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                    <text>Cuadernos de la revista

ARBOL DE POLVORA/Alfonso Reyes

.
I
AUSENTE EN PARIS

1925-1927

1

CAMPEONA
Cuando el Presidente del Club de Natación y los Síndicos
de París -chisteras, abultados abdómenes, bandas tricolores
sobre el pecho- vieron acercarse a la triunfadora,
prorrumpieron en aplausos y entusiastas excalamaciones:

~"''°

tosecilla muy al caso- ¡Ejem! ¡Ejem! Para l l e ~ diploma
hacen falta algunos datos. Decline usted sus generales.
-¿Aquí, en público?
Risas. El Presidente, protector:
-Su nombre, su edad... ¿En qué trabaja usted, cuál es su
oficio?
-Mi oficio es muy modesto, señores. Porque, sin
agraviar a nadie, yo, como decimos los del pueblo, soy puta.
Pánico. Silencio seguido de rumores.
-¿Ha dicho usted ...?
-Puta.

-¡Si parece un delfín!
-Querrá usted decir una sirena.
-No, una náyade.
-¡Una oceánida, una "oceánida ojiverde", como dijo el
poeta!
La triunfadora, francesita comestible que hablaba con
dejo italiano para más silbar las sibilantes . y mejor
suspenderse en un pie sobre las dobles consonantes,
comenzó a coquetear:

-Non, mais vous m'accablez! Mon Dieu, que je suis
confuse! El une nafade, encore! C' est pas de mafaute, vous
savez? Si j' avais su...!
Y todo aquello de:
-Toque usted; sí, señor. No hay nada postizo. Eso
también me lo dio mi madre con lo demás que traje al
mundo, etc.
-Vamos a ver, señorita -interrumpió, profesional, el
señor Presidente, poniendo fin a esos desvaríot con una

¡•......................... ...................1
.

Dominando la estupefacción general, Monsieur
Machín, siempre analítico, interroga:
-Pero, entonces, delfín o sirena, náyade, océanida o
demonio ... sin faldas, ¿quiere usted decimos cómo, cuándo,
dónde! adquirió usted esa agilidad y esa gracia en el nadar,
esa perfección deportiva, ese dominio extraordinario del...
de la...de los...de las...
Y la océanida, cándidamente, le ataja:
-C' est que... vous savez? Avant de venir ici je faisais le
trolloir a Venise.

1925.

�2

"nuestroamericanos" - por los cuadros del uruguayo Figari!

LOS GORRIONES

Así, pues, las esferitas de gracia resultan unos
monstruecillos feroces, despeinados, flacos, la pluma
escasa y en desorden, el chillido de ira siempre presto, el
pico y las diminutas garras siempre alertas. Feroces, porque
la ferocidad sólo ha de medirse por referencia a los
ejemplares de la propia especie.

He seguido por el parque al Joco de los pájaros, ese
viejecito irreal que cruza el pasto sin ver a los hombres y sin
miedo a la policía Va lanzando migas y semillas como un
Triptólemo. Lo sjguen cordones de aves que revolotean
en torno a él, se le posan en los hombros y en la cabeza,
acuden a su mano. Parece un dios.
Y en el primer banco, me siento a pensar en los

gorriónés.
Los gorrfoñes,;'\tistos a la distancia natural y ordinaria,
eran propia imagen del "ramillete con alas" de Calderón; y
a saltitos entre las flores, parecían exactamente la "flor de
pluma": unas esferitas llenas de toda blandura y gracia; una
caricia de los ojos, una atracción para las manos. No se los
podía ver sin desear asirlos, besarlos, disfrutar de su tersura

Los más lejanos parecían llegar por el puerto de
Acapulco, falsos muñecos de la China, y perderse luego en
la noche gongorina de nuestro siglo xvm. México, en
aquellos tiempos, resonaba todavía con el órgano del gran
cordobés.

1926.

Pero sobrevino la Independencia, que los teólogos
llaman pecado original, y los psicoanalistas, traumatismo del
nacimiento. En suma, coscorrón que despabila y ahuyenta
el sueño de la infancia.

Y, en efecto ¿dónde lo he leído? Estos gorriones que
ahora vuelan por ambos mundos son los supervivientes de
un duelo semejante al del Hombre Mediterráneo contra el
Hombre de Cromagnon: han aniquilado al gorrión de
América, su pariente de mayor talla y mejor pujanza.
Verdadera raza de apaches criada entre las Fortificaciones,
nos parece verlos -en la historia- vaciando a picotazos el
cráneo de sus hermanos mayores, los eternos bobos del

Y entonces ¿qué hacer? Era, de una en otra
generación, aquel duro testame!!to de guerra civil
transmitido a punta de cuchillo. Hijo: memento morí.
Hermano: memenJo morí. Y hasta los pájaros se comían a los
pájaros, y las flores envenenaban a las flores ...
Al fondo, los abuelos: cordillera sombría, Sierra Madre
y cabalgata de cumbres.

plato de lentejas.

1926.

1926.

y tibieza.
Pero me tocó, otra vez, sorprenderlos de cerca, tras los
vidrios de un invernadero. Y entonces comenzaron mis
dudas y fuí descubriendo por instantes su naturaleza
verdadera.
¿Como he podido olvidar -me dije- que la verdadera
naturaleza de estos pájaros es la de a~es reptiles? Todo el
día pegados a la tierra, todo el día entre los despojos que
todos los seres de la creación dejan caer al sucio ¿para qué
les sirven las alas, sino para ir a arrastrarse un poco más allá?
Anfibios, puesto que participan de la condición volátil y de
la reptante; innobles todavía entre las aves, y ya pedantes
entre las arañas y las lagartijas ... Cuando en alto, otean el
suelo y anhelan hacia abajo; cuando en el suelo, ya no
piensan ni necesitan más. Algo así le pasó, dicen, al abuelo
arbóreo de los hombres, cuando se descolgó de las ramas.
¿Cómo pude yo olvidar -me decía- que duennen al aire
libre, en cualquier rincón de la calle, en los muladares y los
agujeros, y que tienen los malos hábitos, el desaseo y la
cólera propios de los arrapiezos criados en el arroyo?
El ave es del árbol y del aire, pura y superior: las hay del
campo y las hay de la ciudad; pero éstas, al menos, hieráticas
y empinadas como las cigüeñas de las torres, o alegres y
discretas como las golondrinas. Los gorriones, no; los
gorriones son habitantes de los planos bajos, de lo urbano
sin urbanidad; es decir, de las calles peores, al mismo título
que los perros sin dueño. Y vistos de cerca, andan, en
verdad, como esos perros vagabundos, mal comidos,
sarnosos, rabiosos, con ojos de mal hombre y maneras,
siempre, de ladrón ¡Esos tristes perros picarescos que
cruzan, en busca del hueso caído -inevitables motivos

4

3

VENGANZA LITERARIA
Los primeros objetos que descubrieron mis ojos -lámpara
ingrata de las dos y media de la mañana, insomnio que sigue
a la pesadilla, ganas de aullar, ganas de huir- fueron,
olvidados sobre el sillonzote de la chimenea, el gorro de
dormir y las antiparras del Maestro.
El Maestro se había pasado la noche diluyendo un
granito de anís folklórico en cien calderos de agua tibia. El
piso estaba encharcado de octosílabos. "Habrá que llamar
al encerador", reflexioné. Y me levanté de un salto, me
vestí en un santiamén, y cátarne en un dos por tres llamando
a la puerta de la Academia: "¿Aquí limpian, fijan y dan
esplendor?"

Apenas habían bajado de la chimenea los angelitos de
bronce, cuando las horas, ya sin testigos, empezaron a dar
volteretas, colgadas del horario y del instantero, muy
descocadas y las piernas al aire.

ABUELOS
La primera cena de la familia dispersa tuvo ocasión entre las

rejas de unos alejandrinos románticos. Yo era entonces tan
joven que me confundía con el fondo del paisaje y creía, a
ojos cerrados, en la literatura.

Por toda la alcoba se difundió el aroma añejo de las
flores del papel pintado; y el colchón, congestionado de
lascivia, concibió en sí mismo la primera polilla en

Alumnos pacientes del Alfabeto, hemos andado
después cazando a todos los hermanos de tintero ~n tintero,
y a los padres, bajo los capelos de vidrio en que los tenía
olvidados la incuria de nuestros reyes de armas: La
devoción de unas tristes flores de trapo no alegraba ya sus
ojos evanescentes, sus ojos de daguerreotipo en fusión.
Pequeñitos y pálidos, parecían "zanzas" de cera: esas
injurias que hace el jíbaro a la humana especie,
convirtiendo al enemigo en feto adulto. ¡Mil veces mejor la
venganza de los cazadores de cráneos!

Nuestros gigant~scos abuelos fueron revelándose,
ectoplasmas evocados por tanta devoción filial. Las visiones
flúidas del solar manchego o del andaluz se mezclaban,
como podían, con las ráfagas montañosas del señorío de
Ogazón y con los recuerdos graníticos de Navarra, donde
el valle del Baztán se cuaja de escuadrones Ochoas.

5

LA ALCOBA BOSTEZA

NUESTROS GIGANTESCOS

Y no: había que rescatarlos y devolverlos, poco a poco,
a su jerarquía. Para lo cual fué necesario consultar las
genealogías y los cronicones.

A un tiempo, pues, se descolgaron todas las arañas
implícitas en el cielo raso; las ventanas estallaron sobre el
jardín; y entre el bochorno de la siesta, reinó por el aire de
la alcoba toda una Veracruz inmensa de abanicos de palma!

gérmenes.
Cierto que nadie llegaba al tercer piso de aquel hotelito
de barrio. Cierto que, como en Jane Austen, el cuarto de
huéspedes siempre estaba deshabitado, única manera de
tenerlo siempre disponible...Ocasión para reflexionar
sobre la inutilidad de la previsión y el ahorro.

..1

Tanto ejercicio de frases hechas me dejó como
despernancado. El espíritu de asociación verbal me
rechinaba en el cuerpo. Los cotarelos me hervían casi en la
garganta. Y cruzó dentro de mí -¡qué bien lo recuerdo!- una
de esas ideas sin pasaporte que de repente se nos cuelan
por la conciencia: la convicción firme, la profética visión de
que nunca se acabaría en México el Palacio Legislativo
comenzado por el arquitecto Boiry, y que un día, entre
silbidos de marina catástrofe, se hundiría en olas de
cemento el Palacio de Bellas Artes. Ideas a deshora,
pájaros que cruzan de ventana a ventana, sobre la
espantada familia congregada en el comedor.

Era la hora en que las abejas, en el poético alcornoque,
se han quedado con tamaño palmo de aguijón, las hormigas
pierden el rumbo -que es cuanto hay que decir- y hasta
olvidan la fila india. Leconte de Lisie ya no halla medio de
entender las fonnaciones de los guerreros en la 1/íada.

El instante era propicio. Se abrieron las ponderosas
puertas. A los tres años, ya están nuestros muertos en su
punto. Podemos pacer tranquilamente en los cementerios.
La Academia estaba poblada de poetas cilindristas o
cilindrcros -reacción contra el cubo- y Modigliani y
Picasso, colgados del techo, se balanceaban
majestuosamente, como aquel caimán del patio de los
Canónigos, Catedral de Sevilla.

Y, animándose desde una mala fotografía mural, nuestro
Guillermo Prieto ocultaba disimuladamente, bajo los
abominables puños, los rebordes de una de aquellas
camisetas de su tiempo, gruesas, sucias y feas, que sin
embargo casaban tan admirablemente con las manos
peladas de los Maestros, los del ''huarache espiritual".

Aquí salió cantando en falsete nuestro Apollinaire, que
si no le daban caviar todas las noches, como a los viajeros
mimados de la Holland-Arnerica Line, era capaz de hacer
esto y lo otro. Yo, que sentía la necesidad de crear
absurdos, lo alcancé por el cuello, lo enjerté en los poetas
de campanario, y me puse a cosechar, en mi nuevo árbol
c..&gt;

�evolutivo, primaveras almidonadas en faldas de percal y
servilletas duras como cartones, del tiempo de Don Simón.
Así, así me las pagarán todas ésos del Angelus, ésos del
Toque de Queda. ésos de las muchachas de la retreta. ésos
de las virtudes aldeanas, ésos del incienso de la parroquia.
ésos de las tardes de la granja. las veladas de la quinta y
hasta Don Catrín el Calavera: poetas pepitos, poetas rotos
para decirlo a la mexicana. Traen raídos los traseros del
alma y lo andan tapando como pueden, y dicen que es por
meditabundos y por pasear manos a la espalda.
Y los dejé convertidos en papel de moscas, olor de sínsín, aguaflorida barata. mucílago y panal de América en
dulzor de pegajosas pepitorias. ¡Fuchi!

19'26.

6

MIENTRAS LEIA EL OTRO
Nunca vi cosa igual ¿Que la desatención y el cansancio nos
transporten hasta el otro mundo? ¿Que, mientras un
profesional del aburrimiento nos lee sus cuartillas
monótonas, nos desdoblemos positivamente y viajemos en
ser astral hasta unos oscuros reinos de pesadilla. sólo en
sueños, y una que otra vez, frecuentados?
El sol del Barón de Haussmann inundaba plácidamente
la estancia; y yo soportaba la andanada folklórica de buen
humor y con bastante paciencia. Había interrumpido mi
trabajo, y de tiempo en tiempo miraba, al soslayo, las
cuartillas que, regadas sobre mi mesa. imploraban mi
compasión.
Pero mi implacable visitante prosiguió su monografía
sobre la canción de cuna, enseñándome a cada tonada una
doble hilera de dientes:
-Verá usted. Aquí la canción de cuna asume un aire casi
mitológico:
Arriba del Cielo
hay un agujero
por donde se asoma
Narices de Cuero.

Y yo entré en mi sueño; resbalé, me hundí, rodé. Iban y
venían los escenarios, derivados en una continua
disolvencia. El lector salmodiaba sus canciones de cuna. No
sé si me quedé dormido. Apareció una imagen de infancia:
me ruborizaba. me molestaba.

Ya la piedad del polvo de talco nubla el baño. En Sevilla.
entrada del barrio de Santa Cruz, donde está la cruz
precisamente, me enseñaron -especie a la vista- a distinguir
el espliego de la alhucema. De suerte que yo sé muy bien a

Lo confieso: el hijo del Gobernador rompía a caballo
por entre los puestos de jarros, y luego tenía que pagar los
cacharros rotos. Lo seguían unos gendarmes parecidos a
Maximiliano en negativa, con su partida barba negra.
Creían que venían a darle caza, y al fin sólo le daban
escolta. Y él se divertía en tumbar los tiestos de las ventanas,
o al menos rajarlos y hacerlos saltar con aquella arma
inefable que en su tierra acostumbraban llamar "rifle de
silencio".

qué olía la loción aquélla...
Era la hora justa en que los trasnochadores le dan
cuerda al libre albedrío. Me asomé al balcón y empecé a
repartir saludos a las ventanas cerradas, unos saludos sin
destino (el "saludo puro", dirían hoy), que se quedaban
suspensos sobre el torbellino de la calle, globitos alelados,
ajenos a las leyes del tráfico.
Y el folklorista. en el otro mundo -aquí, junio a mí- estaba

El lector seguía zumbando, allá en las penumbras de mi
conciencia, y yo seguía mi pesadilla. A no ser por ella. me
suicido, y se hubiera dicho de mí: "¡Qué oyente perdió el
mundo!" Me entré por una palabra y salí por otra. bien
crecidas ya, entretanto, las barbas de la santa paciencia.

diciendo:
-Porque hay que distinguir entre mujeres y mujeres.
Como decía Alarcón, "Dios no lo da todo a uno", o a una, ¡ja-

ja!

-La Gramática y yo- pensé al oír vagamente que se me
hablaba de la eficacia del solecismo y el arrojo para el
anacoluto entre los simbolistas franceses- somos tan iguales
que no hay respeto posible entre nosotros.

-Sí -repuse, esforzándome por volver a su lado, y con la
sensación de que sólo conseguía yo reencarnar en media
cara-. Por eso el 24 de abril del año pasado, en el Bullier,
primer baile anual de La Horde, yo me atreví a afirmar, y lo
hice cantar a coro:

Y seguí soñando ...
Llegamos a donde la ciudad se quita el sombrero, y por
los ojos y las orejas, la boca y las narices -por todos los
agujeros de la cabeza- se nos metió de repente un cielo
inmenso.

Entre la flaca y la gorda
-dice un viejo sabidor-,
la intennedia es la mejor,
por
ser la única digna de La Horda.

Mi lector -me di cuenta- estaba a la sazón
preguntándome:
-¿Establece usted alguna relación entre la fábula bíblica
y los animales de sangre fría? Y desde luego, eso de las
''manzanas que vamos a cortar a la huerta'', ¿tiene algo que
ver con los frutos de las Hespérides y la leyenda de
Héraclcs?
Pero yo, en otro espacio, continuaba. entrecerrados los
ojos, mi viaje ideal. Yo era viejo, muy viejo, y me apoyaba
en Antígona. La plaza era inmensa, y quedaba en las
bocacalles donde se confunden Monterrey y México y
Madrid y París ...

(¿Sí será el Diablo?)
Arriba del Cielo
hay una ventana
por donde se asoma
Señora Santa Anata.

traer los picos del cuello de pajarita manchados de carbón.
Había que poner algún remedio.

Y sobrevinó otra visión. Era la hora de afeitarse, de
afeitarse por segunda vez, bien entendido. Algunos
aseguran que el cuello de por la mañana anochece con
gotitas de sangre. Y los impecables londinenses suelen

-¿A ver? ¿Cómo dice usted?
-Digo que, en efecto, Dios no lo da todo a uno, que tiene
usted razón, más de la que le cabe en la boca. y que hay
mujeres para todo, hasta para los hombres;

•

..

que hay ángeles perfectos de pureza,
por los que yo me tiro de cabeza;
que hay hembras de tan mala condición,
de ánimo vil y corazón tan sordo,
que pienso que no tienen corazón;
y hay otras de la condición del tordo.
-¿A ver, a ver? ¿Cómo es eso? -me decía. abriendo
tamaños ojos, el que, sin remedio, debemos llamar mi
interlocutor-; "y hay otras de la condiGión del tordo"?
¿Endecasílabo descoyuntado o corrupto, a lo Darío, el de

"era la hora de la melodía"?
Pero yo volví a escaparme por la tangente y entré en
otra ensoñación singular......................................
Estudiábamos los orígenes de la novela española. Sí,
estoy cierto: era por esos días. Acababan de instalar las
flamantes oficinas de la Universidad en un enorme edificio
que había servido ya para todo ¡Tenía hasta un teatrito
interior! Otra parte del edificio daba alojamiento a un grupo
disidente de la Escuela de Ciegos, y otra. a los traductores
de la entonces Secretaría de Instrucción Pública. El jefe de
traductores era un sordo mortal, rabioso a más no poder, y
que la tenía con nna pobre empleada. Para reprenderla,
berreaba más que Merlín cuando el baladro. O por exceso
de ira, o porque él no se oía y todo le parecía poco. A los
gritos, los ciegos salían de su reducto y, en fila. apoyada la
mano en el hombro del que iba delante, se acercában hasta
la puerta de la oficina, y allí asomaban las curiosas cabezas.
Yel sordo:
-¡Señorita! ¿No le da a usted vergüenza? ¡Hasta los
ciegos vienen a ver qué pasa!
Y la empleada. tímidamente:
-No, señor: vienen a " oir" qué pasa...
Había muchas piezas sobrantes, patios enteros
sobrantes, y unas salas enormes, tapizadas de yute.
Suspendíamos a cada rato la lectura, y nos poníamos a
"jugar a la pelota con los tinteros" ...¡Con los tinteros llenos
de tinta, señores! Con las sillas y hasta con la mesa hacíamos
otro tanto. ¡Apara esto y apara lo otro! ¡Pum! ¡Reteplum!
Quedaba la sala hecha un campo de batalla; pero lo mismo
quedaban nuestros pobres sistemas nerviosos,
sobresaltados al rojo blanco, que allí pienso yo que empecé
mi senda de cardíaco.

Me acuerdo del último terremoto, por asociación o
contaminación con aquellos bárbaros juegos. Entre otras
cosas, se vino abajo el Cuartel de Artillería Ligera. El
Coronel del cuerpo era bigotudo, moreno y aguileño. Leía
a Gracián, caso inaudito.
Sembrado en su pecho sin tacha. Gracián empezaba a
echar retoños militares.
A toda costa, quería que yo lo enseñara a patinar. Y yo
no soy patinador porque Dios es bueno. Pero época hubo
en que yo bajaba hasta la pista, dejándome rodar por cinco
o seis escalones en unos patines de dos ruedas. Por los
corredores de la casa paterna, yo preparaba con la mayor

�.,
naturalidad la lección de la tarde, patinando y sin hacer ya
caso de lo que hacía.

