa.
Pero por eso mis~o h_ay que_ fomentar
multitud de lucrativas rndustrias domésticas que la mujer pu~de ate?d~r· simu_ltáneamente con sus caracterishcas obligaciones. Y para cuando esto no baste_ y
para los mú.ltir,les casos en q~e la muJer
ha de vivir á sus expensas, hbre de los
vínculos familiares, conviene disponer
de cuantas ocupaciones sean compatibles
con la debilidad de su sexo.
El menosprecio social no_ ~ebe alcanza1· sino al hombre vago, vicioso ó pervertido que prete°:de constituir á Ia mujer en fuente próvida de sus neces1d~des.
No á quien, obligado por la penu~1~ de
su posición, integre de grado la_fehc1d11d
doméstica con el fruto del trabaJO de uno
y otro cónyuge ó de hijas ó hermanas.

Tanto como moderar las tempranas
exigencias de un feminismo politico
que la aptitud media actual de la mujer
está muy lejos de justificar, conviene dotar á la bella mitad del género humano
de condiciones suficientes para obtener
una independencia económica que la
ponga á cubierto de los requerimientos
deslumbradores de la corrupción, difundiendo entre las mujeres de todas las clases sociales la cultura, estableciendo con
profusión escuelas prácticas de oficios femeninos, dando entrada á la mujer en
carreras oficiales y ocupaciones particulares compaLibles con su economía fisiológica, organizando en forma humana el
servicio doméstico, la asistencia al taller,
la permanencia en la fábrica, las labores agrico,as, la dependencia comercial
y mercantil, y sinnúmero de ;oficios y
empleos, proscribiéndola de cuantos puedan perjudicará su salud y aún á la especie, y reservándola, en cambio, muchos otros en los cuales la orgullosa superioridad del hombre debe sentirse disminuida.
Esta acción social, iniciada en España
por la «Asociación para la Enseñanza de
la Mujer» (institución que motiva este
artículo), y apenas secundada por algunos centros oficiales, muy pocos, y aún
menor número de empresas particulares,
como, por ejemplo, la de Teléfonos urbanos de Madrid, serla indudablemente
el mejor patronato contra las diversas
tratas tan odiosas y lesivas á los sentimientos humanos que sufre el sexo femenino.
De su eficacia en la modesta proporción que cabe obtenerla á un solo centro
de enseñanza pretende dar idea la información que sigue. Perdónesele al periodista la inofensiva vanidad de este pequeño preámbulo en el cual quiso consignar sus opiniones.
RESEÑA HISTÓRICA

El día 21 de Febrero de 1869 el sabio y
virtuoso sacerdote Don Fernando de
Castro, entonces rector de la U niversidad Central, inauguró con un notabilísimo discurso una serie de conferencias
dominicales sobre la educación de la mujer.
Celebráronse dichas conferencias en
la Universidad. Y da cumplida idea de su
importancia pedagógica esta breve enumeración de temas y iiisertantes, tomada
de la colección de folletos minúsculos

45

que tengo á la vista: «Discurso inaugural», como ya he dicho, Don Fernando
de Castro; «La educación de la mujer por
la historia de otras mujeres», Don Juan
de Dios de la Rada y Delgado; «La educación literarill de la mujer», Don Francisco de Paula Canalejas; «Influencia del
Cristianismo sobre la mujer, la familia y
la sociedad»,Don Fernando Corradi; «La
mujer y la legislación castellana&gt;), Don
Rafael Maria de Labra; «Lamentos de
Jeremías&gt;), Don Antonio Maria García
Blanco, presbítero; dnfluencia de la madre sobre la vocación y profesión de los
hijos&gt;), Don Segismundo Moret; «Influencia del estudio de las Ciencias füllcas en
la educación de la muje1 &gt;), Don José
Echegaray; «Influencia de las Cienci11s
económicas y sociales en la educación de
la mujer», Don Gabriel Rodríguez; «Misión de la mujer en la sociedad», Don
Francisco Pi Margall; «Influencia de la
mujer en la sociedad&gt;), Don José Moreno
Nieto; «Del lujo&gt;), Don Antonio María Se•
govia.
Ignoro si anLes, simultáneamente, ó
poco después, pero desde luego en el mismo año 1869, D,rn Fernando de Castro
creó la Esou~la de Institutrices, instalada
primeramente en la Normal Central de
Maestras. Transcurridos varios meses,
los necesarios para acreditar el gran éxito de su primera iniciativa, en 1870, el
venerable rector de la Central congregaba cincuenta ó sesenta amigos, filántropos como él, de verdad generosamente
filántropos, profesores oficiales en sumayoría, para constituir la Asociación para
la Enseñanza de la Mujer, que en un
principio redujo su acción á sostener
aquella Escuela.
En 1878 amplió sus enseñanzas, creando la Escuela de Comercio para señoras,
aprobada por el Ministerio de Fomento,
y en 1880, insuficiente ya el primitivo lo•
cal que cediera el Estado, establecióse
por su cuenta en la casa número 14 de
la calle de la Bolsa, que hoy ocupa el Colegio Notaria l.
Un decreto del señor Moret, ministro
de la Gobernación, inició para la mujer
española algún porvenir en el Estado, y
la Asociación establAció entonces la Escuela de Correos y Telégrafos, cuyo feliz
éxito quedó evidenciado ingresando en
la primera convocatoria todas las alumnas de esta especialidad. Seguidamente,
organizó secciones de idiomas, modelado, pintura, música, enseñanza primaria
superior y elemental, que sumaban en

�46

LA ENSEÑANZA DE LA MUJER

POR 8808 MUNDOS

1884 un total de 403 educandas, asistidas
por 24 profesores, 10 profesoras y 8 auxiliares, formadas éstas, con la sola excepción de la de armonium, en las Escuelas
de la Asociación.
No quiero olvidar que la Escuela de
Telégrafos desapareció á la segunda convocatoria á consecuencia de la inexplicable resolución de un ministro rutinario
que deshizo la obra del Sr. Moret, restando esta pequeña esperanza de redención
á las mujeres.
RECONOCIMIENTO OFICIAL

Más adelante consignaré los frutos de
positivo crédito que enaUecen á esta benemérita fundación. Allí se verá cómo la
obra educadora de la Asociación para la
Enseñanza de la Mujer proporciona á sus
alumnas seguras y holgadas posiciones
que dignifican el sexo y redimen á esta
bella mitad humana de la inferioridad social en que arbitrariamente pretenden retenerla la vulgaridad y la ignorancia.
Aqui referiré algunos testimonios oficiales y privados que demuestran su utilidad.
Los trabajos remitidos por la Asociación fu e ron premiados en las Exposiciones universales y pedagógicas de Viena,
Filadelfia, Madrid, Paris, Chicago y Bilbao.
El Estado, la Diputación provincia\ y
el Municipio de Madrid y algunas sociedades han proclamado la transcendencia
y eficacia de su acción, otorgándola modestas subvenciones acompañadas de los
más laudatarios reconocimientos.
He aqul cómo se expresaba en· real
decreto de 2 de Enero de 1880 el ministro de Fomento Don Fermln Lasala: «Teniendo en cuenta los brillantes resultados que viene dando la Asociación para
la Enseñanza de la Mujer, y con el fin de
auxiliarla para llevar á cabo los fines de
su instituto ... »
El Círculo de la Unión Mercantil, á
cuyo exámen fueron sometidos los libros
de contabilidad formarlos por las alumnas de la Escuela de Comercio en 1879,
dictaminó: «Están rigurosamente ajustados á las más adelantadas prácticas de
contabilidad moderna, hallándose en las
múltiples operaciones que abrazan la expresión, claridad y ~xactitud _tan necesarias en lo que constituye la vida del comercio»; y añadía estar destinada aquella Escuela á prestar grandes servicios á
la clase mercantil, por lo que debian los

socios llevar sus hijas á recibir una instrucción que tantos beneficios tenia que
reportarlas.
Análogas manifestaciones, con mención de gratitud para su inolvidable fundador, hicieron el ministro de Fomento
Sr. Albareda, el Ayuntamiento, que á
cambio de su subvención dispone de cincuenta plazas para las alumnas de las
escuelas municipales, la Económica Matritense y la Junta de primera enseñanza.
Verdad es que, á parte la excelencia de
sus estudios y régimen pedagógico, de
los cuales procuraré dar luego sucinta
noticia, ha desfilado y actúa hoy en sus
cátedras lo más notable de la intelectualidad española, sin distinción de ideas ni
partidos: Giner de los Rios, Florez, Machado, Azcárate, .Maestre de San Juan,
Pedrallo, Salmerón, Villamil, Ruiz Castizo, Benot, Gradilla, Lozano, González
Serrano, Soler (Don Eduardo y Don
Leopoldo), Vicuña, Villanueva, Rebolledo, Sama, Puje.Ido, Guimerá, Ruiz de
Quevedo, Gabriel de la Puerta, Martín
Ferreiro, Becerro de Bengoa, Torres
Aguilar, Sánchez Moguel, Torres Campos, Riaño, Sardá, Mellado-que ni aún
siendo alcalde de Madrid abandonó ln
cátedra,-Blas Lázaro, Salillas, Luis Hoyos, López Silva, Beltrán y Rózpide,
Pulido, González Rothwos...
ORGANIZACIÓN ACTUAL

Gobiernan la Asociación, austeramente atenida á las subvenciones consignadas, á las cuotas de los socios y al importe de las modestas matriculas, la Junta
directiva y el claustro de profesores,
constituidos en la siguiente forma:
Junta directioa: Presidente, Don Gumersindo de Azcárate; vicepresidente
primero, Don Manuel Maria del Valle;
segundo, Don José Maria Olózaga; tercero y director de estudios, Don José Maria
Ponles; interventor, Don Constantino
Rodríguez; tesorero, Don Mariano S!lbas
Muniesa; consiliarias, Doña AntonioAhijón, viuda de Ruiz de Quevedo, Doña
Carmen Rojo, Doña Concepción Saiz y
Doña Matilde Garcí11 del Real; secretario
goneral, Don Enrique Garcia Herrero~;
contador, Don Ramón Haro; secretaria
de las Escuelas, Doña Asunción Vela;
bibliotecaria, Doña Clementina Rangel.
Claustro de profesores: Enseñanza primaria, Doña Concepción García, Doña
Teresa Cornellas, Doña Clementina Albéniz, Doña Ana García y Doña Sara Ruiz;

preparación para la Normal, Don José

47

LA CASA Y LOS ESTUDIOS

Maria Ponles, Doña Herlinda Iglesias y
Doña Asunción Vela; segunda enseñanza y Escuela de Institutrices, Don José
María Pontes, Don José A. Irueste, Don
Pablo Sánchez, Don Marcelo de Usera,
Doña Isabel Ortiz,Doña Felisa Abad, Don
Constantino B. de Quirós, Doña Pilar
Pascual, Doña Clementina Rangel, Doña
Isabel Baquero, Doña Encarnación Romero, Doña Sofía Camps, Doña Concepción Saiz, Don Baldomero Bonet y Don
Alberto Segovia; Escuela de Comercio
Don Ramón Haro, Don José Maria Olózaga, Don Hilario Bueno, Doña Clementina Rangel y Doña Encarnación Romero; clase de sombreros, Doña Maria Escobar.
RÉGIMEN PEDAGÓGICO

Los principios pedagógi~os por q11e se
rige esta Asociacion son análogos á los
de la Institución libra de Enseñanza
(que será objeto de otro articulo en PoR
Esos MuNoos): en general, respecto de
las matemáticas y ciencias físicas y naturales, el método intuitivo; con relación
á las filosóficas y morale!;!, el procedimiento socrático; en cuanto á las enseñanzas
de aplicación rige lo que se aprende y se
enseña con la práctica, la experiencia.
Tampoco hay exámenes. De acuerdo
con las modernas teorías docentes fueron
suprimidos hace años, sin que por ello se
haya resentido la enseñanza, sino, muy
al contrario, dignificado y enaltecido, hasta en concepto de las educandas, libres
hoy de la enojosa y mortificadora emulación de la nota y del lugar en lista, que
á menudo fomentan la envidia y otr1ts
malas pasiones.
El celo excelente del profesorado,
atento por generoso altruismo á los humanitarios fines de la Asociación, suple
co_n solícita perseverancia, con requerimientos paternales y constante atención,
aquellas arcaicas y desacreditadas pruebas de fin de curso, que acaso pueden
probar la suerte ó la lucidez de un instante, pero no el trabajo y aprovechamiento de todo el año.
~l terminar el curso, en primeros de
J!lho, se cel~bran todos los años exposiciones públicas de labores femeninas y
toda clase de ejercicios prácticos: bordado, corte, sombreros, confección de ropas_, adornos, flores, dibujos, modelado,
cahgraffa, documentos comerciales, etcétera, etc.

Hoy la Asociación dispone de un magnifico local propio en la calle de San Mateo, con fachada también á la de Beneficencia, inaugurado solemnemente en
1892. Es un ámplio y lujoso eqificio de
tres pisos construido ad hoc, donde ni el
más exigente peda~ogo podría advertir
la ausencia de requisito alguno higiénico
ó escolar. Todas las aulas, espaciosas,
ventiladas, claras, convergen á un gran
patio rectangular cuya acción neutralizan las galerías de cristales, dejando entre aquellos y el espacio abierto ancho
pasillo que mitiga los rigores del clima.
Tantas son que apenas he podido darme cuenta del número de aulas; todas
expléndidamente provistas de material
ajustado á los más modernos adelantos.
Con ser numerosas las enseñanzas, hállanse instaladas con holgura, pudiendo
albergar cómodamente la Asociación un
total de ochocientas á mil alumnas.
Baste decir que hay estudios: primarios, elemenlales, dividido!\ en dos grados, y superiores, donde se cursa Lengua española, Aritmética, Geometría,
Dibujo, Geografía, Historia, Religión y
Moral, Derecho, Higiene, Bellas Artes, trabajos manuales, Gimnasia, Historia Natural, canto y francés; de segunda enseñanza, ó sea ampliación
de los anteriores: análisis gramatical y
lógico, prácticas de redacción, nociones
de Retórica y Poética, ejercicios de dibujo geométrico, trazado de mapas, Fisiología y Lógica, Física, labores y manejo
de la máquina de coser, música, francés, dibujo de linea y figura, corte, caligrafía y sus aplicaciones más usuales;
Escuela de Institutrices: Lengua y Literatura españolas, AritmÁtica, Algebra,
Geometría, Sociologia, Ética, Derecho,
Economía politica, Geografía é Historia
universales con trazado de mapas y gráficos de toda índole, Química, Fisiología
é Higiene, Psicología, Pedagogía, Historia de las Bellas Artes, labores, corte,
francés, inglés, música, dibujo y pintura; '
Escuela de Comercio: previa, como en la
anterior, la preparación exigida para el
ingreso, en la que figuran, entre otros
muchos conocimientos enciclopédicos, la
Taquigrafía y el manejo de la máquina
de escribir, Aritmética general y mercantil, Teneduría de libros, correspondencia
mercantil en español, francés é inglés,
Legislación mercantil, aduanera é industrial, Geografía comercial, Caligrafía con

�48

POR BSOS MUNDOS

ejercicios de escritura á máquina, cálculos mercantiles, prácticas de contabilidad, ejercicios de cálculos mercantiles,
prácticas de contabilidad, ejercicios de
conversación comercial en francés é inglés y conocimientos de primeras materias y productos mercantiles; Escuela
preparatoria para el ingreso en la Normal de Maestras y en la segunda enseñanza, que comprende todas las materias exigidas en los programas oficiales.
Para obtener los títulos de institutriz y
profesora de Comercio, las alumnas practican un ejercicio escrito, cuya forma y
extensión se acuerda en cada caso.
Se admiten matrículas sueltas en las
clases especiales de sombreros, encajes,
corLe, flores y taquigrafía.
Y para tan magna labor, que serla imposible sin la abnegación generosa del
profesorado, sólo cuenta la Asociación
con las cuotas mensuales de un c.mtenar
escaso de socios, las subvenciones modestas del Estado, la Diputación provincial y el Ayuntamiento-égte á cambio,
como queda dicho, de cincuenta plazas
gratuitas,-el auxilio del Círculo de la
Unión Mercantil, el corto importe de las
matriculas, y, por rara excepción, algún
donativo.
FRUTOS DE LA ASOCIACIÓN

Corporativos, ninguno. Está visto que
en España no prende la buena semilla
pedagógica.
Antes de la Asociación, en 1869, se
fundó el Ateneo de Señoras, de cuya existencia eflmera apenas tienen noticia los
bibliófilos. Años después, á ejemplo de
la de Madrid, establecióse en Mál11ga la
Escuela Malacitana, fundada con el concurso de aquélla por la Asociación malagueña para la Enseñanza, é instalada en
un edificio rotul~do Escuela Schollz; pero
vivió poco.
Menos mal que varios círculos gremiales y regionales establecidos en Madrid
y algunos de provincias atienden, en mayor o menor grado, por expontánea iniciativa, á la educación de la mujer sosteniendo clases de corte, dibujo, flores,
sombreros, cocina y otras enseñanzas
prácticas, de cu y a benemérita acción
pueden servir de ejemplo en Madrid los
Centros de Instrucción Comercial y Gallego.
Los frutos individuales de la Asociación que noticiamos son tantos como
alumnas hicieron ali! su aprendizaje para
la vida.

Una profesora de la Asociación, Doña
Josefa Barrera, fué maestra de las dos
hermanas de Don Alfonso XIII; y Maria y
Asunción Moret, Rosalfa Salmerón, Rosario Labra y Maria Goiri-ésta doctora
en F1losofia-á las clases de la Asociación asistieron. Y como estas distinguidlsimas señoritas de la mejor sociedad española, innumerables más rigen hoy hogares que el talento, la virtud y la elevación mental de la mujer, á porfía con su
hermosura, hacen infinitamente dichosos.
Otras muchas alumnas, las que por
vocación ó necesidad hubieron de poner
á satisfacción sus aptitudes, lograron en
buena lid muy ventajosas posiciones y la
justa fama de sus nombres honra á la
mujer española: Carmen Rojo, directora
de la Normal de Madrid; Matilde Garcla
del Real, publicista notable é inspectora
de escuelas públicas; Adela Ginés, pintora premiada en muchas Exposiciones;
Clementina Albéniz, directora de una escuela semejante á la Asociación, que hubo en Mayagü~z (Puerto Rico); Nieves
Gibelalde, Josefa Barrera, Concepción
Sáiz y Maria L1rrigada, profesoras de la
Normal de Maestras, autoras las dos últimas de muy útiles libros de enseñanza,
y la señorita Sáiz, además, mantenedora
de una celebrada polémica sobre filosof1a con el ilustre González Serrano, en el
semanario profesional La Escuela Mo-

LA ENSEÑANZA DE LA MUJ ER
MEJORAS PROYECTADAS

Proyectadas digo, y debiera decir eternamente. deseadas, porque en España á
toda acción progresiva de carácter priva&lt;lo ~e. opone~, en primer término, la estulticia ambiente y después la indifereneiadel Estado, pródigo, en cambio para
atenciones caprichosas.
'
Asl ~uelga decir que la Asociación jamás disfrutará de holgura económica
para desarrollar sus ideales. Quizás un
.día se le mueva el corazón á algún millonario de l?s muchos que pretenden
hacer compatibles los deberes socia las de
su posición y su ~varicia, y sacrifique
unas pesetas para rnstalar la calefacción
de ~ápor, ,18: clase de cocina y la cooper_allva de utiles ~e ens~ñanza, que constituyen los más mmediatos propósitos de
la junta de gobierno.
Pero de esto á dotarla expléndidamen-

49
te para completar y entender su acción
social.en beneficio ~e toda España, existe
un abismo de tacanerla. Y es lástima.
Porque he aqul cómo expresa la propia
Asociación sus ideales:
«Animada la Asociación del sentimiento de amor á la cultura popular que inspiró á su sabio y generoso fnndador, y
fiando más que en nada en la ilustrada
y patriótica protección del Ayuntamiento
y de la Diputación provincial, proyecta
n~ev~s reformas: la de dar mayor ampliación á sus actuales escuelas, organiz_a~do de u~a man_e~a eficaz la important1s1ma sección de idiomas; abrir otras escuelas en puntos del radio de Madrid
que hagan accesible su enseñanza al ve:
c~n.d~rio de los más extremos arrabales;
~1r1g1r_s~ á las provincias, respondiendo
a la m1S1ón de Madrid como capital de
la nación, para despertar en ellas el necesario interés por su cultura; y promo-

derna.

Obtuvieron por oposición escuelas municipales: Pilar Garcia del Real, Encarnación Salcedo, Felisa Cuervo, Maria
del Prado González, Aurora González y
muchas más cuya enumeración aumentaría las proporciones de este artículo.
En las Normales de provincias actúan
Maria Quesada, Casilda Mejia y varias
otras.
Al frente-de la escuela insta lada en las
caballerizas del real palacio está Dominica Alonso.
Carmen Marquez, procedente de la Escuela de Comercio de la Asociación, es
mecanógrafa del Instituto de Reformas
Suciales. Y otra alumna de esta misma
Escuela, Elolsa Aramburo, es tenedora
de libros de la Sociedad de Explosivos,
con s~is mil pesetas anuales de sueldo, y
tiene á sus órdene~ á su compañera de
estudios Eugenia Florit.
Con los ejemplos referidos rreo que
queda cumplidamente demostrada la
utilidad incalculable de esta Asociación.

