<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<itemContainer xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/browse?collection=146&amp;output=omeka-xml" accessDate="2026-05-18T14:07:37-05:00">
  <miscellaneousContainer>
    <pagination>
      <pageNumber>1</pageNumber>
      <perPage>20</perPage>
      <totalResults>5</totalResults>
    </pagination>
  </miscellaneousContainer>
  <item itemId="20861" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="17264">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/146/20861/Revista_Contemporanea_1909_Tomo1_No_5_Marzo_5.pdf</src>
        <authentication>33b012d6dfafafe70e92d750056ddc3a</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="581277">
                    <text>Revista (ont~Rlforáneo
CIENc1,s. IIRTES. Poesia, TESTRO. NOVELO
HISTORln Y CRITICO.

,.

Dlfi?CTOR.

Lic. VIRGILIO GI\RZ/1.
,..¡ •

'
SUMARIO

'
Apariencias Arquitecrónícas, ptirJ. T. ACEVF.nO .
Nocturno en Si Bemol, por CARLOS BARRF..!V..,
Ellos, po,' AMADO NERVO .

.

A!gunos Frógmentos. por RICARDO ARENAt:F..S.
lngcnuKiad, por SAMUEL-VELASQUEZ . •

•

El Critnen de Julitm ltnsor, por ALFONSO HER·
NANDEZ CATA-

Solcd.edes, por EDllARDÓ MARQUlNA.
De Viaje; pqr F. LOZAÍIIQ.
En la desnuda Tierra, por ANTONIO MA:CHAOO.
. '
.
Confesión de Pocsle. j,(Jr JUAN MARAGALI. . .

Libros recientes: "La Car11.vana", Jx,r R. A.

'

'
"

•

•
'

•

TOMO 1-NUM. 5
MARZO 5-1909
EDITOR PROPIETARIO,
J. CANTU LEAL

.

.

•

OFICll'MS E IMPRENTA
ESCOBEDO 93.
MONTERREY, N, L.
MEXICO

�ff~_@; \\1 n~ t «JI

C©J ~ lt~ m pó iró n@a '

. !

.

'

PUBLICAGfON UNIVERSAL 'y ECLECT!CA DE ClENCfAS
ARTES, POESIA, TEAl'RO, NOYELA,, HISTORIA Y CR!Tlci'..:' __',

DIRECTOR,
l¡.IC. VlRGIUO G-ARZA.

~~1,

AO.MlNIS,TRAD9R,
GERQN¡MQ GURENA.

1.

E0JTOR P'ROPJETAR!O,

1 ..

J. CANTU LEAL

'

:i

' '-1

'

E-:.m pubik3Ción satdrá·á ruz lós días éinco y ve/rrte de cada mes, en
entregas·' de sesenta páginas próximamente. Formará al año cuatro·
magníficos tomos de cootrodentas páginas cada uno.

'
Es la única revistd eF1 la República oue pa~3. co!abonlción de los más
eminentes escritores de España y América, tales cor;no Rubén Darío,

Juan Marng'all, EnriQue Gómez Carrillo, Manuel Uga-rte,' Tomás Carrasquillá, VíclÓr M. L,onctoáo, Me.x. Grillo, Benito Pérez Galdós, C(&lt;:"=
Se soli.citan a¡¡::etites en las poblaciones donde n.o fos haya todavía. :'

''
PREC'fOS DE SUBSCR!PCfON-

México.

Rxterior.

Por un año,
SS.00·
$4.50 oro americ~no.
" Por seis meses ,,4.50
,,2,25 .,
,,.
Número sueho ,,0.40
, ,,0.20 ;;
n
Anuncios, P,ecios..Conveñcibna!ts.
•,.:

Dirijase la Correspondencia al Aparrado No. '277, :r~léfono 5'7 8,

'

. REPUBLICA MEXICANA.- -,L
MONTF,~REY, N. L..

,.

lm1&gt;. J. Crn,tfl · l .~Í,\. --)l&lt;""e""··

1

�APARIENCIAS AROUITECTONICAS
A todos mis amigos.
SEKOitAS y SE~ORES:

Voy á ocnp:.Lr vuestra atención esta noche acerca de un asunto de la
mayor import:mcia y que deberfa tener un lugar selecto en el entendimiento de todos, si nuestro amor por la vida no fuera un vano juego de palabras sino la esencüi misma de nuestro positivo afecto. Quiero hablaros del
estilo de nuestra a.rquitectur:1 doméstica,y os participo desde luego que no
será cnestión de profecías que ti fuerza de querer acertar rcsÚlten escépti-·
("as y que sólo serían buenas en boea, de un anciano. Yo no vengo sino ñ.
Pxpon.er mis esperanzas en favor de la arquitectura nacional, que lleganí á
ser un hecho si lo queremos ardientemente; porque este noble arte, lo mismo que sus hermanos menores, no cristaliza si no es ayudado por el concurso de todas las voluntades unificadas. La verdad proclamada por el
maestro de Bayrenth resulta en el pre~ente más significativa y má.s lm11i~
nosa. Decfa el inmortnl: «Para que el artista realice una obra grande, es
necesario que todos colaboremos con él». Y en efecto, si trntamos de santifkn.r nuestra vida. diaria por el estudio del universo y las creacion&lt;:lS de los
elegidos de \n, inteligencia, porque de este modo llegarnos tí descubrir y luego á perfeccionar los tesoros de nuestro reino interior, bueno es que sepamos qne en las creaciones miíximas del arte siempre ha existido una colaJ'()raeión de contemporáneos y antepasa&lt;los,que habrá sido callada ó ruido- .
sa según Jas circunstancias, pern efectiva y claramente manifiesta para toda "lni rada escruta.dora.
Por eso actualmente nadie puede creer en la posibilidad de que las 24'
innwrtales rapsodias griegas hay:in sido producto de una sola . inteligencia
aislada _Y Rjena á los sentimientos é ideas . de su épo_c a. Ahora sabemos '
que Homero realizó épica y por lo tanto definitivamente los ideales de las_
generaciones que le precedieron y acompañaron. ·Así es como encontra,mos en la rn:uavíl.Josa obra del poeta la participación del pueblo en todas
sus actividades religiosas, ·guerreras, estéticas· y ·domésticas. Homero pla&amp;"
tificó p¡i,ra_ el encanto de los ojos humanos, con verba líri.cµ. excepcional;
todos .los gestos be11Ós- y beróicos &lt;le su pueblo,· todos los decires piadosos ó

�230

UEVISTA CONTDII'ORÁNEA

sutiles ele sus abuelos, quienes al dcsbm:tar los gmnues lJloqucs de la leyenda, :mtieip1u·on á los futuros cantores la silueta inmortal de la obra de
arte. Así Ci! como en la. divina Hélutle, tndos contribuyen activamente á
n•alizar el conjunto de la IliaLla y tal parece que todos sus habitantes se
proponen desfilar en maravilloso cMtejo nnt.e los ojos extasiados de sns lH'tistas, de mo,lo qnc á tl'avés de los ai"'lof;, lejos de disminnír, munentn. el
sentimiento trá:,,'1co del duelo memorable entre Aquiles y Héctor, en tanto
que el relien1 ele los lmtws blm1cos &lt;le la blanca Nansicaa es cada '\'"ez más
luminoso cuando lanza ],i pelota por encima del florido prado, en medio
de las jubilosas carcajadas de sus cornpañcrns. De otro modo no podrfantos explicarnos la admirable variedad de csttt obrn.
El mejor elogio que de la, vida. poda.mas hacer, dados nuestros citadinos modos de vivir, consistirá desde luego en el aspecto y en el espíritu de
nuestrn ciudad, que sení luminosa. y alegre, variada, rica en color, expresiva y solemne, si nosotros somos cnpaces de vivir luminosa, alegre y solemnemente. Ya vGis pues, Señores , que cuando solicita.ha de todos vosotros el do1111tin&gt; cordial de vue:;tras all1las para preparar el ndvcnimic1Jto
de nuestra mansión ideal, no ktda mi.í s q_ne reclamar como arquitecto, los
materiales irn palp;tblos, y por lo tanto los rn:ís valiosos, con los que h1s
rnanos venenthles ele los artistas de utros t icmpo8 solían trahajiu· en el silencio do su. c\lrazón antes de pnsa.r á la llanurn ó á ht 11'.10ütafüt que los
dioses elegían para que en ella se ec.lificase el rumoroso IJido de los hombres.
Pero antes de que definamos el contorno general de la casa fnt11ra, os
invito ii que 121c acompañ.éis á. través de otras edades para· que a.nalisornos
la relación que ha existido c11tre el sistema dll vida de la lrnma.niLlad y el
e:-;t.ilo do su arqnitedura.; pues siempre e:,; bnen) para la jt1Yentud empolvarse los tidoncs rccuniendo las agriet.adas ruinas tle civilizaciones que ya
110 existen.

Han muerto ya los hombres primitirns para quienes todo el arte se
reclujo :í glorifiear con procedimientos cmbriona.:rios los liechos sangrientos
de sn existencia. brntal. El nnt.ivo &lt;le h montn:ñ:l qne colgó ií la hora del
crcpdsculo la. 1lesga1Tatla piel de oso en la entrnda ele su cuern., :í la. vuelta.
del súl grnbó con su pica ele sílex en el seno de la. roea, l:t silueta de sn haz:1füt memorable; y desde este instante su mansión deja de f:.Cr el quiebro.
accidental de la montafia y se convierte en arquitectur;1. porque la materia
expresa yá la emoci6n interna de su dueño. Sus hijos y los hijos de sus
hijos se detendrán ¡Í contemplar en el trauscmso del tiempo, h1 trnza blanqueeirrn que d istingue esta. er.\'erna de la otra que fué habitada por el rna.t.ulor de leones y que á su Yoz es distinta de aquella otra, en ml.}' O arco de
entrada una mano paciente dibujó f:igurillns geométricas &lt;lignas del candor

�231

de nn nifio. Al mismo t,iempo, el p:ilido lacustre teje trenzas de hierb:1s
eorreosas en torno de los juneos ele 1,n elevarla choza y la. corona con los
despojos agonizantes de sn ca.za y de su pe,;ea,cle modo qne eau1:;:1 envidi:uilu lnna, m¡is 1ne el 1·eJlejo mcüílico de diez guirnaldas de patos silYestres,
el to!do nacarado que un haz de peces forma, sobre la, puerta. Así empieza
b humanidad su marcha por los en,minos del arte, y estos sus primems ·
pasos son tan vigomsos, que, á pesar de los siglos, riosotros no hemos en- _
c&gt;ontrado símbolo mejor para anune.iar los pórticos de nuestros palacios,que
plantar dos bellos leones tlesm~lenados y ruguicntes sobre los soclos üo
m:írmol que ncnsnn las CSPn!inntns triunfales !
Varnns ií Egipt o i la 18ª dinastía. florece pomposamente . P onet:-emos
en los bu.rrios a rist.ncr:íticos de l\Iempr1is 6 de Tebas. Grnn dos murallas
protegen y aislan cada. min de h1s cnf'ns, y filas intenninablcs de palmeras
dan sombm :í los paseantes. Si noR detonemos frcn+,¡i á una de éstas C,l- '
i;as, lo primero que nos sorprende es la. Rnsencia de ventanas en sús facha&lt;lns. B s que el egipcio, .rico 6 pobre,no quiere ser till'bado en sus alegrías
ni en sus dolores por la vida exterior. Ademíís, su divino sol envía. luz y
ealor con una prntligalidad tan grn,.nde, qne sns hijos, para no ser devora- ·
&lt;his por sn celeste padre, necesitan ocultari,r: de su presencia. Pasemos
por la 1í.nicn pnerta que ostenta dos columnatas con cnpi.teles de loto ql1c
lucen banderolas multicolores. El nomlre del propietario cst:í inscTito en
la, plafo.-barnfa. ' Abajo leemos nna sentc11cia hospitalaria: 1'Pasud, esta
es h1, lmena morncla.·; aquí so diecn suaves canciones." En el interior, un
verjel refresca y emhalsnma. S n perírndro que(1a lirnitiulo por el grupo
tle ·pabellones destinados :í los diversos servicios de fa casa: desde luego el
"selnmlik", en donde el jefe dol hoga,· rcr~ihc tí ::us visitnntesy huzsp cd es ;
después viene el"harern", exclusivament e dcstinndo ti Jn familia, y por último el"klrnn" en donde se ngrnpan todas lns dependencias:· caballcriz::is,
cstn.blos, talleres, :cilmncenes y alojamientos pnm esclavos: I-fay t erraza:::,
c:1 las que también existen jardines, pa.nt contemplar &lt;le n()che el más eons telndo de los cielos. Dentro de las piezas, quedamos sorprend·idos por ln.
ric¡ncza dé hi aecoraci6n: esteras sobre los pnvimentos; en los frisos, cscc•nas religiosas y guencras entrcs:wadns de los cantos de Pcnfaur, el Homero cgipcinco; plnfoncs esmaltados, muebles que recuerdan curvas de gacelas y ele pa lomas, vasos d e alaht.stw, cofres donde se gnanla.n los juguet es
para los muertos y qne , por ser para, ellos, t ienen ]ns mtís Yi,·as tonnlidn&lt;les . Esta éa~a, emhcl lecitla con tOLlas lns elegancias J e umt. ornamentac-ión que es pr6cliga en figurns y en colores, forma un todo homogéneo, snjeto á la más sabia tl0 las distribuciones, y rnanificsta clammcnte que Slr
duciío grn;t:i de habitarla . Y este pucb!o que lm creado obm. tan superior,'
ha del,ido tener un alma cxtl':IOrr.linaria mente apta pnra gozar de los m:ís·
raros placel'es e~:tciticos, y por eso llega hasta desea,r la. muerto, la muerte
que contempla á lo lejos como el únieo fin de todo esfuerzo y de t oda cosa,
:í semejanza del gaYihin telmno que, clespné:1 &lt;le haber rc-flcjarlo en f!US pupi.las de oro toda h lu1. &lt;lel sol dm:inte el día., al atarclceer se detiene inmÓ,'il en medio del cielo y,nbsort ü, triste, carn;aclo, quiere proyectar el Eix-

�232

REVISTA CONTE:\'IPORÁNEA

tremo de su pico sobre el vértice de una pirámide que abaJo yace inexorablemente geométrica.! Considerad esta mornda, en su absoluta unidad,
eomo el producto de los esfnerzos combinados de numerosos artistas, llamados á colaborar bajo la presicl':mcb y alta dirección del arquitecto . A_
orillas del padre Nilo, hl evolución de la facultad plástica ha guardado
hnsta el último instante un desa,rrollo verdaderamente normal, orgánico,
como diría un fisiólogo. Por eso de sus artes, y especialmente de su arquitectura, deducimos una certiclnmbre que no podremos tener en los pueblos venideros. Egipto funda el tipo de la habitación adecuada á los climas cálidos y templados; por eso toda.s las arquitecturas domésticas de
Oriente, son sus hijas legítimas. Y cuando sus aventajados discípulos, los
moradores de la Hélade, pretenden imaginar un lugar de reposo, recuel'dan la lección elocuente de las nwgistrales arquitectnraf:I egipciacas, porque
éstas fueron fruto de una penetración inaudita de todos los misterios existentes entre Lt luna. y el mar .... .. .
En Grecia est..imos: los hombres de este país no amn,n la vida del hoga.r; _prefieren el pórtico, !a plaza pública, el c~t.adio y el teatro á la soño•
lienta estancia en donde las mujeres hilan interminablemente. E l joven
ateniense, contemporáneo de Pericles, es un ser cuyos músculos, ávidos de
f'ol y de elegantes movímientos, sólo encuentran felicidad al aire libre. S1i
inteligencia clara, magnífica y atre\'Ída, tiende á escudriñar los encantos
del mundo visible para inmortalizarlos en bellas formas, y también suele
entretenerse sutilmente acerca. de lo invisible, que no en vano corre por sus
venas sangre de Odisseus.
Pnetle levantarse cuando ((Ja santa claridnd del cielo» argenta los palpitantes frontones del Parthenon, y saliendo por las puertas de la. ciudad
reunirse con sus amigos y bajar al mar, en donde se bafüÍ.rtí alegremente, para después ir al estadio, en cuya blanca arena imprimirii j,~dcante
las huellas de su sand:11ia. En el pórtico civil, esgrimirá con íJ.g ilidad pas•
mosa un haz de argumentos que desgajan y ca,rcomen la legendaria omnil)Otencia. de Zeus, y su anciano maestro sonrci11í al ver cómo su discípulo
ha sabido ir tan lejos. Todo Jo cual, no le impide tomar parte en la.s cabtilgatas que cierran la procesión .panathenéica, pues es para él un placer
indescriptible domeñar al pujante potro de la 1,blanca Colona», po.ís rico en
Mrceles que se encabritan y :u:quean el cuello en curvas nerviosas dignas .
del trazo de Fidim;! Si en una de esas campiñas qne el rocío refresca cada mañana y en donde suministra coronas para Demeter y Perséfone el
narciso que crece junto al azafnín dorado, el efebo se entretiene departiendo amablemente con un vüi.jero, hasta que la luna. los sorprenda, podni ese-alar la ciudadela y llegar al fin 1i la casa de su amiga para. cuyo amor no
es tarde nunca,
Veis, pues, Señores, que pam este afortunado y ejemplar ateniense la
vida no es posible entre los cuatro muros ele una casa. Además, la arquitectura oficial es tan bella en toda, la confederación helénica, que ningún
ciudadano puede :mibicionar un palacio que compita con el templo dedica.do ií lii virgen Athenea, ni con el Prectheion, ni siquiera con la dól'ica y

�RF.\'ISTA CO)!TE)IPORÁ:-EA

I'

233

sencilh ordenanim. de los Propilcos. Sin 01.11bargo, fncrza es que tenga un
lngar en donde repose de lns fatigas d iumas, y le sel'ii !ticil, dlllht l:i cl:1ridad J e su ·espfritu ,lmcer evoluciona!' el t ipo t'gipcio, adiipbindolo á las condicion es del clima y creamlo al mi:omo t iempo detnlles dccorntivos que le
i:;on perfectamente pmpios. T raspuest11 la sonom puerta. ele bronce $e halln un jardín en torno del cual r;e levantan pórticos de mármol cuyos capiteles ya. no KOll lot ifor mes sino resueltamente d6rk os, es decir, helenos.
Paralehunente se nlinean las habitacion es: la sa.ln. de recepción para lo,1
d ías solemnes, un gin eceo pitrfl- la fam ilia y dependencias pura, el serv icio.
Toda esta arquitec:tum. e:, 1·ica ment1: colol"ida, y en los grnndes m uros, tormentosas hacanales d estacan sus siluctos sobre ~1 rojo estuco. H ay estatuas de mií.nnol en los corredores y pequeñas )iik:eés crísoelefantinns, en h
sala común ; a rmas dorndns, lámpara.e! de plntt,, pes.'\&lt;los cortinajes teñidos
c-on la púrpura de Tiro, lechos de maderns preciosas con incrustaciones de
nácar y espejos de electroón que a.l dorso mUP.5tmn infort unios humanos
por causa de Eros. Si h1 casa es la de un p obre, guardará, no obstante, ln.
misma disposición y sení red ncida á sus cscasus necesidades ; como decomción, el mismo espíritu distinguido su bsiste y si bien es CÍ!i)I-to que n o
tiene lujosos m uebles, siempre posee algo más que la vnr,ija de barro que le
concede 'l'aine. Más tarde, cuan do el griego ya no guste de las fiestas, ni
de los bellos discursos, ni de la vida exterior, ampliará los diversos departamcnws del hognr y hará lo.bor obscura. Para entonces ya estnrá pró;,.imo
nl vui,,.'lllaje &lt;le Roma. Un dhi comcrómtes venidos del p;~ís por donde se
hunde el sol, llegarán á m utila r lns obras cult!simas de Grecia y sus hijos
marcharán como escl,wns á la ciudad h,irhn,1·n de la Lol,1\, en drmde hace
frío, y cuyo cielo se nubla t odas las tardes con las polmredas que leva.ntan
pest ilenle1-1 vientos.
Sobre la. clomda colina del Acrópolis, todo ha terminado: solamente
«c:l olivo salvaje, ese á r bol desconocido pnrn In. tierra de Ai'! ia. y también
para la gran isln dórica ele Pelops ; ese á r bol que no fué plant ndo por la
m ano del hombre y que no r echimn cultivo alguno- espanto de las lan zas
enemigas-nquí prospera. E l olivo de pálidas ramas cnyas hojas S.'l.iudan al
niño cunndo n ace: jamás jefe enemigo,. joven ó viejo, podrá estirpar lo del
suelo, porque crece bajo lns miradas protectoras de Zcus Morius y de Athe•
nea la de los ojos a zules» ... . --. -.
Todos vosotros sabéis m ejor que yo que en la historia del arte, el romano es con11iderado como un t raficante. 'l'ouas las civilizaciones anterior es y también sus contempcmíncas, le suminist rnn ideas y formus, porque
él es presa de los má.'! Yehementes im pulsos de conquista y de lucro y 8610
puede pensar en expediciones guerrerns q ue le produzcan t ierras fértiles y
cscln.vos sumisos. Y si bion es cierto q ue un dfa discurr e el arco de medio
-punto y la bóveda esférici., poi· medio de !os cun.les c.'\ractcriza su gigantesca arqtútecturn civil , en lo que so refiere ü. la arquitectura. privada no ha&lt;'e m ás que utilizar nmpliándolo, el plano griego. Sólo que el romano anhela deslumbrar ; falto de aristocracia intcleetnnl, q uiere que se Je admire
por los cuantioso,; bienes mntcri:iles q ue posee y por la elevada posición so-

�234

REYISTA CO~TE'.\IPORÁNEA

cial que le ha sido fácil alcanzar, y por eso finge desdenes ' lÍ los raros qne
l:'e de&lt;lic.an al cultivo del espíritu. f;i su casa está constrnída con granito, ·
es solamente porque dicho material resulta muy caro, ya que es preciso
hacerlo venir de Egipto. Si en ::;ns pnrques hay estatuas, es porque tos ar. tistas griegos que las ejecutan son escasos y cuesta tmbajo conseguirla~ . En
sus frontones reproduce escenas mitológicas que para él son extranjeras;
los capiteles de sus columnas no han sido fruto de la imaginaci6n ele sus
artífices,. y ~;n cuanto á los muebles, telas, decoraciones y utencilios de que
se sirve,que ni siquera. es capaz de imaginar y menof! de pngar debidamente, podernos asegurar que los importa de sus colonias. En aquitcr,tum dornéstica,ningm1a palahrn nueva dijo el romano; pero es bueno recordar que
en arquitecturn civil es un maestro consumado que r esuelve con sencillez
maravillosa los conjuntos monumentales de sus edificios, cuyas ruinas son
nhora el mejor blasón de la Ciudad Eterna.
La Europa Occidental ha producido un tipo de arquitectura que por más
ele nn motivo es digno de nnestm profunda veneración. Durante los siglm:1 XII, XIII y XIV, la honda neurosis acumulada por la rgos sufrimicntoe·hnlla al fin su modo de cxprcsi6n , determinado por una crisis tn11 luminosa como la raya. de fuego que desgarra inmensa nube de tempc,tad .
La humanidad ha pasado por dolores sin fin: está próxima á tfosfallecer
y l'Í bon;ar su hnelln sobre la. superficie de nuestra eelestc patl'ia, la tierra,
tnantlo he aquí. que hornhres que han tenido por confidentes á los bosques
solemnes de ias regiones brumosas, realizan la sinfonía. arquitect6ni.cn que
opem el milagro portentoso de retener 11 los huma.nus en este suc:o que dc1,c,1.ban abandonar pa.rn sicmp:-e.
A Francia cabo el honor de haber iniciado, protegido y al fin visto esplender e,;te art.e admirnble, que no toma nada de Eiipto, n.i de Grccüt, ni
üe Roma., corno que tiene t~n si mismo todos lo:=&lt; e1€'mentos necesarios pam
friunfar. Las corporaeion•JS mnsónicas establecidas en ht j,.Ja de J?nmcia,
en Picard-la, Champagne, Borgofi.a y Korrnandía y qne se dedican nl estutli,) do !ns bellull artes, encienclen las siete lámpnr:1s de fo, cultura, bajo cuya
luz dom.da los pueblos nieken tí -la ac~•ión, á la tlivin:t a cción, savia fccnndante de tolla hazañ:t digna de holocaustos !
·
Sin ocuparnos del periodo de ern,iiyo,1 de estn nrquitcetlm1, coloquémonos en el illstante rle su ¡;lorfa. Cuando el Snnto Rey Lnis de Franeia empuña el cetro de oro qne rnits bien e,5 signo do arnor entre sns h'lanos qnc
no de m1mdo funesto, sns súbclitcJS viven en las cntédralcs. Para, las eiudadcr; que han enti-aclo en posesión de sus franquieias, la catedrnl no es solallH:mte el edificio del culto :'&lt;'Í11◊ fomhién un lugar de asambleas públicas.
Reuniones rnnniciprdc·s, fiest.ns eiviles, representaciones de misterios, todo
esto se verifica bajo sus naves: In cntcr.lral es el centro único de la vida popnb.r, es el corazón de la Cindnd . Este mnplio y liberal criterio que asocia
b cateclml ti. todos los regoeijos profanos, c(imo también :í los se,1eros senti111ientos de la fe, hizo de ella el monumento público por exed eneia. Lo
&lt;1ne no impide qnc en torno 1.myo se agrupe el pintoresco corrillo de habibciones ptivadas que•, romo nn campo de violetas sile:wiosas, &lt;::recen L&gt;ajo

..

�1u-:vrsTA CONTJ,~IPOR.,i.l\IU.

la somhn1. gigantesca tlel. cedro lx1tido p01· el viento. ¿Pem estas casas c6mo son? B:tste saber qnc todas s m di-;tint:1s entres[, pues cad,1. umi h,1.
sido construída p a.m u .1 hombre qne no s~ p:ire,:e á lo;:; tlem,í,;;; sino en
que todas sas ener6 í:1s 1nilitmites eHttin puestns al servi,:io del 111.onumentu
rcligi0F10 que h,, ele tla1· n ombr e :í la cimla.d. La cns:1, tlura.nte la Edn&lt;1
J.iíedin., es tota.hncnte opuesta en sus tenden cias n, la J-uihitación &lt;le nuestros díMi qne es vulgm·, llllly vulgar y nn iformemente l'onfortable; corno
si la vida del n egociante, su~ eosturnlircs y S\18 ne,;esilladc!:l focran iguahl,;
ú, las del sold:ido; comu si d aloja.1uient&lt;l parn un 11ott1.rio pudiese convenil'
:t la mujer de mod11..
Todns vivimos mal en la casa que alquilamosy
los paseantes no rnn sino fachadas casi idénticas que ya nús hrtbrían hecho morir de splecn si en nuestro país putliérrunos cncr bajo el imperio de
tal enfermedad. m p1·opiet:Lrio &lt;le la, Edad Media., si desea construír su casn, llama :i uno de los sabios entre lús más sabios arquitcctrn, tlc su t iempo,
quien ,con la cola,boración de a rtcs,1110s que s0:1 verdaderos príncipes del arte,
ejecuta, la. obra cuidadosamente in-.aginada en vist,a de los gustos y profesiones de su ducf'w y Uamach á testificar la s inceridad de sns autores.
El estilo de estas mnt·adas, es una continuación clel de la catedral; talparc::e como si de c,;a ma.nsi6n di\rina d ~iscendiese, pa.n1 luego esparcirse y penetrar en to&lt;Lts lus pequeñas arquitectmas, sus hijas, u u efluvio de su a rmonfa impondera ble. P ero debo iusistii·: la catedral es la cas..1. tlel pueblo; él r.,s quien la hi~ con&amp;truído bajo la n oble dirección de sus arquitectos
que ambicionan edificar eo11 la. piedra cxtra.ídn del lugar mismo de la con strucción, un monumento. tan ~lito y espacioso que pueda. contener 1í todos ,
un edificio que produzca. ii la vista la grata impresión de solidez que el razonnmiento garnntiza.; y todo sin emplear nn t iempo excesivo _qne cons11miría demush&lt;los recursos y mucha.s vidas hum:mas. Una ele sus grandes
tenclenria.&lt;J consis tirá. e n admitir toda la luz que sea compatible con la estabilidad del monumento, sin que :m estl'llctum deje de ser sen sible 1í h
razón y mngnífica, aunque sin tratar de singularizarse. La potencia de
&lt;lichri estructura es realznda por una ornamentación suficientemente bella,
s in qne llegue jn.nds id entusiasmo d esordenado que exagera la riqueza y
q ue, en u11 momento &lt;le insolente embriaguez ó de egoísmo, podda acusar
d emasiada luibili&lt;fad. Cun la escultura de sus muros y de sus puertas form,, un alfabeto y un epítome de la religión, &lt;le cuyo conocimiento puede
estar orgulloso, p orque le pern1ite inscribir en majestuosas líneas el encan_t-&gt; doláro50 de la vida y d e la muerte de Cristo. Considerad, Señores, ht
magnificencia de este gran movimiento de arte que., tenieudo á Francia como núcleo, irradia con t:11 pujanza, que llega hasta Inglaterra, se instala
en A.lema.nin, Flan des y España, y traspasa luego _la frontem de Italia. ·
En todas estas naciones los hombres se dedican á la edificación y en cada,
pueblo se producen ohms que llevan el sello de la raza y á veces surgen monumentos que como el Campanille del etrusco Giotto, en Sta. María de
las Flores de Florencia, resultan piedras angulares de fa bellt&gt;za. Y este
sentir general de la época preeipita por entre el bosque de andamios de sus
constrnccioncs, un enjambre de voluntades rampantes que anónimas tra-

�236

REVI STA CONTE~rPOllÁN"J&lt;~A

ba.jan ain desc.·mso, hasta el instante en que la cima del monumento trns•
pasa el círculo celeste, en &lt;londe las cigüeñas giran y giran infatigablement e\
Parecerfa. qne esta bella floración a1t.ística no dehfa. terminar nunca;
mas con el tiempo, l:i. lrnmanidad i-igne otrns rutas y abumlona aquellas en
las que encontró fuer1~, é ideal. Sólo en Yonecia signe esta. arquitectura
·su cmnino : fund:uht sobre e l mosaico y la greca. do los bi1,:mtinos y poniendo :i u n Indo sus ornatos para fijar sns form as según leyes cada vez
más severas, :-e ofrece al fin corno el m odelo del gótico doméstico tan grn.nJioso, tan completo, tan noblemente disciplin~do, que ja.más existió arquitectura p rfrada que reclnmase con tn.nta justicia nuestro respeto. Ni i,;.
quiera exceptúo al dórico gl'iego: el veneciano dd siglo XIV b:1.bía desechado uno á uno, tlurnnte siglos, todos los esplend ores que el arte y la riquez:t podían da1·lc. H al.,fo. depuest-0 su corofüt y sus alhajas; sus oros y
i;u color, como un rey que se desviste; había renunciado id ejercicio como
un atleta que reposa. Cnprichow y fan tástico cn11mlo comenzó, se sujeta
l,nego ,í leyes t:m inviolables y scre,m::; cnmo las de la naturaleza. mis1mt.
Xo qujso m:ís que rete11c1· su belleia y sn fue17,a , ambas supremas pero
sieri1prc cnnteni&lt;.hifl. L1s c:mahtdura.c; dóricas varfa n en cantidad; !n,s m olduras ,·cneciana:s fnomn inmuti~bles . El modo dórico decorativo no admití;~ tentaciones, cnt el ayuno d el mrn.coreta; laomarnenta.c:ión veneciana,
en tanto que rninó, a bmz6 todas las formas d e l,t flora y de la fauna. F né
fa, temperanda del hombre, el imperio de A&lt;l1ín en In. creación . No conoztlO signo tan magnífic,,
autoríthtll h umann que pueda comparnrse con
este omnipotente irnµel'io tlel 1nte vcn1~&lt;,iano sobre su propia. exuberancia.
&lt;le imngina(:ión y con esa trnnquil:t y solemne prndencia. con la qne, ú pe,;a.r de su eripfritu colmado tle fantásticos follajes nn&lt;lulosos y de vida a r&lt;lionte, tla :í. sus pensamientos una expresión momcnMnea y luego se retim ií sus h,irms macizas y 1i sus Jobos de pie&lt;lrn. uniforme ...
l\Ias el Renacimiento llega: se hahla ya ele retorno ií. los estilos de
G recia y Roma; el momento es &lt;lccisivo, h1 h umani,hul no haní mns arte
gótico. L[t gran palpitación mctlioeval , ,a tÜsminuyendo á medida que
anmont..'L el hielo del acaclcmi:-mo en emhrión . "Una de las cosas que m1ís
me entristc,:&lt;'ll en el trnnscurso de la h istoria-&lt;lcda el noble forzado de la.
cárcel de Rei,.,1i11g--es el hecho de que el verdu&lt;lero renn.cimiento de Cristo, que produjo 1n. ,~'l.tcdral ele Chnttres, el cielo &lt;le las leyendas :uiurianns ,
l:t vida de San Fmnt.ii8co de A.sis, el arte de Giotto y la Divina Comecli:t
lle Dante, no haytt p,,dklo clesnrrollarsc libremen te según sus propias línens, sino que, por el contrnrio, haya sido interrumpido y desvirtuado por
el fnsti&lt;lioso ren,\cimiento clllsico que nos clió los frescos de Rafael, la arquitectura d e P.1.lladio, la tragedia frnnccsa fol'lnal , la Basílic.'L d e S. Pedro,
la poesía de P ope y todo lo que está hecho c.on superficialidad segi.in r eglas
muertas y que no surge :í merced del inspirador soplo mmánticol "
J&lt;;I pretendido renacimiento chisico hn. p l'odncülo en Italia una ar•
quitcctura dómésticit verdaderamen te ilógic.'L. Con formas que, si hien es
cierto, recuerda n las lle l:t Roma pagana, n o deja de subsistir su error que

ue

�'

REVISTA CON'J'E)IPOlt.i;:,;1~,\

consistió especialmente en hf1ber dado dimensione"&lt;,; exhorbitantes :t todn,;
sus órganos y ha her n,currido con frecuencia 1i proce&lt;limientos de constnrneión que son esca.motens in&lt;lignrn; (le quienes llecínu e&lt;mO~'.e!' profundnmcn te el espíritu razonable ele h Greci:1. inmortrll. Est:uw is acostum hrn.dos ,.;,
oír decir :í nuestros amigos que vneh·en de lt:d ia, qne n ida es comparnlile
con la magnitud tle los palacins tll::l ci11quecenlo é involunt11iame:1te acusan
sn defecto capital. Que sus masas son imponentes, qne sns moldu1·as son
variadísimas, que sus decoraciones interiores esfain finnaclas por nombres
ilustres en la historia de ln pintura, todo esto es cierto y por eso justamente es m:ís visible Ju, desproporción de estns arquitecturas que cvo&lt;mn en
nuestra mente los nombres de Lombanli, Calergi, Los Sforza y los l\fodici&gt;'.
En vano Bra.mante imaginad recursos pa.rn animar los órdenes chisicos. Y :Miguel Angel, el mismo :Miguel Angel, ese Jtí.pitcl' que en vez de
rayos empuña cinceles acerndos, caerá con todo su genio, en tales a berrncioncs, que en la nctualidad todo arquite&lt;:to extraño ~í prejuicios, cu:rnclo
estudia las crea.ciones :1rqnitectónícns del i1111101tnl escultor no pl1ede nrnnos de lamentar sus t eatrales exageracion es.
Cuiíri distint:i es la evolución &lt;le la a."(J_nitednra en Frnncia. En ItnJia no encontramos más que palacios con fochaclas rígidas, uniformes, cnsi
sin salicntei; y con ventanas iguales. Edificios cuyas distri buciones se engloban y se disimulan bajo nna techumbre únka que sin chirnenens aparentes ni lnca.rnns se pierde tras de las comisas. En Francia nl contrario:
la distribución se acusa completamente al exterior; ca.dn, cuerpo del edificio t iene su estruct ma especial, Cfl,d:i esca.lera su cul.Jo aparente, eada techo
la vertiente necesaria para el eseurrimiento de la nieve y de la llnvin,; y sm'
ventanas, ·repartidas sin nuís ley que la sancionada por una sabia distribución, no ofrecen ritmos monótonos ni petnl:mcias inmotlvndns, pues to(lo
revela un completo desprecio á las ideas de simetría que rigen la arquiteet ma. de allende los Alpes. Chat.eau de Blois, H otel d'Eccoville en Cuen,
Fontaincbkau, SaintGermain, Mansion de Jacqucs Coenr y Hotel de Villc
de Cambray atestiguan la exactitud de mi aserto. Se os dice á menudo qne
estas obrns son fruto del rena.cimiento itn,liauo, porque nadie se preocup.t
&lt;le sondear el libera,] espfritu que las anima. En cambio, á fines del siglo
XVII sí se rnanifiesta la influeneía italian:1. Como que entonces Col bert,
el hombre de las precauciones imitiles, funda la Academia. de arq niteeturn
dizque para rennimar el decaído espíritu de los :uquitectos, con lo cunl eonsigue alcarizar el fin contrario al que se habfa propuesto. Y viene el estilo
oficial que pretende manifestar solemnidad y deeoro, y las pla.zns dan ca.biela á interminables faehadas uniformes que presentan de un extremo :í otro
la repetición de los mismos motivos, y tras de esta sÍlnetrfa, la distrilmción
se tlisimula de ma.nera que al exterior tienen un mismo semblante y una
misma expresión , una capilla, una escalera y una sala de baños, Y esta arquitectura que no parece que pudiera servir para nJojar mortales sino 1rnis
bien para guardar series de objetos idénticos, ngrnda al rey, y por eso 1\fonsieur l\fansard la adopta sin vacilaci6n en una parte del P,1lacio de Versalles. Y parece increíble : ese pueblo fmn cés cxccpcio11almc11tc dotitclo parn

�:238

REVIS'f.-\ CO)lTE)íPOR.{N EA

representar por los siglos de los siglos un arte verdadero, se estanca ba,jo el
reinado de los Luises, hasta el día en que la Revolución destruye esta
ap:uatos,t y falsa arquitectura. Más üu-de, la expedición tí Egipto reveló
otra civilización; la, a.rqnitectn rn, se hizo egipciaca cuando Napoleón iué
Cónsul, y npenas el Cónsul se !tizo p roclamar Emperador, los arquitectos
cayeron de nuevo bajo la tutela de Roma. Los románticos del año 30 imaginaron que las a.rte::l lleberían volver al siglo XIII: vano intento que fué
efi cazmente satirizado por los serenos scpíritw, ele la época.
Desde ento1,ces la 1úadre de las artes v11ga tocando á todas las puerta:-; sin encontrar ningurrn que se d ign ifique abriéndose ante su paso. El
a,lma. universal h.1 huído dejando desierto el santuario de ln. Diosa; la liternt11ra , ]a, Cf,cnltma, !.t pintura, y sobrn todo la música, se h:tn adueñaclo d~·l sentimiento popular. La religión de Jn. orquest{1 hace cada día m:ís
prn,;fütos ; la. sinfonía, divina señora con ardor de walkiria }' mirar de sircrni, se apodera &lt;fo to(las !ns rnluntades y arrnstníndose en los ve1'tiginosos círculos de su armonía. parndisiaca, fomenta en nuestros espíritus la ·vaguedad, el arnoi al n1i:oterio, y por lo tanto nos coloca en situación anormal poeo propicüi pa.m gustar de objetos m ateriales. Las abstracciones arquitectónicas justamente porque son resultantes d e necesidades m aterialesé
imprecindibles, requieren m1 vigo1· phístieo, una san:t compnmsión de las
fonnas y sobre todo una justa estima de lus dimensiones en vista de los
fines á que son d estinadas.
Y para que t och,s .:stas cosa:-; sean posibles, senecesita, como os decía al
principio uc esta, conferencia, del concurso de todas la.s voluntades unific;tdas. Y eu:tndo e,;to no acontece, la arquitectura cae forzosamente en la
me&lt;liocric:lad, es desacreditada ·p or sus arcRismos y repeticiones ele antiguos
lllodelos. La cul ¡xi no la t ienen los a rquitectos sino los pueblos, porque éstos son en vel'da.d quienes dan el carácter it los monumentos. Un arquitecto no puede edificar sino en el estilo qne esté de acuerdo con el sistema
,le vida ele su propittarin, porque es absoluta la verdad que dice que los pueblos t ienen las a.rquitecturas que se merecen. El progreso lle la arquitectura llepende, adcm;is, de la introducción d e un nuevo procHdimiento técnico
en su cicnci:i constructiva. En la ad.ualid:td existe: hablo del hierro. La.s
necesidades dd comercio lo ex.igcm; las graneles industrias y sobre todo 1as
empresas fon;ocaniloras necesitan de superficies exubern,ntes. El fierro,
snsceptible de form:1s que acusan sus funciones, ha entrado de lleno en la
práctim (foirin. clP- la construcción. El cemento armado es el perfeccionamiento último de los constructores. L fL ciudad de Viena h:t refrescado sus
marchitas sienes con la, corona de p rimaverales chalets del estilo nuevo en
tanto que D:nmst.\dt legishi los p rincipios estéticos que d eberán regirlo en
lo sucesivo. E l gran mérito de estas arquitecturas consiste en que n o emplean el cemento armado para reproducir viejas formas. Eso equivaldría :í
usar instrumentos wagnerianos para toc1u· sonatinas de Mozart; porque en
verdad nacb repugmt tanto tí la mirada del hombre que analiza, como en.contrarse con un pórtico qne recuerda :í Grecia y cuyas columnas están
constituí&lt;las por \·ignctas de acero, alnmbrcs y gris coménto. Desgraciada-

,.

�1
REVISTA COXTD!J&gt;OH,\'.\EA

239

mente esto acontece con frecnencia, por lo cual en vez de que di&lt;..: ho procc-·
&lt;limiento sirva para rnnacteriznr la nrquitcctma &lt;le lit éprwa, sólo ayuda ii
la ignornncia y ñ. In. avaricia lle IM hombres pam llcnn r &lt;le-ridículo h s uve-·
nülns y plazns do nuestro pa í~.
'

Kada miís ngmdnbl_e pnrn mi espíritu, qne la evncnción .sík•1H:Íoi-;a que
atrn.vesnndo rantb el desierto de mis recnc;-uos rnc tr:msporta :í. las 111¡1finnas de mi vid¡¡, estumlinntil, cuawlo, en unión de un grnpo &lt;le rompafü:ros
alegres y a rdorosos como una bandada ele gorriones francos, departía con
ellos aceren, de la arqnitectnnt rrntn l. Entonces, como uisponíamos :i nuestro arbitrio de las terrazas e.le ht vicjn, Academia, allí pnsiíbamos una lmcrn1, parte d el día contemplando una :í una y dibujándolas 1í ycces, todas las
torres y mípnlas de los monumentos religiof-los que lit dominación cspañob
edificó en nuestro suelo. Y ningún espectcículo terrestre tenía pam la d elicht 1le nuestros ojos, el encanto verdaderamente sugestivo que nos ofreeía
la Metrópoli rica cm linternillns decoradas con azulejos, cnnmlo éstos ardía; 1, espejeantes bajo las rnil flechns de oro del sol mat.innl. Grabado est.í
en mi mente cual si en este monrnnto lo mirase, el case!'ío gl'is y misterioso: quebrado, bajo é irregular en los barrios npa.rtados, geométrico y bl:mquecino en los aristocníticos y centrales. 'l'odas las modernas constmccion e:; abdicaban d '3 su expresión; se confundían, se nglomera,ban ntolondrn.das y medro:;as. Y en aquel laberinto cita(lino que se extendía ceniciento
hasta perderse de vista, únicos los rnonumentos colonirt.1cs triunfaban pcir
Jns deci&lt;lidas curvas ele sus duomos, por los ondulosos pcrfi!es de sus muros en piñón, por sus remates, caquetcs esféricos y campanarios que inscribfan en el sereno cielo, sus múltiples contornos vigorosos y rcsueltrn, !
En esos dfas en qne una trnnqnilidad incomparable fué el mejor blasón de mi alma, dos problemas se repartieron mi mayor empefio. Desde
luego, si nuestros mayoreB se hubiesen preocupado por com,ervar primero
y después hacer evolucionar h arquitectura colonial de mane ra que la, hubieran adaptado á las neecsidades del progreso Riempre constante, lcontaríamos en la actualidad con un arte propio? Yo creo que si. Todos los
ejemplos de la historia me permiten hacer ante vosotros esta afirm ación.
Parn alcanzar ese resultado, se habría exigido un lento ascenso, una adapt ación progresiva, natural, espo11hínea, de modo que la trndición habría
presidido al movimiento haski el instante en qne los creadores, complctitmente dueflos de sus procedimientos, diesen liberta&lt;.l :i las formas y excelsitud :í. las iclens. Pero nuestros nlmelos no se cuidaron del porvenir y :í
consecnencin de su &lt;lescuido lamentable la tr::tdición arquitectónica. !in quedado int.erruinpida pa.rn siempre. Kad~, signifiht ,~1 qne un arquitecto de

¡.

�210

REVISTA. CO'STEMPOR..\.Nli:A.

nuestros días constrny,i h}íuilmente segt'm las tendencias de er::te sistema.
muerto; el pncblo continúa indiferente sn camino, extrafio á cualquier diletantismo retrm;pectivo. Pero si nuestros antepa...-,ados hubieran amado
realmente sus vetustas arquitectura,'J historiadas con aspecto de relicario y
trabajadas como si fuernn joyas, su piedad estética hubiera pa.sado de padres
l\, hijoi; de modo que en b actualidad nues tra ciudad tendría una expresión
p'.Htieular, porque todos sus edificios civiles, industriales y privados ostentarían un est ilo propio,nna singularidad individual y simpática.Si ellos hubieran estima.do dignamente las puertas con inscripciones, las rejas de hierro forjado que en más de una ocasión super:uon en fantasía ií !ns enredaderas ducales que se prerlllen en los rojizos muros de tezontle y que hacían de la ciudad
feél'ico p:i.isnjc simbólico, entonces, las euca.rrujadas· arquitecturas se habrían
p erpetrado hasta nuestros días, ennegrecidas y poJvosas por el trabajo de los
siglos, pero elocuentes y venerables al fin . Y alternando con estas construceiones auténticns, cnú,n gratas nos serfon las producciones novísimas
umtinuando y perfeccionando los bellos principios tradicionales. Así,
al anchuroso patio castellano destartalado y grave, en cuyos corredores
perfumados por los naranjos en flor rmís de un corazón 1,encillo calmó_ su
angustia meditando en máximas ele Kempis, habría sucedido el patio modcrnn, menos i;olernne pero más humano. Constituído por elementos mns
delicados: baiecnc.illos auda&lt;;cs, pilastras airosas y cornisas ejemplares, de
ningún modo habrfo. excluído ri. lns tiernas flores de azahar, ni ií las alegrC&gt;S golondrinnE&lt;, y se habrfa conservado el gusto por el patio, ese núcleo
vital de t oda distribución annónic,,, ese cuadrado luminoso bien amado
del sol y de la luna , por cnyo amor no habríamos llegado al desgraciado
extremo de adoptar el /11:,Jt herméticamente cerrado, como el egoísmo de sus
dueños, á toda 8omh;a &lt;le! cielo y á t odo prest igio floreal.
Corno no faltaría quién se preguntase por qué no tomo en considera1;ión las eml&gt;rionarius construcciones ind ígenas, os diré que sólo pueden
1,cr motiYos de lucubraciones arqueológicas porque ni SllS planos, ni su m•
quitica dccornción, ni ln idea que los nativos tenían de la habitación, son
elementos capaces de evolucionar coadyuvando en un movimiento de trascendnntal irnportaneia. He demostrado que no poseemos arquitectura di•
rcc-triz; por lo tanto, ti. nosotrm; corresponde iniciarln.
Pero si :mhela.mos ardientemente que un estilo nuevo anime á nuestras art es •plásticas y e8pecialmcnte á la arquitectura, debemos empezar por
interesar direc,tamente al pueblo, 1í la nación entera. Que los artistas dekl'mincn ln orientación de la tiena prnmetidn por la colaboración de su
ee1estc concordin ; que Dante vncln" ií ser el arnigo de G-iotto y Vcliísquez
el admirador de Rubens; que el obrero destinado inv.iriablemente á labor
maquinal como consecuencia de nuestro triste régimen social, ocupe de
nuevo su pue8to de maestro, de creador, de artista! Y cuando miréis deJic,aclas y concisa;, formas en vuestros edificios; cuando miréis en ]¡~ calle
bellos vestidos que expresen y acentúen la gracia de aquellas que t ienen el
r crfurnc de lus flores ; cuando comprendú.is que debe existir un sentido de
relación y anuonía en la decomción interior, esteras, frisos y muebles de

�r

241

RIWISTA co:sTg1JPORÁNEA

,.

vne:;tras casas, por modestas que sean; cuando encontréis sobre vuestra
mesa los Ji bt'os que fueron con'lideraclos por sus impresores é ilustradores
con sagrada veneración, pues que son destina.dos ií suscitar en las inteligencias una flama inextinguible, entonces pensaréis que algo aconteció, que
nn espíritu nuevo ha debido soplar sobre el pais para. que tales refinamientos estén nl alcance del más humilde ciudadano,ya que en otros tiempos no
podían obtenerse ni con oro ni con amor.

J.

·.r. ACEVEDO
Arq\\itecto

Lectura hecha eu el Casino de Sta. ~'lar[a la
uoche del 31 de Julio de: r907 l que hahfa perma.ne..
c:-ido inMita hasla hoy_

�NOCTURNO EN SI BE~IOL

PRELUDIO

Es la noche poesía:
impregnada de lnna y de perfume
y de melancolía.
:tl:li coraz6n presmnc,
y el viento en el follaje
estudia una nneva sinfonía
salw,je.

i Qué raro es el viento !
Cómo me entristece
su continuo acento
que llorar parece.
iQné rnro es el viento !
También es rara la luna,
y 1rnis que rara envidiosa ;

pues opa.ca presurosa
las estrellas una á una.
ILa luna es muy envidiosa !
Oigo de nuevo mover
las fronchts. Sin dnda el ,dento
está est udiando otro acento
y no lo puede aprender.
i Qué torpezn la del viento!
.Me hallo en un jardín
enfern~o de spleen.

�243

1tE\'lST,\ COM'fl~MPORÁ::!IIU.

lii razón turba y entume
un jazmín &lt;'On sus olores.
;.Xo se &lt;.alllHanín las flores
de dar fliempre su perfume?
¡ Ta mbién son raras lns flores!
Mas esto es una obsesión
&lt;le mi cerebro. ¿Estudia
t"I viento otro nuevo fl6n'l
.\h nó! Ahora preludia
Un nodumo en sí bemol.

II\TERMEZZO

La noche anmza,
:tvnnza la luna,
,en mí anmza. una
◄lcscspernnza.

·1

l

El viento ya no gime,
la flor ya no perfuma,
y en la calma aparente de la n och e, se esfmna
1ma tristeza sublime.
Percibo confusam ente
como al través de la bruma
y un algo dentro m e oprime,
me oprimo constantcment&lt;"~
Divino misterio
&lt;le la noche serena:
íinge el jn.nlfn un grrm cementeriCl
y ro una alrr..a en pena.
~Iiro en lo alto con vivo fulgor
una luz brillar.
¿ Me estar(¡ mirando n.caso con amor?
¿ Podrán las estrella!! amar?
Se a pagó la luz ...
1Cuándo m e dobleganí el dolor ...
cuándo concluirá mi cruz... !

�244

REVIS'l'A CONTEMPOR.{NJ~A

FINALE
La fuente murmura
quejum brosamente;
casi con t ernura
murmura la fuente.
N otus cristalinas
modulan sus gotas,
y surgen divinas
cristalinas notas.
Murmura la fuente
q uejum brosamente.

Y surgen divinas
notas cristalinas.

¿Es acaso una obsesión
de mi cerebro? No sé.
:i\fas escucho el mismo són
sin explicarme el porqué.
Encuentro cierta igualdad
entre la fnet1te y el viento,
modulan el mismo acento
con diversa intensidad.
El viento gime y suspira,
la fuente llora, y murmm·ft,
y en la cadencia que gira
produciendo el mismo s6n,
se percibe la ternura
del Nocturno en sí bemol.
ü ARLOi;

?!Ionter rey, 1909.

BARRERA

�ELLOS
De un tibro en p1e11sa

Todos los dins pasan frente á mi ,,entana, dos terneras.
Va.n al matadero, llevarlas por sendos rapa.ces.
Tienen aún e.&lt;ie gracioso atmdimicnto de las Lestias jóvenes ; se repegan ln una á la otra, saltn,n, miran á todas partes con sus grandes y apacible,.; ojos glaucos y curiosos.
L1egani.n á su destino; les lig:rnín las piernas y con lmi, gran maza
les darán un certero y terrible golpe en el testuz.
Luego..... la nada.
Pero ellas no lo saben , y un minuto, un segundo antes de recibir ese
golpe definitivo, su embrionario espíritu tranquilo se asomflní á sus ojos
pnr!l bafünse en luz, ajeno ti toda inquietud.
i Van á morir, pero no 1o saben!
No lo sabeu, he aquí el celeste y mi:,;cricordioso secreto.
No lo sabc1t, en tanto que nosotros vivimos acosados sin picdn&lt;l por el
fantasma de ht muerte.
To&lt;lal:' las noches, al acostarnos, nos preguntamos :
-¿Será hoy? ¿11fo leva,nta,ré aún J e este lecho?
Y por la mafütna , al despertar, exclamamos con un suspiro:
-iUn día más!
En cuanto la enfermedad nse con su gana acerada nuestras entrañas
y nos enciende en fiebre, murmuramos con inquietud:
- ¿Será esta dolencia la última?
Y 1,n la convalecencia, al invadirnos la suave y tibia oleada de vida
1rne,·a, p ensn.mos :
-Todavía... ..
i Oh tenible, oh espantoso pri\'ilcgio de la vida consciente 1
¿Qué hemos hecho para merecerlo?

\

�:.i.rn

Todos: ese que canta, aqncl qne baila; el otro que atesoi-a; el de más
n.ll:í que ama; el de rru4s ad que se envanece; todos estn,mos co1H.lenados ii
muerte ...... i Y lo sabemos!
P3ro he ahí ií las dos ternerns qne pasan: sus padres no las han engendrado sino para el matadem. Su vida ha sido breve como una 1rni,fü:1na.
La especie ;i que pcrtenece11 , al obedecer al poderoso inst into de perpetuarse, que es el más grnnde instinto de su alma colectiva, no hace sino
llar al homl&gt;re individuos pnra que se los coma.
Todo Sll esfuerzo de siglos viene ,í parar en chuletas, solomillos y puchero.
La especie no vence, no hrt. vimcido en los m ilenarios los obsüículos
que se h:in opuesto á sn vida., sino p ,1,m que nos la comamos.

Y quién te dice, exclama alguien dentro de mí, cierto alguien que
gustn mucho tle di-sentir conmigo: ¿quián te dice que ,i 1n humanidad no
se h comen tiunbién como tí.los bueyes, 1i las vacas y á las terneras? .....
V nmos á ver: i quién te asegurn á tí que no se 1n com en !
- ¡ ......... , ...... ..... !
- Sólo que tampoco ella lo siibe.
- ¡ ..................... !

iSí! Yr, adivino lo que vas á preguntarinc: lquiénes se la comen :
no es eso?
- ¡ ................... .
-Pues se la comen unos seres diáfanos, y, por lo tanto, invisibles para no,,otros los hombres; unos seres translt'icidos, que viven en el aire, que
Jmn nacido en el aire, cuyo mundo es la vasta m,pa atmosférim-i que recubre el globo. Unos seres 1rnis viejos que vosotros, m:is perfectos, más sabios, más dnnÍderos; que realizarán un día, que empi.ezan á realizar ya, el
tipo definitivo de la humanidad. H-Ias leído el Horla de lVfaupassant·?
Pues algo por el estilo.
-Bueno, lpero y la mnerte;?
-La muerte es nna apariencia, tal como vosotros la concebís. No
hay enfermedades; cuando creéis quy enfermáis, es que ELLOS empiezan 1i
comeros, ó bien que os preparan, que os adoban , que os mnccrnn, para el
diario festín. Hecho esto, os matan, á menos que no estéis a.tí.n ií punto,
en cuyo caso os dejtmín pam más tarde, y entonces sa.naréis!

�217

,.

Una vez muertos , KLJ.os van convirtiendo vuestro cuerpo en snsfrtncias
asimilahles para sus org,mismos casi inmateriales. Lo disgregan sabiamente, hasta que os aspiran, como si dijéramos en forma de emanaciones.
Vosotros, estúpidos, penris que os puckís en vuestro ataü&lt;l , hastft q uedn ros en huesos, hast a desvaneceros en polvo.... i Mentira!
i Es que ELLOS os van comiendo poco á poco!
No son los gusanos lo qne os devoran . La carne que no e:, profanad;¡
por las m oscas qne en ella depositan sus gérmenes, no cría gusanos . Y
sin embargo, se descompone, se pudre, se acaba!
lA dónde ha ido?
"Ha restitnído todos y cada. uno de sus elementos nl grnn laborat orio
de la naturaleza", dicen los subios pedantes.
i l\Ientira! ha ido :í nutrir lús organismos esos, misteriosos, del aire,
en la forma idónea p:mi qne ellos se la asimilen.
- i ................... 1
- i La vejez no existo 1 Es otra engnñ ifa; otra apar iencia . Son ELLOS
quieiies os van poniendo as.í.
Se trata de una simple preparación culinarin .. ... de nn civet; ií nlgunos
de esos seres les gustáis frescos ; otros, m ás gourmets , os prnfieren añejos ....
como el queso!
- ¡ ..................... !
-iClaro! i~o me lo crées! iCómo habías de creérmelo! Keccsifarfas un esfuerzo mental superior á t us aptitudes. Tn pobre y ridículo
seutido común :-;e subleYfl, .. .. .
iTarnpoco la ternera créc que nos la com emos ! Si pudiéramos decírselo rnoverfa burlona la cabeza. El golpe de rnnz,i , en sn obscuro cerebro,
de :1sumir a lguna fo rma, sería la de alguna enfermedad fulm inante,de nna
especie de atnque apoplético ; no de otra suerte que vosotros llamáis muerte r epentina, proycniento do la aorta, del aneurisma, de la. congestión, 1i
lo que no es, en suma, sino el golpe de mu.za que os ascstnn ELLOS en est&lt;:
mn ta.clero de la \'ida. !
- ¡ .. .................. !
-Sí, repito que ya sé que no pnedes creerm e. Ni falta que me hace.
Uu día d l! estos te com eriin á tí como 1i los otros, y en pnz .. . .. .

11.?,IADO

NERVO.

�ALGUNOS FRAGMENTOS DE LAS "TRAGEDIAS
EN LA OBSCURIDAD", POEMA DE PUBLICACION
INMINENTE
A la memoria de aquel amigo silencioso
con q uien depnrlí una vez en Kingsto·n ,
sobre las ruinas ele la ciurlad y en una
p laya del Océano; que no pide lógica á. la
emoción y sabe que la unidad del ~ns&gt;\miento pertenece exclusivamente al Poeta.
R. A.

Quiero exprernr mi desazón suprema
y florecer en la virtud del verso:
yo soy Maín, el héroe del poema,
que vió desde los círculos del día
lügnbre y pavoroso el Universo.
Y se que aún mi corazón es puro
como el sagrado corazón de un monte;
y á pesar de la sombra y de la nada,
voy á buscar en medio de mi daño
una calle de luz abierta al horizonte...
Y afano así ln, marcha con la intensa
y mortal inquietud del asesino;

un rayo del Señor abre la dens11,
noche que me circuye, y se derrama
snttvemente á lo largo del camino ...

Tengo la sensación de que discurro
en medio de los pórticos sagrados:
alguien dice mi norn bre á la distancia;
brota un dulce jardín de los collados
y voy á deleitarme en su fragancia ...

#

�REVISTA CONTmIPOitÁNEA

i Cla.ridad del Sefior, templo encendido,
voz que surge en la. noche sempite111a.,
snave j:i.-din de pazl ¿,Yazgo en olvido,
y fué tal vez en la inquietud engafio
el Líen fugaz que con la duda, alterna'?

Sólo un saher escondo claro y justo :
llévole como antol'cha y como daga
en medio del sinuoso laberinto;
en su enorme amplitud mi fe naufraga
y dentro de él hallo estrecho recinto ...

Oh, menguado saber, pobre riqueza
que entra por los sentidos y alucina,
que cada noche en el silencio empieza
y cada vez bajo del sol culmina!

Oh, menguado saber de la fecunda
vida que ante mis ojos se renueva.,
temblorosa y cruel, vasta y profunda ;
madre de los mil part os y el misterio
que á el alma la engrandece ó la subleva!

Aspera cruz en duro cautiverio
que el hombre á su pesar porta y sopor ta;
jugo de miel y vino y dulce almendra
que en la mudez de la campaña absorta
la fe reanima y el amor -engendra.
Por quien el bien de la heredad natía
cantó el viajero de ideal retorno
en la ingenua parábola temprana;
el azul de los cielos desleía
su dulce paz en la primer mañana.

Por quien suspira entre los viejos pinos
á ht tr~í.gica hora del ocaso,
y al hablar deja la palabra trunca.;
el tiempo es breve y el vigor escaso,
y la hermana ideal no vino nunca!

�REVISTA CONTEMPORÁNEA

Por quien canta el camino que á la tarde
se pinta en la montaña evocadora,
ó :í la vívida luz del sol temprano,
corno una obsesión conturbadora
de sangre y sangre en el azul lejano.

Yo soy aquel viajero t ransitor io,
sombra no 1mis en la florida, tierra,
d e fe sediento y de virtud avaro.
El cr epüsculo gris la noche cierra.
El cielo es hondo, y opalino, y claro . ..
Y una inquietud magnífica y terrible,
y un gran t emblor, mi':l manos acobardn
y tm huracán mi juventud doblega.

iSoy esa sombra que cruzó el camino,
de amor dolient,e y de lujuria ciegtd
Soy esa sombra entre la red cautiva.
de un fuerü! halago en el misterio oculto;
la carne como el nlma sensitiva
siente fluír de los a biertos campos
la fe del mal y la virtud del culto.
Gust é al errar por sobre el agrio monte
y la campifia y los maduros cármen es

cuya atracción mi voluntad reclama,
secreta voz y trino de sinsontc
qne al aire tibio su canción derrnma .
Tal descendí de la antioquefüt cumb rnfl orido suelo qne el maizal decorael alma en paz y el cornzón en lumbre ;
y el claro sortilegio ele b aurora
brmió mi lira y la libró de herrumbr e,
Y el Mar divino ií mí divinamente
su grnn virtud hizo afluír entera;
gusté su yodo y la embriaguez ignota
de no se crnil sagrada primaverfi
bajo la pal de una ciudad remota:

�.REVISTA CONTJIMPORÁNEA

ciudad de bien, fastuosa, legendaria.,
ciudad de amor y encanto y t1rmonía
y de recogimiento y de plega.ria;
nna ciudad azul, egregia, fuerte,
¡ una Jerusalcm de poesía!
p

Y como los guerreros animosos
puse en mi pecho una triple corazr1
y fnirne en pos de la ciudad cantiv1J.
bmlando los azares de la muerte
y b fortuna, á mi querer esquiva .

.. .La afanosa, odisea reconstruyo
con deleitable horror: paisaje vago,
de súbito sangriento ó ya cetrino .. ,.
Ah del barrio y ht playa y ht hembm dura,
y el tono de la voz, y el pan, y el vino ,., ..

Y aquel milagro azul y transpart&gt;nte
de las noches de Junio, y la fragancia
de algún jardín al pié ele los alcores,
y aquella levadura de mis cantos
hecha ele mezquindad y sinsabores;
y mi nue,a consciencia en el precario
vivir, y los laureles del ensueño,
y la sagrada vocación interna
que transfigura el cerco de la frente
con una claridad de luz eterna!

Arbol en plenitud, tentó mi alma,,
hundiendo sus raíces en la muerte,
dominar el secreto de la vida
y extender su ramaje puro y claro
hacia la eternidad estremecida ......
Verti6 la noche en mi dolor heroico
el misterio caudal ele sus estrellas
y una absoluta comprensión del día;
y el aire de los montes di6 sus alas
á mi desamparada poesía.

251

�252

RE VISTA CONTF:71IPORÁNJ~A

Y dije mis parábolas entonces
con aquel orgulloso patrimonio
de sencillez, al símbolo propicio;
&lt;le mn.n en1 que echando mi demonio
soportaba el ayuno y el cilicio.

1~1 tiempo, cuyos círculos concentran
t ou:1 la voluntad, i ba gira,ndo,h enorme a spiración circunscribía. . .
¿Cuándo fijé mi clara certidumbre,
y mi consciencia y mi esperanza cuándo?

Regr eso de tal suerte haci:i la playa.,
realizado m i afrín. La Tierra invoca
i,u iey, que rnis empeüos desvirtúa .
Oigo el grito del mar que me penetra
y el hambre de la vida me extenúa!

iitl. mar! el mar! el mar, eterno y sordo !
::in voz ejerce en mi rnindad su imperio
y ú. crímen es salvajes me convidti.
Llegan ,í. mí &lt;lel horizonte o\)scuro
todas las asechanzas del misterio .....

Y mi ciudad'? y mi cindad, &lt;;u,il era,?
Rn bs lucñcs ren1eltas del camino
rn enyentlo en las fau ces de la sombra,
d crrníd.'ls sus torres, y rni espíritu
on su vust:i tragedia ni la nombra!
El soplo d e la noche cautelosa

rnc cfoj:i en Ju riuer,1. entelerido
y pone en mí ht desazón suprema ... . ..
EL t.ní.gico d olor h a condnído.
Yo soy Mnín, el héme dd p oema!

Oh, n o decir, oh, no tener palabras
hrn llenas de virtud y del divino

niilngro que fecunda tus insü111tes,
(•.ampe:,;ino, cerc:rno campesino
que pa;;:,s con tus rnnos recliinuntes ...

..

�253 ·

RJ•:VI.STA co::.TE~IPORANEA.

Y por toJa verdad saber ahora
que brilla el sol y e:l monte se estremeec
y Venus arde en el jardín lejano,
y que muy cerca de mi propia vida
la Vida exhala u11 :fuerte olor hurnano ...

. . . . En la pávida orilla, mientras ruge
odio cordial y fra.ternal y ciego
que empuña. como un vaho el hotizonte ,
dame ioh Sciior ! la, chritlnd interna
y dulce miel y trino de sinsonte;
y que cuente mis pasos en ln sorda

y mortal inq uietud que me circuya
cual una som brn. comrwi mida y &lt;lens:1,
y al resona r los pa,sos de la muerte
tu sacrn voz en mi eonscicncia íluya;

y que olvide la bregit transitoria
y el no ser más, y el no ser menos nunc}t,

y ol viaje á las abie1-tas extensiones
con el miedo cerval de un asesino,
mientras que en el c.lesmayo de la tarde
rueda sobre los ásperos terrones
el carro del campesino .. ..

mcARno ARENALI{:S.

Monterrey, Julio, 1908~

�INGENUIDAD

La retóri1:,t a1.11l de fuego fatuo que nos g11,sta el vecino que torna ,¡: la.
parrúquia, la. inquietan ti~ ligereza de los cronistas y la gravedad de los historiadores, se qnedan chiquititas en coloración Yivnz d elante de la ingenua y cmu pcsina scne;ill~z de nn m i contcrní.n co, el cual , al preguntarle q ué
i1npn,sión le había hech o la Ven ns de :'lfih&gt;, contestó con honrnda franqueza. y así, ni nuturnl:-H ijo mí,,, ií. t res ti rones 111116, m o h uhiera pucirto las
peras á &lt;·uart(I la, ,lanrn aquell:1, ,·un tollo y los diarna ntcs que llevaba yo
llll los dedos y ')Cntir junto :11 corazón el pc:;o n&lt;lornble d e una cartera llcn:t , le billetes .
~ucerlió qne llegó td ·L ouvre tan ancho y ei:;p011Ja&lt;lo, porque iba 1i ver
In. crinturn HHis bella J e la tien;l y tle la cual ha hía oído hablnr desde qne
viera la luz. 8c prep:i1·ó par:t reci bir aquel golpe dnlcisi.mo, como el que
va.~ fanzrir:;c de repen te :í 1m· uafio d e agua frfa; esti ró las solapas del ;;aco, :warició el nudo ,le li~ corbata. y entró :,1 salón de los damascos rojoid il'ienclo (·011 grnn s11ficic11da: ...,...·\' q11e hay..1, quién n.segurc que el &lt;linero
110 ci; el c•o1Tosirn üe· todos lns incon venientes; t1.quí me k néis &lt;lclantc de•
1111 est:án&lt;lulo tic belleza que no verán jamtís los de mi .Jugar.
Y se puso·al frcnte de la, maravillosa escultura.
l-1:In 8oñn,do nstccl que vuela · alguna vez? m e preguntó. ¿Recuerda
que ,le repente se le acaba á uno ~11 vuelo y quc&lt;l~L parado en seco preguntando ¿qué fué, por qué desperté'?
Cabnl: no vió otra cosa qne una mnjm· &lt;le márn1ol verd oso de puro
viejo, manen, .de los &lt;los brazos, ligcrntnente inclinnd.t la cabeza, y colgu,la
en mitllll de u n salón atardecido d e mt\&lt;lius tintas sanguineas.-J!);ta no
puede ser! excht11ó en voz alta, mirando ;-i t-mlas p n.rtc:; en b usca &lt;fo 1:,
a nsiadn i::orprci-a.
-Rila es, le respondió con los ojos llenos d e li~grimas nnn. ingle¡,;¡~qur
parecfa ma,gnet,i::iada p or la estatua.
-Perdón , señnrn .. . ...,;,i tuviera usted la a 11lid.&gt;ilidatl de d ecirme dónck cst:'í el encanto !le .. ... .
Ella lo lllir6 írí,un&lt;mte y to::nó a l divino idiutismn con q ue la f(' :igrnprt. los ángeles en torno de la Divinida.d.
Y es ei,to, pernmba t•I visitante, :í lo que n o se h n. al.rcvit..lo ningún 1·srultor m oderno :i ponerle los braios, por miedo ií. profanar tantu. bellew ·t

�255

f-

Dios mío, con qué !a.cifülaLl se aeamellan los ho111bre:,,! Dijo un guasón
que esto era rnny he1lo, y ahí tenemosii la l1um:widad entera repitiéndolo.
Guardó nn rato de silencio.
·
¿Qué hago?
Resolvió entrar á :rnaliznr por partes, _ya que _el efecto del conjunto
había sido poco menos que el de doloroso tropezón. A ver los ojos . . . .
¿que tenían de raro esos ojos? . . . . . Quía, como todos; menos aún, porque les faltan las pupilas, donde vintJ ti bañarse el a.lma en la luz del día.
;~a frente . . . . . . ah, pues cornn la mayor parte de las que él conocía,
ni ancha, ni angosb. La boca no sonrefa, ni estab:1 seria; se le calumniaba diciéndole lo del ru bí por gnJa partitlo en dos; tampoco se le encontrabnn amagos á tlcsastre. Bonití1 lu nariz, sí, la pura verdad; recta,• reposa.da, pero . . . . . . así había visto él muchas por esas calles.
De repente le asaltó un pe1isamiento ele justicia al desilusionado viajero; era imposible que llO huuiera entre todos los seres que habían visitado el Louvre uno deddidamente h onrndo que hubiese salido gritando ii todos los vientos: mentira, mentirn; la. Venus de .Milo no es otra cosa que
un f:ilua.to ó señuelo conque los pastores :ttraen ¡Í los piíjaros bobalicones!
Y clepués de largo pensnr convino en que la falta estaba en él y no en la
estatua; ahí de las melancolías del dinero ¿para qué si no era capaz &lt;le orear
aquel desamparo?
Hizo esfuerzos mortaJes por darse cuenta del sortilegio que á tantos había hecho llorar; resolvió fingir en b estatua tm fanal de seducción , levantarle caritativos testimonios, estremecerse, alelarse, como la inglesa, pero
aquello no le resultaba, ni él sentía ftbrirse una sola margarita de pasión
en los arenales africanos de su pecho. Le faltaba el sexto sentido. Casi
maldijo la hora en que naciera, viéndose solo, absolutamente solo entrn
tantos que hab-fan l.JOrdauo frases con hihis de sol para la Venus sobre el ra~
so blanco de la sinceridad. Llol'Ó al fin, convencido Je que había llegado
demasiado tarde a.1 festín de los seleccionados.
Cansado ue pedirle á la esta.tua una partícula siquiera de la hostia de
su hechizo infinito, salió desesperado del salón y se metió á otro donde hauía un bosque de es1.:nlturas, nuevas, radiantes, expresivas,y gritó : -Gracias á Dios, que no soy, como pensé, el Judas que ha vendido á Nuestro Señor el Sentimiento! He aquí belleza que se deja encontrar y sentir.
Rápidamente vió una mujer delante de cuya belle1.a la de todas las de
carne y hueso que conocía crn la ronda ele un cocuyo en tomo al sol. Un
hombre torturado más allá por hondo dolor de alma lo paralizó de angustia. Era tan lindo un ángel que snrgfa en misteriosa penumbi•a, y había
tanto cielo en su mirada, que no podía irá ningún lugar de tormento el
que muriera debajo de sus alas. Un niño tembloroso ele frío preguntaba
por su madre aunque no hablara; y esto, horrible, y aquello, fascinador.
Que venga, el autor de la decantíula diosa :i aprender belleza aquí; no me
habléis ele encantus que cuando uno los encuentra estií desencantado de
buscarlos.
Y siguió embelesado con la cándida muche&lt;lum bre, f.eliz porq_\1e se sen

�REVISTA CO~Tf:MPOnÁNEA

tía cnpaz de llevar la batuta entre la nívea armonía de nereidas, gigantes,
serafines y m:.ulonas. Mas, fué el Ci'ISO q ue á poco empezó á notar que se
burlaba de su entusiasmo uno como bosquejo de sonrisa, un dojo de rcsign:1.Ci6n, algo indefinible que iba borrando de su memoria lo qt1c acababa
de ver. Era como uno de esos aires musicales que se queda, uno tarareondo todo el dfa, por más ocupado que esté en otro oficio; un perfume de
los que nos persignen aunque nos frotemos con otro más atrevido.
-¿y bien?
-Qne á poco la mujer que le había pa.reoido tan bella á la ent.radti,
dió en el extraño capricho de descntona1· su belleza, y, quieras que no, logró parecerle regular, y en nn pelo estuvo que no se presentara fea de remate. E l á ngel fué bajando, bajo..ndo de su mágica cumbre hasta q u('
qncd6 en una escultura de o.las abiertas, y el visitante retir6 aquello &lt;le fa
snlvi,ción muriendo á sus pies. Después se convenció de que el hombre
de la, tortura no moriría de ese dolor y &lt;le que el chico no manifestaba clarnmente si era ti. su madre ó á su niñera á q uien llamaba. Y todo se le
tornó igunl á la Venus, inexpresivo, afono, piedra labrada.
A to&lt;lo e!:ito, la sonrisa en botón, la vaga coloración de melancolía, eso
no definible que había dado en martirizarle la memoria, triunfaba tan
ampliamente en su recne1·do, que al .fin se asustó él de t anta franqueza y
de tanta dulzura., y vuelta á repasar las estatuas que tenía. delaute, en busca del enigma. E ra la esencia de una amalgama de sentimientos, liga de
la t risteza y la 11,Jegría, la compasión y el desdén , un crepúsculo en que la
luz y la sombra so fundían como al caer la tarde en un beso de misteriosa
sugestión. i.Dónde he visto yo, se preguntaba el visitante, esa mujer tan
bolla, ese ángel, esa flor , ese demonio, ó lo que sea? Nada, que aquella
crei'lción era un embeleco de su m ente y no el recuerdo de algo visto¡ porque lo que cm en el sal6n no había sino un ejército polar uniformado por
el color y por el silencio. ¿C61110 arrancn.rse, entonces, ese dolor ideal que
lo mortifiCílba'l ¿ Dónde est.tiba, pues, el panal que había destilado sohre
su;; labios la inmarcesible gota de miel cuyo paladeo le em tan dolorosamente grnto?- Qné tonto, c:cclamó al fin; es la suma de muchos l'ecuerdor,;, el componclio de muchas impresiones; Cfü.fa uno de estos personajes
J1a puesto u n átomo ele belleza, y yo he modelado con t odos ellos esto que
lievo dentro de mí.
Y sali6.
Al posar por el sal&lt;Sn de damascos rojos donde esh\ba la Venus do
Milo solitaria en el abismo de sí misma, la miró con profunda indiferencia, y le iba á decir: no eres ot.rn cosa que una far&amp;'l, tolera.da y sostenida
por inciiutos ¡)l'o,incianos que quieren llevnr cirio de belleza encendido ti
s n parroquia ,-cuando le dn un salto el corazón y se detiene como i'lturdido
por un rayo; lús ojos se le llenal'on de lágrinrns y di jo con la solemnidad
del que empieza urm oración: Yo, prcador, me conficso .... ,¿Por qu6,
Señora, no me ttrrodillé ií la entrnd11 '?
Y vió ent@cc:=: ahiertn ti pleno c.~píritu Ju fuente del delicioso martirio
do su memoria.

�257

RE\'[STA CO~TE)tPORÁNEA

Después ele un largo rato de mutismo salió llevándose tí la Venus dentro de sí mismo, como !ns amapolas de oro que se quedan navegando en
lns pupilas después de haber mirado el sol, ó el r uido abismático que se
sigue oyendo como con todo el cuerpo, á medida que nos alejamos del Niúgnrn.

Y lo del segundo salón? Una selva nevada, borrosa, muerta .

SAMUF:L

VELÁSQUEZ.

�EL CRI\1 EN DE JULIAN EN SOR
A Rirardo Arevales,
fra!en,o ca.riño J'
admiraci6n entusiasta.

CcJJl

H. C.
J nlián Ensor, lo mismo que el seüor Parcnt y que 1.-:piscopo, era, un
cobarde, incapaz ele intentar na.da en contra de la nrnjer qne siendo suya
por convenio legal y divino, la sabía él ajena por cotlici;t y por liviandades.
La conoció en mm "Brasserie" alcjatla del centro de la población, á la
cual iba pttra rehuir la tiranía de varios compañeros de oficina, que, n o
con ten tos con hacerle pagar todas sus faltas y realizar todos HlS traba.jos,
le buscaban por las noches pa.m reírse tle sn simplicidad y zaherirte con
procaces burlas . En el rincón menos concurrido, m ientras l::t espuma iba,
d eshaciéndose con tenue chispear sobre el oro líquido y t ransparente de h
cerveza, se res:ircía de las pi-~rnilidadcs sufri1las en las ocho horns ele trabajo. Solo, libre de sus amigos , sin pensar en nada, Julián Ensur era foliz.
Allí nadie le hablabn,; nadie, sospechando su cn.dcter d ébil, le hacfa blanco de invectivas. La cervecería llegó á ser par:t él una nc,;esiclacl, una volnptnosidad, t:Ll vez la única de su vida de claudicaciones. Por las m.iñanas, al esmcr:wse en copiar con su elegante lctrn, inglesa ofieios y disposidones ministeria.les que haLían de v,~ler phicemes ,í, otros, pensaba en la
!legada de la noche, en h luz cruda d~ los focos eléctricos, en los amplios
divanes tapizados d e verde y en los espejos luminosos y profundos. Ya
por las tardes, todo su cuerpo enflaquecido tremaba de dolorosa impaciencia, y luego comía aceleradamente, dejando muchas veces el postre para,
ir, con las precauciones de un malhechor que se cree perseguido, tí sentarse intranquilo y dichoso ante el vaso de cerveza , cuyo amargor penetnmte
no concluía de ser grato tí su paladar.
Conocía de vista, :i todos los parroquianos asiduoR, y siempre que los
hallaba en la calle crnzaba con ellos una mira.da familiar, casi misteriosa,
una de esas miradas qne forman el hilo de un secreto. Y :tllí conoció á su
mujer. Era joven, morena; en su .rostro, bajo el complicado artific.io de
sn cnbellem opulenta y obscura, dos manchas bermejas contrastaban con
la tenebrosa profund:dad ele sus ojos, agrandados por sendos círculos azu-

�HF.\ºJSTAco:,,'fF.~(POR,(:KEA
les, y con la. cm·va const antemente húmeda y roja de su boe1\, que fingía
llrn\ heritla.
l,Que cómo fué el c:.1so? Concretam ente nadie puede d ecirlo. T u vo
t'í'fl cncndenación incsperad¡t y fatu.l q ne eslabona los hechos, uniendo tér11ti11os tan di1;tantes que la perspicacia 1mís aguda no soi-pech ara verlo,;
acerc:ulos jamtis. Durante muchas noches él la vió con el mismo manso
11mor conque vo[a todas las cosas d el est.\lilecim icnto: los divn.nes, las mc~m;, lns cafeteras humcn.ntes, las uotellas de opaca. cliafoniclad, ol rnpnr.,
c;ranuja precor., que pregonaba con voz i11~;in unnte cerillas y p eriódicos ilustrados. L a Yefa ambular p or entre las mesas, inclinari-e aute lus parroquian os .r reeor1·er, con la diversidad de sns sonrisas, una. extensa, gnmn.,
C'11da uno de cuyos matices hubiera sen·ido á otro ol,serv11clor mns saga:,:
para clasificar la esplendidez de las propinas. L a vefa como á una co!'a,
y nunca. pensó en el cn cn.nto sensual d e aquel cuerpo, que muchas ,·ecos,
nl l1t11tarse rápid o en un esguince á la solicitud de una mnn o ndcsa, chocaba contrn los vela.dore.·, alzando de ellos un sonoro temblor &lt;le cristalci'.
C,1si n o advc-rtfa que ella era la más joven y la más hermosa de las camareras, cnsi no ncln,n tht que ella era la m.is agasajada. P ara él, era uno do
0 s objetos de In cervecería ... Y sin e111h.1rgo.... ,¿Cómo fué aquello? U nn
110C'he, ella no le cobró 1n, C'en·ezu; otra, pasadas algunas, le trajo un vaso
i,,in él p cllírsclo y tn.mpoeo se lo quiso cobr:1.r ; varías semanas dc;;pués lo
dió ,parn, qnc cnmlJiase un billete ele veinticinco pc•setas y ella no volvió con
el cnrnbiu; y la noche d e u n viernes, por fin, le dijo que fa esperara y saliernn junto:,. F.n Ju e:illo se les unió un dujo de cn.beza inton sa y brillante mirnda suspicaz. ElJa le elijo que era sn padre.
-Mi Junnita ya. nos hahíu hnblndo de usted. En easn. tienen m u chn~
gana,1 de con ocerle.
-¿De mí? ... .. ,¿Jma les h:\ hablado de mí? ... ..
- Kosntros no somos d e esos p::tdl'cs que se oponen á que sus hijas ten gan no,·io, lsabc usted? Siendo, como ustt&gt;d, persona h onrada ...... Desde
hoy yn, cuenta con nue~tro permiso.
Y fné m;Í. Después, unu sucesión de h echos a.bs\.lrdamentc Jógicor-1:
rn1·ios paseos, &lt;lo~ jiras al c ai11110, algunos viajes á lll vicaría, nna ceremonia gl'otesca; un Yclo bhtnco, un ramo (quizás demasiado grande) ele azahal'cs, u n frac de lx1zar, algunos latines i·ituales tnrtnmucleados por \111
cun1. o\Jeso. Y Üe3pni,..... tlespu5s la. dcsdich:t.

Y la. dc,;didia iné t enazmente cruel. Desde la t:u·de de la boda, Juliún Ensllr sabía que era un prcdestin a.clo, os más, lo sabía desde antes ; Y
(:U:rndo el sacerdote Je pregnntó si la aceptaba, por esposa, él hubiera respondido que no, si nquelb irrcmcdiublc cohardfa qne pesaba sobre todos
los gémtcnes de f ll at·ción, 1c hubiera pPrmiticlo el transcendental acto de

�:2(W

REYIS'l'A CO:'\'J'lmPOR.-C:S-JsA

hn.cer, por ún ica vez en la vidn, su volunh id, en vez de someterse ti la de
los otros.
Slls amigos com enzaron á hacerle visitns in jus tific:idas . l◄'ué manda&lt;ln por su mujer ,í. recados de premio~L tramitación. Una. tanlo, yendo de
paseo escoltado por a.lgunos jóvenes que sin recatarse de él fa miraban con
eilas miradas (lile lmbltin de una historia, de un con venio ó de lllHI procaz
;;ulicitutl, oyó una voz grosern decir: &lt;(\lira qllé gracioso el marido de la
Jn:mit,Ln, Y algunas veces encontraba sobl'e sn pupitre, dibujados por manos r udimentarias y arteras, ciervos, tauros y unicornios, que él rompía en
P&lt;-'Q nc11os fragm entos para dn.rlos uno á uno á. la purificación del fuego de
la estufa, mientras rnedit:tblL frínmm1te que 861o una explosión colérica podría. redimirle tlc aquellns torturas.
Y tuvo que agn:udü1• en la. escalera 1í que, después de una mal disimul1ula inquictml interior, la puertrL se auriesc, para. cncontmr en la sal.\
:í. su mujer y ú cualquie1· a migo en actitudes harto comedidas. No empromediado el segundo mes ele matrimonio, cuando tuvo q nl.! servirse la. cena,
porque su esposa había salido siil siquiera. a.&lt;lvertil'le, dejámlolc dicho que
iha al teatro. Y al finalizar el quinto mes, una deformación mtüemal era
en Juanita una ucusación, y una promesa pcrentorin. ue alumbramiento.
J ulián Ensor sufría. todo pacientemente. Por las n1111ianw, , al entrar
en la oficina, sus compañeros le p regunta.han , uno después &lt;le otro, con
voces entrecortadas por toses y por risas 1.m rlonas :
- ¿Cuámlo nace tu hijo'/
Y tiun otro, el miis dcsvt1rgonz:ulo, a.fia&lt;lía:
-Es preeiso que In buena t:stirpc de los Ensor se perpetúe.
Y Juli:in hunJ fa el ncerado raspador en la carpeta, y al hacerlo, pensaba en los corazones de aquellos que t11.n despiadadamente her ían el suyo,
aterrorizado por la d sión sangrienta que en su imaginación, cándida y pacífica, se fija.ba con el burocnitico aspecto de un frasco &lt;le tinta roja dcrrn11m&lt;lo.

Fné en abril, una tarde, al volver del ministerio embriagado con la
fragancia ,í.spera de un ramo tle geranios que le obligase á comprar una flori::;t.a, cuando el viejo de c,ibcza intonsa. le recibió con acongoj1L&lt;lo chLmor:
-iJuanita está grave .... . Conc, ve ó. ca.sa de don Luis ..... La. coma&lt;lrona ya no puede hacer nntb !
Cnsi sin consciencia, descendió la eSCiLlera, y con pasos inciertos de
beudo t1irigiose á casa del doctor. Al ir :í. t raspon er la acera, un hon.1 hre
Be le acercó d ecidido y tmbado: era un antiguo parroquiano de lu eervecería:
-HJstcd es el m:nitlo de Juttnita? ..... lCómo estti.? .. ... l Es cierto que
puede morirse?
_
-Bien... . Ko sé .... .No, no se muere.
Julíán Ensor comprendió; en un instante se hizo cargo de aquella abominable vergüenza. Y en tanto, sin detenerse, t ropezando con los t ranseúntes, seguía su rnta, pensaba que él se debiera volver y mata r, con la
mhmia glacial indiferencia lxírbnra conque pensamos trágicas soluciones á

�RT&lt;:\'fS'fA COXTF.~fPOit,CKEA

2GI

un drama visto (m el teatro. El doctor le recibió con lchb cortesía, ha·
ciéndole, á la vez que se ponfa parsimonioso el abrigo y el sombrero, prn¡;untns que él contestaba maquinnlmente.
-¿Tiene convulsiones'? ...... ,¿No la hmummeticlo durante quince días
ií alimentación láctea? .... .'fal vez sea la albúmina el motivo .... ¿Cuánto,
meses llevan de matrimonio?
Julián Ensor, afrentado y cobarde, respondió hasta la última pregunta, sin mentir. En el coche, mecido por el blando vaivén, una idea terrible comenzó ií rondarle; una idea tan pavorosa que él en vano la tratnli:i
de esquivar, mirando la calle en apariencia fugitiva por el cristal turbio
del carrrn1je. Era una idea tenaz, diabólica, que nada ele algo desconocido en él, de algún centro de recónditas energías. "iSi ella muriese!" Y
la-idea se desarrollaba, se precisaba hasta concretar todos sus tt·árnitc:-::
un féretro, una noche de vela, un paseo tras un carro fúnebre en una mafürna asoleada, y después ...... después la libertad, la soledad, los ratos felices en otra cervecería donde no hubiera mujeres, viéndose todas las noches en la hondura luminosa de los espejos, y no pensando ni temiendo
nada ante el o.r o transparente y líquido de la cerveza que se irfo. deshaciendo eon tenue chispear.
El doctor penetró en la habitación, volviendo 1t salir poco después,
(lesnudos los brazos, para buscar en un maletín algo que .Juliáu vió brillar
con argénteas fulguraciones. Antes de volver á la alcoba, le elijo:
-Mtis vale que usted se quede afuera.
-Sí, yo estaré aquí, junto á la venta.wt.
Sujeto á los barrotes, casi convulso, escuchaba, curioso de los menores
ruidos de adentro. Las vecinas piadosas salían ó entraban con vasijas y
trapos. De tiempo en tiempo percibíunse las frases imperativas del doctor.
Y por las rendijas, en un instante de audacia, pudo ver el rostro exangüe
de la esposa junto al cual una mano sostenía. un frasco azul. Sin repa,rnr
en J ulhín comentaron algunas vecinas que salían:
-Vaya un trance duro, mi sefiora! Uno de los dos tiene que quedar. ..... :E:J doctor lo ha dicho.
Y entraron. Solo, sujetándose á. la ventana para no caer, la ideil terrible vol.vió á hacer presa en sn cerebro. Ahora se concretaba más: "Oh,
si ella muriese!" Y con una rapidez de alucinación se sucedían en sus
ojos cerrados las visiones de una caja grande galoneada de oro y de una cajita blanca muy pequeña, casi tanto como la caja del papel del jefe de su
negociado. "i Si fuera ella la que muriese!. .... " La idea se agigantaba, se a poderaba de su voluntad y la dirigía hecha un voto maléfico haci:~
dentro del cuarto, donde la anestesiada articulaba con torpeza frases incoherentes, y llamaba á alguien, 1í alguien que él ya odiaba.. iOh, tanto
tiempo sin sospechar! Al recuerdo de aquel antiguo conocido, visto con
simpatía innumerables veces, al recuerdo ele la pregunta audaz, al recuerdo de su plácida dicha trnncacla, la idea pe.i·fecciona.ba su maleficio, hacfase más claramente perversa: "iQue sea ella, que ,:ca. ella aunque virn s1t
hijo! .... " Y hubo un murmullo dentro. 1\':1 comprcndi6 que n.lgo deL:isivo

�:2G:2

HEVIS'l'A CO:NTBMPOR.-bmA

ocnrrfa y se ,tforró con convulsa, fuerza 1i los barrotes..... ¿A cnál de los dos
tendrfa que :tcompafiru· ·en lít mn.fiarrn nsoleada que siguiese :i la intcrminalJle noche del velorio! ....... Sobre el murmullo compasivo, unos vagidos gango$oS é intermitentes vibraron en la. habitación.
Y ur,it de las vecinas que salían trémulas, retratado en los rostros ese
horror inconfundible de los que han visto pasar :í la. muerte cercit de sí,
exelamó al vel' á :Jufüí.n exánime junto rí, la ventana:
-iPobrn!. ... iTtrn poco tiempo de casadosl.. ... .Mira cómo, tan débil,
ha podido doblar los barrotes: la fuerza del dolor ! . . .. . i Que Dios nos libre
sefi.ora , Dios nos libre!. .....

ALFONSO

HERNANDEZ-C}i.TÁ.

�SOLEDADES

Las manos ele la Amael,1
tienen toda energía aprisionada .
¿No s1tli0s ele las mozas campesinfll-1
cuando, al cuidado de 1n, cas.1, atentas,
echan grano en el suelo y, parlanchinas,
llaman tí loi; polluelos y gallinas
y viéndoles picar están contentas'?
Ríe junto al hogar ht madre anciana,
derrama por el suelo
sn floreciente carne el pequefiuelo,
canta en h~ lejanía una campana.,
vuelve el viejo del campo y, rodeado
de tanta paz, se encuentra bien ha.liado ....
Las manos de la Amn.da.
tienen aprisionada
cski paz, esta calma, esta hora bella:
dijérais que se extienden gcnero&lt;;as
tí ordenar y nutrir todas las cosas
y que est6n todas tÜ cuidado de elb.

Los brazos de la A.machi
f'on una doble senda perfumada.
Toda icle,t en la m ente concebida.
baja por ellos ri ordenar la vida.
Si la mente á ocuparlos no es bastante,
por ser premiosa 6 por estar distante,
el eorazón, que está :í m edio cmnino,
brija por ambas sendas peregrino.

EDUAIWO

I\JARQUIKA

�DE VIAJE ·

I

co~

RUMBO A FRANCIA

Son las cl,B (le la tanlc. Puede afirmarse, n.unque no ,i boca llena, qne
el i]fa es claro. (Rara avis i1t Lo11don.) El sol, un sol de er:;tm1o, un tant,, p.ífühi qtal deslu~t ra&lt;lo medallón de pbta, camim&lt;) del oc:tso va imp:tciente, por tnm \J,m,e en el lecho ele espumas que ha (le prepararle, aynda
t!e c:imal'a snyo, d viejo y amoroso Atlante.
El &lt;(ca!J» se ha c.lete11itlo ,í nuestrn puerta. Listo :í la propina, un mozo rob11sto y ágil se ha heeho de nuestros equipajes y los ha anojado
ti la t echümbre del Ycliículo. Por fin, a comodados, partimos :í b estación.
Con no poco tmlJ:ijo H•)S ,d)rimos p:iso pot entre In, arrolladora mnltitituJ que corre ~í nnestrn lado con ruido oceánico, hasta que nos halhtrnos, al cabo de a.lgunos millutos, bajo los aforrados portales de Charing
Crnss .
Una mu&lt;.:iH~,lumbre horrnigea cn los correclores y se dá prisa por tomar
enanto a.n tes los carros que esperan sumisos al pié de los nndenes, como rotundos elefantes que se dis¡msie1':m á devorar las angustiosas distn.ncias del
desierto.
No hay tiempo qne perder, la bestia ruge, lanza. prnlongados y penetrn,ntcs úlbillos, eshí impaeiente 1&gt;or d esentumecer sus músculos de acero.
El I nspeetor pa:;a revista de porterneht en portezuela agujerando los tickets
,le los pas.i.joros. Un t'iltimo silbido miis prolongado y más agudo aú.n, rompo la, posada atmósfera. q110 nos rodea, y nos hacernos á la rut:t cn.utelosamente.
Hemos burlado la ennegrecida, jau!a. de la estación, ha quedado atrás el
embarazoso cmpn.rrillado de los rieles: ya podemos goza.r 1i nuestra guisa,
del majestuoso pm1mmmt del Tiírnesis.
Es nna vista regia., animada mise en scene ele este coliseo sin igual. Entre la interminable valla qnc le forman los so1nbríos palacios, discurre pesadamente el soberano d e los ríos de Albión. Aquí se desliza y allí rebota;

�265
1

1

ora lame con sus linfas el limo tle los barrancos, ora azota con sus t umbos los
gruesos pontones que ca becenn sobrn lns ondaR cual fubulosos cocodrilos
que se hicieran ti la, orilla pura desca11sar de sus fatigoi'as rondas por las
diliitadas galería,; de crist.al .
La actividad impera. Aquí las gnía.s suben y bajim sus brazos rígidos,
nfüí. sobre el dorso de los puentes la caravana pasa, por el estuario clel río ;
t ridente en mano, entrn Neptuno despertando el sosegado oleaje; y las ligcrns canoas y las ventrudas !tinchas, los airosos navíos y los vapores arrogantes :wnnza.n y retroceden , cruzan y se entrecruzan tejiendo con sus proras esos scdel'i.os cne,1,jes con que se engalana la vestiduni verde cobn.lto de
las aguas,

Alhi lejos, tras el plomizo cenefa! del horizonte, se ha. perdido ya, envuelto en sombras y pesadillas, el mundo negro y tedioso de la ciudad hec.ttonquem. Un mimje nuevo se abre á nuestros ojos. Es la campiña, la
dilatndii campifül inglesa, uniforme, llena, repleta de verdum, y queseantoj:i, por lo cenada y por lo inmensa, monstruosa alfombra tendida sobre
un peñasco del Athintico.
m tren corre, eone desespetwlamente llenr1ndo n uestras pupilas de
una visión esmemlda. Por dos horas más, el t raquet eo monótono é ingrato
lm ametrnllu.do sin compasión nuestros oídos, pero henos ya frente al maL
Un mar ceniciento, un mar sucio, revoltoso, inquieto.
1'Iiro la.,; b:lrca.s de los peseadores subir y bajar sobre ]a onda pa.lpitante, creo que de uno :í. otro momento ha de envolverlas un golpe de ola., y
las tengo Iüslima. Me parece, aunque sin haberlas visto antes jamás, que
las agu.1sdel Canal se agitan de un modo inusitado, y no hablo con sincericlacl i-;i &lt;ligo qne me siento del todo tranquilo.
H emos llegado á Folqu&lt;&gt;stone, simpático puerto inglés que tiene su
asiento en nna eorta ensenada; ú derech:1 6 izquierda, se le,,antl:in austeros
los macizos cantiles que abaten los golpes de la furia neptúnica.
Apenas nhmdonamos el tren, nos dirigimos al muelle, donde nos
ngi.uu·da el pequeño vapor en que hemos de hacer la travesía. ¿La travesía elije? Sí, así la llamo, con toda la solemnidad de la palabra; pues aunque corto, este paso ha sido teatro de mil averías dolorosas. No se ha pensado alguna vez en practicar un túnel ó en tender un puente para poner á
cubierto ~í los viajeros de los peligros de t:'s te ma1·, tan de consumo enfurecido·? Tenía razón al condolerme de las frágiles barcas que ha poco veía
bambolear desde la ribera. Y ahora, que vamos ya en pleno ole:ije, renuévanse en mí los recuerdos alarmantes. ¿A qué contarlos'r iHan sido tantos y tan llenos de aventuras desgraciadas!
Para deshacerme de estos pensamientos, abro un libro de Amicis [*] que he sacado de mi faltriquera. iEstoy de malas! Tropiezo,
(*) ¡Duenua en paz el amado de los niños!

�2G6

REVISTA CO}l'l'EMPOR.{NEA

como llevallo por misterioso m aleficio, con h narración tle las torturas que
Ji.ir.o sufrir al autor italfano un terrible marco, aqní, sobre estas mismas
ondas qne azotan furiosamente los f.lancos del navío.
liJsa lectura rne h;i, hecho dni'io, me ha sugerido la idea de que he de
r;oportar por scgumla \7ez lo. escandalosa hue]g¡, clel estómago. Sin embargo, una causa inesperada vien e en mi aymb con:inrando de golpe la agrcSlOll que me arncrn1-za . Tras_el lomo crinado de Jns r.guns, veo ya los perfiles de la cost:i, y los precursores clesílln ccimientos del mareo h uyen de
mí corno por cn8almo.
Bolofia abre el seno dd so::;cgntl o c:rnal, y arribamos al p uerto.
La, Fnmc:ia, país de cm;uefío v de quimerri, aparece con todo su encan
to :í ln vista del Yiajero, á quien parece decir con mudo lenguaje : hés bien.
LoB nrnchachos cantan ú coro la Marsellesa.

II
i\IAG?,A

PECCATRIX.

Vedla! Alhí. v:i! Arrogante y altírn, seductora y rítm.ica. E s ln,
g ramle, la, excelsa, la soberann de las pecadoras del m undo, es la, cocotle.
fa] la llaman los parisienses.
l~n simplejtarre ó en coupf nristw:nitico, por doquiem aparece domin:indolo todo, ntraycndo b voluntad de sus eternos ndmirndores.
'
En las funciones teatrales, en k,s entretenimientos do los ca:fé-concierhls ó en la.c; veladas ()l'giústicas del Bonlcnml, ella es ln n ota que domina,
ht icletb viva, en redor de la cnal gr~n-itan los ruidosos actos de la vida galante.
Gusta de aparecer tnmbién , durante los grandes estrenos ele la Opera
&lt;5 ele la CumeLlia Francesa, d el Vaudcvi/lc ó del Re11aissa11se. Pero su lugar favorito, el sitio donde se da t"ita noche ti noche con las otras del gremio, es el T eatl'O Mnrigny. Allí hace la sol&gt;erbia mu1Hhna sus conquistas : y :;on, c;:i~i siempre, amantes setl'ntones , n aba bs cosmopolitas qnecon
puñados tle riibios luiseg ó con rolios de i'lmnantcs billetes d el fümco ele
Francia, compran en e~e mer&lt;·ntlo de pon ·ersi&lt;hdes los ,·einte abriles frescos y loz,inos d e las alegres ~fagcfalcr:as.
A eso vn. allí la excels:t, la soberana, h rítmica. A ser valorizada,
medida, tasada según las exigcrl('i:1s del mmlcrno Sulhin y Señ or, Don Dinero. ¿y de lns obras de la, escena? Poco le ,·a, le son tan C\)llOcidas corno á los m ismos. artistas á quienes suele acompaliar, aunque á medía voz,
en la. ejt·cución ele sus papeles.
El caso es curioso. E l obserr,idor, desde sn bnt a.ca , SE' 11e solicitado,
ii h vez, pm· do~ r ep resentacion es ~i t·unl m.is interesante : la de los verdatkros nctorcs y la de los no menos \·enla\lc:ros que asnmc11 galantes y cocofas en el promeaoir.

"

�2G7

RJ~VISTA CO~TJ~31POHJ~EA

La vida de ]a ,· endedMa, de caricias es sol&gt;remanern espl{ntfüla. 'l'odo
es en ella suntuoso, opulento, regio.
La carrera cocotil es tan nipida como luerntiva. Bi la aspirante es mor.a., graeios'.1, esheltn,, y hay además en su cnerpo indicios &lt;le fat urns morbideces , la. ascensión , si así puede llamarse la de est as trh;te;; rnrí,quinm; de
amor, es nna cosa segura. Hay, sin embargo, quienes, sin reunir en grado sumo estas cualida.Lles, y sin müs recursos que su iniciativa, llega,n :i haeer::'e interesantes, favorecidas, y hasta solicit:ulas parn puncr t érmino 1t la
azarosa profesión , rindiendo la. cerviz al yugo nrntrimonial. A falt a de
hermosurn, audacia.. ¿RsconHis la heroína. de que nos ha.b!a Ensefütt en
uno de sus libros? He ahí el símbolo Je las que triunfan por tales mellios.
Ya os dije, la vithi. de hi mundaun. parisiense es espléndida,. Crnmd,l eshí: en el n.pogeo de sus glorias , no hay mnjel' que la iguale en magnificencia: sns trajes vrtlen nntt fortuna, sns joyas un tesorn.
No c reeréis, empero, que su grandeza es sin Mrmino, que sn vid,t es tm
,;empiterno encanto, un perenne ernmeüo de rosas; y hacéis bien. Porque
si es soberana, también es escla.va, escla va de su destino, esclava do sus
gustos, esclava de sus pasiones; y si es reina, su reinado sólo d u.ra ]o que
su hennosura. Apenas la mano de los nfios rompe la armonfo: clel rostro,
y pone, sobre hi hrnnn. 6 blonda cabellHrn, sus primeros hilos de nieve, la
escarcha de la vida, la. dceau.encia empieza.
Iniciase, entonces, el fat:11 descendimiento que va de orgía en orgía, y
de desenfreno en desenfreno, y hace &lt;letencrsq en la rígida cama de u n h ospital.
Así termina la ruidosa C!trrcra de l::t gran mundaua.; y mientra¡.; ella
:tgoniza, mientras cae la. sombra del olvido y de la-,muerte sobre h que foé
astro ele vivos resplandores, allá en el Ter~tro Ma ngny, entre los aires dionisíacos de una orquesta loca," pasa el rebaño gorjean te atrayendo las golosas m iradas de los nababs cosmopolitas.

1905.

FOH-TUNA'rü

LOZAN o.

�POESIA PURA

IV
EN LA DESNUDA TIERRA .. .

En la. d e'!nnda. tierrn llel camino,
la. horn florida brota.,
espino solitario
del valle humilde en la revnclti~ umliro11a.
El salmo Yerdadcro
de tenue Yoz hoy toma
al corazón, y al labio
la palabra quebrada y tcml,lorosa..

l\:Ii:, viejos roa.re:½ clnermen ~ se apaganm
sus espumas sonorns
snbre la playa estéril. La tormenta
camina lejos ~n la nube torva.

Vuelve la pnz al ciclo;
la bris:1 tutel:tr esparce arorrn1s
ot.ra vez sobre el camp0, y aparece
en la bendita solcllacl tu sornlirn ...
ANTONIO

l\IACH.ADO

�CONFESION DE POESIA

)

L

l'uesía es el arte de la palabra; cntencliemlo por a.rte la belleza trashu1t1a1nHla, y por bellem la, revelación del ser por la. fornm. Forma es la
huella del ritmo creador en la materia creada; porque consistiendo la cre,1.&lt;:ión en el esfuerzo de Dios á trn..vés del caos, por ser esfuerzo es rítmica.
H e aquí cómo me figuro yo el mundo, parn el caso. Dios, pt·incipio
.Y fin de todas lns cosas, vn. revelándose ,i sí mis1110 ii tnwés del caos por h
1,re;1.ción, en cuyo esfuerzo ha lJegaclo á nparecer el hombre en la tierra.
El hombre es, puc,;, ln. tierra en el estado de conciencia divina que ha podido lograr hasta ahora,; es la Natm a1m:a. sintiéndose á sí mifm1a y espiritnaliY.lindose parn volver toda :í Dios. Esta. vuelta ni Padre es con esfuerzo y dolor, porque el caos se resiste ri, ser vencido por la creación : lie
aquí el mist erio del mal qne es el .m isterio m ismo del caos, y el d e la creación mi"nut.
Dios buseándose á sí mismo con amor y dolor 1i través del mundo: 011
esta figura y ÍTiajcstail, CC&gt;rno Ul1,l , divina tmgedia, se me representa á mí
toda la vi&lt;fa universal, desde el esfuerzo 1x1r nacer tlc lo más humilde de
lit tierra, h:,stít el sublime misterio de fa Redención. Tal y tanta siento la
dignidad del espíritu l1umano que iL&lt;,;mne toda esta inmensa acción en h
t ierra en tantos grados y nwnerns.
H e nquf el hombre colocado en la Katuraleza, sintiéndose un grado de
ella hn,cia Dios, que siendo sn origen es tarn bién su fin. Todo viene de
Dios y todo lia, d e volver :í. Dios con esfuerzo. Y héme aquí para e.llo en
esta tierra. que ecsumo desde la aparente insensibilidad de su barro basta
la consciente sens ibilidad de mi persona que de él fué hecha.
::liento, an te todo, el instinto de vivir en esta persona mía, y me apo. dcro para ello &lt;le ctrnnto me cnn viene ; y como presiento sü disgregación,
la muerte personal terreno,, acude ti mí el amor, instintivo también, pn.ra
perpetuar mi especie, y con elln. la infinita n.sce11si6n del espírit u humano.
hacia Dios. Frate/Li a un tempo stesso amore e morte-ingener6 La sorte.
Pern estos instintos que r cconozeo t ambién en otros grados inferiores
(le animación de la Naturaleza se proporcionan en mí al grado mío en ella,,
:í. mi dignidad humana. Mi egoísmo es ya inteligente; mi amor, sentimental: soy nn hombre sobre la Naturnlcza y entre mis semejantes. Y
me apodero de aquélla diestmmente (soy trabajador), y ayudo y me ayu-

�270

REVISTA GONTEMPOH.\NJ•:A

do de mis herrnnnos en dignidad, todm; solidarios comnigo en el esfuNr.o
humano para el fin espiritual : he aquí ln sociedad. T engo una nrn;ier mía
ii J:1, que quiero, n o simplemente corno macho, sino como homhre engendrador de hombres ; y tengo con ella hijos en quienes perpetuar ascendiendo mi p er~oua misma. Soy esposo, padre y ciudadano.
Pero simultiincamentc con e,-ti~ a cción mía. exterior sohrc la Naturaleza, sobre la especie y snbrn la sociedad, hay una acción interior, un divino
reflejo de todas estas cosas dentro de mí, un:i conciencia : contemplo y 111c
rnntemplo : y Dios se mueve en mi altua.
Hémc aqní solo, una tarde, :í orilh del ma r. La Katuralcza :,e &lt;.:&lt;&gt;11t empla 1Í sí 1n-isma en mí. Veo llls olns ve11ir y r omper en h plnya ilen:i
de sol. El intcnnilial,lc movimiento de sn inmensidad brillante foS(_·i;m
mis ojos, y el ritmo con que suenan mece mi sentillo; la brisa a caricia 11Li
freiite con su frescot, y aspiro con deltcia los o!orns m arinos que me trae.
Siento un Liencstai· pac ífico y g1·r111de, nn éxtasis en el seno d e la Naturaleza: en nada pienso todada.
De pronto, D:o;; se mueve en mi alma, y empiezo ti sentir fa marnülla de que totlo esto haya sido creado, me invttde el sentimiento d e nn
Creador, mi eomzón se ngita rn1i~ vivamente, alzo los ojoH al ciclo, y el
¡;ermen de la nració11 l,rota tm mi alma. E s mi momento rc~ligioso.
]i;n seguicla rne pongo :i pensar en el por qué y pnra qué esto ha sido
c reado, y In qm1 yo mism ,&gt; rcpresPnto ante ello. Mis ojos se bajan y ('l1tnrnan, mis ·cejas é'c frunl;!en y mi pensamiento pugna poi' producir fa fórmula i&lt;leal &lt;le Dios , de la Naturaleza y del hombl'e. Es nü momento filo sófico.
l\Ias este csfnerzo mismo m e lle,·a á considera r el cómo todo ha sido
hech o y á buscar la ley que rige el movimiento del mar, y la ley de la lu;1,
clel sol , y de los cuerpos celestes ; la ley d e mis sentidos que todo esto perc:iben, y la del trnba.jn mismo de r.::ii pensamiento al nplicarse ri ello:' es
una, grnn curiosidad ele Dios y ücl niun&lt;lo, de mi cuerpo y de m i alma, lo
que nrn ator menta ; es la ciencia que busca en mi definiciones, clasifieacioues, cleseorupoi;itión en térrninos, recomposición en leyes.
Pero he nqní que nna harca con sus pescadores sale al mar, i&lt;e balan cea, levanta la vela qne se hincha. al viento y lleva la barca con la, gente ;
y _ya m e interesa la clisposieión tle esta barca que la, permite flotar, b fuerza de la vela que l¡¡, lleva, y el arte del timon ero que la dirige. La imlnatria del hombl'e ocupa entonces mi entendimiento .
Entretanto hl bm·ca se aleja con sn,i hombres, y ya son ellos, los pobres pescadores, su vida azarosa, la eventual gllnancia., las mujeres y los
nifios que qnc&lt;.l an en tierra. cs_pcnrnrlo el pan, los p eligros del m a r, lo que
inq11iet!i nii cora zón: aq uellos hom bres son mis h ermanos, sieI1to piedad
por ellos, nrnor, quisiera hacerles bien: Dios se mncve en mí corno amor y
bien : es rni momento mornl.
La barra es un punto en el horizonte, ya no ln veo. Anoch ece. ]\fe
lc\·anto y me \'Oy mcd it:indo sobre l:t varia suerte tlc los hombres y su de-

K

�REVISTA CO~TEoIPOflÁNEA

271

rccho al pan corporal y espiritual y de cómo regir las sociedades en justicia ...
1fas en medio de todos r&gt;stos momentos hubo segur.unente alguno en
(lllC el mar, la tícna., el cíelo y los hom brcs me interCBm·on solamente por
s 11 forma: el cielo por gra.nclr, azul y claro ; el mar por su rumor, mtwirniento y brillo; los hombres por sn figura y actitml; la harca por su cortu
lxdaneco entre dos inmensidades; y hastti tle mí mismo me hm1 interesado
sóln la1&gt; figuraciones ele 1ni sentimiento evocadas por las que se me pusieron
delanto. Y también Dios se ha movidu en mí s61o por esto. He aquí la
emoción est ética, que no ha trast:eudido 1í, oración , ni ií rnflexi6n, ni :í. cnrio:;ichJ , ni 6, piedad ; sino simplemente ií nn afán de expresión, sin otrn
interés que la expresión en sí: he aquí la emoción artística; y, naciendo
de ella, el arte, la. belleza pasada tí través del homl)l'e, la, forma humana
de la fOl'nm natural.
Y como la forma nat ural es la manifestación materirtl del divino esfuerzo de la creación, y como en la naturn.leza del esfuerzo está d ser dtmico, la forma artística no puede ser más que el ritmo hurnano desperta(lo poi· d naturnl del cual procede y mo\'ifmlose en :1finidatl con él, yaqnc
el holubre es sólo nn grndo de la. )fatnrnleza hachi Dios. Así la emoción
estética y su expresión artística son esencialmente formales, rítmicas: un
ritmo &lt;le líneas, un ritmo de colores, de sonidos puros, de sonidos de ideas,
de palabras.
}&lt;:;J arte es, pues, la belleza, trnshumanadn., devuelta. á, Dios de más ccr(:lt por la lmrnaua expresión del ritmo revelado de la forma natural .
Y
he aquí la. virtud redentora del nrte: que mientras com,idera.mos la. mr,tcria &lt;le las cosas sin notar aquella luz divina que su forma transparenta, ó
nos &lt;lejm1 indiferentes ó nos mueven respecto :t ellas b~ijos intereses ó pa,:-;iones turbulentas; pero nsí que l1w,; sentimos nrtí~tieamcntc, corno se, nos
revelan dentro del ritmo universal y del esfuerz.o crct,&lt;lor,. y, por tanto, relaciona.das con su principio y fin divinos, ya no puede turbarnos su materia y quedan purns, sagra.da~, en no..«otros , y en nuestrn obrn rec.limidas así
de frialdad como de temor ó bajo apetito. Conipa rad vnestrnemooíón ante
una Dauae del Tizinno, con la que sentiríais ante lit cruda mujer desnuda;
el horrible trance del conde Ugolino con los versos del Dante ; las tempestades lle.una vida con las sinfonías de Becthoven.
Pero para que el arfo contenga toda su propia virtud, es menester que
nos venga directamente de su divino origen, que se uos mantenga puro en
el camino de la cmocíón, y que su expresión H!&lt;'t absolntarnente sincera.
Así la contempladón de l:i forma natural ha de ser espontiínea en nosot rns, porque la espontaneidad es la seña l de la volnntn.d divina y la medida de la. proporcionalidad de ésta á nuestra capacidad y ú. nuestro momento; 'la pureza de la emoción e~ la condición ele su mayor intensidad, por
que entonces apro~·echa t&lt;&gt;&lt;la. la Íller:r..a del espíritu humano; .Y la sincet·i.Jad ele la expresión es la ga,ra.ntfa de que su ritmo se,i, trashnmanado, el
mismo que por la forma natural nos es revelado del esfuerzo de Dios atrayendo toda la creación hacia sí ¡)()r órgauo nuestro.