11
Y si no soy jinete es porque se me quedó el caballo en
mi tierra. Pero yo iba a la escuela primaria a caballo. Y el
asistente me traía otra vez el caballo a la salida. De las
veinticuatro horas, diez eran del sueño; las otras catorce,
del empeño. Visité a caballo todas las moliendas de caña de
los alrededores, y me indigesté gloriosamente con el
aguamiel de todas y cada una.
También soy tirador de rifle, sólo inferior a Porlirito,
según presumo, aunque me lo disputa mi hermano. Eso del
centavo en el aire era para mí cosa de juego.
Y he remado mucho, hasta que se me fueron los remos,
como al barquero enamorado de Góngora.
Y fuí, en mi adolescencia, campeoncillo de florete
francés e italiano, y hasta empecé con la espada de combate
y el sable.
Y tuve -¡quién lo diría!- una cabellera de rizos rubios.
Y a los once años, era ya -popular entre bastidores. Y
todavía quedan por ahí cantantes de los cuarenta para
arriba con recuerdos de mis primeras timideces.
Y, de pronto, me veo sentado en una aula de la
Preparatoria, ante aquel maestro de Astronomía (la sola
palabreja, ya "data") que resolvía todos los problemas
"forzando un poquito el cálculo y por acumulación de
factores'' -en suma, como lo hace la naturaleza. Y recuerdo
a su ayudante, el señor Peralta, el que pasaba lista
(" ¡Peralta, quítame la falta!"), quien un día llegó corriendo y
sin resuello, para decimos:
-¡Señores, vengo a decirles que hoy no puedo venir!

························--····..·········--················
.. .Pero ¿dónde estoy? ¿En qué íbamos y qué ha sido
esto? ¿Quién lee y ronronea a mi lado? ¿He estado
· soñando? ¿Qué sonambulismo se apoderó de mí? ¿Qué
cola de cometa pasó a mi lado, arrastrándome de refilón? ¡Y
qué duro, ahora el aterrizaje!
Y haciendo de ... sueños corazón:

-Sí, señor mío, de lo más interesante que conozco al
caso. ¡Magnífico! ¡Yquéamenidad!
(¡Y que tire la primera piedra el que se atreva, el que
no haya oído nunca discursos oficiales, el que nunca haya
asistido a las congregaciones cívicas, o el varón sin cicatrices de letras!)
IO

1927.

FUEGO GRANEADO

1930-1932

..

De modo que la plancha ardiente evaporaba y deshacía
al instante toda gota de vida. De forma que no pudo haber
resquicio al rencor, ¡el panal tan lleno de abejas! De suerte
que no percibía los obstáculos, pues ¿qué sonámbulo
tropieza? De manera que, blando e informe, entró, quién
sabe cómo, igual que un grande rayo de acero, hasta el
cielo de la libertad.

Rw. noviembre de 1930.

I
HACIA EL ANGEL
2

Blando, blando el cráneo sin vicios, y el exceso de
alimentos líquidos disuelto en sangre sin arenas. F1úido
donde mueren los sólidos: el carácter, la seriedad, la
respetabilidad, el don de mando, el sentido de la
responsabilidad, la obediencia a la palabra empeñada, el
sentimiento de dependencia y subordinación, la noción de
la propiedad, la consideración al prójimo, el instinto de
vecindad, la previsión, la ayuda mutua, el carnet de
identidad, el bastón.

DONDE EL POETA SE DESCUBRE
A SI MISMO
Qué mal, pero qué mal escribe el poeta de algún tiempo a
esta parte!
Y él, allá lejos, díscolo y encerrado a solas,
monologando y refunfuñando:

Blando, blando el cráneo sin vicios, y sin tegumentos
confusos los tejidos. Su voluntad no pudo criar huesos. Era
incapaz de no entender. Y con la semilla de cada ofensa
recibida, cultivaba en tiestos, en vez de cóleras, graciosos
Montaignes de salón.

-Si nos descuidarnos, todo esto para en anquilosis. Los
lectores sólo se dan cuenta después de cien años, índice de
velocidad del alma. De manera que estarnos solos Y
arrancados de la opinión.

Blando, blando el cráneo sin vicios y siempre como de
asno tierno, todavía plástico al espíritu. Milagro que no
fuera estéril, él tan desasido de vísceras, y su misma
fisiología tan escurrida en embudo hacia el chorro de Jas
ideas. Mordido de la enfermedad, casi no escupía síntomas:
sólo la imaginación daba señales de padecimiento. Era su
cuerpo transparente, maleable. Contraía males al contagio
de una palabra.
Blando, blando el cráneo sin vicios, fontanela a todo
servir, mollera, sin cerrar, suturas abiertas, mente sin aristas
ni callos, moral sin principios, sistema en constante reforma,
alma -si no ramera, porque ni alquilona ni desganada- sí, en
cambio, apetitosa y sedienta, lúbrica de nociones y cosas,
anhelanLe de ser poseída a cada momento por otro soplo de
la brisa: lujuriosa yegua de Andalucía, cambiante nube sin
miedo a su íntima tempestad.
Blando, blando el cráneo sin vicios; hasta donde llegó
tarde el vino, cuando ya no podía hacer daño: como si de
tanto esperar, el vino hubiera purgado sus venenos; hasta
donde el humo del tabaco subió tan despacio que se
descargó de nicotina; adonde el temblor de amor incesante,
si mala costumbre a los comienzos, acabó en legítima
naturaleza y propia esencia.

..

"Llegó la hora de trabajar a contrapelo, despeinando Y
alborotando otra vez el estilo. Haber acertado una o dos no
es razón para vivir imitándose. El pintor, por eso, ha
comenzado a pintar contra la pintura; el músico, a componer
contra la música. El toque está en entrar destrozando, en
salir cortando, como el cuchillo del Viejo Vizcacha; en
aparecer por donde no. "-¿Por qué no pinta usted en su
cuadro esa hoja de periódico? -Porque, mejor que
remedarla con los pinceles, voy a pegarla en la tela con un
poco de goma." "-¿Qué pasó con esa melodía?- Nada, que
la sedujimos a la dragona, y luego la dejamos caer a medio
camino, y nos reímos de ella, y no queremos saber más, ni
en qué ha parado, ni si ha parido''. El toque está en abrirse
una herida grande, por donde se entren aire y luz nuevos;
en provocar hemoclasias interiores, choques de sangre,
dejando llegar hasta lo íntimo las sustancias en estado bruto,
antes de que sean asimiladas, antes de que las envuelva ese
vaho de espíritu rancio, ese tufillo de costumbres
verbales... ¡Oh, tomar una piedra viva y plantarla en medio
de la frase! ¡Qué vergüenza de sustantivos junto a ella!
¡Agarrar a fuerza aquella palabra chillona y estremecida, Y
clavarle la pluma allí mismo, en salva sea la parte, para darle
el tratamiento que se merece! Acabar con la cocina del
Palace Hotel -salsas de fondo, salsas madres, y otros
alimentos en serie, y métodos de putrefacción uniforme
para paladares mundanos-, y ser capaz de servir a la mesa

un gallo entero, sí; pero un gallo anterior a la torsión del
pescuezo (tuércele el cuello al cisne, no al gallo); un gallo
con su bailecito amenazador de ala caída, cuchillero con el
sarape al brazo, con su faroleo de guapo y compadrón en el
corral donde nadie le tose, y con su ki-ki-ri-Já, su Cristo
nació y toda su alegre faramalla.
"Pero luego viene lo mejor, y lo peor, que es comerse
al animalito vivo, como se comía el lechón durante los
primeros setenta mil años de la hwnanidad, según asegura
Charles Lamb. Porque aquí tocarnos al misterio de la
creación. Para llegar hasta mí ¿todo tiene que morir
previamente? ¿Sólo he de alimentarme yo de momias y
cadáveres? Conozco la receta: -Tómese una emoción,
cuélguesela de una pata hasta que esté bien manida, hasta
que la pata se rompa sola y la emoción se nos caiga al suelo;
sométasela al fuego de la imaginación voluntaria. (Todo
cocinero literario sabe encender este fogón en tres
tiempos.) Empápesela poco a poco en salsa de tecturas
oportunas, bien maceradas; salpíquesela con un pellizco de
especias, como que somos muy pillines, como que se nos
ocurren muchas cosas y no las decimos por modestia;
déjesela reducir varios días; sáquesela del fuego y
pruébesela de primer intento, a ver lo que sale;
sacrifíquese con la primer lectura a algún amigo paciente, y
hágase caso de su consejo; añádase esto y quítese estotro; y
un ramito de lechuga por aquí, y un rabanito tajado en flor
por allá; y cátala en letras de molde para estómagos
fatigados ... "
Y mientras gruñe, dando puñetazos contra el aire,
afuera, a la puerta, el ejército de fantasmas ya inútiles: son
los sin-trabajo de la estética que se han quedado, como en el
poema de Curros Enríquez,

De rabia e de cólara os denles baJendo.
Rw,1931.

3

LOS QUITUTOS

Cosas, Celalba mía, he visto extrañas.

Góngora.
Cierto día recogí del suelo la pluma de una ala de Cicerón,
magna voz de entonces. ¿Quién resiste a la presión
atmosférica? Quise abrir, apenas, un poro en medio de la
nube, y se me vino abajo una catarata. Me ha pasado de
todo.

....J

�Yo he visto hundirse carpas de circos, entre los rugidos
de los leones, caídos como en una red. He visto inflar
globos que se bamboleaban como cabezas hidrópicas de
flacos pescuezos y hacían pedorretas al público. He oído
gritar a un barco: "¡Ay, que me abro!", dando panzadas
sobre el mar. He subido y he bajado escaleras, sin darme
cuenta, hasta más allá de los peldaños. Me he metido por un
espejo, y luego no encontraba salida. He caído en una
tembladera, y eché alas para desatascarme. Me he quedado
preso, de noche, en un Museo, oyendo roncar a los siglos.
Me he visto seguido por siete perros callejeros, que no se
me querían apartar y reían a carcajadas de mi aventura De
niño, me picoteaban las urracas porque les andaba en los
nidos, y los pavos reales, porque les imitaba el lenguaje sin
saber bien lo que decía. Después, he equivocado los
sobres de las cartas, y nadie me lo ha querido advertir. En
París, Kikí me ha seguido desnuda hasta media calle, y yo
sin saberlo. Me ha pasado de todo.
Pero nada, nada es peor que cuando lo atacan a uno los
Quitutos, con sus barbillas desteñidas y los ojos siempre
entornados. Dan saltitos y pegan, pegan y abrazan. Los
Quitutos se cuelgan de los árboles para rasguñar la cabeza
de los jinetes. Los caballos quieren desbocarse en cuanto
los huelen. A veces, en mitad de la noche, los Quitutos
zumban como locomotoras. Andan de lado, como los
cangrejos. Son pequeñitos y crueles; pelean con las grullas;
se aficionan a su víctima, y vuelven varios días sobre ella
hasta consumirla, como los vampiros. Lo rompen todo los
Quitutos. Se disfrazan de humanos, y cuando han logrado
inspirarnos confianza, comienzan a entornar los ojos: es el
aviso fatídico.
Yo tuve un amigo a quien se llevaron los Quitutos. ¡Qué
gritos daba! Lo colgaron de la lengua, le chuparon los ojos.
Quedó sólo un zurrón vacío, llamado Marsyas. Ahora lo
usan los gaiteros; sobre todo, el de Bujalance: .. Un
maravedí por que taña y diez por que calle''.

1931.

4

CUENTA MAL Y ACERTARAS

de oro bordados y cosidos a mano. Al final de cada
alejandrino, el poeta clavaba una estaca de consonante, y
luego torcía catorce veces las hebras de la frase. El poema,
sólido como un elefante en cuatro patas, comenzaba así:

Clerecía
Amigos y vasallos de la buena cocina:
de mi Santo patrono la historia peregrina,
la mitad se demuestra, la mitad se imagina,
quien la lea más pronto la acaba más aína.
De frailes cocineros ejemplar y retrato,
mejor que Radegunda y que San Fortunato
que, orando siempre juntos, comían en un plato,ª San Pascual se le iban cien años en un rato.
No está mal este lujo de erudición en punto a la historia
del arte culinario. Pero el poeta no se podía defender, sea
por el asunto mismo o por la forma, de cierto sabor de
ramplonería. Y entonces se le ofrecía la tentación de
grabar, con mayúsculas en escalera, cuándo un acróstico o
cuándo una lápida cubista.

Décimas en acróstico
S iempre debemos, varones,
A !abar al que cocina.
No hay triaca ni medicina
P ara el que ayuna ...razones.
A yunos y privaciones
S ólo ayudan a pecar,
C orno ayuda el río al mar,
U na vez que lo alimenta...
A ceite, sal y pimienta:
L ibradnos de desear!
S epan la historia ejemplar,
A guanten esta versada.
N o digo el nombre ni nada,
P orque lo han de adivinar:
A que! Santo, por guisar,
S upo guisar sin empacho,
C orno quien guisa el gazpacho,
U na hostia natural.
Animas, que pudo el tal
L avar con vino el empacho!

Catástrofe del poeta
Lápida cubista
Se entretenía, pues, con un tetrastrofo monorrimo de
asunto hagiográfico. Formaba torrecitas de versos. Y
aunque San Pascual Bailón, su patrono, es posterior en dos
siglos al viejo mester de clerecía, no le sentaba mal el ropaje
aquél, pesado como hábito eclesiástico y con sus alamares
00

...

Bonete mandil y barriga
Cunde el rumor de pajaritos fritos
Mientras la hostia canta
en el árbol más alto del convento
A San Pascual

....

las barbas se le cuecen
Y en cien años
Las monjas echan bigote y gastan botas militares
Cómo se ríe la hostra con el ir y venir
del atontado San Pascual Bailón
Tal es la historia
Punto
y
colofón
Nada, que no daba de sí el asunto. Y el poeta pasaba de
la serranilla a la telaraña del caligrama (por él se dijo aquello
de "sudaba la gota gorda") lo mismo que iba desde la octava
real -tan real de veras, tan mueble de salón al estilo de cierto
siglo- hasta el poema sonambúlico de la estética más a la
moda.

Serranilla del Santo

en el caso.
Lo más difícil sería contar la historia del Santo sin
contarla. Lo más poético es contar mal, dar por conocida la
historia. Y de cabeza al poema sonambúlico:
Humildad de la hostia en la cazuela
y guiso del cordero pascual entre vellones.
Canta sola la mística posada
entre revuelos de las monjas cándidas,
y el Murillo de "La cocina de los ángeles"
otra vez moja su pincel.
Sofocación del estro. Abrir las ventanas. En esta
corrosión de un equilibrio por el contrario, la idea de contar
mal un cuento se Je convierte poco a poco al poeta en la
idea de contar mal una cuenta. Y entonces se le ocurren
unas octavas supra-reales, que empezarán, naturalmente,
por no tener nunca ocho versos:

Cocina lavada,
vajilla pulida,
colación servida.la noche que entraba.
El cubo, la noria,
el Santo en mandil.
(Restos: zanahoria,
nabo, perejil).
En cada ramita
se columpia un ave,
y el Santo no sabe
cuál es más bonita.

Jfeptava y media

¡Alto! Las consonantes le van forzando la mano al poeta.
La serranilla no lleva traza, ni hay manera de darle aire
serrano. Veamos entonces el

Caligrama
Cocina
SAN Hostia PASCUAL
Puchero
(¿Santa Teresa?)
Guiso
EUCA Consagración RISTIA
Mens sana in corpore etc.
RIP (católico) VAN (y doméstico) WINKLE
BAILON
PASCUAL

y
con cordero
En su convento militar
De cocinero
a fraile
De fraile
a cocinero
Y un trino
encima
de

sin baile

Y aunque el caligrama no afectaba la forma del copón ni
ninguna otra conocida, el poeta le dejaba ese cuidado al
tipógrafo, que es, en el último análisis, el verdadero poeta

Estas, oh Musa de fregar los platos,
rimas humildes, sí, pero divinas,
culinaria razón, místicos tratos,
revoltijo de iglesias y cocinas,
te harán saber que, cuando el codo empinas
o pasas a la mesa buenos ratos,
tal vez ejerzas, oh lector piadoso,
un acto religioso.
Porque basta un ligero esfuerzo o un leve descuido
a(Jui (para escapar de esto
donde el objeto abandonado a sí mismo cae por tierra) y
echarse a volar sin darse cuenta. Porque basta un instante
de reflexión para comprender que lo divino comienza
donde ya dos y dos no cuadran, sino triangulan, exagonan,
exageran o qué sé yo.

para salirse definitivamente de

Esto le recuerda, de repente, cierta copla popular que,
como se le ha olvidado un poco, tiene que volver a armar
aquí, sin responder de la letra, sólo de la intención y de su
misterio:
Son seis las siete Cabrillas,
las Tres Marías son dos,
y en el ciclo hay Tres Personas
que forman un solo Dios.
Otra versión:
Cuatro son las Tres Marías,

�r
cinco los cuatro elementos,
ocho las siete cabrillas,
y once los diez mandamientos.

5

Y ya, lanzado por el derrumbadero del contar mal,
resbala y no puede detenerse. El poeta está perdido, Oíd:

Décima con arete
Unidad: el par de polos.
Decena: las Nueve Musas.
Ciencias: sólo las infusas.
Presencias: los sueños solos.
Sin aliento los Eolos, *
las vírgenes dando a luz,
se han cambiado raya y cruz
donde eran cruz y raya.
Las calzas se han vuelto saya
y Alimán se ha vuelto Ormuz.
¡Oh, malhaya!

Entre todas las palabras, había siempre una que se me
escurría, confundida con la multitud. Me guiñaba un ojo,
dengueaba, sacaba la lengua y se iba. Era la "Sombrilla", de
quien ahora voy a vengarme.

MITOLOGIA DEL AÑO

1
J

QUE ACABA

1931
El fragmento así llamado también en el ensayo "Las
Jitanjáforas" (LA experiencia literaria, la. ed. 1942, pág. 199, y
2a. ed., 1952, pág. 162), no ha de confundirse con estas páginas.

1
Aquello era, por los altos aires, un minué de balones.
Los había rojos y verdes, azules, amarillos y blancos.
Algunos, los de más temperamento, se erigían en soles,
fundaban imperio a la romana, y pronto organizaban una
zarabanda de planetas en su homenaje.

Aritmética

Dos palomas sólo tienen,
sumadas, dos corazones.
Dos manzanas y dos peras
son dos pares y dos nones,
y diez ojos sólo son
cinco puras emociones.
El hormiguero es la ringla
de tantas permutaciones,
y unas tenacillas solas
sirven para mil terrones.
Tú te igualas al reló
en los enigmas que pones:
cada día te me arreglas,
cada mes te descompones.
Conque no quiero sacar
la cuenta de mis pasiones,
que en cada pestaña tuya
las ahorcas a montones,
como en el renglón final.

Sombrilla hubo que los tomó en serio y subió tras ellos,
muy oronda y sin darse cuenta, como muchachita en
trenzas que anda con los borrachos. Pero ¿qué le dió a la
sombrilla?

Nadie nos entiende. Al acabar el año, nos sobran, allá por
los rincones del alma, algunas monedas. Si aludimos a
nuestras historias inconfesas, nadie quiere entendemos.
-¡El pobre Melchor!- exclamamos.
-¡Tijerina no falla una! -decimos.
-¡La Retro daba cada espectáculo! -comentamos.
O bien:

-¡Vaya un parasol! ¡Quiso emular al paracaídas y se nos
volvió parasubidas! ¡Pues si al paraguas le da por volverse
pararrayos...! Pues, señora, mis parabienes. Y todo ¿para
qué? Para nada, o como dice la gente, para ná. (Con
mayúscula, en el Brasil, Paraná.)
Y abajo, entre la población infantil desposeída, una
asamblea de sombreros de paja y gorritas marineras, con
sus cintas y sus letreros: A/aska, Vencedor, No me bese
usted, y otros últimos testimonios del Verbo.

2) La sugestión de las botas era tan imperiosa que los
lectores, en voz baja, se decían unos a otros: "Ya está ahí el
de las botas". Comienza la personificación del vago
daímoon.
3) Alguien trae en la cabeza el recuerdo de cierta

lectura o el tema de Wagner: un buque holandés
misterioso, un buque fantasma. Como eso de ser holandés
cuadra bien al ambiente de los enigmas, atmósfera de los
cu_entos de Poe, etc., se define poco a poco la imagen del
Holandés de las Botas.

