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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

IIIIIYU..IT,o.fjf

Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

D.A.S.U.

Año XIII

Agosto de 1956

No. 8

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1(

u.

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.
:~·-tJ.

'

Por Jean BESSALEL
Durante mucho tiempo, se ha pedido
a la poesía encantar y complacer. Sin

duda se le pide todavía: de la Pleyade
al Simbolismo, de las baladas medievales a los romances de Appollinaire

l

y de Careo, hasta ciertas canciones
modernas, pasando por los grandes sa-

cerdotes del templo como Hugo, Lamartine o Vigny, los príncipes delicados como Verlaine o desdeñosos como
Mallarmé, toda una serie de escuelas,
toda una línea de poetas, toda una
tradición poética, en una palabra, se
presentan para autorizar y justificar

tal posición. Puede ser que algunos
vayan a asombrarse -y a indignarse- al verme poner sobre el mismo
plan personalidades y obras de valores tan diversos. Que no se engañen:
Georges Brassens no es por cierto Víctor Hugo, Tristesse d'Olimpio es sin
duda superior a un lamento fácil de

Laforgue. Simplemente, la diferencia sotros siente en sí mismo sin poder
que existe entre ellos, entre ellas, es darle la forma reveladora.
de grado, no de naturaleza. Pues con Poesía de orden psicológico, diría yo,
estos poetas, cualquiera que sea, uno que sabe macernos con su música, tose siente a gusto. Los sentimientos que carnos y adularnos, invocando sentiellos ponen en juego son los más co- mientos que nos es fácil reconocer comunes y los más eternos. El amor, la mo nuestros, aunque nos lo prohibaalegría, la tristeza, la soledad, la an- mos:
gustia ante el tiempo que huye, ante
Hipócrita lector, mi semejante, mi
''
la muerte, se vuelven a encontrar con hermano ...
el mismo titulo en las más modestas acariciarnos con sus im:igenes, intriredondillas de un Charles d'Orleans, garnos con sus símbolos: poesía que,
los sonetos de Ronsard, la punzante en una palabra, se nos manifestara cobanalidad de Pon! Mirabeau, o los mo la fuente misteriosa de emociones
grandes desbordamientos líricos de un privilegiadas.
lots d'inanité sonare", la imagen que
Lamartine. Aquí se encuentran ellos,
Pero hoy, su naturaleza ya está acor- él nos presenta es la de un poeta y de
aquí les encontramos nosotros y nos de con el diapasón de nuestro tiempo, una poesía en vista de los cuales no
reencontramos en una misma relación como sus preocupaciones no respon- podemos sino sentirnos presos y comconfiada, acordada a ciertas reglas y den a los problemas que se plantean prometidos.
a cierto orden del mundo. Lo esen- y se imponen a nosotros.
Lo que queremos, esencialmente, es
cial, en efecto -al menos lo que nos
En una época profundamente tras- no sentirnos adulados, fortificados y
puede Parecer tal-, esta poesía no lo tornada, se ha derrumbado los prin- adormecidos en lo que tenemos más o
pone jamás a discusión. Esto es lo que cipios que se creían mejor estableci menos conciencia de ser y de conocer:
hace el encanto. Esto es lo que fija, dos, los valores que se complacían en es descubrir, al contrario, ciertas reatambién, los limites. En el sentido en imaginar como más seguros, buscamos lidades que ignoramos y que, entendique Péguy definía Jo metafísico: en la poesla algo más que un simple das por nosotros, no pueden dejarnos
"Aquello que remonta sin cesar el rio montaje artístico: una operación vital, tal como eramos antes.
de la conciencia", esta poesía no tiene comprometiendo al poeta totalmente y
Lo que pedimos paradójicamente a
nada de metafísico. Sus "revoluciones" conduciéndolo a consecuencias del la poesla, es lo que exigimos de la fison justamente agradables porque dan "hay que cambiar la vida" propio de losofía o de la ciencia: esta "verdad
la ilusión de una transformación com- Himbaud, a buscar su justificación y práctica" que un Lautremont le asigpleta y la certeza de que en el fondo su destino azín más allá de su arte, en naba ya como finalidad, es decir, que
se conserva siempre lo importante. una verdadera metamorfosis de la con- tiene que ser para nosotros, ante todo,
Hay quien gusta, hasta conmoverse, dición metafísica e histórica del hom- un medio de conocimiento y de posepor ejemplo, las dislocaciones rltmí- bre. Cualquiera que sea, en efecto, la sión. Nerval, arrastrándonos más allá
cas de Víctor Hugo porque, lejos de grandeza de un Mallarmé creador, en de las "puertas de marfil y de cuerno
comprometer Ja existencia de cierta el orgulloso silencio de su cuarto con
expresión poética reconocida, la ha- las cortinas cerradas, "d'abolis bibe(Pasa a la página 8)
cen auténtica en la medida en que,
desmontando su mecanismo, muestran
y demuestran sus maravilJosas posibilidades. Se dan el lujo de temblar ante
las audaces "rimiques" de un Verlaine,
las sutiles destilaciones verbales de un
Mallarmé: pero Verlaine, se sabe, no
franqueara la zanja que separa su universo del de Rimbaud (he aqui, justamente, dónde temblar no es ya un lujo) y Mallarmé, si trastorna un poco
el orden de las palabras, no tocará
jamás el del mundo.
4

Poesía, poesía de artistas -siendo el
artista, por definición, ese ser particularmente sensible que tiene por tarea expresar lo que cada uno de no-

onsina

&lt;.,,,,,, ,·crsitaria

�CllNCU!lENll A Af\JOS DIE

Poemas

Por Juan Carlos GHIANO.

En El Espectador de su natal Monterrey, el 28 de noviembre

Yo soy Señor, el albañil haciendote tu casa.

de 1905 publicó Alfonso Reyes sus tres primeros sonetos, La du-

¡Que miseria de manos que la labran!.••

da; hallazgo certificado por el fino y atento Félix Lizaso. Es el

Aquí la puerta - mas no antes se harán los escalones

acta de bautismo de Reyes escritor, que ha cumplido los cincuenta años de densa tarea, con más de un centenar de libros de poe-

que lleguen a tu casa.

sía, de ensayo y de crítica. Nacido en aquella ciudad de México
en 1889, este cincuentenario lo encuentra en la plenitud de su

Qué lucha Señor, con estas piedras

talento, ordenando sus obras completas, que publicará la más im-

tan negras y viscosas que resbalan

portante de las editoras de nuestra América.

y me pesan, me pesan porque llevan
el limo de los barros.
Un escritor que ha meditado tan
equilibradamente sobre la literatura y
sobre el quehacer literario. así como
sobre la misión del intelectual americano y los compromisos del hombre
en estos malos años caídos sobre nuestras vidas, complica el riesgo de las
posibles interpretaciones, que escamoteen o empequeñezcan los principios
en que se sitúan sus creaciones, según
las pautas que ha adelantado en pro•
gresión de enriquecimientos, sin soberbias ni jactancias, superando impuestas dificultades y resolviendo problemas propios y continentales.

No extiendas tu mano, no,
deja que me esfuerce
desde mis profundidades,
con la fuerza inmanente de la savia
desde el bosque ancestral en que deviene.
Ya está.
Una primera piedra
para pulirla el corazón me presta
la arena de su lecho.
Mas tu me das el agua
que mansamente brota
el agua dulce y transparente
donde te reflejas, Señor,
Un escalón, uno y otro más •••
Para entonces mi obra habrá concluído.

Por esta vez y por todas
y de nuevo comenzado;
necesidad de poseer
lo que nunca se ha logrado.
Ambito de la simiente
en el gajo que madura,
mi padre me ve crecer

Reyes parte de un alto concepto de
la misión americanista. En discurso
de 1942 -Posición de América- señalaba señeramente: "Hoy por hoy los
americanos tenemos el derecho, acaso
tenemos el deber, de ser algo profetas,
por lo mismo que, ante los desastres
del mundo y las agonias de la especie,
pretendemos aún perdurar. América,
como la heroina de William Morris,
prefiere vivir a morir". Profetismo
que coincide con la idea impulsiva de
la Utopia americana, que tanto defen.
dió el ardor inteligente de Pedro Henríquez Ureña; de ahí que el pensamiento de Reyes se sitúe en ]a misión
esencial de Occidente, dentro de sus
compromisos y riesgos, sobre el convencimiento de las peculiaridades distintivas de la América hispánica. Las
implicaciones de este humanista coinciden con la linea del pensamiento básico de América, superando la excluyente dedicación estética que nunca
fue satisfactoria entre los nuestros.
"La suerte de América - comentaba

para alcanzar su estatura.
Héme de pie en la montaña
por donde bajan los ríos
aquí, desnudo llegé
e hice los sales míos.
¿Porqué desgarran mis carnes
y a sufrir me han condenado?
Oh cielos indescriptibles
oh dolor de Tu costado.

de Juana M. de Espinazo

Reyes- ha permitido que, entre nosotros, aun el especialista se vea más imperiosamente llamado que su colega
europeo a no abandonar su profesión
general de hombre, a ser con mayor
frecuencia educador, legislador y poJi.
tico, a mantenerse en relación más
constante· con la media calle". Tanto
como escritor, Reyes ha sido un hombre al servicio de su México natal, de
América, de España, de Europa, de
Occidente, en ampliación de patrias
espirituales que no reduce ninguno de
los términos en la suma generosa de
su alma comprensiva. Porque ha sabi•
do ser hombre, se ha colmado su vocación de escritor, con persistencia
que adelanta su sentido de servicio espiritual. De ahi la diversidad de sus
temas, en la insaciable atención de este hombre tan abiertamente fecundo.

En una América erizada de agresivos nacionalismos dictatoriales, el internacionalismo espiritual de Reyes
aparece como consecuente reproche,
no siempre interpretado con la nitidez
que tan claro pensamiento exige. Se ha
pensado que su universalismo comporta un desarraigo de lo inmediato americano; tal injusto reproche olvida interpretaciones tan hondas de lo mexicano indio y español como ]a inolvidable Visión de Anáhuac y las páginas
sobre los escritores de su patria, desde
Sor Juana Inés de la Cruz a Enrique
González Martincz, como los muchos
textos en que se l1a preocupado por
caracterizar la inteligencia americana.
reconociendo los rasgos de una constancia ya secular, que responsabiliza
a los nuevos creadores con más imperio que ese comento de las circunstancias físicas en que se demoran cronistas sin tercera dimensión. Sobre este
sector de su obra, otros comentaristas
intentan una caracterización exclusivamente gentilicia de Reyes, olvidando sus esenciales estudios sobre Ho~
mero, sobre ]a critica ateniense y la
antigua retórica, los análisis de escritores castellanos, del genio de Goethe
y de la poesía de Mallarmé. Cualquiera de Jas dos interpretaciones desmembra una creación que se caracteriza
por la unidad tan nuestra de sus notas
dominantes: universalismo y regiona1ismo en acordada armonía. Densa
progresión de motivos y de obligacio,.
ncs que peculiariza una de ]as constancias de la cultura americana, a cuyo servicio se presenta inclusive el Reyes traductor, tan atento a textos de
diverso origen y contenido ejemplar.
El pensamiento americano -en particular la reflexión sobre las realidades de América- ha ido creciendo so-

•

cidcntal,
asegurando
el ingreso OC·
de
bre los estimulos
del así
pensamiento
nuestras peculiaridades al nivel de la
cultura, cuyas últimas justificaciones

A
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Página 2

Página 3

�verdad psicológica que cada autor comunica: Romero requiere una explicación distinta a la de Mallarmé, Góngora no se puede estudiar como Amado ~ervo, Lope de Vega expresa vivencias distintas a las que Goethe. En
estos distingos se perfila la crítica de
Reyes, 1legando al juicio -suprema
aspiración de su tarea- sin desdeñar
la impresión y la exégesis. Tal actitud
se sostiene e iguala por gracia expresiva, casi incomparable en la literatura amedcana contemporánea. Pocos
escritores de nuestra América han sido asistidos por la gracia -"fuerza ligera, libélula de color, querubín del
alma", sintetiza Reyes-; Sor Juana
Inés y Marti, algunos momentos de
Darío y el menos frecuente Rodó, como algunos pasajes de Lugones son,
con Reyes, los ejemplos más nítidos de
esta virtud, tanto de griegos como de
andaluces, para comprenderla dentro
de los términos en que Reyes la sitúa:
"No temen la ley: no necesitan violarla. Viven en sus interiores luminosos.
No temen la regla: encaraman un estilo sobre otro".

escapan a los desmembr~entos nacionales. La mayoría de edad de nuestra América se ha manifestado en esfuerzos de aprehensión de los valores
propios y de los valores universales;
ni Sarmiento, ni Bello, ni Martí, ni
Hostos, ni Sierra, ni Dario son excluyentemente escritores de un país americano; sus creaciones asumen la preocupación esencial por América, que se
incorpora así al diálogo con las otras
unidades culturales, en particular con
Europa. El pasado americano se interpretó con el mismo fervor con que se
analizaba el presente, sin olvidar que
América es un sector del mundo, y por
esto ninguna de las preocupaciones
universales fue ajena al pensamiento
de estos libertadores del alma continental, ni siquiera de aquellos más
comprometidos en la acción inmediata, como Sarníiento y Martí. En esta
línea debe comprenderse la obra de
Reyes, como la de su fraterno Pedro
Henriquez Ureña; la ciudadanía americana de ambos no implica una imposición egoísta frente a Europa; han
querido aclarar las modalidades propias para enseñarnos a ver mejor, a
nosotros y a los europeos, a la vez que
han hecho que aqui se comprenda mejor a Europa, integrando el concierto
de las responsabilidades esenciales,
donde cada continente personaliza su
voz sin engaños y sin concesiones. ·

Reyes se preocupa igualmente por
los hechos contemporáneos como por
la historia universal, exactamente permeable ante las nuevas formas literarias como ante la integra permanencia
de Homero y de Platón. De ahí la perenne juventud de sus publicaciones,
ilustrativas de la actitud crítica por él
definida: "La critica es este enfrentarse o confrontarse, este pedirse cuentas, este conversar con el otro, con el
que va conmigo''. Interpretación de
unos versos filosóficos de Antonio Machado, que aluden al diálogo implicito

Página 4

que se reconoce en toda la obra de
Reyes, inclusive la poética. Es como
si coincidieran el creador pleno de
gracia y el crítico colmado de exigencias, el que va creando y el que va
juzgando, el que acepta plenamente
sus urgencias y el que registra las
reacciones ante lo leído, para pasar de
la impresión al juicio, única forma de
situarse entre las creaciones responsables. Reyes nunca olvida la última justificación de- las obras ajenas, como
nunca desdeña el balance coincidente
de las propias, a pesar de la despistante diversidad de los asuntos y de
los posibles distingos temáticos y verbales.

Una reciente voluntad rescatadora y
clasificatoria impulsa a Reyes en las
reediciones de sus obras. Los distingos temáticos que impone confirman
la unidad de la creación cotidiana )
la depuración de ciertas actitudes y
de amplias selecciones expresivas. En
la poesía y la crítica, el ensayo y el
relato breve (las inolvidables- ficcio
nes de El plano oblicuo, 1920, y El
cazador, 1921, injustamente desdeñadas por curiosos antólogos), Reyes alcanza la limpia belleza que equipara
gracia e .inteligencia, sin desdeñar ninguna posibilidad significativa, expresiva y comunicativa de las palabras.
En muchos de sus textos se reconoce
la plena satisfacción del escritor, nn
felix asentimiento de las propias excelencias, tan afirmativo como el que se
adelanta en el aprecio de las ajenas
virtudes.

Su "veleidad en asuntos y estilos",
sobre todo poéticos -"de que no me
arrepiento", agrega Reyes- impide la
reducción del juicio sobre su obra. Sin
embargo, toda ella adelanta esa interminable lucha con el ángel ---Jacob ha
llal)lado a la poesia-, por diversas·
vlas, exaltadas en la depuración poemática, que ilustra el Arte poético ordenada en 1925: "Asustadiza gracia del
poema: / flor temerosa, recatada en
yema: / y se cierra, como la sensitiva,
si la llega a tocar la mano viva. /
-Mano mejor que la mano de Orfeo: / mano que la presumo y no la
creo, / para traer la Eurídice dormida / hasta la superficie de la vida,•
Aspiración desiderativa en el último
cuarteto del poema titulado justamente Jacob: "¡Oh sombra musculosa, oh
nube grave! / Derrótame una vez para que caiga, / o de una vez rómpe.
me el pecho y ábreme/ entre los dos
reflejos de su espada."

Reyes, ejemplo de noble cortesía y
de fino recato, ha eliminado de su
poesia y de su prosa el ánfasis oratorio que por lustros se hizo constancia
de la expresión americana. Hay en él
un pudor varonil, que no esquiva lo
rotundamente sentimental, un 'escaparse de las tensiones interjectivas, un liberarse de las voces sonoras, que indica otra coincidencia con las mejores
expresiones de América. Suma de equitativas disposiciones que es una de sus
atendibles ejemplaridades. En sus muchos volúmenes -ninguno innecesario
ni escrito sin que lo asistieran virtudes de hombre y de creador- pueden
elegirse los hitos de la unidad universal y al mismo tiempo americana del
pensamiento qu,e reclaman nuestras
desvaídas repúblicas literarias. En sus
libros persiste la dignidad del hombre
que arraiga en su tiempo, elevando ramas, flores y frutas a todos los vientos; seguro porque las raíces vienen de
muy lejos, en persistencia que abrevia
siglos y culturas.

Las muchas lecturas de Reyes y sus
meditaciones fervientes de algunos temas se reelaboran con afirmativa capacidad de discernimiento, poco frecuente en las letras americanas. Inclusive en los volúmenes más eruditos, el
pensamiento elude los apoyos justificativos de las certezas del metodo, logrando la esencial comunicación de las
ideas sin necesidad de exponer los andamiajes previos. En las dos series de
Capítulos de literatura española, 1939
y 1945; en Pasado inmediato 11 otros
ensayos, 1941, La critica en la edacl
ateniense, 1941, La antigua retórica,
1942, y La experiencia literaria, 1942,
hay capítulos ejemplares de esta capacidad de elaborada síntesis. Inclusive
en el rnáS ambicioso y denso de sus
tratados -El deslinde, 1944- se afirma esta personalización de las conclusiones teóricas, que en otros volúmenes se individualiza alrededor de ciertos personajes y paisajes, como en incomparables -de elegancia y de penetración- páginas de Simpatías y diferencias, 1921 a 1926, y de Las vísperas
de España, 1947.
La explicación de los textos más arduos y·la personalísima aclaración de
los temas más comentados recupera la

•

CARTA DE
LONDRES
Julián GALLEGO.

LONDRES Y MOZART
La vida artística de Mozart córresponde en España a los reinados de
Carlos III y Carlos IV, en especial al
primero. El reinado de Carlos ID va
de 1757 a 1788; la vida de Mozart, de
1756 a 1791. Lamentemos que Mozart
no haya tenido en nuestro país la
acogida que merecieron Boecherini,
Scarlatti o Rosini y que el rey Carlos
III no se haya interesado en oír a este prodigio de su siglo, que tantos éxitos coleccionó en las Cortes de Austria, Italia, Francia e Inglaterra. Anteriormente hemos escrito sobre las
venturas y dolores que a Mozart depararon sus viajes a París. Una interesantísima exposición que tenemos ocasión de ver mas tarde en el Museo Británico nos inspira el deseo de escribir
sobre Mozart y Londres.
Hay en esta exposición manuscritos,
documentos, ediciones del compositor
austriaco. Se exhiben los autógrafos
de la preciosa colección de Stephen
Zweig, entre ellos el de la famosa aria
"Non so piu cosa son cosa faccio"
cantada por Chernbino en las "Bodas
de . Figaro", varias cartas a su prima
Tecla, una de ellas con una caricatura
dibujada por Mozart, cuyo buen humor es bien conocido y la partida de
casamiento del artista con Constanza
Weber Viena 3 de agosto de 1782, en
la que la letra modesta de la novia
contrasta con la escritura decidida de
su hermana Aloysia, primitivo amor
de Wolfgang. En lugar de honor figura una de las tres acuarelas de Carmontelle representando a la familia
Mozart dando un concierto, Leopoldo,
el padre, con su violin, Wollgang sentado ante un clave inmenso, con sus
piernecitas colgando, y al fondo la
hermana preparada para cantar. · Hay
también varios grabados de la ép¡:,ca,
que nos muestran el aspecto de las ciudades que el compositor habitó y
otros, posteriores, de los excelentes
decorados que K.F. Schinkel pintó para "Flauta Mágica" a principios del siglo XIX.
En directa relación con Londres,
aparte de ediciones musicales -esas
deliciosas ediciones príncipe de las
obras mozartianas, donde las viñetas
adquieren ya un estilo neoclásico lleno de gracia, que nos explica el sentimiento del autor al escribir el "Idomeneo"- y del original de la Cantata
"God is our Refuge", dedicada al mismo Museo expositor con motivo de la
visita que los Mozart hicieron en 1765,
se exponen los anuncios y reseñas publicados en el periódico londinense
"The Public Advertiser" con motivo
del concierto de caridad celebrado en
Ranelagh House y que corrió a cargo
de los Mozart. En un anuncio publicado en dicho diario, dedicado a los
aficionados a la Ciencia ("To ali Lovers
of Sciences") y no al Arte, porque en
este siglo de las Luces ciencia y arte
tienden a confundirse, vemos a _que
juegos malabares se dedicaban los dos
niños para satisfacer a un público variado, el más notable, tocar el clave
con el teclado cubierto por un pañue-

lo, aparte de improvisar sobre cualquier tema y en cualquier tono, Qulzá
el anuncio se dirija a los científicos
puesto que Mozart era presentado como un fenómeno de la naturaleza.
Reinan en Inglaterra en el momento
del viaje de Mozart Jorge III y Sofía
Carlota, a qnien Mozart dedica unas
sonatas. Es el momento del amor a
los parques "a la inglesa", donde los
elementos aparecen ordenados imitando -y tratando de mejorar- la Naturaleza, el momento, en arquitectura,
del segundo estilo georgiano, de que
Londres posee ejemplares tan exquisitos. Llegan a Londres los Mozart en
abril de 1764. Ha pasado casi un siglo después del gran incendio de la
City y numerosas iglesias edificadas
por Wren ocupan los lugares en que
anteriormente. había edificios góticos.
Pero el estilo de Sir Cristopher está
pasado de moda hace ya tiempo. Los
arquitectos famosos en este momento
son James y Roberto Adams, que han
dado su nombre a un estilo de muebles bien conocido y que edifican en
Londres y sns alrededores mansiones
de lineas puras en donde los mármoles de las villas italianas se ven snhstituidos por el ladrillo, pero cuya decoración interior, de estucos elegantes según motivos cl3sicos, nada tiene
que envidiar a sus modelos mediterráneos. Mozart ha podido ver terminadas_o en vias de contrucción, algunas de esas elegantes y tranquilas plazas que son el orgullo de Londres y
que alian tan felizmente la sencillez
con la comodidad.
Esta visita dura mas de un año y
da lugar a numerosas actuaciones de
los dos hermanos prodigios. Su influencia sobre la formación musical
de Mozart será relevante. En efecto, en
este viaje conoce y admira al Bach de
Londres, Juan Christian, cuyo paso se
advierte en el futuro estilo mozartino.
Numerosas manifestaciones musicales han conmemorado en Londres el
bicentenario de Mozart en el famoso
festival de G)yndebourne pondrá en
escena, de junio a agosto, las seis óperas mayores del glorioso genio de
Salzburgo.
"LA OPERA DE PERRA GORDA"
Hace ya años que el hoy famoso escritor alemán Bertolt Brecht y el compositor Kurt Weill escribieron su "Drei
Groschen Oper"; hace ya años que el
director cinematográfico Pabst realizó
de dicha obra una adaptación cinematográfica que sigue siendo las delicias
de los Cine Clubs y que lleva por titulo francés "L'Opcra de Quat'Sous".
En la presente temporada, el Aldwych
Theatre de Londres ha tenido la idea
de montar en inglés este espectáculo
con el titulo de "Thc Threepenny Opera". Bien podemos, pues, traduciendo
a nuestra moneda -o a la moneda que
se empleaba en el momento en que la
acción sucede,- .el "umbral" del siglo XX, según el programa- hablar de
la opera de real, o mejor de perra
gorda.
A que se debe este titulo económi-

co? A que se trata de una ópera para
mendigos. "Puesto que esta ópera ha
sido concebida con un esplendor que
sólo un mendigo puede imaginar, y
puesto que es tan barata que incluso
un mendigo puede ofrecersela, es llamada La Opera de Tres Peniques" nos
aclara también el programa. ¿Pero, se
trata, en efecto de una ópera? Este
nombre ha sido acaso elegido en recuerdo de la legendaria "Beggar's Opera" de que el pincel de Hogarth ha
consen-ado el aspecto. Pues el espectáculo que ahora vemos podría calificarse, con más actitud, de comedia
musical, pues el texto es recitado, salvo en los números cantables.
Por lo demás, la orquesta se halla
en escena, en segundo término, en una
especie de kiosko cochambroso. Está
compuesta de ocho músicos: Un director pianista, un Armonium, un Trompeta de mucha importancia, uno que
se ocupa de la cuerda -Cello, Banjo y
Guitarra alternativamente-, otro que
asume el Saxofón, Fagot y Clarinete,
el sexto que toca el Trombón y el Contrabajo, el penúltimo que domina la

Flauta, Clarinete y Saxofón y por fin,
el que se ocupa de la Batería. La orquestación, partiendo de estos instrumentos, puede suponerse que tiene un
tono humorístico, de charanga, ligeramente desafinado, música un tanto monotona, pero de evidente calidad, de
la que el fragmento principal, divulgado por el film, es la Balada de Mack
the Knife, el patibulario protagonista:
Oh, the shark has pretty teeth, dear
and he shows them pearly white....
según la traducción de Marc Blitzstein.
El argumento es bien sencillo; nada
difícil de comprender, aunque no se
domine el inglés, ya que antes de cada episodio, el Cantante callejero levanta una hoja de sn cartel en la que
se explica lo que va a suceder, mientras se proyecta en el telón ún dibujo
humorístico que lo representa. Se trata de los amores del bandido Macheath
(Mack el Cuchillo) con la señorita
Peachum hija del Rey de los Mendigos de Londres. Bien se le puede

Página 5

�dar este título real, pues, aparte de su
almacén de ropavejero se dedica a vestir convenienteniente, a adiestrar y a
administrar a todos los mendigos profesionales. Al señor Pachum no le hace demasiada gracia la improvisada
boda de su hija -ceremonia que es
un prodigio de fantasía y extravagancia, pues e! "gang" de Mack trae, para
dar un ambiente de lujo, los objetos
mas extraordinarios - y consigue que
su yerno sea detenido, con gran desesperación de Tiger Brown, Comisario
de Policía, admirador y amigo del bandido, y condenado a muerte. El señor
Pcachum es poco menos que omnipotente: le basta organizar una manifestación de mendigos, precisamente en
el momento en que sale el cortejo de
una Coronación, para que el policía
Tiger Brown acceda a cuanto quiere.
Por fortuna la Regia Persona coronada concede el indulto en el último
momento y todo el mundo se reconcilia al final.
El lugar de la acción es el barrio
de Soho, en el centro de Londres, barrio que en tiempos parece que fue predilecto del hampa de la capital; en la
actuaJidad es, mas bien, reputado por
sus restaurantes exóticos y sus tiendas bien surtidas. La presentación,
con elementos aislados, es la que el
propio Bertolt Brecht suele emplear en
sus modernas realizaciones; un letrero suspendido sobre elementos de aspecto viejo y sorprendente, lindando
el surrealismo, indica el lugar de la
acción. El decorador es Caspar Neher.
El ambiente de bajo fondo, lleno de
sarcasmo y de acritud, a veces de desvergüenza, ha sido creado por el director Sam Wanamaker.
EL MAYOR TROILO Y LA SE¡l¡ORITA
CRESSIDA
Corresponde "Troilus and Cressida"
a la madurez de Sbakespeare. El hecho
de que su impresión sea de 1609 ha inducido a considerarla escrita hacia este año; así, en la edición Selfridge
que tengo a la vista se lee que esta
obra, con "El Rey Lear", "Macbeth",
"Julio César", "Antonio y Cleopatra",
"Coriolanou, "Cimbelino", "Cuento de
Invierno", "Otelo" y "La Tempestad",
forma el grupo considerado generalmente escrito entre 1605 y 1613 - el
autor muere en 1616 - . Según Astrana
llarin es más probable que fuera escrita en los comienzos de 1603, lo que
la co]oca entre "Hamlet" Y· "Otelo". En
cualquier caso, vemos que es contemporánea de las mayores creaciones del
talento de Shakespeare. A pesar de
ello, es poco popular y casi podríamos decir que. poco conocida. Acaso
su género híbrido, entre tragedia y comedia, Ja haya perjudicado en la estima del público, que siempre prefiere
saber a qué atenerse y si debe ir al
teatro a reir o llorar. El teatro londinense "Old Vic" ha elegido esta tragicomedia para su representación en la
temporada actual.
De la producción de esta versión
nueva se ha encargado Tyrone Guthrie,
en lugar de Michael Bentball, Director
del teatro y realizador de ]as otras dos
obras que se representan simultáneamente esta primavera, "Otelo" y "Enrique V". Se encontraba el productor
ante una obra mas cómica que seria,
una história troyana, tornada por el autor con la mayor libertad y el mínimo
ahogo arqueológico. El argumento, no
tomado de la Iliada, es el siguiente:
Troilo, príncipe troyano hijo de Príamo, esta enamorado de Cressida, compatriota suya, hija de Calcas, sacerdote
de Troya que se ha pasado al campo
de los griegos. Su amor se ve prole•
gido por los buenos oficios de Pándaro, tío de la muchacha, que los echa
a uno en brazos de la otra, venciendo
la timidez del mozo y la modestia de

Página 6

su sobrina. Pero un acontecimiento
imprevisto viene a cortar estos amores: los griegos sitiadores hacen prisionero a Antenor, troyano importante, y a instancias de Calcas proponen
canjearlo por Cressida. Naturalmente
los troyanos no ven inconveniente alguno en prescindir de una muchacha
que no les resta ningún servicio a
cambio del precioso Antenor. Los dos
amantes tienen que separarse, tras mil
protestas de fidelidad que Troilo obliga a hacer a su tímida amada; ésta
parte al cuidado de Diómedes, para
reunirse con su padre. Su llegada al
campamento griego constituye un éxito; todos los jefes, hasta Patroclo, intimo amigo del jactancioso Aquiles, le
piden un beso; todos, menos Ulises,
quien, con su habitual sagacidad ha
medido el corazón y la cabeza de la
linda emigrante y no ha bailado gran
cosa. El mismo se encargará, en una
tregua durante la que los troyanos
descienden al campamento griego, de
hacer ver a Troilo la infidelidad de
Cressida, enamorada ya de su galante
conductor Diómedes.
Con esta escéptica historia de amor
está mezclada, con gran habilidad, la
de las dificultades que para los griegos representa la ociosidad de Aquiles,
su guerrero mas prestigioso, que se
niega a combatir. Por consejos de Ulises simulan desdeñarlo y considerar al
estúpido Ayhx el campeón que ha de
librarlos de Héctor, el beroe troyano.
Picado Aquiles se decide a obrar y,
con el auxilio de sus Mirmidones, mata cobardamente al noble Héctor, lo
que causa la desesperación de Troilo
y todos los troyanos y da al final de
esta farsa un tono trágico. Bien es verdad que la última palabra la tiene Pándaro, olvidado y enfermo después de
haberse tomado tantos trabajos en su
tercería, que reclama para los alcahuetes la compasión de la sala.
El osado lenguaje de esta comedia,
los continuos chistes y juegos de palabras que la llenan, la campechanía
burlona con que el autor trata a los
herées griegos y troyanos, mal se acomodaban a una puesta en escena arqueológica y pomposa. En esta comedia resalta, tanto al menos como la vanidad del amor, la vanidad de la guerra. El realizador ha tenido la idea
de genio de ambientarla en la última
época que ha conocido una floración
de grandes uniformes, en que la guerra, con toda su crueldad, tenia visos
de opereta: el principio de nuestro siglo, Iiasta la Gran Guerra. Los troyanos llevan uniformes de cierto corte
inglés; los troyanos se acercan al es•
tilo prusiano. Todos rivalizan taconazos, plumeros, vanidad, inconsciencia.
Elena es una especie de "viuda alegre" - Wendy Hiller le da especial
relieve - que toca al piano la Marcha
)lilitar de Scbubert para que su estúpido y hermoso Paris no oiga los clarines guerreros; Cressida una encantadora amazona - Rosemary Harris que acompañada de su groom - bordado por Aubrey Morris - se divierte bastante viendo la guerra con prismáticos. El ingenuo Troilo es Jobo
Xeville; Héctor, Jack Gwillim; todos
los elogios serían pocos para tan excelentes actores. Aquiles, con su capote

de fantasía y su aire achulado es una
creación de Charles Gray. Un indeciso e infantil Patroclo -J eremy Brettlo sigue como su sombra. Pero habría
que nombrar a todos los actores, harto
trabajo para quien prepare los tipos
de este articulo. Que me permita,
cuando menos, subrayar el nombre de
Paul Rogers, uno de los mayores actores con que hoy cuenta Inglaterra, a
quien el pasado año habíamos visto
encarnando a Macbeth. Asume esta
vez el papel del entremetido Pándaro,
al que da el aire, elegante y ridículo,
de un dandy madurito y afectado, que
mira con ojos de carnero a medio degollar el desarrollo de este amor que
ha protegido. Ni una sombra de mal
gusto, de vulgaridad, en esta interpretación que no renuncia a ningún efecto cómico, y que precisamente adquiere todo su valor por la exactitud y,
casi diríamos, la ternura con que se
ha comprendido al infeliz correveidile. Con que gracia añeja y coquetona
canturrea las canciones que Shakespeare pone en el texto, con un aire
de "va1s boston" o de "one stop" ... :
"Love, lave, nothing but love, still
·
more!" ...
y con qué raro acierto sabe emocionar al público al final, cuando, sentado en su maleta cosmopoJita, con etiquetas ele todos los hoteles, entona su
ultima canción solicitando nuestra simpatía ...
Esta interpretación ejemplar, en la
que nadie intenta lucirse a costa de
los demás - el actor Ronald Allen,
por ejemplo, que representa a París,
se resigna de muy buen grado a permanecer casi constantemente de espaldas al público -solo es posible en un
teatro dirigido con la seriedad y el
amor que este. Un aplauso también para el compositor Frederick Marshall,
y para el decorador y figurinista Frederick Crooke, que de un modo tan
sencillo como exquisito han producido
]a atmósíera que este nuevo y audaz
montaje requería.

DOS OTELOS PARA UNA
DESDEMONA
La representación, en esta temporada, ele la famosa tragedia "Othello, the
Moor of Venice" por la compañía del
Old Vic, ofrece una novedad de interés: el papel de protagonista es representado alternativamente, según 1as
funciones, por dos actores diferentes,
Richard Burton y John Neville. Esta
especie de amistosa competencia solo
es posible en un teatro en que el amor
desinteresado a la proíesión y a las
obras que se representan venza esa
vanidades lamentables de que la bella
pelícu1a de Bardem "Cómicos" nos daba tan fiel imagen.
El día en que asistimos a esta representación, Burton se ha encargado de
encarnar al celoso moro. Pero el excelente actor que es John Neville no
está ausente de la escena; asume el
papel de Yago y le da tal relieve que,
una vez más, dudamos de quien es el
personaje principal en esta tragedia
singular, si el engaii.ado Otelo o superverso tentador.

Hacer un papel de malo integral, como Yago, es tarea de dificultad enorme. Comenzamos por dudar de tanta
maldad, por no poder comprender aunque Shakespeare lo explique bien
claramente como se puede ser tan diabólico. Elector, si se limita a expresar
de modo elocuente esta perversidad,
nos resultara falso; si la amp1ifica,
con gastos ampulosos y miradas rastreras, nos parecer:i ridículo. John
Nevillc tiene el mérito de crear un
Yago casi simpática, atrozmente simpático, aborrecible en su aspecto sencillo y servicial más que si se nos presentara llevando las más negras libreas del Infierno. Y cuando lo vemos, con su aire despierto y modesto
de subalterno, con su traje sencillo,
con su rostro abierto - abertura que
nos deja ver lo que él quiere - y sonriente, nos damos cuenta de que ya no
podremos imaginar a este personaje
de modo distinto. Nos damos cuenta
de que es la manera exacta como de..
be ser este personaje que, en su momento mas criminal (Acto III, ese. III)
merece ser llamado por Otelo, "honest
creature", "fellow's of exceeding honcsty", amigo de honradez excesiva; a
quien Cassio, otra de sus víctimas, llama también "honest lago" (Act. II,
Ese. 111), en el mismo instante en que
fragua su ruina.
Richard Burton da al papel de Otelo
toda su inocencia, su credulidad, su
nobleza, su arrebatada obcecación.
Otelo es un celoso que no quiere serlo.
Nunca lo hubiera sido, de no intervenir su pérfido lugarteniente. Y cuando éste le derrama en el oído el veneno de su calumnia, el desventurado
moro exclama: Piensas que he de
aguantar una vida de celos, siguiendo
a la luna en sus cambios con sospe.
chas renovadas? (Ese III, Act. III).
Por su horror a los celos se lanza al
crimen, como esos soldados que su terror lanza hacia el enemigo. El atlético aspecto de este joven actor cuadra
a maravilla con su papel de soldado y
con la facilidad con que consuma su
venganza.
Desdémona es Rosemary Harris. Es
una buena actriz que no tiene la menor dificultad en llenar un papel de
lucimiento y casi tan fácil como el de
la Doña Inés del Tenorio, golosina de
nuestras actrices. Ha de salvar, no
obstante, un inconveniente del texto:
Desdémona habla después de ahogada
por su marido. Dice nada menos que
tres frases. Salvar esta inverosimilitud,
palpable a ojos modernos, exige no poco tacto por parte de la actriz que las
recita. Citemos también con elogio los
nombres de Wendy Hiller, que da verosimilitud al, un tanto desconcertante, personaje de Emilia, esposa de Yago, que se presta al escamoteo del
pañuelo de su señora con una buena fe rayana en ceguera; de Richard
Wordsworth, estúpido Roderigo; de
Anthony White, imprudente Cassío.
Habría que copiar todo el reparto. El
director ha sido Michael Benthall.
Dividida en tres jornadas, esta tragedia se desarrolla de noche en su primera parle. El efecto nocturno, muy
bien logrado, gracias a las luces y a
la embocadura con ventanas y puertas fijas del teatro, así como a la escalinata que desciende al foso, cara al
público, da un valor especial a las escenas de Ja alarma en casa de Desdé•
mona, de] Consejo de Venecia, de la
llegada a Chipre, de la borrachera de
Cassio. Las escenas siguientes diurnas,
dejan paso a la noche del terrible fi.
nal.
Los trajes y decorados son de Loudon
SainthilJ. Los primeros, acertados; los
segundos, discutibles. Esa especie de
tienda de campaña de cuerdas y jirones podrá tener un aire mediterráneo,
pero no responde demasiado a un Castillo, como el texto exige.

ll!IBIR.OS

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTI

R. G. ESCARPIT: Historia de la literatura francesa. (3~ ed., México, Fondo de Cultura Económica. Col Breviarios.

debidos a la pluma de casi otros tantos escritores (pues algunos figuran
La Universidad de Nuevo León ha
con dos o más notas), se reúnen bamantenido desde su fundación un vas•
Entre tanto, nos sentimos felices de to plan editorial que desarrolla al trajo el título Páginas sobre Alfonso Reyes (1911-1945).
saber que, en el otro extremo del mun- vés de publicaciones cuya circulación
¿Debe concebirse la materia que esLa extensa y variada producción de, do latinoamericano, sigue sumando ti•
tudia la literatura como un repertorio poeta, del ensayista, del crítico, del tulos a su rica bibliografía un escritor comprende a todas las Instituciones
ofici3!es, universitarias, académicas,
arqeuológico por describir y analizar
autor de c~m~ntarios suscitados por de estilo a la vez diáfano y de sabia ateneistas, centros culturales, sociedao como una sucesión de personalidalas .º~ras mas importantes. La riqueza maestría: un hombre de letras a carta des de diversa indole y personas en
des Y de obras que pueden emocionar esp1r1tual, la vasta erudición -nunca cabal, tan capaz de emocionarse ante América y Europa.
'
º. aun disgustar? Entre ambas tenden- árida ni abrumadora-, la sabiduría una página de hermosa tipografía, cocias, Robert G. Escarpit ha logrado en- ?ien arraigada, pese a la amplitud del 1~0 de pali~ecer ante una errata, y, en
E?tre. el cuerpo de ediciones que
contrar,_ en este breviario, una justa
aqm_
se 1mpr1rnen figura nuestro mením,
un
esp1ritu
comprensivo
y
cordial
ar~• que abarca esa compleja red d&lt;!
proporción.
s~ano
·'ARMAS Y LETRAS", que reexquisitamente
cortés
y
tolerante
d;
raices Y raicitas tendidas hacia todos
'
c~~ntementc ha estable_cido una sec. Bajo el trazo lleno de soltura y ori- los horizontes del conocimiento, nos hombre universal.
cwn -LIBROS-, en la que figuran
?mahdad con que Escarpit va dibu- dan una visión calidoscópica, rica en
Pablo Carlos ETCHART.
comentadas las obras últimamente apa¡ando el rostro de la literatura france- formas y en colores, de Ja obra de Af.
sa, hay una armonía arquitectónica y fonso Reyes, y como el desfile de imárecidas en las prensas americanas.
Buenos Aires, 1956.
una ~l~r.a precisión en su sintesis y en genes llega hasta nosotros a través de
. ~•da la extensa órbita de circulasus JUJCIOs, que convierten l~ lectura la variedad de lentillas proporcionada
c101;1 del, Boletín arriba mencionado, y
d~. una obra. didáctica en una incita- por tantas y tan diversas mentalidacwn persuasiva. La concisión misma d_es, la sensación calidoscópica de lo PAGINAS SOBRE ALFONSO REYES en mteres de ofrecer al lector americano una juiciosa información de] fon ..
que imponía un panorama de esta na.. siempre distinto y siempre atrayente
!1911-1945). Universidad de Nuevo do Y continente de la obra, cotejada
turaleza no se ha resuelto a una enu.. s~ acentúa, al renovarse en cada pá.
León, Monterrey.
a la luz de un criterio ecuánime y a
meración inexpresiva, sino omitiendo gma.
tono con Ja moderna interpretación
con firme sentido critico algunos rasNo creemos en la crítica como co~
Son casi seiscientas grandes páginas
gos Y personalidades secundarios para lección de fórmulas o tests para eva- que recogen ciento dieciseis juicios d~ del. p~nsa~iento científico, literario o
artistico, ARMAS y LETRAS" se comconservar, en cambio, cuanto es esen- luar las obras; preferimos la crítica ~odas p~rt~s, ingleses, franceses, espa.
place en invitar a ustedes a coadyuvar
cial para el conocimiento de las letras impresionista, que no aspira a más que noles, Jtahanos, cubanos, mejicanos,
francesas. La nueva edición que ahora h_acernos conocer la impresión produ- venezo_Ianos, ecuatorianos, brasileños, con es!e propósito de orden cultural
hemos editado ha sido puesta al co- c1da en el crítico por la obra comen- arge?tmos, chilenos, peruanos, etc., qu~ amm~ .ª la Universidad de Nuevo
Leon, sohc1tándoles el envio de cada
rriente por el autor, al incluir los he- ta?~· Dirán algunos que tal tipo de publicados en distintas fechas sobre
chos literarios franceses de los últimos cr1hca es susceptible de yerro. Admi- d1stmtas obras del poeta, critico, filó- una ?e. las ediciones nacidas en sus
pr~stigiosas prensas, las cuales serán
años.
·
tido; pero ¿acaso no se equivoca tam- log~, ensayista, pensador, en fin, del obJe!o de nuestros comentarios, en la
bién la "critica científica"?. Baste re- vario Y grande hombre de letras el medida que vayan llegando a nuestras
cordar lo que escribió Brunetiere so- "perfecto humanista" como le han 'na- manos.
bre la poesía de Charles Baudelaire. ma~o. Y que parece una de las mejores
Los envíos deben hacerse a:
Y la crítica impresionista tiene la ven- defm1c10nes de Alfonso Reyes.
taja de ofrecernos simultáneamente
"ARMAS Y LETRAS",
una dobl~ _imagen: la del criticado y
la del critico, lo que siempre resulta
Universidad de Nuevo León
'
más sabroso para quienes sentimos cuPlaza del Colegio Civil,
riosidad por el espectáculo del alma
Monterrey, Nuevo León
humana.
México.
'
La_ critica que preferimos es la que
nos 1nc_ita a leer una obra, o, por e]
contrarJO, nos disuade de perder con
ella un tiempo que siempre nos resulta
escaso, ante el infinito, vertiginoso
caudal_ de lectura que se ofrece a nuestra avidez.
Pues bien, Páginas sobre Alfonso
Es un homenaje -uno de los homeReyes llevará a muchos, sin duda, a najes- que ha recibido en el cincuen.
trabar conocimiento con la obra del tcnario de su carrera y que asumió en
~n~e~tro mexicano, 0 a ampliar el ya su patria proporciones de fiesta nam1crndo con uno o más libros. Esto
Organo Mensual de la U níversídad
PAGINAS SOBRE ALFONSO REYES no significa que perdamos de vista cional.
Con justa razón.
Edición de Homenaje, UNIVERSI- que la_ obra de Reyes no es para la
de Nuevo León
Alfonso Reyes, nacido en Méjico,
DAD DE NUEVO LEON, Monterrey mayorza. No; como epígrafe de esa
madurado
en
Francia
y
en
Madrid
México, 1955.
' obra, podría ponerse el de Juan RaRcgi,trado como artículo de 2a. Clue a la
aporta a la cultura del Nuevo Mund~
m?n J_imé~ez, el altísimo poeta: "A la una nota de refinamiento .que inútilEn noviembre último, cumplió sus mmorrn, siempre". Pero esta minoría
Admón. de Correos de Monterrey, N. L. el
bodas de oro con las letras el gran es- es mucho más numerosa de lo que SU· mente se buscaría en otros, tan com.
20 de Ab,il de 1944.
critor mexicano Alfonso Reyes. Con ponemos, y, sobre todo, crece ince- pleta, profunda y universal. Es la gratal motivo, la Universidad de Nuevo santemente. 1Lástima que el libro lati- cia en 1a sabiduría, la precisión y eJ
INDICADOR,
León, de su nativa ciudad de Monte- noamericano esté condenado a una cir- ensueño, el colorido criollo intenso
rrey, ha dispuesto la publicación de culación tan restringida, casi hogareña enriquecido con veinte matices ínter~
Colaboradore,
"algunos de los juicios provocados por en cada uno de la veintena de países nacionales, todo dentro de la sencillez
la
modestia
y
la
ausencia
de
ese
énfa~
su obra a lo largo de este medio siglo". hermanos! Pero también esto se irá
Raúl Rangel F ríat
Un grupo volumen, de no menos dn superando, al elevarse el nivel culttt• sis que suele atribuirse al americano
Fidencio de la Fuente
600 páginas, constituye el primer tomo ral de ~stos países, y un día, ojalá no Y_ estalla en el trópico; una serie de
VIrtudes
donde
lo
antiguo
a
Jo
moderde esta justiciera edición de homena- muy leJano, en cada uno de ellos nos
Francisco M. Zertuche
je al maestro mexicano, orgullo, no só- enteraremos de las novedades biblio- no se junta y que honran no sólo a su
Genaro Salina, Quiro¡a
país.
lo de su país, sino de las letras ame- gráficas de todos los otros, y podremos
Nos
Place,
entre
los
117,
contar
17
Arturo Cantú S.
ricanas y españolas en general.
conseguir fácilmente las que nos in. trabajos chilenos, y hallar los nombrec¡
Más de un centenar de artículos, teresen.
Homero A, Garza
de Gabriela Mistral, Eduardo Barrios
Latcham, Meza Fuentes, Marcelle Au'.
Alfonso Rangel Guerra
cl_air, etc., junto a Jos de Azorín, Euge.
Guillermo Cerda G.
1
010 d Ors, Gonzalo Zaldumbide, Valéry
Jor¡e Rangel Guerra
Larbaud, Marce!, Brion, Diez-Canedo
Marquina, Waldo Frank, Andersod
Manuel Morales
fo1bert, Eduardo Mallea, Castro Leal,
L1zaso, Chacón y Calvo, Vittier y tanDirector
tos otros que llevan por turno su
ofrenda.
Lic. Fidencio de la Fuente
. Es una cantera de donde puede saOficinas
hr la estatua o libro fundamental para
el m~numento a Alfonso Reyes, que
W uhin¡ton y Cole¡io Ciru
todavia hace falta.

rmasy

fTiA

Monterrey, Nuevo Leóa

Alone. Santiago de Chile, 1956.

MEXICO

Página 7

�Lo que un Estudiante • • • •

lista, dijo Nietzsche, es "no tolerar Jo
real". El poeta de hoy no sufre por
ser menos que "el artista prisionero"

de Baudelaire, que ahogaba la realidad entre sus cuatro muros. Simplemente, ha comprendido que era vano
e inútil crear sin cesar un arte ·de ne..

gación y de refugio.
Si se piensa, por otra parte, que el

problema del hombre no se plantea ya,
en nuestros días, en términos psícc,...

lógicos e individuales, sino colectivos
y metafísicos, se comprenderá sin tra-

bajo que sea de interés vital para nosotros encontrar en la poesía un len-

guaje verdaderamente objetivo, comunicable "para todos", tal como soñaba

Lautremont.
Rimbaud, es verdad, se ufanaba ya
de inventar "un verbo poético accesi-

ble, algún día, para todos los sentidos,,. Y los surrealistas pretendían
descubrirlo en la escritura autom8.tica.

Su ambición no podía estar sino destinada al fracaso. "No todo el mun...

él no tiene en forma alguna lo que
Gaetan Picon llama "la gravedad del
testigo de las catástrofes" que sólo hu•
hiera podido hacér de su poesla ese
testimonio y esa revelación que esperamos sobre nuestro mundo.

No es, tampoco -y esto parecerá
probablemente más paradójico-- nn
Eluard, cuya poesia, en el estado más
avanzado de su evolución, es toda de
una claridad y de una confiada certeza, símbolo sin duda de la más bella
aventura poética, de la más bella aventura humana, ni más ni menos, que
haya sido jamás realizada, pero que

parece pertenecer más al futuro tal como se sueña que al presente tal como
se impone.

Son poetas extraños y tan düerentes como un Francis Ponge, un René
Char, un Prever! o un Michaux.
Recuperan, cada uno a su manera,

según su propio genio la herencia de
Rimbaud, permanecen ante todo como
exploradores y guias. Simplemente, es
nuestro mundo el que ellos se ocupan
de descubrir, y de revelarnoslo. No
un mund&lt;l' privilegiado -quiero decir
aqui que supone una experiencia pri-

do puede hacerse vidente o sumerguirse en el inconsciente: No es sl..
no en el dominio de la real, donde
convergen las preocupaciones y las
miradas de todos, donde el poeta po- vilegiada para ser alcanzado, como en
drá reencontrar esos "lugares comu- los surrealistas- sino lo que cada uno

nes,,, esos "terrenos de interpretación"

como los definió Gaetan Picon. Son
la condición necesaria para el establecimiento de ese verbo que encontraría
en cada uno de nosotros mil ecos, mil
resonancias... Algunas miradas sobre

la orientación poética actual nos informarán poderosamente. Los poetas
que, de entonces a esta parte, se pue-

vo en discusión.
Y no es una de las paradojas menores de nuestro tiempo, el que, según

ERICH ROTHACKER: Problemas de
antropología cultural. Fondo de la
Cultura Económica. 1léxico, 1957.
Para Erich Rothacker, uno de los
más distinguidos filósofos de la cultura de nuestra época, la antropología

filosófica se ha encontrado hasta ahora en el estado en que se encontraría
una supuesta biología general que se
hubiera limitado a investigar la vicia
vegetal sin reparar, en absoluto, en la
vicia animal y sin elaborar tampoco
sus resultados. De igual manera, las
numerosas ciencias culturales - sociología, etnología, etnografía, psicoloofa
historia y filosofia de la historia- ha;
sido incapaces de producir una "ciencia del hombre" que las sintetice. En
consecuencia, la tarea 1rnís apremiante

lo real mismo", el ver a los poetas presentarsenos por vez primera en la for ..

ma más desprendida, la menos poltica, en una palabra, poner en segundo

que él pretende lo contrario, perjudi-

lugar a la poesía y en el primero a
lo real.
(Traducción)

ERICH ROTHACKER

PROBLEMAS DE
ANTROPOLOGIA
CULTURAL

mo la obra de Balzac, de Proust, de
Yalt'ry o de Cézanne, por el mismo tipo de atención y de admiración, por
la misma exigencia, por la misma voluntad de apresar el sentido del mundo o la historia en su estado naciente,
Se confunde desde este punto de vista
con el csfuC'rzo del pensamiento moclt•rno."

1957.
Como se dcsprende de su título, este
Jibro :1borda la disciplina filosófica
m:is culti ,·ada probablemente hoy en
,lía, In antropología filosC&gt;fica. El autor ha preferido, sin embargo, darle
el título ele "antroposofia", a fin ele
FONOO DE CUll\JRA ECONOMICA
distinguirla con mayor precisión ele la
tro dt•I marco de 1a antrología gene- :mfropología física, pero sin que dicho
ral, pues ésta difícilmente podrú en- término tenga otro sentido que cl etifrentarse con éxito a un problema mológico, limpio de connotación teosófica.
-¿qué es el hombre- , cuya solución
El punto ele partida de Basavc es la
requirrc investigaciones que ,·an mutradición
aristotélico-tomista, sin mecho mús allú de sus límites.
~o~precíar_ por ello 1a corriente agusMAVHICE ~IEHI.EAU-PO/\TY: Feno• trnrnna, rn tampoco las direcciones
menologia de la percepción. Fondo mas importantes dentro de la antropode Cultura Económica. )léxico, 195i. logía filosófica contempor:ínca, de las
)faurice Mcrleau-Ponty inicia su en- que demuestra tener un cabal conocisayo sobre la percepción interrogándose sobre el mismo de la fenomenología, procurando con ello hacer ver al
lector que ésta, lejos de ser un mito
o una moda, es una manera o estilo
c1ue existe como movüuiento antes de
llegar a la plena conciencia filosófica.

que más nos importa conocer y po-

seer, en definitiva: la realidad del
mundo que nos rodea.
HRealité rugueuse a étreindre", pre-

dijo ya Rimbaud, pero él mismo no
había entrevisto su importancia, al tér•
mino de su estación en el infierno, y
como en el instante preciso en que

iba a callarse definitivamente. Por
otra parte, hay que decir lo que es:
en 1873, lo real no se había impuesto
en la forma en la cual lo ha hecho
después. El poeta podrla adoptar, por
lo que a él toca, una cierta actitud de
independencia, preferir ser el explorador de universos desconocidos que
el revelador de un mundo común a
todos.
En 1925 se dan todavía el lujo, si
no de descuidarlo sistemáticamente

De ahi que la lectura ele Husserl o

y partida hacia otro dominio, un dominio sobrerreaI, maravilloso y tangiamo.

Pero, en 1946, Antonin Artaud pondrá las cosas en su justa medida al
escribir: "La realidad es terriblemente superior a toda fábula, a toda historia, a toda divinidad, a toda sobrerrealidad.u

Se comprende la significación de este "terriblemente". Lo propio del ar-

- dice )lcrleau-Pontr- , no por ello
cs azar o impostura. Es laboriosa co-

VALLE: Filosofía del hombre. Fon-

dida en que el poeta pone en el primer plan de sus preocupaciones lo

ble del cual el poeta sigue siendo el

tafísica que puede servirles de funda-

do (le Cultura Económica. )léxico,

nuestra entera adhesión sino en la me-

tra generación y el surrealismo, mucho antes que nosotros, había sabido
reconocer la autenticidad de sus experiencias.

FENOMENOLOGIA
DE LA PERCEPCION

AGl'STI/\ jlASA \'E FEHXAXDEZ DEL

más exigentes. En un tiempo marcado
por el peso de los acontecimientos más
trágicos, la poesía no puede recoger

-"excluirlo por viJ,,_ al menos de
tomarlo como simple pnnto de apoyo

legómeno de toda fenomenología existentiva; pues aunque abundan los análisis fenomenológicos sobre el hombre,
échase ele menos una antroposofia me-

sus anteriores conceptos del hombre
enfocando metódicamente al ser hu.
mano como agente de cultura, y de es.
10NOO D! CULTUJ.A ECONOMICA
ta suerte no sólo ampliar sus resulta.
dos, sino revisar sus fundamentos mis.
mos. Partiendo pues de la considera- meditación infinita y, en la medida en
ción de que toda vida humana se de- &lt;il}C permanrcc fiel a su intención, no
senvuelve dentro ele un conjunto cul- sabrá nunca a dónde va. El inacabatural; que todo 110mbre coopera con miento de Ja fenomenología y su casu aportación, modesta o sobresalien- rúcter incoactivo no son el signo de
te, a la formación de esta cultura, in- un fracaso como bien pudiera pensarfluyendo así en su destino y que, fj_ se, sino aJgo inevitable en untipo de
nalmcnte, la cultura determina todas filosofía que se propone revelar el mislas acitvidades del hombre, Rothackcr lerio del mundo y dr 1a razón. "Si la
nos demuestra Ja necesidad indudable fenomenología ha sido un movimiento
de una antropología de la cultura den- antes de ser una doctrina o un sistema

hacer íntimamente suya la aventura
de Rimbaud. Somos, parece, mucho

en efecto, es exclusivamente propio de
nuestra época. Ni Nerval, ni BaudeIaire, ni Rimbaud pertenecen a nues-

fisica del hombre concebida como pro-

M. MEl.t.!AU.fONTY

de al antropología es la de completar

la expresión de Eluard: "La poesla es

ciertas reglas tradicionales que, aun-

dad; en seguida y sobre todo, porque

Página 8

¿Poemas, decíamos? Puede dudarse.
Arrojando hasta sus limites extremos
su preocupacipn, su objetividad, de coque esos poetas llegan a poner de nue-

can para una verdadera comunicabili-

Los surrealistas podrían, sin doblez,

su absurdo más criminal.

íntima de nuestra época, los que, en
todo caso, nos responden mejor: no es

de permanecer demasiado adherido a

ha realizado.

que está atrapado, desde la banalidad
más gentil y más insignificante hasta

municación, de observación y de revelación, es la idea misma de poesia la

lidad social o nacional, no le impi-

Hoy, si estos últimos conservan papara nosotros todo su valor, no se sabría afirmar que sería lo mismo si
ellos se presentaran,· ahora, en la forma en que cada uno, en su época, se

Michaux, es nuestro universo entero

de considerar como los más representativos, como formando la parte más
un Aragón: primeramente, porque su
preocupación de esperar un lengua.
je objetivo inscribiendo confidencias
personales en el contexto de una rea-

(Sigue de la página 1)
que nos separan del mundo invisible",
nos hace descubrir una "Vita Nuova"
que termina para él una fria mañana
de enero, en la "blanca negrura" de
la noche. Baudelaire, al margen del
estela y del artista que Rimbaud le reprochará haber sido, se sume "en el
fondo de lo desconocido para encontrar Jo nuevo "y nos revela el sentido
de las correspondencias. Rimbaud
"escribe silencios, noches, percibe lo
inexpresable, fija vértigos" y en el
colmo de la videncia, nos profetiza
un "tiempo de asesinos" que es el
nuestro. Y los surrealistas han descubierto a nuestros ojos asombrados una
multitud de imágenes "explosivas fijas" que quitan al símbolo lo más
atractivo y significativo de esta búsqueda en lo inconsciente que ha sido
su razón de ser.
Podria concluirse aquí. Pero seria
desconocer profundamente el aspecto,
si no el más original, al menos el más
representativo de la actitud moderna
en materia poética.
Nada de lo que se acaba de decir,

de nosotros puede conocer y recono-

cer. De los poemas de Prever! a los de

LIBROS

Mal/armé

Heidegger no produzca en muchos la
impresión de nna filosofia nueva, sino
más bien el reconocimiento de algo
espcrado.
Por otra parte, el preguntar ¿qué es
la fenomenología? es, de acuerdo con
Husserl, una consecuencia necesaria
del método mismo, pues Ja fenomenología, como revelación del mundo, se
funda en sí misma y es menester, pOr
lo tanto, que se dirija a sí misma la
interrogación que dirige a todos los
conocimientos. Se desdoblará así in-

definidamente y será un diálogo o una

FILOSOFÍA DEL
HOMBRE

JiONllO DI CUl.n.M ~

miento. Trátase, por tanto, de un interesante ensayo de sincretismo orgá .
nico entre la filosofía clásica y la moderna en torno al problema del hom.
bre. '\\Ji propósito fundamental - dice
el autor- ha sido el ofrecer las bases
y las lineas directrices de una meta-

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENH.
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones

mento."
Es, pues, un libro cuya lectura recomendamos a todos aquellos que se interesen por el problema fundamental

oficia_les, universitarias, académicas,
atene1stas, centros culturales, sociedades. d_e diversa indole y personas, en

del hombre.

Amenca y Europa.

JEAX WAHL: Introduc ción a la filosofía. (Xo. 34) 2~ ed. Fondo de Cultura Econó.rnica. 1léxico, 1957.
El estudio sobre Kierkegaarcl y el
ele los filósofos pluralistas de Inglatena y los Estados Unidos han consa-

E~tre. el cuerpo de ediciones que
aqm se Jmprimen figura nuestro mensuario "ARMAS y LETRAS", que re-

grado a Jcan "rahl, profesor de la Sahorna, como espíritu agilísimo v sapiente, universalmente sintonizad~ co'
mo pocos, con ('! pensamiento filosófico en su vh-a actualidad.
Estas mismas ,•irtudes operan concentradamentc en esta Introducción a
la filosofia , c¡ue no es una miis. Como
él mismo apunta , "una cosa así como
un manual de filosofía revolucionario
parece algo inconcebible'\ pero no por
eso &lt;'S menos necesario, pues "nos hallamos en vísperas de una revolución
del pensamiento análoga a la que tuvo
lugar cuando el l10mbre, volviendo Ja
e.~palda al mundo antiguo y a su indiferencia por el infinito, el tiempo y
la malcria, cch() a andar el mundo moderno con su corn;ciencia del infinito
riel tiempo y de la materia cognoscible:
Ahora nos vemos obligados a dar una
forma nueva, menos conceptual a estas ideas".
f:ste es el cmpe,io que Jean ,Yahl 11a
realíza·do con. su· maestría habitual.
Basta repasar el Jndiee para darse
cuenta en seguida por algunos cpígrarcs - revisión 11eccsaria &lt;le los con.
ceptos metafísicos, lo mediato v lo inmecliaio, 1a libertad, cosas, ser~s vivos
Y personas, r&lt;'Jaciones, ideas negafi.
vas_:_ en Qúé mNJhla este breviario
ele filosofía es cosa diferente de las
inlrodu(·cionrs c¡uc conocemos.

FF:LJPE COSSIO DEL POMAR: Critica
de arte. De TJnudelaina a .lfalraux.
Fondo dc Cultura Econ6mica, lféxiro, 1057.
Cos,;io del Pomar da ahora a }a eslampa cstc volumen en el que analiza
lo que la crítica de arte de Daudelaire
a ::\lalraux ha aportado para la comJ~rf'nsión de las len&lt;lrncias de Ja plásl1ca contcmporúnea. Es decir, que tanto. J~ara rl profesional como para C'I
af!c1ona.do toda csta serie ele juicios y
af1rmac1ones que corren por las p{iginas de esta Critica de arte son ense11.anzas mu~· diestramente engarzadas.
\ con tal fm de convencimiento ofrecido al lector para su saber de las art~s ultramoclernas es por lo que el critico desde su punto de vista persona]
ha ido a~rn.Jizando pareceres, y sop~.
sando opmrnnes de autoridades en la
materia. Diríase una necesaria y selecta antología de 1a crítica de arte de
nuestro tiempo absolutamente precisa
para el que quiera encausar su visión
Y su entf'ndimiento obser"ador ante la
producci()n plástica que en esas fechas
conmm_•ve al público espectador y a
los observadores m:'1s sagaces.
No -es,. pues, de poca monta 1a realización de Cossío del Pomar ante los
intrincados problemas c¡ue fluyen de
las artes actuales. El deseoso de aclaraciones cncontrarú en este razonado
trabajo la interpretación más fidedigna de Jo que Hevaron a cabo los maestros que en arte revolucionaron y subvirtieron con sus teorías y producciones la historia de las artes plásticas.

c~~nternente ha establecido una sec•

cwn -LIBROS-, en la que figuran
con:,entadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.

. Dada la extensa órbita de circulac10~ del, Boletín arriba mencionado, y
en mteres de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fon ..

do Y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a

tono con la moderna interpretación
del. p~nsamiento científico, literario o

arllsllco, "ARMAS y LETRAS" e
pi
. .
s comace en JnvJtar a ustedes a coadyuvar

con es!e propósito de orden cultural
qu~ amma a la Universidad de Nuevo
Leon, solicitándoles el envio de cada

?~

una
las ediciones nacidas en sus
pr~shg10sas prensas, las cuales serán
obJe!o de nuestros comentarios, en la

medida que vayan llegando ·a nuestras
manos.

Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS"

'

Universidad de Nuevo León
Pla1.a del Colegio Civil
Monterrey, Nuevo Leó~
México.

'

'

rmasy

~rRA
Ürgapo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
H&lt;'gislrado rnmo nrlírulo de. 2a. Clnsc en la

Acfruón. d&lt;' Correos de Monterrey, N. L., el

20 de Ah,,I do 191 t.
INDlCADOR,
Colaboradores
Hugo Padilla

fid&lt;'ncio de l.¡ Fuenle
C&lt;'naro Salinas Quiroga
Arturo Canlú S.

Homero A. Garza
Alfonso Rangd Guerra

Guillenno C&lt;'rda C.
Jorge Ranjl'cl Cucrm

;\ lanuef ~ fOl'alcs
Dibujos de Jorge Rangcl Guerra

'

Oirrrlor

Oficinas
\Vasliinglon y Colegio Civil
i'lonterrey, Nuevo León

MEXICO

Página 11

�Oda a una Urna Griega
JOHN KEATS
(Dedicada a don Alfonso Reyes,
gloria de las letras hispanas)

Tú, casta prometida del augusto reposo;

la canción inefable que no tiene sonido.

tú, hija del silencio y el tiempo perezoso,

Mancebo, jamás calla tu canto quejumbroso,

historiador eglógico que con tan fino encanto

ni los árboles pierden su ramaje copioso.

narras rústica fábula más grata que mi canto:

Bravo amante, aunque nunca tu beso se ha posado

¿Qué silvestres leyendas evocan tus figuras

en su boca cercana, no te aflija tu estado:

de dioses o mortales, o seres intermedios,

ella escapar no puede ¡sublime venturanza!

en Tempe o de la Arcadia por los íntimos predios.•. ?

y eterna es su hermosura, y eterna tu esperanza.

¿Cuáles hombres o dioses? Tiemblan las novias puras ...
¿Por qué la caza loca y el escape violento?
¡Tamboriles y flautas! ¡Qué agreste arrobamiento!

¡Oh, felices las ramas de fronda permanente
que Primavera cubre con su pródigo manto;
y el flautista incansable que tañe dulcemente

¡Cuán suave la dulzura de música armoniosa •.•• !
pero es más exquisita si viene silenciosa:
brindad, flautas sutiles, al alma, no al oído,

la cánción, siempre nueva, que nos conmueve tanto!
¡Cándido amor divino! ¡amor de la alegría!
siempre cálido y lleno de atrayente ambrosía,
perennemente joven y siempre palpitante ...
No la pasión humana que respira jadeante,
y deja el alma triste, de placeres hastiada,
la frente enardecida, y la lengua abrasada.

¿Quiénes son los que vienen a ser purificados?
¿A qué altar verde llevas, sacerdote severo,

la ternera que muge su temor lastimero
hacia el cielo, los flancos de guirnaldas ornados?
¿Qué pueblecito humilde, cerca del mar o el río,
o en la cumbre del monte, ha quedado vacío
en la clara mañana de este día piadoso ... ?
Hay, aldea apacible, un silencio angustioso
en tus calles desiertas y ni un alma apenada
que regrese y te diga por qué estás desolada.

¡Atica maravilla! con raza fabulosa
.de marmóreos varones y vírgenes, labrada;
con ramajes de bosques y maleza trillada ...
¡Suspende el per¡.samiento tu magia silenciosa!
¡Oh, eternidad! ¡Oh, idilio bucólico de hielo!
Cuando mermen los años la humanidad presente,
tú, fiel amiga en medio del futuro desvelo,
continuarás al hombre diciendo eternamente:
-"La Belleza es la sola Verdad"-: única ciencia
que él sabe y necesita saber en su existencia.

•

. -Ycrsión de César .\hdallah Portala-

Página 12

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE 1A UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

D.A.s.u.

.
La Personalidad Histórica de bregon
Año XIII

No. 7

Ct1,-,!fla ,HFonsina

lJibjjoíer,-d { nit-;,rsilaria

Genero SALINAS QT,TIROGA

Alvaro Obregón, a pesar de los errores que como hombre
pudo tener, es una de las grandes figuras del México moderno.
Ya es tiempo que se analice ecuánimemente la obra de nuestros
próceres revolucionarios y nada más indicado que sea la Universidad para que lleve a cabo esa imparcial labor. Deben serenarse las pasiones y dar a cada quien lo suyo. Murió, siendo
Presidente electo para un segundo período, el 17 de Julio de
1928, ésto es hace veintiocho años. Por eso, en este número de
"Armas y Letras" correspondiente a este mes, lo recordamos.

ra, de tipo que encarna una etica rigurosa. No debemos olvidar que fué
un hombre de lucha y que vivió toda
su existencia batalladora sin quitarse
las botas de campaña y combatiendo
siempre al enemigo. Su muerte vio1.enta, producto de un asesinato, es una
comprobación de ello. A un hombre
así, no se le puede juzgar con la misma medida, que a aquél que se dedica
en la tranquilidad de su hogar o de
su oficina a resolver. problemas personales o de interés individual.
Fué un hombre varonil en todos sus
actos, franco y sociable, espíritu libre
y progresista, combativo siempre, pin..
toresco, rodeado de simpáticas anécdotas y dotado de un fino humorismo
que no lo abandonó nunca. Esto último no Jo entendió el escritor español
Vicente Blasco Ibañez cuando escribió
"El Militarismo Mexicano", quien tra..
tó de ridiculizarlo. Su ingenio fué festivo, pero sano, bien intencionado en
que él mismo se criticaba, se hacía
bromas o hacia suyos los chistes populares en torno de su persona.
Obregón fué una persona que se elevó por su propio esfuerzo, venciendo
las tentaciones de la juventud y de
sus pasiones. Ya que muchos no te•
nemos vocación o simplemente no podemos sobresalir en las empresas políticas, siquiera hagamos justicia a
quien luchó valientemente, cuando en
verdad se necesitaba, por el mejoramiento de nuestro pueblo.
IMPULSOR DE LA EDUCACION

Gral. Alvaro Obregón

EL CAUDILLO
Fué él, General en Jefe del Ejército
del Noroeste, vencedor de Celaya, inspirador y alma del movimiento de
Agua Prieta y Presidente Constitucional de la República de 1920 a 1924.
Fué también el caudillo de más impor-

tancia de la Revolución Mexicana 11or
sus exitos militares. Nadie mejor que
él personifica con tanta vivacidad y
energía la democracia espontánea, popu]ar, surgida de las entrañas de nuestras clases humildes.
No Jo presentaremos al Héroe de Celaya como un ejemplo de moral auste-

manas mayores que él, que lo forma ..
ron, Je inculcaron principios morales
y sobre todo lo hicieron de un recio
carácter.
Después de cursar la instrucción primaria, fué un simple obrero de la negociación azucarera de Navolato, del
Estado de Sinaloa. En la noche cuando sus demás compañeros se dedicaban a sus diversiones, juegos de azar,
cantinas, etc. él limpiaba sus herramientas o se ponia a leer libros sobre
mecánica que tanto le apasionaban. El
estudio y la devoción a sn trabajo Jo
llevaron a ser jefe de taller, pasando
a la categoría de maestro mecánico.
Alli aprendió algo que no olvidó nunca; que el trabajo tiene sus alegrías;
las del deber cumplido y de haber elaborado un producto útil a nuestros
semejantes.
Gracias a sus ahorros, llegó a ser
propietario de una pequeña finca agricola en la márgen izquierda del Rio
~layo, a la que irónicamente le puso
por nombre "Quinta Chilla". Con fre.
cuencia sus vecinos lo visitaban y considerimdolo persona inteligente le consultaban sus problemas. Nos encon~
tramos en los últimos años de ]a dictadura del Gral. Porfirio Díaz, y una
noche en amable tertulia, compuesta
de vecinos y sus trabajadores se le oyó
decir: ues necesario odiar la tiranía;
es necesario no sólo amar, sino tambié.n conquistar la libertad". Con ello
quizo decir y así lo entendieron claramente sus oyentes, que se necesitaban renovar e] aire que asfixiaba la
vida nacional.

¡ Qué bien que en esta publicación
universitaria se hable de Obregón, que
SUS LUCHAS
tanto impusó la educación popular y
superior de México! Diganlo si no la
Estalla la re\Colución de 1910 aficreación del Ministerio de Educación
liándose
al Partido AnlirreeleccionisPública, el prosupuesto con que lo dotó y la presencia en él de José Vas- ta. Se manifiesta como Maderista sinconcelos, a quien llevó allí en su ar- cero, cuando el Presidente Municipal
diente deseo de extender por todas de Huatabempo, Sonora, pretende que
partes la escuela rural mexicana. Ade- firme un pliego de adhesión al Genemás los universitarios, no debemos ral Díaz. Ya triunfante Madero lanza
contemplar pasivamente los problemas su candidatura para Presidente Muninacionales, sino que nada más indica- cipal de Huatabampo, apoyado por el
do, que en nuestras aulas, con toda se- grupo liberal de la población, derrorenidad de espíritu se analicen y va.. tando al candidato de la reacción Salvador H. Surbarán. Fué la suya, una
!oren las grandes figuras nacionales.
administración progresista. Se levanta
Pascual Orozco contra llladero y conSU NIÑEZ
tribuye a combatir al primero con trescientos
agricllltores de su región, noFué Alvaro Obregón hijo de una movatos
como
él en la ciencia de la guedesta familia, el último de dieciocho
hermanos, negando a ser con el tiem. rra Y con el Grado de Teniente Coropo el primer ciudadano de llléxico. nel, organiza el Batallón Irregular de
Huérfano desde temprana edad, fué Sonora.
educado amorosamente por tres her(Pasa a la página 8)

�Dos Poemas de Alfredo Jacob

EL PRODIGIO M\ O ZA!~ lí
Por Juan Antonio DIAZ DURAN

Campanas de la Tarde

•

¡Qué dolientes campanas
en la apacible tarde que se fuga! ...

.

,

¡Campanas de las lágrimas sin causa
viejas campanas en aquel silencio!...
Cuando daban señal para la ofrenda
en el junio febril de mis infancias
y el sol se derramaba por los muros
las campanas del pueblo,
las dolientes campanas de aquel pueblo
me decían su lenguaje de plegarias
sin incienso, sin órgano, sin cantos.
Ellas me están hablando a esta hora
viejas cosas lejanas, sin sentido,
cuando en el alma yo llevaba un canto
matutino, auroral como el rocio.

Ah, las campanas, mis campanas claras!

Vengo a traeros mi homenaje humilde
desde el recuerdo ardiente de mi sueño,
campanas de mi ya lejana infancia,
hoy que traigo un orfeón de golondrinas
aqui en el duro risco de mi alma.
¡Campanas del silencio estremecido,
viejas campanas que en el alma os guardo!

..

• _. . .....:

Ellas me traen la brisa del barbecho,
en recuerdo estival de aquel encuentro,
la vaquería que pace en el vallado
y los salmos dispersos
de aquellas golondrinas en bandada.

Labriegas de la tarde sin crepúsculo,
pastoras de las nubes tumultuosas,
cómo traigo clavado aquí en el alma
vuestro tañer lejano, atardecido
y la voz luminosa del recuerdo
que regresa al encuentro con la vida.
Campanas de la lluvia,
pluvial susurro bajo el sol de estío,
llanto en bronce disperso en el camino
esfumado de yerbas y de lirios.
Campesinas campanas de la tarde
sabedoras de hacinas y de acequias
del trigo nuevo y del maíz erguido:
campanas de la ordeña y de la luna,
compañeras del grillo y del misterio
en la noche sin sueño del aldeano
qué soledoso vuestro ensalmo de oro
qué grave bajo el cielo de amaranto.

. ;,
.. .:-...:~

Desierto
Voz que me colma de residuos muertos,
voz que me agobia en horas desoladas,
génesis de mis noches amargadas,
voz que me llega en los minutos ciertos.
Navego en ti tras los seguros puertos,
vengo de ti con mi cansancio extraño;
todo lo miro gris, helado, huraño,
circundado de gérmenes desiertos.
Quiero escapar de ti, quiero lanzarme
sobre la cumbre que avizoro ignota,
buscar la senda celestial y pura .••
¡Todo me induce, todo, a desgarrarme!
Sigue tu voz, desierto, más remota
con su plural y fuerte ligadura.

·: "i

Johann Georg Leopold Mozart fue un joven bávaro que
abandonó la teología por la música y que se casó en Salzburgo
con una muchacha austriaca llamada Ana María, huérfana de
W olfgang Nikolous Pertl ( o Bertel), sacristán de la abadía de
San Gilgen.
Su matrimonio se efectuó el 21 de noviembre de 1747, y aun•
que tuvieron siete hijos sólo sobrevivieron dos: Ana Maria Wal•
purgis lgnacia -nacida en cuarto lugar-, y el séptimo y último, Wolfgang Amadeo, nacido para la gloria del arte el 27 de
enero de 17 56.
Leopoldo, descendiente de albañiles
y encuadernadores, fue un individuo
de clara inteligencia y que logró adquirir una vasta cultura por sus es'Nl•dios en la Universidad de Salzburgo, sus viajes y su trato con los personajes más distinguidos de las cortes
europeas. Fue organista, violinista,
compositor y director, y publicó, en
el mismo año en que nació su famoso
hijo, un importante tratado para el estudio del violín. Hablaba varios idiomas y era muy hábil en el manejo de
la pluma. Se supone que de no haber
existido su glorioso hijo él tendría méritos suficientes para sobrevivir en la
memoria de ]os hombres.
El genio musical se manifestó en
Wolfgang desde la más temprana edad.
Fred Hamel dice, en su Historia de la
música, que en toda la historia no se
conoce un caso tan asombroso dé instinto musical, natural y espontáneo,
comparable al de Mozart; y que desde la más temprana niñez ese instinto se manifestó instantánea y continuamente.
Es tan asombroso, tan múltiple y lleno de posibilidaoes creadoras el talento artístico de Mozart, que sus biógrafos rechazan, para explicárselo, la
simple teoría de las influencias biológicas. Einstein dice que en este caso
c¡ueda invalidada tau evidentemente la
ley de la herencia musical, que se ha
tratado de responsabilizar exclusivamente a mamá Mozart; pero que, con
igual derecho se hubiera podido cu1parla de adulterio con el dios Apolo.
Leopoldo, con su talento excepcional de pedagogo, se hizo cargo de la
instrucción de sus hijos -ambos dotados para la música-, aunque, como
sucede en la mayoría de los casps, posteriormente su infuencia como consejero espiritual resultó funesta en varios aspectos para su hijo.
Wolfgang tenia cuatro años cuando
su padre comenzó a enseñarle minuetos y otras piezas para el clave. A
los cinco años su cerebro empezó a
desarrollar aquella actividad creadora que no se interrumpiría sino con
la muerte. Sus primeras composiciones también fueron minuetos, como
consta por el cat3Iogo de sus -obras,
por el juicio de Abert y otros musicólogos, y por la anotación autógrafa de
]a hermana de Mozart en el manuscrito del Minué en sol (K.1).
El estudio del contrapunto lo hizo
en el Gradus ad Parnassum de Fux,
compositor y gran teórico del contrapunto.
Leopoldo desempeñaba en la corte
arzobispal de Salzburgo el puesto de
vice-maestro de capil1a, bajo la autoridad paternal del príncipe arzobispo
Segismundo von Schrattenbach, en
quien los Mozart tuvieron un amigo y
protector hasta el día de su muerte,
el 16 de diciembre de 1771. Su sucesor, Jerónimo José Francisco von Paula, conde de Co11oredo, fue un individuo egoísta y de espíritu vulgar, a

quien no le importaba un comino el
genio de Mozart. Fue electo el 14 de
marzo de 1772. Su designación causó
un asombro general.
Leopoldo se afanó por buscar una
colocación remunerativa para su hijo
en alguna de las cortes europeas, y
asi proyectó y realizó una serie de
viajes que abarca del 12 de enero de
1762 al 13 de marzo de 1773.
Se ha discutido si a Leopoldo lo
guiaba una finalidad mercantilista o
si en realidad solamente desarrolló
hasta su máximo las posibilidades artísticas de sus hijos. De todos modos
quedan en pie varios hechos: Leopoldo tuvo conciencia clara del talento
prodigioso de sus hijos; Wolfgang era
sumamente obediente con su padre y
era capaz de ponerse al piano cuan•
tas veces se lo pidiera, aun después
de todo un día de trabajo, solamente
por complacerlo; el joven Mozart sacrificó su infancia en el estudio, y si
aquel1os viajes tenían por objeto sacarlo del ambiente de Salsburgo -donde .
unicamente habría vegetado como sirviente del Arzobispo-, no fue culpa
de Leopoldo que no tuvieran éxito sus
proyectos. Leopoldo por su parte sacrificó su propio destino musical, su
posición en la corte arzobispal, en
bien de la suerte de su hijo.
Juan Lorenzo Hagenauer, un comerciante de Solzburgo y dueño de la casa donde habitaban los Mozart y en
donde nació Wolfgang, le facilicitó a
Leopoldo casi todo el dinero con que
financió sus viajes.
En enero de 1762 Leopoldo y sus
dos hijos se aventuraron, como en viaje de prueba, a Munich, a la corte del
príncipe elector Maximiliano III. En
las cartas de Leopoldo a su acreedor
Hagenauer ha quedado la mejor descripción de estos viajes.
En septiembre del mismo año em~
prenden el primer viaje a Viena, a
donde llegaron el 6 de octubre. Actuaron en varios palacios de la aristocracia y fueron presentados a 1a
familia imperial en el palacio de
Schonbrunn. Eric Blom hace notar que
aquella era una corte musical. María
Teresa cantaba bien y había actuado
en una ópera de Fux a los siete años
de edad. A Francisco I también le gustaba la música, y las archiduquesas,
incluyendo a María Antonieta, actuaron, aquel mismo año de la visita de
los Mozart, en una representación privada de II trionfo di Clelia.
Wolfgang, que ya era un pequeño
virtuoso y compositor, mostró su carácter cariñoso y vivaz subiendo a las
rodillas de la Emperatriz y besándola
efusivamente. En esa ciudad lo atacó
esa enfermedad que Einstein llama
otra aceleradora eficaz de su maduración, una escarlatina maligna que tal
vez le defó el germen de su fin prematuro.
Salieron para Presburgo, Hungría, y
estaban de regreso en Salzburgo a principios de enero,

Página 2

Página 3

�El tercer viaje tuvo por metas prin-

cipales París y Londres, y duró desde
el 9 de junio de 1763 al 30 de noviembre de 1766. Durante él, como dice
Alired Einstein, se detuvieron no sólo
en varias ciudades alemanas del sur
y del oeste, como Munich, Ludwigshafen, Schwetzingen y Francfort, sino
también en la Bélgica católica y la Ho]anda reformada, en ]a Francia sudoriental, Suiza y ]a ciudad imperial
de Augsburgo, cuna de Leopoldo.
El 18 de noviembre de 1763 llegaron a París, alojandose en la casa
del embajador de Baviera, conde von
Eych, cuya esposa era hija del conde
Arco, el Chambelán de Salzburgo. Acababa de terminar la Guerra de los Siete Años, que Je costó a Francia la India y el Canadá. Fueron presentados
a la corte en Versalles y poco después
a Madame Pompadour, que también
tenía habitaciones en Versalles, que,
como dice Leopoldo, eran un paraíso.
Los reyes eran Luis XV -a quien las
mujeres se hubieran rifado por guapo,
aunque no fuera rey, según Veit Valentin-, y Maria Lesczynska.
En París se publicaron dos series
de sonatas (K.6, 7, 8 y 9), que fueron
las primeras obras impresas de 11lozart. La primera dedicada a Mme.
Vicloire de France y la segunda a la
condesa de Tessé, dama de compañia
de la Delfina.
El 10 de abril de 1764 Leopo!do, su
esposa y sus dos hijos salieron para
Londres, a donde llegaron el dla 23.
El rey Jorge III era un gran admirador de Handel, y la reina, Carlota
de lllecklenburg Strelitz, tocaba y cantaba.
En Chelsea y Londres Wolfgang empezó a componer sinfonías (K.7, 18 y
19). En esta última ciudad trabó amistad con Juan Cristian Bach, maestro
de música de la reina. Entonces fue
cuando Juan Cristian dijo: lllás de un
Kapellmeister muere sin llegar a saber lo que este niño ya sabe.
Salieron de Londres el 24 de julio
de 1765. Estuvieron en Canterbury, y
dejaron la isla el lo. de agosto.
A instancias del Embajador holandés fueron a La Haya, donde Nannerl
cayó enferma el 12 de septiembre. Se
puso tan grave que el 21 de octubre
le dieron la extremaunción. Después se

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puso enfermo Wolfgang, y así se les
pasó el tiempo hasta enero de 1766.
Regresaron a París el 10 de mayo
y el 9 de julio salieron rumbo a Díjón.
En Lyon estuvieron un mes, y llegaron a Ginebra en plena guerra civil.
En Biberach Mozart se encontró con
otro niño prodigio, Sixtus Bachmann,
que era dos años mayor que él, y hubo
ocasión para que compitieran en el órgano. En lllunich Woligang volvió a
estar enfermo, y, cuando se repuso, la
familia concluyó su gira llegando a
Salzburgo eu noviembre de 1766, después de una ausencia de más de tres
años.
EL PRODIGIOSO MOZART
Para situar históricamente el desarrollo espiritual de Mozart hay que tener en cuenta algunos hechos importantes: La música es, contrariamente
a la escultura, la pintura, la poesía y
las demás artes, uu arte que hasta la
época moderna alcanza su completo
desarrollo. Su visita a París y Londres coincidió con el período musical
en que el pianoforte estaba a punto de
sustituir al clave; la sonata había reemplazado ya a la suite y la homofonía estaba desplazando al contrapunto,
En Stuttgart escuchó al famoso violinista Nardini -discípulo de Tartini-,
y la orquesta dirigida por Jomelli.
En Schwetzingen oyó la orquesta de
lllannheim, considerada la mejor de
Alemania y creada por J.W.A. Stamítz.
En París conoció a J.G. Ekard, que
recibió de su maestro F. 111. Bach la
forma de sonata recién concebida, y
a Johann Schobert, creador de la sonata moderna para violín y piano. W.
J. Turner dice que l\lozart nació en el
período del Sturm und Drang, y pertenece de manera tan completa y característica a la restauración romántica europea como William Blake, que
nació en 1757, un año después que
l\lozart. El Werlher de Goethe se publicó en 1774, lo mejor de la obra Ji.
!eraria de Lessing se publicó durante la infancia de Mozart, y los escritores alemanes de este nuevo periodo,
Klopstock, Wieland, Herder y los demás, eran todos mayores que Mozart.
Rousseau publicó su Contrato Social
en 1762; Voltaire ya habla realizado

EL TEHTR EN ITHLIH
Por Julián GALLEGO.

-----·su gran obra. Beaumarchais babia nacido en 1732. Las ideas de la revolución ya se agitaban en el ambiente.
(Para satisfacción propia deseamos
hacer constar desde ahora que cuando no citamos la procedencia de nuestras informaciones mozarlianas debe
entenderse que están tomadas del Ji.
bro de W. J. Turner, -1\lozart, el hombre y su obra- edición Juventud-Arg.,
1947).
Debe hacerse notar, según las palabras de Hermann Abert, que lllozart
llegó a Londres en 1764, a los nueve
años, como niño prodigio, y se fue en
1765, a los diez, como un consumado
maestro del arte contemporáneo de la
composición, igual a cualquier com•
positor de la época.
En esa etapa de su regreso al hogar
fue cuando su poderosa fantasía Jo hizo crear, tal vez como una conmovedora compensación para su infancia
sin juegos, un reino imaginario habitado por niños, cuya monarca era él,
y para el cual mandó trazar un mapa
en toda forma.
Wolfgang no concurrió a ninguna
escuela ni tuvo propiamente otro maestro que su padre Leopoldo, y, aunque se desconoce cuál seria el programa de educación general que Leopoldo les impartiría a sus hijos, cabe
suponer que en él estarían incluidos
los idiomas que hablaba Wolfgang:
alemán (su lengua materna era el dialecto salzburgués), latín, italiano y
francés. El inglés debe haberlo estudiado po rsi mismo. Se conserva una
carta en latín, que, a no ser por su
fecha incierta (1767-1769) se consideraría la primera existente de lllozart.
El 11 de septiembre de 1767 Leopoldo y toda su familia salieron para
Viena, esperando que Wolfgang y su
hermana pudieran lucirse dando audiciones en las fiestas que se preparaban para las bodas de la archiduquesa
María Josefa y el rey Fernando de Nápoles.
Sin embargo, sobrevino una epidemia de viruela, y, entre las primeras
víctimas que hizo se contó la linda Archiduquesa, de quien Leopoldo dijo en
una de sus cartas (17 de octubre) que
se había convertido en una novia celestíal.
Leopoldo desoyó el consejo •que ya
en París le habían dado, de vacunar
a sus hijos como Jo había hecho el duque de Orleáns, y prefirió dejarlo todo en la mano de Dios "para que dis. pusiera, con su infinita misericordia,
de aquella maravilla de ]a naturaleza".
Sin embargo, pensó en sa1varse de
algún modo, y huyó con su familia a
Olmutz; pero ya era tarde. Los niños
fueron presas de ]a viruela, y, si Wolfgang salvó la vida, fue gracias a la
ayuda valiente y generosa del conde
von Podstatsky, que les dió alojamiento en su casa y les envió un médico
por su cuenta.
Wolfgang estuvo ciego varios días a
causa de la enfermedad, y alegró su
convalecencia aprendiendo el juego de
cartas y la esgrima. En cuanto pudo

,

componer otra vez hizo un aria para
la hija de su médico, Wolf.
Volvieron a Viena el 10 de enero de
1768, pero en esta ocasión no tuvieron
suerte. En agosto de 1765 babia muerto el emperador Francisco I, y ahora
las cosas dependían de su hijo, el emperador José II, un individuo tacaño.
Hasta el príncipe Kaunitz, un famoso
conocedor de música que los hubiera
ayudado, les huyó por temor a la viruela; pues Wolfgang mostraba todavía manchas hojas, y Su Alteza era un
timorato en este sentido.
En vista de las dificultades que se
les opusieron, del poco entusiasmo de
los vieneses por la música de concier.
to (era la temporada de carnaval y la
gente no pensaba sino en divertirse
con los cinco sentidos) Leopoldo discurrió que su hijo de doce años compusiera una ópera; pues por último
hizo cuestión de amor propio demostrarles a todos los músicos profesionales que Wo!fgang era una estrella
ascendente en el firmamento musical.
En estas condiciones fue posible
conseguir un contrato con Aff!igio,
empresario teatral y un aventurero de
marca, para que Wolfgang escribiera,
sobre un texto de Marco Coltellini, su
primera ópera, La Finta semplice (K.
51).
La ópera en cuestión consta de tres
actos, con 25 numeros escritos en 558
paginas, y fue terminada dentro del
tiempo que estipulaba el contrato. Sin
embargo, no fue posible vencer las dificultades que se presentaron y la obra
quedó sin estrenarse en aquella ocasión.
Entonces fue cuando el doctor F.
Anton Mesmer, muy conocido por su
teoría del magnetismo animal, solicitó
de Wolfgang una ópera que deseaba
estrenar en el teatro que había construido en el jardín de su casa. Esta
segunda ópera fue Bastien und Bastienne (K.50), y se estrenó a fines del
verano de 1768, antes que su predecesora.
Durante su viaje Mozart compuso
también tres sinfonías (K. 43, 45 y
48); las dos últimas fechadas en Viena
el 16 de enero y el 13 de diciembre
de 1768.
El texto de la l\lisa que compuso para el padre jesuita Ignaz Parhammer
se_ perdió, y de este modo la primera
Misa de ll!ozart que existe es la l\lissa
Brevis en Sol (K.49).
P?dre e hijo regresaron a Salzburgo
al fmahzar el año de 1768.
El genio musical pasó un año (1769)
en su ciudad natal. De su vida civil
de entonces no sabemos nada. Tenemos solamente constancia de su actividad creadora. En el mes de octubre
compuso u~~ lllisa en Do (K.66) para
la ordenac10n de su amigo Domingo
Hagenauer, uno de los hijos de su casero. W. J. Turner dice que esta misa
fue la primera que rompió, en cierto
modo, con el viejo estilo de la música
eclasiástica, y mostró 1~ influencia del
progreso en música de ópera y sinfónica.

•

UN ESTRENO EN "LA FENICE"

cierta importancia en la Serenisima,

Llegar a la "La Fenice", el teatro de

tiene dos entradas: la principal, que
da directamente a un canal y la secundaria, que es terrestre. Moraleja:
cuando tengáis prisa, tomad una góndola. Las calles en Venecia son de
agua; las de tierra son "sustitutivos".
Y conviene ver la Fenice antes de
que el telón se alce, antes de que las
luces experimenten esa triple oscilación que precede a su muerte. Porque
el mejor espectáculo de la Fenice es
la Fenice misma, esa sala admirable,
rosa, verde y oro, tan rica en sus tallas, en sus pinturas, como elegante y
graciosa en su trazado, ejemplo único
de teatro rococó, conservado intacto,
en su tono, en su lujo Intimo pero
ceremonioso.

Ja Opera de Venecia, es más dificil de
Jo que parece. Situado en el Campo de
San Fantin, en esa especie de península que forma el Canal Grande en su
último meandro, del Rialte a San Marcos, no parece que pueda haber cosa
más céntrica ni mas fácil de encontrar. Si mirais el plano -sobre todo
si es uno de esos planos en que los
edificios importantes están dibujados
"en relieve" y coronados de un carte•
Jito - vereis que es un edificio grande, cuadrado, con fachadas formando
frontones clásicos y que está a un paso de la Piazza. Imposible equivocarse.
Pero intentar seguir ese plano. Los dibujantes de planos de Venecia parecen estar de acuerdo en una cosa: que
es imposible representarla en toda su
complicación. Se dedican, entonces, a
una tarea de simplificación. Una vez
suprimida la mitad de los canalillos,
de las calles y de los campos, Venecia
comienza a ser comprensible.
Claro está que la utilidad de tales
planos deja mucho que desear. El consultarlos a cada momento - tarea a
que se dedican sin descanso todos los
visitantes "conscientes" de la ciudadsirve de muy poco. Venecia escuda
sus encantos de sirena en esta dificultad de comprensión. Hay que abandonarse por sus calles a la inspiración,
al instinto. Es el modo de que se vale
la gran coqueta del Adriático para hacer apreciar detalles recónditos que,
de otro modo, pasarían desapercibidos. Es posible de este modo que nun•
ca llegueis a donde quereis ir; que creyendo estar en la Fondamenta Nueva
lleguéis a la Zattere, que es exactamente Jo contrario; que pretendiendo
salir a Ca' Rezzonice vayais a parar al
Piazzale Roma (y entonces habeis perdido Venecia, porque esta gran plaza
es ]a unica cosa que Venecia tiene semejante a las otras ciudades del siglo
XX); o que queriendo ir a la Academia, salgais a la estación del Vaporelle
de San Stae, que es adonde, no se por
que, se sale siempre en cuanto uno se
descuida, como si fuera un agujero de
billar ruso. Gracias que existe el Vaporette, aunque haya aterrados turistas que no sepan si hay que tomarlo
en una dirección o en otra. Por fin
uno comprende lo que Venecia espera
de él: que se abandone, que no trate
de ir a ninguna parte, que tome las
cosas que van saliendo -que siempre
serán muchas- como regalos de la vida. Para qué ir a buscar los Tintorette
o los Be11ini de un lugar determinado,
si toda la ciudad se enrojece de los primeros o se dora de los segundos? Para
qué buscar un palacio, si hay mil? En
cuanto uno se ha decidido a adoptar
esta posición de vagabundo, la ciudad
-femenina entre todas y amante de
llevar la contrario- se enternece Y comienza a descubrirnos los misterios de
su urbanismo en torno a la S del canal.
Pero antes hemos pasado una semana,
dos ...
En cualquier caso, hasta para los
viajeros avezados, es recomendable saHr de casa con una hora de tiempo
si quieren llegar a La Fenice antes de
alzarse el telón. Si no se perderán
en un dédalo de callejones, arcadas,
canales, puentes, plazuelas. En cuanto
nuestro camino ha sido cortado dos o
tres veces o la callejuela que segulamos ha doblado con insistencia, inútil
es que busquemos los puntos cardinales. Al llegar a La Fenice nos explicamos el secreto: este teatro, como todos
los edificios públicos y privados de

OPERA AL AIRE LIBRE

hiera podido hacer creer que en ella
estaban friendo gente.
Este tumulto esta agitación, desaparecian de repente en cuanto la señal
de comenzar era dada. Pero aun hubo
algo mas, para mi memoria el recuerdo más bello de aquella noche. Antes
de comenzar la ópera yo habla visto
que todo el mundo llevaba candelillas
de cera; en cuanto se apagaron los focos del anfiteatro, cada cual encendió
su candela Y era de ver aquel firmamento estrellado caldo en medio de
la ciudad, inmóvil en la noche serenísima. Fué cuestión de un momento:
las lucecitas desaparecieron en el momento de empezar la música. Sólo para lograr la belleza de ese instante,
todos los voroneses habían comprado
su candela. Ello indica hasta qué punto este maravilloso pais de Italia está
siempre ávido de hermosura.
Este verano he vuelto a ver "Aida",
pero esta vez en Roma, en otro escenario imperial: las Termas de Cara•
calla. Los ruinas de estas termas gigantescas conservan dos terreones y
un lienzo de pared que sirven en verano de escenario inmenso, ante un
hemiciclo descomunal montado sobre
andamios de hierro. Antes de la hora,
las colinas del Aventino, del Celío, del
Palatino, comienzan a derramar torrentes humanos; un servicio extra•
ordinario de tranvías y autobuses no
cesa de acarrear adeptos. Se ven algunos extranjeros, vestidos de un modo pintoresco o ridículo que excita
la hilaridad de los romanos, parecidos
a los madrileños en lo zumbones Y
amigos de las burlas. Pero ya comienza la obertura; cascadas de comparsas
llenan el escenario; entre ellos, el
cuerpo de baile parece, en lontananza,
un grupo de insectos: pulgas los "negritos", polillas las "egipcias". Y Radamés entra triunfante, a todo galope,
sobre una cuadriga tirada por briosos
caballos blancos.
La música, ]a riqueza, la frescura
de la noche, todo se complementa para producir una sensación agradable.
Falta el peligro, la muerte. Italia es
demasiado amable para admitir que
una contralto se muera cantando o
que un tenor reciba una cornada.

La Opera es la Fiesta Nacional italiana, como la Corrida es la española:
igual entusiasmo, igual animación,
igual bullicio antes de empezar y atención en las "faenas" difíciles. De la
misma manera que un aficionado de
nuestro país se relame de gusto al ver
en los carteles que su diestro favorito
va a enfrentarse con unos erales de
empuje, el aficionado italiano se estremece viendo en los anuncios que
tal tenor cantará el Radamés, tal barítono el Rigoletto o tal tiple la Traviata? ¿Dará el "do"? ¿No desafinara en
la "Celeste Aída"? se pregunta el uno.
¿Banderillara? ¿Hilvanará esos naturales que solo él sabe dar? se plantea el
otro. El resultado es que el día de la
fiesta ya no hay localidades y que los
profanos o los extranjeros que llegan a
última hora a la taquilla, creyendo que
eso es un espectáculo como otro cualquiera, se quedan con un palmo de
narices.
La semejanza se acentúa durante el
verano, estación propicia a los toros
y a las funciones al aire libre. No hay
entonces modesta plaza de toros de
pueblo que no de su novillada ni plaza pública o explanada de castillo italiano que no organice su velada musical. Cuando la ópera se canta en un
circo romano, la semejanza es mas notable. Ver "Aida", por ejemplo, en la
Arena de Verona es un espectáculo
SUSANA Y LOS VIEJOS
prodigioso, entre musical y taurino, a
Es más fácil encontrar en Roma a
lo que contribuye sin duda la aparición del Buey Apis, si no muy bravo, "]a casta Susana" pintada por Guercino o algún otro artista del Seiscientos
cuando menos muy decorativo.
Asi tuve yo la suerte de verla hace que interpretada en el teatro por una
un par de años. La dirigía el famoso tiple ligera, de aspecto cuando menos.
Pabst, cuyas peliculas alemanas se Y sin embargo, el verano pasado, una
cuentan entre los clásicos del cine. noche del Ferragosto en que Jo cálido
Presidía un criterio de noble especta- de la atmósfera aconsejaba quedarse
cularidad. La Arena es un espléndido al aire libre, vi en una tapa de Vía
anfiteatro, bien conservado, en e] cen- Cavour, casi bajo el arco de San Pietro
tro mismo de la maravillosa ciudad in Vincoli - la iglesia en que el Moidel Adigo; en el acto final, el templo- sés de Miguel Angel se estremece de
tumba fvanzaba hacia los espectadores, rabia ante las explicaciones de los
mientras dos colosos colocados en lo guías turísticos-, ese arco con venalto de las graderías se deslizaban so- tanas a las que nuestros compatriotas
bre rieles hasta cerrar el escenario. Borgia se asomaron, el anuncio de un
Era digno de verse el trabajo de los teatro al aire libre, cercano, donde al
tramoyistas, que no tenían telón que cabo de media hora iba a comenzar
los velara. En un momento, vestidos la representación de la conocida opede bañistas, se sumergieron en un río reta por una compañia lírica estival.
La opereta es un género casi tan
auténtico, aparecido al levantar las
grandes tablas del escenario, y empe- aburrido como la zarzuela. Me aprezaron a plantar cañaverales, mientras suro a declarar que se trata de una
otros organizaban bosques de palme- opinión personal, que no trato de imras. Mientras tanto los comparsas, con- poner a nadie y a la que encuentro
tratados en Verona, saludaban a sus varias excepciones de peso. Si expon•
conocidos, se agitaban, reían, antes de go esta opinión es para dar a entenadoptar el hieratismo exigido por el der el estado de ánimo con que me
argumento. Había cientos, cree yo, en dirigí al leatrillo; · no se trataba de un
torno a los elefantes, al buey, a !'os interés especial por la obra represenídolos. En el entreatco, de aquella in- tada, sino hacia el teatro en si, hacia
mensa sarten brotaba un ruido que hu- el sitio, el escenario, el público, la

compañia, es decir, hacia todo lo que
rodeaba la obra excepto la obra misma. Suponla que sería Jo suficientemente inofensiva para pasar desapercibida, dejándome tiempo y ocasión
de fijarme en los demás detalles.
Todos estos detalles resultaron interesantes. En primer Jugar, el sitio. Se
levanta el escenario en un jardín, en
lo alto del "colle Opio", una colina
que no es una de las siete, no sé por
qué, pero es bien romana, entre las del
Celio y del Esquilino, con la citada
iglesia, las Termas de Trajano y la Demus Aurea de Neron en su terreno.
Un pino inmenso se erguía a un lado
de la escena, tapando parte de la misma con una espontaneidad y libertad
artística que ya hubiera querido el arquitecto Domenech cuando proyectaba
el "Palau de la Música Catalana"; otros
formaban grupos por todas partes, desdeñando otros árboles más pequeños.
El ambiente era puro y perfumado,
Una de las maravillas de Roma es esta
cantidad de campo y de bosque que
tiene esparcida entre sus ruinas, tras
de sus tapias o de sus iglesias agríeladas. Pasaban vendedoras de helados,
que pregonaban su mercancía con voz
dulce, con una especie de pereza, como si no les intersase vender. El pú•
blico era casi español; no hay pais en
que uno se encuentre tan en su casa
como Italia. Si no los hubieráis oldo
hablar, en nada se hubieran distinguí•
do de unos espectadores de barrio de
nuestro pais. A mi lado babia un mocele que intentaba atraer la atención
de una muchacha sentada delante; pa•
ra ello Je clavaba miradas como puña]es, sin que ella pareciera darse cuenta. En ]os entreactos, se paseaba como un palomo por delante de ella,
con su peinado insolente y su traje
planchado y limpio con ese primer
aseado que solo se encuentra en los
países mediterraneos, que una fama
absurda tacha de negligentes. Pero la
chiquilla seguía sin verlo y esta obstinación de la ceguedad, imposible de
explicar por distracción, indicaba a
las claras que estaba pendiente de los
• movimientos del seductor y que solo,
acaso, ]a presencia de sus padres le
imponía tanta reserva.
Porque era más dificil creer que estuviera absorta por el argumento de
la opereta. Es "La casta Susana" un
prodigio de vulgaridad novecentista.
No Je falta ni uno de los elementos
vodevilescos que han dado popularidad al género: el muchacho que se es!remece de pensar en los placeres del
amor, e] caballero serio que se va de
juerga en cuanto su mujer duerme, la
dama premio de virtud que engaña a su marido en cuanto vuelve la
espalda, el primo simpático, la hermanita independiente ... Muchas escenas
de Chez Maxim's, o de donde sea, son
comedores reservados en ]os que se
hallan repartidos todos los personajes... En fin, la obra maestra de la tontería y de la inmoralidad ñoña que
florecieron en la llamada "Belle Epoque" y qué todavía nos aburren en el
cine.
Y si todo ello hubiera sido presentado con cierta gracia, con trajes de
la época, con decorados modernistas ...
Pero los decorados y los trajes eran
de esa pobreza insolente que gastan
las compañías de la legua, ese mal
gusto sin pintoresquismo, esa pretensión de cubismo que hace llorar, porque se ve tras e11a mucha miseria, muchos viajes en tercera, muchos sueldecitos insignificantes. Marquesas y
Principes, Coroneles y Académicos
que, a la salida, acaso cenaran un plato de pasta en una modesta "cuccina"
y se acostaran pensando en el Paris
1900, en las cenas de Chez Maxim's,
arrullados por ese vals - el único momento grato de la partitura - que las
bailarinas danzaban agitando pesadamente los brazos como ocas asustadas
de lo cara que está la vida.

Página S

'

�,

"LOS PERSAS" EN DELFOS
Si Grecia cuenta con un teatro -el
de Epidauro- más grande y mejor
conservado que el de Delfos, ninguno
está enclavado en un paisaje tan su•
blime como éste, en ninguno el deco•
rado natural es tan sobrehumano. La
antigua sede del Oráculo de Apolo está situada en la vertiente sur del Parnaso, entre dos colosales rocas, las Fedriadas, entre las que se deslizan las
aguas de la fuente Castalia; el terreno
escalonado, cae, después de Delfos, ca·
si a pico hasta un angosto valle cuya
pared frontera está formada por el
monte de Kirfis y que se va ensanchando, tapizado de espesísimos olivares que parecen un terciopelo verde•
grisáceo, hasta abrirse en el resplandeciente golfo de Corinto. Visto desde
la gradería semicircular, el escenario
queda recortado ante el abismo, con
Kirfis como telón de fondo. Y como
los griegos no dejaban nada a nadie
hacer, basta que un actor de un grito
potente en un momento de emoción,
para que el eco, sabiamante calculado,
rebote varias veces desde las Fedriadas que forman la pared posterior del
teatro.
El domingo estaba lluvioso; las nubes se apelotonaban sobre las rocas y
se enganchaban por las laderas. Estalló la tormenta y los truenos retumbaban como para expresar la ira de Apolo al ver su santuario invadido por los
turistas. Las ruinas de Delfos son las
más bellas de Grecia, si exceptuamos
la Acropolis de Atenas; esos grupos
de fustes, esas escalinatas, ese muro
asombroso formado de piedras poligonales como un "puzzle" gigantesco,
ese estadio medio excavado en la montaña, esa misteriosa fuente, todo ello
superpuesto en los vastos escalones de
este inmenso circo rocoso, forman uno
de esos paisajes que no se olvidan, en
que el hombre ha colaborado con la
naturaleza y la ha perfeccionado. Los
turistas, corrían con sus paraguas y
sus impermeables de un lado a otro,
hasta que un chaparrón más fuerte los
obligaba a guarecerse en una gruta o
en un templo cuya falta de techo desmentía las promesas de protección. El
museo era el mejor refugio, un museo
admirable, un poco desordenado, como
casi todós los griegos, en los que parece haberse declarado una epidemia
reformista que dentro de poco tiempo dará fruto. En la última sala, el
Auriga clava sus ojos, que aun pestañea, en una carrera imaginaria; Y en
los delicadísimos frisos arcaicos, de
incomparable belleza, Apolo y Hercules siguen tirando uno de cada lado
del trípode profético,bajo la vigilancia
de Minerva, un tanto divertida.
En los pueblos italianos, las piedras de los templos de Roma han
servido para construir iglesias, castillos, palacios, en los pueblos de España, los capitales pasan prestados
del Protorio a la Mezquita, de esta a
la Catedral. Se sigue así una linea de
continuidad cultural, aunque parezca
paradójico. Nada de ello sncede en
Grecia; los pueblos griegos de nombre mas prestigioso, son aldeas tranquilas, sin el menor prestigio culto,
que tienen anexa, como una maravillosa excrecencia, una ruina que las
hace célebres. Sin estas ruinas, no se
podría distinguir Argos o Tyrinto de
Valconejos o de la Higuera de Abajo.
El pueblo de Kastri, trasplantado en
1891 por la Escuela Arqueológica
Francesa que hacía las excavaciones
de Delfos, es mas anónimo todavía. En
este domingo se encuentra animado
por los turistas, los autobuses, los carteles que anuncian para la tarde la representación de "Los Persas" de Esquilo, por el grupo de Teatro de la
Sorbona de París. La gente se pregunta si habrá teatro; ha lloviznado
todo el día, con buenos aguaceros de
vez en cuando, y el teatro al aire libre

Página 6

menos griego que la tragedia de
"Hamlet", aunque en ella haya incesto, venganza, muerte. No creo que exista en todo el teatro griego un papel
que pueda calificarse de "intelectual",
como el genial personaje de Shakespeare. Este Orestes dudoso, que busca
mil escusas, mil aplazamientos, para
cumplir un deber que le viene demasiado grande, que trata de librarse de
esta obsesión por un ademán rápido
-El asesinato de Polonio, confundido
Julián GALLEGO.
con el Rey- que es como una huida,
que busca en los libros o en las farsas
teatrales confirmaciones de algo que
cer, una de sus avenidas es el lugar sabe segµro, y que al fin hace las code reunión de la juventud que quiere sas tarde y de mala manera -para que
ver y ser vista.
otro, Fortínbrás, se aproveche- es deEn estos meses de calor, el Zapeion cir, que tiene en mano su destino y
ofrece un nuevo atractivo nocturno: lo pierde, poco tiene que ver con los
un teatro al aire libre, andamiaje le- Edipos u Orestes, que una "máquina
vantado en una frondosa plazoleta, for- infernal" condena fatalmente y sin esmando un hemiciclo desde el que se cape.
domina una escena a la que sirven de
La interpretación fue correcta, sin
telón surtidores de variable altura. exceso; casi convencional Cada perCuando esta cortina de agua baja, ve- sonaje sabía demasiado a qué atenerse
mos el escenario, el decorado, a modo y decía su parte cómo una romanza
de puerta o puente que suele dejar ver bien conocida y ensayada. Parecía
en su fond'o una larga avenida que de- que los actores hubieran visto el film
saparece en las tinieblas, excelente Ju- de Olivier con demasiada complacengar de entrada y de salida para los per- cia: la reina y Ofelia se parecían a sus
sonajes.
encarnaciones filmadas hasta fisicaMi gran afición al teatro y la creen- mente. La falta, pues, de contenido
cia de que, cuando es bueno, lo de. profundo de esta recitación hizo permuestra aun en una lengua extraña derse el sabroso choque entre el lugar
.
me conduJeron
un par de noches a' y la obra que uno se prometía. Lo miseste teatro de jardín. Confieso que del mo hubieran interpretado nna trage"Erotriko~" que vi la noche primera, dia griega. "Ay, Basilisa!" exclamó
no entend1 gran cosa; esta comedia grie- junto a mi una espectadora alarmada
ga de un autor contemporáneo parecía de ver que la Reina (Basilisa, en griea mis ojos, ya que no a mis oídos, una go) se bebía el veneno. El escanciador
mezcla abigarrada de personajes sha- acababa de dejar caer al suelo, con la
kespearianos, una historia de prince- copa, la verosilitud de la escena shasas enamoradizas, jóvenes infortuna- kespeariana.
dos, torneos, banderolas, coronas y ceEL FESTIVAL DE ATENAS
tros. Este primer fracaso, no me quito
el deseo de reincidir, en especial
Cada año se celebran más festivales,
cuando vi anunciada una obra de
nombre corto que, después de algu- interesantes o no. Hasta Villaperdices
nos trabajos, conseguí traducir como de los Vados celebrará pronto su fes"Hamlet". (Porque para quien, como tival de música, de cine, de teatro, con
yo, ni siquiera ha hecho estudios de su exposición de pintura o su confegriego clásico, mucho menos de mo- rencia por añadidura. Esta invasión
derno, el simple deletreo de un cartel festiva, si molesta en cuanto tiene de
repr~senta una suma de esfuerzos que "atracción de forasteros", es decir, de
no siempre se ve coronada por el éxi- falta de autenticidad interna y de bato). No iba a entender mucho más, se, es digna de loa si consideramos
pero tampoco mucho menos, que cuan- que parece responder a mayores necedo vi representar en sueco la "Noche sidades culturales. Y si, en esta fiede Epifania"; y había algo muy in• bre, conseguimos asistir a algún buen
teresante, casi cómico, en la idea de festival, en Salzburgo, en Aíx, en Barver trasplantado a Grecia todo ese celona o en Edimburgo, la idea nos pamundo nórdico de fantasmas y vene- recerá aun más feliz.
nos.
En este año se ha celebrado, por
En efecto, en cuanto comenzó la · vez primera, el Festival de Atenas. Duacción y pudimos ver a Bernardo a rante mes y medio -de agosto a ocHoracio, a Hamlet paseando entre ~u- tubre- se h3n sucedido las manifesmores tempestuosos y silbidos del taciones sinfónicas y teatrales. El fesvi~nto bajo unas ramas serenísimas y tival ateniense ha tenido una ca1idad
baJo unas estrellas radiantes, nos di- excepcional en sus intérpretes, un esmos cuenta de los dos universos que pecial interés en su repertorio, un
en esa acción se encontraban; nada enorme atractivo· en su escenario, el
Teatro d.e Herodes Atico, que se abre,
al aire libre, al pie del Partenón, con
las graderías apoyadas en la escarpada ladera de la Acrópolis. El clima caluroso de Atenas hace ideales estas veladas al raso, tan peligrosas en otras
latitudes. Nada mas ber1D-oso Q\IC una
de estas noches atenienses, ni el espectáculo da este teafro en sí, de sus
graderías llenas de espectadores, que,
en las localidades más baratas, escalan
las rocas, buscan acomodo en una enligua losa o luchan -ay, sin ningún
éxito- con las asechanzas que las opulentas chumberas o las carnosas pitas
les tienden.
El Festival ha estado compuesto de
una parte de Conciertos, a cargo de la
Filarmónica de Nueva York, dirigida
por el griego-Mitropoulos, y de la Sinfónica de Atenas, con el concurso de
coros y solistas; de una serie de representaciones de Opera, a cargo de
eminentes cantantes de todo el mundo; Y de la interpretación de las tra-

IEIL lí!EA lílR.O
EN GIR.ECIIA
solo tiene Jugar -para empelar la fórmula tradicional, que tiene un aire saturnal de tragedia- "si el Tiempo no
lo impideu.
Saturno se portó bien en el último
momento. O acaso fué para vengarse
de algo que Apolo - que, como buen
poeta, tenga especial habilidad para
ofender - le ha hecho recientemente?
El caso es que se celebre la representación. Para quien no es francés, el
francés sueña de un modo extraño rebotando por las Fédridas; cuando los
Persas gritaban "Helas t" era dificil
creerlos persas. Que extraño no ser
Persa, debían pensar los estudiantesactores, con sus barbas de cordelate y
sus gestos de marionetas de pretendido sabor arcaizante. Esta estilización,
estas voces, incluso esta música harto discutible, hubieran logrado su
efecto justo en el Patio de la Sorbona, ante la fachada que organizó
Richelieu. Su audacia modernista hubiera coincidido con la intelectuaJi.
dad del ambiente, con su limitación.
Pero en este escenaI'io ilimitado, todo
sonaba falso. Podían trabajar bien los
actores - la Reina o Dario, por ejemplo - pero su esfuerzo se perdía en
la grandeza inmensa del decorado.
Hasta Esquilo, cuya tragedia es tan
hermosa, resultaba en ocasiones demasiado hábil, con sus "chauvinismos"
de ex-combatiente griego, ante esas
montañas tan auténticas. "Hélasl".
HAMLET EN ATENAS
Los jardines del Zapeion, antiguo
parque real de Atenas, constituyen durante la canícula el único lugar fresco
de la capital griega. Tras el brillo incomparable de un sol cegador que estalla en un cielo de zafiro y que obliga a llevar casi completamente cerrados los ojos, la verdura umbría de estos jardines es una especie de milagro.
Túneles, plazoletas, emparrados, altísimos pinos, palmeras o eucaliptos,
forman un laberinto delicioso en cuyos frescos bancos no es raro ver a
los atenienses durmiend_o una siestecilla antes de reanudar sus trabajos de
tarde. Este parque, situado, como el
del Retiro, en pleno centro urbano,
siempre está concurrido; y al anoche-

(Pasa a la página 8)

!DON AILIFONSO DIE AM\IEIR.ICA
Por Pedro Juan LABARTHE

Recordarle es vivir momentos de sabiduria y erudición. Repasar su biblioleca alfonsina hace creer en la linea
· -,_~
·: ,
directa, hilo umbilical que Jo empal-..,,.
..,--:4, ·;. ma al sabio rey don Alfonso X de Cas,.
~.. ' •-i:~~-~ :; tilla. Oirle hablar es cosa de parangonarle con los más selectos del Re,,':.tl. 11..
~ nacimiento español e italiano y con
f'.-;-p~, ·• ,.,
:~ el siglo de plata griego. Estrechar su
+
~ mano es sentir el calor sereno de una
JI ·•·
amistad firme y sin dobleces. Oirle es
oir la voz no grabada en placas pero
. 1
l,:!.· : ~
oir la voz en ondas de. siglos, como
"
..¡
piedrecitas de oro en el mar Medite•
rrílneo y ver los círculos tocar riberas
de pueblos civilizados.
Así se me presentó y se me presenta
(Ion Alfonso Reyes de Monterrey del
México de emperadores y de virreyes
y de Juárez y Zapata y Cárdenas.
Se me ocurre de que por lo de Alfonso y de Reyes y Monterrey, se le
pueda bautizar con el nqmbre de don
_Alfonso de América, recordando a los
buenos Alfonsos reyes de Castilla, de
la España inmortal.
Hoy este nuestro don Alfonso, don
Alfonso de todos, cumple cincuenta
años con la inmortalidad en las letrasbodas de puro oro en la pluma y argentina en el habla. 1Qué "causer" más
elegante I Acaso un Wi!de, un Lorca o
un Cocteau o un Ortega y Gasset. A
tres de los mencionados conocí y conozco y don Alfonso se me hace arcilla del mismo monte quemado por el·
mismo fulgor.
Intimo este "reyes" sabio es la amabilidad y sinceridad puras. Por años
nos conocimos a través de carlas y lecturas de trabajos mutuos. Una vez que
llegamos a México, fué cosa de una llamada telefónica y luego un abrazo de
viejos amigos.
¡Su biblioteca! ¿Quién la heredará
para beneficio de los agraciados?
Mientras iba por su esposa para ser
presentado a ella, atrevíme a sacar y
colocar libros de los estantes. Ocho
saque y noté anotaciones y dedicatorias. Las visitas se multiplicaron y ya
más con reposo y "atrevimiento" volví a sacar y a colocar libros de los
rstantes. ¿Rabia él leido esos miles y
miles de ejemplares?
Un SI rotundo. Ahora que Je co.

;, ·

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.-., J· :-,
~~r-i
a!l r~- '· .
..• f,~~- ;,

J r/1'-. :

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nozco soy zafio y digo que lo dudé.
Cuanto escritor "brota" de nuestras
tierras hispanas envía su primer libro
a don Alfonso y el joven escritor recibe una tarjeta con un comentario o
una carta. ¿ Sería posible cuando yo
atestigüé una mañana el correo con
más de dos docenas de libros? Sí, don
Alfonso consume y digiere la lectura
de esos libros y en varios idiomas.
Hablo al mundo ahora. Si Lope de
Vega fué el fenómeno de la naturaleza de su siglo escribiendo en horas
veinte y cuatro dramas que pasaban
ele la mesa al teatro, don Alfonso de
América en horas veinte y cuatro lee
libros que van de su escritorio a su
biblioteca y clasificados.
¿Cuándo duerme? ¿Cuándo escribe?
Duerme en sus sueños despiertos y
produce soñando. Hemos temido por
su salud, pero moriría de pena si no
cantara en poesía, si no criticara las
obras que le llueven, si no leyera o
descubriera a un nuevo griego o latíno o si no escribiera epístolas litera.
rias a Maurois o a Toynbee o a la Mis•
tral.
Muchos, admirándole y queriéndole
han comparado su estilo y palabra con
la obra de Ortega y Gasset. Es honor
que se le hace a cualquier escritor en
nuestro mundo hispano compararlo
con el aticista español desaparecido
recientemente. Don Alfonso de Monterrey tiene su propio crisol. Habla y escribe con propiedad como deben hablar y escribir todos los que desean
ser princípes o ºvarones" de la len-gua. Don Alfonso es rey de la lengua.
Así como los ingleses dicen: "The
King's English" para significar perfección. Su tránsito y repaso por literaturas extranjeras y leidas en los
idiomas en que fueron escritas le han
dado matices y él ha fabricado su estilo: herrero de oro, orfebre cellinesco
de nuestro siglo. Hay un estilo alfonsino que se imitará, pero será sombra.
Son casos únicos con los maestros
en las letras y en las artes. Hubo un
Goya y malos imita,dores. Hubo un
Beethoven y mediocres imitadores.
Hubo un Darío y raros buenos imitadores. Ortega enseñó a escribir con
(Pasa a la página 8)

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Página 7

�El Teatro

La Personalidad ....
(Sigue de la página 1)

SU CARRERA MILITAR

Concluida la campaña Orozquista,
vuelve a su hogar donde lo esperaban
sus tres hermanas y sus dos hijos. Se
dedica de nuevo a la agricultura y de
noche estudia obras militares y se di•

Seguir paso a paso su triunfante carrera militar, en que nunca tuvo una
derrota es difícil. Allí está su magnifico libro "8.000 kilómetros en Campaña" o sea la Relación de Acciones
de armas en más de veinte Estados de
la República durante un periodo de
cuatro años y narrados por él mismo.
Recordemos P,nicamente sus campañas
contra Orozco, contra Huerta y contra
Villa, y entre ellas la célebre batalla
de Celaya del 6 al 15 de abril de 1915
en que destruyó para siempre las ambiciones de Francisco Villa.
Obregón clasificaba a los hombres
en dos clases: una compuesta de gentes sumisos al mandato del Deber: que
abandonaban sus hogares y rompian
toda liga de familia y de intereses para empuñar el fusil, la escopeta o la
primera arma que encontraban; la

ce que aprendió de memoria aque~

!las sabias instrucciones que el Mariscal del Belle-Isle formuló para el
Conde de Gisus, cuando este Coronel
fué nombrado para el Regimiento de
Champagen. Lo que mas le interesó
fueron las fortificaciones, en las cua-

les se reveló como perito, llegando a
triunfar su criterio sobre el de militares expertos.
Cuando supo en su hogar, del monstruoso asesinato de Madero y Pino
Suárez se lanzó de nuevo a la lucha
expidiendo un manifiesto en que dijo: "¿Con que derecho reclamaremos
para nuestros hijos el titulo de ciuda-

...

(Sigue de la página 6)
gedias "Hecuba" de. Euripides y uEdipo" de Sófocles, a cargo de la admirable compañia nacional griega, con Katina Patxinou y Aloxis Minotis, de cuya reciente actuación en París se ha
hablado no hace mucho en esta página. En esta ocasión creo que interesa indicar el interés especial que las
representaciones de ópera adquieren
en este escenario.
Recuerdo que una tarde, en mi cotidiana ascensión a la Acrópolis, pensaba el admirable escenario que esta
colina, estas columnas incomparables
de marmol radiante, brindan para el
Orfeo de Gluck. Dias mas tarde, vi al
propio Orfeo trepar por las rocas peladas del Aerópago; evidentemente, no
era Orfeo, aunque su traje y su lira lo
parecieran, ni podían tomarse por animales encantados por su música a los
fotógrafos que lo seguían: se trataba
de Rise Stevens, del Metropólitan de
Nueva York, que se hacia retratar en•
carnando su personaje que había de
interpretar, allí al lado, al cabo de pocas noches. Este "Orfeo" fue admirable; en contraposiciPn con la tendencia veloz aparecida esta misma temporada en el festival de Aix, Philoctetes Economides dirigió la partitura
con solemnidad, con unción. Para los
trabajos, el pintor Anemoyannis eligió
la época clásica; los coros, vestidos
suntuosamente de roio, evolucionaban
majestuosos ante la tumba de Erurlicie.
En contraste con esta serenidad dolorosa, las furias infernales aparecieron
agitadas por una coreografía de Antonhy Tudor, sabiamente frenética. El

Don Alfonso

final ofrecía una sorpresa: Euridice
no vuelve a salir del Infierno, una vez
que ha vuelto a el; y el propio Orfeo.
muerto de dolor, es arrebatado por las
potencias subterráneás. Final, si más
triste que el tradicional de "fueron felices", mucho más lógico.
"ldomeneo" de Mozart fue dirigido
por Jonel Peri ea; los excelentes intér•
pretes fueron Constantino Ego, Eleonor Stieber y David Lloyd. Andrea
Nomikos ideó para los trajes y elementos decorativos, formas y colores ins):jirados en el arte cretense arcaico, en
ocasiones tan español, tan de corrida
de toros. La dirección escénica fue, pa•
ra mi gusto, demasiado movida; si ello
ayudaba a la acción, no colaboraba
con la música, qué a veces parecía pasar a segundo término, a pesar de su
calidad.
Siguiendo estos temas griegos,
"Oedipus Rex,, y tres monólogos de
"Medea" formaban el tercer progra..
roa. El famoso oratorio de Stravinsky,
fué cantado maravillosamente por los
coros de la ópera de Atenas; Edipo
fue David Lloyd, tenor lleno de cualidades, y Yocasta la emotiva Lukia
Heva. Los monólogos, obra dificil de
Ernst Krenek, tuvieron una intérprete
de extraordinaria calidad en Blanche
Thebom, que dio al personaje la voz
y el gesto que mejor podían cuarlrale.
Como esta gran artista cantó en inglés,
el 'Edipo" fué cantado en latín v las
otras dos óperas en italiano, sólo los
temas de estas obras fueron griegos.
La lengua quedó aparte, para que días
más tarde la magnificaran los gra'ndes
actores del teatro nacional de Atenas.

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José Vasconcelos

danos, si nosotros no somos dignos de
serlo? Sonora, siempre se ha coloca•
do a la altura que le corresponde y
ahora dará una prueba de ello. Lancémonos pues, a la lucha armada, porque el derecho ha sido asesinado y
disputemos a esos pulpos los ensangrefüados girones de nuestra Constitución".
El amor a la patria no está reñido
con el amor filial y así escribe con•
movedora carta despidiéndose de sus
hijos: "Mi querido hijo: Cuando reci•
has esta carta, habré marchado con mí
Batallón para la frontera del Norte, a
la voz de la Patria que en estos momentos siento desgarradas sus entra•
ñas, y no puede haber un solo buen
mexicano que no acuda. Yo lamento
sólo que tu cortísima edad no te per.
mita acompañarme. Si me cabe la
gloria de morir en esta causa, bendice
tu orfandad, y con orgullo podrán llamarte hijo de un patriota".

Pár,ina 8

otra, de hombres atentos al mandato
del Miedo, que no encontraban armas,
que tenían hijos, los cuales qtJ.edarían
en la orfandad si perecían ellos en la
lucha y con mil ligas más, que el Deber no puede suprimir cuando el espectro del Miedo se apodera de los
hombres. El fué de los primeros.
VALORACION FINAL
Claro que el glorioso manco de Celaya tuvo sus errores y algunos de
ellos de significación. Pero no olvi•
demos que fué un hombre de carne y
hueso, en lucha constante; que cuando
la Revolución y la Patria reclamaron
sus esfuerzos, al servicio de ellas puso
incondicionalmente su espada inven•
cibie y · les ofrendó devotameñte su
sangre, su brazo y hasta su vida mis~
ma.

(Sigue de la página 7)
claridad maravillosa y a observar cuidadosamente las cosas. Enseñó hasta
a filosofar sobre el marco de un re·
trato o sobre unas fuentecitas parlanchinas. Don Alfonso (no Alfonso sin titulo) nos da disciplina en la escritura
v en la critica y enseña caballerosi•
dad con el propio ejemplo suyo de
gran caballero. Volvamos a recordar
el principio de este elogio -no importa quién es el "brote" nuevo que le
escriba, don Alfonso no le deja en larga espera, en el desaliento. Acusa recibo y alienta. ¡Humano!
¡Por ]os dioses olímpicos, esos que
le queman divinamente la púa de su

pluma, Americanos y Upiversales, deseémosle, no para colocarle entre los
inmortales, ya que él ganó con oro de
aniversario su inmortalidad, pero deseémosle para honra y orgullo nuestro el Prem~o Nobel! Ya es tiempo
maduro que le llegue el laurel Azul.
Diez años después de a Gabriela y con
el aniversario (trescientos cincuenta
afios) del Quijote. Americanos y españoles, es este Don Alfonso tan de Monterrey en México como de llendoza en
la Argentina o del Cuzco en el Perú o
de Ponce de Puerto Rico o de Alcalá
de Henares. Estamos en deuda con él,
con don Alfonso de América, príncipe
de las Jetras hispanas.

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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como artículo de 2a. clase en fa Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

Sumamente difícil es tratar de desa•
rrollar un tema o emitir juicio alguno
acerca de la Poesía Mística, pues esta
es el fruto de una inspiración que no
es humano sino acaso sobrenatural.

Las grandes figuras de la Literatnra
Mistica, bajo el soplo de esa inspira•
ción, escribieron sencilla pero muy
profundamente, altos conceptos religiosos, haciendo a nn lado la técnica
y los recursos humanos; para ello necesitaron más que el simple númen
poético, una altísima contemplación,
asociada a una estrecha e íntima unión

'

con el Creador. El poeta místico, para
poder penetrar en el santuario de esa
contemplación, precisa un desprendimiento de las cosas de la tierra, a las
que juzga simplemente como vestigios
divinos.
De tal manera podemos notar la diferencia con que un simple poeta contempla, por ejemplo, la inmensidad del

mar o la belleza de las flores sin pasar los dinteles de Jo humano, en cambio, el místico sin salir del ámbito
poético contempla todo, relacionado
con el Ser Supremo que lo creó.
Según Menéndez y Pelayo, para poder comprender la Mistica y constituirse en crítico de la materia, debe
haberse sentido alguna vez la inspiración divina.
De acuerdo con el sentir de Pedro
Sainz Rodríguez, la Mística la constituyen las relaciones natnrales secretas,
por las cuales eleva Dios a la crialnra
sobre las limitaciones de su naturaleza
y la hace mirar un mundo superior al
que es imposible llegar por las fuerzas
naturales, ni por las ordinarias de la
gracia.

De tal suerte, siendo casi imposible
comprender a estos escritores tal y
como ellos hubieren deseado que se
les comprendiese, trataré de exponer

No. 6

Junio de 1956

algo del Misticismo Español y de una
de sus más grandes figuras representativas: SANTA TERESA DE JESUS.
El Misticismo Español llenó con
gran intensidad una parte muy carac-

teristica del Siglo XVI. Epoca de Oro,
o mejor llamado Siglo de Oro Español.
Surgió la Mistica de manera sorprendente en los albores del Siglo,
época preeminente de las conquistas
y prosperidad españolas; época que a
su vez tuvo el privilegio de presenciar
los mayores triunfos literarios que España ha conocido, como el Lazarillo
de Tormes, el Teatro Profano de Lope
y Calderón, los Sonetos y Eglogas de
Garcilaso, el Arle Florido de Herrera,
los Dramas Posteriores de Tirso de
Molina y Alarcón y la elaboración de
la obra maestra de la Literatura Española que por si sola haría grande a
un Siglo: El Quijote del Inmortal Cervantes.

El gran caudal literario prodncido
durante este periodo está contenido
más o menos en tres mil obras que

son testigos fidedignos del papel importantísimo que desempeñó la Mística en España.
Su primitiva historia nacional, es la
de una devoción de siglos a un ideal;
Y en un ambiente así, el Misticismo
se eleva en fecundos campos donde

germina y florece. La España del Siglo XVI, henchida por los ideales religioso y nacional, creó con su Ciencia
y con su Arte el más alto tipo de cultura que ha producido la civilización
cristiana en la Historia.
Largo sería tratar detalladamente la
época mística española por ser vasto
el número de escritores y sus obras,
pero el carácter individual de éstos,
se impone tanto como su número y
no es dificil distinguir sus propios rasgos que al mismo tiempo lo diferencian del de otros paises. Sin embargo,
trataremos de pasar la mirada, aún
cuando sea por encima, sobre algunas
de las grandes figuras de la Literatnra
,\scético-Mistica y quién más indicado
para encabezar la lista que Fray Hernando de Talavera, confesor y director espiritual de la Reina Isabel y a
quien correspondió el honor de plantar, sobre la más alta torre de la
Albambra, el estandarte de la Cruz.
Puede considerársele como precedente
de la Escuela Mística, pues mezclados
con sus escritos ascéticos se distinguen algunos rayos de misticismo.
Al lado de Fray Hernando de TaJavera puede situarse desde luego a
Alejo de Venegas, uno de los primeros
defensores de la Lengua Vulgar y au-

tor de "Agonía del Tránsito a la Muerte". A Alonso de Horozco, autor de
varios libros aunque no del todo misticos; cuya vida fuera de un espacio
de nueve años, abarca la totalidad del
Siglo XVI.
Estos tres autores primitivos, principalmente ascéticos, nos conducen hasta los años en que los grandes misticos comienzan a volcar sobre el papel,
las inquietudes de su espíritu.
El primero de éstos, Francisco de
Osuna; cuyo Tercer Abecedario Espiritual fué la primera guia de Santa
Teresa, cuyo camino como- escritora
fué también preparado por Bernardino de Laredo con su obra Subida al
Monte Sión.
Escritor diferente a Laredo fué San
Pedro de Alcántara. Santa Teresa, su
hija espiritual, puede contarse entre
los muchos testigos de su gran popularidad. Sucesor de éste fué Juan de
Avila, el Apóstol de Andalucía, autor
del Epistolario Sentimental y el Audi
Filia, que tanto favor mereció de San
Ignacio de Loyola. Por último citaremos a Fray Luis de Granada, el mayor de los precursores de Santa Teresa, cuya oratoria y obras fueron su.
mamente conocidas en toda Enropa.
Después de lo anterior, podemos
acercarnos de lleno a las dos grandes
figuras, últimos eslabones de la cadena de misticos españoles, los dos fuertes pilares, columnas gigantescas del
Siglo de Oro, del siglo de grandeza
en España en el orden cultural: Santa Teresa y San Juan de la Cruz.
Dedicaremos pues nnas cuantas Ji.
neas a exaltar la figura luminosa y regia de la gran reformadora de la orden del Carmelo, de la escritora cumbre de un mundo místico, alma ferviente de honda penetración, conocedora de los resortes del corazón hn-

�mano y del medio de adueñarse de la la pereza. Según !sabe! de Santo J?ovoluntad de los demás; de la mujer mingo, nunca estaba oc10sa, antes bien
más extraordinaria de la historia de todo el tiempo que le que le quedaba
la Literatura Española y aún de la His- de la oración o de otras actividades
toria de España: Santa Teresa de Je- forzosas lo oc11:paba en hilar o en essúS, que asimiló y &lt;lió forma, color Y c,ribir.
Fruto notable de esta cualidad Y de
vida con su hablar típico al pensamiento teológico que respiraba en su otras mas era su irresistible alegria.
.
Su presencia sembraba siempre ammo
ambiente.
Avila de los Caballeros, ciudad que y optimismo. En el Libro de su Vida,
arde sin entibiar el ambiente, situada escribe ella misma: "En esto me dava
en una loma que se alarga hasta mo- el Señor Gracia, en dar contento a
jarse en el Adaja; de severa silueta donde quiera que estuviese". La alepero hermósa y sugestiva; que fué tes~ gría fué el testamento que legó a sus
ligo de innumerables hechos de armas monjas para llevar menos difícilmende la reconquista peninsular contra te los rigores del Carmen. Otra de las
los moros, fortaleza de reyes persegui- virtudes de la Santa de Avila era la
dos como Alfonso VIII en su infancia; ingenuidad, pues aunque con una intela cindad castillo como no hay otro ligencia poco cumún siempre conserejemplar en Europa, amurallada e in- vó cierto aire infantil. Con esta vir•
tacta, fué la escogida para dar alber- tud, se aparejaba su espíritu fogoso
gue a los Sánchez Cepeda y Ahumada para abrazar Jo que le convenla enque más tarde labrarían la cuna de tender. Desde sus primeros años, dió
la insigne escritora de la Raza, de la muestra de un arrojo invencible; más
mujer fuerte que en la mejor habla tarde, cuando se enfrentó a una vida
española escribiera "Su Castillo Inte.. casi rutinaria disminuyó su proverbial entereza, que más luego reviviría
rior".
Teresa Cepeda y Ahumada vió la luz en el siguiente aviso de Camino de
primera en los albores del dia 28 de Perfección. "Importa mucho y en toMarzo de 1515. Miércoles de la Pa- do una muy grande y muy determinasión, siendo rey de España Fernando da determinación, de no parar hasta
el Católico y General del Carmen el llegar, Venga lo que viniere, suceda lo
Beato Juan Bautista Montuano. El fe- que sucediere, murmure quien murliz lugar de su nacimiento parece ha- murare, siéruiera llegue allá siquiera
ber sido la risueña aldea de Gotarren- se muera en el camino, siquiera se
dura, donde sus padres solían pasar las hunda en el mundo."·
El día dos de noviembre de 1536,
temporadas de invierno.
Según Fray Luis de León: ''Pusié- puede considerarse como una fecha
ronle por nombre Teresa, guiados sus memorable teresiana, pues toma el há•
padres a Jo que se entiende por Dios, bito de Carmelita en el Monasterio de
que sabia los milagros y maravillas la Encarnación, profesando u~ año
que en ella había de hacer". Francisco después.
Es en el año 1562, cuando comienza
de Rivera asienta que este nombre le
fué impuesto por llevarlo alguna San- su vida como escritora y fundadora.
ta de España. Lo más factible es que "El Libro de su Vida", fué el primero
se le haya bautizado con el nombre de que salió de su pluma, al que siguió
Teresa en atención a su abuela mater• "Camino de Perfección". De las funna Doña Teresa de las Cuevas; así las daciones, la primera fué la del Condemás razones estan fuera de propó- vento del Carmen de Avila; más tarde
con la valiosa cooperación de $an
sito.
Transcurre la infancia de Teresa en Juan de la Cruz y del Padre Gracían,
un ambiente de conquista, de empre.. lleva a feliz término después de haber
sas guerreras, de reyertas entre los vencido innumerables obstáculos, las
mismos convecinos; de allí la expre- fundaciones de Conventos de Carmesión de Rodolphe Honaret: "Sus gran- litas Descalios. Si para las fundaciodes ojos asombrados habían de ver nes de Monjas, la Doctora de Avila
más de una vez los arcabuceros de los tuvo que andar y andar constantetercios pasar bajo el arco del Alcazar mente de un lugar a otro, para las de
o batir bajo su peso el viejo puente frailes tuvo que valerse de la oración
del Adaja." Leyendas y romanceros y del constante epistolario.
Siguieron a los dos libros ya citados
habrían de impresionar a la niña,
dando color a la vida de su infancia "Las Moradas o Castillo Interior" y el
y encanto a sus ensueños; sin embar~ Libro de las "Fundaciones". Como
go, la recia contextura de su espíritu, obras menores podemos anotar "Cony la visión diáfana del paisaje de Avi- ceptos del Amor de Dios" que tiene
la, habrían de modelar aquella alma gran relación con las Moradas; "Los
con un perfil sereno, de contornos de- Avisos Espirituales", "el Libro de las
finidos, que no habrían de confundir Relaciones y Avisos" y "la·s Exclamanunca lo imaginario con la realidad; ciones". Estas últimas pueden consisiempre fué realista y el mundo de la derarse como el tránsito de la prosa a
imaginación casi los descartaba de su la poesía teresiana.
El epistolario de Santa Teresa es
vida.
Cualidad muy suya era una cons. . muy copioso, se conservan más de cuatante actividad. Estaba reñidísima con trocientas cartas que constituyen una

.

Página 2

Jladolid, y su contenido se refiere a
las virtudes de las religiosas. Es un
perfecto tratado de ascética teresiana.
El Libro de las Fundaciones según
ella misma, lo comenzó a escribir en
Salamanca en 1573. Contiene la fundación de los ocho primeros conventos en su primera parte y la fundación de la totalidad de estos en la segunda y tercera; Jo iba escribiendo
según iba realizando nuevas fundacio ..
nes y lo terminó poco antes ·de morir.
La esencia de este libro es la actuación de la Santa muy real y humana.
Contiene además un precioso arsenal
de datos biográficos de personas de
todas clases sociales, que muestran los
carácteres de los españoles del gran
siglo; es una pintura real de sucesos
de ambiente, un cuadro histórico por
decirlo así de la vida española.
"El Castillo Interior o Las Moradas"
comenzó a escribirlo en junio de 1577
y lo terminó en noviembre del mismo
año. Puede considerarse como el libro
más perfecto de la mística española.
"Considerar nuestra alma como un
castillo de diamantes o muy claro cristal donde hay muchos aposentos asi
como en el cielo". Vemos en esto, como la comparación no es siempre
creación de su mente sino fruto de sus
sentidos.
"Los Conceptos del Amor de Dios"
tienen gran relación con "Las Moradas", de ellos no existe autógrafo, pu~s
por probar la obediencia de la escritora uno de sus confesores mandó que
lo quemara. Se cree fué escrito en
1577. Afortunadamente para la posteridad, se conservan de la mayor parte de los autógrafos copias hechas por
religiosa~ en Alba de Tormes, Baeza Y
otros monasterios.
En Las Esxclamaciones escritas por
la Santa de Avila y que son la expresión más ardiente de su desfallecimiento amoroso están co~tenidos los
pensamientos líricos a los que después
dá forma poética; tales como "Oh vi•
da que no se vive."/ "Que muero por•
que no muero"/ "Que mandáis hacer
de mi" / y otros más.
Toila la prosa de Santa Teresa encierra el habla del pueblo de Castilla
la Vieja en el siglo XVI, por su extrema naturalidad, su limpieza en las
descripciones siempre vivas y concisas, notandose en ella una feminidad
exquisita por lo inestable del discurso
floreado siempre por mil disgreciones.

.

de las mayores joyas de la Literatura
Universal. La más antigua es la dirigida a su hermano Lorenzo en el año
1561; en ésta como en todas las demás, pone de manifiesto los dones naturales de su ingenio privilegiado.
De las composiciones poéticas se
conserva un escaso número, pues la
Santa fué siempre superior como escritora en prosa que como poetiza.
En el Libro de su Vida que llamó también 'Libro de las Misericordias de
Dios" comenzó a tratar de su confesión general y a poner por esc~ito todos Jos males y bienes; es un discurso
de su vida lo más claramente que lo
entendió y supo, sin dejar nada por
decir; lamenta en él no estar facultada por su director espiritual, para escribir con claridad todos sus pecados
sino solo los carismas que creía haber
recibido de Dios; no obstante, pondera con frecuencia su imaginada ruindad de alma.
Fué el Padre Diego de Cetina quien
tuvo en sus manos la primera relación escrita de su Vida. De el paradero de tan precioso manuscrito no
ha quedado memroia; las manos estremecidas d~l joven jesuita, enrollaron
aquellos folios amarillentos sin dar
cuenta de su destino a nadie; se cree
que hayan sido quemados en el secreto de su celda, pues se trataba de una
confesión. Años más tarde vuelve a escribirlo en la ciudad de Toledo por
mandato de sus confesores, y fueron
Juan de Avila, Hernando del Castillo
y el P. Báñez quienes aprobaron la
relación de su Vida en nombre de la
Inquisición.
Es este libro el más extenso de todos, consta de cuarenta capítulos. Norra en él de una manera sencilla los
sucesos de su niñez y mocedad, el momento• en que se entregó a Dios por
entero, las riquezás espirituales de su
alma; es una narración sincera de sucesos interiores alrededor de una vocación religiosa. Intercala en él un
breve relato de la fundación de San
José de Avila, Monasterio en el cual Jo

terminó de escribir en el año 1565.
Por orden de Felipe II, y con los
honores especialísimos sólo comparables a los que se prodigaron a San
Agustín, este manuscrito fué guardado
en el Escorial. Según ficha trazada
por el Padre Guillermo Antolín, el
autógrafo mide por 29/½ por 20/
½ centímetros. Su escritura es muy
clara y bien legible; no tiene puntos
ni comas ni divisiones de párrafos.
En la segunda hoja, tiene pero no de
letra de Santa Teresa, este título "La
Vida de la Madre Teresa de Jesús escrita de su misma mano"; tiene algunas tachaduras; la aprobación autógrafa del Padre Bañez va al final, llena tres hojas y está fechada a 7 de julio de 1575. El texto tiene 201 hojas
foliadas con números que bien pudieron ser de su autora. La filigrana o
marca del papel, es un corazón con
una cruz en el centro y a los lados
unas letras que parecen F" y M. Está
encuadernado en terciopelo carmesí
floreado, tiene algunas notas marginales y otras entre renglones, que pertenecen al Padre Báñez. Entre las correcciones y notas hay algunas de la
propia autora y otras escritas por mano desconocida que bien pudo haber
sido la del maestro Juan de Avila. "Misericordias de Dios" fué el titulo por
el cual Santa Teresa tenía predilección y más a menudo mencionaba con
este nombre el Libro de su Vida, obra
principal que en su parte histórica tiene, como magnifico complemento el
Libro de Las Fundaciones y en la parte doctrinal, ascética y mística los libros titulados "Camino de Perfección"
y uLas Moradas."
Es "Camino de Perfección" la obra
ter~,siana más al alcance de todos,
practica Y sencilla trata acerca de las
virtudes que debe~ ejercitarse en el
claustro. Se publicó en Evora y Salamanca en 1585 y 1589. Santa Teresa
escribió este libro accediendo a una
petición de las monjas de San José de
Avila; existe un autógrafo en el Escorial Y otro en las Carmelitas de Va-

Fray Luis de León nos dá las siguientes características .de estilo de la
prosa de la excelsa Doctora: delicadeza, claridad, pureza, facilidad, gracia,
buena compostura, elegancia, dulzura,
destreza, discreción y gracia en la
mezcla de unas razones con otras; característica más visible en su prosa,
hábito propio del hablar cotidiano, en
que ella responde al olvido del arle y
de la forma.
Para Menéndez Pidal, el principio
renacentista "escribo como hablo" que
practica en la actualidad el gran poeta
español Juan Ramón Jiménez impera
en Santa Teresa, pero un tanto modificado por el sentimiento religioso;
aún asi el escribir como se habla, llega en el1a a su más perfecta y completa realización.
De los elementos literarios de Santa
Teresa el más interesante es la imagen
simple, no trabajada; desde los cuatr~
modos de oración expuestos en el "Libro de su Vida" hasta "Las Moradas"
derrama su ingenio y su observación
para trasmitir sin ningún adorno literario sus experiencias personales.
Nadie mejor que ella ha calificado
su propio estilo. En el "Camino de
Perfección", capítulo XVI exclama:
"Más Que desconsertado escribo", Y
más adelante "Quizá lo entenderéis
mejnr por mi gro~ero estilo que por
otros elegantes."
La excelsa literata escribe sin concierto, sin número, deja la elaboración
de estilo, capacidad ,que pudo alcanzar
en ella gran esplendor, y olvida aqu~llo que su sagaz mirada descubre en
el mundo literario que la rodea y la
envuelve ya sea en libros místicos o
profanos.
La forma de sus escritos es nueva Y
enteramente personal; expresa las más
excelsas visiones de gloria, con el lenguaje más sencillo de las gentes de
Avila · y atin cuando tiene el alma remont~da al sublime cielo de los éxtasis, sus pies están clavados en la tierra de su pais por ella tantas veces
recorrido.
Como ya anotamos antes, la poesía
de la gran mística es mucho menos
abundante que su prosa, pues aún
cuando existen varias, de algunas se
desconoce su verdadera autenticidad.
Don Vicente de la Fuente reduce a
siete las composiciones propiamente
teresianas.
Una de las mas conocidas es sin duda la que en sus primeras estrofas
dice:
Vivo sin vivir en mi,
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.
Aquesta divina unión,
del amor con que yo vivo
hace a Dios ser mi cautivo,
y libre mi corazón;
más ·causa en mí tal pasión,
ver a mi Dios prisionero,
que muero porque no muero.

/

¡Ay que larga es esta vida,
1
que duros estos destierros,
esta carcel y estos hierros
en que el alma está metida 1
Solo esperar la salida,
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
Las poesías de Santa Teresa saben
a Romance, están escritas en metros
cortos, de manera sencilla y sobria,
con gran sentimiento y fervor, sin epítetos, con ideas bellas y delicadas. Su
alma necesitaba del verso pero con la
sobriedad de un filósofo. Así el caráctes filosófico-moral de la escuela poética del Siglo XV, y un notable parecido con las poesías contenidas en los
primeros cancioneros, lo encontramos
en los siguientes versos.
Vuestra soy, pues me criasteis,
vuestra pues me redimisteis

vuestra pues que me sufristeis,
vuestra pues me conservasteis
vuestra pues no me perdí.
Otro ejemplo de la viveza alada del
genio de la escritora lo vemos en los
versos que compuso para la toma de
velo de Isabel de los Angeles en Salamanca:
Hermana porque veléis,
os dado hoy este velo
y no os vá menos que el cielo
por eso no os descuideis.
Aqueste velo gracioso,
os dice que estéis en vela
guardando la centinela,
hasta que venga el Esposo.
No sabe nadie a que hora,
si en la vigilia primera,
o en la segunda o tercera.
En vuestra mano encendida ·
tened siempre una candela
y estad con el velo en vela;
Porque habiendo asi velado
con el esposo entrareis
por eso no os descuideis
Junto con una de sus cartas, la que
escribió a su hermano Lorenzo envió
la siguiente composición:
¡ Oh hermosura que excedéis

a todas las hermosuras,
sin herir dolor haceis,
y sin dolor deshacéis
el amor de las criaturas.
¡Oh vida que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no se porque os desatáis,
pues unido fuerza dáis
a tener por bien los males.
Santa Teresa no ha formado escuela
propia; su escuela son sus hijas y sus
libros en los que reconocía Fray Luis
De León su propio espíritu. "Yo no .
conocí ni vi a la madre Teresa de Jesús mientras estuvo en la tierra más
ahora que está en el cielo la conozco
y veo casi siempre en sus dos imágenes que son sus hijas y sus libros, que
a mi juicio son testigos fieles y mejores, de toda excepción de la grande
virtud". La escuela de esta escritora
está pues encerrada en una antología
de aforismos expresados en un hablar
radiante de claridad. Sus pensamientos dada la energía del idioma en que
están escritos, no pueden menos que
señalar una gran influencia en el mun..
do literario y monástico.
Toda su obra es muy española y a
la par muy humana, precisamente por
lo popular, porque refleja las tendencias universales del ser humano. Sus

escritos sin preocupación alguna de literatura, son aparte de la inspiración
que movía su pluma, la literatura culta por excelencia del pueblo español.
En torno a cualquier obra de Santa
Terésa, tan española, tan castellana,
tan mujer y tan santa, hay un hendo
encanto de intimidad; aún en aquellos
de sus libros que tienen vuelos misticon señores, se vale de la mayor sencillez expresiva o como afirmara la
gran escritora española recientemente
fallecida Blanca de los Ríos Lamp~rez:
"La prosa de Santa Teresa es inseparable de su espíritu, es la estética de
su santidad, es humildad sin afeites,
es anhelo generoso de que todos gustasen el bien que ella gustaba vertiéndolo en palabras claras como la luz;
y como si en un tintero de loza talaverana bebiese su pluma en vez de
tinta, luz y jugo de verdad, rompe a
escribir como se habla en la vida familiar, sencilla, entrañablemente."
Recientemente Don Miguel de Unamuno, critico altísimo del idioma, ha
revelado en uno de sus ensayos lo que
deben en la creación y en la semanlica de las palabras al misticismo, pues
nos dice que muchos de los términos
de la lengua culta, y aún de la vulgar,
han cobrado nueva vida en la Literatura originada por inisticos y ascetas
españoles.
Así Santa Teresa, que creó una teología popular para sus monjas, dio vida también aunque no con las excelencias de San Juan de la Cruz, al
cuerpo del idioma.
El gustado poeta español. José Maria Gabriel y Galán ha evocado deliciosamente la figura de la gran mujer
castellana del Siglo XVI:
Mujer de inteligencia peregrina
y corazón sublime de cristiana,
fué más divina cuánto más humana,
y más humana cuanto más divina.
Hasta el implo ante tu fé se inclina
y adora la grandeza soberana,
de la egregia doctora castellana,
de la santa mujer, y la heroína.
Oh mujer, te dará la humana historia,
la gloria que por sabia merecieres,
más con el mundo acabará esa gloria,
que por ser terrenal, no es sempiterna.
Tu Teresa de Ahumada, alcabo mueres!
Teresa de Jesús, tu eres eterna!
A estos seres predilectos de Dios,
humanizados y deshumanizados a la
vez, debemos los deliquios de nuestra
alma, la enseñanza histórica de su siglo, la deleitosa lectura y su enseñanza
magistral, y aún a veces la paz y .el
remanso de nuestro espíritu.

Página 3

•

�Leípzig para volver a su ciudad natal.
Pero por primera vez lleva en su mente la imagen de Fausto. En la taberna
de Auerbach donde se reunen los estudiantes hay una imagen de Fausto
arrebatada por _el diablo.

EL SOLITARIO IJE FRAUENPLAN
Franz BOUCHSPIES.

"Yo soy alemán, es cierto, alemán
hasta la médula; pero, a pesar de

éllo, de la vieja cepa, superior, a
saber, cosmopolita de corazón .•• "
"DOCTOR FAUSTUS"
THOMAS MANN.

Mucho tiempo hace, intenté escribir
alrededor del Genio de Weimar, pero
apenas intentaba acercarme a él, me
deslumbraba. Y mientras más profundamente le conocía, más ardua tarea
me parecía porque recordaba sus sagradas palabras que eran como un
Evangelio para mí:
"Sobre los graneles no deberían hablar
sino los que fueran tan grandes como
ellos ... "
Y me encolerizaba contra quienes le
atacaban sin conocerle bién, sin conocer su obra inmensa, pero no me sen•
tía capaz de tomar su defensa.
De muy joven escribí un torpe ensayo sobre él que quisiera habel"
destruido. Hoy conozco mi igrrorancia de entonces y el poco Yalor de mi
opúsculo.
Poco después, cuando se celebraba
el segundo centenario de su natalicio
intenté rendirle mi homenaje pero sentí que · no estaba preparado para éllo
Jo suficiente. Finalmente, no hace mucho, me atreví a mirarle a través de
"Fausto" y hoy, de puntillas, con respeto y veneración he tomado la audacia de remover sus sagradas cenizas. He tenido en cuenta al principio de mi exégesis, aquellas palabras
de Georg Simmel: "La interpretación
Ese instante nos arrastra a través nalmente.
de Goethe, que siempre calificó de de la vida en su busca y la Muerte
gran confesión cuanto él creo, será nos sorprende antes de haberlo enCon la espada de "Goetz de Berlichsiempre también, quiérase o no, una contrado.
ingen" ha combatido por el espíritu
confesión del que interpreta ....
nacional y ha ahuyentado de influenLuego recorremos el largo camino cias nefastas la literatura alemana mosCierto es. Todo lo que yo podría de nuestra mísera existencia y en- trándole su verdadero camino.
decirles es como he visto yo al gran contramos que lo único que la ha
Coloso del Pensamiento Universal y embe1Iecido es el amor, y lo único que
En el bello idilio de "Hermann y
no como lo han visto Emil Ludwig, la ha hecho digna es la continua lu- Dorothea", ha mostrado que su coraGeorg Simmel, Thomas Mann, Alfon- cha, la batalla interminable que hemos zón eternamente joven era un devoto
so Reyes u Ortega y Gasset, Eduard librado.
del templo de Eros.
Spranger, etc. Debo agradecer sin duda a ellos el haber facilitado mí traLos problemas que Goethe ha abor:-.'ació en Frankfurt del Mein el 28
bajo y haberme iniciado en el culto dado en sus Jibros, son motivos eter- de Agosto de 1749, su padre fué el cona Goethe, aún cuando Goethe mismo nos con los cuales tendremos siempre sejero áulico Johann Raspar Goethe y
ya me había mostrado gran parte del que enfrentarnos y no podremos evi- su madre Elisabeth Textor, hija del
camino .....
tar jamás. Son parte de nuestra vida burgomaestre de la ciudad, Wolfgang
misma.
Textor. Fué llamado por ésto, Johann
Es Goethe, no solo la cumbre de liWolfgang Gocthe.
teratura alemana, sino una de las granEn "\Verther", volveremos a encondes figuras del Humanismo, es decir, trar todos los deseos, sueños e ilusioSu padre se cuidó estrictamente en
un apóstol de la gran reconciliación nes irrealizables propios de la adoles- su infancia de su educación, aprende los pueblos y su obra. Deberá si- cencia y de la juventud. La propia diendo el joven Wolfgang, hebreo, latuarse junto a la de los grandes Colo- confesión de un enamorado que sien- tín, griego y francés. Leyó a los autosos del Pensamiento Universal: Dante, te morir cuando se le escapa un ideal res clásicos, griegos latinos y france•
Shakespeare, Homero, Virgilio, Cer inalcansable, el único motivo de su vi- ses y la Biblia. Aún por su cuenta
vantes etc.
da inquieta y atormentada, le es arre- aprendio alquimia y otras cosas que
batada por el Destino y se precipita despertaron su interés. El primero de
Goethe es el gran educador que nos en el abismo insondable de la muerte. Enero de 1759, estando en guerra ausha mostrado nuestra eterna inquietud
triacos y prusianos, los franceses que
interior. Ha puesto un espejo ante
En "Las afinidades electivas", nos eran aliados de los austriacos ocupa.
nuestra propia alma.
muestra las barreras de la sociedad ron la ciudad y con gran disgusto del
interponiéndose entre el amor de un consejero áulico, el Conde de Thorane
Hemos ido con Fausto en pos de hombre entrado en años y con com. que los dirigía se hospedó en la casa
un instante maravilloso que sedujera promisos contraídos y una jovencita de Goethe. Este, despertó en el pequenuestra alma y poder decir: ¡ No de- ilusionada cuyo epilogo es la tragedia ño Wolfgang y en su hermanita Corneseo nada más! ¡he alcanzado cuanto inevitable.
lia el gusto por el teatro y por el arte
anhelaba y mi vida puede darse por
clásico, pero hubo no pocos disgustos
satisfecha! ¡ Sé cuanto quería saber y
En "Wilhelm lfeister" encontramos entre el Conde de Thorane y entre el
tengo cuanto he deseado! ¡No quiero de nuevo a "Fausto"; es el joven que Consejero áulico Goethe quien sentía
más 1 ¡ Quiero retener este instante se adentra en la vida preguntándose viva simpatía por los prusianos poeternamente!
cual es su misión y su verdadera posi- niendo en peligro su libertad y su vida.
sión en élla. El destino le arrastra
1Desengañáos ! ese instante, no exis- aquí para allá engañándose mil veces
Finalmente los franceses abandonate para el Hombre!
en su vocación hasta encontrarle fi- ron la ciudad y con ellos el Conde de

Thorane volviendo la tranquilidad a
la casa de Goethe.
Ya a los 15 años en 1764 el joven
Wolfgang se revela como poeta y es
publicado su "Descenso de Jesucristo
a los Infiernos". Lée a Jos autores antiguos y contemporáneos y le atraen
las tradiciones populares. Klopstock Y
Lessing son sus favoritos. De sus relaciones con una jovencita llamada
Gretchen y de un enojoso asunto en el
que se ve seriamente complicado y su
primer desengaño amoroso, nacen "Los
cómplices" que escribe con sangre de
su corazón.