E&lt;iillclo de la calle de Sau M;teo, eu Madrid, donde ae halla instalada la Asociación para la Enseñanza de la Mojer

4

�POR ESOS MUNDOS
50
ver la creación de establecimientos c?n- esperanza, cuando las agitaciones Ylas )usagrados á este primer fin de la vid~, chas con la injusticia y la desgracia !e mcontribuyendo asl á que nuestra patria dignan y exasperan , é_ infundién~olevalor
vaya elevándose, que mucho le taita para cuando amargan y acibaran la yida_la perello, al nivel alcanzado por los demás secución, el olvido óel desprecio. S1 la mujer no es hoy aún todo eso, culpa es gran
pueblos civilizados.»
parle del hombre, que no muestra más
FERNANDO DE CASTRO
vivo y solícito interés en educ~rl~.» .
»Tres condiciones han de d1stmguir y
Fuera injusto terminar este trabajo sin
hacer interesantes estasendedicar algunos renglones
señanzas:
moralidad, reliá la memoria de este sabio
giosidad
y
belle1a.
Todas se
y virtuoso maestro, fundaayudan
reclprocal!1ente
Y
dor de la Asociación que
determinan
el
sentido
Y
llnoticiamos. El más noble
mite natural de cada una.
y adecuad? homenaje que
»Sirve la primera para
cabe rendir á un pensaque la severidad. del pri~dor es, sin duda, divulgar
cipio moral arraigue la virsus ideas.
tud en su espíritu y ?onduc·
Veamos, para b~en conta formando enérgicos cacluir, cómo explicaba el
ra'ctéres en sus hijos é inpropio Don I:ernand_o de
fluyendo en su marido y _en
Castro, en el discurso m~utoda su familia para forllfigural de las conferencias
car el puro amo,.al bien y
dominicales sobre la edu8 ún a\ sacrificio á la ley
cación de la mujer, la coneterna del deber en la vida.
veniencia y los fines de la
»No es, ciertamente, m~Asociación que con ta I obr.os esencial la piedad rehjeto surgiera á _poc~ de la Presbltero DonFern~ndorleC~•giosa·, nero
no meram_ente
iluslre fundador de la Aaoc,a•
1·
~
é
Escuela de InsLitutricespor tro
cloh paro. la ~.naeilanu. de l11
fundada en una 18 pasiva
él fundada:
..
Mujer
inerte, sino ilustrada por la
«Figuráos si será auxilio
..
razón
y
por
la
conciencia,. sin l? cual,
estimulo para su marido y sus h1JOS una
exaltada
la
mujer
por su impresionable
~ujer de cierto despejo y gus_to educado,
fantasía,
se
entrega
á un culto_pursmente
cuya bondad y suave bo~est1dad de cosexterno
olvidando
adorará
Dios en _esp_ttumbres, unidas al atractivo y encanto de
maneras delicadas y no~les, de dulzura, ritu 1/ oerdad, cayendo en la supershc1on
de discreción y prudencia en _el ~rato, de y el éanalismo y creyendo de buena teq~&amp;
sentimientos generosos y carit!hvos,. re- asl agrada al Creador y cumple sus obli.
.
velen un alma ange)ical_y pura, msens1ble gaciones.
»Inspirar, por ulllmo, á 1a muJet e1
á los halagos de la hsonJa y d~ la co~ueterla asl como sufrida á la mgrahlud y sentido y gusto de lo bello en la naturade;lealtad, paciente y tolerante con )as leza en la vida y en el arte; formar, en
fallas de los que la rodean .. U~a m~Jer sum'a, lo que se ha llamado su ed~cación
semejante, tan tierna y misericord1?~ª estética, si en algún tiempo fué ~en1do por
como digna, tan obsequiosa co!Do d1h- ocioso y frívolo recreo, no es SID? el meente que no se descompone, m se. alte: dio más eficaz y a~e~~ado de a_h_men_tar
~a ni'se muestra airada, ni soberbia, m y purificar su sens1b1hdad exquisita, mco~oce la venganz~, ni_ guarda rencor, fundiéndole el amo1· á todas las gran~es
conservando un ámmo igual en la p~o~- cosas que constituyen la poesía de la vida
peridad y en la deegracia ... 1qué auxilio tan propio en_ la que debe embellecerla
.
.
más digno, eficaz é intimo para. el hom- con su atractivo.
»Nunca
ha
de
perder
de
vista
la
muJer
bre capaz de inspirarse en el b1e~ Y ~n
debe educarse, ante t1do., para. ser esla virtud! No olvidéis que una muJer sm que
posa
y madre, y que la Prov1denc1a la ha
dulzura y sin discreción es c~mo una
flor sin aroma ó como una fruta sin sabor, colocado al lado del homb!e en la~ tres
ue las dotadas más ó menos de la les edades que recorre e~ su vida: en la rnfa~para guiar los primeros pasos del mietfecciones alcanzan á salvar al hom, cia
ño;' en la virilidad, para mo~erar las pabre en momentos supremos y hasta
siones del hombre; en la veJez, _para manconvertirlo en héroe, derramando
ve-ces sobre su corazón el bálsamo e a tener el vacilante paso del anciano.»

:t°iª

LA AMADA

»Obsérvase hoy cierto divorcio y como
separación entre el hombre y la mujer.
Son como dos extranjeros que, partiendo
juntos de una estación, siguiendo la mismas linea, yendo al mismo punto, y tal
vez con idéntico objeto, no se hablan,
porque no se entienden: aunque aparecen juntos, no están unidos, sino apartados en sus almas. Es imposible que por
mucho tiempo esté contenta una mujer
ignorante al lado de un hombre instruido, ni que éste sea feliz junto á una mujer privada de aquellosconocimienlosque
mantienen una vida de íntima y conlinua
relación con la que es su esposa y lamadre de sus hijos y debiera ser además
su consejera, su amiga y la depositaria
de sus pensamientos y aspiraciones. La
distancia y la cultura entre el hombre y
la mujer es hoy tanto mayor, y el malestar tanto más vivo, cuanto mayores son
los progresos entre los hombres respecto de las mujeres. A medida que sea más
perfecta la educación de éstas, más grande será también su influencia sobre aquéllos; y en vano será que intenten alcanzar una sin otra.
»Mujeres: Es de rigor que levantéis el
nivel d_e vuestra instrucción, para llegar
á término tan deseado. Cuando tal hayáis
conseguido, influid sobre el hombre, para
que valga y sea algo en la vida é historia
de su tiempo, algo en religión algo en la
polftica de vuestro país, algo ~n las demás esferas y fines de la vida. Guardáos,

51
sin embargo, de pretender imponerle nada en el orden religioso, ni en el político,
ni en otro alguno. Vuestro destino, como
esposas y como madres, es aconsejar é
influir. De ninguna manera imperar. ,En
el momento en que os empeñéis en ejercer coacción sobre el hombre, prevahéndoos del ascendiente é imperio que os
dan vuestra debilidad y vuestras lá~rimas, cometéis la falta más grave é imperdonable. Puesta la mano sobre mi
conciencia, os aseguro que no existe ningún derecho, divino ni humano, que os
obligue á imponer nada al hombre, aunque sea en materia de religión, pues que
de ello habrían de seguirse luchas, desasosiego, desabrimiento y ruptura de la
paz en las familias. Cuando para conseguir un intento á todas luces justo y asequible no basten vuestra moderación y
vuestros consejos, resignaos pacientemente, y encomendadlo á Dios, que es
quien puede tocar y mover los corazones.
Fuera de los quehaceres de vuestra casa,
que principalmente os incumben, asociáos en buena hora para la caridad ó la
enseñanza, ó para algún otro fin esencial de la vida; mas no encerréis en estrechos moldes vuestro puro amor á la
verdad y al bien, qne debe ser el vínculo
universal entre los hombres, ni lo profanéis al contacto de las pasiones de partido. Sóis llamadas á unir. ¡No dividáis!)
No debo añadir, por mi cuenta, una
palabra.
A. AGUILERA Y ARJONA

LA AMADA
-Que hable,-gritó el concurso. Y el poeta
levantando su copa desbordante
dejó escapar su cláusula vibrante,
como escapa del arco la saeta.
Y habló sin descansar. Habló á la inquieta
turba, de vino y goce rebosante;
y á cada nuevo verso centelleante
redoblaba su ímpetu el estela.
Cuando el último acorde de aquel canto
fué á acrecentar la estúpida alegria
que en torno del vidente resonaba,
ella, la Amada, sin fijarse, en tanto,
ruidosamente en su sitial reía
y... «¡Que bable más! ¡Que nos divierta!» aullaba.
M. BARRERO ARGÜELLES

�LOS SIETE PECADOS

53

Por unos instantes, en muda contem- vez tan sólo, ~e dejéis examinar vuestro
plación, midieron nuestros ojos todo c~erpo, gue, si está tan grave como á la
aquel sombrio cuadro que cosa fuera de simple vista parece, será preciso su traslo conocido Y. vulgar semejaba, y por la~o _á otro mejor sitio donde pueda ser
nuestros espíritus flamearon sensacio- a~ist1do, no como.si fuera de rey ó prfnnes jamás sentidas.
cipe, pero si como de criatura ... que hasNos aproximamos á la ermita, y mi ta para las be~tias ha y ~uranderos y unacompanante tocó en la puerta. Entonces, güentos, y_todos los animales por instinoim?s una voz opaca, sutil, casi imper- to son dóciles y agradecidos... Dadme
ceptible,_que desde dentro nos contestaba. pue!J, hermano Da vid, vuAstra mano
EmpuJa~o.s la puerta y, sin dar un mostradme ~l pecho y la espalda.
paso, que sitio no habla pRra ello, quedaY ~orno m !os oid~s del ermitaño ni
mos delante del ermitaño David cuyos sus ºJ?S parecieron m haber oldo ni comhorrorosos martirios y fama de s~nto co- prendido palabra de la súplica del médirrían ya de boca en boca por toda la tie- co, éste adelantóse y pulsó una mano del
rra andaluza.
enferm.o; después descubrió el pecho á
Estaba el solitario tendido en el mismo cuya vista quedamos absortos y no pudisuelo, _sobre hoj11s de higuera y maíz, con mos contener un grito de horror. Era
el hábito puesto y un rosario entre las
1oda una llaga el pecho
manos. Su faz no perecfa de ser viviente, sino
de momia; su guedeja
y barba eran blancas,
y el negro de sus ojos,
ya sin brillo, se extendía por toda la cara
hasta confundirse con
la abertura de la boca·
los labios no tenfan go~
ta de sangre que los tiñese; la piel de todo el
rostro amenazaba romperse para dar salida á
los pómulos: y los de- •
dos de aquel hombre
eran huesos de esqueleto.
Dentro de la cabaña
perciblanse olores nauseabundos de humedad
y de carne podrida.
Mi amigo saludó al
asceta David, que parecfa algo asombrado y
molesto por nuestrll
pro~ana visita, y su voz
débil, apagada, doliente, de niño expirante,
era como súplica de suprema hora. Y asl hablaron los dos:
-Vengo, hermano á
curaros-dijo mi amigo
-de graves enfermedat
des que aseguran sufrís. Soy el médico de
Su Ilustrlsima el obispo
1· ,,.. ,
de Córdoba, quien me
ordena esta visita y que
La ermita del Padre David aparecfa cerrada por una puerta muy Tieja
os ruegue que, por esta
remendada con 1oeas y tablas

-

y

LOS SIETE PECADOS
(C UENTO)

rriada ... Por el silencio y nitidez parecla
-Hermano: ¡queréis guiarnos á la eraquel sitio cosa puesta fuera del mundo.
mita del Padre David7
El sol brillaba en lo alto con fuego intenso,
-Hermanos, aún os falta mucho camiy en el azul del cielo ni la más ligera n uno, que el reLiro del penitente David está
lejos: es la última y más escondida de las be se descubrla.
Desde algún picacho de la sierra poermitas, y tiene un allozo á su puerta.
díase contemplar,en lo hondo, otro gran•
Caminad por este sendero sin descanso
dioso panorama: la Córdoba moruna, no
media hora, y antes de prima tarde ya
más extensa, con sus enjalbegadas, sus
enconLraréis la morada del justo.
estrechas
tortuosas calles; sus paseos,
Y los dos amigos nuevamente nos pu- sus torres ysarracenas
y su mezquita; al
simos en marcha para recorrer una de
otro lado, el rfo, el Guadalquivir, fertililas partes más abruptas y de dificil paso
zando á las pomaradas de la orilla. Y ni
de la sierra de Córdoba, campo bravío,
una chimenea de fábrica, ni edifbación
famoso en leyendas y refugio romántico
moderna, ni los barcos en el rio, ni las
de superiores varones.
Poco á poco íbamos trepando por el máquinas, nada, en fin, que descubriese
nuestro siglo , se observaba en el antiguo
monte,JC uyas tierras y peñas cubrialas
reino de los tres Abderramanes. Sólo de
casi por completo una vegetación caprivez en vez, en la lejanfa, el silbido de alchosa de zarzales, brezos. carrascas, azaguna locomotora y su carrera al través
ros, pitas y almendros silvestres, de aromás penetrantes. Y todos los arbolillos y del boscaje despertaba nuestros soñadoplantas vivían a\li lozanamente, jugosas, res pensamientos á la realidad ...
La senda habla concluido y el monte
con verdores de huerta: los madroños esse intrincaba cada vez más y nos cerrataban con fruto, y sus motas rojas con el
ba el paso. A la izquierda columbramos
negro de los racimos de las moreras y el
una hondonada, y en la parte más cublanco de la flor de los almendros y el
bierta y esquiva la ermita del Padre Daamarillo de las de los juncos, eran como
intensas y juguetonas pinceladas de un vid.
Era una misera choza pintada de blanarte tan exquisito y bien dispuesto que
co, tan reducida que parecla cabaña de
convertían todo aquel campo en un agrapastor. Cerrábala una puerta muy vieja,
dable paisaje de hermosura sin igual.
remendada con sogas y tablas; encima de
Da trecho en trecho veíanse , como unas
la
puerta habla un agujero, y sobre el
manchas, más blancas y grandes que las
vano una cruz; al rededor de la casa crede los 11lmendros silvestres, las ermitas
cían lentiscos, astodetos, un granado, un
diseminadas por el monte. Al rededor de
peral y una higuera; en un huerto, del ta•
aquellas casas nada atalayabtl nuestra
maño de una sabanilla, allí junto, alguvista que acusase vida humana: ni siluenas hortaliz11s y plantas; el allozo daba
tas de hombres, ni cantos de los gayasombra á la puerta de la ermita, y al pié
nes, ni la noria, ni el relinchar de las
del árbol, una muy desgastada peña desbestias, ni los aceños, ni el correr del
cubrimos, tal vez el sitio más preferido
trillo, ni la esquila, ni la voz del zagal
azuzando al mastin tras la civeja desea- por el único morador de aquella casa.

\¡t. . . . . . . .

�54

POR ESOS MUNDOS

del misántropo David, tan avanzada, que
todos los huesos de las costillas estaban
mondos; veíanse huecos tan profundos
que llegaban hasta el esternón, y la parte del abdómen limpia de pus aparecia
acardenalada; por los hombros, hasta
perderse en la espalda, corrían unas vetas muy obscuras, negras.
Lll vida de aquel hombre en el estado
en que le vieron nuestros ojos er~ caso
único y milagroso, y de su salvación no
quedaba ni la _más. remola esperanza. Y
mirándonos s1lenc1osos y consternados,
leyendo, tal vez con claridad su~erior,
nuestros tristes y confusos pensam,1entos,
el espiriLu del moribundo se reammó.
Entonces el ermitaño David quiso hablar. Con sus manos llevóse á los labios
unas hierbas cocidas, que en un pedazo
de cazuela tenia á su alcance, y poco á
poco, su voz se hi~o per~~ptible, y
por media hora, sm casi mterrupción, dijo asi:
.
.
-Hermanos: Dios os premie vutlstra caridad y al obispo de Córdoba su
cariño para con este ~ran peca_dor sobre la tierra, y al Cielo ben~igo que
es tan justo que cuando, ya sm fu~rzas, ibame á morir en esta ermita,

LOS SIETE PECADOS

donde he vivido veinte años, dirige hasta
este apartado lugar hombres que puedan
oir la confesión del culpable, para que
después ellos vayan por el mundo descubriendo verdades y enmendando _er:rores.
Yg veo, con claridad jamás perc1b1da, la
voluntad del Señor: hágase, pues, como
El lo desea...
.
»Escuchad, hermanos: diréis al obispo
de Córdoba y á todas l~s fientes q_ue quieran oíros, que el erm1tano_ David es el
sor más abominable y maldito de la Creación: ante su recuerdo, enseñad á los muchachos que con una y ~t~a mano hagan
la cruz; á los jóvenes v1?1osos, que co~
todos los malos pemsam1entos ui~an m1
nombre; y á los p_ro~ectos varones, ~u•
digan siempre:. «~1 e1en ~uerpos hubiera
tenido el erm1tano David, á todos con
igua1 fuerza debiera haber macerado

-Al Cielo bendig, -noa dijo el Padre
David-que basta ;ni os manda para que
oigáis la confesión de 11te pecador

55

»Pero, transcurrido el primer mes,hube
constantemente y dejado pudrir de llagas». Y, por último, que en uno y otro de notar cosa tan extraña que su descupueblo y aldea se me conozca por el pe- brimiento me llenó de pavor. Era el caso
cador de los siete pecados, que por todos insólito que á diario, y hasta en una misme veo aquí próximo ya á condenarme. ma hora, no sólo un vicio me dominaoa.
Pdquécon todos, y desde jóven ya los sen• Y como no podía saciarlos todos á la vez,
tia como alestores, como demonios des- mi vida llegó á hacerse insufrible. ,Qué
encadenados, recorrer mi cuerpo, con podría ya discurrir mi loca imaginación
una fuerza inexplicapara no llegar al
ble que, fatalmente,
tedio irremediablef
me llevaba al pecaVáis á oirlo,quenada ociosa estuvo
do; pero no en falta
hasta dar con ello.
vulgar y casi perdoY descubrió mi innable, sino á las más
abyectas y premediclinación perversa
tadas de las culpas ...
reunir todas las
Mi pensamiento era
mujeres, todos los
tan veloz en los siete
siete vicios capitaerrores capitales que,
les bajo un mismo
á diario, me vencía
techo, en un sólo
uno: ya la concupishogar y prisión, de
cencia, ya la soberdonde yo no saldría
bia, ya la gula, ya la
nunca, puesto que
envidia, ya la pereza,
on ella estaban mi
ya la ira ... ¡en fin,
vida y mis deseos.
todos! Aristocráticos y
Hice como lo ideó
ricos eran mis pa1i1i pensamiento y,
dres, y al morir
á poco, pude coellos fui el único
menzar mis soñaheredero de una
das orgías, yo en
fortuna poderosa;
medio de aquellas
entonces, libre de
furias del Averno
tutelas y consemás que á mujeres
jos, preocupóme
parecidas.»
sólo satisPor unos instanfacer mis
tes guardó silencio
deseos.¡ Peel penitente, y sus
ro de qué
ojos blancos llenámanera!. ..
ronse de lágrimas.
Yo, que ya
Después, transido
me conocía
de pena, y como si
á fondo en
el recuerdo de esmi pervertas olvidanzas considaddedesumieran todas sus
generado,
debiles fuerzas, siideé plan
guió, poco á poco,
soberbio
con honda laxitud,
par a, en
ya en estado agónitodos mis
co, el término de su
-De los eaoombros de mi casa,-no1 diJo el asceta-una mano
dlas, tener
herética historia. Y
piadou sacó á un hombre uuevo
contentosá
dijo así:
mis siete vicios: en siete casas distintas
-Yo ,,ivi con ellos, con los siete pecacoloqué otras tantas mujeres hermosas, dos, y gusté de todos á la vez ¡un sólo
dominada cada una por un pecado capi- dial... Pero los vicios, cual yo no había
tal; y cuando yo sentía el vicio de la sober- previsto, declaré ronse en guerra unos
bia, iba á buscar á la mujer soberbia; con otros, con saña sin igual, dentro de
cuando la avaricia, á la más avara de to- su albergue, de mi casa ... Y uiiradme que
das; cuando la gula,á la más glotona ... ¡Y tiemblo como un azogado al recuerdo,
asi á todas!. .. Y sus genios malditos me en mi mancha indeleble, de la ferocidad
emborrachaban, me enloquecian ....
de aquella lucha titánica, como nunca

�56

PODER. DE LA CONSTANCIA

pueden imaginarla serenos espíritus._.. Entonces, 'JO no viví ya 'u n mome~to dicho.so; y arrepentido, cob~rde, guise terminar con mi obra, conmigo mismo: prendí
fuego á mi casa, y una noche, cuando lodos nos embriagábamos saciando ánuestros capitales defectos, purificadoras_ llamas vinieron á lamer nuestros últimos
besos. Y morirnos todos... De los escombros de mi casa una mano piadosa sacó
á un hombre nuevo, á mi arrepentido pecador que con algunas penitencias en
muchos años cree, ahora que va á morir, que nada ha hecho que pueda borrar
uno sólo de sus espantosos pecados.