JUSTIFICACION

Y las palabras comenzaron a hacer de las suyas:
-¡Son cosas de Pittiflauts! ¿Son cosas de la Obrigadiña!
Pero todos se hacen los sordos. Y seguimos hablando a
solas, a trompicones, como los arroyos y los ciegos.
Hay, pues, que explicarse alguna vez y pasar revista a
nuestra cuadrilla de sombras.

4) El Holandés de las Botas es un mito solar, un Apolo
sonoro. (Aún quedan rastros de esas teorías sobre el origen
de los mitos; y lo que es un error respecto a la
interpretación del pasado, por atribuir al hombre de ayer la
mente de un contemporáneo, puede ser fecundo en la
interpretación del presente, si ayuda la buena voluntad.) El
Coloso de Mcmnón, el primer fonógrafo ¿no cantaba al salir
el sol? Pues asimismo el Holandés de las Botas, síntesis de
sonido y luz.

La realidad en siesta -o sea, como se la ve con los ojos
entrecerrados, cuando el vino del sueño y el agua de la
vigilia se mezclan- da siempre mitos. El Fauno de Mallarmé
cabecea, y resulta la simbolización fálica:

Alors m' eveillerai-je a la ferveur premiere,
droit et seul, sous unflot antique de lumiere,
Lys! et /' un de vous tous pour l'ingénuité.

2

3

EL HOLANDES DE LAS BOTAS

PITTIFLA UTS

Nacimiento de un milo

Hace muchos años se concibió el plan burlesco de escribir
un idilio llamado Mañanitas de Mr. Pilliflauts en Ok/ahoma.
Algo como una anticipación del Babbil. Pero Pittiflauts era
más humilde, pertenecía a una clase más pegada a la tierra.

1932.

SUMA=se anudan veinte renglones.
Tal es la catástrofe del poeta, devorado por la langosta
de las sílabas desbordadas. Se lo llora el 17 de mayo, día de
San Pascual Bailón.

Río, 1932.
*¿Lirencia poética?

m

Un domingo de alameda con mus1ca, salpicado de
escupitajos del cobre, el clamor de todos los niños subió al
cielo. Y es que, aprovechando una interferencia de la luz
-¡ese solecito disimulado y socarrón de los días de fiesta!- los
globos de hidrógeno se las arreglaron para escapar a un
tiempo, entre una salva de exclamaciones.

Todavía, antes de morir acribillado de sus propios
acertijos, alcanzó a lanzar esl:C mensaje amaroso:

~

RECHIFLA A LA SOMBRILLA

se dejaba oír un ruido extraño, como el rechinar de unas
botas. Se diría que los elementos de la techumbre se
estiraban, se desperezaban y chascaban -como quien "se
truena los dedos"- al sentir el calorcito agradable.

Viejos conocidos, sonámbulos que asoman por los límites de
la conciencia. Dejemos en paz a Lévy-Bruhl, a Freud, a
Jung, a Adler. Viejos conocidos, esos espectros que no
cristalizan porque nunca nos cuidamos de darles nombre.
Todo fluye y se va mientras no lo caza la palabra.
Un apunte de 191 O, perdido entre mis papeles, registra
el nacimiento de un mito:

1) En la Biblioteca de la Escuela de Altos Estudios había
un inmenso tragaluz. Los lectores observaban que, si el día
estaba nublado y el sol aparecía poco a poco, en el tragaluz

El personaje, quién sabe por qué alucinación
recurrente, reapareció este año a flor de conciencia, y ya
no halla modo de pedir que le concedamos ciudadanía
literaria.

Mr. PiUiflauts madruga a regar su jardinillo y anda
descalzo hasta la hora del almuerzo. Los pollos de los
vecinos le dan mucho quehacer. Tiene que espantarlos
todos los días, se han aficionado a sus sembradíos. Los

�domingos se queda con uno en premio de sus fatigas, lo
mata, se lo come, lo saborea con los deleites del hurto. Para
comer, se ata al cuello la servilleta concienzudamente.

Lee los periódicos tumbado en el suelo. Es optimista y
servicial. No tiene un pelo de tonto. Penetráos de que es
una naturaleza sana. Siempre anda mojado, al fin jardinero
de vocación, como si saliera del baño. No puede uno verlo
sin sentir que ese hombre está fundamentalmente desnudo,
y sólo accesoria y provisionalmente vestido, desnudo
debajo de la ropa.
Es muy vegetal. A veces trae una flor en la oreja, una
hoja enredada en el pelo, o mastica una yerbecita.
No se afeita bien. Se olvida de hacerlo, o se rasguña.
Una leve cicatriz en la barba, que vuelve a abrirse cada
veinticuatro horas, o treinta y seis, o cuarenta y ocho, mide
el curso desigual de su tiempo, a modo de reloj fisiológico.
Es flaco. Su voluminosa manzana de Adán se adelanta,
sube y baja, reclama su parte en el festín de la vida.
Todos han reparado en sus dedos amarillos de fumador.
Dice que se lava, y sólo se empapa.
Inspira . confianza. Excita a las mujeres, sin
proponérselo ni darse cuenta él mismo. Vive casto sin
percatarse de ello: un simple olvido.
Cuando se viste o se desviste, conversa a solas con sus
prendas, con sus amigos los zapatos, con doña camisa, con
la traviesa corbata, que no siempre sabe quedarse donde la
dejan, con el sombrero que se le pierde a cada rato.
Y así podemos seguir indefinidamente, desarrollando
las posibilidades del fantasma contenidas en su misma
definición: De cómo Mr. Pittiflauts de Oklahoma fabricó, él
solo, un automóvil; de por qué Mr. Pittiflauts se hurgaba a
dedo las narices; y cuáles, según Mr. Pittiflauts, sean los
mejores modos de cortar las verrugas.- Saldría un cuento,
saldría tal vez una novela. Pero ¿para qué, lector, para
qué? El costumbrismo tiene sus límites y es poesía de corto
alcance.

agarró un hilo de la madera.
sea imposible explicarse con mayor claridad.

Un día, casi tartamudo de pena, explicó:
La primera manifestación fué muy singular: la Retro no
podá andar hacia adelante, sólo hacia atrás, sólo de espaldas
como esas monjitas que retroceden cuando pasean por sus
patios en dos hileras. Pero, para atrás, la Retro no sólo
andaba, sino que corría, y corría con todo desembarazo.
A poco dió en pedir la cena por la mañana, y el
desayuno por la noche; dió en ponerse unas cofias de
dormir en los pies, y las pantuflas prendiditas en el peinado.
Los calzones se los ajustaba en los brazos, como podía, y
metía las piernas por el sostén-pecho.
No todo paró en exterioridades. También contaba los
números al revés, que era un portento, y relataba los
sucesos en sentido inverso, reculando por la ley de
causalidad. Premiaba al malvado, abominaba del virtuoso.
Sólo aceptaba criados ladrones. Puso la ética de cabeza, de
cabeza la durée réelle del filósofo. Creció para abajo, y al
fin entró en la muerte como lll1 zambullidor en la alberca.
Es de buen gusto callar las extravagancias a que la orilló
su dolencia. Le llamaba vomitar al comer; "mi hembra", a su
marido, obligándolo asimismo a muchas rarezas. Si aél se le
ocurría darle un beso...

-Bueno, ustedes me entienden, vivo en la calle del
Senador Schoking...
¡Acabáramos! ¡Calle del Senador Vergueiro! Bien se ve
que el pobre se había educado en el pueblo donde se dice
•'blanquillos" y •'cilantro' '. Un día, por poco se bate con un
amigo que le preguntó si le gustaban las berzas.
Cuando, en cambio, no hacía la menor falta, se le
escapaba una atrocidad y se quedaba tan fresco, porque ni
siquiera se daba cuenta. ¡Extraña sordera! Oía lo que no,
dejaba de oir lo que sí. Lo de los tapacosas para cubrir
partes que el decoro impide nombrar bien pudo sucederle
a él, que peores Je sucedían.
Fmalmente, y era lo más curioso, se le trababan las
palabras limpias con las intenciones aviesas, y hacía unos
enredos y cruces increíbles: "Estamos dejidos de la. mano
de Dios'', • 'Le costó un ojevo de la cara", etc.
-¿Quién ganó?
-El Fluminense, señora. El equipo del Botafogo se
desmoralizó, porque su portero fué mal herido.

Un día se hizo un daño atroz con el cepillo de dientes.

-¿Cómo así?

Tal es la fantasía de la Retro.

-Lo dejaron ruatro jones más uno.
-¡Ah! ¿Cinco goles?

5

TIJERINA
Tijerina era, ante todo, un cerebral, decadencia de una
raza escogida. Cortés, pulido, pulcro, amanerado y
cuidadoso en el habla y en el vestir, blando y ridículo. Pero
su cerebro tenía una mancha, su conciencia escondía una
arruga: siempre temía decir cosas inconvenientes, se
esforzaba por usar eufemismos y, para mejor arreglarlo
todo, acababa por echarlo todo a perder, como aquel que
citó el refrán del que con niños se acuesta, y puso el
etcétera después de la palabrota. Esta singularidad se
manifestaba en varias formas que admiten ser clasificadas:

-Iones, señora, jones. (Porque él, a la americana,
pronunciaba la c suave como s).
¡Pobre Tijerina! Este transporte de intereses éticos y
léxicos recuerda el caso de Verlaine y Rimbaud, en
Bruselas. El fiscal concluyó así su acusación:
-¿Confiesa el reo Verlaine que disparó contra
Rimbaud?

-Sí.
-¿Y por qué lo hizo, si puede saberse?

LA RETRO

,..,

M

La retro, antes del accidente, era como los demás, como
todo el mwido, y carecía de interés literario. Un día el auto
se le volcó encima. Repuesta de sus contusiones, quedó
afectada de un raro mal. El mal se acentuó con el tiempo:
había descubierto una nueva senda en el tejido del mlllldo,

-Habito -decía sonrojándose- una casita en la calle del
Senador... no Dantas, no, sino la otra.

LA OBRIGADIÑA
La verdad es que la señora Obrigadinha (en adelante,
diremos Obrigadiña para evitar errores de pronunciación
entre la gente de nuestra habla) era toda esferas y
hoyuelos. Se le reían los ojos gachones, se le reían los
senos, las nalgas. La piel le hacía olitas en los brazos, como
a los nenes. Llegó al Brasil, y lo primero que aprendió fué a
dar las gracias: Muilo obrigadinha (muy agradecidita).
Tal era el contraste, o tal vez la armonía secreta, entre
sus inmensas posaderas, sus esferas en aumentativo, y el
dulce diminutivo de aquella su frase favorita, que poco a
poco los amigos dieron en llamarla por el apodo de la
señora Obrigadiña, la de las rotundas obrigadiñas.
La Obrigadiña era hacendosa, era buena; sudaba del
comedor a la cocina, del cuarto de plancha al de bordar. Era
regalona y repostera. Sus manos, palomas regordetas,
maestras de toda labor en miniatura, hadas del gancho y de
la aguja, se las arreglaban, no sé cómo, para gobernar los
tejidos microcóspicos del hilo y la tela.
Modelo de esposas, madre gazmoña, educaba con
preceptos y consejos almibarados a su hija única, una
muchachota más seca y ardiente que la yesca. Atendía con
desvelada minuciosidad a aquel desvencijado camello que
resultó ser su varón.
A no ser por su inmaculada ternura, hubiéramos creído
que sorbía en sí, como un vampiro, la materia y la
materialidad de su familia y hasta de la gente que vivía en su
casa. Las criadas mismas enflaquecían a su lado. Los
vecinos le mandaban de visita a sus muchachos rechonchos
como a una estación dietética, porque invariablemente los
devolvía en media hora más aligerados de peso. Iba y
venía, no le pesaban las carnes, poseía la rara agilidad de la
gutapercha. Rodaba, botaba, rebotaba, y se le reían,
temblando, los hoyuelos.

-Por amor.

4

Veía inconveniencias donde no las hay, aguzando de
un modo enfermizo el don del equívoco y del retruécano.
Vino a Río de Janeiro. No había manera de obligarlo a
mentar la calle de su casa.

6

-¡Ya ven ustedes, señores, el acusado confiesa que
es

sodomista!
-Ita, señor fiscal.
-¿Se atreve usted a interrumpirme?

-Ita, y no isla, señor fiscal.
En esta historia de Tijerina, el cronista lamenta

que le

Era irremediable el verla y soltar la risa al instante.
Sobre todo porque resultaba imposible no pensar, más que
en ella, en sus obrigadiñas, de que su persona toda era
como la expresión exagerada. Allá, detrás de la cintura, las
obrigadiñas subían, bajaban, se mecían, giraban, asumían
autoridad propia, voluminoso parangón de los senos.
Lástima que no las llevara a la vista en un descote, como
asomaditas al balcón; mellizas de pitagórico magnetismo;
centro, cifra, gravitación de su ser, coordinación de su

....

w

�geometría física y moral, cuerpos gloriosos.
Los maestros de esgrima suelen hablar de "la tentación
del vientre". ¡Qué si vieran esto! Aquí sí que se reducía el
mundo al compendio. Dondequiera que ella se presentaba,
todas las líneas de equilibrio parecían converger hacia allá
y la pesantez padecía una declinación apreciable, la
perspectiva de los espacios se refractaba, las verticales se
inclinaban, las horizontales subían o bajaban un poco, las
rectas se curvaban en tomo a ella, se hacían cóncavas para
acariciarla o contenerla, como unas manos mimosas.
Los eruditos, al verla, recordaban a la primera Venus de
Wil/endorf (Museo de Historia Natural, Viena).
Esta era la Obrigadiña, la de las orbes elocuentes.

7

MELCHOR EN CARRERA
Melchor entra en la historia con un aire de héroe del cine:
joven lustroso y afeitado, elegantemente vestido y con
aquella levedad que comunica el deporte mientras no llega
a las exageraciones atléticas.
Melchor llama a una puerta. Nadie, ni él mismo, sabe a
qué iba. La puerta se abre sola y se cierra sola tras él.
Melchor ha caído en una trampa. ¡Y qué trampa!
Es un inmenso palacio de profundos y anchurosos
salones, casi sin muebles.
De tiempo en tiempo, un objeto absurdo; por ejemplo,
un orinal lleno encima del piano, un pájaro que revolotea
en el agua de una pecera, un ahorcado que cuelga en la
barra de una cortina, un caballo-mecedora sobre el cual
cabalga un gatito.
Se acerca un lacayo de librea y lo precede para
conducirlo hacia el interior del palacio, un lacayo rígido y
mudo que anda con los ojos cerrados, lleva un candelero
apagado y camina sin volver la cara
De pronto, pasan por entre una doble hilera de
sirvientes, todos de diversa estatura y trajeados con libreas
iguales: rojo, plata y blanco. Pero las libreas son de una sola
talla y medida. Al más alto, el calzón corto le hace calzoncito
de baño, le llega apenas al arranque del muslo, y las
mangas, apenas más arriba del codo. Al más bajo, el calzón
le car en generosas arrugas, las mangas le cuelgan como en
los muñones de los mancos.

El desconcierto de Melchor es visible. Comienza a

....

'&lt;t

"perder' la línea", el buen aire. Ya está todo fruncido de
inquietud y de desazón, el semblante olvida el señorío,
envejece por instantes, le crecen las barbas, el traje se le
pone viejo. ¿Habrán transcurrido varios años durante el
misterioso desfile? En vista de la unidad de tiempo que han
dictado los preceptistas, apenas osamos admitirlo; pero así
es, pese a los códigos.
Melchor siente la necesidad de respirar aire puro, se
acerca a la ventana. Lo que ve en la calle acaba de
desconcertarlo: Es el amanecer, el cielo está gris, llueve un
poco, que es el modo peor de llover. Pasa, sin ruido, un
carro de la carne. Del carro cae, en la curva, una res
desollada, muy rembrandtesca, que al punto encharca el
suelo de sangre. Los hombres del carro, con brazos
musculosos y remangados, bajan a recoger la res. Pero se
han juntado algunos transeúntes y los miran con tan
espantosa fijeza que los carniceros, silenciosos y
atemorizados, abandonan la pieza, trepan presurosamente
en el carro y se alejan a toda prisa.
Melchor cierra la ventana horrorizado, los pelos de
punta. El mayordomo lo lleva entonces hasta una especie
de teatro que se abre al extremo de una galería. Melchor es
el único espectador a la vista. La escena representa un
retablo holandés del Renacimiento, acaso un cuadro de
costumbres a lo Teniers. Giran de pronto los bastidores, y
aparece el Gabinete Famoso del Doctor Jeringa.
El Doctor, con ayuda de una grúa, mueve
trabajosamente una jeringa gigantesca y la aplica por un
orificio del telón de fondo. Se oyen gritos, se adivina del
otro lado al paciente, sin duda sujeto por los ayudantes del
Doctor, como el chino del cuento, pues el telón tiembla y se
sacude.
De pronto, el "facultativo" se vuelve hacia la sala y
señala con el dedo a Mclchor. Los ayudantes -enormes caras con piernas y brazos, disparates de Jerónimo Bosco-,
salen a escena, saltan de las candilejas al patio y quieren
apoderarse de Melchor.
Este, ya enloquecido, echa a correr por una puerta de
incendio, da en un callejón lleno de luz, cuyo espacio
mismo parece hecho de pestañas de acero, de espadas
delgadas y flexibles, donde el fugitivo va dejando el traje y
el pellejo. Sigue huyendo sin hacer caso de sus heridas.
Hasta que, sangrante y desnudo, verdadero Marsyas
desollado, desemboca sobre una balsámica cuna de
algodón en que están cantando los ángeles.

III
(Adolecen)

CANTO DEL HALIBUT

Epopeya atávica
Cuaderno primero de la

En la orillita del marflordelicado,
comulgan negros en miel de halibut.

En la oril/ita del marjlordelicado,
suspiran negros lamiendo el halibut.

Bibliotheca
En la orillita del marflordelicado ,

Hipoglossia
1928

negros desmayan, roncando el halibut.

En la orillita del marflordelicado,
fallecen negros en mal de halibut.

1
Edición algo critica

IV

I

(Danzan)

(Llegan)

En la oril/ita del marflordelicado,
¿qué hacen los negros? ¡Métenle al halibut!

En la orillita del marflordelicado,*
llegan los negros tañendo el halibut.

En la orillita del marflordelicado,
negros danzantes engendran halibut.

En la orillita del marflordelicado,
copiosos negros en pos del halibut.

En la orillita del marflordelicado,
furia de negros, pasión del halibut.

En la orillita del marflordelicado,
jeta de negros, lechal de halibut.

En la orillita del marflordelicado,
negros latientes violando el halibut.

En la orillita del marflordelicado,
hedor de negros asfixia el halibut
V

(Orgía)

11
(Beben)

En la orillita del marflordelicado,
bufan los negros y alumbra el halibut.

En la orillita del marflor.delicado,
pisan los negros la paz del halibut.

En la oril/ita del marflordelicado,
zumban los negros, corona en halibut.

En la orillita del marflordelicado,
antiguos negros peinan su halibut.

En la orillita del m{J.rflordelicado,
piernas de negros enredan halibut.

En la orillita del marflordelicado,
negros untados en luz de halibut.

En la orillita del marflordelicado,
sartas de negros, estaca en halibut.

En la orillita del marflordelicado,
liban los negros la flor del halibut.

Y tal es el caso de Melchor en carrera, caso único si los
hay, caso inaudito.

*El lector puede dispensarse de leer este estribillo monótono, pero la
probidad filológica nos obligaareproducirlo. "Ilalibut" debe pronunciarse
siempre como pá1abra aguda, para distinguiilo de &lt;l10s monstruos. N. del E.

_)

......

VI

�VI
(Crimen)

En la orillita del marflordelicado.
sangre de negros, puñal de halibut.

En la orillita del marflordelicado,
aspas de negros en cruz de halibut.

En la orillita del marflordelicado,
cierran los negros la rosa en halibut.
*

VII
(Libertad)

En la orillita del marflordelicado,
ojos de negros punzando el halibut.

En la orillita del marflordelicado,
dardos de negros erizan halibut.

En la orillita del marflordelicado.
negros altivos matando a Halibut.

En la orillita del marflordelicado.
¡La Independencia del Negro Halibut!