1
ti

Goethe es enviado a la Universidad
de Leipzig y pronto la inconstante
Gretchen es olvidada y substituida por
Annette (Catalina Schoenkopf) a la
que el joven Wolfgang llega a amar
apasionadamente.
El 16 de Octubre de 1767 aún enfermo escribía a su amigo Behrisch:
"¡ Oh, Berisch, todo lo que me había imaginado ayer haber visto, ella
me lo dijo ahora! ¡Ella! Apretada
contra mi. Un momento de placer
reemplaza miles llenos de pena.
¿ Quién de no ser así quisiera vivir?
Mi disgusto había desaparecido. Una
pequeña pena pasada es un bien. El
recuerdo de dolores vencidos es una
alegría, ¡ y recompensado así! Toda
la felicidad en mis brazos. El precioso pudor que se apodera de ella,
no obstante nuestra intimidad y el
fuerte amor que la empuja a mis
brazos, a pesar de los mandatos de
la razón. Los ojos que se cierran
cada vez que su boca se aprieta con
la mía; el dulce reír de los cortos
descansos de nuestras caricias, el
enrojecimiento, la vergüenza, el
amor, el temor, el placer; el movimiento trémulo para libertarse de
mis brazos que me indica su debí•
Iidad y dice que únicamente el temor podía arrancarla de mi lado.
Behrisch, todo esto es una gloria;
para alcanzarla se pasa voluntariamente por el purgatorio."

tará jamás el amor de otro, conservando el recuerdo de su adoración por
Goethe hasta la muerte.

critor también, se ha suicidado por
amor.
Goethe se siente sacudido por la
inesperada descarga que ha quitado la
vida a Jerusalem.

En Agosto de 1771 vuelve a Frankfurt y termina su primer drama que
lo hará famoso en toda Alemania.
El 30 de Marzo de 1770, una vez reEn aquella época, Goethe mantenía
"Goetz de Berlichingen". El héroe
cuperada la salud, marcha a Estrasburaún
el recuerdo de su angustioso amor
data del tiempo de la guerra de Camgo a continuar sus estudios de doctopesinos, es un héroe popular que el por Lotte Buff y mantenía relaciones
rado en Leyes. Allí, admirado ante la
público acoge con júbilo. Goethe con con Maxímiliana de La Roche, casada
grandiosa Catedral construida por el
este Paladín de la Libertad, ya ha ini- con un comerciante suizo-italiano llaarquitecto alemán Erwin von Steinciado la Escuela romántica y los poe- mado Pedro Brentano quien un buen
bach escribe sobre la arquitectura gótas que pertenecen a ella, lo elegirán día, expulsa de su casa por celos al
tica. Conoce a Godofredo Herder, mecomo su caudillo. Llaman a este mo- señor Doctor Goethe.
dio literato, medio religioso, quien lo
vimiento literario, "Sturm und Drang''
inicia en la filosofía de la Naturaleza
Goethe siente que su corazón nece(Tormenta e ímpetu). Ya no segníy le hace leer a Jean Jacques Rousseau,
sita un desahogo y que la desesperarán
unos
a
los
modelos
ingleses
con
a Ossian, a Shakespeare y a Spinoza,
ción lo arrastrará a la muerte, pero en
quienes más tarde influirán en él po- Herder, Bürger, Lessing y Klopstock, lugar de eso, escribe 'Las cuitas del
y otros a Chrístoph Wieland o a
derosamente.
Gottsched de la escuela francesa. Se- joven Werther" (Leiden des Junge
Werthers). Este libro lo llevará a la
Asiste a la ceremonia en la cual la guirán a Goethe y a la escuela alema- cumbre de la gloria. Le abre las puerprincesa imperial Maria Antonieta de na. La llaman Sturm und Drang por- tas del Parnaso. "Werther" es una verHabsburgo, va a desposarse con el que uno de los dramas de Max Klinger dadera confesión. Es preciso leer uno
amigo de Wolfgang, lleva ese título.
Delfín de Francia, más tarde Luís XVI,
"Getz
de Berlichingen" ha causado re- de los párrafos finales de ." Werther":
cuyo reinado terminara trágicamente.
vuelo en todo el país y unos lo com"¡Oh, perdóname, perdóname! debía
baten mientras otros lo defienden. Es
Por medio de un compañero suhaber sido aquel el último momento
el grito de la Revolución literaria en
yo, estudiante de Teología llamado
de mí vida. ¡Oh, Angel mío! ¡Por
Weyland, conoce a la familia del Pas- Alemania. Los Clasicistas tiemblan.
primera vez, por primera vez, sin
tor protestante de Seseiheim, Brion,
ningún género de duda, hirvió en lo
En Mayo de 1772,Goethe- marcha a
y se enamora de la hija menor, Fedemás intimo de mi alma ese sentirica, cuyo idilio inmortalizara él en Wetzlar y conoce a Hans Christian
miento delicioso: élla me ama! ¡Ella
sus versos.
Kestner, Secretario de la Legación de
me ama! ¡ Aún arde en mis labios el
Bremen y el 9 de Julio de ese mismo sagrado fuego que despedían los suGoethe siente que su amor por Fe- allo, durante un baile celebrado en el
yos; nuevo, cálido-gozo vibra en m~
derica es noblemente correspondido y pabellón de caza de Volperthausen,
corazón. ¡Perdóname l ¡Perdóname!"
que los familiares de la jovencita ven conoce a Charlotte Buff, hija del Baicon agrado sus relaciones. Tal vez es. lio de la Orden Teutónica en Wetzlar
Es el momento en que Werther olla más tierna y la más bella época y se enamora de ella, sabiendo más vidando que Carlota está unida en
digna de ser recordada por él, ·pero tarde que es prometida de Kestner.
matrimonio a su amigo Alberto, sin
su carrera ha terminado y su padre
poderse contener le arrebata un beso
apremia su regreso. Goethe lucha enGoethe está ahora verdaderamente apasionado y Carlota lo rechaza intre sus ambiciones y su porvenir y el enamorado de Lottc Buff. Siente todos dignada y le prohíbe volver a verla.
inmenso amor por Federica Brion. los tormentos y angustias que el amor Hay en los ojos de Werther lágrimas
Triunfa lo primElro y Goethe escribe mal correspondido produce. Lotte no de dolor y de felicidad. Ese beso lo
como despedida su preciosa poesía:
Jo mira más que como un gran y no- arrastrará al suicidio.
ble amigo, pero prefiere unirse en
"¡Me saltó el corazón,
matrimonio a Kestner. Desesperado,
El joven inexperto al ver el éxito
prol1to, a caballo!.. .... "
Goethe abandona Wetzlar, quisiera mo- obtenido de su libro, lo envía a Kestrir e intenta muchas veces el suicidio. ner y a su esposa con una dedicatoria
Fcderica está a punto de morir .De pronto, corre ]a noticia de que un pero tiene solo como respuesta la incuando su amado ha partido, pero des- amigo suyo, Friedrich Jerusalem, hijo dignación de ambos que tienen el libro
pués de su restablecimiento, no acep- de un religioso protestante, y joven es- como una burla a sus sentimientos y a

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sus relaciones. Finalmente las explicaciones de Goethe realizan su reconci..
Iiación. Goethe aún escribe su poesia
recordando su amor por Lotchen:
"¿Es verdad, oh, es verdad que te
he perdido,
que huiste de mi lado con el viento?
Aún suena dulce en mi avezado oído
cada palabra tuya, cada acento......"
"Werther" y "Goetz de Berlichingen"
llegan a tener no solo en Alemania
imitadores sino hasta en el extranjero y luego publica Goethe nn fragmento de su "Prometeo", "Clavigo",
"Hanswurst", "El judío errante", "Dio..
ses, héroes y Wieland" (éste último satirizando al viejo poeta Christoph Wieland, aútor de "Oberon") ,
En Enero de 1775 conoce a Lilli
Schoenemann, hija de un rico banquero y hace un viaje a Suiza con los
hermanos Stolberg y se encue.ntra con
Lavater un hombre de ciencia a quien
Goethe admiraba por sus trabajos.
Vuelve finalmente a Fránkfurt después del rompimiento con Lílli y acepta el puesto de Consejero de legación
que le ofrece el Duque Carlos Angusto
de Weimar, donde conoce a Wieland,
a Gleim y a la baronesa Carlota de
Stein, mujer del Caballerizo mayor del
Duque. Este último lo nombra luego
Consejero intimo, más tarde le hará
Director de Hacienda y le concederá un título de nobleza. A partir
de entonces se llamara Herr Johann
Wolfgang von Goethe.
Sus relaciones con Carlota von Stein
le inspiran su drama "Ifigenia en Tauride" con el que entrará en la escuela
clásica y se convertirá a partir de entonces en un aeda griego.
Hace estudios científicos y descubre el hueso intermaxilar, lo cual no
fué publicado hasta 1820 en el segundo "Cuaderno de morfología".
En 1786 viaja a Italia en compañía
del pintor alemán Tischbein y de la

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Ya anuncia en su carta el eterno
enamorado que será Wolfgang. Ya
anuncia aquel loco rapto de alegria
de su "Canto de Mayo" dedicado a
Federica Bríon más tarde en Estrasburgo:
"Chiquilla, ¡oh mi chiquilla!
yo te amo, mi bien eres;
fuego en tus ojos brilla;
bien dicen que me quieres."
Y más adelante continúa este apasionado Lied:

•

"¡Con cuanto ardor te ama, y desea
esa mi sangre moza 1
i En tí cómo se inflama,
mi inspiración y goza!"
Pero olvida a su adorada Annette y
suspenderá sus relaciones con la joven
Federica Oeser a causa de una enfermedad que le pone a las puertas de la
muerte e interrumpe sus estudios en

Página 4
Página 5

�pintora suiza Angélika Kauffmann y
marcha a Roma donde queda deslumbrado por la grandeza del arte clásico
y el poderío de los antiguos césares y
la magnificencia de los ritos de la Iglesia Católica.
Absorto ante las maravillas que del
genio de los pueblos antiguos ha conservado la acción del tiempo y que
llega a nosotros a travez de los siglos,
exclama extático:

más sus "Elegías Romanas", que tienen algún éxito, pero ahora los poetas
románticos lo atacan. Goethe se ha
vuelto indiferente· al espiritu nacional
que hay que mantener en alto. Tal vez
"El Conde Egmont", es la última manifestación de su romanticismo. A su
vuelta de Venecia ese mismo año cuando acompañaba a la 'Duquesa Amelia a
su regreso de Roma, escribe aún sus
"Epigramas Venecianos", con los que

che para renacer en un aspecto distinto .... "

y el Júpiter Tonante se han encontrado.

Y al concluir el poema continua:

Más, tarde, durante la guerra de liberación, vienen a saludarlo los patriotas Ernst l\foritz Arndt y Theodor
Koerner, ambos poetas y entusiastas
voluntarios y agitadores con.tra el caudillo francés. Goethe les saluda afablemente pero les dice: usacudid vuestras cadenas: ese hombre es demasiado grande para vosotros. No las Romperéis."

"No es digno de los alemanes
impulsar
ni•propagar este movimiento
terrible,
ni perder el juicio de un lado para
otro:

"¡De tu obra magistral los mil fragmentos se desplomaron;
pero entre ruinas
tu espíritu inmortal yo aqui
presiento,,,

Sin embargo, el acento profético en
Goethe ha fallado esta vez. Napoleón
caerá y e1, quedará en pié como el
Coloso de Rhodas contemplando las
Edades que cruzan ante él. Los antiguos amigos han desaparecido o estan
al borde de la tumba. Nuevas notabilidades estremecen al mundo. Conoce a
Beethoven en Teplitz.

Se ha transformado completamente.
Ya no es el poeta nacional, ahora es
un pensador universal. Ya no busca
la belleza en las formas góticas. Ahora
ser:i un apóstol del arte clásico. Ahora
pertenece al mundo.

Todas las cabezas intelectuales de
Europa lo buscan, Hegel de Berlin,
Schopenhauer, Heine, Saint Hillaire,
Víctor Hugo, Lord Byron, Walter Scott,
Nerval etc. Todos le escriben o le visitan en su retiro en Frauenplan.

En Italia conoce a Karl Moritz y se
presenta Goethe como el pintor Johann
Phillipp l\Hiller y dedica su tiempo a
este arte que había abandonado en su
- juventud. Ahora se dedica bajo la dirección de Tischbein y Kauffmann.

1Es el "gran Patriarca del siglo de
las luces". No obstante que la escuela
romántica le haga objeto de sus aláques con Schlegel, Tieck y Novalis,
Ludwig Uhland y Theodor Ernest
Hoffmann a la cabeza.

En Italia termina sus dramas "Ifigenia en Tauride" teniendo por modelo a Euripides, "Torcuato Tasso" Y
su novela "Wilhelm Meister" (Años de
Aprendizaje) del que no podremos jamás olvidar su balada inmortal a la
que el mismo Beethoven ha puesto música; 1a balada de "Mignón" tan celebrada:

En medio de este tumulto Goethe se
siente cada vc·z más solo. Es la soledad del genio que no encuentra su
igual en la multitud. Había creído distinguirlo en Schiller, en Napoleón, en
Lord Byron, pero todos ellos han desaparecido. Su madre, su mujer han
muerto y finalmente su hijo Augusto
casado con Otilia de Pogwisch muere
durante su viaje a Italia.

"¿Conoces el país donde los
limoneros
florecen y hay naranjas de oro entre
el follaje?
Un vicñto suave emana de un cielo
muy azul;
los mirtos duermen y álzance los
lauros arrogantes;
di, ¿lo conoces bien? Allí, allí,
contigo, amado mío, anhelo ir ...... "
Es la canción de una jovencita enamorada a quien un joven estudiante
tudesco Wilhelm Meister, ha salvado
de la crueldad de sus parientes, de la
miseria y del hambre y ella en cambio le ofrece su amor sencillo y tierno.
Aquel bello pais a donde ella sueña ir
es Italia.
Italia es un sueño primaveral para
los alemanes; una dulce nostalgia los
envuelve y Goethe ha realizado su sueño. Ahora conoce el mérito de la obra
de su antecespr Winckelmann y a él
dedica sus escritos.
No se detiene en Roma y marcha a
Nápoles donde conoce a Faustina, una
''Mignón" para él quien está dispuesta
a seguirlo y a romper su compromiso,
pero él vuelve a la fria patria del Norte: Alemania.
De ,,uelta en su casa en Frauenplan,
una muchacha humilde, Cristina Vu!pius acude a él para que favorezca a
su hermano, autor de una novela de
aventuras "Rinaldo Rinaldini". Goethe
accede a su ruego pero la hace su
amante.
Con élla tiene un hijo, Augusto; esto
enciende el escándalo en Weimar. Muchos amigos le vuelven la espalda -y
la Baronesa de Stein retira a Goethe
su amistad. Goethe se encoje de hombros, y se entrega a sus estudios científicos y publica sus ''Metamorfosis de
las plantas".
A Goethe le es confiada la dirección
del Teatro de Weimar en 1790, luego
publica un fragmento de "Fausto", escrito entre 1771 y 1775. Escribe ade-

aumenta la cólera de sus enemigos.
Goethe ya no es un poeta alemán. Es
un poeta latino o un poeta griego. Es
más; ya ni poeta es, dá más impor-.
tancia a sus trabajos científicos que
literarios. A Goethe ya no le importan
esos ataques. Su pueblo ha olvidado
que les ha dado una literatura alemana, los ha apartado de ingleses y franceses, aunque a veces le pesa.
En 1792 ha estallado la Revolución
francesa. Los pueblos se levantan tratando de sacudir el yugo de los aristócratas. El rey de Francia pide apoyo a los reyes de Europa y el Duque
de Saxe-Weimar acompaña al Duque
de Brunswick en su invasión del norte
de Francia. \Veimar se lleva consigo
a Goethe quien asiste a la Campaña
de Francia mientras escribe su "Reinecke Fuchs" (el Zorro Reinecke) tomado de la epopeya francesa del zorro
Renard.
A su regreso escribe sobre "La Campaña de Francia", "El sitio de Maguncia" como una crónica de las mismas,
escribe su autobiografía 1'Poesía y Verdad" (Dichtung und Wahrheit), "El
Gran Copto" (Cagliostro) y "Hermann
y Dorothea" el precioso idilio que le
devolvió la estimación de los alemanes y en el que previniendo los tiempos tempestuosos que se avecinaban
decía como advertencia:
"Todo se agita y remueve como
si el muncJo estuviera consumido y
quisiera volver al caos y a la no
4

nuestra conducta debe estar en
col).sonancia
con nuestro carácter ... "
Goethe vuelve a ver a su madre, viuda ya después de dieciseis años de separación. Poco después, Goethe conoce a Schiller con quien tendrá una
amistad grande y noble hasta la muerte y lo considerará su compañero de
batalla en el campo de las Letras.
Estamos ahora en 1806. Schiller ha
muerto y Goethe se halla desolado por
la pérdida de su amigo. Napoleón Bonaparte ha derrotado a los ejércHos
del mundo y ha ocupado Alemania
después de la batalla de Jena. Entra
en Weimar con sus huestes y se hace
presentar al señor Consejero von Goethe ya que el Duque después de la
derrota sufrida, ha huido.
Después de una larga conversación
con Goethe en el que ha aludido al
poeta y ha hablado de "Werther", el
que Napoleón habia leído y llevaba
siempre consigo, el caudillo francés,
despojándose de la Cruz de la Legión
de Honor la coloca en el pecho del señor Consejero con estas palabras: "Señor de Goethe, es usted todo un Hombre."

En vano sostiene relaciones amorosas con algunas jovencitas que le admiran más que le aman. Con Bettina
Brentano hija de Maximiliana de la
Roche y Antonio Brent:lno, sus viejos
amigos. Es hermana del poeta Klemens
Brentano y esposa de Ludwig Achim
von Aruim de Berlín, amigo de Klemens con quien ha editado "Des ~na.
bes Wunderhorn" (El niño del Cuerno
maravilloso), colección de cantos populares.
Bettina rn1cia con Goethe una correspondencia que más tarde publicará como: "Correspondencia de Goethe
con una niña". Después de élla vienen Ulrica von Levetzon y Mariana
Willemer quien le inspira su Divan
Oriental-Occidental en el que evoca
los amores de Yussuf y Zuleika a imitación del poeta persa Hafiz. Goethe
escribe sus famosas baladas "La copa
del Rey de Thulé'", "La novia de Corintyo", "El aprendiz de Hechicero",
"El rey de los Alisos", adelanta la segunda parte de su poema dramático
''Fausto" y su Teoria de los Colores"
y 'Ensayos de Anatomia comparada".
Nadie ha abarcado tanto en el arte
y en la ciencia salvo él y Leonardo da
Vinci. Pero en ' 1Fausto" es donde él
revelará el espíritu creador que lo
empuja hacia arriba, "Hacia lo alto" ...
Traba conocimiento con Johann Peter Eckermann a quien él convertirá
en su confidente y éste querrá voluntariamente ser su evangelista al PU•
blicar su libro "Las conversaciones
con Goethe".

El Diógenes guerrero, ha encontrado a su igual en el campo enemigo.

Hijo propio de su época y discípulo
de Spinoza y de Rouseau, en su culto
a la Naturaleza, cree en la transformación de los seres y de las cosas.

El gigante del Pensamiento y el Rayo de la guerra, el Júpiter Olímpico

Como el Ave Fénix renaciendo de
sus propias cenizas, la naturaleza en-

tera y la vida misma resurge de entre
las mismas garras de la muerte. De
la noche misma sale el astro rey a seguir su diaria trayectoria hacia el
ocaso.
De lo brumoso del sudario del invierno, comienza la tierna primavera
a dar señales de vida y a alegrar el
espiritu, con sus cantos y su verdor.
El hombre mismo está sometido a dichas transformaciones y Goethe lo ha
experimentado después de su desesperado amor por Lotchen y a la vuelta
de su viaje a Italia; "¡Muere y realizate !" grita alegremente en su lied
"ansia dichosa":
¡Solo al sabio has de decirlo,
que el vulgo se mofa luego!
¡Quiero celebrar la vida
Que morir en llama ansia!
En las noches en que amor
Te engendró y en que engendraste,
Rara sensación te embarga
Mientras quieta vela arde.
Ya no te ves rodeado
De sombras ni de tinieblas,
y a más altas colaciones,
te impelen ansias nuevas.
No te asustan las distancias,
Vuelas rápido, hechizado,
y por fin, de luz ansioso,
mariposa, ardes en llamas.
Mientras eso tu no tengas,
este! muere y vive!,
eres solo huésped triste
de la oscura tierra.
Parece ser el canto de HomU.nculos
que deslumbrado por la belleza de Galatea en el segundo Fausto, va a estrellarse y a convertirse en uno de los
millones de partículas que forman el
Universo.
Parece ser una elegia a Lord Byron
a quien Goethe al saber su muerte en
Misolonghi cuando una noble causa lo
llevaba alli, quisiera gritarle:
"¡Has muerto para los hombres pero
has resucitado a la Eternidad!"

"¡Mientras haya hombres que recuerden tus hechos, divino impaciente, serás inmortal!"
Y como "Fausto" al dirigirse al Espíritu de la Tierra, quisiera dirigir
desde el fondo de su alma esta acción
de gracias al Eterno Invisible que ha
guiado su destino.

"Augusto espíritu, tu me diste, me
diste todo
lo que le pedí. Tu no en vano
volviste en el fuego, tu rostro hacia
mi.
Me diste la magnifica naturaleza por
reino,
vigor para sentirla, para gozar .... "
Acosado sin embargo por las enfermedades, los desengaños y su soledad,
presiente, octogenario ya, la proximidad de la muerte. Esto le ha hecho
concebir la "Canción del, viajero en la
noche":

LIIIBIR.OS
R. H. BARROW: Los romanos. (Breviario No. 38). 2a. ed., 201 pp. Fonclo de Cultura EconÓiflica, México.

Roma no ha muerto. ¿ Qué la hizo
inmortal? Por la fuerza de su carácter conquistó un lugar en el mundo
mediterráneo; por este carácter dejó
una huella imperecedera en las nuevas naciones de Europa nacidas de su
Imperio. ¿ Cómo fue el carácter romano? ¿Cuál fue la esencia de la obra de
Roma, y cuál la aportación de los romanos al establecimiento de la civilización europea?

"Sobre todas las cumbres
encuéntrase el reposo;
sobre las más altas ramas
apenas se percibe el más pequeño
hálito;
las aves enmudecen en el bosque.
Aguarda tú, que pronto
reposarás lo mismo."

De ahi la exuberante cantidad de
dioses con que contaba su panteón.
Junto a Huitzilopochtli y Tezcatlipoca,
dioses mayores, los dioses de la lluvia
y de las siembras, y enfre ellos, aquellos que tienen como función especifica el crecimiento del maguey, la extracción de su savia y la preparación
del pulque. El maguey recibe el nombre de "planta, sagrada", y lo era en
un sentido muy real, no sólo porque
produce la bebida ritual, sino por los
múltiples beneficios que derivaban de
ella. En efecto, el maguey es, ante todo, proveedor de materias primas, vestidos, alimentos, herramientas y papeL
Pero además produce el jugo dulce
que suple con ventajas al agua donde
ésta es escasa.
Oswaldo Gon~alves de Lima resume
en este estudio sus numerosas y frecuentes incursiones por el campo de
la historia antigua americana. El resultado de sus investigaciones es una
exposición sistemática, la primera en
su género, que abre una ancha perspectiva no sólo en la mitología indígena sino aun en la tarea de buscar
nuevos datos que aclaren la cultura
prehispánica.

Pero contemplando el panorama de
su vida y encontrando que su actividad y su luchar por sus más altos
ideales jamás habían cesado, murmura
lleno de intima satisfacción, con la voz
de "Fausto":
"Las huellas de mis días terrenos,
no puede en siglos desaparecer .... "

masy

La gloria y la Inmortalidad por la
que él ha laborado intensamente, lo
colman de regocijo y de dicha.
Es finalmente el 22 de Marzo de
1832 cuando el Gran solitario de
Frauenplan, el glorioso poeta de Weimar, emprende el largo viaje a las regiones etéreas. Y el alma de aquel que
aún en las postrimerías de su vida
triunfante se aferraba a ella gritando
1
' ¡Detente,
eres tan bella!", al verse
arrebatada por los espíritus angélicos
pedía aún: uLúz, más lúz !'1

Ti

Aunque se incluya aquí algo de la
historia, este breviario no es una historia de Roma; ni un bosquejo de la
literatura latina; ni un tratado sobre
la administración o la jurisprudencia
romanas; ni un manual sobre la vida
cotidiana. Sin embargo, dentro de sus
marcos netos, hay algo de todo esto.
No es simplemente un estudio erudito,
porque muchos de los problemas del
mundo romano son los problemas de
hoy día, y algunas de las soluciones
que propusieron son peculiarmente
modernas. Los romanos es un libro
'escrito teniendo en cuenta que el estudio del pasado es de importancia vital para comprendernos a nosotros
mismos, y que en ese estudio el genio
romano es factor de gran importancia.

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León

Regi,trado como artículo de 2a. Clue ea la
Admón. de Correos de Monterrey, N.

L.

e(

20 de Abril de 1944.

INDICADOR:
Colaboradores

Raúl Rangcl Frías
Fidencio de la Fucnte
Francisco M. Zcrtucbe

La relación del Estado y el individuo, la libertad y la intervención estatal, el uso y el abuso del poder, la civilización de los pueblos "atrasados",
la doble lealtad al Estado y al municipio, son unos cuantos de los temas
que el lector encontrará diseñados en
lo que e1 carácter romano acuñó enérgicamente en la historia del mundo.

Ccnaro Salinas Qµiroga

''

Arturo Cantú S.
Homero A. Garza

Alfonso Rangel Guerra
Guillermo Cerda G.
Jor¡c Rangcl Guerra

OSWALDO GON(,ALVES DE LIMA: El
maguey y el pulque en los códices
mexicanos. 280 pp. Fondo de Cultura Económica, llléxico, 1956.
Para la mente indigena del México
precortesiano, las fuerzas superiores
presiden toda la actividad que tiene
lugar en el universo. Los dioses, asentados en el firmamento u ocultos en
lo profundo de la tierra, rigen los destinos de hombres y cosas. El indígena
nada deja a cargo del azar, pues todas
las esferas de lo real y de lo ideal están ya ocupadas por la divinidad.

Manuel Morales

Director
Lic. Fideocio de la Fuente

Oficinas
Wathington y Co,legio Civil
Monterrey, Nuu-o León

MEXlCO

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Página 7

�TRES SONETOS de Homero Garza
I
,.

Un callado perfume te denuncia
sin explicar el signo de tu esencia,
y un pétalo que en alas se pronuncia
confirma el litoral de tu existencia,
Naces como la espiga que renuncia
la fórmula habitual de la presencia,
y prefieres la voz que no se anuncia
al grito de indurable permanencia•

•

La memoria tropieza en el vacío
al intentar reconstruir el rio
de la imagen virtual que te resume.
Pues solo dejas en la ausencia escrita
una voz que el silencio precipita
y la efímera estancia de un perfume.

7
11
Dentro de tí, sin alas, cae la hora,
sin forma temporal, sin un latido
que describa el minuto que ya aflora
ni aproxime el instante que no ha sido.
El tiempo en tí se inventa y se devora.
De los brazos del viento desprendido
por raíces de humo se incorpora
sin tocar el silencio ni el sonido.
Honda como la voz en el presagio
surges como la espuma del naufragio
sin el color donde la luz se astilla.
Y asciendes solitaria como el grito
que pretende poblar el infinito
y siente su raíz en la semilla.

m
En el misterio de tu esencia flota
la savia de mi luz y de mi viento,
el ruido de mi sangre, la honda nota
que empuja el débil cuerpo de mi acento.
He de integrarme en tí, gota por gota,
-lluvia volviendo a su fluvial sustentoquiero enterrar la voz de mi derrota
en la insondable arena de tu aliento.
Lleno de tí, fundido en tu paisaje,
emprenderé el silencio de tu viaje,
el pulso inerte, la palabra muda.
Las manos rotas, ciega la mirada;
hasta romper la curva imaginada
donde tu enigma sideral se escuda.
Página 8

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1956, Año 13, No 6, Junio </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Thomas Mann</name>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE U UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

UIIWlli!TNIIII

Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

+
L día tres de mayo
del presente año fa,
lleció en esta ciu,
dad el Prof. Francisco M.
Zertuche. Viejo colabora,
dor de la Universidad de
Nuevo León, dedicó todo
su tiempo y todos sus esfuerzos a nuestra Casa de
Estudios, que recibió su
ayuda en las Escuelas Pre•
paratorias, en el Departa•
mento de Acción Social,
en la Facultad de Filosofía
y Letras y en la Escuela de
Verano, la cual, desde su
nacimiento hasta el pre,
sente -once años--, fué
guiada por su mano para
llegar a ser lo que hoy es:
un brazo fuerte y generoso
de la Universidad de Nue,
vo León. Al universitario
desaparecido se ofrece como homenaje esta entrega
de Armas y Letras, publi,
cación que lo contó siem,
pre entre sus más ádíctos
colaboradores.

+

No. 5

Mayo de 1956

�La Literatura Mística en España

Bihliografía de Francisco M. Zertuché
En ARMAS Y LETRAS.
EL DICCIONARIO DE LA LENGUA TARASCA O DE MICHOACAN, DE MATURINO GILBERT!, año de 1955. Reimpresión del DR. ANTONIO PEÑAFIEL. • Año 1, No. 3,
marzo -de 1944.
JUSTO SIERRA. , Año I, No. 6, junio de 1944.
1.A LITERATURA MISTICA EN ESPAÑA.· Año 111, No. 4,
abril de 1947.
LA COMEDIA O TRAGICOMEDIA DE CALISTO Y MELIBEA•. Año 111, No. 6, junio de 1946.
LA NOVELA PICARESCA. • Año 111, No. 7, julio de 1946.
LA GRANDEZA . MEXICANA.• Año 111, No. 9 septiembre
de 1946.
LA ARAUCANA, POEAMA NACIONAL DE CHILE. • Año
111, No. 10, octubre de 1946.
PEDRO DE RIBANEYRA •• Año 111, No. 11, noiembre de 1946.
LITERATURA PATRISTICA.• Año III, No. 12, diciembre
de 1946.
CARCEL DE AMOR.· Año IV, No. 1, enero de 1947.
LOS LIBROS DE CABALLERIA. • Año IV, No. 2, febrero
de 1947.
EL POEMA DE MIO CID .• Año IV, No. 3, marzo de 1947.
DEL AUTOR DE LAS ETIMOLOGIAS. • Año IV, No. 4, Abril
EL CAUTIVERIO DE CERVANTES. • Año IV, No. 5, mayo
de 1947.
CATALINA DE PALACIOS-SALAZAR Y VOZMEDIANO. •
Año IV, No. 6, junio de 1947.
EL PROGRESO DE VALLADOLID. · Año IV, No. 7, julio
de 1947.
•
NOVELAS EJEMPLARES.· Año IV, No. 8, agosto de 1947.
OCHO COMEDIAS Y OCHO ENTREMESES •. Año IV, No.
9, septiembre de 1947.
LECCION SOBRE CERVANTES •• Año IV, No. 10, octubre
de 1947.
EL CABALLO Y EL AZOR. , No. IV, No. 11, noviembre de
1947.
ANTOLOGIA MISTICA., Año IV, No. 12, diciembre de 1947.
VIDA Y OBRA. • Año V, No. 1, enero de 1948.
EL DOCTOR DON JUSTO SIERRA .• Año V, No. 2, febrero
de 1948.
SAN JUAN DE LA CRUZ. , Año V, No. 3, marzo de 1948.
EL INFANTE DON JUAN MANUEL.. Año V, No. 4, abril
de 1948.
EL MAESTRO FRAY GABRIEL TERREZ. · Año V, No. 5,
mayo de 1948.
·
JORGE MANRIQUE.• Año V, No. 6, junio de 1948.
EL RETABLO DE LAS MARAVILLAS.· Año V, No. 7, julio
de 1948.
EL VIAJE DEL PARNASO., Año V, No. 8, agosto de 1948.
ALFONSO MARTINEZ DE TOLEDO.· Año V, No. 9, septiem•
bre de 1948,
LA HECHICERIA EN "EL COLOQUIO DE LOS PERROS".
Aiío V, No. 10, octubre de 1948.
GONZALO DE BERCEO . Año V, No. 11, noviembre de 1948.
DIALOGO DE LA LENGUA DE JUAN DE V ALDEZ. • Año
V, No. 12, diciembre de 1948.
LITERATURA GEOGRAFICA DE LA ANTIGÜEDAD. • Año
VI, No. 1, enero de 1949.
DE 1580 A 1587. Un lapso de vida cervantina.• Año VI, No. 2,
febrero de 1949.
CERVANTES, COMISARIO DEL REINO.· Año VI, No. 3,
marzo de 1949.
LUIS DE GRANADA, ORADOR SAGRADO .• Año VI, No.
7, julio de 1949.
TERESA DE CEPEDA Y AHUMADA. (Sus fuentes literarias).
Año VI, No. 8, agosto de 1949.
RUSTICATIO MEXICANA .• Año VI, No. 9, septiembre de
1949.
PUESTO YA EL PIE EN EL ESTRIBO .• Año VI, No. 10, octubre de 1949.
JENOFONTE •• Año VI, No. 11, noviembre de 1949.
EL DIABLO COJUELO•. Año VI, No. 12, diciembre de 1949.
* Esta

blbllorrafia no es completa, Recoge nada rnás los trabajos publicados en este Boletín, en la
Revista " UNIVERSIDAD" y en el semanario "\'IDA UNIVERSITARIA" del Patronato Universitario

de Nano León.

Página 2

EL CABALLERO DE CIFAR•• Año VII, No. 3, marzo de 1950.
ELIO ANTONIO DE NEBRIJA. • Año VII, No. 4, abril de
1950.
EL MAGISTERIO DE MARTI.• Año VII, No. 5, mayo de 1950.
LA DRAMATURGIA DE LOPE DE VEGA.· Año VII, No. 8,
agosto de 1950.
LA ACADEMIA MEXICANA DE CERVANTES DE SALAZAR•• Año VII, No. 9, septiembre de 1950.
EN EL CENTENARIO DE ARCIPRESTE.• Año VII, No. 10,
octubre de 1950.
XIMENEZ DE CISNEROS.• Año IX, No. 9, septiembre de
1952.
UNA POESIA CATALANA DE BOSCAN. · Año X, No. 9,
septiembre de 1953.
·
NOTA SOBRE LA UNIVERSIDAD MEXICANA, REFLEJO
DE LA SALMANTINA.• Año X, No. 10, octubre de 1953.
BERNARDO DE BALBUENA Y LA GRANDEZA MEXICANA.• Año XI, No. 8, agosto de 1954.
LITERATURA MEXICANA: FRANCISCO CERVANTES DE
SALAZAR Y SU "MEXICO EN 1554". • Año XI, No. 9,
septiembre de 1954.
LA "RUSTICATIO MEXICANA" DE RAFAEL LANDIVAR.
Año XI, No. 12, diciembre de 1954.
¿CERVANTES, PASAJERO A INDIAS?. , Año XII, No. 4,
Abril de 1955.
EVOCACION DE MENENDEZ Y PELAYO. • Año XIII, No. 1,
enero de 1956.
PERFIL Y ENTRAÑA DE LOPE DE VEGA: l. VIDA Y LITERATURA.• Año XIII, No. 2, febrero de 1956.
PERFIL Y ENTRAÑA DE LóPE DE VEGA: 11. EL CAUDAL
DRAMATICO. · Año XIII, No. 3, marzo de 1956.
PERFIL Y ENTRAÑA DE LOPE DE VEGA: 111. LA DOROTEA, OBRA AUTOBIOGRAFICA. • Año XIII, No. 5 ma•
yo de 1959.

En UNIVERSIDAD, publicación anual de la
Universidad de Nuevo León.
EL PENSAMIENTO MATERIALISTA EN LA ENSEÑANZA
DE LA LITERATURA.· Número 1 (1942).
EVOCACION DE GUTIERRE DE CETINA.. Número ·8-9,
(1949).
LAS CARTAS DE RELACION DE CORTES A CARLOS V.
Número 13 (1955).
En VIDA UNIVERSITARIA, publicación semanal
del Patronato Universitario de Nuevo León.
Año 1
MIRAJE DE SOR JUANA. EN TORNO A SU TRICENTENARIO.. No. 2, abril 4 de 1951.
LOS ULTIMOS DIAS DE CERVANTES•. No. 6, mayo 2 de
1951.
EL EXAMEN DOCTORAL DE JUAN RUIZ DE ALARCON.
No. 30, octubre 17 de 1951.
PICAROS Y GANAPANES, No. 31, octubre 24 de 1951:
SOR JUANA, COMO POETISA DE CIRCUNSTANCIAS ..
No. 32, octubre 31 de 1951.
LA APARICION DEL QUIJOTE EN MEXICO .. No. 33 , noviembre 7 de 19 51.
EL DIARIO DE SUCESOS NOTABLES.• No. 34, noviembre
14 de 1951.
SOBRE LAS NOVELAS EJEMPLARES DE CERVANTES. No.
35, noviembre 21 de 1951.
EL ESCRITOR Y EL LIBRO EN EL SIGLO XVI.• No. 36, noviembre 28 de 1951.
EL DONAIRE EN SOR JUANA . . No. 37, diciembre 5 de
1951.
LAS BIBLIOTECAS COLONIALES. . No. 38, diciembre 12
de 1951.
JUAN RUIZ, CLERIGO GLORIARDICO .. No. 39, diciembre
19 de 1951.
ALGUNAS NOTAS SOBRE SOR JUANA.. No. 40, diciembre 26 de 1951.
UN BIOGRAFO DE SOR JUANA •• No. 41, enero 2 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (1 ECCE POETA) .• No. 42,
enero 9 de 1952.
1Pasa

a la Pág. 5) .

Francisco M. ZERTUCHE

l

La Mística ha sido definida por P. Sainz Rodríguez como las
relaciones naturales secretas, por las cuales eleva Dios a la criatura sobre las limitaciones de su naturaleza y la hace conocer
un mundo superior al que es imposible llegar por las fuerzas materiales ni por las ordinarias de la Gracia.
El Misticismo español como experiencia psicológica y como
expresión literaria alcanza su climax en los siglos XVI y XVII.
Algunas razones de orden politico y social habrán de señalar
estas dos centurias como la época propicia al desarrollo y euforia del pensamiento místico español.
La misma geografía de España, vinculando casi sin interrup•
ción dos continentes, es un hecho de importancia cabal por el
cual dichos continentes, tomados en su conjunto, representaban
dos culturas, dos religiones que disputan alli donde el contacto
material es más asequible: la Península Ibérica.
Otro razonamiento de educación puede hacerse radicar en las
Cruzadas: mieJ:1.tras los demás países de Europa inflaman su es•
píritu en esta fervorosa empresa, España, empeñada octasecularmente en la defensa de su territorialidad, mantiene, ciertamente,
una guerra por la conservación y el acrecentamiento de sus fueros religiosos.
Y un tercer factor, que afecta a toda Europa, forma ya el cuadro de los orígenes del Ascetismo y del Misticismo español: la
crisis de la Edad Media en los siglos XIV y XV. Su relajamiento
en las costumbres de la sociedad y singularmente en las Ordenes
religiosas, y, posteriormente la Reforma, acentúan con claridad
y hacen reaccionar con violencia los tonos de la Mística Española.
Si revisamos este aspecto literario ibérico desde Ramón Llul
hasta el siglo XVII, encontramos que en la Orden Carmelita se
dió la cumbre - en la experiencia vivida y en la plasmación de
estas impresiones directas en obras de alta calidad teórica de la
Mística en general en toda la Europa de su época y épocas poste•
riores.
Teresa de Cepeda y Ahumada (1515-1582) y Juan de Yepes
y Alvarez (1542-1591) - Santa Teresa de Jesús y San Juan de
la Cruz - representan en nuestro sentir, los más altos y apasionados acentos de la Mística en España, en la época de Felipe 11.
Santa Teresa y San Juan, fervientes reformadores de la mitigada Orden del Carmelo, suponen, saturados de un tremante
misticismo, dos diferentes cauces literarios. Santa Teresa encar•
na en sus·obras - su ida, Castillo Interior, Camino de Perfección - una tendencia popular, sensorial, de impresión y ternura.
Dentro de su sencillo léxico - el usado por las viejas detrás del
fuego - Teresa exalta sus visiones y arrobos con una ardiente
ingenuidad... La descripción de los favores celestes es una verdadera creación poética, literaria: ... "vi a un angel cabe mí hacia
el lado izquierdo en forma corporal... no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido, que parecía de
los angeles muy subidos, que parece todo se abrasan. Deben ser
los que llaman cherubines ... Veíale en las manos un dardo de
oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego;
Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me
llegaba a las entrañas; al sacarle me parecía las llevaba consigo,
y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. No es dolor
corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo
algo, y aun harto". La autora, cuya obra literaria abarca episto•
lario, autobiografía, teología popular, poesía, etcétera, disponía
si se quiere de una mediana cultura - libros de caballería, obras
de devoción (Laredo, Osuna) - pero su temperamento estu•
diado con acierto por Novoa Santos, dotaba a este espíritu señero de una gran sensibilidad de escritora, comentada ya por el
maestro escriturarlo Fray Luis de León: "delicadeza y claridad
con que trata las cosas altas, y por la forma en el decir, pureza
y facilidad en el estilo, gracia y buena composición de las palabras, y por una elegancia desafaiteda que deleita en extremo".
Vinculado a la vida religiosa y a la lucha de esta gran alma
castellana, San Juan de la Cruz representa una creación poética
hasta ahora no igualada. Sus versos - Subida al Monte Carme•
lo, Noche Obscura del Alma, Canciones entre el Alma y el Es-

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PROF. FRANCISCO M. ZERTUCHE.
(Dibujo de Jorge Rangel Guerra).

poso, tienen "la suavidad de la leche", y su música se esfuma
en celestes vaguedades:
¡Oh si tu amor ardiese
tanto que mis entrañas.abrasase!
¡Oh si me derritiese!
¡Oh si ya me quemase
y amor mi cuerpo y alma desatase!
Juan de la Cruz representa la parte inefable, ceñidamente intelectual, tal como la representó objetivamente, al lado de Teresa, en las luchas por la vuelta de los fueros intachables de la
Descalcez en la Orden del Carmelo.
Aparte estos dos valores de estupendas cualidades, otros re•
presentativos forman el cuadro de la Mística Española: Dominicos, Fray Luis de Granada (1504-1588); Agustinos, Fray Luis
de León (1528-1591) y Pedro Malón de Chaide (1530-1596),
y Franciscanos, Fray Juan de los Angeles (1536-1609).
A los misticos se ha debido, en cierta parte, la creación idio,
mática. La peculiar fenomenología de su espíritu es venero el
más prolífico para enriquecer de matices conceptuales y metá•
foras clarosonantes, hijas de sus abstracciones, el habla de Cas•
tilla.
Página 3

�FRANCISCO M. ZERTUCHE
Alfonso REYES AURRECOECHEA
Era delgado, de tez blanca, mediana estatura, rostro enjuto,
algo aguileña la nariz, frente alta y espaciosa. En la cabeza escaseaba un cabello fino y dócil que solía mesar con mano delicada, insegura, nerviosa. La barba a veces crecía impertinente,
pero daba a su dueño un aire de noble desenfado, que iba a tono
con su naturaleza romántica. No conocimos su juventud, pero
la adivinamos: la apuró a grandes dosis, como el que está ansio•
so de conocer la vida y entrever de un solo golpe sus huidizos
secretos. Así llegó, leyendo en aquel libro, escanciando en este
goce, penetrando en tal arcano vedado a los demás, a la cima des•
de la que contemplaba el espectáculo del mundo. Sencillez en
el ademán, timidez en el actuar, desgaire en el vestir, inquietud,
viveza y persistencia en el pensar: toda esta diversidad de pres•
tancia humana fue atributo de Francisco M. Zertuche.
· Cuando llegó a la Universidad sólo traía su corazón, su deseo
de entregarse a una causa noble. Y lo hizo. Lo dicen todos sus
amigos, todos los universitarios que lo conocieron, que recibie,
ron el don de su orientación y de su consejo desinteresados. Alli
está su obra escrita, sus pensamientos, su singular naturaleza li,
teraria. Había llegado a imponer su aire y su carácter a todo
cuanto le era afín y gustaba rodearse de libros de grata compañía. Todo en el parecía decir: Francisco M. Zertuche. Su pre,
sencia estaba entre los estudiantes, en las aulas, en los libros,
en los materiales de estudio y de trabajo.
Había llegado a Monterrey después de una infortunada experiencia política en el Estado de Coahuila, allá por el año de
1939. La noche que lo conocí conversamos hasta la madrugada
del día siguiente, sentados en una esquina de las calles de Madero y Jiménez. Los temas corrían fáciles y amenos, los versos
brotaban sonoros y radiantes. Yo veía en él a un heraldo de la
poesía sentimental y romántica, grata a los oídos; Othón, Nervo, Urbina, Rafael López, Camín y su maestro de literatura Horado Zúñíga, ganador de flores naturales, iban pasando por su
memoria encendiendo su imaginación, estremeciendo su espíritu
y sacudiendo su sensibilidad.
Después de una breve cátedra de Folklore nacional impartida
a guías de turistas, ingresó al cuerpo docente de la Escuela Nocturna de Bachilleres, para explicar la clase de Literatura mexi,
cana e hispanoamericana, que impartió hasta su muerte. En ese
plantel fue escalando poco a poco hasta llegar, por sus méritos
de honestidad y trabajo, a los puestos de secretario y director interino. Todavía se recuerdan las veladas que organizó en el Aula
Magna: una de ellas consagrada a la memoria de Federico Gar•
cía Lorca, en la que participó el poeta Pedro Garfias, interpre,
tando los versos del poeta gitano. Garfias vendría más tarde a
residir a Monterrey, cumpliendo el puesto de secretario del De,
partamento de Acción Social Universitaria.
En el año de 1946 organizó Zertuche, en compañía de otros
maestros universitarios, los primeros Cursos de Verano de la
Universidad de Nuevo León, por iniciativa del Departamento
de Acción Social. Estos cursos dieron nacimiento a la Escuela
de Verano actual, institución que lleva ya diez anualidades sucesivas. En esta tarea encontró su consagración definitiva: to•
davía su presencia se dejará sentir en la undécima anualidad que
alcanzó a dejar casi terminad~ en sus diversos aspectos.
En cada anualidad encontraba actividades novedosas e interesantes y acostumbraba dedicarlas a las personalidades desta•
cadas de la intelectualidad universal. Podemos recordar aquellas consagradas a Miguel de Cervantes Saavedra, a Justo Sierra,
a Hidalgo y a José Marti, y ésta, próxima a celebrarse, en honor
de Marcelino Menéndez y Pelayo. Los trabajos de la undécima
anualidad pudo concluirlos en el lecho del enfermo, recluido en
sus habitaciones. Esto da idea de su elevado sentido de responsabilidad.
No nos hemos detenido todavía a considerar la fecunda labor
cultural que Francisco M. Zertuche desarrolló en esta ciudad a
través de la Escuela de Verano de la Universidad de Nuevo León.
Gran parte del entusiasmo que se ha despertado en Monterrey
en bien de la difusión cultural se debe al sencillo y eficaz maestro universitario que puso todo su valimiento en esta labor mediante la cual nuestra Casa de Estudios se ha colocado en los
primeros lugares entre las universidades mexicanas.
Pero su actividad no se limitó sólo a la organización de la Es-

Francisco M. ZERTUCHE

Sin pasión nada se logra. - J. S.

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(Dibujo de Alfonso Reyes Aurrecoechea)

cuela de Verano, desde donde actuaba con tan desinteresados
propósitos. Una vocación recóndita lo impulsaba a escribir y
a investigar, remozando los apasionados temas de la poesía he•
roica popular, las cuestiones cervantinas y la literatura mística
española, que eran de su predilección: Sobre ellos escribió nu•
merosos artículos ya en la Revista "Universidad", ya en este mis•
mo Boletin, o bien en "Vida Universitaria", el órgano del Pa•
tronato Universitario y en revistas estudiantiles o de otra índole,
donde ponía su nota personalísima haciendo hincapié, siempre
en función de enseñanza, en los puntos de interés desprendidos
de cada estudio.
Su actividad como maestro en las escuelas de Bachilleres y en
la Facultad de Filosofía y Letras y su carácter de activo promo•
tor de la difusión cultural, lo fue rodeando de una personalidad
singular que le dio un lugar preponderante entre los mejores co,
laboradores de la Universidad de Nuevo León. Se le veía en
muchas oca~i,ones sentado en su escritorio leyendo, otras veces
rod!ado de Jove~es estudiantes que le respetaban y querían en•
tranablemente, dictando la corresoondencia las más, o escribien•
do durante los domingos o días festivos, pero ocupado siempre
en los exigentes menesteres propios de su dedicación.
Era sumamente sensible; una expresión una actitud o un su•
ceso inesperado le impresionaban profund~mente. Por las palabras de un verso alado se le iba algo de su ser. Tuvo el don de
(Pasa a la Pág. 8)

DEL CARMEN VIRGILIANO (II EGLOGAS). • No. 43, ene•
ro 16 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (III LA EGLOGA CUARTA).
No. 44, enero 23 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (IV LAS GEORGICAS) .• No.
45, enero 30 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO. (V LA ENEIDA) . • No. 46, fe.
brero 6 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (VI ATRIBUCIONES A VIRGILIO), No. 48, febrero 20 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (VII VIRGILIO EN LAS LETRAS HISPANICAS .. No. 49, febrero 27 de 1952.
DEL CARMEN VIRGILIANO (VIII EFIGIE DE VIllGILIO). • No. 50, marzo 5 de 1952.
LA POESIA PASTORIL. • No. 51, marzo 12 de 1952.
A LAS RUINAS DE ITALICA.• No. 52, marzo 19 de 1952.

Justo Sierra (n. el 26 de enero de 1848 y m. el 13 de septiem,
bre de 1912), poeta, cuentista, viajero ilustre, historiador, tri•
buno y repúblico, todo ello presidido por la inmarcesible figura
del Maestro, fué el signo de más alto estimulo a las letras mexicanas en las postrimerías de la pasada centuria y en las primeras
décadas de ésta.
Discípulo de Ignacio Altamirano, el resultado de esos crisoles
reveló sus grandes virtudes ciudadanas.
Su educación, clasicista y humanística y su tránsito por los
más altos cenáculos literarios de México, permitieron el ejercicio de su proteica actividad a través del cuento, la crónica, la poe•
sía, la historia y la elocuencia.
Dos generaciones de jóvenes ilustres en los fastos de las letras
Año 11
nacionales escucharon su cátedra y se advocaron bajo su signo. FRANCISCO DE TERRAZAS.• No. 64, junio 11 de 1952.
Un mecenazgo sin tasa prodigado a través de los altos puestos EL MAGISTERIO DE MARTI•• No. 97, enero 28 de 1953.
que representó en el Ministerio de Instrucción Pública, abrió pa- LECCION SOBRE CERVANTES .. No. 102, marzo 4 de 1953.
so a las jóvenes generaciones afiliadas en el Modernismo.
NOTAS AL AUTOR DE MARIA.· No. 103, marzo 11 de 1953.
Un testimonio de los hondos fervores que suscitó su preclara CUATRO DOCUMENTOS ESCOLARES DE ALFONSO REfigura de Maestro entre sus entusiastas discípulos y admiradores RES. • No. 104, marzo 18 de 1953.
nos lo declara Luis G. Urbina y el pórtico de su libro postrero,
"El Cancionero de la Noche Serena": "Al maestro Justo Sierra,
Año 111
santo amor de mi vida".
EL TEATRO DE CERVANTES.• No. 105, marzo 25 de 1953.
Dícese de él que "viéndole mezclarse a la mocedad, los anti- GUANAJUATO Y CERVANTES.· No. 109, abril 22 de 1953.
guos hubieran dicho que desaparecía, como el dios Término, en- TRAZO DE LOPE DE VEGA.• No. 112, mayo 13 de 1953.
tre el revoloteo de las Gracias; y viéndole guiar a los otros, a ve- DIAZ MIRON EN SU CENTENARIO (Antología Poética) ••
ces con solo la mirada o con la sonrisa, lo hubieran comparado
No. 143, diciembre 16 de 1953.
con el viejo Eneas, de cuyos labios manaban la sabiduría y -la EL TEMA DE LA NATIVIDAD EN LA LIRICA ESPAÑOLA
persuasión."
(Antología Pascual). • No. 144, diciembre 23 de 1953.
Su misión de poeta se inicia con la límpida y fresca barcarola
Playeras, que llevó en sus años candeales a las aulas del Colegio
Año IV
de San Ildefonso. Años más tarde, hondamente influido de Víc- EL EPISTOLARIO DE HERNAN CORTES. • No. 15, marzo
tor Hugo - de quien se impuso la metáfora sonora y el giro
24 de 1954.
grandilocuente - enlazado fuertemente al Modernismo, nos EPIGRAFE A LA ESCUELA DE VERANO DE 1954. • No.
dá, en el Beato de Calasanz, A Cristóbal Colón, En la Apoteosis
171, abril 16 de 1954.
de los Héroes de la Independencia, Al Autor de los "Murmurios AGRAVIOS ENTRE LOPE Y CERVANTES. • No. 190, no,
de la Selva", El Funeral Bucólico, Otoñal, Spírito, Florencia,
viembre 10 de 1954.
Aníbal y en las magnificas versiones de los Trofeos, de Heredia, EL TEMA DE LA NATIVIDAD EN LA LENGUA LITERAsus mejores savias líricas y románticas. Desgraciadamente, la
RIA (Antología).• No. 196, diciembre 22 de 1954.
obra poética de Don Justo permanece dispersa, y es lástima que CLEPSIDRA DEL AÑO NUEVO (Antología de prosa y verso).
el único ensayo de organización, debido a la incipiencia de la
No. 199, diciembre 29 de 1954.
hispanista Dorothy Margaret Kress, esté plagado de yerros.
La labor de cuentista, de más galanura que la de poeta, se en,
,
Año V
cuentra en "Cuentos Románticos", coleccionados hacia 1896 EN EL MUNDO POETICO DE FRAY LUIS DE LEON.. No.
"poemillas en prosa impregnados de lirismo sentimental y deli- 216, mayo 11 de 1955.
rante" - y constituye una serie de apasionadas y deliciosas na,
rraciones, que emergen del inolvidable escenario de sus playas . Escribió además 70 fichas de literatura mexicana bajo el título
nativas. Es entonces cuando el romanticismo mexicano comiengeneral "EL LAUREL Y LA ACACIA", y muchas mas que
za a cristalizar en formas definidas.
ses iguen publicando.
El historiador se revela en la cátedra de la Escuela Nacional
Preparatoria como una reminiscencia del verbo de águilas y alon- LITERATURA MEXICANA DE LOS SIGLOS XVI, XVII y
dras de Ignacio Manuel Altamirano. Al par que explica la HisXVIII.• Universidad de Nuevo León. Monterrey, 1954. (65
toria, porque ha sentido antes el amor a la patria, que es el repáginas mimeografiadas). Contiene: LAS CARTAS DE RE,
sumen de todos los amores, su pluma escribe los más amenos y
LACION DE CORTES A CARLOS V; GUTIERRE DE CE,
sentidos capítulos de la Historia Universal y de la de México, reTINA, UN POETA DEL RENACIMIENTO EN LA NUEcorriendo desde el "Catecismo de Historia Patria" ( 1896), has,
VA ESPAÑA; FRANCISCO CERVANTES DE SALAZAR Y
ta la "Evolución Política del Pueblo Mexicano", recientemente
SU OBRA "MEXlCO EN 1554"; BERNARDO DE BALeditada con un admirable prólogo de nuestro Alfonso Reyes, paBUENA Y LA GRANDEZA MEXICANA; LA "RUSTICAsando por otros admirables trabajos históricos y polémicos de
TIO MEXICANA" DE RAFAEL LANDIVAR. (Estos cinco
solemnes peraltes.
temas los desarrolló en un cursillo sobre Literatura Mexicana
Su calidad tribunicia señala el clímax de todas sus aspiracioque explicó en el Verano de 1954 en la Universidad de La
nes: el poeta, el cuentista, el viajero, el maestro, el historiador,
Habana. (Publicados en diferentes números de ARMAS Y
confluyen a su verbo ático. Una pésima edición de sus oracioLETRAS).
nes se reúne en Discursos (1919), en donde figura uno de los
más célebres, el pronunciado en oportunidad a la creación de la
Universidad Nacional de México, debida a él, en 1910.
Sus evocaciones de viajero, luminosas y claras como el aire alentador de las letras mexicanas en las recientes décadas, el aprede sus playas nativas; sus recuerdos e impresiones; sus crónicas y mio para que se divulgue en una celosa edición popular, la obra
ensayos, se encuentran en su libro "En tierra Yankee" (f898), creadora de ese Maestro inmarcesible, para quien la gratitud de
y una gran parte de su obra general de escritor anda dispersa en México es siempre una lámpara votiva.
* Este es, fuera de las noticias bibliográficas, el primer articulo que publicó el
hojas periódicas y opúsculos.
Maestro Zertuche en ARMAS Y LETRAS (Año!, No. 6, Junio de 1944). Ver en
Cabe señalar en este modesto ensayo sobre el más ~rande
páginas siguientes su último trabajo sobre LA DOROTEA, de Lope de Vega.

• • •

P¡jgina 4

Página 5

I

�perfil y entraña de Lope · de Vega

III
OlBlflA AUllíOlBllOGlflAIFIICA +
La Dorotea es la obra vital, más sentida y reveladora de aquel

gran amador y poeta altísimo Frey Lope de Vega Carpio, que
tiene su raíz en el desengaño.
La primera redacción de este libro estremecido, fidelísimo es•
pejo de su angustiado vivir, es de sus años de madurez, 1588,
época cenital de su esplendor y preeminencia en Madrid. Escribí
la Dorotea --dice- en mis primeros años, y habiendo trocado
los estudios por las armas, debajo de las banderas del excelentÍ•
simo señor Duque de Medina Sidonia, se perdió en mi ausencia,
como sucede a muchas; pero restituída o despreciada ( que así
lo suelen ser después de haber gastado Lo florido de su edad), la
corregí de la lozanía, con que se había criado en la tierra mía, y
consultando mi amor y obligación, la vuelvo a la ilustrísima ca•
sa de los Guzmanes, por quien la perdí entonces: .... Con estas
palabras dedica Lope al señor Gaspar Alfonso Pérez de Guzmán
el Bueno, Conde de Niebla la restaurada Dorotea de sus años
de varonil desgarro ....
En esta obra de fresca y lnciente
perennidad, que con la Celestina y el
Quijote, forma la eminente trilogía de
las letras bisp/micas, está el ardido girón de su carne amorosa cuando rindió culto a Elena Ossorio, por cuyo
amor irrestañable sufrió prisión y

destierro, a los veintiséis años de su
desasosegado vivir.
Ya en avanzada edad, en 1632, tres
años antes de su muerte, vuelve a poner mano en la comedia autobiográfica, y le da nueva vida, metamorfoseándola ahora con el estado anímico
de los años ponentinos. Explica asi la
reflorescencia: Póstuma de mis Musas
Dorotea/ y por dicha de mí la más
querida/, última de mi vida/ pública
luz desea,/ desea el sol de oro lleno/
entre la niebla de Guzmán el Bueno ... /
Es, pues, un rebrote, una viva reminiscencia de su idolatría a la hija
del farandulero Jerónimo Velázquez,
cuando el poeta era un barbilindo que
todo su caudal son sus calcillas de
obra, y sus cueras de ámbar, esto de
día; y de noche broqueletes y espadas, y todo virgen, capita untada con
oro, plumillas, banditas, guitarra, uersos lascivos y papales desatinados.
Aunque en el prólogo de La Dorotea
figura su amigo López de Aguilar, las
lineas son de Lope: modalidad en boga en aquellas letras; además, el estilo,
la factura, son inconfundibles y lo delatan.
La frase Acción en prosa, va en e]
pórtico de la edición, y por lo que
hace a los versos se advierte que son
un exterior adorno juvenil, que el autor ha sembrado al través de toda la
andadura dramática de la obra, para
alivio y hasta regalo de los lectores;
pero lo cierto es qtie la parte poética
que contiene es ]a representación literaria de la verdad tangible de su vida
en el lustro que duró su existencia
amatoria con Elena que tantas ternuras despertó en este amado de los
dioses.

La pieza esta destinada a la lectura, es irrepresentable. Empero, el 13
de junio de 1804 se presentó en Madrid, con éxito, una adaptación escénica por don Félix Enciso Castrillón.
Como en la Celestina del judio converso de la Puebla de Montalbán, el
bachiller don Fernando de Rojas, el
poeta madrileño nos presenta el argumento de su cimera creación: Parecerán/e vivos las afectos de dos amantes, la codicia y trazas de una tercera,
la hypocresia de una madre interessable, la pretension de un rico, la fuerza del oro, el estilo de los criados; y
para el justo exemplo, la fatiga de todos en la diversidad de sus pensamientos, porque conozcan los que aman
con el apetito, y no con la razón, qué
fin tiene la vanidad de sus deleytes,
y la vilissima ocupacion de sus enga- ·
ños.... Si algun defecto huviere en el
arte, por ofrecerse precisamente la
distancia del tiempo de una ausencia,
sea la disculpa la verdad, que mas
quiso el Poeta seguirla, que estrecharse á las impertienentes leyes de la fabula: porque el assunto fue historia
y aun pienso que la causa de hauerse
con tanta propiedad escrito. Yo le he
sido de que salga á luz aficionado al
argumento y al estilo ........ ..
Dentro de los temas cíclicos en la
Literatura de la época, La Dorotea se
adhiere en parte al tronco maternal de
La Celestina, por su estilo y la configuración psicológica de algunos de sus
personajes, sobre todo el tipo de la
· Gerarda, que reencarna a la vieja tercerona, zurcidora de voluntades, de
Fernando de Rojas, aunque dotada de
menos maldad y pérfidos artilujios,
menos movida y verbosa que su modelo y que La Eufrosina, sus precedentes históricos y gloriosos.
La comedia está dividida en cinco
largos actos, y éstos en escenas. Cada
acto termina con un coro: del Amor,
del Interés, de los Celos, de la Venganza y del Ejemplo.

* Este
trabajo es el último del Prof. Francisco M. Zertuche, y corresponde a una serie de tres conferencia.s (ver Nos. 2 y 3 de este año, ARMAS Y LETRAS) que dfotó en la Facultad de Filosofía y
Letras. Se preparaba para un cuatro trabajo sobre Lope d~ Vera con musica de la época, el cual
no logró re albar,

Página 6

La erudición moderna ha desvelado
el enigma de esta acabadisima obra
del Mounslro de la naturaleza - como
Je llamaron sus contemporáneos- a
la vista de la verídica biografía, surgida de la exhumación de innumerables y. valiosos documentos coetáneos.
Los personajes de La Dorotea corresponden a una tangible realidad arqueológica,. y asi, Dorotea es Elena
Ossorio; Teodora, su madre Inés Ossorio; el opulento indiano Don Bela, el
sobrino del Cardenal Granvela, el
acaudalado Don Francisco Perrenot,
que motivó el rompimiento entre Lope
y su amante; y Don Fernando, Lope
mismo.
Por los pliegos de este libro vemos
desfilar cálida y apasionadamente varios aspectos de la agitada vida del
aquel siglo.
Los exce]entes biógrafos del poeta,
Rennert y Américo Castro han emiti-

do el acertado juicio respectivo: Tal
ve en ninguna otra (obra) corran tan
parejas su vida y su arte, ni se encuentren tanlas notas tipicas de su genio: enorme riqueza de motivos literarios, atisbos de los innumerables dominios a que se extendía su sensibilidad, intuición de los más variados sucesos y episodios, tesoros de minuciosa experiencia, todo ello ordenado sabia y artísticamente, como en el museo de lm delicioso gustador de todas
las cosas ... ; rasgos picarescos, henchidos de un humorismo que en vano
buscaríamos en las novelas de aquel
lema; .disquisiciones de academia literaria, criticas oportunas, dichos felices y tal cual muestra de afición visual a los objetos preciosos y a los
muebles, que nos hace recordar los
primores del pp..rnasianismo. Junto a
los pasajes de delicada inspiración
amatoria y elegmlle estilo cortesano,

artificioso, como el diálogo de Fernando y Dorotea, por ejemplo, en la escena quinta del primer acto, resaltan los
cuadros realistas de intensa psicología
y verdad, con apropiadísima dicción
popular. Una de las mejores escenas
de este orden y humorística, es la sexta del segundo acto, cuando las mujeres están sentadas a la mesa y Gerarda
ha bebido más de la cuenta, y se ha
puesto sentimental.
Hemos de añadir aquí que al análisis concienzudo del corazón humano
y del cosmos en que éste late, se añade una prosa esmerada, límpida, tersa
impregnada de un lirismo de exquisita sensibilidad, que nos presenta a
Lope no sólo como el pontífice de la
Dramaturgia y de la Lírica sino como
un prosista grávido de excelencias formales y de fondo.
Ahora, concretemos la trama de la
fábula lopeveguesca: dos amantes centralizan la atención de los lectores o
auditores: Dorotea, mujer dilecta, joven e ingeniosa - la Melibea de esta
acción en prosa - casada con un sujeto que desapareció en ]as colonias
españolas suponemos que en procura
de mejor fortuna, y el estudiante don
Fernando, mozo de veintidós años,
poeta, lleno de las prendas juveniles
de la época y de ]a edad, aunque exento de bienes materiales. Ambos han
llegado a los cinco años de relaciones
amorosas, no interrumpidas hasta entonces; antes bien, enriquecidas de citas, paseos, deliquios y ternuras arrebatadoras.
Pero la felicidad no es eterna, y llega el momento del desasosiego cuando
Teodora, ·madre de Dorotca, se deja
influir por el asedio que en tentadora persona de su be1la hija lleva a cabo el opulento indiano don Bela -el
don Francisco Perrenot de Gran vela de
la realidad lopeana - que agobia de
cump1idos, rendimientos y ricos presentes artísticos a Dorotea, ayudado
por el artero consejo y finos artilugios
de la torcedora de voluntades Gerarda - 1a Celestina lopesca - , quien estimula y lisonjea en interés propio al
nuevo pretendiente, sirviéndole de eficaz medio, a la par que convence a
Teodora de que Dorotea debe aceptar
a don Bela, galán, apuesto y cabal1ero,
confinando a] bohemio Fernando, manoseador de la belleza de su hija.
Dorotea, acosada en esta lucha sin
treguas, renuncia a medias al amor
cálido de su estudiante, aceptando a
don Bcla. La heroina se encuentra, así,
entre la tradición amorosa de su poeta, &lt;1ue ya cuenta un lustro, y el edén
de joyas, pasamanería y diversos presentes que le tributa reiteradamente el
nuevo amador.
Fernando, enloquecido por este reYés, cuya visión ha palpado ya como
una prefiguración del nefasto suceso,
decirle abandonar la capital del Reino,
después de haber obtenido por engaño
a su antigua amiga Marfisa ]os viáticos necesarios para cabalgar rumbo a
Sevilla.
Dorotea, avisada acaso en su corazón de la presencia de algo funesto
en sus relaciones, logra ver a su amargado amigo pasar su calle rumbo al
destierro que él mismo se ha impuesto, Y cae en una angustiosa desesperación, pues se siente culpable del
desenlace.
Para arrancarse ]a vida por tan
honda amargura, ]a triste y desalada
traga un anillo de diamantes sin lograr
el letal propósito, quedando en su fracaso extenuada y contrita.
La fatal ausencia no logra ultimar,
en su corazón y en .su razonamiento
ese ambiguo amor que, aunque que~
brantado, ata todavía a los dos amantes; antes bien, lo fortalece y llena de
inquietud y ardentía, pues se escriben
cartas y versos que no se remiten, se
entregan al doloroso deliquio de la remembranz~ ~, hurgen en sus lacerias.

Acicateado acaso por el tortuoso recuerdo, Fernando vuelve a Madrid con
Julio, su amigo confidente, que la historia literaria ha identificado con Vicente de Espinel, maestro ele Lope de
Vega.
Vuelve entonces el amor a abrir una
nueva primavera para ]os dos insatisfechos jóvenes, asediados de tantos peligros ahora. Se frecuentan las serenatas, el intercambio de billetes amorosos que rezuman atrevida y loca pasión y acerados celos.
Pero Fernando está ya frente al enemigo oficial, al que paga y es altamente complacido en casa de Dorotea
por Teodora y Gerarda, que logró ya
su intento y en una explosión de celos el atolandrado amante hiere a don
Bela... Habiéndose encontrado en el
paseo del Prado los amantes, se dan

prefiere la caja de Marte y entra al
servicio de las armas, y partiendo contra Inglaterra en la Invencible Armada, derrotada por los elementos, según
frase de la época.
La infame mediadora Gerarda, presa de gran excitación, se cae, con sus
ochenta años tan torpemente empleados, por la escalera del sótano y se
rompe la cabeza.
Como hojas secas en el viento que
llega de fuera asolador - dice Karl
Vossler - son arrastrados en torbellino estos seres deleznables como juguetes con toda la presunción de su ingeni9 y ]a belleza de sus emociones.
Al terminar el texto prosario, suene
el coro final: Este fin a tus desvelos/
loca juventud a1canza,/ porque amor
engendra celos/ celos, envidia y venganza:/ asi marchitan los cielos/ la

explicaciones y llegan a una reconciliación.
Pero la demasia y el recelo logran
bien pronto enturbiar de nuevo este
concierto amoroso, pues Dorotea descubre los amores de su doncel con
Marfisa y rompe nueva vez con ese
casquivano sin enmienda.
Apenas restañadas las heridas del
pródigo indiano don Bela, le espera
otra vez un desastrado suceso: cae en
una reyerta con gente del bronce, pendencier~ y brutal, que nada tiene que
ver con el negocio amoroso de la obra.
Ya Dorotea ha escanciado en plenitud los jugos agridulces de la vida.
Ante el desenlace mortal de su segundo amante, se siente en un abatimiento sin medida, y cansada de las alternativas de la vida de amor, vuelve sus
ojos a la vida monástica, refugio segurisimo de tantas desdichas. Por su
parte Fernando, victima de la melancolia que un astrólogo despertó en él,

más florida esperanza./
Cuanto el
ejemplo es mayor,/ provoc; a más escarmiento;/ todo deleite es dolor,/ y
lodo placer tormento,/ que el más verdadero amor/ se vuelve aborrecimiento./
Cuando del amor lascivo/ el
trágico fin contemplo,/ no sólo al deleite escribo,/ pero sentencioso tempo/ la doctrina en lo festivo./ y en el
engaño el ejemplo./
Concluido el Coro del Ejemplo, cita
Lope a Cicerón, y luego hace aparecer este explicit: Todo lo que contiene La Dorotea se sugeta a la corrección de la Santa Católica Romana
Iglesia, y a la censura de los mayores,
desde la primera hasta la letra última.
Hemos de citar algunos trozos antológicos de La Dorotea como medio de
ilustrar la atención de nuestra amab]e
audiencia. He a.qui de· nuestra eriamorada doncella, que aparece en la Escena tercera del Primer acto:
¡Ay, infeliz de mi! ¿Para qué vivo?

¿Para qué solicito conservar la más
triste vida que se ha dado a esclava?
¿ Qué mujer de mis años la pasa con
tantos sobresaltos y desdichas? ¿Dónde me lleva este amor desatinado mío?
¿ Qué fin me promete tan desigual locura de lo que pudieran haber merecido las partes de que me ha dotado
el cielo? Cuando haya pasado lo mejor de mis años en este laberinto amoroso ¿ qué tengo de hallar en mí, sino
arrepentimiento para los que me quedaren, cuando a los que desprecio les
dé venganza? Fernando mio, no querria que mi alma, que allá tienes, te
lo dijese que esta pensando: cosa tan
nueva, que jamás pensé que llegara a
mi pensamiento. No puedo más; que
me veo cercada de tantos enemigos,
que no podré escapar la vida si no es
perdiendo el seso,· pero si allá te dijere esta novedad en su agra,vio, consulta con prudencia tu entendimiento,
no con tu amor tus años. Pero, ¿cómo es posible que el primer movimiento de lo que digo, haya llegado
a mi imaginación? ¿ Qué puedo querer
sino quererte? ¿En qué puedo emplear
mis años como en servirte? ¿Qué puedo yo desear como agradarte? ¿ Qué
riqueza como o irte? ¿ Qué tiempo más
bien empleado que en tus brazos? ¿ Cómo viviré yo sin ti? Menos falta me
puede hacer la vida que tus ojos ...
¿ Quién me consolará de no verte después de tantos años de gozarte? Ese
agrado tuyo, ese brío, ese ga]án desdejo, esos regalos de tu boca, cuyo primer bozo nació en mi aliento ¿qué Indias las podrán suplir, qué oro, qué
diamantes? Mas ¡ay triste! que desta
amistad nuestra e'stá ofendido el cielo, mi casa, mi opinión y mis deudos;
mi madre me persigue, las amigas me
riñen, los vecinos me murmuran, las
envidias me reprenden, mi necesidad
ha llegado a lo último.
Fernando no tiene más que para sus
galas: mira las otras mujeres con ellas:
ya le parecerán mejor; que el honor
y la riqueza añaden hermosura y estimación, y la pobreza del traje descuida los ojos, y hace que una mujer
cada día parezca la misma; y la diferencia causa novedad y despierta el
deseo. Esto no podrá durar para siempre; y como no hay cosa más pública
que el amor, aunque jamás lo crean
los amantes, será imposible librar]e de
algún fin desdichado o en la vida o
en la honra; y lo que más se debe temer, en el alma. ¿Para qué quiero
aguardar a que te canses y me aborrezcas? ¿A que te agraden las galas
de otras, y este sayal que visto sea cilicio de tus brazos y penitencia de tus
ojos? No quiero aguardar al fin que
tienen todos los amores; pues es cierto que paran en mayor enemistad
cuando fueron más grandes. Si habemos de ser enemigos después, más vale que ahora nos concertemos con
amistad; que cuando el trato cesa sin
agravio, bien se puede conservar en
1laneza sin. reprensión, y en voluntad
sin miedo.
-Celia, Celia: dáme el manto y di
a mi madre que voy a misa.
Resuelta estoy. ¿Qué aguardo? )Jesús!: parece que tropecé con mi am:or.
¡Oh amor! no te pongas delante, déjame ir, pues me dejaste determinar;
que en las mujeres la resolución es difícil, la ejecución es fácil."
Igualmente movidos y de un hondo
conocimiento anímico de sus personajes, que son los de la vida real, son
los parlamentos que aparecen en el
Acto primero, escena sexta, en que las

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�mujeres hablan de una ausente, y la
escena sexta del segundo acto, en la
que figura la borrachera de la taimada
Celestina de Lope, Gerarda .... Se muestra aquí el autor como un perfecto conocedor de la psicología femenina
-como que en esa universidad cursó
todos sus años- y como un destrísimo manejador en la brega dialogal.

damentc en La Dorotea que en cual•
quiera otra de sus creaciones, pues esta, su obra capital, era carne de su
carne por dicha para él la más querida, según lo dijo a su amigo Claudia
Conde en la celebrada Oda; o traducida su consagración y empeño por las
propias palabrns del liróforo, "yo, como los rliiseñorés, tengo más voz que
carne."

Presenta La Dorotea a lo largo de
su texto treintaiséis poemas: veintidós romances, cinco sonetos, cinco Coros, en versos saficoadónicos, dímetros jámbicos, dícolos dístrofos, endecasílabos falecios y alcmanios euripídeos, un.a canción, dos octavas y un
epigráma, (¡ue es en realidad un madrigal, además. de versos sueltos, algunos de ellos repetición de los que aparecen cabalmente.

Cantó para el Amor en la voz meliflua de la Poesia, pues Lope era poeta
de Amor, venido al mundo para sólo
eso, para vestir el atuendo del hierofante de la pasión amorosa, y para ofi•
ciar en sus altares. Poesía y Amor;
Amor y Poesía; he ahí su destino.
Lo confesó cuando definió ese sentimiento diciendo: No es margarita
para bestias, quiere entendimientos su•
tiles, aborrece el interés, anda desnudo, no es para sujetos bajos.

;

Es también La Dorotea propicio tabfaáo 'j,',ih esgrimir la sátira contra el
ilüst'till poeta cordobés de las Soledades. Inserta Lope aquí un soneto burlesc~ de la nueva escuela, no propiame.ot~ para su creador sino para sus
epígonos. El contenido de las estrofas
es explicado en los sabrosos parlamentos. He aquí el soneto cultidiablesco:

Para clausurar este ciclo * sobre la
vida y la obra de este ingenio he aqui
su translúcido e inefable madrigal, de
fondo platónico y estilo petrarquista,
aquietados ya sus ardorosos bríos, mitigado su arrebato, señoreando ya la
razón en su alma pecadora que tanto
amó:

Pululando de culto, Claudio amigo,/
minotaurista soy desde mañana derelinquo la frase castellana,/ vayan las
Solitúdines conmigo./ Por precursora, desde hoy más me obligo/ al aurora llamar Bautista o Juana,/ chamelote la mar, la ronca rana/ mosca del
agua, y sarna de oro/ el trigo./ Mal
efecto de mí, con ojlio y murrio,/ cáliga diré yo, que no grigniescos,/ como en el tiempo del pastor Bandurrio./
Estos versos, son turcos o tudescos?/
Tú, lector Garibay, si eres bamburrio,/
Apláudelos, que son cultidiablescos./
Mal caerían al avinagrado Don Luis,
pontífice de las nuevas letras, estos
desahogos del inquieto Lope, a quien
en muchas ocasiones le correspondió
con versos de más sapido jugo en
aquella guerra literaria.
En la escena primera del Acto tercero, dialogando el angustiado don

•
Fernando con Julio, su amigo confidente, a quien, como dejamos aclarado, se le ha identificado con el poeta
y músico rondeño, autor de la décima
o pinela, Vicente de Espinel, al parecer primer amante de la comedianta Elena Ossorio, Julio dice a su interlocutor: Quiero' decirte unos ver-

Francisco M: Zertuch
Viene de la Pág. 4)

.la cortesía. Era tímido, nervioso, indiferente a los bienes materiales, atento siempre a los dones del espíritu. Era un gran con•
ver~~dor; en las tertulias irradiaba gracia y simpatía, su conversac1on envolvía suavemente hilvanando discursos salpicados de
fina ironía, de gracia incomparable, de datos chispeantes. A veces los chistes servían como elementos clarificadores de su pen•
samiento. Tenía siempre a la mano una palabra rara alrededor
de la cual solía bordar explicaciones inspiradas en sus largas lec•
turas.
Era orador fácil y elegante. Procuraba poner en sus palabras
~ucho d~ lo que IJ?,editaba en sus horas de soledad y de insomruo y sabia producir el efecto que deseaba con párrafos brillan•
tes Y rotundos. Era un soñador, un poeta de la vida y del arte.
Olvidaba fácilmente los incidentes desagradables y conservaba
en su devoción los actos buenos y nobles que le deparaban sus
numerosos amigos. Muchos estudiantes acudían a él, en procura
de consejo, porque veían en él a un protector insuperable. Así,
envuelto en el cariño, la admiración y el aprecio de que supo
rodearse, se le escapó la vida la tarde del 3 de mayo cuando tod avia
' se esperaban de su espíritu superior muchos' triunfos y
muchas realizaciones.
La Universidad de Nuevo León ha acogido en su seno de ma•
dre desvelada por la cultura a este luchador incansable rindiéndole el mejor homenaje a que pueda aspirar uno de su; servidor~s: ~olocarlo _al lado de los creadores de su larga y brillante tra•
dic10n educativa, como una devoción puesta en pie, para ejemplo de las futuras generaciones.
Página 8

sos que oi en una comedia, a prop6sito de tus celos, de tus jornadas y de
este indiano que te amartela, que sew
gún imagino, ese despertador desvela
más tus pensamiento, que las gracias
y hermosura de Dorotea: Canta, pájaro amante, en la enramada/ salva a su
amor, que por el verde suelo/ no ha
visto el cazador, que con desvelo/ lo
está escuchando, la ballesta armada./
Tírale, yerra, y la turbada/ ·voz en el
pico, transformada en hielo/ vuelve, y
de ramo en ramo acorta el vuelo/ por
no alejarse de la prenda amada./
Desta suerte el amor canta en el ni•
do;/ mas luego que los celos que recela/ le tiran flechas de temor de olvido,/ huye, teme, sospecha, inquiere, cela,/ y hasta que ve que el cazador es ido,/ de pensamiento vuela./
El verso inicial de los veintitantos
romances que el poeta intercala en la
órbita de su Dorotea, corresponden en
su mayoría a muchos sucesos de su
historicidad amorosa con Elena Ossorio, por más que en algunos aparezca
-Lope velado con el nombre morisco
de Zaide y ella de Zaida. La erudición
moderna ha sendereado en el texto de
esos poemas octosilábicos el itinerario
mits o menos exacto de las relaciones
entre la cómica y el dramaturgo. He
aqui los títulos de su breve romancero
amoroso: A mis soledades voy; Zagala,
asi Dios te guarde; Unas doradas chinelas; Al són de los arroyuelos; Así
Fabio cantaba; Cantaba el Abindarráez; El criarnos como hermanos; Corría un manso arroyuelo; ¡Ay, soledades tristes; Para que no te vayas; ¡Ay,
riguroso estado; Pobre barquilla mia;
¿Qué me queréis, alegrías, Gigante cristalino; Tan vivo está en mi alma; ¿No
vas conmigo, Amarilis; Cuidados, ¿qué
me queréis?; En una peña sentado; ¿A
dónde vdis, pensamiento?; Si tuvieras,
aldeana, y Si todo lo acaba el tiempo.
Era irresistible para Lope la avidez
y el culto de versificar, más justifica-

Miré, señora, la ideal belleza,
guiándome el amor por vagarosas
sendas de nueve cielos;
y absorto en su grandeza,
las ejemplares formas de las cosas,
bajé a mirar en los humanos velos;
y en la vuestra sensible
contemplé la divina inte!Ígible;
y viendo que conforma
tanto el retrato a su primera forma,
amé vuestra hermosura,
imagen de la luz divina y pura,
haciendo, cuando os veo,
que pueda la razón más que el deseo;
que si por ella sola me gobierno,
amor que todo es alma, será eterno.
• Ver ARMAS Y LETRAS Nos. 2 J S del presente afio.

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
2a. Cla1e ea la
N. L., el
20 de Ab,il de 19#.

Registrado como artículo de

Admón. de Correos de Monterrey,

INDICADOR,
Colaboradores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuente

Francisc.o M. Zertucbe
Genaro Salinas Quiroga

Arturo C..w S.
Homero A. Garza
Alfonso Rangel Guerra

Guillermo Cerda G.
Jor¡e Rangel Gucrr!l
Manuel Morale1

Director

Lic. Fidcncio de la Fu ente
Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

MEXICO

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                <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1956, Año 13, No 5, Mayo </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

....,_

Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

No. 4

Abril de 1956

POEMA CON AIRE MIO
María Angélica Villa •
1 /' if
-.

._'

Venía desde el día, bosquejando caudales,
y entre sombras de piedra su brillo yo incrustaba.
Venía, simplemente,
con los esbeltos vinos
del aroma del tiempo
inefable.
Desde el árbol venía, hacia lúcidas varas,
y era cierto mi paso de estatuas perseguido.
Venía por las manos de algún río,
como un salmo entreabriendo
colores en su frío.
Venía desde el llanto, prometiéndome vidas,
y dándome dolores verdaderos.
Tras de mi alegrábase el sonído
cadencioso y juncal
en su curva de trigos.
Venía desde el fuerte silencio de las horas
renaciendo en la flecha que heríame precisa,
junto a fervores ténues
o inauditas bellezas.
{ !"

1

t

)C"

Venía ahuyentando
patéticos asombros,
y sólo conseguía, trasladarlos encima
del intenso secreto
en que me abría.
Venía desde el canto, sosteníendo señales.
Alrededor de un tallo
increíble colgaba llamaradas.
Agilmente venía,
sobre un credo sin dagas,
inventando en el tiempo
un prodigio de ramas.
Venía desde luces, comprendíéndolas,
y un exultante anillo contra el odio
su entera flor me daba.
El éxtasis más claro, más fecundo,
conmigo se enroscaba.
Venía, sobre todo, a perdonarme un sueño
de agua, o de humo,
viviendose en mís ojos,
v abiertamente muerto en la palabra.

Buenos Aires, 1955.

nnsina

.
:.~
.lll.,'f:TSw.u,111

�LA NEGRA ANGUSTIAS

EL TEATRO EN PARIS
Por Julián GALLEGO

NOVELA DE FRANCISCO ROJAS CONZALEZ
Por Armen OHANIAN

ANASTASIA GRECO ROMANOFF

*

TEMA
De cómo "ª creciendo la personalid11d del protagonista, la joven y bella
mnlata Angustias, ante el desarrollo
pujante del espontáneo levantamiento
de Jas masas campesinas, en 1910.

De cómo su rebeldía, frente a las
malvadas intenciones de los "muy ma-

chos", en persona, se _une. Y de cómo

1

al fracasar la revolución y quedar
aplastado el movimiento zapatista degenera, paralelamente, la coronela Angustias, todo por culpa de un necio
amor con cierto maestrito necio.

AMBIENTE
El ambiente es el de los campesinos
de Mesa de Aire y la cuenca minera
de Real de A1zimas, en vísperas de la

venganza colectiva de los descamisados y el levantamiento de las masas
hambientas bajo la bandera de Emiliano Zapata con su lema de "Tierra

-

--------

y Libertad".
Es el ambiente anárquico de los surianos de Guerrero y de Morelos, de
los indios costeños y de los negros de

la Costa Chica. A ellos se han unido
mestizos de la sierra; criollos; mulatos impulsivos; en fin, todo el mosaico
étnico que componía la erguida población rural de México.

..

PERSONAJES
La protagonista. Es la negra Angustias, apodo que babia merecido a can•
sa de las muchas desdichas de su
infancia aquella huérfana, habiendo
quedado sin padres y recogida por la
hechicera Crescencia. Cuando regresa
el padre, de la revolución, el mulato
Antón Farrera y toma a su hija ya llevaba la chica el nombre de Angustias
Farrera.
Es joven y de belleza más bien provocadora. Posee todos los instintos de
su fuer'te raza, que son violentos. Su
carácter es dominador. Y sus ademanes autoritarios. Frente a los hombres
se muestra altiva. El autor nos la presenta como una cariátide tanto por su
fuerza como por su salud. Pensar que
semejante mujerona se enamora per•
didamente de un "maestrito,, cualquiera, siendo precisamente la coronela de
toda la mulatada de aquellas comarcas
y que como tal ha tomado parte de la
Revolución.
Dos pretendientes le habían ofrecido casarse con ella: el cabrero Güitlacoche y el boyero rico, don Laureano.
Modesto, el jefe de la ' 1acordada"
en la Hacienda "El Rondeño", la tiene, a su vez, escogida para su supe.
rior, Don Efrén el Picado (de viruelas).
Es Don Efrén un gigantón con cara de
chivo viejo.
En defensa propia, un día, Angustias le asesta un navajazo a Don Efrén
usando para ello del arma de su padre. Las autoridades la buscan para
castigarla. Por casualidad se encuentra cierta vez a los revolucionarios, no
sé en qué venta. El nombre de su padre le sirve a ella de prestigio, pues

*

Por un error, en el pasado número del mes de
marzo ~ omitió el nombre de la autora del artículo "Angelina", de Rafael Delgado: Armen
Ohanian, que firma también el que ahora ofrecemos sobre Rojas Gondlez.

Página 2

aquel gozaba ya de fama por doquiera.
Fue el compadre "Concho" quien la
nombra en seguida Coronela de toda
la mulatada que a la sazón se babia
sublevado contra sus hambreadores.
En el patio de la venta, un jefe de
los peones rebeldes cuenta cómo los
revolucionarios entraron a Cuautla;
soltaron, de pronto, a los presos del Jugar y quemaron los archivos del Municipio, limpiando, de paso, cuanta
tienda buena quedaba.
En esos momentos entraban a la
venta, Modesto y el Picado, para arrestarla. Angustias, que ya lucia el grado
de Coronela, manda ajusticiar a éste,
según modo de ella, dándole órdenes
a su capitál) Güit/acoche que mutile
al gigante Efrén; y una vez inutilizado
así, como macho, se lo manda de regalo a la mujer del mismo, la celosa
Chona.
-''Por algo teníamos que haber empezado", grita furiosa la mulata.
En seguida ordena que los arrieros
de la tropa entren de lleno al saqueo
y que regalen todo lo que obtengan,
a la gente que los rodea.
El otro personaje, marcadamente
grotesco ademas, es el "maestrito,, Manuel de la Reguera. Con él aprende
Angustias a leer y escribir, pues el cobarde y mezquino "flacucho" habrá
de ser su primer amor y su esposo.
Los rebeldes se hallan ya frente a
Cuernavaca, que se ve amenazada por
los federales. De ahí a poco se retiran,
dejando a la mulata, en traje . de mujer
y toda perfumada, al lado de su maestrito. Don Concho se quedó como jefe
de los rebeldes.
Desde entonces se inicia la rápida
degeneración de la mulata enamorada.
Ya había aprendido, para eso, a beber
y emborracharse entre fiestas y juergas de los demás "jefes." Solía escuchar, con harto fastidio a· los oradores de plazuela que hablaban de

Prud'hon, de Kropotkin y de Juan Jacobo Rousseau. Nada podía causarnos
más pena que verla transformada en
una majadera cualquiera. Y en cambio
nos chocaba, en extremo, su amor y su
sumisión ante aquel necio del maestrito, que a propósito babia decidido hacer de su coronela un simple trampolin para su carrera con los federalistas en la Capital.
El día de la boda, ante todo el mundo, obliga a la desposada a que le
amarre las cintas de los zapatos. Con
suma ternura, la ex-coronela se arrodilla y cumple semejante humi11ación.
EL ESTILO
Es el lenguaje campechano de las
sierras, tan colorida, expresiva y recargada de imágenes y de una sensibilidad sumamente popular. Las frases cortas y enérgicas. Plenamente
realista, el estilo. La novela está construida, la mitad con narraciones enérgicas y la otra mitad con diálogos. El
lenguaje es vigoroso y en ocasiones
hasta brutal, entrecortado de breves
pero significativas ovaciones de Jugares y situaciones particulares, casi
siempre-inesperadas.
El personaje siguiente es el de la
Masa Revolucionaria, que se mueve a
lo largo de la novela. Derrotado Zapata, los rebeldes empiezan a desanimarse y se retiran precipitadamente de
Cuernavaca, asechados por las tropas
federales, que no tardan en entrar a la
plaza. Muchos, desilusionados, vuelven a sus lugares de trabajo, cuando
no a sus chozas y jacales abandonados.
LA

IDEA

En un diálogo entre combatientes de
]a ex-coronela, el autor nos explica la
causa de la caída tan rápida de la mulata:

•

-"Es que aquí no hay más que dos
clases: la de la mujer y la del hombre. Que la "bola" es cosa de los hom•
bres y para los hombres, y no para
]as mujeres".
Y como la idea en sí es del todo
falsa, lógicamente resulta falsa la misera apoteosis de la mulata. Casada,
encinta y vestida de vulgo mujer, ta•
pa la barriga hinchada, con un rebozo.
Decide, en fin, acompañar así al flacucho marido hasta la Capital.
Un día ese mismo marido, Manuel,
la obliga a firmar su rendición ante
el Gobierno, cosa que apenas le vale
dizque el sostén para la precaria existencia que habría de llevar de ahi en
adelante.
AJ final de la novela la vemos, desgreñada, madre de un niño en pañales,
en una casa de vecindad de uno de
los barrios más pobres de la Capital.
En una azotebuela, la mulata lava los
pañales del hijo, y canta.
En verdad, nos parece un tanto inverosimil tan plácida apoteosis, para
la violenta, e inteligente, Angustias.
Pues esperabamos, ciertamente una poderosa reacción ante la necedad y la
vileza de] cobarde maestrito de marras.
Esta novela de Rojas González es
fuerte, dinámica y colorida; tiene mar•
cado sentido social; se interesa por los
problemas del campesinado y protesta
enérgicamente contra la clase explotadora. Por lo tanto, es de lleno una
obra de actualidad, en la cual el autor
rdleja la vida del País desde sus pos1c10nes de escritor pequeño-burgués
e individualista, amén de un tanto escéptico en el porvenir de la Revolución. Por otra parte, como buen peq~1eño burgués el . autor. de importancrn desmesurada a la sensualidad y a
la sexualidad, exceso que entre las clases trabajadoras nunca cobra esas dimensiones románticas de lujuria.

,

1

jer; ésta, naturalmente, reconoce a la · bellos, Jo que concuerda bastante con
princesa en cuanto esta canta estilo el peinado de la encantadora "discuse"
Saint Germain una canción triste; el del existencialismo.
otro se va hecho un mar de confusioEL PERRO DEL HORTELANO
nes ... Pero el público empieza a saber
a qué atenerse: la joven pescada en el
Con,.ser "El perro del hortelano" una
canal es la verdadera Anastasia. Hasta
de
las deliciosas comedias de Lope de
la abuela augusta de la Princesa acaba
Vega,
no es de las más representadas
por rendirse a esta evidencia.
Pero el tercer acto nos guarda una en su patria; su propia abundancia
sorpresa. Para .la presentación de perjudica a este Fénix, de quien el púAnastasia a los accionistas-patrióticos blico, como sabe que nunca llegará a
se ha elegido un teatro; ello podrá pa- conocer toda la obra, se acomoda a no
recer extrnño a quien no haya visto leer o ver sino una pequeñísima parla comedia. Quien la ha visto, ya no te, que pudiera contarse con los dedos
se extraña nada desde el acto primero. de una mano, y aun sobrarían. Con lo
En fin, si se extraña, al aparecer de cual, la fecundidad que dió éxito al
improviso un bien plantado obrero Monstruo de la Naturaleza en vida, se
que llama a la Princesa, en lugar de le resta en muerte. Agradezcamos, pues,
Anastasia, Francisca y la excita a vol- a Jean Louis Barrault el placer que nos
ver a su domicilio y a la vida marital ha dado el ver en los carteles este
que con el llevaba. Francisca - o ºChien du Jardinier" que como "Perro
Franziska - podrá no parecer muy del Hortelano" nunca habíamos visto
ruso; pero eso son fruslerías .. El caso anunciado en España. La adaptación
es que la joven, que está en su trono francesa se debe a la fina pluma de
de teatro suntuosamente vestida por Georges Neveux.
Porque ha salido la palabra "adapMaggy Reuff, decide marcharse con el
obrero, dejando a sus partidarios, a tación". Gusta el público de París de
su abuela y a su pretendiente princi- que le sirvan platos nuevos, exóticos,

"Anastasia", comedia dramática en
tres actos original de Marcelle Maurette
ha sido estrenada con éxito en Londres y en Nueva York antes que en
París. Sólo refrendados por estos
triunfos los empresarios _parisienses,
que desconfiaban -ya veremos las razones- del rendimiento de esta obra se
han decidido a presentarla en el Teatro
Antolne. El inexcusable Wakhevitch se
ha encargado de los decorados, el indispensable Georges Auric de la música. El actor J ean Je Poulian ha tomado a su cargo la dirección escénica;
con ello ha conseguido no poder dar
órdenes a un actor que es él mismo.
su labor como actor se resiente de ello.
Respecto a su labor directora, digamos
que está a tono con la obra y ya habremos dicho bastante. Esta compañia,
salvo las excepciones que luego anotaremos, es de lo más mediocre; pero
nunca acabaremos de saber si son malos actores o si son buenos actores que
aguantan lo que en el texto está escrito. Lucienne Bogaert y J ean Toulot
hacen lo que pueden por ser actores
al servicio de este texto; ambos resultan amanerados. Respecto a Anastasia,
hace exactamente lo que tiene que hacer: gritar, temblar, desmayarse varias veces, andar majestuosa. No se
puede pedir más.
Pero pasemos al argumento. "Anastasia" es la hija menor de Nicolás II
de Rusia. ¿Ha muerto en la Revolución,
con el resto de .su familia? ¿Se ha salvado? Hay poderosos intereses para
desear esto último: la herencia fabulosa que · su padre dejó en Londres Y
las cotizaciones que los zaristas exilados han ido satisfaciendo para mantener a una princesa que, en el momento de levantarse el telón, no pasa
de fantasma. Los malvados hombres
de negocios que han montado el tinglado de la cotización necesitan presentar rapidamente a Anastasia. Para
ello, contratan -digámoslo así, ya que
el contrato consiste en dar gritos, golpes, empujones, hacer caer a la pobre
por el suelo ( con esa facilidad para
caerse que tienen las actrices de melodrama) y amenazar a trio -a una muchacha de vida turbia que quería suicidarse, y que se parece a la princesa.
Respecto al parecido, hay una discusión que recuerda poderosamente otra
escena, esta vez protagonizada por
Greta Garbo, de la pelicula pirandelliana "Como tu me deseas"; uno dice qfle
6
los ojos son de un color, otro cree lo
contrario ... Pero pasemos; se trata de
dar a la infeliz una especie de lecciones de cosas para princesas, para que
luego no pueda cometer algún ertor; pesco con un palmo de narices. ¿Se traa esta labor se dedican los tres cóm- ta, entonces, de una auténtica Franplices, con tanto entusiasmo que ya cisca? Dificil es de creerlo, después
pueden ustedes reírse de los cursillos de que la joven -con la misma técintensivos para preparación de Oposi- nica de melodrama del acto primerociones. Pero la muchacha -¡ miste- hace como que esta enterada de los
rio! - parece más enterada que ellos detalles de la vida de su apuesto commismos de estos detalles principescos, pañero popular de tal manera que no
aunque aparente lo contrario: inejor nos queda duda de que no está entedicho, aparenta que lo sabe, aparen- rada de nada. Según explica Anastatando que no lo sabe, según la soco- sia - o Francisca - el obrero es el
un1co que la quiere tal como es, que
rrida técnica melodramática.
El acto segundo nos presenta a la no le pregunta nada, que no quiere
nueva Anastasla confrontada con una hacer resucitar una ilusión. Pero eso
serie de personajes que conocieron a son excusas de teatro que ha nadie
la Princesa desaparecida y que deben convencen. La única explicación para
decir si es ella o no. Lo hacen alter- este repentino cambio de actitud seria
nadamente, según la ley de probabili- el "flechazo", pero la Sra. Maurette
dades más infantil: el primero, dice parece no haberse dado cuenta.
Este melodrama con ribetes de zarque no es; la segunda, dice que es; el
tercero, es un falsario desenmascarado zuela ha sido la oca,vón que la famosa
por Anastasia; el cuarto y quinto, mez- cantante Jaliette Greco esperaba para
clados, son el gran Chambelan de la presentarse en el teatro. Digamos que
corle de los Zares y una humilde mu- ha sido una ocasión cogida por los ca-

CIO

pero guisados siempre al modo nacional. El traductor, se permite colaborar
con el autor, corregirle la plana, hacer hablar a ese zafio que se expresa
en una lengua bárbara o extremosa en
la corrección cartesiana del francés.
Vemos, entonces, aparecer obras ex. trañas, monstruos de dos cabezas, como la refundición que se dió no hace
mucho, de dos de las mas célebres comedias del propio Lope. Ya no se qué
dirían los críticos franceses si un español o un chino se permitieran hacer
una sola obra con la "Fedra!' y la "Ester" de Racine, o "mejorar" el "Cid"
de Corneille quitandole por un lado
lo que se le aumenta por el otro. Para
el espectador español, por ejemplo, el
estilo de Racine, ha de resultar monótona, perdidas en la aduana de la traducción esas sutiles cualidades cuya
exportación está prohibida por la poesía; añadámosle, entonces, tres o cuatro sonetos bien con~eptuosos y has-

tante coloreados, hagamos hablar a los
personajes en romance de ocho silabas
en vez de en alejandrino de catorce,
saquemos a un "gracioso", obligado
en el teatro cl3.sico español, en lugar
de ese confidente de que gusta Racine.
La obra resultanté podrá estar muy
bien -aunque es dudoso- pero no
tendrá nada que ver con su original;
y si el espectador cree, después de
verla, que conoce a Racine, estará muy
equivocado. Bien es verdad que esa hipótesis es improbable, ya que - y acaso es peor aun - en nuestro pais a
nadie se le ocurre representar Racine.
La versión francesa de "El Perro del
Hortelano" es, como decimos, deliciosa; no en vano han pasado por la escena francesa, después de Lope, Mari•
vaux y Graudoux antes del Sr. Neveux.
Cuando Marivaux escribe sus :'Falsas
confidencias" sin duda conoce a Lope
y su "Perro;,; la comedia de Marivaux
es de una finura y una matización exqutsitas, una obra maestra de uno de
los mas grandes autores dramaticos
franceses, acaso el mejor en acuidad
del diálogo; nuestro Moratin -tan injustamente postergado en nuestro país
con todos sus contemporáneos, a cuyo
maravilloso estilo ya es hora de que
se haga una total justicia - debió, a su
vez, conocer a Marivaux. Este "Chien
du Jardinier" ladra, pues, en francés
con mucha mayor suavidad que en
castellano, con infinita delicadeza, con
una gracia admirable, pero con menos
fuerza. De esa poesía de Lope de Vega
que parece un huerto de flores y de
aves, de aromas espesos y colores brillantes, recargada, excesiva, rica como
un banquete de Pascqas, ha quedado
una delicada trabazón de episodios, un
carácter de mujer irónicamente diseñado. Adios rosas coloradas, adios claveles, a dios prados, adios fuentes, adios
regatos pequeños -constantes de nues•
tra poesía sensual, desde Lope hasta
Rosalía-; nada de pálidas manzanas
esmaltadas de carmesf, nada de albas
que entran por un prado, ni aires fríos,
ni cristales de agua, ni ríos indecisos.
Nada, pues, de lo que constituye el en•
canto mayor de nuestro Lope que, cada
vez que escribe, se encuentra la boca
llena de gustos y la nariz de arenas.
Dicho esto, repetimos que "Le chien
du Jardinier" es una delicia y que las
aña,diduras que el Sr. Neveux se ha
permitido son tolerables, la primera
- aumento del amor en Diana cuando cae la noche- por dar motivo a
escenas graciosas (aunque encontre•
mos que está bien en contra de la optimista tesis de Robert Kemp, que ha
escrito que la protagonista deja de ser
una sensual enamorada al ser traducida para convertirse en un dechado de
amor - poco más o menos -) y la
segunda - Diana paga a un espadachín para que mate a Teodoro, visto
que no puede amarlo abiertamenteporque, en la truculencia cómica del
final pasa desapercibida.
Esta obra que esta vestida con infinito gusto por Jean Denis Malcles ha
sido puesta en escena con esa gracia
infalible que Jean Louis Barrault encuentra en sus momentos mejores; todo está medido, todo está pensado,' na•
da queda al azar y sin ebargo el conjunto conserva una frescura, una naturalidad asombrosa. El mismo, como
actor, resulta un excelente Teodoro;
Simone Valere da a su desdeñada Marcela un encanto lleno de picardía; pero la heroína de la velada, como en
la comedia, es Diana, encarnada por
Madeleine Renaud con un humor, una
coquetería disimulada, y una ternura

Página 3

�que rayan el milagro. Alabemos, pues,
sin reticencias, esta realización, por
que no puedan decir de noostros, los
españoles, que somos, pues ni representamos ni dejamos representar el
Perro del Hortelano.
"LA ORESTIADA" DE ESQUILO
El incansable Jean Louis Barrault,
uno de los hombres de teatro más interesantes de nuestro tiempo, ha presentado al público de Paris esta temporada la trilogía "La Orestiada" de
Esquilo de Eleusis. No hace falta ni
señalar las dificultades que esta realización llevaba consigo, tanto en lo
que concierne al montaje escénico en
sí, como a la reacción de un público
no especializado ante un texto tan antiguo. La habilidad de Barrault y el
carácter de media tinta exacta de la
lengua francesa, si han podido quitar
grandeza a un texto griego que no conozco, lo han vuelto, sin duda, mucho
más asequible a su público. Para los
no franceses, estas traducciones resultan siempre un poco extrañas; para
nosotros no es tan natural que Orestes
hable en francés como que hable en
español. Un texto traducido , al francés toma para nosotros caracteres muv
franceses; no hay duda que Shakespe¡.
re traducido al español debe sonar de
un modo harto curioso para oídos
franceses. Pero en el caso de Esquilo,
la traducción francesa tropieza con el
inconveniente insoluble de trasladar
a una lengua de gran pobreza de acentuación un texto escrito precisamente
en razón a una acentuación posible
sólo en lenguas como el latín, el griego, el castellano, de gran variedad rítmica.
La trilogía de Esquilo comprende,
como es sabido, "Agamenón", "Las
Coeforas" y "Las Euménides". Ello
produce un espectáculo de longitud no
habitual -sus buenas tres horas con
muy escaso entreacto que exige un esfuerzo notable, np solo del espectador,
sino, en especial, de los intérpretes.
Pero el interés se mantiene vivo a lo
largo de las tres obras y solo decae
cuando, al final, Esquilo nos presenta
moraleja filoateniense, como era de
esperar. Yo no sé si se ha realizado
algún estudio sobre Esquilo como· autor politico; ahora que tanto se habla
de escritores "engagés" creo que sería de interés señalar cómo ya antes
de nuestra era un autor hacía decla-

mar en nn teatro de madera discursos
de asamblea constituyente; ello no le
ha impedido sobrevivir y llegar a nuestros dias fresco como una rosa. Confesemos, sin embargo, que, sea por el
escaso realce y majestad que esta última escena tiene en su presentación
francesa - con su Atenea de figurín
de modista convenciendo y casi sobornando a las Furias de la venganza para que dejen tranquilo a Orestes y a
todo el mundo, a cambio de recibir en
cada casa un culto fervoreso - sea
porque, en efecto es mas mediocre teatralmente y el patrioterismo de Esqui- ·
lo resulta mas palpable, lo que preferimos, lo que nos sigue conmoviendo
es el oscuro y terrible drama familiar
de los Atridas, que adquiere en manos
del viejo autor griego un calor y una
transparencia insuperables.
Dos palabras para refrescar el recuerdo de este argumento singular: en
"Agamenón" asistimos al regreso del
generalísimo de los griegos, vencedor
de Troya; Clitemnestra, su esposa, lo
acoge con falsa alegría, pero en cuanto entra en el palacio lo asesina con
la complicidad de su amante Egisto.
En "Las Coéferas" o suplicantes, ve-

mos a Orestes, hijo de Agamenón, que
vuelve del destierro que su madre le
impuso para vengar este crimen; animado por su hermana Electra y por
las suplicantes y desoladas mujeres
del coro, perpetra su doble crimen
justiciero. La tercera obra nos lo muestra perseguido por "Las Euménides"
o diosas de la venganza, que solo lo
dejan cuando Apolo y Atenea lo protegen, instaurando asi un nuevo sistema de justicia, un nuevo ciclo en que
la venganza y la crueldad son sustituidas por la benevolencia y la piedad.
De esta trilogía, lo que mas nos sacude es la figura de Clitemnestra, a
la que Marie Bell da nna majestad y
nna negra pasión extraordinarias. Solo
por esta interpretación ejemplar de la
mas grande actriz trágica francesa valdría la pena de hacer la cola de una
hora que el conseguir entradas - con
muchos dias de antelación - exige.
Esquilo ha insuflado un sentimiento
tan humano a esta figura detestable,
haciéndola aparecer como madre herida que venga la muerte de su hija
más querida, lfigenia, sacrificada por
Agamenón en aras de su empresa guerrera, que en ocasiones nos arrastra y

hasta nos es simpática. Hay también
otra figura de extraordinario poder
teatral, y es Casandra, princesa troyana hecha prisionera por Agamenón y
a la que un fatal poder de adivinación que nadie cree hace predecir el
crimen que va a cometerse, haciéndonoslo ver con sus palabras con más
claridad y emoción que si sucediera
en escena, hallazgo genial de un autor
con un gran ·sentido de las "tablas".
Marguerite J amois imprime a este personaje un preocupado y trágico perfil.
En cambio, Barrault no está tan afortunado en su encarnación de "Orestes"
como interpretando el Alceste de Moliere o el Cbrbaccio de Ben Jonson;
su mimíca es molesta y los coturnos
dan a su andar nna rigidez desagradable de pájaro cortesano. Tampoco
Dessailly, en su doble interpretación
de Pilades-Apolo sale de una esfera
un tanto mediocre y blanda, abrumado
por unos trajes muy poco afortunados.
Los coros, de hombres, en la primera
parte, de mujeres en las otras dos, re•
citan, cantan y evolucionan con acierto, pero sin lograr vencer las dificultades qiie estos ejercicios encuentran
en nuestra comprensión, a pesar de
sus bellos trajes y sus magnificas máscaras de cuerdas. J ean Louis Barrault
ha querido que todos los actores lleven máscara. Esta decisión será más
o menos explicable en un teatro pequeño como el Marigny, más o menos
peligrosa, pero es a mis ojos el mayor
acierto esta realización, lo que le da
nna unidad y un acabado, un acento
especial que la aparta de otras presentaciones, que nos señala que, a pesar
de todo, el texto es muy antiguo. Las
máscaras - y en especial si son tan
bellas como estas, obra de colaboración de Petrus Bride, Felix Labisse y
Marie Helenesté - tienen un extremado poder de sugestión, el poder de
dibujar un personaje a grandes rasgos.
Los trajes, de la Sra. Dasté, son, en
general, acertados; especialmente bello, el de Clitemuesa. Los decorados,
hechos en madera de "balsa", especie
de corcho muy ligero con el que se fa.
bricó la balsa del famoso Kon-Tiki,
han sido proyectados por Felix Labisse: son sencillos, manejables y de
hermosa calidad. La música, de Pierre
Bouley, me ha resultado desagradable.
La traducció_n del texto ha sido hecha,
con gran respeto al parecer aunque, al
final, con falta de grandeza, por Andre
Obey.

!LOS lH[OlHlENSllAUllFlEN
(LA SAGA DE LOS GUELFOS YLOS GIBELINOS)

Por Franz BOUCHSPIES
" .... Dissemi: Qui con piú di mille
giaccio
Qua entro a lo secando Federico ...."
("Mas de mil", dijo' "están aqui pe-

Los orígenes de los Hohenstaufen son obscuros al presentarse
nando l·on Federico .....")
por primera vez en escena; la familia habitaba una modesta casa
Dw,te ALlGHIERI 'EL INFIERNO"
Canto X
señorial cerca de la aldea de W aeschenbeuren, en Suabia, de la
cual tomaron su nombre los propietarios de la casa, llamados
Beuren o Bueren. Se dice que la nobleza de la casa se remonta
a la época de los Merovingios y Carolingios, pero también se gran riva1idad entre Leopoldo y Ri- que Barbarroja había retornado a Alecree que la pretendida antigüedad de la casa se debe más a poetas cardo y éste quedará mucho tiempo mania por obra de los efrits o genios
aduladores y cortesanos.
cautivo del primero y penará en el cas.. de aquella tierra encantada, que perPero Federico de Bueren, su antepasado, abandonó a mediados del siglo
XI el Waescherschloessle, cerca de
Waesche'lbueren con su esposa Hildegard y ' se '"marchó a Hohenstau(en,
montaña imponente que se eleva entre
los valles de Fils y Rems. Sus descendientes tomaron su nombre de aquel
hermoso lugar. Su hijo se casó con
Inés, hija del Emperador IV de Alemania quie,i le cedió el Ducado de Suabia por su amistad y heroísmo. Cuando éste murió a su vez, en 1105, a su
hijo mayor le heredó dicho ducado
mientras que al menor, Conrado, obtuvo de su tío, el Emperador Enrique V,
el Ducado de Franconia; con ésto tenían más derecho que ningún otro
príncipe a la corona del Imperio, pero
]os nobles envidiosos acaudillados por
su enemigo acérrimo, el Arzobispo
Adalbert de Maguncia, que no podía
perdonar a sus adversarios (siendo fanático si '3rvo de Roma) el ser nietos
del penitente de Canossa (Enrique IV),
eligieron rey de Alemania al sajón
Lothar de Suepplingenburg.
Sin embargo, a la muerte de este soberano, el Duque Conrado de Franconia, fué elegido Rey de Alemania eu
la Dieta de Koblenz, el año de 1138,
siendo el primero de los Hohenstaufen
que ocupara el trono, como Conrado

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•

III.

Pero el Duque Welf de Sajonia y su
sobrino Enrique de Baviera se negaron a reconocer al nuevo monarca y
Conrado, para obligarlos a someterse,
les asedió en \Veinberg y por primera
vez en la historia resonaron los gritos
de batalla "¡Hi Welf!" "¡Hi Waibling!"
(¡Aquí, Güelfo! ¡Aqui Gibelino!). Waiblingen era una ciudad de Suabia sede
de los Hohenstaufen y sus partidarios
tomaron este riombre como simbolo del
Emperador.
La contienda se redajo al principio
a una mera cuestión dinástica, pero en
los Hohenstaufen ha resucitado la vieja ambición de todos los soberanos
alemanes que les precedieron: ser ]a
cabeza del Sacro Imperio RomanoGei-mánico.
Los Papas han tenido una amarga
experiencia de sus antecesores y están
dispuestos a impedir la resurección
del Imperio cueste lo que cueste.
Con la subida de Federico I al trono
alemán se encarniza esta lucha, las antiguas diferencias entre el Papado y
el Imperio resurgen y Federico (llamado Barbarroja por el color rojizo
de su barba) tiene que enfrentarse a
los descendientes de los viejos enemigos de su casa. Sostiene una lar.ga lucha con el Duque de Sajonia, Enrique
el "León" que acaudillaba a los traido~
res y rebeldes güelfos que se han diseminado por toda Alemania e Italia,
pero viéndose vencido, Enrique huye
a Inglaterra y se refugia bajo el poder
de Ricardo Plantagenet, Rey de Albión,
llamado "Ricardo Corazón de León".

Se cree que la pretendida antigüedad de la casa se debe más
a poetas aduladores y_ cortesanos ...

Barbarroja sostiene un largo combate
con los güelfos de Italia y finalmente
se ve obl!gado a hacer las paces con
el Papa y para consolidar sus posiciones en este país, casa a su hijo Enrique con ]a princesa normanda Constanza hija del Rey Rogerio de Sicilia
para unir el reino de Nápoles y Sicilia
con su casa.
Para reconciliarse con la Iglesia, Federico cede a los caprichos del Pontífice, entrega sin escrúpulo al cismático Arnaldo de Brescia a la hoguera
para aplacar la cólera .Papal y librarse
de su anatema.
Luego parle encabezando la tercera
Cruzada a rescatar el Santo Sepulcro
seguido del Rey de Francia, del Duque
Leopoldo de Austria y de Ricardo Corazón de León (Más tarde habrá una

tillo de Duernstein a orillas del Danubio) y se embarcan a Tierra Santa el
año de 1183.
El 10 de Junio de 1190 al atravesar
con sus caballeros las caudalosas aguas
del Cidno, una flecha sarracen·a se clava en el pecho del Emperador, que
derribado de su corcel es arrastrado
por la corriente y muere ahogado.
Los sarracenos cargan desde la ori•
11a sobre la caballería cristiana y la
destrozan.
La leyenda cuenta que al desaparecer Barbarroja bajo las aguas, y con
él sus caballeros elegidos, apareció ante los aterrados guerreros germanos
que permanecian en la orilla opuesta
y qlle se habían quedado sin caudillo,
un monje espectral con hábito negro,
quien conjurando su espanto, aseguró

Página 4

manecería oculto mucho tiempo en la
Montaña de Kyffhaeuser y que saldría
de allí cuando Alemania estuviera en
un gran peligro.
El Kyffbaeuser es una montaña que
está en Thuringia cerca de Nordhansen. El pueblo crédulo y sencillo, ama
las bellas consejas y conduce la Inmortalidad a sus grandes caudillos
confiando en su vuelta después de siglos.
Asi añadieron, que nu pastor habla
bajado a una profunda sima en esta
montaña buscando una cabra perdida,
por medio de una cuerda. Al tocar tierra firme, se le apareció un extraño
ser parecido a un gnomo quien le in-trodujo en nn magnifico palacio subterráneo donde vió en todo su esplendor la corte de Barbarroja. Mil caballeros de bronceada armadura sostenhm durmiendo a sus corceles por la
brida, como prestos al combate.
El Emperador sentado en un trono
de oro; pero apoyando su regia cabeza en una mesa de piedra ricamente
labrada, sueña con el momento que ha
de reconquistar su 'trono.
Su barba rojiza se extiende por el
'lsuelo ·como mullida alfombra y sobre
ella lucen millares de tesoros esparcidos en desorden.
A veces el Emperodor extiende en
sueños su brazo como para tomar su
espada y su broquel que cuelgan a su
lado.
Cuando el pastorcillo se arrodilló
ante él, Barbarroja despertó y le colmó de regalos profetizándole que volvería a Alemania cuando los cuervos
dejaran de volar sobre la montaña.
Dicen que entonces Barbarroja colgará su escudo de un roble seco v en
el acto reverdecerá y comenzará Para
Alemania una época mejor. Luego, librará la última batalla para reconquistar el Imperio y su espada la llevará
un campesino luciendo librea, simbolizando ésto que solo los humildes esperaron y creyeron en su retorno.
El emperador Enrique VI, su hijo,
era muy joven al empuñar las riendas
del Imperio. Era de un carácter muy
dulce, hasta poético. Es en esta época
donde comienza a florecer la poesía en
la Europa bárbara de la Edad Media.
Los trovadores provenzales enriquecen
la cultur~ de los países qne visitan.
Aún en la agreste Alemania tenemos
ya entonces un Walther von der Vogelweide un Hartmann von Aue y un
Dietmar von Eist. ¿Quién sabe si la
poesía oriental con su avasalladora iBfluencia, pasando a través de Sicilia
no ha despertado en el rudo europeo
el anhelo de cantar, de cantar a los
hechos heroicos de sus reyes, de cantar a la amada?
Y este soberano, en medío de una
época· borrascosa, libra una lucha por
un trono y una corona, una lucha sangrienta y terrible; este joven emperador canta ...... y canta enamorado a su
adorada:

Página 5
•

�Es mi canto saludo para la bienamada
A quien no puedo ni quiero dejar.
Por desgracia yo mismo con boca
enamorad::¡
No la voy hace tiempo a saludar;
Pero todo el que, ante élla, lea esta
mi canció'l
Ante élla a quien anhelo con doliente,
ilusior.
Hombre o mujer, salúdela con mi
salutacióc .
Cuando puedo encontrarme junto a la
amada mía
Llevo a través de reinos mi poder;
Mas cuando me separo de ella, no hay
alegria
Para mí, ni grandeza ni placer.
Solo me queda entonces dolorida
ansiedad;
lejos de ella me agobia toda calamidad;
La .ausencia de e1la es tumba de mi
feiicidad.

Y comete delito quien en mi

re

no
abona;

Que si ansío feliz longevidad
Sin que me preocupe quedarme sin
córoná,
Tan solo es por mi amante asidmclad ...
Sin ella en mi existencia, ¿qué dicha
quedará?
Ni varón ni hembra, nadie consuelo
me dará ...
Desterrado y maldito mi consuelo
será .....
Enrique VI, no obstante ser un verdadero poeta, era también un gran
guerrero y el estadista que Alemania
necesitaba entonces. Supo hacer frente a sus enemigos los Güelfos y era el
soberano capaz de establecer una dinastía fuerte y consolidar el poder hereditario en lugar de la monarquía
electiva, pero la muerte le sorprendió

glés Ricardo, pero los príncipes alemanes lo habían aceptado con disgusto
y el Papa se vió obligado a aceptar a
Felipe finalment~ como Jc[e del Imperio.
Felipe de Suabia se vió envuelto nuevamente en la enconada lucha entre
güelfos y gibelinos y con enérgica mano decidió poner fin a estas disputas,
pero un enemigo personal suyo, el
Conde Palatino de Bavaria, Olio de
,vittelsbach, lo asesinó en Bamberg el
año de 1208.
La historia de los Hohenstaufen está mezclada a extrallas consejas que
perpetúan su memoria y la muerte de
éste desdichado Príncipe va unida a
Ja más horrible leyenda de una macabra venganza.
Olla de Willelshach fué proscrito del
Imperio y por lo tanto, exiliado. Perseguido por su conciencia impura ini-

Al día siguiente, Ja cabeza continuaba flotando todavia, con los dientes
apretados y la mirada fija en los espectadores, rehusando hundirse o dejarse llevar por la corriente. Entonces,
el Monje Negro de Ebrach cogió la
cruz milagrosa que las águilas habían
llevado desde el Monte Calvario, y sosteniéndola firme con ambas manos, se
dirigió a la cabeza del muerto desde
la orilla del ria en las siguientes palabras grabadas ahora _alli en una piedra: "Dus. milabundus. Dom. infcrnis.
presto1 diabolorum ... "
En oyendo ésto, la cabeza giró sobre sí misma, agitó sus cabellos ensangrentados en presencia del monje y
se sumergió instant3.neamente, mientras los espectadores caían de rodillas.
Esa noche aparecieron llamas azules
donde la cabeza fué vista por última
vez. El Monje aseguró la cruz en la

1
'

t
Desde que a ella dedico mi pasión
docilmente;
Desde que, sin dudar, mi corazón
Y mi cuerpo se llenan con ella.
totalmente,
1Cuanto lamento la separación
¿ Y Amor (¿de cómo?, entonces me da
premio cordial?
Siento, cuando medito en ésto, gozo tal
Que por mi amor perdiera mi corona
real.

a la edad de treinta y dos años en
Messina el año de 1197.
Apoderóse del trono entonces su
hermano el Duque Felipe de Suabia
para arrebatárselo a los Güelfos que
habían elegido Emperador a Otto de
Brunswick, hijo de Enrique "El León"
y emparentado con Ricardo Plantagenet y su hermano Juan, reyes de Inglaterra. A éste, lo apoyaba el Papa
Inocencio III y el impulso monarca in-

Página-6
•

c10 una peregrinac10n a Roma. Llegó
a Kehleim sobre el Danubio, donde
buscó albergue en nna celda del monasterio de Ebrach. Sn aspecto furtivo
despertó la sos¡lecha de no vecino y
cundió la alarma. Llgóse al lugar el
Mariscal del Imperio, Enrique de Kalden1 quien babia jurado vengar personalmente la muerte de su amado señor. Reconoció al regicida, le rebanó
la cabeza y la arrojó al Danubio.

orilla del río y la dejó por espacio de
siete días hasta que las llamas se ex•
tinguieron.
Por espacio de nueye años fué expuesto el cadáver decapitado del regicida en el brezal barrido por el viento y lavado por la lluvia para escarmiento. La roca donde fué _expuesto,
es llamada la roca del crimen. En las
noches de niebla y de tormenta, se divisa el espectro del Conde Palatino ca-

t

balgar en medio del Danubio.
Inocencia III quiso terminar con la
dinastía de los Hohenstaufen y tomó
bajo su protección a la normanda
Constanza de Sicilia y a su hijo Federico, a la sazón muy niño aún, y los
príncipes alemanes decidieron acabar
con sus disputas y elegir Emperador
a Olio de Brunswick.
El güelfo se comprometió en matrimonio con Bcatríz hija de Felipe y niña de once años entonces, con el propósito de mitigar los resentimientos de
los gibelinos.
Inocencio, gran estadista, pidió a
Otto y obtnvo de él, una elección libre
de sedes episcopales en Alemania a lo
que ningún Hohenstaufen había accedido porque deseaban tener bajo su
dominio a los obispos y además exigió
que Sicilia fuese feudo de la Iglesia y
se cedieran al Papa la marca de Ancona y el Ducado de .Spoleto. Como
resultado de estas ganancias territoriales, las tierras pontificias dividían
Italia en dos partes por la zona más
ancha de la bota italiana. En 1209 el
Papa Inocenció III coronó al güelfo,
como Olio IV soberano del Sacro Imperio Romano Germánico.
Pero pronto los señores de Apuglia
encabezados por Dietpold de Schweinspeunt, conde de cerra, indujeron
al nuevo Emperador a violar sus compromisos con el Papa. Dietpold había
sido tutor de Federico después de la
muerte de Markwart de Anweiler, y
conociendo la inteligencia del joven
príncipe sabía que mientras éste viviera y se viera libre, lucharía para
derribar a su enemigo Otto de Brunswick y lo lograría y con él haría caer
a todos los traidores que habían apoyado al extranjero.
Olio de Brunswick era lo suficiente
tonto para dejarse lisonjear y convencer Y volvió a apoderarse de todas las
posesiones que cediera al Papa, hizo a
Dietpold Duque de Spoleto y marchó
a tomar por asalto Sicilia donde el
Papa tenía confinado a su peligroso
pupilo el joven y último de los Hohenstaufen. Aquel rey de quince años, sólo mandaba en su castillo de Palermo
pues los árabes de Sicilia y los nobles
sicilianos estaban sublevados contra él
Y en Caste1Jmare tenía una galera siempre lista para llevarle a la costa africana en caso necesario.
Pero Olio IV no había contado con
Ja astucia de Inocencia III quien envió una carta a los obispos alemanes
que empezaba: "Nos arrepentimos de
haber creado a este hombre .... " e informaba que Olio se habia ganado su
excomunión. Los prelados hablaron
con los príncipes que no apreciaban
mucho al emperador y con ésto comenzaron los primeros levantamientos
contra el inglés usurpador.
Luego el Papa escribió a Felipe II
de Francia asegnrándole que Olio tenía un tratado con el rey de Inglaterra "Juan Sin Tierra" gran enemigo
de Felipe Augusto para llevar la gnerra a Francia. El Capelo apoyó entonces a las fuerzas del Papa y de Federico de Hohenstaufen su protegido.
Así en el otoño de 1210 cuando Olio
invadió el patrimonio toscano, fué excomulgado y abandonado por sus partidarios pero al Emperador no pareció
importarle. Marchó a Italia en 1211 y
con sus ejércitos en Calabria estaba
dispuesto a invadir Sicilia y a apoderarse de Federico, pero los príncipes
alemanes apoyados por el Rey de
Francia se reunieron en Nuremberg,
depusieron a Otto y nombraron Emperador a Federico. Al desdichado Duque de Brunswick no le quedó otra
alternativa que huir, abandonado a la
vez por güelfos y gibelinos.
Federico era hijo del Emperador
Enrique VI y de Constanza hija del
Rey Rogerio de Sicilia y por consiguiente nieto del terrible Barbarroja.
(Pasa a la Pál. 8)

téticos, y ]os descubrimientos de la
biología en el campo de la función clorofílica y de la fitozoología marina
pueden aportar para aliviar la amenazante escasez de alimentos. Asimismo,
como muchos de los problemas de proFAIRFIELD OSBORN: Los límites de ducción trascienden lo puramente técla tierra. Fondo de Cultura Econó- nico y económico, el autor cuida de
mica. - México, 1956.
destacar, a lo largo de todo el libro,
El avance efectuado desde el siglo la r e1ativa importancia de los factores
X1X hasta nuestros días en casi todos sociológico y político.:
los campos de la ciencia y Ja técnica
Presta unidad a la' obra la atención
no ha sido proporcional en todos sus del autor de hacer que cada uno de
aspectos. Desde luego, la industria ha . los estudios parciales concurra a desadelantado mucho más que la agricul• tacar la urgente necesidad de detertura ; la técnica de producir riqueza minar consciente y racionalmente el
ha avanzarlo con mayor rapidez que YOlumen y la calidad del género hula ciencia de la mejor y más justa dis- mano. Esta urgencia se origina en que
tribución de la misma; la medicina y hoy, como en ]a Antigüedad, el hamla higiene han determinado un creci- bre, que es fruto del crecimiento examiento tan brusco y acelerado de Ja gerado de Ja población - en relación
con al capacidad de sustentación de
la tierra- , amenaza la existencia de
la civilización.

lLIIIBlflOS

LC)S

.,··:

1-JAI ITE.S DE
L1\ T ERRA
P. OsbDtn

11
población, que en numerosos países el
problema de cómo alimentar a esa
creciente humanidad ha hecho crisis.
Como en esas naciones vive la mayoria de los habitantes del planeta, la
presión cada vez mayor que una población en aumento ejerce sobre una
cantidad ele alimentos que no se acrecienta con la misma celeridad, es hoy
día, el problema sociológico, económico y político universal por excelencia.
La tierra de cuyos Jímitcs se ocupa
el libro de Fairfield Osborn es, ante
todo, el suelo productivo. Gran parle
de la obra se dedica a examinar las
posibilidades agrícolas y ganaderas de
las regiones que producen o pueden
producir alimentos. El resultado del
análisis es un tanto desalentador. Vemos que la mayoría de las grandes potencias agricolas tradicionales han alcanzado casi el límite de sus posibilidades 0 1 lo que es más grave todavia,
observamos que algu·n as de ellas, como ]a Argentina y Australia, acuciadas
por el deseo de autosuficiencia o seducidas por el brillo de los grandes
países industriales, han propendido de
un tiempo a esta parte a abandonar su
papel de creadoras de riqueza agrícola
y ganadera en beneficio de una industrialización mal orientada. Por otra
parte, los grandes espacios de tierras
tropicales que actualmente apenas se
aprovechan, principalmente los de
Africa y América, no ofrecen, cuando
se estiman científicamente, un alivio
considerable a las presiones de población p-1ás agudas, a saber, las de Europa y Asia.
Pero no es el suelo la única fuente
de riqueza examinada. Secciones del
libro se dedican a ponderar lo que el
mar, desde las técnicas modernas de
captura, preparación y transformación, ofrece para la subsistencia del
hombre. Considera también lo que la
química moderna de los productos sin-

RALPH LINTON: Estudio del hombre.
3a. Ed. - Fondo de Cultura Económica. - México, 1956.
Este estudio del doctor Ralph Linton
constituye una de esas raras exposiciones en que confluyen una formación académica, una vastísima experiencia y una intención didáctica. Por
ello, el resultado es una obra clásica
que ha sido a1abada por todos, aun
por aquellos que, a diferencia del autor, creen que la antropología debe
desarrollarse partiendo de .una ley general o de un supuesto que englobe
todos los fenómenos culturales y sus
relaciones.
El libro, del cual se edita ya una
tercera edición, se inicia con el examen de los conceptos fundamentales de la antropología; raza, cultura
y sociedad; y de alli aborda el de sus
relaciones y entrecruzamientos; cómo
funciona la mentalidad humana, cuáles son los elementos característicos
de la sociedad, cuáles los más simples
componentes de la cultura, qué formas
asume el matrimonio, la familia y los
sistemas sociales, etc.

ESTUDIO

H02v!BRE

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, socieda•
des de di versa índole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro men•
suario ·'ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sec•
ción -LIBROS- , en la que fignran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Bo1etin arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con Ja moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artistico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envios deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
México.

rmasy

I...L!:::=:l~TRA
Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registrado como artículo de 2a. Claae en la
Admón. de Correos de Monterrey, N. L, el
20 de Ab,il de 1944.

INDICADOR,

A cada momento se encontrarán
ejemplos que hacen patente cómo la
"naturaleza humanau obra en formas
paralelas, por diferentes que puedan
ser las razas, por distintos que sean
los adelantos culturales de que dispongan y por diversos que puedan sel' sus
medios geográficos respectivos. Y es
que la preocupación central del autor,
por encima de tendencia, de escuelas
y de premisas particulares sobre lo
que deba ser el contenido de la ciencia antropológica, se dirige fundamentalmente al hombre mismo, dondequiera que se encuentre y cualquiera
que sea su medio cultural.

Colaboradores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuente
Francisco M. Zerluche
Genaro Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A. Garza
Alfonso Rangel Guerra
Guillermo Cerda G.
Jorge Rangel Guerra
Manuel Morales

Director
Lic. Fidencio de la Fuente

Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monlerrey, Nuevo León

MEXICO

Página 7

�LOS HOHENSTAUFEN
(Sigue de la Pág. 7)
Había heredado el reino de Sicilia
en 1198 cuando apenas contaba cuatro años. Había nacido en Apuglia y
había sido educado en esta corte semioriental semi-normanda, así que concibió una visión musulmana del cristianismo y una visión cristiana del
islamismo y l1egó a la conclusión de
que todas las religiones eran impostu!'~- Fué un filósofo escéptico muchos
· siglos antes de Voltaire y hasta se le
·. atribuyó un libro "De tribus impostoribus" en que trataba de demostrar
que Moises, Jesús y Mahoma habían

sido unos charlatanes.
Pronto se vió en conflicto con su
tutor Inocencia quien exigió que suprimiera a los herejes con mano de

rebeldía a Roma y su inclinación acentuada a todo Jo oriental.
Roma era para todos los alemanes
la gran enemiga desde los tiempos del
César y no toleraban que ésta les impusiera nuevamente sus cadenas.
Inocencio III murió decepcionado
de su pupilo el año de 1216, pero Honorio II fué más afortunado en la contienda con el joven Emperador y Gregorio IX su sucesor en 1227, le excomulgó y publicó un edicto señalando
su mala conducta, sus vicios y herejías. Federico respondió al Papa de
una manera diabólica haciendo un llamado a todos los príncipes de Europa
a sublevarse contra él. Sin embargo,
en un intento de reconciliación con la
cabeza de la Iglesia, marchó a ]a sexta
Cruzada en 1228 que no obstante resuJ-

El viejo Imperio Romano Cermánico.

hierro, exigió que renunciara a su reino en Sicilia y al sur de Italia y eximirse de toda clase de tributos al clero alemán. Federico II accedió sin intención de cumplir lo cometido al ver
que el Papa babia obligado al Rey de
Francia a hacer ]a guerra a sus propios súbditos en sus campañas contra
los herejes waldenses. Quería que el
Hohenstaufen hiciera lo mismo en Alemania. Pero Federico que era más hereje que aquellos desdichados pietistas no hizo ningún caso y aún fué remiso en tomar las armas para marchar
a la Cruzada a Jerusalén y aún habiendo ya asegurado la corona del
Imperio, se negó a abandonar sus posesiones en Sicilia, su patria natal.
Federico se dice que era más italiano
que alemán y prefería aquel lugar donde babia crecido y le gustaba como
lugar de residencia más que la nórdica y revoltosa Alemania. Sin embargo
mostraba su espíritu germánico por su

Página 8

tó una farsa porque Federico hizo un
tratado con el Sultán de Egipto quien
le cedió la Soberanía de Jerusalen. Como ningún clérigo quiso coronarle Rey
de Jerusalén, este astuto soberano tomó la corona del altar y se coronó a
sí mismo. (Más tarde Napoleón hará
lo mismo en Aix la Chapelle). Después
nuevos conflictos con el Papado pusieron fin a su vida que sin embargo
no había sido infecunda.
En su corte se reunían filósofos judíos, árabes y cristianos e hizo cuanto
pudo en introducir la influencia oríental en la cultura italiana.
Entre los sabíos de su corte se contaba Miguel Scotto quien tradujo a
Aristóteles y a Averroes de Córdoba e
introdujo en el estudiantado cristiano
los números arábigos y el Algebra. En
1224, fundó la Universidad de Nápoles y enriqueció la escuela de medicina de la Universidad de Salerno.

Aunque en Alemania reinó bajo su
imperio la desunión y el desorden, no
obstante hubo estados que alcanzaron
un gran adelanto cultural. Hermann
de \Yettingen Landgrave de Thuringia
protegió a los l\iinnensinger o Cantores épicos que se reunían a celebrar sus certámenes en el Castillo de
\Vartburg cerca de Eisenach, a impulso del mismo Federico. Así surgieron
un Godofrcdo de Estrasburgo cantor
del romance de Tristan e !solda, de
un ·wolfram von Eschcnbach quien
cantó a Parsifal y Kurenberger quien
entonó el Canto de los Nibelungos.
A la muerte de Federico II en 1250
corrió la voz &lt;.le que era el Anticristo
y que retornaría con un gran ejército
a unificar Alemania y a derrotar al
Papa.
Hasta la leyenda de su abuelo Barbarroja le fue atribuida a él.
La leyenda cuenta que Federico 11
&lt;'ayó prisionero del Sultán de Turquía
y éste le ofreció Ja libertad a condición de que le consiguiera cuatro piedras preciosas que aseguraban a su poseedor, la invisibilidad, la agilidad y
la inmortalidad .
Estas piedras están en poder de
unos Efrits o genios con las que éstos
se entretienen en jugar. Federico 11
consigue engañar a los demonios poseedores de las joyas y apoderarse de
la primera con la que se burla de éllos
y los pone en fuga con su espada sarracena Al Rosub, (Tajo profundo).
Teniendo en su poder las cuatro joyas, Federico retorna a Alemania donde circula la noticia de su muerte.
Desde entonces, Federico vive invisible en infinidad de lugares y anda
errante por su Imperio.
Se dice que en Kaiserlautern donde
l.iabía vivido mucho tiempo, se respetaba el lecho donde había reposado en
vida y su regia alcoba era objeto de
religiosos cuidados; pues bien, a pesar de c¡ue su Jecho estaba arreglado
todas las noches, lo encontraban en
desorden al día siguiente como si alguien lo hubiera ocupado. Este admirable emperador fué Hamado HStupor
mundi", pues adelantándose a su época supo despertar el asombro de su
siglo por su audacia y su fiereza.
A su muerte exclamó el Papa: "Que
los cielos se regocijen, que la tierra
disfrute porque el nombre, la simiente y el linaje del rey de Babilonia han
sido borrados."
Federico engendró trece hijos legítimos o naturales. De sus cinco hijas
naturales solo conocemos el nombre
de una: Selvaggia, que se casó con el
brutal Ezzelino da Romano.
Conocemos el nombre de cinco de
sus hijos. Enrique, hijo de Isabel de
Inglaterra, muerto a los quince años.
Enrique, hijo de la princesa de Aragón que traicionó al Imperio y se suicidó. Cantaba en su prisión polvorienta todas las mañanas pero sollozaba
todas las noches. Se arrojó al mar desde los muros de su presidio. El tercer
hijo, Conrado, rey de Roma, murió de
peste a los veinticinco años aunque algunos sugieren que fué envenepado.
Este Conrado llamado el IV y obligado
por la anarquía y la traición decía:
"El Imperio se agosta como una flor
y pronto será tragado por el olvido y
por la muerte". Murió finalmente en
1254 dejando un hijo Conradino o
Conrado el joven que babia de ser el
último de los Hohenstaufen. El cuarto fué Manfredo, el hijo de Blanca Lancia cantado por todos los poetas alemanes especialmente por R.icardo Wagner. El Rey Manfredo, el hijo
genial y predilecto de Federico II, fué
vencido en Benevento en 1266 por el
usurpador de su reino, Carlos de Anjou que había sido llamado y armado
por el Papa, perqiendo no solo la batalla sino también la vida.
Manfredo también había preferido
la música y las canciones al Imperio.

Todos los Hohenstaufen cantaron. Su
cadáver fué hallado entre los cuerpos
mutilados de sus perseguidores. Fué
reconocido por su larga cabellera y su
piel blanca como la nieve. 'Bianco e
bello" lo describe Dante, en su Purgatorio mostrando sonriente su herida y
quejándose de la venganza del Papa,
que lo había odiado hasta en su tumba
bajo el puente de Benevento.
Manfredo dejó dos hijos tan bellos
como él que murieron en los calabozos de Carlos de Anjou, déspués de
permanecer encadenados treinta años.
El quinto hijo de Federico fué Enzio, muerto en la prisión a manos de
los boloneses encarnizados enemigos
de su padre.
Federico había ofrecido por su rescate Huna cadena de plata que circundaría la ciudad de Bolonia", y les advirtió de las mudanzas del destino, pero los bolonescs no libertaron al hijo
del Emperador.
"Lo guardaremos y lo seguiremos
guardando" -contestaron- "pues a
menudo un cachorro de perro, ha
mantenido a raya a un jabalí".
Enzio vivió dos años más que su sobrino el joven Conradino. Bello y lleno
de gracia, encontró una mujer que lo
amase. La hija de Niccoló Ruffo, el
Conde gibelino, compartió su jergón.
Una noche de carnaval cuando sus
guardianes ~e divertían por las calles,
ella se le entregó. Tres días después
murió él, y ella se ausentó de ]a ciudad. Dió a luz a su hijo en Bérgamo.
El Papa Clemente IV supo lo del hijo de Enzio y dijo compasivamente a
quienes mal Je aconsejaban: "En el
nombre de la Gracia y la Caridad cristianas no Jo recordemos".
::Margarita, hija legítima de Federico
y desposada con el disoluto y perverso :Margrave A]berto de Meissen, falleció en 1270 en el refugio que le habían ofrecido los fieles ciudadanos de
Frankfurt, después de librarse de las
acechanzas de su ma]vado esposo.
El nieto de Federico II, hijo de Conrado IV, llamado Conradino por los
italianos, poeta como su abuelo y su
bisabuela, cantó a su patria, la Suabia,
la graciosa canción de amor: "Gozo
de las flores rojas que ~layo ha traído .... " Pasó los Alpes con un reducido ejército acompañado de su amigo
leal el Duque Federico de Austria, de
la casa de Babenberg, para recobrar
su patrimonio y arrojar al usurpador.
Venció al principio pero la vil traición
de un Frangipani, cuya casa habían
colmado los Hobenstaufen de beneficios, lo entregó en las garras de su enemigo Carlos de Anjou, quien el 29 de
Octubre de 1268, mandó decapitarle
en la plaza de Nápoles. "¡Oh madre,
cuanto dolor te causo!' 1 exclamó el infeliz antes de recibir el golpe mortal.
Ese es el último canto, el sangriento
epilogo de una dinastía. Desde el fondo de los siglos la brillante personalidad del Emperador Federico II con
sus vicios y sus virtudes habrá. respondido ciertamente al epíteto de 11 Stupor
l\Iundi". Con él comienza la lucha encarnizada por sostener un Imperio y
el esfuerzo titánico para mantenerlo en
pie. Sin embargo no pudo evitar la
caída de su casa y la trágica muerte
de los suyos porque el Destino es el
más fuerte y terrible de los combatientes y quien logra vencerlo debe ser
un semi-dios.
Con los Hohenstaufen termina la fa.
mosa "guerra de las investiduras", y
los conflictos entre el Imperio y el Papado parecen tener feliz término, pero
resurgen en tiempos de Carlos V y más
tarde en la época de Napoleón Bonaparte. Federico II fué un gran soberano, pero también el mayor cínico
de la Historia. Los Hobenstaufen desaparecieron de la tierra y solo viven
en el recuerdo de los pueblos que gobernaron y como testimonio de su gloria, aún ¡meda en pie el Kyffhaeus~r .....

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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE 1A UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como artículo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

No. 3

Marzo de 1956

Angelina, de Rafael IJ elgado .~;~
INTRODUCCION. Rafael Delgado nació el año de 1853, en
Córdoba, Veracrui. Hizo sus estudios en la misma Ciudad na•
tal y en Orizaba, más tarde en la Capital. Murió en Orizaba, el
año de 1914. Recibió educación religiosa, en un medio ambiente de provincia, cuya estrechez hubiera bastado para ahogar a
cualquier otro talento menos profundo que el suyo.
Sus novelas: "La Calandria" (1891);
"Angelina" (1895); "Los Parientes Ricos" (1903) e "Historia Vulgar" (1904)
pertenecen a la pluma de un autor ya
maduro que produjo entre los 38 y los
50 años de edad.
Su obra es resumen no sólo de una
gran experiencia y de una meditada erudición, sino asimismo de toda
una época literaria, en la cual el romanticismo cedía ante el realismo de
Flaubert.
TEMA
En esta novela Delgado se propone
realizar dos grandes tareas. Primero,
presentar el análisis irónico de un medio ambíente sofocante: el de la hermosa ciudad provinciana Villaverde,
digno de la pluma de un Tchéjov.
Es muy parecida también, pero más
emotiva que la "Diminuta Ciudad de
Okúrov", de Máximo Gorki. La serena
emotividad del autor de "Angelina"

capta al lector a lo largo de las 425
páginas.
La otra de estas tareas consiste en
revivir un primer gran amor; el amor
romántico y puro de un estudiante,
Rodolfo, que vuelve de la Capital ¡¡ sus
modestísimos lares y encuentra allí a
una tímida, muy bella y casta huérfana, Angelina. Ese cariño, dice el autor, "era una eterna aspiración al cielo:'.

Por el tono melancólico de la narración, el lector prevé que Angelina
está destinada al sacrificio. Los amantes se separan, al fin. El vivir:i una
vida de soltero egoísta. Y ella, consagrando su alma abnegada a los desheredados, se baila en algún país lejano.
A propósito de eso, dice el autor en su
penúltimo capitulo:

' vino a profesar en Méxi-Angelina
co dos años después. Y cuando las
hermanas (del convento) fueron expulsadas, se marchó a París, de donde la
mandaron a Cochinchina.
EL Al!BIENTE
Es aquel un medio social muy estrecho, en una ciudad de 8,000 habitan-

I

tes que se llama Villaverde. Alli viven,
penosamente, de la agricultura, en extremo primitiva, muchos hogares que
a la vez se dedican a la industria casera, como lo hacían sus ancestros. La
acción de la novela nos sugiere, a manera de data probable, el año de 1870.

Ni Orizaba (Yillaverde) ni Jalapa
(Pluviosilla), conocian todavía el ferrocarril. "La diligencia iba que vo..
laba" ... esas son las primeras palabras
de la novela, lo cual marca a grandes
rasgos el atraso de los transportes de
aquella época.
VILLAVERDE
Nadie busca alli, ni lo desea tampoco, el progreso. Los intereses cotidianos son mezquinos; la existencia, sin
horizontes. Los vecinos saben todo lo
que pasa en las casas ajenas. Se de-

leitan calumniando y ( maldiciendo 1'D . na
esta ciudad, dónde ''i\144¡¡y¡r~¡son las
solteras". Entre ellas se etlcueDlraÍl
las dos ancianas tías de Rodolfo, que
se sostienen de flores artificiales, tan
indispensables en los altares y. las capillas durante las fiestas religiosas. En
s~mejante hogar la religión no pasaba
de ser un fetiche, y la devoción "rutinaría". Se comprende fácilmente que
era a estas buenas ancianas a quienes
Rodolfo debía su "tan dolorída juventud". A tal grado que, sin esta lamentable moclieria en su hogar, Delgado
habría llegado a ser ciertamente el
Dickens de la América Latina.
EL ESTILO
El estilo es narrativo. No es Angelina una novela de conflictos dinámicos. Pertenece más bien al género de
las novelas autobíográficas. El tono
sentimental, al par que el ritmo lánguido, acusan reminicencias de lecturas como "María" de Jorge Isaac, de
las "Memorias de Ultratumba", de
Chateaubriand, o del Werther. Pero
felizmente, la lectura de las obras realistas españolas y la ironía d.e Cervantes, de un Galdós y los autores del Siglo de Oro, con su costumbrismo pintoresco, vienen a reflejarse, también,
en Angelina. El estilo de narración y
las descripciones de la naturaleza, cobran una sobríedad y una elegancia
muy naturales. Tanto es así, que el
autor no cae nunca en descripciones
mezquinas y fatigosas, como lo hacen
Dickens y Walter Scott, defectos, éstos, que obligan muy a menudo al lector a saltar de diez en diez páginas,
buscando, impaciente, la trama del tema, su evolución. La emoción, que es
muy fina y sincera, cautiva al lector1
mostrando una enorme atención. Pues
el instinto innato del equilibrio le impide a cada paso sobrecargar las páginas de detalles engorrosos. Cierto,
encontramos a veces lágrimas, azuce.
nas y ''palideces marmóreas", pero todo eso en medida tolerable.
El autor está dotado de una extrema musicalidad y de un gran afecto
al ritmo de su narración. A ratos, ese
su ritmo es tan lento que se pone a
describir el desolador estancamiento
de aquel cuadro general donde se desenvuelve su amor, que él 'en persona
cree platónico. Todo am¡ncia el lamentable desenlace de un tierno idilio en semejante ambiente. Pero aquella separación, al parecer tan insensata, de los amantes, parece sin embargo, muy lógica, dado el anhelo, no

�coníesado, de Rodolfo, ·de ir en busca
de una profesión liberal respetada.
LOS PERSOXAJES

.4XGELIXA
De los dos amantes, la figura de
mayor valor es la de Angelina, por
más serena. Su naturaleza misma la
ha dotado de fuerza en un alma amorosa y profunda. Es una huérfana educada por el padre Herrera y confiada
a las dos ancianas, modestamente compensadas por el pobre cura. Las dos
tias de Rodolfo, Pepa y la paralítica
Carmen habrán de rematar la educación cristiana de la joven. Pues las
santas ancianas descubren en ella "una
hermana de la caridad". En los albores de su primavera, aquella preciosa
criatura pasa horas enteras en la recámara de la paralitica, llevando aquel
semi-cadáver colgado ele las espaldas.
Y esa escena, que enternece al autor,
acaba por ,rebelar al lector moderno.
Cuando Angelina adivina Ja naciente
pasión por Rodolfo y la de Rodolfo
por la bella y rubia Graciela, hija del
rico hace~dado Fernández, sin titubear decide no desbaratar su porvenir,
pues ese nuevo amor brinda al joven
fortuna y gioria.

RODOLFO
Roelolfo es el más apocado de los
dos protagonistas. En fuerza de reflexionar, lánguido y meditabundo,
eva.de la pasión que pudiera proporcionarle la felicidad. Al escribir Angelina, cuando cumple cuarenta años,
vemos al autor lamentar amargamente
su error al no aceptar el amor de su
Angelina. Rodolfo, huérfano y educado también por las devotas del pasado,
se siente privado de toda iniciativa,
pero. sobre todo de audacia ante los
conflictos de la vida. S-e escapa hacia
la belleza de la naturaleza, que el adora como buen panteísta. Los árboles,
los bosques, los riachuelos y las montañas, cuyo lenguaje le deleita, lo consuelan. En medio de sus desviaciones,
nos confiesa el autor, al margen de su
novela: "las enervantes melancolías
han sido nota sombría de mi carácter
soñador Y lánguido, tan dado al fantaseo, al delirio vago y a la meditación
sin objeto ... " Para un lector de hoy
día, su opresión en cuanto a su vida
física se explica fácilmente por la
ideología falseada de los conceptos de
sublimidad y de castidad; la vida ascética debía por fuerza mutilar a Rodollo; debia frenar en él aquel ardor
de los instintos sanos y libres. Abandonando a la bella Angelina a los
quehaceres de la casa, el enamorado
corrió hacia la plazuela de la Alameda
y a la sombra de un naranjo se embriagó de los amores malogrados de
ATALA, de René, y de Graciela. Se
aprendía de memoria ]as c0mposicio-

Entre otros personajes secundarios,
admirablemente pintados, están el boticario, Don Procopio ;\-Ieconio, jugador desenfrenado. En las tertulias que
hacia en su botica se reunian los mozalbetes n1ás guapos, al par que los
más ,•iejos y más parlachines de la
"bu dística ciudad". En allí vemos a
toda la flor y nata ele Villaverde. De
todo aquel vaivén sobresalían por encima de todo las discusiones entre dos
fogosos políticos, que eran un tal Vegas y Jacinto Ocaña. El primero era
un espíritu fuerte, liberal, republicano,
que veía con encono el "ensayo imperial." En cambio Jacinto Oacaña era
monarquista ' 1hasta la médula de los
huesos". El retrato más vigoroso en
ese plano es el del abogado Castro Pérez, a quien apodaban "el peritísimo
en jpris:prudencia," aunque en todo lo
demás era un simple "ignorante de
torno y lomo," amén de reaccionario,
gruñón y desconfiado.

nes soñadoras de )ilille, el Lago, el Crucifijo, Las Estrellas y otras. A Yeces
escribía versos, pero su poesía horaciana resultaba mitológica.
Y todo aquello era natural, pues las
pasiones falseadas por las ideas platónicas, no menos que por la educación
estética del "pomposísimo Cicerón",
su maestro de latín, el padre Román,
hicieron que Delgado no alcanzara a
ser un nuevo Zorri1la, a quien admiraba con gran razón. Da lástima ver que
con una falsa educación hubieran mutilado a los dos amantes.

Sin embargo, platónico y todo como
Rodolfo mismo se imaginaba, acabó un
día por componer un feliz soneto, poniendo "sobre los cuernos de la luna
a su dulce Angelina", 11amándola "FJérida" en sus versos.
Entre los personajes secundarios,
hay algunos de gran relieve, los unos
sublimizados, como Andrés y el Padre
Herrera; los otros caricaturizados, como el 'Pomposísimo Cicerón". Don
Román, su maestro, es una de las fiiuras sobresalientes. Excelente latinista, le enseñó a leer a Tácito y a Terencio. Admirador de la lengua, tan pomposa de Cicerón, adquirió, sin saberlo, muy bue1los hábitos, amén de una
seria y concisa técllic8. literaria, en el
futuro novelista. En lo que hacia a
disciplina escolar, Don Román pertenecia, en verdad, a su siglo. Dice a
ese respecto el autor:

/

-Verdugo diligente e implacable se
halla siempre dispuesto a vengar, en
las manos infantiles, el menor desmán
o cualquier osadía contra los poetas
del siglo del Augusto. Enseñaba gramática latina en el Nebrija (5. XV).
También Don Román se sentía, a veces, poeta. Admiraba la fecunda vega
del Pedregoso que tanto embellecía a
Villaverde, cantándola "en exámetros
latinos y en liras arcaicas".
A decir yerdad a este tan magisterial latinista debe Rafael Delgado todo
lo que ele positivo tiene su obra. La
lectura forzada de los clásicos de la
antigüedad equilibraron a tal grado
su romanticismo lamartiniano que incluso el lector de hoy-día, de suyo
nervioso, y de gustos realistas lee su
obra y goza de sus perennes cualidades. ¡Enorme fortuna la de Delgado
el encontrar en la "inmovilidad budistica" de Vi1Javerde un diestro de buen
gusto que admiraba a los poetas agustinos. Porque a esta sólida educación
clásica debe Rafael Delgado la elegante belleza de su estilo.
Después de Angelina y Rodolfo debemos poner entre los personajes principales a la bella ciudad-dormida ele
Villaverde. Esta urbe se ha glorificado con su "viejo blasón y su heráldica presea." Allí el famoso lema de la-

tín se ha repetido millones de veces
por los entusiastas viJJaverdinos. Y por
esa gloria de su histórico pasado, los
extranjeros visitan gozosos la diminuta ciudad. Quizás se deba eso más
bien a las lindezas que ele semejante
mote se han dicho el que los villaverdinos hacen "alarde de recibir siempre bién al extraño". "No carecen de
virtudes, ni son tampoco localistas,
pues andan a menudo en busca de los
hijos de ciudades vecinas y los agasajan. Son estoicos como buenos filósofos; pocas veces alaban y ponderan
las cosas que pasan en su propia tierra, antes por el contrario las apocan
y menosprecian". Esta pequeña gente
tiene, en verdad, las cualidades inocentes del niño. Y hasta fingen, acentuando 1a nota burlona, que nada de
lo que ocurre en oiras partes les sorprende. A veces, sin embargo, se mues-

tran tan orgul1osos de sus cosas, que
para ellos no hay otras como las suyas
y que tampoco las quieren distintas,
porque creen que no les hay mejores".
LOS PERSONAJES DE LAS TERTULIAS DE VILLA VERDE
Son dos sus hombres ilustres y los
villaverdinos traen a cuento sus nombres en toda ocasión, ya venga o no
al caso. El uno, Pancracio de la Vega,
fue un general victorioso en no se sabe qué batallas, que "en fuerza de alabanzas y elogios en demasía se vio encumbrado por media docena de villaverdinos." Pero pronto cayó de ese
pedestal, viniendo a parar en un misero ranchero que "cuidaba unas cuantas vacas tísicas y estériles". Al morir este general, ·e1 maestro Don Román dijo en su memoria la oración
fúnebre y le 1lamó "ilustre". Así terminó Pancracio de la Vega. Y por su
parte, los villaverdirws, que eran muy
amantes de los epígrafes dieron su
nombre a todos los establecimientos
p~blicos, desde escuelas, teatros, hospitales y paseos, hasta calles y panaderías. Además, se dice, fue gran político Y mecenas de todos los poetas
villaverdinos.
La otra gloria de Villaverde fue un
bu~n clérigo, austero, sencillo y trab~Ja.dor; gran teólogo que 11egó a cano01go angelopolitano, después a obispo, un honor a que nunca habían aspirado los villaverdinos.
Esta gloria, "el Ilmo. y Reverendísimo Señor Don Pablo Ortiz y Santa
Cruz, obisp_o inpartibus de :\lalvarfa"
fue el orgullo de la comarca entera.

vivir y hablar junto con el autor. Su
paisaje no imita en nada al de Atarla
de Jorge Iaac, ni los cuadros pastoriles de Rousseau en Eloisa. En México,
el panorama cambia, con sus pedrega~
les, sus verdes bosques, sus riachuelos
y sus lluvias pasajeras. Nada en fin,
falta en esta pintura de la Ciudad, de
su gente, de su cielo y de sus montaiias.
Aunque sacrificando muchos deta11es para dar lo más importante, la sencilla estructura de esta novela resulta
muy pura r clara en sus grandes lineamientos.
LAS IDEAS Y LOS SENTIMIENTOS
Se diría que el autor evita a veces
razonar, no duda ni encuentra solucio-

,·irtudes del cristiano, fuente de alegria en todas partes, aqui en Villaverde, aunque espontáneas, tienen algo
que en ocasiones causa disgusto y repugnancia."

no 1893) vivo la vida prosaica de
quien no fía en humanos afectos, de
quien llama las cosas por sus nombres;
de quien sólo gusta de la poesía en
teatros y academias".

No obstante, sus ideas son lamentablemente apolíticas y antisociales, dada su egoísta educación de pequeño
burgués provinciano, capa social de su
época. Rara vez se rebela contra la
miseria o la estrechez injusta y hasta
humillante de su propia existencia.
Socialmente, la clase media, como en
todos los paises del mundo, fue allí
por fuerza temerosa, inerte, pasiva.
Hay que recordar que los hombres que
dirigieron las grandes rebeliones d-e
las masas en l\Iéxico, salieron en su
mayoria del campo o de la capa postergada sacerdotal muy allegada al
pueblo. Tales hombres cuya característica es el si1encioso heroismo son

Con todo, Delgado se niega a seguir
a "los grandes ingenios de la rmnántica legión." El posee una clara idea
de lo que es su propia inutilidad socialmente hablando, y exclama:

Rodolfo acierta a entrar al bufete
del abogado, con la mira de ganar alli
el pan de los suyos. Castro Pérez, vanidoso y amante de pasar por un sabio, le dictaba, yendo y viniendo,
larguísimos alegatos, en un estilo pesado, difuso, amedrado de latines y
cotas de las Partidas, lleno de primores y maravillas de la jerga jurídica".
En fin, una especie de retrato a la
Flaubert.
Hemos omitido el análisis y las características de Graciela y del padre,
riquísimo hacendado, porque nos parecieron sumamente falseados debido
a la ceguera social de Delgado. Que un
hacendado se muestre afable, generoso
y abnegado en el seno de su familia,
eso puede ser. Pero no es creíble que
un enriquecido de ese género sea afable con sus peones cuando constantemente acumula riquezas mil. Nos resulta, pues, un autor talentoso y culto,
pero sin ninguna curiosidad por la vida social de su país y sin ningún interés por la entraña económica. Una
obra tan maravillosamente literaria resulta, así, casi inválida. Es lamentable
ver esa falta de interés por el heróico
y rápido progreso que tanto se ha notado después en toda la República, no
menos que en la misma Villaverde y
la Pluviosilla.

"Se me ha cerrado el mundo y me
veo en él sin dinero, sin esperanza.
Me dieron ganas de morir; sentí la gra•
ta inclinación al suicidio; esta es la
nota trágica de mi carácter, de este
carácter mio, llevadero, resignado, benévolo y complaciente."
No se daba cuenta Rafael Delgado
que asi somos todos los intelectuales
de la clase media, en momentos en que
los jurisperitos Castro Pérez, nuestros
patrones, nos echan súbitamente a la
calle, sin pan ni maravedis. No sabe
tampoco que sólo esas que él llamaba
"agitadas y turbulentas generaciones
nuevas" saben luchar, resistir optimistas, frente a la desocupación y el hambre o la angustia, qe los fatuos v los
opulentos nos imponen. De esa iucha
incansable de los desheredados y los
despojados, contra los cínicos encumbrados, que de un día al otro nos condenan al hambre y a humillaciones
mil.

LA ESTRUCTURA

Rara vez, en esa novela, se refleja
la Revolución siempre en marcha. Cómo surge en México esta especie de
ceguera? De la tremenda posición so.
cía! que Delgado ha elegido, de su aislamiento y de su evasión ante el peligro de inmolarse en pro de las geneciones venideras. El prefiere cerrar los
ojos frente al trágico luchador y su
suerte. Su actitud y su conciencia lúcida le llena de incurable melancolía.