�27:2
Nunca se dign., pues , el poeta, reflcxivn111e11tc :-Ahom-ó mafi:\11avoy 1t contcrnpbr el n1ar ó la. n1011t.afl.1 Jmrn. expresarlo¡:; po(;&gt;ticnmcnte-;

I&gt;Orqne en la magia de las afinidades entre la i\aturaleza y el homl,ro, el
tínico conjuro del lied1izo crcnclor es el hechizo nii;m)(); y fueríl de él toda
volunta.J es va.na. E n esb csfcm ele nd.ivi&lt;lad, la \'oluntad, en otras tn.11
podl·rosu., no puede e1\:n1· uu.ís &lt;J.LW engañosos fn.ntasmus d e expresión, 11tmca expresione;; co11 virtud de vidn : est:, virt,u d sólo puede Yen ir rle la vich
m isma.,. prodncié11dos0 espont.ínemnent.e en el rnii;terio de la creación. H crnos de a pr·ender tí ;;cr -pacientc;; a11te la realidad: que ya viene el rnon1c11to-bl vez rnu,r lejallo; tal yez 111uy diferente &lt;ld de la presencia rnnterial
ilc h forma vint-011 qne, quiz1is ,Í cansa de esta m it&lt;ma leja.nía. y opusiciá11,
nor; sentinlOs poseídos por Ja belkz:t de nquella visión pnsada : hay un e~trnmccirniento interi(&gt;t" que nunca cngafü1, nna impensada ,•uz que di(·t•;
i Ahora l Es el linico signo: y la cmoci6n se prodnce entonces por sí soia.
Cuidad qne sen. pura, es dctiir, puramente a1'tí8tica; y conoceréis ('~t,t
purez;l en vnestrcJ desinterés por toda otrn cosa que no sea la forma inipre~iva. y la expres'il·a.. f'orqtm si en mi sentimiento de la belleza de b harl'a
que sali6 ul rnnr con los pescadores se mezcla mi compasión-6 ta[ vnz n1i
envidia-por la. suerte de iquellos hombres, podré ser ciertamente mu,y huJ11nno en ello, pero no seré enton &lt;:es nn buen arti;;ta .
Y 110 nie fü•11,;iSis nhora do predicar un arte fríu é inhumano; porqc.e
el ,11-tc pu:-o trae co11;.;igo sn }nunani(lad y su calor, que valen pnr sí cu,w-

tn Pi&lt;os nombres pued,m signifiear en etrnlquiern otra esfera . L,l pum rmíHi&lt;·a de un llcelluwe11, lm vcr;;o rlel Dante, simple refüijo de un gc:,;to ó de
1111 pnis,de, SOll cosas dcfiniti,·as en ¡;Í que contienen toda moralidad y to&lt;.b.
,iuteligencia sin nnm\mi rla:::. Porque todo está en todo, á condición de que
en eacla cosa eoté u1 su rnanern. Cada estado humano, emu1do es pleno,
HO biÍstu. 1:Í sí mismo: todos son calllinos de Dios, necesarios á nuestra com plejidad de hombres ; pcrn en e0gien&lt;lo bien uno &lt;le ellos no hay que rodearlo. L;i mnyor eficacia de las cosas está en la pureia de su naturaleza
ret:\pectiva. Atended, pnes, :í la pnrezn. de vub,tra ·emoción poética..
Siendo tal, ella misma f'C os volverá e xpresiva en palabras rítmicns.
La sincerillnd 1lel poeta ha ele consistir en saber ngnardar la :iparicfríu esponMnca de cstns palabras ell su sentido, y Cll deeirlas tales cuales ellas
rompen 11 hnlilar. Porque hay tres grados de s'ilrnericla&lt;l : el primero estd,
en d ecir lo que se piensa por vol.untnd de decirlo; el segundo, en lrnblar
p,w una neeesidad de expresión muy fuerte, pero no tanto que traiga consigo determirmJa la expresión mi;.;ma: este es s6lo el principio del pleno estado expresivo, 1lcl poético , pend muchos engaña, haciendo que llOl" él se
crean ya, poetas y se prc\;ipitcn :í la busca de palabras: es el aborto de poe¡;íu; s6lo en el tl.'n.;er grm1o e:;t:í la sinceridad verdaderamente poét.ica,ó sea
uque! divino balbuceo espo11t:í.ne:1111ente, hrotndo ií. tr:tYés del poeta con el
ritmo origina.río (lllC sintió en la forma natural c,tando re\·cladora k&gt; hethi,.~·m1., que le pPnetr6 y se hizo suyo en la pureza de sn emoci6n, y que
rompe al fin l)ür sí mismo su:c entrañas, brotando c&gt;n pnlabrn viva, heeho

�'1

poc,:ía, hecho hom bre, hecho Dios en In medida del poeta y d e sn mo111en to.
\'ed ahora qué delicia y qué t.on11C11to e;; el de la poesía ; ved :diorn
cmínto os dnmos si o,; d11n1&lt;1s una. púcsía pnm; ved también cuánto en¡;aña111os si ns ofrec·emos pnr tal un prurito de rumor rítmico, u n aborto de
ei11oeión ó unn estéril e xc itnr;i611 vohrntaria con el disfraz de uno versos
bien compu c~tns, s,wrí!cg/) reinetlo del ritmo Yivo y santo, del esf1 u~rno divino creador hecho verbo humano. Y11 veis cu.into bien y cu:into mal porlemo1:- haeer en ese que os parcct) frívolo juego de los versos, y es juego de
,·ida 6 nrncrte.·..

H

¡:,

Dije &lt;lel poct.n y Lle la poosfa i&lt;lcales: hal.,lé del orn puro para eonneerlo en la tierra donde est:í. fCn ln. tiel'ra, no hny canternsde oro, sino rninas eon rceón dit.os filon es; ó ta.! vez se cncuc11t.ra 011 polvo y en arenas¡ pcl'O siempre l1uy qnc an-anea rlo Je la p efüi, ó lrnsra r!o entre impurezas; .Y
d e~pnéi:; es tr,1baj,1du en nw;ic!as y uJeacioncs eon metales y otrn~ cuerpos .
.Asimis mo la p,H:;;ia en !u;; hombres y en sus obras. Hay h ombres que
:,:on mina. rnuy ríen, ha.y uhnis en Cll);O tmba.jo se contiene mucho de e·11a;
r,ern el puet,t puro, la obra mitciza de p oesía. no existen más que en aquel
ideal qne horno;; ele poner siempre delante ele nosotros para ir acerciíndorius 1í. él indcfi11irlarnentc. Es la ley ele la co111plc xid:1d d el c,1os tendiendo
:-í la nnid:ul d e Dios ti tni. vés de la creación.
A.si, JJlles, nnrnstra poesfa :rnelc brotar entre prop6s it-Os de la razón (que
t:.~ lú m1í,-, opuesto 1í !:'U naturaleza de emoción intuitiva); entre pruritos &lt;le
v,:r;;ilicn.c•.ión , de un ritmo exterior sin a.lma (que es lo más peligroso
por sn semejama con la inspiraei6n poética verdadera, siénd ole lo más
enemigo, porque, con ]n, fncil icb&lt;l, brotan las pala.bms s in presión y sin
t iem po parn llenarne de scntillo, y, por tanto, tan vacías como a bundantes
y sonora.~) ; entre intereses humanos ajen os ri la form a. viva, que cornunic,1n
:í la pa.labrn ·un ealOI' confnndibl.e con e l ele la einoeión poética., pero que no vin icndn tle ht forma re,·ehulorn n o trae con:,igo la palabra el ritmo treador ;
y tmnbién c-nandü, J-u1bien,lo logrado tal vez un m omento de po,:,sía venladera, pretcndemc,s difa tarlo parn redondea r el concepto que é l misrno nos
ha sitnplenie11te sngcrido, y lo n:do11dca111of&lt;, en efeeto, pem en palabr:,s
&lt;h· nn ritmo ya frío, muerto para la beileza .
Entre estas y muchas ot.ras impurcz:u; suele hrotar en n osotros la verdadera poesía, 1n flo r d e la pa lahrn, &lt;•a::;i r,imprc accidentahuente y en la. sola mcdicb, de la riqner.a puétíca natu ra l de quien 1n husca artificio;;nrncnte
c-n ei prnpó~ito, en el prurito ó en la docucncia debida a l ealo r de otrns int e reses ; cstimn hida, cierb1111('ntc, ii vece::;, pur la ae:tivi&lt;l,ul e:-piritu:tl que
aqnellos rst,t(l0s prnmnevcn en el pocb1; pero siempre diferente &lt;le ellos rnisllHJ3, impcn"nda eDtrc· los p,:,usamicutos, casnal entre lof' propó:;lt\&gt;R, slÍbit.a

�uparieiún &lt;lcl recuerdo de mui Iorma viva entre los fantasmas ycrbales, ptLnt entre impurezas.
Las cuales dan lugar á. los llanmdos géneros de poesía. No hay tales
géneros; no hay mtís que una poesía. La epopey:~, el dram;1, la oda, la.
s.í.tirn. y tantos otros géneros literarios son simplemente la m:iqnina, 1:i
ocasión,la ticrm y polvo, el lugar d e nacimiento ue la pocsía quee!:I una
:-iola en todos ellos, In, palabra entro cien palabras, la flor entre ho ja!!, el ritlHO entre ,i deas.
P ero h ombres como somoi:;, ¿podemos renegar d e toda. impm oza? Condenaremos el propósito, el plan, ln máquina, y se nl:.mrán a nte nosotros
La Divilla Comedia , La Eneida, con su mnjestuosa. mole prcfüula d o bellew.; rechazaremos el prurito vorsificmlor ó el artificio, y se nos presentani con su especial encanto la poesía cortesana de 101:; trovadores d e ProYenza ; separaremos por impum la oratoria, versificada, y senin cruelmente
:,huy entatlos Sehillcr y tanil&gt;S rom iinticos que eantaron ideales tan n.l.,stractos en tan be1lm; estrofas. No ; n o pode rnos negar t-0&lt;ln 1n gran truclición d e
pocsfa humana. Pero tampoco hay que rendirse, entendedlo J,ien. Ni \ ·irgilío, ni el Da nte, ni los troYadores, ni los míst.k·oi:, ni lus románticos, ni
los parnasiouos, v:ilen t-0davfa por el aparato tle sus obras, Hi por el prurito de sus n i1·sos, ni por el color &lt;le sus ideales, ni poi· el refinado nrtífü·ío
dé sn téeniea, sino por el oro, por el úro dispcr::1u en fa mole de sus obras,
púr cada momen to de pnra emoción poética que pren&lt;li6 en ellos cut.re mil
1i10mont-0s, por el rel.impago tlc la palabra vivo.. en el nublado de ahstrncciunes ; porque fueron poetas á p es.ar tic todas las naíquinas que se p uf(Íeron encima, y un rnyo de su luz de poei-Jía penetró de cuamlo en cuando ii
través d el cHp esor de la ohm wuerta.
Séannos el D nnte y su Comedia el gran rjcmplo,porque allí e.it:t tod n.
La invención del poema es bien a.bstm.cta, aunque la a ustracción fné ,iviticada por el recuerdo tlc aquella BPatriz tan :::rnscntc . . .. y t,1.11 presento.
E l plan es un moro concepto teológico; pero 1i llen iu·lo se alza all í t odo d
l1onibre; con supuro ainor por guía, sí, pero también con todassus pnr-;ioncs religiosns, científien.s ; con sus 01l ios personales y sus amistades, con sus
iras d e rondo y sus inuignacion es de moralist,i. y sus doctrina:; d e estudiante, sus amargura..'! tle desterrado, 1:ms fantasías , sus debilidades; con toda
r,;u vida, hi. mái:; pública y Ju. miis íntima : nllá va. todo, todo va ií fundición ;
a lht va todo el h ombro; y corno este hombre es un grn11 poeta, h e aquí que en
lit, amalgama entra m ucha p ocsfo, p oesía por en cima de tod o; y en la gmn&lt;lioso. m ole de tan diferente.-; metales compuesta. y con tantns irnpnrczas,
serpea, sin embargo, espe:,ísimo el oro : de modo que contcmpl;índola os
dc.~lumbrn y ftícilmente la re.putáis por l,Joque &lt;le oro puro.
Dice un comentador de la. Divina Comedia que con ella el Dante se
propuso cscribit· un poema &lt;lid1í.ctico y le resultó u n a cpopeyit. Y es esü,
lo impensado, In. ley de la poesia. Es segurn que cuando el D,mtc se metió
en el Infierno llevado por sus odios de gihelino, no pensó encontrar allí los
dos amantes ; pero he aquí que de pronto se le ponen delante o.quellos

�REYISTA OCNTIDJl'OHÁ:SEA

27/1

clu;_ per l' aer va11110

e cite paion si al vmto tsscr feggcri
y hrot.n el ep isodio palpitante ele :,mor, de -poc:::ía .
No k1y poema rmís fuera del m undo por su nsnnto , q11e esté , ,;in embargo, más lleno de luz de estft tierra y de gestos h mmwos , de carne y de
sangre, do voces , bnltos y visiones corporales, que In, Divina Coml'dia,
Querr:í, el Dante explicar el Purgatorio teológico y el místico paso al Paraíso, y todo se le volverlÍ, visiones de montniías y caminos y ríos y luces y
:-mmbras , y cuando llegue :í la cima de un monte , místico en su inten ción,
St) le impon clrii, quizás á pcsn.r SU,)'O, la. vistít que un día gozara del ma r lejano desde las montañas d e su tierra: Comwbbi il tremolar della manna,
i Adiós simbo.lo, concepto, ab:;trncción ! Salió el poeta, el oro del p oeta, la imagen viva, la expresión sencilla y popular, la forma de la forma.
L,tos ,;on lo;; esp esos hilos do oro que hacen apa recer d e orn todo el poema.
Observ:1cl cómo todas aquellas sut iii&lt;lad cs t eológicas que tanto nos
velan d el P ara'Ístl, quedan viva mente coloreadas por el refl ejo d e aquella
:;oberl,ia enhwla de luz:

La gloria di colui ch.e lutto muovc
Per l' U niverso penetra e ríspleude
/11 una parte piu, e nemo al/rOV&lt;!

E:;to, qne pod r ía sri- un m ero ('Oncepto escol:ístico, dicho por e1 p ocb~
&lt;~s form¡\ palpitante, es rit mo de vida , poesfa.
¿Qu:i m,is? Si hasta ele sus d cri\r;\cion c~ d e m era elocu en cia hacia. la
pr,lítiea se levanta con p oJtico vuelo, parque t odo se le vucJye alas, todo
se le n wlvc forma:

A/ti/ serva Italia di do/ore ostdlo
N,wc sen,;a 11occkier iie g-ran tem/)esta
Noll do1ma di provincie, 11ta bordcllol
Y ar;í le va brobmdo la ep opeya, todo en imngen, todo en gesto , en
forma viva, con s u:; altos y bajos, naturnlm ente , según la inspiración d e
(.'.fl l!a insta11te. Fueron su mundo y sn t iempo los que dieron vicb ií nqucl
u ltra-mundo y aqnclultrn-ticmpo qtie él qui::-o significar.
·y si no, dcciJ rrw: aquella fil osofía y aq nella moral y aquella política
y aquella, Italia, y todo el sentido oculto y ' toda la trascendencia que en fa,
intención del Ihntc fueron quiz1ís lo principal del poema, y sn orgullo
y ,m propósito, ¿Liónclc que(lan ni qué signifiean p ara n osotros? Toda nqucllit mole sistcm:ítica trabajada por el pensamiento ele un siglo podrá ser tal
vez objeto m u erto de L'L aten ción y el estudio del lfrct,Jrianor ó rlel fil.ósofo,
que la contemplanín como reliq uia respetable d el esfuerzo de t oda un a épo&lt;·.1; n,a,~, de totla ella , l-q ué es lq inmorta l, qué es lo siempre fuerte y ver&lt;hdero, qu é es lo vfro y lo activo nyei: y hoy y sic1n¡1re? l Cuál es la gloria
&lt;le] Da11te, cu.í.l fóu grandeza , y por qné colocarlo entre !.os genios de 1n hu-

�276
ma.nidad, a.l ln.rlo de los más altos, si no p•)r aquellas imágenes vivas, aquellas gesticulaciones y gr itos apasionados, aquellas luces y somhras telldida::;
sobrn el mar y l:u; rnontnñas, ·aquellas p itla hras inmm·ta les que sólo ::wc,itlentalmente brotaron ,Ü oalol' ele la actividad espirit ual &lt;lel poeta, y qne
para él fueron q uizás ;;ólo el medio, la manera ocasional de d ecir, el episodio lanzado al pa.so de sn discurso'? i,Y qué quechría, sin embargo, de lit
Divina Comedia., si 110 fuesen nquellos torrentes de llamas y de t orbellinos
1Ie humo del infierno, el amor de Pablo .Y F rancisc1i, la tragedia del conde
Ugolino,-poscia piu die il dolor poté il di.giúno!-]a fuga,z aparición de un
semblante amigo ó euernigo , I)] i:;ublime volver de ojos de Beatriz con sns
sonrrise paro/cite brevi, aquel leja.no /remolar della mari11a, el evocado soni&lt;lo de la. campana rlc la aldea che paia al giorno pianger che si more, y tantas otras fonnns inrnunera.ble:;, reveladoras, llenas de ritmo universa l:tn11to oro com0 abrillanta b enonne maM. obscurn., q11e sin él fuera tiempo hü
olvidada. b,ljo el pc)lvo de los siglos'?
i Ah! si el Dante puede vivir en el espíritu d e las edades, en el sen t ido
de cnnnt&lt;&gt;s leen y lecnín su obm, inmortal, icómo debe son reir de todos
aquellos sistemas y planes y fin es que tanto le ocuparon, y cómo debe rceonoeerse ·eterno sólo en sus momentos de poeta puro, espo11t:ineo, i11ocm1tc 1i semcj:tnza del p,1s_torcillo que en el momento de su inspira.ción de past.orcillo nom lmt á sus ovejas simplem ente p or el color del Yello ele ellas ó
el sonar de su ha lid o ! ..
-Puéil ¿qué?-rnc ohjeta.réi::1-¿ent,mce1; In condición del poeta h a ,le
~er la ignornneiit, la ausencia de entendimiento y d e idea; y su excelen cia.
Jebe consistir en incultura y grof!ería?
- i Oh l i no! - os repl it:aré ; -yo lo q uiero el mií.s sabio y m¡Ís sutil hjjo de la tierra, !Í, condici6n de que, en el momento de poesía, olvidado &lt;le
toJa, otm cosa, se abandone :i la revchción de la forma que tiene delante ,
:í, su em oción pura, á su expresión sincem é inocente; que sn inocencia no
:,cní ciertamente la Llel que gua rda los reba.fios, porque en su simple intui_
eión :;e e1mfondrá también todo lo qne reflexivamente estii ya en él; y nsí
:-erá ht suya nna superior inocencia q ue, nctuando enmo tal en la emoción
divina de la forma pura, prrnlueid una expresión tan nRtnrnl é impensada
eolJlo la J e] rústieo, pero mueho m:is cerca del fin divino.
El hornbre de espíritu más elevado en sus m omentos de pasión b:-Lllmcea corno el m:ís pequefio ; y, :;in embargo, su balb uceo es mny otro que
el del niño que 110 sabe hablar. Quiero decir, en suma, que el hombre, en
sus 111&lt;is fuertes momentos de comunicución con el misterio de la vidn,, tm
de ser todo Jo contrario del hierro; q ue, así como éste es tra,bajado en caliente y luego él t rnbaja en frío, a.L contra.río el poeta (y t~l ver.. no sólo el p oeta) qne ha. de t-raba.ja.rse en frío y a.ctuar en calient e ; entonces en fa fusión
entra poéticamente todo lo que est,i en él ; pere él no puede rep arnr en ello,
qne si repa.ra, y se d etiene , 1.t masa, se enfría., y la efusión d ivimt del ritmo en la forma, queda frust.ra.da..
Pnes ¿qué cosa es la que en La Divi,JLa Comedia salva mucho de lo q ue
moriría en el frío de lns intenc iones extmpoéticas·? Es el ardor de aqnella

,

�277

forma siempre presente y sobornna de totlo en el espíritn del poeta : es el
amor de Bentriz.
La Divina Comedia íué el palacio que el D:mte alzó pam alberga1· el
gl'an ainor de su vickt; y Bcat ri:t. eskí p1\~se11te de uno ú otro m otlo en todas las estancias . Así la presencia const¡inte ele aquel a.mor en el :üma del
Dante, logra que los ojos y la voz del poeta. nunca :,;e eytrn.víen del todo ;
que el rccucrc~o ele u.qndla for¡na tan amada comnnique fÍ t odas las p1t!alm1s,
cligan lo que dig,m, alttº de la crnoc16n formal reveladora. Así el amor che
muove il so/e el' altre c;tellc con;;titnye La Divina Comedi_a en obra esencialmente poética.
Y esa trascendencia del amor al arte y it la poesía es muy generalmente
obi:iervada. Porque el móvil inmedhüo del a.mor es el mismo que el del arte : la forma. El enamorado arna muchas cosas en la amada ; pero todas,
si bien se mira, al través ele la fonmi natural. Y el fin último de uno y
otro es también el 1nismo: iumortaliz:n la forma, cada uno ;Í, su manera..
Así el amor que obliga al amtrnte fÍ t ener los ojos fijos en la, amr1da, predjspone al arte y ti la poesía,; y el artista y el poeta suelen ser ena morad izos; pero así como el amor del enamontdo que no posee don artístico se
resuelve en el i;olo dt'Seo de perpetuar la mnteríali&lt;la.d ele la forma :1.1nada,
porque otra cosa no sabe hacer con ella, la vocaci6n del artista se resuelve
principalmente en perpetuar el espiritu de l:t fornm, que es la revelación de l
ritmo creador, por medio de l:ltl expresión humana. Así el amor es como
un arte ciego, y el arte un amor iluminado: ambos inmortalizan, pero erlcla uno á su manera..

IH

H,1sta aquí most-ré-ante aquella poesía 'ideal primeramente contcmplacla--:--c6mo se solfa ongendr~r humanarnent~ la poesía por estados tm1
complejos é imperfectos. Ahora diré del último resultado ele todo ello:
de la expresión poética que, propiamente, es por sí sola la poesía.
No es verdadera aquí la distinción entre fcndo y forma : poesía no es
mtis que la forma, el ye~so: la poef&lt;ía no está en lo que se dice, sino en
{:6mo se dice: en ell!¡. no precede la id1::a á. la palabra, sino que ésta se trae
la idea.: el concepto 1.'i¡ene por el ritmo: este el signo y el misterio de ll,1, poesía, y así está en eila la revelación del ser por la forma, la belleza. .
Mud10s hrin hablado del infierno, y lo han (ixplicado fuera de poesía:
sólo el Dante puso en su entrada aquellas palabras: Lasciate ogni speranza
voi che entra.te: La idea de ~ternidad que e)las contienen todos la sa1&gt;famos: el Dante no nos dijo con ello nada nuevo: el poeta no suele decir
nada nuevo; pero hace que brille á nuestros ojos l:1 iuz de la forma en cu,'ln
to dice: y esto es lo nuevo, y siempre nuevo, l¡¡, luz de sus pala bras, ht luz
del ritmo sobre la idea.
Ppr eso dije que las palabras para ser ,•ivas 1:¡aqÜLl). de Yenir ritma.da

�REVISTA (l())¡TJ':~I P OB.\'.'ll~A

ya de sí, l'S decir, ,·ivíc11&lt;lo el rit1110 tmivcr~:il en la. emoción del pocfa an1&lt;! la form:t reveb &lt;lOJ"a. Pero as( corno hemos visto cuiin enturhiath era
&lt;•sta cmot.i&lt;i11 en la rcalidatl humnna, miremm1 nltom 1.a ml,ién en quó p;ira
lim11:111:1menh• aqucll:1 idenl sirn·cr idad de la expresión; y huhremos de rec•onocct que en nuestra poétin1 real el verso esgcncrnlmen te una mern imibtt:ió11, y toda nncstrn métrirn nirn trn.dic-ión que va evolurion n.ndo m u,r
lcnt:1111tmte. -:-- uc.,.tra inspiración trahnj:t en viejos moldes r emen dad os, r
las p ,1 lalJrns ardiente¡¡ en fusión ele poesía so derrarnnn pnr los &lt;:antes seculnrcs que encuen tran n,biertos á ¡;u pnsv. Lle~amos impresa en nuestro
~ent ido una n11~igu a tonada, y tmla ctmción ¡;(• no:, pon e al com p::Ís de ella.:
s11mrns corno nifl&lt;1s de ln escuela que se confaginn la rn.ntile,m en la lección .
Para rchc&gt;lnrno::- rC:-itH·lta.mentc coll lra ella y romper de u na \·cz lo!l
nwlde:- traditionalc:; cm un cip1ín&lt;lonos d r, c~c instinto de imihtción por n11w1'
ele ll11:1 ah:&lt;olufa f-itwcridad poétir-a, proch1nundo en HU nombre ln. nna.r(!UÍU métrica. y la i111provisac1611 pur:;onal dd ritmo en cad:i rnon1 unt o de
la i11~p'Íra(,ión; ó pnrn ¡,¡omekrnofs, al contrario, estri&lt;:.ta y dcliheratlamcntt&gt; :í. los rit me&gt;:-- 1rac.lido11:dcs, forza11rlo ií. ellos toda palabi·a , por libre q11e
en 1:t imipirnc:iü11 nos a.pm·cz&lt;·a, sel"Ín m en c;;ter dotcrn 1in:n :-;i las V(trindHlfornrns tic la m0trin1 nsunl son nna nwra rutina, una conYeneión, mm lt•.v
Pxtcrna que por &lt;lchiiidad ó pcn.'1.a dejamos im poner al ritmo interno 1h:
In pala\Jm ,·i\'a; 6 hiun 1-i aquellus formas tl'ndicionulc•H H1m ya en sí inspirneioncs comunes del l'itmo natur,tl en el sentido poético del hom hre y,
11&lt;1r tanto, co1110 leyes internas &lt;lol rnnto poétil'O cvolucionnnclo en el tiempo r ~cgún el t,l'(&gt;nio de ,,adn. lengua.
l'orque tanto peligrnrfa el &lt;livino fin de la poesía al :.bandon ai-r-:c ol
poetn tt las sugestiones de una métrica a rtifü·ia l en Ja q nc la expre:-;ión frn~ra. torturada y m ucr1.n al eutrarh, por fneru1, eorno &lt;l&lt;ij:mdo caer ul n.zar en
luz difu,;n por el aire informe h1s pal:iuras cn.n&lt;lcntcs pnrn ::;u strnerla,; a l 1·i¡:,1r ele u n metro secular , cuy,. nalural virtrnl misteriosa fuera tal vez n::;í
frni,;trnla .
.\l ientras c~tn no puedn. d etcnuinarse, el poeta debe procetler simplemente &lt;:orno !ton1brc que va (1 tientnH h::wi:t la lnz. Sen, pues, &lt;le hombre
rn si n&lt;·&lt;.&gt;rida&lt;l; y c11 el ni omento &lt;le :m insp irnción nll"h:tl ten1,'"ll. ante todo
present e que nada que pnecfa &lt;lecir naturalmente en prosa debe deeirlo 011
verso. El vcn,o es un estado térrrrico del lcngtrnjc : y mient ras ese estadü
no se 11roduc;e en el alnm &lt;lcl poda es fen. cos:L, y YHllft, remcdarlo de labios nfuenl: que agitar el ngua fría para d arle aspecto h irviente sin·e sólo
pn.l'a cnturbi:1r lu; cna.n do hie rve en n'aliclad, muóvl!se de sí misma , y cnnta: a;;imi:;mo hs Tll~la bras en o! verso.
Dig:imoslas, {)Ut&gt;S, según cllns vengan ií nuestro scnt.ido ; y , Yinicndo
&lt;' ll los metros tradicionales, acojámonos á. ellos-ya que tal a pa rición es
1111n, ~dia l qne i&lt;ólo una vana soheruia p odría &lt;lf'sdcfiar - ; pase y repase el
vaiYén de h inspiración por nqucl m etro de modo que dentro de su molde
qucllc cuan to pnecla quedar sin detrimento d e vida . ... pero 1rncfa 1mís qne
.-.~1~1. Porq u e si hi p;tlabm fue1·te rompe el m olde, mejor elhi lo rompe
que uo~ot.1·os la p :ú d.,ra-nsí es jrn~tam ente como se ren uevan los m oldes

�279
eon el tien1po-; si la frMe viva salta en su viveza por encima del canal
seeular, salte antes que perczta su tracia-así cmpie;:an :í abrirse los sn1·cos del porvenir. Y que nnnc:1 la cl:ísica eadenciit an :1stre consigo huecas
~onoridades, ni el molde se rellene con palabra.s mncrt:.1s cuundo bs ,·i,,a:no bastan á cumplirlo &lt;lcjando el verso incorrecto. Porque, cicrt.1111cnk,
vale más un verso correct o q ue otro incorrecto; pero incomparal&gt;lmccntu
más vale una incorreeción viva que nna c01Tecc·i ón muerta . Bnskt con qnc
sobre !ns incorrecciones de ln. pala.lira viva, única poética, reine, a brigándola. indulgente y sonriente con sn miinto de pliegues hieráticos, pero anchos
y flotantes , la majestad misteriosa del ritmo ehisico que vino con la inspiraci6n, en ~,J que tal vez r esuena el. natural en mm de sus fonwts madre,;,
y por el que siempre el eco de grandes voces lejanas nos i.llfllmliní rc:-petu y modcrnción, lílmíndonos de toda d cst rnctora soberbia .
Porque yit veis ele cwinta humikhc.l necesifarno;;. \'inicndo de tan
noble o rigen corno 1ios lie nios reconocido, habiendo aspiratlo ii mantenerlo
con tal pureza en nuestro arte y ii baecr do él un recto camino tle Dios,
liemos debido, sin embargo, confesar tí c:ula puso b impurcia 0 11 que la
¡1oesía hmnana. :;e va generando y los rndeos que tal camino necesita, hasta
llegar últimamen te :i sorneternos en cierto m odo tí la es&lt;.:ue1a &lt;le la imitac ión com.o h mi-; human:1 , y por tanto 1:-t m:ís segt1l'a : y si atendemos IÍ
las olxas poátiens que rnüs conocemos , tfo las qne el espíritu huma.no hn,
producido li,1sta al10ra, no!:' cnntirmará.1, en nnestni sumisión á tal escuela,
porque de ella han salido la:,; mayores : Virgilio imitando ri Homero; el
n ante hac.iemlo do Virgilio su maestro, Lu is de León tradu.,iendo ii Hornc-io, Shakespcure refundi endo d rnmas ó leyendas ajenas
}Jara su teatro, el teatro rom1íntieo volviendo ,í, Shakcspc:ire , nos han dado
obras de inmortal poesfa más fuertemente propias que pudic:rn darlas tn!
vez n n:i pura invenci6n.
Ko par&lt;:'Ce sino que en la vel'lladum imitaeión--qne no es rem edo-el
talento poético, librndo de b egoística pn;ocupaci6n do originalidad, del
P&lt;'SO d e una soberbia crcadorn desproporcionada á la. naturaleza h ummia,
cobra. con la humildad imitadora una graciosa libertad y confianza que Je
deja lw:Llar con m:ís pura, inspiración y producirse 1rnís verdadera,menk
poético que de ningun.n otrn malle ra. F.I poeta, parece entonces creador en
i,;u justa n rnll.ida de lwmbre ei1trc hombres qne se van pasando de mano en
mano la divina antorcha avi,·andu ca.da cual la llama común con el propio
soplo.
El mejo!' ejemplo de ello es sin eluda la poesía popular, que por esto
me parece la st1prenia escuela.
La esencia de la poesía popula r yo la encuentro, no 0 11 qne el 11rime1·
inventor de nn,, eaneión, por ejemplv, sea éste ó aqut'í l, culto ó grosero
de altn 6 b:1.ja ínspimeión, sino en que la obra nazca por imitación de las
de su género, y tlespnés va.ya pnsamlt1 por í rndición, d e memoria, de boca
en hr)('a; y que m;Í, por .lo que cae d e la memoria al paso, y por las nuevas
inve'neiones que v,lll supliendo lo eaído, se va adaptando al e:-:píritu comün
d el p ueblo, t omando su íhonom ía genérica., y al mismo tiempo cmhel!c-

�280
ciéndose; pues c:ub nno pone en tilh la inspiración del momento en que
la canta; y nqnellos momentos d e genio poético que no hny hombre que
no tenga, van aglutinárnlose en la c:uwión, al par que llC va horrando de
ella lo qne no es fuet'te y poi' esto no queda , y Sli vri variando d e boca en
hoca hasta, llegar á, la que, en su niomento de gracia, llena el hueco pa,i-á
siempre de oro puro. Y a:,(, aglutinándose el oro, hay canciones que eon
el largo tiempo llegan tí ser todas de oro.
:;:,a esencia y h excelencia, pnes, ele la canción popnla,r consistiría. de
este modo en 8Cr de inspirnción imit:ida, colectiva y sucesiva . Y l1ast.a me
ntrevo :í nfirnwt· qui': cuando ~e dice el pueblo, en cualquier r especto, pern
en el mejor genti&lt;lo de b p[dabra, es ei't o fo que se quiere decir: esto e~,
.la snma d e los mon1entos (le grru;i:1 indivi(hml de la humildad a nónini:t
(1Jrodúzc:isc en el pa.lncio 6 en la cabafia, e11 el sabio o en el pastor) filtrnda por el t iempo de la trivialidad ó grosC'ría que arrastran\ tal \'C7. a 1
pnsn,

Y notemos ahorn e6rno dentro tle esa humildad popular imitadora se
l'Calizan mejor ::quellos elementos que hemos dicho de la poesía ideal: l:i,
espontaneidad, porqne e l pueliJo en su vida normal sólo canta cuando le
sale de adentro; l:i ptll'eza, porq ue c:111ta ¡xir puro esparcimiento 6 por mecct: su cnsm:fio simpfoment.e; la sinceridrl\l, porque se abandona ingcmrnllafüte á la imit:ición ó :"i la mera rcpetieión, variando y afiadiendo impenHadamentcy con gracia. De modo que el poeta-pueblo es el qucm1ísse acerca nl mullltmto ideal de la pocsí,1, 1;nmando los m ejores de tantos.
H'or qué, pnes, no n Q,; h,1Cl',mos todos pueblo? ¿Por qné ese afiin de
inrnorb.lizar la pobreza y Ju impnreza ele nuestras inspiraciones pel'soüales,
fij:imlolas en múltiples hojas estampadas que las cierran para siempre :i
t.odiL penetración y enaltecimiento? '¡ Ah! i es que nsí aquello es 1luestro;
nuestro y d e nadie uuís! iOh! imisterio de la vi&lt;la individual! Pues bien,
sí, respondamos ú. su instinto , que algo divino debe contener c:uando ta n
fuertémente nos solicita. Derrios t ambién nuéstrn poesía personal , propia,
exclus"iva . Pero salvémosla de vanidad al menos, poniendo ante nuestros
ojos esii verdad innegable: que la poesía anónima, la coleetiva, la popular,
es hl que m:i,: :::e acerca á lo que poesía ha, de ser: el re;-/lna.,· del ritmo crea;,.
dor ,í tra;,fs de la tierrn e-it la palabra húma,w . Un camino de Dios, entre

tantos ... .. .

J'UAK

MARAGALL,

�'
LIBROS RECIENTES

La Cara'vana, por F. ,JARAM. t.LLO M.1rnrNA.-Medellín, (C&lt;llombia)
1909. -Si este pnern,i lmbicse aparecido diez ó doce afios atrtís, fuera ent.Jnces mm de esm; obrns que por sí solas bastan para labrar una rep11t1tl;ióu entre h juventud entusiastá y i'enovadorn. Hay r.qhí, efectivamente, no sólo e l corte de hi frase y la manel'a expl'esiva de entonces, siho
t:imbién c;;c género de extrao1·dinaria décade•ice que no corresponde á lás
tendencias d e 111 poesfa contemponínea. · La revoluci6n se ha efcetuado ctm
demasiada premnrn, mas no tanta, que escape ií los que seguimos de cerca
las actitudes del c;,j)íritu en todos los pueblos. Este poema es ra.ro, y aquel
aforiemo de q tw "lo raro es lo bello" no responde á nuestra concepción
adnal de hl belleza poétic:1. ltste poema revela una fucrt~: individualidad
que se desborda, y ahorn v,rnios en pos de un dominio cada vez int:Í.'l absoluto de nue~trns emociones. No se trata precisamente &lt;le imponer un
nco-p:nnasianismo, ni d e proscribi1~ J;i emoción pet·sonal, que será eterna
como re:-01-te lírico &lt;le vigorosas y profundas raíces; sino de ex.presar
ritmo interiol' con arreglo ¡Í una d isciplina más estricta, más verd1tdern y m:fa fecunda.
Al ha.blar así, en algún modo revelo mi concepción íntima con respcct.-0
lilas n ecesidades de la poesfa y el poeta. Aun más, si se me preguntase qutí ·
e,; lo que á muchos dti nosotros nos hace falta pam conseguir la pleiiitud
en ln, ex1)rcsión del espíritu, cont.cstaría s·in vm:ila.r: la pnü:tica de l::t virtud. Estamos conoídos por una. ext!'Cin:i fllojedad de 1í.nimo, no somos diligentes, ni tr,naces, ni sobrios, ni ordenados; fiiunos en el poder d e m1..
sensnálismo sin freno, confundimos lastimosamente nuestras propias sens,~cioncs; y cu,mdo otl'os se curan á t iem.po, nosott·os pel'tnanecemos obstifü1dos en la. falta d e auto-dominio, y así nuestra obra no acusa de ningún
Illoclo la suficiencia del poeta sino el desbordamiento sensual del hombre
nuis ó menos cull-0 y rmis 6 menos literato.
De todo rn,to echo la culpa á dos cansas primordiales: nn falso amor
á la na.tnraleza, y una corrupci6n absoluta d el sentido religioso. No sé si
se comprenderá con exactitud mi p ensiimiento, creo qne no. De todos
modos, lo expreso con libertad, sin preocuparme de ulteriores responsabilirbdl's ante los que leen y juzga n lo que llevo escrito en mis veinticinco
años. Sin embargo, qn:icro insistir. S i reconocernos (porqne es ch1,ro que

el

�282

REVISTA CONTEMPOR,\KEA

muchos poetas contemponíncos participan &lt;le estas ideas) si r e1:onocomos
que hemos perdido el camino del arte ¿por qué ese empeño &lt;lo continuar
t·scríbiendo y publicando lo que no tiene aún la neccsrHi,t madurez y sazón ,
Jo que sale á la superficie tocado por el mal que reduce nuestrm; obras ti
un mero juego de pal.abras de efectismo transitorio ó inútil'? No sé. Prnlmblemente porque, a.1 seguir en ht brega., cada, poeta va busL:arnlo en el
ejer~icio el acercamiento á prácticas m!ÍS saJudahle8. Uno e.,; incapnz de
renovarse en un solo día., en u nos pocos meses.-O porque nos do:,;lnmbrn
el atrayonto elogio d e las multitudes, que rs lo más probable y, en tmlo
mso, lo peo1·. No somos capaces de substracrnos á la moda, pnr lo cun.l
no hacemos arte de verdad, sino de ego-ísmo; y el arte, pa.ra llcn:u su objeto trascendental é importantísimo, ha de ser desinteresado .
"Lt Caravana." a.cnsrL mm falta de disciplina del espfriLu que no m{~
pal'ece laudable ele ninguna manera. Este pocrnn, es hermoso eon una. hermosun1 incompleta.; c:Lreee de aquella particular armonía que distingue las
obras puras y renlza las más sencilla:; ex.presiones del pensarniento. F,11
cuanto ii la forrna, cabe también hablar de la indisciplina. Hay nna mnrcada. tendencia al verso libre; se int1·odncen sistemá.tica mente los c011sonantes más inesperados, las metrificaciones más raras, no siempre con lnten
gusto. Las palabras eztán ií veces fuera de su significación, cosa muy de
nosotros los modernistas sistem1iticos, que no qneremos entender el encanto
de lo que estú. sobria y exactamente dicho. Como que nos han trastornado el juicio con el embeleco de "la pala.bra sugeridora." Y la verdadera
sugei:;tión esM en las itmígenes claras, tlrn claras que se hacen transparentes y la clari&lt;lau las brufle , y ya brnñidas reflejan el m!Ís vasto panoraiw~
del espíritu.-:-Tienen t ambién los vcrrns &lt;le Jara.millo un exceso &lt;le expresi.611 qne produce rngnedad de las ideas, cuyo contorno es difícil apreciar
jnstamcnte. Pero en cambio, no es de todos los días encontrar, como eu
este poema, una gnm intensidad de las sensaciones y un gran vigor de la
pala.brn, privilegio de los grandes artistas. A mi m e gusta especialmente
ver aquí 0sn, hbor que prei:;upnne esfnerzo, ií travás de la vida y do 101:1 libros,
por alcanzar una cabal consciencia del universo visible y de sus relaciones,
de nuestro destino, de lo que es pasajel'o y cambi11 y se renueva, y d€ lo
que permanece dentro de los círculos inconmensurables del tiempo . Entre cien poetas, yo prefiero iiquel que mib ha pensado en su propio vnler
unte la magnitud del misterio, y que nHÍS claramente me da sus propias
certiclnmhres en versos puros y acabados. De aquí el placer q11e experimento al leer e,;ta "Caravana," que harto muestra el ánimo de emplear
la8 fuerzas en aquel generoso empeñ o.
Hay versos felices, y aun trozo¡.: enteroi:i de un grande y subido valor.
Ejemplos :

; Sáíor, quién me dirá si aquella testa
que he visto al pié del muro,
es la ·misma que erguiste entre la fiesta

�RTc\'I:,l'A CO~TE)ÍPOIL\Nli:A

de l,i Vida-..:·:fatal de poderío
bajo el la1wo de oroy !Í CltJ'º movimiento de reproche,
con el alma de c6tent inflamada
se arrojaban los liéroes eu Stlencio
sobre la punta de su propia espada!
¡ Quién 1,u dirá, guerrero, si aquel blanco

!meso que miro ahora,
,es et escombro de tu brazo fuerte;
de fzt brazo, que 01 luchas fratricidas,
enireg-6 !aulas vidas
,í las oscuras iras de la lvluerte!
¡ Quién me dirá, g1terrero, si es1t cosa

es tu trágica garra 11idoriosa
ó el br azo de fu vfdima . ..... ?

Señor, guerrero, mtstico, poeta:
,:í{uales sois en la conciencia oscura
de la 1Vaturaleza, como &lt;ccosas)i,
así de vuestra rarne
se.formen llamas 6 se form en rosas;
así setífr en estos campos .fríos,
coronados de hiedra,
simbo/os de volcados poderíos
cuya le;ana gloria
,eternizó el buril sobre la piedrnl
A sí tengáis en la memoria humana
un elevado pedestal;• la Afadre
de entrañas duras y de pechos duales,
.funde las vidas y las torna iguales.
La errabunda luciénzaga que corta
el .fon,Jo g ris de ~a neblina, es una

pequeña hermana de la eshella absorta:
sou dl'S pmdos de luz en el vacío,
alJin emblemas del Dolor y el.frío ..... .
Mis ojos estáu hz,medos. ¡ Es triste
este pafs de los silenáos/ ....... Nada
se mueve aquí, mi carne solamente .. ...
¡Jfi carue, que al cruzar las avenidas
de esta tierra sagrada,
se mueve toda pavorosamente ......

�284

RE\'IS'f A CO.N'J'EMPORÁ SEA

Como lo véis, se trata de un poema np recinble por nHis dt1 un concepto,
d o uno. obra original, trascendente, don de hay cierto panteísmo realizado
con sinceridad. Quitin ha escrito versos tfo cst~l laya, es u n p oeüi de cx:traor diua.do vigor, lleno de una potencia mil veces favorable á lus más a.udn.ces y grandes empresa,; del ttrte. No es nn coplero, ni sohiment.e u n
raro; y en todo &lt;·aso, puede ser algo mtís quo un modernista.; puede echar
lejos &lt;le sí esa cn.noña d el modemii;mo sistem:itico que á todos 1101; vien e
pervirtien do grandemente .
Mi simpatía por el nucrn poctn colombiano es n.horn nuii,; &lt;lesintcrcsada y más vasta. H ijo él de una noble familia que t uvo p reeminencia. en
e l afecto de mis m,tyores ; compañero mío ele mi níiiez y &lt;le mi mocedad ,
:.imigo el más len! y generoso &lt;le cuantos he conoeülo, yo le t~prccinha por
:1quollas circunstancias y estas prendas; y aun t anto así por su t fl.lc11to &lt;:111ro y firme. De hoy más, le admiro como ti. poetn de vc1·1lad, corno ií futuro
crea.&lt;lor de \~a:;tisimiio obras; p orque yo creo con todo mi corazón ~que ,faramillo Medina, hoy en d miente de su juventud, se hará m ás comprensivo, busca.ni la ncccs:uia libertad y, disciplinando i;us pod erosai- energías,
clnni una cose&lt;•ha Lien ma.dura, bien rica. de mieles, bien abundante.
Cr eo ta.mbién que volviendo los ojos lmciii la })O&lt;.'Sfo. chísica, sacará de
ella más pronicho que si se empeñ a en seguir ''la rutin a &lt;'le pasa'1o maiiana.". Puede que alguien le diga hurlonamcntc: "regresi vo, consernt&lt;lor'',
ó cosas de ese jae?.. Pero ya cstií dich o &lt;1,ne el arle debe s1}1· &lt;ll..-sinterc~ndo.

f

,

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="146">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3075">
                  <text>Revista Contemporánea</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479252">
                  <text>Revista propiedad de J. Cantú Leal y dirigida por Virgilio Garza, en Monterrey, Nuevo León, México, durante los primeros años del siglo XX. Contiene información sobre ciencia, arte, poesía, teatro, novela, historia y crítica. Además, incluye noticias sobre política y publicidad de las principales empresas y casas comerciales de la ciudad</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581247">
              <text>Revista Contemporánea</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581249">
              <text>1909</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581250">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581251">
              <text>5</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581252">
              <text>Marzo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581253">
              <text>5</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="100">
          <name>Periodicidad</name>
          <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581254">
              <text>Quincenal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581272">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753258&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581248">
                <text>Revista Contemporánea, 1909, Tomo 1, No 5, Marzo 5</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581255">
                <text>Cantú Leal, J. Propietario</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581256">
                <text>Poesía</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="581257">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="581258">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="581259">
                <text>Letras</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="581260">
                <text>Teatro</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="581261">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581262">
                <text>Revista propiedad de J. Cantú Leal y dirigida por Virgilio Garza, en Monterrey, Nuevo León, México, durante los primeros años del siglo XX. Contiene información sobre ciencia, arte, poesía, teatro, novela, historia y crítica. Además, incluye noticias sobre política y publicidad de las principales empresas y casas comerciales de la ciudad</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581263">
                <text>Imprenta J. Cantú Leal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="37">
            <name>Contributor</name>
            <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581264">
                <text>Garza, Virgilio, Director</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="581265">
                <text>Gorena, Gerónimo, Administrador</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581266">
                <text>05/03/1909</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581267">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581268">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581269">
                <text>2020886</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581270">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581271">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581273">
                <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581274">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581275">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="6539">
        <name>Artes</name>
      </tag>
      <tag tagId="6538">
        <name>Ciencias</name>
      </tag>
      <tag tagId="6540">
        <name>Historia</name>
      </tag>
      <tag tagId="4828">
        <name>Novela</name>
      </tag>
      <tag tagId="3071">
        <name>Poesía</name>
      </tag>
      <tag tagId="98">
        <name>Teatro</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="20860" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="17263">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/146/20860/Revista_Contemporanea_1909_Tomo1_No_4_Febrero_20.ocr.pdf</src>
        <authentication>221438e890bc3c5874ca44b5fc39aedf</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="581276">
                    <text>;:

, ··: @
'ffl

t

.

,~&lt;/;,

~

" .,.

·

~~',,

1\:I~.

w~

-~j

., :

,1

•.,;.~......

¡&lt;
1.

;i .

; P'bESlf\'; TM"(
• .A.•-~~,/',,.,: _' ,
1
,.f".

~.

~

·"';

:..

,.,.

.. ,·,.,

'

' ' . ~. • BE'. ~ '~ lit .t '

...

. ,:, ';i, ·•

, rcules- f l~s,~ ~nt_a1,1ros,:;goi ,lv].AX~HE
' uRENA.
~· .""..:--. . .,J.,,. . .'~ ...
,Jv .~)o.,.
' ,·
í•1-.~k ~. ' 4 ~
¡

~

~

1'&gt;¡.

, ~

,,

.,

.,.

. '.

1

-;.

l

1~

'(~,

t' '?

'.,-¡,

1

;

,♦

,ff Sain'cL?,ui's~á.'~:hica,g4:&gt;; }}rr1?~L }w'
¡ti Ete'·~
r,no;
fe&gt;r
,fORTÜNATO''
L@ZANO
,,
•
'
·,~~,'1;.•
'J'':-.-~,.,.
' so,-. ., _lx!r
·CARLOS
·
,
PERE,)'
R
', l.:'r--,,
•
'
&gt;~
"'",
Y:illQ.r~io_., ffi&gt;r"~t:y1s .e :l o
íritu de. tndep,eri' . ' ·
Unidos;por
1

r 1

.

.e:v;,,-•Dik¿~
. .

'
'

,ac · '

ANJU

·-:

sía Rura, poi·w
ROS R:E~"IE~

ías,' ,:pP_r PEDRC
:i"
'-,.¡ '""!''

f ·'

~

•

�Jev . •:. ~•w'
·!I~~'W'-~~'~,:, .
d

)~R·~~\~~.trrifp~.rrq~
~~j~'.-;_:t~;'\ ' ,1:/_ . ' ', ' '

·'

.' . 'i ,_1 ·:·•• 1

~UBLtcftltróN lJ,-!'tlYERSAL" 'f ECLEC'r

. 'R,;t~s;:_PSH~-s~(
.~.¡

.

,

t.:1

..,

......r~

',

\J}; \

•'

~

1

I

t

.,

t

ADÁ\1Ñl$TRAJ.)0

G'E'R0 ~~M6 GyR

RGJl!lO',G'.ÁRZA•,· ¡
• ••

&lt;' ,.,• / ,. "
•

,'ÓIRij€TQR;,;;: •
',l

?,

rEAr1fr,, NOVELA._- 1:1fst9rÚ/i. _.'f c_tirrICA:•

.~---&lt; ~ .~-'/:,· '

'

1' '

A·.QE' CIT:t'ltCI

í

• ,\_•

-i"'

\&lt;

'

1

:.&gt;..

..

•• t ; ;

(.

. ,.
.
' :~
·, EDlTQ~ PR.,OPl~TA•~ O,
c.
~ ' \
\
~
J , CANTU
L.:,EAL. ,
1 ,,
l.

;-'