&gt;)Hermanos: Dios os premie vuestra ~!ridad y al obispo de Córdoba su carm&lt;;&gt;
para con este gran pecador que nada merece ... Y al Cielo bendigo, que, cuando ~a
sin fuerzas, ibarne á morir en esta ermita, dirige hasta ~tia hombres para que
oigan mi confesión m?ral, y por esas
tierras vayan descubriendo verdades y
enmendando errore!':.
&gt;)Hermanos mio~: Que todas las buenas gentes ha~an la cruz ante mi_ nombre y digan: (&lt;Si cien c~erpos hubiera tenido David, el de los siete _pecados, á los
cien, con igual fuerza_, debiera haber macerado y dejado pudrir de llagas ... &gt;)
MANUEL CARRETERO

LAS Óf'ERAS MAS CÉLEBRES DEL MUNDO

"ROMEO Y JULIETA'\ DE GOUNOD

Ilustraciones de F. de la Mota
En nuestro número del mes de Noviembre último comenzamos esta serie de artículos
que dan a conocer cómo se han escrito !J compuesto las óperas más célebres en el
mundo. Para los aficionados que oiven aleiados de las grandes capitales !J que, por
tanto, no disponen de ocasiones para oir las óperas en la escena teatral, los eco¡¡
de esta llegan únicamente hasta ellos por medio de la prensa, cuvos críticos solo se
ocupan en la producción específica, oloidándose de lo que la obra es en sí con relación á la historia de la música ó de las concepciones de los compositores. Nues tro propósito en estos artículos es considerar los obras desde un punto de vista
diferente !J poner de relieve el espíritu de los grandes hombres que han desarrollado el arte del drama musical.
ALLÁ por los años de 1843 á 1850, antes

FODER DE LA CONSTANCIA
1,No ves la gota que con golpe lento
é insensible quebranta la dureza
de la roca, que excede en fortaleza
á ese pequeño y liquido elemento1
¡Quién le da tal poder ó valimiento
si débil la formó Naturaleza1
¡Cómo es que no le ~guala en sutileza
ni el rayo que atraviesa el firmamento?
El encrespado mar con saña airada
ó el fiero impulso de aquilón bravío,
con tal roca al chocar, no le hacen nada;
y la gota, qu~ tiene menos brío,

deja esa dura piedra taladrada
¡porque está en su constancia elpoderiol
VíCTOR BASILIO DE SANTA ANA

que escribiera su primera ópera, Carlos Gounod pensaba abrazar la carrera
eclesiástica. De carácter sombrío y taciturno, estas condiciones le hacían amar
la vida del claustro y de la soledad. Y á la
música religiosa, que ya había enriquecido con magistrales composiciones, hubiera dedicado este insigne compositor
francés todo su talento, si madama Viardot, célebre prima-donna, no le hubiera
pedido con insistencia, precisamente en
el año 1850, cuando más sentía Gounod
los deseos de recibir órdenes eclesiásticas, que compusiera para ella una ópera;
uniendo á estos ruegos la indicación de
que el famoso dramaturgo Augier, gran
amigo su y o, escribiría el libreto. La
forma en que la gran cantante hacia
su petición era tentadora para la imaginación y el orgullo de un jóven compositor; y ~si fué como nació la ópera Safo,
que, ciertamente, no obtuvo un verdadero éxito, pero sirvió para que Gounod
decidiese continuar la carrera en que se
habla dado á conocer en tan buena compañia como la de Mad. Viardot y M. Au-

gier. Sin embargo, hay motivos para dudar si el temperamento de Gounod se
adaptó alguna vez con verdadero amor y
entusiasmo al dramatismo de su arte.
Verdi fué su contemporáneo en Italia, y
Gounod nunca obtuvo ovacionestancalurosas como las que el maestro italiano
alcanzaba con frecuencia. En efecto, si
Gounod logró gran éxito con sus óperas
Fausto y Romeo !J Julieta (tan hermosas
las dos que no se puede ase~urar con
certeza cuál de ellas lo sea más), entre la
primera, escrita en plena juventud del
maestro, y la segunda, compuesta cuando, como él mismo decía, «era ya un viejecito&gt;), existe una cadena de fracasos:
Filemón !J Baucis, La reina de Sabá, Mireille y La Colombe, fueron, por este orden en que las citamos, despedidas de la
escena con bien poca cortesía, por cierto, para la fama y el nombre de su autor.
Así fué como en 1881 volvió Gounod á
escribir música sagrada, y desde entonces hasta su muerte, acaecida en 1893, la
originalidad de este compositor contribuyó mucho al adelanto del divino arte en
Francie.

�58

POR ESOS MUNDOS

Romeo!/ J ulieta es ópera poco conocida de la generación presente en España,
porque hace ya mucho tiempo que aqui
no se canta; pero su música reproduce
muy bien, al extremo de causar verdadera sensación emotiva en el público que
la oye, la deliciosa juventud que Shakespearesupo imprimirá los héroes de aquella hermosa obra suya y la maravillosa
manera como los condujo á desesperada
tragedia por pertenecer los dos enamorados á cada una de las familias de Capuletos y Montescos, cuyos seculares
odios tan célebres son.
En la ópera de Gounod, el libretista
omitió algunos personajes de la tragedia shakespiriana, y creó, en cambio,
uno nuevo: Esté/ano, paje de Romeo.
Además, en la ópera nunca figura Julieta como prometida de su primo Tubalt,
a pareciendo en todo lugar como novia de
París. Otra novedad que introduce este
libreto con relación al dram&amp; de Shakespeare es que las consecuencias del narcótico que Fra!J Lorenzo hace ingerir á
Julíeta no se producen en la noche precedente al día de su boda, sino cuando
la citada jóven se encuentra entre los
que asistieron á esta ceremonia.
E:npieza la ópera con un baile de máscaras, que se celebra en los salones del
palacio del jefe de la familia de los Capuletos. La fiesta, en el momento de alzarse
el telón, está en su mayor animación: los
invitados cantan y bailan, y Tubalt y
París, herederos de la rica y poderosa
familia que ha organizado el sarao, esperan anhelosos que su prima Julíeta,
hija del Capuleto, haga su entrada en los
salones. Llega, por fin, la jóven, encantadora doncella que sólo cuenta trece
prima veras, pero que ya está prometida á
París en matrimonio, y toda la concurrencia hace un alto en la diversión, para
contemplar la belleza de Julieta, que recorre los salones del brazo de su novio
y seguida por todos los concurrentes.
Cuando el salón principal queda desierto, hacen su entrada en él Romeo,
Mercutio y Benoolío, acompañados por
media docena de camaradas. Estos hombres pertenecen á la casa de los Monta9ues (6 Montescos, como la traducción
los llama en lenguaje español), y van al
baile únicamente para mostrar su osadia y su arrogancia llegando hasta el
solar enemigo; pero un resto de prudencia los hace asistir enmascarados.
Romeo se muestra desconfiado y lúgubre, pues la bella Rosalina, por la que

suspira, no se encuentra entre las damas
que han acudido á la fiesta. Pensando
esto, Romeo ve á Julíeta, cuya aparición
le parece un sueño divino. Rosalina queda olvidada, y Romeo se entrega entonces á la pasión de su vida. Se dirige á
Julieta con palabras francas, de gran
ardor, y al preguntarle por su nombre
sabe que la mujer de quien se ha enamorado es la hija del enemigo secular
de su casa y de su nombre.
Entra Tubalt y sospecha de la persona
del enmascarado, á quien, por el porte y
las maneras, cree que es Romeo. Oye Julieta este nombre y exclama para si: «¡ Mi
único amor va á fijarse en mi único od10!))
TubaltquierQ lanzarse sobre Romeo, pero
le contiene Capuleto, que le impone de
los deberes de la cortesía y la hospitalidad aún para los que han acudido á la
fiesta sin ser invitados. El acto termina
como empezó: con alegres bailes y divertidas canciones.
El segundo acto comienza con la clásica
escena del balcón. Esté/ano, el paje de
Romeo, sostiene una escala por la que su
amo llega al alto de la tapia que defiende
las habitaciones de Julieta. Se oye á lo
lejos la voz burlona de Mercutio. Mientras Romeo canta, Julíeta sale al balcón.
Ella no le ha oído, y creyéndose sola,
profiere su confesión de amor. «Haz desaparecer tu nombre-canta-porque con
él mi amor será imposible para ti.&gt;&gt; Romeo, que la oye, contesta: «En adelante,
no me llamar{, más que Romeo.))
Avergonzada Julíeta al verse sorprendida, aunque feliz con !U amor, acoge á
Romeo con entusiasmo y le jura felici•
dad. Como la mayor parte de las mujeres
creadas en las obras de Shakespeare, Julieta piensa en seguida la manera de realizar sus ensueños: el mismo día siguiente debe llevarla Romeo á donde pueda celebrarse en secreto la ceremonia de su
casamiento. Romeo obedece y se dirige á
Frav Lorenzo, del que consigue que autorice la ceremonia privada.
A la celda de Fra!J Lorenzo acuden
Romeo, Julieta y la nodriza de ésta, y
antes de que el sol haya aparecido por
completo se verifica el deseado casamiento. Pero la alegría de los novios se
interrumpe bien pronto, pues Romeo se
ve obligado á alejarse del lado de Julíeta
para tomar parte en una disputa entre
capuletos y montescos, en la que muere
Tgbalt á manos de Romeo.
Esto origina el destierro de Romeo, el
cual, antes de que amanezca el día en

LAS LÁGRIMAS DE CORTÉS

que debe salir de Varona, consigue llegar
hasta la cámara de Ju lieta.
Los primeros fulgores del alba lucen
precisa mente cuando se a Iza el telón
para el cuarto acto. Romeo sP despide de
su desposada, y apenas ha salido, Capuleto y Frag Lorenzo entran en las habitaciones de Julieta para anunciarle que
antes de que transcurran algunas horas
deberá casarse con París. Las lágrimas
que surcan el rostro de Julíeta supone
Capuleto que son derramadas por el dolor de la muerte de Tubalt, y para distraerla de este pesar apresura la celebración de la boda, por cuya razón, para
ordenar mejor los preparativos de la ce.
remonia, deja á su hija sola con Frag
Lorenzo. Este ofrece á Juheta una droga ·
que le dará la apariencia de muerta: pero
sólo sufrirá un sueño, del que despertará
á las cuarenta y dos horas libre de la influencia del narcótico; entonces, se encontrará al lado de su marido que la auxiliará y la salvará de cuantos obstáculos
se opongan á la felicidad de ambos. Bebe
Julieta la pócima que Frag Lorenzo Je
entrega en una redoma, mientra el ór-

59

gano de la capilla donde va á celebrarse
la boda empieza á lanzar torrentes de
harmonía. Entran Capuleto y París en
las habitaciones de Julieta para conducirla á la iglesia.
Cuando Paria quiere colocar el anillo
en el dedo de su prometida, ésta retrocede, arranca la corona nupcial de su frente, y, vacilante para sostenerse en pié,
pide socorro. Apresúranse los invitados
á rodearla, mientras Julíeta cae al suelo
aparentemente sin vida, en los brazos d~
su padre.
El quinto acto empieza con la entrada
de Romeo en el mausoleo de los Capuletos, donde Julieta ha sido colocada. La
carta que Frau Lorenzo envió á Romeo
no ha llegad? á su destino, y el jóven
cree que Julteta ha muerto en realidad.
Romeo abraza el cuerpo de Julieta y á la
vez se envenena. Julieta despierta antes
de que muera Romeo y, abrazándole,oye
de labios de su desgraciado esposo la
verdad de la tragedia. Julieta empuña
una daga que cuidadosamente guarda, y
se da muerte clavándose el puñal en el
corazón.

LAS LÁGRIMAS DE CORTeS
Hundes tus naves, sin la enseña santa
en torbellino ~e bullente espuma,
'
porque al!á leJo_s, tras e~pesa bruma,
surge un 1mper10 que hollará tu planta.
A nada temes, porque nada espanta
á tu valor, á tu fiereza suma:
á tu altivez se humilla Moclezuma
que, en sus desdichas, tus proezas canta.
Si ceñiste el laurel de la victoria
si causó asombro tu genial locura'
é inmortal héroe proclamado fuiste,
¿por qué nublóse el cielo de tu gloria
cu11~do llantos vertieras de amargura
al pié
del «Arhol de la Noche Triste?»
t
TOMÁS

TRUJILLO

�MADRID VIEJO

Casa donde tuvo au imprenta la viada de Quiñones, en la calle de este nombre

MADRID V l E JO
LA CARCEL DE M UJERES

En la muy antañona calle de Convalecientes, asi llamada por un hospital que
fundó Bernardino de Obregón ,-desde
hace luengos años Ancha de 'San Bernardo-esquinando con la via donde tuvo
su imprenta la piadosa viuda Quiñones,
grande amiga de las inmediatas religiosas de Santiago y á quien cupo la fortuna de presenciar el cándido prodigio que
dió nombre á la calle del Acuerdo, en
esa c!lle, añado, se alza la admirable fábrica barroca de Nuestra Señora de Montserrat.
Su fundación se debe á una comunidad de monjes benitos, los que fugitivos
cuando el levantamiento de Cataluña
contra Felipe IV mandaron construir
esta iglesia, que fué tenida por maravilla
arquitectónica á pesar de no estar terminada, pues fáltale la torre del ala derecha. En su nave central fué enterrado el
famoso cronista de Indias Don Luis de
Salazar y Castro.

Inmediato, formando parte del edificio,
está el pardo caserón de la Cárcel de
Mujeres, convertido en prisión desde mediados del siglo último: lóbrego lugar
por donde ha pasado toda la delincuencia femenina, desde Doña Baldomera Larra, hábil folletinesca que en vez de escribirlas vivió sus novelas y aún las
sacó pingües provechos, aunque con desdoro del apellido que le legara el ilustre
Figaro.
Muy en breve van á derribar esos muros pardos y hoscamente tristes. Poco se
ha escrito estéticamente emocional de
esos lugares de dolor que se llaman cárceles, hospitales y manico111ios, donde
rachas de pasión ó de infamia, angustias de la carne ó delirios de la voluntad
-todo un poema palpitante de vida y de
dolor- arrojan al alma humana en la
absurda zarabanda de la vida.
Al penetrar en una prisión se siente
una angustia plumbea en el alma, un
gran miedo á no volverá ver el sol. Jamás he sentido una impresión más deso-

lada que una mañana en el locutorio de audacias de Diego Corrientes e-,caltan la
la Cárcel de M:ijeres. Habla una abiga- fantasía de las presas y les flagela con el
rrada turba que aullaba á través de los extremecimiento de lo aventurero, lo
barrotes girones de sucesos íntimos, pa- e~ocionante y lo taLldico. Largas horas
labras de afecto, amargas noticias, po- pasan contemplando la lámina tosca y
niendo en la voz y en el gesto una brutal ágria de color en que uno de esos héroes
intensidad de vida y de pasión. Mezclá- populares se despiden de la morena de
banse ojos torvos encendidos en llamas ojos gitanos y boca sangrienta, gallardo
sobre su jaca alaperversas , bocas
zana, ó ante uno
marchitas, cabede
esos cuadros
zas desgreñadas,
cargados de nerostros lívidos y
gro y rojo en que
patibularios, y soun amanecer lívibre todo manos
do alumbra el lúcrispadas y amegubre tablado
nazadoras, que se
donde unas formovían extrañamas borrosas y
mente en el aire
contorcidas
muecomo trazando
quean en el sisignos que fuesen
niestro garrote.
cifra de venganEl sol baja alzas y próximas
g u n a s v e ces á
desolaciones. Y
alumbrar los paen vuello el cuatios de la prisión,
dro en un vaho
y este buen so 1
acre de pobreza y
de invierno, que
de carne humana.
es tan dulce y tan
Las reclusas vifraternal , es morven en común y
talmente triste en
duermen engranesos parajes. A
des naves, sepalos que nada tierarlos los lechos
nen , les habla
por cortinas de
melancólica mentonos chillones.
te de los buenos
Y en sus ocios
tiempos de libercontinuados, en
tad, de bullicio
los dormitorios y
de la calle, del
en los patios, fóraire sano del cammá nse grupos
po, de nostálgicos
pintorescos, vuelugares de intilan malicias grimidad y de caritadasi,n caló, lleño donde fueron
,,as de colorido y
un poco felices
de ambiente se eshace mucho tiemcriben las cartas
po. Entónces papara los desconoExterior de la i¡lesia de Nuestra Señora de Montserrat
san por las con cidos amantes de
allá arriba, y á veces ante los grupos fusas conciencias de la:; presas tiernas
pletóricos ~e bulliciosa al1.1gría canallesca ráfagas de sentimentalismo y los ojos se
cruza su silueta suave y humiide de una llenan de lágrimas bajo la inmortalidad
liermana de la caridad.
del sol.
Es sensible que por su estado ruinoso
Las más viejas cuentan lances de ham~a y galopec;ca que se hacían, allá en sus haya que derribar la admira ble iglesia
tiec_npos, tal vez muy cercanos á los de de la Virgen de Montserrat. Madrid perL_u1s de C~~delas que tiene su consagra- derá con este edificio una de sus más beción defin1llva en el seno de la picardla llas construcciones. La única torre que
militante. Todas las novelas del bando- posee este hermoso templo es una malerismo clásico son leidas en alta voz, y ravilla de estilo y de euritmia , y el conh1s L~rnuras pasionales del Tempranillo, junto una gran página de la historia del
la hidalga generosidad y las románticas glorioso arle viejo español.

�62

MADRID VIEJO

63

POR ESOS MUNDOS

que reparte bonos un dla determinado,
vividores ingeniosos á veces, plañideros descriptorAs de hórribles miserias en
memoriales petitorios, agudos biógrafos
de cándidos ó vanidosos burgueses ricachos
que dan unas pesetas á
cambio de unos cuantos ditirambos pomposos. La mayor parte
son borrosas figuras
inquietantes: horribles
andrajos, gorras astrosas, barbas pro fusas,
pelambres enmarañadas, rostros macilentos, como esos intensos
y desolados personajes
que pasan por el drama de Gorki En los baJOS fondos.

de los jardines públicos están derribados
para impedir el descanso de los trashumantes de los cafetines que poco á poco
se han ido aburguesando hasta arrojar
brutalmente al que se
· deja rendir por el cansancio.
Parece que un cruel
espíritu incógnito, de
refina da ¡,erversidad, obliga al miserarabie atarazado por el
hambre y borracho de
sueño al implacable,
al sobrehumano tormento de andar, andar,
andar ...
LAS INCURABLES

Es un caserón pardo
El número de los ady conventual sito en el
mitidos no suele pasar
número 11 de la calle
de treinta, y primero
de Amaniel.
son conducidos á una
Allá en tiempos regran nave con mesas
motos fué la casa solar
largas donde les sirven
de un noble, viejo y
una sopa con doshueaustero, el conde de
vos, tras de lo cual se
Monterrey, y aún á tradirigen á los dormitovés de tres siglos y de
ríos, que son grandes
haber sido varias veces
•salascon camas iguales
remozado el edificio,
y limpias. A las prime- Puerta del Hospital de Incurables, de Jesús parece flotar en el espí•
. .
Nazareno
•
d l
.
.
ras horas de1 s1gmente
r1tu e as antiguas vidía parten los asilados llevando un pan das. En 1824 fué adquirido por la condesa
y un par de huevos cocidos.
de Lerena y por su pfa voluntad converLos esfuerzos de esta piadosa congre- tido en asilo de:ancianas incurables.
gaciónnopueEn el ámplio
den impedir
portalhayuna
que centenahornacinacon
res de persouna imágen,
nas pasen la
ante la cual
noche en el
arde una lámrigor de la inpara roja y
temperie. Lo
cuelgan amamismolas clárillentos exsicas posadas
votos de cera.
de las Cavas
Yo he cruzaq u e I a del
do varias vePeine, por sus
ces ese portaprecios .crueIón en un !eles, son inacjano y triste
cesibles para
mes de Mayo,
los miserallevado por
bles. Los houna devoción
rribles chisdolorosa, y he
eones pa upé- Silla de Jesús para enfermas pensionistas, en el Hospital de Incurables
subido lentar r i mos de
mente 1a gran
quince ó veinticinco céntimos son esca- escalera jalbegada de azul ténue, en uno
sos y se repletan en seguida; los bancos da cuyos testeros y junto á un lienzo bo-

�64

POR BROS MUNDOI
Ci&gt;MEOIA DE AMOR

G5

rana y amorosa y de su bieneslar burYo también acudí á la capilla. La salgué3, por las salas heladas de aquel ce- modia grave, profunda, era como un somenterio de almas.
llozar de dolores confusos y antiguos.
Al declinar de una tarde vf á las reli- Un violín cantaba los estribillos y las
giosas r, uni:las en torno de un lecho dulces estancias de las Flores. A las vodonde agonizaba una enferma. No habla ces cristalinas de las religiosas se unfa el
á su cabecera ningún corazón familiar. coro áspero de las viejas, con un sonido
Su ro3tro era de color de tierra rojiza y que hacía vibrar los nervios.
de sus labios caían :.ina á una palabras
Las flores nuevas aromaban la capilla
incomprensibles y estertorosas.
blanca, de cándida liturgia, y profusión
Era la hora de las Flores y las enfer- de luces ardían ante la Santa Dolomas se dirigieron á la capilla. El órgano rosa.
salmodiaba solemne y lejano.
Cuando volví á la sala de la moribunY fueron pasando anle lús ojos vidria- da, lodo estaba en sombra y una campados de la moribunda, como un cortejo de na doblaba solemnemente. Junto al lecho
pesadilla, una tras otra, las siluetas con- ya no habla nadie. Las líneas rfgidas, antorcidas, borro~as, arraslrándose , con gulosas, del rostro se dibujaban confusas
algo medroso y de maleficio.
bajo un lienzo blanco ...