Es mur sencilla, sin complicaciones
ni vuelos de fantasía; sin conflictos
irresolubles. En verdad, Delgado es un
narrador enemigo de lo espontáneo.
La sencillez de su construcción, sin
embargo, es, como dicen los franceses,
"d'une facilité tres lravaillée". Todo
es allí meditado, en extremo mesurado. Todo es conciso. Aun las bellisimas descripciones de la naturaleza;
como su constante ironía y sus burlas
en charlas y acciones entre vil1averdinos, todo y cada cosa se halla en su
lugar.
La novela se desenvuelve en lineas
paralelas y entrecortadas por un número, se diría, de líneas horizontales
e iguales. Queremos decir con eso que
con una enorme atención nos demuestra Delgado, desde la primera página
hasta la última, la evolución de sus
dos protagonistas, no menos que fatal
evolución del decaimiento de sus ancianas tías; y la pobreza cada día más
acentuada de aquella gente de Villaverde. La muerte, en fin, del amor de
los dos amantes. La novela es un cementerio.
Pero esta marcha lenta de todos los
elementos de su novela no fatiga al
lector, porque se halla entrecortada
por las potentes fuerzas emotivas de
una espléndida naturaleza que parece

-"Ay de mi que malgasté en vanas
imaginaciones las energías de mi alma,
y despilfarré los más nobles sentimientos; casé mi fantasía; dejando en los
zarzales del camino pedazos del cora.
zón". Pero la agitación y la turbulencia en esas nuevas generaciones "tristemente precoces y nunca saciadas de
los placeres" no le agrada lampo al escéptico y fastidiado novelista. Al igual
que toda su capa social, que desclasada en este siglo de transición histórica marchaba a pasos de gigante hacia el progreso capitalista, hacia la
cultura moderna, tecnológica y mecanizada, Rafael Delgado, sintiéndose socialmente inútil y plegado bajo el peso de su incurable melancolía, se siente desde sus cuarenta, miembro desgastado de la tan batalladora humanidad. Y cuando, además, se queda sin
trabajo, el frio del penoso aislamiento
lo desola, lo desanima verse semi-hambriento.

nes. Su forma narrativa no se detiene
a sintetizar las emociones y los sentimientos. Tampoco moraliza. El es un
pintor. Sin embargo, en repetidas ocasiones se le escapa una indignación o
algún pensamiento ante la mezquindad
de las gentes, ante lo envejecido y lo
retrógrada. Se le siente católico, pero
de modo tradicional; practica la religión como quien guarda un rito por
mera rutina. Se da cuenta de la insuficiencia de la religión reducida a fetiche, mezquinamente, sin ese misticismo de pecador que llena las paredes
de sangre, como lo hacia en sus últimos años un Calderón, sujetas las disciplinas rudas a su cuerpo de asceta.
Dice en alguna parte Delgado: "La
abnegación y la caridad, esas grandes

salidos de las masas populares, que
estoicamente cayeron bajo las balas
del enemigo. No obstante, todo eso
queda fuera del horizonte visual del
autor de "Angelina". Y de al1í que
aislado, alejado de las generaciones
activas de la gran época histórica en
que él vivió; en un México que marchaba en pleno hacia un progreso más
pujante a la caida del siglo XX, Delgado se deja caer en el escepticismo y
la neurastenia de los individualistas.
Sos apagadas lamentaciones no nos
convencen, sino que acusan el gran
error de su vida, pacífica y resignada
frente a la miseria visible de su capa
social, privada de todo valor de batalla.
"Ahora -escribe Delgado- (en ple-

Página 2
Página 3

�I

Antología de Dn. Marcelino Menéndez yPelayo
TEMA DE LITERATURA GENERAL Y ESPAÑ'OLA
TEA'l;RO ESPAÑOL
Dividiremos la historia del Teatro
español en varias épocas: 1a. Orígenes
basta la época de Juan de la Encina
y Lucas Fernández; 2a. Traductores e
imitadores; 3a. Epoca de Lope de Rueda: 4a. Epoca de Juan de la Cueva;
5a. Lope de Vega y sus contemporáneos; 6a. Calderón y los suyos basta
mediados del siglo XVIII.

EPOCA la.
El Teatro español, como casi todos
los de la Europa moderna, nació en
los templos. Desde los tiempos más
antiguos, encontramos vestigios de esta costumbre.
El rey godo Sisebuto, según refiere
Mariana en su Historia general de España, depuso a un obispo de Barcelona, porque consentía ciertas representaciones gentílicas en su diócesis. Esto indica que se conservaban todavía
los espectáculos paganos en la España
goda.
Algunos han creido que San Isidoro
de Sevilla, con el objeto de desterrarles, compuso un diálogo titulado Conflictus vitiorum et virtum que se encuentra entre sus obras, pero no parece muy probable esta opinión.
Creyó el bibliotecario Nasarre, escritor muy erudito del pasado siglo, que
de los árabes procedían las representaciones teatrales, y llegó a decir que,
en la Biblioteca del Escorial, existían
manuscritos varios dramas arábigos.
Pero Casiri, al hacer el catálogo de
manuscritos de dicha Biblioteca, impugnó esta opinión, manifestando que
las referidas obras se reducían a diálogos sin acción dramática.
Conde, manifestó igualmente que no
había hallado entre los musulmanes indicio alguno de que fueran conocidas
las representaciones trágicas ni cómicas.
No influyeron, pues, los árabes para
la formación del teatro castellano, uno
de los más nacionales de la Europa
toda.
Las primeras obras representadas en
las catedrales y en los monasterios,
autos y dramas alegóricos, que versaban sobre asuntos religiosos o morales. El único que nos resta de este género es El misterio de los reyes Magos,
existe en la catedral de Toledo, Y publicado modernamente en España y
posteriormente en Leipzig por el profesor sueco Lidffers. Dicha- obra está
incompleta, pues deben fallarle muchos versos que constituirían quizás
la tercera parte del misterio.
Comprende sólo el viaje de los Reyes )fagos a J erusalem y su presentación a Herodes. Está en versos cortos
pareados y en , 1 ersos largos monoritmos como los del Poema del Cid.
La obra toda parece compuesta a
fines del siglo XI o principios del XIJ.
Su lenguaje indica mayor antiguedad
que el del poema citado. No carece de
movimiento dramático )' parece destinada a la repres~ntación.
Con el tiempo fuéronse introduciendo algunos abusos en dichos espectáculos, pues una Ley de Las Partidas,
prohibe a los sacerdotes hacer juegos
de escarnio, y les permite sólo representar misterios como los del Nacimiento, Pasión y ::Muerte de nuestro
Señor Jesucristo]
* A partir de este número, en este año, se
publicarán aquí fragmentos antológicos de
D. Marcellno Menéndez y Pelayo, como homenaje en sn centenario.
* * Este trabajo es uno de los primeros del
gran polígrafo español.

Página 4

+

perfií y entraña de Lope de Vega

**

El segundo documento escrito que
nos dá testimonio de los progresos del
drama español, es La Danza General
de la Muerte, a la cual vienen todos
estados de gentes: obra notabilisima y
sobre cuyo autor no están de acuerdo
los criticos. Creen algunos que dicha
obra pertenece al Rabby Dom Sem Tob
de Carrión, autor de los documentos
y consejos del rey D. Pedro que empiezan asi:

EIL CAUllDAIL
lDIR.AM\A líllCO

Señor rey, noble y muy alto,
Eséuchad este sermón
Que vos dice Dom Sem Tob
Judío de Carrión.
Pero otros, entre ellos D. Tomás Antonio Sánchez, en su colección de Poesías Castellanas anteriores al siglo XV,
y Moratin en sus Orígenes del Teatro
Espmíol sostienen que asi dicha obra
como la Doctrina Cristiana, La Visión
del Ermitaño, el Diálogo entre el alma
y el cuerpo y alguna otra composición,
no pertenecen al m~ncionado Rabbí.
En esta obra va Bamando la muerte,
a su Danza, personas de todos estados
y condiciones, como el Papa, el Cardenal, el Obispo, el deán, el monje, el
aJfaqui, el rabbi, el santero, el rey, el
emperador, etc. Toda la obra parece
compuesta en el siglo XV, por Jo adelantadas que en ellas se ven la versificación y la lengua castellana. ~ta en.
coplas o estancias de arte may.Ót\''co~ ...
mo las que empleó .Juan de Mená ~ "
su Laberinto.
Se sabe ¡:,or datos auténticos que, en
las coronaciones de algunos Reyes de
Aragón y Castilla se representaron dramas alegóricos, y el célebre D. Enrique de Villena compuso uno para ser
ejecutado en la coronación del Rey D.
Fernando de Antcquer{¡. Ninguno de
est.os dramas se ha conservado.
En los cancioneros generales se ven cubrimiento de América, y del estaalgunos diálogos, que presentan acción blecimiento de la Inquisición. Sus
y artificio dramático. Entre ellos hay obras se hallan reunidas en un Canuno bellisimo de Rodrigo de Cota, in- cionero de c1ue existen varias ediciotitulado Diálogo entre el Amor y un nes. Moratinm en sus Orígenes, inserViejo. Se encuentra en el Cancionero ta dos églogas de este poeta.
general, compilado por Hernando del
D. Juan Nicolás Bohl de Faber, en
Castillo, impreso en Valencia por Cris- su Teatro Esparlol anterior a Lope de
tóbal Kofman, año 1511, en folio.
Vega, reproduce seis composiciones
A este Rodrigo ele Cota, llamado el del mism9. Las más notables son la
viejo y el lío, para distinguirle de un Egloga de Fileno y Zambardo. La Farsobrino suyo que Bevaba el mismo, se sa de Plácida y Victoriano y el Aucto
atribuyen las coplas de Mingo Revulgo de Repelón, que es el primer entremés
y el primer acto de La Celestina.
de nuestro teatro.
Esta obra fué recibida con un aplauEn todas estas obritas se descubre
so increíble; repitiéronse las ediciones poco artificio dramático, pero facilien España, en Francia, en Alemania, dad y soltura en la versificación.
en Italia y en los Países Bajos. ConSiguieron sus hue11as, Lucas Fernántinuóse su argumento y aparecieron clez y el portugués Gil Vicente. El primuy pronto la segunda Celestina, la mero escribió seis composiciones draResurrección de Celestina, Ja Tragico- máticas; a unas dió el nombre de Farmedia de Lisandro y Roselia, La Co- sas, a otras el de Eglogas. Gil Vicente
media Se/vaje, La Eufrosina, La Sel- compuso algunas comedias en portuJ
vagia y otras muchas obras inferiorei guCs y otras en castellano, entre ellas,
a su modelo.
la de Amadis de Gau/a, la de Rubena,
Este consta de veintiún actos; el el Auto del Viudo ,, y el de San Martin.
primero, que forma la tercera parte
de al obra, fué compuesto por Cota,
EPOCA 2a.
y los veinte restantes por Fernando de
TRADUCTORES E IMITADORES
Rojas, bachiller en Leyes, natural de
]a Puebla de ~fontalbán, que invirtió BARTOLO;\IE DE TORRES NAHARRO
en ella quince días de vacaciones. La
primera edición se hizo en Medina del
~fuchos eruditos se dedicaron, en e1
Campo. el año 1499. Este obra, aun- siglo XVI (época del Renacimiento dt
que no representable, influyó mucho las letras clásicas), a traducir comeen ]os progresos del arle dramático.
dias y tragedias griegas y romanas.
Pero el origen de la comedia en Es- Ya en el siglo XV, un anónimo habia
paña pertenece, sin duda alguna, a hecho una versión completa de la~
Juan de la Encina, natural de Sala- tragedias de Séneca (la Medea, el fü.
manca, que floreció en tiempo de los pólito, el Edipo, las Troyanas, el HérReyes Católicos. Su primera égloga, cules Furiosa, el Hércules Eeteo, la Ocfué representada el año de 1492, época tavia, el Tiestes, el Agamemnon, ]a Tede la conquista de Granada, del des- baida).

Francisco M. ZERTUCHE.
Hemos palpado ya la vida hondamente amorosa de Lope de
Vega y la sublimación de su acendrado religiosismo. Volvemos
ahora nuestros ojos a su caudalosa creación dramática.
El curioso lector del antiguo teatro español y aun el investigador de la Historia literaria de España que pretendan ahondar
en la obra dramática del Fénix de los Ingenios, se verán avasallados por los dos obstáculos insuperables que rodean la produc•
ción del dramaturgo: la monstruosa vastedad del repertorio y la
multiplicidad de sus temas, géneros literarios y varia metrificación. Y es que, como observa K. Vossler, el poeta madrileño no
conoció el cansancio, ni el fracaso, ni la pasividad; y más adelante se pregunta cuándo descansaba, cuándo encotraba tiempo
para dormir, comer y beber en un sempiterno versificar y escri-

bir.

En el siguiente, el doctor Francisco
&lt;le Villalobos, tradujo el Anfitrión de
Plauto; e] maestro Hernán Pérez de
Oliva, la Hécuba Triste, de Eurípides,
y la Electra de Sófocles; un anónimo
puso en castellano el Milite Glorioso
y los Mecnemos de Plauto; Simón Abril
las Comedias de Terencio (la Audria,
el Eunuco, el Heautontimol'umenos, el
Formión, la Hecyra y los Adelfas) y
además el Piulo de Aristófanes y la
.lfedea de Euripides.
Otros se aventuraron a componer
tragedias sobre asuntos clásicos o bíblicos, como hizo Vasco Diaz Tanco
de Frejenal, y otros trataron asuntos
nacionales con la forma clásica, como
el portugués Ferreira en su Inés de
Castro y Fray Gerónimo Bermúdez en
la Xi-se Lastimosa y en la Xise Laurea·da, tragedias muy apreciables por su
esmerada versificación y por el sentimiento que respiran algunos pasajes.
Pero estos esfuerzos aislados no pudieron destruir el teatro nacional, que
crecia y se desarrollaba vigorosamente, conociéndose ya sus progresos en
]as c·omedias de Bartolomé Torres
Naharro, eclesiástico que vivía en Italia y publicó, según unos en Roma,
según otros en Nápoles, una obra titulada Propaladia, que además de algunas poesias sueltas, contiene las siguientes comedias:
La Serafina
Trofea
Soldadesca
Tinelaria

Jacinta
Calamita
Aquilana
Himenea

En la Serafina, hablan los interlo(Pasa a la Pág. 7)

El cómputo numérico de su ejecutoria escénica será motivo de admiración en todos los tiempos: de sus obras
teatrales en verso nos son conocidas
770 por el nombre y 470 por el texto.
El poeta mismo pretende haber redactado mil quinientas. Su protobiógrafo,
discípulo y amigo innseparable Pérez
de Montalbán habla en la Fama Póstuma de mil ochocientas coniedias y cuatrocientos autos sacramentales. Hemos
de sumar a esto tres novelas y cuatro
novelas cortas en prosa, cinco poemas
épicos y cuatro poemas épicos menores, tres poemas didácticos una opulenta flora lirica de diversos matices,
su rico y revelador epistolario, casi
todo Cl cruzado con su protector el
Duque de Sessa y muchedumbre de
escritos de ocasión.
La tan asombrosa fecundidad obedecía sin duda al inquieto espíritu de
su creador y a la constante solicitud
popular de sentir en la escena el arte
representativo de Lope en un momento histórico en que su pueblo señoreaba por entonces 16s destinos de la
Humanidad.
Se cuenta que durante una estadía
de catorce dias en Toledo, escribió el
genial escritor quince actos, es decir,
cinco comedias en verso; y a los sesenta v nueve años redactó en tres
días 1; obra La noche de San Juan,
realización jovial y galana c¡ue dos
días después se ponía en el tablado
en los bellos jardines del Conde de
11onterrey.
Lope mismo relata en la Eg/oga a
Claudia: Pero si agora el número infinito/ de las Fábulas Cómicas intento,/ dirás que es fingimiento / tan/o
papel escrito,/ tantas imttaciones, tantas ffores,/ vestidas de retóricos colores./ Mil y quinientas fábulas admira,/ que la mayor el número parece;/
verdad que de.';merece/ por parecer
mentira,/ pues más de ciento en horas
veinticuatro.! pasaron de las musas
al teatro./
Y en La moza del cántaro, dice: Mil
y quinientas ha escrito;/ bien es que
perdón merezca/.
Anonadados ante esa majestuosa y
opulenta fronda del insólito poeta español, adentrémonos en el meandro de
su poesía dramática.

drama prelopista.
El primitivo, esencialmente medieval, presenta dos aspectos de clara diferenciación, aunque en lo substancial
sea uno solo el origen de ambos. Estos
dos aspectos son el religioso y el profano; y ambos medran a la sombra
cálida y acogedora de la Liturgia
eclesiástica, que era por entonces esplendorosisima. Empero, no hay que
subestimar e.sta etapa como una sobrevivencia de los últimos alientos del
Teatro latino decadente, que influyó
en la expresión de las farsas satiricas
de ese primer momento histórico.
Las funciones de ]a dramaturgia
contemporánea se agrupaban en los

f

Antes ele la aparición de Lope en la
escena peninsular, debemos tener en
la cuenta tres momentos en la arqueología del Teatro español, que corresponden a las encadenadas etapas de la
producción dramática: El Teatro primitivo, la transición renacentista y el

j;

tradicionales ciclos de la Natividad y
de la Pasión del Señor.
Aun dentro de ese Teatro de oros
y brillos bizantinos, nublados por el
incienso catedralicio, hay que señalar
dos corrientes: los Misterios y las Moralidades. Los primeros eran consti-

tuídos por representaciones realistas,
con pasajes de la vida de El Salvador
o temas hagiográficos, que más tarde
consolidaron los Autos Historiales.
A este género inicial corresponde el
texto más antiguo_del Teatro español:
el Auto de los Reyes Magos, datado en
el siglo XIII. La ingenuidad y la sencillez de la expresión, así como la
simplicidad del desarrollo dramático,
caracterizan a esta venerable reliquia
de la primigenia escena romance.
Las Moralidades son, por el contrario, de un típo absolutamente simbolista. El elenco dramático lo forman
entes abstractos: virtudes, vicios, etc.,
dentro de un cuadro amplio de alegorías, por lo que se les llamó Autos
Alegóricos. Las evidencias de uno y
otro tipos se encuentran en el Códice
llamado de Autos Viejos.
Estos dos linajes dramáticos influyeron en el Teatro español hasta el
estupendo Siglo de Oro, época de Lope. Así, de los Misterios se originan
las Comedias de Santos, y de las Moralidades nacen los celebrado&gt; Autos
Sacramentales.
La segunda manera del Teatro nacional español en el Medievo reviste
nn carácter realista, satírico. Faltos de
documentación coetánea, hasta nuestros días han llegado noticias de los
juegos de escarnio, juegos de escolares,
farsas y monólogos, que por su libertad y desenfado tenian como marco
escénico la plaza pública, y no la iglesia y atrio de la misma, como los anteriores.
La etapa de transición entre esta
época primitiva, y la prelopista, nos
presentan un teatro híbrido de profano y religioso, a cuya iniciación concurre en la Historia literaria Gómez
)1anrique, para seguir en ascenso del
pensar y sentir renacentista con Juan
del Encina, Lucas Fernández, Bartolomé de Torres Naharro y Gil Vicente, que llenan todo el cuadro del siglo XV.
Esta época se matiza de renacentismo, con las normas de Aristóteles y
de Horacio y con el recuerdo presente
de la gran dramaturgia griega y latina.
Es decir, un Teatro académico, cuyo
ideario podría compendiarse en estas
reglas: en la composición y andadura
de Ia pieza dramática no deberían
mezclarse elementos disímbolos, por
ejemplo, lo trágico con lo cómico; el
lenguaje y desarrollo de estas facetas
tenían que ser ne·cesariamente diferentes, y la acción debería ser unitaria,
consumada durante un sólo día y acaecida en un sólo lugar.
El Teatro calificado canónicamente
de pre1opista se inicia con el propio
siglo XVI, oreado de nuevos propósitos
y pleno de vida rea], dejando a un la..
do el rigor clásico y con el consecuen ..
te abandono lento de las unidades de
acción, tiempo y espacio. La escena
se desenvuelve con amplia libertad y
el hombre, que en el periodo anterior

Página 5

•

�era un autómata sometido a 1a rigidez
clásica, tiene ahora condición humanisima idónea a la vida real que vive
la España inicial del siglo décimosexto.
El lenguaje ondula con las modalidades elocuti\'aS del hombre de la calle; se trasplantan a la escena los momentos sociales de la clase humilde y
se empieza a mezclar lo triste con lo
jocoso. Así, el Teatro empieza a presentar la serie de problemas del cotidiano fluir.
Destacan en esta nueva era figuras
representativas: Lope de Rueda autor
de varias comedias de enredo y aventura y de los magníficos Pasos, que
son ya el primer reflejo de las costumbres y el lenguaje del pueblo; Juan
de la Cueva, andaluz como Rueda, que
maneja por igual la forma renacentista y la prelopista del Teatro español.
Admirador y conocedor de Horacio,
escribe obras como La muerte de Virginia y Los siete lllfantes de Lara. A
este ingenio se debe la prefiguración
de Don Juan en su obra El Infamador,
que acarrea el elemento novelesco a
la dramática, y el propio Ingenioso hidalgo Don Miguel de Cervantes Saavedra, autor de Ocho comedias y ocho
entremeses, que n·os asombra con
obras como El cerco de Numancia y

•

El trato de Argel.
LÜs entremeses son piezas menores
del Arte teatral. Su estilo es conciso
y su diálogo vivo y popular.
Al llegar a Lope de Vega, nos encontramos con que no hay un Teatro
auténticamente nacional: todavia la
tradición clásica aprisiona a las formas dramáticas, ligado a la preceptiva de Aristóteles y Horacio con ejemplos de Séneca y de Terencio... Las
tentativas realizadas son frias e insípidas, pero a la par hay ensayos de
prelopistas tendientes a crear el elemento épico patrio, lo novelesco, lo
costumbrista y lo religioso.
Asociados ambos elementos y matizados por la personalidad psíquica de
Lope, el escritor se alza con el cetro
de la monarquía dramática -dicho
con palabras de Cervantes-, pues si
se aparta a las veces de la preceptuación culta, hinche, en cambio, de
lleno, plenamente las ansias del pueblo español, que, a partir de entonces,
ya no querrá otra cosa.
Lope de Vega es el creador del Teatro nacional español. ¿Porqué este
dictado? Porque alejándose de todos
los moldes antiguos de que hemos hablado, que no tenían nada de nacionales, concibe y lleva a su clímax,
sublimándola, una fórmula nueva que
integra las esencias de la vida de su
nación y de su época. Y planteando
el esquema con sencillez, diremos que
su técnica consistió en elegir un problema cualquiera de los que agitaban
la vida de su época -amoroso, de honor, religioso, militar, etc.-, en encarnarlo en unos cuantos personajes
y echarlos a andar sobre las ·tablas,
con vida propia, con auténticas acciones y reacciones, y fue así, en suma,
el espejo de la misma realidad C!l!e
todos alentaban.
Quedaba así, confinado, el Teatro
tradicional, con la imitación de la vida que pedia Aristóteles: vida hieratizada, antinatural, expresada de manera solemne, ritual, ampulosa .•. Por
ello Lope llegó, revolucionó y venció,
añadiendo a este especie de mesianismo dramático una técnica absolutamente renovada.
Dejando de lado las obras épicas, la
producción lírica, las novelas, el epistolario y las obras de encargo, el repertorio dramático de este autor le da
la palma entre todos los escritores de
su siglo.
Intentemos una clasificación por temas: las comedias de asunto histórico, las de asunto fantástico (novelescas, de -c ostumbres, pastoriles y mitológicas) y las de asunto religioso.

Las primeras constituyen un grupo
más numeroso y noble, abravando su
tema en romances, poemas épicos,
obras históricas y singularmente en la
Crónica General de Don Alfonso, aderezadas con elementos propios de la
fantasía lopesca.
En este linaje descollan las siguien~
tes: Las doncellas de Si mancas, que
historia el tributo de ]as cien donce-llas, con una sugerente intriga amorosa de pura ficción; El testimonio
vengado, que proviene de 1a Crónica
General y de la Historia de Mariana,
referente a la tradición del caballo del
Rey Don Sancho y la difamación que
este Rey de Navarra arrojó contra su
propia madre; El mejor alcalde el rey,
procedente también de la Crónica General, en la que figura la propia intervención de Don Alfonso VII El Emperador haciendo justicia contra un
noble malvado y altanero; Los novios
de Hornachuelos, tema recogido de un
cuentecito folklórico, en el que aparece el Rey Don Enrique El Doliente
revestido de gran energía moral; la
melancólica comedia El caballero de
Olmedo, tomada de cierto cantarcillo

histórico (Que de noche le mataron
- al caballero -, la gala de Medina, - la flor de Olmedo); - Fuente
Ovejuna, moderna y atinadamente representada, obra en que el pueblo mismo se hace justicia por su mano por
las tropelias y abusos del Comendador
Fernán Gómez de Guzmán; Los prados
de León, El bastardo Mudarra, El casamiento en la muerte, la célebre obra
La estrella de Sevilla, Contra el valor
no hay desdicha, El catigo sin venganza, El Gran Duque de Moscovia, El
honrado hermano, Roma abrasada, La
mocedad de Roldán, Las pobrezas de
Reina/do, El Marqués de Manlua, y
tantas otras que seria tedioso enumerar en esta disertación.
Las comedias que tuvieron como
substractum temas novelescos italianos
o españoles o que fueron imaginadas
por la fantasía lopesca, son de carácter costumbrista, y predomina en ellas
la intriga y los lances amorosos y suele llamárselas de capa y espada. Algunas han adquirido justa nombradía,
como El perro del hortelano; La moza
del cántaro, ya mencionada en la anterior disertación, en que la protagonista la dama Doña Maria de Mendo-

za, se disfraza de criada y se marida
a un caballero de blasones; El premio
del bien hablar, en la que un galán
justifica en su honor de mujer a una
doncella de quien oye despropósitos,
casándose a la postre con la infamada. en premio de su caballerosidad;
La discreta enamorada, obra en que
coníluyrn en su fábula el amor de un
padre y un hijo hacia una misma dama, procedente del Decameron de
Boccaccio, que dió paño para La escuela de los maridos, de Moliere y pa•
ra la zarzuela espallola Doña Francis•
quita; El ace!'o de Madrid en que aparece Belisa entrevistándose en un paseo de aguistas de fuente ferruginosa
con su amado Lisardo; Amar sin saber a quién, de sugestiva trama, en la,
que compite la generosa abnegación
de dos amantes don Fernando y Doña
Leonarda; La esclava de su .galán, en
que la protagonista Elena, viendo por
causa suya arrojado del hogar paterno a su amante decide hacerse esclava del iracundo padre, para lograr el
perdón del corrido hijo, y otras no
menos notables, tales como La dama
boba, no hace mucho representada en

Madrid; El verdadero amante, que el
autor escribió a los quince años; El
maestro de danzar, Los melindres de
Be/isa, La noche de San Juan y El lobo del Colegio, ya mencionadas palabras atrás; La Pastoral de Jacinto, La
Selva Amor; El Perseo, en torno a las
hazañosas empresas del héroe y la salvación de Andrómeda; La bella A uro•
ra, abrevada de Ovidio Nasón y referente a la fábula de Céfalo y Pocris.
La tercera clasificación, referente a
las comedias de tema religioso, no es
menos interesante que la referente a
los otros linajes dramáticos. Su fuente casi única fue la Literatura antiguotestamentaria y no pocas veces las
tradiciones devotas, sabidas y tenidas
en alta estima por el pueblo que leía
a Lope o concurria a su escena.
A este grupo concurren, entre otras
también notables, La hermosa Ester,
que corrió con el rubro de tragicomedia y se· refiere a la historia de
aquella princesa esposa de Asuero; La
divina Africana, también titulada de
tragicomedia, que tiene como fábula
o trama la conversión del Obispo de
Hipona, tal como el ilustre Padre de
la Iglesia la refiere en su emocionado

libro Confesiones; El capellán de la
Virgen, basada en la existencia del
mitrado de Toledo, San Ildefonso, y
La buena guarda, que refiera la leyenda de la monja fugitiva del monasterio, que leemos en las hermosas Cántigas del sabio Rey Don Alfonso, asunto que posteriormente sería fuente de
inspirá.ción de poetas y novelistas, entre éstos, Zorrilla.
En la Fama Póstuma nos dice el
Doctor Don Juan Pérez de Montalbán
que su maestro y confidente amicísimo Lope escribió más de cuatrocientos autos sacramentales, cantidad sin
duda hiperbólica, pero de cualquier
manera, aunque menor, estimable. Entre aquellos que la posteridad ha tenido en sus manos figuran La siega,
el más cimero de todos, tomado de la
parábola de San Mateo sobre el campo sembrado de buena semilla y de
cizaña; El pastor lobo, que nos encanta por su hondo y penetrante lirismo,
auto que proviene de la paróbola de
la oveja extraviada de acuerdo con las
antiguas letras sagradas de San Lucas,
y El heredero del cielo, que versa sobre la parábola de la vida, según nos
lo deja referido San Mateo. Esta obra
es abundante en bellezas y detalles.
No pocas veces 1a producción dramática de Lope ha corrido confundida con la de sus contemporáneos, de
tal manera que, en puridad, sería dificil separar lo auténticamente Jopesco de la obra asociada... ¡Tan abundosa era la vena de este autor genial
de aquellas edades!
Revolucionó también nuestro autor
los caracteres dramáticos de la escena española. Proscribió aquellos tipos
comunes e invariables del antiguo teatro, como el pastor, el bobo, el rufián,
así como los personajes puramente
episódicos e inalterables acartonados
en el mecanismo de 1a acción escénica. Por ejemplo, y en punto a perfec•
ción de caracteres, superó _la representación del tipo del gracioso, que
logró atisbar en las creaciones de los
antiguos autores como Juan del Encina y Torres Naharro.
En cuanto a la forma métrica de su
producción teatral, fijó el uso del octosílabo en sus diversas manifestaciones, singularmente en las redondillas
y romances, sin dejar de emplear otras
formas, como el soneto. Optó, también,por dividir la composición de la
obra en tres actos o jornadas, manera
que desde entonces prevaleció.
La forma de los parlamentos es viva y animada, y, cuando por la necesidad artística se precisa alargar la
exposición, el poeta inserta muchas
veces lindos trozos líricos, especialmente romancillos y sonetos magistrales.
Fueron los teatros o corrales de Ja
Villa y Corte la sede más idonea y
apropiada para que la bullanguera
gente conociera la ancha producción
del Fénix de los Ingenios y Monstruo
de la Naturaleza, como le llamaron sus
contemporáneos y la posteridad misma.
Toda comedia de Lope era bien llegada a esos recintos donde se congregaba gente de diversos matices sociales, particularmente del llamado pueblo, pues iba a ver, a gustar y a aplaudir los temas sociales, militares, religiosos o legendarios que ya sabía por
otros caminos de su burda e incipiente cultura.
Algunos autores contemporáneos de
Lope y Calderón nos han legado descripciones de los corrales madrileños
donde entre chocarrerías y silbos,
amén del concurso de cosas arrojadizas, tenían lugar las representaciones
de comedias. Uno de ellos es Juan de
Zabaleta, en su El día de fiesta por la
larde, Madrid, 1,659.
Al iniciarse Lope en la vida teatral,
hacia el último tercio del siglo XVI,
(Pasa a la Pág. 8)

AntoÍogogía de ...
(Sigue de la Pág. 4)
cutores castellano, latin, italiano, valenciano y francés, siendo difícil de
comprender cómo los espectadores entendían aquella jerigonza, semejante a
la lengua franca de los arraeces de
Argel.
La mayor parte de estas comedias,
la Trofeci, la Soldadesca, la Tine/aria,
la Jacinta, son series de escenas sueltas más bien que dramas; pero hay algunas como la Aqui/ana, la Calamita
y la Himenea que adoptaría sin reparo
alguno el mismo Lope ele Vega.

J)
1

Tragedia de la muerte de Aya.v de
Telamón sobre las armas de Aquiles.
Trageclia del Principe tirano.
Las comedias son, entre otras:
Comedia de la libertad de Roma por
Mucio Scevola.
Comedia de la libertad de España
por Bernando del Carpio.
Comedia del Príncipe tirano.
Comedia del 1'11tor.
Comedia del De¡¡ollado.
Comedia del Saco de Roma.
Comedia del Cerco de Zamora.
Comedia de la Constancia de Arcelina, etc.

Cristóbal de Virués que publicó las
siguientes tragedias: La infeliz Marce/a, La Cruel Casandra, Atila furioso,
La Gran Cemíramis, E/isa, Dido. etc.,
siendo la última la que merece más
EPOCA 3a.
estimación.
El inmortal Cervantes hizo dar un
LOPE DE RUEDA
gran paso al teatro espalloJ con su tragedia La Nunwncia, que ha pesar de
El escritor dramático más notable los defectos inherentes a su asunto,
después de Torres Naharro, es el se- presenta un argumento nacional e invilJano Lope de Rueda, que como ~fo. teresante, escenas patéticas y sublimes,
Jiére y Shakespeare, representaba sus versificación robusta, alto y levantado
mismas comedias.
espíritu patriótico y es ,en fin, una de
Los escritores de aquella época, An- las mejores cm.nposiciones dramáticas
tonio Pérez, Cervantes, le tributaron ahteriores a Lope de Vega.
encarecidos elogios como autor y coCompuso, además, antes de puJ:&gt;li•
mo representante. Después de su muer- car la primera parte de El Quijote,
te, Juan de Timoneda, librero valen-• otras muchas obras de las que sólo se
ciano, imprimió sus obras, aunque no conservan los títulos como son: Amacompletas.
ran ta o la del Mayo, la Gran TurquesLas que se conocen son, El deleito- ca; la Batalla Xaval; la Unica y bizaso, que contiene varios pasos, como e] rra Arsinda; la Confina, ele.; sólo &lt;ruede las aceitunas; el del Convidado, Pa- dan de esta época, además de· La Nugar y no pagar, el diálogo sobre la In- mancia, los Trastos de Argel.
vención de las Calzas, etc.
Dos· coloquios, el de Timbria y el
EPOCA 5a.
de Camila; cuatro comedias, ]a Eufe•
mia, lo~ Engaliados, la Armelina, fa
"Entonces, dice Cervantes, entró el
Afedora y un coloquio en verso, titu- Monstruo de la Naturaleza, el Fénix de
lado Prendas de Amor; se tiene ade- los Ingenios, el gran J.ope de Vega
más noticia y se conservan fragmen- Carpio, Y alzósc con el cetro de la Motos de otras composiciones suyas.
narquía cómica."
Juan de Timoneda, su amigo y editor,
Era Lope uno de sus genios que Ja
publicó muéhas composiciones dramá- Providencia concede algunas veces a
ticas suyas y ajenas. Entre las prime- las naciones, y que consiguen variar
ras, son notables 1a comedia de los Me- radicalmente el estado social o literaneemos, imitación de Plauto, la come- rio de un pueblo.
dia Cornelia; la Trapacera, la CorbaliLope fué el creador del Teatro Esna, El paso de lo• do., Ciegos, el auto de pañol. Lope reunió todos los elemenLa oveja Perdida y otras. Publicó, ade- tos que a_ntes de él existían y les immás, dos comedias de un tal Alfonso primió el sello de su ingenio, original
de Vega, de quien no tenemos más no- y poderoso.
ticias, tituladas, La Serafina v la DuEstudió los clásicos griegos y Jati•
quesa de la Rosa: todas estas o~bras son nos, no para imitarles servilmente code 1a escuela de Lope de Rueda, aun- mo hicieron los dramáticos de la esque inferiores a las suyas.
cuela pseudo-cJásica francesa, sino paEntre las mejores composiciones de ra aprender en ellos el arte dificilísieste tiempo, debe mencionarse La Co- mo del diálogo y el modo de carac~
media Pródiga de Luis de Miranda.
terizar a sus personajes. Tomó algo
Joaquín Romero de Cepeda escribió del metafísico discreteo de ]os trovala Comedia Selvaje y la Metamorfosea. dores provenzales y castellanos, y de
. Entre los mejores autos, debe citar- los discípulos de la escuela Petrarse el de la Aparición de Nuestro .Señor quista. Aprovechó ]as obras de los esJesucristo a los discípulos que iban al critores que le precedieron en cuanto
castillo de Emaús, atribuido a Pedro tenían de nacional y característico· esde Altamira.
tudió, sobre todo, Ja poesía antÍgua
Pedro Hurtado de Toledo, verdade- P?Pular del pueblo castellano y espero autor del Palmerin de Inglaterra, cialmente de los primitivos romances,
compuso el auto de Las Cortes de la en los que encontró un tesoro inagoMuerte, aunque con mayor complica- table para formar el drama castellano.
ción y artificio dramático.
De la combinación de todos los elementos surgió el drama nacional.
Lope de Vega, cuando publicó La
EPOCA 4a.
Moza de Cántaro, llevaba escritas 1 500
comedias. Su biógrafo ~Iontalbán ~seJUAN DE LA CUEVA
gura que llegaron a 1,800. Fecundidad
asombrosa y que explica los defectos
En esta época, se dió más interés a en que incurrió el autor de obras tan
los dramas, mayor pompa y armonía admirables como La Estrella de Sevia la versificación; y las obras de los lla, y El Mejor Alcalde del Rey.
autores que florecieron en los últimos
Por falta de tiempo no puedo hablar
años del siglo XVI, pueden considerar- ~ás de L?pc de Vega y sus contempose como un informe bosquejo del dra- rane?s, m enumerar los discípulos que
ma de Lope de Vega. Estos autores contrnuaron y mejoraron la obra de
son: Juan de la Cueva Garoza, que s1~ maestro, el filosófico y castizo Alar.
compuso varias obras dramáticas: a con, Fr. Gabriel Téllez (el maestro Tirunas dió el titulo de tragedias, a otras so de llolina), D. Francisco de Rojas,
el de comedias. Las primeras son:
D.. A~1stín :\loreto, etc., hasta lle_gar aJ
prrnc1pe de la escena española. D. PeTragedia de la muerte de Virginia dro Calderón de la Barca, que elevó
Y .4ppio Claudia.
a la perfección el drama nacional.

IL I IBlflOS
GRAX ESTORBO LA ESPERANZA, por
Emmanuel CarbaIJo. Los Presentes,
)íéxico, 1954.
CarbalJo no intenta despertar la curiosidad primitiva de los lectores, ni
presta atención a la cadena de sucesos que se dan dentro del rigor del
tiempo, a Ja historia, en la que la mayoría de los cuentistas populares se
apoyan para lanzarse a la aventura literaria Carballo, en cambio, se desvela en la trama, porque demanda del
público, inteligencia y sensibilidad; no
escribe por pasatiempo, ni para divertir o para ayudar el sueño y la digestión de las gentes, sino que lo impulsa
una razón vital: su existencia que necesita justificarse ante sus propios
ojos. No desentonaría con estas prosas un epígrafe existencialista: "Toda
vida que no sienta preocupación, problema, justificación, y que no quiera
encontrarse frente a frente consigo
misma, no es ·auténtica, sino subterfugio, sustitutivo de la verdadera vida."
No me detendré a considerar las ·caractc:rísticas comunes de toda prosa
poemática: frecuentes tropos, uso de
términos comparativos, tendencia a la
definición poética, que ya apuntó un
critico creyendo descubrir l.m nuevo
mudo; pero que escapó a su miopía
policíaca Ja calidad literaria -rara en
nuestro medio- de este texto, que
ofrece un máximo de rendimiento conforme a la edad y las aptitudes de su
joven autor, de quien ya se puede afirmar algo positivo: que ha alcanzado
un- tono de voz único para sus cuentos, y un perfecto ac~bado para cada
uno de eJlos.

EMMANUijL CAR~ALLO

•

Para entender el mundo de Carballo,
que muestra las cosas más íntimas sin
ser por esto impúdico, que habla del
sexo en un tono que no es el de confesionario, es indispensable comprender los elementos que lo integran. En
otras palabras, saber escuchar su tono
de voz integral, trágico, enamorado,
pesimista, exento de ironía. El lema
"Gran estorbo la esperanza", estoico; no rechaza la existencia en su raiz,
sino en sus manifestanciones superfluas, es la virtud de poseer la vida
desnuda, sin señuelos, co.n la pureza
de una pasión que no se desvía en
idealismos: "así es la vida, dura y
corta"; pero esta objetividad no es la
común y corriente, sino la que nace
del monólogo interior, siempre subje.,.
tivo: "las cosas no existen, cuando

existen son fCas, desabridas: uno es el
que les da color, forma; uno es el que
les da vida", o corno afirma Ortega y
Gasset, Ja subjetividad, la peculiaridad
de cada ser, lejos de estorbarle para
captar la verdad, es precisamente el
órgano mediante el cual puede ver la
porción de realidad que le corresponde", y la esperanza estorba, porque es
el Jugar común en el que se ilusiona
la burguesia, es el mínimo común denominador de los espíritus pobres, que
nace del monólogo interior.
El munflo de Carballo está en un
perpetuo conflicto contra los modelos
preestablecidos, sus personajes entablan una dramática lucha contra el
ambiente que los rodea; pero éste acaba por aplastarlos. Carballo se declara en favor de la existencia espontánea, de la naturaleza que con la intuición encuentra, sin equivocarse, los
caminos de la vida, por lo que reprueba todo molde, como una reformación
de la existencia. Este conflicto tiene
su punto de partida ·en la relación de
padres e hijos, el hijo nace dotado de
]as facultades necesarias para sobrevivir y ser feliz; pero los padres imponiéndole normas extrañas a su naturaleza le hacen perder la confianza
en sí mismo: "Madre. me haces daño
porque me recuerdas la infancia, porque tú misma eres un recuerdo, un
presente ingrato. Huyo de ti, porque
tú me enseñaste a huir, a huír de las
tentacioi:s, a huir de mi mismo", y
luego la gente continúa la labor destructora: "Las orejas de nosotros son
como las ruletas. Las palabras de la
gente llegan, apuestas entre si sobre
cuál hará mayor daño; entonces giran,
se van calmando, hasta que por fin
se apaciguan. Una es la que· gana, la
que nos destruye, la que nos hace pedazos de hombre, hilachas". Carballo,
en todo momento, está en favor del
hombre y en contra de la sociedad
por lo que rehuye la ironía, la ris~
como castigo social, ya que la rigidez
de espíritu que sufre el hombre se la
impuso la sociedad. Si Carballo creyera en la salvación del hombre -pero no cree en la eternidad de la materia de los fisiócl'atas, ni en la del
alma de los cristianos- pensaría que
ésta sólo se puede encontrar en uno
mismo,
y que no puede venir de fuera
.
.
'
srno que hene que encontrarse con el
propio esfuerzo.
En particular, recalca su rebelión
en los temas de sexo y amor, en contra de los prejuicios y los convenc1onalismos, como D. H. Laurence ataca
a 1a hipocresia, burguesa: "Gente sin
sexo., gente que abunda en todas partes, que no tuvo principio, que no tendrá fin. Gente podrida, de tripas rancias, de miembros plegados por la impotencia". Y reclama para su hija un
mundo mejor y más puro: "Un mundo
de carne, de pequeñas hojitas de rocío
Un mundo que tenga un sabor nuevo:
Un mundo habitable, renaciente como
aquél, de amplio cuadrante en el que
se agrupen, como cuako racimos los
cuarenta días. Un mundo en el 'cual
nuestra niña sostenga como la paloma
la tierna rama del primer olivo"; así,
en esta forma patética declara CarbaIlo su amor por el mundo, como una
Yez lo hizo Katherine Marsfield: "Es
infernal amar la vida como yo la amo.
~fe parece que la amo cada vez más
en vez de amarla menos ... Espero po~
der resistir lo bastante para hacer una.
obra de importancia. Estoy hasta de
estas gentes que mueren cuando prometían tanto .... "

c. v.

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Página 7

�inagotable extrayendo de la cantera
de la Religión, el Imperio y la Historia, para aquellas gentes ávidas de su
estética, consagrándole una corona,
un culto, una larga ovación que nin(Sigue de la Pág. 6)
gún otro dramaturgo logró alcanzar,
babia en la Villa del Oso y del )la- aun con una obra más depurada y sedroño tres tipos de teatros: el ecle- lecta que la del poeta de la Calle de
siástico, el de la Corte Y el público Francos.
Y así escribió durante varias décade la Ciudad. En los dos primeros,
lógicamente subsidiados por la Igle- das comedia tras comedia, por el exisia y las Corporaciones y por el guo estipendio de cinco u ochocientos
Estado, respectivamente, había una reales.
La gloria cegadora e inabarcable de
gran variedad y esplendor escénico,
en tanto que en el teatro popular se, Lope vulneró bien pronto a los homadvertía un régimen de sobriedad, bres de letras de su tiempo, y así quepues la empresa vivia del producto de do dividido el campo en detractores
y en partidarios del genial dramalos los ingresos· populares,
turgo.
En 1579 tenemos ya el Corral de la
No podían ·tolerar sus enemigos el
Cruz y en 1582 el Corral del Príncipe.
Era el teatro en el Madrid de estas triunfo de las nuevas reformas en el
épocas una estancia de patio común, arte escénico, y los aplausos que Macuyos muros traseros eran casas de drid tributaba a su poeta en cada nuevecindad. Los balcones y ventanas ha-

El Caudal ....

Xingún ejemplar de este escritor ha
llegado a la posteridad, pero se conoce, grosso modo, el contenido de los
\'irulentos ataques que enderezó contra El Fénix.
Decía el malqueriente que Lope había escrito muchas comedias llenas de
gazapos, con mezquina ganancia; que
había atacado a Don Luis de Góngora
y Argote, mordiCndolc como a un perro; que era un ignorante en la lengua del Lacio; que los poemas épicos
de Lope eran indeseables especialmente La Jerusalén conquistada, en la que
no había unidad histórica, y algunas
otras imputaciones más. La contraofensiva no se hizo esperar, pulverizando a los agresores, sobre todo a Torres Rámila, por la deleznable y calumniosa argumentación gratuita.
Los defensores más conocidos fueron Francisco López de Aguilar y Alfonso Sánchcz, también profesor de la

cierto, como dejo escrito Aristóteles,
que el arte imita a la Naturaleza, el
mayor artífice será el que más se acerque a la Naturaleza misma ... Tenemos
arte, tenemos preceptos que nos obligan, Y el precepto principal es imitar
a la Naturaleza, porque las obras de
los poetas expresan la naturaleza, las
costumbres y el ingenio del siglo en
que escribieron." Después, dirigiéndose a Lope, le dice asi: "¿Qué te importa la comedia antigua, puesto que
tú solo has dado a nuestro siglo mejores comedias que todas las de Menandro y Aristófanes ?" En seguida,
refiriéndose a la multitud que siempre
proclamó a Lope como excelente, expresa: "Nadie discrepa; todos a una
voz dicen que lo que hace Lope es lo
mejor, y que debe ser tenido por ley
y norma de todo poema... Lo que él
ejecuta lo piden hoy la naturaleza, las
costumbres, los ingenios¡ luego él escribe conforme al arte, porque sigue
a la naturaleza."
Entre Lope y Góngora se libró una
guerra literaria, como entre Garcilaso
y Boscán y Cristóbal de Castillejo,
una centuria atrás.
Era enemigo Lope de la magia gongorina de la palabra, aun reconociendo un admirable talento en el cordobés; pero era más enemigo de los pro•
sélitos de Don Luis.
Góngora arremetió con mordacidad
•Y violencia a nuestro poeta, no sola•
mente en contra de su ejecutoria literaria, sino en lo tocante a la vida sa•
cerdotal y a los amoríos del madrileño. Pueden traerse a colación el so..
neto gongorino "Aquí del Conde Claros, dijo, y luego ... y aquel cuarteto
que se refiere al escudo de armas que
Lope mandó imprimir en la primera
edición de La Arcadia: Por tu vida,
Lopillo, que me borres las diecinueve
tor_res de tu escudo, porque aunque
tienes mucho vfento, dudo que tengas viento para tantas torres.
El autor de las Soledades, que era
sacerdote también, no se curó de dedicarle a Lope estos versos, en los que
alude a Doña Marta de Nevares: Dicho
me han por una carta que es tu cómica persona sobre los manteles mona
y entre las sábanas Marta ...
Citaremos aquí la Respuesta de Lope a un papel que escribió un señor
de esos reinos en razón de la poesia
nueva, que dice asi: Mas hay algunos
que a las cosas del fngenio responden
con sátiras a la honra, valiéndose de
la ira donde les falta la ciencia, y
quieren más mostrarse ignorantes y
desvergonzados negando lo que escriben, que doctos y nobles en lo que
defienden.
Lope, enemigo de las formas culteranas, pero admirador de Góngora, satirizó algunas ".eces esa escuela; por
ejemplo, en aquel soneto Boscdn, tarde llegamos. ¿Hay posada?

cimplutense. Entrambos arremetieron
contra el detractor escribiendo su Expostlllatio Spongiae.
Alfonso Sánchez se singulariza por
la contundencia de sus razones y el
sentido dialéctico, demostrando la superioridad de Lope sobre todos. El
excelente varón Don Marcelino Menéndez y Pelayo, de quien el presente año
conmemoramos su primer centenario
natal, resumió en seis proposiciones
los argumentos del educador de Alcalá: la: Las artes tienen su fundamento
en la Naturaleza; 2a: Es docto al varón docto y prudente alterar muchas
cosas en las artes ya formadas; 3a :
La Xaturaleza no debe observar la ley,
sino darla; 4a: Es cosa bien hecha en
Lope el crear arte nuevo; 5a: En sus
escritos todas las cosas están ajustadas al arte, y el mismo es el arte vivo;
y 6a: Lope ha superado a todos los
antiguos poetas.
Se puede examinar ahora el desarrollo de esas proposiciones: "La Naturaleza da leyes, no las recibe ... Si es

A la muerte de ese Don Luis de Góngora, su más alto detractor, Lope escribió el bello soneto de corte culterano también, con el que clausuramos
esta segunda disertación sobre el Fénix, en grata y rendida memoria del
padre del Culteranismo:

cián oficios de palcos para espectadores de calidad.
En un principio, por la rusticidad
del recinto, había solamente función
cuando el tiempo era favorable; más

adelante, cuando la escena fue guarnecida bajo techado, los espectáculos

eran casi cotidianos.
En el patio se situaba el grueso de

la audiencia, que consistia únicamente de hombres, pues a las mujeres se
les destínaba lo que se llamaba la cazuela, jaula de mujeres o 'corredor de
mujeres.

Rodeando al patio babia una gradería semicircular, en forma de anfiteatro, que rodeaba los muros; y encima de las ventanas que llamaban
aposentos, las troneras o desvanes.
Las representaciones se iniciaban
después de la comida y conc1uían antes del orto, es decir, algo más que dos
horas de teatro y forcejeo.
En punto a la urbanidad y compostura de los asistentes había mucho que
desear, pues el patio, destinado únicamente para los varones, era el lugar
típico del escándalo en mayor escala,
pues la cazuela o jaula de mujeres, si
había garloteo y chillería, era más soportable para público y comediantes
que el lugar de los hombres. Se acomodaban en éste los llamados mosqueteros, infantería o gente del bronce, que no respetaban nada, manifestando su desaprobación con un estruendo de reclusos en rebeldía, vaciando el diccionario del denuesto y
arrojando con la mayor desenvoltura
y aun con desgarro frutas en pu!:•facción, haciendo alharaca con carracas, cascabeles y pitos .... ¡Dios nos libre de la fuga mosqueteril/, escribió
el maledicente Suárez de Figueroa en
su Pasajero; y nuestro -ilustre jorobadilo Don Juan Ruiz de AJarcón y Mendoza, que siempre temió al público,
escribió en el primer tomo de sus Comedias, publicadas en 1628: Contigo,
hablo, bestia fiera, que con la nobleza
no es menester, que ella me dicta mds,
que yo sabría: Alld van esas Comedias,
trdtalas como sueles, no Como es gusto, sino como es gusto, que ellas te miran con desprecio, y sin temor, como
las que pasaron ya el peligro de tus
silvos, y ahora pueden solo pasar el
de tus rincones. Si te desagradaPen,
no holgaré de saber que son buenas:
y sino, me venyará de saber que no lo
son, el dinero que te han de costar.
Los temas lopeanos convenían a maravilla con el gusto, la aprobación y
el regocijo de su público, español y
religioso, que, no obstante su ineducación, era sensible a las cuestiones del
honor, la gloria nacional, las conveniencias, las costumbres, la devoción
a sus santos patronos, el amor, la galantería, la Monarquía universal v la
América Española. Todo eso fo;tificado por la fe.
Lope era el ídolo ... Lo fue por medio siglo. Su público
pedía más y
más; y él hacia fluir su imaginación

Je

Página 8

va creac1on lopéveguesca eran vena1:Hos emponzoñados para sus acres enemigos.
No se hizo esperar el agitado revuelo contra nuestro autor. Venía no
solamente de la serena protesta de los
humanistas inflexibles. Sino del imperio de la envidia que nunca pue1.k
faltar en torno a los grandes hombres
y a los hombres de corazón límpido
y sencíllo.
Los adversarios más acerados e incisivos eran Cristóbal de ~fosa, con
sus Rimas; Andrés Rey de Artieda, con
sus Discursos y Epigramas; Esteban
:\lanuel de Villegas, con sus Eróticas
y venenoso y mordiente Cristóbal Suárez de Figueroa, en su celebrado libro
El Pasajero.
Pero acaso el más enconado de todos era el catedrático de la Universidad alcalaína Pedro de Torres Rámila, cuya obra titulada Spongia, nadie quiso editársela en la Península,
recurriendo a las prensas parisienses,
en donde vió la luz en 1617.

Despierta, oh Betis, la dormida plata
y coronado de ciprés, inunda
la docta patria, en Sénecas fecunda,
todo el cristal en lágrimas desata;
repite soledades y dilata
por campos de dolor vena profunda,
única luz, que no dejó segunda;
el polifemo ingenio, Atropas mata.
Góngora ya la parte restituye
mortal al tiempo, ya la culta lira
en cláusula final la voz incluye.
Ya muere vive; que esta sacra pira
tan inmortal honor le constituye,
que nace fénix donde cisne espira.

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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>Armas y Letras, Boletín mensual de la Universidad de Nuevo León, 1956, Año 13, No 3, Marzo </text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE 1A UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

fQIIUO UNlvtl

•10

Registr ado como articulo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

No. 2

Febrero de 1956

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Por Rodolfo USIGLI

A José Minero Roque,
latinista y amigo.

R. U.

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Ramón: traspuse ya la edad de Cristo
azul, y es solamente de amargura
y angustia gris la camal vestidura
que me dice que vivo, no que existo.

.
.

Por el error nací, y en él insisto
· porque es la sola posesión segura
del hombre, abandonado en la llanura
de sí mismo, sin horizonte visto.

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Espectador inerte de mi drama
-ni silbar ni aplaudir me es permitidoanhelo nada más una honda cama

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en que tender mi espíritu perdido,
pero bajo el dosel y el panorama
de esta luz de tu tierra en que he caído•
II
Tú, que callaste en el preciso verso
final, precioso; tú, que conociste,
niño aún, más de luz, y niño triste,
del alma y de la carne el universo,
no llegaste a mirar tu harem disperso
ni tu rosa eficaz ajarse viste;
ni te dolió este incurable quiste
de vivir sin ser ya; ni el viento adverso
que cambia el curso del mortal deseo
abatió el gallardete de tu nave
como la edad que en mi calvicie leo.
Tú hiciste el primer viaje de Odiseo
sin el retomo, que es el mal más grave.
Moriste a tiempo, y en tu muerte veo
una lección de luz y un vuelo de ave.

�111

es el veneno que en el vino apuro,
el silencio "y el enjambre del ruido."

Naturalmente, quería hablar contigo
de otras cosas también; pero me falta
la memoria bajo esta luz tan alta
y penetrante. Nada más te digo

'

Hice hijos sin par; amé y he escrito,
catarata prolija y manirrota,
sin entender que cabe el infinito
,

en un solo poema, en una gota
que contenga la angustia, el drama, el grito
del hombre de este mundo que se agota;

que tu muerte es la vida de un amigo:
si una duda poética me asalta,
si logro un triunfo o cometo una falta,
si amo o dejo de amar, si soy testigo

VIIDA Y
ILlllíEIR.A líUIRA

que el demonio me ha vuelto ángel proscrito.
Quizás a Dios me acerque la derrota.

de una pasión humana, mía o ajena,
si recojo en mi mano algunas migas
de humanidad, que la zozobra llena,

VII

si rompo amarras o si anudo ligas,
me son tus versos oído y antena,
y juntan su labor nuestras hormigas.

Pero, ¿es derrota o triunfo lo que importa?
No escribimos para ser inmortales,
sí para eliminar cosas letales
de nuestra vida siempre humilde y corta.

IV

,.

perfil y entraña de Lope de Vega

Algo en nosotros diariamente aborta
para que vivan otros materiales,
igual que en un ensaye de metales
o experimento en el que Dios exhorta

Las palabras, navajas de dos filos,
son madres de la unión y la distancia.
Unas nos hacen sentimos en Francia
y olvidar a Jerez, y sus tranquilos

el mal y el bien que son nuestra estructura,
a que vivan parejos en el viento
que nos deja al final sin vestidura,

y profundos crepúsculos berilos.
Otras, sencillas, nos dan la ganancia
de conjugar con la vejez la infancia
sin discutir de colores ni estilos.

Francisco M. ZERTUCHE.

.
1

í

l¡
1

sin engaño, sin falso monumento,
y nos muestra la última armadura
que no sepulta el desmoronamiento

Las tuyas son de México, olfativas,
suaves llamadas de una tierra nueva
en la que todas las plantas son vivas:

y que es la fe de ser en otra altura.

Si pudiéramos volver ojos y oídos a la España aurisecular
seiscentista y setecentista, confundidos en la Coronada Villa con
la abigarrada multitud de akabaleros, oidores, alguaciles, pÍCa•
ros, ganapanes, frailes mendic~ntes, dueñas, moza~ del partido,
escribanos, predicadores, monJas, letrados y estudiantes, en su•
ma fácil nos sería oír frases como estas: Un vestido como de
Lope, un coche como de Lope, una tela, unas joyas: u_na pintura
como de Lope. Todo ello proferido como encarecumento de lo
mejor, pues El Fénix llegó a ser en su tiempo una figura ~ítica
y un simbolo acabadísimo de la grandeza del pueblo espanol.

'

México, D. F.

..:-~f.:;i.

~

27 de noviembre, 1955

buenas y malas, son Adán y Eva.
La tierra que al volvernos siemprevivas
nos cobra en sangre, pero así, la eleva.

t:· . :

. ,,:.,

Zacatecas-Noviembre 21 de 1955.

V

Ramón: la madurez de amargo gusto
me da canas donde no tengo pelo.
Mi adolescencia prometía el cielo,
porque el cielo es el campo del arbusto.

'

En vano me propongo ser adusto.
La vida se diluye como el hielo
en mi highball, y el parvo, niño anhelo
de ser un genio porque Dios es justo

....\-+m~.'*

f¡á~i:~

se desbarata en la melancóiia
del amor no gozado, del poema
no escrito ni vivido todavía.

"'1/1~1

El Arquitecto nos traza el esquema
de un hospital negro en el mediodía,
y lo que no hemos hecho aún, nos quema
con la cobriza luz de tu agonía.

*

VI
Luché contra el demonio: él ha vencido
lo que en mi niña edad fué simple y puro.
El fruto que se cae de maduro
es el estigma, no el astro bruñido.
Investigué la vida, y su sentido,
a mis ojos cada vez más oscuro,
Página 2

él el muerto, al ver tan solemne el
séquito luctuoso dijo: ¡Es un entierro
como de Lope/ ¡Mal supo ella que su
frase adquiría aquel dia toda su propiedad!
La existencia acezada del personaje
no fue sólo el largo suceso literario.
que cubrió espléndidamente una época, sino un extraordinario fenómeno
psicológico equiparable al de Wagner,
Leonardo o Miguel Angel. O para usar
de frase de Federico Nietzche, referida
al autor del Tristán, se justificaría hablar del caso Lope.
Para aprehender hasta su última
profundidad el extraño y tradictorio
espiritu del fino creador de La Dorotea, se precisaría un examen científico, un intento de psicoanálisis, no sólo con el recurso del pensar freudiano, sino aplicando a esta técnica todos los nuevos puntos de vista de la
ciencia psicológica de la actualidad.
Existen algunas coincidencias atávicas en el agitado vivir de este hombre, que pudieran darnos luz sobre el
problema: su padre ofrecia en su carácter una rara muestra de amoríos
escandalosos y acendrada religiosidad;
y de un tio suyo, Miguel de Carpio,
famoso inquisidor, se contaba lo siguiente: que era tan celoso en su misión que los que lo conocían para calificar, decían: ¡Quema como Carpio!
Vida disímbola, apasionada, contradictoria, mansa y violenta a la par, a
fas veces desleída en diáfanos deliquios, en otras arrebatada por centellantes ráfagas, era la de Lope... Y para hablar con su patética voz: Yo naci en dos extremos, que son amar y
aborrecer; no he tenido medio jamás,
En punto al sentir y profesar amatorios, ajustaba Lope su ética a aquella frase de Aristóteles que influyó tanto en La Celestina: Materia appetit forma rerum ut femina virum turpe honestum, que define al hombre como
la forma y a la mujer como la materia.
En este concepto se deduce llanamente la atracción de la- mujer hacia el
hombre, y así mismo, la subordinación
al varón.

Rodolfo Usigli.

En los versos también menudeaban
las expresiones sobre · el dramaturgo:
Que si lo bueno es de Lope, Lope, por
bueno, es de Dios.
La enfervorecida admiración popular llegó a su clímax, pues hasta en
el Credo se introdujo su nombre: Creo
en Lope, Todopoderoso, Poeta del cielo y de la tierra...
Asi, la figura de este hombre "insólito llegó a calar tanto en el ánimo de

sus contemporáneos, que su vida, luces y sombras-, fue vista con intenso
interés por todos.
En el ambiente femenino era motivo de alta deificación, pues no era
extraño ver que al paso del hombre
genial salieran las mujeres madrileñas
a los balcones para bendecirlo... Hasta la ironia de la vida hizo que una
pobre vieja, cuando contemplaba el
entierro del poeta, sin saber que era

**

Hace trescientos noventa y tres años
que nació a la vida en el Madrid de
Don Felipe el Segundo, Félix Lope de
Yega Carpio, siendo después bautizado en la Iglesia de San Miguel de los
Octoes, vástago de Félix de Vega Carpio y de Francisca Hernández Flores.
Para la sustentación familiar, su padre ejercía una industria artística, la
de bordador, que por entonces era
bien estimada por la gran demanda
de géneros de adorno. También se entregaba a las musas algunas veces y
prestaba servicio gratuito en el Hospital del Buen Súceso.
La madre, extremadamente celosa,

murió cuando Lope contaba veintisiete años. Nada sabemos de esta mujer,
pues el poeta nunéa la nombró en su
vasta obra literaria. Las pocas -figuras
maternales que aparecen en su vasto
repertorio dramático son figuras ri•
diculas, desagradables e indiferentes,
como en La discreta enamorada, Quien
ama 110 haga fieros, Los melindres de
Belisa, La mal casada, La varona castellana y La Dorotea.
No debe atribuirse esto a desasimiento filial de nuestro personaje, sino al
estilo literario de la escena renacentista o a la recalada costumbre española.
Lope exaltó la memoria de. su padre
de manera más literaria que profundamente humana. Murió en 1578.
De los albores de la vida excepcional de Lope, llena de notas fenomenales, nos habla su apasionado protobiógrafo Pérez de Montalbán, cuando refiere que en la edad precoz el escritor
en agraz comenzó a leer latín y a componer sus candeales estrofas. El biografiado mismo nos lo dice en este terceto: Apenas supe hablar, cuando advertido de las Fhebeas Musas escribía
con pluma por cortar versos del nido.
No es ésta una parrafada hiperbólica sobre El Fénix. De los actos procesales que menudearon sobre su vida,
se infiere que, evidentemente, asistió
a un establecimiento docente de los
jesuitas, el Colegio de los Teatinos, y
que acudió también a las clases de
Matemáticas y Astronomía en la Academia] Real.
A los diez años, aproximadamente,
fue alumno del célebre poeta y músico
Vicente Espinel.
Buen recuerdo y mejor resultado debió dejar en Lope la enseñanza del
maestro rondeño, porque aquél lo elogió más de una vez en sus poesías. De
su preceptor, dice: A mi maestro Espinel haced, Musas, reverencia, que
os ha enseñado a cantar y a mi a escribir en dos lenguas.
Así, la precocidad y el ingenio lo
convirtieron en elemento famoso imprescindible para fiestas y veladas escolares; y hasta es posible que en alguna ocasión haya aportado una comedia entera, de las primeras salidas
de su pluma.
Al pasar a estudiar a la Universidad de Alcalá, conoció al Obispo Jerónimo Manrique de Lara, quien lo tomó a su servicio, bachillerándose a la
vez: Crióme Don Gerónimo Manrique,
estudié en Alcalá, bachilleréme, y aun
estuve de ser clérigo a pique.
Rota la posibilidad de seguir sus estudios bajo el mecena,go del prelado
benefactor, lo encontramos en la capital del Reino el año que su padre
murió.
La mujer y el amor informaron y
deformaron a las veces la vida y la

Página 3

,

�obra de Lope. Son acaso el eje principal y como la única razón aparente

de su existencia. Así, aparece ~laría
de Aragón, de acuerdo con las investigaciones del erudito lopista D. Joa-•
quincle Eotrambasaguas.
Xuevamenle lo tenemos en la Universidad, ahora en la célebre salmantina, meridiano de la cuJtura española
en el renacimiento peninsular. De allí
proceden los recuerdos recogidos en
su comedia El bobo del colegio.
11ás adelante, en 1585, lo encontramos tomando parte en la expedición
que sale de Lisboa rumbo a la Isla de
Terceira, bajo las banderas del Márqués de Santa Cruz; empresa breve y
victoriosa, tras de la cual el trashumante poeta ,,uelve a su solar nativo.
Y he aquí que le asalta otro suceso:

conoce a la musa de carne y hueso,
en palabras de Darío--, Elena Osario,

una de las grandes pasiones de su alma; y escribe entonces: No se qué estrel1a tan propicia reinaba entonces,
que apenas nos vimos y hablamos,
cuando quedamos rendidos el uno al
otro. Pasión fulminante, de flechazo a
primera vista, causa más tarde -del destierro y tortura del enamorado.
Elena, de extraña hermosura, según
se desprende de las numerosas poesías
que él le consagra, era hija de unos
comediantes y estaba casada.
El encanto de semejantes relaciones
no pudo ser largo: para castigo suyo,
no es él quien abandona, sino quien
es abandonado, pese a la subyugadora
fa!!Ja de que ya gozaba en la Villa y
Corte.
Herido el amador en sus sentimientos, vuelve contra ella y lo suyos los
venablos emponzoñados del rencor.
Escribe entonces en desahogo una serie de libelos infamantes que provocan 1a intervención de un tribunal que
juzga al agresor y lo envía a la cárcel.
La cárcel era provisional mientras
no se pronunciaba sentencia. Esta llegó con una órden de destierro para el
infamador, pero la audacia del comediógrafo sube de punto si sabemos que
pone en juego nueva vez sus inclinaciones, con la candorosa doncella Isabel de Alderete, dama de calidad a
quien rapta, y por cuyo escandaloso
atropello se le piden cuentas, que Lope
satisface caballerosamentC', casándose
con la ultrajada.
Tenía Lope poca madera de reposo

y de hombre hogareño, y no pudo, por

eHo, sujetarse a tan dulce bonanza.
A tono con sus inquietudes, se le

ofreció la oportunidad para huir de
la placidez que Jo rodeaba.
Organizábase por esas calendas la
Escuadra Iuvencible para Jo que pudo
haber sido, y Dios no lo quiso, "otra
de las ocasiones más altas que vieran
los siglos."
Se embarcó, pues, en la ciudad lisboeta c_on algunos amigos y su hermano Juan, que pereció en la demanda
en brazos del poeta.
La hermosa ciudad del Tajo brindó
a Lope de Vega días transparentes y
propicios. Antes de partir recibe la
visita de su pungida esposa, que concurre a la despedida del compañero
bienamado. De aquí brota aquel ro•
manee sobre Be/isa -Isabel de Alderete-: De pechos sobre una torre
que la mar combate y cerca, mirando
las fuertes naues que se van a Inglaterra, las aguas crece Belisa llorando lágrimas tiernas.
Fue la expedición una desastrada
empresa para el Imperio filipino; desecha la Escuadra por los temporales,
Lope, zamarreado en la galera San
Juan, fue a parar a la Coruña. Este suceso tuvo su reflejo en el repertorio
Jopevegnesco: el poema La hermosura
de Angélica, con recuerdos de la Filis
ingrata para él, la maridada Elena
Osorio.
Al volver a Valencia, sede de su exilio, torna al hogar, y aquellos días apacibles son de intensa creación poética,
en medio de una atmósfera de letras,
en donde el Teatro tenía singularmente su señorío.
Colaboró alli Lope en la colección
de poesías que se publicaron con el
título de Flol'eS de romances, apareciendo también sus primeras obras
dramáticas, ya perfeccionadas en la
técnica literaria.
Días adelante se convirtió en el Secretario privado del Duque de Alba, y
con él se translada a su residencia del
Tormes, lugar que tantos recuerdos
tiene de la Madre Teresa de Jesús.
Discurrieron allí los días en un grato remanso espiritual, marco propicio
para el laboreo poético... De su pluma salieron algunas comedias y la novela pastoral La Arcadia, obra que recoge el ambiente palaciego, vida y sucesos del altísimo noble.

Entre amar y escribir se le iban al
poeta desmadejando las horas, con un
sentido de sophrosinc y placidez, que
nunca antes hubiera soñado. Pero aparece su segundo vástago, y al morir
la esposa como consecuencia de esto,
vuela el poeta a Madrid, y recuerda
allí a la desaparecida en un tierno y
doliente soneto: Para tomar de mi desdén venganza, / gastóme amor los años
que tenia,/ con que miraba yo como
solla,/ todas las cosas en igual templan:a.; A lo menos conozco la mudanza / en los antojos de la vida mía,/ de

un dia en otro no descanso un dia, /
del tiempo huye lo que el tiempo al-

cw,za. / Almas parecen de mis niñas
puestas/ en mis ojos que baña/ tierno
llanto/ ¡Oh niñas, niño amor, niños
antojos / Niño deseo que el uivir me
cuestas!/ Mas ¿qué mucho también que
llore tanto / que tiene cuatro niñas en
1/Js ojos?.

Aunque aparece después en la sucesión amatoria Antonia Trillo, en Lope
vive una dualidad, pues recuerda a
Belisa, llorando sobre su tumba y consagrilndole un romance: Belisa, señora
mia,/ hoy se cumple juslo un año/ que
de lan temprana muerle/ guste aquel
potaje amargo./ Un día .te servi enfer·
ma,/ ojalá fueran mil años/ que así

enferma le quisiera/ continuo aguardando el pago.

El segundo connubio le sale al paso:
se casa con Juana de Guardo el 25 de
abril de 1895, granjeándole fama de
codicioso, por la dote con que la mujer Uega al matrimonio. Pero si algún
interés material lo llevó a recibir el
Sacramento, mal le salieron esas cuentas, pues su vida fue sólo una amarga
serie de desasosiegos, por la contínua
ingerencia ele los familiares de la esposa.
Quiso entonces respirar un aire de
libertad y pronto lo consiguió. La
amada en turno, :\ficaela de Lujitn logra adentrárse]c tan hondo a este constante amador, &lt;1ue la arrobadora belleza ele Micaela Je trastorna el ritmo
ele sus días.
Camila Lucinc/a es el nombre poético de 1a Luján, y a su culto, más arrebatado c¡uc los anteriores, consagra el
poeta no pocas C'strofas que leemos en
La hermosura de Angélica.
Algunos años vivió el escritor esta
Yida escandalosa, que tuvo por fruto

un vástago en 1007, Lope, imagen del
poeta.
Al morir :\licacla vuelve la tranquilidad al hogar maltrecho. Sin duda,
Jo que más le atrae y ata a esa vida
es la figura ágil y menudita de su hijo
Carlos Félix, en quien tenía puestas
todas sus esperanzas y por. el que se
bebía todos los vientos. Tal se desprende del epistolario con el Señor
Duque de Sessa, en que el nombre del
infante menudea orlado de suprema
adoración.
Poco después mueren el niño y la
madre. Al llegar a este hito la existencia de Lopc siente la vislumbre de una
nue,·a vida consagrada a Dios y empiezan a apuntar inc1inaciones ascéticas y propósitos de vocación secerdotal, refugio segurisimo de un alma
dislacerada y contrita. A esta etapa
correspoden los Soliloquios de un alma con Dios.
Y he aquí por último, cima y síntesis, un nombre sortílego de mujer:
)larla de Nevares ... Pasión tardía, profunda, persistente, completa. La que
resume, compendia a todas, y aun las
magnifica en exaltaciones celestes, en
humildísimas postraciones.
El nombre poético de Marta es .4marilis, y a ella se integra fatalmente, sin
poder triunfar en ]a tritgica lucha entablada en la intimidad de aquel su
cspiritu turbulento, ffiaduro ya, investido el poeta ya de las sagradas órdenes sacerdotales.
Empero, las estrofas fluían, fluían
caudalosas en loor y oblación a la musa definitiva.
Lope ponderaba a Jmarílis: "el cabello era copioso y componían una
selva de rizos; sus ojos eran dos esmeraldas que hablaban a las almas al

oído; la bien hecha nariz que dividía
el rostro honesto nácar en marfil lustroso; en suma, su boca hermosa y con
perlas ...
El fruto ele este amor adviene en
1617: Antonia Clara, quien parece enviada especialmente para ser el instrumento de más duro castigo que Lope habría de recibir en ·su vida.
Poco después asciende el primer
peldaño en la escala de la amargura;
Amarílis siente c¡ue un cendal trágico
se le va adensando poco a poco sobre
sus dos esmeraldas ... Entonces el liróforo canta vulnerada el ánima: Cuando yo ui mis luces eclipsarse ,/ cuando
yo mi sol oscurecerse ,/ mis esmeraldas
enlutarse, / y mis puras estrellas esconderse,/ no pudo mi desdicha ponderar-

diante 11aria Riquelme y otros. Ese
barrio se agrupaba en torno a la pla·
zuela llamada El mentidero de los represe11tw1tes.

1

Antes de cerrar los pliegos de esta
desmadejada disertación, conviene acaso citar la parte mas granada del sonetario de Lope.

•.•'

•
'

I
~

~

Oc Esclavos del Santísimo Sacramento,
y en 1619 a la Congregación del Oratorio de la calle del Olivar. Seis años
más ta,·de se afilió a la de San Pedro,
asociación madrileiia de sacerdotes,
qne acaso existe en nuestros días, de
la que fue su Capellán años adelante.

Honores y dignidades recibió Lope
ele las más altas jerarquías ec]esiásticas: el Pontífice Urbano VIII le concedió el capelo de Doctor en Teolo.gia, la Cruz de la Orden de San Juan
y el derecho de anteponer a su nombre el titulo honorifico de Frey. Así,
pues, en el orto de su vida era Frey
I.opc Felix de Vega Carpio.

dormido aunque me he confesado; mal
haya amor que :;e quiel'e oponer al cielo ...

Luchaba el hombrC' entre dos fuerzas cósmicas superiores a sus empeños; cuando acariciaba el mármol carnai de Blanca ele Xavares, escuchaba
a l.1 par la dulcísima admonición &lt;le
otra carne: la carne pasible de Jesús.

La casa del cantor de Amarílis iba
entenebreciéndose con la ceguera irreparable de ~!arta y de la pobreza que
los raía, de la que salieron como a
trompicones, merced a Ja generosidad
del Señor Duque de Sessa.
Lope seguía subiendo hacia el clímax del tormento: la locura dió por
adueñarse de la hermosa ciega bienamada, QUC', al recobrar la razón, murió en 1632.
Los postreros aiios de su vida perteneció :\tarta a la Orden Tercera franciscana, en la que ingresó probablemente a instancias del poeta, tan dado
a asociaciones devotas, congregaciones
y hermandades.

a1los blancos de Lope ele Vega, la noche del 27 de agosto de 1635.

En plenitud de su Yida sacerdotal,
Lope agostó sus días - o los hizo reflorecer- en la pasión amorosa, IJ ena de ardentía, hondamente sentida.

Todavía veinticuatro horas antes de
su postrer aliento, escribió con caudalosa imaginación un largo poema, La
edad de Oro, y un soneto sobre un noble lusitano.

Durante los días angustiados y contradictorios de Marta de Nevares, surgió simultáneamente lo más rico en
fondo y forma de su lírica devota y su
lírica amorosa.

Dos dias antes regó por vez última
los arbolillos y las flores de su huerto
con mano cariciosa; dijo su misa antcmortcm y castigó su carne flaca,
pues era viernes ...

De sus sonetos dice el luminoso gustador José F. ~lontesinos. Los sonetos
de Lope, nacidos de una crisis de conciencia, &lt;le conflictos con una ética
confesional son poesia de contrición
fJ atribución; y añade: Los sonetos de

Una de las frases del moribundo
fueron para sn discípulo y amigo Montalbán, a quien Je dijo: Que la verdadera fama era ser bueno, y que él trocaba cuantas habia tenido por haber
hecho un acto de virtud más en la
Pida.

El mismo era terciario desde 1611.
En 1608 figuraba como familiar del
Santo Oficio de la Inquisición. En esta
investidura presenció en 1624 el achicharramicnto de. un religioso de la Orden serilfica, -Benito Ferrer, que en estado de extravío mental había profa.
nado la Hostia. El poeta, humano y generoso, trató de salvarlo 1 alegando que
se trataba de un lunático. Fue en vano: el Tribunal demostró lo contrario
con toda evidencia. Pero los sentimientos de Lope se pusiero de manifiesto.
En 1609 ingresó a la Congregación

Página 4

Lope se destacan de la lírica clásica

El poeta, destrísimo en todos los géneros, manejaba desde el poema bur•
lesco, en el que se advierten innovaciones lexicales, hasta la cariciosa e
inefable estrofa amatoria o el más rendido poema tributado a la Divinidad.

Su acendrada religiosidad, su penitentisima vida de los últimos años, su
arrobado amor a Cristo, nos legan enfervorecidos sonetos, de una humilde
suavidad insuperable. Leamos esta
transparente trilogía:
¿,Qué tengo yo, que mi amistad
procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío
pasas las noches del in,,ierno oscuras?
¡Oh cuúnto fueron mis entrañas duras,
pues no te abri ! ¡ Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
- "Alma, asómate agora a la ventana,
,·erás con cuánto amor IJamar porfia!"

En la Gatomaquia, excelentemente
comentada en edición critica por el
benemérito D. Francisco Rodríguez
~farín, aparece este galano y donairoso soneto:

¡ Y cuántas, hermosura soberana,
- "lfañana le abriremos", respondía,
para lo mismo responder mañana!

Con dulce voz y pluma diligente,
y no vestida de confuso caos,
contáis, Tomé, las bodas, los saraos,
de Zapaquilda y Micifuz valiente.

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño:
Tú, que hiciste callado de ese leño
en que tiendes los brazos poderosos,

Si a Homero coronó la ilustre frente
cantar las armas de las griegas naos,
a voz de los insignes marramaos
guerras de amor con súbito accidente.

vuelve los ojos a mi fe piadosos
pues te confieso por mi amor y dueño
y la palabra de seguirte empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Bien merecéis un gato de doblones,
aunque ni Lope celebréis ni el Tasso,
Ricardos o Godofredos de BuHones;

Oye, Pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados
pues tan amigo de rendid\lS eres .

pues que por vos, segundo Gatilaso,
&lt;1uedarán para siempre de ratones
libres las bibliotecas del Parnaso.

Espera, pues, y escucha mis
cuidados ....
Pero, ¿cómo te digo que me esperes
si estás para esperar los pies clavados?

En la brega por el rescate del alma,
que fue por si sola un estigma y un
castigo, se doblaron los setenta y tres

se,/ ni mi ?¡rave dolor encarecerse,/
/ ni puede aquí sin lágrimas decirse/
/ cómo se {11e mi amor al despedirse.

No hace muchos años un importante mitrado español emitió un juicio
digno de mencionarse sobre el caso
Lope: Juzgamos de ordinaJ'io a nuestro
poeta por las condescedencias que tuvo con sus impulsos; pero no deberíamos olvidar las victorias - muchas y
señaladas - que obtuvo sobre sus pasiones, sobre los ajenos requerimientos y sobre las solicitaciones del ambiente.

Si piensas que no soy su dueño,
Alcino,
suelta y verásle si a mi choza viene,
que aun tienen sal las manos de su
dueño.

En este soneto amatorio, acaso e]
mejor labrado por el eximio batihoja
de nuestra lirica, vibra el sentimiento
con rendida ternura y arrodilJada
emoción:

Suelta mi manso, mayoral extraño
pues otro tienes a tu igual decoro,
deja la prenda que en el alma adoro,
perdida por tu bien y por mi daño.

No sabe qué es amor quien no te ama,
celestial hermosura, Esposo bello;
tu cabeza es de oro, y tu cabello
como el cogollo que la piedra enrama;
tu boca como lirio que derrama
licor al alba, de marfil tu cuello;
tu mano el torno, y en su palma el
sello,
que el alma por disfraz jacintos llama.

Pónle su esquila de labrado estaño
y QO Je engañen tus collares de oro:
toma en albricias este blanco toro
que en las primeras yerbas cumple un
año.

dejando
tanta belleza, y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar ganando?

Si pides señas, tiene el vellocino
pardo, encrespado, y los ojuelos tiene
como durmiendo en regalado sueño.

Mas si del tiempo que pérdi me ofendo,
tal prisa me daré, que un hora amando
venza los ·•años que pasé fingiendo.

¡Ay Dios! ¿En qué pensé cuando

como algo sin precedentes e insuperado , y la mayor intensibilidad reli-

aiosa y el mayor alejamiento de los
ideales antiguos no. logran ahogar la
emoción con que escuchamos el temblor de la

llOZ

El Duque de Sessa costeó la pompa
funeral que fue vista con honda veneración por los via.ndantes que esperaban el paso del cortejo.

de Lope, ahogado por

las lágrimas al confesar sus culpas y
proponer la, enmienda.
Bien al descubierto quedan los afiebrados estados de ánimo del escritor
genial en la correspondencia y fre
ruente epistolario con su prócer mecenas y confidencial amigo el Duque
ele Sessa. En ésta habla el poeta atri•
bulado: ... yo estoy perdido, si en mi
vida lo estuve por alma y cuerpo de
mujer, y Dios sabe con qué sentimiento mio, porque no se Cómo ha de ser
11i durar esto, ni vivir sin gozarlo; y
en algún otro lugar: Esta noche no he

Pasó el séquito fúnebre junto al Con,·ento lle las Descalzas rumbo a la
Iglesia clt• San Sebastiún. de la calle de
Atocha.
Los huesos del poeta no han podido
encontrarse; una tosca restauración
llevada al cabo en el siglo XVIII ha
imposibilitado el hallazgo de esta venerada reliquia histórica.
Los últimos decenios de su vida Lope moró en la calJe de Francos, cerca
ele donde vivían Cervantes, Quevedo,
Agustin de Riojas, la famosa come-

Página 5

�IL 1 IBIR.OS

UN HOMBRE,
UNA ID·EOLOGIA,
UN POEMA

H. R. PATCH: El otro mundo en la literatura medieval. 470 pp. Fondo de
Cultura Económica, :México, 1956.

Tan vieja como la humanidad es la
creencia en un mundo aparte del nues-

Por Raymundo RAMOS GOMEZ.

Octavio Paz, México, El Cántaro Roto, son el
mensaje común de una época en que ya no nos
duele tanto el dolor como el recuerdo del dolor.
Combromiso con lo definitivamente nuestro,
compromiso para con la espina y el barro; país
cruficado de sed en el Norte, de soledad en el
Sur, de hambre en todas partes. Sol de la aristocracia que no alumbra para todos, falso sol re•
volucionario que dice que alumbra para todos.

Chorro de sudor proletario y de átomos de sangre, remolida, seca como una garganta de piedra: sólo escupitajos de algo,
dón, sólo memoria del agua, retroactividad de frescura, sospe,
cha de humedad: ... Dime sequia, piedra pulida por el tiempo
sin dientes,
por el hambre sin dientes,
polvo molido por dientes que son siglos, por siglos que son ham•
bres, dime, cántaro roto caído en el polvo, dime, ... "

Interrogación de angustia. Geografía vertebrada en el choque violento de los huesos. Luz: fósforo humano tallado en el
En el primer número de la Revista Mexicana de Literatura roce de las miserias colectivas, de las palabras y de los hombres.
(septiembre-octubre de 1955) aparece un poema de Octavio México: botín de forajidos -antes en el camino real- ahora
con casaca diplomática y con peluca, en los puestos directivos
del gobierno: ... "¿Sólo está vivo el sapo,
sólo reluce y brilla en la noche de México el sapo verduzco,
sólo el cacique gordo de Cempoala es inmortal? .•. "
Feudo de caciques y generalifes analfabetos, todavía de texa•
na, como la razón pura y de mauser, como la razón práctica; en
su defecto, refugio de sabios de gabinete, torres de Segismundo·
de una cultura que no dialoga con el pueblo, porque tal vez ya
nadie sabe como se escribe la palabra pueblo y en los diccionarios
oficiales no se consignan la, palabra podredumbre y la palabra
miseria. Códigos donde quedó abolido el dolor de la raza, derogado el derecho a destruir la carcel de las letras y prohibido, de
una vez por todas, el llanto ancestral de los humildes.
Harina amasada con silencio y sangre: pan integral de los
desheredados.
Que, ¿Sólo el sapo es inmortal?

Paz, que es la afirmación de nuestra realidad nacional en el con•
tenido, de aristas agudas en la forma, pero pulidas a porfia (len•
gua lenta de vaca limando las espinas). Violento en el contras•
te del color, de oro a rojo, azul duro de hierro forjado, frío de
plata antigua y de polvo húmedo bajo los pies descalzos. Mú,
sica asordinada, poblada de gritos ríspidos, · de ansias salvajes
arremolinadas en el pecho, rehilete de luz y sombra bajo la piel:
••. "He aqui a la rabia verde y fría y a su cola de navajas y vi•
drio ~ortado ... " Sí, el maguey con su terca voluntad de vivir,
la vuelta del hombre a las urgencias telúricas, la identificación
absoluta con el paisaje. De clima a clima florece la flor rotunda
del mestizaje (Yoloxochitl, flor del corazón). La unión de las
herencias, en lo que tiene de puerta hacia el misterio, ha dado
un pan cazabe con levadura hispánica. Pensamos en espáñol
pero sentimos en indio. No somos, sin embargo, ni éste ni aquél.
"No es el color de la piel, sino la respuesta al medio lo que se
hereda".
Página 6

la simetría en la estética de Goethe;
en el libro a que nos estamos refiriendo, Reyes busca "el medio aristotélico", ]a justa línea de equilibrio, la simetría con referencia a los extremos,

tro, sobrenatural y maravilloso, lleno
de deleites y riquezas, sin vejez, sin
enfermedad, y en el que los años pasan como horas. El acceso a ese mlmdo y su aspecto son tan variados como ·los pueblos que lo crearon. Se llega a él atravesando el océano, cruzando un desierto, vo1ando en un carro
alado o pasando por tenebrosas regiones subterráneas. No •siempre es un
lugar delicioso; a veces, sobre todo en
las leyendas y visiones inspiradas por
el cristianismo, es un lugar de prueba
o de castigo.
El libro de Patch parte de los orígenes orientales y clásicos, pasa revista
a los paraísos celtas y germánicos hasta llegar a las visiones, alegorías y narraciones caballerescas de la Edad
Media, en las que los diferentes hilos
de mitologías anteriOres forman un tejido deslumbrante de riqueza y colorido.
En un Apéndice, de especial interés
para los lectores de habla española,
~laría Rosa Lída de Malkiel complementa la investigación de Patch y nos
conduce, en clara y sustanciosa exposición, a través del trasmundo que
ofrecen las literaturas hispánicas. Así,
esta edición ofrece un panorama más
completo del tema que el aparecido en
]a edición original en inglés. La excelente traducción del volumen se debe a Jorge Hernández Campos.

para enfocar a quien es, ante todo, simetría.
Parejamente con Goetbe va el amor.
Esta palabra, y más que la palabra el
acto, es la clave de su vida. No puede
Jibrarse nunca, dondequiera que vaya,
de la imagen femenina que sus ojos
buscan concretar; es, como los persoTRAYECTORIA .DE GOETHE. Alfonso najes de Dostoiewski, víctima repetiReyes. Fondo de Cultura Económi- da de la obsesión. En la Trayectoria
ca. Colección de Breviarios. México, de Goethe de tal manera van avanzan1954.
do paralelamente las desCripciones que
ninguna de ellas predomina sobre otra,
Este libro es una obra que Alfonso y sin embargo, todas se destacan nítiReyes se debía a si mismo. Aunque, damente: hay más intensidad en los
como él lo dice, constituye no ]a obra amores ele Goethe en este libro que en
final y rotunda sino sólo un escalón Las mujeres de Goethe, de Paul de
para aproximarse a Geothe: "instru- Saint Víctor, no obstante que éste se
mento para trabajos venideros o de reduce a tratar con exclusividad el tefutura aparición ... JJ; y ésto, porque ca- ma amoroso. Carlota. Clara, Margarida faceta del autor del Fausto se pue- ta~ Federica, destacan concretamente
da ampliar indefinidamente, siempre su perfil, mientras al mismo tiemes posible acercarle una lente de au- po se asiste al nacimiento de Werther,
mento que descubra nuevas proyec- Egmont, Fausto, Poesía y Realidad.
ciones insospechadas antes, hay siemLas intempestivas fugas de Goethe,
pre, por cada pensamiento de Goethe, que no son abandono de paisajes o
un camino que se abre y ensancha. fastidio de gente desocupada, sino verPero, ¿cómo abarcar ésta totalidad, si dadero deshacerse de sí mismo, adno es colocándose, como lo hace Re- quieren en el libro de Reyes su cabal
yes, entre el estudio especializado de significación. Cada fuga significa un
la obra literaria, y la biografía, a ve- escape de ]o que hasta entonces se fué;
ces un tanto novelada del hombre mis- siempre se huye de lo que está a punmo? Y es que Goethe se presta para to el convertirse en peligro (peligro en
las exageraciones. En cuanto se le su más hondo contenido, como en
trata biográficamente ·se cae en el pe- Heidegger: "peligro es amenaza que
ligro de bordar en demasía por cuen- al ser hacen los entes"), en Goetbe el
ta propia; en cuanto se analiza su as- huir no es cobardía, sino conciencia
pecto literario, se abandona al perso- del peligro, el emprender la retirada es
naje, y Goethe, la persona, el hombre, acabar de una vez con el enemigo que
es un maravilloso guía de su propia hosti1izn; por eso el lVerlher, que es
obra. Por eso en Reyes no es biogra- huir y enfrentarse, termina para siemfía que se concrete al hombre, ni tam- pre con el Goethe romántico.
poco tratado áspero que lo desligue
Es particularmente digno de atenpor entero, sino "trayectoria": movi- ción el capitulo referente a las relamiento conjunto, cambio del ser hu- ciones que privaron entre Goethe y
mano con sus manifestaciones más in- SchiJJer. Se comprende cómo era imtimas.
posible un acercamiento entre las dos
En 1910 ya aparece Goethe inquie- figuras, como lo hace notar Croce,
tando el espíritu de Alfonso Reyes; mientras prevaleciera entre ambos la
llama su atención el carácter supers- sombra del romanticismo. El Schiller
ticioso y la repetida referencia a Ja de Los bandidos estaba muy lejos del
magia que, como en Shakespeare, apa- Goethe que se expresa en Fausto con
recen como una constante en las pro- estas palabras: "¿De qué sirve todo
ducciones -y en la vida misma- de esto?/ Estos gestos y ademanes,/ todo
Goethe. "La simetría no es más que es viejo y repugnante." Schiller apeuna forma de la superstición o de la nas estaba en el punto en que Goethe
magia''; dice Alfonso Reyes en Sobre dejó al Werther. Pero de la polaridad

de sus conceptos nació la discusión y
"La discusión, en vez de alejarlos, fundió el hielo que hasta entonces los separaba." Una vez en contacto fueron
un acicate mutuo que redundaba en
beneficio de ]a producción. La divergencia fué fructífera.
Hay un antecedente que une la travectoria de Goethe y la de Alfonso
Reyes: Ifigenia. Ambos entroncan directamente con la tragedia griega, que
en su particular manera vuelve a resurgir. En la Trayectoria de Goelhe,
que inicia]mete nació de unas páginas
publicadas en la revista Sur, de Buenos Aires, se unen nuevamente. Este
libro abre ]as puertas a la visión completa de la obra de Goethe, si bien no
un ensayo concretado a una determinada faceta, si panorama general y
completo.
Hugo S. PADILLA.

.J. A. HAYWARD: Historia de la medicina. (Breviario No. 110). 821 pp.
Fondo de Cultura Económica, ~féxico.
Desde tiempos remotos, ]a enfermedad ha sido preocupación central y
tema obligado de las especulaciones
filosóficas y de ]as rogativas de los
creyentes. Superada la etapa mágica,
conjugaron sus esfuerzos la biología,
la física y la química, y los resultados
obtenidos han sido sumamente halagadores. Desde Jenner, los padecimientos han estado cada vez más bajo control humano, gracias a Pasteur, Lister,
Koch, Laveran, Becquerel, ROntgen,
]os Curie y un puñado de investigadores cuyos trabajos han originado la
bacteriología y la radiolOgia y quimioterapia contemporúnea.
El doctor Hayward expone en su
Historia de la medicina los progresos
de esa ciencia dividiéndo]os en dos
periodos: 1) el precientifico; y 2) el
científico. No hay en este respecto límites muy precisos, pues desde antiguo se puede discernir un método basado en observaciones y experimentos
en medio de un fárrago de teorías y
supersticiones.
A partir del siglo XVIII priva una
tendencia gradual hacia el método

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Cniversidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
atcneistas, centros culturales, sociedades de diversa indole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro men•
suario ·'ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente apareddas en las prensas americanas.

I

Dada la extensa órbita de circula•
ción del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fon•
do y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento cientifico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
México.

rmas y

!R

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registrado como artículo de 2a. Clase en la
Admó_n. de Correos de Monterrey,

N. L. el

20 de Abril de 1944.

INDICADOR:

J. A. Hayward: HISTORIA
DE LA MEDICINA
~

12 . 50

BREVIARIOS
¿EL FO1'00 DI:. Ct;LTU U

Colaboradores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuenle
Francisco M. Zertuche
Genaro Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A. Garza

ECONÓMICA

Alfonso Rangel Guerra

científico. Precisamente uno de los
objetivos del autor es describir la deuda que la medicina tiene con las ciencias exactas, pues puede observarse
que el periodo científico es justamente
el de su relación más estrecha con
ellas.
Hayward termina su estudio con un
ensayo sobre la medicina social y el
futuro de la profesión médica social y
el futuro qe la profesión médica, de
indudable mterés general, como también lo son el trabajo en hospitales y
en servicios sanitarios actuales.

Guillermo Cerda G.
Jor¡e Rangel Guerra
Manuel Morales

Director
Lic. Fidencio de la Fuenle

Oficinu

Washington

y

C.Olegio Civil

Monterrey, Nuevo León

MEXICO

Página 7

,

�Por Gerarclo CCELLAR Y.

una gran fuente y que casi parece volcarse sobre la Sexta Avenida. Allí, todas las tardes, se situaba un hombre
gordo, alto y moreno, de quien se decia era mexicano, para cantar canciones tales como Granada, Valencia,
Ojos Tapatíos, La Norteña y muchas
más. No recuerdo qué hora era al negar a la plaza aquel día. Pero el hombre cantaba: "Ola, que a la luz de ]a
luna ..... " y la gente le arrojaba monedas de cinco, diez y veinticinco centavos. Para un cantante de Opera,'como ·se decía que él lo fue, esto debe
haber sido triste. Su canto, por lo menos, sí lo era.
Cuando la gente se había ido, e1
cantante gordo recogía ]as moneditas
que estaban a sus pies. Y esto hacía,
con gran sacrificio al indinarse. cuan. do estuve tentado de platicar con él,
pero luego desistí de hacerlo, para después arrepentirme. De cualquier manera, yo tenía la boca amarga y pocas
ganas de hablar; los últimos sueños,
ya lo dije antes, habían sido terribles.
Al entrar a la biblioteca comenzaba
a oscurecer; me había entretenido contemplando un busto de Goethe y así
se me fue el tiempo sin sentir. Pensé
en Kant, lo que nos dejó dicho sobre
el Arte y los artistas y, finalmente,
volví a Goethe recordando a su trovador. Lo hacía decir:
"Yo canto cual canta el ave
A quien da el bosque mansión
Y encuentra en su propio canto
La recompensa mejor"

Cuando un hombre se ha pasado tres

días sin comer, comienza a tener sueños raros; sueña, por ejemplo, que se
come la pasta dentífrica y la pomada
para los callos que siempre ha guardado én el botiquín del baño. Y al
despertar, lo hace maldiciendo a todos aquellos que han comido regular•
mente durante los últimos cien años.
Esto lo digo por experiencia.
Pensando que el tabaco y el sueño
le quitan un poco el filo al hambre,
había dormido más de dieciseis horas
ese día, fumándome los últimos dos
paquetes de cigarros que me quedaban en el cajón del buró. Era miércoles y, desde _e l domingo, no babia
probado una taza de café siquiera;
solo había fumado y dormido todo ese
tiempo. Pero no era posible aguantar
ya más; los últimos sueños habían sido terribles y la cama y el cuarto me
resultaban insoportables. Vivía entonces en el número 111 de la calle 84,
a cuadra y media del Parque Central,
caminando hacia Broadway.
Asqueado del Greenwicb Village,
tomé la resolución, mientras me daba un baño, de no visitar el Barrio
Bohemio en una larga temporada.
Leería, mientras tanto, algunas obras
de B. Traven. William Saroyan acababa de publicar su última novela:
"Rock Wagram", sobre la cual se habían hecho magníficos comentarios y
yo pensé que sería el libro que mas

Página 8

Para un lector de cuentos, esto es
mucho mejor que todos los tratados de
Estética escritos y por escribirse.
Pero ya no me sentia con ganas de
leer;. busqué en el indice a don Alfonso Reyes, encontrándome dos cajas
me convenía leer. Bueno; es mejor llenas de tarjetitas que daban razón de
decir estudiar, cuando de Saroyan se su obra y de lo que sobre el autor se
ha escrito. Luego vi el nombre de Jotrata.
sé Revueltas. seguido de un título en
Tres años tenía de estar leyendo
inglés, correspondiente a su libro "El
cuentos, buenos y malos, nacionales y
Luto Humano"; "The Stone Knife",
extranjeros, optimistas y pesimistas,
para los lectores de habla inglesa.
dulces y amargos, cuando dejé aquella
No pregunté por la obra de Sarotarde mi cuarto para caminar cuarenyan. Busqué en el índice nuevamente,
tidós cuadras hasta la biblioteca.
esta vez la letra "C 11 , tratando de enLa temperatura era bastante agra- contrar a Gerardo Cuéllar V.; pero no
dable y estaba seguro de que el ejer- estaba. Y tomando una tarjeta en blancicio no me haría sudar. Además, no co, la introduje en el lugar corresponpodía tomar el tren subterráneo por- diente poniendo, debajo de mi nomque me faltaban los diez centavos del bre: "Lector de cuentos". No sabría
pasaje. Y tenia todo el tiempo por de- decir si ésto les causó un problema a
lante.
los señores bib1iotecarios. Espero que
A espaldas del edificio c¡ue ocupa de ninguna manera haya sido asi.
Mientras rotulaba aquella tarjct3,
la Biblioteca de la Ciudad de Nueva
York, se encuentra una plaza _que tiene observé que algo brillaba en el doblez

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.

.

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I

de mi pantalón; y una vez que hube
escrito: "Mexicano, nacido en Monterrey, ~uevo León, en 1928", me incliné para recoger el objeto que estaba
en la valenciana; era una moneda de
veinticinco centavos. Me acorde, entonces, de los años en que vivíamos
en Monterrey, al fondo de un expendio de pas,turas; por las noches tomaha mi padre el violín e, invariablemente, me hacia cantar, mientras él tocaba: "Ola, que a la luz de la luna ..... "
Pero también recordé al cantante mexicano gordo de la fuente; con toda
seguridad mi moneda iba dirigida a él.
Y no me importó, porque aquella noche pude comer una ración de sopa,
una taza de café y pan de centeno con
mantequilla.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BOLETIN MENSUAL DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
Registrado como articulo de 2a. clase en la Administración de Correos de Monterrey, N. L., el 20 de Abril de 1944.

Año XIII

D.A.S.U.

No. 1

Enero de 1956

EVDCACION JJE MENENJJE ..y PELAYI!
Francisco

,lf.

ZEf/Hl_Cff.f 'lit'
·

'JC

,
€/1mna

l&gt;lfll,1.11$,&lt; '! /Jnlwrd1ari«
aquel gran Don ~larcelino, hombre nacional } cosmopolita, siempre de ayer
y siempre de hoy, vale decir, clásico.
A pesar· de que "nada envejece tanto como un libro de historia", seglln
sentenciaba el Maestro inmercesible

en el frontispicio de Los heterodoxos,
la magnitud y profundidad de su obra
sigue siendo, por lo que contiene y por
lo que sugiere, un hontanar manantio
de investigaciones futuras, aunque en
algunas cuestiones esporádicas su doctrina se haya resentidó de ampliaciones y rectificaciones ulteriormente.
De su ancho y fervoroso m~gisterio

oral y escrito nace indudablemente el
empeño por las investigaciones hist6ricoliterarias de que ahora ofrece tan

lucientes y constantes muestras la Cultura hispánica al través de las generaciones que día con día vienen traba-

jando en el pulimiento de esa espléndida cantera.
Diferentes factores originaron la su-

ma cultural de Menéndez y Pelayo y
determinaron las más importantes vlas
de su actividad: creadora. Primero, su
severa educación humanística, inicia-

da con apego desde sus días candeales.

Don ,1/arcelino .lle11é11de: y Pe/ayo

mas voy yo a despertarlo de su
sueño ..."

pos, pues que nada parecía extraño a

toral, Horacio en España. la BibliograJ; que le consagró todos sus días vehementes, y
otras, y que sólo llegó a imprimir hasta Cicerón (1912), aunque un mundo
de notas y papaletas pudieran comple-

fía hispa11olati11a, obra a

tarla, ya que se encuentran en su Bi-

blioteca custodiadas.
Estudió en la {;niversidad de Barcelona, de 18il a 1873, bajo el profesorado filosófico de Lloréns, propagador
de la escuela escocesa, pero su verdadero maestro fue Don Manuel Milá y

Fontanals, hombre de originales pensares, docto y diserto en Filología románica, ciencia iniciada por Federíco
Diez, sobre todo en las nuevas direc-

poesías latinas y castellanas de su juventud, y más aun, en la sensibilidad
critica y en la belleza insuperable de
su regalada prosa didáctica. Tercero,
el sentido patriótico y religioso a la
par que lo conducen con seguros pa-

y la redacción de la obra más importante de cuantas el Maestro escribió,
la Historia de las ideas estéticas en
España (1883-91), realización editorial

filosofía y la teología del pasado español.
AUá está, en Santander, para azoro

r gratitud de las generaciones presente y las venideras su vasta bibliote-

parcial de aquellos vastos proyectos

te de la Cultura española sepultada en
la indiferencia de las décadas, abarca
grandes sectores del conocimiento de
la ciencia ibérica de todos los tiem-

clásicas. De allí vienen sus poesías
latinas originales, ]as versiones de escritores romanos y griegos, La novela
entre los latinos, que fué su tesis doc-

ciones de la Estética alemana.
Sus relaciones con Milá -supone M.

donada en su muerte a la ciudad
En el panteón de las figuras maxunas de la Cultura espa- ca,
bicnamada que lo vió nacer, como un
ñola, pocos hombres han suscitado tan alto grado de veneración templo diamantino, hospitalario y rey tan dilatada fama en las generaciones como el pasmoso polí- velador, en el que la historia, la ciengrafo montañés que ahora memoramos en el primer centenario cia, el arte y la literatura ostentan su
altísimo señorío.
de su natalicio.
Las tres fuerzas generadoras de que
Nacido en Santander hace una centuria, su aparición en
hemos hablado, estimuladas por su
el cosmos intelectual de España fue un hecho salvador en los lus- enorme erudición, hicieron germinar
tros de acentuada decadencia en los estudios históricoliterarios los planes de sus obras admirables
en la Península y aún en el mundo verbal de habla y pensamien- desde su primera juventud. La mayoria de ellas son la realización total o
to hispánicos.
Su obra titánica r.parece casi solitaria, insólita y seLera, en este hombre
nacido de mujer y corto de dios ....
Las concepciones y realizaciones de
creador y exhumador de la masa iner-

En el Instituto santanderino abrevó
las excelencias de la lengua del Lacio
)" sintió el gusto por las humanidades

Segundo, el ínsito, inherente temperamento estético que se revela en las

sos a valorar y a exaltar la ciencia, la
"Lá:aro, nuestro amigo, duerme;

("hazar numerosas ofertas editoriales
para redactar una obra panorámica
&lt;¡ue abarcarse sintCticamcnte la historia literaria española y en general la
Ciencia h ispimica.

juveniles. Xo pocas quedaron inacabadas a su muerte, porque se le dila-

taba su contenido a medida que las redactaba; y esta conciencia de revisión
y elaboración constantes Je hizo re-

Artigas -determinaron la concepción

ambiciosísima, que muchos de sus capítulos trasvasan más que lo que in-

dica su titulo, pues constituye una visión de la Estética europea, desde Sócrates hasta Hípólilo Taine.
Otro maestro prodigó sus saberes
sobre Don )!arcelino; se trata de Lavcrde. De este seguro guia partió la
feliz idea de que el ínclito polígrafo
escribiera dos de sus obras más cono-

cidas: La Ciencia española e Historia
de los heterodoxos españoles. La primera demuestra las aportaciones peninsulares al conocimiento cientifico
universal, singularmente a la filosofía.

En torno a esta erudita masa pueden
asociarse muchos trabajos que des-

pués aparecieron con el titulo de Estudios de critica filosófica.
En la Historia de los heterodoxos
se aplicó el altísimo humanista a ha-

cer wr cómo en el fondo del pensamiento español late constantemente
una fuerte inclinación religiosa, aun en

(Pasa a la página 6)

,

�ll!RJILOGl!A IDIEIL llOIR.O

(

FRANZ BOUCHSPIES.

1

A José .l/aría Corle:o, llllíán Gállego
y Jorge Rangel.
·

NACIMIENTO

r'

•

violetas que 1Tli mano

Es este libro ht1milde panteón,

corló al alba para ti.

Al hojem· sus páginas, en éllas
.4.tín sentiréis latir mi corazón."

Por la noche, frescas rosas
q1ze al cubrir las tenebrosas
sombras el tendido llano,
pensando en tu amor cogí.

("I/\'TERMEZZO LlRICO".
HEIXRICH HEI.VE)

¿Sabes tú lo que en lu oído
con eco amante y rendido,
con lenguaje misterioso
dicen las flores de miel?

Entre los grandes poetas románticos alemanes, es preciso
contar al poeta judío de Düsseldorff, al cantor del Rhin y sus leyendas y al más tierno cantor al amor erótico desde Anacreonte.
Que me ames duranl.e el día
Es indudablemente entre los poetas alemanes, después de
y que en la noche sombría
Goethe y de Schiller, el más conocido universalmente y al que
coa cora:ón cariñoso
Alemania debe en parte, la difusión de su Literatura y de la Esseas a mi amor fiel. "
cuela Romántica.
·
Richard Wagner, Theodor Fontane y Friedrich Nietzsche,
~ació en Düsseldorfr a orillas del
alemanes no judios lo preferían a muchos de sus contempor:Í• Rhin
en 1797 y murió ('11 París donde
neos, pues la poesía de Reine cautiva y entusiasma y encierra el vivió desde 1830, el 1i de Febrero ele
espíritu alemán heroico y revolucionario de su época.
1856.

Y tus ojos abiertos ya al espacio,
que ven la candidez de cada hierba
anoran,
como no, la libertad salvaje'
que aún vedada te está por el cariño
meditativo y dulce de la madre.

VIDA

Entonces no existian las diferencias
raciales, cuyas leyes establecían más
tarde Gobineau, Stewart Chamberlain
y otros. El judaísmo entonces en Alemania es considerado una religión y
nó una raza. Reine es educado por
frailes católicos y ya mayor, se convierte al protestantismo luterano; finalmente en un filósofo escéptico.
El mismo satiriza a los judíos tanto

Y como estaba el prado tan lleno de amapolas
te has sentido de pronto manantial de deseos.
Antiquísimo tauro, lleno de espuma viva,
todos los campos son para tí en este mundo
un proyecto infinito de luchas y victorias.
Que la vida está toda congelada un momento
en este perdurar tenso y erguido monumento hierático:
Cuando todo el paisaje y aún todo el universo
sólo a tí se te ofrecen carentes de misterio.
0

¿Quien no se ha conmo\'ido leyendo a Heine alguna vez?
Es muy conocido uno de sus más
bellos poemas a los que el compositor
mexicano, Miguel Lerdo de Tejada le
puso mllsica y llamó a la Canción,
"Las violetas". Dice así:

uPor la maíiana le envio
aún cubiel'(as de I'OCÍO

Hijo de un comerciante judío, ltipadre que se interesara por
sus negocios, sin lograrlo; estudió en
Goethinga donde siguió la carrera de
Leyes, que nunca ejerció y se dedicó
abiertamente a su inclinación, la poesia.
Su prima Amclia, hija de su tio Salomón Heine, despertó en él un amor
wertheriallo, atormentado, desespera-

;:-o su

do, que fué el Ieit-motiv de sus poemas.
;\'unca se realizaron sus esperanzas,
pues Amelia fué casada con un rico
comerciante de Hamburgo. Heinrich,
ciego de dolor, vengóce de una mane•
ra genial pues le dedicó su obra y casi
su vida entera. No hay en él, una mu•
jer que despierte una pasión más ava•
salladora que Amelia Reíne. En sus
,·ersos gime:
''Te he amado y te amo tanto,

que si el mundo sucumbiera
de entre sus ruinas surgiera
la llama de éste amor, eterno y santo."
Sus lágrimas y su dolor, tema de su
obra creadora, ha influido en poetas
de otras nacionalidades y marcadamente se le nota a trav~s del español
Gustarn Adolfo Bécquer y del francés
Anatole France.
En éste último, ha influído enorme ..
mente su notable cspiritu irónico que
nó en vano le ganó el apodo de "rui•
señor alemán animado en la peluca
de Yoltaire". A sus más tiernos acen•
los va unida la sátira elegante, la bur•
(Pasa a la página 6)

como a los católicos y a los protestantes y se cuenta entre los poetas alemanes y no entre los judíos.
Es tan luterano y tan filósofo corno
el más nacionalista de todos los alemanes. Combatiendo contra la tradicionalista escuela romántica que representa el espíritu medioeval germánico, es el más · fiel representante de
su poesía. Hay versos donde se muestra más patriota que muchos alemanes arios. Nos dice.

MUERTE
Angel negro, enigma ensangrentado sobre la arena esteril de la
plaza.
Angel martirizado, medio ciego de ira y de nobleza;
investido. de un impulso sin fin,
terco y agrario, como el vigor del viento de la sierra.

"Yo nací en Alemania y soy poeta
y es mi nombre de lodos conocido
cuando citan los nombres más gloriocilan también el mío."
(sos

Toro ibérico ardiente, extraño totem, fatalidad erguida,
que en redonda agonía sin salida consumarás tu ciclo
bajo el cerco del sol,
donde tu solo eres sombra sin luz y neoro espasmo
hecho del asombrado bronce de la mu~rte.

J

"De mis ansias, tormentos y querellas

1

Naciste ayer, _sobre tus largas patas inocentes,
con tu testuz mgenua
donde solo dos tímidos botones preludian ya
una lejana capacidad de muerte;
pero que hoy nada más ansia de vida son
en su terca insistencia por topar
la ubre caliente.

l 1

LA P0ESIA DE HEINE

Hay un alarde de vanidad en esa
poesía de Heine pero él sabe que en
Alemania lo aman y es leído.
Admiraba a Napoleón, pero heraldo
de la Libertad y enemigo de la tiranía,
aplaude el movimiento patriótico.

Que así caido ahora, tus astas aún apuntan poéticas derrotas·
Y mientras una de ellas empitona la tierra en un abrazo rud~

índice de ilusión la otra señala
'
al pasto azul del cielo, donde muy pronto floreceran las estrellas.

"Lo mismo que en el circo el bravo
toro,
erguimos nuestro cuerpo con furor,
y los cantos de Koerner entonando
del francés sacudimos la opresión."

IGNACIO RUBIO JUST.
Madrid, Diciembre de 1955.

Y en su poesía "Nostalgia" dedicada a su madre dice:

"Será eterna Alemania,
es fuerte y sano su robusto cuerpo;
con sus fuertes encinas, con sus tilos,
siempre podré encontrar su amado
suelo."

I

[
Página 2

Hay acentos en él de profeta y de
guerrero y presiente ya que pasará a
la inmortalidad. En sus Cuadros de
Viaje, escribe:
"No sé en verdad, si merezco que se
deposite algún dia un laurel sobre mi
tumba. La poesía, sea cual fuere el
amor que le tuve,. no ha sido para mí
más ·que un medio consagrado a un
santo fin. No atribuí gran valor a la
gloria de mis poemas, y poco me importa que sean alabados o censurados.
Pero lo que se ha de colocar sobre mi
tumba es una espada, porque he sido
un soldado nleroso en la lucha por la
libertad de todos."

Página 3

�SOlBJRJE lElL AlR.lílfSlíA

Por Jorge RANGEL GUERRA

El aprendizaje de las artes plásticas
es una tarea muy ardua y muy ingrata.
Contantemente se plantean problemas,
los más de ellos irresolubles, y tanto
el maestro como el disci pulo sufren
en ello de manera semejante. El estudiante que se acerca a una Escuela de
este tipo porque siente bullir en sí un
fuego que no· puede apagar, un anhelo
que Jo consume, un algo imprecisable,
llega generalmente con la idea de
aprender el sistema de que se valen
los artistas consagrados para realizar
sus obras de arte. Estas obras de arte
despiertan a los jóvenes, dueños de
un terreno propicio en donde puede
fructificar la semilla de la enseñanza,
un afán de emulación, de igualar al
que ya se consagró, de disfrutar de
los placeres que -sin duda- proporciona la gloria y que las trompetas de
la fama han exagerado en la mayoría
de los casos. El joven no sabe aún lo
que es su vocación ni si está destinado a ella. Siente un vago deseo de
plasmar plásticamente algo impreciso,
d_e. dejar correr el lápiz por la superflcie del papel, de colorear un espacio
que pide tal matiz, de crear en cualquier materia dúctil una forma que se
escapa por sí sola de los dedos.
Aún no se tiene conciencia de lo
que se desea y el Arte se encuentra
en estado de gracia, inmaculado porque no ·se Je ha dado realización.
El joven se acerca a algún maestro;
al que en su opinión Je puede dar algo
ele aquel bagaje preciado; al que Jo
puede iniciar en los misterios del Arte.
El primer desengaño viene cuando
el tal maestro no solamente no puede
darle el cánon, la pauta, ]a receta con
qué hacer arte -por ser de todo punto imposible- sino que se limita a
enseñarle un oficio como cu~lquier
otro - en el mejor de los casos- pintándole un panorama nada halagüeño
(cosa bien sabida por todo el mundo)
para su futuro como artista.
Para el que lleva dentro de si un
fuego verdadero, la crudeza de la realidad será un acicate más, será un so-•
plo vivificador a su hoguera; será un
obstáculo más que salvar mediante un
salto más limpio.
El que va a iniciarse sólo por un
mezquino afán de exhibición o por
encontrar poco difícil -desde su punto de vista superficial- aquel oficio,
dejará en el camino los bríos y volEl que tuvo valor para soportar las
verá grupas más que volando trans- pruebas se encariñará con un ídolo y
formándose en otro resentido que se- tratará de copiarlo paso a paso; lo
guirá las rutas de sus predecesores.
imitará hasta en su vida privada.
Cuando se tiene un maestro digno de
seguir, lo más fácil es ir tras de sus
pasos tratando de realizar todo lo que
aquel creó. Entonces viene una etapa
en la vida y obra del joven artista en
la cual se reconoce continuamente, si
no la mano del maestro, si una influencia tan persiste.nte que, tanto para el
público como para el autor resulta un
tanto fallida. Pero no nos dejemos engallar; todos los artistas consagrados
tienen influencias más o menos marcadas ya de uno, ya de otro. El artista novel no va a ser una excepción.
Su obra se verá marcada desde el
principio por estas sombras, las cuales no pueden ni deben considerarse
trascendentes. La influencia de un artista en la obra de otro más joven ha
dejado de ser ya un aprobio. Son hasta cierto punto necesarias estas influencias porque contribuyen a la formación del artista.
La tragedia viene cuando el novato
pierde 1a fé en su maestro, agotados
ya los veneros de la fuente en que se

.[l.

Página 4

\
nutria; cuando se siente un vacío a
través de las palabras magisteriales·
cuando, a los ojos del alumno, el maes~
tro ha comenzado a descender los escalones del pedestal en que estaba colocado. Entonces parece como si todas las enseñanzas hubieran sido inUtiles. Se percibe un vacío en derredor
El artista se encuentra solo en medi~
de un mundo que no comprende ni
lo comprende. Ahora es cuando empieza el verdadero calvario del artista.
Por ese desconocimiento que tiene de
si mismo; por esa ignorancia involuntaria en dialéctica artísaica; por esa
inseguridad en su propio valer que le
nace del dcsequilib~io entre Jo que
aprendió y lo que vislumbra, el artist~ joven siente más que nadie su propia soledad y padece horriblemente
bajo el peso de la duda: el artista se
siente genio. Nada hay tan eficaz para
crear en la mente de un hipersensible
la sensación de la genialidad como el
desconocer los valores que éste cree
inmanentes y trascendentes en su obra.
La suerte está echada. A partir de este
momento el creador de arte no es ya
más el aprendiz ingenuo que queria
conocer un sistema para hacer arte.

Ahora se desata en su interior una tormenta que no cesará más que con ]a
muerte.
El problema se acentúa al corroborar que su obra no convence ni al público, ni al crítico, ni a si mismo. Nahtralmente, en tanto en· cuanto se tra•
ta de un artista verdadero pues el débil seguirá docilmente las lecciones del
maestro y nunca Hegará a nada serio,
en cambio, el combatiente, el que sufre, el descontento, seguirá devorado
por aquella insatisfacción que le producen las pa]abras del mentor y en su
afán de romper ese estado se lanzará
a crear nuevas armonías, a la conquista de nuevos mundos, dando tal vez en
los extremos más diversos, contrarios
a Jo que hasta ahí entendía por belleza. El artista falso -aunque esto sea
una paradoja -pues si es falso no es
artista- en cambio, sabedor de este
sendero espinoso por el que debe.pasar todo artista, por esta evolución
inevitable, se colocará desde el principio en la situación extrema fingiendo crear obras desconcertantes y contrarias a Jo establecido para asi lograr
el objetivo del artista verdadero sin
recorrer aquel calvario amargo. Podrá
engañar al público, el cual, al negarle
,•alor, lo hará sentirse en el nUmero
de Jos elegidos, es decir, de los rechazados, de aqueIIos que sufrieron durante toda su vida la incomprensión
de sus semejantes y que posteriormente, después de muertos, se vieron coronados de gloria;· podrá engañarse a si
mismo al vivir en desacuerdo con su
circunstancia al olYidar que el aislarse voluntariamente de su ambiente no
es necesariamente signo de calidad ni
el camino único y verdadero que con.
duce al éxito; pero no podrá engañar
al conocedor, al experto, al que tiene
un gusto_ educado en esas disciplinas,
al Que tiene formado nn criterio que
no se deslumbra facilmente.
Entonces se ve el triste espectáculo
que forman esas legiones de artistas
"incomprendidos" que se pasan toda
su vida tratando de sufrir mucho, a
corno de lugar, para de este modo escalar los peldaños que conducen a la
1?mortalidad, sin considerar que al art~sta no le es da~o escoger; que el arllSfa sufre con paciencia su destino y
carga la cruz que le ha tocado en suert~ llevar; que a pesar suyo, el artista
siempre será un barómetro de su época.

ID OS lPOIEM\AS
!DE ENIR.IIQU!Ell A OCIHIOA
EL AVISPERO
a
Juana, M. de Espinoza
Cualquier cosa es mejor
a este avispero en llamas que me aguija,
porque aquí donde estoy me duele todo:
La tierra, el aire, el tiempo,
y este volcanizado sueño a ciegas sucumbiendo.

Anoche sollozaba por un vaso de luz,
toda la noche ardí de sed y amanecí vacía.
Otra noche fué el sobresalto dulce de la sangre;
enardecida fuí de la jaula al látigo,
del látigo al silbido
agresivo y caliente de las venas,
amenecí amargada.
Otra vez me adentré un amor como montaña,
gacela estremecida

vagué temblando húmeda de lágrimas;

mansamente en silencio, ahita de ternura
bebí luz de cristal entre los sueños,
se me quebró en la entraña, me cortaba

HIMNO A DIOS

y me quedé en tinieblas ...

Guía tu viejo gentío de pastores

¡Cuántas cosas he dicho!,
palabras que se arrancan por no llorar de rabia.

con la vela de la abundancia

Ya no puedo dormir sobre la misma almohada

para que el oro dulce de la espiga

aunque los ojos sueñan.
Me repudio al decirlo, pero cualquier cosa es mejor

prenda olor en las mesas.

a este avispero en llamas eri que vivo.

Sube la mies divina de grano a pan,
precipita luz a las sienes
en la caldeada orilla del pensamiento;
no dejes tu marejada de hombres despeñarse
al filo de la sangre.

k====::::=.=:t~

~~
-

Oye el frenesí de mis palabras, Dios mío,

. 'e-...:.·

--- -

;.._.

"= )

sabe que son la llama más recia del corazón
eriguiéndose a tu nombre
porque tu viva voz quiebre el amargo abismo
de distancias
con que vivimos muerte antes de muerte.

•

Página 5

�EVOCACION ....
(Viene de la página 1)

,

• Ias conciencias que se han separado
de las enseñanzas de la Iglesia.
Historió, igualmente, la evolución
de la poesía lírica en los largos prólogos ele su Antología de poetas liricos
castellanos (1890-1908) con una visión
tan atinada como minuciosa, y los trece volúmenes publicados sólo abarcan
hasta la Edad Moderna; y completó la
Htica artistica con la popular con el
Tratado de los romances viejos, que
componen los volúmenes once Y rloce
de dicha Antología.
Realizó igual ímproba labor con la
poesía de nuestro Continente en la parte históricocritica de su Antología de
poetas hispcmoamericanos. Disertó amplia y sapientementc sobre Frey Lopc
Félix de Vega Carpio (1890-1902), sobre cuya encumbrada figura editó los
trece ¡;rimeros volúmenes. Trazó también las notabilísimas páginas de Los
Orígenes de la novela, incluyendo allí
el texto de famosas piezas noYelísticas
medievales.
De 1878 a 1898-dos dúcadas- ocupó su ejemplar y flúida cátedra en la
Universidad de Madrid, siendo designado después Director de la Biblioteca
~acional.
Murió Menéndez y Pelayo en plena
actividad, a los cincuenta y seis años,
cuando -como decía él mismo- "le
faltaba mucho por leer", después de
haber alzado sobre sus hombres todo
el conocimiento de la Ciencia española y sus irradiaciones.
Su pródigo magisterio se ha ido multiplicando a través de generaciones y
más generaciones que siguen sus ,lumi-

LA POESIA

nosos pasos 1 alumbrados por un credo
sin- par.
Esparia actual ha emprendido la edición nacional de las obras del l\faestro. Buena tarea, válida para todos los
tiempos, para quienes se ocupan de
dignificar el conodmiento histórico
·espaiiol en la lengua de Berceo y el
juglar mozárabe del Poema del :\Ho
Cid .
)ligucl Artigas en La vida y la obra
de .llenénde: y Pe/ayo, Zaragoza, 1939,
~· Pedro Laín Entralgo, actual Rector
de la Cniversiclad Central de )Iadrid,
en illenénde: y Pelayo . Historia de sus
problemas intelectuales, nos ofrecen el
prrfil y Ja enlralla del :\Iaestro, a quien
hoy y para siempre debemos honrar
con nuestra fiel imitación.
Queda mucho por decir de este prócrr _del pensamiento - ciudadano del
mundo- , de sus libros, no todos ellos
nombrados en esta Ei10cación, de su
Yida entregada al bien común, en el
pan de su sapiencia, eYangelio de los
estudiosos.
Bonilla r San )lartin en Su Marcelino )Ienéndez y Pelayo, ~fadrid, 1914,
asienta que "A estos tres fines, de cril;ca del presente, de reconstr11cció1z
del pasado r de regenuación para el
porvenir, responde, a mi parecer, toda
la ingente obra del Maestro, incluso la
literaria", y Don Pedro Sáinz Rodríguez "De las ideas puestas en circulación por Menéndez y Pelayo sobre
nuestros .autores vive hoy la critica
erudita hispánica" ...... verdades de las
que han vivido las generaciones inmediatas a la vida del gran humanista y
de aquellas que en polvo se vayan convirtiendo ....

•

la fina conque hiere a quienes le atacan.
El ingenio de este moderno Aristófanes alegra el espíritu de sus lectores.
N'os dice en "Nordeney":
"Los indios no son tan tontos como
creen nuestros misioneros. Veneran a
los animales a causa del alma humana
que presumen habita en éllos. y si fundan lazaretos para monos inválidos, a1
modo de nuestras academias, es posible realmente que en cada mono resida
el alma de un gran sabio; lo que es
seguro es que entre nosotros, en el
cuerpo de muchos grandes sabios, mora el alma de un mono.''
De las mujeres que le han colmado
de amargura el alma, decía hablando
del legendario Caballero de Lusignán
y de su amada )Ielusina la náyade:
"¡Dichoso Raymundo cuya amante
rue solo serpiente a medias!"
Ataca al Conde August von PlatenIlallermí.inde. poeta alcmún adversario
suyo, y bur]onamentc Jo llama Don
Platen Collibrados de Hallermünde pa- ·
radiando el nombre de Don Ranudo
de CoHibrados, hidalgo hambriento,
personaje risible de una comedia de
la época.
Estaba el Conde en la UniYersidad
de Erlangen, ''donde-nos dice burlonamente Hcine-le daban alguna ocupación."
Y a1lade: " .... el Conde, cada día más
entusiasmado con su futura magnificencia, ·abandonó toda labor y decidió
vivir de la pluma, de algunos providenciales obsequios y otros méritos
varios. El condado del Conde se halla
en la Luna, y como las comunicaciones entre este astro y la Baviera, son
dificiles, no podrán llegar acá las extraordinarias rentas del señorío hasta
dentro de veinte mil años según los
cc\lculos de Gruithuiscus, cuandq la
Luna se acerque a la Tierra.''
El ingenio picante de Hciine no perdona a los antiguos frailes que durante
la ocupación Xapoleónica de Düsseldorff, se encargaron de su educación.
"Un tiempo hubo que besaba fervoroso la mano de todo capuchino que
encontraba en la calle. Era un niño y
mi padre me dejaba tranquilo, sabiendo que mis labios no se iban a conformar siempre con la carne de capu~
chino. Y en efecto; me hice mayor, y
comencé· a besar mujeres hermosas."
Fué sin embargo un J1,mante desdichado aunque muchas mujeres hayan
cruzado por su vida, agitada. Su amor
juvenil, su amor primero volvía con
frecuencia a su memoria y despertaba
la inspiración más tierna:

Era una lloche de Mayo;
sentado bajo los tilos
eterno amor nos jurábamos/'
"

¡!

•ce

Y las noches claras y tachonadas de
mil ojos de luz suspira:

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A/4r,~·
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/·11:l{.I .

(• '';l~_,

"Oh lindas y claras estrellas de oro
honrad a mi amada en país lejano
decidle que yo con.mi alma la adoro,
que por ella sufro y que estoy muy
pálido."

Acusa cierta inclinación al romanticisco de Lord Byron:
"Otra ve.: los mares cruzo
sobre nueva embarcación;
nuevos amigos contemplo
girar a mi alredeflor;
de extraños mares me arrulla

Página 6

••••

(\'icnr de la página 3)

"Ha vuelto mi antiguo sueño.

,.

era para él, el faro, el guia espiritual
de Alemania y el mils grande de los
pensadorc-s modernos.
Declarado apóstol de la Libertad, se
acercó a su compatriota Karl ~Iarx (o
)lardochai), hijo de nn Rabino Israelita, quien le decepcionó con sus falsas
teorías revolucionarias y la filosofía de
las masas.
Colaboró en cambio con el periodista judío-alemán, Ludwig B0rne (Loeb
Baruch) que también como él, por sus
ideas liberales se había refugiado en
Francia. A él se unen también otros
a1cmanes no judíos, ele ideas reformadoras como Karl Gutzhow y Heinrich
Laube; quienes formaron la "Joven
Alemania" a la que había de pertenecer más tarde, Richard Wagner.
Habiendo contraído matrimonio con
una mujer humilde y súbitamente atacado por una enfermedad incurable,
mucre lfeine lc-jos de su Patria, víctima fle atroces sufri_mientos y dolorosos padecimientos.
Amó mucho el ~lediodía, la Italia,
la Francia, la Grecia, pero aún así se
consideró como muchos otros poetas
románticos, el intérprete de las tradiciones populares de su patria, las
que trató en prosa y en verso. Antes
que \Yagner, mencionó a Tannhfiuser,
Lohrengrin, los NibeJungos 1 etc. Pero
la lerenda más conocida que le ganó
la gl~ria universal y le hizo famoso,
fué la Canción de Loreley, de la cual
presentamos su versión en nuestra lengua:
Yo mismo la causa ignoro
de esta sombría tristeza;
hay un cuento muy antiguo
cuyo recuerdo me apena.

- r~',tl
1 ~

'Í'

t

Ííeinrich Heine

la melancólica vo:..
iQue lejos está mi paiJ"ia.'
¡Que triste mi corazón!"

Recuerda con éllo, las despedidas
del poeta inglés dd cual aparentaba
mofarse como de la mayoría de los británicos. Su estirada pedantería así como la rigicléz prusiana, provocaban en
el bardo hebreo-germano la risa volteriana y les liacia objeto de su sarcasmo.
Y pro\'Ocando la cólera de )letternich y de la Santa Alianza exclama:
"-¡ Soy todo alegria, todo entusiasmo, soy la espada, soy la llama!"
Pero la carcajada del Aristófanes
germano es ahogada por un rictus de
dolor al recuerdo de su amor frustrado y surge nuevamente el poeta lleno
de amargura:

Sopla [I'esco el viento leve
la noche sombI"ia llega;
el Rhin corI"e silencioso
y los picos de la sierra
devuelven del sol poniente
las claridades postreras.
En la alta cumbre sentada

Está una hermosa doncella;
fulguI"an sobre Sil ctier·po,
doradas y ricas telas.
Y peina sus rizos de oro
Con sus manos de azucena.

"La muerte es la noche fria,
y la vida es el dia abrumadol'.
Atardece y tengo snefi.o;
del día ardiente me l'indió el calor .. .''

Enemigo declarado de todo lo que
le parecía falso, atacó la polit;ca y la
literatura decadente de Europa y exaltó la gloria Napoleónica qe entonces
era condenable.
Marchó a Berlin donde conoció a
Schlegel, a Hegel, Gans, ~fadame Stael
y a Varnhagen von Ense quien tanto
él como su mujer Rabel Levin, fueron
grandes amigos suyos. Visita a Goethe
en Vleimar quien le recibe p~triarcalmente. Marcha a Londres, visita Italia y finalmente se establece en París
definitivamente donde hace amistad
_con Theófilo Gauthier, Giacomo Meyerbeer, Franz Lizst, etc.
Ya en Alemania era célebre su "Buch
dcr Lieder" (Libro de las Canciones)
del que es célebre su "Intermezzo Lírico", puplicadoS en su juvetud.
Sus Reisebilder (Cuadros de Viaje) contienen un gran encanto. También publica sus dramas "Almanzor"
y "\Yilliam Ratcliff", "El tambor Legrand y otras historias" de evocación
~apoleónica, "El Libro de Lázaro" y
"Melodías Hebraicas" en las que evoca la figura patriarcal de Yehouda
Hálevy y 'De la Alemania" y "De Francia", en los que sintetiza el pensamiento filosófico y literario de ambos países.
Se declaró contrario a la monarquía
y abrazó la república democrática
francesa.
A la muerte de su ido1o, el Zeus
Olímpico, el último homérida, el gran
Goethe, suspira tristemente: " .... los
dioses se van, los reyes se quedan .... "
y era como un lamento republicano
dédicado al monárquico Goethe que

Con rico peine de oro,
peina su áurea cabellera,
mientras que de sus labios rojos
alegre canción se eleva.
Canción de extrarlo prestigio
y melodías siniestras.

En su barca el mal'inero
siente inconsolable pena;
no ue los golfos traidores,
no ve las traidoras peñas;
solo ve la hermosa virgen
sentada sobre lq. sierra.

f

IL I IBlílOS
CA!fflJl.00 Dt J.,lmlA_ffllA'·
IIEXICAlf.\

VARLl

OBRAS C())IPLETAS de Alfonso Reyes. Tomo T. Col. Letras )iexicanas.
Fondo de Cultura Económica, México, 1955.
)!uchos fueron los homenajes· que
se ofrecieron a Alfonso Reyes el pasado aifo con motivo de su jubileo literario. De todos los países latinoamericanos surgió el deseo de hacer
patente su reconocimiento a una Jabor
tan f~cunda como la de este escritor,
~, en nuestro país, las universidades
e institutos de cultura se sumaron a
este homeflaje continental. Ya para finalizar el año, el 24 de diciembre, las
prensas del Fondo de Cultura Económica sacaron a luz el primer tomo
de las Obras completas de este mexicano universal, cerrando así su afio·
jubilar ron una publicación que es
coronamiento de toda una actitud. La
edición ele este primer tomo, planeada
al principiar 1955, puede decirse que
inicia lo homenajes a Alfonso Reyes,
y los cierra decorosamente al fin del
ailo con su aparición Ol)Ortuna.
Se publican aquí Cuestiones estéti(Jlll' aparecil'ra por primera vez
rl alio ne 1911 con el sello editorial
de la Librería Ollendorff, de París; los
Capit1tlos de Literatura Mexicana: sus
conferencias del Ateneo sobre Manuel
José Othón y el paisaje en la poesía
mexicana del siglo XIX, y otras cosas
más, que lrnsta ahora se publican en
conjunto; la tercera parte del volumen, titulada Varia, incluye las primeras prosas de Reyes, publicadas originalmente en las revistas de la época:
Revista Moderna, El A.ntirreeleccionisla, Revista de Revi,tas. En suma, este
primer tomo contiene la producción
de la primera Cpoca de Alfonso Reyes.
Xo todo, como se dice en el apéndice
bibliográfico, ya por no concedérsele
importancia a algunas páginas, ya por
haber sido aprovechadas en libros de
estas Obra.-, completas, como la rí'eoria
de la sanción, tesis recepcional con la
c¡ue obtuvo el titulo,' y en la que, según él mismo cuenta, examina el Derecho por la otra punta. "no ya a partir de las definiciones, sino, pragmáticamente, en rl remate de las sanciones".

cas,

Yo creo que, al fin, las ondas
marino y marca ligera
engulléndose llevaron
a sus sombrias cavernas,
y que fueron el motivo
de Lo1·eley las canciones,
melodiosas y siniestras."
Hay amargura en el acento de Heine.
Loreley es el amor imposible y el náufrago, es el amante desdichado que se
precipita en los abismos de la desesperación seducido por la belleza del
ser amado. BeHeza perversa que le
causa la muerte.
Lo cierto es que en Düsseldorff, fué
le,·antado un monumento a la memoria del poeta y sobre la efigie de Heine,
en lo alto se mira la estatua de Loreley
tal como la describió el bardo.
Los turistas de todo el mundo que
En la Xoticia que antecede al PróYiajan por Alemania van a visitar la logo de Cuestiones estéticas nos inforRoca de Loreley en el Rhin a la que ma el autor sobre el criterio que se ha
ha embellecido la balada del poeta.
seguido para ]a reedición de este libro.
Solo me resta añadir que ningún Ya rn abril del pasado año de 1955 esotro poeta de su raza, fué considerado cribía Reyes, en una segunda versión
más digno de pertenecer al glorioso del Capitulo I de su Historia documenpasado de su patria, y que nunca se tal de mis Libros, yublicado en este
podrá hablar del Parnaso Alemán sin mismo boletín mensual de la Universimencionar a Heinrich Heine.
dad de Nuevo León: Armas y Letras,

sobre los problemas que presentaría
una segunda edición de su libro inicial, que lo tentaba a "simplificar
aquel estilo a Yeces rebuscado, arcaizante, superabundante y oratorio .. .1' Y
dice mas adelante: "A Yer cómo me
l~s arreglo algún día para lanzar una
segunda edición, cerrando los ojos y
sólo tocando lo indispensable".
1

~o es necesario hablar sobre la im•
portancia que tiene este primer libro
de Alfonso Reyes para conocer su Ira.
yectoria literaria. En sus páginas encontramos los primeros pasos ele una
marcha hasta ahora ininterrumpida,
en Ja cual se mantienen vivas sus mismas aficiones y sus mismos puntos de
vista. Sus estudios sobre Greda, que
tropezaron originalmente con las Electras, iban a desembocar años más tarde en la Junta de sombras y la Critica
en la edad ateniense. .lo, mismo podría decirse del resto del libro, en el
que se &lt;lió cabida, cuando su autor
contaba escasos ,·cinte años, a Goethe
y Jlallarmé -vivos aún en Alfonso Reyes y en sus libros- , a Góngora y la
literatura castellana.
Las conferencias del Ateneo de la
Juventud aqui inclt1ídas, una sobre los
· poemas rúsUcos de Jfanuel José Othón
y la otra sobre el paisaje en la poesía
mexicana del siglo XIX, son dos estudios que ofrecen al lector un doble interés. Por una parte, corresponden a
la escasa bibliografia que existe sobre
nuestras letras. y por lo tanto se vuelven de obligada consulta. Pero además, nos sirven para valorar la actitud de un escritor, y drl grupo a que
perteneció, que por aqueJlas fechas del
Centenario Tea1izaban una critica literaria con los ojos puestos s_obre lo
nuestro. No es una mera coincidencia
que mientras Alfornso Reyes trataba
sobre Othón, Antonio Caso lo hiciera
sobre la filosofía moral de don Eugenio M. de Hostos, Henriquez Ureña sobre Rodó, Carlos González Peña sobre
El pensador mexicano y su tiempo,
Escofet sobre Sor Juana y Vasconcelos
sobre Gabirro Barreda. Todos los integrantes del Ateneo de la Juventud,
sin excepción, encaminaban sus estudios y orientaban sus esfuerzos sobre
problemas mexicanos y americanos.
En estas páginas, pues, junto al valor
que tienen por ser estlldios serios y
autorizados, hay que imponer también
e1 que proviene de la condición histórica en que se produjeron, únicas manifestaciones de ese género en un 1910
que culminaría con el nacimiento de
la Revolución )fexicana.
En la tercera parte de este tomo, titulada Val'ia, se incluyen los ensayos
y artículos a que ya se hizo mención,
en la que aparece la Alocución en el
aniversario de lll sociedad de alumnos
de la Escuela Xa.cional Preparatoria,
pronuciada por Alfonso Reyes en el
año de 1907, "página remotísima" que
se recoge aquí por ser el arranque de
su prosa. El artículo Julio Rucias subjetivo, que apareció inicialmente en
Revista Moderna (1908) y hasta ahora
vuelto a publicar, es una de las escasas páginas que se han escrito sobre
el arte de este singular artista, casi
desconocido ahora.

Con la aparición de este primer tomo de las Obras c.ompletas de Alfonso
Reyes, a los cincuenta años de haber
iniciarlo su actividad literaria pública,
se cumplen las palabras de Francisco
García Calderón, que aparecen en el
Pt'ólogo a Cuetiones estéticas: "Este es
un prólogo espontáneo. El anuncio de
una hermosa epifanía .. .''

A. R. G,

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Cniversidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al tra\'éS de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, sociedades &lt;le diversa índole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aqui se imprimen figura nuestro mensuario ·'ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS~, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente ·de la obra, cotejada
a la 1uz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se com1,lace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
(¡uc anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
obfeto de nuestros comentarios, en la
medida que· ,,ayan llegando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
)lonterrey, Nuevo León,
:\léxico.

rmasy

l...l-=::JJETRA
Organo Mensual de la U níversidad
de Nuevo León
Registrado como artículo de 2a. Clase en la
Admón. de Correos de Monterrey, N. L, el

20 de Abril de 1944.

INDICADOR:
Colaboradores
Raúl Rangel ~ rías

Fidencio de la Fuente
Francisco M,. Zertuche

Genaro Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A. Garza

Alfonso Rangel Guerra
Guillermo Cerda G.
Jorge Rangel Guerra
Manuel

Morales

Director

Lic. Fidencio de la Fuente
Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

MEXICO

Página 7

�PRESENCIA DE

BENJAMIN
FRANKLIN
Genaro Salinas Quiroga

Benjamín Franklin ( 1706-1790) físico, hombre de letras,
diplomático y estadista norteamericano, cumple el 19 de enero
de este año, ciento cincuenta años de su glorioso nacimiento.
Es oportuno por lo tanto hacer ahora algunas reflexiones fundamentales sobre su obra a la que tanto debe no sólo su país y
el Nuevo Continente, sino también el mundb civilizado. En corroboración de ello, muchos años mas tarde y con motivo de su
muerte, en la tribuna enlutada del Parlamento Francés, habría
de decir el elocuente Mirabeau que "arrancó el cetro a los déspotas y el rayo a los cielos".
La fecha de su origen se remonta
al 17 de Enero de 1706 en Boston, entonces capital de la Colonia de Massachusetts. Su padre Josias Franklin,

por viudez se casó dos veces y de su
segunda espos~ Abiah Folgier tuvd a
Benjamín. Fue el último de los hijos
varones de J osías y el decimoquinto
en la familia. Su progenitor habla emigrado de Inglaterra bajo el reinado de
Carlos II en 1682, con su primera mujer y tres hijos. Se estableció en Bos-

ton ejerciendo al principio su antiguo
ofic io de tintorero - de tejidos de seda
y luego el de fabricante de velas.

Brnjamin, por pobreza de sus padres, sólo asistió a la Escuela primaria oficial un año y luego durante poco tirmpo tuvo un preceptor particular de aritmética y de gramática. En
su testamento dice: "Nací en Boston ,
y a su escuela gratuita debo mi primera instrucción literaria" . Fue toda

so y a lo~ c¡uince años o sea en 1 i21
publicú el segundo J}eri6dico que se
cclitó en los Estados Crridos "The New .
England Courrant" ("El Correo de

sofo y moralista, escribió ''El Libro
riel Hombre de Bien" que por ser un

Nueva Inglaterra") del cual fué im-

de ~larra Aurclio, el que mas que Emperador de Roma, fue Monarca de si
mismo.

presor, editorialista, director v lo repartió personalmente a los s~scriptores. Fue Franklin el primero que se
ocupó en su diario de comentar asuntos trascenrlentalcs para su país y para
su época.

Recordando su querido oficio de
impresor escribió que en su vida había tenido "erratas", pero que se había
esmerado en corregirlas. Radicado en

En 1 i32 y bajo el seudónimo de Ricardo Saundcrs y que todos conocie-

Filadelfía, fundó por suscripción la Biblioteca Pública de dicho lugar, que

ron después bajo el título del "buen

con su nombre todavía se conserva,

hombre Ricardo" publicó su célebre
Almanaque CfUC' Jle,·ó a cabo una completa re\'olución en la materia. Lo
editó durantC' Ycinte años consecuti,·.os r con~tituyó un admirable resumen de moral sencilla, de saber práctico, de higiénc, de previsión del tiem-

luchó ardientemente porque hubiera
Colegios para los pobres, Hospitales, se

po, de consejos para el cultivo de la

tro idiomas, aparte del propio, y en

tierra, para la cría de animales, para
la pequeña industria y la conservación de la Salud de sus semejantes.
Lo cual quiere decir que no sólo fue
Franklin Jibcrtaclor de su patria. sino
tambiCn y mucho antes maestro de sus
connacionales.

ellos leyó las obras clasicas originales:
francés, italiano, español y· latln.

He aquí algunos de sus proverbios,
que aparecen en sus Almanaques, cuya ,·cnta anual sobre pasó a diez mil
ejemplares, cifra entonrL"s extraordinaria: "~o desperdicicis el tiempo,
porque &lt;"i :.1 tela ele que esta hecha
l:.1 vida". 41 (:amina tan despacio la pereza que muy pronto la alcanza la pobreza".
Formó en su imprenta c-xc&lt;'lentcs ti-

empedraran las calles; porque se contara con medios eficaces de apagar
los incendios y porque se dotara a la

población con una adecuada policía
nocturna. Aprendió por si sólo cua-

Su obra como inventor es formidablemente meritoria y fecunda: ideó la
instalación de chimeneas adaptadas a

las estufas comunes; produjo la primera batería eléctrica de fuerza considerable, pero su gloria mas grande en el
campo de la física fue haber creado

e) pararrayos al comprobar la identidad entre el rayo y el flúido eléctrico.

Con tal motivo, recibió muchos mcreci&lt;los honores en su vida: la Unh•ersidad Escocesa de Edimburgo y la In-

¡

glesa ele Oxford le otorgaron el grado
de doctor. La Academia de Ciencias
de París lo catalogó al lado de Newton
y Leibniz.

.J

1

JHli.rraros que hicieron prbspera esta in-

dustria en las antiguas trect' colonias
nortl'americanas, las que contribuyehumanidad. Niño aún, trabajó en el ron a t•le\"ar su nivel cultural. Leyenmodesto taller de producción de velas &lt;lo las \'idas de Sócrates y de Jesucrisde su padre, luego en una imprenta. ~ to, aconsejó que debíamos ele imitarles
Adelantó notablemente; leyó cuanto li- c•n su humildad. Con los años y sienbro pudo en horas tomadas al desean- rlo ya rl'ronocirlo como un gran filó-

s u educación en Colegio de quien fué
uno de los mas grandes sabios de la

bre\"iario de moral práctica, humana
y scncil.la, nos recuerda los soliloquios

En el úmbito político fué Adminis-

tra1lor Gí'ncral de Correos de la colonia de Pennsylvania y Diputado a la

Asamblea Pro\·incial. Las bases para
la Unión de las trece colonias fué
obra personal suya. Las colonias de
~laryland, Massachusetls .Y Georgia, lo
nombraron su Hepresentante en Londres, donde Jlevó a cabo una magnifica labor. Fué también de los liberta-

rlores d&lt;' su patria y firmante de su
Constitución, figurando gloriosamente
su nombre al lado de George Washington, John Adams y Thomas Jefferson.
}lurió el 17 de abril de 1790 a las
11 de la noche. En su testamento dejó
un legado a la Escuela Gratuita don-

de habia recibido las primeras lecciones; otro para hacer navegable el ria
Schuykill; otro para los aprendices
jóvenes de imprenta de Boston y Filadelfia y otro para el Hospital de esta
ciudad. Dicho documento lo concluyó

así: ºDoy mi lindo bastón de manzano sHvestre, con su puño de oro pri
morosamente trabajado en forma de
gorro republicano, a mi amigo, al amigo de] linaje humano, al general Wáshington.11
4

A su muerte, el Congreso de los Estados Unidos ordenó que todos los habitantes de la nación, llevaran luto por
dos meses. La Asamblea Nacional de
'Francia guardó h;to tres días por el

gran sabio norteamericano.
Con una dulce ironía Socrática y teniendo plena confianza en Dios, en
1728, el compuso su propio epitafio,
arreglado ingeniosamente con palabras

de su antiguo ,o ficio de impresor que
nunca olvidó: "EL CUERDO DE BENJA)IJ:,¡ FRANKLIN, IMPRESOR, PARECIDO A LA CUBIERTA DE UN
YIEJO LIBRO, PRIVADO DE SU CONTE:-.IDO Y DESPOJADO DE SU TITULO Y DE SU DORADO, DESCANSA
AQUI, PASTO PARA LOS GUSANOS,
PERO NO SE PERDERA LA OBRA,
PUES (SEGUN EL 1IIS1IO CREIA)
REAPARECERA EN UNA NUEVA Y
}!AS ELEGANTE EDICION, REVISADA Y CORREGIDA POR EL AUTOR".

Página 8

---

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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>VII No. 12 Dic. de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

••

H·□ -L IJ ERLI N Y LA
ESENCIA IJE LA POESIA+
I

Martín Heidegger.

Traducción de Juan David García Bacca
NOTA
1 ) El trabajo Holderlin y la Esencia de la Poesía ( Holderlin
und dos Wesen der Dichtung) fué leído por ves primera en
Ramo, 2 de Abril de 1936, por su autor; publicado en lo Revisto "Dos innere Reich" el mismo año 1936. En edición apar-

te apareció en 1937. En 1944 Heidegger reunió este trabajo
con otro: "Andenken on den Dichter'', bojo el título general
"Erlouterungen xur Holderlins Dichtung".
Según esto último edición he revisado lo traducción publicado en 1944 en México, y agotado hoce años.
2) Las citos de Holderlin están tomados por Heidegger
de lo edición de los obras del poeta comenxodo por Norbert
van Hellingroth.
El traductor: J. D. G. B.

Desde que somos Palabra-en-diálogo
Y podemos los unos oírnos a los
· otros". (IV, 343).

4. "Ponen los Poetas el fundamento de
lo permanente" (IV, 63).

Holderlin.
1. Hacer poesía: "Esta tarea, de entre

todas la más inocente". (III, 377).

2. "Para este fin se dió al Hombre el
más peligroso de los bienes: la Palabra; así dará testimonio de lo que
él es". (IV, 246).

3. "Ha experimentado el hombre muchas cosas;
A muchos celestiales ha dado ya _su
nombre;

* (Tomado de Revista Nacional de
Cultura, No. 109, Marzo-Abril de
1955. Caracas, Venezuela).

mos en entender lo que ha de con~
densarse en un concepto general, que
haya de valer por igual para toda poesía. Empero tal concepto general, válido por igual para todo lo especial,
es lo indiferente, aquella esencia que
nunca puede llegar a ser esencial.
Nosotros buscamos, por el contrario, lo esencial de aquella esencia que
nos fuere a la decisión de tomar en
serio la Poesía, y de afincarnos en sus
dominios. No se ha elegido a Holderlin porque en su obra se realice, como en una entre tantas, la esencia general de Poesía, sino única y exclusivamente porque la poesía de Holderlin mantiene constante la determinación poética de poetizar s.obre la
esencia de la Poesía. Holderlin es,
pues, para nosotros y en excepcional
sentido, el poeta de la Poesía. Y esto
es lo decisivo.
Mas hacer poesía sobre el poeta, ¿ no
será indicio de manía narcisista y confesión a la vez de falta de plenitud?
Poetizar sobre el Poeta, ¿no será irreflexiva exageración, decadencia, final?
Lo siguiente dará la respuesta. Empero el camino por el que llegaremos a
la respuesta, más que camino es atajo
y escapatoria. Que no podemos aquí,
como fuera sin duda debido, exponer
por sus pasos contados y medidos cada
una de las obras poéticas de Holderlin.
En su lugar meditaremos tan sólo sobre cinco sentencias-guia del poeta
acerca de la Poesía. El orden determinado en que se han dispuesto,
y su conexión interna, pondrán ante
nuestros ojos la esencia esencial de
la Poesía.

5. "Lleno está de méritos el Hombre;
mas no por ellos sino por la Poesía hace de esta tierra su morada".
(IV, 25).
¿Por qué, al proponernos mostrar la
esencia de la Poesía, hemos elegido la
obra de Holderlin? ¿Por qué no a Homero o a Sófocles, por qué no a Virgilio o Dante, por qué no a Shakespeare o a Gothe? Que en las obras de estos· poetas se realizan, en su realidad
de verdad, la esencia de la Poesía, y
aun con mayor riqueza que en la de
Holderlin, tan prematura, tan bruscamente interrumpida.
Pudiera ser. Sin embargo, entre todos ellos, Holderlin es el elegido. ¿Será, con todo, posible sacar de la obra
de un solo poeta la esencia universal
de la Poesía, dado que lo universal,
I
- lo omnivaledero-, no podemos alcanzarlo sino mediante consideracioEn una carta a su madre, de Enero
nes comparativas que requieren a su de 1779, llama Holderlin al hacer poevez tener delante el mayor número po- sía: "esta tarea, de entre todas la más
sible, y el más variado, de obras y gé- inocente" (III, 377).
neros poéticos? Desde este punto de
¿ Cómo y hasta qué punto es la más
vista la obra de Holderlin no pasa de inocente de las tareas? El hacer poeser una entre muchas otras, y en ma- sía comienza por aparecer con la disnera alguna puede servir ella sola de creta figura de juego. .Inventa sin tranorma para una determinación de la bas su mundo de imágenes, y en ese
esencia de la Poesía. Así que nuestro reino de lo imaginado e imaginario se
plan va descaminado desde sus co- queda absorta. Este juego, por ser tal,
mienzos. Y por cierto que así continua- evade la seriedad de las decisiones que
rá si por esencia de la Poesía persistí- de una u otra manera nos hacen cul-

Martín Heidegger.

pables. Hacer poesía es, pues, algo enteramente inofensivo. Y a la vez ineficaz, porque todo se va en decir y hablar; cosas que nada tienen de acción
que aprese sin intermediarios lo real
y lo transforme. Es la poesía algo así
como ensueño, mas no realidad; un
juego de palabras, sin la seriedad de
la acción.
'
Hacer poesía es algo inofensivo e
ineficaz.
¿Hay algo menos peligroso que la
simple palabra? Pero con tomar la
poesía por la "más inocente de las ta•
reas" poco hemos conseguido para
comprender su esencia. Y no obstan•
te, todo ello nos señala dónde hay que
buscarla. La poesía crea sus obras en
el dominio de la Palabra y con "material" de palabras. Y ¿qué es lo que
acerca de la Palabra dice Holderlin?
Oigamos su segunda sentencia.

11
En un esbozo fragmentario, aproximadamente c~l mismo tiempo, 1800,
que el pasaje citado de la carta dice
el poeta:
"En chozas mora el hombre, en vergonzantes vestidos se oculta, que cuanto el hombre es más hombre interior
tanto más solícito anda de guardar el
espíritu, cual la sacerdotisa la llama
divina. Y en esto consiste su inteligencia. Y por esto tiene albedrío y se
le ha dado a él, el semejante a los dioses, poder superior para ordenar y ejecutar, y por eso también se le dió al
Hombre el más peligroso de los bienes, la Palabra, para que creando y
destruyendo, haciendo perecer y de•
volviendo las cosas a la sempiterna viviente, a la Madre y Maestra, dé testimonio de lo que él es: de que de Ella
ha aprendido lo que Ella posee de más
divino : El Amor que al Todo conserva". (IV, 246).

�La Palabra, el éampo de "la. más inocente de las faenas" es "el más peligroso de los bienes"? ¿Cómo compaginar las dos cosas?. Pospongamos esta cuestión por un momento y propongámonos estas otras tres: 1. ¿De quién
es este bien de la Palabra? 2. ¿ Cómo
y hasta qué punto es el más peligroso
de los bienes? 3. En qué sentido es un
bien? Consideremos, ante todo, en qué
lugar se halla esta sentencia acerca
de la Palabra: en ei proyecto para una
poesía que habrá de decir quién es el
hombre, en contraposición con los demás seres de la naturaleza; y entre
ellos se nombra la rosa, los cisnes, el
ciervo en el bosque (IV, 300 y 385).
Y, una vez separados y contrapuestos
planta y animal, comienza el fragmento citado por semejante manera:
"En ·chozas mora el hombre .... "
Pues, "¿"quién es· el hombre? Un ser
que ha de dar testimonio de Jo que es.
Testimoniar significa, por una parte,
declarar; y por otra, mantenerse en
las declaraciones. El Hombre es el
que es, precisamente al dar y por dar
testimonio de su propia realidad de
verdad (Dasein). Y este testimonio no
resulta apéndice o glosa marginal del
ser del hombre, sino que constituye su
íntegra y propia realidad de Hombre.
Pero ¿qué es Jo que debe testimoniar
el hombre? Su pertenencia a la Tierra. Y consiste tal pertenencia en que
el Hombre es el heredero de todas las
cosas, y el aprendiz de todas. Mas las
cosas se mantienen en Combate; y lo
que en el combate las mantiene separadas, y a la vez, y a la una, unidas,
llama Holderlin 'internación". Y el
testimonio de que se pertenece a esta
internación se da y acaece por crear
un internado o mun(Jo, sea por hacerlo
surgir, bien por destruirlo o hundirlo
en ocaso. Tanto el testimonio que de
sí da el hombre, como la autenticidad
de su plenaria realización, acontecimientos históricos son que de la libertad de la decisión provienen. La decisión se apodera de la necesidad, y la
trueca en ligadura hacia una exigencia
suprema. El textificar el hombre su
pertenencia al ente en conjunto constituye el advenimiento mismo de la
histOria. Y para que la Historia resulte posible, se Je ha dado al hombre
la Palabra. Y así es la Palabra un
bien del Hombre.
Empero ¿ en qué sentido y hasta qué
punto es la paiábra "el más peligroso
de los bienes"? -La Palabra es el peligro de los ·peligros porque, ella precisamente, comienza por crear la posibilidad misma de peligro, Peligro es
amenaza que al Ser hacen los entes.
Ahora bien: en virtud de la Palabra
comienza el hombre por quedar expuesto y puesto en campo abierto: al
ente que Jo asedie en su realidad de
:verdad (Dasein), al no ente que Jo engañe y desilusione. Y es la Palabra la
que comienza por crear ese campo
abierto a amenazas coptra el ser, y a
yerros contra el ser, haciendo así posible la pérdida del Ser, esto es : el
Peligro. Empero la Palabra no es tan
sólo el peligro de los pelibros, sino
que aun alberga en sí misma y contra
si misma y por necesidad un creciente y perdurable peligro, La faena pro.pia de la Palabra, por ser tal, consiste
en há'éer patente, de obra, al ente en
cuanto tal, y guardarlo en su verdad.
En la Palabra puede ser dicho Jo más
puro y Jo más oculto, al igual que Jo
confuso y Jo vulgar. Más aún: para:
que. un dicho esencial llegue a ser
comprendido y pase a ser propiedad
común es menester que se haga común.
Según esto se dice en otro fragmento
de Holderlin :
"Os pusísteís a palabras con la dívínidad, mas habéis olvidado precisamente que las primicias no pertenecen
a los mortales, que son peculio de los
dioses . Tiene que haberse hecho más
común el fruto, haber llegado a ser co-

sa de todos los días, para que pueda
ser pertenenencia de los mortales"
(IV, 238).
Lo puro y lo común lleg~n a ser,
por igual, dicl¡os. Lo dicho en cuanto
no ofrece jamás garantia alguna de resultar o dicho esencial o añagaza. Por
el contrario: un dicho esencial ofrece
frecuentemente en su simplicidad las
apariencias de inesencial. Y otras ve-

de haya Palabra habrá Mundo, esto
es: un ámbito, con radio variable, de
decisiones y realizaciones, de actos y
responsabilidad, y aun d&lt;&gt; arbitrariedades, alborotos, caídas y extravíos.
Solamente donde haya mundo, habrá
historia. La palabra es un bien, en el
sentido de primogénito de los bienes:
lo cual significa que la Palabra responde por, que asegura que el hombre

Hagamos, ante ' todo, resalt~r en e·s•
tos versos lo que nos encamiñe hacia
el punto de que veníamos hablando:
"Desde que sOmos di*logo ... " Nosotros
los hombres somos palabra- en-diálogo. El Ser del hombre se funda en
la Palabra; mas la Palabra viene al
ser como diálogo. Y este su modo de
venir al ser no es uno de tantos; sólo
en cuanto diálogo la Palabra es esencial al hombr.e. Por Jo demás, lo que
solemos entender por Palabra, a saber: un conjunto fijo de vocablos y
de reglas para unirlos, es tan sólo el
primer plano de la palabra. ¿Qué
significa entonces diálogo? - Eviden-dentemente hablar unos con otros
acerca de algo. La palabra hace en
tal caso de medio para encontrarnos.
Empero Holderlin dice: "Desde que
somos diálogo, y podemos los unos
oir de los otros". El poder oir no es,
primariamente, una secuela de hablar
entre si unos con otros, sino más bien
lo contrario: esto hace de presupuesto Para aquello. Sólo que, a su vez, el
poder oir está en si mismo erigido sobre la posibilidad de la Palabra, y
necesita de ella. Poder hablar y poder
oir son, ambos, equioriginarios.
Somos diálÜgo, y esto quiere decir:
podemos los unos oir de los otros. Somos diálogo, y esto viene a sigificar
además: somos siempre un diálogo. La
unidad del diálogo consiste, por otra
parte, en que en la Palabra esencial
se hace patente y Jo Uno y Jo Mismo
en que nos unificamos, sobre lo que
fundamos la unanimidad, lo que nos
hace propiamente uno mismo. El diálogo y su unidad soporta nuestra realidad de verdad (Dasein).
Empero Holderlin no dice simplemente que somos diálogo, sino "desde
que somos diálogo .... " No porque se
dé en el hombre la facultad de hablar
ni aun porque se la ejercite, sobrevendrá sin más ese acontecimiento histórico e~encial, que pasa a la Palabra:
hacerse diálogo. ¿Desde cuándo somos
diálogo? Si ha de haber diálogo, es
preciso .que la palabra esencial mantenga continuada referencia a lo uno
y a. lo mismo. Sin esta referencia resulta imposible hasta una contienda
verbal. Empero lo uno y lo mismo
sólo puede hacerse patente a la luz
de algo permanente y consistente. Consistencia y permanencia, por su parte,
únicamente aparecen cuando despuntan constancia y presencia, lo cual no
acontece sino en ese golpe de vista en
que el tiempo se extiende, abre y se
&lt;!a tiempo. Desde. el punto en que el
hombre se pone en presencia de algo
permanente, puede ya comenzar a expueda tener historia y ser histórico. ponerse a lo tornadizo, a lo venidero,
No es la Palabra uno de esos instru- a lo pasajero, que tan sólo es mudamentos que están siempre al alcance ble lo constante. Y resde ese mismo
de la mano; la Palabra es todo un y primer punto en que el "Tiempo
acontecimiento histórico: el qlle dis- desgarrador" se desgarró asimismo en
pone de la suprema posibilidad de que presente, pretérito y porvenir, se da
en firme la posibilidad de unificarse
el hombre sea el que es.
Y es preciso que hayamos apresa- sobre lo permanente. Somos un diá..
do esta esencia de la Palabra, para Jogo desde el tiémpo en que "El tiemaprehender el campo de acción de la po es.". Desde que surgió el Tiempo,
poesía, y con ello a la poesia misma y se lo detuvo, somos nosotros, desde
en su realidad de verdad. ¿ Cómo vie- ese momento, históricos. Y ambas co..
ne al ser la Palabra? Para dar con la sas: ser un diálogo y ser históricos,
respuesta a esta pregunta meditemos son igualmente alltiguas, pertenecías
. la una de la otra, ·una y la misma.
una tercera sentencia de HOlderlin.
Desde que somos diálogo, larga es
la experiencia del hombre, y ha dado
III
nombre a muchos de ·1os dioses. DesLa hallamos dentro de un esbozo, de que a la Palabra Je aconteció ese
grandioso y complicado, para un poe- fasto de ser diálogq vienen a vocablos
ma no concluido, que comienza: "Re- los dioses y aparece Mundo. Es cuesconciliador, en quien nadie creyó ...... " tión una vez más de advertir, con to(IV, 162 y 339 sg.) :
do, que la presencia de los dioses y
" Muchas cosas ha experimentado la aparición de Mundo no comienzan
el Hombre , por ser una secuela de ese acontecimiento histórico que es la Palabra, sia muchos celestíales ha dado ya
nombre, no que son con ella contemporáneos.