,

sta ·Ji~)-\cqdórr _'saldrá ú,,i~,i: '1ós dt~s;Ú~i~cg 'y ·v , , ,

' de cada ind;;,:

~~~e',~.~f\ ·S~~en;ta, pagi~~ ,pi:ox!~apiente. , ,F,órina rá,al: i\ño cu a

·1ágr11fi.cps to_rnos:,de c4atroc1~n1,1s .P~(?rnas cad~ urro. t
-~-.

~~-!./: &gt;'..j

,,..,. i

; r~ -

~.,

"'

r', '

.

.,

~ -::

-~·:

·f. .

'

't-..

•

''~:.ia: ~\1iéa-:'~v¡;¿. . en: .Já ~epúblic_~, c{1-1e, pa_ga ¿~lab_o¡~ci~n. d€.lo.s óJ

'iüentés éscrji•otes. de-.Españ'a;' y:Améd,c·a~-tales co'mo R\lbén Da río.

;¡,~~:_f:'1.~t~g'~It·:~-g,t~í.cn~e:' Gómei.~ahil!o,::M_án uel ·l) gar~~,)'•o(ll~S C~-:'

·;:asst,~41~~ ,W~}or ;~·.};onfio_ñ·o,:Max. , Qrill9, Ben_íto Pérer4 Gal~9s, _etc
•.,;~. ·.. ,_,: _

· ...,J. .,\•~&gt;--

(-4

,

~

·."'/',

7[ ~'· .:;

.,,_.,, ··t "-::

:

~N;olíci-tan
agetites en las
no·lós
.
. poblacioi:\es
. -~· \, ~.. . .tlbnde
'
. .a
'

'

I

~

r~ ,

,/ ,

rocf:iv,ía. .,

,

,,1{EC10S D ~ SW-~ $CRIPCI.
;-: ---. " \._ ,.fi
. •,
•, -~' ' ./ :._ ..., ·:• ~.

, .· E_iq~rio . -"''
~$.4'. 50 oro ::,uneric~

_. ·, , ·. ;~ éxjop.\

~o; ,:e ·,t $.~:00 •

ri:i.~~es:,{A-~0 ~
.. ,.2·,,?S .. ,, · ,, --,r
suéltos. ;,0-:4'0. :-: . . ~;lt20 ·-,; .
,,.
: ·:unoi~s/
f
i-f!~~tói_i'
v
enói~n~\~$
.
.,.. ..
.
•

j,.

,·

,

. ·P,at•fa~e:f No. ·
EP.UBL:ICA
.. . ',' " ME
... ,..

~

;

�VALOR, FACULTAD DE LA AUDACIA Y DEL

SUFRIMIENTO

fl.Bushldo: el Alma de/Japón,» la i11.teresa11le obra que lnazo Nitob éconipusiera en inglés, acaba de ser traducida lÍ la lengua española. Pocos libros
más opor!tmos, á la hora en que todas los aspectos del gran pueblooriell!al se real.-::an á nuestros l!fos y solicitan preferentemente nuestra atención.
Y además,
/;,ocos libr-os de la cr-ítica japonesa que atesoren tan alta caudal de mfrito intrfn,eco. Para el co11ocimie11to de la caballería en el archipiélago de tan sorpre11,le11te a1Uí!oga á la de' los pueblos europeos, estas p ,tgi11as nas dan ,{a más bella
uportunidad. Por esto, la RrwisTA CoNTEMPOR.{NEA reproduce lwy dos
capítulos de la obra; y aun es probable que reincida, con g ran regoci;o de
los lect01rs. Habla lnazo Nitobé. de este modo:

m valor se consideraba apenas digno de contarse entre las vil'tudes, si
se ponfa al servicio de la Justicia. Confucio, en sus «Analectas», define
,,1 Valor explicando, como es costumbre, qué es lo contrario. ((Conocer lo
que es justo, dice, y no ejecutarlo, arguye falta de valor». Poned esta definición en forma positiva y tendremos: ((El valor consiste en hacer lo
que es justo». Correr toda clase de peligros, ser tirano de sí mismo, hn1.arse á las ga.rra.s de lt1 m11crte,,cosas son que muchas veces se identifican ton
ol valor, y en la profesión de las armas tales violencias-lo que Shakcspcru:e
1lama «vaJor bastardoi•-se aplauden injustamente, pero no en los Preceptos de Caballel'ía. La muerte por causa indig1fa ó sin .,;ausa se llamaba
((muerte de perro)&gt;, «Liinzarse á lo mris encarnizado de la. batalla y pen~cer
o.m e1ll1 (.dice un príncipe de Lito), es cosa fácil y al alcance de cualquier
quidam, pero el verdadero valor está en vivir cuando es jt1sto vivir, y morir cuando es justo morir»; y, sin embargo, este príncipe no había oído ni
aun el nombre de Platón, que define el valor como el ({conocimiento de las
(\Osas que un.hombre debe temer y de las que no debe temer)&gt;. La distindón que se hace en Occidente entre valor moral y valor físico, se ha reoonoeido de antiguo entre nosotros.
¿Qué samurai joven no ha oído hn1,lar del «Gran valor» y del «Valor de un villano?»
Valor, Fortaleza., Bravura, Impav~dez, las cualidades del espíritu qut:
11.0

�178

HEVISTA COMTl~Ml'ORÁNEA.

más ftí.cilmente penetran en las aln1as juveniles, y que pueden dcsarrol.la.rse por el ejercicio y el ejemplo, fueron, pnr decirlo así, las virtudes miís populares, las primeras emuladas entre los jóvenes. Las narraciones de haZ.'lñas guerreras se repetían casi delante de niñ.os que acababan de dejar el
pecho de sus madres. Si un niño llora por algún dolor, la madre le reprende en estos tér minos: ((iQué niño ki.n cobarde, que llora por un dolm·
insignificante! ¿Qué harás cuando te corten lm brazo en batalla? ¿Qué
cuando te veas obligado á cometer harakiri?" Todos conocemos la patética
fortaleza de un hambriento niño, príncipe de Sendai, á qnien un drama
pone en boca las siguientes pala bms: «Mira esos gonioncillos en su nielo, cómo abren sus picos amarillos; mira ahoru.:su madre llega t rayendogusanillos para. alimentarlos. iCon qué precipitaci6n y alegda c0men los peq11en.uelos ! Pero, para un s:unurni , cuando sn estómago est á vacío es una vergiienza sentir hambre» . Las anécdotas de fortaleza, y bravura abundan en
los cuentos infantiles, aun cuando las narraciones de este género no son,ni
mucho menos, los únicos medios de imbuir en el espíritu el valor y li intrepidez. Los padres, con austeridad rayana ú veces en la crueldad, imponían sus hijos tareas que requerían todo su valor. &lt;1Los osos arrojan á sus
oseznos por los precipieiosi&gt;, decían. Los hijos de los samurai eran arroja.dos por los abruptos valles de los más duros trabajos y obligados á tareaE'
propins de Sísifo. Una oportuna privaci6n de alimentos _ó la exposición al
frío se con~dernban muy eficaces para endurecerlos en el sufrimiento. Lof
niños de tierna edad eran enviados con recados fÍ gentes completamente extrañas·, debían levantarse antes que el sol, y sin desayunarse, asistir á sos
clnses de lectura, dirigirse ií casa de su maestro con los pies descalzos, en lo
m1is frío del invierno ; frecuentemente....:....una ó dos veces al mes, como para .
festejar al Dios del estudio-se reunían en pequeños grupos y pasaban la
noche sin dornJir, leyendo por turno en voz alta. Las peregrinueiones á.
toda clase de espectáculos temerosos, lug~res de ejecución, cementerios, casas que se suponían visitadas por espíritus, eran pasatiempos fa.vorito6
de los jóvenes. En los tiempos en que las decapitaci0nes emn públicas.no
aólo se envhtba á los niños pequeños á presenciar la lúgubre escena, · sino
que se les obligaba á visitar solos, y dtirant&lt;&gt; la noche, el lugar de la ejeeución,y á dejar en la cortadn. cabeza una señal de su visita. Ante este sistema
ultra- _espartano de «domar los nesvios» ¿asalta al pedagogo moderno el horror y la duda, la duda de si no se produciría la tendencia á brutalizar, á
destruir en germen las tiernas emociones del cornzón? Veamos qué otro11
oonceptos tenía. el Bushido del valor.
El aspecto espiritual del valor se rniinifiesta en la. compostura, la .
tranquila presencia de espíritu. . La tranquilidad es el valor en reposo ; es
un::i, manifestación est~ítica del valor, asi eorno los actos audaces son una
manifestación dinámica. Un hombre verdnr.leramente valeroso está siempre sereno; jamás es cogido por sorpresa; nada perturba la ecua.nimich&lt;l el"
in espíritu, En lo más reñido de la bata!Ja permanece frío; en medio de
las catástrofes mantiene su espíritu en reposo: los terromotos no le sacuden ,
ríe ante la tempestad. Admiramos como verdaderamente grande á qüien,

,,

�179

l!TWIS'fA CO}:'fl,:MPORÁNJ.~A

•

l:ln presencia inmediata de un peligro ó de la muerte, conserva. el dominio
~obre sí mismo ; ú. quien puede, por ejemplo, componer un poem:i estando
a.menazado de un g·r an peligro, ó tara rear nna canción frente á la mnerte.
Lleva.r á cabo una de csta8 acciones sin que tiemble la p luma ó la voz, se
considera como prueba infalible de u na naturaleza fuertc-tle lo que 11osotros llamamos un espíritu cnpaz (yoyú), que, fojos d e llenarse hasta rebo8,lr, tiene '&gt;Íemprc lugar pfcra algo más.
Pasa corno historia auténtica entre nosotros que cuando Ota. Doka.n,
t,l gran fundador del c·astilJo de Tokyo, fné atravesa do eon una lanza , su
RSesino, conociendo bs a.fü:iones poéticas de su víctima , acompafió el gol pe con estos versos:
"¡Ah! Cuán cierto es que er, mornentos como é~le
11uestro coraz611 llora la fragili,lad ,k la \"ida";

y que en el mismo instante, el héroll expiran te, sin acobarda,rse Jo rnií.s mínimo por ln herida mortal qne recihiera en el costado, aii.adi6 estas líneas :
" S i es que, en )ns horas ,le pa?.,
h a apremlido á mi rar la vida con iudiforencia ,"

110

Hasta laty un elemento de sport en una naturaleza vitlerosa. Cosalil
que son serias para los demás ntórt.ales pueden ser con sideradas como juego por un valiente. De aquí que en hu, antiglrns guerras no fuese cosa rani que las partes bel igcrrmtes cambiasen un torneo d e palabrns 6 iniciasen
una discusión r etórica. Un combate no era snbmente un asu11to dt~ fuerza
bruta; era, 1i la vez, una lucha intelectnH.l.
Este cantcter tuvo la bata,lla que se di6 }Í orillas del río K.oromo, á
fines del siglo XI. Derrotado el ej~rcito oriental , su jefe, Sadato, se d ió
:í la fuga. Perseguido' de cerca poi· el general enemigo, y habiéndole gritado éste: "Es vergon wso par,1 un gnenero dar la esp alda al enemigo, "
Sadato refrenó su caballo: en el acto el jefe victorioso improvisó un vel'so:

•

"Hecha girones está la unlimbn: del pafio" ( Koromo)

Apenas habían salido estas palabras de st1s labios, cuando el gucrrer'i•
vencido, sin conmoverse, corn.pletó la c;;;trofa :
_"Porque en uso de la.rgo10 aiios lut .gastado. la trama"

Yoshiie, cuyo arco había estado tendido durante todo este t iempo, ¡.,

desarmó rcpentinament,e y, volviendo riendas, dejó á su supuesta víctima

�1.80

REVIS'fA CONTEMl'ORÁNEA

que obrara á su placer. Cuando le preguntaron la razón de tan extrafia
conducta, contestó que no podía □ata,r vergonzosamente á quien había sabido conservar la presencia de espíritu cuando le perseguía encarnizadamente el enemigo,
La tristeza que se apoderó de Antonio y Octavio por la muerte de
Bruto, ha sido cosa común entre nuest ros valientes. Kenshin, que luchó
durnnte catorce afios contra Shingen, cunndo supo la muerte de este ú1timo, lloró públicamente la pérdida del "mejor de sus enemigos." El
mismo Kenshin había dado á todas la..'! edades un noble ejemplo en su manera de tratítr á Shingen, cuyas provinciar; se hallab1tn enclavadas en una
región montañosa, dependiendo, por consiguiente, su prnvisión de sal de
las provincias de 1-Iojo, en el 'fokaido. El príncipe de Hojo, deseando
quitar fuerzas á. Shingen, y no eo,tando en guerra al,iertrt con él, le había
privado de todo tráfico en tan indispensable artículo. Kenshin, al sabet
esk-i situación del enemigo, y pudiendo obtener la s:ü en la co¡;,ta. de sus dominios propios, escribió ii Shingen que,en su opinión, el señor de Hojo ha,.
bía cometido una acci6n muy b-aja, y que aunque ellos (Kenshin y Shingen) estaban en guerra, había ordenado (Keshin) á sus súbditos que }t-&gt;
propnrciona,gen(1i Shingen) cmrnta sal xiecesitara,y añadín: ''Yo no peleo eon
la sal, sino con la espada" ,con lo cual hizo UfüL frase rniís que semeja,1,t.e á
lns palabras de Camilo: "Los romanos no peleamos con oro, sino con hierro». Nietzsche hahla al corazón de los samurai cuando dice: "Debéis estar
orgullosos de vuestro enemigo: porque entonces el tríunfo de vuestro enemigo será ta.mbien vuestro.'' En efecto, Pl valor y el honor piden :i una que
no seamos enemigos en la guerra sino de quien m erezca ser nuestro amigo
en la paz.Cuando el valor alcanza su mayor altura se hace equivalente á la

.,,

,
• BENEVOLENCIA,

~entimiento de compasión amor, magnitud, afecto hacia los demtís, simptttía y que fué siempre cor,siderada como la virtud Buprema, como el mtb
alto atributo del alma ht\mana. La benevolencia se estimaba corno una
virtud regia en un doble sentido: como el primero entre los varios atributos de un uoble espíritu, y como particularmente esencial en la profesión,
de los príncipes. No necesitábamos de nn Shakespeare para sentir-aunque, quizás, como el· resto del mundo, lo necesitásemos para expresarloqüc la clemencia sienta mejor á nn monarca que la corona, y que está mái:;
alta que su cetro. iCon cuántít frecuencia, tanto Confucio como Mencio,
repiten que el requisito de un domidador de hombres está en su benevolencia! Dice Confucio: «Que un príncipe cultive la virtud y el pueblo en
masa acudirá tí su alrededor; con el pueblo irán á él las tierras; las tiemu;
le darán riquezas; las riquezas le permitirán hacer buenas obras. La virtud es la raíz y la riquem el fruto». Y en otro lugar: «Jamás ha ocurrido
el caso de que. amando el soberano la bP-nevolencia., no amasen sus súbdi-

�REVISTA CONTEMPORÁNEA

181

tos la justicia». Mencio sigue sus mismos pasos y dice: ((Se registran ejemplos de individuos que alcanzaron el poder supremo de un Estado privado
sin tener benevolencia; pero jamás he oído que todo un Imperio cayese en
las manos &lt;le quien careciese de aquelhi virtudn. Y en otra parte: «Es
imposible que nadie pueda regir m1 pueblo sin someter antes sus corazones». Ambos definieron este requisito imlispensable en el soberano, tliciendo; .«Benevolencia: la Benevolencia es el Hombre». Bajo el régimen del
feudalismo, que con facilidiul puede degenerar en militarismo, á la Benevolencia debimos el vernos libres (le un despotismo del peor género. Una
mayor sumisión del gobermulo «en cuerpo y a.lnrn)i no hubieran uejadu al
gabernante m1is que el autoritarismo, y éste tiene 001110 &lt;·oneecuencia natu_
ral el &lt;lesarrollo &lt;le ese iibsulutismu llamado con tanta frecuencü1 (&lt;despotismo oriental.., .ll i Como si 110 se encontraran déspotas en la historia del
Occidente!
Lejos de mi 1inin10 defender ninguna especie de despotismo; pero es
un error identificar el feudalismo con él. Cuando Federico el Grande escribió que ((\os Reyes son los primeros servidures del u:,,tado», con rnz6n
pensaron los jnrist.'ls que se hn,bht llegado á nna nueva Era en la evolución
de la liberta&lt;l. Conincidiendo en tiempo de un modo cn1;ioso, Yozan de
Yonezawa, en el fondo de los bosque del Japón del Noroeste, hizo exaetamente la misma declaración, demu~trnndo que el feu&lt;lalii,mo no era tudo
tiranía y opresión. Un príncipe feudal, a!un sin pensHr que tenía obligaciones reeíprocas con sus vasallos, tenía un eentimiento más alto de resposn.bilidad para con sus antepasados y con el cielo. Era un padre de sus
stíbditoe, encomendauos ii su cuidado por el cielo. En un sentido que
no se suele dar ii la palabra,el Bushido acept-aba y practicab,1 el gobierno paternal-paternal, también como opuesto al menos interesado gabierno avuncular ( idígalo si no el Une/e Saml) La diferencia entre un gobierno
despótico y un gobierno paternal, está en que, en el primero, el pueblo
obedece con repugnancia, mientras que en el segundo lo hace con «esa orgullosa sumisión, esa obedienci11 digna, esa subordinación cordial que mo..ntiene vivo, aun en la misma servidurn.bre, el espíritu de la más exaltada libercad» (l.) No es enteramente falso el dicho que llamaba al Rey de In1

(1)

Burke. Revolciór1 Francesa,

glaterm «Rey de diablos, por las frecuentes insurrecciones y cambio de
Príncipes realizados por sus súbditos», y al Rey de Franch1 «Rey de asnos,
por sus infinitas contribuciones é imposiciones)); pero que daba el título de
»Rey de hombresn al soberano de España, ((por la voluntaria obedie11cia de
sns súbditOS)), i Pero basta de esto!. ...
Virtud y poder absoluto pueden parecer al espíritu anglo-sajón como
términos imposibles de armonizar. Pobyedonostseff nos ha mostrado bien
claramente el contraste que ofrecen Inglaterra y los demás Estados europeos en sus fundamentos, á saber: que los segundos se organizaron sobre la
base del interés común, mientras que aquélla se distinguió por U11a personalidad independiente y sumamente desarrollada. Lo que el estadista -:-11BO dice de la dependencia personal de los individuos en cierta alían 'Las so-

�182

.REVIST.A CONTE~f PO!tÁNF,A

chl,.~ y en e1 fin ,le los fines del E::1tn&lt;lo, enti·e h~l'I n:iciones continentnles
!ÍC Europa y especialmente entrt, los pueblos esclavos, es doblemente cierto
para el pueblo japonés. D0 aquí qae n11,;o t,·o,; no sintamos tan pesadamente como r,e siente en Europa ol libre ejercicio del poder mornirquico, el cu d
est:i genera ]mente moderado por cierta considernción patcrnnl hada los se1timientos del pueblo. «El absolutismo, dice Bismark, exige, ante todo, e -1
el soberano impa.rcialidad, honradez, devoción al dcher, energía y humildad interior». Si se me permite hacer una cita nds sobre este asunto, tomaré algunas paln.bras del discurso del Emperador de Alemania en Coblenzr1: «El poder real, por la gracia de Dios, con ,-us graves deberes, sn tremenda responsabilidad ante el Crea&lt;lor ,.,,Jo, de 1:1 cual ninglin hombre,
ningún ministro, ningún Parlamento, puede revelar al ~1onarca...... »
8 ·, hemos o n :~ la henevolencia era una virtud tierna, rnater1rn1. Si In.
inflexible virtud y la a.nstern, Justicia eran peculiarmente mascnlin:1s, la
Grndn tenia la amabilidad y persuasividnd de una nn.turale;m. femenina. Se
nos advertía. ·para que no incurriésemos en una caridad indiscreta., sin
sazonarla eon justicia, y rectitud . Masamune expresó esto muy bien en su
citado aforismo: «La rectitud llevada al exceso se petrifica en rigidez; la
benevolencia, practicada sin medida, se funde en debilidad».
Por fortuna,la Clemencia. no era tan rara como bella, porque es tmiveri.almente cierto que «los mtfa bravos son los más tiernos; los más ama.ntes
son los más audaces». ''Bus/ti 110 11-asaké"-la t ernura de un guerrero-tenía un sonido que hablaba inmediatamente al a.lma de todo lo que en nosotrns hay de noble; no porque la clemencia de nn samurai fuese específimente distinta á la de cualquier otro sér, sino porquesuponín la exist.encín
de esa virtud donde no eri.L un impulso ciego, sino donde estaba debidamente subordinada á la justicia; donde la clemencia no constituía sohunente cierto estado de espíritu, sino que la aconipafüioo la facultad de pcl'donar ó matar, Así como los economistas hablan de demanda retd y demanda ficticia, nosotros podemos decir que la clemencia del busbi era real ,puesto que implicaba el poder de obrar en bien ó en perjuicio del que la, recib.ía.
Aunque orgullosos de su fuerza hrnt.a y íle los privi1egios que por elh.
obtenían, los samurai realzaban lo que Mencio ensefió con respecto n.l PO•
iler del amor. ((La benevolencia, dice, sornete á su dominio cuanto se opone á su poder, como el a.gua domina el fuego: s61o ponen en duda el pode1·
del agua pa.ra apagar las llamas los que tratan de extinguir con un vaso de
. ella el fuego de una carreta de lefü1ll. Dice también que «el sentimiento &lt;le
conmiseración es la raíz de la benevolencia; por éonsiguiente, un homhre
benévolo piensa siempre en los tristes y misernblcs&gt;l. De este modo Mencio
\-le anticipó con mucho á Adam Srnith, que fu.nda su filosofía. moral en Jn
simpatía..
Es ~almente chocant.e cómo el código de honor caballeresco de un
¡mis coincide con el de otros; et\ otras palabras: cómo las tan mal entcnüida1:1 ideas morales de Oriente tienen sus semejantes en las má&amp; noble1:,

�REVISTA CON'fl~MPORÁNl':A

n :í.ximas de la literatura europea.
h s conocidos versos:

183

Si se mostraran á un caballero japonr1-1

Hae tibi erunt artes: pacisque imponere morem,
Parccre subjectis, ac debellare superbos,

podría. acusar al bardo mantuano de plagiar ,la literatura de su priís.
La benevolencia, con el débil , el oprimido ó el vencido, fné si e1n1 ►re
alabada, como particularmente digna de un s:imurai. Los amanteB del arte japonés deben estar familiarizndos con la representación de un siwerdote monta.do sobre una vaca, dando la espaJda á, la cabeza del n.niqml. El
jinnte fué un guerrero de otros tiempos, cnyo nombre llegó IÍ ser un síml(llo &lt;lcl terror. En la terrible batalla de Sumano-Ura (año de 1184), que
fné nna de las más decisivas en nuestra, historia, venció IÍ. un enemigo
tm combatf' singular y lo aprisionó en sus gigantescos brazos. La etiqueta
de la, guerra exigía que en tale:; ocasion&lt;"s no se del'rnn,ase ~angre si el venciJo no resulta.ha ser de igual rango ó cflpaeida.d que··el vencedor. E1 feroz combatiente quiso saber el nombre del que yacía. bajo él; más negiíndose el último á deelararlo, aquél le arrnncó el casco sin piedad; pero la
,•ista de un rostro juvenil, bello é imberbe, obligó al asombmdo caballero
lÍ soltar su presa. Ayudando al joven ií levantarse, invitó francamente
que huyera. «l Cone, joven príncipe, al lado de tu ma.&lt;lre I La esp¡.ttla de
Kmnagaye no se empafiani jamás con una gnt¡~ de tn sangre. Apresúrate
y hnye por aquel desfiladero antes de que el enemigo este á la vi!:1ta 1» El
joven _guerrero se negó á hufr y suplicó !Í Kumagaye, por el honor de ami os, que le matase en el acto. Brill,1, la hoja fría de la espada sobre la
t•abeza. gris del veterano, la hoja que tantas vidas había segado; pero sn
enérgico corazón flaquea; ante su espíritu flota la imagen de su propio
hijo, que en aquel mismo día marchó al sonido del clarín para ensayar su!:irmas vírgenes; la fuert" ma.no del guerrero tiembla; de nuevo suplicn, á
im vfot.ima que busque su salvación en la huida. Viendo que t-odos sus esfuerzos son vanos, y oyendo los pasos de sus camaradas que se acercan,
exchuna: uSi te descubren, perecerás á manos más indignas que las mías.
-1 Oh, tú, Infinito, recibe su alma! n Un instante la espada ~entellea
en el aire y, al bajar, est,i teñida en la sitngre del adolescente. Cuando
acaha la guerra vemos á nuestro soldado volver t&gt;n triunfo; pero poco le
importan ahora el honoró la fama: renuncia á su vida guerrera, afeita
1u raheza, viste el hábito sacerdotal y dedica el resto de sus días á la santa peregrinación, sin volver jamiis la espalda al Oeste, porque allí está el
Paraíso de donde viene la salvación y á donde el sol corre 'cada día para
buscar reposo.
Los críticos hallarán puntos flacos en esta historia, que es casuísticamente vulnerable. l Qué importa! No por eso deja de enseñar que la
ternura, la compasión y el amor, eran rai,gos que adornaban lae hazaña1;

�l8 t

Rl'!VlSTA CONn:MPORÁNEA

má:;; e..1.nguinarias de los samurai. H abfa. entre ellos la mií.xima de que
~no está bien en el cazador mata r al pájaro que se refugia en su pecho».
Esto explica en gran parte por qué el movimiento de la Cruz Rojn, considerado como esencinlmente cristitmo, arrnig6 tan nípiclnm ente entre nosotros. Varias décac\Hs antes ele que oyér amos hablar del Convenio de Ginebrn, Bakin, n uestro mayor novelista, nos había familiarizado con el tratainien to médico ele un e1H•.migo caíd o.
En el p rincipado de S11tsuma, con ocido por su educación y espíritu
marcial, se hallahft ex tenrlida. entre los jóvenes la costumbre de practi&lt;·n.r
la m úsica; no el clamo!' 1.fo las trompetas ó el i-e&lt;loble de 1011 tambo1·ea
( «esos clamorosos pregoneros de s:1ngre y muertell que nos instig:m á emuiar los actos del tigre, sino melrm cólicas y dulces melodías cu b wiba (1) ,
que smivizan nuestros instintos fieros, u,partn.ndo nue:;tras i&lt;le11.s del olor ele
la s,~ngre y de las escenas de carnicerín. Poli"ío nos habla d e la Constit ución de la Arcadia, que exigfa u todos los jóvenes men ores ele trcint.,
:~fios que practicasen la músir.a., para que este a.mable Arte hiciese llevaderos los rigores Je aqnellit inclemente región . A su influjo atribuye la a usencia de crnl!ldud en aquella parte de las montañas arcadianas.
Y no fué Satsumn la ú nic:i. comarca del J aJJÓll donde st1 inculcaba l:t
,tmilhilidad á la dase guerrem. Un príncipe de Shirn.kawa escri bín sus
pensamientos sueltos, y entre ellos está el siguiente · «Aunque lleguen ocultamente á vuestra cabecera en el silencio de una noche de insomio, no
.-tpn.rtéis de vosotros, sino recibid con rariño , la fragan cüt de las flores, el
,;onido lejano de las campanas y el canto de los inscd;os en una noche de invierrn1». Y rmis adelante: «Aunque h ieran vuestros sentimientos, debéis
perdonar e1,1,:ts ti-es coi-as : la bristc que esparce vuestras flores, la nube
que os oculta la luna y al h ombre que trata de t:ntablar d isputa con vosotros.»
I~st as duk-ca emociones eran las q ue d escritor d 3 ver.508 debía, en
,tparíeneia., expresar_; pero, en realidad, p racticar. Nuest.-a. poesía tiene,
por esto, un inmenso fondo ele emoción y ternura. Una conocidísima
,tnécdota. de un samurai rústico es un ejemplo oportuno. Encargironle d e
aprender ver~ficación, y habiéndole do.do como tema de su pl"imcr ensayo
\!El canto de la a londra» (2), su fiero espíritu se reveló, y arrojó á los piés
&lt;ie su maestro um~ in correcta producción , que clecía :

~]J.:\ guerrero valiente debe huir
d el oído que puede escuchar
el canto de h alondra.n
Su maestro, sin impacientarse nnte tan rudo sentimiento, continuó
;,!entando al joven, hasta que un día la músicn de su alma. se despertó
para responder ií las dulces notas del uguisu, y escribió:
(] )

(2)

ln!ilrumento m usical. 1entcja.ntc á la guitarra..

.El u gufsu, l1a 111ado por algun08 Tul9eñor del Japón.

�REVISTA CON1'EMPORÁNEA

Detiénese el guerrero, armado y fuerte,
á oir el canto del uguisu,

modulado dulcemente entre los árboles».
Nos ad m; ra y cunm ueve el heroico ínci&lt;lente de la corta vida de
Korner, cuando, cayendo herido en el campo de batalla, escribió su famoso ._Adiós á la vida&gt;i. Incidentes como éste no eran raros en nuestras guerras. Nuestros poema~, enérgicos y epigramáticos, se adaptaban especialmente á lá improvisación de un sentimiento único. Todo hombre, cualquiera que fuese su educación, era un poeta ó un poetastro. No era poco
frecuente ver á un soldado, durante una marcha, detenerse, sacar de su
faja los utensilios de escribir y componer una oda; y esos papeles se encontrabas desp1Jés en los cascos ó bajo las corazas, al quitar éstas de lo,cuerpos exánimes que los vestían.
Lo que en Europa ha hecho el Cristianismo para despertar la compasión en medio de los horrores de la guerra, lo ha hecho en el Japón el
amor á la música y á la literatura. El cultivo de los sentimientos tiernos
produce In. consideración hacia los dolores ajenos.

IN AZO

NITOBF~.

�HERCULES Y LOS CENTAUROS
.DE

"r..os

TROFEOS" DE JOSfü MARÍA DF, AERl!'.DlA .

Cuando el gran domador, de a,lto y :fornido pecho,
entró al bosque, siguiendo la formidable huella,
8Ólo un rugido enorme contó la luchrt aquella.
Después callóse todo. El sol s1-~ hundió en sn lecho.

A través del ~spino, el jaral y el barbecho,
c.l pastor que á Tirinto huye corno centella
ve, con ojo que a.granda el pavor que destella,
á orillas de los bosques el gigante en acecho .

Lanza un grito. Es que ha visto el terrnr de Nemeu.
el de siniestras garras, el de crin que llamea,
abrir su fauce ingente en la bóbeda astral.

Pues al crecer la sombra crepuscular, r emcd:1
bajo la piel horrible que con I-Iércnles rueda,
mezclando fiera y hombre,-un héroe colosal!

�REVI[l'l'A CONTEMPORÁNEA

ESTINFALIA
Y en la fangosa orilla, de entre el negro ramaje,
-al llegar el Arquero, las a ves, brnscam cnte,
•
se elevaron cual ráfaga impetuosa y ardiente
sobre el fúnebre lago de p2rfido oleaje.

r

Otras, á bajo vuelo, con su blnnco plumaje
rol.aban la mejilla qne ungieron dulcemente
las caricias de Onfalia. El H éroe, de r epente,
ajustnndo su flecha, dió un paso entre el herbaje.
Entonces, d e la nube espantarfa y ter rible,
entre g1·itoi, salwjcs, cay6 nna. lluvia horrible
,londe el rayo mortifern surcos ígneos dejó.

Y bajo el sol radioso, venciendo las hmneantel!
nubes, donde su a rco t rn.zó huellas brillantes,
baiiado en sangre, Hércules, sonriendo apn.reci6.

NESO
Cuando cual mis hermanos vivfo., y como ellos
ignoraba un destino mtís clemente 6 aciago,
los montes de Tesalia eran mi imperio vago
.y en sus torrentes fríos lavé mis rojos vellos.
Tal crecí: libre, hermoso, feliz, 11 los destellos
del sol; sólo el perfume, --en cuyo ardor m e embriago,de las yeguas de Epiro, turbaba con s u halago
mi sueño 6 mi carrerit i tan agrestes y bellos!
Pero después que de H ércules entre los brazos veo
á la triunfal Esposa sonrcir, el deseo

que mis crines crizll, m e tiene cautivado.
Puesto que un Dios i maldito por siempre sea au nombre t
al. celo de la bestia en mi sangre ha mezclado
el amor que doblega y martiriza al hombre!

187

�REVIS'l'A OONn~Ml'O t,\N l~A

.'

Antañ o, entre los bosques, en rápida cam.: m,
de innúmeros centauros la manada vagó;
su negm crin mezclaban á nuestra cabellera.
con la sombra jugaba en sus flancos el sol .
Hoy tan sólo nosotras hollamos la pradera.
El antro, de maleza se cubre, pue.c:; q uedó
desierto; y en las noches, en inútil espera,
oigo de los caballos la ardiente incitación .
Pues la raza,-que vemos disminuir cada día,_de los hi jos heroicos que el nublado engendró,
nos deja y loen.mente á la mujer ansia:
En ln. mnjcr en&lt;'nentm el fuego clel amor.
en un relincho estalla nuestra pnsión bravía
y el celo de la yegua palpita en nuestro ardor!
j Que

CEN:TAUROS Y LAPITAS

Centauroa y guerreros audaces, se han mez ·fo.do
en el nupcial convite, donde hermanarse pudo
la joven carne heroica con el enero velludo
-..y a rdiente de los hijos que engendrara el Nublado.
Risas, tumulto ....Un grit.o! El Cllerpo mancillarln
de la Esposa, forceja bajo un t.ón1 x peludo;
1\el bronce y las pezuña¡, óyese el choque rudo .... .
J.a m esa, con estruendo brutal, se ha desplomado.
Levántase el que mira los hombres ctml pigmeos.

J1:s Hércules. Corónanle recias crines de oro,
1&gt;ues en su cráneo ostenta de un león los arreos.
Y do un extremo al otro del recinto, domatlu
por su mirar colérico, la S..'Llvajc manada
retrocede, gruñ endo, cual un monstruoso coro!

�REVIS'rA,.CONTJo~MPORJ\ NF:A

FUGA DE CENTAUROS

Hacia el monte escarpado que esconde su guaridt\
huyen y huyen, ebrios de sangre y rebelión;
el miedo los azuza, la muerte los convida,
y en la noche olfatean el tufo del león .
.Matorrales , torrentes, barr::uwos, en ,,u huidn.
:1.traviesan , pisando la hidra, el estelión;
y ya surge t:n los cielos In. cimera encendida.
de la Osa, el Olimpo, ó del negral Pelión.
Uno de los agrestos fugit ivos, en tanto,
i-:c c11eaht·itn y se vuelve, por mirar :i lo lejos,
y de un salto incorpórase á. la manada erní,nca .
Pnf\s ele'\,. Luna llena á los claros r etlejos
tras e llos vió alargarse, como supremo espant~) ,
el horror gigantesco de la somhra herculánea.
MAX,

HENRIQUEZ URKÑA .

�DE SAI NT LOUI.S Á CHICAGO.
Arri bamos á Unioo Depot después de h aber de~filado al trote largo
por frente á las hermosas avenidas en donde la aristocru.cia hn. alineado sua
m:msioncs soherbias, y mientras me decía, ,il apearme del antiestético
arm atostr.," i Dios mío ! , así serán losfiacres de París?"manos listns, manos ágiles, se apoderaron de mi ticket-una larga tira de papel con muchas
dentelladas al margen-y lo ckekaron; y otras manos gordas, desmesuradas,
unidas á brazos gruesos "pertenecientes' ' á hombres altos, eolorndotes, rellenos de m anteqnirnt y de jamón, me enfilaron, me hicieron franquear nna
estrecha puerta de hierro y empujándome por un angosto pasillo alumbrado por la fija claridad de las bujías eléctrictts, me detuvieron ante el el:ltribo del smocking room. Un negro señalaba la entrada con rígido índice :
obedecí .
Dentro, mucha gente, muchas pipas, mucho humo y r uido incesante
de mandíbulas atareadas en mascar tn.baoo. Maldije por centésima vez
ese sucio hábito de los ya11l.:ees y tomé asiento. Pronto In. reducida a tmósfera de aquel vagón cerrado se cargó &lt;le olores asfixiantes, nauseabundos,
mientrns las alfombras y el terciopelo de los respaldos se fueron cubriendo
de escupitajos sanguinolentos que, arrojados por bocas torpes, no llegaban
á. alcanzar las el:cupide1·as. Sentí asco, parccióme estar entre una manada
de cerdos...... Me instalé en el cano inmediato donde, arrellanados en los
sillones reclinntol'ios, dormitaban gnrndcs trozos de carne.
Estrépito de puertas, precipitados pnsos de viajeros retrasados, ahogadas interjecciones de los dormilones á quienes un advenedizo re.clamabn
asiento, campanadas, silbidos, humo dentro, m1ís humo fuera, y por fin
un choque seco, un brusco estremecimiento, un ruidoso rodar J e carrosesos eslabones de la. gran cadena que arrastra la locomotora- y resoplidos
de monstrno satisfecho que sale de su caverna tenebrosa.
Allí quedaron, bajo la dilatada techumbre del depot, doce flamantes
máquinas,cle aceros bruñidos, de cobres pabonados con su prolongada cauda de furgones, limpias, lust rosas, nlineadas como en una revie¡ta, viendo
á In tiniebl:t con su oj0 de cíclope, conteniendo ln respiración, sumisas,
espernndo que la inflexible m anecilla señalo.ro. el momento ele la partida.

�101

JU.:\"ISTA CONTKMPORÁNEA

Dejam os li Saint Louis en una rnadrngacb triste, brumosa. Sutil llovizna. hn.ce chm-r(~Hr penor-mmente en los cristales algo así como nn sucio
sudor. La locomotorn, metida en intrincnc.la red de cintas de acero, bnsca
salida. Con lento paso ele ta.rdo pa.quidermo avanrn, retrocede, ora tuerce
á la deredia, orn á
izquierda ....... ,. ... Tres, l.matro, seis ...... .....muchas
linternns de colores, como en jambre de luciérnagas, vuelan de acá para
all:i, almnbrnnclo solícitas el c:imino velado por las sombrns crcpuseulares,
y en esta pneicnte labor de afar hilos y deshacer nudos nos sorprende el
dm, qne sin permiso de nadie hace su francn. entradtL
En tanto doy mi último vistnzo ¡Í la, bclia ciudad y pienso en que éHta,
como todas las grandes ciudades, tiene su despertar muy falto de poesía.
Aquí no se saluda la luz del amanecer con el regocij,ido parloteo de las
cmnpa.nas, ni la alegre diana de los gallos se oye rodar de tejado en tejado,
ni el eco de las aves sacude el amodorrn,miento rnatinal, ni hay pensiles
que difundan gratos arornas: el estridor de los silbatos interrumpe bruscamente el sueño y nos hace sal.trir del lecho, y el zumbido del street-car, el
vocerío de h, multitud, el estrépito de los almacenes que abren sus puertas
y descorren las cortinas de fierro de los escaparates, el ruido de los mil
vehículos que pasan arrastrados por rápidos corceles, que van dejando en
los aires el eco sonoro de su plaf plaf, al patear en el asfalto, forrnnn la
desacorde sinfonía que hiere nuestros oídos todas las mafianas. Además,
el bostezo de la ciudad es malsano, ma.l oliente: fétidt, respiración de entrafias poclridas. De los mil hogares, por hts innúmeras puertas, ele cimtinas,
pocilgas, groceries y restaura.nts se escapa. un aire viciado, saturado con el
aliento de millares de organismo.8. Al pasa.r por las r,ombrfas callejas, por
los húmedos malecones, se sienten bocanadas de emanaciones infectas, como si al calor del sol naciente cobraran nuevo vigor los gérmenes que
duermen en los acervos de basura,en los albañales y en el cieno.
Por fln el tren , ~Iespués de muchas vacilaciones, de impetuosas emhestidas :í las que se sucedfan súbitos movimientos retrógrados, ha encontrado
su camino, y corre á grandes trancos por la recta pauta de cintas de acero.
Todavía estamos
el perímetro de la ciudad y vamos por sus calles
con un estrépito que acrece en presencia de esos muros altos, de esos enormes edificios &lt;le fachadas ennegrecidas por la patina del tiempo, y de esos
otros, prematuramente envejecidos por el humo de las fábricas. Pero aquí,
por lo visto, la policía municipal tolera todos los escándalos cometidos irreverentemente por el progreso que, en fonna de locomotora, pai;ea en
pleno día por parques y avenidas, despertando al pacífico ['?] vecindario,
metiendo más ruido que cien energúmenos que fueran jinetes en cien caballos desbocados.
Y á propósito lay! lector amigo, cuántos desatinos comete el decantado progreso sin ::¡ue nadie le diga oxte ni m('xfe, ya sea que se les encare á
los sencillos alcaldes de pueblo, ó bien que ba.ga sus locuras en presencia

J,.

'

en

..

�REVISTA CONTE MPORÁNEA

de los mát! linajudoo funcíonarios, y aun en lns mismísimas barbas de lo"
inonarcas1

Avistanw1:1 el m uelle y corremos á moderada velocidad por el ribazo.
El tren va en acecho: se acerca, oe retira luego; busca. con cautela un vado .
. \] fin lo enccmtmní. y saltaremos resueltamente sobre el gran río.
El Mississippi, a l llegar á las goteras de la ciud:ui recoge sus aguas y
las encajona. gallardamente. Se pono su corsé_y camina con el gentil d(l11aire Je un enamorado. Allá por la llanura viene culebreando descuidada.mente, desaliíiado, pero cuando advierte la presencia de las primer11ibarcas y escucha el apagado rumor de la multitud, se cnderer..a., arregla su
tocado y pasa rozando la mampostería de los puent es, los bardn.les de regia:;
mansiones, los austeros basamentos de alma.eones, los muros de gr u.nit-o
rosa, y se entrega á cnllados placeres sibi~ríticos estrechnndo a morosa.mentl'
tm su seno el mórbido cuerpo de las tra viesas barquillas que resbalan cha•
poteando ruidosamente.
Ama.rradas á gruesas a.rgollas cabecean multitud de lanchas que paret,en dormitar el último sueño de la mafüma. Pero muchas otras, madrugadoras, surcun airosamente las aguas en su cuarto 6 ouinto viaje conduciendo cmga. Las hay diligen tes y per ezosas, bonitas y feas, sucias, con
a.sq nerosas chorreaduras, y limpiccitas, con su vestido blo.nco de domingo,
Y esa. muchedumbre femenina, de naves que se escurren veloces, atareadaien transmitir mensajes, y esas otras que con la vanidad de mu jeres hermosas no hacen más que pasar triunfalmente luciendo sus csbeltece.-;, y aquc1llns otras, m odestas y no desprovist.A.s de gracia, que llegan aquí y se detienen allá, y vienen y van como activas dependientillas de almacén, todas,
8e codean at revidamente eon esos.grandes vapores, con los ventrndos barcos repletos de m ercancÍlls, con los pailebots y los yatcbs, esos elegante,:;
que flirtean sobre las aguas; sí, frente á ellos desfila n, con ellos se t ocan.
sin timidez, sin miedo, hasta creo que con provocaciones impúdicas, p uei:-:
que algunas, las más coquet as, imprimen á su cuerpo meneos exagerados,
mientras que se enarcan dejando ver bajo los cuellos de cisne el nacimien to de la quilla y balanceándose con ritmo acompasado.
,JOEL

ROCHA

�MAL ETERNO
No muy lejoi, de la pompa de las selvns y los prados
qne saturan el ambiente con sus voces y sus hálitos,
hay un campo
desolado.

Cierta vez junto d ::i aquel paisaje extraño
detuviéronse mis pafios,
y me dije con asombro: , lQué Pandora derramando
el diluvio de sus males hri°cruzado
desgraciadamente por el }ermo solitario?
lQmí terribles cataclismos con sus látigos
implacables y heridores fustigáronlo?
lQué impie&lt;lad ha puesto allí su sello trágico?
Mis demandas no encontraron
,eco alguno. Fuí después el más devoto parroquiano
de ese sitio funerario:
y me he envuelto en su letal silencio pánico,
he sentido dé los seres y las cosas el cansancio,
y he eseuchado
las fatídicas quejumbres de aquel páramo.
1Lo que en sus ingenuas confesiones me ha contado1
Allií en épocas remota.s sus entrañas se agitaron
con lus mil trepidaciones jubilosas de los partos.
Un vergel paradisíaco asomaba sus encantos:
y las auras nmñaneras prometieron sus halagos,
y los soles estivales la opulencia de sus rayos,
y bandadas de aves líricas soñaron
en rimar perennemente sus canciones bajo el claro
de una luna que, cual nave silenciosa, fuése en blando
balanceo por las ondas del espacio.
Mas he aquí que el infortunio en sus ingratos
des(•nfrenos, desató sobre aquel palio
de verdores edcni9:lea el turbión de sus agrarios:

�19-l

REVISTA CONTEMPORÁ~l~A

y á los q-,)lnr·s [uribundos abatieron sus penncho 1
los corimbos florecidos, y rodaron

premnturamcnte sus despojos ii los ímpetus del n.brcgo.

Y los años sucediéronse á los años,
y los siglos á los siglos aucediéronse ...y en vano,

porque nunca más volvió la vida sobro el campo
desolado!
FORTUtfATO

LO½ANO

,

�DISCURSO PRONUNCIADO EL 5 DE FEBRERO
EN LA INAUGURACIONDE LA ESCUELA
NORMAL DE COAHUILA.

SEÑOR GOBl.:RNADOR:
ST~ÑORAS Y SE~ORES:

En el mundo helénico, piira fundar una ciudad se llevaba el fuego de
ta patria y ]a¡, inuígenes de los dioses ::1 sitio en que habfa de erigfrse la
nueva comunidnd política. El suelo no es patria y las piedras no son ciu-

-da.dela ó santuario sino cuando se incorpora en ellos el alma de los antepasados. Así en esta fiesta qub presiden los Poderes Públicos del Estado,
creeríais venir sólo á visitar un edificio nuevo, si en el acto de su dedic.a dón solemne no nos sintiéramos protegi&lt;los por las almas de los muertos,
y persuadidos de que continuamos, sin el esfuerzo heroico de ellos, es verdad, humildemente, pero con fe, una misma obra de patriotismo nacional
y loca1. El arquitecto ha concluíclo este palacio destinado á la niñez: comienza el pedagogo. Vamos 1i poner en sus manos nuestra esperanza.
J.Por qué le hacemos deposita.rio de este bien? u;¡ momento tiene una solemnidad que no admite cálculos basados en lo que se ha.ya. imertido paro.
levantar estos muros. Los vrdores que aquí e.'&gt;timamos no son reducibles
á cifras. Es una generación que se desprende y cae del regazo materno
para qne vucstm disciplina, oh maestros, nos la devuelva cnpnz de tomar
un puesto en la vida. Ya esto sólo es imponernos una responsabilidad
incalculable; pero aun hay miis. 1~1 maestro no recihe nifios pimi devolver efebos; no recibe anidfo.hetos para devolver una. cifra igtuLI que pasa. á
la columna de los que saben leer en las estadístiras de la instrucción. Esto
no es nada. Lo importante, lo vital, es que se le entreguen niños y nos
dé ciudatlanos: que se le entreguen mexicanos coahuilenses y noi;; devuelva
\ n número igual Lle mexicanos cnalrnilcn.,;es. No tendría rnzón la escuela
con.lrnilem,e si no fuern por e;;to. Pediríamos nrnestrns como se pide uua
cult vadora ó una trillatlorn. La. nuiquina de l'ittburgh tmbaj;~ lo mismo
en México que en Aust.mlia. En \:icrto modo, el maestro puede ser tam-

�196

RE\'TSTA CON'l'f~MPOH,\Nl~A

bién pura.mente útil. :El maestro &lt;le idiomas, u.l lle c;cncías abs!r:u.:tas, en&amp;➔fía lo mismo en México qne en Australia: es corno la máquina de Pittburgh. Pe1·0 la parte miís noble, i11lis deliciida, mtís trascendental de .ia
tarea encomendada nl magisterio, no e&gt;s una ohrn de en,-.ei"i"r.za, es una
obra de educación, y la educación es un.~ obra lle amor, de amor excelso
que no se inclina n.l niño put ser niño, por sn sonrisa y su tlebifülad, sino
al niño como germen de hombre futuro, como virtualidad maravillos::1 incomprensible para quien desconozca el :-. lma ancestral y colectiva que se
Je.senvuelve, bajo la cnpa de la edtwación, en e:;te sér frágil y adorable entre todos los sel'eS frAgiles y adorable:; de la vi&lt;la,-flor por el perfume,
mariposa por la inquietun., ave por el cant11 que ruoduh su instinto.
Este amor al niño &lt;lebc ser, puc:;;, nú u11 simple amor 1í. las cosas bellas, sino un amor intele;,tualizado, el amor triste y serio d el mentor exµerto que ha de alYa.ndonar ú. su jllven a111igo justamente cuando éste com.iem,¡1 á sentir el salx&gt;r am:irgo de la vi1la. Y m:il podrá ser así, amante
como p,1dre, si no se sien1,e uniÜú á fü disdpulo por la c:1dena ele la raza.
En esto, señores, debo ser insistente si m.e pedís que t:umpla el deber &lt;le la
alta representación que traigo. En la crisis pedagógica que pasamos, no
es el menor desasosie6"0 que tenemos el que 11us taus,~ la violenta. emupaña
de difamación iniciada ya hace largos afios y seguida con encarnizamiento
contra 11uestra. sangre y nuedtra raza. Antes de que fuese molla confesarnos inferiores y arrodillarnos ante pueblos extraños, diciéndonos impotentes para la. civili7.ación, un conjunto fune:;to &lt;le errores que al c11bo se han
conve1·tido en imposturas, quiso que nosotros mismns diésemos en llamarnos pueblo conquistado. Y &lt;le esta suet'te, ni por la formación ét,iica ni
por la historia de nuestra unidad política, nos concedemos el valer que tenemos y que debiera ser declarado con orgullo. No; no somos pueblo con&lt;iuistado; no somos pueblo inferior. Evocad todas las grandes oleadas de
expansión civilizadora, desde la &lt;le los fen icios hasta la que dominó el Far
f,Vest americano, y si contempláis los siete siglos de la colonización helénica, la romanización que abarcó un mundo desde la Dacia hu.sta las columnas de D.'ircules, el esplendol'Oso imperio irnibigo, las rep1í.blicas &lt;le Génova
y Venecia qne resucitaron las plutocracias púnicas henchidas de riqueza y
desbordnntes de cultura, el imperio colonia.1 inglés y la actividad me:-cu,ntil de Holanda, veréis que todo esto es grande; pero que en la er,,1pey,1 de
la humanidad tienen también derecho á un canto los portugueses de Vasco
de Gama y los espafioles de Núñez de Balboa.
Hijos de los nuevos argonautas, nuestros antepasados llegaron á esta
tierra con el arma al brazo. Yo no encuentro inferior en interés emocionante la ocupación de los vastos territorios mexicanos del norte por nuestros padres, á la ocupación de los vastos territor ios del oeRte norteamericano por el pueblo vecino. La voz de Prcscott nos ha dicho que en Corté1:1
la humanidad anglosajona admira. á un héroe colosal; pero no se nos ha
dicho todavía por la. voz de otro gran historiador como Prescott, que lOt&lt;
fundadores de nuestra nacionalidad fueron de la estatura del cautlillo extremeño. Pudieran decírnoslo, sin embargo, con la misma justicia con

�REVI:;TA CON'rE~n•on.(rmA

197

que encarecen fas haz;H"ías de los cumbittientes que enrojeciernn de sangre
guerrern el lago de T ezcoco .
I&gt;. Frnn,:isco &lt;h: ll&gt;;trra., vizeaíno calificado por Mota Padilla como flltivo, v,tliente y and,a.ta&lt;l,l, ínte6 rn y gr,ncruso, ::ialió &lt;le Zncatccas ií, Dul"llll¡;O, que llamó mwva Vizcay,-.., !llientras D. Francisco de Urdiñoln el
V1eJi, eolll¡u.i:;t:ü,a la prnvüwia &lt;le Chn,rcas. Estos dos rnovi111ienü,s d iH,rgente;; ttwie.ron un contacto en los puestos avauzados de Parra.s y el Snlt.illo. De l!;;te mudo, :;i por una parte F1·ancitlt:O de Ii&gt;arrn pcrtcl!eee ii nue:;tra. hi:;toria local, por la otra reclamnn1&lt;&gt;S al conqui:;üHl0t· de Chn.rC'as, ,:uyo
pane6 íricu hace el b,iebiller Fuellte:,;, curn del ~altillo á fines dei siglo
XV f.Il, diciendo quH Urdiñohi "no fné jamás derrotado por ln nación chichinieea, pues ante:, la denotó 11nwhas veces put· centro, l:!Ur y puni,mte
fund,rnJo las villas de esos rnmbos. "
Aun el indígena es aquí couquist adur y civilizMlor. D. Buenaventura Paz, nieto de i:'.ihic..tencalt, :u·11111 pa11adu de Unliñola el mozo, r;ac·&lt;S ,·ua.trocientas familias Je 'l'lascaia y las foé colm~111c.lo en diven;os pueblos desde ::;,m Luil:i Putusí lrnsta e1 Venado. L:-18 últi111a.:,; ,;etent,t familias q ue le
quedaron fuero11 lns fumht&lt;lorns de e;.,te pnehlo c-nya. ticna snstenta el eclificiu que nos abriga. Lu:,; fü()añole:,; avccinc.lados eu el pue:;tu del Saitillo
rec\ihieron á los tlaseal.tecns viendo en ellos :diados na,t urnlcs , y como en
los añu1i que llevaban de re~klii- nquí yu, cuntaban doce estancias con 111.ís
P] Molin(J de Juan Na:i;ra.rrn, íranquearon parn los tlasC'altecas de San Esteban una parte tl" sus aguas y tierras. Conquista&lt;lores sumos, por tant&lt;&gt;,
y hermanos, los de raza esr,añola y los de mza indígena.
Todo esto que es la conciencia de la vida naeion., l, ucbe formar para
el niiio coahuilense el silah,irio &lt;le su educíldón dvicn: parn el rnnest ro,
incukarlo, constituya su &lt;leher m:is estrk,to, el primero de sus. d eberes.
Despu¿s dll la patria loe:\.], no hay nada que interese tanto corno la patria
grnnde, y por último, coronamiento de un cultivo para. formar el sér social,
vieuen las humanid,tde,; que nos hacen c-0ntemponincs de todos los siglos y
hermanos de todos los pue blos. Un localismo intenso en la base y un humanitarismo luminosn en la, cumb1·e de toda edueación, forman el hombre
fuerte y generoso. Localismo he dicho, y no lo retrncto; localismo intenso y no localismo estrecho. El amor intenso ií todo lo que nos envueive
es un srntimiento filial. Maldito el que no ame :i su suelo: maldito el
que reniega de los suyos, y mil veces maldito d que desarraiga impfamente estos amores arrancándolos del alma infantil. El amor estrecho, sin
perspectivas, es digno de los pueblos que se preparnn ii morir en un agrio
repliegue de su histoda; porque las patrias, como ha dicho Anat,.ile Fmnce, han de entrar vivas, no muertas, en la, gran fusión de todas las ra7.as.
El ideal de un sistema pedagógico para las democrncias estriba en que la
euseñanza pueda interrumpirse en cualquier momento sin truncarse.
La
educación &lt;'.8 como la vida crea&lt;lorn: el :irbol estii contenido en la sernifüt.
El desarrollo in temo, la individuación, es la característica que marea la
superioridad de los organismos sobre la materia inorgií.nica. Tal es también la superioridad de la educLción sobre la. instrucción.
Una. roca es

�198

más 6 menos grande: una flor no necesita acudir íi. lii m11sa pn.ra indicarnos la pedección Je ,m &lt;i:,trnctura. Así en el mundo de las ideas, un erudito vale pot' los años que lleva estudia.nclo, por los libros que lec y por lo
que se le adhiere de las ideas ajenas; pero un espíritu a\'-tivo vive Je :;í mismo. Sórratcs enseña lo mismo 1í. J enofonte reflexivo y estudio~o que á Platón
lírico y utopista. P()r eso fuá verdadero maestro. lHabéis enseñado á leer?
Os falta. ensefiar á contar, y luego enscfüu· k&gt;das lm: habili&lt;lu&lt;le'l del a.rte,todas
las leyes de los fenómenos, todas l:is causas conocidas,todo el desarrollo cósmico y S()cial. E:;ta sería la inútil é imwabable t..·u-e.'\ del maestro, si en vez
de fonnn.r una alma para h luz, hiciera de su Jiscípulo un almacén de nocimws. Si no huy sabio que agot,e la ciencia,, ¿dónde se detemlr:í el maestro en :m enseñ:1nza para el niño que no ha de ser un sabio? Cada cual
contestan~ e:;ta. prngun,ta según su antojo. Lo que n l admite :irbitrio caprichoso es que de la eseuela salga el alumno inedur,rido. En esto no hay
discrepancia. Todos pedimos tí una para todos un:i facultad que nos ponga en &lt;·ont..u::to con la vida, 1í. fin de ama.rla, comprenderla y sentirl:t. Esta no e..,; obrn de Hifabetos. Sin denigrar el instrumento de una alta eomnuü~1ción mental por la. escritura., creo que Ruskin tuvo la intuición de nna
verdad suprema cmrndo felicitó al joven urtcs:u10 analfabeto que conocía
su oficio y lü prnctieahn. con inteligente nmor. Este artesano era un educado, un exquisito y selecto, superior ti loe lectores asiduos que absorl1en
dhtri:unente el material nauseabundo que sirve la baja prensa en las ('O]umnas de su noticierismo. l~l mundo y e! arte no llegan al espíritu uecesariamente por el intermediario del escritor. Cuando el poeta no era escritor sino cantor el'rante y anónimo que llevaba de pueblo en pueblo EtllS rapsodias, sus sagas, sus purnnas y sus romances, la humanidad encontró el
método insustituíhle para educar el sentido pofüco. Antes que ser lectores, los niños deben formar auditorios como los que tuvieron las primicias
de la Iliada, de l,1s canciones de gesta y del romancero . Nada como la voz,
cafümte, sabiamente mnaestruda, de un recitador, parn comunicará las almas infantiles la primera vihrac·ión del arte. Y cuando del mundo de las
armonías auditivas pas.'1mos al de lns nrmonfos visuales, las historia humana nos oblil,111, otra Yez ii que rcpit.-'lmos sus milenarios desnrrollos en la
formacMn de la:,; almas nuevas. Acierta la pedagogía cuando rcchnza el
orden anticiéntifko de la enseñanza, que nos imponía primero el conocimiento de ht ta,rdfa invención del alfabeto, para silabear después y csci·il1ir
por último. Pero yo &lt;ligo con los que han observado cuánta utilidad educativa hay en el &lt;libujo: antes que to&lt;lo, dibujad . En los primerns r:1sgos
ten&lt;lení ~í. re:ipal'é&gt;&lt;.\et· la figura simple trazad}t por el hombre de las caYcrnas;
pero continua.n&lt;lo este ejercicio 1i través de todo el ciclo eseolar, ir:í conf'tituyendo la penetrnción nuis honifa en el conjunto de las emociones que se
despiertan por color, forma y rnovimienu1. Dibujar es abrazará la. nntura1cm y seguirla amorosamente en el íntimo secreto de sus formas . Los
que no dibujamos somos como el niño que quiere imita.r la carerra de adulto y se lanza con paso vacilante. Tenernos en nuestra mcnta.lidad nna ntaxia que nos obliga á marchar en silla mec1ínica de inválido. ICllií.nto me-

�nr,;v1sTA

CO:'.'i''fgMPORÁNE:A

199

jor nu es copiar un convólvulo que Hscril,ir nna fras1-d La utilidml de la
eseritura, variedfü _ muerta d el di bujo, e:; utilidad externa, no edun1tiv11.
Mud, ..s que nú dehi1mm haher cflCrito jarn,is, pmliewn haherclibuj:ulo. La
oLservnción es tic Ruski11, y en una par:itloja eondensa un progrn nia. La!cadio Hearn pm- su parte confinna la senh,n,,ia del solitario &lt;fo Brn11hvood
con la observadón que hiw en el Japón del prodigioso desarrollo ií que llegan los nific,s, en la ellucaei611 del sentic.lu de las formas, por el ejercici11 de
copiti de su vnriadísima signifkación de ideogramas que encierran toda una
cultma. pictogr.ífica
~o hablo de las otrns ramas &lt;•onvergentes para el completo ejerci1·io de
tmla aC'tividad vil"nal , auditiva, motriz y humana, tales eomo la mú~ic-ii ,
asl)eiada directa de la puesía; la naturnlcza. vi,111 y el pah,aje, ascwiadns &lt;lel
dihuJo; In gimn11si:1 (fo la IT':nán y &lt;lE&gt;l lupir eerrndo, Jn rec·itnción y r,or
ú ltimo la ex periencia. diri¡;ida 1i la acción purnmcnte social, como el 1-u~tivo de h1s virtudes que hrm culminll!lo en lfls disciplinas verdacler:nnento
creadoras tl'3 hombres: la sumi,,dón al J efo, la frnternidad entre los iguales,
la &lt;fov1JC'i611 al tr:1bajo. ARt se forma el n~spcto á la per;,orn~ humana y la
piednd para el cléhil, punto de mira de todos ]as grandes pedagngfos.
Como se ve, la educación estátira es :funrlamental -µara el de:-arrollo:
no es un elemento pmamente ornnmental. El psicólogo Sergi lo diee per•
suasivamente. ((Por su aplicación y su desarrollo, los sentimientos estéticos llevan al perfeccionamiento funcional y por consiguiente al perfeccionamiento individual; sirven tambir-ín para perfeccionar todos los sentimientos, y sobl'e todo, los sentimientos simprítieos. Si se adquiere el sentido efo
In euritmia como ('anir.ter de cada fu11 ci6n y de cada acción, éstns no se pueden desviar de lo normal sino en condidom•s ex cepcionales y anormales».
Con mucha razón este psicólogo eminente lla ma gimnástica de loB sentimientos al cultivo &lt;le los sentimientos estfücos.
Da.da esüt importnneia. del l'lllt.irn estétieo, no 0xtrr-iñnréis qne pida
una dedieaeión especinlmcnte 1·elosa. pnm la formación ele la literatura escular, y muy cspeciahnentc, de !ns colecciones poéti&lt;·ns destinn&lt;lm; lÍ la ensefü-rnzn. Sea cual fuere la fmwión n1&lt;ignnda a 1 libro, no ca be eluda que su
influencia deciele en grnn parte &lt;le la edueaeión estética. Cuando la. humnnidad &amp;'l-le del aualfahetismo, y esto es nplieable n.l niño, se ind iddualiza la. palabra que va ii tomn.r su sitio en la memoria. v.i sual con el signo
gráfi&lt;'o que la expresa.. Toda pnlahra, toda frase que leemos es m on eda
que acufia la memoria pnra nuestra circulneión rnenta l. Si la palabra es
impropia 6 la frnse clesgnrhada., n os hn,eemos tributarios de quien las troqnda y por ende, circnladonis d e moneda falsa. Sea cnal iuere el tema
qne trntc nn libro mnl cscrito,-a.ritméti&lt;•a 6 gcograffa,-su reson:mcfa se
encuentra en el cultivo ele! sentimiento de la armonía en la palabi-a. Hny
que pr,,scribir el libro mal escrito, sin que esto signifique una exigencia de
estilismo que no cab(' en la obra. didiictic:a. Me refi ero .i la corrección austera y senr·i\Ja del nutor doc~nte.
Si es de atenderse ií la buena forma de los libros escolares, aunque el
fin de quien los· escribió no sea la educación estética; cuando se trata dt

�200

Rl'!VISTA C();'(TEMlºOl!.\XEA

obras d e~tinadas á la 1&lt;'1·'.urn, l:\ p rec:mei6n que recomiendo, debo pnsar los
!í111ite:,; el-: la orclinaria pru&lt;lencin . Aquí es donde li~ verdadera educación
reclama exqui~itos cnid,Hl1)S, p orque si hi pro~n del lil,1-0 do it·cturn el:! de
la qne se de.~1-ana en mrn 1:1intaxis 1mprCl'.ÍSa y si ci Vl· t·:-o es de aquel que
prostituye la, n1nno inex perlti de un rin 1:11 ·or salitlo tlel ~•ulgo, mih1 valiera,
no em;eíiar á leer qno pon er literatura de bl proet.'llencia en tlon&lt;le los niñ.us pne&lt;lan a propiársela.
Preveo b objeción que pneJe ha.&lt;--ér1,emc. No lwy libt·os. Efectivamente, n o los hay. Otrus pueblo:, (•011s11grn n ií l:1. nifiez lns ohras nrncstrns
de su liternturn. l\fe basta rccor&lt;laros 108 rwml&gt;res inmort a les de La ll'ontainc, Foe, Dickens, Arnlerscn, Jfawt hornc ; el nom bre q ue d dn de Amid s
y el g loriosísiuw de l\fork 'l'wain -:. España y ln Amchica c.spnñula no
piellf'an tanto en loi:1 n1f10s: su:; aut.or~,-, cuando escriben , ran1.s ve(·es bnscnn el público i nfantil q ue premie con el sufragio ele un:i ilusión sin d udas.
i\fos no abult1.Jmos la dificn lt id. Coahuiln , que eucutii con grandes
ing-.:11i11..; c11 lns lt·tras, µ11d r i,, in teg rar 1ma comisión mixta de literutos y
pecl1i¡,:ogos pnrn. adapt a r 1í. la. cn scfümza. libros q u e, si e:.cusean, no fnltnn,
como /.:,1 ,11oro, del colombi::i.no lVfarroquín, y pn.ra formar a ntologías escoL11.rcs. ('o :10 ctt la tragedia danunz;ana, hi poesía es entre tollas la menos
exigente de !ns asignn.tmas. E mn siete hermanas, &lt;li&lt;'e el poeta; todas bcUas se mi raban rctratad,1s en lns íucnles: In primera hiJal.m y q uería un
h uso d e ol'O; la segunda tejía y qnería una lanzadern. de orn; la ter&lt;'era cosfa y quería ngujns de oro; ln. cuarta cocinaba y q11erí1i vasijas de oro; la
quinta dormfa y q1mrfa u n lecho de oro ; la sextn soñ aba y quería sueños
ele oro: la &lt;;?ptima &lt;·antaba, y como sj'o &lt;·antuba., nada pedía.
Con 0sto resumo lo que es h educación : si como Sergi creemos que lo
mejor de In educación, tod1\ la P.cluc:u,i6n, Cf'tá en el sentimiento, d eclaremos que lo m ejor del sen t i micn to estit en el amor ií la belleza y qtte la m1Ú!
ingente expresión de ln. belleza C.'-l:Í en la poesfa. L"l cducaci6n es una obm
sencilhi, fácil , t ouo sonrisa, como lo demo:;tró aquel p ueblo devoto de la
d iosa q11e señol'eaha las &lt;'Olinns del At ica, y cuyos ojos claros miran nun,
lllCn.riciadores y t iernor;, :i los que buscan como rcgl:i en ln. vida la S11l&gt;itlurfa, es decir, la ponderación.
Gocth e , el poeta más grande qui1.á de n\H.'Stro siglo, puesto que se le
en &lt;·ncn trn on h interr,ec&lt;:ión &lt;le los caminos de la ciencia y del arte-del
i111&gt;tinto de la vida y del instinto del conocimiento ; Goethe supo, y por saherlu fué tan gra nde en ln. cicncin t'omo tm el arte, que no había sino un
medio de llegar Hl fon d o &lt;le lns cosas y de &amp;1tisfacer tí ln. vez, lo poco que
JHw&lt;lr ~ntisfacerse de la curio~ida&lt;l y 111 mt1c11n que pn ede satisfarerse de la
,iensihilid11d: ver la n ntm ale1.n. El q ue la ve la conoce y el que no la conoce no Ja admirn.. Ahora b ien , &lt;&lt;admíral' es el goce principal de la vida.».
Lo dijo el a utor d e un ev::rngelio, con c:uyns palabras pued o acahar, &lt;liri
giénclome i fa juventud conhuilense. ((Tened cnt rn::insmo, tened roRpeto,
tened yeneradón : entusrnsmo por todo lo que es brillante rn vuestra proµi a ju ventud; respeto por t ntlo Jo que signifiq ue expericnera en la edad
,le los otros ; ven eración por todo lo que es buen o en los vivient es y g ran de

�REVISTA CONTEMPORÁNEA

:!01

~11 Jos muertos y maravilloso en los poderes inmorbtles•.
Y yo, humilde
,unigo vuestro, por mi parte os digo: Seguid á. vuestros maestros, que
por algo son vuestros maestros. H a ced de esta escuela que el gobierno destina para vuestro desarrollo integral, el campo ele un esfuerzo incesante, ,¡
'fin de que el nuevo barco escolar encuentre nuevos tesoros de saber, de belleza y de virtud. llnauguráis un nuevo edificio? Hacéis algo más, alumnos: abrís una historia. Grabad en ella acciones generosas para que vuestros sucesores encuentren bajo el techo de esta casa el fuego inextinto de Is,
patria y el dol alma inmortal de los antepasados,

....

l

�DE MI VILLORRIO
CUARTO DE HORA
La cigüefi:1, la clásica cigüeña
&lt;le la hortaliza, ordefia
la ubre del ca njilón. Y mi almi\, 1,ucñ:1
nerviosamente, hija del molinero.
Con tu ~estido á cuadros , tu som hrcro
&lt;le mimbre y tus pupilas de gita na,
sospechosas como un desfiladero,
}mees de mí lo que te da la gana . ...

Me impaciento, fumando cigarrillos,
:i.&lt;losado á la alberca de ladrillos,
porque tú no vendrás. El cielo a rde
y tal parece que chisporrot ea
la antorcha vesperal. Y silabea
el agua en el silencio de la tarde . .. ,
VERSOS ltURALF.,S
... . Prímavern que ríe, Primavera que pierde
la:; almns ....Los pastores cantan coplas senci!ia.."
sobre los tamboriles, porque todo está vet·de
y porque ya se fueron las hoja s amarillas .

lts el tiempo del vino, de los vinos afiejos.
Y por tí, Primavera., sobre u.legres pollinos
nos echamos al campo para, cazar conejos,
pa ra comer tus frutos, pa ra libar tus vinos.
Al fr('.scor de la tarde, cuando en la leja.nía
tiembla el tinte ceni1,0 de m1 rektzo d e invierno,
dan1.amos con las mozas de la vieja alqnerfa,
mozas de carne dura, de comzón muy tierno .. .
Oye, amada. muy mía : m e voy tornando obe!4l
&lt;·omo nn abad.-El bruto del Alcalde asegura
que me tiene rollizo lo sabroso del queso ;
y, ponte niuy contenta: soy amigo del cura ... .

�REVISTA C0NTEMPORÁ!O:A

DE C.lZA
Una fragilidad de mariposa ,
tornasolada en abanico. El cielo
de un rosado impoluto, de sedosa
tonalidad, como de terciopelo.
Una garza, por el dombo de rosa,
rima la aristocracia de su vuelo,
y en esa blanca fuga silenciosa
flujo el último adiós de su pañuelo ...
Doy al olvido la escopeta, olvido
mi nuevo amor. Apoyo á un á.rbol ido
mi juventud, soñando cosas viejas,
con el galgo á mis pies, un galgo lmc1rn
de grandes ojos tristes, ojos de Nazare11(l,
y que tiene caídas las orejas ...

MITIN
Se salió de plomada
la colectiva estupidez, camino
del rebenque, del tajo y la picota.
Apóstol del Derecho, un petardisfa
de frac y cubilete,
volcó sobre la t-urba
de los desea.misados
todo nn cajón de frases ...
Su vibrante discurso
úansa fué de apoplético entusiasmo,
que tuvo que sangrar tranquilamente
la científica gua.rdia pretoria.na,
eon el cañón y con la bayoneta.
Y yo, del caballete de un tejado,
miré la rebujiña,
-como no soy Apóstol del Derechocon toda la frialdad de un erudito.

203

�REVISTA CONTEMPORÁKEA

HONGOS Dli; LA RlBA

El bi\l'hero del pueblo, que usa gorra de pnja,
zapatillns de hílile,"chuleco do piqué,
es un apnsionado jugadur de baraja.
que oye rni11a de hinojos y habla bien de Volt.aire.
Lector iníatigable de El Liberal.-Trabaja
alegre como nn vaso &lt;le vino moscatel,
zurciendo, m ientras limpia la cortan te n:naja,
chismes, tudos los chismes de la mL,Lica grey .
Con el sefwr Alcnlde, con el veterinario,
unas buemu; 11ersonas que rezan el rosario
y hablan de los milagros de San Pedro Claver,

en

departe en la rnntinn, disrute
ln gallero ,
sacando de h~ vi&lt;la recortes de tijern,alcgrc como m1 vnso de vino moscatel.

BARRIO ABAJO

Y el cochero de punto, &lt;le chistera
apnlmllndn, con

la camisa por fue1·a
y lM polaim1s en In bigotera
del coche, }1ostiga su rocín trotón .

Flemático, grotesco, exnhernnte
como un enorme pr,quidcm10, si
medita !'l buen amiga en sn pef.;('ante,
¿quÁpens.'lní, much acha , este elefante,
qué pensaní de ti?

Y de mi, que temiendo los defa.lles
de la vidn. rul'lll,
no me atrevo á cefíir o.menos tallea,
que ando por esas ctillc.s
con una serie&lt;lad eph;copal .. .

�r

NON PLUS ULTRA

Mis vecinos, bur&lt;los vecinos
del campo, buenos-inquilinos,
de manos tosrns, de cetri nos
r ostros y de cuadrado!:! pies,
crui,\.n por e.sta vicht n.niurga,
panHlójieamente largn,
corno v;111 los bueyes de carga
Laju el pincho, uaju el amé!:! ...

llfas son fclice,; :í. su modo,
puesto que ii somhra de tejado,
comiendo mal, aman ¿Í. Dios.
i Y sobre todo, sobre todo,
nuncn, nnnc.'\ h an necesitado
las píldoras &lt;lel doctor Rossl

'fARDE DE VERANO
'' El rico es un ban iido. "
SA.N JUAN

CmsosTOMet

La somhra, que hace un remanso
sobre la p inza rural,
·con vida para el descnnso
sedante, dominica.!.. ..
Canijo, cuello de ganso,
cruza leyendo un misal,
dueño absoluto &lt;lel mn.nso
pueblo intonso, pueblo asno.L
•

&gt;

Ciñendo rica sotana
de paño, le importa un higo
la. miseria del redil.
Y yo, desde mi ventann,
limpiando un fusil, me digo:
J.Quá haré con este fusil?

�206

' ..
Dl~ SOBREME SA

Se vive, amada mía,
segttn y cómo.. . Yo
por In mañnna tengo hipocondría
y por hi noche bailo un l'igoclón .
Y qué? Pura ironfo
del hígado, muchacha. En·el amor
y en otras cosas de mayor cuantía
todo depende de la digestión .

Que no fume, que olvide lu le&lt;:t11rn,
ttuc 110 maldigA- en ratos de a.margum
:y m il con sejos mtí.s de este jaez,

corno si se pudiera
vivit· I.Í la manera
•lo lag calles t iradas á cordel...
LVIS

Carlagena . Colombia.

c.

LOPl~Z

.,

�EL ESPIRITU DE INDEPENDENCIA Y LA
REPUBLICA DE ESTADOS UNIDOS (1)
III
Tomemos como ejemplo la división &lt;le las opiniones cntrn los colonos
mis1n-Js,-división mucho más seria que lo que de ordinario se ha supuesto, y que los separ6 en dos ca.mpos mucho menos desigmiles de lo que se
ha creído. Los historiadores populares de la Revolución nos han acostumLrado rila afirmaci6n de que todo el valor, toda la prudencia, toda la virtud y
toda la honradez se encontraron por un lado, y toda la cobardía, y todo el
egoismo, toda la bajeza y toda la mentira estaban por el otro: esto no es
verdad . Quizá había fantn. sincerirfacl y fuerza entre los llamados legalistas como entre los patriotas. De eeguro que la inteligencia y la
educa,ción eran iguales entre unos y otros. La diferencia consistía en
esto: el partido legaHsta se formaba de familias é individuos unidos
por la,¡,,&lt;1s sociales ó indust riales al principio de realeza del poder y
del orden, por intermedio de los Gobernadores y de otros oficiales
superiores provenientes de Inglaterra ó nombrados de este lado del Atlántico. Tenían el sentimiento bien natural de que la protección , la dirección y el sostén de Inglaterra eran indispensables á. las nacientes colonias. Los patriotas representaban en su mayoría familias é individuos ligados con estrechas relaciones á las Asambleas coloniales, á los esfuezos populares de desarrollo autonómico y de gobierno libre, tí los movimientos
que tendían tí fortifica.r su confianza en sus propias fuerzas. Tenían éstos
el natural sentimiento de que la libertad de acción, el desprendimiento de
cualquiera sujeción exterior y una la.titnd absoluta para dirigirse por sí solos eran indispensables á las colonias. Los nombres escogidos por los dos
partidos: -leales J' patriotas-eran a.m hos honorables y á primera vista parecían sinónimos. En el fondo hay diferencia entre las dos significaciones
y es necesa.rio percibir el matiz de eSi~ diferencia. El leal reconocía sinceramente la obligación que lo ligaba i:i. un poder soberano que puede
residir por completo fuera de él pero sintiéndose obligado á serle fiel. El

(1)

Véase et numero 3 d e 1n RV.VJSl' A C0~Tl~MP0itÁ.Nl-~A· Pág 16r.

�203
j&gt;alriola abriga, por el contrario, el sentimicuto d&lt;.i h:1hcr encontrado su patria, de constituir u n a parte ele ella, y estií r esue!to á morir y á vivir por

ella. Precisamente p orque el partrido patriot a n.pchtba tmte todo al espíritu tle independencia fuá por lo qnc unió ,i RUS filaR h\ m nyoría del pueblo
¡une1icano y conquistó la vil-torh,, n o solnmente en la guerra civil sino
~ambién en la guerra nacional sohre Inglntcn:i.
No ignoro ni quiero olvidar lu p arte que co1Te.'3ponde á los filóMfos
em opeos y á los politicos teórico;; q ue pmrnyernn 1i lns patriotns americanos d e argumentos lógicos y de l'a.1,0ne8 fil osóficiu, p:tra justificar 1,u cnusa,
eminentemente política.. L:i,; ,h.:trin,t,i d..i J0hn L:d rn y de Algernon Sydncy levant,'l.b:tn y sostenían h r)rn•ire'3 que h 'l.hín.n ya re~ue1 to t,•ohernaso por si
mismos. H olttmla ,es envió ánimo y ityudtt e11 las ol,rns de G rotius. I talia
.los in11pir6 y loi; sostuvo con los Jibn)S &lt;le Bcccaria y de .Burlamgui sobre
los principios esenciales de la libert:ul. L as inteligencias france&amp;1s que
preparaban ya. la Rew,lución m su país , hicieron mucho para esclarecer el
pensamiento americano y da rle el aspectv nwionalist1J debido á los escritoll
de Mnntesqnieu,y toLhivía. 111:ü, q_uiz,i pa.ra su ministrarle entusia!!fa elocuencia con los ditirambos de Rousseau. Leyes naturales, d erechos del hombt•e,
persecución de la diclm, fum·on frases &lt;le que usa.ron a mpliamente los oradores pntriotalól para robu,;te•·er sns lla.mauos al pueblo. Es imposible no
conocer la voz d el famoso cimla&lt;lano de Ginebm en las palabras de Alejandro Hamilton : «Los d erechos sagrados del hombre no tienen que ser sacados de viejos pergaminos ó de emnohecid11s a.n:hivos; están escritos, como
un rityo ele Sol, en t odas las p ií.ginas lle! Lihro ele la Humanidad por !ns
man os de las divinidad m ii¡mn,, v ninguna mano mortal puede bon arlos».
Pero n o es menos cierto que la independencia americana no tiene su
origen ni en un si:.tema filos5fico ni en u na. teorín. político.. Ha micido ele un
impulso vital, del sentimiento hu1rnmo ele un pueblo con sciente y resuelto,
que quería reafü:ar por sí mismo sus negocios; no siguió otl'a lógira que la
dt1 !ns acontc.:imient os y rlc lo8 t·esttltados. F ué pra1;niatista como se diría
hoy. El espíritu de imle penJencia enea.minó lentamente e1,e m ovimiento,de
u·1:\ mnnera inevitable y p·1so á pMo, á tra vés de las p rntest.as,de lm1 op0si•
cioncs y de las re.;i;;tencrn.-,, h itcíti la. República. P ermitidnos ser t an libres
como vosotros mismos, decía al pueblo gobernante de la Gran B n•tnii:l, y
d i.lb:!remos estim u· siempre una unión con vosotros como nuestm gloria má11
grnrnle y nuo.:;trit m,tyor fortuna.-No, l'espondía el Parlamento.-Protege'l no;; como p:irlre amant e, decfa,n nl Rey, y prohibid á Vll(~tros 11werectm(los ministrni:! sus orgiásticos excesos sobre las ruinas de la h u manidtld.
- :~fo. rc~¡xm,lííl. el Rey.-Pues bien: ontone.es, dijeron los colonos, n nsotrns
:i&lt;nuos, y es du t od1i j usticia que seamos ,libres é independient es: nos hemos
gdbernado por nosotros mismos , sumos ca.paces de gobernarnos á nosotrol'!
mi1&lt;mos, y continuaremos gobern.íntlonos sólo por n osotros mistnof\, según
los fol'mns que h emos ya establecido, y donde ellas no sean suficientes estableceremos otras que en la opinión de los representnntes del puehio puedan nrnjor asegurar la dicha y la prosperidad de los iniciadore.s en pnrtic\llar y Je Améric:a en general.

�I

In~VISTA (X)N'l'E)IPOR.-\NEA

20U

1

E,;ta rcssoluc:ión del Congreso continental, votada el 10 de Mayo de
17í6, da la clavo de toda la historiá subsecuente de América. Así, no es
que se 11.doptarn. la forma republicana porque no se consiguió otra ó porque
se Je eneontrase la única racional ó la. úniea legítima. No, sino que ella
fué una consecuencia natural, un en&amp;'Lnchamiento, una fórmula organizada.
y consolidada de ese universal espíritu de independencia que se encontraba
eon ella más cómodo, m:ís seguro, mií.s en su propio sitio. La unión federal de los Esta&lt;los quedó establecida después de disputas prolongadas y ardorosas, bajo la presión de la necesidad, pues que ern evidentemente la única manera de resguardar la permanencia y la libertad de estos Estados, así como «de establecer la justicia, de asegurar la t ranquilidad privada, de proveer á la defensa común, de promover el bienestar general y
de garantizar los beneficios de la libertad para nosotros mismos y para nuestra posteridad». Las enmiendas ú la Constitución que fueron adoptadas
en 1791-y que debieron ser prometidas para conseguir que se aceptara el
proyecto original,- reservaban expresamente á los Estados respectivos ó al
pueblo todos los poderes no delegados á la Unión. La división del Gobierno Federal en tres ramos, el legislativo, el ejecutivo y el judicial; la estricta delimitación de estos tres poderes; el cuidado conque se había arreglado
su funcionamiento de mahera de impedir el predominio de uno cualquiera
de ellos sobre los otros dos, son providencias que sufrieron y sufren todavía las críticas que los teóricos y los filosófos políticos les dirigen con más
ó menos sólidos argumentos: «que tal organización impide una acción pronta
y efectiva; que abre el camino á lof:l conflictos de autoridad; que da motivo á grave desventaja en la diploma('ia interna-eional». Pero en verdad co
rresponde bien á los propósitos de un pueblo qne confía en sí, que está resuelto á no dejar que la re1tlidnd suprema del poder se le esrape para ir á
dar ii ctuilquiera otro de los instrumentos qne él ha creado. Desde este
vunto de vista e.~tií. uno obligado á reconocer que el aparato ha funcionado
bien y que hoy todavía. mantiene bion el orden social.

Pero quier&lt;&gt; hacer sabc1· con toda cbri.dad que al &lt;lecir yo que la forma
republicar;a en América no ha surgido de debates filosóficos, ele teorías ahsti-adas ni &lt;le opiniones razonadas, no quiero decir que no sea, entre los
ambricanos, el eco y resonancia de una convicción. No. Sucederá. quizá de
Ycz en cuando que se oiga á un americano decir que es preferible para él
un gobierno mmuírquico ó aristocrático; pero se puede estar seguro de que
ese tal es un ente excéntrico ó que tiene sus motivos de queja contra la
Aduana, á no ser que se considere ya miembro de la familia real 6 cuando
menos de la nobleza. Se le puede hacer á un lado sin temor alguno cuando se trate de comprender el verdadero espíritu de América. El pueblo, en
su conjunto,cree muy fi.rmemente,-y á las veces muy o.pasiona.damente,en la república. Y la razón esencial de esta creencia es que surge de las
profundidades mismas de la vida, donde tiene sus raíces. Procede de ese
espíritu de independencia y de iniciativa, de esa tendencia natural á determinerse por sí solo y á dirigirse por sí mismo, que ha sido y sigue sien-

�210

REVISTA CONTE~IPORÁN}:A

do, bajo el nombre de sel/ relia1lc~, el rasgo americano por excelencia , en
el individuo, en la comunidad ~len la nación .

IV

Si no se ha comprendido amplia y completamente lo que precedc,creo
que es imposible comprender algunos rasgoe esenciales de la vida y del carácter americanos. Me permitiré indicar unos cuantos y scfialar en qué
manera proceden de esta cualidad fundamental: self reliance.
Tomemos como ejemplo la estructura política de la, Nación . Es una
a rmazón originalísima: cada uno de los Estados tiene su existencia distinta
y su personalidad y su autonomía que procura guardar con celoso empeño.
Massachusetts, Nueva Yor, Virginia, Illinois, Texns, California, todos,
hasta los m ás pequeños como Rhode Island y el Ma.ryland, son entidades polít icas tan reales y tan conscientes de su propia cxistenciti como la
Unión misma de que cada una de ellas forma parte: tienen sus leyes, sus
tribunales, sus impuestos regionales, su bandera, su milicia y hasta sus escuelas y Universidades. «El-ciudadano am ericano, dice con justicia el Profesor Münsterberg, pertenece en primer término y en sn vida diaria á su
ll:sta.do en particularn. Si la vida local permanece así diferenciada no se
vaya á creer que sea porque hubiera habido en su origen diferentes amos y
sefiores, un Duque ele Saboya ó de Borgoña, un Rey de Prusia ó ele Sajoma. Aquella distinción no se _parece en nada á la de las provincias ele la,
República Francesa ó á la de los E shidos del I mperio Alemán . Porque es
en primer lugar el resultado que un espíritu local de inde pendencia , de
una costumbre de dirección individnal en todas laa gentes que trabaja ron
unidas para edificar aquellos Estados y para desarrollar sus recursos, para
hacerles tomar cuerpo y vida reales. He aquí la verdadera explicación del
sentimiento particularista de las ReplÍblicas-commonweal!hs-que com ponen la nación. Ni hay necesidad de recordar que este sentimiento ern y:i
tan fuerte inmediatamente después de la revolución,que estuvo al pnnto de
hacer la Unión imposible. l&lt;]ra t an fuerte á mediados del siglo diecin neve,
también lo sabemos; que estuvo á punto de romper la Unión. Perc también se sabe que ese sentimiento no ha dejado de existir, que no hn · crdido nada de su eficacia y que es i.m factor poderoso y esencial en la Y·· t política de los Estado Unidos. La guerra civil resolvió de una sola vr r pa.ra siempre la cuestión mucho tiempo discutida acerca de la n:'1 dem
tlel lazo federal. La Unión no es miís que un pacto, pero no un ¡ . o in.
disoluble . Los E stados Unidos no s011 nna Confederación, sino 1·
Nación. Y sin embargo cada uno de los E~.tndos que reune guarda i
ta su
soberanía local. El espíritu de indcpendeneia en tada cNnmo11wen1
1antiene celosamente sus dercehos protegidos por _la Ley de la Nncit
,\foy
recient emente hubo en el C" ngr eso nru1 prupmiición para agrega r
erritorios de Arizona y Nnevo :i\l(xico que hubiesen fomrn,do en 1a 1-:
:1 n n

�1

211
Súlo E~tado. l'ero los habitantes de Arizcma protestaron: no querían mezela rnc con los de N11crn :11éxiro que les in!&lt;pir:iban an tipatía ; querían mejor qned:ir fuera que cntrnr en tales condiciones. Esa protesta fué suficiente para s11~pornler todo procedimiento .
En cstns últimas fcchns he leído un a serie tlo resolucione!l de la C'-ort.c
Suprem:i. sol&gt;rc cuestiones diversas, p or ejemplo, el &lt;ltrecho do un Estadn
p:1m trnt:n ó &lt;·on si&lt;lemr co1110 delito la importación de whisky &lt;le un Estado it ot ro, y el derecho de los Esuidos Unidos para intervenir con el l~stado
de Colorado en llL nt ilización del agua. del Arkansas para trabajos de riego.
E n todas c,;tns decisiones, ya se trate de whisky ó de ag11a, encuentro
que cstii clarnmcntc admitido y sostenido el gran principio enun ciado por
d prime r P rc~iuente :Marshall: ((El gobi1&gt;rno de los E stados Unidos es uno
d e lrn; poderes emmmeradosil . Para qut&gt; pueda tener poderes más extensos es
nl'ccsario que el pueblo mismo se los conceda,.
c1Unn regla cardinal, dice
el Juez Bre\Yer, que tlumina en todas las rela.ciones ele los Esta.dos, es la d e
ltt igualclad &lt;le derecho; cada E:;tu,&lt;lo está constituído en igualdad con todos
los otros y con el conjunto: no puede imponer su legislación á ninguno, y
110 esM. obligado ú ceder en sus propias con sideraciones ante ninguno.~
E s también &lt;:ieru.), por Jo demás, que tal estructura particular de In.
Nación h ace posibll! y quizá incvitr~ble un perpetuo conflicto ent re las dos
formas del espíritu de independen cia: la forma local y la forma nacional . .
l~xagerad una y veréis una tendencia de la opinión á :-ea.Izar, ií. fortifica r y
:11m ii. exteuder los poderes del Gobierno central: exagerad la otra y t en~
,Jréis la. tendencia contraria, es decir,la. opinión pública. opuesta á toda extr:tmilitación contraria ii los poderes reservados ¡i, los gobiernos locales é inelin:u la á fortificnr el conjunto dando más fuerza tí !ns partee que lo componen. Estos son prccisamen te los doR grandes partidos políticos en los
E~tados Uni&lt;los. Se les llama hoy partido Republicano y partido Demót"ra ta; p&lt;'ro k,s nom urcR 110 significan nada. De hecho el partido que se lla-

uw nhom f&gt;cmócrata llev6 el noml,re de Repulilicano hasta el añode 1832;
sucesivamente Federalistas y Whigs no to1:1arm1 el nombre d e Repuhlil:anos sino tí datar de 1860. E n realidad la
opinicín polítiea,-y tal vez sería más exacto decir el sentimiento políticoi'C Mparn respeeto de esa gran cuestión d e la centralir.ación del poder por
una pa.rte , ó de su dihlsión poi· la otra. El debate con siste en las dos form11,; del e.&lt;tpídtu ele sel/ rclia11ce: Jor; dernocrií.tas representan el principio
teniendo con&lt;:iell(•ia. d e sí mismo en cada comunidad; los republicanos lo
r&lt;'prcsentan tal corno se reconoce y se afirma eu la unidad nacion al.
Naturalmente lns necesícla&lt;les de la. luch a electoral vienen áobscureccr
y :í embrollar el sentido propio de esa distinción . Los problemas que se
pln.ntean y las disputas q ue surgen no siempre dejan discernir de una ma11cm clara Jns respectivas posiciones. Los partidos h::l,JJ llega.do á ser graneles organizaciones materiu.les, con intereses que defender y una vida exterior que p erpetuar. Como todas las humanas instituciones, tienen los dos
el instinto de la ('onservación : quieren uno y otro seguir la oleada del sent imiento popular; uno y otro quieren ajustará su plataformo. electoral nue-

s aquellos it quienes se llnm6

�212

REVISTA CONTEMPORÁNEA

vos soportes para que suban nuevos electores. Algunas veces se combaten
en el mismo terreno y es muy difícil reconocer el propietario de éste. Actualmente por ejemplo,los grandes Truts y corporaciones de la industria y
del comercio son muy impopulares. Los demócratas y los republicanos so
ostentan igua.Imeute decididos á destruírlos 6 á sujetarlos. Cad:1 partido
reivindica para r;í la ventaja de estar destinado á ser el amigo del pueblo,
el verdadero San Jorge que mate al dragón. Así, se ha tenido últimamente el espcctticulo de Mr. Bryan apresurado á felicitar ií Mr. Roosevelt por
su conversión ií los verdaderos principios democráticos, añadiendo que los
demócratas son los hombres que por su situación están encargados de aplicarlos. Y duraiit.e esto, l\fr. Taft, sostiene que las medidas populares son
esencialmente republicanas y que su parti&lt;lo es el único con el que se pueda
conta,r para asegurar la. buena ejecución de ellas.
Pero no obstante tales confusiones pasajeras, se encontrará en resumen
que los republicanos se inclinan hacia la centralización y que p&lt;&gt;r lo mismo procuran favorecer los Bancos nacionales, las tarifas proteccionistas, fa.
extensión de las funciones ejecutivas,la expansión colonial, el aumento-del
ejército y de la marina y por lo mismo el aumento también de los gastos
})úblicos; en tanto que los demócratas, por regla · general, opinan por la
1lescentra,lizaei611 y tienden á favorecer h ::nn plia competencia, el libre
cambio, la, est ricta interpretación de fa Con~titución, un ejército y nna marina, reducidos, un impuesto progresivo sobre h1 rent,a y una política de
economía. nacional.
Mas lo que debe recordarse es qne estas dos formas del espíritu de scif
1·elia11ce continúan existiendo 1rna al lado ele otra en la vida política americana, y c:ue conviene mucho el que estén representadas por dos grandes
partidos de manera de ser maateniclas en equilibrio. Tcmlencia centralizadora. ha prev:1lecido sin duda alguna, en el curso de los lí.lt-irnos cuarenta
años. Esto va de acuerdo con el espíritu de los tiempos. Pero la otra.
t-enclencia es todavfa profunda y fuerte en América;-más fuerte, creo,que
en euaJquiem otra parte, fuern de ella. Los derechos más preciosos del
ciudadano, ( excepto en los territorios y en las colonias), liberu1d individual, condiciones de la familia y de la prop·iedad, todo esto eshí aun protegido, no por h Nación sino por el lrstaclo :i que pertenece el ciudadano;
-un Estado que políticamente es desconocido para cualquier otro Estfido
ext ranjero, y que no existe sino para los de1mís Estados unidos con él. Situación curiosa y sin embargo exacta; pero que se explica históricamente.
Está dé acuerdo con el espíritu de América porque el pueblo de este pa.ís
piensa lo mismo que 'l'ocqueville: «Que aq uc1lús que temen los desbordamientos populares y los que temen faimbién el poder absoluto deben desen,r de
fa misma ma.n~m el desarrollo gmdu2.l de las libertades provinciales.» Fué
el caHo de América: tal es su verdadero origen y los americanos desean que
.les perrn,mezca fi el. Si uno de los dos partidos quisiera aprovecharse de}
poder pa.ra dcst,ruír los principios sostenidos por el otro, caería sin duda al_
abismo. El dfa en que se pudo creer posible que la Unión se disolviera.
ha pasar1o ya. El dfa en que la Unión absorba y aniquile :i los :Estados

�R~:vtaTA CONTE~lPOR,Í:~EA

...

..

no se vi.;lumlmt alÍn en los horizontes. La gran frase de Daniel ·w ebster
(;ncontrar:.í sie1nprn 1111 eco en el alma del pueblo: "Libertad y Unión,
ahora y para siempre, no son sino mrn y son inseparables.''
Pero no e~ únicamente en esas rolnciones do los Estados y de In Na ('i6n donde Ro puede ver en activ.i dad ese espíritu de independencia &lt;le qu o
venimos hablando. Dentro de los límifos de cada Estado, el espírittt de
independencia tiene por teatro ll\ ciuuad, el condado, el distrito urbann
(township). Las mejoras de utiÚdad pública, los caminos y hts "~~lle.,;, h
policín. y la cdncación son negocios importantísimos que por lo general tlcjit
el Estado :i cargn de la comuna loc:d. A ellos debe pro\·eer el presupnt~st1&gt;
privado de hi lo{'alidad; y hay como una et1pecie de competencia. y habilidad especial que se reconoce entro los ciudadnnos para administrar esos ramos. Algnnar- veces se hace hion esto; otras veces se hn.ce ma.l; pero el
t11ismo hecho de ocnpa.rse de olio es un privilegio que el pueblo independiente no quiere ja.miis abdicar. Cada cunl pretoncle tomar parte en J.~
lliscusión. Todos tienen 11~ costumbre de argumentar. Y no.die duda tlt
que la comnnidml nea.be por juzgar bien. :Muchos se com;ideran cap,we~
&lt;le conclncil'b; y la función local, 111 tarea modesta, abren la vía ií má¡;
eon,iidcrnl,les clt-bet·cs y encamino.n hacia mús n.ltas funciones en el Estado
y en la Nación. Xo es cierto que cualquier voceador de periódicos naci1l1t
en este país piense y crea que puede llegar á ser presidente; pem sabe qu0
tiene el permiso de ser si es qne tiene tal poder. Y tal vez por esa conYicei6n,""""ilni1.:i ta.mbién por instinto que tiene en la sangre,-se ani1n:~ con
frecuencia á ensnyar sus fuerzas en esn vía. Creo en verdad que hay tfüis
pilluelos ambiciosos en América que en cualquiera otro pa.is del mundo.
E.&lt;1tc espíl'itu de independencia laboru al mismo tiempo en otra muy
1lifercntc direcci6n . En modio de tndas ceas instituciones políticas : mi.is
llfwionales, otras propins de cada Estado y otrns munieipfdes, nn amcric~t110 verdadero c·onserva tocln su inclivi.dualiclad, tiene cuidado de sí mismo,
f!igue su inspiración propicia y administra. sus negocios privados. No estli.
de ninguna mane.nt inclinado á referirse en todo al Estado ó á esperar de
él ayU&lt;l,t y consuelo. Lo que desea es que se le gobierne lo menos posible:
lletesta la intervención y algunas veces le irrita la vigilancia. Es un individuo, una. persona, un alguien, y tiene el sentimiento y la, viv1t c:reenci:~
&lt;le que la libertad persona.! es la priniera. de sus necesidades y de que 61 es
c,tpaz de hac-er buen uso de elfo. sin que sea necesario medírsela.
Es cvido1tte también , por otra parte, que tal principio activo adolece &lt;le
1lebifülndes iisí como tiene su fuerza. Porque conduce fácilmente á un cx &lt;;cso ele confianza on sí mismo, á la, t1uficiencia ignorante, á la tcrncridiul
en los empresas, tí lii negligenCÍil. en las ejecucione.'&gt;. Es bueno ser persona:
pero no es bueno que toda, persona se considere un personaje. Es lmeno
t•ntar listo á todas las obligacione.9, pero no es bueno adelantarse á cllM y
t1xtralimiturlas si no se esúi bien preparado pnra cumplirlas. Hay muchos
.unericanos que tienen muy poco respeto por la preparo.ci6n especial y dcmasia&lt;la. confianza en su facultad de encontrar, para t odos los problema!'&lt;
de filosofía y eicncia política, soluciones improvisadas. No se podría r:: ·

�J 14-

REYTSTA co::-.TE'.\fPOR,{::-.¡:;A

gar qno hay una tcrnlcnci:t popular ií dostlefía.1· los dones ó conocimientos
excepdonales, y ,t pensar que un hom hrc vale tanto como cualquiera otro
h ombre y quizií más. Xo se podría du&lt;l:i.r tnmpoco de que el c.&lt;Jpirítu d e
i1ufopcmlcncin está en nlgunos &lt;·asos hipertrofiado en tre ]os americanos
lia~ta. com•c1·tir;,,e en imprudencia. hu&lt;:i:t l:xs leyes del Universo.
T odo esto es muy dcsngradablc desde el punto de vista social; peligro~º dcstlc el punt.o &lt;le vi~tit político y deplorable desde el punto ele vista
moral.
P t't'O 110 por ello debe olvidarse el aspecto favorable.
El espíritu de
sclj rcliancc no &lt;lcbc jnzgarse por sus faltas sino por sus buenos éxitos. Ha
pl'rmiti&lt;lo ií Jn. Améric:t reivimlicn.r u na independencia que el r esto del
mmnlo,- oxccpto F rnncia.,- juzg.1ba imposible ; const.ituír nn gobierno que
l'i r&lt;&gt;sto &lt;lcl mun,lo,- sin cx(·optuar Fmncia,-ju7,gaba impracticable; solwevidr ~í tormcntof( ch·ilc:; y :i peligros que el m undo entero considemb:t
mnrtnlcs; ha imlmído en el alma del pueblo americano eseamp1io optimis1110 que com·íc1w en que las grnnlles cos:is merecen relcaliz..1,rse y que pro,·nra haccrl:1;;. H a facilitn.clo la t.n rca de n.r rancar n n continente al aalvaji~tno pl'irnitirn y de edifin.r , sobre 1 m teneno nuevo, un Estado civilizado
que 8e basta ,t 1:,í mismo. Ho. po&lt;lido caer en errores p ero h a evitado mud 1as dcrrotns y mnchns dc1:,cf(pernciorn.,'8. Ha en gendrado explomdores, ciYilizadvrc11, inventorc;;. Ha form.ulo mn.estros de ln. industrüt en la escuela
·de acl'i&lt;Sn. H a prcser\'Hdo :i los pobres d el desprecio lle su pobreza y ha lilll'a&lt;lo á los lnnnil&lt;lc;; &lt;le la prisión d e su obscuridad. H a ech ado á perder
lns makrin.lc8 malos, pero utiliza.(lo maravillosamente los m ateriales mcdianrn; y l111. lllcjurado los buen os. H a desarrollado en cerebros como Frank lin, Wn."hington, .Jefferr&lt;nn , Lincoln , Lee y Grant una humanidad snperior y cmincntcrncnte n oble, t r:111q11iht, fuerte, ecuánime ante todas lns
fortun,1s. J-fo h cdio i-imgir en fin , y en cierto modo, ele! tumnlt.o de los
:ieont ecimientm, y &lt;lo lt)f( t•o11fiictoP., ol almn de un pueblo viril, diHpuesto á
. p on er su 1·onli:111r.a &lt;'11 si m i:;:mo, ií obedecer sin temor n Ju. voz ele la divi11:1 Prnvi&lt;lc1wi11 y ;Í. nilel:tntarsc sin nprehem:ión hacin. los nuevos tiempos.

IIENHY \' A~

DYKE.

( l)

Traducido por V. 6'.

(1) fTenry Ynn l&gt;.rke- c(·ll•~iií,i4ieo, profesor y poctii amer icnno, nació en
(-}ermantowa, (Pensilvm,in ,E. U.) el 10 de Noviembre rle 1852. H ijo d el
revercm1o Hemy J. Van J)yke, ministro presbiteriano y descendiente de
una farn ili.~ ílamc11ca it la que p erteneció Van Dyke; h izo sns estudios en
el Instituto P olitécnico &lt;le Brooklyn y princip almente en la U niversidad y
::Ít'minMio Teológico de l'rinccto n. f'ué }Í Europa y permnncció algún
t iempo en Alemania. Doctor en 'l'eologfo. de Princeton , d o Harvard, de

�1

¡

Jale, de Washington y de Jdfo1·son. Con sus prédicas y co11ferenci11s en
Harvad, en Jale y eu la Universidad de Hopkins se ha hecho notar por su
elocuencia ardiente y penetrad:.. de poesía ; pero obligado li snstl'aerse 1í lus
fatigas de su profesión , aceptó la c:í.tedra de liten. t:ira. in .;:h ¡¡ ~ en la Universidad de Princcton.-ltn Noviemhre de 1908 fué delegado de la Univeri,iuu.d de H arvard, para dar en la Sor bon,l una serie de Conferencias sobre
el espíritu americano en la Iihm1tura y las instituciones.
Orador, cr ítico, literato, poeta--sobrc todo poeti.1.-Henry Van Dykc
e;; uno de los m,is notorios representantes lle la actual literatura americana.
Eu sus narmciones cortas, r principalmente en sus tres volúmenes de vor:,111l-1-«The Buslders and Othcr Poeins», ((The ToilingoI Felix~, 1(\iusie and
Other Poems»-revela una alma atraída hacia las contemplaciones do la
vida. interior y á la meditación mística,al mismo tiempo que a m pliamente accesible :i las voces de b naturaleza-del campo,dc los ríos y de las selvas. La.s estancias que ha hecho en países nuevos, han dejado en él profundas y siempre frescas impresiones, con el gusto por una vidti sana, scnma, simple y contenta. Salida do esas impresiones, 6lJ poesía, por un
don natlll'al del símbolo,hace hermosamenth surgir del fondo &lt;le las almas
ideas y sentimientos intensos y profundos. Un optimismo elevatlo, una
trimpatía amplia, una ternura. tranquila y sonriente: confianza en la vida,
tal es 1n inspi ración general tfo su poesfa.
Deben citarse entre sus principales producciones, el hel'moso pocnia
"De la :Música'' en que se ex.pl'es1i una correspondencia íntima entre la
música y la vida interior; "Vera.", poema de un bello simbolismo religioso; "Piiz» , "El Enjambre de las abejas Blancas", "Confian:u\", " La.
l•'lor azul" y otr:1s muchas dignas de mención.-

J . B.

�DON JUAN DE COVADONGA

1

¡1

Don Juan de Covadong-.1., un calavera
sin Dios, ni rey, ni ley, y cuyo hermano
H ernando el mayor, era,
despnés de ha ber llevado airada vida,
Prior de cierto convento en 'falavera:
Don Juan el poderoso, el cortesano,
lhandc de Espafia y seductor de oficio,
el hombro en cuya mano
,,
t uvo g1·ande1,a excepciono.l el vicio,
después de mnar, de odiar, de lo¡p:ar todo
cuanto es posible é imposible, un dfo.
i;intió el cansancio de la vida, el lodo
tic cuantos goce!! le ofreció b suerte,
y mezcló á su tenaz meluncolia
el ansia tle consuelos superiorcl:! ;
pensó en Dios, pensó en Dios, pensó en la muerte,
pensó en la eternicfad, y desprendido
del lujo, del amor, de los honores,
escribió :i la &lt;luquesa de Vilorte
diciéndole nn a&lt;li6s definitivo ;
:1t'l'cgl6 t odo, abandonó la Corte,
y sin un escudero, al paso \"Ívo
tle su yegua andaluza, macilen to,
huyendo del pasado, fugitivo
por ignorach vía,
llegó íÍ. 11'1.° portería
silenciosa y oscnra del convento.
-¿Nucf-!tro Padre Prior?-ptoguntó al legú.
- En omción, J1ermano.

- Por la vídn
lo llamant vncsamcrce&lt;l ...
- Ahoni
es imposible, hermano.. . Vuelva luego,
es imposible ahora . .. }:xtasis santo

�I
217
c·1rnndo rezn lo embargn.
- } fns le ruego .. .
·:úi esto.}' aq uí pel'&lt;liéndorne entretanto;
sic11to la angustia del infierno, el fuego ...
-8írvn.sc entrar al locutorio . . .
- Van os
ph.:ereí:&lt;, del Sefior sonó la hora,
don Juan dijo a l entrar: l mur,do, .hasta lttl'gol
Y por fi n se encontraron los hennanos ...

D 0 11 Jnan perdido en crápulas y nxccsos ,
t emh!á.ndolü a s rnnnos ,
eon el aire de un pobre arrepentido
~- l.t boca rnarchita por los besos,
y H ernamlo, el Prior, brillándole en los OJOS
un fuego juvenil siempre encend ido,
y sllnves y rojos
lo~ lahios p or las san tas oni.cion es
y el olvido del mundo y lns pasiones.

-¿Orando tú? ... le dijo
don Jn:1n con voz monótona y cansadri.
J,cjos de todo, en la quietud su premrt
d e la vida del claustro, cuando :lijo
t em hlando una mirada
en el a bismo actual d e mi miseria,
«nel1o también en el retiro.
-¿Cómo,
intenn mpió el Prior- la cosa es seria?
l'fü anuínaste por fin? La ele Yi1ortc,
h a rchiduquesa, de cabellos rnbios . ..
La dmmi, 1mis hermosa ele la Corte,
la rival de la, Reina en el dona ire ...
aun de sns besos gunnlas lo:; efluvio~....
,r,Qné p nsa por allá? .. . . !Si traes un aire!
Oye, J uan; mira, hermano; aquí en la triste
,·ith eonventual, todo reviste
nn aspecto satánico ; mif! horas
t ienen angustias indecibles; mira.:
un enjambre ele formas tentadoras
('ntre mi celda por la noche gira
y huye .. .• De la oración con los cmpeiios

�JlE\'IST.\ CO!XTE)ll'0fl.~:mA

1a d i~ipo por fin ... .Ansío el oro,
11ucnai1 choques de a rmas en mis suciins,
tlot:i nn rumor do besos en t'I &lt;·orn,
y es mi vida mm lncha prolongada
ele rucios sacrificios
en que d omo la la ca.rne alborot.acla,
con ayunos :,' rezos y eilicios....
n: :rn llegué al ('OIH'ento , pobre ]o('o,
~oii:imlo nl fin en desca nsar nn poco
y· en nnRic&lt;l:tdcs mír;ticafl penlido !

1'&lt;-ro di me, d qné viene:&gt;'?
-Yo .. . por ,·erte,
dijo &lt;lon Juan, por Yertc :i toda pri~,~
y por darte not.i&lt;.:i¡i de la muerte
üc ....&lt;lon Sancho de Téllc1.; t ú, mi santo ,
por :;u cturno dcscnnso cli u nu. mis.1.
Y al s1.Jir 11ot· el n egro camposanto ,
t.n quu el convento oscui·o se prolongn,
an~innrlo la quietud ele lm; que fueron,
por la primera vez se humedecieron
lo::: ojos de don .Tnan de Covnclonga .

�,..,

ALGO ACERCA DE CRITICA

Ko !los proponemos hacer en estns líneas un estudio técnico de Crílira
literaria ó artística ó científica, contenido, según particulares gustos y escuelas, en tratacl9s especirtles, en que se fijan y determinan los principios
&lt;.le que se derivan los preceptos ó ciinones qúe rigen la producción, y gnían
el criterio en ln, apreciación de las obrn.'l rcspectivas,en cacb, género que ene
\mjo el dom.inio de la libre adivitla.cl del espíritu. Solo es nuestro pro1J6sito-yn, que para nn técnico estudio, ni el ex iguo espa,cio ni los endebles conocimientos propios lo pcrmiten,-clar expresión y forma inteligibles 1i los
pl'opios pensamientos, que 1i las veces resultan vulga.rísimos, cuando es
materia, como la presente, vasta y delicada; y que sólo trnsciende, y s6lo
suele ser conocido y asimilado, y convertido en Jn, propia substancilt, aquello que se mezcla al ambiente intelectual en que uno vive, y se mueve y
respira, y en que se mantiene el tra.t o con todos los demás humanos.
Eso no obstante, i1un siendo vulgar lo que digamos,puede ser útil: porque lo es aquello en que todos, ó todo el mundo, según la consagrada seinécdoque, están ó est1i, de acuerdo, esto que forma y (,l-~termini1 las corrientes &lt;le
la actividad literaria ,artística ó científica, en un punto cualquiera del espacio, y en un período cualquiera ele la, sucesión en el tiempo. Por lo dem:cts:
los graneles principios; las primordiales reglas de la producción y de aniilisis de obras liternrias, artísticas, ó científicas; los corola,rios importantes
que ele aquellos principios se derivan : todo ello debe ser el previlegio &lt;le
esos príncipes de las letras, de las o.rtes, de las ciencias, que desmenuzan
en profundo análisis, ó recornponen la.sobras, re-creándolas,en síntesis, por
grandiosa.s, admirables; cuyo poder semeja,, en lo intangible, al luminoso
mundo de la idea, del pensamiento puro, al Creador en su faena eterna, inacabable, de ereacción y 1e-creación del Universo.
Habrá pues, dos corrientes, 6 centros, ó lugares, de prnducción, ó de
jui.cios 6 aserciones, en las letras, en las artes y en las ciencias; dos puntos
de filtración de las ideas, del producto de la actividad intelectual humana,
de las fuerzas, en fin, que a.gitan y mueven el mundo inextenso y luminoso del pensamiento puro 1 Una de estas corrientes, ó centros, ó lugares de
filtración de las ideas, reside en las cumbres del intelecto, semejantes ~í esas
fuentes de linfa cristalina que refleja en sus cristales y quiebra en ellos el rayo dorado del sol naciente; y ello sin estorbos,frente á frente ele la techumbre

�REVISTA COXTEMPOTI.\NlU

ar.ni, y de nn ambiente puro roclcada .. .La, otra corriente-que: lkmarem,&gt;,-:,
también, centro, ó lugar de filtración, para continuar siendo consecucnk~
1;on la primitiva tríplice met:ífora,-domina en h ba.ja y común intd,:ciualidad; y contiene: ya las aguas pnms, cristalinas, ya. el pantano ele estancadas aguas, cenagoso¡ yi1 el torrente, ya el anchuroso y manso río ....
yil ]a niidu:m &lt;·atarnt.a !
CmiJquiera n,l ver estas dos corrientes¡ la. de aquellas itleas que pertenecen á todo el /J,fmido-6 sea á Jlfonsieur tout le moude, de quien se cuenta
que fué d único que llegó lÍ tener m:ís ingenio que Volktirc;-csto es, b
corriente genera.], en la que yo, ht, él, etc, somos, vivirnos, y nos movcmoB, ó somos movidos,-in qua sumus, virimur et movomtr,-es en :iparieJJcia dominante, y está en absoluta interdicción, ó incomunicación, con la
privilegiada, con la a.lta; la que forma aquellos serenos y tra.sparenles jui·
cios de los sabios, de los genios: semeja.ntes á lagos y corrientes crist::llinas
que se forman en las alta.s mesetas del Himalaya, del Popocatepctl y de
Jog A.ndes.... Pero .... no es así! La, corriente baja, la fuente, el río, el bgo;y
el pa.ntano,-,1no de t odo hay en ella, eomo en la tra.íth y llevada. y mn.1ti-echit Viña del .5eñor,- se form:ty se deriva de la serenit linfa de las alt:u,
&lt;:nmbres, que se filtra, y que por ocultog caminos misteriosos, viene it dar
,t ht Llanura; pues que, ií la, manera del citballern ii quien excitfL el ~faü~tro Fr. Luis, ... . "Traspasa el aJt:1 sierra, y ocup,1 el llano" .... Son, /\SÍ, las
mism,1.s ideas : sólo que h::m sufrido un retardo ó dem.om, en tanto qnc se
li!tnin y corren y llcgan . ... y, 6 penrnmecen y se corrompen, como Jrr..,
nguas u.el panfo u o ; ó se dirigen al mar y en él se pierden : que es como el
a bisrn::i de 1a.s pas1tdas ideas y tn1dicioncs, inmenso, scrnno 6 ternpestuoso;
como inngen fiel de los tiempos que pasaron; y que , en parte-crnrndo
menos-puede volvers~ fecuncla.nte, alimentando nuevns corrientes en perpetuo ciclo, conforme lo verernog,
P,irque .... es verdad! ¿Do dónde proceden aquellas altas corrientes
&lt;le itfoas que forman como el patrimonio de esclarecidos genios, que desm enuzan, en sn aruílisis, y crean y recrean el Universo en sn yo espiritual y
lmmano? De dónde proceden, en efecto,esas claras, trasp:ncntes aguas que
reflejan en ln,s 1dtas cumbres los dorados rayos del sol naciente, y que filtnindose, "traspasan el alta sierra, el llano ocupan," y que corriendo ....
eoniendo sin cesas, se pierden en el Océano inmenso? Pues bien, se sahe
qne ele ese mismo Océano, esto es: del abis m o de los tiempos pasados ... .
ele la tradición; de lo que han pensado y sentido los hombres de todos los
tiempos y &lt;le todos los países! . .. Y así como el agua &lt;le los nmres y pan t a.no~ necesita el calor del nuevo clfa parn elevarse en la atmósfera, purifie:índose del sedimento que l:i, enturbiaba, por la nnbc ligera que Yenga., al resolverse en lluvia abundante, á alimentar las corrientes altas y las bfLjns,
qu~ de otro modo en breve tiempo quedarían agota.das, ... de la misma nmn ern: lo pasado, la tmdición, más ligero y más leve aún que la nube, que
el vapor qne se eleva y se condensa, y se resuelve en lluvia .... ün !ns altas
ctmlln·es a.limenta las corrientes superiores de la producción literaria, a,r-

�'

)

1

,,.

2:21
tí1-;fa:a ó científica, juntamente con ht cdticít ó arnilisis de l:is ourns tle1
ingO\iio.
T,1 l cs,ii nuestro juicio, la ra.zón ele e5e ir y i•eJ1ir de las i&lt;lcas, y eontin uo Y:triar de gustos y tcnrlcncias, y de los d ivet·sos ritmos, y eolorcs, y at titn&lt;lcs, y 1110\·irniento:,, y &lt;le cnm l1inacio11('s ele sonido!', y de formas de gchierno; y de tn1lo aquello, en fin, que.cae bajo el domillio &lt;le b libre act.iYid:,d del ('spíritu, en el inta.ngib!c y vasto mundo del pensamiento y de
la dela.
Quecln., no obstante lo &lt;licho,-::rnnque no sabemos si claramente cxpli&lt;•.aclo,-queda, decfamos, la duda de quién tiene la razón en oso íiujo y re flujo do pensa.111icntos é ideitS que provot:an la protluc:ción y la critica en el
tl'Íplice aspecto,tantas veces enunciado . I'arécenos haber imlicado, ó dado
:í. entender con nuestro prolongado y vulgarísimo símil, que todos tienen algo de todos; y cada uno de todos, y todos de cada m:o: q uc las corrientes p11n1s, crbtalinas, de las ll1!ÍS a.ltas cumbt·cs,reciben abundante ysubstnncioso
.•.dimcnto do las que ocupan los lugares nds bajos; quc,ti su vez, aunqucretardadas- redprncas-las que vienen de los má.s alto:;: que el abismo de 1n
t.rn.tlición y r1.el tiempo se t.rag:i tudas esas corrientes; pero que, ii su vez,lns
devnelveal. bosoard icnte clol sol tlel modio día,ya puras,traepurentesy liinpias rí las altas cumbres ! De otro modo : ¡msado ,y presente tienen cada
(·mil su rn.;,:ón y sn rnnlad. }fai-, á ca.da uno tle ellos les falta una parte de
rnzón y de verdad, cuya llave, ó secreto, se encuentra en lo porvenir ! Fi11almc11t.e; parn concretarnos ,í, un solo asunto de esta complexit cuestión .
l,Quiénes tienen razón? Clti.-;icos, rorn:inticos, ó moderni~tas? Ello ser:í.
,,sunt.o de otro artículo.

RAFAEL

GARZA CANTU

�P OESIA PUR A

rrr
iESTA füEX !

Porque contemplo aún alLas radioi-n:,
Rn que tiembla el lucero de Belén ,
i Y hay rosas, muchos rosas, m uchas ro~a:,!
i G ni.cins, t.!Sttí Lién !
Porq ue en las t:tnlcs, con sntil dcfl11:1yo,
l'iadosa,men te h~a el sol 111i sien,
Y a un la transfigura con su rayo,
1Gracias, está. bien l

Porque en las noches una voz m e nom linL
( iVoz de q uien yo me sé!) y hay un edén
.JJ:scondido en los p liegues de m i soml,ra,
1Gracias, está bien !
Porque hasta el mal e1 1 111 í dón e:,; del ciclo,
P ues que al minarme, va., con r udo celn,
Desmorona ndo mi prisión también;
Porque se acerca ya m i p rimer vuelo,
¡ G-raci::u,, cst:i bien 1

/1. ~l,\f)O

.,

KRRYO

�'
1

1

.,

LIBROS RECIENTES
LAS CIEN l\:IE.JOR.ES POESIAS

~
1

1

- nins visto el tomito ele Las cien mejores poesías castellanas publicaJo pur la. misma casa cditoria.l de Londres qne nos ha &lt;lado ya las cien
m ejores poesías de la lengua inglesa y las cien Ínejores francesas'?
- No ; t e debo a lbricia1,.
- Pues hizo b compilación no menor persona que Don wfarcclino
Menéndez y Pelayo.
- Miel sobre ojucb8 . Es Je suponer que estará mejor hecha que la
selección de !ns francesas y por lo menos al nivel de 1:1 inglesa.
-Y así ocurre, pues Don Marcelino es hombre de m:i.,; atinado juicio
que el poeta Dm·chain, que no siempre son los poetar; hombres de buen
gusto.
-¿Est:i limitac\ll, la colección ti los autores muertos?
:-Sí, como las anteriores.
- Y á poesía estr-ictamente lírica?
-Lo lírico predomina.; pero hay no poco de géneros que en otro tiempo
r;c consillerahm1 diversos de aquél ( punto de controversia que ya se ha de~ecl1ado por fortuna, gracias á la Estética simplifica.dora): lll poesía satírica,
la Lucólica, la descriptiva y Jn, narrativn. Ni faltan, por supuesto, las odas
de cntonneión heroica, que la ignorancia común suele Jlama.r épicas; y ha.y
también romances escogidos entre los que más se apartai:t de su tradición
vcrdadcrnmcnte épica..
- Deleitables han ele ser los rom ances espigados por Don Ma.rcelino,
que conoce el carnpo maravillosamente. . ¿]\gura el de la Rosa Fresca?
-iAh sí! Y el de ronte-Frida y el de Blanca-Niña, y ...
-A mi ver, uno ele los 1mis bellos romances y uno propio piu-:1 talcolección, pero poco manoseado todavía, es el de La h{ja del Rey tfe Francia.
¿Lo incluye por aeaso Don :Nfarcelino'?
- Sí tal, y también el del Conde Amaldos,y el de Doña Alda, y el de
Abeiuimar, y el del Rey moro que perdi6 Alhama. En total, ocho romances.
- ¿Figuran poetas anteriores á lo~ siglos de oro?
-Sólo dos del siglo XV: Jorge ~fanrique con las Coplas ... ..
-Y el Marqués de Sa.nti'llarn1 con su müs famosa Serranilla.
- Justo.

•

�2:H

IlEYISTA COXTD!POil.-Í:KEA

-í.GarciJ.aso debo de habol' entrado con las é¡;logas primcrn, y tercera'?
-Sólo con la, primera, pern también se le dió entrada con la eanción
A la flor de (;mdo.
-Dulce y sabrosa., aunque haya echado fucrn á I•'lérida. Fignrnr,fo
allí, ::ulc1mís, las seis grandes canciones de Fray Luis do León, el cfüílogo
esp~ritual do San Juan de la Cruz, el son eto m í!::tico que anduvo de santo
en s,rnto á busca Lle autor, las d os canciones ma¡;,,,rns de H enera, por Lepanto y por el Rey Don Schasthín, el rniulrigal de Cetina ii los Q_¡os claros,
screJ1os, la silva de Rioja A la rosa,\a canoi6n A las ruinas de Itálica, La
h)ístola, moral á Fabio , los sáfirrJs do Villc:;as ....
- Todas ellas, es olnrn. Hny algo m ás de Frny Luis : lat'l coplas á h
tirana exención y el soneto en que la rienda suelta la1;g-amcnte al lloro.
-Digno de preferen cias es el nmestro León, y la admiración que le d e::;:;;na como la más pum gloría líric:t espiiola d ebe haber siclo la que guió /.Í,
J\Ienéndez y Pelayo. ¿Pei·ó cómo estiin representados los otro grandes poetas clásicos? No estoy mny seguro ele mi conocimiento de los Argcnsobs,
pero creo que Lupernio h::tlmi entrado con el soneto al Sueíío cruel y con el
(le] color de Doña Elvira.
-No con ést e, pero sí con el quc comionzu: Llevó tras si los pámpanos
Octubre, y la canci6n A !ti l!.speram:a. Bartolorné nparece con aquel soneto que t ermina : C."i:ego ¡,es la tierra el ceutro de las almas?
-De Quevedo estarán la letrilht de Don Dinero y la E pístola. !Í Oiivares .
-Y' así. mismo I-./ sueño, y tres de los mejores sonetos. Con cuatro
:,;onetos figura Annijo.
-¿Ko es demasiado?
-Tal vez. De Góngora 110 est:i lo m:is gongorino, sino los dos romn,necs sobre e1 episodio ele Orin, y el de Ang"élir:a y il'/edoro , y los de Ande yo
caliente y Dejadm e llorar. Do Lopo hay r:inco sonetos, uno de ellos el místico qi.1c comienza: ¿Qué tei~rro yo q1te m. a1msma p1·,,c1tras?
, - iE.•p1émlido ! ¿y el romance ele las soledades?
- Sí, y el ele la barquilla, y la canción á la libertad preciosa. C,1lllerón .. .
- Con el soneto á b muerto de las flores.
- Ju~to. Los cÜsieos de la gran época q nedan com pletos con La sier7.'a,clc Frnneisco de la Torre, las quintillas de Gil Polo ií Galatea desdeños:,,
y b Canci6;1 do Mira ele :.foscu!l. que comic,1za con el verso célebre : Ufano,
altgre, alti,:o, e11a111orado. ,,
-¿Es todo?
-¡ Ahí es nadal La mitad de la colot"ción la ocupan poetas d el siglo
ele Ol'O .
-Pero J,i.ure.~ui, Fernando d e Acufü1 , el Ol)ispo Valbuena, Crist6bal
(1e Ca,;tilt0j,,, Balta,'.tr do Aldzilr ,, ..
- Olvidé m encionar la regocijadf.1 Cena de Alciír.ar. De la omisión de
los otros se ex.cusa Don 1\fareelino en el prólogo.
-Pues menos habrá que pensar cm el Vivo sin vivir en 11lÍ cfo Santa
Tercs:, y en otras cos,is d e rne\10r cuantía. Pero estns omisiones ¿so hallan
suplidas por algo de mayores quilates en lo que sigue?

�!

,

I'

REVISTA CONTE~H'ORÁNEA

225

-No simpre. Sin embargo, el siglo XVIII no ocupa demasiado espacio.
-Ni lo vale. Pero estará la Fiesta de loros ele Nicolás Mora.Un , ln,
Elegía á Las llfusas, de su hijo Leandro, algün romance de Melémlcz ....
-El de Rosaua en losjitegos. La Epístola ú Anfriso, de J ovcllanns .. .
-¿y Cienfuegos?
-No, aunque hubiera podido s ust ituir al gran prosista que cité antes. En cambio figura. Arjona con La Diosa del bosque, art.ificiosa y lánguida, y el semi-francés l\fanry con algo del mismo sabor. No se olvidó á Lis~1.
- Quintana figurará con la, oda A lii invenci6n de la Imprenta'?
-No; con la oda A España. Y tampoco esltt Gallego con el Dos de
111a)'o, sino con los versos ú, la muerte de la Duquesa Frías. Puede ser CJ.118
así gane la calidad,aunque á la popularidr.d se haya atendido menos. Aparece también un atildado soneto de José Joaqu:[n de Mora, reminiscencia de
Virgilio.
-De Esproncecla no ha de faltar el Canto á Teresa.
- No, ni la canción del Pirata y el Himno á la inm01 taLidad, saca&lt;lo
de El Diablo .IVÍundo,vencedor &lt;m este caso del canto de La 1'fueite. De Zorrilla están las profusas octavas que ~irven de introducción :i los Cantos dd
trovadm' .....
-Y los aleja.¿drinos de La Tempestad?
-No, pero sí la leyenda del C1·isto de la Vega. Del Duque de Rirns,
el romance del Castellano leal.
- ¡ Castellanísimo 1
-Lo demás de esta época, y del siglo XIX en b'&gt;'CneraJ , andarevuclto:
el mismo Duque en los versos Al Faro de i1fa lta, que no entusiasman: Pastor Díaz con su himno A la Luna.....
-Pase por sn su fama de un día.
-García Tassara, Enrique Gil, Selgas ....
- ¡ Selgas ! Tolerancia es.
·
-El catalán Piferrer con la graciosa Canción de la P,ima1.1era; el padre Arolas ....
- ¿Con algiín romance?
-No: con una trivial poesía de·álbum.
-Florentino Sanz, López de Ayaia....
-No hacía mucha falta ese dramaturgo en una colección líca.
-Ruiz Aguilera ... ..
-¿Con la Elegía por la muerte ele su hija?
-No, con una epístola. Luego Balart, Mmrnel &lt;lel Palacio, Vicente
Quorol con dos poesías ... .
-¿Dos?
-Una de las cuales sobra. En este arenal sólo nos consuelan Bécquer,
Campoamor y NÚI1ez de Arce, con dos poesías cada uno i como Querol! Y
0 uent.:1, que IÍ. estos poetas es difícil apreciarles por tan reducidas muestras!
Habría sido preferible que entraran el Raimundo L11/io de Núíiez ele Arce ,
y a1gúnpequeño poema de Campoamor. lNo figuran Narraciones de ZonL
lla y Angel Saavedra?

�226

RB \'tS'fA CONTEMPORÁNEA

- ¿Y Gabriel y Galán?
-No figura., con ser superior á cinco ó seis poetas del siglo pasadoqne
alli He pavonean. Bien dijo la Pa rdo Bazán: el poeta de las Castellanas y
las Extremeñas, 1í pesar del entusiasmo que despertó por un momento, será
pronto un olvidado .
-Injusta.mente olvidado . ¿y l\'fanuel Reina?
-Desterrado, quizás por pre-modenlisfa,
-Hfan sido proscritos los americanos?
-No del todo: nos representan Bello, con la oda A la agricultura áe
la zona:tórrida; H eredia con la del Niágara (aunque Don Marcelino en
otra ocasi6n declar6 preferir la del T'cocalli de Cholula), y la Avel1anedn,
con su m ejor, annqne sern, poesín. erótica.
-Ohidns dccirrne con qné poesía figura Sor Juana Inés de la, Cruz.
-No está allí. Debió &lt;le ptu-ecer injusto á 1\Ienéndez y Pelayo hacerla fi gurar enhe los cl:isieos, falumdo otros más insignes.
- Pero puesto que figura. La Cena ele Alc1izar, bien pudieron entradas
rcd,mdillas de nuestra monja, que no son de menor calidad. Y puesto que
figura h Avclhrne&lt;.la, dehió figurar su rival.
-Acn.S&lt;) Don Ma.rcelino estime ft la cubana como mayor poetisa.
-Cuesti611 diffoil, y al cu,bo inútil, es esa. Pero no debfadecidirsecon
t:na supresión. A juicio de los rorminticos, la Avellanada fue hi mayor
poctis:i , no sólo ele la lengua castellana, sino del mundo entero, con mc:cepeión de S::fo y de la ignota Corina. Pero estos entusiasmos murieron c0n
la época, y hoy sabemos que ta.nto la Avellanada como Sor Jmma están
marca.das por.gnn-es defectos ele sus escuelas respectivas. Como el gusto 1110denzista de h oy tiene más afinidades con e1 culteranismo del siglo XVII qne
con el roma.nticismo de hace cincuenta años, muchos leemos ahora con má~
gusto ií Sor Jua na que á fa, Avellaneda. Pero IÍ fin de cuentas, no hay ning:ín otro hispano-americano?
-Kingún otro. Y no eahe decir que Menéndez y Pelayo desconozca
:í nuestros grnndes poetas rnuNtos, Olmedo, Batres Montúfar, José Euse,
hio Caro, .Andrade, Párcz Bonalde, Jos6 .Asunción Silva, Cns rd , Gutiérrez
1\lijcra, Othón, y otros dos ó tres m.ás dignos de mem o11a que cualquier
Selgns.
-Pet·o l1ay t)nc resignarse al olvido de lo;; españoics . K, cosa tradieionul, y ni aun los que m ejor nos conocen y estiman , como el prnpío Don
i\Inrcelino, se sobreponen á ella. l\Iientras tanto, reconozcamos que la co!cceión publieada por la casa londinense serviní. para populariza1· de nuevo
las poesías clásicas de nuestra lengua, ya que en • los últimos años habfa
(:nm&lt;mzndo á perderse la costumbre de renovar las antologfos españolas. Y
{1ue esto va1g:. por ltt menos cuidada selección de las poesías rormínt icas y
eont em poní,neaf;; en n1:tlicfa&lt;l, si hubiera que hacer alteración en el volun wn, no 1lcg,n:fo,,n á quinte las poesfas sustitníbles.
-1\foy c-ic rto, y ya r.s mucho, pue:;; en la colecció11 fra ncesa deberínn
snst'it nírs~ treint a cirnn&lt;lo menos.
rwno HENRlQUEZ lJREÑA

.,.

�RRVISTA CONTJ,MPORÁNEA

227

ACERCA DE UN NUEVO LIBRO

Los Fracasados, por MAIHANO AZUELA. Méxieo , Tipografía Miiller
Hermanos, Hl08.-Desearía yo conocer otra obra del señor Azuela para
poder juzgarl'-" con acierto. Es difícil formarse un concepto justo de los
méritos de un autor por uno solo de sus libros. De suerte que estas palabras no se rcfirir:in rle ningún modo al novelista, sino á la novela que ahora. tengo deliuite de mi, que he leído con deleite y cuy11 madurez incompletH &lt;leploro wn h más gr.inde sincerid1td.
Ko só si el título me predispuso en favor del argumento. Esto &lt;le la
sugcsti6n es un fenómeno que se cumple con demasiada frecuencia . . Ya
sa.béis que una sola palabrn- y es el cuso, jrn;tamente-sirve :í veces para
gradnnr una tendencia. y hasta un orden de ideas. Al me.nos yo encuentro en este Ji bro lo q uc hu be creiído que eneontraría: el desenvolvimiento
lle una Yitla que se frn;;t.ra en un medio poco propicio y que, una vez frustn-1.da irrnparn blemcntc, mueve tí piedad y deja en el ánimo cierta desaz6n
clo101·ns,1 y tenaz.
m Licendado Res6ndez, hombre de ingénito orgullo, que acaba de
g:·adnar,;e, sn.le de Ja capital para una ciudad de provincia. Le guía el pensam iento de hnír á !ns intrigas de metrópoli p1tra buscar en la lucha genern,;a una rnn.nern lle pros¡mrar, así sea con el t iempo y la dureza
de la brega. Es ingenuo y cree que realizará su designio·: no ha pensado
e:1 el vivir provinciano, tejido, lo mismo que el de la ciudad, de pequeñas
11,i;;ei'i:.s, \'Ulg:n· y rastrero, que corroe los espíritus y afloja las voluntades
l1asta lo inverosímil. YR en Ala mos, le rodean gentes sin enjundia, coma(1rc•s habladorns, hombres presuntuosos, carncteres equívocofl. Bajo la aparicn&lt;'ia de una sencillez miserable, Ete esconde algún enredo traidor. Se
t,n:unor:i de Consuelo, muchacha graciosilla y simpática, de espírtu generoso. Pero l:ts ci rcunstanc-ias lo t raicionan. Las intrigas se desencadenan
&lt;,1mtea él. Todos los beneméritos de la pnrroquia se conjman hasta perderle. rn dfa le da el oclio su tributo de sangre y dolor. Todo su esfoer-zo ha fraca~ do. Consuelo desaparece del pueblo, en seguimiento de su
padre, qut: es un saC"erdote. Dícese que ha huído con el sacristrin. Y el
liecnciado Reséndci q_uiere ir á buscarla. Aun en este momento, después
de la derrota en la lucha, ucs todavía el mismo, el incorregible soñador.
r.ras ahora su ideal ~e conc!'eta. en algo muy sencillo : buscar á Consuelo,
rs · S:Pa un punto perdido en el Universo. Es obrafácilparasualma de gigante:
y t:i ha gastado la 1nitad de una vida buBcando al¡,,o imposible: la justicia,
liicn va.le la pena de que se gaste la otra mitad en buscar algo posible :
d hogarl&gt;.
Ji:! argumento de la obra es acerta.do, de un realismo de huena ley.
l'or ahí t.soma la mano dd observador inteligente en muchos detalles, en
d estudio ele v:i.rios caracteres, en la oportunidad de las situaciones de la
tragl·dia espiritual. F.stri muy hil,n conseguida. la expresión de esa carro-

�,)
228

· RKVIS'l'A CONTJ,~IPOH.Ü; RA

fm que corroe al curn- nJma, de ardorosa potencia-y al le¡,;ule,yo X, y n.l
cncique de pueblo. Hay energías parn, obra. de más acn.b:tL1o sabor, ya que
no es necesario pedir m:ís novedad Lle asunto ni más arrnonín en el desem pefio.
U11 lamentable desafüi.o del lenguaje manchn, :í veces, la" páginas de
la, novela: desalifio que n o es hijo de la incapacidad, sino de cierta pereza,
del autor, que parece no füu sino en la ohrn como mallircst.nción de la
vida., no como valedera por su procedimiento independiente y c,:t ricto.
Ahora se me dice que el mismo autor
Los F'racnsndos ' ' pl'epara.
nn nuevo libro, novela también. Oja.hi, sea cit:rto. Y ojalá, uds lu6go pne&lt;la yo h ablar de este buen artistr~ con menos breve&lt;lrt&lt;l. Quie r:t él ver en
estas palabras una mtinifcstaci6n de aprecio, de altísimo :1pl'edo pnr ~usen vidiables dotes d e novelador,

de ''

R.. A.