E~IILIO

Foto:1rajias de Rueda v de A lonso

CAR!lÉílE

COMEDIA DE AMOR
Acto primero: Un altar
bajo la nave do un templo.
Acto segundo: Un hogar
de honor y virtud ejemplo.
Acto tercero: Un jardín,
mansión de paz y cariño;
un rorro, una cuna, un niii &gt;
bello como un serafín.
Argumento: Acto primero,
Exposición: El amor
qua se jura ante el Señor,
profundo, inmenso, sincero.
Acto segundo: Tc1 mbién

el a mor grande y profundo;
el enredo, lodo un mundo;
el hogar, lodo un edén.
Acto tercero: Es preciso
que el amor de los amores,
deseo lazándose en flores
reproduzca el Paraíso.
Cae el telón y el aulor
ni un aplauso reclama.
Y en el álbum del Amor
deja un canto y una flor
á los actores del drama.
José PEóN CO~TRERAS

5

�EN NOMBRE DE LA LIBERTAD

N NOMBRE
~~-~~~~,~-----0~~~

Historia novelesca de los tiempos de la Convención
y el Terror, por OWEN JOHNSON
«¡Oh, Libertad, Libertad! ¡ Cuántos crimenes se
han cometido en tu nombref))-Madame Roland.
RESU~IE.N DE LOS CAPITULOS ANTER!Ofü..S (1)
1!:n el ~•s de A¡oslo de 1i9ll llegó á París ,on busca de empresas ¡randcs,, como el Don Juan de nuestra !oyendo, un
¡oven que, exaltado por IAS doctrmas revolucionarias, aspiraba oaua menos que á comparlit mano á mano y boca a
b(ICO. con ~taral, con Dan Ion, con Holnod. con Uesmoulins, las tareas que ostos palriolns se babiao impuesto en pro
de las ideas que delendion. Sin mils recursos que lres sueldos en los bolsillos y el traje que veslia, decomiso.do á un
arislócrala y que daba á nuestro jóven, Eu¡eni~ Barabanl lhmado, aspeclo mu•· sin¡ular, encontró el la! pobrísimo
alojamieolo en miser:i. bnhardilla Recorriendo después las calles de l:i. ~.pito.l 'traocesa. llegó a un centro de reu•
món arislocrillico. ciorlo curiosísimo calé, en el cual colóse de rondón nuestro aventurero, empezando o. decl:i.,uar
i11;ventivas coolra 1
a lir:iula y el ¡obiorno, y dando viv:i.s á la República que exaltaron a loe arialócro.tas y les comunicaron deseos de acabar con l:i. existencia del jóven, coso. que evitó Dossonville, un ciudadano zancudo y exlrava·
eanle _á quien Barabanl, avivad:,. su curiosidad ante su excenlrico tipo, iba siguiendo todn la mai\ono.. Bo.rabanl
conoció on lo. casa donde se hospedaba á N1cole, florista de profesión, que le sirvió de cicerone por varias ralles de
París llevandole lue10 il comerá lo. taberna de Santerre, célebre hospedero del laubour¡ de Sainl-Antoine. Después
de la comida y y:i. en lo. calle los dos jóvenes, tropezaron con Louison, otra Oorista que conoció á Barab,rnl lo. noche
enterior, J N,cole, despechada por los celos, alejóse airada del muchacho dejándole solo on medio de las turbulen·
tas calles parisienses. E.n aquella misma jornada asalló el populacho las Tullerias y se apoderó del palo.do, no aiD
baber sulrid o terribles pérdidas en muertos y heridos. Entre estos últimos contábo.se Barabant, al cual Nic~le llevó
a au habiLación y uisli~ y cuidó con gril.D celo y cariño. Repuesto Borabanl, daclaró su pasion amorosa i Nicole
la cual, á pesar rle bnllar,;e :,.nimada de los mismos sentimientos con reopeclo al jóven, rehusó conlesterle y decidió
alejarse de s11 lado, ternero.a •le la lelici 1ad que la uperabo. B•r•baot, p•r• dar celoa A Nico e, rlecid16 buscar A
Loulson, II\ fl ,ri.,a riv•I de aquelll\, coc ¡. que recorrió el mercaJo de florea y la• ralle&amp; priocipl\les ue Par I•. Al
fin, hicieron las ro.ces Bar&amp;bant y N1cole dando ¡¡us10 á sus deseos con amorosos coloquios. A todo e1to, l:i. l\ero•
lución precipitaba los sucesos a:,.n¡rientos, y fueron atrozmente o.aesioo.doa mucho• prisioneros y mujereo,
nidos y anciano,. Doss&lt;nville esluvo á punto de morir ahorcado, pero Jo¡tró escapar y a•lvar,e. Un aiio desouó,,
en ti93, sinliéronse en París los eleclos de todos estos sucesos: d pueblo estab:i hambriento y deaupora,lo porque
lll Revolución no babia solucionado los problemas qne creyó iba á resolver lo. nueva tormo. de gobierno. Javo,:ues,
un exalhdo m&amp;rsellés, á quien el pueblo temia, quiso prenderá Dossonville acnsándolo de traidor¡ pero éate des·
hizo los planes de su enemigo presentindole un nombramiento de a¡ente de policia, y para vanearse de aquél ruso
• su servicio á dos hombres de la peor r•l•o., o.podados Si11-Pe11as y El Cuen:o. Estos salvaron á un anci:,.no,
Goursac llamedo, buen po.lriola, b. quien Javogues quería asesinar porque temla que I&amp; honradez de éste deshiciera sus m&amp;nejos¡ pero, al cabo Goursac cayó en manos de Javo¡ues y lué condenado por el populacho comn
1 alcanzó 11. B"abant¡ pero b. éste In salvó Nicolo nbh¡¡ándole por su omor 4
iirondinn Eata acusación lambien
vitorear ante t~da I&amp; m11l11lud á los ¡acobmos Barabanl lué preso al On, en virtud rle lal,a denun.:ia de la mire
Corniche, que l01ró oonvonrer á Javoiu•s de 1~ traición de este jóveo. Nicole rlccidíó acompañu á Barlb&amp;nl en
la caree!, pero se vengó de este hecho y libró al pueblo de uo lirano m,to.ndo á Javocnes.

cia del Terror le alarmó en un sentido,
porque le inutilizaba para ayudar á Barabanl y á Nicole, con los cuales no se
EL PADRE DE LOUJSON
arriesgaba á comunicarse, á pesar de
no dejaba de velar por ellos, pues
Los turbulenlos meses que devastaron que
habían llegado las cosas hasta el extrela ciudad con la furia de la pesle fueron mo de que para salvarse no bastaba ser
para Dosson ville meses de regocijada jacobino ó moderado, sino que, además,
vida. Los lugares que aparecían rodeados era preciso ser persona muy afortunada.
de abismos eran recorridos por él con
La muerte de Javogues y la desapariverdadero gozo, pasando de uno á otro ción de Cramoisin, Boudgoust y Jambolado con agilidad y dominio del terreno y ny había facilitado mucho los trabajos
soñando con las intrigas que de sus la- de Dossonville. Sólo quedaba Genoveva
berintos nacieran. Pero la recrudescen- á quien vigilar, pero esto era cosa fácil,
pues la muchacha, á quien violentamen-

XIX

(1) Véanse los números 192 o. 143.

67

le había con vertido antes en mujer la chispa &lt;lel
•
amor, volvió á la
1
niñez.~ Dossonville la, vió; varias
veces cargan do
con el peso de
uns herrada de
agua, riendo como niiia y mirando con inocentes
ojos al mundo.
Libre, plfes,
Dosson villa de
sus más duros
cuidados, pasaba
e I tiempo recorriendo las calle en busca del
favor popular,
condescendiendo
con unos, riendo
á otros, pero sin
abandonar jamás
su serenidad:
senUase furioso y
frenético cuando
era necesario, y
moderado y conciliador en sus
palabras cuando
el ambiente era
•
de clemencia. y
cuando corrieron
aires de piedad
en la Convención, Dossonville enc&lt;Dtró rariasveces o. (hnovevaca, ¡andocoll 1
las,armas y fieras actitudes de Sin Penas b
e peso deuna herradadeagua
y_El Cueroo, los dos esbirros de DJssonia señalado la florista en estos tristes esville, fueron reempluadas por ramos de pecláculos, que fué baulilada y conocida
llores y por bromas que gastaban con lo- e~_lre la gente con el sobrenombre de La
dos los Lranseuntes.
hLJ~ de ~a guillotina. En el cabaret de La
A quien_ Dosson ville no dejaba de ver Guillotina! donde á la hora del almueno
era á. Lou1_son, que no fallaba á las esca- s~ lela la lista de los que hablan de ser
s~s t'Jecu~10nes que de vez en cuando ha- eJecula~os por la larde, Louison era ciLab1a; por E'Jemplo! la de Madama Du fü. da en~re la~ personas que jamás perdían
rry y !a de Ma11lard, para quienes en una eJecuc1ón; y cuando las discusiones
aquel. t1e~po seorganizóelespectáculo de sobre tales actos s~ enmarañaban y tola gu1lloltna. )'.' parecía, en eslos encuen• ma~a~ aspecto serio, Louison era la que
lros entre Lou1son y Dossonville que se dec1d1a de qué parle estaba la razón.
desa~rollaba m~luan:iente en los dos perTodo ~slo asombraba al principio á
sona_Jes una ~ur10sis1ma atracción y re- Dosson~1l_le; despu~s, llegó á molestarle,
puls1ón, que impulsaba ó limilaba el inle• Y: por ultimo, le disgustó tanto que un
ré:1 de~ astuto policía con la regularidad d1a no p~do callar ~ dijo á la jóven:
del fluJo .Y reflujo de las mareas: cuando
-Lou1~on,. no es JUSlo, ni humano, ni
Dossonv11le la vela 9n los bouleoards sen, decente s1qu1era, l,lamar la atención de
tia ~uerteme~le el magnetismo que sobra ese modo. Es preciso que variéis de conél ~Jarcia la.Jóven; pero cerca de la srui- duela, porque es peligrosa la que ahora
11.otma, Lou1son le producía una sansa- seguís: llegará á constituir en vos una
ctón fria y casi repulsiva. y tanto se ha- hmono~ania,
tanto que, á veces, parecéis
asta tnhumana.

�POR 8SOS MUNDOS

Le mere Baudrier obedeció, pero repi-Otros hacen lo mismo,-repuso ella.
tiendo:
-Pero no como vos ... ¡,Es que acaso
- ¿Es que esl?Y detenidaf¡ Deb? ser esto
os gusta que os llamen «La hija de la
una equivocación! Yo soy la crndadl.lnli
guillotina'»
-No lo sé ... Pero siempre es agrada- Baudrier. ¡,Do qué me acusanT
-Exactamente sobre ese punto neceble ser persona conociJ-a,
sito
interrogaros, y quizás sea larga la
-Mas no por unaafición tan repulsiva
conversación
... Sentáos.
como esta que demostráis.
La mere Baudrier, temblando, lomó
-Entónce~.. ipor qué asistís vos á las
una silla, sin dejar de mascullar palabras
ejecuciones7
alusivas
á su ciudadania.
Durante quince dias después, Dosson-No lo comprendo,-dijo, ya en alla
ville, colérico y contrariado, no se dejó
ver; pero á medida que Louison dejaba voz.-¡Todos os dirán que soy una verda·
de interesarle, empezó á excitar su cu- dera p11.lriota !
Dossonville, que apnrecia interesado
riosidad y sintió mayores deseos de estuobservando
el gran par8cido de la hija
diarla para dar con las razones de su
con
la
madre,
se aprovechó de la última
indiferencia al sufri,uienlo y de la ausenpala!)ra
de
ésta
y la dijo:
cia evidente de emociones en ella. Pasa-Ese
es
el
punto
que precisamente
dos esos dlas, encontró la jóven á Doshemos
de
tratar,
ciudadana.
,Qué es lo
son ville en los bouleoards; y acercá ndoque
constituye
un
buen
patriota1
¡,Conose á él y dedicándole una graciosa son céis
la
ley
de
sospechososT
risa, le dijo:
Echó hacia atrás la cabeza y cerró los
-Sé que me miráis y observáis muojos,
no tanto que no pudiera ~bservar
cho, como cosa curiosa ... ¡A ver lo que
la
expresión
del rostro de la mere Bauconseguís averiguar! Mi madre está ya
drier.
de vuelta.
-Pues si no la conocéis, yo os la diré,
Sin esperar Dossonville á que se lo re· -continuó
Dossonville.-Son sospechopitieran, dirigióse á la tienda de la pelusos:
todos
los
aristócratas, todos los saquería donde, efectivamente, adquirió la
cerdote!",
todos
los moderados, todos
certeza de que la mére Baudrier habia
aquellos
que,
aun
cuando nada hayan
regresado de provincias. Aquella misma
hecho
contra
la
Nación,
nada han rea·
noche, á eso de las once, hizo el policía lizado on su favor; todos los
que tengan
que sus dos satélites le acompañaran
correspondencia
con
los
enemigos
del
para llevará cabo el plan de campaña pais; todos los que habitualmente reciben
que babia ideado á fin de obtener la revelación que deseaba conocer. Dejó esta- en su casa á ext::-anjeros; todos. los que
tiempo pasado se han asociado con
cionado á Sin Penas en la puerta de la en
los
aristócratas, ya sirviéndoles, ya copeluquería, y él dió unos golpes con los
mo
amigos...
•
nudillos de los dedos, entrando sin espe-Por lo visto,-dijo Dossonville para
rar permiso.
Una mujer con una buj[a en la mano si-no se asusta de la palabra aristócrabajaba precipitadamente las escaleras, tas.
Y continuó en alta voz:
gritando:
-¡Ciudadana Baudrier, estáis acusa-¡,Quién anda ahiT
da de favorecerá los aristócratas!
-¡,Sóis la mere BaudrierT
El asombro se pintó en las facciones
-Si.
de la mujer, la cual logró por este me-Pues necesito hablaros.
contestar tan cumplidamente á la
-¡,Y quién sóisT-preguntó ella, mi- dio
acusación
hecha que Dossonville aiiadió
rando el desconocido con gran sorpresa
rápidamente:
.
.
y alarma.
-¡Ciudadana,
se
dice
que
en
Ltempos
-El ciudadano Dossonville, represen- pasados tuvisteis gran intimidad con altante de la Nación.
nobles!
-¿Y qué tiene la Nación que hacer gunos
Al asombro sul!edió una mirada de inconmigoT
de parle de la mére Baudrier.
-No tengáis cuidado, ciudadana, por- di"neción
&lt;:..¿YoT ¡La ciudadana BaudrierT ¡Vaya ,
que os daré toda clase de facilidades.
eslo es una broma bien pesada!
-,Para quéT ,voy á ser detenidaT
-Ciudadana Baudrier. escuchadmr :
Dossonville, sin contestarla, dijo:
se
acusa de tener una hija cuyo padr~
-Llevadme á donde podamos hablar no os
queréis revelar ... porque ese padre so
reservadamente.

EN NOMBRE DE LA LIBF.RTAD

un ar!stócrata y ui:i enemigo del país.
Al o1r esta acusación, la mére Baudrier
se lev~nló Y.. con g~an sorpresa de D J ·
sson:,r1lle. diJo, poniéndose e_n jarras:
- ,Blhl Y~ veo que esto es una jugarreta de Lou1son.
DJsson vi lle, en vez de contestar le
mostró la _placa de agente de seguridad.
La Brndrier retrocedió, cubriéndose el
ros~ro con las manos, mientras de sus
labios se escapaba esta palabra:
- ¡Jamás!
-Ciudadana,-griló Dossonville seve•
ramente-:- )s advierto que la única mane~a de smceraros es declarar
q~ién ~s el padre de vuestra
h 1Ja. S1 os negáis, preparáos á
contestará la acusación en to e1
el Tribunal.
La mujer
movió la cabeza en sentidonegativo.
- ¡ELCueroo! ¡Sin Penas.' - llamó
gritando Dosson vi lle.
A I ruido
que se produjo por la
entrada de
los satélites,
la mere Baudrier se levantó exclamando:
-¡Esperad,
esperad!
- E, e es precisamente , 1
Dossonville 1unto que hemos d• trata·
- hizo observar lJos, onvill~
dió orden de
ó. la mére B ,ud.ier
detenerse á
sus esbirros, á la vez que, bruscamente, decía á su interpelada:
- ¿03 decidís á hablarT
Parmaneció ella un momento indecisa
y de repente gritó:
'
-¡No, no!
-¡I~dudablemente, es un aristócrata,
Y for1~1dablc!-pensó D)Sson villa vienfo
la palidez del rostro de la Baudrier.
Luego, levantando la voz, volvió á llamar á sus esbirros.
Al verlos entrar, la mere Baudrier tembló ~oruo azogada; y al observar la cara
d~ ?_tri. Pe?as retrocedió como ante una
vision, gritando:
-:-1 El cura Sin Cuidados.' ¡El cura Sin
Cuidados!
- ¿Quién me llama por ese nombrd-

69

gritó S in Penag, verdaderamente asombrado.-¡Calla, yo CJnozco á esta mujer!
¡~laro!-exclamó después de examinar
bien el rostro de la Baudrier.-¡Por qué
asu_starseT ¿No fui yo siempre un buen
amigo dd La GloriosaT
-Se~ún eso, _¡lo sabéis todoT-gritó
ella furi~sa, volviéndose terriblemente á
Dossonville.
-No 1? sé, ni sabía nada,-contestó
DJssonv1lle.
. Y viendo que la casualidad había venido en parte á su ayuda, preguntó alegremente y con satisfacción á Sin Penas.
- ¡Qué sabéis de
ella f
-81slanle,- empezó á decir Sin Penas, sonriendo.-Yo
la con fes a ha cuando
era sacerdote.
La m e re
Baudrier, pálida, extendió la mano
pidiendo per'.
miso á Dosson vi lle para
hablar.
- ,seréis
ahora razunableT-la dijo el agente.
-Hablaré,
- contestó
Louison.
Y volviéndose á Sin
Penas, díjo:
-Ciudadano Sin Cuidados ...
-Ahorame
llamoSin Pe.
nas.
- C1u~adano Sin Penas, me acusan de
que Lou1_son, la florista, mi hija, ¡es hija
de un aristóc~ala!
-Pero vue~tra niña ¡se llam,ba Rosal
-La cambié después el nombre.
~or un momento, la mere Baudrier paree!? confundida; pero se repuso pronto

y dlJO:

-Vos podéis decir si el padre era aristócrata ...
-¡Ya lo ~reo que puedo asegurar acerca d_~l parhcularl Yo fui quien bautizó á
la nma. ¡Qu_e cómo se llamaba el padref
Alegrl~ ... ¡Simón Alegria!
-¡Simón Alegria!-exclamó Dosson-

�10

71
plan~as, bajo el suave follaje de los verdes arboles, Louison se detuvo, y encarándose con Dossonville le dijo·
-¡La vísleisf ¿O.s lo dijo1 ·
-No.
Louiso~ examinó atentamente el rostro de su interlocutor.
- ,qué os pasa hoy y por qué os
mostrá~s t~n reservado conmigo 7 i. N 0
promet1ste1s decírmelo1

EN NOMBRE DE LA LIBERTAD

POR ESOS MUNDOS

-No me atrevo.
vil\e, que, abandonando su reserva, cogió
-Yo tampoco.
á Sin Penas por el hombro, repitiendo:
Dossonville seguía marchando sin cui-¿Simón Alegrid
darse de la fatiga, absorto en absurdas
Pero, inmediatamente, haciendo un reflexiones, sin darse cuenta de los sitios
violento esfuerzo, se dominó; y despi- que recorría aún cuando los pasara tres
diendo con cierta precipiLación á sus ó más veces. Siempre vano y orgulloso
esbirros, volvióse hácia la aterrada mu- en su imperturbabilidad, encontrábase
jer aparentando una calma fingida.
por primera vez completamente fuera de
-Ese Simón,-preguntó-Les el que quicio ante esta visión del verdugo que se
acostumbraba á frecuentar el Café Pro- levantaba al lado de la muchacha que él
copé7
había estado á punto de amar: de repenLa mere Baudrier permaneció muda.
te se le habla revelado el misterio del ca-¿Es eseT-repitió Dossonville la pre- rácter de Louison, su insensibilidad ante
gunta.
los padecimientos, su curiosidad extraña'
-Si.
y su sangre fria impropia de una mujer.
-Bien... Vuestras explicaciones son
-¡Qué maldición! ¡Qué horrible hesuficientes. Quedáis libre.
!-repella.
Observó Dossonville el aspecto de sa- rencia
Bajo las incompletas siluetas de las citisfacción inmensa que en el rostro de la mas de las casas, á través del luminoso
Baudrier se manifestaba cuando, balbu- firmamento, de entre las misteriosas y
ceando las gracias, se disponía á salir vagas sombras de la noche, se le aparede la habitación.
cían más fantásticos y más siniestros los
-Entre paréntesis,ciudadana,-la dijo descendientes de la dinastía de los SanDossonville con alguna indiferencia.- sones, los parias malditos, aislados, luHacedme el favor de sentaros ... ¡Seria chando contra las barreras del prejuicio,
quizás el ciudadano Alegria algún otro ... procurando escapar en la obscuridad endisfrazadoY
tre sus conciudadanos, pero siempre desAterrada y cogida en la trampa, la mu- cubiertos, constantemente señalados por
jer se puso en pié de un sallo.
el dedo de la multitud, que se alejaba de
-Por ejemplo,-continuó Dossonville ellos como si la persiguieran. Y después
-¡podría ser el buAn ciudadano Carlos de la furtiva figura de Sansón aparecía la
Sansón, el verdugoT
tropa de sus malignos antecesores, enPor toda respuesta, la mere Baudrier mascarados de escarlata ó de negro, indió un agudo grito, acompañado al mo- diferentes al servicio que prestaban, á
mento por el ruido que produjo la caída pesar de que tras ese servicio vagaban
al suelo de su macizo y pesado cuerpo amenazadoras figuras de victimas, homvictima de un fulminante desmayo.
bres, mujeres, sacerdotes, monjas, niños
Y abandonando á la mere Baudrier, y ancianos, en danza macabra en redeDossonville se marchó de la estancia de dor del hacha, la horca y la guillotina.
la mujer aquella internándose furiosamente, seguido de sus dos corifeos y haXX
ciendo precipitados zigs-zags, en una y
otra calle de las que á su paso encontraLA HIJA DF. LA GUILLOTINA
ban.
-¡Se ha vuelto loco!-decia El Cueroo
En los primeros momentos de sus real observar la marcha de Dossonville.
flexiones, Dossonville se prometió no
-Decididamente, lo está,-asintió Sin volverá buscar nunca más á Louison;
Penas.-Ya hemos pasado tres veces la pero así que clareó por completo la maTorre de Saint Jacques.
ñana siguiente creyóse tan alejado de sus
-¡Qué le habrá ocurridoT
pasadas decisiones que, sometiéndose á
-¡Conoces á Simón Alegria1
un deseo poderoso de estudiará la jóven á
-¡Bahl ¡Claro que lo conozco! Es un la luz de los nuevos detalles que acerca
hombre insignificante.
de su familia conocla, dirigióse casi in-¡Será quizás hermano suyo1
conscientemente á la Plaza de la Revolu-No se parecen ... Pero, sea lo que ción, donde se estaban llevando á cabo
fuere, creo que es hora de que nos deje varias ejecuciones. A cada una que se
descansar.
verificaba, un murmullo se extendía por
-Mis piernas se resisten á moverse.
entre la multitud, que prorrumpía en un
-¡Qué ocurriría si le dijéramos que se grito convencional, indiferente:
detuvier8'