•Lamentable 1agma en todos los~ colacionados. N. del E.

episodio? La escuela histórica se empeñó en situarlo en lllJa
Batavia inmemorial, isla de Holanda, o fantástica, como la
Pancaya de Evhemero, alegando que, por corrupción oral,
se llegó a decir "atávica" donde debió decirse "batávica", o
canción heroica de los bátavos. Pero esta hipótesis está ya
mandada retirar. El pueblo que preservó este poema
ignora sus orígenes y, prácticamente, su significado. Se
supone que fué revelado por "aura", inspiración o
regüeldo de la subconciencia colectiva. Tal vez el episodio
carezca de realidad histórica o sea un resumen de hechos
dispersos. No es dable atribuirle escenario determinado.

m. Naturaleza del episodio. El as\DltO es también
incierto. ¿De quién, de qué se trata a lo largo de estos
singulares versículos? Sólo sabemos que es un canto épico,
aunque el género atávico ha dejado también ilustres
manifestaciones, harto conocidas hoy día, en los órdenes
líricos, idílicos, elegíacos, pastorales, etc. Pero el género
atávico descubre sus rasgos con mayor relieve en la épica,
por lo mismo que aquí parece presentar hechos vividos,
prevividos, postvividos o subvividos.
IV. El héroe desconocido. El héroe, el halibut, es
también un tanto enigmático. En verdad, hay dos héroes, o
un héroe y un coro con dignidad de personaje activo y
colectivo: el halibut y un pueblo de negros que comulga
con sus despojos, se emancipa y redime tras de someterlo al
sparagmós o despedazamiento dionisíaco. El coro no
ofrece problema. Pero ¿y el halibut? Por veces parece un
aparato de música, un bigarro transformado en trompa
marina, una lámpara, un astro, un utensilio de uso más o
menos lúbrico, un instrumento de tortura, una flor
venenosa, un manjar, un licor sin duda aguardentoso Y
embriagador, una hostia sacra, un totem, una parte del
cuerpo consagrada por el ritual erótico, un elemento del
paisaje, una atmósfera, un estado de ánimo...Hacia el final
del poema, el héroe se ha personalizado en un ser.

2

V. El vago asunto. Hasta donde puede colegirse, se
Comentario
I. El género confuso. Narración poética de un suceso
heroico, alguna emancipación nacional, costumbres rituales
y orgiásticas de una raza vetusta y desaparecida, moradora
de playas después sumergidas por cualquier catástrofe
terrestre. Epopeya que se ha dado en llamar "atávica u por
ser resultado, más que de un propósito consciente, de una
perpetuación inconsciente, precipitación de tradiciones,
visiones étnicas, emociones folklóricas fijadas en los
nervios de un pueblo acaso por amontonamiento
hereditario, y reveladas de repente por un poético estallido
de salto atrás.
\()

......

II. Lugar y época. ¿Cuándo, dónde aconteció el

cuenta la historia de una tribu primitiva o bien decadente,
sensual, sangrienta, voluptuosa, refinada y cruel, que suele
embriagarse junto al mar en alguna celebración mágica o
fiesta mística, y luego da muerte a un dios para
incorporárselo por manducación o bebida, y bajo cuyo
poder se retuerce en éxtasis y espasmos, para acabar en
alaridos de libertad. El final viene a ser un balandro de
independencia, un 16 de Septiembre irreal y crepuscular.
La gernebunda raza marítima afirma su autonomía
devorando al Antiguo Régimen. Las mesnadas iracundas
parecen clamar: "¡Sufragio efectivo: no reelección!" Y se
oyen los tumbos del mar, o se adivinan.
VI. Consideraciones antropológicas. Se dice: "negros"•

Es dudoso que esta denominación corresponda a un tipo

norteamericano, pegajoso e insípido, que es el hipogloso

étnico definido. Parece una traducción sonambúlica de la
barbarie, del primitivismo tal vez, o de la crueldad
voluptuosa. O se dijo ''negros'' por' 'morenos'', corno hacen
los argentinos. El lenguaje sintético de la poesía lleva a los
extremos. O es una denominación cariñosa, así como quien
exclama: "¡Mi negra!", por: "¡Oh dama de mis
pensamientos!" Hasta aquí las actuales investigaciones.

(halibut). X entraba en un raro trance a la hora de las

VII. Reflexiones estilísticas. Siete estrofas o laisses de
cuatro dísticos cada una, caracterizados éstos por la rígida
simetría del fraseo. Métrica no registrada en los
reglamentos aduaneros. Recurrencia léxica, reiteración
encaminada a provocar el sonambulismo. El primer verso
de cada dístico se repite hasta el aturdimiento. Estética del
Rimbaud Ebrio y del Suprarrealismo Soluble. El verso
reiterado crea un marco para el movimiento del poema, un
fondo marino sobre el cual resalta el cordón de negros, con
lejanas circunflexiones de olas. El verso reiterado es un
friso. Si la repetición recayera sobre el segundo verso del
dístico, lo llamaríamos letanía. "En la orillita del mar
flordelicado": de aquí fluye todo el poema, como de una
fresca banda azul que escurre y destiñe sobre una pared
inmensa.
VID. Elementos del friso: a) "Orillita" es diminutivo
perverso, putrefacción oriental, cosquilla y tortura
chinesca, puñal en miniatura, juguete de la Nao de China,
flor japonesa, opio, cocó y qué sé yo. "Orillita" punza y
taladra, hace un rechinido de sierra. A la vez, purifica los
contornos nítidamente, como un buen dibujo lineal, y crea
un contraste paradójico y cristalino con la emanación
sofocante y embriagadora del episodio. b) "Flordelicado".
Hemos hablado de olas circunflejas. ¿Olas en figura de flor
de lis? ¿"Flordelicado" como el "camarín" de Efrén
Rebolledo? ¿Modernismo ya? ¿Delicada flor de lis?
¿Motivo de un muro cretense, lo que nos llevaría muy
lejos? Todo puede ser. "Delicado" es adjetivo exhausto,
gastado al uso. "Aordelicado" vale mil veces más.
Equívoco, calambre mental, contagio entre dos o tres
palabras, cruce léxico, secreteo entre varias ideas.
Completa ecuación verbal, ella estaba en la mente de Dios
esperando que la nombraran. O cayó de la Divina Corona,
corno en la Cábala los signos hebreos de la escritura.

IX. Hipótesis psicoanalítica. Hay un punto de vista
audaz, y no podernos disimularlo. El poema, según esto, no
sería un poema antiguo, sino un vuelco de atavismo, un
hundirse hacia el pasado profundo, un tragarse a sí mismo
acontecido en la mente de algún falsificador moderno. X que así conviene llamarlo- viajaba entre Nueva York e
Inglaterra en un barco de la Larnport &amp; Holt. Le servían a
bordo, con desesperante frecuencia, ese pescado

comidas. Nada recuerda. Sus compañeros de viaje lo han
revelado a los investigadores, entre muchas reticencias y
no escasos melindres. La palabra de la minuta, leída al
descuido, se le encaminó a X por los estratos del alma hasta
el yo profundo y hasta el "ello", a modo de virus filtrable. Y
un día salió a flor de labios en el poema que admiramos,
convertida en el propio nombre de nuestro Héroe
Desconocido. Y es evidente que el halibut del poema tiene,
en efecto, un no sé qué de pescado, un aroma entre
repugnante y atractivo de fauna marítima, ambivalencia
característica de todas las emociones sagradas, que incitan y
rechazan, seducen y aterrorizan. X, al acercarse la hora de
las comidas, oía siempre ese tañido de como o cometa con
que se anuncia a bordo el servicio, y dió en llamarle a esto
"el tañido del halibut". El tañer del halibutestaba a cargo de
un negro: otra explicación más de las asociaciones
musicales del halibut y de los misteriosos negros que
aparecen en el poema.
Los compañeros de X declaran que éste les hablaba
frecuentemente de cierta página en que la Condesa de
Noailles describe a un príncipe cazador, persa o indio,
revestido de seda y de colorines como en las antiguas
miniaturas, montado en un caballo blanco, que echa atrás el
busto para tirar del arco y lanzar la flecha. Pero la poetisa,
en vez de considerar este movimiento como una torsión
vigorosa, lo considera como "un desmayo". Esta reducción
del esfuerzo a una abandono, esta interpretación de la
energía como flojedad -perfectamente compatible con la
física superior-, es la sangre misma del poema, si bien se

mira.
Ahora bien, aun admitiendo esta hipótesis tan
desconcertante en apariencia (y que parece corroborada
por el hemistiquio de la estrofa IV: "¡métenle al halibut!",
forma dialectal sólo conocida hasta hoy en un pueblo
contemporáneo), queda la posibilidad de que el falsificador
moderno haya recogido en sus inspiraciones, de modo más
o menos consciente -pues no es de desecharse del todo el
caso de la ilwninación y del salto atrás- algunos elementos
de una tradición vetusta y casi perdida. No sería la primera
vez que MacPherson sorprende al mundo con los cantos
de Ossian.
X. Problemas de edición. El poema no se presentó de
una vez en su orden lógico, sino en estado fragmentario y
disperso. Los eruditos han tenido que recomponerlo y
organizarlo, cambiar los versos de lugar como lo hacía
Renan para el Cantar de Cantares, y defenderse contra la
tentación de las supresiones o interpolaciones, tentación
que ya padecieron los diaskevastas homéricos en la Atenas

......
-.J

�de los Pisistrátidas. Poco a poco, el rompecabezas llegó a su
arquitectura probable. Singularmente, los dísticos de los
versos 7 a 1O, 13, 15, 20 y 34 cambiaron varias veces de sitio,
como lo apreciará quien consulte los Mss. fundamentales
del poema.

En su forma actual, que los gramáticos futuros_sin duda
rectificarán todavía, el poema resulta bastante legible,
dividido en sus siete estrofas, a las que los editores han
puesto títulos o indicaciones entre paréntesis para facilitar la
comprensión del texto.
Es innegable que hubo algunos parpadeos o eclipses, y
es lamentable la omisión o pérdida de un dístico en la estrofa
VI. que rompe la ley de la simetría, y por cierto interrumpe
el sentido en un momento bastante escabroso, dando lugar
a feas sospechas.
XI. Consideraciones finales. Con ser un residuo del
pasado, el poema parece destinado a un gran porvenir.
Nada diremos del presente porque, como todo el mundo lo
sabe, el presente no es un tiempo de la conjugación poética.
El fenómeno poético corresponde siempre a un pasado o a
un porvenir, reales o imaginarios. El presente nunca es
poesía, sólo acción.
El porvenir reservado al poema que aquí estudiamos es
realmente incalculable. El Canto del llalibut es un poema
todavía vivo y en constante transformación. Prende en el
lector como un contagio, lo arrastra en su ritmo y en su
fluencia verbal, y ofrece, a la vez un molde fijo, tan fácil de
aprovechar que todos nos sentimos bardos, todos
inclinados a seguir añadiendo estrofas por nuestra cuenta:
cristal donde todavía pueden tallarse nuevas facetas,
fórmula abierta de la celulosa que puede acrecerse
incesantemente en perspectiva indefinida. El elemento ya
coagulado del poema, el verso fijo, el friso, deja el hueco
para nuevos elementos líquidos y cambiantes. Y así, el
Canto del Halibut apenas parece un punto de arranque
para muchos desarrollos posibles. Todos guardarnos
algunas especies halibutianas en el fondo del alma, que se
desatarían en versos a la más leve provocación, como una
improvisada selva de ritmos.

....

00

Pronto, para entregarse a este saludable ejercicio
(catharsis del filósofo griego: lo que se expresa ha dejado
de padecerse), se ha creado una sociedad poética, el Club
del Halibut, cuyos miembros trabajan en colaboración;
aunque no faltan las disidencias, los bandos, como siempre
acontece. Unos reclaman la mayor libertad para seguir
pescando nuevos versos en los lodaceros del
subconciente, pues el Halibut es un pez que desova
siempre en el fango, y los adeptos de esta escuela
representan algo como la extrema izquierda del Club. En

cambio, otros -la extrema derecha, a la cual pertenece la
edición aquí presentada-, buscan precisamente la
aproximación al arquetipo, al poema escrito y creado ya de
toda eternidad en el seno de las Normas. Pues así como hay
ráfagas eléctricas, o cósmicas o lo que sean, que Cl1J7.ail el
universo en todos sentidos, así los versos andan por ahí,
solos y autonómicos, como mariposas, esperando que logre
atraparlos la afortunada red del poeta. Según esto, cabrían
aproximaciones, intentos, retoques, pero no una
rcclaboración perpetua del Canto del Halibut. No
conviene que en torno al canto se consienta una flora
parasitaria y caprichosa.
Pero los derechistas, en la aplicación social de sus
principios, han llegado a la exageración. El Club ha sido, en
el origen, algo como un club deportivo y juvenil, un club de
regatas instalado en alguna playa, y ahora pretende
estúpidamente transformarse en una ponderosa Academia
del Halibut, lo que pronto conduciría a la anquilosis.

VIA LIBRE

Nosotros, como editores, hemos tenido que adoptar
provisionalmente el punto de vista de las derechas, a fin de
ofrecer un texto preciso. Pero nuestras íntimas simpatías se
inclinan a un izquierdismo mesurado, lo que se ha llamado
de tiempo a esta parte el Frente Popular del Halibutisrno.
Presentimos, en efecto, que, cuando hayamos logrado
sacar de los mantos profundos -pozos petrolíferos
insondables- millones y millones de versos, la sustancia
infinita del Halibut expresará todos los anhelos humanos de
todas las humanidades posibles de ayer, de hoy y de
mañana. El ser del hombre está todo contenido, construído,
en la sustancia del Halibut. Cada uno de nosotros es tan sólo
una pequeña cristalización, un diminuto y pasajero
equilibrio del Halibut, del Panhalibut de la Creación. El
Canto del llalibut, leído atentamente, despide ese tufillo
inconfundible, ese olor de barro original, de légamo
bíblico, en que el padre Adán fué modelado.

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-

__J \O

�Dibujo de E/vira Gazcón

�</text>
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Cuadernos de la revista

.

DESLINDE ;;--~

EL ETERNO RETORNO: PUNTOS DE LLEG
Y PUNTOS DEPARTIDA EN EL CURRICULO ~
Martha Casarini Rato

--

l. El intento de revisión de la temática curricular desde la
perspectiva de sus posibilidades de investigación me parece
importante en la medida que permita reenfocar un campo de
estudio y de acción que no siempre es fácil de aprehender.

dadesconcretas, y, a veces, para aplicarlas ala modificación de
las mismas, puede estar influyendo en los recortes y análisis
que hace el investigador curricular a la hora de definir sus
intereses y problen,as.

A veces la temática aparece tan estructurada, tan "armada" que da la impresión que nada ni nadie puede penetrarla.
Otras veces se percibe tan inocua e inocente que de nuevo eso
mismo la hace, paradójicamente, impenetrable, pues casi
constituye una "mal~ad" meterse con ella.

No sé si es optimista pensar que los "trabajadores" del
currículo, en esta década, ya sea por el deterioro de las
condiciones objetivas de la educación, como por las crisis
mismas de algunos paradigmas en sus alcances explicativos de
la realidad, han tenido que empezar a buscar "adentro". Con
este "adentro" sugiero la idea de país, región, institución hasta
el investigador mismo.

Por otra parte, para contradecir aquello que emerge como
organizado e inofensivo, se desarrollan cuestionamientos muy
agudos. En este caso, lo que se busca es movilizar esa estructura, para que sea posible introducir el conflicto.

Se experimenta, entonces, un sentimiento totalmente q,uesto
al descripto; las dificultades son tan grandes, la rique-za y
complejidad de la temática curricular es tan densa; las sutilezas
son tan finas ... que, también, ponemos en duda la posibilidad
de explicarlas; ya no digamos de inteivenir de alguna manera
en ellas, si110 al menos, explicarlas.
En síntesis, nuestra percepción y sentir sobre el tema se
columpian entre la inocuidad y la complejidad, entre lo estructurado y el caos, entre lo accesible y lo oculto.

Lo interesante de este proceso es la factibilidad de que
estén variando nuestras consideraciones sobre el currículo, su
desarrollo e investigación.
V earnos: la década de los80 puede haber traído en algunos
sectores un mayor esfuerzo por integrar la teoría y la práctica;
más profundización sobre el terna desde campos de conociffilentos muy variados; una revisión má~ honesta y lúcida de las
utopías ( aunque no sési, además, la redefinición de las mismas,
y la posibilidad de hacerlo en el momento actual).

Este esfuerzo de integración, es decir, la mejor utilización
1e herram· ~ntas teóricas y rnet0dológicas para explicar reali-

Quizás se esté perdiendo así cierta arrogancia en el manejo
del conocimiento en cuanto al poder que éstepuede tener para
interpretar y modificar una realidad. Me estoy refiriendo
concretamente a las ciencias sociales. Tal vez se esté gestando
otro tipo de relación del investigador de estas disciplinas con
el conocimiento.
Con respecto a la necesidad de aprehender con nuevas
pautas los problemas sociales, se afirma: "la visión analítica
debe ser constantemente rediscutida para adecuarla a una
realidad cuyas exigencias son frecuentemente mucho mayores
a aquellas recogidas por la teoría clásica". Pero además " .. .la
confrontación de informaciones y experiencias sobre distintos
aspectos de la vida social ha dado lugar a un acrecentanúento
de las oportunidades del saber, expresado, por una parte, en
una diversificación -y a menudo fragmentación- de campos de
aproximación a la realidad, así como en una diferenciación
teórica e ideológica enorme en aquellas corrientes que parecían, hasta unos años, relativamente unificadas" .1
De alguna manera, las reflexiones anteriores pueden ser
transferidas a la temática curricular, aunque habría que analizar sus matices singulares.
2. Podemos admitir que se ha recorrido un largo camino desde
aquellas consideraciones que se hacían sobre el currículo como
estructura cerrada, anticipadamente planeada con todo su

....

�universo de objetivos, hasta los enfoques actuales que lo
conctben como proyecto relativamente abierto, el cual incorpora la idea de "proceso", de empresa educativa que se
construye al ir haciéndola
Aún con el temor de que estas reflexiones sobre el currículo se conviertan en un discurso más, hay que reconocer también
sus aciertos, puesto que la idea misma de "proceso" exige un
mayor acercamiento entre la teoría y la práctica, entre la
investigación, la planeación y la administración del currículo.
Esta idea de currículo abierto (o más abierto) pone atención en las distintas situaciones concretas, es decir en las
instituciones singulares donde los protagonistas llevan a cabo
el currículo. Esto no acontece cuando se maneja política y
académicamente una concepción "cerrada" de currículo que
favorece la homogeneización de una propuesta.
Al respécto pienso que la siguiente cita de Stenhouse es
clara: " ..Ja experiencia en el campo del currículo nos indica
que lasvariables contextuales en la escuela y su medio ambient~ son tan importantes que no pueden establecerse recomendaciones generales. Cada escuela tendrá que ponderar sus
propiosproblemas y elaborar su línea de conducta".2 También
habla de la importancia del compromiso de los individuos para
desarrollar esta concepción del currículo. Por ello afmna: "en
grandes organizaciones burocráticas sólo puede buscarse la
'eficiencia' cuando la calidad del compromiso no es un factor
importante".3

Por otra parte se tiene la impresión de que, si bien, hay una
multiplicidad de corrientes y posiciones que representan distintos paradigmas, estaría surgiendo en algunos sectores una
nueva actitud en su aproximación conceptual a la realidad.
Existiría una mayor preocupación por ''preguntarle" a la
realidad y no tanto al paradigma en cuestión.
No me estoy refiriendo a la vieja polémica entre la teoría
y los hechos, ni a un desencanto o descrédito de la teoría. A lo
que me refiero es que en los finales de los 80 parece que no
existe la actitud de confianza en algún superparadigma, es
decir en el paradigma "bueno", ni la protección que da
poseerloy por supuesto aplicarlo a la realidad para su interpretación y pretendido cambio.
Ejemplifico en parte esta actitud, a través de un comentario de C. Coll en un artículo en el que realiza un balance crítico
del aporte dela psicología genética a la educación. Dice: " ...son
cada día más numerosos los autores que cuestionan la manera
misma como se han. planteado las relaciones entre, por una
¡,arte, la psicología y la epistemología genéticas, y por otro la
teoría y la práctica educativa; como alternativa, se sugiere una
utilización de los primeros como illStlUmento de análisis de los
problemas surgidos en y desde la problemática educativa, enVe'L
de considerarlos como una fuente potencial de soluciones ya
hechas para resolver los males que aquejan a la educación" ( el
subrayado es mío).4
En otro contexto cultural y académico, a finales de los años
60, J. Schwab sostenía que el campo del currículo estaba
monbundo, por lo tanto en crisis. Lo anterior era resultado de
un "agotamiento" de los principios, ya fuera porque las preguntas suscitadas por éstos se habían respondido o porque las

investigaciones realizadas a partir de los mismos no se adecuaban ni al objeto de estudio ni a los problemas que se debían
resolver.

currícula, del proceso pedagógico del aprendizaje de los jóvenes en el nivel superior, de la íonnación en los enseñantes,
etcétera.