�f

r

LIBROS RECIBIDOS
~os p roponemos publicar caJ a vez algo :i ma11e1·:i de resoiía sobre !ns
últimas obras del pe11sa micnto modemo, en beneficio de 101, lectores, q_ue
tendrán en las páginas de la. l'Cvisl.t una fuen te de inform11ción, y en beneficio de los editores, que por lll()&lt;lio &lt;le nosot ros, y sin ,,t.ra cr0'6 aci6n qne
un ejemplar do cada volumen, tcndnin un ,rnuncio oportuno y :;cguran1ente fructuoso. Kosotros nos rcscrrnmos e! derncho de 11ar noticia ct'Ítica
más ó menos extcns.1. de las obmH que se nos envíen y que, 1í nuci,trn j11icio, m erezcan estudio cspccifll , ya sea por :ms méritos litcrnrioi, 6 científicos, ya por ln. actualidad de los asuntos que t raten. En todo caso, creemos contribuír tle esta m:mera li la difusión d e la enltum general.
H e aquí algunos de los libros recibidos recientemente 1.:011 1lrstino :í la
Biblioteca de la REVI ST,\ Co:.-·mMPonÁ.:-EA:

FRANCESES
Los Poétcs du Terroir, du XVe siecle au XXc siecle. A. van Bever.
Pa rís, Delagnwe, 1909.
H. Taine. Charles Pic.u·d, París, 1008.
La P hilosoph ie socia.lo ele Renouvier. Rogol' Pica.re!. PiHís t!l08.
Essai sm la dialectique du dessin . .Jean de Boflschcre. Hruxolles,
Librairie Nntionitlc d' art et d 'h istoiro. 1ü0S.

INGLESES
'fhe ma.itl oI F ranco, bein g the story of tho life :in&lt;l death of J ean ne
Lon&lt;lon. Longmans, Green and Co. 1908.

u' Are.

ESP AÑOLES
Novela E rótica., por Alfonso H ernándoz Catú .

:\faclrid, H/08.

�·SUPLEMENTO
..

1II día. 17 de estt~ Fe.1,rero pnrtió
1rncstro Director, el Lil'1)nci1ulo \'irgifio G111-z&lt;1, en x·i:1je de negocios á
h,s Estados Un:ido~.
Fnern e~tn la oc11sión d e tri butnrle poi· nncstrn parte un hnmenn,j,~ de
,..;impatía y 11e c·nriño, (fo altísimo
=aprecio .i su~ facult.n&lt;.l es, puestns nl
:sc1·yicio d e las lct rns con tal tlcsinterés y tan laudnble pmYecho pnrn
11uestrn cultura; pero el natt1rn l fo111or de n o ]1accrlo éon toda compctc-ncia por ln t iranfa &lt;'r1,si :rn1:,ri.1stinsa
{\e los minutos, nos veda, hoy el
•cun1plimiento 1lc t.tn grnto tfoher.
Qm,' (1e :te.¡ ní, c mpern, la constan &lt;eia d e aque1la sirnpatfa.y :iqncl ap1-c'l'in. Bien saben nuestros lettores
:t1nsht c¡t·té punto hay sinceritlad en
&lt;il tributo y cnántn lo m erece un
lmmbre que, como el. J..icenciatlo
\ 'irgilio , ha ]1ccho d e su vida una.
:l,e lln, ohrn. de :ute ; ohra fecunda,
n :pos:uin, suficiente título :i la ndmirnci6n (le cnant.os en.ben cstimax
'la reetitn d d el c~nidcr, k, ;1ctidclacl
•de las fuerzn:;: y la. h-0nmdez &lt;lel
·('jc 111plo.
Cuando se mrn11ció. la ,qmrición
-&lt;.le Revist:.z C()11t·111porá11ea, él p1íhli·l'C&gt; de l\Irmtcrrcy, que harto conoce
lo;; obstáculos lle etnpeiios semejantuvo h innedulidnd qne era de
rigor. Sólo d prestigio d el eminent e hombre que to111alm, la empresa
l,ajo su cuiclado pnn,. guiar nuc~tras
voluntades pudo a{·ttlhi r l.as vnees de
(lesconfin nza. Hay la seguritlacl d e
(lne el esfuerzo 1·endini todo el fruto
qnc rs rntmeste1·. Ya, en la mndurnz de la vida y en toda la p)-enitud
1\c 8US en ergím; mentales, nu-0,:tr,o
Director garantiza e.cm Sll prestigio
•PI éxito d e ln Co1demporánca.. Sn
espíritu, hic;i nutl'itln en d estudio

tes,

de :U't&lt;:&gt;s y cien cias, s ujeto Á, ese gén ero d e d isciplina que p ermite nprecinr las iclens en su justo nt!or, arn ¡,lia y generosamente abie rto ii toda s
las nuevas ~enden cias, ha triunfado
de nm.n cra laudable. En nuestra
farnilia i11tclectna.l, el Señ or Garza
ocupa un lugar preeminente '. no
sólo es precursor y hernklo, sino ya
ln rea.liz,i,ci(Sn de nna gran fuerza.
Como sociólogo, él t.iene d erech o fÍ
un alto p uesto al nivel de los más
eo11s pi0uos en nuestro país. Por
otra parte h a encontrn.&lt;.lo ya el equiJibrio·m oral sin cuya posesión t och1
victoria es imposible . H a librado
s11 pro¡)ia batalla, y ele ésta nos trae
nn sentido optirnist fl, una grnn confianza en la focundidatl del esfuer zo.,
Ul11.L fo inquebrantable en el debe r.,
suma. de estimulos panl nucstr:i
en ergía vaci lante.
S6lo así se compren de l:n nmplituci de su cr~terio. A.un en cstns enestiones de art e, que á más d-e 1111 ilmnlm.1 d esazonan y hacen aparece r siu
1~1. justa &lt;",omprensi6n de los fenómenos intelectuales, el Liceneiado G ar·
ia representa una capa.c icfad directiva &lt;fo enYidfo.ble aciert o. No gusta de que el campo se restrinja cH .
1w mhrc d e un purismo externponín eo en nt1c1:,' tm edad. S nbe que la
bnt:tlla clefinitiv.a en tre las diversas
escuelas noes pa ra d ecidirse en nn
afio ni por una sola generación; que
la actit ud del espíritu cambia y se
renueva 0011 los ti&lt;:!mpos ; que todo
fenómeno de la fuerza es apreciable,
y Que sie1npre que nuestros Retos
sc•ai1 presididos por In voluntad 1oint(m1, de crear no ser:in fact-0res inútiles.
Aparte ele sus ,,r.1stos cor¡.ocirnientos {'1~ lo que ntniie á la ,jurisprudeH-

�cín., posee mncf1os y mny sóliclos on
lilo:soHa; signe con :ttención el a,,~1n(·e de las ideas científicas; llintingue
y apreci.1. loR nne,·os rum bos en esto
.v en el al'te, y así C8Ca.pa de prejnidos y conserva su indivklualitlad
fuerte, con1prcn~iva, )" ecuan1rne.
.\fiadid á esto un gran saber de lenguas cxtrni'ins y nn íntesantc buscn.r
:i travé:. de todos los t extos y de todas las mejores obrus d el espíritu
humano, y habréis h{.'\:ho una aprn«·inción justn. y renl.
!'ero es oportuno callar cmt11llu el
t iempo no permite que las palabrn,i
,ligan tocfa justicia y lmgan todo elogío. Sean estos p1innfos 1.i nmnifestn.e ión del c-ariño agmJecitlo. Tenga un feliz snceso en sus negocios el
&lt;listingnido \iajoro, y regre:::e pron to á RU ciudad y ¡Í esl:w de nuevo ni
frente ele 'la Revi~ta y clc nosotros,
que htu'to habemos menc~ter tic su
rlirecci6n .

Tina di Lorenzo. H ace pocos &lt;lías
tleleittdm á. la m ultitud en un teatrn
de San Luis, ya de regreso llcspués
de Stl corta te1uporada e"!l esta einilad. Y qué? X:ula, aiuo que le
queda 1í uno la trister,a tlel bien pet"d ido. Pe rdido fatalmente. Y á.
más do esto, como que se encona 1·l
dolor de vivir en p1·ovi11cias, donde
1w ,,emot:1 ii Borriís, ni á Lh6vinnc,
cusí á ninguno de los grandes. Qué
le va mos ti h acer.
Y como si quisiérnmos al menos
,;eguir en his crónicas o! gran espíritu &lt;le Tina, en esto&gt;i dím; hemos leí-

&lt;lo «J;':l Contemponí.neo&gt;&gt;, y 1c:i,_:1 J!':,;t.ancla rte Católicon, cotólico no, «El
E standarte» ,l secas, donde lofl escritorc:s ele 8an Luis dicen lodavfa C'O~a.s entusim1tM.
~El gran gei\io ele Victoriano Aar&lt;lott .. . »comienza uno 1le ellos. iQné

\'11 ií: se1· el genio de ese &amp;'íirn· Snrdou ! Lo que fo 1l~jó' un pcrfmlu! eil
el al111n es ht bellew lle 11qudla 111 uie1 tan :mnoniosa, de t a l pureza tk~
línens, y totla el la ta11 di;:crctH, y en
:ms nclcmant,; y pal.il1r:t,i tan iereladorn lle st1pr em:u; ,·i rtu dt•:-&lt;. Y .. l.\
hclll'-1,n ,~;; ü e por sí lll1n {.'Tl\l\ virtud.
Pono&lt;iln. en nlnjunción con d talc11to y la ingénita gracia, y :t ,·c r sil

habé ii:i r ed ondl.'1\UO compl t:'tamcntc l,\

!igum e1ninenle do la g rnn tnigk:t,
.\quí, el t.ca.tro :-&lt;ü \'ió l'(111cmTi&lt;lo,
tn,l (•omo no o.--1 )eníh:1mos. Alguna ·
rnz, en JTuttcrias ele Arto, ha l ►ía11 H1,­

dc ser cmcrdoi;.

El pe,,imismo sos.pL&gt;chaba por
ele! en re&lt;lo en extraño lenguaje .... J,t:&gt;Í hay 1n,i1; de eicn
¡.&gt;01'80nns q ue fle;;:ccn co1npr4&gt;ndcd
Las hay, y muehafl 11uts; y pnrn hls
ntras alli t'::it:i el libreto del argu-

eso

mento.

:Ko l:lÓ]o llega en ()l)oi·tun í-

da&lt;l, sino qne ln ohtc11onms por mm
b'ltfo.niería. Ya !-'.-1.b:fo; que e1:1 de In.
aristocnicia e:;o d e ser genc ro~o y
oportuno, y a.nn eoo de estn r al tanto de las ocasiones solemnes 11ani
que se ,·ea h\ inmincm·ia dC' u n:~
bondad . ...
Y nquí en l\fon terr(•y, lo 1111Íf\ flris-t o,;ráli(·o dcs&lt;lc este punto d o Yis!a,
y desde otros inucho;;, es In {'ervci..:ería Cnauhtcmoc. ~ o c 11 balde llern el nombre del grnn emperador
q ue la cl\l}l'c como u n ma.nto rt:'al de
fa usto sorprend()nte. Y esto, qlll•
L'í&gt; un tributo de justicia, d ebería escrilJirse con ea.ractercs m uy elnros.
R ecordad lo que hace la (;cnec()rfa
en cml.L ocasión, lo que hizo en Puehla. cua11J.o el ('ongrc,:o &lt;k: Pedodi~tas, [,&gt; que h iw aquí en el gran ba nquete do la i,rcnsa, lo q ue lm hecbn
en cua.nto se trut.n de 1.l c nlturn,
la filantropía. gn todn bella obra
.veréi1:1 qnc os ncompafüt el est ímulo
de esta biza rra y n ohle potencio. de
nuestra imlns~ria. ]~n t oda labor·

ue

�trásccndental :r Lenéfica sentiréis En ese día hicieron uso &lt;le la i)alal.mt
que viene á as0cia.rse.
personalidades tan conspicuas en el
Por eso ha prosperado; .r por eso mundo &lt;le las letras, romo Jo son
sn renombre salva la comarca y lit sin disputa el sabio hist0t·iógrafo y
mwi&lt;Ín y se extiende, tierras adelan- conecto .litercrato Lic . Don Carlos
te, por todos los eonfines de nuestra Pcreyra, y el inspiradísimo escritor
.\.mérica. Y al pa::;o que tle tan her- Lic. Don Alfredo Rodríguez. El nommosa m,uicnt se conquista las sim- bre del primero es ya perfectamente
patías, venee todas las cornpetenefas conut'iLlo en Arnti.rica .Y E uropa, y en
con la calida&lt;l de sus productos. Y kis columnas de este ntímern ele la
se ha nutrido tan Lien ele la neces!t- r~vista, pad nin ver los lectores el
ria. fuerza, que ahorn la. derram a por hello discurso, de académica estrnctodos los rincones de la pittria . Nos tura., que el mismo autor pronunció
hacen frtlta otras empresas así: pro- en la hermosa fiesta que ii grande~
videncia parn el periodismo, que de rn.sgos resefirunos. Sentimos 110 teellas r ecibe sirnpat.ía; providencia ner en nuestras manos la magnífica
parn el teatro, que de ella obtiene pieza oratoria del Lic. Rocl ríguci,
desinteresa.do provee ho; providen - que gustosos darfarnos á conocer á
ci.t para los conciertos tle la be- n uestrns lectores.
nefieencia ............ Nos hacen falta
La serie de conferencia:. pedagóotras entpresas como ésta. Es l:is- gicas que siguiernu á este rtcto, hls
tima que no las haya en el país. inauguró el insigne educacionistn.
Ni quién se atreva íÍ Jlensar en ellas ... nucvoleonés D. Miguel F. l\Iartínez,
Ii:s fácil realizal' una obra y darle ns- actualmente Director Geneml &lt;le In::-pecto de cosa decente y aun agnich- trucción Primaria en el Distrito y
ble y saludable; pero alcanzar esfa Territorios Federa.les. La conferenperfección, y esta p.lenitud, y esti~ cia del Ing. l\fartínez versó sobre
fuerza, francamente ...... .
«La Unión ele! Magisterio Nacional»,
y resultó verdaderamente notable,
por la gran cantidad de claros y HtiComo lo anunciamos en nuestro 11adísimos razonamientos que Hg1'nnúmero anterio1·, el el ín cinco del m es pó n,l rededor de su tesis y por la
en curso fneron soler'nncmcnte inau- verdad y convicción con que fueron
gmadas las Escuelas Nonrndes de Sal expuestos. El señor l\Iartínez, cotillo, con una serie, ó rnejor dicho, mo hombre sabio y práctico, hizo de
·eon varias series de actos litera.ríos su trabajo· una completa. y bien acay pedngógicosquc result-0rou brillan- bada obra de propaganda.
tísimos y que hicieL"on que los cm~En el curso de las demás confetrn rlías que que se destinann tí los renciar;, hicieron· uso de la pah1 bra,
festejos, se deslizaran de llll modo de nn modo magistral y ·elocuentíagradable y ameno, en medio del simo, el Profesor don And1·és Osumayor entusiasmo y del regocijo nní:; na, Director &lt;le la ensafianza normal
intenso.
en Coahuila,, Don Emilio Rodríguez,
El acto de la inauguración fué.pre- Director de la J~scuela Normal de
sidiuo por el Gobemador del Esta- Profesores de 1\fonterrey, D. Joel
do Don :Miguel Cárdenas, acompaña- Rocha, I'refesor del Colegio Ch-il de
do por varios personajes ele los miís esta mismo ciudad, D. Fortuna.to
salientes en la sociedad saltilleuse. Lozano. Inspector de las escuelas re-

�g'Íomontanas y otros muchos maestros y maestras que serfo m11y largo
ennumernr. J~l día ocho terminó esta serie de importnn t es tmbajosqüC
rlejarii rc•cncnlos imhuITables en el
ánimo de totlos los coálrnilcnscs.
Los nnmernsos p1·ofesorcs que de
fuera de nquella h ermosa. c-apita1 eon
curricJ"On á los fest ejo8, fuero~ ngai,njarlos expléndidamente por sus colegas do 8altillo, despert:í.ndose tal
espíritu de solidaridnd, fraternidad
y compnlle1·ismo, sobre tu(lo entni
los m.aestros de Nuevo Le6n y Conl1uila, que sin du&lt;la nlguna trnerá
beneficios sin C'nento parn ambos im .
porta ntes grupos ele cdnt"adores
Del eélificio ina.ugmado con tan
hermosas fiestas, n ada diremos, porque neeesita rímnos nnw h o e&gt;1pacio,
del cual no podemos dispon er C'n este r educido snplem ento. SSlo direm os que la, obra es tan grandiosn,
que en su gSllero no hay otra. igual en
nunstl'O paú;, y que viene ii constituir el 1rnfa gn.mde de los esfuerzos
q ne se hnn hed 10 hasta a hora en México, en beneficio d e la enscfüin,m
pri111nrin.
I~I cdifido e,; una verdadera uni\"ersídad.

nlgnnos días 1í. 1a en ervante fi cLr0
c:.lel t rabajo ; abandona su cm;a, sn

fam ilia, sns amigos y todos sus afocfos ele por nll:i, y viene á esta ~n bendita t icrrn., por l:~ cua l siente el
l\faestrn nna tlevoci6n inmensa , y
en los brazos de s u madre y h er mano&gt;' y entre los puro,: afoctos de sus
di1'dpulos, pni:;a este Gran Proscrito
momentos de verdadera felicidad, Y
siente que en su espíritu, casi doblegado ya por el t:ansnnc-io &lt;le) trnhajo y &lt;le los afios, se levn.ntan ocultns fnerzrn;, energías nuevas, impulsos juveniles, alientoH primaverales,
y goza. hondamente, íntimamente,
reconl.rndo 11que]k,s hermosos tiempos para siempre idos en que era un
atleta de cuerpo y de alma, en que
ern el jefe y d a.p6stol d e un gwn
m ovimiento &lt;le rcgenerneión social,
y en que est:t gra!l ciudad, nhora vigornf'a y pujitnte, 110 era 1rnísqnc un
cuerpo casi mnerto,y en qllc la m;cuela e rn, llll campo crin 1 é iJJfec-undo donde la. niflez 1-(C cnn snmía faltn
tk medíos con qué nutrir s u cspfrit u a.teri(lo y cxuhnsto.
La not;da se propagó con extraor&lt;lina rin rapidez por toda la ciudad ,
y Joi; amigos y discípulos d('l 'i\faestl'O ncud iernn cn oleadns, todos (leseosns de nlirazar e fusivmnentc al
El fog. D. :',íignel F, ;\[:lrtínez rPeih1 lÍegado .
Rl ,lí,t lf1 e n la. tarde, t odos los
(ltW, como fl c1·imm; ·en otrn lug:1 1·,
rino de la l\kt1·ópoli ií ina ngnra1· In pl'ofcsores &lt;le :;vrontel'l'P.Y organizaron
una merienda en el Café Centro-Alnsel'ie de coi1forenci:u; pcdngógic-ns eon
q ue se ('(-:le lwó In apcl'tnra de !ns E,;- rncda, con el fin de ngnsnjar al
c.nelas i\nrmalc&gt;s del Saltillo, npro- Maestrn. La conviviali&lt;l:ttl resu ltó
1·celtando la oportnnic.lad de e."-tnr c~plémlida, pues se sentnrnn ií la
la11 &lt;:e ren del hognr don ch: vi ve su m esa 1mch mcmmi que n oyentn. y
:rneiann madre, llegó :í est,1 (·ti pita 1 (·ttatro prnfcsora&gt;' y profesore::s, que
en ht noche d el día &lt;who, dando nna forma ha.11 u n cuadro atrayente y arugrn.cla lile sorprc,m á los mrn ic rosos
m6ni&lt;'o.
A la ]1ora de los brill(]i~, tom&lt;S la
discípnlns .r amigos eon que enentn
palal,rn el distinguido Profef'o,· n,
¡m esta s u :1 mac\n. tienn, nn tn l.
Car!,, afw efectúa D. Jlfigucl est.ns Emilio Rodrígm'%, qnicn con in~pi(lulces e:&lt;cap,1das . Se ~nh:-&lt;trne por rnrb. y H cil l):llabra ofreció la m,,-

�rienda :i D. ::\Iignel , quP pen u anci-ía \' o Yerifl,·ati\·,i l'n la pintm·e:&lt; ·a llHindo pie. Tuvo e l ~r. Ro&lt;il"Íguez \ 011 - ta d e Uitkkrón,quc :t L)Ci'lll l' d e la c]e:&lt;&lt;·eptos ,erd:uicmnJenlt· felkes y frn.- tructorn, :wción tlcl invi&lt;?rno, cfojaix1
!'cs a ltamen te c•on11 un-cdorns, que 1w acli,·ina1· los &lt;'t1&lt;:antos qlll' o:atc11ta
pmlic··1m m eno,; de' hacer :-nlt:1r la:&lt; · g:ly:ndamcnt(, eUall(lo ]o¡.: f1•ctrn,hrnhigrim:18 :í lo¡; ojo:-. ,lcl l\fm•;;t1·n. r:,.__ ks nlic11to:- 11,• la l'ri1111wem h1H·c•11
t e tomó ií su n•z la paln l1rn para qt11' las y1'mns se re:auclvan en poli&lt;"r11contestar al orn11or , .r el dii:cnrso d1•l 111as r&lt;'vcntnzo1i,•,- dt· l1njns, ,le Jlort':s
Sr. :.'lfartí11cz, más qtH· c·on los la - .,- nrntic:cs.
bios, fué pronuJ!('iaclo ton el coral-1111 nxelentc orquesta cntren:m,
zón. Í..:t:4 Iucnte;-&lt; dcl l'cntin1 i l'I 11.o :&lt;e :&lt;tts nlcgres J11ChHlín:- e11tre los d nk&lt;'"
1lesliimlaron; las pnlabrn:; &lt;lc•l ::\laes- r11111orcs d t• laconYiviali&lt;lacl , y el fatr. ►, cnt1:ccortmla:; y t t·é11111 lnR por la 11 1oso Cunrt&lt;&gt;lo-.\ cufi n cj¡•cutó magi:&lt;{•111oción , (•:iínn sobi·c el cspíritn th• tr:1,lrncntl' a lguno:; trnz11s Lle F&lt;'l1·c·l:1
]u,-; l'Olll"l\ lTCnte.~ COlllO ro\'Ío ('1•!P:4&lt;•,
musit·n, q nc fllT:1n1·:1ron n1idoso:&lt; :r
y euanclo jnnto ;í su ,·ompafiern d e cntusi:1:-t:1!-' aplau:-os de los ~011cufat:gas D. l-iernñn l'ofüi, recordó b
n entcs.
~p0t:a clifícil j" nci11ga en q no ambos
);'ada tk• hrimlis, iwro t·n cmnhio
infatigables _lud111clores cmprPnclie- se lrnhl6 111twhn y con &lt;·reciente but•n
m11 1111a formida l,le cru.m,ln contra. li u mor. S&lt;&gt; comiC'roll &lt;.'Xqllif'itos \),tl.i rutin a y el cncrnu1tl• L1·a1ii&lt;"ion:1 - 11cs y a petitoso:; ,r lih•n c·oníCHio11ali1-;mo q nc 011 aquellos tiem pos i111- d0s d ulc·e!-' ; ~ es1•an cia ron cxclentcf;
p craha, 1•] llantn m111pi1í sus d iquvs, ,·inos y superiore:-1 rcft·e:-t•o;,; :-(C ha is aquel hombre, Lodo c&gt;n ergía ,Y todo ló alcgremm1t.e hnjo la:&lt; írond a.~ &lt;11•
n ervio, lloró, llor6 (•orno un niño, y ioH coput!o~ :tl'holes y pntrc las ti l,im,
c·o11 él toclos los t¡uc lo ci,eud1n h:1n . hri~as cll'I damlil·m 11&lt;! i1H"iemo, 110
Ko pu&lt;lo co11ti11uar. La 1•nt0ció11 h- d isoh·iündo~c el 1il:1&lt;lu.r jubi]&lt;¡so gnt&lt;1!&gt;strny6 la garganta y i-:c i:ent6 1·11si po.l,Ri-11:t q ue las i-omhras de la n o;1olloza11tc .. ...8iguió la ciomivi:i\id:Hl Plie 110 ,inicron :í tl.ir 1•1 toque dc&gt;
&lt;'11 nwrlin lle] regoc·ijo m:ís inü-nso.
diRpc nüón.
,\dc1wí:- d1•! :\b1cRtro, r(t' ltallahan
no dlTil,Y&lt;'IHlo lial&lt;t:1 que 1•! :,J iw,-tru
lt• pu:-o término.
l)l'csc11tc:&lt; (:11 la reu11i1í11, l'ro fo:&lt;01•11 :,;
Una orqllcl'la a !(•g r6 l:1 rc•1111i6n l'.t&gt;ll t:111 csti111a hlc:,; 1·1111m las sciioritnf-\
1•:=:nlgidn" pi(•1~1:-, y n la liiwn de ,li- Pa111:ltita. y &lt;.'arlot.itn .Ma.rtínez, P:m"ºl\"C' ri;e 1•1 grnpo se to11tarn11 :tlgn- chita Hnmírcz .'\11guia110, Carlota
nas fotogrnfías por PI al'tista .fr&gt;&lt;tÍ.,- (: nrw , 111argmita \'alMi-, l)nmitiln
lfoc·hn, Ronifoc·ia F.. (;,dintlo, PctriH. ~an&lt;lcl\'al.
El' :\l:wst ro Fe rct.i t·6 profunda- t.a y 8oledatl Znmbrano, ísahcl de• la
llH'nte' :::atifdc,·hll.
Garza y otra~ nm&lt;"h:1;.; q11e 110 n'c•m·En lntar&lt;l&lt;' &lt;le\ 17, J),m ::\1igu('I dnmo:,; &lt;'n 1·sto;; morneiltQs, y rntrc
im•it,ó fÍ un gnm ~11í111crn tlt• l'roh•- los sPJiorc•;.; f-:C podrían e ita r :1 l Dr.
sores y r►rofci,oms :i una. mel'icnch
Eusebio Guajnrdo, lng. Porfirio T 1·cC'OI\ que correspondfa galantemente
,·iflo ,\ rreoln. l'rnícsorcs D. Rcri1lin
ú !illl' discípulos, la 1nu_y &lt;·:tri iinsa l'eiia . non En,ilio Hod1·Íl-(ll&lt;?Z, n on
q ue ellos le lmlií:1 11 ofrecido días an- F'nrl unato Loznno, f&gt; .•Torl Bodia,
te:; c11 nl Café ('cntro- A ln111cd:1.
I&gt;. ::\fariano ele h1 (im-zn., D. K11111twl
-;,:i íntimn y l1crn10:,;;1 fir.4a. arrt'- .J. T rev iilo, D. .\11a,:!.11;.;io .-\. T 1°&lt;.'\·iglada y ofnJ&lt;•ici:, po r d .11.nestrn, tu- 11&lt;, :\f:1rt í11ez, !&gt;. ~.r:wnrin p ,:rez, D.
0

�Gcrónimo Gorena,D. Fidel Treviiio , t rucción Prima.ria, qni~n salió :-11y m uch os má.s qn c no sería posible mamente complacido por el brillante resultado d e los exá men es, y la,
consigna.r en eetos lijeros apuntes.
La fiest a termin ó en medio de las numer osa con curren cia que asistió á.
más ruidosas man ifestaciones d e jú- presenciar esta significat iva fi esta,se
retiró p oseída de la srüis facción mris
bilo y de satisfacción.
El 19, tí las primeras h oras d e la completa .
El Señor Treviüo Nf:'.1,r tínez mero- .
noche, el bien am ado :Maestro, de
ce
nuestros más calurosos aplausos,
en tre un gran número de sns d iscípulos qu e lo acompa.ñ a ron hasta In, porque con su benéfica y bien
E stación, emprendió su viaje d e re- . organizada institución, está h aciengreso á la Capita l, p a ra •311trega.rse do un señalaclísirno ~ervicio á la. jude nuevo tí su intensa y ardua labor Yent ncl de toda esto front era.
Váyanle , pues, nucstrns ginccrus
d e edncacionista infatignh le .
H a llevado consigo impresiones felicitacion es.
muy dulces y rnny h ondas.
OPIXlOXEs.- «Hernos r ecibido los
dos p1·imeros números d e In (&lt;RevisEn la Academia de Come rcio «Geta Con temporrine,t&gt;l, que comienz:t rí.
neral ZaragozaiJ, sin duda aJgnna la.
publicarse en Monterrey, bajo ht d imejor en sn gén ero en tod,1 la región
recei&lt;5n del Lic. Virgilio Garza. El
septent rional de la Rep ú blica , t uvo
rnateria.l d e am bos números no p overificativo en la ta.rde de • h oy un
día, ser rmis escogido , y acusa el buen
lucido acto d e exámen es profesion a gusto y los talen tos literarios de sn
les, suiltentado por los a lumnos Gua direct or. Los nomb res de ~faeter- ·
dalupe R. Ancirn, .Jor;é B. Gonzá lez,
linck, de Marnga.ll, d e l~ugmiio de
l\Iannel Alanís , hijo·, Samuel E.
Castro , d e Asunción Silva, aelarnn
Cantú y :José 'l'. Alvarez.
las p i'i.g ina.s·de la, ((Con temp 01·:í.nea11 ·
La répliea versó sobre Ten ed¡¡ría
con sus interesa.ntestrabajos; la 1xu·d e Libros y T aquigrafía, y los jóvct e tipognífica es Íl'I'Cp l'Ocba bie .
·n es sustentantes d em ostraron u n do((Mucho n m; satisface la m an i fos- '
minio comp leto en ambas materias tación &lt;lo estos e;furw;,,os, y cerrn.rno:-;
y un empeJio decidido y man ifiesto
este breve ptirrafo, deseando nn a larpor d ejar bien pnesto el no1nbre d e ga vida á la. &lt;iRcvista 0ontemponí.la acreclital1a Escue la. y el ele su dig- n ean, d igntl Lle ten er sm tóreulos en •
n o Direetor,D . Anasu1sio A. 'l.'reviño la :i\fot rópoh, y de cuyos t ra bajos ha.l\fa rtínez.
Presidió el ac·to el l'l'of. D. Sera- remos frecu e11 tes reprod uccion esn.

......

fín P eñ a , Direetor Gen eral d e [ns-

"Revista J/1/ odem a de ;11éxic_o."

R. E. LOZANO CIA.
Gran Almacén

Glub de Muebles.

CALJ,E DE HIDALGO 63

APARTJ.D O 314.
TE LJJ:F ONO 500.
Antes de co~ipra r Rus m uebles, visite nuestros Almacenes en flonde en con trará m uebles d e d iferentes clases y est,los IL precios qne n o admiten comp eten cia .

\'tolas al CODlildO g aplazo.

• VENDK\IOS ACCJO:\'EB DEL CLUB

: -r c:vmno

2.

'j

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="146">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3075">
                  <text>Revista Contemporánea</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479252">
                  <text>Revista propiedad de J. Cantú Leal y dirigida por Virgilio Garza, en Monterrey, Nuevo León, México, durante los primeros años del siglo XX. Contiene información sobre ciencia, arte, poesía, teatro, novela, historia y crítica. Además, incluye noticias sobre política y publicidad de las principales empresas y casas comerciales de la ciudad</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581218">
              <text>Revista Contemporánea</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581220">
              <text>1909</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581221">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581222">
              <text>4</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581223">
              <text> Febrero</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581224">
              <text>20</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="100">
          <name>Periodicidad</name>
          <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581225">
              <text>Quincenal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="581243">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753258&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581219">
                <text>Revista Contemporánea, 1909, Tomo 1, No 4, Febrero 20</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581226">
                <text>Cantú Leal, J. Propietario</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581227">
                <text>Poesía</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="581228">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="581229">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="581230">
                <text>Letras</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="581231">
                <text>Teatro</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="581232">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581233">
                <text>Revista propiedad de J. Cantú Leal y dirigida por Virgilio Garza, en Monterrey, Nuevo León, México, durante los primeros años del siglo XX. Contiene información sobre ciencia, arte, poesía, teatro, novela, historia y crítica. Además, incluye noticias sobre política y publicidad de las principales empresas y casas comerciales de la ciudad</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581234">
                <text>Imprenta J. Cantú Leal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="37">
            <name>Contributor</name>
            <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581235">
                <text>Garza, Virgilio, Director</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="581236">
                <text>Gorena, Gerónimo, Administrador</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581237">
                <text>20/02/1909</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581238">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581239">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581240">
                <text>2020885</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581241">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581242">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581244">
                <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581245">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="581246">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="6539">
        <name>Artes</name>
      </tag>
      <tag tagId="6538">
        <name>Ciencias</name>
      </tag>
      <tag tagId="6540">
        <name>Historia</name>
      </tag>
      <tag tagId="4828">
        <name>Novela</name>
      </tag>
      <tag tagId="3071">
        <name>Poesía</name>
      </tag>
      <tag tagId="98">
        <name>Teatro</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1433" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="201">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/146/1433/Revista_contemporanea._1909._Vol._1._No._3._Febrero._0002012116.ocr.pdf</src>
        <authentication>e76eaba91dea2e68e5190474c2475b91</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73499">
                    <text>�DANIEL MONTERO.

R~\1/n~t~
c(Q) lñl t~m [P(Q) rólñl @~

casa establecida en 1903.

FONDO

fUEz MAE..DCJNAOO

MONTERREY.

La primera en su género en la frontera.

PUBLICACION UNIVERSAL Y ECLECTICA DE CIENCIAS,
ARTES, POBSIA, TEATRO, NOVELA, HISTORIA Y CRlTICA.

DIRECTOR,
LIC. VIRGILIO GARZA.

Papelería, Estampería, Objetos de Escritorio y Material Escolar.
Talleres de Imprenta, Encuadernación y Rayados Especiales.

ADMINISTRADOR,
GERONIMO GORENA ;

EDITOR PROPIETARIO,
J . CANTU LEAL.

Esta publicación saldrá á luz los días cinco y veinte de cada mes, en
entregas de sesenta páginas próximamente. Formará al año cuatro
magníAcos tomos de cuatrocientas páginas cada uno.

Agente de los periódicos ilustrados: La Moda Elegante, La Ilustración
Española y Americana, Blanco y Negro, Nuevo Mundo, Hojas Selectas,
Por esos Mundos, Sol y Sombra, Fiesta Nacional.
Obras nuevas se reciben constantemente. Completo surtido en obras de.
todas clases. En TARJLT AS POSTALES siempre lo mejor.
FABRICA DE SELLOS DE GOMA.
Corresponsal de las principales Casas Editoras del Mundo.

mas

Es la única revista en la República aue paga colaboración de los
eminentes escritores de España y América, tales como Rubén Daríov
Juan Maragall, Enrique Gómez Carrillo, Manuel Ugarte, Tomás Ca.
rrasquilla, Víctor M. Londoño, Max. Grillo, Benito Pérez Gal.dó$. etc,

INSTITUTO ''LAURENS''
FUNDADO EL A Ñ O DE 1885,

Se solicitan agentes en las poblaciones donde no los haya todavía.

Instrucción ~rimaría, Secuntiarta )? ~rofesíonal mer..
canttl; 1espáñol é 1lnolés para ambos seros.
PRECIOS DE SUBSCRIPCION.

México.
Exterior.
Por un año,
$8.00
$4.50 oro americano.
Por seis meses .,4.50
,,2,25 .,
,.
Número suelto ,,0.40
.,0.20 .. • .,
Anuncios, Precios Convencionales.

IXTERNADO, MEDIO-INTERNADO E INTERNADO.
El plantel particular que ha alcanzado la más alta matrícula de la ciudad,

47 t:

~

t

alumnos inscritos durante el período escolar próxim o pasado !

HON0RflRI0S CONVENCIONflLES.

Esq. Colegio Civil y Gral. Treviño.
Dirfjase la Correspondencia al Apartado No. 277; Teléfono 578,
MNTERREY, N. L., l!EPUBLICA MEXICANA.
Imp. T. Cantl\ 1,l'al .- Monttrrc-y,

llm. f. Gluíllíam.
Director.

Teléfonos Nos. !063 y 1249,

$. J. 'ttrevíño,
Sub-dire~tor.

·

��•

Irº

o

Teléfoncs Nos. 201-108.

o

º71

Apartado 86.

Grandes Almacenes de Ropa

Sor~resa f Primavera

RESERVADO PARA

La Tabacalera Mexicana.

Galle de Morelos !"lo. 91.

Fabrica de Mantas "Lit Leona."
o

o
Gran surtido de efectos de ropa, extranjeros,
y del país, renovado constantemente.

Instituto
eristiano.
f!alles:~de Isaac Garza y Puebla.

Importación Directa.
Abrigos-Sombreros-Trajes de Paño-Boas de
pluma-Cortes de media confección y toda clase
de telas de lana, lana y seda y algodón, á precios
muy baratos.

EL MEJOR DE LA CIUDAD.
SELECTO CUERPO DE PROFESORES.
CURSOS EN INGLES Y CASTELLANO.

Manuel Can tú lreviño Hnos. Su(s.

Directora,

Srita. Berta. Westrup.

Monterrey, N. L.

lbo

o

oi:=::::rodJ

��-

-

11

•

11

et SONS, BECHSSCHIEDMAYER, I~O_¿NJSCH.

Los pianos STEINW A Y

TEIN,

son los mejores del mundo. Están de urn en los gran·
des Conservatorios Eurrpeos y en el

(ONS(RVAIORIO NACIONAL Df MlXl(O
V en tas en abonos cómodos.

Garai tí ,s amplias

Unicos Agentes para la República Mexicana.

A. WAGNfR &amp;ltYlfN SU(S.
CALLE

MORELOS 89

Y 90,

APARTADO 229.

MONT~RR~Y. N. L.

,

UNA PAGINA DE CRITICA HISTORICA
La 1;ni,ersidad de Harvard, de los Estados l'nidos, que goza de bien
mlquirid,i celebridad en el mundo científico, cuenta con un Círculo Francés de Profe.sores que, desde 1898, todos los años im·ita ü Franceses eminente::, para que vengan tí dar conferencias púb1icas en su propio idioma,
sobre la literatura, la historia y las artes francesas. Pam eorrespon,ler ,i
tn.n alta y meritoria empresa, se ha fundado en h Sorl,ona un curso de c·o11lcrencias en inglés, que llevan por objeto hacer conoecr en Francia la historia, la literatura y las instituciones arneric-nnas.
A fines de 1908 hubo de representar á la Universidad de Harvard el
Sr. Henry Van Dykc, profesor ele Literatura Inglesa en la Universidad ele
Princeton, y el tema elegido por el eminente Cateclnítien parn ,füertar, en
ht Sorlxma fué: El Alma de América, versando la segunda &lt;le sus eonf,,.
rendas sobre El Esp{ritu de Independencia)' la República de Estados Unidos.
Es de tal importancia y está de una manera tan magistral desarrollat!o el tema en la cliscrtación ele JI.Ir. Yan Dyke, que nos propusimos desde
luego dar á nuestros lectores el regalo de ese trabajo crítico-histórico, to111ándolo de La Revue Hebdomadaire, importante publicación que la casa
editorial Pion de París, ha confiado al experto manejo directivo de nuestro
particular amigo, M. Fernando Laudet.
En otra parte de este número comenzamos hoy esa publicación; mas
con ser tan fecundo en deducciones el cuadro de psicología social que no.,
presenta el autor, tienen todavía más importancia, para nosotros los mexicanos, los múltiples aspectos conque se nos prrsenta, en relación con nue~tra historia política y social, frente á un pueblo activo y poderoso, diferenciado de nosotros por origen idioma ,· raz,1.
Nada de lo que atañe á nuestros ,ecinos del Xortc debe sernos intliforente. Bien sea que por snobismo irreflexiYo, 6 euando menos por un pn•
t·o meditado examen, se llegue :í admirarlos en trnlas las manifcstac·ione.-:: de
la aetivida&lt;l intelectual y material, hien sea que se detenga el observador en
ese camino de entusiasmo pam fijar los reparos y objeciones que han de
ponerse ineludiblemente al florecimient-0 de su eiviliic~ción, no eabe dmlar
de que una mirada atenta y reflexiva á los orígenes do esa civilización y ti
su desarrollo á través de m:is de un siglo, presentar:i aspectos intcrc,antc,
de estudiar.

�122

REVISTA CO~TEJIPOHÁ.:NF.A

HRYIST.'\ CO~TE;'IJPORÁ1'F...\

Es lugar común &lt;le casi todas las &lt;liscrtacioncs que se han escrito so1,re el papel y predominio de las razas latina y anglo sajona en América ,el
de encontrar entre ellas oposición irreductible que debe originarse más bien
de un esfuerzo consciente para conservar la personalidad en la raza y en el
idioma, que en el imposible físico de una confusión étnica. Y es natural.
Todo ser conseiente de su propia exh;tencia. nepira en primer t.érmino á
conservar su personalidad.
De abí se deduce que México eskí llamado á constituír el atalaya viviente contra la posible invasión de las razas del Norte, y que supuestas las
tendencias dominadoras del anglo-amerieanismo, México deberá descmpefiar el papel que los pueblos oc,·identales de füiropa confiaron en la época
medioeval ,¡ la Hungría &lt;le Matías Corvino ante los avances de la Me,lia

Luna.
Ifabrá que descartar de tal aserto lo que tiene de profético y ,le fatal.
Pero no puede negarse la existencia -más bien que en la parte füfr.a ó política., hasta hoy no manifiesta, sí en el aspecto socüu y económico,-dr
una extensión de la fuerza brillante y sugestiva de nuestros vecinos hacia
el resto &lt;le las Américas. Ya por de pronto, se abrogan el nombre de
Americanos, que no le~ pertenece por entero, y lo han impuesto así á laR
naciones &lt;le Europa. México es el primero que debe acudirá esas reivinditacioncs, el que más inmediato debe rcistir en esa esfera., el que con más
fuerza debe reaccionar contra la influencia prepotente, el que debe contrastar cada vez más intensamente su propia personalidad para oponerla
con buen éxito á la extralia.

En las diferencias de razr1, de costumlirc8, de trndiciones, de idioma,
y en nuestro progreso evolutivo histórico, con todas fas preocupaciones y
errores fundamentales que fueron producto del medio y resabio de nucR-

tra. educación antigua, tenemos sin duda un elemento de resistencia. Pero
este elemento de resistencia-y salvando las peculiaridades de lengua y origen,-10 es así mismo de atraso, de estancamjento, de muerte. México
ha venido deshaciéndose desde hace ya muchos años de esa impedimenta.
Es un país que ha encontrado ya su orientación definita.-a hacia los horizontes nuevos, sin haher conseguido, empero, de un modo completo librarse
de las trabas que Je imponen sus obligados antecedentes de la secular dominación y de sus revueltas de rnedjo siglo.
Así es que hay que buscar y descubrir en el mismo vecino poderoso el
secreto de su engrandecimiento y &lt;le su fuerza . Hay que trasplantar,¡ nues
tra república ese procedimiento, ese carácter, ese hálito vital, es'1 confianza de sí mismo que constituye la base de toda h vida pública en el país vecino. Pero á ella debemos acudir todos, con el ánimo desprovisto del vulgar propósito de nna imitación irreflexiva, debemos aplicar el criterio esclarecido que trae al problema las causas y los efectos, en del,i&lt;la rebción
con el medio y con el organismo social.
Es cierto que hasta ahora no hemos entrado á la práctica de tales imit:iriones conducidos por un examen concienzudo ó por una determinación
basarla en premisas lógicas. En la mayoría de los casos hemos confnndi-

J

123

do los hechos resultantes con sus orígenes sociales más ó menos ocultos, y
aun hemos llcga&lt;lo á escoger lo c1uc de menos aceptable tiene en sus resultados es,i, ley de co11sta11cia, que la falta de un detenido estudio nos ha imredido discernir.
Nada de esto va con nuestra Constitución Política, tan injustamente
consi&lt;lerada por algunos como simple copia y no como producto espontáneo y generoso &lt;le un elevado sentimiento de humanidad. Son sus principios tan naturales y positivos, en sí mismos, que mal podría decirse que
nuestros lcgishtdorcs los hayan traído de tal 6 cual país ó época, pues existieron en todas partes del mundo así como se encontraron en todas las conc-icncias, por más que se haya tenido que andar un dilatado y doloroso camino para conquistarlos. Por cuanto á la organización de los Poderes Públicos podemos decir con Mr. Van Dyke: "el aparato ha funcionado bien y
1na11til'llc el orden." Es sin disputa la forma m,ís elevada, completa y a1,ierta ,í todas las libertades legítimas que se ha podido encontrar hasta el
actual estado de los pueblos.
Pero nos resta proporcionar á nuestras instituciones el ambiente necesario para que se conviertan real y efectivamente en el elemento de progreso político y social, con su repercusión nec-esaria en lo material y económico, tal romo por su alteza y bondad Jo son ya intrínsecamente.
Parn dirigir é iluminar nuestros buenos propósitos, los estudios como
d que comentamos son de utilidad inmensa. Los hechos históricos á que
se refiere son de segnro conocidos; pero sirven al autor para sujetarlos á Ja
crítica psicológica en el vasto cuadro de su rigorismo sintético; y hace
,lesprender del conjunto la idea fundamental de un modo tan demostrativo y hábil, que se descubre desde luego la verdadera naturaleza de los fenómenos estudiados y su indiscutible origen.
Con un método estricto de razonamiento y con una dialéctica admirable, llega hasta el verdadero origen de esas manifestaciones diversas que
constituyen la peculiaridad de Ir. nación: el espíritu de independencia, ],i,
seguridad de si mismo, y más que de su propio criterio, de la facultad de
formárselo, consultando sus propias necesidades y sus propias aspiraciones
Lle] sel/ reliause, en fin, base ele sus voliciones y de sus determinaciones. '
En ese espíritu de independencia-para expresanos con Van Dyke--en
esa clarividcncü, y energía para considerar su derecho, su poder y su deber
de obrar, está la mejor enseñanza,--quizá la úuiea--que la América anglosajon:i puede dar ,¡ la América Latina. Pero precisamente ese principio
de salud y de energía social excluye así la rutina estorbos.-i como Ja imitación ciega. Vivir su propia vida, pensar por sí propio es ya un comienzo
de S.'tbiduría, una manüestaci6n de fuerza, de virtud, más bien dicho, que
no pide sino el campo donde irradiar; es exterioriwr y demostrar la
personalidad, que ún scgw1a verdad bien conocida, es lo único nuevo é interesante, en los individuos como en los pueblos.
Ese elemento hará surgir la característica, habrá que llamarle así-de
la raza mexicana. Estamos obhgados á traerlo entre nosotros, á crearlo,
si es necesario, á alentarlo en todas sus formas y en to&lt;las sus rnanifesta-

�124

IIEVIS'fA CQ:-;'1'E)fPOH,(XE.-\

ei01w,s 1 d. e.:ombinarlo con todas Jas demás fuerzas que nos son propias, á mo&lt;lclarlo según nuestras costumbres, nucstrns rasgos distintivo de raza, nuestros ankcedentcs históriros.
Porque es naturnl que no se presente cnt,·u nosotrns conservando las mismas apariencias que en 1:1 nac-ión rccirnt, y sólo trayendo implícita ó latente esa disti11ci611, puede ser en realidad un manantial ele vicia propia. Cualquier ensayo que se haga pnra apropiarnos un rasgo distintivo, una costuml,rc, un método t.le acción de nuestros vcC'inos,que ali,( son productos espontáneos y consecuencias, aunque lejanas y muy cambiadas, del espíritu de independencia, aparecería entre nosotaos fuera ele sitio y de propósito, agregado inpertinente y parasitario, dañoso y pcligroéo parn las savias de la
planta nacional.
La historia de los Estados Unidos comprueba cómo nació y se desarralló normalmente, scnrillamente, ese espfritu de independencia, connaturalizarlo ron aquellas orgullosas colonias que invocaron como razón, para asumir ampliamente las facultades que siempre habían tenido y de que siempre habían hecho uso, el que Inglaterra había rehusado sancionar leyes que
asegurasen el bienestar y la propiedad de los individuos, y el que no garantizaba el perfecto funcionamiento de sus propios cuerpos legislativos; y cómo ese sclj reüa11ce era ya un principio en acción doscientos años antes de
la declaración .de independencia firmada por John Hancock. La historia
,le nuestro 11aís, por otra parte, nos enseña cuán otras fueron las condiciones políticas en la dolorosa gestación de nuestra independencia y la no menos
c•nienta experimentación de nuestras libertades . Empero, eso mismo á la
,·cz que señala como más grnnde y meritorio el esfuerzo para conquistar
· una libertad y obtener una organización conseguidas por una lucha de ideas,
justifica la existencia, no sólo posible, sino inmanente del espíritu de independencia en el canicter nacional, con el pleno conocimentode obligaciones
y derechos en ejercicio activo.
Xo sería, pues para nosotros elemento nuevo, ni siquiera en la voluntad para aplicarlo, sino en cuanto debe arraigar de un modo más amplio,
mis conceptuoso, rmís fundamental y persistente en la consciencia del pueblo
,·on trascendencia á todas las manifestaciones de la vida colectiva y de la
,tctividad prirnda. Con el conocimiento de sus efectos ya experimentados
¡Miemos también contemplar el reverso de la medalla que se presenta bajo
d nspeeto de un desanollo anormal de la confianza en sus propias fuerzas,
ele la suficiencia ignara, de la temeridad en las empresas y del descuido en
1,, ejecución . Jifas conocer el peligro es ya un gran paso para precaverlo .
Y en las condiciones actuales, nuestro conjunto nacional tan unido
P"" su origen con tendencias é ideales que substantivan, por decirlo así, su
nmictct· propio, necesita penetrarse má.s hondamente del espíritu de independencia. para vigorizar su oposición á las influencias exóticas, y para afir
mar su personalidad.

VIRGILIO

CANCION

•

\ De Jfauricio ilfa:terlinck.)

-i. Y qné le debo decir
si algún clía vuelve?
-Contesta que, hasta morirme,
le he esperado siempre ....
-¿ Y si ruelvc á. preguntar
sin reconocerme?
-Tal ,·cz sufre .... Como hermana
contestarle debes.

-¿ Y si al hablarme de ti
dónde estás inquiere'/
-Dale mi sortija ele oro;
no has de responderle.

-¿ Y si por qué está la estancia
sola Sltbcr quiere'?
-La puerta abierta y la luz
extinguida muéstrnle.

•

-¡.y si del t\ltimo instante
que le hable pretende?
-Que no llore .... Di que vi~(&lt;!
mi faz sonriente.

icNRrQpg

GARZA.

r

nmZ-CANEDO.

�RFJ\'Ii-jT.-\ CO~TEMPOH.(~EA

j

,.,
l

A PROPOSITO DE LA ERA NIETZSCHEANA

•v

En los tíltimos números del .1/ercvre de France ha venido publicánclo,e UlllL traducción del libro l!.cce Homo que constituye, tal rez, con Más
allá del Bien y del ,Jfal, Zara/uslra y El Anticristo, lo que podríamos llamnr el pensamiento desnudo y fundamental &lt;le Federico Niet,.~che . Y
aun mis: lo que constituye y expresa en sus líneas sobres,,lientes la filosofía del grande hombre. Al mismo tiempo cmpiez.t ,í circular en inglés la
obra que ahora nos tia en lengua francesa ~I. Alíret! \'alleste . ?'i'o sé si
haya una versión española de tan interesante libro, y hasta es probable
qnc sea la REv1sTA Co~TE,[J'ORÜEA el primer periódico que !:t ofrezca.
De to&lt;las maneras, í'l pensam iento tlcl filósofo v:1 :i ¡..:,c r nuís uniYer:salXo e3 ocnsión propicia pura afirmar si ello redundará. en
provec·ho e.le "la ,·crclad" tan traída. y llevada, y en provecho de "la moral" corno la entielHlcn los adversarios de Nietzsche! 6 como la proclaman
los nuc,·o::; apóstoles. El (·a1,o es que Ecce Homo nus ofrece una nueva
puerta para penetrar en la íilosofía del solitario pensador cuyo nombre llemi hoy el universo, y C'uyo prestigio crece nlarma111cnwnte, según afirma.
nn grande y buen amigo mío.
Cabe observar, ,í propósito del libro, que nunca hubo más admirable
atierto para con!-eguil' lfi. expresión fiel del espíritu que informa una obra
por sólo el título c-onque se bautiza. En efceto, este es el hombre ... ,. Cada
una íle 1,us palabrns tiene l:t fuerte saturación emocional é ideológica de
dontle no::; viene ¡..:,in dmla. ef::e &lt;lcsconeierto que nadie podría producir tan
jntcnsu:1ente eomo Xictz:5l'he. Hay nqui Ju rni:m1a fuerza dia.léctica que
en EL Anticristo, y una trabazón de pcn~amiento que supera, eon mucho, á
la que puede observar::;c en :Max Tirncr, autor que m:ís nnalogfas ofrece en
clea::10 prcsenb~. Pero no se enl'uentra el í-limbolismo de Zaratustra, el
bello simbolismo general y parcial que hace de este poema una obra superior, en mi comprensión, ,í ruanfas haya producido la humanidad de totlns bs épornfi. Por consiguiente, hay menos latitud: la palabra es prcei~H, de nka.ncc inmediato podríamos decir, menos torturadora . Pero en
ningún euso es menos intensa. La. intensi&lt;lad 1 en todas las obras de
.:,lietzsehc, pror ienc tic aquella ínerte dosis de ,,igor índivit!ual, tnn fuerte
1rnmte conocido.

."

12,

que en vano se le buscaría semejante ,!entro de todas las litrratun1a en la
más msta histDria del pensamiento.
Otro aspe!"to interesante del libro es el poder &lt;le auto-análisis que reYCla. Obsérvese que el gran trnnsmutndor de todos los valores ha ensayado, con una persistencia notable, hacer la crítica de sí mismo. En su:::
grandes obras deja advertir á cad1L paso, bajo el peligro de las frases, una
obsesión recóndita y admi.rablcmentc bella, de acercarse al fomlo de su es-·
píritn parn buscar en él un ejemplo rivo de la fuerz,i super-humana. Es
curioso l'ecurdar que pocas veces ha. logrado un hombre reconocer y hacer
hL apreciación exacta de su personalidad y de su obra . Se advierte con
frecuencia un fenómeno que limita con el bobarismo: partiendo del vértice
de un ángulo, s,• buscan poetas y filósofos por la trayectori,i opuesta á su
naturaleza mental. De donde resulta una verdad desfavorable parn la viej;, sentencia del auto-conocimiento, y que parece justificar el precepto de
lm pensador contemporáneo desaparecido recientemente: "No te ronozcas
,í tí mismo" .-Nietzsche no fué la excepción de ese bobarismo al afrontar
el análisis de su espíritu crítico en el ensayo que precede á El Origen de fa
Tragedia. Hay cierta superficialidad anti-nietzscheana en esas páginai
donde se analiza con más ó menos rectitud de criterio el génesis de varia,
ideas, pero no el espíritu que las ha sust@tat!o. Es necesario llegar
hasta Hecce Homo para ver una realización complet,, del análisis introspectiYo, enteramente personal y, en algunos momentos, tan desinteresado,
que parece libre de toda trascendencia ó, mejor dicho, de to&lt;l.o vínculo más
ó menos fuerte con lns ideas combativas y el afán contingente del día.
Todos estos aspee-tos de la obm, que apenas me he atrevido á señala,·,
y otros inumerable.s cuyo estudio ser,í materia en lo porvenir de mil y mil
exégesis, le dan á aquélla un interés extraordinario. Quiziís en el propio
corazón de Alemania los críticos llegarán á ser al rededor de Nietzsche más
numerosos, dentro de poco tiempo, que lo han sido al rededor de Goethe
en más de un siglo. Todo lo cual viene ,í corrobornr la afirmación de
aquel grande y buen amigo mío de que hablé antes ....

Y todo lo cual afirmii, una vez más,la voluntad de creer en el hombre
extrao&lt;linario cuya transmutación de ,a.lores l11:1y:1 trnzas de ser algo mtÍ!-que una "teoría U.e exterminio)/. Aun estoy por decir que el pasado mañana va llegando á grandes pasos. En otros términos: el triunfo de Nict.sche sobre todns las doctrinas anteriores :í él se realiza con entera eertidumbre, bien que no seamos capaces de aprel'iar hoy su enol'mc trascendencia en la elaboración de la moral hum:urn .
Y no es cosii de poco momento, ni hay motivos para ponerla en tela
de discusión. La individualidad de este filósofo se sohrepone á las más
fuertes del mundo, y se acentúa y se define con más firmeza á cada momento. Max Tirner,en 1íltimo caso,no es m,ís que un gran discípulo de Fcucrbach1 y, en cambio, Nietzsche sí es nuis, infinitamente más que un continnador de Max Tirner; así como Jesús, hijo de Sirnk, puede ser wlo un

�128

REVISTA CO~TEMPORÁ.~E.,

discípulo de Isaías, por ciertos aspectos; y Jesús de Galilea es más, infinitamente más que el hijo de Sirak y que todos los profetas de su raza. [ l]
Nada más natural y oportuno, por consiguiente, que inquirir ahorn
cuándo ha tenido principio la Era Nutzschea11a, así se dé á estas dos palabras una significación más 6 menos estricüi. lSerá ncc·esario rastrear en
b historia el día preciso en que se dió al gran solitario carta de naturn\e,.a
al lado de los más grandes hombres de la humanidad? lSerit necesario saber quién se atrevió á decir que ha sido Xiet,.sche el genio nuis poderoso de
la tierra como revelador de una moral universal y enteramente humana"?
Será necesario ir más lejos y desenterrar la lecha exacta cu que la idea del
super-hombre lué arrojada al surco?
No es posible responderlo, máxime cuando cada palabra sobre el tópico tiene aún el carácter de una irritante paradoja .... El tiempo din( la verdad. Nosotros no alca111.'"emos á saberla, porque cuando se levanten •cátedras para explicar cada sentencia del Zaratustra•,no estaremos ya sobre el haz
de la Tierra. En todo caso,podríamos acogernos,provisionalmente,á lus palabras conque el gran transmutador finali,,a uno de sus libros: '' i Y el tiempo se mide á contar desde el día nefasto en que comenzara la gran deshonra de la humanidad! á contar desde el día primero del cristianismo! ¿Por
qué no se cuenta desde hoyf-Transmutación de todos los valores!"

RICARDO

••

DOMADOR, TRIUNFADOR .... .. .
Domador, triunfador, hombre ele hierro :
tu grey de csl"iavos ágiles y rudos

&lt;·onjura contra mí, que en mi defens..1
he de mover las manos fatigadas;
ó ,·engan á romper en la llanura
mis huesos y mi carne tus mastine~.
Clava en mí tus puñales homicidas,
desgárrame, ya es hora:
,,,toy como los niños bajo el golpe,
,·orno las rosas líricas de Mayo
h•jo el viento y la lluvia.

110

.umx ALES.

(1] En un artículo mío, malogrado, pero que "estuvo tí. punto de ser muy bello", intentaba yo hacer un paralelo entre Jesús de Galilea y Federico Nietzsche. ¿N'o
~e han hecho acaso paralelos entre Alcibiades y Coriolano, entre Saint-Beuve y Clarín, entre Don Julio Flores yJacobo Leopardi, entre Melgarejo y BolÍ\•ar? Y si 1,0. ,.
podrían hacerse, y el suceso es lo que menos importa. V mucho más cuando los lectotores no han ele saber si se habla cordialmf:nte 6 por mera ironía, 6 para entretener el
tiempo en paradojas ... Es lo cierto quE los dos grandes hombres tienen más de un punto de semejanza. Recordad aquel combate de Jeslls contra los lazos dP la familia,
el amor y la Patria, y decid si no es hijo de esa integridad h:lsta la dureza en las cosa~
del espíritu, que aconseja Nietzsche. Ambos tuvieron una experiencia de siete solL'Cl.ades. Ambos habían nacido póstumos. Ninguno de los dos quiso ser un teólogo, bic:n
que se preocupasen parla vida trascendental. En ambos hay, por sobre los intereses
ele la filosofía, el gran interés, mils humano y más cierto, de la acción arrebatadora ,.
ardiente . He aquí algunos_ rasgos que bastarian para 1111 libro de entreteniento, no
digo ya para un simple artículo.

POEMAS BREVES

Xada mi exigua juventud te brin&lt;la,
ningún tesoro en mi pobreza escondo:
tengo un poco de amor ...... ly no le tiene11
las bestias más humildes?]~\ cuello blandamente
dispongo á los verdugos
y con piedad extraña

~onrío en la tragedia;
mas, rendido también, el perro humi\,le
&lt;[Ue tu misericordia logra apenas,
/.no alza con avidez los grandes ojos
para besar la mano que le hiere?

•

i Clava en mi carne el acerado garfio
lle un extraño tormento,
échala á consumirse entre la llama
y sus cenizas desparrama al viento!

�•

122

IlEVIS'fA CO~TK\lPORÁNE.-\

IO~VlSTA CONTEMPORÁSEA

IIl
EN LOOR DE LOS NIÑOS, FRAGMENTO

II
MI MAL ES IRÁ TIE~TAS.

••

Los niños son tranquilos y suaves :
llenan la tarde y llenan la mañana
sus manos puras y sus ojos graves.
Divinamente saben la canción
de milagroso ritmo sub-oído
que hace rejocijar el corazón,
y en los brazos abiertos de la Noche
gustan la maravilla del olvido:

Mi mal es ir á tientas con alma enardecida,
ciego sin lazarillo, bajo el aznl de Enero;
mi pena, estará solas errante en el sendero,
y el peor ele mis daños, no comprender la vicia;

olvidan luz y amor y gozo )' pena
y la trisca pueril en los senderos
donde se imprime en la menuda aren•
el tibio rastro de sus pies ligeros.

y hallarme aqní sintiendo la luz que me tortur,,
y que este corazón es brasa transitoria
que arde en la noche pura!

Y venir, sin saberlo tal vez, de algún oriente
que el alma en su ceguera vió como un espejismo;
y en ansias de la cumbre que dora el sol fulgente,
ir con fatales pasos hacia el fatal abismo.

Despiertan y nos buscan con aquell,i
mansedumbre jovial conque los pájaros
buscan la sombra del enhiesto roble;
::;e ponen á jugar, cantan en coro .... .. .
ricos de una virtud resplandeciente,

Con todo, hubiera un día, quizás, en noble empefio
exhalado mi espíritu bajo la tarde ustoria
eual un perfume santo;
pero si el corazón es brasa transitoria ...... .

jamás economizan su tesoro.

Y sin embargo ...... .siento como un perenne :,.rdor
que en el combate estéril mi juventud inmola .......
( iOh noche del camino, vasta y sola,
en medio de la Muerte y el Amor!)

••

••

En sus almas recónditas se inici:t
una virtud serena, mas se esconde,
y cuando llega la ocasión propicia
el tiempo llama y la virtud responde ......

¿Qué me queréis, oh vocingleros niños
de fresca voz y suavidad de nardo,
que como ofrenda de olorosos bienes
ponéis la gracia de las risas puras
sobre el cansancio de Maín Ximénez?

123

�REVISTA CONTEMPORÁNEA

REVISTA Cíl~TE'.\fPOR ,{KEA

IV
YIRTUD INTERIOR
Llego aquí como ayer, sencillamente,
y en medio de loscampos
;1 bandono mi cuerpo
sobre la hierba fácil.

:J'i voces que intcrrmnpau la secreta

•
••

comunión de la vida,
ui libros imponentes
ni exceso de palabras:

Ni marques la rnta ni cuentes las horas:
¿acaso el misterio culmina
en las grave.s montañas sonoras
que nutren el roble y la encina?
Quizás en el fondo de obscuros arcanos
vives de la ciencia, la luz y la gloria,
y á mundos externos las manos
divinas entreabren la reja ilusoria ... ... .

y la emoción que me darán los hálitos
tlel bosque, santamente,
y el éxtasis divino del silencio
debajo de los árboles .......

y en la inquietud absorto,
sobre la hierba trémula,
mi corazón humilde
ama todas las cosas;
y siento hervir mi sangre,
y quiero derramarla,
y esta virtud cruenta
me va purificando .. .... .

Al Poeta Pichardo

Espfritu errantc 1 sin fuerzas, incierto,
que trémulo escuchas la noche callada:
inquiere en los himnos que fluyen del huerto
rle todas las cosas la esencia sagrada.

Dulce cielo otoñal sobre los valles;
el ,1gua limpia; el césped; la inefable
sencillez de las cosas;
y yo, sin lig-aduras,
buscando el rumbo cierto
á la sombra de Dios que me sustenta,

La noche azul me cubre;
mi frente se circunda
de lirios y de estrellas,
y nace mi bondad y va fluyendo;

ESPÍRITU ERRANTE ..... .

••

¿Quién sabe en la noche que ineuba las formas
de adusto silencio cubiertas
qué brazo nos mueve, qué estrella nos g1úa?
iOh sed lamentabledelalmaque busca las normas!
¿Seremos tan sólo ventanas abiertas
el_hombre, los lirios, el valle y el día?

Espíritu errante, sin fuerzas, incierto,
que trémulo escuchas la noche callada:
inquiere en los himnos que fluyen del huerto,
de todas las cosas la esencia ,agracia!

138

�126

lrn\'IS'l'A CONTE:\fPOR.{NEA

vr
EL ÁRBOL'.QUE SOMBREA LA LLA:KURA
El árbol que sombrea la llanurn

tiene cien afios ele acendrar sus mieles,

EL PROCESO DEL MARISCAL NEY

de temblar bajo el cielo fastuóso
alargando sus frutos sazonados,
ele escuchar el silencio de la noche
y de ver á las mozas del camino
continuamente, sin decirles nada .. ... . .
Los labradores con el hacha al hombro
llegan eu la fatiga de la tarde
y dicen al mirarle, simplemente:
-Ya rindió sus cosechas más jugosas,
y bien ofrece los desnudos brazos
para alimento del hogar: cortémoslc. Oh inquietud vespertina! Cómo tiemblan
mis carnes cual los brazos sacudidos
del árbol que sombrea la llanura!
Me duele el corazón; en el lejano
horizonte se encienden los hogares,
y con un ritmo lánguido y liviano
parece que se quejan los palmares.
Me quedo preguntándome á mí mismo
para qué sirve un árbol. ... ... ¿parn darle
,·uatro varas de sombra al césped trémulo?
para temblar mijo el azul fastuoso
alargando sus frutos sazonados?
para oír el silencio de la noche?
para sentir la fiebre de la Tierra?
para ver á las mozas del camino
continuamente sin decirles nada?

••

Me quedo preguntándome á mí mismo
y nada me contesto. Oh dolorosa
fatiga de la tarde . ... . .
HICARDO

ARENALES.

A propósito del libro ele M. ele Welschsinger, Le Afaréchat Ney, hn
escrito M. ele Vogiié un brillante estudio, más filosófico que jurídico, más
crítico que histórico, con el mismo título que encabeza estas líneas.
"Este estudio es oportuno, dice M. Vogüé, puesto que ha llegado la
hora de lo~ grandes procesos políticos ( tratábase entonces del proceso Derouléde); él nos hace ver en el pasado, como lo advertimos en el presente,
la incurable cojera de la vieja Themis cuando se mete po1· las sendas tortuosas de la polític-a.''
No se trata ele revivir la conmovedora tragedia que acabó con la ridH
del Bravo entre los bravos, de aquel Ayax de Waterloo que buscó en vano,
en el campo fatal, una bala enemiga que lo libertara de las halas francesas
que presentía aun en el momento más grandioso de la epopeya de su vidn.
Se trata de instrnír otro nuevo proceso, de rastrear nuevos elementos de
juicio en los archivos nacionales; de desentrañar un nuevo sentielo á los
procesos verbales del Consejo de Guerra y de la Cámara de los P,,res, ,í las
c-artas del desgraciado Mariscal y á las declaraciones de la Mariscala.
fo historia, que ha menester del decurso de muchos años parn formar
su juicio imparcial é inapelable sobre esta clase ele dolorosísimos sucesos,
ha tenido en cuenta, para absolver al condenado, la presión de las circunstancias sobre su conducta eu un momento excepcional de la historia; ahorn
hace constar también lealmente esta misma presión, en sentido inversú,
sobre el espíritu de los hombres que lo condenaron. Tiempos por siempre
aciagos aquellos en que se cree servir á una causa llevando las pasiones sectarias basta el frenesí y empujando á los combatientes, de uno y otro lado
de la liza 0 para que el choque sea funesto, irreparable, mortal.
Es sabido que, elespués de la primera abdicación, el príncipe ele la
llloskowa se mostró el más duro de los Tenientes de Napoleón contra su
antiguo jefe, el más impaciente porque acabara la agonía del régimen imperial. Caído Napoleón, Ney, como los otros Mariscales, fue llamado al
servicio de la patria y obtuvo gran posición militar en el nuevo Gobierno;
no es de extniñar, pues, la intensa contrariedad que experimentó cuando
supo, el 7 de marzo de 1815, el regreso de la Isla ele Elba. "Es preciso,
elijo al Rey, encerrará Bonaparte en Charenton ó traerlo á París en una
caja de hierro"; los sentimientos de Ney contm el que llamaba "pertrubador de la paz ele la Europa" eran perfectamente sinceros en esos momentos .

�136

RgVIS'fA CON1'E:\IPOR;(NEA
RRVISTA CON'l'E:lfPOH{X.E..\

Ney fué encargado del ejército que debía oponerse ni ogro de Cóncga;
con su habitual impetuosidad, organizó tropas, arengó á los pueblos, marchó, según su antiguo hábito, ú la cabeza de sus líneas. Lo demás es bien
sabido: los soldados acogían por dondequiera con frenético entusiasmo al
Emperador, al que tantas veces los había conducido á la victoria: en b
gran plaza de Lonsle-Salnier, el 14 de llfarzo, Ney, arrastrado por las circunstancias, por sus sentimientos, por sus recuerdos, por una nueva. pers~
pectiva de glorias que se abría á la Francia, pronunció su famos:i proclama que principia: "La causa de los Barbones está perdida para siempren,
y termina: "Viva et Emperador!" ..... .
¿Qué pasó en el alma del Bravo entre los bravos? Fué su acto una
traición premeditada? La historia lo ha absuelto de ese cargo, pero sus
jueces no lo creyeron así, y fuerza es declara,- que su juicio se apoyaba en
poderosos motivos. El mismo infortunado Mariscal parecía dar razón para
que se dudarn de su lealtad; durante el Gobierno de los cien días se jactó
varias veces, para cohonestar el celo antinapoleónico que desplegara antes
del regreso de la Isla de Elba, de que su conducta de entonces era tan sólo
una farsa para engañar á Luis XVIII y servir así mejor los intereses del
Emperador. Esto es falso; la posteridad sabe muy bien que los intrincados procedimientos políticos, las intrigas y las farsas no eran el fuerte del
héroe de cien ,ictorias, y lo ha descargado de la acusación que él mismo se
formulara en hora. insana.
Pasan los cien días; viene Waterloo . Ney comprendió muy bien que
allí se jugaba la suerte de la Europa y su propia suerte; en lo más rudo
del combate dijo á d'Erlon: "A tí y á mí, si no caemos aquí bajo las balas inglesas, no nos queda mis que caer miserablemente bajo las balas de
los enemigos". La muerte, á quien él había cortejado tantas veces, "no
quiso ofreeérsele tan bella" y tan gloriosa: lo aguardaba embozada y siniestra en una encrucijada de París.
Después del desastre, Ney reagravó su condición por una serie de
errores políticos; luégo quiso trasladarse, incógnito, á Suiza y á Estados
l:nidos . La fatalidttd lo retuvo en Francia.
La reación de 1815 fué tremenda. Fouché redactaba listas de proscripción, en las cuales, en buena justicia, debería figurar él en primera línea: "Duque de Otranto, le decía Talleyrand: vuestra lista parece contener muchos nombres de personas inocentes"; y Fouché contestaba: "La
opinión exige nombres, muchos nombres". El Mariscal Ney fue aprehendido el 3 de Agosto en su asilo del Cantal.
Conducido á París, se le apedreó, como sucede siempre, por las turbas !-severa lección para los cortesanos de la popularidad, la más falaz y
pérfida de las deidades, que nos sonríe en las horas de triunfo y nos insulta en la de crucifixión. El General Labédoyére fué fusilado el 9, Ney encerrado en la conserjería. Se procedió á la formación del Consejo de Guerra; los Mariscales de Francia que lo constituían, hallaron manera de dedinar la jurisdicción y por esta puerta de escape se apresuraron á salir:
entonces los ultras temieron que la víctima se les escapara, y Francia pre-

senció las escenas más lastimosas del frenesí, de la rnbia, á que pueda cou&lt;lucir la pasión política.
Los Ministros extranjeros como Pozzo di Borgo, amenazaban, si Ney
quedaba impune, con plagiarlo y llevárselo encadenado á Siberia; pero lo
más deplorable de todo fué la, actitud de las mujeres. Dice Viel Castel:
Las mujeres más dulces, transformadas en una especie de furias, exprei:;aban sin miramientos, sin escrúpulos, la impaciencia sanguinaria que lae
animaba . "Bah l" exclamaba una de ellas, "que no se haga morir de
ansiedad al prisionero y á nosotras también!" Duvergier de Naurnnne
dice: "Ciertas mujeres, al sólo pensamiento de que Ney pudiera escaparse
á la muerte, eran presas de accesos de rabia ó de dolor que hacían estremecer". Un testigo de la mayor excepción, Benjamín Constant, agrega:
"Qué ferocidad en algunas mujeres! Las palabras que ellas encontraban
posible exclamar, las encuentro yo imposibles de transcribir". Es digno
de toda atención este fenómeno de la sociología humana, que lleva á los
más deplorables extravíos á personas de bellos sentimientos, en los momentos en que son precisamente más ne&lt;Jesarias la tolerancia y la conmiseración.
Algunas horas solamente después de pronunciado el juicio de incompetencia por el Consejo de Guerra, la Cámara de los Pares aprehendió, por
una ordenanza especial, el conocimiento del proceso, y transcurridos largos debates y las delaciones obtenidas por los defensores, procedió lo. Cámara, el 6 de Diciembre, á la deliberación definitiva y al voto nominal sobre las conclusiones.
Jamás, desde la memorable sesión nocturna del 19 de Enero de 1793,
en que se juzgó á Luis XVI, se había presentado en los Cuerpos colegiados
de Francia una sesión más dramática, más conmovedora; el Mariscal Ney
estaba comprendido en la capitulación de Pads; se procedía, pues, arbitrariamente contra él; su sentencia estaba dictada antes de que se procediera á deliberar; las atroces pasiones de la época pedían una Yíctima, y
no había influencia, ni luz, ni justicia bastante poderosas á salvarlo.
Oigamos á Vogüé:
"De 161 miembros presentes, 160 rn5pondieron sí á la cuestión de
culpabilidad; tres votantes añadieron esta restricción: 'cubiertos por la
capitulación de París'. Un solo n6 se hizo oir, acogido por la Cámara
con estupor é inmediatamente explicado con estas justas palabras : "Hay
acontecimientos que por su naturaleza y su alcance, sobrepasan la justicia
humana, aun cuando sean culpables delante de Dios y delante de los hombres". Esta lección de valor y de alta sabiduría venía del más joven de
los Pares. Quien así hablaba era Víctor de Broglie. Se votó en seguida
la aplicación de la pena: 139 votos se prnnw1ciaron por la pena capital sin
recurso, 17 por la deportación, 5 se abstuvieron, recomendando el condenado á la clemencia del Rey. Cinco Mariscales y catorce Generales, compañeros de Ney, votaron la muerte; entre los signatarios de la terrible sentencia se lee el gran nombre de Chateaubriand; se ven también muchos
otros nombres que fueron llevados por gentes de corazón y de honor. Re11

• ¡,
e •

187

�rnn

HEVlSTA CONTE~lPOR,(NEA

REVIS'fA CO!i''l'EMPORÁNI&lt;;A

pibimoslo una vez más: &lt;lcbemos dep1orar la. preeipit:ición de csus hombres: podemos también condenar ese acto; no tenemos derecho de condenar sus eonciencias 1 porque nos es imposih1c colocarnos en RU estado Jt
tt-spíritu ni comprenderlo.''
El Mariscal se rnostró delante de las balas cmno en sus mejores días de
)foseow, de Boroclinu, de Eylau, de \Vaterloo; cay6 como soldado y como héroe. Su memoria, rehabilitada después, creció con el eterno prestigio del martirio, y hoy ;:;e levanta su apoteo8iS ele bronce-esa atrevida
,·reaci6n del cincel de Rude-en el sito mismo de su inmolac:ión.
El proceso del Príncipe de la iioskowa ser:í sempitern" fuente de reflexiones sobre lit atrocidad rle las pasiones políticas y lo aberrante que es
,lejarlas fallar en casos de irremediable consecuencia. ¿Quié puede erigirse en juez de sentencias irreparables, cuanrlo hi &lt;li,·ersidad de criterio lleva
á que unos aprecien como crimen lo que es para.otros una drtud excelsa'?
Durante las épocao luctuosas, el criterio de la razón gira locamente, como
la aguja imantada., en una. atmósfera sacudida. por eléctricas tempestades.
"Aun en tiempo menos inciertos dice Vogii.é, los proce~os polítieosy diría soeiales-herirán Riempre nuestro instinto ele lo justo. Creo que Sl'
pue&lt;l.P. ver la razón &lt;le esto: 1ft ju~ticia. es una máquina de precisión; cuando se le coloca á nivel, frente á frente de una transgresión bien estahlecida
y de un texto de la ley, funciona automáticamente, por decirlo así. Si se
entrega lÍ ella un mal particular imputable á uno solo 6 varios individuos,
nuestra equidad natural queda satii=;fecha,pcro en el caso contrario es comn
nna lotería; se asemeja. demasiado :i ese proeedimiento bárbaro de losantiguos, cuando dieznml,an una tropa sorprendid11 en ,ilguna falta . Toda•
las causas polítieas y sociales entran en la definición de Víctor de Broglie,
y por su naturaler,.a. y por su alcance, sobrepujan la justicüt humana ."
El espíritu del hombre fluctuará eternamente en presencia de la. dolorosa justicia de la política y de h trcmend:i ley de la guerra: el vértigo de
la pasión partidaria rompe la. concatenación del mciocinio, y el hilo del silogjsmo se cnmnrafia al viento de las revulueioncs . Desgrciados las pueblos, dice el A.poealipsis, que se embriaga1on una vez con el vino de la ira )'
iel rencor.
La historia ha menester de toda su serenidad para juzgar los actos de
los partidos cuando inmolan en las batallas 6 en los cadalsos- al fue1·0 de la
guerra ó al fuero de la justicia-la vida de los hombres, hija de Dios .
1

•••
El autor ,le estas lineas paseaba un dfa de Noviembre de 1899 por las
,ilenciosas avenidas &lt;lel cementerio del Pcre Lnchaise. Fatigado ele una
larga excursión por b nugusta necrópolis de la capital francesa, tom6 un
estrecho sendero descendente, en busca de un banco de piedra que se divi•aba en lugar poco visitado y como escondido en un rincón de aquella ciucl:td de los muertos. Una vez en ese oculto sitio, y después de un momento de destanso, se dió á vagar par los senderos abruptos que de allí arran-

,·aban, poco visitados por los turistas,¡ juzgar por la crecida yerba que lo•
,·ubría· allí no se veían sino tumbas modestas y como olvidadas, en medio
,le bos~uecillos de mirtos y de fresnos, mustios entonces y ya medio despojados por los vientos del otoño. En una de estas tumbas_ vió un~ piedra _no
más grande ni más pulida que un canto de &lt;erroyo y cubierta casi po'. la meulta yerb&lt;e; una inexplicable curiosidad lo llev6 á ap~rtar la yerba mvasoru, y entonces pudo leer, toscamente esculpida allí, como por la mano de
un niño, en caracteres desiguales, esta sola y gran palabra: NEY.
lPor qué aquel dedén, por qué aquel real 6 aparente olvido de urni glorificación para el héroe legendario en el asilo supremo de la muerte? No lo
&amp;.1.bemos • tal vez las pasiones políticas que abderon su tumba qu1s1eron apartar d~ eUa las ofrendas de la posteridad. · Empeño inútil: el sacrificio
añadió una estrella m:is ,¡ las qne decoraron el pecho del vencedor en tantas batallas. El tiempo paSit y pasan con él los rencores y las c6leras que
&lt;.'n un dfa de efímera exaltación creemos eternos; mas siempre se rccordar:i con dolorosa admiración aquella ilustre víctima de la razón de Estado,
ele sus propios excusables errores, y, más que todo y sobre todo, de la•
circunstancias en que se vi6 envuelto, sureriores á su vountad y fatales como los Destinos de la tragedia antigua .
CARLOS .,RTURO

TORREB

�141
Regó en tu pecho sus guedejas blondas

como sumida en amoroso dejo;

0

O

ya. no tunbiciona mi apolínea frente
fácil lisonja de caricia ardiente;
quiero dormir bajo la pnz del cielo,
pero dormir en tus mullidos brazos,
libre de insomnio, en tálamo de hielo ....

A JOSE ASUNCION SILVA

Tú, predilecto de los dioses, viste,
serena el alma y con esquivos ojos,
la fértil rama de laurei, los rojos
mirtos robados al amor . Naciste
para llevar sobre la frente rosas
de aroma extraño y de misterio llenas ,
para besar las sienes de las diosas
bajo los sacros pórticos de Atenas.

\'[CTOH "·

A tu velado gabinete, em·uelto
en vaga red de yedras tembladoras,
gala del rojo cortinaje suelto,
viste llegar, en las dormidas horas
en que al reír de alborotado coro
furtiva nota en los espacios yerra,
musa gentil cuya sandalia de oro
apenas rasa el polvo de la tierra.
Mas la guirnalda que tejió su mano
pobre la hallaste y sin matices; vano
fué su esplendor de juventud, que grata
sólo te fuera la corola inerte
en cuyos albos pétalos desata
soplo de aroma arrobador la Muerte.
Sólo esa extraña viajadora esquiv,c,
de frente blanca y de pupilas graves,
que el sueño infunde con sus labios suaves
y ama á la hermosa juventud altiva,
marcó tu asilo con su pié liviano;
y cabe el lecho, en el pesado muro,
vino á colgar con sigilosa mano
su leve manto de crespón obscuro,

bañado el rostro en límpido reflejo
bajo el albor de sus miradas hondas,
-¿Por qué la noche, le dijiste, tarda''
Es para tí mi juventud gallarda,
mi pecho esquivo á los amantes la,.os;

ºº

LON DOÑO.

�143

REYISTA COXTE:'IIPORÁ.XEA

llbismo por una ondina caprichosa, ó una viviente blanca flor cogida por
Pan entre el boscaje para ornar las sienes de Syringa perseguida.
La riqueza de sus gestos se esparce con inextinguibles sinfonías de mo-

vimientos.
Ora son indecisos, como los labios de un efeho que entrega su amoroso corazón en el temblor del primer beso; ora absolutos, como el deseo
vehemente de una. mujer que adora; inciertos, como el abrazo de una in-

LAS MANOS DE ELEONORA DUSE

fiel; subrepticios, como la pah,bra del qne ya no ama y aún engaña. Son
gei;;tos innumerables y protciformes: sonrientes,como la esperanza; entrecortados, como la ansiedad no satislccha; melancólicos, como el crepúsculo
en la pampa; ingcnuos,como la, fe; mustios, como unn nrnapola que agoni-

1

I

La 'ínea cumple en ellas el prodigio más unánime; la gracitt desgruna mil sonrisas en la exquisita ,~rtuosidarl de sus movimientos; el ritmo
c:ulmina en trepidaciones inagotables; la intención sutiliza sus matices máE
µersuasivos. Palpita en ellas una elocuente profundidad de vida: ora combustión de pasiones, ora paYOl' de tragedias, inacabable desmayo de ternu-

za sobre un seno hermoso .
Si su alma está risueña, sus manos se animan como juguetes de gnomos enloquecidos de amor y de jara.na; si distraída., &lt;:nscn.bclean al vibrar,
como un aleteo &lt;le avedllas entre las espigas de una mies madura; si do-

ras, ayes estertorosos, langnirleces supremas, Ansias incontenibles, alter~
nativamente. Razonan, embriagan, seducen, conmueven, convencen.

pretes expresivos de su angustia y pesadumbre .
Cuando su corazón se inquieta comienzan á revalotear como alas im-

Agita en cada mano la mitad de su alma.

I

liente, ellas recorren todos los matices de una melope,i sentimental, intér-

pre~soras que abanican el aire sin ~olenci.a .

Después se pliegan sobre sí

mismas, cadenciosamente: así el apagarse de un arpegio en las sonatas en

Manos que viven y piensan y aman y lloran é impetran: no tienen
iguales. Eslúmase en ellas la gama sentimental de más ricos semitonos,
exclusiva. En vano peregrina el recnerdo y la imaginación divaga . La

tono menor, así la interna murmuración del favonio qoe se desliza furtivo entre los pétalos de una eglantina.
lío ignoran la expresión de ningún sentimiento humano. Son divinas é infernales, castas y voluptuosas, tiernas y violentas: todas las manos

Qelleza, la elegancia y la fuerza conciértanse en ellas con plena armonía:

del Universo &lt;(están esenciadas)) en las suya:;.

humanas pupilas no ,;ieron jamás dos estuches de emoción labrados por
más saLio orfebre. Son obras maestras qne aniquilan en ger1nen cualquier
parangón, hermanas gemelas de una estirpe que en ellas se inicia Y ter-

mo, cual las ele Burne Jones; sensuales, como las sintió Murillo para sus

1nina.
Su físico es de hadas. El brazo parece brotar entre mangas de seda•
de Esmirna, cual de una hamadríade que vagara en el sendero de un bosque desierto, donde ni sombras de faunos pudieran perturbar sus meditaciones amorosas . Cuando se mueve conoce el secreto de complicadas actitudes; cu:indo reposa ostenta la misma desgairada elegancia de Mme .
Recamicr en el cuadro admirable de David.
De tal brazo ellas nacen como abanicos á medio entreabrir, y decora
la punta de cada yarilla, coqueta y flexible, una gema rosada, orgullosa
en rn engarce. Cuando la pasión las empurpura, diríanse esculpidas en
ónice rosa de Escocia; cuando las hiela el enojo, torneadas en marfil impoluto; cuando la agonía las invade,talladas en mármol ~oláceo de Tynos.
Cambian á compás del voluble corar.6n que late. Ya están frías, como el
desdén y la deshonra; ya tibias, como la pechuga de un pajarillo en celo;
húmedas, como párpados en efusión de congojas secas, corno labios mordidos por la fiebre. Cuando entreabre los cinco dedos sobre el seno mórbido
6 sobre un albo teclado, como un hcliántropo besado por un rayo de sol,
no sabría decirse qué es : una aterciopelada estrella de mar arrancada al

Extinguidas de romanticis-

vírgenes; viciosas, como la8 pone Anglada á sus mujeres de 1'Iontrnartre;

eusortijadamente aristocráticas las ele Ingres, exiguas y frágiles en las damas de Gaiusbourough, transparentes de poesía las de John Sargént, tranquilamente desmayadas las que en sm, telas insinúa Puvis de Chavannes.
Ora 1n mano se crispa como garrn que se clava y no suelta; rasga como lima que muerde: se aliviana, como espuma flotante; se tuerce, como

espasmo que desespera; se enarbola, como enseña que llama: se aprieta,

como nudo sofocador; se oculta, como estrella que se apaga; avanza, como
ptiñal vengativo; crepita, como antorcha incendiaria; se vuelca, como llu-

via iuundante; desborda, como aluvión desvastador; voltigea, como torbellino que arrasa. Es lúgubre y serena en el delito; empuña el arma con
donaire, e.orno la mano del Perseo &lt;le Benvenuto Cellini, tranquila sobre hl
espada que decapitaraá Medusa. Es, también, orgullosa y humilde en la
ternura; no perdería su garbo si le tocara sostener á Jestís inmutable, como la Virgen de la Pradera de Rafael.
Es, empero, suprema en el amo,·. La mano fué siempre el más elocuente mensajero y el más indisoluble nudo amatorio. J11lieta nació á la
dicha cuando Romeo tocó en mano ingenua. Siempre el corazón lleva su
fuego á las manos; y éstas atraen como hierro dulce el imán, como á la
abeja el polen, como al toro la capa de escarlata. Así esparcieron el amor

�14.:;
REVISTA CON'ff~MPOR.{NE.\

í 11
,:ohri."! el mundo las rn:mos tranR~ll'l'ntcs ele Cleopatra, tenazas de corazón;
las manos d_c Mimí, que buscaban en ln obscuri&lt;la&lt;l, troper.anrlo eomo dos
mar1poS.'l$ Ciegas; las manos embriagadorns de ~[anón y Ins Mtá.nica.r. &lt;lt•
la Montes¡,án, insaciables pulpos de voluptuosi&lt;lad; las manos inseguras ele
~1mc. Bovary, traidoras de su ilusión antes que el labio, engañru1rlo al
prop10 coruzón incomprensible; las soñacloras ,Je mil Olelias y Eloísa,;,
adelga1.aelas por el amor que enfiebrn su apretón de manos. ¿Recordáis l:t
galante cuarteta el,, Voltaire :í las gárrulas nmnns de h, Pompadour? Tuvo razón Gabriel D' Annunzio-disereto elogiador ele mnno:-:;-al resumir
,,n l:is de Hilvia Kcttalit toda h ¡~icsí.i de la belleza y del nmor . . ..

~n nidos de e:ari&lt;-ias. Ora :--t•ncillns, pant :u:ari&lt;:iar ángeles va¡x&gt;ro~~
c·ual los de Luca de hi Robhia; ora complejas, insuperables para, despertar dormidas scnsuahclades . Podrían deslizarse sobre un cuello con más
s~,wielad que
filo ele guillotina; ó pasear ,igilmente por sobre los lmese':'llos de_ las vertebras sembrando el calofrío, como una felpa á contrapelo;
o esparcH sobre un busto efébeo el ajetreo de mil co¡,quiJ!us int,•nninables
com~rtien&lt;lo h1 piel en teclndo armonioso bajo la yema de sus dedos.
'
Manos hcc·has para prestidigitar cora1.0nes, parn estrangular dukcmente cuellos ansarinos, para animar nivo~as cabelleras CC'ntenarias 6 peinar rulos de poetas soñadores, pcirn hilar el purificador r¡ue tubre el cáliz,
para_ domar_ l~mes, para tejer t·orona~, para ufrPndar guirnaldas, para impartir ben&lt;l1c1ones, para !•aludar á los hombres, para dar filtros de amor,
para rlesvanecer sombras 1 aplacar iras 1 di~ipar duda8, &lt;l.e~truír conjuros ....
Manos destinadas ,i interpretar sentimientos absolutos cuando la pala-

;m

lira no sabe traducirlos.
Leda, al verlas, pc&lt;liría el cuello de Júpiter transfigurado en cisne, ,·omo en la tela de Leonardo . El arpa cólica gemiría mejor bajo sus dedos
que por la misma filtraei6n elel austro. La serla estruja&lt;la por tales manos
podría cstremecertie como el aire en la caña de una flauta, 6 quebrarse &lt;·orno un rayo de luz sobre un espejo.
Es tan fino el contacto, tan elulee el &lt;lesfüar de su piel, qne ganas dan
,le trocar h, carne mortal por arena eterna, anhelando que esa mano cogiern un puliado y la dejara tamizarse lentamente por entre los dedos eomo si éstos lucran una clepsidra animada y sensual.
'

~Ianos ejemplares, modelos de artista, merecen inspirar el numen
ele los trovadores y de los músicos, de los coloristas y ele los modeladores.
Mil cuadros, mil mármoles reflejan su línea y su tono en movimientos diversos. Cu~ndo están quedas parecen ele cera elevota y ferviente, como la
en que fundieron manos de vírgenes los primitivos, como las que pintaron
Giotto Y Angélico, Filippo Lippi y Botticelli, Verrocchio y el Ghirlanelaio.
Si un~ de ellas sefia:a el cielo con su índice, evoca la línea perfecta en que
compiten al Mercurio de Juan de Bolonia y el Bautista del sumo Leonorda.

.Juntas para orar y pedir, no envidiarían á las de Santa Magdalrna de Timoteo Yeti ó á la.~ de In misma virgen que exorna la Nativiclael de Van dcr
Gioes. Volando en el aire, huycnelo inftdentes tentaciones de amor, son
imprevisoras como las de Dalnis se¡;uid:i por Apolo en la obrn maestra de
Bcrnini. Resueltas á la acción, tendidas como arco dispuesto á fulgurar
su flecha, ampliados los brazos en gesto absoluto, unánime, igualan el soberbio ademán de la heroína que separa á Sabinos y Romanos en la clásica
tela ele Da riel. Firmes y seguras, diríanse las de Judith lle,ando la cabeza
de Hololernes, en el cuaelro de Allori. Cuando la alarma las llena y conmueve, supónese que las vió Rubens antes de inmortalizarse en el rapto de
las hijas de Leucipo. Otros veces las sacude intermitente emoción y el
pulso altera su ritmo, como la diestra de la finísima dama de Frngonnard
que grab,i en un tronco la cifra de amor. Y más, aun más expresivas, se
esparcen y se anudan, miuntotras minuto, como las inenarrabl0o-ahiertas
las unas, cerradas las otras-eternizadas por Bou¡;uereau en Jo. Virgen Consoladora.
Todas parecen fijar en el tiempo un minuto &lt;le las suyas instables y
eternas. Un solo momento ele inquietud perfecta, pue.~ tales romo son,
vivientes, sonrientes, elocuentes, no eslú.n en parte alguna, ni se encnentr:.t
su molde en las más prístinas obras del arte humano

La Venus de Miln ha perelido las suya•l.L'l~ recogió algún mi~terioso Lohengrin, fascina.do por SUti prllnure.'-,
llev,in&lt;lolas á un remoto Monsalv:ulo p,•u·a infundirles vida y encarnarlas en

esta vivicnt-0 transfiguraci6n que nrr~stra al ~xtasis, nl paroxismo?
No pueden se otras.

O la hl'llcza tiene incógnitas cuyo emigma nos

~rii perpetuamente insoluhlc.

�j

1
1

POESIA PURA

~

II

-

LA IMAGINACION

IRÁS SOBRE LA VIDA DE LAS COS.\S ..
I r,ís sobre la vicJa de las cosas
Con noble lentitud; que todo llern
.\ tu sensorio luz, blancor de nieve ,
.l.zul de linfas ó rubor de rosas.
Que todo deje en ti como una huella
iiisteriosa grabada intensamente;
T;, mismo el soliloquio de la fuente
Que el flébil parpadeo de la cstrelln.
Que ascienchis á las cum brcs solitarias
Y allí como arpa cólica te azoten
Los borrascosos vientos, y que)roten
De tus cuerdas rugidos y plegarias.

Poseo un tesoro de tan gran ,alía, que á su pérdida prefiero la misma
muerte; en tanto aprecio lo tengo. El gran tesoro á que aludo es la ima•
nadón. Esta "locuela de la casa" ha sentado sus reales en mi?alma; ba~c adueñado casi por completo de mi razón y conquistado para siempre mi
sentimiento. Por ella vivo; y á su influencia, ya suave, ya terrible, se desliza ó precipita mi existencia entre mil cambios, matizada cen infinitas irisac·iones, comparables sólo con esos magníficos destellos que hacen brotar
un haz de rayos solares de un chorro de agua cristalina, pulveri1.ada en inc-ontables y diamantinas gotas.
Soy feliz no obstante mi pobreza material, porque mis goces más ama1los no son de los que se se compran con dinero; 1nis suefios no se realizan
poseyendo todo el oro del mundo, y antes bien, mi decepción sería muy
cruel si por monedas consiguiese hacer real la más modesta de mis fanta,:-ías.

Que esquives lo que ofusca y lo que• asom l,ra
Al humano redil que abajo queda.
Y que afines tu alma hasta que pueda
l~scuchar el silencio y ver 1a sombra.
Que te ames en ti mismo, de tal modo ,
Compendiando en tu ssr cielo y abismo ,
Que sin desviar los ojos de ti mismo
Puedan tus ojos contemplarlo tocJo.
Y que llegues, por fin, á la cscornlida
Playa con tu minúsculo universo,
Y que logres oír tu propio verso
En que palpita el alma de la vida.
ENRJQt' r,

(:O'iZ ,ÍLEZ )f.\HTÍ'iEZ

Gusté de soñar desde pequeño, y recuerdo que aguardaba ansioso la
llegada de la noche para comunicarme con mis fantasmas predilectos. Acurmcado en mi lecho, bacía desfilar ante mí semblantes agraciados ó deformes, y escenas placenteras y también terribles: las rubias cabecitas de Perrault, los duendes de los hermanos Grimm, las deslumbrantes rique1.os de
:\ladino, los Kalifas, las bayaderas y los genios de ·'Las mil y una No(·hes" tornaban formas reales y tangibles, en prodigiosa evocación, haeiéndome sonrefr, 6 infundiéndome un terror que no era dueiio de dominar !tan palpitante era la verdad de aquellos infantiles devaneos!
Á veces tales reconstrucciones hechas á costa de mi débil cerebro me
hacían daño; y entonces la angustia sofocaba mi pecho, el sudor cubría mi
frente y prorrumpía en 'gemidos de espanto, desvaneciéndose mi terror
cuando la mano suavísima de mi madre, que acudía á mis gritos, calmaba
mi excitación posándose en mi frente enardecida. Sus besos eran para
mí un bálsamo; pero en sus labios mismos encontraba un nuevo aliciente
p.ira forjar mis desordenadas quimeras.
-Piensa en los ángeles-decíame entre caricias-ituagínalos rodeando
d trono del Altísimo, entonando himnos de gloria y amor, entre nubes radiosas y celestiales músicas; piensa en la Virgen, en los Santos, en el An•
gel de tu Guarda que aquí está cubriéndote amorosamente con sus alas;

�148

REVISTA COMTEMPORÁNEA.

piensa, piensa mucho en mi, que te adoro, que velo por tí, que no quiero
que llores ......
Y sus besos premiosos sellaban mis labios prontos á &lt;levo! ver el ósculo
sagrado; y se retiraba después de hacer sobre mi frente, sobre mi cuerpo,
con ademán sublime, la señal de la Cruz, como si pretendiera atraer sobre
mi cabeza la bendición del cielo, y con ella todos los dones del Santo Espíritu.
Apenas su blanca silueta des~parecia entre los resplandores de la lámpara. que llevaba. en su mano, la ob..;curidad me volvía á mis incorregibles:
fantaseos, n.prover:hn.rn.lo pa.ra. ello::; las últim:i.s recomcndacionc3 maternales; y era entonce:-; lo que mi iint¿inaci5n m3 prns3nta..b.'.1. con claritl;1tl extrahums.na, el Símbolo de h Trinidal Au,.u,ta : un ;.ran tri,(ngulo todo
resplandeciente, con los tres ~ingul1H de ce.:5,ulúra brillantez, como un inmenso foco de donde tomase origen la luz de las constelaciones y el fuego
de los soles; abajo miriaclas de ángeles postrados, recogidas las alas cuyoe'
níveos plumones temblaban de temerosa emoción, balanceando á veces incensarios de oro y pedrerfa; y otrns, fijandú extáticas miradas en el .Miste-

rio incomprensible. En círculos concénticos y en armonioso conjunto giraban los querubines de caras infa.ntiles y encantadora. sonrisa , anegadofla
en la luz indeficiente y flotando en ella como áureos eorpúsculos en un rayo
de sol.
Creía. entonces ver la misma faz divina, sintiéndome embriagado de
un deleite que todavía endulza mi memoria. lCómo imaginaba que era
Dios? 1Oh, de múltiples formas que en mi candor de niño juzgaba Yerdaderas I A veces present,ílmseme en figura comprensible y humana: era
la propia persona de Jesús divinizado, tal como lo había visto en las estampas, cuando la transfigumción en el Tabor ó en su ascensión gloriosa ,í
los cielos; otras, era el Ojo avizor de la Providencia que lanzaba rayos de
su pupila escrutadora y terrible; á veces, las más, el anciano majestuoso y
severo á cuya diestra se veía sentado el Cristo exornado con la cruz; y sobre sus cabezas, y en forma de paloma y abriendo sus alas, el Espíritu qm•
misteriosamente procede del amor y contemplación eternos del Padre y del
Hijo .......
Y sucedían los coros de los Angeles á los coros de los Serafines, de la&amp;
Potestades; las legiones de Mártires con purpúreas vertiduras, las c:indida,
vírgenes entre Jaq que sobresalia la Sin mancha como entre azucenas un
hermosísimo blanco lirio .....

Mas pasaron aquellos tiempos de fe ingenua y candoroS'll esperanza; r
3penas en los comienzos ele la juventud, debilitado ó muerto quizá el principio religioso, otros motivos estimularon mi siempre excitable iantasía.
iOh! ¡y cuánto gocé entonces con las deliciosas mentiras que fonían sn

119
~siento en el Olimpo. En tiempos anteriores refrenaba mi imaginación
porque el respeto y el temor religiosos me obligaban á ello: Jehová era
para mí un Dios terrible y vengador ; en cambio Júpiter ...... . una ficción
poética que jamás. me causó miedo; tonante de mentirijillas, son sus rayos
de latón dorado, y su,; aventuras de calavera antojadizo y casi omnipotente convid,m á la irrespetuosidad y al de,icnfrcno ; y a.si, ya consideraréis
si no me ima;.inaría, á todo mi sab:ir y con todo lujo de detalles, la engafiifa del Cisne mitoló6ico debatiéndose amoroso entre los brazos de Leda, el
rapto de Enrnpa por el toro ¡oviano, la lluvia de oro .....
También icómo era para mi esplendente la ch1rísima evocación del
nacimiento de Venus entre las espumiis aljofaradas del mar; veía temblando de emoción el resurgimiento del nacarado cuerpo, de indescriptible
hermosura, y recibía en plena ahna la sonrisa afrodisiaca de la diosa .. .. .

Sí, puedo evocarlo aún: es un campo en que verdeguea el césped brillante con diamantinas gatos; la roja sangre de las flores se destaca vivamente sobre el follaje agreste, y los ,irboles umbrosos balancean sus copas
sobre troncos por los que ascienden pfünp,mos en apretados espirales; sobre
el estanque terso é inmóvil como de plata, en el que reverbera un sol otoliol, se deslizan los blancos cisnes como impelidos por el suave aliento de
las dríadas, y en la orilla más lejana veo sonriente á Diana Cazadora, ro,lcada de sus ninfas; y allá los esbeltos lebreles de aguzado hocico, quepa·
san cual rehtmpagos entre las espesuras del bosque .. ..... todo un cuadro pagano en que á la belleza desnuda sirve de maTco un encantador paisaje.
Oigo las argentinas netas de divinas voces resonando en medio del silencio
nemoral; veo las deliciosas formas femeninas que rompen los cristt1les del
;1gua al sumergirse, produciendo un misterioso rumor de oleaje, y percibo
los destellos luminosos que emergen de la diosa .......

Ahom l'Onservo aún vigorosos y flexibles los resortes ele mi fantasfa, no
obstante la lucha diaria que desgasta y aniquila los ideale,, y mata las
fuentes de la imaginación; pero mi amor por lo fantástico y lo imaginativo queda en pie, y en mis frecuentes noches rle insomnio, gozo en atravesar con mi pensamiento hasta las inaccesibles alturas donde tra,.an los astros sus órbitas inmensas; siéntome entonces arrebatado por la irresistible
fuerza de la atracción universal, y paseo de mundo en mundo mi espíritu
,¡ue se deleita entre siderales paisajes que nunca ojo humano viera .... .
y si bajo á In tierra, siempre mi inrnginaci6n encuentra un roml,u-

�150

TIEYISTA CO!\TEMPOR.(NEA

rente pasto en que ella misma se incendia: es una aldea risueña de Suiza,
al borde de un lago donde se retratan las montafias que lo rodean; son los
altos picos de los Andes acariciados por las nubes que bogan dulcement&lt;: en
el mar infinito del espacio; es la extensión helada de la estepa; la horrible
soledad°del Sahara, en que los oasis parecen estrellas lucientes en el n~gro
abismo del firmamento; es el fragor de la tormenta y el horro1: angust10so
del naufragio; es el combate de los hombres contra los dioses mhumanos,
las ciudades destruidas por el terremoto ó por el fuego, los terrores de un
general diluvio, los grandes cataclismos plutónicos en los tiempos en que
la Tierra no escuchaba voz humana aún; es el mismo derrumbamiento de
los astros en terribles colisiones apocalípticas . ... ..esto Y más dona nu fanfasía á mi espíritu, haciéndome gozar, suirir, deleitarme, sonrc~r, aborrecer y amar, y que despierta en 1ni interior toda la gama de pas10nes, desde la ternura amorosa hasta el odio implacable.

Siendo esto así, y no pudiendo-ni lo deseo- mata'.· en mí c~rcbro el
origen de mi excitabilidad imaginativa que no me per:mtc Heg~r a l'.' :onsecución de algo electivo que fuera una áurea 111edzocndad s1qmcra, ¿corno
queréis que no considere mi imaginación como el llnico tewro que po~eo
y que no n1c sení arrancado f-lino con la misma vida:?
JE,SÚS

GALLO

ANA MARIA
P.\IU líNA. AMIGA Qll~: )[E PIDE UN CUE;\'fO.

Era la agonía de la tarde, extinguíasc el incendio en las lejanías clel
l1orizonte, y la marea de las sombras surgía lentamente del mi;-terio del
lx1sque. Corno corcovas de camellos gigantes, los montes destacábanse sobre el fondo gris clel cielo uniforme y sereno, y tras de ellos despefiábasc
,·l torrente de la lumbre crepuscular.
Allá, en la campiña, exwndíase el pequeño villorrio con sus en.sitas
blancas, diminutas, iguales, que se antojaban un monstruoso rebaño mantenido en perpetua quietud por algún extrafio encantamiento.
Y sobre la cresta de un inmenso peñón rodeado de encinos seculares
por cuyo ramaje había pasado el hálito de los siglos, levantábase, negra é
imponente, lo, ciclópea mole del castillo de Peiia Blanca. Diríase la
montaña de los hombres sobre fa montaña de Dios, mole sobre mole, inmensidad sobre inmensidad.
Mansión de los templarios había sido en époc.t remota de grandezas y
gloria, y de nieblas y sangre, y habíanle respetado, el tiempo que todo
lo destruye y los hombres que nada respetan, como si en torno suyo, y para guarecerlo, vagase el recuerdo de aquellos paladines legendarios, mil&lt;ttl
monjes y mitad caballeros, que defendían la cruz con la espada, y llenaron
los campos con su sangre y la leyenda con sus hechos.
l\Ias no son ya los invencibles de la Orden del Temple los qúe moran en
el viejo castillo, ni se llenan sus agarves de guerreros, ni se engalanan sus
patios para regios torneos, ni se oye en las escaleras el chocar de las armaduras: muertos están los caballeros del Temple, solos los agarves, tristes y
abandonados los patios, y las armaduras en los rincones de la gran sala de
armas. El Conde de Peña Blanca no es ya el gran maestro de la orden
hidalga, es un apuesto joven que se educa en un colegio delanoble Alemania, y en tanto, el castillo de sus antepasados está á la guarda de una familia de viejos servidores que de él cuidan con religiosa veneración.
Dos ancianos son, hijos de sirvientes y sirvientes ellos desde nacidos de
de los condes de Peña Blanca, y es su historia la de aquéllos, y su servicio
una obligación sagrada trasmitida como herencia inviolable de padres á hi-

�152

REVISTA CONTErt[PQR,b.'"EA

REVISTA CONTEMPORÁNEA

jos. Ellos son los que de tarde en tarde suben á los agarvcs en busca de
nidos que las aves cuelgan en las negras almenas,y con tristes ojos contemplan la silenciosa campiña, el obscuro bosque, los montes erguidos y escarpados, todo lo que un tiempo fuera dominio &lt;le sus ricos señores.
Y en medio de tanta ruina y tamañ&lt;i tristeza, Ana 1farfa, la hermosa
bija del anciano Gaspar, crece como una virgen flor á la sorn bra &lt;le los

negros bastiones.

¿Quién es Gaspar, y quién Ana l\Iaría?
En un diminuto pabelloncito blanco, colgado como un palomar á un!L
ladera del peñasco, separado por el foso de las murallas del castillo, vive
un vejezuelo enjuto y amarillento, á quien de cuando en cuando miran los
vecinos en lo alto &lt;le !ns ojivas, sacudiendo el polvo y aereando las húmedas salas: á ese vejezuelo le llaman el tío Gaspar.
Ayuda &lt;le cámara, criado, montero y caballerizo del muerto conde de
Peña Blanca, al cuidado quedó del joven hijo y del viejo palacio. Quince
años hace que murió la buena tía Berta, su mujer, dejándole una chiquilla hermosa como un sol y fresca como un ama.necer, que cmpeza ha ya
,í arrastrarse por las losas heladas de los vetustos salones y á decir «mamÍL
y papá» con aquella su vocccita dulce como un gorgeo. Muerta la madre,
no quedó en la casa mujer que de la niña cuidase, y no queriendo abandonarla en extrañas y mercenarias manos, su padre el tío Gas par, y su tío el
Sr. Miguel, en ella pusieron todo su cuidado y todo su cariño. Padre,
madre, aya: todo lo fueron para la buena y querida Ana l\Iaría.
El Sr. ~Iiguel, cinco años más viejo que el tío Gaspar, cuando éste en
el palacio servía al conde de Peña Blanca, sembraba él unas cuantas hanegas de tierra en los dominios del castillo. Ahí, un árbol al derrumbarse
en una noche de tormenta, Je hirió la espina dorsal, y le dejó inútiles las
piernas. De esto hace diez años bien contados y desde entonces el Sr. Miguel, en la gran sala de armas del castillo, hundido en mm poltrona de cuero, rodeado de viejos libracos y de amarillentos pergaminos, sin más compañía que la de aquellas cinceladas armaduras que en los rincones de la sala yerguen su rigidez de estatuas, y de aquellos ceñudos caballeros y nobles
damas de regias vestiduras que se destacan de las telas que visten los muros,
vive lejos de todos, engolfado en sus queridas lecturas, en íntima vida con
aquellos audaces justadores y aquellos nobles aventureros y galantes, y aquellas damas de profundos ojos misteriosos, que tantas víctimas hicieran entre la andante caballería de lejanos y nunca bien llorados tiempos.
Un solo ser vivo acompáñale y mora á su lado, Ana l\Iarfa; quince
años cuenta, y diez de ellos en el viejo palacio, en la vetusta sala helada y
silenciosa, en compañía de aquel Sr. Miguel más amarillento y adusto que
los caballeros de las telas y las figurns dfr los tapices y el pergamino de sus
libracos, en aquel ambiente de soledad y de ruina, entre aquellos seres

153

muertoi, que forman su mundo todo, un mundo en que nunea se ríe, un
mundo de espectros gloriosos anonadados bajo el peso de su grandeza.
Ahí las lecciones del Sr. Miguel enseñáronla á leer, y fueron .aluminosos cronicones los primeros Ji bros que deletrearon sus labios frescos de
, iña, que se fueron empalideciendo poco á poco, como si aquella lectura
Je, robaSe el color y la vida; fueron aquellos inmensos tapices, poblados
de~extrnños personajes, aquellos cuadros que encerraban ceñudas é imponentes figuras de guerreros y de damas, aquellas armaduras cinceladas que
se destacaban entre las sombras como raros fantasmas, aquellos trofeos deslumbradores que relucían en los muros, aquellas estanterías de nogal tallado que se antojaban un monstruoso andamiaje ó un inmenso esqueleto,
aquella inmensidad de papelotes y libros viejos, fueron lo primero en que
se recrearon sus ojos sorprendidos, y parece que todo aquel espectáculo de
muerte echó un velo sobre su brillo y esplendor, y dejó en sus pupilas
aquella mirada nostálgica &lt;le las místicas mcdioevales.
Lii voz cansada y lenta del Sr. Miguel que lefa ó narraba, era lo único
que llegaba á sus oídos; y cuando el domingo, en el camino de la ermita,
sorprellllíala la gritería de la chiquillada y la chai-la de mows y mozas, aquel
era para ella un ruido extraño que la molestaba como si la turbase en un éxtasis. Luego la voz del oficiante, el rum rum del rezo, el olor del incienso, el repiquetear de las argentinas campanillas, la volvían ,í su mundo,
aquel mundo que la habían hecho olvidar la gritería de los chiquillos y la
charla de las mozas, y al salir de la iglesia, extrañábala no encontrar á la
puerta la carroza ó la litera, la menina entre los almohadones y á la portezuela el paje.
El tío Gaspar, la esperaba ansioso. A su lado se sentaba, al pié su
cestillo, 1,, costura en la mano, á escuchar la tierna narración &lt;le! viejo.
Jcanm tenfa de exéntrico y aun creían lo hechizado. Su cabeza estaba llena
de gloriosas leyendas, sus ojos, siempre fijos en el pasado, un pasado que
lloraba, y en sus labios, siempre nombres de caballeros. Aquel mundo,
"rn también el mundo de Ana María, que en él había crecido como una
flor de invernadero.
To&lt;la ella parecía arrancada de una vieja tela.
Llena estaba su mente &lt;le todas aquellas hermosas aventuras de los
eronicones,en que gallardos paladines peleaban por su dios y por su dama,,
y en el último suspiro, sobre el ensangrentado campo de batalla, enviaban
el beso pcstrero á la abandonada señora de sus pensamientos. Cerrados los
ojos, miraba pcr angostas callejas embozados rondadores, abatida el ala
del chambergo, la mano en el puño de la espada; dueñas oficiando de terceras que les guían á voluptuosos retretes; escalas que cuelgan de Jo alto-de
los muros, tapadas que huyen, desafíos en mitad de la calle, á la luz de una
lamparilla encendida en sagrada hornacina. Luego, en la calle silenciosa.,
un balcón que se cierra, una escala que se oculta, una ronda que pasa, y
al pié de fa hornacina el cadáver de un hombre.
Contemplando los retratos de los cortesanos, sus sueños dirigíause al
real palacio do la villa y corte. Y sofüíbase nllí: su hermosura opacaba to-

�154

REVISTA CO:-.'TEMPORiNE.\
REVISTA CONTEMPOR,(NEA

das las hermosuras, escuchaba á su paso por los regios salones un murmullo de asombro y de deseo, y sentía las miradas ele todos clavarse en su cuerJlO .hermoso y tentador, en su cabellera ele oro aprisionada en fina redecilla,
derramándose en dos grandes rizos en jardinados á los lados de su purísima,
frente, en su hechicero rostro virgen de blandurillas y solimán y toda clase de femeniles afeites, pues que á la cera no debía la frescura de sus labios,
ni á la quitadora de vello la blancura de su tez; en su seno mal .elado por
h transparente valona cariñana, en sus graciosas formas acusadas por el leve manto de humo, en su chapín de raja Florencia que jugueteaba bajo el
tisú del guardainfante.
El castillo, las salas, los patios, habían hecho presa de ella, y no la soltarían ya. En sus viejos infolies se hal;&gt;ía nutrido su virgen alma de niña,
y de ellos había bebido la vetustez de sus ideas, y ellos la habían dejado en
el rostro In palidez de su vitela. Aquella sala era su prisión, ahí estaban
para impedirle la salidn, las férreas armaduras que guardaban las puertas,
aquella legión de guerreros y magnates que la miraban desde los amarillentos cuadros, aquellas extrañas figuras de los tapices, y aquel ejército de libros viejos formados en las estanterías de talla&lt;lo nog,ll.
Y sobre todo, el buen señor Miguel que la había nrrastra&lt;lo consigo al
fondo de aquel paMdo sangriento y glorioso.

que trajo de Ambers su majestad D. Carlos V, y adornaron el real palacio.
llegalo fué del glorioso monarca á D. Ferrán, segundo conde de Peña Blan·
que estuvo entre los vencedores de Villalar. Aquel otro, el que está á
!,,derecha ,le Doña Margarita, Marquesa de Ciuda&lt;l Real, es copiado de un
cartón del célebre Antonio Van Dick, y trájolo la marquesa cuando su enface con un Pelia Blanca.
-No le parece á usted, prcgunt6 Ana María como si no hubiese eseuc'hado la narración de los tcipices, no le parece á usted que su rostro tiene

"ª•

º•

*
••
Aquella tarde en que nuestra historia da principio, la lectura se habfa
prolongado hasta la huída de la luz. Y el señor Miguel seguía narrando,
y Ana María, perdida en el espacio la mirada nostálgica de sus grandes ojos
claros, escuhábale atenta, trans¡x,rtacfa á aquel lejano país ele lns ley,mdas.
En sus manos estaba la costura, tm pequeño almohadón deshilado que
bordaba inconscientemente, y más de una rcz, habíase figurado bordar un
tahalí para el amante.
-Mira, decía el anciano Miguel, aquel que está á la derecha del trnfco, aquel del gran marco negro, el de la nrmadura florentina tan admirablement3 cincelada, es Don Iíiigo de Pc1h Blanca, primer conde de su nombre, á quien este señorío dicra,cn premio &lt;le su valor, el Rey Cristianísimo
Don Fernando de Aragón. No se adivinan sus facciones, porque trae calada la visera, habiéndose hecho retratar así por un raro capricho. Era
~u armadura tan pesada, que sólo un hom brc de su corpulencia y lortalem
era capaz · de vestirla, y por la sola armadura conocfale todo el mundo.
Cuentan que cuando el Rey Don Fernando vió ese retrato, dijo: Quien
tal armadura viste, no puede ser otro que Iñigo de Peña Blanca.
- Sí, contest6 Ana María, helo leído ya .
¿y aquella seíiora, laque
€süi junto al tapiz flamenco, no es Doña Blanca, la esposa de Don Iñigo?
-La misma; y yaqne de tapices has hablado, sabe que ese fué de los

l

mucha semejanza con mi rostro?
-Vanidosilla ! contestó riendo Sr. Miguel; Doña Blanca era muy hermosa, pero puedes holgarte de parecerte :i ella.
- Cuénteme uste&lt;l algo de ella, que sé muy poco.
-Antes te contaré algo d" rn valiente esposo . A nombrársele cmpie·
r.a en la crónica de Hernán Pérez del Pulgar, aquel primero entre los valientes, y su nombre est,í ligado á una gloriosa leyenda. Conocid,1 de toclos
cm el valor extraordinario de Hermín Pérez, el alcal&lt;le del Solazar, y sin
embargo, una increíble aventura llenó de asombro á amigos y enemigos.
lhuante el sitio de la morisca Granacla, re!ugio de infieles, todos hicieron
alarde .de valor, y las hazañas seguían á las hamiias; mas la de Hcrnanclo
ele] Pulgar á todas sobrepujó.
Acompañado sólo dc unos cuantos escuderos tan aguei-ridos y
valientes que sus proezas andaban ele boci, en boca, encontrando en tod,ts,
palabras de elogio y cnsalmmiento, penetró una noche á la ciudad sitiadn,
,ven la gran puerta. de la mezquita mayor, con un puñal que arrancara dl'I
einto, .clavó un pequeño cartel que ostenta.La en oro este lema glorioso~
Ave Jlfaria, tomando posesión de aquel templo del falso Dios en nombro
ele] Dios verdadero, y para el vcrda&lt;lcroy único rey. No contentos con ello,
encamináronse ,i la Alcaicería, arrojando dentro las antorchas eneendi&lt;las,
¡,rendieron fuego á Granada, y atropellando moros llegaron victoriosos al
C'ristinno campo de los sitiadores . De boca en bocn corrió el suceso, y todos hiciéronse lenguas de tamaña heroicidad, sólo propia de caballeros de
gran temple, entre los que se encontraba nuestro D. Iñigo. Enamorado
end:tba á la sazón de una bella y noble dama sevillana que hasta en tonel'•
ltabfaselc mostrado csquirn y desdeños,i, mas al tener noticia del tan extraordinario arrojo de su galanteador, rin&lt;liolc su corazón y ofreciole su ma110, en premio de tan gran proeza. ~:1 Rey también quiso premiarlo., conc·e&lt;liéndole por real decreto el señorío de Peña lllanca.
-)fucho há que amo á Don Iñigo, dijo Ana María, pero hoy que mt
habéis contado su historia, ámole mucho más. Al través de esa celada y\&gt;
he adivinado unos ojos de mirar valiente y franco, y bajo el férreo pe!Q,tm
,.,,razón abierto y noble.
-iC'm\nto debe haber ama&lt;lo ,¡ Dotia Bl,inca, vcrd1Jd?
-Mucho, hija mía; y mira, aquella armadura que está á tu espalda, .es
la célebre armadura de Dr,n Iñigo.
-Las manos de Doíia Blanca, deben haberla tocado muchas veceB,no
(•~ cierto?

�REVISTA coxTE,tPORÁXEA

157

llE\"ISTA CO)ITE'.\lPOHÁNEA.

1:;G

en el castillo de sus antcpasaclos, y quince lleva en él sin pensar en aban-

-De seguro.
- i Cuánto huuicrn yo amntlo al Conde Don Iíiigo !
-1 Pero si tú eres una vill11rnd
-Y qué, si como Doña Blanca scy hermosa? Hubiérnmc hecho condes11
do Peña Blanca, y mi retrato estaría en los muros como el de todas esa,
nobles damas que los llenan. En sez de esta l"squiña, llcrnría rico traje
de terciopelo, amplio y pesado manto, sobre mis ropas deslumbrarían joya~
reales. Son tan ricos esos trajes, y tan pobres mis sayus y mi jnb6n, que
cuando entro á cst11 saln me siento como avergonzadt1.

Y anciano y niña., pensaron, pensaron en aquel mundo muerto en que
tan felices habrían sido, entre aquellos caballeros mlientes y a&lt;¡ncllas damas hermosas. En tanto, cxtinguíase la luz de crepúsculo, y las sombras
inundaban la sala; parecían las armaduras negros y rígidos fantasmas, en
eterna guardia cabe las puertas blasonadas; en los tapices bailoteaban las
figuras, y los retratos abandonaban los marcos pam ir en busca do 1:i. lut
que huía poco á poco por el vano de las ojivas ..
Y la voz del tío Gaspar ammcó de su ensueño á Ana llfaria y á Se!ior
Miguel.
-He, decía el viejo desde una de las grandes puertas: encended luz,
que no puedb darse un paso.
Ellos se extrañaron de encontrarse á ohscuras: no lo habían notado.
-Os traigo una noticia, oontinuó. He recibido carta del Kr. Conde
Don Luis, y me anuncia que llegará mañana.
Ni Ana María ni el Sr. Miguel despegaron los labios; parecía que la
sorpresa de la noticia les hubiem enmudecido. Y por la primera vez, desde hacía muchos a!ios, recordaron que aquello que crnsu mundo tenía dueño, un due!io que podía hacer de él lo que quisiera, violar aquel sagmdo
recinto, arrojar los libros por las ventanas, y á ellos mismos echarlos á la
alle si así le p.~recia. Desde muy ni!io, el Conde Don Luis no había
vuelto una sola vez al Castillo de Peña Blanca.
La sorpresa de Ana María, fué bien distinta ele la del Sr. Miguel: iba
á conocer á un conde, y á un conde de Peña Blanca. ·
Aquella noche se acostaron muy tarde, después de sacudir y arreglar
las inmensas salas, y ya en su lecho, entre las sombras de la alcoba, soñó:
!!Oñ6 que el conde Don Iñigo volvía vencedor á su castillo después de la
toma de Granada, que noblr.s y bellas damas disputábanse el amor del
héroe, pero que él las desdefiaba y huía de ellas, herido de amor por una
villana, y que esa villana era ella, Ana María, y que el comp.~ñcro de Hernán Pérez del Pulgar, á sus pies ponía ~u nombre y sus blasones á cambio
del tesoro de su cariño.
Y que la villana translormábase en la Condes.~ de Peña Blanca.

Había anunciado el joven Conde que un par de días pasaría t,m s6lo

donarle.
¿Habíale retenido la belleza de los bosques, el esplendor de aquella
nnturnle1,¡1 pletóriea y salrnjc, el recuerdo de sus antepasados que yngal&gt;1
rn la viejtt fortaleza? Nadie lo sabía á ciencia cierta, por más que todos
lo suponían. Todos, menos Ana Marfo..
Cuando el primer dfa le vió suhir la monumental es:!alera, seguido d,·
dos labriegos que llevaban el equipaje, se sorprendió de no ver la espada ñ
su costado, ni en sus hombros la airosa capilla ni en su cuello la gola almidonada. Ella no se imaginaba á un Conde sino con espada al cinto r
pantalones cortos. Pero no por e,;o le gustó menos. Era un joven robusto, alto y ancho de espaldas, de rostro moreno de rudas facciones castclla-nas, y sus grandes ojos negros tenían alb'O de dureza y algo de soberbia.
l'ero los labios delgados y rojos, animali.\n con una eterna sonris.1 uqucl
rustro casi adusto de antiguo retrato. No de otra manera se había imaginado Ana María al Conde Don lñigo.
Desde la primera entrevista, una juvenil camaradería unió á los dos
j,ívenes. Eran dos iguales: ni el Conde l'CÍa en la muchacha una hija de
\'illanos, hecho á la democracia de la moderna ju\'entud, ni Ana María vió
l'n Don Luis al hijo de sus sefiores y sci10r y amo de sus padres. Parcela
que fuese un amigo mucho tiempo esperado que por fin l'Oll'ín.
En cuanto á él, le sorprendió la franqueza de la joven, su cuerpo aniñado, toda aquella aureola do inocencia que la rodeaba. Y se sintió atraído por la novedad, pues en el inmenso catálogo de sus mujeres, sus alem:,nas de ojos dormidos y carnes lechosas, y su.~ esp.1ñolas b,arridas y sensuales, aquella mujer de formas imprecisas de eleho, de carne casi diáfana,
cm una verdadera novedad. P,tra Ana MarÍ:\, aquél cm el esperndo, el
noble hermoso y valiente por tuyas venas corrfa sangre gloriosa, el descendiente de paladines legendarios, el castellano enamorado y audaz, disputado por las hermosas, el que debía llegar, y no lo sorprendió encontrarse un
día frente á él. Ki uno ni otro se dieron cuenta de ello, é inconscientemente fueron tejiendo la malla que los debía de nprisionar.
Aun el mismo señor Miguel se había hecho simpático nl Conde D. Luis.
Escuchaba atentamente 0~1s eternas narrnciones, sus interminables leyendas, y entre los libracos y manuscritos de la biblioteca, p.1sábansc las horas muertas aquellos tres enamorados del pasado. Jamás Ana :María y D.
Luis hablaban de sí mismos: las conversaciones eran las de Ana Maria y
Sr. Miguel, con un comp.'Úicro más, y era todo. Pero el día había de llegar en que se encendiera la chi•p.~, y el dfa llegó.
Una tarde, después de la frugal comida, encontrábanse en In sala dt
armas, señor Miguel, ante la me.,a llena de papeles y libros, y, á la lu• de
una ojiYa, Ana :!llaría y D. Luis, muy cerca el uno del otro, unidas ~u~
butacas, viendo las estampas de un antiguo libro que descansaba en las rodillas de ambos. Eran unos viejos gmbados de Cornelio Cort, hechos el
año de 1570, y copiados de célebres cartones de Tiziano Vecellio.
Sefior Miguel no c.'\bía en sí de contento. Aquel muchacho era una al-

�158

REVISTA CO~TEMPORÁNEA

haja: hurgando aquí y allá en la vieja biblioteca, había encontrado 1·erclaeleras joyas: un libro de heráldíca, otro de alquimia, otro de fueros y ordenamientos, un libro de marischalchería, del Siglo XIV, la leyenda del
Caballero Cilar, del mismo siglo, el Decamerón de Bocaccio, editado en
Rávena, unas glosas del Padre Nuestro anteriores á la Vulgata ele San Jerónimo, é infinidad de autógrafos ele ilustres personas, que apenas si señor
Miguel se atrevía á tocar, temeroso de profanarlos . Además, en un viejo
archivo había encontrado la historia de muchos de aquellos tapices, historia por la que venía á saberse, que muchos eran sa.liclos de la gran fábrica
real fundada por Jacobo Vandcrgorten, el ffamenco, traído expresamente
de Amberes por el cardenal Alheroni, ministro ele Felipe V, para que la
estableciese en Espafia, donde no había ninguna.

,,

REVISTA CONTEMPORÁNEA

Ana María volvió y se extrañó de no encontrar á D. Luis. Y en la
butaca se sentó á esperarlo. Afuera, el campo solitario dormía; en el cielo claro y limpio, centelleaban miríadas de estrellas, y á lo lejos se dibujaban las negras corcovas de los montes.

• o
1

• 'o

El sefior Miguel, estaba loco de alegría. Y mientras los jóvenes leían
las estampas, él les narraba, con detalles preciosísimos en aquellos libracos
encontrados, la feudal leyenda del Rey l\Ionje.
- Y el Rey D. Ramiro, decía el viejo, para ahogar la soberbia de la
noble,;~ que amenazaba revelarse, mandó construír una campana de tan
fuerte sonido que en todo Aragón se oyese, una campana cuya voz fuese la
voz de la monarquía. Y en las cortes de Huesca, habiendo sabido de unos
rnsallos en rebelión, mandó aprehenderlos secretamente, cortándoles á todos la cabcza,rodeando con ellas la gran campana y colgando á manera de
badajo, la del ArzoLispo g_ue había encabe,,ado á los rebeldes. Entonces,
el sonido de la campana congregó á los nobles y les hizo ver el horrend(,

cuadro de su justicia, anunciándoles que su cahcr..a., en caso i{,'ltal, serviría
ele badajo á la campana del Rey l\Ionje.
Ante los ojos de Ana María, agitábanse toelas aquellas imponentes fi.
guras -evocadas por la leyenda del Rey Monje: los cuerpos decapitados sobre el ensangrentado pavimento, las cabezas contraídas en gestos desesperndos -rodando á los pies de D. Ramil"O, los nobles espantados ante el horrendo espectáculo, atropellándose en la puerta sin atreverse á penetrar á
aquel antro ele muerte. Ella misma se estremecía, estrechándose aun
más contra D. Luis, su defensor, su caballero . El, en cambio, apenas había escuchado la narración, su mirada erraba de las blancas manos afiladas &lt;le la absorta Ana María, á la nuca sonrosada donde los ca bellos rubios fingían un florecimiento de oro; de l,i pequeña y roja boca, á los ojazos grandes y tmnquilos como las aguas de un lago. Ana María, cohibida
por la emoción, no le veía. El nunca la había visto más hermosa. Llegó
la noche, y el Sr. l\Iiguel quiso irse á la cama: Ana María, empujando s11
sillón, lo lle,ó á su alcoba.
En tanto, el joven quedó esperando á Ana María en el salón para
continuar la velada. De pronto, se sonrió: había tenido una idea, y al·
punto la puso en práctica.
Llegóse á la armadura de D. lfiigo, y separó sus piezas, una por .una,
vistiéndose las que pudo; colocóse el casco, se caló la visera, y ahí quedó,
en la mano la espada, mal ,ibrochado todo, hombreras, espaldar, manoplas, pero á la luz de las bujías, apenas podía notarse aquel desorden.

159

••

En la sala, las sombras bailoteaban al temblor de las bujías: diríase
que jugaban al escondite en los rincones. El rostro de Dofia Blanca, mal
ilmninado por la luz amarillenta y débil, parecía separado de la tela. Ni
el menor ruido turbaba aquel silencio de muerte. Ana María clavó sus
ojos en el retrato amado, y como todas las noches, se vió en él, vestida de
terciopelo, ennobleci&lt;l" por la toca. Y pensó en D. liiigo, y la. leyenda
del alc.'tl&lt;le del Salar pasó ante ,us ojos: Granada con sus minaretes y sus
mezquitas y su Alh,unbra, Granada la sultana esclava encadenada entre los
brazos del moro; Granada la °'"utiva redimida por sus caballeros; Granada. la de los Abencerrajes y los Alhamares, de las zegrícs y de las odaliscas,
de los:chaiques y de los gomelcs; y luego, Hcrnán Pérez del Pulgar, en
una mano la espada, en la otra la antorcha, sobre el pecho el cartel de la
virgen con el dorado lema i Ave Maria!, tras él; un pufiado de valientes que corren á la muerte ó á la gloria; después, el cartel azul en la puerta dorada del templo de Alá, la Alcaicería envuelta en llamas, los moros
puestos en desordenada fuga por los sitiadores, y entre aquellos héroes legendarios su muy ama&lt;lo el Conde, lleno de sangre y lleno · de gloria. Y
le contemplaba, vistiendo la pesada armadura, brillantes los fieros ojos al
través de la celada, golpeando el corazón agitado bajo el acero ele la coraza,
y yendo á ella por el premio de su victoria.
Y ella ofreciéndole la hora ...... .Una voz la sacó de su éxtasis, mm.
voz que la llamaba:
-Ana María ... . ! Era la voz ele D. migo, sí, que le pedía aquella
c.~ricial
· Abrió los ojos entrecerrados, y le vió, avan,;~ndo hacia ella, bajando
del pedestal, entre un chocar de acero que sonaba en sus oídos como divina música nunc.~ escuchada, relampagueante la mirada al través de la rejilla, y tendidos los brazos. Y ella fué ,í él; el casco rodó por el suelo, y
apareció el hermoso rostro del caballero, elulce y fiero á la par, varonil,

moreno, cariñoso y enérgico, un rostro ele héroe legendario.
¡ Qué abrazo tan largo y tan estrecho! Su cuerpecito se m1ió, se unió
por completo á aquel helado cuerpo de acero que con su calor se tibiaba,
sobre sus labios cayeron unos labios ardientes que la besaron sorbiéndole la