,,

-¡Viva la Nación!
Louison,. jamás inactiva, movíase entre la multitud bromeando y charlando.
Cuando un nuevo murmullo anunciaba
)a llegada de una victima del cadalso la
JÓV~n se volvía para dirigir una mir~da
curiosa al. que subía á la guillotina; y
después, ~m demostrar interés alguno,
daba media vu~lta y continuaba prego•
nando sus ramilletes, buscando á la vez
entre la
-SI.
multitud al-~Enlonces1...
gún parro-:No ha ocurrido nada.
quiano.
"'
-Dosson ville, estáis ne.
Absorto
gando contra vuestros deen la conseos ... Mi padre era un gran
templación
canalla ... ino es eso1
de la muDossoville no
chacha, y
contestó.
mara villán-¡Cuán estúpido
dose de las
sóis! ¡Creéis que
extrañas y
eso tiene importanterribles
cia! ¡Qué me
fuerzas que
importa á mí?
la a tralan
Yo no soy reshácia el caponsa dalso, Dosble de
sonville caello, ni
yó en prome imfunda abs- q
porta lo
tracción;
que mi
pero antes
padre
de que pufuera.
diera re ti-gY
rarse con la
si os
multitud
afecta
que se aleja•
lo que
ba, Louison lo vió
os diy corrió hácia él,
ga'-..
pre~untá ndole
-Encon imperioso gesto:
tonces,
-¡Qué ocurrió ano•
es que
cheJ ¡Qué dijisteis á
sabéis
mi madre1
algo,-gCómosabéisque
replicó
la v11-dijo á su vez
Lo
uiDoss_onvile sin poder
-Dossonvllle, ¿qué ocurrió anoche en vuestra conversación con
~~~
son insdom~n~r un ligero
.
tantámovimiento de repulsión y de extrañeza. nea~ente, saliendo al encuentro de Dos-Básteos con saber que estoy entera- sonv1lle, que se encogió de hombros
da.,-respondió ella.-Decidme qué ocu- des~a!1do aparentar resistencia, más qu~
rrió. Yo estuve allí esta mañana pero mi resistir, _pues su curiosidad era mayor
madre había salido antes de que' fuera de que .su piedad; ee:o como, en parte, se
día ... (I'engo la seguridad de que averi- hab1a hecho tr~ició_n á sí propio, dijo:
guá~te1s el no~bre de mi padre!
-No _me obliguéis á decíroslo.
Sm darle tiempo á Dossonville para
-Insisto y lo exijo.
negar, tomó l~ jóven ~l brazo del policía
-Me maldeciréis.
y le llevó hácia el Paho de la Reina, don-No.
de pasearon por entre los jardines. Alll
-Pues no puedo decíroslo á pesu de
'
entre los atractivos primaverales de la~ todo.

�POI\ ESOS MUNDOS

72

-Pero ... ¿quién es1-insistió ella riendo.-¿Felipe Igualdad1 ¡A.lgún gran agricultor ó general1 ¡B!iilly·t ¡,C11peto quizás1
¡Ya véis que cito los peores!
-Louison,-dijo Dossonville secamente-os llaman «la hija de la guillotina ... »
L1 jóven quedó perpleja.
-¡Y os lo llaman con propiedad!-repuso Dossonville.
-No volvamos á eso,-dijo ella de mal
talante.-liablamos convenido en que no
haríamos alusión á talcosa.
-Pero ... ¡y si vuestro padre fuera Sansón, el ve:-dugo y descendiente de generaciones de verdugosf
Louison prorrumpió en una escandalosa carcajada; pero, repentinamente, se
reprimió al ver la cara q 11e ponla Dosson·
vi lle.
-¿Habláis de verasf
-Si.

EN NOMBRE DE LA LIBERTAD

les brindaba el puñalilo que guardaba en
la cintura.
-¡Idos! 1Idos pronto! ¡A.hora mis:no!
-dijo á Dossonville.
Y como si desconfiara de ella misma,
llevando la idea del asesinato en su pensamiento, huyó, internándose en los jardi•
nes; pero en un momento, desolada ante
la cruel injusticia del hado, retrocedió
con los labios temblorosos por la pasión
y respirando o penas.
Dossonville, con su acostumbrada presencia de ánimo, ya se habla retirado de
aquel lugar dejando á Louison que se
consolara entre aquellos fragantes paseos entregada á inútiles y desesperadas
lamentaciones.
XXI

-¡Soy acaso hija de Sanson?
Con gran sorpresa de Dossonville,
Louison permaneció tranquila, mientras
con los ojos observaba al policía como si
esperase una negativa de sus labios.
-¡Cosa más curiosa!-dijo Louison al
fin.- ¡Jamás pensé en tal posibilidad!
Ahora comprendo por qué mi madre me
lo ocultaba ...
Viendo que V)Uison no se daba cuenta de la importancia de la revelación,
Dossonville relató rápidamente los hechos, asombrándose ante la calma de la
jóven y preguntándos~ si en el fondo habrfa algo más de lo que la muchacha
aparentaba.
En rigor, Louison no podia percatarse
inmediatamente de la situación, y se
limitaba á observar á Dossonville para
apreciar por su conduela la importancia
del cambio que hácia ella experimentaba. Y recordando la promes&amp;. que el policía la habla hecho en la Plaza de la Re·
volución de averiguar cuanto con ella se
relacionara, alarmada ante la reserva
de su amigo, le preguntó cJlérica, pero
con verdadera ánsia de respuesta, !-i la
noticia ejercerla influencia sobre él. Para
convencerse cuanto antes, avanzó un
paso y extendiendo los brazos como para
abrazará Dossonville, le dijo:
-Gracias,amigo mio. ¡Habéis cumplido lo que me anunciásteis!
Dossonville retrocedió sólo un paso;
pero este movimiento involuntario fué la
sentencia de Louison, la cual, lanzando
un grito desesperado dió un sallo atrás,
transformada por la furia, mientras sus
dedos luchaban contra la tentación que

LA FUERZA DEL Sl:--O

Entre la abi~arrada clientela del cabaret de La Guillotina empezó bien pronto
á murmurarse que á L')uison le ocurría
algo extraordinario. La jóven habla cambiado mucho: ya no permanecía indiferente y burlona ante el cadalso, ni tampoco presentaba la frente clara y serena
de antes, que ~hora parecia obscurecida
por una nube que también atacó á la fi.
jeza de la mirada característica en ella y
á la riquez&amp;. de palabras con que siempre
hablaba. Como á todo esto unianse modales y expresiones incomprensibles y extraños, r,unca observados anles en Louison, dieron las gentes en decir que la
gentil florista estaba perlurbada en su
imaginación y hasta aseguraban haberla
visto tres veces á media noche vagando
por las proximidades del cadalso.
Lo cierlo era que la propia Louison
observó bien pronto el cambio de conduela que con ella tenían sus compai1e ras, y en su mente torturada lo atribuía á
diferentes causas.
-¿P0r qué os apartáis de mif-!as preguntó un día.
-No nos apartarnos: es a prensión
tuya,-la dijeron.
-¿E:es supersticiosaT-preguntó inopinadamente á la amiga con quien hablaba.
-iYo1 Sí, un poco.
-¿P.&gt;r qué me llaman la hiia de la
guillotina? ¡No te parece exlraño7
Y al hacer esta última pregunta, l°!iririgió á su compañera una mirada rápida
y recelosa, como si quisiera sorprender
una confusión momentánea que le explicara lo que ella quería saber.

to Habíanse re.novado precisamente enhe::~~~be: eJecuciones, ~roduciéndose
ción de la p~r. la pretendida conspira' d s pr1s10nes, y una gran carreta
tegui{ ª .P 0 r la hez de 111. sociedad, lleva~
a iar1amente treinta cuarent
~1~!ª víclimas .al ~a dais~; y no seª po~1~
des urmurar s1qu1era de estas atrocidamaÍd~&lt;tl~e una mujer que al ver tanta
vas y IJO entre un corro de amigas sudel c:d:I meRprbodu~e malestar la vista
_so. o esp1erre es un canalla
~~e :i~~¡~~t! :utha rnte», apareció al
gu llotinados. n re os que debían ser

~a~: :i~

de estos, después que ya lleoacmcuenla el número de vlcti~as
deg~llada~.en la Plaza de la Rovolución
Lou1son d1Jo repentinamente á
'
chachuela d
.
_
una mu11
.e qumce anos que junto á
~á:ul~~esenc1aba el sangrien lo espee-

'i3

e~emigo Cramoisin, éste, como si le hubieran c~uzado el rostro con un látigo,
re~roced1ó murmurando y maldiciendo,
mientras que Nicole, apoderándose del
brazo de Barabant, decía á su amante:
-¡~arabant, qué has hecho7
-~~cole,-contestó él-¿recuerdas lo
que d1¡0 Goursac cuando lo detuvieronf
-~o.
. -Pues dijo: «Al prenderme, me dan
h~ertad.» Bien: yo deseo ser libre de la
misma ma_n~ra que Goursac: ¡durante
mes~s he v1v1do como un perro, y esta situación ha concluido ya!
. -¡Continúas, entonces, decidido á morn?
-Si.

-¡Sea como quieras!-dijo tristemente N1cole.
Ambos.~cuparon sus sitios en la larga
mesa, apmándose entre los hambrientos
Y los atormentados por la fiebre mien. -¿Sabes 10 que estoy pensandof Pues tras que los marmitones present~ban en
pienso en la extrañeza ue d b
.
cuando se esté allí.
q
e e senllrse grandes cubos el repugnante alimento.
D.eseo~a de saber Nicole cuál era allí
hácia la rrnUI·11ot·ma la slluac1ón de Cramoisin, iba á preguncoy adelantándose
·
· ·
.mo irres1:;t1blemente llevada hácia ella' társelo al vecino, un sacerdote cuyo aspusose la mano en l11 frente, y dando ca~ pecto bondadoso la daba ánimos para
ria aftl pueblo a~rojó al suelo el ceslito de h_ablarle, ~uando el sallimbanqui apareas or~s y gr1ló:
ció repenl1~amente á su lado y la dijo:
-¡Viva el rey!
-¡~h, N1cole, mi querida amiga! Si
En un ~omento se vió rodeada de gen- queréis saber lo que ro hago aquí, pretos que' a POr e·18 , gritaban
·
unas contra guntádmelo. y o~ lo diré. Soy secretario
otras:
de la ~onsp1rac1ón; llevo una lista de los
-¡Está loca!
conspiradores y procuro que sean recom-¡ Ha insultado á la Nación r
pensados. Yo traigo la}buena suerte:
-¡ Está borracha f
•
¡sólo llevo aquí una semana y hemos
-¡ Ya lleva varias ~emanas trastorna- guillotinado ya á cuarental '
dª pur completo!
-¡Le conocéis?-preguntó á Nicole el
-¡ Detened la!
sacerdote cuando el ridiculo Cramoisin
-i Es irresponsale !
se retiraba.
muy patriota!
~Es nuestro más encarnizado ene-1N_0 haya favor para ella!
migo.
Lou1son, á todo esto, permanecía en el
-Pues~lo que cuenta es verdad,-dijo
fentro, sol~, tranquila é indiftirente ante el sacerdote en voz muy baja.-Desde que
0 que tema que sucederla, continuanese hombre está aqui se~han llevado cuaO en)i9 ~ontem.plación de la silueta de
renta presos: él hace las listas todas las
a g~1 ?lina, mientras que en sus labios noches, y nosolros vivimos á voluntad
s~tbuJ aba aquella curiosa sonrisa que suya.
sd 0 se ve en el rostro de los mártires ó
-¡Vive aquí entre nosolrosT-pregune 1os locos.
tó Nicole con interés.
. Nuev.amenle se presentó Cramoisin,
XXII
J~C!anc1oso y con gestos de personaje,
d1c1endo en alta voz:
-Yo sor amigo de Fouquier, que me
Ct\A~lOISIN, FANTASMA DE LA MUERTE
ha prometido que dentro de dos semanas
Cuando Nic?l.e, en medio de la sala gti- podrán ponerse en este edificio papeles
neral de la pr1s1ón de la «Puerta Libre» de alquiler. ¡No indica esto una gran
se deteníaaterrada ante la aparición desu bondad para con nosotros7 ¡ Es muy sim-

-!':

f

�74

POR .BSOS MUNDOS

pático el ciudadano Fouquier! Yo soy su
buen amigo, yo, Eugenio Franz Cramoisin, á quien Fouquier ho!\ra con su confianza ... ¡Comed, comed tranquilos: le
hablaré en vuestro fa vorJ1~.
Continuó Cramoisi!l voceando su intimidad y asegurando á los presos que él
les llevaba la buena suerte.
Nicole repitió la pregunta:
-¡Vive con nosotros7
-Representa la farsa de ser uno de
los presos,-contestóle el vecino.
-,Pero dónde tiene su cama?
-Cerca de vos, donde colocan á los
presos de nueva entrada.
Y Cramoisin, que se habla detenido al
lado de una mujer, exclamaba:
-¡Esos arenques están podridos! ¿No
los véis1 Quejáos, señora: denunciad esa
falla.
- No es preciso,-le conlesló una voz
débil y temerosa.-No tengo hambre.
-¡ Bah 1 Vosotros los aristócratas no
tenéis el valor necesario para quejaros.
Y dirigiéndose á otro preso, habló así:
-1,Y á vos, jóven, os tratan mal7
El aludido, que, imprudentemente, había levantado la vista h&amp;sta encontrarse
con la de Cramoisin, bajó instantáneamente la cabeza; pero el saltimbanqui,
entre chacotas y burlas de los carceleros,
pretendiendo escucharle, exclamó:
-¿Qué, qué decís? ¡Que Robespierre
es un canalla?
-¡No he dicho nada!
-Pues si no lo habéis dicho lo habéis
pensado, y los pensamientos son ofensas.
Al llegar frente á Barabant, se plantó
ante él con los brazus cruzados y le dijo:
-1Bien, ciudadano Barabantl ¡Es bue•
na la comida?
Barabant, rechazando su plato, cruzó
también los brazos, y con cierto sarcasmo dijo á Cramoisin:
-1,Lo creéis asi1
-1Para mi es deliciosa!-respondió el
farsante.
-¡Lo cual no es extraño,-observó
Barabant - porque es comida de cerdos!
En toda la mesa dejóse oír un rumor
del que sobresalían débiles gritos de protesta:
-¡No, nol
-¡Eso es una calumnia!
-¡No somos de vuestra opinión, ciudadano!
Otros imploraban á Barabant que guar•
dase silencio temblando por las con-

secuencias de sus atrevidas palabras,
que consideraban bastantes para que no
quedara ni un detenido en la prisión.
Con pretexto de reprocharle su conducta, le rodearon suplicándole que tuviera
en cuenta su propia seguridad persona l.
Barabant se sometió, accedi:mdo á los
ruegos de los aterrados presos; pero
cuando, después de la comida, se dispersaron, dijo á Nicole:
-¡Ah! ¡Cuánto bien me ha hecho ese
desahogo, Nicolel Esta noche descansaré
perfectamente por la primera vez después de varios meses, en la confianza de
que pasado mañana dormiré el profundo
y tranquilo sueño de la muerte.
Esperó Nicole á que Barabant se durmiera, y entonces salió del cuarto y recorrió el largo pasillo hasta encontrar
una puerta bajo la cual salla un rayo de
luz. Entró suavemente, sorprendiendo á
Cramoisin, que en su pupitre confeccionaba la lista fúnebre del día siguiente.
-No vengo á haceros daño,-dijo la
jóven al saltimbanqui.
-¿Qué me queréis7-preguntóle éste
dando un gruñido.
Desde donde estaba, Nicole podía leer
la lista, que vió encabezada por el nombre de Barabant.
-Leed, si queréis,-dljole Cramoisin
con indiferencia.-Quizás la lectura os
proporcione algún placer.
En la lista, que constaba de diez nombres, no figuraba el suyo.
-Tengo que pediros una cosa.
-Pedidla.
-No voy á pediros que nos mandéis
juntos á la guillolina,-dijo ella intentando con astucia evitar un peligro-pues
eso seria demasiado favor para nosotros ... Lo que yo quiero es que sustituyáis ~l nombre de Barabant por el mio.
-¡De ninguna maneral-dijo Cramoisin mirándola con verdadero interés.No tengo intenciones de perderos.
-Si me denunciáis á mi en lugar de
él, si me juráis no hacer nada contra Barabant,-insistió Nicole-os descubriré
un secreto que os proporcionará la gratitud de Fouquier... 1,No acepláisT
-¡Cómo he de aceptar después de lo
de esta noche1
-¡Ciudadano!-exclamó Nicole.-Barabant está casi en delirio permanente:
lo que le ha hecho hablar así es la fiebre;
él mismo me ha confesado que fué injusto.
-¡Nada, nada! Irá á la guillotina ... Y
. vos quedaréis aquí.

75

EN NOMBRE DE LA LIBERTAD

-Cramoisin,-dijo Nicole friamente-Veámoslo.
j a más conseguiréis que yo os pertenezca;
-Cuando aceptéis.
y si esas son vuestras intenciones, os ad-No está mal la piedad en esta ocavierto que fui yo quien mató á Javo- sión ... Pero os advierto que no puedo sus•
gues ... ¡y vos no sóis Javoguesl
pender más de un día la acusación conAnte el fuego que se desprendía de los tra Barabant.
ojos de Nicole, Cramoisin murmuró:
-1,Y una semana no?
-¡Sóis más difícil que las mujeres de
Cramoisin movió la cabeza negativalos a rislócra la~!
mente.
-¡Os descubriré mi secrelol-excla-¡,Ni seis diasL. 1,Ni cinco siquiera1
mó Nicole de~esperada.-Podéis ha-¡Imposible!
cer uso de él en favor vuestro. Yo no
-¡Cramoisin, por piedad: ¡cuamalé á Javogues porque
tro días tan
me persiguiera: lo maté
sólo!
para destruir un tira no.
-¡Jamás!
Escribid mi nombre en la
-¡Por
lista en vez
piedad!
del de Bara-Os conbant, y yo re•
c e do tres
pe tiré es lo
días, pero naante el Tribuda más.
na 1: vos alCramoisin
canzaréis la
extendió la
gloria de hamano para
!Je r descurecibir el dibierto un
1
nero.
complot, y
-No,-le
Fouquier : os
dijoNicole.recompensaBorrad antes
rá.
el nombre.
-¿Y ese es
Borró Cramoisin á Batodo vute\tro
Nicole sorprendió l. Cramoisin haciendo la lista de loa que deblan ser
rabant y lo
S e C re O t rnillotinados a) día siguiente
preguntó Crasustituyó con
moisin despreciativamente - ¡No tiene estas palabras: La mujer Ntcole.
nada de nuevo ni de interesante!
-Poned: La ciudadana Nicole Bara-¿Qué? ¿Habéis oído lo que os he dicho bant.
y no ponéis ahí mi nombre?
- ¡Qué! ¡Sóis su mujerL. ¡Bueno!
Y cambiando el tono de la voz, aña- Dadme el dinero.
-1,Y no escribiréis el nombre de Badió:
-Si ponéis mi nombre en la lista, en rabant hasta dentro de tres días?
lugar de Barabant, os entregaré todo el
-No escribiré tal nombre hasta entonces.
dinero que tengo.
-Jurádmelo.
Con gran contento de Nicole, Cramoisin dejó ver en su rostro extraordinaria
-Lo juro.
-¡Por vuestro honor!
alegria é interés.
-¡Cuánto, cuánto tenéis'.2-preguntó el
-¡Bueno! ¡Vaya por mi honor! Pero,
dadme el dinero.
saltimbanqui.
-Veinte libras.
Nicole entregó el dinero, y, arrodillánAl oir la cantidad que Nicole quería dose repentinamente, exclamó:
darle, los ojos de Cramoisin brillaron;
-¡Gracias, gracias! ¡Tenéis corazón,
pero, repentinamente, se contuvo y pre- lo sé! Me cumpliréis la palabra dada.Sabéis ser compasivo. ¡Gracias, gracias!
guntó:
Y cogiendo aquellas manos horribles y
-iEn papel?
crueles, las cubrió de besos y de lágri-En oro.
mas. Después, escapando, huyó por el co-,Lo tenéis ahí?
rredor, volviendo al lado de Barabant.
-Si.

(Concluirá).
Ilustraciones de Reina Infante .

�LOS FANTASMAS Y LAS APARICIONES

LOS FANTAS/V\AS Y LAS APARICIONES
¿EXISTEN LOS FANTASMAS QUE TANTO TERROR INFUNDEN? ¿:-U EDE
EL HOJ'I\BRE HACERLOS OBEDECER SUS MANDATOS? EL ESPIRITISMO Y LOS MEDIUM

LAS verdinegras

aguas del Sena se ri- te «científica,, acerca de estos supuestos
zaban á impulsos de la fresca brisa fenómenos.
El nombre de Culos Richet alcanza
invernal, mientras que cúmulus blancos
en procesión fantástica y de variados fama y celebridad en todo el mundo, no
extraordinarios cambiantes seguían los sólo como aventajado investigador de los
mandatos del viento sobre los grises te- misterios de la vida , como ilustrado profesor de la F11cullad de Medicina de Pajados de la isla de Saint-Louis.
Mi acelerado andar siguiendo los mue- rís, como hombre científico y gran fisiólles y respirando el vivificante aire ma- logo, que dirige y en gran parte es autor
tinal avivó en mi organismo sangre y de un monumental Dictionnaire de Physiolouie, sino también cocerebro á la vez, y así
rno aventajado escritor,
afluyeron á mi imaginanovelisla, poeta, fabulista,
ción multitud de reflexiopromovedor en sus trabanes acerca de las apariciones de fantasmas á los
jos literarios de todo cuanto tienda á alcanzar yasehombres, asunto principal que me llevaba á vigurar la paz internacio!'IÍtar al profesor Charles
nal. Libros y folletos, formando una nota de color
Richet, que vi ve en aquecon sus variadas encualla isla.
dernacione~, cubren dos
Algunos dlas anles, halados de las paredes del
llándome en casa de un
amigo mio, oí, de labios
estudio de Richet; sobre
los huecos de dos elevade personas que tenían la
dos balcones que dan á
convicción de haber visto
un tranquilo y sombrío
fantasmas, mu chas exja rdln, y sobre la chimetrañas historias acerca de
nea del gabinete do estutan interesante asunto. Y
dio del maestro, vénse
aunque lº no dudaba de
hermosos retratos al óleo
la sinceridad de tales perde
amigos
en
sonas, no ponla mucha fé
M. Charles Richat, ilustre médico
·
d ly· cofrades
·
en la seguridad con que
y hombre de ciencia trance3
ciencias e insigne profe.
sor, y fotograflas en marhablaban; pero conociendo como conozco perfectamente las con- co y con dedicatoria de Federico My~rs,
diciones nada científicas que se obser- Federico P11ssy, el veterano pacifista, y
van en las sesiones espiritistas, lo que del padre de M. Richet, que también fué
quería saber y tenía grandísima curiosi- hombre de ciencia. U na estatua de Radad por oír era una opinión estrictamen- belais, con birrete y toga de doctor, coro-