Para él un indicador de esta situación lo constituían la fuga
de los investigadores del mismo campo de estudio; la fuga
hacia los modelos y la metateoría; la vida hacia el pasado y por
último haeüt lo accesorio.

Pero en lo que no habrá que confundirnos es en analizar
estos temas con los encuadres que utilizábamos en la década
pasada.

Más adelante, descartando la esperanza de alguna teoría o
metateoría curricular, Schwab habla de una alternativa, dice:
la alternativa viable que resta es la de las uniones y conexiones
no sistemáticas, incómodas, pragmáticas e inciertas que puede
realizar un enfoque ecléctico" (el subrayado es mío).5
Por último, otro autor (Huebner) empeñado en rescatar
los temas "clásicos" del currículo sostiene que habría que
volver a otorgarle importancia a la cuestión del contenido y a
la manera de enseñarlo: Para é~ el curriculo no está monbundo
sino muerto. Irónicamente admite que se podría haber detectado antes su gravedad, de haber existido alguna preocupación
por lograr congruencia entre el discurso y la práctica. Afirma:
"murió porque la creciente diversidad de intereses que trató de
llevar adelante, en esos cien años, no se podría mantener más
tiempo con un solo enfoque. No puede haber un renacimiento
porque el campo no tiene ya unidad ni integridad".6
Pero, por otra parte, esta pequeña apertura polémica en
relación al currículo, esta actitud hacia los paradigmas y la
teoría, este inventario del estado de salud de la temática, se
toma más compleja cuando necesariamente pretendemos
contextualizar nuestras reflexiones en el ámbito de la educación superior. De no hacerlo sumaríamos una "fuga" más a las
anteriores descriptas.
Sobre la prospectiva para el nivel superior en América
Latina, Tedesco dice que ésta "no es una actividad gratificante".7
Sosteniendo una posición ya consensual en muchos sectores, el autor realiza un análisis de la educación a nivel superior
en la presente década y nos advierte que aquella no puede ser
explicada con el optimismo economicista de hace dos décadas.
Desde esta perspectiva, el papel de la educación en su contribución al "desarrollo" disminuye, ya que aquellas expectativas
de los 60 no son factibles. Sin embargo, analizada desde otro
punto de vista dicha contnbución se torna más compleja, pues
ya no es pensada sólo en términos de la vinculación educaciónaparato productivo, sino en relación al funcionamiento de la
sociedad Así, temas como el consenso social, la creatividad y
la participación adquieren relevancia.
Nunca como ahora la discusión sobre los límites y los
alcances de la formación universitaria en relación a la cultura,
la ciencia y la técnica ha sido tan vital.
Quizáspor todo esto emerge la preocupación por el rescate
del conocimiento y del desarrollo intelectual en el marco de
una política educativa que pugne por que "el acceso formal se
convierta en acceso real al conocimiento y a los aprendizajes
socialmente significativos".8
Lo anterior vuelve a poner sobre el tapete la cuestión de la

¿Hay un cambio real? ¿Qué tanto está afectando ( o
afectará) nuestras consideraciones sobre el curriculo, su
investigación y desarrollo? Aunque muy arduo, éste es un
período crucial para observamos a nosotros mismos. En síntesis, ¿qué respuestas buscamos?, ¿Qué preguntas nos hacemos? ...
Hay que construir otro enfoque de las relaciones universidad-sociedad, de las condiciones objetivas de tas instituciones;
de los lineamientos de los proyectos académicos para, a su v~
redefinir los alcances curriculares.
En este replanteo también se somete a revisión el papel del
investigador. "se trata de la participación de los investigadores
en cierta constelación de ideasy valoresvinculados al compromiso y al sentido de la tarea científica en el contexto del
subdesarrollo y de la búsqueda de un nivel adecuado de
autonomía. Sin esta dimensión valorativa, las modalidades
institucionales que pudieran eventualmente diseñarse derivarían en esquemas vacíos de contenido o darían lugar a alternativas de acción que constituirían probablemente un mero
reflejo de pautas académicas ajenasa las reales necesidades del
proceso de desarrollo social autóctono".9
3. Esta puesta, en puntos anteriores, de algunos planteamientos, tiene la pretensión de operar como marco de referencia
para la reflexión, a veces cuestionando y otros justificando,
sobre el desarrollo del currículo y la investigación en una
situación concreta; me refiero a la licenciatura en pedagogía,
en la Universidad Autónoma de Nuevo León.

No se desconoce, por otra parte, que como todo marco de
referencia éste posil&gt;ilita los análisis en ciertas direcciones,
pero al mismo tiempo supone limitantes para acceder a la
percepción de los problemas desde otro ángulo.
El ir acumulando progresivamente teorías, conceptos e
ideas, aunado a una toma de conciencia de nuestras dificultades (personales, grupales e institucionales) para modificar la
realidad, produce un forcejeo permanente entre los aportes
teóricos provenientes de investigaciones, estudios o informaciones y el registro, al mismo tiempo, de evidencias o indicadores de problemas en el currículo; en los objetivos profesionales
de la licenciatura y en el proceso de enseñanza y aprendizaje de
maestros y alumnos concretos.
Esto, que desde el punto de vista discursivo, puede ser
pembido como un intento loable de integración teoría-práctica, nos embarca, sin embargo, en un proceso a veces muy
contradictorio, dadas nuestras condiciones objetivas-subjetivas de docencia, desarrollo curricular e investigación.
En un mismo fragmento espacio-temporal vivimos simultáneamente el análisis de la legitimación y al mismo tiempo
nuestras prácticas legitimadoras; la preocupación por la cali-

dad de los aprendizajes y los obstáculos reales para facilitarlos;
nuestras críticas fundadas a una planeaci6n burocrática, y al
mismo tiempo, las demandas de la institución, de los alumnos
y de nosotros mismos de una norrnatividad que permita poner
cierto orden en la consecución de algunas metas.
Se pueden caricaturizar las consecuencias de este tipo de
situaciones. Así se produce un aislamiento de los planteos
teóricos en relación a la realidad curricular y docente, perfeccionando el encuadre o modelo. Por ello, las formas del
discurso pueden adquirir, a veces, una belle-La demasiado
vulnerable. O podemos arrojamos al "imperio de los sentidos"
para gO'Llll' curricularmente de una desvergonzada empiria y
normatividad sin reflexión, sin intento de fundamentación
conceptual.
Otras veces frente a las herramientas conceptuales se
advierte poco empeño en la búsqueda de explicaciones y
alternativas: nos paralizamos. Tememos contradecir la teoría.
Tememos pensar por nuestra cuenta. Se habla de la creatividad, pero esta es escasa puesto que el miedo a las etiquetas
propias y ajenas es sustantivo. Las modas epistemológicas e
ideológicas nos hacen dudar demasiado de nosotros mismos.

Se me antoja aquí una reflexión: lqué tanto estas actitudes
determinan, en parte, el tipo de aproximaciones que hacemos
a la investigación curricular?
En relación a las ideas anteriores Devereaux afuma: "quiere
esto decir que el mejory quizás el único medio de alcanzar una
simplicidad congruente con los hechos es lidiar de frente con
las mayores complejidades, mediante el artificio extremadamente práctico de tratar la dificultad per se como un dato
fundamental, que no debe rehuirse sino aprovecharse al máximo",
y agrega: "no se hace buena ciencia pasando por alto sus datos
más fundamentales y característicos que son, muy concretamente, las dificultades propias de esa ciencia".1º
Haciendo una interpretación un tanto libre de la cita
anterior, y para poder ''lidiar de frente con las mayores
complejidades" (como dice el autor) tenemos que distinguir
sin disociar de dónde provienen las dificultades: de la índole
misma del objeto de estudio en cuestión (el currículo); de los
distintos campos del conocimientos que lo penetran; de las
características de quienes hacemos los abordajes teóricos y
prácticos; de las instituciones singulares en donde se desenvuelven Jos currícula y su investigación.
Precisando un poco más los acercamientos al currículo, a
su desarrollo e investigación, éstos difieren dependiendo desde dónde se producen esos acercamientos y cuáles son las
necesidades que los motivan.
Así, en este aspecto, vislumbramos los alcances positivos
de nuestras aproximaciones, pues en nuestro caso las necesidades no surgieron de declaraciones curriculares formales (plantearse, por ejemplo la investigación como un deber ser) sino a
partir del momento en que pudimos hacemos algunas preguntas sobre las prácticas docentes; sobre el destino de nuestros
egresados; sobre qué estaría pasando con los alumnos y sus
aprendizajes, etc.
Hay que agregar a esto el dato de que esas temáticas, por

�la índole de la licenciatura, forman parte de nuestro propio
objeto de estudio. De allí el doble interés teórico y práctico,
pero de allí también la intensidad del proceso.
Es pues impactante el momento en que finalmente los
aspirantes a investigadores comenzamos a entrecruzar las
ideas con los datos que se van elaborando, porque se "descubre" que, de alguna manera, la realidad está "ahi'", pero
merced a la disociación era como si no estuviera. Hago la
acotación de que esto me parece un hecho bastante común en
las licenciaturas de pedagogía, por las dificultades para replantearse de la normatividad.
Además, ta búsqueda teórica se convierte en un viaje dificil
pues ahora sí se comienzan a fonnu lar preguntas a la misma y
no a rumiar vagas especulaciones.
Lógicamente, en este proceso también se con.firma lo que

ya se sabía pero de otra manera, y es que la pedagogía, las
ciencias de ta educación y otras disciplinas afines no están
esperándonos en algún recodo del camino para surtirnos con
sus respuestas ya elaboradas.
En síntesis: la formación docente y la investigación posibilitan que aquello que enseñábamos desde los libros, se convierta en una vivencia que permite, ahora, otorgarle un nuevo
significado a la teoría y a nuestra realidad.
Desde esta perspectiva, poco ortodoxa, por cierto, el
currículo, sus redefiniciones, su aplicación, etc., se constituye
para nosotros en una extensa y permanente investig~ción
teórica-aplicada (veremos luego cómo esto logra precisarse
más).
Hay algunas ideas de Stenhouse que sirven para apoyar lo
anterior. Dice este autor que "el que trabaja en el currículo
debe formular hipótesis comprobables mediante una paciente
investigación, pero no de tipo tradicional: la investigación del
currículo plantea problemas que son reacios a los métodos
tradicionales".11
Desde su óptica la investigación del currículo debe ser mas
"iluminativa que recomendatoria". Es por eso que él vincula
desarrollo del currículo con investigación y piensa que quien
está inmiscuido en este tipo de asuntos debe explorar problemas más que ofrecer soluciones.
Retomando de Stenhouse a nuestra realidad institucional,
la intención y la práctica consecuente es combinar la administración del currículo y su normatividad con el desarrollo del
programa de formación docente y el de algunos proy~os de
investigación que nos permitan explorar problemas e rr redefiniendo la normatividad.

propuesta didáctica (teórica-operativa), en principio, para el
colegio de pedagogía, pero con pretensiones de generalización
para las ciencias sociales en el nivel superior.

En realidad el programa de actualización docente está
pensado para "ir haciendo" el currículo; a su vez el progr~a
se contextualiza en el currículo tomado como punto de partida,
es decir como estructura inicial. Esta, organizada con su peñtl
profesi¿nal, sus objetivos, etc., contextualiza, pero ta1;1bién
limita, pues cuando formulamos el currículo no podíamos
anticipar las construcciones posteriores.

Por último incluye los intereses de todos los integrantes del
equipo docente de que este tipo de trabajo se revierta en una
investigación aplicada al salón de clase, en donde, los maestros
interesados podrán experimentar y evaluar la propuesta didáctica que estarnos elaborando en este momento.

Además, el programa de formación docente presenta
matices muy variados y desiguales en las distintas lineas
curriculares en las que se desarrolla.

En síntesis, es un proyecto que al desarrollar el programa
de actualización y formación docente posibilita simultáneamente el desenvolvimiento del currículo teórica y prácticamente.

El temario de trabajo, las necesidades y compromiso de los
integrantes, observan diferencias marcadas. Acá hay q_ue hacer
una reflexión contraria a las habituales: por tratar de unpulsar
cierta capacidad autogestionaria y participativa en los equ i~os
docentes, posiblemente se descuidaron problemas relativamentecomunes al currículo y a la actualización de los docentes.
Tampoco hay que olvidar las reflexiones ~e Stenho_us~ ~n una
cita anterior sobre los niveles de compromiso de los mdMduos.
Es decir, las actitudes. Todo esto nos Jo seguirmos replanteando, sin embargo, esta modalidad de encuadre s!gue_ siendo
nuestra mejor opción, dadas las condiciones de trabaJO oostentes.

La metodología participativa se adecúa a nuestras condiciones de trabajo por la carencia de recursos, de maestos
profesionalizados y de investigadores, aunado a que no trabajamos sobre un objeto de conocimiento estructurado, con
sólida investigación por detrás. Esto obliga, como prioridad, a
formular proyectos que puedan ser multiaprovechados.
Se cubren necesidades de los maestrosjóvenes, reciclajede
los mayores, desarrollo de la investigación por algunos de
nosotros y, retroalimentación al currículo.

Y, precisamente, es esta ligazón entre currículo y formación
docente la que constituye, por así decirlo, la infraestructura
suscitadora (directa o indirectamente) de las investigaciones
actuales. Estas se comentan a continuación.
4.1 Formación docente y Didáctica universitaria: alternativas
para su desarrollo.13
A medida que un equipo de maestros va instituyendo el
programa de actualización y formación docente, el grupo
paulatinamente accede a cuestiones que rebasan la mera
construcción de los programas de esa línea curricular. Se aclara
que este proceso lleva aproximadamente tres años.

Sin embargo somos conscientes de la necesidad de sistematizar la formación de investigadores, como la participación de
otros interlocutores y asesores.

r

l

El interés en algunos de nosotros de avanzar con este
trabajo, está muy determinado por la necesidad de no dejar
fuera de los objetivos de formación e investigación, la formulación de proyectos propositivos. Es decir, la intención es
explicar, pero también proponer. Nos inquietan bastante los
problemas relativos a la enseñanza y el aprendizaje, por la
índole misma de nuestra licenciatura.

Así el equipo se centra en dos cuestiones fundamentales:
a) la revisión de la práctica docente, en todas su dimensiones:
psicológicas, curriculares, didácticas e institucionales, y b) la
reflexión sobre la estructura del conocimiento subyacente a los
cursos que desarrolla este equipo docente.

La discusión de los paradigmas didácticos a la luz del
inventario de los problemas de nuestra práctica educativa nos
facilita la superación de los "reduccionismos" (psicológicos,
sociológicos, antropológicos) a la hora de explicar y actuar
sobre el proceso educativo.

Es precisamente esta modalidad de trabajo grupal y participativo, apoyada en el currículo como punto de partida, la que
posibilita que en un momento dado una parte del equipo
docente formule un proyecto de investigación en el que se
anudan varias inquietudes: la formación docente, la didáctica
a nivel superiory la metodología participativa como modalidad
de trabajo.

Hay claridad, sin embargo, que los reduccionismos o
"hegemonías" de ciertas disciplinas respecto al proceso educativo tampoco se superan planteando falsas integraciones teóricas, que más bien semejan un collage que integración en sí.

Por último, otra idea de Stenhouse que incorporarnos es
que con respecto a un currículo no importan ya sus defectos o
limitaciones, "lo que interesa es si plantea problemas, oonflictos:
es decir si se perabe en él que hay ambición, desafio: dificultades auténticas y significativas".12

Esta propuesta pretende optimizar y cubrir varias necesidades. Por una parte la del equipo docente que trabaja en la
línea curricular (psicopedagógica y didáctica), que Juego de
haber completado la programación de todas las mateerias,
seminarios y talleres que Je corresponden, está avocada a la
reconstrucción de la estructura conceptual del objeto de conocimiento de dicha línea curricular.

Se puede visualizar, pues, la importancia del vínculo currículo, formación docente e investigación dentro de nuestro
encuadre de trabajo.

Por otra parte, también, posibilita satisfacer las necesidades del equipo de investigación que pretende aprovechar este
proceso para comenzar a formular los lineamientos de una

Por último, esa mayor riqueza conceptual sobre las prácticas eductivas proveniente de diversos campos de estudio
tampoco es ignorada, y ello determina que nuestras consideraciones sobre el currículo, la enseñanza y el aprendizaje estén
frecuentemente sometidas a revisión.
En fin, todo esto que de por sí resulta perturbador cuando
nos mantenemos en el nivel explicativo de los problemas, lo es
mucho más cuando se pasa al terreno propositivo.
Los paradigmas actuales han inC&lt;&gt;rporado tantos factores
mediacionales en la explicación del proceso de enseñanzaaprendizaje en el salón de clase, que esto coloca a la investigación
didáctica en una situación dificil.

Dificil pues a la hora de armar los lineamientos de una
propuesta para el salón de clases, hay que tomar en cuenta los
factores mediacionales provenientes del maestro, del alumno,
del grupo, de las relaciones que se establecen en ese microuniverso que es el auJa; al mismo tiempo hay que incorporar el
problema de los fines, del contenido; de los objetivos formal ivos y profesionales formulados en el currículo.
En esta etapa estamos cotejando algunos paradigmas de la
investigación didáctica con nuestro propio inventario de problemas. De aquí extraemos el replanteo sobre los fines educativos y curriculares; la revisión del campo de psicopedagogía y
la didáctica y por último prepara el terreno para la propuesta
aplicada al aula.

4.2 Título de la investigación: El aula universitaria.
Lugar de observaclón.14
La investigación en el aula constituye un proyecto importante
para la educación superior pues se carece de dichos estudios a
este nivel. A nosotros, específicamente, nos permite lograr
ciertas metas. Estas son: que un grupo de maestras del colegio
de pedagogía desarrollen esta investigación; que grupos de
alumnos se inicien en el aprendizaje de ciertas habilidades
requeridas para este tipo de estudio; que nos introduzcamos en
el salón de clases de una licenciatura en pedagogía {habrá que
reconocer que no es empresa sencilla profanar el aula de una
carrera de educación)y por último que este estudio se extienda
a otras facultades y escuelas de la universidad, con Jo cual el
universo se amplia.

La investigación intenta explicar lo que sucede en las aulas
universitarias, a partir de un enfoque etnográfico, que reconoce aportes de campos del conocimiento diversos, tales como el
psicoanálisis, la antropología, la sociolingüística, etc.
La intención a corto plazo es conformar una estructura
explicativa más fundada sobre lo que ocurre en el salón de
clases entre maestros y alumnos y entre éstos como grupo de
interacción.
El propósito a mediano y largo plazo seguirá siendo el
poder incrementar y enriquecer este tipo de estudios, pero
además, formar a otras gentes dentro del enfoque y, por fin,
acceder al recorte de ciertosproblemas que nos interesan tanto
curricularmente como desde el punto de vista psicopedagógico
y didáctico.
Actualmente, aunque aún en proceso, esta investigación
volcada al programa de actualización y formación docente está
facilitando la revisión de nuestra concepción sobre el currículo,
la enseñanza y el aprendizaje.
Así es como la investigación en el aula, que admite tantos
matices interdisciplinarios, nos va proveyendo de ideas, datos,
hipótesis que se están integrando naturalmente al otro proyecto sobre didáctica a nivel superior.
Es sugerente que los ya conocidos pero no resueltos
problemas vinculados al contenido, su selección, estructura y
transmisión, como aquellos ligados a los alumnos, sus motivaciones y aprendizajes están siendo ahora iluminados desde
otros ángulos. Estos son: la legitimación de saberes, poderes,

�imágenes; la legitimación del sistema de evaluaciones; la
operatividad del currículo oculto; las transacciones cotidianas
en el aula; las mil y una estrategias de la simulación en
diferentes aspectos y momentos de la práctica educativa de
maestros y alumnos.
Por otra parte, el hecho de contar con otros proyectos y
actividades para analizar y resolver cuestiones curriculares
posibilita recodificar los resultados que va arrojando la
investigación en el aula.
4.3 Título de la investigación: Prácticas profesionales del

egresado de la licenciatura en pedagogía de la Facultad de
Filosofía y Letras, UANL,en el área metropolitana de Monterrey.15

La investigación a la que hacemos referencia en este apartado
se realiza con el propósito de mostrar cuál es la inserción
laboral de quienes constituyen aquella "oferta de profesionales" anunciada en el documento curricular del año 1980, que es
cuando se diseña el plan de estudios. Este tuvo que ser
reajustado en el año de 1984 para poder insertarse en un
proyecto global de la facultad para todas sus licenciaturas.
Algunos de los objetivos de la investigación, que ya se están
verificando, se dirigen a detectar cómo "las características y
condiciones presentes en los distintos sectores de ocupación,
determinan el ejercicio de16 la práctica profesional de los
pedagogos; a clasificar dichas prácticas; descnbir las actividades realizadas por pedagogos y aquellas que son ejercidas por
otros profesionistas y que podrían ser desarrolladas por pedagogos.
Por último, otro objetivo es "realizar una propuesta de
retroalimentación curricular al currículo vigente". A los fines
de esta conferencia, me parece fundamental detenerme en este
último propósito de la investigación, pues allí está, en parte, la
clave de su importancia.
Veamos. En páginas anteriores me refería al currículo de
la licenciatura en pedagogía conCibiéndolo como punto de
partida o estructura inicial, y agregaba que este modo de
pensar nos permitía ir haciendo nuevas redefiniciones del
mismo.
Sin embargo, hay que admitir que esto puede no ser así
cuando tos supuestos iniciales no son sometidos a revisión. De
allí la importancia de esta investigación, que posibilita revisar
y actualizar aquellos supuestos iniciales sobre los cuales se
montó hace siete años un perfil profesional.