vida, en aquel beso tanto tiempo esperado: el beso del caballero de la armadura, el beso del justador afortunado, el beso del noble valiente y hermoso que se disputaban las damas, el beso de aquel hermoso ideal tantas
veces sofiado. Ni aquel abrazo ni aquel beso la sorprendieron, los esperaba y tenfau que llegar. Entre los braws del caballero se vió á sí misma
con aquella noble toca, con aquel rico traje, con aquel pesado manto con
que aparecía en la tela la Condesa de Peña Blanca.
Y el peso ele la dicha venció al fu1 la fortaleza de la doncella, y el ago-

�160

REVIST ..\. CONTEMPORÁ1''EA

tuda cuerpo &lt;le Ana María, quedó entre los brazos de hierro del conde de
Pciia Blanca, en un dulce desmayo de flor que se duerme.

'

Ana María est:i enferma. Honsc llevadu sn c:ima ií la gran sala de
armas: no quiere estar lejos de sns únicos amigos, no quiere separarse dr
su muy amado Don Iñigo. Don Luis de Pciia Blanca, al &lt;lía siguiente de
aqnelln noche &lt;le] beso, salió para Madrid y de ahí pn.rtirá para Alemania.
Ana María, no ha preguntado por él; para ella no se ha ido, ahí está, en
el nmarillcnto lienzo, en la férrea armadma. Pero le hace faltn el calor
de sus besos, In presión de sus brazos.
Por eso se mucre. A los lados de su camita sollozan los dos viejos.
En vano el Sr. Mignel pugna por descifrar el libro de marisealcherfa., que
es un tesoro: es que su otro tesoro va ,¡ dejarle.
-Decidme, padre, el conde Don Iñigo fo, marchado de nuevo ,í Grn11n, y ahí le han dado muerte, n,rdad? Y entonces, yo debo morir también.
-Morirte tú, hija mfa? contéstala el tió Gaspar, ahogado por los sollozos.
-Si, pues que ha muerto él. Si nó, por que no me besa ya,¡xn· que ~e
lo reo su rostro en el lienzo &lt;le aquel cuadro·/
Y en tanto los viejos lloran sin consuelo, en el extraño delirio de aquella extraña fiebre que la atormenta, la enfermita continúa:
-Aquí, junto ti esta ijiva, el besó mis labios aquella ne,d1e y estrechó
mi cuerpo.
iQué abrazo el suyo, y qué beso el de su boca!
Aun se estremece todo mi cuerpo y de mis labios no ha huído el calor de sus labios.
Contadme, tío }figucl, contadme h Yicja crónica de Juan Hemán Pérez de
Pulgar y sus valientes escuderos.

Y un día, mientras el señor Migud leía la narrn.eión de las gloriusas
hazañns y el tío Gaspar ahogaba los sollozo; ,í la cabecera del lecho de su
hi~i, y allá, afuern, llenahala verde cmnpóii:tel concierto de los pájaros, bajo el torrente de luz que penetn1ba por las grandes ojivas, entre sus queridos retratos que la miraban dulcemente, tendidos los brazas al vacío, plegada la boca para un beso de nmor, aquella pobre víctima de la leyend•
,Jejó el mundo de todos, para ir ,í reunirse con su muy amado caballero el
,·onde de Peña Blanca, en las Jejnas tierras de la quimera y del ensueño.

,u,..uEL MUZQUIZ BLANCO

o•
EL ESPIRITU DE INDEPENDENCIA (1) \' LA
REPUBLICA DE ESTADOS UNIDOS
Lll'gÓ ha.ee poeo á mis manos un libro nuevo c·uyo título ;,;oln implir:1
~•a torla una teoría: El 1Vuevo 'Tipo Amen·cano. El autor hn.hfr1 visto
en nna reeiente cxposjci6n de pintura, en ~ucva York, retratos &lt;le
lus siglos XIII, XIX y XX, y concibi6 la idea de que «hombres y'.mujeres
lrn.n rarnhiadn notablemente entre la época, dol Presidente \Vnshington ;
)' b del Presidente llfac Kinley: cuerpos, c:iras y pensamientos, todo
se ha transformado. La esenia que separa los retratos de Rcynolds ele los
de Sargent pone entre ellos tanta diferencia como la que puede haber entre
el primer Faraón y el último Ptolomeo .n Partiendo de allí, entraba el autor
en una discusi6n brillante y sutil acerca de los diferentes cuadros y los personajes que representi1ban pora tratar en seguid:t de definir el nuevo liP•
arnericauo que, según él, se de!-prende de los retratos modernos.
Había yo tenido op01·tuniclad, poco antes, de ve,· otra galería de retrato~ que no me clió una impresión exactamente contrarirt. No eran pinturas, sino un conjunto de cuadros vivos: un baile de fantasía, dado el
,lía de Reyes, en el Cenlury U1tb de Nueva York. Cuatro ó quinientas ele
las personas más conocidas y de mayor vi~o de la metrópoli americana,

•

l'xhibfan á nuestra vista, por sólo el espal'io de una noche, vestidos de todos
los países y rle todas las épocas. Encontníhanse ,'1lí ,iajcros y exploradores
que por sí mismos }1abían traído vistosos trajes del Oriente¡ y en una fantasía exuberante se mezclaban senadores romanos, toreros españoles ~:
trovadores provenzales. La mayor parte 1 sin embargo, eran vcsticlos ingleses, holandeses y franceses de los siglos diecisiete y dieciocho, sienrlo lo
m,is sorprendente que los hombres que los llevaban habrían po,lido cnnrun&lt;lirsc. (';On RUS abuelos y hisahuelos. Vi un puritano que se habría nddo un escapado ,t hs pcrsecusiones del :u'ZOhispll Land; un Caballero qu,,
1mnwía haber venido :í refugiar:,e allí &lt;le los rigores del Pnrhunent0 de
( 'romwell; un I,ugonotc s,ilv,ido ele las persecuciones de Luis XT\'; nn

{i) Traducimos por "espiritu ele indepeudt:ncia, ·• la intraducib:e expresión ··self reli,111c~"
-rle otromoclo: \:. seguridañ en si mic;mo
Ella dei.ig11a el principio ele\ individualismo :l11glo-sajóu y contiene sus manifest11cio11cs esenciale&lt;i; C0!1íianzn en sí mismo y \'Oiuntad mnnifiesta dt emplear sus propios recurs,,s sin exigir ayuda, pero sm to 1erar eslorbo.&lt;;_-~ota tk 1:\

R.H.

�IG2

llEVISTA COXTE1f POR.{!';EA

REVISTA CONTEMPORÁNEA

l,mgués &lt;le Holarnfa (lUc no h:tbría estado fuera de sitio entre los pasajero5
de '"I,et }Icclia Luna" ó &lt;le la "Buen:t Mujer". Había soldados del ejéreito colonial y miembros del Congreso Continental (lUe parecían retratos
hechos por Copley, Stuart, Tumbull ó Peale. Las fisonomías eran idéntil·as. La. misma pesadez en 1a caja huesosa, los mismos ra~gos acentuados,
la misma expresión de seguriU.ad, variando, según los temperamentos, de

In. placidez rL la casi brutalidad. Re reconoce en su :fisonomía, qm~ son
hombres capaces de obrar por sí mismos, hombres que saben lo que
quieren y que sin duda sabrían obtenerlo . Tienen exactamente el aire y
l.t expresión ,le sus nntepas!lclos de hace cien ó doscientos años. Y sin emlmrgo realmente eran, en el más alto grado, mncrirnnos modernos del

si-

glo veinte.
RPflexionan&lt;lo en estn curiosa y, en último rcsu!tado, divertida experiencia, me persuadí de que el autor del "Nuern Tipo Americano" había
Jcjado ti, sn criterio &lt;..:orrer libremente tras Lle sn imaginación. Na&lt;la. no!-s
muestra ese eaml,io gencml y radical que nos ,lcscribe. Ifa habido modificaeiones, progresos y clegcncrnciones, como es nntnral, hajo la influenci:t
ele las nuevas conditiones de la vi,la modema. Ha habido también cambios en modas y vestidos: se usa el bijote ó fa barba, ya no se lleva la peluca ni In. chorrera. de cnrajes; se ha sacrificado algo &lt;le ]a fantasía elegante á la comodidad monótona del traje masculino. Esto es lo que ha engañado á nuestro ingenioso autor. También lo ha desorientado otra cosa:
ya no ee comprende el rctra.to de la misma manera y él ha tomaclo equivocadamente un cambio en el arte de la pintura por nn cambio en el canicter del modelo. Es un hecho bien conocido que el retrato descubre su origen. Tengo una coleeción de retratos de Carlos Dickens y es interesante
tbservar cómo lof-l artist::u; escoceses le &lt;lan un cierto aire escocés, mientrair,
que parece un perfecto inglés en los de Lonclres y toma bajo el lápiz americano un aspecto de la Broadway ele 1845, así como debemos encontrarle
algo de francés en las fotografías hechas en París. Hay una gran difcren•ia entre la manern &lt;le Reyno!rls, Hoppncr, La Tour, Van Loo, y la ele
Sargcnt, I-Ioll, Carnlus Duran, Bonnat, Bcsnard y Zorn. Esta cliierenci,i
ttontribuyc á ocultar los parecidos esencia.les &lt;le los modelo~ . Tuve íntima
ounistnd ron el J,iznieto de Benjamín Fnrnklin, cirujnno en la. nrnrina. americana. Con un gorro &lt;le picler,; y el r:Llzón t1orto podría fát"ilmente pasar
como el retrato de su Gisabnelo. i\Iayor cm mm l:i semejanza moral. En
cualquiera banqueta. de Nueva York ::1c pne&lt;lcn ver hoy mi~mo idéntica¡..
figuras á las que Rembrandt pintarn en su Ronda de noche. Es posible
que no haya parecido muy notahlc entre el retrato que Sargent ha hecho
de Teoclorn Hooserelt en 1005 y aquel Klaas ;\fartcnscn Rooscvelt que llcg6 á la Nuera ..\msterdam en 16-ifl; pero si se pudieran contemplar, el nnl)
.tl lado del otro, así Van&lt;le,· Hl'ist hubiese podido pintarlos á ambos, veríais aparecer el aire de familia.
Pero si hay algo que me interese más todavía que esa persistencia de
las facciones ele sus antepasados en los americanos de hoy, es la continui-tlacl, á través de las generaciones sucesivas, de ese carácter americano, dr

esa alma del pueblo que rino á 1'1 vida en el continente occidental.
Se conviene generalmente en que ese carácter es compuesto; en que el
¡,ueblo que habita América es un mosaico hecho de diversos frn;;mcntoij
venidos de países di\·ersos y reunidos como al azar en un dibujo Lli:-'-l pi.lrnbdo. Esta suposición es mucho menos real que aparente .
Sin duda alguna, hubo grandes y notorias dilcreneias entre los ¡:;r,n·c•
v extrictos puritanos que se establecieron ch bs costas de la b:d1ía del
:l[assachusctts, los Caballeros. dados al placer, que hicieron sus pl:rntacinncs de tabaco en \'irginia, los liberales y confortables holandeses que tomaron posesión dé las riberas del Hudson, los h,ibiles é industriosos fran&lt;:escs que viniernn de la Yicja á la. Nuera Rochc1a1 los crniquC'ro~ pacíficoi:;
y prndcntcs que siguieron á Guillermo Pcnn, los pesados alcrnane_s del
!{hin qne e~tablecjcron sus granjas ::í lo lnrgo &lt;lcl Su~uchanna loK ngorosos y eombrttivos presbiterianos, irlando-escoceses que Jucron los '}ion.
uiers de la Pensih-anitt occidental y &lt;le la Carolina del Korte, los tolerante•
e,ttólicos que huyendo de la persecución inglesa se precipitaron al l\foryland de ]ore! Baltimore. Pero estas diferencias exteriores de idioma, &lt;le
costumbres, de tradiciones y hasta de trajes, no tuvieron, después de todo,
sino muy poca importancia práctica al laclo de las semejanzas cxterimcs y
de las afinidades del espíritu que aproximaron á todos aquellos hom kes ele
cepas diferentes y que hicieron de ellos un pueblo-nó beteraclita, sino m1
pueblo unido con la consciencia de las- mismas aspiraciones, la fideliclad á
un mismo ideal y la voluntad de combatir y trabajar en común, entre
americanos, para cump1ir su destino.
Supongo que, naturalmente, los matrimonios rcpresentaní.n imporhmte papel en esta mezcla de razas. Para ello, las condiciones ele Ju Yida en
un país nue,0 en las fronteras de la civilización resu1tan particularmentt
Jayorables. El amor florece donde no se le guarda bajo cerrojos. En una
comunidad de desterrados, los sentimientos que inclinan ,¡ los jóvenes hnC'ia las doncellas saltan fácilmente las barreras del idioma y del nacimiento. rie la más natural manera los ingleses y los escoceses se nnie~·o.n _&lt;'&lt;.m
holandeses y franceses en el s,rnto estado del matrimonio y las madres
tuvieron una parte no menor que la de los padres en la constitución del
earácter ele los hijos.
Pero, además de esta mezcla natural, hubo otros procedimientos en
ejercicio para realizar la unidad entre los colonos. Hubo la presión de una
necesidad cornún,-la necesidad de cuidarse á sí mismos y de hacer su
propia vida en un mundo nuevo y muy duro. Hubo la presión de un peligro cornún,-el peligro de saln,jes y pérfidos que los rodeaban, a.menaz:íu
dolos continuamente con el pillaje y el asesinato. Huho la presión &lt;le una
taren. común,-la taren. de realizar una industria organizada. y una comunidad civiliwda en pleno salvajismo .
Sin embargo de todo, y á pesar de su potencia, ¿tas fuerzas que tendían á estrechar, á fundir y á metamorfosear ,¡ los colonos h,ibían bastado
para hacer de ellos "" pueblo, en tan poco tiempo y de una manem tan
completa? tNo se necesitaron ciertas afinidades de los espíritus y la aceión
1

1

Ge
1

1

I

�REYISTA COXTE)[POR,(NEA

11;:;

REVISTA co,1TEllPOR.{NEA.

16!

sobre ellos de ciertos propósitos de un ideal determinado que hiw la mezcla 11ds f.((·il y má,, co111pleta á la vez? Puede bien ob.scrvarsc que la mayor parte &lt;le los c:iluno:, Jcl siglo diecisiete eran gen~ que, por va.ríos mo(loa, habfan sufrid . , por cau~a de sus convicciones religiosas, fuesen puritanos ó católicos, cpiscopalianos 6 presbiterianos, cuáqueros 6 nnall,tptista~.
El efecto casi invari,1..b!c de e:-as persecuciones rcligio:-ascs hatcr 1mis intcm•i}
t:1 deseo 1le practil•:tr la. rciigi6n en libertad. E.s cierto que otros motivos, l'l
:111::::ia. de a.venturas, el dcscu 1lc llc;;ar :í la pnisperi&lt;hul material y nlgnna:-rrcr:-; aun el deseo de l'."'.i~·ap:tr á ln~ COlhK,¾..'Utmcias tlc !a mala cumlucta 6 Je
la rn:il.t fortuna. en d país de origen, tuvieron parte l'll la coloni1.a.ción dl'
.\mériea. \'crduduro :tlt.--unlo sería. el pretender que todos loo ant1.•pas..'ldos
tle que ~e envancecn las Damas coloniales ó las /fijas de la. Revolució1z
eran personas de condición distinguida 6 &lt;le piedad ferviente. Pcrn
d elemento característico de la primera emigrarión americana íué rdigio~o,
y religioso nó por :--imple ,lcwilida&lt;l hacia la tradición sirnl por tm1f-:('('\lcncia
y ctmvicl~ión. ILtl1b. mc:1'l:-\ tlifcrcncia, ,t cst0 n.i:,pedo entre las &lt;livcrs..1~
('olc nia!'-\, de lo que bt';wralnll'ntc se cr.;c. Lm, nativos de ~neva Inglatrrrn que han e~ritn la, nuyt&gt;r p,utc de las hi:4ürÍ3s de .\m¿rica ~ han y]sto inclinados ,í reclamar par,, los suyos la parte del león coa esta atriburión de fa influencia. reli~iosa para lo:; puritnnos. En realidad, en tanto
que el Massachu$ctts era una. colonia. religiosa con tendencias comerciales,
la Nueva .Amstcnlam cm una. colonia. comercial con principios rcligioSús.
El sacerdote ele \'irginia lefa su,; plegarias y el cuáquero de Pcnsih-ania pasaba en silencio 1n parte 111:ís importante dP su ritual; pero tanto en !ns
orillas de b James com•&gt; en las riberas del Delaware era de fa c,pirituali1bd de donde tomaba 1" vida su suprema significación y su valor @ls alto.
C,'uando la existencia tiene tal orientación, el electo inmediato es hac·cr al hombre más scnsihle y más consagrado :i su ideal.
El Mbito de prcoCUlXH"SC constantemente de las saneioncs rcligiooas
(ºl"füt en el hombre una. cfü;posición p:.1.ra. arreglar to&lt;las sus energías de ese
modo exaltadas, sobre 8ll concepeión íntima. del bien que debe desear. Lo!-hornhre~1 que se nutren en t.'tl atmó:,fcm pucilt.•n f:tc:ilmcntc r1mv,~rtirse en
fanáticos, pero no es prol,~ble que carez&lt;'m1 ,le energía.
Por otra. parte, lo~ colonos .uncricnnos ~ encontraban retmi&lt;los por
11nu. cspceie de sclccei6n 1mtura.l: hnlx), pues, entre ellos y nece!--ariamente,
una proporción ext.'e¡x~ional de voluntaclc:3 fuertC8, de caracteres resueltos P
independiente.-., dt• gentes que sabfan lo que querían hacer, y que estaban
,leeididos ,¡ aceptar los ricsgüs necesarios y las difirultadcs de su empresa.
En rirrto modo, !--iguió siendo ,tsí rcspc('.to de la subsecuente inmigración
de los Estados l:nidos. La mayor parte de los inmigrantes, aunque pohres ó ignaros, no estaban Begurnmente desprovistos de energía personal ni
tle b clara r·onoeiencia de lo mejor que debían hacer. De otra manem
110 habrían kniclú l,i fuerza de romper lazos antignos, de deoafüir el mar y
tic nfrrn1tar la solccla1l y l:t in:--eguridad de la. vida en una. tierra. extraña.
g1 d&lt;.•~contento de su cowlición anterior obraba. en clloci, nó comu un deprimcnto !-,ino nlmo un t6niru; la esperanza de algo que no habían ·dato

••

1

1

ªº

aún y que no habían ensayado, era para ellos un estimulante y para su
rol untad como un reactivo. A pesar de todos los temores y de todas lae
repugnancias se encontraron á fin de cuentas, más atraído::; que rcchazadolS
por las perspectivas de una vi&lt;l:i nueva, emprendida por su propia cuenta,
según sus propios deseos, en um, tierra libre en que habían de ser tan numerosas las ocasiones como h1s dificultades.

II
Llegamos al primero y mis poderoso factor en el alma del pueblo americano: el espíritu, el carácter de independencia. Este es el principio activo, el que vemos dese le luego en obra, desde las primeros tiempos de su historia. El fué la roz interior que amarraba á aquellos hombre.s y los sostenía en sus prirneras luchas y en sus primeros esluerzos. Diéronlc sus
conviecioncs religiosas mis profundidad, y la experiencia práctica más fuerza. Tornó cuerpo en PUS instituciones políticas, en sus declaraciones, en
sus constituciones. Les hizo rechazar toda dirección y todo dominio del
extranjero, combatir toda dependencia exterior. Les hizo reiyindicarse al
dered,o de tomar ¡,or sí mismos sus resoluciones y admitir como
postula&lt;lo el derecho de desarrollarse por sí solos. En los ignorantes y en
los niitados lué agresivo, impudente, infatuado y fanfarrón. En las gentes reflexivas y prudentes lué grave, firme, resuelto, inflexible. Ha persistido :í través de todos los cambios y de todos progresos de dos siglos; sigue siendo hoy la cualidad más fundamental y más irreductible del alma
americana.
Se prodría encontrar una expresión de ella, popular y un tanto cuanto vulgar,-no sin puntas y ribetes de humorismo,-en la respue.sta de un
yankee á un inglés que decía que si los Estados Unidos no se portaban bien
vcndda ú castigarlos la Gran Bretaña. "Qué, dijo el yankee,-no le ha
bastado con b primera vez'? Encontraremos una expresión de ella, m,ís
profumla, más sana, más refonada en la afirmación de Lincoln sobre el
campo de batalla de Gettysbury: El Gobierno del pUt!blo, por el pUt!blo .,·
para el pueblo no desaparecerá de la tierm. ''
Pero de cualquier modo y en cualquier lugar que se exprese tal principio, la co;a que proelama es la misma: la convicción íntima de un pueblo
que tiene el dereclw y el poder, y por consiguiente el deber de arreglar su
propia vida, de gobernar su propia fortuna y de perseguir su propia dicha,
según las lu&lt;'es de que dispone.
Es evidente que se puede dar á este espíritu diferentes nombres según
las circunstancias en que se manifieste, ó en que se le examine. Se le puede llamar espíritu de autonomía cuando se muestra en oposición á laa fuerzas de dominio exterior. El Profesor Barett Wendell decía en esta mism:i
,,átedra, hace cuatro afios, que el ideal elaborado en la consciencia americana era el ideal de libertad. Pero su equilibrado criterio lo llevaba inmediatamente ,¡ limitar y definir ese ideal: '' América desea que su política sea libre ele toda dirección, de toda traba y de tod11 intervención que

�166

REVISTA COXTEMPOilÁNEA

REVli:i'fA CO:-iTEMPO.RÁ:'.füA

provenga de otro poder que no sea su mismo poder'' ¿ Y qué es esto sino
el espíritu de independencia? El Profesor nlünsterberg en su admirabl&lt;'
libro Los Americanos, le llama: la ,-o]untad de conducirse solos. Señalando su influencia en el desarrollo de las instituciones americanas y en b estructura de la vida, dice: "El que desee comprender el secreto de este
desconcertante movimiento, el mecanismo interior que hace mm·er todas
las fuerzas activas de la política, debe partir de un solo punto. Debe medir la ardiente aspiración del americano á dirigirse por sí propio. Después
de esto se comprenderá todo lo demás."
Pero me parece que est:i aspiración á dirigirse por sí solos no es peculiar de los americanos. L,c naturaleza he ha puesto, más ó menos, en todos los hombres: aspiran á ser dueños de sí, modelar su vida, á dirigir sus
pasos . En lo que difieren los hombres es en la clarividencia y la energhi
conque consideran su derecho, su poder y su obligación de obrar así. En
el fondo de ese carácter independiente, de esa pasión por la libertad, hay el
espíritu de "selj reliance" de donde aquellas disposiciones traen su fuerza
y su permanencia. Este espíritu es el que ha hecho á América y es el que
conserva la República. Eme,·son lo ha traducido en una fórmula: "MarL"haremos con nuestros pmpios pies, trabaja.remos con nuestras propias manos, expresaremos nuestros propios pensamientos .' 1
Es cierto que este carácter se ha desarrollado principalmente bajo lii influencia de los puritanos y de los peregrinos de las colonias de Nueva Inghterra, educados, ó por mejor decir, fortificados y endurecid,1s en la
creencia fuerte bautizada por el gran francés Juan Calvino, y modeladas sobre ese altísimo sentimiento de la responsabilidad pcrsomü que lleva en sí,
tiin frecuentemente, el intenso sentimiento del viilor y de la fucria personales. Mas en último resultado y considerando más de cerca, veremos que
no hay muy grande düerencia entre los colonos de diversos orígenes, en lo
que respecta á su disposición de no atenerse sino así mismos y á i;u sentimiento de que pueden .Y deben dirigir sus propios asuntos.
Los de Virginia languidecían y se irritaban bajo la regla arbitraria iJs,
la corporación de Londres que los contenía con militar severidad. Obtuvieron una «Gran Carta de privilegios, reglamentos y leyes» en 1613. Esto dió á la pequeña colonia de un millar de individuos el derecho de elegir
su Asamblea legislativa y condujo así al establecimiento del régimen representativo en el Nue,o Mundo. Un poco después, en 1623 temiendo ver renovarse el despotismo anterior, la Asamblea de Virginia mandó un mensaje al Rey en que le decía: "Antes que estar reducidos á vivir bajo tal Gobierno, rogamos á S. M. que envíe comisarios para ahorcarnos." En 1624
la compañía de Virginia fué disuelta y la colonia, pasó bajo "Curta re:il" ;·
pero no dejó de conservar celosamente su autonomía en todos sus asuntos
locales y se mostró más y más descontenta en su resistencia contra los abusos, imaginarios ó reales, de los Gobernadores enviados por el Rey . En
1676 los Virginianos se rebelaron de hecho contra las autoridades ele la
Gran Bretafia porque consideraron que se les reducía á un estado de dependenci,i y de servidumbre . Sentían que eran capaces de hacer sus pro·

16i

pias leyes y de escoger sus propios gobernantes . No se creían inferiore&amp; en
nada ,l sus hermanos ele Inglaterra, y con sus tendencias aristocráticas,
:1parecieron hombres como Lee, Henry, Washington, Bland, Jefferson,Harrison, quc tenían más poder real aue algunos Gobernadores reales.

o•

En l:i Nueva .\msterdam, donde prevalecía In política más liberal en
,-nanto,¡ recepción de emigrantes aunque fué donde durante mucho tiempo
no hulx1 nada que se pareciese á un gobierno popular, los habitantes se rebelrrron en 1649 contra los Agentes de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales que los gobernaba desde ultramar; los gobernaba suficientemente bien, en verdad, pero no dejaba libre amplitud á su espíritu de indepenci&gt;L. Los conflictos entre el director van Swille1-llcno de srhnirk y
rncío ele ideas-con sus vecinos, entre el violento y descalabazado William
Kift y sus ocho hombres, entre el valiente, fogoso, obstinado y dictatorial
Petc1· Stmy y sus nue,·e hombres, han siclo relatados con verba humorístipor Washington In·ing en sus Knirkerbockers. Pero bajo la crónica de
las disputas y protestas y enojos es fácil percibir las agitaciones del espíritu resuelto, que se fía á sí mismo y quiere tener el manejo de sus propios
negocios. En 1649 la \'ertoogh ó la reclamación de unos cuantos representantes de los burgliers de ~fanhattan, Brewekclen, Amersfoort y Pavonin íué enviada á los Países Bajos. Pedía desde luego que sus Altas Potencias suprimieran 1&lt;1 Compañía de las Indias Occidentales tomando el manejo directo de la Nueva Holanda; en segundo lugar que se concediese un
régimen verdaderamente Municipal á la Nueva Amsterdam; y por último
que la cuestión de límites de las provincias fuese arreglada por autoridades
aptas y bien dispuestas .
Este documento hizo reflexionar tmnbién sobre su libertad-porque
el ejemplo es contagioso- á sus vecinos de la Nueva Inglaterra, "donde no
se conocían ni patrones, ni señores, ni principios; sino solamente al puclilo''. La Compañía de las Indias Occidentales fué bastante poderosa parn resistir por algún tiempo á esas peticiones; pero en 1653 la Nueva Amsterdam se constituyó en ciudad . Diez años más tarde pasaba á estar bajo
la soberanía inglesa y la historia de Nueva Yok comenzaba . Uno de sus
primeros acontecimientos fué la protesta de algunos burgos de Long Island
contra una contribución que se les impuso para la reparación de los fuertes
de Nueva York. Apelaron al principio de que "ningún impuesto se establece sin el voto de los representantes'' que decían haber sido reconocidoá
la ,·ez por Inglaterra y por la República de Holanda. Durante más de veinte años, sin embargo, esa. apelación y otras semejantes fueron desdeñadaf;,
hasta que, al fin, el espíritu de independen&lt;-ia se hizo irresistible. Se dirigió un manifiesto al Duque de York declarando que la falta de una Asamblea representativa era "un intolerable abuso" . El duque, según se dijo,
estaba cansado de esa provincia maleante que no le proporcionaba sino quejas y molestias . "Tengo ganas de venderla, decía, á quien me pague un
buen precio por ella''.' 'Cómo,-exclamaba su amigo Guillermo Pum-vender á Nueva York! No penséis en tal cosa. Dadlesolamente autonomía,

�168

1

1

169

RKVIST.\ COXTE-'lPORÁXEA

REVISTA CONTE:'IIPORÁNEA

no tendréis ya moti ro de queja." El ,Juque atendió al cuáquero, y en 1683
fué elegida la primera asamblea de Kueva York.
Las cartas que se concedieron por los Estuardos á las colonias amentanas eran de un carráter extraordinarjamente liberal en su mayor p3rte.
Hin duela que los reyes veían con satisfacción que sus súbditos intratables J'
turbulentos ab:rndonascn la lnglatcrrn y tal consiclcr,tción no debió ser ajena á su liberalismo. Mas no por eso dejó de ser el objeto inmedüito ciar
ánimo al espíritu de inclepentlcncia. En algunas de las colonias, corno en
el Connccticut y Rhode Island el pueblo elegía á sus Gorbernadores, así como hacía. sus leyes. Cuanthi el Gobernador de Nueva York, Fl~tchcr, encuentra la población del Connecticut decidida á no doblegarse,¡ sus mandatos, en 1693, escribe con cólcrn á la Metrópolí~ "Las leyes ele Inglaterrn
no tienen electo alguno en e.sa colonia; se considera Estado Libre." Aun
en las colonias en que los gobernantes y los jueces eran nombrados por la
Uorona, el pueblo descubría prontamente y resentí:1 todo ataque :i sus libertades, toda contradicción á su voluntad, de modo que unas y otras sr
expresaban por la voz de sus ,csambleas pupu!ares, y se reservaban el clererho de votar y de pagar ó rehu3ar el pago de los sueldos de esos magistrados.
La política de la Gran Brctafia pnra sus colonias, bien que un poco
vaga, se pronunció 1rnís bien por dejarlas del todo indepen,lientes. Puede
ser que diversos motivos en diferentes épocas contribuyernn á esa política .
Algo de indiferencia y un tanto cu,mto de poco aprecio existicrn sin duda.
El liberalismo inglés y la simpatía republicana tuvieran su parte y :1lguna
también la bucn:1 voluntad csclarc,•ida de hacerlos prosperar por sns propios medioR y á su manera para. crear mejor mercado á las manufacturas
inglesas. Así es como lord Morley nos dice que "Walpole estaba contento
de ver que ninguna perturbación le ven fa de América. La abandonó al Duque de Newcastle y éste á su vez la dejó entregada á sí misma, de forma
que él tenfa su oficin&lt;i llena de despachos de los gobern:tdores americanos,
comunicaciones que dejó muchos años Rin abrir siquiera .' 1

leyes y constituciones, reclutaban tropas, construían caminos, fundaban
escuelas, imponían contribuciones, desarrollaban el comercio, y aun sobre
este último punto no dejaban de contravenir ó de eludir las leyes m,ufümas de Ingl:1terrn. Reconocían,-y aun durante mucho tiempo la procbmaron,-su lealtad hacia fa corona.; pero la concebían sobre un pié de
igualdad y la comprendían como un sentimiento voluntario, producto, en
su mayor parte, de un reconocimiento hacia un poder real qne protegía sus
derechos de autonomía interior.
Esa tendencia ,¡ contar sólo consigo mismo, se extendió ele las colonias ,¡ las ciudades y á los condados. Los establecimientos más modestos,
,·.tda próspera alde:t, cada ciudad pequeña, tuviernn, con sus distintos intereses locales, el deseo de administrarlos y el sentimiento de que eran capaces de ello . Y en esas comunidades, cad:t hombre estaba preparado parn conocer su propia importancia, su propio valor, su aptitud personal, y
su derecho ,¡ intervenir en la discusión y el arreglo de las cuestiones locales. Las condiciones mismas de la vida habían contribuido á desarrollar
en los colonos ciertas cualid:tdes que persistían J' que daban ,í su carácter
esa virtud de independencia personal ¡- ele confianza en sí. Los hombres
que habían abatido los bosques, rechazado á los indios, construído sus casas en desiertos, estaban inclinados á juzgarse capaces de todo . Estimaban su lib&lt;lrtad como su más precioso capital. "Tengo,-decía Franklin,
-algunos propiedades en América, gastaría con satisfacción 19 chelines de
c:.da libra csterlin:1 para defender el derecho de dar ó ele rehusar voluntariamente el otro chelín; y después de todo, si no me es posible sostener ese
derecho, puedo retirarme alegremente con mi reducida familia á los bosques de América, donde hay la certidumbre de la libertad y de la subsistencia pam todo hombre que pueda poner en uso un anzuelo ó disparar

Pero cualesquiera que hubiesen podido ser las causas de esa política,
su efecto !nó fortific:ir y extender el espíritu c¡e independencia entre el pueblo de América . t'n grupo de comunidades crece á lo largo de la costa
occidental del Atlántico, enseñad,1s á defenderse por sí mismas, á desarrollar sus propios recursos, á arreglar sus propios negocios. Con razón se
rlice que eran colonias sólo en el sentido griego, es decir, comunidades qm•
•e alejan ,fo la madre patri,1 eomo hijas que se separan del hogar familiatpara establecerse por su propia cuenta ¡- vivir, á su turno, su propia vida.
No eran colonias en la significati6n romana: arrabales del imperio, O&lt;'Upadas por una guarnición y directamente gobernadas por una autoridad central y única. No, cada m1a de ellas tenía consciencia para comprender
suB propias necesidades, BUS ocasiones favorables, sus probabilidades de
éxito, SUB deberes, sus peligros y sus esperanzas mejor que nadie. El sentirniento,-decía Franklin CU'1Ildo se presentó ante el Comité Parlamentario en Londres-es el me¡or juez. Esas colonias acuñaban moneda., hacían

una carabina."
La prosperidad mara,illosa y el crecimiento admirable de las colonias
sostuvieron este espíritu de independencia. Su riqueza aumentó más rápidamente, en proporción que la de Inglaterra. El conjunto primitivo de
¡,osa de 100,000 iumigrantcs se habfa convertido, pnra el año de 1776 en
una población de 2 millones, en tanto que durante el mismo período,
Inglaterra sólo había subido de 5 á 8 millones.
Los conflictos con la potencia francesa en el Canadá contribuyeron
también grandemente á consolidar las colonias y,¡ descubrirles su fueria.
El primer Congreso á que todas ellas fueron invitadas, se verificó en Nueva York, en 1G90, para cooperar á las providencias de guerra contra el Canadá. Tres prolongadas y sangrientas guerras franco-indias en las que los
Colono,; observaron que llevaban ellas el peso del fardo y ele! combate, produjeron el efecto de relacionarlas, de darles conciencia de su interés co-

mún y &lt;le sus recursos .
Pero la victori&lt;t que terminó para ellas esas guerras, turo también otro
resultado. Abrió la vía á un cambio de política de la Gran Bretaña para

ton sus colonias americanas, cambio que pretendía su reorganización, su
subordinación á la autoridad del Parlamento inglés y su transformación,-

�170

REVISTA CON:'rEMPORÁNEA

según lo decía el ex- Gobernador Pownall,- en una «gran potencia marítima formada por nuestras posesiones at1ánticas y americanas, reunidas en
nn sólo imperio y con un centro en que esté el asiento del Gobierno.»
Era, sin duda, el imperialismo, y por esto fué que los America110~,
&lt;lándose cuenta de ello, levantaron su espíritu de independencia contra LL
nueva política resistiendo enérgicamente á todos los manejos, aun insignificantes, qne les parecían destinados á llevarlos hacia la sujeción ó b. servidumbre. Resultaron de allí diez años de debates acrimoniosos y viole,1tos y después diez años de guerra. Y ¿á propósito de qué?- ¿La ley del
timbre, la ley sobre el papel y sobre el vidrio, el impuesto sobre el te, el
acuerdo relativo al puerto de Boston? No; se trataba en el fondo &lt;le hi
facultad y del derecho y de la intención de las colonias, de continuar dirigiéndose por sí mismas. Es, tal vez, imposible comprender la revolución
americana si no se comprende esto . Y si no se comprenden ]as cansas y
la naturaleza de esa Revolución no se podrá comprender ,¡ los Estados
Unidos &lt;le hoy.
Concluirá.

11mmr VA~ DYK

REVISTA DE REVISTAS.
SOCRA.TES Y LA SUFRAGUITIA
La stúraguita saludó á Sócrates y dijo :- Durante treinta años he venido propagando tus argumentos en favor de la libertad y de la igualdad de
las mujeres. Muchos hombres me han dado la razón pero sus Gobiernos
me han negado la ciudadanía. Cansada de esperar inútilmente, desde haC"e tres años he tratado de añadir la coacción á la propaganda del ideal. He
iuterrmnpido á los hombres en las asambleas, heperseguido á los gobernantes en sus casas, en las calles y en los palacios de gobierno, he querido
!orzar la resistencia de sus gua,·dianes, he padecido serenamente los rigores de la prisión, he llevarlo á los jardines públicos á 300,000 compañeras
para pedir conmigo, en clamor unánime, la concesión de la ciudadanía. Ahora los mismos hombres que antes me daban la razón se vuelven contra
mi, y promulgan nuevas leyes para castigar mi propa.ganda. Tus
argumentos no sirven. La razón ha fracasado. Los hombres me
rlicen que la ciudad descm1sa en la fuerza, que mi debilidad me impide
rlcfenclcrla y que no debe gobernarla el que no puede defenderla en un
apuro. Y por eso me veo reducirla á apelar ,í la fuerza. Tengo que matar para mostrar que también yo soy fuerte. Estoy desesperada. Me
h1U1 desesperado . Voy á matar y á morir, en consecuencia. Con mi sangre pagarán las mujeres que me sigan In suspirada independencia.
- Me place tu fortaleza-contestó Sócrates.- Así han de ser, animosas y heroicas, las madres, las mujeres y las hijas de los guardianes de mi
república ideal. Sacrificar la vida en holocausto de la justicia no es sacrificio sino el placer supremo conque el mortal se abre las puertas de la inmortalidad.
-¿Apruebas, entonces, mi resolución?
-La apruebo si me demuestras su justicia.
-Pero ello no necesita de mi demostración. Fuiste tú, Sócrates, quien
nos lo demostró á nosotras al decirnos que el talento de las mujeres no era
de índole diversa al de los hombres, que sólo diferían en cuanto al distinto
modo de contribuír á la perpetuación &lt;le la ciudad, que las mujeres y los
hombres son naturalmente aptos para compartí rsc todos los oficios y su educación en la música y en el gimnasio debía ser la misma. Nosotras no
hemos hecho sino repetir tus argumentos.

�17:l

REVISTA CO:XTF.\IPORt(XEA

REVTSTA CO:XTE:",[PORÁNEA

-Eso dije hace veinticinco siglos . También afiadí que,en conjunto, la
mujer es más débil que el hombre y que era función de la mujer la de dar
hijos sanos,y criarlos á sus pechos,destle los veinte hasta los cuarenta años. Desde entonces no hago más que pensar en el modo de conciliar en
mi ciudad la igualdad ideal de los sexos con la diferencia impuesta por la
maternidad . Porque está claro que si la mujer es generalmente algo más
débil, su debilidad itumcnta en los mejores años de su vida, los que ha de
consagrar ,¡ dar y criar hijos, si es que ha de perpetuarse la ciudad.
- Tu ciudad, Sócrates, no existe. Los hombres, obscurecida la razón,
no han sabido fundarla. La ciudad en que ahora vivimos es aún peor que
la misma Atenas que te condenó á la muerte. Al menos es peor para no-

-Entonces, según tu confesión, ha sido al encontraros en el mercaclo
del trabajo las multitudes de mujeres cuando os habéis acordado del ideal.
-Así es .
-Mientras os ha amparado en vuestras casas el trabajo del hombre,
no os habéis cuidado de la ciudadanía, ¿no es así?
-Ello fué por ignorancia, por atraso mental.
-No te precipites á señalar la causa; la estamos averiguando. ¿E.
así ó no es as·í?
-Así es; nuestra agitación no ha empezado sino cuando nos hemos juntado las muchedumbres de mujeres en el mercado del trabajo.

172

Rotras.

- Explícate.
- En tn Atenas las mujeres se hallaban recogidas dentro de puertas.
La plaza era para los hombres, para ellos la guerra y los servicios y provechos de la ciudadanía, pero también la obligación de ganar el pan de st1~
mujeres y sus hijos. En esL~ ciudad nuestra los hombres se están negando á sostenernos. Cinco millones de mujeres se han ele ganar la ,ida en el
mercado del trabajo y todos los años la cifra crece desmesuradamente. Y
si las cargas del trabajo pesan sobre las mujeres con tanta ó mayor fuerza
que sobre los hombres, ¿no hemos de aspirar á los derechos de la-ciudadanía, es decir, á los empleos lucrativos del Estado, siempre que demostremos nuestra aptitud para ello?
- ¿Cinco millones de mujeres disputando á los hombres el trabajo?
- Cinco millones.
- Monstruosa y triste me parece vuestra ciudad. ¿y es por esto que
reclamáis ahora la ciudadanía?
- Por eso es, Sócrates.
- Esclarezcamos este punto, amiga Sufraguita. Reclamáis la ciudadanfr. porque los hombres han dejado de sostener á muchas de Yosotras ó
porque el eterno ideal de igualdad os mueve á reclamarla?
- Por lo uno y por lo otro .
- No me satisface la respuesta. Este es el punto capital que necesito
esclarecer para decirte si obras ó no en justich al lanzarte á la guerra de

sexos.
- Pues á la guerra me lanzan al mismo tiempo el ideal eterno y las
c-ircunstancias de lugar y de tiempo.
- Veamos si es así. ¿No dic·es que fuí yo quien expresó primero el
idea 1 hace veinticinco siglos?
- Así es.
- Ese ideal, ¿no lo han repetido después mis hijos intelectuales?
- Lo han repetido los mejores pensadores de tu hija, Europa.
- ¿Y cómo no surgiste tú hasta ahora para luchar por su realización•
- Porque no me empujaron las circunstancias. Fue hace treinta años
cuando los hombres nos empezaron á lanzar en grnndes masas á la calle
para obligarnos á trabajar.

- No parece, entonces, que sea el ideal ~uicn os impulse, sino las cir&lt;·tmsta.ncias, pero el punto necesita mayor esclarecimiento. ¿Hay en t-0das las ciudades vuestras tan gran número de mujeres condenadas á buscnrsc el pan fuera de puertas?
- No: en mi ciudad es donde hay más, pero en todas las ciudades
a&lt;lelanta&lt;las n.nmenta su número.
- ¿ Y en las ciudades no adelantadas?
- En esas no hay tantas. La mujer que trabaja fuera de puertas no
lo hace para provecho de un tercero, de un patrono, sino sólo para ayudar
,i su marido á cultivar sus tierras ó á guardar su ganado.
- Y la tarea de la mujer en esos países no adelantados, ¿es más ligera
ó más pesada que la del hombre?
- Generalmente, más ligera.
- Yeo entonces que llamáis adelantadas á aquellas ciudades donde la
mujer ha de trabajar tanto como el hombre y atrasadas á aquellas donde
trabaja menos. Es extraño. Pero díme, ¿piden el voto las mujeres en
vuestras ciudades atrasadas?
-No lo piden.
- ¿Y en las adelantadas 9
- Más ó menos, en todas.
- ¿Lo piden más donde hay más mujeres en el merrndo rlel trnbajo 9
- Sí, mucho más.
- ¿Y menos donde har menos 9
- Sí, mucho menos.
-¿Aunque el ideal se conoce en todas ellas?
-Conocerse, si se conoce en todas, pero sólo se p1·cdica en las adelantadas.
- Entonces creo el punto suficientemente esclarecido. Veo que no os
rnncvc el ideal, sino lns circunstancias . Queda por avNiguar si estas eu('Unstancias pueden ser permanentes.
- No lo serán porque el voto nos será concedido .
-No hemos llegado ahí. Dime, sufraguita, ¿por qué los hombres de
Jas ciudades adelantadas os han ecl1ado á trabajar?
- En parte por egoísmo, en parte por pobreza. Porque en les ciudades adelantadas se ama el lujo, porque la población es demasiado numerosa y porque muchos hombres han emigrado,\ tierras más lértiles.

�REVISTA COXTEMPORÁXEA
RE\'l:--TA co~.1TE~1ron.{~F,A.

1í l

que ,·on él produjérnmns nos pusimcs sombreros florcadcs y ,·nanta cint:1
-Entonces hay más mujeres que hCJmbres.
-En efecto, en mi ciudad hay más mujeres.
-¿Y en las tierras fértiles hahrá ahora ni,\s homhre que mujeres?

-ARi cs.
-Y en esas tierras fértil,•s donde ts,•asenn las mujeres, ¿!as tratan
mejor?
-Mucho mejor.
-lPiden en ellas el voto las mujeres?
-Xo lo piden.
-Y en estas tierras pobres, donde sobra la población y las mujeres
"ºn una carga. también resultarán otrn carga los hijos. ¿No es verdad?

-F,,;; rnrda&lt;l.
-Mientras en las tierras fértiles resultarán la bendición y la alegría
&lt;le las casas. Y en esas tierras pobres ó adelantadas, donde hay exceso de
población y de mujere:-- se procurará disminnír el número de bijos1 que,
en cambio, aumentará en las fértiles y atrasadas.
- Así es.
-Entonces las circunst:tncias han de cambiar dentro de unos cuantos
años. Pürque n1estras mujcrc,; pobres y solteras no tendrán hijos; y las casadas,necesitadas de trabaj,u fuera de casa,no podrán criarlos á sus pechos,
y los hijos saldrán enclenques y enfermizos, por faltarles la leche materna.
Luego dentro de unos pocos años desaparecerá el exceso de población en
unas tierras y estarán m,is pobladas las más fértiles. Con lo cual en dos
ó tres generaciones se habrá nivelado hi población humana en todas las tierras del planeta. Los hombres volverán á mantener á las mujeres Y las
mujeres volverán á encontrar más cómoda la vida del hogar que las ansiedades
dela calle y que los negocios públicos . Esta es ht conclusión lógica. Si vuestro movimiento lo determinan las circunstancia~, desaparecerá con las cir1

eunstancias que lo ,letenuinan .
- Desaparecerá .... .
Dijo la sufraguita, y se le llenaron los ojos de lágrimas.
RAMIRO DE .MAEZTU
UNA RECEPCIOX DE LA K\[PERATRIZ \'IUDA DE CHIXA,
POR MISS MABEL T. BO,\RDMAN [1)

brillante pudinrns.
La milla que nos faltaba recorrer para llegar al Palacio de \'erano la
anduvimos en literus. Y no dejamos nuestros balanceantes vd1ículos hasta
que llegamos á un patio interior del Palacio, después ele ha her cruzado
muchas murallas y de andar largo rato por el camino de entrada, cnmaraiiado como un laberinto. Allí encontramos el resto ele nuestra numerosa comitiva--Jramo::; cuarenta..
El General Corbin y el Almirante Train, elegantemente unif,11·ma&lt;l0;,
lo münno que sus aym.lantes- 1 clahan al grupo un aspecto pintoresco y agra•
,Jable. El "a16n del Trono da al mismo patio que la sala donde estálltlnws
y se llega á él por un pórtico y una gran escalinata. Primero fueron presentados los hombres y luego nosotras.
Cuando entramos al salón hicimos una reverencia y nos agrupamo::i 1l
la izquierda. Pudimos entonces contemplar, á nuestro sabor, aquel espet·táculo pintoresco y raro: en el centrtl eohrc un e~trado eon liaran&lt;lilla al
frente, sentada en su trono, estaba la Emperatriz; detrás de ella se abría
un biombo cuidadosamente lxmlado. S cada latlo había un trípode con
una pirámide de manzan;\s, las ele uno rojas, lns del otro ::umuillas, sim•
bolizando la prosperidad . ,\ In izquierda-el lug-~r de honor en el Oriente- estaba el Emperador; y, arrodillado en nn:t mesa, al frente, :Mr. Wu,
actual Ministro chino en Washington . Lo má.- notable de la earn de I;,
Emperatriz es que no tiene acentuados los rnsgos de su raza: sn contor110
es más bien largo que redondo, sus ojos apenas oblkuos, sus pómulos nn
saltan, su nariz no es chata ni aplastada. Por ser viuda, no llen1ba pintura en su faz . Su pelo negro, arreglado á la. mocla mandl'hú, se enc01Taha
en lo alto formando un arco parecido al que usan las alsacianas. Kus adornos diferían de los que llev,iban las &lt;lemás damas presentes; ollas tcníc.n ,í
la derecha. de su tocado una borla de seda, roja 1:;i eran cns,Hla:--, y negra :-;i
viudas, y á la izquierda una crisantema rosa. En lugar de la !,orla Jlemha
la Emperatriz tres ó cur,tro sartas de perlas, y adornos de jade verde oscuro á la izquierda. Su vestido de encima ern &lt;le seda azul y el de ahajo d&lt;'
brocado amarillo . El azul y el amarillo son, en el Celeste Imperio, colores reales. No lle1·aba joyas, pero las crecidas uñas de los dedos tercero ,I"
cuarto de sus manos, estaban encerradas en estuche de oro bbrado, _v
parecían garras inmensas. Su figura es menuda y ligern y sus hombros S&lt;'
nclinan ligeramente; sus ojos negros brillan con vi,eza, y su sonrisa pla1

,\.!ice Roosevelt, la Sra. y In Sri la. Rockhill habían venido de Pekinen
una desvenoijad:i victoria, escoltadas por un piquete ele soldados chinos
que montaban malos caballejos, enjaez.sdos con arreos maltrechos Y añosos.
En nuestros trajee de verano dominaba el color blanco-el de luto •n
el Celeste Imperio-y para atenuar en lo posible b impre.sión desagradable

centera cautiva.
El Emperador es pequeño de cuerpo y tle pura casta china; paren,
,liez años m,ís joven de lo que es. Su vestido ele seda azul podía confundirse con el de muchos de los funcionarios presentes. Porque, á no estarse habituado á distinguir los grandes personajes chinos de los simples criado,
por el color del botón que corona sus sombreros redondos,fácil es cambiar,¡

(,) En e~ viaje que hicieron, en el año de 1905 1 Mr. Taft )' Miss,Alice R&lt;&gt;?sevelt,
acom añados de 1111 grupo de prominentes amencanos, á algunos ~a1se~ del le3auo 9·
rientf fueron recihidos por la Emperatriz Viuda de China 1_ que munó hace P':co.
Board~an la autora de este artículo, recientemente pubhcado, fué acompanante e

unos por otros.
La Sra. Rockhill y Alice Rooscvelt subieron á la plataforma y aqm:Jla presentó á la hija del Presidente con la Emperatriz. La Empera-

Mas

MissRoos~velt en tal ur.asión.

�LIBROS RECIBIDOS
176

REVI:5T A CONTE)f PORÁNE.A

lriz contestó con una inclinación de cabeza y leyó, de un libro, unas cuantas palabras de bienvenida, que tradujo Mr Wn; después, dejando un pot·o l:t formlllidad oficial, dijo á Miss Roosevelt que deseaba que no echarn
de menos su patria en su viaje por países extranjeros.
Cuando la Sra. Ro&lt;'khill y Alice Rooscvclt bajaron de l:t plataforma,
h Emperatriz, ayudada por dos eunucos, descendió á donde estábamos y,
nno por uno, le fuimos presentados. .Kos saludó á nuestro modo, doblando hacia la palma de la mano sus dedos tercero y cuarto
Pasamos to,las luego á un gran salón comct!or, donde nos esperaban
nucRtras :1migas, las princesa.'; que nos habían acompañado á tomar el te
un día antes. Tmlns vestían trnjes azules con ribetes malva bordat!os rlc

tlores.
Grandes fuentes adornaban la me~a, llenas de

Uías, manzanas, pastl'w

les, nueces y dulces. Se sirvieron platillos chinos y europeos. La princesita que estaba cerca de mí se lernntaba frecuentemente, se inclinaba sobre la mesa y me ofrecía, con una sonrisa, frutas y pastC'lcs, única rortesfa
que podían hacernos, pues ni ellas sabían inglés,ni nosotras cl1ino, ni la tí·
11ica intérprete basta ha para todos los comensales .
Después de pasar un rato en unos saloncitos donde se sir\'ÍÓ te y nuestras amigas las princesas chinas fumaron, fuimos de nuevo a.l salón cometlor; allí fué á buscarnos la Emperatriz. Xos trató con m,ís familiariclarl
que en el Salón del Trono, y nos presentó al Emperador, á quien lle,·ó
delante de cada una ele nosotras. _\ Miss Roosevelt la clcsi¡,mó con un título que no recuerdo, á las casadas con la palabra Titi aüadida á la prime1':l sílaba'.dc sus upellidos,y á las-solteras con la palabra GmlJ'ª" aplicada
tic! mismo modo. Así que la Sra. Ncwlantl se llamó Nu-Titi y yo
Bo-Ga11ya11. No me pareció que el Emperador fuera un simple, como alguien ha dicho. Después nos fué presentada la Emperatriz de Occidente.
Aparccie:on á poco dos criados, cada uno de ellos con un azafate: en
uno traían anillos y brr.zaletes, en el otro paüuelos de seda azul bordados.
lfr. Wu fué diciendo nuestros nombres ,í la manera china, y la Emperatriz t!istribuyendo presentes. Regaló á Miss. Roosevelt un pendiente con
nn topacio rosa y un bra,.alete con flores de perlas, jade y rnbíes. Las S&lt;'lioras casadas recibieron brazaletes semejantes y ,¡ las solteras se nos ol,sequió con anillos ele oro con una perla en el centro. Cada presente rcnfa
acompañado de un paüuelo y una sonrisa.
Después nos dijo adiós en unas cuantas palabras que leyó en su librito tle antes. Una vez que se despidió de ifiss Rooscvelt, su Majestad se
dirigió á donde estaban los hombres é hizo caravanas á iir. Taft, al General y al Almirante . Nuestros Diputados y Senadores, que tanto valen en
nuestro patria., no le merecieron ni siquiera una mirada. Re detuvo luego
en mitad del cuarto, anunció que la recepción estaba terminada y fuimos
saliendo uno á uno, y hariéndole una eararnna á la que contestaba t'0n un
saludo amable.
Mientras llegábamos á Pekín, al andar de las literas, fuimos repasan&lt;lo los incidentes de aquel día, que parecían los de una visión maravillosa.

Nos proponemos publicar cada vez algo. á manera de reseüa sobre la.s
últimas obras del pensamiento moderno, en beneficio de los lectores, que
tendrán en las páginas t!e la revista una fuente de información, y en beneficio de los editores, que por medio tic nosotros, y sin otra erogación qu,.
un ejemplar de cada volume:i, tendrán un anuncio oportuno y seguramente fructuoso. Nosotros nos reservamos el &lt;lerecho de dar notieia t'rít ita.
más ó menos extensa de las obras que se nos envíen ;- que, á nuestro juil'io, merezc..·u1 estudio especial, ya sea por sus mérit,,:; literarios 6 científicos, ya por la actualidad de los asuntos que traten. Kn todo caso, creernos contribuír de esta manera á la difusión de la cultura general.
He aqtú algunos de los libros recibidos recientemente ron destino á la
Biblioteca de la REVISTA CoNTE,1PORÁNEA:
ESPAÑOLES
Elegías- I-Elegíns Puras, por Juan R. Jiménez, Madrid, 1908.
El Agua Dormida, por G. Martínez Sierra. Madrid, Librería de los
Sucesores de Remando. 1909.
Jaculatorias y otros poemas, por Juan Pujo!. Cartagena, Imprenta
de J. Palacios.
Los Trofeos, Romancero y los Conquistadores de Oro, por J. M. Heredia, traducción en verso castellano por Antonio de Zayas. Madrid, Librería de Fernando Fe. 1908.
Bushido: El Alma del Japón, por Inazo Nitobe, A. M., Ph. D., Traducción de Gonzalo Jiménez de la Espada. Madrid, Daniel Jorro, 1909.
De mi Villorrio, poesías, por Luis C. López, prólogo de Manuel Cer ·
vera. Madrid, Imprenta de la Revista de Archivos. 1908.
La Doctrina de llfonroe, y Lecturas Históricas Mexicanas: La Conquista-del Anáhuar, por el Lic. Carlos Pereyra. México. Ballescá y Cía.
Editores.
Poesías, por José Asunción Silva. Prólogo de Miguel de Unamuno.
Barcelona, 1908.
Los Fracasados, por Mariano Azuela. México, 1908.
La Sucesión Presidencial en 1910 y el Partido Nacional Democrático,
por Fancisco I. Madero. San Pedro de Coahuila, 1908.
Datos Relativos á la Construcción de la Presa del Chuvíscar. fmprenta del Gobierno, Chihuahua, Chihuahua.
Casta de Hidalgos, novela, por Ricardo León, 1908.
FRANCESES
Paysages Passionnés, par Gabriel Faure, Sansot, editeur, Parfs.
La Science et le realisme naif, par G. l\feyesson. Lirairie Arrnantl
Colin, París.
L'Aprés midi des Poetes. La Poesie symboliste, par P. N. Roinard,
V. E. Michelet et Guillaume Apolinaire. "L'Edition", Paris .
Encore le militarisme et la Diplomatie, par Teixera Mendes. Río de
Janeiro, 1908.

�SUPLEMENTO.
Siempre que llega á nuestros oídos
la noticia de" que tal ó cual individuo, corporación 6 gobierno ha realizado alguna obra qtte tiende ,í difundir la luz del ,,aber, en cualquier
orden de idc,1s, ó que se empeña
porque la cultura se extiench y se
prnpugue en todas las e-Jases de 1n so-

ciedad, nos sentimm; ,•erc_ladcrarncnte complacidos, rebosa en 11osotros

•

el ,~ntnsütsmo,y sin meflida ni cortapisas, prodigamos nuestras alabanzas y nuestrns palabras de aliento á
los que trabajan y se afanan por lrc
ilustrn&lt;:ión del pueblo y por el bien
de la patria.
Ayer habhíbamos del esfuerzo realizado por unos cuantos hombres de
empresa de estaciudad, que unieron
sus recursos y sus fuerzas para levantar un hermoso teatro, que si
hasta los actuales momentos no ha
presentado espectáculos que sirvan
para ilustrar y moralizar á las G1tses, sí contribuye para aumentar el
número de los centros de diversión
y esparcimiento que tanto necesita.
Monterrey, por lo crecido de su población y por su abundancia de di-

•

nero.
Hoy debernos ocupamos de otro
acontecimiento de índole parecida
al anterior, y que no por haberse
realizado fuera de Nnevo León, deja
de envolver para nosotros una importancia y trascendencia muy superiores á las de nuestro teatro.
Nos referimos á la inauguración que
deberá estarse verificando á la hora en
que sale nuestra revista, del hermoso edificio que, para Escuelas Normales, construyó en ·la vecina ciudad del SaltiHo,· el progresista gobierno del Estado· de Coahuila.
Es sin duda un esfuerzo grandio-

so el que ha llevado á término la
Administración de Don Miguel Cardenas. Levantar una Escuela Normal, esto es, organizn.r, instalnr solidamente y fomentar un vasto centro de cultura, incubado,· de luz, de
donde deberá i1Tadiar en haces resplandecientes el fuego sagrado de la
instrucción; dotar ti una ciudad como nuestra Yc&lt;.'ina, con una obra
tan altamente pntriótica y civilizadora, supone en su autor, no sólo
un espíritu superior y altruii;ta sino
un amor muy grande ii la niñez y
un interés decidido por el engrandecimiento de la patria .
Porque 110 hay que cree,· que la
Escuela Normal de que nos venimos
ocupando, sea una obra cualquiera.
Nosotros no conocemos los detalles
de la construceión, pero sí sabemos
que el hermoso edificio alcanza un
costo de más de trescientos mil pesos, y que con ti.na Suma tan consideral&gt;le, se puede perfectamente 1tcometer una obra que pueda superar á
casi tudas sus similares en el país,
que puede aportar mucho beneficio
y múcha honra al Estaclo y levantar
muy alto el nombre de los que tan
grande:; empresas realizan.
Esta Escuela Normal será 111
primera de la República, porque
después de la que se construye
en la Metrópoli, no habrá ninguna
que posea un edificio tan cómodo y
costoso como el que desde hoy ocupará la Normal del Saltillo. Sabemos que la construcción se amolda
perfectamente á todas las exigencias
de la escuela moderna, y que se han
tenido á la vista todos los detalles
que son necesarios en obras de este
género. Como decimos antes, no
podremos describirla material ni
1

.. i · • .

�artí.;ticanwntc, porque no In conocemos, pero sí ea.be que nos formemos nn rencepto aproximado de
ella, por sn costo y por los laf'tores
intelcdnaJcs que á su rcn.liza.ción
contri bnyeron.
Su solemne inanguraci6n tendrá
lugar hoy, con una veladacientíficolitcrnria qne promete estar muy Incida, y que vendrá á ser el prólogo
de mm serie de con lerencias pedagógicas que se prolong:mí hasta el lunes 8 y que deberá abrir el Jng. D,
Miguel F. Martínez, Director Gene_
ral de Instrneeión Primnria en el
Distrito Federnl.
Don Andrés Osun,i, Jefe de Instrucci611 en Coahnila, vino personalmente á invitar á todos los profesare~ de aquí p;ira qne concmTieran tí los fc:-;tcjos , y sabemos que
desde el jum·es en la. tarde un buen
número de macRtros y rnacstrns rcgioniontn.nos salieron C'on rumho á
la capital vecina. l~ntrc los que
haran uso de la palabra en las conlerencins eit.iduf:, están nuestros compañeros ele rrdacci6n D . .ffortmrntn
Lozano y D ..Joel Rocha.
Hay qn&lt;' esperar mucho ele los gob_iernos qnc de tal modo se afanan
p 11· la ilnstrac-ióu del pueblo, y' nosotros nos epmpla&lt;·emos en lclieitar
sincerame11tc al Señor Ciírclenns y en.
pr,xligarlc nncstrns a.lnhanzas, porque IÍi&lt;;n las .m ew:e quien de modo
tan cfecti,·o labora • por la honra. y
el prsstigio de la patria.

Se inició el año artístico de ~Ionterre.v con el ~rríbo de dos celebridades universales: Hofmann,y Tina di
Lorenzo . Los diarios han hecho ext,nsa crónica acerca del pianista,qu'•
7.ás uno de los indiscutibles en esta época de tan señalado refinamiento

Es una ilusión eso ele creer que se pnés ele las propias observaciones,
conquistan tritmfos en Madrid y en sea en nn sentido ó en otro.
Finalmente, queremos significar
Barcelona, en París y en Bnenos
Aires, en la Habana y en México, que nosotros apreciamos en alto grasólo por la armonía ele lineas corpo- do el esfuerzo de los empresarios
rales. Y es también una ilusión que han contratado á 'fina para dar
creer que se puede, á cambio de al- cinco funciones en nuestro teatro.
gunos doblones, engañar al público La cultura, que se va formando
que lee los periódicos, y engaüarlo siempre con lentitud y á costa de
siempre, una y mil yeces. Hay que mil obstáculos, tendrá que agradecer
creer todavía en el éxito exterior y á los que nos hacen ver, á Holman
resonante; 6, pa.ra ser consecuentes, hoy, clespnés á la gran actriz italiacondenarnos á no juzgar sino des- na.

en aclmques-1íricos. Hofman t~s ver-

&lt;la.clerarnentc, un hombre de raras
capacidades, de poderosa. ini:-piración
y de cultivo intenso y só_liclo. Ha rcconido los contras m,ís exigentes del
arte y dondequicrn logra rnidosas vietorias. Ojalá tengamos algún dí,i la
oportuuilbd· de n,rle de nnevo en
nuestra ciudad y nos dé h, emoción
reconfo1fadora que nos hace comprender mejor la vida y gustar del
minutci que pasa.
En &lt;:nanto á. Tina, muy pronto va.
á deUu1a.r 1::n nuc~Lro gran Teatro
Juárez. ~ada. podrfon10Rafirmar con
respecto al éxito má~ 6 menos franco por parte do la emprcea, ni quercmo 3 expresar nuestra opinión en lo
que atañe á ;precio de las localidades, que alguna$ personas enc·uentran excesivo. rna palabra diremos, cmpem pur YÍa. ele gcnemliza.ción oportuna. Cuando se trata de
grandes artistas y de traerles :í pohln.cioneH de cs{'aso refinamiento y
en las l'trnles el arte no l's todavía
una podcro:..;a ne;:csidad 81)/'ial, es
pr0Ji:;o tener pre;-;entes los mil
obst,ícnlos conque han dl' tropezar
las empresas: de lo contrnrit), se está.
expnesto á tlmitir opiniOllL'S un poco
a.rhitrarjas, bien qné ]ns in~pil'C un
sano deseo de precaver al ¡;úhlico. ·,
Poclqmos afirmn.r, eso sí, porque
la he¿·;os vü;to trabajar I que rrina no
1

t"~

adfr.,ta. do pega,

n_i siquiera 1~1e-

,, :&lt;lÍa.lla, sino nna mujer &lt;le superiores capacidades para 1~ escena. La
gracia de sus mo\'imicntos; ]a intensidad pasional que sabe infundir
á las obras en que trabaja ; la fuer1.a
de su visión; ,elta1ento múltiple que
le permite interpretar, sin que lleguen á confnndírsele, las más distintas obras; y aun su belleza personal, que le da un atractivo profundamente estético y humano, la coloca.n al nivel de las grandes artistas.

De Administración

'º

Todas aquellas personas que deseen suscribirse á este
quincenal, deben hacer sus pedidos por conducto de nuestros
~gentes autorizados en las distintas localidades del país.
Los pedidos que se hagan directamente á esta Adminis:
tración, de los lugares donde tenemos agencias, serán agregados á las lístas del caso, para que los cobros sean hechos por
los señores agentes.
De los lugares donde no tiene agencias hasta ahora la
REVISTA, atenderemos pedidos directos, siempre que los domicilios vengan bien determinados.
Los ejemplares para los suscritores foráneos los remitiremos en un solo paquete á nuestros agentes respectivos, para
que éstos se encarguen de hacer la distribución, en la forma
que juzguen más prudente.
Cualquiera reclamación relativa al servicio de esta REVISTA, deberá hacerse al agente á quien corresponda atenilerla, y sólo en el caso de que no fuere debidamente oída podrán
dirigirse los reclamantes á esta Administración.
Toda reclamación justa será inmediatamente satisfecha.

�''Lll REINERJI''
Sucs. de Hernández Hnos.
ESTABLECIDOS EN 1855.

Pronto se cambiará la ·'BOTJCA JUAREZ" al

frente á frente de la "BOTICA DE LEON."

Importadores de Ropa
Exportadores de Productos
MORELOS 97.

•

APARTADO 15.

Monterrey, N.

l.

OFICINA 669.
TELEFONOS TIENnA 40.
{
ALMACEN 1018.

�A(ademia de (omer(io "Gral. Zaragoza."

V. RIVf RO SU(esores.

ESCOBEDO 63.

MONTERREY, N. L.

ENSENANZAMERCANTILCOMPLETA

sm

Personal del Colegio: Director, Anastasio A. Trevino, Martínez, Prof. Juan T. González, Prof. J oel Rocha, Prof. Rufino Salinas, Profa. Matilde Serna. Prefecto, Sr. Francisco Zárate, Secretario, Aldo. B. Alarc6n.

"LA INDUSTRIAL"
FABRICA DE MOSAICOS HIDRAULICOS.

SE ENVIAN INFORMES A QUIEN LOS SOLICITE,

Tenemos más de 170 dibujos en fabricación. Hacemos cualquier trabajo en PIEDRA ARTIFICIAL sobre diseño.

Es la Academia Comercial que tiene mayor número de inter
nos y externos en la Frontera Norte.

N. B.-Garantizamos la perfecta ejecución del trabajo y la superior calidad de los materiales empleado,.

PIDA UD. EL REGLAMENTO.

Teléfono 343.

Apartado 303.

~=================~
~

LA BOLA.
¡.
RESERVADO PARA

R. E. Lozano y Gía.

'JLa panabería ntás granbe ~
acrebítaba be la &lt;.tíubab "" "" ""
lEntregas á bontícílíc.
Ueléfono 409.

•

Bpartatlo )Postal 240.

m. ~uíroga, _J'.lroptetarío.

•

�■■ci====~•c====~•c=~•c===I•==I•=====I•====~,~•

•

•

,.
Dentaduras de Metal, Trabajos de Puente, Coronas de
Oro, Orificaciones y Extracciones sin dolor son las Es- - pecialidades de la - -

Calle Morelos l'lo. 135.

.. ..,

Dr.M-. García Sepúlveda, Prop.
• ■ r-----------,r----------------.
■
■
I
i
lt
i
•
N
1
,. ■
.

-. I

Hospital Monterreyl
Hospital mcderno con un cuerpo completo de enfermeras.
Abierto á todos los médicos reputados.
Bajo los auspicios de la Junta Metodista de Misiones.
Se atiende esmeradamente.
DIRECTOR:

Dr. C. B. -Hanson,

•

MEDICO-CIRUJANO.

. Miss Helen Montagqe,

....

.
• . ' ,. • .t •
~

...

.,.'

~.;

ENFERMERA PRINCIPAL.
._

.•

.... \.4

Dr. D. B. Branham. Dr. B. Wyatt.

Dr...J. S. Steelt;.
:i"+W ... ,•µ..¡t
. ";:_".-: '·
.

••I

,.

.... •

.

e .

l •

l !

i'
g

, •.,

Médkos del EstaoJJcimiento".

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="146">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3075">
                  <text>Revista Contemporánea</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479252">
                  <text>Revista propiedad de J. Cantú Leal y dirigida por Virgilio Garza, en Monterrey, Nuevo León, México, durante los primeros años del siglo XX. Contiene información sobre ciencia, arte, poesía, teatro, novela, historia y crítica. Además, incluye noticias sobre política y publicidad de las principales empresas y casas comerciales de la ciudad</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37098">
              <text>Revista Contemporánea</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37100">
              <text>1909</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37101">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37102">
              <text>3</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37103">
              <text> Febrero</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37104">
              <text>5</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37123">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753258&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37099">
                <text>Revista Contemporánea, 1909, Tomo 1, No 3, Febrero 5</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37105">
                <text>Quincenal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37106">
                <text>Cantú Leal, J. Propietario</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37107">
                <text>Poesía</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37108">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37109">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37110">
                <text>Letras</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37111">
                <text>Teatro</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37112">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37113">
                <text>Revista propiedad de J. Cantú Leal y dirigida por Virgilio Garza, en Monterrey, Nuevo León, México, durante los primeros años del siglo XX. Contiene información sobre ciencia, arte, poesía, teatro, novela, historia y crítica. Además, incluye noticias sobre política y publicidad de las principales empresas y casas comerciales de la ciudad</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37114">
                <text>Imprenta J. Cantú Leal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="37">
            <name>Contributor</name>
            <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37115">
                <text>Garza, Virgilio, Director</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37116">
                <text>Gorena, Gerónimo, Administrador</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37117">
                <text>1909-02-05</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37118">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37119">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37120">
                <text>2012116</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37121">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37122">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37124">
                <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37125">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37126">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="6539">
        <name>Artes</name>
      </tag>
      <tag tagId="6538">
        <name>Ciencias</name>
      </tag>
      <tag tagId="6540">
        <name>Historia</name>
      </tag>
      <tag tagId="4828">
        <name>Novela</name>
      </tag>
      <tag tagId="3071">
        <name>Poesía</name>
      </tag>
      <tag tagId="98">
        <name>Teatro</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1432" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="202">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/146/1432/Revista_contemporanea._1909._Vol._1._No._2._Enero._0002012117.ocr.pdf</src>
        <authentication>06839f49f02061f0b115a50dacc70471</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73500">
                    <text>C!ENCI/\S, /\!HES. f'OESl/1, TEIITRO, NOVEL/\,
HlSTORl/1 Y CRITIC/1.
DIRECTOR,

Lic. Vlf\GILIO Cf\RZf\.

SUMARIO

Elogio de la Ciudad, por RICARDO ARENALES.
Lamentación Bucólica, por ALFONSO REYES.
Discurso de M. Mauricio Donnay, traducción de
VIRGILIO GARZA.
Ofélidas, por MANUEL S. PICHARDO.
Recuerdo de una Tarde de Verano, por JUAN
MARAGALL.
Oda !Il de Horacio, por RAFAEL GARZA CANTU.
Romance de Amor, por F. LOZANO.
Poesía Pura, por MIGUEL DE UNAMUNO.
Sol de Domingo, por M. A. CARVAJAL.
Psicopatía, por JOSE ASUNCION SILVA
Phinees, por BMILIO CUERVO MARQUEZ.
Nocturno, por EUGENIO DE CAs:I'RO.
Libros recientes, por RICARDO ARENALES.
REVISTA DE REVISTAS; Los Abogados de
Sócrates, por VICTOR M. LONDOÑO:-Ensayo
de una clasificación social; traducido libremente por V!RGILIO GARZA.-EI asesinato de
Lincoln; Notas de actualidad, traducción de
HECTOR GONZALEZ.
Suplemento.

TOMO 1-NUM. 2
ENERO 20-1909
EDITOR PROPIETARIO,

J. CANTU LEAL

OFICINAS E IMPRENTA,
ESCOBEDO 93
MONTERREY, N. L.
MEXICO

Re_gi!l-trado como Mtículo de,;: tól cla~e el

1i

de Rnero de 1909,

���o

o
Telé fonos Nos. 201-108.

Apartado 86.

Grandes Almacenes de Ropa

Sor~resa f Prim~vern

RESERVADO PARA

La Tabacalera Mexicana.

Galle de Morelos No. 91.

fábrica de Mantas "La Leona."
o

o
Gran surtido de efectos de ropa, extranjeros,
y del país, renovado constantemente.

Institl.q;Q.
eristiano.

Importación Directa.
Abrigos-Sombreros-Trajes de Paño-Boas de
pluma-Cortes de media confección y toda clase
de telas de lana, lana y seda y algodón, á precios
muy baratos.

ealles'::,de Isaac Garza y Puebla.
c:::J
EL MEJOR DE LA CIUDAD.

•

SELECTO CUERPO DE PROFESORES.

Manuetcantfr Jreviño Hnos. sucs.

CURSOS EN INGLES Y CASTELLANO.

..

Monterrey, N. L.

Directora,

Srita. Berta Westrup.

lbo

o:c:=:::ro

�'·Bonetería Parisiense.n

GRAN HOTEL
) RLS f ANF,ANi

t.,1110 L 1-obcdo ~o. 40.
"10~TLIUH'. 'V.

IDccantní 'iltnC15.

Apariado l .55.
Pariic,pamo• á nuestr., cli ·nrelu
que ha s,do refo:mado complc tr.
mcnie este Hote!, e~ta m u: .ido á
la moderna En el resiaurw1 los
precios son sumame- e cómodos y
se sirve ú '2 r 1rtE Cocina Frnncesa, Amcric:ne y L ,p:,ñ &gt;la. Lscusados ingleses. agua corrie nre
en tod,1 la casa. l uarios alfom
brados, telétn~os para el serv1c·o
inrerior del Hctel. Luz eléctricr,
en todos los cuartos.
S,&gt;mbrer-&gt;s p~~ Seño~as , Se•
foritas y Xiíias. ( ' !ti mos estilos. Precios red .1cidos.

CAL

n

W\Sfl,"K,.

i '01

•.

,\

1

i

12

\10" , ,Rl{I '( N l

11
CapJilas. Est,"'&amp;s, Mo, "7c 1110s Se pulcra le,, t.,lpulas, etc
liupc rtac on direc ta de los Principales Taller..:s de Italia.

Se usa sólo m.mnol de Ca rra a, Italia

l'L MEJOR DI· ~\ONTFR Rl:' Y

~

üa. [xplotddcr ad2 tt otele s!S.A.

■ 1------------' ■ ,-----r------..

fS(OBAR HtRMA~OS.
ING ENI EROS AGRONOMOS
@iudad Juárez.

@hihuahua,

México

ESCUE:...A PARTICULAR DE AGRICULTURA.
Estudios Profes10nales, cuatro años colegiatura y asistencia ... $35.00
mensuales.

La única casa c¡ ne vea&lt;le s us artículos por el si stema
de Club. A todo accioni sta se le anticipa invariablemente sn mercancía.

Teléfono 1074
•·EL AGRICULTOR MEXICANO.
Revista Mensual, fundada en 1896.

Suscripción anual ... $3. OO.

"EL HOGAR"

Lerdo de Tejada esquina con M. M. del Llano:
frente al Templo Masónico.

Revista Mensual para familias fundada en 1899. Suscripción anual $2.00

Pida Ud. informes.

Se ofrecen premios por nuevas suscripciones.

i
■ ,i::::===ic:::::=:::::::J■C:::::====c:===J■■

�ELOGIO DE LA CIUDAD
Ycngo á rcconorcr una vez más, con íntima. romplac-ern.;i;1, 1n gran virtud de la pa!nhra, que en tus labios adquiere un seutielo pro!nnelo, y se torna eficaz y expliea ele fon hermos:i y singular manera las l&lt;-,-es de este
FniYerso ........ .
Tú eres amigo mío un hombre snpc1·ior. ..\ tu edad poros jóvenes realizan clara y distintamente su propia represent,wión ele la ~ida, el amor,
el dolor y la muerte. Y ttí discurres con respecto :i esas cosas dif[ciles el,·
un modo tal , que oyéndote piensa uno si has encontrado el nnmclo claro y
tliáfano,y si has encontrado que la vida v,1.lc la p'.~na. de ririr.1c á. tru~que
de estar en comunión sencilla con la :Naturaleza.
Pero ¿cómo has llegaclo á concebir la virtud de la sencillez? Me lo pregunté descle anoehe á raíz de nuestra phítica y euando te oí derramar generosamente la energía ele tu espíritu y 1a elocuencia de tn cliHC'Ur8(,. Entiendes que no es posible go1,ar de la Naturaleza, en su sentido m,is inefable y secreto, sino á distancia de la ciudad, en medio &lt;le los trigales frutec-idos, al amparo de la selva imponente, junto :\ los ríos ó ,li p;é de la,
monta:ña:;; ahruptas ....... Yo también pensaba de esa manera;mn!-- ·el tiempo no ha transcurrido en vano sobre mi ju,;cntnd, y hoy me parc,·c que e_-;t,¡ mal eso de hacer limitaciones y de señalar predios ,·uamlo se trata ,lei
amor en ah5tracto. Mucho m,í.s en el caso ele tí mismo, ,¡ quien deleita
el espectáculo múltiple y enorme de hl creación renornda .
La más admirahle sabiduría está en encontrar una bonda&lt;l en carla c·osn.1 de manera qnc no haya vez en que no se regale íntimamente el espíritu
con nuevos descubrimientos. Los sabios y los poetas ~enlacleros no son sino los que han aleanzaclo tan extraordinai·üt perfección del amor. Y éstn,
se dan ln mano con los místic:os á través &lt;le los tiempo:;. Hnn Fnmcit-:li'()
ele Asis se echaba sobre el polvo , abiertos los hrnzos rasi deslnllcéidos hajn
&lt;'l silencio ondulante de las estrellas, y traeltwía. la vastn emoe·ión de su espíritu con aquellas paln bras: ''i Dios nzfo y todas las cosas/ ¡ Dios nzfo y todas
lascosas/,i
Tóma de n.quí e1 ejemplo, porque es necesario, para akanz:u esa t-11"tucl de tn ensueño,abrir el corazón y arrojarle con humildad sohre la hoguera
encendida, de 1a C'nal es una brasa todo l'Uanto ene bajo nuestro conoeimiento y cuanto hay mús allá ele nowtros. Cada ,cz resuena la hora de
1

1

Los pianos STEINW A Y d SONS, BECHS-

TEIN,

SCHIEDMAYER,

ROENISCH.

son los mej ores del mundo. Están de uso en los gran·
des Conservatprios Europeos y en el

CONStRVATORIO NACIONAL Dt MtXIC0
Ventas en abonos cómodos.

Ga rantías amplias.

Unicos Agentes para la República Mexicana.

A. WAGNfR &amp;lfYlfN SU(s.·
CALLE

• 8~ . Y 90. ,
. MQRELOS
.: . '
''·. \.
'
J
.
.

.'

APARTADO 229,

1

�62

fü,VI STA Cmm:,tPORÁNEA
REl'ISTA Cm&lt;'rE"PORÁNEA

crucificarnos en el amor. Tú no lo harías en vano, pues tienes la ccl'tcza
de que todas las formas creadas son templo ele la divinidad .. .. .
Pero mientras llega el día generoso, hay en tí nn egoísmo incalificable.
Aun más, creo que no eres ya suficientemente honrado. Verdad que amasia
hennosura del Universo, pero est.is oconomizando el amo!' y no te entregas todo entero en catla uno de las cosas. Y por eso hay en tu representación del bien y el mal una lamenta ble estrechez, y las parcelas de tu
odio son exageradamente precisas.
Y por eso, también, clamas contra la vida civil y contra las cosas que
la embellecen de continuo- y que tienen razón &lt;le sel', por lo menos tanta como tú y como yo. El jardincillo recortado y ridículo según tu creencia,
de lushias que crecen sobre jarrones de porcelana, tiene una significación
tan vasta como la más imponente de las estrellas ..... i Y tú no lo reconoces I Y yo me explico tu ceguedad porque estoy cierto de que algunas veces, como enseñaba Plotino, la inteligencia concede su atención á los objetos rodeados tle luz, pero no ve claramente el principio que los alumbra.
Por eso te ví ayer sereno y !río cuando, tle pié sobre los farallones que
demoran al occidente, contemplábamos el paisaje de la ciudad extentlirla
ante nuestros ojos. A mí me conmovió hasta lo m,ís íntimo: creo que el
alma tumultuosa y delirante que llena las calles alxnninadas por tí, subió
en ondas basta mi corazón. Y tú, mientras tanto, clamabas contra la tiranía del instinto social que se concentra y forma esos grandes núcleos vitales denominados París, Roma, Buenos Aires, Xucva York, ó Stokolmo .....
Y cuando se encendieron simultáneamente los mil arcos eléctricos y el horizonte pareció dilatarse á la manera de un gran palacio que se abre, tú
preferías, como una cosa de mayor pureza y dignidad, el hogar que débilmente clarea en un repliegue de la montaña .. ....
Ese hogar campesino que yo hube cantado en mis poemas de la primera juventud; la música de los pájaros libres; la brega del viento filtrándose por entre las ramas apretadas; el vaho de los setos; el silenrio musical
que hay en la siesta bajo los tamarindos; y la paz del crepúsculo en la hereJad dilatada, donde no alumbra sino la candela que nuestras manos
encendieron- todo eso tiene un perfume dulce y puro, todo es ánfora de espiritual deleite y amoroso contentamiento. A tí se te cierran los ojos cuand&lt;&gt; hablas del campo .... .. La paz virgiliana es tu ideal en la vida; y al paso que vas, dulce pastor de la égloga nona, entiendo que no haces caso de
mi pleito para llevarlo adelante, porque has oído graznar de noche la cor
neja de l\Ieris ......
Y sabiamente citas al Maestro que además de haber sido virgiliano,
supo también abrir su corazón á la gran sabiduría de la tierra:

El aire el huerto orea,
Y ofrece mil olores al sentido,
Los árboles menea
Con un manso ruido

Que del oro y del cetro pone olvido ... ..

63

Es casi deplorable que Fray Luis no hubiese llegado á espaciar su alrn,i en la belleza ele la ciudad; porque la ciudad es una obra imponente de
creación, más llena de espíritu que un valle y una montafia, y donde resplandece la armonía ele la vida y se está cumpliendo en cada minuto, á través de los siglos,un nuevo milagro de las fuerzas desconocidas y eternas.-Pero
no hay que culpará nuestros anteccsores,-por otra parte bastnnte retirados
- y menos al dulce poeta de la Nac!ie Serena. El ha pasado con sus mí meros latinos y hebreos, con su cautiverio y su parorosa visión de la Reforma ..
En cuanto á nosotros, nos corresponde forjar los nuevos valores. Los hombres de hoy, con más amplia y provechosa libertad del espípitu, con más
valeucro caudal de experiencia y más poder de creación, estamos obligados á comprender mejor la vida, que es inexhausta, clara, virginal y adorable; á penetrar en el corazón de la Tierra, todavía sin descubrir, y á extender algunas millas la amplitud de los horiwntes mentales. Y esto, aunque pese á tu ceguera rural, podemos realizarlo santamente, por virtud del,
amor, en comunión mística de una sacramental pureza con todo lo que ha
sido creado ...... 1Que bello ensanchamiento de aquel gran imperio del espíritu, loado por Carlyle; qué vasta •obra de libertad edificada como un
castillo de almenas que no han de rendirse á la dureza del tiempo!
No me atrevo á decir que comprendo mejor que tú la armonía general é inmortal de la vida; sólo afirnrp que está mi corazón abierto al aire
y á la luz y á los aromas y al poder !le la música, vengan de donde vinieren. Y si voy al campo me embriagaré con su alma rústica y odorante; y
en las praderas dilatadas, en la cumbre de nie\'e, sobre los grun1osque el
sol matinal hace resplandecer, dondequiera sé hallar la &amp;'ti de la vida; y aquí mismo, en esta colmena rumorosa que tú abominas puritanamente, me

embriago y deleito con una fuerte sensación que tú no has experimentado.

La ciudad se estremece como si un acontecimiento extraordinario llamara hoy á sus puertas. Con todo, en esta dulce mafiana de invierno el
aire es puro, los nifios juegan tranquila y bulliciosamente bajo los árboles,
y el sol con la santa sencillez cotidiana derrama su luz á lo largo de las calles, todavía húmedas por la llovizna del amanecer. Ningún signo exterior advierte á los ojos indiferentes la inminencia de un gran suceso. Las
colegialas regresan taconeando con fuerza, orgullosas de su traje dominical.
No es la primera vez que el inmenso temblor de la vida me engaña de
esta dulce y momentánea manera, si es que el revelárseme con tal claridad
es tm engaño . Aun más, algunas noches he creído que arde ante mis ojos
la zarza de Moisés, ó que mis manos florecen lirios campestres y azucenas
de la ciudad.- Realizo dentro de mí mismo una creación de donde brota el
agua de mi poesía, que á tí he dado á beber y tan admirable la encuentras
de intensidad y de pureza; quiero decir que estoy en medio de las cosas,
cuya virtud trascendental penetra en mi corazón y luégo mi corazón la devuelve generosamente.

�Gi

RR\'ISTA CO::"iTK\IPOR.{NEA

R.E\'IST.-\. Co:,;'fEMPOHÁNF. A

Y cu~rndo he creído engafü1rrne, salgo ,i vngar por las cnlles con gannR
&lt;le vivir en la realidad, libre de :1lucinacioncs. iPero la reali&lt;lad es má.s
intens1i que el ensueño !-He aquí las casas relucientes, el ir y venir bajo los

grandes focc18 clédricos, las &lt;:himeneas que rcsplandceen, el molino de 'Viento que se alza oobre la casa del Inspector, los carruajes que huyen ó se acercan, el anton16vi.l cien ,eres allmirable, las palabra:::; que no tienen correspomlencia unas con otras, y {t lo lejos un grnpo ,]e espectadores ávidos que
se han dctcni&lt;lo ante el pórtico del teatro ..... Y en letras de fuego, en carteles que rompen graYernente la blancur,c cercana y el gris y el azul pálido, por to,las partes ven los ojos el trágico anuncio que parece llamear.
iCorri&lt;la de toros! Y el puel;lo cstrnjánclose, con una inquietud que se difunde smvcmente baj,, el silencio oloroso de la noche.

•

••
•

•

Cada uno &lt;le los pequefios dctt,llcs en los que no rep,uamos casi nunca, reprcscnt&gt;L-uomo se ha ditho-un caudal de pensamiento acumulado
;í tmvés de los siglos. Ver&lt;lad que esto acontece de la mism1i manera en

los campos; sin embargo, aquí se hace miís objetivo y sensible; aquí ese gran
milagro se rea.liza multiplicadc.i y permanentemente. Lo admiramos en l:1s
pcqueíias columnas estriadas que se agrupan ,i b entrada del capitolio, y
en !ns tornisas que engalanfl.n el ~·en tan a], y en la pi11tura de los c&lt;lifitios,
y en el tamaño de las cerraduras, y en los asientos Lle los carros eléctricos,
y en la cabeza sencilln y att-ayentc de los periódicos .... Suprimid uno á uno
esos cletalles, por un acto de abstracción mental, y el efecto desconcertador
de la ciudad afea&lt;la os robará la necesaria paz del espíritu. Luego existe una
grande y poderosa armonía, hij:1 del e,fuerzo individu.il y el esfuerzo comtín.
Por dondequiera que se ob,ervc, nuestra ciudad es realmente magnífica. -Ese hombre que atraviesa lii calle va con seguri,lad ,¡ su propio destino, absorto en la rcalizaeión de su pensamiento, eneaJenado ,i las cosas

menos trq.scen&lt;lcntnlcs que hubo jam¡is, viviendo su propia vitla. interior;
pasa. egoístamente dentro de sí mismo. Y sin embargo, en sus pasos en
tillti palabras, en todos sus mene8terns; hay una.. virtud inmanente y fecunda . Y esa virtud, con la mía, con la &lt;le! panadero, y la del conductor, y
1

la del sastre, y la del poeta, y la del arquitecto, y la del colegi:tl, forma la
gran virtud colec-tim, y es parte esencial &lt;le la virtud ecuménica superior

la muerte, que se dilata. en grandes círculos concéntricos, en un movimiento inmortal y _perenne ....

._t

El espíritu preside aquí las cosas gmn&lt;lcs y las cosas pequcíias-si es
que debemos hacer to,bvía ese distingo innecesario. Nuestras calles, nues-

tros paseos, el interioT de nuostra8 casas, los teatros en que nos divertin10s,
han si&lt;lo dispuetitos ron sujeción r-i un orden admirable, ni más ni menos
que las celdas exagonales en la intimidad maravillosa ele una colmena.
La sucesión del tiempo se encargará de enseñarnos el alma que se formó con el acoplamiento de cien mil :inquietudes, y cien mil alegrías, y cien
mil esfuerzos-ya frustra,los ó útiles-dentro de tm radio que se prolonga
l'l1&amp;'tnchándose; y con un puco de atención circunspecta hemos de ver

c·ómo re,;alta, en el orden imperecedero de la Xatnraleza, este gran corazón
facetado tomo un diamante Yivo.
Hay &lt;lias en que parece que se remansa el afán de la lucha. Difún
&lt;lcse un salud1tble rumor, y la tranquilidad, como un soplo de los campos
geórgicos, se derrama sobre todns lns cosas. Y hace sol.. .. ó hace luna!
La fuente Ye caer su madejón que resplandece con la gloria del prisma en
un silencio espiritual. ~fas hondo, en el santuario inexplorado, vigila en
paz el instinto. Dcc-id una palabra poderosa y l:i veréis caer, encenderse,
llamear .... Su influjo traspasará los dinteles, y la vibración sub-oída se pondrá de manifiesto en la superfieie. Y entonces veréis que este corazón poderoso no había cesauo de palpitar ....
¿Qué imponente vocería sube hoy en la pmcz,c de la mmiana .... ? Ban&lt;lcras &lt;le triunfo se han levantado, y el horizonte se agranda, y todo adquiere la plcnitucl misteriosa que sucede á los grandes milagros ereadores.
El aire anda á batir los paramentos de júbilo y riega el eco ele las cornetas
broncíneas, y viene á desfallecer en los festones amorosamente. La púr-'
pura se magnifica. en el gran misterio de la luz. IDía de gloria! Los héroes resucitan al conjuro de la ciu&lt;la&lt;l y, otrn vez, al amor fué mis poderoso que la muerte. El grito de los triunfos lejanos resuena bajo el templo. E~ un&lt;1 repercusión de la vida inmortal. El presente se hace con~ciencia . La enorme voluntad de l:i raza, bajo el árbol fecundo, realiza un
acto de la justicia inmanente.
Otras veces, diríase que la ciudad se desnuda. y arroja el manto de su
egoísmo á la, manera. de un desecho inútil. Viene aquí el dolor de una
tragedi,1, lejana. Se han abierto las grandes fauces &lt;le la muerte, y más
allá del mar lué arrasada la c:impiña por quién sabe cuál secreto rencor de
los dioses.... Ahora va á derramarse sin economía fa pieda&lt;l oculta de

este corazón generoso!

••
'.

O al caer ele la tarde se oye un golpe sordo y breve . Un hombre rueda
por tierra, y su sangre corre sobre el asfalto luminoso y salpica los muros.
La ciudad ine&lt;lenta se yergue ante nuestros ojos .... Uealmente, la obra fatal de la vida es la que se nos manifiesta. Pero habrá, ele segmo, un estremecimiento emocionado y expiatorio, _y una palidez redentora b,1jo el
azul impasible &lt;le la noche!
Dondeq,1icra que se acercan los holnbres bajo el instinto que tú llamas innecesario y cobarde, hay encendido un fuego santo que resplandece
como las estrellas.-La ciudad religiosa, la. ciudad 1mírtir, la ciudad justiciera, la ciudad fraternal, realiza en cada minuto la plenitud de su vida;
tiembla, bulle, florece, se deprime, se ensancha .. .. .Su corazón está templado en llama pura; es como el corazón salvaje de un monte y como el
grave corazón de una floresta.; pero es superior, por cuanto se ha hecho

consciente.
Los detalles se mudan; lo transitorio desaparece con los siglos: la certidmnbre de lo real subsiste bajo todos los cielos. De Sur á ~orte, frente
nl Océano clamoroso, en el trópico terrible y magnífico, sobre la nieve hiperbórea, en el azul de las serranías, en la llanura feraz, á orillas del de-

�REVISTA CONTEMPOR.'\SJ•:A

6G

HE\"ISTA CONTEMPORÁ~EA

sicrto, allí está la ciudad generosamente abierta· viviendo de sí misma·
'
'
creando, magnificada por el amor y el dolor ;- labra su poesía, que es la
esencia pura ele su voluntad; labrn su sabiduría; labra su historia;-florcce en inquietud, en grnnder.a, en amor; se baña en la misericordia de las
lunas de Enero; reluce entre las redes del sol; clava sus ojos en la celeste
trage&lt;lif de los crepúsculos . . .. .No pide: crea; no solicita: forja; no muere:
8e renueva.
Y qué decir de la obra que ha realizado la ciudad y que realiza todavía, y que hoy nos separa infinitamente de las noches en el fondo de las
cavernas, de los días errantes á lo largo de la llanura y al trote de las cabras; y de la gran voluntad aherrojada, que se consumió al pié de los templos, en nombre de dioses nunca vistos; y de las acometidas brutales, á la
luz de la luna, bajo los muros del castillo, qué decir ele esa obra! Ciertamente la ciudad no sólo se hti redimido y espera redimirse, sino que ha de
redimirá toda la especie. Y el gran milagro de fuerza que se consumara
desde las cavernas hasta hoy, es la mejor garantía de que la ciudad realizará las grandes cosas que duermen ahora en el corazón de los tiempos.
Aquí, entre las casas simétricas, al otro lado ele los parques que ,í tí te
parecen, corno jardines de papel, una falsificación de la Naturaler.a, una
falsificación lamentable; y en los palacios imponentes ó en los cuartos
humildes, y entre las fábricas atronantes, llenas de bumo y de gases,
aquí está la humanidad nobilísima que sueña y que trabaja, y est:í
frente á la lucha, mirando hacia el siglo futuro. Los héroes cuyo nombre
no ha de recoger la historia tal vez. Acércate á ellos . Son generosos ó
egoístas cuando se trata de ellos ó se trata de tí, pero su virtud es tal, y es
tal la fuerza de ella, que florece por sobre los detalles y ecuménicarnente se
derrama en el seno del mundo .. ..
iLos héroes! Nadie les recordará cuando hayan pasado cincuenta ó
cien años. No habrá razón para recordarles,.dirá alguien. Realir.aron tan
pequeñas cosas. Uno estableció el correo urbano sobre base insegura; fué
necesario el tiempo y el esfuerzo de otro horn bre para mejorar la condición
del servicio. Aquel trazó en un pliego, con rayas encarnadas, una red
vasta y compleja, otro la hizo de metal y un tercero la extendió subterráneamente por todas las calles, hasta que el agua llegó así, por secretos caminos, á todas las habitaciones ....
El proceso se repite cada día, pero no veremos la renovación sino á
distancia. El Hospital, el cuerpo de bomberos, la Universidad, las pequeüas escuelas, los pequeños periódicos, las grandes bibliotecas, todo lo que
perfecciona la vida y la realza se cumple dentro de la ciudad. i La ciudad
se redime y ha de redimirá la especie! Los más graves problemas, cuya
solución parece tardar demasiado, en nombre de los cuales se derrama
sangre y se siembra el pavor cada día, se van dulcificando, se hacen accesibles, pierden su asperer.a y llegan al campo de la posibilidad y la justicia
objetiva. La ciuclad futura se incuba de este modo.

.. ,.
.. .

G7

Con cierta precipitación incoherente y aun disculpable, te he dicho
mi pensamiento en lo que atañe á la grancle armonía de este vigoroso organismo. Piensa por tu cuenta en la gran voluntad de vivir, de triunfar y
ele ennoblecerse que representa el acoplamiento de los esfuerzos entre los
muros de Paris ó de México . Repara en los detalles; por ejemplo, en Ju
significación de una estatua expuesta libremente á la mitad de la calzada ó
en el pórtico da un palacio ... .He allí en forma exterior el culto al heroísmo: es decir, una manifestación del espíritu; y ta.n significativa, que si
meditamos en ella, de pronto nos parecerá que un hálito de inmortalidad

nos envuelve.
Frente al crimen, óal amor, ó ,í la noche-ilrente al siglo futuro! la ciudad está de continuo realizando graneles cosas . Mientras el campo
duerme, la ciudad piensa y trabaja. l\Iientras el c,impo está contenido en
los límites del minuto que pasa, la eiuclad extiende sus raíces en el pretérito y alarga sus manos laboriosas y ávidas hacia el porvenir. L:i ciudad que forja su historia y enciende su~ espernnzas, eslabona realmente los
siglos.
Lástima que los poetas no hayan auscultado este corazón formidable
con la necesaria pureza de espíritu; ó que si lo han hecho, nos tengan esperando el día de la revelación. Cierto que uno ha glorificado á su ciudad fecunda; y otro exultó la enorme fuerza que arranca del hombre ciudadano, en aquellas odas bárbaras é inmortales; y otro encomia las virtudes proceras de una ciudad lejana y silenciosa:

A ti los reldmpagos ciñ"n radial c?rona

A tf {r,.s tempestades rinden sus espadas de oro

••
1

••

i oh Popayán !- Pero es necesario que alguien condense de una vez
el pensamiento de la ciudad abstracta, y diga de una vez los maravillosos
secretos que esconde el alma urbana, llena de inquietud y de amor: esperanza y tumulto; sol y gloria.

Déjate al fin en paz, y que el Señor te guarde en clh . Me parece que
habrás comprendido mi resentimiento por tus palabras de ayer, y al mismo tiempo, el amor mío hacia la ciudad-y hasta cierto punto, hacia la
ciudad en que vivo, asentada en los confines del Norte, en el límite de la
«América ingenua,» y que bien puede ser hi ciudad-símholo y, ante todo,
la ciudad del poeta .... Es deplorable que el espacio y el tiempo no me per·• rnitan escribir más en desagravio y en loor de la vida. Pero acaso sea suficiente. Suple tú las ideas intermedias entre la emoción y la lógica. En
mi nombre agrega, al leer, el gran temblor de mis manos y la inquietud de
mi espíritu. Y piensa, recorriendo los desiguales renglones, que cada uno
de ellos es ,ivo testimonio de mi nobleza espiritual, y flor de mi energía,
y energía de mi juventud, y juventud de mi alma. Y piensa que mientras
torna la carta su camino por uno de los buzones que la ciudad ha puesto á

�(,8

mi servicio con aelmirable solic·itud, me quedaré snspiranclo por d ¡~,eta
del porvenir-Cristóbal Colón 6 heraldo que clesrnbra y prebsme h nucrn
verdad de la vida.... Y convirtiendo mi espirito httcin esa niel)la elcs,anecida y luminosa que ,·irnos ayer elesle los famllone.; elcl OCl'ielcntc, y que

¡,;e extiende ahora ante niis ojoa cmoeionadns, rompo á dc(•ir, con tmla. la fe
de mi a.lrnn., lns versos más fragante:; que en la memoria. consen·o, y la:.s
palal,rru; más nutridas de sinceri&lt;lad y de mú.sie•a ....
iQu;~ dc~cn.r para. tí, gran ciu&lt;la1l 1 sino que te descubras li tí misma,
y te Ievnntes aun m~is que tus dci-nmlas montafias, -:,· te lingas uniYcr::-al1 y
te hagas eterna! Tus ojos pueden desgarrar In neblin" del tiempo. Es
hora. Fíjalos desde hoy en el gran esplendor de la P,üri.1 Futura. Oy,·
la voz de tu poeta, si es que le tienes, porque d poda es la consdcncia del
l:ni,·erso. Embriágate con el \'Íno de tu propia energía y prosigue hacia
el horizonte. Ya. me parece que veo, en medio &lt;le mi noche, la aurora LlP
eternidad que circunde tus sienes. Oigo el ritmo de tu corazón. Y un
poco de tu propi:i virtud, clilunclicla en mi eangre, me hace presentir las
dianas del triunfo. Adelante!
Siempre adelante, luerrs&gt; vim, milagro ele clari,bd, atal:iya ele! almalatina, que resistir puedes l:1~ m:ís duras l.irrnseas del Xortc. iOh, mi
cimlad-símbolo! Yo, que he de pa~ar, me extasío en ti, que permanecerás. iYo, extranjero en toda la amplitwl ele la Tierra, que he venido áeoñar en tí, pasajeramente, y á sentir en tus calles el hondo temblor de la
Yida! ....
RICARDO

•
LAMENTACION BUCOLICA
Rústica, distraída,
siempre al acaso,
me seduce la vida
de Garcilaso.
iOh, mi dolor!
Ni adoro á una zagala
ni soy pastor!
Taimado intento volver
á las edades de oro;
y si no lo llego á hacer,
sólo es porque el medio ignoro
que para ello he menester.

AREX ALEH.

)[onterrcy, Enero-190\l.

•

••

Yo no sé e6mo no luí
algún pastor de la Arcadia,
y e6mo es que no nací
bajo aquel cielo, que irradia
tantas dichas Iay de mí!
Amo el acento de las
dulces trovas que Diouysos
cantara en tiempos atrás,
mientr!l-'l los chivos sumisos
iban danzando á compás.
Me place la ingenuidacl
de 188 canciones aiíejas
que dicen: !Por caridad,
oh Dioses, á mis ovejas
trigos y pastos les dad I
1Y cuánto adoro y bendigo
al viejo sátiro amigo 1

�70

REVISTA CONTE.llPORÁNEA

Y sueño que tornaré
,í la que caUS&amp; mi empcno,

edad que de gracias fué,
y ved aquí lo que sueño
y que siempre soñaré :
sueño que voy á volver
al rebaño y las campiñas,
y á Baco voy á ofrecer

DISCURSO DE M. MAURICIO DONNAY ANTE
EL INSTITUTO

que cuando crezcan mis vifias
vendrá conmigo á beber;
,llaurice Dom,ay 110 es ya ti far/a de LYSISTBATA. Pero 110 ha revestido
toda la sendad peculiar á u11 docto y sesudo Académico, el u11iformc
de su car;go honorífico y en verdad bien 111t'reci.do. De vez en cuaudo echa (l
·volar su faulasfa por los campos de un humorismo co11te11ido y discreto. Sin
ser una rdevante muestra de su ü1ge11io, que lo tiene para dar y prestar-no
deja sin embargo de efrccer iulerés psico/6gico el esfuerzo far doblegar el
impulso imagi11alit•o á la necesidad de uua literatura o.fida/, tal y como se
rez.rtla en el discurso que ·va á coutinuaaó1t, inserto en el 'Journa/ Officie/.''
Ante el lnslilulo reu11ido, Al. Mamicio Dom,ay loma la palabra:

sueño que, la pompa real
huyendo por las cahaiias,
cura mi pena y mi mal
,·on soplar las siete cañae
del camarillo rural.

alÍll, CO/l

1Y cuánto adoro y bendigo
al viejo sátiro amigo!
Y á lo que pide mi amor
ningún capricho se iguala:
que es mi deseo mayor
cortejar á una zagala
eiendo yo pastor . ...
Rústica, distraída,

siempre al acaso,
me seduce la vida
de Garcilaso.
iOh, mi dolor!
Ni adoro á una zagala
ni soy pastor 1

ALFONW

o
REYES.

•

En un hermoso día de verano, se celebraba la distribución ele premios en los liceos de París. Dalxrn las doce en el reloj de la Sorbona y
después de la ceremonia, los jóvenes escolares con sus familias se esparcían
,·n el Boulevard de Samt !lfichd. Había niños que se sentían abrumados
l,ajo el peso de sus libros, llevando al brazo las coronas de laurel, dorado ó
1•erde, conque poco antes los profesores, los generales ó los ministros habían ceñido sus frentes infantiles con una indiferencia conmovedora.
Otros, en mayor número, caminaban con menos ligero paso, aunque sin
lle,·,,r nada; en medio de una reunión de transeúntes peroraha un cochero
,¡ue se había rehusado á conducir, hasta una estación lejana, á un nifio csturlioso y ,¡ sus padres, so pretexto de que cargaba libros en gran cantidad.
Y yo me di,ertia con la escena, cuando creí reconocer entre los curiosos á
mi antiguo compafiero Bouvard. 1Qué cambiado! Pero era el mismo
Bouvard que fué condiscípulo mío en el Liceo Miraheau, hoy Liceo Gaml&gt;ctta y antes Liceo Luis Felipe, todo igual, por lo demás.
Desde que terminaron nuestros estudios no había vuelto ,í ver á mi Rmigo. Cambiamos los cumplimientos y preguntas de costumbre, y como lo vi
aeompafiado de un jovencito, le pregunté:
-Es hijo . rnestro?
-Sí, es mi hijo; un alumno de nuestro viejo liceo y por tanto un jo.
Yen eompañcro. Hoy fué la distribución de premios.
-Ah!, y qué tal?
-Pues bien, no ha obtenido nada, dijo Bouvard, como con orgullo.
Ni un premio; ni un accésit. No es el renombrado Bouvarcl, sino el nun-

�72

73

REVISTA CONTEMPORÁNEA

REVISTA CONTEMPORÁNEA

ca nombrarlo Bouvard, es el débil en tema, es en ffn, mi hijo.-Wómo
puede regocijarse Bouvard de semejante calamidad,? pensaba yo. Realmente su actitud chocaba contra todas mis ideas acerca de las recompensas escolares . Hasta Uegué :i suponer que la pena lo había vuelto loco .
Bouvard adivinó admirablemente mis pensamientos .
-A dónde íbais? preguntóme.
-A mi casa.
-Os acompaño . Y luego: Mi hijo uo es una águila-me dijo; pero
tompoco es un zote. Había cincuenta en su departamento y ha sido calificado el i•igésimo tercero. ¿voy á reprocharle yo esto? ¿Voy á preguntarle con insistencia: por qué eres tú el vigésimo tercero en la clasificación?
No podría responderme. Se pueden dar las razones de ser el primero, ó
de ser el tíltimo, y aun de ser el segm1do ó el penúltimo; pero ¿ge pueden
dar las razones de ser el vigésimo tercero? Nó, esto escapa al análisis.
No se llega á vigésimo tercero sino que se nace para serlo. Además él hereda de mí esa particularidad. Sí, yo reconozco en él todas las cualidades
moderadas de un vigésimo tercero, su inteligencia no es muy despierta ni
está dormida, su comprensión no es ni lenta ni pronta como el rayo, no os
de esos nifios que aprenden rápidamente y olvidan lo mismo, así como no
es de los que aprenden con dificultad y no olvidan nunca. No, aprende
con mediana facilidad y de la misma manera olvida.
No discute las enseñanzas de sus maestros. Sabe, sin duda, que la diferencia entre Racine y Corneille es que el primero pinta á los hombres
como son y el segm1do como debieran ser. No espera encontrar política
fija en los príncipes merovingios. Así, no le amargaré sus vacaciones con
reproches injustos.
Ah! me acuerdo que cuando estaba en el liceo veía con angustia, con
espanto, esta época de vacaciones, porque, bien lo sabéis, en ninguna de
mis clases era yo de los escogidos. Mis padres se apenaban y atribuían á
mala voluntad, á pereza y hasta á malos instintos, lo que sin duda no era
otra cosa que predestinación, determinismo, quizá herencia, qué se yo?
Me hacían recriminaciones desoladoras, predicciones siniestras. Pero el
año en que no pude obtener mi bachillerato, mis vacaciones fueron verdaderamente patéticas.
¿Habéis observado que las distribuciones de premios coinciden casi
siempre con los grandes procesos judiciales y que la Sorbcna pronuncia sus
veredictos al mismo tiempo que la Corte de Assises? Ese afio se debla
juzgar á dos jóvenes bandidos, culpables de un horriblecrimen y cuyo proceso hacía mucho ruido. Mis padres se entregaban entonces á la
teoría edificante de los paralelismos; y á vuelta de ciertas alusiones poco
alabanciosas, tenía yo que oír lo de que me estaba por mí mismo preparan
do un fin semejante al de esos tristes deracinés de la clase media, que hahiendo recibido una cierta instrucción abandonan su rincón de Provincia,
vienen á París, asesinan á una frutera y suben al cadalso. En la noche,
sofiaba yo que el verdugo venía á despertarme: tenía la apariencia del provisor, con los labios desbordantes de breves cita.~ latinas, igual que los ta-

piceros tienen la beca llena de tachuelas. Me clecÍá sonriendo: Dura /ex,
sed lfx, nors 11/hma radio, y cuando yo le preguntaba si padecería mucho:
Fo/ capita quo/ seusus, me contestaba. Me llevó á una plaza muy grande
en donde cien mil jovencitos, todos ellos bachilleres, me miraban burlándose, en tanto que un padre decía á su hijo: Ya ves tú, los inconvenientes de
la pereza.
Conmovido con estos recuerdos, Bouvard se inclinó hacia su hijo: i Oh,
mi querido •vigésimo tercero,• te prometo vacaciones encantadoras!
Pues bien-siguió, dirigiéndose á mí,-para mí la vida ha sido UM
eontinuación del colegio. Cada aiÍo y en la misma época, comienzan de
nuevo mis angustias y mi suplicio con las distríbuciones de premios, ó de
&lt;:intas violetas, rojas ó verdes; se reparten coronas, palmas ó cruces. Sí,
es el colegio que continúa, y como antafio mis padres, es ahora mi mujer
quien me humilla comparándome con compafieros ó colegas mejor dotados
ó más hábiles. I~'1 noticia de que Fulano ha sido nombrado Caballero de
la Legión de Honor me llega acompafiada de comentarios denigrantes para
mí, y con poco amable frase se me participa que Zutano ha logrado adelantar en su carrera. Inútil es deciros que soy empleado público.
Bien que me avergüence ó que me recrimine, lo peor de todo es que
le causo lástima. Ahora mismo recelo entrará mi casa. Va á quejarse
de que mi hijo sigue mis pasos; va á citarme padres que se han hecho famosos por sus hijos; y esta noche á la hora de la comida, envídiará la suerte de los felices hogares en que se estará brindando por la salud de los premiados y en que la madre de familia contempla en torno suyo á sus hijos
coronanos de laurel, mira á su esposo, y ambos sonríen recordando las frases del sacerdote que unió sus destinos:«Serán vuestros hijos, al rededor de

••

••

•msotros, como olivos jóvenes.•
Porque mi" mujer tiene ambición. Instigado por ella me he dedicado
yo á la literatura, á la política y hasta he jugado en la Bolsa. En nada
he tenido buen éxito. Yo no soy nada: yo no formo parte de ninguna
agrupación, de ningún banquete, ni de la sociedad de la sopa de coles, ni
de la Manzana ni de la Pera.-Es triste! Así, todo es para mí origen de
vejación. No podéis imaginaros el perjuicio que me causan los periodistas con sus encuestas y sus intenti.ews. También es generalmente en la époc.'1
de las vacaciones, cuando se viene á preguntar á las personalidades de víso
en la política, las letras, las ciencias ó las artes, su opinión acerca de los
grandes problemas que nos preocupan y dividen: la condecoración de los
cómicos, el desarme, el nombramiento de un príncipe de los poetas, de un
Rey de la crítica ó de un general del ejército del vicio .-Ah! recalca mi
esposa con cierta animosidad,-no eres tú de aquellos cuya opinión se consulta, nadie procura conocer dónde pasas tus vacaciones, si te agrada el
mar ó la montafia; nadie se inquieta por saber cómo trabajas, si sentado,
acostado ó de pié. A los demás sí se les pregunta.
Y con tanto citarme á los demás y demostrarme el pináculo á donde
Uegan, se me ha echado á perder mi vida. Yo nací -vigésimo tercero; mas
desde nifio se me viene diciendo que el único objeto y fin de la existencia

�74

REVISTA CONTEMPORÁNE.'1

ltEV!STA CONTE~lPORÁNEA

es colocarse entre los primeros, con lo que, y á fuerzra de pretender sobresalir de los demás, no he llegado á la altura de mí mismo. No he gozado
de mi suerte modesta y con la fuerza de esa levadura fermentaba mi mediocridad, causa de sufrimiento.
De encuestas os hablaba hace peco: preci~amente en estos días se inicia una con propósito de las recompensas escolares. Se ha recogido dictamen de los más notables escritores, y la diversidad de contestaciones demuestra, una vez más, cómo están separadas y aisladas las más preclaras
inteligencias de nuestro tiempc, y en nuestro país, en toda clase de asuntos. El uno cree que la justa emulación es, para los jóvenes que comienzan,
una incitación al trabajo, sobre todo en Francia donde se aspira á la gloria y á los honores. El otro niega que la emulación sea un buen procedimiento educativo. Este recuerda que sus condiscípulos más frecuentemente recompensados en el Colegio siguen hoy ocnpando sitio pl'Ominente entre los hombres notables del país. Aquel afirma, en contrario, que el
triunfo en las aulas nada prueba ni es indicador del buen éxito futuro.
Qué difícil es formarse una convicción y hasta una duda! En resumen
de cuentas, se echa de ver que los pensadores eminentes se dividen en doe
partidos: los amigos de la tradición, que piden se mantengan las distribuciones de premios; y los ll,unados «hombres de progreso», que solicitan la supresión. Pero ninguno S&lt;l' ha cuidado de consultar á los mismos interesados
es decir, á los jóvenes educandos, sobre la subsistencia ó supresión de la~
crnces, medallas, condecoraciones y títulos conque tan complacientemente
se adornan las personas crecidas. Los «hombres de progreso» cuando se
dirigen á los nifios diciéndoles: «la emulación y la vanidad no son para vosotros» parece que les dicen: «No debéis fumar, sino cuando seáis grandes.&gt;
En cuanto á mí, con mucho gusto habría dado mi opinión; pero no
se me ha preguntado.
-Es claro,-inferí yo-que os habríais pronunciado pcr la supresión?
-Al contrario, repuso Bouvard, por la subsistencia. No me habiés
comprendido. Yo no soy un pretendido hombre de p,ogreso, ni un revolucionario, ni un envidioso. Simplemente tengo sentido común. Estoy
pcrque el trabajo y la inteligencia sean recompensados, y esto de una manera solemne y aparatosa. No se concibe que un escolar venga á buscar
su premio al ventanillo de un dispensario como se pide una limosna. No
debe crearse el laureado vergonzante. Soy partidario de las suntuosas dist,ribuciones de premios y he traído á mi hijo hoy á la de nuestro antiguo
liceo pcr más que tenía la seguridad de que no obtendría ni un último
accésit.
Yo quisiera que esta ceremonia hubiese desarrollado en su egpíritu el
sentido psicológico de la desigualdad; pcrque la desigualdad es una de las
condiciones de la vida, haciendo ésta posible y quizá hermosa, con su variedad infinita. Se la encuentra pcr dondequiera y en todo, hasta en lru,
piedras. El hombre debe aceptarla so pena de no ser feliz nunca, puesto
que, y contrayéndonos sólo al terreno físico y moral, habrá siempre fuertes y débiles, grandes y pequeños, buenos y malos, inteligentes y 'simples.

..

••

75

Por eso he querido que mi hijo contemplase, durante tres horas, á sus con
discípulos subir al estrado y descender coronados; en tanto que él permanecía sentado en su humilde banco. Tomé instantáneas de este espectáculo simbólico; con ellas formaré un bonito álbum que repasará él durante
las vacaciones sin un falso sentimiento de vergüenza y sin fanfarronadas,
como sin desprecio. No, yo no pido la supresión de las recompensas ni
para los nifios ni para los hombres; pero que no se convierta ni para mí
ni para mi hijo, en motivo de desprecio, el hecho de no haberlas alcanza'.
do; que se nos deje tranquilos, por Dios, en nuestra medianía, que se reconozca pcr el humilde sitio que ocupamos, la necesidad social que hay de
los vigésimos tn·ceros: que se respete en nuestras personas la ley magnífica
de la desigualdad. Mi ideal no es ni un proletariado de super-hombres
ni una oligarqtúa de rudimentarios. Yo quiero que mi hijo se acostumbre
Y se resigne á la idea de que el trabajo no es suficiente sin las facultades,
ni las facultades sin la buena suerte y que el mayor de los saberes no servirá tal vez de nada para el que lo pesee sin la gracia, no la gracia según
San Agustín ó San Bernardo ó Malebranche, sino cierta gracia, casi física
Y que no podré yo definir sino trayendo á cuenta un hecho de que fuí testigo: -Esto pasó cuando la última Exposición universal: un caballero y
una señora se paseaban en la plataforma andante, (trottoir roulant) y él
decía á su compafiera: ¿Sabes tú en cuántos movimientos participamos
en el momento actual?-Por los datos que conozco, son seis-¿Cómo, tantoe así?-Sin duda: desde luego marchamos sobre esta plataforma: uno;
la plataforma camina también, como su nombre lo indica: dos; la tierra
gira al rededor de su eje: tres; describe tma órbita elíptica al rededor del
sol: cuatro; todo nuestro sistema planetario es arrastrado hacia una estrella de la constelación de Hércules: cinco; pcr último, todo junto camina
con ru~bo desconocido: seis.-La joven abrfa mucho los ojos; pero porque nuraba á un transeunte bien parecido. Cuando llegal'On al sitio en
que deberían apearse, la mujer bajó con presteza; pero el hombre de los
movimientos no pudo coordinar el movimiento de descender con los otros
seis, Y cayó al suelo de una manera ridícula. El tenía la ciencia; pero
ella era quien tenía la gracia.
En estas pláticas llegábamos á la puerta de su casa.
Hasta luego ;-dije á Bouvard estrechándole la mano-y gracias: 1,,
que me habéis dicho me hace pensar.
-Sin duda he sido prolijo, me respondió mi amigo; pero no tengo
frecuentemente oportunidad de externar yo también mis opiniones, pues
nunca se me preguntan. No obstante, tened la seguridad de que no es
despreciable la opinión de nosotros, los vigésimo-terceros. Quién sabe si
nuestra legión sin prestigio, no sea, como la infantería, la reina de las
batallas!

(Traducción de V. G.)

�REVISTA CONTE"PORÁNEA

i Si me pudiera aislar

11/1

y encerrado vivir 1
Para no ser amado; porque os hago sufrir;
para no amará nadie; por que me hacéis llorar!

Simbolizáis, agua y fuego,
las redenciones posibles:
i cuántas veces he querido

OFELIDAS.

ser, como vosotros, libre,
gota para evaporarme

Voy sintiendo en mi espíritu el espíritu yerto
del que pierde energías en alguna Bizancio,
fatigado de activo y enervado de experto.
iDulce Sirena Negra: te prefiero al cansancio,
que es algo que aún alienta con algo que se ha muerto!. .. ..

ó llama para extinguirme!

Cuando á mi sueño el despertar desviste
y el alma en cada desazón c:oncentro,
me digo si estaré, jugando al triste,
empeñado en hallar lo que no encuentro
ó empeñado en hallar lo que no existe ... . .. .

Las emociones que infuudi6 el poeta,
del hombre separarlas he sabido:
cuántas veces, al paso, una mirada
bes6 la mía, y continué el camino ..... .
i Qué hermoso es inspirar ese amor casto
que no ha de ser jamás correspondido 1

MANUEL

En el temor de la pasión callada
que estremece de duda el alma mía,
alentadora llega tu mirada,
como un vigor en una. cobardía.

Tengo un mal camarada, un indiscreto amigo
que refrenar no puedo ni corregir consigo,
que me traiciona al día y que duerme conmigo;
soy e2e camarada, !con qué pesar lo digo!

Tu juventud y tu brío
se irán con la primavera,
y será tu angustia fiera,
en noches de sombra y frío,
cuando halles tu hogar vacío
lllII lumbre y sin compañera.

9

s. PICHARDO.

77

�REVISTA CONTEMPORÁNEA

RECUERDO DE UNA TARDE DE VERANO
Como fantasmas traídos por la meda de las estaciones, cada afio, al
acercarse el verano se me representan unas cuantas escenas, unos cuantos
paisajes, que, entre tantos que cayeron en el caos del olvido, permanecen
vivos en mi memoria, pero sólo se animan al brillo de aqnella misma luz
en que me aparecieron.
Así habréis observado que en todo vasto panorama que os dé la Naturaleza hay tal Jugar, tal monte, tal pueblecillo lejano, que está como oculto y disimulado todo el dfa en el conjunto de la extensa perspectiva; todo
el día, menos una hora en que, por darle el sol de cierta manera, ó serenarse, no sé cómo, el aire en torno suyo, se destaca y brilla y os aparece,
por algunos instantes, como si sólo en ellos viviera; y así nace y muere
para vosotros cada día.
Pues así mismo veo yo todos los afias por este tiempo tal escena, tal
paisaje, en el panorama de mi memoria.
Pero entre estos recuerdos hay uno que se me presenta con singular
claridad y con vida más intensa. En un valle estrecho y verde, entre
montafias muy altas, fajadas de obscuros boscajes y con las cimas desnudas y salpicadas de nieve muy blanca-en aquel valle oloroso fuertemente
del heno recién segado, y lleno de rumor de aguas-veo una multitud vestida de alegres colores cubriendo un prado, bajo unos árboles muy grandes,
ante una Joma también verde, que sirve de teatro á una tragedia antigua.
Muévense allí exóticas las figuras de los actores vestidos á la griega, diminutos en aquel escenario natural demasiado ancho, y sus voces suenan
mates y lejanas, como perdiéndose mucho de ellas en la libertad de los
aires. J¡;l verso decae de su majestad desvanecida en la simple grandeza
de aquellos lugares; la pomposa declamación de los alejandrinos franceses
resulta pobre y lastimoso artificio, extrafio á aquel ambiente, donde sólo
suelen vibrar los rumores de las aguas y del viento, la rústica flauta del
pastor y el sonoro mugir de los rebafios.
La tarde es húmeda, y nublado el cielo altísimo; las inmóviles eorifeas tiemblan en sus carnes lánguidas bajo los polvos de arroz y las sutiles
clámides de blanco lino movidas por el aire frío; el elegante público de
balneario despliega chales y abrigos, arropándose frioleras las mujeres,
levantando sobriamente los hombres los cuellos de sus gabanes; á las frecuentes lloviznas ábrense vergonzosamente algunos paraguas; pero toda
1

•

79

aquella gente sufre en silencio y calla, esforzándose en comprender Jo que
apenas oye, ávida de la emoción artística esperada de aquella combinación
de elementos, que se quiere sea sublime sólo porque es desproporcionada.
Sin embargo ..... .
Sin embargo, de vez en cuando pasa una ráfaga de pasión, y no siempre es por el frío del aire que el público se estremece. Edipo es un gran
actor, un gran actor viejo, y en su voz de oro, aunque ya cascada, vibra
aún de cuando en cuando la pasión trágic&lt;t, y el público se estremece silencioso; algunas mejillas palidecen, algunos ojos cobran un leve y repentino
fulgor y buscan otros ojos ...... Como quiera que sea, al paso de la vaga procesión de los alejandrinos difusa en el aire, asoma y se destaca alguna vez,
con terrible momentáneo brillo en sus ojos, la máscara trágica.
Pero en seguida desaparece, y la representación se esfuma otra vez,
las voces se atenúan y se alejan en una vaga cantilena, y las figuritas de
los actores bracean allá como nzario,zettes en el escenario demasiado grande
de la verde colina, de las augustas montañas que la rodean, del cielo altísimo y nublado que manda indiferente su fría llovizna sobre las corifeas,
que vuelven á temblar en sus carnes lánguidas; sobre el público elegante,
que requiere otra vez los abrigos á las espaldas y aprieta los cuellos de los
gabanes á las gargantas enfermizas .
Sólo hacia el fin la representación avanza otra vez sobre el público,
echándosele encima, agigantada como un cuadro disolvente en su crecimiento luminoso . De 1:1 barraca de madera que figura el palacio del Rey
tebano sale un aullido de bestia lastimada, y en seguida aparece Edipo
tambaleándose, con los braws extendidos, la faz levantada al cielo, dos
grandes huecos sanguinolentos en las cuencas vacías de sus ojos, ensangrentados también la túnica y el manto, revolviéndose como una fiern herida,
y precipitándose clamoroso hasta el primer término de la escena, en medio
del agitado semicírculo del coro que Je rodea horrorizado. También el público se agita y más fuertemente se estremece; algunos vuelven la cabeza
para no ver; la.s mujeres se tapan el rostro¡ muchos no quisieran mirar,
pero sus ojos, fascinados, no pueden cerrarse ni ser apartados de la horrible escena .
Después la tragedia se suaviza y enternece. Edipo quiere despedirse
de sus hijos y busca á tientas las cabecitas rubias, y las coge llorando entre sus manos ..... Al fin empuña tristemente el báculo, y con la mano
puesta en la espalda de la hija, de Antígena piados&lt;t que le guía, se aleja
allá de la verde colina; lentamente se van alejando las figuritas como empujadas por la fatalidad hacia Jo desconocido. El coro queda agrupado en
actitudes de consternación. El público, embebecido, llora ....
Pero he aquí que mientras tanto el cielo se ha ennegrecido sobre el
valle, retumba el trueno entre las montañas y una ráfaga de huracán se
precipita, cargada de espesa lluvia y de granizo, sobre la muehelumbre del
teatro y el público desprevenido. Despavorida la gente, se arremolina y
se dispersa y huye en todas direxiones . Las vallas son saltadas primero,
despuás rotas; caen sillas y bancos y tablones, y á los pocos momentos

�80

REVISTA CoNTEMPORÁ~EA

RE'\"ISTA CONETMPORÁNEA

queda el prado desierto y como sembrado de ruina, entre sus aguas que
bajan furiosas y aumentadas, el ruido del viento y la lluvia en los ramajes
convulsos de los grandes árboles, el lívido resphi.ndor de los relámpagos, el
estrépito de los truenos que reinan clamorosos, y el fragor de la tempestad
que llena todo el valle .

aquella súbita palidez del amigo adolescente y el fulgor sentimental de
aqnellos ojos ávidos .....
Aquí vivirá todo esto latente y escondido, quizás por muchos años,
hasta el día en que, revolviendo distraídamente papeles viejos, una mano
cogerá este, amarilleado ya por el tiempo, y unos ojos se posarán al azar
sobre estas líneas, y el corazón de quien está aún por nacer volverá á latir
al compás de aquellos que en aquella tarde latieron, y entonces habrán cesado de latir ya desde mucho tiempo .
¿Qué importa el tiempo? Cuando el remoto Edipo gimió bajo su trá¡;ico destino, ¿dónde estaba todavía Sófocles? Y Sófocles ¿qué sabía de Ja
tarde ele Agosto pirenaico ni de nuestra emoción ante su obra? ¿Ni qué
saben estas líneas, que por ella se han formado, del corazón que harán latir
más apresuradamente un día? Y, sin embargo, para que este corazón se
conmueva de un cierto modo,fué preciso el parricidio y el incesto y la expiación de un obscuro Rey de Tebas, el genio de Sófocles que lo resucitara, y
una tarde &lt;le pasión de los Pirineos, con millares de años entrn estas cosas
que vivirán en él juntas y confundidas en un instante de emoción fortuita.
No hay lugar, no hay momento ni ser diverso; nada valen tiempo ni
distancias; sólo el espíritu vive y resplandece, y todo lo demás es sombra.

iBella cornna para una tragedia al aire libre de las montañas! llfcjor
no pudo desearla el genio secular de aquel Sófocles tan presente y Jan lejano; ni á aquel público elegante convenía otro fin de fiesta más suave para
sellar el gran recuerdo de aquella tarde memorable.

1

¡

•

Así, cuando recogida en el hotel la frágil turba jadeante y conmovida,
toda amontonada en el peristilo, contemplando entre aterrorizada y jubilosa la tempestad aún en !uria, pregunté al frívolo grupo de damas por las
molestias sufridas, hubo alguna que con toda su alnm pudo responder:
-¿Qué impm-ta?
Después he vuelto ha ver aquellos prados desiertos en un mediodía