77

na un armario que encierra documentos lado ... Mas es el caso, M. Richet, que yo
de importancia para las aficiones científi- he descubierto alguna otra cosa en sus
cas del profesor; un busto de Vollaire en trabajos, y como en esle descubrimiento
mármol blanco se levanta sobre un pe- hay algo así como una corriente de lo
destal en un áugulo cerca de la escalera; sobrenatural, materia en la cual no estoy
y en otro ángulo del despacho, una figura preparado, se me ocurre preguntarle:
en bronce representa un obrero rompien- ¡debo tomar esto como prueba de nuevos
do á gol pes de martillo u nas cuantas estudios que usted ha hecho en el terreno
espadas,
de las ciensímbolo de
cias ocullos paclfitasy que le
cos tiemhan llevapos venida•
do á deduros... ,Puecir esas
de conceconclusiobirse un
nes que
ambiente
yo no commás adeprendo1
cuado para
-Ciertainspirar al
mente, que con
me responánimos de
dió el protrabajar
fesor.- La
o c u p e
Metapsípuesto
quica ha
frente á la
tenido
mesa de
si e rn pre
despacho
grand es
de este cé• atractivos
1eb re propara mi: y,
Dibliotcca y estudio del profesor Richot, en la iota de Saint-Louis
fesor, endicho sea
tre montones de manuscritos y papeles1 entre paréntesis, esa es la nueva palabra
El profesor Richet, hombre alto y que debe aplicarse á los fenómenos psíbien conformado, de frenle elevada é in- quicos que ahora conocemos con los
telectual, y ojos á ratos somnolientos, hl- nombres de apariciones, telepatla y clarizome sentarme en cómodo sillón, al lado oidencia. [El Llérmino espiritismo, aun
del confortable fuego de la chimenea; y concediendo como concede la existencia
después de observaciones preliminares de los «espiritus», no es científico y consobre diversos arnntos, inicié yo la con- fu1ide, además, al investigador; la palaversación diciendo estas palabras:
bra ocultismo no es de muy apropiada
significación, toda vez que cualquier cienLOS ESTUDIOS DEL PROFESOR RICHET
cia se nos representa oculta, ignorada ,
al principio; y la denominación ciencia
-He leído recientemente, con mucho psíquica no es suficientemente exacta. En
placer por cierto, algunas de las novelas realidad, necesitamos una nueva denoé historias corlas que usted ha publicado, minación para los fenómenos que no enen las que aparece como héroe el perso- tran dentro del márgen de la psicología
naje Carlos Epheyre, al cual creo identi- ordinaria: ¡¡Jorqué no adoptar, pues, el
ficado con usted. Pero me he fijado par- neologismo Metapsíquica, del mismo moticularmente en sus estudios psicológi- do que decimos «Metafisica» lomando
cos titulados A la recherche du bonheur esta pn!abra del título de los capilulos de
y en sus úllimos escritos A la recherche Aristólel~s que vienen después de los dtide la gloire, y en ellos veo que se ex- dicados á las Ciencias flsicas7
tiende usted mucho en la rama científica
»Para volver, sin embargo, á la preque parece que más le agrada estudiar. gunta de usted,-continuó después de
No me ha sorprendido grandemente el una breve pausa el profesor Richet-perhecho, pues teniendo en cuenta la edu- mítame que, á la vez que le repita que la
cación científica y las afinidades del ci- Metapsíquica me ha interesado mucho y
tado personaje Carlos Epheyre, no debe profundamente, le dé un ejemplo de cómo
ni debería esperarse de usted otro res u1- mi imaginación estuvo abierta siempre,

�LOS FANTASMAS Y LAS APARICIOSNES

78

79

POR ESOS MUNDOS

desde que era yo muy jóven, á las nuevas existe.)) ¡Y est11 afirmación la estampa,
ideas cuando estas ap~recían apoyadas además, en letras mayúsculas, en caracpor la evidencia y á pesar del hecho ~e léres gruesos bien visibles!
»Creo conveniente recordar estos heque pudieran ser rechaz3:das por la opinión pública y los principales ~ombres chof,-dijo el profesor Richet-para que
de la ciencia clásica. En 1873, siendo yo pueda establecerse un paralelo entre la
alumno interno en el Hospital Beaujun, actitud pasada y presente de la Ciencia
me aficioné al estudio del hipnotismo á hácia el hipnotismo, y entre el pasado y
consecuencia de una visita que hice á el actual estado de opinión respecto á las
cierto hipnotizador, doce meses de expe- apariciones, te lepa lía, adivinaciónes y
rimentos en lo que entonces era campo otros fenómenos melapsíquicos. Hace
r.uevo de in vesligdción (pues Charcot no treinta años burlábase la gente al sólo
empezó sus grandes trabaj?s hasta cinco anuncio de tales fenómenos; hoy, gracias
aiíos más tarde), me produJeron el des- al ejemplo dado por hombres como Croo~ubrimiento de nuevos hechos que de- kes, Wallace, Lodge, Ochorowicz, _Lo~terminé hacer públicos. Sin embargo, broso, Myers, De Rochas y otros, ningun
anles de publicarlos, expuse los asuntos pensador niega la realidad. En una paante mi padre et cual, después que procu- labra, cada dia se reconoce más entre los
ró disuadirme de que llevara á cabo la l hombres de ciencia que estos fenómenos
empresa, me dijo: Tu vas te perdre, mon son dignos de estudio y que deben. ser
garr;onl ... Mail5, enfln, faites ce que tu sometidos á los mismos métodos de rigurosa experimentación que se aplican al
veux.
estudio
de las ramas ordinarias de la
))Reconocía mi padre que mis conclusiones estaban bien deducidas; pero Lal era Ciencia.
el prejuicio de los hombres científicos de
EXISTE~ FUERZAS O1!.SCONOCIOAS EN LA
aquella época contra el hipnotismo, que
NATURALEZA
creía que un joven compromelia su porvenir publicando un articulo sobre ~l
-Según eso, - pregunlé al sabio particular, aunque fuera, como yo lo hice, en el Journal de l'Anatomie et de la ¡sustenta usted la opinión de que la_s apaPhysiologie. ¡Hoy apenas si puede en- riciones y otros fenómenos semsJanles
sonopulls•
contrarse
los á los
quien croa
hechos
que hace
científicatreinta
mente esaiios se
ta
b l eciconsiderados1
ba el hip-De ninnotismo
guna
macomo punera. ¡Por
ra charlaqué motilatanerfa!
vo tiene
))Yo pueque con•
do dará
trariar las
usted,verdades
me dijo el
cien lífic as
profesor
existen les
levantánla prueba
dose y toexperimando un
mental de
libro de un
la lelepaarmario
lía ,ó, yende su bido
más
Jardín
de
la
quinta
del
profesor
Richet,
en
la
isla
de
Saint-Lou1s
bliotecaallá aún,
evidencia
clarísima, documentada, de lo que digo. la producción á vo 1un lad de fantasHe aqui una enciclopedia médica que mas materiales1 No: aunque tales fenó(aun cuando en otros conceptos ~s un menos parezcan extraños, no debemos
gran libro) declara, al h_ablar de! hipno- declararlos imposibles. La Ciencia, para
tismo, que «el magnetismo animal no ava.nzar en sus descubrimientos, necesi-

la las hipótesis más atrevidas, como la zas? Por ejemplo: ¿podría usted decirme
Historia ha demostrado: la Ciencia se qué ocurrió en los últimos experimentos
forma hoy con hechos que ayer eran ri- que realizó con Mademoiselle Martha B, '
diculizados. ¡No rehusó acaso Magendie que le sirvió como medium en la Villa
considerar como posible la anestesia qui- Carmen, en Argelia?
rúrgica, y no declaró Lavoisier que los
-Con mucho gusto conral!é á usted lo
meteoritos no podían provenir de las al- ocurrido. Estos experimentos se verifitu ras celestes porque allí no ha bia piedras? caron á fines del año 1905, en casa del
¡Quién
general
hubiera
NC' el y en
creído, anpresencia
tes del
de éste, de
descubrisu espo~e,
mionlo de
rle un selos Rayos
ñor lis maRontgen,
do Delanque sería
ne. de una
posible foseñora, de
tografiar
la citada
las apófimademoisis transs e I le B,
versa les
como mede las ,·érdi u m, y
tebras del
además de
hombre?
dos hermanas i;u-¿Ypuede darme
ya s. Tousted alma m os
guna exasiento en
plicación
rededor de
de la exisuna mesa
tencia de
circular,
cerca de
esos fenómenos melos corti ta- psiquinas de un
cosT-con~abintlte
de matetinué prerial iza guntan do
ción, y
al profeocupamos
s o r Riun ángulo
chet.
de la habi-Nintación.
guna. No
Nos alumpuedo adbraba una
mitir ni la
lámpara
de los esroja, colopíritus, ni
Supue.to lantisma d• una novia, aso,in.Llla momentos rlespu¿s de &amp;us despocada sobre
la de las
sorios. Aparición sorprendida por la cámara fotoiráfica en uaa casa &lt;le
un pedesradiaciocampo, en Franc:a
tal de manes hnmanas. Todo Jo que puedo decir es que dera, que se elevaba sobre el piso cerca
aparece cierto que en la Naturaleza exls- de un melru, y así podíamos vernos unos
tenjuerns desconocidas , y que nosotros á otros perfectamente. Antes de dar prinposeemos otros m~dio~ de conocimi_ento cipio á la sesión, M. Delanne y yo exaademás de los ordinarios y ya conocidos. minamos cuidadosamente b sala, no
encontrando nada sospechoso. Yo certifico que allí no había nadie ocullo; sin
UN FANTASMA QUE RESPIRA
embargo, cuando Mademoiselle B. se
-¿Y ha llevado usted á cabo alguna encontraba !'1lalizando su papel de meexperiencia personal acerca de esas fuer- dium, observamos que una forma con

�80

POR ESOS MUNDOS

turbante á la cabeza y túnica blanca apa- dividuos perfectamente separados ... Pereció detrás de la cortina, entrq en la ro, á pesar de todo, no quiero !ier termihabitación colocándose cerca del gene- nante en e_sta~ ~firmaciones y prefiero
ral Ne el, y desapareció dos veces, como reservar m1 opm1ón en cuanto á la posisi se la tragara la tierra. El fantasma b\lidad del engaño, porque, como ya he
pareció al pronto una bola blanca, lumi- dicho en los Ann1ls oj Psycltical Sciennosa, con líneas poco distintas, flotando ce, puedo haber sido engañado, aunque
sobre el suelo; después, se elevó rápida- desde luego aseguro que el medium que
mente como si saliera de una trampa. Es- lo hubiera logrado habría tenido que llevar á·cabo un grande y difícil trabajo.
to ocurría el 29 ,de Agosto.
»En otra sesión celebrada dos días des• R:»Puede decirse que siendo yo uno de
pués, el l.º de Septiembre, los medium los que formaban la comisión, que se
fueron la misma Mademoiselle B. y una componía de Lombroso, Gerosa y otros
negra llamada A'i•cha. Recibimos nue- hombres científicos conocidos, que estuvamente la visita de Bien-Boa, que de diaron las manifestaciones de Mademoiesta manera dimos en llamar al fantasma. selle B. en Milán hace doce años, obserQueriendo averiguar si era en realidad vé entonces muchas coses exlrañas tales
nn ser oioiente, le pedí que soplara en como la elevación de una mesa (1~0 peun tubo lleno de agua de barita; el fan- saba diecisois libras), en la cual estaba
tasma accedió á mi petición, y el conte- sentado el medium, la aparición de una
mano en la
nido del tubo
opaca luz de
apareció de
lo sala donde
pronto enturse celebraba
bia do, prola sesión, y
bándome esto
otros
fenómede una manenos igualmenra decisiva y
te inexplicaterminante
bles.
que la apari»En una
ción exhalaba
ocasión, al
ácido carbó·
encender las
mco.
luces, perci-Y estaba
bimos que el
usted seguro
medium se hade que la apabía trasladado
rición no fué
sin hacer ruisimulada por
do algunodes•
Mademoiselle
de la !eilla á la
B. ó por la
mesa. tCómo
negraAüchaf
y de qué ma- Es muy
nera lo hizo?
improbable
No lo Eé. Adque así pudiemitir que en
ra ser, pues
estos fenómeme parecen
nos se hayan
irreconci I i a practicado enbles el fraude,
gaños y tramla traro pa, con
pas por su
los hechos obparte, me paservad os.
rece cosa difíAdemás, veíacil; ¡pero es
mos nosotros
quo tampoco
á Bien-Boa á
Foto_i;ralíade un espíritu, obten_ida en J:i. casa do un 111edium anelrpodemos asela vez que
md10. Se supone que el aparecido es nn ayah ó enlermero mdfgena
gurar, porque
veiamosá Mademoiselle B. y á la negra A'i scha. Y de- no poseemos pruebas innegables de ello,
muestran también la verdad de lo que que no hubiéramos sido engañados en la
cuento las fotografías que hicimos duran- citada ocasión, ya por los propios sente las sesiones; en esas fotografías, los tidos de la persona que actuaba como
medium y el fantasma aparecen como in- medium, ya por los nuestros!

81

LOS FANTASMAS Y LAS APARICIONES

LA TRAGEDIA DE BELGRADO

al nombre en cuestión era Panta: pero
igua !mente podítt haberse da do como
l'antza, en cuya palabra ya háy algo mas
próximo á la r; francesa. Y no crea usted
que esto sea simple casualidad: en las palabras Banca, la mort
guette famille, hay algo más que debe estu diarse porque no podemos olvidarque el mensaje que contenía estas
palabras lo recibimos
(teniendo en cuenta la
diferencia de meridiano
entre París y Bslgrado),
en el mismo momento
en qub la muerte .amenazaba á los hijos de
Pan ta.

-Hablaré á usted ahora ,-continuó
~I profesor Richet - de un caso de lucí dez en esta clase de
experimentos,que llegó
á mi conocimiento el
lO de Junio de 1903, en
condiciones absolutamente irreprochables:
ocurrió en casa de un
amigo mio, en París,·
cuando experimentábamos en presenciad esiete personas, entre las
cuales me contaba yo.
83jando la intensidad
de la luz, aunque dejando la &amp;uficienle para
que pudiéramos leer,
recibimos el siguiente
mensaje, por medio de
UNA COINCIDENCIA
golpes que no formaban
INTeRESANTE
contacto: «Banca. la
mort g u e tte Jamille. »
En este punto de nues1,Qué podían significar
tra conversación hubo
estas extrañas pala Un bnta3m\ que respira: la a parición
una pausa, durante la
Bie1i-Boa, observada por el proltsor Ricual el profesor Richet
bras? Nos preguntamos
chet, en Argelia
y r,onsultamos unos á
.
djrigió sus ojos, pensaotros; pero como ninguno conocíamos el tivos, al balcón. 1 o me fijé entonces en
significado del nombre Banca, ni encon- el retrato, dedicado, de Federico Myers
trábamos aplicación á la frase la muerte que estaba en la repisa de la chimenea,
é inmediatamente pasaamenaza á la familia,
ron por mi imagina.
no dimos gran imporción los detalles de la
tancia á la comunicaestrecha a mistad que
eión. Sin embargo, al
volverá mi casa escribí
existió durante muchos
las palabras en uno de
años entre aquel primis libros de notas.
mer presidente de la
Veinticuatro horas más
S?ciedad, de_ investiga ctones pszquicas y M. Ritarde llegaron á París
las noticias d!ll asesina•
chet, que hoy desempeto de los rayes Alejanña este cargo. Recuerdo
dro y Draga de Servia,
las circunstancias en
que los dos se conociey el 12 de Junio, dos
ron: los experimentos
días después, leí en Le
de ambos en Suecia, en
Temps que el padre de
Sajonia, en la isla Rila reina Draga se llagaud y en L9ckhamp.
maba Panta. La semeton House, en Cambrid.
janza entre Banca y
ge; la admiración que
Panta llamó mi atenla fina inteligencia dti
ción. El cambio de la
My0rs y sus rigurosos
p en b era una equi vométodos científicos inscación sin importancia;
piraron
á su amigo, y
pero gcómo explicarse
Otra lotogralia del lantasma Bien-Boa,
el apoyo que el hom la trasmisión de la e
aparecido en una casa de Argelia
bre de ciencia francés
por la t? Al escribir á
Belgrado supe que la t en Panta es una recibió de aquél durante sus primeros
tj, letra que no existe en el alfabeto fran- estudios de Metapsiquica. Estos pansa cés. La traducción de Le Temps respecto mientas me llevaron al recuerdo de la
6

�82

POR ESOS MUNDOS

señora Thompson, la célebre medium tasrnas de la vida, emplea las siguientes
con la que Federico Myers llevó á cabo palabras: «Un interés general, una p~muchos experimentos interesantes; y en- sión común, forman la vena ó el nervio
tonces se me ocurrió preguntar al profe- que une y modifica el aislamiento monósor Richet si había visto alguna vez á tono de tas vidas individua les. ¿No es,
pues, conc_ebible qu~ est~s t~ansfe_rendicha señora en casa de su amigo.
-No, jamás,-fué la contestación.- cias telepáticas entre 1magmac1ón é imaginación, esPero he estatas asociaciodo á punto de
nes que pareconocerla , y
cen efectuarse
en circu nstanmás allá de
cias que dienuestro cono•
ron lugar á
cimiento y de
un incidente
que solamenmuy curioso,
te nos damos
relacionado
cuenta por su
con ese meaccidental indium. No mutrusión en el
eh o tiempo
FotograUas
estereoscópicas
del
l~n.tasma
Bien-Boa
y
de
los
mecampo
de los
antes de la
dium que intervinieron en su apa,ic1ón, tomadas en el momento ae
sen tidos, nos
muerte de
haber sido observado el fantasma e,:i presencia del prolesor R1chet
ro orci onen
y de otras vanns personas
p p
Myers invité
algo así como
á éste y Al profesor \Vtlliam James á que fueran á pa- la primera ojeada de un proc~dimiento de
sar un mes á mi quinta de Carqueiran- evolución psíquica tan verídico y ag~do
ne en el Sur de Francia, para que allí como cualquiera otro en el ,aun~o f1~1co ,
re¿lizaran experimentos con la citadt1 ó el conocimiento de alguna sol!d~r1dad
señora Thompson. Esta, que no tenía la incipiente orgánica entre las umdades
menor idea de lo que yo ha~ia hecho, e~- psíquicas que nosotros titulamos hombre
prendió una corta excursión por la Rt- y hombre"/» ¡Qué cree usted de esta teoviére antes de irá mi casa; y mientras ría de evolución psíquicaf
-Creo-me respondió Richet-que
paseaba por los jardines de Món~co, ~ió
sentado en un banco á un matrimomo, Myers pudo con toda posibilidad decir la
distinguiendo en el sombrero del caba- verdad en este párrafo que usted me rellero, con gran asombro suyo, la pal~br~ cuerda. ¡O es que supone usted, por un
Carqueiranne. Aunque de c~r.ácter t1mi- momento siquiera , que hemos llegado, al
do, la señora Thompson dec1d1ó entabl~r completo desarrollo de nuestras energ1as
conversación con ellos, cosa que consi- mentales y físicasf Yo no lo supongo.
guió aludiendo á un pe~rito que jugaba á Creo que qesde el punto de vista del deslos piés de aquel matr,momo . U na _pre- arrollo somos todavía unos niños, tanto
p;unta daba origen á otra, y la senora que de aquí á mil años, el hombre de
ent~nces verá cuán corta ha sido la disThompson dijo al fin:
tancia recorrida por nosotros en el cami- ¡Conocen ustedes Carq_ueiranne7
-¡Ciertamente! Esta misma sem_ana no de la evolución si la compara con la
pienso ir allf para conocer á un medwm. que él ha de recorrer. ¡Cree usted , acaso,
-Pues ese medium-respondió la se- que el hombre del porvenir, con sus conocimientos aumentados y sus poderoñora Thompson-soy yo.
sa!e energíHs de percepción, será tan estú pido que vaya á la guerra contra _su
LA DESPEDIDA
prójim&lt;,1 De ninguna n:ianera: en la h1s·
-Gracias, mi querido amigo y maestro toria futura de la soe1edad no tendrán
por los magníficos datos que acaba us- lup:e r las guerras, no podrán ex_i!ó:tir.
Y dicie11do esto, nos de~perl1mos, yo
ted de proporcionarme,-dije al profesor
Richet.-Pero antes de marcharme he muy agradecido al profesor Richet, y éste
de hacerle una pregunta. Recordará us- muy satisfecho de haber expla?ado un_a
ted que Myers, en el capítulo &lt;&lt;Método de vez máa sus interesantes teor1as y opiInteración Psíquica)) en el libro Los Jan- niones.
FEDERICO

LEES

HORÓSCOPO DE LOS MESES

ENERO: SOL EN CAFRICORNIO
mes, primero del año según el Calendario Gregoriano, deriva su nombre de Jano, que en la Mitología está considerado como el guardián de las puertas
del cielo. Represéntese á Jano con dos
caras que miran hácia opuestas direcciones, y Macrobio, al estudiar los meses
del año, dice que por esta actitud en que
aparece Jano es precisamente por lo que
fué dedicado el mes de Enero á d,cha deidad mitológica, porque, dada su situación, podía muy bien ser considerado como retrospectivo respecto al año recién
terminado, y prospectivo con relación al
año que empieza.
Fué consagrado el mes á Jano por medio de una ofrenda de harina, sal, incienso y vino, que se le hacia en el primer