Por último, nos interesan los resultados de esta investigación
para replantear, hasta donde sea posible, la actualización y
formación de los docentes. Pues aún no sabemos con precisión,
en relación a las dificultades de inserción laboral, ya detectadas, cuánto se deben éstas a prospectivas apresuradas y cuánto
a la carencia de cuadros académicos y profesionales para
formar a los alumnos.
En el caso de esta licenciatura los problemas no se deben
sólo a los obstáculos ya conocidos en la contratación de
cuadros profesionales ya formados, sino también a que esos
cuadros no existen. Es decir no existen los evaluadores, diseña~
dores, proyectistas, etc., necesarios para formar al futuro
pedagogo de modo que éste pueda intervenir en la realidad con
otros herramientas.
4.4 Título de la investigación: La praxis en la formación de
profesionales en la UANL. Caso concreto: Taller de Diseño de
17
Programas para Educación No-Formal.

En relación a esta última investigación es necesario aclarar que
cuando formularnos el currículo anticipamos el ámbito de la
educación-no formal como un espacio en el que el pedagogo
podía intervenir. En estos años hemos acumulado un sinf'm de
experiencias extramuros muy variada. Para ello formulamos
convenios con otras instituciones, organismos y comunidades,
de modo que los alumnos de los últimos semestres realicen
prácticas vinculadas a distintos proyectos educativos no-formales, que suponen actividades tales como la evaluación, la
prevención y diseño, hasta la aplicación de proyectos educativos.
Aunque la experiencia es rica, también nos sirve para
detectar un sinfín de problemas ideológicos, teóricos y técnicos, de dificil resolución.
Esto nos ha motivado a desarrollar una investigación, con
el fin de evaluar lo que sucede con los alumnos y maestros en
el Taller de Educación No Formal. La evaluación cubre tanto
las actividades aúlicas como las de campo. Queremos saber de
qué manera alumnos y maestros integran la teoría y la práctica
y cuáles son los obstáculos.
También esta investigación retroalimenta el currículo pues
nos obliga a revisar el peñll profesional, y asimismo a reconceptualizar temas tales como educación-no formal, praxis,
cultura, prácticas profesionales, etc.
Finalizada esta etapa evaluativa, se elaborará una propuesta que permitirá redefinir el papel de los talleres de Educación
No Formal tanto desde el punto de vista profesional, como de
su enseñanza y aprendizaje.

La investigación se comenzó hace más de un año, y abarca
una muestra de 70 egresados.
La propuesta además es retroalimentadora en otro aspecto, vinculado a los campos de conocimiento que ofrece esta
licenciatura. Me refiere al hecho de que a tr.f;és de la imffligadón
se está revisando parte del marco teórico de la literatura
curricular, como por ejemplo: perfil profesional, prácticas
profesionales, necesidades sociales, laborales, etc.
También se somete a análisis el papel de la universidad y
la currícula en relación a la formación de los jóvenes en un nivel
de pre&gt;grado.

-:-

y~e

v~W

-r;...

11 i' Y
Bibliografía
l.

10. Deveream, G. De la ansiedad al mitodo

comportamimu&gt;; edil s. XXI, 1972.

Sosa E., _Raquel "Teoría y metodología en el oonocimienlo de América
Latina"; en Revista de Estudios Lotinoamaicanos CElA F de c.
Políticas YSociales, UNAM No. de Enero-Junio 1987. pág.~

1 L Stbenhouse,

m las dmdas del

L Op. cit. p. l 71.

12. Slbenbouse, L Op. ciL p. 173.

2.

Stbenbouse, L Investigación y dDaTrolJo del cun-u:u1um; &amp;lit. Morata,
Madrid 1984 p. 224.

3.

Stbenbouse, L Op. cu.

4·

Coll, Cesar"Las aportado~ de la Psicología-a la Educación: el caso de
la ~ría genética y de los aprendiz.ajes escolares" en: Psico/Qgfa
genitico Y aprmdizajes escolares, S. XXI Madrid,
p. 24.

S.

Epílogo
El currículo constituye nuestro punto de partida. Es también
nuestro punto de llegada, y así volver al principio. La formación
docente y la investigación permiten hacer estos viajes, y ellos
mismos, a su v~ generan otros caminos.

, i'U-'v

•

1983

Schwab, J. "Un enfoque practioo a&gt;mo lenguaje para el Curriculum" •
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Y

14· ~ ~G~Uf?', ~ • Ma. del Refugio. Romo, Rosa Martha
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Colegio de Pedagogla, Fac. de Fllosofia y tetra.,, UANL

!&gt;'

15. García G~ M.reya.
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egresado de la lunciatura en pedagogía de la Facultad de Filosofía
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16. /bid., p.

8.

Tedesro, Juan C. Op. át. p. 15.

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profes10oales en la UANL Caso a&gt;ncreto·. n:..-de proyectos de
educació
v""'OO

9.

Tedesro, Juan C. Op. át. (II) p. l3.

s.

n oo formal en la licenciatura en pedagogía" Investigaci6
del Colegio de Pedagogía, Fac. de Filosoíia y Letras, UANL
o
0

��</text>
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~

Cuadernos de la revista Deslinde
LOPEZ VELARDE O LOS FANTASMAS DE LA PASION

José Javier Villarreal
Para el grupo Vidrio rojo (Claudia, Ramiro, Everardo y Alejandro), y para
su director Víctor Saca.

La muerte, paro acabar conmigo, tendrá que contar con mi complicidad.
Margueritc Yourcenar

Y allí donde comienza la conciencia del lenguaje, la desconjia11:za frente al
lenguaje heredado, pri11cipia la recreación de 11110 nuevo. O principia el
silencio. Principia la poesía.
Octavio Paz

El 8 de enero de 1912 en el suplemento Pluma y lápiz del
periódico El Regional de Guadalajara, Jalisco, aparece un
poema de Ramón López Velarde titulado "El piano de
Genoveva". Con él irrumpe un mundo misterioso y vital en la
poesía mexicana: el de la provincia; una provincia hacia adentro, cerrada, íntima y, a la vez, universal, plena, cargada ele
símbolos y tragedias, de h.ilosque se entrelazan y confunden en
una apacible y corrosiva rutina que mucho tiene de la sorda
crueldad que encerraba la pax romana; de ese otro mundo que
se mueve y crece entre las sombras, que se agiganta en las
miradas y silencios de la media tarde.
Al finalizar el siglo XIX Lópcz Velardetiene doce años de
edad. Su padre decide llevarlo a Zacatecas para inscribirlo en
el Seminario Conciliar. Para el poeta el siglo XIX es Jerez, su
infancia; el XX será su otra geografía, la que parte de Zacatecas, pasa por Aguascalientes, San Luis Potosí y el Venado, para
concluir en la ciudad de México. Travesía que conformará La
sangre devota. Lo demás, ese recrudecer de la lucha del poeta
entre la castidad y la carne, ese encono del deseo será Zozobra
y los momentos más finos y lacerantes de El son del corazón. Sin
embargo, sus primeros poemas, los publicados en periódicos,
suplementos y revistas entre 1905 y 1912, ya empiezan a
delinear los contornos de lo que conformará el cuerpo y la
médula de su poesía toda. Es en esos poemas donde percibimos, por vez primera, su aparente abulia "simbolista" por su
tiempo; donde encontramos esa fusión, siempre tensa e intensa, entre lo camal y lo sacro. Convergencia obligada para
establecer el ángulo, el perfil sensual del erotismo. Energía,
que en ja poesía de Ramón López Velarde alcanzaamaterializarse, a corporeizarse. Descubrimos, también, la maestría
en el uso del adjetivo y esas imágenes, audacias poéticoformales, que a partir de Laforgue, vía Lugones, acompañarán

y caracterizarán el lenguaje lírico de este autor. Herencia indiscutible del mejor modernismo.

La mujer que impera en estos poemas es una presencia
idílica, inspiradora. Para eldolce stil novo, aquellos finos poetas
toscanos del siglo XIII, la mujer era el receptáculo del amor, su
símbolo de pureza y nobleza: lami11ne, ese amor "divinamente"
sublimado que, con su "blanco" fuego, quemaba la carne del
poeta, pero que también hacía las veces de puente o guía para
llegar a la divinidad, al fin supremo del amor. Para Dante,
Beatriz será la fuerza, la luz que lo ilumine por el sendero que
conduce al paraíso. Para Ló~ez Velarde, en "A una ausente
seráfica", la mujera será un fuerte bastión en medio de la
geografía del desastre, un faro que le señalará el camino, "el
óleo delas vírgenes prudentes". Esta última inrngen nos remite,
por un lado, a la parábola de las vírgenes necias y las vírgenes
prudentes de Mateo (XXV, 1-13), y, por otro, al poema
medieval Spo11sus, que data de finales del siglo Xl , y que toma
su asunto de la parábola bíblica. Es entonces cuando descubrimos en el poema de López Velarde toda su trágica angustia,
puesto que las vírgenes prudentes han sabido prepararse para
recibir al amado; mientras que las otras, las "Dolientes, desventuradas...", han dormido demasiado y sus lámparas no tienen
el óleo necesario para iluminar la llegada del amado. La imagen
se cierra. La mujer, para el poeta de estos primeros tex-ros, será
la luz, el ángel de la guarda, la "dulce hermana" inalcanzable
que ha de iluminarlo y conducirlo; esa deidad sentimental que
corona sus versos:
Yo sé que en mis catástrofes internas
no más quedas tú en pie, señora alta,
de frente noble y de miradas tiernas.
Condúceme en las noches inclementes,
porque sin ti para marchar me falta
el óleo de las vírgenes prudentes.

La intensidad de López Velarde se solidifica y agudiza
gracias a una sinceridad que, lejos de despojarla de la carga
poética, del impulso lírico en favor de una ideología del "deber
ser apostólico" -como fue, en gran medida, el caso de Amado
Nervo- lo entrega y enfrenta a un mundo regido por la fuerza
del arco, por esa dura vigilia del quehacer poético. Así, la voz
surge y el balbuceo termina y las cosas se nombran -se dicendesde su realidad más ciena, la de uno, la propia:

�y quir:-eo mis anhelos
, extender cqo la sombra de mis penas
la noche del olvido en tu memoria.

El azar, lo oculto, lo que no entendemos pero que irrumpe
y trasngrede nuestra cotidianeidad y, a la vez., la conforma: el
destino; esa fuerza que nos conduce y atropella; esa presencia
que no vemos pero sentimos y sufrimos, El oraculo, el augurio,
el canto del que sabe, del que ve, La memoria y el futuro, La
premonición que envuelve al hombre y lo suspende en el misterio de lo incierto; que lo transforma en territorio primario,
elemental:
Todo eso sois, muchachas cortijeras
amigas del buen sol que os engalana,
que adivináis las cosas venideras
cual hacerlo pudiese una gitana

Y en ese territorio primario, elemental crece la hiedra del
deseo, cubre los recuerdos, la memoria, Surge entre las piedras
de la infancia; el niño toca, y al tocar, se quema; besa, y al besar,
su cuerpo se abraza a la hiedra. Para el poeta el deseo es el
oficiante del oraculo, el sacerdote, el altivo druida que comunica a los hombres con la divinidad. Pero tambienes su destino:
la pasion etemamenta latente. El hombre ent.onces es una
sustancia flamable, una figura de pólvora que baila alrededor
de una hoguera ("No me hagáis daño;/ temo que me maltrate
una caricia.")

La provincia de López Velarde también es un cuerpo
poseído por el fuego de los sentidos, desde y en la soledad de
los cuartos de la casa. Es una orquesta de murmullos que lo
llena todo, que todo lo denuncia. En esta atmósfera las
imágenes se vuelven visiones, sólidos destellos que se clavan en
la carne del poeta y lo obligan a la confesión: primer peldaño
del dolor (''y ver, la última vez, nuestras cabezas / sobre las
aguas turbias del olvido.").
En "Mi prima Agueda", el tono va dictando la pauta,
sosteniendo y conteniendo la fuerza evocadora donde reside la
función lírica del texto. La sencillez en el tono y en las imágenes
nos habla de un perfecto equilibrio en el discurso poético; el
autor sólo evoca, y al recordar el misterio de otro tiempo se
hace presente y nos seduce y cautiva. López Yelarde al igual
que Yeats, pero por otros caminos, gusta del misterio y de lo
ambiguo como una puerta segura para llegar a la seducción:
Y Agueda que tejía
mansa y perseverante en el sonoro
corredor, me causaba
calosfríos ignotos.•.
(Creo que hasta le debo la costumbre
heroicamente insana de hablar solo.)
A la hora de comer, en la penumbra
quieta del refectorio,
me iba embelesando un quebradizo
sonar intermitente de vajilla
y el timbre caricioso
de Ja voz de mi prima.
Agueda era
(luto, pupilas verdes y mejillas
rubicundas) un cesto policromo
de manzanas y IIV3.$
en el ébano de un armario añoso.

La infancia, la adolescencia y el deseo: el luto, las pupilas verdes
y las mejillas rubicundas; pero también: el tiempo, lo inasible:
"el ébano de un armario añoso". Todo esto no es más que la

geografía del poeta y la historia de todos.
Dentro de este universo poético el deseo es una fuena que
oscila rebotando violentamente entre dos cQncepciones de
mujer: la de la seductora voluptuosa (" . .' .cálidas mujeres,
azafatas/ súbditas de la carne.. .") y la de la madre o la "dulce
hermana"; también seductora, pero desde la frialdad de lo
inalcanzable y la casta amargura de lo imposible. El poeta se reconocey asume como un ser pasivo y dependiente. Por un lado,
desea que la mujer lo seduzca y haga suyo; que lo tome y posea.
Por el otro, añora el continente, la presencia protectora de la
madre; el plácido y a la vez mórbido remanso de 1&lt;1 hermana.
Este deseo enconado, sin salida, entorpecido por el miedo y lo
idílico -que no es otra cosa que un rostro más del miedo- se irá
adensando, corrompiendo, ya que el poeta no le dará salida por
él mismo. Entonces, este deseo sofocado y enfermo se volverá
contra él como un arma enemiga, será un ftlo que lo lastimará
y, a la vez., le causará placer:
En las alas oscuras de la racha cortante
me das, al mismo tiempo, una pena y un goce:
algo como la helada virtud de un seno blanco,
algo en que se confunden el cordial refrigerio
y el glacial desamparo de un lecho de doncella

El autor se deleita en ese su deseo enconado, en ese hostigamiento cotidiano a la carne. Lo idílico, lo puro: el siglo XIX
del poeta, seve metamorfoseado en una mujer que, en realidad,
es "una torre de marfil". Entonces el poeta construye su fantasma con quien se unirá en un matrimonio sin carne y sin
mancha, para yacer, atormentada y apasionadamente, "en el
tálamo estéril de una santa".
En la poesía de Ramón López Velarde es difícil encontrar
rebuscamiento~ retóricos o hermetismos (oscuridades)
estériles. Lo líri~ (compleja fórmula pasional-raciona~ sen~itiva-abstracta, emocional-intelectual), por lo general sólo se
logra en momentos, y éstos son los destellos, las cargas poéticas
que toda obra de arte posee; por eso el equilibrio es definitivo
en la obra artística. En López Velarde, como en todo gran
poeta, estos momentos líricos alcanzan alturas de una belleza
impresionante; de una seguridad, de un tono, fuerza y sinceridad apabullantes; sin embargo, en una primera lectura o en una
lectura desatenta estos momentos de gran finura y desnuda
claridad se tornan en oscuridades y hermetismos exóticos; pero
en esos momentos, en ese otro lenguaje que escapa de Jo trivial,
del lugar CQmún y del discurso "poetizante" de la época es
donde tenemos al gran poeta, y no en el manoseado provincianismo paisajista ramplón que nada tiene que ver con su obra ni
con la provincia, su provincia
López Velarde recoge y hace suya la gran tradición lírica de
occidente. Por una parte la presencia clásica, concretamente la
elegía latina. El discurso que a partir de anécdotas cotidianas
va configurando el rostro del dolor, de la pérdida. Catulo en su
poesía cambia el nombre de su amada, ya no será Clodia, será
Lesbia Ya no será la mujer amada, añorada y, poco después,
odiada y repudiada; será la musa, el asunto literario sentimental que nosotros, sus lectores, conoceremos a través de sus
versos. López Velarde, que bien podría formar parte de la
familia de Catulo, Tibulo, Propercio y Ovidio, también meta- '
morfosea a su amada en asunto literario elegiaco. Josefa de los
Ríos será Fuensanta, personaje lírico-idílico lleno de valores
morales y espiritualesy de numerosos significados. Pero Fuen-

santa será también la "moderna Santa Cecilia", ya que en las
veladas literarias, mientras el adolescente Ramón López Velarde leía sus poemas, la señorita de los Ríos repasaba mentalmente, las canciones que luego, al término de las poesías, ella
cantaría.

La clásica Fuensanta vuelta "moderna Santa Cecilia" se
trocará en la Beatriz del poeta. Es decir, siguiendo con esa
tradición lírica ya antes mencionada, irrumpe en el universo
poético del autor eldolce stil novo, también ya antes citado. Así,
por medio de esta concepción humanista del amor y de la
mujer, pero de tratamiento medieval -vasallático-, basado en
una relación de fidelidad y servicio; Fuensanta, la mujer central
de LA sangre devota, será quien lo conduzca "a través / de los
valles lacrimosos, al Paraíso Perdido", a su infancia: su provincia.
Lo elegiaco en López Velarde mucho tiene que ver con el
planh y la endecha medieval; elegías apretadas e intensas que
practicaron, principalmente, los trovadores y minnesinger de
los siglos XII y XIII; y que siguen estando presentes en la poesía
contemporánea a través de la tradición lírica.
El amor en LA sangre devota de tan "asexuado" que es,
vuelve a los amantes en "carne difunta, espíritus en vela". El
amor presupone a la muerte; o mejor dicho, el deseo es
condenado a lo estático; luego, es coronado por la muerte.
Tejedora: teje en tu hilo
la inercia de mi sueño y tu ilusión confiada;
teje el silencio; teje la sílaba medrosa
que cruza nuestros labios y que no dice nada;
teje la fluida voz del Angelus
con el crujido de las puertas:
teje la sístole y la diástole
de los penados corazones
que en la penumbra están alertas.

En cambio, en "La tónica tibieza", poema del mismo libro, el
poeta se revela como un amante rabioso, insaciable, dominado
por la pasión y el deseo; estas fuenas se polarizarán y lo harán
temer la vejez y la impotencia:
•..que en la hora reseca' e impotente
de mi vejez, no falte la tónica tibieza
mujeri~ providente
con los reyes caducos que ligaban las hoces
de lsrae~ y cantaban
en salmos, y dormían sobre pieles feroces.

El deseo es una constante en la poesía lópezvelardiana; un
ansia que provoca el mórbido retrato romántico:
tu boca, en que la lengua vfüra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecba de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pábilo y a cera

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.

O el corrosivo y descarnado cuadro de "A las vírgenes".
iHermanas mías, todas,
las que, contentas con el limpio daño

de la virginidad, vais en las bodas
celestes, por llevar sobre las finas
y litúrgicas palmas y en el paño
de la eterna Pasión, clavos y espinas;
y vosotras también, las-de la hoguera
carnal en la vendimia y el chubasco,
en el invierno y en la primavera;
las del nítido viaje de Damasco
y las que en la renuncia llana y lisa
de la tarde, salis a los balcones
a que beban la brisa
los sexos, Cllal sañudos escorpiones!