nsoleaclo; he paseado solitario por aquellos lugares ele verdor, animados solamente por la suv.vidacl del viento y el rumor tranquilo ele las aguas; pero
ya no he encontrado en ellos la pura paz de los campos, sino que me ha
parecido haber quedado allí cerniéndose el sacro terror de la tragedia antigua, y los he sentido invisiblemente poblados por las gentes que una vez
contuvieron congregadas, dispersas después sobre lit tierra .. ... y debajo de
ellit. En la desierta colina se me han aparecido otra vez las órbitas de
Edipo ensangrentadas; el tub'Ído ele 1'1 pasión ha quedado inmanente y difuso en aquel aire, y el público de las almas ha vuelt0 ,\ estremecerse en
torno mío al acento desgarrador de aquella voz áurea y cascada, al grito
de pasíón de un actor viejo, que ya debe de estar muerto . . ..

JUAN

Bajo este árbol palicleció de emotión el adolescente enfermizo que fué
mi amigo tres semanas; arrimado á esta rústica valla el noble anciano ru~
mió bajo su recio abrigo lo imprudenc-ia de haberse expuesto al caprichoso
rigor ele una tarde de Agosto pirenai&lt;-o; allí el grupo de elegancia que formaron las señoras, se agita aún frívolamente entre la lluvia y la tragedia;
,¡ la sombra de aquel roble centenario, la única entre ellas levantó el brillo
&lt;le sus grandes ojos pardos, áviclos de sentimiento, bajo los rizos de su ca:
heza pensativa .... _¿Dónde están ...... ?
¿Dónde está todo esto? En mí está, al menos, que vago solitario
por el prado desierto, evocando el alma de aquella tarde inolvidable, tarde
de pasión, tarde romántica de Agosto, que no podrá morir mientras yo
Yiva.

En mí está todavía ahora, tan lejos del tiempo y del lugar, que brillan,
sin embargo, en mi recuerdo, y siempre con nuevos resplandores. Y aquí
quedarán aún después de mí, en estas letras que les consagro. Aquí vivirá la tarde de Agosto pirenaica; la tragedia antigua menguando y creciendo sobre la verde loma, bajo el cielo gris y la tempestad inminente; la
multitud elegante sobre el praclo, bajo los grandes árboles, con su frivolidad,
su inquietud y sus estremecimientos de frío y de emoción momentánea, y

ti

•

81

MARAGALL.

�REVISTA CONTEMPOR.(NEA

Débil el hombre con ignaros males
La lenta muerte ya apresura el paso:
Que, cual castigos de la humana especie,
Tétricos vienen.
Dédalo ensaya por el aire vago
Hender con alas la azulada esfera;
Hércules pasa el Aquer6n temido:
Nada le arredra 1

A LA NAVE QUE CONDUCE A VIRGILIO
(ODA IlI DE HORACIO, LIBRO

i Que intenta el hombre con soberbia planta
Hollar del cielo las mansiones claras;
Mas le detiene ... de la etérea bóveda
Lumbre de Jove!

r.)

Diosa de Chipre y rutilantes astros,
De Helena hermanos ... ; de los vientos dueño,
La nave guíen que les fué confiada .. .
Guiénla al puerto.

RAFAEL

Todos los vientos contened veloces
Fuera del Yápix, que á Virgilio lleve
(fo os lo suplico), hasta la costa salvo,
De Atica riente .
De triple bronce formaría el rudo
Inclito pecho del que en frágil barca
De tosca encina, se lanzó el primero
Sobre las ondas.
Ni Africo ardiente ni aquilones recios
Le intimidaran, ni funestas Hyadas;
Y ni del Adria tempestuoso noto
Que olas levanta.
¿Qué le intimida cuando ve sereno
Monstruos que surcan los profundos mares,
Y las rompientes de los litorales
Acroceraunos?
Dioses prudentes ... ! Su intención fué v,ma.
Tierras que el agua separó, anchurosas,
Pronto las salva sin respeto alguno
Nave ligera.
Culpas que tienen por origen crimen:
Que audaz el hijo de Iapeti al cielo
Su lumbre roba. Desde entonces llueven
Crueles las penas.

• o

GARZA CANTU

83

�REVISTA CONTEMPORÁNEA

o o
ROMANCE DE AMOR
I.
i Qué exagerados son estos poetas, pensaba Mimí un tanto complacida,
mientras al espejo-clara luna graciosamente engarzada en arabescos dorados-componíase con delicadeza, casi con mimo, su profusa cabellera de
Berenice. No de tma Berenice blonda, siuo un poco baja de color, algo
menuda, mas no por eso menos grácil, ni menos armoniosa, ni quizá meno~ espiritual que aquella virgen que en la vehemencia de sus votos, supo
brmdar á los dioses el oro de su vellón incomparable.
Mimí, aunque á menudo tachaba de exagerado á su amante, sabía ser
consecuente con él. Ante el limpio óvalo de cristal, como ninfa perpleja
sobre el terso muaré de las aguas, se pasaba á veces las horas mirándose y
remirándose. Entonces era cuaudo las loas del ardoroso galán alcanzaban
su triunfo; por que en verdad, ella, la amada, poseía todos los perturbadores atractivos que el poeta sabía enaltecer admirablemente con sus palabras ó con su pluma, en sus momentos de vivo entusiasmo, que no fueron
pocos, puesto que no acabaron sino cuando, desengafiado por su ingrata
llfimí, vió, como él mismo decía con resignada tristeza, muerta ya su últirna esperanza.
Ciertamente, enorgullecíase en repetir Mimí, esta suave y perfumada
cabellera, más bien obscura que castaña, prominentemente levantada en
adorable cerco de guedejas sedefias; esta frente amplia, y tersa, y comba
como una patena; estos ojos profundos, abismales y casi enigmáticos; estas mejillas en que parece que la sangre va á brotará flor de piel; esta boca de labios cremesinos, hecha para nidal de besos; este cuello rotundo y
firme, en redor del cual las perlas cautarían muy bien su canción de palideces impecables; este cuerpo delgado y cimbreante; todo, en fin, todo
conspira á formar el portento de las bellezas orientales, que con tan amoroso empeño quiso encontrar en mí ese poeta en quien mis desdenes en
vez de apagar, sublevaron su imaginación de poseído .
Después de todo, seguía .Mimí monologando, no debí haberle despedi do tan cruelmente como Jo hice, nada más que por asegurar cuanto antes
á ese pulcro sefior que hoy se rinde á mis hechizos. Nada poeta, sí; pero
que con sus recursos puede hacerme dichosa. Se plegará, estoy segura de

85

llo, á todos mis caprichos, atenderá á todos mis gustos, me proporcionará
todas las cosas que yo quiero, todas esas mil y una chucherías de la suprema elegancia tan necesarias para poner de relieve los encantos conque suele
dotar á sus hijas Nuestra Señora la Belleza. Sin embargo, no dejaré de
agradecer á ese cantor enloquecido la propicia condic:ión en que me puso
con la lluvia de sus alabanzas. Por ellas, 1rus amigas, que muchas veces
glosaron las iuspiradas estrofas del poeta, han convenido en que soy una
beldad interesante, rara, exótica-y por lo tanto, en que soy digna también de la más envidiable suerte. Y todas esas cosas y todos esos elogios
consagrados y ennoblecidos por la lira de mi ardiente adorador, han formado como un halo de admiración á mi belleza, como un nimbo mágico de
cuya refulgencia un rayo ha ido, sin duda, á herir los ojos duros y torpes
de quien hoy se viene á mí, cautivándome con las promesas de una felicidad positiva, de una felicidad que no se traducirá en entusiasmos líricos,
sino en brillantes, en perlas, en seda.s, en brocados, en rubíes y en qué sé
yo qué otras cosas más .......

II.

• •o

En el ambiente del estrado, cuyos rincones van invadiendo poco á poco las sombra.s de la tarde, parece que resuenan aún las últimas palabras.
Mimí no ha estado para oír con resignación todas esas naderías que en las
visitas de etiqueta suelen ser el deleite de las sefiora11 respetables y de los
varones circunspectos. Mimí está triste, sobre su corazón ha venido filtrándose hilo á hilo, una sutil melancolía, dolorosamente recrudecida hoy,
gracias á ciertas indiscreciones burdamente enhebradas en la urdimbre de
una conversación, de la conversación impertinente y zafia que la futura
mamá se ha empefiado en sostener con lujo de detalles en casa de la prometida.
.Mimí ha llegado á entender, algo tarde para su infortunio, que al ludo
de su nuevo amante, no será todo vida y dulzura. Así Jo ha comprendido. No dispondrá, como imaginaba locamente, de cuanto llegue á las arcas de quien será á la vez que su esposo, su duefio y señor; porque-se ha
sostenido en la fastidiosa conversación- las muchas comodidades y los lujos superfluos acaban con las mejores haciendas. Habrá, pues, á pesar de
la abundancia, necesidad de ser medida, estricta, quizá demasiado estricta
en las cuentas domésticas.
No ha sido esto una sorpresa para Mimí; ha tiempo esperaba la dura y triste lección. El aburguesado tenorio, una vez seguro de su triunfo,
cuidóse muy poco de lo que su amada pudiera trascender en cuanto á mltnejos ulteriores.
Verdaderamente, comenzó á discurrir ll!inú en alta voz, no sé qué me
da tener que enlazar mis destiuos con ese extraño sefior que no ha tenido
todavía para mí una delicadeza, una deferencia, un mimo; algo en fin, que

�86

REVISTA CONT.EMPOR.(:,iiE.\

halagara &lt;le algún modo mi vanidad ele hermosa, algo que atizara el luego
casi extinto ele mi fantasía, que me exaltara, que sacudiera mi tedio, que
me hiciese ver en luminosa y riente perspectiva el porvenir que me espera.
¡Y sus cartas! i Esas cartas breves y frias como documentos comerciales,
escritas i horror! en papel con membrete ele la casa y en tres ó cinco renglones ele la flamante Reinington, han puesto en tortura mi espíritu que obligado á esos prosaimos, se siente cada vez menos sensible á los encantos
del Arte IDios mio, no sé que será &lt;le mí! i Que vuelva, que vuelva el poeta.! Aquel si que era incorregible, casi un furioso . iQué misin1s las suyas,
qué frases, qué galanteos! Cuánto gozaba descifrando sus airosas caligrafías, en las cuales podían adivinarse todas las nerviosidades, todos los transportes, todas las exaltaciones, to,los los ímpetus de aquella alma inquieta
y apasionada hasta el delirio. He llegado ,t pensar que la mujer hermosa,
como los dioses, ha menester de incienso, y como incienso á mi hermosura creo que nada me cuadraría mejor que los versos del poeta. i Dios mío,
si se atreviera de nuevo! Pero no, no; es&lt;l es casi imposible 1 Sería necesario ............ ... .
Mimí, algo repuesta de la fatiga espil'itual, parece haber encontrado
un medio decisivo. Enciende las bombillas eléctricas que hasta entonces
había olvidado por entregarse á sus divagaciones amorosas. Toma pluma,
tinta, recado de escribir. Después, un presuroso mensajero confunde su
silueta con las negruras de la noche.

o

•

•

FORTUNATO

LOZANO.

LECTOR:

Nosotros no somos románticos, ni siquiera srntimentales, ni modernistas, ni decadentes, ni nada. Buscamos la. emoción pura y la mayor pu-

reza en todas las páginas que llegan á esta ciudad de Monterrey, bastante
despreocupada, pern, en cambio, c:acla vez más resonante &lt;le ferrocarriles

III .
Pasaron algunos meses &lt;le silenc·io. Despechada Mimí, quiso apresu
rar sus esponsales: hoy es el último día. Con todo, la pobre entristecida
se complace en creer que aún es tiempo . Por eso á favor de las sombras ha
querido esperar á su antiguo amante por última vez, apoya&lt;la sobre aquel
balconcito, donde en épocas mejores fueron, él un audaz trovador, y ella
una gentil y noble castellana. Pero la noche avanza. Mimí cae entonces en
la cuenta de que no es ya del todo libre, que su presencia allí á esas. horas
le comprometería inútilmente, y arrancándose de pronto de aquel sitio tan
lleno de recuerdos, se precipita en el salón, y su cuerpecito adorable y lamentable de prihcesa contrariada, se desploma corno flor desecha sobre el
muelle diván, sollozando con desgarradora amargurn: 1Dios mío, Dios
mío, qué exagerados son estos poetas 1

POESIA PURA

••
o •

y de fábricas .
...... ... .... y aquí, en este amorosoapnrtamiento donde nos ha tocado afanar la rueca de la Yida, en el limite extremo del nuevo mundo
latino, á veces nos sorprende una música espiritual intensa y trémula, que
no es bailable romo los versos de ningún idilio y que parece fluir del propio corazón de ln. rrierra encen&lt;li&lt;la.
Y cuando estamos gustándola sin percatsr si es complicada, 6 clásica,
ó simplemente antigua, ó muy moderna, querríamos llegará tu lado, y enseñarte nuestra emoción, y decirte que todavía, muy á pesar de las escue•
las, y de este modernismo flamante, y de los profesores pseudo-clásicos,
suele desplegar el espíritu sus alas divinas, y exhalarse con toda serenidad,
bajo la misericordia del cielo, como un perfume de las praderas en silencio .. .. .... .
Ojalá quisieras, en esta dulce noche de invierno, á favor de la luna,
emprender con noi:,otros una excursión regresiva, camino del espíritu pu-

ro ... ...... Porque á éste le han encantado, y se halla preso entre las redes de
la literatura, y nadie se atreve á libertarle .... iya no hay caballeros a.ndantes!-Alguien dice que no le encantaron, sino que le falsifican, ni más
ni menos que se falsifican las drogas del norte ó los vinos de Bmdeos ..... .
Y sea de ello lo que fuere, vamos á emprender la jornada, oh lectores!
Llegará un día en que vosotros descubráis el tesoro.-Trátase de un rico
y fácil cofre del oro más puro, en el cual están los poemas que se irisan con
la divina luz, al modo que se irisan los diamantes bajo los agasajos voluptuosos del sol.
Haréis una adquisición provechosa, de inestimable valor. Sin du&lt;la
muchos de vosotros conocéis la poesía cotidiana, esa que encomia sin emoción y sin virtud los labios de las mozas, ó que finge tristezas, 6 que hace
alarde inútilmente de ir trajeada como lo prescribieron las modas . Pero
no habéis comprendido , tal vez, por falta de oportunidad, que hay o-

�88

REVISTA CONTEMPORÁNEA

tra poesía, la más alta, la más pura, que no necesita de las cosas exteriore~
porque el espíritu que os la da se hubo nutrido á tiempo, y guardó la impresión y la acrisola y magnifica por modo inexplicable, y al devolverla, ella
es la poesía que sabe á salmo, y á esencias, y á son de flauta bajo la pllz
de las estrellas de Marzo ....
Aquí han de quedar, en estas páginas que deseáramos convertir en
palacio, las perlas de solitario valor, tesoro del espíritu, porque nosotros
las tomaremos cada vez como riqueza de la común heredad ....
Oíd la primera palabra. No aprestéis los dedos para contar las sílabas, ni refresquéis vuestro conocimiento de la ret6rica, porque entonces
malograréis la virtud de esta comunión. Por otra parte, este salmo de
amor no tiene nombre. Y si os produce una emoción íntima., casi un arrobamiento, ó mucho menos; pero, en todo caso, si no os hace encoger de
hombros, agradecedlo al autor, cuyo nombre hallaréis al pié de los versos:

Horas son de rebase de la vida;
no sabe uno qué decir, y piensa
miles de cosas;
y va cayendo dentro la energía,
y dentro posa.
Aumenta el peso del recuerdo y suben
en la balanza,
como rosadas~nubes,
las esperanzas.
Horas son de rebase de la vida,
son horas de silencio, horas de calma.
Entonces HOS sustenta el universo,
y cual dosel protege nuestras frentes
El firmamento.
Es la infinita idea
que á encarnar baja humilde á nuestra mente.
Soportamos el peso de lo eterno
en estas horas de pensar sin nombres,
de pensamiento puro.
Y cuando ellas se van,"'queda en el alma
el trémolo del mundo ....

MIGUEL

DE UNAMUNO

""

o o
SOL DE DOMINGO
Se me ocurre á veces hablarte de nuestra querida ciudad, pero, qué te
voy á decir? No ha cambiado desde que la dejaste. Nosotros no hemo~
cambiado tampoco. Mi cuarto, el más agradable rinconcito de la tierra,
está lo mismo de desarreglo: libros, papeles á medio escribir, periódicos;
papeles sobre la cama; cuellos, corbatas, sombreros sobre la mesa, cabos
de cigarillos y sonetos desheredados por el suelo. Todo en un adorable deBorden, todo carifioso para mi pobre alma cansada. A veces pienso cómo
es que aquel espectáculo cotidiano no me fatiga; abandono la comenzada lectura y me echo á la calle. No sé lo que voy á hacer, tal vez á tomar aire, tal
vez á refrescar el cerebro, cuyo funcionamiento se va haciendo tardo como
el de las aspas de un molino de viento.
La ciudad está tranquila; el sol cae soñoliento sobre las calles solitarias. Pasa una vieja pordiosera y me pide una limosna, que no le doy
porque la situación está difícil y aun más el dinero. La miro alejarse á lo
largo de la desierta ciudad, con la cabeza cubierta con un manto verdoso
y desgarrado que fué acaso de una sefiora caritativa de las que regalan el

o

desperdicio.
Llego á la plaza, y al desembocar en la esquina bostezo yo no sá si de
luitud de alma ó física. La plaza abierta al sol, bosteza también: todos
nos imitamos. Los árboles están melancólicamente enhilados por las avenidas del parque. El bochorno les pone una actitud grave y cansada.
Es.domingo. Los hombres reposan ó duermen. El tiempo parece haber
detenido su marcha. O será que este rebafio humano, como una inmensa
caravana, paró á deponer su fatiga á la sombra de un oasis de paz y de pe-

(J

·reza?
Pasa junto á mí, tambaleándose sobre un viejo caballo rucio, un hombre borracho, la camisa desabotonada mostrando el velludo pecho, la rua·
na al pombro, y las zamarras desgarradas por un par de espuelas enormes
que van tintineando en el silencio. A un balcón elegante se asoma una
muchacha en traje azul desvanecido, tiende en todas direcciones sus pupillls sobre la soledad ambiente, y desaparece tras el rojo cortinaje ceñido
con un grueso torzal de lana amarilla en cuyo extremo hay una borla que
juguetea con la brisa. De un portal anticuado sale una vieja más anticuada todavía, mira hacia el parque, se detiene un momento, y luégo se encamina despacio, en perfecta armonía con las cosas, á la iglesia vecina.

�90

•

REVISTA CONTEMPORÁNEA

La muchacha en traje azul asoma de nuevo su carita adorable al balcón y
~e demora algunos minutos. Hace contraste singular su frescura de rosa
delante de la somnolencia del paisaje. Yo la miro y me parece que ella
encamina también sus ojos suaves hacia los míos que se abstraen. Después
vuelve á ondear el cortinaje, y desaparece. Nada más real y nada más de
visión que aquello. Sobre la pared de enfrente, el sol muestra algunos
descarachados en la ea! amarillenta. Pasan dos caballeros de tiros largos
con sendas flores en el ojal. Yo correspondo al cortés saludo que me dispensan, y por h~cer algo enciendo un cigarrillo.
El domingo es un paréntesis á la vida : tiene la voluptuosa pereza de
gato y el encanto de las cosas inútiles .
Sale la vieja de la iglesia y se mete otra vez, como un escarabajo, por
el portal anticuado . La muchacha del balcón se hace esperar. Viene un
soplo de brisa á refrescar mis orejas, y cuando se aleja, la música lenta de
un pasillo estremece el cortinaje, y corro tras ella en su alcance. Pero
hay notas que se detienen pensativas en el ambiente de la plaza, y se van
muriendo con la somnolencia de una perspectiva. Otras se van de prisa,
yo no se á dónde, rozando en las hojas adormiladas de los árboles. Las

••
PSICOPATIA
El parque se despierta, ríe y canta
en la frescura matinal.. .. La niebla
donde saltan aéreos surtidores,
de arco-iris se puebla
y en luminosos velos se levanta.
Su olor esparcen entreabiertas floressuena en las ramas verdes el pío pío
de alados huéspedes cantores, brilla en el césped hámedo el rocío ....
Azul el cielo, azul 1. . . . Y la suave
brisa que pasa dice:
reíd! eantad ! amad I la vida es fiesta,

últimas son tenues, imprecisas, parecen quejarse, parecen suspirar, y yo

las recojo dentro de mi corazón como aves enfermas, para darles el calor
de mi juventud y los amorosos carifios de mi tristeza. Pasa otra vez el
hombre borracho y ahoga con un grito salvaje el silencio apacible de la
pla,.a y los últimos sollozos del piano.
Vuelve al balcón la muchacha en traje azul desvanecido, me mira con
ojos suaves, y casi me atrevo á creer que ha sonreído con una sonrisa que
sólo mi alma vió, porque era tan vagá como la de las personas que aeaban
de despertarse de un suefio muy largo. Su mano izquierda tiene un desmayo amoroso sobre la barandilla de hierro. ¿suefia tal vez una aria que
diga las cosas del corazón, las cosas imprecisas afines de los perfumes y de
la agonía crepuscular? La mano blanca sueña ... .
La plaza bosteza de pereza y de paz. Pasa una mujer vestida de blanco sesgando el bochorno del parque. Pasa otra mujer en traje azul desvanecido sobre el cansancio de mi alma. Pasa otra allá lejos. Pasan como
todas y como todo.
M. A.

CARVAJAL.

es calor, es pasión, es movimiento!

••

Y forjando en las ramas una orquesta
con voz grave lo mismo dice el viento;
y por entre el sutil encantamiento
de la mafiana sonrosada y fresea,
de la luz, de las yerbas y las flores,
pálido, descuidado, sofioliento,
sin tener eu la boca una sonrisa
y de negro vestido
un filósofo joven se pasea,
olvida luz y olor primaverales,
é impertérrito sigue en su tarea
de pensar en la muerte, en la conciencia
y en las causas finales!
Lo sacuden las ramas de azalea
dándole al aire el aromado aliento
de las rosadas flores, lo llaman unos pájaros del nido
do cantan sus amores,
y los eantos risueños
van por entre el follaje estremecido
á suscitar voluptuosos sueños,
y él sigue su camino, triste serio,

�92

pensando en Fitche, en Kant, en Vogt, en Hegel,
y del yo complicado en el misterio!
La chicuela del médico que pasa,
una rubia adorable cuyos ojos
arden como una brasa,
abre los labios húmedos y rojos
y le pregunta al padre, enternecida:
- Aquel señor, papá, de qué está enfermo?
qué tristeza le anubla así la vida?
cuando va á casa á verle á usted, 1ne duermo;
tan silencioso y triste .. .,¿qué mal sufre?
.. .. Una sonrisa el profesor contiene,
mira luego una flor color de azufre,
oye el canto de un pájaro que viene,
y comienza de pronto, con descaro:
- Ese señor padece un mal muy raro,
que ataca rara vez á las mujeres
y pocas á los hombres, hija mía;
sufre este mal : pensar.... esa es la causa
de su grave y sutil melancolía.
El profesor después hace 1ma pausa,
y sigue :
- En las edades
de bárbaras naciones
serias autoridades
curaban ese mal dando cicuta,
encerrando al enfermo en las prisione~
ó quemándolo vivo : buen remedio,
curación decisiva y absoluta
que cortaba de lleno la disputa
y sanaba al paciente .... mira el medio ....
la profilaxia en fin .... antes; ahora
el mal reviste tantas formas graves,
la invasión se dilata aterradora
y no lo curan polvos ni jarabes.
En vez de prevenirlo los gobiernos
lo riegan y estimulan,
tomos gruesos, revistas y cuadernos
revuelan y circulan
y dispersan el germen homicida ....
El mal, gracias á Dios, no es contagioso

93

REVISTA CONTEl\IPORÁNEA

REVISTA ÜONTEMPORÁNEA

o

Y lo adquieren muy pocos; en mi vida
sólo he curado á dos ... .les elije:
- Mozo,
váyase usted á trabajar de lleno,
en una fragua negra y encendida
ó en nn bosque espesísimo y sereno;
machaque hierro hasta anancarle chispas,
ó tumbe viejos troncos seculares
y logre que lo piquen las avispas;si lo prefiere usted cruce los mares
de grumete en un buque, duerma, coma,
muévase, grite, forcejée, sude,
mire la tempestad cuando se asoma
y los cables de popa ate y anude
'
hasta hacerse diez callos en las manos
y limpiarse de ideas el cerebro! Ellos lo hicieron y volvieron sanos ... .
-Estoy tan bien, doctor ..-Pues lo celebro.Pero el joven aquel es caso grave
como conozco pocos;
más que cuantos nacieron piensa y E-abe;
irá .á pasar diez años con los locos,
y no se curará sino hasta el día
en que duerma á sus anchas
en una angosta sepultura fría,
lejos del mundo y de la vida loca,
entre un negro ataúd de cuatro planchas,
con nn montón de tierra entre la boca!
.JOSÉ ASl'NCJó,.-

SITX A.

�REY!STA CONTEllPORÁNEA

mos, búcaros de Nola en vidrio colorendo, relieves en marfil procedentes
de Atenas, ibis tallados en feldespato verde y que un tiempo fueron adorados en los templos egipcios: objetos todos ellos adquiridos por Phinees durante sus viajes en Italia, en Egipto y en Grecia, y conservados ahora cariiiosamente como lazos que lo unieron al pasado distante.
La luz, al invadir el aposento, iluminó también á la mujer que acaba
de descorrer las colgaduras. Era una joven de cabellos negros recogidos en
la nuca, de pendientes de oro en la.s orejas, vestida con ligera túnica que le
eeñía el apretado seno y que resbalando por la línea de las caderas le caía
hasta el tobillo, dejando ver los pies finos y pequeños calzados con sandalias de fibras trenzadas de papiro, y que se anudaban con cintas de colores .
Era morena; su boca como de niña y carnosa.; y sus ojos aparecían casi
negros sombreados por largas pestaiiag de seda. Su delicado perfil denun-

PHINEES

•
He aqu( el primer capUulo de una novela inédita que aparecerá próximamente. Se trata de reconstru(r la /erusalem Romana contemporánea de

ciaba. su oringen egipcio, armonioso como el de Ysis.
Phinees se incorporó en el lecho, y desgranando el racimo de uvas.
-Orpha-dijo-¿sabes si Sura, el perfumista, me ha enviado la e-

Jesús. Es natural que nos inspire cierta desconfianza el empeño: á partir de
Haubert, pasando por Lewis Wallace, por el miS11w Anatole Frarue, hasta el
gran Eca de Queiroz, el número de obras j¡reconstructoras" ha venido multi-

sencia de iris?
-Yo misma la.recibí, sefior.
-Ordena que se me prepare el baño.
La esclava se dirigió hacia la puerta, pero Phinees la llamó de nuevo.
-Olvidaba decirte que Saulo llegó ayer de Cesarea . Almorzará hoy
conmigo. Prepara la mesa en la galería.
-¿Samuel vendrá también?
-Hoy es día de ayuno-dijo Phinees sonriendo-Pero si vimere, apostaría mi márnol de Scopas á que se tomará un vaso de vino. Y á propósito, ¿sabes que el rabí pretende que debes casarte'?
-¿Yo? ..... esclamó la esclava sorprendida.
-¿Te asustas? ..... Mejor fuera rcfr.
El rabí esperaba ver aumentar
el número de los soldados de Israel. También busca para mí la Raquel
&lt;le que nacerá el libertador hebreo ......
La joven había quedatlo pensativa.
-Y dime, Orpha-continuó Phinees-es verdad que no has pensado en matrimonio? La vida sin amor es como el nido sin el calor de la

plicándose, aunque pocas veces liaya que recordaf' un éxito siquiera mediano. Por lo demás, el nombre del señor Cuervo Márquez es una garantfa . Su libro

II

Tierras Lejanas' 1 nos le revel6 como un estilista, un sensitivo y un ob-

servador. Hoy está en posesi6n de preciosos documentos, recogidos en su último viaie por Siria, sobre el asunto que motiva su novela. El argumento de
ésta, s,gún se dice, es de una origü1alidad sorprendente. De la belleza de estilo, ju,garán los lectores por el capitulo que publicamos á continuación:

El sol baiiaba en luz las blancas azoteas de Jerusalén cuando Phinees
despertó en su villa de Xistos. Una sombra de mujer, pisando sin ruido
la gruesa alfombra tendida sobre las losas exagonales blancas y negras que
pavimentaban la estancia, se acercó y colocó al lado del lecbo una fuente
con naranjas y racimoe de uva. Luégo descorrió la colgadura que cubría
una de las ventanas, que caía sobre el jardín. El sol, como lluvia de oro,
invadió el dormitorio, trayendo consigo perfumes de naranjos en flor, y acarició los detalles primorosos de ornamentación y mobiliario de aquella
rica estancia que, mejor que la alcoba de un noble judío, se hubiera dicho
el santuario de una cortesana de Roma. Sobre el lecho ee veía una copia
de]uno y las ninfas, de Zeuxis, cuadro para el cual los agrigentinos mostraron sus hijas desnudas á las miradas del pintor; el mobilario, incrustado
en marfil y tapizado en viejas telas de seda, se recostaba contra los muros,
decorados al estilo griego con frescos que hubieran escandalizado á un fariseo;
una lámpara colgaba del cielo raso, incrustado de maderas labradas: sobre
el tapiz, á un lado del lecho, una piel de tigre semejaba una mancha de
sol en tanto que en vasares y aparadores se veían voluptuosas estatuitas en
bronce, ánforas de tierra cocida, en que Baco aparecía coronado de raci--

95

o

pollada.
-Yo soy vuestra esclava., señor.
-No,-dijo Phinees amigablemente.-Tú, bien lo sabes, eres casi mi
hermana. Eres la alegría de la villa. El día en que te enamores se han\
según tu gusto.
Los ojos de la joven se nublaron, é inclinando la cabeza, salió.
Phínees se incorporó todavía. Recostado en el lecho, la mirada perdida en el rayo oblicuo del sol en que danzaban átomos de oro, evocaba al
mismo tiempo las elegantes rimas de Catulo, el poeta á la moda, cuyos versos, llegados en la víspera de Roma, yacían al alcance de su mano, y los
detalles de su apasionada entrevista de la noche anterior con la hermosa exranjera á quien amaba, y los que contaría dentro de corto tiempo á su a-

�96

HEVI::i'rA CO~TEMPOR.{~EA

migo Saulo, el calavera á quien Lucrecio había enseñado IÍ reír de los dioses y de los hombres.
Luégo, el desnudo cuerpo envuelto en un abrigo de blanco algodón,
los pies dentro de las z.~patillas de paja de Italia, se dirigió al bnño. Lo esperaba aquel día la piscina, situada al aire lihre, circundada do naranjos cucuyas blnncas flores, al cner, flotaban sobre la sábana de agua trasparente. El agua veni&lt;la &lt;lesde larg¡t distancia por un conducto subterráneo,
siempre fresen, aun durante los calores del estío, se derramaba en la piscina desde una concha que sobre la cabeza levantaba una ninfa de mármol.
Era el mes de las flores y de los ciclos radiosos. El inmorta I y el heliotropo embalsamabnn los jardines de Judea. Por todas partes los rosales
escalando las hardas de los huertos, descolgaban sus racimos de flores, ora
rojas como el cinabrio ó pálidas como los botones del seno de las vírgenes.
Los olivares cubrían &lt;le verde y plateado follaje las vertientes de las montañas, desde Hebrón hasta las fuentes del Jordán, y las palmas recortaban
sus agudas hojas metálicas contra el cielo azul, libre de nubes y saturado
do éter.
Phinees, despojado de su abrigo, se inclinó sobre el agua, que en su
espejo copió sus formas elegantes y viriles, como las de las estatuas que el
conquistador trasportara desde los Propyleos á Roma. Aquel judío, enamorado de la belleza como un griego, gozaba en contemplar la imagen de
su triunfal juventud en el agua inmóvil que mejor que el espejo de bronce,
reproducía las curms ondulantes de su cuerpo, su cabez.~ varonil, la barba
sedosa como la de los ismaelitas nobles, partida en dos y de color más claro que el del cabello; sus carnes apretadas y morenas, sanas como las de
un niño y suaves como las de una mujer hermosa, bajo las cuales se veía
correr la sangre por la red de las venas azules.
Terminado el baño, Phinees pasó á un pequeño aposento pavimentado
en mármol, el tepydarium de los romanos, en donde un joven bitynio friccionó sus carnes con un guante de piel de camello, y perfumolas luego,
así como sus cabellos recortados á la moda romana, con aguas y aceites
olorosos.
De esta manera refrescadas sus carnes, sintiendo entre el calor de
aquella mañana de primavera que la sangre, á flor de piel, corría más libremente en sus arterias, vistióse una túnica color de jacinto con franjas
de hilo de oro, ciñó el cinturón, sabiamente bordado por Orpha, se hiw
calzar las sandalias que con cintas de seda se anudaron á los tobillos, peinó
cuidadosamente los cabellos y barba contemplándose en el espejo metálico
enmarcado en turquesas que en un tiempo pertenecieran á una célebre
bailarina chipriota, y luego, tomando de nuevo los versos del poeta de Verona, se tendió en un lecho de cojines, en la galería, en espera de su amígo
Saulo. Al alcance de la mano hiw colocar una palangana con racimos de
uva. Era su fruta predilecta: las blancas se le imaginaban pequeñas bola$
de luz, las moradas dijes de cornalina, las negras ojos de mujeres hermosa~
que entre su boca desleían el almíbar de una mirada lánguida.
Era la galería el sitio preferido por Phinees durante los meses caluro-

REVISTA CONTKHPORÁNEA

97

sos. Consistía en un amplio corredor, pavimentado, como el dormitorio,
de losas multicolores artísticamente distribuídas, sobre las que se veían
tendidos pieles y tapetes. Dábale luz una continuada arquería en piedra
labrada, con vista sobre el frondoso jardín, y en cuyas columnatas se recogían cortinajes á rayas blancas y rojas que evitaban, en la tarde, los rayos
oblicuos ele! sol. Al frente de la arquería se abrían las puertas de los departamentos. En los muros, pendientes ele cornamentas de toro y de
ciervo, lucían diferentes panoplias, guerreras y artísticas. Aquí se veían
las espadas cortas, las redes y los tridentes de los gladiadores, junto á maros de combate, á escudos ele piel de osos galos, á pesados lanzones y jabalinas de aguzada punta, á puñales retorcidos y á coraz.~ en cuyas escamas
de cobre bruñido In. luz ponía puntos luminosos. En aquellas otrasse mirnl,an, al lado de largos abanicos etiopes de plumas de avestruz, variados
instrumentos musicales: el nable ó salterión de doce cuerdas que resonaba
armoniosamente en el Templo; el nepher egipcio, las cítaras de figura
triangular que se tocaban con el plectrum, las liras, queridas de las hijas
de Sión, trompetas de plata, flautas syrinx compuestas de dos camarillos
de los cuales uno modulaba las notas agudas y las graves el otro, cistros,
cimbales y panderos campestres.
Del techo pendían lámparas de bronce, y sobre el pavimento se vefan
diseminados aquí y allá pebeteros en trípode y mullidos cojines que convidaban al descanso.
La mesa había sido dispuesta. Sobre el blanco mantel, al lado del
ánfora con el vino, lucían las copas cinceladas y el búcaro cargado de rosas.
Entre la bajilla se habían dispuesto pequeñas fuentes con higos secos,
aceitunas, dátiles y almendras. Un joven esclavo, al lado de los triclinios,
vestido con una túnica que le caía hasta las rodillas, de largos cabellos que
le cubrían los hombros, esperaba, inmóvil, las órdenes de su amo.
Las colg¡1duras que cubrían la puerta de entrada se levantaron, r entre sus pliegues apareció un joven de ojos vivos y oscuros, de labios sensuales, de negra barba recortada en punta, la cabeza cubierta con un man
to de blancura inmaculada que, sujeto á la frente por un cordón de seda
amarillo, caía sohre la túnica violeta en fáciles pliegues. Pendiente de
una cadenilla llevaba sobre el pecho un sello de oro. En el anular de su
mano izquierda brillaba una sortija de esmeralda.
-Bien venido seas! exclamó Phinees yendo, los brazos abiertos, al encuentro de su amigo. \'eo que no has perdido en Cesárea la costumbre de
hacerte esperar.
-¿Lo crees así? dijo Saulo despoj,indose de su manto y mostrando,
al sonreír la blanca dentadura. Luégo, estrechando á su amigo: /.Sabes'?
dijo. Es el tiempo lo que se pierde en Cesárea. Noventa días para entrar en posesión de mis olivares de Capharnaún ! Líbreme el Señor de
entenderme segunda vez con escribas! Pero, en fin, todo se ha arreglado,
y aquí me tienes. A propósito: el Tetrarca se informó de tí. Salomé
tampoco te ha olvidado ....
-¿Qué es de ella? preguntó Phinees con indiferencia.

�98

REVISTA COXTEMPOR.{Nl'iA

REVISTA COXTEMPORÁNEA

-Lo que tú conociste: una mozuela consentida que hace las delicias
de la Corte de Galilea con sus danzas extravagantes. Antipas la adora.
Vendrán á Jerusalén para las próximas fiestas en honor del César. Pero

dime: ¿y tú? .....
-Muchas cosas tengo que contarle . Yen. El almuerzo nos espera .
Después de levantado el primer servicio, Saulo interrogó ,¡ su amigo
en ,oz baja .
-Y, cuéntame: lla has visto? .....
-Anoche, justamente, en sus jardines.

-Es decir, que Phinees ha sido capaz de amar durante tres meses!
Cosa increíble!
Te confieso que pensaba que el recuerdo de la hija del
Procurador se habría borrado de tu n,emoria, con,o se borró el de Aglae.
-No confundas; son cosas distintas. Aglae fué una cmbriagez de los
sentidos, bajo el cielo de Grecia, entre la decc,ración del mar azul, en una
isla encantada del Archipiélago. Fué un amor gentílico, como lo sería el
de un Centauro por una Ninfa. lloy me consume un amor invencible y
profundo, como el de Jacob por Raquel. Esta joven romann, esta extranjera,
á quien hace seis meses no conocía, ocupa hoy toda mi vida: ella se ha
arm,tdo de una fascinación á la &lt;:ual no puedo resistir. Hacia ella me
anastrn ese instinto profundo que gira en torno de las más soberbias apariciones de la vida .....
-Te escucho y te envidio. Contimía.
-Anoche, por primera vez, penetré furtiYamente en los jardines de
su palacio. Xo pod1fa explicarte lo que sentí al encontrarme en el parque
solitario, dentro de sus dominios, ahora, cuando todo llormía. En el
ambiente creí respirar eflmios de su alcoba perfumada. Los bosquecillos
de almendros se me aparecieron como complacientes encubridores de mi
pas1on. Las fuentes murmuraban dulcemente, como si se aprestasen á
disimular el rumor de nuestras palabras 6 quizás de nuestros besos. Esa
mujer envidiada y poderosa, á quien ayer no más consideraba como un
imposible, me "bría hoy secretamente una puerta para llegar hasta elb
á beber su aliento y á mirarme en el fondo de sus ojos . De pronto, un,i
sombra de mujer cruzó una oscura alameda y llegó á mi lado: era Cornelia.
¿ Qué siguió después? ..... No sabría decírtelo: no se recuerdan los detalles
de un sueño feliz. Sólo sé que la amo!
-¿Y ella? .....
-Ella .... . Al abrirme la portezuela de la muralla, recibió un beso
casto en la frente y, «Hasta mañana, amor mío!", dijo
Phinces y Saulo apuraron sus copas. El esclavo escanció ele nuevo el
vino.
-Y Caius ¿ se resigna á ser vencido?
-No lo sé. Pero pienso, á juzgar por las terribles mimclas conque
me regala cuando nuestras literas se cruzan en la calle ó nos encontramos
en casa de Sura, que medita su venganza. El me oclia, lo que demuestra
que es imbécil. Odiar es sufrir, y yo quiero dejar el sufrimiento parn

•' •

99

mis enemigos. Las iras de Caius me inspiran desprecio, así como sus planes de venganza.
-Pero has pensado en casarte con Cornelia?
Phinees no respondió y quedó pensativo .
-¿Por qué no? .... continuó Saulo . Tú la amas y eres correspondido.
Eres joven, noble y rico como un patricio romano. El César mismo, que
ama la paz universal para que no se le incomode en su retiro de Caprea,
vería en este matrimonio algo como una alianza entre'las dos razas y los
dos pueblos .....
Las palabras de Saulo hicieron honda impresión en su amigo. Quizá por primera vez el joven judío comprendía que era feliz, y por vez primera· en su vida cruzó su espíritu, como estrella errante ele la noche, un vago
terror á la desgracia. lA cuál?.... Un suspiro ensanchó su pecho.
Existen algunas veces dentro de nosotros pensamientos latentes, que nos
asaltaban ele pronto, porque su horn es venida y suben á pasos sordos de las
sombras del sueño á la luz de la vida.
-No sá, quizás ..... elijo Phinecs. Y luégo, después de largo intervalo de silencio durante el cual se oyó el rumor de la fuente en el jardín,pensaba, continuó, en que nuestra. raza es bien infortunada. Los hijos de
Israel sólo tienen hoy una carrera que seguir y un derecho que ejercer:
amar lo bello .....
-Cierto es. Casi ni aun el derecho de practicar su religión se le reconoce al pueblo; y para conservar una sombra de libertad, ya vez cuánta
sangre se ha derramado! ¿Qué carrera que seguir podrían hoy indicarnos nuestros padres? ¿Las armas? .... Pasaron para no volver los tiempos
de los I\Iacabeos. ¿Las leyes? Pompeyo lo dijo: "No aleguéis leyes á
quien ciñe una espada." ¿Las. artes? ..... El legislador las prohibe porque
no las comprende. Queda el Sanhedrin y la Sinagoga, antros que aborrezco, en donde se confunde la I\Iassora con la Cábala y la tortuosa interpretación de la Ley con la administración de justicia. Nuestras sectas,
por otra parte, se han encargado de terminar con toda la noción de patriotismo, sin que la sangre vertida ni la conquista extranjera haya logrado
revivirlo. Cierto es: abandonados del Dios de Abraham y de todos los
dioses del Olimpo; no confiando en vida futura, debemos exprimir el racimo de la presente y beber su jugo, gota á gota, como hacemos con este delicioso vino de Chipre.
Y llevó la copa,¡ los labios. En seguida de haberlo saboreado dirigió
una mirada hacia el jardín y á las curiosidades de la galería, y dijo:
-Sabes que sobre tu puerta podría grabarse el dístico de Séneca cuando
aparecía en los jardines de Epicuro? "Pasajero: éntra y repósate. Lavoluptuosidad dicta aquí sus leyes."
-¿Lo crees así? ..... Es lo cierto que al regresar á mi patria experimenté, tú lo sabes, indecible hastío . Fué mi propósito arreglar mis negocios y emigrar para siempre. Pero conocí el amor: hé aquí la verdadera
voluptuosidad.
-Sin dudarlo, pienso de los placeres lo que Máximo de Tiro de los

�100

REVISTA CON'fEMPORÁNEA

dioses: Hesíodo creía que el número de las divinidades podría calcularse
en treinta mil, pero Máximo encuentra que mejor es reconocer que su número es infinito .......
En este momento apareció entre las colgaduras de la puerta de entrada uu viejo flaco y de color de pergamino, barba blanca, ojillos grises y labios sonrientes .
- Que el dios de Abraham, de Isaac y de Jacob sea con vosotros!
Y, apoyándose en su báculo, avanzó al encuentro de los jóvenes .

EMILIO

CUERVO MÁRQUEZ .

•

NOCTURNO
(TRADUCC[Ó'.'I DE GUILLE1"IO VALE'1CH.)

Je suis ce/tui att coeur vestu de noir.
CH. D' ÜRLEANS.

En la viudez de la alameda
por el árido suelo
pasan hojas secas danzando .......
Paisaje vago como al través de una sedn, ......
Eriales que el crepúsculo mulle de terciopelo .

•
1
1

1

Como Princesas despojadas
en la selva por los ladrones,
las encinas acongojadas
que repelan los aquilones,
lloran en coro de aflicciones,
yertas, medrosas, erizadas ..... .

Todo en redor es ceniciento,
es c,niciento .. ... .
Unas fuentes llaman á otras .....
Como lanzas hostiles, al viento
tiemblan las cañas del cañaveral;
y unas fuentes llaman á otras
corno ciegas perdidas entre un pina];
cual esbeltas Emperatrices
bárbaramente destronadas,
las encinas acongojadas
rígidas lloran y erizadas ......

Se desmoronan sus raíces,
sus almas hieren siete espadas,
reinas que el ábrego cobija,
pobres reinas de herido pecho,
¿de cuál de vosotras será hecho

-

�102

REVISTA CONTEMPORÁNEA

el lecho angosto de mi hi;a?
Surge la luna de cabellos blancos .....
A su fulgor los montes ciñen doradas fajas .... .
Y se ponen los muertos á secar sus mortajas .. .. .
La luna riega sus cabellos blancos.
Por las desiertas avenidas
largas, tristísimas, profundas,
las encinas adoloridas
son como santas moribundas.
-Árboles negros cuyo són
viene á espinar mi corazón :
¿cuál con tierna solicitud
servirá para mi ataúd?

•
0 1•

Calló el viento ..... del éter fluye dorado río ..... .
Como una afable, tímida enfermera,
inclínase la luna sobre la cabecera
de las aguas dolientes de un pantano sombrío ..... .
Muerto, cansado de sus giros,
huyó el viento á la soledad;
las encinas acongojadas
ya no lloran, sólo suspiros
dan á la yerta claridad .
-Oh sedientas de la mañana 1
oh sedientas de luz radiosa!
¿dónde vivirá vuestra hermana,
la que verdecerá en mi fosa?
Euo}:N10

DE CAS'rRo

t

LIBROS RECIENTES
I
Grecia, crónicas de viaje, por ENRIQUE GóMEz CARRILLO.-Imprenta
Artística de José Blass y Cía. Madrid.
En una crónica reciente ha dicho Blasco Ibáfiez que este es el mejor libro de Gómez Carrillo. Es fácil admitir que la teoría de los valores absolutos va desusándose con marcada precipitación como sistema de análisis
crítico, al menos en cuanto se trata de productos mentales que merecen
aprecio. Entre una obra de tal poeta ó novelista en la que resplandece la
serenidad como un chtro día de verano, y otra, emocional ó intensa, donde
el autor nos ha dado á gustar la inquietud de su espíritu, y todavía otra~ más,
ya se distingan por lo proporcionadas y armoniosas, ora por su originalidad, ó bien por su fuerza de evocación ¿cu,íl sería la que mereciera ese adjetivo rotundo que parece imponer la preferencirt incontrovertible?
No hrty inconveniente ninguno, sin embru-go, en aceptru- que el nuevo
libro del cronista centroamericano es el más fuerte, el más sereno y el más
«clásico» de todos los suyos. Esto explica, á mi parece1·, el entusiasta elogio
que le consagrara el señor Blasco Ibáñez. En realidad de verdad, Grecia
es obra que acusa un talento en su plenitud. Para componerla lué necesa. río, evidentemente, un proceso espiritual sostenido en pos de una comprensión cada vez más diáfana, más luminosa y más concreta. Por otra parte,
nos encontramos aquí con una obra homogénea, un poco trascendental, y
aun documentada sabiamente, lo que implica desde luégo un orden estricto
en la aplicación de los tesoros mentales. Este es un Gómez Carrillo circunspecto, á veces grave, pero de una gravedad que no pone obstáculos á la
fluidez del discurso. Aun podríamos afirmar que el estilo llega hoy á su
más alta virtud plástica. Quizás el viajero ha recordado que «la belleza
no se realiza por adición sino por sustracción», y en el menor n lÍmero de
palabras nos da el mayor número de ideas. Al revés de lo que viene sucediendo con muchos artistas contemporáneos, cuyo espíritu se diluye cada
vez más lamentablemente dentro de una literatura indisciplinada y presuntuosa.
He dicho antes que el libro está documentado con sabiduría. En
efecto, Gómez Carrillo demuestra un gran conocimiento de cuanto se ha
escrito en lenguas modernas-en francés particularmente-acerca del sagrado Archipiélago. Apoya sus afirmaciones en textos de Reclns, Taine,

�101

RJ.:VIS'fA CON'rEMPORÁNEA

REVISTA CO~'!}Jrl\IPORÁNEA

Chateaubriand, Emerson, Deschamps, About, \'illcumin .... .sin olvidar al
arbitrario Maurire Barrés, y menos aúu á }Ioréas, que tan delicad;i y sutil
mente ha prologado la obra.

teologia, su poesía, su colosal arquitectura, sn historia militar, el génesis
de sus mil dolorosas transformaciones, y ann mucho más, se halla hoy debnte de nosotros. Y sin embargo, estamos tan lejos de la India- espiritualmente-como lo estaban nuestros abuelos del siglo XYI, porejemplo.
Ei probable que un día los sabios alemanes lleguen á reconstruir en
cierto modo la historia de Persia. Por lo pronto ya nos han revelado sus
grandes monumentos arquitectónicos, y aun su incomparable poesía- realizados unos y otra para inspirar el máximllll de la fuerza en el espíritu de
his pueblos. Y sin emlxirgo, estamos todavfa, y permaneceremos siempre,
en una independencia mental absoluta con respect.-0 al gran pueblo de Zoroastro. Coincidimos hasta cierto punto en algunas actitudes del sentimiento. Evocad la sombra de Jerjes en las llanuras de Armenia, temblando por la emoción, ante un árbol tan vigoroso y tan claro, que el rey
quiere ceñirle de brazaletes y suspender adornos entre sus mil brazos retorcidos . Siguiendo paso á pas0 las huellas del esphitu persa y del espíritu egipcio- para no re1aeionarnos sino con dos civilizaciones poderosashallaremos actitudes análogas sin duda á las nuestras. Pero entran necesari:unente en el número de los cletalles ,üslados y que no alcanzan á abrir
ante nuestros ojos una gran ventana de la vida.
En tanto, Grecia se ha filtrado hasta el munclo occidental, y á partir
del Renacimiento su influjo no podrá extinguirse de ningún modo. Su
iuerza germinadora viene multiplicando y facetando el alma de nuestro siglo; su poder esencial es uno de los secretos más enérgicos que hay en notros .
~o ha de sorprendernos, por tanto, la gran sugestión que se apodera
de Gómez Carrillo en las islas sagradas. El quiere encontrar aquí el alma
helénica. Compara, estudia, combina con una avidez insaciable. Y acaba por refugiarse en un optimismo sonriente que se conforma con su bella
ilusión .. ... .
Y en efecto: estas proezas de hogaño restauran la gloria pasada. En
sus parlaruentos, los héroes de hoy parecen discurrir con la fe inquebrantable y llena de claridad conque habló un día Teleutias á los marinerosY
acaso al recorrer las campiñas sea fácil reconstruir escenas de Teócrito.,, ..
Sin embargo , esto no es más que una complacencia ilusionada. No
transcurren vanamente dos decenas de siglos, casi tres. El mllUdo que se
conociera en tiempos de Hcrodoto, qne iba desde las tierras de Lipoxais,
desde las tierras de los Arimaspos, desde quince leguas jornadas allá de la
lagi.uHl de Meotis, se ha hecho esférico, penetrable, fácil. Los modernos atenienses pueden viajar sin temer que la saña implacable del Minotanro les
devore al regreso.
Por esto, y por el imperio de Roma, y por el grito que lllla vez partió
de Galilea, y por las armas bizantinas, y por Mahomet II, y por el Rey
Jorge, la grande alma helénica no vive sino en los museos y en los libros.
Y al leer estas crónicas de viaje, sonríe uno ante la ilusión dolorosamente .. .. A lo menos, yo he sonreído .
De todas maneras, preciso es reconocer la sorprendente belleza artísti-

No es fácil creer que este viajero con0zca ·sólo por libros de hoy el secreto de la grau fuerza hcléaica, Los poetas que liemos tenido que leer á los
clásicos en traducciones más ó meuos desacertadas (alguna&amp; hechas cou llll
criterio católico, y aun artodoxo, que impone la mutilaeión irrespetuosa)
llegamos á sorprendernos un poco en la intimidad de estas páginas .. . .Pero
¿e1 señor Gómez Carrillo sabe griego?- Reeuérdesc que el más insigne poeta venezolano, Don Andrés Bello, no apremlió hi lengm de Píndaro sino
en edad marlurn.- Por mi parte, no temlría óbice en afirmar, si fuera necesario, que efectivamente, quien ha escrito semejantes crónicas está en
camino de ser un gran helenista. Porque hallo aquí una fuerza comprensiva de los más sutiles aspectos y aun do los detalles menos sospechados.
En virtud de esta fumw, Gómez Carrillo, á semejanza do otros viajeros
ilustres, ha intentado una reconstrucción de la vida clásica. bajo el cielo de
Grecia. Una reconstrncción mente~! por lo menos aproximada ....
Ahora bien : lla Grecia antigua existe fuera de los museos y de los libros? ¿Qué hay de verdad en este concepto de la raza eterna'? El alma
de la Grecia del Rey Jorge y el alma de la Grecia que ilustró Pericles
lguardan realmente llU parentesco cercano? Qué, ¿son estos caballeros
que ahora platican en francés á propósito de Dreyfus ó de la anarquía y el
colectivismo, ó no son, los hi jos del prudente y reposado Ulises? Hay en
los bulevares de b Atenas contemporánea un poco, al menos, de la enorme alma antigua?

'

1

1:

li
1
I'

1

11

Estos grnves problemas- que se1·ía posible sintetizar en uno solo- dan
al libro de Gómez Carrillo nn interés extraordinario. Por eso afirmé hace un momento que se trata aquí de una obra trascendental. Grecia es
algo más que un país interesante y pintoresco- y también algo más que la
patria de maravillosos creadores. De aquel suelo florido y halagüeiio llega,
cada voz más, nn grande hálito vital é inmortal que se insufla en nuestra
civilimción . Goethe fué llU verdadero pagano, y desde la Germanía se nutrió con el aire de la Hélade . Nietzsche ha dicho que aquel soplo es lo necesario para volver á apreciar exactamente los valores morales. Aplicadas á
Platón, el mismo Emerson encuentra justas las frases acerca del libro árabe: •Quemad les bibliotecas, porque su valor está en este libro .» José Enrique Rodó nos ha presentado como ejemplo la concepción ateniense de la
vida .... Es fácil multiplicar las citas del más alto precio. Pero más útil
resultaría una con!rontación de los hechos CU!llplidos en el seno del tiempo ..... lHemos llegado á comprender en todo su valor el influjo trascendente del pensamiento griego en la conformación del espídtu humano?
Sería un poco aventurado responder. Conste, eso si, que toda nueva exégesis á este respecto es oporttma, y que tod,i nueva controversia sobre el
tópico será siempre de actualid,id palpitante.
Ha sido posible penetrar en el misterioso corazón de la India. Hemos sentido el alma trémula de aquella civilización desconcertadora. Su

•

�1

106

'

REVISTA CONTEMPORÁi~EA

ca de la obra. Quizá su mismo espíritu ele ilusión reconforta. Por otra
parte, no sería f,ícil &gt;1travesar indiferentemente las páginas aladas é incomparables en que se nos ensefia -por ejemplo-el encanto de las mujeres Je
Atenas, contemporáneas ele Mademoisille Anie Perrey.
Cuando hayan pasado varios siglos, la juventud erudita vendrá á s:iborear inefablemente este libro de Gómcz Carrillo, un gran escritor clásico, americano de origen, francés ele pensamiento, que viajó por las más remotas
naciones, y qué residió en París, allá en los comienzos de la, era nietzscheana .....

t

II
Letras y Letrados de Hispa110-A111érica por

R.

BLANCO Fo,rnOKA.-Li-

brería P. O!lenclorff.-París, 1908.
El autor ha reunido apresmadamente una gran parte de artículos sobre crítica literaria, filosófica é histórica-publicados en diversos países y
en ocasiones más diversas aún-y nos ofrece un volumen ele trescientas y
tantas páginas. Yo no sabría decir si la sinceridad del libro es tan eficaz
para producir en mí una impresión agradable, como lo es su extrema rudeza para deseonccrtarme.-Revelan estas páginas un gran vigor mental,
una elegancia fácil, á veces la concisión oportuna, y siempre un espíritu
independiente, acerbo, acre. "La crítica literaria suelo llenarla de sangre;
-dice el señor Blanco Fomboua-y á ocasiones se miran sobre la arena,
después de h justa, no adjetivos ni adverbios, ui sonetos patas arriba, sino
dentaduras &lt;le malsines y costillas quebrantadas de fraudadores' '-Se comprenderá que no es posible ballar en quien se expresa de esta manera, la
serenidad de un José Enrique Roció, de un Sanín Cano-para no referirme sino á dos eminentes escritores del Sur. Habla un venezolano-habla un
/la11ero·intelectual, indisciplinado, casi bravío. Nótese que estas observaciones no envuelven censura. Creo indispensable la actividad combativa
dentro de todo movimiento revolucionario; y si de esa actividad no resultare la obra de arte puro, en cambio se desprenderá una fuerte dosis de renovadora energía. -Se me ocurre decir, pasajeramente, que estamos necesitando con urgencia muchos campeones como el señor Blanco Fombona.
¿o es que tendrá que desaparecer nuestra generación para que desaparezcan con ella los conservadores incorregibles, según los cuales culmina todo
el pensamiento espafiol en Don Gaspar Núñez de Arce?
Por lo demás, ni el autor quiso que buscáramos en el libro, ni nosotros hemos venido á buscar, graneles emociones artísticas. El alma de
Jllanco Fombona está en algunos de sus versos; versos también rudos, pero
impregnados de un fuerte y penetrante aroma, cálidos, llenos de verdad
intuitiva.
Aquí hay, esto sí, entre las frases desaliñadas, ó redundantes, ó agresivas, varias ideas saludables acerca de la literatura y de la vida:
"Respecto á la solidaridad americana, por lo menos, iay! en las letras, el sentimiento impera gracias al egoísmo" (lntroducci6n, pág. IV) .

••o
•

REYISTA

CONTEMPORÁNEA

107

"Un poeta es un homb1·e que no sólo trata de embellecer su vida, como tocio el mundo: como la muchacha que pone un tiesto de flores en el
balcón en donde cose; como el obrero que sale á respirar el campo, el domingo, de brazo con su novia; como el piloto que admira la melancolía del
azul y canta una canción á las estrellas, mientras dirige el barco; sino
también, vosotros lo sabéis, que llcrn en sí un excedente de bcnnosw-a
que echa del alma en cantos; y esos cantos embellecen la ,ida de todos los
hombres, como los mares azules, como los cielos de oro, como los campos
floridos." (Pág. 35.)
"Comprender vale tanto como producir. La admiración es una escuela: á la suprema admiración de una obra suprema no se llega sino por
grados. El tiempo que empleamos en bordar nuestras b,1ratijas propias:pintnrillas de mala muerte, chilindrinas musicales, flacas literaturas,nos lo robamos á nosotros mismos, ,í la educación del temperamento, al
cultivo del gusto" (pág. 201.)
'' Aunque 110 h&gt;ty nada nuevo debajo del sol, ideas é imágenes nacen algunas veces en vuestra alma; imágnes é ideas que, si por desgracia no externáis, quedan sepultadas en el alma y hacen allí, de cuando en cuando,
sus resurrecciones. Y como la costumbre mata el amor, termináis por desamoraros de vuestras ideas, por imaginar que son lugares comm1es,
cuando no lo son, ó cuando lo son, apeuas, en vuestra cabeza'' \pág. 304.)
"Dicen de uno: 'Pertenece á tal escuela'; dela cual tmo jamás se preocupó. O bien. 'Es discípulo de Fulano y Zutano' ;-á quienes quizás no
ha leído uno.
"Pero no se piensa que un autor tenga el orgullo y la ingenuidad de ser
él mismo. Nadie nace por generación espontánea; pero no se es discípulo ele Fulano y Zutano, sino sucesor de esos y de otros autores: heredero
de todos los hombres que hau pensado hasta hoy; gozador inteligente del
patrimonio común de la humanidad" (pág. 309 .)
Hay en el libro tm interesante artículo acerca del estado actual de la
literatura en Venezuela: breve noticia del movimiento artístico desarrollado en aquel país y que cuenta, entre sus caudillos más prominentes, á
Manuel Díaz Rodríguez, Luis López Ménclez, Cjsar Zumeta, Rafael Bolívar, Alejandro Fernández García, Pedro César Dominici, Jesús Semprum,
Pedro Emilio Coll y Andrés Mata.
Finalmente, me complazco en referirme al estudio crítico sobre el Libertador y con motivo de un artículo de Unamnno; así como á las rectificaciones hechas á Manuel Ugarte, por haber afirmado éste que los hombres de la independencia suramericana no persiguieron, en resolución, más
que una simple emancipación económica.
Es deplorable no tener espacio para citar aspectos interesantes en la
mentalidad de Blanco Fombona; para glosar algunas de sus ideas y hacer
la síntesis de ellas, y aun para anotar desigualdades que alean el conjunto
del libro .... (Hay aquí unas páginas valbnenescas á propósito de un Don
Amenodoro Urdaneta, que no debieran recogerse dentro de un volumen:
por pudor y aun por gallardía.)

�108

Rl!:VIS'fA CO;'i'TE'.\fPORÁ.NEA

REV1STA CONTEMPORÁNEA

ITI

¿Qué pondrá ante tus plantas el porvenir incierto.'
¿ Un carmen de ilusiones? ¿ Un páramo desierto?

Nicaragua, veintena de sonetos, por JuAN B. DELGADO. Tipograffa
Alemam1 de Carlos HeulJerger, Managua.
Delgado es un poeta elegante, pulcro, un poco parnasiano, aunque á
veces deje filtnir su emoción sentimental con alguna franqueza. Se comprende, sin embargo, que no es un sensitivo y, menos todavía., un neur6~·
tico.----Darece ele originalidad y atrevimiento. Es !foil advertir en sus
yersos, con demasiada frecuencia, ideas cuyo génesis podemos señalar desde luego (véanse los sonetos Aquilino y Momotombo: el primero evoca á
Chor,ano; el segundo, á Da río).
En un poema &lt;le simbolismo bastante obscuro·-Di,í!ogo extravai{ante
-nos ch el iLUtor la más bella muestra de su mentalidacl y aun de su técnka:
-¿Quién eres que á la siesta, cabe dormido estero,
rejréscate el ventalle del bosque so1101oso?
- ;, Con su sarta de frutos de ltquido sabroso,
110 ves al multicéfalo gigante cocotero?

¿Será la lucha fácil?

Q

g

109

¿Será el combate rudof

¡O!, blondo niño, rayo de luz de alba s,rena,
Di.os bendiga tu suerte; y al entrar en la arena,

que te presten tus padres lanza, yelmo y escudo!
No hay en el señor Delgado una gran elasticidad mental, ni uu temperamento poderoso y renovador. Su visión poética, su visión de la Naturaleza, carece de amplitud. Pero, á pesar de esto, hace obra muy apreciable; persigue una gran pureza de expresión y realiza el milagro de ser
enteramente clásico, por ciertos aspectos, dentro de las tendencias modernistas.
R. A.

Yo soy el de l,i triste Figura, el Caballero
Andante: amojamado, ridhulo, tembloso.
;Son las que audaz levanto con aire jubiloso,

testas hidrocefálicas que crrcenó mi acero!
-¿Son cabezas de tontos?
-Sí, son varias cabezas
de chorlito. No cuento ¡pardiez! en ,nis proezas
otra mejor. De imbéciles el mundo se depura.

- ¿ Y cuándo lo libertas también de los pedantes?
-Cuand(' el eximio manco don Miguel de Cer-van!ts
me otorgue venia para lanzarme á esa aventura.

He nquí, en el soneto Anfbal, no al herediano que se revela en otras
rrenciones, sino al poeta de la inquietud, un poco sorprendido, que escruta
los tiempos:
Aun eres tau pequeño que al caminar vacilas,

-ave implume afanosa por desplegar el ala;y ostentas dos jirones de azur en las pupilas.
y tu risa recorre la musical escala.

'Tus balbucientes frases son gotas que destilas
del panal de tu bora que tanta miel regala.
Y tu vida es

Wl

cisne: en haz de aguas tranquilas

interroga el futuro con

Sil

cuello, y resbala ......

1

�REVISTA CONTE)IPOR.{XEA

••

REVISTA DE REVISTAS

••

LOS ABOGADOS DE SOCRATES

De "El Nuevo Tiempo Literario,'' Bofofá.

Un distinguido escritor ele Alpha revis.s ahor,, en Medcllín el proceso de
Sócrates, con tan buen suc"eso, que 1( un tiempo mismo nos pone delante
de los ojos la iniquidad cid pueblo ateniense y la incomprensión ó antes la
mala causa del historiador Gomperz, autor de Lns Pensadores Griegos.
Para lograr cstu victoria fundamental, lcha bastado al crítico de Atpha
emplear un mctoclo históciro que ¡x,.Jríamos llamar de perspectiva anacrónica, consistente en uplice!r á stu-c~os muy lejanos el criterio moderno y las
ideas cotidinnas. ~létodo fdiz entre todos, porque merced á él puede uno
ganar batallas á los primeros disparos y convem·er ele ininteligencia ó mala
fe,\ los historiadores cuyo juicio rontrarfa nuestras predilecciones ó nuestra
actividnd crítica.
Quizá para otorgamos un fácil dc.squite en lo que se refiere á la incontinencia para emitir opiniones, el e:,critor de Alpha, que parece conocer la
obra de Gomperz por la sola información de Trofeos, condena al histori&amp;dor, al libro y á los inocentes traductores de unas páginas, con serenidad
que le envidiaría el mismo Gompcrz y ron precipitación que no desearía-

mos para nosotros.
¿I,e choca á Ud. que hablemos de h, originalidad de Gomperz? E•
un punto que no vamos á discutir.
Confesamos que no sabemos con certidumbre en qué consiste la originalidad de los historiadores; hast,, ignoramos si constituye un mérito para
ellos; Michelet parece haber sido bastante original, y esto no le salva. Ferrero viene á aumentar nuestra perplejidad en e.se punto. Hablando hace
poco con un historiador francés, le decia estas palabras· •Yo no he renovado la historia romana, como lo creen muchos de mis admiradores. Al
contrario, podrfa en cierto modo decir que la he pedido ,i los antiguos. He
vuelto á tomar el punto de vista de Tito Li,~o; como Tito Livio he recogido los hechos de la historia de Roma en torno á aquel fenómeno que lo~
antiguos llamaron "la corrupción de las costumbres." Novedad vieja de
veinte siglos.•

•

111

Desistimos, pues, de afirmar la originalidad de Gomperz, sin prestarle gran fe á la de otros historiadores que puedan oponérsele.
Comprender las acciones humanas es en alguna manera justificarlas;
es, ante todo,. darle un sentido á la historia. ¿Ko convendría, de vez en
cuando, exammar la causa de los •justos y los buenos•, aunque sólo fuera
para prevenir á los malos? ¿Xo llegaríamos, como quiere el filósofo inmisericorde, á descul,rir en la actitud del sabio y del m,lrtir que mueren por
la verdad, algo del agitador y del comediante?
El caso de un gran pueblo inteligente, noble, dispuesto á los impulsos
generosos, amante del arte y la filosofía, que condena á uno de sus hijos
en qmen resplandecen todas las cualidades de la raza y todas las exceleneias del hombre, tiene que despertar la curiosidad y el celo de un historiador que no posca el gusto funesto ele lo absoluto. Es más fácil ser injusto
ton un pueblo que con un indivicluo. Gomperz, sin duda, ha tenido presente ese peli¡;rn . No es él un historiador aparatoso y parcial como Taine ·
estudia las épo,·as antiguns con el amplio criterio de Fuste! de Coulangcs',
qmcn estampó estas sabias advertencias en la introducción á La citl anh·
que:
•Si queremos conocer las verdades antiguas en lo que se refiere á Greeia y Roma, es prudente estucliarlas sin pensar en nosotros, como si esos
pueblos nos fueran completnmente extrafios, con el mismo desinterés y con
el mismo libre espíritu conque pudiéramos estudiar la India antigua ó la
Arabia.
La historia griega y romana es un ejemplo de la estrecha relación que
existe entre la inteligencia y el estado social de un pueblo . Penetrad las
instituciones ele los antiguos sin pensar en sus creencias, y las encontraréis
oscuras, revesadas, inexplicables.•
Fuste! de Coulanges no faltó á su promesa; el libro de La citl antiq11e
es la síntesis, reconstruída á la luz de remotas y abolidas creencias de la
vida y el pensamiento griegos y romanos en los comienzos de la hi;toria.
Yerdaderas ó falsas las opiniones de Sócrates, éste no debía morir por
mano de la ley. Tal debe ser el legítimo razonamiento de un hombre que
piensa con las ideas de nuestro tiempo; toda discusión sobre la exactitud
de la doctrina de aquél es inconducente . Para comprender hasta qué pun
to la condenación de Sócrates impresiona á un ciudadano acostumbrado á
repetir la bella cantilena de los Derechos del l,ombre, basta pensar en el estupor, en la indignación del mundo civilizado si maiiana nos sorprendiera
la noticia de que el Gobierno ruso acababa de cortarle la cabeza al gran
Tolstoi.
Gomperz, lamentando el conflicto que tuvo por desenlace la muerte
de Sócrates, quiere penetrar en el alma de los atenienses, sorprender sus
desconfianzas, sus resentimientos, su odio mortal contra el filósofo. Ycamos si ha logrado reconstruír un instante de la vida ateniense y darle un
sentido al trágico acontecimiento:
.
•Paréceme escuch~r la palabra sombría de un viejo ateniense que topa
mopmadamente en el agora con un amigo extranjero :- ¿Reconoces á Atenas

�113

REVISTA CONTE)fPORÁNEA

112

1

RE\'ISTA CO)fTEMPORÁNEA.

en estas calles desiertas, en este puerto abandonado? Te asombras acaso? l'íues
tras derrotas, la pérdida de nuestros bajeles, de nuestras colonias, de nuestros
tributos nos han convertido en un pueblo miserable á quien nada le queda,
ni siquiera la esperanza. Si quieres ver rostros alegres encamínate á Esparta. Pero no obstante su victoria, podrás ver á nuestra orgullosa rival inclinarse respetuosa ante los númenes que rigen nuestros destinos y acatar
sus decretos sagrados. Qué düerencia entre nosotros! Nuestra juventud
se ha tornado insolente, y hasta qué punto! Todo respeto religiow dc&amp;'tpareció hace largo tiempo . Y los autores, los responsables de todo son los
maestros de sabiduría á la nueva usanza. Anaxágoras, es verdad, fué acusado, Ya para treinta afios, del delito de ateísmo, y tuvo que abandonar el
país. Suerte igual corrió Protágoras; pero el más nocivo entre tocios permanece en Atenas; el viejo Sócrates continúa en sus antiguas maquinaciones, aun cuando el noble Aristófanes le quitase la máscara desde hace
veinte afias. Si al menos se ocupase únicamente en nonadas, en contar,
por ejemplo, cuántas veces sobrepuja su propia longitud la pulga cuando
salta de las cejas espesas de su digno amigo Querofón, apellidado el Murciélago, á su t:;.-áneo pelado; pero su labor es menos inocente. El ha probado á los jóvenes que tienen derecho á maltratará sus padres •insensatos•,
él ha atacado la creencia en los dioses inmortales. Habla con el bastardo
Antístenes ó con Aristipo de Cirene y te dirán que para ellos Atenea, el
genio protector de nuestra ciudad, es un nombre vano. ¿Quién nos dice
si la paciencia conque hemos tolerado este crimen no es la rausa que ha
inflamado la cólera de nuestra protectora y ocasionado nuestros desastres?
¿Dudas ele que un simple declamador pueda ocasionar tanto dafio? Nada
más comprensible, sin embargo. Sus discusiones sutiles atraen las jóvenes inteligencias con mayor poder que la piedra de Lidia las partículas de
hierro. El convierte á nuestros adolescentes en enemigos de la religión,
en enemigos del Estado. ¿Imaginas que exagero? Escucha á los hechos
antes que á mí. ¿Nos ha sobrevenido, durante esta larga guerra, una calamidad más grande que la ambición de tomar á Siracusa y conquistar la
Sicilia? ¿Quién es el responsable de tan insigne locura, que hemos pagado con la pérdida de miles de uuestros mejores conciudadanos? ¿Ha sido
otro que •el elegante hijo ele Clinias», como se complace en llamarlo su fanático Sócrates, Alcibíades, el discípulo favorito, quien tomó parte en la
mutilación de los Hermes y en el ultraje de los misterios, y quien, por último, ha marchado á Esparta á urdir intrigas contra su patria?"(l}
El Sócrates teologiza.nte, alumno de Bossuet, á quien hace dialogar el
escritor de A!pha, guarda poca analogía con el razonador cauteloso que
por afirmar su propia ignorancia e.stu,o á punto de crear la duda universal. Ello no implica desconocimiento del método sócratico, porque en otro
lugar de A!pha el mismo escritor propone uno de esos interrogatorios arrogantes que parecen ordenar la humilde respuesta:-Todo lo ignoramos,
señor; y lo propone con una fogosidad que verdaderamente intimida:

''¿Tenéis ideas, ideas propias, coherentes ó bien asimiladas? ¿Sois capaces ele algún acto de mluntad reflexiva? ¿Habéis examinado con un
criterio definido vuestra razón de ser, la razón de ser de la sociedad, de
las leyes y de las costumbres? ¿Escribís cosa que valga? ¿Busca algún
pueblo del mundo la clave 6 la norma &lt;le sus emociones y sus inquietudes
ó la orientación de sus pensamientos en vuestra prosa ó en vuestros ,ersos? .... " (2)
¿Sabéis lo divino y lo humano•

Gompen:. I.os PENSADORES, tomo 11.

¿Tenéis

derecho á la existencia? . .... .. .
Sócrates, es verdad, aparece menos apremiante y severo cuando para
mistificar á la bella y cándida Theodote, la amiga de Aleibíades, le preguntaba:-¿Poseéis campos, rentas, servidores? y en sczuida le aconsejal\'t
que atrapase ,í sus amantes con un poco de astucia y habilidad.
Salvo el respeto que nos inspiran Sócrates, Gomperz y el competente
crítico de Alpka, vamos á intentar uno como diálogo, sin otro fin que el
ele ensayarnos en el género:
-Afirmas ioh Gomperzl dijo Sócrates, que mis jueces obraron con rectitud y sentaron un precedente saludable al condenarme como disociador.
-Perdóname !oh Sócrates! respondió entonces Gomperz. Me confundes con tus compatriotas y con tus jueces, cuando yo no soy más que un
esparciata del Rhin que acompañó á sus hermanos hasta las puertas de
No/re-Dame. Pero mi orgullo, mi alegría de vencedor no me han hecho
ciego á la miseria de una gran ciudad, digna, como Atenas, de ceñirse una
guirnalda de violetas. Mientras sonaban victoriosos los clarines germánicos, yo meditaba en las causas que abaten á los pueblos. Entre los mármoles, las rosas y los surtidores de V ersalles evocaba la suerte de Atenas
hajo el yugo de Esparta. Ahora comprenderás mi repugnancia por una
filosofía que debilita la energía de las Naciones.
-Se.an cuales fueren tus repugnancias, no podrás negarme que mi
causa es la causa ele los pensadores de la tierra.
-Acepto tu fórmula pomposa á condición de que admitas un pequeño
reparo: tus jueces representan la C&lt;'tUS.'t de la existencia social; es un conflicto en el tú encarnas la mitad nada más del orden humano. La demorracia ateniense se defiende contra tu doctrina, como en el porvenir se defenderán el Imperio Romano contra el cristianismo y la Europa cinlizadn
contra la anarquía.
-¿No crees acaso que los dioses están en posesión de la más alta y
completa s.&lt;tbiduría?
-Tú lo dices, y como la ley es santa y emana de la sabidurí11 de los
dioses, la ley te condena á beber la cicuta. No sé cómo pueda escapar ,í
tu prudencia Ioh Sócrates! que es muy peligroso mezclará los dioses en nuestras pequefias disputas humanas.
VICTOR )l.

(:t)
[1}

¿Sois el centro del mundo?

ALPDA, ndmero IS, pi¡;na 7-'9·

LONDOÑO.

•

�114

REVISTA CONTEllPORÁNEA

RE\'ISTA CO~TE'.\fPOR.{~E.\

EXSAYO DE UNA CLASIFICACIOX SOCIAL

1

El humorismo yanqui- tan sencillo, casi infantil y á veces cruel, como
la vida misma que la verba crítica de los humoristas quiere y busca mimetizar-se da rienda suelta en la imaginación de los no escasos cultivadores conque cuenta en los Estados Unidos de América esa gimnasia intelectual cara al maestro llfark Twaim.
La más reciente producción en ese género literario nos la trae un ingenioso periodista de Nueva York, Mr. Gellett Burgess. Consiste en un
nuevo ensayo de clasificación social, substítulo que buenamente se considera desprovisto de pretensiones, tanta es así la magnitud del intento.
Tomamos de un artículo de Albert Schiuz, profesor de Brun fifawr College, los lineamientos generales del maravilloso sistema.
Se han hecho-dice Mr. Burgess- mil y pico de clasificaciones de
las mentalidades humanas: algunas de tales clasilicaciones son pedantescas, tal es la distinción entre radicales y conservadores, optimistas y pesimistas, civilizados y bárbaros, clásicos y románticos, etc. Otras son paradojales, como cuando se pretende establecer una línea de separación infranqneable entre gentes que beben agua y las que beben vino; personas
que se hañan todos los días, y personas que no se bañan; individnos que
gustan de las aceitunas y otros que no aprecian debidamente esa oleaginosa fruta . Algunas dan muestra de un exagerado individualismo, como
el enamorado aquel que dividía todo el mundo femenino en dos categorías:
Julia y "las otras." Un sólo principio de clasificación resiste al examen;
sin excluír á nadie contiene virtualmente cualquier otro criterio: es aquel
que divide á la humanidad en dos campos : bromidos y mljitos.
En química se designa con el nombre de bromidos ciertas snbstancias
que no son precisamente de un gusto desagradable, sino neutras, insípidas
y aun ligeramente dulzonas. Sus contrarias son las substancias m/jfticas,
que lejos de ser indiferentes ó desabridas, son, al contrario, ácidas, picantes
y aún mordientes (en otra acepción, mordaf'es ó satíricas.) Estos términos, tomados en uu sentido figurado, designan pJr modo admirable á los
representantes de los dos grandes grupos en que se divide absoluta y fundamentalmente la especie humana..
La idea primera del sistema- porque en cierto modo es un sistema ele
moral- nos dice su vulgarizador, se debe á una mujer. Fué una elegante
castellana de una plantación de azúcar de Luisiana, quien descubrió, en
uno de esos instantes de iluminación súbita propios del genio, que las
gentes todas podían clasificarse de ese modo. La revelación era. convincente, apodíctica; cambiaba la concepción de la vida; hacía. casi plausible
la sociedad mism,t, De hecho, el descubrimiento era más fecundo en consecuencias que lo que la propia autora había pensado, pues que, habiéndole sometido á la prueba del análisis filosófico y experimentando su aplicación práctica, se reveló un principio de interpretación indiscutible de los
misterios de la naturaleza humana .
Desde el punto de vista abstracto no tiene objeto establecer la dile-

•

o

••

tf

115

renciación entre las inteligencias bromfdicas y las suljíticas, puesto que son
rontrarias en todos sus puntos, y por tanto, definida una de las especies lll
otra lo quedará también por sí misma. Pero en concreto la cosa varfa.
El bromido, como de esencia inlerior, no comprenderá al sulfito, aunque
lo intente; pero el sulfito sí comprenderá, y muy bien, al brornido, y podrá describirlo y estudiarlo. De aquí resulta que un tratado sobre el bromidismo y el sulfitismo será neces,iriamente h obra de un sulfito y nó de
un bromido . Además, aunque el sulfito sea más interesante que el bromido es éste, sin embargo, quien constituirá el objeto del tratado, porque
el autor siendo un sulfito y no teniendo por tanto necesidad de estudiarse
,í sí mismo para conocerse, en caso de estudiará alguno será el bramido
quien reciba tal honor. El sullito lo estudiará sin una rna.nifiest:i simpatía, pero sin cncono:-qué sería de su superioridad si odiase á su inferior?- lo estudiará como á unn. especie de animal raro, experimentando la
satislación de conocer una especie diferente ele fa suya, y un placer de vanidad no perdiendo ni un momento la concienciii de su propia superioridad .
La psicología del bromido no es difícil de establecer: el carácter ese1r
cial del bromido consiste en una acción psicológica refleja ele su cerebro
bromfdico, que se manifiesta en la creencia hromidiana de que tocios y cada
uno de los actos ordinarios de la vida deben necesariamente ir aeompafia·
dos, ( acotados diría un ,wtor dramático) de un comentario ú opinión particular'. Y ese comentario ú opinión es el resultado de una asociación de
ideas que se han establecido en el decurso de los tiempos y que se han reforzado, en cada generación sucesiva, por la coloboración constante de ciertos grupos de células cerebrales siempre idénticas. Ha venido á ser para el
bromiilo, no sólo inútil, sino casi imposible pen&amp;~r: tanto así han sido continuamente explorados los caminos del pensamiento. IJJs processus intelectuales son automáticos, la serie de sus ideas no puede nunca desviarse.
El análisis ne un solo ejemplo será suficiente. Habrás oído, lector, decir con frecuencia- y peor para tí si tú también lo has dicho- "Hermosa puesta de sol! Si la viera uno reproducida fielmente en la tela por un
pintor, no la creería. real y verdadera." Es necesario, ahora, darse cuenta
úe que no es s61o porque el comentario ú opinión sea vulgar, por lo que es
bromídico, sino también porque el brornido es inevitable. Se espera de
él, nunca falta. Además, el bromido nos la sirve como cosa meditada, original, profunda, y buena. de decir . Cree realmente y sin duda alguna que
es nueva, pues espera que se le aplauda. La. nota ó comentario sigue al
slimulus, físico ó mental, invariablemente, corno !anoche sigue al día.. El
bromido es desde entonces incapaz de tener ninguna otra impulsión difeferente. La originalidad ha sido abolida en él desde el tiempo de su tatarabuelo. El hábito es en él ya inveterado.
·
Como en tiempo de La Rochefoucauld se coleccionaban máximas, hoy
se coleccionan bromidiomas. Es un bromido el que volviendo mojado por
la lluvia á su casa dice: Naturalmente, basta dejarse rl paraguas"' casa paque llueva, 6 todavía con más ingenio: Estaba ammciadobuen tiempo, era
11ecesario que lloviera. Es otro bromido el que viendo á dos muchados pe-

'ª

�116

REYISTA

le:m;e en la calle exclame: Lo de siempre: cuando neresita Ud. 1111 policía,
110 lo c11cue11tra 11i á 1ma legua de distancia.
Es otro el que mandó poner
eu su casa un aparato telefónico y comenta con gran satisfacción: Des-

pués de todo, si alguien lmbiera dicho hace algunos años que se podfa hablar
de una ciudad á otra por un hilo de alambre, se le habrfa tomado por un loco.

1

1

i

1

Hay bromi&lt;lomas espedales á cada clase social, :í cada profesión, y
har;ta los hay nacionales. Así en Améril'a (Estados Unidos del Xorte,)
un najero bromidiano, &lt;le vuelta de Europa, i::e dejaní hacer pedaws antes &lt;le priva~e ele decir: Pero ya sabe Ud , en Europa se puede 11ivir mejor y más barato que eu nuestro pafs-en tanto que el interlocutor, igualmente bromidiano, pero que no ha eruznclo el Athíntieo, responderá invaria mente : Yo por 111 i parle, creo firmemmte que es necesario conocer su propio país antes de viajar por el extraujero.
"Gn estado ele n\rna bromídi&lt;'o explica, según el autor, el fenémeno
com;istente en que las amerieanas,-pues los amerieanos son poco aficionados á la conver:;ación-pare(•en deliciosamente ingeniosas 1í. los europeos, y
viceveri;a, las nmericanns se extasían con frecuencia, ante los peores bromiclos de pr&lt;wcdencia emopea qm' uno de tantos dfas desembarran en XueYa
York, Brn;ton ó Ba\timnre. Todo es cuestión de bromi&lt;liomas nacionale!:1
i-implementl', scrvi&lt;\os t•on toda eficacia y á propósito, á gentes que no conociéndolos, :--encillamentc los toman por elegantes explosiones sulfíticas.
En re:--umcn : el hromido (•s un individuo para quien todo lo que es e,·identc apareC'c como nuern, siempre y perpetuamente pintore:;co; un gran
inventor &lt;le vu\¡;ariclades que se entusiasma sosteniendo que dos y dos son
('untro J que dcfie:11\c ~us ocurrern:ias con una lógica indefendible y elocuente; un platiea&lt;lor, que :-ucna con la precisión y seguri&lt;la&lt;l &lt;le un d~perta&lt;lor, tan pronto eomo se le prl'senta la oca::;ión de rolocar alguna de f:1U veumiblc:s jrau~. Los bromidos piensan por un método de sindicato, siguen
lo:- eamino:- frecuentado:,;, marchan con la multitud, obedeciendo á las leyes ele \ns mcdi,mías. Ke puede predecir su opinión sobre un ru;unto determinado. Son intelectualmente como otros tantm; garbanzos en el plat-0 &lt;le
las palabras y &lt;le los pensamientos deconventión, prosaicos, viven ronforme á la regla y á la rutina, van á la barbería á intervalos regularmente
exactos y su ingenio tiene horas de oficina. Se conforman de antemano á
todo lo que cst,í sancionado por la mayoría, tienen el culto del dogma y se
puede c:-t:u perfectamente seguro de que serán siempre vulgares, sosos y
cansados.
Y ahora, oh lector!, una última recomendación de Mr. Schuiz. Si por
('11..,,;uulidad dudas y vacilas antes de responder á la pregunta que hace el folleto de Mr. Burgcss: ¿Es Ud. un b1omido'?, te voy á señalar un criterio
para que te guíes ~n esa delicada conjetura: Si después de haber leído atentamente el Tratado bromí&lt;lico, ó simplemente lo que va C..'&lt;crit-0, dices pam tu coleto: No, yo no diré nuncn, "hasta !!alir sin paraguas, para que
lluem," ó si te hace.~ el propósito de no admirar ya nunca una hermosa
pueista. de sol, ó en s11ma, si est.-is &lt;ll.-cidido á ha&lt;"er e:--fuerzos heoicos para no
parecer bromidiano, entonces, eres bromido, irremediablemente lo eres. Pe-

..

117

RE\'ISTA CO~TE~[PORÁ1"'"EA

co~•fE~lPORÁNEA

ro si después ele esta ledura no te sientes turbado, si est:ís cierto &lt;le que tu
corazón no ha latido más aprisa que ,le ordinario, si t•:4:is pronto para dedicarte á tus cuotidianas ocupa('iones corno si no se te hubiera hecho ninguna revelación desagradable, entonce~ ....... enton&lt;"c.s es que no ~e ha perdido por completo la eispcranza.

Y. G.

EL &amp;iESIX.\.TO DE LIXCOLX

(1)

(Del Me Clure' s Magazine)
Un poco después de cenar, e\ Capittin Gatc-h y su hermano dejaron el
hotel y se dirigieron al teatro.
El Capitán compró dos boletos, para asientos no numerados, &lt;le anfiteatro; y, aunque llegaron temprano, hallaron ya. ocupados los mejores lugares, &lt;lel centro. Tuvieron que contcntan;c con quedar un poco atrás, á
la derecha, easi al fin &lt;le h hilera, cerca rle un palco hcrmo!:1amente decorado. Xo sabían que era el destinado al Presidente.
'' De donde estábamos-&lt;lice el Capitán Gatch-po&lt;líamos ver el fondo
&lt;lel palco, no el frente. El pasillo que conducía á él queda ha á nuestra derecha, y hubiéramm; podido, alzándonos algo, tocar al centinela apostado

allí.
"Ya había c·omenzado la come&lt;li:i cuando oí rumores &lt;le aclamación, que romenzaron al fonde del edificio, y casi al instante, vimos que
la eomitit'a presidencial entraba: primero el Presidente, seguido de la Sra.
Linco\n; luégo la füita. Harris, y, al último, el Mayor Rathbonc. El Gral.
Grant y su cspo:;.'l. no formaban parte &lt;lel grupo, como se había anunciado. Lineoln andaba despacio, su gran cuerpo doblado hacia adelante, encorvados sus hombros. Llevaba la chistera en la mano izquierda, con la
eopa hacia abajo. Su sonrisa era triste, muy triste para quien era objeto
&lt;le una ovación delirante. Entró al palco seguido de cerca por sus acompañantes. El centinela cerró \a puerta y no vimos más. Como la ovación
continuara, el Presidente se a1lelantó á la barandilla y correspondió á lo:aplausos con inclinaciones de eabeza y sonrisas. Se sentó y la representación hubo de continuar.
"Durante un silencio en la escena nos pusimos en pié para dc::;can~ar
y mi hermano llamó mi atención hacia un joven que estaba. cerca de la
(1) Abraham Lincoln fué asesinado la noche del 14 ele Abril del año de 1865,
por John Wilkes Booth, en el teatro FoR de Washington, durante la representación
de OuR AMERICAN Cousrn, obra de Tom Taylor. En la averiguación con aquel motivo levantada se omitió examinar A dos testigos, el Dr. Charles D. Gatch y su hermano el Capitán Oliver C. Gatch, de Ohio, que estuvieron en Washington, de paso,
los días 14 y 15 de Abril. [Nota del traductor.)

�118

119

REVISTA CONTEMPORÁNEA

REVISTA CONTEMPORÁNEA

entrada del palco del presidente y que parecía mirar al foro . Era de porte altivo, y su cara manifestaba tanta calma que era imposible sospecharlo
autor de propósitos horribles. Noté, sí, que sus ojos relampagueaban . Lo
ví dirigirse al palco, atravesar el pasillo y cerrar la puerta. Casi instantáneamente un disparo de pisto!« estremeció el edificio . La gente se levantó,
sorprendida; pero volvió á sentarse á las voces &lt;le "Siéntense" "Siéntense" "Miren al frente" que salían de varias partes. Los de la orquesta,
mejor informados, miraban, perplejos, á todos lados; y lo mismo hacía el
único actor que estaba en la escena. Luégo un humo azuloso brotó del
palco del Presidente; un grito desgarrador de mujer se clavó en todos los
oídos; y el joven &lt;le porte altivo saltó del palco al foro, donde cayó pesadamente sobre su costado il.quierdo, por haberse enredado en las banderas que adornaban el frente del palco . Rápido corno un relámpago, se
puso en pié y atmvesó el foro: bh&lt;ndía una daga y gritaba con acento melodramático: Sic semper tyramtis. El p1íblico se enloqueció. Pasmado
primero, despertó gritando con fiereza: "Colgadlo" "Colgadlo." Hube
una tormenta de gritos histéricos . . .. .
"Alguien me dijo que llevara un doctor. Contesté que mi hermano
era cirujano, y un hombre nos arrastró al palco, donde el Presidente herido descansaba en un:i silla, desmayado, la cabeza caída sobre el pecho. La
Srita . Harris y el Mayor Rathbone abrían el cuello de Lincoln y le examinaban el pecho buscando la herida. Mi hermano levantó la cabeza del
Presidente y, al hacerlo, el índice de su mano izquierda tropezó con un
agujero, en la parte posterior, cerca del oído, por donde escurría materia
cerebral.
"Mientras que mi hermano y yo poníamos al Presidente en el piso y
liábamos la herida con un pañuelo, el Mayor Rathbcne envió por el Cirujano General Barnes. Nadie parecía saber qué hacer. Rathbcne e~taba
herido. La actriz Laura Keene y la Srita. Harris atendían á la pobre
Sra. Lincoln . En medio del tumulto general nuestro grupo parecía paralizado.
"l\Ii hermano indicó nl l\Iayor Rathbone que era conveniente llevar á
Lincoln á alguna cusa particular en espera de su muerte, que era segura.
l\Ii hermano y yo, en compafiía de otras dos personas, levantamos al Presidente y lo sacamos del Teatro. Por donde pasábamos el silencio se hacfa, y, como íbamos despacio, el único ruido que coreaba los sollozos del
pueblo, era el de las pisadas de los caballos de la tropa que se acercaba á
guardar la calle.
"Un hombre que estaba parado á la puerta de una casa nos dijo que
podíamos entrar y nos indicó el camino de su pequeilo cuarto, en el primer piso, donde pusimos al Presidente en la cama. Ese hombre se llamaba William T. Clark.
''Pronto se reunió una junta de notabilidades médicas y comenzó l!lla
lucha sin esperanza contra la muerte.
"Los prohombres de la nación comenzaron á congregarse al derredor
del lecho ,le! agonizante. Mi hermano y yo nos retiramos á las ventanas

de la habitación, donde permanecimos en silencio t-0da la noche. La Sra.
Lincoln casi no se separó de ahí, y el Capitán Roberto Lincoln y otros iban
y venían .
Stanton, Secretario de Guerra, llegó y gastó la noche en remover las
entrañas de la tragedia interrogándonos á todos los que sabíamos algo ele
ella. ,¾nmió el cargo de todo, en ausencia del Sr. Seward, herido mortalmente, según pensaba Payne, cómplice de Booth.
"Como dos horas antes de salir el sol, am;nciaron los doctores que el
fin se aproximaba. Los quejidos que nos habían atormentado t-Oda la noche fueron debilitándose. Y después el silencio cayó sobre nosotros. Um
lluvia triste comenzó á descender del cielo.
"Dos horas después, á las 7 y 20 minutos, Lincoln murió. Pusimos
su cuerpo en el ataúd . Cuando el cortejo fúnebre se alejó por la calle, mi
hermano y yo volvimos al teatro; todo allí era confusión; subimos al foro
y medimos la altura del salto de Booth; era de catorce pies.
"Mi hermano y yo dejamos Washington. Pensamos que el Secretario Stanton sabía nuestros nombres y nos llamaría; quizá nos recordó. Es
más probable que nos haya olvidado. Nunca pensamos que nuestro testimonio fuera de valor. Sólo hoy, que han pasado los años , y que los testigoa de la tragedia van desapareciendo, me he resuelto, á instancias de mis
amigos, á hablar de ella."

.,

UN "SALON" AMERICANO.- UN LIBRO INTERESANTE.- LEY
SOBRE EL TRABAJO DE LOS NIÑOS
(De "The Ottllook ")
Acaba de inaugurarse en la Corcoran Gallery, de Washington, una exposición de pintura y escultura. Mr. Roosevelt, siguiendo la costumbre
del Preside~te de Francia, asistió á la sesión inaugural.
Los lienzos exhibidos en Washington dan idea perfecta de los diferentes aspectos del arte pictórico americano; pero lo más notable de la exposición, lo que atrae y cautiva á los dilettantes de la Unión Americana, es
la exhibición conmemorativa de las obras del gran Augustus Saint-Gaudens
Amplios cortinajes blancos y altos cedros la dan fondo y luz perfectamente
apropiados. Y en medio de tal marco sencillo y hermoso, se han dispuesto admirablemente casi todas las obras de genial escultor-muchas de ellas
en yeso-: desde los dii:iinutos camafeos, característicos de sus esfuerzos
tempranos, y de las monedas que modeló casi al final de su vida, hasta el
pórtico de la Albrighl Gallery, de Buffalo, sostenido por sus magníficas
cariátides; cabezas de medallones; bustos; estudios en yeso; estatuas-entre ellas la de Lincoln y la espléndida Vidoria que precede á la de Sherman,
en el conocido monumento de New York. Todo está allí. Si el gobierno
"mericano hace que semejantes reproducciones, fiel y bellamente hechas,

�LIBROS RECIBIDOS
120

REVISTA CO~'J'EMORÁNEA

queden para siempre en la capital de la gran República; haní un bien grandísimo á los artistas de todos los tiempos.

Hace pocos días apareció en New York un libro de Mr . Martin Hume:
'· Two English Quee11s and Pltilip." Revela el historiador en su libro
intimidades de l\Iaría y &lt;le Isabel de Inglaterra y de Felipe II ele España.
Habla de los esfuerzos de éste para hacer de Inglaterra un país católico, esfuerzos que comenzaron con su juventud- cuando su casamiento con la
Reina l\Iaría, ya de edad madura-y que no acabaron nunca, pues cuando su esposa mw-ió pretendió insistentemente casarse con Isabel.
Mr. Hume asegura que Felipe II habrfa sido tan buen esposo de Isabel como lo fuera de María; dice que Felipe fué un amador fiel, honrado, ''mártir durante toda su vida ele lo que creyó su deber; hombre bueno, laborioso y blando; bnen hijo: buen esposo; buen padre; indulgente Y
bonclacloso con sus criados; paciente en la adversidad y humilde en el éxito
-aunque, cegado por su celo religioso, pensó que podría hacer trabajo de
Dios con armas del Diablo."

Louisiana cuenta con una magnífica ley sobre trabajo de los nifios . En
ella se fija como edad-límite la de doce años para las jóvenes y la de catorce para hombres y mujeres en f::íbricas, alma.cenes, minas, casas empacadoras y trasmisión &lt;le mensajes mercantiles. El certificado de edad es
expedido por el Inspector de Almacenes. Prohibe el trabajo nocturno á
los jóvenes menores de clieciseis años y á las jóvenes menores de dieciocho.
Además prescribe medidas conducentes á asegurar la limpieza y buen
estado de los lugares de trabajo y la fundación de fondos destinados al socorro de empleados víctimas de accidentes.

H. G.

a

•

Nos proponemos publicar cada vez algo á manera de reseña sobre las
últimas obras del pensamiento moderno, en beneficio de los lectores, que
tendrán en las páginas de la revista una fuente de información, y en beneficio de los editores, que por medio de nosotros, y sin otra erogación que
un ejemplar de cada volumen, tendrán un anuncio oportuno y seguramente fructuoso. Nosotros nos reservamos el derecho de dar noticia crítica
más ó menos extensa de las obras que se nos envíen y que, á nuestro juicio, merezcan estudio especial, ya sea por sus méritos literarios ó científicos, ya por la actualidad de los asuntos que traten. En todo caso, creemos contribuír de esta manera á la difusión de la cultura general.
He aqtú 'llgunos de los libros recibidos recientemente con destino á la
Biblioteca de la REVISTA CoNTE:IIPOR.(NEA:
ESPAÑOLES
Causa de Fernando ~Iaximiliano de Hapsburgo y de sus Generales
Miguel Miramón y Tomás l\Iejía. - Angel Pola, Editor. l\Iéxico, 1907.
Prosas de Combate, por Juan Pablo Echagiie-F. Sempere y Cía., Valencia, 1908.
Nicaragua, por Juan B. Delga&lt;lo.- Tipografía Alemana, Managua .
Bosquejo de una historia del intelecto Español desde el siglo V hasta
mediados del XIX, por Enrique Buckle.-Traducción de Juan José Morato.-F. Sempere y Cía . Valencia, 1908.
Sangre de Primavera, Poemas en prosa, por Tulio M. Cestero .-Librería de Pueyo, Madrid.
Las Nuevas Tendencias Literarias, por Manuel Ugarte.- F . Sempere
y Cía., Valencia, 1908.
FRANCESES
Saint Simon: Les plus helles pages de Saint Simon.-Notice por
Etlmond Barthélemy et portrait d' apres Vauloo.-Edition du Mercvre
de France.-Rue de Condé 26, París .
Les Principales Théories de la Logique Contcmporanie, par P. Hermant
et A Van de Waele-(Recompensé par l' lnstitut)-Felix Alean, Editeur108 Boulevard St. Germain, París (VIc)
Pragmatismeet Modernisme par J. Bourdeau.-FelixeAlcan, Editeur.
Errew-s sociales et maladies morales, parle Dr. Ch. Fiessinger-Perrin,
Editeur, París.
Sur Mérimée.-Notes Bibliograpbiques et Critiques, par Lucien Pinvert,
-Leclerc.-París.
Le l\Iariage et le Divorce de Demain, par Henry Coulon et René de
Chavagnes.-Librairic Flammarion, París.

�SUPLEMENTO

''L'A REINERJI''
Sucs. de Hernández Hnos.
ESTABLECIDOS EN 1855.

•

El querido maestro y amigo Dr.
Garza Cantú, rt.'ptwsto de la~ cloh.:n('ias fí~i&lt;.'as que le afligieran, no~ lia
dado parn las páginas de la l'&lt;l:STE.\ll'ORA:--E.\ uns trmlueción ,l,
la Oda TU de Horacio.-])&lt;"ntro de la
modernidad de nue~lra puhlil':H'iú11
('abe muy hit.•n l'l gr:irc pt'Tl!--ami1..~ntu
del cl:hüro latino, t.'XPl'l'~Hlo tn h,1
hla española por el intt-lig,•nt&lt;· pn··
l'Cptor de litn;1tnra :í qui&lt;·H tnnto l-l'
admira y qttit.•ni 1•11 l'~ln rimlad 1 y
tnyo nomhrc ha \'t•nillo ii ~er,
hnJ--ta ('ierto punto, i1uli!--penM\Jh• ('11
toda obra clP &lt;·ullura en nuc~tra n•gión: honH•naj1• 1h• l'nrii10 muy juRto por otra parll'i ~· qtw :i nn~tro~
JlO!- l'tHnpl:.wc altamc·ntc.
Al tnulm·ir ,í Honwio, l'i Dr. Uarza Cantú ha tenido ,,1 deS&lt;eO de ser
útil á la jmcntud presentándole una
obra que eompll'te su, lecciones d,•
literatura pr,•reptirn, de texto hoy

en nuestroR ~tablPt·imiento!- de ensefianza. La oda irn~erta fonm1 parte del libro "Quinti Horatii Fine•

ci"- 11 Carminan, que el maestro
prepara en la actualidad y que ve1

'

Importadores de Ropa
Exportadores de Productos

rá la luz pública &lt;lentro de poco
tiempo. Trátase de unu traducción
fiel, con un erudito Apéndice y mu-

l'hísima!- notnf.; explicativas, bastante útiles para los principiantes. ~:.
fácil ad\'ertir-y el mismo Dr. Garza Cnntú ssí lo dedara-que él no

APARTADO 15.

MORELOS 97.

Monterrey, N. l.
OFICINA 669.
TELEFONOS TIENDA 40.
{ ALMACEN I018.

pensó ' 1 en romponer una obra de
inspir:wión poétil'a en que ~ tome
como pretexto el asunto de cada una
de las 12:{ composiciones del gran
Jíril·n, para de!&lt;et1voh·erlo en imitadones máR 6 nwno~ enga1anada~ con
)oH te~orm, &lt;ll' bellrr,a, pompa y armonía que enl"iena el habla ca.stellanu, dpsahogando así el propio numen en nhraH 111aef:itrai-i de (Ii'cción

pulcrn y eh•gantr," sino en '\lnr unft
,·1"rsi611 fiel ,le! p¡&gt;nsamiento de Horat"Ío, st•ñalando en ella belleza, profl11,dithul, n1anen1s y procc&lt;lin1ientot-1
&lt;ld célrhrc latino, y dando de paso razi'm ~r.1111.tlk,11 y likrarin de lo!-l gir11:-; qut· 1•11 l':Sa mi~mn Yl'l':O-ión ~r-empl1:.1.11 ·-~it•uipt'l' c·on t:!1 propó:-ito &lt;ll'
:-:v1Tir ;Í \u:- j/1\"t'lH';"' 1·dm·:111do:~.
p,,r t·:--ta~ pal:iln-:1s 1•1iJ11prt•1J•IPrán
lo:-- kdon·~ 1·\ :-ano pen:-:rn1il'11to ron
Qllt' ht•1n,1'- puhli&lt;·:.Hlo la oda, a:-1 &lt;'0IIIO tmuhih1 t'1 :-1•rYil·io qrn.• l'l &lt;lol'tor pn-,tani &lt;·on :-u próximo libro á,
laR ld r;i:i,, ~· g('fialadnnwnh.• ii In~ pt.'
tlagugo:- fronterizo~.

lfocientcrnente ha siclo estrenada
en el Teatro Progreso, por la Compañía de Paco )Iurtínez y la sefiora
Urifell, una eonwdia del Kr. C. ,Junco de la \'ega. He llama "El Retrato de Papá.' '-He aqui una síntesis rlel argummto:
Don Lesmcs, alx,gado noble y rico, que :mda ya sobre 10:.- i,;ctcnta,
tiene una nictccilla traviesa, pícara,
un poco inoeente y otro poro marrulera. Es el encanto de la casa.
Respond,· al nom hre de Consuelo y,
ron BU charlar continuo y su im:.aeiablr !'mpefio de salwrlo todo, no
deja en paz al abuelo que ,lesPn trabajar, que empieza apt•na!'- á ent«•nder sus exJ)&lt;'dientcs eu:mdo ,,, ve

interrumpirlo .... El sonrh~ muy nmah!rm('llte.-

De pa¡,i.o anotaremoi-- qm• en l:1 l'Xl&gt;O~ición de e~te asunto tran~curre
toda la primera s,ecna, demasiado
larga I un poco monótona., y en In.
cual se nos da una fabulilla que,

sobre ~rr romántiea, rcRulta muy
11
de J)(.'ifl.'' por el empefio de hacer

�literatura qne pan•&lt;'l' n'rclar~e l'H t'l
autor.-.\ rnto:-: d &lt;liálogn l':-&gt; fá&lt;·il,
vivo, ch~ un ln1111or &lt;kll'itahle.
YolvÍl'lldn nl nrgm11Pnto: C'on:--Ul'lo tic1w un ¡m,fl•:--or ile pinturaRohúrti1-gn,1p11 y jon'n 1 (llll'M'l'J\&lt;lmorn el,• :--\1 clif-1·ipnla y l':-:. 1·11rr1..'."'POlldiclo. En ·&lt;·t1:111to ln:-- do~ Sl' quedan
Folo:-,, d,rn pri1wipi11 ti lo:-- di:--,·n•t('os
amoro:-;n:-:, y pn pblil·11r :'l' ll':-; pi1:--a
d 'tiempo, de m"dv qt11• al l'aho ,k
nHioR mc. . ,•s dt• l'Jllpt.·z:11lo no (·on.duyt&gt;n lo,laría &lt;'1 r,·t:·ato ,lt· papá ....
Dofli1 Uerarda, m,Hll'l' &lt;k Hol&gt;t•rto
rl pintor, Yil•ja li:1hlador:1 1 nmhirin~a y de idea~ pr:i.1•tü·a:-., in:--tiga ti
su hijo para qu,· se le dedan• á l,1
1rn1rh:wha formah11,•nl&lt;': al fin ,,, ri1..·a, hl'l'Dl!Nl y única hl'l'l'dcr:1. i\la:-:
nnk:-- de que el mozo lo lrnga, don
Ll'llll'S ¡.;orprcndc 1·1 tina} de una l'Sc:enn de ,1nior, &lt;·on lo que entra l'll
malicia y n•such-r kn&lt;h•r un arilid ....
Pn('O rlrnspués 1 l'S ~ahcdor de toda lu
n•nlad. So11rÍt' patl'rnalml'llll', (\;\
MI :1prohadón 1i lo:-; amorc:-- y :i un
proyt•t'to &lt;ll' matrimonio; p('ro:--eña•
l:t un plazo: In trrmin:wión del rctrah
A~í d1..• ~cndlln Cl'.i el argmrn.•nÜ&gt;.
En lo que podríamos llamar In segunda parte hay .má:-: animal'ión, el
düilogo es alado, f:ítil,oportuno; hay
también h,1•ta tres situaciones c-ómicas del m~jor efec·to.-En ,·mnto á
los caracterc:-;, esUin hien e:-1tudiaclo.~
el de don L•smes y el de Doña Oerardn. El ele Consuelo un tnnto equínl&lt;'o. El &lt;ll' Rnherto apenas ~¡
H' dü•tingm• en el C'nnjunto de la ol1rn.
La. eome&lt;lia rctiulta una obra delirada, sutil, no pant el gnlt',o ptíblico. En todo caso, r, digna ele
aplamlir~l' 1 es agradahlt• 1 l't!Veln ¡.;upl'l'ion\s t'apatidadcH para la rreación de obra, teatral,·s. El público
aguarda que el señor Junc" de la
11

1

'

nwr 111ímern .• \. pitrtir 11&lt;'1 :-:rgnrnlo,
podl'1no:--: Sl'ITir :-;u•wrip&lt;'inIH'~ 1 ciando
:í los nurYos. Í:IY(•l'l'!'t'dor1':-- la Reguridad 111· qth' :!.~J"t•nartin·mo:-; la pntrt"ga anfrrior, qw• ,,:::tamo:-- e&lt;litrndn
du 11Ul'\'0 1 a1;tr:,: 1k t·,m1ph•Llr:--1• t'l
primer t,Hno &lt;h• In llL•,·i:-.t.t.

\'cga e.-;niha C'llll mayor frt'l'.lll'lH'in.
Ojnhí t•n l.t próxima O&lt;'aRi6n nns clé
una ohm més rnst:1, m:í:-: compleja,
doJHk• ~e ponl,. . . :1 1lc rdievc t11d1.\:-1
~u~ rualidndt':--: y st':\ po:--ihk (•:o-tndiar
los: 1ld1•1·tn:-- dr ql:l' de\11.• t'otTrgir:-:c.

L:1 Rfí..1isla ,lladcr11a dt Jlféxico ha
enrn'~Il4111(lid11 gala1;te11:entr nuc~tro
&lt;•nnje. 'i\&lt;1~otro:-: lt1 ;.1g1 adC'C't•mo:-: ton
torl;l :--inn ridncl. En los númcrn!-i
qw· nn:-- llt·gan lH'mnR enconlraclo
pot•:--íai- (ip \'ak'nZtll'ln, R.afoél Lópt•z,
Parra, ~larqninn, ( :on;,Ji.l&lt;.•z Blanco,
l:on,;íkz ~la1tí,wz ;· [,&lt;•opolrlo Lugo1H':--; ;lsÍ &lt;'omo ]11:-: :11tíl'ulo!-- rh•I cminrnk PPdro H1..•nri~1ucz Lirefla.
Estnin1pli&lt;-,1 un,1 sélt..'l·t·ión c:::.crupulo¡.;a y una tirmr ,·11lunta&lt;l de cxduírhasta do1uh• •:-: po~ihle-los produeto:-; lll('lltak:,: de rqt1ÍY01·a pr1&gt;Ce&lt;len-

Oporhmun11·11k n•p;1rtir:i la Empn•:--a Editora! portada (' índitt·
co1-rt.':--pondil'nlt s :\ nula volunwn d1•
la lh:r 1:-.TA ( 'oyri-:~1 POIL\:,; E.\, &lt;·on \'l
objl'lo dl' Qlll' 11u1•:-.tro:-. fanH'Ctl·dore~ ptll'llan 1•mp,1:-.tnr l:1:-- l·ol(~tTÍlllll'-"
C'omµlda:--: pn la l'orn1a qm 1 m:i:-i. h•:-1

1

eonvinit'l'l'.

El día 17 ~e n rifkó en la vet·ina
ciudad ,le Cad!'n•;-tn .Jiménez, el
ma,trimonio &lt;h-1 Hr ..Je.~ú~ (~. (;arza
con kL¡;.cfiorita Concepdón .Jri.urcgui.
-~iguiói-e una fiesta t1lcgante, · ('Ollcurri1..la, por toda la ari:--tocral'ia; los
dei,;po:--aclo:-: n•cil,ieron n:-;í una rnani,fei--tación simp:itit:t muy ju;..;ta, :í
la cual :i:--ociamo~ ahora nue:--tro:,; roto:- parti('ulares rnáR cxpre!-Ívoi- y
halngiirño:,;,
1

trn.

Sl' aprox.in1a t'l &lt;·onciertu de Josef
Hofmann: el &lt;lía 26 ele este mes lrndrá wrifieatiro en el Teatro Jmírez,
l'\lnforme ,í los programas repartido,
desde hace algunos días. Entendemos que á la hom prescnle se han
colocado easi loclns las lol'aliclacles, á
.pl'&amp;U de que lüti precios son, relativamente, demasiado alto:--.
La noehe del concierto hará época
el\ lps_analcsde Monterrey; en t·ierlo. m,.i&lt;Ío, en los anales del Korte.
pues según sahemos, de muchos pueblo~ l'Crl'anos los amaleurs del arle
lírico rentlrán ,l oír al célchn• diseíptÍlo ele Rnhinst,•in.

Sou muy frecuentes y ntm1crosa~
las solicitudes de nuestra Revista
que n&lt;! hemos podido satisfacer por
haberse agotado íntegramente el pri-

OPI'.'(lO~ES

tt

--

"La ~l'ril•1b1l qtw rr,·i:-;fr, C'l gu:-i.to qur rcv,,\a, honmn ii In lit1•n1tura.
nwxk:ma, y :--u:-- p.ígina:-i. 1kja11 (·ompn·rnkr qm' ha~· 1•n 1•1 e;..;píritn de
.,u, rNl.wt1,n•:--:, gran,lt•~ e:-p&lt;•rc.m;,..;\s y
n·nlad1•m ilu:-.tr:wión.
1
'Muy pronto,ha:--an(lo nuc..-tm~ apr1..1cm1·i1nH· . . , ,·:,nin:-; :i n•pm1lm·ir algún artkulo di' los qtw apan•,•1•n 1•11
t•:--n n·,·i:-.ta, para que s1• 1•1)tnprP111la.
qul' (•\la !--alc d\' la rutinería fa:--titlioi--a y lh•n:1 ch~ untuo:-;,1~ fr:1s1•s atlul:1tori:1:-1 y IH'&lt;'ia:-.. REYlsT.\ ('o~TE::-.J'&gt;(lHÁ'XE.\ nos l"l't'llt'l'dil la l:1 ht1r dl' otra, por 1it-:lg:rnt'ia &lt;k:-:-:1pan'l'ill,1 1 .1unqnc 1k tli:-ilinto gf1wro: aquella l'l\
qm· tonrnron parlt• din•l'la el Lit·.
.Julio Gtwrn•ro y otrn. . que, por 11(-.-;.
gnu·ia ;,d.1a111l1111aron t•I 1·,rn1pn.
'']J¡l&lt;•&lt;•n falta en el estadío de la
pn•n~,'t rl'Yi:-;t:u:. i--crias del trnor ele
Th:n:--T,\ ('o);"nrn1'íHiÁ);"E.\. Y no:-:otro~. al n·rla ap:Hl'('Cl', cnYiamos
á tiUH rf•(hwtol'&lt;'S y editor cordial
parahién.
"La luz, ron ¡,,er tan conocida,no
~e i-ahl&gt; Uti&lt;.U bien, s tuando fulgP t!n
m:moK lle hombres inteligentes, hrilla l'llll todo su rspknclor.
" i ( 1nwia:-:; por el &lt;•1wío y rnud10
éxito!,,
(El Correo de Jalisco, Guadalaja-

He aquí algunas frases de la prcn;
Ha con motivo d,~ nuestra obra:

ra.)

"No noRhahíamos cquirocado ('OHsideranclo que era tle aplaudir la aparición &lt;le la revista iml icadn. Su
primer número no:-- ha llcnaclo de
siltIB[acción, pues en i-us páginaR hemos·imcontrado 'el ~ahor dt•l talrnto' y el tino de la selección.
"No qurrcmm; llerar nUe!óilro aplauso á las personas, porque eYitamos herir modestias: pt'l'O e~tamos
en· la obligaeión ele decir que esa revista. es la mejor que se produce en
la Repúhlita.

"No h,we mud10 que desde las
&lt;'nlumnas &lt;le rstc trisemanal anunciábamos la próxima aparición &lt;le
una reyi¡;.ta rnciclopédira que i--e redactaría en Monterrey y que llevaría
por título el qtw ¡•ncabcm estas líneas. Ahora tenemos la satisfacción
de annntiar que Ri.:nsTA CosTEMroR,{::,.;E ..\1 ha risitado nuestra lll("Sa
de rl'claceión y que no desmerece del
concepto que presupusimos en ella,
pues vieiw á :;er de verdarl el órgHno
puhlii-itlad que hace tiempo e~pe-

d,·

�viene

para lo cual euenta ya con la eol aboración de · Rubén Darío, Gómez
Canilla, Ugarte, Londoño y lltros.

formando un volumen de cerca de
70 páginas corrednme~te impresas,
en forma dr holetín y I ontenicndo
al frente un lltradi·w ~mnario, en el
que desc-uellan las fir111:1s de l\lau-

zadas firma s españolas, y se propone llevar á SUR l'Olumnas el mayor
contingente literario.
11
Va ya nuestro cordial saludo á

rábamos &lt;lel publicismo de los Estados .
REYIS'f.A

CONTEMPORÁNEA

rieio 1\lflt.&gt;tcrlínk,

Asunción 8ilva,

1\faría :E nriqul'fa 1 Enrique González
Martínrz, .Jurn·o de la \'ega y la de
varioi::, literatos fronkrizos á cuyo
frente se hal la el erndito Director tJ,,
1a Revista, Dn. \'irgilio Garza.

"La puhlirRción clL' rcfercnt·ia :,e
propone &lt;lar á conocer 111u('hü de la
presente literat11rn lntino-an1t~1·icana

"Cnenta también con caracteri-

¿Vil Ud. a
Mtxico?

RE\'ISTA Co:'-iTEMPOH.{XEA y nnestro
sincero aplauso al e8fuerzo dC' sn
animoso cuC'rpo de redacción qne ha
sabido imponerse ante las dificulta&lt;le~ y dar al periodismo nacional nn
órgano máR ele qtw puetl;1 enorgnlle-

conviene hospedarse en el Hotel

BRISTOL V SONORA~

cerse.''
(La l:.vo/ución. d,, Durango.)

sítuado en la Avenida Juárez No. 12, frente
á "EL BUEN TOO" y á cuatro pasos de
la Alameda. Es uno de los mejores de la
capital, especialmente para famllias, por su

De l\dministrüción
Todas aquellas personas que deseen suscribirse á este
&lt;
quincenal, deben hacer sus pedidos por conducto de nuestros
agentes antorizados en las distintas localidades del país.
Los pedidos que Se hagan directamente á esta Adminis•
tración, de los lugares donde tenernos agencias, serán agregados á las listas del caso, para que los cobros sean hechos por
los señores agentes.
De los Iugares donde no tiene agencias hasta ahora la
REVISTA, atenderemos pedidos directos, siempre que los domicilios vengan bien determinados.
Los ejemplares para los suscritores foráneos los remitire-.
mos en un solo paquete á nuestros agentes respectivos, para
que éstos se encarguen de hacer la distribución, en la forma
que juzguen más prudente.
Cualquiera reclamación relativa al servicio de esta REVISTA, deberá hacerse al agente á quien corresponda atenilerla, y sólo en el caso de que no fuere debidamente oída podrán
dirigirse los_reclamantes á esta Administración.
Toda reclamación justa será inmediatamente satisfecha.

magnífico servicio y la eco~omía de. sus
precios, Cuartos amplios y bien ventilados. Alimentación excelente, bafios y toda clase de comodidades.

o
o

No lo olvide Ud.

HOifl BRIS JOl Y
MEXICO
Avenida Juárez No, 12.

1

�r

Acddemid de (omer(io "Grdl. Zardgo~a."
•

V. RIV( RO SU(esores.

ESCOBEDO 63.

MONTERREY,·N. L.

ENSEÑ ANZMER CANTILCOMPL'ETA

em
"LA INDUSTRIAL"

Personal del Colegio: Director, Anastasio A. Trevino, :\Iartínez, Prof. Juan T. González, Prof. Joel Rocha, Prof. Rnfino Salinas. Profa. :\!atilde Serna. Prefecto, Sr. Francisco Zárate, Secretario, Aldo. B. Al arcón.

!iABRICA DE MOSAICOS HIDRAULICOS.

SE EN\'IAX l::\'FORMES A Ql'IE::\' LOS SOLICITE.

Tenemos más de 170 dibujos en fabricación. Hacemos cualquier tmbajo en PIEDRA ARTIFICIAL sobre disefio.

Es la Academia Comercial que tiene mayor número de internos y externos en la Frontera Korte.

N. B.-Garanrizamos la perfecta ejecución del trabajo y la superior calidad de los materiales empleado~.

PIDA VD. EL REGLAME~TO.

Apartado 303.

Teléfono 343.

LA BOLA.
RESERVADO PARA

R. E. Lozano y Gía.

'.la panaberia más granbe \!
crebítaba be la (tíub ab == == ==
lEntregas á bomícílío.
Ueléfono 409.

:apattat&gt;o l)ostal .240.

m. ~uíroga, propietarío.

�■■ ci=====•c=====c::::;c=c1=~¡=:c==:c=~•:

•

0

•

Dentaduras de Metal, Trabajos de Puente, Coronas de
t)ro, Orificaciones y Extracciones sin dolor son las Es- - pecialidades de la - -

DR. :-.IIER No.

APARTADO

101.

242.

MONTERREY, N. L.

Surtido completo de libros de enseñanza.
Fábrica de Utiles y l\fobiliario Escolar.

Galle Morelos No. 135.

•

0

Monuel Vz.Hguirre.

' NUtVA Ofl(lNA DtNlAl"
Dr.M. García Sepúlveda, Prop.

Librería Universal.

•

■■ c:::=:c::=:::c::c==:c:Jc::=::c==~•·

Gran existencia d,~ obras liter'lrias y científicas de autores a,ntiguos y modernos.
Surtido constanteménte renovado.
Solicítense precios y Catálogos.
Dirija sus pedidos al

--ApHrtHdo Número 142.--

.

Hospital Monterrey.

-

1 -•,,~-Hospital mcderno con un cuerp~ ~ompleto de enfermeras.
Abierto. á todos los medicas reputados.
Bajct los auspicir,s de la Junta Metodista de Misiones.
Sé atiende esmeradamente. .. •

ll

~¡

íl Máquinas de Escribir de todas
11

marcas, en abonos cómodos
Cintas en todos los colores, fijas y de copiar y toda clase de accesorios • - Cajas fuertes marca "HALL"
y Muebles de Oficina·· · · - -

DIRECTOR:

Dr. C. B. Hanson,
MEDICO-CIRUJANO.

; Miss Heleo Montague,
ENFER~IERA PRINCIPAL,

'v. 5. Gómez y Gía.
S. en G.

Dr. D. B. Branham. Dr. B. Wyatt,
Dr. J. s. Steele,
Médicos del Establecimiento.

Esq. Morelos y Zuazua.
Apartado 154.
Monterrey, N. L .• Méx.

I·

11

1

l1==:=~=~======--'i

�-

----------------·
/

1

1

&lt;tuattbtemoc
¡mcncíó en Méxíco en 1521!
¡r~ríunfó en mat&gt;rtb en 1907!!
c::::J

(l;er\'1ecería ctuauhte111oc,
montetTC\?-

$. B. ·

�</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="146">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3075">
                  <text>Revista Contemporánea</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479252">
                  <text>Revista propiedad de J. Cantú Leal y dirigida por Virgilio Garza, en Monterrey, Nuevo León, México, durante los primeros años del siglo XX. Contiene información sobre ciencia, arte, poesía, teatro, novela, historia y crítica. Además, incluye noticias sobre política y publicidad de las principales empresas y casas comerciales de la ciudad</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37069">
              <text>Revista Contemporánea</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37071">
              <text>1909</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37072">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37073">
              <text>2</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37074">
              <text> Enero</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37075">
              <text>20</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37094">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753258&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37070">
                <text>Revista Contemporánea, 1909, Tomo 1, No 2, Enero 20</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37076">
                <text>Quincenal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37077">
                <text>Cantú Leal, J. Propietario</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37078">
                <text>Poesía</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37079">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37080">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37081">
                <text>Letras</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37082">
                <text>Teatro</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37083">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37084">
                <text>Revista propiedad de J. Cantú Leal y dirigida por Virgilio Garza, en Monterrey, Nuevo León, México, durante los primeros años del siglo XX. Contiene información sobre ciencia, arte, poesía, teatro, novela, historia y crítica. Además, incluye noticias sobre política y publicidad de las principales empresas y casas comerciales de la ciudad</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37085">
                <text>Imprenta J. Cantú Leal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="37">
            <name>Contributor</name>
            <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37086">
                <text>Garza, Virgilio, Director</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37087">
                <text>Gorena, Gerónimo, Administrador</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37088">
                <text>1909-01-20</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37089">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37090">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37091">
                <text>2012117</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37092">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37093">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37095">
                <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37096">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37097">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="6543">
        <name>Avisos</name>
      </tag>
      <tag tagId="6538">
        <name>Ciencias</name>
      </tag>
      <tag tagId="6541">
        <name>Crítica</name>
      </tag>
      <tag tagId="6542">
        <name>Miscelánea</name>
      </tag>
      <tag tagId="3071">
        <name>Poesía</name>
      </tag>
      <tag tagId="98">
        <name>Teatro</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
  <item itemId="1431" public="1" featured="1">
    <fileContainer>
      <file fileId="203">
        <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/146/1431/Revista_contemporanea._1909._Vol._1._No._1._Enero._0002012115.ocr.pdf</src>
        <authentication>223c3b178ee133291ff61a6c5b905c9b</authentication>
        <elementSetContainer>
          <elementSet elementSetId="4">
            <name>PDF Text</name>
            <description/>
            <elementContainer>
              <element elementId="56">
                <name>Text</name>
                <description/>
                <elementTextContainer>
                  <elementText elementTextId="73501">
                    <text>C!ENCII\S, fül.TES, P-'OESII\, TEI\TRO, NO\/ELI\,
HISTOflll\ T Cfl!TICI\ ..
DlRECTOK.

1

Lle. VIRGILI0 Gl\RZf\.

/,
¡

SUMARIO:

Prólogo de nuestra obra, por LOS REDACTORES.
El Principio Filosófico de la Evolución Socialista,

por VIRGIL!O GARZA.
Nirvana, por F. LOZANO.
En la muertede un perro, porM. MA!TERLINCK.
Poesías, por E. GONZALEZ MARTINEZLiberación, por JOEL ROCHA.
Desvío, por MARIA ENRIQUETA.
Sobre la Comedia Española, por M. MUZQUIZ
BLANCO.

Don Quijote, por C. JUNCO DE LA VEGA.
En la Sierra Fronteriza, por HECTOR GONZALEZ.

Nocturno, por JOSE ASUNCION SILVA.
Libros recientes, por RICARDO ARENALES.
REVISTA DE REVISTAS: Atenas contra Sócrates, po, s. RESTREPO.
Suplemento.

TOMO 1.-NUM. 1.

ENERO 5 DE 1909

t\0NTERREY, N. L., t\EXIC0.
EDITOR rRor1E11rR10.

J. Cf\NTU LEf\L.

\
J

~

-

�]R~vñ~t(Q!
C©Ili) t~m ¡p©rólll~(Q!

•'

PUBLICACION UNIVERSAL Y ECLECTICA DE CIENCIAS,
ARTES, POESIA, TEATRO, NOVELA, HISTORIA Y CRITICA.

DIRECTOR,
LIC. VIRGILIO GARZA.

RESERVA.DO PARA

ADMINISTRADOR,
GERONIMO G.;)RENA.

''

EDITOR PROPIETARIO,
J. CANTU LEAL.

DesHbrddOfdS ''Winfield"

Esta publicación saldrá.á luz los días cinco y veime de cada mes, en
emregas de sesenta páginas próximamente. Formará al año cua1ro
magníficos tomos de cuatrocientas páginas cada uno.
Es la única revista en la República que paga colaboración de los más
eminentes escritores de España y América, tales como Rubén Darío,
Juan Maragall, Enrique Gómez Carrillo, Manuel Ugarte, Tomás Carrasquilla, Víctor M. Londoño, Max. Grillo, Benito Pérez Galdós, etc.

...

Se solicitan agenies en las poblaciones donde no los haya todavía.

Tenemos constantem~nte en existeQ.cia un
gran surtido de herramienta para Agricultores, Mineros, ·Herreros, Carroceros, Cerrajeros, Carpinteros, et~,; así ,como _to~a clase
de ut~nsilios para cocina,
, ,_

PRECIOS DE SUBSCRIPCION.

México.
Ex1erior.
Por un afio,
$8.00
$4.50 oro americano.
Por seis meses ,,4.50
,,2,25 ,,
,,
Número suelto ,.0.40
,,0.20 ,,
,,
Anuncios, Precios Convencionales.

•

Teléfono No. 38.
Apartado No. 43,
MONTJtRREY, N. L. .
·1

Diríjase la Correspondencia al Apartado No. 277, Teléforit578,
MONTERREY, N. L., REPUBLICA MEXICANAImp.

J. Cantil Leal.-Monterrey.

f

.

~-

;,,_{.

••

1

• '

•

�,.'

fabri(a de camas, catres ycunas de Latón yde fierro.

o

COLCHONES

-Y-

•

ALMOHADAS
DE TODAS

•

CLASES.

RESERVADO PARA

o

La Tabacalera Mexicana.

La casa que
más barato
vende.

o
Calle de
Zaragoza
Nos.45y47
Cerca del
Teatro Juárez.

JAIME CAROUS,
APARTADO 168.

PROP,

MONTERREY, N. L.

Instituto "
eristiano.
&lt;f!alles de Isaac Garza y Puebla.

•

RESERVADO PARA
EL MEJOR DE LA CIUDAD.

1,

.

SELECTO CUERPO DE PROFESORES
CURSOS EN INGLES Y CASTELLANO.
Directora,
f

Sritá. Berta Westrup.

1

j~

•
•

~-E.Lozano y Cía.·

•

�•.. •

Marmolería Italiana .
JDecaniní 'Mnos .
CALLE WASHINGTON 207.

•

APARTADO POSTAL 312.

MONTERREY N. L.

Capillas. Estatuas, Monumentos Sepulcrales, i.ápidas, etc.
Importación directa de los Principales Talleres de Italia.
Se usa sólo marmol de Carrara, Italia .

... - ¡

■c======c=====~•c====:::c::::::===1~•

raric• de urnas ycatres de litón fino yde fierro ylatón.

La única casa que vende sus artículos por el sistema
de Club. A todo accionista se le anticipa invariab1emente su merc3.ncía.
•

Teléfono 1074.
Lerdo de Tejada esquina con M. M. del Llano:
frente al Templo Masónico.

Pida Ud. informes.
'

�lh

ilNi'INo~V.WWWi&lt;~

j

j

ALMACEN DE MUE6LES V f A6RICA DE MARCOS.

!!
i
!

1·

1

Magnífico surtido, buen acabado y precios económicos.
A solicitud remito grabados y lista de precios.
. ;

JESUS R. FLORES.
Morelos 75.

Teléfono 554.

1

1

Monterrey, México.

~-~WIN/mlMWWWfll/MWWWmmlmlMlmm~~

~

1

Para su traje ó abrigo
de invierno vea Ud. á

o
·'"• r·

;.3!J~~

,, . 1,j

mm

\'1

SCHIEDMA YER, . ROENISCH . .

son los mejores del mundo. Están de urn
des Conservatorios Europeos y en el

e□

los gran-

.

.

-

MORELOS 89 Y 90.

~

•

.

.A. WAGNf• R&amp;lfYlf NSU(S;
CALLE

Granito Veneciano y Piedra Jlrtificial.

\

1

APARTADO 229,

¡¡

FJIBRU!Jl DE. MOS71Ieos HIDRJIULieos.

Garantías amplias.

Unicos Agentes para la República Mexicana.

~

de

(ONSfRVATORIO NACIONAL Dt MfXl(O
\' entas en abonos cómodos.

Teléfono 706.
Morelos No. 69.
Corte y acabado Estilo Americano.
Departamento del "Club Planchador de Trajes." ..
Libreras de Abono de $3.00 y $5.00 .

[i~~~~~~~~~IHil~~~
~ LA CELESTIAL. ~
~
~
~
~
de
~
~
~

Los pianos STEINW A Y d SONS, BECHS-

TEIN,

VI LLEGAS. o

Rafael Llongueras.

~
~
toda clase de pavimentos de Portland.
~ SeLosconstruyen
Mosaicos se fabrican con Materiales de primera cla- ~
~
~ se y con una presión de ! 80 000 kilos.
Escobedo No. 68. Teléfono No. 525.
~.
~ Calle de Gral. M.Monterrey,
N. L.
~
~~~~~~~~~~~~~~\