'

\

ces Jo que por acicalado da la impresión de esencial no pasa de ser ripio
y repetición de cosas redichas. Y así
tiene la Palabra que ponerse una de
esas apariencias que ella de si misma
crea, poniendo con ello en peligro lo
que le es más propio: el genuino- decir.
¿En qué sentido, pues, cosa tan superlativamente peligrosa puede ser un
"bien" para el Hombre? -La Palabra
es posesión suya. Dispone de ella para
departir y compartir experiencias,
decisiones y sentimientos. La palabra
sirve para entenderse. Y por ser instrumento eficaz para ello, la Palabra
es un "biell". Sólo que la esencia de
la Palabra no agota su virtud en eso
de ser medio para entenderse. Al definirla asi, no damos con su esencia,
indicamos nada más una secuela d~
su esencia. La Palabra no és tan sólo un instrumento que, entre muchos
otros y cual uno de ellos, posea el
Hombre; la Palabra proporciona al
Hombre la primera y capital garantía
de poder mantenerse firme ante el público de los entes. Unicamente don-

desde que somos palabra en
diálogo
y podemos los unos oir a los
otros". (V, 343).

Y lo son tánto que palabra-en-diálogo, que somos nosotros mismos, consiste justamente en dar nombre a los
dioses y en que el mundo se haga vocablo: palabra de nuestra boca.
Ahora bien: Los diofes pueden ha- cerse solamente vocablos o palabras
de nuestra boca si ellos mismos de
por si, nos dirigen la palabra y por
ella nos interpelan. Y el vocablo que
da nombre a los dioses es siempre respuesta a tales interpelaciones. Esta
respuesta proviene, en cada c~so, de
haber hecho de destino responsabilidad. Cuando los dioses ponen a nuestra realidad de verdad (Dasein) en
trance de palabra entramos de golpe
en ese imperio donde se decide si nos
daremos, dando nuestra palabra, a los
dioses, o si nos negaremos y renegaremos de ellos.
Y ahora podemos medir en todo su
alcance lo que significa: "desde que
somos diálogo ..... ". Desde que los dioses nos ponen en trance de hablar,
desde este tiempo hay tiempo para
hablar, y desae ese punto el fondo
mismo de nuestra realidad de verdad
es diálogo. Con todo Jo cual la afirmación de que la Palabra es fasto fundamental de nuestra realidad de verdad queda plenamente explicada y
fundamentada. Pero inmediatamente
surge la cuestión: ¿ cómo se inicia ese
diálogo que somos nosotros? ¿ Quién
hace eso de dar nombre a los dioses?
¿ Quién apresará en el tiempo viandante algo permanente, y Jo hará detenerse en un vocablo, en una palabra
de nuestro boca? Holderlin nos lo dice
con la segura sencillez de los poetas.
Oigamos lma cuarta sentencia:

sas no pueden calcularse ni deducirse
de Jo que simplemente esté ahí, a la
mano, Ser y Esencia habrán de ser libremente creados, puestos y regalados.
A esa acción de libérrimo regalo se
llama fundación .
Mientras se esté dando a los dioses
sus primigenios npmbres, y la esencia
de las cosas se esté haciendo palabra
de nuestra boca, - para que de este
modo comiencen las cosas a dar resplandor de sí-, hácese la realidad de
verdad del hombre, por tal fasto, con
recia urdimbre de relaciones, y establécese sobre fundamento. La palabra
de poeta es fundación, no tan sólo en
el sentido de donadón libérrima, sino
a la vez en el de firme fundamentación de nuestra realidad de verdad
sobre su fundamento.
Si llegaramos a comprender esta
esencia de la Poesia, --que es la Poesía fundación del Ser por la palabra
de nuestra boca-, podriamos presentir algo de la verdad de aquella otra
palabra que de la boca de Holderlin
salió después, mucho déspués, de arre:
balado por la locura, y acogido por
ella en las sombras de la noche mental.

El Poeta está expuesto a los rayos
Por fin que nuestra realidad de verdad sea, en su fondo, poética, no pue- de Dios. De esto nos habla aquel poede significar que sea propia y exclu- ma que es preciso reconocer como la
sivamente juego inofensivo. Mas ¿no más pura poesía de la esehcia de la
ha llamado Holderlin, ya en la prime- Poesía, y cuyo comienzo es:
ra sentencia, ·a lo poesia "esta tarea, ·
entre todas la más inocente?" ¿Cómo
"Como en días de fiesta, para ver
armonizarlo con la explicación que de
el campo
la esencia de la poesia acabamos de
sale el labrador bien temprano ..."
dar? Con esto volvemos a aquella
(V, 151 sg.).
cuestión que, por unos momentos, dejamos de lado. Y al contestarla ahora,
Y en la última estrofa se dice:
intentaremos a la vez presentar ante
los ojos del alma, y por modo de resu"Derecho es nuestro, de los poetas,
men, la esencia de la poesía Y del
de vosotros los poetas,
poeta.
Bajo las tormentas de Dios afinPrimer resultado fué: Que el campo
carnos, desnuda la cabeza;
de acción de la poesía es la Palabra.
para asi con nuestras manos , con
Por tanto la esencia de la Poesía ha
nuestras propias manos
1
de comprenderse mediante la esencia
robar al Padre su.s rayos ;
de la Palabra. En segundo Jugar: Quero.bárnoslo a El mismo;
dó en claro que Poesía es dar nomy envuelto en cantos,
bres, fundadores del Ser y de la esenentregarlo al Pueblo cual celeste
cia de las cosas, y no un decir cualregal&lt;/'.
quíera, sino precisamente aquel que
por primigenia ma-nera saque ~ luz
Y un año después, cuando HO,lderlin,
pública todo aquello de lo que destocado ya de la locura, vuelve a la capués, en el lenguaje diario, hablaremos
sa materna, escribe al mismo amigo,
nosotros con redichas y manoseadas
recordando su estancia en Francia:
palabras. De aquí que la Poesía no
"El poderoso entre los elementos, el
tome jamás la Palabra cual si fueraV
Fuego del Cielo, la tranquilidad de los
material que está ·ahí para que se lo
hombres, su vida enmedio de la NatuHállase esta quinta sentencia-guía en trabaje; es, por el contrario, la Poesía raleza, su limitación y fácil contenta· aquel grandioso y descomunal poema misffia la que, por si misma, hace ha- miento, me han sorprendido siempre;
cedera la palabra.
que comienza";
y, como se dice de los héroes, puedo
Poesía es palabra primogénita ,de un
yo decir muy bien que soy un herido
Pueblo. Invirtiendo, pues, la conseEn suaue azul florece
de Apolo" (V, 327). El exceso de clasobre metálico techo la torre de la cuencia la esencia de la Palabr~ ha
ridad
arrojó al poeta en las tinieblas.
Iglesia" (VI, 4). de ser comprendida mediante la,.esen¿Harán, pues, falta más testimonios
cia de la Poesía.
El fundamento de" nuestra realidad aún de la extremada peligrosidad de
Y aquí es donde dice Holderlin:
de verdad es el diálogo, por ser éste su "faena"? Este final, tan suyo, Y
tan propio de poeta, Jo dice todo. Pre"Lleno está de méritos el Hombre; el acontecimiento histórico por el que
sagios
de esto resuenan en aquella esma~ no por ellos, por la Poesía, viene al ser la Palabra. Mas la palatrofa
del
Empédocles de Holderlin:
IV
ha hecho de esta Tierra su mora- bra primogénita es la Poesía, por ser
"
...
ha
de
saber
partir a tiempo quien
fundación del Ser. Ahora bien: la Pada" (V. 32 sg).
haya
sido
boca
del
Espíritu" (III, 154).
Esta sentencia hace de final del poelabra es "el más peligroso de los bieY
no
obstante,
la
poesía
es "de entre
ma: "En memoria"; y dice asi: "Los
Las obras del HQmbre, las empresas nes''. Luego la Poesía eS la más pelitodas
la
máS
inocente
tarea".
Asi lo
poetas echan los fundamentos de lo
del hombre, conquistas son y méritos grosa de las obras, y a la vez l"la más escribe Holderlin en su carta, no sólo
permanente" (IV. 63). Con esta sende sus esfuerzos. "Y ·con todo", dice inocente de las faenas". Que, en efectencia se hará luz en la cuestión so- Holderlin en duro contraste, todo ello to, sólo si conseguimos pensar en uno para no herir a su madre, sino porque
bre la esencia de la Poesia. Poesía es no atañe a la esencia de ese su morar estas dos determinaciones llegaremos sabia que este inofensivo aspecto exfundación por vocablos y sobre voca- en la Tierra; todo ello no llega al fun- a apresar en concepto la íntegra esen- terior pertenece en propiedad a la
blos. Y ¿qué es lo fundado? -Lo per- damento de nuestra realidad de ver- cia de la Poesía. Pero ¿ es en realidad esencia de la poesia, como el valle al
manente. Pero ¿es que lo permanente dad. Que la realidad de verdad del de verdad la Poesía la más peligrosa monte. Por·que ¿ cómo habria manera
puede. ser fundado? ¿Qué no es Jo per- hombre es, en su fondo, poética. Por de las obras? En la carta dirigida a de poner por obra esta de entre todas
mánente lo desde siempre presente? poesía estamos ahora, con todo, en- un amigo suyo, inmediatamente antes la más peligrosa, y cómo preservarla,
-No. Lo permanente es, justamente, tendiendo ese nombrar: fundador de de su partida última para Francia, es- si el poeta no estuviese "expulsado"
lo que tiene que ser detenido contra Dioses y funda(jor también de la esen- cribe HOlderlin: "Oh amigo, más ra- (Empédocles, III, 191) de Jo común de
la arrebatada corriente, y hay que li- cia de las cosas. · "Morar poética~en- diante que nunca veo el Mundo ante cada día, y defendido contra lo común
berar de la confusión Jo simple, y hay te" significa, por oti-a parte, plantarse mi, y más grave · que nunca también. por lo aparentemente inofensivo de su
qiie enfrentar a Jo desmedido la me- en presencia de los dioses Y hacer de Pero me gusta como va; y me gusta, faena?.
La poesía es, por su aspecto, un juedida. Hay que sacar a pública paten- pararrayos a la esencial inminencia como cuando en verano:
.
go.
Y con todo no lo es. Reúne, cier•
cia precisamente aQ1.J.ello que sostiene de· las cosas. "PoCtica" es, en su fon"el viejo y sagrado Padre, con soy rige al ente en conjunto. Hay que do, nuestra realidad de verdad; Jo cual segada mano, agita y lanza desde las tamente, a los hombres, como el juego;
poner al descubierto el Ser, para que viene a decir: que esté fundada y fun- enrojecidas nubes rayos de bendición. mas los reúne de manera que precisa·
en él aparezcan los entes. Pues bien: damentada, no es mérito suyo; es un Porque entre todas las cosas que yo mente en él cada uno se olvide de sí
precisamente lo permanente es Jo hui- don.
alcanzo a ver en Dios, es esta señal la mismo. En la Poesia, por el contrario,
se recoge el Hombre al fundamento y
dizo.
No es la Poesía simple y adventi- para mi predilecta. · En otros tiempos
fondo de su realidad de verdad, y en
cio adorno de la realidad de verdad suspiré por una nueva verdad, por una
" Tan precipitadamente pasajero (Dasein), ni transitoria exaltación es- visión mejor de Jo que sobre nosotros él llega a aquietarse. Y no llega por
es todo lo celestial; sólo que no piritual, entusiasmo o entretenimiento. y en torno nuestro está. Ahora braceo cierto a ese aparente quietismo de la
pasa • en vano". (IV, 163 sg) . Y far Poesía es el fundamento y soporte para que no me pase al final Jo que inactividad y vaciedad mental, sino a
hacer ·que lo celestial permanezca de la historia, no µna simple manifes- al viejo Tántalo: que recibió de los aquella quietud sin limites en que la
"cosa es confiada a los que en tación cultural, menos aún "expre- Dioses más de lo que podía digerir". vivacidad es el estado de todas las relaciones y fuerzas. (Véase la carta a su
poesía trabajan, confiada a sus sión" del "alina· de una cultura".
(V, 321).
hermano, del 1-I-1799; III, 368 sg.).
cuidados, confiada a sus serviLa poesía es despertador de las apacios" (IV. 145).
riencias de irrealidad y de ensueño,
frente a esa realidad apres able y ruiEl poeta da nombre a los dioses, y
dosa en la que creemos estar cual en
lo da a todas las cosas, . y los nombra
casa propia. Y es, con todo, al revés:
en Jo que ellos son. Este nombrar no
que Jo que el poeta dice, y Jo que soconsiste en proveer a. algo, ya de anbre su palabra toma por ser, eso es lo
temano conocido, ni más ni menos que
real. Así lo reconoce Pantea, con su
con un nombre, sino en que, al decir
clarividencia de amiga (Empédocles,
el poeta en palabras el vocablo esen- .
III, 78) ;
cial, mediante tal nombramiento se
nombra, por vez primera, al ente para
" ... ser cada uno uno mismo:
Jo que es, y de este modo se lo recoeso es la vida; que nosotros, los
noce como ente.
otros,
Poesía es, pues , fundación del ser
somos
ensueños
de
Mismo".
por la palabra de la b.oca. Jamás se
saca, según esto, de lo pasajero lo perPor su ápariencia exterior parece,
manente, ni se puede e:Xh:aer sin más
pues, oscilar la esencia de la Poesía.
de Jo complicado Jo simple, ni de los
Está, con todo, bien firme; puesto que,
desmesurados la medida. Que jamás
en "realidad y de suyo, es la poesia,
se halla fondo en lo profundo. Que
por su esencia misma, fundación, esnunca jamás será el Ser un ente. Mas
to
es: fundamentación en firme. Cier·porque el Ser y la esrncia de las co-

Pág. 3

Pág. 2
•

�to que toda fundación es donación Ji.
bre; y Hiilderlin ha oído que se le de-

ímpetu, se adentra por el pensamiento

nas" (IV, 168) . Empero esta libertad

poético hasta el fundamento y el centro del ser? De Holder/in mismo valen
aquelllls palabras que en aquel poste'.

no es arbitrariedad sin riendas y deseo

rior poema: "En suave azul florece ... ",

con caprichos, sino suprema necesidad.

dijo de Edipo:

cía: "Poetas, sed libres cual golondri-

La poesía, en cuanto fundación del

Ser, se halla doblemente atada. Y no
perdiendo de vista esta su ley, la l!lás

íntima de las suyas, apresaremos por
~in e íntegramente su esencia.

Hacer ·poesía es de suyo hacer entrega de nombres a los di~ses. Mas por
otra parte el vocabulario poético no
llega a poseer su fuerza denominativa

si los Dioses mismos no nos ponen en
trance de palabra. ¿ Cómo ,hablan los
Dioses?.

"... por signos; que desde antiguo tal
es la palabra de los Dieses" (IV, 135).
El decir del Poeta es un sorprender
tstos signos, para significarlos, amplificándolos, a su Pueblo. Y este sorprender tales signos es recibirlos, y a
la vez darlos de nuevo, porque el poeta
columbra ya en uel primer signo" lo
Poslrimero; y audazmente pone en palabras lo visto, para predecir lo que
aún no se ha cumplido. Así:

" ... al encuentro de las tormentas .
vuela audaz, cual águila, el

Esj;iritu,
prediciendo el destino a sus dioses venideros!'.
(IV, 135).
La fundación del Ser está vinculada
a 1os signos de los Dioses. Y a la vez
el vocabulario poético es tan sólo la
explanación de la "voz del pu"eblo",

que este nombre da Holderlin a las
leyendas por las que un Pueblo está
haciendo memoria de su pertenencia
al ente en conjunto. Mas con frecuen-cia enmudece esta voz, y extenuada en
si misma calla; y, sobre todo, no puede

de por si sola babla.r con propiedad,
que para esto necesita de intérpretes
de su voz. Dos redacciones se nos han

conservado del poema que lleva por titulo "Voz del Pueblo". Ante todo las
estrofas finales son diferentes, aunque

complementarias. En 'la primera redacción el final dice así: "por, estó,
porque espiadosa , y por amor a los
Celestes, venero yo la voz del Pueblo,
voz quieta; mas, por los dioses y por
los hombres, que no se compla;a demasiado en la quietud sempiterna"
(IV, 141).
Júntese la segunda redacción: "y sin

duda, buenas son las leyendas; pues
son memorial del Altísimo; con todo
hace falta Uno que interprete las sagradas" (IV, 144).
Y así está la esencia de la Poesía
urdida con las interconvergentes e in-

terdivergentes leyes de los' signos de
los dioses y de la voz del pueblo. El
poeta mismo se tiene entre aquéllos,

los Dioses, y éste, el Pueblo. Y es un
proscrito, adscrito a este "ente": entre

los Dioses por un extremo, y los 'hombres por oÍro. Empero sólo y primariamente en este "ente" se decide
quién es el Hombre y dode afincará ,
su realidad d.e verdad. "Poéticamente

es como el hombre hace de esta tierra
su morada".
Sin interrupción con siempre mayor
seguridad, con sencillez siempre cre-

ciente, ha seleccionado Hiilderlin de la
plenitud invasora de imágenes, el vo-

cabulario poético propio de este dominio intermedio. Y esto es lo que nos

obliga a decir de él que es el poeta del
Poeta. ¿Insistiremos, pues, todavía en

pens~r que, por falta de plenitud, se
haya enredado Hiilderlin en una vacia
y exagerada contemplación narcisista
de sí mismo? ¿ O reconoceremos más
biell que este poeta, con descomunal

Pág. 4

"El rey Edipo
tal vez tenga un ojo de más"
(Vf, 26).
Hiilderlin pone en poesía la esencia
de la poesía, mas no cual si fuera un
concepto intemporalmente válido. Esta esencia de la poesía pertenece ~n
peculio a un determinado tiempo, no
cual si este tiempo preexistiese firme
en si, y tal esencia sólo hiciera aco-

modarse ella a las medidas de él, sino
que, al fundar Hiilderlin de nuevo la
esencia de la poesía, comienza por hacer un nuevo y deterillinado tiempo.

Es el tiempo de los Dioses idos, Y del
Dios por venir. Y es éste tiempo de
indigencia, porque se halla en una 'doble carencia y con un doble no: en el
no más ya de los Dioses idos, en el
aún no del Dios por venir.

La esencia de la poesia, tal cual la
funda Hiilderlin, es en grado sumo un
acontecimiento histórico, porque es
anticipación de un tiempo histórico;
y por ser esencia histórica es la única esencia esencial.

Tal ·tiempo es tiempo .de indigencia;
pero, por eso mismo, sobremanera rico
es su poeta, tan rico que, al repensar

lo pasado y mientras aguardaba lo venidero, pudieron darle frecuentes desmayos y en este aparente vacío. darse
tan sólo a dormir. Empero se niantu-

vo firme en la Nada de esta Noche.
Mientras el poeta se mantiene asi, consigo mismo, en suprema soledad, bien
atenido a su destino, es cuando crea,

como representante del Pueblo, la Verdad, y la crea en verdad para su Pueblo . .Tal es proclama de aquella séptima estrofa de la elegía 'Pan y Vino"

en la que se dice poéticamente lo que
aquí sólo con repensados pensamien-

tos _ha podido ser explicado:
" Tarde llegamos, amigos, y ¡tan
·
tarde!
Cierto que viven los Dioses; ·
Si, sobre nuestras cabezas, allá
arriba, en otro mundo en acción
eterna-:
Y, en apariencia, despreocupados

de si vivimos;
¡Tanto cuidado ponen los Celestes
en no herirnos!
Frágil vasija no pudiera de continuo contenerlos,
Que sólo de tiempo en tiempo so:
porta el homb.re el colmo divino.
Ensueños de ellos, no otro es la
vida.
Mas cuql sueño ligero viene Error
a socorrernos;
Fuerza nos da Necesidad, robustez
la Noche;
Hasta ·que héroes crecidos en cu~
na de bronce
Lleguen como en tiempos ya lejanos a tener corazones que puedan
por sus fuerzas ' igualar a los del
cielo.
Será su ven.ida entre truenos;
Mientras tanto', con frecuencia,
Mejor me parece dormir.
Y cual estoy ahora, así ag_uardar
sin compañero.
Entre tmzto, qué pudiera hacer o
,decir? ..:..No lo sé.
Ni sé qrie falta hagan poetas en
tiempos de miseria
A pesar de todo, los hay,
- me dirás.
Y son cual aquellos sacerdotes consagrados al dios del vino,
que 1· de tierra en tierra, en noche
sagrada erraban perdidos".

Indice de lo Publicado en Armas y
letras Durante el Año de 1955
ALVARADO, José: Alfonso Reyes, No.
2, Febrero.
El renacimiento de la Universidad ,
No. 5, Mayo.
BALLY, Charles: ¿Porque se aprende
latin?, No. 8, Agosto.
BASAVE FERNANDEZ DEL VALLE,
Agustín: Qué es la Poesía? No. 3,
Marzo.

México, 1953, por A. C. S. No. 1 Enero; Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, No. 22, México,
1954, por M.M.G., No. 1, Enero; Juan
José de Arriola: Décimas de Santa
Rosalia, Col. Los Presentes, México,
1954, por H. A. G., No. 2, Febrero;
Ramón Xirau: T~es poetas de la soledad, Col. México y lo mexicano,
México, 1955, No. 2, Febrero; .Luis
Monguió: La poesía postmodemista
peruana, Col. Tierra Firme, México,
1955, por M. M. G., No. 2 Febrero;
Morgan y Stellar: Psicología Fisiológica. Madrid, 1954, No. 4, Abril;
Arthur March: Naturaleza y conocimiento, Madrid, 1954, No. 4, Abril;
Jaime Torres Bodet: Fronteras, Te.
zontle, México 1954, por M.M.G., No.
4, Abril; A. Cardona Peña: Poema
nuevo, Cuadernos Americanos, Méxiw
co, 1955, por Antonio Rodríguez, No.
6, Junio; A. Cardona Peña: Pablo
Neruda y otros ensayos, Ed. de Andrea, por Arturo Echevería Lora, 'No.
6, Junio; A. Cardona Peña: Semblanzas mexicanas, Ed. Libro-Mex.
México, 1955, por Alfonso Reyes A.,
No. 6, Junio; V oltaire: El siglo de
Luis XIV, F.C.E., México, 1954, por
A.P., No. 8, Agosto; Aristóteles: Etica Nicomaquea, Ed. de la UNAM, México, 1955, No. 8, Agosto; E. Valadez: La muerte tiene permiso, Col.

Trayectoria y pensamiento de Antonio Caso, No. 7, Julio.
La ruta filosófica de José Ortega y
Gasset, No. 11, Noviembre.
BOCCACCIO: El halcón. (Traducción
de Jorge Rangel), No. 1, .Enero.
BOUCHSPIES, Franz: El·Canto de los
Nibelrmgos, No. 1, Enero.
El Canto de los Nibelungos, (Concluye), No. 3, Marzo.
Thomas Mann, No. 6, Junio. "'
Cario Magno en el mito y en la historia, No. 7, Julio.
.El Fausto eterno, No. 10, Septiembre.
BRAVO VILLARROEL, Roberto: Oij;.
dio, cultor de belleza, No. 7, Julio.
BRUNET, Christian: Afectividgd y filosofía, No. 1, Enero.
Civilizaci,ó n y mito, No. 4, Abril.
Nihil humanum alienum, No. 5, Mayo.
CARDONA PEi-íA, Alfredo: Lectura de
Alfonso Reyes, No. 2, Febrero.
Nuevas notas sobre Quevedo, No. 7, .
Julio.
Letras mexicanas, México, 1955, No.
CANTU S., Arturo: Palabra muerta,
8, Agosto; Heinrich Freiherr von
No. 4, Abril.
Stakkelberg : Principios de Teoría
El poeta de. la muerte, No. 3, Marzo.
Económica, Madrid, 1954, No. 8,
Alrededor de otras ideas, No. 7, JuAgosto ; Pedro Muñoz Amalo, Int. a
lio.
la Admón. Pública, F.C.E., México,
CARMONA NENCLARES, ·Francisco;
1955, No. 9, Septiembre; Hegel: HisExilio y poesía, No. 1, Enero.
toria de la .Filosofía, F.C.E., México,
CAVAZOS GARZA, Israel : El Doctor
1955, por Elsa Cecilia Frost, No. ,9
José Bernardino Cantú, maestro del
Septiembre.
Seminario de Monterrey 1 No~ 3, MarOHAMIAN, Armen: Astr,~ia, de Luis G.
zo.
Inclán, No. 9, Septiembre.
CUELLAR, Gerardo: Mi hermano MarORTEGA Y GASSET, José: Misión de
cos, No. 10, Septiembre.
la Universidad (Fragmento), No. 11,
CHACON Y CALVO; José María: El
Noviembre.
Moratín Tenis Club, No. 9 SeptiemRANGEL
FRIAS, Raúl: Teoría de Monbre.
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No.
5, Mayo.
ESTEVA FABREGAT, Claudio: Rulfo
La idea histórica, No. 5, Mayo.
en )a novela mexicana, No. 9 SepPcilabras.,foales de un Rector, No. 5,
tiembre.
Mayo.
GALLEGO, Julián: La máquina de ver
RANGEL
GUERRA, Jorge: Traducción
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del cuento El halcón , de Boccaccio,
Del Festival Internacional de Teatro
No. 1, Enero. ·
·en París, No. 8, Agosto.
REDACCION,
La: lndiu de lo publiEl teatro .en Londres, No. 10, Sepcado en "Armas y Letras" en su XII
tiembre.
w1o ,de vida: 1955, No. 12, DiciemGARZA, Homero A.: La palabra inbre.
nomrable, No. 6, Junio.
Alfonso Reyes y su jubileo literario,
GINÉR DE LOS RIOS, Francisco: ProNo. 2, Febrero.
sa de Alfonso Reyes, No. 2, Febrero.
Propósito (En ocasión del número
GONZALEZ DURAN, Jorge: El mar,
de homenaje al Lic. D. Raúl Rangel
No. 1, Enero.
Frías), No. 5 Mayo.
HEIDEGGER, Martin: Holder/in y la
Dos exposicio,ies (Con gráficas), No.
esencia de la poesía, (Trad. de Juan
4, Abril.
David García Bacca), No. 12, DiciemV Cursos de Invierno (Con gráficas),
bre. En poesía habita el hombre.
No.
3, Marzo.
(Trad. de Rafael Gutiérrez Girardot),
Escuela de Verano, X Anualidad, No.
No. 12, Diciembre.
6, Junio.
IMAZ, Eugenio: El océano de la meJosé
Moreno Villa (Noticia en ocamoria, No. 2, Febrero.
sión
de
su Muerte), No. 6, Junio.
LAZO, Raimundo: La personalidad, la
creación y el mensaje
de
Alfonso
RENDON,
José Angel: Trayectoria uni.
Reyes, No. 9, Sepbembre.
Persilaria1 No. 5, Mayo.
l\lIR, Daniel: Alrededor del inculto REYES, Alfonso: De mi vida y mi obra,
Feijóo, No. 1, Enero.
No. 2, Febrero.
Stultorum infinitus est numerus , No.
Los regiomontClnos, No. 5, Mayo.
6, Junio.
Historia documental de mis libros
Aeternum vale, Maestro Ortega y
(!). - Cuestiones Estéticas, No. 4,
Gasset, No. 11 , Noviembre.
Abril.
MORALES GOMEZ, Manuel: Jenofanes , REYES AURRECOECHEA, Alfonso:
No. 1, Enero.
RaM Rangel ·Frías 1 No. 5, Mayo.
Nuestra encrudjada , No. 4, Abril.
Aproximaciones a lo histórico, No. SALINAS QUIROGA, Genaro: El fino
mensaje de Erasmo , No. 8, Agosto.
6, Jimio.
MORENO VILLA, José : Soledad, No. 6, VILLARREAL, Sergio: Juan Ruiz de
A/arcón , No. 8, Agosto.
Junio.
NOTAS BIBLIOGRAFICAS; S. G. Mor- ZERTUCHE, Francisco: ¿Cervantes,
ler: .. La civilización maya, F. C. E.,
pasajero a Indias? , No. 4, Abril.

.

En ·Poema Habita el Hombre

+

de Martín Heidegger
por Rafael Gutiérrez .Girardot
Las palabras están tomadas de un poema tardío propiamente
tradicional de Holderlin. Comienza así: "En azul amoroso florece con / el plomizo. tejado el campanario .... " Para que oigamos
justamente las palabras ".... en poema habita el hombre .... " debemos llevarlas pensadamente al poema. En ello pensamos las
palabras. Damos claridad a la reflexión que de allí emerge a la
vez. Pues de otro modo nos falta la libre disposición para responder a las palabras con nuestro asedio.

(Traducción)
Estamos pues ante un doble tomar
a pecho: por un lado, pensar aquello
que se llama la existencia del hombre
desde la (e)sencia del habitará por el
otro, pensar la (e)sencia del poematizar en cuanto hacer habitar como un
edificar, quizá como el edificar por

to dispuesto ·para el uso. El co-res-

llegamos a la (e)sencia del habitar.

ponder en el que el hombre escucha
propiamente la re-clamación del ha-

bla, es aquel decir que habla en el elemento del poem&gt;1tizar. En la medida
en que es más poematizante un poeta,
es su decir tanto más libre, es decir,

tanto más abierto y tanto más dispues,
to para lo insospechado, tanto füás pu-

patibles el habitar y lo poemático?
Nuestro habitar se vé acosado por la
necesidad de la vivienda. Y aunque

ramente se entrega con su dicho al
siempre más esforzado escuchar, tan-

to más lejos está su dicho de lo simple dicharachero, sobre lo que sólo se

fuese de otra manera nuestro habitar

de hoy se vé perseguido por el trabajo, agitado por la caza tras la ventaja
y el éxito, embrujado por el ruido de
la diversión y del recreo. · Pero allí
donde en el habitar de hoy queda aún
espacio para la poemático y para el

trata con respecto a su corrección e
incorrección.
"... en poema habita el hombre ... "

dice el poeta. Escuchamos las palabras con más claridad si las llevamos

tiempo ahorrado a fuerza de privaciones, se consuma, si es que hasta allí
llega, una ocupación con las bellas letras , sean escritas o pronunciadas. La
poesía es negada entonces como un

de nuevo al poema del que proceden.
Oigamos primero los dos versos de

donde hemos tomado las palabras. Dicen:

juguetón languidecer y como una ve-

Pleno de merito, mas en poema, habita.
el hombl'e sobre esta tierra.

leidad en 1o irreal o rechazada como
fuga' hacia lo idíl!co o se encasilla a

la poesía dentro de la literatura. Su
validez se valora de acuerdo con la
medida de la respectiva validez. Por
su parte lo acthal está hecho y dirigi-

El tono fudamental de los versos cae
sobre la palabra ''en poema". Esta tie-

ne relieve 'hacja dos lados: hacia el
que le precede y hacia el que le sigue.
Le preceden las palabrás "Pleno de

do por la opinión pública civili~adora.
Uno de sus funcionarios, es decir, motivador y motivaµo a la vez, es el mercado literario. La poesía nv pu~de entonces figurar como otra cosa qu~ como literatura. Allí en donde la poesía
se considera cultural y científicamente

mérito, mas .... " Esto suena casi como
si la palabra "en poema" trajera consigo una limitación al meritorio habi-

tar del hombre. Es sin embargo lo

se hace objeto ele la historia literaria.

de la vida. El modo del poeta consiste en pasar por alto lo real. En vez de
realizar, sueñan. Lo que ellos hacen
es solamente imaginar. Imaginaciones
se hacen fácilmente. Hacer se dice en

griego poiesis. Que el habitar.del hombre ha de ser poesía y poemático?
Esto sólo puede aceptarlo quien se pone al margen de lo real y no quiere
ver en qué estado se encuentra la vida

histórico-social del hombre; lo qu_e los
sociólogos llaman lo colectivo.

Sin embargo, antes 'de que tan a
grosso modo tengamos por incompati-

bles el poematizar y el habitar, es bueno atender sobriamente a la palabra
del poeta. Esta habla del habitar del
hombre. No describe estado · alguno del
habitar de hoy. Ante todo no afirma

soportan el uno al otro. Más aún. Tal
vez hasta lleva el uno al otro, de tal
mqdo que éste, el habitar, descansa

Poematizar es en cuanto hacer babi•
tar un edificar.
Per·o de dónde tenemos nosotros r0s

en aquél, en lo .poemático. Cuando no-

hombres una noticia sobre la (e)sen-

sotros sospechamos tal cosa, entonces

cia del habitar y del poematizar ? De

hemos de tomar a pecho pensar desde
su (e)sencia al habitar y a lo poemá-

dónde tiene él hombre la pretensión
de llegar a la (e)sencia de una cosa?

tico. Si nos nos cerramos a este tomar

El hombre puede tomar tal pretensión

a pecho, podemos entonces pensar des- sólo allí donde la recibe. Y él la recide el habitar lo que en general se !la- · be de la re-clamación del habla. Por
ma la existencia del hombre. 'Con ello cierto que sólo cuando él y en tanto
abandonamos desde luego la concep- que él atiende a la propia (e)sencia
ción habitual del habitar. Según ella del habla. Entonces hace alto un deel habitar es sólo un modo de com- senfrenado y a la vez ágil parloteo,
portamiento del hombre junto a mu-

to que erige ·aquello que no puede surgir y consistir, y esto lo hace median-

te el hacer. Edificado y edificio no son
solamente en este sentido las edificaciones sino toda obra de mano y por

medio de la ejecución del hombre.

car no llenan la (e)sencia d,el habita~.
Por el contrario: ellos le impiden al
habitar su (e)sencia, puesto que estos
y por causa propia son solicitados y

mira el rasgo fundamental del en-ser
del hombre. Lo poemático lo mira él

en inespeq1das facciones. El habla se
vuelve medio de expresión, y como

edificar edificaciones. Este persigue

útiles de trabajo es una consecuencia

cazados. En ton ces los méritos justamente por su abundancia inducirían al

habitar a los limites del mencionado

la profusión de la necesidad del haexpresión puede el habla hundirse en . bitar. El edificar en el sentido del cuimedio impreso. Está bien el que tam- dado edificante de lo que nace y del
bién en tal utilización del habla baya erigir edificios y obras y del construir

vienda. 'y tampoco dice que lo poe-

Jo poemático sea un adorno o una aña-

un cuidado del habl~r. Pero esto sólo

didura del habitar. Lo poemático del

no nos ayuda' en el comercio de la

liabitar no quiere decir fampoco que

verdadera relación de dominio entre

lo poemático aparezca de algún modo
en todo habitar. Las palabras " ... en
poema habita el hombre ... " dicen más

el habla y el hombre. Pues quien propíamente habla es el habla. El hombre habla, mas sólo entonces babia, en

bien: el poematizar hace que el babi•
lar sea primariamente un habitar. Poematiz,ar es propfamente el hacer ha•
bitar. Pero mediante qué llegamos a

cuanto correspon_de al habla, en cuanto oye su rc-clamación. Entre todas
la s re-clamaciones que nosotros los
hombres, desde nosotros mismos, de-

una habitación? Mediante el edificar.

hemos traer al hablar, es el habla la

de Revista Nacional de
Cultura, No. 110, Mayo -Junio de
1955, Caracas, Venezuela) .

ca en el sentido de aedificare, por cuan-

blado, por la faz &lt;je la tierra. El hombre se comporta como si fuera el dominador y el configurador del habla,
cuando lo cierto es que es el babia
quien sigue siendo la dominadora del
J10mbre. Cuando esta relación de dominio cambia su faz, cae el hombre

mático se agota en el juego irreal de
la imaginación poética. Quien quiere,
pues 1 entre los reflexivos, atreverse a
exp)icar irreflexivamente y desde una

* (Tomado

y cuidar (colere, cultura) son un modo del edificar. Pero el hombre no
edifica solamente aquello que de por
si entraña y regala un nacer. El edifi-

chos otros modos. Nosotros trabajamos en la ciudad pero habitamos fuera de ella. Estamos de viaje y habitamos ora aqui ora allá. El habitar así
entendido es sólo la tenencia de un
alojamfonto.
Cuando Hiilderlin habla de habitar

que habitar significa e] tener una vi-

mático son incompatibles? Tal vez se

contrario. La limitación de ser mencionada en el giro "Pleno de mérito",
al que débiéramos agregar al pensarlo
un "ciertamente". El hombre se hace
a méritos de muy varia manera, por
cierto en su habitar. Pues el hombre
cultiva las nacientes cosas de la tierra
y cuida lo que para él nace. Cultivar

un escribir y un pronunciar de 19 ha- · Pero los méritos de este variado edifi-

desde la relación con este habitar
(e)sencialmente entendido.
Esto no significa evidentemente que

frágil altura que el habitar y lo poe-

da al azar, nos dé el habla ya la (e)

la poesía según el mentado respecto,

en poema no es difícil de imaginar.
Pero cómo debe habitar en poema "el
hombre", es decir, todo hombre y
conStantelllente? No son acaso incom-

cierto, según se oye no estuvo al ritmo

cosa. Esto no quiere decir que en todo significado de palabra aprovecha-

excelencia. Buscando la (e)sencia de

Que los poetas habitan con· frecuencia

la literatura, cómo ha de fundarse el
habitar humano en lo poemático? Las
palabras el hombre habita en poema
proceden sólo de un poeta que, por

da señales primeramente y de nuevo

últimamente sobre la (e)sencia de una

sencia transparente de una cosa, di•
recta y definitivamente como un obje-

".... en poema habita el hombre ...."

La poesía occidental corre bajo el título general de "literatura europea".
Pero y si la poesía tiene de antemano su forma única de existencia en

más alta y la primera. El habla nos

(e)sencial del habi.lar, pero de ningún
modo su fundamento ni mucha .meno&amp;
su fundamentación. Estos deben acon-

tecer en otro edificar. El edificar habitualmente ejercido y con frec1,Iencia
exclusivamente ejercido y por ello el
único conocido, lleva consigo por cier-

to la abundancia de méritos al habitar. Mas el hombre es capaz del habitar sólo cuando ha edificado y edifica

Pág. 5

�en otras formas y cuando permanece
con la intención de edificar.
"Pleno de méritos (ciertamente), mas
en poema, habita el hombre .... " En el
texto siguen las palabras "sobre esta
tierra". Se querría considerar esta frase como superflua; pues habitar quiere decir ya: estancia del hombre en
la tierra, en "esta" tierra, al que todo
mortal se ha confiado y a que está librado.
Sólo que cuando Hiilderlin ·se atreve
a decir que el habitar de los mortales
lo es en poema, se despierta entonces,
apenas dicho, la apariencia de que el
habitar "en poema" arranca a los hombres de esta tierra. Pues el "en poema" pertenece, en tanto en cuanto se
tenga como poemático, al reino de la
fantasía. El habitar en poema vuela
fantásticamente sobre lo tea!. Con este
temor tropieza el poeta, por eso dice
que el habitar en poema ha de ser un
habitar "sobre esta tierra". Holderlin
libra así al "en poema" no sólo de un
malentendimíento sino que . mediante
la a(\adidura de las palabras "sobre
esta tierra" apunta precisamente a la_
(e)sencia del poematizar. El poematizar no vuela sobre la tierra ni la sobrepasa para abandonarla y moverse
sobre ella .. Sólo el poematizar trae al
hombre sobre la tierra, lo lleva a ella,
lo trae asi al habitar.
Pleno de mérito, mas en poema, habita
el hombre sobre esta tierra.

Sabemos ahora hasta qué punto y
cómo habita el hombre en poema? No
sabemos aún. Todavía podemos ~aer
en el peligro de hundirnos en el pensar las palabras poemáticas de Hiilderlin desde lo extraño a ellas. Pues Hiilderlin nombra ciertamente el habitar
del hombre y su mérito pero no establece una dependencia entre el habitar y el construir como se hizo más
arriba. El no habla del construir ni
en el sentido del cultivar, del cuidar
y del erigir ni tampoco de tal manera
que presente al poematizar como un
modo propio del construir. Según esto
Hiilderlin no dice del habitar en poe-.
ma lo mismo que dice nuestro pensar.
Aquí se debe ciertamente atender a
lo (e)sencial. Es necesario hacer una
corta aclaración. El poematizar y el
pensar se encuentran entonces y sólo
en lo mismo mientras se mantienen decididamente en la variedád de su (e)
sencia. Lo Mismo no se confunde con
lo .igual, tampoco con la vacía unificidad de lo idéntico. Lo igual se mueve siempre en lo indiferente, para que
todo allí concuerde- igualmente. Lo
Mismo es, por el contrario, el copertenecer. de lo vario desde la conjunción por la diferencia. Lo Mismo sólo
puede ser dicho cuando se piensa la
diferencia. En la resolución de la diferencia se ilumina la (e)sencia conjuntamente de lo Mismo. Lo Mismo rechaza todo fervor de igualar lo diferente con lo igual." Lo Mismo conjunta
lo diferente en una originaria concordancia. Lo igual, por el contrario,
di-vierte en la insulsa unidad del simple uno uniforme. Hiilderlin dice en un
epigrama que lleva por titulo "Las
raíces del mal":

comedido al habitar del hombre. Al
medio comedido, mediante el cual el
trecho entre el cielo y la tierra está
mil'arla y decir: asi
quiero ser yo también? Si. Mientras abierto, lo llamamos la dimensión. No
la amigabilidad surge de que el cielo y la tierra estén
dure aún en el cor·azón, La Pureza, vueltos el uno al otro. La vuelta desno se mide cansa más bien de la dimensión. Esta
desgraciadamente el hombre con la no es tampoco una extensión del esdivinidad. Es Dios desconocido? pacio, habitualmente concebido; pues
todo lo espacial, por su parte, en cuanes El como el cielo revelado? Esto
to colocación, requiere la dimensión,
bien que lo creo. Es la medida del
Hombre. es decir, precisa de aquello en donde
ha de ser colocado.
Pleno de mérito, mas en poema
habita
La (e)sencia de la dimensión es el
comedimiento iluminado y así mesuel hombre sobre esta tierra. Pero
más pura rable del trecho: del ascenso al cielo
y del descenso a la tierra. Dejamos si•
110 es la sombra de la noche con las
estrellas no nombre la (e}sencia de la dimensión. Según las palabras de Hiilderlin
si así puedo decir, •más pura que
el hombre, que promete una imagen el hombre mide la dimensión en tande la divinidad. to en ctrnnto se mide con lo celeste.
Hay medida alguna sobre la tierra.? El hombre no emprende ocasionalmen·
No hay te tal medir, sino que · el hombre es
. hombre primeramente en tal medir.
ninguna.
Por ello puede el hombre obslaculiPensamos poco desde estos versos y zar, abreviar o desfigurar esta medien verdad con el único propósito de ción, mas no escaparse de ella. En
oír con más claridad lo que Hiilderlin cuanto hombre se ha medido el homquiere decir cuando él nomj¡ra el ha- bre en algo y con algo celeste. Tambitar del hombre como un habitar "en bién Lucifer procede del cielo. Po'r eso
dice Hiilderlin en los siguientes verpoema"..
•
Los primeros de los versos leídos sos: (28 a 29) "El hombre se mide ...
(24 a 26) nos dan una señal. Están en con la divinidad". Ella es la "medi•
forma de una pregunta fifmerrl:ente da'' con la cual el hombre mide su
afirmada. Esta transcribe lo que dicen habitar de tal manera, es capaz de ser
los versos ya aclarados "Pleno de mé- en acuerdo con la esencia. El habitar
rito, mas en poema, habita el ho?Ibre del hombre descansa en la metría consobre esta tierra .... " Holderlin pregun- templadora de la: dimensión, a la que
pertenece tanto el cielo como, la tierra.
't a:
Esta metria no mide solamente la
Cuando es de inmenso esfuerzo la tierra, gué, y no es por eso simple
vida, debe un hombre geo-metría. Pero tarripoco mide el cielo, ouranós, en sí. La metria no es
mirarla y decir: asi
ninguna ciencia. El medir mide el
quiero ser yo también? Si.
trecho que enlaza a tino con otro, a
Sólo en el circulo del simple · esfuer- ambos, el cielo y la tierra. F;sta mezo se esfuerza el hombre por el "mé- tría tiene su metron y por eso su pro·
rito". Lo crea en la profusión. Pero pia métrica.
La metría de la (e)sencia humana
en este circulo le está permitido al
hombre mirar hacia lo celeste; mirar, . sobre la dimensión acordada a ella
también, en él desde él y a través de él. lleva al habitar a su plano. El medir
El mirar atraviesa en ascenso al cielo la dimensión es el elemento en el cual
y permanece, empero, abajo sobre la tiene su garantia el habitar humano,
tierra. El mirar mide el trecho entre desde el cual garantiza verdad. El meel cielo y la tierra. Este trecho está dir es el en poema del habitar. Poema-

Ser en acorde es divino y bueno;
de dónde pues el celo
entre los hombres de que sólo haya
de ser el uno y lo uno?

Cuando repensamos lo que Hiiiderlin
poematiza sobre el habitar del hombre
en poema, .sospechamos un camino por
el cual nos acercamos e internamos
medianfe lo diferentemente pensado lo
Mismo que el poeta poematiza.
Pero qué dice Hiilderlin del habitar
en poema del hombre? Buscamos respuesta a la pregunta si oímos los versos (24 a' 28) del mencionado poema.
Pues desde su conjunto se ha hablado
de los versos que se han discutido enteriormente. Hiilderlin dice:

Pág. 6

Cuando es de inmenso esfuerzo la
vida, debe un hombre

tizar es un medir. Pero adónde apun•
ta el medir? No debemos poner el poematizar bajo una idea cualquiera del
medir y la medida, si es que aquel ha
de ser pensado como medir.
El poematizar es muy ciertamente
un medir de excelencia. Más aún. Tal
vez haya que pronunciarse la frase:
poetizar es medir, poniendo ·el acento
der al acto fundamental del medir.
Lo que todo medir es en el fundamento de su (e)sencia se descubre en el
poématizar. Por eso es preciso atender el acto fundamental del medir.
Consiste sobre todo en que allí se toma la medida con la cual todo ha de
ser · medido. En el poema tizar se descubre el tomar medida. El poematizar
es· tomar medida entendido en el más
estricto sentido de la palabra; tomar
medida mediante el cual el hombre recibe la medida para la amplitud de su
(e)sencia. El hbmbre (e)sencia en
cuanto mortaJ. Así es, porque él pue•
de mórir. Poder morir es: ser capaz
de 1a muerte como muerte. Sólo el
hombre muere - y por cierto constantemente mientras repose sobre esta
tierra, mientras habite. Pero su habitar descansa en lo poemáiico. La (e}sencia de lo poemático la mira HOlderlin en la toma de medida por la
cual se consuma la metría de la (e)sencia hombre.
Mas cómo hemos de demostrar que
Hiilderlin _piensa la (e)sencia de lo
poemático como un tomar medida?
Aquí no es preciso probar nada. Todo
probar es una empresa a posteriori
montada sobre presupuestos. Según como estos estén puestos puede demostrarse todo. Pero sólo a poco podemos
atender. Así ha de sernos suficiente
atender a la propia palabra del poeta.
En los siguientes versos pregunta Hiilderlin antes que todo y en primer lugar en rigor por la medida. Esta es
la divinidad, con la que el hombre se
mide. El preguntar se inicia en el ver•
so 29 con las palabras; "Es Dios desconocido?" No, desde luego. Pues si
lo fuera, cómo podría ser El en cuanto
desconocido una medida respectiva?
Pero .:...y esto ha de ser oído y mantenido- Dios es por cuanto que El
es, el desconocido para Holderlin, y
en cuanto este es Desconocido es justamente la medida para el poeta. Por
eso lo conmueve a él la excitante pregunta:' cómo puede coq.vertirse en medida lo que según su (c)sencia es desconocido? Pues todo aquello con lo
que el hombre se mide debe comunicarse, debe aparecer. Mas cuando aparece es ya entonces conocido. Dios es
empero desconocido, y sin embargo es
la medida. No sólo esO, sino además
el Dios que permanece desconocido en
cua,nto se muestra como El que es, debe aparecer e.orno el permanente desconocido. La revelación de Dios, no
es El mismo, es misteriosa. Por eso hace el poeta la siguiente pergunta: "Es
El como ' el cielo revelado? Esto bien
que lo creo;'.
Ahora preguntamos nosotros, por
qué se inclina hacia allí la sospecha
del poeta? Las pal¡¡hras que le siguen
resportden. Brevemente dicen: "Es la
medida del hombre" ... Cuál es la medida para el medir humano? Dios?
No! El cielo? No! La revelación del
cielo? No! La medida consiste en la
manera como el Dios que permanece
desconocido es revelado en cuanto tal
y como tal por el cielo. El aparecer•
de Dios mediante el cielo consiste en
un develar, que d,eja ver todo aquello
que se encubre, pero no deja ver porque intenta arrancar lo encubierto de
su encubrimiento, sino sólo porque el
desvelar guarda lo encubierto en su
encubrimiento, sino 'sólo porqué el
desvelar guarda lo encubierto en su
encubrirse. Así, mediante la revelación del cielo, aparece el desconocido
Dios como el Desconocido. Este aparecer es la medida en la que el hombre se mide.

Es una medida extraña, que confun- la del número un cuantum. Nosotros
... Pero más pura
de, así parece, al habitual concebir de podemos calcular con- números, pero
no es la sombra de la noche con
los mortales, incómoda para la· omni- no con la (e)sencia del número.
las estrellas,
comprensión equitativa del mentar
si asi puedo decir, más pura que
Cuando Hiilderlin mira el poematidiario., que se afirma como la justa
el hombre, que promete una
medida para todo pensar y reflexio- zar como un medir y consuma este
imagen de la divinidad.
medir mismo con la toma de medida
nar.
Es una medida extraña para el con- entonces debemos, para pensar el poe~
La sombra de la noche - la noche
cebir corriente y en especial para el matizar, pensar primeramente la me- misma es Ja sombra, aquella oscuridad
concebir meramente científico. En dida que se toma en el poematizar. que no puede convertirse en simple
ningún caso un bastón y una vara ma- Debemos atender a la manera de este eclipse porque en cuanto sombra está
nuables; pero en verdad más sencilla tomar, que no consiste en un asir o entregada a la luz y arrojada siempre
de tener en las manos que estos, si en un agarrar, sino en un dejar-venir a la luz. La medida que toma el poenuestras manos no apresan sino que lo co-medido. Cuál es la medida del matizar se destina como lo extraño, en
se dejan llevar por gestos que ca-res- po~matizar? La divinidad; así pues, donde lo invisible cuida su (e)sencia,
ponden a la medida que aquí está por Dios? Quizás es esta una muy ctifícil en lo confiado de los rostros del cielo .
tomar en un tomar, que no se apropia . pregunta para los hombres y demasia- Por eso la medida tiene la forma (e)
la medida sino que la toma en un com- do apresurada. Preguntemos primera- sencial del cielo. l\fas el cielo no es vapleto aprehender que permanece siem- mente Jo que ha de decirse de Dios. na luz. El brillo de su altw:a es en si
Preguntemos primero solamente: qué
pre con un oír.
la oscuridad de su amplitud que todo
Pero por qué debe sernos comuni- es Dios?.
lo oculta. El azul del azui amoroso
cada esta medida, para nosotros los de
Por suerte y para ayuda nuestra se del cielo es el color de la profundihoy tan extraña, mediante la toma de han conservado aún unos versos de dad. El brillo del cielo es aurora y
medida del poetizar y por qué esta Holderlin que, en el tiempo y en con- caída del crepúsculo que oculta todo
medida ha de sernos adjudicada? Por- tenido, se mueven en el circulo del lo anunciable. Este cielo es la medida.
que sólo esta medida mide la · (e)sen- poema "En azul amoroso florece ... " Por eso debe preguntar el poeta :
cia del hombre. Pues el hombre babi- Comienzan (Stuttg. Ausgabc, 2, 1, p.
. ta en tono que el transmide "sobre es- 210):
Hay una medida sobl'e la tierra?
ta tierra" y "bajo el cielo". Este "sobre" y este bajo" se pertenecen. Su
Y debe responder: "No hay ninguQué es Dios? desconocido, mas
ca-pertenencia es la transmetria que el
de sus propiedades está profuso el na". Por qué? Porque aquello que
hombre atraviesa en todo tiempo en
rostro no.m bramos cuando decimos "sobre la
tanto en cuanto el es un terreno. En
tierra" sólo tiene consistencia por
del cielo. El rayo entonces,
un trozo dice Holderlin "Stuttg. Ausla ira son de un Dios. Y mientras cuanto que el hombre habita la tierra
gahe 2, 1 pág. 334):
,
a uno más y en el habitar deja o hace que la tierra sea tierra en cuanto tierra.
invisible es, se destina en lo
"Siempre, amado! van
Pero el habitar acontece sólo cuanextraño ....
el cielo y la tierra sujetos".
do el poetizar resulta y (e)sencia (verLo que a Dios es extraño, el rostro bo; N. del trad.), y por cierto en el
Porque el hombre es en cuanto su- del cielo, es al hombre lo confiado. Y modo cuya (e)sencia presumimos, es
fre la dimensión, debe ser medida res- qué es esto? Todo lo que en el cielo decir, como toma de medida para todo
pectivamente su (e)sencia. Para ello Y con ello bajo el cielo y así sobre la medir. Esta toma es propiamente el
requiere él una medida que acierte de tierra brilla y florece, suena y huele, medir, no un simple medir con mediuna vez en toda la dimensión. Mirar sube y viene, pero también va y cae, das elaboradas para el trazado de plaesta medida, medirla en cuanto medi- se queja y calla, se marchita y oscu- nos. El poematizar no es por eso un
da Y tomarla ·como medida es para el rece. A esto confiado al hombre y ex- edificar en el sentido de un erigir o
poeta: poematizar. El poematizar es traiio a Dios se destina el desconoci- de un organizar edificaciones. Pero el
esta toma de medida y ciertamente do, para permanecer allí refugiado co- pÓematizar es, en cuanto medir propio
para el habitar del hombre. Inmedia- mo el desconocido. Pero el poeta, en de la dimensión del habitar, el edifitamente tras las palabras "Es la medí• la palabra que canta, llama a toda cla- car inicial. El poematizar admite el
da del hombre" siguen en el poema ridad de los rostros del cielo y todo habitar del hombre en su esencia. El
los versos: "Pleno de mérito, mas en sonido de sus órbitas y aires y trae en poematizar es el originario dejar, hapoema, habita el hombre sobre esta esta palabra lo llamado a la luz y al bitar.
tierra''.
La frase: el hombre habita en tanto
sonido. Sólo el poeta no describe, si
Sabemos ahora qué es lo "en poema" es poeta, el nuevo parecer del cielo en cuanto edifica, ha cobrado ahora su
para Hiilderlin? Si y no. Si en cuan- y de la tierra. El poeta llama en el propio sentido. El hombre no habita
to que hemos recibido una indicación rostro del cielo a aquello que justa- sólo porque organiza su estancia en
del respecto en el que el poematizar m~nte en el desvelarse deja aparecer la tierra bajo el cielo; organiza en
debe pensarse, es decir como un me- el ocultarse y ciertamente en cuanto cuanto que como edificador cuida Jo
dir por excelencia. No, en cuanto el tal como lo que se oculta. El poeta que. nace y erige a fa vez edificaciopoematizar como el medir (apreciar; Barna en los confiados apareceres a lo nes. El hombre es capaz de tal edifinota del traductor) de aquella extraña extraño como aquello en donde lo in- car sólo cuando edifica en el sentido
medid~ se vuelve cada vez más miste- visible se destina a permanecer como de la poemalizante toma de medida. El
r~oso. Así debe por cierto permanecer, aquello que "es: desconocido.
edificar poematizante acontece en tans1 por otro lado estamos dispuestos a
El poeta poematiza sólo cuando to- to en cuanto son poetas los que toman
mantenernos sobre y en el terreno ma 1a medida, en cuanto dice del ros- la medida para la arquitectura, para
(e)sencial de la poesía.
tro de los apareceres del cielo de tal la estructura del habitar.
Por consiguiente extraña ciertamen- manera que él se somete a sus apareEl 12 de marzo de 1804 escribe Hiiite, cuando Hiilderlin piensa el poema- ceres como a lo extraño en donde el derlin desde Nürtingen a su amigo Leo
tizar como un medir. Y eso con ra- desconocido Dios se · "destina". El de Seckendorf: "La fábula, el rostro
zón mientras nos representemos el me- nonibre corriente para rostro e imagen poemático de la historia ·y de la ar-'
dir sólo en el sentido habitual « noso- de algo es "imagen". La (e)scncia de quitectura del cielo me ocupa ahora
tros. Alli se medirá con ayuda de lo la imagen es: dejar o hacer ver algo. de preferencia, especialmente lo naconocido, es decir con medidas y con Por el contrario, los trasuntos y las co- cional en lo que se diferencia de lo
cifras, un desconocido, y por ello se pias de imágenes son formas bastardas griego .... "
hará conocer y así será éncerrado en de la imagen propiamente tal, que en
" ... en poema habita el hombre ...."
una numeración calculable y en un cuanto ro~tro deja o hacer ver lo in- •
orden. Este medir puede variar según visible, al que, así, imaglna en algo exel modo de los aparatos reservados traño para éJ. Porcjue el poetizar toma El poematizar edifica la (e)sencia del
para ello. Pero quién garantiza que aquella misteriosa me.d ida, o sea, a la hahitai;. Poematizar y habitar no se
esta manera habitual de medir apunta vista del cielo, por eso habla este poe- exclu_Yen. Pe. .. :::J.tizar y habitar se per.
a la (e)sencia del medir, sólo porque tizar en "imágenes". Por eso las imá- teneien, exigiéndose reciprocamente.
"En poema habita el hombre". Haes la manera habitual? Cuando oímos genes poemáticas son imaginaciones
hitamos
nosotl'os en poema? Muy poalgo sobre la medida pensamos inme- (subrayado del traductor. Ver notas a
diatamente en el número .Y nos repre- la traducción al final) en un sentido siblemente habitamos impoemática-·
sentamos el :i;iúmero ' y la medida co- señalado: no meras fantasías e ilusio- mente. Pero será por eso, si es que
mo algo cuantitativo. Pero la (e)sen- nes sino imaginaciones como visibles asi se está, la palabra del poeta tacia de la medida no ~s como tampoco inclusiones de lo extraño en el rostro chada de mentira, y no verdadera? No.
La verdad de su palabra es constatada
de lo confiado. El decir poematizante de manera inquietante. Pues impoemáde las imágenes junta en unidad la lico sólo puede ser un habitar cuando
claridad y el sonido de los apar·eceres en su (e}sencia el habitar lo es en poecon la oscuri~ad y el silencio de lo ex- ma. Para qu~ un hombre sea ciego es
traño. Dios se extraña por ese rostro. preciso que según su (e)sencia sea un
En el extrañamiento anuncia El su vidente. Un trozo de madera no pueconstante proximidad. Por eso puede de enceguecer nunca~ Pero cuando el
HOlderlin proseguir, tras los versos hombre Se vuelve ciego, queda enton"Plen~ de · mérito, mas en poema, ha- ces siempre la pr~gimta de si la cebita el hombre sobre esta tierra" con g~1~ra viene de un :defecto o pérdida o
los siguientes:
s1 esta cte·scansa más bien en abundan41

cía o en exceso. HOlderlin dice en el
mismo poema en que medita sobre la
medida de todo medir: "El rey Edipo
tiene un ojo de más" (Verso 75 a 76).
Así podría suceder que nuestro habitar impoemático, su incapacidad de tomar la medida, viniera de un raro exceso de un medir y un calcular niveladores.
Que nosotros habitamos impoemáticamente y hasta qué punto es así lo
comprobamos cuando sabemos lo en
poema del habitar. Si nos toca y cuándo un cambio del impoemático habitar, hemos de esperarlo sólo cuando
mantengamos el en poema en nuestra
atención. Cómo puede tomar parte
nuestro hacer y dejar, y hasta dónde
puede tener participación en este cam..
bio podemos verificarlo sólo nosotros
mismos cuando tomamos en serio lo en
poema del habitar.
El poematizar es la capacidad fundamental del l!abitar humano. Pero el
hombre capacita el poematizar sólo en
la medida en que su (e)sencia es apropiada a éste, lo cual gusta y capacita
al hombre y por eso requiere su (e)
sencia. Según la medida de este apropiamiento es el poematizar propio o
impropio.
Por eso no se apropia y resulta el
poematizar propio en .todo tiempo.
Cuándo y cuándo dura el poemalizar
propio? Hiilderlin lo ·d ice en los versos ya leidos (versos 26 a 29). Su aclaración la hemos dejado para el final a
propósito. Los versos dicen:
...... Mientras la amigabilidad

dure aún en el corazón, la Pureza,
110 se mide
desgraciadamente el hombre
con la divinidad.

"La amigabilidad -qué es esto? u;.a
palabra inofensiva, pero llamada por
Hiilderlin con la palabra la Pureza, escrita en mayúscula, la "amigabilidad"
Hiilderlin para la palabra griega charis. De la charis dice Sófocles en Aias
(V, 522):

charis gar estin ce tiktous' aei.
"Pues favor es llamar siempre el
favor"
"Mientras la amigihilidad dure aún
en el corazón, la Pureza .... ~' Holderlin
dice en un giro muy usado por él: "en
el corazón", no: sobre el corazón; "en
el corazón", es decir, llegado a la habitante (e}sencia del hombre, llegado
como exigencia de la medida al cora..
zón, de tal manera que éste se vuelve
a la medida.
Cuánto dura esta llegada del favor
tanto· como favorez'ca la suerte al hom~
bre de medirse con la divinidad. Resulta Y se apropia este medir, entonces
poematiza el hombre desde la (e}sencia de lo en poema. Resulta y se aproprn lo en poema, entonces habita humanamente el hombre sobre esta tierra, entonces es la vida del hombre,
como dice Hiilderlin en su último poema, una "vida habitando"
EL ROSTRO
Cuando en la lejanía va el hombre
la vida habitando
donde en la lejanía brillan los
tiempos de la viña,
también es allí del verano el

campo vacio,
el bosque aparece con su oscura
imagen.

Pág. 7

�•
Que la naturaleza extiende la
imagen de los tiempos
que ella se posa, que ella pronto
desliza,
es desde plenitud, la altura del
cielo abrillanta
entonces al hombre, como corona
el florecer de los árboles.

..

Notas: El texto de esta conferencia
apareció por primera vez en la revista
Akzente, Heft 1, 1954 (Editada por W.
Hollerer, y H. Bender, Carl Hanser ·
Verlag, München 27) y luego en el reciente libro de Heidegger Vortraegt
und Aufsaetze (Günther Neske Verlag,
Pfullinger, 1954). Fué pronunciada en
la casa de salud Bühlerhohe, el 6 de
octubre de 1951. En la citada revista
de poesía ocupa las páginas 57 a 71;
en el libro las páginas 187 a 204.
Una traducción, sobre todo si se
trata de Heidegger, es siempre una interpretación personal, no sólo de los
conceptos sino del idioma mismo al
que el texto alemán ha de ser vertido,
y aún del concepto que se tenga del
lenguaje del texto y de su lenguaje:
si se considera como un texto "técnico", es decir, con un "vocabulario"
propio, si se trata de un texto muerto,
es decir, con un vocabulario y una
construcción apartadas del contorno
viviente en que está escrito, y en fin,
si se trata de otra cosa . distinta que
no tiene que ver con lo uno y con lo
otro; Si se trata, pµes, de un texto sin
vocabulario técnico, escrito en lengua
viviente y con una fuerza de vida tal
que, ciertamente por eso, da al lenguaje diario un sentido más allá de lo
cotidiano, sin perder el asiento sobre
esta tierra que lo alimenta. Vocabulario y sintaxis propias tiene Heidegger
sin duda, como las tiene todo gran escritor, y él es uno de los grandes escritores alemanes del presente. La dificultad de la versión radica entonces
en la versión del pensamiento en su
formulación, en la versión pues de esta unidad. Pero justamente ahí en esta
versión al español de una prosa como
la de Heidegger es en donde la dificultad sube de punto. Porque la grandeza de la prosa heideggeriana no es
~implemente una grandeza estética. El
tiene en vilo el pensamiento del lector,
y lo tiene así mediante su prosa, su
sintaxis y su composición. No seria
pues una versión estética, como podría intentarse en Ernst Jünger o en
Gottfried Benn, los maestros de la prosa literaria alemana, sino una versión
que sin retorcer las dos lenguas mantenga al lector castellano con el aliento en vilo, gracias a los pensamientos
Y a la composición de la prosa. La inmensa perfección de la prosa alemana hay que sacrificarla, pero puede
intentarse en este sacrificio el mantenimiento de una rara belleza, el trasunto de la belleza del texto original.
Hay que acudir por otra parte a neologismos, en ciertos casos .En otros,
que el lector verá cuando lea las explicaciones a las traducciones, sólo es necesario pesar la palabra corriente desde el contexto de la conferencia. Así,
por ejemplo, con la palabra comedido,
traducción de zugemessen, que propiamente quiere decir destinado, propio
para, adjudicado etc. Pero zugemessen
tiene en el texto sus parientes Messen
y Mass que dan el tono, así que, traduciendo Messen y Mass por medir y medida, el comedido mantiene en nuestra lengua madre su doble sentido de
dedicado, dispuesto, y el sentido que
le da su parentesco con medir y medida. Estos dos sentidos tiene sin duda la palabra en el texto alemán. Etc.
en poema: dichterisch, que habría que
traducir propiamente por poéticamente, pero conduce a pensar justamente lo que Heidegger no quiere
decir en el texto. Poéticamente se entiende en el lenguaje corriente, idí-

Pág. 8

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licamente, irresponsablemente. En
poema, nos parece que evita esta
confusión, y que corresponde con la
idea del texto original y del pensamiento de Heidegger. En donde era
inevitable, se ha traducido dichterisch por poemáticamente, pero en
algunos lugares en que era preciso
especificar más se ha dejado en vez
de lo poemático, por ejemplo, lo en
poema.
soportar: vertragen, en el doble sentido de soportar, es decir, sufrir,
aguantar tal o cual cosa, y de soportar en el sentido de llevar, sostener.
De acudir a una expresión muy española se· podria decir: se llevan
bien. Pero el soportar da esta noble
idea que aparece en el texto alemán.
Más arriba dice Heidegger si no será incompatibles el habitar y el poematizar, y responde, pues: Tal vez
se soportan el uno al otro (usa aquí
el vertragen). Más aún. Tal vez hasta lleva el uno al otro (aquí usa tragen) ..."
sospechar
tomar a pecho: Para sospechar tiene el
texto alemán el verbo vermuten, y
para nuestro tomar a pecho, el zumuten. En ambos aparece la raíz o
partícula, como quiera llamársele,
Mut, ánimo, coraje. Sospechar no
significa propiamente aquí tener entre ojos, también es corazonada, y
por eso se toma a pecho, con ánimo, el pensar tal o cual cosa de la
que tenemos ua corazonada que es
asi o de tal manera.
en-ser: es la traducción que proponemos en este texto para el tan discutido Dasein. Zubiri ha dado una traducción en su curso Filosofía primera, Madrid, 1952-1953: estar en
ser. Como en la lengua alemana no
existe la diferencia entre estar y ser,
nosotros proponemos, para permanecer fieles a su espíritu, traducir
Dasein por en-ser. Quizá se aclare
esta traducción si citamos la frase
de Heidegger tan citada: 'La (e)sencia del en-ser yace en su existencia.

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Existencia es, como nos lo dice en
S.ein und Zeil, p. 12. "El ser mismo con el cual el en-ser puede comportarse de tal o cual manera y con
el cual se comporta siempre de alguna mane_ra... " Sobre (e)sencia, ver
más adelante.
l'e-clamación: Zuspruch, que es propiamente en alemán diario asistencia. Aquí se emparenta sin duda
alguna con sprechenzu (ihm o ihr
etc.), pero no pierde el sentido de
asistencia que tiene en el lenguaje
cotidiano.
facciones: l\Iachenschaften, de machen,
hacer. De facer, hemos derivado facción con su sentido peyorativo, pues
no encontramos en nuestra lengua
un equivalente más o menos aproximado al vocablo alemán.
expresión
medio impreso: La primera palabra es
Ausdruck, la segunda Druckmittel.
La sílaba druck establece el parentesco en el alemán. De simple expresión, desciende el habla a medio impreso. Druck es, también, presión.
co-responde: entsprechen, corresponder, pero también hay que tener en
cuenta el sprechen que hay en este
verbo. Se podría decir: El hombre
habla sólo cuando corresponde y
responde al habla, en cuanto oye su
reclamación. En esta parte del texto, las palabras hablar, habla, co-responder y reclamación tiene la raíz
común Sprechen. Hablar, Sprechen,
en este texto, se refiere al acto del
hablar.
dicción: Aussage, declarqción, palabras. Dicharachero, hemos puesto
en el texto para conservar el parentesco con las palabras decir etc.,
que Heidegger viene usando en su
conferencia en este trozo de ella.
(e)senciu: Wesen. No se entiende aquí
esencia en contraposición a existencia. Wesen viene del verbo ser, del
· participio pasado: Gewesen, sido.

Haciendo una inadmisible, sin duda
inadmisible para los filólogos y puristas, derivación etimológica ( I! !??)
del latín al castellano, proponemos
sencia, como equivalente a este participio pasado alemán, de sum.
comedido:
medir:
medición:
metría: para el primero es zugemessen,
que como ya se dijo más arriba, quiere decir propiamente dedicado, dispuesto. Pero comedido, en este texto
es dedicado, dispuesto y a la medida
del habitar del hombre. Medir, es
messen. Medición, Vermessung, también cálculo. Medida es l\1ass. Metria, es también una Vermessung,
mas en este caso la dejamos asi,
para que se note su parentesco con
métrica y geometría. Con messen
hay en alemán ermessen, apreciar.
Nuestra lengua tiene sin embargo en
la palabra medir todos los sentidos
que cobra el messen en alemán con
la agregación de una partícula como
er- y ver en ermessen y vermessen.
Para conservar el parentesco, pues,
hemos preferido dejar medir, sin
entrar en sutilezas, retorciones y
destrozos que no tienen objeto, pues
el texto es lo suficientemente claro.
El criterio general de traducción que
ha aplicado José Gaos para su El ser
y el tiempo no lo aplicamos aquí,
porque nos parece impropio para
traducir una lengua viva. La palabra Verhi.iltnis, por ejemplo, en el f
a de Ser y tiempo, puede significar
relación, pero en el acb puede querer decir comportamiento. Buscar,
pues, para una palabra un equivalente castellano que cuadre en todos los libros, párrafos y frases de
Heidegger es quimérico! 1111) 1 No es
otra cosa que matar la lengua alemana!!!
destinar: schicken (en los versos
que comienzan: Qué es Dios?....)
Schicken es enviar, pero de ahi también se deriva schicklich, conveniente, Schicksal, sino o destino. Y
en Heidegger esto apunta a la historia, precisamente con Geschick--y
Geschichte.
imaginar: einbilden. No es simplemente imaginar como creación de la
fantasía, según nos aclara el propio
Heidegger, sino situar en imágenes.
Se dice para enmarcar einrahmen,
por ejemplo El ein es inclusión.

!

imaginación: Ein-Bildung, escrito así
para indicar lo que se dice en el
párrafo anterior a esta explicación.
Estuvimos tentados a crear un nuevo vocablo, imagenfacción, pero
creemos que subrayando la parte
imagen y dejando el ción al aire como resto del facer convertido en
facción, puede darse cuenta el lector
del significado que tiene el vocablo
en el texto. Por otra parte, qué otra
cosa es nuestra lengua madre imaginación, como no sea hacer o reducir a imágenes? Pero aquí gana
la palabra su "fuerza elemental".

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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                    <text>No. 11 Nov. de 1955

mas

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

HETERNUM -VHLE,-· MUESTRO ORTEGH Y GHSSET
Dr. DANIEL MIR

A infausta noticia del deceso de
Ortega y Gasset, no fué una sorpresa; no sólo porque "debemur
morti, según nos recuerda Horacio,
nos nostraquc", sino porque la enfermedad que le atacó, no perdona. Su
muerte nos ha conmovido; s11 manera
de morir, su· postura, su actitud final
ante la muerte, nos ha sumido en un
caos de perplejidades. No ha sido la
suya una muerte que corona, en el
sentido de cóntinuidad ideológica, la
obra de una vida; ha sido una muerte
que nulifica la casi totalidad de la
obra de su vida. ¿Qué hacemos, ahora,
de cuanto nos dejara el eximio escritor, conferenciante y pensador? ¿Habrá que valorarle de nuevo y a traYés
de su actitud última frente a lo escatológico? ¿Habrá que buscar la explicación del misterio, como ya se insinúa, en los laberintos físicos de la arteriosclerosis? El intento de una explicación biológica no creemos descorra el velo y la confusión persiste.
Persiste en quienes fueron sus incondicionales; persiste en quienes estaban situados en la acera de enfrente...

L

N"o es nuestro propósito pergueñar
en estas breves lineas una monografía
del pensamiento filosófico de Ortega
y Gasset. Tal propósito será cumplido posteriormente, cuando el impacto baya sido asimilado, si la asimilación nos es dada. ~a intención presente se limita a destacar su partida
hacia el más allá.
Conocimos a Ortega y Gasset en la
etapa estudiantil de nuestra vida,
cuando fuimos alumnos suyos en un
cursillo especial de Metafísica. Nos
sucedía con él (a los alumnos), el mismo fenómeno de contagio que con D.
Miguel de Unamuno, aunque en grado_
no tan superlativo. Sus grandes cualidades de literato, le llevaban a abultar las ideas y los hechos hasta destacarlos como figuras de tragedia, y su
fuerza persuasiva era tal, que al escucharle nos parecía que nos estábamos
jugando a cada momento nuestro destino. Poseía la cualidad de hacer sumamente inteligible cualquier tema
que tratase, asi como un gran poder
de convencimiento. Un critico alemán comparó el estilo de Ortega a lo
que en música se designa con el nombre de "Fantasía", pues como ésta,
bordaba Ortega una rica filigrana de
pensamientos en torno a una idea. En
él se unian, de manera asombrosa, la
calma reflexión del filósofo y la lírica
suavidad del artista.
11uchos tumbos ha dado el mundo
desde aquellos tiempos en que los estudiantes estábamos divididos en orteguianos y unamunianos, ya que am-

bos eran lo más destacado de la intelectualidad española de este siglo y lo
más internacional de dicha intelectualidad. La voz de Unamuno, voz del
sentimiento trágico de la vida, se apagó serenamente, según informes fidedignos, en amable plática con un amigQ alrededor del tradicional brasero
espa1iol, privándonos del gran final de
su vida; la voz ele D. José Ortega y
Gasset ha callado también casi veinte
años después, perci de manera sensacional. Ambos se plantearon, esencialn\ente, el problema de la relación
entre la vida y la cultura, los valores
vitales :Y los valores culturales, planteamiento, desde luego, consubstancial
al español. Unamuno antepone la Yida
v los valores vitales a la cultura y a
ios valores culturales; Ortega, por su
parte, exige una vida culta también,
pero sobretodo una cultura Yital, una
cultura que tenga la vida por principio y centro, mas también como referencia final. Pero los dos espíritus

pueblo español posee un alma esencialmente mística que casi llega a determinar su distintivo racial), Ortega
se encoge de hombros y adopta una
actitud que probablemente no deba
calificarse de pagana, pero sí de un
tanto demasiado humana. Ortega acepta la vida en su huidera fluidez y no
arremete contra su temporalidad. Carece de ambiciones de eternidades.
Comentando un pasaje de Unamuno en
el que éste enfatiza como el alma mistica renuncia a los placeres porque
van deprlsa, pasan y mueren, Ortega
vuelve a encogerse de hombros y aclara: "¡Bien; razón de más para galopar
tras ellos!" Y añade: "¡Oh, sí, la mayor sabiduría es secundar esta misteriosa universal voluntad de la vida!
Aprendamos a preferir lo corruptible
a lo inmudable, la trémula mudanza
de la existencia a la esquemática y lívida eternidad. Seamos de nuestro día:
mozos al tiempo debido, y luego espectros o sombras en fuga. Lo decisivo es que llenemos hasta los bordes
la hora caminante, que seamos en el
ánfora grácil buen vino que rebose".
Después ele ésto no ·es arriesgado
afirmar que la obra total de Unamuno
está caracterizada por su proyección
sobre un plano de trasmundo, mientras que la de Ortega y Gasset se caracteriza porque toda ella está proyectada sobre un plano de vida; más
aún, sobre realidades y valores de vigente actualidad. A Unamuno no le
basta la vida presente y por eso anhela la futura; a Ortega le basta "el tiempo presente".
¿Al acercarse al final de esa "vida
-huidera" le descubrió la filosofía un
mundo que lo es de dentro, y que más
más representativos de España en lo que el mundo material que nos rodea,
que va de siglo, muestran en este pun- es el espíritu humano que tal mundo
to sus principios opuestos. Gnamuno coptempla lo esencial? Frente a la reaquiere hacer eterno lo pasajero; Orte- lidad material y tangible, ¿ descubrió
ga (¡en· aquéllos tiempos!), contentá- en el momento supremo la realidad
base con lo pasajero. Unamuno bus- del ser espiritual? ¿No había llenado
caba en la huidera fluidez de la vida hasta los bordes su "hora caminanla eternidad, la inmortalidad del alma, te"? ¿ Qué le sucedió a su "lívida eterde sú alma, la salvación de la con- nidad"? ¿ Cómo debemos interpretar
ciencia de su personalidad e11 sentido ahora aquello de "seamos poetas de la
integral. Lo que en Unamuno era existencia que saben hallar a la vida
"sentimiento trágico de la vida", o di- la rima exacta de una muerte inspicho de otra manera el eterno tema de rada"? Metamorfosis digna de estudio
la eterna vida, en Ortega era "el tema la que en el mundo de las ideas metade nuestro tiempo", o sea lo viajero físicas acusa Ortega al final de su viy temporal. Ante el mundo y la co- da... Hasta el momento de escribir esrruptibilidad de las cosas del mundo, tas lineas, su visión última nos es desUnamuno exclama: "¿Qué es ese arre- conocida, si bien parece que dicha vigosto de vivir, la joie de vivre, de que sión no fué expresada con palabras.
ahora nos hablan? El hambre de Dios, Tal vez el misterio subsista para siemla sed de eternidad, de sobrevivir, nos pre y con el misterio la confusión y
ahogará siempre ese pobre goce de la la especulación.
vida que pasa y no queda". Frente al
Mientras nos llega la luz de la reacaso místico que Unamuno represen- lidad postrera del maestro, y aunque
ta (decimos representa por cuanto el no nos llegue, entre nosotros queda .. .

�vista de Occidente" desde el año 1923?
Ortega - digámoslo bien claro- es un
espallol universal. Se podrá estar o no
estar de acuerdo con sus doctrinas
- personalmente diverjo del maestr~
espallol en no escasos puntos- , perb
lo que no se puede es regatearle su
dimensión universal, su exquisita sensibilidad, su penetrante ya gudo talento que anticipó una colección de felices intuiciones.

LA RUTA FIL□ S-□FICA .IlE
JOSE ORTEGA Y GASSET
(Conferencia)

ACE poco más de cuarenta años
-año de 1914- que José ·Ortega y Gasset invitaba a los lectores a que ensayasen, por si misnros,
"posibles maneras nuevas tle mirar las
cosas" que él solo ofrecía "modi res
considerandi", para que experimentasen si, en efecto, proporcionaban visiones fecundas y en virtud de su Ín•
tima y ·leal experiencia, probaran su
verdad o su error. ("Meditaciones del
Quijote").

H

Aceptemos la invitación de Ortega.
Aprestémonos a seguirle - vibrando
con él al unísono, si nÜs es posibleen su ágil y .brillante trayectoria . La
crítica, cuando es honrada, se ha&lt;;e sobre las huel1as, es una operación de
segundo grado.
Fué en Madrid, ~ año de 1883- ~n
donde nació José Ortega y Gassct. En
ese Madrid arcano y fascinante qu e
nos jalonea los entresijos del alma.
Ese. 'Madrid -epopeya de la alegríaen que se bebe la gracia quintaesenciada en el néctar de la ra\a 1 y qu e
baila bailes espirales. Ninguna ciudad
europea con mayor fuerza vital, con
más frenético ritmo interior Qe vida
&lt;fUC Madrid. Su gente -personificación de la picardía y de la gracia..:....
tiene perpetuamente "el aire ele estar
de vuelta". Su paisaje es exquisito, su
atmósfera clara. Velázquez no ha.,sido,
en este aspecto, mas que un realista
genial. En ese escenario de la "Villa
del Oso y del Madrollo" - que tiene
su pedagogía y su estética- vivió habitualmente, aunque con ausencias intermitentes, y murió don José Ortega
y Gasset. Me importa mucho destacar
la circunstancia matritense en la vida
de Ortega. Hasta la fecha - y hasta
donde 1legan mis conocimientos- nadie se ha detenido a considerar la deci.siva influencia - atinque fuera ambiental y extralógica- que Madrid
ejerció sobre la vida y la obra del ilustre filósofo español. ¿Cómo no pensar
en la vida madrileña al leer esas sonoras páginas orteguianas en cuya base palpita el concepto de vida ascendente, de tan inconfundible tinte matritense ?.
Con una tesis titulada "Los terrores
del afio mil" (Crítica de una Leyenda) , José Ortega y Gasset se doctoró
en la Univer sidad de Madrid. Sn bachillerato, o por lo menos ]o que • en
México hemos llamacJo estudios secundaries, ]os hizo en el colegio de los
jesuitas, en · :.\'! alaga. Es muy posible
qu e ahí tome pie su, pasión por Ja luz
y la gra cia mediterráneas. Para r ealizar es tudios de post-graduado marcha, en 1905, a tierras de Kant y de
Hegel. La solidez german a le avasalla.
Varias veces nos lo tiene di cho. c1ue
su educaci (? n deriva, fundamentalmente, de Alemania. Se confiesa deud or ,
en las cuatro quintas partes de su h aber intelectual, de esta gran nación; y
ex-alta con entusiasmo la superiorid ad
gigantesca de la ciencia Alemana (O.
C. IV, 347). El joven doctor en filosofía y letras de la Universidad de
Madrid sintió "la flecha del blondo

Pág. 2

los temas de nuestro tiemp0 y el estado de la sensibilidad vital. Discípulos
directos ele José Ortega y Gasset - para no citar sino a los más destacados- lo son: Manuel García Morente,
Xavier Zubiri, Luis Recasens Siches y
José Gaos. Pero entre las nuevas generaciones hispánicas se puede advertir, también, la inocultable huella orteguiana. Desde 1936 hasta 1!149, Ortega residió en Portugal, Holanda, Francia y Argentina. Pero Ja voz telúrica
de su España le llamó definitivamente
y ahi acabó sus dias (el 18 de Octubre
de 1955, cristianamente.
Su labor ele escritor es prodigiosa.
Aún no se. han editado, verdaderamente sus obras completas. Las que con
este nombre circulan, no incluyen escritos tan importantes como la tesis
doctora], articulos o notas publicados en 14 El Faro", en "España", en
HEJ Jmparria.l", las dos cartas a Unainuno, el mano a mano con Menéndez
P elayo, escritos políticos variÜs, cursos de conferencias dictados en varios
lugares ele España y del cxtranjern,
etc., e:tc.
Estulto seria negar el exquisito talento artístico-literario de José Ortega
y Gasset. Su prosa diúfana y elegante, salpicada de luminosas imágenes
-----CJue como lluvia de. meteorps se des:
liza mansamente-, atrae •y embriaga,
El acento imperioso y e nérgico dE
hombre que no , 1acila, mezclado con
su cortesana manera de persona bien
puest~ - corporal e intelectualmentehicieron que .José Ortega y Gassct marchara acompafiado de un séquito de
admiradores que Je Uamaron 'll\faestro" desde el primer día que irrumpió
en la escena literaria, aligerando y
perfumando su lenguaje con elegante
lujo a la vez que con acentuado mascuJinismo. Las sonoras páginas de
Ortega, salteadas de bellos y originales tropos, en donde el idioma español
mana con una ~abun4,ancia soberbia,
caminan por todas las sendas sin demostrar que existe para él limitación.
Su curiosrdad ilimitada ele sabio que
atisba y abar ca todos los nervios y ramales del collocimiento, su vigorosa
mente forjada en ]a difí cil gimnasia
filosófica, le capacitaron para tomar .
el timón y emprender el viaje - inconcluso por cierto- que García :Morente
ha denominado ."la tercera navegaCión
de la filo solia". El profesor Northrop
atribuye' a Ortega el haber intuido el
nuevo giro -de la física post-newtoniana. E n la C8mara de los Lores y en
labios ele un jnsigne hombre de Estado - que además es "oxfordman"llizo fortuna la frase de Ortega en el
sentido de ser Inglaterr a "nursen de
Europa. En los aniver sarios de la
muert e de Goeth e, llamaban al filósotirse
arrastrado
p
or
su
influjo.
Un
ínlo madrileño desde Chicago o desde
go) de mis esper anzas y casi toda
mi disciplina". Las voces intimas que · timo colaborad or del filósofo pudo de- Ham burgo, para escuchar sus agudas
da e] viento de los senos de las sel- cir que "Ortega ha siclo el mayor sus- interpretaciones y valoraciones. En
vas germáni cas, ya no las va a po- citador d e tema s". Y ]o d.ijo con r a- casi t odos los escapar ates de las lider olvidar nun ca. La cultura alema- zón, porque ]a eni grnittica y serena r e- brerí as al emanas, los libros de Ortena -"cultura el e las r ealidad es pro- tina del p ensador madril eño se impre- ga, tradu cidos al al emán, fueron siemfundas"- estará siempre presente en siona por ígual de Ja pampa, que del pre una de las principales atracciones.
su vid a, a manera de imperativo. Ca- arte de Zuloaga o de la "Estética d el ¿ Y como no recordar su imponente latedrático de Metafísica en la Universi- Tranvía" ; su pensamiento vibrátl re- bor de difusión cultural eri los pueblos
dad de Madrid desd e 1910, sus cursos gistra con precisión barométri ca todos de babia española, al frente de la "Re-

germano, meditativo y sentimental que
alienta en la zona crepuscular de mi
alma". Estudi8 en las Universidades
de Leipzig, Berlín y Márburgo. En este último centro de estudios fué disCipufo del destacado maestro neokantiano Hermano Cohen. "He pasado el
equinoccio de mi juventud: a ella debo la mitad, por Jo menos (dice refiriéndose a ]a Universidad de Marbur-

de su r etícula sensible. Las demás cosas - fenómenos, hechos, verdadesquedan fuera, ignoradas, no percibidas." Las divergencias de los puntos
de vista no implican la lalsedad de
algunos de ellos. La verdad integral
se establecería como en la geometría
descriptiva, por la yuxtaposición o
conjunción de todas las perspectivas
parciales.

ACTITUD DEL ESPECTADOR

Por el Dr. Agustín Basave Fernánde, del Valle

•

El mundo es perspectiva. "Cada vida es un punto de vista sobre el
universo". O. C., III, pág. 199-200,
"El Tema de Nuestro Tiempo"). Cada hombre tiene una misión de verdad. Donde está mi pupila no está
otra: lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra. Somos insustituibles, somos necesarios". Y piensa Ortega que . la perspectiva - uno de los

constituyeron s~empre una fascinante
atracción en el mundo cultural e;spañol. Supo siempre, en terso y bello
lenguaje, despertar un vivo interés por
la filosofía . Según el testimonio de
sus discipulos, era un conferencista y
un maestro nato. Tenía, además, facultades de capitán. Bastaba oírle, verle, sentir su mirada luminosa y penetrante para tener ]a sensación de sen-

1

Sobre el rico fluír de la vida espont:inca, Ortega y Gasset abre bien clara
su pupila y contempla el majestuoso
Y abigarrado espectáculo. Y es en vano q_p e proclame la ,•ida espontánea,
lo biológico -Dyonisos y Don Juahporquc é] es en su vida - ¡oh irónica
contradicción con su teoría!- , por vocación irremediable, un pensador.
No pudo Ortega escoger un titulo
mús adecuado para suS ocho tomos de
ensayos, que el de: "El Espectador".
Porque en verdad la posición y la actitud que el maestro español asume ante la Yida humana, es ésa: la de espectador! Y ningún implícito reproche quiero lanzar con esta afirmación.
Pretendo solo, por de pronto, fijar una
manera de estar en la existencia:
¡viéndola!; llenando la mente de perspectiva s múltiples ·que reverberan los
objetos, los matices y elementos.
En torno al paisaje, ágilmente se
desplaza Ortega-espectador, integrando en una fórmula general todas sus
perspectivas. No se queda Don José
Ortega y Gasset en esos conocimientos minuciosamente concatenados - las
ciencias particulares- pero mutilados
Y sin vinculas con la realidad restante.
Tampoco se satisface - la mayoría de
las · veces- en la brillantez del ingenio, las inesperadas metáforas y la musicalidad de su prosa en que las palabras pareCen acuñarse por primera
vez. Siendo como es, un pensador profundo y auténtico, incorpora su tema
al hontanar común, "en donde todos
toman su sentido y adquieren su jerar,quía".
TRAYECTORIA FILOSOFICA
DE ORTEGA

,

Para descubrir el mundo en su ver- componentes de la realidad- no dedad , Ortega (que es un contemplativo) forma el mundo, sino que lo organiza.
arranca desde su punto de vista indi- "Desde distintos puntos de vista, dos
vidual, porque otra cosa le parecería hombres miran el mismo paisaje. Sin
un artificio. El mundo es un .h orizon- embargo, no ven lo mismo. La distinte cuyo centro es el hombre concreto. ta situación hace que el paisaje se or"El hecho radical, el hecho de todos ganice ante ambos de distinta IIlanera.
los hechos - escribe Ortega- es la vi- Lo que para uno ocupa el ·primer térda ele cada cual. Toda otra realidad mino y acusa con vigor todos sus deque no sea mi vida es una realidad talles, para el otro se halla en el últisecundaria, virtual, interior a mi vida, . mo y queda oscuro o borroso. Además,
y qu e en esta tiene su raíz y su hon- como las cosas puestas unas detrás de
tanar. Ahora bien: mi vida consiste otrn_s se ocultan en todo o en parle,
en que yo me encuentro forzado a cada uno de ellos percibirá porcioexistir en una circunstancia determi- nes de] paisaje que al otro no llegan.
nada. Se vive aqui y ahora. La vida ¿Tendría sentido que cada cual declaes absoluta actualidad". (Introducción rase falso el paisaje ajeno? Evidentea las Obras Completas. Tercera edi- mente, no; tan real es el uno como
ción, pág. IX). No hay que extrañarse el otro. Pero tampoco tendría sentido
de que este vitalismo aparezca · como que, puestos de acuerdo, en vista de
una nueva y sutil versión del idealis- no coincidir sus Paisajes, los juzgasen
mo. Recordemos que la primera for- ilusorios. Esto supondría• que hay un
mación de Ortega fué neokanliana.
paisaje auténtico, el cual no se halla
El mismo Ortega s e declaró preso sometido a ]as mismas condiciones que
del idealismo kantiano por espacio de los otros dos. Ahora bien: ese paisaje
diez años. Después cree evadirse del arquetipo no exite ni puede existir.
idea1ismo kantiano por siempre y opo- La realidad cósmica es tal, que solo
ne con fuerte ademán el vitalismo puede ser vista bajo una determinada
pragm3.tico a la razón. La verdadera perspectiva ..... Todo conocimiento lo
r ealidad primaria no es el yo sin las es desde un punto de ,•ista determicosas ni las cosas sin el yo, sino el yo nado. La "specie aeternitatis" de ' Epi,con las cosas, haciéndose con ellas. noza, el punto de ,•ista ubicuo, absoPorque la vida - quehacer dínámicoluto, no existe propiamente : es un
es lo que hacemos y nos pasa. "Yo punto de , vista ficticio y abstracto ..."
·soy yo y mi circunstancia", dijo Orte- (O . C., III, p. 199, "El Tema de nuesga desde su primer libro (1914). La tro Tiempo"). De la infinitud de eler ealidad que me circunda "forma la mentos que integran 1a realidad, el in-otra mitad de mi persona". Reabsor- dividuo, aparato receptor, deja pasar
vcr la circunstancia es el destino con- un cierto número de ellos, cuya forma
-creto de cada quien.
y contenido coinciden con las mallas

El imperio de la razón pura - según
Ortega- ha cesll'.do. Entramos ahora
a la era de la razón vital. Porque la
razón es, debe ser, tan solo una forma y función de la ,•ida. "El tema de
nuestro tiempo· - escribe Ortegaconsiste en someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de Jo biológico, supeditarla a lo espontáneo".
Aunque el meditador del Escorial mmca llegó a precisar el significado de
la razón vita], parece entender por ella
una razón abierta a la realidad e ínsita en la vida. Posteriormente nos
dirá que la razón vital es constítuti•
vamente razón histórica. Y de la razón histórica "esperamos la aclaración
de la realidad humana y con ello de
qué es lo bueno, qué es lo malo, qué
es lo mejor y que es Jo peor". Esta
razón histórica no aclarara los hechos
sino solo los mostrará. Verá al individuo "en su propio e instantilneo hoy,
actuando y viviente, el escorzo de todo el pasado humano". Para comprender algo humano es preciso contar una
historia porque, en suma, "el hombre
no tiene naturaleza sino historia". El
hombre no tiene naturaleza porque no
es una cosa y por ello "lo humano se
escapa a ]a razón físico-matemática,
como el agua por una canastilla .....
El hombre no es cosa ninguna, sino
un drama su vida, un puro universal
acontecimiento que acontece a cada
cual y en qu e cada cual no es a su
vez, sino acontecimiento". En esta ilimitada plasticidad, el bombre no es
de suyo nada, sino mera potencia para ser "como usted quiera". Literal-

mente dice José Ortega y Gasset, "Yo
oso afirmar: que el hombre se hace a
si mismo en vista de la circunstancia,
que es un Dios de ocasión". (Véase
su ensayo 'Historia como Sistema").
Nacemos en cierto nivel histórico y
vivimos desde una altura determinada
de los tiempos. A diferencia del tigre,
que estrena su ser tigresco, el hombre
es heredero de un pasado que le condiciona su ser y le posibilita. Por ello,
"para comprender algo humano, personal o colectivo, es preciso contar
una historia." Y la historia tiene, en
las generaciones, su estructura precisa. Pero, ¿ qué son las generaciones?
"Una generación -define Ortega- es
una zona de quince allos durante la
cual una cierta forma de vida fue vigente. La generación sería, pues, la
unidad concreta de la auténtica cronologia histórica, o, dicho en otra forma, que la historia camina y procede
por generaciones. Ahora se comprende en que consiste la afinidad verdadera entre los hombres de una generación. La afinidad no procede tanto
ele ellos como de verse ob1igados a vi,•ir en un mundo que tiene una forma
determinada y única". (O. C., VI, p .
3ít). Este repertorio de ideas, creencias, problemas y usos tiene, según Ortega, una duración o estabilidad de
qince años. Por las generaciones se
articulan las épocas hístóricas. Hay
generaciones ordinarias y hay generaciones extraordinarias que introducen
un cambio decisivo en ]a historia.
La vida es, por esencia, existencia
individual, soledad . Para Ortega lo
social, originado en la convivencia, es
vida mostrenca, comunal, tópica. Las
acciones sociales no son queridas por
]a p'ersona, ni muchas veces entendidas. Se ejecutan de manera mecánica, impersonal. Lo interindividual es
otra forma de la convivencia. Trátase
de las relaciones entre las personas en
cuanto tales: amor, amistad, etc. Los
usos, impuestos por "la gente", hacen que lo social se convierta en algo
desalmado, mecanizado, mineralizado.
Sin embargo, gracias a los usos podernos preveer la conducta de ]os otros
y casi convivir con los extraños. Además, posibilitan el progreso y la historia. La sociedad es siempre problemática porque nunca existe de un modo estable. Esta inestabilidad radica
en la coexistencia de instintos sociales y antisociales en el hombre.
La realidad auténtica y radical -en
el sentido de que en ella radican todas
las otras realidades- es la vida humana. l\li vida, toda vida, e"s proyecto
vital, faena poética. Somos, en cierto
sentido, novelistas de nuestras propias
vidas porque tenemos que imaginar o
crear el personaje que pretendemos ser.
Porque la vida, aunque me es dada,
no me es dada hecha. La vida es ocupación, pero antes pre-ocupación. El
hombre " va siendo" y "des-siendo"
- vi viendo- . Va 3cumulanclo ser - el
pasado- : se va haciendo un ser en la
serie dialéctica de sus experiencias ...
El hombre es lo que le ha pasado, lo
que ba hecho ..... Ese peregrino del ser,
ese sustancial emigrante, es el hombre" (O. C., p. 35-41 , ' 1Historia como
Sistema").
En cada in·stante tengo que decidir
- el egir- lo que voy a hacer - y fODsiguientemente a ser- en el siguiente.
En est3 forzosa elección entre las posibilidades que se me dan, radica la
libertad. "Ser libre quiere decir - para Ortega- carecer de identidad constitutiva, no estar adscrito a un ser determinado, poder ser otro del que se
era y no poder instalarse de una vez
y para siempre en ningún ser deter~
minado." No hay libertad para renunctar a la libertad, ocúrresenos decir
interpretando la doctrina orteguiana ...
Toda criatura humana tiene el deber
esencial de ser, de ser plenamente, integramente lo que es. "Se el que

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•

�•

,
eres"·!, repite emocionado con Pindaro
y Fichte. Con inocultable empirismo
sostiene que lo bueno en un hombre
es malo en otro, porque "cada individuo, tiene su decencia intransferible
y personal, su repertorio ideal de acciones y gestos debidos". En sus "Mocedades" sintió el influjo de Renán y
habló del convencionalismo de la moral, porque "lo sincero, lo espontáneo
en el hambre es, sin disputa, el gorila".
. El triunfo del instinto sobre la razón
es evidente cuando se analizan frases
como esta: "la vida no tiene sentido
si no es como una aspir3ción de no
renunciM' a nada". Esta moral existencial y deportiva que propugna por
una religiosa docilidad a la vida y ,entroniza los obscuros instintos vitales,
nos hace recordar, insoslayablemente,
a Zaratustra y su tabla de valores invertida. No obstante, llegará un momento, -"La Rebelión de las Masas"en que José Ortega y Gasset se quejará amargamente del primitivo que
no se somete a normas morales ni reconoce instancias superiores. Después
de singular análisis diagllostica un tremendo mal que cava la entraña mismá
de la civilización europea: el inmoralismo. Ese hombre anárquico, violento, súbdito de sus caprichos que nada
se exige a si mismo porque no se valora, es el hombre-masa. "Sin mandamientos · que nos obliguen a vivir de
un cierto modo, queda nuestra vida
en pura disjionibilidad. Esta es la horrible situación íntima en que se encuentran ya las juventudes mejores del
mundo: de puro sentirse libres, exentas de trabas, se sienten vacías. Una
vida en disponibilidad es máyor negación de si misma que la muerte ......
Europa se ha quedado sin moralr.
En 1940 sale a la luz pública el libro de Ortega: "Ideas y Creencias".
Nuestra vida auténtica y real está en
nuestras creencias. El holnbre es ra-:
dicalmente crédlllo; éste es el estrato
más profundo de su existencia. Pero
cuando las dudas toman lugar en nuestro ser, las "ideas-ocurrencias" llenan el hueco "fantaseando, inventando
mundos". Lo verdadero y lo científico no son más que fantasías· exactas.
El conocimiento objetivo es imposible
y el pesimismo escéptico es palpable:
"encontrarse viviendo es encontrarse
irre,,ocablemente sumergido en lo
enigmático. A este primario y pre-intelectual enigma reacciona el hombre
haciendo funcionar ·su aparato intelectual, que es, sobre todo, imaginación. Crea el mundo matemático, el
mundo físico, el mundo religioso, moral, político y poético". La tesis es
muy amarga. ¡Todo!, inclusive lo que
se sabe y se siente más sagrado como
la religión, es solo ilusoria ficción.
Son tan fuertes los resabios idealistas
germanos que todavía en esta última
obra filosófica -Ideas y Creenciasestán patentes y actuantes. Las creencias constituyen el continente de nuestra vida. "Cabe decir -apunta Ortega- que no son ideas que tenemos,
sino ideas que sQmos. Mientras que
nuestra relación con las ideas es un
mtco tenerlas, las creencias son nues1,-,) mundo y nuestro ser. (O. C., T. V,
. 380) .

tre la ignorancia y el saber, el ser humano aspira a una , certidumbre radí•
cal: la filosofia. No le basta tener muchas otras certidumbres; desearía poseer una instancia suprema que no suPonga otras instancias o verdades.
Mientras que las ciencias son parciales y dependientes de supuestos previos, la filosofía es, en sentido orteguiano, una certidumbre autónoma y
universal hecha por el hombre-nitufrago para saber a que atenerse en su vida. ("Apuntes sobre el pensamiento".
o. c., v. p. 513-542).
, ,
"Lo único que el lrombte ' !ilCmpt;e
tiene es la necesidad de pensar, porque más O menos está siempre en alguna duda. Los modos de satisfacer
esa necesidad - se entiende, de intentar satisfacerla, lo que podemos llamar técnicas, estrategias o métodos del
pensar-, son, en principio, innumerables, pero ninguno le es regalado .....
Tal vez no hay injusticia mayor que
atribuir a la "naturaleza" humana
-naturaleza es el conjunto de lo que
nos es regalado y poseemos a nativitate- el inmenso repertorio de procedimientos intelectuales que el pobre
ente llamado "hombre" ha tenido que
agenciarse con tenaz esfuerzo para intentar extraerse a si mismo del enigmático pozo en que cayó al existir.
(".Apuntes sobre el Pensamiento", O.
C., p. 526, T. V).
ORTEGA ENSAYISTA
Como ensayista, Ortega es imponente, magistral. El ensayo -ha dicho alguna vez Ortega- es el tratado menos
la prueba. Quiérese, indicar, con esta
donosa frase, la libertad mental y estilistica del ensayista.
Bástenos, como muestras de los ensayos orteguianos, estos tres botones:
1) LA DESHUMANIZACION DEL

¡COMO NACE LA FILOSOFIA?
( onocer es una de tantas cosas que
el hombre hace. ¿Por qué y para qué
conoce el hombre? La vida -siempre
problemática- es inseguridad, naufragio, dice Ortega. En esta radical inseguridad1 el hombre busca una certitumbre. Quiere saber a que atenerse.
Cuando le falla el primigenio suelo de
sus creencias, busca pensamientos que
le sostengan. Antes de producir estas
"mentefacturas" (pensamientos), está
en la creencia de que las cosas tienen
un ser y de que son cognoscibles para el hombre. Moviéndose siempre en-

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ARTE. Encuentra Ortega que el arte
nuevo es antipopular por esencia porque la masa no lo entiende y no puede por tanto gustar de él. Y es que
los resortes de este arte joven, no son
los genéricamente huma~os; las nuevas obras artisticas no le invitan a
apasionarse y a intervenir sentimentalmente y le dejan sin papel. Según
el autor madrileño, el objeto artístico

Estultamente se cree en nuestros
solo es artístico en tanto que no es
real,. "La mayoría de la gente es in- dias, por el vulgo y los pro'fesionistas
capaz de acomodar su intención al vi- miopes, que la cultura es solo un dedrio y transparencia que es la obra d; leite ornamental, superfluo y accesoarte: en vez de esto, pasa al través rio. Esta es la causa de que la vida
de ella sin fijarse y va a revolcarse sea un caos, y que el hombre se conapasionadamente en la realidad hu- funda, naufrague y se pierda ... El promana que en la obra está aludida. Si f esionista actual es más técnico y sase le invita a soltar esta presa y a de- bio, en su especialidad, que el de la
tener la atención sobre la obra misma Edad Media, pero también es más inde arte, dír:i que no ve en ella nada, cu1to. Es el nuevo "bárbaro" que no
porque en efecto, no ve en eUa cosas ensambla su ciencia con el resto de
humanas, sino solo transparencias ar- la realidad y que se ha c¡uedado abajo
tísticas, puras virtualidades". Desde del nivel de su siglo.
Beethoven hasta Wagner el tema de la
Una Universidad auténtica debe emmúsica fué canfesional o autobiográfi- pezar por transmitir cultura; después,
co. Era un arte impuro en Que el ar• · por enseñar las profesiones y, por últista contaminaba sus pasiones. El ar- itimo, como actividades meta-universitista actual -según el diagnóstico del 1lari1s, por establecer centros de dispensador español- siente asco de este cusión, laboratorios, seminarios. Con
contagio psíquico, porque quiere hacer la acostumbrada perspicacia en su videl placer estético no un placer in- sión, Ortega y Gasset nos previene de
consciente, sino un placer inteligente. confundir tres cosas que son de sobra
Y concluye Ortega afirmando: "Se di- diferentes: cultura, ciencia y proferá que el arte nuevo no ha producido sión intelectual. "Ciencia· es solo inhasta ahora: nada que merezca la pena vestigación: plantearse problemas, tray yo ando muy cerca de pensar lo mis- bajar en resolverlos y llegar a una somo..... ¡ Quien sabe lo 'que dará de si lución. En cuanto se ha arribado a
este naciente estilo! La empresa que ésta, todo lo demás que con esta soluacomete es fabulosa -quiere crear de ción se haga ya no es ciencia. Por
la nada-. Yo espe~o que más adelan- eso no es ciencia aprender una ciente se contente con menos y acierte cia ni enseñarla, como no lo es usarla
más".
ni aplicarla". De este aserto se in2) MISION DE LA UNIVERSIDAD. fiere, · facilinente, q\1e el verdadero
)lás que de artificiales sistemas peda- científico - como no sea también un
gógicos, la Universidad se nutre del maestro- debe quedar en el laboraáire pllblico de su nación y de sus gen- torio y no en la Univer~idad.
3) LA PAMPA.- PROMESAS.- EL
te~.
HOMBRE
A LA DEFENSIVA. NorteLa barbarie del especialismo excluamérica e Hispanoamérica han sido
sivista, las pretensiones infatuadas del
objeto de los cargos eufemísticos de
"cientificismo", y la falta de una in•
Ortega, cuando no de sus directas inlegración vital de conocimientos, que
vectivas: "Como los americanos pare1
se ha enseñoreado de 1as universidades de nuestro tiempo, motivaron las cen andar con prisa para considerarse
los amos del mundo, conviene decir:
sutiles disquisiciones y las enérgicas
protestas que Ortega lanzó desde el "¡Jóvenes, todavía no! Aú.n teneis
mucho que esperar y mucho, mucho
más que hacer. El dominio del mundo no se regala ni se hereda. Vosotros habéis hecho por él muy po. co aún ... América no ha empezado aún
su "Historia Univerifll". No creemos
que estas mismas palabras escritas por
Don José en 1930, fuesen suscritas por
él poco antes de su muerte.
Ve Ortega en los hispano-aqiericanos, una espléndida dosis de fuerza
vital, pero a la vez sospecha que carecen por completo de disciplina interna, de rigor mental. "La juventud
argentina que conozco me inspira
-¿por qué no decirlo- más esperanza que confianza". Encuentra en las
revistas argentinas demasiado énfasis
y poca precisiQn. "El americano, amigo mío -por razones que no es ocasión ahora enunciar-, propende al
narcisismo y a lo que ustedes llaman
parada. Al mirar las cosas, no abandona sobre éstas la mirada sino que
tiende a usar de ellas como de un espejo donde contemplarse". Con implacable escalpelo, continúa el maestro español haciendo nuestra disección
psicológica, descubriendo que somos
más sensibles que precisos, y mientras
así sea, seguiremos dependiendo de
Europa. Adolecemos de vaguedad y de
falta de criterio certero, firme, seguro
de si mismo, que solo mediante rigurosas disciplinas se obtiene.
Casi todas las disquisiciones orteguianas sobr~ Hispano-América, se refieren de una manera: directa a la Argentina -pueblo con el que ha tenido mayor contacto personal- y sólo
por generalización -por cierto poco
feliz- al resto de las naciones iberoamericanas. Lo erróneo es la traspoParaninfo universitario de Granada.
Cuando el Medioevo da a luz la Uni- sición Sin reservas de los rasgos arversidad, ésta poco se ocupa de profe- gentinos a los restantes pueblos del
siones y especialidades y 'todo es en- Continente. Le faltó al pensador matonces "cultura": Teología, Film~ofía, drileño conocer las genuinas culturas
artes. Pero cultura no era. entonces, mestizas: México, Perú, Colombia, Las
a juicio de nadie, un mero ornamen- Antillas.
Exageradas y esquemáticas, las adito; sino un sistema vital de ideas sobre
el hombre, la socieáad y el universo, vinaciones de Ortega no dejan de ser,
en ocasiones, certeras. El argentino
que orientaba y dirigía la existencia.

-piensa Don José- es un hombre a
la defensiva, un hombre que tiene fabricada expresamente para el uso externo UQ_a máscara que sustrae su intimidad. Cuando se charla con entera
sinceridad con un argentino, éste resbala . sobre el · lema y parece decir:
"Aquí lo importante no es eso, sino
que se haga usted bien cargo de que
yo soy nada menos que el redactor
jefe del importante periódico X", o
bien: ¡ Tenga usted cuidado! Está usted ignorando u olvidando qne yo soy
una de las priineras figuras de la juventud dorada que triunfa sobre la elegante sociedad porteña. Tengo fama
de ingenioso y· no estoy dispuesto a
que usted lo desconozca".
Es una lástima que al agudo talento
ele Ortega haya escapado la peculiaridad fisonómica de América, evidenciada en una serie de rasgos insolayables del hombre de Hispano-América:
a) arraigo en lo telúrico; b) disposición innata hacia la belleza y preocupación estética; c) dualidad violenta y dramátita entre lo primitivo
y lo re{inado; d) tendencia hacia el
pragmatismo filosófico; e) gozosa melancolía fatalista; 1) rápida y vibrante capacidad emocional; g) un especial
y exclusivo sentido del humor que, de
punzante, llega a burlarse y reírse de
si mismo. Con todos estos ingredientes se formará nuestra cultura; una
cu~tura más abierta que la europea
-más -liberal, en el sentido primario
de la palabra- y en consecuencia más
capaz de arribar a planos de sínte~is
uni,,ersal con aire más llevadero y alegre. Falta les hace a los europeos el
oxigenarse en paises virgenes y el rebautizarse en la naturaleza. Tenemos
en el fondo un conocimiento menos intelectual y silogístico que el de elJos,
pero más directo y más poético.
ESTILO ORTEGUIANO
Con su acostumbrada elegancia mental, ha dicho Ortega que "la cortesía
del filósofo es la claridad". En sus
primeras lineas del prólogo a sus ''Me.
dilaciones del Quijote", de 1914, se
consideró -no en Yano- como un
profesor de filosofia in partibus infidclium", practicando, por eso, la "estrategcma" de "seducir hacia los problemas filosóücos con medios liricos" .
Y es que Ortega tuvo, desde ·el primer
momento, el tacto y la vocación magistral de acomodarse a su circunstancia, suministrando la porción de filosofía que sus lectores podían recoger
por el momento. Huyendo de los neolqgismos, nuestro filósofo ha cargado
de significación filosófica las expresiones usuales del idioma. Su pensar
tiene un estilo 'perspectivi$ta" o "circunstancial" que procede más por ocurrencias sueltas -apunta Nicol- que
con mé~odo teórico. Baraja un gran
número de ideas y de temas, insistiendo, en cada uno de ellos, como si fuera el decisivo, el principal, el único valedero. A veces adopta un tono profético, Otras huye elegantemente del
problema, prometiendo -y casi nunca cumpliendo- nueYos libros en que
abordará el problema que soslaya. Muchas ocasiones· incluye en libros que
tienen la pretensión de ser de rigurosa filosofía, confesiones que tendrían
mejor cabida en ull anecdotario literario. Con todo, su estilo seduce y solaza, maravilla y embriaga.
·
ES PRECISO TOMAR POSICION ANTE
EL PENSAMIENTO ORTEGUIANO
Después de haber trazado Jan lineas
fundamentales de la filosofía de José
Ortega y Gasset, después de haber 'revivido sus problemas y habernos puesto en comunión viviente con su estilo
mental, sentimos la urgencia de reac~
cionar criticamente ante su obra. No

podemos confinarnos en la miserable
situación de un puro historicismo que
se limitase a la pura historia o a la
pura literatura de la filosofia orteguiana. Es Ortega mismo quien nos invita
a ensayar, por nosotros mismos, su
nueva manera de mirar las cos"as y
probar, por nuestra íntima y leal experiencia, su verdad o su errOr. Y nosotros hemos decidido, desde el principio, aceptar su invitación. Otra cosa nos pareceria indigna.
Permitasenos, pues apuntar las siguientes observaciones críticas:
1) No cabe pensar un ser que esté
absoJutamente desligado de la vida de
cada cual. Si es posible pensarlo es
porque el ligamen existe. Pero de esto no se infiére que los seres o valores se con(undan con mi vida, ni se
circunscriban a su horizonte. 'Fuera
de nuestro conocimiento y aún en posible desacuerdo con él, existe un
mundo de entes y de valores. Reducir
todo a términos de vida humana, es
recaer en idealismo. Testimonio de la
extravasación del ser y los valores,
respecto a nuestra conciencia vital,
nos Jo suministra la misma, en la '~docta ignorancia' ', el olvido, la duda y el
error. De est~s limitaciones se puede
percatar el mismo sujeto que las sufra o un tercero que las advierta.
2) Conforme al perspectivismo, el
"punto de Vista" selecciona pero no
deforma la realidad. Luego todos los
sistemas que han venido sucediéndose
sobre el mundo son igualmente verdaderos ("puntos de vista"). Si todas las
filosofías son meras perspectivas -sin
nada absoluto- entone.es también sera una mera perspectiva la teoría orteguiana del perspectivismo. ¿Por qué
se empeña Ortega -se pregunta Roig
Gironellaen imponernos lo bien
fundado de su mirador? Si ha defendido el relativismo del punto de vista,
¿como justifica el absolutismo en sus
conclusiones? "Dios es también -para Ortega- un punto de vista". Lo
que la razón y la historia han proclamado siempre como "ens fundamentale", como absoluto, es ahora diluido
en el caos agnosticista del "punto de
vista".
1 3) ~efinir la vida ya no como el
punto de arranque, sino como valor
supremo, es el error esencial de todo
\'italismo. La vida de cada cual es un
elemento parcia] y subordinado de la
realidad. Como torrente de ciega energía carece de sentido por ausencia teleológica. Solo al servicio de un valor que la incite y la guíe, cobra la
vida contenido y plenitud.
La vitalidad en si misma -como
existencia vegetativa- no tiene polaridad moral, no es buena ni mala. Por
eso no cabe decir, sin más, que es menester desconsagrar a la cultllra y _con-

sagrar nuevamente a la vida. El valor
de la vida es subalterno, instrumental.
Contra la proclamación de la vida-fin
(de si misma), procla'mamos la vidamedio. Quitar de la vida el Bien, es
vaciarla de su contenido y reducirla
a la inconciencia. La rica variedad
del "Cosmos" queda desarticulada en
una fuerza vital carente de sentido.
Además de las cualidades sensibles y
de las relaciones ideales, hay en la
realidad una no indiferencia, una estimación o menosprecio, una búsqueda anhelante de bienes que conduzcan
al Bien Absoluto. Yo no comprendo
una vida que se limite simplemente
a vivir - como ostión en su conchasin trascender . . Vivir es extravertirse
en ]a plenaria realidad del mundo circundante, para recogerla e inC.orporarJa al microcosmos. La vida es ofrenda, es misión para ·algo meta-vital.
4) · Si a mi vida - siempre contingente- la convierto en la realidad radical que da razón de toda realidad,
solo podré englobar lo experimental,
lo relativo y lo inmanente. ¿Como dar
razón, con este vitalismo inmanentist-a, de lo que está fuera de mi vida, de
lo que la trasciende? La razón vital,
que se atiene a las circunstancias para
vivfr, no Puede ser la forma superior
del saber, sino a lo más una "ancilla
vitae".
Tal vez el destino de Ortega haya
sido el de un gran "culturaJista" siempre atento a la última teoria científica
europea o al libro inquietante recién
salido a la luz •p ublica. Con una prosa
deliciosamente musical, cargada de relumbres poéticos, supo siempre apuntar oportunamente una corrección,
un nuevo punto de vista, una precisión complementaria, una consecuencia inadvertida, una contrastación, o
un primoroso an:i1isis psicológico. En
sus manos, cualquier tema adquiere
un gusto y un color inconfundibles.
Esto 10 reconocemos todos. Y el acento personal de Ortega no está tan solo
en el estilo, como lo ha sabido ver
Iriarte, sino en el contenido. "Es Ortega - ha dicho el Dr. Díaz Blanco en
simil ' feliz- un formidable ojeador
(Yenator) de liebres filosóficas. A cada paso saltan, sorprendidas en sus
escritos, pero el escritor no las sigue,
se contena con levantarlas; entonces
hace una pirueta y pasa a otra cosa,
a buscar otra liebre, a veces con gran
desesperación del lector, que se regocijab~ creyendo iba a cobrar pieza".
Hasta los más intimas colaboradores
de Ortega, -recordemos a Fernando
Vela- después de advertir que su
maestro ha sido el mayor suscítador
de temas, reconocen que también es el
que ha asesinado más. "Los ha sacado, nos los ha mostrado en alto, refulgentes, nos ha encalabrinado, para

escamotearlos en seguida, cuando apenas habíamos podido diistinguir algo
más que su brillo". (Fernando Vela.
"Prólogo-Conversación a "Goethe desde dentro".).
Ortega anticipó una buena porción
de las ideas existencialistas actuales.
Pero sus anticipaciones se quedaron
en fugaces adivinaciones que no germinaron en cuerpo de doctrina, en
atisbos que no se articularon metafisí-camente.
LA MUERTE DE ORTEGA
Mucho se ha hablado del ateísmo orteguiano. Por mi parte -y así lo acabo de afirmar en la prensa-- nunca
pude creer en ese supuesto ateísmo.
Dejé vo1ar mi intuición y tal vez descubri que Ortega era como un pagano
oriental que creía siempre en Dio~,
pero no le gustaba decirlo, por temor
de que no se le comprendiera. S.u exquisita sensibilidad se pasmaba ante
la belleza de este universo, ante la habilidad artística de Ias mil cosas de
esta creación, ante el misterio de las
estrellas, ante la grandeza del cielo y,
sobre todo, anle la dignidad del alma
humana. Dije entonces (1950) - Y hoy
me complazco en recordarlo-: 'No
puedo creer en el ateísmo oculto que
palpita en José Ortega y Gasset, como
lo pretende el padre José Sánchez ViBasefior. Cree Ortega en Dios creador,·
pero no ha logrado alln extravertir su
creencia que tiene un sentido confidencial..." Hace unos días los periódicos lanzaron la noticia -para nosotros
jubilosa- de que Ortega Gasset murió
confortado con los auxilios de la Iglesia Católica. El padre Felix Garcia tuvo la dicha de recibir la confesión de
José Ortega y Gasset y de absolverle
de sus pecados. Mejor manera de morir no cabe para un hombre, máxime
si es hijo ele la Comunidad Católica
de Pueblos Hispanolocuentes.
,
Quisiera que es~a conferencia pusiese de manifiesto mi nueva actitud ante la obra del ilustre , recien desaparecido. Hace más de cinco años me
sentí impulsado a escribir, con todo
el ardor polémico de la juventud, un
libro - prologado por Vasconcelosque titulé: "Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset" - Un Bosquejo Va1orativo- . El tiempo, que todo lo serena, me ha hecho comprender los exces'os de mi ánimo polémico. Sin renunciar a la gran mayoría de las ideasmadrcs, que en aquel entonces orientaron mi crítica, hoy -en caso de hacer una segunda edición- escribiria
con otro tono y con nuevos propósitos. Dicho sea esto con absoluta honradez y con clara _intención de dejar
una constancia pública. Así lo hice en
la prensa y así lo hago hoy en esta disertación. ¡Que conste!
Ortega murió como cirstiano. Y para el cristiano, la muerte es como un
viaje a la eternidad. Con la muerte
acaba la peregrinación del hombre sobre esta hospedería que se llama tierra. Con la muerte concluye el tiempo
para arrepentirse y para merecer. El
alma, al abandonar el cuerpo, se inmoviliza en el estado de gracia o de
culpa en el que le sorprendió la muerte .
Cuando Ortega se sintió acosado por
la muerte y se concentró en el fondo
de su desamparo ontológico y en el
abismo de sus extravíos pasados, sintió emerger - supongámoslo así- un
incontenible afán de plenitud subsistencial. Ortega cristiano se volvió hacia el Consolador de los afligidos y se
echó, confiado, en sus brazos misericordiosos. La esperanza debe haber
brillado en sus ojos. Como Job y como
Don Quijote, bien pudo haber dich9:
''Post tenebras, spero lucem", después
de las tinieblas, espero la luz. A nosotros nos quedan los relumbres incitativos de su obra rubricada, definitivamente, con su cristiana muerte.

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�Misión de la Universidad,
{Fragmento)
Por José ORTEGA Y GASSET

¿Cuál es la misión de la Universidad? A fin de averiguarlo,
fijémonos .en lo que de hecho significa hoy la Universidad, den•
tro y fuera de España. Cualesquiera sean las diferencias de ran•
go entre ellas, todas las Universidades europeas ostentan una fi.
sonomía que en sus caracteres generales es homogénea.
Encontramos, por lo pronto, que la
Unh'ersidad es la institución donde
reciben la enseñanza superior casi todos los que en cada país la reciben.
El "casi" alude a las Escuelas Espe-

ciales, cuya existencia, aparte de la
Universidad, daría ocasión a un problema también aparte. Hecha esta salvedad, podemos borrar el "Casi" y
quedarnos con que en la Universidad

reciben la enseñanza superior todos
los que la reciben. Pero entonces caemos en la cuenta de otra limitación
más importante que la de las Escuelas
Especiales. Todos los que reciben en-

señanza superior no son todos los que
podían y dé'bían recibirla, son sólo

dancia ciencia, Se haría preferentemente en la UniYersidad, como acontece, más o menos, en los ·otros países.
Sirva este punto de ejemplo para que
no sea necesario repetir Jo mismo a
cada paso: el terco retraso de España
en todas las actividades intelectuales,
trae consigo que aparezca aqui en. estarlo germinal o de mera tendencia lo
que en otras partes vive ya con pleno
desarrollo. Para el planteamiento radical del asunto universitario, que
ahora ensayo, esas diferencias de grado en la evolución son indiferentes.
Me basta con el hecho de que todas
las r(,':formas de los últimos años acusan deciilidamente · el propósito de
acrecer en nuestras Universidades el
trabajo de investigación y la labor
eductidora de científicos, de orientar

los hijos de clases acomodadas. La
Universidad significa un privilegio difícilmente justificable y sostenible. Tema: los obreros en la Universidad. la institución entera en este sentido.
Quede intacto. Por dos razones: Pri- No se me estorbe el andar con objemera, si se cree debido, como yo creo, ciones triviales o de mala fe. Es de
llevar al obrero al saber universitario sobra notorio que nuestros profesores
es porque éste se considera valioso y mejores, los que más influyen en el
deseable. El problema de universalizar proceso de las reformas universitarias,
la Universidad supon-e, en con~ecuen- piensan que nuestro Instituto debe
cia, la previa determinación de lo que emparejarse en este punto con lo que
sea ese saber y 1ese enseñanza univer- hasta hoy venían haciendo los extransitarios. Segunda, la tarea de hacer jeros. Con esto me basta.
porosa la Universidad al obrero es en
mínima parte cuestión de la UniversiLa enseñanza superior consiste,
dad y es casi totalme,nte cuestión del pues, en profesionalismo e investigaEstado. Sólo una gran reforma de éste cion. Sin afrontar ahora el tema, anohará efectiva aquélla. Fracaso de to- temos de paso nuestra sorpresa al ver
dos los intentos hasta ahora hechos, juntas y fundidas dos tareas tan discomo "extensión universitaria", etc:
pares. Porque no hay duda: ser abogado, juez, médico, boticario, profesor
Lo importante ahora es dejar bien de latín o de historia en un Instituto
subrayado que en la Universidad re- de Segunda Enseñanza, son cosas muy
ciben la enseñanza superior todos los diferentes de ser jurista, fisiólogo, bioque hoy ]a reciben. Si mañana la re- químico, filólogo, etc. Aquéllos son
ciben mayor número que hoy, tanta nombres de profesiones prácticas, ésmás fuerza tendrán los razonamientos tos son nombres de ejercicios puramente cientifícos. Por otra parte, la
que siguen.
sociedad necesita muchos médicos,
¿En qué consiste esa enseñanza su- farmacéuticos, pedagogos; pero sólo
perior ofrecida en la Universidad a necesita un número reducido de cienla legión inmensa de los jóvenes? En tíficos. Si necesitase verdaderamente
muchos de éstos sería catastrófico,
dos cosas:
porque la vocación para la ciencia es
A) La enseñanza de las profesiones especialísima e infrecuente. Sorprende, pues, que aparezcan fundidas la
intelectuales.
enseñanza profesional, que es para toB) La investigación científica y la dos, y la investigación, que es para
preparación de futuros investigadores. poquísimos. Pero quede la cuestión
quieta hasta dentro de unos minutos.
La Universidad enseña a ser médi- ¿No es la enseñanza superior más que
co, farmacéutico, abogado, juez, nota- profesionalismo e investigación? A
rio, economista, administrador públi- simp]e vista no descubrimos otra cosa.
co, profesor de ciencias y de letras en No obstante, si tomamos la lupa y escrutamos los planes de enseñanza nos
la segunda enseñanza, etc.
encontramos con que casi siempre se
Además, en la Universidad se cul- exiae al estudiante, sobre su aprendib
b .
tiva la ciencia misma, se investiga y zaje profesional y lo que tra aie en
se enseña a ello. En España esta fun- la investigación, la asistencia a un curción creadora de ciencia y promotora so de carácter general-Filosofía, Hisde científicos está alln reducida al mí- toria.
nimum, pero no por defecto de la UniNo hace falta aguzar mucho la puversidad, como tal, no por creer ella
qtie no es su misión, sino por la no- pila para reconocer en esta exigencia
toria falta de ,•ocaciones cientificas y un ultimo y triste residuo de algo más
de dotes para la investigación que es- grande e_ importante. El síntoma de
tigmatiza a nuestra .raza. Quiéro decir que algo es residuo- en biología coque si en España se hiciese en abun- mo en historia- consistente en que no

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se comprende por qué está ahí. Tal
y como aparece no sirve ya de nada,
y es preciso retroceder a otra época
de 1a evolución en que se encuentra
completo y eficiente lo que hoy es sólo un muñón y un resto. La justificación que hoy se da a aquel precepto
universitario es muy vaga: conviene
- se dice- que el estudiante reciba algo de "cultura general" .

bre nace siempre en una época. Es
decir, que es llamado a ejercitar la
vida en una altura determinada de la
evolución de los destinos humanos. El
hombre pertenece consubstancialmente a una generación, y toda generación
se instala no en oua]quier parte, sino
muy precisamente sobre la anterior.
Est~ significa que es forzoso vh•ir a
la altura de los tiempos, y muy especialmente a la a/t¡¡ra -de las ideas del

Cultura general". Lo absurdo del tiempo.
término, su filisteísmo, revela su inCultura es el sistema vital de las
sinceridad. 'Cultura", rl':,ferida al espíritu humano- y no al ganado o a ideas en cada tiempo. Importa un colos cereales- , no puede ser sino ge- mino qae esas ideas o convicciones no
neral. No se es "culto" en fisica o en .. sean, en parte ni en todo, científicas.
matemática. Eso es ser sabio en una Cultura no es ciencia. Es caracterísmateria. Al usar esa expresión de ·tico de nuestra cultura actual que gran
'·Cultura general" se declara la in ten- porción de su contenido proceda de la
ción de que el estudiante re~iba algún ciencia; pero en otras culturas no fué
conocimiento ornamental y vagamente así, ni está dicho que en la nuestra lo
educativo de su carácter o de su inte- sea siempre en la misma medida que
ligencia. Para tan vago propósito, tan- ahora.
to da una disciplina como otra, dentro
Comparada con la medieval, ]a Unide l~s que se consideran menos técnicas y más vagarosas: ¡vaya por ]a filo- versidad conte~poránea ha coniplicaso'ría, o por ]a historia, o por la socio- do enormemente la enseñanza profesional que a,quélla en germen proporlogfa !
cionaba, y ha añadido la investrgación
quitando
casi por completo la ensePero el caso es que si brincamos a
la época en que la Universidad fué ñanza o transmisión de ]a cultura.
creada- Edad Media-, vemos que el
Esto ha sido evidentemente una
rtsiduo actual es la humilde supervivencia de lo que entonces constituía, atrocidad. Funestas consecuencias de
entera y propiamente, ]a enseñanza su- ello que ahora paga Europa. El carácter catastrófico de la situación presenperior.
te europea se debe a que el inglés meLa Universidad medieval no inves- dio, el francés medio,. el alemán metiga; se ocupa muy poco de profesión, dio son incultos, no poseen el sistetodo es . . . ''cultura general"- teología, ma vital de ideas sobre el mundo y
el hombre correspondientes al tiempo.
filosofía, ' 1artes".
Ese personaje medio es el nuevo bárPero eso que hoy llaman "cultura baro, retrasado con respecto a su épogeneral" no lo el'a para la Edad Me- ca, arcaico y primitivo en comparadia; no era ornato de la mente o dis- ción con la terrible actualidad y fecha
ciplina del caráeter; era, por el con- de sus problemas. Este nuevo bárbaro
trario, el sistema de ideas sobre el es principalmente el profesional, más
mundo y la Humanidad que el hombre sabio que nunca, pero más inculto
de entonces poseía. Era, pues, el re- también-el ingeniero, el médico, · el
pertorio de convicciones que había de abogado, el científico.
dirigir efectivamente su existencia.
De esa barbarie inesperada, de ese
La vida es un caos, una selva salva- esencial y trágico anacronismo tienen
je, una confusión. El hombre se pier- la culpa sobre todo las pretenciosas
de en ella. Pero su mente reacciona Universidades del siglo XIX, las de toante esa sensación de naufragio y per- dos los p~íses, ~r si aquélla, en el fredimiento: trabaja por encontrar en la nesí de una revolución, las arrasase,
selva "vías", "caminos" ; es decir: les faltaría la última1 razón para queideas claras y firmes sobre el Uni- jarse. Si se medita bien ]a cuestión,
verso, convicciones positivas sobre lo se acaba por reconocer que su culpa
c¡uc son las cosas y el mundo. El 'con- no queda compensada con el desarrojunto, el sistema de ellas, es 1a cultura 110, en verdad prodigioso, genial, que
en el sentido verdad_ero de la palabra; ellas mismas han dado a la ciencia.
todo lo contrario, pues, que ornamen- No seamos paletos de la ciencia. La
to. Cultura es lo que salva del naufra- ciencia es el mayor portento humano;
gio vital, lo que permite al hombre vi- pero por encima de ella está la vida
Yir sin que su vida sea tragedia sin humana misma que la hace posible.
sentido o radical envileciiniento.
De aquí que un crimen contra las condiciones elementales de ésta no pueda
No podemos vivir humanamente sin ser compensado por aquélla.
idéas. De ellas depende lo que hagamos v vivir no es sino hacer esto o
El mal es tan hondo ya y tan grave
lo
Así el ,,iejisimo libro de la que difíci1mente me entenderán las geJn,d ia: "Nuestros actos siguen a nues- neraciones anteriores a la vuestra, jótros pensamientos como la rueda del venes.
carro sigue a ]a pezuña del buey". En
En el libro de un pensador chino,
tal sentido-que por si mismo no tieque
vivió por el siglo IV antes de Crisne nada de intelectualísta- somos
to,, Chuang Tse, se hace hablar a pernuestras ideas.
sonajes simbólicos, y uno de ellos, a
Gedeón, en este caso sobremanera quien llama el Dios del Mar del Norte,
profundo, haría constar que el hom- dice "¿Cómo podré hablar del mar con
11

]a rana si no ha salido de su charca?
¿Cómo podré hablar del hielo con el
p3.jaro de estío si está retenido en su
estación? ¿Cómo podré hablar con el
sabio acerca de la Vida si es prisionero de su doctrina?"

cre'a r de nuevo en la Universidad la
enseñanza de la cultura o sistema de
las ideas vivas que el tiempo posCe.
Esa es la tarea universitaria radical.
Eso tiene que ser antes y má~ que ninguna otra cosa la Universidad.

La sociedad necesita buenos proíesiona]es -jueces, médicos, ingenieros-, y por eso está ahí la Universidad con ~su enseñanza profesional. Pero necesita antes que e~o y más que
eso asegurar la capacidad en otro género de profesión: la de mandar. En
to.da sociedad manda alguien- grupo o
clase, pocos o muchos. Y por mandar
no entiendo tanto el ejercicio juridico
de una autoridad como la presión e
influjo difusos sobre el cuerpo social.
Hoy mandan en las sociedades europeas las clases burguesas, la mayoría
de cuyos individuos es profesional.
Importa, pues, mucho a aquéllas que
estos profesionales, aparte de su especial profesión, sean capaces de vivir e
influir vitalmente según la altura de
los tiempos. Por eso es ineludible

Si mañana mandan los obreros, la
cu~stión será idéntica: tendrán que
mandar desde la altura de su tiempo;
de otro modo serán suplantados.
Cuando se piensa que los paises
europeos han podido considerar admisible que se conceda un titulo profesional, que se dé de alta a un magistrado, a un médico- sin estar seguro
de &lt;1uc ese hombre tiene, por ejemplo,
una idea clara ele la concepción física
del mundo a que ha 1legado hoy la
ciencia y del carácter y límites ele esta ciencia marav.illosa con que se l1a
llegado a tal idea- , no debcmps extrallarnos de que las cosas marchen
tan mal en Europa. Porque no andemos en puntq tan grave con eufemismos. No se trata, repito, de vagos de-

,

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seos de una vaga cultura. La física y tóricos c1ue han traido a la Humanisu modo mental es una de las grandes dad hasta la encrucijada del hoy (toruedas· íntimas del alma humana con- do hoy es una encrucijada). Y lo mistemporitnea. En ella desembocan cua- nio de quién no tenga idea alguna pretro sigl9s de entrenamiento intelectivo, cisa sobre cómo la mente filosófica
y su doctrina está mezclada con todas enfronta al presente su ensayo perpelas demás cosas esenciales del hombre tuo de formarse un plano del Univervigente-con su idea de Dios y de ]a so o de la interpretación que la biolosociedad., de la materia y de lo que gía general da a los hechos fund~menno es materia. Puede uno ignorarla, tales de la vida 1orgánica.
,sin que esta ignorancia implique ignominia ni desdoro ni aún defecto, a saNo se _perturbe la evidencia de esto
ber: cuando se es un humilde pastor suscitando ahora la cuestión de cómo
en los puertos serranos o un labrantín puede un abogado que no tiene preadscrito a ]a gleba o un obrero ma- paración superior en matemática ennual esclavizado por la máquina. Pero tender la idea ele la actual física. Eso
el sellor que dice ser médico o magis- ya lo veremos luego. Ahora hay que
trado o general o filólogo u obisp&lt;&gt;-'-es abrirse con decencia de mente a la
decir, que pertenece a la clase direc- claridad que esa Observación irradia.
tora de la sociedad- , si ignora lo que .Quien no posea la idea física (no la
es hoy el cosmos físico para el hom- · ciencia física misma, sino la idea vibre europeo es un perfecto bárbaro, tal del mundo que ella ha creado), la
por mucho que sepa de sus leyes: o idea histórica y biológica, ese plan fide sus mejunjes, o de sus santos pa- losófico, no es un hombre culto. Como
dres. Y lo mismo diría de quien no .no esté compensado por dotes esponposeyese una iltlagen medianamente táneas excepcionales es sobremanera
ordenada de los grandes cambios his- inverosímil que un hombre :,isí puede

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Pág.·7

�en verdad ser un buen médico o un
buen juez o un buen técnico. Pero es
seguro que todas las demás actuaciones de su vida o cuanto en las profesionales mismas trascienda del estricto oficio, resultarán deplorables. Sus
ideas y actos políticos serán ineptos;
sus amores, empez-ando por el tipo de
mujer que preferirá, serán extemporáneos y ridículos; llevará a su vida familiar un ambiente inactual, maniático
y mísero, que envenenará para siempre a sus hijos, y en la tertulia del
café emanará pensamientos monstruosos y una torrencial chabacanería.
No .hay remedio: para andar con
acierto en la selva de la vida hay que
ser culto, hay que conocer su topografía, sus rutas o "métodos"; es decir,
hay que tener una idea del espacio y
del tiempo en que se vive, una cultura
actual. Ahora bien; esa cultura, ·o se
recibe o se inventa. El que tenga
arrestos para comprometers.e a inventarla él solo, a hacer por sí lo que
han hecho treinta siglos de Humanidad, es el único que tendría derecho
a negar la necesidad de que la Universidad se encargue ante todo de enseñar la cultura. Por desgracia, ese
único ser que podría con fundamento
oponerse a mi tesis sería... un demente.

¿ Hemos contestado con esto a nuestra pregunta sobre cuál sea la misión
de la Universidad?

De ningún modo; no hemo~ hecho
más que reunir . en un montón inorgánico todo lo que ,hoy cr.ee la Universidad que debe ocuparla y algo que, a
nuestro juicio no hace, pero es forzoso
que haga. Con esto hemos preparado
la cuestión; pero nada más.

•

.I

1

·'

Por eso, fuera de España se anuncia con gran vigor un movimiento para el cual . la enseñanza superior es
primordialmente enseñanza de la cultura o transmisión a la nueva generación_ del sistema de ideas sobre el
mundo y el hombre que llegó a madurez en la anterior.
Con esto tenemos que la enseñanza
universitaria nos aparece integrada
por estas tres funciones:
l. ·Transmisión de la cultura.

Supongamos por un momento que
en la Universidad actual no aconteciese cosa alguna merecedora de ser llamada abuso. Todo marcha como debe
marchar según lo que la Universidad
pretende ser. Pues bien: yo digo que
aun entonces la Universidad actual es
un puro y .constitucional abuso, porque es una falsedad.

Por eso decía Leonardo: Chi non
puó quel che vuol, quel che puó voglia
("El que no puede lo que quiere, que
quiera lo que puede").
Este imperativo leonardesco tiene
que ser quien dirija radicalmente toda reforma universitaria. Sólo puede
crear algo una apasionada resolución
de ser lo que estrictamente se es. No
sólo la universitaria, sino toda la vida
nueua tiene que estar hecha, con una
materia. cuyo nombre es autenticidad
(¡ oigan ustedes bien esto, jóvenes, que
si no, están perdidos, ya que empiezan a estarlo!).
Una institución en que se finge dar
· dar es una institución falsa y desmoralizada. Sin embargo, este principio
de la ficción inspira todos los planes
y la estructura ele la actual Universidad.
Por eso yo . creo que es ineludible
volver del revés toda la Universidad
o, lo que es lo mismo, reformarla radicalmente, partiendo del principio
opuesto. En vez de enseñar lo que,
según un utópico deseo, debería enseñarse, hay que enseñar sólo lo que se
puede enseñar, es decir, lo que se puede aprender.
Trataré de desarrollar las implicaciones que van en esa fórmula.
Se trata, en verdad, de un problema ·
más amplio que de la enseñanza superior. Es la cuestión capital de la
enseñanza en todos sus grados.

Jfo parece vana o, cuando más, subalterna la discusión trabada hace
unos años entre el filósofo Scheler y
el ministro Beecker, sobre si esas funciones han de ser servidas par una sola institución o por varias. Es vana
porque a la postre todas ellas se reunirían en el estudiante, todas ellas vendrían a gravitar sobre su juventud.

La cuestión es otra. Esta:
No hay, pues, más remedio que agregar a las faenas que hoy ya pretende
la Universidad cumplir esta otra inexcusable e ingente.

institución es ficticio, brota d!:! él una
omnímoda desmoralización. A la postre se produce el envilecimiento, porque no es posible acomodarse a la falsificación de sí mismos sin haber perdido el respeto a sí propio.

y exigir lo que no se puede exigir ni

Ha sido menester esperar hasta los
comienzos del siglo XX para_ que se
presenciase un espectáculo increíble:
el de la peculiarísima brutalidad y la
agresiva estupidez con que se comporta un hombre cuando sabe mucho de
una cosa e ignora de raíz todas las
demás. El profcsi'onalismo y el especialismo, al no ser debidamente compensados, han roto en pedazos al hombre europeo, que por lo mismo está
ausente de todos los puntos donde pretende y necesita estar. En el ingeniero está la ingeniería, que es sólo un
trozo y una dimensión del hombre
europeo; pero éste, que es un integrum,
no se halla en su fragmento "ingeniero". Y así en todos los demás casos.
Cuando, creyendo usar tan sólo una
manera de decir barroca y exagerada,
se asegura que "Europa está hecha pedazos", se está diciendo mayor verdad que se presume. En efecto: el desmoroJ1amiento de nuestra Europa, visible hoy, es el resultado de la invisible fragmentación que progresivamente ha padecido el hombre europeo. ·
La gran tarea inmediata tiene algo
de rompecabezas, sea dicho sin alusión
contundente. Hay que reconstruir con
los pedazos dispefsos-disiecta membra- la unidad vital del hombre europeo. Es preciso lograr que cada individuo o-evitando utopjsmos- muchos individuos lleguen a ser, cada
uno por sí, entero ese l10mbre. ¿Quién
puede hacer esto sino la Universidad?

probable que no hubiese instituciones
ni pedagógicas ni de Poder público.
Es, pues, forzoso referir toda institución al hombre de dotes medias; para
él está hecha y él tiene que ser su unidad de medida.

Aun reducida la enseñanza, como
hasta aquí, el profesionalismo y la 'investigación, forma una masa fabulosa
de estudios. Es imposible que el buen
estudiante medio consiga ni remotamente aprender de .verdad lo que la
Universidad pretende enseñarle. Ahora
bien: las instituciones existen -son
necesarias y tienen sentido- porque
el hombre medio existe. Si sólo hubiese criaturas de excepción, es muy

¿Cuál fué el gran paso dado en la
historia entera de la Pedagogía? Sin
duda aquel viraje genial inspirado por
Rousseau, Pestalozzi, Frobel y el idealismo alemán, que consistió en radicalizar. algo perogrullesco. Eri la enseñanza -Y más en general en la educación- hay tres términos: lo que habría que enseñar- o el saber-, el que
enseña o maestro y el que aprende o
discípulo. Pues bien: con inconcebible obcecación, la enseñanza partía
del saber y del maestro. El discípulo,
De tal modo es imposible que el es- el aprendiz, no era principio de la Petudiante medio aprenda en efecto y de dagogía. La innovación de Rousseau
verdad lo que se pretende enseñarle, y sus sucesores fué simplemente trasque se ha hecho constitutivo de la vi- ladar el fundamento de la ciencia peda universitaria aceptar ese fracaso. dagógica del saber y del maestro al
Es decir, la norma efectiva consiste discípulo y reconocer que son éste y
hoy en dar por anticipado como irreal sus condiciones peculiares lo único
lo que la Universidad pretende ser. Se que puede guiarnos para construir un
acepta, pues, la falsedad de la propia organismo con la enseñanza. La activivida institucional. Se hace ~e su mis- dad científica, el saber, tiene su orgama falsificación la esencia de la ins- nización propia, distinta de esta otra
titución. Esta es la raiz de todos los actividad en que se pretende enseñar
males - como lo es siempre en la vi- el saber. El principio de la Pedagogía
da, sea individual o sea colectiva. El es muy diferente del principio de la
pecado original radica en eso: no ser cultura y de la ciencia.
auténticamente lo que es. Podemos
pretender ser cuanto queremos; pero
Pero hay que dar un paso más. En
no es licito fingir que somos lo que vez de perderse desde luego en estuno somos, consentir en estafarnos a diar minuciosamente la condición del
nosotros mismos,. habituarnos a la discípulo como niño, jóven, etc., es
mentira substancial. Cuando el régi- preciso circunscribir, por lo pronto,
men normal de un hombre o de una el tema y considerar al niño, al joven,
desde un punto de vista más modesto,
pero más preciso, a saber: como discípulo, como aprendiz. Entonces se
cae en la cuenta de que a su vez no
es el niño como niño, ni el joven porque joven, lo que nos obliga a ejercitar un¡¡. actividad especial que llamamos "enseñanza", sino algo sobremanera formal y símple.

II. Enseñanza de las profesiones.
III. Iiivcstigación científica y educación de nuevos hombres de
ciencia.

Pág. 8

Verán ustedes ....

1930.

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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>M\ANO

A
Cuento de GERARDO CUELLAR

"Lapicera Sol de Saltillo". Punta
irregular sacada a navaja. El borrador
de hule duro entre los dientes. Olor a
papel impregnado de saliva, sudor y
pies sucios. Una escuela de pueblo
norteño. Salvador Díaz Mirón. Zuazua.
Aquella noche no pude dormir .l\Iama grande tendió en el suelo un cotense y sobre él puso una colcha dura,
amarilla y vieja que, a manera de cama, ocupamos doña Natalia y yo.
Apestaba la vieja a pañales de niño
tendidos al sol. Los sobacos también
le olían y resoplaba con la nariz y boca al respirar. Ruidos de gente dormida se escuchaban en el cuarto, que
era sala, recamara, comedor y cocina
a la vez. Abuelita dormía con Susana
en mi catre de fierro, regalo hecho a
mi padre por el general Lucio Blanco,
en Victoria, muchos años atrás cuando
se peleaba la Revolución. Mama no
ddrmía; acostada al lado de papá en
la gran cama donde todos nacimos, esperaba la llegada del nuevo Ma'rcos.
El otro había muerto.

diciendo en estos casos y que sólo dejará de decirse cuando la mujer deje
de parir. La agitación crecía y el
cuarto parecía dar vueltas en torno
mío. Doña Natalia despertó y poniéndose de pié se sumó al grupo de gente
que corría. Fenareta de profesión, esa
noche iba a ser de trabajo. Me quedé
solo en la improvisada cama, viendo
el ir y venir de los mayores que iban
de la mesa a la cama grande, de la
cama a la estufa y de la estufa a la
cama y a la mesa. No entendía este ir
y venir. Nadie se ocupaba de mí.
Observaba.
Marcos está por llegar, pensé; se
preparan a recibirlo. Esto mismo hicieron cuando yo llegué. Vivíamos· entonces en un tejabán, en Monterrey. El
baño está preparado; hace frío pero lo
van a bañar cuando llegue.
¡Caco! Dijo mamá.
Seis ojos voltearon a verme y dos se
adelantaron; eran los de papá.
Vete a casa de tu mamá grande, me
dijo. Llévate a tu hermana.
Susana está dormida, dijo abuelita.
Pued~ quedarse.
Las ranas cantaban en la cañada. No
se veía nada. Luchaba inutilmente por
hacer entrar el pie izquierdo en el zaExaminé la pieza parcialmente ilu- pato derecho. Hice el cambio y esperé
minada por la luz de una lámpara de para ver mejor. El agua subió tanto
petróleo, como buscando encontrar al- que casi llegaba a la. banqueta. Llovió
go desconocido. El cuarto se había para el potrero, dijo un día tío Beto
transformado. En un rincón, la estufa viendo el agua de la cañada. Yo tamhacía hervir agua; la petaca y el ro- bién lo dije en voz alta que luego me
pero permanecían en los sitios que asustó.
siempre ocuparon, mas no así los mueMaria Pola decían a mi tía la niobles de sentarse que ahora estaban dista y tenía luz en la cocina. Pasé la
amontonados junto a la pared. Sobre - puerta de su casa y una casa más. Llela mesa de comer había muchas cosas; gué a casa de abuelita y toqué; dije
entre ellas destacaba un sucio male- Ave María y tia María salió.
· tín de cuero traído por doña Natalia
Nunca antes había dicho Ave l\Iaría.
como único equipaje. Aquella tarde, Lo había oído decir.
cuando venia de comprar anzuelos, la
·¿Ya llegó Marquitos? Preguntó mi
vi bajar de la julia cargando su co- tía.
•
china maleta; es tan pequeña, me dije,
No, le contesté, me mandaron a dorque calzones ha de traer. Y no más.
mir aquí.
Algo dijo mamá que no pude enten¿Está bien tu mamá? Dijo ella.
der. Papá despertó inmediatamente y
Si, contesté. ¿Dónde voy a dormir?
abuelita ya estaba de pié. El ruido se
¿ Susana se quedó en tu casa? Volhizo mayor, pero ahora eran voces de vió a preguntar.
gente despierta y nerviosa que corría
Está dormida, le dije. Tengo mucho
apresuradamente. No decían nada y sueño.
lo decían todo. Decían lo necesario.
Acuéstate en la cama de mamá, me
Decían lo que por siglos se ha venido dijo.

• 1

mas

Quitándome los zapatos mojados me
introduje bajo las pesadas colchas de
la cama de mama grande. Vi cuando
mi tía se ponía una toalla sobre la cabeza para luego salir apresuradamente. Algo dijo tío Beto y luego todo quedó en silencio. El olor de la casa no
era él de la casa mía, pero pronto me
dormí. Estaba solo cuando desperté y
ya era de día. Las mujeres durmieron
con mama y tío Beto se fué a la labor
temprano, pensé. Dejé la cama y cerré la puerta después de salir. Antes
·me llené la tacuachera con un puño de
nueces muy grandes.
Maria Pola trabajaba en su maquina
de coser. Al verme pasar me llamó para preguntar si ya había visto a Marcos.
No, le contesté.
Llegó en la mañana, me dijo.
Voy a verlo, le dije.
Yo ya lo ví. Lo va a bautizar papá.
Yo lo voy a registrar en el° Juzgado,
le dije. Mamá quiere que yo vaya.
Ella se distrajo con su máquina y
yo crucé la calle para entrar a la casa.
Mamá estaba acostada con Marcos a
su lado. No lloraban. No decían nada.
Respiraban. Mamá grande estaba junto
a ellos y también, estaba papá; mi tía
María le servia café con leche a doña
Natalia. El maletín estaba sobre la mesa y le vieja comía pan.
¿Quieres ver a tu hermano? Dijo mamá.
Sí. ¿Cuándo voy a regi~rarlo?
A la tarde ~as al Juzgado y ves a
don Pedro. Te va a hacer preguntas,
dijo mamá.
Se va a llamar Marcos igual que el
que se murió. Mi papá es profesor y
tiene treintaicinco años; ltu tienes veintiocho y trabajas en casa. Ustedes son
los papás y Marcos nació en la mañana. Eso le voy a decir, dije, sin
quitarle la vista a Marcos que estaba
muy feo. Los pajaritos del nido que
tengo en la cañana están morados porque hace frío, pensé. No dije nada.
Marcos está morado también, pero no
tiene frío.
_
Los zapatos estaban mojados todavía. Mientras me bañaba, mamá grande preparaba la ropa que me iba a
poner para ir a ver al alcalde y registrar a Marcos. Los zapatos se seca-

Año XII No. 10 Oct. de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LÉON

�Hito en las cachas. Cuando la dejaba
en la cama yo 1a cogía y la veía. Los
herm~nos de el también tenían pistola, pero /a dejaban debajo de la almohada para dormir a mediodía. Cuan.
do despertaban y se levantaban siempre se la ponían en el cinto. El tío .
Pancho tenia una pistola muy grande
Y caminaba de lado. Del lado de la
pistola. Nunca se la quitaba y no era
mi tío. Era tío de mi papá.
En Zuazua era Filomena el único
que tenía pistola. Traía una má:;- bonita que la de papá, pero no era de
él; se la quito una vez a un señor que
gritaba mucho en la plaza y que traía
un sombrero muy grande. No era de
Zuazua. Santiago decía que Filomena
le quitó la pistola porque quería tener
una para matar borrachos en la noche.
El dueño de la pistola no volvió a
Zuazua y Fi!omeno la traia prestada
porque
don Pedro le dijo que era del
han en la estufa. Doña Natalia dijo
¿No? ¿Cree usted que nació así de
Juzgado.
algo de irse y papá me sacó para el grandote? Dijo abue1ita.
Con el sol brillaban las cachas de
patio.
Tio Beto se levantó de la mesa y me
Voy a coger el dinero de tu alcan- vió. Luego volteó a ver a mamá gran- la pistola que traía Filomena. Tenía
cía, me dijo. Después te lo devuelvo. de y se rió. Después salió. Iba a la unos adornos de plata y era más bonita que la de mi papá. Filomena es¿Es para doña Natalia? Le pregunté; labor.
taba
platicando con Jesús, el del teEs para que se regrese a Monterrey,
Mi papá era inspector y vigilaba que
léfono,
y lrnblaban de un muchacho
me dijo.
Jos profesores no golpearan a los nique tenia sífilis y que trabaja en el
Bueno, contesté.
1los. La maestra Cristina nunca me pePapá. entró de nuevo al cuarto y gaba porque mi papá era inspector. teatro. Sus papás lo habían corrido
luego salió; traía mis zapatos en una A Santiago sí Je pegaba y les pegaba porque no iba en las noches a dormir
mano y me dijo que los boleara en el también a Jos demás niños. Sus papás a su casa. Tío Crisanto · salia en el
patio. En la otra mano traía mi al- no eran inspectores y ellos eran muy teatro pero no tenía sífilis. Nadie tecancía. Una vez rompí una alcancía burros. Claríta decía Siempre Cape- nía _sífilis en Zuazua. Yo le pregunté
Y me pegó mi papá. No dije nada. De- ruquita. Su papá era carnicero y ella a nu papá qué era la sifilis y me dijo
trás del, aljibe la rompió y un veinte no traía calzones. Yo la vi en el re- que una enfermedad como la viruela.
vino rodando basta donde yo estaba. creo cuando la tumbó Miguel Barriga. En Zuazua nadie tenia viruela.
Qué quieres, me preguntó Filomcno.
No dije nada ..
Barriga es estómago, dijo mi papá. MiVer
a don Pedro, le contesté.
Pasó mi papá y en la bolsa del pan- guel Barriga no es :Miguel Estómago.
Esta
en su casa, me dijo. Para qué
talón se le notaba el bulto de dieces )'fe duele la barriga, dijo un niño que
y veintes de plata. Eran de mi alcan- hrego hizo caca en Ja jnlia de Monte- lo necesilas.
· Para que registre a l\farcos.
cía.
rrey. Bar'riJa tambien hace caca. Yo
El Juez Bortoni lo registra, me dijo.
Después te compro otea y te doy lo vi.
No, le dije, quiero ver a don Pedro
el dinero, me dijo.
La mamá de mi papá tenía en China porque mamá me dijo que lo• viera
Yo no dije nada.
un toro gateado muy bravo. Era gateaA mediodía llegó lio Beto para ver do porque parecía un gato gateado. a él.
Entonces espéralo, me dijo. Ya no
a Marcos. Saludó a mamá y luego se Tío Tomás me dijo en el rancho por
debe
lardar.
quedó viendo al niño un momento.
qué era gateado. Pero no era tío mio.
Me recargue en la pared porque la
¿Se va a llamar como papá? Pre- Datiiel Urencio tampoco era tío y una
banqueta estaba sÚcia y no quería
guntó.
,·ez ine dió una Janchita eléctrica que sentarme. Tría e] pantalón nuevo que
Si, "dijo mamá. Igual que el otro que compró en Laredo. Andaba borracho
María Pala me hizo de un pantalón
, se murió.
dijo papá.
'
,,iejo de papá. Filomeno se me quedó
Tengo hambre, dijo tío Beta viendo
Mi lápiz era gateado de muchos co- viendo Y me _dijo qu"e me sentara en
a mamá grande. Salieron los dos.
_
lores.
El borrador era. muy duro. Los la banca. Jesús el del teléfono se haEn el cuarto nos quedamos ]os de
lápices
gateados dur:in mucho y son bía ido y yo me sente.
casa y el abue]o de mamá, papá de
de
madera
como la de la lanchita que
Filomcno me preguntó que por qué
María Pola y padrino de Marcos. Con
me
dió
"lrencío
y qu e compró cuando
sns ojitos azules veía fijamente a su
andaba borracho en Laredo.
ahijado. Le hacia muecas con la cara
Clarita dijo Caperuquita y la maes- Y ademanes con sus manos. Yo tenia
tra le pegó en la cabeza. Su papá era
risa.
carnicero y no era inspector. ¡CapeCome en casa de tn abuelita, me dirncHa
! Dijo la profesora Marina. Clajo mamá. Y Je das este dinero.
rita no traía calzones y Barriga tamUn puño de veintes y dieces de
bién hacía caca. Hernán hizo caca en
plata me sonaban en la tacuachera
el bahco un día que Je dolió la barricuando salí. Eran para pagarle a don
ga. Olía muy feo y lo corrió la profePedro e] registro de :Marcos.
sora . Se fué llorando pero luego volMaría Pala le servía· de comer a tío
vió y lavó el banco con agua del aljiEsteban. Saludé y me contestaron. En
be del Juzgado.
la casa de mamá grande comía tío
No cojas muchas nuec;es, me dijo
Beto y abuelita senia. Tia Maria ya
abuelita.
Y no ]as repartas, agregó.
había comido.
No pierdas el dinero que te díó tu
Siéntate, me dijo mamá grande sirpapá, dijo mí tía.
viendome una sopa de fideos.
Este afio hubo muy pocas, dijo ma¿Viste a ~[arcos? Le pregunté a tío
má grande.
Beto.
Es para pagarle a don Pedro, dijo
Si, me dijo.
tía María.
Yo creo que está muy feo, le dije.
~fe llene una tacuachera de nue'ces
Levantó Ja vista pero no dijo nada.
Y soné el dinero que llevaba en una
Siguió comiendo.
bolsa delantera del pantalón. Cuando
Pasó un rato.
sali de la casa me encontre con ReviTodos los niños son feos de chito que iba a comprar hilo a casa ·de
quitos, dijo mi abuelita cambiándome
lio_ Celso. Le di tres nueces y él cael platq vacío por uno con carne piminó detrás de mi. Nunca caminaba
cada.
conmigo o delante de mí. No me pre¿Hasta cuándo va a aprender usted
guntó nada, pero yo le dije que iba
que no se debe hablar en ]a mesa {
al Juzgado. En ]a plaza nos separamos.
Dijo tío Beto. Es mala educación,
Filomeno estaba sentado en una banagregó ..
ca afuera del Juzgado. Todos Je deSi no le gusta lárguese, dijo mamá cíamos Filomeno porque era el poligrande. Esta casa es mía.
cía. Don Filomena era el carnicero
Tambien es mía, dijo mi tío. Y ade- que nos vendía la carne y el chorizo.
más es mala educación taníbién me- Una vez don Filomena le vendió carterse en la plática de otros. Caco y yo ne a Filomeno y platicaron de la labor.
estamos hablando de niños y usted no Yo los oí.
sabe nada de eso.
La pistola de papá tenia un caba-

Pág.2

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tenia bigotes mi tia. Jorja. Le dije que
no sabía.
Las mujeres no deben tener bigotes,
me dijo.
Tía Jorja sí tiene y también tiene
María lo loca.
¿ Y por qué no se los corta tu tía?
No sé, 1e contesté, pero si quieres
le pregunto.
No seas zonzo, me dijo, ¿No ves que
se enoja?
Yo no soy zonzo porque estoy en la
escuela, Je !Jije. Además tia Jorja nunca se enoja.
¿En ·qué aiio estás? Me preguntó Filomeno.
En segundo, le dije.
¿ Con la profesora Cristina?
Si. I.,e contesté.
Y qué les enseñan en segundo año,
preguntó.
Las tablas de multiplicar, contesté.
Tu primo Juanito está contigo, o
está en tercero, volvió a preguntar.
No es mi primo, es mi tío; y no
está en tercero, está en quinto año.
Yo nomás estudié hasta cuarto, dijo
Filomeno. No habí-a quinto ni sexto.
Mi papá quiere que yo sea licenciado. Cuando sea gr"ande me voy a ir a
.M onterrey porque allá está la escuela
de ]icenciados, le dije.
Yo conozco un licenciado que gana·
mucho dinero, me dijo. Es primo de
mi mujer.
l\U tío Arturo también es licenciado
y gana mucho dinero. l\Ii papá dice
que va a ser gobernador.
Los gobernadores ganan más dinero que un abogado, dijo Filomeno.
Ganan más qu t don Pedro.
Y dónde se estudia para gobernador, le pI"'egunté.
Eso no se estudia, me dijo. Nomás
los licenciados y los generales pueden
ser gobernadores porque están en el
Partido.
Cuál Partido, le pregunté.
El de Plutarco. El que siempre gana.
¿Y Plutarco es licenciado? Le elije
yo.
No, rcp·uso, pero es general. Yo4:ambién soy del Partido, como don Pedro,
pero nosotros no podemos ser gobernadores.
Mi papá es inspector, Je dije. El
tampoco puede ser gobernador.
Dicen que una vez hubo un gobernador que era profesor como tu papá,
me dijo, pero Jo mataron.
Mi papá tiene pistola, repuse, y mis
tíos también.
El profesor que mataron tamhien

tenia pistola, dijÜ Filomena. Se necesitan muchas pistolas para que no los
maten cuando sOn gobernadores.
Las sandias de la labor de don Pedro eran muy sabrosas; Santiago y NiColás se las robaban. Una vez comimos sandías en la ]abor de don Pedro, pero él nos Jas dió porque era
un día de campo; todos los niños de
la escuela comimos con et en la labor.
Otra vez fui con Santiago y Nicolás
r también comimos sandías ~y melones; eran muy sabrosas pero no nos
las &lt;lió él. Yo les daba a Nicolás y a
Santiago de las nueces de abuelita y
ellos me daban sandia de las que le
robaban a don Pedro. Cuando acabábamos de comer poníamos las cáscaras en un palo de la cerca y les tirábamos piedras; yo casi nunca les
pegaba.
Cn día don Pedro nos ,•ió . en su labor comiéndonos sus sandias y nos
persiguió por las otras labores gritando r tirándonos piedras. Nosotros corrimos mucho. No estábamos clavados en un palo de la cerca, pero don
Pedro nos tiraba pedradas. No nos
pegó.
Cada vez que yo veía a don Pedro
le tenía miedo. Yo no le robaba sus
sandías y melones, pero le tenía miedo. Don Pedro era el alcalde y tenia
un traje muy bonito. Antes se ponia
pantalones y camisas como ]as que ·tenía tío Beto, pero ahora traía un traje como el de papá. Ya no iba a la
labor porque siempre estaba en el Juz
gado platicando.
Ahí viene don Pedro, dijo Filomena.
Si, le contesté. Ya lo ví.
Buenas tardes, dijo don Pedro.
:Muy buenas, dijo Filomeno.
Yo no dije nada.
Encerré otra ,,ez a José, dijo Fi1omeno.
¿Otra vez? Preguntó don Pedro sin
esperar nada.
El alcalde se metió al Juzgado y yo
entré detrás de él. Se sentó en una
silla como mecedora que no era mecedora, detrás de su escritorio, y se
me quedó mirando. Creí que me iba
a regañar por lo de Jas sandías, pero
no dijo nada.
Vengo a registrar a mi hermano que
nació en la mañana, le dije.
¿Otro hermano?- 1\Ie dijo. ¿Pues
cuántos son ya?
Somos nomás dos, le dije. El otro
se murió y Susana es mujer.
Bueno, repuso, don Pedro. ¿No te
dió tu papá un papel para que me lo
dieras?
Sí, le dije. Taú1bién me dió este
dinero.
El alcalde cogió el dinero y-se puso
a escribir en un libro muy grande. A
veces volteaba y veía el papel que Je
mandó mi papá y que yo no había
leido.
Marcos nació en la mañana, le dije.
Jli papá es profesor y tiene treintaicinco años; mamá _tiene veintiocho y
trabaja en Ja casa.
Está bueno, me dijo don Pedro. LléYale a tu papá este papel y dile que
todo está arreglado.
¿ Y si me pregunta que quién lo arregló, qué Je digo?
Dile que lo arreglarnos entre los dos.
Bueno, le dije, todo está arreglado.