El poeta es el gran enfermo; un desdichado que resume el
universo entero. Como romántico no puede escoger ni entregarse, lo quiere todo y le exige a la "amada" que lo habite, que
sea parte de su universo derruido por el amor. López Velarde
pertence a la familia de los trovadores:
vas en mí cual la venda va en la herida

La mujer es herida y bálsamo, verdugo y señor. Pero el poeta
también pertence a la familia de los románticos:
Si vas dentro de mí, como una inerme
doncella por la zona devastada
en que ruge el pecado

La enorme presencia del romántico: evocador de amores y
desastres, dedichado príncipe de Aquitania, parte de lo más
íntimo y cerrado para, de ahí, llegar a lo vasto y universal.

El amor de LA sangre devota es una suerte de limbo donde
los amantes se evocan pero no se reconocen, no se tocan;
quedan suspendidosy congelados en un estado de muda vigilia,
de escaparate finisimo y perversa idealización.
En la poesía del autor se pueden señalar las siguientes
características: un lenguaje particular que se vuelve inconfundible y rescata todo un mundo por medio de la atmósf:ra
que sugiere en el lector gracias al manejo de los diferentes
recursos dél habla cotidiana y del lenguaje escrito -modernista
(Lugones, Darío, Herrera y Reissig...)- de la poesía que le
antecedió; por otra parte, una fuerte carga erótica presente a
lo largo de toda su obra en verso, que pocas veces se ha vuelto
a dar con igual intensidad en la poesía mexicana.
En 1917 Rafael López escnbía en un ejemplar de Con los
ojos abiertos un poema-dedicatoria a su amigo Ramón López
Velarde. Lo interesante de este poema radica en la agudeza y
exactitud crítica de su autor con respecto al mundo poético de
López Velarde, cuando dice: "Imagino tu sensualidad de
católico/ en la misa del Arte. Sutilmente diabólico / distraes
a los fieles con tu ambigua actitud." Si sustituimos el término
"diabólico", de rancia cepa modernista, por otro más preciso,
tratándose del mundo lópezvelardiano, como sería el de
perverso, tenemos una radiografía, un retrato interno y exacto
de la obra poética de este autor. Por una parte, esa sensualidad
católica que lo lleva a descubrir la carney el sexo por medio del
dolor y la culpa. (Lo prolubido en López Velarde será otro leño
que alimente la llamarada del deseo.) Y el arte, "la misa del
Arte", será el ritual existencial, la creación que es la vida, la
vida: el yo lírico como tema último y esencial en López Velarde;
como también lo fue en Tablada, sólo que en el primero de
actitud y alcances mucho más radicales. Por otra parte, Rafael
López nos estaba señalando "el viudo/ oscilar del trapecio..."
e.o

�CENTENARIO

de Ramón López Velarde

que será la fuerza fundamental y el misterio del mundo poético
de López Velarde. Esa indefinición -"ambigua actitud"-, esa
geografía pendular entre la noche y el día que el propio autor
señaló en su texto "Que sea para bien...":
Me revelas la síntesis de mi propio Zodíaco:
el León y la Virgen.

Y que tiempo después, haciendo gala de lucidez e inteligencia
crítica, subrayaría Villaurrutia; hará de su quehacer poético
una necesidad urgente, coruesional; un soporte de vida:
el afán temerario
de mezclar tierra y cielo, afán que me ha metido
en tan graves aprietos en el confesionario.

Por otra parte "el León y la Virgen", nos remite a un poema
del ya citado Cayo Valerio Catulo: "La cabellera de Berenice";
donde, según la traducción de Víctor-José Herrero Llorente,
leemos: "La diosa me colocó cual astro nuevo entre los antiguos; tocando los fuegos de la Virgen y del fiero león, junto a
Calisto, la hija de Licaón, me inclinó hacia el ocaso haciendo de
guía ante el perezoso Boyero que con penosa lentitud se hunde
en el profundo Océano." (Catulo. Poesías. Madrid, Aguilar,
1973). Ya que la constelación de la cabellera de Berenice está
situada al lado de la de Virgo y la de Leo. Por lo tanto,
podríamos imaginar una extraña y azarosa fusión entre La
cabellera de Berenice ("guía ante el perezoso Boyero que con
penosa lentitud se hunde en el profundo Océano"), y el poeta
(''Me revelas la síntesis de mi propio Zodíaco: / el León y la
Virgen"). Audaz relación donde el poeta toca -sufre- "los
fuegos de la Virgen y del fiero león", para convertirse en guía
-Virgilio de los dioses- de una caravana cuyamoira es desaparecer, perderse "en el profundo Océano". Las coincidencias y
relaciones en el terreno de la poesía son vastas y, en este caso,
alegóricamente proféticas. Puesto que el Yo lírico de López
Velardesiempre estuvo debatiéndose entre las fuerzas del león
y la virgen; es decir, entre la castidad y el deseo. Encono que lo
llevará a crear una geografía "amorosa" poblada de fantasmas
que irremediablemente estarán condenados a desaparecer "en
el profundo océano" que es la muerte.
La poesía del autor va levantando un mural, un diario
preciso de la realidad última y fundamental del poeta; de ese
mundo refrenado y en perpetuo acecho: ficción lírica que, por
medio del deseo y de la contensión del mismo, se debate ytensa
a Jo largo de sus versos. La coruesión de este Yo poético fluye,
crece; va arrasando los márgenes de la otra realidad: la
anecdótica, la cotidiana. En este sentido lo "anecdótico" se
fusiona, partiendo de lo idílico a lo imaginario, con otra
"realidad" mayor -vastísima- la del deseo y la creación: la del
arte. Entonces la coruesión da paso al susurro y, finalmente, al
canto; que como hemos dicho, es un soporte, un asidero, quizá
el único, de vida.

Interior de la casa-museo de Ramón López Velarde (1987)

Z,ozobra es un hbro marcado y definido por la madurez; un
libro donde el poeta despliega todas sus fuerzas y hace gala de
un dominio y de una precisión inmejorables. El libro abre con
el poema titulado "Hoy como nunca..."; en realidad este texto
viene a ser una elegía de impresionante factura donde el dolor
ante la muerte hace hablar al poeta con un lenguaje denso,
oscuro y certero. Las imágenes más que crear o sugerir una
atmósfera son la geografía misma del dolor y la impotencia;

mientras que el tono, desde un murmullo apenas, crece, se
vuelve visión, repetido golpe de lamento, claridad última que
desgarra y lleva al poeta, como ya apuntamos, a la coruesión:
mi vida sólo es una prolongación de exequias
bajo las cataratas enemigas.

Este poema es uno de los más representativos de la obra de
López Velarde. Aquí la provincia ha dejado de ser una
evocación, un recuerdo limpio y apacible en el universo del
poeta; ha dejado de ser ese otro lado de la moneda para
convertirse en la moneda misma. La provincia en "Hoy como
nunca..." es una presencia, un ~erpo vivo traspasado por el
sufrimiento, por la agonía de la amada, por el paso de la muerte.
López Velarde no canta a la provincia ni desde ella; se canta
a sí mismo, canta al mundo que lo habita, que él posee; por eso
las imágenes -tembles metales en este poema- no delatan
provincia alguna, sólo muestran el universo, el devastado
templo del dolor:
No soy más que una nave de parroquia en penuria,
nave en que se celebran eternos funerales,
porque una lluvia terca no permite
sacar el ataúd a las calles rurales.

La provincia en el autor se da a partir de su infancia como
una fuerza determinante, mas no como una presencia literaria.
Hay una intención particular en los poetas nacidos a finales
del siglo XIX, quizá acentuada por la primera Gran Guerra del
XX, con respecto a su iruancia y al lugar o lugares donde ésta
transcurrió. Este universo -la iruancia que alude y se sitúa en
una determinada geografía- será un tiempo, un lugar, una edad
sin retomo. Lo asumirán como un paraíso, y todo paraíso, para
serlo, debe estar irremediablemente perdido.
Para López Velarde la provincia será una especie de
biografía sin esperanza alguna de volverla a transitar; si no es,
claro está, desde la perspectiva de lo perdido, de lo ya irrecuperable.
La provincia en el autor, como en Pessoa y Pavese, no está
en los temas ni en las referencias geográficas, sino en el origen;
en la intención y en la actitud que se guarda frente a ella. En la
manera como se percibe y asume la realidad.
López Velarde -parafraseando a González Corugedo
cuando habla de Edmund Spenser en su prólogo a su
traducción de losAmoretti y el Epitha/amion- es un magnífico
ejemplo de transición de una época y estilo: del esplendor
barroco del modernismo al puntillismo y oscura violencia de la
modernidad. Del modernismo (la angustia de fin de siglo y la
esperanza del nuevo) a la modernidad (el asombro y el inmediato desencanto del siglo que comienza).
El poeta abreva de una retorica modernista, por lo tanto, de
una retórica barroca; su antecedente y piedra de fundación.
Durante los siglos XVl y XVII era frecuente el ejercicio de la
descripción del cuerpo femenino a la manera de un retablo, de
un tríptico donde se presentaba la hermosura de una cabellera
yun rostro; el pecho y sus atributos, para finalizar con la gracia
y perfección de unas piernas y unos pies. Se consolidaba así una

�retórica corporal formularia a base de comparacionesy símiles.
En_ "Tus dientes", el poeta parece no sólo ceñirse a una
retórica barroca, sino aprehenderse a un espíritu barroco sin
otorgar ninguna concesión. De lo barroco a lo desmesuradamente barroco, del todo al fragmento, y de éste el detalle como
un todo, como un universo en sí mismo. Entonces el retablo.se
divide, el tríptico se fragmenta y una atmósfera un tanto
simbolista, a lo Huysmans, aparece; aunque también las
imágenes nos hacen pensar en la misteriosa y exótica geografía
erótica de John Donne; por demás, barroca:
Cuida tus dientes, cónclave de granizos, cortejo
de espumas, sempiterna bonanza de una mina,
senado de cumplidas minucias astronómicas,
y maná con que sacia su hambre y su retina
la docena de Tribus que en tu voz se fascina

ya citado: ''Tus dientes", donde la presencia turbadora y
desencadenante de éstos, al igual que en "Berenice", viene a
reemplazar a la amada, convirtiéndose así, los dientes, en el
motivo principal de ambos textos.

su esperanza deshecha.

Esa guerra y otras muchas de orden más personal le harán
imposible el retomo a ese universo en un principio vital y ahora
congelado por la añoranza, por lo sublime, por " una íntima
tristeza reaccionaria". El regreso no existe, sólo le queda un
futuro que se debate entre "la ignorancia de la nieve / y la
sabiduría del jacinto"; en medio del "diario silencio del inútil
combate".

López Velarde es un autor que desde el siglo XIX inaugura
la poesía mexicana del XX. Sus gustos, sus paraísos, sus lecturas
y afinidades; susvalores y preocupaciones tienen que ver con un
mundo decimonónico, obviamente, de fm de siglo. El XIX lo
sostiene, el XX lo seduce.

Uno de los textos más descarnados e intensos dentro de su
obra poética es "La lágrima..." En él el tono confesional y una
atmósfera de sincera crudeza, a través de una geografía íntima
y dolorosa provocan en nosotros, los lectores, una relación
incómoda de confidencia. Aquí, López Velarde se sitúa por
encima de la acción, de lo "vital". Encima de su infancia,
encima del deseo "nunca satisfecho", del amor y su rutina de
sal. Dentro de una pasión que lo preserva y aisla.

En "Tierra mojada" la gran presencia que acecha es la del
deseo; un deseo y dos mundos opuestos: el de
• ..las señoritas, bajo
el redoble del agua en la azotea ..

y el de las
Bajo1as sigilosas arcadas de tu encía,
como en un acueducto infinitesimal,
pudiera dignamente el más digno mortal
apacentar sus crespas ansias... basta que truene
la trompeta del ángel en el Juicio Final.
Porque la tierra traga todo pulcro amuleto

y tus dientes de ídolo han de quedarse l)}Ondos
en la mueca erizada del hostil esqueleto,
yo los recojo aquí, por s u dibujo neto
y su numen patricio, para el pasmo y la gloria
de la humanidad giratoria

Otro aspecto barroco en la poesía de López Velarde es el
de utilizar el principio retórico de los topica, que consiste en la
reutilización de los versos; es decir, un verso que ya ha sido
utilizado en un poema se vuelve a emplear en otro con una
ligera variante. Por ejemplo, en el poema "La tejedora" de,
aproximadamente, 1915, y que pertenece a La sangre devota,
encontrarnos el siguiente verso:
al par que una íntima tristeza

mientras que en "El retorno maléfico", poema de Zoz.obra
{1919), leemos en la última linea:
...Y una íntima tristeza reaccionaria

Es como si el verso fuera creciendo, madurando poco a poco en
la mente del autor hasta lograr su justa dimensión en el discurso
de su unvierso poético. En realidad este recurso es sumamente
frecuente en casi todos los poetas. Cabría señalar que, quizá, el
topica barroco tiene su antecedente en la variatio latina
(repetición conceptual a través de una variación formal) que,
a su v~ proviene de la retórica ritual religiosa de la oración y
la letanía; fórmulas de la poesía arcaica de invocación y
acercamiento a lo divino, a lo inalcanzable.
La relación entre López Velarde y Poe es innegable. En
"Berenice", Egar Allan Poe presenta un mundo muy semejante, en ambiente y presencia, al que constituirá, tiempo
después, el del poeta. Tenemos a la prima que el narrador
calificará, en su recuerdo, de sílfide y náyade. Además, el
universo "real" de éste -narrador-personaje- se confunde y
pierde dando paso al mundo de los sueños que ocupa su lugar;
como veremos más adelante respecto al Yo lírico de López
Velarde. Y por si fuera poco, esta relación se cierra en el poema
co

...consabidas náyades arteras,
que salen del baño al amor
a volcar en el lecho las fatuas cabelleras.

Esta dualidad representa dos universos que el autor une gracias
al deseo ("un encono de hormigas en mis venas voraces"). Es
esa la energía que los rige. En uno será Jo inconfesable; en otro,
lo devastador. La fusión de estos universos propiciará un clima
de alto erotismo envuelto en una atmósfera onirica:

t;
J

Tardes como una alcoba submarina
con su lecho y su tina;
tardes en que envejece una doncella
ante el brasero exhausto de su casa

La guerra civil que detectamos en López Velarde poco
tiene que ver con la anquilosada y maniquea versión oficial de
la misma. La guerra del poeta es intima, cargada de sentidos
familiares; en ella el dolor y la soledad coronan la marcha de
oscuros ejércitos que mutilan, devastan y transforman el
mundo lírico del autor. A López Velarde en "El retomo
maléfico" no Je duele el país, no le duele el concepto de nación
o de pueblo; le duele su patria, su historia; no donde se nace,
sino donde se vive, con quien se vive. A la patria se Je escoge,
se Je construye; y es esta patria, la suya, la que el poeta sufre, la
que ve arrasada por esa guerra que no cuestiona, que sólo
apunta:
Y la fusilería grabó e n la cal
de todas las paredes
de la aldea espectraJ,
negros y aciagos mapas,
porque en ellos leyese el hijo pródigo

al volver a s u umbral
en un anochecer de maleficio,
a la luz de petroleo de una mecha

La poesía de López Velarde encierra una pasión donde el
yo personal, el yo del poeta se abstrae, se convierte en ente
pasivo: un hombre que se padece a sí mismo por él mismo; un
ser por encima de todo, al margen de todos, devastado por su
propia pasión:
lágrima mía, en ti me encerrarla,
debajo de un deleite sepulcral,
como un vigía
en su salobre y mórbido fanal.

Pero el poeta no es sólo un espectador, una voz que cuenta y
canta la historia; sinp que es el fuego, la materia del deseo; eso
que Jo hace sentirse 4un poco pe-z espada / y un poco San Isidro
Labrador...", ante estos fogones exhaustos.
López Velarde al igual que Alfredo R. Placencia sufre en
su poesía la guerra civil; si bien es cierto que no canta a la gesta
"revolucionaria", sí es afectado por ella. En "El retorno
maléfico", ya antes citado, y en la "Fábula dística" encontramos
atisbos de esta guerra, de este cruento sinsentido que sirvió a
muchos y sigue utilizándose para solventar y explicar un
aparato de poder que apenas continúa en pie.

Para el poeta la vida ha sido una " lágrima salobre"; pero
esta "lágrima salobre" es la pasión, su pasión. Porque la acción
de padecer no es sufrida hacia otra persona, sino hacia él
mismo, por él.

f
J

Toda esa evocación provinciana de atmósfera misteriosa e
imágenes frescas que caracterizaron las primeras poesías del
autor; esas sombras, ecos y personajes que poblaron La sangre
devota; ese mundo cada vez más decantado, personal, terrible
y agudo; ese dolor que se confunde con el deseo, que da vida a
los fantasmas del poeta: cuerpos sonámbulos a punto de
quebrarse; esos habitantes que son atmósfera al igual que
ángeles o demonios-fuenas desatadas buscando el sexo de sus
víctimas- y que conforman esa otra provincia que nada tiene
que ver con un mapa o con una entidad federativa: la de López
Velarde, la lópezvelardiana; al final de Zozobra parece suspenderse, detenerse en un espasmo insólito:
Mi prima, con la aguja
en alto, tras sus vidrios,
está inmóvil con un gesto de esta! ua.

Si bien Zozobra es el libro medular dentro de la obra
poética de López Velarde, también es el libro que concluye y
cierra un ciclo, un universo entero. El autor desde sus primeros
poemas trabajó en busca de la exactitud conceptual, de la
precisión formal y de la intensidad lírica ( emocional); si leemos
atentamente el poema "Rumbo al olvido" fechado en La
Nación, México, 24 de junio de 1912; y luego lo comparamos al
texto titulado "Y pensar que pudimos.. .", fechado cuatro años
después y perteneciente al libro La sangre devota, nos daremos
cuenta que el primero es una versión un tanto farragosa del
segundo, y que el trabajo realizado por el poeta fue a base de
cortes, de eliminaciones hasta lograr en el texto lo contundente

por medio de la precisión y la exactitud.
Lópe-z Velarde es el anhelante, también es el hombre solo,
corroído y alimentado por su propia soledad. Zozobra es un
mundo dominado por la frialdad de una luna sonámbula, cuya
enrarecida luz distorsiona y transforma a los seres y objetos por
ella iluminados. Es un mundo poblado por hálitos y fantasmas,
figuras titilantes hijas del deseo, de la fascinación. En El son del
corawn, libro póstumo que recoge la poesía última del autor,
encontramos un cambio en el Yo lírico del poeta. Ya no es él
como ente puramente particular, "romántico"; como suma de
anécdotas íntimas, estrictamente personales. López Velarde se
sabe conformado no sólo por el todo, sino por todos; se
reconoce como totalidad, como instrumento, no de los dioses,
a la manera griega, sino de los hombres, de sus contemporáneos
y antepasados:
¿0yes el diapasón del corazón?
Oye en su nota múltiple el estrépito
de los que fueron y de los que son.
Mis hermanos de todas las centurias
reconocen en mí su pausa igual,
sus mismas quejas, y sus propias furias.

Característica primordial, ésta, del poeta moderno de nuestro
siglo (Pound, Perse, Eliot, Pessoa, Lezama Lin1a).
Pero el poeta va más allá, no se conforma con ser, como
diría Saint-John Perse, "la mala conciencia de su tiempo"; o
justamente para ser "la mala conciencia de su tiempo" aglutina
no sólo a sus contemporáneos y antepasados, sino que también
tiene que abarcar al mito, a lo ancestral y prin1igenio. López
Velarde vuelve a recurrir a lo mítico, otra vez por vía de lo
literario, recordar el poema Sponsus y La parábola de las
vírgenes prudentes cuando escribe:
Soy la fronda parla nte en que se mece
el pecho germinal del bardo druida

El árbol parlante de Alejandro Magno, el árbol devoto del
Viaje de San Brandán del arzobispo Benedit, de laNavigatio del
siglo X; y el altivo druida de la primera poesía irlandesa:
sacerdote, puente entre la divinidad y los hombres, memoria
social de los antiguos pueblos nórdicos.
El poeta se reconoce y nombra "fronda parlante", que
según El viaje de San Brandán es un coro de ángeles que por
haber tenido mal señor se ven privados de la presencia de Dios
padre, aunque sí lo festejan y lo alaban; alegoría del mundo
lírico Jopez velardiano, donde se canta y celebra a la carne por
medio de un deseo reprimido y rabioso; donde no se le posee
por la tremenda y descomunal presencia de la culpa. "El pecho
genninal del bardo druida", el subrayado es mío, será el López
Velarde público, social, cívico; el poeta de "impulso" vi.rgiliano
que tiempo más tarde escribiría "La suave patria".
El cuerpo de la poesía de Ramón López Velarde lo
conforma la dualidad, los polos; y su columna vertebral: el
deseo. Un deseo que crece y se adensa, que se contiene y
siempre está amenazando. Lópe-z Velarde se reconoce cristiano y seguidor de Mahoma, se sabe narcisista y, a la vez,
amante infatigable; igual se aferra a la vida como se deja seducir
por la muerte:
soy un harem y un hospital

�colgados Juntos de un ensueño.