........
;,

• •

m
.

•

.

i

,

lr sii·»

-

•. 1

,,

f

�,

DANIEL MONTERO

..

MONTERREY.
La primera en su 6énero-en la frontera.

casa establecida en 1903.
Calle de Morelos
105 y 107.

LIBRtRIA 6tNtRAL

Apartado 256.

«REVISTA CONTEMPORANEA."
No eches de menos el programa, oh descontentadizo lector,
que no lo hemos formado ni á formarlo se da prisa nuestra voluntad. Estaría mal decirte los caminos y encender desde ahora
el conocimiento de las venideras campañas; que á tí no es fácil
cosa engañarte, ni estás falto de la suficiente experiencia para
creer !oque se te promete-y esto suele ser demasiado. Con toda
senci!lez te invitamos á venir en nuestra compañía, y ya irás
viendo, con regocijo de todos nosotros, el pensamiento cardinal
que nos ha movido á la empresa y que ha de presidir, ahora y
siempre, cuanto hagamos en las generosas lides del espíritu.
Ni siquiera hemos pensado en descubrir la vida. Ella está
siempre delante de nuestros ojos, y á todos nos adula y agravia
según lo ha dispuesto la ~ecreta voluntad de los dioses.-Nosotros á lo sumo querríamos copiarla, ya que no es fácil empeño
reconstruir todas las cosas con más arte q ne fueron creadas, co"
mo lo pide una bella sentencia poética; porque descubrirla sería
tanto como indagar su smtido íntimo, y de ello no seremos capaces. Ya se ve la humildad de esta~ palabras, tan sencillamente dichas y con tan sincera honradez pensadas en la vigilia inicial.
Pero afrontar la copia del Universo á !a manera que lo ha,
cen los turistas, a.:aso no valga la pena. Es menester dar realce al paisaje sorprendiendo el secreto de las luces, dejando en
un claroscuro sugestivo las riberas que el sol destiñe, y aun
comunicando un divino sentido á cuanto parece no tenerlo: así,
al menos, cada paso á través de las llanuras floridas, y al pie
de las montañas, y en la ribera del mar, y á lo largo de las calles, y por entre las gentes que discurren, tendrá siempre un
saludable encanto, el encanto de una sorpresa.
Sólo que es indebido limitar el influjo de las palabras á
esta obra de realce, bien que sea ella grandemente meritoria.
Podemos encender, tal vez, nuevas luces en los laberintos del

Papelería, Estampería, Objetos de Escritorio y Material Escolar.
Talleres de Imprenta, Encuadernación y Rayados Especiales.

Agente de los periódicos ilustrados: La Moda Elefante, La Ilustración
Española y Americana, Blanco y Negro, Nuevo Mundo, Hojas Selecta,,
Por esos Mundos, Sol y Sombra, Fiesta Nacional.
Obras nuevas se reciben constantemente. Completo surtido en obras de
todas clases. En TARJETAS POSTALES siempre lo mejor.
FABRICA DE SELLOS DE GOMA.
Corresponsal de las principales Casas Editoras del Mundo.

INSTITUTO ''LAURENS''
FUNDADO EL AÑO DE 1885.

lnetruccíón l)rímarta; Secunbarta \? profeelonal mercantíl; ~epáfiol é tnglée para itmboo eeroo.
EXTERNADO, MEDIO-INTERNADO E INTERNADO.
El plantel particular que ha alcanzado la más alta matrícula de la ciudad.

475

alumnos inscritos durante el período escolar próximo pasado!

HON0Rf\ftIOS C0NVENC! ONflLES.
sq. Colegio Civil y Gral. Treviño.

. f. Gluílliam.
Director.

Teléfonos Nos. 1063 y 1249.

$.

3-. 'ttre~íño,
Sub-director.

,,
f.)ND()

idAUlON/tl)()

�alma, y escrutar el corazón de la Tierra, y hacer la exégesis de
muchas doctrinas, y concertar el ritmo de las voces con el vasto
ritmo de la creación ....
He aquí nuestra voluntad. Seguramente que es difícil realizarla con toda la amplitud que deseáramos, y más aún dentro
del medio eu que nos ha tocado bregar; empero, hay que decir
que no confiamos en la escasez de nuestras fuerzas individuales, sino que hemos de tener compañeros, y á ellos estará encomendado el éxito de la empn,sa. Porque has de saber, lector
descontentadizo, que en estas páginas van á decir sus más bellas palabras y sus más reposados pensamientos, muchos de
aquellos hombres á quienes admiras y cuyos volúmenes buscas
con mayor ansiedad en los escaparates de las casas libreras.
Desde los escritores que son prez y honra de la familia mexicana y del suelo español, hasta los extraños de mayor valimento en el umnde, del Arte-hoy uno, luégo varios-todos han de
exprimir para tu deleite su cosecha mental de más exquisita
fragancia.
Y para que la obra sea completa, ya te iremos diciendo cada vez las nuevas corrientes del pensamiento contemporáneo,
en una sección que ha de ser alg-o á modo de índice de las ideas.
Todo ello con la libertad necesaria, sin exclusiones de doctrina
ó de escuela que mal se avienen con la amplitud de nuestros
propósitos.
Cumple á nuestra sinceridad reclamar los honores que se
deben á quien acomete la empresa, que no á otro galardón hemos aspirado. Y sea todo ello para honra y provecho de la gran
Patria mexicana, cuyo nombre invocamos al dar principio á
la obra.

EL PRINCIPIO FILOSOFICO DE LA EVOLUCION
SOCIALISTA
Las ideas sobr,• las relaciones del indiYiduo con el Estado, sobre la distribución de la riqueza entre los elementos productores, sobre la participal'ión d,• las clases de abajo, en la colaboración de !ns ,fase~ direetiYas do los
negocios público8, y más que todo eso, sobre las relaciones éticas de los divcn;os agregados sociales, han venido cambiando singular y notahlemenlt-

c..•n estos últimos ticn1pos 1 adopfando una oricntaeión que, como notarcmo~
de."pués, se relac·ionu. íntimamente con el albor,-ya que no podemos to&lt;la\'Í:t envanecernos de que sea sol que alumbm y confort.a,-de nuc\'as ten,lcncias filosóficas, más optimistas, más simples, mis conformc.s á la naturaleza humana que las de mayor privanza en tiempos anterior&lt;"'.
El indiridnnlismo exagerado y casi feroz de.sarrollado por ]arl conquistas políticas del siglo pasado, produjo naturalmente, después de sus primeros tanteos, un florecimiento económico importantísimo, con repercusión
en tocias hc5 esferas de la actividad. Tuvo su tiempo, y ese (lesarrollo con,lujo á un estado en que otros rnrios elementos entraron en conflicto. El
,•xceso &lt;le proclueeión, con l:L competencia como su resultado; el afán de lucro de los empresarios afortunados ó hábiles, espoleado quizá por el bien,,,tar que parecía debido sólo al esfuerzo de una minoría; la !'Oncicncia d,•
un valimiento y un po&lt;lcrío, de :-cguro exagerados, pero consentidos, para
atribuirse la parte ele! león en el banquete de la vid,i, hicieron nacer en el
otro extremo Ucl eampo tiertas aspiraciones, primero vagas y dt\~pués má~
definidas, hacia un mrjorariento reclamado ncee~ario, má.i, que justo, aunque haya de esto taml,ién, por las mismas ideasjurrzas que habían iniciado el morimiento. Xo parecía legítimo que to&lt;las aquellas expansione,
pri1nitiras y todM las promesas contenidas c11 los pri11cip ios revolucionarios, hubiéranse venido ,í condensar en nn estado de inferioridad no muy
tlilercnte clcl que subsistía antes de los derechos conquistados.
De ahí el afán de reivin&lt;licaciones y el movimiento de a.spiraeionc., ,l
un nuevo camhio. Buscaron los débiles el apoyo de teorías nuevas en lo
social y en lo político, olvidándose de intentarlas en la práctim. Hin duela que l:t clase proletaria debía s,úrir con el proceso de su ,ulaptación al
medio físico y soda] moderno; sin duda que ha llegado á ser punzante ;·
doloroso, pam una parte no pequefia del conjunto humano, el tlcsequilibrin
,le las condiciones económicas, y que las multitudes ,í quienes interc.sah;1
d problema pudieron darse cuenta, aunque exagerada la visión por las pa-

�4

REVISTA CoNTJ&lt;~llPDR.(NE.\

sienes del momento, del estado de lnerza y de injusticia conque se presentaba la cuestión. Por otra parte, las propagandas interesadas, las miras
torcidas delos malos pastores, las exagcrncioncs ele los doctrinarios, muchos
de ellos convencidos y de buena fe ,\ pesar de todo, empujaban al partido
&lt;le las resoluciones extremas.
Estas no cliernn, sin embargo, los resultados que prometían los agitadores, y el prestigio de éstos se vió amenazado de ruinit justiciera. l\Ias al
lado de ellos y quizá contra ellos, en las modestas filas de un anonim,üo
meritorio, se encuentran desde hace muchos aüos hombres reflcxi,-os y se-

rios, apóstoles también de las mismas aspiraciones, quienes van impulsan~
do la reforma por medios lentos y graduados que constituyen la ,·crdadera
evolución ele la idea. Se llaman á sí propios socialistas, porque no han
buscado otro nombre que sea mús propio y preciso; pero rcclanmn el estar
separados de las medidas extremas y ni defienden éstas ni se encastillan en
tm solo sistema de avance. Ellos son las que impulsan la lonuaeión de
esos organii;mos ele forma variatlísima que se 11ama.n asociaciones cooperativas de comnnno y de ahora, federaciones de obreros, Trade uuions1 sociedades mutualistas y ligas de toda especie de ayuda al trabajo.
Esta formación espontánea de organismos de defensa tiene HU contrapartida en otras semejantes del lado de los empresarios, donde b reacción
se opera con los trusts, con la atribución de capitales crecidísimos á las
aociedades por acciones y con las modernas ligas de patronos que proycctun contrabalancear la imposición forzada de las huelgas del trabajo. Así
es que en ese terreno amenazaba la lucha eternizarse, 6 cuando menos quedar indecisa hasta que no la viniera á rcsolYer un verdadero catarlismo, si
no interviniera nn tercer factor: El Estado.
El Esta&lt;lo, que muchos sociólogos fundadores de sistemas y elucubrndores sueltos, quieren reducir á su más mínima expresión no dejándole
más que el desairado papel de un encargado de cuidar el orden y de aplil'ar reglamentos ele policía, está adquiriendo importancia preponderante en
la cuestión social. Mientras más se ahonda en las consideraciones,¡ que se
presta su intervención directa en la previsión del conflicto, más fácilmente se comprende cómo está capacitado para obtener resultados positivos con
ijga intervención. Las modernas tendencias nos llevan muy lejos del individualismo ele Spcucer. Todo lo que pudo ser en este filósofo, y en sus
continuadores y discípulos, necesidad de un corolario sistemático, dcsaparcte ante la exigencia del momento histórico, ante la fuerza de hechos realizados comprobadores del beneficio y ventajas de la acción oficial.
Esta se verifica en formas variaclísimas y múltiples que pueden, con
notoria ventaja sobre los tanteos sucesivos de la iniciatim pri,,ada, ser coexistentes. Viene, en primer término, la legislación obrera. Lo que en
este sentido se ha realizado, en Europa, en América y en Oceanía (Australia y Nueva Zelanda) es muy considerable y trascendente; bien entendido
que no nos referimos aquí á los principios fundamentales, al substratmn ele
los derechos jurídicos modernos, idénticos, ó casi, en todos los países civilizados, como la igualdad política ante la ley y en el goce de las garantías

sotialcs, asl tomo el derecho al trabajo y la. lihre expansión de las acti,ida&lt;lcs; sino á lni; reglas de modernísima. trcación que minrn hada b &lt;·011dición especial del trabajador en el conjunto económico. Así, leyes sohrc
&gt;1ecidentes del tmbajo; seguros obligatorios atendidos por b Atlministrac:ión Pública; limitación de las horas de trabajo ó de las tareas agobiantes;
tlcseansos espaciados obligatorio:;; Rostcnimiento de escuelas especiales,
pensiones de retirn; reglamentación &lt;lcl trabnjo en común; vigilancia. cgpecial en los pagos de salarios y en su c!ectividad pniclica; y otras disposiciones semejantes, est:.í.n ya en \'ig0r C'on un resultado positiYo de \"'"Cnbllcra ventaja soci~1l.
En segundo 1ugar, es in&lt;ludnLlc que el fü-,tatlo tiene ,t Ru dispositión
resortes de adi-ricb&lt;l que por muy ,·arios modoK de cjercieio pue&lt;lcn ohrur
en las fuerzas y tendencias latentes ele l:i sociedad, no sólo coor,linándolas,
t--ino estimulando ~u acción y hasta. dominando y encauzando sus dircecioncs, en orden al bien connín. En este sentido el papel del Est&lt;1do es insubstituíblc . :S'o excluye por c-icrto el iflujo del incliYidualismo bien entendido. No existe realmente antinomia fundamental en los clominioR du
l'~as dos fncrzüs, .:;ino que deben compenetrarse y complctarKe, aun mczl'lándose y superponiéndose las medidas y recursos de que el Estado y J,.
iniciativa in&lt;livi&lt;lnal pueden disponer . Es una. pcr:;pcrtira cngaíi:.ldorn,
consceuente á un superficial examen de los hechos sociule:, 1 la que eom,istt&gt;
en mirar y deducir que muchas Yeccs el 1nejoramiento conscguicln para l'I
eonjunto no sea á la vez mejoría ele las condiciones ele ,,icla para el individuo.
Pero el E:;ia&lt;.lo no es una pum concepción abstracta sino en las teorfo:-1
inventadas para cxplü:arlo. En la rcali(Lu1 viva y moviente do las sociedades, está constituido -por un conjunto de individuos que desempeñan unidos la tarea de una personc,, en funciones &lt;le asegurar la d&lt;la &lt;lcl Pe.rocho,
dentro de su propio.fi" que abraza la totalidad de las relaciones humanas.
Por su parte el individualii:!-mo es una doctrina, una regla &lt;le conducta ·moviéndose dentro de la misma esfera., supuesto que, segün b novú'.lima Jcfi11ición ,le M. Follin, es filosófica, moral, social, ceonómica, jurídica, política y cstétic:c, ó sc,m las mismas relaciones humanas que el Estado considera. ~o hay motfro, pues, para suponer que los indiYicluos componentes
,te los Poderes Púl,licos, representando la actil-idad dircctorn de las !uneio11cs del Estado, lleguen á desprender su criterio de la consideración preponderante vinculada en el bien público. La regla de conducto que forma
lit esencia. del indivic.lualismo, si es exacta, precisa. y segura, puede, pues, ser
a.plicada con el criterio del conjunto de individuos que gobiernan el Estado. Su poder específico aumenta; pero necesita parn ello el aseguramiento ele su fuerza actirn por medio ele la Autoridad que &lt;la la función ,lel Estildo.
Como fruto ele la. conciliación que la naturalcz:, misma de los hecho•
ha l'Cni&lt;lo reali7,~ndo entre estas dos tendcnciaR, debe considerarse el colcetiYismo. La doctrina del individuo contra el Estado, lm perdido su aspcre1'l.
Por su parte el socialismo ha dulcificado sus a ncsas intenciones for-

•

�7
muladas en el medio violC'nto de ('(,n~cguir sus i&lt;lC'a]es. Jfa C'volution:u.lo1
tomo puede propiamrntc deeirce 1 (c·on la rpserra de no tomnr la pala.hnt
rn}1ud6n fino para expresar un fcn6mcno JXJsiti\'o y natural, mas no &lt;·omo el tipo fundamental de un sistema filosófico.)
C1on esa evoluti6n y hajo otra forma 1 ~e acerca más el sntial ismo á \¡¡
reali&lt;la&lt;l. Ya no es l:1 cruenta batalla anarquista, ni siquiera "la disciplin:1 que admite los lJcncficios de la Autoridad, sólo en la medida en qucést:1
~ca rjcn:i&lt;la ¡x1r los 1rnís dignos, y volunta.riamcnte consenti&lt;la por ios individuos que la sufren;" no, ahora. es,según las palabras de w1 Hoc·ialistn. rno-

demo, '\m gra&lt;lo tomlln :í todos en la gran ¡.:íntesis del ideal humano; p:-,
d despertar en la conciencia colcctiV&gt;L de la humanidad, de una voluntnd
colectiva y de un espíritu colectivo, c-uyo resu1tantc sería. c•n loH cspÍl'iiu:-:-.clectos una constante pro&lt;lucción de nuc\'o:, esfuerzoe y deseuhrimicnto~ . ·'
«El socialismo procura cambiar las relacioncH C('onómicaR :-:olnmC'nte por l'i
procedimimlo, opomndo un cambio en el espíritu y en el méto&lt;lo de la h1111rnna relación. El socialismo tiene que enseñar la. manera de organil,.1rr-.,.
,·olec·tirnmente la sodc&lt;lad.»
~i se conr-:nlta, pues, en el actual momento histórico la opinión de l(l~
1&gt;enF¡ulores, de los hombres de Esta.do, de Jos Jefes &lt;le Gobierno, encontraremos que la gran mayoría se pronnneia en el miBmo sentido y hacia. l'I
propio fin á qnc, por otra parte, se dirigen los hechos signifieatiros de un"
,,,-olnción de la i&lt;lea soc-ialista, aceptando y aprovechando la ae,·ión prácti,.,t del individualismo eon el floretimicnto copont,íneo de las agrupaciones
1·oledivn:--, y la H_yud:1 ~ibrnifieativa &lt;lel Et-tado, l ll las esfC'nu-; jurídica y c(·onómien.
1

•

(

***

,.Qué rclac-ión lrny ,,ntre ese movimiento demostrndo y las i,btB filosófi.-a"; t'Oetáncas?
Cunndo los tiló"Ofos extienden sus cs¡JCtulaciones al mundo ,·omplcjo d,,
los hechos sociales, pn,:cden generalmente por inducción. l'ertl ese procedimiento invenff¡_10 es l'll el caso más ó menos acertado, según &lt;"Un mayor ()
menor facilidad se dc,sprende el pensador de las conccpciont's ab.stral'tas
para formaliz..'tl' suH torn·lusionci:; en el terreno &lt;le lo contingente, \'aria.ble y
nwvc&lt;lizode]os fenómenos :;ociales. Hay error, pues, si s;c man·ha (·onRtrcñido por principios siHtcm,itil·o:-:1, aunque la ubservaeióu Rea rcrcladcra . Hay
l'ITOr también c·.uando :-e }rn('en gcncraliz:l&lt;'ioncs demasiado amplias 6 rápitlam('ntc condu[da~ .

Así examinaron los filó.:;oft1:-1 los movimientos sociales en ln rwgunda. mib.HI
del siglo pa:-:ado. L:1:- promci:-as de una reroludón formid;1hll que&amp;• cr('y6
definitiv,1 y que condujo ,í una dominación más autoritarht que la de ant:tii.o, la:-- vatiÜH"Íonc!- en los métodos de gohierno que se podi'a trccr llamado~
:t una rcton~tih1c-ión, y que por nuevos rran inseguros; l'l prl'dominio dL'
una elni-;c ~tvida de l'iqueza¡.; y pode r, el \'alimicnto injusto é inmoral ntri....
lmülo ,í la audac-ia triunfante de rividorcs sin escrúpulo, llevaron las
i,Ieas ,í subvertir lo,; ('],,mento, constitutivos ele los conceptos dl' la lihcrta,l
.\' de la moral. C'on l'l ,lekrnimismo y ht korfa de la supen·i\'Cnc·ia dél
1

,

,
•

rn.í.::; npto rn tod;1s la~ c:--fcrn!-l de la adivi&lt;l,1d, se llegó :i :-;u¡:xmcr ll'gítimo un
t•;;tndo tnwl de IHs relacione:-- intcrhunuina:-:.
,\},Í, un Pl~~irni~mo clcst'on~nlü1lor reina.l,a en to&lt;l:1::; !u~ i1llcligcn1'.ia:;:. Pasiulos los buenos tiempo,; de Lcibnitz y ele Kpinozm, ,lcede Kant 1,astu
~ietzsche, rl nihilismo metafísico ~e trnchwía L'll el orden purnmc11te sm•i¿¡\
rn concep:·ionc:-; que ~erYian de ha~e li tonC'lm;;ioncs de1it'Onso1adoras l::iohr('
,,1 esta,lo ,· 1~m·,,nir ,Je la humanidad, pretcndicmlo ac!lbar con tocia tradi1·i6n y con todo rcsiclno atúxi('o de los ~entimicnins mornles consagrado:-.
Pero se 11,,vó cstl febril a&lt;'tivid:1tl demoledora á niás allá de tod,is !as fuerzas
humanas. Xi&lt;'tz~ehr princ:ipalrnentc, el puntu ((lle C"ulmina en ese nihilismn
metafíHiro, eon su tipo ide;1J de t-upcrbomhrC', rn,h: n&lt;hwrito tí la soriulogía,
&lt;·orno (·On má.."' influencia. en ella, que ,t In. filnf-lofía propiamente tlicha, .Y
l'OB 8U l'C\'Oiw:ión éti(',t por la treaeión ele un.i nmn:tl 1lc la fncr1..a-ruul ~i
quisiera jw~tific·ar la farno~a diYisa bi8111,1rkina,- lleY6 &lt;i su l'Xtrcrno la do11.'neia pcsimi~ta que habían :--ufritlll sus auteec;-;urC's ~-hopenlwuci- rrainc,
nenan y otros.
Hay sin dudn qni~ncs &lt;leficmlen ti ~il'tzsc:hc ch• c.-.,, c·nrgo. En rnudw~
de RUS libros tiene t!U lenguaje la. vagucJaü propi&lt;'ia á las cxébr('Sis nüis contradictorias; pero nadie puede razuoablcmentc dcf,,rnlct'lo de ser demoledor de prlil&lt;'ipios y :;entimicnto::; realmente intangiblcr-: en los Chpíritus hu1uunos bien equilibrados, y haber puesto ~us brillante:,; paradoja~ al aen·iclo
de doctrina:- en qm el egoísmo, la contt'adicción t'asi oblig-Jtoria .Y la L'On~sgra('i6n dionisyaca de la fuerza sostienen el conjunto.
Véase cómo concibe el problema de la moral, ó según rtkc: «ln tnr&lt;'•
de fijar el valor de las diferente:} sIBtenmH de moral.» •l~sta con~it-te en un
•&lt;:ódigo de avaluaciNtes de las acc•iones y de las rclaciom·s del hom hro con
dos otros hombres 6 con la:; ro~~1s. De e:,;a manera se fija el valor de la. vi•do. que no es sino la arci6n de avaluar las cosas y de entre ellas preferir
&lt;,,lgunas, es la injusticia y la voluntad de definirse :í sí mismo y de distin&lt;iguinie de los otro!:&gt;. Siendo el motivo principal del hombre, el que lo ern&lt;puja :i manifestar sus fuerzas vitales, el deseo de potencia; el valor de 1"
«vid,i será el que se desp1·encla de la potencia y de la fuerza. En aeepb r ,í
•rechazar este postulado, e,;triha el Ílllldamento de la,; dos morales. El pri•mcr tipo de mornl, ósea el de l" acepc,ión completa y sin idc,t, preconeeihidns de lo. \'ida, es el que se encuentra más bien rcaliM&lt;lo &lt;'n las razas clt·
6conquistadores, en los puebles agresivos y profondanwntc aristocráticos,tu•p convicción principal es la de su derecho indiscutible ,í sojuzgar l'l mun&lt;,lo. El arte de la guerra será allí el preferido y prcdominaní la organiza«ción militar . Así fueron los Griegos, pequeña aristoerac-ia dominadora de
«un pueblo compuesto de esclavos y de extranjeros. Despreciaban alfo•mente ,í los bárbaros, y su gran filósofo Aristóteles ha formulado el prin,·i«pio de su época diciendo que los bárbaros nacieron parn ser e,l'lavos de los
&lt;Helenos. Así fueron los Arios, invtLsores de Europa, y a~í tamhién 1,,.
«Germanos que en épocas más recientes conquistaron, uno tras otro, !ns paí•ses todos de Europa, para darles ltL~ constituciones aristotniticas de la
•fülad Media. Su organización no fué nunca un Estmlo, en el sentido rno1

1

1

'

1·

�8

REnsT A CoxTE1rronÁNBA

«:&lt;lcrno de la palabra, es dcrir, una organizac·ión de igualrs.

«organizaron fué

HU

&lt;lominaci611.

.Así,

8U

I..-0 que ello~

1&lt;quc están (:onvcncidus de su superiuri&lt;lad activa y &lt;le que su supremacía,
•por el hecho de que existe, les confiere todo derecho . La alegría y la !uer&lt;za sencillas, b.s manifestaciones todas de urm vida desbordante y al mis«1110 tiempo todo lo que conserva y fortifica la vida, lo que perpetúa la ra1&lt;za Y quizií favorcte su C\'olu&lt;;ión ha.tia. una realización de fuerza toda da
«.-mperiur, es lo que c.:ornpunc el lado poFiitivo de !-in mora1. Para los vcneit&lt;tloti tienen una gcncro:;idad cortéH; no hay en ellos rencor. ~o tratan de
nebajar el vaJor moral de sus adrersarios. Sus enemigos no son ma1os,
«~ino Kimplementc cncmigm,; y la tínic·a. distinción que admiten es que se
((llaman á. RÍ mismo8 "Joi-: no!Jlc¡;", en tanto que los sometidos Ron "vill:1«110:-,;'.
8u rnon:l concluc·c al cstn.blL•c-imicnto de rnngo::; en l:t sociedad,
«:,in ciprctiar las C'atcgorías de "lo bueno" y ''lo malo 1'.-Lasidcas 1noraK\c.s del f&lt;Cgll!Jdo tipo no tienen un origen primordial, no son sino 1a renc«ti6n de la multitud Yaga .r no organizada contra ons vencedores y organii(zcHlorcs !uégo que comienza :i rebelarse contra éstos. La iUca íundamen-

.r dt :;cntido optimista de In \'ida. Jf~s cierto,

J. de ello e:-ttucambian los elementos r·onformadoresdel ~r rnornl
t·n rn10:,; nflo~, ni en c1lgunos siglos quizá, pero vamos conveneiéndrnw!-1. dv
qlll' no rs el hombre esa bestia feroz que tanto ha ensombrecido hu: ,drnni-:

pn_•:,;illr1 ~ana

Estado no trae su origen de un

«contrato. La cmüidad maest.rn de los &lt;·onqnist.a&lt;lores es la actividad.
•Dominan también natmalmcnte sus ideas morales. Su punto de partida es

mm; c·1ll1V('tH'ido~: no Re

••

d,· los pcsimiskos del siglo pasado . Hay ya algunos hombres cs&lt;'ngidos,
que di~emTcn por esa vfa de luz y de c-onsuelo. Ya hay un Finot, ;Í qnic&gt;11
n1u{'lto del,ení la humanidad enferma del espíritu, que nos cnReii.a la dic-h,1
1,,r In bondad; un liovicow que demuestra la inutilidad práctica del dc•s¡~,jo; k,,r .Jefes de Estado que no son Capitanes de horda conquista,J,&gt;1·:1 ¡•11
1•\ Hrnticlo nietzscheano, hay corrientes d&lt;" Rimv:1tfa rntr~ grnpoR r-:orinl0¡;: rn

otrns tiempos disidentes.
F,r,:c movimiento ::;e va definiendo, y apunta cada vez C'OTI línc~1¡::. rn:i:- pl'C·
-i:--n:-.
Tirnde á C'Ondensarsc en el priueipin rle moral 11.amarn; lo~ uno:- á
1
lo,: ot1·0:=-», C'omo r1 ,er&lt;ln.dcro regulador de \afól sorirrlnrlr~ hnmnnn~.
\'IR(HLJO

«tal de este sistcrrn, &lt;le ideas es el abatimiento de los «noble,»
•pur los «,·ilfanos,» el rencor del aplastado contrn el fuerte. La avaluación
«de :-;u propio ('atidcr no es ::;ino la eonsceuencia.. Por una especie de rc1&lt;vuelta, tlcC'hu·&lt;111&lt;.lo malos á los fuertes, los débiles llegan á c:onsiderarSt•
&lt;buenos De allí en ,ulel:mte l,1 mald,ul será el defecto intrínseco de la
«fu&lt;'rna, de ht potencia insolente y brutal, en tanto que 1:1 debilidad y la
&gt;tlecrcpitrnl se convierten en signos de J,ondad .»

1

De estns cuncep&lt;'iones abstrnsas y desequilibradas, parte :--ictischcparn
fulmin;:11· lu.1 rayos de ::;u cólera contra. el cristianismo, la doctrina consola'10ra de los humildes. «El cristianismo h:t sido el primero, dice, que se
ha atre,·i&lt;lo :í enunciar la pretensión de una igualdad absoluta de todos
orntc Dio:-:, y con e¡;to mismo ha dado á los esclavos el valor de alzarse contn.t ~u:; amo:-;. E8ta. idea de la igualdad &lt;le todos, desprendida. &lt;le su r;.¡zón
teológiea, snbsistc en los partidos políticos eontempor,(neos cdiJkados sobre
el mlio, sobre todo en los socialistas, que han heredado toda l,c hostilidad
qnc el cristianismo ha in,·cntatlo to11tra la. vida y la fuerza, negando la 11:g:itimicL-1.&lt;l de una jerarquía social .&gt;l
Los mismoR comcntadore:; y C'Ontinuadorcs de Xictz.schc han debido ret·ono(·er en mucha,.; de sus cont'irn~ioncs extremas una gran dosis de ene.-1¡,ricliamicnto en el desarrollo á outra11ce de cie,tos principios que sólo po&lt;lfo11 aplica.rf-e á determinada l'ategúría de relaciones, y esto lo hacía llegar
,¡ ser contradietorio . De todos mo&lt;los su falsa geneo!ogia de la moral es
mm evidencia del punto extremo á que llegaron las negaciones pesimistas
&lt;·nlrente á un estado social prnpicio ,¡ tales elucubraciones.
Pero por este otrn aspecto del problema se ha reaccionado y tarnLién se evoluciona.. Nos enc:aminnmos á una doctrina filosófica más conforme á, la
naturaleza hunrn11a: más sjmpliRta. y rerdadera en el sentido, de i::er la ex-

•
•

'

UAHZA.

�-,\h, Rrñor, Rcñor-dij('-('uánt:u•;
ya que de mi IX'·"ªr hube apurado
la amargura homieicla de las heees,

Ycl-r,..i

un rincón anhelé donde olvidado
pudiese n.handonarmc á e:;c misterio
,•11 que Re envuelve todo lo inviolado.

Y pue:-- nq\Ú C!-iloy ya, hajo tu imperio.
l·~danme ese refugio tus favores.
.\llí como en &lt;:'&lt;:m!-itante cnntivel'in,

NIRVANA

, ,in u-mor al \mllil'io y sin temores
:í ht incli~·reta ri\faó&lt;l que inmola
la dukr obscuridad ron sus fulgores,

De imvroYiw un fulgor, en que los rojo~
i\e todo:-- lo~ matiee&amp; irradiaban,
1·lm ~ns fü•ehai, &lt;le luz hirió mis ojos.

desparrc,icndo iré como la ola
que en apartada orilla mansamcnt-·
,·icne á morir desfallecida y sola!-

~o ih,t yo solu en la a:::ccnsi6n: li&lt;liahin
por ah-anzar también la última esfern,
multitudes sin c·uento que manaban

Y la divina Potestad:-No intente,
arguyome, tu vana fantasía
h:11lar &lt;leleite en el no ser. La fuente

rlc p,'1.voros.'l:; t:1imas en que impera
arcano afrrrador. Amplia y ohscura
•·uen('a al,itlrnal yu Yi, qnc e&lt;'hando Im•r:1

&lt;le\ gow no eslí nhl, tílznte y ffa

t•n pcrrnnl'i-:: oleadas dcn&amp;l harturu

,·n esb nueva faz de la existencia,
hoy tan riente c-tml fué la otra impía.

tle espantable~ espectros, invadía
1•,m RU l'Opio~i emanación, la altura.
-A dónde, á dónde vuy?-el alma mía
..Jamó con inquietud. Pausado acento
,le no cseuehada voz, que parC'Cía
,~merger de ignorado apartamiento,
me conk,tó. (¿Suma de la penosa
quejumhn• general fué aqurl lamenton

.-\~í expu~o la roz:-En pn'Suro~a
,·arrcra n\:-1 hada la cumbre erguida

do se kvanta firme y podrroi:-a
la tlit•stra tll'l Keñor.-Pero fo, vida'!
interpclé.-La vida! quién ht inrn,·a
,·uandn qmsló tan lejos la partida!
Todo lo (·omprcndí. l,uégo mi lxx·n
\'omp1mgidas plegarias, fü.•rna~ })l'l\('l':-;,
tan l'-Olo turo L'll :-1u impm·iencia lo('&lt;l.

•

'.\las yo:-Scñor, interrumpí, la e~t"rn·in
,le aquel primer aliento murió, es hrnl,· .
('ansado viador, ,i tu presencia

la paz vengo ,í ¡wdir, quede el alarde
¡,ara· aquel cuya vida fuera cuna
,le ricos frutos y sus dones guarde .

1

Y ~¡ la. veheme1wia ele mis ruego~, rnrn
11icbla me rodeó, diúfan" y fina,
pero clcspués m,ís que l,i noche brun~.

1

.\quí, me dije, aquí todo combinn
al augusto silcnc·io que yo imploro:
la soñada ventura :-1c avecina..-

f

Lejos del mundanal, férvido coro,
('ttando ya llcoOni1.aha. mi CBperan1.:1.
(·rm qué fruición goc-é de aquel te.-..:nro!

�lJ
.\1go gritó á mi oído:-Avanza.! arnnza !
Y t.m un nirYamt plácido y sereno,
111 0 hunclí 1 tranq_uila ya mi ronfi:rnz:1.

••

Pcru !.te aquí y_uc profanando el ,;mo
de 1n fnscura inipenetrable, vino
uu resplandor inesperado, pleno

••

dP ,·i\'a clari&lt;lad. Ern el prístino
ruego &lt;Id ,timo ,so\ qnc por mi pncrtu
:iti:,haba. ron su ojo enrarnadino.

EN LA MUERTE DE UN PERRO
He perdido recientemente un pequeño bull-dog. Acababa de cumplir
el sext-0 mes de sn breve existencia. No tuvo historia. Sus ojos inteligentes se abrieron para mirar el mundo y para amará los hombres; luégo
se cerraron sobre los secretos injustos de la muerte.
El amigo que me lo había obsequiado le &lt;lió, tal vez por antífrasis, el
nombre imprevisto de Pe/leas. " lPor qué lo habría yo desbautizado? lUn
pobre perro amante, abnegado y leal, deshonra acaso el nombre de un homhre ó el de un héroe imaginario?
Pe/leas tenfa tmu gran frente arqueada y podcro&amp;~, semejante á la de
::lócrates 6 á la de Verlaine; y bajo una pequeña nariz, negra y contraída ,
,le afirmación descontenta, las grandes mejillas simétricas y colgantes convertían su cabeza en una especie de amenaza maciza y obstinada , pensatiy triangular. Era bello como un bello monstruo natural que se ajusta
estrictamente á las leyes de su especie. iY qué sonri&amp;~ de disciplina aten-

-..-\ n&lt;la., mortal, levántate, de~piert.a ! nt'Í oirlc en voz cnfureeida.
Y yo:-Ticnc~ razón, la lucha nhiel't:i

me impele á ]JroBcguir l:1 interrumpirla
rnarl'lm . No nuÍf:ói quietud , bai,:.tu dl~ ealm;1.
Y ioh, la vicb-111&lt;' quejé-la l"inn 1

Y aquel sueño de paz evocó el ,11 ma !

rowrnATO LOZANO.

"ª

'

•

ta, &lt;le inocencia incorn1ptible, de sumisión afcctnosa., de reconocimiento
sin límites y dé abandono total iluminaba, á la más leve caricia, aquella
adorable máscara de fealdad I lDe dónde emanaba,'exactamente, esa sonrisa? ¿De los ojos ingenuos y enternecidos? ¿De las orejas atentas á las
p,tlabras del hombre? ¿De la frente que se desarrugaba para comprender
y amar; de los cuatro dientes minúsculos, blancos y desbordantes, que destellaban alegría eutre los labios negros; ó del muñón de cola que, arqueado bruscamente según la costumbre de la especie, se deshacía, al otro extremo, en esfuerzos por manifestar la íntima y apasionada alegrfa que llenaba ,i la pc,queña criaturn al sentir una voz más la mano y la mirada del
,lios de sus afectos?
Pe/leas había nacido en París y yo lo había llevado al campo. Sus
gruesas patas informes, mal consolidadas atín, llevaban l&gt;landamente por
los senderos inexplorados de su nueva existencia la cabeza enorme y graw,
l'l1ata y como recargada de pensamientos.
Era que empezaba, esa cabeza ingrata y un p-OCO triste, semejante á In
de un niño surmené, el trabajo abrumador que oprime todos los cerebros a1
principio de la vida. Era preciso, en cinco ó seis semanas, introducir y
organizar en ella una representación y una concepción satisfact-0ria del
•

Alusión al drama de ).(adcrliuck Pel/eas et Melisande.
NOTA DEL TRADUCTOR.

1

�14
Universo.

REVISTA COXTEMPOR.{~'EA

fü,nsTA COXTE'1PORÁNEA

El hombre, auxiliado de toda la ciencia de sns hermanos y de

:=;us mayores, emplea treinta ó cuarenta. años en bosquejar esa concepción,
ó más bien en aglomerar en torno de ella, como en redor ele un palacio ele
nubes, la consciencia de una ignorancia que se cle'rn. Pero el humilde perro tiene que constituí ria por sí solo en escasos días; y sin embargo, á lo~
ojos de un dios que lo supiera todo, no tendría el mismo peso, el mismo
v'11or que los conceptos nuestros? ..... .
Se trataba, pues, de estudiar 1'1 tierra, que se puede escarbar y &amp;raiiar
y que, á veces, oculta cosas sorprendentes : gus.mos y lombrices, topos y
mus'1rañas; se trataba de lanzar al ciclo-que no ofrece interés, puesto que
allí nada es comestible-una mirada para suprimirlo una vez por todas;
ele reconocer la yerba, la yerba admirable y verde, la yerba elástica y fresc·a, estadio de carreras y de juegos, lecho benévolo y sin límites, donde se
oculta el chicndent útil para la salud. Se trataba aún de registrar en con-·
lnsión, millares de observaciones ur¡;entes y curiosas. Había, por ejemplo, que aprenderá calcular, sin otra guía que el dolor, la elevación de los
objetos de cuya altura es posible fanzarse al vacío; convencerse ele que es
inútil perseguir á los p,íjaros que lcrnntan el vuelo y de que no se puede
trepará los árboles para cogerá los gatos insultantes; clistingnir los lugares asoleados, donde el sueño es delicioso, de los rincones de sombra dond&lt;·
se tirita pronto : notar con estupefacción que fa lluvi,i no cae en las habitaciones, que el agua es fría, inhabitable y peligrosa, en tanto que el fue~'◊ es benéfico á distancia, pero terrible de cerca; observar que en las praderas, en los cortijos y á veces en los caminos, se suelen encontrar gigantescas criaturas dotadas de cuernos amenazantes, monstruos tal ,·ez indulgentes, en todo caso silenciosos, á quienes se puede olfatear indiscrctamenfr
:-;in que parezcan tomarlo á mal, pero cuya íntima inteneión no se conoce;
descubrir, en pos de experiencias humillantes y penosas, que no es J)Crmi,
tido obedecer indistintamente á todas las leyes de la naturaleza en la morada de los dioses; reconocer que la cocina es el lugar privilegiado y el má.,
grato do esa morada tlivina, aunque no se puede permanecer en él á causa
de la cocinera, potencia considerable y celosa; cerciorarse de que las puer
kts son voluntades importantes y caprichosas, que algunas veces conducen
:i la felicidad, pero que con la mayor frecuencia, herméticamente cerradas,
mudas y rígidas, altivas y despiadadas, permanecen sordas á tocfa súplica;
0

admitir, una vez por todas, que los bienes esenciales de la existencia, sni:&lt;licbas incontcstables, generalmente aprisionados en las marmitas y cacerolas, son inaccesibles: saberlos mirar con una indiferencia laboriosmnenh·
adquirida, ejercitarse en ignorarlos diciSndose :í sí mismo qne aquellos son,
seguramente, objetos sagrados, puesto que basta. tocarlos con la punta d,·

nna Jcngua respetuosa p'.:lra desencadenar mágicamente la cólera umí1ümr

••

15

,lormir; de los platos y las fuentes que no contienen nada cuando se os
confían por último, ele la lámpam que ahuyenta las tinieblas y del hoga1·
que reanima los días fríos? . .. iCuántas órdenes, cuántos peligros, cuántas
prohibiciones, cuántos enigmas que es necesario clasificar en la memori:t
recargada! ... Y cómo conciliar todo eso con otras leyes, otros enigmas más
vastos é imperiosos que se llevan consigo, en el instinto, que surgen y se
desarrollan de hora en hora, que proceden del fondo del tiempo y de la
raza; que invaden la sangre, los músculos y los nervios y que se hacen
sentir repentinos, más irresistibles y potentes que el dolor, y que la orden
del amo y que el temor mismo de la muerte! Así, para citar sólo m1
ejemplo, cuando llega la hora del sueño para los hombres, es la hora de retirarse al cubil circundado ele tinieblas, de silencio, en la soledad formidable de la noche . En la casa del amo todo duerme. Se siente uno muy
pc.-queño y muy débil en presencia del misterio. Se sabe que la sombra
está poblada de enemigos que se deslizan y esperan . Son sospechosos lo&amp;
árboles, el viento, los rayos de la luna. !Cuán grato sería ocultarse, hacerse olvidar de todos y de todo conteniendo el aliento! Pero hay que velar; hay, al menor ruiclo, que salir del escondrijo, afrontar lo invisible y
turbar bruscamente el silencio majestuoso de las estrellas, á riesgo de
atraerse la desdicha, de cMr bajo la venganza del criminal. Sea cual fuere el enemigo, aun cuando sea un hombre, es decir, el hermano mismo del
clius á quien se debe defender, hay que atacarlo ciegamente, saltarle al cuello, clavar los dientes, tal vez sacrílegos, en la carne humana, olvidar los
prestigios de una mano y una voz semejantes á las del amo, no callar, no
huír, no dejarse tentar ni corromper, y perdido en la noche, sin socorro,
prolongar heroicamente el alarma hasta el último suspiro.
He aquí el gran deber legado por los antepasados , el deber esencial ,r
más fuerte que la muerte, el deber que la voluntad misma y la cólera del
hombre no pueden desvirtuar. Es toda nuestra humilde historia unida ,í
la del perro en nuestras primeras luchas contra todo en derredor; toda es,1
historia, humilde y tenebrosa, la que renace cada noche en la memoria
primitiva de nuestro amigo de los malos días. Y cu:mdo, seguros, en
nuestras moradas actuales, sucede que castigamos su celo intempestivo, él
nos dirige 1ma mirada de reproche y de asombro, como para decirnos que
estamos en tm error, y que si nosotros perdemos de vista la cláusula capital del pacto de alianza que él celebrara con nosotros en el tiempo en qu(•
l1abitábamos las cavernas, las florestas y los juncales, él permanece por sn
parte fiel á esa cláusula á pesar nuestro, y est.'Í por consiguiente más cerca
&lt;l.e la verdad eterna de la vida, que está llena de emboscadas y de fuerzas
hostiles.

de los dioses de la casa ..... .

Y luégo, ¿qué pensar ele la mesa, sobre la cual suceden tantas cosas
que e.s imposible adivinar; de los sillones irónicos, donde está prohibido

¡ Pero cuántos cuidados y estudios para llegar al cumplimiento exacto
de aquel deber! ¡y cómo se ha complicado el deber mismo á partir del
tiempo silencioso de las grutas y de los grandes lagos desiertos! i Jrra tan
sencillo entonces, tan claro y tan fácil! El antro solitario se abría en el

�¡r,

HE\'b'TA Co.xTElr POR.{1"EA

llaneo de un monte y todo lo que se acercaba, lo que surgía en el horizonte de los bosques ó de las llanuras, ('l'U el enemigo indudable! .... Pero hoy
11ada hay seguro . .. .es ncresario ponerse al corriente de una civili1.~ción qul'
se desaprueba, haciendo cara de comprender mil cosas incomprensibles ....
Así, resulta eridente que el mundo no le pertenece ya al amo, que su
propiedad admite límites incx¡)Heablc, .... Tcncmos, por tanto, que saber
úónde cmpie1.:1 y dónde acaba exactamente el dominio sagrado . i,Quó s,'
&lt;lebe tolerar? lQué se debe prohibir?- He aquí el camino por dond0 lü&lt;los, hasta los pohres, tienen derecho de pasar. lPor qué?- ~ndie lo s:ibc;
es un hecho que se deplora pero que hay que aceptar. Felizmente está,
en cambio, el sendero, el bello sendero privado· que nadie puede hollar;
('Se sendero permanece fiel á las tradiciones sanas; importa no perderlo dl'
,·ista; por ese sendero justamente entran en la existencia los problemas diHciles. lQueréis un cjemplo?- Duermc uno tranqu.ibmentc bajo un rayo
de sol que orla de perlas inquietas, juguetonas, el dintel de la cocina. l.-0s
tarros de porcelana se divierten, dándose empellones al borde ele las mesitas guarnecidas de encajes de papel. Las cacerolas de cobre compiten despidiendo resplandores sobre los mmos blancos y liscs. La hornilla materna.! canturrea dulcemente, arrullando tres marmitas que hierven beatíficamente, y del hueco que le ilumina el vientre, sale con un gesto, burlón
para el buen perro, una lengua de fuego. El reloj, fastidiándose en su armario de encina, mientras llega la hora augusta de la comida, haM ondu lar su gran ombligo dorado y las moscas tenaces zumban con insistencia en
redor de las orejas . Sobre fa mesa reluciente reposan un pollo, una liebre,
tres perdices, al lado de otras cosas que se llaman frutas y legumbres: ar\'ejas, judías, melones, uvas, y que de nada sirven. La cocinera abre un
gran pez plateado y arroja las entrañas ( 1en vez de brindárselas! ) en la
,·esta de las basuras. Ah I la cesta de las basuras! tescrn inagotable, re&lt;'Cptáculo de gangas, joya ele la casa! Se obtendrá su parte de ella, exqui-

:-;ita y subrepticia, pero conviene no aparentar que se sepa. ni siquiera. en
&lt;lónde se halla. Está prohibido estrictamente escarbar en es.~ cesta precioEl hombre prohibe así muchas cosas agradables, y la vida sería triste
y los días pasarían monótonos si se hubieran de obedecer todos los mandatos de la repostería, del sótano y del comedor. Por fortuna, el hombre se
,listrae y olvida las órdenes mismas que prodiga. Se logra engañarle Ucilrnente. Se alcanza lo que se quiere con tal de saber esperar pacientemente la hora. Hay que someterse al hombre y él es el dios único; pero no
por eso se echa en olvido la moral personal, precisa, imperturbable, que
proclama altamente el hecho de que los actos prohibidos se hacen lícito•
úesde que se ejecuten sin que lo sepa el amo. Cerremos, por tanto, el ojo
atento. Finjamos dormir scñan&lt;lo con la hma.-Hola! golpean suavemente en la ventana azul que da sobre el jardín.-¿Qué será?-Nada; !:t
rama de w1 árbol que se a.'lOma á ver lo que pasa en la cocina- los árboles
son curiosos y frecuentemente se agitan; pero no cuentan, no hay qué &lt;lcl'irles, son irresponsables, obedecen al viento, que carece de principios.Pero oigo pascs- ¿qué es esto? i En pie, la oreja lista y la nariz en acción!
,;a.

17
.... No. Es el panadero que se acerca á la verja al mismo tiempo que el
cartero abre una pequeña puerta en la avenida ele los tilos. Son conocidos: está bien .... Traen algo; se les puede saludar; y la cola, circw1specta,
se agita dos 6 tres veces con aire protector-!Pero alerta! lQué ocurre?
-Un carruaje pára ante la puerta principal. Esto es más grave! .... El
problema es complejo- Hay, ante todo, que injuriar copiosamente á los
caballos, grandes bestias orgullosas, siempre sudorientas y empenachadas
y que nunca responden. Entretanto, se examina con el rabo del ojo á los
que bajan del coche. Van bien vestidos y pare&lt;'en seguros de sí mismos.
Probablemente van á sentarse á la mesa de los dioses. Conviene ladrar
sin acritud, con un matiz de respeto, para probar que se cumple el deber,
pero que se le sabe cumplir. Con todo, subsiste una vaga sospecha, y á
espaldas de los huéspedes, disimuladamente, se ollatca el aire con perseverancia parn descubrir cualquier intención oculta.

Pero se oyen de pronto unos pasos que cojean por los lados de la cocina. Ahora es un pobre con su mochila á cuestas; el enemigo esencial, el
enemigo específico, el enemigo hereditario, descendiente directo de aquellos que rondaban en torno de la caverna llena de osamentas y que de
pronto resurge en la memoria &lt;le la raza. Ebrio de cólera, con el ladrido
entrecortado, los dientes multiplic:,dos por la rabia y el odio, vamos á agarrar los talones del irreconciliable aclversai·io, cuando la cocinera, armada
de su escoba, cetro nncilar y perjuro, viene á proteger al traidor; y hay,
entonces, que refugiarse en el cubil, llenos los ojos de llamas impotentes y
torvas, gruflendo maldiciones terribles pero vanas, pensando para sí que
todo ha terminado, que ya no hay leyes y que los hombres han perdido las
nociones de lo justo y de lo injusto ....
Pero, lno es más que esto?-Todavía no. La vida más pequefia se
compone de innumerables deberes, y se requiere una larga labor para organizarse una existencia feliz en fa frontera de dos mundos tan diferentes
entre sí como el mundo de las bestias y el mundo de los hombres . lCuál
sería nuestra conducta si tuviéramos que servir, sin salirnos de nuestra esfera, á una divinidad, no imaginaria y semejante á nosotros mismos, como
que ha brotado de nuestros pensamientos, sino á un dios visible á todas
horas, presente siempre, activo y tan superior á nuestro sér romo somos
nosotros de superiores al perro?

Ahora, para volver á Pelleas, ya él sabe aproxin1adamente lo que hay
que hacer y cómo se debe conducir en el recinto del amo. Pero el mundo
no se acaba eu las puertas de las casas, y al otro lado de los muros y del
seto hay un universo cuya vigilancia no esta á nuestro cargo, donde no se
está ya en casa, donde las nociones familiares cambian de carácter. lDe

�18

REVISTA CONTE:lfPORÁNEA
REVISTA CONTEMPORÁNEA

qué modo se debe manejar llllO en la calle, en los campos, en el mercado,
en las tiendas? Después ele observaciones difíciles y delicadas se viene ,í
comprender que no es correcto obedecer á la llamada de los extraños, que
basta ser fríamente cortés con los desconocidos que os acarician. Luégo
hay que cumplir ciertos deberes de misteriosa cortesía con los hermanos de
de casta, los demás perros, respetar las gallinas y los patos, darse aires de
no haber notado las golosinas del pastelero, insolentemente ostentosas y al
alcance del hocico, manifestará los gatos, que en el umbral de las puertas
os provocan c:on sus muecas atroces, un desprecio silencioso pero activo y
no olvidar que es lícito y :nm plausible perseguir y cxtrangular los ratones,
las ratas, los conejos salrnjes y en general todos los animales-y hay que
¡:cconocerlo por señales scl'l'etas--que no h,m celebrado la paz con el hombre.

Todo eso y i cuántas cosas más! . . . . . ,¿Será extraño que Pe/leas pareciera con frecuencia pensativo en presencia de estos problemas innumembles y que su dulce y humilde mirada se tornara á veces tan greve y tan
profunda, tan llena de cuidados y de preguntas ilegibles? ...
i Ah! no tuvo tiempo para concluir la pesada y larga tarea que la naturaleza les impone á los instintos cuando quieren ascender hacia 1'égiones
más claras; .. .. un mal misterioso y que parece azotar de preferencia al
único animal que ha. logrado salir del círculo en que nació, un mal indefinido que se lleva ,í los perros pequeños por centenares, vino á poner fin á
los destinos y á la educación de Pe/leas. Le ví, durante dos ó tres días,
vacilru1do yá, trágicamente, bajo el enorme peso de la muerte, regocijarsQ
aún ~t la menor caricia . . . . Y ahora, tántos esfuerzos hacia un poco más
de luz, tánto ardor para amar, tánto valor para comprender, tánta alegría
afectuosa, tiintas dulces mira.das de abnegación, que se volvían al hombre
pidiéndole auxilio contra sus injustos é inexplicables dolores, tántas frágiles luces que surgían de los abismos de un mundo que no es el nuestro,
tántas pequeñas costumbres casi humanas, reposan tristemente bajo un
grande árbol y en la tierra fría, á la extremidad de un jardín.

El hombre ama al perro, pero cuánto más lo amaría si comprendiera
lo excepcional, en el conjunto de las leyes inflexibles de la naturaleza, de
ese nmor que ]ogra, para acercarse á nosotros, frunquear las barreras, por
todas partes infranqueables, que separan las especies! Estamos solos, absolutamente solos, en este planeta del azar, y entre todas las formas de la
sida que nos rodean, no hay una, aparte el perro, que hay:1 hecho alian"ª con nosotros. De los seres animados, algunos nos temen, la mayor
p:ute nos ignoran y ninguno nos ama. Tenemos en el mm1do de las plantas esclavos mudos é inmóviles, pero nos sirven á pesar de sí mismos . Soportan simplemente nuestra ley y nuestro yugo. Son prisioneras impoten-

rn

tes, víctimas incapaces de hufr, pero silenciosamente rebeldes, y apenas las
liemos perdido de vista se apresuran á traicionarnos y vuelven á su libc1·tad primitiva, maléfica y salvaje . Si tuvieran alas, el trigo y la rosa volarían, huyendo de nosotros como los pájaros al acercarnos . Entre los animales, contamos con algunos servidores que sólo se nos han sometido por
indiferencia, por cobardía ó por estupidez: el caballo, inseguro y poltrón,
que obedece al dolor sin apegarse á nadie; el asno, pasivo y callado, que
sólo permanece á nuestro lacloporque no sabe qué hacer niá dónde ir, pero que conserva, no obstante, bajo la albarda, su secreto pensamiento; la
rnca y el buey, felices mientras comen y dóciles porque no tienen desde
siglos atrás una sola idea propia; el carnero, esquivo, sin más gobierno
que el temor; la gallina, fiel á nuestros patios porque en ellos encuentra
más abundante grano que en el bosque. No hablo del gato, para quien somos simplemente una presa demasiado grande, imposible de comer, del
gato feroz, cuyo desdén oblicuo nos tolera simplemente, á título de parásitos o~turbosos, en nuestra propia vivienda. El, al menos, nos maldice en
su corazón misterioso; pero todos log demás viven cerca de nosotros como
podrían vivir al lado de las rocas y de los ,irboles. No nos aman, no nos
&lt;.·onocen, nos perciben apenas. Ignoran nuestra vida, nuestra mueite,
nuestra partida, nuestro regreso, nuestra tristeza, nuestra alegría, nuestra
sonrisa. No escuchan tan siquiera el sonido de nuestra voz, desde que no
amanece, y si nos miran es con el ojo asustado del caballo, aquel ojo en el
que hay algo del enloquecimiento de la gacela ó del antílope que nos ve
por ves primera, 6 con aquel estupor incoloro de los rumiantes que no ven
en nosotros sino un accidente inútil y pasajero de la dehesa.

••

4'9

•

Hace millares de años que están á nuestro lado, tau extraños á nuestros pensamientos, á nuestros afectos, á nuestras costumbres, como si hubieran caído ayer no más, del más alejado de los astros, sobre nuestro globo.
En el espacio sin límites que separa al hombre de todos los demás seres,
no hemos conseguido hacerles dar, á fuerza de paciencia, sino dos ó tres
pasos ilusorios, y si mañana, dejando intactos sus sentimientos para con
nosotros, la naturaleza les diera la inteligencia y las armas necesarias para
vencernos, confieso que yo, por mi parte, temería la venganza turbulenta
del caballo, las represalias obstinadas del asno y el rencor rabioso del carnero. Huirfa del gato como de un tigre, y a.un la vaca, la buena vaca, solemne y soñolienta, sólo me inspiraría una confianza mediana. En cuanto
:i la galliua., con su ojo veloz y redondo, siempre en busca de gusanos, estoy seguro de que me devoraría sin piedad .

Ahora, en medio de esa indiferencia y esa incomprensión total en
que permanece todo lo que nos rodea, en ese mundo incomunicable, en el

�20

~ A ÜONTEMPORÁNEA

que cada cosa tiene su objeto herméticamente encerrado en sí misma, en el
que todos los destinos están circunscritos en sí mismos, en el que no hay,
entre 108 seres, otras relaciones que las del verdugo con la víctima, en el
que no hay nada que sea &lt;'.a.paz de salir de una esfera cerrada, en el que
sólo la muerte establece su cruel relación de catl88. á efecto entre las distintas existencias, en el que nunca se ha dado un salto consciente de simpatía de una á otra especie, solo, entre todo lo que alienta sobre la tierra, ha
logrado un animal romper el círculo fatídico, evadirse de sí mismo para
lanzarse hacia nosotros, franquear definitivamente la enorme wna de tinieblas, de hielo y de silencio, que aisla las categorías de existencia, en el
plan ininteligible de la naturaleza. F.se animal, nuestro buen perro familiar, por sencilla· y por poco asombrosa que nos parezca hoy su ha:zai'ia, al
acercarse tan sensiblemente á un mundo en el que no había nacido, y pa·
ra el que no estaba destinado, ha realizado uno de los actos más insólitos
y más inverosímiles que registren los anales generales de la vida. ¿Cuándo tuvo lugar ese reconocimiento del hombre por la bestia? ¿Cuándo se
efectuó ese paso extraordinario de las sombras á la luz? ¿Fuimos nosotros quienes buscámos al lebrel, al moloso, entre los lobos y los chacales,
ó fueron ellos los que vinieron espontáneamente hacia nosotros? No lo
sabemos. A donde quiera que se extienden los anales humanos, hasta 108
más remotos tiempos, hallamos al perro, como hoy, á nuestro lado. ¿Pero, qué son los anales humanos en comparación de los tiempos ignotos, de
los que no nos queda testimonio? Sea como fuere, le hallamos en las moradas del hombre desde hace tanto, tan en su puesto, tan completamente
adaptado á nuestras costumbres como si hubiera brotado sobre la tierra
conforme es hoy y al mismo tiempo que nosotros. No hemos tenido que
adquirir su confian:za ni su amistad; nace amigo nuestro; con los ojos aún
cerrados, cree ya en nosotros, desde antes de nacer se ha dado al hombre.
Pero la palabra Mnigo no pinta exactamente su culto afect\1080. Nos ama
y nos venera como si le hubiéramos sacado de la nada. EB, ante todo,
nuestra criatura llena de gratitud, más abnegada que la pupila de nueetroe ojos. Es nuestro esclavo fntimo y apasionado, á quien nada desalienta, á. quien nada retrae, cuya fe ardiente y cuyo amor no altera nada. Ha resuelto de una manera admirable y conmovedora el problema terrible que tocaría resolver á la naturaleza humana si una
rara divina invadiera nuestro globo. Ha reconocido leal, religiosamente, de una manera irrevocable, la superioridad humana, y se ha enÚ'egado
al hombre en cuerpo y alma, sin segunda inten~i6n, reservándose de su
independencia, de 8U8 instintos y de su carácter, únicamente aquella porción indispensable para continuar la vida prescrita á su especie por la naturaleza. Con una certeza, una desenvoltura y una sencillez que nos sorprende un tanto, ju.rpndonoe los mejores y loe más poderoaos en todo lo
que euete, hace traición para provecho nuestro, á todo el reino animal, al
que pertenece, y reniega sin escrúpulo su raza, sus semejantes, su madre
y aua BUS hijos.

REVISTA ÜONTEMPOBÁNEA

21

Pero no solamente nos ama en su consciencia y en su inteligencia; es
el instinto de su raza, todo el pasado inconsciente de su especie, según parece, el que se ha dedfoado á pensar en nosotros y en la manera de servirnos. Para hacerlo mejor, para adaptarse mejor á nuestras diversas necesidades, ha asumido todas las formas y acertado á modificar hasta el infinito las facultades, las aptitudes que pone á nuestro servicio. ¿Se trata de
ayudamos á perseguir la ca:za en las llanuras? Sus piernas se alargan desmesuradamente, su hocico se adelgaza, se ensanchan sus pulmones y se
hace más rápido que el ciervo. ¿Se oculta nuestra presa bajo el bosque?
El genio dócil de la especie, anticipándose á nuestros deseos, nos brinda el
zarcero, especie de serpiente casi ápoda, que se deslir.a bajo las más tupidas maler.as. ¿Le pedimos que condur.ca los rebafios? El mismo genio
complaciente le concede el tamafio, la inteligencia, la energfa y la vigilancia. requeridas. ¿Le destinamos á guardar y defender nuestra morada?
Su cabeza se abulta y se.hace monstruosa, para que sea su maxilar más poderoso y temible. ¿Descendemos hacia -el Sur con él? Su pelaje se hace
menos tupido y menos largo para acompaflamos fielmente bajó los rayos
de un sol más cálido. Uscendemos al Norte? Sus patas se toman más
anchas para hollar mejor la nieve, su pelaje se espesa para no tener que
abandonamos por el frío. ¿Le destinamos tan sólo á nuestros juegos, para divertir b. ociocidad de nuestras miradas, para adornar y animar nuestra vivienda? Reviste una gracia y una elegancia soberanas, se vuelve
más pequefio que una mufieca para dormirse sobre nuestras rodillas cerca
del fuego, y consiente todavía, si lo exigen nuestros ca richos, en parecer
un tanto ridículo para complacemos.
No se encuentra, en el inmenso crisol de la naturalem, un sér que
haya revelado igual docilidad, una abundancia t.an grande de formas, una
facilidad tan prodigiosa de adaptación á nuestros deseos, porque en el
mundo que conocemos, entre los genios de la vida, diversos y primitivos,
que presiden la evoluci6n de las especies, rio hay uno solo que haya tenido presente la existencia del hombre.
·
Se dirá tal vez que hemos sabido transformar casi en la misma extensi6n algunos de los animales domésticos: las gallinas y las palomas, los
patos y los conejos, por ejemplo. Sí; tal vez, aunque eeaa transformaciones no puedan compararse á las del perro y el género de servicios que nos
prestan 8808 ·animales pe~nece, por decirlo así, invariable. En todo
caso, que sea esta impreei6n puramente imaginaria ó que responda á una
realidad, echamos de menos, en estas transformaciones, la buena voluntad
inagotable y previsora, el mismo amor exclusivo y sagaz. Por lo demás,
es perfectamente probable que el perro, ó más bien, el genio inaccesible de
su raza, no nos tiene en cuenta para nada y que somos nosotros, sencillamente, quienes hemos sabido sacar partido de las divel'888 aptitudes que
nos brindan los azares numel'0808 de la vida. No importa. Como nada
sabemos del fondo de las cosas, es preciso que nos atengamos á las aparien- ·

�22

REVISTA CoNTF;MPORÁNEA

cías y es dulce repetir que-al menos en apariencia-hay en este planeta,
en el que estamos solitarios como reyes desposeídos, nn sér que nos ama.

r

Y sea lo que fuere de las apariencias, no es menos cierto que en el
conjunto de las criaturas vivientes provistas ele derechos, de deberes, que
tienen una misión y un destino, el perro es un animal realmente privilegiado. Ocupa, en este mundo, una posición única y envidiable. Es el
único sér vivo que ha encontrado y reconocido un dios indudable, tangible, irrecusable y definitivo. Sabe á quién debe sacrificar lo mejor de sí
rnismo. Sabe á quién darse por sobre sí mismo. No tiene que buscar un
poder perfecto, superior é infinito, en las tinieblas, á través de bs mentiras sucesivas, de las hipótesis y de los sueños. Ese poder está ahí, ante
él y moviéndose en su luz. El sabe los deberes supremos que nosotros ignoramos . Tiene una moral que sobrepuja todo lo que descubre en sí mismo y que puede practicar sin escrúpulo y sin miedo. Posee la verdad en
su plenitud . Tiene un ideal positivo y certero.
Así comprendo yo que, el otro día no más, antes de su enfermedad,
viera yo á mi pequeño Pe/leas, sentado al pie de mi eseritorio, con la cola
cuidadosamente vuelta sobre las patas, la cabeza un tanto inclinada para
interrogarme mejor, tranquilo y atento á la vez, como un santo en presencia de Dios. Se sentía feliz, con una dicha que tal vez no conocemos nosotros jamás, puesto que esa dicha procedía de la sonrisa, de la aprobación
de una vida incomparablemente más alta que la suya. Allí permanecía
estudiando, bebiendo mis miradas, respondiendo gravemente, como ele
igual ,í igual, para decirme sin eluda que, al menos por medio ele los ojosel órgano casi inmaterial que transforma en inteligencia afectuosa la luz de
que gozamos-se daba cuenta clara de estarme diciendo tocio lo que el
amor debe decir. Y al verlo así, joven, ardiente y leal, trayéndome, en
rierto modo, del fondo de la naturaleza infatigable, las buenas nuevas de
la vida, lleno de confianza, maravillado, como si hubiese siclo el primero
de su raza que viniera á inaugurar la tierra, en los primeros días del mundo, no podía yo menos de envidiar el regocijo de su certeza, y me decía
que el perro cuando encuentra un buen amo es más feliz, mucho más que
éste,-mucho más feliz que el hombre, cuyo destino por todas partes confina con las sombras.
MAURICIO

DIOSES MUERTOS•
Sueño con una selva lujuriosa y sombría
Donde sólo los vientos columpien el ramaje
Y donde no perturben el silencio salvaje
~Iás pasos que mis pasos, más voces que la mía.
Donde enhiestos é incólumes los troncos milenarios
Hablen de tiempos idos y de viejas edades
Cuanclo en paz con los hombres las rústicas deidades
Poblaban los augustos senderos solitarios.
Donde al conjuro mágico que lance mi deseo,
Resurja Pan bicorne, y la lira de Orfeo
Repueble con sus notas las regiones desiertas .....
Y allí, mientras se acoplan fogosos y desnudos
Con ninfas y amadríades los sátiros velludos,
Vivir quisiera un día con mis deidades muertas! ....

VIENES A MI. ...
Vienes á mí, te acercas, y te anuncias
Con tan leve rumor, que mi reposo
No turbas, y es un canto milagroso
Cada una ele las frases que pronuncias.
Vienes á mí, no tiemblas, no vacilas,
Y hay al mirarnos atracción tan fuerte,
Que lo olvidamos todo, vida y muerte,
Suspensos en la luz ele las pupilas.
Y mi vida penetras, y te siento
Tan cerca de mi propio pensamiento
Y hay en tu posesión tan honda calma,

MJETERLINCK.

Que interrogo al misterio en que me abismo
Si somos dos reflejos de un sér mismo,
La doble ene-amación de una sola alma.
ENRIQUE GONZALEZ
•

~1 libro Si/enter, próximo á pub\icarge_

MARTINEZ.

�REVISTA CoNTEMPORÁNEA

LIBERACION
Cantaba fa cerveza sus baladas de oro en los cristales de baccarat. Pulcros ganimedes corrían sólícitos ofreciendo en bandejas de plata los bocks
coronados de blanca espuma. Los buenos gourmels esperaban ansiosos
que los escanciadores descorcharan las botellas, y luego de haber trasegado
el rubio líquido-que salía cha1·latán y regocijado después de prolongada reclusión en su cárcel de vidrio-acercaban sus labios sedientos á los frágiles
bordes y de un beso goloso vaciaban el contenido. A esa boro. el bar se
poblaba de parroquianos. Después de la faena diaria, los dependientes
escapados del mostrnclor, los jefes ele oficina, empleados de la banca, funcionarios respetables, y turistas rendidos de fatiga, llegaban allí huyendo
&lt;le los rigores estivales, para regodearse el paladar con inofensivas ice cr,a,11
sodas ó con la helada bebida germánica.
Un agradable vaho de frescura parecía emanar ele! mosaico bien lavado,
ele las cubiertas de mármol, de las paredes estucadas y hasta del traje albcantc de los ~eseros. Las bujías eléctricas-bolas de alcanfor colgadas
simétricamentc--esparcían su claridad lechosa, nevada y uniforme, que
flordelisaba los rostros. Era una bien acordada sinfonía ele luces blancas,
tami,.adas, que no herían las pupilas con reflejos duros, con brillos metálicos, sino que pulían suavemente las superficies ásperas, las aristas rebeldes, y
apagaban con una blanda caricia los fugaces relámpagos de las miradas.
Hasta los cuadros que decoraban los muros se resentían de esta invasión ele
matices cándidos y semejaban paisajes polares . En el ambiente saturado
de alegría serena, de luz apacible, se sentía refrescarse el cuerpo como en un
baño delicioso, y, producto ele ese gozo físico en que naufrag:iban las tristews, brotab,i la charla amena, discreta, agradable, á veces galante, que se
iba trenzando amigablemente entre los concurrentes.
Los que desfilaban por la acera, bañados por el resplandor de la marquesina, volvían el rostro con gesto rápido y se llevaban en sus retinas la visión de un retazo de felicidad, tras las vidrieras adornadas con rojos cortinajes. Se les veía, antes de salir del abanico de luz abierto hacia la calle,
dirigir una última mirada á aquel animado cuadro flamenco, y alejarse
perseguidos por el tropel de risas frescas y sonoras, de jirones de frases, de
retintines agudos que, confundidos, iban galopando bajo la sombra.
Se adivinaba que era aquel un bar honrado, diáfano y limpio, como una
buena conciencia. Confirmaba este juicio á priori la contemplación de la
plácida faz del cantinero, que presidía desde su chasse longue repartiendo

25

pródigamente sonrisas y saludos . Un animado centro de reunión en donde se epilogaban, con paliques salpimentados de gracia y entre sorbo y sorbo, las tareas cotidianas.
Dos recién llegados se detuvieron ante la puerta de lustroso jambaje. A tma suave presión en el pestillo cedieron los batientes y dos cabezas
asomaron. Eran dos jóvenes, parecieron vacilar un segundo, pero luego avanzaron resueltamente, atmque con lentitud. Buscaban sitio. Recorrieron los frescos grupos diseminados aquí y allá, hasta encontrar asiento junto á una mesa aislada. Sobre el fondo blanco del muro se recortaban
sus dos siluetas con trazos enérgicos. En la pared frontera al esconce colgaban los aludos chambergos abollados por la distracción de un ademán.
Callaban ambos, como escuchando la voz de cierta meditación unánime .. . . .Cerca, en el testero, apuntaba la hora la enorme manecilla de un
reloj, y á su mandato, ocho campanadas robustas, ágiles, imperiosas, desfilaron con la majestad de una octava real, marchando al compás del péndulo, enorme lenteja de oro que se encendía y se apagaba rítmicamente
tras del cristal.
-¿Has oído? A estas horas me entra el miedo, me va subiendo b
inquietud con avances de manera incontenible .. .
-Ya te he dicho que son aprensiones ridículas, interrumpió el otro.
-Oyeme. (Y la mirada pensativa de sus ojos overos se clavó con insistencia en los de su interlocutor.) Yo he sido siempre así. Muchas veces
auto-dialogando, me pregunto si no será éste un caso de hiperestesia, de
teratología psíquica. Me he observado, me he convertido en espía de mí
mismo, he penetrado á esa misteriosa Thulé del corazón, me he cletcnido
á la orilla de todos los remansos de mi espíritu, esperando sorprender el
monstruo que ha de surgir ele las aguas azules y tranquilas, pero todo en
vano. Nada hay extraño en nú, nada anormal.
-¿Entonces .?
-Qu~ tengo miedo á la tiniebla, porque mientras duermo estoy despierto, es decir, mientras mi cuerpo reposa, mi alma queda en vela. Al cerrar
los ojos me traslado á mi mundo particular, de uso exclusivo. Porque en
vigilia todos alentamos en m1 mundo común, en el que nos codeamos democráticamente, en el que hay que soportar impresiones desagradables,
transigir con todo, mentir á toda hora por miedo á la tiranía social, refrenar nuestros líricos impulsos y someterlos á camisa de fuerza, ir cercenando al cristal de la voluntad hoy una arista, mañana otra, hasta dejarlo deforme, mutilado, poliédrico, propio para quebrar todos los rayos, pero incapaz para concentrarlos en un foco de fuerza viva. Somos esclavos de fa
costumbre que nos automatiza, de la moda que nos castiga con volubilidad
de mujer caprichosa; esclavos del vecipo que nos observa, del amigo que
JlOS solicita, del acreedor que nos importuna, de la necesidad que nos obliga á trabajar contrariando nuestros gustos y tendencias, del mercader, del
hortera, del automedonte, de los voceadores de periódicos, del superior, de
todos los que se nos echan encima obligándonos á verlos, á oírlos y sobre
todo, á sufrirlos. En una palabra, somos esclavos de la sociedad. El,

�REVISTA Co:sTEllPOH.(~EA

26

27

RF.vtsTA CoNTEMPORÁr&lt;r:A

contrato social es una teoría de filosofía barata. Luego, y ésto es m!Í.'l desesperante aún, somc¡¡; esclavos de nosotros mismos. Cuando el alma arrebujada en las circunvoluciones cerebrales ( ¿en dónde reside el alma, s:iñores
psicólogos?) se atreve á iniciar un soliloquio, y empieza á sentir la dulce embriaguez de la propia posesión, ácleleitarse consigo misma como una bella
ante el espejo que le re,ela sus enc.1ntos,cuando empieza á devanar en su rueca
el hilo de oro del pensamiento, entonces los sentidos la llaman imperiosamente Y la sustraen á sus arrobamientos místicos . Pero en el sueño toma su
desquite, vive aparte, divorciada fomporalmente del cuerpo, que en puridad de ,erdad es un marido muy grosero y muy exigente, divorciados
también de esta sociedad idem, y deserta de la lucha innoble, se consuela
ele esta ausencia de belleza, y escapa, emprende viajes deliciosos ú países
remotos y bellos, entre gentes huenas y sabias . Para mí el sueño es tma
~peci~ de novela prolongada. Cada noche recorro un nuevo c,~pítulo, vivido mtensamente . Y es una novela con unidad de acción de lugar, de tiempo: los sueños se van enlazando lógicamente, como 1~ actividad física se reanuda á c.1dii nuevo despertar. Libre, entonces, el alma
ve en las cosns aspectos que la molesta compaliía del cuerpo Je ha impedido
dcse~brir. \'uelve ~ repasar el mundo por su cuenta, á sentirlo no por
med10 de la torpe VJbración de la carne, sino en contacto íntimo con es&lt;'t
naturaleza tan desfigurada al tru,és de los sentidos. Yo creo que la noche
se ha hecho p,u-a la reparación dinámica del organismo y para dar libertad al alma, para que se dilate, que no vaya á perder su elastieidad. ¡Dios
• 1, que• t em"ble tormento es el insomnio! , qué doloroso cautiverio!
m10.
¿Quién ha imaginado mayor suplicio que el de Hamlet? En la noche,
e~ando lo~ seres y las cosas y el color duermen, la naturaleza piensa, el
eielo medita. Allá arriba se abren mil pupilas curiosas que sondean el infinito, se saludan con la caricia de su luz apacible miríadas de mundos .
~ l alma se mece con _voluptuosidad en medio ele esa calma solemne, de esii
s1lene1o&amp;i paz del umverso pensath-o, y entabla amoro..sos parlamentos con
ht naturaleza.
Cuando niño, apenas dejaba mi buena madre sobre mi frrnte su beso
largo, s:1a,:e y callado, parecía qne mi alma recibía su ración de amor y
volaba ¡ub1losa á revolotear entre ángeles y querubes . Al despertar exclama?ª : Mamá, qué bonito es el C'ielo . Ella sonreía . Regresaba de mi
l'la¡e.
Más tarde, cuando al entornar los párpados no sentía el suave aleteo
del ósculo maternal que me traía ,isiones de gloria, mis sueños fueron fugas loras hacia horizontes inundados de luz, hacia cumbres diademadas
por resplandores de vidoria. La ,crdad, la bellcz.-i, el bien, cl(•senvolvinn
ante mí sus mirajes espléndi&lt;los. Enclauotrada en los lihros durante 1n
'"_igilia, sedienta ele saber, enloquecida por una pnsión mística, mi alma,
hbre de las atadura• de 1:t realidad, se abría confiadamente al soplo sereno de la ,crcbd eterna, se embriagaba con esa poesía sublime que destiln
calladamente en el silencio augusto de la naturaleza. A cncla nuevo despertar me sentía duefio ele abundosas provisoncs de esperanzas, saturado el

espíritu con la grata fragancia de mis buenos propósitos. Sí, era una misteriosa y diaria renovación de energías que se desbordaban con el ímpetu
bravo de los torrentes. \'olvía del país del ensueño con la alforja de la
ilusión repleta de rosas recién tronchadas, con el húmedo rocío todavía
l"intilando en sus pétalos sedeños. Hoy el paisaje suiw de mi juventud se
ha trocado en desierto erial alumbrado por un sol de tragedia. La ciencia
me llama con voces incoloras. He c.1mbiado de ruta. )Ii ,~da se habfa
deslizado por un c.~mino sin cuestas ni hondonadas . Jamás sentí l&amp; atracción de los abismos . Jamás una fuerte pasión perturbadora estrujó micorazón. Las pasiones de novela me parecían imerosímiles. Pero hoy, y,i
lo sabes, el amor ha llegado cantarino á despertarme de ese adormecimiento penseroso . Mi corazón ha latido con ritmo desacostumbrado. En un:i
encrucijada de mi camino me he encontrado el i,leal de la belleza hecho
flor aromosii de carne rosada. Todos llevamos la imagen de la beldad femenina y cada mujer que conocemos la comparamos con esa negativa que
se guarda en la cámara oscura del alma. Y decimos: ésta no es, ésta no
es. Algunos nunca encuentran el original y pasan por la vida altivos, desilusionados, pero fieles á la memoria de una amada que sólo en sueños
vislumbraran, envejecen sin renegar de su ideal de belleza, y mueren noblemente con un rictus de honda tristeza, como bttscadores resignados que
no pudieron encontrar su tesoro.
Yo, más afortunado, he dicho en un día inolvidable, a.l final ele Un&lt;L
jornada gozos.-i: ieureka!, porque la vi, porque era ella. Pero, ya lo sabes, amo sin esperanz.~. Llegué al banquete del amor demasiado tarde.
Un seg-;idor dichoso cortó la fruta en sazón. ~Ii alma noctívaga sufre el
tormento de la pesadilla, llora con mis tristezas, se retuerce azotada por el
destino. ¡Oh lcliliae alliorum tempormn! iCómo añoro los sueños plácidos, profundos, llenos de ensoñaciones gozosas, de radianfos amaneceres,
sueños que ponían en mis ojos el dest-Ollo de alegría inforior y en mL~ labios la música de versos bellos y sinceros! Me entregaba al sueño con
amor, saboreando anticipadamente las delicias del viaje al través de lascosas. Ya:nó, un va,,,ao temor se apodera de mí cuando se aproxima la hor:i
en que todos duermen. Si supieras qué pensamientos tan terribles me
asaltan en el sueño·? Son los ladrones que vienen á robarme el te..soro de
mi tranquilidad. Son los demonios que vienen ú tentarme con visiones
hermosas y perversas. No creo en la oneirocricia, pero temo que mi sueño se convierta en realidad t-Olepática. i Qué soluciones tan criminales
doy al conflicto amoroso en que se debat-0 mi pobre a11foiula! Esa idea
que va creciendo sombríamente como un árbol de maldición, que va ahondando su raigambre, acabará por perseguirme implacablemente, lo m ismo
en la tiniebla que en la luz. Será una obsesión que me clavará sus garfios.
Lo peor es que me siento vencido de anfomano. Yo, el animoso, el ~creno,
el recto en el obrar, fongo ahora condescendencias criminales para conmigo
mismo, he perdido la fuerza y el valor. ¿Qué salvaré en el nauímgio de
mi alma?Su voz había tomado entonaciones lúgubres, y se apagaba ahorn con

�REnsTA Cosn:~1ronÁx1u

2!)

28
~o mismo, ('on toda imparcialidad, en que su cara no era una fachada vulgar, de cuerpo humano habitado por alma grosera y sencillota, fiino que
aquel aire meditativo, aquel su mirar franco bajo el arco expresivo de fiUS
('CjaR, su exterior nmahlc y simpático, enm indudablemente la. rcvelal'ión de un e:;píritu culto, el resplandor &lt;le una antorcha que iluminaba
a gwrno el interior. Y así era: á los veinticuatro años Eduardo no tenía
historia. Su vida, como él lo dijo en su confidencia nol'herniega, hahía
8ido mon6croma, normal, sin las intermitencias &lt;le un bohemio, sin lo~
peligros &lt;lel ajetreo mundano. Por eso le asustaban ahora. la rebeldía súbita de su c:orazón, las desviaciones de HU sentido moral. Jinete inexperto
y confiado, al ver encabritarse el eon~cl de su voluntad, creía en peligro su
t·xistencia. Tal, como si el lastre que el estudio y la ml'&lt;litación habian
depositado en ¡.;u alma hubieran sido arrojados de pronto por una. mano
criminal y el gloho de su vida quctlara irremisiblemente perdido . Era h
primera tempcj,;tacl que se desencadenaba en el. sereno mar de su espíritu.
Desconcertado, veía. su bajel combatido por el férvido oleaje de sus pa-

la. fatiga de una qucjn.