Cuando sali del Juzgado estaba jugando Filomeno con el muchacho del
teléfono al coyote y las cabras. Filomeno movía el coyote y el muchacho
cuidaba las cabras para que no se las
comiera Filomena. · Les dije adiós y
no me contestaron.
Baltasar venía por la casa de mi
aOuelita y yo dí vuelta en la esquina.
Siempre que me encontraba Baltasar
quería pelearsé conmigo; y siempre
nos peleábamos. El me pegaba y yo
también le pegaba. Pero él me pegaba
más. Siempre. Cuando pasé por la carnicería de don Filomeno, Victoria le
estaba vendiendo carne a Lolita la
dulcera. Victoria era hija de don FBomeno y era muy bonita. Mi mamá
decía.
Le entregué el papel a mi papá y él
se lo enseñó a mamá.
Todo está arreglado, dijo. Este muchacho nos va a resultar licenciado
como su tio Arturo.
~famá no dijo nada. Ella quería que
fuera como mi tío Arturo, pero no
quería que fuera abogado.
¡ Vieja apestosa! Dije.
Sentí un golpe en la cabeza y el borrador de hule duro de mi lápiz gateado se rompió. Tambien se rompió
la punta que le había sacado con la
navaja de tío Beto. Los dientes de
adelante se me destemplaron como
cuando comía muchos tamarindos. Mi
lápiz se fué rodando por el suelo pero
yo no lo recogí. La profesora Cristina
me quiso golpear otra vez, pero yo co,
rri para la Dirección. El director era
el profesor Facundo y era amigo de
mi papá. Ta1Tlbién era novio de Paulita la de tío Isaac.
Entré corriendo a 1a Dirección y el
profesor Facundo se asustó. Yo creo
que se estalfa quedando dormido en
el escritorio.
¿Qué te pasa? Me preguntó.
Me pegó la profesora, le dije.
Me dijo apestosa, exclamó la niaestra ·cristina entrando casi detrás de mi.
No es cierto, le dije al director.
Me dijiste vieja apestosa, me dijo la
profesora.
No es cierto, le contesté.
Un momento, dijo el director. Volteó a verme y apuntándome la nar-iz
con un dedo me dijo: tu papá dice
que tu no sabes decir mentiras. Ahora
dime la verdad.
Yo no. le dije vieja apestosa, repuse.
Esa es la verdad.
Yo lo oí decir vieja apestosa, \dijo
la profesora.
¿Dijiste vieja apestosa? Me preguntó el profesor Facundo.
Si. Pero no sé lo dije a ella.
Ahí éstá, dijo la profesora, ¿Entonces a quién Je dijiste?
A doña Natalia, repuse.
¿Quién es doña Natalia? Preguntó
el director.
Es una vieja que vino a la casa
cuando llegó l\farcos la otra noche. Le
olían ]os sobacos y resoplaba con la
nariz y boca al respirar. Es una vieja
apestosa que trae un maletín sucio y
que siempre llega a las casas antes que
los nilios chiquitos.
Bueno, dijo el director. Voy a hablttr con tu papa. Usted se puede ir,
le dijo a la profesora Cristina.
Cuando regresé al salón la profeso-

ra ya no me quiso pegar. Luego sonó
la campana y todos nos fuimos a la
casa. En el camino me encontré a Santiago y me dijo que él y Nicolás iban
a robar huevos a mediodía. Me invitaron pero no quise ir.
En la noche, después de la cena, el
director y mi papá comenzaron a pla~
ticar. Hablaron mucho pero no les pude entender. A veces oia que decían
Cristina, luego apestosa, Natalia y otras
muchas cosas. Luego hablaron de la
educación, de Ja mala educación y
otras cosas que no entendí. Se reían
mucho cuando decían Cristina, pero yo
me fui a la plaza. No ]es entendía.
Papá decia que un profesor violaba
la correspondencia en Camarón. Yo
le pregunté que qué era correspondencia y me dijo que las cprtas. Mi
pap:i regañó al profesor porque vio~
Jaba las cartas. Los inspectores regañan a los que violan la correspondencia y a los que golpean a los niños en
la escue]a. Violar es romper, me dijo
también papá.
La maestra Cristina no vo]vió a la
escuela el lunes. La hija del carnicero, Victoria, fue a darnos clases y enseñó a Clarita cómo decir Caperucita.
Miguel Barriga seguía haciendo caca.
Hern:in no volvió ,a hacer caca en el
banco porque no le dolía la barriga.
La maestra Cristina se fu~ de Zuazua y
todos queríamos a Victoria. Era hija
del carnicero don Filomeno.
Un dia, cuando salíamos de la iglesia Nicolás y yo, oimos a unas seño~
cas que dijeron Cristina. El novio la
violó, dijo una de ellas, y se la llevó
para Monterrey. Los papás no ]a quieren recibir porque no se casaron.
Cuando las viejas voltearon y· nos
vieron, se fueron sin decir nada más.
Mi papá conoce al novio de la pro.
fesora Cristina, le dije a Nicolás. Es
profesor en Camarón y una vez lo regalló porque violaba las cartas.
¿ Qué es violaba? Me preguntó Nicolás. í
Violar es romper, dice mi papá,
JAh! Exclamó Nicolás.

t

.,

Pág. 3

�EL TEATRO EN LONDRES

(

Por J11liá11 GALLEGO

to de c•onjunto. Es, por lo demás (con
la soviética) ]a única compañía que
puede permitirse en la actualidad el
lujo de montar ballets de una exigencia y una complicación tan grandes
como "El Lago de los Cisnes" o "La
Bella Durmiente del Bosque", de los
que Jas otras compañías no ofrecen más
que fragmentos.
Precisamente, la especialidad

de

Segundo, que es el que se suele bailar
en otros programas. Solo el primer
ballet tiene una nueva coreografía, del
maestro inglés Frederick Ahston, Director asociado de la compañía, y no
tan afortunada como las viejas coreografías de Ivanov y Cecchetti, para el
segundo, y especialmente de Marius
Petipa para el tercero, ·ambas revisadas por Ninette de Valcis, que es la
gran Directora a quien se debe el ma-

EL COVENT GARDEN

A FACHADA y las dependencias
del Teatro Real de la Opera del
"Covcnt Garden" no son tan suntuosas como las de la Gran Opera, de
Paris; ni su sala es tan bella .como la
del Liceo de Barcelona. Tiene, sin
embargo, este teatro una ventaja que
a mi juicio de espectador modesto lo
coloca por encima de los dos aludidos:
que desde todas sus localidades, hasta las mas económicas, se ve el escenario por completo. Creo que, para
un teatro, el]o es condición mas importante que los mármoles y ]os bronces, y que todos los sufridos espectadores de quinto piso -y aun de cuarto- del ·Gran Teatro del Liceo, avezados a hacer colas en las bodegas ele
la casa y a comer tor(\llas sentados
en la escalera para pobres. que queda
después de su paso llena de migas de
pan y de. trozos de papel, todo para
conseguir uno de los escasos sitios de
la herradura que estan frente al escenario, serán de la mismo opinión. Y
no es que el Covent Garden sea feo;
más antiguo que los otros dos, es de
un estilo georgiano bastante elegante,
y su columnata cl3.s'ica no está desprovista de nobleza. Pero su colocación,
un poco escondida, no le favorece y
su cercanía del mercado del mismo
nombre, si le da un aspecto caract~ristico, no fa,,orece a la pompa de su
arquitectura.

L

La temporada de primavera nos
ofrece la ocasión de ver en esta sala
los famosos ballets del Sadler's Wells.
Es este un teatro aparte, de tamaño
· reducido, pero que ha formado esta
companía que es, acaso, la más perfecta del mundo en la hora actual; y
digo acaso, por la imposibilidad de
juzgar 'sobre el ballet ruso soviético,
desde que su actuación fué prohibida
en Paris la pasada temporada por el
Gobierno del momento. Si la compañía
del New York City, que dirige Balanchine1 es magnífica, no creo que alcance el per[ecti$imo empaste, el acabado sin tacha, que hace de todos y
cada uno de los numerosos bailarines
del Sadler's Wells una primera figura
que se eclipsa para dejar paso al efec-

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si el primero es un hermoso baliet
que da motivo a un apasionado "paso
a dos11 , el segundo no pasa de un di''ertimiento, bien presentado e interpretado, digno de un teatro de revista, en cuya creación es ]amentable ve_r
empleadas tantas facultades extraordinarias.
El público es siempre muy numeroso y aplaude con entusiasmo a sus estrellas favoritas. Son estas, en primer
lugar, ?ifargot Fonteyn, de técnica insuperable, que muchos consideran la
mejor bailarina actual, y tra~ elJa Nadia Nerina, Violeta Elvin, Rowena
Jacksori y Beryl Grey; este "Estado
:\layar" va seguido por estrellas tan
rutilantes como Beriosova o Farron,
que podrían muy bien ser consideradas de primera magnitud. El primer
bailarín absoluto es Michael Somes,
que goza, merecidamente, de la calurosa adhesión de su público, y lo siguen Field, Grant, Hart, Rassine y
S.haw. El propio Ahston ha bailado
alguna vez en papeles de carácter (en
Paris, por ejemplo, creó el Hada mala
de la Bella Durmiente, con un relieve
lleno de fantasía). Bailarina ele carácter de gran clase, Pamela May, considerada como "artista huésped", da
a las reinas de los ballets de Tschaikowsky toda la majestad debida y es
insuperable en esas explicaciones mimadas en que abundan las coreografías clásicas1 a base de movimientos
de manos y de cabeza, y que de no
estar perfectamente hechas resultan
tan ridiculas.

al contrario que todos los demás teatros londinenses, en la orilla derecha
del Támesis, no lejos del Festival Hall
y a un paso de la Estación de Waterloo, en la misma margen en que, en
tiempos, trabajaba Shakespeare en su
teatro del Globo. No por menos céntrica -suponiendo que haya un centro en Londres- es menos ruidosa esta orilla, y el paso incesante de los
autobuses por Waterloo Road nos
arranca, a menudo, de la atmósfera
elizabetiana en que esta compañía nos
sumerge. Un público numeroso -entre el que nunca faltan escolares con
sus chaquetas o sus largas bufandas a
rayas- sigue con atención estos argumentos tan conocidos; pero no tengáis miedo: si os interesa de veras
ver Shakespeare en su propia salsa,
no hagáis caso de esas leyendas de
que en Londres no se encuentran nunca entradas para los teatros, inventadas, sin duda, por alguien gue tenia
muy pocas ganas de ir. Yo he ido a
última hora y siempre he podido entrar y por un precio, por cierto, bas_tante más módico que el que hubiera
gastado en .ver, en un cine de estreno,
la última megalomania en pantalla panorámica. Que haya entendido más o
menos del texto, es harina de otro costal; pero quien gusta profundamente
del teatro en general y de Shakespeare
en particular, está siempre presto para ver sus obra.s en versión original y
sin necesidad de letreros. Si algo se
pierde, mucho mas se gana.

Gracias en gran parte a esta compaii.ía, la afición al ballet en Londres
rebasa de unos limites .,,.minoritarios y
ha entrado a dominar por completo
en el gran público.

SHAKESPEARE EN EL "OLD VIC"

La sala del "Old Vic'' no es &lt;lema-

siado grande, y desde todas sus loca- cardo 11; la interpretadón de John
lidades se ve entero el escenario. Tie- Nevillc fué tan buena· tólllo la suya
ne éste una particularidad que suple, y completamente distinta. Este joven
con ventaja, una mayor extensión-; en actor compone un Rey tan despreocuprimer término, de frente al especta- pado, tan juvenil, tan· írreflexivo en
dor, hay una escalinata que baja ha- 1a primera parte que luego nos admicia el foso y que queda medio oculta ra mas aun -dándon.os1 sin embargo,
por lo que suele llamarse las candile- un profundo aire de verdad, pues los
jas; ello, con una puerta y una ven- héroes no suelen nacer héroes- en el
tana que hay a ambos-lados de la em- momento de su caída y de su grandebocadura, permite un movimiento de za moral. La escena ele la abdicación
personajes de una gran libertad y es, en este aspecto, un verdadero mofantasía. Esa escalera hacia la sala, delo de buen teatro.
es decir, hacia la parte vedada generalmente por las· convenciones, da a
El decorado de "As You like it" lo
esta escena una especie de cuarta di- forman gruesos troncos cuyas raíces
mensión, que permite apariciones y ofrecen variados asientos; el movidesapariciones del más puro ,•alor miento de esta pastoral deJictosa está
teatra1. Las luces están siempre ma- dirigido por el coreógrafo Robert
nejadas del modo más certero.
Helpmann. Los trajes· (bi1enos, pero
mejorables) son de Domenico Cnoli.
He tenido la suerte de ver en esta Las otras tragedias est4~ ·dirigidas por
sala tres obras de Shakespeare bien Michael Benthall. Maclietll es, por priconocidas: "As You like it", "Macbeth" mera vez -Y qué acertadamente- una
y "Richard 11". Estas dos últimas, por tragedia escocesa, con' stls plaids1 sus
haberse representado en Paris esta fa]das p1isadas, sUs iaifas, su aire
misma temporada por la Compañía agreste y sah,aje, en Jugar ae esa cardel T.N.P., permitían comparar }as in- navalada de baraja 'q·ue suele ser.
terpretaciones de ambos países. John Audrey Cruddas fue · la · .d ecoradora.
Neville y Virginia McKenna fueron la Pero el mas bello espectáCulo es "Ripareja protagonista de ]a primera y cardo II", con sil piata'forma gótica
tercera. El papel de Macbeth fué in- ideada por Leslie Huri-Y que ha reaterpretado por Paul Rogers, que había Jizado ]os trajes medievales más marasido el clown de "Como gusteis' 1; Ann villosos en el ambiente mas refinadaTodd,. bien conocida por el cine, fu"é mente inglés.
Lady Macbeth. Eric Portcr, actor ex-.
celente, trabajó en las tres obras, cuyo tono de melodrama cinematográEL "SADLER'S WELLS THEATRE"
fico me desagradó, todos los actores
me parecieron de gran categorja y
rle un acoplamiento peffecto. Virginia
Aparte de la gran Compañía de
::\foKenna es una joven actriz 1lena de
Ballet
que actúa en el Teatro Covent
belleza y ele talento; su Rosalinda fué
Garden,
el "Sadler's ,vens" tiene otra
la seducción personificada.
compañia m:ls pequeña, formada por
elementos jóvenes, cuyo director es el
El gran actor francés Jean Vilar me mismo que el de )a , Primera, Ninette
había defraudado en su "l\facbeth", de Valois, y que ' ba'i ]a en su propia
demasiado cerebral, poco sanguineo,.y casa, es decir en el teatro que ha daa la vez, demasiado dominado por do su nombre a ambas compañías;
unas fuerzas sobrenaturales eµ que no esta s.egunda se diferencia de ]a priparece creer; Paul Rogers fné un mera en Ja palabra Teatro, incluida
Jlacbcth montafies, apasionado, do- en su denominación: "Sadler 1s ,vells
minado en su mala intención por un Theatre Ba11et", exactamente. Su perdestino que -no comprende; sin los sonal es reducido, de í!Cuerdo con el
excesos de Orson ,velles, su perso- tamallo de su escenario, y su repertonaje, tiene toda la truculencia y to- rio se compone de una docena de
da la trágica humanidad que quiso ballets, casi todos modernos.
darle su autor. Vilar había sido también el excelente intérprete ele RiEl teatro en cuestión está situado

fuera de} distrito teatral de Londres,
al final de la Avenida Rosebery, no
Jejos de ]a estación de King1s Cross,
en un barrio tranquilo y modesto, que
nada tiene, en apariencia, ele danzante. Es un edificio moderno, de buenas condiciones acústicas y visuales, y
con unos precios muy moderados que
oscilan entre dos y doce chelines y
medio. En e] Se da, no solo ballet, sino también, y con mayor frecuencia,
opera: Don Juan y La flauta encantada, de Mozart, El Murciélago, de
Strauss, La Traviata, de Verdi, La
Boheme y Tosca, de Puccini y Katya
Kabanova, de Janacek, figuran en los
programas de esta temporada. Aparte
de ello, se celebran conciertos algunos domingos.
No deja de producir alguna impresión de provinciano en Corte el llegar
a este teatrito, que ha dado origen a
una compañía de Ballet famosa en todo el mundo y a toda una escuela coreográfica. Aunque parezca ridículo,
se llega a la taquilla con uná cierta
aprensión de que nuestro inglés chapurreado merezca las iras de una taquillera que debe hablar a diario con
Ninette de Valois; pero en los teatros
de Londres todo es amable, todo es
sencillo, nadje está de mal humor, nadie tiene prisa, nadie parece -como
lo parecen algunas taquilleras de Paris- estar atado a un banco de tortura ni ser Ja victima de desocuparlos
sin entrañas. · Gran parte de ese buen
humor universal que planea sobre los
lugares públicos de Londres se debe,
siq ningún género de duda, al bené-

La Compañía del "Old Vic", con la
del "Memorial Theatre" de StratfordUpon-Avon, qne esta temporada cuenta con los nombres de Vivien Leigh y
Laurence Olivier a la cabeza de una
lista prestigiosa), están consideradas
en Inglaterra como los más autorizados intérpretes de Sbakespeare. El
"Old Vic", a pesar de s\J. nombre, es
una sala nueva, con todas las ventajas que ello representa; está situada,

I

Sadler's Wclls son los grandes ballets
en tres y cuatro actos que llenan
por si solos un largo programa. En
esta temporada presenta "Silvia" y
"Coppelia", con música de Delihes y
'Le lac des Cygnes", con música de
Tscbaikowsky, el ballet predilecto de
tantos aficionados del mundo entero,
que se ven reducidos a ver el Acto

ravilloso resultado de esta 'troupe".
Pero no faltan en otros programas de
Covenl Garden ba1lets más cortos, bien
conocidos, como "Les Sylphides" o
"El Sombrero de Tres Picos", o de
nueva creación, como "Rinaldo y Arrnida" o "~fadame Chrysantbeme",
ambos coreografiados por Ahston, con
muy diversa fortuna a mi juicio, pues

/

==

•

Pág. 5

�\

fico té, que produce en el estómago
una deliciosa excitación, una du1ce
alegria a la que los londinenses son
tan sensibles c¡ue no se cansan de repetirla a cada momento del día. Sin
embargo, por una rara excepción, en
la cafetería c1ue hay en los subterráneos del Sadler's \Vells no se sirve
más que café, la infusión que hace discutir. Pero la taquillera Y el portero
deben tener su tetera particular.

Los programas danzados del teatro
están compuestos generalmente por
tres y aun cuatro ba1lets. La hora de
empezar -todavía mas temprana qpe
en Govent Garden - es la de las siete de la tarde; en función de noche,
se entiende. Se sale cerca de las diez,
hora muy discreta para coger el metro
meterse en la cama, si se tiene
1a intención de hacer algo temprano
al día siguiente. Una vez que uno se
habitúa a estos horarios, que a ojos
españoles resultan pintorescos. y aun
molestos, se echan de ver sus ventajas, para la salud y para el trabajo.
Solo una raza tan resistente como la
nuestra es capaz de aguantar durmiendo seis y siete horas, como se
ven obligados a dormir unicamente
muchos españoles. El derecho a un
sueño de ocho hora$ debiera ser una
reivindicación social. Y lo curioso es
que nuestro país lleva fama de ser el
lugar del reposo, de la siesta. Los turistas espa,loles se asombran mucho
de ver que en Paris, a partir de las
diez de la noche, casi todo lo que se
ve por la calle -que no es muchoson turistas como ellos; en Londres
pasa por el estilo.
·...

ble- se pasean por los siglos pasados
con una seguridad maravillosa. El decorador de teatro, acaso por la in.:'
fluencia de una excelente y antigua
escuela de ilustradores de libros, se
inspira fielmente en la obra que trata
de plasmar, no se lanza a estilizaciones gratuitas ,que a los dos años resultan grotescas, y produce ambientes
tan perfectos como los de las peliculas "Enrique V", "Lady Hamilton",
"Oliver Twist" o la primitiva y magistral "Luz de Gas", cuya "remake"
americana era tan lamentable, en gran
parte por el descuido de la abientación.
Estas divagaciones vienen a cuento
de tres obras diferentes, representadas en Londres en esta temporada,
aunque alguna sea ya un tanto añeja.
Sea la primera - por edad y .por la
muerte de su decorador, Rex ,vtlistler,
muerto en la _última guerra- el ballet
"The Rake's Progress", con musica de
Gavi Gordon _y anterior a la ópera
del misl1lo nom~~e de Igor Stravinsky.
Se trata de un~ serie de escenas sobre ]a famosa colc~ción de cuadros de
,vrniam Hogarth conservados en el
Soane Museum de J:ondres, y que nos
presentan
la de$fl~tros"a carrera de 'un
,

grafa, "Job", es bailado todavía con
gran éxito en el Covent Garden. Su
tema son las visiones sobre el libro de
Job, ·del genial artista -tan criticado
como mal conocido fuera de Inglate. rra- Wílliam Blake; sobre estas imágenes, _de una grandeza y una fuerza
poética casi sobrehumanas, y sobre
una música excelente de Vaughan
,Yilliams, Ninette de Valois creó una
sucesión de movimientos de majestuoso misterio, de extraña grandeza, siguiendo las amplias curvas, los ritnios,
las ·· repeticiones, de los dibujos de
Blake. Pero nada hubiera sido su intención sin la colaboración de John
Piper, que produce con sus trajes y
decorados uno de los mas hermosos
espectáculos de nuestro tiempo. Las
imágenes bíl~licas de Blake, esos patriarcas de barbas y cabelleras torrenciales, esas doncellas pensativas, esos
ángeles sabios, esos demonios mayestáticos, se mueven en un universo casi deme.ncial de extrañas noches, de
soles .sangrientos, de vegetaciones ultraterrenas. Y, conlo en el caso de
Hogarth, no se trata de una copia, de
una imitación servil, sino de una recreación; decorados de "Job" son bien
típicos de Piper, artista contemporáneo, pero no por ello son menos fie-

1·

La pequeñez de este escenario ha
producido unas· coreografías y unos
decorados especiales, reducidos en extensión, pero muy cuidados en calidad. Esta compafiía realiza una especie de "ballet de cámara", del tipo que
siempre ha gustado a Roland Petit para sus creaciones. El humor y la fantasía suplen la limitación de los recursos escénicos. Un programa del
"SadJcr's ,vells Theatre BaUet" se
aborda con confianza, no nos impone
por su enormidad, por sus lujos, por
su despliegue de fuerzas; acaso por
eso mismo, se sigue con un gusto especial y se recuerda con amor.

TRES DECORADORES: WHISTLER,
PIPER, HURRY

El teatro, como Íodo arte de tradición, goza de un nivel artístico elevado, en Londres. Las presentaciones de
las obras teatrales son, de general, muy
estimables, especialmente si se trata
de obras de época, para las que los
artistas ingleses tienen una sensibilidad, un rigor, una formación y un
exacto sentido de las modas y de los
tiempos ayudado, sin duda, por la
posibilidad de estudio de colecciones
de artes suntuadas tan completas como las del Victoria &amp; Albert Museum
dificilmente superables. Si los decoradores de teatro ingleses -1.ropiezan
con peligros para decorar la época
presente -su sentido dé· ]a moda femenina es, por ejemplo, muy discutí-

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Universidad de Nuevo León. ha
mantenido desde su fundación un vas~
to plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centros cu1turales, Sociedades de diversa indole y personas, en
América y Europa.

Franz BOUCHSPIES
amor, la fortuna, la _gloria, si no de encontrar un solo instante que le haga
dichoso y que seducido por este momento feliz, intente retenerlo.
"Si una sola vez- dice Fausto a l\lefistófelcs al celebrar el pacto infernal- llego a decir al momento que pasa: "Detente, eres tan bello!" ¡ah! entonces consentiré en que se abra bajo
mis plantas la tierra, entonces podrá
doblar por mi la campana de los ·m uertos ....... "
En vano se cansa el Espíritu ~laligno de tcntárlo con ei amor, los placeres, el poder, la omnisapiencia y la
gloria. Faustq, insaciable siempre lleva sus aspiraciones a Jo mils alto. A lo
inalcanzable.
Finalmente Fausto se encuentra ·solo, ciego y Heno de amargos presentimientos tras de correr por el mundo
inutilmente. De pronto se siente asaltado por súbito regocijo al suponer
que su memoria será venerada en los
siglos venideros y sin poderse contener poseído de este pensamiento que
amenaza escapar, exclama ebrio de dicha: "¡Detente! ¡oh, tú, que eres tan
bello! ¡permanece!" Muere y Mefistófeles está dispuesto a llevarse su alma
cuando los espíritus celestiales, escuchando los ruegos de la bienaventurada Margarita, su úniCo y verdadero
amor cuya deshonra y muerte él había
causado, arrancan al demonio su víctima y fausto alcanza la salvación
Eterna.

Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figur'a nuestro men•
suarío "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fon•
do y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento científico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" $e complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solicitándoles el envio de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de ·nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envios deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,

Pues como dice en el poema de
Goethe:
"Bien merece este premio aquel que
ha sabido luchar sin descanso
animado por los más nobles deséos ..... "

Fausto significa el desencanto de la
inteligencia, la eterna inquietud humana en busca de una explicación
plausible del objeto de su existencia.
Goethe al final de su vida, él que
ha recorrido todos los caminos como
Fausto, en el Arte, en la Ciencia, en el
Amor, en el Placer, en la Gloria, él mil
veces amado, otras veces duramente
-combatido, otras admirado y aplaudido exclama en un acento convincente:
"Das Ewig-Weibliche (El Eterno-Femenino
sieht 11ns hinan." nos conduce a lo
alto)
Y añade:
"Todo aquello que perece;
aq11i tan solo es un símbolo,
aqui la perfección alcanza;
y lo que era indescriptible,
aqu( tiene forma auténtica ..."

Es decir, el amor es el motor del
Universo y lo que nos redime, la vida
no ~s más que un sueño, es pasajera
es ficticia. El amor es el redentor del
género humano y alrededor de él gira
todo lo demás. Todo lo que en el mun-

Monterrey, Nuevo León,
México.

masy

fTR
Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
libertino, desde que hereda hastá que
muere loco. El decorado se hallaba,
pues, al acometer su empresa con una
facilidad, la tjue las propias pinturas de Hogarth le ofrecían, y un inconveniente mucho mayor, que era
~onservar el tono y el ambiente de
dichas pinturas sin organizar en ningún momento esos "cuadros vivos" que
son siempre el mayor peligro de las
evocaciones de artistas del pasado, en
los que una especie de casual coincidencia con la posición de los personajes de un cuadro popularizado poi; los
calendarios da a los actores el aire
convencjonal r absurdo que mas hubiera aborrecido el pintor evocado.
\Vhistler ha conservado la línea y el
tono de ciertos trajes, hacil!ndol9s evolucionar en unos decorados oscuros,
sencillos, corno fondos discretos de
pintura. Ello ayuda a crear el perfecto ambie¡ite "hogarthiano" que la
admirable coreagrafía de Ninette ele
Valois propone constantemente, con la
admirable sencillez del "Sadlcr's ,vells
Theatre".

les al espíritu singular ele William
Blake.

Recordemos en tercer lugar el
"Richard II" de Shakespeare, admirado en el Teatro del Old Vic, al qne hemos aludido en otra ocasión. Aqui. nos
interesa señalar la adecuadísima presentación que Leslie Hurry ha ideado.
En el centro del escenario hay una
plataforma exagonal, sostenida sobre
seis ojivas; a ambos lados, retrocediendo ligerrimenle, vemos dos plataformas algo más _bajas, tras ellas otras
dos, todas ellas sostenidas por columnas y arcos apuntados. Forman, en
conjunto, una especie de escalera a la
que dan acceso otros peldaños lateraralcs, coronada por la plataforma. Ello
da a los actores y al director de escena Jibertad r una fantasía extraordinarias en los movimientos, ya se c0loquen sobre o bajo la terraza. Unos
fondos desvaidos y unas luces estudiadas completan ]os variados efectos.
Sobre este escenario vemos agitarse
personajes vestidÜs con toda la elegancia y fantasía de finales del siglo XIV,
· Otro ballet de la misma gran coreó- en un exquisito remolino de colores.

Registrado como artículo de 2a. Clase en la
Admón. de Correos de Monterrey, N. L., el

20 d, Ab,il d, 1944.
INDICADOR:
Colaboradores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuente
Francisco M. Zertuche
Genaro Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A. Garza
Alfonso Rangel Guerra
Guillermo Cerda G.
Jorge Rangel Guerra
Manuel Morales _,,,,

Director
Lic. Fidencio de la Fuente

Oficinas
\V ashington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

MEXlCO

'

" Las hllellas de mis días terrenos,
no pueden en. siglos desapw·ecer ...."
(FAUSTO" J. lV. GOETHE)

N Yano el hombre estudioso pasa
sus noches abismado -en los vo1llmencs donde la Humanidad ha
Yolcado su sabiduría. En vano escudriña en el firmamento el curso de los
astros en búsqueda angustiosa de la
respuesta al enigma de la existencia.
Con cuanta ansiedad quisiera gritar
¡Eureka!
Y en el correr de las centurias nuevos mundos se abren ante él, que ]e
muestran nuevas maravillas, pero él
mismo notará 1a lentitud de su progreso, se impacientará y blasfemará
contra Dios pretendiendo substituirlo
y borrarlo de la mente humana.
Este nuevo Belerophonte intentará
remontarse hasta el Emíreo para igua1arse a los dioses. Será terrible su caída, y como Fausto dirá:
"¡Ay del insensato que levanta des~
lumbrada sus ojos al cielo, que se figura enc·o ntrar más allll de las nubes,
criaturas como él!" Cuando hablamos
de Fausto, ¿ acaso evocamos la figura
popular del viejo doctor contemporáneo de Lutero, Melanchton y Hans
Sachs, o mencionamos •e] Fausto nuestro, el mundialmente conocido, el
"FAUSTO" de Geothe?
Verdaderamente ya no podemos evocar la figura del mágico germano sin
que se nos presente con la imagen de
Goethe.
El mismo .porta, con su vida agitada
nos parece otro Fausto llevado de aquí
para ailá por el demonio y dejando a

E

su paso la huella mágica de su vida.
Y en ,,erdad que su obra, la obra de
toda su vida, es parte de su alma creadora y de su vida misma. Le vemos
retratado con todas sus inquietudes y
todos sus anhelos, todas las épocas de
su vida gloriosa y al final un poco de
desencanto y de soledad cuanclp su
Fausto murmura: "Me lie limitado a
cruzar el mundo, a satisfacer en lo posible todos mis deseos y a prescindir
de todos los que no podían contentarme, sin ir nunca en pos de lo que
no me era dado alcanzar. Desée, obtuve y volvi a desear. De este modo he
pasado como un hombre fuerte, a través de 1a tempestad de mi vida; ....... "
Será siempre este FAUSTO-Goethe
con el que nosotros nos ipentifiquemos y no con el de Klinger, ni el de
Marlowe pi el de Lenau. Estará siempre presente en hosotros mismos, en
nuestro propio yo.
Fausto simboliza el eterno peregrinar en pos de los más altos ideales de
la Humanidad y Mefistófeles la acción.
El impulso avasallador qne derriba todas las barreras y pone al alcance del
hombre el éxito en todas sus empresas. Es la tentación misma de alcanzar lo imposible. Es el espíritu demoníaco que se agita en nuestro interior
y convierte al artista en creador, al
hombre de genio en semi-dios.
Fausto ha hecho un pacto con Mefistófeles pero con la condición no solo de obtenerlo todo, la juventud, el

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I

�do pasa no es más que un preludio,
lo que nos espera en un mundo mejor.
Este concepto ha abierto las puertas a una nueva época en la historia.
El Romanticismo. El Romanticismo
que como un reguero de pólvora se ha
extendido por el mundo entero. Goethe,
el que cincuenta años antes había iniciado el movimiento literario "Sturm
und Drang" (Tormenta e Impetu) con
su novela "Leidendes junge Werthers"
(Las cuitas del joven Werther), al que
se han sumado todas las cabezas notables de la época y preludio ya del
romanticismo, puso a Alemania a la
cabeza de las naciones en el Pensamiento Universal, nuevamente da impulso a este esfuerzo transformador
con la primera y la última de sus
obras, obra cumbre que ha escrito a
través de su vida y en la que revela
distintas épocas de su vida misma.
Fausto en la que hay partes tan delicadas, llenás de ternura y de poesía,
hay momentos que nos recuerdan la
construcción de las antiguas catedrales góticas y otras, los antiguos poemas Homéridas o la risa de Voltaire.
Gretchen o Margarita, es la evocación tierna del primer amor con su
dulzura y su candor sentada a la rueca y entonando su triste canto, bien
la "Canción del Rey de Thule" en la
que aspira a un amor duradero, un
amor más allá de la muerte.
Es en la segunda parte del poema en
la que Fausto transformado en nuevo
París, arrebata a la espartana Helena
a sus captores y se celebran sus bodas.
Esto encarna, la voluntad y la pasión
germánicas integradas y armonizadas
en las antiguas formas meridionales.
Helena muere dejando a Fausto s.olo
su velo y su atavío. Forma y Fantasía.
La segunda parte de Fausto está cantada por el mismo aeda que cantara
a Ifigenia en Táuride;, es realmente un
poeta griego, un rapsoda, que nos· narra nuevamente el rapto de la hija de
Leda y de Júpiter. Pero el paganismo
Olímpico de Goethe no es la renunciación al cristianismo ni a las formas
góticas de las que él mismo ha sido
el heraldo. Es el culto a Homero y a
las musas. Al pensamiento universal
de Roma y de Grecia que lo han cam-

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biado a él, un poéta nacional en pensadt&gt;r eterno.
L~ imión misma de Fausto y Helena
simbolizan que en él el romanticismo
y 'ei clasicismo eran complemento uno
delfotro.
El Fausto de Marlowe escrito en el
siglo 'y en la patria de Shakespeare es
propio de la época del Humanismo renacentista de Erasmo y de Bacon de
Verulam, de Montaigne, Giordano Bruno 'y Ulrich von Hutten quien exclamaba: "¡Da gusto vivir! Los espíritus
despiertan!" En efecto, las batallas libradas por la Reforma alcanzaban el
triunfo. Aún se recuerda la Ciencia
de Alberto Magno y de Paracelso y el
Abate de Trittheim y Cornelio Agrippa
siguen sus huellas. l\farlowe y Calderón ele la Barca con su drama El Mágico prodigioso no cabe duda que han
inspirado a Goethe su poema dramático. Max Klinger, amigo del poeta, ha
escrito antes que él, la vida del Doctor
Johannes Faustus (Goethe lo ha llamado Heinrich Faust). Después de él
Grabbe trato de buscar una seQ1ejanza
entre Fausto y Don Juan y Nikolaus
Lenau le imitó. Karl Simrock ha escrito un Fausto para marionetas y el
Manfredo de B·yron, el Pee1· Gynt de
lbsen, La Piel de Onagro de Balzac y
su Elixfr de le~ larga vida en la que
tanto él como A. Dumas en La Caída
de llll Angel, mezclan nuevamente, la
leyenda de Fausto y Don Juan.
Pero ni F¡msto es Don Juan, ni Don
Juan es Fausto. Thomas Mann en nuestros tiempos, le ha devuelto el carácter germánico. a Fausto, espíritu solitario y creador: . agitado por su demonio interior en. busca siempre de los
más altos valores y atormentado hasta
la muerte.
En su "Dr. Faustus", el escritor Hombre Superior, en medio de su
Thomas Mann l~a sintetizado los tiem- aislamiento es empujado hacia la desesperación y la muerte.
pos borrascosos que corren.
'Allí, en ese libro apocalípticÓ, Mann
Vivimos una era de angustia dolo- nos dice como el Artista Creador tierosa.
ne que aislarse y renunciar al amor, .
La Cultura y la barbarie se confun- a la esencia de la vida, como el poseeden como la luz y la penumbra, el dor del fatídico anillo de los NibelunBien y el mal, Dios y el diablo.
gos en el poema sinfónico de Wagner.
Le es impuesta esta renunciación
Una ffa demon~ca enlaquelaC~
vilización se precipita en los abismos para alcanzar la coronación de su
espantosos del Caos y en la &lt;que el obra.

El genio, atormentado en su soledad,
grita y apostrofa a sus verdugos y les
arroja al rostro su infamia, pero ellos
son sordos a sus palabras angustiosas.
Don Juan es la sensualidad desenfrenada, es el placer insaciable, la satisfacción de los sentidos. Don Juan
aferrado a lo terrenal sucumbe en las
garras de los espíritus siniestros cuyo
negro poder ha desafiado audazmente
mientras Fausto alcanza finalmente la
salvación eterna.

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                    <text>No. 9 Sep. de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

piación y viviendo por los sentidos, el
mundo es propiedad temporal de Pedro Páramo.
Como secuela, el sentimiento de se~
guridad del mundo circundante es demasiado pobre para que 1a gente sea
feliz. De ahí resulta un pesimismo
existencial rotundo, presto a la creación sin esperanza, a la brujería y a la
presencia implacable, siempre hQstil,
de los espíritus amenazadores de los
muertos. Es un mundo que vive para
el más a1lá, agitado en tremendas conYUlsiones pasionales, que en la novela
aparecen como ,,iolentas nocturnidades del espíritu.
Dentro de Cste mundo de sometidos 1
el terror y el miedo han sido los materiales primos de que se ha construido la conciencia de todos los seres; la agresivídad interpersonal domina el acontecer cotidiano.
Desde el principio de 'Cada vida hay
como una prisa febril por morirse
pronto. Sin embargo, la muerte no es
truculenta ni demasiado dramática,
porque está . rodeada de naturalidad,
&lt;le cierta prevista facilidad. Es dramática la vida; llena de alucinaciones
y sometimientos, donde el albedrío carece de función frente al poder del cacique.
La falta de albedrio humano, social
si se quiere, parece ir acompañado de
un desmayo permanente de la voluntad, agostando el deseo de vivir con-

su quehacer ético-moral dentro de un
clima que está constantemente anticipando la muerte por medio de la proyección orgiástica de sentimientos fatalistas.
Pero mientras el hombre en cuanto
sexo, ser de acción en 1a comunidad
rural que Rulfo describe, está determinando a la muerte mediante una circunstanciación violenta de sus relaciones interpersonales, la mujer, como sujeto pasivo en las decisiones de
esta experiencia social, la vive dentro
de una angustia interior expresada en
la oración, en su cálida religiosidad
viviendo por impresiones una relación
afectiva con la muerte en la que inquiere por su situación metafísica,
manteniéndose dentro de limites torturantes cgn la idea mística del pecado en su sensibilidad. Esta calificación obsesiva del pecado debilita sus
esperanzas de redención, manteniéndola dentro de un sentimiento de inmortalidad, que por serle desfavorable, la tiene incrustada en la angustia
del purgatorio y del infierno.
En Rulfo el sentimiento metáfisico
de la seguridad se es!:\ casi derrumbando por la intervención implacable
del Pecado en la conciencia. La angustia queda irresuclta. Uno se muere
y, después, empieza un duro viacrucis
de reparación o de condenación que
es un sufrir despiadado, porque en los
acontecimientos todos parecen haber

RULF EN LA NVELA MEXI ANA
•

Claqdio ESTEVA FABREGAT

A aldea de Comala, en el Occidente de México, bajo el
mando literario de Rulfo revive todo un mundo que va
yendo al pasado. La vida rural, el caciquismo, el destino y
la angustia del hombre bajo la proyección del transcurrir
estoico y adverso de una existencia sin albedrio, quedan situados
en el marco de las relaciones humanas con una fuerza y un vigor
que no desmayan jamás a lo largo de los acontecimientos que se
relatan.

L

Vn hondo fatalismo persigue las vidas de los seres del mundo campesino
que Rnlfo nos cuenta. El aire que atufa estos campos tiene un vibrar fantasmagórico y casi de pesadilla, vasto de
pasiones, pero agitando especialmente
al cacique Pedro Páramo, hombre para quien el mundo no tendria sentido
si no fuera la propiedad de alguien. Y
este alguien es él mismo. Y el mundo
es lo que él puede dominar con su capacidad de hombre campesino, siempre tenso y fácil para ]a muerte.
Sobriedad, tristeza, y cualquier cosa
como don de la vida, aparecen formando parte de los horizontes cotidianos de_la humanidad siempre atormentada de esta novela. Hasta el fin todo
se mantiene en una angustia larga, ri-

'

ca de estampas directas, cuya asfi:dante y torturadora brutalidad son
representadas por un hombre, Pedro
Páramo, invariable árbitro de la vida
y la muerte de la gente de una región.
Este personaje, cacique de bienes y
cuerpos, no tiene más ley que su propia voluntad. El poder y las arbitrariedades, amparados por la deformación cívica del mundo inmediato, son
sus principales instrumentos ele dominación. i\~adie escapa a su control.
Los hombres pagan con una muerte
sin heroísmo toda resistencia a sus
dictados; las mujeres con su honra.
Nada detiene, hasta su mtierte, la expansión de este sujeto; todo está previsto en sus planes. Sin aparentes sentimientos de culpa, sin acucíos de ex-

lento. Aquí todos aman y odian con
11
· la circunstancia. No hay estabilidad;
sólo se manifiesta la imperturbable
capacidad de Pedro Páramo para resolver ex.p editamente sus ansiedades.
por
El juicio ético-moral de este mundo
está sustanciado fundamentalmente
Rc LFO
·por la idea de la muerte, y dentro de
esta idea la mujer es el centro expresor de la neryiosa interpelación. Sus ª
1
rezos y sus dolores pertenecen a las
1
trascendencias del mundo en que vive. Parece como si ella sufriera por
todos. El mundo cargado de espíritus
que domina el relato de Rnlfo tiene
un~ profunda significación femenina.
La inconcrcta incertidumbre del misterio metafísico está prendida, más
que en la del hombre, en la interrogante conciencia de la mujer.
Esta condición sensual y dramática
de la vida, estética, que ve a ]a muerte como una situación sentida imneidrds
mexicanas
l___ _ _
____
__ _:_c:....._ _--1
diata, que se aprecia en las imágenes
del mundo rural, y que, por otra pari FO N DO DE CULTURA fCQNOMICA
te, siente a la vida como una naturalc&gt;za bañada de pasiones elementales,
está tan presente en la experíencia de] vivido dentro de un agobiante pecado.
ser, que hombres y mujeres eqfrentan
Sigue en la Pág. 7

Pedro Páramo

L JUAK

�HECHOS

y

COMENTARIOS

EL MO·RATIN TENIS CLUB

José María CHA CON Y CALVO

fonso Reyes vivía en el piso. bajo; con
más precisión, bajo, exterior, derecho.
Y parecia este final del barrio de Salamanca Jirny distante del centro de
~Iadrid. Por el amigo entrañ~ble vine
. a esta casa en 1918. Hoy ten¡¡o el de_;
canato de sus vecinos. Y . seguiré teniéndolo a pesar de que se acrecientan día a dia ]as dificultades: así, hace tres semanas que el ascensor está
roto. Y me consuelo I)ensando en que,
si vi,·o en un cuarto piso, otros viven
en el sexto. A ]a postre, fodo no es sino una n8mada a la aust9ridad. caste.:
11ana que siempre nos hace bien.

E prepara un libro en homenaje a Alfonso Reyes, con motivo de sus Boda.s de Oro con la literatura. En 1905 apareció
el primer artículo del gran escritor. Félix Lizaso foe de los
primeros en recordar, en su sección de El Mundo, esta iniciación literaria de Reyes. Y no sé si precedió en el recuerdo a los
mismos paisanos del mexicano universal. En todos los países de
nuestra lengua se recordará esta gran fecha de las letras americanas. Y en otros tamb,ién, ya que el escritor regiomontano ha sido
traducido a casi todas las lenguas modernas. En un interesante
opúsculo que me llega del Patronato de la Universidad de Monterrey, Alfonso Reyes traducido, encuentro que hay versiones del
escritor en los siguientes idiomas: portugués, italiano, griego mo,
derno,. inglés, alemán, checo, sueco y hebreo.

S

En Cuba, de tan hondas vinculaciones con México y en donde don Alfanso tiene tantos y tan buenos amigos,
ha habido ya una sesión académica
dedicada al autor de Cuestiones Estétiras, para citar su primer libro: fue la

le ofrezcan el testimonio de su honda
devoción. No es un mensaje escrito lo
que quiere Brull, sino la presencia viva, junto al maestro mexicano, de algunos de sus amigos de Cuba. Y el
poeta tiene la certeza de que la Direc-

de 1a Academia Cubana de la Lengua

ción de Cu1tura, que tan vastas pro-

en la inauguración de su nuevo curso.
La oración inaugural, a cargo del doctor Raimundo Lazo, el ilustre crítico Y •
profesor de la Universidad de la Habana1 nos ofreció un penetrante estudio de la obra de Reyes, Por cierto
que el Doctor Lazo, que acaba de pasar por Madrid rumbo al Congreso
Universitario de Estambul, mostró gran
interés en recoger recuerdos hisp{micos de don Alfonso,

yecciones tiene bajo el rectorado de
Guillermo- de Zéndegui, ha de prestar
a su proyecto el más generoso y eficaz
concurso.

Y un homenaje de mucha intimidad
preparaba en los ·días en que me des.p edía de Cuba uno de los más antiguos
amigos de Alfonso Reyes: el autor de
Solo de Rosa, el muy querido y admirado Mariano Brull. Quiere el insigne
poeta que unos cuantos amigos cubanos de Reyes se trasladen a México -y

Yo celebraré las Bodas de 0ro del
fraternal amigo, reviviendo íntimos
recuerdos de sus fecundos días españoles. He venido a vivir en la misma
casa en donde él residió algunos años.
En unas viejas páginas que dediqué a
Reyes hace no menos de treinta y tres
años - y que cierran mis Ensayos sentimentales- evocaba esta casa de General Pardiñas número 60, que entonces era 32. La llamaba la Casa de Hielo. Ahora en este riguroso verano de
Madrid, he pensado que podía escribir
algo que fuese corno su cabal antítesis
y que titularía: la Casa de Fuego, Al-

pondi. Y, cuando recabé. la aprobación
de don Alfonso y de don ~edro, la tuve explicita y entusiasta, (Pcdi:o lfenriquez Vrella, el insigne maestro dominicano, que bien mereció el calificativp drl "dominicano universal" era
un bueJ?, deportista: recuerdo, en 1914,
afio qu\:! todo lo pasó en la Habana,
cuando- iba a los baños del Vedado
siempre salia de la poceta buscando el
mar libre, sin importarle nuestra te·miblr fauna marina ...

Eramos muy medianos jugadorCs,
pero a la hora del ejercici?, sentíamos
que la casa de hielo era menos de hielo. Ln cuarto soci'o tuvimos: don En)le animaba Alfonso Reyes a que
rique Díez-Canedo, el maestro de la
· diese este paso en aquel otoño de 1918 _poesía, de la crítica y de · la amistad.
y no pensase más en hoteles ni en pen- Ya podíamos jugar los dobles, Ya posiones, ni aun en la Residencia de Es- díamos hacernos la ilusión de un camtudiantes, con su colina · de los chopos, peonato. Todo marchó admirablemencantada por Juan Ramón: Me hablaba te hasta que se nos asoció al Moratin
de ]os crepúsCulos que se veían desde una vecina nuestra, que era danesa y
mi piso, en los que se dibu}aban níti- algo parienta de Hiiffding, el historiadas, con suS colores malva y , 1ioleta, dor dC la filosofía. Nosotros ignorálas cumbres del Guadarrama.
bamos las re,ilas y éramos felicei,. La
dama danesa vino a recordarlas y laHoy no se ve la sierra, ni se siente bró nuestra dCsgracia. Perdimos el goel crepúsculo en esta larga puesta de . ce espontáneo, la alegria natural. Ya
sol: unas casas grises y feas están fren- s~ntiamos la adustez de lo reglamente a mi. Y ni siquiera los antiguos cam- tado, la pe&amp;adumbre del canon. \' comJJos de tenis, donde en 1919 fundamos prendí que nuestro Moratin Teni.s Club
nuestro ~loratín Tenis Club, pueden se nos. moría sin remedio. Y tuve que
contribuir a revivir aquellos días le- stlstituir el tenis por la esgrima. Pero
j3nos ... En lo que fue nuestro Mora- el recuerdo de aquel frustrado camtín Tenis Club se levantan modernos peonato de Pedro Henriqucz Ureña y
edificios, airosos en verdad, junto a Enrique Diez-Canedo, frente a Alfonso
los cuales resalta m~s la fealdad ele Reyes y a quien escribe estas líneas, es
nuestra casa -de hielo o de fuego.
de los más fulgurante en mis anales
deportivos.
Reclamo la paternidad del nombre de
Y ¿,por qué recordaba nuestro club
nuestro club de tenis. Era el priiner
al
clásico español del siglo XVIII, que
invierno después· de la gran guerra. La
calefacción era imaginaria en nuestra pareció siempre tan poco deportivo?
casa. Recordaba, en el juvenil ensayo Reyes y Díez-Canedo,, habían puesto
que antes cité (y perdóneme el lector un poco de moda inocentes y muy inque al hablar de Alfonso Reyes me ci- geniosas supercherías li lerarias: así
té más de una vez), que aquel frio era inventaron unas cartas cambiadas endesconocido para mí: "No era el frío tre el Greco y don Luis de Góngora.
de ]a llanura, decía, ni el de la monta- Yo quise seguir el juego y forjé una
ña: era un frío único, completamente epístola de Moratín en la que descridesconocido para mi, que no parecía bía una partida de tenis ... Por eso con
venir del airei sino salir de ]o más nuestro ~foratín Tenis Club rendiamos
profundo de la tierra. No olvidaré un homenaje al desconocido introducnunca la imagen dantesca que esta du- lor de ese y otros deportes en la Espara impresión me sugeria: la casa tenia 1ía de Carlos IV,
por cimiento un enorme témpano de (Tomado de Diario de la' Marina, La
Habana, 16 de agosto de 1955)
hielo. Así se explicaba que los brillantes radiadores estuviesen completamente helados. Así se explicaba también la ascensióll inacabable del frío,
que lentamente cubría de una capa de
hielo todas las cosas. Estaban cerradas
las puertas y las ventanas. ¿De dónde
venia aquel aire sutil que apagaba el
vacilante bracero? Sentíamos que, jun- ·
to al frío que venia de las entrañas de
la tierra, un ambiente de misterio enYolvía nuestra casa/'
Nuestro Moratín Tenis Club surgió
para combatir ese frío y ese misterio.
Estatan casi enfrente de la casa de
hielo . . los campos de tenis. En la tosca
cerca de madera aparecia el letrero
incitante "se arrienda para tenis". Era
una renta mensual muy modesta: cincuenta pesetas. Hice mis cálculos. Podíamos ser tres socios fundadores: Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña,
que suspiraba por las heladas regiones
de Minnesota que acababa de dejar, y
yo. No vacilé. ¿A nombre de quien
hago el r~cibo? me preguntó el encargado. De "Moratín Tenis Club" le res-

-LH PER NHLIOHO, LH
YEL MEN HJE DE HLF N REYE

Raimundo LAZO

ABLAR de Alfonso Reyes presupone audacia en quien
no se le asemeje por el talento crítico y la visión profunda, abarcadora de todas las cosas; pero, en mi caso, bien
puede atribuirse el riesgoso empeño a los impulsos de
una comunidad de simpatía. A la iniciativa del doctor José María Chacón y Calvo, el gran animador de nuestras actividades de
cultura, debo la honrosa designación que me confió el trabajo
inaugural del año académico de 1954 a 1955, en la Academia
Cubana de la Lengua; y a la sugestión decisiva del ejemplar Presidente de la Corporación, tan hondamente vinculado al ilustre
mexicano del mundo por la admiración y la mutua simpatía, debo, tanto como a mi propia determinación, ese último desplazamiento de la voluntad que siempre hace falta para vencer temores en pugna con sentimientos contrarios y que ahora me lleva
hasta Alfonso Reyes.

H

Anticipadamente sea dicho esto en
favor y alivio de mis responsabilidades, las que, si podrán atenuarse de este modo, y por la natural benevolencia
de quien me juzgue, nunca lo será.n
tanto como yo quisiera.
En suma, por eso, con simpatía y
cautela, me acerco a ]a personalidad
y a la obra de Alfonso Reyes, indisolublemente unidas en una de las más armoniosas y ejemplares conjunciones de
arte y sabiduría, de gracia y pensamiento, de humanismo y de noble humanidad, que ]luede hoy complacer y
orientar a quien, en cualquier latitud
del mundo actual, sienta la imperiosa
necesidad de elevar y perfeccionar la
esencial e irrenunciable condición de
hombre nacido para la libertad creadora.
Al acercarnos a Alfonso Reyes, estamos ante un caso de concurrencia de
notas excepcionales, plura1idad excepcional de aptitudes y realizaciones, de
dimensiones y calidades1 de valores y
enseñanzas. En él se entrelazan y complementan el concepto y la imagen, l?
intuición fresca y gozosa 1 iluminadora de la vida, animadora del hombre y
del artista v la a\'entura intrépida del
pensamie;t~, señorialmente dominador de las circunstancias. En su obra,
como él dijo de la de Pedro Henríquez
Ureña, el adorno se vuelve esencia, los
adjetivos trascienden, porque se substantivan en la más amplia y filosófica
acepción del término, porque, sin perder el valor que les da su función estética, están llenos de substancia conceptual; los epitetos son definiciones.
Por eso, su obra, concebida y trabajada sin prisa y sin tregua, es perdurable y decisi "º ejemplo que muestra
cómo en las cimas de la expresión artística pensamiento y forma se confunden sin diferenciación posible en una
síntesís que es prueba y condición de
lo perfecto y perdurable.
Para definir, en este caso, al hombre y al escritor, hay una frase que posee ya categoría de proverbio: Alfonso
Reyes, el mexicano universal. A tan
expresivo y justo sobrenombre nos
acogemos particularmente complacidos los hispanoamericanos para hablar de éL En Reyes, la obra trasciende de lo mexicano a lo universal; pero
pasando siempre por el plano intermedio de lo americano en el cual los hijos del Nuevo Mundo nos sentimos cordialmente unidos al gran escritor.
México es su seguro punto de partida1 la torre de observación sobre su
mundo, Partiendo de este México de

conce])ción de la vida y un alto ideal
de cultura en que lo humano y lo humanístico se combinan de manera armoniosa y fecunda.
Es éste un preclaro humanista moderno en quien la sabiduría y la magnífica aptitud artística se anudan
siempre a una rica y vigilante humanidad, haciéndolo a la vez captador de
ideas y ,•alores esenciales y descubridor y exégeta de tiempos nuevos.
Cuando, hace más de cuarenta años,
se inco'r pora este hijo ilustre de Monterrey a lo nacional mexícano, bohemios románticos rezagados y raros del
modernismo en liquidación teni.9n ya
contados sus días de arte caprichosamente libre, herido por la anarquía,

múltiples facetas, nacido heroicamen- al1ogado en el ambiente enrarecido de
te de la más rica síntesis de razas y la ciencia positiva y de la decrépita
culturas, ha ido realizando Reyes su dictadura política del longevo porfiobra vastisima y diversa. En ella ca- rismo. Y gracias precisamente a la
ben todos los temas, todas las preocu- doctrina y a la disciplina de la genepaciones y todos los enfoques de un ración• de la que es Alfonso Reyes reescritor que, como por arte de magia, presentante ilustre, los bohemios dejaha sabido hacer de la multiplicidad rían la calle, abierta a lodos los impulde aptitudes una preciosa virtud del • sos anárquicos, y los raros del moderartista y del hombre de ideas,
nismo abandonarían los frívolos refiDesde las proximidades del año crí- namientos de salón, para concentrarse
tico mexicano de 1910 hasta boy, a todos, con aquella juventud tensa de
través de años de perturbación y de iniciativasi en el trabajo creador del
crisis histórica que se acercan ya para gabinete y de la biblioteca, reconciliaél a ]a media centuria, desde su precoz do desde entonces con las empresas
aparición en el panorama literario, del arte.
construye una obra jamás interrumpiEn el marco histórico ·de lo mexicada, en ascenso, en proceso siempre noi aparece por aquel tiempo Alfonso
abierto de perfección y de enriqueci- Reyes en el grupo ilustre del "Ateneo
miento, a la que iluminan una diáfana de la Juventud", ligado, como casi to-

dos sus integrantes a otras obras y
proyectos juveniles, en una valiente y
bien orientada comunidad de iniciativas renovadoras.
Documentación significativa de la
obra de aquella promoción es un breve volumen de Conferencias, publicado en México, en 1910. Allí aparecen,
con Alfonso Reyes, que trata de Los
"Poemas Rústicos" de .Manuel José
Olhón, Antonio Caso, que presenta su
exégesis de La filosofía moral de Eugenio .11. de Hoslos; Pedro Henríquez
Ureña 1 que estudia La obra de José
"Enrique Rodó; Carlos González Peña,
que enjuicia a El Pensador Mexicano
y Sil tiempo; José Escofet, que dedica
su trabajo a Sor Juana Inés de la Cruz;
y José Vasconcelos, que se refiere a
Don Gabino Barreda y las ideas contemporáneas, Atendiendo sólo a la juventud de los autores, aquellos trabajos hubieran podido recibirse· como
los primeros esfuerzos de ' un nuevo
grupo generacional que trataba de llamar la atención acerca de su presen•
cia, de sus posibilidades históricas y
sils puntos de vista; pero pronto el
acontecer de las cosas demostró que el
poder germinativo y transformador de
aquel haz de energías lanzadas a un
público expectante u hostil, estaba destinado a producir cambios de enorme
trascendencia. En realidad, aquello
era el núcleo de ideas y actitudes del
que iba a brotar el pensamiento y el
arte ele una nueva época, iluminada
por el juego de sombras y luces de la
Revolución Mexicana y de la primera
Guerra Mundial,
Así, encuadrado en las circunstancias de México y del mundo, en la
egregia compañía que merece, émpezamos a contemplar la vida y la obra
de Alfonso Reyes, a la luz necesaria
de lo contemporáneo.
Tres figuras de la época, tan eminentes como diversas, sirven preferentemente para realizar la comparación
esclarecedora que alumbra el escenario de la historia y permite la mejor
captación de valores y actitudes: Antonio· Caso, Pedro Henriquez Ureña y
José Vasconcelos.
En Antonio Caso, la austeridad del
pensador se impone a la ardorosa pasión subterránea del hombre anheloso
de claridad, de seguridad, de verdad,
Henríquez Ureña era el equilibrio y la
serenidad escrutadora y sagaz. Equilibrio entre las tendencias en pugna;
en los temas y en los propósitos; en
las proyecciones de la personalidad y
en los caracteres del estilo. Vasconcelos -hoy pretérito en ruinas- ha sido la espontaneidad y el exceso de la
pasión. Vasconcelos, intuitivo y apasionado, es la arbitrariedad, aunque
también la audacia. Henríquez Ureña,
humanista y maestro, personalidad
cósmica, posee ]a ciencia más precisa
y segura, la cultura más variada y
completa, que en Cl son como el trasunto ideal de un mundo acabado y
perfecto, Caso es el más objetivo y
profundo; pero lo que para otros pensadores es hazaña o aventura, para él
es drama, el drama intelectual intensamente vivido por el hombre, que Hería su obra, ]a anima y la caracteriza
con su ardor y su fulgor. En la perenne e innumerable diversidad de la

Pág. 3

. 1Pag.
•

�I

'1

vida, Caso y Henriquez Uureña co,nservan corno son, examinan e interpretan los contrastes; Vasconcelos apasionadamente los subraya y agiganta;
mientras que Reyes los incorpora a su
prodigiosa actividad vital, convertidos
en un riquísimo, gozable y alecciona-

dor proceso de simpalias y diferencias
espirituales.
De esta manera de ser, de ver, apreciar y sentir las cosas, se derivan los
caracteres esenciales de la obra de Al•
fonso Reyes, juzgada a la doble luz de
esencias y dp circunstancias: la uni-

•

1.

ca, y muere siempre entre los adjetivos, en las manos de quien pretende
En este caso, el escritor asciende, analizarla y describirla.
Esta caracterización, que en su ratrasciende, de lo enciclopédico a lo
propiamente universal, de la yuxtapo- pidez ha intentado captar esencias, tosición de elementos -temas, proyec- da caracterización de esta obra excepciones y caracteres- que constituyen cional, no creo que pueda rematarse
el mundo atomizado de toda enciclo• mejor -sino con la afirmación de esta
pedia -y ésta puede ser un libro o un gozada evidencia de todo lector de Alhombre- a la coordinación e inter- fonso Reyes: es un escritor en pepretación de lo múltiple, de lo innu- renne primavera del espíritu.
Al examinar siquiera someramente,
merable e indefinidamente diverso y
cambianle de la vida tal como ella es, en sí misma, independizándonos en lo
antes y despüés de entrar en el labo- posible de referencias, la obra primaratorio, en el archivo y en la biblio- veral de este escritor de más de cuateca, antes y después de captarla en renta años de labor incesante, la imfragmentos, meros datos o indicios de presión de vastedad nos domina, y sin
una realidad superior, en el fichero embargo, aun tiene que multiplicarse
bibliográfico, el análisis, el experi- nuestra admiración ante cada aspecto,
mento, el cuadro estadístico y todas ante cada tema o situación, al hallar
las disecciones y comprobaciones po- de continuo primores y cuidados; atissibles de la ciencia y de la especula- bos, rectificaciones, descubrimientos
e información curiosa, lo mismo que
ción filosófica.
r
De esta manera, es la de Alfonso Re- aciertos y realizaciones definitiva~ al
yes genuina universalidad, en la que comprobar a la vez la magnitud del
no hay análisis que no sirva a la sín- trabajo y la originalidad y alta calitesis armoniosa, en la que la multipli- dad de la creación.
En la bibliografía activa de proporcidad conduce a la unidad. En este
justo sentido, su obra es universal, ciones colosales de Alfonso Reyes, no
porque esencialmente es mirador de hay género o especie de literatura que
inagotables perspectivas sobre el pa- haya podido olvidarse. Desde las proximidades del año 10 hasta hoy, incenorama de la vida.
En consonancia con su universali- santemente ha cultivado la poesía líridad _g enuina, esta obra se caracteriza ca y la dram3tica; la oratoria, la prode igual modo por la libertad de su sa artística, el cuento y diversas espePensamiento y _de su estilo. ?tfanifesta- cies narrativas; ensayo y critica; filoción espiritual de la libertad conscien- logía pura, o diluida en literatura de
te y creadora, obra de pensamiento muy diferente carácter; crónica litelibre y estilo eficaz, sin ataduras, li- raria, periodismo, memorias, biografía
mitaciones o subordinaciones de ).en- e , historia propiamente dicha; y a él
dencias o preferencias es lo que hay debernos además numerosos comentaque decir de ella al confrontarla con rios marginales, ediciones y traduclas corrientes ideológicas y artísticas, ciones.
No precisamente tras esa obra inlo menos que debe decirse de esta vasta producción, que es, por cierto, lo mensa, sino en ella misma, inseparable
m~ls va1ioso y ena1tecedor que puede de ella, entregándose con ella af lecdecirse de un escritor en el recuento tor en el trabajo del artista y del pensador y en reacciones de palpitante
de sus caracteres primarios.
Y con esto, la armonía, alma del ar- humanidad, está el hombre que es Alte verdaderó y del pensamiento segu- fonso Reyes.
Pedro Ifenriquez Ureña, en 1927, lo
ro; las equilibradas posibilidades de
creación y de interpretación que, E;Il definió como esencialmente poeta.
esta obra, al realizarse, se combinan, Qtros, haciéndole menos justicia, tocompletan y refuerzan. Y pomo cima, mando la parte por el todo, subrayan,
y más, como aliento vivificador, la como características, el impulso y las
dotes esenciales del orador. Hoy, angracia que transfigura y perdura.
Así se revela cuán justamente hay te el panorama impresionante de su
que reconocerle lo que, por desgracia, obra, no creo que pueda dudarse que
· aún suele faltar a escritores america- sea el ensayista, el prototipo de ensa..
nos: la amplitud de horizontes, la hu- yistas, lo que define mejor su gran
manidad vivificadora del humanismo personalidad. Para aceptar sin fundade buena ley, y sobre todo, la perenne das objeciones este juicio, sólo hace
primavera del espiritu, que revela el falta naturalmente reconocer en el enclon del ingenio sin · acidez, y el don sayista típico la compleja y excepciode la gracia, aquella gracia de la que, nal personalidad del poeta y del homen cada caso en que aparece en el bre de pensamiento que se confunden
mundo, sólo puede decirse que es úni- para dar vida a una obra en la que lo

versalidad, la libertad, el equilibrio, la
gracia perdurable.

•

nos ofrece en descripción admirable,
substantivo del concepto, los valores visión sutilmente interpretativa de la bién otras notas humanas; pero el poeestéticos de la forma y el acento per- rea1idad, o los insospechados avatares ta persiste, sobre todo, como difusa in- que es prodigio de síntesis artística,
sonal tienen que concurrir en unidad de una emoción; pero el escritor no es fluencia vitalizadora, en el resto de su de estilización poCtica, el paisaje de la
sólo expositor que observa, discurre, obra copiosa, más allá del verso. Co- altiplanicie mexicana con su luminosa
de creación.
Pero al hablar de su personalidad polemiza y concluye o sugiere, sino mo persiste de igual modo el autor de transparencia y su flora emblemática,
literaria, precisa recordar siempre que ademas autor de variadísimo estilo, to- El plano oblicuo, cuyas dotes c\e na- signos de una naturaleza serena en cucon ella, sosteniéndola, animándola, nos muy diferentes y resonancias di- rrador y de escritor imaginativo tie- yo seno ·se suavizan sonidos y fulgomatizándola, convive lá dinámica, sim- versas, que sabe utilizar en cada caso nen tantas ocasiones para manifestar- res, hasta quedar sólo el dibujo de las
pálica y vigorosa personalidad huma- las múltiples aptitudes y experiencias se en toda la producción de los años cosas, la silueta del homb're y de la
montaña. La prosa poética de Reyes
ganadas en el afortunado cultivo de posteriores.
na del gran escritor.
resucita la ciudad india, corazón del
A
partir
de
los
años
de
la
madurez
El conocimiento directo y el trato per- todos los géneros literarios. A lo proimperio
desaparecido; la reconstruye
activa
y
alerta,
magníficamente
creasonal del hombre no alteran lo que pio y medular del desarrollo ensayispensamos y sentimos acerca de él co- tico, sabe afiadir con acierto los des- dora, e1 ensayo polariza las energías en el espíritu del lector con el habla
de su pueblo, con los atavíos y las cosmo autor, si no es para matizar y com• pliegues imaginativos y el estilo del del escritor, y abre cauce, el m3s apro•
tumbres de las gentes que llenan sus
piado,
al
raudal
de
ideas,
experiencias
pletar el juicio y aumentar y consoli- narrador novelesco, la agilidad del crocalles y s~1s plazas, con su templo,
y
sutiles
efusiones
de
su
espíritu.
Ennista,
el
anti.lisis
y
las
proyecciones
dar la simpalla que nos liga al artista
alarde
de piedra, con su gran mercay al hombre de ideas. El grato recuerdo del historiador, y la visión transfigu- sayisticamente, bajo la apariencia, con
do,
l'aro
y palpilmite caos, con su em•
del hombre que deja Alfonso Reyes es radora, el sentimiento y el lenguaje de la estructura y los modos de expresión
perador,
fabuloso Midas que reluce en
del
ensayo,
.hay
allí
literatura
de
muinolvidable, y pudiera sintetizarse en la poesía, con su aliento, sus intuiciosu trono como un sol. Y tras ello, tras
chas
especies,
maneras
y
recursos
arnes
y
sus
imágenes.
Por
eso,
en
cada
notas fundamentales que distinguen la
el tráfago de la vida cotidiana, los obmanifestación natural •de su sensibili~ ensayo del gran escritor de México, tisticos, conquistados y dominados en
jetos
de la riqueza material, los ritos,
dad y de su talento: la naturalidad, la hay siempre, no sólo un prototipo de otros campos; y tal conjunción armolos
deportes,
la cultura, simbolizada
niosa
de
proyecciones,
acentos
y
mavivacidad de su presencia, la cordiali- ensayo, sino una síntesis de la literaen la flor, madre de la sonrisa, como
tices
determina
la
riqueza,
el
atractivo
tura
con
la
plenitud
innumerable
de
dad de este gran generador de simpacantaba el poeta de antaño. Y la pá•
tía que se nos entrega en dádiva gene- sus modoS, de sus estilos Y• sus pers- y el ,,aJor intrínseco de un estilo de la
gina finaJ, superadora de todos los
más
alta
calidad
estética,
capaz
de
elerosa en el trato personal, y particular• pectivas.
particularismos,
escrita para 1 sobre
var
la
obra
en
que
se
manifiesta
a
la
Y esa variedad que es riqueza tiene
mente en su palabra mágica de conellos, despertar y animar en el hombre
escala
de
los
valores
universales
y
persu
forma
peculiar
de
manifestársenos.
versador memorable.
la doble solidaridad de la tierra y de
Así, al instante se capta al hombre. En el largo proceso de su creación in- manentes del arte.
la historia, la emoción milenaria de la
Vnas
veces
este
núcleo
central
de
su
Así alguna vez hube de captar su co- cesante, no hay desvíos ni remansos.
reacción de las generaciones ante la
producción
se
nos
ofrece
ordenadamunicativa personalidad humana. El :&gt;:o es la s¡1ya una obra hecha en la demisma naturaleza que se asoma tras el
mente
en
series
en
las
que
el
ensayo,
dicación
sucesiva
a
gCneros
diversos,
relato de la enfermedad que hace almismo paisaje.
gunos años hubo de asaltarle conserva sino concurrencia perenne de labores, al abreviarse y simplificarse, se afina
Pasado inmediato, ensayo también
y
se
multiplica
en
todas
direcciones,
su nítido perfil en mis recuerdos. Ten- en la que, en cada etap:i, si predomide interpretación histórica, lo es de
' so, vivaz, curioso, ricamente expresiotra manera, al extremo de poder convo, requería sólo la fiel versión taquitraponerse, por su proyección y estigráfica para incorpQrarse a su obra lilo, a Yisión de Andhuac. Si aquél se
teraria. La evocación agradecida del
debe a la alta poesía de la historia, ésdoctor Chávez que le escuchamos, de
te busca la comprensión de la histoquien, nos decía, no es un médico, siria, pero iluminada por el sentimiento.
no un mago de la Medicina, equivalía
Hay aquí el rebrotar de vivencias que
a un magnifico retrato; y literatura de
dejaron honda huella en el alma del
la más alta calidad artística y humana
historiador. La preocupación literaria
había en sus frases para explicarme ·
del estilo y el rigor y elegancia de la
las para él muy sensibles razones por
construcción cedeh el paso a la agrulas que, sintiéndose entonces sólo docpación espontánea y al juicio certero
tol' en perplejidades, no podía venir a
y vivaz del copioso acervo de elemenCuba a recibir el doctorado honoris
tos históricos. El ensayo vale por la
cansa de la Universidad de La Habana.
claridad, exactitud y vivacidad del
A:Sí es, fuente inagotable de vivacicuadro, y más por la manera humana
dad animadora, de cordialidad y comde iluminarlo, con naturalidad y simprensión, ejemplar lo mismo por la
patía, qne no limitan, sino favorecen,
naturalidad ·y discreción que por la
la visión penetrante de las cosas, de
agudeza, abundancia y poder expresimodo que personajes, instituciones y
vo de la palabra, así es la personalidarl
sucesos, envueltos en la luz crepuscuhumana de Alfonso Reyes, cuya huella
lar de la evocación, conservan y manino se pierde nunca ni en la literatura
fiestan la realidad de lo que fueron, el
ni en la vida.
ser y el modo, nombre y sobrenombre,
Del examen, siquiera en esbozo, de
lo mismo la circunstancia pintoresca
la personalidad literaria y humana de
que los enmarca que la tenue o vigoAlfonso Reyes, en el que la objetividad
rosa esencia espiritual que los define.
conduce a la admiración y el juicio
Es la historia del pasado inmediato de
se convierte en elogio, precisa pasar a
México, q'ue es también el pasado inla exploración de la compleja estrucmediato del historiador, previsoratura intima del escritor, a esa complemente convencido de que la historia
jidad suya que es riqueza que se oculque acaba de pasar es la menos apreta en el perfecto ajuste y equilibrio de
ciada, que lo malo no es ser arcaico,
llevado
hacia
todos
los
temas,
como
en
aptitudes y en el cabal dominio de los nan ciertos temas, notas y formas, no
El Cazador y en las series de Simpa- sino ser viejo, observaciones agudas y
se
excluyen
nunca
los
otros
elementos
recursos de expresión de este maestro
que mantienen la excepcional e im- tías y dífe1·e11cias; acerc3ndose al pe- originales que señalan peligros que
de transparencias y sobriedades.
riodismo literario, como en Monterrey, evade, por cierto, su pericia de viajero
El no disgregarse, el no distribuir presionante variedad.
Correo Literario, Norte y Sur y Los del pasado, pruebas de su maestría en
En
sus
años
juveniles,
mientras
se
sus &lt;lotes en proyecciones distintas,
trabajos y los días; acercándose a la el arte dificil de conocer y evocar
constituye su esencial y mas ,,aJiosa presienten los preparativos técnicos
critica, a ]a filología y a la teoría lite- hombres y cosas.
singularidad, la que mejor lo define del critico y del filólogo y se adivina
En el mundo del ensayo alfonsino,
raria,
como en los Capitulos de literacomo escritor. En él, escritor integral, el trabajo ardoroso del buceador . de
tura espm""iola, La experiencia literaria caben zonas extensas de la historia,
culturas,
dan
motivo
y
acento
a
su
no es dable separar nunca la experieny Entre libros; o diluyéndose en ·1a los temas capitales del pensamiento; 'y
cia poética persistente, la maestría del obra la Jirica, la oratoria y el relato
evocación, c·omo en Grata compañia. Grecia y la España de los Siglos de
narrador, la finura y originalidad del de ·imaginación; pero nada de ello
Oro son dilatadas y riquísimas provinensayista, la información copiosa, hon- queda a la zaga, como meta señal del Ot_ras veces el ensayista se detiene an- cias por las que él discurre en incurdura y solidez conceptual del hombre camino recorrido, sino se incorpora te un tema que demanda amplio desa- siones incesantes, con su entusiasmo
rrol1o, y el ensayo liberalmente desde pensamiento, el arte del cultor de definitivamente al caudal permanente
juvenil, su sabiduría y agudeza, su tola forma impecable. Por eso, no pue- ele su creación, transformándose, per- pliega entonces su haz de luces, como lerancia y su curiosidad insomne,
en
Visión
de
.4náhuac,
o
en
El
pasado
feccionitndose
y
afinándose,
diluyCnde con'Cretamente representarle y deinmediato; que bien 1meden servir co- yendo de la exégesis de la poesía, la
finirle el poeta, ni el narrador, ni el dose en nuevas manifestaciones literacrítica y la retórica antigua a la ilumiorador, ni el ensayista, ni el prosista rias de otro carácter, como el ensayo, mo compendiosos y significativos nación del arte de Góngora, el padre
c-jemplos
opuestos
del
modo
como
reaartístico, sino la síntesis de todas estas la crítica y diversas especies históriliza Reyes sus más altos propósitos de tardíamente reconocido de 1a poesía
personalidades, en la que, si, para dar- cas, para matizarlas, realzarlas y enhispánica moderna; y hasta los granle unidad, alguna predomina, es la riquecerlas. La buena elocuencia, en escritor.
d'e s lemas de lo contemporáneo y lo
En
Visión
de
1lnáhuac,
pensamiento,
personalidad compleja del ensayista, forma de inagotable riqueza verbal
actual.
·
estructura
y
forma,
todo
es
sencillez
y
constituida de este modo por una fas- aliada al arte de persuadir, le acompaY
nunca
llegamos
a los límites de la
ña, y en esto el secreto de su buena armonia, solidez y transparencia. Es
tuosa pluralidad de dotes específicas.
selva
en
que
se
nos
transforma
el bosun
magnífico
ensayo
poético
de
inter' En el ensayo de Alfonso Reyes, a la fortuna está en esa simpatía suya que
que
cuidado
de
la
creación
literaria
pretación
histórica,
breve
por
su
excomJ)lejidad de caracteres que es nota emana de su palabra, pulida· y vigoride Reyes, al agigantarse éste y alcansubstantiva del género, a la habitual zada a la vez por el aprovechado fluir tensión, pero amplio por la mag1;1itud zar proporciones que, más que en la
de
su
horizonte
espiritual.
Tras
el
lede
los
afios.
Tampoco
se
des~ibuja
confluencia de arfe y dialéctica, se
mano y en la mente del hombre, nos
añaden otros aportes que son enrique- con el transcurso del tiempo la perso- ma famoso, viajero, has llegado a la hace pens_a r en 1as fuerzas inextinguiregión
más
transparente
del
aire,
tras
cimientos y realces. En sus ensayos, nalidad lirica, cuya obra especifica,
bles y espontáneas de la Naturaleza.
en último esquema, hay el proceso de recientemente reunida, de fineza, el presentimiento de México en el re~ Cuando 1a fronda parece que se termian3lisis y desarrollo de una idea, la transparencia y hondura, admite tam- lato de conquistadores y viajeros, se

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�na, reaparece en márgenes que se extienden indefinidamente. Prólogos,
ediciones, acotaciones, traducciones,
se multiplica en serie nutrida y siempre en aumento. Toda selección se
torna difícil. Impresiona la fastuosa
sucesión de nombres cimeros al margen de cuya obra ha dejado la suya este critico sagaz, el cometarista oportuno y preciso, el anotador vigilante y
certero. Reyes vive en egregia compañía: el Arcipreste de Hita, Alarcón, 1
Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Sierra, Urbina, Nervo, Chesterton, Stevenson, Romains, Sterne, Berard, Burkbardt, W. Frank, Goethe ... A los bibliógrafos laboriosos dejamos la enumeración inmensa, índice de los trabajos y
los dias de esta vida, cuya lección de
trabajo y de arle tiene, en re?,Jidad, un
solo tiempo, el de la tensión creadora
del espíritu, y un fin supremo, el de la
humana y profunda comprensión de
todas las cosas.
Vale, sin embargo, la obra de Reyes,
no sólo por lo efectivament_e realizado,
sino por ]o potencial y lo implícito, y
por lo que en ella está como en esboz0,
o en proyecto a medio acabar que espera su culminación de futuras labores, de una reincidencia siempre posible en este prodigioso hiperactivo en
perenne primavera de entusiasmo y de
trabajo. En la obra de este maestro insigne del ensayo y de temas innumerables y estilo en continua y fácil renovación, con el ensayista, coexisten pérsonalidades en contenido despliegue,
que aún no hallaron su verdadera ocasión en el tiempo cargado de labores y
frutos: el gran historiador, el sicólogo
sutil, el filósofo de la literatura y de la
historia.
En la obra de Reyes, que, en ensayos breves o ex tensos y en páginas
dispersas, tan abundantemente derrama sus luces sobre la historia, hay, sin
duda, el aplazamiento y la promesa
del gran historiador, del que acota y
ago1a la historia en sus grandes aspectos, el historiador sistem3.tico, orgánico, de conjun.to, que bien puede serlo
de una época, de un te(!]3 o I\l'oblema
universal, de la literatura, de la filosofia, de la ciencia o del arte, en alguno
de sus sectores principales. ¿Por qué
no ba sido Reyes -cuándo será- el
historiador in extenso de lo que tan
bien conoce, escudriña e interpreta,
de una de las literaturas clásicas o modernas, y, sobre todo, de la literatura
y de la cultura de Hispanoamérica, o
de su México de finuras y complejidades, tramos todos de la historia que el
autor de Pasado inmediato, de Visión
de Anáhuac, y de tantos otros ensayos
&lt;le interpretación histórica, podría iluminar y presentarnos en las proporciones y con los caracteres de gran
fresco, o en serie correlacionada de
cuadros destinada a desarrollar el mismo motivo? Queda siempre en el aire
la interrogación, actualizada por el
deseo, ......_desideratum- de sus lecto-•
res, que no sólo aprecian la eficacia
.d.e su estilo de narrador1 sino además
aquella capacidad suya para la com-

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pos1c10n del cuadro de conjunto, lo
mismo que para el estudio particular
de las figuras representativas y la selección y disposición de los detalles
significativos o pintorescos.
Hay igualmente en la totalidad de su
obra, implícita o explícitamente, un
sicólogo sutil, dcscubridof, entre las
circunstancias, del alma de innumerables personas y personajes; y del mismo modo, un filósofo de la literatura,
que, disperso primero en las páginas
de muchos años de labor, vino a concretarse y culminar felizmente en El
deslinde, libro capital, preciso y denso, en el que una lengua sobria y exacta, trabajada y dominada a la perfección, sirve de flexible instrumento expresivo para una grandiosa empresa
dialéctica, de esclarecimiento, exégesis y sistematización, no superada en
lo hispúnico, en los dominios de la estética general y de la teoría de la literatura.
Publicada gran parte de la obra de
Reyes en periódicos y revistas, es substancialmente periodismo de la. mejor
clase, para el que naturalmente el público existe, per.o no para subordinarse a sus limitaciones, sino para superarlas, periodismo que tiene las notas
que le son especificas, pero que además posee la virtud de convertir en
actualidad, para cualquier público,
cualquier tema remoto o cercano, curioso, abstruso o vulgar, de la _cultura
o del diario vivir.
Excepcionalmente valiosa e inter'Csante esta obra magna, por lo implici- .
to y lo explicito, por lo que da y por

de literatura preocupado por la circulación de sus productos. Por el contrario, su conducta nos sirve para reconocer con claridad ]os caminos por
los que el escritor se desvia de sus propios y legítimos fines, y degenera en
agente de propaganda de una causa
que sectariza, cuando no llevan a ser
servidor de un hombre y una camarilla, alzados con la libertad y la riqueza material y moral de un pueblo.
Pero a la yez es Reyes escritor esencialmente comprensivo y tolerante; y
su tolerancia es limpia y buena -la
úniCa aceptable- porque se funda en
el previo cumplimiento del deber, que
al escritor le señalan la honradez de
pensamiento y la fidelidad a la propia
vocación. Reyes, maestro de tolerancia y de comprensión, serenamente
nos enseña que, antes que tolerante y
comprensivo! hay que ser honrado.
La comprensión y la tolerancia, que
elevan a la objetividad, son en él tanto materia de inteligencia como de
sentimiento. La pasión ennoblecedora lo alienta; pero no lo dómina. Asi
piensa y siente libre y justamente ante hechos y personajes de otras épocas, ligados a cuestiones polémicas de
todos los tiempos, lo mismo ante las
escenas del presente en que" vive, qué
ante el panorama del pasado inmediato, cuyas pasiones, intereses y prejuicios perduran, como rescoldos! en la
combustión de lo actual. Su concepto
moderno y personal de la libertad y
ele la humanidad no le impiden descubrir los -o¡alores y significados de culturas remotas, séanle extrañas o afines, asi la de Grecia y Roina como Ja
de México indígena. Su condición de
1
figura representativa eminente de la
generación del Centenario, que deshi~
'
zo y substituyó al régimen porfiríano,
no le impide hacer justicia -punto
medio entre la absoluta negación y la
apología- a la dictadura que liquidó
la Revolución de 1910. Pasando por
,_ \ . . . ~ ·, encima de las llamas que tuvo que encender la Revolución mexicana, sin
olvidar los necesarios estragos que
produjo, el amor a la paz no le impul•
sa, como a otros, a exaltar la paz cuanJo que sólo esboza, sugiere o promete, do, como entonces, es la paz dictatoal terminar de recorrerla, siquiera sea ria1. La dictadura de Porfirio Díaz,
en fugaz exploración en busca de ca- como todas las dictaduras, hija de la
racteres y ejemplos fundamentales pa- violencia y madre de ]a injusticia y de
.r a una esquematización crítica que no las legítimas rebeldías, pedía, predicala traicione, se siente imperiosa la ne- ba r loaba la paz, necesitaba la paz, y
cesidad de fijar el sentido último que sembraba la guerra en las conciencias.
esa producción debe tener, especial- Pero a la sombra de aquel régimen
mente para los llijos de esta Hispano- longevo, en que todo, hasta la paz, enamérica' de las frustraciones, que tam- vejecía con el dictador, había hombién es la Hispanoamérica de las pro- bres, ideas e instituciones cuyo valor
mesas y las esperanzas.
r función histórica tienen en Reyes
En la obra de Reyes, desplegada en juzgador imparcial y certero íntérpreel tiempo ante nuestra vista, en su pen- te, que, pO"r cierto, no pierde tampoco
samiento, en sus intenciones y sus va- la imparcialidad y Ja agudeza, cuanlores artísticos, se descubre el ejem- do 1 en el examen de la transición replo edificante del escritor, su lección volucionaria a los tiempos nuevos, lleM
de fidelidad a la poderosa vocación, ga el momento de hacer revivir y juzde tolerancia y de comprensión, pero gar- a los que, con el propio historiatambién de escrupulosa honradez in- dor, fueron sus heraldos y creadores.
telcctual.
Caso eminente y aleccionador de toleLa vida y la obra de Alfonso Reyes, rancia y de crítica serena escrupulosaen coincidencia que nunca se rompe, mente compatible con la honradez inconstituyen una lección de fidelidad telectual del escritor y con la fidelia la vocación, que tantas veces que dad del hombre a las ideas Jibremente
forma ya abrumadora mayoría en adoptadas, a los imprescindibles prinnuestro medio, ti.ene que ser heroica cipios integrantes y rectores de un
en el escritor hispanoamericano. Re- concepto superior de la vida y del
yes es hispanoamericano, y ha vivido hombre, sus deberes, prerrogativas y
y vive en Hispanoamérica, en ella o responsabilidades, sin lo cual, existe
fuera ele ella, pendiente siempre de r perdura sólo en el mundo, simulado
sus destinos, y ha sido escritor honra- o manifiesto, el imperio zoológico del
do, y además escritor infatigable y instinto y de la violencia.
creador, que levanta su obra contra
Pero tampoco es Reyes uno de esos
todos los embates del medio y de los espíritus lúcidos y razonadores comtiempos, contra incomprensiones, hos- placidamente desasidos de la prosaitilidades o indiferencias, entre las cua- ca realidad de su mundo, sordos a sus
les, él ha sabido, siempre encontrar las demandas de orientación. Su mentalivoces que consuenan los espíritus afi- dad crítica, por el contrario, transita
nes portadores y defensores de su mis- entre la teoría y el fenómeno, para enmo mensaje.
lazarlos en interpretaciones que conEn tierras de. facil simulación y ele duceri, no sólo a la formulación de
tentaciones insinuantes, él, excepcio- - una filosofía, sino a la determin.a ción
nahnente dotado por los dióses, no ha racional de una conducta, individual
sido nunca un ·distinguido fabricante o colectiva, moral o politica. En sú

--

&amp;

_·, \

prodncción, al lado de la teoría y de
la critica, hay una valiosa obra normativa de conceptos amplios, cautelosamente flexibles, pero diáfanos y precisos en lo medular. Su moral y supoJílica coinciden en un programa de
solidaridad humana y de racionalización de la libertad. Este es el fondo
ideológico de sus orientaciones; pero,
ante la -circunstancia especifica de México, que es también la de toda Hispanoamérica, ante la existencia infrahumana de nuestros pueblos, pide llanamente alfabeto, pan y j,abón, Y, con sano optimismp, espera los frutos de este programa de regeneración y eleva•
ción de la substancia humana en el
que se hermanan el hombre de sentido
práctico y el hombre· de ideas e ideales.
:Naturalmente., para Reyes, el practicismo existe sólo como 1a sal de la vida. Para él, todo lo ilumina y anima
el espíritu. Su vida y su obra es continua afirmación de la fe necesaria en
la cultura. Alguna vez nos dice: cuando la sociedad pierde confianza en la
cultura, retrocede · hacia la barbarie
con la velocidad de la luz. Y cuanto
d"ice y hace es y ha sido siempre reafirmación de este aforismo básico. ,
Cuanto dice y cuanto hace. Su pensamiento y su conducta; la doctrina &lt;le
su mensaje y la fuerza normativa y estimulante de su ejemplo.
Vasta, múltiple, de valor excepcional en cada modo y aspecto, la obra
de este mexicano universal es ya clásica en el mundo hispftnico, con clasicismo que es sólo sinónimo de perfección, serenidad y riq'ueza; pero tras
ella, en ella misma, está la persona, el
inensaje y el ejemplo de Alfonso Reyes.
Cuando de la gracia y del ingenio se
trate en cualquier meridiano del mundo de la cultura, y de los milagros de
la creación literaria, si la claridad y
multiplicidad del talento y la universalidad de la cultura se aúnan, será
siempre grata, necesaria y frucfüosa
jornada al acercarse a este paradigma
de escritores, para hablar de él y gozar de su obra, para admirarlo imitándolo; pero cuando el camino recto
de la vocación y del deber, asi del artista como del hombre de ideas, parezca borrarse, o tienda a desviarse entre
influencias contrapuestas, entre las ciegas exaltaciones sectarias, o las insi•
nuaciones tentadoras, y la pasiva indiferencia de la neutralidad acomodaticia o simplemente ensimismada, la referencia al mensaje y al ejemplo de Alfonso Reyes también_ será inevitable,
y valdrá corno una orientación y una
fuerza de benéfico influjo en la hora
de lucha y de prueba de quienes, para
bien o para mal, luchan sólo, y trabajan, con las armas del espíritu.
Asi, en última instancia, concebimos
y presentamos la vida, la obra y la
persona de este mexicano, de este hispanoamericano universal, y así queremos evocarlo: personalidad apolínea
que no requiere pedestal ni paramen•
to, sino la radiante compañia de su arte· y la serena luz de su noble, atrayente y creadora humanidad.

ALAS CASAS EDITORIALES YA
RULFO.
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
Sigue de la Pág. 1
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde .su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centrós culturales, sociedades de di versa índole y personas, en
Amfrica y Europa,

Las ideas del luto · y el desconsuelo pesan mucho en la conciencia de estas
almas; se sienten más cerca del infierno que del cielo.

Aquí se advierte como una necesidad de morir pronto, si es posible antes de tiempo. Y aunque hay día y
hay noche, la novela parece haber sido descubierta en la nocturnidad -del
alma. Su aliento es triste. Por lo menos, los actos de los personajes poseen
Entre el cuerpo de ediciones que una calidad trcmendament.e pasional y
aqui se imprimen figura nuestro men- una hondura fantasmagórica . El munsuario ·'ARl!AS Y LETRAS", que re- do de esta noYcla se _mantiene nutriéncienternent_e ha establecido una sec- · dose de terrores e incertidumbres desción -LIBROS-, en la que figuran de que nace al relato. Todo está precomentadas las obras últimamente apa- sidido por la severidad de una agonia
recid'as en las prensas americanas.
sin paz, en la que el sentimiento de
Dada la extensa órbita de circula- moribundez domina como tiempo sución del Bole.tin arriba mencionado, y premo.
en interés de ofrecer al lector ameriEn las pasiones que Rulfo plantea
cano una juiciosa información del fon- no hay reposo. Hasta el fin Pedro Pádo y continente de la obra, cotejada ramo y el mundo de seres que le acoma la luz de un criterio ecuánime y a pañan viven revueltos en una acción
tono con 1a moderna interpretación casi patética, inflamada por deseos
del pensamiento científico, literario o semi-dion°isíacos, . sólo limitados por la
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se com- autoridad implícita del cacique.
place en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
L'no se figura que este mundo ha sique anima a la Universidad de Nuevo do, y quizá es todavía una enorme diLeón, solicitftndoles el envio de cada mensión pasional de signo telúrico, en
una de las ediciones nacidas en sus la que ia conciencia, por estar dinámiprestigiosas prensas, las cuales serán camente extrovertida, ·ha perdido su
objeto de nuestros comentarios, en la inUmidad. El mismo silencio es un
médida que vayan llegando a nuestras dolor tangible que tiende a proyectarmanos.
se como una pasión irredenta. Los
hombres, sus ideas y sus actos, suelen
nwrir sin paz. Todo es severo y no
parece haber perdón para nadie.

Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,
Plaza del Colegio Civil,
:Monterrey, Nuevo León,
México.

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registiado como artículo de 2a. Clase en la
Admón. de Correos de Monterrey, N.

20 de Ab,il de 1944.

lNDIC!AD0R,
Colaboradores

Raúl Rangel Frías
Fidcncio de la Fuente
Francisco M. Zerluche
Cenara Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A_ Garza

Alfonso Rangel Guerra
Guillermo Cerda G.
Jorge Rangel Guerra
Manuel Morales

Director

Lic. Fidencio de la Fuente

Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

MEXIC0

La sociedad rural que Rulfo nos narra, agobiada por el pesar de una vida dura, de pocas dichas y muchos temores, tiene todo el sentido del viejo
mundo autoritario, de patriarcalidad
incondicional, donde la ley masculina
escogió el camino de la proyección terrorista, ele la cual el cacique es su expresión acabada.
Las constelaciones sicológicas que
surgen de esta personalidad son agresivas, siempre prometiendo nuevas
victimas. Es un mundo de pocas_ ilusiones que, como dice uno de los personajes de Rulfo, se está rompiendd' a
cada rato, que tiene al hombre sumido en una corriente de inseguridad, de
flacas satisfacciones -y muchas incertidumbres, donde el hombre lo espera
todo de la Providencia y, a cambio,
nada de si mismo y de sus semejantes.

l., el
Et hombre, aquí, está siempre perdict·o en la cuestión del dolor, dominado por un estoicismo sensual que
hace decir al cura del pueblo: "Yo soy
un pobre hombre dispuesto a humillarse, mientras sienta el impulso"; y
que en otro caso pone en boca de otro
hombre su vital frustración ante el
mundo, al hacerle expresar su nostalgia de un tiempo que no define, pero
que está presente en su recuerdo, junto a la realidad triste de su presente,
en estas palabras: "A mi se me ha olvidado el sabor de las cosas dulces."

ASllUICllA
lDlE lLUllS G~ llNClLAN
,.

EL AUTOR Y SU OBRA

e

UAND0 ~'léxico sufrió la invasión
de ]as tropas devastadoras de la
Norte-América anglosajona, Luis
IncJ{m pierde sus ranch.os y se ve en
la necesidad de retirarse a la Capital
de la República. Una modesta tipograQuencio. Y este · amor por su tierra,
de al formación intelectual de sus disto que lnclitn no se JJreocup6 mucho
Sin duda hay en su obra, fogasa y
pero sólo el examne de los procedifía Je proporciona allí los escasos me,llios de subsistencia para él y sus familiares.
El autor frisaba ya en los 50 cuando
presentó a los lectores su obra. ASTUCIA viene a ser, por lo tanto, la síntesis de medio siglo de su propia existencia soldada con la vida del País,
con la cotidiana 'existencia de su propio pueblo.
En tan mezc¡ninos c¡uehaceres capitalinos alloraba' Inclitn 1a anchura del
campo. Su nostalgia por aquel modo
de respirar con todos sus pUlmones el
aife del ' Valle puso la pluma en sus
manos. Pu~s estos ménestercs ninguno de los escritores .d el J)asado siglo
superó a Inrlftn en su· hondísimo amor
y respeto por su gf};ole'. Fue un gran
cultivador de la ti~i-ra. Fue él el que
nos indicó con mano firme que de esta tierra regada por el sm]or del Peón
mexicano árranca la sorprendente tenacidad del puebfo, no menos que su
vitalidad física e histórica. Las catástrofes nacionales y la inseguridad perpetua de su existencia fortalecieron
ciertamente el genio natal. Pero sobre
todo imperaba en ese sentido su amor
por la vida, el sol, los montes y los
valles.
Tanta es 1a emotividad que el autor
transmite al lector; con ella 1o capta;
lo sacude de continuo, a lo largo de
sus mil quinientas páginas, admirablemente narradas. Que no es otro, siempre, el hechizo de la evocación. •
ASTUCI~ es el monumento más perenne que Inclan pudo haber erigido
a su pueblo nativo, pueb1o que él supo amar más que a sí mismo; más que
al aire que respiraba en aqi.iel valle de
Que:ncio. Y este amor por su tierra~
por la gente de su suelo, viene a ser
el verdadero protagonista de esa enorme novela, porque es lo que más nos
impresiona.

Por Armell OHAMIAN

Podemos decir que es Inclán un escritor espontáneo? Viene esa su singular originalidad de su escasa instrucción? Porque es cierto que bien
que mal cursó sus primeras latinidades y terminó, en un colegio ele jesuitas, seminario conci1iar, apenas el
tercer a1lo de filosofía. Lo cual era
algo, pues es sabido que un jesuita en
aque11os tiempos era un erudito metódico y preceptor único dentro del
dominio -de la. educación: al par que
de la formación intelectual. de sus discipulos. Inclán mismo nos presenta ese
tipo de educador en su preceptor Don
Prirñitivo Cisneros.
Sin duda hp.y en su obra, fogoSa y
de corazón tan amplio, influencias de
la novela EMILE, de Russeau: es lo
que nos demuestra la edl1cación de
Lencho. Hay allí también r~miniscen~ias de la novela picaresca de España.
Pero nada iguala, en eso, al graciosí- ··
simo rapto de la niña Refugio, que
contaba apenas once años, por su
amante Lencho, quien, aunque de sólo
trece era ya "tamaño jarocho". No es
esto acaso la ingeniosa reedición de
la ya olvidada no,•ela pastoril? Es cierto que Inclán no se preocupó mucho
de la Gramática Histórica; y claro está que nunca fatigó asi su memoria
para aprender en "LA FONETICA" la
eYolución de la e, la i o la JJ. Pero fue
precisamente de esta virginidad suya
de dónde la audacia de Inclán nació·
fue eso lo que precisamente le avudÓ
a inventar palabras, giros ent~eros,
comparaciones evocadoras que ninguna sintaxis le perdonaría, como sucede en esta exc]amación: "Que manada
de angelitos", dice al ver un grupo de
beldades femeninas".
TEMA
El tema de la novela es el complicado ajetreo de unos atrdaces contrabandistas de La Hoja (la del Tabaco)
en los tiempos en que esta noble mercancía era prohibida y muy vigilada
por las autoridades.
En su prefacio, Jnclán mismo advierte que son gentes de honradez y
de dignidad; comerciantes en Tabaco
artículo éste que no tarda, por lo de~
más, en ser una mercancía de lícito
tráfico.
"Por desgracia" - agrega el autor"la generalidad los ha confundido con
los ladrones y los toma como bandidos, cuando ·no fue sino todo lo con-

Estos y otros conceptos, siempre
amargos y dolientes, viviendo dentro
de la desesperanza del hombre en la
situación de este tiempo rural~ estil.n
prendidos en magnificas coyunturas
liricas que destacan la alta calidad
poética de Rulfo. La novela tiene una
profunda fuerza dramática. Vive dentro de un plano excitante por su angustia, obteniendo fases de un realismo sicológico muy coherente eon el
cuadro social en que están insertos sus
personajes.

Pág. 7

�trario, porque, hay que decirlo, perseguían a muerte y colgaban, sin mucha
ceremonia, a cuanto bandolero encontraban en su camino".
Nosotros somos del parecer que el
verdadero tema de este libro fue nada
menos que la vida y las costumbres
del pueblo del campo, en aquella época de Inclán.

EL

A1IBIENTE

Es aquel un medio de rancheros o
hacendados, clase media en general,
muy afanadora y que sabe cuidar el
fruto 9e su labor. En semejante ambiente, arruinados los seres por sequías e invasiones extranjeras, la existencia, por rutinarill\ que parezca, no
puede basarse en ninguna seguridad
social. De ahí que cuando era necesario, ganar el pan haciendo contrabando, no podían recurrir a inútiles escrúpulos: allí y entonces todo pertenece al que tiene hambre que saciar!

siempre relieve con el conjunto social
y nacional. El autor es un simple y
sencillo popularista; los tipos urbanos no le interesan, los considera como muy complejos y ajenos a su escenario.
EL ESTILO

Son, en suma, seis los "Hermanos
de la Hoja"; a saber: Pepe el Diabio,

El estilo de la ironía o de la sátira,
junto con lo grotesco o las exageraciones de acciones violentas, conserva en
ASTUCIA las reminiscencias de sus
lecturas españolas y de las crónicas y

Ghepc Botas, Tacho Reniego, el Tapatío, el Charro Acamabareño, y Astucia,
jefe de los contrabandistas.

I

aventuras ele. la. conquista, en los últimos tiempos en que todos los eliminados o puestQ$. al margen de la sociedad enriquecid11. de la Península conCada uno de estos personajes tiene taban ,con un nuevo mundo descubiersu personalidad; son causas objetivas to como lo único que podía salvarlos
las que determinan en cada uno de de la mis~¡_-ia y del aburrimiento. Pero
ellos, el camino de la ilegalidad en ma- lo mejor en tales narraciones consiste
teria de comercio. Y todos habrán de ..,, _e n la manera autobiográfica, que es lo
pagar con su vida esta forzada des- que da may_or naturalidad y verosimiviación, menos el jefe de contraban- litud a la narración. Claro que el codistas, que es ASTUCIA. De éste reco- lorido ayuda a realzar el optimismo
ge Inclán todos sus episodios, porque de conjunto, tan bañado de sol. Como
es sereno y rico en pasajes de la vida :'.\Iurillo, Inclár¡ sabe vestir en forma
corriente.
mu~ pintore,s~a a su gente. El autor
de ASTUCIA jamás olvida ensanchar
Aunque con cierto tinte romántico sus perspecti,y~ y cambiar ágilmente
en la interpretación de los tipos y ca- los cuadr.os qe t~.escena. Se diría que
racteres, los retratos resultan pintados escribía para . ~.lgún cine moderno.
de manera muy real. En cuanto a las
descripciones de la naturaleza se limiIDEAS Y, SENTL\1IENTOS
tan, lo mismo, a lo estrictamente necesario, lo que la acción y la situación
A Inclán nq. le .gusta tampoco el toexigen algunas veces. Los caracteres no muy razpnador de algunos autores.
en sí son simples. La acción, por su A veces Il'l:9.r.¡il¡za, pero no de modo faparte absorbente, tanto que a menudo tigoso, como lo hace Lizardi en su
excluye tod~ psicologismo. La estruc- "Periquillo." Lo sano y lo natural; lo
tura es muy apropiada, por lo general, fuerte y lo audaz, son sentimientos que
a la evolución de los personajes prin- el autor de ASTUCIA respeta. · La
cipales de la obra. Pues estos cobran hospitalidad, la dignidad y la fidelidad al juramento, esos si son los reales sentimientos de la Hermandad,
porque, en ocasiones, suavizan la acción ruda de sus protagonistas.

*

En todas sus paginas respira cierto
humanismo;· .donde nunca vemos el
cansancio d~ '\os oprimidos, sino al
contrario resalta la rebeldía el nombre de la justicia social. El autor concentra, finalmente, su idea en pintar lo
real, lo natural: es más pintor y narrador, que ideólogo en sí.

Pág.. 8

HISTORIA DE LA FILOSOFIA, de Hegel (3 tomos). Fondo de Cultura Económica. México, 1955.

En eso se recienten sus asiduas lecturas de viejas novelas espllñolas, de
los episodios de un Pérez Galdós, sus
contemporáneos franceses que sabían
manejar las multitudes y preferían los
amplios cuadros a las novelas de recámara y las alcobas.

Su narración ahonda el tema, en las
andanzas y aventuras de los contrabandistas. A partir de allí se inicia lo
puramente novelesco. El ritmo y el
estilo sereno ·de los primeros capítulos
imitan muy bien a los autores españoles, quienes tuvieron siempre buen
cuidado de representar el ambiente en
que nacieron sus protagonistas, no menos que la persona y la ocupación de
los padres; las condiciones materiales,
así como las sociales· y domésticas de
Eran, en fin, charros y rancheros, sus propios parientes. Daban asimisde muy modestos medios de vida, muy mo importancia a la poca o much·a
sociables y muy apegados a los peones instrucción que 'los familiares proporque les ayudaban en sus labores, día. cionaban a sus •Jüjos, tan desviados a
a día.
veces de lo natural o caídos en la conducta de seres necios o ordinarios.
PERSONAJES

IL -1 IB 1~
A Historia de la filosofía de Hegel
con la que Fondo de Cultura Económica inicia su nueva Colección
de Textos Clásicos es, sin duda alguna, la obra máxima en su género.
Frente a quienes no son capaces de
ver en la historia de la filosofia otra
cosa que una serie de opiniones -que
otros, menos benévolos, llaman necedades o extravíos-, Hegel levanta su
propia concepción de ella como la historia de la búsqueda del pensamiento
por el pensamiento mismo. Fre.nte a
quienes sostienen la vanidad de_l co-

L

INTRODUCCION A LA ADMINISTRACION PlJBLICA, por Pedro Muñoz
Amalo, Fondo de Cultura Económica. :\léxico, 1955.
NTRE las necesidades que ·han
emergido en muchas partes del
mundo, debido a la creciente
universalidad de las exigencias fundamentales impuestas a los gobiernos en
el campo del desarrollo económico
y social, surge la de investigaciones
especiales y estudios autóctonos de
administración pública. Aun cuando
existen algunas normas y técnicas que
son aplicables a cualquier gobierno
bien organizado, los objetivos y los
métodos de la adrilinistración están
fuertemente ligados, en cada país, a
los conceptos nacionales y a los antecedentes históricos. De ahí que no sea
suficiente la mera traducción de textos con autoridad científica. Tampoco se puede esperar una comprensión
profunda de los problemas administrativos a menos que dentro de cada
ambiente naoional se lleven a cabo investigaciones por estudiosos que conozcan íntimamente sus condiciones
determinantes. El estudio de sistemas
extranjeros de administración puede
ser útil para ampliar la perspectiva,
pero sólo el exa_men de los procedimientos y principios característicos
de la situación propia puede abrir las
pt1ertas hacia el entendimiento complrto y el mejor.a miento -de carácter
práctico. Por ello, la Administración
cle Asistencia Técni&lt;;a de las Naciones
lJnidas ha mostrado interés en estimular estos estudios.
Los méritos logrados en este campo
por el profesor Pedro 11uñoz Amalo
así como su participación en la reciente reforma constitucional y administrativa de Puerto Rico, son bien
conocidos. Sus relaciones con las Nacienes Unidas y con su programa de
asistencia técnica en administración
pública han sido numerosas y fructíferas. En 1951 fué miembro del comité que redactó el informe de las Naciones Unidas sobre sistemas y normas
ele la administración pública. En 1953
dictó la cátedra sobre Principios de
Administración Pública en la Escuela
Brasileña de Administración Pública.
Durante el desempeño de este último
cometido se inició la preparación de
este libro, cuya versión en portugués
se publicará en Brasil.
·
El enfoque de la administración pública desde el punto de vista de las relaciones y motivaciones humanas es
relativamente , nuevo. La introducció1;1
de este peculiar modo de ver en el
mundo latinoamericano p.o r un estudioso procedente de la región, que posee un pleno conocimiento tanto de ésta como de la norteamericana, donde
se desarrollaron esos estudios por primera vez, es altamente significativo y
asegura el éxito de esta obra. Su valor
aumenta decisivamente porque el autpr no se conforma con el estudio de
hechos y relaciones, sino que profundiza para buscar sus fundamentos teóricos.
Esta obra constituye, por todo eso,
un elemento particularmente valioso
para la introducción de las fundamentos de la moderna administración pública en el mundo de habla española.

E

nocimiento filosófico, Hegel afirma
que todas las filosofías son momentos
necesarios en el desenvolvimiento del
Espíritu. Crea asi la primera historia
de la filosofia que no se limita a ex7
poner el aspecto externo, las vicisitudes de los filósofos y de sus filosofías,
sino que hace ver cómo- su contenido
forma parte de la filosofía, es la filosofía misma. Pues el pensamiento de
los- diversos autores es parte de un
único proceso y sólo cobra sentido y
valor en relación con el todo. Aun
cuando cada filosofía parezca surgir
con la pretensión de _refutar a las que
la preceden, lo cierto es que esta filosofia sólo puede existir en relación y
.c omo un resultado necesario de ellas.
Xinguna desaparece por completo sino
que todas se conservan afirmativamente en la filosofía como momentos de
un gran todo.
Asi, quienes se han )imitado a exponer esta historia como una historia
de opiniones son comparables "a animales, por cuyos oídos entran todos
los sonidos de la música, pero que no
son capaces, naturalmente, de captar
una cosa: la armonía de esos sonidos".
Xo los culpemos, sin embargo, demasiado; pues como afirma el propio
Hegel en uso de sus primeros escritos:
"el espiritu que mora en una filosofía
exige, para. revelarse, que lo alumbre
un espíritu afín" .

Elsa Cecilia FROST.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Año XII No. 8 Agosto de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

EL FINO

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Genaro SALINAS QUIROGA

E

S bien conocido el aforismo científico de Leibniz: "Natum non facit sallus" (la naturaleza no da
saltos) que utilizó el ,gran naturalista
sueco Linneo en su célebre Clasificación de las plantas.
No sólo la naturaleza no dá saltos;
ni la Historia ni la Filosofía, ni la vi-

da misma van dejando vacíos que llenar. Así Séneca, Epicteto y Marco Aurelio, los últimos estoicos de la Roma
Imperial, son también los grandes precursores del Cristianismo, cuyos pasos
oyeron cerca. Se atribuye a Séneca
oculta correspondenc'ia con el apóstol
San Pablo. La verdad de las cosas, es
que su doctrina musical y dulce, per-

suasiva y amable -el senequismoes el heraldo de la sublime doctrina
de Jesús.
Erasmo de Rotterdam nacido a fines
de la ,Edad Media (1467) es un hombre moderno, porque pensó con tal
criterio. Consideró al ser humano como el eje del Universo, su fundamento primario y radical (antropocentrismo). Nació IJÓslumo, esto es, correspondiente a otra época distinta a su
adYenimiento. Stefan Zweig le llama
"el pl'imer europeo conciente, el primer combatidor amigo de la paz, el
más elocuente defensor del ideal humru1istico".
Varón cosmopolita, pensador egre-

gio que amó devotamente la poesía, la
filosofía, los libros, el arte, la cultura,
pero más que nada la tolerancia, en un
mundo agitado turbulentamente por
fuertes pasiones. Consideró que el pe~ado original es la intolerancia, esto
és no res1Jetar el pensamiento ajeno.
A propósito de ello, recuerdo que
nuestro sabio maestro de Lógica del
Colegio Civil del Estado, Sr. Ing. Fran•
cisco Beltrán, nos decía en Cátedra
que el signo distintivo de la civilización es la tolerancia. Erasmo enseñó
que Sócrates -el santo laico y padre
griego de la Etica- su doctrina no era
opuesta a la de Jesucristo. Y en su

Pasa a la Pcíg. 6

MENSAJE . IJE ERASMO

�Sergio VILLARREAL

,llás vale qne ignore mi pasión
¿Qué puedo espe1·ar con esta
Ridícula figura? Pero, ¿Qué importa
La fig~ra? ¿No habrá una mujer que
Se enamore de mi alma?

A única manera de conocer a nuestro poeta, de saber sus

L

aspiraciones, de aprehender esa peculiar filosofía suya
( influída incontrastablemente por su defecto físico), es si•
guiendo su evolución, su trayectoria, plasmada en los caracteres de los personajes, los más, inmortales, de sus obras. Sintetizado encuentro un importante ingrediente de su multifacética
personalidad, en el verso que pone en boca del "don Juan" de
Las Paredes Oyen, y que sirve aquí de introducción.

El lugar y fecha de nacimiento de
Juan Ruiz de Alarc6n no se saben con
certeza, ya que no ha sido posible localizar el acta de bautismo.
Su familia no estaba en una desahogada posición, pero si relacionada con
familias de encumbrada posición, como lo demuestran los testigos presentados rn la celebración del matrimonio de sus padres: el hijo y el medio
hermano del segundo Virrey de la Nueva España, y otras personalidades de
aquella época
Es viable admitir que su cuna hubiese sido México: si hemos de creer
lo que él mismo asegura; pero, sin embargo, es posible admitir como lugar
de su nacimiento El Real de Minas de
Taxco; sus padres se habían establecido en este mineral; y, aproximadamente, en los años 1580 y 1581, años
en que se sitúa su natalicio, sus padres
se encontraban ahí.
·
'
La familia emigra a ]a capital, poco
tiempo después lo vemos recibiendo
cursos de gramática y de cánones, o
sean éstudios preliminares de este bachillerato.
De la fecha de ingreso en la Universidad, no se tienen los documentos
respectivos. Los que se poseen sobre
su primer estancia, son los referentes
a la terminación de tres cursos de cánones, y otro a la aprobación de todos
los demás de este bachillerato ... era
el primer año del siglo XVII. Nuestro
poeta en germen tiene la oportunidad
de continuar sus estudios en España,
y teniendo Jo nec·esario para que le
otorguen el grado de bachiller, preficle sea conferido por la más acreditada
de las Universidades hispanas: la de
Salamanca. Posiblemente nunca hubiera partido para Espaiia, permaneciendo sustraído de las más altas manifestaciones del espíritu que emana.:
ban de los grandes ingenios españoles,
si no hubiera obtenido la beca otorgada por su tío en su testamento.
Ingresa a la Universidad de Salamanca en Octubre, y pocos días después, recibe su esperado grado. Inconforme y tenaz para recibir más grados, continúa en la misma, obteniendo, al final de dos años, el grado que
le faltaba para finalizar esa etapa e
iniciar la siguiente. Sigue los cursos
indispensables para obtener las borlas
de licenciado .. ,
.
Su producción literaria fué posterior a la llegada a España; sin ser preciSos, se han hecho estudios para fijar
los años, o la época de su vida, en que
escribió cada una de sus obras. Tres
etapas han distinguido en su producción, la primera abarca desde 1601 al
1612, y esta es la que, al momento, nos
intereSa.
La culpa busca la pena y el agravío
la venganza. No la incluyó Ruiz de
Alarcón en la colección de sus obras
completas. Castro Leal distingue, ade-

Pág. 2

más, "cuatro versos que ya dan una
idea de esa línea ceñida y elocuente,
tan expresivos en su perfecta economía":

Salió pues, señor, el pié,
si recatado, lascivo,
que tiene más atractivo
cuando se ve y no se ve.
Quien mal anda mal acaba. La comedia no persigue ningún propósito
moral, y dice nuestro imprescindible
Castro Leal: "estas primeras comedias
están más cerca de las grandes realizaciones de Alarcón que otras escritas
posteriormente." Tampoco fué apro~
bada por Juan Ruiz.
Estas dos obrat, fueron escritas cuando cursaba la carrera de licenciado
sin poder alcanzar ahí el grado pues
necesitaba hacer gastos fuera c\.,el alcance de sus bolsillos.
No hay oportunidades, para un bachiller, en esa "celebrada Atenas de
España", y se decide a probar fortuna
en donde no hubiese la competencia
Q
que ahí había, y a fines de 1604 o a
principios de 1605 deja de figurar en
las listas. En este año se nos desaparece, nuestros sabuesos le siguen la
pista encontrándóla al siguiente ~ño piadas en España, las retoca y, ~&lt;leen Sevilla. Ahí estaba su tío el padre má's, compone las siguientes :
Diego Ruiz de Montoya y, con su inEl desdichado en fingir, La mangaflnencia, le ayudó para que se intro- ni/la de Jfelil/a (1602-1608), La cueva
dnjera en círculos hermetizados para de Salamanca (1602-1608), El semela pobreza.
jan/e a sí mismo (1606-1609), La inRuiz de Alarcón toma parte en una das/ria y la suerte (1605-1608), y El
justa que se organiza en los alrededo- anticristo. En esta última los dos prires de Sevilla. El Príncipe de los In- meros actos, son de 1608 terminándola
genios actuaba como secretario. Com- en 1618.
piten, en la justa, doce temas; el de
Se le presenta Ja perspectiva de renuestro poeta se llama "Consolando a tornar a la metrópoJi, y aunque disuna dama que le sudaban las manos". frutaba más o menos de desahogada
Comentan, los qué asistieron, que Juan posición, ~e decide a emprender el
Ruiz actuó con "ingenio, vivacidad, y viaj~. Dias antes de su partida se prebuen humor."
senta en la Universidad para pelear.
Se decide regresar a la patria· a prin- una cátedra. Que se presentara a opodpios de 1607, sin sernos posible sa- sición, poco antes del viaje proyectaher que motivos lo determinaron. La do, solamente se comprende de una
flota en que iba a hacer la travesía, manei-a: el viaje dependía de un acontuvo que ser utilizada en perseguir a · tecimiento incierto, y, en vista de ésunos piratas. Alarcón permaneció con - to, quisiera asegurar, ante todo, la cáesta demora hasta el mes de Junio del !edra.
año siguiente.
Se despide definitivamente de l\féxiLJega a Veracruz dos meses después co en el mes de Junio de 1613; s'e prey se dirige con rumbo a la Universi- senta en Madrid, acogiéndose a la hosdad de 1léxico; les muestra sus certi- pitalidad que le brinda don Luis de
ficados de Salamanca y solicita exá- Ve]azco, que iba a ejercer el puesto de
menes para obtener las borlas de Ji- Presidente del Consejo de Indias. Don
cenciado. Le conceden su petición y Luis era añejo amigo de la familia
presenta, primero, examen de Derecho Alarcón. Unos autores afirman que
Civil, y después, Canónigo. Más tarde Juan Ruiz había estado a sus órdenes
solicita doctorarse en los dos dere- en la Nueva España.
chos, sin poder ver nunca coronadas
Excluyendo su actividad literaria,
con el éxito sus pretensiones.
no sabemos a que otras actividades se .
Ejerce, el cargo de ayudante de Co- dedicaba. El teatro no le podia prorregidor, en México, aunque sin tener porcionar dinero para vivir decorosael titulo correspondiente. Además de mente, aparte de que sus obras no soeste empleo, sigue ejerciendo la abo- brcsalian por la cantidad, y sí, por su
gacía, profesión en la que trabajó an- calidad. "Sus comedias eran producites de obtener su título.
das por un constante esfuerzo", "esSus dos primeras comedias, princi- cribe poco, pero gana más renombre

prueba de las promesas (1618); Ganar , tiempo atrás.
propietario que interinamente había
amigos (1617-1618); El dueño de , las
Hallándose en excelente posición ejercido.
estrellas (1619-1620); La amistad cas- económica, deja de interesarse en ia
En el 34, andaban impresas sus obras
tigada (1619-1620); Los pechos privi- producción de más comedias y nos en las colecciones de otros autores, y
legiados (1619-1621); El tejedor de Se- proporciona un desplante muy origi- · se decide publicar su Segunda Parte.
oovia (1624) La crueldad por el honor nal al referirse al vulgo diciéndole:
En el 35, solicita al Consejo de In(1620-1622); Síempre ayuda la verdad "ahí están, las comedias, si no te gus- clias puesto en cualquiera de las Au(1621-1622); El examen de maridos tan es porque son buenas, y si te gus- diencias de Indias. El Consejo -no le
(1622-1623); No hay mal que por bien tan, me vengará de saber que son ma- otorga el puesto por ser indiano y por
no venga (16!3-1625).
las, el dinero que te han de costar".
sus corcovas. No insiste Juan Ruiz y
Divid·ió Alarcón su producción en
El Consejo de Indias toma en consi- desiste de salir de España.
dos partes, aunque algunas de sus deración a Alarcón y lo nombra RelaLiteratos de otras naciones le insisobras no las incluyó en ninguna. La tor Interino del Consejo en 1626.
ten a que "escriba muchas comedias,
primera parte fué publicada y dedicaEste fué el fin de su carrera Jiter'a- como las que ha escrito", sin lograr
da al mccen3.&amp; ya mencionado. En ella ria. pues después de este año solamen- convencerlo.
alude a una pretensión cortesana, que te- hace versos ocasionales.
Habiendo recorrido la totalidad de
se estaba tramitando desde mucho
En el 33 desempeña el puesto de su camino, solamente le faltaban unos

cuantos pasos. Empieza a redactar su
testamento, da legados a sus servidores, a unos de sus amigos les condona·
lo que le adeudan y deja como heredera universal a doña Lorenza de
Alarcón.
El 4 de Agosto de 1639 deja de existil' el prhtier poeta mexicano cuya fama traspasó el mundo hispánico de•
jando huellas y sucesores en todos los
confines.
Su estrofa se hizo realidad, con su
tránsito final, al dedicarle solamente
un glacial epitafio: "Murió don Juan
Ru.iz de Alarcón, poeta famoso así por
sus comedias como por --sus corcovas,
y Relator del Consejo de Indias".

con una comedia que otros autores
con una docena."
Se representaban, en ese tiempo,
(1613-1614) dos de sus comedias: La
cueva de Salamanca y El semejante a
si mismo. La cantidad que pagaban,
si pagaban, era insignificante.
Muere en 1617 don Luis de Velazco,
su protector seguramente; posiblemente muere junto con él la esperanza que
tenia Alarcón de introducirse al Consejo.
En 1618 sitúan su amistad con Tirso
de Malina y, poco tiempo después,
principian a "ensuciar paredes con
sus carteles". Si colaboró Tirso de
Molina en la producción alarconiana,
como colaboró Alarcón en la producción de Tirso, se ha contestado negativamente.
El conocimiento con la madre de su
hija lo tuvo aproximadamente e{ltre
1618 y 1620; hasta al final de su vida
la nombra por escrito, poniéndola como heredera universal de sus bienes.
La muerte de Felipe III favorece a
don Juan, ya que hay cambio de privados, y el entrante, don Ramiro Felipe de Guzmán, será, de aquí en adelante, su mecenas.
En los diez años siguientes a 1615 es
cuando nuestro poeta manifiesta, defi~
nitivamente, su originalidad, su ingenio, su sello pérSonal, es cuando se sale de los cánones tomados de Lope;
abarcan este período las siguientes
obras:
Los favores del mundo, escrita en
1616; Los empeños de un engaño (161516Hii; Las paredes oyen (1616); Mudarse por mejorarse (1617-1618); La
verdad sospechosa (1618-1620); La

Pág. 3

�l

Del Festival Internacional
de Teatro en París_, ~&lt;J•
P"J.1

" EL ARADO Y LAS ESTRELLAS"

'

El "Abbey Theater" de Dublín ha
abierto las jornadas del Segundo Festival Internacional de Arte Dramático
que se celebra en París.
Este Festival, natido de una idea pri,,ada, reunió el pasado año y reune el
actual campañías de muy diversos países. Irlanda, Bélgica, Finlandia, Italia,
Yugoeslavia, la China Popular, Polonia, los Estados Unidos de América
del Norte, las dos Alemanias -Este y
Oeste- Holanda, Austria, Grecia, Inglaterra, Suecia, Noruega, Portugal,
Canadá y Suiza, han aceptado la invitación de rctuar, en el ' 1 Sarah Bernhardt" o en el "Hebertot", los dos teatros contratados para ello. Hemos dejado para lo último España, anunciada con la compañia de María Guerrero de Madrid, que representará "La
Malquerida" de Benavente. Algunos
grupos de provincia francesa -Come. die de Provence, Comedie de l'Est,
etc.- han anunciado también su participación. Aparte de todo ello, en el
"Studio des Agriculteurs" se presenta
un ciclo de cine diariamente cambiado, en el que cada sesión Consta de
conferencias y comentarios de directores y actores, fragmentos de representación teatral y proyección de películas relacionadas con el tema; por
ejemplo: Presentación del film "Le
sang d'un Poete", por su autor Cocteau;
charla del crítico Claude Mauriac;
fragmentos de "La Machine lnfernale",
interpretados por Jean Mai;-ais; proyección del film de Cocteau "Les parents terribles". Naturalmente, la simultaneidad de muchos de estos espectácu]os impide ]a asistencia a todos
ellos, incluso a aquellos afortunados
cronistas que se ganan la vida con ]a
plµma; mi caso está muy lejos de ser
éste, por lo que -como un miembro
más del oscuro público parisién de
que formo parle- habré de consultar
mis disposibilídades de tiempo y de
portamonedas antes de decidirme a
ver una cosa u ob·a.
La comedia - o drarirn, como se
quiera ver- que ha elegido la compa' ñia del "Abbey" para romper el fuego,
es típicamente irlandesa. Su autor es
Sean O'Casey y su título, "The Plough
and the Stars" ("El Arado y las Estrellas"), sacado del de una popular canción que casi fué el himno de levantamiChto de Irlanda ,contra Gran Bretaña. Porque la acción nos transporta a
esos tempestuosos momentos que han
inspirado tantas obras literarias y cinematográficas en que Irlanda luchaba por su in.dependencia. No se podía
elegir nada menos británico .. . Y, sin
embargo, aparte del hecho de que la
obra está hablada en inglés - aunque
con marcado acento irlandés- , hay
otros detalles que, a los inexpertos
ojos continentales, le dan cierto ~specto común con la vida inglesa. Una
vida inglesa más viva, más descuidada, más apasionada, mas - valga la
expresión, aunque sea un disparate
geográfico- mediterránea. Entre una
comedia londinense y ésta que ahora
vemos, habrá la diferencia de Milán a
Nápoles. Esta compañía, viva, organizada, se mueve con un impetu no exento de flema. Su vestuario, sus admirables decorados, no desentonan de la
escuela inglesa. Es una obra larga, en

Pág. 4

cuatro actos que nos transportan sucesivamente al interior de una casa
de la clase media -un salón con sus
columnas, su tetera, sus fotografías en
las paredes, sus mil detalles de los que
no se ha eludido ni uno, pero elegidos
con tanta maestría que en este salón
i'ecargadísimo y pobretón no nos atrevcriamos a suprimir ni el detalle más
insignificante; un cafetín sobre cuyos
. cristales se dibujan las sombras de los
oradores patrióticos un día de manifestación; la calle pobre y monótona
donde la casa está situada -una calle
que se diría del Est End de Londrescon sus verjas, sus peristilos, sus sótanos, sus guardacantones; y la buhardilla donde se han refugiado los vecinos
en el peor momento de la lucha. Nunca ha ido el realismo más lejos que en .
esta presentación; todo es real, todo·

corpóreo, todo barato, todo, a pesar de
su profusión, rigurosamente seleccionado para producir la impresión deseada. Olvidamos estar en el teatro
por completo .'
, Los personajes se lamentan o se en~
tusiasman con versatilidad latina, llenos de vida. Hay momentos heróicos
seguidos de momentos grotescos -por
ejemplo, cuando en el tercer acto algunos personajes se van a saquear tiendas-, momentos de gravedad entreverados de h-reverencia - como la partida de naipes ante el féretro, en el acto
.final- , hay, en todo instante una mezcJa de vida y mnerte, de geñerosidad y
astucia, de despreocupación y profundidad que nos seduce y nos arrastra.
Este cuadro tan vivo, tan pintoresco,
tan poco pretencioso, es, sin embargo,
una epopeya. Y más que nada, teatro.
EDUARDO

y ses

FANTASMAS

Este año Italia está representada en
el Festival de Teatro de Parí.s por la
comedia napolitana de Eduardo de Filipo. Ignoro como las invitaciones de
este festival de reciente creación -el
primero fué celebrado el pasado añose envían y se aceptan. En cualquier

caso, no parece un exponente muy ha~
lagador de un pais donde el teatro tiene tan eminentes cultivadores en la
pluma y en escena esta compañía de
sainete y esta coiuedia, menos que mediocre, titulada "Qnesti Fantasmi. .. !"
que ha presentado al público parisién,
que no ha olvidado la actuación insuperable de aquella eminente compañía
de Gino Cervi que representó a Italia
en el primcr ·festival, ni las del Piccolo Teatro, de ~lilán o de los Gobbi que
cuentan entre los mayores triunfos de
las últimas temporadas.
Y no es que los actores de la compañia Echrnrdo de Filipo sean malos; los
hay excelentes, como su propio director, de una graCia personalísima y fina. Pero esta agrupación nos recuerda demasiado otras del mismo estilo
que existen en España, para las que la

comicidad rebuscada de un texto,- sus
situaciones falsas, sus equívocos sin
imaginación, sirven de lucimiento a
unas cualidades de verbosidad, de acaloramiento, de chuleria o de desparpajo. Estos fantasmas no son mejores
que la peor comedia de Muñoz Seca,
y la dirección e .interpretación de esta compafiia no ofrecen ninguna novedad, ninguna especialidad, son de
la vulgaridad más incolora; hablamos
del · ~onjunto. Por mucho talento y
muchas "tablas" que se tengan, es muy
peligroso ser autor, director y actor al
mismo tiempo. Hay muy pocos Shakespeares, 1lolieres o López de Rueda
por el mundo que sean capaces de asuhlir todos los papeles.
El argumento de uEstos fantasmas"
es el siguiente: un hermoso palacio del
XVIII lleva fama en Nápoles de estar
encantado; se habla de los fantasmas
de -dos a'nrnntes que fueron emparedados en la casa por un marido celoso ;
nadie quiere habitar en esta casa. El
.propietario la cede a un pobre hom·bre por cinco años para que _d estruya
la leyenda; pero este inquilino es el
más infeliz, el mas crédulo de los napolitanos. Cree en ]os fantasmas antes de verlos ; no es de extrañar, pues,

1~,

- en fin, sí es de extrallar, pero adoptemos por un momento la mentalidad
del autor- que cuando sorprende al
caballero casado que visita a su mujer,
]o tome por un fanta6ma; que los regalos que este caballero hace a la casa,
]e parezcan muestras de magnanimidad espectral; que no acierte a comprender la melancolia de su mujer, a
la que. indigna el aguante de su marido, aunque sea a favor suyo, que le recomiende que no se preocupe de lo
que puedan decir, que mientras ellos
vayan bien, nada importa lo demás;
que cuando se presenta la esposa ofendida con sus hijitos, diciendo que está
muerta desde que su marido la ha dejado, la tome por una muerta auténtica y a sus hijos por fantasmitas ... En
fin, para CJ.Ué seguir. A todo el mundo
ha indignado el comportamiento de
este marido acomodaticio, porque sÓlo
el autor puede imaginar un hombre
tan tonto, tan crédulo y tan absurdo
como éste, y nadie cree en una buena
fe inverosímil; el "fantasma" suprime
]os donativos, decide escaparse con la
amahte; para marcharse disimuladamente, nada hay mejor que asomarse
al balcón, donde lo Ye el marido y,
convencido de su esencia ultraterren'a,
]e pide que le saque d-e la ruina en que
se ve. El "fantasma" al ver ]a buena
fe del pobre marido, renuncia a la
mujer y además deja sobre la mesa todo el dinero que destinaba a la fuga.
Si a este tejido de inv~rosimilitudes,
de absurdos y de quid-pro-quos que se
alargan durante siglo~, añadimos un
portero locuaz hablando napolitano,
su hermana loca que habla a gritos, un
niño maniático que tiene un tic, un cocinero que no se sabe de donde sale,
unos mozos de cuerda, un canarfo viYO y una gallina muerta, tendremos
casi completo el sainete de Filipo. Para ser· justos~ hay que añadir también
un ojo de buey, por donde se asoman
los personajes antes de entrar como
Pedro por su casa en la del miedoso
protagonista, que jamás piensa en cerrar la puerta ni se ha percatado que
se puede entrar fácilmente desde la
casa vecina; y· dos balcones, que nos
ofrecen los únicos buenos momentos
de 1a comedia, al permitir imaginar la
presebcia de un vecino curioso que se
pasa el día en otro balcón imaginario
situado al nivel de los palcos. Las
reacciones de Eduardo de Filipo -excel~nle actor cómico, como hemos señalado- ante la presencia figurada de
este vecino son los únicos rasgos de
cSta comedia que merecen recordarse.
Qne Filipo sea autor de "Nápoles
millonario", que haya colaborado con
el propio ·Pirandello, son cosas que
nadie imaginaria viendo esta comedia
fantasmtgóríca con que Italia está tan
desfavorablemente representada en el
Festival de P~ris.

meter una ,,ers10n original, un nuevo
enfoque, una audacia en cualquiera de
]os elementos que componen la acción
dramática; pero nada mas respetuoso
que esta versión americana de la 1\fedea" de Euripides. No puedo hablar
del estilo de Robinson J effers, pues mi
escasisimo inglés me lo veda; pero,
precisamente, el interés de este festival internacional es mostrar ]o que hay
de eficaz y permanente en una función
de teatro aparte de los valores literarios del texto. El teatro es un misterio, una creación que se repite cada 1
noche. Puede haber teatro sin escenario, sin decorados, hasta sin texto. Si
el instrumehto, la obra, está bien teñido, apreciaremos la calidad de. la mú•
sica aunque esté escrita en una gama
qnc desconocemos. Así, por ejemplo,
viendo hace pocos días ~'El verano en
Nohant" de Iwaszekiewics, representado en lengua polaca por la troupe de
]os Teatros de Cracovia, si era imposible entender una sola palabra - salYO el nombre de Chopin diversamente
declinado-'-, no lo era el darse cuenta
del escaso interés de la comedia y de
la gran calidad de los actores, en especial Sofía Yarowslevna, que encarnaba a George Sand.
Yicndo la "Medeá" de EurípidesJeffers tampoco dudamos de que Judith Andersor\ sea una buena actriz.
Pero nos sucede - por un fenómeno
de desilusión que se produce cuando
liemos esperado alguna cosa con demasiado interés y que Marcel Proust
estudia admirablemente, justamente en
relación con una gran actriz trágicaque ]a idea que nos habíamos hecho
de ella era desmesurada, en cualquier
caso superior a la realidad que vemos.
Cuando descubrimos los valores ele al.go o alguie~ que no conociamos - por
ejemplo, la actriz polaca citada- , nuestra alegria de Colones nos hace a veces supervalorar los méritos; cuando
llegamos a ver algo que admirábamos
por mera fe, corremos siempre el ries•
go de salir defraudados, si su perfección no es absoluta. Judith Anderson
tiene un modo especial de moverse J?Or
escena qlle es lo que mas emociona en
ella, un modo como indeciso, titubean- '
te, una manera de sentarse como una
criatura sin cuidarse - aparentemente-- de componer esa estatua ideal que
preocupa por ejemplo a una :Marie
Bel!. Tiene, sin embargo, algo estatuario, es decir, mucho mejor que esta•
tuario, pues vive y se mueve, que son
sus brazos desnudos de extraordinaria
belleza. Su voz es también muy bella
y su fisonomía aguda e interesante.
Pero a pesar de estas virtudes, . su ínterpretación no provoca el entusiasmo, deja frío, ausente; y creo que no
se trata de una opinión persorial, ya
que el día que pude verla los aplausos
fueron moderados.
La dirección escénica -de Gunthie
Me Clinlic- se resiente de la lama de
11

UNA MEDEA AMERICANA
Los Estados Unidos de América han
enviado, por lo pronto, al festival internacional de teatro de París, a su ac•
triz trágica más famosa, bien conocida
por todos los públicos por su acusada
interpretación del personaje de la Sra.
Danvers en la película "Rebeca" de
Hitchcook. La obra elegida fué la "Medea" de Robinson Jeffers. Este nombre, el de la actriz, todo parecia pro-

••

la actriz; toda ella está dirigida al lucimiento de la Anderson; decorado,
actores, texto, todo hace de "Mfdea"
una obra de diva. Si la diva no nos
enloquece, poco queda del resto. Entonces echamos de ver la medianía de
estos actores reunidos en torno a ]a
estrella de primera magnittid; enton'ces nos molesta ver a los hijos de Medea, inmóviles como dos marmolillos,
dejarse manejar como paquetes; entonces nos choca - aunque no debiera- el acento americano de las tres
damas curiosas que forman el coro;
entonces nos preguntamos si los griegos y sus imitadores - entre ]os que
mi conciencia de pasados pecados me
incluye- no han abusado del personaje de la nodriza de la protagonista,
vieja impertinente representante de la ·
tradición familiar, odiosa desde Euripides hasta José Maria de Segarra .. .
En fin, el hastío nos inclina a la acrimonia y no nos deja apreciar ]os méritos que sin duda hubiéramos hallado si la señora Anderson se llamara,
sencillamente, Smith.
Por lo demási "Medea" es una obra
ingrata, un mito antipático en el que
los griegos quisieron, probablemente,
representar la pasión bárbara, la falta
de equilibrio de los no-griegos como
la protagonista. Es una tragedia barroca, exagerada, oriental, una historia de hechicería y crimen combinada
con complejos de extranjería. Si Medca no nos es simpática es, sin duda,
porque no tiené que serlo, porque, en
el fondo, los griegos le daban la razón
a Jason cuando quiso separarse de un~
loca para contraer matrimonio con la
correcta princesa de Corinto.

LA PIEL DE NUESTROS DIENTES
Después de la falta de entusiasmo
despertada por la "Medea" de Euripides-Jeffers, interpretada por Judith
Anderson, los Estados Unidos -en esta misma organización del ANTA y del
Salut a la France, en que incluyen este
año todas sus manifestaciones artísticas, ele ·cualquier clase que sean, y que
en otras ocasiones hubieran venido sjn
saludar a nadie especialmente- nos
ofrecen ]a famosa obra de Thornton
\Vilder ºThc Skin of our Teeth", que,
aunque representada en América hace
mas de diez años, en Francia continúa
siendo estreno. ESta obra curiosa y diYertida fué rechazada durante dos años
por los empresarios de Broadway,
donde aun continúa produciendo ricas
ganancias; ni el renombre de su autor - de quien son bien conocidas en
España su admirable novela "El puente de San Luis Rey" y su obra de teatro, luego adaptada a1 cine, "Nuestra
Ciudad"- consiguió mayor c,réditQ,
ante lo poco convencional y seguro del
argumento. En LOndres fué mas tarde
interpretada por Vivían Leigh. C9n
"Th e Sk.in of our Teeth'' América se
ha apuntado un triunfo en esta brillante temporada de París, pues si ha
Qabido críticos demasiado ºa la page"
que han encontrado la obra deleznable, ]a interpretación de la compañia
en general, y de Helen Rayes y Mary

Martín en particular, desafiaba la critica mas rigurosa.
El titulo de esta obra -que traducido al español resulta ser "La piel de
nuestros dientes":- está, al parecer,
sacado de una frase de la Biblia. La
Humanidad ha sobrevivido a una infinidad de catástrofes por un Iris tan
delgado como la piel de nuestros dientes. Se trata, pues, de una especie de
historia cómica de la Humanidad. Pt •
ro la originalidad no reside en eso, sino en que esta Humanidad está representada por una familia americana de
]a clase media denuestro tiempo; viene a ser en Historia Profana lo que
para la Historia Sagrada representaba
aquella poética y deliciosa película
''llreen Pastures", en que los personajes biblicos, contados por un maestro
de escuela negro, se ennegrecian y tomaban el aspecto simpático y cotidiano de los vecinos del barrio. Pero lo
(!lle en "Verdes Pastos" era esperanza
poética, en uLa piel de nuestros dientes" es humor escéptico, aunque muy
efectivo.
Vemos en el primer acto a la criada
de la familia Antrobus, Lily Sabina
-interpretada por Mary Martín- hacer ]a limpieza distraidamente, mientras nos acaba de poner al tanto de
una situación que ya nos han hecho
conocer unas noticias cinematográficas proyectadas a telón bajo; se espera el fin del mundo, por la invasión de
los hielos. Lily, que nunca deja de ser
Mary Martin, se enfada y critica la
obra, cuando Helen HayCs - es decir,
la Sra. Antrobus- no entra en el momento debido. La Sra. Antrobus, está
siempre preocupada por menudencias
del hogar, a veces importantes, como
en ese caso tener el fogón encendido.
Estas dos mujeres discuten: Sabina se
presenta como inspiradora del hombre. La Sra. Antrobus como compañera paciente y práctica. El dinosaurio
y el mamnth llegan en este momento
muertos de frio, procurando cubrirse
con vidas ropas; se les permite calentarse, están encantados · de la música
en el armonium, simpatizan con los
chicos de la casa, Henry (antes Caín)
y Gladys ; la llegada del padre, que
acaba de inventar la rueda, con la gente que ha encontrado en el camino
~ :Moisés, Homero, ]as Musas- y que
su esposa admite a regalladientes ell la
casa, mientras Sabina está encantada,
termina con ]a estancia de los simpáticos animalitos antediluvianos que
son arrojados sin contemplaciones.
El acto segundo nos traslada a Allantic City, donde se celebra la asamblea
anual de la Confederación General de
los Mamiferos; el señor y la señ0ra
Antrobus, elegidos presidentes, dicen
sus discursos desde una tribuna sobre
1a que se lee "Welcome Mammals".
Pero mientras Mr. Antrobus recomienda divertirse, ~frs. Antrobus hace un
sin fin de recoménd~ciones prácticas
caseras, porc1ue lo que ihteresa es defender el hogar y la familia'. Por desgracia para esta dama, l\Jiss Lily Sabina,
elegida Miss Atlantic City seduce a Mr.
Antrobus con sus movimientos ondulantes y su traje de baño de escamasdoradas. Todo esto termina con el Diluvio Universa], que ya estaba siendo
anunciado desde principios del •acto
por una quiromántica y echadora de
carlas de Atlanlic City, a la que nadie
1,lacia caso.
El tercer acto nos presenta la guerra. Lily Sabina llega, vestida de cantinera último modelo, a las ruinas de
fa casa Antrobus, en cuyo sótano ·s e esconden ]a señora y G1adys, que ha tenido un hijo. Desgraciadamente, en
la compañia ha habido una epidemia,
y a falta de siete actores gríposos, la
modista, la doncella de la primera actriz y otros subordinados ensayan, con
muy poca gracia, la escena final. Tras
de ]o cual sigue la acción, que nos
muestra la enemistad entre Antrobus

y su hijo, enemigos de guerra. El hijo
detesta las lecturas, las ideas del padre; éste .reconoce que parte de la cul~
pa de esta enemistad le corresponde.
Una tregua sobreviene. · El viejo matrimonio se queda solo con su hija y níeto; i\lr. Antrobns se pone a leer los Ji.
bros que le han hecho pensar: Spinoza, Platón, Aristóteles y la Biblia. Cae
el telón sobre una sensación de vaciedad, de bríllantes, de humor extraordinario aunque un tanto hueco, desorientado; todo esto, como su Mundo,
se sostiene por "la pie] de nuestros
dientes".
"EL CIRCULO DE TIZA"
Con el "Círculo de Tiza del Cáucaso", de Su Director Bertolt Brecht, la
compañía del "Berliner Ensemble" ha
conseguido uno de 1os mayores triunfos del Festival de Teatro de París del
afio actual. Su actuación del año pasado había dejado un excelente recuerdo: aquella "Muttcr Courage", también
del propio Brechti interpretada por su
esposa magistralmente, fué muy. bien
comprendida y apreciada, ya que en ·
la temporada anterior el T.N.P. de
Jean Vilar había representado con
gran acierto y éxito la traducción francesa de la misma obra, de cuyo papel
principal Germaíne Montero había he- ·
cho una creación inolvidable. En esta
ocasión, este eminente hombre de tea•
tro que, como los antiguos creadores
escénicos, puede permitir-se el lujo de
ser a la vez autor y director -puede,
digo, pues hay algunos que lo hacen
sin poder- , ha querido ofrecer a París el estreno de una obra. Juzgada
diYersamente, aunque considerada por
Tirios y Troyanos como de una gran
dignidad, este "Círculo de Tiza" ha
reunido todos los sufragios en 1o que
respecta a puesta en escena, e interpretación que, en efecto, ofrecen caracteres originales y de enorme belleza.
Este "Circulo de Tiza" es una especie de doble apólogo, contado para
ejemp"lo de una discusión entre dos
granjas colectivas sobre cual de ellas
debe quedarse a cultivar la tierra que
ocupan, si la que lo había hecho anteriormente y hubo de dejarla cuando la
guerra, o ]a que mas tarde ha establecido un sistema de cultivo mas racional y productivo. Esta última sale gananciosa, y para ilustrar su derecho
representa la historia de un niño, hijo
del Gobernador de una ciudad antigua, que en un momento de revuelta es
abandonado por su madre y recogido
por una criada, a riesgo de su vida e
incluso comprometiendo su porvenir,
a\ verse obligada a casarse con un
hombre a quien no quiere y a dejar a
1

Pág. 5

�,

su novio, para proteger al pequeñuelo.
Una vez la sublevación pasada, y cuando ser madre del niño puede Í'epresentar una buena situación, la viuda del
Gobernador lo reclama por suyo, ante
la oposición de la criada que lo ha sacrificado todo. Ambas se presentan
ante un juez improvisado -cuya historia ha constituido la segunda parte
de la obra, con una serie de sentencias
pintorescas_:._ que hace trazar un circulo en el suelo, dentro del cual coloca
al nifio. Ambas madres lo cogen una
de cada brazo; la que lo haga salir por
su lado, será la madre. La cruel viuda
tira con todas sus fuerzas y por tres
veces hace salir al niño, sin que el
amor de la otra mujer pueda impedirlo, a pesar de ser la criapa muchísimo
rná's fuerte. El juez, entonces, atribuye
el niño a la criada, en una especie de
juicio de Salomón al revés, pues "cada
cosa pertenece a quien la hace mejor".
La realización escénica de ·esta obra
es· extraordinaria. Como elementos bá- ·
sicos hay un escenario giratorio, un
pequeño telón blanco, que tapa un seg. mentó del mismo, y sobre el cual están pintados dibujos a la manera china de paisajes adecuados al momento
de la acción. En esta parte no visible
del círculo giratorio, maquinistas diestros van preparando los elementos escénicos Que aparecén y desaparecen,
mientras la ~scena gira, con· pasmosa
rapidez. Así vemos ríos, cabañas, palacios, aparecer como por encanto, y,
sin embargo, mas corpóreos y reales
que cualquier otro decorado. A un
lado de la embocadura,, junto a los palcos, hay una pequeña plataforma, donde se sitúan los cantores que explican
la acción, cuando ésta es muda, subrayándola de cierto modo poético. Los
_telones, objetos y trajes son muy efectistas, .en el mejor sentido de la palabra, y los personajes ~stán movido·s
con un rigor extraordinario. Al parecer, son muchas las horas que esta
compañia pasa ensayando diariamente para lograr este infalible resultado.
Los persona_jes como la criada, ~u novio, el niño, el marido, etc., que tienen
una personalidad dependiente solo de
su humanidad, van con el rostro descubierto; pero aquellos, como el Gobernador, su mujer -que es la mujer
de Brecht-, el general rebelde, etc.,
cuya personalidad depende de su posición, llevan máscaras, unas máscaras
de gran belleza. La primera escena de
conjunto, con las fachadas -un poco
de antigua talla bizantina- de iglesia
y palacio, y 1a salida del cortejo, es de
tal impresión para quien de veras ama
el teatro que no la olvidará en su vida.
Los trajes y decorados son de Karl
Appen. B"rccht se ha revelado de nuevo como uno de los grandes hombres
del teatro actual.
·
UNA "HECUBA" VENIDA DE GRECIA
El Festival Internacional de Teatro
de París se ha clausurado con una representación de "Hécuba" de Eurípides, en versión original, por el Teatro
Nacional de Atenas. Ello ha constituido uno de los hitos de esta breve, pero intensa, temporada internacional,
de la que el triunfo mayor de crítica
-que ha proclamado que desde los ballets de Diagbilew París no había ·recibido impresión semejante, afirmación un tanto aventurada- y, de público -que parece decidido para el
próximo año a admitir líneas orientales en la moda femenina- ha sido obtenido por la Compañía de Opera de
Pekín, con un original repertorio que
participa de música, pantomima, danza, canto y ejercicio acrobático. Aparte de los proyectos de volver a celebrar la temporada próxima un nuevo
y tercer festival, parece que de esta
afluencia de compañías ha surgido la
idea de dedicar en París un teatro, de
manera permanente, a la actuación de
compañías extranjeras.

Pág. 6

Para representar Hffécuba", ha venido a París la que está considerada mayor trágica de Ja escena griega, Katina
Patxinou. Los lectores' que hayan visto la película de Rosalind Russell "El
luto sienta bien a Electra basada en
el conocido drama de Eugene O'Neill
que traslada al ambiente americano de
la guerra de Secesión la sombría tragedia de· los Atridas, recordaran sin
duda la actriz que interpretaba el papel de CJitemnestra moderna: era Katina Patxinou. Rccono~carnos que el
cine no le sentaba bien a Electra, a
pesar de la buena labor de la Russell y
la Patxinou, y esta pelicula, vuelta ~
ver en nuestros días -yo la he visto
hace unos meses- .se aguanta con dificultad, a pesar de seguir paso a paso _una obra original e interesante. En
la labor de Katina Patxinou se echaba
de ver la actriz de teatro, pero no cabía imaginar hasta que punto esta actriz de teatro es grande. Se · trata de
una mujer de edad madura, de facciones agudas y nerviosas, que mantiene
con una majestad nunca afectada y con
una intensidad jamás de mal gusto su
espeluznante papel. Su voz es aJgo ronca, velada, pero vibra cuando hace falta con un timbre de rabia o de dolor
que llegan hasta los huesos del espectador. Al final de su admirable actuación recibiQ una de las más entusiastas ovaciones· del festival.
11

EL FINO MENSAJE
DE ERASMO

,

Recordemos el ai·gumento de esta
tragedia singular. La guerra de Troya
ha terminado; :rero )os vencedores se
ven detenidos en la Tracia por esos
caprichosos vientos cuya obstinación
en no soplar mopvó ya en el viaje de
ida el sacrificio de lfigenia, en Aulis;
el espectro qe Aquiles exige, como
condición de que sople el viento, el
sacrificio de Polixena, princesa troyana, y Ulises se, encarga de pedirla a
su madre, Hécuba. Tras unas ern.otivas escenas de resistencia, de dolor,
de desesperacióp, Hécuba queda sola
Y ordena a sus sirvientas que Vayan a
lavar el cuerpo de su difunta hija. Pero las siervas yuelven con un .tuerpo
velado Y, al descubrirlo, ve Hécuba
con horror que no es Polixena, que
yace muerta . aún junto a la playa, si•
no su hijo Polidoro, que ha sido asesi nado por el Rey de Tracia, deseoso
de ·robarle. La angustia de Hécuba
ante esta doble muerte no conoce limites y sus quejidos de animal herido
todavía resuenan en mi memoria. Hécuba se venga cruelmente, dando
muerte a su vez a los dos hijos del asesino, que, en_ uP. rapto de locura pro•
fética, anuncia el desastroso fin de la
Reina de Troya.
El decorado de la compañia ateniense es sencillo, y reproduce en cierto
modo la esceµa griega: Una casita en
el centro, var!os planos unidos por
rampas y escalones, que permiten las
evoluciones d~l coro. Este, compues•
to de mujeres a su vez excelentes actrices, canta o recita, al unísono o alternadamente, moviéndose con una
majestuosá uniformidad al son de una
música muy ev~cadora. Confieso que
es la primera vez que veo en mi vida
un coro armonioso y emotivo a la vez,
un coro que no sorprende, ni molesta,
ni hace reir, sino que coopera a la acción y subraya el dolor que Katina
Patxinou mu~stra en cada momento.
Es tan curioso como digno de alabanza que un país, como Grecia, tan ale:.
jado de sus precedentes clásicos, hasta en el idioma, los honre al interpre1arlos tan acertada como respetuosamente. Que en' tiempo de Euripides
las tragedias sé representasen como
ahora la vemoS o de otra manera, es
cuestión mas de arqueólogos que de
aficionados al teatro. La manera que
Katina Patxinou y sus excelentes compañeros tienen· de interpretar ºHécuba" es tan satiSfactoria para nuestro
tiempo que riOs parCce que no pudo
existir otra en tiempos pasados.

Aristóteles. ETICA NICOMAQUEA.Versión española y notas de Antonio Gómez Robledo. Biblioteca Scriptorum Graecorum et Romanorum
Mexicana. Universidad Nacional Autónoma de México. México, 1954.
En la Biblioteca de Escritores Griegos. y Romanos que edita la Universidad Nacional acaba de aparecer una
de las tres Eticas de Aristóteles: la Voltaire. EL SIGLO. DE LUIS XIV.Trad. de Nélida Orfila Reynal. FonEtica Nicomaquea o a Nicómaco, cudo de Cultura Económica. México,
yo texto es muy irregular porque fué
1954.
escrito en forma de apuntes para ulteDeseoso de alejar a Voltaire de las
riores conferencias orales ante los discípulos. De alií que materias funda- actividades literarias, que ya 1e ha·
mentales apafezcan tratadas a la lige- bian valido un destierro a La Haya, y
ra (porque el maestro las había estu- en su afán de impedirle que siguiera
diado a fondo y· no necesitaba de re- llevando en París una vida que le pacordatorios), en tanto otras secunda- recía peligrosa, su padre logró que el
rias están prolijamente desarrolladas. Sr. de Caumartin, amable protector del
Esto explica por qué Aristóteles no muchacho, lo llevara consigo a sus pohabía dedicado tales escritos a la pu- · sesiones de Saint-Ange, próximas a
Fontaineblau. Tal medida hubiera
hlicidad.
servido a los designios paternos, de no
hallarse en Voltaire tan arraigada la
vocación por las letras, y de no haber
sido su protector "una crónica viviente del reinado de Luis XIV, bajo el cual
habia ocupado altos puestos públicos
y conocido a todos los personajes de
BIBLIOTHECA SCRIPTORUM GRAECORUM
la situación."
ET ROMANORUM MEXICANA
En sus diarias conversaciones con
OBRAS COMPLETAS DE ARISTOTELES
su joven amigoi el de Caumartin exa1. taba las figuras y los hechos de aqueIlos personajes retratados en su pinacoteca, y sus vivos relatos hallaban
eco en la abierta sensibilidad de su
atento huésped. Fué aquella estancia
en el castillo de Saint Ange la que inspiró a Voltaire dos de las grande.s
obras que habría de escribir tiempo
adelante: la H_enriade y Le siec/e de
Louis XIV.
Los amores de Voltaire con Gabriela
"Emilia de Breteuil, marquesa de Chatelet, amiga íntima y protectora, lo llevaron en unó de sus destierros, a ser
escondido por ella en su castillo de
Cirey, en la frontera con Lorena. Al1i
permaneció durante 15 años (de 1734
a 1749) y alli trabó contacto con la filosofia y la física de Newton.
Peto esa prolonga.da estancia en Ci•
rey no es sólo digna de estudio porque señala la iniciación de Voltaire en
las ciencias naturales y las matemáticas, sino porque fué en esos años cuanEl texto griego que figura en esta do comenzó a poner en práctica su
edición (en las páginas pares) es re- viejo propósito de escribir una o~ra

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE

Viene de la 1a. Pág.
osadía espiritual le dedicó una oración: ¡Santi Sócrates! ¡Ora pro nobis!
Predicó que no hay superioridad de
ra_zasJ ni de. naciones. Los hombres
sólo progresan (pl'o, hacia adelante y
{Jressmn, marcha) mediante la educación, los libros y la moral. Ningún
hombre vale más que otro, si rto ha
hecho más que él en el ámbito intelectual y ético. Este hombre renacentista
sirvió S:On lealtad a lo:S sentimientos
más puros y hasta hoy se le aprecia
debidamente. Su serenidad, su mesura, su temperancia, su madurez, su
"isostenia" (igualdad de ánimo como
decían los griegos) deben ser ~ia del
mundo moderno, agitado también por
odios violentos en lo nacional y ]o
universal.
En las enconadas luchas de partido
Y religiosas de su tiempo fué un pen~
sador independiente, ecuánime, neutral, comprensivo, que luchó por un
Crislianisrno, en que se identificaran
plenariamehte la santidad intima y la
externa y no se detuviera en esta última. Los espíritus conciliadores,
eclécticos, reciben por lo pr0nto los
proyectiles de ambos contendientes y
así fué Erasmo objeto de amenazas,
persecucione~, querellas y disputas.
Pero cuando se extingue la llama del
odio, las pasiones circunstanciales se
agotan, entonces triunfan plenamente
los hombres mediadores que tuvieron
de su parte la justicia. Tal es el caso
de este admirable humanista holandés,
que estuvo POI' encima de su época,
por lo que su pensamiento trasciende
con mucho el período de su existencia
física.

La )Jniversidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficia1es1 universitarias, académicas)
ateneistas, centros culturales, sociedades de diversa índole y personas, en
Amel'ica y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aquí se imprimen figura nuestro mensuario ·'ARMAS Y LETRAS", que recientemente ·ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al 1ector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamient6 científico, literario o
artfatico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Uníversidad de Nuevo
León, solicitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos. ·

NICOMAQUEA

Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,

*

Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
11éxico.