Su deseo es tal que no puede consumirse, consumarse; entonces la dualidad moral y psicológica se convierte en una
fuente devastadora para el poeta:
Me~fixia,eounad~lidadfunesta,
Llgia. la mártir de pestaña enhiesta,
y de Zoraida la grupa bisiesta.

Los fantasmas de la pasión lopc-zvelardiana son frágiles y
etéreas presencias; sólidas y contundentes en cuanto dominan
su universo poético. En sus primeras poesías serán "el óleo de
las vírgenes prudentes"; en La sangre devota, el espejismo, el
camino que conduzca al poeta a su infancia, a su paraíso
perdido. Asimismo, por "sus blancas virtudes" se convertirán
en "Torre de marfil" o "en el tálamo estéril de una santa." En
Zozobra serán las "consabidas náyades arteras"; ninfas campestres de los ríos y riachuelos, habitantes del oscuro bosque;
también serán esa prima inmóvil, tras los cristales, con gesto de
estatua. En El son del coraúm, en el poema titulado ''Treinta
y tres", los encontramos, ahora, como silfides, ninfas también
pero de naturaleza aérea; y no sólo eso, sino que el poeta
confiesa:
eo la infinidad de mi deseo
se suspenden las sílfides que veo.

(Respecto a las ninfas Jorge Luis Borges en su texto E/ libro
de los seres imaginarios, escribe: "Eran doncellas graves y
hermosas; verlas podía provocar la locura y, si estaban desnudas, la muerte. Una linea de Propercio así lo declara." Jorge
Luis Borges. El libro de los seres imaginarios. Barcelona.
Editorial Bruguera, 1981.)
López Velardeenel poema" Para el zenzontle impávido..."
de Zozobra, y fechado en 1916, escribe:
que la dicha de amar es uo galope
del corazón sin brida, por el desfiladero
de la muerte.

Y en el "Poema de vejez y de amor", fechado en 1909 y
perteneciente a La sangre devota, se lee:
Dos íantasm~ dolientes
en él seremos en tranquilo amor

El poeta se refiere al lecho nupcial. Para encontrar finalmente,
en un poema suelto de alrededor de 1911 titulado ''Tema 11",
la siguiente estrofa premonitoria
A fuerza de quererte
me be convertido, Amor, en alma en pena,
y en el candor angélico de tu alma

seré una sombra eterna. . •

Ramón López Velarde es el eterno adolescente enamorado del amor. El amor es su pasión, su deseo insatisfecho;
insatisfecho porque se encama en fantasmas, en imposibles, en
figuras retorico-literarias más que en mujeres decame y hueso.
Nuestro poeta se inscnbeen la tradición amatoria petrarquista,
donde el leitmotiv es la ausencia de la amada (la domna de lohn
de los trovadores), opuesta a la linea de Edmund Spenser que
se presenta en susAmoretti, en los cuales se canta y festeja el
cortejo de la amada que terminará en boda, de ahí su Epithaco

lamion.
Para López Velarde la mujer será, como ya indicamos al
principio del texto, su ángel de la guarda, más que una presencia, una eterna e inseparable obsesión. De tan próxima no se le
puede tocar, se le adivina pero no se le siente. La imposibilidad,
la no posesión, como en todo poeta elegiaco, provenzal,
stilnovista o petrarquista, será su motivo de canto; la caída, el
infortunio serán para el "amante" su vuelo, su trovar:
Dios, que me ve que sin mujer oo atino
en lo pequeño ni en lo grande, diome
de ángel guardián un ángel femenino.
iGracias, Señor, por el inmenso don
que transfigura eo vuelo la caída,
Juntando, en la misera de la vida,
a un tiempo la Ascensión y la Asunción!

Es importante señalar la presencia de lo femenino en el
universo poético lopezvelardiano. La mujer aquí se transforma
en símbolo del amor y es amada y requerida como tal ("y adoro
en la Mujer el misterio encamado"); es decir, no importa en sí
misma, importa como receptáculo del amor; en ese momento
se difumina para convertirse en náyade, en sílfide, en ángel de
la guarda; seres sublimados-fantasmas-, figuras de una retórica
misógina dentro de un laberinto gobernado por el deseo:
coroo el can de San Roque, ba estado ml apetito
ron la vista en el cielo y la antorcha en las fauces!

López Velarde en el poema "La ascensión y la asunción"
nos presenta más al desnudo la dualidad de su universo poético.
Por un lado "el león y la virgen", "el viudo / oscilar del
trapecio"; por el otro, el mundo de las "sílfides", de las
"náyades", del "ángel de la guarda". Decíamos que la mujer en
López Velarde más que una presencia resultaba ser una
preocupación, una terca obsesión. De tan próxima acababa por
volverse inalcanzable. Sin embargo, en este texto, " La
ascensión y la asunción", se nos revela del todo el territorio
lírico del autor. La ambigüedad que Rafael López, desde una
perspectiva propia de la estética decimonónica del a11e por el
arte, había señalado; y que, como ya hemos apuntado, Xavier
Villaurrutia subrayaría como epicentro crítico de su
apreciación del poeta; da paso a una precisión mayor:
Dogma recíproco del corazón:
iscr, por virtud ajena y virtud propia,
a un tiempo la Ascensión y la Asunción!

La "ascensión" corresponde a lo masculino, al deseo, dentro de
este universo poético; ya que la ascensión es la subida de
Jesucristo al cielo por él mismo. Mientras que la "asunción"
corresponderá a lo femenino, y en este caso, a la castidad; ya
que ésta, la asunción, viene a ser la elevación de la Virgen al
cielo por obra y voluntad de Dios padre, hijo y espírilu santo.
Cabe decir que aquí no se puede hablar de un principio activo
y otro pasivo, ya que el papel que juegan tanto lo masculino
como lo femenino es de orden dinámico, y consiste en ser
fueq,as que a la vez que se rechazan, se atraen; cuyo resultado
será la creación de un campo magnético erotizado. Así, el
universo lírico lopezvelardiano se nos presenta de naturaleza
bicéfala. El poeta no puede renunciar a esa "ambigüedad", a
ese "viudo/ oscilar del trapecio", ese ir y venir de la castidad
al deseo; simple y sencillamente porque eso es lo que lo
constituye. Es decir, esas dos fuerzas polarizadas {lo femenino

,

•
s
•a•

~

..
e

&amp;

o
o

a:

'!

••

~

11,1

¡¡

e

•
t
...o

�y lo masculino) cohforman una unidad, un todo orgánico que
producirá el vértigo y la intensidad de la poesía toda de Ramón
López Velarde.

conforman el mundo lírico del autor cuando concluye: " de
pronto convertirse al mundo veo / en un enamorado
mausoleo..." .

López Velarde es el hombre solo, el misógino corroído por
el deseo; por esa fuerza que lo lleva de la vida a la muerte, de
la muerte a la vida. Es el ángel de Góngora y de Lope, pero
también el "polvo enamorado" de Quevedo. Es el vértigo de la
víctima y del verdugo. Cuando este vértigo se convoca a sí
mismo ya no tenemos un "relato" lírico; tenémos imágenes,
presencias. El poeta ya no canta ni cuenta una historia: la
presenta, la expone y se expone en un quedo lamento que
parece arrasarlo todo, que brota con rabia pero que, finalmente, parece detenerse, anegarse en un desierto donde
sólo habita el deseo y el sexo:

El incesto, lo prolubido, lo inalcanzable e imposible provocan la visión fantasmática de la "dulce hermana", la madre, la
tía, las primas, la madrina, la vírgen; que trocadas -en el
universo lopezvelardiano- en náyades, sílfides y ángeles de la
guarda condicionan y agotan la relación con "la carne viva".
Esta irrupción y dominio del universo poético sobre el "concreto-real", parece ser al fin un "optar'' por parte del autor,
como si éste renunciara a la carne anteponiendo a ella la
sublimación del deseo; o como diría el pintor en el Decamer6n
de Pasolini: "Para qué pintarlo si soñarlo es más hermoso."

Si soltera agonizas,
irán a visitarte mis ceni7.as.
Porque ha de llegar un ventarrón

color de tinta abriendo tu balcón.
•Déjalo que trastorne tus papeles,
tus novenas, tus ropas, y que apague
la santidad de tus lámparas fieles.. .

El discurso poético se ha vuelto materia, cuerpo lírico que
evoca y exige; carne que palpita y crece entre los brazos del
poeta:
En mi pecho feliz DO hubo cosa
de cristal, terracota o madera
que abrazada por mí DO tuviera
movimientos humanos de esposa.

Todo poema es un autorretrato. En López Velarde asistimos a una gran exh.toición que va desde los claroscuros de
Rembrandt ("En las tinieblas húmedas", "Hoycomonunca...",
"El sueño de los guantes negros"), hasta los luminosamente
trágicos de Van Gogh ("La mancha de púrpura", "A las
vírgenes, El perro de San Roque").
Habíamos apuntado que el continente de lo erótico se
produce en la convergencia y en la fusión de los sentidos y la
imaginación. De este abrazo surge lo erótico. En "iQué adorable manía...!",senos revela toda una problemática sumamente compleja del mundo lírico lopezvelardiano. Leemos en
la segunda estrofa:
Cuando se cama de probar amor
mi carne, en tomo de la carne viva,
y cuando me aniquilo de estupor
al ver el surco que dejó en la arena
mi sexo, en su perenne rogativa,
de pronto convertirse al mundo veo
en un enamoraoo mausoleo...

Por un lado el mundo de la realidad "concreta"; un mundo que
pembimos hastiado, sofocante. Luego el asombro, la angustiante y desgarradora revelación: "cuando me aniquilo de
estupor / al ver el surco que dejó en la arena / mi sexo, en su
perenne rogativa..." donde se presenta lo devastado, yermo y
estéril de ese sexo que, en su flacidez, hace surco en la arena,
en lo muerto de "su perenne rogativa" de su poesía; de esa
oración, ruego público, que hace el poeta a la divinidad
implorando la realización de sus anhelos o el paliativo de sus
penas. Sin embargó, en ese preciso momento dominan a la
realidad "concreta", a " la de la carne viva" las constantes que

El poeta, a través de su obra, ha llegado a un exacto
conocimiento de sí mismo; se ha descubierto en sus distintas
voces, se ha reconocido como legión. Pero también como el
hombre débil que se deja llevar por su circunstancia. El mistrio
será una presencia fundamental del deseo ("un misterio exquisito con los párpados bajos"); será su guía, la sombra que lo
envuelva. En este sucumbir, en este entregarse, el poeta se
reafirma como un devoto del "placer".
Mi carne es combustt'ble y mi conciencia parda;
elímeras y agudas refulgen mis pasiones.

Los sentidos como único instrumento, lo sensual como única
verdad.
A López Velarde los conceptos se le vuelven carne, las
ideas cuerpo; el deseo es la llama y la pasión el eterno
desencanto, pero también, el obligado espejismo:
de pronto convertirse al muldo veo
en un enamorado mausoleo...

Pero el obligado espejismo conduce al dolor, al delirio:
Soñé que la ciudad estaba dentro
del más bien muerto de los mares muertos.
Era l1Jl3 madrug¡ida del invierno
y lloviznaban gotas de stlencio.

No más señal viviente, que los ecos
de una llamada a misa, en el misterio
de una capilla oceánica, a lo lejos.
De súbito me sales al encuentro,

resucitada y con tus guantes negros.

Aquí ya no hay concesión alguna. El poeta toca fondo, su
voz raspa. El discurso lírico-narrativo se hace a un lado ante una
oscura lógica que va levantando un muro inmenso, inabarcable,
a base de convocar, de ir colocando imagen sobre imagen. El
poeta ya no es el arco ni la fuerza que lo tensa, ~ la punta de
la flecha que se clava y sigue; es el dolor, el grito y la visión: la
oscuridad y la luz.

contraído nupcias consigo mismo. El amante insatisfecho que
no se arriesga a la dura rutina del amor, sino que prefiere la
ilusión, el lento desgaste de la estatua de sal.
En este poema, "El sueño de los guantes negros", el poeta
se da cita con un López Velarde muerto que regresa de la
batalla, de La sangre devota y de Zozobra (" lConservabas tu
carne en cada hueso?").

"La suave patria" es un poema seductor; seductor por su
forma pero no por su contenido. Tal parece, después de haber
léido con atención su producción poética,"que López Velarde
no atina en hondura e intensidad cuando abandona su universo
íntimo. La provincia de López Velarde que percfüimos en La
sangre devota, en Zozobra y en los textos que integran El son del
corazón, exceptuando "La suave patria", es una provincia real,
lopezvelardiana, de actitud y de intención. El autor construye
su provincia, su universo íntimo; el tono es personal, la voz en
primera persona; el mundo presentado se confunde con el yo
lírico del poeta. Sin embargo la provincia-patria que detectamos en "La suave patria" es muy diferente; se trata de una
provincia de almanaque, de postal de museo, de folklore de
Sanboms. Esta "suave patria" dista de la hondura, sinceridad
y complejidad de la presentada, fragmentariamente, en su
poesía anterior.
Otro aspecto importante en el poema es la atmósfera, la
emoción que provoca el texto, la nostalgia del poeta frente a un
mundo que se le va de las manos, que se le pierde: su infancia,
Jerez, el siglo XIX, su provincianismo; todo esto evocado y
sublimado a través de una "íntima tristeza reaccionaria".
López Velarde es ya un ciudadano de la capital, es el autor de
Zozobra, y un poeta al cual se le reconoce y admira ampliamente; además, se especula con un viaje a Europa, el que sería
su primer viaje fuera del país.
El poeta se siente ajeno a ese mundo presentado en "La
suave patria", a esa patria-provincia que ya no le pertenece y
ahora recrea por medio de la nostalgia y el deseó. Ya hay la
suficiente distancia para que se le pueda celebrar, "loar'' a
través de un poema; López Velarde es ya un poeta moderno
que siente la necesidad de evocar y rescatar una patria idílica
y pura que ya no existe para 1921; que quizá nunca existió como
tal.

"La suave patria" abre con un Proemio donde, a la manera
de Virgilio al emprender La Eneida, el autor nos dice, probará
salirse de su tono personal, de su mundo íntimo para intentar
"cortar a la epopeya un gajo".
Desgraciadamente López Velarde no arriesga, no quema
las naves y emprende la aventura, sino que se conforma con una
épica moderada, callada, de medio tono, cuando escribe:
Diré con una épica sordina:

habitar. Desde la grande-za Virgilio crea su poema. Lópe:z
Velarde, por el eontrario, canta una patria para fijarla y
congelarla en el tiempo. El poeta, desde la nostalgia, rescata un
ideal de patria que se le pierde, que ya no es pre~ente y que
jamás podrá ser futuro. Será una patria no para vivir en ella,
sino con ella; para preservarla y contemplarla. De ahí que "La
suave patria" nos seduzca por la forma, que el lenguaje sea, en
realidaq, lá gran fuerza lírica del texto. Lópe-z Velarde nos
cautiva, en este poema, por su pasión retórica, pero no por su
fondo. El significado global del texto está muy por debajo del
significante poético del mismo. Esto podría parecer un disparate desde la idea de que la forma, en el poema, condiciona y
prefigura su fondo. Sin embargo, aquí el aparato formal con sus
imágenes brillantes, sus adjetivos precisos y, por consiguiente,
efectivos; sus rim¡¡s inesperadas y sus ritmos perfectamente
medidos encubren una mobliario sumamente pobre. Pareciera
que el poeta congelara la superficie de un enorme océano
olvidando el mundo que habita en sus profundidades. La
Eneida, en cambio, está hecha a partir de un sustrato y no de la
punta de un iceberg; donde, efectivamente, la forma provoca
un fondo de acuerdo con la intención de la misma.
Habría que señalar que el tono épico se puede lograr no
sólo en el poema extenso, sino también en el texto breve; sirva
de ejemplo la poesía irlandesa medieval donde se percibe un
tono épico, pero donde no encontramos textos, en cuanto a
extensión, equiparables con el Beowulf, o con el Cantar de los
nibelungos. Más que un texto épico "La suave patria" se nos
revela como un poema de ocasión (el Centenario de la Independencia), de "autoencargo". López Velarde, a partir de una
concepción de la patria, donde priva lo ideológico, construye su
poema como una alegoría de la misma deseada por el establishment mexicano de la época.
En el Primer acto tenemos una percepción de la patria a
través de símbolos y elementos que delatan una visión de la
misma desde las tradiciones y el folklore; también se nos
presenta el apacible paso del tiempo de la provincia frente al
vértigo del de la ciudad. Sin embargo, la última estrofa de este
Primer acto recobra el lirismo y crece. El poeta vuelve a sí
mismo yel arco lopezvelardiano de nuevo se tensa. El Intermedio es una visión desencantada y un tanto pesimista del presente indígena (1921) con respecto a un pasado majestuoso;
todo esto personificado en la figura trágica de Cuauhtémoc,
"único héroe a la altura del arte".
En el Segundo acto se raya en el costumbrismo:
por tu verdad de pan bendito,
como a niña que asoma por la reja
ron la blusa rorrida hasta la oreja
y la falda bajada basta el huesito.
creeré en tí, mientras l1Jl3 mejicana
en su tápalo lleve los dobleces
de la tienda, a las seis de la mañana.

la Patria es impecable y diamanlina

El autor se desborda, igual besa que hiere. Los fantasmas
de la pasión afloran desde una inusitada claridad, desde las
conquistadas fronteras de la vigilia:
Pero en la madrugada de mi sueño,
nuesuas manos, en un circuito eterno
la vida apocalíptica vivieron.

El eterno ilusionado, aquel que no se entrega porque ha

Virgilio canta una patria con la intención de que ésta sea el
pasado glorioso de su presente, y, a la vez, el augurio ob~do
de su futuro. Virgilio, al celebrar y magnificar a su patna, la
inventa; la convierte en piedra de toque de un grandio~
devenir histórico, haciendo así una patria que no sólo le de
sentido a él y a su gente, sino que constituya un mundo donde

Vemos una patria sumamente "pintoresca" que se va
conformando, hacia el final del poema, como una patria buena,
ingenua, sublimada y, finalmente, petrificada, eterna; más
deseada que vivida.
Todo poema es, de una o de otra manera, una alegoría; "La
suave patria" es la serpiente quese muerde la cola: una alegoría

�formal que encierra otra alegoría, pero conceptual, ideológica.
López Velarde como el protagonista de Al revés de Huysmans prefiere las -sombras, lo artificial, el "arte"; a la.luz, lo
natural, la ''vida". Pero esto también es en sí mismo una gran
alegoría.
Habíamos dicho que con Zozobra López Velarde completaba y concluía un ciclo. A partir de ese ltbro, de esa prima
congelada con expresión de estatua, el poeta retomaría a esa su
arena de contrarios, de sutiles contradicciones. Lo seductor de
López Velardé radica en su complejidad, en su eterno diario
enfrentamiento.
Su muerte no vino a interrumpir un proyecto de creación en
marcha, sino que éste ya se encontraba cerrado. La muerte

llegó cuando el poeta se debatía, o bien, se entregaba a una
doble vertie]\te. Por un lado, a una retórica donde la inteligencia, el lenguaje y la reflexión creaban una suerte de mosaico
compuesto por espejos ( una suerte de gran espejismo) en el
cual el lector encontraria su reflejo; una especie de misteriosa,
casi mágica, reafirmación de su particular ideología: "La suave
patria". Y por el otro, la decantación, la agudeza desgarrante
y desgarradora de "El sueño de los guantes negros". Es en este
momento cuando irrumpe la muerte y deja al poe:ta suspendido
entre dos (ormas aparentemente irreconciliables de afrontar la
vida: el deseo y la castidad, "el león y la virgen". Pero esa
tensión, esa fuerza encontrada constituyó el eje, la vida, la obra
poética de Ramón López Velarde.
Facullad de Filosofiay letras de la UANL Monterrey, NL, marzo de 1989.

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