día del mes. Este hecho trajo la costumbre de que desaparecieran todas las enemistades entre los que las tuvieran , y á
cambio de ello se hacían regalos unos a
otros.
Los sajones acostumbraban á llamar á
Enero mes del lobo por la gran escasez de
alimentos que en él se nota en los campos, caso que daba lugar á las correrlas
emprendidas por estos hambrientos animales. Los holandeses le llamaron laur.omaand, ó mes helado.
En este mes pasa el Sol (desde el 21 de
Diciembre hasta el 20 de Enero) , por la
constelación Capricornio, décimo signo
del Zodiaco, descrito como un signo femenino, seco, terrenal, variable, y cuyos
atributos más elevados son la inspiración y la absorción.
Una persona que nazca cuando el Sol
se encuentra en el límite del signo, ó sea
del 21 al 27 de Diciembre, no recibe toESTE

dos los beneficios de Capricornio ni de
Sagitario, que le precedió; pero participa
de las caracterísLicas de ambos.
Los que nacen bajo el dominio de Capricornio son profundos pensadores,
oradores naturales y aficionados á la
enseñanza. Los hombres gustan de buscar distinciones y supremacías en el
mundo político. Son de ideas elevadas,
confiados en sus fuerzas propias, y poseen una facilidad y libertad de maneras
que brinda, desde luego, á tratarlos con
la mayor confianza. Son, naturalmente,
aficionados á guiará los demás, de ánimo esforzado, independientes, muy ejecutivos y gustan de los ideales elevados.
Las personas nacidas en Capricornio
se resienten ante toda intervención en
sus asuntos, y ellas por si jamás se mezclan en los asuntos de nadie. Son de
corazón bondadoso, leales y amigas de
guardar secretos.
Son aptos para emprender más de lo
que pueden llevar á cabo con éxito,
despreciando generalmente los dela lles.
Prefieren encontrarse las cosas hechas
en vez de hacerlas por si, personalmente.
Sin embargo, al llevar á cabo sus propios y privados planes, arriman con gusto Al hombro á la rueda, como se dice
vulgarmente. Son astutos para los negocios, y muy deciciidos en ellos. Tienen
notable previsión en toda clase de asuntos, y poseen buena habilidad mecánica.
Generalmente, denotan en sus ojos lo
emprendedora que es su imaginaci0n.
Las personas nacidas bajo el signo
Capricornio tienen inclinaciones á la a 1tanerla y á la arrogancia, y por ello
necesitan ser contrariadas en estas ten-

�84

LA CALANDRIA

dencias: es preciso hacer esfuerzos constantes para que no se extralimiten en
sus deseos, pues la tendencia del signo
es la ostentación.
Los amigos que más simpatizan con
éstos son los individuos nacidos en Tauro, Virgo y Libra, ó los que nacen casi
en la misma época del año que ellos.
Cuando los nacidos en Capricornio no
poseen las cualidades descritas, sus faltas principales son el egoísmo y la desconfianza; hablan mucho, y exageran
sus disgustos; y cuando se encolerizan
son muy crueles.
Las uniones entre personas nacidas en

Capricornio y en Tauro son las más felices, y la descendencia que tienen goza
de fortaleza física. Hijos más intelectuales resultan cuando los de Capricornio se
unen con los de Libra, y todavía mayor
suma de poder y de genio se encontrará
en los que desciendan de parejas que na•
ciaron bajo Capricornio y Virgo.
Capricornio es gobernado por el planeta
Saturno. Las joyas de dtchu signo son el
topacio, el onix, la piedra luna y el granate; los colores astrales son el granate,
el moreno, el gris, el plata y el nagro; la
flor es el galanto ó campanilla blanca, y
el sábado el día afortunado de la semana.

LA CALANDRIA
, Sobre el junquillo en que rigió su asiento,
en la pintada fronda de colores
donde ensaya á los besos de las flores
sus azules pentágramas al viento,
la calándria su poético portento
desgrana en la canción de sus amores,
que ya imita de la ola los rumores
ó el tiernísimo arpegio de un lamento.
Y el árbol donde el pájaro sus notas
vuelca en soberbias reoeries de Schummann,
como el incienso de las piras notas
destreza sus corolas, que perfuman
el tálamo de rosas donde canta
¡a ocarina ideal de su garganta.
ENRIQUE JOSÉ NAUDEAU

ACTUALIDADES
santa: la Iglesia Cristiana tiene por principal y lógica razón de todas sus accioLector: Tócale'hoy al cronista regis- nes transformar cuanto le rodea en sertrar en esta sección de PoR Esos MuNDos vicio de su propio y gran fin, que no es
un asunto interesantísimo; y aunque muy otro que la Unica y Suprema Verdad.
difícil de tra lar, no por eso va á hurtarlo Contra tal esfuerzo va necesaria y fatalá tu conocimiento: procurará sortear las mente dirigido, aunque preciso es recodificultades de la cuestión y presentarla nocer que no siempre conscientemente,
á tus ojos sin que te moleste nada de lo todo lo que tienda á menoscabar el presque vas á leer, sean cuales fueren tus tigio y la influencia de la Iglesia y del
opiniones sobre el particular y las sim- Papado. En Francia este aspecto de la
cuestión es más intepatías ó antipatías que
resante que en ninla materia te sugiera.
gún otro país católico
Es el caso que la
ó donde el Catolicismo
lucha entre el poder
tenga alguna fuerza;
civil y el eclesiástico
porque mientras en
en la República FranAlemania, por ejemcesa llegó á su limite
plo, los católicos se
pacífico el 10 de Dihumillan intelectualciembre pasado. Al
mente ante la filosofía
día siguiente hubo de
y el método protestanempezar á mostrarse
tes, y en Italia y Esla fuerza: púsola en
paña los que mantiepráctica el Gobierno
nen el pendónde nuesque preside M. Clétro credo religioso permenceau ordenando
manecen silenciosos ó
que toda la propiedad
empiezan ahora á rede la Iglesia Católicovelar las facultades
Romana en la .nación
de su inteligencia, en
vecina fuese técnicaFrancia, por el con mente confiscada para
trario, á través de toser dedicada al uso de
das las edades y por
corporaciones públiel constante trabajo y
cas, por haberse neunión de pastores y
gado el Vaticano y las
gerarquias dependien• Mons. lt'rancie Mery Richard, car,lenal-arzobispo de ovejas, de sacerdoParís, que se vió obligado el 17 de Diciembre
tes y de fieles, siemtes de Roma á acep- de
tíllimo á. abandonar au residencia arzobispal en
tar la cláusula que se virtud de órdenes del Gobierno francés. Con este pre se ha mostrado
motivo organizaron los católicos tranoesos una
viva y palpitante, cotitula Asociaciones entusiasta
mrulitestación de simpatfa al cardenal
Cultuales en la ley de Richard, que trasladó provisionalmente su aloja- mo característica
Je nno de sus ami~os en la capital
principal y de una
separación de que es miento á la casa
de la vecina República
manera patente y poautor el ministro de
sitiva, la superior intelectualidad de los
Cultos M. Briand.
Ofrece dos aspectos, dos determinan- que profesan las creencias católicas sotes, esta cuestión. La primera es la cla- bre los adeptos de las demás doctrinas
se de oposición que el Catolicismo pre- que se les han intentado ó querido opoFRANCIA

Y LA

IGLESIA ROMANA

�86

POR ESOS MUNDOS

ner; y así ha contado el país vecino, en
estos últimos tiempos, con católicos como Pasteur, Piérre Curie, Brunetiére,
Coppée, que tomaron parte activa en la
defensa de sus principios religiosos sustentando la antigua rígida disciplina que,
á la vez que descubre, inmediatamente
l
extirpa la heregía.
Tal es el primer
aspecto de la situación. El detalle inmediato es el carácter del grupo que se
opone á loscatólicos.
¡Qué es lo que en
Francia teme ser
conquistado por el
Catolicismo, y quié- M. Georges Clemenceau,
nessonlos que ahora presidentetrances
~el.Gobierno
hacen desesperados
esfuerzos contra las fuerzas del Catolicismo7 Sencillamente, una alianza de todas
las fuerzas que no son católicas, entre
las que predominan con gran vitalidad é
influencia lo que pudiéramos llamar los
modernos hugonotes y los judíos. Existe
en Francia un cuerpo de hugonotes muy
reducido (apenas si llegará al dos por
ciento de la población), pero muy influyentd porque forma cerca de la quinta
parte de las clases acomodadas en algunos de los centros más importantes de la
sociedad francesa. Estos hombres han
acudidq en tropel á las profesiones liberales, y aunque sus creencias originales
se han debilitado al presente (llámense 6
no sus autoridades y secuaces con nombres tan ilustres como los Pichon, los Monod, los Réclus), es el hecho cierto que
todos se encuentran unidos en odio común hacia la Iglesia Católico-Romana.
La corporación judálca, por su parte, de
emociones fuertes, de intelectualismo
sencillo, pero directo y enérgico, no hace
más que aprovecharse del movimiento
de esós modernos hugonotes para ec[iar
leña al fuego, como vulgarmente se dice.
Intelectualmente, es probable que estos
judios desprecien en su fuero interno. a1
Catolicismo menos que lo desprecian
otros enemigos de esta creencia, porque
el pueblo judáico, por lo mismo que es
cosmopolita y fuerte, á pesar de la guerra que se le hace, tiene que dividir sus
odios entre muchas animosidades que
sufre; pero es, de todas maneras, un elemento, y en este momento de la cuestión, elemento de bastante interés para
no ser rotundamente despreciado.

... Pero estas dos fuerzas unidas, hugonotes y judíos, poco, poquísimo hubieran
logrado contra el Catolicismo si no hubiesen sido ayudadas en mucha parte por
los propios católicos. Parece esto cosa
rara, lector, mas constituye un hecho
real y positivo. Porque, en efecto: por
una serie de accidentes, que no son para
detallados ahora pero cuyo origen está
en la apatía y en la corrupción de la mitad del siglo xvm, parte de las tradiciones mundanas de la Iglesia han llegado
á formar antagonismo con algunas de
las más entusiastas aspiraciones nacionales francesas; y así es como, forzando su paso sobre ese antagonismo,
los anticlericales de dicho país, á pesar
de la exigua minoría de su número, han
logrado imponerse en parte á la nación:
no ha existido un solo conflicto entre el
clero y los anticlericales desde que se
fundó la República en Francia, en el
que, á pesar de lo ridículamente sencilla
que en algunos, en muchos, h .. biera sido
una acertada inteligencia,.no se haya decidido el triunfo contra la Iglesia y en fa:vor de la populachería.
Hasta ahora, el debate, la lucha entre
uno y otro partido había sido puramente
académica: diciendo I os anticlericales
que los católicos son reaccionarios, y presentándose ellos como porta-estandartes
del progreso y de las aspiraciones nacionales, el clero, guiado por el necesario
aislamiento de su posición, no comprendió 6 no quiso comprender tales maniobras, y ni siquiera aprovechó para los
fines de su causa el movimiento creado
á raiz del affaire Dreyfus contra los judíos, en cuya ocasión pudo restarse
buen número de enemigos y hacer que
muchos indiferentes
dejaran de serlo. Es
preciso tener muy en
cuenta esta que pudiéramos llamar debilidad del clero
francés: no debe olvidarse que la eneM. Aristides Briand, mimiga de aquellos monistro deCultosde la Redernos hugonotes y
pública trancesa
de los judíos no ha
sido directamente empeñada contra el
clero por el hecho de serlo: el clero ha
sido más que nada una especie de ideógrafo E1mpleado por los que odian al
Catolicismo, los cuales saben perfectamente bien que, al cabo, lograrán por su

ACTUALIDADES

87

política y su presencia permanente al clericales es que no exista tal autoridad,
trente del Gobierno de la República de- este compromiso no podía aceptarlo el
bilitar el lazo creado entre los franceses Vaticano, y no lo aceptó.
y su religión nacional.
Y esta es la cuestión. La batalla se ha
En efecto, durante años, la organiza- empeñado más pronto de lo que esperaeión anticlerical y la orgahan los anticlericales, que
nización masónica, á la
confiaban en una consuneual va aquella unida, han
ción lenta de sus enemigos
dicho abierta y sinceraempleando contra éstos promente que esperaban un
cedimiento que atacaran
momento determinado de
sus medios económicos de
indiferencia suprema para
vida; pero como, lejos deesllevar á cabo el golpe deperar tal consunción; qui-cisivoy final contra el Crissieron atacar de una vez
tianismo. Esperando este
echando sobre sí la tarea
momento se hallaban cuan·
de confiscar forzosamente
do se les ha presentado la
en una fecha dada todos los
-0casión actual, calculada
bienes eclesiásticos, tenia
por unos cuantos hombres
necesariamente que sobrede iniciativa del mismo
venir la cesación del letarmodo que se hacen los cálgo de los católicos, que han
&lt;mlos en una política bien
tenido en esta ocasión el
preparada y dirigida: midespertar del león ...
nando el terreno por medio
1,Qué ocurrirá1 La cuesde disposiciones legislatitión aún no ha sido resuelvas que han ido dictándose
ta. Pero An ella no son po-con continuo é inesperado
sibles los términos medios,
éxito durante los últimos
y fatalmente habrá de tecinco años; dígalo, si no, la Mons. Montaigninide Mirabello, au- ner una de estas dos !'Olu. lay d.e separaci'6 n ditor
de Ir, Nundatura de Su San•
61 1 del Gob1'er
propia
tidad en Paris,expulsado ~e.l terriClones:
a ey
entre la Iglesia y el Estado, torio trancés el 11 de D1c1embre no de Clémenceau se lleva
elaborada y votada, aun en
último
á cabo en todo su alcance,
-sus menores detalles, basándola en las tal y como está escrita (caso que determideclaraciones y aspiraciones del partido naráentreel Catolicismo y sus enemigos,
anticlerical y de las lógias masónicas.
una verdadera !u.cha, que no podrá meQuisieron coronar su labor los enemi- nos de generalizarse en todo el mundo
.gos del Catolicismo, y acudieron para aunque por el pronto y durante un corto
ello al arma más poderosa y fuerte de su periodo quede limitada á Francia); 6 los
panoplia: la confiscación de los edificios anticlericales franceses se repliegan á
empleados tradicionalmente paotras posiciones dando por equira el culto, á menos que la Igle_ _"
vocado el momento en que han
-sia Católica aceptara una forma
planteado la batalla y se avíepresbiteriana de gobierno. Tienen, ya de una manera exprene ello gran semejanza con lo
sa, ya de un modo tácito, á los
que el Gabinete inglés de Waldeseos de los fieles de la Iglesiapole dijo á los disidentes de su
Romana (hecho del que resul-época: «Se os permitirá la potará, aunque no la definitiva
sesión de vuestros edificios para
derrota de esos anticlericales, si
el culto, así como reuniros libre•
el fracaso de los planes que inmente, á condición de que fortentaron para conquistar una
méis una especie de episcopado
fuerte posición).
Mons. Turinaz, obispo
JLa
prueba de la victoria por
reconocl.do por el Gobierno.» de
Nancy. arrestado por
~
En realidad, no ha existido ni la gendarmerla lrancesa una ú otra parte7 Muy fácil y
por "ponerse á 1ª en- sencilla: si los católicos pueden
ex 1.ste duda alguna de que el cuación
de su residencia
Catolicismo hubiera aceptado
episcopal
oir misa sin dificultad ninguna
comités legales que retuvieran
después del presente mes de
los templos y los bienes eclesiásticos en Enero en una ciudad anticlerical (Brest,
depósito, á condición de que dichos comi- por ejemplo), en cualquiera de las igletés e-stuvieran bajo una autoridad cató- sias abiertas ordinariamente, significará
Uca; pero como todo el objeto de los anti- que ha.n alcanzado sus aspiraciones; pero

�88

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POR ESOS MUNDOS

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Invento del doctor Morage para la fotogralla de la palabra.-Perforaciones que convierten las endes son,ras
en escriLura telegrafiada

si ocurre lo contrario, si para satisfacer hace audibles los sonidos de las letras
los fervores del culto que profesan tienen vocales á los sordos. En su conferencia,
que verse obligados á forzar las puertas dijo aquel maestro que su invento está
de los templos, y los gendarmes ó lastro- fundado en el sistema Pollak-Virag, y
pas logran impedir este propósito ó al que mediante una cinta perforada recibe telegráficamentemenos se oponen~.., la escritura á una venazmente á su conselocidad de cuarenta
cución, los anticlericamil palabras por hora.
les podrán considerarNo debe olvidarse que
se victoriorns.
el aparato Morse usado
Cuál de las dos conpara el servicio teletingencias ofrecerá r"""'°'!"'(_gráfico ordinario no
mayor interés no es
puede comunicar más
este el momento oporde cuatrocientas palatuno de determinarlo,
! bras en dicho ~spacio
ni el cronista, que ya t
j de tiempo.
ha cumplido la misión
que se propuso, ha de
Palabra Alocución tel•grafiada mediante
MARCONI Y SUS
hacerlo a hora.
el invent &gt; del d~ctor Mora ge

Siinore Marconi, que ha
aplicado su invento de la
raoio-telegralla á estacioneeportátiles automó~iles

Mad. Adelina Patti, célebre cantante que se ha
despeJido de la escena
tes tral en Lóndres el 8
de Diciembre pasado

Doctor Laponni, lamoso
médico áel Papa León
Xlll, fallecido en Roma
el 7 de Diciembre próximo pasado

M. Fernando de Brunetiére, ilustM hombre público francés, tallecido en
Par(s e19 del pasado Diciembre

Dr. J. J. Thomson, de la
Universinad deCsmbtidge, agraciado c,,n el Premio áe Flsica de la Institución Nobel

Ilustre poeta italiano José Carducci, agraciado
con el Premio de Literatura de la Institución
Nobel

"

rr-

1----...........-~..--

s-•--·~.....-◄-

M. Waldemar Poulsen,
de Cop,nha gue, quo ha
descubierto un nuevo
sistema &lt;!e telegrafía sin
hilos

Prof•sor Korn, alemán,
que ha inventado un procedimiento para transmitir lotograffas por telégralo

INVENTOS

LA FOTOGRAFÍA DE LA PALABRA

Otro éxito logrado últimamente por e~
No puede dudarse que «hoy las ciencias trabajo de los hombres cienlificos es la
adelantan que es una barbaridad», como nueva aplicación que Marconi ha dado á
su sistema dedijo Ricardo de
lelegra fía sin
la Vega en el
hilos: t r á tasemás pop u lar
de una estade sus saineción portátil
tes. El doctor
radio-telegrá fi.
Mo:.-age, de
ca, montada en
Pa rls, acaba
un automóvil.
de inventar la
Lleva el nuefotografía de la
vo carro un
palabra. A los
aparato espealumnos de la
cial para utiSorbona, en la
lizar el motor,
capital de la
ya para la
nación francetracción ó ya
sa, el ilustre
para generáxsabio citado les
energfa
elécha dado á cotrica para la
nocer un extraordinario Otro invento del doctor Morage: dar oldo á los sordos. En la lototralía transmisión
aparato capaz aparece el citado pr~lesor comunicando y haciendo perceptibles los radio- telegráá una sordo-muda por medio del vibrador
fica, así como
de recibir el sonidos de las tetras vocales
lotográfico de su invención
ta rn b ién para
sonido median•
le la fotografia: valiéndose de un micró- elevar rápidamente el poste-antena fijo
fono recibe un discurso fotográficamente en el techo del automóvil. En diez mien lineas ondulantes. También ha inven- nutos puede esta estación disponerse para
tado el doctor Moraga un vibrador que funcionará la mayor distancia posible.

La ratificación del Acta de la Conlerencia de Algeciras sobre cue,tionee marroquíes, hecha el 1.º. del actual, presta
actutlidad á e~ta fotogralla de Muley-Abd-et-Azif: es el último retrato que se ha hecho del sultán de Marruecos

�90

POR ESOS MUNDOS

ACTuALIDADES

que es de ciento cincuenta kilómetros. gar por algunos años más la vida de este
Tralándose de cortas distancias funciona pont1fice, cuya naturaleza, débil y enfermientras el automóvil marcha á media miza por sí, había sufrido mucho y pavelocidad.