Fué un magnífico teólogo, doctor
entre doctores, maestro entre maestros,
que conoció a la perfección el grie:go,
el hebreo y el latin, y a través de estos
idi0mas conoció los más preciados dp•
curnenlos de la cultura antigua y me•
dioeval. Pero Jo más notable, lo que
más nos conmueve es su espíritu de .
concordia y &lt;le paz, el fino mensaje
que dirigió a los Reyes, Emperadores,
Obispos y Magistrados, es decir a los
hombres más poderosos de su siglo,
para terminar para siempre con la
guerra. La buena voluntad de los gobernantes, de los círculos dirigentes
- pensó- con la ayuda de Cristo tiene
que traer necesariamente un futuro de
ti·anquilidad, de libertad y de abundancia.

Ojalá que su trascendental mensaje,
de indiscutible actualidad y reflejo de
su alma sensitiva y delicada, no se olvide jamás. Si la humanidad ha de vivir 1a existencia al1.:gre y feliz'\ a que
tiene derecho, tiene que ser sobre la
base de la tolerancia y el respeto mutuos de hombres y pueblos, que so·ñara el sabio de Rotterdam.

ÉLSIGEO
DE LUIS XIV

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registrado como artículo de 2a. Clase en la
Admón. de Correos de Monterrey, N. L., el

20 de Abril de 1944.

INDICADOR,

•

Colaboradores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fu ente
Francisco M. Zertuche
Cenare Salinas Quiroga
Arturo CanlÚ S.
Homero A, Garza

Alfonso

Rangel Guerra

Guillermo Cerda G.
Jorge Rangel Guerra
Manuel Morales

Director

Lic. Fidencio de la Fuente
Óficinas
Washington y Colegio Civil
. Monterrey, Nuevo León

MEXICO

producción fotostática del de la Loeb
Classical Librar y. Se le escogió porque es el más reciente y ha sido fijado por Rackham teniendo en cuenta
los anteriores de Bekler, Süsemihl,
Apelt y Bywater, y reproduce las principales variantes entre todos ellos. Sin
embargo, dado el carácter de esta colección uní versitaria, no se han suscitado, en notas, dudas sobre el· texto
Voltaire
original, las cuales serían casi siempre, de carácter filológico y no filosófico.
El Prof. Gómez Robledo se situó en
un "plano realista" al lle'var a cabo su
erudita labor, "haciendo lo que los
mexicanos podemos hacer en lo general y lo que de nosotros demanda el
universitario mexicano, a quien debe
servir esta colección bilingüe. Lo que
el necesita es tenel a su izquierda un
texto original que merezca confianza,
y a su derecha una traducción fiel que
le ayude a la comprensión del prime•
ro. Teniendo además presente la penuria general de nuestros estudiantes
y nuestras bib1iotecas, he preferido
r¡ue mi traducción sea lo mas ajustada
al texto en todo lo posible ... Por todo
ello, determiné apegarme a la literalidad, pero dando, al mismo tiempo, en
obvio de otros requerimientos, la am- sobre la época ele Luis XIV, que dedicó, años después, a la marquesa.
plia Introducción que sigue."
La antigua amistad de Voltaire con
En esta extensa Introducción -unas
100 páginas- el Prof. Gómez Robledo Federico el Grande, desde que este
no solamente expone. detenidamente ilustrado monarca era príncipe herela doctrina ética de Aristóteles, sino dero de la corona de Prusia, llevó al
que analiza muy en detalle todos los escritor a Potsdam en Julio de 1730,
aspectos de la N icomaquea y los some- · como invitado del rey y caballero de
la Orden del Mérito, con 20 mil libras
te a una critica objetiva y clara.

'

ágil, inclinado a señalar las cosas por
sus nombres. N:o es ajena a esto su
amplia experiencia de periodista, que
en buena parte le ha servido para dar
variedad a 1a elección de los temas,
tomados lo mismo de un hecho calle-

de sueldo. Sin otro trabajo que consagrarse a Federico una hora diaria
para corregir obras en francés, Voltaire pudo terminar, sin apresuramientos, su SiCcle de Louis XIV, que se publicó en Berlín, en 1751.
Federico mostró tal interés por esta
obra extraordinaria que aún hallándose en su campamento de Silesia y mucho antes de que el libro estuviera terminado, escribía a Voltaire: "Me ocupo actualmente en leer o, mejor dicho,
'en devorar vuestro Siglo de Luis el
Grande. Si realmenté. me estimáis, no
dejéis de enviarme la continuación de
la obra, a medida que vayáis escribiéndola, pues es mi único consuelo,
mi deleite, mi solaz" (1742). Del culto rey es, también, este juicio: "Jamás
he visto estilo tan hérmoso como el de
vuestra Historia de Luis XIV. Leo 2
ó 3 veces cada capítulo, }o cual me en•
canta. No hay una sola línea que no
tenga interés; todo se halla saturado
de magnific'as reflexio.nes;· no hay en
la obra nada infantil, y reina, además,
en ella, la más colnpleta imparcialidad."
Voltaire afirma, en los éomienzos de
su SiCcle, que sólo hay en la Historia
4 grandes épocas, entendiendo por tales aquellas en las cuales florecen las
artes y las ciencias: la de Pericles, la
de Augusto, la de los Médicis y la de
Luis XIV, y asegura que ésta es la más
grande de todas. Luis XIV era, para
Voltairc, un rey ideal, si bien tenía defectos, uno de ellos su excesiva afición
por las guerras; otro la limitación religiosa de su espíritu.
David F. Strauss, gran biógrafo de
,Voltaire (V. BIOGRAFIA), dice que, al
escribir esta obra, su autor "dispuso
de los medios necesarios y tuvo, además, paciencia para hermanar, mucho
máS que en cualquiera otra de sus
obras históricas, los méritos de la fprma, propios de todos sus escritos, con
un método extraordinariamente concienzudo."
Tampoco Sch1osser escatimó elogios: roEs la única de las obras de histofia de Voltaire en }a que encontramos hechos y observaciones de carácter auténticamente histórico, a los cuales podemos conceder entero crédito
como tales."
El siglo de Luis XIV ha llegado hasta nuestra época como una de las obras
más importantes de Voltaire. Tal libro
merecía la traducción y la edición qué
acaba ele tener en México : un.a traducción esmeradisima, cuidadosa, escrita
en un castellano impecable, y una edición perfecta, minuciosamente revi&amp;ada, impresa con elegantes caracteres
sobre excelente papel, con abmidantes
ilustraciones fuera de texto y muy
bien empastada.
A. P.

LA MUERTE TIENE PERIIIISO, Edmundo Valadés. Col. "Letras Mexicanas". Fondo de Cultura Económica. llléxico, 1955.
Con este libro, Ednmndo Valadés se
inida en 1a literatura. Sin embargo,
su nombre no es del todo desconocido en las letr'as nacionales, pues ha
publicado cuentos en algunas revistas
especializadas. Nacido en el noroeste
del pais, en Guaymas, Son., desde muy
joven vive en la ciudad de México, dedicado ahora a tareas p~riodísticas.
De manera sobresaliente, en ~as páginas que forman La Muerte Tiene Permiso es perceptible un estilo directo,

La muerte
tiene permiso

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jero que de un acontecimiento de nuestras luchas agrarias y, a veces, aplicados al m'onólogo y a la evocación con
intenciones liricas.
Lo anteriormente afirmado se enriquece con referencias constantes a recuerdos y anécdotas de la infancia.
Valadés sabe, no sin cierta ironía, recordar aqliello cjue ha sido y es en las
familias de nuestras clases sociales el
obstáculo para lograr un mejor desarrollo de la personalidad del niño. El
mundo de las prohibiciones,-de la llamada buena educación, de los prejuicios ante cuestiones guardadas metó•
dicamente en secreto, contribuye a formar una conducta afecta a inhibirse
en las relaciones con los semejantes.
El autor aprovecha admirablemente
estas observaciones y en dos o tres
piezas las vuelca con auténtico sabor
liter~rio.

PRINCIPIOS DE TEORIA ECONOMICA, por Heinrich Freiherr von Stakkelberg (t), profesor de la Universidad de Bonn. 2a. edición española.
Traducción de la primera edición
alemana, corregida y ampliada. 376
Págs. Precio, 125 pesetas. Instituto
de Estudios Políticos. Madrid, 1954.
En la conocida revista sueca EkonomisJ 'fdskrift (Estocolmo), refiriéndose a esta misma obra; dice Karl-Gustav Landgren:
"Toda 1a exposición posee claridad
lógica y está perfectamente dispuesta.
El aparato matemático sólo se emplea
en puntos estratégícos, y seguramente
no habrá de desanimar a nadie. Este
libro confirma lo que ya se sabia por
las anteriores obras del autor, es decir, que se tra4ta de UQ teórico de primera linea, incluso con arreglo a la
medida internacional."
La primera edición alemana se ha
ampliado de un modo tan considerable, al verterse a nuestro idioma, que
esta edición española, ofrecida por el
Instituto de Estudios Políticos, es, en
buena parte, una obra nueva y autó•
noma.
Las mayores ampliaciones corresponden a la parte 11 ("Teoría de la
producción") y a la parte IV ("La formación del precio"), A consecuencia
de las modificaciones llevadas a cabo,
ha resultado ordenada con mayor claridad, integrándose en una teoría completa, dentro de las hipótesis que rigen para' toda la obra, la exposición
sobre el capital y el interés.

Pág. 7

�¿POR OUE SE APRENIJE LATIN?
Charles BALLY

DA.RA terminar, indicaré brevemen1,- te cómo el estudio de una lengua
extranjer.a, iniciado a su tiempo,
ayuda al alumno a conocer mejor su
lengua materna. ·y ya que una larga
tradición designa al latín como particulal'mente apropiado . a este uso, permítaseme desarrollar a este propósito
ideas que no he hecho· más que esbozar hace un momento.

que traducir es operar sobre lo dado,
es descifrar soluciones y no resolver
problemas. Se puede fácilmente comprender que, junto a los ejercicios de
traducción, deberá hacer un conjunto
de prácticas, por lo demás muy sencillas, casi infantiles, destinadas a forzar la comprensión, una aplicación discreta del método directo e intuitivo.
Serian, por ejemplo, preguntas en latin sobre cosas determinadas, a las
cuales tendría que responder el alumno aunque no fuese más que con una
palabra, pero una palabra con que probara haber comprendido, y comprendido personalmente: definiciones en
latín cuyos definidos se buscaran; textos con lagunas que las palabras vecinas permitieran llenar; pasajes con
evidentes absurdos, pero que sólo se
pueden descubrir conociendo el contexto; hasta enigmas cuya clave habría que hallar, y así sucesivamente.
¿ Quién nos dará un manual de este
género? Cuando se piensa que en la
Perse School de Cambridge toda la enseñanza de las lenguas clásicas y todos los libros de escuela se inspiran
en estos procedimientos, se maravilla
uno de que tal iniciativa haya encontrndo tan poco eco en otras partes.

¿Por qué es útil el estudio del latín?
¿Será por ser el eco de la historia de
una gran nación? Cualquier lengua
moderna nos instruiría mejor sobre la
armonía, por otro lado indiscutible,
que puede existir entre un pueblo y su
idioma. ¿O será porque, como se repite sin cesar, el latín es el portavoz del
pensamiento griego? Pero ya sabemos
qué deformación ha sufrido el genio
helénico al pasar por los cerebros romanos. Es más, gracias a los autores
latinos hemos tenido durante tanto
tiempo una imagen falsa de Grecia, y,
hoy mismo, la idea que las gentes se
hacen de aquella cultura no es todavía
más que una caricatura. Todo el mal
proviene de que Roma conoció a una
Grecia que se sobrevivía a si misma.
La literatura latina nos ha familiarizado con una mitología griega sin religión; de la filosofía, los romanos no
conocieron realmente más que las escuelas posteriores a Platón y Aristóteles, Y no sacaron de ellas más que una
.moral utilitaria y simplista; los romanos estudiaron una elocuencia toda
ella viciada ya de retórica. ¿Qué sabemos nosotros por ellos de la tragedia?

Más vale no pensar en Séneca-. Imitaron la Comedia Nueva, reflejo trivial
de una vida disminuida, y desconocieron a Aristófanes. Perb, sobre todo,
fueron presa de los alejandrinos, de
los docti poetae, que nos han enseñado a separar el arte de la vida, que hicieron de la lengua escrita una lengua
de mandarines, y que redujeron los
grandes frescos de la Grecia heróica
a viñetas de tarjeta postal ( ¡Polifemo
y Galatea !) . El latín es el responsable
de que el alejandrinismo se haya extendido como una epidemia por las literaturas de Occidente; y en francés
su predominio es tan fuerte que casi
todos los poetas que han querido mirar de frente a Grecia la han visto (¡incluso Chenier ! ) a través de Teócrito y
de la Antología Palatina.
¿De donde viene, pues, el que el trato con las letras clásicas libera el espí-

Pág. 8

Todo. esto está muy bien, sólo que ...
no es el latín el único que presenta esa
gran ventaja de ser "otro": el griego
nos la ofrece multiplicada. El griego
está aislado en medio de las lenguas
indoeuropeas, no tiene contacto con el
francés (o con el español) más que
ritu, dándole ese algo de flexible y
suelto que se llama "esprit de finesse"
(delicadeza) y que podría definirse
como el sentido de las contingencias?
No hay en ello nada de misterioso: el
latín, por razones muy sencillas, nos
obliga a pensar "de otra manera". El
latín está construido sobre diferente
plano que nuestras lenguas modernas:
gracias a las flexiones, las palabras
conservan su individualidad en el seno de la frase; la construcción libre
hace de la frase misma un organismo
original; como además, y sobre todo,
el vocabulario recorta los conceptos
sobre patrones diferentes de los nuestros, es necesario analizar a fondo y
reconstruir los pensamientos más sencillos, sin que se pueda nunca utilizar
esas correspondencias mecánicas de
lengua a lengua que quitan a los idiomas actuales una parte de su valor
educativo. Y esto no es todo: apenas.
sabemos nada del latin hablado (algo
gracias a Planto, Terencio, ¡pero qué
poco!), el cual sin duda debió permanecer bastante homogéneo entre las
diversidades del latín literario. Todo
nuestro esfuerzo se aplica a las obras;
pero cada autor tiene su individualidad; no hay dos que se puedan explicar completamente el uno por el otro:
al pasar de Cicerón a Tácito hay que
cambiar de gramática y de léxico; Virgilio y Horacio, contemporáneos, escriben dos lenguas diferentes. Por todas estas razones el latín es un instrumento maravilloso para adquirir flexibilidad; familiariza al espíritu con lo
imprevisto, le da el sentimiento de lo
accidental, de lo contingente, mientras
que la formación científica le pone
delante el trato. -necesario tambiénde la ley. ¿No se ha dicho que las matemáticas y una lengua antigua basta•
rían para prep.~rar armoniosamente el
espíritu?

Esta accjón se ejerce casi automáticamente por la naturaleza misma del
objeto y a pesar de los métodos más
detestables. Esos métodos conviene
adaptarlos a las necesidades de cada
pueblo y de cada generación. Pero yo
no creo que la erudición renueve los
estudios clásicos. Haría falta por el
contrario simplificar la gramática y
guardarse de introducir en la escuela
la filología, la lingüística, la estilística.
Si nuestros procedimientos deben modificarse, eso sería, en mi opinión, para proporcionar una comprensión más
activa de las cosas leídas. La lectura
de los autores queda como cosa central, por supuesto; pero no olvidemos

por las palabras técnicas; el pensamiento que expresa es original hasta
la médula, en lugar de ser un reflejo
perpetuo. Si es la visión de lo diferente la que abre i;l espíritu y ensancha el
horizonte, el griego es el ideal, el latín un sucedáneo. Y aquí es donde está el lado trágico de la crisis de las
humanidades: se quiere echar algo por
la borda para salvar el resto, "entregar" una de las lenguas clásicas, y se
conviene tácitamente en sacrificar
aquella que más nos consolaría de la
pérdida de la otra. La cuestión es angustiosa, y no puedo vanagloriarme de
haberla resuelto en pocas líneas. Mi
objeto ha sido mostrar -lo cual se
hace casi nunca- cómo se debe plantear.
Tomado de El lenguaje y la vida.
Ed. Lozqda, S. A.1 B. Aires, Trad.
de Amado Alonso/ .

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                    <text>Año XII No. 7 Julio de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
.DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

BRE

EVED

Alfredo CARDONA PE~A

rial, pocos a la poesía, nadie a estos abigarrado, concentrado, ' soez, purulugares sombríos donde el lenguaje lento, siempre fuerte, siempre entre
manejado por el genio, resplandece Bosco y Goya, de las jácaras y romancomo las estalactitas en una caverna. ces". Dámaso afirma que ese inmenso
Dámaso Alonso, en su eminente traba- y revuelto mundo está hecho "de figujo sobre el polígrafo, nos da la noti- ras de titerero, donde nada se entiencia de que el señor Manuel Muñoz Cor- de si no se escudriña hasta el último
tés ha estudiado ya algunos aspectos pormenor".
Y prefiere investigar, en Quevedo,
estilisticos de- jácaras y romances en
la
tradición del verso italiano ...
una obra que saldrá pronto en Madrid,
En desórden, sin método, hemos
si es que no ha salido cuando escribimos estas lineas. Es precisamente Dá- apuntado algunas voces usadas en los
maso Alonso, tan pulcro, tan fino, el romances y jácaras, que prueban la
que ha huido de este ruedo popular, categoría de millonario del lenguaje
importantísimo en la poesía de Que- que es Quevedo.
Voces de germanía: guro (policía);
vedo. Al tratar sobre la poesía burlesPero hay un Quevedo no aristocrá- sobre los romances de don Francisco. ca y la creación literaria, advierte: godeñas (ricas, principales); iza (ratico ni minoritario, sino popular, co- Todos se van a la novela y al memo- "No nos vamos a meter en el mundo mera) ; fuñar (revolver pendencias) ;
bederre (verdugo): ''hizo el bederre
lectivo: el Quevedo de tierra y pueblo
bailar".. : .; calcorro (zapato); manque empedró su estilo con las voces de
fla (mujer de trato ilícito); cormar
la calle. El misticismo y la picaresca,
(sinónimo de cepo).
como dualismo central español, aquí
Voces arábigas: jarifa (vistoso, comencuentra su fenómeno mayor, su alpuesto,
"catrin", y más de nuestros
tar de los reyes. Para mi gusto, son los
días, "pachuco"); jiferadas (cuchiromances, las jácaras y los b!]iles en
lladas) ; badeas (personas flojas) : "así
donde resplandecen con mayor intenhagan sus oficios/este agosto las basidad estos valores populares de Quedeas" ... ~ alifafes (achaques pasajeros
vedo. En sus novelas satíricas, como
o leves, es voz que usan los estilos
la famosa "Vida del Buscón don Pacontemporáneos) ; alcominías, por alblos", hay, es cierto, gran acopio de
comanías (alcahueterías), 'mandó las
energías de expresión creadas por el
alcominías/que gustaba su apellido";
pueblo; lo mismo en "La hora de tojábega
(embarcación pesquera) , "en
dos", su obra cumbre, la cúpula de su
la
jábega
se ocupan/ bergantes menos
estilo. Mas lo curioso es que en los
rollizos".
poemillas callejeros también llega a la
Voces portuguesas: tronga (mancecumbre.
ba,
dama).
¿ Quién es este monstruo, que escriVoces
arcaicas: argén (dinero); tibiendo sobre San Pablo usa las plumas
nelo
(jarro
del que se llenan los vasos
de los ángeles, y reproduciendo el hacon vino. Usada por nuestros estilisbla común se convierte en un taquítas. También significa "comedor de
grafo de la grosería?
la servidumbre"); vendeja (venta púEn Quevedo están presentes el panblica y en común como en feria).
tano y la estrella, el cerdo y el querube, y ambos conceptos lo unifican, lo
universalizan.
* * *
Vayamos por el enredijo violento
Dice Quevedo, en el romance LXVI:
del Quevedo de las tabernas, entremos
en sus casas de citas, riñamos con sus
Por Da/ne me tuvo el sol,
alcahuetas. ¡Qué mundo de voces vipues se andaba tras mi jeta,
vas, tremendas! ¡Qué universo del lenretozándome de llamas,
guaje figurado! Las figuras de pensarequebrándome de hoguera.
miento - ironias, reticencias, paradojas, etc.- están empleadas con tal beLa figura tiene tal sello propio, que
lleza, que si tuviéramos retóricos pase le reconoce la paternidad a leguas.
ra escuela más avisados, desapareceEl hipérbole es el andamio que sostierían para siempre los ejemplos mal
ne su pluma, el trampolín desde donescogidos, y apareceria este mar de
de se lanza al imperio de la gracia. En
iluminaciones. Elijamos, al azar de los
los CXI romances coleccionados por
ojos, esta perífrasis de la jácara XI:
Astrana Mario no hay uno solo en donCuando el dios calentador,
de la travesura hiperbólica no diga lo
Bal'barroja de epiciclos,
suyo. Es famosa aquella alusión a la
en la contera del mundo
fría cárcel donde lo ha encerrado la
se está haciendo mortecino ...
envidia del Conde-Duque de Olivares,
cárcel que por fría compara con NoCon todo, no hay un estudio definiruega:
Don Francisco de Quevedo y Villegas
tivo, desde el punto de vista analítico,

L ttpríncipe de la poligrafía", como le llama Luis Astrana
Mctrín, su biógrafo emérito, es al parecer inacabable. La
frase de Gracián, tttodos te conozcan, ninguno te abarque", puede aplicársele con justicia. Búsquesele como teólogo, y los Jerónimos enmudecerán; como traductor, y los más
insignes lingüistas le verán señorear. Lo mismo como filósofo y
como poeta. En filosofía no fue don Francisco una mente técnica, ni llegó a construir-terminologías: echó la sonda al tiempo, y
comentó los actos de los hombres encumbrados. Como poeta
produjo asombros de concentración verbal, deliquios amorosos y
macabras sonrisas a la fugacidad de las cosas, con su poquito de
Montaigne, a quien él llamaba ''el señor de Montaña". No hay
disciplina escrita en donde no haya paseado su genio •.

E

�Zampuzado en un banasto
me tiene su majestad,
en un callejón Noruega
aprendiendo a gavilán ...
Vuelve don Francisco en sus romances, siempre en tono de furiosa exageración, a su "don Pablos", y sobre todo a "Las necedades y locuras de Orlando el enamorado", poema este último donde llega a extremas posibilidades de riqueza idiomática. Su novela
más conocida, la del "Buscón", está
presente en este fragmento del romance XV:
pnes ibm,, de pura hambre,
con telarañas las tripas

y con polvo los gaznates.
Los gigantes que aparecen en el "Orlando" son evocados en el mismo romance:
tu pelo; el bosque del Pardo,
donde es preciso que pasten
piojos como jabalíes
y liendres como elefantes.
Y en el romance XXV, hablando' de
Diógenes, dice que tenia:
en el color y en lo yerto
juntos erizo y castaña.

• • •
Idiomáticamente, pocos criticas han
ahondado en las XVI jácaras de Francisco dC Quevedo. Breve e intensa colección de versos, los más frescos y
desenfadados, quizá, de toda su obra
festiva. Porque si los sonetos y poemas burlescos aventajan a éstos en estructura, mérito interno y mordacidad, las jácaras son el testimonio más
elocuente del Quevedo ¡¡opular, de ese
Quevedo de barrio nocturno, taberna
y prostíbulo, tan maravi11oso como el
Quevedo ascético:
Allí estaba la Garulla,
la Gangosa y la Peral,
la Plaga y otras señorns
de hedionda honestidad.
(Jácara VII).
No nos escandalic«;mos, que ya lo
dijo el Ingenio, hablando de si: "dióme el Escorpión su lengua" . También
le dió su lengua el ruiseñor, y la ternura el pueblo, cuando dice:
Soy ovejila del agua
que me llaman con silbar.
(Júcara V).
Y también:
Dime, ¿qué serios tiene
tu enamorado?
Es como un oro lindo,
doble y cruzado.

. .-r--.
.---,

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1 • J.,
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"'&lt;_ ·,. . ' -------

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...•
~
=-..:-...---1""'-----::::a--;.,

.

.

.'

Lo cual se parece a García Lorca.
Porque García Lorca fue a Quevedo y
trajo mucho material expresivo.¿ Quién
es don Francisco -hemos dicho- sino un millonario a quien todos pedimos algo de prestado? En los bailes y
loas se alegra el poeta, canta y palmotea como un gitano legítimo:
Los amores, madre
son como güeuos:
los pasados por agria
son los más tiernos.
El coro puede ser un destacamento
de soldados qu&lt;, enarbola "en las almenas del brindis las banderas de las
copas".
Fueran mis labios claveles
si en tiestos hubiera labios.
Esta imagen, tan quevedesca, nos
recuerda aquella de
Con el aire se batian
las espadas de los lirios
que aparece en la archiconoclda "Casada Infiel", de Federico. ¿No sería
bueno estudiar estas filtraciones del
satírico en el poeta de Granada?

cisne. Es el escritor que en su ira t~endc los ojos a los muros de la patria y
los ve desmoronados. Aqui, en estos
poemas burlescos de las jácaras, romances, loas y bailes encontramos, semiperdidas en la maleza de los textos, tres referencias a México que no
deben pasar inadvertidas. No es por
azar que ]as vemos disparadas al oro,
81 dinero de ultramar, a ese potosi con
visos de leyenda que es la Nueva España, paraíso de aventureros de toda
laya.
La prüñera referencia corresponde
al romance número XX, página 259 de
las obras completas (en verso) de la
erlición critica que preparó Luis Astrana Marín, (Editorial Aguilar, Madrid, 1943), y titulado "Lición de una
tia a una muchacha, y e11a muestra como ]a aprende". Dice la vieja a la joven, borbotando malicia:
Para mi son las bolsas
sones y liras,
gaita mejicana
de mi codicia.

Debemos fijarnos bien cómo la gaita es aquí como sinónimo de caja donEl "oro de Indias" circulaba en la de la maestra del lucro, que es esa
imaginación del pueblo español del si- vieja del romance, quiere guardar su
glo XVII, que iba al desastre por el · codicia. La gaita, en efecto, tiene fordesgobierno de Felipe IV. Ya se sabe ma de caja, si bien más larga que anque don Francisco presiente el ocaso cha, y en ella, que tiene una significay lo canta como un ¡¡rofeta de la de- tiva fabricación (ideal) mexicana, decadencia. Su alondra carnavalesca posita el personaje, como en una alguarda en secreto un sombrío 1uto de cancía, sus esperanzas materiales.
MEXICO EN QUEVEDO

La segunda referencia se encuentra
en el romance LXXXIX, página 235
del mismo libro, titulado "Alega un
marido sufrido sus títulos en compe.
tencia de otro". Dice el casado, ha:
ciendo arrumacos porque encontró á.
su mujer con otro:
En aras te quiero dar
dos mozuelos mejicanos,
que te cubrirán de pesos
aunque se los hagas falsos.
Siempre la ironía, y siempre, interpretando la imagen que nuestro mundo proyectaba en ultramar, la alusión
mexicana de riqueza, ahora en forma
de mozuelos.
Pero la referencia m::is bella, por su
tono de canción, es la que aparece en
el "Baile" III, de la página 511, titulado "Los galeotes", una brevísima escenificación de tipos populares que cantan y bailan al són de pitos.
Dice uno del grupo:
Aires mejicanos
venid y llevadme
que los aires sin blanca
son malos aires.
Imaginamos que esta coplilla se ha
cantado y vivido muchas veces, desde
1592 a la fecha, en viajes que van a
parar a Veracruz. También hay referencias a Puerto H.ico, La Habana y
Buenos Aires, en el mismo "Baile":
Puerto Rico es buen puerto,
que los demás son playa:
para vanas y locas
el Morro de La Habana.
No navegues nunca
con los Levantes,
que Ponientes de casa
son Buenos Aires.
En resumen: el Quevedo de los romances; jácaras, bailes y Joas, no ha
sido hasta ahora motiYo de una seria
investigación lingüística. Esperamos
ese libro de Muñoz Cortés, que anuncia Dámaso Alonso, sobre este encendido capitulo del gr,m ¡¡olígrafo. No
basta el Quevedo del Himno a las estrellas, ni el celebérrimo prosista de
tántas obras perdurables. Es fundamental el estudio del hombre que bajando de su pedestal humanístico se
pierde por las calles y convive con el
pueblo, escuchando de sus labios las
palabras humildes y violentas para
acrecentar el _léxico y darnos, en pocas y rotundas pinceladas, uno de los
cuadros más vivos de la picaresca española.

0\/idio, Cultor de Belleza
Roberto BRAVO VILLARREAL

o hubo tema ni ocasión que escaparan al estro fácil y profuso de Publio Ovidio Nasón. Este barroco poeta sulmo•
nense tiene en su anecdotario el hecho aquel de haber
jurado solemnemente a su padre, tejiendo un perfecto
verso hexámetro: "iuro, iuro tibi, pater, non componere versus",
dejar en paz a las musas y proseguir la carrera forense, cara a su
progenitor. Este hervor poético, esa su imaginación de colorines
y sobre todo su erotismo casi maniático le empujaron a ocuparse
.de todos los géneros literarios y montes poéticos. Tuvo la osadía
hasta de autodenominarse "creador de la tragedia romana" por
una obra -Medea- que representa un conato estéril por crear
• el género trágico que no podía arraigar en el pueblo latino, carente de fe cplectiva y pleno ardor cívico.

N

Pero ÜYidio tiene, en su fisonomía
espiritual, un rasgo muy acentuado:
su erotismo. En el "Are amandi" tiene un verso que lo pinta de cuerpo
entero: "Me Venus artificcm tenero
praefecit Amori", "Venus me ha escogido como mentor del suave Amor".
'Las Heroidas", "Amores", "Remedios
del Amor", "El Arte de Amar" son títulos de sus libros que gritan su contenido. Todavía es un misterio literario el develar la identidad ele esa mujer de sus amores llamada Corina. Y
la maledicencia que habla por la boca
popular y que nunca dice las cosas a
medias -ni tampoco a enteras- vió
en Corina nada menos que- a Livia,
mujer del emperador o a Julia, hijastra de ésta, hija de Augusto, la cual
por escandalosa sufrió cruel ostracismo en la isla Pandataria. El hecho
mismo de haber repudiado a sus dos
primeras esposas nos indica que Ovidio era todo un maestro en el "arte de
amar" sin curarse mucho de sus "remedios". Todos sus libros, incluido el
de la Metamorfosis, huelen a autobiografía erótica, enervante y licenciosa.
Don Gregario Marañón, que supqne
que el tipo donjuanesco es un producto de sociedades decadentes, hace de
Ovidio el Don Juan de la _Roma precristiana, con todos sus equívocos, glorias y miserias. El "Are amandi" es
para el médico-escritor el primer manual, el más perfecto y el más cínico,
del amor donjuanesco.
Como apéndice del libro arriba c-itado, código de la galantería, escribió el
sulmonense otro libro del cual queda
sólo un fragmento muy poco conocido: ' 11\fedicamina faciei femin-ae" o
u Afeites para la cara femenina" o más
brevemente "Los Cosméticos". Como
buen conocedor, aunque mal catador
de las mujeres, sabía que · halagar el
rostro femenino es halagar, casi siempre, toda la persona. Ya sea que le haya estimulado a escribir estos versos
cosméticos la piel rugosa de la sexagenaria emperatriz Livia, o Ja faz fresca
y tersa de Cipasis, linda sierva que robó a su ama Corina los cariños del
poeta, o 1a cara de prematuras rugas
de Julia ]a licenciosa, Jo cierto es que
el poeta se metió a cultor de belleza
adelantándose a esta época en la que
dominan Max Factor, Ric11ard Hudnut
y otros "eiusdem furfuris" de cuyos
nombres no puedo - ni debo- acordarme.
El poemita está escrito en versos
hexámetros elegíacos, a saber, en dís•
ticos de hexámetro y pentámetro combinados. E] introito no puede ser más
solemne. Ovidio de inmediato se erige
en maestro del ornamento facial:
Discile, quae faciem commendet
cura, puellae,
Et quo sil vobis forma tuenda modo.
"Aprended, oh mujeres jóvenes,
cuales son los cuidados que embellecen la cara y de que manera vuestra
belleza debe ser conservada". Intro-

duce luego símiles muy plásticos que
nos llevan al conocimiento de que el
"cultus", el cuidado, el cultivo obliga
a la tierra estéril a producir los dones
de Cercs, a corregir los jugos amargos
en los frutos y da al árbol injertado
riquezas adoptivas. Tiene a continuación una frase concisa y marmórea
"Culta placent": las cosas producidas
por el cuidado y el arte nos agradan.
Guarda gran paralelismo esta frase con
aquella de Santo Tomás de Aquino definidora de lo estético: qua e visa, placent". "Quizá, añade el poeta, bajo el
reinado de Tacio, las antiguas Sabinas
prefirieron el cuidado de los campos
maternos al de la propia persona y la
matrona con asiduos dedos hilaba en

el alto asiento y encerraba en el aprisco a los corderos que su hija había
llevado a pacer". Ahora el sagaz Ovidio tiene el cuidado de recordar a las
jóvenes romanas que sus padres han
dado a luz hijas delicadas y que éstas
gustan cubrir sus bellos cuerpos con
áureas vestes, peinan variadamente el
cabello untuoso y mostrar la mano resplandeciente en gemas. Ovidio logró
ya .con la adulación interesar a las latinas en su poema. Si el poeta hubiera
podido utilizar la tipografía y la propaganda modernas, el éxito de sus versos cosméticos hubiera sido pasmoso.
Y para que no se piense que el afeminamiento masculino es privativo de
ciertas épocas, Ovidio lanza un par de
dísticos que surten el curioso efecto
de alentar a las mujeres recriminando
a los hombres:
"No debemos criticar ásperamente
este vuestro afán de agradar, porque

nuestro tiempo es testigo de que los
varones se preocupan también por la
apariencia. Vuestros maridos siguen
las modas femeninas y la esposa nada
tiene que añadir al aliño de su esposo.
Por lo demás, el arreglo personal nunca es un crimen".
Justificado negativamente el ornato, nuestro poeta pasa a hacerlo posi•
tivamente "porque las mujeres encuentran placer en agradarse a si mismas".
Aqui el erotismo malsano de Ovidio se
torna narcisista. Estos versos hablan
más de lo que a primera vista nos dicen. Voluptas, palabras que en Cicerón y en Virgilio preferentemente significa el apetito del placer honesto,
en Ovidio sufre siempre una distor-

sión reprobable. Esto queda confirmado con la alusión al cisne narcisista y
voluptuoso de Juno y a la de los antiguos fármacos como el hipómano, secreción de la vulva asinaria.
Los más desconcertantes versos de
Ovidio son los que vienen ahora. Creemos que había recibido más de una
admonición del Emperador por sus
versos licenciosos que le valieron más
tarde el exilio a los confines de la Ausonia. Por eso se percata que esos versos le pueden llevar demasiado lejos y
hay un viraje en el tono y en la matfr-4
ria de sus siguientes versos reaccionando de manera pasmosa:
Prima sit in uobis morum tutela,
puellae.,.
Certus amor morum est .. .
Suf{icit et longum probitas perdura/
in aeuum,
Fertque suos annos: hinc bene
pendet amor.
"Que ,•uestro primer cuidado, doncellas, sea el de vigilar vuestras costumbres .. . , el amor fundado sobre la
pureza de costumbres es duradero ... ,
la virtud se basta a si misma, se prolonga hasta el término de la vida, se
adapta a los años: la duración del
amor de aqui depende". Suenan casi
a ironía y a metal hendido estas palabras. ¿O debemos creer sinceras es..
tas frases, tan contrastadas con las anteriores y con las que le subsiguen en
las que suministra simples récipes de
boticario? "Don Juan, escribe Marañón, es fundamentalmente tramposo. ·
No repara nunca en los medios pafa
conquistar a las mujeres". Aquí el diablo se mete a predicador y más de una
de sus admiradoras coetáneas juzgaría
poco justa la fama dudosa del poeta.
Aparece ahora el cultor de belleza.
Ovidio consigna unas fórmulas de cosméticos que ahora de seguro se emplearían para curtir, no para exornar
pieles, si exceptuamos el uso de hue,,os, ahora sustituidos por los milagrosos embriones de pollo, más caros,
que obran prodigios en rostros septuagenarios. Y aqui va la primera receta,
aún no patentada, a disposición de
cualquier artífice facial:
2 libras de cebada de Libia y otras
dos de algarroba mezcladas con 10
huevos. Débese secar este menjurje a
un viento fuerte y después ser molido
por una asna en una piedra áspera.
Añád&amp;se después la sexta parte de una
libra de cuerno molido de un ciervo
de un año . Todo esto debe ser luego
perfectamente tamizado. Con 12 bulbos de narciso sin corteza triturados
en un mortero de mármol, 2 onzas de
goma de Toscana y 18 de miel, añadidas a lo anterior, se conseguirá un
cosmético que aplicado al rostro Hhará que fulja más brillante que un espejo".
Aqui tenemos otra más eficaz: 4 onzas de incienso con otras 4 de nitro,
un pedazo de goma y mirra grasosa.
Se muelen muy finamente, se mezclan
con miel e hinojo, rosa seca, sal de
amoniaco, incienso macho y crema de
cebada. "La cara, epiloga el poeta,
frotada con esta pomada, se revestir8
inmediatamente con brillantes colores",
Suprimimos la tercera, porque sospechamos que éstas entusiasmarán a
más de alguna doncella ansiosa de
realzar o descubrir supuestos encantos faciales. El poema tiene finalmente otrQ¡. dístico y bruscamente se corta
por la deficiencia de los versos perdidos. Lástima grande, porque la cosmética antigua, si muchas veces no era
muy eficaz, era curiosa y digna a veces de piadosa risa, corno en gran parte la de nuestro siglo presente. El fragmento del poema acaba en puntos
suspensivos y para no ser menos, ilnitamos a Ovidio, cultor de belleza y de
bellezas, en su involuntaria táctica de
dar cima a su poema ...

Pág. 3
Pág. 2

�TRHYECTORIH YPENSHMIENTO DE HNTONIO COSO
Agustín BASAVE FERNANDEZ DEL VALLE

I
EL MAESTRO ANTONIO CASO
n la historia del pensamiento filosófico mexicano, Caso es,
por antonomasia, el maestro. Menos original que V ascon•
celos y con menor vuelo especulativo, es, no obstante, me•
jor preceptor, más acabado conocedor y expositor de lo
que ha sido, hasta ahora la filosofía.

E

Su cabeza vigorosa, su bruma y alborotada melena, su mirada goetheana
-que tal vez él cultivara conscientemente por la reiterada contemplación
del busto de Goethc que tenía siempre
en su biblioteca- su saliente e imperioso mentón, su gesto, su ademán, sus
incisivos y taladrantes ojos contribu-

yeron a que su palabra precisa, elegante, adecuada, cautivara entusiásticamente al auditorio. Era orador.
¡Cierto! Pero un tipo de orador muy
diferente a aquellos grandilocuentes y

vacuos para fraseadores de frases trilladas~ y arbitrarias. La oratoria de
Caso era solo una bella envoltura de

concepciones rigurosas, acabadas, académicas. Su verbo espontáneo, sonoro y esplendente acl3ró vocaciones y
fomentó a investigadoi:es. Mas que su
obra escrita valió su magisterio filosófico, su lealtad a la nación mexicana y
a la estirpe hispanoamericana, su personal e irreductible estoicismo. En
una época difíeil en extremo, supo ser
siempre fiel -contra toda penuria y
contra toda tentación política- a su
vocación de filósofo y de preceptor.
El 19 de diciembr~ de 1883 nació
en la ciudad de México. Murió en esa
misma capital el día 6 de Marzo de
1946: la víspera de iniciar un curso
en el Colegio Nacional sobre "El problema de la filosofía de la historia".
Fué discípulo de Ezequiel A. Chávez y
de Justo Sierra. Se licenció en Derecho aunque nunca ejerció como Abogado. Su profesión, propfamente, fué
la de profesor de filosofia y de sociología. Junto con Pedro Hcnríquez Ureña, José Vasconcelos y Alfonso Reyes
- paríl nombrar solo a los más destacados- formó parte del Ateneo de la
Juventud. El Colegio Nacional -la
más alta institución acadCmica ele México- le tiene como uno de sus fundadores. Mereció que le confirieran
el título de "Doctor, honoris cansa",
las Universidades de Hío de Janeiro,
San Marcos, México y Guat.c mala. Fué
director de la Escuela Nacional Preparatoria, Rector de la Universidad
Nacional, Director -efectivo primero
y honorario después- de la Facultad
de Filosofía y Letras y fundador y
presidente del Centro de Estudios Filosóficos. Su servicio a México se extendió, también, al camp·o de la Diplomacia: embajador en el Perú, en la
Argentina, en el Uruguay y en el Brasil.
Eduardo García Maynes ha propuesto la clasificación de los escritos de
Antonio Caso que consignamos a continuación:
1.- OBHAS S!STEMATICAS. A) FI1.OSOFIA: La Filosofía de la Intuición (1914); Problemas Filosóficos
(1915); La Existencia como Ec,onomía
y como Caridad (1916).; La Existencia
como Economía, com0 Desinterés y
como Caridad (1919); El Concepto de
la Historia Universal (1923); Estética
(1925); El Concepto de la Historia
Universal y la Filosofía de los Valores
(1933); El Acto ldeatorio (1934). B).
SOCIO LOGIA: El Problema de México
y la Ideología Nacional (1924); Sociología Genética y Sistemática (1928).
2.-ESTUDIOS SOBHE HISTOHTA

Pág. 4

DE LA FILOSOFIA: Filósofos y Doctrinas Morales (1915); La Filosofía
Francesa Contemporánea (1917); Historia y Antología del Pensamiento Filosófico (1926); La Filosofía de Husserl (1934); Meyerson y la Física
Moderna (1939); Positivismo, Neop·osítívismo y Fenomenología (1941); Filósofos y Moralistas Franceses (1943).
3.-ENSA YOS, CONFERENCIAS Y
DISCURSOS: Drama per Mtisíca
(1920); Ensayos Críticos y Polémicos
(1922); Doctrinas e Ideas (1924);
Discursos Heterogéneos. Discursos a
la Nación Mexicana. Nuevos Discursos
a la Nación Mexicana (1934); La Persona Humana y el Estado Totalitario
(1941); El Peligro del Hombre (1942);
México (1943).
El maestro Caso era, segun el testimonio de quienes le conocieron ínti-

sutil- captaba todos los problemas
que agitaban la conciencia universal.
Buenas horas de la noche las dedicaba
al "santo sacramento de la conversación". A la juventud le dedicó, como
Sócrates, toda su vida de maestro.
En un escrito publicado en 1922
(Colección "Cultura", Tomo XIV, No.
6) y titulado "Mi Convicción Filosófica", Antonio Caso afirmó su credo en
9 proposiciones. He aquí algunos de
esos luminosos p8.rrafos:
1.-En el mundo estamos para
OBRAH. La esencia de nuestra actividad la ignoramos y probablemente la
ignoraremos siempre; pero el sentido
de nuestro esfuerzo es inteligible.
2.-Las ciencias positivas y la historia son conocimientos perfectibles,
que cada vez harán mas inteligible
nuestro esfuerzo sobre el mundo y sobre nosotros mismos.
3.-En cambio casi no hay progreso
metafísico. Ninguna de las grandes
hipótesis cosmológicas de los griegos
anteriores a Sócrates ha sido vencida
ni excluida, por tanto, del grupo de las
ideas metafísicas contemporáneas ...
4.-La lógica, la ética, y la estética;
es decir la filosofía prilctica, canónica, como dijeron los estóicos, la regla
de la vida humana, la filosofía del va-

cuente consigo mismo; Jesús murió
por espontánea inspiración. No hacía
soligismos como el griego. Vivía. La
moral cristiana es vida, no hipótesis,
acto, no ley, conducta, no imperativo.
Yo quería que Jesús no hubiera existido nunca o que si hubiera existido
no se hubiera sacrificado; o que se
manifestara en su siglo como ángel,
genio o aparición sobrenatural. Pero
fué HOMBRE y entonces, si somos
hombres habrá que ser como él. No
hay remedio. Al prenderse de la Cruz
nos comprometió a todos. Si no nos
sacrificamos no nos salvam os. Esta es
la verdad.
7.-Por la educación resolvemos la
educación de un hombre pleno. Es decir constituimos un ente ideal que no
se ha efectuado plenamente en la historia ...
8.-En el fondo de todas las cosas
Algo hay, no sé si Omnipotente, pero
sí noble, leal y humano, que hace posible el heroísmo y el sacrificio para
cumplir un designio, quizás, que sólo
puedo vislumbrar si ante ese Ser me
humillo y comprendo que no lo puedo
comprender.
9.-Padre nuestro, que estás en los
cielos, Santificado sea tu nombre, hágase tu voluntad, así en la tierra como
en los cielos ...
¡Así termina l:1 cristiana Weltanschaung de Antonio Caso l
JI

MEXICO COMO AMOR Y COMO
PHEOCUPACIO:-- DE ANTONIO
CASO
''Sobre todo hay que amar, como

Ulises, las verdades del terruño,
y el humo que acaricia los techos del caserío ele lthaca".
ANTONIO CASO

mamente, de una mexicanisima corte~
sía - gentil y caballeresca-, de costumbres sencillas, de rectitud inflexible, de suave ironía no exenta de gracia. En sus charlas solía llegar hasta
el alegre mariposeo: "No me gustan
las masas ni las misas; prefiero las
mozas y Jas musas. La "m" es letra
peligrosa, porque es la letra· inicial de
la mujer, de la música Y de la metafísica, mis tres YiciosJJ. Como conversador era estupendo. Sabía escuchar
y "transmitir todas las insinuaciones
del mundo, murmullos, sonidos e
ideas" (Julio Jiménez y Rueda). Amanera de antena de oro -enhiesta y

Del amor a la patria, Antonie Caso
pasa al amor de la raza, y de éste al
amor a la humanidad. "Nos parece
muy plausible 'el entusiasmo que se
advierte por todas partes -expresa
Caso-, en América y en Espafia, hacia la consecución del ideal de la raza hispanoamericana. Nada más natural; nada más noble; pero debemos no
olvidar los mexicanos que la patria es
- primero que la raza, como la raza es
primero que la humanidad. Es decir,
la mejor manera de servir a la raza es
ser buen patriota; el mejor modo de
servir a la humanidad es trabajar por
la raza". Ante los extremos de limitar
el horizonte y cerrarlo a cuatro palmos de la nariz o l'nsancharlo sin medida hasta disolverlo, en incolora vaguedad, el maestro Caso escoge un
justo medio: "la imperiosa urgencia ,
de las cosas mús próximas, que Dios
nos puso u la numo para que las defendiéramos nosotros mismos, porque
de las mús lejanas no prl'tisa que cuidemos. El, en su miscrfrordia infinita, las tiene bajo su Omnipotencia".
Amando a su patria, el hombre
aprende también a rimar los otros paises que se Je asl'mejan. :\íús concretamente amando los mexicanos a Méxilor, como decimos los modernos, ha co, aprenden a nm;tr a España, a Coentrado de lleno en un progreso evi- IÜmbia, Perú, Chile, l1r11guay, Argendente ...
tina y todos los otros países hispano5.-La estética Ja fundó Kant; el mits americanos. "Al sentir la solidaridad
grande de los filósofos posteriores a de la raza - dice Caso- la unidad dC'
Ari¡itótelcs. A él se deben las defini- la cultura, las costumbres reproducen
ciones impecables: 'lo bello eS' un pla- la misma realidad social o equivalencer d esinteresado"; "una finalidad sin ! e".
fjn" ...
Desconfía el maestro mexicano -y
6.- La ética la fundó N. S. Jesucris- con razón- "ele quien es, haciendo
to. Mientras un hombre no se sacri- alarde de falso humanismo, &lt;leclaran
ficó por el ideal del sacrificio, la éti- renegar de su patria". Los afrancesaca fué una teoria, es decir, un metafi- dos, los ayanquísados y los descastasiqueo ingenioso, profundo, pero sim- dos de toda laya que intentan profesar
plemente teórico, dialéctico e irreal. un torpe y destetiido cosmopolitismo,
Sócrates murió para no ser inconse- - que no es Jo mismo que universalis-

mo- se olvidan que nacer en un país,
hablar una determinada lengua y estar
inmersos en una determinada tradición, no es lo mismo que nacer en incubadora. La cultura patria y la vocación de nuestra raza hispanoamericana nos imponen un determinado
quehacer. Disfrazarse de francés, de
yanqui o de italiano esti, muy bien para un baile de carnaval, pero en la vida real y cotidiana seria ridículo portar siempre un .disfraz. Los mexicanos, para ser verdaderamente huma- '
nos, tenemos que ser verdaderamente
ruexícanos. Tal es, por lo menos, nuestro pensamiento que, en lo sustancial,
es fiel -así lo creemos- al sentido de
mexicanidad que delineó Antonio Caso.
"México" (Apuntamientos de Cultura Patri;i), es el libro en que el maestro mexicano Antonio Caso cristalizó
su amor y su preocupación por su patria. La obra está dividida en tres partes: 1) El problema social y político.
2) la evolución de la cultura patria,
y; 3) geografía intelectual de México.
Políticamente, México es una democracia trágicamente imperfecta. "Fuimos una colonia española y nues't ros
· mayores hicieron, apresuradamente.
de nosotros, una república federal y
democrática.·... Hubiera sido mejor,
sin duda, un tránsito men0s brusco,
una historia nacional menos dram::ltica, de lenta evolución, de gestación
pausada, acompasada, uniformemente
acelerada, como dicen los matemáticos .. ." Evolución y no revolución es
lo que prefiere Caso siempre. Pero,
"México", en vez de seguir un proceso
dialéctico uniforme y graduado, ha
procedido acumulativamente". Entre
nosotros nunca ha existido la unidad
racial, el trato humano uniforme, requisito indispensable para una democracia plena. Y sin embargo, no es posible otra clase de gobierno: "los fusilamientos de Padilla y el Cerro de
las Campanas, probarán siempre que
en el suelo de México no arraigan imperios". ¿Qué derrotero nos conviene
seguir? ¿Qué orientación será posible
marcar? "Ni Sancho ni Quijote. Ni
grillete que impida andar, ni explosivo que desbarate; sino ánimo fuerte y
constante de lograr algo mejor, sabiendo, a pesar de eJlo, que ]a victoria
verdadera se alcanza si se pone plomo
a las alas". El lema de nuestra redención ambicionada, debe ser este:
"¡alas y plomo!"
Los más claros prestigios de l\Iéxico
desfilan ante la mirada amorosa de
Antonio Caso: empieza el maestro por
evocar las figuras sublimes y aladas
de San Felipe de Jesús y el bienaventurado Bartolomé Gutiérrez, - porque
los valores religiosos son los mús altos- sigue examinando a Don Juan
Benito Díaz de Gamarra - un filósofo
mexicano discípulo de Descartes- , a
Dqn .Francisco Javier Gamboa, legislador de un Continente, y termina, en
nuestros días, hnciendo las semblanzas - siempre generosas aunque . un
tanto pobres y descoloridas- de Ignacio Rarnírez, Gabino Barreda y Justo
Sierra. El problema de la escuela preparatoria y la importancia de la Facultad de Ciencias y de la Facultad ele
.F ilosofía y Letras dentro tle la Cnivcrsidad, son objeto de preocupación pa•
ra Caso. Aunque en la época juvenil
Antonio Caso tuvo una formación a
base de autores franceses de aquel
tiempo, en su madurez admiró más al
genio alemún: .iGoethe, Herder, Schiller dieron al traste con la fábula ofensiva para el genio alemún, y, en nuestros días, se sabe que Alemania 'es
maestra del mundo en letras, ciencias
y filosofía. Todavía más, la evolución
filosófica de Alemania, es acaso el único fruto intelectual de la civilización
cristiana que puede equipararse al desarrollo del pensamiento helénico, de
Pitágoras y Heráclito a Platón y Aristóteles. Se dice: Sócrates y Kant; son

los dos Sócrates, los dos incomparables fundadores y rcnoYadorcs de la
historia del pensamiento". Nosotros
haríamos, tan solo, una equiparación
m:.'1s: la pléyade de teóJogos, filósofos,
juristas, literatos y misticos espa11oles
del siglo de oro.- Eso también merece
compararse a Grecia.
Convencido de que rl problema de
la Patria, como todas las cuestiones
que no se aciertan a resol ver, es solamente un sutil, un arcano problema de
amor, Antonio CasO' se entrega a la
amable tarea de trazar una Geografía
intelectual de MCxico. Así termina este libro de "México": vl'rd:.Hlcro y cordial llamado a la mt.'xicanidad.
llI
LA FILOSOFIA DE ANTONIO CASO
COMO EXPLICAClON DE LA
EXISTENCIA
·La intuición es, para Antonio Caso,
el método filosófico por excelencia.
Es el suyo, un t•x istencialismo de 1ft
intuición y de la acción qne quiere
servfr para completar los métodos intelectuaHstas y hacer posible la instauración de una metaíisica. La filosofía es, según el maestro mexicano,
visión integral &lt;le lo existente y valoración de esa realidad.
¿Qué. es el conocimiento? ¿Qué es
el mundo? ¿Cuúl es el sentido de la
vida? He aquí las tres grandes interrogantes que corresponden en el pensamiento de Caso - como lo apunta
Eduardo García ~fa~·nl'z- a los tres
grupos filosóficos de problemas: 1)
Problemas de la ciencia, 2) problemas
de la existencia; 3) problemas del nllor de la existencia.
La filosofía, c¡ue aspira a la \'Crdad
universal concn~ta, no puede satisfacerse con el método analíti co y sintético de los lógicos, impotente Jrnra integrnr las verdades cientifieas l'll esa
verdad universal. La intuición , en
cambio,-pcrmitc penetrar al fondo de
lo existente y trabar contacto con las
realidades concretas. Aquí puede verse 1a decisiva huella - intuicionista y
anti-intelcctualista- que dejó Henri
Bergson en Antonio Caso. Emilc _Boutroux influencia ni maestro mexicano
con su filosofía de la contingencia:
"las uniformidades de la naturaleza
son métodos hallados por el hombre
para adaptar las cosas a su inteligencia, pero que no nos revelan sino c¡ue
el carácter de necesidad, atribuido al
mundo, reside en la esencia de la ra-

la cultura, por la otra. Por lo demas,
·'su metafísica no añade gran cosa al
viejo debate del vitalismo contra el
maquinismo, y sólo multiplicó nuevas
entidades innecesariamente". (Véase
de Patrick Homanell, el libro "La Formación de la Mentalidad Mexicana",
págs. 81 a 108, El Colegio de México).
De los estudios sobre la historia de
la filosofía de Antonio r.aso, nos parecen particularmcnk débiles sus libros: "La filosofía de Husserl", y "Positivismo, neopositivismo y fenomenología". Tenemos la impresión de que
Caso, estimulado por la llegada de los
maestros y filósofos españoles refugiados, quiso mostrar que estaba al
día con las nuevas corrientes de la filosofía si11 haber entendido nunca a
Husserl ni a las nuevas tendenci~s del
pensamiento filosófico alemán. Lo que
Yerdaderamentc entendió fue a Bergson.
La obra maestra de Antonio Caso
- y tal vez la única que va a dejar
huella en el tiempo- es "La Existencia como Economía, como Desinterés
y como Caridad", (Ediciones de Secretaría de Educación Pública, México, 1943). Espiguemos algunas ideas
fundamentaJcs: "Ser es luchár, vivir
es vencer" CM. Le Dantec) ... La actividad egoísta o económica es tan ver~
dadera que explica aún aqueJlas actividades en apariencia inconexas con
ella ... La industria humana es la definición misma de la inteligencia ...
zón humana, siendo la existencia en el "surplus" de energía humana hace
- sí, infinitamente más compleja y va- del hombre un instrumento posible de
riarla, infinitamente mús fecunda y la acción desinteresada y del heroísmo ... Asi como el juego es el antececontingente ..."
dente biológico del arte, la contemplaEn axiología, Caso rechaza el subje- ción o intuición estética engendra esa
tivismo y el ontologismo. Los valores especie del sentimiento artístico que
se clan en la cultura y existen en la so- se llama sentimiento de lo sublime y
ciedad. HBuscar la esencia de un va- que parece ser el antecedente estético
lor fuera de la sociedad es buscar la mús próximo (no la causa) de la acesencia de la cultura fuera de la socic- tiviHad moral ... La vida lmmana PO·
clad, fuera de Ja historia; es en suma, dría llamarse: lo progresivo indeficontradecirse ("El Concepto de la His- cientc. De esta energía acumulada en
toria Universal y la Filosofía de los el curso de las edades, de esta fuerza
Valores", pág. 84). Este "objetivismo
excesiva, lujosa, brillantísima; de esta
social" de Caso es, en el fondo, prag- congestión insólita, han brotado frumatista. Vale lo que satisfaga o tienda tos imprevisibles, 1ozanisimos; y, ena satisfacer un anhelo social. La ver- tre ellos, dos que son los mas extraordad y la belleza es lo socialmente iltil. dinarios, y forman la distinción suPatrick Homanell ha señalado tres prema de la estirpe: el Arte y el Espíetapas en el desarrollo de la Filosofía ritu de Sacrificio . . La existencia code Caso: 1) anti-intelectualismo; 2) mo caridad es la inversión ele la tabla
pragmatismo; y 3) dualismo. El joven de valores de la existencia con míniCaso era un anti-intelectualista por mun ele provecho. La existencia no es
partida doble, pues era un intuicionis- sólo voluntad de vivir, no es instinto
ta en metafísica y un pragmatista en únicamente: es, también, espíritu de
ciencia. Su hombre es el "bomo fa- sacrificio, negación del egoísmo, bue•
ber" de Henri Bergson y de Willíam na voluntad ... La fe es la comprobaJames. En su confesión de fe titulada ción de que, al lado del mundo regido
''Mi Convicción Filosófica", Caso deja por la ley natural de la vida, esta el
entrever a las claras su pragmatismo: mundo regido por la ley sobrenatural
. .. la cosmología y 1a ontología, son del Amor ...
vanidades ele la razón humana, que no
José Gaos, que se muestra extraorexiste para entender la esencia ni la dinariamente generoso con Caso, a1asubstancia de nada, sino para servir bándolo hasta el exceso, posiblemente
a la acción: to. Por el conocimiento movido por el sentimiento de gratitud
científico, creando la industria, siem- hacia el hospitalario mexicano, no depre progresiva, a diferencia de la Ue- ja de advertir que "tampoco parece
tafisica, improgr esiva siempre. 2o. \1aberse planteado Caso el problema
Por el conocimiento ético, realizando dC la significación precisa de la ecoal Hombre como único sentido asequi- riomía, el desinterés y la caridad en
ble del mundo y la historia. 3o. Por el su relación mutua. El desinterés y la
conocimiento cstCtico, haciéndonos r-aridad son estratos superpuestos al
descansar del dolor de vivir con el rlc la economía, directamente en el
placer de mirar y oír por oír y mi- ho mbre y a través de él, en la naturarar". El dualismo cristiano de Anto- k·za entern; y estratos en parte divernio Caso está fincado en su idea cen- gentes a partir del de Ja economía, en
lral de qu e la "caritas cristiana es una \larte superpuesto el de la caridad al
victoria mística" sobre la ,·ida en sen- del d esinterés. (Pág. 110, "Filosofía
tido biológico. l~a ética auténtica será, \fcxi ca na de Nuestros Dias'\ Imprenen todo caso, antihiológica en su esen- ta CnivetsitariaJ )íéxico, 1954). La
cia. Caso -advierte Romanell- no cosmovisión cris6,iana ' de Caso es, coera un biólogo preparado y su saber mo síntesis, incompleta y hasta inco·
científico fué de segunda mano. Es de nexa en sus partes. Se proponen seis
pensarse que si Caso hubiera estado problemas y solamente se desarrollan
más al tanto de la biología reciente, tres. Con frecuencia confunde la étihabría sido un cristiano monista, co- ca con la religión. Pero abundan las
mo Vasconcelos, en vez de ser un cris• intuiciones certeras, las nobles defentiano dualista. Porque su metafisica sas para con un cristianismo amena•
es un doble dualismo: 1) entre la na- zado por un vitalismo ateo, las valioturaleza orgánica e inorgánica, por sas incitaciones para hacer de la vida
una parte, y 2) rntre 1a natura1cza y una ofrenda meta·vitaJ.

Pág. 5

�los hijos de Carlomagno, entre los que
el poderoso Imperio fué dividido.
Carlos recibió lo que es hoy la Francia, Hluodwig (Luis) tomó para si la
Germania y Lotbar recibió Borgoña,
Lorena, Italia y la Corona Imperial.
Engelbert, uno de los sabios de la
Corte carlovingia nos muestra en sus
escritos la magnificencia de la misma.
Nos dice que Carlomagno de acuerdo con la costumbre de la época, tuvo
cuatro esposas legitimas: Bertrad, la
longobarda; la suaba Hildegard, la
franca Fastrad y la alemana Liutgard.
Entre sus amantes cítanse a Adeltrud,
Regina y Adelind. Tuvo catorce hijos
e hijas legítimos y naturales, de cuya
e~ucación cuidaba instruyéndolos (según Einbard, su biógrafo) en las ciencias, adiestrando a los varones al llegar a su mayoría de edad en el manejo de ]as armas y en los ejercicios bélicos y a las mujeres en las labores femeninas. Sus hijas fueron Bertha,
Hruotrud la rubia y la legendaria
Emma amante de su preceptor Eginhard.
Carlomagno vivió con frecuencia en
lngelheim, en Aquisgrán y Neumagen;
bajo su Imperio floreció la literatura
como el "Krist" del monje benedictino Ottfried von Wcissenburg y el "Heliand" de un autor anónimo. AsimisD)o
las artes y las ciencias y de su propia
mano tenemos su famoso libro: "Capitulares".
Carlomagno y su épqca heróica inspiraron posteriormente una literatura
rica y floreciente que había de influir
en todos los pueblos donde se extendió su dominio y se convirtió en una
figura universal en ]a Historia y en
la Poesía.
En Francia tenemos "El espejo historial" de Vincent ele Beauvais, "La
Chanson de Roland" del monje anglonormando Thurlod de Fécamp, en Italia y en España circu1aron novelas de
Caballerías, que hablaban de las hazañas Carolingias y de su ejército de
héroes, fruto de los cantos de los trovadores provensales que exagerando
sus conquistas y sus hechos le deformaron basta convertirle en un personaje fabuloso.
Así aparece Carlomagno rodeado de
sus doce Pares (Caballeros, nobles)
que lo hacen iIJ.VCncib]e: su sobrino
Rolando, Roldim u Orlando, hijo de
Bertha su hermana; Olivero, Conde de
Genés, hijo del Duque de Regnicr y
amigo inseparable y fiel de Rolando;
Guadabois de Frisia, Huon de Bordeaux, Guy de Borgoña, Rugiera, Garin
de Lorrain, Richard de Normandía,
Oger de Danois, hijo de Godefroid, rey
de Dinamarca y mantenido en rehenes
por Carlomagno, Baudouin, sobrino
de Oger, Renaus de Montauban el terrible rebelde y el traidor Gauelón,
Gane! o Gama! de Mayence. El legendario Arzobispo Thurpin de Reims no
se separa del lado de Carlomagno y le
sirve de consejero y leal amigo.
Fierllbrás o Fierbois, rey de A1ejandria, hijo del Almirante Balim, Príncipe mahometano, se convirtió sinceramente al cristianismo, después de
la enconada lucha con el valiente Olivero y fué uno de los más aguerridos
caballeros de Carlomagno o Charlemagne como es llamado en Francia
donde casi 1e han convertido en un
monarca francés del Siglo XIII. Su hijo Carlos es injustamente tratado y ridiculizado con ]os nombres de Charlott y Charolais.
Sus contínuas luchas contra los pueblos bárbaros y paganos del norte, son
convertidas en la épica francesa en
combates contra los sarracenos, sin
duda a consecuencia del espiritu de
las Cruzadas que reinaba en la época
en que estos poemas fueron compuestos.
Así que el m:.is grande monumento
francés a la memoria de Carlomagno
es la famosa Chanson de Roland en que

arlomagno en el Mito yen la His!ºI!!
"Existe el don innato de mandar y gobernar.
Carlomagno lo poseia como rara vez lo haya

poseído nadie".-(Leopold von Ranke).

s notable la figura del Gran Emperador de los Francos en
la Historia de la Humanidad, que reunía en sí los grandes
\
ideales que han movido al mundo hasta nuestros días,
guerrero valeroso, sabio monarca, amante de la Cultura,
fervoroso cristiano y amigo de la paz y de la unión y concordia
de los pueblos, tuvo que recurrir no obstante a la espada para so•
meter a los pueblos bárbaros que amenazaban su Imperio. Este
Imperio cuyas fronteras él ensanchó y fortaleció, había sin em•
bargo de desmoronarse a su muerte a consecuencia del egoísmo
y la discordia que reinan en el corazón de los hombres.

E

amigo, que había de escribir una crónica de sus hechos. Fundó iglesias,
monasterios y escuelas donde se cultiYaba la lengua tudesca y latina.
Fortaleció el comrrcio y contribuyó
enormemente a la difusión del Cristianismo.
Finalmente, él que había logrado
ejercer su protectorado sobre las tierras de Cataluña y Aragón e intentando arrebatar Tortosa a los moros, queriendo tener una cabeza de puente en
el Ebro, fracasó y )os propios navarros cristianos derrotaron al Emperador y sus huestes en Roncesvalles, te-

Gottrik (Godofrcclo) . Húngaros y eslavos se vieron también pronto sometidos por los ejércitos invencibles de
Carlomagno.
En la Navidad de 800 encontrándose en H.oma oyendo misa en compañía
de los suyos en San Pedro y estando
ante el altar arrodillado en actitud de
plegaria, el Papa se acercó a él y Je
puso en la cabeza una corona de oro.
Tnmcdiatamente el pueblo allí reunido, gritó: "¡ Vida y Victoria a Carlos
Augusto, coronado por Dios, Gran Emperador de los Romanos!"
Luego el Papa se arrodilló ante él y

Las continuas disputas de sus herederos y las frecuentes incursiones de
los pueblos paganos habían de destruir
una de las n:1ás grandes obras anhela-

\

das por los europeos, hasta nuestros
días: la unificación de Europa. El logró lo que ni Napoleón ni Alejandro ui
otros caudillos pudieron hacer.
Sintiéndose impulsado por la Voluntad Divina, fué un gran constructor, pacificador de los pueblos conquistados, entre los que extendió el
cristianismo y el amor a las artes y a
las ciencias.
Los historiadores y los poetas le
han rodeado de un nimbo de grandeza y poderío, de heroísmo e inmortalidad y han divinizado sus proezas.
En el siglo V, los Francos, guerreros
germanos, extendieron sus dominios
hacia el Oeste y cruzando el Rhin, invadieron las Galias y le dieron el nombre de Frankreich o Imperio de los
Francos. Su rey Clodovech o Chlodwig (Clodoveo) o Clovis, nombre que
mas tarde había de convertirse en
llluodwig, Ludwig o Louis) convirtiéndose al cristianismo, contribuyó ~
la derrota de Atila rey de los Hunos y
a solidificar el decadente Imperio Romano que no obstante había de derrumbarse ante el empuje de los nórdicos. De su hijo Merovech (Meroveo)
había de salir aquella dinastía llamada
merovingia que había de durar hasta
los tiempos de Carlomagno.
Carlos Ma~tel, abuelo de Carlomagno, venció a los invasores sarracenos
que habí¡n cruzado los Pirineos,. lanzándose sobre el decadente Imperio
Franco desde sus dominios en España, en la famosa batalla de Poitiers y
nombróse a sí mismo, rey de los Francos. Su hijo Pipino "el breve" y su
sucesor en el trono, dejó al morir, al
que había de llamar el mundo Carlos
el Grande, la Aquitania, Neµstria, Austrasia y Frisia y aún parte de Baviera,
mientras a su hijo Carlornán le dejó
los Pirineos orientales, incluyendo
parte de la Germanía, toda la Borgoña
y Suiza.
Carlos (Cario magno) que al subir
al trono tenía 28 años, demostró ser
un monarca más enérgico y justo que
su hermano mayor Carlom3n quien
desde el principio se negó a prestarle
toda clase de ayuda y le demostró antipatía. Se supone que Carlos nació
en Aquisgrán (Aachen en alemán y
Aix la Chapelle en francés) el año 742
de nuestra Era y llevó la corona de su
padre el año de 768. porpulento y bien
dotado, con mano de hierro sofocó
cuantas insurrecciones y levantamientos surgieron en el principio de su
reinado.
Luego marchó contra Didier, rey de
los Lombardos, cuyos dominios se extendían por toda Italia dividid.os por
los Estados del Papa, con un poderoso
ejército formado por él mismo. El rey
de los Lombardos trató de entablar un

to

o
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arreglo con el rey de los Francos por terminó la ceremonia ungiéndolo con
medio del Papa Esteban III el cual no el óleo sagrado.
Así se convirtió Carlos el Grande o
estaba muy contento con las incursioCarlomagno
en el Supremo Señor de
nes lombardas en su territorio. El Papa pidió auxilio a Carlomagno, quien Europa cuyo benévolo y cristiano gocombatió y derrotó al r ey Didier po- bierno y la gloria ds sus hazañas se
niendo fin al dominio lombardo y con- extendió hasta Bizancio y en el Orienvirtiéndose la Italia en parte del domi- te Musulmán puesto qu e el mismo Canio Franco. Anexó a su reino los do- lifa Haroún Al Rashid le en vió numeminios de su hermano Carlomán quien rosos presentes.
Sus huestes temibles y conquistadoal morir no dejó herederos, y tras sus
ras
extendieron su r eino hasta el Mar
campañas en Italia, luchó contra los
frisones paganos convirtiéndolos al del Norte y poniendo a toda la Eurocristianismo, así mismo contra los sa- pa a sus pies a la que él gobernó sabia
jones que le atacaban con su Duque y justamente. Se rodeó de sabios coWittekind o Widukind y que adoraban mo Alwin el Sajón, un monje muy cula Irminsul y a los daneses con su rey to venido de Inglaterra y Einhard, su

miendo que Carlomagno al pisar su territorio arrasara sus aldeas.
Carlomagno tuvo que volverse a
Francia y a Alemania y poner en paz
los pueblos som etidos y murió al fin
después de una cacería presa de violenta fiebre el 28 de Enero de 814.
A su muerte, el sueño de la unidad
política d el cristianismo occidental se
desvaneció. El ideal de lá . unión y
fraternidad de los pueblos que había
concebido y realizado Carlomagno se
desmoronó completamente.
El tratado de Estrasburgo fué el
prólogo de otro más importante que se
efectuó en Verdún el año de 843 entre

se agiganta la figura de Rolando (que
probablemente nun ca existió r ealmente así como sus compañeros de armas
los doce Pares) en la batalla de Roncesvalles (cuya derrota no fué de capital jmportancia para el ejército de
Carlomagno como se hace creer en el
poema) donde el traidor Ganelón los
ha vendido a los mahometanos.
Durante el Rcnacimjento aún fueron
escritos varios poemas sobre Carlomag
no en Italia, el más famoso de los cuales fue sin duda, "Orlando Furioso"
que relata la locura de Rolando. enamorado de Angélica, una princesa pagana que siembra con su coquetería
la discordia en la Corte de Charlemagne y finalmente se entrega a un pajecillo árabe llamado ~lcdoro. Rolando
lleno de dolor se entrega a la desesperación y cae en la locura.
Recobra milagrosamente la razón y
junto con su rh,al Renaus de :Montaubún o Rinaldo romo lo llama el autor
del poema, Lodovico Ariosto, van alibertar a Charlemagne sitiado en París
por los musulmanes. Las prodigiosas
hazañas de los doce Pares de Francia
son narradas con la maestría y la poética riqueza propia de un italiano del
Renacimiento, y el poema termina finalmente con la victoria de las armas
cristianas.
Hay cierto anacronismo en los relatos sobre un tal Gario de Lorrain y
Richrcl de Normandía porc}l_Je ni los

Je era posible montar ningún caballo
y de allí se le dió el nombre de el Caminante. Hasta es de suponer que la
figura grandiosa de aquel gigante indómito cautivara a los poetas franceses y fuera el motivo de la creación
de aquel héroe fabuloso, Rolland o
Rolando, para lo cual hasta el propio
nombre del guerrero nórdico Rollón,
se prestaba. Fué precisamente un descendiente de Hrolf el noruego, Guillermo el Conquistador, quien partienrlo
de Normandía llevó a cabo la conquista de Inglaterra siglos más tarde ven•
cicndo al rey sajón Harold en la batalla de Hastings.
En los compaiieros del Carlomagno
mítico, difícilmente encontramos verdaderas fuentes históricas. El hecho
de que el Emperador se vea rodeado
de doce héroes uno de los cuales le
traiciona, ya encontramos en ello su
origen eu las páginas del Evangelio o
bien en el poema germánico anónimo
"Hcliand" (El Redentor), en el que Je.
sús es presentado como un principe
nórdico y sus apóstoles, los guerreros
Qllf Je acompañan en la conquista del
mdndo y en su lucha contra su enemigo feroz el Demonio. Este poema fué
compuesto en la época de Carlomagno
y los demás, son posteriores.
En un romance español, Oger de
Danois, es llamado Urge! Duque ele
Padua, Príncipe de Dinamarca y su
sobrino Baudouin es llamado Baldovi-

los lombardos y la guerra contra los
sajones y daneses. En las crónicas latinas llaman al guerrero Autcharius,
unas veces Ogier, otras por Otgerus
Dacus (Oger el Dacio, el rumano). La
confusión en la literatura ]atina entre
Dacia o Rumanía con Dinamarca se
ha confirmado frecuentemente. Por
error de escritura se pued e haber cambiado el Dacus en Dimus y de allí al
francés Dancis.
Aun hay quien le ha escrito como
"l'Ardcnois" (el Ardcnés) y es celebrado como un ht\roe belga.
Cuando en el siglo XVI la leyenda
francesa fué traducida al danés, los
daneses creyeron ver en él a un héroe
nacional de tiempos inmemoriales y
le llamaron Holger Danske. Hasta le
atribuyeron una leyenda semejante a
la de Barbarroja en el monte de Kyffhaeuscr y Artúa en la isla de Avalún,
y asi Holger Danske espera bajo las
ból'edus del castillo de Kronborg, en
Dinamarca, la hora en que se ha de
convertir en el Hbrrtador de su pueblo. Todas esas leyendas Mesiúnicas
no cube duda de que se derivan del
libro de San Juan, el Apocalipsis. En
España encontramos la leyenda de
Boabdil cerca de Granada y lo de Juan
de Alzate en los Pirineos análogos a
la tradición danesa.
Hasta los cronistas daneses tomaron
en serio a Ogier de Danois. El año de
1578 entró en los Anales Islandeses

Roldán vence al gigante moro Ferragut

nombres de Lorrain (Lorena) , ni el
de Normandía, existieron en el tiempo de Carlomagno asignados a ninglm lugar de la tierra. El nombre de
Lorrain o Lorcna, viene del nombre
de Lothringen que se le dió al dominio
de Lothar hijo de Carlomagno y Normandia fué llamada así dos siglos después por Hrolf el Caminante, pirata
noruego que -conquistó aquel territorio
y el rey ele Francia le concedió el titulo de Duque de Normandia (la tierra de los hombres del norte) a petición suya con la condición de no alzar armas contra él.
· Hrolf, llamado por los franceses Rollón o Rollo era tan corpulento que no

nos. Otros le llaman Ujier el Danés.
Apenas es posible decir si realmente
existió este personaje y si realmente
era danés e hijo del rey Godofredo.
Buscamos en vano en las crónicas
francesas. A1lí se habla de un guerrero franco llamado Autcharius el cual
desempeña un triste papel en las luchas sostenidas en el norte de Italia
contra el rey lombardo Desiderio. Autcharius, quien en 771 escoltaba a la
viuda de Carlom8n, hermano de Carlomagno, hacia su padre Desiderio, se
entregó con ella, a las tropas imperiales el año 773 en Verona. El poeta que
compuso el "Chevalier Ogier" debe de
haber confundido las luchas contra

como Oddgeir Dansk.i y le hicieron hijo del histórico rey Gautrek o Giittrik
(Godofredo) de Dinamarca.
Hasta la juventud del verdadero Carlomagno ha sido falseada y confundida con la de otro "Imperator" del siglo Xlf, Alfonso VI de Castilla que si
no gobernó como íal, fué invitado por
los Güelfos de Alemania a ocupar el
trono del Sacro Romano Imperio con
el fin de acabar con la dinastía Hohenstaufen que tanta guerra había dado al Papado.
En las novelas de Caballería, Pipino
y su esposa Bertha son envenenados
por dos hijos bastardos del rey franco, Heudri y Hainfroi y Curios el hijo

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'

�legítimo tiene que huir a Toledo y pe- no. Christoph Wieland ha tomado el
dir auxilio a Galafrc, rey moro contra tema de Epica Medioeval francesa y
sus envidiosos hermanos. Toma el ha compuesto un bello poema con este
nombre de Maynetc (Karl Meynet en motivo. Luego Karl María von Weber
alemán, corrupción tal vez del Carolus ha echo de este poema una Opera tiMagnus latino y Charlemagnc francés) tulada "Oberón".
El motivo del Caballero rebelde lo
y conquista para Galafrc la ciudad
l\lonfrin con lo que se gana el favor encontramos con frecuencia en las ledel rey. Galiana, la hija del rey Gala- yendas Carolingias. Una de ellas, la
fre, se enamora de él y su padre solo de Reynaldo de Montalbán, Rinaldo,
consiente al amor de Maynete y Galia- Renaud o Renaus de Montaubán es
na si le trae la cabeza de Bramante una de las más interesantes.
Aymon de Dordonne tenía cuatro
quien ha ofendido gravemente al mohijos: Reynaldo, Ricardo, Alardo y
narca.
Carlos vuelve vencedor llevando en Guichardo, y cuando tenían la edad
la punta de su espada "joyosa" el tro- suficiente, los llevó a Aix la Chapelle
feo pedido. Pero Marsilio, hermano de
Galiana, persuade a su padre de que
Maynete es traidor y éste tiene que
huir y embarcarse para Roma.
La estancia de Carlomagno en Toledo es seguramente falsa y hasta se
cree distinguir en ella analogía asombrosa de la real estancia en dicha ciudad del monarca español y cristiano.
Alfonso VI soberano también del Sacro Imperio Romano y rey de Castilla
fué huésped del rey Alimaymón de Toledo. (Causa probable de la confusión
de los poetas europeos). Amó igualmente a una princesa mora, Zaida, hija de
Almatamid de Sevilla con la que contrajo matrimonio, y aún se vió obligado
a escapar de Toledo igualmente por
intrigas de los envidiosos en la misma
forma que se narra la huida de Maynete.
En la leyenda de Guy de Borgoña,
también éste se enamora de una princesa infiel, Floripes, hermana de Fierabrás e hija del Almirante Balán que
tiene sitiados a sus compañeros en una
torre. Por élla realiza las más asombrosas hazañas hasta que al fin Floripes se hace cristiana y Guy de Borgoña se casa con élla.
La leyenda de Huón de Bordeaux es ·
algo semejante. Oberón, rey de los Genios, transporta al Oriente a Huón de
Bordeaux por arte de magia ya que
éste huye de Carlomagno con quien ha
disputado. Después de varias hazañas
1;.
en la corte de un Sultán Muslime, rap'
ta a la princesa turca y vuelve con
. ' '.Jl\tPlfliWl,l~l'
ella a Francia. Oberón le ha regalado
1' '
un cuerno mágico por medio del cual
todos los ejércitos del mundo le obedecen y de este modo, Huón de Bordeaux recupera el favor de CarlomagBusto de

..
,

_

___

.-r-.

y los presentó a Carlomagno. El em- familia. La muerte de su tío Beuves
perador los armó caballeros y les hizo de Aigremont, inicuamente sentenciamuchos regalos, obsequiando a Rey- do por éste, instigado por traidores.
Semejante recuerdo encie1~de la ira
naldo el caballo mágico "Bayardo".
Jugando un dia Reynaldo con Bertho- del monarca que responde brutalmen-lais al ajedréz, éste, que era sobrino te a Reynaldo tam~ién con un puñetadel emperador, al ver que Heynaldo zo. Reynaldo vuelve a la· sala donde
ganaba la partida, arremetió contra el se encuentra Bertholais y lo mata con
hijo de Aymón ciego de ira y le dió el tablero de ajedréz. Los cuatro hijos
de puñetazos. Reynaldo se presentó de Aymón huyen de la corte y se reante Carlomagno y le pidió que le hi- fugian primero en las Ardenas, luego
ciera justicia a lo que el emperador no en el castillo de Montauban haciendo
vida de bandoleros, y auxiliados por
accedió por amor a su sobrino.
Entonces Reynaldo recuerda al em- las artes mágicas de su primo hermaperador otra ofensa más grande y más no el hechicero Maugis de Aigremont
antigua hecha por Carlomagno a su logran finalmente obtener el indulto
de Carlomagno. Reynaldo se encuentra con su madre Aja que le reconoce
por la cicatriz que tenía en la frente
desde niño. Se les hace una gran recepción a los cuatro hijos de Aymón
en la casa paterna, mientras Carlomagno intenta por todos los medios de recuperar su caballo "Bayardo", pero
fracasa por la audacia de Reynaldo y
la habilidad de Maugis de Aígremont.
Finalmente, Reynaldo marcha en
peregrinación a Tierra Santa y cuando vuelve, muere oscuramente trabajando como obrero en la construcción
de la Catedral de Colonia, víctima de
los celos y la envidia de sus compañeros.
El Carlomagno de la novela y de la
poesía, es tal vez más conocido que el
real y verdadero Carlomagno de la
Historia, pero nos regocija saber que
es más grande y más glorioso que aquel
que admiramos en nuestras lecturas
juveniles. Los poetas medioevales o
trovadores quienes prefirieron hacer
descender a los franceses de un príncipe troyano primo de Enéas a quien
llamaron Franco, que de los caudillos
germanos, inmortalizaron la memoria
del viejo emperador a su manera y le
rodearon de una época de ensueño y
magia, de torneos y lides heróicas, de
monstruos y hechiceros, de caballeros
andantes y hechos imposibles para
glorificarla. Más sin todo esto, Carlomagno, sabio monarca, conquistador
audaz, es una de las más grandes figuras de la Historia, detrás rle su espada venía la Civilización y el Cristianismo. El trató de levantar nuevamente el Imperio Romano y logró lo
que los grandes humanistas y los políticos aún sueñan: Unificar a Europa.
Carlomagno

ALREDEDOR DE OTRAS IDEAS
Arturo CANTU SANCHEZ

-!ENEMOS consciente o impensadamente la tendencia a escoger o
a formarnos una ética que oriente nuestros pasos. Presas fáciles del
extravío natural a que conduce el escepticismo axiológico, en un mundo
en el que por fuerza estamos constreñidos a obrar y del que no podemos
escapar porque no podemos evadirnos
de nuestro incorruptible y cambiante
yo, nos debatimos al parecer en nuestra propia atmósfera, esta atmósfera
en la que el tener que decidir (o aún
mejor el decidir en si forzada y obligatoriamente que nos integra) condensa a cada momento un renovado
hastío tan prístino y letal como el de
siempre.
La búsqueda de una Etica se nos
impone así como necesaria, no porque
creamos que la hemos de hallar conforme a nuestra íntima naturaleza, o
valiosa en sí, en el fondo sabemos que
es sólo la enciclopedia de soluciones
al problema diario lo que buscamos,
sino por procurarnos una cierta satisfacción al contemplarnos una vida y
un ideal viatl acrisolados y fíeles a lo
uno.

T

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/

Y es natural, esa atmósfera del yo
que nos limita y nos instila tiempo a
tiempo, nos desarraiga también de nosotros mismos para buscar el que quisiéramos ser; ese cerco al parecer infranqueable (tal vez de hecho) no es
sino un viscoso y evanescente liquido
que de ninguna manera aceptamos,
porque también en esa atmósfera que
somos late escondido un germen de
absoluto, como si nuestra médula aspiración, y meta fuera constituirnos
unitariamente en la contradicción de
ser libres y absolutos.

-IIy de nada estamos tan contentos y
ensoberbecidos como de nuestra libertad. Porque en ella nos sentimos propios, diferentes, únicos, porque por
ella somos otra cosa distinta de este
mundo que nos circunda, y entre mas
la abracemos y exprimamos "ontológicamente" mas somos uno y únicos,
felizmente nosotros y nuestros. Pero
he aquí que somos también e indefinidamente la cuerda tensa que se ha
quedado atónita presintiendo la altura de la flecha; un salto al infinito,
una aspiración recta, definitiva y an-

gustíosa. ¿Cómo olvidarnos de ello?
Sonreír ante la privación, apoltronarse en la finitud de nuestra atmósfera,
es mas que un desafío a nuestro valer,
es negarse. ¿Qué valdría nuestra pobre libertad si no eligiera el infinito?
Porque ser libre significa estar en
carenciá de algo que se quiere, mas
aún, en cierto modo estar determinado a querer algo de que se carece. Aunque tradicionalmente se dice mas o menos que ser libre significa escoger en un
acto tan puro e indeterminado que nazca sólo para decidir. Pero, ¿ qué tan puro, qué tan limpio' deberá ser ese acto?
Ante todo tenemos que elegir nosotros,
~legir significa . preferir, y preferir
¿110 implica enturbiar ese acto con
nuestro concrerto estar aquí con :una
personalidad definida? Pero aún mas,
lo que nos embriaga y enamora en
nuestra libertad es precisamente su
concretud intransferible, porque ¿qµé
significado tendría elegir ajenos absolutamente a todo? habiendo puesto el
mundo y nosotros mismos en la negación insidiosa de un paréntesis. Si
,ilgún significado tiene nuestra libertad es que es profunda y definitivamente nuestra, en la opción libre pe-

ro personal, nos comprometemos y
arrojamos nosotros, arriesgamos nuestro ser definitivamente y para siempre integrándonos en ella. ¿Qué sentido tiene hablar de una libertad absoluta, ajena hasta a nosotros mismos,
totalmente libre?
Pudiera pensarse que se trata de
una mezquina libertad, pero no es así,
es la única posible a nuestro ser finito, eso sí. Sigue mi libertad siendo tal
esencialmente por encima de todas
mis inclinaciones pers,onales sin domeñarlas tiránicamente y sin negarlas
parcialistamente. Esta y no otra es la libertad que queremos y buscamos afanosamente, nunca la del ser absoluto,
la del ser infinito que en última instancia sería la indeterminación pura,
el azar mas caótico. Somos libres porque somos seres particulares e intransferibles, finitos, porque estamos dislocados como una pieza falsa, porque
nos falta algo, esa infinitud que conquistada nos arrebataría nuestra libertad y nuestro ser. Y sin embargo y a
pesar de todo henos aquí tendidos,
proyectados en la búsqueda, una búsqueda estúpida en sí misma e impotente en hallazgos.

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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>XII No. 6 Junio de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

T

AL vez sea una de las miserias del hombre el estar destinado a no poder dar de las cosas una razón que sea satisfactoria para todos los criterios y válida para todas las épocas.
Esto, que parecería ser a primera vista un defecto, puede
ser en realidad la gran novedad y el gran aliciente de la actividad
humana. No necesariamente hemos de ver las cosas desde el mismo punto de vista, cada época y cada cultura tienen su propio y
peculiar mirador por el cual se asoman al panorama de lo existente y recogen sus impresiones en esas, - a veces descarnadas
síntesis- que llamamos filosofía._, Otras veces en esas jugosas y
palpitantes obras que llamamos arte.
Pero cualquiera que sea el resultado, fisolosofía ó arte, es siempre un
intento de recrear, de dar la personal
versión, de lo que el Cosmos sea, Filosofía o Arte, son siempre el mundo teñido por la personalidad del hombre,
artista o filósofo.
Estas versiones son tan diversas como los hombres que las han dado; no
debemos desalentarnos porque no concuerden entre sí. Caer en cualquier
clase de escepticismo, declarando que
es imposible el conocimiento, sería renegar de la más elevada de las aptitudes humanas. Nunca en nuestra vida
hemos declarado que el Cerro de la
Silla sea incognocible solo porque el
panorama que presenta a los habitantes de Vi1la de Santiago sea distinto
al perfil que dibuja a los de Villa de
Cadcrcyla ó de '..\Ionterrey.
La realidad es una, y si las versiones que se han dado de elJa no concuerdan entre sí, sólo se prueban dos
cosas:
1o.-Que fundamentalmente los mismos problemas son los que han interesado al hombre a través de la historia;
de Jo c ual deducimos que son verdaderos y r eales problemas (o misterios?), -Y que existe una constante humana que identifica a todos los hombres entre si, aún los de tiempos más
diversos.
2o.-Quc a pesar de téner algo en
común los hombres que por esos problemas se han interesado, han tenido
también algo que los diferencia entre
sí, y los hace sentir e interpretar el
mundo de manera distinta.
De entre todo lo existente -realidades- de las que el hombre ha dado
Yersioncs en todos los tiempos, podemos mencionar la Historia. Decir qué
sea la Historia. es problema - el único, pero que los encierra a todos- dé
la Filosofía de la Historia.
Ahora bien, lo que la Historia sea,
solo se puede intentar definir después
ele saber qué es su autor y actor principal. Pero debemos convencernos que
una idea del hombre solo se puede
apoyar sobre un repertorio de convicciones Wosóficas que englobe todo
-o casi todo- lo que un sistema filosófico abarca.
El mencionado repertorio de convicciones filosóficas no será en último
término sino la fundamentación racional que damos a nuestro personal sen-

timiento del mundo. En realidad todo
auténtico conocimiento filosófico nos
l\ega ele una manera a-racional y emofo·a. Toda filosofía es siempre la fundamentación racional de una primera
intuición -o una serie de intuicio-

la realidad es: plena, total e independientemente de nosotros. Este nuestro
primer sentimiento se ha transformado en convicción filosófica en el realismo. Tenemos pues la convicción de
que independientemente de nosotros
existe una realidad que "es".
Pero esta realidad que es, independiente de nosotros solo existe como
cosmos ordenado en virtud de que somos nosotros los que la constituimos
no en su ser ontológico, pero si en su
manera de "comportarse" o "aparecer". Somos un poco los creadores del
río de Heráclito, ya que sólo es ante
nuestra presencia que las cosas son lo
que son. Es decir, es sólo por nuestra
presencia de sujetos, que las cosas se
convierten en objetos. Que sean si no

APROXIMACIONES

A LO HISTORICO

,l\Ianuel )!ORALES GO)IEZ

rres- .emotivas. La razón no crea el
conocimiento, la razón pura, no solo
no lo crea sino que lo mata, ya lo vimos en Kant. Todo proceso discursi'"º es algo muerto que necesita el soplo -di\•ino o demoniaco en el sentido Socrático de la palabra- de una
intuición, para poder vivir. Pues bien,
que sea el hombre y que sea la Historia, depende de nuestro sentimiento
ante la realidad, es decir, de nuestras
intuiciones originales.
Las finas, sutiles y quintaesenciadas
discusiones sobre si existe una realidad que trasciende a nuestros sentidos, o que si nosotros somos los creadores de esa realidad, y toda la embrollada polémica del realismo -idealismo-, debemos aquí, no darla por
resuelta, que nunca lo será en definitiva, pero si tomar ante ella una posición que nos permita continuar.
Sentimos con aplastante fuerza que

hubiere una conciencia que las contemplara, es algo imposible de decir,
pero afirmar que sólo por nuestra conciencia cognocente existen, es también
una falsedad.
Entre los objetos que atraen la atención humana está el mismo hombre. Y
su desenvolvimiento en el tiempo, la
actividad humana en el tiempo, es la
historia.
Los problemas que hombre e Historia plantean, son de lo más curioso y
complicado. Ante ellos debemos ir con
la conciencia de que "no son sólo objetos" que vamos a estudiar. El hombre, sujeto, no podemos tratar de objeti vizarlo para conocerlo. Siguiendo
el proceso Aristotélico de definir por
género próximo y referencia especifica, tenernos una serie de palabras vacías que nos dicen bien poco sobre lo
qne el hombre sea. Xo es por abstracción ni por deducción como conoce-

\

mos al hombre. Es más bien por con•
creción y por interiorización como lo
sentimos. La lectura de "1'1edes" de
Enrípides nos dice mucho más de lo
humano que la definición "animal racional" de Aristóteles. Y es que con el
hombre pasa Jo que con una Sinfonía·
oírla, gozarnos en ella, re-crearnos e~
sn armonía y en sus fases que desenvuelven los temas, todo eso nos dice
mucho más sobre la música que un
tratado completo. La Séptima de Beethoven nos dice más sobre el mismo
Beethoven que cualquier biografía de
é].

Así, saber qué es el hombre lo vamos vit\ndo en las experiencias de lo
humano, propias y ajenas -recordemos el Yiejo y evocador término de
humanismo- y nos vamos a la vez integrando nosotros mismos en el conocer.
Pues bien, el hombre es lo que no
cabe en una definición: ser. hombre es
una re~idad tan rica y tan plena, que
cualqmer definición es insuficiente
para expresarlo y nos dejará ayunos
del ser del hombre. Este solo lo podremos conocer en sus concretizaciones
e intuir en esas concretizaciones l~
que,~~ hombre sea. Pero a la vez, paradoJ1camente, una vez que sepamos
lo que la realidad hombre es va no
nos importará definirlo, nos Ía~zaremos en la corriente de las realidades
creándonos y re-creándonos, jugand~
Y gozando la plenitud del conocimiento logrado. Aquel hombre de cartón
aquella caricatura sin Yida, aquel "ani~
~ual raci~nal" de Aristóteles, ya no nos
interesara.
. "Xo hay ciencia sino de lo general"
chrá el buen sentido, y nos desconcertaremos momentáneamente. Pero recordaremos los siglos XVIII y XIX los
científicos, el progreso, y en fin todo
aquel serio aparato que pensaba conocer lo absoluto, y lo humano "científicamente". Y que -herederos a distancia de Aristóteles- pensaban conocer y solucionar todo a base de abstracciones, el amor a la Humanidad
en vez del amor al semejante inmedia~
to, el culto a la Hazón, a la Justicia v
todas las palabras vacías que llenar'o~
y aún llenau los discursos y ensayos
de la época.
Pues bien, no queremos ciencia de
lo general, los úngeles no tienen especie, Dios no conoce por abstracción
en fin, abstraer o generalizar es méto~
do que sirve para conocer objetos,. la
materia, el mundo exterior, lo sujeto a
leyes causales, en una palabra, la naturaleza .espacial y temporal.
Pero la "ciencia" en ese sentido de
método generalizador que abstrae los
caracteres particulares para dejar como objeto de su estudio palabras vacías, no la queremos para el conocer
sobre el hombre, ni sobre la historia.
Para conocer al hombre hay que
comprenderlo. es decir, tratar nosotros de ser él, de interiorizarnos hasta

�rev1v1r y r ec17ear dentro de nosotros
mismos lo más pl ena y universahnenle humano que hay en cada uno de los
hombres. Y ya con la experiencia de
lo humano, tratemos de enfrentarnos
co n esa otra r ealidad que se constituirá en experiencia nueva y que se
llenará de vida a posar nuestra mirada sobre ella. La Historia. Ir hacia la

historia es siempre r e-crearla. Como

"
11

l:

el brillante .despierta a nuev a vida al
caer sobre él lá luz, así la historia despierta al pasar sobre ella sus miradas
cada hombre. Al evocarla la re-creamos1 al comprehenderla la revivimos.
Y nunca será la historia ciencia,
por lo menos de ]o general, aunque
muchos así lo quieran. Podemos ahora
anticipar algunas afirmaciones que extenderemos después. No estará la historia sujeta a leyes - ni a las económicas ni a ningunas otras- porque en
ella interviene el hombre -subjetividad- y debe intervenir, piensan otros,
Dios que también es persona, -sujeto- libre.
Si el hombre no se puede conocer
por abstracción, y si no podemos comprenderlo sino por nosotros mismos y
los fines humanos, asi la historia, obtendrá su compÍ'ensión por el fin.
El hombre no es sino qu e "existe", y
como tal existencia es cambiante, y el
santo de ahora puede volverse el pecador de mañana, toda nuestra existencia no dependiente de nosotros es. tá rodeada de vacío y de libertad. Pero el hombre sí llega a "ser" en un
momento dado, el cual ya no pertenece a su existencia; es el momento intemporal, que a lo largo de su no-ser,
- que es tanto como decir de su existencia- el bornbre ha ido creando .
Ese momento en qu e ya no existimos,
es el que nos convierte en ser -fuera
del tiempo- (nos hace ser, a querer y
sin ganas, es decir, sin libertad ya) .
ser esto ó lo otro. Ese momento en que
se nos cataloga, en que "ser" tiene plena su acepci'Ón parmenideana, eterno,
inmó,•il, etc. 1 ese momento debe ser el
de nuestro juicio. El momeñto en que
comparecemos ante Dios, y ante nosotros mismos para ver con claridad
nuestra existen cia y por fin saber qué
somos.
,El hombre se comprende por el
hombre y por sus fines. La historia,
que no es sino el hombre mi smo, deberá comprenderse también por el
hombre y por el fin .
En la historia hay regularidades 1
pero ellas están fundadas precisamente en lo no-históri co. En la historia
interviene -como también en el hombre- la naturaleza, pero solo como ]imitación, solo como miseria, como
obstáculo que hay que superar, como
algo que hay que ,•enccr. Gran parte
d e lo que llamamos regularidades históricas, periodos de flor ecimiento, plenitud y decadeñc1a, que tanto asombraron a Spengl cr cuando los descubrió, son . manifestaciones de este interv enir de la naturaleza. Hay razas
con dotes para ciertas cosas y otras
con distinta orientación. El clima misEl alma egip cia
mo influye, etc., pero todo esto aunque inter-actuante no es decisivo. Lo
que en la historia cuenta es precisa- cicndo lo cultm·al - qu e también asi
mente ]a actividad humana, orientada se ha llamado a Jas ciencias hi stórihacia fines - valores- de los cual es cas- y si vemos en nuestro alrededor
se siente carente. Y la jerarquía de cuúnt as cosas son producto de la ac tilos valores la dá preci sam ente su ma- vidad humana y so n por tanto bi enes
yor o menor carencia, y se siente siem- culturales e hi stóri cos, lendr cmos una
pre como más alto aquel qu e mús fal- id ea aproximad a de lo complicado qu e
ta nos hace. P ero no hay que alarmar- result ad , ·a la vez, co mo nos sucedía
se, siempre sentiremos como más alto co n el hombre, meter la historia deny vali Oso el " bien" que es útil 1 y es tro de un a d efini ción. Pero tambi én
precisamente porque siempre faltará hay que r econoce r qu e ya la hi stori a
más el bien que cualquier otra cosa. Y es más susceptibl e de se r encuadrad a
cuando eso n os su ce d e, veodrá en en una definición qu e el hombre. Ya
nuestra ayuda el adagio de que prime- ante lo hi stóri co tenemos al go qu e poro es ser y luego parecer . Lo cual tie- demos prend er y fijar como "objeto",
es d ecir tenemos ya al go q ue pod emos
ne su profundo se ntid o.
Pues bien, la hi storia es entonces la inmovilizar y mantener rí gid oi que no
actividad humana que ori entada hacia cambi a, qu e se puede probar y comfin es, r ealiza valoi-es. Y en este ir rea- probar, qu e es susce ptible de ser t ra lizando los val or es el hombre va ha- tad o con mt't odos cientifi cos, estos son

a nues tra intuición1 a nuestra personalidad, a nuestras. cualidades adiyinator ias y comprensivas, y toda esta proeza la tenemos que realizar. usando corno puente el "hecho' '. histórico, es de•
cir, -aquel acto pleno y vivo debemos
r econstruílo a partir de un empolvado, seco y descarnado "hecho" que se
menciona en algún sucio papel.
Comprobemos nue s tras afirmaciones, veamÜs como por ejemplo la historia egipcia permanece para nosotros
como un misterio a pesar de que sobre ella casi nos sobran datos. Y es
que el alma egipcia nos es extraña y
su lejanía no nos permite intuírla a
partir de nosotros mismos; por lo tanto, lo egipcio nos es desconocida en lo
esencial, a pesar de tener completas
las Jistas de sus r eyes y conocer casi a
fondo los "hechos" de su religión. Pero esa religión y esa manera de vivir
y pensar no la sentimos sino remotamente, débil y casi imperceptible, Y
asi es en realidad nuestro auténtico
conocimiento de lo egipcio.
Por lejano y extraiio no suscita disputas, veamos al contrario el caso de ...
Ju:irez, por ejem12lo. En el caso éste,
como en el de los egipcios los datos,
los hechos no están sujetos a discusión, todos podemos en determinado
momento verificarlos -claro que en
algunos momentos la pasión llega a tales extremos que los mismos hechos
se han ocultado o alterado- pero en
términos generales, los hechos son
aceptados por todos, pero ¡qué interpretación tan distinta la que se dá a
esos hechos! ¡Qué encontrados juicios
susciatn las mismas acciones, cómo se
les explica algunas veces! ¡Qué buena
intención (aquí la subjetividad de Juár ez revivida por otro sujeto) se le atribuye en el momento de firmar tal tratado! ¡Qué fondo tan obscuro y despreciable de resentimiento ven otros
en el acto de la condena de Maximiliano ! Y es que cómo vamos a explicar
un acto humano, que es el resultado
de una serie innumerable de momentos en los cuales la libertad entra en
juego en cada uno de ellos y puede el
sujeto escoger entre varias opciones?
Cómo vamos a reducir todo el complicado y fino tejido que es una existencia humana (que cuaja en un momento dado tomando tal decisión, es decir
r ea1izando tal acto) a una explicación
causal y condicionada?
Con seguridad entre varias explicaciones que damos al acto de un hombre varias resultarán a la vez parcialmente verdaderas, y ni él mismo sabrit decirnos qué explicación es la más
cercana a la realidad. Esto mismo vemos también que sucede con nosotros
mismos, que a veces nos sorprenden ·
nuestros mismos actos y que de ellos
no acertamos a dar razón satisfactoria. Tal es la explicación del arrepentimiento -que no necesariamente va
unido a la noción de culpa- sino que
puede proceder de sentir haber tomado un camino distinto a tal otro.
Pues bien , en esta ambiguedad del
proceder del hombre encuentra su exnos es extrwía
plicación el porqué son posibles
- prescindiendo de intereses bajos y
en historia los 1 'hechos históricos", mal intencionados- juicios históricos
pero .. . Aqui viene la desesperanza, encontrados a partir de los mismos
los h echos hi stóri cos fijables y com- h echos.
Como cada hombre, cada época ve
probables no nos d an la historia viva,
nos d án cadá \' ercs d e historia, cosas de Ja historia lo que ]e es más acorde,
de ar chivo, entretenimi entos de espe- lo qu e le está más cercano, lo que mecialista. Todos los datos, fechas1 en jor se identifica - en algún sentidouna palabra, tod os los "l1 echos" histó- co n sus propios problemas y sus pro~
ri cos son solo ladrill os con los cuales pias aspiraciones. La historia es la
de bemos co nstru ir una historia: nu es- mi sma, los hecl10s idénticos, pero hisw
tra historia. Al interpretar los hechos toria y hechos no viven sino a condiw
hi stóri cos, al dnrl es Yi (la, al r ecr ea rl os ción de r ee ncarnar en otrqs hombres
y rcYi virlos como dec iamos antes, ya y eso hace interve nir ya la subjetivino es posible se r objeti vo . Solo somos dad, es decir, nuestro punto de vista,
un a subj eti\'id ad fr ente a otra : com- qu e no niega el cerro de la Silla, sino
pr end emos al hom bre qu e realizó en que lo afirma a su man era. Así, esta
un acto pleno y pal pitant e, lleno de su m ; nera de Yer la hi storia no la destruYida y d e sus fin es, Yibrante d e su ye ni la disuelve, simplemente impide
existencia tr at and o de r ecrearlo en no- p edirl e más de lo que está en posibiliso tros, es d ecir estamos aband o nad os d ad de· dar.

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LA PALABRA INNOMBRABLE
Porqué cuando la sangre cierra sus memos {rías
y de;a lirios rotos en la piel esparcidos,
dispuestos en un rictus de márgenes agónicas,
traducimos el llanto en la higuera ele un grito?
Porqué {rente al mutismo de un cuerpo sin latidos
no enmuedecen los labios
ni el oído se extiende grávido de silencio;
y con la certidumbre de marítimas rocas
anunciamos la Muerte pronunciando dos sílabas?
Acaso el hombre tiene
la voz de girasoles dormidos en la aurora,
o la entraña en tinieblas de una fuente dormida
para poder gritar con una voz de sombra
a la informe silueta de una sombra sin voz?

\

La Muerte es el silencio,
decimos.
Pero acaso las rosas
,-,sin de;ar de cumplir su arquitecturafrente al hondo suicidio del crepúsculo,
no bañan sus corolas y sus pétalos
en la más {ina lluvia del silencio?
El dolor es la Muerte,
decimos. ·
·
Pero acaso la vida que se funde en la l1ora
no es la playa doliente
donde el dolor de incalculables siglos
dispersó el manantial de sus arenas?
La Muerte no es la Muerte ~oh parado;cihay un ruido Je rosas en sus venas
y un pulso de metal en su guadaña.
El hombre ha de callar en su presencia
porque el hondo silencio de su nombre,
,-,el que callo al fundir este poema,-,
no es de brisa, ni llanto, ni de sílabas.
Homero A. GARZA
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,.

�lí HI O M\AS V\\ANN
Por Franz BOUCHSPIES

"Lo que llamáis Espíritu de los Tiempos, es en el
fondo el Espiril11 de los grandes hombres, en que
se reflejan".-GOETHE.

ANN significa hombre en alemán, y nadie podría con
más orgullo ostentar esta palabra como su propio nom•
bre ni con más acierto, que el gran escritor alemán.
Entre los escritores germanos contemporáneos, Rainer
María Rilke, Hermann Hesse o Emest Wiechert, es el que mayor
gloria ha alcanzado y el más conocido internacionalmente. Sus
años de lucha, su drama y el exilio inevitable, le han ganado la
admiración y la simpatía de todos los pueblos. Ha pintado en
colores vivos, la trágica historia de su patria en sus libros y.el es•
píritu de esta época borrascosa que hemos vivido; la gloria y el
ocaso de su pueblo, sus grandezas y sus caídas, están fielmente
retratados en sus inolvidables páginas. Es, en fín, el espíritu de.
su tiempo el que nos habla a trav:és de su obra.

M

Sus enemigos y la ignorancia de
otros o la mala voluntad, le han llamado judío con desprecio. La verdad
es que no lo es ni de raza ni de credo.
Los que lo han tratado de cerca lo
han comprobado. Estelrich, Oliver
Brachfeld y otros, han dado testimonio de ello. En la Enciclopedia Británica, lo confirman, y la Casa Editorial
Ercilla, como introducción de uno de
sus libros, "JosC en Egipto", que forma parte de aquella tetralogía Bíblica

que su pueblo aceptara sus doctrinas,
trocando empero la fuerza del hombre
intelectual del Héroe-Sabio que Nietzsche había soñado, en la crueldad inmisericorde.
Se ha dicho que Thomas lllann no
ha sentido nunca amor por Alemania.
Lo que ha dicho Karl Jaspers en uno
de sus libros podría aplicarse a este
gran europeo:
"Reflexionemos en otro tipo de
amor; el amor a la estirpe, al suelo natal, al fundamento histórico, ese amor
que despierta el saber que somos
oriundos de una raíz .. , , Pero este
amor puede ser desconcertado. El
hombre puede ser arrancado de su
fundamento ... El amor ha perdido la
presencia corpórea de su mundo. El

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que le ha colocado entre los grandes

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Humanistas contemporáneos (y le ha
ganado fama de israelita), ha hecho la
siguiente aclaración:

111

"Dada la posición espiritual de
Mann, con respecto al actual gobierno
( el Régimen Na:i) de su pafria de origen -Alemania-, que lo despojó de
la ciudadanía, y teniendo en cuenta el
tema de esta obra, muchos· han creído
qne Maun es judio. NO LO ES. Pero
como mentalidad intensa y vastamente humaha no reconoce distingos de
raza y profe.rn su simpatía a los perseguidos étnicos del Tercer Reich."
Su simpatía por la raza de JESUS,
no es rara en un escritor alemán que
ha buscado en vano hasta ahora, la reconci liación entre su pueblo y los israelitas, pues Lessing, Goethe, Hermann Hesse y otros sin ser judíos, han
buscado un acercamiento con ellos.
Cuando Lutero divorció al pueblo
alemán de la Iglesia Católica, los teólogos protestantes se acercaron a los
judíos, como al pueblo de quien habian heredado el Cristianismo y cuyas
raíces habían tenido en la religión de
los hebreos,
Con esto, }os judíos adquirieron algún prestigio no solo en Alemania sino en toda Europa y tras de distinguirse en el Arte y en la Ciencia, han logrado ocupar en el mundo un sitio

respetable.
Un gesto de ingratitud para el P.Ueblo' que los toleraba y les babia ;cogido: sus actividades políticas antigermánicas durant~ la primera guerra
mundial, les ganó perpetuamente el
rencor del pueblo alemán.
Sin embargo, Thomas :\fann hace
notar la afinidad que existe entre e}
pueblo alemán y el judío:
" . . . No podernos menos de comprobar la analogía de los papeles que han
de desempeñar la germanidad y el judaísmo sobre la tierra. Una analogía
asombrosa. Ambos igualmente infamados, despreciados, temidos, envidiados, igualm e nte desconciertan y
son desconcC'rtados.
11
Se habla de la edad del nacionalismo; en reaHdad no hay más que dos
nacionalismos: el alemán y el judío, y
el de los demás es un juego de chiquillos en comparación con ello, como el

Thomas ,\Iann

carácter típicamente francés de un
Anatole France es puro cosmopolitismo comparado con el aislamiento alemán y la presunción judía de ser el
pueblo elegido ..."
También el puebJo alemán, como el
hebreo, ha desoído a sus profetas y
los ha perseguido, ensoberbecido por
una gloria efímera . Goethe, Schopenhauer y Nietzsche han sido empujados
hacia la dolorosa soledad injustamente.
FnC necesario que i\ietzsche. el apóstol del Hombre Superior, el infalible
ele Voluntad Ferrea. muriera abandonado por todos en un manicomio para

hombre es traicionado por su propia
patria o su pueblo ... Enmedio de su
desesperanza vive su existencia concreta excluido de la realización c¡ue
se consuma históricamente, y sabedor
de que el no tiene relación con eso.
La gravedad del amor no puede disimularse, no puede pertenecer a otra
patria. Como le falta suelo, está suspendido en un espacio Yacio, ahistórico, y con indiferencia despiadada se
proyecta solo sobre si nlismo . .. Cuando un hombre, en ,·ista de lo que pueda ocurrir, tiene que reconocer que
está excluído de su patria política, no
lo acoge otra patria -que por lo de-

más no existe- a menos que sea la
patria de la Historia de la Humanidad.
Coopera con el pensamiento' en la instauración de la ciudadanía universal
venidera. En el ser humano en cuanto tal trata de asegurar su aposento.
Desde la' catástrofe de su propia raigambre histórica, desde lo que era
noble en el pasado de. su patria, desde
lo que exigieron los antepasados ilustres, impulsado siempre por este origen histórico de su amor, se orienta
ahora hacia el origen de la humanidad, de la humanidad histórica concreta, vinculado en cuanto hombre
con todos los seres, como si se tratara
de una gran familia."
El militarismo y la intolerancia prusiana ha proscrito a todos aquellos humanistas alemanes que por medios. pacíficos hall querido raconciliar a Alemania con el resto del mundo ·como ha
sucedido con el famoso biólogo Georg
F. Nicolai, Thomas Mann y otros que,
exilados de su patria,.lamentan la ceguera y la incomprensión de sus compatriotas.
Es inconcebible y monstruoso que
aquellos que luchan por Alemania con
las armás de la Cultura y de la Civilización, sean arrojados a un lado con
desprecio y llamados judíos.
¿Es preciso ser sanguin~rio y brutal para ser considerado un verdadero
alemán? Aquellos que hace tiempo
eran los enemigos irreconcilfables de
A1emania contribuyen cuando les conviene a fomentar tales chifladuras entre los alemanes y de ellas mismas se
,,aJen para despertar después el odio
contra el pueblo Tudesco.
Thomas Mann pues, de alemán y europeo se ha convertido ya en una figura mundial que confirma así lo dicho antes por Karl Jaspers.
El mismo, en su "CARLOTA EN
WEDIAR", donde rinde lributo a otro
gran Maestro alemán que también pertenece al pensamiento universal, el
gran Goethe, le hace hablar en esta
forma:
" ... estoy aislado, no solamente por
el rango sino por el instinto, y por este renombre conquistado en noble lucha, pero en el que siempre buscan
una falta. En el fondo, para vosotros
soy una carga. ¿No lo sabré yo? Ellos
desconfian de tu germanid8d, tienen
]a impresión de que haces un mal uso
de ella, y tu gloria es para ellos como
una pena ... se creen grandes y magnificas, y consideran con rabia a aquel
que EN EL EXTRANJERO VE Y HON. RA A ALEMANIA; es miserable. No
puedo conciliarme con ellos. Que no
me aman, perfectamente; yo tampoco
los amo y estamos en paz. Tengo mi
germanidad para mí, que se los lleve
el diab}o. Creen que son la Alemania;
LA ALEMANIA SOY YO; AUNQUE ZOZOBREN CUERPOS Y BIENES, ELLA
SE PERPETUA EN 1111. HACED LO
QUE QUERAIS PARA QUITARME LO
QUE ES MIO; a pesar de todo YO LOS
REPRESENTO."
Es este Thomas ll!ann el que nos hahla a través de Goethe con el dolor de
abandonar a los suyos que le condenan y tíene que emigrar a América:
"Ellos desconfían de tu germanidad ..." sin duda Thomas Mano está
hablando de las dificultades entre sus
compatriotas y él mismo. La terquedad de algunos alemanes de querer
convertirlo en Israelita. Luego nos dice: ·"consideran con rabia a aquel que
en el extranjero vé y honra a Alemania". ¿No está hablando de sí mismo?

Lubeck, su ciudad natal

Agrega aún: "Tengo mi germanidad
para mi ... " y confirma aquello que
dice Jaspers: " ... con indiferencia despiadada se proyecta solo sobre si mismo ... "
Sigue el soliloquio Goetbiano: "Cr.een
que son la Alemania; la Alemania soy
yo; aunque zozobran cuerpos y bienes,
eHa se perpetúa en mi ..."
¿Hablada así un judío o un ser que
no sintiera amor por Alemania? Sabe
bien que cuanto él haga será en provecho y para la gloria de su patria.
Cuando hahla de la posibilidad de destrucción total y en la perpetuidad del
espíritu germánico del que él es representante, se refiere sin duda a la fase
mús dura que tuvo que sufrir Alemania pues este libro fué escrito en esa
época y en América del Norte.
En este libro funde la figura trágica de Werther y la del inquieto Fausto, en una sola.
·THO~IAS l\lANN ha . comprendido la
amargura y la soledad de Gocthe por
· Ja ingratitud de sus contemporáneos y
sintiendo su mismo dolor, su propio
drama, nos habla a través de los pensamlentos del gran solitario de Frauenplan . .
Goethe dijo una vez que el verdadero escritor debia buscar Ja fuente de
su inspiración en la realidad y ~n la
,•ida y dar importanci;;t o encontrar
verdadera grandeza en las cosas pequeñas como sucede con la Naturaleza, para llegar a ser ver_daderamente
grande. Thomas ?ilann siempre ha tenido por modeio ·y ha seguido los pasos &lt;le! Gran Pagano.
Hanns Martín Elster nos dice del
gran desterrado:
4
' • •• este poeta ambiciona una sin tesis del arte con la ciencia: tanto en el
fondo como en la forma deben cooperar con todas sus actiYas energías ambas modalidades del humano intelecto. Belleza y Yerdad continúan siendo
Ja doble meta de nuestro escritor."
La iUOIJ.laíía Jlágica es un Ubro que.
ha alcanzado a Thomas Mann el codiciado Premio Xobel. En él, el autor
germano nos muestra una Utopía internacional cultural-cientifica y social,
precursora sin -embargo de ]a terrible

catástrofe que había de acabar para
siempre con la paz y la tranquilidad
europea. La guerra de 1914-18.
En un sanatorio de Davosdorf, un
jesuita judio, Naphta, y un librepensador italiano, Settembrini, (¿Satán?)
se disputan como Dios y el Diablo, un
alma, un joven alemán, Hans Castorp,
uno con sus teorías sobre el orden social establecido, en el que los medios
crueles para sostenerlo son disculpables ante un fin grande, mientras el
segundo habla en nombre de la razón,
de la Libertad y de la Humanidad.
En su Doklor Faustus, se convierte
en el juez inexorable de su pueblo por
su egoísmo y su soberbia. Es la historia de un hombre que impulsado por
el genio creador que lo posee y seducido por las promesas del diablo, se
encierra en un frío aislamiento que lo
empuja por encima de sus semejantes
pero Je precipita en los abismos eternos.
Gerhardt Hauptmann, otro gran escritor alemán con temporáneo decía
en uno de sus libros:
"Cada alemán que se estime como
tal, tiene algo de Fausto. Estamos desengafiados de todas las cosas y por
eso vendemos nuestra alma . al Diablo ..."
Solo que el Diablo ha sido derrotado una y otra vez por las fuerzas que
luchaban en nombre de la Libertad y
de la Humanidad, y Alemani8 ha sido
arrojada de muy alto. En lo sucesivo
los alemanes deberán tener esto como
amarga experiencia y no volverán a
enrolarse en otra sangrienta aventura.
Antes bien, tratarán de conservar lo
que a tan alto precio han reconquistado.
En este libro tan alemán y tan antinazi, así como Goethe buscando una
cualidad en el pueblo alemán tan injusto con él, exclamaba:
"El alemán es va1iente"
surge también en Thomas ~fann el orgullo patriota y nos muestra a su desdichado pueblo tal como es:
"No has ,oído hablar del devenir alem.in siempre errante, perpetuamente
en marcha?
Si tú. quieres, el alemán es el eterno

estudiante, el luchador eterno que se
esfuerza entre }os pueblos ..."
Nunca se ha dirigido al pueblo alemán un elogio más merecido ni con
más acierto. Es precisamente donde
descansa su grandeza, en e} esfuerzo
renovador, en eJ impulso entusiasta,
en la profundidad de su pensamiento
y en ese corazón indómito que nunca
desmaya y que ha 11echo exclamar a
Goethe:
'
"El alemán es valiente"
Si que 1o es. Es admirable que a pesar de haber sido sometido ese pueblo
infatigable a tan duras y dolorosas
pruebas, su fuerza y su fé en el porvenir nunca son destruidas. Es una gran
enseñanza.
Thomas l\Iann lo ha hecho observar
también:
" ... esa fé en el futuro es una de Jas
más hermosas herencias de nuestra
raz.a ..."
Alemal1ia se asemeja al gigante de
los pies de barro de la tradición bíblica. Es lo que ha hecho exclamar al escritor argentino J. L. Borges: "Como
]os hombres, 1os pueblos tienen su des~
tino. Tener todo y perder todo, es común viscisitud de los pueblos. Estar
a punto de tenerlo todo y perderlo todo es el trágico destino alemán."
Es curioso, pero Ja gloria de esos solitarios pensadores ane Jucharon aislados e incomprendidos por Alemania,
es lo que ha he~ho a ese pueblo grande y lo ha redimido.
Thomas
"Mann pertenece a esa estir,
pe de colosos.
Nació en Luhéck- el 6 de Junio de
1875, descendía por su padre, senador
ele }a ciudad, de una vieja familia ele
comerciantes patricios procedentes de
Nuremberg.
Su madre . .Tnlia de Silva-Bruhns,
nacida en Río &lt;le .Taneiro, venía de
una familia medio hindú, medio portuguesa y fué educada precisamente
en Alemania.

La muerte de su padre que causó la
ruina de la Casa l\fann dejó en su alma
profunda huella que ha dejado revelar
en la epopeya de Los B11ddenbrook",
donde pinta la gloria y el ocaso de una
familia señorial.
Sus estudios, sus viajes, la influencia de los viejos l\faestros alemanes,
el poderío y esplendor del Imperio
Alemán y su estruendoso derrumbe
reflejados en sus admirables obras están allí dando testimonio de nuestra
época sangrienta, para los siglos venideros.
Tanto él como su hermano mayor,
Heinrich, se aventuraron en la azarosa politica de su país, y mientras Thomas defendía la causa del Imperio,
Heínrich arrastrado por la era revolucionaria se unía a los partidarios de
la Democracia.
La caída del régimen imperialista
hizo a Thomas Mann abrazar el partido que tanto había combatido, y fué
su lealtad a esta doctrina lo que le costó el destierro de su patria por el régimen finalmente triunfante.
Mann ha caído en la obsesión de su
origen. Parece derivar de la mezcla
de razas, de la cruza de sangre nórdica y meridional, el valor de su genio.
Al revés de sus compatriotas que
tanto temen la mezcla de razas y creen
ver un judío en cada esquina, él mismo alardea de no pertenecer a una raza pura tan cacareada y tan falsa.
"Quiero representar la esencia de
toda loca aventura espiritual y la pasión por la creación artística, pues
por algo provengo del Sur.
Y quiero representar la cordialidad
y el calor del hogar y el sentimiento
tranquilo de la sincera humanidad,
pnesto que también provengo del Norte."
Queremos cerrar con estas admira~
bles palabras suyas este opúsculo en
el que nos hemos atrevido a mirarle
de cerca.

En su Doktor Faustus se convierte en el jue.: inexorable de su pueblo.

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I

�SlíUllL71OlflUIM\ llNlFllNlllíUIS IESlt NlJIM\IElflUlS
-e

Dr. Daniel l\fJR

ON el consiguiente asombro de
nuestra parte, se nos informa que

en cierto plantel escolar oficial,

se prohibió un tema de literatura basado en la obra del padre jesuíta, José
Francisco de Isla, "Historia del famoso predicador fray Gerundio de Cam-

pazas, alias Zotes". ¿Razones para tan
peregrina prohibición? Que dicho li-

bro atenta contra la ortodoxia religiosa. Deprime el ánimo ignorancia tal,
porque no se puede emitir juicios si se
desconoce la época y el medio ambiente en que un escritor y su obra se
desarrollaron. El P. Isla pertenecía a
un grupo de reformadores e intelec-

tuales que se propusieron sanear una
etapa cursi y artificial en la poesía,
drama y oratoria. Contra la última se
pronunció el P. Isla, de la misma ma-

nera que Forner, Luzán y otros, arremetieron contra una falsa poética. .
El gongorismo y el conceptismo, no
habian quedado encerrados en los libros; habian trascendido al púlpito, y
toda una legión de oradores culteranos, ocupaba a diario lá cátedra sagrada. Se había ya protestado contra
la extravagancia del gongorismo ora•
torio, igual que dos siglos antes contra las extravagancias de los libros de
' caballerías, mas los resultados obteni•
dos eran desalentadores. Para acabar
con los libros de caballerías, hubo que
esperar un genio satírico, Cervantes;
lo mismo hubo que esperar en el siglo
XVIII a otro escritor satírico y de vena cervantina para acabar con el gongorismo y conceptismo oratorios. Conviene que la comparación no sea mal
interpretada. Cervantes y "D. Qnijote" fueron los modelos del P. Isla para
su "Fray Gerundio", pero el P. Isla no
es más que un pálido reflejo de Cervantes, y la "Historia de Fray Gerundio" un débil remedo de "D. Quijote".
Lo de menos en 11 D. Quijote" es la sátira contra los libros de caballerías;
en cambioi la sátira contra los predi-

Don Luis de Góngora y Argote

cadores gongoristas, su efü1cación y
sus maneras, es lo esencial en la obra
del P. Isla. "D. Quijote" supera su fin;
"Fray Gerundio" cumple su fin. Fin
que como dice sn autor, no es "ridiculizar la predicación evangélica, sino a
los predicadores que no sólo hacen ridícula, sino profana, sacrílega, escan-

dalosa y chocarrera; de modo que en
Jugar de ser predicación evangélica,
es una charlataneria pantomímica, teatral, fantástica, y muchas veces bufonesca".
Es, pues, la obra del P. Isla toda una
sátira literaria contra la falsa oratoria
y, porqué no decirlo, contra gran par-

te de la educación de su siglo . Su personaje tiene su cabeza llena de ·absurdas enseñanzas y lecltU"as, y hombre
apenas salido de su aldea, se convierte
en un desfacedor de entuertos del púlpito, elaborando y lanzando discurso
tras discurso, todos grotescos y extravagantes, no en cuanto a su contenido,
a su doctrina, sino en cuanto a su forma. Además, corno novela es francamente entretenida, ya que posee gracia e ironía. Tal vez su único defecto
sea su desmesurada extensión, si bien
al comienzo de su libro tercero, nos
advierte: "Si mis lectores se cansaran
antes, eso no debe ser de mi cuenta.
¿Quítoles yo, por ventura, que cierren
el libro cuando les diere la gana y se
echen a dormir hasta que despierten,
con lo cual no sólo dividirán, sino que
podrán hacer jigote los capítulos y los
libros siempre y cuando les pareciere
puesto en razón?" "La Historia del
famoso predicador fray Gerundio de
Campazas, alias Zotes", es la mejor novela española del siglo XVIII. Podrá
carecer de una intriga elaborada, pero
su contenido no atenta contra la ortodoxia religiosa. Como dice Antonio
Machado: "hay que tener los ojos muy
abiertos para ver las cosas corno son;
aun más abiertos para ver las otras de
lo que son; más abiertos todavía para
verlas mejores de lo que son." No es
prudente, pedagógicamente hablando,
eliminar nada sin haberlo penetrado a
fondo, pues se corre el peligro de caer
en un conservadorismo pernicioso, a
la manera de aquel sarnoso que se em~
. perraba en conservar, no la salud, sino la sarna. Es preciso decir a nuestros alumnos, revelarles, todo el radio
de su posible actividad pensante, toda
la enorme zona de su espíritu que
puede ser iluminada y, por ende, obscurecida; ensellarles a repensar lo
pensado, a clesaber lo sabido y a dudar de su propia duda, pon¡ue es el
único modo de comenzar a creer en
algo.

UlNIIVElflSlllDAlD lDIE NUllEVO lLEON
JULIO
Del lunes 4 al viernes 8
PROBLEMAS FILOSOFICOS DE LA
NUEVA ESPAÑA.- Profesor Extraordinario, Doctor José María Gallegos y
Rocafull. 5 conferencias, de las 21 a
las 22 horas.
Del lunes 11 al viernes 15
UNA FILOSOFIA DE LA HISTORIA
DE l\fEXICO.-Profesor extraordinario Edmundo O'Gorman. 5 conferencias, de las 21 a las 22 horas.
Del lunes 18 al viernes 22
EL PENSAMIENTO MODERNO EN
LA NUEVA ESPAÑA.-Profesor extraordinario, Doctor José Gaos. 5 conferencias, de las 21 a las 22 horas.
Sábado 23
ALFONSO REYES Y LA FILOSOFIA
DE LA LITERATURA.-Profesor extraordinario, Doctor José Gaos. Una
conferencia, a las 11 horas.
Del lunes 25 al viernes 29
INTERPRETACION HISTORICA Y
SOCIAL DE MEXICO.-Profesor extraordinario, Licenciado Carlos M.
!barra. 5 conferencias, de las 21 a las
22 horas.

ESCUELA DE VERANO
X ANUALIDAD
Jubileo de Alfonso' Reyes
CURRICULA
AGOSTO

nario, señor José Luis 'Martinez. Una
conferencia, de las 21 a las 22 horas.

CICLO ALFONSINO
Del lunes lo. al viernes 5 de agosto
Lunes lo.: LAS ARMAS EN LA POESIA DE ALFONSO REYES. Profesor
extraordinario, Licenciado Manuel
Calvillo. Una conferencia, a las 21 horas.

Viernes 5: ALFOXSO REYES Y SU
IDEA DE LA HISTORIA. Profesor extraordinarioi Licenciado Alfonso Rangel Guerra, de la Universidad de Nuevo León. Una conferencia, de las 21 a
las 22 horas.
Del lunes 8 al viernes 12

Martes 2: LA GEXERACION DE ALFONSO REYES. Profesor extraordina:
rio, Licenciado Jase Alvarado. Una
conferencia, a las 21 horas.

LA FILOSOFIA DE LA INDEPENDENCIA DE l\lEXICO. Profesor extraordinario, Doctor Luis Villoro. 5 conferencias, de las 21 a las 22 horas.

Miércoles 3: IFIGENIA O LA LIBERTAD. Profesor extraordinario, señor
Octavio Paz. Una conferencia, de las
21 a las 22 horas.

Del lunes 15 al viernes 19

Jueves 4: OBRA LITERARIA DE
ALFONSO REYES. Profesor extraordi-

UN SIGLO DE PSICOGElíESIS DE
LA CONCIENCIA NACIONAL. Profesor extraordinario, Doctor Jorge Ca~
rrión. 5 conferencias, de las 21 a las
22 horas.

POE~IA NUEVO, por A. Cardona Peña. Cuadernos Americanos ::Mexicanos. 1955.
Corno el lapidario de diamantes que
al alcanzar la madurez en el dominio
de su oficio - plenitud moza, anunciadora de más abundantes cosechascambiara el cristal de roca y las piedras preciosas, por el guijarro del ca~
mino, así se presenta Alfredo Cardona Peña en su último y silenciado
"Poema Nuevo".
Con un lema de Virgilio en los Jahios - "Mira cómo todo se alegra por
el siglo que ha de venir"- abre Cardona Peña su libro para contarnos,
con la voz firme del profeta, cómo
abandonó la contemplación del lirio,
para enfrentarse a la imagen de ]as
botas rotas bajo la lluvia.

mejores cristal es, el poeta dibuja ahora, en el aire, con el fuego de la palabra, su credo de hombre que confia en
el pueblo y en el mallana.
Declara que su 1Jnmdo es ya otro y
se llama "Tierra-de-Todosii ... el peque1ío, el infinito mundo del hacedo1·
de esfuer=os, confía en el pueblo, de
quien ama su bondad de llama y teje
una cbrona de laurel para los- oficios
humildes, pues, para él, los tejedores
de sillas igualan en Sil labor las vidrie-·
l'QS góticas.
Fustiga a los que hablan del dolor
en un banquete y de poesía en una
conferencia ..• pero son incapaces de
• * *
abandonar sus tiel'ras y bajar a la plaPrimero, en una música antigua que :a donde escribe la vida" y señala,
suena a flauta y a rabel, cuenta gozo- después, .que el poeta está obligado a
so sus faenas del pasado:
acercarse a la Yida con palabras nue"Hace mucha que cuido lucel'O, mon- vas:
"Si ayer canté los élitros nupciales,
to jardin y vigila fantasma, todo go~
zoso de luz, y campana, sin regatear los jal'dines amados y los lirios, escucho alwra en la vudad un viento que
vacación al empeño".
me va murmul'ando, enajenado: ... ,
Pero es el caso que mientras cuida- Cristo de manos aptas, es el pueblo .. .
ha el huerto perfumado, vino la torArrepentido de haber · escrito con
menta Y se. fue ]a cosecha, como él .,... frialdad ardiente, anuncia el cambio
mismo contritamente reconoce ... "por de ]as coronasi por la lanza, las sandaatender a la flor minuciosa".
lias por las botas del monte y promeComprendiendo entonces que "los· te olvidar el ocio cuando el pueblo lladias no está1z para juegos" , tira e] ra- me.
bel, afila la espada Y se lanza a si misPor supuesto, no es la confesión ni
mo el anatema:
la promesa Jo que importan en e] Poema ~u evo de Cardona Peña: es el poe"Como un erial amanezca mi boca,
ma en si mismo, la boda del verso con
si oll'a no tiene regalo de panes, y se
el hombre que destapa caños y abre
me quemen las cinco vocales, junto a
los surcos para la buena semilla.
.fa inútil pol'ción de la rosa".
Al proclamarse poeta de su tiempo
Y confesando, en un arranque de a quien los empleos o los 1Jisas no amarebeldía, que ya no estú para desper- rran, Cardona Peña imprime un acendiciar en 1a filigrana, el arrebato de Ja to 1Hie,·o, más vigoroso, más viril, con
pasión que las cosas de este estreme• mús temblor de llama y furia de temcedor siglo despiertan, entona, con pestad, a la forma perfecta de su verso.
Antonio HODRIGUEZ.
acento grave, la nueva c3nción.

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r,_...,,.,.;;.,

""-~ . · ~
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~

Del lunes 22 al sábado 27
LA PROSA MEXICANA DEL SIGLO

XX. Profesor extraordinario, señor
Emrnanuel Carba11o. 6 conferencias
de las 21 a las 22 horas, excepto la deÍ
sábado, que serú de las 11 a las 12 horas.
DOS C URSOS ESPECIALES EN LA
FACULTAD DE FILOSOFIA, CIENCIAS Y LETRAS DE LA
UNIVERSIDAD

-I Del 11 al 15 de Julio
GONGORA Y SU FABULA DE POLIFEl\1O Y GALATEA. Profesor extraordinario, Doctor José Luis Medrana. 5
conferencias, de las 20 a las 21 horas.

-IIDel lunes 8 al viernes 19 de agosto
CURSO INTENSIVO DE LENGUA Y
LITERATURA LATINAS.-Profesor
extraordinario, Doctor Agustín l\Iil1ares Cario. 20 lecciones, durante los
diez días hábiles de las dos semanas,
una de Lengua y la otra de Literatura,
de las 18 a las 20 horas.

ll l lB lfl O S

Nunca fue Cardona Peña de los poetas que se contentan con la idea justa
o el tema bien escogido. Jamús ha ig
norado él qne el pensamiento sin forma poética, expresado con simple precisión y lógica, podrá ser ensayo filosófico, pero nunca poesía.
Tampoco, claro está, ha creído en el
embuste inventado por Mallarmé que
los poemas se hacen exclusivamente
con palabras y no con ideas. La palabra sin el concepto a que está asociada, seria una articulación de sonidos
muy pobre, facilmente superada por
la mllsica del viento, o de los pájaros.
i\Ias, sin creer en las mentiras de
los puristas, pues siempre ha cantado
al hombre y a su medio - ahi están
sus meditadas "Lecturas" o el nítido y
ancho uvalle de México"-, Cardona
.Peña ha consagrado bastantes desvelos a la tarea del orfebre.
Sin perder el respeto a la forma,
pues los buenos vinos requieren los

"PABLO NEHUDA Y OTHOS ENSAYOS", por A.. Cardona Pciia. Ecl. de
An'ilrca. :\léxico, 1955.
Jlubricado por la inteligencia y la
emoción poética (le Alfretlo Cardona
Peña, ha sido editada en la colección
Studium el libro Pablo Xeruda y otros
ensayos.
Libro ameno y de hondo pensamiento, ele frases ncertadas y completas, sin
pedantcria ni · ostcnlflción. Es, en si
mismo, una fuente de poesía que se
derrama sobre el alma de las cosas y
de los hombres, bañando la extensión
emocional del lector.
No se puede escribir lo que Cardona
Peña ha escrito, si allcmús de escritor
no se es también un poeta. En el ensayo sobre Pablo Neruda, él nos traza el
itinerario más veraz y completo para
llegar a la comprensión total de la obra
del gran poeta de América, que ha regaJado a nuestros pueblos un monumento de poesía, hermoso por humano, por valiente y por profundo.
Cuando las palabras de Neruda se
entrelazan con las observaciones ele
Cardona Pella, el ciclo del poeta to! al y prometéico que es Pablo se hace
mús luminoso. Esas observaciones destilan sutilezas y forman también ramos de protesta Yehemente contra la
crítica de salón y la tendenciosa malicia de los "gallos de hojaJata'' que
quieren oscurecer con su aleteo la pura luminosidad del chileno.
Lago tranc¡uilo y mar.enfurecido, silenciosos valles, rios caudalosos y profundos abismos: todo eso está en la
geogra(ía poética de Pablo Nerucla.
Por 1os caminos de su sangre, llega a
tocar el corazón del pueblo y le entre·
ga su obra 1 que ést e recoge y comprende, nutriéndose de tierra y aguas marinas.
Cardona Pe1la nos da en este ensayo
toda la sa,,ia que guarda el {irbol poético de ¡\eruda; jardinero de sn poe-

bueno sembrador de poemas en el mar
v en la tierra, como un hacedor de
Poemas -látigos que fustigani llevando siempre consigo a un Cristo invisi~
ble que acompaña su figura de asceta
castellano. Por donde pasa deja inquietudes, por el camino ;de su nom•
bre riega el polvo y la 'lágrill)a de su
poesía.
José Moreno Villa aparece en este
libro con su verso de manso fluir, que
bajo el cielo de Espalla y ~mérica diera Jegitimo realce a su ,·ida, ya apagada en estos días. Vida ejemplar Y clara, siempre al servicio de la cultura.
Cardona Pella desentrafia el' mensaje

COLECCION STUDIUH-7

PABLO NERUDA
Y OTROS ENSAYOS
ALFREDO CARDONA PEIÍIA

(dibu¡o de Mr,rcno YiUa)

sia, nos señala la flor que aroma y la
espina que hiere; sabe a donde está la
sed y e] agua, el descanso y la lucha,
la denuncia directa como una flecha
araucana, y la profccia que cubre la
tierra habitada por el hombre.
El Canto Genel'al se sostiene en su
mundo de creación, con los pies muy
hincados en la tier.ra; es vigía y raíz
de futuros.
Con maestría de guía poético, Cardona Peña nos condllce por los senderds del poema y nos lleva desde su
ge\stación hasta su nacimiento en la
ciudad de. México. Asidos a su palabra, él nos descubre el cielo y la estrella de gracia que conslituia ver a Neruda trabajar su talla graníticai su
Canto General.
Lo que hace Cardona Peña es desentraiiar, valorizar el poema, acercarlo
más a la comprensión del pueblo, y
quizá por eso su trabajo sea tan valioso como el poema mismo, porque nos
hace olvidar su celeste origen y oírlo
conversar junto a nosotros, al lado del
fuego campesino.
En los comentarios de Cardona Pei'ía, el poema se manifiesta tal como es,
desde su origen hasta que el autor lo
entrega a nuestra América, volcando
en él su ternura y su rebeldia, su cuerpazo de "tapir dormido" en los bosques de nuestras lierras. Dormido y a
la ycz vigilante al mús sutil ruido entre las horas.
De este penacho de sugerencias, pasamos a la sombra de ese gran humanista ele América, de ese "americano
universal" que es don Alfonso Reyes,
dibujado por Cardona Peña, indagado,
comprendido y traspasado por su palabra ele magia. Nos presenta al Reyes
íntegro, cabal en su sabid~ria y humildad, creador de lo más selecto que
América tiene en el ensayo, que es reYivir lo antiguo y lo moderno, y renovar la tierra toda, la mexicana y la del
mundo. Nos acercamos dev.otos al lado del maestro, guiados por las silabas
aladas Ue Cardona Pella, y comprendemos su sabiduría, su obra imperecedera de mexicano auténtico y americano universal.
Pero he aquí que ]legamos al recuerdo del santo de la poesia americana, a
don Enrique González ~Iartinez, a su
la.do, para gustar de su ·presencia y , 1 er
al joven y viejo poeta siempre renovado en Ja obra inmortal, Sufrir las
angustias de su pueblo y de todos ]os
pueblos de la tierra. En las noches
misteriosas del valle de Anáhuac, nos
imaginamos al Buho junto a a su tumbai mientras un cisne agoniza entre
las estrellas del cielo transparente.
Ya vamos entrando a otra región de
maravilla, y al volcar una página nos
encontramos el camino que es caminante a la vez, a León Felipe hermano
de Jonás, el bíblico profeta. Cardona
Peña nos lo descubre como un dios

por
ALFREDO CARDONA PERA

EDICIONES DE ANDREA
MEXICO, 195:&gt;

de :\foreno Villa, y esto nos hace acercarnos a su obra con cariño y entusiasmo. Porque estos ensayos de Car•
dona Peña constituyen un Jibro que
lanza acertadas sugerencias, que saca
a la luz olvidadas estrellas y soles que
pasan desapercibidos a la sensibilidad
corriente, mostrando al creador
- hombre y poeta- en plena conjunción artistica y humana.
:Magistralmente labrada sobre una
nube, se destaca la alta figura de Jorge Guillén, el autor de Cántico, libr~
que como dice Cardona Peña, tiene
una redondez de círculo. Y eso es
efectivamente la obra poética de GuiIlén: un circulo cerrado en sí mismo,
aunque sin el hermetismo que le han
querido impugnar. Poesía sin fronda,
personal y eterna.
Desde su sencillez de agua escondida, nos conduce Cardona Peña a la
mesa imaginaria, en que se encuentra
Pedro Garfias diciendo su poesía entre copas de estrellas. La pluma de
Cardona nos ·esboza, bajo sombr;ls nocturnasi al poeta que Jleva su verso a
flor de labio y entre las nostalgias de
su patria lejana y mártir, va deshojando sus libros -rumores de su almaen los empañados espejos de las noches de México. Es su poesía un haz
de espigas nocturnas diseminadas en
islas y territorios de tierra firme.
Y a· este "serafin de la sombra", que
baja a los infiernos, sube a 1os cielos,
cultiva el fuego de los astros y apacienta palabras, hay que quererlo, como pide Cardona Pella a todos los que
han tenido la dicha de compartir el
vino y el pan de su amistad, esa amistad de Pedro Garfias que yo tengo.
Aquí termina su libro Alfredo Cardona Pella. Llenos de nosta]gia cerramos las páginas densas de conceptos
enjundiosos, de líricas islas rodeadas
de silabas y de nombres amados. Es
este un libro que emociona y encanta,
y a él volveremos por la calidad de su
prosa, porque en él están presentes
altos ejemplos y porque en todas sus
páginas ronda la poesía como un fantasma sin fatiga.
Arturo ECHEVERRIA LORA
Pasa a la Pág. 8

Pág. 7

Pág. 6

�JOSE MOREN□, VILLA
1

.

;

•

r

El · día veinticinco del pasado
mes d&amp;..abril murió en la ciudad de
México José Moreno Villa, distin•
guido escritor, pintor, poeta y crí•
tico de arte español, asimilado a la
cultura mexicana desde el año de
1937 en que llegó a nuestro país, y
en cuyo ambiente se significó siem•
pre por su incansable actividad in•
telectual y su fecunda labor crea•
dora.
Entre los libros más importan•
tes que escribió en México, figuran
La escultura colonial mexicana, te•
ma poco tratado por nuestros estu•
diosos; Lo mexicano, que contiene
interesantes ensayos sobre diversos
aspectos del arte nacional, Y. Cornucopia de México, libro en el
que figura la visión de un español sobre nuestros hombres y
nuestras cosas.
De su obra poética entresacamos el poema que aquí se pu•
blica.

ILIEIDAID
jSolo! jLa soledad! Luego lo supe:
el mundo lleno de varones solos.
j Los solitarios que caminan juntos,
solos también los apiñados troncos

de la selva! jQué sola compañía!
En el concierto de los cien millones
de vástagos frondosos, ¿hay una asta
que desinteresadamente obre?
·
En la región estaba sola el alma.
No hay que esperar socorro del hermano;
suspenso estoy en el vacío y tengo
para asirme que asirme a los espacios.
Esa leona de la fuerte garra,
o ese bisonte de acerado cuerno, '
una apacible tarde el estío
desgarrarán tu adolescente cuerpo.
Nadie saldrá por tu defensa en liza;
nadie la compasión ejecutando
pondrá sobre tu herida dolorosa
la caridad bendita de su mano.
¡Solo! Ya sabes, un gentío y solo,
solo para el dolor o la alegría.
Si algún hermano te echa el brazo, teme;
teme: su gesto es solo de codicia.
Hay que hacer la corteza para entonces
resbaladiza concha de galápago.
Robustecer debemos el vestido
porque la muerte es hija de lo blando.

Solo en la selva del dolor estoy
es_perando la hora del anillo,
del anillo nupcial que me desposa
con el amor que es de la lucha el hijo.
Solo en la selva del dolor estoy.
Ya tengo brazos en el firmamento.
¡Ya mi raíz parece que ha llegado
a la región del sacrosanto juego!

Pág. 8

IL 1 1B R O S

p..

Sigue de la Pág. 7
"SK\1BLANZAS MEXICANAS", por José Cardona Peña. Ediciones Libro:\Iex. México, 1955.
l:na semblanza es un retrato YiYO,
animado por la palabra y la imagen.
Mueve el interés del lector que reconoce en su imaginación el carácter de la
persona retratada en, sus aspectos y
actividades peculiares. Cardona Peña
nos ofrece en este libro 29 semblanzas
de escritores y artistas mexicanos en
las que señala con una fina y original
técnica las particularidades de cada
persona. Nos cautiva su frase alada,
su inesperada imagen, su positiva y
sutil ironía, su gracioso movimiento
mental. Estarnos frente a un poeta que
nos descubre su robusta cultura en el
atisbo con que penetra al espíritu de
cada personaje.
Como los retratos pictóricos van
surgiendo estas semblanzas de Cardona Peña: líneas identificadoras sobre
pi anos de color en aquéllos; limpias
imágenes secundadas por rotundos
golpes de palabra en éstas, que construyen en nuestra mente la clara idea
de la compleja espiritualidad. En la
pintura surge aguí y allá un rasgo de
índole personal que con inusitado vigor levanta la visión para reconocer al
personaje; en el poema, algunos versos tienen mayor fuerza para aclarar
enigmas interiores o complacer un
sentimiento íntimo; y en estas semblanzas, como en las pinturas y en los
poemas, el magnífico escritor que es
Cardona Peña se ·vale de la imagen,
del diálogo o el relato, para revelar
una curiosa característica de la persona retratada. Y lo hace con gracia y
donaire, con destreza de escritor que
ha discurrido ya por muchos caminos
y que tiene grandes e inagotables resenas humanas para dar idea del ambiente en que· se mueve y la actividad
que desarrolla el individuo objeto de
su atención.
Cardona Peña conversa con el lector, le transmite sus propias emociones, sus impr~iones inolvidables, los
conocimientos que se le han quedado
en el alma inmarchitos, vivientes, frescos. Es, también en la prosa, un poeta capaz de fijar la metáfora instantánea, lúcida, como perdida en el acervo
de juicios y representaciones. A Fanny
Anitúa la llama "ahijada de los pájaros"; a Matía Asúnsolo la contempla ·
bajando "unas escalinatas, envuelta en
luces y sombras que le dan un aspecto
maravilloso; parece una de esas presencias que salen de los sueños ...";
ye al Dr. Atl "poniéndole trampas a la
luz"; con Frida Kahlo se vuelve dramático, vibra y se identifica con su
dolor, ve en esta mujer maravillosa, a
"una madre frustrada", "una mujer
--dice- con el cuerpo atravesado por
alfileres como una maler dolorosa conservada en sus siete puñales". No cabe duda, Cardona Peña es un alma de
luz, una llama viva y crepit"ante: fulgor de inteligencia, calor que brota de
la entraña cordial.
Hav en este interesante libro otras
semblanzas bellamente escritas en las
que el lector descubrirá cosas poco
conocidas de la cultura mexicana y de
los hombres qne se preocupan por su
esplendor. Leed ese prodigio de retrato moral y físico del pintor Francisco Goitia, "el indio humillado", ese
modestísimo pintor que va por la vida
"creando una de las obras más profundas, más trágicas y más universales de
nuestro tiempo, sin ruido, calladamente, como se hacen los niños y los
poemas, como nace el llanto y se manifiestan los ' prodigios de la naturaleza". Leed esa preciosa carta a Antonio Acevedo Esrobedo, escrita "a lomo de pluma", en la que este caballe-

¡,:·· .

} i)~i;:~-

~·\J
·:~i;

ro de la cultura se cÍ-edara "prfvinc(~no de piel adentro'.': cuyas bri'sas juegan entre las arboledas de la prosa.
El escritor habla con su compañero de
oficio, recuerda su entrañada nostalgia que lo ha "torturado ahora en que
he terminado la lectura de tu libro
quedo con los recuerdos humedecidos
en silencio, como esos viejos filtros
de piedra, obispales y cachazudos que
todavía existen en algunas casonas
perdidas." Leed la semblanza de Salvador Toscano, "ingeniero y poeta de
la realidad ... patriarca del cine mexicano" que fijó en las tersas láminas
de celuloide las más dramáticas escenas de la Revolución Mexicana, con
las que se formó "el documental más
extraordinario de 1 mundo, titulado
Memorias de un mexicano, y que Cardona Peña quisiera proyectar para el
pueblo "en mitad de la Plaza de la
Constitución, la noche del 15 de septiembre, tan llena de campanas y clarines ... en una gran pantalla puesta
sobre el frontispicio de la Catedral,
después de la ceremonia del grito ..."
O leed, en fin, el retrato de Alfonso
:\1éndez Planearle, "siervo de Dios, latinista sabio, crítico y humanista de
luciente cultura." Sentiréis un aliento
poderoso que irriga las más secretas
grutas del espíritu; oiréis una oculta
voz que al resonar con acento vario y
personal, os entregará un mensaje cordial, humano y lleno de amor a lo bello y noble que hay en la vida.

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i- ■l-1

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AU'JU!!IJO CAlll)()NA n.'44.

Semblanzas Mexican~'
A JlTIS'l' "8 \' t:1H;111Tl),l tl:~
llt:I, M.f:XlCO A(' Tl'AI,

Y ahora que el hombre de México
con frecuencia pierde de vista aquello
que es, en verdad, un alimento espiritual insustituible sólo por alcanzar
frutos sin miga ni esencia; ahora que
se glorifica a quienes no tienen en sí
más que atributos efímeros y valores
ficticios, antes que a los hombres que
han surcado la vida y han encontrado
una eficaz respuesta a sus afanes, cobra mayor valor este libro de Cardona
Peña, en el que con tan precisas formas expresivas y con tan cordiales y
certeras ideas, hace prevalecer los valores del espíritu por encima de las
mezquindades de la vida y da a conocer inquietudes que amplifican la vía
que encontrarán las nuevas generaciones para descubrir y fortalecer su
misión sobre la tierra.
Por tanto, creemos que esta obra de
Cardona Peña habrá de despertar una
entusiasta acogida en los estudiosos de
las letras hispanoamericanas que, en
cada una de sus páginas, encontrarán
momentos lúcidos vividos por quienes
libran de modo fecundo la batalla de
la inteligencia.
Alfonso REYES A.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>1 No. 5 Mayo de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

PROPOSITO TRAYECTORIA

UNIVERSITARIA

A UNIVERSIDAD de Nuevo León despidió, la noche
del diecisiete de abril de 1955, al que fuera su ilustre Rector, el señor Licenciado Raúl Rangel Frías. En esa apoJ¡¡;.li::dff' teosis se congregaron maestros, estudiantes y funcionaENEMOS una Universidad "alerios de nuestra máxima Casa de Estudios, para rendir
gre y elegante", donde se espera el
porvenir con optimismo y se labra
merecido homenaje al que condujo los destinos universitarios
el futuro palmo a palmo. Una Univerdurante los últimos años.
sidad he~edera del espíritu jovial del
Su rectorado, brillante por su actuación, por los fines que
lo animaron y por los triunfos alcanzados, marca en la historia de nuestra Universidad una etapa que se caracterizó singularmente por el anhelo de superación, ·por el deseo de alcanzar una formación auténticamente universitaria. A través
de ese tiempo se logró la aspiración. Se configuró una casa
mayor, se ampliaron sus alas,
se profundizaron sus cimientos,
y todo se vió envuelto por un
clima saludable que permitió
multiplicar los esfuerzos, superar los deseos y realizarlos, junto a una juventud que encontró en su Rector -estudiante
en el sentido humanístico del
concepto- un verdadero guía.
Su mensaje final se escuchó
en los patios del Colegio Civil
del Estado. Reafirmó ahí su fe
en la Universidad de Nuevo
León, en sus Maestros y en su
juventud. Y concluyó que no
se despedía de la Universidad;
¡palabras que nos devolvieron
las viejas bardas del Colegio
con un eco premonitorio!
ARMAS Y LETRAS consigna las páginas de esta entrega
de mayo al que fuera su fundador hace doce años, al ex-Rector de la Universidad de Nuevo León y al universitario prócer e impar a quien tanto deben la Cultura nuevoleonesa,
la Universidad y sus hijos.

I

Este número contiene colaboraciones de universitarios de Nuevo León, la reproducción de LOS
REGIO/llONTANOS de Alfonso Reyes y EL RENACIMIENTO DE LA UNIVERSIDAD, de losé
.Alvarado; contiene también dos ensayos de Raúl Rangel Frias : TEORIA DE l,IONTERREY
y LA IDEA HISTORIC.A , publicados con anterioridad, y el contenido del discurso que pronunció la noche del 17 de Abril de 1955, en la despedida que le ofrecieron Maestros, estudiantes y funcionarios de la Universidad de N uevo León en los patios de Colegio Civil.

glorioso Colegio Civil. En su aire se
respira la libertad y la inquietud que
han dejado generación tras generación. Pero esta característica no es
fruto de un momento feliz, sino obra
de caballeros del ideal que han depo-

sitado su esfuerzo y su talento, para
hacer de nuestra Alma Mater un baluarte de la cultura mexicana en el
norte del país.
La Universidad de Nuevo León, con
ser joven, tiene tradiciones y hombres

ilustres. Para su fortuna, ha sabido
encontrar en el momento preciso hombres que han comprendido su razón
de ser, desde el doctor Pedro de Alba
hasta el actual Rector. A estos timoneles del destino universitario se agrega
el nombre de Raúl Rangel Frias, hijo
distinguido de nuestra · Casa de Estudios.
Cuando un hombre capaz se identifica plenamente con el ideal, puede estar segura la realización de cualquier
obra que se proponga, y _Rangel Frias
supo llevar a cabo cuanto quiso para
nuestra Universidad, porque en él se
conjugaron el ideal y la capacidad.
Ser Rector de una Universidad, es
ser Rector de ideas, ser Rector de ideas,
significa ser vertical e integro, y en
cada oración de Rangel Frías a los estudiantes, hubo integridad y verticalidad. Su palabra fue siempre torrente
de verdad y humanismo. Su preocupación -nunca se cansó de decirlo
mientras fue Rector- fue dar a la sociedad profesionistas que comprendieran su responsabilidad con la Patria,
hombres útiles a quienes hicier.on posible su título profesiónal. Porque ser
mejor profesionista es ser mejor mexicano.
Comprender a la juventud y ganar
su admiración y respeto, es privilegio
de hombres singulares. Rangel Frías
comprendió a los estudiantes y fué admirado· y respetado por ellos: Porque
supo dar dignidad a su. puesto; porque
todo lo pidió para la Universidad;
porque siempre quiso su progreso;
porque fue respetuoso de lo justo y
comprensivo de la voluntad estudiantil.
Tenía que ser algu,ien como Raúl
Rangel Frías, quien .tomara la dirección de nuestra Universidad en momentos tan difíciles. Era preciso hallar al hombre, al universitario, al
idealista que hiciera _tornar a su cauce
el movimiento cultural de nuestra Casa de Estudios. Y esto, se hizo con decoro y suficiencia. Pero ¿cuál ha sido
la obra de Raúl Rangel Frias en la
Universidad, como estudiante y como
Hector?
Como estudiante, fue alumno distinguido y dirigente capaz y dinámico de
los grupos estudiantiles de su generación y su paso dejó hechos e ideas. Su
principal instrumento fue la palabra,
de ello queda constancia en los periódicos que dirigió y colaboró, y en sus
discursos a la juventud de su tiempo
Pasa a la Pág. 3

�RAUL RA'.NGEL FRIAS
insinuante, llena de observaciones agudas, apoyada en conocimientos bien
adquiridos y en lecturas largamente
meditadas. Sus charlas con Pedro Garfias nos cauti vahan. Él poeta enhebraba el hilo de la conversación y Rangel Frias lo seguía por increíbles vericuetos, soltando la poderosa imaginación sin perderse en el empeño, y de. jando ver claros pensamientos como
chispazos de luz. Aqui discurría una
un viaje a la ciudad de México con el mente vigilante, lúcida, capaz de pefin de visitar a José Clemente Orozco netrar misteriosos arcanos y explicary contemplar de cercá su obra pictó- los con sólo unos cuantos golpes de
rica, el licenciado Rangel Frias me in- palabra.
vitó a escribir en las páginas del menEq el Departamento de Acción Sosuario. En esa fecha se publicó mi pri- cial se iniciaron numerosas actividamer trabajo sobre la obra del gran pin- des: exposicii;mes diversas, empresas
tor jalisciense. De entonces data mi editoriales, cursos y conferencias soformal ingreso al cuerpo de colabora- bre variados ·temas, la Escuela de Vedores de "ARMAS Y LETRAS", que se rano, teatro universitario, cursos de
prolongó por varios años y tuve opor- pintura y escultura, hora radiofónica
tunidad de ligar mi modesta capaci- universitaria, cursos de cultura musi-

UVE ocasión de asistir, en c~mpañía de otros amigos dilectos y queridos, al nacimiento del Departamento de
Acción Social Universitaria a cuyo frente figuraba Raúl
Rangel Frias, ilustre caballero del pensamiento. En ese
alumbramiento feliz, como un singular don de reyes, se
movió a la vida periodística "ARMAS Y LETRAS", iluminado
por el fervor de esta voluntad que traía desde muy joven la voca•
ción de la palabra y el fácil discurrir de las ideas. Se iniciaba un
nuevo avatar de nuestra educación superior.

T

Yo estaba ligado a la Universidad
naciente -además del voto· de mis
compañeros maestros de la Escuela Industrial y Preparatoria Técnica "Alvaro Obregón", que me convirtió en Consejero universitario- por esa suerte
de simpatía viva y creciente que se
encendió en mi espíritu por gracia del
ejercicio magisterial. Entre aquellos
amigos que aun viven estaba Pedro
Garfias, el admirado poeta español
que residía en México. Garfias vino a
esta ciudad a participar en un homenaje organizado por la Escuela Nocturna de Bachilleres, en honor de Federico García L9rca. Por poco no regresa
a la capital; algún tiempo después se
vino a radicar a Monterrey, uniéndose
a J~ historia de la Casa de Estudios.
Fue el primer secretario del Departamento.
De entonces -1944- datan los afane.s por este órgano mensual de la Universidad de Nuevo León,,que ha entrado ya en su doceávo año de vida ininterrumpida. Raúl Rangel Frias, alma
y fundador de esta empresa, escribía
sobre diversos tópicos del pensamiento nacional; Pedro Garfias se encargaba de la antología poética y los juicios
críticos que aparecían; Francisco M.
Zertuche informaba sobre el movimiento bibliográfico en la Biblioteca
Universitaria y escribía notas sobre
libros; Edmundo Alvarado Santos,
muerto en plena juventud, escribía ensayos de interpretación literaria; Carlos Villegas daba forma a sus fichas de
literatura mexicana y se aprovechaban
las co1añoraciones de varios escritores
nuestros: Roberto Hinojosa, Miguel D.
Martínez Rendón, Enrique C. Livas,
que era Rector de la Universidad, Gabriel Capó Baile, ya fallecido, Armando Arteaga Santoyo, que publicó su
magnifica bibliografía del Padre Mier,
y otros más.
Recuerdo la impresión que nos causó la primera aparición de "ARMAS Y
LETRAS", que registraba el nacimiento de la Universidad de Nuevo León y
explicaba, en una nota editorial de
Raúl Rangel Frias llena de sutiles referencias humanas, la razón de la cabeza del periódico, inspi_rado en el discurso de las armas y las letras de Cervantes. La publicación absorbió lo mejor de nuestra simpatía. Nos daba la
impresión del más selecto periódico
publicado hasta esa fecha en Monterrey; prometía un surgimiento de la
intelectualidad neoleonesa. Y así fué
porque este silencioso vehículo, que
es liga y vinculo de elevados ideales
humanos', ha continuado esa noble tradición y el inicial empeño de su fun•
dador.
"ARMAS Y LETRAS" era ya lo que
es hoy: un órgano consagrado al registro de las palpitaciones de la vida universitaria. Aparecían en sus páginas
las reseñas sintéticas de las conferen. cias sustentadas en la Universidad, notas bibliográficas, una antologia poética con nótas criticas, apuntes biográ"ficos y críticos sobre los clásicos mexicanos, noticias universitarias y artículos de colaboradores sobre temas
diversos. Por el mes de septiembre de
1945, poco después de que emprendi

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dad a los empeños culturales que tenían su origen en el Departamento de
Acción Social Universitada.