Resonaba como una blasfemia en la blanca alegría
del bar apacible. Ifahía hablado sin atropellamientos, sin nervi08idatles, como si aquella confcsi6n se la formulara por centésima vez, casi maquinalmente. Eso sí, rubricaba sus palabra.'i con el noble gesto de sus manos abaciale;.. Calló, y un blanco silencio re!'.lpondió á su interrogación desolada. La~ sillas de.•,cal,e1...'\ban un sueño de nieve, con la tristeza de lai,;
cosas vacías. Los abanicos eléctricos dejaban oír su ronco zumbido de
moscardón. Cerca, en el testero, el péndulo, enorme lenteja de oro, St!
encendía. y apagaba rítmicamente tras del cristal.

De codos sobre el alféizar ,le la ventana, Eduardo Pefiagro.qa-héroc
«le esta verídica narración-contemplaba la calle. Era su hahitaci6n un
amplio cuarto del segundo piso. Akoba y estudio. Un paravml de color
de crisantemas desleídas servía de plano divisorio y ocultaba 1í las miradas
indiscretas el sórdido catre de fierro tomado de orín, la silla vieja, de asiento cubierto de lamparones y en el cual ponía la palmatoria; el ropero hamhriento, que al abrirse arrojaba su luilito mll.1 oliente, y el indispensable
lavamanos empotrado en la pared, con su grifo mal cerrado que goteaba,
&lt;lue goteaba siempre. Aquella espita servía doblemente: abastecía de agua
y medía. el tiempo. Era eaño y clepsidra. Cuanta.~ vece.'3 la. dueña de la
casa había propm~to reponer la llave, encontró una resistencia obstinada
t·n F..duardo. En aquel reloj se tenía la intuición del tiempo, un verdadero cuenta-gotas de la eternidad. El péndulo engaña. á quien lo ve,
porque es una. continua. negación. A poco de verlo nos convefil•c de que
no hay prisa, de que no delicmoi,; preocuparnos por el instante que huye.
El tio-tac es una palabra. que se presta á una variedad infinita. de traduceiones. El sonido puro es algo inmaterial que se esfuma, que no dice nada al oído sordo del perezoso. :So así aquel grifo: dejaba. caer parsimonio:-amente su gota-perla líquida-que rebotaba sonoramente en la album
del alabastro. Allí se veía el lento, el impasible desgrallllr del tiempo, se
cxperimentaha una loca avaricia del minuto. Al volver de la llave, (y
entonces parel'ian abrirse ia..'l fauces ,le bronce en un hostezo de hartura)
Halfa el agua 1í borbotones, y sentía Eduardo eomo un remordimiento de
haber malgastado un puñado de eternidad. Sobre el lavabo colgaba m1
t,,spejo de marco destcfiido. Nuestro soñador, sin ser un NarciAO, gustaba
de vigilal'8e durante una docena de gotas ante la manchada faz de aquella.
luna que no era de Venecia, ni de Alemania, sino que más hicn parecía
ayuna de nacionalidad. Después de la diaria ablución matinal, y mientras
t,,chaba atrás con el peine de púas de acero su cahellera negra. y riwsa-en
rápidos movimientos de impaciencia, como si tratara de limpiar su frente
de malos pcnsamientos-declicaha una mirada distraída á BU rostro de un
hlanoo mate, todavía fresco, á las viriles guías de SUB bigotes, á. sus ojofl
negro.13, rode,ados por un halo penumhroso, que ln cansera del (-studio había puesto en ell08. Finido aquel ligero examen tenía que convenir consi-

siones.
En e(lzemisftrio oriental de 8U cuarto &lt;le soltero se veía la indispensahle me.'18. agobiada. de libros, dispuestos en rimeros atrevidos, como torreeillru, de pensamientos bien alineadas. Ocurría la idea ele que aquell08 volúmenes eran tránsfugas escapados de la.~ celdas sombrías de un estante librero que se codcaha con la mesa, pero luego había. que desechar tal hip6tesis: ~en aquella biblioteca. no había sitio. Cubría le piso de madera una alfombra en la que el polvo y el roce ele 108 piell habían ido amortiguando los
t·olores. Un mode--to ajuar de nogal complet.'lba el menaje. Realmente,
t•l joven estudiante no se curaha ele las apariencias. Habe&lt;l en cuent.'\ qm•
aunque llevaba clos años de hahitar allí, él considcraha su permanencill

CI

(·omo provisional.
Lo que daba un tinte poético á la pohrew. de la celda t!ra aquel tabique de lienzo, color de oro cleerépito, que se diafanizaba, que se encendía
al beso del sol por la mañana y por la tarde. La alegría ele aquella sonri::;.'l &lt;le la luz saturaba el ambiente del cuarto durante el resto del día.
.Justamente en los moment08 en que F.,duardo, de t·1&gt;Clos sohre el alféizar de la ventana, veía á la calle, el sol, un sol madrug:vlor y jocundo, dCR&lt;·«mfo las cortinas de su lecho de nubes y daba. á la ciudad sus buenos días.
En aquella barriada, un tanto lejana del centro, quedaba la parte antigua., de c.'llle,s retorcidas y estrechas, de construccionCf! vetustas y carcomidas. Sin emhargo, algunos edificios de arqui!ectura moderna. se habían
levantado atrevidamente en medio de aquel conjunto abigarrado y asimétrico, y parecían no ver con miracla de reto á los antiguos.
Desde t1u ventana podía el joven PefiagrO!I&amp; abarrarlos lindes de laciu&lt;lad. Caía la luz solar sobre los mil tejados haciéndolos naufragar en un
mar de fuego líquido; quebráhase en loscimhorriosaliftitados de iglesias roñOSM y en el domo presuntuoso de la catedml; rebrillaha en el platino de
los pararrayos, en las vidrieras de lo!! escaparates y en los arneses pavonados; iba rebotando por los bakonnje1,l, por los flecos de las comisas y pren-

�11

30
REVISTA

,!icnclo en ellos la u:·dimbre evanescente de rns barbas ele un oro canoso .
Alongando la visu:11 haci:1 el Sur se distinguía ht plateada cinta jl1múnis
que iba culebrc,mclo coquetamcnte llanura abajo hasta perderse en la lx,nosa lejanía. De este lado, llruse:uuente, sin transiciones, se detenía la
polllación como sorprendida por la presencia ele aquel ancho río que pasaha. á sus pie3 murmurando no s¿ qui! amorosas endechas, C'anta.ndo á media
voz olvidadas y alegres llam1r0las .
La casa en que hallitab.-i Eduardo estaba apretujada cutre dos palacetes que lucían su vestido nncYo ele azulejos. En su fachada hallfo. dejado
huella perenne hi pátina del tiempo. Sus maderas sabían de la furia de la
tempestad, del lloro silencioso de las lluvias de in'l"ierno, de la queja de
doliente marimba que el cierzo frío, al filtrarse por las rendijas, ibadejan&lt;lo como desgarraduras de almas errantes y dispersas. Aquella su faz arrugada y íosca se alegraba en la primavera con la verde sonrisa de una parietaria que cada año ensayaba trepar _d e hueco en hueco y de ventana en

ventana., hasta encaramarse triunfa.dora sobre la. mismísima frente venerallle, después de haber clistendido su cortinaje, para morir luego rimando
,-on la tristeza de las tardes autumnales.
'fün estrecha era la calle que pan,&gt;cía que las casas y balcones se habían

enamorado y querían besarse.

A!-lí Iué como, un día, sin quererlo, vió

Pcñagrosa que enfrente, es decir, á seis metros de su buharda, y en un segundo piso como el suyo, se instalaoo una familia desconocida. Así fué
como, la tarde rle ese día, cuando segtín su costumbre leía una bella página de antor prcclilecto, sintió en sus ojos el latigazo de una llamarada súbita y volviendo la cabeza vi6 en el llalcón de herrajes orinientos á una joven que era un pleonasmo, porque era la luz sumada á la luz. Rullia, alta, ele busto eurítmico, de rostro oval. Recordaba las heroínas de Barbey
D' Aurevilly. En su cabello anrino, ligeramente ondulado, detonaoon las
bojas sangrientas de dos claveles . Rimallan sus ojos verdes de ondina una
mirada cariciosa que &amp;tifo. despedida como un dardo llajo los ,1rcos de oro de
sus cejas rafaélicas . Sus lallios crcmcsinos se apretab.-in como sujetando
el ala invisible de un Ileso próximo á escapar.
Veía por primern vez, desde aquella altura, la calle angosta y sinuosa
que se animaba con el ir y el venir de las gentes al atardecer. Observaba
las casas, cuáles 1·isuefias, cuáles severas, ora recién enjal bcgadas, ora con
chorreaduras que pregonaban el descuido ó la miseria de sus propietarios.
Lo que la indemnizaba de la fealdad de las aceras eran aquellas dos elegantes residencias en que espejeaba el ladrillo vitrificado . De mal grado dellía de estar en tan embarazosa compañía la casita de dos pisos que miraba
tristemente pcr los cuatro ojos ele sus desconchados ventanales . - Pero,
mamá, mira, asómate: una ruina entre dos palacios! Luego, viendo llajo
el alero de tejas de barro una gárgola fatigada al peso de las primorosas
hojillas lanceoladas de una hiedm japcncsa, exclamó : iQué exuberancia de trepadora 1 ¿Te acuerdas de la que dejamos abandonada en nuestra
casita solariega? . . . . Por fin sus ojos se fijaron en Eduardo Pefiagrosa,
quien la contemplalla arrobado. Sintiéndose observada pcr aquel joven ele

CoxTE~rPOllÁNE.,

mira pensativo y profundo, hizo un gracioso mohín con su boca reidora y,
girando sollrc sus talones, desapareció en el vano de la puerta.

1.

-.

Escrillía en su diario con mrrno fcuril . Yiolaba la virginidad de aquella página con su letra apresurada y nerviosa, casi ininteligible . Su pensamiento iba fluyendo, se desbordaba. Dcslizábrrse la pluma en una carrcrn
frenética, como perseguida pcr un enemigo invisible . Las ideas eran su
espolique. En aquella cabeza rugía una tempestad. La pluma era el
pararrayos por donde se escapalla atropelladamente, con chasquidos ásperos, el exceso de electricidad interna. A no ser pcr aquella acerada puntita que volalla loca sollrc la albura inmaculada, habría estallado aquel
l'ráneo.
1
'

Tristis est anima 11tea ttsquc ad ntor!em .

Llora, corazón mío, tu des-

ventura. No hallrá consuelo para tus dolores truculentos. Hoy he sabido
al fin la triste verdad. Me la hallía hecho sospechar su eondneta ambigua. ¿Por qué si me amaba se mostraba tan e..squiYa? Ha sido un llreve
idilio que presiento acabará trágicamente. Quedaban todavía palpitantes
de emoción en el ambiente de su boudoir las notas doloridas de un wals.
Yo no sé qué había en aquella música que me inquietaba, que me afligía.
Dijérase que el teclado solloza!:,,~. Una melancolía sutil me iba invadiendo insensiblemente . Tal vez la luz que, sabiéndose indiscreta, se marchaba sin ser vista. Tal vez aquella polüonía que trucidaba el alma. Lobreda. En la semioscuridad vesperal las voces del clavicordio me parecieron
fosforecer. Las manos lilialcs hacían levantar el vuelo á un enjamllre ele
notas. Los sonidos chisporroteaban. ¿Era un espejismo del oído? ¡Qui
lo c!,á! Lo que recuerdo bien es que sus dedos nerviosos recorrían el teclado como poseídos de un extrnño vértigo, y arrancallan notas rojas, como
manchas de sangre, notas azules como el color ele las aguas misteriosas y
profundas, ,-erdes corno las aguas del pantano, blancas y moradas, en una
deshojazón ele nardos y violetas. Yefa, no oía . ¿Por qué extraño fenómeno mis ojos traducían el sonido, y l:i agonía de aquella queja modulada en
el piano era resplandor lívido, morillundo, que anegaba mis retinas? Al
&lt;·esar la fuga ele chispas sonoras las manos a batiéronse como dos palomas
fatigadas. Re oía la respiración jadeante de su pecho adorable y el latir
loco ele nucstrns corazones . Hubo un silencio desconcertante y pavorido.
Lentamente fué doblando su gálilxi divino como un lirio del valle, marcidado pcr las brisas otoñales. Hundió su rostro en el cuenco de sus manos
y desató el raudal de sus lágrimas que caían copiosas, que se desgranaban
gemidoras bafiando las dos valvas rosadas. Su lloro era lluna ele cliamantes claros, perlería ele luz en la noche desolada de mis tristezas. Quise consolarla. Yo también gemía. Mis palabras se anudaron en mi garganta.
Cogí sus manos . Palpitaban entre las mías t&lt;lmhlorosas, como pajarillos
prisioneros... ¿Por qué lloras, amor mío? .. ... La tenía junto á mí. Tras
la llu,-ia de sus ojos llrillaba como un iris la sonrisa de su mirada.

�REVISTA CoNTEMl'ORÁNEA

oro de sus cabellos tentó mi codicia. Las pomas maduras de su rostro,
con leve pelusa de albérchigo, me brindaban su almíbar deleitoso. Tan
cerca de ella, respirando su aliento, oliendo á salud, á frescura capitosa,
oyendo el ritmo acelerado de su sangre, no fui dueño de mis apetitos moceros, y puse mis labios ávidos en su blonda cabellera, sobre sus párpados
húmedos y trémulos; sequé sus lágrimas que corrían por sus mejillas corno
,liamantes líquidos por campos de seda, y persiguiendo uno, fui á probar la
delicia de un beso robado ,¡ la fuente sellada de su boca. ¡ Oh, dicha inefable ele aquel instante de amor! i Quién te me diere, quién te me diere
otra vez! Me rechazó con la suavidad de un reproche. Me Jo iba á decir.
No podía ocultar por m,is tiempo la verchd terrible que poll(b-ía un muro
entre los dos. Me hablaba por última vez, para siempre, para nunca.
Pero qué decía? iAh, sí! Aunq_ue nuestras almas se habían adivinado
ella era de otro. Lo odié antes y Jo odié después de saber q_uc era noble,
bueno, amante y que sería feliz. Ella se resignaba á la voluntad materna.
Estaba escrito que uniría sus destinos al ele aquel hombre que la tomaba
bajo su admiración y bajo su protección. No lo amaba, pero era preciso.
El mundo tiene sus ironías.' 1

«Quitádome has mi corazón, amada mía, quitádome has mi corazón,
Amor mío, paloma mía, mi sin manci1la, no sabes que es fuerte como la

muerte el amor? .... .. ..... .. .................... ..... .. .. .. ..................... »

Después de la conlesión amical en que dijo á sn camarada todas Jru, inquietudes que atenaceaban su alma soñadora, después de esa página escrita. en momentos de crisis pMional, después de una noche de insomnio , larga como una estepa en un país de pesaililla, quedó Eduardo sumido en
una especie de atonía moral. Aquel derrumbamient-0 de sus ilusiones le
anonadaba. Sin embargo, no se resignaba á la abdicación silenciosa y callada. Aunque sus labios permanecían mudos su corazón estallaba en tma
protesta resonante. Bajo la tranquilidad aparente de su faz empalidecida
habría sido difícil diagnosticar una conflagrnción interna, apenas vislumbra,fa en el exterior por fugaces relámpagos que reventaban en las pupilas.
Se trn.taba de un drama á telón caído, un drama de transpiración hacia
:tdentro. No podía ser. Se rebelaba contra aquella injusticia, contra
aquel funesto derecho del primer oa,pante. Tan ridículo era ese derecho
de primogenitura, que Esaú le &lt;lió á cambio de un plato de lentejas. El
anticip,irse no significa invariablemenfo una aptitud superior; es, muchas
reces, el resultado de la sucesión cronológica. El que logra burlar al tiem
po, adelantar su tnrno, ese, como Jacob, merece el galardón. Luego, le
parecía criminal la decisión de una madre que entregaba á su hija calcula,lamente, encadenando su vida á la de un hombre vulgar, con la misma
Iría impasibilidad conque el joyero aprisiona la perla entre Jru, garrru, de
una cruel montadura. Más oiliaba ahora esa sociedad tocada de abulin,
cuyos representantes legitiman alianzas monstruosas, y que sujetan la ex-

fu:VIST A Co:-;TEill'OR.ÚIEA

33

presión no aprendida del amor á la rigidez bizantina de un pacto escrito.
iComo si una rúbrica fuera otra cosa que una fórmula risible, y como si
un corazón pudiera hacerse responsable de sus ritmos futuros! Su cerebro,
desintegrado por un exceso de cultura mental, lo llevaba á concepciones
absurdas ó ingenuas, alineando los razonamieutosen teorías desconcertanfos. Alicuando, ele un vuelo violento trazaba puentes invisibles por sobre
abismos insondables y, anclando en repechos vertiginosos ó en cumbres
solitarias, contemplaba el panorama de la vida en escorzos atrevidos. ¿La
vida? Af,ín imítil . Resplandor de un segundo, que ,il extinguirse hace
más negra la sombra. Vibración que se pierde en el vacío. ¿Qué significa ese esfuerzo de nadadores en alta mar? Para qué luchar rabiosamente
contra una ola si otra ha de ser nuestra mortaja? La lucha es ilógica,
más aún, es como un refinamiento de perversidad. Porque, sabedlo, en
cada hombre se oculta tm verdugo. Prolongamos nuestra vida, es decir,
nuestra agonía, con un afán inexplicable, saboreando el placer del sufrimiento, amargo como el cítiso. iMorir! he ahí la salvación, he ahí la felicidad, be ahí el triunfo de la vida. Porque no hay que olvidar que la
existencia. es un camino, nó una morada; un medio, n6 una finalidad.

Y este pesimismo en que había caído por su fracaso amoroso le presenti1ba él suiciilio como un deber, como una abreviación generosa de su vida
fatigada y estéril, y lo hacía encariñarse con aquel proyecto de fuga que su
alma nostálgica le proponía en sueños y que á él le correspondía llevar ,í
feliz término.

Dejó atrás la ciudad y cruza por terrenos labrantíos, en donde los amelos urden la trama de los surcos al compás del chirrido monocorde de la
reja. Por el sendero, bajo la umbría de copudos olmos, pasan emparejados m1 mociüo y una campesina, que hacen un pareado de amor. Desgrana ella la sarta perlina de su risa crómatica y él la recoge en sus labios como
agua de manantial á flor de tierra. Un viejo rabadán, cayado en mano,
custoclia su rebaño de ovejru, blancas, y el alegre tañir de la esquila bucólica se va difundiendo por sobre la mansedumbre de los campos soleados y
verdecidos en diáfanas ondas de frescura. De lo alto desciende tma lluvia de paz. El silencio del azul se torna en la pradera rumor musical.
Una niebla de harmonía abscondita va ensayando uu lento vuelo hacia b
altura. Cada ser y cada cosa tienen su voz, ponen su vibración en esa polifonía de la naturaleza.
En un remanso muy azul, muy profundo, acotado por barrancos ásperos, donde el río hace una pausa antes de seguir su camino, donde hay
mucho olor á tomillo, á heno verde recién tronchado, busca Eduardo donde recostar sus tristezas y se tira de espaldas sobre el tupido herbazal. En
la arena del ribazo, cubierta de verdín, se persiguen lru, mariposas y los
caballitos de élitros rumorosos. Una golondrina pasa rozando el agua.
Oyese el sonoro chapuzón de una rana. Paz. Paz.

�34

REVISTA CoNTEUPOR.úm.~

35

REVISTA CoNTE"PORÁNEA

Aguzado su oído en medio de la calma eglógica de la tarde, escucha
distintamente las calladas· voces que pueblan el aire, percibe el ritmo de la
savia y el cuchicheo de las frondas. De pronto, dominando todos los rumores, se oye la canción lírica del río:
•Vengo de tierras lneñes. Salgo de mi prisión subterránea, alegre y
espumoso como el vino castellano. Bajo rebotando de peña en peña, quebrando mis chorros de cristal para ver como juega en ellos el rayo de sol.
Allá en la sierra, y en las cuestas, antes de llegar al llano, mis linfas son
claras y se tiñen de irisaciones maravillosas. Soy feliz en la montaña,
porque los pinares arrullan mis sueños infantiles con sus graves cantos de
abuelos y me acarician con su sombra trémula que va rozando mi faz de la
maíiana á la tarde. Por las laderas, sobre los guijarros, entre la brava
maleza, voy dejando la espuma de mi risa juvenil que revienta con cascabeleos argentinos . Soy la alegría, soy el amor de la pradera. La beso voluptuosamente y fecundo su seno .
Amante y poeta. Antes de sentir la fatiga del camino, cuando mis
aguas no han sido enturbiadas por el limo impuro de otros torrentes, he
sabido de tiernos idilios en remansos plácidos, de nupcias secretas con laR
riberas de rincones inéditos, y he madrigalizado la sonrisa de las flores, la
sombra pensativa de misteriosos parajes, y la caricia del aura leda. Cuando las mozas se baíian me estremezco de voluptuosidad, tiemblo de júbilo
al ir envolviendo sus carnes mórbidas, sus senos opulentos, al resbalar por
el nieve y rosa de sus mejillas frescas .
He amado y ahora voy triste y emperezado, con la nostalgia del reposo en un lago de aguas inmóviles.
Joven que llegas á mí en busca de quietud : lsufres? Te azota el destino, te rechaza la vida? Ven, abrázame, oye la voz de un viajero que
después de haber bebido la sonrisa de la luz, y el aliento de las florestas y
em briagádose con el vino de la vida, encnentra que el vivir es tedioso y pe&amp;'l con gran pesadumbre.
Te nngiré con mi ósculo paternal y llevaré el
uespojo de tu cuerpo sobre mis espaldas movibles, por entre juncales y espadañas, escoltado por coros regocijados de aves, hasta m1a orilla muy lejana y soledosa, donde hay arenas resplandecientes, rumores apacibles,
ondas nemorosas que depositan su beso casto sobre la playa tranquila .•
Así cantó el río cadenciosamente. Pareció que su confidencia asombraba á la naturaleza, porque la brisa se detnvo á escucharla, los sauces
aproximaron sus ramas melancólicas, los pájaros ahogaron sus gorjeos, y la
selva contuvo su sinfonía. La emoción prolongaba el silencio . ....
Eduardo vió las aguas del remanso que rebrillaban con tonalidades seductoras . Alli el verde glauco ele los ojos adorables, el rosa y nácar de la
amada, la risa musical que . brotaba saltarina de la boca llena de gracia
moceril .
La sugestión fné completa. Por los ojos, por los oídos, le entró unanhelo infinito de sumergirse en aquel charco profundo de linfas cristalinas.
Desciñóse las ropas con lentitud, como si no quisiera turbar el encanto de
aquella hora con un movimiento de presura. Hundió sus piés en la mem1-

•

1

da arena y sintió cómo las aguas se abdan blandamente y recorrían su
cuerpo con el temblor de mnchos besos. Antes de hundirse se despidió de
aquellos árboles amigos, del rincón en que recostara sus tristezas, del cielo
que lo miraba impasible; los vió largamente con la mirada gozosa con que
un cantivo dice adiós á sn celda. El espejo de linfas claras se rompió en
mil pedazos, como si el deseo contenido hubiera estallado en un abraw impetuoso .. ... .
Una burbuja fué hinchándose en el centro de las ondulaciones. Un rayo del sol occicluo, que atrevesaba el altivo fastigio de una fronda, caía sobre la ámpula, matizándola con celestes palores. Copióse rm instante el
paisaje vernal en la diafanidad de aquella campana y luego se deshizo con
un leYe chasquido. Era la explosión de rma alma que se espaciaba, que
se fundía en el alma universal.
Atru-decía ... . Rodaban por la llanura los últimos ecos de l,1 luz. En
el confín lejano se desperezaba la onda lírica de un ensueño.
JoEL

ROCHA.

�••
00'

DESVIO

1

'

Sopla el viento del estío,
y el saúz, en un arranque
de amoroso desvarío,
quiere arrojarse al estanque
para romper sn desvío ....

•

Mas el cristal empaliado
no ve el ímpetu amoroso:
por siempre estará callado
en actitud de reposo.
. . .Se dice que está encantado.
¿No te mueve la canción?
lno te despierta, bien mío?
Pues dice en sn triste s6n,
que el estanque es tu desvío,

y el satíz, mi corazón.
MARÍA

ENRIQUl~TA.

•

•

SOBRE LA COMEDIA ESPAÑOLA
Desde el segundo tercio del siglo XIX, los trabajos de Wolf, de
Schack, de los dos Hegel en Alemania, de Hartzenbuch, de Lista, de Guerra y Orbe en España, han ido generalizando entre nosotros un estudio al
cual ni los escritores ni el público habían consagrado esfuerzos y atención:
el de la historia de la literatura castellana, en particular de la dramática,
que en ningún país del mundo ha llegado jamás al esplendor que alcanzara en la gloriosa España de los Felipes.
Mucho se ha escrito y mucho ha de escribirse todavía; el tema es rico
por demás y cada vez se hace mayor la afición de los literatos :í esta clase
de estudíos, cuya importancia es bien notoria para ponerla en tela de discusión .
Se dijo hace mucho tiempo y se repitió hasta la saciedad, que la literatura dramática estaba llamada á desaparecer de entre las formas literarias del porvenir.
Se adujeron razones como éstas: que, en tiempos en que no existía la
novela, forma literaria que más se aviene á tocios los movimientos de la
pasión y á todas las enseñanzas, el drama había respondido á necesidades
de gobierno, de religión, como el medio más fácil para llevar todos los principios al alma de las colectividades; qne los espíritus que aún no sabían
hurgar entre las lúieas de la página escrita en busca de ideas y de bellezas
y ele verdades, habían tenido necesidad de llevar á la escena ideas y verdades y bellezas para verlas ahí palpables, de carne y hueso, moviéndose en
el mismo ambiente de la multitud; pero que los espíritus cultos, exquisitos, preferían la lírica con su mundo muerto al cual da vida la imaginación del lector, y que bien pronto la novela arrancaría al drama el reinado de las muchedumbres.
Le dijeron Próspero Merimée y Paul Luis Courier, y tras ellos no faltó
quién se declarara campeón de tal idea.
De esto hace mucho tiempo, la novela ha triunfado, ha sentado su imperio en el espíritu popular: pero ¿1a literatura dramática ha perdído terreno, se ha declarado en completa derrota y abandona los teatros, antes
que por ella, abandonados por sus fieles de antaño, que en la soledad del
gabinete saborean hogaño los frutos líricos, hastiados ya de las puerilidades é inverosimilitudes de la dramática?
Bien claro hemos visto que tal no ha sucedido. Autores y escuelas

�38

REVISTA CoNTEMPORÁNEA

REVISTA Co~'TEMPORÁKEA

Y astutas, los escuderos confianzudos y atrevidos, los graciosos siempre en
el exceso de la chocarrería.
Todos, sea cual sea su posición y calidad, barajan asuntos mitológicos, religiosos, científicos; se echa mano en cada comedia de los mismos
recursos-( Calderón repite más de una vez los recursos de su Casa con dos
pue, tas, mala es de guardar,'' una de las mejores, si no la mejor de sus comedias)-y la escena c&lt;imbia de lugar con no poca frecuencia.
Durán, á quien cita Wolf, explica estas circunstancias diciendo:
«Xuestro genio especial abarcaba un inmenso espacio poético; para tenerle
susp?nso y entretenido en el teatro, necesitaba una historia entera, un poema ep1co completo. Poco nos importaba que el poeta corriese de Oriente
á Occidente, que pasase de siglos á siglos; pues como nuestro drama era
una historia, y eso buscábamos ahí, volábamos en el teatro con el poeta,
como seg¡úamos en un libro al historiador. La curiosidad que nos conducía á la escena, y nuestra imaginación, abarcaban la~ creaciones del ingenio; Y ya en el cielo, ya en el abismo, estábamos contentos, así como en
la tierra veíamos al héroe que con hechos maravillosos, intrigas complicadas, combates íntimos de pasiones, cuestiones de punto de honor, galantería, metafísica, acciones caballerescas y religiosas, nos reproducía á nosotros Y á nuestros íntimos sentimientos. Y ni aun eso bastaba para
construír el drama popular. En ello ciertamente consistía su esencia;
pero por su parte de ornato, exigía nuestro gusto y nuestra tendencia natural, que se revjstiese de todos los tonos de la poesía; necesitábamos, en fin,
que la lírica, la épica, la narrativa, ostentasen todos sus recursos en el
teatro, porque, acostmnbrados á la gala, los oídos españoles no podían renunciar, ni aun en el drama, los encantos de sus variados y armoniosos
sonidos.•

aparecen aquí y acullá, el público llena como siempre los teatros, los triunfos escénicos menudean, y la literatura dramática, la que más responde ,.¡
las necesidades de nuestra cálida imaginación latina, continúa su imperio
sobre el alma de la multitud.
lQué ha hecho para escapará la derrota? Ha evolucionado, se ha
modificado . Podrán morir estilos y escuelas y tendencias, pero en todos
los pueblos y en todas las épocas, florecerá esa literatura mararavillosa que
ha logrado encadenar en las cárceles de un tablado, á la humanidad entera, con sus miserias y con sus locuras, sus desvaríos y sus grande1,as.

Si por un extraño encantamiento pudiésemos llevará nuestro,público
al Corral de la Pacheca á presenciar una representación calderonian&lt;L, ,í
buen seguro que en vano esperaría el maestro de la dramaturgia española del
siglo de oro, el i Vítor Calderón! de los alborotadores mosqueteros del patio, de las tapadas de ·¡a cazuela, de los señorones y damas de los aposen tillos; y acaso el público bostezara ante Jusepa Vaca recitando y cantando
los entremeses de Luis Quiñones de Ben avente, y no sería lejano que la representación no pasase de la loa.

Y nuestros espectadores no se contentarían con los discreteas de galanes y de damas, y las chocarrerías de escuderos atrevidos, y las bufonerías
de los imprescindibles graciosos, y las mañerías de las tapadas, y las extrañas curaciones de los médicos de su honra. Pediría algo más: la intensidad de la pasión, el color y la luz de la vida palpitante y sensible; algo
que estrujara sus nervios y les proporcionara el placer de la emoción estética, más fuertemente que la versificación galana de aquellos emperadores
ele la I"ima.
Pero d&lt;Ldle la ficción dramática más cercana á la verdadera vida ofrecedle sobre el tablado la representación de la vida real hermoseada 'por el
aparato escénico, hecha más sensible por una sabia síntesis en la que lo
accidental ó episódico no embaraza el curso de los sucesos principales, y la
obra teatral habrá respondido á las necesidades del hombre del día, como
aquella que hoy nos parece inocente y conceptuosa y amanerad:1, pero
siempre grande y bella, respondió á las de los castellanos de la época gloriosa de los Felipes .
Que el mundo de la escena tenga más puntos de contacto con el mundo real, que la acción fingid" no se aparte en absoluto de lo que pudiera
ser la acción efectiva; que los personajes representen verdaderos caracteres y no ' máscaras convencionales" repetidas hasta el infinito, he aquí
lo que la evolución ha ido consiguiendo en la forma dramática.
Basta leer unas cuantas comedias ele! gran ciclo español, para apreciar
,ista evolución.
Desde que Lope hizo nacer de su genio maravilloso la verdadera comedia española, que él •recibiera rústica y tornara dama», hay en la dramática castellana tipos convencionales que no cambian jamás, que hablan siempre lo mismo, que lo mismo piensan, que obran de igual manera en todoe
los casos: los galanes discrcteadores y conceptuosos, las damas pasionales
1

39

..

He aquí una exacta pintura de lo que el teatro español era en aquclln.
época. La trama, los lances, la versificación conceptuosa y brillante, propia pam halagar aquellos oídos acostumbrados á la alabanza que el mundo
entero prodigaba al gran pueblo en cuyos dominios no se ponía el sol; ahí
estaba todo. Caracteres, no los había; verdad, no era menester para
cautfrar al público ele los corrales. En la escena, un&lt;c adorable impropiedad que no preocupaba ni poco ni mucho á los espectadores.
Dice :Moratin, en su Discurso P1eli111inar, publicado al frente de sus
fümedias: C&lt;La escena se componía de cortinas de indiana 6 de damascos
antigi1os, única decoración de las comedias de capa y espada."
Habla de los teatros como de unos grandes corrales á cielo abierto con
unos tres corredores, bajo los cuales tenían que refugiarse los espectadores
C'Uanclo llovfo. Don Julio Monreal, en sus "Costumbres del Siglo XVIIEl Corral de las Comedias,'' describe los de la Cruz y La Pacheca, los primeros de E.spaña, los que cobijaron los éxitos de tantas maravillosas comedias que han sido asombro de los pasados siglos y lo serán de los venideros.
Apenas si á mediados del siglo XVIII, se mejoraron en algo los teatros españoles que "por espacio de siglo y medio habían sido indecente asilo de
las nnrnas españolas."

�40

fü:nsT.\

CoNTE)IPOR •.lN EA

En cuanto tí los trajes, dice el mismo Moratín: "La propiedad de los
trajes correspondía á todo lo demás: baste decir que Semiramis se presentaba al público peinada á la papillota, con arracadas, casaca de glacé, vuelos angelicales, paletina de mulos, escusalí, tontillo, y zapatos de tacón;
Julio César, con su coron.i tic laurel, peluca de sacatrapos, sombrero do
plumaje debajo del brazo i1.quierdo, gran chupa de tisú, casaca de terciopelo, medias á la virulé, su cspadin de concha y su corbata guarnecida de
encajes. Aristót&lt;iles, ( como eclesiástico) sacaba su vestido de abate, peluca redonda con solideo, casaca abotonada al cuello, medias moradas, hehillas de oro y bastón de muletilla."
El lenguaje era de todo punto impropio; la trama, llena de episodios
que entorpecían la acción principal; la escena estaba en eterna mudanza,
tan f,(cil de conseguir en la tramoya de aquel tiempo, que bastaba con
que los actores dijeran, saliendo por una parte y entrando por otra: "ya
llegamos al palacio-estamos en mitad del bosque-hemos llegado á la calle,'' 11am que el buen público, encantado con la versificación de aquellos
músicos de la palabra, de aquellos que al habla castellana, sonora y poliformc, supieron exprimir todas sus dulzuras y todas sus cadencias, se juzgase en el pahtcio, en la calle, en el bosque, por más que mano de tramoyisb alb'llno hubiese tocado los burdos cortinajes del fondo.
:m público quería divertirse, se divertía y no pedía más, le seducía el
lenguaje lleno de atrevidas figuras, de términos sonoros, ele frases contorsionadas, y eso habfa que darle y se le daLa, puesto lo mismo en boca de un
príncipe que de un palurdo.
Hubo un hombre que inició y llevó ,¡ cabo una revolución en la comedia &lt;le aquel tiempo. Este íué un poeta mexiéano, Don Juan Ruiz de
•Uan·ón y Mendoza.
Dice Don Juan Eugenio lfartzenbuch, en su erudito estudio sobre las
comedias del poeta corcovado: "lín hombre oscuro, traído de las Indias,¡
España, por el deseo de mejorar fortuna, emprendió y consiguió !oque por
falta ,le rnhmta&lt;l, intención ó peculiares disposiciones no lué dado acabar
,¡ Lope, á Tirso, á Calderón de la Barca, ni aun á Moreto, el grnn perfectionador de invenciones ajenas. Este hombre que desde Espafia prepaní
el ad,enimiento de )foliére, del poeta cómico por excelencia, fué Don
Juan Ruiz de .\.Jarcón. Ninguno se dedicó de propósito como él, á este
género de poesía fructücra, rnadum; ninguno dejó, como él, modelos de la
comedia ele carácter, modelos imitados después por nacionales y extranjeros, y nunca excedidos. La novedad que Montah-án admiraba en las comedias de Alarcón, noredad que llegaba para él hasta la extrañeza, no podía consistir en la trama ni en los !:mees, porque en eóio cada autor se esforzaba por ser nuevo: .tenía que nacer principalmente deque Alarcón pintaba caracteres morales entre poétas que sólo pintaban caracteres caballerescos; tenía que nacer de que 11.larcón aspiraba á corregir, entre poetas
que sólo se proponían deleitar.''
Representa esto una verdadera modificación, un paso más hacia el
perfeccionamiento de la forma escénica: en Alarcón, los personajes no

REVISTA Cox11mroRÁNEA

41

son ya precisamente máscaras convencionales, figuras siempre lus mismm:;
son hombres y mujeres humanos hasta donde es posible serlo en la ficción
teatral, movidos por humanas pasiones; la trama empieza á tener un fin;
&lt;le la representación se detlnce ya alguna enseñanza; el mundo escénico va
acercándose poco á poco al mundo real; empieza, en fin, á haber verdad,
lo que tanto tiempo se pospusiera á los recursos ingeniosos y ,¡ los floreos
de retórica en que fueron maestros inimitables los dramáticos del siglo de
1

ºº

oro .
Los personajes que se agitan en las escenas del poeta mexicano, no son
manequíes movidos según el gusto del público ele los corrales: son seres que
hablan y piensan más ó menos como la generalidad ele los mortales, y las
pasiones se manifiestan en ellos de igual manera. He aquí que ya apnre1·en los caracteres principales de la comedia de costumbres, pintura de la
,-ida, espejo de los vicios y virtudes sociales, que cumple sahiamente el
precepto horaciano de ensefiar deleitando.
El teatro, sin dejar de ser lugar de deleite y espiritual esparcimiento,
lo es también de lructííeras enseñanzas; el público, que en un principio
recibió con disgusto á aquellos personajes que hablaban de moral, poco caballerescos, poco pendencieros, ,¡ aquellos graciosos que, salidos del ricjo
molde, eran menos bufones y se acercaban más á la verdad de la vida,
hombres en lugar de figuras; el público, que en un principio echó de menos los lances de capa y espada, fuese acostumbrando ,¡ ver en el tablado
retaws de existencias reales.-Corneille se inspira en La Verdad Sospechosa, de nuestro Alarcón, y da al teatro francés su más preciada joya; y
Moliére crea en su pais la comedia de costumbres, que ya los dramáticos
eastell1t11os habían llevado á los corrales de España .
El Conde Schack, en su admirable historia del teatro español, dice de
.\!arcón: "Las obras de este poeta, como se nota en general en la poesía
dramática española, apareciendo como carácter suyo peculiar, nos dcscuhren 111t horizonte poltico completa11unü nuevo.''
Esta novedad consistió en abandonar los viejos clichés, en no crear un
galán, una dama, una doncella, un gracioso, un barba, un escudero para
cada comedia, y éstos iguales en todas, sino en meter un hombre ó una
mujer de carne y hueso dentro de aquellos moldes, y hacerlos vivir y hablar en la escena, tal y como ellos vivirían y hablarían, sin que por In bo•·a de todos ellos hablase el autor.
Quedan con esto seiialados los caracteres que más tarde perfectionaron
los comediógrafos posteriores; y Moratín, después del doloroso anonadamiento del alma espaiiola durante los últimos años de la dinastía austriaca,
en que todas las grandezas de aquel imperio todopoderoso un tiempo pareeieron perderse para siempre, revoluciona de nuevo el teatro castellano,
encerrándolo en los estrechísimos preceptos de Boileau y de Luziín.
El teatro moderno se preocupa por llevar á la escena la copia m,fo fiel
ele la realidad, no sólo en la representación, sino aun en la misma apariencia escénica, y la escenografía ha llegado á ser elemento indispensable en
las farsas teatrales.

�-

42

;..-

Rm·r~TA CoNTElIPORkNE.~

El público va ahí á ver un pedazo de vida, mas de vida bella, hermo;c,Hh, por la ficción; los tipos que ante nuestros ojos se agitan, nos son
bien conocidos; nos codeamos con ellos en los salones ó en los boulevarcs,
.v en lo que hablan adivinamos retazos ele nuestras almas, de nuestras Yi,las acaso .
En primer lugar, se procura que lo accidental, lo meramente episódico, no emperece la acción principal distrayendo la atención del espectador
y quitando unidad é intensidad á la fábula . No hay escenas innecesarias:
el m1tor al hacer su plan, le ha señalado su importancia á cada una y el
;icontecimiento que en ella dcha suceder.
Además, el espectador no tendrá que seguir á los personajes de Améric,uí Europrcy de ahí al Asia y al Africa, y muchas veces al cielo ó al infierno: cada acto, cuando no la pic,,'t toda, se desarrolla en m1 mismo lugar.
Lope y Calderón hacían que sus personajes mudasen de lugar cuando les
parecía, y hay acto que empieza en un palacio en Madrid, sigue en la so-·
!edad de rnm campiña, pasa luego á las escabrosidades de una montaña, al
fondo ele una gruta más tarde y suele terminar en una mezquita de la
~[ec,i.

Pür otra parte, cada personaje habla hoy según su condición y saber.
La idea mornl de la obra, la tesis, no debe llegar al público por los
discursos de un personaje ó de todos, sino que debe ser lógica conclusión
,le! plan, del desarrollo, de la presentación escénica; cada uno de los personajes sení un término de lo que se quiera probar, y el público llegará por
sí solo ,¡ darse cuenta de lo que el autor quiso hacerle conocer, ó de la lcceión que quiso darle. Comedia hay que plantea determinado problem,1
moral, y cada uno de sus personajes sale á escena á pronunciar un discurs1)
en apoyo de las ideas del autor; señores, y damas, y criadas, jóvenes y
,·iejos, barajan el mismo asunto en cada escena . Y, ya lo hemos dicho:
para que el plÍblico se dé cuenta del problema que ante él se plantea, se.
,lesarrolla y se resuelve, no ha menester de los discursos de cada uno de
los ,wtorcs: si el problema está bien presentado, si el desarrollo correspon1le ,\ lo que el escritor se propuso, los acontecimientos qne en la escena se
:,nseitan, lo presentarán más intensa, más sensible, más verdaderamentetic lo que pudieran hacerlo las peroraciones de los personajes.
Tal es la comedia moderna; poema intenso y humano que encierm á
la humanidad entern en la cárcel del tablado, entre las mallas de la farsa
c:-cénica, para ahí fustigarla en sus vicios, descubrir sus miserias, aplicarle el cauterio de In crítica y hacer esplender sus virtudes y sus grandezas.
,1.

DON QUIJOTE
De audaces aventuras pueblas tu mente cálida.
El ademán brioso, la faz enjuta y pálida,
jinete en Rocinante, con tu figura escuálida
cruzaste i oh gran manchego! los campos de Montiel.
En el tenaz delirio de tu misión profética,
de tus dominios rlÍsticos huyes la vida ascética,
y fué tu Dulcinea la alta visión magnética
que te llevó á la pugna de nombre y de laurel.
Acaso no soñaste de tu grandeza el mérito;
mas no quedó perdida tu obra en el pretérito:
Aota sobre los siglos tu leyenda triunfal.
'fu espíritu heredamos. La hun1tmidad unánhne,
bregando en ansias múltiples hasta caer exánime,
de tu locura insigne refleja el Ideal!

c. JUNCO DE LA \'J&lt;Xl A.

;\IUZQUIZ BLANCO .

•

•

�REVISTA CONTEMPORÁNEA

45

1

pectáculo de las sierras interminables . Nos creemos encerrados en una
cárcel y sentimos algo que nos aprieta el corazón.... . . Parece que la
montaña lo sabe y nos colma de halagos. La temperatura es fresca, el
aire mimoso, el sol amable . Y á cada vuelta un paisaje nuevo y una nueva sorpresa. Los diminutos ranchos que atravesamos tienen nombres de
poesía selvosa. &lt;Los Pinos,» «Las Anacuas,• &lt;Los Encinos• .. . ..

.¡
1

i Un bosque de pinos! El primero que veo . Qué árboles tan esbeltos,
tan sombríos, tan exóticos. Y todos, todos iguales; todos con el mismo
tronco erguido y el mismo cono de filamentos verde-oscuros que brillan al
sol de la mafiana. Me parece que estoy muy lejos de mi patria, que he
caminado leguas y más leguas para venir á recibir esta extraña impresión.
Pero no, no estoy en un país lejano. .lile hallo más cerca del cielo .

POR LA SIERRA FRONTERIZA.
l'n latigazo. . . . Ya estamos en marcha, al trote saleroso de la mu•
la que tira del calesín.
Como fas nubes que ayer nos dieron el aguacero todavía no se van,
el cielo está encapotado y el suelo ensombrecido. Una penumbra misteriosa envuelve todo :i nuestro derredor; apenas adivinamos ol camino;
apenas adiYinamos, á los lados, un bosque interminable de árboles, poc-o
menos que enanos, y siempre iguales, siempre del mismo alto, sin una
rama atrevida que yerga sus contorsiones por sobre la oscura monotonía.

¿Dónde están mis alegres maizales y mis plantíos de caña de azúcar?
Estas praderas están sembradas de trigo. Todo se quedó allá abajo, en
los llanos que tuesta el sol. Estamos en las tierras altas, amadas de la
lluvia. Además de los pinos y de los trigales nos lo recuerdan esos magueyes de púas insolentes, que desafían á los postes del teléfono; esas biznagas, tan hinchadas que parece van á reventar.

Pero, eso si, charlamos sabrosamente sobre temas infinitos, charlamos sin
&lt;'Csar. Y sin habernos aburrido, cuando menos lo pensamos, llegamos á
l,i entrada del cailón, ,¡ la hora en que el sol despierta.
iSalud, sierra mexicana! Recíbenos con cariño porque con cariño
infinito venimos :i visitarte. No somos geólogos; no venimos á estudiarte

helada y f.abiamente.

No somos mercaderes, no somos gambucinos¡ no

venimos á desangrar tus filones ni á anebatar tus gemas, tesoro de tus
gnomos. Somos peregrinos líricos; venimos por tus sonrisas y por tus bellezas. Hemos soñado contigo, y andamos en busca de la realización de
nuestro sueño. ;\.c6gcnos.

El l'aíión es estrecho. .\Izamos le1 cara: las cumbres &lt;le la sierra recortan caprichosamente el cielo azul. Los barrancos, abruptos; algunos
parecen mm-allas . La vegetación, bravía. Con excepción del camino,
apretujado acá ahajn, todo es salvaje, desde la menuda yerba hasta los pc-

llascos enormes.
El camino va á la rnrn ele nn riachuelo. Pasa bajo de árboles 1-ain,lH11H, cnsi siempre cnrinos, y se pierde no muy lejos, clavándose en un ro~tado de la montafia. ¿Qué encontraremos más allá? ¿se acaban( el cañón'/ ¿Qué será lo que Ycremos drspués? Y una delicada inquietud se
apodera de nosotros.
Doblamos la punta peñascosa. Otro pedazo de camino yuelve á perderse en la distancia. ~Iá,':I peñascos, más barrancos. Y así muchas,
muchísimas Yeces. Pam nosotros, acostumbrados á andar y andar,
en nuestras llanadas natales, sin dar fin ,·on la vista al camino que hemos
recorrido ni al que nos falta recorrer, acaba por ser desesperante este es-

..
••

Hemos llegado á la hacienda donde seremos huéspedes. Una milla
más al Norte está Galeana. iTan cerca! Pero no creáis que la vemos de
aquí, no creáis que asome una torre 6 la casucha de alguno de sus suburbios. Se esconden con cierta coquetería, detrás de un altozano del color
de la leche, en medio de los cerros de Potosí y de Labradores, éste cerca,
aquél en la lejanía azulo&amp;~, sombreado por nubarrones blancos, inmensos
copos de algodón que añaden el adorno de su arquitectura maravillosa á
la pompa de las curvas solemnes del pico nuís alto en las sierras del Norte
&lt;le México .

iQué desencanto! Galeana no es el pueblecito pintoresco y risueño
&lt;'0nquc había soñado. Dos centenares de casas de aspecto pobre y feo,
agrupadas formando calles que parecen de cementerio por lo calladas y
solas: he ahí todo. Si andáis por el pueblo veréis que, de cuando en
cuando, atraviesa, ya cerca, ya lejos, algún muchacho regordete y sonrosado, que va silencioso y pacífico: no salta, no corre, no alboi-ota. Oiréis,
quizás, el chirriar de alguna puerta que se entreabre; pero no la canción
que canta despertando ecos alboro1,ados, algm1a voz fresca de doncella, ni
el parloteo de un pájaro, ni el estallar alegre y jubiloso de una carcajada.
Todo pai-ece condenado al sueño. Todo parece estar esperando la venida
del Dr. Ox ó del duende del cuento del poeta, de aquel duendecillo pícani
y jovial que se escapó de las páginas de Shakespeare y andaba metiéndose

�46

REVIST.J... ÜOKTEUPOR.(NEA

fü,vrsTA CoNTE~[POR.ÚCEA

-Allí est.'Í, míralo .. .. .
-Wónde? ....

en las gargantas afónicas y en los organillos asmáticos haciéndolos estallar
en cantos celestiales.
El flácido chorro de la esquina de la plaza salta apenas, tímidamente;
parece enfermo de raquitismo y afonía. Dejémoslo en paz.
A un vendedor ambulante compramos ciruelas y guindas tempranas.
Rubias aquéllas, éstas encarnadas, nos hacen pensar en cabelleras opulen tas del color del trigo que ha besado mucho el sol; en labios jugosos, de
los que remedan sandías y granadas abiertas; nos recuerdan ....
- ¿y cuándo llegaron, señorcs?-dice el frutero, como si nos echara á
latigazos de las torres de nuestros castillos de ensueño.
- Ayer al mediodía.
- Y qui' andan haciendo?
- Venimos de paseo.
- Aquí es bonito no más en tiempo de frutas. Ora no hay ni manzanas . . ...

- i Horror! Huyamos de este impío que nos cree capaces de hauer hecho un viaje largo sólo por comer manzanas. Huyamos de los que no conocen más belleza que la que perciben con el estómago y el paladar .. ..
El chorro de la fuente se ha animado; se endereza; se encorva más;
salta con locos borboteos. . . . . Parece reír. . . !Qné imbéciles, madre
Natureleza, qué imbéciles! ....

Se cuentan algunas historias medrosas en las que el Pozo del Gavilán
presta al asunto un fondo sombrío. Son historias de esas que tan bien sabe relatar Don Ramón del Valle Inclán; de esas que •las nodrizas refieren
lentamente en las cocinas de aldea, durante las largas veladas de invierno.»
En ellas figuran, casi siempre, bandidos que asaltan á caminantes indefensos 6 descuidados, á quienes matan y roban, y arrojan después, con caballerías y acémilas, á la boca inmensa del Pozo. Una persona ó una b,,,Stia,
inmovilizadas por la muerte al hacer un gesto de terror; un estribo, una
albarda, son los únicos indicios que restan de la tragedia; todo lo demás
lo ha devorado el agua del fondo . Otra vez es un temerario aventurero
que intenta dar un paseo por el abismo . Se prepara animosamente; se
ata á una cuerda que manos fuertes y leales irán dejando correr. Comienza el descenso. . . . A la mitad del camino el valiente tórnase cobarde;
siente que el terror le aplasta el alma, y grita angustiado que quiere salir.
Lo sacan. El infeliz se ha vuelto loco, y queda loco por toda su vida ....
Yo supe de tales historias antes de conocer el afamado pozo. Y, naturalmente, esperaba hallarme con algo negro y sombrío aquella tarde muriente en que me acerqué á él. "lDónde está,"? preguntaba á mis compañeros de viaje. "Allá," me decían. Y por más que miraba y volvía á
mirar, no daban mis ojos anhelantes con el sitio del prodigio, allí donde
el paisaje había de contraerse en un seño fosco, según imaginaba. Triga.les .. .. árboles .. .. más trigales .. .. y allá en el fondo el cerro del Potosí, altísimo, como invitándonos á escalarlo.

47

••

-Allí

Allí estaba, en efecto, entre unas labores que sembraban los campesinos indiferentes. Un burro, con un muchacho á cuestas, pasaba muy cerca del borde ....
Es verdad, es ancho de boca, es profundo, se1fa peligroso resbalar y
caer en él; pero no es terrorífico. No, no es un fondo de tmgedia .
Al anochecer es cuundo el antro se ensombrece y se toma imponente.
La obscuridad que lo llena es más negra que la obscuridad que ha invadido In. campiña; en las sombras es una sombra más espesa. Parece que la
bocaza enorme y desdentada vomita oleadas de noche. Y cuando sale de
su fondo nm1or de agua que se remueve y algo que parece el llorar de un
niño tierno, hay quienes piensen y hablen de almas en pena y de culpas,
no perdonadas todavía, de asesinos ya muertos. Se dice icómo no! que
pueden ser animales los que mueven el agua y emiten el lloro; pero el recuerdo de las tmdiciones es más potente que tal idea. Se yergue, altivo y
abrumador, el espectro de lo sobrenatural.. .. Es entonces el más bueno ele
los consuelos alzar los ojos y recrearlos en la contemplación de las estrellas,
que comienzan á entonar, allá en su prisión azul, el coro ele sus brillantes
aleteos ....
¡ Tfn tfn, tín tínl Yo cairo del cielo en insensato
redoble al campo, y todos los céspedes maltrato.
¡ Ttn tfnl ¡muy buenas tardes, mi hermana la pradera!

¿Quién habla con voces tan musicales? ¿Quién? ... ,¿Por cuál rincón
de la montaiia pasa el espectro del poeta? ... .
La nieve rs triste, el agua turbulenta, yo sin
vent11ra, so uny loco de atar, tfn tfn, tfn /(ni

i Ah! El granizo. Loco. Loco y travieso. Mirad cómo hace burla de la rigidez de aquel picacho de perfil de diplomático. Parece que miles ele cerbatanas arrojan esferitas de masa á la calva y al mourlo de un
señor estirado que acaba de salir de W1a conferencia internacional.
Loco y travieso. Todo golpea como jugando, como burlándose de la~
víctimas: campiña, y bosque, y montaña: arbustos, y picos, y cedros .
Y por añadidura, artista y rápsoda. Teje tapicerías caprichosas y
evoca versos del poeta que lo ha cantado con tanto cariño. .Justo lo que
hace : el poeta lo evoca á él; él evoca al poeta.. Sus almas se dan la mano .
Cae, locuelo; cae y búrlate . Pero no te hinches ni vayas furioso á
clestruír los sembrados del valle que dan vida á tantos pequeñuelos.

�48

REVISTA CoNTElITT'ORÁNEA

Hemos dejado atrás "La Joya," precioso rancbito á la mitad de la
cuesta. Comienzaá soplar brisa ligera. Un rumor sordo llega á mis oídos.
-¿Hay cerca alguna catarata que no digan !ns geografías?, pregunto.
-No; ese rumor es de los pinos; cuando sopla viento fuerte es tan
ronco que no deja dormir.
Los pinos; el rumor de los pinos. Y también á los cedros, á los madroños, á los encinos, arranca el viento rumor. El de unos parece decir
burlas serias; el de otros charlas travesuelas y anécdotas picantes; el de
aquellos, estrofas de canto litúrgico, que ruedan lentas y solemnes por las
naves de las catedrales.
Aquel rumor pícaro, aquel de charla comadrera, de seguro está diciendo algo burlón de mí y de mi pregunta. Esas hojas se mueven incesantemente con ligeros temblores. Se acercan á sus compañeras, iquién salx•
qué les dicen! lluégo se separan! parece que una risa las agita ....
En el poema de Martínez Sierra esos rumores y esas voces dicen que
la condesa Blanca se burl6 del trovador. Hoy dirán de nuestras sorpresas,
ele nuestros pasmos, de nuestra silenciosa contemplación.

Al llegar á la cumbre no vemos al valle por mirar al cielo. L'na nube inmensa viene hacia nosotros. Avanza su mole abrmnadora; parece
que nos ha de aplastar, ó que nos lanzará cuesta abajo hacia las lejanas
hondonadas. Del valle, estas nubes se ven graciosas. De cerca son impo- nentes. Se acerca más; más. Casi nos toca. Corazón, no alteres el
ritmo de tus latidos .... Esa mole no aplasta; sus copos tenues apenas dejan
una sensación de frescura ... Ya se van.
Al trotar ele las cabalgaduras segtúmos "la ruta blanca." La ruta sigue las vueltas del cauce de un arroyo seco. Aletean los rumores ele la
poz campesina.
Pasamos un diminuto rancho, "Los Sauces." Su nombre, sus jacales ruinosos, sus trigales escasos y raquíticos, hacen pensar en aquellos predios miserables del sobrino de Doña Perfecta, bautizados por Pérez Galdós
con nombres pintorescos y pomposos. "Los Sauces." Son tres ó euatro,
d•smedrados, los que hay.

-Ya estamos en el Puente de Dio~.
Pero el Puente de Dios no se ve: lo ocultan petiascos y matorrales.
Los cerros se juntan; por el fondo va un riachuelo; á sesenta metros
de altura pasa el camino sobre el puente: un solo arco formado por una
mole que va de montaña á montaña. Bajamos penosamente hasta el cauce. Entonces podernos admirar la inmensa majestad de la maravilla .... ..
Parece que se apagan todos los rumores y que el riachuelo deja de cantar ... .
HÉCI'OR

GONZÁLEZ.

••

NOCTURNO
Poeta! dí pa!!O
Los furtivos besos! ...
I~~ sombra! Los recuerdos! I~~ luna no set1ío
Allí ni un solo rayo. . . . Temblabas y eras mía.
Temblabas y eras mía bajo el follaje espeso;
Una errante luciérnaga alumbró nuestro beso,
m contacto furtivo de tus labios de seda ....
La selva negra y mística fué cámarn sombrfa;
En aquel sitio el musgo tiene olor de resecla ...
Filtró luz por las ramas cual si llegara el día,
Entre las nieblas pálidas la luna aparecía.
Poeta! dí paso
Loo íntimos besos!
i Ah! de las noches dulces me acuerdo tcxla,fa.
En severo retrete, do la tapicería
,\mortiguaha el rnido con sus hilos espesos,
Rendida tú á mis súplicas fueron míos tus besos,
Tu cuerpo de veinte años entre la roja seda,
Tus cabellos dorados y tu melancolía,
Tus lrescmas de niña y tu olor de reseda ....
Apenas alumbraba la lámpara sombría
Los desteñidos hilos de la tapicería ....

Poeta! dí paso
El último beso!
i Ah, de la noche trágica me acuerdo toda da!
El ataúd heráldico en el salón yacía;
)li oído, fatigaclo por vigilias y exceso.s,
:.;intió como ,í distancia los monótonos rezos .. ..
Tt\, mustia, ycrL~ y pálida entre la negra seda .. .
La llama de los cirios temblaba y se movía,
Perfumah,i la atmósfera un olor de reseda,
l"n crucifijo pálido los brazos extendía,
Y esta ha helada y cárdena tu boca que lué mía!

�REVISTA ComEJIPORÁNEA.

••

no consisten quizás en el erotismo intelectual desbordado, ni en ciertos dolores de espíritu, demasiado superficiales para ser suficientemente bellos.
Pero, en compensación, hay poemas ajustados á muy altas normas de
Arte, poemas nuevos en los que se expresa el propio sentir de un modo
fácil, con unn intensidad y una sencillez admirables. Es aquí donde María
Enriquetn exterioriza lo más personal de su temperamento:
Después de que tus ojos

LIBROS RECIENTES

se cürren, y murmuren ¡ay! tll5 labios

mi nombre, tristrmente
yo cruzaré tus manos ...

I
Rumores de mi Huerto, poesías, por MARÍA ENRIQUirTA; J. Ballcscá y Cía., c&lt;litores, México, 1908.-Se trata de una obra significativa,
como hay pocas en nuestra literatura, y voy á decir de ella elogios que raras veces encontraría justificados en lo que hace á los libros de América. No
tiene esto su origen en un pesimismo crónico ni en preferencias arbitrarias,
sino en una observación legitimada por la experiencia. Casi todos los libros que se publican entre nosotros-y los de versos señaladamente, carecen de algo que acuse la personalidad íntegra y bien definida del autor.
Suelen ser modernistas; pero ya sabemos que los discípulos de la nueva escuela se han conservatizado dentro de las tendencias revolucionarias. Esto
de la conservatizaci6n á favor de un movimiento que se desenvuelve, ocurre
frecuentemente, y no sólo en lo que atañe á las disciplinas literarias sino
en otras esferas de la actividad . A raíz de las grandes batallas renovadoras de la filosofía, de la pintura, del arte poético, llevadas á cabo porboml,res de originalidad indiscutible, hay una cosecha de ingenios medianos,
y aun menos que medianos, y á Dios gracias que no deslustren y hagan
odiosa la virtud misma del principio renovador ....
El libro de María Enriqueta no es obra de un espíiitu cristalizado al
amparo de esta ó aquella tendencia. Es, ante todo, revelación de una personalidad sobresaliente, robusta, virtual y efectivamente propia. Hay en
algunas de sus páginas tm alto dominio de las emociones y una poderosa
energía en lo que hace á la manera de exteriorizar el pensamiento musical
de que habló el solitario de Craigenputtck. Hay un ritmo interior lánguido, penetrante, que va desde la primera poesía-demasiado simple y de
una desconsoladora pobreza de novedad y aun de belleza absoluta-revelándose en casi todas las creaciones, hasta una Cita menos que mediana,
que recuerda con demasiada claridad ciertos versos ajenos de un antiguo
conocimiento.
Como esta última, y como Portada, Llanú; de Otoño, Vana fnvitaci6n
y Sweel Hands, hay algunas otras en las que se echa de menos la fuerza
emocional atemperada sabiamente, y donde un sentimentalismo de crudezas románticas se hace demasiado notable, pese al lector cuyas preferencias

51

Con doliente mirada
amtemplaré tu inmóvil rostro .... En tanto
que la luz de los cirios
en la sombta del ruarto

üembl,, cabe tu lecho
tocia la noclte pasaré, reza.udo,
y !tasia que asome el alba
guardaré mi rosario ...

¡ Qué amanecer tan triste!
Si á favor de su luz viene algtíu pájaro
á posarse en el tronco
carcomido del álamo,

medroso, al ver angustia

tanta. veloz se alejará volando ...
Ya estarán para euto~1ccs
los cirios. apagados,
Cflnsumido el aceite
de mi lámpara. rígidas tus mauos,
mi frente. más sombría,

y tu rostro, más pálido.
Antes de que resuenen
por el angosú; C(Jn edor los pasos
de los que Izan de llevarte
camino al camposanto,

cortad de tu frente
un rizo de cabellos enlutados

�52

REYL5TA

REVISTA Co:S-TEMPORÁNEA

Yo, en inmensa angustia,

que guardaré en el fondo
de un negro relican·o,y después de que cierren
la caja, en ella apretaré mis labios
largamente, en un be.so
tembloroso y callado .. ,

00

Después ¡ay! por el mismo
angosto corredor por donde enllaron,
irán, pausadamente,
perdiéndose lo; pasos ...
Y después.. . con el rostro
hundldo entre las manos:

-¡ Sola ya!-me diré- ¡Por siempre sola!
... Y en un rincón 111,e quedaré lloravdo ...
La sinceridad del dolor es suficiente para hacernos desatender en csit•
poema ciertas imperfecciones que no se compadecen con un dominio ahso1t¡to de 1~ técnica.- Yo encuentro aquí, más que la belleza convencional,
un hálito de conturbadora emoción íntima, semejante al soplo que discmre
por las páginas de aquel Svspiria de profvndis que es, quizás, la más hermosa poesía de d' Annunzio.
Pero hay todavía mucho más que la intensidad extraordinaria, y es
un refinamiento de excepción que presta á los Rumores un encanto desconocido en nuestra literatura-encanto que no está en la novedad de la forma ni en In virtud secreta y maravillosa del ritmo. Léase, por ejemplo,
esta Imprecación, publicada recientemente en una revista:

Recios ventarrones
doblaban los pinos
fingiendo en sus copas
locos alaridos;
hufan los pájaros
entre remolinos
de hoja, asca y polvo;
el cielo, plum izo,
meditaba en calma
1tn rudo castigo
para la opulencia
del follaje altivo .. ....
Presto el huracán,
como áspid herido,
desenroscarla
todos sus anillos
sobre aquel paisaie
doliente y sombr(o. ... .

CoNTE&gt;IPonÁ~'"EA

00

tras el ventanillo
de la negra clzoza,
miraba al cami110 ......
Muy largo y angosto,
-fantástico hilo
que ata la cabaña
con desconocidos
lugares agrestes,-huta entre espi11os
y zarzas esfesas,
11eg1 oy retorcido.
Tan s6/o la Muerte
por aquel camino
y en aquella farde,
se hubiese atrevido
á arrastrar la planta .
Ni11gún peregrino
se aventurarla
por aquellos sitios .
. . . . .. Yo, en la vieja clwza,
junto a{ ventanillo.
con mi Desengaño
en abrazo intimo,
él y yo e,úazados
como prometidos,
mientras la tormenta
tronchaba los pinos,
mientras et relámpago
rayaba el abismo,
yo, en inmensa angustia,
el pecho oprimido
por aquel abrazo,
abrí el ventanillo
y hacia la vereda
arrojé este grito:
''Hoy, en esta tarde,
por este camino,
que venga la !,fuerte,
;que venga, Dios m{o! ... "
i Qué bien se siente aquí la intensidad trágica de una desolación inmotivada! - Lo mismo en muchas poesías de los Rumorcs.-Este gesto de dolor no lo encontraremos con demasiada frecuencia. Xadie nos ha dado,
como María Enriqueta, la idea obsesionante de una cabaiia perdida en el
desamparo campesino; de una soledad extrahumann, en la que el vienl&lt;&gt;
ar.ota reciamente la ventanilla; del vivir silencioso y ltíguhre dentro de
una casa vieja, en una calle obscura tomada por la hierba y el frío; ni dt·
una :ümóslera de terror y de superstición .... iese hálito de tragedia que
los poetas de hoy buscamos ávidamente, y que no lo compensa ni la empalagosa corrección académica, ni el dolor de talco de los versificadores llorones, ni la gallardía bastante discutible de los orfebres modernos!
Creo que los Ru11wres de mi Huerto no llegarán á conquistar un rnsto

�54

Rl~VISTA COX'l'E:\1PORÁ1'"EA

REvrs'rA CoNTE11PORÁJ&lt;P-A

y alto renombre. María Enriqueta no es combativa ui escribe,¡ la mocb.
Por otra parte, uo es fácil imitarla, porque su poesía no es innovador:t d,•
la forma ni ha venido á «romper molcles»-y ya sabemos que las grandews
resonantes las crean los disrípulos.

II
Paja,ito, novei'1, por CAYETA'10 RonmauEz BF.L1'RAX; Eusebio Gómrz
de la Puente, editor. .México, 1908.-Había oído hablar con elogio de h
novela del señor Rodríguez Beltrán, ,wtor que romiema hoy áhbrarse ur1:,
reputación envidiable. A mí me parece que llega un poco retrasado y que
hay en él cierta manía por crear obras de literatura más bien que novelr.s
realistas, ó rom,ínticas, ó de psicología, ó socütles, ó de cualquiern otra denominación.

Basta leer las primeras páginas del libro para dar con la fuente donde
el autor ha nutrido su espíritu.-~o le abandona un punto la idea de resucitar antiguas formas. Es sistemático en lo dé ir nuevamente hacia los
períodos amplios en que las proposiciones incidentales se encadenan hasl:1
hacerse monótonas. Su manera de emple,ir el epíteto le denuncia como
incorregible. Véanse ,i guisa de mnestm unos párrafos tomados al acaso:
•Parn puntual término de la fiesta se siI"vieron de la surtida mesa h
lechosa horchata, la colorada y picante aloja, en finos y brillantes vasos y
en esbeltas y I"ccogidas copas .... »( página 63)
«Dábanle repetidos golpes, frecuentes torniscones, menudos papirotazos, agudos pelfücos, y toda suerte de maltratos y rigores .... » (pági1rn

147.)
«.... nadie sospechaba de qué provenían los desaforados gritos, las
tiernas lamentaciones y los repetidos brincos.»(página 164)
«En una quiebra del camino se levanta un gallardo y poblado roble,
dando extendido y plácido sombr:ijo que convida á tumbarse sobre el menudo y mullido césped .... » (págína 160.)
Hay en muchas páginas grandes aciertos de expresión, y todo el !ibl"l)
acusa una imponderable riqueza de léxico y aun de modismos genuinamente españoles. No he de ser yo quien escatime al señor Beltrán los elogios
á que por esta cualidad de su obrase hace acreedor. Aun estoy por hablar
ele las bellezas que hay en el libro, más bien que de las partes que lo afean.
En primer término, quiero referirme á las descripciones, que aunque bastante recargadas y prolijas, revelan capacidad para las obras de arte. Sirva como ejemplo el largo párrafo que empieza en la página 793 .
Pero sin duda el más alto mérito de la noveht no está en el lenguaje ni
en los aciertos descriptivos ni en la sencillez de la narración: yo lo hallo
en el estremecimiento de vida comarcana, intensa y acre, que se deja sentir en algunos capítulos-cinco 6 seis-donde no se abordan problemas ni
se pretende reducir á síntesis el discurso acerca de la idiosincrasia de este
6 aquel personaje.
Me han deleitado el cariño conque el autor esboz.-i las vidas humildes;
la campesina sencillez ele alguna mujer cuyo espíritu es apacible corno la~

55

a¡;nas en remanso, y no pocos detalles de observación oportuna-y ann
atemperada por cierta dosis de sobriedad bastante rara en el curso de la
ohra .

El argumento se condensa y define hacia la mitad de la novela. Des¡rnés de todo, hay cierta vaguedad que no permite un perfecto acercamiento del lector á los personajes. Puede ser que me engañe, pero creo que
hace falta encontrar acoplados en torno de este ó aquel héroe ciertos detalles enérgicos y definitivos. Sin duda no escasean; pero, ay!-es necesario buscarlos á través de tantas digresiones, entre loi mil episodios que se
van encadenando con insistencia, y cuando uno da con el dato complementario y pretende rndondear un carácter, éste como que se diluye entre las
palabras en exceso, y entonces desaparece la novela y se yergue-fría y fatigante-la repujada obra de arnena y donosa literatura ...... .
Creo sinceramente que el señor Rodríguez Beltrán tiene facultades de
novelista. No es, de ningún modo, un escritor vulgar ni siquiera mediano, de esos que con tan cándida precipitación llenan los huecos de los escaparates en las librerías. Pero pienso que no ha llegado aún su novela
definitiva, un poco más sobria, 1m poco más intensa y, sobre todo, nn poeo más moderna ... ..
HJCARDO ARENALES.

�REYISTA CoNTli'.}IPORÁ~E.\

!i/

A sus ojos niilb-i.ma tradición rnlía ,•omo tnl. Todas ,lebfan justificarse ante la inteligencia. Hubo entre los discípulos &lt;le 14ócrates algunos, c:;pecialmcnte Crisias y Alcibíades, (•) que perjudicaron á Atenas. Sócratc:;,

además, no era parti&lt;la.rio de la Constitución, es de&lt;'ir, de 1a dcmocral'in,
que se &lt;Lvenhi mal con su doctrina de b supremacfa do la inteli~encia. A
esto se aímde la circunstancia de que Jcnofonte, discípulo, amigo y apologista ele Sócrates, preferfo vivir antes en Persia y en Esparta que en el
Atica, en tanto que Platón, igualmente amigo, discípulo y apologista do
Sócrates, prefería vivir en Siracusa. Grave como es todo esto á los ojos de
la originalidad y del sorprendente poder ern&lt;"1dor &lt;le M. Gomperz, asume

REVISTA DE REVISTAS

las 1rnis amenazantes proporciones si se considera que .\tenas era una Repúblic,1 pequeña, habitada por un número escaso de in,li,·irlu,,s, de los cuales unos pocos gobernaban, en tanto que eran mayoría los gobernados. Y
si se tiene presente el desruhrimiento que hace )[. Gompcrz, &lt;le que ha
sido elesgracia de la filosofía ohrar como un disoh-cnte de las instituciones

DE "ALPHA", MEDELLIN, COLOMBIA.
ATEl,;AS CONTRA &gt;iOCRATES

y de los sentimientos naeionnles, rc~ulta que nada era, mií..":i cucr&lt;lo y prudente y necesario que condenar á Sócrates y ejecutarlo. lxs especie lnuntt•
na ha estado engañada al considerar ese juicio y cs.~ muerte como un b,ildón para la ciudad de Palas. A Hegel, antori&lt;lad imponente para descu-

O Verité sublime et paune camararla!

P. Ponc11É.

lnir el sentido íntimo de los hechos históriL',s-autoridad &lt;lo metafísicoy á M. Gomperz, quien cita á llegel, les debemos est,1 importante rectificación. Los jueces de Atenas obraron con rcctitncl y "entaron un precedente saludable al condenar á Sócrates como disoti,idor. i Loor,¡ .\nyto y ,í

7,·q(ros, hi interesante rcvisL-i ele Bo¡::ohi, ha hecho el hfillazgo de un
filósofo d,• la historia, M. Gomperz, cuyas opiniones en lo tocante ,¡ la
mu,•rte de 8ó&lt;'rates sustribc la revista con cierta precipitación. Xo debemos disputar con las gentes por lo que piensan. El mundo no sucumbirá
nuí8 pronto ni m,ís tarde de lo previsto porque sus moradores en maS&gt;L
adopten un error determinado. Pero es lícito expresar ciert,i sorpres:1
l'Uando aparece en zonas elevadas del espíritu la ,cgetación parasitaria y
sospechosa de los subtemíncos.
Según los escritores de Trofeos, el juicio de Gomperz sobre Sócrates es,

por su originalidad y sorprendente poder evocador, una seremL revelación,
que da mar¡;cn ,¡ preciosas reflexiones de actualidad. Lo cierto es que
to&lt;la opinión coneerniente :.í. ese juicio seni. asunto de actualidad en cualquier pueblo de la tierra mientras se ponga en duda el derecho decnda uno
pnra dar libre curso, interior y exteriormente, ti la totalidad de su pens:1miento. I~s causa que l'cntilaron los ~lagistrados atenienses fué la c1tus&lt;L
,le los pcn&amp;1dorcs de la tierra. :lso hay que ir muy lejos para ayeriguarlo.
El hc&lt;·l,o resplandece en las p1íginas citadas con el fulgor de un tesoro suuwrgidu hnjo las aguas de una. casuística t•cnagosa y traicionera.
Pero )l. Gompcrz, según parece, es 1m sabio prudente y majestuos&lt;J
en cuyos libros busc:i la juventud de nuestros días una orientación lo bastante autorizada para aplacar sus inccrtichimbres. Saluelables y preciosas
l'Omo pueden ser sus enseñanzus, no está de sobra, por otra parte, que c~píritus indiferentes vigilen ,¡ distancia las maniobras del arúspice.
El ,•aso de Sócrates, SCb&gt;'Ún el dictamen ele )I. Gomperz, fué el caso
por excelen&lt;'Ía del pensador peligroso, del filósofo disociador, cuyas doctrinas constituyen una amenaza para la suLsistcncia del Estado. Sócrates,
informa )l. Gompcrz, titaba todas las cosas ante el Tribunal de la razón.

Melito, los acusadores de Sócratesl
Cualquiera que sea nuestra opinión á otros rcspcdos, es claro que :II.
Gompcrz tiene por lo menos una virtud sobresalicnt&lt;•: la serenidad, una
impertmhable serenidad, una serenidad á toda pruel~L Pamiliari,.adocon
Sócrates y con su dialéctica, no ha temido, sin embargo, este hombre ilti➔-

trc1 al sustentar en ta1es términos la eatt~ do los jueces atenienses, verse

•

cogido en las mallas del método socrático de razonamiento.

Podemos suponer, en efecto, lo que sería de una tesis, runlquiern, de las do :\f. Gompcrz, sometiéndola, J)Or un esfuerw de flexibilidad mental, á la confrontaL"ión sistemática consigo misma en el campo de la lógica de Sócratc,;.
Intentemos un pálido bosquejo de combate con el sofista:
-Diees, oh Gomperz, empezó á decir Sócrates, que ha sido una desgracia de la Pilosofía obrar como un disolvente de las instituciones yde los
sentimientos nacionales?
-En efecto, contestó Gomperz, seguro c.sta vez de confundir al ~Iaestro.

Eso he afirmado.
-Entonces ldedudrrus ele aquí que hi filosofía es un mnl? pregwüó

Sócrates.
-SoRtengo, dijo Gomperz, que es un mal socavar las instituciones y
debilitar los sentimientos nacionales.
(•] En alguna parte ha dicho TRinc, habla11do de Akih!adcs, que sólo le faltó haber tenic,,
~e.mpre A Sócrates Asu lado para ff:f' el mh ilustre de los gricgos dc su li•po.

�-58

REVISTA Cm,TE"POR.&lt;NEA

-Pero si h Filosofía os causa ele ese mal, ldobemos admitir que es
mala l,i Filosofía?
-En efecto, tenemos que admitirlo desde este punto de vista.
-lPodemos entonces definir la Filosofía diciendo que es aquello que
causa la disolución de las sociedades?
-:fo, exactamente, dijo Gomperz, y la manera como tratas de voker
contra mí mis afirmaciones, me prueba que nu te calumniaba Aristólanes
al llamarte el primero y el peor de los sofistas .
-Entonces, prosiguió Sócrates imperturbablemente, ladmitirás al
menos que la Filosolía es el conocimiento razonado de las cosas?
-Convengo en que tu definición es bastante exacta .
-lDo manera que en tu concepto el conorimiento razonado de las cosas es el que conduce á la disolución de las sociedades?
-Tal es nuestro punto de partida, y de ese raciocinio y de sus conso&lt;·uencias, oh Sócrates, no podrás nunc,c eyadi rte.
- Pero entonces lsostenclnis igualmente que los dioses son los agentes
rnpremos ele la disolución ele las sociedades?
-No quieran ellos que janulq salga de mis labios tal blasfemia, dijo
C:omperz.
- lNo crees, acaso, que los Dioses están en posesión de la. más alta y
,-ompleta sabiduría?
- Así lo creo en realidad.
-Pero si la Filosofía es el conocimiento razonado ele las cosas, y si ese
conocimiento constituye la sabiduría, como tendrás que admitirlo, y si los
dioses disponen ele la sabiduría y son ellos quienes la imparten á los mortales, lno podremos afirmar que son ellos quienes causan, á su vez, la disolución ele las instituciones y de los sentimientos nacionales? ....

M. Gomperz se ha proYisto, por otra parte, de elementos apropiados
pam afrontar toda crítica que pudieran dirigir los partidarios de la supremacía del individuo á su dotrina. ele la supremacía del Estado. Stuart
Mili aclmite en su libro D, la Libertad que es función propia del Estado
coartar la libre expresión del pensamiento cuando esa expresión incita á
cometer acto clelictuoso. La cita correspondiente de Mil! nos cierra el paso
en consecuencia.
111. Gomperz es decididamente de una serenidad admirable. Penetra
c-on la serenidad de un Daniel en la fosa de los leones sin temer que le devoren . Usa de todos los elementos, aun ele aquellos que deben fatalmente
,olvcrse contra él y contra su sistema. Sea cual fuere el concepto ele
Stuart Mili en la materia abstrncta, se tiene constancia. expresa de su concepto en el caso particular de Sócratas. "Nunca recordará la humanidad
con demasiada frecuencia, dice Stuart Mili, (•) que hubo en otro tiemL*)

J Stuart Mili. On Liberty Ch. II P. ,7.

REVI:-:i'rA COXTEMPOR.\.~EA

••

5!I

po un homhre llamado Sócrates, y que entre él y las autoridades constituídas y la. opinión pública de su tiempo se produjo un choque memornhlc.
Nacido en una época y en un país fecundos en grande,.~ individual, nos
dicen los que mejor le conocieron y mejor conocieron esa época, fué el mrís
virtuoso que hubo en ella. Y sabemos, por nuestra parte, que eso nombre
se halla á la cabeza y es el prototipo de todos los moralistas posteriores, y
que de él se derivan, ,í la. vez, las excelsas inspiraciones de Platón y el prudente utilitarismo de .\ristóteles, i macstri di color che sanno, los dos rezortes capitales de la ética y de toda la filosofía. Y este maestro, rc!'onocido
por todos los pensadores eminentes que han vivido dcspúes- cuya fam.i
crece aún al cabo ele más ele dos mil años y casi supera por sí sola la de
todos los otros nombres que hicieron ilustre su ciudad nativa- este hombre, digo, fué condenado á muerte po,· sus concimladanos en virtud ele unn
sentencia por impiedatl ó inmoralidad. Impiedad porque negaba los diosos reconocidos por el Estado; su acusador sostuvo que no creía en ningún
dios. Inmorali(bd, porque era, con sus dotrinas y sus enseñanzas, un
'corruptor de la juventud.' De tales cargos- honradamente según torla
apariencia-le halló culpable el Tribw1al, y fundado en ellos condenó á
morir como un criminal al hombre probablemente más digno del respeto
de In c•specie humana.))
Pero Stuart l\Iill os la autoridad por excelencia de )I. Gomperz para
justificar la conducta de los Jlfagistraclos atenienses al acusar y condenar ti
Rócrates. Y Stuart l\Iill ha dicho algo más á este respecto . En uuo de
sus volúmenes ele estudios generales (*) hablando del libro ele Grot,·
sobre Platón, se expreS&gt;L así, ,i propósito del cargo ele sofista que recayó
frecuentemente sobre los filósofos antiguos : "Cuando tratamos de precisar cargo el de 'corrupción de la juventud,' descubrimos que invariablemente consiste en haber enseñado á los jóvenes á considerarse rruís sabios
que las leyes, faltando al respeto tradicional por sus padres y por sus mayores. El cargo es justo en sí; pero debería recaer, no sobre los sofistas
sino sobre la cultura intelectual en masa, pues todo lo que induce á los jóvenes á pensar con su cabeza propia les induce también ácriticar las instituciones de su país, quebrantando la fo en la infalibilidad de sus mayores
.r haciéndoles preferir sus propiüs opiniones á las do los otros ."
Como se Ye. 111. Gonperz y Jlfill casi concuerdan en el fondo, con la
diferencia ele que éste, sin clud:1 por falta de originalidad y ele poder evocador I encuentra una gloria para la. inteligencia, una esperanza para la especie humana en donde Gomperz descubre un atentado á los derechos sacro-

santos de las Naciones.
Por mi parte, dejando ele mano á Sócrates y ,í MiU, me prosterno ante los méritos de l\I. Gomperz, pero con una condición : que se me permita, al menos, poner en duda lo auténtico de su originalidad . Su doctrina
de la supremacía del Estado no es, en efecto, á propósito para sustentar tal
nombradía. Si no me engañan mis recuerdos, esa doctrina. es más bien

( •)

J:

Stuart Mili.

Disertations and Oiscus.!iions.

�GO
anticuada que moderna; es realmente una de las &lt;loe-trinas naís antiguas,
tan antigua que se tenía por derogada en los tiempos en que el Rey Pausole administraba justicia bajo un cerezo al aire libre.
Se admite por lo demás en principio, el derecho inmanente de lc,s pedagogos extintos, fosilizados en las biblioteeas, para reencarnar de tiempo
en tiempo, bajo especies modernizadas que i~fundcn ,·eneración á la juventud ávida de conocimientos nuevos.
s. RESTREPO. [•]

•

LIBROS RECIBIDOS
~oR proponemo¡;; µuhlicar cada vez algo ~í. rn:11wr:1 de rc:-;efü1 :,;ol,n• las
últimas obras del pensamiento moderno, en hencfü·io de lo:,; lectorc~, que
trrnlní.n en Ja~ página~ rle la revista una fuente dr infnrm:wió11 1 y rn heiwfü·io de los editorcR, qnr por medio de nrn•otro:.:, y :.:in otr:1 L•rog:u·ión qw•
tm ejemplar de cada Yolume11 1 tcnclr:in un nnun('iO oportuno y ;-;cgun1meut&lt;1 fructuoR-o. Xo!:.-otrof-i nos rescrvamo:-:. el deret·ho dC' d,n 11nticia &lt;'rítie,t
m:ís 6 meno~ extensa de las obras que 8e nos cnden y que, ,t nue:-:tro jui(·io, merc-zran e~tndio r•Rpccial, ya, :--ca por suf-: mérito::- litt•r;1rioR ó &lt;·icntífit·os, ya por la adualidacl de los asuntrn-1 que tr..tten. l;~n todo c·,1su 1 t·n•t•mo~ rontribuír de eRta manera &lt;Í la difuRión ele In. tultura g,•nernl.
He aquí a.lgunoR &lt;.k' los libros reeiliido:.: rPcit·11lrnH'llk &lt;·011 d1 stinn :i In
Hihliotrm e]('
R1,:n,TA COXTl&lt;lll'OILÍ,&lt;E,1:
1

la

EKPAÍ\'OLER

Letras y" Letrados &lt;le Hit:;pn.no-Améri('a, Tllll' R. Bl:11wo F'ornhona. Lihrmfa Paul Ollendorff, París.
&lt;+recia, por E. (+órncz Carrillo. lmpr&lt;'nta .\rtísti,·a ele .fosé lllass y
Cín.. llaclrid.

JN(iI,ESEB
The Philosophy of l?riedrich ~ietz:-;cht&gt;, hy H. L. ~fr1wkt•11.
HJOH.

•
[*) En el próximo número de la CONTEMPORANEA publicaremos el artículo en que el céle•
bre poda y crítico D. Víctor M. J.,ondoño. Director de TROFEOS, comenta !11s opiniones del Señor
Resttepo.

London.

Le Théatre ~onvcn.n-René Donmie.-Lihr:iiri&lt;~ .\~•n1lé111iLllll'. f&gt;t,nin
•
La Pudcm-H,wc]o('k Ellis.-Soeieté du :\Ierenl' ,le Franec-1',)rís.
La Prineesse Xoire-Paul ~Iargncrittc. Librairi,• Fclix .Jm·c1&lt;.
Un cri cl,ms la nuit-Arnold Golsworthy-Picrn· Laffite ,,t ( 'i,, .
Editeurs.-París.
L,i Philosophic de l\ewton-Alcan, París.
Yoltairc PhilosiJ¡,he.-Georges Pcllissicr-Lihrairi,, .lnnand ('olin.

ot Cie. París.

�SUPLEMENTO
La REVISTA CONTE~IPORANEA
cumple con el grato deber de presentar atento y cordial saludo á los pel'ió&lt;licos del país, y sefialatlamcntc ,¡
los que la antmc·iaron en término¡,;
más ó menoi:i cntusiaHtas-en todo
caso generosos-que obligan nuestm
gratitud ele modo especial.
Y cree que su primer número
tiene la significal'ió1l de un· vasto y

noble programa.

Lo::; lectores verán

la magnitud del esfuerzo realizado.
Casi tudos nuestros materiales 8011
inédito:,; hay en éstos una variedad
rrla.tiva, no muy fácil de conseguir
en las publicaciones de prnvinci11s,
porque en proYindas apenas sí hay
especialistas. El cultivo del arte y

&lt;le la eieneia no e:::; to&lt;lada In. mayor
preoeupaeión del espíritu entre nosotros.
De todas maneras, creernos haber
realizado una grande y bella ohm
con elementos propios; y para no

apartarnos de este carnino,-cl más
fruetuoso pnr cuanto significa un
impulso real y efectivo &lt;le la cultura
-tenemos el propósito de no excluir
ninguna capacidad. Sea fa C0.'1TEMPORAXEA un templo abierto,
y venga ca&lt;la cual y éntre si tr,:1c,
para ofrendar ante el ara, rosas bien
olientes 6 frutas en madurez.
Eso sí, que no haya ortig,, entre
las flores ni pleueyo rejalgar al Indo
de los ratirnoR en sazón.
Como lo lrn ofrecido esta empresa,
publicaremos materiales inéditos de
los escritores nacionales de más renombre y de los mam:itros et1pañoles
é hispanoamericano.-.;. Para hacer
efectivo el cumplimiento de la promesa, no ahorraremos medio alguno.
Poco tiempo- dos meses, quizás me-

nos-será suficiente para satü;fal'er
la promesa. En otro8 términos:
esperamos que en breve han ele llegar originales solic·itados por nosotros de Rubén Darío, Yíctor :\I.
Londoño, Enrique Gómez Carrillo, ·
Benito Pérez Galdós, Miguel de Unamuno, )Ianuel Ugarte 1 Manuel R.

Pichanlo, Enrique JoHé , . .arona., .. \.
Hernándcz Catá, l\fax Grillo, To-

1rnis (;arrat-quilla, S. Hcstrcpo, amén
&lt;le otros escritores igualmente prestigiosos.
Mientras tanto, y para cYita.rnoR
posteriores eomprometimicntos--dc-

bemos manifet:ital' que no aceptarc1110s de nlnguna. manera colabornc-ión que no haya i-ido solieita.tla especialmente por nue:;tro Directnr ó
por cualquiera de nosotros .

Tenemos el pem•amiento de hacer,
en las páginas suplementarias de la
COXTE1IPOIU:--;EA, una sección ele

trónic·a local-y aun de trónie:ageneraJ del país, Riempro F-intétiea, pero
tada vez más extcn:-::1. Comen za remos re8cñando los suecsos más notables de los últimos días.
Naturalmente, es necesario y juHb hablar de la fiesta ,,onqne los
hombres de letras de )[onterrey eelebrámos el clási,·o día ,le Xavidarl.
Bien merecen lo:-; señnrcs )Iúzquiz

TI!anc:0 Gallo y Uómcz, inieia&lt;lore~
de este gcnermm aeerC'arnicnto entn•
los periodistai;, un sincero y reso11,1ntc aplauso. Hu ohrn, que tal n:•z ií
1

espfritus superficiales haya podido

parecer poco meritoria, será c011siden.1&lt;.la. en no lejano tiernpo &lt;·orno
~cmilla de grande8 y sonoro~ triunfos.
8in ei;pacio :-mflc.:iente para entrar
en detalles, cumple á mie8trn honradez felicitar tam hién ~í 1os sefiore~
propietarios de "]~I Progreso," c::;tabletimiento eada ,·ez máR nristocráiico y bien sen·ido, 1lo1Hlc tn\'o
lugar el banquete.
Y expresar nue8tro regocijo• por
haber visto al ilustre y querido Doctor Garza Cantú al frente de los es-

critures, presidiendo la fiesta eonquc
echábamos las bases ele_ algo que no
ha llegado toda vh, pero que ha d,,

llegar, seguramente, y que i:ierá lionrn y gloria de la gran ciudad fronteriza. El nombre del Doctor Garza
Cantú, desde hace tiempo unido á
la historia de la cultura national,
dió prestigio á la fiesta del día 21.

�Trnlos no:-- agrupamos en torno del
maestro, cuya. sombra, hoy e-orno
ayer, es benéfica para h juventud y
despierta el deseo de los grandes
rnmbates del pensamiento y la lwlil'za.

Pedro Luis Ogazón pasó p&lt;&gt;r esta
c-iuclad antes de que saliera á los
l'Uatro ,·iC'ntos el primer número de
nuestra puhlic,1ción. )lo será tarde
nhora, sin ('mbargo para hahlar de
las noches inefables que &lt;lió á In so-dcdad regiurnontana el grande artista. Bien hayan los señores Wagncr y Levien 1 á quicnc~ de hemos los
C'OHC'icrtos de Ogazón, por ha herlo
eontratado especialmente y por haher abierto ni públieo su hcrrno~o
s,,lón &lt;le arte.
Pedro Luis ha conquistado renom1,re, no sólo en el paíR, sino también
más allá de nuestras fronteras, por
i--us capacidades para interpretar ]a
música de los grandes maestros.
Cl opin se hubiera estremecido en la
l-'a1a \ragner, con un estremecimiento de placer inefable, al oír sus propias obras ajustadas á la más alta
Yirtud de expresión musical. El
pianista mexicano da algo de sí mismo aun tratándose de obras absolutamente perfeetas. Hay un sentirlo propio en aquella intcrprctac-ión
Rencil1a, sin rehuseamicntos de efe¡_:tüm10s extemporáneos y presuntnoROR. Es C'Omo si se nos diese, al
par con la obra que se interpreta, la
emoción que la helleza ele los números clespierlll en el espíritu de quien
viene á deleitarnos con las grandes
(·reacioncs. En nuestro sentir, esta
rirtncl de unir su propio deleite y su
propio pern:amiento á la músi&lt;:a, es
el más alto rasgo distintivo de Pedro
T,uis Ogazón.
1

~Ionterrey ha realizado en los últimos días un:1 obra meritoria y altamente significatint parn los espíritus cultos; obra, por otra parte,
que acu.Ha un grande esfuerzo df' las
\'oluntacles y un alto poder de las
fuerzas vitales. Xos referimos á la
inauguración del Teatro Progreso.

Rin ser el nuls costoso de nncstrros
coliseoR, es, sin embargo, suficientemente bello y atractivo para resistir
comparadones. Si se quiere, su aspecto moderno, su arquitectura Rencilla y elegante, y aun su amplitud
q uc le hace propicio á las fiestas
íntimas, á las pequeñas grandes ficRtas, le presten el interés de algo
muy ha]agiieño, en todo CflRO ngrada ble y hermoso.
Antiguan1cnte los pueblos reunían
tudas sus fuerzas para el'lgir un templo á cndn urlo de. los santos, )' ri un
~anto hajo ca&lt;la una ele sus Hílvocaciones . Y la mole de grnnito, amasada con h le colectiva, tenía la significación de un alto ideal que se
realiza.. Hoy sin haber dejado
eornplctamente de construír basílicfü:i, reunimos las fuerzas-en una ú
otra forma-para levantar un teatro.
Reconocemos la virtud docente del
arte . Reconocemos que en general
tocia ópera cantada, y toda comedia
ó zarzuela que reflejan ·ante nosotros
la vid:i, representan aumento de la
cultura pública y valen como una
enselianza. El teatro fortalece nuestra consciencia. socia1; y aun lirn,1
urn, que otra púa de esas que todavía persisten como reato de la ba1barie primitiva. Á la luz de estos
conceptos, el empelio de quienes edificaron c1 nuevo co1iseo adquiere una
extraordinaria importarn·ia y Re hace más meritorio, máB digno de loa~·
entusiastas.
El estreno del teat1·0 Progreso estuvo á cargo de la Señora Grifen y
sus compañeros de representación.
La señora Grifell e;, sin duda, en su
género una de las más grandeR artiRtas que hayan venido ,¡ esta ciudad.
Su talento la !mee apta parn comprender en cada c:aso el pen!--amicnto de la obra que va á representar.
Sus facultades no son de las que se
discuten. Hay en ella un gran sentido para realizar la belleza. Frecuentemente no desfallece ni flaquea.
Dispone de múltiples rceursos; es
ingeniosa, ó sencilla, ó patética, ó
trágica, según las exigencias del pensamiento á quf' da vida. Por otrn
parte, no repite con dema~ia&lt;la frecuencia sus actitudes espirituales.
1

1

En otrO'S té1111i.11os 1 tiene siempre el
encanto de la novedad, mérito el
más aprec·iahlc en un ártista de teatro porque es en cierto moño lo que
nos libra de la impresión que repitiéndonos, aeaba por fatigarnos.
Paoo llfartíuez es digno compalic1·0 ele la señora GrifelL Hu psioología tiene secretos desconcertadores.
A veces hay en su repre.~entación
una profundidad extraordinaria; su
manera de apreciar los detalles no
i-esiste quizás el a11álisis; pero su
amplia visión del conjunto produce
el mejor efcc'to en •ciertas obras.
Quizás esto parece mm paracloja;
-pero es 1a expre!:iión de tma gnm verdad. L'n pensamiento fundamental
domina al artista y le hace que dis&lt;·urra en la misma actitud clf&gt; espíritu-á travds de las 1nás diversas
(.'f-Ccnas-como se es en la Yida rea],
&lt;:n lns que nuestras determinaciones
::-:e a.justan á nuestra particular idiosincrasia.
De los scliores Ojeda y Soto lml)laremos en otra ocasión. Terrninnmos esta hreve noticia relterando
11 nestros aplausos á lQs empresarios
del Teatro Progreso y á los artistas
que han ·rnni&lt;lo á dar un gran entanto á las ,~igilias de lln·ierno.

Un grito resornmte, de angustia
:1 de pavura, nos llega del suelo eonrnlso de la bella füílica. El desastre ha sido eompleto, ha sobrepu~~&lt;lo á t,wlos los anteriores. Ante la
,·normidarl ·de esta c·atástrofe ,ios parece earicia el z.irpazo, y antójnsenos inolen.sirn la c-ólera del \'esuhio
que arruinó á Pompcya y á Herculano. Una trepiclaeión formidable
-calofrío de mnertc-lu, estrcmeeido la parte Sur de la penínsuht,
remoYiendo las aguas tranquilas del
mar Tirreno, arrugando las llanuras
de la Calabria, anquilosando las Yértebras alpinas y destruyendo ciudades opulentas. Tal, como si una
mano omnipotente é i1wisible hubiera barrido, en un gesto de iracundia,
toda la obra del hombre, lenta, paeicntc1 pertinaz; como si en un mo,·imicnto de impaciencia hubiera
querido librarse de ese numeroso

c;ército de lileiputicnses que hormigueaban en las praderas, que trepahan ¡xir los montes, que tejían con
las quillas de mil bajeles una malla
e,·anescente de espuma sohre el azul
poemático del Mediterráneo.
Bastó una sacudida del monstruo, un encogimiento de hombror-:,
para acabar la obra pacientemente
realizada á través de las edades por
muchas generaciones. El suelo el,·
la Calabria y el de la hermosa isla
que en illo tempori se llamó «el gmncro ele Roma han querlarlo eon cicatrices e~pantosas. El mar en un
arranque de pasión, se ha arrojado
sobre la playa riente y la ha cstre(·hado 0011 a.brazo mortal, estrujándola bárbaramente.
La desgracia colectiva, la desaparición súbita de ciudades florecientes
y Yeracun&lt;las, ha mantenido en dolorosa cspectac-ión á todos los pueblos. En el egoísmo de la colectividad, esta mutilaeió1; en bloque de,
la raza humana nos ha hecho pensar en el porvenir incierto que no~
aguarda. Ayer en la Martinica,
después en California, hoy en Tarn
de Mcssinn ..... ,lcuándo dcsc.argará
sobre nosotrns su golpe terrible ln
mano negra del destino? Estamo:-:
designados de antemano á ese jnic-io
final de cada Yida, pero nos revelamos ante la idea de una supresión
en masa, repentina y tata], en qlll'
se e-orlan con crueldad los hilos acoplados de millarc,~ de existencias.
Pasados ]os primems momentos
en que el horror heló en los labios
toda palabra y dctm·o todo rnm·imlento1 la abnegación, el amor, h1
caridad, han acudido con presteza al
sal~amento y nl socorro de los que
han sohrevivido en la catástrole.--Está bien. -A esta ciudad se hace hoy
un llamamiento, y ella sabrá corrc;pondcr gencrosamente.-Por nueHtra parte daremos el óbolo en la calle, en el Teatro, en h, Plaza rle Toros1 dondequiera, que se noF pida e11
nómbre de las víctimas.

•••
Para fines del mes corriente, est}i
anunciado el arribo ,í esta capital,
del eximio y gcnw l pianiRta polaco

•

�Joscl IIoffmann, qaíen, contratado
por la casa \\'agner, de estt, ciudad,

queda l1echa sa nuís efocaentc a¡x1logía.

dará un concierto únic-o en el Teatro
,Jnáre"l.

Aún resuenan en nuestros oído:-:;
las delirantes ovaciones que le prodigó el inteligente público de la metrópoli, en su gira del año pasndn,
y tocla·ría nosotros mantenemos ardiente el deseo de conoccdo y admirarlo.
iQué sea híen venido el egregin
arti:;ta y que la sociedad rcinera st.,_
pa corresponder tlignamente á tamaña. honral

Cualquier elogio que pensáramos
haeer de Hoffmann, resultaría tan

pequeño y raquítico en relaeión con
8US incomparables 1néritos de virtuoro1 que mejor nos abstenemos deloarlo antes de oírlo.
Su fama es mundia1, ,v eon decir
que fné el discípulo predilecto y más
aventajado del gran Rnhini-:tC'in,

,

f.

De administración

•

Todas aquellas personas que deseen suscribirse á este
quincenal, deben hac~r sus pedidos por conducto de nuestros
agentes autorizados en las distintas localidades del país.
Los pedidos que se hagan directamente á esta Administración, de los lugares donde tenemos agencias, serán agregados á las listas del caso, para que los cobros sean hechos por
los señores agentes.
De los lugares donde no tiene agencias hasta ahora la
REVISTA, atenderemos pedidos directos, siempre que los domicilios vengan bien determinados.
Los ejemplares para los suscritores foráneos los remitiremos en uo solo paquete á nuestros agentes respectivos, para
que éstos se encarguen de hacer la distribuci6n, en la forma
que juzguen más prudente.
Cualquiera reclamación relativa al servicio de esta REVISTA, deberá hacerse al agente á quien corresponda atenrlerla, y s6lo en el caso de que oo fuere debidamente oída podrán
dirigirse los reclamantes á esta Administraci6n.
Toda reclamación justa será inmediatamente satisfecha.

RESERVADO PARA

Montes Hnos.

r

�Irº

o

o

Teléfonos Nos. 201-108.

º7]

'·Bonetería Parisiense."

Apartado 86.

'

Galle Cscobedo No. 40.
MONTCRRCY.

Galle de Morelos i"!o. 91.

Fabrica de Mantas "La Leona."
o

Gran surtido de efectos de ropa, -extranjeros,
y del país, renovado constantemente.

Importación Directa.
Abrigos-Sombreros-Trajes de Paño-Boas de
pluma-Cortes de media confección y toda clase
de telas de lana, lana y seda y algodón , á precios
muy baratos.

Manuel (antú I reviño Hnos. Su(s.
Monterrey, N. L.

bo

o

o

1

l

Sor~resa f Primavera
o

..
•
,''

Grandes Almacenes de Ropa

c:::J

.,
\

Sombreros para Señoras, Señoritas y Niñas. Ultimas estilos. Precios reducidos.

..

�"fl

IBBBll

'f88'.~I

~
~

3

¿Va Ud. a
MéXiCG?

•

ili

Pues le conviene hospedarse en el Hotel

6RISTOL \' SONORA,
situado en la Avenida Juárez No. 12, frente
1

á "EL BUEN TONO" y á cuatro pasos de
la Alameda. Es uno de los mejores de la
capital, especialmente para familias, por su
magnífico servicio y la economía de sus
precios. Cuartos amplios y bien ventilados. Alimentación excelente, baños y toda clase de comodidades.

No lo olvide Ud.

HOltl BRIS IOl Y SONORA.

m ~e:,: :~ez No.12.
1

l!lt.tj!ul!I

I

�V. RIV( RO .SU(esores.

•

.

MONTERREY, N. L.

Acddemra de comercio "Gral. Zaragoza.'~
ESCOBEDO 63 .
ENSENANZA
MERCANTILCOMPLETA
-'
-· .. .
_,
.

am

.

~"

1 '

"

Eersonal del Colegio: Director, Anastasio A. Trevino, )Iartínez, Prof. Juan T. González, Prof. J oel Rocha, Prof. Rufino Salinas, Profa. l\Iatilde Serna. Prefecto, Sr. Francisco Zárate, Secretario, Aldo. B. Alar&lt;:6n.

"LA INDUSTRIAL"
FABRICA DE MOSAICOS HIDRAULICOS.

SE ENVIAN INFORMES_ A QUIEN LOS SOLICITE.

Tenemos más de 170 clibujos en fabricación. Hacemos cualquier trabajo en PIEDRA ARTIFICIAL sobre diseño.

Es la Academia Comercial que tiene mayor número de i~ter~
· nos y externos en la Frontera Norte.

N. 8.-Garantizamos [ij perfecta ejecución del trabajo y la superior calidad de los materiales empleados.

PIDA UD. El, REQ~AM,ENXO . .
'

Teléfono 343-.

,
'.

.•

·

j

'. J .

' ·

'

' ,, t
l

'. .

·

..

:

.'
,

.

Apartado 303.

LA BOLA.
RESERV ,/\DO PARA

. ~ Colegio Méxi(O -Ameri(ano. E •

•

'.JLa pana~erfa más gran~e \?
acre~íta~a ~e la (tíu~a~ == == ==
:JSntregas á ~omícílío.
'lteléfono 409.

Bpartatio s:iostal 240.

m. ~uírogat 1Proptetarío.

•

�■■ c:::==:c::==:x;::::c=ic::Jc:==:c:==i ■■

•

•

0

Dentaduras de Metal, Trabajos de Puente, Coronas de
Oro, Orificaciones y Extracciones sin dolor son las Es- - pecialidades de la - -

Manuel Yzaguirre,,
DR. MIER No.

Surtido completo de libros de enseñanza.
Fábrica de Utiles y Mobiliario Esl-olar.
Gran existencia de obras literBrias y científicas de autores antiguos y modernos.
Surtido constantemc:nte renovado.
Solicítense precios y Catálogos.
Dirija sus pedidos al

Galle Mo.relos No. 135.

•

APARTADO 242.

101.

MONTERREY, N. L.

"NUfYA Ofl(INA Df Nl Al"
Dr.M. García ·Sepúlv-eda, Prop.

Librerfa Universal.

0

•

■■ c::==:c::==:c::c:c::Jc:::C::::=Jc::=:=:J ■■

----Apartado Número 242.-

Hospital Monterrey.
un

,.

Hos¡ital mcderno con
cu.erpó completo de enfermeras.
Abierto á todos los médicos reputado1.
.
Bajo los auspicios de la Junta Metodist11. de Misiouee.
Se atiende cismeradamentó..
DIRECTOR:

Dr. C. B. Hanson,
MEDICO-CIRUJANO.

"

Miss Helen Montague,

,

.ENFJ'tRMJ!RA PRINCIPAL,

•

Dr.. D.· B&gt; Branham, Dr. B. :wyatt.
Dr. J. S. Steele,
Médicos del Establecimi~to._.

•

Máquinas de Escribir de todas
marcas, en abonos cómodos.
Cintas en todos los colores, fijas y de copiar y toda clase de accesorios • - - •
Cajas fuertes marca "HALL"
y Muebles de Oficina - • - • • •

V. S. Ciómez y Gía.
S. en G.

Esq. Morelos y Zuazua.
Apartado 154.
Monterrey, N. L., Méx.

••

••

�•
0

Librería Universal.

o

Münuel Yzüguirre. ,
APARTADO

DR. MIER No. ro1.

242.

MONTERREY, N. L.

Surtido completo de libros de enseñanza.
Fábric~ de Utiles y Mobiliario Escolar.

)
il,,11 •

•i
&lt;tuaubtemoc·
Ul&gt;enció en mtríco en 152 u
ltltrtunfó en mabrtb en 1907!!
1

c:::J

Getveceria &lt;tuaubtemoc, S. B.
montcrre\!.

. to.

Gran existencia de obras liternrias y científicas de autores an.
tiguos y modernos.
Surtido constantemente renovadoSolicítense precios y Catálogos.
Dirija sus pedidos al

---Apürtüdo ~úmero 142.--

'' .

Máquinas de Escribir de todas
marcas, en abonos cómodos.
Cintas en todos los colores, fijas y de copiar y toda clase de accesorios • • •
Cajas fuertes marca "HALL"
y Muebles de Oficina • • • • • •

V. 8. Gómez y Gía.
S. en G.

Esq. Morelos y Zuazua.
Apartado 154.
Monterrey, N. L., Méx.

��</text>
                  </elementText>
                </elementTextContainer>
              </element>
            </elementContainer>
          </elementSet>
        </elementSetContainer>
      </file>
    </fileContainer>
    <collection collectionId="146">
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="1">
          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
          <elementContainer>
            <element elementId="50">
              <name>Title</name>
              <description>A name given to the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="3075">
                  <text>Revista Contemporánea</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
            <element elementId="41">
              <name>Description</name>
              <description>An account of the resource</description>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="479252">
                  <text>Revista propiedad de J. Cantú Leal y dirigida por Virgilio Garza, en Monterrey, Nuevo León, México, durante los primeros años del siglo XX. Contiene información sobre ciencia, arte, poesía, teatro, novela, historia y crítica. Además, incluye noticias sobre política y publicidad de las principales empresas y casas comerciales de la ciudad</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </collection>
    <itemType itemTypeId="1">
      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="102">
          <name>Título Uniforme</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37040">
              <text>Revista Contemporánea</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="97">
          <name>Año de publicación</name>
          <description>El año cuando se publico</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37042">
              <text>1909</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="55">
          <name>Tomo</name>
          <description>Tomo al que pertenece</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37043">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="54">
          <name>Número</name>
          <description>Número de la revista</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37044">
              <text>1</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="98">
          <name>Mes de publicación</name>
          <description>Mes cuando se publicó</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37045">
              <text> Enero</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="101">
          <name>Día</name>
          <description>Día del mes de la publicación</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37046">
              <text>5</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="103">
          <name>Relación OPAC</name>
          <description/>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="37065">
              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753258&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=&amp;isbn=</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </itemType>
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37041">
                <text>Revista Contemporánea, 1909, Tomo 1, No 1, Enero 5</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="89">
            <name>Accrual Periodicity</name>
            <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37047">
                <text>Quincenal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="39">
            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37048">
                <text>Cantú Leal, J. Propietario</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="49">
            <name>Subject</name>
            <description>The topic of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37049">
                <text>Poesía</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37050">
                <text>Literatura</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37051">
                <text>Arte</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37052">
                <text>Letras</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37053">
                <text>Teatro</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37054">
                <text>Publicaciones periódicas</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37055">
                <text>Revista propiedad de J. Cantú Leal y dirigida por Virgilio Garza, en Monterrey, Nuevo León, México, durante los primeros años del siglo XX. Contiene información sobre ciencia, arte, poesía, teatro, novela, historia y crítica. Además, incluye noticias sobre política y publicidad de las principales empresas y casas comerciales de la ciudad</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="45">
            <name>Publisher</name>
            <description>An entity responsible for making the resource available</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37056">
                <text>Imprenta J. Cantú Leal</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="37">
            <name>Contributor</name>
            <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37057">
                <text>Garza, Virgilio, Director</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="37058">
                <text>Gorena, Gerónimo, Administrador</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="40">
            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37059">
                <text>1909-01-05</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="51">
            <name>Type</name>
            <description>The nature or genre of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37060">
                <text>Revista</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="42">
            <name>Format</name>
            <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37061">
                <text>text/pdf</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="43">
            <name>Identifier</name>
            <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37062">
                <text>2012115</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="48">
            <name>Source</name>
            <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37063">
                <text>Fondo Pérez Maldonado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="44">
            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37064">
                <text>spa</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="38">
            <name>Coverage</name>
            <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37066">
                <text>Monterrey, N.L., (México)</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="96">
            <name>Rights Holder</name>
            <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37067">
                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="68">
            <name>Access Rights</name>
            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="37068">
                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
    <tagContainer>
      <tag tagId="6539">
        <name>Artes</name>
      </tag>
      <tag tagId="6538">
        <name>Ciencias</name>
      </tag>
      <tag tagId="6540">
        <name>Historia</name>
      </tag>
      <tag tagId="4828">
        <name>Novela</name>
      </tag>
      <tag tagId="3071">
        <name>Poesía</name>
      </tag>
      <tag tagId="98">
        <name>Teatro</name>
      </tag>
    </tagContainer>
  </item>
</itemContainer>