decido de manera cruenta por la consTiene este invento la ventaja de per- tante guerra que se hacía á las doctrinas
mitir el uso de un solo coche para trans- de la Iglesia Católica y al Vaticano.
portar la aqtena, el al-Otra fotografía reternador, los aparatos
trata á la insigne cany el personal, y no exitan te Ad e Iin a Pa tti.
ge el empleo de globos
¡Quién no conoce, aunque cuando reina -vienque sólo sea por haber
to no son convenientes.
oído su nombre, á esta
Por medio de una esilustre n.iva que, auntación de esta clase seque extranjera, poderá posible establecer
mos llamar compatriorápidamente lineas rata nuestra porque nadio-telegráficas en caso
ció en Madrid1 Empezó
de interrupción de las
su carrera artística en
lineas telegráficas ordiun teatro de Nueva
narias; y, sobre todo,
York, en 1859, cuando
ofrecerá medios rápisólo contaba dieciséis
dos y convenientes pa- Una nueva aplicación de la fotogralia sin hilos: años de edad, y desde
ra establecer la radio- estación portátil de radio-telegratia, montada entónces, cantando en
sobre un automóvil. En este grabado aparece
telegrafía en las cololas principales capitadesmontado el poste-antena
nias que las naciones
les del mundo y en toposean allende los mares. Esta nueva das ellas aclamada con frenético entuaplicación de la telegrafía sin hilos tiene siasmo, no ha cesado de deleitar al púahora por principal objeto el servicio del blico con la maestría de su arte. Ahora,
ejército italiano.
el 8 de Diciembre último, ha dicho su
Damos á conocer en estas páginas va- Adios al público, despidiéndose de la esrias interesantes fo tocena teatral en Albert
grafías de las nuevas . - ,
Hall, en Lóndres, con
conquistas logradas por
un concierto que ha sido
la Ciencia .
para la Patti muestra
patente ds las simpatías
NUESTROS RETRATOS
y cariño que los dilletanti sienten por la indiscuPublica esta sección
tibie maestra del bell
de nuestra revista vacanto.
rios retratos, además de
-El marqués del Real
los que guardan rala..
tl
Tesoro, contralmirante
ción con los asuntos ya
de la Armada española
registrados. Y de las
Don Juan Jácome y Papersonas á quienes se
_ _..,.
reja, aparece en estas
refieren y del motivo de
páginas por haber sido
su actualidad va á dar
nombrado ministro de
cuenta sucinta el eroMarina en el Gobierno
nista.
que preside el marqués
Uno de ellos es del
de la Vega de Armijo,
doctor Lapponi, famoso
en sustitución del genemédico de cámara del
ral Auñón, que no quiso
Vaticano. fallecido en
aceptar el cargo. MariRoma el 7 de Diciembre
no prestigioso y enten•
L
• h a bía en
El mismo automóvil presentando levantado y d ·d d
d
·
Ú1hmo • appom
disposición de tnncionar el poste-na.tena.
1 O, e gran es conoc1nacido en 1851, y aun- Esta operación puede hacerse con la mayor mientos acerca de lo que
que llegó bien pronto á
rapidez
deben ser una armada y
adquirir gran celebridad en su carrera, sus servicios auxiliares, mucho haría
su famA no quedó consagrada hasta el por nuestra presente y futura marina de
año 1888, en que, nombrado médico de guerra -si las contingencias de la política
cámara del Papa León XIII, supo alar- le dejaran desempeñar la cartera más

91

l

¡

Don Juan Jáeome y Pa•
reja, marqués del Real
Tesoro, mmistro Marina

Don J osé Ramón Mélida, Don Antonio Hernánder. Fajarnésy Don Juan B. Lázaro,
nuevos académicos de la Historia, de la Le0gua Española y de Bellas Aries,
respectivamente

vista y luego secretario de la redacción,
hast~ que, por úitimo, fué investido con
el car~o directoria!.
En 1893 la Academia Francesa le eliFERNANflO DE BRUNETIÉRE
gió para s~ceder al brillante periodista
Párrafo aparte merece hlpe:sonalidad Juan Lemoine.
Tales son los datos principales de una
ilustre de Fernando de Brunet1ére, fallevida toda de trabajo,
cido en París el 9 de
prematuramente inDiciembre último.
terrumpida. Pero la
Nacido en Tolón el
personalidad de un
año 1849 , hizo sus
hombre deestasconprimeros estudios en
diciones sobresale
el Liceo de Marsella
del estrticho cuadro
y los completó en
de una simple notiParís. La guerra con
cia
biográfica; la fiPrusia, e n 1 8 7 O,
sonomía de uno de
cambió al estudiante
los maestros de la
en soldado, porque
crítica
francesa, la
Brunetiére, aunque
importancia de su
exento del servicio
obra , sus . doctrinas,
.
militar á causa de
su
partic1pac1ón en
su extraordinaria
el movimiento de las
miopía, se alistó en
ideas, su sitio perun regimiento de lifectamente
marcado
nea por el tiempo
entre los escritores
que durase aquella
contemporáneos,
campaña.
exigen un homenaje
Una vez libre de
póstumo menos bresu compromiso mive,
merecido por el
litar, colaboró Bruautor ilustre de cinnetiére en la Revue
co volúmenes de EsBleue y en el diario
tudios Críticos, tres
Le Parlement¡ y en
de Historia y Lite1875 franqueó con
.¡
ratura,
dos de Cuesun articulo muy notiones de Crítica , uno
Doctor Flalger Thiele, de la Universid~d de Copenhatable sobre la novela ¡ue
ilustre astrónomo que ha descubierto u~ nuovo
realista, el temible eoi:ieta igual á una estrella de 8'5 magnitud en de Ensayos sobre la
Literatura c ontem ·
brillantez
umbral de la Reoue
poránea, otro sobre
des Deux Mondes,
en cuyas páginas es donde ha lleva~o á la Novela naturalista, otro más referente
cabo después toda su carrer~ de escritor: á El Teatro Frances, dos sobre la Eo?•
primero, fué colaborador asiduo de la re- lución de la poesía lírica en Francta
tiempo del que, desgraciadamente, suelen durar los Gobiernos en España.

�92

POR BSOS MUNDOS

~· ~-~ -

·~ '-----

¿
.¡,fA

.

No-vela homeopáticamente hidroterápica
y alopáticamente inv erosímil

~

/

~r~
_, .·

JV.-RESULTADO fENOf'\ENAL DEL ANÁLISIS (1)

• 1/"

y,sTo-por el general Pánico
.l\1\~-¡¡/'
~
el deplorable efecto que la gracia
de Lebrel había producido en el ánimo
del herboristero, puso la cara d~ lolé' con
sejos de guerra verbales, y le dijo al secretario en acre tono:
-Oye, oye, Lebrel: ó ejerces ~u cometido de secretario con la formalidad que
requiere el cargo, ó te pego una perdigonada.
. .
.
-Mi general , yo no pod1a 1magrnarme
que para desempeñar esta secretarla. se
necesitara saber lenguas muertas... Digo
yo que serán lenguas muertas estas en
qu~ me habla mi respetable Señor Don
Juan, porque no he oldo nunca. á ningún
vivo expresarse en esos termrnachos ...
-¡Cómo terminachos!-interrumpióle
Don Juan poniéndose rojo de ira.-tPues
no llama terminachos á la sagrada nomenclatura de la flora?
-Fíjese usted, Don Juan,-dijoDonPedro-en que el bueno y fiel Lebrel es un
profano y está ayuno de ciencias de toda
clase ... ¡Otra cosa hubiera sido si acertamos á traer de secretario al presidente de
la Academia de Ciencias Físicas y Naturales! ·
-Eso es una impertinencia, señor boticario,-exclamó Carranza.
-¡Eh, eh , señores! Aquí no se ha venido á pelear, ¡vive Dios[ que para pelear no he necesitado jamás de nadie: es
decir sí he necesitadóí'de los soldados,inter~aló el general después de recapacitar un poco.-Pero ni ustedes son solda"1

(

Don Alfonso XIII, gran mf!,eslre de la Real y Militar Orden de Santiago, sal iendo de la capilla regia despues de
tomar Juramento el d!a 7 del actual al n u evo Trer.e&gt;1azgo de dicha Orden

en el siglo x1x y algunas otras más. Sin
temor de afrontar nuevos adversarios,
después de los que ya. le había proporcionado su intransigencia literaria, sin
abdicar nada de su indep1rndencia ni
apartarse de su desinterés, Brunetiére
no podía encerrarse definitiva mente en
la torre de marfil del mandarín erudito
enamorado de las letras, del pensador altanero cuya frente , siempre un poco
fruncida , parece indicar cierta tendencia
á la misantropía; y desde hace varios
años, había salido deliberadamente de
ese castillo para desarrollar en plena lucha social el infatigable ardor de su actividad intelectual, y plegará las necesidades de la polémica la rigidez de su dog-

matismo. De ahí una campaña de proselitismo en la que empleó sus fuerzas en
artículos y conferencias, habiendo reunido
cuanto sobre esto llegó á decir y escribir
en unos volúmenes, que ha titulado Discursos de combate y Los caminos de la

Creencia.
A esta serie se refiere su último libro,
acabado de publicar y que se titula Cuestiones Actuales. La muerte le acechaba
ya cuando corrigió las páginas de este
libro y cuando escribía el prólogo. Resumida en ese trabajo toda la doctrina
política y moral lUe Brunetiére profesó, son sus páginas, en parte, algo así
como el testamento filosófico de un espíritu superior.

r

(1) Véanse nuestros números 139,142 y as

dos, sino hombres de ciencia , ni esto es
una l!iatalla ...
Las frases enérgicas del general pusieron bastante taciturno á los dos sabios, porque Lebrel ya lo eslaba.
-¡A ver qué ha puesto usted en ese
cuadernol-dijo DJn Juan arrebatándole
el libro al secretario.-¿Qué es estoT ¡El

timo de los perdigones! ...
-¿No me ha dicho usted eso una de
la vecesT
- No, señor: he dicho Thymus vulga-

ris.

-Pues, bueno: yo no sabía escribirlo
así, y como el Thymus más vulgaris es el
de los perdigones, lo he puesto de esa
manera.
- ¡Pa.ra perdigones los que te voy á
melar yo en la cabeza, mentecato!-decla
el general preparando la escopeta.
Más que por piedad por miedo, pues
ya les era conocida la puntería del general , se echaron Don Juan y Don Pedro
sobre él para evitar el disparo.
-¡No se ponga usted así, mi general!
-dijo Don Pedro.
..
-¡Señor, no es para tanto!-argü1a
Don Juan.
Y, mientras tanto, Lebrel pensaba para
sí: «Como dejéis que tire, ya veremos á
quién mata.&gt;&gt;
Apaciguado el general, propuso que el
naturalista escribiera él mismo el resultado de sus investigaciones, dada 1!1 ineptitud de Lebrel, y que .éste se pusiera al
servicio del químico, que no parecía tan
pedante.
Don Pedro se levantó de la peña pausadamente para entrar en funciones, y
llegándose hasta el manantial se arrodilló con prosopopeya ; una vez arrodillado,

�94

POR ESOS MUNDOS

q~itó bastante agua en las pequeñas por- Ponce, que es usted el hombre más prec1ones que podía recoger con los dedos visor de la tierra.
puestos en cogedor, á la manera que se
Lebrel también le miraba atentamenh_ace para repartir el agua cuando se te y creía muy de veras que se hallaba
riega , y sacó
rodead o de
de uno de sus
bolsillos dos
hombres saestuch es. Al
pientísimos.
A todo esto,
g eneral le inDon Juan Catrigó bastan te
rranza vagaaquello de los
ba por aquedos estuches y
llos alrededola oper9.ción
res arrancandel riego, y
do yerbajos y
abandonando
metiéndoles la
su asiento se
uña del dedo
dirigió tampulgar de la
biénalmananmano deretial para precha, ó mastisenciar intecando un poresantisi mas El qulmico r-.cogla agua con una jeringuilla y la iba depositando en nn vaso co, ú oliendo
operaciones.
otro poco, y
-He sacado esta pequeña cantidad de anotando después el resultado de su inagua previamente,-dijo Don Pedro diri- vestigación, sin apercibirse de lo que hagiéndose al general-porque no era cosa cía Don Pedro con el cual seguía algo
de que el análisis arrojase que se trata- amoscado.
ba de un mananlial de babas de burra ...
El señor Ponce introdujo, por fin la
-Comprendo,-le respondió el gene- jeringuilla en el pocete, y haciéndola' abral.-¡ l,!";stá usted en todo!... Y esos estu- sorber u_na pequeña cantidad de líquido
ches. gde qué son? !Alguna sonda'.il
la d_epos1ló en el vaso. Fsta operación la
-No , señor ... Esta es una jeringuilla rep1t16 tantas veces como fueron necesapara extraer el agua poco á poco, y este rios para llenar el tal recipiente.
un vaso de campo para ir depositándola,
En aquella misma actitud, de rodillas,
r-:::::,
porque no era cosa se llevó el vasu á la boca para coger un
de que me pusiera á buche; después, alzó el vaso y miró al
beber el agua de trasluz; luego , cerró los ojos, y asl perbruces.
maneció un gran rato. El momento era
-Veo con satis- solemne. El general y Lebrel no respirafacción, amigo señor ban para no perturbar en poco ni en mu-

j

Lebrel y el qulmico rodaron por el snelo uno encima del otro

LAS AGUAS DE SAN CANUTO

95

cho aquel gran espíritu. Ponce estaba no le importaba nada el cachete recibido,
sublime, parecia un penitente: recordaba ni las volteretas dadas en consorcio con
algo la divina Oración del Huerto.
el boticario.
Don Juan Carranza hallábase ensimisLa burra lanzó un estridente rebuzno,
y aquello debió de sacar al empírico al- mado con sus clasificaciones, á distancia
que , permitiéndole enterarse
quimista de su profunda medide todo lo ocurrido, hizole reírtación porque, abriendo los
se á sus anchas de lo cómico
ojos lánguidamente, exclamó
del accidente y de lo inmediata
en tono profético:
que había sido su venganza;
-General, estamos ante un
tanta rabia tenia al boticario y
manantial de aguas minerales.
á Lebrel que, de haber estado
El general al oir esta rotunda afirmación estuvo á punmás cerca de ellos, le hubieran
to de caer al suelo, y así huoido decir con gran júbilo:
«¡Hay Providencia!... ¡ Estoy
biese sucedido á no ser por Lebrel, que le ayudó á sostevengado!»
Empero este Don Juan ,como
nerse.
hombre curtido en las lides de
-¡ Eurekal-gritócuando ya
la vida, sabía disimular sus imse hubo repuesto.
presiones, y acercándose al
Y volviéndose hacia su criagrupo y por vía de cumplido que estaba pálido y temblomiento se dirigió á los dos leroso, le abrazó con gran efusionados muy cortésmente, y
sión, y en esta interesante postura estarían veinte minutos.
les preguntó:
- ¿Se han hecho m,tedesmuYa empezaba Lebrel á re- ,
sentirse de- tan pesada carga
cho daño?
-No, no,-exclamó el señor
como le hacía su señor, y tímiPonce.-Yo no he sufrido·sino
damente dijo:
algunos golpes leves al rodar;
-¡Señor, vuelvaensíl... Puepero me he asustado mucho ,
de que se equivoque el señor
porque estaba distraído y no
Ponce.
hallábase •nsi•
me dí cuenta de lo que nos suAl oir este juicio, el general Carranza
mismado en la cla~ificase irguió gallardamente, y desción de las plantas
cedía,
-¿Y usted , Lebrel? ·
cargó sobre su criado tan tre-Yo no me he hecho nada, señor Ca menda bofetada que, cayendo sobre el
químico, que aún se hallaba de rodillas rranza.-Lo peor hubiera sido la calda ,
y j'laladeando buches de agua, rodaron y como estaba debajo Don Pedro apenas
los dos confundidos por un trecho mayor he sufrido en el gol pe.
-Sin embargo, parece que ese carride cuatro metros.
El orimer cuidado de Don Pedro al le- llo de la izquierda le tiene usted bastant&amp;
vanta'rse un poco magullado de la impre- hinchado .
-Bien puede ser, porque me molesta
vista aventura fué volver al manantial
creyendo encontrar la jeringuilla yel vaso, bastante; pero, ¡vamos! no es tanto como
que se le fueron de la mano, hechos añi- parece.
Ya le enojaba al general que se hablacos; pero no era así: ninguno de los dos
frág:les objetos habla sufrido el más leve se de aquel pequeño incidente, como él
decía, é intervino en la conversación didetrimento.
El general, muy contrariado por la im• ciendo:
-¡Ea, eso ya pasó, qué demonio! Conprevista complicación del señor Ponce en
el suceso, le pidió mil excusas, recono- tinuemos cada cual en nuestro asunto.
-Yo ya he terminado el mío, mi ge ciendo que era impetuoso, y añadió que
quería castigar con mano dura la ofensa neral ,-repuso Don Juan.-Tengo anoque le había inferido Lebrel dudando de tadas más de sesenta clas1ficacior.es de
plantas, que son las que existen en toda
sus aseveraciones.
Lebrel, á su vez, explicó su JU1c10 di- la extensión de esta pradera. He ha liado
ciendo que él únicamente querla atenuar plantes de la familia de las compuestas
la impresión que habla producido en su (géneros Iraxacum é Ilicracium); de las
amo la revelación del quimico, sin dudar leguminosas (Satirus y Lotus) , y de las
ni un solo momento de crue fuese cierta, gramineas, borragineas, malváceas, cru•
puesto que de ella se alegraba tanto que cíferas y geraniáceas ...

�96

POR ESOS MUNDOS

-Conseguridad,-le interrumpió el ge•
neral-que Lebrel prefiere la bofetada á
haber tenido que escribir todo eso.
-Si, señor, -rapuso secamente Lebrel.
-Parfectamente. Pues véle á preparar
la comida, porque parece que yo siento
ya algo de debilidad ... Y,mientras tanto,
Don Pedro nos anticipará seguramente
algunos de los componentes del agua.
Lebrel se fué en busca de las alforjas
para cumplir la orden de su amo, y Don
Padro, que había recogido la alusión, se
dirigió al manantial para llenar otra vez
su vaso con el precioso líquido.
El general, seguido de D;m Juan, encaminóse á la peña donde antes habla estado, y poco después de sentados llegó Don
Pedro con el vaso lleno, sentándose á su
vez en medio de los dos, para que no se
perdiese palabra de cuanto iba á decir.
El señor Ponce levantó el vaso con el
mismo amor y en igual forma que el sacerdote oficiante levanta el cáliz, y después de hacer notar las burbujas que desde el tondo del vaso salían á la superficie
en franca revolución, dijo en tono enfo.tico:
-He dicho y sostengo que estamos
ante un caudal de aguas minerales cuya
acción terapéutica yo no puedo determinar, si es que tiene alguna acción terapéutica, porque hasta ahí no llega mi
ciencia; pero algo medicinal no dudo de
que es. Por lo pronto, los gases desprendidos por la ebullición, son ácido carbónico, oxigeno y nitrógeno.
Don Pedro miró alternativamente al
general y á Don Juan, y vió reflejado en
ellos el mayor estupor, un grande asombro.
Halagado por la impresión del preámbulo, en el cual habla procurado, y conseguido, achicar al herborisbero, prosiguió:
-Ahora bien, los elementos minerales
de que se compone, son, á saber ...
Bebió un sorbito de agua, la paladeó

ruidosamente haciendo castañetear la
lengua, cerró los ojos, y dijo:
...,
-Bicarbonato cálcico (paladeó nueva- .,
mente), magnésico (otro paladeo), ferroso
(otro paladeo), lítico (otro), sódico... ·
Sus adláteres estaban embelesados,
porque no concebían dominfo tan absoluto del sentido del sabor; y este triunfo
suyo no le pasó inadvertido á él en cuanto abrió los ojos.
Tornó á beber, y otra vez cerró los
ojos, y otra vez paladeó.
-Cloruro cálcico, magnésico, sódico,
potásico... Sulfato cálcico, magnésico,
sódico ...
-¡Admirable, amigo mío, admirable!
-prorrumpió el general entusiasmado.
-¡Asombroso, asombroso!-excla:mó
Don Juan.
El señor Ponce, sin inmutarse por las
lisonjas que suponían aquellas exclamaciones, volvió á beber y á cerrar los
ojos, y prosiguió diciendo, según paladeaba:
-Silicato sódico, aluminico; fosfato
alumínico, nitrato sódico ...
-¡B:lsta, basta! No haga usted más esfuerzo. ¡Eso que usted hace es prodigio so! ¡Eso no es una boca de hombre, eso
es un laboratoriol-gritaba el general.
-Y usted ¡qué dice?-le pregunlóDon
Pedro á Don Juan.
-¿Yo7 Que si tuviera ese paladar esta·
ha á estas horas en Jerez de la Frontera,
ganándome todo el dinero que me diera
la gana como calador de vinos.
Lebrel se aproximó al grupo, y dijo
respetuosamente:
-La comida está preparada ya. Cuan do los señores gusten pueden acercarse.
-¡Ahora mismo!-gritó el general en
el paroxismo del entusiasmo y del apetito.
Y levantándose echó á andar hacia el
lugar donde estaban preparadas las vian•
das, seguido de Ponce y de Carranza, q-0e
no cesaban de repetir por lo bajo:
-¡Qué paladar, Dios mío, qué paladar! En Jerez es una mina.
FÉLIX

Dibujos de Karikalo.

MÉNDEZ

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