* * *

Desde muy joven surgió su personalidad como el universitario por antonomasia: delgado, alto, nervioso. La
inteligencia saliéndole por todos los
poros de la piel, de lentes que aumentan y prolongan la fisonomía, atalaya
por donde asoman los ojos vivos y penetrantes. Yo lo oía disertar en muchas ocasiones; su conversación era

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cal, conciertos musicales, recitales poéticos, etc., todas ellas promovidas y estimuladas por Rangel Frias que iniciaba, así, una época risueña en la Casa
de Estudios, que continuaba el curso
de su fecunda tradición al servicio de
la juventud neoleonesa. Dé todo ello
han quedado los testimonios que pueden encontrarse en las paginas de esta
revista mensual que los recogió fielmente, como para derivar, del beneficio vivo y presente, un beneficio posterior.
-

En cada una de estas actividades se
veia a Rangel Frias como el · director
atentó a un programa vertebral que
responde a una finalidad trazada de
antemano en sus puntos esenciales. Sabia lo que quería hacer y lo iba realizando poco a poco;_ál paso. del tiempo,
que transcurría siempre a su favor como un ámigo adicto que sólo ofrece
su protección a quien, en la sinceridad
de los diálogos, le ha colmado con indudables excelencias. Era como un joven viejo nutrido de experiencias a
fuerza de pensamiento e imaginación.
Salvador Toscano, su amigo entrañable, le consideraba "la inteligencia
más clara de mi generación." Y cuando Toscano dió a la estampa esa su
hermosa obra sobre el arte indígena
precolombino, Rangel Frias contestó
con una nota intensa en la que dejó
un esbozo de lo que fué aquella generación de jóvenes estudiantes ---&lt;jlle
dieron a conocer sus primeras inquietudes en la Re,•ista "Barandal"-, que
vivió en u~a atmósfera asfixiante impuesta por los sacudimientos &lt;le la vida social e intelectual del pais. AJgu.
nos de los integrantes de esa generación, como Toscano, no encontraron
un fácil desahogo de su protesta en la
amargura. Con su obra, que constituye una leal contribución a la cultura
patria, Toscano aprovechó la experiencia de su generación y recurrió al
pensamiento histórico como forma
fundamental del espiritu humano, para alzar la lección del pasado indígena a un claro capitulo de la historia
formativa de la nación mexicana. Rangel Frias mismo, José Alvarado y otros
más, constituyen ejemplos vivos de
devoción y cariño por lo.S más altos
ideales de México.
Numerosos temas han inquietado
la vida intelectnal de Rangel Frias.
Desde sus "Apuntes Históricos del Colegio Civil", escrito en colaboración
con Helio Flores Gómez (1931) y su
tesis recepcional "Identidad de Estado
y Derecho en la Teoría Jurídica Pura
de Hans Kelsen" (1938), impresa por
la Universidad Nacional en atención a
su valimiento, pasando por sus apuntes sobre Ramón López Velarde, el positivismo en México, Antonio Caso,
Bergson, Teoría •de Monterrey, Salvador Toscano en la Historia y el Recuerdo, etc., etc., cada trabajo suyo
venia molido de meditación.
Recuerdo su interesante exposición
difundida por la Hora Universitaria
sobre el poeta de la "Suave Patria",
publicada posteriormente en · este Boletín. En ese estudio concibe al poeta
en un mundo de poesía altamente emotivo, identificado con la sensibilidad
mexicana y de difícil esclarecimiento.
Interpreta el acento dramático de López Velarde en el desarrollo intimo
de su sensibilidad y la pasión que su
vida le imprime. Pertenece al género
de poetas que viven intensamente su
poesía, una poesía que es el resultado
de la lucha del cuerpo y la carne por
transformarse en espíritu: vive un
drama poético originado en una entraña cordial que impulsa su sangre
devota. "Una poesía así, de esta calidad apasionada y sangrante -dice-,
es una dolorosa agonía en la cruz." No
es sólo la provincia su paisaje poético,
es la condición de la hora mexicana ·
que le tocó vivir. "Se encuentra -afirma- justamente en ese tránsito de
nuestra sensibilidad nacional que todavía no acaba de apurarse entera•
mente. Está a la mitad y perdido en
el camino entre el pasado que fue y
el futuro aun impreciso y temible, que
por poco le hace quedarse sin mensaje poético, zozobrante y trémulo." López Velarde se impuso la tarea de dar
voz y espíritu a las cosas mexicanas.
Llevaba muy dentro de si mismo el
paisaje de México; su obra está a medias, no por imperfección, sino como

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71 lR. A Y IE C 71 O IR.' l A...
'

Sigue de la Pág. 1
como presidente de la Federación de
Estudiantes Universitarios de Nuevo
León. En todo movimiento estudiantil
de su época, su ·r1ombre está presente.
Por sosl'ener las ideas· de su generación tuvo que dejar su E;stado y proseguir sus estudios en la Capital de la
República, donde su talento supo ganarle un lugar distinguido. Su tésis de
r.ecepción profesional fue de altos vuelos, en e11a volcó sus ideas filosóficas

con una c)aridad y certeza que le valieron el elogio de maestros y condiscípulos.
Siendo director del Departamento
de Acción Social Universitaria fundó
Armas y Letras, órgano oficial de la
Universidad de Nuevo León. Bajo su
cuidado tuvo esta publicación su ¡nejor época y un sello característico por
la calidad de su contenido, expresión
de las mejores plumas del Estado. Dirigió tambiéll Universidad, revista

anual universitaria.
Como Rector, supo dar un lugar distinguido a nuestra Universidad colo•
cándola entre las mejores di! provincia. Creó nuevas entidades culturales;
impculsó las ciencias y las artes; lleYÓ al pueblo de Monterrey, verano a
verano, la palabra de los maestros más
destacados en la cultura mexicana.
Fue factor principal en el proyecto
mas ambicioso de nuestra historia educativa: Construir la Ciudad Universitaria del Noreste.
Su despedida de nuestra Universidad fué por la puerta grande, por don-

Nihil Humanum Alienum ... JEIL
EBO primero expresar mi gratitud para con "Armas y Letras"
por la ocasión que me brinda de
asociarme al homenaje que dicha publicación universitaria consagra al exRector de nuestra Casa de Estudi9s.
Gratitud pero también t~mor. Quisiera poder decir aqui, estimado guia
y amigo, todo lo que usted es para mi,
respetando su intensa vitalidad, evocar lo que palpita en uno de los seres
más sensibles que yo haya conocido, y
no escribir un panegírico o una piado. sa recordación luctuosa.
Hay seres que cruzamos, que saludamos,· que abordarnos, con los que sostenemos este doble monólogo infecundo que llamames conversación. Pero
hay también otros, escasos y preciosos
que uno "encuentra". Haberlos conocido nos honra y nos transforma. Por
haber cruzado sus miradas, apretado
sus manos, bebido sus palabras, ya no
somos absolutamente iguales. Nos han
cambiado, han revelado nuestros negativos, nos han regresado a yo no sé
qué severa esencia más allá de nuestras payasadas, y nos hicieron finalmente este incomparable regalo: ·menos presunción y más estima de nosotros mismos.
Raúl Rangcl ha sido para mí un "encuentro", en el sentido total de la palabra J', dispensador de sus dones, lo
ha sido para muchos otros: alumnos,
colegas, colaboradores.
NoS gusta evocar los rostros queridos, Yol\'er a crear sus rasgos, sus gestos, sus entonaciones, "re-presentarlm~" en una palabra, cuando los azares
de la ,•ida ya no nos permiten gozar
tan a menudo de su compañia como en
tiempos pasados para nosotros mejores. llenos que un homenaje para
quien los mereciera · más elevados y
más autorizados, mi pluma evoca para
el regocijo de mi memoria, a quien,
hace cuatro años, encontré. Gracias a
él_he sentido que uno puede estar lejos de su tierra, de sus amigos y familiares, y sentirse de repente, por una
palabra que surge en una conversación, extrañamente cerca de sí mismo.
Al escucharse, al mirarse, se recibe,
como una gracia, la alegría de ser dos
hombres juntos que se hablan y se son•
ríen con toda la cara.
Hay, en una naturaleza tan rica como la del Lic!'nciado Rangel, tantos
. aspectos y tantos caminos, tantos medios de perderse y tantos de volver a
encontrarse, tantos ángulos tajantes y
tantos matices ínfimos que quisiera
uno sostener con él un diálogo ininterrumpido. Se siente uno no solamente
comprendido por él sino también com-·
prehendido en él. El ha realizado en si
mismo el hombre y lo universal no en
el artificio de los conceptos sino en la
más mareante de las personalidades,
en sus más peculiares y cotidianas relaCiones. Todo éso no es decir nada
mas que lo que expresa el viejo término de humanismo.
Humanista él lo es plenamente, con
un ritmo que le es propio. Raramente

D

se ha aplicado más exactamente que a
él la frase célebre de Buffon: "El ·estilo es el hombre mismo". Su estilo es
primero su silueta delgada, viva, nerviosa, en la que todo está animado
agua, a la vez Jimpida y trastornad~
por sus propias corrientes, inquieta
por sus propios reflejos. Su estilo es su
respeto al ser, su amor para todo lo
que vive, Qt_1e lo mantiene perpetuamente en guardia contra la sistematización disecante, e~ concepto que empobrece y la vanidad del espíritu cuando gira en lo vacio. Una mañana sobre los escalones del Palacio de' Gobierno, a donde íbamos, se volvió y
ensefiándome los árboles de la plaza y
las gen tes que paseaban me dijo: "la
Yerdad, es todo eso". Su estilo es tambié~ la caminata de su pensamiento,
muy felizmente hermano de la expresión. Nada pre-fabricado. No hay "tema tratado", dividido de antemano en
partes: él temería demasiado dejar escapar así uno de estos detalles, aparentemente trh•iales y que esconden
un precioso secreto. ¿La calabaza de
la Cenicienta no se ha vuelto acaso
una carroza? En lugar ·del discurso
deductivo, prefiere establecerse en el
centro de su preocupación, seguir dócilmente lo que eBa implica o eYoca,
para regresar a ella, después de muchas vueltas, atento a la sinuosidad de
Jos caminos. Luego, después de una
pausa, él nos lleva en otra dirección
de su paisaje interior. Su estilo es en
fin el milágro realizado día tras día
de entregarse concienzudamente a to•
das Jas tareas administrativas de su
cargo y de salvar su libertad, su espontaneidad, su púreza. La realidad,
todas las realidades Jo solicitan sin que
él permita encayarse en ellas. Su pensamiento permanece alerta, la mirada
viva y lejos de la pedanteria libresca
él hace, p3ra referirnos a una idea qu~
Je es cara, que todo lo que es sea "palabra". Menos libre que él de la pedanteria, yo evoco, al recordar algunas de
su~ improvisaciones, el "logos" °ie los
gnegos.
Nada asombroso desde luego que él
haya querido dotar a nuestro Universidad, su Universidad, de una Escuela
concebida y creada bajo el signo del
Humanismo. Venía a ella lo más a menudo que sus múltiples ocupaciones le
perrnitian. Esperamos que vendrá todavía y se hará escuchar su voz clara
y sonora.
Christian BRUNET

de salen los hombres que han cumplido con felicidad su cometido, por donde saldrá siempre Rangel Frías de
cualquier parte donde tenga una misión que cumplir. Esa noche los alumnos y maestros rubricaron con su
aplauso sincero la obra de un hombre
que se dió por entero a su Alma Mater.
Yo diria que Rangel Frias, como
Rector, ha hecho patente aquel voto
por nuestra Universidad, que el maestro Alfonso Reyes depositara desde
una lejana república del sur.
José Angel RENDON

lR.lENAci1M\11iEN110 ioE JLA

UlNIIVIEIR.Sl[lDAID
José ALVARADO

OS distraídos suelen creer que la
condición universitaria es un
privilegio. Y lo peor es que mu_chos de ellos se instalan en las UniYersidades, como quien se acomoda·en
un sitio para disfrutar la amenidad de
la vida. Alli los vemos, cumpliendo requisitos formales solamente; sordos a
1a armonía interior de los hombres y
a los rumores del mundo; ciegos a todo fulgor y deslumbrados con fugitivos destellos.

L

Logran, acaso, ser buenos alumnos;
consiguen, quizá, ser buenos profesores. Más el conocimiento no pasa de
ser dato muerto para ellos, letra provisional, registro mec:inico de hipótesis y axiomas.

No son universitarios, sino seres
provistos de un disfraz escolar; habitantes extranjeros en lo que para ellos
es una isJa: Y, sin embargo, reclaman
la condición universitaria como un
privilegio con fueros especiales.
Este es el tipo de personas que empequefiece a las Universidades, mutila
el destino de la cultura y abate los propósitos humanos.
0

Por culpa de ellos, las Universid ades resumen, a veces, un tibio sopor
burocrático, un pesado vaho de invernadero. Se convierten en casas vacías
por las que vagan sombras extraviadas. Así ocurrió en la Universidad cte
México en los últimos años del siglo
XVIII y los primeros del XIX. Y asi
volvió a pasar en todos los centros mexicanos de educación superior antes
de que Antonio Caso emprendiera la
• batalla contra el Positivismo.
¿Estará ocurriendo otra vez?
El hecho es que el nivel de las Universidades mexicanas está bajando y
que los profesores explican en ellas,
con desaliento, lecciones que los alumnos escuchan sin estíínulo.
No es el problema de una Universidad en particular. Es el de todas las
Universidades del pais. Y no batalla
mucho para comprobarlo el que compare a la Universidad de Jlléxico de
hoy, triste y desganada, con la de hace veinte años; o el que perciba ]a
anemia que sufre hoy el viejo Colegio
de San Nicolás en Morelia, por tantos
conceptos ilustre,. o el abandono en
que, no vive, sino duerme, el Instituto
de Toluca, de cuyas aulas salieron en
mejores dias, los hombres de la gran
generación mexicana de la Reforma.
Sin embargo, este abatimiento -de las
Universidades mexicanas no coincide
con la situación de la cultura. Antes al
contrario, en singular contraste, la

ciencia, las humanidades y la filosofía
cobran en México un aspecto primave•
ral y floreciente.
Alli está, si no, la obra de Sandoval
Vallarta, de Graef Fernández, de Guillermo Haro y de Barajas, que sitúa a
los hombres de ciencia mexicanos e:n
los lugares destacados de la investigación; allí, también, el renacimiento de
los estudios históricos y antropológicos, donde tan señalado sitio ocupó
Salvador Toscano y, por idéntico modo, la tarea de los jóvenes filósofos
empeñados en buscar la raíz de lo mexicano.
¿Cuál es entonces la causa del abatimiento universitario?
No puede ser, tampoco, la fatiga del
país que, hoy como en los días más espléndidos, levanta nuevos muros, tiende nuevas vías y edifica ciudades.
¿ Será, por ventura, que vivimos en
las Universidades esos días en que el
mundo parece detenerse y que preceden al florecimiento?

En todo caso, esta vez el hecho parece llamado a brotar en las Universidades provincianas. Y hay, por Jo menos. dos sintomas: la creación de la
Facultad de Ciencias Exactas en la
Universidad de Puebla, éon el posterior establecimiento de la Facultad de
l:;-ilosofia, y las tareas iniciales para
fundar en Monterrey la Facultad de
Filosofía.
Y si tal ocurre, como no debemos sino · esperarlo, ,•olveriamos a ver •los
dias en que la imagen de Jlléxico se
forma en las Universidades de la casi
siempre olvidada provincia. Como en
1810, que de las filas del Colegio de
San Nicolás salieron Hidalgo y Morelos o en los años dé la Reforma, cuando Ramírcz y Altamirano provenían
del Instituto de Toluca.
Pero nada podrá hacerse si antes no
ocurre la transformación interior de
los universitarios y, en el aula misma,
estudiantes y profesores abandonan el
simple disfraz escolar, la pura fórmu•
la, para cambiarlos por "]a auténtica
condición universitaria, aquella que
obliga a estar siempre vigilantes, atentos a la voz viva de los hombres y a la
febril palpitación del mundo.
Esto es lo fundamental. De otro modo, corremos el riesgo de que suene
la hora decisiva y nos encuentre sin
estar dispuestos. Asi se pierden siempre, a veces, los más belfos momentos.
(Tomado de Armas y Letras,
Año VII, No. 4, Abril .de 1950)

Pág. 3
'

�+

LOS REGIOMONTA

Alfonso REYES

e cabe la alta honra de representar en este acto al Go,
bierno del Estado de Nuevo León, y comienzo por de,
clarar en su nombre que, los organizadores de esta expo,
sición de las letras han merecido bien de México. Al
presentar las letras a la opinión pública y q la contemplación del
pueblo como un objeto de veneración y de orgullo, realizan una
obra que los enaltece y enaltece el nombre de nuestro país. Hay
más: llaman la atención sobre el cuidado que se concede a la ex•
presión del pensamiento, libertad preciosa entre todas, único me•
dio para definir los anhelos y los principios que norman las co•
munidades humanas.

M

Porque el libro es a la vez compañía
del individuo y orientación del grupo
y presta igual servicio para enriquecer
la soledad y la sociedad. El libro es,
en todos los sentidos, efecto de integración .humana. En él opera el hombre total, desde la mano hasta el espíritu, y en ningún otro producto artís-

Fray Servando

braríamos de ver hasta qué pnnto, de
modo consciente o inconsciente, los
hombres estamos, hoy por hoy, tramados en la sustancia de los libros. No
hay acción ni reacción ·humana, por
humildes que sean, que no hayan de•
jado rastro en los libros. Y, en muchos
casos, muchísimos más que los que al
pronto se juzgaría, tales respuestas humanas, por espontáneas que parezcan,
han sido dictadas por el acarreo de la
palabra escrita. No hay latido, no hay
parpadeo que no se resuelvan a la postre en tema literario, cuya historia bibliográfica siempre pudiera s.e r trazada en principio. Una junta de libros
como 1~ que ahora se ofrece es el saldo
y registro de las acciones y reacciones
de un pueblo, colección de sus. ideales
y repertorio de sus experiencias, a un
tiempo confesión y programa, retrato
de lo que somos y de lo que deseamos
ser y, en suma, propia integración de
nuestra conciencia colectiva. Los descivilizados de hoy en dia que entregan
los Jibr~s a la hoguera 1 ignoran que están destruyéndose a sí mismos. '
'con sólo pasar revista a los Pabellones de la Feria podría levantarse un
inventario de nuestra cultura, es decir,
de nuestra contribución a la humanización del hombre, desde los días en
que la primera imprenta de América
comenzó, aquí, entre nosotros, a derramar sus beneficios. Se ha querido
que cada Estado de la Repüblica traiga a la Feria un breve muestrario de
su áportación a esta obra cÜmún. Hoy
toca el turno a Nuevo León, Estado famoso por sus creaciones fabriles y la
intensidad de su com·ercio, por su educación de civismo, por cierto individualismo que fácilmente se organiza
en armonía política, y dónde, como en
la palabra de Goethe, la ciudad entera ·

tico se aprecia de modo má,s inmediato la colaboración de todos los recursos y todos los órdenes sociales: obrero, industrial-, comerciarite, escritor;
autor y lector, el que dá como el que
recibe. El libro tiene un cuerpo y un
alma eii cuyo consorein se funden las
actividades 'teóricas y prácticas. Por
cuanto al cuerpo y como producto
material méi-éce aquella vigilancfa
amorosa sill .l:i cual las civilizaciones
se deshacen rápidamente en la barbarie. PÓr cuáhtd ~l alma, no ha de considerátsele ligeramente como asunto
aparte de la vida, sino como la flor de
la vida. El hombre pone en sus libros '
lo ~mejor dr &amp;i mismo, lo que quiere
p~resentar de. si mismo a la estimación ,.,.
y a la ·fama y perpetuar después en especie de posteridad. 'Cuanto constituye nuestro patrimonio comO habitantes de la tierra, cuanto sabemos del
mundo quéda en libros. Si la me1~oria
es hilo del ser; y solo ella dá unidad a
lá sarta de vivencias dispersas, la letra
es archiv9 de la memoria. Sin la letra
no puede haber Cabal conciencia humana, sino sólo atisbo.s, rudimentos, 1
larvas de humanidad. Si fuera posible
analizar los depósitos de letra escri-ta que, poF vía directa o indir~cta; han
venido a acumularse en nuestra mente
y en nuestra sensibilidad, nos asomNOTA : úiscurso pronunciado por el autor en
la Segunda Feria del Libro,

Pág.

4

José Eleuterio González

está limpia porque cada vecino sabe
limpiar el frente de su casa. No me
ciega el amOr al terruño; no rrie ciega
la relación sentimental con una comarca a la que están vinculados mis
más caros recuerdos filiales, si asegu•

Héctor Gomález

ro, tras larga residencia en el extranjero y con esa objetividad que permite
ya la distancia que la gente de Nuevo
León aparece, al qué contempla el panorama de México, como la gente más
adulta de la República. Sin embargo,
sería inútil negar que el hombre de
Nuevo León se presenta más pronto en
la tnente del que piensa en la economía nacional que no en la mente del
que piensa en las realizaciones del libro y de las letras. Y no porque hayan faltado en aquella región ilustres
plumas, comparables a las mejores, sino porque el milagro de la creación
económica ha sido allá tan portentoso
que, de pronto, ofusca y relega en penumbra la obra solitaria y paciente de
}os escritores.
Pero, desde luego, eS pueril figurarse que sin cierta aptitud teórica general pueden lograrse aciertos prácticos.
Un puñado de insensatos jamás habrán podido transformar un erial en
una de las regiones más ricas del País.
Éri otras zonas la naturaleza fué más
dadivosa. Allá hubo que arrancárselo
todo, y esta pugna feliz, esta creación
sobre la nada es una de las demostraciones más patentes de la cultura y de
las posibilidades del espíritu. Porque
el espíritu es, sobre todo, rectificación
y superación, modelación que transfigura el dato bruto de las realidades extefiores.
En nuestra h~storia, Nuevo León se
deStaca como relieve único. Su colonización es uno de esos episodios desprendidos de la gran colonización hisw
pánica que parecen girar en una órbi.
ta aparte. Allá no había tronco para
el injerto; no encontraron los fundadores un cimiento de civilización esw
table sobre el cual plantar su nnevo
edificio, no contaron con los brazos
rlel indio para levantar su arquitectura
como aconteció en la meseta central.
Estribo perdido hacia las montañas
del Norte, a1lá acontecía lo que en
aqueJlas posadas de España según Concepción Arenal: "¿Qué hay aquí de comer? - Lo que usted .traiga, señor".
Todo lo importaba el colono, se atenia
a sus solas fuerzas y a sus ·propias virtudes. Y todavía, de tiempo en tiempo, tribus trashumantes y salvajes caían

sobre los campamentos y los arrasaban del todo. En la tierra despojada y
hostil sólo sonreían los manantiales,
los Ojos de Agua de Santa Lucia en
torno a los cuales se agruparon, sedientos, los re motos fundadores •de
Monterrey. Los viejos relatos recogidos por Pereyra y García -fuera de
cierta curiosísima referencia a las bueHas impresas indeleblemente a la roca
por las pisadas de un ser sobrenatural y misterioso, lo que bien pudiéramos l1a¡nar "un ángel fósil"- no muestran una sola sonrisa. Todo fué pugnacidad y ceño, duelo del hombre contra el medio. Un río casi seco, más que
río Camino de pedruzcos, se hincha de
pronto y produce inesperados desbordes. Monterrey ha sido inundada y
reedificada varias veces. Tal es su fatigosa crónica.
Nada ha faltado a su grandeza. Ni
siquiera en los .días aciagos de la invasión, Ja hazaña heróica y el sufrimiento valeroso. Allá se liquidó una
etapa de aquella aventura sin gloria
que, fuertemente castigada por la -defensa rcgiomontana, prefirió en ade-

espada". Desde los prenuncios de la
Independencia se mueven las plumas
de los neoleoneses para dar impulso
al sentimiento naciente de la nación.
El ágil fantástico Fray Servando
-duende de la Independencia- contrasta con la solidez de José Eleuterio
González, el popular "Gonzalitos", que
hacinaba una erudición rara en sus
días y, uno de los primeros, trató la
historia local como capitulo digno y
coherente de la historia patria. Cuna
a la vez de poetas y preceptistas, se
sostiene en la tradición literaria de
Nuevo León el sabio contraste entre el
acicaté y el freno, así cpmo en las actividades generales se nota -según Jo
advertimos- la dichosa cooperación
entre la preparación teórica y el éxito
práctico. Abundan en el acervo regional claras manifestaciones de la poesía, el discurso, el ensayo, la teoría
literaria, la narrllción, la erudición
histórica, la prosa polémica y el periodismo, y las Facultades de Medicina y Derecho tienen bien ganado renombre. Un singular destino parece
haber querido crear una cooperación
intima entre Nuevo León y uno de los
Estados más cultos de la República:
debe Nuevo León a J ali seo 2 de sus gobernantes más eximios: "Gonzalitos"
y Bernardo Reyes. Las listas di nombres son poco expresivas pard quien
no está, de antemano, informado de la
materia, pero son inevitables en el caso. Permitaseme, "salvo error u omisión" como se dice en términos de contable, pronunciar rápidamente y en
desorden algunos nombres evocador~s:
Fray Servando, los Garza Melo, Margil Cortés, Villalón, Dávila, Garza Can-

tú, Juan Barrera, Garza Flores, Morales, Hinojosa, Guerra Castro, Joel Rocha, Fortunato Lozano, García Naranjo, Héctor González, Carlos Barrera,
Rafael Lozano, AJfonso Junco, Martiw
nez Célis, Federico Gómez, Roe!, Martínez Rendón, Eusebio de la Cueva,
Ruy González, Simón Guajardo, Raúl
Rangel Frias, José Alavarado, Aguirre
Pequeño, Míreles Malpica, Armando
Arteaga. Y entre los huéspedes vinculados a nuestra vida literaria, Junco
de la Vega, Barrero Argüelles, David
Alberto Cossío, Basave, el colombiano

Raúl Rangel Frías
Sigue de la Pág. 2
14

Nada ha ,faltado a su grandeza. Ni siquiera en los díasaciagos de la invasión ..•

cia extremada y trascendental. Su capital es el más intenso centro mexicano de fa frontera. La frontera es para
el ser nacional como la piel para el ser
físico. Le corresponde la buena circulación, el cambio armonioso entre lo
propio y lo ajeno, de que. resulta, en
todos los órdenes, la salud internacional. En tal sentido, es simbólico el reciente encuentro en Monterrey de dos
.Jefes de Estado. En tal sentido, son
justificados los actuales intentos para
crear en aquel lugar del Norte una
gran Universidad. El solo proyecto es
un reconocimiento cabal de que Nuevo
León posee los elementos económicos
e intelectuales para dar asiento a una
gran casa de estudios que sirva a la
vez de salvaguardia y de señal de conc9rdia en las marcas de la República.
Pues sus "Montañas Epicas", en los
versos de Manuel José Othón,

regiomontano, cuando no es hombre
de saber, es hombre de sabiduría. Sin
asomo de burla pudiera afirmarse que
es un héroe en mangas de ca~isa, un

• •' •

guardando están de nuestro honor
las puertas,

al ultraje cerradas y al delito,
a la esperanza y al amor abiertas.

José A/varado

lante escoger otras vías de penetración
en el pais. La ciudad se levanta luego
de sus escombros. Pudo quedarse en
categoría de campamento irregular, en
pintoresca nidada del contrabando como las que cantan y aún exaltan nuestros corridos populares, rindiendo tributo a la virtud elemental del coraje
a la puntería de los rifleros del Norte
que hicieron famosas las mesnadas de
Zuazua y que todavía se dejaron sentir en las primeras escaramuzas de la
Revolución Mexicana. Pero la excelencia de aquella gente y la atingencia
de algunos inolvidables gobernantes
acabaron por transformar la ciudad
en la segunda Capital del País, alzándola hasta la figura ejemplar que hoy ·
ostenta.
Desde los fundadores de Nuevo León
- cronistas y capitanes ~ par, Carvajal, León y Montemayor- los gobernantes mismos fueron a veces hombres
de letras y de armas, que sabían tomar,
Como Garcilaso, 11 ora la plunia, ora la

Alfonso Reyes

Ricardo Arenales después JI amado Barba Jacob), y el dominicano Max Henríquez Ureña. La enumeración es in•
completa y los olvidos, por de contado, involuntarios, pero sería imperdonable no tnencionar a los educadores
y pedagogos como Serafín Peña, Miguel Martinez,· Emilio Rodríguez, Pablo Livas.
A Nuevo León r,ecae una incumben~

La ciudad regiomontana comienza a
contar como una unidad positiva hace
menos de un siglo. Una recta administración, cuyos méritos nadie niega, la
dotó de centros fabriles y educó a sus
hijos en las intachables prácticas del
trabajo, este nuevo honor que ha sustituido las antiguas,prerrogativas aristocráticas, allá siempre ignoradas. A
través de nuestras turbulencias, su población conserva la brújula, porque ha
hecho ya del deber una costumbre. Y
aún enmedio de las crisis que asuelan
al país y asuelan al mundo, la ciudad
sobrenada siempre con cierto ritmo de
bienestar. Honesta fábrica de virtudes
públicas, vivero de ciudadanos, escuela práctica del contrato en que los filósofos de todo tiempo han creído ver
la explicación teórica de las sociedades humanas, es prueba evidente de la
Yoluntad que se impone sobre la geografía, de }a mente que se apodera de
la materia y la pone a útiles rendimientos. Los mismos conflictos Sociales tienden a resolverse de modo automático donde cada uno cumple a concien~ia el deber concreto que le toca.
De aquel tono menor, de aquel pequeño e insensible cumplimiento diario,
va desprendiéndose poco a poco un
enlazamiento de acciones, una energía
generosa sin aparato y sin orgullo. El

paso de un movimiento a otro. Es un
signo - dice- , una señal que habrá
de servir como punto de partida para
la voz poética que pondrá en acción
todas las reservas del hombre americano." Singular visión del poeta ésta,
en la que Rangel Frías puso, además,
un aspecto de su propia ,,ida: la del
que va viviendo al par que desenvuelve su sensibilidad y utiliza convenientemente su talento.
Avezado en el esfuerzo intelectual,
Rangel Frias va desenvolviendo los temas. Antonio Caso, maestro de nurne-rosas generaciones, se le presenta en
un cruce de caminos, viendo al pasado y orientando el porvenir. Además
de glosar el pensamiento del Maestro,
establece el desarrollo histórico del
pensamiento mexicano, deteniéndose
en épocas sucesivas, para llegar a la
conclusión de que el filósofo mexicano "luchó siempre por una verdad que
fuese su propia vida e hizo ésta de
manera que no quedase nunca jurada a
un señorío." Sin dejar de reconocer
que la obra de Caso constituyó un esfuerzo por desbrosar el camino para
el libre tránsito de un pensamiento de
perfiles nacionales, lo contempla solo,
en medio de "una paternidad fecunda
llena de hijos pródigos."
Rangel Frias pertenece al núcleo de
las nuevas generaciones que observan
los problemas del país y se preocupan
por su mejor y más adecuada resolu•
ción, atendiendo a esa suerte de acti:
vidad fecunda que promueve la superación de las generaciones. En ello está
empeñada la responsabilidad que ha
acometido la pfovincia mexicana para
participar en una empresa de carácter
nacional que lleve al país a crear una
obra que sea digna herencia para ser
disfrutada por las generaciones futuras.

Ra,í/ Rangel Frias

paladio en blusa de obrero, un filósofo
sin saberlo, un gran mexicano sin posturas estudiadas para el monumento,
y hasta creo que un hombre feliz. Por
cuanto no hay más felicidad terrena
que 1a de cerrar cada noche el ciclo de
los propósitos cotidianos, fielmente
cumplidos, y el despertar cada mañana -tras el sueño del justo___, con el
ánimo bien templado para )as determinaciones saludables. Finura y r esistenw
cia como en el acero famoso de nuestras fundiciones! Levedad y frescura
como en la bebida efervescente de
nuetras cervecerías famosas!
Tales son, entre las moles espléndidas del Cerro de la Silla y el Cerro de
la Mitra que montan la centinela en
lós contornos de nuestro valle, la tie:..
rra y los hombres donde pronto hemos
de ver el concierto del comerCio y la
inteligencia, o para decirlo en la metáfora mitológica grata a los humanistas
del Siglo de Oro, las bodas de Mercurio y Minerva.
México, Abril de 1943.

Como Rector de la _Universidad de
· Nuevo León, aparte de zanjar, así fuese transitoriamente, las dificultades administrativas impuestas por las co·ndiciones económicas del Estado, llegó a
sentar las bases de una Universidad
moderna, fundando una Facultad de
Filosofía y Letras que producirá en el
futuro los elem~ntos nutricios, formativos de la personalidad humana. Al
puesto de Rector llevó su antiguo entusiasmo juvenil, probado desde su
adolescencia, en aquellas memorables
1u chas ¡ior el establecimiento de la
Universidad del Norte; su amplia cultura humanista; su devoción y cariño
por el antiguo Colegio Civil donde
transcurrieron sus brillantes años de
la Preparatoria, y una indudable vocación por Jas tareas del espíritu y de
la educación de la juventud·. Atado a
estas prendas espirituales que constituyen lo más elevado e intenso de su
vida, no desperdició un solo momento de su actuación; ligó su vida a un
destino superior identifica.do -con la
Casa de Estudios y su rectorado se distinguió pÜr su cariño a la juventud estudiantil, su vigilante gestión administrativa y su sentido de la responsabilidad histórica que le impuso un respeto profundo por la tradición cultural del. pasado y la necesidad de Jlegar
a cumplir resueltamente una labor digna de los hombres del futuro.
Y va cumpliendo un destino. Mayor
responsabilidad contrae quien está investido de esas prendas espirituales,
porque tal condición humana constituye el reclamo de una sociedad que tiene razón en esperar mucho del hombre honesto, culto y digno de su tiempo.
Alfonso REYES AURRECOECHF,A.

Pág. 5

�11

TEORIA DE
~~,,~--~
1/.

1

¡
1

.

(!

MONTERREY
Raúl RANGEL FRIAS

l motivo fundamental de traer a la memoria el pasado de
una ciudad, no debe consistir en el sentimiento de orgullo
o de vanagloria que frecuentemente impulsa a los hombres
al hacer gala de su genealogía.

E

Más legítimo será referir el propósito, al deseo de honrar la
memoria de nuestros antepasados. Pero aun esta consideración
no bastaría a explicar el esencial significado de este 350 aniver•
sario de la ciudad de Monterrey. Para mí es el fenómeno de que
la ciudad ha adquirido conciencia de sí misma, habiendo llegado
a su madurez espiritual. Es decir, a un momento en que el pasado adquiere un matiz especial que lo convierte en tiempo his•
tórico.
Ocurre, en efecto, que no todo transcurso temporal es histórico. La conciencia lleva un registro particular que
no coincide momento a momento con
el dato cronológico. Se ha menester
que Ciertos acontecimientos sirvan de
eminencias para qlie los sucesos ocurridos con anterioridad se organicen
en una perspectiva visible para la mirada interior del alma.
Este singular fenómeno de reconquista del tiempo descubre el pasado y
lo incorpora al lote de nuestra experiencia, como un recurso de que puede
echar mano el ser vivo para sus futuras acciones. Pero sólo se opera de
trecho en trecho, en la medida de ciertas modificaciones profundas que afectan a la estructura de la conciencia y
provocan una variación brusca, como
ocurre en las mutaciolles biológicas.
Son las articulaciones o módulos que
permiten considerar la historia de un
hombre, la de un pueblo, o la de una •
ciudad como organismos espirituales.
Sobre este particular no creo equivocarme al señalar la nota más significativa del 350 aniversario, en la realización de uno de esos momentos que
se pueden llamar, con un poco de énfasis, épocas históricas.
Si ello es cierto, cometeríamos una

deslealtad con el espíritu de los hechos, al dejar de practicar en este día
la operación de resúmen y balance que
requiere toda obra en que se ha concluido un capitulo y se tiene el siguiente a la vista, todavía en blanco.
Pero, antes de introducirnos por los
senderos del pasado conviene hacer la
observación de que la ciudad de Monterrey, no obstante la carga de tres siglos y medio de existencia, aparece juvenil, emotiva y ligera. Dan ganas de
apropfarse en una variante la expresión del poeta jerezano para llamarla
"joven señora".
Por lo demás, este regazo maternal
no ha sido nunca un lecho suave y mullido. Con mucha exageración quizá,
pero exacto
múltiples sentidos, se
le podría llamar el valle de la desilu•
sión. Aquí se desvaneció el sueño d,
grandeza de Luis de Carvajal. Falla•
ron luego las esperanzas, salvo breves
espejismos, de las bonanzas mineras.
La condición agreste y montaraz de
los indígenas frustró la fundación de
ricas haciendas campestres; y ni siquiera la ganadería quedaba a seguro
de las furiosas acometidas de los nómadas. Por último, entre las avenidas
de las torrentes y la frecuencia de las
fiebres la ciudad vivía en inminencia

en

de muerte. A lo largo de dos siglos y
medio el resultado de la lucha con los
elementos era todavia incierto.
Tal es nuestra primera edad en que
se enfrentan y atacan dos formidables
antagonistas, la naturaleza y el hombre. El teatro en que se desarrolla la
escena tiene una impresionante majestad. Un colosal parapeto de montañas
cierra el horizonte por el Sur. Desprendidas de la cordillera principal, a
manera de puntas de lanza, entran al
valle dos serranías, una por el camino
del oriente y otra por el oeste. De los
estrechos cañones que se forman en el
corredor poniente de las montañas,
bajan aguas a torrentes por un cauce
que serpentea en la falda de las montañas. El valle sólo está abierto hacia
el norte en semicircular planicie casi
desértica.
Obligados por la necesidad de tomar
cerca el agua y a seguro de los ataques
de los indígenas, los primeros pohla·
dores se asentaron entre las cañadas,
bajo una tupida vegetación, envueltos
por la humedad, el calor y densas flotillas de insectos.
La ciudad estaba vuelta de espaldas
al centro de gravitación de la NuevaEspaña. Fué un lugar de escaso tránsito, aun por los viajeros que pasaban
a las fronteras más lejanas del virreynato. Estos preferían internarse por·
Saltillo hacia Monclova y San Antonio
de Béjar. Las batidas tropas de Hidalgo soslayaron el camino de Monterrey
y también Santa Ana hizo otro tanto.
Quizá el primero que cruzó la ciudad
en viaje directo a internarse al centro
de la República fué el ejército del invasor norteamericano.
La relativa cercanía del puerto de
Tampico resultaba ineficaz, por las
complicadas reglamentaciones del tráfico que rigieron el comercio marítimo de la Colonia y los riesgos de la
travesía. En resúmen, la ciudad quedó
sitiada por el desierto, la montaña, el
rigor del clima y la pobreza general de
las tierras.
Con apoyo en estos antecedentes parece un complicado· acertijo decifrar
la prosperidad y la grandeza contemporáneas de Monterrey. Pero, es que
no hemos tocado el capitulo relativo al
hombre y a las oportunidades que ofrece la historia de los pueblos.
La primera parte _de la lucha entre
la naturaleza y el hombre parecía ganada, en principio, por aquella; más
sólo en apariencia. Los pobladores españoles no abandonaron jamás la tierra después del fracaso de Carvajal
-y a sus virtudes de padres y generadores de pueblos habrá que abonarles
este hecho. Cierto es que tuvieron que
acomodar su condición humana a la
resequedad y bravura de la tierra.
En esta mutua relación del paisaje y
el hombre, tenemos la determinación
histórica más arraigada de esta comarca. Aun más que el cruze de las razas,
la acción de la tierra engendra el mestizaje. Y donde falta, como es el caso,
la mediación humana del indígena, a
través de las especies vegetales y hasta de la montaña o el río, se verifica
esa trasmutación de un pueblo antiguo
en otro nuevo.
Los pobladores del Nuevo Rcyno de
León llegaron aquí españoles, donde
se transformaron en criollos y acabaron en heredarnos una patria que es
México.
La revolución de Independencia puso ·a1 descubierto esa transformación
que se venia operando en cada poblado y ranchería, avasalladora y secretamente. N&amp;.da más mexicano que. el
ranchero de la frontera, cuyo tipo físico y psicológico quedó sellado en el
siglo XIX. Se asemeja, aunque menos
vistoso, al charro del Bajío; la pobreza
de" su indumentaria se realza con la
talla vigorosa y flexible del jinete; su
coraje y nobleza están influídos del
trato con el ganado; es sobrio como la
tierra y ha acomodado su vida a los

riesgos de la escaramuza con el salvaje, los bandoleros o los fiscales, que
acechan el botín, asaltan la diligencia
o celan el contrabando.
Al frente de esta clase de hombres
ganaron celebridad Zuazua, Zaragoza,
Escobeoo, Quiroga. Los mismos jefes
reproducían la estampa de su tropa,
"rifleros de Nuevo León" y "cazadores
de Galeana".
El siglo XIX, por otra parte, no habria de pasar sin que en él se consumase la segunda edad de nuestra historia. Es doloroso que el acontecimiento en que se origina esta nueva fase
haya de ser la mutilación del territorio nacional por los norteamericanos.
No nos quede de ello, sino la triste y
orgullosa satisfacción de haber pasado
de golpe a servir de repecho a la honra nacional.
Es decisivo para nuestra cuenta, que
desde entónces México iniciase ese
cambio de órbita, en donde sustituyó
el eje oceánico de su vida social y económica, por otro terrestre con centro
de gravitación en Washington.
No puede decirse que las cosas cambiasen de improviso; pero sí, que una
vez abierta la brecha por las armas,
habrían de seguirlas, andando_el tiempo, el ferrocarril, el comercio, las carreteras y hasta los turistas. Mientras
tanto la historia operaba sus cambios
de escenario. En Estados Unidos, la
guerra separatista del Norte contra el
Sur. En México, la de Reforma y la
Intervención francesa.
Esta región de la frontera quedó
más o menos equidistante de los campos de batalla. Intervino en ellos, no
obstante; en nuestro propio territorio,
con tropas y jefes; en uno y otro lado
de la contienda por el comercio y el
contrabando. Hay indicios de una época de bonanza comercial entre el sexto y el séptimo decenio del siglo recién pasado, quizá en conexión con
esos acontecimientos políticos y sociales. Surgen a poco tiempo las primeras industrias textiles absorbiendo a
los artesanos del ramo y muy probablemente influídas en su instalación
por la proximidad de la zona algodonera de Norteamériéa.
El triunfo de los Estados industriales del Norte de la Unión, eu la guerra
separatista, repercutió intensamente
sobre el déstino posterior de la ciudad. La ubicación de los centros man uf ac t ur eros norteamericanos, más
próxima al litoral del Atlántico y en
conexión con el comercio mundial por
este Océano, encontró su plano de deslizamiento hacia México por una vía .
ferrocarrilera en este extremo de la
frontera. El enlace de Monterrey por
ferrocarril con Tampico y Matamoros,
Torreón y la Capital de la República
cerró el circuito de su posición estratégica como nudo de las corrientes de
ida y vuelta entre las dos naciones vecinas.
Nada valen las oportunidades de la
Historia si no se encuentran con hombres por cuya energía y caracidad de
visión se transformen en hechos generadores de riqueza y de bienestar para
un pueblo. ¡Fortuna para México y
para todos nosotros que los haya habido!, como los que fueron capaces de
interpretar el favor del tiempo y el
lenguaje de las edades postreras.
Instalaciones industriales y establecimíentos bancarios, edificación pública y privada, saneamiento de la Ciudad y dotación de agua potable, fueron las obras de fines del diecinueve
y principios del siglo XX. Con ellas
respondió Monterrey a la necesidad de
destacar un centinela en la raya mexicana.
Entre tanto, la ciudad iba cobrando
un aire nuevo, de mayor holgura y seguridad . Avanza hacia el Norte y se
despliega para seguir los emplazamientos industriales. La casa familiar transa con la antigua huerta, a la cual aprisiona entre patios y traspatios, cerra-

Es de nuestro Siglo XIX

'

.

dos algunos por corredores con arcadas de pilastres gruesas y toscas. El
aspecto general tiene algo de mediterráneo y andaluz. La vida provinciana se derrama con lentitud y monotonía. Se duerme la siesta y se merienda
con café y tortillas de harina. Los paseos elegantes se hacen en carretela y
la modesta serenata atrae a la clase
media, mientras que a los bailes más
rumbosos, con señoritas ataviadas a la
moda de París, acude el señor Gobernador. Es nuestro siglo XIX que nos
legó las Primeras industrias, el Palacio
de Gobierno, la red de agua y drenaje
y algo más de longitud y estatura a la
ciudad.
Nos legó además, en incipiente estado de formación, la conciencia urbana
que babia de florecer y está madurando a través del proceso de la Revolución mexicana, cuya positiva influen•
cia se muestra en el número de los habitantes, ya cerca del cuarto de millón, en la estructura nacional de sus
industrias, en la complejidad de sus
problemas sociales y citadinos y, por
encima de todo, en esa voz del destino
que hace sentir a la ciudad estar llamada a ejercer una alta función en la
estructura social, económica y espiritual de México.
Esta tercera y última edad de Monterrey, que es la adquisición de su conciencia y del sentimiento de su responsabilidad nacional, remata en la
actualidad del 350 aniversario de su
fundación que hoy celebramos. Pero,
antes de concluir el relato y obtener
la lección de la historia, será menester
referirnos a las fuentes espirituales de
donde se ha nutrido la conciencia de
la ciudad.
Los más remotos y también los más
próximos de estos veneros han dejado
en el cuerpo urbano las estructuras de
los órganos con que se ha ido edificando la vida histórica. El viejo trazo de

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la ciudad pone de manifiesto las más
eminentes categorías del pensamiento
y la existencia española: Casa del Cabildo o Concejo Municipal donde se
ejerce el gobierno y policía de la ciudad; Iglesia para la oración, frente a
aquel edificio; y entrambos la nota
alegre y picaresca de la plaza, que fué
en otrora centro de reunión para las
milicias y asiento de las ferias y que
hoy facilita sus andadores al doble
anillo giratorio de la serenata. El co- .
mercio ha labrado sus propios edifi-

cios y vía de tránsito en una especie
de brazo o estribación que se desprende de la plaza. Hacia el norte y Irás de
una apretada faja de casas de hechura
mediterránea, muy nuestro siglo XIX,
se observan instalaciones industriales,
entre una tupida y sinuosa red de viviendas obreras; vias ferreas a cuya
orilla se acomodan las fábricas, como
si fuesen otro río; y esa anchurosa ribera que es la Avenida Pino Suárez,
donde la población obrera pone con
sus yompas azules la nota alegre y optimista del nuevo tiempo.
Algo podría decirse también del espíritu de la época con relación a las
nuevas construcciones que se recuestan eu el cerro del Obispado, con ahogo de esa ruina poderosa y venerable;
y en otros parajes alrededor de la ciudad. Y algo más de sitios dentro de
ella, donde la vida no es amable y civilizada. Pero ya no haré referencia
sino a lo que conviene al objeto de este discurso, que en esa parte concierne
a la estructura espiritual de Monterrey.
A medida que ha ido creciendo en
recursos, prosperidad y experiencia,
la ciudad ha ido enriqueciendo su memoria hasta el punto de iluminar con
el vigor de ahora las viscisitudes y las
zozobras del pasado. Surgen a su vista
las denodadas figuras de los fundadores y de los primeros pobladores de
Nuevo Reyno de León: Capitanes, misioneros e indígenas; la aguerrida tropa que pobló el Estado y le dejó la numerosa familia de las comunidades;
los héroes de nuestra historia política
v entre ellos, particularmente, el Padre Mier, cuyo ardor republicano ilumina la Independencia con resplandores de incendio. Aparece también Gonzalitos, esa suave figura que es en una
franciscano, humanista y hombre de
ciencia; y tras de él la serie de generaciones de maestros, y la Escuela Normal. La memoria de la ciudad se halla poblada del espíritu de sus buenos
gobernantes, caudillos militares y civiles, directores de empresa y de la
inúmera multitud, entre todos lo.s cuales la han ido alzando del barrizal y la
choza, a la calzada de pavimento y a la
casa de cantera; del campo, al taller y
a la fábrica: de la lucha incierta contra el nómada, al espíritu del Derecho.
¿ Qué haremos nosotros, los contemporáneos, para proseguir esta obra que
han hecho el tiempo y los hombres?
Limitar nuestro homenaje al recuerdo y a la admiración, no salda la deu-

da histórica, a menos que prescindiésemos de la idea de perfeccionamiento
de la Sociedad y del individuo. En
tanto que haya Historia toda generación recibe de otra y entrega a la siguiente una tarea siempre ínconclusa,
a la vez que una determinada energía
con que llevar a cabo la empresa propia de cada edad. Esta ley de la continuidad del esfuerzo es la base de lo
que se denomina progreso humano,
aunque la meta ideal se mantenga inaccesible.
Muchas generaciones antes de nosotros, y otros primero que ellos, algunos hombres pensaron estar edificando una ciudad, cuandli no pasaban de
darle principio. Y si al llegarnos el
turno creyésemos que no hay más que
hacer, sino agradecer la fortuna de
haber tenido tales antepasados, en ese
preciso instante estaríamos destroz~ndo el monumento que merece su fama.
Sólo se conserva en el tiempo lo que se
somete a su mudanza. ·
A fin de darnos la plenitud de vida
histórica que hoy disfrutamos, consumieron su existencía muchos hombres
en el fuego de esa fuerza creadora de
pueblos y ciudades, que calcina los
huesos de los antepasados para abonar
la entraña de la tierra en donde habrá
de florecer una nueva espiga. Edades
y generaciones se han sucedido pasándose de la mano un juramento de lealtad en el propósito como una encendida antorcha. Al llegar nuestro turno es
de rigor prender más puro y más alto
el fuego espiril\Jal que edifica la ciudad siempre inconclusa -la del cuerpo y la del espíritu. Con lo cual seremos verdaderamente fieles a la memoria de los antepasados, con un recuerdo que no envenena el alma porque
desprende la vida del pasado paralitico y la empuja a la conquista de riberas fnexploradas.
J{agamos, por tanto, en honor de
nuestros antepasados lo que ellos nos
dejaron en honra: sostener el impulso
que hace rendir el fruto prometido
por cada día, mientras la esperanza
hila el tiempo venidero. Seamos fieles con ellos en el espíritu perpetuando, más que su nombre, la ley por la
cual lo consiguieron, la de consumir el
afán en una empresa que no habían de
ver sus ojos y con la cual también los
nuestros están alucinados: la pura y
luminosa eternidad de una ciudad perfecta.
(Tomado de Armas y Letras,
Año III, No. 9, Sep. de 1946)

El viejojrazo de la ciudad pone de manifiesto las más eminentes categorías del pensamiento y la existencia española.

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!LA lllDlEA" lHlllSlí
Raúl RANGEL FRIAS

a Historia significa tanto para los modernos como el Kos•.
mos para los antiguos. Dios en el orbe cristiano y el Esta•
do en las ideas del Siglo XIX. Podrían aducirse ejemplos
significativos de cada época, pero nadie más ilustrativo en•
tre los modernos que Spengler -intermediario de las fases fina•
les de esta corriente- cuando se expresa en los siguientes térmi•
nos: "El Estado es la historia considerada sin movimiento; la his•
to_ria es el Estado pensado en movimiento de fluencia". Con esta
otra alusión: "La Política, he ahí nuestro destino".

L
1
1
1

11

La presentación de este fenómeno
en el plano de la filosofía corresponde
a las teorías del historicismo y de la
Razón Vital. La primera penetra hasta
las regiones en que se sueldan los con~
ceptos teóricos del entendimiento, las
tendencias de la voluntad y ciertas exigencias que expresa la vida en formas
plásticas. Es lo que se llama una concepción del universo, cuya unida~ interna enlaza una estructura cuajada de
significaciones y valores relacionados
entre sí, como una constelación, y dotado el conjunto de cierta dirección
unitaria. Por esta vía habría de .esclarecerse que la Idea de la Historia cumple ahora las veces, expresada en metáfora, de una estrella polar para el
sistema o estructura de los acontecimientos contemporáneos. Lo mismo
que a su turno desempeñaron la Idea
del Estado, de la naturaleza organizada por el destino ciego, o la obra de
una providente voluntad divina. De
este proceder se obtiene una fisonomía
que organiza con la expresión de la
vida los rasgos, al parecer · desasidos
unos de otros, que son los hechos de la
vida contemporánea.
Sea que sin embargo del atractivo
estético de semejante método, la explicación no llegue muy a lo hondo o por
mucho que penetre no sea decisiva,
esta razón no se mantiene sino a costa
de retroceder levantando la plaza sitiada. La Idea de la historia y la función que cumple en nuestro tiempo
debe ser explicada por el mismo método que las sucedáneas a las cuales ha
venido a reemplazar. Ahora bien, Si
se explica la historia por una idea dominante, al llegar el proceso de los
acontecimientos de la edad contemporánea a la misma Idea de la historia,
se hace coincidir en una identificación el espíritu y Ja· realidad.
Esta autosuficiencia de una Idea que
explica lo otro y sirve de razón de si
misma es aquí la conclusión de un
proceso real, cuando en otra Metafísica como la de Descartes se promueve
como el primer artículo de un programa de la inteligencia. Con la ventaja
para esta última de que la Idea queda
despejada para ~uevas lrazañas, en tanto que cuando se la propone como conclusión del proceso histórico, todo el
pasado queda reabsorbido en el presente y el futuro se encoge hasta no
quedar lugar para Ideas o acontecimientos nuevOs. Se tiene la sensación
de que los tiempos han llegado a su
cúspide y de ahí van a despeñarse en
el abismo.'
Semejante teoría de la Idea histórica
llega, cuando ella misma se impone como concepción del universo, a la visión muy significativa de un fin del
mundo, del humano si no es que de todo entero. De donde se sigue, con inflexible necesidad, la conclusión de
Spengler de que la política J!S el destino del tiempo, o sea, una especie de
aniquilamiento del mundo humano
que ejecutarán los arios, inocentes y
límpios de sangre. Ahí es nada San

Juan con el Apocalipsis, ni Hegel con
el espíritu absoluto. En aquel queda
en pie una Justicia extrahumana y en
el segundo un juicio inmanente al proceso histórico, a cuyos términos quedan sometidos ambos. Pero en esta
humanísima razón todo resulta viable
y de todo absuelve el movimiento de la
historia. Nosotros, por lo que en ellos
nos va de la propia existencia, nos preguntamos: ¿ va en serio la vida o será
sólo un juego?
Pero quizá. haya una razón vital, ya
que no histórica. Es decir una autosuficiencia y justificación que no se
reserva para un momento determinado
del. tiempo, sino que acompaña y prodiga su vigor a cualquier instarite.
Con lo cual se pretende justificar la
llistoria-y la Idea de ella misma por un
sistema mucho más flexible y rico en
consecuencias. Las concepciones del
Un'iverso como unidades espirituales
tendrían una explicación, a su vez, en
el autodespliegue de la vida que lleva
consigo en cada caso sus propias razones, limitadas y concretas dentro de
cada paso de sus creaturas. Y si la vida no tiene una razón de ser de orden
metafísico, o fundamento de su esencia, es que va de por medio su propio
ser. Una vida que tuviese consistencia
metafísica estaría confinada a una especie de Já realidad, rincón del Universo a donde las cosas se darían cita
para entrar al sistema de los registros
de la inteligencia; y esto no seria vida,
la cual se siente interiormente como
crecimiento y potencia que se ensancha, sino la sombra vaga de aquellos
fantasmas de seres que Platón encerró
en la caverna a ]a expectativa de una
caravana de sombras de las cosas.
La vida es cuerpo, es decir, potencia
de la carne que se construye a sí misma órganos por ex plorar en torno y
fija sus ilimitaciones como facultades
del alma. Percibir, que es ya atender
de antemano, preferir y obrar en las
cuales se expresa y se asimila el contorno; y, por último, hasta·hoy, aunque no para siempre, la vida inventa
Ja intimidad del eSpíritu y la exterioridad de un mundo para entregar a su
propio afán devorador el espectáculo
de si misma.
La Razón vita] es esta última conciencia que la Vida ha desarrollado
para comprenderse y, quizá también,
para alzar su sa·via a la nutrición de
los frutos muy altos del árbol del tiempo. Esfuerzo similar que ha culminado varias veces en la historia: cuando
el hombre ensayó entender la vida de
donde procede como el ciclo fatal de
la generación y la corrupción de las
cosas atadas por la ciega necesidad,
o cuando las creyó dispuestas por obra
de una voluntad divina para que en
ellas ejercitase su capacidad de creatura celestial. También el Estado, a su
turno, como momento particular dentro de otras fases, dió al hombfe una
conciencia de la vida como poder. La
Idea de la Historia, en Ja penúltima fase, promovió idéntica pretensión mos-

trando la desilusión de todas las anteriores ideas y obsequiando al bombr('
la resignación de no rendirse en firme
a ninguna.
En el fenómeno que confrontamos
hoy adviene, por último, la Razón ·vital, con la cual el hombre se ha propuesto dar la embestida al más recóndito de todo los secretos: el de su propia existencia, envuelta y disimulada
bajo múltiples formas. La suma de éstas, o sea la Cultura objetiva, habrá de
fundirse y fluir al calor de la -nueva
hazaña: conquistar para la vida la Historia entera y darnos el lujo de estrenar un nuevo ser.
Por múltiples y decisivas que sean
-que las hay- las objeciones a esta
doctrina, debe acreditársele el atractivo de ser un programa donde la MetafíSica no se regala ni se rinde a un asedio de ·sutiles razon·es, puesto que sólo
se conquista poniendo a contribución
las entrañas, los juegos de la vida y
una serena mirada dominante. Ambas
teorías proceden, no obstante, de formas intelectuales emparentadas entre
sí.
La Idea histórica es una ·prolongación del pensamiento político eQropeo
que persigue una estructuración laica
de la Sociedad humana, para sustituir
a la desvanecida complexión de los
impulsos religiosos. En este sentido se
puede esclarecer una línea de filiación
más entre el pensamiento de Kant y el
de Dilthey. La interpretación del Estado, a la par que la elaboración filosófica de la Idea histórica, han sufrido un idéntico proceso de secularización, primero, para avanzar en seguida desde la interpretación como poder
hacia una valoración de tipo económico y, por último, a su comprensión como una totalidad cultural. Las variantes de este totalismo metafísico, de Hegel, a las múltiples interpretaciones
críticas y continuadoras del pensamiento de Kant; hasta las doctrinas de
inspiración organicista como la de
Spengler, que tiene antecedentes en
Hobbes.
De igual manera, la Metafísica de la
Razón Vital pone a su servicio un poderoso móvil de la conciencia occidental, cual es el descubrimiento y la marcha del hombre sobre sí mismo, no sólo a través de la actitud crítica de la
conciencia, sino en la integridad de
sus actos, por lo que se propone y hace alumbrado por la idea de su dignidad, como el ejemplar más selecto entre los seres existentes. Es el antiguo
lema "conócete a tí mismo" elevado a
potenc'ia de realización; esto es, que
no concluye E:n los artículos de una
sentencia, sino en e1 requerimiento de
lanzarse a nuevas aventuras, en plan
de conquista de riberas incógnitas aunque interiores a él mismo.
Ambas concepcioneS se aproximan
en algo más que un punto. Desde luego en éste: Dejarnos a la puerta de un
mundo desconocido, en cuya frontera
se despide de nosotros el discreto y sabio guía, que nos ha mostrado todas
las desilusiones del mundo, o del infierno según se prefiera la metáfora,
sin siquiera encomendarnos a una dr
las potencias celestiales, o por lo menos al amable ángel que intercede por
Dante. La Historia o la Vida son el infierno sin gloria de la Metafísica moderna.
Aun con la pena que estas con,clusiones acarrean consigo no nos quedaría
más remedio que aceptarlas con estoi-

ca serenidad, si es que no hubiera un
camino para reducir la historia, y con
ella las formas objetivas de la Cultura
a términos de experiencia humana.
Una reducción a modos que no. tras-•
ciendan al sujeto que los engendra.
Porque buena parte del malestar intelectual que suscitan estas doctrinas
proviene del valor sustantivo y absoluto que otorgan por anticipado a los
entretejidos· de ta meditación-la historia o la vida que han de reencontrar
otra vez en el hombre como su principio y motor único. Al aproximarse las
extremidades de la curva, aun cuando
no se componga un circulo viciosÓ
donde el principio y el fin se confunden en un solo punto, por lo menos se
configura una espiral en la que el tiempo mantiene a distancia y cuida que
la identidad entre el sujeto (hombre)
y el objeto (historia o vida) no recaíg~n sobre el mismo instante, sino que
se persigan el uno al otro en una fuga
incesante.
Et empeño de reducir la naturaleza
y las formas de la Cultura a unidad inmanente al hombre, a través de la interpretación de la historia o de la razón vita], propende a conceder al "todo" o total de la explicación lo que se
ha negado a ]as partes, una realidad
trascendente a toda experiencia, un
absoluto incógnito · más alla de cualquier filosofía, religión o poética. Concluye en un purismo: la filosofía de la
filosofía, la politimi por la política o
la vida por eJla misma.
A tono con esta propensión la Idea
.histórica, que originalmente Se presenta cómo una metodología de las ciencias culturales, asume posteriormente
el carácter de una filosofia y particularmente de una Metafísica, al exprimir todas sus consecuencias ella misma o sus continuadores. Es la Razón
vital que se ·anuncia como remate y
consagración de aquellos avisos proféticos.
El paso y transformación de· la inicial metodología en sus jugos metafísicos se realiza mediante ]a noción de
vivencia, que se entiende como el modo original de toda realidad humana
objetiva, la cual antes de ·ser libro, estatua, código, está inserta en una estructura psiquica de funciones múltiples y totales, desde donde sale disparado el tema motivo dominante -intelectual, volitivo, o estético- a su realización o cumplimiento efectivo. En
la obra cuajan, parte realizándose y
parte frustrados los significados vitales que la engendraron, e1 desarrollo
efectivo y los valores c¡ue presidieron
el acto.
De esta vivencia se tiene un saber
inmediato en los actos propios; y ~es
además el fundamento para la inteligencia de los ajenos, mediante la comprensión o r evivencia rleºla generátriz
por donde fué llevado el prójimo. En
este último caso la comprensión o revivencia recorre el camino inverso:
desde la expresión, haria la estructura
de funciones de donde la vivencia se
proyectó en un desarrollo o procesO
culminante en la obra. Camino de ida
y de regreso donde el saber se mantiene en los limites de la propia conciencia humana, porque pasa desde la -vivencia, que' en cierta manera es ya un
saber, al conocimiento que es una nueva vivencia; y de la expresión - lo humano objetivo- hasta .la revivencia,
que es su fundamento. Este método
reproduce para la historia los concep-

tos Kantianos de "fenómeno", "categorías del entendimiento" y el irreductible 'noúmeno" o "Cosa en sí", en
la construcción paralela de las nociones de "expresión", ''significado, valores y fines" y "vivencia".
Basta avanzar de la actitud crítica,
o en otros términos, de una especie
de deducción trascendental del conocimiento cultural a partir de su sujeto propio, la Historia, hacia los trasfondos de la Vivencia, en una doctrina
de carácter realista, para que broten
las yemas metafísicas, como la de la
Razón Vital. Proceso intelectual que
tiene gran semejanza con el que originó los sistemas del Idealismo alemán a
continuación de la crítica Kantiana.
En 'igual sentido, es significativo
que la construcción ideológica de Dilthey esté suspendida de este hecho: el
factum de las Ciencias Culturales. En
otras palabras: del hecho de que se
hayan integrado estas nuevas disciplinas, las cuales difieren de las científico-naturales en que estas últimas operan con los conceptos de necesidad y
determinismo, mientras aquellas se enfrentan a la libertad y al ser espontáneos del hombre. Este hecho impone
la necesidad de encontrar un método
de intefpretación que concilie las contradicciones de unas y otras salvando
la realidad de cada una de ellas. La
fórmula de la reconciliación se propone con la subsunción de los extremos
a un tercer término todo-poderoso y
auto-suficiente que ahí es la Historia,
pero que más delante puede ser la Razón Vital.

ria". Hasta qué punto se arrastra una
a la otra cuando la meditación filosófica arranca directamente de las ciencias culturales, no así del nivel más
bajo donde se sitúa la experiencia histórica inmediata que tiene cada hombre, es un punto que parece decisivo
para la comprensíón del equívoco, que
encierra la teoría del historicismo.
¿Existe una experiencia inmediata
de la historia? La respuesta podrá venir por la negativa, si se hace derivar
el conocimiento a través de las ciencias particulares donde se ofrece el saber organizado del pasado humano,
con el cual tomamos contacto a la manera y modos de cualquier otro conocimiento teórico, por las informaciones contenidas en los juicios que se
trasmiten las generaciones.
Se trataría, en suma, de esclarecer
previamente el modo de producirse la
historia, como experiencia personal de

indiferenciada de estructura o nivel
psíquico homogéneo a todos nuestros
actos, repetirá sólo et momento del
presente y por más que ensanche el
ámbito de sus representaciones con
noticias a las cuales adhiera una fecha, no podrá jamás recrear el pasado: la Historia se despliega 'en capas
distintas y yuxtapuestas. De ahí la necesidad de encontrar •su conexión en
un método de interpretación, es decir,
en un momento ideal ajeno al tiempo
y, sin embargo, que reproduzca su
configuración.
No hay, ciertamente, una vivencia
particular a manera de un saber inmediato que p.os haga patente esta posibilidad que tiene el ser humano de manifestarse o presentarse ante su conciencia como un pasado actual y un
futuro que se ~stá cirniendo ya desde
el presente. Pero si hay una experiencia de la Historia que nunca Se refie-

Hay algunas razones para no aceptar el paralelismo de situaciones entre
las Ciencias Físico-matemáticas, a las
cuales se enfrenta Kant y las hist&lt;\ricoculturales, que sirven de punto de partida a la nueva sistemática filosófica.
La naturaleza aparece ante aquél Como
una legalidad objetiva conquistada sobre la realidad y cuya máxima expresión es la obra científica de Newton.
La vida histórica, por contra, surge
como una realidad, objetivamente válida pero infundada en cuanto a una legalidad de Ja cual sea su explicitación.
En la primera situación se hace la crítica del conocimiento a la luz de leyes
objetivas, en las cuales se insertan por
los extremos el sujeto (hombre) y ~l
objeto (naturaleza). En la critica de
]a Razón histórica~ no obstante la semejanza nominal con la realizada a
nombre de la Razón pura 1 se realiza
otra cosa que una investigación del conoCimiento histórico sujeto a leyes,
pues lo que se pretende justamente es
dotar de una legalidad peculiar al pasado humano. Y esta pretensión Se ejecuta imponiendo a esa realidad. una
estructura derivada de la constitución
espiritual del hombre en su estado
presente.
Ahí es nada San Juan con el Apocalipsis
Se puede inclusive llevar las formas
filosóficas de la investigación bajo un
cuidado y discreto hábito empírico, a
tal punto que sea el propio pasado humano, por la investigación concreta la cual se tiene conocimiento y pose- re a los actos aislados del recuerdo, de
de fases y figuras históricas, el que re- sión a la vez. Esta investigación ten- la fantasía o de la ,,o}untad, sino en la
vele tras la calidad de los hechos pu- ·dría que dejar a un lado el problema cual colabora toda la conciencia. Es
ros y simples, esas estructuras psíqui- del sentido o programa que cuinplen algo semejante al desdoblamiento encas o espirituales que- ya se introduje- los acontecimientos, que se le designa tre el yo y el prójimo, este mismo yo y
ron todas, de rondón,_ al aceptarse el también con el nombre de Idea histó- las cosas, entretejidos indistinta y ori"factum" de las Ciencias histórico- r.ica. La confusión de uno y otro te- ginariamente en la infancia. Sólo que
cu1tura1es. Pero, ¿no son estas disci- ma es el equívoco fundamental del his- ocurre a otro nivel psíquico en el cual
plinas Jas que pretenden, sin atreverse toricismo, cuya faena consiste en dar- han sido sobrepasadas aquellas etapas.
La conciéncia histórica es la forma
del todo, tener la explicación de lo hu- nos por un análisis del saber inmediade
esta experiencia, que es un momento
de
1a
historia,
una
elaboració;n
filomano'? Más que requerir un fundamento para su legalidad, esas Ciencias sófica de la Idea, sólo que concebida to en el desenvo]vimiento del ser huestán precisadas todavía de encontrar al modo de una teleología inmanente, mano, no exclusiva de nuestro tiempo
en 1a forma de un fin concreto para ni absoluta para explicar todo el pasaal hombre mismo.
Por último, conviene advertir que la cada proceso y figura del tiempo con do del hombre, mucho menos su vocaaceptación del "factum", G sea el he- centro sobre sí mismo. Lo que salva ción o destino. Por vía de simple encho de la constitución de las Ciencias una apariencia d.e doctrina sin prejui- sayo, a reserva de una fundamentación posterior, me parece que esta exhistórico-culturales, nos pone ante muy cios ni supuestos previos.
periencia se suscita donde se. dan esEn
cierto
orden
psicológico
toda
vicomplejas cuestiones que se pasan por
alto con esa fórmula, entre las cuales vencia es una actualidad, asi sea que tas condiciones: una conmoción inte~se destacan la que se centra en el pro- sobre ella gravite el pasado y discurra sa._ de la conciencia que afecta las esblema de la "experiencia histórica" y premiosa al encuentro del futuro. Un tructuras sociales y, a la vez, las de rela que se refiere a la "Idea de la histo- análisis que se mantenga en esa zona presentación del mundo, en que venia

discurriendo aquélla; un sentimiento
de abandono y de desesperanza; y un
anhelo por recuperar cierta entrevista
y deseada unidad de destino común
al hombre. Podrá revestir la forma y
el fondo de una conciencia religiosa,
en torno a la idea de la providencia;
ser un modo de la expresión filosófica
o científica de la Naturaleza; o también; sin que ella agote sus posibilidades, quedar dominada por la mentalidad política ele un mundo lleno de
amenazas y promesas de este orden.
¿Cuándo se da la experiencia que
condiciona el nacimiento de la Idea de
la historia, esto es, la organización del
mundo humano y natural en pasado,
presente y futuro? La conciencia humana es solidaria en todas sus maniíestacioneS, de manera que no puede
tenderse una linea de evolución con
diversas etapas recorridas en el camino, sino que es una especie de ovillo
cuya 11Unta no aparece por ninguna
parte. Así, no debe entenderse que la
manifestación de la conciencia histórica, a través de una concepción religiosa del mundo, sea una especie metafórica; y otra más próxima -aunque todavia como crisálida'-, la que
se estructura en torno de un concepto
científico-natural; hasta el arribo de
esta espléndida mariposa que es nuestra propia experiencia de la historia.
Todas ellas son tan originales y propias como la nuestra misma.
Una especie de fenomenología de la
experiencia histórica pondría al descubierto no una, sino varias formas
potenciales en que se organiza y configura en diversas especies el conoci•
miento relativo. Una de ellas habría
de referirse a la Idea de Dios corno
padre y Creador; otra al concepto de
una legalidad natural de las cosas; y
otra más, sin que con ello se excluyan
las anteriores ni se limite a estas el número, la idea del Estado o de la Sociedad como una vinculación superior y
necesaria al hombre.
Otro terna que podría esclarecer una
investigación de esta especie, es el de
las relaciones y parentesco de la Idea
en la conciencia histórica, bajo sus diversas fonoas - según el contenido de
representac,iones que corresponda a
cada modalidad- sólo que teniendo
de común entre si ciertos conceptos
con funciones paralelas. Tal, por
ejemplo, el de una estructura o esencia original del hombre -Edad de
Oro, Paraíso, estado de inocencia o comunidad primitiva-; la.. idea de una
pérdida o frustración del mismo -adviene la Historia por ol:&gt;ra de la violencia, el pecado, la civilización o la propiedad privada; y un concepto teteoló.gico que implica una recuperación, regreso o reconquista del pasado, trátese de una fé salvadora, de una liberación espiritual por obra del arte, de Ja
Ciencia y de la Técnica o de una regeneración humana en la ejecución de
una Utopía.
!'.a teoría filosófica de la Historia en
plan de Ciencia disimula idéntica organización de sus conceptos bajo el
manto d~ la abstracción y. el formalismo teórico; organiza el más remoto
pasado humano en torno a la idea de
la naturaleza o de la vida; introduce
posteriormente el espíritu humano como una desviación; y vuelve sobre sus
pasos con la Idea histórica como síntesis suprema donde los extremos originales han quedado reabsorbidos. Este proceso puede concebirse corno simultáneo a un instante cualquiera del
tiempo humano o desenrollarse a través de todas las épocas hasta nuestros
días, pero el esquema de.-la concepción se mantiene idéntico al de las teorías filosóficas de la Historia, con lo
cual se hace posible reducir a todas a
una común experiencia del hombre.
(Tomado de la Revista Universidad,
No. 7, 1947)

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Pág. 8

'

�creído que la cultura, en la cual está el
aliento de la misión universitaria, es
una corriente, un espíritu, una fuerza
que presta alma a los procedimientos
técnicos, a los medios de adieStramiento, a las capacidades, -a que provee
también la Universidad-, pero frente
a las cuales recoge y conserva su substancia de humanidad.

+
i joven y eterna Universidad: Yo debería haber llegado

M

Por valiosos y necesarios como lo
son, y debemos dec1arar que lo son
positivamente, todos los procedimientos de la técnica derivados del cultivo
de la ciencia, todos los medios rle
adiestramiento personal y colectivo, la_
Universidad representa algo más, algo
más allá, siempre y en cada momento
de esa perfección. Representa, en primer lugar, ¡ay de la Universidad que
olvide esto!, r epresenta la carne misma de la palabra, como esencia moral
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tades públicas, sangre que malgastamos día a dia en oficios y menesteres
de índole ordinaria, pero que conserva y engrandece el poeta y el hombre
de letras y que es, el alma del aula, de
la expresión humana, de la transmisión y gl'andeza de nuestros conoCimientos, virtud de la ensefianza íntegra, de las primeras letras hasta la última instancia de la educación superior.
A la palabra, que debemos respetar
como uno de los vasos sagrados que
llevan de generación en generación los
hombres, donde se vierten las voces
de la filosofia y de la ciencia, desde la
tradición griega hasta el presente, se
deben consagrar los esfuerzos más sólidos de nuestro espíritu, por su perfeccionamiento y encima de todo, por
su verdad.

los hombres. Verdadera cultura es fundamentalmente aquello que la acepción
del término indica, el cuidado, la elevación y el perfeccionamiento del ser
humano; que comienza por entender
que sin las básicas funciones de la
economía y de los procesos sociales,
sin la más elemental simpatía por la
vida que crece, no puede aspirar a representar con palabras engañosas, un
sentido contrario de aquel que se constituye precisamente por esas situaciones fundamentales.
La l 1 niversidad, que es palabra, que
es cultura, debe reconocer, por encima &lt;le todo, que es la verdad y la Ji.
bertad de esa cultura; pan nutritivo,
en efecto, y no simple retórica vana;
último tramo en el que se cierra el ciclo vital que comienza por el cultivo
de los campos y termina por la ense-

los hombres. ¡Qué espectáculo ver a
nuestros campesinos! Qué espectáculo lleno de advertencias para los intelectuales de México, ver nuestros campesinos abandonados de palabras. No
tienen la riqueza de la retórica, pero a
ellos debemos fundamentalmente el
caudal de que ·disfrutamos, la vieja
cultura clásica de nuestro recreo.
No olvidemos nunca la lección de la
historia y del presente; la lección de
culturas desarraigadas que acaban por
morir, entristecidas por la falta de
una savia que venga desde abajo, cortadas _del aliento vital que les proporciona ,•olver a la tierra, el grano fecundo que los campos han logrado alzar entre los surcos para beneficio de
los hombres. No olvidemos, mi Universidad, la responsabilidad que tenemos con nuestro país, ante nuestra Pa-

a estos patios pertrechado con mis mejores armas de re•
tórica y de claro pensamiento. Debería haber previsto
que la emoción derrumbaría mis palabras al pisar de
nuevo los corredores del Colegio Civil, a donde en años remotos,
lleno de fé y de esperanza, conmovido y respetuoso, llegué a sus
puertas para iniciar mis estudios de enseñanza superior.
Nada iguala la emoción que he sentido hoy al verme de nuevo frente a
las tradiciones y a los venerables maestros de esta Casa, que guarda los recuerdos y las inquietudes del adolescente y donde encarnan tantos bellos
ideales. He preferido, sin embargo, exponerme a una emoción que brotase sin
artificio, surgida de la vivencia que
tenemos los universitarios y yo de esta
obra en común. He preferido que mi
pensamiento surja de una intención
directa ante los hechos, nó elaborada
de antemano, y que reproduzca la virtud de aquella inserción de mi mismo
en la superior voz de las generaciones
· todavía viva en las aulas, patios, muros y bardas añosas .del ilustre Colegio
que es hoy la Universidad de Nuevo
León. Voz unánime, mü.ltiple, clamorosa, que recoge los afanes de la convivencia escolar y que aspíra el aliento de la juventud cual nueva savia que
trepa por las ramas de la vida.

días aquellos de la vida juvenil!-, como lo dec1aro con satisfacción, en ]os
patios de la vieja escuela que guarda
mis recuerdos juveniles, tuv·e el orgullo y la satisfacción de haber presidido la Sociedad de Alumnos del Colegio
Civil del Estado, como años después
los destinos de la Federación de Estudiantes de Nuevo León.
:Más tarde, en épocas agitadas y conmovidas de mi Universidad, la de aquí .
y la de allá, la misma, la de todos los
mexicanos, presté mi esfuerzo, mi pensamiento y mi palabra a movimientos
estudiantiles que representaban 1a verdad de una protesta juvenil. Llegué
8Iguna vez, con legítimo orgullo, a
ejercer de Consejero Estudiantil por la
Facultad de Derecho en el Consejo
Universitario de la Nacional Autónoma de México; y serví también una cátedra en la Casa Mayor Univer$itaria
de nuestro país.

Que en cierta .forma haya podido yo
obtener éxitos y ganar prestigio para
nuestra Casa, es obra de esa fuerza que
me poseía y qqe representaba la comunión en el afán de la juventud generosa de mi Estado; la misma que me
proporcionaba la devoción de los maestros de mi Casa; la qne procedía de la
seguridad que al través de maestros
y de juventud, mi vida y mi voz seria
simple y sencillamente pueblo, vida y
voz de México.

Cuando hube de emprender, por el
mismo sentido de los acontecimientos
y el mismo rumbo de la historia que
se impone a los hombres, el camino de
regreso a mi hogar, a la ciudad amada; cuando estuve de nuevo en Monterrey de mis años adolescentes llenos
de ensueño y de cariño; entonces, otra
vei la misma voz, la vieja voz, la
eterna ,,oz colectiva de pueblo que
me guia, enderezó mis pasos por los
senderos de la Universidad de Nue- venido a despedirme de esta juventud campiña, pegado el oído en la tierra;
vo León. Me puso aquí y all:í: en la generosa, de estos maestros abnegados, las voces de la sangre y del espíritu
Fué ese mismo impulso que me hizo Facultad de Derecho, en la Escuela de esta Casa que es mi vida? En medio del pueblo, no pueden ser cambiadas
acudir a las aulas de esta Casa y que Nocturna de Bachilleres, en el Depar- de esta noche magnifica, mienten las jamás. A esas voces -destino que me
me ponía trémulo al reconocer des- tamento de Acción Social Universita- estrellas si responden que yo me voy ha llamado inexorablemente por encide entonces la cita cog una vida supe- ria; y luego, con qué palabras difíciles a despedir de la Universidad de Nue- ma de mis potencias y de mis debilidarior del destino, a la cual me he ren- pronuncio: en la Rectoría de la Uni- vo León. Podrá existir, en términos des, a entregarme a causas superiores,
dido y me he humillado, respetuoso versidad de Nuevo León. ¡Con qué generales, una distancia; podrá en el en forma permanente y definitiva; a
de la ley espiritual suprema que go- palabras dificiles, casi llenas de dolor, tiempo establecerse un cierto olvido; esas voces, que no se les puede traicio- _
bierna a los hombres y a las comuni- escucho hoy que se me llam~ Ex-Rec- pero hay en la esencia misma de la nar ni hay fuerza capaz de quebrarlas
dades, Quizá no haya habido un joven tor de la Universidad de Nuevo León!·; vida cosas eternas y definitivas, y con -en ningún instante, estuve entregado.
en el pasado ni un hombre en el pre- palabras que yo no había creido que esas cosas eternas y definitivas yo es- Estoy y estaré siempre entregado a esa
sente, con menos facultades personales pudiera soportar, que parecen cortar toy solemnemente enlazado. Y esto que corriente poderosa, a esa savia fecunpor las cuales reclamar derechos y de tajo todo el pasado frente a todo el declaro hoy, es la confesión del estu- da que viene desde las más hondas raíservir con más devoción sus propias porvenir, palabras que señalan un va- diante de ayer, del incipiente maestro ces de mi pueblo. Porque he creído en
obligaciones. Seguro estaba, entonces, cio y un hueco; que me resultan de de apenas hace poco, y del Rector que ellas es por lo quehe creido en la Unicomo estoy cierto el día de hoy, que una intima pena en este sitio, que fué vuestro amigo, enlazado en forma versidad.
por encima de las debilidades y de la,;. guarda junto a los viejos recuerdos, tal a su propia Casa, Q.ue sólo destrupotencias de los hombres, gobierna las esperanzas, la simpatía, los anhe- yéndose su vida podría derrumbarse
Si yo pensara que la Universidad de
una dirección y un sentido espiritual los de un Rector, que no quizo ser en- su fe- y -su esperanza en la Universidad. Nuevo León es tan sólo un conjunto
de los acontecimientos; certeza a la tre los estudiantes sino uno más, el
de recursos adjetivos, de procedimienque ayer se rindieron mis facultades, adelantado de todos ellos, y entre los
La convicción de un hombre puede tos 'técnicos, de medios para adiestrar
las potencias mismas de mi ser, para nuw~tros sino uno menos, aquel que ]legar a quebrarse, los propósitos de a los hombres, no tendría esta pasión;
entregarme como lo hago hoy al nue- tenia Ja obligación de servirles.
un día pueden sufrir un giro nuevo en no hubiera podido entregarme a ella
vo curso de la vida que me pone al
presencia de otros acontecimientos, en la forma devota y humilde que lo
servido de mi Patria.
En esta cuadrícula de nuestro viejo pero para aquellos qge desde la juven- he hecho. Siempre he considerado que
patio del Colegio Civil del Estado, he tud y aun antes, desde la adolescen- el tesoro más preciado, la misión ver·Ayer, de estudiante -¡gloriosos venido a pronunciar mis palabras de cia, hemos obedecido aquellas voces dadera de la institución universitaria,
despedida; IY se dice despedida con fá- que obligan la vida, voces del destino, consiste en prove"er a los hombres de
* NOTA: Discurso pronunciado por el Lic. cil naiuralidad ! ; ¿podré yo despedirme que se dejan escuchar, como lo hace un sentido . . de la vida, antes que de
de la Universidad de Nuevo León? ¿po- ·el hombre de campo a distancias for- unas armas con las cuales r ealizar proRaúl RangeI Fi;i.aS en 1os ,patios del Colegio
Civil la noche del 17 dé Abril de 1955.
i:lrá ser 'cierte que en esta noche yo haya midQbles con el p·aso más ligero por la vechos propios y ajenos. Siempre he

"el ilustre Colegio que es hoy la Universidad de Nuevo León ..."

La palabra misma, sin embargo, puede ser pervertida en oficios retóricos
y adulterada por la técnica, o empobrecida por intenciones que llevan
consigo
la pérdida de la condición huAunque puede quedar comprometida en turbias empresas, es siempre la mana. Si debe servir y dirigir la auexpresión y el espejo humano; pal~- téntica cultura humana, como encarbra, voz, lenguaje, que no hemos fabri- nación de la historia y de los esfuercado los hombres del dia de hoy, que zos de la ciencia, del pensamiento filola recogemos trás de un largo esfuer- sófico y de la técnica, ella misma se
zo humano; y representa el triunfo del subordina a los valores más altos de la
hombre -aspiración a lo infinito Y yerdad y de la libertad.
negación de la naturaleza en la histoLa cultura, en que se representa toria de la libertad-, del hombre que
mediante la palabra fué capaz de in- do esfuerzo humano, es un modo susventar la filosofía y la ciencia.
tantivo de la vida, una incorporación
del ser mismo y no sólo lujo u ornato
La palabra, que en otros giros de la
del espíritu; y en nuestra Patria, partihistoria, ha tenido capacidad de t~ansportar la llama inflamada de las hber- cularmente, es algo más: pan y vida de

del ho~bre, como vaso y ofrenda 'cte l_a
inteligencia, de la emoción Y de la libertad.

fianza de las letras, verdad y libertad
como vida de nuestro pueblo.
Significa la cultura algo más que el
conocimiento cuidadoso y detallado
ele la historia, de la organización de
la materia o de la vida, consiste en la
transmisión de la sangre y del espíritu, en la concesión de unas generaciones a otras, de fuerza, de capacidad
para seguir actuando. No puede ignorar las adversidades, los dolores, los
sacrificios colectivos con los cuales
está hecha, con los cuales está construído el último piso del pensamiento
humano. Es espíritu, solidaria y profundamente responsable de las raíces
de que se nutre, que consisten de sufrimiento, hambre, pena, y lucha, lucha en que las palabras abandonan a

tria. No olvidemos que podemos representar flor de un instante, fragancia momentánea, si no llevamos nuestra palabra, nuestra verdad, nuestra
vida, en obligado regreso de fecundación a esas corrientes subterráneas, a
esa savia que alimenta y que lleva hasta lo más delicado del follaje, su mensaje de nutrición y de belleza.
No olvidemos, mi Universidad, mantenernos en contacto y adheridos a los
problemas sociales, a las adversidades
de nuestro campo, a los sacrificios de
nueslros obreros, a las dificultades de
nuestra clase media. No olvidemos que
la juventud nos proporciona a nosotros los maestros1 el sentido y el rumbo de la historia; y que si tenemos la
obligación de poner en sus manos las

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�" ... mi Universidad, la de aqui y la de allá, la misma, la de todos los mexicanos ..."

letras, el pensamiento y la ciencia, la
propia juventud tiene el mensaje que
debe fecundar esas letras, para que entre unos y otros podamos integrar la
verdad fecunda, la verdad completa,
la verdad auténtica. Una verdad que no
sea el provecho ni el patrimonio de
unos o de otros, que sea capaz de cobijarnos entre esperanzas y derrotas,
como esta bóveda inmensa de la noche en que se anuncian los luceros del
alba.
Al decir estas palabras como mi
mensaje final, quiero que representen
el íntimo sentimiento de un hombre
que no se despide de la Universidad;
que se aleja, pero que estará ahí, a
cierta distancia y en momento diferente, presente en la responsabilidad que
asume hoy, que no es sino la continua-

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c1on de la responsabilidad anterior;
hombre que no encuentra distancias, tiempos y mucho menos vados,
entre su vida de estudiante, de maestro, de Rector, y la responsabilidad
que como ciudadano tiene la obligación de ejercer el día de hoy. Que si
ha habido alguna verdad en sus palabras, es porque esas palabras han estado forjadas en el contraste de la resistencia y el ímpetu dentro de la comunidad universitaria; que tiene la más
profunda fé en la Universidad de Nuevo León, no como institución particular, sino como aquel sitio donde se escucha la voz clamorosa, unánime y
múltiple de su pueblo; de un hombre
que ahí, en esa Universidad, sintió los
pasos de un destino, que reclamaba
entregarse al servicio de su pueblo, y
que para entregarse a ese servicio co-

UR

menzó por hacerlo a su propia juven••
tud, tratando de ser el adelantado y el
compañero de ella y el servidor de sus
maestros.
Este hombre, que no se despide hoy,
ni mañana ni nunca, porque tiene el
derecho, y lo reclama desde hoy para
siempre, el pleno derecho, de volver
a repetir sus pasos desde la puerta de
entrada hasta la última barda de este
patio, de repetir sus pasos de universitario y pasar de nuevo por sus aulas, de servir y luchar por su Casa, este hombre considera que tal privilegio
se lo ha ganado, y nadie se lo puede
quitar, por sus años juveniles, por sus
horas de maestro y finalmente, porque
se lo ha impuesto la adhesión, el afecto, y la simpatía que los universitarios
le brindaron cuando fué su Rector.

¿Acaso es distinto haber sido el Rector de la Universidad, que ser uno de
los estudiantes de la misma, uno de
sus maestros o cualquiera de sus funcionarios? Mi Universidad va conmigo, ella no me dejará. Hay vocaciones
que el hombre no puede dejar, y la
mía más limpia y transparente, ha sido la de maestro. Ese patrimonio, ninguno de los azares de la vida puede
arrebat:írmelo; por ello, aquí junto a
vosotros, os pido que me acompañéis
en el sentimiento de un hombre que
no puede decir la palabra final de despedida. Para él, la Universidad es como una dimensión de su vida espiritual. Cuando este hombre triunfe o
fracase, no reclamará de vosotros ningún otro derecho, otra gratitud, que
llamarse un antiguo alumno del Colegio Civil.

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                    <text>RIA D. _ ~UME
IS LIBROS

HI
Ht:::MERJTECA

L--CUESTIONES ESTETICAS *

1o.-ANTES DEL LIBRO
N 1926 dirigí una "Carta a dos
amigos" (Reloj de Sol, págs. 193206 y segunda ed. de Simpatías y
diferencias, II, págs. 335-345), cuyo
objeto -entre burlas y veras- se reducía a proponerme a mi mismo una
posible organización para la futura
reedición de mis libros. Como lo maNOTA: Estas páginas no son la mera reproducción de las publicadas bajo igual
titulo en la revista Uniuers1daá de
México, enero-febrero de 1955, sino
que representan una versión posterior,
corregida y aumentada.

nifiesto en las páginas con que se abren
estas recordaciones ("De mi vida y mi
obra"), aquel plan quedó ya cegado
por el crecimiento ulterior. Todo ha
cambiado. Han muerto los dos amigos
a quienes, siquiera por alegoría, nombraba yo albaceas literarios: Enrique
Diez-Canedo y Genaro Estrada. A ellos
y a Pedro Henríquez Ureña, que siempre me acompañó y me acompaña, invoco ahora con melancolía y les dedico estos esfuerzos por esclarecer el
sentido de mi propia jornada.
En aquella "Carta", al referirme a

lo que he llamado mi prehistoria (subgrupo lo. del grupo E), escribí estas
palabras:
En cuanto al subgrupo 1o., entramos
en el reino de las reliquias familiares.
Será preferible que lo aprovechen ustedes como documentación para el ensayo previo que ha de preceder a la
edición. Este subgrupo es más rico de
lo que parece. No sé si lo abarcará mi
memoria. Por lo demás, por ahí queda mi obra pueril en prosa y en verso
(siete cuadernos), y en mi Diario de
traliajo, muy tardío por cierto, aparecen todos los datos (Cuaderno to.).
¡Figúrense ustedes, pacientes amigos,
el aburrimiento de una excursión que
empiece desde los temas escolares sobre Hidalgo y Washington, Juárez y
Lincoln, Vercingectórix y Cuauhtémoc,
las grutas de Pesquería, el antiguo
Egipto, la ausencia de la patria, el bosque de Chapultepec (y todavía antes,
los estudios infantiles de magia negra
y cierta teoría original de "la resta de
nueves" que es como una adivinación
de los logaritmos, hasta el primer artículo que me publicó la Revista Modema (artículo sobre Julio Ruelas, que
he dejado caer pudorosamente), o, poco más acá, hasta mi tesis de abogado:
Teoría de la sanción, en que traté de
examinar el Derecho por la otra punta -no ya a partir de las definiciones,
sino, pragmáticamente, en el remate
de las sanciones-. Y todo esto, pasando por una selva enmarañada de discursos, novelones infantiles, una conferencia sobre Moissan y el horno eléctrico (porque yo, amigos míos, fabriqué a la vista del público un diamante
artificial, cierta memorable noche de
la Escuela Preparatoria) ; por cierto
paseo "De una cuestión retórica a una
sociológica"; por ciertas páginas presuntuosas para introducir la lectura de
los diálogos de Platón y• otras inocentes audacias.
Este párrafo sibilino necesita alguna explicación. Dejemos la magia y los
paralogarilmos, los novelones y demás
morralla que ocupa de los once hasta
los quince años. Los paralelos biográficos y la expedición a la gruta de
Pesquería (Villa García) pertenecen a
la etapa del Colegio Civil de Nuevo
León: 1903 a 1904. La disertación so-

bre Egipto y otra sobre el Cálculo Infinetesimal que olvidé en la enumeración anterior pertenecen ya a la Preparatoria de México: 1905. También
se me escapó en la "Carta" una composición preparatoriana sobre el eterno paso de Aníbal por los Alpes, que
me fue encomendada por el maestro
Sánchez Mármol.
Yo había aventw-ado mis primeros
versos "públicos" (Duda, tres sonetos)
en El Espectador de Monterrey, el 28
de noviembre de 1905, encontrándome
en mi tierra de vacaciones, pues ya
para entonces estudiaba yo en la Preparatoria de México. Mis sonetos se
inspiraban en un grupo escultórico de
Cordier, visto en una fotografía de El
Mundo Ilustrado: un viejo de volteriana apariencia desliza al oído de un
espantado jovencete las especies riel
escepticismo y del descreimiento. Mi
posición era enteramente objetiva,
aunque triste, y dejaba la cosa "en duda". Para sorpresa mía, cuando muchos años más tarde me hice cargo de
nuestra Embajada en la Argentina, me
encontré, allí a pocos pasos, el propio
mármol de Cordier que parecía hacerme señas desde la Plaza San Martín.
Lo tuve por augurio propicio.
Pero volvamos a mis sonetos. l\li padre los encontró aceptables; don Ramón Treviño, el director del periódico, los publicó; y luego los reprodujo
en México el diario La Patria, el que
dirigía don Ireneo Paz, abuelo de Octavio.
-¿ Qué dice el poeta? -me saludó
cierto amigo de la familia.
-¡No! -le atajó mi padre-. Entre
nosotros no se es poeta de profesión.
Pues si, por una parte, aplaudía y
estimulaba mis aficiones, por otra temía que ellas me desviasen de las "actividades prácticas" a que se está obligado en las sociedades poco evolucionadas. Y, en verdad, como más tarde
he dicho, aplicando la palabra de Larra, en México escribir es llorar. ("El
Premio Nacional de Literatura", De
viva voz, 1949).
Merecieron ya edición en folleto,
por decisión del jurado calificador
(Manuel Sánchez Mármol, Luis G. Urbina y Manuel G. Revilla), mis temas
Pasa a la Pág. 3

Año XII No. 4 Abril de 1955

rma

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

�HISTORIA DOCUMENTAL.

• •

Sigue de la Pág. 1
de examen para los cursos de literatura en la Escuela Preparatoria (1907)
a saber: "El hombre debe amar a I~

patria" (y no "La ausencia de la patria", como por error lo dije en la
"Carta") y la "Descripción del Bosque
de Chapultepec". La conferencia sobre Moissan también se publicó en folleto (1907). Las palabras sobre los
diálogos de Platón se quedaron inérlitas Y se perdieron. El articulito "De
una cuestión retórica a una sociológica" (y no "a otra", como consta en la
"Carta") apareció en el Boletín de la
Sociedad de Alumnos de la Escuela
Nacional Prcpatatoria (sociedad fundada por mí), No. 2, 18 de marzo rlc
1907, págs. 21-24. En febrero de ese
mismo año, para celebrar el primer
aniversario de diclla sociedad, pro-

nuncié un discurso que se publicó en
la Revista Moderna, agosto de 1907,
No. G, págs. 340-344, al que volveré a
referirme,
En cuanto al artículo Julio Rucias
subjetivo (Revista Modcma, septiembre de 1908, págs. 12 y sigs,), la verdad es que nunca me atreví a recogerlo porque mis amigos, los verdaderos

críticos de arte, me aseguraron que
era muy deficiente. Sin embargo, el
muy autorizado Justino Fernández acaba de recordarlo y citado con elogio
en su excelente obra: Arte moderno y
contemporáneo de México (1952). A la
muerte de Rucias, dice, "ninguno ha-

bJó tan acertadamente como A. R." (p.

PALABRA MUERTA
Arturo CANTU S.

UANDO la vacua boca está vacía

C

y asco y angustia
se pronuncian
y la palabra nada,
es apretar los dientes
y taladrar los nervios,
cuando una lágrima fraguamos
cristalina de plomo derretido
que va desde la frente hasta las plantas,
cuando somos un arco y una espalda
gastados acabados abatidos,
cuando la boca y la saliva pegajosa
y el puño maldiciente temblQroso
y la maldita muerte terca
son esputos de fiebre.adolorida,
ya cuando alambre
espasmo rá{aga
sudor rechina ríspido
no son sino palabras
que se han quedado sollozando huecas
de puro decir nada,
yo soy lleno llagado
yesca yerto llanto yermo,
cuando el cuando se crispa
y se eriza e{ espanto,
una risa nerviosa
unja que es eme en las narices,
se burla de nosotros en la mueca
convulsiva y jadeante del hocico.

1,

1
t

Ya pronunciamos la palabra muerta,
la muerte hecha cadáver
el gusano hecho viento,
tenemos sólo nuestras pobres manos
para estrujar el rostro
y arañar la mesa,
porque es terriblemente cierto,
estamos solos,
solo,
liemos visto por {in,
en el rumbo siniestro de los versos
que no hay rumbo ni escape,
la noche misma nos asusta,
se vuelven las costillas garfios
por destrozar el pecho,
el corazón es una llaga que se estruja,
ya no tenemos más
esa pala.bra,
la que dijimos al amigo,
está perdida -es inútil
que cada nueva noche la busquemosno volverá a brotar,
el ademán el gesto
el brillo justo de los ojos,
estamos hoy -por siempresolemnemente solos,
decantada la angustia en nuestro cuerpo
y el substantivo nada ent~e los dientes.

·210}, "Ya me he referido antes y en

relación con Ruelas a esta critica ejemplar, y no es necesario insistir en ello,
mas éste es el sitio en que hay que sc-

fialar el nivel a c¡ue habia llegado la
conciencia crítica (1908), antes que
todo acabase por ser modificado. Que
A. H. señalara oportunamente el sentido del arte nuevo, la conciencia de que
las visiones subjetivas son la radical
realidad, en contra del supuesto objetivismo con que antaiío se pretendió
juzgar el arte, es muestra de que ]os
licmpos eran otros, pero pocos lo comprendieron así. R. fue uno de ésos. El
,iglo estaba claramente a la vista." {pp.
269-270¡-. Y con igual aprobación, que
. mucho me honra, me cita y comenta
en otros lugares de este libro.
En cuanto a mi tesis sóbre la Teoría
de la Sanción, se pubÜcaria, sin tener
yo noticia de ello, en el Diario de Jnrisprudencia y Legislación del Disll'ito
y Territorios Federales, dirigido por el
Lic. D. Victoriano Pimentel -uno de
Jos sinodales de · mi examen profesional- , del 29 de julio de 1913 en adelante.
Para explicarme sobre mi ''Carta a
dos amigos" he debido adelantar algunas noticias. Despejado el campo,
puedo trazar la ruta que conduce a las
Cuestiones estéticas.
2. CAMINO DEL LIBRO
Pisaba yo las últimas gradas de la
Preparatoria y, a falta de mejor cosa,
me disponía para la carrera de Derecho, procediendo por aproximación,
cuando aconteció mi verdadero acceso
a la vida literaria. Un poeta J)otosino,
José María Facha, un sobrino de Othón,
que había obtenido en Monterrey su
titulo de abogado porque creo lo desterró de San Luis su inquina contra
Monseñor Montes de Oca, apareció
unos días por México. Aunque mayor
que yo, éramos buen'os amigos. Salimos a pasear juntos el domingo por 1a
maiiana, a la moda de entonces, por la
Avenida de San Francisco y Plateros.
Nos encontramos con uno de los más
oscuros colaboradores de una revista
juvenil que iqa a lanzarse por esos días,

era Alfonso Cravioto. Cravioto se apartó conmigo, Había figurado tiempo
atrús en ciertos actos de oposicióD
contra el gobierno de mi padre, y eso
mismo -como hombre bien Intencionado que es- lo hizo desear conocerme y mostrarse afable. A poco, ya publicaba yo mis renglones tanto en esta
revista como en la de Valenzuela, con
quien pronto me relacionó su hijo
Emilio.
En 1906 hice, pues, en Savia Moderna mi aparición poética con el soneto
Mercenario, que era sin duda defectuoso, que me valió algunos reproches
verbales del profesor Manuel G. Revilla y de cierto prefecto preparatoriano -un señor Zubieta- aficionado a
la literatura, y que se publicó ya muy
corregido en mi primer colección de
versos: Huellas, 1923. (Y no "1922"
como reza la portada, ni menos "1933"
como se imprimió por error en mi
Obra poética, 1952.) A Cravioto le impresionó mucho que, en vez de pe.rdermc en vaguedades sentimentales, me
ciñera al código parnasiano. Ricardo
Gómez Robledo consideró, sin embargo, que no convenía dejarme entumecer en aquellas normas, sólo útiles como aprendizaje, y se propuso, por encargo de ]a revista, darme unos consejo's escritos. Al cabo le fue más cómodo cumplir su cometido mediante
la conversación y el trato. Por lo pronto, él me hizo· leer a Baudelaire; y poco después, por contaminación de Acevedo, "absorbí" a Verlainc en veinticuatro l10ras. Manuelito de la Parra,
p9cta de emoción y delicadeza, aunque mal psicólogo, rue dedicó entonces
unos VCl',j,OS ("Al poeta niño"), extraiíado de que no confesara yo ]as dulzuras e ingenuidades de mi corazón
de adolescente (¡sí, bueno es eso: dulzuras e ingenuidades del adolescente,
lo mús ferozmente complicado que hay
en el mundo!), y casi rogándome que
no hiciera versos sabios ni me dejara
llevar de la tradición ni la cultura: "Y
cuéntanos un poco de las almas de armilla, concluía candorosamente. Cree
... el cordero que todos son de su
apero.
t;'n &lt;lía, Pedro Hcnríquez Ureña, educador desde la infancia y que había
escuchado con interés mis discursos
prcparatorianos de 1907 -científico
el uno y dedicado a la muerte de Moissan, literario el otro y dedicado a la
Sociedad de Alumnos~ me aconsejó
someterme con mayor frecuencia a las
disciplinas de 1a prosa, como Parte de
mi aprendizaje y para habituarme a
buscar la forma de mis expresiones no
exclusivamente poéticas. Un "vate"
coahnilense poco recordado hoy en
día, Miguel Pereyra, hermano de Carlos el historiador, que era mi amigo
aunque también me llevaba años -por
lo vist,o, yo estaba predestinado a la
compañia de mis mayores- conociU
una de esas alocuciones -la litera~
ria- cuando yo 1a estaba redactando.
- Yo creo -me dijo- que usted va
a acabar en la prosa, que es la música
clásica.
Me puse, en efecto, a la prosa, con
cierta asiduidad y afición, sin por eso
abandonar los versos. Pues "yo co
meneé escribiendo versos, he seguido
escribiendo versos y me propongo conti_nuar escribiéndolos hasta el fin.""
(Prólogo a Huellas). Entre 1908 y 1910
elaboré todos los ensayos de Cuestiones estéticlls. A la primera fecha corresponde el más extenso - la interpretación de la "Electra" en el teatro
ateniense- que data de mis diecinue,·e aiios.
A punto estuve de no conocerle la
cara a mi primogénito. A11enas copiado el rnan.uscrito, sufrí un grave ata&lt;¡ue de peritonitis ganado en buena
lid, por andar practicando los saltos y
contorsiones del Jiu-Jitsu (yo era entonces sumamente ágil) con Julio ToPasa a la Pág. 4
4

y él nos invitó a visitar a los poetas

que a esa hora se reunían en la redacción.
Yo habia contemplado con envidia
y anhelo los anuncios de la tal revista,
Savia Moderna, algo como una bija de
In célebre Revista Moderna, aún viva y
operante por obra y gracia de don

Chucho Valenzucla y los últimos modernistas; pero distaba mucho de figurarme que pronto me seria posible
ingresar en sus filas¡ me daba cuenta
de que era demasiado temprano. Nos
encaminamos a la Avenida del Cinco
de Mayo, donde estaba la redacción de
Savia Moderna, cuyo directol." efectivo

Pág. 3

Pág. 2

t

�CIVILIZACION

MITO

NUESTRA ENCRUCIJADA
Por Manuel MORALES G.

Por Christian BRUNET

V

ALERY ha escrito: "Al principio

era la fábula". Y ha añadido en
otra parte: "Asi como la barbarie es la era del hecho, es pues necesario que la era del orden sea el imperio
de las ficciones , -ya que no hay po-

tencia alguna que pueda fundar el orden sólo sobre el constreñimiento de
los cuerpos por los cuerpos. Se preci.san fuerzas ficticias."

Primero, la mítica consiste en dar
nombres a fuerzas de la natuÍ-aleza que

·••;.--••·-··~
ii••··-·-·········. ··-fll.UH ■■Jf■ HI•·

.

¡

=
~~

Ei~;. ......

== .:::::·

ro del Olimpo, el Doctor Fausto, y el

tudio de la evolución de los mitos y de
la adhesión que los hombres les con-

algunos ha empezado la última, la del
apogeo del espíritu critico que es el
escepticismo total y el rechazo de todas las ficciones. Sería entonces el
Pasa a la Pág. 7

lativos: el de una siempre más total
interiorización por el hombre de sus

ficciones, y el del .desarrollo de la razón dentro de las ficciones mismas.

Paul Valéry

HISTORIA DOCUMENTAL.

salía aún de los talleres el 16 de febrero de 1911; los más antiguos acuses de
recibo que he conservado datan de junio, y del siguiente mes de julio las
primeras críticas de la prensa. Adviér-

tase que la conferencia sobre Othón
(1910), aunque conocida antes, es de
elaboración posterior. Lo propio acontece, desde luego, con la conferencia
sobre el paisaj e en la poesía mexicana

(1911 ) .
Antes de la Guerra Europea (191418), las casas Garnier y Ollendorff
eran, en Francia, los principales cen-

tros editoriales para libros en español. Desde Mél&lt;:ico, Pedro Henríquez
Urefia se había puesto en contacto con

el encargado de estas ediciones en 01lendorff, su compatriota el dominicano

Gibbes, y allí acababa de publicar sus
Horas de estudio. "Todas lo son para
usted, muchacho", le había dicho don

desde París con Pedro., cou Antonio
Caso y conmigo. Aprovechando estas
circunstancias y la presencia de mi familia en París, (yo permanecí en México para continuar mis estudios de
abogado), se arregló la edición de
Cuestiones estéticas en la "Librería P.
Ol1endorff", que ésta era su razón social.

Sea dicho de paso, Gibbes era hombre puntual y cortés, aunque le agra-

rondaba la fama, se babia relacionado

Pág. 4

jar apuntados eu mi ejemplar propio.
Pero al fin he hecho algo mejor: aca•
bo de aderezar -junto con el indice
de autores y obras citados a lo largo
del libro- una declaración de erratas
y correcciones indispensables y la he
remitído a mis amigos los bibliotecarios de la Universidad Neoleonesa, que
con tanta paciencia han empezado a

establecer mi bibliografía.
Cuando fui más tarde a París (1913),
Gibbes me hizo saber que mi libro se
había vendido sobre todo en Colom-

daba darse importancia como a algunos intermediarios, se tenía por muy
experto en gramática y, en cierto ori-

bia, sin duda porque en México mis

ginal de García Calderón, aun preten-

obsequios habian hecho la competen-

manidades, de letras ... Corno que es·a
generación -la Generación del Centenario- había de echar los cimientos

para la futura Facultad de Filosofía y
Letras, acudiendo a desempeñar gra-

tuitamente las cátedras en aquella incipiente Escuela de Altos Estudios .que,

4. CONSIDERACIONES FINALES

dad, Altos Estudios, Facultades, Doctorados? ¿Traje de frac para un pueblo

todo, lo cual no entra en lo estipulado." Yo no me proponía tanto hacer
correc.c iones de autor cuanto vigilar

la pureza de la impresión. Gibbes ofreció hacerlo por mí cuidadosamente;
pero, en cuanto me llegó el libro, tuve
que mandar imprimir cuatro págillas

de erratas - setenta y tres faltas en total- , ·y otras he añadído después. En

confesado haber inCurrido • tamhiéri
por mi cuenta en varios ·errores de
norribÍ-e y fecha, etc;,
Ofrecía de~

que

tece, solapadas bajo los anhelos legíti-

descontentadizos comentaban entornando los ojos: "Este Henriquez Urefia, con sus consejos, nos ha matado
en flor a un poeta." Pues ¿qué sería
del frágil corazón humano si no se

desahogara decretando una que otra
vez la ruina del prójimo?
Este libro nos transporta a los días
trepidantes del Aten·eo de la Juventud,
donde yo era el benjamín mientras no
se presentó Julio Torri, mi menor en
un mes. ES conmovedor volver los ojos
hacia el amanecer de una nueva era.

Es conmovedor percatarse de lo que

-- ,,

•

Todo ello províniente de vivir en
una ciudad que goza de prosperidad
comercial y cuyos hombres han sabido
imponerse en el pasado a todas las adversidades y que en el presente son
dueños de su riqueza y conductores de
su destino.

Iros a las actividades del espíritu va

ción norte-americana que en todos los
órdenes sufre nuestra América.

teñido con el mismo sentimiento que

ante el resto de las actividades humanas ha demostrado tener el regíomontano. Es decir se va bacía la cultura
como problema que hay que resolver,

entre lo hispánico y lo sajón, los regiomontanos comprendemos que nos ha

como baluarte que hay que conquistar,
y se pone en ello viril y alegre fran-

tocado ser algo así como el puesto
avanzado, como el baluarte cultural de
la vasta región del nor-este de México.

queza.
De esta manera se va realizando una

distinto al resto de las prouincias mexicanas

tíérrez Nájera contra los que preten-

de prevenir prudentemente al lector

dian dar un paso atrás en la marcha
de nuestras letras (1907) .--4) Muerte de
Savia Moderna por el viaje de Alfonso

sobre las circunstancias de mi ambiente y de mi persona -incluso mi edad,
po1· si en el exceso de adornos se no-

Cravioto a Europa. Fundación de la
Sociedad de Conferencias. Conferencias en el Casino de Santa María (1908).5) Proyecto de conferencias sobre Grecia y lectura colectiva del BCl{lquete de
Platón.- 6) Manifestación eu memoria
de Gabino Barreda, el educador libe-

taba la pluma nueva-, y pintó a grandes brochazos la fisonomía de nuestro
Ateneo y sus figiiras principales: Ca-

rar, donde se expresa una nueva con-

gó de apadrinar la obra y le puso un
prólogo espontáneo. Tuvo el acierto

descrito detenidamente las ¡los campaIias y los diversos hitos en que se de-

sarrolló la acción de los · muchachos
del Centenario, y aquí me limitaré a
una breve enumeración sólo para fijar

,

Hay poco margen para que entre los

ción. Porque el dedicarse entre noso•

cia "La pintura mexicana en La Pla-·
ta", 23 de septiembre de 1929 (Norte
y Sur, 1944) .- 3) Manifestación por Gu-

Menenio Agripa- querían cer.cenarnos la cabeza.
En mi ensayo "Pasado inmediato" he

Nuestra actitud ante la vida consiste en aquella esencial manera de ser
que tiene el regiomontano, es decir, seguro de si mismo, abierto a todos y
acostumbrado a triunfar.

nacionalista en contra de la penetra-

las ideas:
Primera campaña: 1) Savia !foderna (1906). 2) Exposición de la nueva
pintura, organizada por Gerardo Morillo ("Doctor Ali"), Véase mi conferen-

aristocracia. ¡Abajo la cultural Por
respeto a los pies - nueva fábula de

llez, con naturalidad, que nunca es
conciente y voluntariamente buscado,
sino que va expresándose de una manera espontánea.

posible por reaccionar en un sentido

ciencia política (1908) .- 7) Conferencias en el Conservatorio Nacional.-8)
Conferencias de Antonio Caso sobre el
Positivismo, en la Preparatoria (1909).9) Fundación del Ateneo de la Juventud, (fines de 1909).-10) Conferencias
del Centenario en un local de la Escuela de Derecho (1910) .-La nueva Universidad y la Escuela de Altos Estudios. La Revolución (1910-1911).
Segunda campaña: 1) Ocupación de
la Universidad y, especialmente, de
Altos Estudios.-2) Fundación de la
Universidad Popular, flotante (13 de
diciembre de 1912) .-3) Conferencias
en la Librería de Gamoneda, etc. (19131914), Para entonces yo ya estaba ausente de México.
Evocado asi el cuadro de época
(1906-1913) ,'vuelvo a la histori~ de mi
libro.

que anda descalzo? No, la cultura es

que yo podia desear. Pero los más

ción en la vida nacional, parece desti-

ron a la liza cuando aquí no había es- .
ludios organizados de filosofía, de hu-

mos de reforma se deslizan algunas
exorbitancias demagógicas. ¿Universi-

frase implicaría una nueva composición y el ingrato trabajo de rehacerlo

con un temple de ánimo actual, vé los

demos aquel que sólo lo es porque está
profundamente basado en las capas
más esenciales del ser psíquico de los
pueblos. Que se manifiesta con senci-

Situados a menos de 300 kilómetros
de la frontera entre México y los Estados Unidos, que es también la frontera

dactos, que no contaron con verdaderos maestros en el orden de sus aficiones, ni tenían apenas público ni estí-mulo de ninguna especie, y que salie-

cia al mercado. Esto, puedo decir aho-

Al recibirse mi libro en México, alguien exclamó: ·" sorpresa de la prematurez". Tuvo mejor acogida de lo

Por auténtico nacionalismo, enten-

hasta al10ra insignificante participa-

amantes de la cultura que buscan en
ella un refugio en el cual disimular sus
incapacidades y su falta de adapta-

Son varias las circunstancias que

ra, fue el adelanto a cuenta de la Gran
Cruz de Boyacá que Colombia me otorgaría en 1945.

México las galeradas de mi libro. Pero,
a mediados de noviembre de 1910, Gibbes nos aseguró que ya no era posible Y que "todo cambio de palabra o

pasado. Lo anterior, unido a nuestra

El regiomontano se enfrenta a la vida

regiomontanos florezca esa fauna de

parecen congregarse para que Monterrey sea la única ciudad que pueda tomar en la actualidad este papel. Por
un lado está el hecho de que es Monterrey quizá la ciudad más rica de Mé-

dió corregir las frases, poniendo in-

cerlo al revés no era castizo. De abro..
jos así está lleno el campo.
Yo hubiera deseado examinar desde

ésta nuestra característica distintiva.

por una idea politica, por la defensa
de la patria. Y ya en la época actual,
es Monterrey una ciudad que hace lo

pudieron lograr, por su sola vocación

por las conmociones de la época, se
había quedado realmente en el aire,
sin recursos y sin progralllas. En efecto, pronto estalla la revolución, el régimen muda; y, como siempre acon-

y una actitud ante la vida plena de
entusiasmo y actualidad.

En este expresarse los regíomonta-

guerra contra la intervención france~
sa, los neoleoneses pelearon más que

fervorosa, aquellos muchachos autodi-

variablemente los adjetivos después de
los sustantivos, pues alegaba que ha-

Justo Sierra al recibir el volumen. En-. la ya citada "Carta ·a dos amigos" he
tre tanto, Francisco García Calderón,
el joven escritor peruano a quien ya

••

ramente por la existencia vuelta la cara hacia usos y costumbres del siglo

fuera Monterrey la única ciudad mexi-

riorización del mito . Tal vez ya para

del mito se hace en dos sentidos corre-

nos deberán ir reunidas dos notas
principales, un auténtico nacionalismo

cana que fus-.d!:fendida por sus propios habitantes casa por casa. En la

recorrido todas las etapas de la inte-

Entre estos dos puntos l~ evolución

tinto al resto de las provincias mexica~
nas, que parecen deslizarse ensoñado-

zamente en las luchas civiles. El acendrado amor a la tierra y el decidido
apego a lo propio,, hizo que durante
la invasión norte-americana de 1847

ta el nazismo o el marxismo, pasando
por el cristianismo, el renacimiento, el
racionalismo, nuestra civilización ha

cismo del apogeo marcan las fronteras
de una civilización.

nar a Monterrey a dar una nueva y vigorosa expresión de lo mexicano.

Durante nuestra vida como país independiente, hemos participado esca-

facultades: su Razón, su Voluntad.
Así, desde la mitología romana has-

ticios. La era de la pura objetividad
de los orígenes o el completo escepti-

ha hecho incurrir en confusión. Pero
consta por cierta carta que la obra no

con ardor a desvincularse políticamen-

te de España. Buena prueba de ello es
el Padre Mier.

será el de deificar al hombre mismo,
sea en su totalidad, sea, interiorización
última, en una de sus más pe~uliares

Parece en efecto que una civilización no dura sino el tiempo en el que
los hombres se apoyan en valores fic-

blicación eu la casa Ollendorff. Apar eció a comienzos de 1911. El colofón
dice : "Chartres.-Imprenta Ed. Garnier.- 28.10.10." Lo que alguna vez me

dios personal que habita en el hombre,
sosteniéndolo en el ser por un cons-

tan completa que el solo progreso que
.desde luego podrá realizar la ficción

ceden. Surgirían así relaciones interesantes.

problemas, sean del orden que se quiera, desde un punto de vista contemporáneo. Es en esto profundamente dis-

torio y su población -criolla en su
totalidad- se vieron inflamados por
el fuego de la libertad, y se lanzaron

tín: "intimeor mihi meo", más íntimo
a mí mismo que yo mismo.
La interiorización se ha vuelto ya

pudiera ser considerada como un es-

xico, de que sus habitantes disfrutan
del más altci nivel de vida de todo el
pais. Este hecho de acumular riqueza
por medio de la producción industrial,
ha convertido a Monterrey en pocos
años, de insignificante pueblo colonial, en· actual ciudad moderna. Y es

res inmediatos de la subsistencia.
Con la Independencia, nuestro terri-

tante acto creador. Con este dios el
hombre queda en estado de íntimo
diálogo y va a llamarlo con San Agus-

Así la historia del espíritu humano

El libro Cuestiones estéticas fue enviado de México a París para su pu-

tribus indígenas salvajes -las que por
fin fueron exterminadas- no pudo dedicarse a otra cosa que a los quehace-

Pero la evolución de las ficciones
hacia una interiorización más profunda lleva entonces -al menos .en ciertas civilizaciones- a la adhesión a un

cienticismo moderno: no hay sino una
metamorfosis del mismo mito.

3. CROl\TJCA EDITORIAL

principia sino con este siglo.
Durante toda la época colonial, nuestra ciudad careció de importancia. Su
población, en lucha constante contra

los vicios del hombre.

ro Valéry pretendería con razón, según nosotros, que los hombres afinan
sus mitos, mas no se despojan de ellos:
entre la creencia en Vulcano, el herre-

Aún cuando su fundación se re-

monta hasta la última década del
siglo XVI, su verdadero desarrollo no

ce sino soportar. No las invoca. Será
preciso para que el hombre empiece
a hablar a sus ficciones que les otorgue un rostro para acercárseles: será
entonces el nacimiento de los dioses
pr~piamente dichos, que se human'izan hasta el punto de presentar, enormemente amplificadas, las potencias y

que la evolución de una sociedad hacia la civilización consiste por el con. trario en despojarse de sus mitos. Pe-

los ratos perdidos.

E

pesan sobre el hombre, y que él no ha-

• ~!! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ..

A esta teoría valeriana se ha opuesto

Sigue de la Pág. 3
rri, en ·1a Escuela de Derecho, durante

S Monterrey una ciudad nueva.

Francisco Garcí3 Calderón se encar-

so, los hermanos Henríquez Ureña,
Acevedo, Cravioto. Añádanse el nom-

'En cuanto al contenido del libro,
varias veces he declarado que yo suscribiría todas las opiniones allí expuestas, o "prácticamente todas", como suele decirse. Hay conceptos, temas, de Cuestiones estéticas derrama-

dos por todas mis obras posteriores:
ya las consideraciones sobre la tragedia griega y su coro, que reaparecen

bre de José Vasconcelos, que acababa

en el Comentario de la Ifigenia Cruel;

de incorporársenos, y los demás que
menciono en mi "Pasado inmediato".
Cabe preguntarse si el titulo Cuestiones estéticas era adecuado. Desde

ya algunas observaciones sobre Gón-

luego, el libro se limita a la critica literaria. Pero quise dar a entender que
todos estos ensayos eran como otros
tantos asedios a una misma plaza fuer•

gora, Goethe o bien Mallarmé, a las
que he debido volver más tarde, y sólo en un caso para rectificarme apenas. Mis aficiones, mis puntos de vista, son los mismos.
Y, sin embargo, hasta hoy no me ha

selección de la que solo saldrán adelante aquellos para quienes dedicarse
a las tareas de la cultura sea una exigencia vital de la que no se puede
prescindir. Así solo puede haber sinceridad, que es ya el preludio de la
calidad.

plica: "Cuestiones estéticas" precede
en seis o siete años (en verdad, cuatro)

al resto de mis libros y se adelanta a
ellos todo lo que va del "niño brillante" al hombre mediano. Gran respeto
se le debe al niño ..." A ver cómo me

las arreglo algún día para lanzar una
segunda edición, cerrando los ojos y
sólo tocando lo indispensable.
Quiero concluir con una nota sentimental. Nó hay que alarmarse: no su-

biré el tono demasiado. La publicación de Cuestiones estéticas me valió,
entre otras, dos cartas inolvidables, El
19 de agosto de 1911, Arturo Farinelli
me escribía desde Austria, invitándome a continuar mis estudios a su la-

sido dable reeditar este libro, ya bas-

do, en Turín. El 31 de octubre del

otras tantas aventuras men4iles en torno a una doctrina estética que no se

tante escaso. Porque los libros, en
ocasiones, parece que se los be.be 1a
tierra como a la lluvia. Pero es mucha

lencia del viejo para el novato- me escribía desde París: "Tal vez se le ocu-

define directamente. No había llegado
la hora de El Deslinde, la hora varonil

la tentación (y no sé sí obedecerla es
legitimo) de simplificar aquel estilo a

de enfrentarse con las abstracciones.

veces rebuscado, arcaizante, super-

y charlar con nosotros sobre esos grandes asuntos que usted trata con tanta

Hasta pergeñé un prólogo para justificar mi título, pero al fin opté por no
perder el tiempo en satisfacciones no
pedidas. De aqui que siempre haya re-

abundante y oratorio -esto lo. señalaba ya el generoso dominicano Federi-

competencia como gracia y generosidad ..." Pero yo, que a esas horas ha-

co Garcia Godoy-, estilo, en suma,
propio de una vena que todavía se desborda y desdeña el cauce. Pues hay
quien comienza por la timidez, y hay
quien comienza por eso que se llama
facundia, y a éste le conviene, como

hitaba al lado de mi familia y mí padre recién desembarcado de Europa,
en la casa No. 44 de la calle de las Es- '

por ahí lo dejo dicho, aprender a escribir por el otro cabo del lápiz, es

30-30 a la cabecera de la cama, cuando
menos para satisfacer las reglas del gé-

decir, con el borrador. En la varias
veces citada "Carta a dos amigos", ex-

México, 5-II-1955.

te, la cual no acababa de rendirse;

cordado con especial simpatia la crónica que_., sobre mí libro, publicó en
Francia Jean Péres (Bulle/in de la Bibliotheque Américaine, París, 1912).
Este critic'o, sin desconcertarse ante ]a
apariencia fragmentaria del libro, acertó a seguir su nervio central casi como

lo hubiera hecho yo mismo.

propio año, Emile BoutrouX -benevo-

rra a usted venir por acá' cualquier dia

taciones, la cual por instantes quiso
convertirse en fortaleza, tenía que dormir --0h tiempos aciagos- con el

nero, la retórica del instante.

Pág. 5

,

�DOS EXPOSICIONES
L Departamento de Acción Social de la Universidad de
Nuevo León organizó, dentro de los Cursos de Invierno,
dos exposiciones de pintura en la Galería "Cosmos" de
esta ciudad. El día 19 del pasado mes de Febrero se decla,
ró inaugurada la primera con los trabajos realizados por Jane
Byron, José Guadalupe Ramírez y Jorge Rangel Guerra, maes•
tros de la Escuela de Artes Plásticas de nuestra Casa de Estudios,
v el día 26de Marzo la de los jóvenes pintores, alumnos de dicha
~scuela, Gerardo Cantú e Ignacio Ortiz, que presentaron al pú,
blico regiomontano sus últimas producciones, después _de alg~nos
meses como becarios de la Universidad de Nuevo León. Ofrece•
mos aquí algunas gráficas de dichos acontecimientos.

E

LoS cinco pintores acomparíados de algunas personas en el acto inaugural
d e la segunda exposic ión.

l&lt;J/uñeco de Peta.te", óleo ele
Gerardo Cantú.

"Retrato de niría", óleo de
Ignacio Ortiz.

"lmoge11 de lo Ve11ga11za" . Oleo de Jorge Rongel Guerra

CIVILIZACION. .

Sigue de la Pág. 4
momento de repetir después de Valéry: "Nosotros, civilizaciones, sabemos
ahora que somos mortales."

"Niña", óleo de J. Guadalupe Ramirez

ILIIBIR.0S

* • •

Debemos notar ahora que si la evolución de las ficciones nos lleva a una
siempre más completa interiorización,
consiste también en penetrarse de razón, con su doble tendencia de explicación y de uniftcación.
Desde el principio de esta evolución
de los mitos, el gusano está en el fruto.
El mito lleva en si un elemento racional que va a desarrollarse a expensas
del mito mismo que lo nutre. Así vemos al teísmo rodearse de toda una
~ teología, armazón racional que, al desarrollarse, finalizará en el racionalismo que pronto devorará las concepciones teológicas en el seno de las que
la Razón tomó conciencia de ella misma. Es el socratismo en Grecia, y, en
Europa, el racionalismo de los siglos
XIII y XIX.
No quedará más a la Razón como
critica sino la posibilidad de devorar
a la razón como mito, última etapá' de
este proceso de integración de los mitos en el hombre basta su final desintegración.
¿ Sería eso, en último ancllisis, el sentido de la historia del que tanto se habla? Vale la pena hacerse la pregunta.
Pero entonces surge a la mente un espectáculo abrumador: todos los "sacrificios" voluntarios o no que llenan
las páginas de la historia, desde las
persecuciones de los cristianos en el
Coliseo, hasta las "depuraciones" rle
partidos recientes, pasando por los sacrificios humanos a Huitzilopochtli y
todas las guerras y ·revoluciones ¿ tal
vez no han sido sino el' criminal y ridículo tributo de la sangre bm:nana a
meras fábulas? ¿Pero n'o sería acaso
mayor mal vivir sin ellas? Ver las cosas tal como son paralizaría el universo.

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
" Ce/Jollín". Oleo de Jane Byro11

.:;::::-

PSICOLOGIA FISIOLOGICA, por Morgan y Stellar. Traducción de Carmen
Castro de Zubiri. 719 págs. Biblioteca de Cuestiones Actuales, Inst. de
Estudios Políticos. Madrid, 1954.
La Psicología Fisiológica de Morgan y Stellar, es un tratado de investigaciones utilísimo para el que quiera
iniciarse en el estudio de la medicina.
Sirve de introducción a esta vasta ciencia, ya que los autores se han detenido en minuciosos análisis que explican hechos fundamentales de psicología, fisiología y anatomía. Aunque la
obra aduce un abundante acopio de
bibliografía sobre los lemas tratados,
la investigación se ha realizado sobre
hechos observados directamente. No
se basan en experiencias de individuos humanos, sino que se han utilizado, para poder llegar a conclusioneSmás exactas, los animales. Recalcan
los autores que los experimentos animales proporcionan una afirmación
más consistente y segura que los estudios clínicos, los cuales dependen en
gran parte de los métodos subjetivos
empleados en la observación de la conducta y de una patología accidental,
muchas veces oscura. El índice ya da
una idea de la amplitud de este trata•
do, que comprende el siguiente temario: "Mecanismo de respuesta perifé, rica", Sistema nervioso central, Fisiología del nervio, Medio interno, Sentidos químicos, Visión espacial, Visión
del brillo, Visión del color, Oído, Sentidos de la Piel, Mecanismos somestésicos, Sueño y Actividad, Necesidades
corporales, Conducta instintiva, Conducta sexual, etc.
La traducción española debida a Doña Carmen Castro de Zubiri, se ha hecho sobre la tercera edición -muy revisada- original, que se publicó en
Baltimore, en 1950. Ya el lugar de la
edicióil americana es un sello de ga•
rantia: en Baltimore está la Johns
Hopkins University, que posee la mejor Facultad de Medicina del mundo
en estos últimos veinticinco años.

La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circul_!lción
co1ñprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, sociedades de diversa índole y personas, en NATURALEZA Y CONOCIMIENTO,
por Artbur Marcb. Traducción de
América y Europa.
Luis Castro. 219 págs. Biblioteca de
·Entre el cuerpo de ediciones que
Cuestiones Actuales. Inst. de Estuaquí se imprimen figura n~estro mendios Políticos. Madrid, 1954.
suario "ARMAS Y LETRAS", que re"Las últimas consecuencias de la
cientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran nueva física llegan al público por lo
comentadas las obras últimamente apa- que la bomba H o sus repercusiones
políticas sigqifican de preocupación
recidas en- las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circula- para los intereses materiales o para
ción del Boletin arriba mencionado, y las pugnas nacionalistas; pero pocas
en interés de ofrecer al lector ameri- personas de las que hablan a diario de
cano una juiciosa información del fon- la energía atómica se paran a pensar
do y continente de la 9bra, cotejada en el caudal de inteligencia, trabajo y
a la luz de un criterio ecuánime y a nuevo sentido de la ciencia que tales
tono con la moderna interpretación resultados prácticos-representan.
Se ha llegado por algunas esclarecidel pensamiento científico, literario o
artístico, "AR.l\1AS Y LETRAS" se com- das mentes de nuestra época a tal caplace en invitar a ustedes a coadyuvar pacidad de abstracción, a tal altura de
con este propósito de orden cultural conocimientos, que produce vértigo
que anima a la Universidad de Nuevo solamente el pensar lo que esas absLeón, solicitándoles el envio de cada tracciones significan, aún sin adenuna de las ediciones nacidas en sus trarse en el aparato matemático de que
prestigiosas prensas, las cuales serán se hallan rodeadas.
La comprensión del actual concepto
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestra• del Universo, según se concibe por las
agudas y formidables inteligencias alumanos.
didas, no podría ni remotamente poLos envíos deben hacerse a:
nerse a nuestro alcance, si no se publi"ARMAS Y LETRAS",
casen libros como el de Arthur March,
Universidad de Nuevo León,
que ya era conocido del español estuPlaza del Colegio Civil,
dioso por su otro libro, de alta vulgaMonterrey, Nuevo León,
rización, publicado sobre el átomo, ya
México.

hace áños, por la "Revista de Occidente".
No podemos analizar aquí el magnífico libro que el Instituto de Estudios
Politicos ha tenido el acierto de publicar Cn espaiol; nada fácil es tampoco
resumir la posición fundamental de la
nueva física o las consecuencias de la
mecánica ondulatoria, o la significación de la naturaleza doble de la luz
que tan bellamente expuso De Broglie;
pero sí nos importa destacar las páginas impresionantes que l\larch dedica
a estudiar cómo la realidad objetiva es
inaccesible para el fisico. Son los números la meta única que puede alcanzar. Y, sin embargo, fué un famoso físico inglés quien nos enseñó que no
hay ciencia si no hay número y medida. He aqui, pues, como problema el
significado del medir, .y he aquí como
dramático problema nuestro conocimiento de la Naturaleza.
¿Qué es la realidad objetiva? ¿Qué
valor tiene la causalidad en el moderno pensamiento científico? Si no es
posible lograr un conocimiento del
mundo que tenga la certeza de la verdad matemática, ¿qué puede el hombre de hoy pedir a la moderna ciencia? Desde luego, lo que no puede pedirle es que sustituya a la religión.
La angustia que atenaza a los hombres de hoy, el sentimiento trágico de
su vida, que dijo nuestro Unamuno,
es precisamente que su razón no sabe
contestar a los anhelos de su espíritu
y la ciencia moderna sólo puede de•
cirle casi lo mismo que dijo ya hace
siglos Heráclito, el oscuro: "Una y ]a
misma cosa son: viviente y muerto,
despierto y dormido joven y viejo; sólo que al invertirse unas cosas resultan las otras, y a su vez, al invertirse
esotras, resultan otras".
Libros como el de Artbur l\larch nos
hacen volver una y otra vez sobre los
mismos pensamientos, estudiar las mismas ideas, sentir las mismas emociones; y su gran valor estriba justamente en que ya, al volver a una nueva
meditación, ni las ideas ni las emociones son las mismas. Todo es uno y lo
mismo, pero todo es siempre distinto,
porque lo que es siempre uno es el
misterio de la Naturaleza y de su conocimiento."
1

FRONTERAS, Poesías, por Jaime Torres Bode!. Colección Tezontle, Fondo de Cultura Económica, México,
1954.
Callar ante la palabra de Torres Bode! debiera ser una obligación.
Quizá nuestro común ser mexicanos
de este siglo haga que en él nos encontremos más plenos y mejor dichos de
lo que podríamos haber pensado.
Cadenas de un destino, eslabones
que nos prolongamos en el siguiente
sin que éste lo sepa; eterno buscar lo
in~xpresable, tal es el sentir del poeta
en esta su obra. Estalla deslumbrante
y eterno en los tres últimos sonetos
que clausuran el desfile de poesía con
que nos llena todo el libro.
"La fe que puse en el fervor humano
y en la eficacia del esfuerzo puro

acaso t,í la expreses lento hermano
que labras, con mi ausencia, tu futuroº.
La belle~a intraductible del segundo
cuarteto del soneto primero de los titulados "Al hermano posible", solo podrá ser captada al leerlo; para decirla,
haría falta escribir otro poema.
Y es que de "Fronteras" no podemos
decir otra cosa sino que es Poesía plasmada en poemas.

Tl'/1.IJlnµ
\0$c4

"Junto a mi alma canta un río
desde que naci".
Nunca se había dicho tanto tan claramente y el} tan pocas palabras, y todo ello dentro de ese tono íntimo y
sencillo del poeta. Ese tono que tiene
siempre un poco resignación y 'confidencia. ¡Y esperanza! tranquila esperanza que conforta.

"Piedra en que empieta el mundo
de la verdad ganada sobre el tiempo."
M.M.G.

masy

TR

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registrado como artículo de 2a. Clase en la
Admón. de Correos de Monterrey, N. L,. el

20 de Ab,a de 1944.

INDICADOR:
Colaboradores
Raúl Rangel Frías
Fidencio de la Fuente
Francisco

M.

Zertuche

Cenaro Salinas Quiroga
Artu;o Cantú S.
Homero A. Garza
.Alfonso Rangel Guerra
Guillermo Cerda G.
Jorge Rangel Guerra
Manuel Moraln
Director
Lic. Fidencio de la Fuente
Oficina,
W ashinglon y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

MEXICO

Pág. 7

Pág. 6
J

�..,..

A INDIAS?
Francisco :\I. ZERTUCHE

L pobre hidalgo había sendereado todos los caminos del Reino
en procura de pitanza, y su estrella venía opacándose desde sus años
de puericie, allá en los lejanos días angustiados de Alcalá y Valladolid, en
que su padre, el oscuro cirujano ministrante Don Rodrigo de Cervantes,
arrastraba penosamente la vida de sus
hijos y Dña. Catalina, y con ellos, la
cauda de su pobreza y sus acibares,
pues en la ciudad vallisoletana que vió
Cervantes a los cinco años de vida, su
padre era puesto a buen recaudo por
no haber podido satisfacer la suma de
44,472 maravedises que había tomado
prestados de un usurero.
Hacia 1587, contando Cervantes cuarenta años de edad y un siglo de sinsabores, se hacían febriles preparativos
para equipar y tripular la Armada Invencible; y el quijotesco autor del Quijote conseguía por el intermedio &lt;le
Diego Valdivia, Alcalde de la Real Audiencia en Sevilla -personaje mencionado en el Licenciado Vidrfera-,
un puesto para acopiar granos y aceite
en Ecija, Castro del Río, Espejo y la
Rambla, siendo a los inicios del año
siguiente nombrado comisario bajo las
órdenes de Don Antonio de Guevara.
En esta misión recaudatoria alcanzaba también al creador de las Novelas
Ejemplares el venablo que traspasaría
por entero su existencia en los días ortales de 1616.
Resultaba de autos que los manejos
de Cervantes en Ecija le habían acarreado desazones, pues había tomado
posesión, de manera incauta, de pan,
· trigo y cebada pertenecientes al Deán
y Cabildo de Sevilla, por cuya ligereza, un tanto atentatoria a los ojos eclesiásticos, Je habían excomulgado con
las debidas formalidades.
Días después de la derrota de la Invencible Armada, Miguel vivía en Sevilla hospedado graciosamente en la
posada del cómico ambulante ya retirado Tomás Gutiérrez a quien Je debía
innúmeros y señalados servicios, ocupándose todavía de sus menesteres oficiosos para mengua de su persona, pues
en 1589. nuevos y desagradables sucesos le dejaban más sumido en el descrédito.
Se acercaba por entonces la época en
que debía dejar s_u destino de comisario, por el que cobraba, mal que bién,
doce reales 'diarios, retribución amenazada por una inminente rebaja. a
cambio de su celoso trabajo, por el que
J1abía que responder al Estado cumplidamente.

.

,

tías para cuatro jugosos cargos de la
administración colonial en el Nuevo
Mundo: la contaduría del Reino de
Granada, la gobernación de la provincia de Soconusco en Guatemala, la
contaduría de las galeras de Cartagena de Indias y el corregimiento de la
Paz en la actual república de Bolivia,

go Gasea de Salazar, el Licenciado Medina de Zarauz, el Licenciado Don
Luis de Mercado, el Doctor Don Pedro
Gutiérrez Flórez, el Licenciado Don
Pedro Díaz de Tudanca, el Licenciado
Benito Rodríguez Baltodano, el Licenciado Don Agustín Alvarez de Toledo,
y como Relator, el Doctor Núñez Mor-

de 1905, consagrado a celebrar la aparición de la Primera Parte del Ingenioso Hidalgo, en su tricentenario, Y
dice así:

Señor:

Miguel de cerbantes sahauedra dice
que ha seruido a V. 1\f. muchos ruí.os en
las jomadas de mar y tierra que se
han o{recido de veinte y dos años a
esta parle particulwwente en la Batalla ;vaual donde le dieron muchas heridas de las qizelas perdio vna mano
de un arcabucaco - y al año siguiente
fu.é a Nauarino y despu~s. á la d,e Tu-_
nez y á la goleta, y vmzendo a esta
corle con cw·tas del señor Don Juan Y
del Duque de Ceca para que V. M. le
hiciese merced; fue cautiuo en la ga•
lez-a del sol él y vn hermano suyo que
también ha seruido á V. M. en las mismas jornadas y fueron lleizados á ar\f.f\:~-. -:);: ·•
gel donde gastaron el patrimonio ?ue
tenían en rescatarse y toda la hazzenda de sus padres y los dotes de dos
hennwzas doncellas que tenía, las quales qizedw·on pobres por rescatar ú sus
hez-manos, y despizes de liuertados fueron á servir a V. 111. en el reyno de
Portugal y á las terceras con el marques de Santa Cruz, y agora al presente estan siruiendo y simen á V. 11:f. el
vno dellos en flandes de alfere= Y el
migue/ de cerbanles fue el que tra:ro
las cartas y auisos del alcayde de M'ostagan y fue á oran por orden de V. M.
y después asistido siruiendo en sezzilla
en negocios de la w·mada por orden de
Antonio de guebara, como consta por
las in{ormaciones que tiene, y en todo
este tiempo no se la ha hecho merced
:·,·'."~ ~ ~ ~
ninguna. Pide y suplica humildemenr :&gt;
te ~ quanlo puede á V. 1\1. sea seruido
de hacerle mez-ced de vu oficio en las
¡¡ndias de los tres o quatro que al presente eslan vacos, que es el vno la contaduría del rwebo Reyno de granada,
ó la gouernacion de la probincia de
soconusco en guatimala, ó contador de
las galeras de cartagena, ó corregidor
de la ciudad de la Paz, que con qualquiez-a de estos officios que V. M. le
haga merced la resciuira por que es
, hombre auil y sufficiente y benemerito pw·a que V. M. le haga merced, por
El documellio
que sus deseos es á continuar siempre
en el servicio de V. 1\f. y acauar su vida como lo han hecho sus antepadaen cualesquiera de las cuatro Cervan- quecho, corresponsal de Cervantes.
dos, que en ello resciuira muy gran
tes pensó con miras optimistas.
Agradece el Profesor Jaime Fitz- bien y merced.

~:

j ,.,.

,t··p~_~'(!!;.5L ·

El donoso fs"critor se remitió entonces al Consejo de Indias, en solicitud
de ctffllesqnie1:a de estos destinos redentores, y la petición se recibió el 21
de mayo de 1590.

Se desvanecían por este año 1590 las
perspectivas de seguir medrando al
Vida propicia a tantas asechanzas,
precario amparo de los empleos y ga- la negativa de los señores consejeros
jes del Heino, cada vez más cicateros no se hizo esperar mucho, pues el Doc•
y escasos; y como un paliativo o una tor Núñez :\forquecho no exaudió Jo
esperanza vivida y tangible, las tierras solicitado, según consta en documende América recién conquistada, abrían to datado en la Vílla del Oso y del :\fael cofre ubérrimo de nuevas y proÍni- droño a 6 de junio del mismo año.
sorias visiones de vida, según lo con·A la sazón, formaban tan determitaban los ricos indianos que volvían- a
.
nante
corporación, dueña de los nuela Península en empaque de opulentos
vos
desti.nos
del Imperio español, Don
señores.
Fernando de la Vega y de Fonseca, coPor esos días se presentaron vacan: mo Presidente; los consejeros Don Die-

maurice Kelly, notable cervantista inglés, al Consejo de Indias, esta decisión a la solicitud del maltrecho comisario, sin cuya circunstancia Cervantes, acaso, no hubiese escrito su fábula ejemplar, libro para sabios y legos.

Para ilustrar este breve tema, hemos
de valernos de las indagaciones del
acucioso investigador Don Pedro Torres Lanzas, que en sus incansables
búsquedas dió con la petición hecha
por Cervantes a los señores del Consejo de Indias, que publicamos literalmente en esta entrega de Armas y Letras. Apareció en el número extraordinario de la Revista de Archivos, Bi-

Pág. 8
/

bliotecas y Museos, de :Madrid, mayo

✓

Al respaldo del documento está escrito: "Miguel de Cerbantes Sahauedra. A 21 de Mayo 1590. Al Presidente
del consejo/ de Indias."
El peticionario recibía la siguiente
respuesta: "busque por aca en que se
le baga merced, en madrid a 6 de junio de 1590. El doctor núñez morquecho."
América colonial no albergó al manco sano, regocijo de las musas. Era
preciso mayor acopio de amargura,
bendita levadura del Quijote, de las
Novelas Ejemplares, de los Trabajos

ele Persiles y Segismunda . ..

�</text>
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                    <text>,A1 ..
XII No. 3 Marzo de 1955

H f:::

D. A. S. U.

mas

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

ARA Villaurrutia, Nostalgia "cuando me encuentro tan solo, tan solo,
me busco en mi cuarto
de la Muerte no es un titulo que
como se busca, a veces, un objeto perdido,
de libro, es una manera de vi- una carta estrujada, en los rincones . -• ."
vir. Porque el poeta es el enamorado de la muerte, el novio teme- o como esa sangre suya que en el
roso, el esposo infiel. A fuerza de "Nocturno Mar" arrastra
pensarla, su muerte ha llegado a
conversar con él, ha tomado la "ahogados sueños de recién nacidos,
perfiles y l)erfumes mutilados,
forma de su alcoba, y a veces, so- fibras
de luz y náufragos cabellos."
carronamente, ha paseado en el
bolsillo de su traje por New Haven.

P

Su verso,
diáfano, cristalino,
preciso,
se desprende
serenamente de la primera línea, cae vertical, en una helada sensación sin
tiempo, con una estudiada modulación uniforme; es como un electrizante pánico que se dice sin
miedo, canto que quiere ser un
grito asordinado. Mucho tiene de
tremenda esa su angustia de aceptar la muerte sin lágrimas, esa
manera suya de lanzar la carcajada en el juego de voces de la
"voz quema dura", o esa palabra
opaca que le lanzan y que se vuelve silencio cuando no oyen su
pregunta, no la comprenden o no
quieren contestarla.
Su pálida voz atormentada arde interiormente, diríase que en
cada poema hay un tono calmado
y una profunda llama que lo consume todo, dualidad asombrosa v
auténticamente genuina acrisolada en su expresión, frío sudor y
fiebre, garganta seca, grito uniforme que se acerca, que nos toca, que se pierde . . .
.

núedo, destrucción, muerte. Mie- espontáneos, aislados; el poeta, a
do que ya no es miedo porque se más de ese su sentir peculiar y su
ha vivido "desde todos los siglos", pensar profundo, domina la paladestrucción c1ue está ahí, minan- bra, ha llegado a hacer suyo el
y un lenguaj e transparente
do las cosas, muerte que "es cón- verso,
v certero envuelve su obra en
cava y oscura y tibia y silenciosa" contraste con su tema oscuro V
y que nos acompaña siempre co- apagado. El verso ágil del "Nocmo la más fiel amiga. Estos tres turno en que Habla la Muerte"
cont_enidos trascienden la obra
"escondioa en un hueco de mi ropa en la maleta.
e~ el bolsillo de uno de mis trajes,
entre las páginas de un libro
como la .•."

EL poETA ]] E
.

_

"la luz hace mas honda la mina del silencio"

o en la "Nocturna Rosa"
"la rosa de rosadas uñas,
la rosa yema de los dedos ávidos,
la rosa digital,
la rosa ciega."

O esa manera suya de describir
en tres versos situaciones complicadas como en su "Nostalgia de
la Nieve"

-

"Todos hemos pensado alguna vez
o alguien -yo mismo- lo piensa ahora
por quienes no saben que un día lo pensaron ya,"

... "noche que ya no es noche
junto a tu cuerpo mas muerto que muerto
que no es tu cuerpo ya sino su hueco
porque la ausencia de tu sueño ha matado a la muerte"

la paradoja, ese unir los contrarios, esa débil muerte que se muere, esas cosas que siguen siendo
sin serlo ya, lo que son, nos acompañan a lo largo de "Nocturno
Amor" en un crescendo sólo presentido, que no se cumple, que no
llega, todo es un deslizarse serenamente complicado, sin comas,
que no las necesita, sin explosiones, que todo él es, esa cólera suya
"amarilla de incendio en mitad de la noche"

siempre equilibrada, directa y
vertical.
Es "Nocturno Amor" uno de los
poemas mas característicos de Villaurrutia. En él, ese tono uniforme y maduro tan propio, da cuerpo de contorno claro a la emoción derrotada, esa su emoción
que se nos vuelve angustia del
deshaucio, soledad, como en su
"Muerte en el frío"

nos sorprende con la imagen inesperada, con la vibración saltarina
y burlona de esa muerte escurridiza que se repliega en todas partes, con esa intensidad medida de
las voces que parecen decirse a sí
mismas. Otras veces, mas que palabras hallamos pinceladas como
en su "Nocturno"

Dibujo de J. Moreno \'lila

LA MUERTE

Existe, sin embargo, por encima de todo un equilibrio, no se
piense que el poeta se agota en el
virtuosismo de la técnica, por el
contrario, su poesía es el fruto de
la conjugación de la palabra brillante v el tema sombrío, de la
serenidad de sus conjuntos y el
estremecimiento medular de sus
renglones. Solo en escasos momentos de "Nostalgia de la Muerte" el poema. se pierde en el juego retórico de su "North Carolina
Blues" o en el ri~or técnico de su
"Décima Muerte' , el poeta es auténtico en los d emás, vive su
muerte valientemente solo, separado del mundo por su sensibilidad y cerca del dolor del hombre
en su dramatismo.

Por Arturo CANTU

Escuchemos su verso
En estos poemas como en la
mayoría de los de "Nostalgia de
la Muerte" flota su miedo

del poeta, son su tema, su metáfora, su imagen, su misma forma
de escribir, opaca, enferma.

"El miedo de no ser sino un cuerpo vacío
que alguien, yo mismo o cualquier otro, puede ocupa!''

Pero todos estos logros de la
poesía de Villaurrutia no brotan

"siento que estoy en el invierno frío,
en el invierno eterno
qui' congela la sangre en las arterias,
que seca las palabras amarillas,
que paraliza el sueño,
que pone una mordaza de hielo a nuestra boca
y dibuja las cosas con una línea dura."

�Un Cuento de Julián Gállego

La MáqÚína

.

de

ver Exposícíones

El IJoctor José Bernardino Cantú
/

Maestro del Seminario de Monterrey
Por Israel CAVAZOS GARZA

A Jorge Rangel Guerra

U1as

' NA de
cosas que
a Jllme. Drole
hicieron pensar que su rnarido era tonto, fué su mutísmo en las
exposiciones.
A Mme. Drole
le encantaba
visitar exposiciones y hacia
que la acompañase su marido. Monsieur
Drole accedía
inmediatam~nte. Este
confor~ismo
incondicional
a todos sus
proyectos era
una de las razones en que
su mujer basaba su convicción des&lt;leñosa; y sin
embargo esta
engañosa apariencia encubria una gran

-

.

discreción,
1

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1

,

pues, tras los
primeros meses del matrimonio, l\lonsieur Drole
llegó a la con•
clusión de que
si quería gozar en la vida, ya que no
de felicidad
-pues esta
conclusión fué
anteriorcuando me•
nos de tran•
quilidad, n o
había de discutir las decisiones de su
mujer, sino
aceptarlas inmediatamente. De estemodo, muchas
veces no se
llevaban á cabo, perdido su
interés dialéctico por ]a aquiescencia
del esposo; y aún cuando se realizaban, se había evitado un sinfín de escenas desagradables.
Pues bien, cuando el matrimonio
Drole llegaba a la exposición, mientras
la señora sentía su lengua arrebatada
en una especie de delirio de pala_b ras
exquisitas y acumulaba sus juicios sobre las obras expuestas con la misma
decisión y resultado que el sepulturero la tierra, el marido callaba, a pesar
de las preguntas, de las indirectas, de
los gritos, de las recriminaciones de
su docta mujer. ¿Miraba los cuadros,
sencillamente? Ella hubiera jurado que
no. Parecía estar lejos, muy lejos, con
su tripita, su calva, su bigotín, en un
país de enanitos, con ]os ojos como
dormidos en las hamacas de los párpados inferiores. Plantado ante el cua-

Pág. 2

dro que su mujer elegía, o ante una estatua o ante 1.m plato, era igual, parecía escuchar más que ver. Para sus
experiencias, la calidad de la obra artística era un factor secundario.
Ello parecerá ·uria nueva muestra de
su deficiencia mental. Aparentemente,
a las exposiciones se va a ver y a los
conciertos a oír. Apariencia engañosa,
sin embargo, prejuicio del que, de una
vez, hemos de prescindir; el éxito de
muchos concertistas prueba que mucha gente va a los conciertos a ver.
¿ Porqué entonces no puede ese.u ch ar se
en las exposicfollCs? Monsieur Drole
lo hacía concienzudamente, como pue~
de verse más tarde; escuchaba a su
mujer, en primer lugar; y en los instantes. que callaba;á l'cis (o fas) deinás.
Ella apreciaba 'éSta' átención, peÍ'o 'la
'
'
encontraba demasiado'' muda. Hubiera

querido una respuesta, un comentario
que diera posibilidad de discusión, de
batalla, de victoria, de anonadamiento
marital. Por eso atacaba por sorpresa,
cuando veía ]a expresión de su esposo
más indefensa.
- Bien, ¿qué te parece? Nunca d3s
tu opinión.
-Ah ... - balbucía él, como si despertara.- Tú ya sabes ... , Estoy de
acuerdo contigo.
-Pero si no he dicho aún nada
- protestaba ella.
-Lo dirás, lo dirás .. . -aseguraba
calmoso Monsieur Drole antes de refugiarse en su mutismo. Y era verdad;
porque, en principio. Madame Drole
decidía callarse, para dem_ostrar a ese
tonto de marido que se equivocaba,
que con ella no era fácil acertar. Pero
al cabo de unos minutos de silencio
empezaba a sentir temblores en la lengua y era inútil que tratara de sujetarla. A todas las damas que acudían a
ver exposiciones -Y mucho más en
día de inauguración- les sucedía lo
mismo: como por obra del ambiente,
su garganta se abría y comenzaba n
emitir notas. El arte las hacia hablar
como el sol hace cantar a las cigarras.
Dicen que éstas revientan de tanto
cantar, las tardes de sol intenso; estoy
seguro que una dama visitadora de exposiciones tarda mucho más en reventar; resisten Salones interminables sin
el menor trastorno laríngeo.
Tanto le apasionaba escuchar en las
exposiciones, que Monsieur Drole decidió volver a ellas sólo, sin una mujer que pusiera en peligro su ecuanimidad de observador al dispararle a
bocajarro preguntas intempestivas.
Volvió dos, tres veces; pero más tarde
se abandonó, como a un vicio, a esta
deliciosa costumbre de repetir experiencias y acabó yendo todos los días.
El empleado de la puerta lo saludaba
con amabilidad entreverada de conmiseración; porque también él se había
dado cuenta de que Monsieur Drole era
capaz de estarse parado delante de un
cuadro horrible media hora. Lo creyó maniático y acertaba, porque todo
sabio lo es . Pero monsieur Drole estaba bien lejos de pensar que despertaba el menor interés. Sacaba su catálogo -siempre el mismo, el que compraron el primer dia, que ostentaba algunas sentencias lapidarias de mada~
me, tales como "este es el mejor" o "estuve parada delante de este cuadro siete minutos"- y anotaba alguna palabra, más tarde sólo signos, ya que le
1·esultó más cómodo adoptar una especie de taquigrafía, pues las expresiones empleadas por las damas visitantes eran siempre las mismas.
Monsieur Drole registró, apostado
ante un. Picasso, su propio apel1ido
con una frecuencia de 12 veces por
minuto; ante un Nattier, la palabra
exquis diez y siete veces; ante un Monet matinal, la palabra ravissant catorce. Pero en relación con 1fonet, observó algo mejor; conforme un paisaje de
este autor iba acercándose a los estados crepusculares, la frecuencia del
calificativo aumentaba tres veces por
minuto. Por ejemplo: uAcantilados de
Etretat a mediodía", 13 veces. "Campo
de amapolas a las 2 de la tarde", 16 veces. "Vista de Honfleur a las tres de
)·a tarrle''i 19 veces. "La catedral de
Rouen a la puesta del sol", 25 veces.

Esto le permitió formular la ley del
encanto de Monet, que se enuncia así:
La cantidad de veces que un paisaje
de Monet es ravissant está en razón inversa de su proximidad al mediodía.
Como ésta, llegó a formular numerosas leyes que guardaba en su escritorio.
Hasta este momento, sus visitas de
estudio eran posteriores a las que hacía en compañía de su esposa, que le
servía de primer paso y fundamento,
pues Monsieur Drole había descubierto en Madame Drole unas condiciones
excelentes de exactitud calificativa:
palabra que ella empleaba, palabra que
emplearían más tarde las damas espiadas por el sabio. Pero al llegar a este
grado de subida investigación, creyó
que para comprobar la ex.a ctitud de
sus leyes y fórmulas, sería mejor adelantarse, una vez, a su cónyugue. Ello
era difícil, pues Madame Drole concedia una especial importancia a asistir
a las inauguraciones, de manera que
si, por su desgracia, hubiera faltado a
uno de estos acontecimientos mundanos, la exposición correspondiente la
hubiera dejado de interesar. Gracias a
una epidemia de gripe, que la retuvo
en cama, con un genio endiablado, un
dia de vernissage, su marido pudo acudir solo a una nueva exposicíón y anotar, esta vez sin escuchar a nadie, los
adjetivos y la frecuencia que, según
sus experiencias, correspondían a cada una de las obras expuestas. Una vez
curada su mujer fué dificil convencerla de que fuera a la exposición, pues
ella escudaba su desinterés en imaginarias críticas que había leído. Pero
al fin fueron a la sala y Monsieur Drole tuvo el placer divino de que ella
diera a cada cuadro el adjetivo previsto, mientras los juicios de las demás
visitantes alcanzaban la frecuencia por
minuto determinada por las leyes de
Monsieur Drole.
Este pareció, a partir de aquel mo~
mento, haber perdido todo interés por
las exposiciones. La ira de su mujer
se estrellaba ante su obstinación como
el mar se estrella contra los acantilados de una marina con una frecuencia
de 23 morceau de bravoure por minuto. Se encerraba en su cuarto de la
buhardilla, en una chambre de bonne
desocupado cuya llave .guardaba celosamente y no bajaba más que a las horas de las comidas. La calidad de rentista de Monsieur Drole permitía esta
absoluta dedicación a su trabajo. Su
mujer nunca pudo entrar allí, a pesar
de emplear toga la gama de su elo•
cuencia dramálica, del arrullo al ala•
rido. Como muchas esposas, aún las
que visitan exposiciones, tienden a
considerar de un modo simplista la
psicología marital, Madame Drole lle·
gó a la conclusión de que su marido
había dejado de amarla - lo que hahia sucedido muchos años antes- y
de que tenía una querida. Unas medias que descubrió en el bolsillo del
gabán de Monsieur Drnle la llevaron a
la certidumbre; pero la manera indiferente y casi jovial con que el acusado recibió su requisitoria la volvió a
sumir en sus dudas. Por si acaso abrió
su corazón a la portera y le suplicó
que espiase toda entrada o salida mis•
teriosa de su marido o de cualquier
desconocida; pero no descubrió por
Pasa a la Pág. 4

ESAPARECIDO el colegio que los
jesuitas habían establecido en
1714, no hubo en Monterrey, por
muchos afi.os, otro centro de enseñanza superior. Los vecinos acomodados
del Nuevo Reino de León enviaron a
educar a sus hijos a la ciudad de México, Guadalajara o San Miguel el
Grande.

D

Al iniciarse el último tercio del
XVIII, y merced al legado hecho en
1767 por doña Leonor Gómez de Castro, se abrió en el convento de San
Francisco una cátedra de latinidad; y,
años más tarde, las de retórica y filosofía, siguiendo en todo los estatutos
de la Real y Pontificia Universidad de
Jlléxico.
En octubre de 1787, se matriculó en
estas dos últimas materias un jovenzuelo de escasos dieciséis años: José
Bernardino de Sena Cantú. Hecha la
imprescindible información de limpieza de sangre, se supo que era natural del Chipinque (hoy villa del Carmen); que fué bautizado por el Br.
Juan .Francisco de la Garza en la parroquia del valle de las Salinas el 3 de
junio de 1771; que fueron sus padres
el capitán de milicias provinciales don
Antonio Cantú del Rio y la Cerda y
doña Ignacia de Villarreal; y que, por
las líneas paterna y materna, era descendiente de abuelos "cristianos viejos, Jimpips de toda mala generación",
y de los primeros pobladores y conquistadores de este reino.
El curso de retórica lo inició el primero de noviembre de 87, y lo concluyó en primero de mayo del afio siguiente. El de filosofía , lo había iniciado el 18 de octubre del mismo año
de 87, para concluirlo el 20 de abril
de 17D0. Así consta de las certificaciones que le expidió fray Cristóbal Bellido y Fajardo, lector de filosofía,
examinador sinodal y guardián del
convento. Tuvo por maestro en todo
este tiempo al Br. don Juan Paulino
Fernández de Rumayor, oriundo también de las Salinas, "con notable aprovechamiento." Presidió algunas sabatinas y sustentó acto público de conclusiones de lógica, "con aplauso de
los que concurrieron y especial complacencia del lllmo. obispo Dr. don
Rafael José Verger, que asistió a él."
Visto su interés por el estudio, fué
enviado, en 1791, a continuarlos en la

capital de la Nueva España. Estudió
teología escolástica en el colegio de
San Buenaventura de Tlaltelolco, distinguiéndose por su conducta ejemplar
y claro talento, y porque también allí
se lució en las conferencias sabatinas
y rn un acto público que defendió brillantemente. Fray José de Armentia,
guardián regente, 10 nombró vice rector y sustituto de las cátedras de gramática y filosofía.
MAESTRO DEL smIINARIO
Luego &lt;le recibir el grado de bachiller en artes en la Universidad de México, r egresó a Monterrey; justamente
en 1793 en que, "bajo la advocación
de la Gloriosísima Asunción de Ntra.
Sra. y San Antonio de Padua", el obispo de Llanos y Valdés fundaba el Real
y Tridentino Seminario de esta ciudad. El ilustre prelado Jo nombró catedrático de rnínimos ·y menores, y, el
14 de octubre de 1795, de filosofía ;
"cuyos empleos desempeñó con esplendor".
Presentó numerosos _estudiantes a
exámenes y a defender actos públicos.
Contó entre sus discipulos a Servando
Teresa de Mier, Miguel Ramos Ariz_()e
y otras figuras prominentes de la Independencia. Durante su magisterio,
dijo dos oraciones latinas; el día de
San Lucas, por la apertura de las aulas, y la otra al iniciarse el curso de
artes. Fué muy elogiado también por
]a muy "completa y agradable" que
pronunció en la distribución de lugares, al terminar este último curso.
Recibidas todas las órdenes sagradas el mismo Sr. de Llanos y Valdés
le expidió, en 31 de enero de 1798, titulo de sacristán mayor interino de la ·
parroquia del Saltillo, por muerte de
don Francisco González de la Lastra, y
de que le dió posesión, el 21 de febrero siguiente, el cronista Br. don Pedro
Fuentes, Cura y vicario de aquella Yi11a. Se le encomendó la vicaría y juzgado eclesiástico in capite de los valles del Pilón y la Mota (hoy Montemore1os y Gral. Terán , respectivamente), por nombramiento de 22 de abril
ele 1iDD. Su labor de cinco años y un
mes al frente de este cura~o, fué admirable. Además de la obra material
de la parroquia y de la donación de
una custodia, hecha de su propio pe-

"Presentación de la Dignidad de Tesorero de la Santa Iglesia de Monterrey, al
Canónigo Magistral Don José Bernardino Cant,í". (Folio penúltimo, con la firma de Ferna11do VII). Archivo Ge11eral del Estado de "1. L.

culio, estableció escuelas para hombres, mujeres y ·n iños, "con singular
u,t ilidad de aquella feligresía''.
DOCTOR Y CANONIGO
Siendo cura del Pilón hizo viaje a
Guadalajara, a fin de doctorarse. El 2G
de septiembre de 1802 recibió, en efecto, las albas insignias· doctorales, qu e
le fueron impuestas por el M. J. Sr.
canciller don Juan José Moreno, en solemne ceremonia efectuada en el templo de Sto. Tomás de Aquino, anexo a
la Universidad. El grado se le otorgó
con la aprobación de todos los doctores nemine discrepante; despacbándose1e título al dia siguiente, signado por
el secretario don José Santiago Alcocer.

El convento de San. Francisco, ya desaparecido, en el cual estudió don Bernardi110 Cantú las cátedras de filosofía y retórica. (Foto Sa11doval, 1896)

Nuevamente en Monterrey, participó en el concurso a curatos que celebró el Illmo. obispo l\larin de Porras.
Puesto en primer término en la terna
para el del valle del Huajuco, el virrey
José de Iturrigaray lo eligió, en 4 de
mayo de 1804, beneficiado de esta pa-

rroquia, la cual tuvo a su cargo durante tres años cinco meses.
En el mismo año, fué propuesto al
rey para la canongia magistral. La
concesión de esta gracia apareció publicada en el No. 81 de la Gaceta de
Madrícl de 8 de octubre de 1805, junto
con la canongía penitenciaria, otorgada al Dr. Juan José de la Garza, cura
del Sagrario, y la de lectora! al Dr.
Domingo de Ugarte. El 29 de septiem•
bre de 1807, previa la finaza del pago
de media anata que dió don Vicente
Parás Pereda, le dió posesión el Dr.
Juan Isidro Campos, canónigo de gracia, por comisión del prelado.
Brillante orador sagrado, predicó
todos los sermones de cuaresma, panegirices, etc.; sirviendo asimismo los
oficios de juez hacedor, por tres años;
dos el de clavero y ocho el de exami•
nador sinodal; hasta 1817.
El 23 de febrero ·de este año, el presidente y cabildo gobernador sede vacante lo recomendó nuevamente al
monarca, quien, por real orden de 5

Pág. 3

�La Máquina de ver. ..
Sigue de la Pág. 2

lllmo. y Rumo. Sr. Dr. Dn. Andrés Ambrosio de Llanos ,Y Valdés, te_rcer obispo
del Nuevo Reino de León; fundador del Real y Tridentino Sennnar,o de Monterrey, en 1793.

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11

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de noviembre de 1819, lo presentó para dignidad tesorero de la catedral de
Monterrey. El Illmo. obispo don José
Ignacio de Arancibia, comisionó al Dr.
Lobo Guerrero, en abril de 1820, para
que Je confiriera la colación.
EL POLITICO
En la relación de méritos de 1817,
se expresa que era el doctor Cantú
" ... un sacerdote de vida muy ajustada, 'de instrucción, juicio y probidad;
sin haber sido jamás corregido por
ningún tribunal eclesiástico, ni haberse ingerido en el inicuo partido de la
revolución."
Es constante, sin embargo que, desde antes de 1821, fué el doctor Cantú
ferviente partidario de la Independencia. A él encargó el padre Mier la
prensa que Arredondo le quitó en Soto la Marina, al ser aprehendido el 16
de junio de 1817, y que, años más tarde, recuperó el ilustre dominico.
Electo el Dr. Cantú individuo de la

Exma. Diputación de las Provincias
Internas de Oriente, mantuvo continua
corfespondencia con su antiguo discípulo y amigo el padre Mier, imponiendole de la situación política del Nuevo Reino de León; y fueron tan eminentes sus servicios que el Ministerio
de Relaciones proyectó hacerlo obispo
de Monterrey.
Tal fué el doctor don José Bernardino Cantú, uno de los primeros maestros del Seminario de Monterrey. De
su caJiongía magistral fué elevado, en
1831, a ta dignidad de deán de la catedral de Monterrey, donde murió.
BIBLIOGRAFIA,

MS. Documentos del Dr. 1Jcrnardino Cantú.

Archivo Gral. del Estado de Nue,·o León.
Año de 1909. Exp. 13.
HECTOR GONZALEZ: Slgio y Medio de Cultura !\'uevoleonesa. Ed. Botas. México, 1946.
DAVID ALBERTO COSSIO: llisloria de Nuevo
León. Ed. J. Cantti Leal. Monterrey, 1925.
(Vol. IV).

J. ELEUTEnIO GONZALEZ: Apuntes para la
llistoria Eclesiástica ... (del) Obispado de
Linares ... ". Monterey. Tip. Relig. de J. Chávez. 1877.

este conducto sino algunas llegadas de
Monsieur Drole procedente del Marché
aux Puces, trayendo algún objeto extravagante pero inofensivo que desaparecía en el cuarto del secreto. Hasta la puerta subió a escuchar Madame
Drole; pero como en lugar de los arrullos que temía, no oyó sino martillazos
y canturreas de su maridoJ que siempre babia odiado el canto, lo creyó
loco y desde entonces lo trató con
afectuosa conmiseración.
Pasaron catorce meses en esta situación embarazoza y Madame Drole hubiera pedido el diyorcio si no fuera
porque a su primera insinuación su
marido pareció tan conforme como
antaño con acompañarla a las exposiciones. Se acercaba la fecha de la
ináuguración de una, titulada "Temas
literarios en la Pintura Francesa desde el siglo XV a nuestros días". Por
las noticias de prensa 1 Monsieur Drole
juzgó llegado el momento de actuar, ya
que en esta amplísima exposición había de todo, porque ¿ qué es lo que no
es 1iterario, si nos empeñamos en que
lo sea? Habia desde un retrato muy
malo de Labiche pintado por un amigo suyo a una Venus de Maillol inspirada, según decía el catálogo, en Tcócrito, y desde un florero de Odilón
Hedon cuya condición literaria se basaba en haber pertenecido a Anatole
France, hasta una Artesiana de Van
Gogh quien acaso habia leido la ele
Daudet; es decir, el campo más heterogéneo y adecuado para una demostración como la que Monsieur Drole se
proponía hacer. Ocultando sus proyectos, dijo a su mujer que no podía
acompañarla a la inauguración y Madame Drole se conformó a ir so]a, como una mansa cordera · que se había
vuelto.
Esta condición pecuaria se convirtió en ferocidad leonina cuando vió
entrar en la sala a Monsieur Drole dando el brazo a una dama, bastante más
joven .que ella, vestida de un modo algo extralio, pero con lujo, y apoyada
lánguidamente en su acompañante,
mientras sus ojos desdeñaban posarse
en la asamblea. Madame Drole avanzó,
dispuesta a hacer una escena; pero se
contuvo al ver que muchas damas, antes de lanzarse al embriagador ejercicio

verboso-contemplativo de las pinturas,
examinaban con ojo critico a !a pareja. Por eso, conteniendo su voz, se
acercó por la espalda a su marido y
rozando su hombro con un ademán
lleno de dignidad le dijo:
-Supongo que no tendrás inconveniente en presentarme a Mademoiselle.
Monsieur Drole se -volvió, calmoso;
-Naturalmente que no, Melania. La
señorita es mi hija.- Y antes que su
mujer pudiera hacer un gesto, dando
media vuelta, hizo girar a su compañera, mostrando las sonrosadas y tersas
mejillas de un maniquí de cera.
-Pero, ¿ es una muñeca? -exclamó
boquiabierta la esposa. Y antes que
nada, antes que un alivio de que sus
sospechas de infidelidad fueran injustificadas, antes que dolor por lo que se
revelaba locura de su maridQ, Madame
Drole sintió miedo, el miedo terrible
de que los demás se dieran cuenta, de
que todo eso sucediera alli, en la galería, en medio de la gente de un dia de
inauguración, que ya empezaba a agruparse en torno al extraño trío.
_:_vamos a casa, enseguida -suplicó, más que ordenó, Madarne Drole.
-¿ En este momento glorioso? -clamó exultante Monsieur Drole, Y dejando un momento sola a su pareja
' inanimada, levantó ligeramente el
echarpe que cubria sus hombros y descubrió en la espalda un cuadro de
nrnndosi con Varias esferas en, que delicadas agujas se movían impacient~s,
entre nombres de artistas, de colores,
números .... Nadie había conseguido
ver nada con claridad, cuando llfonsieur Drole, tomando otra vez el brazo
de 5:u maniqui, la hizo avanzar hasta
colocarla ante uno de los cuadros. Monsieur Drole conocía de sobras su invento; dejó caer, pues, la estola hasta
cubrir por completo ese cuadro mágico y metiendo debajo su mano -con
un gesto de amo·r y confianza que reverdeció en el corazón marchito de
~!adame Drole los pasados celos- manejó algunas llaves. Un suave ronroneo se dejó oir y poco después, entre
los labios entreabiertos de la muñeca,
salió una ,,oz ' que pronunció distinta~
mente:

El Canto de los Nibelungos
Por Franz BOUCHSPIES
(CONCLUYE)

UCHOS se han escandalizado pretendiendo que el Nie•
belungenlied es un ejemplo sanguinario de lo que es en
sí la raza germánica llena de odio, crueldad, traición y
venganza. Sin embargo, en Homero, Valmiki o la Bi•
blia, encontramos pasajes tan sangrientos que hacen palidecer el
Canto de los Nibelungos. Los pueblos antiguos entendían de
muy distinta manera la moral y los hechos heróicos.

M

El poema de los Nibelungos tiene
tanta importancia para los pueblos
germánicos como La /liada para los
griegos, el Ramayana para los indostanos, La Cha11son de Roland para los
franceses y El Romancero para los españoles. Goethe mismo ha señalado el
Niebelungenlied como una obra clásica para su pueblo y añadía que el redescubrimiento del poema señalaba un
periodo en la historia de la nación.
En 1 i75 en Hohenems (Suiza) se
descubrió un texto manuscrito completo del Niebelungenlied. Se encontraron después en distintas bibliotecas
de Alemania, de Austria y Suiza, veinticuatro manuscritos en pergaminos
completos o fragmentarios del mismo
poema, anteriores al siglo XV, y diez
y seis manuscritos en pergamino o en
papel, de fecha posterior.
La primera edición crítica del Niebelungenlied, fué la de Lachmann, en
1926, la más acreditada de las versiones al alemán moderno es la de Karl
Simrock, en el metro original publicada un año después.
He aqui fragmentos del texto antiguo comparados con las versiones modernas:
(ALEMA.'I &amp;'!TIGUO)

«l.'ns 1st in alten maeren wunders vil gcseit
von heleden Iobebaeren 1 von gr-:.sser arebeit,

frOuden, hochgeziten, von weinen und
Yon klagen,
von küener rccken stritcn mugct ir nu
wunder boeren sagen.

YOI;

(ALE.\IAN MODERNO)
"\'iel wunderbares melden uns Mf1ren alter Zeil
Yon hochgelobten Helden, YOn Mühsal uud
von Leid,
\'011 froheu Fcstllchkeiten, von wclnen und
von Klugeu,
Yon Kühner Becken Strelten mOgt ihr nuu
Wunder hOrén sagen.
(ESPA~OL)

La~ más antiguas leyendas cuentan muy
grandes portentos,
de p~nas y de aflicdones de los preclaros
guerreros,
festines, llantos, angustias, combates,
guen-as, torneos,
que gratos de escuchar siempre para todos
han de serlo.

Este es el principio del Niebelungenlied, y esto otro es el final:
( ALmIA.'1 ANTIGUO)

t'ne kan iu beschelden was sider da geschach
wan ritter undc vrouwen weinea da such,
dar suo die edeln knehte, ir lieben frlunde tot.
Hic hat das mncrc cine ende :das lst der
Nibclunge not.
(ALE.\IAN MODER:-1O)

Da lag zueinandcr todfcinder lcib,
In stucke zerhauen, kOnig Etzels weib,
Erschlagcn ihre kucchte, freund und feinde tot
lUer hat das Ued ein ende von Kriemhilds not.

Lleva el sello &lt;l e lo autóctono

-Exquis ... exquis ... exquis ... exquis ..•
Y, en efecto, era un Nattier.

(Algunos textos terminan asi :)

Paris. 29-1-54.

Hier hat die Mü.r ein ende: ¡Das ist der
Niebelungen Lled !
(ESPMOL)

NO

Escritor, poeta, critico de arte, y dramatur~
go español, residente desde hace varios años
en Paris. Nació en Zaragoza, el año de 1917.
Estudió Derecho en Madrid y Barcelona, obteniendo la licenciatura, pero sm haber ejercido dicha profesión. Desde muy joven inclinóse por los estudios de arte y por la literatura.
Ha escrito varias obras dranláticas, entre las
que destaca "Fedra", ])remiada en un concurso en su 'ciudad natal. Se encargó de la edición, prólogo y notas de los "Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura'', de
Jusepe Martinez, pintor aragones del siglo
XVII. Ha publicado numerosos
cuentos y poemas; es corresponsal de la revista Goya de Madrid,
colaborador en la Revista de
Ideas Estéticas, en el Seminario
de Arte Aragones y en la B. B.
C. de Londres.
La Máquina de ver exposiciones es uno de sus últimos cuentos, donde se puede apreciar la
fina ironia y el alquitarado buen
gusto de este español conocedor
profundo del ambiente artístico
de la capital francesa.

La esposa. del rey Etzel (Atila) :icuchlllada

yacla
entre nmlgos y enemigos que estaban ahor~
sin vida;
caballeros y criados la muerte encontrado
habían.
y aqui se termina el canto de la pena de
Rrimilda."

o bien:

CIA

¡E!-.te es el Canto de los Nibelungos!

+

Página del manuscrito Canto del. "Niebelungenlied" (Siglo X/I/)

Pág. 4

+

•

Es este poema, con todo lo sanguinario que parece, un monumento de la
lengua alemana, que habla del espíritu germ/rnico en la época de la emigración de los pueblos. Se atribuyó al
poeta Kürenberg, que se cree, fué el
más antiguo de los Minnensinger, de
origen lorenés, suabo o austriaco. La
, 1enganza en los germanos escandinavos recuerda la vendetta de Córcega.
La figura de Sieglried o de Sigurd
(ha sufrido esta transformación: Sigurid, Sigvricl, y Sigfrid) representa al
Hombre que ha logrado vencer a la
Naturaleza y para el que ya no existen
obstáculos una vez que ha aprendido
su lenguaje, o bien 1 venciendo a lo
monstruoso y bestial que lleva en si
representado por Fafner, se convierte
en invencible ·yendo de conquista en
conquista hasta que alcanza la cum-

bre. Puede ser que su punto vulnerable signifique que el hombre más grande y poderoso tiene siempre un punto
débil al que atacan sus enemigos y lo
abaten . .
Todos podemos tener el talón de
Aquiles o el hombro de Sigfrido aunque nos creamos fuertes y seguros.
La funesta maldición de Andvari o
Alberich, y su fabuloso tesoro, representan la codicia humana y las ansias
de dominio y de poder que ensangrenta al mundo.
A favor del movimiento romántico
y del culto a Ossian (cuyos poemas no
tenían el valor auténtico y la antiguedad que les atribuía Mac Pherson), se
dilató la fama del Niebelungenleid. Las
guerras de liberación y el odio a Napoleón exaltaron como era natural el
nacionalismo alemán; una consecuencia fue la reimpresión del Niebelungenlied en una edición económica para soldados.
Scbopenbauer y Federico II de Prusia, enemigos de todo lo nacional, tra•
taron con desprecio el poema, pero en
cambio, muchos de los grandes poetas
alemanes lo tomaron como fuente de
inspiració'n como el Barón Karl Friedrich von La Motte-Fouqué que escribió un drama llamado "El Héroe del
Norte" cuyo manuscrito se ha perdido. Raupach, Geibel, Wilhelm Jordan,
Friedricb Hebbel y otros, han seguido
los pasos de Fouque siendo el más celebre Hebbel, que escribió una triloPasa a la Pág. 6

Pág. 5

•

�ES
Sigue de la Pág. 8

dos imperativos en cierto modo contradictorios: esencialidad y temporalidad. El pensamiento lógico y formal
es destemporalizador. Cuando se piensa lógicamente queda abolido el tiempo.

LA

POESIA?

rer". Un valor afectivo sentido en sn
pureza abstracta, separado de las causas que lo han producido, viene a caracterizar el estado de alma poético.
Jean Hytier solia decir -y ahora lo
podemos comprender con plenitud de
sentido- que la poesía es una metafísica del sentimiento.

lo que en derredor tiene, lo concreto
y lo vivo, con mayor fuerza que lo lejano y lo abstracto, será cualquiera
cosa, pero poeta no". Quiere Unamuno que nos elevemos de lo circunscrito
y temporal, a 1o universal y eterno.
"Eternismo y no modernismo es lo que
quiero; no modernismo, que será anticuado de aquí a diez años cuando la

Pero al poeta no le ,is dado pensar
fuera del tiempo absolutamente nada.
Por ello se sentia el autor de "Campos de Castilla" en desacuerdo con esa
lírica dominante, intelectual más que
emotiva. ''Ni ha contado jamás el intelecto, ni es su misión hacerlo. Debe,
no obstante, apuntar a la poesía su
imperativo de "esencialidad". Pero las
ideas del poeta no son categorías formales, cápsulas lógicas, sino directas
intuiciones del ser que deviene, de s.u
propio existir; ... inquietud, angustia,
temores, resignación, esperanza, impaciencia que el poeta canta, son signo
del tiempo y, al par, revelaciones del
ser en 1a conciencia humana".
No es la comprensión de un suceso
o de una situación lo que nos produce
el estado de alma poético, sino el valor directo de todos los elementos que
nos causan esa pura fruición de sentir
y de percibir. Poco nos importa
-cuando estamos en trance poético~el encadenamiento de las causas y de
los esfuerzos hechos para acelerar o
retrasar los acontecimientos. Sólo los
valores de la afectividad y de la sensibilidad son los que cuentan; sólo la
pureza de corazón nos hace vibrar al
unísono con el poeta.

•

Razón y voluntad deben ser relegadas a un segundo plano para poder alcanzar lo poético. Es preciso vaciar
nuestro ser y dejarlo disponible, ente•
ramente receptivo, para que nos invada el misterio de la poesía y nos abandonemos al imperio del sentir.
Robert Salmon acuñó en una fórmula breve y contundente toda la Ol!!!ncia
de la poesía: "presentación de un valor sentimental, sensual o sensorial, en
estado abstracto, separado de su soporte natural y, por esta razón, separado de todo esfuerzo de saber y de que-

1

1

Pág. 6

La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, cent.r os culturales, sociedades de diversa índole y personas, en
América y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aqui se imprimen figura nuestro mensuario "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha estab]ecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente apa•
recidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletin arriba mencionado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento cientifico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se 'complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nueyo
León, solicitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidá.s en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.

CURSOS
L Departamento de Acción Social
de la Universidad de Nuevo León
organizó los V Cursos de Invierno, en los que tomaron parte distinguidos hombres de letras mexicanos y el
Grupo Teatral Universitario bajo la dirección del Lic. Sergio Garza Zambrano.

E

La Señal que se Espera, pieza ea 3 actosi original de Antonio Buero Vallejo

"ARMAS Y LETRAS",
Universidad de Nuevo León,

z

Plaza del Colegio ·Civil,

Dondequiera que exista un hombre
que aguce sus sentidos y sus sentimien-

tos puede brotar la poesía. Allí donde
haya valores afectivos y sensoriales,
emancipados de las causas que les dieron origen y plenamente libres para
jugar consigo mismos, alli habrá poesia.
·
Cuenta Unamuno que, en cierta ocasión, le rtccia el gran poeta portugués
Guerra JmH¡ueiro: "Un pensador, un
filósofo, un sociólogo, puede no ser
patrioia; pero un poeta, si no siente

Monterrey, Nuevo León,
México.
moda pase". En el seno de nuestro re•
cinto, de nuestro pais y de nuestrn
época, hay que bucear para aprehender lo eterno. Machado y Unamuno
coinciden en la pretensión de dar en
sus versos algo substancial suyo. Ambos piden a la poesía densidad y honda conmoción humana . Más que mu~
sicalidad quieren hondas resonancias.
Dios y tonalidad del universo, provocación para atrapar lo inasible ...
¡Poesía: fiesta ·de la imaginación 1
¡Poesía: fiesta del sentimiento!

Con la satisfacción de haber señalado en las breves lineas que anteceden la reso:ución de una urgencia inherente a la cultura moderna, y esperando recibir en breve de ustedes el
aliento a esta sugerencia, la Universidad de Nuevo, León les testimonia las
vivas expresiones de su más alto reconocimiento.

rn

El poeta Octavio Paz, autor de Libtr•
lad bajo Palabra, El Laberinto de la
Sociedad y Semillas para un Himno,
dictó cinco conferencias bajo el tema
general de "La Creación Poética".

Los envíos deben haCerse a:

EL CANTO DE LOS NIBELUNCOS
Sig11e de la Pág. 6
gia dramática, "Los Nibelungos", de
fama mundial.
El poeta noruego Henrik Ibse.n, inspiróse también en el relato de la Edda
al escribir su drama ºLos héroes de
Helgoland", cuyo héroe también se
llama Sigurd y ha conquistado la mujer para un rey Uamado Gunnar, principio de todos sus conflictos.
Mundialmente célebre es la tetralogía musical de Ricardo Wagner, uEl
anillo del Nibelungo", en los que sintetiza elementos de la Edda y de
·ebelllngenlied, para pasarla por alto.
Treinta y nueve cantos que 11evan el
nombre de aventiuren, forman el Niebelungenlied. Cada estrofa consta de
cuatro versos largos (langzeilen); las
rimas son pareadas; hay a veces, rima
interior.
En el siglo XIII en que toda Europa
imitara a Francia, incluso Alemania,
alin en su poesía que los trovadores
provenzales hicieron célebre, surge este documento germánico como único

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE

+

+ +

"El Porfiriato y la Revolución Mexicana", fué el título de las conferencias
que _sustentó el distingufdo historiador
Lic. D. Daniel Cossio Villegas.

rmasy

ETR

Organo Mensual de la Universidad
baluarte de lo nacional y como una siglo XIII y parece desarrollarse en el
de Nuevo León
justa protesta contra los que trataban ambiente caballeresco de la época. Sin
B.egistrado como artículo de 2a, Clase en la
de encadenar el avance de la cultura embargo, la Saga Volsunga da la imAdmón. de Correos de Monterrey, N. L., el
alemana a un elemento contrario al es- presión de una antiguedad remota y
20 de Abril de 1944.
píritu germit.Iiico. El culto a Roma.
de haberse concebido en pleno paga"E! Canto de los Nibelungos" lleva nismo.
INDICADOR:
impreso el sello de lo autóctono, de lo
Wagner ha dado al sentido de "Los
~olaboradores
puramente alemán y comienza a ser de Níbelungos 1' , una nueva interpfetación.
Raúl Rangel Frías
raíz nacional ... " nos dice Johannes · La lucha por la soberanía del mmÍFidencio de la Fuente
Haller. Es notable que aunque el Nie- do es librada mortalmente entre dioFrancisco
M. Zertuche
belungenlied y la Saga Volsunga se de- ses y hombres. Es necesario un héroe
Cenara
Salinas
Quiroga
rivan ele Ja misma fuente, el poema colosal para acabar con esta disputa
alem3n es anterior al escandinavo y erigirse en el amo y señor de homArturo Cantú S.
puesto que aquel fué escrito a princi- bres y dioses, pero es necesario que
Homero A. Garza
pios del siglo XIII y éste a mediados este héroe renuncie al amor o su poAlfonso Rangel Guerra
del misnío.
.
der 1~ será funesto. Cuando la traición
Guillermo Cerda G.
La muerte de Siegfried recuerda el y la envidia de los hombres abate y
Jorge Rangel Guerra
fin de Helgi, el hijo de Sigmund y la para siempre al héroe elegido, el muo- .
Manuel Morales
del dios Baldur, y aún en la historia do se desploma estruendosamente una
de Hermano el Querusco y de Sigbert vez destruida la única columna que lo
Director
el príncipe franco, unido en matrimo- sostenía arrastrando a los dioses en
Lic. Fidencio de la Fuente
nio a Brunequilda, Ja princesa goda su caída y hundiéndose para siempre
que fué célebre por su rivalidad con .en la desesperación sin redención y en
Oficinas
Fredegunda, la amante del rey de la angustia tenebrosa. Así lo anuncia
Washington y Colegio Civil
Francia.
el Gottesdammerung o Crepúsculo de
Monterrey, Nuevo León
El Niebelungenlied lleva el sello del los Dioses ...
MEXICO

Otro aspecto de la obra presentada por el Teatro Universitario, en la que participaron Sergio Garza Zambrano, l\tariluz Gutiérrez, José García Tenorio, Rogelio
Quiroga, Anselmo González Zambrano y Florinda Flores.

+

+ +

"La Estética del Arte Indígena" se tituló el Cursillo que nos ofreció el eminente
,crítico de arte Justino Fernández, que acaba de publicar en las prensas universitarias de la ciudad de illéxico su libro "Coatlicue, Estética del Arte Indigena
Antiguo".

ºEl Teatro como Expresión Espiritual", "Los Caminos del Teatro Mexi•
cano" y uLos Nuevos Autores", son los
tilulos de las tres conferencias que dictó el dramaturgo mexicano Sergio Magaña.

Pág. 7

�ti

UE ES LA POESIA?

♦

¿

Intento de Aproximación a su Esencia

Dr .. Agustín BASAVE FERNANDEZ DEL VALLE.
"Poesia, podríamos decir, es hoy como el recuerdo infantH de un mllndo soñado entre
sueños, en el lecho desencantado de la propia
vista que apenas nos deja hablar con Dios a
fuerza de aho~ar entre gritos la palabra sagrada dé los cielos".
Adolfo l\luñoz Alonso.

I
E aquí dos actitudes irreductibles: 1) apoderarse discursivamente de la substancia poética
con el propósito de analizarla y desentrañar sus procedimientos; 2) vivir la
virginal esencia de la poesía por la vía
cordial, sin que la razón hunda en ella
su garra. Se puede tener una vivencia
que nos haga vibrar al unisono con el
poeta, o se puede teorizar acerca de la
esencia de la poesía. Lo que resulta
realmente imposible es hacer ambas
cosas a la vez.

H

Sabemos que en un libro reciente
-"Teoría de la Expresión Poética"Carlos Bousoño explica qu, la labor
poética consiste en Modificar la Lengua; el poeta ha de trastornar la significación de los signos o las relaciones
entre los signos de la lengua, porque
esta modificación es condición necesaria de la poesía. ¿Razones? Piensa
Bousoño que los contenidos psíquicos
-perfect amente individualizadosson únicos en la intensidad de sus elementos afectivos, en la nitidez de sus
percepciones sensoriales y en la complejidad sintética de su conjunto. La
lengua, en cambio, no puede aludir individualmente a las cosas ni manifestar sintéticamente lo que las realida·des tienen de complejas ... Por otra
J:&gt;arte, la lengua, con su carácter analítico, falsea la expresión completa y
justa de los contenidos anímicos. Resultado: para hac~r de la lengua un
instrumento poético es preciso hacerle
sufrir una transformación. Valiéndose
de Procedimientos, el poeta ha de someterla a una serie sucesiva de cambios, a los que llamaremos Substitucio-

nes.

1

I .!

Más allá de esa estructura externa,
material o expresiYa -como la estudiada por C. Bouso1io- , está la estructura interna espiritual. Sólo cuando
se dan chispazos metafísicos del sentimiento, los versos llevan el nombre de
poema. La configuración del poema
consta de materia y forma. Aquello
que el poema expresa -próxima o remotamente- es su materia. Pero la
poesía, si lo es auténticamente, debe
ser la conformación poética de su materia -asunto o tema- que no se da
cabalmente sino por la belleza de los
sentimientos llevados a un grado de
obstrucción.

matemático, el término del lógico, sino
una espiritualización del objeto mismo, mejorado en su substancia, enriquecido en el contenido. Un concreto
material que se eleva - vasconcelianamente hablando- a la categoría de
concreto de espíritu. El poeta añade
conteniao a la forma, la preña (opus
cit.).

La poesía no es producto de la voCon sólo el metro, el ritmo y la ri- luntad del poeta ni valor "nacido por
ma, no se tiene la poesía. Son éstos ,,si mismo". Nuestro fray Luis de León
los elementos de la estructura externa lo dejó dicho: "Poesia no es sino una
que, sin la entraña, quedarían reduci- . comunicación del aliento celestial y
dos a mera cáscara vacía.
divino". La gracia de la inspiración
es primero, la respuesta que ofrece el
Aunque nunca haya hecho versos, José poeta viene después.
Vasconcelos es un enorme poeta. Poesía
mayor es la suya que por iluminaciones
Cuando el poeta supera el sentimienmisteriosas y súbitas incorpora los ob- to real concreto y canta lo emotivo
jetos y las pasiones a un ritmo de sen- universal, pone en juego algo más que
tido espiritual. "La poesía --expresa la razón o, por lo menos, algo diferenVasconcelos- es aquella parte del ar- te: la simbolación sensitiva. Aunque su
te que por medio de las palabras y el conmoción íntima y personalísima sea
ritmo ensaya transmutar lo real en lo intransferible, nos comunica su estado
divino. La palabra es la plástica del y el fruto de su inspiración. Porque
poeta y La Poesía es la Música del la poesía posee, como virtud primaria,
Amor, así como el amor es el modo de el don del contagio. El poeta es - cola existencia divina" ("Estética"). La mo lo quería Platón- un endiosado,
imagen del poeta no es el signo del un arrebatado.

Pág. 8

Recreación mágica y virginal: rodeo inesperado que nos sitúa ante "El
dorso nunca visto del objeto de siempre (Ortega y Gasset), el misterio de
la poesía -siempre viejo y siempre
nuevo- se renueva sin cesar:

nos, ponerlo en un estado crepuscular
propenso a repre·s entarse las palabras
con una intensidad que raya en la alucinación. Por eso ocúrresenos ·decir
que el ritmo es un elemento pre-poético, preparatorio.

"¡Poesía, rocío
de cada aurora, hijo
de cada noche; fresca, pura
verdad de las estrellas últimas,
sobre la verdad tierna
de las primeras flores!
Rocío, poesía;
caída matinal del cielo al mundo!"

Con pura música verbal no se hace
poesía. Hay textos sumamente musicaies que nadie se atrevería a llamarlos poéticos. Los ejemplos abundan.
Hay muchos poemas que. traducidos a
otro idioma perderían, probablemente,
su musicalidad, pero conservarían, no
obstante, su garra poética.

II
No tiene razón Valéry al poner en
primer plano de lo poético el ritmo y
la sonoridad, como no la tiene tampoco Bremond al reducir la poesia a una
música verbal.
El ritmo no es, precisamente, lo que
produce la impresión de lo poético.
Sirve, eso sí, para adormecernos y
prepararnos a las sugestiones de la
poesía. Eastman advierte que la función propia del ritmo es, esencialmente, hipnotizar al lector o, por lo me-

Pensaba Antonio Machado que el elemento poético no era la palabra por su
valor fónico, ni el color, ni la línea. ni
un complejo de sensaciones, sino una
honda palpitación del espíritu; lo que
pone el alma con voz propia en respuesta animada al contacto del mundo ... Los universales del sentimiento,
los ecos inertes, pueden sorprenderse
mirand_o hacia dentro, en un intimo
monólogo.
Al poeta se le plantean -como genialmente apunta Antonio Machado-

Pasa a la Pág. 6

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                  <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>Es una publicación trimestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Editorial Universitaria. En las páginas principales de Armas y Letras se incluyen textos literarios, particularmente poesía, narrativa y ensayo, de escritores destacados de la localidad, nacionales e internacionales. Inició en 1944 de manera mensual, se mantiene activa en soporte físico y digital.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>ONSO
·LEO

ES
ID

L eminente escritor cubano Félix
Lizaso, leyendo cierta nota que
aparece en los proemios de la
Obra Poética -volumen publicado en 1952 por Alfonso Reyes-- cayó en
la cuenta de que el poeta y humanista
regiomontanopresentó su primera obra
literaria (tres sonetos llamados Duda),
en El Espectador de Monterrey, el 28 de
noviembre de 1905. Es decir, que Reyes
celebrará el 28 de noviembre de 1955
sus bodas de oro con la pluma.
El Sr. Lizaso escribió entonces un artículo en El Mundo de La Habana, 24 de
Agosto de 1954, proponiendo que se
hiciera a Reyes, con ese motivo, un homenaje continental. Apoyaron desde
luego la idea otros escritores: Jorge Mañach, en el Diario de la Marina (La Habana, 25 de agosto y 8 de septiembre de
1954); Rafael Marquina (Información,
La Habana, 26 de agosto de 1954); José
María Chacón l Calvo ("Alfonso Reyes
en Madrid" y 'Alfonso Reyes en la diplomacia", Diario de la Marina, La Habana, fines de septiembre del propio
año); y manifestaron su adhesión inmediata el poeta Mariano Brull, el escritor dominicano Max Henríquez Ureña, el Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de La Habana Sr. Salvador
Massip, y la Dra. Blanca Dopico y el Sr.
José Russinyol, de la Cátedra de Literatura Española e Historia de las Literaturas Mode1~nas de la Universidad de La
Habana.

tó el Director de la Academia Cubana
Dr. Chacón y Calvo, debía considerarse
como parte de Ja celebración de las bodas de oro literarias de Alfonso Reyes.

Por esos días, el 19 de noviembre próximo pasado, la Academia Cubana de
la Lengua correspondiente de la Española inauguró su curso de 1954-55, siendo el acto principal la lectura de una
conferencia sobre "La obra de Alfonso
Reyes" por el Dr. Raimundo Lazo,
qmen ampliaba así algún trabajo más
breve que ya había presentado meses
atrás en algún centro cultural habanero. Esta conferencia, según lo manifes-

El Sr. Lizaso, autor de la iniciativa,
consideró que México no podía ser ajeno al homenaje propuesto, y entendemos que se ha dirigido en tal sentido al
Lic. Manuel Calvillo, Secretario del Colegio de México, al Prof. Antonio Alatorre -miembro de la misma institución- y al Fondo de Cultura Económica. En el No. 1 de la Gaceta que el Fondo comienza a publicar, aparece, en
efecto, un eco de esta iniciativa, así co-

,.

rmas

mo en la "Danza de los Rostros" del
poeta Alfredo Cardona Peña (Revista
de Revistas, México, 21 de noviembre
de 1954).
Por su parte, D. Alfonso Reyes ha
manifestado que, en el juego de la "gallina ciega", cuando le preguntan:
-"¿Qué quieres, ruido o silencio?"-él
contesta siempre: -"Silencio". Es decir: que no aceptaría, en caso dado, ni
ceremonias, ni banquetes, ni actos públicos; y ha recordado que, cuando los
amigos de un escritor se empeñan en
celebrar su "jubileo", la práctica establecida ya en el mundo literario, por
ser la más cómoda, consiste simplemente en juntar un volumen de celebraciones sobre temas libres (no sobre el escritor en cuestión) y publicarlo con
una concisa dedicatoria. Así, en efecto,
acaban de hacerlo, bajo los auspicios
del Colegio de México, los jóvenes historiadores discípulos de don Silvio Zavala. (En Buenos Aires acaba de celebrar sus bodas de oro el escritor Roberto Giusti, uno de los fundadores de la
revista Nosotros, de feliz memoria, según nos informa don Manuel Pedro
González en sustancioso artículo publicado en Humanismo, México, No. 25 de
noviembre, 1954; pero ignoramos en
qué forma lo habrán festejado los escritores porteños).
Por otra parte, Reyes, con este motivo~ f ué consultado por algunos jóvenes
escritores sobre los orígenes y etapas de
su carrera literaria y sobre los documentos "autobiográficos" que su obra
contiene. Para contestar esta consulta,
don Alfonso Reyes escribió las páginas
que a continuación publicamos.

Año XII No. 2 Febrero de 1955

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

�\

MI VID A
y M I O BRA
'\

el escudo abollar de un gigante
con la 1wnda de un lirio pascual.

.\

En la rosa del juega jugando
encontramos albricias de miel:
iteponaxtle fundido en rabel!
Ya te olvidas del cómo y del cuándo;
ya tu pluma, que goza cantando
como el rui -de la rama- señor,
firma un trino, subraya un color,
y es tu verso, en las ondas sonoras,
pensamiento que roba las horas,
cortesía que pica la flor.

(Respuestas a las preguntas de algunos jóvenes escritores)
ARA BIEN o para mal, yo pertenezco a la literatura mexicana. Hacerme desentendido seria
necedad y no virtud. Además, la suerte me ha encargado de "un señor a quien mis amigos
llaman por mi nombre". Tengo que cuidar de sus asuntos, como tengo que cuidar de mi
casa; tengo que recoger las noticias que a él se refieren: gratas o ingratas, que Dios escogerá
las suyas. ¿A quién le importa? A mi, desde luego, porque me agrada poner orden en mis negocios, cosa del aseo. Además, no ya en mi condición de escritor, sino de hombre, también creo te•
ner derecho a levantar el inventario de mi vida o a dictar mi testamento, y también creo que los
accidentes de mi jornada terrestre pueden ofrecer algún interés. Hay peores manias -¿no es ver•
dad?-y las perdonamos de buena gana. Ayer se me dijo que este anhelo por esclarecer mis ex•
periencias era vanidad; mañana se verá que es historia.
Para mientras llega el día, si ha de llegar, de mis memorias, que aún están a. medio hacer,
quiero adelantar algunas explicaciones. Mi vida puede fácilmente dividirse en etapas según los lugares de mi residencia, y dejando aparte los viajes ocasionales:

P

1

¡

1) Primera etapa en Monterrey. Nací el 17 de mayo de 1889. Fuera de los
veraneos por los alrededores -la Fama, la Leona, San Pedro y San Pablo,
el Mirador-, viví diez años en mi ciudad natal. Primera época del gobierno de mi padre en el Estado de Nuevo
León, Escuela de párvulos y comienzo
de la escuela primaria.
2) Primera etapa en México. En
esta ciudad vine a cumplir los once
años, cuando mi padre ocupó Ja Secretaría de Guerra y Marina. Aquí
acabé los estudios primarios, parte
en el Liceo Francés (Ribera de San
Cosme), parte en
casa bajo la dirección del profesor
Manuel Velásquez
Andrade; y aqui
presenté mi examen de admisión
a Ja Escuela Nacional Preparatoria. Años de 1900
a 1903. De entonces datan los primeros cuadernos
de versos que conservo. Pretendí
abrir un diario en
forma. Mis bermanas profanaron e]
secreto e interrumpí ]a tarea,
indignado. ¿Qué
podía yo contar
elltonces? Todos
los días se repetía
la misma anotaciün, u~o de los
sucesos más importantes de mi
exi·stencia por
aquel tiempo: "Y
torné mi café con
leche, y bastante pan con mantequilla".
3) Segunda etapa en Monterrey.
Vuelvo a mi ciudad cuando mi padre
renuncia a la cartera de Guerra y Marina y nuevamente se hace cargo del
gobierno de Nuevo León, de que se había separado con licencia. Un año y
medio de estudios preparatorios (bachillerato) en et Colegio Civil del Estado: 1903 a 1904.
4) Segunda etapa en México, 1905 a
1913. Escuela Preparatoria, Escuela
de Derecho y grado. De vacaciones en
Monterrey, mi primera página dada a
la publicidad (El Espectador, 28 de
noviembre de 1905): tres sonetos llamados Duda. Mi primer libro: Cuestiones estéticas, es publicado en Ollendorlf, París, 1911. (Poco antes, apare-

Pág. 2

cieron en México mi conferencia sobre Manuel José Othón, folleto de 1910,
y mi conferéncia sobre el paisaje en
la poesía mexicana, foJleto de 1911,
ambas de elaboración muy posterior a
Cuestiones Estéticas). Casado el 17 de
julio de 1911 con Manuela M. de Reyes, nace mi hijo único el 15 de noviembre de 1912. Quedan recuerdos de
esta época literaria (Sociedad de Conferencias, Ateneo de la Juventnd, etc.)
en Pasado inmediato, en algunos fragmentos de La experiencia literaria, en
El testimonio de Juan de Peña, etc.

Poco después de la muerte de mi padre (9 de febrero de 1913), emprendo
mi primer viaje a Europa: Francia y
España. Mi ausencia de México durará once años.
5) Primera etapa en Europa: París,
Julio de 1913 a ocutbre de 1914, fecha
en que me lanzan a España la djsolnción &lt;le la antigua Legadón de México
en Francia y la Guerra No. 1. Recuerdos de París en El cazador; y del viaje de París a Madrid, en -'-'Humbo al
sur" (Las vísperas de España).
6) Madrid, 1914-1924. De esta época
hay recuerdos, sobre todo, en Las vísperas de España, Retratos reales e imaginarios, Simpatías y diferencias, El
Suicida, El Cazador, Calendario, Aquellos días, Burlas literarias (Archivo de
A. R.); y después, en "El reverso de

un libro" (Pasado inmediato), "El revés de una metáfora" (La experiencia
literaria), Los siete sobre Deva, De viva voz, (un par de discursos) etc.
Prácticamente: vida literaria los cinco
primeros años, y vida diplomática los
otros cinco años, como Encargado de
Negocios de México.
7) Regreso a México el 7 de mayo de
1924. Diez días después cumplí 35
años. Dos meses después comencé un
diario en forma, escueto y reducido ·a
datos sobre mi vida y mi trabajo, casi
sin emociones ni ideas. Estimo que me

servirá so]amente como cantera para
las memorias 'futuras .
8) Segunda perm~nencia en París,
como Ministro de México, de diciembre de 1924 hasta principios .de 1927.
9) Regreso a México, y viaje a Buenos Aires, donde permanezco al frente
de nuestra Embajada de julio de 1927
a marzo de 1930. Recuerdos en De viva vo.z, Norte y Sur, etc.
10) Embajador en el Brasil del 16 de
marzo de 1930 hasta mediados de 1930.
Realizo, entre agosto y octubre de
1933, un viaje de servicio al Uruguay,
la Argentina y Chile; concurro a la VII
Conferencia Internacional Americana
en Montevideo (diciembre de 1933) , y
hago un viaje a México entre fines de
1934 y comienzos de 1935. Mi madre
fallece el 6 de diciembre de 1934, en-

contrándome yo a su lado. Recuerdos
en los Romances del Rio de Enero,
Otm voz, Tren de ondas, Ultima Tule,
Norte y Sur, etc.
11) Segunda Embajada en la Argentina, julio de 1936 a diciembre de 1937.
Conferencia lnteramericana de Consolidación de ]a Paz, Buenos Aire$, d~ciembre de 1936.
·
12) Regreso a México en 1938 y
- salvo una visita de servicio al Brasil, de mayo de 1938 a febrero de 1939,
y después viajes ocasionales a los Estados Unidos, a la Habana y a París,
áquí como Presidente de la Delegación
Mexicana a la Primera Asamblea Internacional de ]a Unesco, noviembre a
diciembre de 1946-, me establezco en
México. Predominan en esta etapa
obras de carácter objetivo, en que no
hay lugar a recuerdos personales (La
critica en la Edad Ateniense, La antigua retórica, El deslinde, Letras de la
Nueva Es parid, Junta de sombras, etc.),.
pero entonces se dan a la imprenta
mucl-~as obras qne pertenecen a ]as
etapas anteriores, donde, como se ha
visto, abundan las evocaciones de mi
vida.
En el ,óán de no dejarme tragar por
la materia, he limpiad o mis veredas constantemen•
te, he procurado
día a día que no
se azolven mis canales, he jardinado en lo posible
eso que hoy sellam a mis ¡¡vivencias", dando a cada objeto su sitio
y asignando a· cada documento su
debida clasificación. Llevo, desde 1924, el diario
ya mencionado;
guardo metódica..
mente mi corres~
pondencia (sobre
todo, la que reci- \
bo, pues confi~so
haber perdido
muchas de mis
cartas); publiqué
hace varios años
un mensaje a dos
amigos que) bajo
disfraz humorístico muy mal entendido por la gentuza, trataba de
proponer una posible organización futura de mis publicaciones, proyecto ya
abandonado porque Jo cubrió y cegó
el ctecimiento ulterior; dí a ]a prensa.
durante algún tiempo, mi correo Monterl'ey a modo de acompañamiento en
sordina, lo que más tarde y en otra
forma he venido haciendo con los cuadernos de mi Archivo, que son remembranzas en buena parte; reuní mis versos sociales y "de circunstancias" en
Cortesía: también testimonios biográficos; Y, en fin, he comenzado a publicar aqui y allá fragmentos de mis memorias, por si no me fuere dable --oh
Trombosis- 1levarlas a buen término.
Las referencias que acabo de hacer a
mis libros son meros ejemplos: no agotan, ni con mucho, el "material autoPasa a la Pág. 5

Lectura

ALFONSO REYES
Por Alfredo CARDONA PEKIA
ADRE Alfonso, melódico y sabio,
que en tu libro de versos demuestras
cómo deben las formas maestras
mojar pluma, temblar en el labio:
sientan otros amargo resabio
y hagan mueca al román paladino;
mientras corra tu amor cristalino
como un río, al fluír de tu verso,
padre Alfonso, melódico y terso,
seguiremos amando tu vino.

P

Tú nos has regalado, Maestro,
esta ley en un pomo de sales:
contra muros de sombra, cristales;
contra ajenos estilos, el nuestro,
En reir eres músico diestro;
en pensar, un atleta del coro;
eres amo del viejo tesoro
de quemar la verdad en el sueño,
y en el {río es tu voz como un leño
alumbrando las {ábulas de oro.
Pues nos mezclas esencia -tan rara
del Aqueo, don Luis, Mallarmé,
con e'l sol popular del olé
y el tequila de Guadalajara,
bullir vemos la gota preclara
que un sabor nos dará universal.
El pedante dirá: "No está mal" . ..
mas ya hubiera querido el tunante

iCuántos versos al cabo del año
madurados en cestas opimas!
Tú quitaste del polvo las rimas
y mostraste que en nidos de antafw
amanecen alondras hogaño:
aquí están las trescientas y tantas
verdes hojas del libro que cantas:
bosques hacen, jardines, manojos,
y resbalan por ellos los ojos
como el sol matinal en las plantas.
¿poesía, "oscuridad perfecta",?
¿Mar sin playa y aurora sin lampo?
Regresemos al agua del campo,
entre todas la amada dilecta;
y pulsando la clave senecta,
mientras sombra nos hace la umbría,
el mester oficiemos que hacía
don Gonzalo, pasando su triaca
de la Rioja a tu Azul Cuemavaca,
ijoven añoso, verde en el día!
Zoilo hebén, que el acendro desprecia,
oca ruin, aprendiz de retórica,
discriminan tu página dórica.
Va el rumor, el escándalo arrecia . ..
iTempestad en un vaso! La Grecia
no es asunto de resta y d.e suma.
Tu talento deshace la bruma,
y rompiendo sµs pálidas vestes,
hecha un rayo, la hermana de Orestes
se desprende del sol de tu pluma.
Por tu libro, que elogio en un metro
en que dan más espinas las rosas,
junto abril, juventud, mariposas,
y en tu carmen de galas penetro.
La belleza fulgura en tu cetro
como el sol en la ruta de Alonso.
Verso tuyo es durazno que intonso
ha dejado su vello en la fuente,
iy una abeja te liba la frente,
padre sabio, melódico Alfonso!

Pág. 3

�ALFONSO REYES
Por José ALVARADO

I no fuera por ciertas razones, sería posible la formulación. de estas preguntas: ¿Existe Alfon•
so Reyes? ¿No será, por ventura, el mito inventado en una conspiración de humanistas fun•
dadores de una religión de la curiosidad? Porque Alfonso Reyes está en todas partes. Su
huella aparece sobre los rastros de Góngora y los pasos de Mallarmé; en la gran estatua que
muchos hombres siguen levantando a Goethe, está la marca de sus dedos y en la resurrección de

S

los mármoles griegos se advierte el soplo de su espíritu; en los caminos que América recorre ha
puesto flechas para señalar rumbos; el viejo valle de Anáhuac, transparente y dramático, resu'.r•
ge con su aliento; por las rutas oceánicas queda la estela de su nave; "si allá junto a Guadarrama
deja tu amistad señales, junto a Santa Genoveva hay los recuerdos que sabes". Entre los filóso•
fos hay palabras suyas y los historiadores lo hacen camarada; ha puesto más de una lámpara en
las costas de la geografía; rescató secretos de la semántica y disipó nubes sobre la filología; alude
a la física y hace señas a matemáticos y teólogos; abre la puerta de los economistas y deja adver•
tencias en las ventanas de los politicos; penetra en los vericuetos de las
teorías jurídicas y sube a los salones
de la diplomacia. Asciende a los monumentos y hace elegías a las modistas de Paris. En fin, anda hasta en las
cocinas y las bodegas.
Otros dirán: Alfonso Reyes es un capitán que manda soldados a preguntarle secretos al mundo y tiene bajo
sus órdenes a mariscales de la prosa
haciendo libros y mariscales de la
poesía iluminando palabras. Esconde
a un angel prisionero que le alumbra
misterios y mantiene preso a un demonio que le aconseja errores. Un capitán general que es también un dictador: no deja descansar a sus hombres
y muchas ve.ces les roba el sueño y les
dobla la vigilia.
En todo caso, existe la dictadura ·de
Alfonso Reyes. ¿Quién le iba a decir a
don Porfirio Diaz que un hijo de Bernardo Reyes, aquel sobre cuya figura
dejó caer celos ciegos y tardíos, iba a
ser llamado dictador, y nada menos
que .en la Ciudadela?* Alfonso Reyes es
el dictador de las letras mexicanas y
es también su caudillo; cada libro es
una batalla. Sólo que es también el adversario mayor de su propia dictadura: cada nueva página suya, ¡y son tántas todavía!, es un mensaje a los jóvenes. Y quien a ellos se dirije, invita a
la contradicción y enciende el anhelo
de lograr obras mejores. Esto tiene de
revolucionario.
No faltara, tampoco, quien diga: Alfonso Reyes es un monumento y en su
bronce pone destellos el sol de la le- ·
yenda. Y alguno afirmará: es una
montaña, un hecho de la naturaleza
que siempre ha estado alli, ante nosotros y rodeado de nosotros. ¿ Quién, si
no, podría imaginar a la literatura mexicana sin Alfonso Reyes; como quién
puede imaginar al Valle de México sin
la sonrisa del Ixtlacihuatl?
Pero no, Alfonso Reyes es un hombre de este mundo; precisamente de
este mundo, que es decir de este tiempo, de este tiempo en que, como él ·
mismo dice, "el jardín humano se ve
pisoteado por la locura". América le
ha dado los rios de sus sangres y desde América pregunta al cielo y también a la tierra. México le proporcio- .
na el timbre de la voz, la densidad de
la tinta y el leño para el fuego de la
esperanza y la angustia; el universo le
da el viento, la, noches y los dias. Y
todos los hombres el cordial trabajo
de entenderlos. Sus frases lo dicen:
"Pueblo me soy y como buen americano, a falta de líneas patrimoniales
me siento heredero universal . . . Mi
casa es la tierra. Nunca me sentí profundamente extranjero en pueblo alguno ... Soy hermano de muchos hombres y me hablo de tu con gente de varios países . . . La raíz profunda, inconsciente e involuntaria, está en mi
ser americano". Es posible que las
épicas montañas de su regiomontano

*

El texto que aquí se publica fué leído por
su autor en la VI Feria del Libro, en terrenos de La Ciudadela.

Pág. 4

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Dibujo de Jorge Rangel Guerra

valle natal hayan contribuido a la elegancia de su palabra y que el sol vespertino de Monterrey, que pinta de
morado el Cerro de la Silla, le produjera el primer asombro ante los colores. Es un lugar común y acaso resulte aldeano, pero tal vez hace falta decirlo: Si Alfonso Reyes no fuera mexicano, sería otro Alfonso Reyes. Por

algo lleva la X en la frente.
Todavía sin ganar las últimas batallas de la adolescencia, esa "edad en
que hay que suicida_rse o redimirse, y
de la que conservamos, para siempre,
las lágrimas secas en las mejillas", Alfonso Reyes cuenta ya entre los fundadores del Ateneo de la Juventud, los
mismos que años antes empezaron a

reunirse en la redacción de Savia Moderna y se congregaron luego en el taller de Jesús T. Aoevedo para dar vida
a la Sociedad de Conferencias. El Ateneo de la Juventud nace a fines de
t 909 y es uno de tantos anuncios de
Ja Revolución mexicana. "Sentiamos,
dice Pedro Henriquez Ureña, la opresión intelectual, junto con la opresión
politica y económica de que ya se daba cuenta gran parte del pais. Veiamos
que la filosofía oficial era demasiado
sistemática, demasiado definitiva para no equivocarse. Entonces nos lanzamos a leer a todos los filósofos a
quienes el positivismo condenaba como inútiles, desde Platón que fué nuestro mayor maestro, hasta Kant y Schopenhauer ."
Los jóvenes del Ateneo acudieron a
una cita de México. Alfonso Reyes venia de Monterrey; José Vasconcelos,
nacido en Oaxaca babia recorrido el
pais desde las costas de Campeche
hasta los muros ribereños d,e Piedras
Negras; Antonio Caso, hijo de ,úñ ingeniero de caminos, salia de las filas .
de la clase media de la ciudad de •México; Martín Luis Guzmán, hijo de un
oficial pobre, llegaba de una casa modesta; González Peña de Jalisco, Julio
Torri de Saltillo y el dominicano Pedro Henriquez Ureña había cruzado el
mar para ligar su esfuerzo a la hazaña
mexicana. Ninguno de ello~ tenía por
qué haber participado en la huelga de
Cananea, ni en la de Río Blanco; tampoco en el asalto de Las Vacas. Pero
en las tareas intelectuales, su obra tenía puntos de contacto con el Partido
Antirreleccionista y hasta con el Partido Liberal Mexicano. Formaron un
grupo de conspiradores y combatientes contra los cuarteles culturales del
Porfirismo y fueron uno de tantos batallones de la Revolución. Antonio Caso llamó una vez San Francisco I. Madero al mártir de 1913 y en José Vasconcelos empezaba a encenderse la
antorcha que enarboló durante muchos años. Todos contribuyeron al derrumbe del Positivismo y cada uno
dió su golpe al árbol de la dictadura.
Es empequeñecer a la Revolución mexicana privarla de lo que históricamente le corresponde y uno de sus torrentes iniciales, el que llegó a la Escuela Nacional Preparatoria, fué el
que levantó al Ateneo de la Juventud.
Es verdad: los treinta años de paz del
Porfirismo, una paz asentada sobre la
sangre, el llanto y la miseria ' de las
mayorias, permitieron la tranquilidad
suficiente en las bibliotecas para que
los jóvenes del Ateneo buscaran la sabiduria. Es cierto: el silencio nocturno hizo posible que las lámparas de
aquellos mozos ' permanecieran hasta
que las apagaba la luz del día y ellos ,
retiraban los ojos de los textos Platónicos para volverlos, en descanso, hacia la claridad de la mañana. Pero sus.
álmas estuvieron siempre en guerra
contra los cimientos de aquella paz.
Si asi no hubiera sido, no hubieran
fundado, al triunfo de Modero, la Universidad Popular, ni habrían continuado su tarea en medio de todas las
luchas civiles. Los conservadores hicieron pacto con el silencio y no volvieron a hablar hasta muchos años
después y otros se dedicaron al denuesto. El Ateneo, en cambio, dejó salir a algunos de los suyos a la guerra:
Vasconcelos y Martín Luis Guzmán dejaron los libros y fueron a dar hasta
el campo mismo de batalla. Sólo distraidos o necios pueden decir que la
gente del Ateneo volvió la espalda a
México para refugiarse en Grecia.
¿ Desde cuando las lecciones de Sócrates han servido para escapar o dimitir? Platón fué en sus manos instrumento de rebelión y, como en las grandes revoluciones, ellos hicieron que la
luz inextinguible del Agora griega,
acompañara la de las teas insurrectas.
Letra politica, venida desde la misml-

DE MI VIDA
Y MI OBRA
Sigue de la Pág. 2

He intentado, en parte, satisfacer este
anhelo
de un modo irregular y esporábiográfico" derramado en mi obra toda
dico.
Así
en la "Noticia" previa y en las
impregnada de recuerdos. Unos son
recuerdos directos, como en las Me- "Notas bibliográficas" finales del tomorias de Cocina y Bodega, en el "Sa- mo Las vísperas de España; en la "Noludo a los amigos de Buenos Aires" y ticia bibliográfica" que cierra la pri"Juegos Florales de Mazatlán" (discur- mera serie de los Capítulos de literatusos ambos publicados en el tomo De ra espwlola; en "El reverso de un liviua voz); otros son recuerdos implí- bro" (Pasado inmediato) ; en "El recitos en la elaboración literaria, que a vés de un párrafo", ºEl revés de una
veces me he divertido_en descifrar yo metáfora" y hasta "Escritores e impremismo. A esto seria menester añadir sores" (páginas todas que constan en
ciertas Analecta aún no recogidas en La experiencia literaria); en el "Próvolumen, numerosos poemas que res- logo", "Nota", indices de "Poemas omiponden de modo inmediato a algún tidos" y "Apéndice" que figuran en mi
caso, circunstancia o Jrance de mi vi- Obra Poética; y en varios otros lugada y, desde luego, las memorias en res, como a los comienzos del "Presa. marcha. (Hasta hoy sólo he publicado- gio de América" (Ultima Tule).
en volumen un primer capitulo: PaPues siempre he sido algo critico de
rentalia) .
mis propios escritos, y siempre, al es- ·
cribir,
me veo escribiendo como desPrescindiendo de los folletos y pude
arriba
de mí mismo, y se me antoblicaciones provisionales que luego se
incorporan en volúmenes posteriores, jaria contar en qué condiciones lo hahabré dado hasta hoy, entre prosa Y. go. En La .experiencia literaria tamverso, más de un centenar de libros. bién, he publicado dos breves ensayos
1
No me atrevo a contarlos, para evitar --"La biografía oculta' y "Detrás de
la confusión entre varias ediciones y los libros" - que, de un modo general,
refundiciones, cuyo análisis resultaría explic_an-mi deseo de volver la tela de
revés, estudiar su trama, y mostrar las
enojoso.
puntadas ocultas. El propósito de haCada vez que paso los ojos por la
cer ver los alrededores de la propia
colección de mis obras, me acuden reobra, como ahí lo he dicho, ha movi- sos, ( dejando aparte lo "didáctico").
cnerdos y se me ofrecen observaciones
do a muchos escritores: Daudet, Da- Uno es el piso de la li_teratura auténti- .
y comentarios. Se apodera de mi el
río, Blanco-Fombona y, como todos sa- ca que -buena, mediocre o malaansia de explicar algunas circunstanben, hizo que Goethe escribiera su pretende ser literatura. Otro es el piso
cias referentes a este o aquel :volumen, Poesía y realidad.
donde se amontonan los documentos
a tal poema o articulo, a determinada
que he ido juntando al paso, y que he
Así, cuando examino mi obra en
página, a cierta frase que esconde deconservado para mejor manejar mis
conjunto, la veo distribuida en dos pitrás una historia.
materiales. Bajo estas minucias de taller, que parecen meras curiosidades
de coleccionista, alienta un propósito,
un ideal -tal vez lo compartan conmigo otros escritores-: la total manifestación de una existencia.
En este sentido, aprobé la ingeniosidad de cierto amigo que me llamó un
dia: "erudito de sí mismo", -por cier~
to sin mordacidad ni censura-, y le
contesté con estas palabras: "Yo soy
el primero en saber que, a veces . .. Le

diré lo que me pasa: no creo en el sentido antológico, aunque es sin duda el
más aristocrático, pero también el más
subjetivo e incierto. Quiero que .l a literatura sea una cabal explicitación y,
por mi parte, no distingo ·entre mi vida y mis letras. ¿No dijo Goethe: Todas mis obras son fragmentos de una
confesión general? Con lo único que

no transijo es con el mal oficio, con
la técni'ca deficiente".
Y si el lector piensa que exagero, admito que otras veces yo mismo puedo
pensar de otro modo. Aún no estoy
embalsamado: estoy vivo, luego cambio constantemente; y el mundo, a mi
alrededor, también está en perpetua
mudanza.

Pasa a la Pág. 8

Pág. 5

�'

ILIIIBIR.OS

ELOCEANODE
LA MEMORIA

Por Francisco GINER DE LOS RIOS

Al modo de Berceo, que con Sierra me acosa
en esta Cuernavaca colorida e sabrosa,
en loor de un varón quiero fer una prosa
que me valga bon vino en la ronda rumbosa.

Por Eugenio IMAZ

\

1 I

En Monterrey la buena, essa villa cabdal,
llave de todo el Norte que vale un dineral,
nasció el varón un día, bailón como Pascual,
de todas las Gloriosas amigo natural.
Dizienli Alfonsso, dizenlo los manuales
en que aprenden los ninnos las letras nacionales,
e rey es de los Reyes ennos patrios annales
e sufre a los sesenta estos juegos florales.
ti

r

1

1

1
1

Difícil, al hablar de Alfonso Reyes, decir algo que no
parezca excesivo. Bordeando esta dificultad, me atrevo a
clasificarle entre esos hombres prodigiosos de memoria
oceánica, como Menéndez y Pelayo, como Dilthey. Nada
de lo que ven y de lo que leen les va perdido, y todo se les
organiza inmensamente, con instantaneidad de repercusión
para ha~er del momento una historia, del suelo que se pisa
un continente.

1955.

.

TRES POETAS DE LA SOLEDAD, por
Hamón Xirau. Colección México y lo
Mexicano, No. 19. Antigua Librería
Hobredo. México, 1955.

.

Con el regocijo propio de un gran
descubrimiento debe hacerse el elogio
del libro bajo el nombre de DECIMAS
DE SANTA ROSALIA, por Juan José
de Arriola que publica esta vez la acreditada Colección LOS PRESENTES.
El lector que abre este libro percibe
el aroma poético del siglo XVIII, pero
con una tonalidad diferente, producida por un bien logrado hermetismo;
esto es debido a que la obra del Padre
Juan José de Arriola permaneció oculta a los ojos del mundo por espacio de
doscientos años, es decir, que las generaciones literarias comprendidas en

Triscó en Guadalaxara e a México se vino
e fué de Pedro Henríquez e de Torrí vezino,
joven del Ateneo, en poesía adivino,
e con un primer libro priso largo camino.

Después de irn prolongado silencio
esta Colección :México y lo Mexicano
sale nuevamente a la luz con un peque1lo ensayo de llamón Xirau sobre
tres poetas mexicanos. Se trata de .José Gorostiza, Xavier Villaurrutia y Octavio Paz, poetas que resumen para el
autor ideas y sentimientos, moth,os e
imágenes. Al ocuparse de José Gorostiza se refiere, necesariamente, a su
Muerte sin Fin, poema que en 1939
rompió el silencio en q9e se encontraba el poeta &lt;lcsde sus Canciones para
cantar en las Barcas. Se introduce Xirau en ese poema para hablarnos de
sus imágenes, sus metúforas~ para desentrañar, en fin, el hondo significado
de esta obra poética que es búsqueda
de la expresión y la comunicación 1 y
que a través de las imágenes de agua y
vaso, contrapuestas, se reconoce la
conciencia y la vida en aquella, en éste la inteligencia y 1a forma.

1954.

El 10 de noviembre del año próximo pasado, se terminó de imprimir en
:\.féxico, y por el Fondo de Cultura
E~o'Ilómica, el No. 57 de la colección
"Tierra l:;-irme". Este volumen lleva
¡:&gt;or título "La poesia post-modernista
peruana", es obra de Luis Monguió, y
viene a aumentar una colección que es
el esfuerzo más serio que se ha realizado pilra presentar un panorama completo de lo que es la cultura en · nuestra América.
La serie, que en afgunas ocasiones
se extiende hasta parecer inacabable,
de poetas., movimientos, datos sobre

L'!JIS MON.GlJlé

La .-Poesía
.-Postmodernista
.-Peruana

j

De Villaurrutia, poeta de · 1a forma
que alcanza expresiones profundas,
nos dice que nunca logró encontrarse

En Madrid falló luego repaire e compañones
e fué Alfonsso más rey que aquél de los Barbones,
ca puso él nobleza donde el otro baldones
e supo de las gentes gannar los corazones.

ALAS CASAS EDITORIALES YA
LOS SEÑORES DISTRIBUIDORES
YLIBREROS DEL CONTINENTE
La Universidad de Nuevo León ha
mantenido desde su fundación un vasto plan editorial que desarrolla al través de publicaciones cuya circulación
comprende a todas las Instituciones
oficiales, universitarias, académicas,
ateneistas, centros culturales, sociedades de diversa índole y personas, en
Améríca y Europa.
Entre el cuerpo de ediciones que
aqu,í se imprimen figura nuestro mensuario "ARMAS Y LETRAS", que recientemente ha establecido una sección -LIBROS-, en la que figuran
comentadas las obras últimamente aparecidas en las prensas americanas.
Dada la extensa órbita de circulación del Boletín arriba mencíonado, y
en interés de ofrecer al lector americano una juiciosa información del fondo y continente de la obra, cotejada
a la luz de un criterio ecuánime y a
tono con la moderna interpretación
del pensamiento 'c ientífico, literario o
artístico, "ARMAS Y LETRAS" se complace en invitar a ustedes a coadyuvar
con este propósito de orden cultural
que anima a la Universidad de Nuevo
León, solícitándoles el envío de cada
una de las ediciones nacidas en sus
prestigiosas prensas, las cuales serán
objeto de nuestros ~comentarios, en la
medida que vayan llegando a nuestras
manos.
Los envíos deben hacerse a:
"ARMAS Y LETRAS",

f'úNOO O( cui:n,m.A ~IC\,\
Mh:&lt;;,,,,. ·..¡~'&gt;l,;m:

Universidad de Nuevo León,

Cuando El Colegio de México "vivía" en Pánuco 63,
tuve yo la suerte de que muchas mañanas me llamara a su
despacho o viniera de improviso al mío, y·en esas mañanas
inolvidables, cuyo recuerdo henchido deposito como ofren' floridos sesenda en estas "mañanitas" de bienvenida a sus
ta años,* hablábamos, hablaba él. zarandeado levemente
por mis bruscas disociaciones, de todo lo divino y lo humano y de otras muchas cosas más, entre las que apenas si asomaba de vez en cuando alguna piadosa murmuración. Perdido yo, por incumbencia de mi trabajo, entre adustos y a
veces imponentes mamotretos tudescos y sajones, de filosofía, de historia, de sociología y hasta de economía, una y
otra vez me ha salvado la profunda y, sin embargo, fresca
y hasta retozona experiencia intelectual de Don Alfonso, su
palabra justa, jugosa, aireada y chispeante, de perderme para siempre en los secos y estreñidos laberintos de la sabiduría conceptual. Este hombre de libros me sacaba de los libros y me llevaba a pasear al campo: ha sido mi gran encuentro en México. Y o mismo no sé lo que le debo, tanto le
debo. i Que Dios me lo conserve para mi bien, y para el bien
de las Españas y las Américas 1
*

DECIMAS DE SANTA ROSALIA, por
Juan José de Arriola. Selección y
Notas de Alfonso Méndez Planearle.
Colección Los Presentes. México,

LA POESIA POSTMODERNISTA PEHUANA, por Luis Monguió. Fondo
de Cultura Económica. Col. Tierra
Firme . No. 57. ·México. 1 a. Edición,

Después la vida aína le {izo embaxador
e concertó tratados e conosció el amor
de otras letras e donnas de variado sabor,
ca de unas ·e de otras es muy grant catador.

J
las características de 1a obra y en fin,
todo un fárrago de noticias menores
abruman al lector, hasta el grado de
hacerle perder el interés que el título
sugiere.

Al sieglo de los griegos ovo siempre atenencia
e la antiga hermosura dioli fresca espiriencia.
en todos los caminos de la humana sapiencia,
la estoria e la teoría, la poesía e la ciencia.

TRES POETAS
De su vida ora escribe con gracia e frescura,
pero aguisa en sus gallos cosas de otra pastura
que asombran a las gentes por su mucha mesura,
ca paresce imposible parición sin ardura.
'

E aún le resta holganza a aqueste grant letrado
de regir el Colegio, freiría de cuidado,
donde cutiano asiste según diz el dictado
e Lida e Alatorre ( Cosío está encerrado).

I

'.

1

A más que la escriptura no dexa otra señal,
suso su grande brillo de estrella bien cabal
que los sesenta annos, edad primaveral, '
deste escriptor e omne, par que non a egual.

Además de una atractiva portada
donde se lee una de las décimas mejor
cinceladas del poeta, las páginas interiores están divididas en capítulos los
cuales están subrayados por un epígrafe relacionado con el fondo mismo
de las décimas comprendidas en esa
ordenación. Y para que - el lector se
inicie en el misterio de esta revelación, al final del libro encuentra la
erudita voz orientadora de Alfonso
Méndez Planearle que con epitetos
certeros coloca la obra del Padre Juan
José de Arriola en el lugar que le corresponde en la Lírica Mexicana.

Tolliemos ya la pluma del pesado renglón,
ca nunca fué en la estoria un día de aflictión
el día bien sonado de Sant Pascual Bailón
e véanos Alfonsso la luz del corazón.
'

Quien desee participár del secr~to
vedado por dos siglos a tantas generaciones literarias, no tiene mas que
abrir este volumen y saborear un licor
verbal madurado y enrici,uecido en dos
siglos de hermetismo.

Un milagro de Reyes contara a mis hermanos
si en la cuaderna vía no pusiera las manos,
ca el espacio es pequeño e los fechos lozanos
e faríanme falta Cadiers Americanos.

Se reproducen aquí las palabras del desaparecido filósofo español Eugenio
lmaz, publicadas en ocasión de los sesenta años de Alfonso Reyes.

estos dos siglos, no \ ibraron, comq lo
hemos hecho nosotros, al contacto dulce y amable del creador de estos poemas. Los editores de estas piedras ta• actas en diez facetas las han ensarta·ao en un invisible hilo común que las
reune a todas. ElJos son los autores
del milagro.

* Publicada en la edición de homenaje a Alfonso Reyes con motivo de sus se-

H. A. G.

~DE LA SOLEDAD

,e ·"",

/14.r .RAMON. XfRA{l

~'r«;Q i.!llkfl..lA ll()lilltJlO
k\.._¡""'¡ n~

en esa búsqueda de sí mismo, y señala
Nostalgia de la Muerte como el momento culminante ele ese proceso. De-

dica el autor gran parte de este estudio al problema amor-muerte en la
poesía de VilJaurrutia, y afirma que
éste fué un poeta del amor, y por esto
mismo poeta de la muerte, ya que en
él se fundieron deseo y angustia y
amargura, y para qÍiien amar es "morir otra ve;. la misma muerte".
La palabra, los simbolos, la soledad,
son los puntos que toca en las páginas
que dedica al poeta Octavio Paz, en
quien la poesia significa fusión de
contrarios, expresión misma del hombre. Aclara el autor al final de estas
páginas lo incompleto de este libro,
que si bien no se ocupa de toda la litcratura mc:xicana del siglo XX, se detiene sobre la obra de tres grandes
poctas mexicanos. En suma, un libro
que se vuelve indispensable para el esludio de la moderna literatura mexicana.

Ofrecerse al público de dos maneras diferentes, una que suprima lo
innecesario de la información, y concrete en grandes Hneamientos y en
sencillos y amplios trazos las figuras
esenciales; que sea capaz de dar de
ellas, no una definición, sino una evocación que nos haga sei:lirlos esencialmente .
Debe haber además, el catálogo completo de fuentes, datos y nombres, a
los cuales puedan acudir menos investigadores para prosegllir el trabajo y
dar nuevas interpretaciones.
· Eso desde luego trata de hacerlo el
autor. Sólo hasta la Pág. 185 no ofrece
su trabajo. ¡ Pero véase con qué densidad! El ler. Cap., que ocupa 15 páginas tiene 33 notas. EL2o. Gap., que
oc~pa 34 páginas tiene 99 notas, así
sucesivam·ente, en realidad la tarea
que se marcó parece superior a sus
fuerzas . Y es que un autor, por más
genial que sea, por más documentado
que esté, no puede suplir la labor del
tiempo, la perspectiva que los años
clan, la selección natural que en la li-

Plaza del Colegio Civil,
Monterrey, Nuevo León,
México.
·
Con la satisfacción de haber señalado en las breves líneas que anteceden la resolución de tina urgencia inherente a la cultura moderna, y esperando recibir en breve de ustedes el
aliento a esta sugerencia, la Universi•
dad de Nuevo León les testimonia las
vivas expresiones de su más alto reconocimiento.

masy

fTR

Organo Mensual de la Universidad
de Nuevo León
Registrado como artículo de Za. Clase en
Admón. de Correos de Monterrey, N, L.,

la
el

20 de Ab,;J de 1944.

INDICADOR,
Colaboradores
Raúl Rangel Frías

Fidencio de la Fuente
Francisco M. Zertuche

Genaro Salinas Quiroga
Arturo Cantú S.
Homero A. Garza
Alfonso Rangel Guerra
Guillermo Cerda G .
Jorge Rangcl Guerra

teratura se efectúa.
Es sinembargo el volumen que nos
ocupa, una contribución al estudio de
nuestras literaturas bispano-americanas, que ningún futuro estudioso deberá desconocer.

Manuel Morales
Director

Lic. Fidencio de la Fuenlc
Oficinas
Washington y Colegio Civil
Monterrey, Nuevo León

M.M.G.

MEXICO

senta años.

Pág. 7
Pág. 6

•

�AILFONSO l~EYES
Sigue de la Pág. 4
sima Polis, fué la que escribió la generación del Ateneo. Quien diga lo contrario, ni entiende al Ateneo, ni entiende a la Revolución, ni entiende la
cultura, ni entiende la política, ni entiende a México, ni entiende nada ...
En ese grupo, Vasconcelos aparecía
poseído por el anhelo de reconstruir
el mundo; Antonio Caso, lo dijo él
mismo, por el de contemplarlo; Hen. riquez Ureña por el de explicarlo; Alfonso Reyes por el de iluminarlo. Era
el distinto camino de cada quien para
la búsqueda del orden universal.
En esos años del Ateneo termina de
escribir Alfonso Reyes los ensayos de
su primer libro, Cuestiones Estéticas,
donde aparecen por vez primera algunos de los temas que han de acompañarlo a través de su ya largo camino:
la tragedia griega, Góngora, Goethe,
Mallarmé, la literatura mexicana, el
lenguaje popular ... Había dicho ya su
conferencia sobre los Poemas Rústicos
de Manuel José Othón y publicó a poco el cuaderno con su ensayo sobre El
Paisaje en la Poesía Mexicana ael Siglo XIX. Tenia veintiún años y ya se
advertían su penetración critica, su
inconfundible y tan americana orientación ética, su lucidez y esa suave,
discreta gracia del lenguaje; por su
tinta corrían ya los jugos clásicos y en
el texto se difundía desde entonces la
emoción convertida en claridad. Todavía algunas lágrimas adolescentes no se
acababan de secar sobre las mejillas...
En 1905 habían aparecido sus primeros poemas en un periódico de Monterrey, un grupo de tres sonetos bajo el
nombre de La Duda, tal vez la primera salida en letras de molde. Porque
Alfonso Reyes dijo en verso sus pala-·
bras iniciales. "Yo comencé, dice, escribiendo versos, he seguido escribiendo versos, y me propongo continuar escribiéndolos hasta el fin; según
va la vida, al paso del alma, sin volver
los ojos. Voy de prisa. La noche me
aguarda y está inquieta".
·
También algunos cuentos Y. ensayos
que publicaría muchos años después,
se acumulan por esa época entre sus
papeles. Y cuadernos de notas, de
apuntes y estudios que lo siguen y lo
llaman todavía. Y él acude porque no
es de los que dejan malograrse las semillas o perder los avisos del mundo.
Cada vez que Alfonso Reyes limpia su
mesa, ha dicho Salvador Novo, se reunen las páginas de un libro.

lanza a caminar por la enorme ciudad
de sus libros, hace un alfo en el primer tiempo, entrecierra los ojos, y la
obra de Alfonso Reyes le parece algo
disperso en planos distintos que no
encajan unos en otros; el plano ateniense y el plano alejandrino; el plano de Góngora y el plano de Goethe; el
plano de América y el plano de México; la perspectiva de Descartes y la
perspectiva de Toynbee, las luces de
los poemas, los relámpagos del cine, el
fulgor de los lagos . .. Hay que hacer
el recorrido completo y asomarse a un
balcón del mundo para percibir la humana unidad de la obra, cabal y organizada como una vida que deja señales
de su paso con palabras. "Cuántos pa-

limpia y el corazón valiente. Y las páginas de "El Sol" y de la revista España recogen los testimonios que luego
han de formar los cinco libros de la
serie "Simpatías y Diferencias". Es
más: inaugura una modalidad en la
profesión periodística: Alfonso Reyes
y Martín Luis Guzmán, bajo el seudónimo de Fósforo, inician en castellano la crítica cinematográfica.
Pasan seis años sin publicar un libro, pero la obra va reuniéndose en
los cajones del escritorio, páginas y
más páginas. En 1917 publica tres libros: "El Suicida", seductor conjunto
de ensayos, "Cartones de Madrid", cuadros a veces amargos, a veces sonrientes, lúcidos siempre y transidos de

Otro ciclo se cumple. El diplomático cuelga la casaca. Alfonso Reyes regresa a México y por fin, "aunque sea
más por abandono que por premio",
se ve dichosamente recluido en su oficio privado. Se inicia la época de la
Capilla Alfonsina, la de los frutos dorados, la más fecunda. Alfonso Reyes
vive al fin entre su slibros y sus notas, recogidos a través de un largo viaje de veinticinco años. Y entre su
amada transparencia del valle mexic•
no. Aqui lo dejamos.. ¡, Quién puedl"'
decir sobre Alfonso Reyes la última
palabra?

Poco después había de cerrarse un
ciclo de su vida.
La sangre de las luchas de México
no lo perdonó. Penetró en su propia casa y dejó en su corazón una huella dramática que nunca acabará de borrarse. Sombras leves y discretas de esa
huella y de otras desventuras y aventuras de su alma, aparecerán en varios
de. sus libros posteriores; uno de los
más bellos, el poema dramático Ifige'nia Cruel, recoje, depurándolos, algunos ecos de las tormentas, la que lo
envolvió y la que se desató en su interior.
Vienen los primeros días de París
que luego había de r ecordar en una
página de El Cazador. "Mi imagen de
París, dice, con la moda de aquellos
días, es cubista. Cierro los ojos y miro un París fragmentario, disperso en
diminutos planos que no encajan unos
en otros, como dividido y entrevisto
por las cuatro patas de la Torre Eiffel ..." Sin querer, Alfonso Reyes estaba ofreciendo la imagen de su vasta
nbra futura: también el viajero que se

circulo de su vida. Comienza el diplomático. Hay un rápido vjaje a México en 1924, después de trece años de
ausencia; tres años niás en París, donde publica "Pausa", su segundo libro
de poesía y un cuaderno en francés
sobre la evolución de México. Las
prensas madrileñas trabajan con sus
"Cuestiones Gongorinas". Otra vuelta
a México en 1927. Sobre la mesa de
noche de su cuarto en el Hotel Ancira
de Monterrey estaban entonces las
Conversaciones con Goethe. Toamos a
verlo los estudiantes y ya le llamábamos maestro. Viene la época sudamericana: Buenos Aires y Río de Janeiro. Los libros siguen acumulándose y
ya la nómina se hace larguísima; publica primero en Argentina y luego en
Brasil su correo literario con el nombre de su ciudad natal, Monterrey, y
uµ dibujo del Cerro de la Silla en el
indicador. Crece la obra poética, se
enriquece la obra de investigación y
de crítica literaria; las notas sobre la
cultura americana y sobre las letras
de México se suceden copiosamente;
acude a la cita del centenario de Goethe, escribe páginas po}tticas, la "Aenea Política" y "A Vuelta de Correo".
Otro viaje a México. El escritor le ha
hecho lugar al diplomático y Alfonso
Reyes cumple con exceso, decoro y
fulgor, la misión mexicana en todos
los sitios; pero el diplomático no ha
vencido, mutilado, ni cansado al escritor. Escribe con el brazo derecho y
cumple los deberes del servicio exterior con la mano izquierda, la clásica
manera de hacerlo. Pero es la suya
una diplomacia nueva y viva, buscando, como él mismo dice, la respiración
internacional de México. Entonces
México hacía diplomacia en América.
Y de la buena.

DlbuJo de Jorge Ran¡el Guerra

sos, dice Alfonso Reyes de sus días de
París, ·¡cuántos pasos, dimos, solitarios! ¡Cuántos sueños y anhelos! Y el
propósito de vivir cada vez mejor y
más plenamente."
Y llegan los años largos de Madrid.
Duros y fecundos, conquistadores y
luminosos, tanto, que vuelve a descubrir a América dentro de su mente.
Lleva a México adentro y siente que lo
quema a fuego lento. Es cuando sus
páginas "están hechas a media noche,
rodando - solo- por las posadas de
Madrid, sin saber a lo que había venido, y bajo el recuerdo de las cosas lejanas". Es la época cuando el estilo
de Alfonso Reyes pasa por la lumbre
definitiva : cambia sus palabras por el
pan y el albergue. Vive de escribir; se
hace periodista, ese oficio tan noble
cuando la mano de quien lo ejerce es

nostalgia, y la incomparable "Visión
de Anáhuac", levantada con diáfanos
ladrillos que son cápsulas de luz. Vienen luego "El Cazador", en algunas de
cuyas páginas tiembla el poeta bajo la
prosa tersa y de fulgores tenues y los
cinco tomos de "Simpatías y Diferencias", ventanas abiertas a todos los
caminos de la curiosidad. Ha publicado su primer libro de poemas, "Huellas" editado de forma tan infame que
sus amigos dicen: Alfonso Reyes ha
publicado un libro de erratas con algunos poemas. Después otro de los
diamantes: la Ifigenia Cruel. Estamos
en 1924 y desde aquí el bibliógrafo de
Alfonso Reyes empieza a padecer ; la
obra se acumula, crece y las ramas
brotan por todas partes.
Pero ya entonces ha cerrado otro

Pág. 8

f

Dejémosle aqui y no importunemos
su trabajo; he ahi sus obras maestras:
"El Deslinde", "La Critica en la Edad
Ateniense", "La Antigua Retórica", la
"Junta de Sombras", "La Experiencia
Literaria". He aquí el primer capitulo
de sus recuerdos, cuya edición tiene la
tinto fresca todavía. Pero no olvidemos que Alfonso Reyes, tan sabio, volvió a su patria en son de guerra. Todavía con las maletas del regreso en la
mano, libró una batalla por la libertad
de España y la sigue librando por la
libertad del hombre. 'Pueblo me soy",
acaba de recordar.
Tiene cincuenta años de escribir y
la pluma no ha fatigado su mano. "El
arte de la expresión, ha dicho, no me
apareció como un oficio retórico, independiente de la conducta, sino corno un medio para realizar plenamente
el sentído humano", "Acuérdate de vivir", advierte con la frase de Goetbe
en el epígrafe de su penúltimo libro.
Y sigtie cumpliendo con su promesa de 1915: "No r enunciaremos a ningún objeto de belleza, engendrador de
eternos goces."

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                    <text>Año X11 No. l Enero de 1955

as

D. A. S. U.

BOLETIN MENSUAL
DE LA UNIVERSIDAD
DE NUEVO LEON

A filosofía antigua lo mismo que
la del Siglo XVII y la del XVIII,
han concedido un lugar muy peqnelio a los sentimientos humanos. Se
trate de Aristóteles o de Descartes, el
procedimiento es siempre el mismo:
separación radical de la facultad de
pensar y de la facultad de sentir, pareciendo la primera como la única
digna de atraer la atención del filósofo. La segunda, queda para moralistas
y poetas.
La primera característica de la filosofía moderna es la de rehabilitar
los sentimientos humanos, "esas razones del corazón" como decía Pascal.
Todo cuanto el hombre siente, todo
cuanto forma el mundo equívoco de la
sensibilidad, resulta el enemigo de la
serenidad, de esa claridad de espíritu
sin la cual ninguna búsqueda de la
verdad puede s~r fructífera, según
conclusión de los antiguos y de los
clásicos. Hagamos a un lado todo sentimiento, logremos la abstracción del
"yo" y de sus emociones y solo así el
espíritu podrá entregarse al juego sutil, lógico y frío, de las ideas. Dejemos de sentir para empezar a pensar.
Por el contrario, la filosofía moderna descubre en la sensibilidad humana, en aquello que se experimenta en
lo más hondo de si mismo, un camino
hacia la verdad. La fria razón entregada a ella misma conduce a un vano
juego de ideas incapaces de brindar
una certeza verdadera. Kant mismo
demostró que la razón puede probar
por turno conclusiones contrarias dentro de una lógica perfecta. Ninguna
de las grandes verdades vitales, dice el
existencialista cristiano Gabriel Marce), se deja definir racionalmente.
Que se trate de Dios, del arte o del
amor, ya no es cuestión de un razonamiento, sino de una adhesión. En efecto, ¿quién podrá jamás definir la belleza de un cuadro, de una sinfonía?
¿Quién alcanzará por medio del pensamiento la certeza de los místicos?
¿.Quién logrará explicar racionalmente
lo que es el amor? En cuanto el hombre se encuentre frente a grandes manifestaciones de la existencia, su razón lo deja sin medios para comprender. Es entonces cuando otra facultad lo guía: su corazón. No se va hacia la verdad con una inteligencia descarna&lt;la, pero con todo el ser, carne,
corazón y espíritu, sin separar nada.
El camino de la filosofía para Platón
y Descartes se abría cuando el espíritu había logrado desprenderse de
las contingencias familiares, sociales,
físicas y sentimentales. Para Gabriel
Marce!, por el contrario, no hay contingencias. El hombre piensa con su
inteligencia pero también con el cuerpo y · el corazón, y gracias a todo ello
alcanza la verdad. Esta verdad no es
una idea, una esencia aislada campeando sobre el mundo como sobre
una pirámide. La verdad está en la
existencia, es la existencia misma. El
antiguo y el clásico no querían que el

L

frío, sino una tragedia humana. Mas,
para los pensadores cristianos, dicha
tragedia se resuelve por medio de la
Redención, y el sentimiento guiador
del hombre en la búsqueda de la verdad será el amor. Para Sartre, por el
contrario, lo mismo que para Heidegger y Camus, la tragedia no tiene salida. Todo es desesperación. El hombre entra en contacto con la existenpor Christian BRUNET cia experimentando un sentimiento
poderoso. Pero dicho sentimiento ya
no es el amor, sino la angustia, una
angustia que nos aprieta la garganta,
como esas pesadillas que nos asaltan
durante la noche. El hombre es arrastrado en una aventura absurda de la
cual su reflexión tan solo puede proporcionarle brisnas de explicación
contradictorias entre si. El filósofo de
tipo Sartre es parecido al héroe de
El Castillo, la célebre novela de Franz
Kafka. Un extranjero llega a una ciudad desconocida. Para comprender
las leyes de esta ciudad que le parecen absolutamente arbitrarias y absurdas, quiere encontrar al Príncipe. Tal
vez él logre responder a la angustiosa
interrogante, igual a la que hace el
hombre desde su infancia: "¿Porqué?"
A tal pregunta formulada por el niño,
los padres molestos y quizá angustiados por su ignorancia, responden:
"Así es porque es así". Los padres no
lo saben, ellos no son el Príncipe. El
sólo puede explicar su obra: las leyes
del universo. Al igual, busca el héroe
de Kafka sus respuestas en el inmenso
Castillo de este país. Pero sólo encuentra a subordinados, todos los cuales ejecutan sin comprender. Esos subordinados envían al extranjero basta
¡ sus jefes, más éstos también son subordinados y lo mismo los jefes de los
jefes. En cuanto al Príncipe, el extranjero no lo halló ni después de haber recorrido todo el Castillo. Ni encontró tampoco un solo hombre capaz
dr asegurarle el conocer al Príncipe
personalmente. Siente entonces el extranjero que una profunda angustia le
aprieta la garganta. El Príncipe, ordenador responsable de las leyes, por
el cual estas leyes podían tener sentido, tal vez no exista. Así el angustiado
hombre de Sartre se siente arrojado en
medio de un universo trágico, un universo en el cual hay que escoger sin
criterio.

AFECTIVIDAD
Y FILOSOFIA

Arrojado ~n medio de un universo trágico
filósofo fuera sino una Razón Pura.
El romántico ha intentado reducir al
hombre a su emotividad. El filósofo
moderno no es ni una inteligencia ni
un mazo de nervios, es eso y mucho
más: es una persona humana, o para
emplear la expresión de Gabriel Marce!, es una encarnación. Por su parte,
Paul CJaudel empleando el mismo significado, nos explica que con-nocer,
es nacer con. En lugar de romper las
conexiones que tenemos con la realidad, tenemos que hacerlas más estrechas. Conocer significa siempre un

mayor existir porque estamos hechos
a la imagen de Dios para quien conocer es lo mismo que ser y ser lo mismo que amar. Deus caritas est.
Pero si los sentimientos humanos, y
en particular el amor, son para los
pensadores católicos modernos inseparables del conocimiento, aún del filosófico, resulta bastante extraño constatar que lo mismo pasa con los pensadores ateos. Para Jean Paul Sartre,
tanto como para Gabriel Marce!, Bergson, Claudel y Kierkegaard, la búsqueda del filósofo no es un razonamiento

A la congoja de no comprender, se
agrega la de la obligación de obrar libremente. Sartre gusta de citar el
ejemplo de un joven estudiante que
Jlega un día a plantearse un angustioso problema. Dicho joven, habiendo
perdido a su padre en la guerra de
1914, y a su hermano en la de 1939,
Yivía solo con su madre. Se le presentaba la oportunidad de partir clandestinamente para Inglaterra e incorporarse al ejército libertador del General de Gaulle. Pero tenía a su madre
de la cual era el único sostén moral.
¿Qué hacer? Honradamente buscaba

Pasa a la Pág. 6

�Un cuento de BOCCACCIO

E·IL HI.A IL C O N

IE IL M\ A IR.

Traducción de Jorge RANGEL GUERRA

r

I

si has nacido ya en él; si ya lo sabe

el alba de la flor más escondida.

¿DONDE TE CONOCI, mar solitario,
si cuando te miré me vi contigo,
si en el silencio de tu espuma vivo
y con tu soledad acompañado?

¿por qué entonces sentir el pulso hueco,
su helado resonar, su gota de agua
caer del corazón hacia el silencio?

¿Cuándo el cielo voló para acercarnos
con sus nubes lejanas, conmovido,
si en tus olas mi cuerpo está cautivo
como el aire en la luz, aprisionado?

Nada seré si en ti muero de olvido,
porque nada es el mar si le olvidara
el amor de la luz en el abismo.

¿Te conocí cuando ella me miraba
la vez primera en que mis ojos vieron
más allá de la luz de su mirada?
iOh corazón del mar!, raíz del tiempo,
con ella te confundes y te aclaras,
latiendo entre mi voz y entre mi sueño.

II
t

SUEÑA EL MAR en el mar que lo contiene
ya para siempre solo entre sus olas:
,
iqué dolor de la luz si no lo toca
y perdiéndose en él, al fin, se muere!
Cómo nacer si deja ya la muerte
su sed fatal, sus negras mariposas,
si cada luz es congelada rosa
y cada flor es encendida nieve.

Porque te amo yo vivo lo que muerto
vemos nacer, apenas sueña el llanto
que es otro mar perdido en el silencio.
Así entre sombra y nieve desmayada,
mi sola vida queda en el naufragio
por el mar de tu amor resucitada.

III
i QUE VUELO de palomas en la brisa
se alzó desde la espuma al encontrarte!
Y yo sentí que el mar era mi sangre
y que sin ti las olas se morían.
Eres tú, es el sueño, eres tú misma
la que mi cuerpo solitario invades;

Pág. 2

IV
BAJO LA VOZ el mar se despedía,
vuela su sal en lágrimas oscuras,
va soñando en la cárcel de la espuma
y se va consumiendo en sus heridas.
El mar del corazón en agonía
con el {río del recuerdo se tortura,
sin ti, que lo abandonas, lo sepultas
1entre inmóviles olas de ceniza.
Como si le quitaras luz al sueño,
al cielo, al agua, al aire, a la mañana,
así mi corazón, solo silencio,
es una flor extraña de la muerte
que al nacer mis latidos deshojara
desierto mar y abandonada nieve.

V
ENTRE OSCUROS suspiros {ué mirada
la flor del mar, tu mano fugitiva,
al caer desplomada, ya cautiva '
en las olas, amor, desconsolada.
i Qué angustia en la tormenta sepultada
dentro Jel solo corazón cautiva!
i Qué muerte de la flor si al sueño-esquiv~
la rosa de tus labios derramada!
Miro caer las alas ya desnudas
de mis claras palahras en desvelo
hacia el hueco silencio del abismo.

J\1.ar de rota ceniza en desconsuelo,
a ta helada caricia aquí la mudas:
naufragio del amor que soy yo mismo.

su huerto haciendo ciertas labores habituales. Oyendo que Monna Giovanna
lo requería en la puerta, maravillándose mucho a ella corrió alegre, la
cual, viéndolo venir, levantóse a su
encuentro con una femenil afabilidad
y una vez que Federigo la hubo saludado reverentemente, dijo: -Bien estéis, Federigo -Y en segnida-: he
venido a compensaros de los daños
que habéis sufrido por mi, amándome
más de lo que teníais necesidad, y la
recompensa es tal que yo quisiera
-con mi dama de compañía- que comiésemos como en familia esta mañana. A lo cual Federigo humildemente
respondió: -Señora, ningún daño recuerdo haber recibido de voz, sino
tanto bien que, si yo he valido algo, ha
sido por vuestro valor y por el amo,
que os he tenido; y por cierto que esta
visita vuestra tan espontánea me es
tan preciada que no la podria pagar
si me fuera dado gastar de nuevo las
riquezas que ya he dejado detrás de
mí; sobre todo ahora que habéis venido a un huésped pobre. Y diciendo
Como usanza es de nuestras mujeres, así, vergonzosamente la recibió dentro
la estación de verano se fué a pasar al de sn casa, y de ahí la condujo a su
campo con este hijo suyo, a una finca jardín; y no teniendo ahí quien le hibastante-cercana a la de Federigo, por ciera compañía le dijo: -Señora, ya
lo que sucede que este muchachito co- que aquí no hay nadie más, la buena
menzó a familiarizarse con el caballe- mujer de este labrador os hará comparo ·y a solazarse con pájaros y perros; ñia, mientras que yo mando poner la
y habiendo visto' volar muchas veces cena. El, con todo y que su pobreza
el halcón de éste, gnstándole extraordinariamente, deseaba mucho tenerlo,
pero tal vez no se atrevía a pedirlo
viendo que le era tan caro _a él. Y así
estando la cosa, sucede que el niño enfermó, de lo cual la madre muy dolorosa, como que no tenía más que a él
y le amaba cuanto más se podia, todo
el dia estándole en torno no cesaba de
confortarlo, y muchas veces ie pedía
si alguna cosa había que desease, rogándole se la dijese, que por cierto, si
posible fuera de haber, procnraríasela
en cuanto la hubiese.
El joven, oídas muchas veces estas
ofertas, dijo: -Madre mía, si vos hacéis que yo tenga el halcón de Federigo, creo sanar rápidamente. La mujer,
:---i-·
oyendo esto se ensimismó un poco y
J
' , _
! . ' .comenzó a pensar en lo que debería
hacer. Ella sabia que Federigo largo
'
tiempo la había amado y jamás ni una
mirada suya había recibido. Pero se
decía: ¿Cómo mandaré yo o iré a pedirle este halcón que, por lo que he
oído, es el mejor que jamás volara, y
además lo que lo mantiene en el mundo? ¡, Y cómo seré tan ingrata que a un
gentil hombre, al cual ningún otro placer ha quedado ya, le arrebate yo este
postrero? Y sumida en estos pensamientos, si bien estaba segurísima de
tenerlo si lo pidiese, sin saber que decir, no respondía al niño, dudaba. Finalmente tanto la venció el amor al
hijo, que ella dispuso para contentarlo, - sucediera lo que sucediera-, no
de mandar por el halcón, sino de ir
ella misma y pedirlo, y respondióle:
-Hijo mío, confórtate y piensa en sanar pronto, pues yo te prometo que la
primera cosa que haré mañana por la
mañana será ir por el halcón y traértelo. Feliz por esto el muchacho, el
mismo dia mostró alguna mejora.
A 1a mañana siguiente, llevando la
dama una mujer en compañía, a manera de paseo, se llegó hasta la casa
de Federigo y lo hizo llamar. El, no
siendo temporada, se había abstenido
aquel día de cazar pájaros y estaba en

GIOVANNI BOCCACCIO nació en París en 1333, hijo natural
_ _,,...,,,..__ _ de Boccaccio di Chelino, mercader, y de una
~ dama francesa llamada Giovanna. Vivió has•
ta el 21 de Diciembre de 1375·. Pasó muchos
años de su juventud en Nápoles, trasladándose en 1340 a la ciudad de Florencia, a donde
fué llamado por su padre, regresando cuatro
años más tarde. Viajó después por varias ciu•
dades de Italia, conocfendo en 1350 al Petrar•
ca. Publicó en 1353 el Decamerón, colección
de cien cuentos divididos en diez jornadas,
obra que estuvo a punto de destruir, salvada
por la llegada oportuna de una carta de su amigo Petrarca. Escribió además muchas otras obras en prosa y en verso, en italiano
y en latín. Los cuentos de Boccaccio, colocados en las postrime•
rías de la Edad Media y los albores del Renacimiento, tienen gran
importancia en la formación de la lengua italiana. Como la Divina Comedia del Dante, fueron escritos en lengua vulgar, enri•
queciéndola con su expresión, fuerza y flexibilidad. Boccaccio,
con el Dante y Petrarca, queda ubicado en la llamada por Papi•
ni "magna tríada del Trescientos".
EBEIS pues· saber que Coppo di
Borghese Domenichi, el cual fué
en nuestra ciudad, y tal vez atm
es, hombre de reverenda y de grande
autoridad entre los nuestros, y por
costumbre y por virtud, mucho más
que por nobleza de sangre, clarísimo
y digno de eterna fama, siendo ya lleno de años, con sus vecinos y con
otros a menudo de las cosas pasadas
se deleitaba a razonar, la cual cosa,
con más orden, mayor memoria y
adornado parlar, mejor que ningún
otro hombre supo hacer. ·
Solía decir, entre otras bellas cosas
· suyas, qne en Florencia habia un jo:ven llamado Federigo, hijo de Maese
Fi!ippo Alberighi, en obras de armas
y en cortesía preciado sobre cualquier
otro doncel de Toscana, el cual, como
a la mayor parte de los gentiles hombres sucede, de una noble dama llamada Giovanna enamoróse, en sus
tiempos tenida por una de las más bellas y de las más donosas que en Florencia hubiera; y él, a fin de poder
conquistar su amor, en justas, torneos,
fiestas y regalos todo su haber sin consideración gastaba. Pero ella, no· menos honesta que hermosa, no se cuidaba de aquellas cosas hechas en su
honor, ni de aquel que las hacia. Gastando pues Federigo más de lo que
podía y no ganando nada, así como a
menudo sucede, las riquezas acabáronse y quedóse pobre, sin otra cosa
haber salvado que una pequeña quinta de cuyas rentas estrechísimamente
vivía, y además de esto un halcón, uno
de los mejores del mundo. Por lo que,
amando más que nunca y no parecién- ·
dole entonces poder ser citadino como
desearía, a Campi, donde su quinta estaba, se fu'é a vivir. Ahí, cazando aves
cuando podía y sin pedir aynda de
nadie, pacientemente su pobreza soportaba.
Entonces sucedió que un día, habiendo así Federigo llegado al extremo, el marido de Monna Giovanna enfermó, y viéndose llegar a la muerte,
hizo testamento; y siendo riquísimo,
en él dejó como heredero a un hijo
suyo ya grandecito; y después de esto,
habiendo amado much&amp; a Monna Giovanna, ordenó que ella, si sucediese
que el hijo sin heredero legitimo mu-·
riese, heredara a su vez, y murió.
Quedó pues viuda ~fonna Gíovanna.

D

era extrema, hasta ahora no se había
apercibido de cuanta falta le hacian
las riquezas que tan sin orden babia
disipado. Pero esta mañana, no encontrando ninguna cosa con que poder honrar a la mujer al amor de la
cual tantos hombres habían rendido
honores, se arrepentía; y angustiado
sobremanera, él mismo maldecía su
fortuna, andando de allá para acá como un hombre fuera de sí. No encontrando ni dinero ni prendas, siendo la
hora tarda y grande el deseo de honrar de algnna manera a la gentil dama,
y no queriendo, ya no a otro, ni siquiera a su mismo servidor pedir ayuda, cayeron sus ojos sobre el buen halcón, el cual estaba en sn jaula sobre la
barra. Por lo que, no teniendo más a
que recurrir, tomólo y encontrándolo
gordo, pensó que sería digno manjar
de tal mujer. Y sin pensarlo níucho,
torciéndole el cuello, a una criada le
ordenó lo desplumara rápidamente, lo
metiera .en un asador y lo asara diligentemente. Y pnesta la cena con manteles blanquísimos, de los cuales todavía tenia a]gunos, con rostro alegre regresó al jardín junto a la dama y dijo
que la comida que le podía ofrecer ya
estaba preparándose.
Entonces levantóse la mujer con su
dama de compañia y fueron a la mesa,
y sin saber lo que comerían junto con
Pasa a la Pág. 4

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_j\, \.'

"1~J -

Pág. 3

�EXILIO Y POESIA

Un Cuento.

••

Sigue de la Pág. 3
Federigo, que con suma fé les servia,
comieron el buen halcón. Y levantada
Por F. CARMONA NENCLARES la mesa, habiendo demorado la charla
con agradables razonamientos, parecióle a la mujer que era tiempo de deCosa curiosa. ¿Acaso ignora Rius que cir el objeto de su visita y con suaves
L sacrificio que Sócrates hiciera de sí mismo estuvo justifi- la atmósfera tfísica es irrespirable palabras dirigiéndose a Federigo cocado. Las leyes de Atenas, que le habían ayudado a vivir, cuando la atl'l).ósfcra espiritual está menzó a hablar: '-Federigo, recordana ser hombre, podían ayudarle también a morir. Pero Só- cor~ompida por el fascismo? ¿Acaso do vuestra pretérita vida y mi honescrates no conoció el fascismo, esa revolución de los cuatro ignora que, por ejemplo, Heine encon- tidad, la cual por aventura habéis remodernos jinetes del Apocalipsis: la religión utilizada como un tró el acento universal de la poesía putado de dureza y crueldad, yo no
instrumento político, terrenal y pérfido; la técnica, o sea la cien- cuando, en el exilio, renunció a las dudo siquiera que os maravilléis de mi
cancioncitas del sentimentalism0 ger'oyendo por lo que princicia despojada de las normas éticas; la plutocracia, la divinización m:inico? Pero1 repetirnos, lo curioso presunción
palmente he venido aquí; pero si tudel dinero, y el poder político entendido y manejado como sim- es el contraste aquí apuntado: nostal- viérais hijos o hnbiéseis tenido, por lo
ple opresión física. Frente al fascismo, que representa el motín gia de la libertad, del espíritu, en una cual podriais conocer de cuanta fuerza es el amor que por ellos se tiene,
del más depravado irracionalismo ("¡Muera la inteligencia!", parte; nostalgia de lo físico en otra.
me parecería estar cierta de que en
"cuando oigas hablar de cultura, saca la pistola", etc.,) estamos
En Canciones de ausencia habrá., in- parte me dariais por excusada. Pero
obligados a escoger el exilio como forma de vida. Pues una pa• dudablemente, valores poéticos. Con- como vos no tenéis, yo, que tengo uno,
tria corrompida por el fascismo, no es una patria. Es fascismo. cedido. Empero, la horma, o si Se no puedo huir a la ley de las madres;
quiere la intuición esencial de todos esta fuerza me obliga, aún contra mi
ellos,
aquéllo donde encarna y· crista- voluntad, y contra toda conveniencia
de
modo
inseparable,
en
cada
instanEl 119-nto universal del hombre, de
lizan,
lo que estén expresados, y aqué- y deber, a pediros un don, a pesar de
te
del
vivir!).
El
exilio
las
sacrifica
y
que hablara San Anselmo, se ha derramado por primera vez, en nuestra épo- abre, por el sacrificio mismo, una llo donde encarnarían, los .que pudie- que ~se que ningún otro gusto, ningún
ca, con y por el fascismo. Millones de perspectiva más amplia: nuestra carne ran estarlo, es la separación, la distan- otro deporte, ninguna otra consolaseres humanos, en las cinco partes del fisica respira entonces por las ideas, cia y, por ló tanto, la nostalgia. El ción os ha dejado vuestra extrema formnndo, han tenido que aceptarlo co- no por las cosas más o menos entraña- contorno emotivo de una quiebra mo- tuna. Y este don es tu halcón, del cual
mo la . única posibilidad de snpervi- bles, --el viento, el paisaje-, pero fí. ral. Esta actitud espiritual del poeta el hijo mío tiene tal deseo que, si no
vencia física. La libertad tiene hoy la sicas. Por lo demás, el fascismo enve- resulta, para nosotros, mas importante se lo llevo, temo que se agrave tanto
calidad de refugiada, Lo cual no es, nena y deforma incluso el paisaje fí- que los valores estéticos logrados. Pues en la dolencia que tiene, que después
por cierto, la primera vez que sucede;
nci sea que lo pierda. Y por esto os
ahora Jo es frente al fascismo y, en
ruego, no por el amor que me tengáis,
otras épocas, frente a la opresión y la
al cual yo no he dado nada, sino por
ignorancia, de tal modo que muchas
vuestra nobleza, la cual en cortesía
de las obras donde se expresa el gran
mayor que en ningún otro hombre se
mensaje del género humano sobre su
ha encontrado, que os plazca dármedestino (por ejemplo, la Divina Comelo, a fin de que yo por este don pueda
dia,) han sido creadas en el exilio. Pedecir que he retenido en vida a mí
ro lo que antaño constituyó una espehijo y por lo cual os quedaré eternacie de excepción -el emigrado polimente obligada. Federigo, oyendo lo
co- hoy es, por el fascismo, consubsque la mujer pedía, y comprendiendo
tancial de la libertad.
que no la podía servir, comenzó en
presencia de ella a · norar sip poder
El hombre tiene que ser de alguna
responder palabra alguna. La mujer
parte de la tierra. Cierto. La geogracreyó primero que dicho llanto era
fla señala, desde Herodoto, un factor
por el dolor de tener que desprenderde la Historia y, desde Plutarco, un
se del buen halcón, más que por otra
fa_ctor biográfico. Está bien. Pero el
cosa, y a punto estuvo de decir que no
hombre alcanza su más auténtico perlo queria; pero sin embargo sosteniénfil gracias a los valores universales de
dose, esperó. después del llanto la resla cultura, o sea gracias a la plenitud
puesta de Federigo, el cual dijo asi:
de lo humano que se incorpora a la
-Señora, desde que a Dios pingo que
cultura misma. füa es nuestra patria
en vos pusiese yo mi amor, en bastanuniversal: la verdad, la justicia y la
tes cosas me ha sido contraria la forbelleza. Aunque el suelo natal esté emtuna y me he dolido de ello, pero tobebido en nuestra alma, como en nuesdas han sido ligeras respecto de la que
tro cuerpo, la patria son las ideas, la
me hace al presente, por lo que yo jacultura. La patria del hombre es lo
más con ella me reconciliaré. l Y penhumano. Y cuando la patria telúrica
sar que vos, que habéis ,venido a ·mi
se entrega a la espantosa orgia del faspobre casa donde, mientras que rica
cismo, hay que sacrificarla por la
fué no os dignásteis hacerlo, y de mi
otra, La patria del espíritu. La mas
un pequeño don requeréis, y que ella
difícil y auténtica.
haya hecho que yo no os lo pueda dar!
Ese sacrificio de lo telúrico por lo ·
Y porqué esto no puede ser os lo diré
espiritual representa la condición mí,
brevemente: como yo oi que vos, vuesnima de la forma de vida que llamatra
merced, conmigo queríais comer,
mos exilio. El cual no implica una siteniendo consideración a vuestra extuación vital negativa; sus ingrediencelencia y a vuestra valía, reputé digtes emótivos serán, si se quiere, la anno y conveniente que con la más cara
gustia, la nostalgia, el dolor de la auvianda
-según mi posibilidad- desencia, etc., sentimientos latentes, agabía
honraros,
que no con las que genezapados como cosas inerte_s en cada
ralmente se Usan con las otras persoinstante de lo cotidiano. Sin embargo,
nas, por lo qne, recordándome del halel _exilio abre una situación vital afircón
que pedisteis y de su bondad digmativa, creadora, cualquiera que sea
El hombre tiene que ser de alguna parte de la tierra
no1 manjar de vos lo reputé, y esta' mala carga afectiva que soporte. El exiñana lo habéis tenido asado sobre
lio es la afirmación de un orden universal, superior al orden físico (pai- sico. El aire de la tierra sólo ~e respí- la poesía es una actitud espiritual a la vuestro plato, donde lo he tenido por
saje, viento, contorno natal, etc.,) pues ra con libertad cuando el espíritu es que se incorporan los valores estéticos óptimamente alojado; pero viendo
que le son propios; ahora bien, la ac- ahora que en otra forma lo deseábais,
se trata del orden de la inviolabilidad libre, por serlo el cuerpo.
* * *
titud espiritual que denota Canciones me es tan doloroso el no poder servide la verdad, la justicia y la verdad,
Escribimos lo anterior a propósito de ausencia, empapada de sentimiento ros que np creo que tendré jamás paz.
qlle encarna en la existencia concreta de cada exiliado. En el exilio nos de la poesía mas joven, en nuestra ho• de derrota, de renuncia, .sólo puede Y dicho esto, las plumas y las patas y
espera, por ende, la prueba de nuestra ra, de la España física y de la Es¡,aña incorporar valores estéticos de estir- el pico los hizo traer en testimonio. Y
vida por la justicia y la verdad; en del exilio. Es curioso: la poesia mas pe se~undaria porque dicha actitud tal cosa viendo y oyendo la dama, prinna palabra, por la libertad que es su joven de la España física tiene, como carece de todo impetn épico y el exi- mero lo reprendió por haber matado
principio último de inspiración, la lio toca, como forma de vida, a lo épi- tal halcón para dar de comer a una
sintesis.
El exilio pone a prueba nuestra vi- nostalgia de la libertad, la nostalgia co; digamos, encarna la nostalgia, por mujer, y luego la grandeza de su ánida. Cierto también. En él descubri- del espíritu. ¿Para qué citar nombres? ejemplo: el eco, en la débil carne, del mo, al que la pobreza no babia podido
ni podia abatir, mucho alabó. Después,
mos que la auténtica patria del hom- Cualquiera bastaría para corroborarlo. contorno natal.
Hay, pues, en Canciones de ausen- perdida la esperanza de tener el halbre es el hombre mismo. Que, en cam- En cambio, la poesía de la España del
bio, no lo son ni el viento, ni las es- exilio presenta casos, como el de Luis cía, algo inaceptable, -.. al menos para cón, y por causa de la salud de su hitrellas, ni el paisaje natal; que el sa- Rins en Canciones de ausencia, donde nosotros: la actitud espiritual del poe- jo tal vez, tod!i melancólica despidióse
crificio de estas cosas duele en el el principio de la inspiración, Su cau- ' ta. Porque el exilio, repetimos1 es una Y regresó donde el niño; el cual, o por
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cuerpo y alma, (¡Señor, si se mezclan, sa radical, es la nostalgia de lo físico.

EL CANT. O DE LOS
N I BELUNGOS

E

Por Franz BOUCHSPIES
"Las imágenes del mito deben ser los espíritus tutelares e invisibles u omnipresentes, propicios al
desarrollo del alma adolescente, u cuuos signosanuncian u explican al hombre hecho, su vida u
sus combates." (F. Nietzsche)

Conocemos la famosa leyenda germánica en dos version~s.
Una tomada de la Edda o sea el Libro de los dioses y de los héroes
escandinavos, y el poema medioeval alemán. En la Edda, la
Saga Volsunga o sea la versión escandinava nos cuenta:
Tres dioses, Odin, el padre de los
dioses y &lt;fe los hombres, Honir y Loki,
el dios diabólico, llegan a una cascada. Con una piedra, Loki mata una nutria. Esa noche se hospedan en casa
de Hreidmar el gigante y le muestran
la piel. Hreidmar y sus hijos Fafnir y
Regin retienen a los dioses porque la
nutria era un hijo de Hreidmar que
había \ornado esa forma para pescar.
Hreidmar exige que cubran de oro
la piel. Loki parte en busca del oro
que rescatará a sus compañeros. Con
la red de Ran, diosa de las profundidades, pesca en la cascada un sollo,
que es realmente el rey de los Nibelnngos o genios de la· noche y de la niebla, llamado Andvari y que custodia
su tesoro. Andvari para recuperar su
libertad, se ve obligado a entregarle su
tesoro a Loki, pero antes lo maldice, y
asegura que sus poseedores perecerán
trágicamente. Los dioses pagan su rescate a Hreidmar y los dejan irse.
Hreidmar, después, niega a sus hijos
la parte del rescate que les toca. Fafnir lo mata y se adueña del oro mal-

dilo de Andvari. Toma la forma de
un dragón para custodiarlo. Regin se
marcha a trabajar como herrero a la
corte de Hjalprek, rey de Dinamarca.
Hjalprek hace que Regin eduque a
Sigurd, el último de los Volsnng, hijo
de Sigmnnd, Rey de los Francos, y
fruto de un amor incestuoso con su
hermana Sygni.
Sígurd es criado en la selva por el
deforme enano Regin que le enseña el
arte de lijs runas (magia entre los germanos) y a hablar muchas lenguas como era costumbre entre los príncipes.
Regin, que quería vengarse de Fafnir y recuperar el tesoro, forja para
Sigurd la espada Gram (aflicción),
tan fuerte, que Sigurd hiende de un solo' golpe el yunque y lo parte en dos, y
tan afilada que de otro golpe corta en
el agua mia vedija de lana. Instado
por Regin, Sigurd mata al dragón Fafnir y el herrero pide al héroe su corazón. Sigurd se lo arranca al monstruo
y al ir a dárselo a Regin se quema los
dedos y se los lleva a los labios. La
sangre del dragón hace que Sigurd

ALREDEDOR
LTIMAMENTE han llegado a
nuestras manos algunas revistas
literarias editadas en diversos
paises del Continente, en las que abundan escritos que resucitan la ya disentida y olvidada polémica acerca de la
poca o mucha erudición del fraile benedictino. Resulta anacrónico volver
sobre un tema prácticamente agotado,
pero el lamentable desvio, a nuestro
entender, que sufren los nuevos detractores de Benito Feijóo, obliga a no
permanecer callados, porque los tales,
se limitan a reproducir juicios como
el de Lista, cuando afirmaba que a
Feijóo debiera levantársele un monumento, y al pie de él quemar sus obras,
pero olvidan citar, o acaso lo ignoran,
la acertada definición de Miguel Morayta: "Buena parte de los escritos de
Feijóo, apenas si valen hoy el trabajo
de leerlos; mas examinándolos a la
par que a su época, merecen conservarse, como Alejandro guardaba la "Díada", en caja de oro y piedras preciosas1'. Los actuales y no sé si improvisados críticos, no han descubierto que
en la obra del fraile hay que distinguir dos aspectos: lo que en ella dice
y la época en que lo dice. En la España de la primera mitad del siglo XVIII,
oponer la cultura a la ignorancia, el
libre examen a la rutina, no sólo era
nuevo, sino que era original y grande.
Como dice Azorin: ''la obra de Feijóo
es una sensación de hostilidad hacía
un determinado ambiente". Feijóo es
un rebelde, "una inteligencia en lucha
contra preocupaciones, ·prejuicios, supersticiones, corruptelas, convencionalismos de su tiempo y de su pueblo". Desaparecidos los errores que
combatía, gran parte de su obra desa-

U

DEL

pueda entender el lenguaje de los pájaros. Estos le advierten que Regin se
propone matarlo. Sigurd blande su espada Gram y con ella mata a su forjador. Los pájaros le dicen que en el
sur hay una Walkiria que duerme cercada por un muro de llamas.
Sigurd carga los cofres del tesoro
en su caballo Grani que Odin le ha regalado y parte hacia el país de los
Francos. Llega a una montaña rodeada de fuego. Enmedio de las llamas
está una mujer dormida y armada como un guerrero; es la Walkiria (virgen guerrera hija de Odin que marchaba a los combates y concedia a unos la
victoria y a otros la muerte. A los héroes muertos los llevaba al W alhalla,
Paraíso germánico donde les aguardaban toda clase de deleites). Sigurd le
quita el yelmo y la coraza. La Walkiria abre los ojos y se enamora del joven héroe. Luego le dice sn nombre:
Brynhild, y la cansa de su sueño. Odin
la ha encantado con la espina del sne.ño por haberlo desobedecido y haber
concedido la victoria a un guerrero
joven y no al anciano que debia obtenerla.
Brynhild ya no irá a los campos de
batalla con sus compañeras para distribuir la victoria; pertenece y habrá
de ·unirse al héroe sin miedo que ha
osado romper el encanto. Sigurd y
Brynhild se aman durante mucho tiempo, pero el héroe debe partir en busca
de hazañas que ennoblezcan sn nombre, y se despiden dolorosamente.
Sigurd llega a la corte de Gjnki que
está en las márgenes del Rhin. Grimhild, la mujer de Gjnki, es nna hechicera. Gudrun, la princesa, es muy bella, Gntthorm, Gnnnar y Rogni son
hermanos de Gndrnn.
Gunnar ha oido hablar de Brynhild,
la Walkiria rodeada de fuego y quiere
ir a conquistarla. Grimhild, conoce
que Sigurd es el dueño y señor de
Brynhild, y como la quiere para su hi-·

11

parece para nuestro interés, porque él
no era un filósofo, ni un sabio, sino
una actitud. ¿ Que sus ideas eran verdaderas, falsas, grandes o pequeñas?
No importa. ¿Qué es lo que sobrevive
de los hombres o de las civilizaciones,
sino un esfuerzo, una ideología, una
dirección? ¿Que no supo tanto como
sus detractores? Tal vez; pero al menos aspiró a saber más que ellos y,
sobre todo, dedicó su vida a criticar
los "errores comunes". ¿ Que su cultura era bastante limitada? Con todo,
era superior a la de la mayor parte de
sus contemporáneos.
Los escritos a que aludiamos al prin•
cipio, arguyen que Feijóo fné un mal
escritor porque incluía en su vocabulario galicismos, latinismos ... Es cierto que los hay, pero concluir de eso
que Feijóo es un mal escritor, es satisfacer un capricho y esquivar la integridad intelectual. Porque en este caso
comencemos por convenir que desde
Cervantes, antes de Cervantes y hasta
los autores mas contemporáneos, todos son malos escritores. "No hay
idioma que no necesite del subsidio de
otros, porque ninguno tiene voces para todo", nos aclara él mismo en la
"Introducción de voces nuevas". ¿Que
el monje benedictino no fué un genio
de la prosa castellana? De acuerdo,
pero tampoco se preocupó en serlo.
Sí es un escritor ameno, sencillo, claro, de buen gusto y deleitoso. En verdad la situación era la siguiente: la literatura nacional estaba degradada y
corrompida, pero convenía aclarar si
era el resultado de no haberse observado las reglas del arte o a la falta de
genio en los literatos. Feijóo se inclinaba por lo último. Más todavia:

jo, le hace beLer no filtro mágico para
que la olvide y lo hace desposarse con
Gndrun. Gunnar hace que Sigurd lo
acompañe a la conquista de la doncella guerrera rodeada de fuego. Gunnar
y Sigurd llegan al muro que la defiende.
Ni Gnnnar ni sus hombres pueden atravesar las llamas. En vano lo intenta
Gnnnar montando a Grani, el caballo
de Sigurd. Entonces· Sigurd recuerda
la magia que le había enseñado Regin
el enano, y tomando la apariencia de
Gunnar cabalga sobre el fuego y se
presenta a Brynhild. Esta, alarmada
al ver a un extraño, intenta defender..
se. Sigurtl le dice que es Gnnnar, hijo
de Gjuki, lucha con ella y le arrebata
el anillo que le había regalado en prueba de amor. Después, yace con ella en
el lecho conyugal pero sn espada Gram
los separa. Sigurd la clava entre ambos como prueba de fidelidad a Gn•
nnar. Brynhild se extraña pero él dice
que ha jurado celebrar sus bodas en
esa forma so pena de muerte.
Brunhild marcha como la esposa de
Gnnnar hacia su castillo en el Rhin,
pero descubre fn Sigurd a su antiguo
amante, y creyéndolo un traidor exige
su muerte a Gunnar. Hogni trata de
impedir que tal asesinato se consume,
pero Gntthorm se ofrece para dar
muerte al héroe; y como es cobarde,
es preciso que beba carne de serpiente y de lobo antes de osar semejante
empresa.
Gnt\horm mata a Sigurd mientras
duerme, pero éste agonizante le arro
ja su espada Gram y lo parte en dos.
Muerto Sigurd, Brynhild descubre
que no puede sobrevivirlo, se apuñala
y se arroja entre las llamas de la pira
funeraria de Sigurd. Otra vez, la espada Gram es clavada con la hoja
desnuda entre ambos. Atli, rey de
los huµos y hermano de Brynhild,
pide a Gudrun en matrimonio con el •
fin de apoderarse del tesoro de los NiPasa a la Pág. 6

/NCUL T0 11

00

FE JJOO
Por Daniel MIB

mientras unos (Lnzán) fiaban demasiado en las reglas del arte, Feijóo fiaba en el poder del genio, pues no creia
demasiado en la eficacia de las reglas.
No encajona el arte dentro de fórmulas convencionales, sino que le deja
desarrollarse al impulso del genio artistico.
Este sentimiento de libertad, se ratifica en su discurso titulado "El no
sé que". En muchas producciones, no
sólo de la naturaleza, aún más del arte, encuentran los hombres, fuera de
aquellas perfecciones sujetas a su comprensión, otro genero de primor misterioso, que cuanto lisonjea el gusto,
atormenta el entendimiento; que palpa el sentido y no puede descifrar la 1
razón; y así, al querer explicarle, no
encontramos voces ni conceptos que
satisfagan la idea, se dejan caer desalentados en el rudo informe de que
tal cosa tiene un no sé qué que agrada,
que enamora, que hechiza, y no hay
que pedirles revelación más clara de
este natural juicio". Y añade, refiriéndose a muchos objetivos que tienen un no sé que que los hace agradables y hermosos, y a otros que tienen
un no sé qué que los hace feos: "de
-Suerte que como en aquellos hay un
primor que no se explica, en algunos
de éstos hay una fealdad que carece
de explicación". ¿Que toda esta metafísica de la esencia del "no sé ciué"
está algo .confusa en la mente de Feijóo? De acuerdo, pero no lo está menos en la nuestra.
Es falso acusar al fraile benedictino
de afrancesado. Pertenece a un grupo
de escritores que en la. España de los
siglos XVIII y XIX difundieron la cultura francesa; pero no porque fuesen

menos españoles que quienes les atacaban, sino porque eran más españoles que sus adversarios. Quien dude
del españolismo de Feijóo, lea su "Páralelo de las lenguas castellana y francesa" y su canto a las "Glorias de España". No fué un artista, ni un sabio,
ni un genio, sino un trabajador infatigable que se pasó la vida leyendo y
escribiendo en su celda oscura del
convento de· Oviedo. Mas, sin ser nada
de ésto, Feijóo tuvo la intuición del
verdadero arte, del verdadero genio y
de la verdadera sabidnria. , ¿Que malgastó su tiempo escribiendo sobre cosas inútiles? Dejemos que él mismo
conteste a estos que llama "sicofantes": "Cuántas veces se me ha repetido que debiera emplear la pluma en
asuntos más útiles (que los de vulgarización cientifica y destrucción de
errores) . ¿Y cuáles son esos asuntos
más útiles? Son, se~n ellos quieren
dar a entender, la teología escolástica,
la moral, la expositiva. ¿ Y esos son
asuntos más útiles? Distingo: absolutamente hablando, y prescindiendo de
las circunstancias
de tiempo, regio,
nes y otras, lo concedo. Contrayendo
la proposición a las· circunstancias en
que nos hallamos, lo niego. Explícame.
Yo escribo principalmente para España. ¿Y qué es más útil para España?
¿Escribir sobre aquellas facultades, llenas de muchos y muy excelentes autores? ¿Quién lo dirá? ¿Para qué llevar agua a la mar? ¿O escribir aquello
en que España está pobrísima de autores y noticias? Esto si que le puede
ser, y, en efecto, le es muy útil". El
pueblo asi lo apreciaba, pues ningún
autor español, ni el mismo Cervantes,
fué más leido que Feijóo.

Pág. 5
Pág. 4

�Afectividad . . .

Sigue de la Pág. 1
el joven argumentos a favor de una y
otra resolución. Pero infaliblemente,
cada vez que una razón de peso parecía orientarlo hacia una decisión, surgía la razón sistemáticamente opuesta
que hacía nacer de nuevo las interrogantes. · "El interés general es superior al particular -se decía prime-

tanto el hombre como el universo en·
tero son malos en sí. Además, la salvación es el resultado de una libre
elección de Dios que predestina a
quien El quiere. Dichos dos elementos, naturaleza corrompida y salvación
problemática, no están destinados a
sembrar el optimismo en el corazón
del hombre. De ahí un ambiente del
cual nuestros pensadores modernos
aún los católicos ortodoxos, han sido
influenciados. Por ello no resulta inútil recordar que Pascal, quien con sus
"razones del corazón" fué el precursor
de la filosofía moderna, era jansenista.
Kierkegaard, el primer existencialísta,
era un pastor protestante, y es un ambiente protestante también en el que
fué educado Albert Camus, otro filósofo del absurdo.
Las otras causas de la importancia
que han tomado en la vida filosófica
los sentimienÍOs trágicos del hombre
pertenecen al orden histórico. Europa
en general se ha visto arrastrada en
una serie de catástrofes. En esas tempestades la escala de valores fué aniquilada. En pocos años el ideal y la
verdad cambiaron varias veces de
campo por los cambios de alianzas. La
sola realidad indiscutible quedaba · en
las ruinas, las míseriaS, los duelos.
Cuando se ha puesto en duda el ideal,
se acaba rápidamente por dudar del
valor de la idea, de las ideas en general.
En suma, el filósofo moderno no es
una Razón Pura, es un hombre total,
de carne y de sangre, devorado por la
inquietud. La angustia lo orienta ya
hacia un desbordamiento redentor por
el amor, ya sea hacia una desesperación completa. Pero ateos y cristianos
tienen en común el ser no solamente
hombres que piensan, sino hombres
_que sienten profundamente y quienes,
en lugar de rechazar tales sentimientos como Jo hacían los filósofos antiguos y clásicos, los integran en el seno
mismo de la filosofía ..

ro-, asi que parto para Inglaterra".
Pero entonces pensaba: "¿ Quién puede estar seguro de la justicia de una .
causa? En cambio mi deber al lado de
mi madre está bien claro -Y agregaba-: además le soy indispensable,
mientras que en el ejército no seré
más que una unidad entre miles y mi
eficacia personal será casi nula". Así
proceden las agotadoras antinomias.
Pero en fin, hay que escoger, y la abstención misma es ya una elección. Por
eso la angustia entró en el corazón del
joven y deberá arrastrar su vida a una
elección absurda, puesto que no hay
criterios para disipar la ambigüedad.
Y Sartre agrega: "Es el hombre un ser
martirizado por la angustia de la elección absurda". Acongojado por tener
que elegir, privado de las luces de una
razón que divaga como una loca, oscilando sin cesar entre el si y el no, el
hombre de Sartre irá de la náusea a
la desesperación. Ser-á la angustia el
signo de la existencia de ese pobre joven que indefinidamente buscará asirse en algo y no asirá más que el vacío,
la nada, "una especie de no-ser que
es", como lo escribia Platón.
Ese sentimiento de angustia, que,
como la Maira, el Fatum antiguo, planea y pesa sobre el ateo moderno de
tipo Sartre, no es extraño al pensador
cristiano. Angustia del cristiano, tal
cual nos la muestran Mauriac y Graham Green, que se siente desgarrado
entre la cumbre a donde le llama la
Gracia y los bajos fondos hacia los
cuales le atrae su naturaleza, eco dramático de San Pablo que escribía : "No
bago el bien que quiero y sí el mal que
no deseo". Angustia del místico que
Bernanos nos describe, presa de la inmensa tentación de duda y desesperación que le espera en el umbral mismo
de la santidad. Angustia de un mundo
que, unido místicamente a la Cru~ de
Cristo, repetirá con El la queja trágica: "Señor, Señor, porqué me has
abandonado". Ut quid, el ere li qui s ti
me . . . Es ese el sentido profundo del
bello libro que León Bloy tituló con
justeza "El Desesperado". En' fin, el
filósofo y pastor danés Kierkegaard
escribe a la cabeza de su Tratado de
la Desesperación: "Hay que desesperar de uno mismo y del mundo, para
acercarse temblando al Dios que sal- ·
va".
Cierto que esta angustia no despierta los mismos ecos en los pensadores ,
ateos que en los cristianos. }?ara los
primeros, es el círculo infernal y sin
salida. Para los segundos, es la prueba
de fuego en la cual debe consumirse
todo lo que en nosotros resiste al .amor
y' al olvido de sí mismo. Queda común
a ambos, sin embargo, que para unos
y otros el contacto del hombre y la
verdad, sea considerada del modo que
se quiera, no es un juego tranquilo del
espíritu, sino la .búsqueda de un pensamiento angustiado.
¿En donde hallar los orígenes de
ese carácter común? Son múltiples,
pero nos concretaremos a dos causas
princi.Pales, una doctrinal, la otra histórica. La influencia doctrinal que se
ha ejercido en nuestra época, es la del
protestantismo en Alemania e Inglaterra y la del jansenismo en Francia.
Ambas doctrinas presentan numer osos
puntos comunes. Sin entrar en un
análisis teológico, digamos simplemente que el pecado original, en esas doctrinas, no solo priva al h ombre de los
bienes sobrenaturales, sino que corrompe su naturaleza al punto que

Pág. 6

Jenófanes...
Viene de la Pág. 8
mas si se dan en la búsqueda a tiempo
cosas mejores cada vez irán hallando."

Este largo peregrinar del hombre no
tendrá fin, ya que el mismo Jenófanes
reconoce el alcance total y completo
de la sabiduría como algo imposible.
Por eso con cierto pesimismo nos dice
en el siguiente párrafo:
"Jamás nació ni nacerá varón alguno
que conozca de vista cierta lo que yo digo
sobre los dioses y sobre las cosas todas;"

CONCLUSION
La fundamental importancia de Jenófanes está en su pensamiento teológico, (empleo esta palabra a falta de
otra mejor) ya que materialmente no
se le encuentran precursores y marca
el punto de referencia en el cual se
inicia la tradición griega que culmina
en el monoteísmo aristotélico que luego será aprovechado para fundamentar filosóficamente el cristianismo.
Jenófanes en su cosmología no es
tan original como en su teología, ya
que se muestra como continuador de
sus maestros y no demuestra aportes
.originales de algún valor.
En su pensamiento ético se nos
muestra como muy influenciado por
el Pitagorismo, y a la vez como el descubridor de una nueva dimensión de
la dignidad humana.
En sintesis, Jenófanes está en el
punto donde convergen los Pitagóricos y los Milesios, y en el principio de
la escue]a Eleáta, que a su vez es la base de toda la filosofía griega.
Se advierte qu e la brevedad del trabajo excluye la posibilidad de citar a todos v cada
uno de los auto res sobre los que nos ·hemos
apoyado.
* Estos y los sigu ientes fragmentos citados los
hemos tomado de la traducción de Juan David Garcla Bacca, en "Los Pre-Socráticos" .
El Colegio de México.

Un Cuento ...
Sigue de la Pág. 4
melancolia de no poder tener el halcón, o por la enfermedad que a ello lo
debía conducir, pasados unos días,
con grandísimo dolor de su madre,
dejó esta vida.
Monna Giovanna, después de que llena de lágrimas y amarguras estuvo un
tiempo, habiendo quedado riqulsíma
y todavía joven, muchas veces fué instigada por los hermanos a casarse de
nuevo; ella, aunque no tenía tales deseos, viéndose cortejada recordóse del
valor de Federigo y de su última magnificencia -esto es, de haber matado
un halcón tan bueno por honrarla-,
y dijo a sus hermanos: -Yo por mi
gusto me quedaría así, pero si 3. VOSOw

tros os place que tome marido, por
cierto que no tomaré jamás ningún
otro que no sea Federigo degli Alberigbi. A Jo cual los hermanos, burlándose de ella dijeron: -Necia, ¿qué es lo
que dices? ¿ Cómo es que lo quieres a
él, que no tiene nada en el mundo? A
lo que ella respondió: -Hermanos
mios, se tan bien como vosotros lo que
decís, pero yo quiero antes hombre
que tenga necesidad de riquezas que
riqueza que tenga necesidad de hombre. Viendo su ánimo los hermanos y
conociendo de tiempo a Federigo,
aunque era pobre, diéronsela en matrimonio con todas sus riquezas. El
cual, teniendo por esposa una tal mu•
jer a quien tanto había amado, y además riquísimo, en alegría con ella y
menos dispendioso terminó sus años.

El Canto de los Nibelungos . ..
Sigue de la Pág. 5
belungos. Hiigni y Gunnar arrojan el
oro a las profundidades del Rhin. Después de algún tiempo, Atli convida a
sus cuñados a un banquete en sus dominios. En vano Gudrun les advierte
que es una celada. Gunnar y Hiigni
marchan a los dominios de Atli, quien
extermina a sus fieles y al no poder
arrancarles el secreto sobre el tesoro
oculto de los Nibelungos, les da muerte. Finalmente, Gudrun venga a sus
hermanos dando fuego al castillo de
Atli y matándolo personalmente.

En el Niebelungenlied, Siegfried o
Sigfrido es el héroe,
Es príncipe de Niederland y marcha
a Worms porque ha oído hablar de la
hermosura de Kriemhild, la hermana
del Rey Guntber. Siegfried ha Jnchado
con Alberich, Rey de los Nibelungos y
le ha arrebatado su tesoro, al que Alberich maldice lo mismo que Andvari
en la Saga Viilsunga. Luego mata a
Fafner, el horrendo dragón que custodia el tesoro, y se baña en su sangre
que lo hace invulnerable. Solo nna
parte de su cuerpo ha quedado sin
protección porque la cubrió una boja
de tílo que cayó sobre su espalda
cuando se bañaba.
Gunther, el Rey de Worms sobre el
Rhin, quiere conquistar para sí a una
indómita reina de Islandia llamada
Brunhíld. No hay guerrero príncipe o
noble que haya podido vencerla y hacerla su esposa. ilagen Tronj~ (o Trojan, es decir, el Troyano), el tio del
rey, conoce la historia de Siegfried y
aconseja a su sobrino que le pida su
ayuda.
Siegfried accede si en cambio Je
conceden la mano de Kriemhild. Hecho el pacto, parten a Islandia y se
presentan a la reina.
Brunhild somete a Gunther a distintas pruebas de las que sale victorioso
gracias a la ayuda de Siegfried, quien
envuelto en un manto mágico, el Tarnkappe, puede Yolverse invisible y prestar ayuda a su amigo.
Vuelven victoriosos a Worms, pero
la Reina Brunblld es altiva y desdeñosa. Ama en secreto a Siegfried y trata
de humillarlo porque no le pertenece
ni se inclina ante ella. Hagen Tronje 1
pide a Siegfried aún ayuda para Gunther, pues Brunhild n o ha querido someterse a él, aún en el lecho conyuga1.
Esa noche, Siegfried invisible entra
en la alcoba de la reina al mismo tiempo que Gunther. En la obscuridad, el
fuerte Siegfried hace que la reina se
entregue a su marido. Juran todos
guardar el secreto, pero Siegfried ha
guardado un a·nillo de esta aventura 1 y
lo regala a Kriemhíld su mujer.
Kriemhild Jo.lleva siempre como trofeo Y en una oc::isión, cuando Brunhild
Y Kriemhíld disputan, la mujer de
Siegfried le revela a la reina de Islandia quien ha sido su vencedor. Brunbild se siente humillada y pide a Gunther que mate a Siegfried.

Hagen Tronje, que envidia al héroe,
se ofrece para darle muerte, y por medio de un ardid conoce el punto vulnerable de Siegfried; Juego, durante
una cacería en Odenwald, Jo mata a
traidón.
Kriemhild llena de dolor hace que
sus familiares se acerquen al féretro
de Siegfried. Cuando Hagen Tronje se
aproxima, las heridas del muerto se
abren y mana sangre acusando al asesino. Kriemhild pide justicia a Guntber señalando a Hagen como asesino
de su esposo. Gunther se niega a concedérsela y entonces ella jura una venganza sangrienta.
Atila, Rey de los Hunos, al saberla
viuda, envia a uno de sus hombres, el
Margrave Rudiger de Bechlar.n a pedirla en matrimonio. Hagen y Gunther acceden para deshacerse de ella,
pero la despojan del tesoro de los Nibelungos que ocultan en el fondo del
Rhin.
Ya esposa de Atila, Kriemhild en
señal de reconciliación, convida a
Gunther y a Hagen a los dominios del
Rey de los Hunos, ¡Íara celebrar las
fiestas del SoJ. .
Hagen y Guntber atraviezan el Danubio para asistir a la invitación de
Kriemhild .pero las hechiceras del Danubio les anuncian que sólo el capellán cristiano que los acompaña volverá con vida a las márgenes del Rbin,
a menos qué sea sacrificado a las
divinidades del Walhalla. Hagen el
malvado intenta ahogarlo, pero el capellán escapa y vuelv.e a su país. Los
vasallos de Gunther aceptan con resignación este terrible afigurio.
En efecto, en el palacio de Atila los
hombres de Hagen y de Guntber son
exterminados sin piedad, y Hagen y
Gunther, los últimos supervivientes,
caen en poder de Dietrich Von Bern,
un rey ostrogodo al servicio de Atila,
quien los conduce encadenados a prew
sencia de la vengativa Kriemhild. Esta les exige que le devuelvan el tesoro
ele Siegfried y como se niegan, los mata con la espada del héroe, la Balmung. Horrorizado 1 un caballero de
Dietrich Von Bern, el valiente Hildebrand, la mata a su vez.
(Continuará)

Exilio y ...
Sigue de la Pág. 4
forma positiva y creadora, representa
el precio que hemos pagado por la Ji.
bertad, fuente de toda vida espiritual
Y, en consecuencia, de toda poesia. El
exilio pene a prueba nuestra vida porque 1a abre a la perspectiva mas amplia posible : la patria universal de la
c ultura. Eso, convivido en la nostalgia que se en·rosca en cada instante de
lo cotidiano, y cuyo único sentido es,
para el Cxilio, conYertirla, transmutarla, en algo positivo, como el propio
exilio lo es. Porque la tierra entera y
el ser humano entero constituyen, para el exiliado, el contorno natal.

INDICE DE LO PUBLICADO EN "ARMAS Y
LETRAS" EN EL XI AÑO DE VIDA 1954
AZUELA, Salvador. - Juárez, Torre
de Energía de México: No. XII, Diciembre.
BRUNET, Christian. - La Fenomenología y el Problema Crítico del Conocimiento : No. III, Marzo.
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CARPIO, Campio. - Enseñanzas de
la Historia y la Revolución: No. I, Enero; A las Nuevas Generaciones: No. II,
Febrero; Labor de Eugen Re/gis en
América: No., V, l\fayo.
CASTRO CALVO, José Maria.-Rubén Dario y el Modernismo en la Literatura Hispanoamericana: No. VIII,
Agosto.
CIRRE, J. F.- Tres Poetas Andaluces: No. VII, Julio.
CHABAS, Juan.- Jacinto Benavente:
No. VI, Junio.
DEL RJO, Luis Felipe.- Poesía: Cinegética, Canicular: No. I, Enero.
DEL VALLE, Dr. Amariba.-Jorge
Artel, Sangre del Espiritu: No. 11, Febrero.
F . L.- Jlfarlí, Critico de Arte: No.
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GOYOAGA Y ESCARIO, José Luís
de.- Do11 Francisco de Quevedo y su
Sifnificació11 en la Literatura Española: No. JI, Febrero.
GORTARI, Eli de.- La Función So,
cial de la Ciencia: No. XI, Noviembre.
GONZALEZ MONTEMA YOR RAFAEL.- Ef emérides de la Organización de las Naciones Unidas: No. XI,
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Jacinto Be11avente: No. VI, Junio.
J. D.-La Danza: No. IV, Abril.
KOURI, Juan B.- lolarlí y la Libertad Mental : No. IX, Septiembre.
LOPEZ ROSADO, Diego G.- El Orígen Histórico de la Institución Bancaria: No. X, Octubre.
M. A.-Pec/J'o Gar'/ias: No. IX, Septiembre.
MARTINEZ RENDON, Miguel D.Génesis y Exaltación de Nuestro Glorioso Himno Nacional: No. X, Octubre.
MONTAÑEZ M., Gaspar.-EI Petróleo en México: No. IV, Abril.
NO RIEGA, Raúl.- La Piedra del Sol:
No. X, Octubre.
O. H.- Et Maestro Antonio Moreno:
No. VIII, Agosto.
PEÑALOZA, Joaquín Antonio.- Poeta de la Patria: No. X, Octubre.
PRIETO F., Luis E.- El Humanismo
Democrático y la Educación: No. V,
Mayo.
QUIROGA VILLARREAL, Alicia.Garci1azo de la Vega en la Poesía Lirica Española: No. XI, Noviembre.
REDACCION, La.- Universidad de
Chile. XIX Escuela de Verano. Santiago, del 2 de Enero al 5 de Febrero de
1954.-Relación cronológica de lo publicado por " Armas y Letras" durante
su X año de vida: 1953.- Aferencia y
Eferencia en la Universidad: Concierto; Conmemoración Luctuosa; El
Maestro Beltrán ; Los Cursos de Invierno del D,A.S.U.; Teatro Universitario;
Libros : Cuad e rnos Hispanoamericanos1 por A.R.G. : No. I, Enero.
Aferencia y Eferencia en la Universidad : La IV Anualidad de los Cursos
de Invierno del D.A.S.U. ; Deceso ; Exposición de Pintura, Dibujo y Grabado; Libros: Pensamiento y Acción de
José Marti, por A.R.G.; Séptimo Concurso Nacional de Oratoria, organiza•
do por El Universal. No. 11, Febrero.

El Teatro; Aferencia y Eferencia en
la Uüiversidad; Conferencias sobre
Matemáticas; El Doctor Raúl Roa; Teatro en la Universidad; Conferencias
en la Facultad de Filosofía y Letras;
Cinco Pintores Regiomontanos; El Dr.
Edelmiro Rangel T.; Libros: Alcalá,
Revista Universitaria Española, por
A.R.G.: No. III, Marzo.

lllllBl~OS
LA CIVILIZACION MAYA.- S. ·G. Morley. 2a. Edición . Fondo de Cultura
Económica.- México, 1953.
El libro "La Civilización Maya", del
Fondo de Cultura Económica, atrae
deSdc la primera vez que se hojea; en
la portada, un magnifico dintel maya;

La Academia Mexicana de la Danza
del I.N.B.A., en la IV Anualidad de los
Cursos de Invierno del D.A.S.U.; Libros: Literatura Española Contemporánea, de Juan Cbabas, por A.R.G. : No.
IV, Abril.

ANALES
.!)EL INS'fff!l'W .Dlf
INVESTIGAC!ONl&amp;

Libros: La Amargura de Patagonia,
de Rubén Dario (hijo), por Rafael Helio doro Valle; Sociedad Mexicana de
Geografía y Estadística, Convocatoria
al Concurso para premiar los méritos
científicos relevantes de los investigadores y hombres de estudio mexicanos. No. V, Mayo.

,, 11STETIC4f

22

Junta Nacional de Educación Normal, Convocatoria; Libros : Estilística
Literaria, por E. N. No. VI, Junio.
Los Momentos Cruciales de la Historia de México (Síntesis de Conferencias dictadas en la Escuela de Verano
por el Dr. Carlos Bosch García). No.
VII, Julio.
Sociedad Mexicana de Fisica, Convocatoria. No. VIII, Agosto.
Los Conceptos del Derecho Romano
a la luz de la Historia Social y Politica de Roma. (Crónica de las Conferencias dictadas en la Escuela de Verano
por el Dr. Wenceslao Roces). No. IX,
Septiembre.
Carta de los Educadores Mexicanos
(Aceptada por la Junta Nacional de
Educación Normal); La Escuela de
Post-Graduados de la Universidad;
Aferencia y Eferencia en la Universidad: Octubre; Noviembre; Homenaje
Castrense a la Universidad; Cursos de
Invierno del D.A.S.U.; Curso Sobre la
Lógica de Hégel; Feria del Libro en
México; Relación de Trabajos de D.
José Tudela de la Orden. No. XI, Noviembre.
Curso de Introducción a la Lógica
de Hégel. No. XII, Diciembre.
SANCHEZ DE LA FUENTE, Felipe.-Sinfonia de la Revolución. No. XI,
Noviembre.
SEPULVEDA, César.- Las Relaciones entre México y los Estados Unidos
en el Siglo XX: No. IV, Abril: La Etapa de los Ajustes: No. V, Mayo; La
Etapa ele la Colaboración: No. VL Junio.
STANKOVICH, Radivoj.-E1 Problema Axiológico en la Actualidad, I: No.
V, Mayo; El Problema Axiológico en
la Actualidad, II: No. VII, Julio. '
TOPETE, José Manuel.- La Mu erte
del Cisne(?) : No. VI, Junio.
TOVAR, Antonio. - Confesiones del
Centenario: No. f, Enero.
TREVIÑO, Lic. Víctor L. y Lic. R.
González Montemayor.- La Educación
del Obrero Manual en México: No. I,
Enero.
VALLE, Rafael Heliodoro.-Poesía :
Bendició11: No. X, Octubre.
ZERTUCHE, Francisco. - Bernardo
de Balbuena y la Grandeza Mexicana;
No. VIII, Agosto ; Literatura Mexicana
Siglo XVI: Francisco Cervantes de Salazar y su México en 1554: No. IX, Septiembre; La "Rusticatio Mexicana" de
Rafael de Landivar: No. XII, Diciembre.

niones r • anhelos de un hombre de
quien parte de su vida está relacionada con nuestra historia del arte y de
1a arqueología; por eso es un documento más para la historia de los artistas extranjeros en México."
Clementina Díaz y de Ovando1 Pro•

en el interior, una impres10n limpia;
un gran número de mapas, fotografías, dibujos, ilustran cabalmente la
lectura.
El autor, Sylvanus G. Morley, reputado como uno de los más eminentes
arqueólogos de esa zona, se ha cuidado de escribir un buen libro que pone
al alcance del público lector la Cultura Maya, vista a través de sus mas remotas fuentes y los mas recientes descubrimientos. Desde la historia y ]as
costumbres hasta las mas elaboradas
abstracciones, desde la ceremonia mas
simple hasta la arquitectura sorprendente de Palenque, todo está escrito
ahí. Uno tiene la impresión, al recorrer esos capítulos señalados con la
numeración maya, de estar asistiendo
y ser uno de los mayá.s, en ]a historia
de este pueblo nuestro tan maravillo:
so. Porque el libro sitúa al lector en
el medio maya, hace ver claramente el
mérito inn,cgable de esta cultura; y todo cimentado, no en la apologética
dispensiosa, sino en el estudio erudito
que transcurre por las páginas en frases sencillas y agradables.
Tal vez el lector discrepe en cuanto
a los juicios estéticos, pero lo que este libro aborda en el terreno del arte
es la minima parte de la obra, amén de
la diversidad de criterios valorativos.
En suma, la obra llena un hueco, y
puede servir perfectamente como li-·
bro de consulta.
A.C.S.
ANALES . DEL INSTIT UTO DE INVESTIGACIONES ESTETICAS.- No.
22. Director: Dr. Manuel Toussaint.
México, 1954.
La presentación y la tipografía estan cuidadas, siendo en realidad el número a que nos referimos, un bello
ejemplar.
1
En el sumario encontramos, entre
otras cosas, la tranquila y r eposada
revista que Manuel Toussaint dedica a
"Veinte Allos de Investigaciones Estéticas'1. Es la mirada que se recrea en
el camino reconocido y que constata
el mérito de la labor desarrollada.
Nuestro amigo Justino Fernández, a
quien pronto ver emos en Monterrey,
contribuye al número de referenci a
publicándonos y reseñando la aparición del diario Waldeck, del que el
Maestro Fernández dice : "El Diario de
,valdeck, además de su interés humano, nos ofrece las observaciones, opi-

fesora y además Profesora normalista,
a juzgar por su criterio, ocupa varias
páginas en tratar de inventar una "Visión Histórica de Ignacio M. Altamiranol'. El articulito está ilustrado con
grabados al gusto de la época . . . ·de
Altamirano y de la autora.
La Canción del Novio Desairado. Vicente T. Mendoza se lanza a la tarea
de comprobar, siguiendo la pista de
un hilo concreto, la profunda y fundamental unidad cultural de los pueblos
de América Hispana. La bella sencillez
de romance, poesía primera, resalta y
su plenitud se demuestra en el mar de
retoños que le salen en todos nuestros
países. La auténtica investigación es
siempre fructuosa, y el auténtico investigador Jo es sobre temas que sí
bien son pasado, viven en nosotros co•
mo presente.
Coleccionando efigies de Dn. Fernando VI, logra el Sr. Manuel Romero
de Terreros un articulo pequeño y decoroso. Los grabados suponen un verdadero amor a la i~vestigación .
Francisco de la Maza nos ofrece un
breve estudio sobre el proyecto urbanistico p~esentado a principios del
año de 1794, por el Arquitecto Dn . Ignacio Castra al por entonces Virrey
Conde de Revillagigedo. Realmente,
también en Arquitectura o Urbanismo
se nota por entonces la tendencia a la
renovación que culminó en una pro~
yección que el futuro realizó al menos
en parte.
Rev elándonos la riqueza del arte
criollo colonial, aún en sus más pobres
manifestaciones, Elisa Vargas Lugo nos
habla de "La Vicaría de Aculco", Pedro Rojas de "Copándro", y Raúl Flores Guerrero de "El Convento de Charo y sus Murales". Son estos trabajos
ele mérito indiscutible que nos van
dando a los mexicanos del Norte, una
idea de lo que pudieron hacer en un
tiempo el entusiasmo de un pueblo que
sabía que tenía un futuro. Las raíces
hay que hincarlas en el pasado para
poder aspirar a crecer en e1 porvenir.
Nos resta felicitar ca]urosamente al
Instituto de Investigaciones Estéticas
con motivo de su vigésimo aniversario, parti cularmente a su Director Dr.
Manuel Toussaint, quien ha dedicado
su vida con amor y dedicación al cultivo de los valores artísticos de México. Solo el futuro podrá decir con justicia cuanto debemos a su labor.
M.M.G.

Pág. 7

�que vivió durante algún tiempo en Si- que Jenófanes solamente se reduce a
afirmar que sólo existe un dios, supecilia.
rior
en alguna forma a los demás.
La afirmación de que fué un rápsoda
Contra
esta manera de ver el 'p roblecarece de base, pues Diógenes nos dice que acostumbraba recitar sus "pro- ma se encuentr¡¡. el, otro grupo igualmente numeroso de investigadores que
Por Manuel MORALES G. pios poemas" lo que era cosa bien dis- sostiene que si bien es cierto que del
tinta ya que el cantar los propios poemas ~o le convertía en profesional si- texto mismo del fragmento No. 23 anN el lento madurar del hombre, se crean por primera vez, no que Je conservaba igual socialmen- teriormente citado, no se puede deducir nada con ,certeza, el contexto de
en las Colonias Griegas del Asia Menor, las condiciones te a sus oyentes.
otros fragmentos y sobretodo, la reiNo
hay
manera
de
asegurar
que
se
que permiten el nacimiento de la Filosofía como ciencia
estableció en Elea ya que como él mis- terada tradición, nos autoriza a: supoapoyada ' en la razón.
mo lo afirma todavía a los 92 años lle- ner que Jenófanes si negó la eiistenEn un principio la filosofía no tiene·las características con vaba una vida errante.
cia de los demás dioses. Este otro punto
de vista podemos decir que está
que ahora la conocemos, pero en lo esencial ya se perfilan sus
Sin embargo, Aristóteles nos dice
igualmente
bien representado que el
datos fundamentales.
que en Elea tuvo por discípulos a dos
primero, ya que entre quienes lo sosde los mayores pensadores de la antitienen podemos contar a Zeller "GesVarias son las razones que hacen a triunfo del espíritu geométrico. El güedad, tan originales como antitéchichte der .Griechischen Philosophie"
las Colonias Griegas de Asia Menor ser mundo de Anaximandro se haya cons- ticos: Heráclito y Parménides.
y
Wilamowits "Literatura Griega". (Cila cuna tlel movimiento intelectual que truido mediante rigurosas proporciotados
por el Dr. I. Quiles).
habría de causar una profunda reno- nes matemáticas."
FRAGMENTOS CONSERVADOS
"El mundo es una esfera. El sol gira
vación en la humanidad.
JENOF ANES COSMOLOGO
1.-Estas ciudades logran crear una alrededor de ella en un círculo de coLa totalidad de las obras de J enófamo 27 veces el diámetro de la tierra, nes se ha perdido, y sólo se consergran prosperidad comercial.
Su pensamiento sobre "lo que es el
2.-El hecho de ser ciudades relati- e·l diámetro de la tierra es como tres van por casualidad unos pocos frag- mundo" varía relativamente poco de
vamente nuevas, hace que en ellas la veces su altura."
mentos que fueron citados en posterio- la escuela de Mileto, ya que pretende
vigencia de la tradición sea menos rí"La tierra se baya libremente sus- res obras de distintos autores.
encontrar asimismo un primer princigida que en la Grecia Metropolitana.
pendida en el espacio. Y se baya por
Según Diógenes, Jenófanes escribió pio o arché de lo que existe, y de esta
3.-La mezcla de razas produce un ambos lados a igual distancia de la es- en hexámetros y compuso además ele- manera afirma categóricamente, aquí
tipo humano de extraordinaria movili- fera celeste."
gías y yambos en contra de Homero y si sin lugar a dudas, "Todas las cosas
dad e inquietud, distinto profunda"Un poco más cerca que la esfera Hesíodo. Durante algún tiempo se ha que nacen o crecen son tierra o agua."
mente del griego peninsular, que es se-' del sol, se haya la esfera celeste."
creído que entre las obras de Jenófa- Vuelve a insistir más adelante: "Porco y rígido en comparación de éste.
"Donde tuvo lo que es su origen, allí nes se encuentra algún Poema Filosó- que todos hemos sido hechos de tierra
En este ambiente de riqueza, tole- es preciso que retorne en su caída de fico completo, pero posteriores inves- o agua." Hay varios fragmentos en
rancia y escepticismo, una legión de acuerdo con las determinaciones del tigaciones nos dan a entender que los cuales se expone este mismo critehombres se dedican a tratar de encon- destino. Las cosas deben pagar unas nunca hizo tal cosa. Ya Simplicio en rio con distintas variantes. Es innetrar al mundo bases sólidas, racionagable que en este aspecto Jenófanes se
les y positivas. Hay además un ardor
muestra completamente como contipor las matemáticas, la geometría, la
nuador de Tales, Anaxímenes y sobre-~
cosmografía y la mecánica.
todo de Anaximandro.
Tales de Mileto, Anaxímenes y Ane~
El mundo para Jenófanes es eterno.
ximandro son los nombres que noso~y de ninguno de sus escritos podemos
tros identificamos con aquel despertar
deducir si esta eternidad es debida a
de la filosofía. Ellos trazan las primela materia simplemente, o al Dios que
ras Cartas Geográficas y Astronómimenciona en su poema.
cas. Tales mismo predice el eclipse
La contradicción entre la eternidad
solar del 28 de mayo de 586 A. C.
de el Mundo y sus cambios no la enYa no se explica el mundo exterior
'tendió, ya que este descubrimiento pay sus fenómenos (movimientos de los
rece que estaba reservado a Parméniastros, tempestades, movimientos de
des.
las aguas y de los aires, movimiento,
desarrollo y muerte de los seres vivos)
JENOF ANES COMO ETICO
como resultados de la intervención
caprichosa de divinidades o genios miEl hombre no es perfecto, tiene actológicos. Se buscan las causas que
ciones que no son dignas.
producen estos fenómenos Y se trata
de introducir un orden causal y racio"todo lo que entre humanos.
nal en el mundo. El Caos se convierte
es represensible y sin decoro;
en Cosmos.
robar, adulterar y el recíproco engaño."
Al mundo exterior, caprichoso e
incomprensible, se le convierte en
No sabemos conforme a qué pauta o
Caballos o caballos ...
Cosmos armónico y ordenado, en el
medida superior · juzgaba esto como
cual debe imperar una ley que le dé
malo, pero es seguro que el sentido couna unidad profunda.
a otras castigo y pena de acuerdo con su obra nos dice no haber visto nunca mún de todos los tiempos nos dice que
Esta ley que rige al mundo, que lo la sentencia del tiempo."
el poema antes aludido y es de supo- lo es. Por encima de esta "moral naordena haciéndolo comprensible, es
Sobre estos inquietos antecedentes nerse que en caso de haber existido lo tural'', Jenófanes se eleva hasta enconbuscada afanosamente. Se trata de el aparece la escuela Eleata, iniciada por hubiesen conocido en la Academia, ya trar una dimensión del hombre, la que
principio del Mundo, la materia pri- Jennófanes.
que tal institución poseía obras de au- proclama como más val iosa que la
ma del cual está compuesto.
tores menos importantes.
fuerza corporal de los atletas.
"Aquello de que son todas las cosas
Burnet mismo afirma que lo más
VIDA DE JENOFANES
Para llegar a elaborar esta afirmaque existen, de donde primero han
probable es que J enófanes expresase
ción,
debe haber meditado largo tiemnacido y adonde se reducirán finalLa fecha de su nacimiento parece sus opiniones científicas incidentalmente, tal es lo que dicen ser la mate- caer hacia 570 A.C. En 545 abandonó mente en sus sátiras, pues ello coin- po sobre lo que el Homb_re sea.
Jenófanes intuye que lo especificaria de los seres." *
su patria, Colofón, en el Asia Menor, y cidiría con la moda de la época, como
Tales de Mileto sostenía que esta se retiró al sur de Italia. El motivo fué podemos verlo por fragmentos que nos mente humano en el hombre, no es el
materia prima que se buscaba era el la invasión de los Persas sobre los Jo- quedan de otros autores.
vigor y la belleza física, las cuales
agua, tal es al menos la afirmación que nios. A esto parece referirse el párracompara sutilmente a "fuerza de cabanos hace Aristóteles.
llos",
sino la posibilidad de pensar y
fo siguiente:
JENOFANES TEOLOGO
Anaxímenes sostenía, por otra parcrear obras con ayuda de su inteligente, que era el origen de las cosas lo in- Tú, de qué raza de varones eres?,
El primer problema del pensamien- cia. Esta distinción entre el hombre y
finito. Anaxímenes declaró principio Cuál es ya el cuento de tus años, Fuerte?
to de Jenófanes se nos presenta al tra- los animales nos la hace notar también
de los seres el aire, por generarse de Cuántos tenías cuando nos invadía el Medo?
tar de fijar el alcance de su genial afir- en el siguiente párrafo:
él todo y disolverse en él de nuevo.
mación: "Entre los dioses hay un dios
"Como nuestra alma- afirma-,que es
Lo que sabemos con seguridad es máximo y es máximo también entre "Pero si bueyes o leones
aíre, nos domina y une, así un aliento que Jenófanes llevó una vida errante los hombres."
manos tuvieran
y un aire circunda y sujeta el mundo desde la edad de 25 años y que today
el pintar con ellas,
En este aspecto las opiniones de los
entero."
vía vivía y componía versos a los 92. investigadores están completamente y hacer las obras que los hombres hacen,
Anaximandro cree que el origen del Dijo de sí mismo:
divididas y no es posible llegar a fijar caballos a caballos, bueyes a bueyes,
mundo es lo ilimitado. Por otra parte
de una manera definitiva cuál fué la pintaran parecidas ideas de los dioses;"
es solo Anaximandro el único dé cuya
Ya siete más sesenta
verdadera intención del autor.
concepción del mundo podemos alcan- son los años que traen a mi mente de acá para allá
En el largo camino que el hombre
Gomperz, en su libro "Los Pensadozar una representación precisa.
por las tierras helenas;
res de Grecia" (París, 1928), García tiene que recorrer para alcanzar la
"Fué el primero en crear una ima- y ya tenía entonces mis veinte de nacido.
Bacca en su libro "Los Pre-Socráticos" verdad, es obligación ejercitar su don
Mas, aún con tantos años,
gen del mundo de verdadera profunpara no citar sino dos autoridades, se de la inteligencia ya que:
didad metafísica y de rigurosa uni- decir podría con verdad que de estas cosas algo sepa? inclinan a sostener que la afirmación
dad constructiva. Creador del primer
de Jenófanes no debe entenderse en el "No enseñaron los dioses al mortal
mapa y de la geografía científica."
Sabemos que J enófanes fué discípu- sentido de que intente negar la plura- todas las cosas ya desde el principio;
"Su concepción del mundo es un lo de Anaximandro por Teofrastro y lidad de dioses, antes bien, sostienen
Pasa a la Pág. 6

JENOF ANES
E

.~-ª

Pág. 8

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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